Génesis 1:1-19
1EN el principio crió Dios los cielos y la tierra.2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas.3Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz.4Y vió Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas.5Y llamó Dios á la luz Día, y á las tinieblas llamó Noche: y fué la tarde y la mañana un día.6Y dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.7E hizo Dios la expansión, y apartó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión: y fué así.8Y llamó Dios á la expansión Cielos: y fué la tarde y la mañana el día segundo.9Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase la seca: y fué así.10Y llamó Dios á la seca Tierra, y á la reunión de las aguas llamó Mares: y vió Dios que era bueno.11Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé simiente; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su simiente esté en él, sobre la tierra: y fué así.12Y produjo la tierra hierba verde, hierba que da simiente según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya simiente está en él, según su género: y vió Dios que era bueno.13Y fué la tarde y la mañana el día tercero.14Y dijo Dios: Sean lumbreras en la expansión de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las estaciones, y para días y años;15Y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra: y fue.16E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas.17Y púsolas Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra,18Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno.19Y fué la tarde y la mañana el día cuarto.

Antes de que existiera algo del universo actual, Dios, quien no tiene principio, está presente. Y nos permite asistir al desarrollo de su trabajo de creación. Cuando nosotros queremos fabricar un objeto cualquiera, tenemos necesidad, primeramente, de cierto material. Pero a Dios le basta con hablar para que todo se haga a partir de nada. Dice, y he aquí, aparecen el cielo, la tierra, la luz, las nubes, los mares, “lo seco”, el firmamento con sus lumbreras: el sol, la luna, las innumerables estrellas, lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, la prodigiosa variedad de plantas y animales. Este relato, tan majestuoso como simple a la vez, da una respuesta definitiva a la gran pregunta que los hombres, desde siempre, no han cesado de hacerse: “¿Quién midió las aguas… los cielos con su palmo… y pesó los montes…? ¿Quién creó estas cosas?” (Isaías 40:12, 26; Proverbios 30:4). Sí, ¿quién dibujó la forma perfecta de los cristales de nieve, quién construyó la extraordinaria estructura del insecto más ordinario, quién escogió el color y el perfume de la flor más común? Hebreos 1:2, 3 nos da la respuesta: Jesús, el autor de nuestra salvación, es también el Creador de todas esas maravillas (ver también Proverbios 8:27-31).

Génesis 1:20-31
20Y dijo Dios: Produzcan las aguas reptil de ánima viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.21Y crió Dios las grandes ballenas, y toda cosa viva que anda arrastrando, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie: y vió Dios que era bueno.22Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicad, y henchid las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra.23Y fué la tarde y la mañana el día quinto.24Y dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie: y fué así.25E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que anda arrastrando sobre la tierra según su especie: y vió Dios que era bueno.26Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra.27Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió.28Y los bendijo Dios; y díjoles Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.29Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda hierba que da simiente, que está sobre la haz de toda la tierra; y todo árbol en que hay fruto de árbol que da simiente, seros ha para comer.30Y á toda bestia de la tierra, y á todas las aves de los cielos, y á todo lo que se mueve sobre la tierra, en que hay vida, toda hierba verde les será para comer: y fué así.31Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fué la tarde y la mañana el día sexto.

Un reloj de pared atestigua la habilidad del relojero que lo ha construido, así como “los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). “Mirad las aves del cielo… Considerad los lirios del campo… ”, invita el Señor Jesús (Mateo 6:26, 28). ¡Desgraciadamente, cuántos continúan ciegos ante esas bellezas de la naturaleza, no sabiendo discernir “su eterno poder y deidad”! (Romanos 1:20). Los incrédulos han procurado reemplazar esos versículos tan claros con sus propias teorías sobre los orígenes del universo y de la vida. Pero no temamos a las especulaciones del espíritu humano ni a los descubrimientos geológicos, pues jamás harán vacilar la más mínima declaración divina. Recordemos que en esta esfera no es la Ciencia la que puede instruir, ni la inteligencia la que puede comprender. La Palabra es la que instruye y la fe es la que comprende (leer Hebreos 11:3).

¡Qué contraste hay entre el versículo 2 y el 31! Donde reinaban las tinieblas, Dios hace resplandecer la luz. De una escena de desolación, hace un mundo ordenado y habitable. Pero la tierra está aún vacía. Y Dios, “que formó la tierra… no la creó en vano, para que fuese habitada la creó” (Isaías 45:18). Mediante un último acto soberano, crea al hombre y lo hace a su imagen, su representante, jefe de toda la creación.

Génesis 2:1-14
1Y FUERON acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento.2Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho.3Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho.4Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron criados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,5Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese: porque aun no había Jehová Dios hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra;6Mas subía de la tierra un vapor, que regaba toda la faz de la tierra.7Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fué el hombre en alma viviente.8Y había Jehová Dios plantado un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que había formado.9Y había Jehová Dios hecho nacer de la tierra todo árbol delicioso á la vista, y bueno para comer: también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia del bien y del mal.10Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro ramales.11El nombre del uno era Pisón: éste es el que cerca toda la tierra de Havilah, donde hay oro:12Y el oro de aquella tierra es bueno: hay allí también bdelio y piedra cornerina.13El nombre del segundo río es Gihón: éste es el que rodea toda la tierra de Etiopía.14Y el nombre del tercer río es Hiddekel: éste es el que va delante de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

“En seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó (encontró alivio)” (Éxodo 31:17).

Él mismo encuentra satisfacción en el gozo que ha preparado para su criatura. En la creación admiramos la potestad de Dios, quien es capaz de disponer millones de estrellas en la inmensidad del cielo, de imponer límites al mar, de controlar las fuerzas del relámpago y del viento, como también de formar un hombre con un puñado de polvo (Salmo 8:3). Admiramos igualmente su sabiduría, la cual midió el tiempo y las estaciones, estableció un equilibrio en toda la naturaleza, dio leyes a las plantas e instintos a los animales (Salmo 104:24). Pero también admiramos su misericordia. Hizo los cielos, extendió la tierra sobre las aguas, estableció grandes lumbreras… “porque para siempre es su misericordia” (Salmo 136). Con la ternura de una madre que ha preparado de antemano todo lo necesario para el niño que va a dar a luz, Dios pone al hombre en unas condiciones ideales. Lo instala en un jardín de delicias en el cual no tendrá más que gozar del reposo de su Creador. Al soplar en su nariz “aliento de vida” (v. 7), Dios hace de él (a diferencia del animal) un alma viviente e imperecedera, responsable ante Él.

Génesis 2:15-25
15Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.16Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás;17Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás.18Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él.19Formó, pues, Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y trájolas á Adam, para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adam llamó á los animales vivientes, ese es su nombre.20Y puso Adam nombres á toda bestia y ave de los cielos y á todo animal del campo: mas para Adam no halló ayuda que estuviese idónea para él.21Y Jehová Dios hizo caer sueño sobre Adam, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar;22Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y trájola al hombre.23Y dijo Adam: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fué tomada.24Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.25Y estaban ambos desnudos, Adam y su mujer, y no se avergonzaban.

Dios puso al hombre en el centro de su bella creación para que la administrara como un gerente. Le prohibió una sola cosa: comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Esta prueba de su obediencia corresponde a su posición de criatura responsable. El hombre no está sometido, como el animal, a impulsos irracionales. Fue creado libre y, por lo tanto, debe obedecer a su Creador. Asistimos al primer acto de la administración de Adán: dar nombres a los seres vivientes. Éstos están para servir al hombre, pero, cualquiera que sea su grado de inteligencia, ninguno corresponde a las facultades superiores de él, y tampoco a las necesidades íntimas de sus afectos. Ahora bien, la soledad no convenía al hombre; éste necesitaba a alguien con quien compartir sus pensamientos, que gozara con él de los dones divinos y diera gracias con él a Aquel que los había otorgado. El amor de Dios comprendió esta necesidad y respondió dando al hombre una esposa, ayuda inteligente y dotada de afectos como él.

Al mismo tiempo tenemos aquí el misterio de Cristo, quien entró en el sueño de la muerte, y luego recibe a la Iglesia –su Esposa– de manos de Dios para sustentarla y cuidarla (Efesios 5:29-32). “Grande es este misterio”, exclama el apóstol, porque “somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos”.

Génesis 3:1-13
1EMPERO la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo á la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?2Y la mujer respondió á la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto comemos;3Mas del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis.4Entonces la serpiente dijo á la mujer: No moriréis;5Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal.6Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también á su marido, el cual comió así como ella.7Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.8Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.9Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?10Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme.11Y díjole: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?12Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dió del árbol, y yo comí.13Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

La felicidad del hombre en Edén será de corta duración. El diablo, en forma de una serpiente, se introduce en el jardín y se gana la confianza de la mujer, al mismo tiempo que insinúa la desconfianza hacia Dios. Éste no los ama –sugiere– puesto que los priva de una ventaja tan grande. No solamente no morirán, sino que serán “como Dios” (v. 5). El engañador siembra así el orgullo y la envidia en el pobre corazón humano (en contraste leer Filipenses 2:6).

“La concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado…” (Santiago 1:15). Desgraciadamente el hombre fue engañado, pues el conocimiento del bien y del mal no le dio ninguna fuerza para hacer el bien ni para evitar el mal. Su primer efecto fue hacerle tomar conciencia de su desnudez: lo que es por naturaleza, un estado del que tiene vergüenza. El delantal de hojas de higuera que se confecciona no hace más que ilustrar los vanos esfuerzos de la humanidad por esconder su miseria moral. Pero “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). “¿Dónde estás tú?” (v. 9). “¿Has comido del árbol…?” (v. 11). “¿Qué es lo que has hecho?” (v. 13). Todas estas preguntas son terribles y excluyen cualquier excusa.

Génesis 3:14-24
14Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida:15Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.16A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos; y á tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti.17Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste á la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo, No comerás de él; maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida;18Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo;19En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado.20Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes.21Y Jehová Dios hizo al hombre y á su mujer túnicas de pieles, y vistiólos.22Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre:23Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado.24Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Dios juzga la responsabilidad de cada uno de los culpables y anuncia su triple sentencia. A la serpiente le dice que “la simiente” de la mujer (Cristo), le herirá la cabeza, o sea que destruirá su potencia. Tan pronto como el pecado entra en el mundo, Dios hace conocer el remedio que tenía ante Él. A la mujer le quedan reservados los sufrimientos de la maternidad; en cuanto al hombre, el trabajo penoso será su parte hasta que se cumpla para unos como para otros la sentencia inevitable: “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 5:12; 6:23). La fe en el Redentor prometido permite a Adán responder a esta condenación de muerte llamando a su mujer Eva: vivir. A su vez, Dios responde a esta fe substituyendo el delantal de los recursos del hombre por túnicas de pieles; esto nos enseña una verdad capital: la única justicia con la que el hombre se puede ataviar es aquella con la que Dios mismo lo vistió. Pero, así como esta túnica era la piel de una víctima, la justicia con la cual Dios cubre al pecador es la de Cristo, el Cordero sacrificado.

¡Cuán consolador es comprobar que Dios no expulsa al hombre del jardín antes de haberle revelado bajo una forma figurada sus pensamientos de gracia y salvación!

Génesis 4:1-16
1Y CONOCIO Adam á su mujer Eva, la cual concibió y parió á Caín, y dijo: Adquirido he varón por Jehová.2Y después parió á su hermano Abel. Y fué Abel pastor de ovejas, y Caín fué labrador de la tierra.3Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda á Jehová.4Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Jehová con agrado á Abel y á su ofrenda;5Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante.6Entonces Jehová dijo á Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué se ha inmutado tu rostro?7Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.8Y habló Caín á su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató.9Y Jehová dijo á Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo guarda de mi hermano?10Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama á mí desde la tierra.11Ahora pues, maldito seas tú de la tierra que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano de tu mano:12Cuando labrares la tierra, no te volverá á dar su fuerza: errante y extranjero serás en la tierra.13Y dijo Caín á Jehová: Grande es mi iniquidad para ser perdonada.14He aquí me echas hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé; y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.15Y respondióle Jehová: Cierto que cualquiera que matare á Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo hiriese cualquiera que le hallara.16Y salió Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén.

Desde el principio de la humanidad, dos razas se perfilan. Caín, primer hombre nacido en la tierra, es el antepasado de todos los que se apoyan en su propia justicia. Satisfecho de él mismo y de sus obras, inconsciente del pecado y de sus consecuencias, se presenta ante Dios con el fruto de su propio trabajo, fruto de una tierra maldita. ¿Cómo podría Dios apreciarlo? Abel, el segundo hombre, es el fundador de la descendencia de la fe; encabeza la lista de honor del capítulo 11 de la epístola a los Hebreos (v. 4). El sacrificio que ofrece es “más excelente” que el de Caín porque lo ha presentado con la inteligencia del pensamiento de Dios.

Después del pecado del hombre contra Dios (capítulo 3), tenemos aquí su pecado contra su prójimo. Caín mata a su hermano. Y la Palabra, la cual discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, revela el motivo de su acción: los celos. “¿Por qué le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3:12). Cuando más tarde el Señor Jesús vino a la tierra, los judíos le mataron por el mismo motivo. Su perfección hacía resaltar las malas obras de ellos. Derramaron la sangre del verdadero Justo y el castigo de ellos es actualmente el de Caín: están dispersos y son perseguidos en la tierra.

Génesis 4:17-26
17Y conoció Caín á su mujer, la cual concibió y parió á Henoch: y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Henoch.18Y á Henoch nació Irad, é Irad engendró á Mehujael, y Mehujael engendró á Methusael, y Methusael engendró á Lamech.19Y tomó para sí Lamech dos mujeres; el nombre de la una fué Ada, y el nombre de la otra Zilla.20Y Ada parió á Jabal, el cual fué padre de los que habitan en tiendas, y crían ganados.21Y el nombre de su hermano fué Jubal, el cual fué padre de todos los que manejan arpa y órgano.22Y Zilla también parió á Tubal-Caín, acicalador de toda obra de metal y de hierro: y la hermana de Tubal-Caín fué Naama.23Y dijo Lamech á sus mujeres: Ada y Zilla, oid mi voz; Mujeres de Lamech, escuchad mi dicho: Que varón mataré por mi herida, Y mancebo por mi golpe:24Si siete veces será vengado Caín, Lamech en verdad setenta veces siete lo será.25Y conoció de nuevo Adam á su mujer, la cual parió un hijo, y llamó su nombre Seth: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituído otra simiente en lugar de Abel, á quien mató Caín.26Y á Seth también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron á llamarse del nombre de Jehová.

Caín, condenado a ser vagabundo, trata de evitar el destino que Dios le ha asignado y se instala en el mundo cómodamente. Construye una ciudad para él y sus descendientes, y cada uno de ellos encuentra una ocupación a su gusto. Pero el «progreso social» no corrige la naturaleza humana. La raza de Caín se parece a su jefe de fila. La violencia y el espíritu de provocación del primer homicida de la historia se reproducen en su descendiente Lamec. Esta escena nos ofrece un resumen del mundo actual que dio muerte a Jesús, el verdadero Abel. Todo continúa como si nada hubiese pasado, como si la crucifixión del Señor no hubiese existido. Se ha organizado para vivir en la tierra lo más agradablemente posible. Nada falta: ciencias, artes, industria e incluso religión. Sólo Jesús casi siempre está ausente.

Pero, paralelamente a la descendencia de Caín, otra raza hace discretamente su aparición al final del capítulo. Set toma el lugar de Abel y entonces se empieza a invocar el nombre de Jehová. La vida del justo, al que han matado, se perpetúa en figura en la descendencia de la fe, mostrándonos cómo Cristo, el segundo Hombre, adquirió una familia, que lleva su nombre y vive en el temor de Dios. Lector, ¿a cuál de las dos razas pertenece usted?

Génesis 5:1-20
1ESTE es el libro de las generaciones de Adam. El día en que crió Dios al hombre, á la semejanza de Dios lo hizo;2Varón y hembra los crió; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adam, el día en que fueron criados.3Y vivió Adam ciento y treinta años, y engendró un hijo á su semejanza, conforme á su imagen, y llamó su nombre Seth.4Y fueron los días de Adam, después que engendró á Seth, ochocientos años: y engendró hijos é hijas.5Y fueron todos los días que vivió Adam novecientos y treinta años, y murió.6Y vivió Seth ciento y cinco años, y engendró á Enós.7Y vivió Seth, después que engendró á Enós, ochocientos y siete años: y engendró hijos é hijas.8Y fueron todos los días de Seth novecientos y doce años; y murió.9Y vivió Enós noventa años, y engendró á Cainán.10Y vivió Enós después que engendró á Cainán, ochocientos y quince años: y engendró hijos é hijas.11Y fueron todos los días de Enós novecientos y cinco años; y murió.12Y vivió Cainán setenta años, y engendró á Mahalaleel.13Y vivió Cainán, después que engendró á Mahalaleel, ochocientos y cuarenta años: y engendró hijos é hijas.14Y fueron todos los días de Cainán novecientos y diez años; y murió.15Y vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró á Jared.16Y vivió Mahalaleel, después que engendró á Jared, ochocientos y treinta años: y engendró hijos é hijas.17Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió.18Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró á Henoch.19Y vivió Jared, después que engendró á Henoch, ochocientos años: y engendró hijos é hijas.20Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió.

Después del fracaso de la descendencia de Caín, es como si Dios retomara la historia del hombre desde el comienzo (v. 1, 2). Tenemos aquí la sucesión de los nombres que forman lo que ha sido llamado «el hilo de oro de la fe», el que a través de las generaciones conducirá hasta el Mesías: la “simiente” de la mujer prometida después de la caída. En esta familia no se ve mucha actividad, como en la de Caín. El paso del hombre de Dios por la tierra deja pocos rastros. No contribuye mucho al progreso del mundo y la historia no tiene gran cosa que decir de él. Nace, sirve humildemente a su Dios, tiene hijos y muere. Sí, la muerte, consecuencia del pecado, está presente; el breve resumen de la larga vida de cada uno de esos patriarcas termina con estas palabras inexorables: “y murió” (repetido ocho veces). Satanás, el mentiroso, había afirmado: “De seguro que no moriréis” (3:4; V.M.), pero Dios ordenó: “Al polvo volverás” (3:19), y este capítulo 5 nos da una solemne confirmación de ello. Sin embargo, Adán y sus primeros descendientes alcanzaron edades extraordinarias. Dios lo permitió para que, mientras apareciera la Escritura, la verdad se transmitiese oralmente por la menor cantidad posible de intermediarios (apenas siete entre Adán y Moisés).

Génesis 5:21-32
21Y vivió Henoch sesenta y cinco años, y engendró á Mathusalam.22Y caminó Henoch con Dios, después que engendró á Mathusalam, trescientos años: y engendró hijos é hijas.23Y fueron todos los días de Henoch trescientos sesenta y cinco años.24Caminó, pues, Henoch con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.25Y vivió Mathusalam ciento ochenta y siete años, y engendró á Lamech.26Y vivió Mathusalam, después que engendró á Lamech, setecientos ochenta y dos años: y engendró hijos é hijas.27Fueron, pues, todos los días de Mathusalam, novecientos sesenta y nueve años; y murió.28Y vivió Lamech ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo:29Y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras, y del tabajo de nuestras manos, á causa de la tierra que Jehová maldijo.30Y vivió Lamech, después que engendró á Noé, quinientos noventa y cinco años: y engendró hijos é hijas.31Y fueron todos los días de Lamech setecientos setenta y siete años; y murió.32Y siendo Noé de quinientos años, engendró á Sem, Châm, y á Japhet.

Este capítulo contiene una excepción extraña y notable a la ley de la muerte. Enoc vive 65 años, camina luego con Dios durante 300 años, y le lleva Dios. No nos es dado ningún detalle sobre esta marcha con Dios ni sobre su arrebatamiento, el que es, después de todo, el último paso. Pero, ¡qué bello resumen de una vida! ¿Sabemos lo que es andar con Dios, aunque sólo sea un día? Por su conducta de fe, Enoc tiene lugar en la lista de los brillantes testigos del capítulo 11 de la epístola a los Hebreos (v. 5). Su nombre significa «instruido» y, como los demás, enseñado por Dios, ve más allá de las cosas presentes. Por la fe contempla al Señor que viene a reinar “con sus santas decenas de millares” (Judas 14), y esta visión lo mantiene separado de aquellos que van a ser juzgados. Pronto, como Enoc, todos los creyentes vivos serán arrebatados de la tierra sin pasar por la muerte, cuando el Señor Jesús venga a buscar a los suyos (1 Tesalonicenses 4:17). Y usted, querido lector, ¿está instruido en esta verdad, bienaventurada para aquellos que están preparados, pero solemne para los que no lo están? Observemos que Dios no envía su juicio sobre el mundo sin haber dado primeramente promesas de bendición: Noé significa consolación y reposo.

Génesis 6:1-12
1Y ACAECIO que, cuando comenzaron los hombres á multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,2Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre todas.3Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne: mas serán sus días ciento y veinte años.4Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que entraron los hijos de Dios á las hijas de los hombres, y les engendraron hijos: éstos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de nombre.5Y vió Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.6Y arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y pesóle en su corazón.7Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo: porque me arrepiento de haberlos hecho.8Empero Noé halló gracia en los ojos de Jehová.9Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, perfecto fué en sus generaciones; con Dios caminó Noé.10Y engendró Noé tres hijos: á Sem, á Châm, y á Japhet.11Y corrompióse la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.12Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.

Pedro, al igual que Judas, hace alusión al tiempo anterior al diluvio en el cual hubo ángeles que “no guardaron su dignidad” o que “pecaron” y que sufren las consecuencias (2 Pedro 2:4; Judas v. 6 y 7). Los hombres se han multiplicado en la tierra al igual que el mal en sus dos formas: corrupción y violencia (v. 11). La humanidad, ¿es mejor en nuestra época? Todo nos muestra que no. Y la Escritura nos previene: “Los malos hombres… irán de mal en peor” (2 Timoteo 3:13). Hoy día, como entonces, la gloria de los hombres valientes y de renombre (final del v. 4) –trátese de héroes, campeones deportivos, artistas…– puede ir a la par con la peor corrupción. Pues Dios mira el corazón de los hombres y no sus proezas (1 Samuel 16:7). El versículo 5 nos da a conocer el resultado trágico de este examen: el designio de sus pensamientos no es más que maldad de continuo. “El corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida” (Eclesiastés 9:3; ver también Jeremías 17:9).

Entonces Dios se arrepiente de haber hecho al hombre. No hace falta decir que Dios jamás se equivoca. Pero la maldad del hombre lo obliga a cambiar de disposición. Dios decide, pues, quitar de la tierra a su criatura, excepto a Noé (y su familia), el único que camina con Él.

Génesis 6:13-22
13Y dijo Dios á Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí; porque la tierra está llena de violencia á causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.14Hazte un arca de madera de Gopher: harás aposentos en el arca y la embetunarás con brea por dentro y por fuera.15Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura.16Una ventana harás al arca, y la acabarás á un codo de elevación por la parte de arriba: y pondrás la puerta del arca á su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero.17Y yo, he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá.18Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, y tus hijos y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.19Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán.20De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo para que hayan vida.21Y toma contigo de toda vianda que se come, y allégala á ti; servirá de alimento para ti y para ellos.22E hízolo así Noé; hizo conforme á todo lo que Dios le mandó.

Aunque Noé sea llamado un hombre “justo”, “perfecto”, comparado con los demás hombres de su tiempo (v. 9), no es su mérito, sino únicamente la gracia la que lo preservará (v. 8). Para Dios ha llegado el momento de hacerle conocer Sus pensamientos y de darle Sus instrucciones. Es fácil hacerse comprender por alguien que camina con uno. Noé responde a esas comunicaciones por la fe. “Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios… con temor preparó el arca en que su casa se salvase” (Hebreos 11:7). No tiene sino la palabra de Dios para saber que el juicio va a llegar. Pero ésta le es suficiente. Construye el arca y por medio de ella condena al mundo. Cada golpe de su martillo anuncia a sus contemporáneos que el juicio se acerca. Mientras dura la construcción, la paciencia de Dios espera (1 Pedro 3:20). Pero, ¿cuántos la aprovechan? Fuera de la familia del patriarca, ¡nadie! Las fieles advertencias del “pregonero de justicia” no tuvieron más respuesta que indiferencia y burlas. Hoy también, numerosos son los burladores que no creen en la venida del Señor ni en el juicio (2 Pedro 2:5; 3:3-6). Ignoran voluntariamente lo que la Biblia dice del diluvio y consideran este relato como una leyenda.

Génesis 7:1-16
1Y JEHOVA dijo á Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca porque á ti he visto justo delante de mí en esta generación.2De todo animal limpio te tomarás de siete en siete, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, dos, macho y su hembra.3También de las aves de los cielos de siete en siete, macho y hembra; para guardar en vida la casta sobre la faz de toda la tierra.4Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré toda sustancia que hice de sobre la faz de la tierra.5E hizo Noé conforme á todo lo que le mandó Jehová.6Y siendo Noé de seiscientos años, el diluvio de las aguas fué sobre la tierra.7Y vino Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él al arca, por las aguas del diluvio.8De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que anda arrastrando sobre la tierra,9De dos en dos entraron á Noé en el arca: macho y hembra, como mandó Dios á Noé.10Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio fueron sobre la tierra.11El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo á diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas;12Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.13En este mismo día entró Noé, y Sem, y Châm y Japhet, hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos con él en el arca;14Ellos y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales mansos según sus especies, y todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, todo pájaro, toda especie de volátil.15Y vinieron á Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida.16Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios: y Jehová le cerró la puerta

Noé obedeció no solamente construyendo el arca, sino también haciéndola, en todos los detalles, conforme a lo que Dios le mandó (cap. 6:22). Ahora obedece para entrar en el momento en que la orden le es dada (v. 5). En la obediencia a Dios reside nuestra seguridad. Noé, hombre piadoso, va a hacer literalmente la experiencia del Salmo 32:6.

El versículo 16 nos recuerda que otra puerta –la de la gracia– está abierta todavía hoy, pero ¿por cuánto tiempo? “Y se cerró la puerta”, anuncia solemnemente Mateo 25:10. Lector: ¿de qué lado de esta puerta estará usted? ¿Dentro, con Jesús y los suyos? ¿O fuera, con todos los que llamarán en vano y a los cuales el Señor deberá responder: “No sé de dónde sois”? (Lucas 13:27). Observemos que Dios mismo cierra la puerta del arca tras Noé, los suyos y todos los animales. Aunque lo hubiera querido, Noé ya no podía abrirla más, a quienquiera que fuese. Ahora que Dios ha proporcionado un medio de salvación, puesto a los suyos al abrigo y cerrado la puerta del arca, puede abrir las ventanas de los cielos (Malaquías 3:10).

Bajo el aspecto profético, Noé y su familia representan al residuo de Israel que, después del arrebatamiento de la Iglesia (simbolizado por el de Enoc), atravesará sano y salvo la gran tribulación final y será introducido en el mundo nuevo del milenio.

Génesis 7:17-24; Génesis 8:1-5
17Y fué el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.18Y prevalecieron las aguas, y crecieron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la faz de las aguas.19Y las aguas prevalecieron mucho en extremo sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.20Quince codos en alto prevalecieron las aguas; y fueron cubiertos los montes.21Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganados, y de bestias, y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, y todo hombre:22Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, de todo lo que había en la tierra, murió.23Así fué destruída toda sustancia que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra; y quedó solamente Noé, y lo que con él estaba en el arca.24Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento y cincuenta días.
1Y ACORDOSE Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; é hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.2Y se cerraron las fuentes del abismo, y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fué detenida.3Y tornáronse las aguas de sobre la tierra, yendo y volviendo: y decrecieron las aguas al cabo de ciento y cincuenta días.4Y reposó el arca en el mes séptimo, á dicisiete días del mes, sobre los montes de Armenia.5Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo: en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cimas de los montes.

La larga paciencia de Dios ha llegado a su término. El raudal de su juicio se vierte sobre la tierra. Si no fuera por el arca que se construía, nada lo dejaba prever. Todo parecía ir bien. El mundo continuaba su curso feliz. Comían y bebían, se casaban y daban en casamiento. No entendieron nada –dice el Señor– hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos (ver Mateo 24:37-39). Un destino tan terrible que alcanzó súbitamente a todos aquellos que no respondieron a los llamamientos de la gracia. Y este relato consignado en la Palabra de Dios constituye, de la misma boca del Señor, la más solemne de todas las advertencias para ponerse en regla con Dios. Hoy cada uno está invitado a tomar lugar en el arca o, dicho de otra forma, a encontrar en Cristo un refugio contra la ira de Dios. Pero, si poseemos en él este lugar de perfecta seguridad, jamás olvidemos que él atravesó, en nuestro lugar, las terribles aguas del juicio divino. “Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí” (Salmo 42:7).

En medio de ese cataclismo que jamás tuvo igual, Noé y los suyos gozan de una perfecta paz. Así las aguas crezcan o disminuyan, el arca no naufragará… como tampoco el creyente que permanece en Cristo.

Génesis 8:6-22
6Y sucedió que, al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana del arca que había hecho,7Y envió al cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y tornando hasta que las aguas se secaron de sobre la tierra.8Envió también de sí á la paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra;9Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvióse á él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra: entonces él extendió su mano y cogiéndola, hízola entrar consigo en el arca.10Y esperó aún otros siete días, y volvió á enviar la paloma fuera del arca.11Y la paloma volvió á él á la hora de la tarde: y he aquí que traía una hoja de oliva tomada en su pico: y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.12Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más á él.13Y sucedió que en el año seiscientos y uno de Noé, en el mes primero, al primero del mes, las aguas se enjugaron de sobre la tierra y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba enjuta.14Y en el mes segundo, á los veintisiete días del mes, se secó la tierra.15Y habló Dios á Noé diciendo:16Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo.17Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen, y multiplíquense sobre la tierra.18Entonces salió Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él.19Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.20Y edificó Noé un altar á Jehová y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar.21Y percibió Jehová olor de suavidad; y dijo Jehová en su corazón: No tornaré más á maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud: ni volveré más á destruir todo viviente, como he hecho.22Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano é invierno, y día y noche, no cesarán.

Sin medio de propulsión y sin timón, el arca que Dios conduce con mano segura se posa sobre los montes de Ararat. Parece que Noé podría salir. Pero espera muchos días. Así como entró en el arca bajo el mandato de Dios, no quiere salir sin antes recibir la nueva orden divina. La paloma que no se puede posar en ninguna parte y que vuelve al arca es una imagen del Espíritu de Dios, quien no tiene lugar en un mundo juzgado. Pero, más tarde, cuando Jesús aparezca, el Espíritu podrá posarse sobre Él bajo la forma pura de una paloma (Mateo 3:16). Así es también hoy día para el creyente, poseedor del Espíritu Santo: en este mundo no encuentra ningún alimento, ni nada para satisfacer su corazón. Por el contrario, el hombre natural se encuentra a su gusto, a semejanza del cuervo, ave impura según Levítico 11:15, que se alimenta de carne corrompida. A la orden de Jehová, Noé sale por fin del arca. Lo primero que hace es ofrecer un sacrificio. A Dios le pertenecen los primeros derechos sobre esta tierra lavada de su mancilla, y hacia Él sube un olor agradable. Nosotros también, ¿no hemos conocido frecuentemente en nuestra vida pequeñas o grandes liberaciones? ¡No olvidemos jamás dar gracias! Y en primer lugar por “una salvación tan grande” (Hebreos 2:3).

Génesis 9:1-19
1Y BENDIJO Dios á Noé y á sus hijos, y díjoles: Fructificad, y multiplicad, y henchid la tierra:2Y vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se moverá en la tierra, y en todos los peces del mar: en vuestra mano son entregados.3Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y hierbas, os lo he dado todo.4Empero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.5Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre.6El que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque á imagen de Dios es hecho el hombre.7Mas vosotros fructificad, y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella.8Y habló Dios á Noé y á sus hijos con él, diciendo:9Yo, he aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra simiente después de vosotros;10Y con toda alma viviente que está con vosotros, de aves, de animales, y de toda bestia de la tierra que está con vosotros; desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra.11Estableceré mi pacto con vosotros, y no fenecerá ya más toda carne con aguas de diluvio; ni habrá más diluvio para destruir la tierra.12Y dijo Dios: Esta será la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y toda alma viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos:13Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de convenio entre mí y la tierra.14Y será que cuando haré venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes.15Y acordarme he del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y toda alma viviente de toda carne; y no serán más las aguas por diluvio para destruir toda carne.16Y estará el arco en las nubes, y verlo he para acordarme del pacto perpetuo entre Dios y toda alma viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.17Dijo, pues, Dios á Noé: Esta será la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.18Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Châm y Japhet: y Châm es el padre de Canaán.19Estos tres son los hijos de Noé; y de ellos fué llena toda la tierra.

La tierra ha sido barrida de las consecuencias del pecado. Pero la fuente del mal sigue estando ahí, en ese corazón humano al que toda el agua del diluvio no podía limpiar.

Dios bendice al patriarca y a su familia, y les confía el gobierno de la tierra. ¿Cómo responderán sus descendientes a esta bondad divina? ¡De la misma manera que Caín en el capítulo 4: vertiendo sangre! Dios lo anuncia: la violencia reaparecerá. Sí, la propia sangre del Hijo de Dios será vertida, y únicamente ella podrá lavar al corazón humano.

La tierra es entregada al hombre, quien desde entonces la domina con dureza. Bajo su yugo “toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22). Como signo de su alianza, Dios da el arco (arco iris) en las nubes. Su aparición en el momento de un chaparrón es aun hoy día una señal de su gracia, un recuerdo de la promesa del versículo 15.

En el sentido espiritual, así es para el cristiano. En medio de todas las tempestades que se presentan en esta vida, tiene el privilegio de elevar los ojos de la fe hacia un Dios fiel a sus promesas. La presencia de Cristo sentado a Su diestra (Hebreos 9:12; 10:12), que nos habla mejor que el arco iris, es el constante recuerdo de que un juicio más terrible que el diluvio ha pasado definitivamente para el hijo de Dios.

Génesis 9:20-29; Génesis 10:1-20
20Y comenzó Noé á labrar la tierra, y plantó una viña:21Y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.22Y Châm, padre de Canaán, vió la desnudez de su padre, y díjolo á sus dos hermanos á la parte de afuera.23Entonces Sem y Japhet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.24Y despertó Noé de su vino, y supo lo que había hecho con él su hijo el más joven;25Y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será á sus hermanos.26Dijo más: Bendito Jehová el Dios de Sem, Y séale Canaán siervo.27Engrandezca Dios á Japhet, Y habite en las tiendas de Sem, Y séale Canaán siervo.28Y vivió Noé después del diluvio trescientos y cincuenta años.29Y fueron todos los días de Noé novecientos y cincuenta años; y murió.
1ESTAS son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Châm y Japhet, á los cuales nacieron hijos después del diluvio.2Los hijos de Japhet: Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Meshech, y Tiras.3Y los hijos de Gomer: Ashkenaz, y Riphat, y Togorma.4Y los hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Kittim, y Dodanim.5Por éstos fueron repartidas las islas de las gentes en sus tierras, cada cual según su lengua, conforme á sus familias en sus naciones.6Los hijos de Châm: Cush, y Mizraim, y Phut, y Canaán.7Y los hijos de Cush: Seba, Havila, y Sabta, y Raama, y Sabtecha. Y los hijos de Raama: Sheba y Dedán.8Y Cush engendró á Nimrod, éste comenzó á ser poderoso en la tierra.9Este fué vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová.10Y fué la cabecera de su reino Babel, y Erech, y Accad, y Calneh, en la tierra de Shinar.11De aquesta tierra salió Assur, y edificó á Nínive, y á Rehoboth, y á Calah,12Y á Ressen entre Nínive y Calah; la cual es ciudad grande.13Y Mizraim engendró á Ludim, y á Anamim, y á Lehabim, y á Naphtuhim,14Y á Pathrusim, y á Casluim de donde salieron los Filisteos, y á Caphtorim.15Y Canaán engendró á Sidón, su primogénito y á Heth,16Y al Jebuseo, y al Amorrheo, y al Gergeseo,17Y al Heveo, y al Araceo, y al Sineo,18Y al Aradio, y al Samareo, y al Amatheo: y después se derramaron las familias de los Cananeos.19Y fué el término de los Cananeos desde Sidón, viniendo á Gerar hasta Gaza, hasta entrar en Sodoma y Gomorra, Adma, y Zeboim hasta Lasa.20Estos son los hijos de Châm por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.

Las más bellas experiencias de la potestad y del amor de Dios no tienen poder para mejorar al hombre (cap. 8:21). Establecido por Dios para gobernar la tierra, Noé da la prueba de que no sabe gobernarse a sí mismo. Cam, quien “escarnece a su padre” (Proverbios 30:17) y se divierte con el pecado, como el mundo lo hace actualmente, atrae la maldición sobre sus descendientes, los cananeos. Varias naciones nacidas de Cam y mencionadas en este capítulo se convertirán en enemigos del pueblo de Dios: Babilonia (Sinar), Egipto (Mizraim), Ninive, los filisteos y los cananeos, cuyo país será dado por heredad a Israel. Sem y Jafet honraron a su padre y prosperarán en la tierra (Efesios 6:2, 3).

Este capítulo 10 nos revela el origen de las naciones del mundo (leer Deuteronomio 32:8). Para conocer y apreciar una cosa bajo su verdadero carácter, es necesario remontarse a su origen. Babel (Babilonia) y Assur (Asiria) tienen como principio el reino de Nimrod. Este nombre significa «rebelde», lo que se ve confirmado por sus actos. En él vemos al hombre que comienza a asolar la tierra, haciendo reinar el miedo y el sufrimiento al matar, por placer y para afirmar su poder, a los animales que Dios había dado para alimento (cap. 9:3).

Génesis 11:1-26
1ERA entonces toda la tierra de una lengua y unas mismas palabras.2Y aconteció que, como se partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Shinar, y asentaron allí.3Y dijeron los unos á los otros: Vaya, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y fuéles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla.4Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.5Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.6Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un lenguaje: y han comenzado á obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensando hacer.7Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compañero.8Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.9Por esto fué llamado el nombre de ella Babel, porque allí confudió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.10Estas son las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró á Arphaxad, dos años después del diluvio.11Y vivió Sem, después que engendró á Arphaxad quinientos años, y engendró hijos é hijas.12Y Arphaxad vivió treinta y cinco años, y engendró á Sala.13Y vivió Arphaxad, después que engendró á Sala, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos é hijas.14Y vivió Sala treinta años, y engendró á Heber.15Y vivió Sala, después que engendró á Heber, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos é hijas.16Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró á Peleg.17Y vivió Heber, después que engendró á Peleg, cuatrocientos y treinta años, y engendró hijos é hijas.18Y vivió Peleg, treinta años, y engendró á Reu.19Y vivió Peleg, después que engendró á Reu, doscientos y nueve años, y engendró hijos é hijas.20Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró á Serug.21Y vivió Reu, después que engendró á Serug, doscientos y siete años, y engendró hijos é hijas.22Y vivió Serug treinta años, y engendró á Nachôr.23Y vivió Serug, después que engendró á Nachôr, doscientos años, y engendró hijos é hijas.24Y vivió Nachôr veintinueve años, y engendró á Thare.25Y vivió Nachôr, después que engendró á Thare, ciento diecinueve años, y engendró hijos é hijas.26Y vivió Thare setenta años, y engendró á Abram, y á Nachôr, y á Harán.

Aquí asistimos a la fundación de Babel (o Babilonia), la que a través de toda la Escritura representa al mundo con su orgullo y codicia. También discernimos en ella las pretensiones de unificación que tendrá la Babilonia religiosa, la falsa Iglesia de Apocalipsis 17 y 18. El hombre quiere hacer frente a Dios uniendo sus fuerzas, quiere trabajar para su propia gloria. “Hagámonos un nombre…” (contraste con Salmo 148:13). Mas veamos en otra ocasión la respuesta de Dios a la provocación ridícula de los hombres unidos contra Él: “El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos” (Salmo 2:4; ver también Isaías 8:9). Jehová confunde la lengua de los hombres de Babel y los esparce (v. 7, 8).

En contraste, el Nuevo Testamento nos presenta “la Iglesia del Dios viviente”, fundada por Cristo y formada por el Espíritu Santo (1 Timoteo 3:15; Mateo 16:18). En Pentecostés, a los apóstoles les fue dado hablar en lenguas para hacer entender, por gracia, a todas las naciones en una forma rápida y eficaz, “las maravillas de Dios” (Hechos 2:11). Y, en el capítulo 5 del Apocalipsis, la multitud de los rescatados que rodean el trono del Cordero está compuesta “de todo linaje y lengua y pueblo y nación”.

Los versículos 10 a 26 establecen la descendencia de Sem, la que volvemos a encontrar en la genealogía del Señor Jesús (Lucas 3:36).

Génesis 11:27-32; Génesis 12:1-8
27Estas son las generaciones de Thare: Thare engendró á Abram, y á Nachôr, y á Harán; y Harán engendró á Lot.28Y murió Harán antes que su padre Thare en la tierra de su naturaleza, en Ur de los Caldeos.29Y tomaron Abram y Nachôr para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram fué Sarai, y el nombre de la mujer de Nachôr, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca.30Mas Sarai fué esteril, y no tenía hijo.31Y tomó Thare á Abram su hijo, y á Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y á Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo: y salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir á la tierra de Canaán: y vinieron hasta Harán, y asentaron allí.32Y fueron los días de Thare doscientos y cinco años; y murió Thare en Harán.
1EMPERO Jehová había dicho á Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré;2Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición:3Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.4Y fuése Abram, como Jehová le dijo; y fué con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.5Y tomó Abram á Sarai su mujer, y á Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir á tierra de Canaán; y á tierra de Canaán llegaron.6Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Sichêm, hasta el valle de Moreh: y el Cananeo estaba entonces en la tierra.7Y apareció Jehová á Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar á Jehová, que le había aparecido.8Y pasóse de allí á un monte al oriente de Bethel, y tendió su tienda, teniendo á Bethel al occidente y Hai al oriente: y edificó allí altar á Jehová é invocó el nombre de Jehová.

En el tiempo posterior al diluvio, la idolatría progresó tremendamente (leer Josué 24:2). Esta vez Dios deja que el mal siga su curso, pero llama a un hombre a separarse de ese mal. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció…; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). «Abraham salió con los ojos cerrados, pero el Dios de gloria lo conducía por la mano» (J.G.B. – Véase también Hechos 7:3). La orden de Dios, acompañada de una séptupla promesa (v. 2, 3), le es suficiente para ponerse en camino. Obedecer nos es naturalmente contrario, incluso cuando conocemos la razón de lo que se nos pide. Pero, para obedecer sin comprender, para salir sin conocer el destino, hace falta la fe, o dicho de otra manera, una confianza absoluta en aquel que ha dado la orden. Abraham es en la Escritura el modelo de la fe. Lo que caracteriza a ésta es el abandono de las cosas visibles por un objeto invisible (2 Corintios 4:18). En oposición a los constructores de ciudades en la tierra (Caín, los hombres de Babel), Abraham dirige sus miradas hacia la Ciudad celestial, “cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Y esta espera hace de él un extranjero en la tierra. No tendrá en lo sucesivo más que su tienda y su altar (v. 8), atestiguando el doble carácter de peregrino y adorador que tiene el hombre de fe en todos los tiempos.

Génesis 12:9-20; Génesis 13:1-4
9Y movió Abram de allí, caminando y yendo hacia el Mediodía.10Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram á Egipto para peregrinar allá; porque era grande el hambre en la tierra.11Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo á Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer hermosa de vista;12Y será que cuando te habrán visto los Egipcios, dirán: Su mujer es: y me matarán á mí, y á ti te reservarán la vida.13Ahora pues, di que eres mi hermana, para que yo haya bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti.14Y aconteció que, como entró Abram en Egipto, los Egipcios vieron la mujer que era hermosa en gran manera.15Viéronla también los príncipes de Faraón, y se la alabaron; y fué llevada la mujer á casa de Faraón:16E hizo bien á Abram por causa de ella; y tuvo ovejas, y vacas, y asnos, y siervos, y criadas, y asnas y camellos.17Mas Jehová hirió á Faraón y á su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.18Entonces Faraón llamó á Abram y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?19¿Por qué dijiste: Es mi hermana? poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora pues, he aquí tu mujer, tómala y vete.20Entonces Faraón dió orden á sus gentes acerca de Abram; y le acompañaron, y á su mujer con todo lo que tenía.
1SUBIO, pues, Abram de Egipto hacia el Mediodía, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.2Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y oro.3Y volvió por sus jornadas de la parte del Mediodía hacia Bethel, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bethel y Hai;4Al lugar del altar que había hecho allí antes: é invocó allí Abram el nombre de Jehová.

Abram entra en el país de Canaán con Lot, su sobrino. Pero el hambre sobreviene y, sin esperar esta vez las instrucciones divinas, el patriarca desciende a Egipto. Observemos en lo que acaba su falta de dependencia: niega a su mujer y se pone, por su mentira, en una situación crítica. Merced a esta triste página de su historia conocemos de qué es capaz el creyente más piadoso cuando abandona el lugar en el cual Dios lo ha puesto. Puede ser llevado a negar su relación con el Señor. Pedro hizo esta penosa experiencia. Al buscar la compañía de los enemigos de su Señor, había perdido todo valor para confesar su nombre (Mateo 26:69 a 75). Y nosotros, rescatados por el Señor ¿no nos da vergüenza algunas veces decir que le pertenecemos? (comp. 2 Timoteo 2:12, 13).

Para el hombre de Dios, su conducta equivoca es desastrosa, pero ¿es provechosa para el mundo? ¡Tampoco! La presencia de Sarai en el palacio de Faraón no atrae sino plagas sobre este último y sobre su pueblo. Después de que el mundo le ha lanzado un “vete” muy diferente de aquel que Jehová le había dirigido en el versículo 1, Abram vuelve a Canaán, a su punto de partida. Vuelve a encontrar su altar o, dicho de otra manera, sus relaciones con Dios, de las cuales no había podido gozar durante su estancia en Egipto.

Génesis 13:5-18
5Y asimismo Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, y vacas, y tiendas.6Y la tierra no podía darles para que habitasen juntos: porque su hacienda era mucha, y no podían morar en un mismo lugar.7Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot: y el Cananeo y el Pherezeo habitaban entonces en la tierra.8Entonces Abram dijo á Lot: No haya ahora altercado entre mí y ti, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.9¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres á la mano izquierda, yo iré á la derecha: y si tú á la derecha, yo iré á la izquierda.10Y alzó Lot sus ojos, y vió toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, antes que destruyese Jehová á Sodoma y á Gomorra, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto entrando en Zoar.11Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán: y partióse Lot de Oriente, y apartáronse el uno del otro.12Abram asentó en la tierra de Canaán, y Lot asentó en las ciudades de la llanura, y fué poniendo sus tiendas hasta Sodoma.13Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores para con Jehová en gran manera.14Y Jehová dijo á Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el Aquilón, y al Mediodía, y al Oriente y al Occidente;15Porque toda la tierra que ves, la daré á ti y á tu simiente para siempre.16Y haré tu simiente como el polvo de la tierra: que si alguno podrá contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada.17Levántate, ve por la tierra á lo largo de ella y á su ancho; porque á ti la tengo de dar.18Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el alcornocal de Mamre, que es en Hebrón, y edificó allí altar á Jehová.

El tiempo que Abram pasó en Egipto fue perdido y las riquezas que adquirió se convierten en una causa de preocupación para él. Ellas lo conducen a separarse de Lot. Estas contiendas entre “hermanos” se dan en presencia de los habitantes del país, los cananeos (v. 7), lo que es particularmente lamentable para el testimonio (leer 1 Corintios 6:6; Juan 13:35). Abram deja escoger a Lot el lugar al que quiere ir. ¡Qué espíritu de mansedumbre y de renunciamiento muestra aquí! Ojalá pudiésemos imitarlo cada vez que queremos hacer valer nuestros derechos. Lot escoge lo que le gusta, lo que atrae su corazón mundano (la llanura del Jordán se parece a Egipto – v. 10). En cambio, Abram deja a Jehová decidir por él (Salmo 47:4). Dios no defrauda jamás a aquellos que confían en él. “Nuestros padres… confiaron en ti, y no fueron avergonzados” (Salmo 22:4, 5). En efecto, la posesión del país de la promesa es ahora confirmada a Abram. Dios le dice: “Alza ahora tus ojos” (v. 14), y también: “Levántate, vé por la tierra” (v. 17). Canaán es para nosotros una figura del cielo, el cual Dios nos invita no solamente a contemplar, sino también a recorrer por la fe. Y ¿cómo mediremos “lo largo y lo ancho” de la propiedad celestial? Sondeando y meditando las maravillas de la divina Palabra.

Génesis 14:1-12
1Y ACONTECIO en los días de Amraphel, rey de Shinar, Arioch, rey de Elazar, Chêdorlaomer, rey de Elá, y Tidal, rey de naciones,2Que éstos hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y contra Birsha, rey de Gomorra, y contra Shinab, rey de Adma, y contra Shemeber, rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.3Todos estos se juntaron en el valle de Siddim, que es el mar salado.4Doce años habían servido á Chêdorlaomer, y al décimotercio año se rebelaron.5Y en el año décimocuarto vino Chêdorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron á los Raphaitas en Ashteroth-carnaim, á los Zuzitas en Ham, y á los Emitas en Shave-Kiriataim.6Y á los Horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto.7Y volvieron y vinieron á Emmisphat, que es Cades, y devastaron todas las haciendas de los Amalacitas, y también al Amorrheo, que habitaba en Hazezón-tamar.8Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adma, y el rey de Zeboim, y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Siddim;9Es á saber, contra Chêdorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de naciones, y Amraphel, rey de Shinar, y Arioch, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.10Y el valle de Siddim estaba lleno de pozos de betún: y huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, y cayeron allí; y los demás huyeron al monte.11Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus vituallas, y se fueron.12Tomaron también á Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y su hacienda, y se fueron.

En contraste con Abram, el hombre de fe, Lot es el ejemplo de un creyente que anda por vista. Había seguido mucho tiempo a su tío, imitándolo, como hacen muchos jóvenes que se apoyan en la fe de sus padres o de otras personas maduras.

Puesto a prueba, Lot manifestó lo que había en su corazón. Después de haberse acercado progresivamente a Sodoma (cap. 13:12), ahora habita allí (v. 12). Una vez que tomamos voluntariamente un camino resbaladizo, ya no somos dueños de detenernos. Como consecuencia de esta falsa posición, Lot se ve mezclado en una guerra que no le concierne y es llevado prisionero con los habitantes de Sodoma. La frecuentación de personas que no temen a Dios expone a un hijo de Dios a perder su libertad y, además, tal compañía siempre será causa de dificultades y de tormentos para su alma. 2 Pedro 2:8 menciona esos tormentos de conciencia cotidianos que, para Lot y para todo creyente mundano, son el resultado inevitable de una doble marcha. Al ser presa de esos conflictos interiores y exteriores, semejante hombre no puede ser más que desgraciado. Por el contrario, Abram, en la montaña, ignora esas complicaciones. Es extraño al mundo y a todo lo que lo agita. ¿Nos parecemos a Lot o a Abram?

Génesis 14:13-24
13Y vino uno de los que escaparon, y denunciólo á Abram el Hebreo, que habitaba en el valle de Mamre Amorrheo, hermano de Eschôl y hermano de Aner, los cuales estaban confederados con Abram.14Y oyó Abram que su hermano estaba prisionero, y armó sus criados, los criados de su casa, trescientos dieciocho, y siguiólos hasta Dan.15Y derramóse sobre ellos de noche él y sus siervos, é hiriólos, y fuélos siguiendo hasta Hobah, que está á la izquierda de Damasco.16Y recobró todos los bienes, y también á Lot su hermano y su hacienda, y también las mujeres y gente.17Y salió el rey de Sodoma á recibirlo, cuando volvía de la derrota de Chêdorlaomer y de los reyes que con él estaban, al valle de Shave, que es el valle del Rey.18Entonces Melchîsedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual era sacerdote del Dios alto;19Y bendíjole, y dijo: Bendito sea Abram del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra;20Y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y dióle Abram los diezmos de todo.21Entonces el rey de Sodoma dijo á Abram: Dame las personas, y toma para ti la hacienda.22Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano á Jehová Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra,23Que desde un hilo hasta la correa de un calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, porque no digas: Yo enriquecí á Abram:24Sacando solamente lo que comieron los mancebos, y la porción de los varones que fueron conmigo, Aner, Eschôl, y Mamre; los cuales tomarán su parte.

Hasta ahora Abram se ha abstenido de intervenir y de tomar parte en un conflicto que no le concierne (Proverbios 26:17). Pero, tan pronto como sabe que su sobrino ha sido capturado, nada lo retiene para ir a socorrerlo. Habría podido invocar, para mantenerse neutral, la debilidad de sus medios frente a una coalición de reyes victoriosos o el hecho de que Lot había merecido lo que le acontecía. Pero no, su amor por su “hermano”, su fe y su perseverancia consiguen la victoria y liberan al cautivo. Mas he aquí un adversario más peligroso que los cuatro reyes, aunque también haya sido vencido: el rey de Sodoma. Se acerca y, mediante regalos, quisiera hacer de Abram su deudor, pues supone que Abram, al igual que la mayoría de los hombres, es atraído por los bienes terrenales. No obstante, Dios vela y, para fortalecer a su siervo, le envía en ese instante, antes de este encuentro, un visitante misterioso: Melquisedec. Éste es rey y sacerdote al mismo tiempo; es una figura del Señor Jesús (Hebreos 7:1-10). Abram, alimentado y bendecido por Melquisedec, rehúsa firmemente las propuestas del rey de Sodoma. Un corazón saciado por Cristo es el secreto para resistir a las ofertas de Satanás. Lot, por el contrario, no tendrá en cuenta la lección divina; vuelve a Sodoma para vivir allí y hará una experiencia aún más trágica.

Génesis 15:1-21
1DESPUÉS de estas cosas fué la palabra de Jehová á Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande.2Y respondió Abram: Señor Jehová ¿qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliezer?3Dijo más Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa.4Y luego la palabra de Jehová fué á él diciendo: No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede.5Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente.6Y creyó á Jehová, y contóselo por justicia.7Y díjole: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte á heredar esta tierra.8Y él respondió: Señor Jehová ¿en qué conoceré que la tengo de heredar?9Y le dijo: Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.10Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves.11Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram.12Mas á la caída del sol sobrecogió el sueño á Abram, y he aquí que el pavor de una grande obscuridad cayó sobre él.13Entonces dijo á Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá á los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años.14Mas también á la gente á quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza.15Y tú vendrás á tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.16Y en la cuarta generación volverán acá: porque aun no está cumplida la maldad del Amorrheo hasta aquí.17Y sucedió que puesto el sol, y ya obscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos.18En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;19Los Cineos, y los Ceneceos, y los Cedmoneos,20Y los Hetheos, y los Pherezeos, y los Raphaitas,21Y los Amorrheos, y los Cananeos, y los Gergeseos, y los Jebuseos.

Al rechazar las ofertas del rey de Sodoma, Abram no perdió nada. ¡Al contrario! Dios le aparece y le declara: “Yo soy tu escudo, y tu galardón” (v. 1; V.M.). No le dice qué quiere darle, sino qué quiere ser para él. Poseer al dador es más que poseer sus dones. La fe de Abram se adueña de la promesa que Dios le hace respecto a una descendencia celestial (v. 5). Da “gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos 4:20, 21). Creer a Dios (y no solamente creer en Dios) es suficiente para ser declarado justo (v. 6). Este versículo capital es citado tres veces en el Nuevo Testamento (Romanos 4:3; Gálatas 3:6; Santiago 2:23).

Una vez que Dios se ha comprometido así, la alianza debe ser sellada con sacrificios (v. 9, 10). La muerte de Cristo es el único medio por el cual Dios puede cumplir lo que ha prometido. Aves de rapiña buscan apoderarse de algunos trozos de los animales, lo que es imagen de los esfuerzos de Satanás para arrebatarnos algún resultado de la muerte de Cristo. Pero nuestra fe, como la de Abram, debe estar activa para alejarlo.

El final del capítulo muestra que el hombre de Dios ha adquirido una visión mucho más extensa de la heredad prometida. Así ocurre siempre después que la fe ha sido puesta a prueba.

Génesis 16:1-16
1Y SARAI, mujer de Abram no le paría: y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.2Dijo, pues, Sarai á Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril: ruégote que entres á mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al dicho de Sarai.3Y Sarai, mujer de Abram, tomó á Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla á Abram su marido por mujer.4Y él cohabitó con Agar, la cual concibió: y cuando vió que había concebido, miraba con desprecio á su señora.5Entonces Sarai dijo á Abram: Mi afrenta sea sobre ti: yo puse mi sierva en tu seno, y viéndose embarazada, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre mí y ti.6Y respondió Abram á Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Y como Sarai la afligiese, huyóse de su presencia.7Y hallóla el ángel de Jehová junto á una fuente de agua en el desierto, junto á la fuente que está en el camino del Sur.8Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y á dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora.9Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete á tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano.10Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado á causa de la muchedumbre.11Díjole aún el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción.12Y él será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará.13Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?14Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí está entre Cades y Bered.15Y parió Agar á Abram un hijo y llamó Abram el nombre de su hijo que le parió Agar, Ismael.16Y era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando parió Agar á Ismael.

¡Qué pena! Después de las bellas pruebas de fe de Abram, encontramos un nuevo desfallecimiento en la vida del patriarca. Quiere, por así decirlo, ayudar a Dios a cumplir su promesa. En lugar de esperar con paciencia que le sea dado el hijo anunciado, escucha a Sarai su mujer. Y Agar, la sierva, probablemente traída de Egipto después de la primera falta de Abram, será la madre de Ismael.

Después de haber sido objeto de tristes querellas en la casa del hombre de Dios, Agar huye lejos de su dueña. Pero Dios tiene cuidado de la pobre sierva. La encuentra en el camino que ella había tomado por su propia voluntad y se convierte para ella en el Dios que se revela (v. 13). En el Ángel de Jehová podemos reconocer al Señor Jesús mismo. Querido lector, ¿ha tenido usted este encuentro decisivo? ¿Dios se ha revelado a usted como viviente? Él se da a conocer en Cristo (Juan 8:19; 2 Corintios 4:6). Y junto a ese Salvador viviente encontramos en abundancia el agua viva de la gracia (Juan 4:14), de la cual nos habla el pozo del Viviente-que-me-ve. Observemos lo que el ángel dice a Agar: “Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano” (v. 9). La humillación, la confesión de nuestros pecados, es lo primero que el Señor nos pide cuando se ha revelado a nuestra alma.

Génesis 17:1-27
1Y SIENDO Abram de edad de noventa y nueve años, aparecióle Jehová, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.2Y pondré mi pacto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera.3Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo:4Yo, he aquí mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de gentes:5Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.6Y multiplicarte he mucho en gran manera, y te pondré en gentes, y reyes saldrán de ti.7Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones, por alianza perpetua, para serte á ti por Dios, y á tu simiente después de ti.8Y te daré á ti, y á tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.9Dijo de nuevo Dios á Abraham: Tú empero guardarás mi pacto, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones.10Este será mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.11Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros.12Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones: el nacido en casa, y el comprado á dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente.13Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero: y estará mi pacto en vuestra carne para alianza perpetua.14Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será borrada de su pueblo; ha violado mi pacto.15Dijo también Dios á Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.16Y bendecirla he, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá á ser madre de naciones; reyes de pueblos serán de ella.17Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿y Sara, ya de noventa años, ha de parir?18Y dijo Abraham á Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.19Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él por alianza perpetua para su simiente después de él.20Y en cuanto á Ismael, también te he oído: he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará, y ponerlo he por gran gente.21Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, al cual te parirá Sara por este tiempo el año siguiente.22Y acabó de hablar con él, y subió Dios de con Abraham.23Entonces tomó Abraham á Ismael su hijo, y á todos los siervos nacidos en su casa, y á todos los comprados por su dinero, á todo varón entre los domésticos de la casa de Abraham, y circuncidó la carne del prepucio de ellos en aquel mismo día, como Dios le 24Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio.25E Ismael su hijo era de trece años cuando fué circuncidada la carne de su prepucio.26En el mismo día fué circuncidado Abraham é Ismael su hijo.27Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él.

Dios aparece otra vez a Abram, le reitera Su promesa de una innumerable descendencia y le cambia su nombre por el de Abraham. Un cambio de nombre en la Biblia es siempre el signo de una nueva relación con aquel que lo da. A partir de este momento nuestro patriarca no es solamente el hombre de fe, sino también el padre de todos los hombres de fe (Romanos 4:11). Al darle este nombre: “padre de muchedumbre de gentes”, Dios ya pensaba con interés y amor en esa muchedumbre de creyentes de los cuales Abraham sería considerado como cabeza de linaje, de los cuales esperamos que nuestros lectores formen parte. Y a través de los reyes que descenderían de Abraham (v. 6), Dios veía con antelación al “Hijo de David”, el Rey que regirá a Israel y al mundo. Con la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham, comienza el Nuevo Testamento.

Al mismo tiempo que un nombre, Dios da a Abraham otra señal: la circuncisión, la que corresponde, en cierta medida, al bautismo de hoy día y representa a la vez la separación para Dios y la desconfianza en la carne (Filipenses 3:3-4).

El final del capítulo nos muestra a Sara recibiendo también su nuevo nombre, Isaac anunciado, y Abraham obedeciendo a la orden que Dios le ha dado.

Génesis 18:1-15
1Y APARECIOLE Jehová en el valle de Mamre, estando él sentado á la puerta de su tienda en el calor del día.2Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto á él: y cuando los vió, salió corriendo de la puerta de su tienda á recibirlos, é inclinóse hacia la tierra,3Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo.4Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,5Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.6Entonces Abraham fué de priesa á la tienda á Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.7Y corrió Abraham á las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse éste priesa á aderezarlo.8Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto á ellos debajo del árbol; y comieron.9Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.10Entonces dijo: De cierto volveré á ti según el tiempo de la vida, y he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer. Y Sara escuchaba á la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.11Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en días: á Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres.12Rióse, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?13Entonces Jehová dijo á Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja?14¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré á ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo.15Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuve miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.

Dios concede a Abraham el honor de llamarlo su amigo (2 Crónicas 20:7; Isaías 41:8; Santiago 2:23). En esta calidad lo visita y quiere ponerlo al corriente de sus intenciones, tanto en lo concerniente a él (v. 9-15) como acerca del mundo (v. 20, 21; ver Juan 15:15). El patriarca responde con una confiada libertad, la que no excluye el más profundo respeto. La diligencia gozosa con la que recibe a sus celestiales invitados revela el estado de su corazón; conoce a su Dios; ha gustado la benignidad del Señor (1 Pedro 2:3). El Nuevo Testamento menciona a algunas personas que han tenido el privilegio de recibir al Señor Jesús en sus casas: Leví, Marta, Zaqueo (Lucas 5:29; 10:38; 19:5-6) y nos enseña bajo qué condición podríamos también gozar de la misma intimidad: la obediencia a la palabra del Señor es la llave que le abre nuestro corazón (Juan 14:23). Abraham, modelo en la comunión, lo es también en el ejercicio de la hospitalidad. El cristiano es exhortado a practicarla sin murmuraciones (1 Pedro 4:9; Romanos 12:13; Hebreos 13:2). ¡Qué buena nueva espera a Abraham y Sara: el anuncio del heredero tan deseado! Sara duda y ríe. Nosotros tenemos la ocasión de escuchar una magnífica afirmación: “¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (v. 14).

Génesis 18:16-33
16Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos.17Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo á Abraham lo que voy á hacer,18Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las gentes de la tierra?19Porque yo lo he conocido, sé que mandará á sus hijos y á su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.20Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,21Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he.22Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová.23Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?24Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él?25Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?26Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré á todo este lugar por amor de ellos.27Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado á hablar á mi Señor, aunque soy polvo y ceniza:28Quizá faltarán de cincuenta justos cinco: ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.29Y volvió á hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta.30Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.31Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar á mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor de los veinte.32Y volvió á decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor de los diez.33Y fuése Jehová, luego que acabó de hablar á Abraham: y Abraham se volvió á su lugar.

“La comunión íntima de Jehová es con los que le temen…” (Salmo 25:14; leer también Amós 3:7). Abraham es uno de ellos. “Porque yo le he conocido” (v. 19; V.M.), puede decir Dios, ¿le esconderé lo que voy a hacer? El conocimiento de los pensamientos de Dios es inseparable de una marcha fiel. Dios sabe que el único efecto de sus comunicaciones consiste en producir en el corazón del hombre de Dios sentimientos idénticos a los Suyos: la compasión, el deseo de arrebatar del espantoso juicio a aquellos a quienes él ama.

Queridos amigos cristianos, nosotros que conocemos por la Palabra de Dios la condenación del mundo y la inminencia de su juicio, ¿estamos motivados por esos sentimientos, pensando en el terrible destino de innumerables almas perdidas por la eternidad? En nuestras familias, entre nuestros compañeros o colegas de trabajo hay personas inconversas. ¿Qué podemos hacer por ellas? Sin duda, advertirlas, pero también interceder con insistencia, como Abraham lo hace por Sodoma, donde se encuentra Lot, su hermano (comp. Jeremías 5:1). 1 Timoteo 2 nos invita a suplicar por todos los hombres, dirigiéndonos a Aquel que por experiencia conocemos con el bello nombre de “Dios nuestro Salvador”, que “quiere que todos los hombres sean salvos”.

Génesis 19:1-14
1LLEGARON, pues, los dos ángeles á Sodoma á la caída de la tarde: y Lot estaba sentado á la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, levantóse á recibirlos, é inclinóse hacia el suelo;2Y dijo: Ahora, pues, mis señores, os ruego que vengáis á casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies: y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la plaza nos quedaremos esta noche.3Mas él porfió con ellos mucho, y se vinieron con él, y entraron en su casa; é hízoles banquete, y coció panes sin levadura y comieron.4Y antes que se acostasen, cercaron la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo;5Y llamaron á Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron á ti esta noche? sácanoslos, para que los conozcamos.6Entonces Lot salió á ellos á la puerta, y cerró las puertas tras sí,7Y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.8He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré afuera, y haced de ellas como bien os pareciere: solamente á estos varones no hagáis nada, pues que vinieron á la sombra de mi tejado.9Y ellos respondieron: Quita allá: y añadieron: Vino éste aquí para habitar como un extraño, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que á ellos. Y hacían gran violencia al varón, á Lot, y se acercaron para romper las puertas.10Entonces los varones alargaron la mano, y metieron á Lot en casa con ellos, y cerraron las puertas.11Y á los hombres que estaban á la puerta de la casa desde el menor hasta el mayor, hirieron con ceguera; mas ellos se fatigaban por hallar la puerta.12Y dijeron los varones á Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar:13Porque vamos á destruir este lugar, por cuanto el clamor de ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto Jehová nos ha enviado para destruirlo.14Entonces salió Lot, y habló á sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va á destruir esta ciudad. Mas pareció á sus yernos como que se burlaba.

¡Qué contraste entre la feliz visita que los ángeles hicieron a Abraham a mediodía y la penosa misión que al atardecer del mismo día les lleva a Sodoma! ¡Y cuánta dificultad para aceptar la invitación de Lot por solicita que ésta sea! (v. 2). ¿Cómo podrían tener comunión con ese creyente que se encuentra en una posición errónea? Entran en su casa sólo para protegerlo y liberarlo. Además, Lot nunca estuvo a gusto en esa ciudad pervertida. No lo habríamos sabido si el Nuevo Testamento no nos lo hubiese revelado. Pero Dios, quien conoce los corazones, nos dice que Lot era un justo y que, lejos de acomodarse en el mal, “afligía cada día su alma justa viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:8).

Iniquidad que los hombres de Sodoma no tienen vergüenza de ostentar durante esa noche dramática (comp. Isaías 3:9). De modo que Jehová, quien había dicho: “Y si no” –es decir, si no es verdad– lo sabré” (cap. 18:21), no tiene necesidad de otra prueba, porque esos hombres atestiguan contra ellos mismos.

Lot no es tomado en serio, ni siquiera por sus yernos. Cuando un creyente, durante algún tiempo, ha andado con el mundo, carece de autoridad para hablarle de juicio. No lo escuchan.

Génesis 19:15-29
15Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa á Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, porque no perezcas en el castigo de la ciudad.16Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas según la misericordia de Jehová para con él; y le sacaron, y le pusieron fuera de la ciudad.17Y fué que cuando los hubo sacado fuera, dijo: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.18Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos;19He aquí ahora ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia que has hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea caso que me alcance el mal y muera.20He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; escaparé ahora allá, (¿no es ella pequeña?) y vivirá mi alma.21Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado.22Date priesa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que allí hayas llegado. Por esto fué llamado el nombre de la ciudad, Zoar.23El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó á Zoar.24Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;25Y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.26Entonces la mujer de Lot miró atrás, á espaldas de él, y se volvió estatua de sal.27Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová:28Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno.29Así fué que, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, acordóse Dios de Abraham, y envió fuera á Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba.

La liberación de Lot es la respuesta a la oración de Abraham del capítulo precedente (v. 29). Éste había creído que para salvar a su hermano era necesario que Sodoma fuese salvada de la destrucción. Ahora bien, Dios no responde siempre de la manera que nosotros pensamos. Pero responde.

Desgraciadamente, el corazón de Lot se ha ligado profundamente a todo lo que ahora debe dejar tras sí; tarda en marcharse. Los ángeles tienen que arrastrarlo por la fuerza con su mujer y sus dos hijas. Queridos rescatados del Señor, si hoy tuviésemos que marcharnos al cielo, ¿lo haríamos con gozo, o como Lot, nos dolería abandonar las cosas de esta tierra, de las cuales nuestros corazones se han prendado?

Sodoma y Gomorra son «reducidas a cenizas», solemne ejemplo de lo que espera a los impíos (2 Pedro 2:6; Judas 7). En cuanto a la mujer de Lot, ella también permanece en la Palabra de Dios como un monumento, un signo de lo que cuesta unir nuestro destino a un mundo condenado. Esta mujer había compartido exteriormente la vida del pueblo de Dios durante mucho tiempo. Pero no formaba parte de él. El mundo estaba en su corazón y ella pereció con él. ¡Sí, recordemos a la mujer de Lot! (Lucas 17:32). Por lo que concierne a Lot, su fin será vergonzoso y su descendencia maldita.

Génesis 20:1-18
1DE allí partió Abraham á la tierra del Mediodía, y asentó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar.2Y dijo Abraham de Sara su mujer: Mi hermana es. Y Abimelech, rey de Gerar, envió y tomó á Sara.3Empero Dios vino á Abimelech en sueños de noche, y le dijo: He aquí muerto eres á causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.4Mas Abimelech no había llegado á ella, y dijo: Señor, ¿matarás también la gente justa?5¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón, y con limpieza de mis manos he hecho esto.6Y díjole Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.7Ahora, pues, vuelve la mujer á su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si tú no la volvieres, sabe que de cierto morirás, con todo lo que fuere tuyo.8Entonces Abimelech se levantó de mañana, y llamó á todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera.9Después llamó Abimelech á Abraham y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿y en qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan gran pecado? lo que no debiste hacer has hecho conmigo.10Y dijo más Abimelech á Abraham: ¿Qué viste para que hicieses esto?11Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Cierto no hay temor de Dios en este Lugar, y me matarán por causa de mi mujer.12Y á la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y toméla por mujer.13Y fue que, cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta es la merced que tú me harás, que en todos los lugares donde llegáremos, digas de mí: Mi hermano es.14Entonces Abimelech tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y diólo á Abraham, y devolvióle á Sara su mujer.15Y dijo Abimelech: He aquí mi tierra está delante de ti, habita donde bien te pareciere.16Y á Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata á tu hermano; mira que él te es por velo de ojos para todos los que están contigo, y para con todos: así fué reprendida.17Entonces Abraham oró á Dios; y Dios sanó á Abimelech y á su mujer, y á sus siervas, y parieron.18Porque había del todo cerrado Jehová toda matriz de la casa de Abimelech, á causa de Sara mujer de Abraham.

Por segunda vez Abraham niega a su mujer y recibe justamente los reproches del mundo (ver cap. 12). Con frecuencia es necesario que Dios repita sus lecciones hasta que un mal sea juzgado de raíz y confesado. Aquí era una media mentira (v. 12, 13). Es algo serio e instructivo para nosotros ver a un hombre privilegiado, que goza de tan gran intimidad con Dios, perder conciencia de su relación y flaquear en cuanto al testimonio. ¡Cuánto más grave es la falta de un hombre piadoso! Escuchemos las tristes palabras de Abraham a Abimelec: “Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre” (v. 13). ¡Pobre lenguaje para un creyente! ¿Es todo lo que puede decir del llamamiento del “Dios de gloria” hacia la ciudad celestial? ¡Desgraciadamente, con mucha frecuencia nos parecemos a él! De tanto frecuentar a los incrédulos, un cristiano llega a hablar como ellos. Pero aun durante el tiempo en que Dios enseña a los suyos una lección necesaria, continúa velando afectuosamente por ellos. “No consintió que nadie los agraviase, y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis, dijo, a mis ungidos” (Salmo 105:14, 15). Dios mantiene la dignidad de Abraham como su representante, el profeta que habla en su nombre (v. 7) y el intercesor a cuyas oraciones responde (v. 17).

Génesis 21:1-21
1Y VISITO Jehová á Sara, como había dicho, é hizo Jehová con Sara como había hablado.2Y concibió y parió Sara á Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.3Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le parió Sara, Isaac.4Y circuncidó Abraham á su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado.5Y era Abraham de cien años, cuando le nació Isaac su hijo.6Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reir, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo.7Y añadió: ¿Quién dijera á Abraham que Sara había de dar de mamar á hijos? pues que le he parido un hijo á su vejez.8Y creció el niño, y fué destetado; é hizo Abraham gran banquete el día que fué destetado Isaac.9Y vió Sara al hijo de Agar la Egipcia, el cual había ésta parido á Abraham, que se burlaba.10Por tanto dijo á Abraham: Echa á esta sierva y á su hijo; que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Isaac.11Este dicho pareció grave en gran manera á Abraham á causa de su hijo.12Entonces dijo Dios á Abraham: No te parezca grave á causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.13Y también al hijo de la sierva pondré en gente, porque es tu simiente.14Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y diólo á Agar, poniéndolo sobre su hombro, y entrególe el muchacho, y despidióla. Y ella partió, y andaba errante por el desierto de Beer-seba.15Y faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un árbol;16Y fuése y sentóse enfrente, alejándose como un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho morirá: y sentóse enfrente, y alzó su voz y lloró.17Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó á Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.18Levántate, alza al muchacho, y ásele de tu mano, porque en gran gente lo tengo de poner.19Entonces abrió Dios sus ojos, y vió una fuente de agua; y fué, y llenó el odre de agua, y dió de beber al muchacho.20Y fué Dios con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fué tirador de arco.21Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto.

La promesa de Dios se cumple. “En el tiempo que Dios le había dicho” nace Isaac, quien es figura de Cristo con el carácter de Hijo y de Heredero (Hebreos 1:2). Después de la risa incrédula de Abraham (cap. 17:17) y de Sara (cap. 18:12), seguida de la risa gozosa y agradecida de esta última, acción que da nombre a Isaac (v. 3, 6), oímos la risa burlona de Ismael (v. 9), figura del hombre “según la carne”, el que no puede comprender los consejos de Dios cumplidos en Cristo. Ismael, el hijo de la sierva, representa al hombre bajo la servidumbre de la ley, quien no tiene ningún derecho a las promesas ni a la heredad.

Lo que Sara hace parece inhumano; Abraham lo encuentra mal. Pero Dios lo aprueba, queriendo mostrar así en figura que la heredad pertenece sólo a Cristo y que, basándose en las obras, el hombre no posee ninguna parte. Como lo explica la epístola a los Gálatas, los creyentes son “hijos de la promesa”. Como han recibido la adopción, ya no son más esclavos, sino hijos y, por consiguiente, herederos (Gálatas 4:6, 7, 28).

La gracia actúa, no obstante, en favor de Agar y de su hijo. Cuando el agua del odre –símbolo de los recursos humanos– se acaba, el Viviente que se había revelado a ella en el capítulo 16 repite su liberación. Él oye incluso la voz de un niño (v. 17).

Génesis 21:22-34
22Y aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelech, y Phicol, príncipe de su ejército, á Abraham diciendo: Dios es contigo en todo cuanto haces.23Ahora pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás á mí, ni á mi hijo, ni á mi nieto; sino que conforme á la bondad que yo hice contigo, harás tú conmigo y con la tierra donde has peregrinado.24Y respondió Abraham: Yo juraré.25Y Abraham reconvino á Abimelech á causa de un pozo de agua, que los siervos de Abimelech le habían quitado.26Y respondió Abimelech: No sé quién haya hecho esto, ni tampoco tú me lo hiciste saber, ni yo lo he oído hasta hoy.27Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dió á Abimelech; é hicieron ambos alianza.28Y puso Abraham siete corderas del rebaño aparte.29Y dijo Abimelech á Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has puesto aparte?30Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sean en testimonio de que yo cavé este pozo.31Por esto llamó á aquel lugar Beer-seba; porque allí juraron ambos.32Así hicieron alianza en Beer-seba: y levantóse Abimelech y Phicol, príncipe de su ejército, y se volvieron á tierra de los Filisteos.33Y plantó Abraham un bosque en Beer-seba, é invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno.34Y moró Abraham en tierra de los Filisteos muchos días.

En el capítulo 20, las relaciones de Abraham con Abimelec habían sido bastante pesadas. El patriarca había recibido un serio y justificado reproche por parte del rey de Gerar. Pero ahora las relaciones se reanudan bajo un nuevo orden. Esto es figura de la supremacía futura de Israel cuando las naciones digan: “Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros” (Zacarías 8:23). “Dios está contigo en todo cuanto haces”, comprueba el rey filisteo (v. 22). Y se esfuerza por obtener una alianza con el hombre de Dios. Por eso, ahora, es este último quien amonesta a Abimelec con la autoridad moral que le confiere su relación con el “Dios eterno” (v. 33). Abraham le manifiesta su gran apego al pozo en el desierto, que los siervos de Abimelec quisieron robarle.

¿No es para nosotros, este pozo, una figura de la Palabra, la cual debe refrescar cada día nuestras almas? Si algunos buscan nuestra compañía, mostrémosles lo antes posible el valor que tiene para nosotros la Palabra de nuestro Dios. Los que tengan sed de la verdad, de paz, de gozo, serán conducidos a buscarlos en ese Libro precioso, si ven que nosotros los obtenemos allí.

Génesis 22:1-12
1Y ACONTECIO después de estas cosas, que tentó Dios á Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.3Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y á Isaac su hijo: y cortó leña para el holocausto, y levantóse, y fué al lugar que Dios le dijo.4Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vió el lugar de lejos.5Entonces dijo Abraham á sus mozos: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos á vosotros.6Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.7Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?8Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.9Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató á Isaac su hijo, y púsole en el altar sobre la leña.10Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo.11Entonces el ángel de Jehová le dió voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.12Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único;

Sabemos que esta escena es una imagen de la cruz. ¿Quién es el Hijo, el Único, aquel a quien el Padre ama, si no el Señor Jesús? Debía ser ofrecido en holocausto. El lugar es visto de lejos en los consejos eternos de Dios. Es el monte Moriah, donde más tarde David ofrecerá el sacrificio expiatorio y donde el templo será edificado (2 Crónicas 3:1). Ese lugar del sacrificio es al mismo tiempo el de la adoración (v. 5). ¡Cuántos motivos encontramos ahí para adorar al Padre y al Hijo, yendo ambos juntos o, dicho de otra manera, no teniendo más que un solo y mismo pensamiento para realizar la obra de la salvación! La obediencia de Isaac nos recuerda la del Señor en Getsemaní: “Mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Marcos 14:36). Pero, en contraste con Isaac, quien solamente se somete, el Hijo se presentó voluntariamente: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:9). En contraste una vez más con Isaac, quien no sabía lo que su padre iba a hacer, nos es dicho: “Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó” (Juan 18:4).

En contraste, por último, con la voz del Ángel que detiene la mano de Abraham, ninguna voz se escuchó en el Gólgota para apartar la espada que debía herir al Hijo de Dios.

Génesis 22:13-24
13Entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero á sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos: y fué Abraham, y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo.14Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.15Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo,16Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único;17Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos:18En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz.19Y tornóse Abraham á sus mozos, y levantáronse y se fueron juntos á Beer-seba; y habitó Abraham en Beer-seba.20Y aconteció después de estas cosas, que fué dada nueva á Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha parido hijos á Nachôr tu hermano:21A Huz su primogénito, y á Buz su hermano, y á Kemuel padre de Aram.22Y á Chêsed, y á Hazo, y á Pildas, y á Jidlaph, y á Bethuel.23Y Bethuel engendró á Rebeca. Estos ocho parió Milca á Nachôr, hermano de Abraham.24Y su concubina, que se llamaba Reúma, parió también á Teba, y á Gaham, y á Taas, y á Maachâ.

Dios se proveyó de un Cordero para el holocausto. Cuando el Señor Jesús apareció en medio del pueblo, a la orilla del Jordán, Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios” (Juan 1:29). Era la respuesta divina a todos los pecados que acababan de ser confesados. De modo que el gran misterio –del cual tenemos un reflejo en este capítulo– es ahora revelado. ¡Y qué seguridad continúa dando ese “Jehová-jireh” (Jehová proveerá) a todos aquellos que están atormentados por el peso de sus pecados!

Isaac es, en figura, resucitado (Hebreos 11:19); Cristo lo es en realidad, con todas las consecuencias para Él y para nosotros. A Él, una esposa le será dada, razón por la cual encontramos a Rebeca mencionada en el versículo 23. Nosotros recibiremos las bendiciones celestiales de las cuales tenemos una imagen en los versículos 17 y 18.

La fe de Abraham ha sido mostrada por medio de esta obra (Santiago 2:21). Dios conocía el corazón de Abraham y sabía que poseía esta fe, pero era necesario que ésta fuese manifestada públicamente. En lo que nos concierne, si hemos podido confesar: «Creo en el Señor Jesús», tarde o temprano nos será dada la ocasión de demostrarlo. Las pruebas de los cristianos no tienen otra finalidad que poner en evidencia la realidad de la fe que hay en ellos.

Génesis 23:1-20
1Y FUÉ la vida de Sara ciento veintisiete años: tantos fueron los años de la vida de Sara.2Y murió Sara en Kiriath-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán: y vino Abraham á hacer el duelo á Sara y á llorarla.3Y levantóse Abraham de delante de su muerto, y habló á los hijos de Heth, diciendo:4Peregrino y advenedizo soy entre vosotros; dadme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerto de delante de mí.5Y respondieron los hijos de Heth á Abraham, y dijéronle:6Oyenos, señor mío, eres un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestras sepulturas sepulta á tu muerto; ninguno de nosotros te impedirá su sepultura, para que entierres tu muerto.7Y Abraham se levantó, é inclinóse al pueblo de aquella tierra, á los hijos de Heth;8Y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte mi muerto de delante de mí, oidme, é interceded por mí con Ephrón, hijo de Zohar,9Para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al cabo de su heredad: que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros.10Este Ephrón hallábase entre los hijos de Heth: y respondió Ephrón Hetheo á Abraham, en oídos de los hijos de Heth, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo:11No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está en ella; delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerto.12Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra.13Y respondió á Ephrón en oídos del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te place, ruégote que me oigas; yo daré el precio de la heredad, tómalo de mí, y sepultaré en ella mi muerto.14Y respondió Ephrón á Abraham, diciéndole:15Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata: ¿qué es esto entre mí y ti? entierra pues tu muerto.16Entonces Abraham se convino con Ephrón, y pesó Abraham á Ephrón el dinero que dijo, oyéndolo los hijos de Heth, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes.17Y quedó la heredad de Ephrón que estaba en Macpela enfrente de Mamre, la heredad y la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todo su término al derredor,18Por de Abraham en posesión, á vista de los hijos de Heth, y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.19Y después de esto sepultó Abraham á Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamre, que es Hebrón en la tierra de Canaán.20Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, por de Abraham, en posesión de sepultura adquirida de los hijos de Heth.

Un sepulcro es todo lo que Abraham poseerá de ese país de Canaán que, sin embargo, le ha sido prometido. Al comprar el campo y la cueva de Macpela para enterrar a Sara, el hombre de Dios confirma su firme espera de la resurrección. Para él, Sara vive una vida divina. Es necesario, pues, asegurarse todos los derechos sobre el lugar donde será depositado su cuerpo que debe resucitar. La totalidad del precio pagado por la cueva y por el campo nos recuerda los derechos adquiridos definitivamente por la cruz de Cristo, la derrota de la muerte, la certeza de la próxima resurrección de todos los creyentes.

Así como en el capítulo 14 lo hemos visto rehusar la propuesta del rey de Sodoma, aquí también se niega a ser deudor de quienquiera que sea. Insiste en pagar el valor del campo, sin regatear. Un cristiano se da a conocer en todas sus relaciones con la gente del mundo por su rectitud y su perfecta honradez. En el Nuevo Testamento somos exhortados a no deber nada a nadie (es decir, no contraer deudas sin tener garantía – Romanos 13:8), a “que os conduzcáis honradamente para con los de afuera” (1 Tesalonicenses 4:12), y aun a procurar “hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:21; ver también Romanos 12:17).

Génesis 24:1-14
1Y ABRAHAM era viejo, y bien entrado en días; y Jehová había bendecido á Abraham en todo.2Y dijo Abraham á un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo,3Y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no has de tomar mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos, entre los cuales yo habito;4Sino que irás á mi tierra y á mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.5Y el criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí á esta tierra: ¿volveré, pues, tu hijo á la tierra de donde saliste?6Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas á mi hijo allá.7Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú tomarás de allá mujer para mi hijo.8Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá á mi hijo.9Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y juróle sobre este negocio.10Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y fuése, pues tenía á su disposición todos los bienes de su señor: y puesto en camino, llegó á Mesopotamia, á la ciudad de Nachôr.11E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto á un pozo de agua, á la hora de la tarde, á la hora en que salen las mozas por agua.12Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.13He aquí yo estoy junto á la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua:14Sea, pues, que la moza á quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber á tus camellos: que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho miseric

La muerte de Sara sugiere que Israel (pueblo del cual desciende el verdadero Isaac) es puesto de lado después de la resurrección del Señor (cap. 22). Para asegurar la descendencia de la promesa, Abraham, el “padre de muchedumbre de gentes”, tiene un gran designio cuya realización nos es contada ampliamente: dar una esposa a su hijo. Pero una tercera persona interviene entonces: el criado más viejo de su casa, su intendente, notable figura del Espíritu Santo enviado a la tierra con el fin de reunir a aquellos que constituirán la Iglesia, la Esposa de Cristo. Así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quienes han trabajado juntos en la obra de la Creación, tienen también una actividad común en la elección, el llamamiento y la reunión de los rescatados que están unidos a Cristo resucitado. Esta esposa será buscada en un país lejano. Dios eligió y llamó compañeros para su Hijo de entre aquellos que estaban lejos (Efesios 2:13).

¡Qué modelo de dependencia tenemos en ese criado de Abraham! En casa de su amo aprendió a conocer a Jehová, con quien ahora tiene que tratar personalmente. Presenta su oración ante Él (Salmo 5:3). Antes de emprender cualquier cosa, no olvidemos hablar primeramente al Señor acerca de ello.

Génesis 24:15-31
15Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido á Bethuel, hijo de Milca, mujer de Nachôr hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro.16Y la moza era de muy hermoso aspecto, virgen, á la que varón no había conocido; la cual descendió á la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.17Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Ruégote que me des á beber un poco de agua de tu cántaro.18Y ella respondió: Bebe, señor mío: y dióse prisa á bajar su cántaro sobre su mano, y le dió á beber.19Y cuando acabó de darle á beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber.20Y dióse prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.21Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado ó no su viaje.22Y fué que como los camellos acabaron de beber, presentóle el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez:23Y dijo: ¿De quién eres hija? Ruégote me digas, ¿hay lugar en casa de tu padre donde posemos?24Y ella respondió: Soy hija de Bethuel, hijo de Milca, el cual parió ella á Nachôr.25Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar.26El hombre entonces se inclinó, y adoró á Jehová.27Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó su misericordia y su verdad de mi amo, guiándome Jehová en el camino á casa de los hermanos de mi amo.28Y la moza corrió, é hizo saber en casa de su madre estas cosas.29Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera al hombre, á la fuente;30Y fué que como vió el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía, Así me habló aquel hombre; vino á él: y he aquí que estaba junto á los camellos á la fuente.31Y díjole: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? yo he limpiado la casa, y el lugar para los camellos.

El criado de Abraham no ha terminado de formular su oración cuando llega la respuesta: Rebeca con su cántaro. En Isaías encontramos una promesa correspondiente: “Antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído” (cap. 65:24).

Si el criado nos enseña la dependencia, Rebeca es, por su parte, un modelo de abnegación y diligencia. Hace más de lo que se le pide, pues da de beber también a los camellos, y lo hace con agrado y prontitud (v. 18, 20). He aquí dos cualidades que podemos observar e imitar en nuestros pequeños servicios de cada día en casa. Sacar agua es refrescar al prójimo, darle alivio. Existen mil maneras de comunicar a aquellos con los que nos relacionamos las bendiciones que nosotros mismos hemos obtenido en la Palabra de Dios. Y, así como el criado observaba a Rebeca, recordemos que Alguien considera con atención todo lo que hacemos. Al ver cómo la joven ejecuta ese trabajo simple, el criado comprende que ésta sería para Isaac una mujer afectuosa, activa y virtuosa como aquella que describe el capítulo 31 de Proverbios.

Lo primero que hace es prosternarse ante Jehová y darle gracias.

Génesis 24:32-49
32Entonces el hombre vino á casa, y Labán desató los camellos; y dióles paja y forraje, y agua para lavar los piés de él, y los piés de los hombres que con él venían.33Y pusiéronle delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla.34Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham;35Y Jehová ha bendecido mucho á mi amo, y él se ha engrandecido: y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.36Y Sara, mujer de mi amo, parió en su vejez un hijo á mi señor, quien le ha dado todo cuanto tiene.37Y mi amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos, en cuya tierra habito;38Sino que irás á la casa de mi padre, y á mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo.39Y yo dije: Quizás la mujer no querrá seguirme.40Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás mujer para mi hijo de mi linaje y de la casa de mi padre:41Entonces serás libre de mi juramento, cuando hubieres llegado á mi linaje; y si no te la dieren, serás libre de mi juramento.42Llegué, pues, hoy á la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando;43He aquí yo estoy junto á la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que saliere por agua, á la cual dijere: Dame á beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro;44Y ella me respondiere, Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua: ésta sea la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor.45Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió á la fuente, y sacó agua; y le dije: Ruégote que me des á beber.46Y prestamente bajó su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también á tus camellos daré á beber. Y bebí, y dió también de beber á mis camellos.47Entonces preguntéle, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Bethuel, hijo de Nachôr, que le parió Milca. Entonces púsele un pendiente sobre su nariz, y brazaletes sobre sus manos:48E inclinéme, y adoré á Jehová, y bendije á Jehová, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo.49Ahora pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y echaré á la diestra ó á la siniestra.

Dios condujo, como de la mano, al criado de Abraham en su entrevista con la familia de su amo. Éste le había hecho prometer que no tomaría para su hijo una mujer de entre las hijas de los cananeos (v. 3). Queridos jóvenes que conocen a Jesús, incluso si el matrimonio se presenta ante ustedes como una lejana eventualidad, no es demasiado pronto para retener firmemente la enseñanza de la Palabra sobre ese tema: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque… ¿qué parte (tiene) el creyente con el incrédulo?” (2 Corintios 6:14, 15). Un hijo o hija de Dios no debe casarse más que dentro de la familia de la fe, es decir, con otro hijo o hija de Dios. Aquellos que no tuvieron en cuenta este precepto debieron confesar más tarde, con mucha tristeza, que la unión con un inconverso no es solamente una desobediencia formal a la Palabra del Señor, sino también una fuente de penas y sufrimientos para toda la vida.

¡Qué testimonio da el criado de Abraham acerca de su amo, al cual está orgulloso de pertenecer! (v. 34 a 36). Lo llama grande, rico, padre de un hijo, quien es heredero de todo cuanto le pertenece. Así el Espíritu Santo, cuando es recibido en un corazón, hace conocer al Padre y al Hijo; asimismo nosotros, rescatados del Señor, deberíamos saber hablar de Él.

Génesis 24:50-67
50Entonces Labán y Bethuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno.51He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová.52Y fué, que como el criado de Abraham oyó sus palabras, inclinóse á tierra á Jehová.53Y sacó el criado vasos de plata y vasos de oro y vestidos, y dió á Rebeca: también dió cosas preciosas á su hermano y á su madre.54Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme á mi señor.55Entonces respondió su hermano y su madre: Espere la moza con nosotros á lo menos diez días, y después irá.56Y él les dijo: No me detengáis, pues que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya á mi señor.57Ellos respondieron entonces: Llamemos la moza y preguntémosle.58Y llamaron á Rebeca, y dijéronle: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré.59Entonces dejaron ir á Rebeca su hermana, y á su nodriza, y al criado de Abraham y á sus hombres.60Y bendijeron á Rebeca, y dijéronle: Nuestra hermana eres; seas en millares de millares, y tu generación posea la puerta de sus enemigos.61Levantóse entonces Rebeca y sus mozas, y subieron sobre los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó á Rebeca, y fuése.62Y venía Isaac del pozo del Viviente que me ve; porque él habitaba en la tierra del Mediodía;63Y había salido Isaac á orar al campo, á la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían.64Rebeca también alzó sus ojos, y vió á Isaac, y descendió del camello;65Porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y cubrióse.66Entonces el criado contó á Isaac todo lo que había hecho.67E introdújola Isaac á la tienda de su madre Sara, y tomó á Rebeca por mujer; y amóla: y consolóse Isaac después de la muerte de su madre.

Las palabras con las cuales el criado de Abraham describió a su amo y las riquezas de las que dio algunas muestras conmovieron el corazón de Rebeca. Está decidida: “Sí, iré”, responde (v. 58).

Usted, que con frecuencia ha oído hablar del Señor, que ha gozado de los tesoros de su gracia en casa de sus padres, ¿se ha decidido por él? La pregunta le es hecha hoy: ¿Irá usted? El Espíritu de Dios no le incita a hacerlo dentro de algunos días, o mañana, sino hoy.

Entonces comienza para Rebeca la larga marcha a través del desierto. Ha dejado todo para seguir al criado que la conduce hasta Isaac. Así la Iglesia, Esposa de Cristo, continúa en este mundo –un desierto para ella– su camino de pena y fatiga, pero también de gozo porque el Espíritu Santo la ocupa del Muy Amado, al que no ha visto, pero que viene a su encuentro. «¡Qué momento solemne para tu santa asamblea, cuando la introduzcas en los lugares celestiales!», dice un cántico. ¡Qué momento también para el Señor Jesús! Rebeca fue mujer de Isaac y él la amó a partir de ese momento. Pero Cristo ya ama a su Asamblea. Y su corazón, mucho más que el nuestro, espera ese bendito momento para la eterna satisfacción de su divino amor.

Génesis 25:1-18
1Y ABRAHAM tomó otra mujer, cuyo nombre fué Cetura;2La cual le parió á Zimram, y á Joksan, y á Medan, y á Midiam, y á Ishbak, y á Sua.3Y Joksan engendró á Seba, y á Dedán: é hijos de Dedán fueron Assurim, y Letusim, y Leummim.4E hijos de Midiam: Epha, y Epher, y Enech, y Abida, y Eldaa. Todos estos fueron hijos de Cetura.5Y Abraham dió todo cuanto tenía á Isaac.6Y á los hijos de sus concubinas dió Abraham dones, y enviólos de junto Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, á la tierra oriental.7Y estos fueron los días de vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.8Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días y fué unido á su pueblo.9Y sepultáronlo Isaac é Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Ephrón, hijo de Zoar Hetheo, que está enfrente de Mamre;10Heredad que compró Abraham de los hijos de Heth; allí fué Abraham sepultado, y Sara su mujer.11Y sucedió, después de muerto Abraham, que Dios bendijo á Isaac su hijo: y habitó Isaac junto al pozo del Viviente que me ve.12Y estas son las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, que le parió Agar Egipcia, sierva de Sara:13Estos, pues, son los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, por sus linajes: El primogénito de Ismael, Nabaioth; luego Cedar, y Abdeel, y Mibsam,14Y Misma, y Duma, y Massa,15Hadad, y Tema, y Jetur, y Naphis, y Cedema.16Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias.17Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años: y exhaló el espíritu Ismael, y murió; y fué unido á su pueblo.18Y habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto viniendo á Asiria; y murió en presencia de todos sus hermanos.

El final de la vida de Abraham termina con un vasto cuadro profético: capítulo 21: el nacimiento del Hijo; capítulo 22: la cruz y la resurrección del verdadero Isaac; capítulo 23: el alejamiento de Israel (la muerte de Sara); capítulo 24: el llamamiento de la Iglesia y su unión con Cristo en la gloria; capítulo 25: la introducción del reino de mil años, durante el cual las naciones de la tierra, representadas por los hijos de Cetura, serán bendecidas en relación con Isaac. A este último, Abraham le da todo lo que posee. Isaac representa a Cristo con el carácter de Heredero universal. “Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú… Pídeme, y te daré por herencia las naciones” (Salmo 2:7-8). Hacia ese glorioso futuro se dirigen los pensamientos de Abraham por la fe. Más allá de Isaac, contempla a Aquel en quien las promesas tendrán su realización. “Abraham se gozó de que había de ver mi día” –dirá Jesús a los judíos– “y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56). Muere en la fe, “sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo” (Hebreos 11:13). Por eso Abraham es uno de esos hombres de los cuales Dios no tiene vergüenza, a tal punto de unir su nombre al Suyo propio, llamándose a sí mismo: “Dios de Abraham”. ¿Puede Él también llamarse su Dios?

Génesis 25:19-34
19Y estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham. Abraham engendró á Isaac:20Y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer á Rebeca, hija de Bethuel Arameo de Padan-aram, hermana de Labán Arameo.21Y oró Isaac á Jehová por su mujer, que era estéril; y aceptólo Jehová, y concibió Rebeca su mujer.22Y los hijos se combatían dentro de ella; y dijo: Si es así ¿para qué vivo yo? Y fue á consultar á Jehová.23Y respondióle Jehová: Dos gentes hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas: Y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.24Y como se cumplieron sus días para parir, he aquí mellizos en su vientre.25Y salió el primero rubio, y todo él velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.26Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú: y fué llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los parió.27Y crecieron los niños, y Esaú fué diestro en la caza, hombre del campo: Jacob empero era varón quieto, que habitaba en tiendas.28Y amó Isaac á Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba á Jacob.29Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo cansado,30Dijo á Jacob: Ruégote que me des á comer de eso bermejo, pues estoy muy cansado. Por tanto fué llamado su nombre Edom.31Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.32Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy á morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?33Y dijo Jacob: Júrame lo en este día. Y él le juró, y vendió á Jacob su primogenitura.34Entonces Jacob dió á Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y levantóse, y fuése. Así menospreció Esaú la primogenitura.

La fe de Isaac y de Rebeca es probada de la misma manera que la de Abraham y Sara: por la esterilidad. Esto da a Isaac ocasión de orar con insistencia a Dios, y Éste le responde (v. 21; comp. 1 Crónicas 5:20). Nacen dos hijos gemelos, tan diferentes por su aspecto físico como por el estado de sus corazones. La escena que se desarrolla más tarde entre los dos hermanos manifiesta este estado. Jacob, a pesar de actuar de manera inoportuna, muestra que aprecia el lugar de primogénito en la familia, la parte de la herencia que corresponde a ese lugar y, sobre todo, las promesas divinas hechas a Abraham y a su descendencia. Nada de eso tiene valor para Esaú. Concluye su trato, come, bebe, se levanta y se va, inconsciente de la incalculable pérdida que ha sufrido en un instante. Su conducta no solamente es insensata –“por una sola comida” (Hebreos 12:16) sacrificó todo su porvenir– sino que, además y sobre todo, es un insulto a Dios; es decirle: tus dones más preciosos no tienen más valor que esas pocas lentejas para calmar mi hambre.

La primogenitura es una figura de su privilegio, jóvenes amigos que han sido educados en una familia cristiana. Dios quiera que ninguno de ustedes desprecie la herencia celestial.

Génesis 26:1-16
1Y HUBO hambre en la tierra, además de la primera hambre que fué en los días de Abraham: y fuése Isaac á Abimelech rey de los Filisteos, en Gerar.2Y apareciósele Jehová, y díjole: No desciendas á Egipto: habita en la tierra que yo te diré;3Habita en esta tierra, y seré contigo, y te bendeciré; porque á ti y á tu simiente daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que juré á Abraham tu padre:4Y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré á tu simiente todas estas tierras; y todas las gentes de la tierra serán benditas en tu simiente.5Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.6Habitó, pues, Isaac en Gerar.7Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; que tal vez, dijo, los hombres del lugar me matarían por causa de Rebeca; porque era de hermoso aspecto.8Y sucedió que, después que él estuvo allí muchos días, Abimelech, rey de los Filisteos, mirando por una ventana, vió á Isaac que jugaba con Rebeca su mujer.9Y llamó Abimelech á Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer: ¿cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella.10Y Abimelech dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado.11Entonces Abimelech mandó á todo el pueblo, diciendo: El que tocare á este hombre ó á su mujer, de cierto morirá.12Y sembró Isaac en aquella tierra, y halló aquel año ciento por uno: y bendíjole Jehová.13Y el varón se engrandeció, y fué adelantando y engrandeciéndose, hasta hacerse muy poderoso:14Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y grande apero; y los Filisteos le tuvieron envidia.15Y todos los pozos que habían abierto, los criados de Abraham su padre en sus días, los Filisteos los habían cegado y llenado de tierra.16Y dijo Abimelech á Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que nosotros te has hecho.

Isaac no sacó provecho de las tristes experiencias de su padre en los capítulos 12 y 20. Puesto a prueba por el hambre, también él va y habita en Gerar; allí, por temor, niega a su mujer y engaña así a Abimelec. Las compañías mundanas nos exponen a las mismas consecuencias: falta de valentía para confesar nuestra relación con Cristo, miedo del oprobio, falso testimonio ante el mundo. Pero, en seguida, leemos una bella página de la historia del patriarca. Para ponerse al abrigo del hambre junto con su familia, siembra, cosecha y Dios bendice su trabajo. Su prosperidad provoca el celo de los filisteos (v. 14). Como en tiempos de Abraham, estos últimos procuran despojar al hombre de Dios del agua necesaria para la vida (cap. 21:25). Ésta es provista por los antiguos pozos, figura de la Palabra y de las fuentes de refrigerio espiritual de las cuales gozaron las generaciones que nos precedieron, y de las cuales nosotros mismos tenemos que extraer y beber. Esos filisteos malvados, quienes tapan los pozos con tierra, nos hacen pensar en el enemigo de nuestras almas. Se esfuerza por llenar nuestras vidas con las cosas de la tierra, produciendo cada vez nuevas necesidades en nuestros corazones. De este modo nos despoja de la Palabra divina que nos es indispensable para lograr nuestra prosperidad espiritual.

Génesis 26:17-35
17E Isaac se fué de allí; y asentó sus tiendas en el valle de Gerar, y habitó allí.18Y volvió á abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los Filisteos habían cegado, muerto Abraham; y llamólos por los nombres que su padre los había llamado.19Y los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas.20Y los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra: por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con él.21Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él: y llamó su nombre Sitnah.22Y apartóse de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él: y llamó su nombre Rehoboth, y dijo: Porque ahora nos ha hecho ensanchar Jehová y fructificaremos en la tierra.23Y de allí subió á Beer-seba.24Y apareciósele Jehová aquella noche, y dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre: no temas, que yo soy contigo, y yo te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por amor de Abraham mi siervo.25Y edificó allí un altar, é invocó el nombre de Jehová, y tendió allí su tienda: y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.26Y Abimelech vino á él desde Gerar, y Ahuzzath, amigo suyo, y Phicol, capitán de su ejército.27Y díjoles Isaac: ¿Por qué venís á mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?28Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová es contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre nosotros y ti, y haremos alianza contigo:29Que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz: tú ahora, bendito de Jehová.30Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron.31Y se levantaron de madrugada, y juraron el uno al otro; é Isaac los despidió, y ellos se partieron de él en paz.32Y en aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y diéronle nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Agua hemos hallado.33Y llamólo Seba: por cuya causa el nombre de aquella ciudad es Beer-seba hasta este día.34Y cuando Esaú fué de cuarenta años, tomó por mujer á Judith hija de Beeri Hetheo, y á Basemat hija de Elón Hetheo:35Y fueron amargura de espíritu á Isaac y á Rebeca.

Isaac vuelve a excavar uno tras otro los pozos de Abraham, tapados por los filisteos. Pidamos al Señor la misma energía, la misma perseverancia para apoderarnos de las verdades de las cuales han vivido nuestros predecesores, a fin de que, por una «excavación» personal, ellas vengan a ser nuestra propiedad. A cada esfuerzo del enemigo para desposeerlo de los frutos de su trabajo, Isaac responde cavando en otra parte, sin desanimarse. Pero se abstiene de disputar, ilustrando la exhortación de 2 Timoteo 2:24. Su gentileza puede ser conocida de todos (Filipenses 4:5). Soporta la injusticia, no amenaza, sino que se encomienda a Aquel que juzga justamente (1 Pedro 2:23). Al mismo tiempo, da un testimonio de su fe. La herencia le pertenece; ¿para qué apoderarse de ella por la fuerza? Dios ha prometido “todas estas tierras” a su descendencia (v. 4). Isaac espera en Él para recibirlas cuando llegue el momento.

Los versículos 34 y 35 nos muestran cómo Esaú desprecia una vez más la voluntad divina escogiendo sus mujeres entre las cananeas, pueblo que Dios apartó de Israel (cap. 24:3 y 37). Esto causa una pena profunda a Isaac y a Rebeca. ¡Qué contraste con su propia historia vivida en la confianza y la dependencia de Dios! Que nuestros jóvenes lectores sepan sacar provecho de la experiencia de sus padres creyentes.

Génesis 27:1-29
1Y ACONTECIO que cuando hubo Isaac envejecido, y sus ojos se ofuscaron quedando sin vista, llamó á Esaú, su hijo el mayor, y díjole: Mi hijo. Y él respondió: Heme aquí.2Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte:3Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y cógeme caza;4Y hazme un guisado, como yo gusto, y tráeme lo, y comeré: para que te bendiga mi alma antes que muera.5Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac á Esaú su hijo: y fuése Esaú al campo para coger la caza que había de traer.6Entonces Rebeca habló á Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído á tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:7Tráeme caza, y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga delante de Jehová antes que yo muera.8Ahora pues, hijo mío, obedece á mi voz en lo que te mando;9Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como él gusta;10Y tú las llevarás á tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte.11Y Jacob dijo á Rebeca su madre: He aquí Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño:12Quizá me tentará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición.13Y su madre respondió: Hijo mío, sobre mí tu maldición: solamente obedece á mi voz, y ve y tráemelos.14Entonces él fué, y tomó, y trájolos á su madre: y su madre hizo guisados, como su padre gustaba.15Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió á Jacob su hijo menor:16E hízole vestir sobre sus manos y sobre la cerviz donde no tenía vello, las pieles de los cabritos de las cabras;17Y entregó los guisados y el pan que había aderezado, en mano de Jacob su hijo.18Y él fué á su padre, y dijo: Padre mío: y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres, hijo mío?19Y Jacob dijo á su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.20Entonces Isaac dijo á su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan presto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que se encontrase delante de mí.21E Isaac dijo á Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú ó no.22Y llegóse Jacob á su padre Isaac; y él le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, mas las manos, las manos de Esaú.23Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú: y le bendijo.24Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy.25Y dijo: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él se la acercó, y comió: trájole también vino, y bebió.26Y díjole Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.27Y él se llegó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo Como el olor del campo que Jehová ha bendecido:28Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto.29Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen á ti: Sé señor de tus hermanos, E inclínense á ti los hijos de tu madre: Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.

La escena relatada en este capítulo es bastante dolorosa. He aquí una familia en la cual Dios es conocido y, sin embargo, las concupiscencias, los fraudes y las mentiras se muestran muy tristemente. Isaac se enceguece física y espiritualmente. Ha perdido el discernimiento en tal grado que una comida sabrosa cuenta más para él que el estado moral de sus hijos. Sin buscar el pensamiento de Dios, se dispone a bendecir a su hijo preferido. Rebeca, por su lado, aconseja a Jacob que despoje a su hermano de esta bendición, engañando a su padre. Solamente Esaú podría parecernos simpático en esta familia. Pero Dios conocía su corazón profano y, a través de esta aparente injusticia, Su voluntad se cumplía. Isaac tendrá que reconocerlo (v. 33, final).

Jacob consigue sus propósitos. Con la complicidad de su madre obtiene la bendición a la cual daba tanto valor. Pero, si para recibirla hubiese confiado en Dios en lugar de obrar con engaño, ¿no la habría recibido igualmente? ¡Sin ninguna duda! Dios, quien había declarado: “el mayor servirá al menor” (cap. 25:23), no podía contradecir su palabra ni permitir ningún error. Y Jacob se hubiera evitado muchas penas y mucho tiempo perdido. El camino del Señor para nosotros siempre es sencillo, pero ¡cuántas veces lo complicamos con nuestras desatinadas intervenciones! (Salmo 27:11).

Génesis 27:30-46
30Y aconteció, luego que hubo Isaac acabado de bendecir á Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano vino de su caza.31E hizo él también guisados, y trajo á su padre, y díjole: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma.32Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.33Y Estremecióse Isaac con grande estremecimiento, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que cogió caza, y me trajo, y comí de todo antes que vinieses? Yo le bendije, y será bendito.34Como Esaú oyó las palabras de su padre clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también á mí, padre mío.35Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.36Y él respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces; alzóse con mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?37Isaac respondió y dijo á Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos á todos sus hermanos: de trigo y de vino le he provisto: ¿qué, pues, te haré á ti ahora, hijo mío?38Y Esaú respondió á su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? bendíceme también á mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.39Entonces Isaac su padre habló y díjole: He aquí será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba;40Y por tu espada vivirás, y á tu hermano servirás: Y sucederá cuando te enseñorees, Que descargarás su yugo de tu cerviz.41Y aborreció Esaú á Jacob por la bendición con que le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré á Jacob mi hermano.42Y fueron dichas á Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor: y ella envió y llamó á Jacob su hijo menor, y díjole: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte.43Ahora pues, hijo mío, obedece á mi voz; levántate, y húyete á Labán mi hermano, á Harán.44Y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue;45Hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y se olvide de lo que le has hecho: yo enviaré entonces, y te traeré de allá: ¿por qué seré privada de vosotros ambos en un día?46Y dijo Rebeca á Isaac: Fastidio tengo de mi vida, á causa de las hijas de Heth. Si Jacob toma mujer de las hijas de Heth, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?

Hebreos 12:16-17 relaciona esta escena con la del capítulo 25. Esaú, el profano, desea ardientemente heredar la bendición, pero es rechazado a pesar de sus lágrimas; antes la había despreciado y ahora es demasiado tarde (Proverbios 1:28-31). El mundo está lleno de personas que, como este hombre, venden su preciosa alma a cambio de algunos placeres pasajeros. Su dios es el vientre y sólo piensan en lo terrenal (Filipenses 3:19). Son de esta tierra, tienen su porción en esta vida (Salmo 17:14). Un terrible despertar les espera cuando «más tarde» reconozcan su locura. Las lágrimas que derramarán en el lugar espantoso, donde será el lloro y el crujir de dientes, serán vanas, como las de Esaú, para obtener la bendición perdida a causa de ellos mismos. Para Jacob empiezan las dificultades. El odio de su hermano, excitado por el rencor y los celos, lo obliga a dejar a los suyos. No volverá a ver a su madre, pese a que ésta había previsto una separación de sólo algunos días (v. 44). Rebeca también sufrirá las consecuencias del engaño que ambos habían perpetrado.

La Escritura, al dar un gran lugar al relato de la vida de Jacob, nos permite admirar el largo y paciente trabajo de la gracia de Dios para con uno de los suyos.

Génesis 28:1-22
1ENTONCES Isaac llamó á Jacob, y bendíjolo, y mandóle diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán.2Levántate, ve á Padan-aram, á casa de Bethuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre.3Y el Dios omnipotente te bendiga y te haga fructificar, y te multiplique, hasta venir á ser congregación de pueblos;4Y te dé la bendición de Abraham, y á tu simiente contigo, para que heredes la tierra de tus peregrinaciones, que Dios dió á Abraham.5Así envió Isaac á Jacob, el cual fué á Padan-aram, á Labán, hijo de Bethuel Arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú.6Y vió Esaú cómo Isaac había bendecido á Jacob, y le había enviado á Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado, diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán;7Y que Jacob había obedecido á su padre y á su madre, y se había ido á Padan-aram.8Vió asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal á Isaac su padre;9Y fuése Esaú á Ismael, y tomó para sí por mujer á Mahaleth, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nabaioth, además de sus otras mujeres.10Y salió Jacob de Beer-seba, y fué á Harán;11Y encontró con un lugar, y durmió allí porque ya el sol se había puesto: y tomó de las piedras de aquel paraje y puso á su cabecera, y acostóse en aquel lugar.12Y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.13Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac: la tierra en que estás acostado te la daré á ti y á tu simiente.14Y será tu simiente como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, y al oriente, y al aquilón, y al mediodía; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.15Y he aquí, yo soy contigo, y te guardaré por donde quiera que fueres, y te volveré á esta tierra; porque no te dejaré hasta tanto que haya hecho lo que te he dicho.16Y despertó Jacob de su sueño dijo: Ciertamente Jehové está en este lugar, y yo no lo sabía.17Y tuvo miedo, y dijo: ­Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.18Y levantóse Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y alzóla por título, y derramó aceite encima de ella.19Y llamó el nombre de aquel lugar Beth-el, bien que Luz era el nombre de la ciudad primero.20E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir,21Y si tornare en paz á casa de mi padre, Jehová será mi Dios,22Y esta piedra que he puesto por título, será casa de Dios: y de todo lo que me dieres, el diezmo lo he de apartar para ti.

Jacob abandona la casa paterna, pero Dios le hará conocer Su propia casa (Bet-el significa: “casa de Dios”). En medio de las dificultades y lejos de la seguridad que brinda el techo familiar, es cuando a veces se presenta la ocasión de encontrar al Señor. Los que tienen padres creyentes no necesitan abandonar el hogar para hallar al Señor, pero es necesario que este encuentro tenga lugar y que el Dios de sus padres venga a ser también su Dios.

¡Sueño extraño el de Jacob! ¿Qué nos enseña esta escalera por la cual los ángeles suben y bajan? Ella habla de las relaciones entre el cielo y la tierra, y pensamos en Aquel que las ha establecido para nosotros al bajar a esta tierra y al subir a la gloria (Juan 3:13, 31; Efesios 4:10). Al pecador cansado, la gracia de Dios le muestra la puerta del cielo (v. 17) y le comunica sus promesas gloriosas. “¡Cuán terrible es este lugar!”, exclama el viajero al despertarse. Una conciencia culpable no puede estar confiada, ni siquiera en la presencia del Dios de gracia (comp. Lucas 5:8). Jacob, en el extraño trato que tiene la pretensión de hacer con Jehová, pone condiciones a las firmes promesas de Dios y ofrece servirle a cambio de los beneficios que reciba. Muchos, como él, dudan apropiarse, mediante la fe, del don gratuito de Dios y piensan que sus esfuerzos deben merecerle Su favor.

Génesis 29:1-14
1Y SIGUIO Jacob su camino, y fué á la tierra de los orientales.2Y miró, y vió un pozo en el campo: y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él; porque de aquel pozo abrevaban los ganados: y había una gran piedra sobre la boca del pozo.3Y juntábanse allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevaban las ovejas; y volvían la piedra sobre la boca del pozo á su lugar.4Y díjoles Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De Harán somos.5Y él les dijo: ¿Conocéis á Labán, hijo de Nachôr? Y ellos dijeron: Sí, le conocemos.6Y él les dijo: ¿Tiene paz? Y ellos dijeron: Paz; y he aquí Rachêl su hija viene con el ganado.7Y él dijo: He aquí el día es aún grande; no es tiempo todavía de recoger el ganado; abrevad las ovejas, é id á apacentarlas.8Y ellos respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los ganados, y remuevan la piedra de sobre la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas.9Estando aún él hablando con ellos Rachêl vino con el ganado de su padre, porque ella era la pastora.10Y sucedió que, como Jacob vió á Rachêl, hija de Labán hermano de su madre, y á las ovejas de Labán, el hermano de su madre, llegóse Jacob, y removió la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevó el ganado de Labán hermano de su madre.11Y Jacob besó á Rachêl, y alzó su voz, y lloró.12Y Jacob dijo á Rachêl como él era hermano de su padre, y como era hijo de Rebeca: y ella corrió, y dió las nuevas á su padre.13Y así que oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió á recibirlo, y abrazólo, y besólo, y trájole á su casa: y él contó á Labán todas estas cosas.14Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía eres. Y estuvo con él el tiempo de un mes.

“Te guardaré por dondequiera que fueres… porque no te dejaré”, había prometido Jehová a Jacob durante la noche pasada en Bet-el (cap. 28:15). Cuánto consuelo da pensar que el ojo de Dios sigue continuamente a los suyos, incluso cuando ellos descuidan mirarle (Salmo 32:8). Estos providenciales cuidados conducen a Jacob a la familia de su madre, junto a su tío Labán. Asistimos de nuevo a un encuentro cerca de un pozo, quizás el mismo del capítulo 24. Pero esta vez no oímos ninguna oración de la boca del viajero, ni para pedir a Dios que le proporcione un encuentro feliz, ni para darle gracias por haber hecho prosperar su viaje. Tampoco vemos a la joven dar de beber al visitante cansado. ¡Qué diferencia también en la casa de Labán! Jacob cuenta “todas estas cosas” (v. 13), pero no oímos en su relato ninguna mención del nombre de Jehová, ni de la manera en que Él ha bendecido a su familia (comp. cap. 24:35), ni nada sobre su encuentro en Bet-el. ¿Cuáles son nuestros temas habituales de conversación cuando nos encontramos con un pariente o un amigo cristiano? ¿Aprovechamos para conversar sobre temas edificantes? ¿Es el Señor el centro? Para que así sea, es necesario que nuestros corazones estén continuamente con Él.

Génesis 29:15-35
15Entonces dijo Labán á Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me has de servir de balde? declárame qué será tu salario.16Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Rachêl.17Y los ojos de Lea eran tiernos, pero Rachêl era de lindo semblante y de hermoso parecer.18Y Jacob amó á Rachêl, y dijo: Yo te serviré siete años por Rachêl tu hija menor.19Y Labán respondió: Mejor es que te la dé á ti, que no que la dé á otro hombre: estáte conmigo.20Así sirvió Jacob por Rachêl siete años: y pareciéronle como pocos días, porque la amaba.21Y dijo Jacob á Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo es cumplido para que cohabite con ella.22Entonces Labán juntó á todos los varones de aquel lugar, é hizo banquete.23Y sucedió que á la noche tomó á Lea su hija, y se la trajo: y él entró á ella.24Y dió Labán su sierva Zilpa á su hija Lea por criada.25Y venida la mañana, he aquí que era Lea: y él dijo á Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿no te he servido por Rachêl? ¿por qué, pues, me has engañado?26Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor.27Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hicieres conmigo otros siete años.28E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla: y él le dió á Rachêl su hija por mujer.29Y dió Labán á Rachêl su hija por criada á su sierva Bilha.30Y entró también á Rachêl: y amóla también más que á Lea: y sirvió con él aún otros siete años.31Y vió Jehová que Lea era aborrecida, y abrió su matriz; pero Rachêl era estéril.32Y concibió Lea, y parió un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ya que ha mirado Jehová mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido.33Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Jehová que yo era aborrecida, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón.34Y concibió otra vez, y parió un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he parido tres hijos: por tanto, llamó su nombre Leví.35Y concibió ota vez, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré á Jehová: por esto llamó su nombre Judá: y dejó de parir.

La historia de Jacob es la de la disciplina o, dicho de otra manera, la escuela por la cual Dios hace pasar a los suyos. Es a menudo una escuela penosa, pues Hebreos 12:11 afirma –y nuestra experiencia lo confirma– “que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza”. Pero la finalidad de Dios es guiarnos a “lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad” (v. 10). La clase en la cual entra Jacob durará veinte años, los que pasará en una condición cercana a la esclavitud. ¿Y cómo le enseñará Dios sus lecciones? Permitirá que le hagan lo mismo que él ha hecho a otros. Jacob, cuyo nombre significa «el que suplanta» y que estaba bien justificado, será a su vez robado y despojado. ¡Había engañado a su padre, él, el más joven, haciéndose pasar por el mayor! ¡Tiene que enfrentarse ahora a un padre que lo engaña haciendo pasar a su hija mayor por la más joven! Cuántas veces descubrimos la molestia y la maldad de nuestros actos sólo cuando a nuestra vez los sufrimos de parte de los otros (Jueces 1:7; Isaías 33:1, final). El único tema feliz del cual nos habla este capítulo es el amor devoto de Jacob por Raquel. Pensamos en el amor de Aquel que, para adquirirnos, vino a ser el Siervo perfecto.

Génesis 30:1-24
1Y VIENDO Rachêl que no daba hijos á Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía á Jacob: Dame hijos, ó si no, me muero.2Y Jacob se enojaba contra Rachêl, y decía: ¿Soy yo en lugar de Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?3Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; entra á ella, y parirá sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella.4Así le dió á Bilha su sierva por mujer; y Jacob entró á ella.5Y concibió Bilha, y parió á Jacob un hijo.6Y dijo Rachêl: Juzgóme Dios, y también oyó mi voz, y dióme un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan.7Y concibió otra vez Bilha, la sierva de Rachêl, y parió el hijo segundo á Jacob.8Y dijo Rachêl: Con luchas de Dios he contendido con mi hermana, y he vencido. Y llamó su nombre Nephtalí.9Y viendo Lea que había dejado de parir, tomó á Zilpa su sierva, y dióla á Jacob por mujer.10Y Zilpa, sierva de Lea, parió á Jacob un hijo.11Y dijo Lea: Vino la ventura. Y llamó su nombre Gad.12Y Zilpa, la sirva de Lea, parió otro hijo á Jacob.13Y dijo Lea: Para dicha mía; porque las mujeres me dirán dichosa: y llamó su nombre Aser.14Y fué Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y trájolas á Lea su madre: y dijo Rachêl á Lea: Ruégote que me des de las mandrágoras de tu hijo.15Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Rachêl: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo.16Y cuando Jacob volvía del campo á la tarde, salió Lea á él, y le dijo: A mí has de entrar, porque á la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche.17Y oyó Dios á Lea: y concibió, y parió á Jacob el quinto hijo.18Y dijo Lea: Dios me ha dado mi recompensa, por cuanto dí mi sierva á mi marido: por eso llamó su nombre Issachâr.19Y concibió Lea otra vez, y parió el sexto hijo á Jacob.20Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote: ahora morará conmigo mi marido, porque le he parido seis hijos: y llamó su nombre Zabulón.21Y después parió una hija, y llamó su nombre Dina.22Y acordóse Dios de Rachêl, y oyóla Dios, y abrió su matriz.23Y concibió, y parió un hijo: y dijo: Quitado ha Dios mi afrenta:24Y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo.

Estos versículos nos presentan la familia de Jacob. ¡Página importante del Antiguo Testamento, puesto que los doce hijos del patriarca llegan a ser a su vez doce patriarcas (Hechos 7:8) y darán sus nombres a las tribus de Israel! A través de ellos se cumplirán las promesas hechas a Abraham y a Isaac, como también a Jacob durante la noche pasada en Bet-el. De los descendientes de Leví saldrán los sacerdotes, de Judá los reyes y el mismo Mesías.

La familia de Jacob, a excepción de José, es la imagen de su jefe: intereses egoístas, rivalidades, recursos dudosos la caracterizan. A pesar de esos extravíos, Dios tiene sus ojos puestos en ella y quiere bendecirla. Igualmente hoy las familias de los creyentes son preciosas para el corazón del Señor. Nos conoce a todos por nuestro nombre y desde nuestros primeros pasos nos prepara para el servicio al cual nos destina. ¿Y cuál es el llamamiento glorioso de los creyentes ahora? ¿No es de ser “reyes y sacerdotes para Dios, su Padre”? (Apocalipsis 1:6). El nacimiento de José, tipo de Cristo, anuncia para la familia de Jacob el fin de su servidumbre y el retorno al país de la promesa (v. 25). Espiritualmente siempre es así: a partir del momento en que Cristo toma su lugar en nuestras casas y en nuestros corazones estamos en condición de experimentar la liberación y la bendición celestial.

Génesis 30:25-43
25Y aconteció, cuando Rachêl hubo parido á José, que Jacob dijo á Labán: Envíame, é iré á mi lugar, y á mi tierra.26Dame mis mujeres y mis hijos, por las cuales he servido contigo, y déjame ir; pues tú sabes los servicios que te he hecho.27Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos, y quédate; experimentado he que Jehová me ha bendecido por tu causa.28Y dijo: Señálame tu salario, que yo lo daré.29Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cómo ha estado tu ganado conmigo;30Porque poco tenías antes de mi venida, y ha crecido en gran número; y Jehová te ha bendecido con mi llegada: y ahora ¿cuándo tengo de hacer yo también por mi propia casa?31Y él dijo: ¿Qué te daré? Y respondió Jacob: No me des nada: si hicieres por mí esto, volveré á apacentar tus ovejas.32Yo pasaré hoy por todas tus ovejas, poniendo aparte todas las reses manchadas y de color vario, y todas las reses de color oscuro entre las ovejas, y las manchadas y de color vario entre las cabras; y esto será mi salario.33Así responderá por mí mi justicia mañana cuando me viniere mi salario delante de ti: toda la que no fuere pintada ni manchada en las cabras y de color oscuro en las ovejas mías, se me ha de tener por de hurto.34Y dijo Labán: Mira, ojalá fuese como tú dices.35Y apartó aquel día los machos de cabrío rayados y manchados; y todas las cabras manchadas y de color vario, y toda res que tenía en sí algo de blanco, y todas las de color oscuro entre las ovejas, y púsolas en manos de sus hijos;36Y puso tres días de camino entre sí y Jacob: y Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán.37Y tomóse Jacob varas de álamo verdes, y de avellano, y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo así lo blanco de las varas.38Y puso las varas que había mondado en las pilas, delante del ganado, en los abrevaderos del agua donde venían á beber las ovejas, las cuales se recalentaban viniendo á beber.39Y concebían las ovejas delante de las varas, y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores.40Y apartaba Jacob los corderos, y poníalos con su rebaño, los listados, y todo lo que era oscuro en el hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán.41Y sucedía que cuantas veces se recalentaban las tempranas, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en las pilas, para que concibiesen á la vista de las varas.42Y cuando venían las ovejas tardías, no las ponía: así eran las tardías para Labán, y las tempranas para Jacob.43Y acreció el varón muy mucho, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.

El pobre Jacob se agita, especula, rivaliza en astucia y engaño con Labán, procurando enriquecerse mediante su propia inteligencia y esfuerzos. Cuán triste es ver a un creyente luchando con las gentes del mundo por los bienes terrenales. Isaac había dado un ejemplo muy diferente a su hijo Jacob (cap. 26:15-22).

En 1 Timoteo 6:6-10, el apóstol pone en contraste el deseo de enriquecerse con la piedad, la cual, con el contentamiento, es una gran ganancia. He aquí, pues, la doble ganancia, las verdaderas riquezas que se deben buscar: 1. La piedad, es decir, las relaciones con Dios, de las cuales nos hablan los altares. Pero, en su destierro, Jacob no tiene altar, no tiene relación consciente con Dios. 2. El contentamiento que los patriarcas ponían en práctica viviendo en tiendas, y que incluso Jacob mismo había practicado (cap. 25:27). El apóstol Pablo aprendió personalmente a estar contento en cualquier circunstancia en que se encontrara (Filipenses 4:11). ¡Cuán difícil es estar siempre contento! Sin embargo, el mejor testimonio que podríamos dar a nuestro alrededor ¿no es mostrar que estamos satisfechos con lo que Dios nos ha dado? Pues nos ha dado nada menos que a su propio Hijo y todas las cosas con él (Romanos 8:32).

Génesis 31:1-21
1Y OIA él las palabras de los hijos de Labán que decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre; y de lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta grandeza.2Miraba también Jacob el semblante de Labán, y veía que no era para con él como ayer y antes de ayer.3También Jehová dijo á Jacob: Vuélvete á la tierra de tus padres, y á tu parentela; que yo seré contigo.4Y envió Jacob, y llamó á Rachêl y á Lea al campo á sus ovejas,5Y díjoles: Veo que el semblante de vuestro padre no es para conmigo como ayer y antes de ayer: mas el Dios de mi padre ha sido conmigo.6Y vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido á vuestro padre:7Y vuestro padre me ha engañado, y me ha mudado el salario diez veces: pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal.8Si él decía así: Los pintados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían pintados: y si decía así: Los listados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían listados.9Así quitó Dios el ganado de vuestro padre, y diómelo á mí.10Y sucedió que al tiempo que las ovejas se recalentaban, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían á las hembras eran listados, pintados y abigarrados.11Y díjome el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí.12Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás todos los machos que cubren á las ovejas listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.13Yo soy el Dios de Beth-el, donde tú ungiste el título, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora, y sal de esta tierra, y vuélvete á la tierra de tu naturaleza.14Y respondió Rachêl y Lea, y dijéronle: ¿Tenemos ya parte ni heredad en la casa de nuestro padre?15¿No nos tiene ya como por extrañas, pues que nos vendió, y aun se ha comido del todo nuestro precio?16Porque toda la riqueza que Dios ha quitado á nuestro padre, nuestra es y de nuestros hijos: ahora pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.17Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus mujeres sobre los camellos.18Y puso en camino todo su ganado, y toda su hacienda que había adquirido, el ganado de su ganancia que había obtenido en Padan-aram, para volverse á Isaac su padre en la tierra de Canaán.19Y Labán había ido á trasquilar sus ovejas: y Rachêl hurtó los ídolos de su padre.20Y recató Jacob el corazón de Labán Arameo, en no hacerle saber que se huía.21Huyó, pues, con todo lo que tenía; y levantóse, y pasó el río, y puso su rostro al monte de Galaad.

A pesar de lo desagradable que es la forma de comportarse de Jacob, reconozcamos su paciencia. Soporta sin quejarse las fatigas y las privaciones, al igual que todas las injusticias de las cuales es objeto por parte de Labán. Lo que lo sostiene es el recuerdo del país dado por Dios a Abraham y a su descendencia. No ha olvidado la promesa que Dios le hizo en Bet-el en cuanto a hacerlo volver al país de sus padres. Esta esperanza se mantiene viva en su corazón, y por fin llega el momento de cumplirse. Cristianos, extranjeros en la tierra, ¿no tenemos, nosotros también, una promesa por parte del Señor acerca de la Patria celestial en la cual nos hará entrar pronto? Esta esperanza debería darnos toda la paciencia y el ánimo necesarios para soportar las dificultades e incluso las injusticias.

Aun obedeciendo al mandamiento de Jehová (v. 3), Jacob permanece tristemente fiel a su carácter astuto: engaña a Labán al huir de él a escondidas. ¿No es al mismo tiempo una falta de confianza en Dios? Aquel que le daba la orden de ponerse en camino no podía permitir que Labán lo retuviese (v. 24). Y este último no habría podido hacer sino someterse, reconociendo como antaño: “De Jehová ha salido esto” (cap. 24:50).

Génesis 31:22-55
22Y fué dicho á Labán al tercero día como Jacob se había huído.23Entonces tomó á sus hermanos consigo, y fué tras él camino de siete días, y alcanzóle en el monte de Galaad.24Y vino Dios á Labán Arameo en sueños aquella noche, y le dijo: Guárdate que no hables á Jacob descomedidamente.25Alcanzó pues Labán á Jacob, y éste había fijado su tienda en el monte: y Labán plantó la con sus hermanos en el monte de Galaad.26Y dijo Labán á Jacob: ¿Qué has hecho, que me hurtaste el corazón, y has traído á mis hijas como prisioneras de guerra?27¿Por qué te escondiste para huir, y me hurtaste, y no me diste noticia, para que yo te enviara con alegría y con cantares, con tamborín y vihuela?28Que aun no me dejaste besar mis hijos y mis hijas. Ahora locamente has hecho.29Poder hay en mi mano para haceros mal: mas el Dios de vuestro padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables á Jacob descomedidamente.30Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses?31Y Jacob respondió, y dijo á Labán: Porque tuve miedo; pues dije, que quizás me quitarías por fuerza tus hijas.32En quien hallares tus dioses, no viva: delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tuviere tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Rachêl los había hurtado.33Y entró Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló, y salió de la tienda de Lea, y vino á la tienda de Rachêl.34Y tomó Rachêl los ídolos, y púsolos en una albarda de un camello, y sentóse sobre ellos: y tentó Labán toda la tienda y no los halló.35Y ella dijo á su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.36Entonces Jacob se enojó, y regañó con Labán; y respondió Jacob y dijo á Labán: ¿Qué prevaricación es la mía? ¿cuál es mi pecado, que con tanto ardor has venido en seguimiento mío?37Pues que has tentado todos mis muebles, ¿qué has hallado de todas las alhajas de tu casa? Ponlo aquí denlante de mis hermanos y tuyos, y juzguen entre nosotros ambos.38Estos veinte años he estado contigo: tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.39Nunca te traje lo arrebatado por las fieras; yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, de mi mano lo requerías.40De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño se huía de mis ojos.41Así he estado veinte años en tu casa: catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado; y has mudado mi salario diez veces.42Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham, y el temor de Isaac, no fuera conmigo, de cierto me enviarías ahora vacío: vió Dios mi aflicción y el trabajo de mis manos, y reprendióte anoche.43Y respondió Labán, y dijo á Jacob: Las hijas son hijas mías, y los hijos, hijos míos son, y las ovejas son mis ovejas, y todo lo que tú ves es mío: ¿y que puedo yo hacer hoy á estas mis hijas, ó á sus hijos que ellas han parido?44Ven pues ahora, hagamos alianza yo y tú; y sea en testimonio entre mí y entre ti.45Entonces Jacob tomó una piedra, y levantóla por título.46Y dijo Jacob á sus hermanos: Coged piedras. Y tomaron piedras é hicieron un majano; y comieron allí sobre aquel majano.47Y llamólo Labán Jegar Sahadutha: y lo llamó Jacob Galaad.48Porque Labán dijo: Este majano es testigo hoy entre mí y entre ti; por eso fué llamado su nombre Galaad.49Y Mizpa, por cuanto dijo: Atalaye Jehová entre mí y entre ti, cuando nos apartáremos el uno del otro.50Si afligieres mis hijas, ó si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre mí y entre ti.51Dijo más Labán á Jacob: He aquí este majano, y he aquí este título, que he erigido entre mí y ti.52Testigo sea este majano, y testigo sea este título, que ni yo pasaré contra ti este majano, ni tú pasarás contra mí este majano ni este título, para mal.53El Dios de Abraham, y el Dios de Nachôr juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por el temor de Isaac su padre.54Entonces Jacob inmoló víctimas en el monte, y llamó á sus hermanos á comer pan: y comieron pan, y durmieron aquella noche en el monte.55Y levantóse Labán de mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y los bendijo; y retrocedió y volvióso á su lugar.

Avisado de la huida de Jacob, Labán sale en su persecución y lo alcanza. Como hombre del mundo astuto e hipócrita, emplea palabras lisonjeras mientras su corazón está lleno de envidia y celos. Finge gran afecto por sus hijas y nietos en tanto que sus propios intereses son los que siempre le guiaron (v. 15). Finge temer a Dios (v. 29, 53) mientras busca activamente a sus dioses falsos.

Es triste ver la importancia que Raquel da a esos ídolos. En cambio, podemos estar seguros de que Rebeca de buen grado había dejado atrás esos objetos cuando se marchó con el siervo de Abraham. Estos dioses corresponden a las cosas del mundo que no nos decidimos a abandonar y que creemos poder llevar con nosotros en el camino hacia nuestra Patria. Nos es posible esconderlos durante cierto tiempo en lo más profundo de nuestro corazón. ¡Pero quiera Dios, quien todo lo ve, ayudarnos a saber discernir y rechazar resueltamente todo lo que, en nuestros afectos, toma el lugar del Señor Jesús! ¡Son ídolos!

Jacob y Labán se separan finalmente. El montón de piedras o majano constituirá una frontera entre ellos. No hay terreno común entre el creyente y el hombre del mundo, incluso cuando pertenezcan a la misma familia. Jacob ofrece un sacrificio (v. 54); conocía su lugar y dignidad ante Dios.

Génesis 32: 1-21
1Y JACOB se fué su camino, y saliéronle al encuentro ángeles de Dios.2Y dijo Jacob cuando los vió: El campo de Dios es este: y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim.3Y envió Jacob mensajeros delante de sí á Esaú su hermano, á la tierra de Seir, campo de Edom.4Y mandóles diciendo: Así diréis á mí señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y detenídome hasta ahora;5Y tengo vacas, y asnos, y ovejas, y siervos y siervas; y envío á decirlo á mi señor, por hallar gracia en tus ojos.6Y los mensajeros volvieron á Jacob, diciendo: Vinimos á tu hermano Esaú, y él también vino á recibirte, y cuatrocientos hombres con él.7Entonces Jacob tuvo gran temor, y angustióse; y partió el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos cuadrillas;8Y dijo: Si viniere Esaú á la una cuadrilla y la hiriere, la otra cuadrilla escapará.9Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete á tu tierra y á tu parentela, y yo te haré bien.10Menor soy que todas las misericordias, y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; que con mi bordón pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos cuadrillas.11Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga quizá, y me hiera la madre con los hijos.12Y tú has dicho: Yo te haré bien, y pondré tu simiente como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud.13Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino á la mano un presente para su hermano Esaú.14Doscientas cabras y veinte machos de cabrío, doscientas ovejas y veinte carneros,15Treinta camellas paridas, con sus hijos, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos.16Y entrególo en mano de sus siervos, cada manada de por sí; y dijo á sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada.17Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo ¿De quién eres? ¿y adónde vas? ¿y para quién es esto que llevas delante de ti?18Entonces dirás: Presente es de tu siervo Jacob, que envía á mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros.19Y mandó también al segundo, y al tercero, y á todos los que iban tras aquellas manadas, diciendo: Conforme á esto hablaréis á Esaú, cuando le hallareis.20Y diréis también: He aquí tu siervo Jacob viene tras nosotros. Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro: quizá le seré acepto.21Y pasó el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el campamento.

Hebreos 1:14 nos enseña que los creyentes se benefician con el servicio de los ángeles, muchas veces sin que lo sepan. Pero, cuando Jacob se marchó de Canaán, Dios en cierto modo quiso presentarle a aquellos a quienes iba a emplear para cuidar de él durante su exilio (cap. 28:12). Ahora, en el momento de su regreso, los ángeles de Mahanaim le dan la bienvenida al país de la promesa. Pero Jacob no está en condiciones de regocijarse por la bondad del Dios que le otorgaba su voto de antaño (cap. 28:20, 21). En efecto, su corazón no está liberado del temor del hombre. Si no tiene tras él a Labán, tiene ante sí a Esaú y tiembla ante la perspectiva de encontrarlo. Recurre a la oración (v. 9 a 12), pero inmediatamente después toma todas las precauciones imaginables, como si verdaderamente no creyese a Dios capaz de liberarlo. ¿No nos parecemos a él algunas veces? Veamos también la actitud servil de Jacob (v. 18 y 20), pese a que la bendición de su padre había hecho de él el amo de sus hermanos. Finalmente estemos convencidos de que, en lugar de toda esta «puesta en escena», de todos estos prudentes arreglos, hubiera sido mejor que Jacob pasara a la cabeza de su gente y, confiando en Dios, pidiera con valentía perdón a su hermano ofendido.

Génesis 32:22-32
22Y levantóse aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc.23Tomólos pues, y pasólos el arroyo, é hizo pasar lo que tenía.24Y quedóse Jacob solo, y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.25Y como vió que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y descoyuntóse el muslo de Jacob mientras con él luchaba.26Y dijo: Déjame, que raya el alba. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices.27Y él le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.28Y él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido.29Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y bendíjolo allí.30Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel: porque vi á Dios cara á cara, y fué librada mi alma.31Y salióle el sol pasado que hubo á Peniel; y cojeaba de su anca.32Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo: porque tocó á Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.

Una segunda noche memorable se inscribe en la historia de Jacob. Ese combate con el Ángel es como el resumen de toda su vida anterior. Siempre había buscado la bendición por sus propios esfuerzos; en eso se había opuesto a Dios. Ahora comprueba que la energía del hombre no puede vencer y prevalecer. Con un gesto de Dios (v. 25) ella es aniquilada. Entonces Jacob se ve en la obligación de cesar de confiar en sí mismo. Aprende esta verdad básica para la vida del creyente: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). Y en ese momento triunfa al declarar por fe: “No te dejaré, si no me bendices” (v. 26; Oseas 12:4). ¡Victoria de la oración! Obtiene la bendición bajo la forma de ese nombre de Israel, tan grande en los consejos de Dios, en la Escritura y en la Historia, ese nombre que nos habla de Cristo, el Vencedor, el Príncipe, el verdadero Israel de Dios.

Queridos cristianos, Dios quiere hacer de nosotros vencedores. Si nos detiene en nuestra marcha dirigida por nuestra propia voluntad y nos quita nuestra energía carnal, es con el fin de darnos su poder.

Jacob recordará a Peniel. Su bastón se lo rememorará continuamente. Su cadera ha sido descoyuntada, pero su alma ha sido liberada (Romanos 7:24, 25).

Génesis 33:1-20
1Y ALZANDO Jacob sus ojos miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él: entonces repartió él los niños entre Lea y Rachêl y las dos siervas.2Y puso las siervas y sus niños delante; luego á Lea y á sus niños; y á Rachêl y á José los postreros.3Y él pasó delante de ellos, é inclinóse á tierra siete veces, hasta que llegó á su hermano.4Y Esaú corrió á su encuentro, y abrazóle, y echóse sobre su cuello, y le besó; y lloraron.5Y alzó sus ojos, y vió las mujeres y los niños, y dijo: ¿Qué te tocan éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado á tu siervo.6Y se llegaron las siervas, ellas y sus niños, é inclináronse.7Y llegóse Lea con sus niños, é inclináronse: y después llegó José y Rachêl, y también se inclinaron.8Y él dijo: ¿Qué te propones con todas estas cuadrillas que he encontrado? Y él respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor.9Y dijo Esaú: Harto tengo yo, hermano mío: sea para ti lo que es tuyo.10Y dijo Jacob: No, yo te ruego, si he hallado ahora gracia en tus ojos, toma mi presente de mi mano, pues que así he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios; y hazme placer.11Toma, te ruego, mi dádiva que te es traída; porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío. Y porfió con él, y tomóla.12Y dijo: Anda, y vamos; y yo iré delante de ti.13Y él le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas.14Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco á poco al paso de la hacienda que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue á mi señor á Seir.15Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo de la gente que viene conmigo. Y él dijo: ¿Para qué esto? halle yo gracia en los ojos de mi señor.16Así se volvió Esaú aquel día por su camino á Seir.17Y Jacob se partió á Succoth, y edificó allí casa para sí, é hizo cabañas para su ganado: por tanto llamó el nombre de aquel lugar Succoth.18Y vino Jacob sano á la ciudad de Sichêm, que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante de la ciudad.19Y compró una parte del campo, donde tendió su tienda, de mano de los hijos de Hamor, padre de Sichêm, por cien piezas de moneda.20Y erigió allí un altar, y llamóle: El Dios de Israel.

Después que Dios hubo cambiado el nombre a Abraham, su antiguo nombre de Abram desapareció definitivamente. Pero el nombre de Jacob subsiste hasta el final, y el nuevo nombre de Israel no alternará con él hasta mucho tiempo después de Peniel, signo de que el viejo Jacob, el suplantador, no había terminado de manifestarse. Sin embargo, la gracia divina era evidente para con él y los suyos. Dios había respondido a su oración del capítulo 32:11 inclinando el corazón de Esaú (v. 4). Y, para recalcar que era la obra de Dios, que los regalos preparados cuidadosamente por Jacob no influían para nada en las buenas disposiciones de su hermano, el versículo 8 muestra que este último ni siquiera había comprendido su finalidad. No obstante, vemos reaparecer los temores del pobre Jacob. A Esaú, que quería protegerlo, hubiera podido darle testimonio de su confianza en la protección del Dios Omnipotente; en lugar de eso, se evade con una mentira, pues dice que va a Seir, y va a Sucot. Después de lo cual –todavía peor– se edifica una casa (v. 17) y compra un campo (v. 19), renegando doblemente de su carácter de extranjero. Las consecuencias no tardan: siguen relaciones que ocasionan la deshonra de su hija y la venganza odiosa de dos de sus hijos, triste tema del capítulo 34.

Génesis 35:1-15
1Y DIJO Dios á Jacob: Levántate, sube á Beth-el, y estáte allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.2Entonces Jacob dijo á su familia y á todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos.3Y levantémonos, y subamos á Beth-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado.4Así dieron á Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarzillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina, que estaba junto á Sichêm.5Y partiéronse, y el terror de Dios fué sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no siguieron tras los hijos de Jacob.6Y llegó Jacob á Luz, que está en tierra de Canaán, (esta es Beth-el) él y todo el pueblo que con él estaba;7Y edificó allí un altar, y llamó el lugar El-Beth-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano.8Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada á las raíces de Beth-el, debajo de una encina: y llamóse su nombre Allon-Bacuth.9Y aparecióse otra vez Dios á Jacob, cuando se había vuelto de Padan-aram, y bendíjole.10Y díjole Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre: y llamó su nombre Israel.11Y díjole Dios: Yo soy el Dios Omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederá de ti, y reyes saldrán de tus lomos:12Y la tierra que yo he dado á Abraham y á Isaac, la daré á ti: y á tu simiente después de ti daré la tierra.13Y fuése de él Dios, del lugar donde con él había hablado.14Y Jacob erigió un título en el lugar donde había hablado con él, un título de piedra, y derramó sobre él libación, y echó sobre él aceite.15Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Beth-el.

Después de los vergonzosos acontecimientos ocurridos en su familia, Jacob está turbado, desanimado (cap. 34:30). Pero Dios no quiere dejarlo en ese estado y se dirige a él una vez más: “Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar”. Bet-el, casa de Dios, es el lugar de Su presencia. La misma voz divina invita al cristiano, cada primer día de la semana, a cesar de ocuparse en los asuntos de la tierra y trasladarse al lugar donde el Señor ha prometido su presencia, y allí adorarlo en espíritu y en verdad. Pero, antes de poder obedecer, Jacob sabe bien que una cosa es indispensable. Sus tiendas esconden objetos que no convienen a la santa presencia de Dios, aunque sólo sean los ídolos de Labán en la tienda de Raquel. Esos “dioses ajenos”, mucho tiempo tolerados, deben ser desechados en el momento de presentarse ante Jehová. Sólo después de esto Jacob puede subir a Bet-el, un lugar al que ya no encuentra “terrible”; allí edifica un altar, recuerda con agradecimiento las bendiciones recibidas y oye de parte de Dios la confirmación de todas sus promesas. Una vez que hubo juzgado y abandonado lo que era incompatible con su elevado servicio, el adorador es colmado en la presencia de Dios de múltiples y preciosas bendiciones (Oseas 14:4-8).

Génesis 35:16-29
16Y partieron de Beth-el, y había aún como media legua de tierra para llegar á Ephrata, cuando parió Rachêl, y hubo trabajo en su parto.17Y aconteció, que como había trabajo en su parir, díjole la partera: No temas, que también tendrás este hijo.18Y acaeció que al salírsele el alma, (pues murió) llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín.19Así murió Rachêl, y fué sepultada en el camino del Ephrata, la cual es Beth-lehem.20Y puso Jacob un título sobre su sepultura: este es el título de la sepultura de Rachêl hasta hoy.21Y partió Israel, y tendió su tienda de la otra parte de Migdaleder.22Y acaeció, morando Israel en aquella tierra, que fué Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó á entender Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce:23Los hijos de Lea: Rubén el primogénito de Jacob, y Simeón, y Leví, y Judá, é Issachâr, y Zabulón.24Los hijos de Rachêl: José, y Benjamín.25Y los hijos de Bilha, sierva de Rachêl: Dan, y Nephtalí.26Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad, y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram.27Y vino Jacob á Isaac su padre á Mamre, á la ciudad de Arba, que es Hebrón, donde habitaron Abraham é Isaac.28Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años.29Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fué recogido á sus pueblos, viejo y harto de días; y sepultáronlo Esaú y Jacob sus hijos.

¡Nueva etapa en la vida de Jacob! Mientras está en camino sobrevienen simultáneamente el nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel. El camino del cristiano también está sembrado de alegrías y tristezas. Como Jacob, puede «erigir pilares» (v. 14, 20).

Cada uno de los dos nombres dados al niño nos hablan del Señor Jesús. Benoni, hijo de mi tristeza, es el nombre de Aquel sobre quien Israel se afligirá “como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10), de aquel que fue afligido en la tierra, un hombre de dolores, sometido al sufrimiento. Pero, al mismo tiempo, es el verdadero Benjamín, el Hijo de la diestra del Padre, a quien Dios dijo: “Siéntate a mi diestra” (Salmo 110:1; varias veces citado en el Nuevo Testamento). Los dos nombres son inseparables, llevados por la misma persona. Nos recuerdan que los sufrimientos y las glorias de Cristo no pueden ser disociados (1 Pedro 1:11).

Otro nombre en nuestra lectura nos hace pensar en Jesús: Belén (v. 19), donde nacerá el Salvador. El sepulcro de Raquel se erige ahí, lugar de lágrimas mencionado al principio del evangelio de Mateo (2:18), pero también lugar donde será anunciado el tema de gozo más grande de todos los tiempos (Lucas 2:10).

Génesis 36:1-28
1Y ESTAS son las generaciones de Esaú, el cual es Edom.2Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: á Ada, hija de Elón Hetheo, y á Aholibama, hija de Ana, hija de Zibeón el Heveo;3Y á Basemath, hija de Ismael, hermana de Navaioth.4Y Ada parió á Esaú á Eliphaz; y Basemath parió á Reuel.5Y Aholibama parió á Jeús, y á Jaalam, y á Cora: estos son los hijos de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán.6Y Esaú tomó sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y toda su hacienda que había adquirido en la tierra de Canaán, y fuése á otra tierra de delante de Jacob su hermano.7Porque la hacienda de ellos era grande, y no podían habitar juntos, ni la tierra de su peregrinación los podía sostener á causa de sus ganados.8Y Esaú habitó en el monte de Seir: Esaú es Edom.9Estos son los linajes de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir.10Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Eliphaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Reuel, hijo de Basemath, mujer de Esaú.11Y los hijos de Eliphaz fueron Temán, Omar, Zepho, Gatam, y Cenaz.12Y Timna fué concubina de Eliphaz, hijo de Esaú, la cual le parió á Amalec: estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú.13Y los hijos de Reuel fueron Nahath, Zera, Samma, y Mizza: estos son los hijos de Basemath, mujer de Esaú.14Estos fueron los hijos de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Ana, que fué hija de Zibeón: ella parió á Esaú á Jeús, Jaalam, y Cora.15Estos son los duques de los hijos de Esaú. Hijos de Eliphaz, primogénito de Esaú: el duque Temán, el duque Omar, el duque Zepho, el duque Cenaz,16El duque Cora, el duque Gatam, y el duque Amalec: estos son los duques de Eliphaz en la tierra de Edom; estos fueron los hijos de Ada.17Y estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: el duque Nahath, el duque Zera, el duque Samma, y el duque Mizza: estos son los duques de la línea de Reuel en la tierra de Edom; estos hijos vienen de Basemath, mujer de Esaú.18Y estos son los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: el duque Jeús, el duque Jaalam, y el duque Cora: estos fueron los duques que salieron de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Ana.19Estos, pues, son los hijos de Esaú, y sus duques: él es Edom.20Y estos son los hijos de Seir Horeo, moradores de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Ana,21Disón, Ezer, y Disán: estos son los duques de los Horeos, hijos de Seir en la tierra de Edom.22Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemán; y Timna fué hermana de Lotán.23Y los hijos de Sobal fueron Alván, Manahath, Ebal, Sepho, y Onán.24Y los hijos de Zibeón fueron Aja, y Ana. Este Ana es el que descubrió los mulos en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre.25Los hijos de Ana fueron Disón, y Aholibama, hija de Ana.26Y estos fueron los hijos de Disón: Hemdán, Eshbán, Ithram, y Cherán.27Y estos fueron los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván, y Acán.28Estos fueron los hijos de Disán: Huz, y Arán.

Con el nacimiento de Benjamín la familia de Jacob ahora está completa (cap. 35:22-26). Paralelamente, la familia de Esaú prospera. Cuenta con numerosos jefes, incluso reyes (v. 35-39). Ciertos jóvenes ambicionan llegar a ser jefes, pero ¡cuánto mejor es obedecer al Señor y servir a los que Le pertenecen que tener autoridad sobre otras personas! El Señor lo enseña a sus discípulos: “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas… Pero no será así entre vosotros, sino que el que… de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:42-44).

Entre los hombres notables mencionados aquí, uno encontrará manantiales de agua caliente en el desierto, imagen de todas las decepciones de este mundo, de lo que no apaga la sed (v. 24 - N.C. y otras versiones). Otro, Amalec, llegará a ser el más acérrimo enemigo de Israel, y este último tendrá que enfrentarse con él a lo largo de su historia.

El final del versículo 8 nos recuerda: ¡“Esaú es Edom”! El nombre de Jacob, el suplantador, ha sido cambiado por Israel: Príncipe de Dios; mientras que Esaú llega a ser llamado Edom (cap. 25:30), que significa: «rojo», «potaje». ¡Ironía terrible! Este hombre y su descendencia, de generación en generación, han sido condenados a llevar como nombre el del plato cambiado por la primogenitura.

Génesis 37:1-17
1Y HABITO Jacob en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán.2Estas fueron las generaciones de Jacob. José, siendo de edad de diez y siete años apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha, y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre: y noticiaba José á su padre la mala fama de 3Y amaba Israel á José más que á todos sus hijos, porque le había tenido en su vejez: y le hizo una ropa de diversos colores.4Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que á todos sus hermanos, aborrecíanle, y no le podían hablar pacíficamente.5Y soñó José un sueño y contólo á sus hermanos; y ellos vinieron á aborrecerle más todavía.6Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado:7He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba, y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor, y se inclinaban al mío.8Y respondiéronle sus hermanos: ¿Has de reinar tú sobre nosotros, ó te has de enseñorear sobre nosotros? Y le aborrecieron aún más á causa de sus sueños y de sus palabras.9Y soñó aún otro sueño, y contólo á sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban á mí.10Y contólo á su padre y á sus hermanos: y su padre le reprendió, y díjole: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos, á inclinarnos á ti á tierra?11Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre paraba la consideración en ello.12Y fueron sus hermanos á apacentar las ovejas de su padre en Sichêm.13Y dijo Israel á José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Sichêm: ven, y te enviaré á ellos. Y él respondió: Heme aquí.14Y él le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y enviólo del valle de Hebrón, y llegó á Sichêm.15Y hallólo un hombre, andando él perdido por el campo, y preguntóle aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas?16Y él respondió: Busco á mis hermanos: ruégote que me muestres dónde pastan.17Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; yo les oí decir: Vamos á Dothán. Entonces José fué tras de sus hermanos, y hallólos en Dothán.

Empezamos ahora la bella historia de José. Probablemente no exista en toda la Escritura un personaje que represente en «figura» al Señor Jesús de una manera más completa. José, objeto del amor particular de su padre, es al mismo tiempo víctima del odio y de la envidia de sus hermanos, los hijos de Israel (comp. Juan 3:19; Mateo 21:38). Da testimonio contra ellos de la maldad que los caracteriza (v. 2) y ante ellos de su exaltación futura, la cual rehúsan creer. Así también Cristo, centro de las profecías respecto a la tierra (v. 7) y al cielo (v. 9), fue el testigo fiel y verdadero contra el mundo y sus malas obras (Juan 7:7) y, para con el mundo, de Sus propias glorias futuras (Mateo 26:64). Jacob vistió a José con una túnica de diversos colores, marca visible de su favor y que nos recuerda que Jesús ha sido designado públicamente como el objeto de las delicias del Padre (Mateo 3:17; Hechos 2:22). José es, para cada uno de nosotros, un modelo de obediencia. “Heme aquí”, responde cuando su padre lo envía a visitar a sus hermanos, quienes, no obstante, lo aborrecen (v. 13). ¡Pero en Jesús tenemos un modelo más grande! Se presentó con una obediencia perfecta cuando el Padre quiso enviarlo: “He aquí, vengo… El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado” (Salmo 40:7, 8).

Génesis 37:18-36
18Y como ellos lo vieron de lejos, antes que cerca de ellos llegara, proyectaron contra él para matarle.19Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador;20Ahora pues, venid, y matémoslo y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia le devoró: y veremos qué serán sus sueños.21Y como Rubén oyó esto, librólo de sus manos y dijo: No lo matemos.22Y díjoles Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver á su padre.23Y sucedió que, cuando llegó José á sus hermanos, ellos hicieron desnudar á José su ropa, la ropa de colores que tenía sobre sí;24Y tomáronlo, y echáronle en la cisterna; mas la cisterna estaba vacía, no había en ella agua.25Y sentáronse á comer pan: y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de Ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas y bálsamo y mirra, é iban á llevarlo á Egipto.26Entonces Judá dijo á sus hermanos: ¿Qué provecho el que matemos á nuestro hermano y encubramos su muerte?27Venid, y vendámosle á los Ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; que nuestro hermano es nuestra carne. Y sus hermanos acordaron con él.28Y como pasaban los Midianitas mercaderes, sacaron ellos á José de la cisterna, y trajéronle arriba, y le vendieron á los Ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron á José á Egipto.29Y Rubén volvió á la cisterna, y no halló á José dentro, y rasgó sus vestidos.30Y tornó á sus hermanos y dijo: El mozo no parece; y yo, ¿adónde iré yo?31Entonces tomaron ellos la ropa de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la ropa con la sangre;32Y enviaron la ropa de colores y trajéronla á su padre, y dijeron: Esta hemos hallado, reconoce ahora si es ó no la ropa de tu hijo.33Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo es; alguna mala bestia le devoró; José ha sido despedazado.34Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y enlutóse por su hijo muchos días.35Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso tomar consolación, y dijo: Porque yo tengo de descender á mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y llorólo su padre.36Y los Midianitas lo vendieron en Egipto á Potiphar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia.

El largo camino seguido por José en busca de sus hermanos recuerda el que recorrió el Hijo de Dios para buscar y salvar a los que estaban perdidos. Primeramente camino de despojamiento: siendo Dios, se hizo hombre. Luego, camino de humillación hasta la muerte, sí, hasta la muerte de cruz (Filipenses 2:7, 8).

Después viene el crimen cuyos detalles hablan de la cruz de Cristo: sus hermanos urden ruines conspiraciones para matar a aquel que había venido a servirles (Salmo 109:5; Jeremías 11:19; Juan 11:53); “se juntan contra la vida del justo, y condenan la sangre inocente” (Salmo 94:21). Lo despojan de su vestido (Salmo 22:18) y lo echan en la cisterna, imagen de la muerte. Todos esos sufrimientos fueron en su plena realidad la parte del Salvador.

Finalmente venden a José como esclavo por veinte piezas de plata a unos extranjeros. Aquel que es más grande que José fue vendido por treinta piezas, hermoso precio en el que fue estimado por ellos (Zacarías 11:13), y luego fue entregado por los judíos a Pilato. ¡Qué desamparado debió sentirse José! ¡Y cuánto más grande fue la angustia de Aquel de quien José no es más que una débil imagen, cuando tuvo que pasar por todos esos dolores, por una muerte verdadera y por el abandono de Dios, por amor a usted y a mí!

Génesis 38; Génesis 39:1-16
1Y ACONTECIO en aquel tiempo, que Judá descendió de con sus hermanos, y fuése á un varón Adullamita, que se llamaba Hira.2Y vió allí Judá la hija de un hombre Cananeo, el cual se llamaba Súa; y tomóla, y entró á ella:3La cual concibió, y parió un hijo; y llamó su nombre Er.4Y concibió otra vez, y parió un hijo, y llamó su nombre Onán.5Y volvió á concebir, y parió un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Chezib cuando lo parió.6Y Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Thamar.7Y Er, el primogénito de Judá, fué malo á los ojos de Jehová, y quitóle Jehová la vida.8Entonces Judá dijo á Onán: Entra á la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y suscita simiente á tu hermano.9Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba á la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente á su hermano.10Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó á él la vida.11Y Judá dijo á Thamar su nuera: Estáte viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: Que quizá no muera él también como sus hermanos. Y fuése Thamar, y estúvose en casa de su padre.12Y pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá; y Judá se consoló, y subía á los trasquiladores de sus ovejas á Timnath, él y su amigo Hira el Adullamita.13Y fué dado aviso á Thamar, diciendo: He aquí tu suegro sube á Timnath á trasquilar sus ovejas.14Entonces quitó ella de sobre sí los vestidos de su viudez, y cubrióse con un velo, y arrebozóse, y se puso á la puerta de las aguas que están junto al camino de Timnath; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada á él por mujer.15Y vióla Judá, y túvola por ramera, porque había ella cubierto su rostro.16Y apartóse del camino hacia ella, y díjole: Ea, pues, ahora entraré á ti; porque no sabía que era su nuera; y ella dijo: ¿Qué me has de dar, si entrares á mí?17El respondió: Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras. Y ella dijo: Hasme de dar prenda hasta que lo envíes.18Entonces él dijo: ¿Qué prenda te daré? Ella respondió: Tu anillo, y tu manto, y tu bordón que tienes en tu mano. Y él se los dió, y entró á ella, la cual concibió de él.19Y levantóse, y fuése: y quitóse el velo de sobre sí, y vistióse las ropas de su viudez.20Y Judá envió el cabrito de las cabras por mano de su amigo el Adullamita, para que tomase la prenda de mano de la mujer; mas no la halló.21Y preguntó á los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de las aguas junto al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera.22Entonces él se volvió á Judá, y dijo: No la he hallado; y también los hombres del lugar dijeron: Aquí no ha estado ramera.23Y Judá dijo: Tómeselo para sí, porque no seamos menospreciados: he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste.24Y acaeció que al cabo de unos tres meses fué dado aviso á Judá, diciendo: Thamar tu nuera ha fornicado, y aun cierto está preñada de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada.25Y ella cuando la sacaban, envió á decir á su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy preñada: y dijo más: Mira ahora cuyas son estas cosas, el anillo, y el manto, y el bordón.26Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es que yo, por cuanto no la he dado á Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.27Y aconteció que al tiempo del parir, he aquí había dos en su vientre.28Y sucedió, cuando paría, que sacó la mano el uno, y la partera tomó y ató á su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió primero.29Empero fué que tornando él á meter la mano, he aquí su hermano salió; y ella dijo: ¿Por qué has hecho sobre ti rotura? Y llamó su nombre Phares.30Y después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara.
1Y LLEVADO José á Egipto, comprólo Potiphar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia, varón Egipcio, de mano de los Ismaelitas que lo habían llevado allá.2Mas Jehová fué con José, y fué varón prosperado: y estaba en la casa de su señor el Egipcio.3Y vió su señor que Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.4Así halló José gracia en sus ojos, y servíale; y él le hizo mayordomo de su casa, y entregó en su poder todo lo que tenía.5Y aconteció que, desde cuando le dió el encargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipcio á causa de José; y la bendición de Jehová fué sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.6Y dejó todo lo que tenía en mano de José; ni con él sabía de nada más que del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.7Y aconteció después de esto, que la mujer de su señor puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo.8Y él no quiso, y dijo á la mujer de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene:9No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino á ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?10Y fué que hablando ella á José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella.11Aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí en casa.12Y asiólo ella por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces dejóla él su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera.13Y acaeció que cuando vió ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huído fuera,14Llamó á los de casa, y hablóles diciendo: Mirad, nos ha traído un Hebreo, para que hiciese burla de nosotros: vino él á mí para dormir conmigo, y yo dí grandes voces;15Y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto á mí su ropa, y huyó, y salióse fuera.16Y ella puso junto á sí la ropa de él, hasta que vino su señor á su casa.

El capítulo 38 está intercalado en la historia de José como para mostrarnos, por el ejemplo de su hermano Judá, qué graves pecados y desórdenes en la familia podemos cometer cuando ponemos de lado a Cristo, el verdadero José. En contraste, en el capítulo 39 volvemos a encontrar a José en Egipto, joven temeroso de Dios que se guarda puro y separado del mundo. Por eso Dios, bendiciendo de manera evidente toda la actividad de su fiel testigo, se complace en mostrarnos que tal piedad le es agradable. Cuando la tentación se presenta, José la rechaza (v. 8), no escucha (v. 10), huye (v. 12; qué contraste con lo que le ocurrió a Sansón en Jueces 16:16, 17).

Creyentes jóvenes, sin duda un día tendrán que dejar la casa paterna para residir en un ambiente hostil y peligroso, por ejemplo el del servicio militar. Que este ejemplo de José, quien también estaba lejos de su familia, sea para ustedes un estímulo en los combates que inevitablemente tendrán que librar. “¿Con qué limpiará el joven su camino?”–pregunta el salmista–; “con guardar tu palabra”, se responde inmediatamente. Así se armó para el día de la tentación: “En mi corazón he guardado tus dichos (tu palabra), para no pecar contra ti” (Salmo 119:9, 11). La cosa más preciosa, en el lugar más apropiado, para lograr el mejor objetivo.

Génesis 39:17-23; Génesis 40:1-8
17Entonces le habló ella semejantes palabras, diciendo: El siervo Hebreo que nos trajiste, vino á mí para deshonrarme;18Y como yo alcé mi voz y grite, él dejó su ropa junto á mí, y huyó fuera.19Y sucedió que como oyó su señor las palabras que su mujer le hablara, diciendo: Así me ha tratado tu siervo; encendióse su furor.20Y tomó su señor á José, y púsole en la casa de la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cárcel.21Mas Jehová fué con José, y extendió á él su misericordia, y dióle gracia en ojos del principal de la casa de la cárcel.22Y el principal de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que hacían allí, él lo hacía.23No veía el principal de la cárcel cosa alguna que en su mano estaba; porque Jehová era con él, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.
1Y ACONTECIO después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto.2Y enojóse Faraón contra sus dos eunucos, contra el principal de los coperos, y contra el principal de los panaderos:3Y púsolos en prisión en la casa del capitán de los de la guardia, en la casa de la cárcel donde José estaba preso.4Y el capitán de los de la guardia dió cargo de ellos á José, y él les servía: y estuvieron días en la prisión.5Y ambos á dos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, vieron un sueño, cada uno su sueño en una misma noche, cada uno conforme á la declaración de su sueño.6Y vino á ellos José por la mañana, y mirólos, y he aquí que estaban tristes.7Y él preguntó á aquellos eunucos de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes?8Y ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo declare. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las declaraciones? Contádmelo ahora.

Una vez más, José es objeto de una horrible injusticia. Bajo un falso testimonio, es condenado y encerrado en la cárcel con otros prisioneros. El Salmo 105, versículo 18, describe sus sufrimientos físicos y morales: “Lastimaron sus pies con grillos; su persona (en hebreo: su alma) fue puesta en hierros” (V.M.). Y una vez más esos sufrimientos anuncian los del Salvador. Pusieron las manos sobre Jesús (Marcos 14:46), se reunieron contra él testigos falsos (Mateo 26:59, 60), “fue contado con los inicuos” (Marcos 15:28), él, quien ningún mal había hecho (Lucas 23:41).

La cárcel estaba llena de prisioneros culpables. ¡Cuán conmovedor es ver a José en medio de ellos, sin estimarse superior a causa de su inocencia, sin sublevarse en modo alguno, sin desanimarse tampoco, sino sirviendo sin cesar! Nuestros pensamientos se dirigen hacia el Hombre perfecto que vino a participar de nuestra condición miserable y desesperada para servirnos con amor. “Anduvo haciendo bienes”, dice Pedro (Hechos 10:38), y añade: “Porque Dios estaba con él”. Ésta será también para José, tanto en la cárcel como en casa de Potifar (cap. 39:3, 21, 23), su consolación y el secreto de su prosperidad. ¡Quiera Dios que siempre y en todas partes podamos hacer la misma feliz experiencia!

Génesis 40:9-23
9Entonces el principal de los coperos contó su sueño á José, y díjole: Yo soñaba que veía una vid delante de mí,10Y en la vid tres sarmientos; y ella como que brotaba, y arrojaba su flor, viniendo á madurar sus racimos de uvas:11Y que la copa de Faraón estaba en mi mano, y tomaba yo las uvas, y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa en mano de Faraón.12Y díjole José: Esta es su declaración: Los tres sarmientos son tres días:13Al cabo de tres días Faraón te hará levantar cabeza, y te restituirá á tu puesto: y darás la copa á Faraón en su mano, como solías cuando eras su copero.14Acuérdate, pues, de mí para contigo cuando tuvieres ese bien, y ruégote que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí á Faraón, y me saques de esta casa:15Porque hurtado he sido de la tierra de los Hebreos; y tampoco he hecho aquí porqué me hubiesen de poner en la cárcel.16Y viendo el principal de los panaderos que había declarado para bien, dijo á José: También yo soñaba que veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza;17Y en el canastillo más alto había de todas las viandas de Faraón, obra de panadero; y que las aves las comían del canastillo de sobre mi cabeza.18Entonces respondió José, y dijo: Esta es su declaración: Los tres canastillos tres días son;19Al cabo de tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu carne de sobre ti.20Y fué el tercero día el día del nacimiento de Faraón, é hizo banquete á todos sus sirvientes: y alzó la cabeza del principal de los coperos, y la cabeza del principal de los panaderos, entre sus servidores.21E hizo volver á su oficio al principal de los coperos; y dió él la copa en mano de Faraón.22Mas hizo ahorcar al principal de los panaderos, como le había declarado José.23Y el principal de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.

En estos dos siervos del rey de Egipto, el copero y el panadero, tenemos una muestra de toda la humanidad. “Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron”, declara la Escritura (Romanos 3:23). Todos pecaron contra Dios, todos merecían su ira, su castigo. Pero después viene la diferencia. Unos aceptan por fe la buena nueva de la salvación por gracia. Y ante los otros es puesta la perspectiva de la horrorosa segunda muerte. No existen en el mundo otras alternativas sino estas dos: salvado o perdido. ¿A cuál de ellas pertenece usted?

A diferencia del panadero que ya no podía escapar del juicio del rey, hoy día todavía es posible, si se recibe el Evangelio de la gracia, pasar de la condición de pecador perdido a la de rescatado por Cristo.

Los dos malhechores en la cruz ilustran aun mejor esas dos clases que dividen a la humanidad. Uno permanece insensible y muere en sus pecados. Pero el otro, en respuesta a su oración (“Señor, acuérdate de mí”), obtiene esta maravillosa respuesta: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:42, 43). Así como aquí José es el mensajero de la gracia soberana, Jesús es el primero en anunciar la salvación y “las buenas nuevas de paz” (Efesios 2:17).

Génesis 41:1-13
1Y ACONTECIO que pasados dos años tuvo Faraón un sueño: Parecíale que estaba junto al río;2Y que del río subían siete vacas, hermosas á la vista, y muy gordas, y pacían en el prado:3Y que otras siete vacas subían tras ellas del río, de fea vista, y enjutas de carne, y se pararon cerca de las vacas hermosas á la orilla del río:4Y que las vacas de fea vista y enjutas de carne devoraban á las siete vacas hermosas y muy gordas. Y despertó Faraón.5Durmióse de nuevo, y soñó la segunda vez: Que siete espigas llenas y hermosas subían de una sola caña:6Y que otras siete espigas menudas y abatidas del Solano, salían después de ellas:7Y las siete espigas menudas devoraban á las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que era sueño.8Y acaeció que á la mañana estaba agitado su espíritu; y envió é hizo llamar á todos los magos de Egipto, y á todos sus sabios: y contóles Faraón sus sueños, mas no había quien á Faraón los declarase.9Entonces el principal de los coperos habló á Faraón, diciendo: Acuérdome hoy de mis faltas:10Faraón se enojó contra sus siervos, y á mí me echó á la prisión de la casa del capitán de los de la guardia, á mí y al principal de los panaderos:11Y yo y él vimos un sueño una misma noche: cada uno soñó conforme á la declaración de su sueño.12Y estaba allí con nosotros un mozo Hebreo, sirviente del capitán de los de la guardia; y se lo contamos, y él nos declaró nuestros sueños, y declaró á cada uno conforme á su sueño.13Y aconteció que como él nos declaró, así fué: á mí me hizo volver á mi puesto, é hizo colgar al otro.

La oración del malhechor nos ha sido recordada anteriormente: “Acuérdate de mí” (Lucas 23:42). En el capítulo 40:14 es José quien pide al copero, cuando éste va a ser liberado: ¡“Acuérdate, pues, de mí”! Es triste leer en el versículo 23 del mismo capítulo: “El jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó”. En lo que nos concierne, rescatados del Señor, beneficiarios de su gran salvación ¿no somos frecuentemente ingratos al olvidar a aquel que nos ha salvado? Aunque todo lo debemos a Jesús, descuidamos hablar de él a aquellos que no tienen el privilegio de conocerle. Como el Señor sabía que nuestros corazones son olvidadizos, cuando instituyó la Cena, dio a los suyos el pan y la copa pidiéndoles: “Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19).

Después del sueño de Faraón, el copero recuerda. Debió de costarle decir: “Me acuerdo hoy de mis faltas” (v. 9). Pero no podía hablar de José sin decir dónde y por qué lo había encontrado. Igualmente, para dar testimonio de Jesús, Salvador nuestro, no temamos reconocer en qué estado de miseria y de pecado nos encontrábamos cuando nos hizo conocer la liberación.

Génesis 41:14-36
14Entonces Faraón envió y llamó á José; é hiciéronle salir corriendo de la cárcel, y le cortaron el pelo, y mudaron sus vestidos, y vino á Faraón.15Y dijo Faraón á José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo declare; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para declararlos.16Y respondió José á Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que responda paz á Faraón.17Entonces Faraón dijo á José: En mi sueño parecíame que estaba á la orilla del río:18Y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado:19Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy fea traza; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en toda la tierra de Egipto en fealdad:20Y las vacas flacas y feas devoraban á las siete primeras vacas gruesas:21Y entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiese entrado en ellas, porque su parecer era aún malo, como de primero. Y yo desperté.22Vi también soñando, que siete espigas subían en una misma caña llenas y hermosas;23Y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del Solano, subían después de ellas:24Y las espigas menudas devoraban á las siete espigas hermosas: y helo dicho á los magos, mas no hay quien me lo declare.25Entonces respondió José á Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo: Dios ha mostrado á Faraón lo que va á hacer.26Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo.27También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del Solano, siete años serán de hambre.28Esto es lo que respondo á Faraón. Lo que Dios va á hacer, halo mostrado á Faraón.29He aquí vienen siete años de grande hartura en toda la tierra de Egipto:30Y levantarse han tras ellos siete años de hambre; y toda la hartura será olvidada en la tierra de Egipto; y el hambre consumirá la tierra;31Y aquella abundancia no se echará de ver á causa del hambre siguiente, la cual será gravísima.32Y el suceder el sueño á Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura á hacerla.33Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.34Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la hartura;35Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y alleguen el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo.36Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años del hambre que serán en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.

Como Faraón, turbado por un sueño, los hombres están hoy día atormentados, ansiosos. El futuro les inquieta. Se sienten a la merced de imprevisibles catástrofes. No obstante, la Biblia contiene todo lo que el hombre puede saber respecto al porvenir. Pero las profecías son incomprensibles para aquellos que no tienen el Espíritu de Dios. En vano Faraón consulta a los más sabios de su reino. Ante Dios toda la sabiduría humana fracasa. Entonces aparece José. Le son abiertas las puertas de la cárcel y, con la sabiduría de lo alto viene a traer “una respuesta de paz” a Faraón. No deja de aclarar que esta respuesta viene de Dios y no de él mismo (comp. Daniel 2:28).

Un cristiano que conoce la Biblia sabe más sobre el porvenir del mundo que los hombres políticos más listos. Por el Espíritu Santo, Dios “nos ha dado entendimiento” (leer Juan 16:13; 1 Juan 2:20 y 5:20). Espiritualmente hablando, nuestra época corresponde a un período de abundancia. Para el mundo será seguida por un tiempo de hambre anunciado por los profetas, “no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11). El tiempo de la gracia habrá terminado. Lector, ¿está usted preparado?

Génesis 41:37-52
37Y el negocio pareció bien á Faraón, y á sus siervos.38Y dijo Faraón á sus siervos: ¿Hemos de hallar otro hombre como éste, en quien haya espíritu de Dios?39Y dijo Faraón á José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú:40Tú serás sobre mi casa, y por tu dicho se gobernará todo mi pueblo: solamente en el trono seré yo mayor que tú.41Dijo más Faraón á José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.42Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y púsolo en la mano de José, é hízole vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello;43E hízolo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: Doblad la rodilla: y púsole sobre toda la tierra de Egipto.44Y dijo Faraón á José: Yo Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.45Y llamó Faraón el nombre de José, Zaphnath-paaneah; y dióle por mujer á Asenath, hija de Potipherah, sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.46Y era José de edad de treinta años cuando fué presentado delante de Faraón, rey de Egipto: y salió José de delante de Faraón, y transitó por toda la tierra de Egipto.47E hizo la tierra en aquellos siete años de hartura á montones.48Y él juntó todo el mantenimiento de los siete años que fueron en la tierra de Egipto, y guardó mantenimiento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el mantenimiento del campo de sus alrededores.49Y acopió José trigo como arena de la mar, mucho en extremo, hasta no poderse contar, porque no tenía número.50Y nacieron á José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le parió Asenath, hija de Potipherah, sacerdote de On.51Y llamó José el nombre del primogénito Manasés; porque Dios (dijo) me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.52Y el nombre del segundo llamólo Ephraim; porque Dios (dijo) me hizo fértil en la tierra de mi aflicción.

Una gran página de la historia de José ha dado vuelta. Después de los sufrimientos vienen las glorias (comp. Lucas 24:26). El que otrora fue afligido, echado en la cisterna, esclavizado en un país extranjero y encarcelado, llega a ser el señor del país (cap. 42:30), el salvador del mundo, aquel ante quien todas las rodillas se doblan (ver nota, v. 43). Cada uno de esos títulos nos habla de Aquel que, después de haber sido humillado y despreciado, será honrado por todos y por siempre. A Jesús, el Nazareno, Dios le elevó a lo sumo y le coronó de gloria y de honra (Hebreos 2:7). Y, como complemento supremo de todas esas glorias, a José le es dada una esposa, imagen de la Iglesia, tomada de en medio de las naciones (Efesios 1:20-23). Los nombres de sus hijos evocan el penoso trabajo del alma del salvador. Manasés (v. 51): trabajo olvidado. Efraín (v. 52): para gustar fruto en abundancia (comp. Isaías 53:11).

El Salmo 105:16 a 21, ya citado, resume esta historia magnífica. Dios, antes de enviar a la tierra el hambre que ya había decretado, preparó a José (tipo de Cristo) por medio de sus aflicciones, para desempeñar el papel de salvador y sustentador de la vida para el mundo y para la familia de Israel (Efraín = doble fertilidad). Nosotros también podemos exclamar con admiración, respecto a Jesús: “¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste?” (v. 38).

Génesis 41:53-57; Génesis 42:1-8
53Y cumpliéronse los siete años de la hartura, que hubo en la tierra de Egipto.54Y comenzaron á venir los siete años del hambre, como José había dicho: y hubo hambre en todos los países, mas en toda la tierra de Egipto había pan.55Y cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó á Faraón por pan. Y dijo Faraón á todos los Egipcios: Id á José, y haced lo que él os dijere.56Y el hambre estaba por toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía á los Egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto.57Y toda la tierra venía á Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre.
1Y VIENDO Jacob que en Egipto había alimentos, dijo á sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando?2Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no nos muramos.3Y descendieron los diez hermanos de José á comprar trigo á Egipto.4Mas Jacob no envió á Benjamín hermano de José con sus hermanos; porque dijo: No sea acaso que le acontezca algún desastre.5Y vinieron los hijos de Israel á comprar entre los que venían: porque había hambre en la tierra de Canaán.6Y José era el señor de la tierra, que vendía á todo el pueblo de la tierra: y llegaron los hermanos de José, é inclináronse á él rostro por tierra.7Y José como vió á sus hermanos, conociólos; mas hizo que no los conocía, y hablóles ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán á comprar alimentos.8José, pues, conoció á sus hermanos; pero ellos no le conocieron.

Lo que el Señor anuncia se cumple infaliblemente. Así ocurre con la palabra de José, que era la de Dios mismo. Los siete años de abundancia pasan y después comienza el hambre.

Dios ensaya todos los medios para volver hacia Él los pensamientos de los hombres. Por eso en el mundo se suceden la paz y la guerra, la abundancia y las privaciones, al igual que en la vida de cada ser humano se suceden las alegrías y las pruebas. Desgraciadamente, los hombres casi no piensan en dar gracias al Señor por el gozo que les otorga y generalmente tampoco acuden a Él para encontrar el socorro en sus pruebas. Sin embargo, así como Faraón mandaba: “Id a José”, el Espíritu de Dios apremia a los hombres para que se vuelvan hacia el Salvador, y Él mismo llama: “Venid a mí” (Mateo 11:28). Sí, vayamos al Único que da en abundancia lo que nuestras almas necesitan para ser alimentadas. Sepamos también aprovechar las épocas de abundancia espiritual, las reuniones o lecturas edificantes por ejemplo, para llenar los “graneros” de nuestra memoria y de nuestros corazones (Proverbios 10:5). En los momentos de necesidad, de soledad, de desaliento, lo que hayamos reservado nos dará fuerza y gozo en el Señor. Sobre todo, no olvidemos el final del versículo 55: “Haced lo que él os dijere” (comp. Juan 2:5).

Génesis 42:9-24
9Entonces se acordó José de los sueños que había tenido de ellos, y díjoles: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido.10Y ellos le respondieron: No, señor mío: mas tus siervos han venido á comprar alimentos.11Todos nosotros somos hijos de un varón: somos hombres de verdad: tus siervos nunca fueron espías.12Y él les dijo: No; á ver lo descubierto del país habéis venido.13Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece.14Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías:15En esto seréis probados: Vive Faraón que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor aquí viniere.16Enviad uno de vosotros, y traiga á vuestro hermano; y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad con vosotros: y si no, vive Faraón, que sois espías.17Y juntólos en la cárcel por tres días.18Y al tercer día díjoles José: Haced esto, y vivid: Yo temo á Dios:19Si sois hombres de verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos; y vosotros id, llevad el alimento para el hambre de vuestra casa:20Pero habéis de traerme á vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.21Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le oímos: por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.22Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el mozo; y no escuchásteis? He aquí también su sangre es requerida.23Y ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos.24Y apartóse él de ellos, y lloró: después volvió á ellos, y les habló, y tomó de entre ellos á Simeón, y aprisionóle á vista de ellos.

Mientras esos sucesos se desarrollaban en Egipto, la familia de Jacob fue dejada de lado en el texto inspirado. Fue como si Dios hubiese dicho: «Después de vuestro crimen, y ahora que José ya no está en medio de vosotros, ya no tengo ningún interés en contar lo que os concierne». Así ocurre con la triste historia del hombre –y en particular con la de Israel– después de haber rechazado al Salvador. Dios no tiene nada más que decir de ese pueblo. Pero, en su paciencia infinita, no ha olvidado al objeto de sus fieles promesas. Espera solamente el momento favorable para restablecer las relaciones. Y ese momento favorable es el hambre. Si Dios permite, incluso en los suyos, pruebas como las privaciones y la enfermedad, es frecuentemente para que Cristo, el verdadero José, tome o vuelva a tomar todo el lugar en sus vidas. No pensemos que el tiempo puede borrar el más mínimo pecado; cada uno de ellos está siempre presente ante los ojos del Señor, incluso si nosotros lo hemos olvidado, y tarde o temprano será necesario habérselas con Él respecto a ese tema.

“Somos hombres honrados” (v. 11), se atreven a afirmar esos hermanos criminales cuando se presentan ante aquel que puede probar lo contrario y confundirlos con sólo revelar su nombre. Pero, después de tres días y otra conversación entre José y sus hermanos, la conciencia de ellos empieza a hablarles.

Génesis 42:25-38
25Y mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino: é hízose así con ellos.26Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y fuéronse de allí.27Y abriendo uno de ellos su saco para dar de comer á su asno en el mesón, vió su dinero que estaba en la boca de su costal.28Y dijo á sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y aun helo aquí en mi saco. Sobresaltóseles entonces el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?29Y venidos á Jacob su padre en tierra de Canaán, contáronle todo lo que les había acaecido, diciendo:30Aquel varón, señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como á espías de la tierra:31Y nosotros le dijimos: Somos hombres de verdad, nunca fuimos espías:32Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.33Y aquel varón, señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres de verdad; dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad,34Y traedme á vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres de verdad: así os daré á vuestro hermano, y negociaréis en la tierra.35Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero: y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor.36Entonces su padre Jacob les dijo: Habéisme privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y á Benjamín le llevaréis: contra mí son todas estas cosas.37Y Rubén habló á su padre, diciendo: Harás morir á mis dos hijos, si no te lo volviere; entrégalo en mi mano, que yo lo volveré á ti.38Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros; que su hermano es muerto, y él solo ha quedado: y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor á la sepultura.

La intención de José al recibir duramente a sus hermanos no es vengarse, lo comprendemos bien. Pero por experiencia conoce la maldad de sus corazones, y su finalidad es llevarlos a un verdadero arrepentimiento. Para ello emplea sucesivamente la severidad y la benevolencia, los sobresaltos y los estímulos, las acusaciones y los festines. Todo es dirigido con la sabiduría más grande; esto nos muestra, por comparación, cómo el Señor obra cuando quiere despertar nuestra conciencia y nuestro corazón. Es necesario que algunas veces nos hable “duramente”.

Las acusaciones de José son injustas. Sus hermanos no son espías. Pero sienten que Dios les habla y recuerdan su común pecado, su propia injusticia en cuanto a su hermano.

A veces padecemos injusticias, pero en lugar de irritarnos y procurar justificarnos, preguntémonos lo que Dios quiere enseñarnos por ese penoso medio.

Para Jacob todo conduce a su bien, aunque diga en el versículo 36: “Contra mí son todas estas cosas”. Deberá aprender que si Dios está por él, nada puede estar contra él, y que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios (Romanos 8:28, 31). En efecto, de esta manera Dios le devolverá a José.

Génesis 43:1-15
1Y EL hambre era grande en la tierra.2Y aconteció que como acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, díjoles su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento.3Y respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros.4Si enviares á nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento:5Pero si no le enviares, no descenderemos: porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros.6Y dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais más hermano?7Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por nuestra parentela, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿tenéis otro hermano? y declarámosle conforme á estas palabras. ¿Podíamos nosotros saber que había de decir: Haced venir 8Entonces Judá dijo á Israel su padre: Envía al mozo conmigo, y nos levantaremos é iremos, á fin que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños.9Yo lo fío; á mí me pedirás cuenta de él: si yo no te lo volviere y lo pusiere delante de ti, seré para ti el culpante todos los días:10Que si no nos hubiéramos detenido, cierto ahora hubiéramos ya vuelto dos veces.11Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros vasos, y llevad á aquel varón un presente, un poco de bálsamo, y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.12Y tomad en vuestras manos doblado dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; quizá fué yerro.13Tomad también á vuestro hermano, y levantaos, y volved á aquel varón.14Y el Dios Omnipotente os dé misericordias delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y á este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo.15Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doblado dinero, y á Benjamín; y se levantaron, y descendieron á Egipto, y presentáronse delante de José.

Los hermanos de José están llenos de temor. Es un signo de que sus conciencias no se sienten bien. Deben volver a José y darle explicaciones sobre el dinero que han encontrado en sus sacos. ¿Cómo van a ser recibidos? No nos quedemos lejos del Señor cuando tengamos un peso sobre nuestra conciencia. Vayamos enseguida a Él para confesarle todo. El versículo 8 traza el camino que debe seguir todo pecador: levantarse, ir y vivir (comp. Lucas 15:18).

Los hombres han podido convencer a su padre para que Benjamín los acompañe y, finalmente, se ponen en camino llevando consigo un presente: el mejor producto del país (v. 11). Pero el poderoso José, aquel cuyos graneros están llenos, ¿tiene necesidad de algo? El hombre siempre ha tenido la pretensión de llevar algo a Dios. Pero de Su parte todo es gratuito. No puede aceptar nada, ni siquiera lo mejor que produzca el hombre. Miel, especias, nueces, almendras, son productos de lujo, insuficientes para alimentar a aquellos que no tienen trigo. Lo que hace falta a nuestros corazones es el trigo celestial, el alimento de lo alto, el único que puede calmar el hambre de nuestras almas. El mundo nos presentará algunas golosinas, pero el Señor Jesús, el verdadero José, sólo podrá darnos el trigo del país celestial, presentándose Él mismo a nuestros corazones.

Génesis 43:16-34
16Y vió José á Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Mete en casa á esos hombres, y degüella víctima, y aderéza la; porque estos hombres comerán conmigo al medio día.17E hizo el hombre como José dijo; y metió aquel hombre á los hombres en casa de José.18Y aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron metidos en casa de José, y decían: Por el dinero que fué vuelto en nuestros costales la primera vez nos han metido aquí, para revolver contra nosotros, y dar sobre nosotros, y tomarnos por siervos á nosotro19Y llegáronse al mayordomo de la casa de José, y le hablaron á la entrada de la casa.20Y dijeron: Ay, señor mío, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio á comprar alimentos:21Y aconteció que como vinimos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y hémoslo vuelto en nuestras manos.22Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos: nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales.23Y él respondió: Paz á vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dió el tesoro en vuestros costales: vuestro dinero vino á mí. Y sacó á Simeón á ellos.24Y metió aquel varón á aquellos hombres en casa de José: y dióles agua, y lavaron sus pies: y dió de comer á sus asnos.25Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José al medio día, porque habían oído que allí habían de comer pan.26Y vino José á casa, y ellos le trajeron el presente que tenían en su mano dentro de casa, é inclináronse á él hasta tierra.27Entonces les preguntó él cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿vive todavía?28Y ellos respondieron: Bien va á tu siervo nuestro padre; aun vive. Y se inclinaron, é hicieron reverencia.29Y alzando él sus ojos vió á Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.30Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas á causa de su hermano, y procuró donde llorar: y entróse en su cámara, y lloró allí.31Y lavó su rostro, y salió fuera, y reprimióse, y dijo: Poned pan.32Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los Egipcios que con él comían: porque los Egipcios no pueden comer pan con los Hebreos, lo cual es abominación á los Egipcios.33Y sentáronse delante de él, el mayor conforme á su mayoría, y el menor conforme á su menoría; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro.34Y él tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces como cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y alegráronse con él.

¡Cuánto les cuesta a los hermanos de José poner de lado sus propios recursos! No obstante, es necesario que acepten el hecho de que su deuda ha sido pagada. Podemos estar seguros de que las cuentas del mayordomo de José estaban en orden, puesto que afirma: “Yo recibí vuestro dinero” (v. 23). El gran José había pagado personalmente por sus hermanos. Así Cristo ha corrido con todos los gastos de nuestra paz. Nuestra deuda ha sido pagada enteramente y sólo Él conoce la importancia de su monto. Sin embargo, mientras el mal no es juzgado y confesado, el gozo de la comunión no puede ser gustado. La comida que toman juntos es imagen de esta comunión, la cual implica un perfecto acuerdo, un reparto, una conversación común entre todos los participantes. ¿No sucede así en la Mesa del Señor, en la cual los creyentes, todos juntos, piensan en Sus sufrimientos? Pero aquí, a causa del pecado que erige una barrera entre ellos, José come aparte de sus hermanos (v. 32).

Al leer estos capítulos podemos ver llorar a José varias veces (cap. 42:24; 43:30; 45:2, 14; 46:29; 50:1, 17 final). ¡Cosa admirable: no le vemos llorar en la cisterna ni en la cárcel! Las que derrama siempre son lágrimas de amor. Éstas nos hacen pensar en las del Señor Jesús (Juan 11:35; Lucas 19:41).

Génesis 44:1-17
1Y MANDO José al mayordomo de su casa, diciendo: Hinche los costales de aquestos varones de alimentos, cuanto pudieren llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal:2Y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José.3Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus asnos.4Habiendo ellos salido de la ciudad, de la que aun no se habían alejado, dijo José á su mayordomo: Levántate, y sigue á esos hombres; y cuando los alcanzares, diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien?5¿No es ésta en la que bebe mi señor, y por la que suele adivinar? habéis hecho mal en lo que hicisteis.6Y como él los alcanzó, díjoles estas palabras.7Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice mi señor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos.8He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales, te lo volvimos á traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro?9Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor.10Y él dijo: También ahora sea conforme á vuestras palabras; aquél en quien se hallare, será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa.11Ellos entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su costal en tierra, abrió cada cual el costal suyo.12Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y la copa fué hallada en el costal de Benjamín.13Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su asno, y volvieron á la ciudad.14Y llegó Judá con sus hermanos á casa de José, que aun estaba allí, y postráronse delante de él en tierra.15Y díjoles José: ¿Qué obra es esta que habéis hecho? ¿no sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?16Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos á mi señor? ¿qué hablaremos? ¿ó con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos: he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquél en cuyo poder fué hallada la copa.17Y él respondió: Nunca yo tal haga: el varón en cuyo poder fué hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz á vuestro padre.

La red se estrecha alrededor de los hermanos de José. Circunstancias imprevisibles, pero dirigidas por una mano fiel, les obligan a volverse atrás y a comparecer ante aquel que todo lo sabe. Ahora la conciencia de ellos ha sido conmovida. “¿Qué diremos… con qué nos justificaremos?” (v. 16). Moralmente, ¡cuánto camino han recorrido desde el momento en que pretendían ser gente honrada! (cap. 42:11). Por eso la liberación se aproxima.

Como toda la historia de José, estas escenas tienen un alcance profético. Israel, provisionalmente puesto de lado como consecuencia del rechazamiento de Cristo –el verdadero José– será llevado a reconocer su crimen. Verá en el Nazareno al que despreció y crucificó, a aquel a quien Dios ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:36), su Mesías y, al mismo tiempo, el Hijo del Hombre que debe reinar sobre el universo entero. No obstante, para llegar a ese trabajo de conciencia, todavía hace falta que Israel, y especialmente la tribu de Judá, atraviese un tiempo de profundas pruebas, llamado la “gran tribulación” (Apocalipsis 7:14). La angustia de los hermanos de José hasta que confiesan su crimen evoca la que soportará el pueblo judío antes de reconocer y de honrar a su Mesías.

Génesis 44:18-34
18Entonces Judá se llegó á él, y dijo: Ay señor mío, ruégote que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues que tú eres como Faraón.19Mi señor preguntó á sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre ó hermano?20Y nosotros respondimos á mi señor: Tenemos un padre anciano, y un mozo que le nació en su vejez, pequeño aún; y un hermano suyo murió, y él quedó solo de su madre, y su padre lo ama.21Y tú dijiste á tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él.22Y nosotros dijimos á mi señor: El mozo no puede dejar á su padre, porque si le dejare, su padre morirá.23Y dijiste á tus siervos: Si vuestro hermano menor no descendiere con vosotros, no veáis más mi rostro.24Aconteció pues, que como llegamos á mi padre tu siervo, contámosle las palabras de mi señor.25Y dijo nuestro padre: Volved á comprarnos un poco de alimento.26Y nosotros respondimos: No podemos ir: si nuestro hermano fuere con nosotros, iremos; porque no podemos ver el rostro del varón, no estando con nosotros nuestro hermano el menor.27Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos me parió mi mujer;28Y el uno salió de conmigo, y pienso de cierto que fué despedazado, y hasta ahora no le he visto;29Y si tomareis también éste de delante de mí, y le aconteciere algún desastre, haréis descender mis canas con dolor á la sepultura.30Ahora, pues, cuando llegare yo á tu siervo mi padre, y el mozo no fuere conmigo, como su alma está ligada al alma de él,31Sucederá que cuando no vea al mozo, morirá: y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor á la sepultura.32Como tu siervo salió por fiador del mozo con mi padre, diciendo: Si no te lo volviere, entonces yo seré culpable para mi padre todos los días;33Ruégote por tanto que quede ahora tu siervo por el mozo por siervo de mi señor, y que el mozo vaya con sus hermanos.34Porque ¿cómo iré yo á mi padre sin el mozo? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá á mi padre.

La finalidad de José era llevar a sus hermanos a pensar en el momento en que, veinte años atrás, junto a la cisterna, habían permanecido insensibles a su angustia cuando pedía piedad (cap. 42:21), así como al dolor de su anciano padre cuando le habían anunciado cruelmente su muerte. Y José quiere ver si ahora son capaces de comprender el sufrimiento de un joven hermano y el de su padre. Pues bien, ¡al final logra conmover sus corazones! ¡Cuán conmovedor es escuchar a Judá hablar de su anciano padre y de su joven hermano, hijo de su vejez!

¡Qué lecciones aprendemos nosotros también! Ponernos en el lugar de los demás para comprender sus alegrías y sobre todo sus penas. Y aún más: entrar de corazón en los afectos del Padre a propósito de su Hijo, en su dolor cuando vio a su Muy Amado en las manos de hombres malvados y oyó su grito sin poderle responder. Finalmente, penetrar aunque sea un poco en los sufrimientos del Hijo cuando llevó el peso de nuestros pecados ante la justicia divina y, cuando en la angustia infinita de su alma, experimentó el abandono de Dios por nosotros. Con frecuencia, ¿no somos tristemente insensibles a esos temas que el Espíritu quiere que consideremos?

Génesis 45:1-15
1NO podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de conmigo á todos. Y no quedó nadie con él, al darse á conocer José á sus hermanos.2Entonces se dió á llorar á voz en grito; y oyeron los Egipcios, y oyó también la casa de Faraón.3Y dijo José á sus hermanos: Yo soy José: ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.4Entonces dijo José á sus hermanos: Llegaos ahora á mí. Y ellos se llegaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano el que vendisteis para Egipto.5Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; que para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros:6Que ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aun quedan cinco años en que ni habrá arada ni siega.7Y Dios me envió delante de vosotros, para que vosotros quedaseis en la tierra, y para daros vida por medio de grande salvamento.8Así pues, no me enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.9Daos priesa, id á mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven á mí, no te detengas:10Y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.11Y allí te alimentaré, pues aun quedan cinco años de hambre, porque no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes:12Y he aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla.13Haréis pues saber á mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto: y daos priesa, y traed á mi padre acá.14Y echóse sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello.15Y besó á todos sus hermanos, y lloró sobre ellos: y después sus hermanos hablaron con él.

Llega el momento que José esperaba desde hacía mucho tiempo. ¡Qué paciencia necesitó! Si se hubiese hecho conocer demasiado pronto, sus hermanos lo habrían honrado por obligación, como el manojo de su sueño, pero el corazón de ellos hubiese permanecido frío y temeroso.

Los hermanos se enteran, pues, de que el gobernador de Egipto, a quien pertenece toda esa gloria, no es otro que aquel a quien ellos habían odiado y rechazado. No solamente está vivo, sino que todas las cosas le son sujetas (Hebreos 2:8). Sus acciones criminales han sido precisamente el medio por el cual los sueños se cumplieron. ¡Qué desconcierto puede llenar sus corazones al comprobar la noble gracia de la cual José da prueba! ¡No se ha vengado; no les hace ningún reproche; no desea más que la felicidad de ellos! Y su propio corazón, ¿no está lleno de gozo, un gozo semejante al del Pastor que encontró a la oveja perdida? Ahora los hermanos llevan un feliz mensaje, una buena nueva: deben ir hasta su padre y contarle la gloria de aquel que les perdonó. Esa es también nuestra misión, queridos rescatados del Señor: anunciar a los demás, empezando por nuestros parientes, lo que hemos encontrado en Jesús, y contar a Su Padre “toda su gloria”, en las reuniones de culto.

Génesis 45:16-28
16Y oyóse la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y plugo en los ojos de Faraón y de sus siervos.17Y dijo Faraón á José: Di á tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, é id, volved á la tierra de Canaán;18Y tomad á vuestro padre y vuestras familias, y venid á mí, que yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto y comeréis la grosura de la tierra.19Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres; y tomad á vuestro padre, y venid.20Y no se os dé nada de vuestras alhajas, porque el bien de la tierra de Egipto será vuestro.21E hiciéronlo así los hijos de Israel: y dióles José carros conforme á la orden de Faraón, y suministróles víveres para el camino.22A cada uno de todos ellos dió mudas de vestidos, y á Benjamín dió trescientas piezas de plata, y cinco mudas de vestidos.23Y á su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre en el camino.24Y despidió á sus hermanos, y fuéronse. Y él les dijo: No riñáis por el camino.25Y subieron de Egipto, y llegaron á la tierra de Canaán á Jacob su padre.26Y diéronle las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y su corazón se desmayó; pues no los creía.27Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo él los carros que José enviaba para llevarlo, el espíritu de Jacob su padre revivió.28Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía: iré, y le veré antes que yo muera.

Devolver bien por mal: eso es lo que José hace con sus hermanos. Es lo que el Señor nos enseña (Mateo 5:44), en fin, es la mejor forma de ganar el corazón de alguien.

Los hermanos creían llevar lo mejor de lo que tenían (cap. 43:11): un poco de bálsamo, un poco de miel. Pero ahora pueden ver la insignificancia de ello. Faraón personalmente les promete lo mejor del país, diciéndoles al mismo tiempo: “No os preocupéis por vuestros enseres” (v. 20). La presencia del Señor y el goce de sus glorias están ante nosotros. Las cosas de la tierra que tengamos que abandonar por Él carecen de valor en comparación con aquello (Marcos 10:29, 30). Tenemos una prueba de que Jesús está vivo, glorioso y nos espera en el cielo: nos ha enviado el Espíritu Santo, prenda o garantía de nuestra herencia (Efesios 1:14). Observemos que José no solamente da a sus hermanos un país donde morar, sino también lo necesario para el camino que les conduce a él. ¿Carros? Jesús se hace cargo de nosotros. ¿Alimentos? Su Palabra es nuestra comida. ¿Vestidos? Cristo puede y debe ser visto en nosotros (Gálatas 3:27). Por último, la exhortación de aquel que conoce muy bien a sus hermanos: ¡“No riñáis por el camino”! (v. 24). ¿Tenemos nosotros menos necesidad de ella?

Génesis 46:1-34
1Y PARTIOSE Israel con todo lo que tenía, y vino á Beer-seba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.2Y habló Dios á Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí.3Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender á Egipto, porque yo te pondré allí en gran gente.4Yo descenderé contigo á Egipto, y yo también te haré volver: y José pondrá su mano sobre tus ojos.5Y levantóse Jacob de Beer-seba; y tomaron los hijos de Israel á su padre Jacob, y á sus niños, y á sus mujeres, en los carros que Faraón había enviado para llevarlo.6Y tomaron sus ganados, y su hacienda que había adquirido en la tierra de Canaán, y viniéronse á Egipto, Jacob, y toda su simiente consigo;7Sus hijos, y los hijos de sus hijos consigo; sus hijas, y las hijas de sus hijos, y á toda su simiente trajo consigo á Egipto.8Y estos son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto, Jacob y sus hijos: Rubén, el primogénito de Jacob.9Y los hijos de Rubén: Hanoch, y Phallu, y Hezrón, y Carmi.10Y los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jachîn, y Zohar, y Saúl, hijo de la Cananea.11Y los hijos de Leví: Gersón, Coath, y Merari.12Y los hijos de Judá: Er, y Onán, y Sela, y Phares, y Zara: mas Er y Onán, murieron en la tierra de Canaán. Y los hijos de Phares fueron Hezrón y Hamul.13Y los hijos de Issachâr: Thola, y Phua, y Job, y Simrón.14Y los hijos de Zabulón: Sered y Elón, y Jahleel.15Estos fueron los hijos de Lea, los que parió á Jacob en Padan-aram, y además su hija Dina: treinta y tres las almas todas de sus hijos é hijas.16Y los hijos de Gad: Ziphión, y Aggi, y Ezbón, y Suni, y Heri, y Arodi, y Areli.17Y los hijos de Aser: Jimna, é Ishua, é Isui y Beria, y Sera, hermana de ellos. Los hijos de Beria: Heber, y Malchîel.18Estos fueron los hijos de Zilpa, la que Labán dió á su hija Lea, y parió estos á Jacob; todas diez y seis almas.19Y los hijos de Rachêl, mujer de Jacob: José y Benjamín.20Y nacieron á José en la tierra de Egipto Manasés y Ephraim, los que le parió Asenath, hija de Potipherah, sacerdote de On.21Y los hijos de Benjamín fueron Bela, y Bechêr y Asbel, y Gera, y Naamán, y Ehi, y Ros y Muppim, y Huppim, y Ard.22Estos fueron los hijos de Rachêl, que nacieron á Jacob: en todas, catorce almas.23Y los hijos de Dan: Husim.24Y los hijos de Nephtalí: Jahzeel, y Guni, y Jezer, y Shillem.25Estos fueron los hijos de Bilha, la que dió Labán á Rachêl su hija, y parió estos á Jacob; todas siete almas.26Todas las personas que vinieron con Jacob á Egipto, procedentes de sus lomos, sin las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis.27Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las almas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta.28Y envió á Judá delante de sí á José, para que le viniese á ver á Gosén; y llegaron á la tierra de Gosén.29Y José unció su carro y vino á recibir á Israel su padre á Gosén; y se manifestó á él, y echóse sobre su cuello, y lloró sobre su cuello bastante.30Entonces Israel dijo á José: Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro, pues aun vives.31Y José dijo á sus hermanos, y á la casa de su padre: Subiré y haré saber á Faraón, y diréle: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido á mí;32Y los hombres son pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos: y han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tenían.33Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿cuál es vuestro oficio?34Entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra mocedad hasta ahora, nosotros y nuestros padres; á fin que moréis en la tierra de Gosén, porque los Egipcios abominan todo pastor de ovejas.

Más que sus glorias y sus riquezas, hemos considerado el amor de José por sus hermanos y la grandeza de su perdón. Para aquellos de entre nosotros que viven en familia, con hermanos y hermanas, ¿no es ocasión para aprender una conmovedora lección de amor y de paciencia? Pero el amor de José por su padre Jacob, su consideración, sus atenciones, su prisa por verlo, su diligencia para ponerse a su disposición, también son un modelo para nosotros. ¿Amamos y respetamos así a nuestros padres?

La familia de Israel se pone en camino, y ¡pasa por Beerseba, pozo del juramento! Allí las promesas son confirmadas a Jacob por un Dios fiel: “No temas de descender a Egipto”, le dice (v. 3; comp. Isaías 41:14). ¡Qué cambio se produce en Jacob! Antes era conducido por su propia voluntad, ahora teme dar un paso sin Dios. Por eso Dios lo estimula prometiéndole descender con él. ¿Puede el Señor acompañarnos siempre a todos los sitios donde vamos?

Luego tiene lugar el conmovedor encuentro con su muy amado hijo, quien todo lo ha preparado con abnegación para la felicidad de los suyos. “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” –prometió el Señor Jesús– “para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2, 3).

Génesis 47:1-12
1Y JOSÉ vino, é hizo saber á Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, y sus ovejas y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí, están en la tierra de Gosén.2Y de los postreros de sus hermanos tomó cinco varones, y presentólos delante de Faraón.3Y Faraón dijo á sus hermanos: ¿Cuál es vuestro oficio? Y ellos respondieron á Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, así nosotros como nuestros padres.4Dijeron además á Faraón: Por morar en esta tierra hemos venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Canaán: por tanto, te rogamos ahora que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.5Entonces Faraón habló á José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido á ti;6La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar á tu padre y á tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres eficaces, ponlos por mayorales del ganado mío.7Y José introdujo á su padre, y presentólo delante de Faraón; y Jacob bendijo á Faraón.8Y dijo Faraón á Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida?9Y Jacob respondió á Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado á los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación.10Y Jacob bendijo á Faraón, y salióse de delante de Faraón.11Así José hizo habitar á su padre y á sus hermanos, y dióles posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Rameses como mandó Faraón.12Y alimentaba José á su padre y á sus hermanos, y á toda la casa de su padre, de pan, hasta la boca del niño.

El gran José hubiera podido avergonzarse de esta familia de simples pastores venidos a mendigar trigo porque tenían hambre, de esos extranjeros sospechosos de ser espías y ladrones. ¡Eso sería no conocerlo! Ante todos los reconoce como sus hermanos. Y para Faraón es suficiente que sean hermanos de José para que la gloria del salvador de Egipto se proyecte sobre ellos. En eso también volvemos a encontrar a Jesús. No le da vergüenza llamarnos sus hermanos (Hebreos 2:11). Y a causa de Él, Dios nos recibe con favor, pues hemos sido hechos aceptos en el Amado (Efesios 1:6). José presenta su padre a Faraón. ¡Escena conmovedora y llena de belleza! Un pobre anciano encorvado sobre su báculo bendice al potente monarca. De los dos, según la apreciación divina, el hombre de Dios es más excelente (Hebreos 7:7).

Generalmente los que ocupan altos cargos se distancian de los demás; pero en José, su gloria no atenúa en nada su cariñosa solicitud hacia los suyos y sus familias. Los bienes que distribuye son medidos “según el número de los hijos” (v. 12). ¡Figura admirable de nuestra relación con Cristo y de todo lo que resulta de ella! Desde ahora poseemos la mejor parte (v. 11). Nuestra fe puede faltar, pero Su gracia fiel jamás faltará.

Génesis 47:13-26
13Y no había pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave; por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán.14Y recogió José todo el dinero que se halló en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón.15Y acabado el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto á José diciendo: Danos pan: ¿por qué moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero?16Y José dijo: Dad vuestros ganados, y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el dinero.17Y ellos trajeron sus ganados á José; y José les dió alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos: y sustentólos de pan por todos sus ganados aquel año.18Y acabado aquel año, vinieron á él el segundo año, y le dijeron: No encubriremos á nuestro señor que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es ya de nuestro señor; nada ha quedado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y nuestra ti19¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos á nosotros y á nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón: y danos simiente para que vivamos y no muramos, y no sea asolada la tierra.20Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los Egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos: y la tierra vino á ser de Faraón.21Y al pueblo hízolo pasar á las ciudades desde el un cabo del término de Egipto hasta el otro cabo.22Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían su ración que Faraón les daba: por eso no vendieron su tierra.23Y José dijo al pueblo: He aquí os he hoy comprado y á vuestra tierra para Faraón: ved aquí simiente, y sembraréis la tierra.24Y será que de los frutos daréis el quinto á Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños.25Y ellos respondieron: La vida nos has dado: hallemos gracia en ojos de mi señor, y seamos siervos de Faraón.26Entonces José lo puso por fuero hasta hoy sobre la tierra de Egipto, señalando para Faraón el quinto; excepto sólo la tierra de los sacerdotes, que no fué de Faraón.

El cumplimiento del sueño de Faraón era inseparable de la persona de José. Primero la abundancia y luego el hambre hicieron que José fuera reconocido como el sustentador de la vida, el salvador del mundo (v. 25).

Cristo es el centro de las profecías. Pronto poseerá el dominio universal. Todas las familias de las naciones se postrarán ante Él (Salmo 22:27). Pero, para pertenecerle y rendirle homenaje, los creyentes no esperan hasta ese momento. Jesús realiza un trabajo en ellos. Empieza por saciar a aquellos cuyas almas tienen necesidades (Salmo 107:9). Después, como José con los egipcios, hace que poco a poco todo se encuentre sometido a Dios. Aceptar los derechos del Señor sobre nuestros días, bienes, cuerpos y corazones, tal es el secreto de una entera liberación. El Señor no se contenta con un sacrificio cualquiera de nuestra parte. Nos reclama por entero en virtud del derecho que adquirió sobre nosotros. Nos ha comprado a gran precio para Dios (1 Corintios 6:19, 20). Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que hemos llegado a ser los felices siervos de Dios y del Señor Jesucristo (comp. Santiago 1:1), con todas las consecuencias que eso acarrea. En adelante dependemos enteramente de Él, no solamente para ser provistos de todo, sino también para que en nuestra vida haya frutos para su gloria.

Génesis 47:27-31; Génesis 48:1-7
27Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y aposesionáronse en ella, y se aumentaron, y multiplicaron en gran manera.28Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años: y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años.29Y llegáronse los días de Israel para morir, y llamó á José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, ruégote que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad; ruégote que no me entierres en Egipto;30Mas cuando durmiere con mis padres, llevarme has de Egipto, y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y él respondió: Yo haré como tú dices.31Y él dijo: Júramelo. Y él le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama.
1Y SUCEDIO después de estas cosas el haberse dicho á José: He aquí tu padre está enfermo. Y él tomó consigo sus dos hijos Manasés y Ephraim.2Y se hizo saber á Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene á ti. Entonces se esforzó Israel, y sentóse sobre la cama;3Y dijo á José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo,4Y díjome: He aquí, yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de pueblos: y daré esta tierra á tu simiente después de ti por heredad perpetua.5Y ahora tus dos hijos Ephraim y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese á ti á la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos:6Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades.7Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Rachêl en la tierra de Canaán, en el camino, como media legua de tierra viniendo á Ephrata; y sepultéla allí en el camino de Ephrata, que es Bethlehem.

La larga vida de Jacob está a punto de terminar. El patriarca ha reconocido ante Faraón que sus días fueron cortos y malos (cap. 47:9). Ha pasado por experiencias penosas y, por su culpa, ha perdido muchos años. Su carrera no ha alcanzado el nivel espiritual de la de Abraham o Isaac. ¿Por qué, entonces, no sabemos nada de los últimos momentos de esos patriarcas y, en cambio, el fin de Jacob nos es contado con detalles? Precisamente porque su triunfante fin subraya y glorifica la gracia de Dios para con él; ésta es el coronamiento de Su paciente trabajo de disciplina; era necesario que nosotros pudiésemos admirar el fruto. Jacob recuerda el camino de su vida y evoca las etapas: Luz –es decir, Bet-el–, donde Dios se le dio a conocer; Efrata y la muerte de Raquel. Consideremos nosotros también el camino recorrido. Todas nuestras miradas hacia atrás harán sobresalir la misericordia de Aquel que, con el mismo amor, nos ha dirigido, soportado, reprendido, consolado. Ahora Jacob se inclina a la cabecera de la cama (cap. 47:31), donde, como lo traduce Hebreos 11:21, adora, apoyado sobre el extremo de su bordón de peregrino. Sin esperar nuestro último día de vida, ¡quiera Dios que ésta sea nuestra respuesta al amor del Señor Jesús!

Génesis 48:8-22
8Y vió Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos?9Y respondió José á su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Allégalos ahora á mí, y los bendeciré.10Y los ojos de Israel estaban tan agravados de la vejez, que no podía ver. Hízoles, pues, llegar á él, y él los besó y abrazó.11Y dijo Israel á José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también tu simiente.12Entonces José los sacó de entre sus rodillas, é inclinóse á tierra.13Y tomólos José á ambos, Ephraim á su diestra, á la siniestra de Israel; y á Manasés á su izquierda, á la derecha de Israel; é hízoles llegar á él.14Entonces Israel extendió su diestra, y púsola sobre la cabeza de Ephraim, que era el menor, y su siniestra sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.15Y bendijo á José, y dijo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham é Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,16El Angel que me liberta de todo mal, bendiga á estos mozos: y mi nombre sea llamado en ellos, y el nombre de mis padres Abraham é Isaac: y multipliquen en gran manera en medio de la tierra.17Entonces viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Eprhaim, causóle esto disgusto; y asió la mano de su padre, para mudarla de sobre la cabeza de Ephraim á la cabeza de Manasés.18Y dijo José á su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu diestra sobre su cabeza.19Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé: también él vendrá á ser un pueblo, y será también acrecentado; pero su hermano menor será más grande que él, y su simiente será plenitud de gentes.20Y bendíjolos aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Póngate Dios como á Ephraim y como á Manasés. Y puso á Ephraim delante de Manasés.21Y dijo Israel á José: He aquí, yo muero, mas Dios será con vosotros, y os hará volver á la tierra de vuestros padres.22Y yo te he dado á ti una parte sobre tus hermanos, la cual tomé yo de mano del Amorrheo con mi espada y con mi arco.

“Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José” (Hebreos 11:21). Al conferir al más joven la bendición del mayor e inversamente, su pensamiento debió trasladarse a la triste escena del capítulo 27. Ahora está ciego, como lo estaba entonces Isaac. Pero sabe discernir el pensamiento de Dios. Se ha observado que Jacob nunca había andado tan bien como cuando cojeaba y que nunca había visto tan claro como cuando se quedó ciego. Invoca al “Dios que ha sido el Pastor mío desde que existo hasta el día de hoy” (v. 15; V.M.). Conocía por experiencia las actividades y las penas de un pastor (cap. 31:38-40). Ahora toma el lugar de una oveja y mide los pacientes cuidados de los cuales ha sido objeto por parte de su Pastor. Como Jacob, David también aprendió junto al rebaño, pues “era pastor de las ovejas” (1 Samuel 17:34). Más tarde fue llamado para que apacentara a Israel (2 Samuel 7:7, 8). Y, sin embargo, es él quien compuso el Salmo 23: “Jehová es mi pastor”. Cada uno de nosotros conoce el nombre bondadoso con el cual el Señor Jesús se designa: “Yo soy el buen Pastor” (Juan 10:11, 14). Nombre que justificó al dar su vida por sus amadas ovejas, y también cuidando de ellas y conduciéndolas como Dios cuidó de Jacob, incluso sin que lo supiera, durante toda su vida. Pero, ¿puede cada uno de nosotros decir como Jacob y David: Él es mi Pastor?

Génesis 49:1-18
1Y LLAMO Jacob á sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los postreros días.2Juntaos y oid, hijos de Jacob; Y escuchad á vuestro padre Israel.3Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; Principal en dignidad, principal en poder.4Corriente como las aguas, no seas el principal; Por cuanto subiste al lecho de tu padre: Entonces te envileciste, subiendo á mi estrado.5Simeón y Leví, hermanos: Armas de iniquidad sus armas.6En su secreto no entre mi alma, Ni mi honra se junte en su compañía; Que en su furor mataron varón, Y en su voluntad arrancaron muro.7Maldito su furor, que fué fiero; Y su ira, que fué dura: Yo los apartaré en Jacob, Y los esparciré en Israel.8Judá, alabarte han tus hermanos: Tu mano en la cerviz de tus enemigos: Los hijos de tu padre se inclinarán á ti.9Cachorro de león Judá: De la presa subiste, hijo mío: Encorvóse, echóse como león, Así como león viejo; ¿quién lo despertará?10No será quitado el cetro de Judá, Y el legislador de entre sus piés, Hasta que venga Shiloh; Y á él se congregarán los pueblos.11Atando á la vid su pollino, Y á la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto:12Sus ojos bermejos del vino, Y los dientes blancos de la leche.13Zabulón en puertos de mar habitará, Y será para puerto de navíos; Y su término hasta Sidón.14Issachâr, asno huesudo Echado entre dos tercios:15Y vió que el descanso era bueno, Y que la tierra era deleitosa; Y bajó su hombro para llevar, Y sirvió en tributo.16Dan juzgará á su pueblo, Como una de las tribus de Israel.17Será Dan serpiente junto al camino, Cerasta junto á la senda, Que muerde los talones de los caballos, Y hace caer por detrás al cabalgador de ellos.18Tu salud esperé, oh Jehová.

Nos encontramos de nuevo ante un capítulo con carácter profético. En las últimas palabras de Jacob a sus hijos, toda la historia del pueblo de Israel se encuentra trazada y resumida de antemano. Bajo el gobierno de los jueces y los reyes, Israel se corrompió, tal como lo hizo Rubén (cap. 35:22); abandonó a Jehová para ir tras los ídolos. Después, como Simeón y Leví en el capítulo 34, la violencia se manifestó al rechazar a los profetas y al mismo Mesías, provocando la dispersión del pueblo judío entre las naciones. Cristo es representado por Judá, su tribu de nacimiento. A Él pertenecen el cetro del reino y el poder. Luego encontramos a Israel dispersado bajo el juicio de Dios, desplegando una actividad comercial y al mismo tiempo estando bajo el yugo de las naciones. Es el período actual, personificado por Zabulón e Isacar. En cuanto a Dan, representa al Anticristo, personaje judío que en un futuro próximo será recibido por Israel como su Mesías. “Serpiente junto al camino”, figura terrible de las potencias satánicas que obrarán entonces sin moderación. Ante esta horrorosa perspectiva, el residuo fiel no podrá contar más que con la liberación de lo alto: “Tu salvación esperé, oh Jehová” (v. 18). Esta esperanza es el tema de los Salmos 130 y 131. Y nosotros, ¿estamos esperando al Señor?

Génesis 49:19-33
19Gad, ejército lo acometerá; Mas él acometerá al fin.20El pan de Aser será grueso, Y él dará deleites al rey.21Nephtalí, sierva dejada, Que dará dichos hermosos.22Ramo fructífero José, Ramo fructífero junto á fuente, Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.23Y causáronle amargura, Y asaeteáronle, Y aborreciéronle los archeros:24Mas su arco quedó en fortaleza, Y los brazos de sus manos se corroboraron Por las manos del Fuerte de Jacob, (De allí el pastor, y la piedra de Israel,)25Del Dios de tu padre, el cual te ayudará, Y del Omnipotente, el cual te bendecirá Con bendiciones de los cielos de arriba, Con bendiciones del abismo que está abajo, Con bendiciones del seno y de la matriz.26Las bendiciones de tu padre Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores: Hasta el término de los collados eternos Serán sobre la cabeza de José, Y sobre la mollera del Nazareo de sus hermanos.27Benjamín, lobo arrebatador: A la mañana comerá la presa, Y á la tarde repartirá los despojos.28Todos estos fueron las doce tribus de Israel: y esto fué lo que su padre les dijo, y bendíjolos; á cada uno por su bendición los bendijo.29Mandóles luego, y díjoles: Yo voy á ser reunido con mi pueblo: sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Ephrón el Hetheo;30En la cueva que está en el campo de Macpela, que está delante de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Ephrón el Hetheo, para heredad de sepultura.31Allí sepultaron á Abraham y á Sara su mujer; allí sepultaron á Isaac y á Rebeca su mujer; allí también sepulté yo á Lea.32La compra del campo y de la cueva que está en él, fué de los hijos de Heth.33Y como acabó Jacob de dar órdenes á sus hijos, encogió sus pies en la cama, y espiró: y fué reunido con sus padres.

Cuando la Iglesia sea quitada de esta escena, “la hora de la prueba” vendrá “sobre el mundo entero” (Apocalipsis 3:10). Un residuo creyente de Israel atravesará esta gran tribulación. Lo podemos reconocer en las palabras dirigidas por Jacob a Gad. Benjamín nos habla del rey (Cristo) que inaugura su reinado después de la destrucción de sus enemigos, mientras que Aser y Neftalí representan al pueblo que por fin será bendecido por el establecimiento del reino.

Aun sabiendo que en ese momento ya no estará en la tierra, el hijo de Dios (el creyente) se interesa por estos temas y se regocija pensando que el verdadero José, Cristo, quien fue odiado y rechazado, tendrá el poder supremo y será una bendición para el mundo entero. “Rama fructífera es José… cuyos vástagos se extienden sobre el muro” (v. 22), más allá de los límites de Israel. La bendición se extenderá a las naciones ajenas a las promesas. Así Jesús, el verdadero José, fue “apartado de entre sus hermanos” (literalmente: nazareno) (v. 26). Antes “le causaron amargura… y le aborrecieron” (v. 23); ahora Dios “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9, 10). Lector, este nombre puesto aparte, este nombre de Jesús, Dios salvador, ¿es grande para usted?

Génesis 50:1-14
1ENTONCES se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y besólo.2Y mandó José á sus médicos familiares que embalsamasen á su padre: y los médicos embalsamaron á Israel.3Y cumpliéronle cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lloráronlo los Egipcios setenta días.4Y pasados los días de su luto, habló José á los de la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, diciendo:5Mi padre me conjuró diciendo: He aquí yo muero; en mi sepulcro que yo cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás; ruego pues que vaya yo ahora, y sepultaré á mi padre, y volveré.6Y Faraón dijo: Ve, y sepulta á tu padre, como él te conjuró.7Entonces José subió á sepultar á su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto.8Y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre: solamente dejaron en la tierra de Gosén sus niños, y sus ovejas y sus vacas.9Y subieron también con él carros y gente de á caballo, é hízose un escuadrón muy grande.10Y llegaron hasta la era de Atad, que está á la otra parte del Jordán, y endecharon allí con grande y muy grave lamentación: y José hizo á su padre duelo por siete días.11Y viendo los moradores de la tierra, los Cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los Egipcios: por eso fué llamado su nombre Abelmizraim, que está á la otra parte del Jordán.12Hicieron, pues, sus hijos con él, según les había mandado:13Pues lleváronlo sus hijos á la tierra de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de Macpela, la que había comprado Abraham con el mismo campo, para heredad de sepultura, de Ephrón el Hetheo, delante de Mamre.14Y tornóse José á Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él á sepultar á su padre, después que le hubo sepultado.

El Génesis contiene todos los grandes acontecimientos relativos a la familia humana: nacimiento, boda, pérdida de una esposa, de una madre, de un padre, y nos muestra la fe en actividad para atravesarlos. El fin de Jacob es muy hermoso. El buen país de Gosén, donde había pasado los últimos diecisiete años de su vida, no le había hecho olvidar el de Canaán ni las promesas que Jehová le había hecho en Beerseba (cap. 46:4). Y mostró a sus hijos el precio que le atribuía al darles órdenes formales para su sepultura. Debía reposar en la cueva de Macpela, donde los miembros de la familia de la fe esperan el día de la resurrección. El precio fue pagado en otro tiempo para asegurarle el derecho.

Los funerales del patriarca se realizan con gran solemnidad. De una manera general, en el Antiguo Testamento vemos que el entierro de un hombre corresponde a su fidelidad. La sepultura de Joiada y la de Ezequías también honraron la piedad de ellos (2 Crónicas 24:16; 32:33). Hoy día, el hecho de que un creyente deje este mundo no da lugar a grandes ceremonias. Para el hijo de Dios, la muerte ha perdido su terrible poder; ésta es asimilada a un simple sueño que terminará con la resurrección (1 Tesalonicenses 4:13, 14). Pero, si bien la muerte ha perdido su aguijón, jamás olvidemos lo que le costó a su Vencedor.

Génesis 50:15-26
15Y viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.16Y enviaron á decir á José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo:17Así diréis á José: Ruégote que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron: por tanto ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.18Y vinieron también sus hermanos, y postráronse delante de él, y dijeron: Henos aquí por tus siervos.19Y respondióles José: No temáis: ¿estoy yo en lugar de Dios?20Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida á mucho pueblo.21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré á vosotros y á vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.22Y estuvo José en Egipto, él y la casa de su padre: y vivió José ciento diez años.23Y vió José los hijos de Ephraim hasta la tercera generación: también los hijos de Machîr, hijo de Manasés, fueron criados sobre las rodillas de José.24Y José dijo á sus hermanos: Yo me muero; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de aquesta tierra á la tierra que juró á Abraham, á Isaac, y á Jacob.25Y conjuró José á los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.26Y murió José de edad de ciento diez años; y embalsamáronlo, y fué puesto en un ataúd en Egipto.

Después de la muerte de su padre, a José todavía le está reservada una pena. Sus hermanos dudan de su amor. Piensan que, desaparecido Jacob, ahora José se va a vengar. ¡Con qué ternura los tranquiliza, les explica el pensamiento de Dios y les confirma su promesa de sustentarlos, junto con sus nietos! Muchos cristianos se parecen a los hermanos de José. No se atreven a creer que están enteramente perdonados (1 Juan 4:18). De una manera general, ¿no ponemos en duda el amor del Señor, del cual, sin embargo, nos ha dado tantas pruebas? Su corazón es infinitamente sensible a esa falta de confianza. Es como si nos dijese: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido?” (Juan 14:9).

Al terminar el estudio del Génesis comprobamos que casi todos los misterios de Dios se encuentran bosquejados. Pero, antes de que el libro se termine, oímos el ciertamente de la fe (v. 24). “Dios ciertamente os visitará” son las últimas palabras de José a sus hermanos, el único de todos sus actos que nos es relatado en Hebreos 11:22. Aún en medio de la abundancia y del bienestar de Egipto, considera la salida de sus hermanos y el traslado de sus huesos a Canaán. ¡Imitemos la fe de José!

Éxodo 1:1-22
1ESTOS son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia.2Rubén, Simeón, Leví y Judá;3Issachâr, Zabulón y Benjamín;4Dan y Nephtalí, Gad y Aser.5Y todas las almas de los que salieron del muslo de Jacob, fueron setenta. Y José estaba en Egipto.6Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.7Y los hijos de Israel crecieron, y multiplicaron, y fueron aumentados y corroborados en extremo; y llenóse la tierra de ellos.8Levantóse entretanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía á José; el cual dijo á su pueblo:9He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros:10Ahora, pues, seamos sabios para con él, porque no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se junte con nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra.11Entonces pusieron sobre él comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron á Faraón las ciudades de los bastimentos, Phithom y Raamses.12Empero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían: así que estaban ellos fastidiados de los hijos de Israel.13Y los Egipcios hicieron servir á los hijos de Israel con dureza:14Y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo, y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigorismo.15Y habló el rey de Egipto á las parteras de las Hebreas, una de las cuales se llamaba Siphra, y otra Phúa, y díjoles:16Cuando parteareis á las Hebreas, y mirareis los asientos, si fuere hijo, matadlo; y si fuere hija, entonces viva.17Mas las parteras temieron á Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que reservaban la vida á los niños.18Y el rey de Egipto hizo llamar á las parteras y díjoles: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis reservado la vida á los niños?19Y las parteras respondieron á Faraón: Porque las mujeres Hebreas no son como las Egipcias: porque son robustas, y paren antes que la partera venga á ellas.20Y Dios hizo bien á las parteras: y el pueblo se multiplicó, y se corroboraron en gran manera.21Y por haber las parteras temido á Dios, él les hizo casas.22Entonces Faraón mandó á todo su pueblo, diciendo: Echad en el río todo hijo que naciere, y á toda hija reservad la vida.

Las circunstancias han cambiado mucho en Egipto entre Génesis y Éxodo. Lo que caracteriza ahora al Faraón y a su pueblo es que no conocen a José (v. 8; Hechos 7:18). ¡Aquel que salvó a Egipto y conservó la vida a todo un pueblo ha sido olvidado totalmente! Así procede el mundo actual, del que Satanás es el príncipe. Jesús, el Salvador, no ocupa ningún lugar en la mente y el corazón de los hombres. Y, a la par con el acto de ignorar a Dios y a su Hijo, las almas están sometidas a una dura esclavitud bajo la cual algunos gimen, pero de la que la mayor parte es inconsciente. Esta esclavitud en la que Satanás mantiene a los hombres es representada de una manera conmovedora por la despiadada servidumbre a la cual están sometidos aquí los hijos de Israel (v. 13). Pero el tema del libro del Éxodo es la redención: la liberación del pueblo de Dios arrancado a ese terrible poder. Esto exige previamente una descripción de su estado trágico.

El malvado rey ordena la muerte de todos los niños recién nacidos de los israelitas (comp. Mateo 2:16). Pero Dios se vale de las mujeres que le temen –y que, por el contrario, no temen las órdenes del rey– para deshacer los designios del enemigo. ¡Cuán preciosos son para Dios todos los signos de fidelidad en medio de esta escena en la cual reina Satanás!

Éxodo 2:1-14
1UN varón de la familia de Leví fué, y tomó por mujer una hija de Leví:2La cual concibió, y parió un hijo: y viéndolo que era hermoso, túvole escondido tres meses.3Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos, y calafateóla con pez y betún, y colocó en ella al niño, y púsolo en un carrizal á la orilla del río:4Y paróse una hermana suya á lo lejos, para ver lo que le acontecería.5Y la hija de Faraón descendió á lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vió ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya á que la tomase.6Y como la abrió, vió al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es éste.7Entonces su hermana dijo á la hija de Faraón: ¿Iré á llamarte un ama de las Hebreas, para que te críe este niño?8Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fué la doncella, y llamó á la madre del niño;9A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño, y criólo.10Y como creció el niño, ella lo trajo á la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y púsole por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.11Y en aquellos días acaeció que, crecido ya Moisés, salió á sus hermanos, y vió sus cargas: y observó á un Egipcio que hería á uno de los Hebreos, sus hermanos.12Y miró á todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al Egipcio, y escondiólo en la arena.13Y salió al día siguiente, y viendo á dos Hebreos que reñían, dijo al que hacía la injuria: ¿Por qué hieres á tu prójimo?14Y él respondió: ¿Quién te ha puesto á ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿piensas matarme como mataste al Egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esta cosa es descubierta.

En su gracia, Dios no quiso dejar a los suyos sometidos a la esclavitud. Les dio un salvador: Moisés, figura de Cristo, cuya historia nos es relatada varias veces en las Escrituras (Hechos 7:20…; Hebreos 11:23…). En la arquilla preparada por la madre de Moisés tenemos una imagen de los cuidados que tienen los padres cristianos para proteger a sus hijos contra las influencias perniciosas del mundo exterior. Pero esos cuidados no son suficientes. También se necesita la fe: ¡la arquilla debe ser puesta en el agua! Y Dios responde a esta fe con una liberación providencial. Detrás de la escena, Él lo dirige todo, valiéndose incluso de las lágrimas del niño. Finalmente, el decreto de Faraón sólo servirá para preparar en su propia casa un redentor para Israel.

Moisés, ya grande, muestra una fe tan excepcional como la de sus padres. Hebreos 11:24-26 subraya cómo rehúsa el brillante porvenir que se presenta ante él; escoge…, estima…, y ¿cuál es su secreto?: tenía puesta la mirada en el galardón. Gran ejemplo para todos los que tarde o temprano somos puestos ante esta elección: ¡el mundo con su gloria y sus placeres o “el vituperio de Cristo”! Moisés se presenta para liberar a su pueblo. Pero su fracaso también nos instruye. Por muy grande que sea el afecto, no se puede seguir a Cristo con una energía natural (v. 12; comp. Juan 18:10-11).

Éxodo 2:15-25; Éxodo 3:1-6
15Y oyendo Faraón este negocio, procuró matar á Moisés: mas Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián; y sentóse junto á un pozo.16Tenía el sacerdote de Madián siete hijas, las cuales vinieron á sacar agua, para llenar las pilas y dar de beber á las ovejas de su padre.17Mas los pastores vinieron, y echáronlas: Entonces Moisés se levantó y defendiólas, y abrevó sus ovejas.18Y volviendo ellas á Ragüel su padre, díjoles él: ¿Por qué habéis hoy venido tan presto?19Y ellas respondieron: Un varón Egipcio nos defendió de mano de los pastores, y también nos sacó el agua, y abrevó las ovejas.20Y dijo á sus hijas: ¿Y dónde está? ¿por qué habéis dejado ese hombre? llamadle para que coma pan.21Y Moisés acordó en morar con aquel varón; y él dió á Moisés á su hija Séphora:22La cual le parió un hijo, y él le puso por nombre Gersom: porque dijo: Peregrino soy en tierra ajena.23Y aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel suspiraron á causa de la servidumbre, y clamaron: y subió á Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.24Y oyó Dios el gemido de ellos, y acordóse de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.25Y miró Dios á los hijos de Israel, y reconociólos Dios.
1Y APACENTANDO Moisés las ovejas de Jethro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino á Horeb, monte de Dios.2Y apareciósele el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró, y vió que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.3Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora, y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.4Y viendo Jehová que iba á ver, llamólo Dios de en medio de la zarza, y dijo: ­Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.5Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.6Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar á Dios.

Moisés renuncia a su título y a sus riquezas para visitar a sus hermanos oprimidos. Desconocido y rechazado por ellos, huye a un país extranjero. Allí, después de haberse manifestado como aquel que libera y sacia la sed (v. 17), toma una esposa y se convierte en pastor. Todos esos rasgos nos hacen pensar en Jesús, el Hijo de Dios, quien se despojó de su gloria para visitar y salvar a su pueblo Israel. Pero como los suyos no lo recibieron (Juan 1:11), ahora está lejos del mundo, como el gran pastor de las ovejas y el Esposo de la Iglesia redimida por su gracia y partícipe de su rechazamiento.

Cuarenta años han pasado para Moisés. Dios se le va a revelar en una “gran visión”. Para Agar, Dios había escogido un pozo, para Jacob una escalera y para Moisés escoge una misteriosa zarza. ¿Puede decir usted dónde y cómo ha encontrado al Señor?

Dios quiere mostrar a Moisés su gracia hacia su querido pueblo. En medio de la hoguera de Egipto, Israel era como esa zarza, probado pero no destruido por el fuego. Lo mismo ocurre ahora con los que hemos sido rescatados por el Señor. El fuego de la prueba no tiene otra finalidad que la de destruir el mal no juzgado que subsiste en nosotros. Solamente en Cristo el fuego divino no encontró nada que consumir (Salmo 17:3).

Éxodo 3:7-22
7Y dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor á causa de sus exactores; pues tengo conocidas sus angustias:8Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios, y sacarlos de aquella tierra á una tierra buena y ancha, á tierra que fluye leche y miel, á los lugares del Cananeo, del Hetheo, del Amorrheo, del Pherezeo, del Heveo, y del Jebuseo.9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los Egipcios los oprimen.10Ven por tanto ahora, y enviarte he á Faraón, para que saques á mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.11Entonces Moisés respondió á Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya á Faraón, y saque de Egipto á los hijos de Israel?12Y él le respondió: Ve, porque yo seré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: luego que hubieres sacado este pueblo de Egipto, serviréis á Dios sobre este monte.13Y dijo Moisés á Dios: He aquí que llego yo á los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado á vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé?14Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros.15Y dijo más Dios á Moisés: Así dirás á los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado á vosotros. Este es mi nombre para siempre, este es mi memorial por todos los siglos.16Ve, y junta los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, me apareció, diciendo: De cierto os he visitado, y visto lo que se os hace en Egipto;17Y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto á la tierra del Cananeo, y del Hetheo, y del Amorrheo, y del Pherezeo, y del Heveo, y del Jebuseo, á una tierra que fluye leche y miel.18Y oirán tu voz; é irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los Hebreos, nos ha encontrado; por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que sacrifiquemos á Jehová nuestro Dios.19Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte.20Empero yo extenderé mi mano, y heriré á Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir.21Y yo daré á este pueblo gracia en los ojos de los Egipcios, para que cuando os partiereis, no salgáis vacíos:22Sino que demandará cada mujer á su vecina y á su huéspeda vasos de plata, vasos de oro, y vestidos: los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas, y despojaréis á Egipto.

Durante los largos años de esclavitud en el “horno de hierro” de Egipto (Deuteronomio 4:20), Dios no era indiferente a los sufrimientos de su pueblo. Se acordaba de sus promesas hechas a Abraham (Génesis 15:13-14), a Isaac (Génesis 26:3) y a Jacob (Génesis 46:4). Llega el momento en que va a darse a conocer a los suyos, por medio de Moisés, como el Dios de sus padres y al mismo tiempo como el Dios que los ama y quiere liberarlos. ¿No es así como también pueden conocerlo todos aquellos que sufren bajo el peso de sus pecados? El estado de miseria y de perdición de su criatura no ha dejado a Dios insensible, así como tampoco lo fue en aquel tiempo, sino que vio la aflicción de Israel y oyó su clamor y sus suspiros. Pero él no se conforma con conocer “sus angustias” (v. 7). Añade: “He descendido para librarlos”.

Asimismo Dios descendió hasta nosotros en Jesús y por medio de Él nos liberó. ¿Se detuvo allí? No; quiso, además, hacer de nosotros su pueblo, relacionarnos con Él y enriquecernos (v. 22). Dios revela su nombre a Moisés. Él es “Yo SOY”, aquel que llena la eternidad con su presencia. Él existe, Él es, todo lo demás procede de Él (Isaías 43:11, 13 y 25).

Éxodo 4:1-17
1ENTONCES Moisés respondió, y dijo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.2Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.3Y él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y tornóse una culebra: y Moisés huía de ella.4Entonces dijo Jehová á Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y tomóla, y tornóse vara en su mano.5Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.6Y díjole más Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y como la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve.7Y dijo: Vuelve á meter tu mano en tu seno: y él volvió á meter su mano en su seno; y volviéndola á sacar del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne.8Si aconteciere, que no te creyeren, ni obedecieren á la voz de la primera señal, creerán á la voz de la postrera.9Y si aún no creyeren á estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río, y derrámalas en tierra; y volverse han aquellas aguas que tomarás del río, se volverán sangre en la tierra.10Entonces dijo Moisés á Jehová: ­Ay Señor! yo no soy hombre de palabras de ayer ni de anteayer, ni aun desde que tú hablas á tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.11Y Jehová le respondió: ¿Quién dió la boca al hombre? ¿ó quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿no soy yo Jehová?12Ahora pues, ve, que yo seré en tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.13Y él dijo: ­Ay Señor! envía por mano del que has de enviar.14Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo á tu hermano Aarón, Levita, y que él hablará? Y aun he aquí que él te saldrá á recibir, y en viéndote, se alegrará en su corazón.15Tú hablarás á él, y pondrás en su boca las palabras, y yo seré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.16Y él hablará por ti al pueblo; y él te será á ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.17Y tomarás esta vara en tu mano, con la cual harás las señales.

En la corte de Faraón, Moisés había sido instruido en toda la sabiduría de los egipcios. Pero no había aprendido a conocer a “Yo SOY”. Los años pasados en el palacio real tampoco habían podido hacer de él un instrumento calificado para la liberación del pueblo. El asesinato del egipcio manifestó más bien lo contrario. Después de los cuarenta años pasados en la escuela de Faraón, hacen falta otros cuarenta en la escuela de Dios, en lo apartado del desierto. Como resultado, Moisés no tiene nada más de qué prevalerse. En otro tiempo era “poderoso en sus palabras y obras” (Hechos 7:22), pero ahora afirma no tener ninguna elocuencia y pone de lado toda su capacidad personal. Pero, si bien ha cesado justamente de tener confianza en sí mismo, todavía no tiene plena confianza en Dios. Debe aprender que, cuando el Señor asigna un servicio, al mismo tiempo da los recursos para cumplirlo.

La vara que se transforma en serpiente muestra que, aunque Dios permite que Satanás obre por un momento, Dios siempre está por encima del diablo para anular su poder. En la cruz, Cristo triunfó sobre las potestades de maldad (Colosenses 2:15). La mano que luego de ser introducida en su seno (el corazón, fuente del mal) es retirada leprosa y después vuelta a sanar, ilustra la potestad de Dios para quitar la mancha del pecado.

Éxodo 4:18-31
18Así se fué Moisés, y volviendo á su suegro Jethro, díjole: Iré ahora, y volveré á mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jethro dijo á Moisés: Ve en paz.19Dijo también Jehová á Moisés en Madián: Ve, y vuélvete á Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.20Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y púsolos sobre un asno, y volvióse á tierra de Egipto: tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.21Y dijo Jehová á Moisés: Cuando hubiereis vuelto á Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano: yo empero endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.22Y dirás á Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.23Ya te he dicho que dejes ir á mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir: he aquí yo voy á matar á tu hijo, tu primogénito.24Y aconteció en el camino, que en una posada le salió al encuentro Jehová, y quiso matarlo.25Entonces Séphora cogió un afilado pedernal, y cortó el prepucio de su hijo, y echólo á sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.26Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, á causa de la circuncisión.27Y Jehová dijo á Aarón: Ve á recibir á Moisés al desierto. Y él fue, y encontrólo en el monte de Dios, y besóle.28Entonces contó Moisés á Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado.29Y fueron Moisés y Aarón, y juntaron todos los ancianos de los hijos de Israel:30Y habló Aarón todas las palabras que Jehová había dicho á Moisés, é hizo las señales delante de los ojos del pueblo.31Y el pueblo creyó: y oyendo que Jehová había visitado los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, inclináronse y adoraron.

Moisés había actuado antaño sin haber sido enviado por Dios. Ahora que Jehová lo envía, presenta todas las objeciones posibles para declinar el llamamiento: su incapacidad (3:11); su ignorancia (3:13); su falta de autoridad (4:1), de elocuencia (v. 10) y de aptitud para cumplir su misión, deseando que otro sea encargado de ella (v. 13); el fracaso de su primera tentativa (5:23) y la incomprensión manifestada por sus hermanos (6:12). Con frecuencia, ¿no invocamos nosotros tales motivos para no obedecer? Los versículos 24 a 26 nos recuerdan que antes de ponerse en camino para realizar un servicio público, es necesario que el siervo de Dios ponga orden en su propia casa. Hasta aquí, bajo la probable influencia de su mujer, Moisés no había circuncidado a su hijo, figura de la condenación de la carne. Dios lo exigía (Génesis 17:10-14), y con más razón en la casa de su siervo, ¡bajo pena de muerte!

Los versículos 27 y 28 nos indican dónde son llamados a encontrarse los hermanos (en la montaña de Dios) y cuál es el tema de este encuentro (la Palabra del Señor y sus maravillas).

Al principio del capítulo Moisés decía: “He aquí que ellos no me creerán”. Pero Jehová ha preparado los corazones. Los hijos de Israel creen (v. 31; compárese con 2 Crónicas 29:36). Incluso antes de la liberación se prosternan y adoran.

Éxodo 5:1-14
1DESPUÉS entraron Moisés y Aarón á Faraón, y le dijeron: Jehová, el Dios de Israel, dice así: Deja ir á mi pueblo á celebrarme fiesta en el desierto.2Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir á Israel? Yo no conozco á Jehová, ni tampoco dejaré ir á Israel.3Y ellos dijeron: El Dios de los Hebreos nos ha encontrado: iremos, pues, ahora camino de tres días por el desierto, y sacrificaremos á Jehová nuestro Dios; porque no venga sobre nosotros con pestilencia ó con espada.4Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su obra? idos á vuestros cargos.5Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus cargos.6Y mandó Faraón aquel mismo día á los cuadrilleros del pueblo que le tenían á su cargo, y á sus gobernadores, diciendo:7De aquí adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como ayer y antes de ayer; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja:8Y habéis de ponerles la tarea del ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, y por eso levantan la voz diciendo: Vamos y sacrificaremos á nuestro Dios.9Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan á palabras de mentira.10Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus gobernadores, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja.11Id vosotros, y recoged paja donde la hallareis; que nada se disminuirá de vuestra tarea.12Entonces el pueblo se derramó por toda la tierra de Egipto á coger rastrojo en lugar de paja.13Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea del día en su día, como cuando se os daba paja.14Y azotaban á los capataces de los hijos de Israel, que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?

Egipto ofrece una sorprendente ilustración del mundo o, dicho de otra manera, de la sociedad humana organizada sin Dios. Pero, al mismo tiempo que rehúsa la autoridad de Dios, el mundo se ha buscado un amo: Satanás, llamado el príncipe de este mundo (Juan 16:11). Es un príncipe duro y exigente del cual el cruel Faraón constituye una notable imagen. Y cuando la conciencia de alguien empieza a despertar y a suspirar por la liberación (como Israel en este capítulo), Satanás se esfuerza por retenerlo y atarlo mediante el aumento de sus ocupaciones (v. 9). Lo distrae con un torbellino de actividad para apartar tales pensamientos de su espíritu e impedir que encuentre el tiempo para atender las necesidades de su alma.

Sí, nosotros también hemos conocido lo que es gemir bajo el yugo de Satanás, como “esclavos del pecado” (Romanos 6:17), “esclavos de concupiscencias y deleites diversos” (Tito 3:3), incapaces de liberarnos por nuestros propios esfuerzos. ¿Se encuentra usted todavía en ese terrible estado? La Palabra nos anuncia una liberación ya conseguida. Cristo, más grande que Moisés, no se limitó a anunciar esta redención, sino que la realizó. Arrancó nuestras almas de la horrorosa servidumbre del diablo, del mundo y del pecado.

Éxodo 5:15-23; Éxodo 6:1-8
15Y los capataces de los hijos de Israel vinieron á Faraón, y se quejaron á él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos?16No se da paja á tus siervos, y con todo nos dicen: Haced el ladrillo. Y he aquí tus siervos son azotados, y tu pueblo cae en falta.17Y él respondió: Estáis ociosos, sí, ociosos, y por eso decís: Vamos y sacrifiquemos á Jehová.18Id pues ahora, y trabajad. No se os dará paja, y habéis de dar la tarea del ladrillo.19Entonces los capataces de los hijos de Israel se vieron en aflicción, habiéndoseles dicho: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada día.20Y encontrando á Moisés y á Aarón, que estaban á la vista de ellos cuando salían de Faraón,21Dijéronles: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues habéis hecho heder nuestro olor delante de Faraón y de sus siervos, dándoles el cuchillo en las manos para que nos maten.22Entonces Moisés se volvió á Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges á este pueblo? ¿para qué me enviaste?23Porque desde que yo vine á Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido á este pueblo; y tú tampoco has librado á tu pueblo.
1JEHOVA respondió á Moisés: Ahora verás lo que yo haré á Faraón; porque con mano fuerte los ha de dejar ir; y con mano fuerte los ha de echar de su tierra.2Habló todavía Dios á Moisés, y díjole: Yo soy JEHOVA;3Y aparecí á Abraham, á Isaac y á Jacob bajo el nombre de Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVA no me notifiqué á ellos.4Y también establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron extranjeros, y en la cual peregrinaron.5Y asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, á quienes hacen servir los Egipcios, y heme acordado de mi pacto.6Por tanto dirás á los hijos de Israel: YO JEHOVA; y yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes:7Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios: y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os saco de debajo de las cargas de Egipto:8Y os meteré en la tierra, por la cual alcé mi mano que la daría á Abraham, á Isaac y á Jacob: y yo os la daré por heredad. YO JEHOVA.

Faraón no cede nada; al contrario, exige cada vez más. En vano se quejan ante él (v. 15-18). Satanás no solamente desconoce lo que es la misericordia, sino que encuentra placer en la miseria de sus esclavos. ¡Ah!, quizá ya hayamos hecho la experiencia: el pecado es un tirano que no se modera ni desarma. Apenas es satisfecha una codicia cuando ya la otra se hace apremiante e imperiosa. Sólo Cristo puede sosegar total y definitivamente un corazón. A veces Dios permite que la liberación tarde para que el hombre, sintiendo todo el peso del yugo del enemigo, sea preparado para reconocer que sólo Dios puede liberarlo.

Pese al desaliento de sus siervos (v. 23), Dios no les hace ningún reproche. Por el contrario, se vale de la ocasión para darles una nueva revelación de Él mismo. “Jehová” es el nombre que Dios toma en sus relaciones con Israel. Para los patriarcas era el “Dios Altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra” (Génesis 14:19 V.M.). Ahora, como quiere hacer una cosa nueva, Dios toma también un nombre nuevo. Jehová es Aquel que no cambia y que es fiel a su pacto. Para nosotros, creyentes del tiempo de la gracia, tiene un nombre mucho más precioso todavía: el de Padre, ese nombre que Jesús vino a hacernos conocer (Juan 17:26).

Éxodo 6:9-30
9De esta manera habló Moisés á los hijos de Israel: mas ellos no escuchaban á Moisés á causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.10Y habló Jehová á Moisés, diciendo:11Entra, y habla á Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra á los hijos de Israel.12Y respondió Moisés delante de Jehová, diciendo: He aquí, los hijos de Israel no me escuchan: ¿cómo pues me escuchará Faraón, mayormente siendo yo incircunciso de labios?13Entonces Jehová habló á Moisés y á Aarón, y dióles mandamiento para los hijos de Israel, y para Faraón rey de Egipto, para que sacasen á los hijos de Israel de la tierra de Egipto.14Estas son las cabezas de las familias de sus padres. Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Hanoch y Phallú, Hezrón y Carmi: estas son las familias de Rubén.15Los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jachîn, y Zoar, y Saúl, hijo de una Cananea: estas son las familias de Simeón.16Y estos son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes: Gersón, y Coath, y Merari: Y los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años.17Y los hijos de Gersón: Libni, y Shimi, por sus familias.18Y los hijos de Coath: Amram, é Izhar, y Hebrón, y Uzziel. Y los años de la vida de Coath fueron ciento treinta y tres años.19Y los hijos de Merari: Mahali, y Musi: estas son las familias de Leví por sus linajes.20Y Amram tomó por mujer á Jochêbed su tía, la cual le parió á Aarón y á Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.21Y los hijos de Izhar: Cora, y Nepheg y Zithri.22Y los hijos de Uzziel: Misael, y Elzaphán y Zithri.23Y tomóse Aarón por mujer á Elisabeth, hija de Aminadab, hermana de Naasón; la cual le parió á Nadab, y á Abiú, y á Eleazar, y á Ithamar.24Y los hijos de Cora: Assir, y Elcana, y Abiasaph: estas son las familias de los Coritas.25Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó para sí mujer de las hijas de Phutiel, la cual le parió á Phinees: Y estas son las cabezas de los padres de los Levitas por sus familias.26Este es aquel Aarón y aquel Moisés, á los cuales Jehová dijo: Sacad á los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones.27Estos son los que hablaron á Faraón rey de Egipto, para sacar de Egipto á los hijos de Israel. Moisés y Aarón fueron éstos.28Cuando Jehová habló á Moisés en la tierra de Egipto,29Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo: Yo soy JEHOVA; di á Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo á ti.30Y Moisés respondió delante de Jehová: He aquí, yo soy incircunciso de labios, ¿cómo pues me ha de oír Faraón?

En los versículos 6 a 8, Dios ha desplegado ante Moisés todo su proyecto de salvación derivado del nuevo nombre (Jehová) que ha tomado para Israel. Y ese proyecto de salvación está garantizado una vez más por su firma: “Yo Jehová” (v. 8). “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo”, confirmará Dios en Isaías 43:25. Es muy triste comprobar que Israel, “a causa de la congoja de espíritu” (en nota V.M.: impaciencia), no escucha. Es la primera manifestación de incredulidad de ese pueblo, desgraciadamente seguida, como lo veremos, de una larga lista de otras semejantes (Salmo 106:7).

Moisés, por su lado, está nuevamente inquieto y desalentado. Le cuesta hacer suyo el nombre y las promesas de Jehová. Sin embargo, Dios pone su mirada sobre los suyos. Aunque están mezclados con extranjeros, su vista les distingue y se place en recordar sus nombres. “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Timoteo 2:19). Recordemos también ese versículo tan estimulante para los creyentes de todos los tiempos: “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos” (Salmo 34:15; 1 Pedro 3:12).

Tenemos aquí los nombres de varios miembros de la familia de Leví que tendrán, para bien o para mal, un papel importante en la historia de Israel: Coré y sus hijos, los cuatro hijos de Aarón, Finees…

Éxodo 7:1-13
1JEHOVA dijo á Moisés: Mira, yo te he constituído dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.2Tú dirás todas las cosas que yo te mandaré, y Aarón tu hermano hablará á Faraón, para que deje ir de su tierra á los hijos de Israel.3Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.4Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré á mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.5Y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando extenderé mi mano sobre Egipto, y sacaré los hijos de Israel de en medio de ellos.6E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó: hiciéronlo así.7Y era Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron á Faraón.8Y habló Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:9Si Faraón os respondiere diciendo, Mostrad milagro; dirás á Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se torne culebra.10Vinieron, pues, Moisés y Aarón á Faraón, é hicieron como Jehová lo había mandado: y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y tornóse culebra.11Entonces llamó también Faraón sabios y encantadores; é hicieron también lo mismo los encantadores de Egipto con sus encantamientos;12Pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras: mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos.13Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

En el Salmo 90 (oración de Moisés, varón de Dios), Moisés menciona la edad de ochenta años como límite de vida para un hombre vigoroso. No obstante, a esta edad él mismo va a comenzar su ministerio (v. 7). Cuando Dios llama a un siervo, empieza por anular su fuerza natural; enseguida le da nuevas fuerzas, las que vienen de Él.

Jehová ha hecho conocer de antemano sus pensamientos a Moisés y Aarón. Lo que constituirá plagas para los egipcios (9:14) se llaman señales para el pueblo de Dios (v. 3) y tienen para él una enseñanza moral. Así instruye Dios a los cristianos a propósito del mundo, de Satanás y de sus pobres víctimas. Su Palabra hace conocer los “grandes juicios” que caerán sobre los hombres que no se arrepientan. También nos dice cómo hará salir a su pueblo rescatado fuera del mundo para introducirlo en la patria celestial (v. 4). Así, queridos amigos cristianos, advertidos acerca de todas esas cosas, ¡cómo no andar en santa y piadosa manera de vivir! (2 Pedro 3:11).

Las señales anunciadas en el capítulo 4 son hechas por Moisés y Aarón en presencia de Faraón y sus siervos. Al hablar ellas de victoria sobre Satanás (la serpiente) y el pecado (la lepra), podemos ver que son como un resumen del Evangelio.

Éxodo 7:14-25
14Entonces Jehová dijo á Moisés: El corazón de Faraón está agravado, que no quiere dejar ir al pueblo.15Ve por la mañana á Faraón, he aquí que él sale á las aguas; y tú ponte á la orilla del río delante de él, y toma en tu mano la vara que se volvió culebra,16Y dile: Jehová el Dios de los Hebreos me ha enviado á ti, diciendo: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oir.17Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo heriré con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre:18Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y tendrán asco los Egipcios de beber el agua del río.19Y Jehová dijo á Moisés: Di á Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la regi20Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y alzando la vara hirió las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre.21Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, que los Egipcios no podían beber de él: y hubo sangre por toda la tierra de Egipto.22Y los encantadores de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos: y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.23Y tornando Faraón volvióse á su casa, y no puso su corazón aun en esto.24Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río.25Y cumpliéronse siete días después que Jehová hirió el río.

Si los egipcios no escuchan las dos primeras señales –había dicho Jehová a Moisés–, entonces habría una tercera muy solemne: la del agua convertida en sangre. El agua nos habla de lo que refresca y da la vida, mientras que la sangre derramada es la muerte. La Palabra ha sido dada al hombre para hacerlo vivir. Pero, si él no la recibe, si no la cree, la misma Palabra llegará a ser para él juicio y muerte (leer Juan 12:48). Hoy día ella proclama la gracia, pero también el juicio para aquellos que no la reciben. Cada uno tendrá que habérselas con ella de una u otra manera, ¡ahora para vida o más tarde para muerte!

Lo que Jehová ha dicho se cumple para los egipcios. El Nilo, arteria vital de su país, del cual habían hecho un dios, se convierte en un objeto de asco y aversión. La sangre llena el río, los arroyos, los estanques y hasta las vasijas. Todas las fuentes en las que el mundo bebe son pestilentes y mortales (v. 18). ¡Cuidémonos de beber de ellas! Esta vez todavía los hechiceros hicieron lo mismo por medio de sus encantamientos. Por el poder de Satanás imitan lo que produce la muerte, teniendo como único resultado el aumento de la miseria de su pueblo. Habrían manifestado más su poder cambiando la sangre en agua. Pero de eso eran incapaces.

Éxodo 8:1-19
1ENTONCES Jehová dijo á Moisés: Entra á Faraón, y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan.2Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo heriré con ranas todos tus términos:3Y el río criará ranas, las cuales subirán, y entrarán en tu casa, y en la cámara de tu cama, y sobre tu cama, y en las casas de tus siervos, y en tu pueblo, y en tus hornos, y en tus artesas:4Y las ranas subirán sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre todos tus siervos.5Y Jehová dijo á Moisés: Di á Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, arroyos, y estanques, para que haga venir ranas sobre la tierra de Egipto.6Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.7Y los encantadores hicieron lo mismo con sus encantamientos, é hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto.8Entonces Faraón llamó á Moisés y á Aarón, y díjoles: Orad á Jehová que quite las ranas de mí y de mi pueblo; y dejaré ir al pueblo, para que sacrifique á Jehová.9Y dijo Moisés á Faraón: Gloríate sobre mí: ¿cuándo oraré por ti, y por tus siervos, y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti, y de tus casas, y que solamente se queden en el río?10Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Se hará conforme á tu palabra, para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios:11Y las ranas se irán de ti, y de tus casas, y de tus siervos, y de tu pueblo, y solamente se quedarán en el río.12Entonces salieron Moisés y Aarón de con Faraón, y clamó Moisés á Jehová sobre el negocio de las ranas que había puesto á Faraón.13E hizo Jehová conforme á la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cortijos, y de los campos.14Y las juntaron en montones, y apestaban la tierra.15Y viendo Faraón que le habían dado reposo, agravó su corazón, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.16Entonces Jehová dijo á Moisés: Di á Aarón: Extiende tu vara, y hiere el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el país de Egipto.17Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, é hirió el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias: todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto.18Y los encantadores hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; mas no pudieron. Y había piojos así en los hombres como en las bestias.19Entonces los magos dijeron á Faraón: Dedo de Dios es este. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

Bajo la orden de Jehová, Aarón extiende su mano y ahora suben ranas que invaden el país. Moisés ha dejado de discutir las órdenes de Dios. Muestra una plena seguridad en Aquel que lo ha enviado y se compromete al decir a Faraón: “Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti” (v. 9).

“Auméntanos la fe”, pidieron los apóstoles al Señor (Lucas 17:5). Ésta debería ser también nuestra oración.

Después de las ranas, los piojos (o mosquitos, N.C.) llenan el país de Egipto. Los hechiceros –quienes por dos veces habían imitado a Aarón– esta vez no pueden hacerlo. Su locura es hecha manifiesta. 2 Timoteo 3:8 nos da sus nombres: Janes y Jambres. Representan a los cristianos que sólo lo son de nombre, aquellos que tienen la forma de la piedad sin la fe verdadera. Para ser cristianos no es suficiente imitar lo que hacen los verdaderos hijos de Dios. Podemos asistir a las reuniones, leer la Biblia, hacer muchas obras buenas… y no ser cristianos en absoluto. Nada es más fácil que fingir que pertenecemos al Señor, engañando a los demás y quizás engañándonos a nosotros mismos. Amigo, ¿tiene usted la verdadera fe o sólo su apariencia? Su destino eterno depende de ello.

Éxodo 8:20-32
20Y Jehová dijo á Moisés: Levántate de mañana y ponte delante de Faraón, he aquí él sale á las aguas; y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirva.21Porque si no dejares ir á mi pueblo, he aquí yo enviaré sobre ti, y sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, y sobre tus casas toda suerte de moscas; y las casas de los Egipcios se henchirán de toda suerte de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estuvier22Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual mi pueblo habita, para que ninguna suerte de moscas haya en ella; á fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.23Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal.24Y Jehová lo hizo así: que vino toda suerte de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, y sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fué corrompida á causa de ellas.25Entonces Faraón llamó á Moisés y á Aarón, y díjoles: Andad, sacrificad á vuestro Dios en la tierra.26Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque sacrificaríamos á Jehová nuestro Dios la abominación de los Egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los Egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían?27Camino de tres días iremos por el desierto, y sacrificaremos á Jehová nuestro Dios, como él nos dirá.28Y dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que sacrifiquéis á Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos: orad por mí.29Y respondió Moisés: He aquí, en saliendo yo de contigo, rogaré á Jehová que las diversas suertes de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo á sacrificar á Jehová.30Entonces Moisés salió de con Faraón, y oró á Jehová.31Y Jehová hizo conforme á la palabra de Moisés; y quitó todas aquellas moscas de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo, sin que quedara una.32Mas Faraón agravó aún esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.

La cuarta plaga es de moscas molestísimas. Sus enjambres entran en las casas y arruinan a Egipto, con excepción del país de Gosén. Moralmente estas moscas molestísimas nos hacen pensar en las maledicencias, en los celos, en todas las fuentes de irritación que envenenan las relaciones domésticas y sociales de las gentes del mundo, pero que no deben encontrar lugar en las casas de los hijos de Dios.

Faraón está dispuesto ahora a otorgar algunas concesiones: “Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra” (v. 25). Pero eso era imposible. Jehová había mandado ir camino de tres días por el desierto (3:18). Tres días: el tiempo que Jesús pasó en el sepulcro entre su muerte en la cruz y la mañana de su resurrección. Pues bien, el enemigo quiere quitarnos esas verdades que recuerdan su derrota, y al contrario, un culto sin el recuerdo de la cruz y la resurrección no lo incomoda para nada. El mundo admira la vida de Jesús y honra a las personas de bien. Tiene su propia religión y ve con agrado que nosotros también tengamos la nuestra. Pero la cruz y la presencia de un Cristo vivo en el cielo, fundamentos de nuestro culto, condenan al mundo y nos separan absolutamente de él (Gálatas 6:14).

Éxodo 9:1-16
1ENTONCES Jehová dijo á Moisés: Entra á Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan;2Porque si no lo quieres dejar ir, y los detuvieres aún,3He aquí la mano de Jehová será sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con pestilencia gravísima:4Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel.5Y Jehová señaló tiempo, diciendo: Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra.6Y el día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno.7Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón se agravó, y no dejó ir al pueblo.8Y Jehová dijo á Moisés y á Aarón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y espárzala Moisés hacia el cielo delante de Faraón:9Y vendrá á ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, el cual originará sarpullido que cause tumores apostemados en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto.10Y tomaron la ceniza del horno, y pusiéronse delante de Faraón, y esparcióla Moisés hacia el cielo; y vino un sarpullido que causaba tumores apostemados así en los hombres como en las bestias.11Y los magos no podían estar delante de Moisés á causa de los tumores, porque hubo sarpullido en los magos y en todos los Egipcios.12Y Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó; como Jehová lo había dicho á Moisés.13Entonces Jehová dijo á Moisés: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirva.14Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas á tu corazón, sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra.15Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte á ti y á tu pueblo de pestilencia, y serás quitado de la tierra.16Y á la verdad yo te he puesto para declarar en ti mi potencia, y que mi Nombre sea contado en toda la tierra.

Una plaga “gravísima” cae ahora sobre el ganado. Dios guarda los rebaños de Israel porque necesitarán corderos para la Pascua y más tarde para ofrecer otros sacrificios. Además, una úlcera hace erupción en los hombres y las bestias. El corazón del rey permanece insensible, pese a que las plagas –notémoslo bien– son enviadas a su corazón (v. 14). ¿Cómo explicar este encarnizamiento de Faraón contra Israel? Satanás sabe que de ese pueblo debe nacer un día el Mesías, uno mucho más grande que Moisés, que vendrá a liberar a los hombres de su yugo y será su vencedor. Por eso retiene a Israel en esclavitud el mayor tiempo posible. Pero esta obstinación no consigue más que hacer resaltar el poder de Dios y publicar Su nombre en toda la tierra (v. 16, citado en Romanos 9:17).

Puesto en presencia de la potestad de Dios, pero también de su misericordia –porque sucesivamente retiró las ranas, los piojos (o mosquitos) y las moscas–, el orgulloso Faraón voluntariamente endurece cada vez más su corazón y rehúsa arrepentirse.

Cuántas personas endurecen sus corazones en presencia del milagro más grande de la gracia: el Hijo de Dios quien murió para salvar a los hombres perdidos.

Éxodo 9:17-35
17¿Todavía te ensalzas tú contra mi pueblo, para no dejarlos ir?18He aquí que mañana á estas horas yo haré llover granizo muy grave, cual nunca fué en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora.19Envía, pues, á recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre ó animal que se hallare en el campo, y no fuere recogido á casa, el granizo descenderá sobre él, y morirá.20De los siervos de Faraón el que temió la palabra de Jehová, hizo huir sus criados y su ganado á casa:21Mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus criados y sus ganados en el campo.22Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto.23Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego discurría por la tierra; y llovió Jehová granizo sobre la tierra de Egipto.24Hubo pues granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fué habitada.25Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo hirió el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país.26Solamente en la tierra de Gosén, donde los hijos de Israel estaban, no hubo granizo.27Entonces Faraón envió á llamar á Moisés y á Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos.28Orad á Jehová: y cesen los truenos de Dios y el granizo; y yo os dejaré ir, y no os detendréis más.29Y respondióle Moisés: En saliendo yo de la ciudad extenderé mis manos á Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra.30Mas yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia del Dios Jehová.31El lino, pues, y la cebada fueron heridos; porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña.32Mas el trigo y el centeno no fueron heridos; porque eran tardíos.33Y salido Moisés de con Faraón de la ciudad, extendió sus manos á Jehová, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra.34Y viendo Faraón que la lluvia había cesado y el granizo y los truenos, perseveró en pecar, y agravó su corazón, él y sus siervos.35Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir á los hijos de Israel; como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.

Una séptima plaga es anunciada: el granizo. Por primera vez vemos que algunos egipcios temen la palabra de Jehová y ponen sus ganados al abrigo. La finalidad de las catástrofes que Dios permite es recordar a los hombres su presencia. Hoy día nos sentimos muy orgullosos de todos los progresos científicos por medio de los cuales el hombre cree asegurar el control de las fuerzas de la Naturaleza. Entonces, para hacer recordar quién es el dueño del mundo, Dios permite cataclismos naturales, calamidades imprevisibles (terremotos, epidemias, invasiones de insectos) que muestran a la criatura su pequeñez y que humillan su orgullo (Job 38:22-23). Dios procura por todos los medios que los hombres vuelvan sus pensamientos hacia Él. En efecto, frecuentemente tales llamados de atención les lleva a reflexionar y a preocuparse por su destino eterno. ¡Cuántas almas sumidas en la angustia han encontrado en Jesús el abrigo, no solamente contra las tempestades de este mundo, sino contra el juicio eterno!

Dios mide con cuidado la intensidad y la duración de la prueba. Ésta no irá más lejos de lo que Él permita. El lino y la cebada fueron destrozados, pero no el trigo y el centeno (v. 31-32). En cuanto a sus amados, éstos gozan durante el curso de la tempestad de una maravillosa protección (v. 26).

Éxodo 10:1-11
1Y JEHOVA dijo á Moisés: Entra á Faraón; porque yo he agravado su corazón, y el corazón de sus siervos, para dar entre ellos estas mis señales;2Y para que cuentes á tus hijos y á tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que dí entre ellos; y para que sepáis que yo soy Jehová.3Entonces vinieron Moisés y Aarón á Faraón, y le dijeron: Jehová, el Dios de los Hebreos ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir á mi pueblo para que me sirvan.4Y si aún rehusas dejarlo ir, he aquí que yo traeré mañana langosta en tus términos,5La cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la tierra; y ella comerá lo que quedó salvo, lo que os ha quedado del granizo; comerá asimismo todo árbol que os produce fruto en el campo:6Y llenarse han tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los Egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y volvióse, y salió de con Faraón.7Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo nos ha de ser éste por lazo? Deja ir á estos hombres, para que sirvan á Jehová su Dios; ¿aun no sabes que Egipto está destruido?8Y Moisés y Aarón volvieron á ser llamados á Faraón, el cual les dijo: Andad, servid á Jehová vuestro Dios. ¿Quién y quién son los que han de ir?9Y Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas: con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque tenemos solemnidad de Jehová.10Y él les dijo: Así sea Jehová con vosotros como yo os dejaré ir á vosotros y á vuestros niños: mirad como el mal está delante de vuestro rostro.11No será así: id ahora vosotros los varones, y servid á Jehová: pues esto es lo que vosotros demandasteis. Y echáronlos de delante de Faraón.

Faraón reconoce: “He pecado” (9:27). ¿Es ése un verdadero arrepentimiento? No; apenas cesa el granizo continúa pecando (v. 34) y voluntariamente endurece su corazón. Entonces, a partir de ese momento, será Jehová quien endurezca el corazón del rey (v. 1). ¡Cuán solemne es esto! Dios habla una vez, dos veces (Job 33:14) y con frecuencia más. Pero su paciencia tiene un límite. Lector, ¿cuántas veces le ha hablado Dios? He aquí las langostas que amenazan a un Egipto ya arruinado. José había salvado al país y Faraón lo arruina. Igualmente Satanás arrastra al mundo a su perdición.

Ahora se le hace a Moisés una nueva proposición: sólo los adultos irán a celebrar la fiesta. Los niños se quedarán en el país. De igual manera Satanás procura retener las almas por medio de los afectos naturales, los lazos familiares. Pero volvamos a leer la bella e importante respuesta de Moisés en el versículo 9. Ningún miembro de la familia de la fe, aunque sea pequeño, debe quedar en poder del enemigo. No piensen, queridos jóvenes amigos, que el cristianismo es asunto de sus padres solamente. El hogar cristiano forma un todo; por eso se les pide a ustedes que sigan los principios de él, que observen sus costumbres y sus abstenciones, incluso si aún no han comprendido personalmente el valor y la necesidad de todo ello.

Éxodo 10:12-23
12Entonces Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para langosta, á fin de que suba sobre el país de Egipto, y consuma todo lo que el granizo dejó.13Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y á la mañana el viento oriental trajo la langosta:14Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y asentóse en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: antes de ella no hubo langosta semejante, ni después de ella vendrá otra tal;15Y cubrió la faz de todo el país, y oscurecióse la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; que no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, por toda la tierra de Egipto.16Entonces Faraón hizo llamar apriesa á Moisés y á Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros.17Mas ruego ahora que perdones mi pecado solamente esta vez, y que oréis á Jehová vuestro Dios que quite de mí solamente esta muerte.18Y salió de con Faraón, y oró á Jehová.19Y Jehová volvió un viento occidental fortísimo, y quitó la langosta, y arrojóla en el mar Bermejo: ni una langosta quedó en todo el término de Egipto.20Mas Jehová endureció el corazón de Faraón; y no envió los hijos de Israel.21Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tales que cualquiera las palpe.22Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas tres días por toda la tierra de Egipto.23Ninguno vió á su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.

Todo lo que el granizo había dejado es destrozado ahora por las langostas. ¡Una plaga terrible! “He pecado”, repite Faraón con evidente mala fe, con la única finalidad de que le sean quitadas las langostas. De Dios no podemos burlarnos. Faraón ha dejado pasar el momento del perdón (Jeremías 46:17) y Jehová endurece de nuevo el corazón del rey. Luego vienen las tinieblas, ¡tres días enteros de espesas tinieblas! Era un signo particularmente notable para los egipcios. El sol, fuente de luz, de calor, de vida, al que adoraban como un dios (Ra), se muestra sin poder ante el Creador del universo. Pero en las moradas de todos los hijos de Israel hay luz. “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”, declara el Señor Jesús (Juan 12:46). Y también: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). En medio de un mundo sumido en las tinieblas del pecado, el creyente puede disfrutar la presencia de la luz: Cristo, quien hace “morada con él” (Juan 14:23). De donde resulta que para él todo esté claro: el estado del mundo, su futuro, el estado de su propio corazón. Sabe dónde posar los pies. Lo que hace puede ser visto por todos (Lucas 11:36).

Éxodo 10:24-29; Éxodo 11:1-10
24Entonces Faraón hizo llamar á Moisés, y dijo: Id, servid á Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas: vayan también vuestros niños con vosotros.25Y Moisés respondió: Tú también nos entregarás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos á Jehová nuestro Dios.26Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una uña; porque de ellos hemos de tomar para servir á Jehová nuestro Dios; y no sabemos con qué hemos de servir á Jehová, hasta que lleguemos allá.27Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir.28Y díjole Faraón: Retírate de mí: guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás.29Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.
1Y JEHOVA dijo á Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón, y sobre Egipto; después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo.2Habla ahora al pueblo, y que cada uno demande á su vecino, y cada una á su vecina, vasos de plata y de oro.3Y Jehová dió gracia al pueblo en los ojos de los Egipcios. También Moisés era muy gran varón en la tierra de Egipto, á los ojos de los siervos de Faraón, y á los ojos del pueblo.4Y dijo Moisés: Jehová ha dicho así: A la media noche yo saldré por medio de Egipto,5Y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras la muela; y todo primogénito de las bestias.6Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca fué, ni jamás será.7Mas entre todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua: para que sepáis que hará diferencia Jehová entre los Egipcios y los Israelitas.8Y descenderán á mí todos estos tus siervos, é inclinados delante de mí dirán: Sal tú, y todo el pueblo que está bajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salióse muy enojado de con Faraón.9Y Jehová dijo á Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.10Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón: mas Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió á los hijos de Israel fuera de su país.

Nueve plagas se han sucedido en el país de Egipto. Falta la décima, más terrible que todas las anteriores. Está precedida por una nueva propuesta de Faraón: “Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas” (v. 24). Eso equivalía a impedir al pueblo que ofreciera sacrificios y holocaustos. En esa propuesta reconocemos bien los esfuerzos de Satanás para privarnos del que fue el Sacrificio perfecto. Intenta impedir que gocemos de Cristo, en particular cuando acudimos al culto para presentarlo al Padre. Desgraciadamente, con frecuencia consigue su fin. Entonces se produce una pérdida para nosotros, pero, lo que es peor, Dios se ve privado de la preciosa ofrenda que esperaba de sus redimidos. Y, de una manera más general, la respuesta de Moisés nos recuerda que Dios tiene derechos no solamente sobre nosotros, sino también sobre todo lo que poseemos.

Moisés sale “muy enojado” (v. 8). Repetidas veces veremos así a este varón de Dios, quien, sin embargo, era “muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” (Números 12:3; ver Éxodo 16:20; 32:19; Levítico 10:16; Números 16:15; 31:14). Pero en ese momento se trataba de la gloria de Dios y del bien de su pueblo. Nuestras cóleras, ¿tienen con frecuencia este motivo?

Éxodo 12:1-16
1Y HABLO Jehová á Moisés y á Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:2Este mes os será principio de los meses; será este para vosotros el primero en los meses del año.3Hablad á toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de aqueste mes tómese cada uno un cordero por las familias de los padres, un cordero por familia:4Mas si la familia fuere pequeña que no baste á comer el cordero, entonces tomará á su vecino inmediato á su casa, y según el número de las personas, cada uno conforme á su comer, echaréis la cuenta sobre el cordero.5El cordero será sin defecto, macho de un año: tomaréislo de las ovejas ó de las cabras:6Y habéis de guardarlo hasta el día catorce de este mes; y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.7Y tomarán de la sangre, y pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.8Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura: con hierbas amargas lo comerán.9Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus intestinos.10Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que habrá quedado hasta la mañana, habéis de quemarlo en el fuego.11Y así habéis de comerlo: ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová.12Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré á todo primogénito en la tierra de Egipto, así en los hombres como en las bestias: y haré juicios en todos los dioses de Egipto. YO JEHOVA.13Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre, y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad, cuando heriré la tierra de Egipto.14Y este día os ha de ser en memoria, y habéis de celebrarlo como solemne á Jehová durante vuestras generaciones: por estatuto perpetuo lo celebraréis.15Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas: porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, aquella alma será cortada de Israel.16El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación: ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que aderecéis lo que cada cual hubiere de comer.

Llegamos, con el relato de la Pascua, a uno de los capítulos más importantes del Antiguo Testamento. La redención anunciada se va a cumplir al mismo tiempo que el más terrible de los juicios caerá sobre Egipto. El pecado merece la muerte, y todos han pecado, tanto los israelitas como los egipcios. Pero, para los que pertenecen al pueblo de Dios, un cordero va a morir en su lugar. Clara y conmovedora imagen de Jesús, “un Cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo” y muerto en el momento fijado por Dios (1 Pedro 1:19). Nosotros hacemos nuestro ese sacrificio; eso es lo que significa comer la pascua (1 Corintios 5:7-8). El cordero asado al fuego es figura de Cristo al experimentar el ardor del juicio divino. Las hierbas amargas corresponden al sentimiento que experimentamos al pensar que Sus dolores se debieron al hecho de que nuestro pecado le condujo allí. El cordero se comía en familia. Los padres, los hijos, cada uno en casa tenía su parte. Querido lector, usted también, personalmente, ¿ha “comido la pascua”? ¿Por la fe se apropió de la muerte expiatoria del Señor Jesús? El momento de la conversión es una fecha inolvidable, pues señala la línea de partida de la verdadera vida, el nuevo nacimiento del hijo de Dios (v. 2).

Éxodo 12:17-27
17Y guardaréis la fiesta de los ázimos, porque en aqueste mismo día saqué vuestros ejércitos de la tierra de Egipto: por tanto guardaréis este día en vuestras generaciones por costumbre perpetua.18En el mes primero, el día catorce del mes por la tarde, comeréis los panes sin levadura, hasta el veintiuno del mes por la tarde.19Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas, porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, aquella alma será cortada de la congregación de Israel.20Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.21Y Moisés convocó á todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacad, y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.22Y tomad un manojo de hisopo, y mojadle en la sangre que estará en una jofaina, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en la jofaina; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.23Porque Jehová pasará hiriendo á los Egipcios; y como verá la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.24Y guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre.25Y será, cuando habréis entrado en la tierra que Jehová os dará, como tiene hablado, que guardaréis este rito.26Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro?27Vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió á los Egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró.

La levadura, figura del mal, debía ser quitada con gran cuidado (comparar con 1 Corintios 5:7-8). No podemos aceptar la obra de Cristo y gozar plenamente de ella mientras no hayamos confesado y abandonado todo pecado del cual tengamos conciencia.

Al israelita le quedaba por hacer lo que Jehová ordena a Moisés en los versículos 7 y 22: debía mojar un manojo de hisopo en la sangre del cordero y teñir el dintel y los dos postes de la puerta de la casa. Para hacer eso, el jefe de la casa debía creer dos cosas: primeramente, que Jehová iba a herir; después, que la sangre tendría el poder de protegerlo juntamente con los suyos.

Quizá podamos preguntarnos, como los hijos de los israelitas: ¿Qué significa para nosotros este rito? (v. 26). ¿No es la figura de la preciosa sangre de Cristo amparándonos del juicio? “Veré la sangre”, había afirmado Jehová (v. 13), pero el israelita, de dentro, no la veía. Nuestra salvación no depende de cómo apreciamos la obra de Cristo, ni la intensidad de nuestros sentimientos al respecto. No, depende de cómo la estima Dios, y para Él esa sangre es plenamente eficaz para quitar el pecado. Por eso, descansemos con confianza en la obra perfecta realizada por Jesús y aceptada por Dios (1 Juan 1:7, al final).

Éxodo 12:28-39
28Y los hijos de Israel se fueron, é hicieron puntualmente así; como Jehová había mandado á Moisés y á Aarón.29Y aconteció que á la medianoche Jehová hirió á todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales.30Y levantóse aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los Egipcios; y había un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese muerto.31E hizo llamar á Moisés y á Aarón de noche, y díjoles: Salid de en medio de mi pueblo vosotros, y los hijos de Israel; é id, servid á Jehová, como habéis dicho.32Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, é idos; y bendecidme también á mí.33Y los Egipcios apremiaban al pueblo, dándose priesa á echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.34Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.35E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, demandando á los Egipcios vasos de plata, y vasos de oro, y vestidos.36Y Jehová dió gracia al pueblo delante de los Egipcios, y prestáronles; y ellos despojaron á los Egipcios.37Y partieron los hijos de Israel de Rameses á Succoth, como seiscientos mil hombres de á pie, sin contar los niños.38Y también subió con ellos grande multitud de diversa suerte de gentes; y ovejas, y ganados muy muchos.39Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto; porque no había leudado, por cuanto echándolos los Egipcios, no habían podido detenerse, ni aun prepararse comida.

Mientras en cada una de sus casas los israelitas comen la pascua bajo la protección de la sangre del cordero, afuera, de noche, reinan el terror y la desolación. El destructor pasa hiriendo a los primogénitos, de forma que un gran grito de desesperación llena todo Egipto. Es la décima y última plaga, imagen de un juicio infinitamente más solemne, aquel al que la Palabra llama la segunda muerte, reservada para aquellos que no se hayan puesto al amparo que ofrece la sangre del Cordero de Dios.

No hay diferencia entre el cautivo que está en la prisión y el mismo Faraón (v. 29). Tampoco la habrá cuando, ante el gran trono blanco mencionado en el capítulo 20 del Apocalipsis, comparezcan todos los muertos, “grandes y pequeños”.

Para los hijos de Israel ha llegado el momento de la partida. Han comido la pascua de prisa, teniendo los lomos ceñidos, las sandalias en sus pies y el bastón de peregrino en la mano (v. 11), mostrando así que forman parte de un pueblo separado, extranjero, preparado para partir. ¿No lo somos nosotros también? A través de nuestro celo, de nuestro desapego por las cosas de esta tierra, de nuestra sobriedad, en suma, de toda nuestra conducta, debería verse que, habiendo sido redimidos por la sangre del Cordero, estamos dispuestos a salir de un instante a otro hacia nuestra patria eterna.

Éxodo 12:40-51; Éxodo 13:1-10
40El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto, fué cuatrocientos treinta años.41Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto.42Es noche de guardar á Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardar á Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones.43Y Jehová dijo á Moisés y á Aarón: Esta es la ordenanza de la Pascua: Ningún extraño comerá de ella:44Mas todo siervo humano comprado por dinero, comerá de ella después que lo hubieres circuncidado.45El extranjero y el asalariado no comerán de ella.46En una casa se comerá, y no llevarás de aquella carne fuera de casa, ni quebraréis hueso suyo.47Toda la congregación de Israel le sacrificará.48Mas si algún extranjero peregrinare contigo, y quisiere hacer la pascua á Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces se llegará á hacerla, y será como el natural de la tierra; pero ningún incircunciso comerá de ella.49La misma ley será para el natural y para el extranjero que peregrinare entre vosotros.50Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó Jehová á Moisés y á Aarón, así lo hicieron.51Y en aquel mismo día sacó Jehová á los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones.
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2Santifícame todo primogénito, cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales: mío es.3Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de aqueste día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre; pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis leudado.4Vosotros salís hoy en el mes de Abib.5Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, y del Hetheo, y del Amorrheo, y del Hebeo, y del Jebuseo, la cual juró á tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás esta servicio en aqueste mes.6Siete días comerás por leudar, y el séptimo día será fiesta á Jehová.7Por los siete días se comerán los panes sin levadura; y no se verá contigo leudado, ni levadura en todo tu término.8Y contarás en aquel día á tu hijo, diciendo: Hácese esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto.9Y serte ha como una señal sobre tu mano, y como una memoria delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto.10Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año.

Dios hace que todo comience el día de la redención (12:2; 1 Reyes 6:1). Instituye la pascua como un estatuto perpetuo. El pensamiento del enemigo a propósito del Cordero es “que no haya más memoria de su nombre” (Jeremías 11:19). Pero Dios, para quien la obra de su Hijo tiene gran precio, vela para que ese recuerdo sea perpetuado. “Es noche de guardar”, proclama Él (v. 42), y más adelante: “Tened memoria de este día” (13:3). El Señor Jesús, sustituyendo con el memorial de la Cena al de la Pascua, ha invitado a los suyos a hacer esto en memoria de Él (1 Corintios 11:24-25). ¿Ha respondido usted a ese deseo del Señor?

En el capítulo 13 Jehová proclama sus derechos sobre el alma que acaba de redimir (cap. 12). Ciertos creyentes, particularmente hijos de padres cristianos, se contentan con su salvación y no tienen en cuenta la consagración que debe seguirle. Pero la misma voz que ha dicho: “Veré la sangre y pasaré de vosotros” (12:13), ordena ahora: “Conságrame todo primogénito… Mío es” (13:2). A la fiesta de la Pascua estaba estrechamente asociada la de los panes sin levadura. Esto nos muestra que, para un hijo de Dios, estar puesto al abrigo que ofrece la sangre de Cristo y la necesidad de una vida santa son dos verdades inseparables (leer también Tito 2:14).

Éxodo 13:11-22
11Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, como te ha jurado á ti y á tus padres, y cuando te la hubiere dado,12Harás pasar á Jehová todo lo que abriere la matriz, asimismo todo primerizo que abriere la matriz de tus animales: los machos serán de Jehová.13Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, le degollarás: asimismo redimirás todo humano primogénito de tus hijos.14Y cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto? decirle has: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre;15Y endureciéndose Faraón en no dejarnos ir, Jehová mató en la tierra de Egipto á todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia: y por esta causa yo sacrifico á Jehová todo primogénito macho, y redimo todo primogénito de mi16Serte ha, pues, como una señal sobre tu mano, y por una memoria delante de tus ojos; ya que Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte.17Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los Filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Que quizá no se arrepienta el pueblo cuando vieren la guerra, y se vuelvan á Egipto:18Mas hizo Dios al pueblo que rodease por el camino del desierto del mar Bermejo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados.19Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado á los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.20Y partidos de Succoth, asentaron campo en Etham, á la entrada del desierto.21Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; á fin de que anduviesen de día y de noche.22Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

“Lo contarás en aquel día a tu hijo”, prescribe el versículo 8. Pero aquí, en el versículo 14, está previsto que los hijos preguntarán a sus padres. Es una acertada actitud la de los hijos que, viendo a sus padres comportarse de manera distinta al mundo, les hacen preguntas. ¡Jamás teman hacerlas!

El versículo 19 es el cumplimiento del juramento hecho a José (Génesis 50:25). Los huesos del patriarca acompañarán al pueblo de Dios durante su peregrinación. ¡Figura de Cristo en el poder de su muerte, llevado con nosotros para atravesar el desierto! (2 Corintios 4:10).

Los hijos de Israel se han puesto en camino. Más tarde Dios recordará ese día en que los tomó de la mano “para sacarlos de la tierra de Egipto” (Jeremías 31:32). Tendrán que hacer un gran recorrido (v. 17-18) para tener tiempo de aprender las lecciones que Dios quiere enseñarles, así como a nosotros. Pero Dios no solamente traza el itinerario de su pueblo. Quiere acompañarlo personalmente bajo la forma de columna de nube durante el día y de columna de fuego durante la noche. ¡Qué gracia! Él está presente a la vez para guiarlo paso a paso y para protegerlo. De igual manera Jesús hizo esta promesa a los suyos: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20).

Éxodo 14:1-14
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel que den la vuelta, y asienten su campo delante de Pihahiroth, entre Migdol y la mar hacia Baalzephón: delante de él asentaréis el campo, junto á la mar.3Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado.4Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército; y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así.5Y fué dado aviso al rey de Egipto cómo el pueblo se huía: y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir á Israel, para que no nos sirva?6Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo;7y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos.8Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y siguió á los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.9Siguiéndolos, pues, los Egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de á caballo, y todo su ejército, alcanzáronlos asentando el campo junto á la mar, al lado de Pihahiroth, delante de Baalzephón.10Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los Egipcios que venían tras ellos; por lo que temieron en gran manera, y clamaron los hijos de Israel á Jehová.11Y dijeron á Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?12¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir á los Egipcios? Que mejor nos fuera servir á los Egipcios, que morir nosotros en el desierto.13Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estaos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros; porque los Egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.14Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos.

Israel creía haber terminado con sus enemigos, los egipcios. Pero éstos, llevados por una energía de error, se recuperan y empiezan la persecución contra el pueblo. Este último parece haber caído en una trampa. Delante está el Mar Rojo; detrás viene Faraón con sus carros y capitanes. ¡Qué terror, qué grito de desamparo! Pero el pueblo debe aprender que para Jehová no existe dificultad demasiado grande. Al contrario, cuanto más intensa es la dificultad, más ocasión tiene Dios de hacer admirar su poder.

¡Qué lección para nosotros también! Cuando se presenta un obstáculo, una prueba que parece no tener salida, ¿cómo reaccionamos? Frecuentemente con inquietud o agitación. Pero, ¿qué dice Moisés a Israel? Comienza por tranquilizarlos: “No temáis”, y seguidamente les anuncia la liberación: “Jehová peleará por vosotros…”.

Al final les da instrucciones fáciles de seguir –pero que a veces nos resultan muy difíciles–: “Estad firmes… vosotros estaréis tranquilos” (v. 13-14). Permanecer tranquilo significa no hacer nada y a la vez guardar su espíritu de toda agitación. Este combate no concernía al pueblo; era entre Jehová y los egipcios. Aquel que había puesto a su pueblo fuera de la acción del ángel destructor, ¿no sería capaz, con mayor razón, de liberarlo de la mano de los hombres?

Éxodo 14:15-31
15Entonces Jehová dijo á Moisés: ¿Por qué clamas á mí? Di á los hijos de Israel que marchen.16Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre la mar, y divídela; y entren los hijos de Israel por medio de la mar en seco.17Y yo, he aquí yo endureceré el corazón de los Egipcios, para que los sigan: y yo me glorificaré en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros, y en su caballería;18Y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorificaré en Faraón, en sus carros, y en su gente de á caballo.19Y el ángel de Dios que iba delante del campo de Israel, se apartó, é iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos, se apartó, y púsose á sus espaldas:20E iba entre el campo de los Egipcios y el campo de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba á Israel de noche: y en toda aquella noche nunca llegaron los unos á los otros.21Y extendió Moisés su mano sobre la mar, é hizo Jehová que la mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y tornó la mar en seco, y las aguas quedaron divididas.22Entonces los hijos de Israel entraron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas como muro á su diestra y á su siniestra:23Y siguiéndolos los Egipcios, entraron tras ellos hasta el medio de la mar, toda la caballería de Faraón, sus carros, y su gente de á caballo.24Y aconteció á la vela de la mañana, que Jehová miró al campo de los Egipcios desde la columna de fuego y nube, y perturbó el campo de los Egipcios.25Y quitóles las ruedas de sus carros, y trastornólos gravemente. Entonces los Egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los Egipcios.26Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano sobre la mar, para que las aguas vuelvan sobre los Egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.27Y Moisés extendió su mano sobre la mar, y la mar se volvió en su fuerza cuando amanecía; y los Egipcios iban hacia ella: y Jehová derribó á los Egipcios en medio de la mar.28Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en la mar; no quedó de ellos ni uno.29Y los hijos de Israel fueron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas por muro á su diestra y á su siniestra.30Así salvó Jehová aquel día á Israel de mano de los Egipcios; é Israel vió á los Egipcios muertos á la orilla de la mar.31Y vió Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los Egipcios: y el pueblo temió á Jehová, y creyeron á Jehová y á Moisés su siervo.

El pueblo ha comprobado que es incapaz de liberarse por sí mismo. Su posición es desesperada… Ahora Dios puede obrar. “Que marchen”, ordena a Moisés. ¡Cómo!, el mar está ante ellos ¿y Jehová les ordena avanzar? Pero la fe obedece y cuenta con Dios. El ángel de Dios viene con la columna de nube y se pone entre el campamento de Israel y el de los egipcios. Entonces, ¿qué puede temer el pueblo? Recordemos que Dios siempre quiere ponerse como una pantalla entre nosotros y nuestras dificultades. De día y de noche sus cuidados se ejercen apartando peligros que, frecuentemente, incluso no conocemos.

¡Eso es la liberación! Encontramos las fases de ella en tres versículos del Salmo 136: “Dividió el Mar Rojo en partes, porque para siempre es su misericordia (v. 13); hizo pasar a Israel por en medio de él, porque para siempre es su misericordia (v. 14); y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, porque para siempre es su misericordia” (v. 15). La muerte no solamente carece de poder sobre los creyentes, sino que, además, se ha hecho su aliada, su arma y su fortaleza. Por su muerte, Cristo hizo impotente “al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” y liberó “a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).

Éxodo 15:1-16
1ENTONCES cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico á Jehová, y dijeron: Cantaré yo á Jehová, porque se ha magnificado grandemente, Echando en la mar al caballo y al que en él subía.2Jehová es mi fortaleza, y mi canción, Y hame sido por salud: Este es mi Dios, y á éste engrandeceré; Dios de mi padre, y á éste ensalzaré.3Jehová, varón de guerra; Jehová es su nombre.4Los carros de Faraón y á su ejército echó en la mar; Y sus escogidos príncipes fueron hundidos en el mar Bermejo.5Los abismos los cubrieron; Como piedra descendieron á los profundos.6Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en fortaleza; Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo.7Y con la grandeza de tu poder has trastornado á los que se levantaron contra ti: Enviaste tu furor; los tragó como á hojarasca.8Con el soplo de tus narices se amontonaron las aguas; Paráronse las corrientes como en un montón; Los abismos se cuajaron en medio de la mar.9El enemigo dijo: Perseguiré, prenderé, repartiré despojos; Mi alma se henchirá de ellos; Sacaré mi espada, destruirlos ha mi mano.10Soplaste con tu viento, cubriólos la mar: Hundiéronse como plomo en las impetuosas aguas.11¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en loores, hacedor de maravillas?12Extendiste tu diestra; La tierra los tragó.13Condujiste en tu misericordia á este pueblo, al cual salvaste; Llevástelo con tu fortaleza á la habitación de tu santuario.14Oiránlo los pueblos, y temblarán; Apoderarse ha dolor de los moradores de Palestina.15Entonces los príncipes de Edom se turbarán; A los robustos de Moab los ocupará temblor; Abatirse han todos los moradores de Canaán.16Caiga sobre ellos temblor y espanto; A la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra; Hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, Hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.

¿A qué corresponde ese paso del Mar Rojo en la historia de los redimidos del Señor? Siempre corresponde a la obra de Cristo y a nuestra liberación. Así como la Pascua presenta el lado de la liberación del juicio de Dios, y a Dios contra el pecado, el Mar Rojo ilustra la liberación del poder de Satanás, y a Dios a favor del pecador. La muerte es vencida; el pueblo de Dios, a partir de entonces, es desarraigado del “presente siglo malo”, es resucitado con Cristo, está del otro lado de la muerte. Cristo no solamente es aquel que libera, sino también el que comienza la alabanza en medio de la Asamblea (Salmo 22:22; Hebreos 2:12).

“Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico…”. Es el primero de la Escritura. El pueblo ¿cómo hubiera podido cantar bajo las cargas de los egipcios? (comparar con el Salmo 137:4). Pero ahora la felicidad llena el corazón de todos los redimidos. Conducidos por Cristo, verdadero Moisés, tienen el privilegio de alabar a Aquel que les ha liberado de las potentes olas de la muerte y del poder del adversario. A través de toda la historia de Israel –y para nosotros durante toda la eternidad– será celebrada la gloria de Aquel que secó el mar, las aguas profundas del gran abismo, y que convirtió en “camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos” (Isaías 51:10).

Éxodo 15:17-27
17Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, En el lugar de tu morada, que tú has aparejado, oh Jehová; En el santuario del Señor, que han afirmado tus manos.18Jehová reinará por los siglos de los siglos.19Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de á caballo en la mar, y Jehová volvió á traer las aguas de la mar sobre ellos; mas los hijos de Israel fueron en seco por medio de la mar.20Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas.21Y María les respondía: Cantad á Jehová; porque en extremo se ha engrandecido, Echando en la mar al caballo, y al que en él subía.22E hizo Moisés que partiese Israel del mar Bermejo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.23Y llegaron á Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.24Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?25Y Moisés clamó á Jehová; y Jehová le mostró un árbol, el cual metídolo que hubo dentro de las aguas, las aguas se endulzaron. Allí les dió estatutos y ordenanzas, y allí los probó;26Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, é hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído á sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié á los Egipcios te enviaré á ti; porque yo soy Jehová tu27Y llegaron á Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmas; y asentaron allí junto á las aguas.

Hasta el versículo 16, el cántico de los hijos de Israel celebra lo que Jehová acaba de hacer por su pueblo. Los versículos 17 y 18 proclaman lo que hará. Los frutos de la victoria son vistos por fe: Dios se ha preparado: 1) una heredad; 2) una habitación; 3) un santuario; 4) un reino. En su primera epístola, Pedro nos muestra la nueva forma que toman esas bendiciones bajo la dispensación cristiana (leer 1 Pedro 1:4; 2:5 y 9).

El pueblo, ya redimido, está en camino hacia la tierra prometida. Del mismo modo, nuestra carrera cristiana comienza con la conversión y su meta es la gloria. Pero, entre ambos extremos están las experiencias del desierto. La primera de esas grandes lecciones es Mara. Al igual que esas aguas amargas, el Señor permite que en nuestro camino encontremos circunstancias penosas y decepcionantes. Pero, desde el momento en que comprendemos que esas contrariedades son permitidas para nuestro bien, en cuanto nos apropiamos del poder de la cruz de Cristo, sin que esas circunstancias hayan cambiado, dejan de tener un gusto amargo, e incluso encontramos felicidad y consuelo (leer Romanos 5:3…; 2 Corintios 12:9). Entonces estamos en condiciones de apreciar lo que es Elim, ese lugar de refrigerio y reposo, imagen de la reunión de los creyentes en el lugar en que Dios da la bendición (Salmo 133:3).

Éxodo 16:1-12
1Y PARTIENDO de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, á los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto.2Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto;3Y decíanles los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos á las ollas de las carnes, cuando comíamos pan en hartura; pues nos habéis sacado á este desierto, para matar de hambre á toda esta m4Y Jehová dijo á Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día, para que yo le pruebe si anda en mi ley, ó no.5Mas al sexto día aparejarán lo que han de encerrar, que será el doble de lo que solían coger cada día.6Entonces dijo Moisés y Aarón á todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto:7Y á la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; que nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros?8Y dijo Moisés: Jehová os dará á la tarde carne para comer, y á la mañana pan en hartura; por cuanto Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él: que nosotros, ¿qué somos? vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino con9Y dijo Moisés á Aarón: Di á toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos á la presencia de Jehová; que él ha oído vuestras murmuraciones.10Y hablando Aarón á toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová, que apareció en la nube.11Y Jehová habló á Moisés, diciendo:12Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Entre las dos tardes comeréis carne, y por la mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.

¡Murmuración antes de cruzar el Mar Rojo (cap. 14:11-12), en Mara (cap. 15:24), en el desierto de Sin (cap. 16:2) y seguidamente en Refidim! (cap. 17:3). ¡Desgraciadamente, es la fiel imagen de nuestro corazón, tan diligente para olvidar la misericordia de Dios que es para siempre! (Salmo 136). Pocos días antes, ese pueblo cantaba el cántico de la liberación. Ahora murmura contra Moisés y Aarón. Sus quejas, en realidad, son contra Dios (v. 8). Queridos redimidos del Señor, acordémonos de que si estamos descontentos con los demás, o con las circunstancias en las cuales nos encontramos, en realidad es de Dios de quien no estamos satisfechos.

¿Y la inquietud por las cosas de la vida? ¿No es una ofensa hacia Aquel que ha dicho: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber”. “Basta a cada día su propio mal”? (Mateo 6:25 y 34; ver también el Salmo 23:1). Él mismo supo lo que era estar en el desierto y tener hambre. Pero, con una sumisión perfecta, rechazó las sugerencias del tentador. Esperaba de Dios, con entera confianza, la respuesta a sus necesidades.

¡Qué paciencia por parte de Jehová! En lugar de castigar a su pueblo, comienza por mostrarle Su gloria (v. 7 y 10 al final) y se compromete a saciarlo.

Éxodo 16:13-31
13Y venida la tarde subieron codornices que cubrieron el real; y á la mañana descendió rocío en derredor del real.14Y como el rocío cesó de descender, he aquí sobre la haz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra.15Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos á otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.16Esto es lo que Jehová ha mandado: Cogereis de él cada uno según pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda.17Y los hijos de Israel lo hicieron así: y recogieron unos más, otros menos:18Y medíanlo por gomer, y no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco: cada uno recogió conforme á lo que había de comer.19Y díjoles Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.20Mas ellos no obedecieron á Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y pudrióse; y enojóse contra ellos Moisés.21Y recogíanlo cada mañana, cada uno según lo que había de comer: y luego que el sol calentaba, derretíase.22En el sexto día recogieron doblada comida, dos gomeres para cada uno: y todos los príncipes de la congregación vinieron á Moisés, y se lo hicieron saber.23Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana.24Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según que Moisés había mandado, y no se pudrió, ni hubo en él gusano.25Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es sábado de Jehová: hoy no hallaréis en el campo.26En los seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es sábado, en el cual no se hallará.27Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día á recoger, y no hallaron.28Y Jehová dijo á Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?29Mirad que Jehová os dió el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día.30Así el pueblo reposó el séptimo día.31Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como simiente de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel.

“Nuestros padres comieron el maná en el desierto…”, recordará la multitud al Señor Jesús. Pero él les responderá que Él mismo es “el verdadero pan del cielo” (Juan 6:31-33). Cristo es el alimento del creyente; da la nueva vida y la sustenta. Al respecto, este capítulo nos proporciona varias instrucciones prácticas de gran importancia: 1) La cantidad de maná recogido estaba en relación con el apetito de cada uno (v. 18). Gozamos de Cristo solamente en la medida en que lo deseamos. ¡Y jamás lo desearemos demasiado! (Salmo 81:10). 2) El maná respondía a las necesidades del día, no a las del día siguiente. Cristo debe ser mi alimento, mi fuerza para las necesidades del día. Si, por ejemplo, hoy tengo particular necesidad de paciencia, la encontraré inspirándome en la perfecta paciencia de Jesús. 3) Por último, los hijos de Israel tenían que recoger su porción de maná cada mañana antes de que éste se derritiese con el calor del día. Alimentémonos de la Palabra del Señor desde la mañana, antes de que las ocupaciones del día hayan hecho perder la ocasión de hacerlo. No pasamos un día sin alimentar nuestro cuerpo. Entonces tampoco privemos a nuestra alma del único alimento que la hace vivir y prosperar: Jesús, el pan de vida.

Éxodo 16:32-36; Éxodo 17:1-7
32Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Henchirás un gomer de él para que se guarde para vuestros descendientes, á fin de que vean el pan que yo os dí á comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto.33Y dijo Moisés á Aarón: Toma un vaso y pon en él un gomer lleno de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes.34Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó á Moisés.35Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que entraron en la tierra habitada: maná comieron hasta que llegaron al término de la tierra de Canaán.36Y un gomer es la décima parte del epha.
1Y TODA la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, por sus jornadas, al mandamiento de Jehová, y asentaron el campo en Rephidim: y no había agua para que el pueblo bebiese.2Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿por qué tentáis á Jehová?3Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed á nosotros, y á nuestros hijos y á nuestros ganados?4Entonces clamó Moisés á Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? de aquí á un poco me apedrearán.5Y Jehová dijo á Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río, y ve:6He aquí que yo estoy delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.7Y llamó el nombre de aquel lugar Massah y Meribah, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron á Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, ó no?

“Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná…” (v. 33). Era la parte de Dios. «El maná escondido, Cristo descendido del cielo como hombre, después resucitado y vuelto a subir al cielo con su glorioso cuerpo, formaba parte de las delicias de Dios» (H.R.), delicias que Él comparte con los vencedores (Apocalipsis 2:17).

Después del hambre, la sed da ocasión para que ese pueblo vuelva a murmurar. Pero nuevamente la gracia de Dios se vale de esa necesidad para revelarnos un misterio precioso, cuya explicación se encuentra en 1 Corintios 10:4: “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (comparar con Juan 7:37-39). Pero, para dar su agua (la vida que otorga el Espíritu), hacía falta que la roca fuese herida, como Cristo lo fue en la cruz por la mano de Dios mismo. No obstante, observemos bien que es el pecado del pueblo, sus murmuraciones, sus rebeliones, los que dan ocasión para herir la roca. “Por la rebelión de mi pueblo fue herido”, dice el profeta (Isaías 53:8). Así como el maná es la imagen de un Cristo venido del cielo, la roca herida nos habla de un Cristo crucificado y el agua viva representa al Espíritu Santo, poder de vida que el Salvador muerto y resucitado da a todos aquellos que creen en Él.

Éxodo 17:8-16
8Y vino Amalec y peleó con Israel en Rephidim.9Y dijo Moisés á Josué: Escógenos varones, y sal, pelea con Amalec: mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.10E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando con Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron á la cumbre del collado.11Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.12Y las manos de Moisés estaban pesadas; por lo que tomaron una piedra, y pusiéronla debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sustentaban sus manos, el uno de una parte y el otro de otra; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.13Y Josué deshizo á Amalec y á su pueblo á filo de espada.14Y Jehová dijo á Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di á Josué que del todo tengo de raer la memoria de Amalec de debajo del cielo.15Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nissi;16Y dijo: Por cuanto la mano sobre el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

Después de ser alimentado y una vez saciada su sed, el pueblo está preparado por Jehová para realizar una nueva experiencia: la del combate con Amalec. Sólo después de ser fortalecidos “en el Señor, y en el poder de su fuerza”, los creyentes pueden resistir a sus enemigos (Efesios 6:10-13). En el Mar Rojo, Jehová combatía por los suyos y ellos permanecían tranquilos (14:14). La cruz fue el combate del Señor solo. Nosotros no podíamos luchar por nuestra salvación. Pero, después de la conversión empiezan los combates (Gálatas 5:17). Como un ejército, nuestras antiguas faltas vuelven a hostigarnos, a hacernos la guerra (1 Pedro 2:11). ¿No podremos contar con el Señor en esto? ¡Por supuesto que sí! En la cruz Él combatía por nosotros, en nuestro lugar, pero ahora Él, el verdadero Josué, combate con nosotros. Sin embargo, únicamente en la cumbre del monte se decide la victoria. Cristo, a la vez verdadero Moisés y verdadero Aarón, desde su resurrección y su ascensión está en el cielo intercediendo por los suyos. Y sus manos no se cansan jamás (Romanos 8:34 y 37; Hebreos 7:25). El resultado de la batalla no depende de la fuerza de los combatientes sino de su fe y de las oraciones del Señor Jesús. En este relato Josué nos enseña a combatir y Moisés a orar (Salmo 144:1-2).

Éxodo 18:1-12
1Y OYO Jethro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado á Israel de Egipto:2Y tomó Jethro, suegro de Moisés á Séphora la mujer de Moisés, después que él la envió,3Y á sus dos hijos; el uno se llamaba Gersóm, porque dijo: Peregrino he sido en tierra ajena;4Y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo, El Dios de mi padre me ayudó, y me libró del cuchillo de Faraón.5Y Jethro el suegro de Moisés, con sus hijos y su mujer, llegó á Moisés en el desierto, donde tenía el campo junto al monte de Dios;6Y dijo á Moisés: Yo tu suegro Jethro vengo á ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella.7Y Moisés salió á recibir á su suegro, é inclinóse, y besólo: y preguntáronse el uno al otro cómo estaban, y vinieron á la tienda.8Y Moisés contó á su suegro todas las cosas que Jehová había hecho á Faraón y á los Egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová.9Y alegróse Jethro de todo el bien que Jehová había hecho á Israel, que lo había librado de mano de los Egipcios.10Y Jethro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los Egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los Egipcios.11Ahora conozco que Jehová es grande más que todos los dioses; hasta en lo que se ensoberbecieron contra ellos.12Y tomó Jethro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios: y vino Aarón y todos los ancianos de Israel á comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.

Volvemos a encontrar aquí a Jetro, suegro de Moisés. Personifica a las naciones de la tierra que, en un tiempo futuro, se regocijarán con el pueblo de Israel por la liberación de la cual éste habrá sido objeto y darán gloria a Dios. Al mismo tiempo observamos que Séfora y sus hijos –que personifican a la Iglesia, como lo vimos en el capítulo 2– no participaron de las pruebas de Israel ni en su liberación. La Iglesia habrá sido alzada de la tierra cuando tengan lugar las tribulaciones y el restablecimiento del pueblo judío.

El nombre de Gersón nos recuerda que Cristo, como Moisés, fue extranjero en esta tierra y que la Iglesia también es extranjera en este mundo. Pero, en esta difícil posición, el socorro de Dios le está asegurado. Eso es lo que significa el nombre de Eliezer. En el versículo 8 Moisés da testimonio de todo lo que Dios ha hecho por los suyos. Es un bello ejemplo para nosotros ¿no le parece? No temamos contar a otros, empezando por los miembros de nuestra familia, cómo hemos sido rescatados. La consecuencia de ese testimonio aparece en el versículo 11: Jetro reconoce la grandeza de Jehová, le da gloria, ofrece sacrificios y al final come o, dicho de otra manera, experimenta la comunión, con el pueblo rescatado, en la presencia de Dios.

Éxodo 18:13-27
13Y aconteció que otro día se sentó Moisés á juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.14Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?15Y Moisés respondió á su suegro: Porque el pueblo viene á mí para consultar á Dios:16Cuando tienen negocios, vienen á mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.17Entonces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien:18Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el negocio es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.19Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los negocios á Dios.20Y enseña á ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer.21Además inquiere tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y constituirás á éstos sobre ellos caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez.22Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo; y será que todo negocio grave lo traerán á ti, y ellos juzgarán todo negocio pequeño: alivia así la carga de sobre ti, y llevarla han ellos contigo.23Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás persistir, y todo este pueblo se irá también en paz á su lugar.24Y oyó Moisés la voz de su suegro, é hizo todo lo que dijo.25Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y púsolos por cabezas sobre el pueblo, caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez.26Y juzgaban al pueblo en todo tiempo: el negocio árduo traíanlo á Moisés, y ellos juzgaban todo negocio pequeño.27Y despidió Moisés á su suegro, y fuése á su tierra.

Jetro aconseja a Moisés para que delegue a otros una parte de su servicio. Este consejo tiene apariencia de sabiduría, pero ¡en realidad desconoce el poder del Espíritu de Dios! Es uno de los principios fundamentales de la institución de clérigos. Unos hombres son designados e investidos por otros, según una jerarquía, como intermediarios entre Dios y los simples «fieles». Pero la Palabra de Dios no reconoce para la Iglesia más que un solo Jefe (Efesios 4:5), plenamente suficiente para encargarse de todo lo que concierne a los suyos. Y Jesús no atiende solamente “asuntos graves”. Nada de lo que nos concierne es demasiado pequeño ni demasiado insignificante para Él. Jamás temamos dirigirnos directamente a Él (leer 1 Pedro 5:7).

Bajo su aspecto profético, este capítulo nos muestra que Jesús no estará solo para ejercer la administración del reino (Mateo 19:28). Cuando venga del cielo acompañado por la multitud de sus rescatados será establecido un orden con responsabilidades diferentes, para la plena gloria de Dios. Mientras el pueblo de Dios prosigue su camino por el desierto, Jetro vuelve a su país (v. 27). La vida de fe, la posición de extranjero y de peregrino no tienen atractivo para él. Desgraciadamente, ¡cuántos cristianos se le parecen!

Éxodo 19:1-15
1AL mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día vinieron al desierto de Sinaí.2Porque partieron de Rephidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y asentaron en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.3Y Moisés subió á Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás á la casa de Jacob, y denunciarás á los hijos de Israel:4Vosotros visteis lo que hice á los Egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído á mí.5Ahora pues, si diereis oído á mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.6Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás á los hijos de Israel.7Entonces vino Moisés, y llamó á los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado.8Y todo el pueblo respondió á una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho haremos. Y Moisés refirió las palabras del pueblo á Jehová.9Y Jehová dijo á Moisés: He aquí, yo vengo á ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés denunció las palabras del pueblo á Jehová.10Y Jehová dijo á Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos;11Y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá, á ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí.12Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis á su término: cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá:13No le tocará mano, mas será apedreado ó asaeteado; sea animal ó sea hombre, no vivirá. En habiendo sonado largamente la bocina, subirán al monte.14Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos.15Y dijo al pueblo: Estad apercibidos para el tercer día; no lleguéis á mujer.

Después del desierto de Shur (15:22) y el de Sin (16:1), el pueblo llega al desierto de Sinaí. Llevado sobre alas de águilas (símbolo de poder – v. 4), ha llegado ahora al lugar donde Jehová le va a hacer sus revelaciones y enseñarle de qué manera quiere ser servido (10:26). En Egipto, como lo hemos visto, ningún culto era posible. En cambio, desde que la redención se cumplió, desde que Dios separó a los suyos, espera de ellos el servicio de la alabanza. “Vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa”, declara Él en el versículo 6. “Para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó…”, completa 1 Pedro 2:9.

Este capítulo comienza, pues, una nueva parte del libro. Hasta aquí hemos considerado lo que Jehová, en gracia, hizo por su pueblo. A partir de ahora vamos a encontrar lo que en reciprocidad espera de ese pueblo. Dios siempre empieza por dar antes de exigir algo. Desgraciadamente, el pobre pueblo no se conoce a sí mismo, a pesar de Mara y Meriba. Responde con esta loca promesa que Dios no le pedía: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos” (v. 8). No le necesitará mucho tiempo para manifestar su incapacidad de cumplirla.

Éxodo 19:16-25
16Y aconteció al tercer día cuando vino la mañana, que vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y estremecióse todo el pueblo que estaba en el real.17Y Moisés sacó del real al pueblo á recibir á Dios; y pusiéronse á lo bajo del monte.18Y todo el monte de Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego: y el humo de él subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera.19Y el sonido de la bocina iba esforzándose en extremo: Moisés hablaba, y Dios le respondía en voz.20Y descendió Jehová sobre el monte de Sinaí, sobre la cumbre del monte: y llamó Jehová á Moisés á la cumbre del monte, y Moisés subió.21Y Jehová dijo á Moisés: Desciende, requiere al pueblo que no traspasen el término por ver á Jehová, porque caerá multitud de ellos.22Y también los sacerdotes que se llegan á Jehová, se santifiquen, porque Jehová no haga en ellos estrago.23Y Moisés dijo á Jehová: El pueblo no podrá subir al monte de Sinaí, porque tú nos has requerido diciendo: Señala términos al monte, y santifícalo.24Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo: mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el término por subir á Jehová, porque no haga en ellos estrago.25Entonces Moisés descendió al pueblo y habló con ellos.

Cuando un niño se cree capaz de una hazaña imposible (por ejemplo, levantar un saco de cincuenta kilos), ¿qué le dice su padre?: «¡Prueba!» Y solamente cuando el pequeño comprueba, por su fracaso, que su padre tenía razón, está dispuesto a confiarle esa tarea.

Ésta es la lección que Israel deberá aprender al pie de la montaña de Sinaí. Cree poder hacer todo lo que Jehová pida. Entonces le son presentadas Sus santas exigencias.

El capítulo 12 de la epístola a los Hebreos, refiriéndose a esta escena (v. 18-29) establece el contraste entre el “monte que se podía palpar” y el de Sion (el de la gracia), al cual somos invitados a acercarnos. El mediador ya no es Moisés en la montaña, sino Jesús, quien está en el cielo intercediendo por nosotros. Así que, “tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (Hebreos 12:28). El temor de desagradar al Señor no es para nosotros la consecuencia de mandamientos rigurosos, ni de compromisos temerarios que hayamos hecho, ni, como aquí, de una muestra solemne del poder de Dios. Ese temor es la respuesta de nuestros corazones a su inmensa gracia hacia nosotros (Salmo 130:4).

Éxodo 20:1-17
1Y HABLO Dios todas estas palabras, diciendo:2Yo soy JEHOVA tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos.3No tendrás dioses ajenos delante de mí.4No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra:5No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen,6Y que hago misericordia en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos.7No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.8Acordarte has del día del reposo, para santificarlo:9Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;10Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas:11Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.12Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.13No matarás.14No cometerás adulterio.15No hurtarás.16No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.17No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

He aquí, pues, la ley que Jehová da a su pueblo. Ella pone en evidencia la maldad del hombre, su inclinación a hacer todo lo que aquí está prohibido. El hecho de que tales mandamientos le sean necesarios manifiesta abundantemente la perversidad de su naturaleza (leer 1 Timoteo 1:9…). Los cuatro primeros mandamientos conciernen a las relaciones del hombre con Dios: un Dios único, Santo, quien es Espíritu, pero también es grande en bondad, ya que ha preparado un reposo para los suyos. Después de Dios, según el quinto mandamiento, los padres son los destinatarios del honor. Además, cuatro mandamientos tratan de las relaciones con nuestro prójimo en la vida en sociedad. Finalmente, el último nos concierne a nosotros mismos, puesto que sondea nuestro corazón para descubrir nuestros deseos más íntimos, aquello que no decimos a nadie. De hecho, el resumen de la ley es el amor. Pablo escribe a los romanos: “El que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:8-9; comparar con Mateo 22:34-40).

Éxodo 20:18-26; Éxodo 21:1-6
18Todo el pueblo consideraba las voces, y las llamas, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba: y viéndolo el pueblo, temblaron, y pusiéronse de lejos.19Y dijeron á Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos.20Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por probaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia para que no pequéis.21Entonces el pueblo se puso de lejos, y Moisés se llegó á la osbcuridad en la cual estaba Dios.22Y Jehová dijo á Moisés: Así dirás á los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros.23No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.24Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus pacíficos, tus ovejas y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré á ti, y te bendeciré.25Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares tu pico sobre él, tú lo profanarás.26Y no subirás por gradas á mi altar, porque tu desnudez no sea junto á él descubierta.
1Y ESTOS son los derechos que les propondrás.2Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá horro de balde.3Si entró solo, solo saldrá: si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él.4Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le hubiere parido hijos ó hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo.5Y si el siervo dijere: Yo amo á mi señor, á mi mujer y á mis hijos, no saldré libre:6Entonces su amo lo hará llegar á los jueces, y harále llegar á la puerta ó al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre.

Esta escena (v. 18-26) es recordada en Hebreos 12:19 para mostrar la diferencia que hay entre la ley y la gracia bajo la cual está el creyente. A éste ya no se le pide que haga algo, sino que crea en Jesús, quien lo ha hecho todo. Por lo demás, el final del capítulo no nos muestra al hombre en la posición de alguien que haya hecho obras, sino en la de un adorador. Está claro que el Sinaí no es el lugar donde Dios y el pecador pueden encontrarse (v. 24). El versículo 25 nos enseña que las obras y las ordenanzas de los hombres no tienen ningún lugar en el culto según Dios. Por último, el versículo 26 enseña que ninguno debe elevarse por encima de sus hermanos, porque entonces su carne se hará visible para su vergüenza.

Bajo la imagen del siervo hebreo (21:2-6) reconocemos al Señor Jesús (comp. con Zacarías 13:5-6). Hombre obediente, el único que cumplió la ley, ese perfecto Siervo habría podido salir libre y subir al cielo sin pasar por la muerte. Pero habría estado solo. En cambio, en su infinito amor, Cristo quería la compañía de una Esposa. Entonces pagó el precio necesario. Su sangre vertida y sus heridas son la prueba de ello; proclamarán durante la eternidad el despojamiento voluntario de Aquel que tomó “forma de siervo” (Filipenses 2:7) y que, hasta en la gloria, se complacerá en servir a los suyos (Lucas 12:37).

Éxodo 21:7-36
7Y cuando alguno vendiere su hija por sierva, no saldrá como suelen salir los siervos.8Si no agradare á su señor, por lo cual no la tomó por esposa, permitirle ha que se rescate, y no la podrá vender á pueblo extraño cuando la desechare.9Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas.10Si le tomare otra, no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el débito conyugal.11Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia sin dinero.12El que hiriere á alguno, haciéndole así morir, él morirá.13Mas el que no armó asechanzas, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir.14Además, si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo, y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera.15Y el que hiriere á su padre ó á su madre, morirá.16Asimismo el que robare una persona, y la vendiere, ó se hallare en sus manos, morirá.17Igualmente el que maldijere á su padre ó á su madre, morirá.18Además, si algunos riñeren, y alguno hiriere á su prójimo con piedra ó con el puño, y no muriere, pero cayere en cama;19Si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será el que le hirió absuelto: solamente le satisfará lo que estuvo parado, y hará que le curen.20Y si alguno hiriere á su siervo ó á su sierva con palo, y muriere bajo de su mano, será castigado:21Mas si durare por un día ó dos, no será castigado, porque su dinero es.22Si algunos riñeren, é hiriesen á mujer preñada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, será penado conforme á lo que le impusiere el marido de la mujer y juzgaren los árbitros.23Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida,24Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,25Quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.26Y cuando alguno hiriere el ojo de su siervo, ó el ojo de su sierva, y lo entortare, darále libertad por razón de su ojo.27Y si sacare el diente de su siervo, ó el diente de su sierva, por su diente le dejará ir libre.28Si un buey acorneare hombre ó mujer, y de resultas muriere, el buey será apedreado, y no se comerá su carne; mas el dueño del buey será absuelto.29Pero si el buey era acorneador desde ayer y antes de ayer, y á su dueño le fué hecho requerimiento, y no lo hubiere guardado, y matare hombre ó mujer, el buey será apedreado, y también morirá su dueño.30Si le fuere impuesto rescate, entonces dará por el rescate de su persona cuanto le fuere impuesto.31Haya acorneado hijo, ó haya acorneado hija, conforme á este juicio se hará con él.32Si el buey acorneare siervo ó sierva, pagará treinta siclos de plata su señor, y el buey será apedreado.33Y si alguno abriere hoyo, ó cavare cisterna, y no la cubriere, y cayere allí buey ó asno,34El dueño de la cisterna pagará el dinero, resarciendo á su dueño, y lo que fue muerto será suyo.35Y si el buey de alguno hiriere al buey de su prójimo, y éste muriere, entonces venderán el buey vivo, y partirán el dinero de él, y también partirán el muerto.36Mas si era notorio que el buey era acorneador de ayer y antes de ayer, y su dueño no lo hubiere guardado, pagará buey por buey, y el muerto será suyo.

Si comparamos estos versículos con el capítulo 5 de Mateo, a partir del versículo 17, comprobaremos que el fiel Siervo de Jehová vino no solamente para cumplir la ley, sino también para introducir lo que la sobrepasa. La ley ordenaba: “no matarás”, pero Jesús declara que si alguien dice solamente “loco” (versión Nacar-Colunga) a su hermano, ya queda expuesto al infierno de fuego. El Señor quiere que comprendamos más profundamente cada día la gran maldad de nuestro corazón. Y quiere que conozcamos su propio corazón, el cual llegó infinitamente más lejos de lo que pedía la ley, la que decía: “Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo” (Mateo 5:43-44; ver Romanos 5:7, 8 y 10; comparar igualmente Éxodo 22:1… con el Salmo 69:4 al final). ¿Dónde estaríamos si la orden inflexible de “ojo por ojo, y diente por diente” nos hubiese sido aplicada? Dios habría hecho desaparecer de la tierra a la humanidad culpable de haber crucificado a su Hijo. Pero, en lugar de esto, en la misma cruz el Señor Jesús pone perfectamente en práctica lo que ha enseñado: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Y el versículo 32 fija el precio de un siervo: el mismo en que fue estimado el Hijo de Dios (Mateo 26:15).

Éxodo 22:21-31; Éxodo 23:1-5
21Y al extranjero no engañarás, ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.22A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.23Que si tú llegas á afligirle, y él á mí clamare, ciertamente oiré yo su clamor;24Y mi furor se encenderá, y os mataré á cuchillo, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.25Si dieres á mi pueblo dinero emprestado, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura.26Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, á puestas del sol se lo volverás:27Porque sólo aquello es su cubierta, es aquel el vestido para cubrir sus carnes, en el que ha de dormir: y será que cuando él á mí clamare, yo entonces le oiré, porque soy misericordioso.28No denostarás á los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo.29No dilatarás la primicia de tu cosecha, ni de tu licor, me darás el primogénito de tus hijos.30Así harás con el de tu buey y de tu oveja: siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás.31Y habéis de serme varones santos: y no comeréis carne arrebatada de las fieras en el campo; á los perros la echaréis.
1NO admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso.2No seguirás á los muchos para mal hacer; ni responderás en litigio inclinándote á los más para hacer agravios;3Ni al pobre distinguirás en su causa.4Si encontrares el buey de tu enemigo ó su asno extraviado, vuelve á llevárselo.5Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás entonces desamparado? Sin falta ayudarás con él á levantarlo.

Desde el capítulo 21 hasta el final del capítulo 23 se suceden mandamientos que completan la ley. En su perfecta sabiduría, Dios prevé todo lo que puede acontecer y penetra en las circunstancias más ordinarias de la vida de los suyos: la prenda de un pobre, el encuentro con un buey extraviado… Lo vemos tomar la defensa de los débiles, ponerlos bajo su protección.

Nosotros, los cristianos, tenemos en la inagotable Palabra de Dios, junto con las verdades fundamentales respecto a nuestro Salvador y nuestra salvación, instrucciones para nuestra vida diaria. Pero, a diferencia del pueblo de Israel, el Espíritu Santo nos ha sido dado. Él habita en el creyente y le hace conocer la voluntad de Dios para todos los detalles de su vida diaria. Le abre su inteligencia, le muestra lo que debe hacer y de lo que debe abstenerse. La Biblia es algo muy distinto de una compilación de reglas o una sucesión de prohibiciones y autorizaciones. Ella revela a un Dios de amor, a un Padre cuyo carácter somos invitados a reproducir. “Soy misericordioso”, dice de sí mismo al final del versículo 27. “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso”, enseña el Señor Jesús (Lucas 6:36).

Éxodo 23:6-19
6No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito.7De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío.8No recibirás presente; porque el presente ciega á los que ven, y pervierte las palabras justas.9Y no angustiarás al extranjero: pues vosotros sabéis cómo se halla el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.10Seis años sembrarás tu tierra, y allegarás su cosecha:11Mas el séptimo la dejarás vacante y soltarás, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás de tu viña y de tu olivar.12Seis días harás tus negocios, y al séptimo día holgarás, á fin que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero.13Y en todo lo que os he dicho seréis avisados. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá de vuestra boca.14Tres veces en el año me celebraréis fiesta.15La fiesta de los ázimos guardarás: Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib; porque en él saliste de Egipto: y ninguno comparecerá vacío delante de mí:16También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores que hubieres sembrado en el campo; y la fiesta de la cosecha á la salida del año, cuando habrás recogido tus labores del campo.17Tres veces en el año parecerá todo varón tuyo delante del Señor Jehová.18No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni el sebo de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana.19Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás á la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito con la leche de su madre.

Jehová se ve en la obligación de decir a su pueblo: “No matarás al inocente y justo”, orden que, desgraciadamente, se verá más que justificada, porque más tarde matarán “al Santo y al Justo” (Hechos 3:14-15). El extranjero también es objeto de recomendaciones. No debía ser oprimido ni maltratado (v. 9; 22:21; ver Jeremías 22:3). Levítico 19:34 va mucho más lejos: se le debía amar como a sí mismo. En el Nuevo Testamento el Señor Jesús declara que cuidar del extranjero es recogerlo a Él mismo (leer Mateo 25:35 al final). Por lo demás, ¿no fue Jesús el extranjero celestial que vino a visitar a los hombres? ¡De qué manera su corazón infinitamente sensible fue herido por la ingratitud de aquellos a los cuales vino por amor! Sí, estamos invitados a comprender “cómo es el alma del extranjero” (v. 9), el corazón del Salvador.

Recuerda que tú también fuiste extranjero, añade Jehová. ¡Ponernos en el lugar de los otros es el secreto del amor! En los versículos 10 a 13, Dios nos muestra el cuidado que tiene de toda su creación: los animales, las plantas e incluso la tierra. Aprendamos nosotros mismos a respetar todo lo que pertenece a nuestro Padre celestial.

Con respecto al culto, subrayemos el final del versículo 15: “Ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías” (Deuteronomio 26:2).

Éxodo 23:20-33
20He aquí yo envío el Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.21Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él.22Pero si en verdad oyeres su voz, é hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo á tus enemigos, y afligiré á los que te afligieren.23Porque mi Angel irá delante de ti, y te introducirá al Amorrheo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Cananeo, y al Heveo, y al Jebuseo, á los cuales yo haré destruir.24No te inclinarás á sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrantarás enteramente sus estatuas.25Mas á Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti.26No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo cumpliré el número de tus días.27Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré á todo pueblo donde tú entrares, y te daré la cerviz de todos tus enemigos.28Yo enviaré la avispa delante de ti, que eche fuera al Heveo, y al Cananeo, y al Hetheo, de delante de ti:29No los echaré de delante de ti en un año, porque no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las bestias del campo.30Poco á poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes la tierra por heredad.31Y yo pondré tu término desde el mar Bermejo hasta la mar de Palestina, y desde el desierto hasta el río: porque pondré en vuestras manos los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de ti.32No harás alianza con ellos, ni con sus dioses.33En tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra mí sirviendo á sus dioses: porque te será de tropiezo.

Jehová no solamente da mandamientos a Israel. También le prodiga cuidados, le proporciona un conductor: su Ángel, el que irá delante de él para conducirlo y, a la vez, para dirigir sus combates. Por otra parte, lo instruye acerca del final de su peregrinaje. Amplios límites han sido ya trazados para recibirlo (v. 31).

De la misma manera, Dios ha provisto hoy para el pueblo cristiano en la tierra un compañero de viaje: el Espíritu Santo. La recomendación hecha a Israel en el versículo 21: “Guárdate delante de él”, puede compararse con las exhortaciones hechas en el Nuevo Testamento en cuanto a no entristecer al Espíritu Santo de Dios (Efesios 4:30). En su gracia, Dios quiere que los suyos también conozcan el final de su viaje: la bella heredad que su amor ha preparado para ellos en el cielo, junto a Jesús.

Sin embargo, entre los cuidados de Dios hay algunos a los que estamos menos dispuestos a comprender y aceptar. Esto se ve particularmente en la orden dada a su pueblo para que permanezca estrictamente separado de las naciones que lo rodean. Pero Dios no exige esta separación para privar de algo a los suyos. Por el contrario, lo hace por amor, con el fin de preservarlos de caer en una trampa (v. 33).

Éxodo 24:1-18
1Y DIJO á Moisés: Sube á Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos.2Mas Moisés sólo se llegará á Jehová; y ellos no se lleguen cerca, ni suba con él el pueblo.3Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todos los derechos: y todo el pueblo respondió á una voz, y dijeron: Ejecutaremos todas las palabras que Jehová ha dicho.4Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel.5Y envió á los mancebos de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y sacrificaron pacíficos á Jehová, becerros.6Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y púsola en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar.7Y tomó el libro de la alianza, y leyó á oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos.8Entonces Moisés tomó la sangre, y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre de la alianza que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.9Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel;10Y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.11Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel: y vieron á Dios, y comieron y bebieron.12Entonces Jehová dijo á Moisés: Sube á mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarlos.13Y levantóse Moisés, y Josué su ministro; y Moisés subió al monte de Dios.14Y dijo á los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos á vosotros: y he aquí Aarón y Hur están con vosotros: el que tuviere negocios, lléguese á ellos.15Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte.16Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días: y al séptimo día llamó á Moisés de en medio de la nube.17Y el parecer de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, á los ojos de los hijos de Israel.18Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte: y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

El primer pacto es inaugurado solemnemente y sellado con sangre (leer Hebreos 9:18…). Además, Jehová muestra un poco del resplandor de su gloria a los ancianos de Israel. Ven “debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno (o en su pureza)” (v. 10; comparar con Ezequiel 1:26). Sus pies… esta expresión sugiere el glorioso sendero del Hijo de Dios, tal como los evangelios nos lo presentan, un sendero «como el mismo cielo en pureza…». Cristo no solamente “descendió del cielo” y “subió al cielo”, sino que de una manera permanente, Él es “el Hijo del Hombre, que está en el cielo” (Juan 3:13). En los pasos de Cristo aquí abajo, en todas sus perfecciones morales, puede ser admirada la gloria de Dios (Salmo 68:24). “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, dice Jesús a sus discípulos (Juan 14:9). El versículo 11 es la prefiguración de la santa libertad y de la comunión, de las cuales gozan actualmente los rescatados por el Señor Jesús. Sobre la base de la obra cumplida por Cristo y de su presencia a la diestra de Dios, ellos están en la gloria como en su hogar.

Pensamos también en Moisés sobre otro monte: el de la transfiguración, donde será testigo, junto con Elías y tres de los discípulos, de la gloria del Señor Jesús (Lucas 9:28-36).

Éxodo 25:1-22
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2Di á los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda: de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.3Y esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: Oro, y plata, y cobre,4Y jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino fino, y pelo de cabras,5Y cueros de carneros teñidos de rojo, y cueros de tejones, y madera de Sittim;6Aceite para la luminaria, especias para el aceite de la unción, y para el sahumerio aromático;7Piedras de onix, y piedras de engastes, para el ephod, y para el racional.8Y hacerme han un santuario, y yo habitaré entre ellos.9Conforme á todo lo que yo te mostrare, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus vasos, así lo haréis.10Harán también un arca de madera de Sittim, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.11Y la cubrirás de oro puro; por dentro y por fuera la cubrirás; y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor.12Y para ella harás de fundición cuatro anillos de oro, que pondrás á sus cuatro esquinas; dos anillos al un lado de ella, y dos anillos al otro lado.13Y harás unas varas de madera de Sittim, las cuales cubrirás de oro.14Y meterás las varas por los anillos á los lados del arca, para llevar el arca con ellas.15Las varas se estarán en los anillos del arca: no se quitarán de ella.16Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré.17Y harás una cubierta de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.18Harás también dos querubines de oro, labrados á martillo los harás, en los dos cabos de la cubierta.19Harás, pues, un querubín al extremo de un lado, y un querubín al otro extremo del lado opuesto: de la calidad de la cubierta harás los querubines en sus dos extremidades.20Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas la cubierta: sus caras la una enfrente de la otra, mirando á la cubierta las caras de los querubines.21Y pondrás la cubierta encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.22Y de allí me declararé á ti, y hablaré contigo de sobre la cubierta, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandaré para los hijos de Israel.

Con nuestro capítulo empiezan las instrucciones respecto al culto. El tabernáculo, “figura y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8:5) nos presenta con todo detalle, bajo forma de símbolos, las condiciones en las que: 1) el Dios santo puede permanecer en medio de los suyos; y 2) nosotros, que somos pecadores, podemos acercarnos a ese Dios santo. Trata las verdades básicas de nuestra salvación y el lugar que ocupan en el orden divino.

Cuando queremos describir una casa, no empezamos por los muebles. Aquí, sin embargo, el arca ocupa el primer lugar porque ella representa a Cristo, centro de todos los consejos de Dios. Ella era de madera de acacia (árbol de suelos áridos, incorruptible, figura de la humanidad de Cristo – Isaías 53:2) recubierta de oro, emblema de Su deidad. El propiciatorio de oro puro que servía de cubierta al arca nos habla de un Dios hecho propicio, satisfecho por la sangre que era presentada (leer Romanos 3:25), quien puede aceptar al pecador en su presencia (v. 22). En cuanto a los “querubines de gloria”, cuyos rostros estaban vueltos hacia el propiciatorio (Hebreos 9:5), nos hablan de los profundos y divinos misterios que allí se encuentran, “cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 Pedro 1:12).

Éxodo 25:23-40
23Harás asimismo una mesa de madera de Sittim: su longitud será de dos codos, y de uu codo su anchura, y su altura de codo y medio.24Y la cubrirás de oro puro, y le has de hacer una cornisa de oro alrededor.25Hacerle has también una moldura alrededor, del ancho de una mano, á la cual moldura harás una cornisa de oro en circunferencia.26Y le harás cuatro anillos de oro, los cuales pondrás á las cuatro esquinas que corresponden á sus cuatro pies.27Los anillos estarán antes de la moldura, por lugares de las varas, para llevar la mesa.28Y harás las varas de madera de Sittim, y las cubrirás de oro, y con ellas será llevada la mesa.29Harás también sus platos, y sus cucharas, y sus cubiertas, y sus tazones, con que se libará: de oro fino los harás.30Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente.31Harás además un candelero de oro puro; labrado á martillo se hará el candelero: su pie, y su caña, sus copas, sus manzanas, y sus flores, serán de lo mismo:32Y saldrán seis brazos de sus lados: tres brazos del candelero del un lado suyo, y tres brazos del candelero del otro su lado:33Tres copas en forma de almendras en el un brazo, una manzana y una flor; y tres copas, figura de almendras en el otro brazo, una manzana y una flor: así pues, en los seis brazos que salen del candelero:34Y en el candelero cuatro copas en forma de almendras, sus manzanas y sus flores.35Habrá una manzana debajo de los dos brazos de lo mismo, otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, en conformidad á los seis brazos que salen del candelero.36Sus manzanas y sus brazos serán de lo mismo, todo ello una pieza labrada á martillo, de oro puro.37Y hacerle has siete candilejas, las cuales encenderás para que alumbren á la parte de su delantera:38También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro.39De un talento de oro fino lo harás, con todos estos vasos.40Y mira, y hazlos conforme á su modelo, que te ha sido mostrado en el monte.

Mientras el arca evoca a Cristo, por medio de quien fueron perfectamente mantenidos los derechos de Dios, la mesa representa a Cristo llevando continuamente a los suyos ante la presencia de Dios. De la misma composición que el arca (madera de acacia cubierta de oro), con una cornisa y una moldura –las que respectivamente hablan de gloria y protección–, la mesa estaba destinada a llevar, en primer lugar, los doce panes de la proposición (Levítico 24:5-6), imagen de la totalidad del pueblo de Dios, y luego los utensilios de oro puro del versículo 29, dándonos seguridad de que Cristo nos sustenta en nuestro servicio (Marcos 16:20). De una manera simbólica, todo el pueblo de Dios está ahí, en el santuario, llevado por el Señor y mantenido por Él en la luz de Dios. Eso nos lleva al candelero de oro puro, emblema de Aquel que fue “la luz del mundo”. El candelero tenía siete lámparas de oro, figura del testimonio según Dios que corresponde hoy a la Asamblea (Apocalipsis 1:12 y 20). Ésta es responsable de alumbrar durante la noche de este mundo por medio de la energía del Espíritu Santo (el aceite). “Vosotros sois la luz del mundo” –dijo Jesús a los suyos– durante el tiempo de su ausencia (Mateo 5:14). Pero, para mantener el resplandor de las lámparas, es necesario el empleo de despabiladeras (v. 38), imagen de los continuos cuidados de nuestro Sumo Sacerdote.

Éxodo 26:1-14
1Y HARAS el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, cárdeno, y púrpura, y carmesí: y harás querubines de obra delicada.2La longitud de la una cortina de veintiocho codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos: todas las cortinas tendrán una medida.3Cinco cortinas estarán juntas la una con la otra, y cinco cortinas unidas la una con la otra.4Y harás lazadas de cárdeno en la orilla de la una cortina, en el borde, en la juntura: y así harás en la orilla de la postrera cortina en la juntura segunda.5Cincuenta lazadas harás en la una cortina, y cincuenta lazadas harás en el borde de la cortina que está en la segunda juntura: las lazadas estarán contrapuestas la una á la otra.6Harás también cincuenta corchetes de oro, con los cuales juntarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernáculo.7Harás asimismo cortinas de pelo de cabras para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás.8La longitud de la una cortina será de treinta codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos: una medida tendrán las once cortinas.9Y juntarás las cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas separadamente; y doblarás la sexta cortina delante de la faz del tabernáculo.10Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la una cortina, al borde en la juntura, y cincuenta lazadas en la orilla de la segunda cortina en la otra juntura.11Harás asimismo cincuenta corchetes de alambre, los cuales meterás por las lazadas: y juntarás la tienda, para que se haga una sola cubierta.12Y el sobrante que resulta en las cortinas de la tienda, la mitad de la una cortina que sobra, quedará á las espaldas del tabernáculo.13Y un codo de la una parte, y otro codo de la otra que sobra en la longitud de las cortinas de la tienda, cargará sobre los lados del tabernáculo de la una parte y de la otra, para cubrirlo.14Harás también á la tienda una cubierta de cueros de carneros, teñidos de rojo, y una cubierta de cueros de tejones encima.

Después de estos tres objetos (el arca, la mesa y el candelero) viene la descripción del tabernáculo propiamente dicho. Era un conjunto de tablas que formaban tres paredes, por encima de las cuales estaban extendidas cuatro cubiertas sobrepuestas, cada una constituida por varias cortinas. La primera cubierta, llamada el tabernáculo, estaba puesta debajo y formaba el techo. Sólo se podía contemplar desde el interior del santuario. Estaba tejida con hilos de diferentes colores, semejantes a los que encontramos en el velo (v. 31) y en el efod del sumo sacerdote (cap. 28:5). Cada uno de esos colores subraya una gloria particular de Cristo. El lino torcido ilustra siempre su humanidad perfecta, el azul su carácter celestial, la púrpura su gloria universal, el carmesí su realeza sobre Israel. Las lazadas de azul y los corchetes de oro que unían las cortinas nos recuerdan los vínculos celestiales y divinos que unen a los rescatados. La segunda cubierta (la tienda), de pelo de cabra, la tercera de pieles de carneros y la cuarta de pieles de tejones, sugieren respectivamente la separación, la consagración (cap. 29:27) y la vigilancia. Dios halló esas virtudes en la vida de Jesús en este mundo y desea que ellas sean igualmente visibles ahora en la vida de los suyos.

Éxodo 26:15-30
15Y harás para el tabernáculo tablas de madera de Sittim, que estén derechas.16La longitud de cada tabla será de diez codos, y de codo y medio la anchura de cada tabla.17Dos quicios tendrá cada tabla, trabadas la una con la otra; así harás todas las tablas del tabernáculo.18Harás, pues, las tablas del tabernáculo: veinte tablas al lado del mediodía, al austro.19Y harás cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios.20Y al otro lado del tabernáculo, á la parte del aquilón, veinte tablas;21Y sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.22Y para el lado del tabernáculo, al occidente, harás seis tablas.23Harás además dos tablas para las esquinas del tabernáculo en los dos ángulos posteriores;24Las cuales se unirán por abajo, y asimismo se juntarán por su alto á un gozne: así será de las otras dos que estarán á las dos esquinas.25De suerte que serán ocho tablas, con sus basas de plata, diez y seis basas; dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.26Harás también cinco barras de madera de Sittim, para las tablas del un lado del tabernáculo,27Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para el otro lado del tabernáculo, que está al occidente.28Y la barra del medio pasará por medio de las tablas, del un cabo al otro.29Y cubrirás las tablas de oro, y harás sus anillos de oro para meter por ellos las barras: también cubrirás las barras de oro.30Y alzarás el tabernáculo conforme á su traza que te fue mostrada en el monte.

Los tres lados del tabernáculo estaban constituidos por anchas tablas de madera de acacia cubiertas de oro, puestas de pie sobre basas de plata. Figura de los rescatados, firmemente establecidos sobre la redención de la cual siempre nos habla la plata, y que la justicia divina (el oro) ha revestido, de forma que es ese carácter divino el que ahora debe brillar. Pero, para que las tablas se mantuvieran juntas y resistieran el embate del viento del desierto, hacían falta las barras, las que nos hacen pensar en todo lo que une a los hijos de Dios. Por ejemplo, los agradables vínculos del afecto fraterno. ¡Qué apoyo es para un joven creyente tener un hermano o un amigo con el que pueda hablar de sus dificultades y ponerse de rodillas para elevar a Dios sus plegarias! Por encima de todo, “un solo Espíritu” une a todos los rescatados por el Señor, de manera que forman un cuerpo “bien concertado y unido entre sí”, en condiciones para resistir a “todo viento de doctrina” y a los esfuerzos que el enemigo hace para derribarlos (Efesios 4:2-4 y 14-16; ver también 1 Corintios 10:12). Observemos, por último, lo que caracterizaba a las tablas de las esquinas: estaban perfectamente unidas “por su alto” (v. 24 – ver Juan 17:21 y 1 Corintios 1:10). Un común afecto por el Señor es lo que estrecha “perfectamente” los vínculos de la comunión de los cristianos entre sí.

Éxodo 26:31-37; Éxodo 27:1-8
31Y harás también un velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y de lino torcido: será hecho de primorosa labor, con querubines:32Y has de ponerlo sobre cuatro columnas de madera de Sittim cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata.33Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo.34Y pondrás la cubierta sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo.35Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado del tabernáculo al mediodía; y pondrás la mesa al lado del aquilón.36Y harás á la puerta del tabernáculo una cortina de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, obra de bordador.37Y harás para la cortina cinco columnas de madera de Sittim, las cuales cubrirás de oro, con sus capiteles de oro: y hacerlas has de fundición cinco basas de metal.
1HARAS también altar de madera de Sittim de cinco codos de longitud, y de cinco codos de anchura: será cuadrado el altar, y su altura de tres codos.2Y harás sus cuernos á sus cuatro esquinas; los cuernos serán de lo mismo; y lo cubrirás de metal.3Harás también sus calderas para echar su ceniza; y sus paletas, y sus tazones, y sus garfios, y sus braseros: harás todos sus vasos de metal.4Y le harás un enrejado de metal de obra de malla; y sobre el enrejado harás cuatro anillos de metal á sus cuatro esquinas.5Y lo has de poner dentro del cerco del altar abajo; y llegará el enrejado hasta el medio del altar.6Harás también varas para el altar, varas de madera de Sittim, las cuales cubrirás de metal.7Y sus varas se meterán por los anillos: y estarán aquellas varas á ambos lados del altar, cuando hubiere de ser llevado.8De tablas lo harás, hueco: de la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harás.

Yendo del interior hacia el exterior –el camino de Dios hacia el pecador–, el tabernáculo contaba con un lugar santísimo inaccesible, en el que se encontraba sólo el arca del testimonio (v. 33); luego tenía un lugar santo, separado del lugar santísimo por un velo. Este velo representaba la humanidad de Cristo (Hebreos 10:20), ese conjunto de glorias y perfecciones del que dan una idea los materiales utilizados. Los querubines bordados nos recuerdan a aquellos que prohibían al hombre el acceso al árbol de la vida (Génesis 3:24). Pero, a la muerte de Jesús, el velo del templo se rasgó, quedando así abierto al hombre un camino hasta la misma presencia de Dios.

Ante el velo estaba puesta la mesa y el candelero (v. 35), así como el altar de oro (cap. 30:6). La misma tienda estaba cerrada con una cortina, obra de recamador, pero sin querubines, pues los sacerdotes estaban autorizados a penetrar para cumplir su servicio. Finalmente, ante la tienda estaba erigido el altar de bronce. De grandes dimensiones, cuadrado, ese altar nos habla de la cruz y de la eficacia de ella. Era de madera de acacia (Cristo hecho hombre para poder sufrir y morir) y estaba cubierto de bronce (a fin de que pudiera atravesar la prueba del fuego del juicio divino contra el pecado). ¡Gloria a nuestro perfecto Redentor!

Éxodo 27:9-21
9Asimismo harás el atrio del tabernáculo: al lado del mediodía, al austro, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud cada un lado;10Sus veinte columnas, y sus veinte basas serán de metal; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.11Y de la misma manera al lado del aquilón habrá á lo largo cortinas de cien codos de longitud, y sus veinte columnas, con sus veinte basas de metal; los capiteles de sus columnas y sus molduras, de plata.12Y el ancho del atrio del lado occidental tendrá cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas.13Y en el ancho del atrio por la parte de levante, al oriente, habrá cincuenta codos.14Y las cortinas del un lado serán de quince codos; sus columnas tres, con sus tres basas.15Al otro lado quince codos de cortinas; sus columnas tres, con sus tres basas.16Y á la puerta del atrio habrá un pabellón de veinte codos, de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, de obra de bordador: sus columnas cuatro, con sus cuatro basas.17Todas las columnas del atrio en derredor serán ceñidas de plata; sus capiteles de plata, y sus basas de metal.18La longitud del atrio será de cien codos, y la anchura cincuenta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco codos: sus cortinas de lino torcido, y sus basas de metal.19Todos los vasos del tabernáculo en todo su servicio, y todos sus clavos, y todos los clavos del atrio, serán de metal.20Y tú mandarás á los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas, molido, para la luminaria, para hacer arder continuamente las lámparas.21En el tabernáculo del testimonio, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos, delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones.

En torno al tabernáculo propiamente dicho se extendía el atrio, una especie de gran patio cerrado donde todos los israelitas estaban autorizados a entrar con sus sacrificios (Salmo 96:8). Estaba cercado con cortinas de lino torcido sostenidas por columnas, las que descansaban sobre basas de bronce. Esas cortinas de lino torcido inmaculado (conformes a la inmaculada humanidad de Cristo) nos hablan del testimonio práctico de pureza que los rescatados están llamados a dar frente a un mundo ignorante y hostil. Este testimonio está acompañado por sufrimientos a causa de la justicia; por eso todo descansa sobre basas de bronce, de igual naturaleza que el altar del sacrificio donde, en figura, Cristo sufrió por nosotros, dejándonos un ejemplo… (1 Pedro 2:21). Al brillar bajo el sol del desierto, el recinto del atrio debía ser visto desde muy lejos, proclamando que Dios estaba ahí. Que el Señor nos conceda darle colectivamente un testimonio sin mancha ante el mundo.

El final del capítulo nos recuerda cuál es la fuente y el poder interior de tal testimonio: el Espíritu Santo. Para que las siete lámparas del candelero alumbraran continuamente debía ser traído el aceite puro de olivas machacadas, imagen de un incesante ejercicio por parte de los creyentes para dejar al Espíritu de Dios el lugar que le corresponde.

Éxodo 28:1-14
1Y TU allega á ti á Aarón tu hermano, y á sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; á Aarón, Nadab y Abiú, Eleazar é Ithamar, hijos de Aarón.2Y harás vestidos sagrados á Aarón tu hermano, para honra y hermosura.3Y tú hablarás á todos los sabios de corazón, á quienes yo he henchido de espíritu de sabiduría; á fin que hagan los vestidos de Aarón, para consagrarle á que me sirva de sacerdote.4Los vestidos que harán son estos: el racional, y el ephod, y el manto, y la túnica labrada, la mitra, y el cinturón. Hagan, pues, los sagrados vestidos á Aarón tu hermano, y á sus hijos, para que sean mis sacerdotes.5Tomarán oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido.6Y harán el ephod de oro y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido de obra de bordador.7Tendrá dos hombreras que se junten á sus dos lados, y se juntará.8Y el artificio de su cinto que está sobre él, será de su misma obra, de lo mismo; de oro, cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido.9Y tomarás dos piedras oniquinas, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel:10Los seis de sus nombres en la una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al nacimiento de ellos.11De obra de escultor en piedra á modo de grabaduras de sello, harás grabar aquellas dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; harásles alrededor engastes de oro.12Y pondrás aquellas dos piedras sobre los hombros del ephod, para piedras de memoria á los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová en sus dos hombros por memoria.13Harás pues, engastes de oro,14Y dos cadenillas de oro fino; las cuales harás de hechura de trenza; y fijarás las cadenas de hechura de trenza en los engastes.

Aarón es un tipo de Cristo bajo su carácter de Sumo Sacerdote. Él era el portavoz del pueblo ante Jehová, como Cristo lo es ahora ante Dios, el representante de los que le pertenecen. Sus vestiduras nos hablan en figura de todo lo que se refiere al oficio que Cristo desempeña en el cielo en favor de sus rescatados. ¡Que el Espíritu Santo nos llene de sabiduría (v. 3) para poder examinar las diferentes partes de esas vestiduras! En efecto, ellas ilustran, al mismo tiempo que los atributos gloriosos del Sumo Sacerdote, verdades que nos conciernen muy estrechamente.

El efod, especie de túnica sin mangas, era el elemento principal y característico. Como el velo, estaba tejido y bordado con hilos de varios colores, a cuyo significado ya nos hemos referido. Lo completaban dos hombreras, cual broches que juntaban la parte delantera del efod con la trasera, y sobre ellas había piedras de ónice encajadas en engastes de oro (v. 11) que llevaban como memorial, grabadas de una manera imborrable, los nombres de las doce tribus de Israel. Bella imagen de la manera en que Cristo sostiene y lleva a sus rescatados. Son conocidos por su nombre y siempre están presentes en su pensamiento (comparar con Lucas 15:5). Además, forman parte de su gloria, honra y hermosura (v. 2).

Éxodo 28:15-30
15Harás asimismo el racional del juicio de primorosa obra, le has de hacer conforme á la obra del ephod, de oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido.16Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho:17Y lo llenarás de pedrería con cuatro órdenes de piedras: un orden de una piedra sárdica, un topacio, y un carbunclo; será el primer orden;18El segundo orden, una esmeralda, un zafiro, y un diamante;19El tercer orden, un rubí, un ágata, y una amatista;20Y el cuarto orden, un berilo, un onix, y un jaspe: estarán engastadas en oro en sus encajes.21Y serán aquellas piedra según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, vendrán á ser según las doce tribus.22Harás también en el racional cadenetas de hechura de trenzas de oro fino.23Y harás en el racional dos anillos de oro, los cuales dos anillos pondrás á las dos puntas del racional.24Y pondrás las dos trenzas de oro en los dos anillos á las dos puntas del racional:25Y los dos cabos de las dos trenzas sobre los dos engastes, y las pondrás á los lados del ephod en la parte delantera.26Harás también dos anillos de oro, los cuales pondrás á las dos puntas del racional, en su orilla que está al lado del ephod de la parte de dentro.27Harás asimismo dos anillos de oro, los cuales pondrás á los dos lados del ephod abajo en la parte delantera, delante de su juntura sobre el cinto del ephod.28Y juntarán el racional con sus anillos á los anillos del ephod con un cordón de jacinto, para que esté sobre el cinto del ephod, y no se aparte el racional del ephod.29Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el racional del juicio sobre su corazón, cuando entrare en el santuario, para memoria delante de Jehová continuamente.30Y pondrás en el racional del juicio Urim y Thummim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entrare delante de Jehová: y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová.

Por encima del efod, en la parte delantera, el pectoral estaba firmemente atado. Éste llevaba doce piedras preciosas engastadas en oro, cada una con el nombre de una tribu, las que así se encontraban constantemente sobre el corazón de Aarón. Ésta es una conmovedora imagen del lugar que ocupamos los redimidos del Señor. Estamos sobre sus potentes hombros, pero también sobre su corazón, ya que somos el objeto de su incesante ternura (comp. con Juan 13:23). Los nombres estaban escritos “como grabaduras de sello” (Cantares 8:6; Hageo 2:23).

“Continuamente” es una palabra que debe subrayarse en este capítulo (al final de los v. 29, 30 (“siempre”) y 38). Al igual que estas piedras fijadas de manera inconmovible, nada puede hacer que los rescatados por el Señor se vean privados de Su fuerza (ver Juan 10:28) o de Su amor (Romanos 8:35).

Las piedras eran de diferente color, de modo que cada una reflejaba de manera particular la luz del mismo candelero. Así los rescatados del Señor reflejamos diferentes rasgos morales de Jesús. Y cada uno es precioso para Su corazón. Cuando estemos a punto de criticar a un hermano, acordémonos de que el Señor lo ama. Finalmente, para reflejar bien la luz del santuario, todas esas joyas –los creyentes– tenían que ser labradas y pulidas, lo que constituye el paciente trabajo del Espíritu Santo.

Éxodo 28:31-43
31Harás el manto del ephod todo de jacinto:32Y en medio de él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra de tejedor, como el cuello de un coselete, para que no se rompa.33Y abajo en sus orillas harás granadas de jacinto, y púrpura, y carmesí, por sus bordes alrededor; y entre ellas campanillas de oro alrededor.34Una campanilla de oro y una granada, campanilla de oro y granada, por las orillas del manto alrededor.35Y estará sobre Aarón cuando ministrare; y oiráse su sonido cuando él entrare en el santuario delante de Jehová y cuando saliere, porque no muera.36Harás además una plancha de oro fino, y grabarás en ella grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVA.37Y la pondrás con un cordón de jacinto, y estará sobre la mitra; por el frente anterior de la mitra estará.38Y estará sobre la frente de Aarón: y llevará Aarón el pecado de las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente para que hayan gracia delante de Jehová.39Y bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino; harás también un cinto de obra de recamador.40Y para los hijos de Aarón harás túnicas; también les harás cintos, y les formarás chapeos (tiaras) para honra y hermosura.41Y con ellos vestirás á Aarón tu hermano, y á sus hijos con él: y los ungirás, y los consagrarás, y santificarás, para que sean mis sacerdotes.42Y les harás pañetes de lino para cubrir la carne vergonzosa; serán desde los lomos hasta los muslos:43Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entraren en el tabernáculo de testimonio, ó cuando se llegaren al altar para servir en el santuario, porque no lleven pecado, y mueran. Estatuto perpetuo para él, y para su simiente después de él.

El manto azul que Aarón debía llevar bajo el efod nos habla del carácter celestial de nuestro Sumo Sacerdote. Cristo ha sido hecho más sublime que los cielos (Hebreos 7:26) en tanto que un testimonio le es dado en la tierra por estos “hermanos juntos en armonía”, quienes, sostenidos por Su sacerdocio en el cielo, constituyen como “el borde de sus vestiduras” (Salmo 133:1-2). Las campanillas nos hacen pensar en lo que debemos oír en la vida de los hijos de Dios. Su tintineo era la prueba de que el sacerdote estaba vivo. ¿Mostramos a nuestro alrededor que Cristo está vivo? Las granadas representan el fruto: lo que se debe ver en la vida de los santos si están vinculados a la «vestidura» del Hombre celestial (comparar con Juan 15:5). Observemos que las campanillas y las granadas estaban en igual número, lo que significa que las palabras y los hechos deben ir a la par en la vida de cada hijo de Dios. Pero, si en ese testimonio y ese servicio nos sentimos sin fuerzas e imperfectos, tenemos un remedio: Cristo ante Dios en su absoluta santidad, quien tiene sobre su frente la lámina de oro fino con la inscripción “Santidad a Jehová”. Si lo consideramos, no estaremos pendientes de nuestras debilidades, sino de sus perfecciones (Salmo 84:9).

Las vestiduras de los hijos de Aarón nos hacen pensar en la promesa del Salmo 132:16.

Éxodo 29:1-18
1Y ESTO es lo que les harás para consagrarlos, para que sean mis sacerdotes: Toma un becerro de la vacada, y dos carneros sin tacha;2Y panes sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite; las cuales cosas harás de flor de harina de trigo:3Y las pondrás en un canastillo, y en el canastillo las ofrecerás, con el becerro y los dos carneros.4Y harás llegar á Aarón y á sus hijos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y los lavarás con agua.5Y tomarás las vestiduras, y vestirás á Aarón la túnica y el manto del ephod, y el ephod, y el racional, y le ceñirás con el cinto del ephod;6Y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrás la diadema santa.7Y tomarás el aceite de la unción, y derramarás sobre su cabeza, y le ungirás.8Y harás llegar sus hijos, y les vestirás las túnicas.9Y les ceñirás el cinto, á Aarón y á sus hijos, y les atarás los chapeos (tiaras), y tendrán el sacerdocio por fuero perpetuo: y henchirás las manos de Aarón y de sus hijos.10Y harás llegar el becerro delante del tabernáculo del testimonio, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro.11Y matarás el becerro delante de Jehová á la puerta del tabernáculo del testimonio.12Y tomarás de la sangre del becerro, y pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y derramarás toda la demás sangre al pie del altar.13Tomarás también todo el sebo que cubre los intestinos, y el redaño de sobre el hígado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y los quemarás sobre el altar.14Empero consumirás á fuego fuera del campo la carne del becerro, y su pellejo, y su estiércol: es expiación.15Asimismo tomarás el un carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero.16Y matarás el carnero, y tomarás su sangre, y rociarás sobre el altar alrededor.17Y cortarás el carnero en pedazos, y lavarás sus intestinos y sus piernas, y las pondrás sobre sus trozos y sobre su cabeza.18Y quemarás todo el carnero sobre el altar: es holocausto á Jehová, olor grato, es ofrenda quemada á Jehová.

Solo, Aarón representa a Cristo; como tal es ungido aparte y la sangre no es necesaria (v. 7). Acompañado de sus hijos, vemos a Cristo con los suyos. En virtud de su relación con Jesús, Sumo Sacerdote en el cielo, los creyentes están asociados a Cristo para presentar la alabanza a Dios. Pero, antes de poder ejercer su oficio, Aarón y sus hijos tenían que cumplir ciertas condiciones. Algunos sacrificios estaban preparados para ellos. Debían acercarse a la entrada de la tienda y ser lavados con agua (observemos que no podían hacerlo ellos mismos). A continuación recibían las nuevas vestiduras descritas en el capítulo 28. Moralmente, las mismas operaciones son indispensables antes de iniciar cualquier servicio cristiano. Es preciso que vayamos a Dios con el sacrificio excelente que expía nuestros pecados. Luego es necesario ese lavado “con agua” efectuado por la Palabra (Hebreos 10:22; Tito 3:5). Finalmente, nuestro cuerpo limpio requiere vestiduras limpias. Zacarías 3:3-5 nos muestra un sacerdote, Josué, al que Jehová viste de ropas de gala en lugar de sus “vestiduras viles”. Nuestra conducta exterior debe ser pura para que corresponda a la purificación interior de nuestra conciencia. Sólo vistiéndonos del Señor Jesucristo podremos realizarlo (Romanos 13:14).

Éxodo 29:19-30
19Tomarás luego el otro carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero:20Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre, y pondrás sobre la ternilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre la ternilla de las orejas de sus hijos, y sobre el dedo pulgar de las manos derechas de ellos, y sobre el dedo pulgar de los pies derechos de e21Y tomarás de la sangre que hay sobre el altar, y del aceite de la unción, y esparcirás sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, y sobre sus hijos, y sobre las vestimentas de éstos; y él será santificado, y sus vestiduras, y sus hijos, y las vestimentas de sus22Luego tomarás del carnero el sebo, y la cola, y el sebo que cubre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y la espaldilla derecha; porque es carnero de consagraciones:23También una torta de pan, y una hojaldre amasada con aceite, y una lasaña del canastillo de los ázimos presentado á Jehová;24Y lo has de poner todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos; y lo mecerás agitándolo delante de Jehová.25Después lo tomarás de sus manos, y lo harás arder sobre el altar en holocausto, por olor agradable delante de Jehová. Es ofrenda encendida á Jehová.26Y tomarás el pecho del carnero de las consagraciones, que fue inmolado para la de Aarón, y lo mecerás por ofrenda agitada delante de Jehová; y será porción tuya.27Y apartarás el pecho de la ofrenda mecida, y la espaldilla de la santificación, lo que fue mecido y lo que fue santificado del carnero de las consagraciones de Aarón y de sus hijos:28Y será para Aarón y para sus hijos por estatuto perpetuo de los hijos de Israel, porque es porción elevada; y será tomada de los hijos de Israel de sus sacrificios pacíficos, porción de ellos elevada en ofrenda á Jehová.29Y las vestimentas santas, que son de Aarón, serán de sus hijos después de él, para ser ungidos con ellas, y para ser con ellas consagrados.30Por siete días las vestirá el sacerdote de sus hijos, que en su lugar viniere al tabernáculo del testimonio á servir en el santuario.

La ceremonia continuaba. En efecto, los hijos de Aarón no habían sido purificados para que luego hicieran lo que quisieran. Estaban consagrados, dedicados al servicio de Jehová. En Israel, únicamente la familia de Aarón ejercía el sacerdocio, mientras que ahora todos aquellos que forman parte del pueblo de Dios son llamados a ejercer esta noble función. Amigos creyentes, si Dios nos ha salvado a causa de su gran amor, es para que, desde ahora, le estemos enteramente consagrados. La sangre sobre la oreja y los pulgares de la mano y del pie (v. 20) muestran que esas partes del cuerpo –las que respectivamente nos hablan de obediencia, acción y marcha– quedaban santificadas para ser puestas a disposición de Dios por medio del poder del Espíritu Santo (el aceite sobre la sangre).

Observemos bien que la expresión traducida por «consagrar» significa literalmente «llenar las manos». También, lejos de ver en la consagración –como lo hacen algunos– un acto por medio del cual nos ofrecemos nosotros mismos al Señor (¿acaso podemos darle lo que ya le pertenece?), entendemos en cambio que nuestras manos –o más bien nuestros corazones– tienen necesidad de ser llenos por Dios antes de poder “mecer” la ofrenda (Cristo) ante Él (v. 24). “Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos”, dirá David (1 Crónicas 29:14).

Éxodo 29:31-46
31Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en el lugar del santuario.32Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero, y el pan que está en el canastillo, á la puerta del tabernáculo del testimonio.33Y comerán aquellas cosas con las cuales se hizo expiación, para henchir sus manos para ser santificados: mas el extranjero no comerá, porque es cosa santa.34Y si sobrare algo de la carne de las consagraciones y del pan hasta la mañana, quemarás al fuego lo que hubiere sobrado: no se comerá, porque es cosa santa.35Así pues harás á Aarón y á sus hijos, conforme á todas las cosas que yo te he mandado: por siete días los consagrarás.36Y sacrificarás el becerro de la expiación en cada día para las expiaciones; y purificarás el altar en habiendo hecho expiación por él, y lo ungirás para santificarlo.37Por siete días expiarás el altar, y lo santificarás, y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare al altar, será santificada.38Y esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día, sin intermisión.39Ofrecerás el un cordero á la mañana, y el otro cordero ofrecerás á la caída de la tarde:40Además una décima parte de un epha de flor de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite molido: y la libación será la cuarta parte de un hin de vino con cada cordero.41Y ofrecerás el otro cordero á la caída de la tarde, haciendo conforme á la ofrenda de la mañana, y conforme á su libación, en olor de suavidad; será ofrenda encendida á Jehová.42Esto será holocausto continuo por vuestras generaciones á la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová, en el cual me concertaré con vosotros, para hablaros allí.43Y allí testificaré de mí á los hijos de Israel, y el lugar será santificado con mi gloria.44Y santificaré el tabernáculo del testimonio y el altar: santificaré asimismo á Aarón y á sus hijos, para que sean mis sacerdotes.45Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.46Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos: Yo Jehová su Dios.

El carnero de las consagraciones debía ser primeramente ofrecido y después comido por los sacerdotes. Para servir a su Dios, el rescatado debe alimentarse de Aquel que hasta en la muerte se consagró a Dios. El apóstol nos exhorta a andar “en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2). Los sacerdotes debían comer la carne del carnero de las consagraciones a “la puerta del tabernáculo de reunión”, es decir, antes de servir en el santuario. A cada uno de los siete días de la semana le correspondía un sacrificio, lo que para nosotros viene a ser el producto de ejercicios espirituales y afectos renovados de día en día.

El final del capítulo nos habla de los sacrificios que debían ser ofrecidos “continuamente”, “por vuestras generaciones” (ver Números 28:3, 6, 10…; Esdras 3:5), para magnificar constantemente ante Dios la obra de la cruz. Una vez santificado el tabernáculo, el altar y la familia sacerdotal, Dios podía habitar en medio de los suyos en un orden de cosas que convenía a su gloria (v. 44-45). El apóstol Pablo establece la misma relación entre la actual habitación de Dios en los creyentes –por medio de su Espíritu– y la santidad que debe caracterizar a éstos (leer 1 Corintios 3:16-17 y 6:19).

Éxodo 30:1-16
1HARAS asimismo un altar de sahumerio de perfume: de madera de Sittim lo harás.2Su longitud será de un codo, y su anchura de un codo: será cuadrado: y su altura de dos codos: y sus cuernos serán de lo mismo.3Y cubrirlo has de oro puro, su techado, y sus paredes en derredor, y sus cuernos: y le harás en derredor una corona de oro.4Le harás también dos anillos de oro debajo de su corona á sus dos esquinas en ambos lados suyos, para meter los varales con que será llevado.5Y harás los varales de madera de Sittim, y los cubrirás de oro.6Y lo pondrás delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante de la cubierta que está sobre el testimonio, donde yo te testificaré de mí.7Y quemará sobre él Aarón sahumerio de aroma cada mañana cuando aderezare las lámparas lo quemará.8Y cuando Aarón encenderá las lámparas al anochecer, quemará el sahumerio: rito perpetuo delante de Jehová por vuestras edades.9No ofreceréis sobre él sahumerio extraño, ni holocausto, ni presente; ni tampoco derramaréis sobre él libación.10Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre de la expiación para las reconciliaciones: una vez en el año hará expiación sobre él en vuestras edades: será muy santo á Jehová.11Y habló Jehová á Moisés, diciendo:12Cuando tomares el número de los hijos de Israel conforme á la cuenta de ellos, cada uno dará á Jehová el rescate de su persona, cuando los contares, y no habrá en ellos mortandad por haberlos contado.13Esto dará cualquiera que pasare por la cuenta, medio siclo conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte óbolos: la mitad de un siclo será la ofrenda á Jehová.14Cualquiera que pasare por la cuenta, de veinte años arriba, dará la ofrenda á Jehová.15Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá de medio siclo, cuando dieren la ofrenda á Jehová para hacer expiación por vuestras personas.16Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para la obra del tabernáculo del testimonio: y será por memoria á los hijos de Israel delante de Jehová, para expiar vuestras personas.

Una vez efectuada la obra que permitía al sacerdote acercarse, se nos presenta otro altar, cubierto de oro, sobre el cual Aarón y sus hijos debían quemar el incienso. El primer altar nos habla de Cristo y del valor de su sangre; el segundo también es figura de Cristo y de la eficiencia de su intercesión. El altar de oro era inseparable del altar de bronce. Jesús fue primeramente el sacrificio y después el sacerdote. Como ofreció en la cruz la sangre que purifica, ahora puede presentarse vivo por los suyos, en los lugares santos.

Ninguna víctima era ofrecida en el altar de oro, ya que Cristo no tiene que sufrir ni morir más. La obra está acabada. Ahora Él es, en el cielo, el tema, «la esencia» del culto. Por medio de Cristo el rescatado también se acerca a su vez y ofrece al Padre el perfume de la adoración y la oración (Salmo 141:2). Porque el culto consiste, ante todo, en presentar a Dios las perfecciones de su Hijo amado.

Los versículos 11-16 hablan del rescate. Éste es estrictamente personal. Por otra parte, era idéntico para el rico y el pobre. Dios no hace diferencia entre los pecadores (Romanos 2:11) y ofrece a todos el mismo medio de salvación. ¡Una salvación gratuita! Pero ¡cuánto le costó a Aquel que pagó nuestro rescate!

Éxodo 30:17-38
17Habló más Jehová á Moisés, diciendo:18Harás también una fuente de metal, con su basa de metal, para lavar; y la has de poner entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y pondrás en ella agua.19Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos sus manos y sus pies:20Cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, se han de lavar con agua, y no morirán: y cuando se llegaren al altar para ministrar, para encender á Jehová la ofrenda que se ha de consumir al fuego,21También se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su simiente por sus generaciones.22Habló más Jehová á Moisés, diciendo:23Y tú has de tomar de las principales drogas; de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos y cincuenta, y de cálamo aromático doscientos y cincuenta,24Y de casia quinientos, al peso del santuario, y de aceite de olivas un hin:25Y harás de ello el aceite de la santa unción, superior ungüento, obra de perfumador, el cual será el aceite de la unción sagrada.26Con él ungirás el tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio,27Y la mesa, y todos sus vasos, y el candelero, y todos sus vasos, y el altar del perfume,28Y el altar del holocausto, todos sus vasos, y la fuente y su basa.29Así los consagrarás, y serán cosas santísimas: todo lo que tocare en ellos, será santificado.30Ungirás también á Aarón y á sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes.31Y hablarás á los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras edades.32Sobre carne de hombre no será untado, ni haréis otro semejante, conforme á su composición: santo es; por santo habéis de tenerlo vosotros.33Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de sus pueblos.34Dijo aún Jehová á Moisés: Tómate aromas, estacte y uña olorosa y gálbano aromático é incienso limpio; de todo en igual peso:35Y harás de ello una confección aromática de obra de perfumador, bien mezclada, pura y santa:36Y molerás alguna de ella pulverizándola, y la pondrás delante del testimonio en el tabernáculo del testimonio, donde yo te testificaré de mí. Os será cosa santísima.37Como la confección que harás, no os haréis otra según su composición: te será cosa sagrada para Jehová.38Cualquiera que hiciere otra como ella para olerla, será cortado de sus pueblos.

Todavía faltaba un utensilio para que el culto pudiera tener lugar. Era la fuente de bronce. Ella debía estar puesta en el atrio, entre el altar de bronce y el tabernáculo propiamente dicho, en el camino del sacerdote que, yendo a ejercer su oficio, se lavaba las manos y los pies. Este acto es figura del juicio de uno mismo bajo el efecto de la Palabra (el agua) que purifica al adorador de las manchas contraídas en su marcha en medio del mundo (Juan 13:10).

Después del agua que limpia “las inmundicias de la carne” (1 Pedro 3:21) (lado negativo), encontramos el aceite de la unción (el Espíritu) que confiere un carácter santo. Los ingredientes que entraban en su composición expresaban las diversas gracias y glorias de Cristo. Estaba prohibido verter el aceite santo sobre la carne del hombre (servirse de los dones del Espíritu para vanagloriarse) y fabricar otro semejante (imitar las manifestaciones del Espíritu Santo). El Salmo 133 (v. 2) nos muestra este precioso aceite derramado sobre la cabeza de Aarón y que baja por su barba hasta el borde de sus vestiduras; magnífica imagen de los rescatados que gozan, por medio del Espíritu, de las perfecciones de su Jefe glorificado y que participan de la misma unción. Por el contrario, el buen olor del incienso subía constantemente hacia Dios para presentarle en detalle toda la excelencia de su Amado.

Éxodo 31:1-18
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Mira, yo he llamado por su nombre á Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;3Y lo he henchido de espíritu de Dios, en sabiduría, y en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio,4Para inventar diseños, para trabajar en oro, y en plata, y en metal,5Y en artificio de piedras para engastar las, y en artificio de madera; para obrar en toda suerte de labor.6Y he aquí que yo he puesto con él á Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan: y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado:7El tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio, y la cubierta que está sobre ella, y todos los vasos del tabernáculo;8Y la mesa y sus vasos, y el candelero limpio y todos sus vasos, y el altar del perfume;9Y el altar del holocausto y todos sus vasos, y la fuente y su basa;10Y los vestidos del servicio, y las santas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para que ejerzan el sacerdocio;11Y el aceite de la unción, y el perfume aromático para el santuario: harán conforme á todo lo que te he mandado.12Habló además Jehová á Moisés, diciendo:13Y tú hablarás á los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.14Así que guardaréis el sábado, porque santo es á vosotros: el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos.15Seis días se hará obra, mas el día séptimo es sábado de reposo consagrado á Jehová; cualquiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente.16Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo:17Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó.18Y dió á Moisés, como acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

Observemos en nuestro pasaje la sucesión de los verbos: he llamado por nombre, he llenado del Espíritu de Dios, he puesto (o dado) con él a Aholiab, he puesto sabiduría, te he mandado. Todo lo que concierne al servicio es dirigido desde arriba, por Dios mismo. Ni siquiera Moisés estaba calificado para escoger a los obreros. En el libro de los Hechos vemos que es el Espíritu Santo quien designa a Bernabé y a Saulo para efectuar la obra a la cual Dios les llamaba (Hechos 13:2). Con más razón, no pertenece al obrero decidir lo que debe hacer. Dios es quien lo designa y lo llena de la sabiduría necesaria. Dios ha dado a cada uno una inteligencia. ¿Para qué empleamos la nuestra? Quizá para hacer buenos estudios o para ganarnos bien la vida. Pero el Señor quiere que, bajo la acción de su Espíritu, todas nuestras facultades estén puestas a su servicio.

Por último, también es Dios quien, con el servicio, da el descanso necesario a sus siervos. El Evangelio nos muestra al Señor llamando a sus discípulos, enviándolos y, finalmente, al regresar ellos, conduciéndolos aparte para que descansen un poco (Marcos 6:7 y 31). Aquí el descanso toma la forma del día de reposo. “El día de reposo fue hecho por causa del hombre”, dice el Señor Jesús (Marcos 2:27). Sepamos dar gracias a Dios por el descanso que nos concede.

Éxodo 32:1-10
1MAS viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, allegóse entonces á Aarón, y dijéronle: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque á este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya a2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos.3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y trajéronlos á Aarón:4El cual los tomó de las manos de ellos, y formólo con buril, é hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.5Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta á Jehová.6Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron pacíficos: y sentóse el pueblo á comer y á beber, y levantáronse á regocijarse.7Entonces Jehová dijo á Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de tierra de Egipto se ha corrompido:8Presto se han apartado del camino que yo les mandé, y se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y han sacrificado á él, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.9Dijo más Jehová á Moisés: Yo he visto á este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz:10Ahora pues, déjame que se encienda mi furor en ellos, y los consuma: y á ti yo te pondré sobre gran gente.

Desearíamos poder pasar directamente de la descripción del tabernáculo (capítulo 31) a su construcción (capítulo 35). Desgraciadamente, entre los dos hechos se intercala un episodio oscuro de la historia de ese pobre pueblo. Mientras Dios, en la montaña, daba la ley a Moisés, en la llanura el pueblo ya transgredía los dos primeros mandamientos. Y mientras Jehová daba a su siervo las instrucciones relativas a su culto, Israel establecía un culto idólatra. ¡Cuán grande es la perversidad del hombre, su ingratitud, su rapidez para olvidar las bondades de Dios! (Salmo 78:11; 106:19-23). “La idolatría” no es solamente el pecado de Israel o de los paganos. Al recordar esta escena, el apóstol Pablo se ve en la obligación de advertir a los cristianos (1 Corintios 10:7 y 14). Un ídolo es todo lo que toma en nuestro corazón el lugar que pertenece a Jesús. Puede ser semejante al becerro de oro: 1) a imagen de los dioses del mundo (los egipcios adoraban al buey Apis); 2) fundido en molde o, dicho de otra manera, llevando la huella de las concepciones del espíritu humano; 3) dándole forma con buril, es decir, ser el fruto de nuestros propios esfuerzos (Isaías 44:10 y 12). Todo eso ocurre cuando se ha perdido de vista el regreso de nuestro Mediador, Cristo, actualmente en el cielo, así como Moisés estaba en la montaña.

Éxodo 32:11-20
11Entonces Moisés oró á la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte?12¿Por qué han de hablar los Egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo.13Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel tus siervos, á los cuales has jurado por ti mismo, y dícholes: Yo multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo; y daré á vuestra simiente toda esta tierra que he dicho, y la tomarán por heredad par14Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer á su pueblo.15Y volvióse Moisés, y descendió del monte trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de una parte y de otra estaban escritas.16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.17Y oyendo Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo á Moisés: Alarido de pelea hay en el campo.18Y él respondió: No es eco de algazara de fuertes, ni eco de alaridos de flacos: algazara de cantar oigo yo.19Y aconteció, que como llegó él al campo, y vió el becerro y las danzas, enardeciósele la ira á Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pie del monte.20Y tomó el becerro que habían hecho, y quemólo en el fuego, y moliólo hasta reducirlo á polvo, que esparció sobre las aguas, y diólo á beber á los hijos de Israel.

“Tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido” anuncia Jehová a Moisés (v. 7). «No, –responde Moisés– es “tu pueblo” que tú sacaste… (v. 11). Por consiguiente, no puedes destruirlo.» Jesús, al orar en favor de los suyos dice al Padre: “tuyos son” (Juan 17:9).

Aquí Moisés es un abogado hábil. En otro tiempo había dicho que él no era un hombre elocuente, que era “torpe de lengua” (4:10). Pero ahora su corazón se siente conmovido por Israel y, a causa de la abundancia de su corazón, ¡qué bien sabe, por el Espíritu, abogar en favor del pueblo de Dios! No obstante, todo el favor de Moisés no podía impedir que Jehová destruyese a Israel si la ley que lo condenaba le era presentada en ese momento. De esas dos cosas, la ley y el pueblo culpable, una tenía que desaparecer. En su gracia, Dios permite que la ley sea retirada, de forma que Moisés, acorde con el pensamiento de Dios, rompe las dos tablas de piedra al pie de la montaña.

Cuando el Señor Jesús vino a este mundo culpable, no fue para abolir la ley. Por el contrario, Él la cumplió perfectamente antes de sufrir en la cruz su maldición (Mateo 5:17-18; Gálatas 3:13).

Éxodo 32:21-35
21Y dijo Moisés á Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces el pueblo, que es inclinado á mal.23Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, que á este Moisés, el varón que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido.24Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y diéronmelo, y echélo en el fuego, y salió este becerro.25Y viendo Moisés que el pueblo estaba despojado, porque Aarón lo había despojado para vergüenza entre sus enemigos,26Púsose Moisés á la puerta del real, y dijo: ¿Quién es de Jehová? júntese conmigo. Y juntáronse con él todos los hijos de Leví.27Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta á puerta por el campo, y matad cada uno á su hermano, y á su amigo, y á su pariente.28Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.29Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado á Jehová, porque cada uno se ha consagrado en su hijo, y en su hermano, para que dé él hoy bendición sobre vosotros.30Y aconteció que el día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado: mas yo subiré ahora á Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado.31Entonces volvió Moisés á Jehová, y dijo: Ruégote, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,32Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.33Y Jehová respondió á Moisés: Al que pecare contra mí, á éste raeré yo de mi libro.34Ve pues ahora, lleva á este pueblo donde te he dicho: he aquí mi ángel irá delante de ti; que en el día de mi visitación yo visitaré en ellos su pecado.35Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.

La indignación se ha apoderado de Moisés. anteriormente se había mostrado celoso por el pueblo ante Jehová; ahora se muestra celoso por Jehová ante el pueblo. Moisés reprende a Aarón, el cual se excusa en lugar de humillarse. Además, un terrible deber es impuesto a los hijos de Leví para mostrarnos que la gloria de Dios siempre está antes que los vínculos familiares o amistosos. Los hijos de Leví son fieles, y Jehová lo tendrá en cuenta al confiarles más tarde el servicio del tabernáculo (Deuteronomio 33:9-10). Dios no nos empleará a su servicio sin haber puesto a prueba nuestra fidelidad.

Por último, volvemos a encontrar a Moisés en la posición de intercesor. Expone los hechos –contrariamente a Aarón– sin esconder nada. Pero quiere hacer propiciación por el pueblo y se ofrece para ser castigado en su lugar. Se parece en eso al apóstol Pablo, quien deseaba ser separado de Cristo, por amor a sus hermanos, los que eran sus parientes según la carne (Romanos 9:3). Pero este sacrificio no es posible. La Escritura declara que ningún hombre “podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate” (Salmo 49:7), y que “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). Sólo Cristo pudo hacer propiciación por el pecador, porque Él mismo era sin pecado.

Éxodo 33:1-11
1Y JEHOVA dijo á Moisés: Ve, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, á la tierra de la cual juré á Abraham, Isaac, y Jacob, diciendo: A tu simiente la daré:2Y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al Cananeo y al Amorrheo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Heveo y al Jebuseo:3(A la tierra que fluye leche y miel); porque yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.4Y oyendo el pueblo esta sensible palabra, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos:5Pues Jehová dijo á Moisés: Di á los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz: en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré: quítate pues ahora tus atavíos, que yo sabré lo que te tengo de hacer.6Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.7Y Moisés tomó el tabernáculo, y extendiólo fuera del campo, lejos del campo, y llamólo el Tabernáculo del Testimonio. Y fué, que cualquiera que requería á Jehová, salía al tabernáculo del testimonio, que estaba fuera del campo.8Y sucedía que, cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y estaba cada cual en pie á la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo.9Y cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía, y poníase á la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés.10Y viendo todo el pueblo la columna de nube, que estaba á la puerta del tabernáculo, levantábase todo el pueblo, cada uno á la puerta de su tienda y adoraba.11Y hablaba Jehová á Moisés cara á cara, como habla cualquiera á su compañero. Y volvíase al campo; mas el joven Josué, su criado, hijo de Nun, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.

Animado por una ira santa, Moisés destruye el becerro de oro y ordena el castigo. En seguida informa al pueblo que Jehová no subirá con ellos. Entonces hace algo inesperado: levanta para él una tienda fuera del campamento, lejos de éste. ¿Ha dejado de amar al pueblo? No, por el contrario, acaba de dar la prueba más grande y conmovedora al pedir ser borrado del libro de Jehová en lugar del pueblo. Su motivo es muy diferente. A causa del pecado cometido, la nube no puede posarse más en el campamento. Por eso, para volver a encontrar esta preciosa columna, figura de Cristo, Moisés y otros con él dejan el campamento de Israel.

Hebreos 13:13, al aludir a este pasaje hace oír el llamado: “Salgamos, pues, a él (Cristo), fuera del campamento”. Para obedecer a esta prescripción, muchos rescatados se han separado de religiones formalistas y de iglesias organizadas en la cristiandad, y han buscado sencilla y únicamente la presencia del Señor Jesús (Mateo 18:20). ¡Veamos a Josué! Aunque todavía era joven, comprendía que su felicidad consistía en no abandonar la presencia de Dios. Imagen de una continua comunión, pero también del gozo que nos espera en el lugar donde el Señor ha prometido su presencia.

Éxodo 33:12-23
12Y dijo Moisés á Jehová: Mira, tú me dices á mí: Saca este pueblo: y tú no me has declarado á quién has de enviar conmigo: sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.13Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, ruégote que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, porque halle gracia en tus ojos: y mira que tu pueblo es aquesta gente.14Y él dijo: Mi rostro irá contigo, y te haré descansar.15Y él respondió: Si tu rostro no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.16¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en andar tú con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?17Y Jehová dijo á Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.18El entonces dijo: Ruégote que me muestres tu gloria.19Y respondióle: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.20Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá.21Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña:22Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado:23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

Fuera del campamento Moisés puede hablar cara a cara con Jehová (v. 11) ¿Cuál es el tema de conversación? Como siempre, el pobre pueblo. Moisés es figura de alguien más grande que él: el Hijo que hablaría a su Padre de aquellos que le serían dados de en medio del mundo (Juan 17:9).

“Te ruego que me muestres ahora tu camino”, pide el varón de Dios. Además, ruega que Dios vaya con ellos. Comparemos esas peticiones con la doble petición del salmista: “Hazme saber el camino por donde ande… Tu buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud” (Salmo 143:8 y 10). Sí, sube tú mismo con nosotros, reclama el fiel intercesor. No nos podemos privar de tu presencia. Y Dios se deja conmover. Como ya lo hemos observado, Él nunca considera que la fe sea demasiado atrevida. Regocijamos su corazón pidiéndole cosas difíciles. Se suele decir: una fe pequeña recibe una respuesta pequeña, pero una fe grande recibe una respuesta grande.

Al final, Moisés hace una tercera petición a Jehová, más audaz todavía: que le sea permitido ver Su gloria. Sólo la verá “por detrás” (dicho de otra manera, en las huellas que Su amor ha dejado). Pensamos en la petición de Jesús a su Padre, a fin de que, ahí donde Él está, los suyos también estén, para que vean su gloria… (Juan 17:24). Tal es su más ansiado deseo. ¿Es también el nuestro?

Éxodo 34:1-11
1Y JEHOVA dijo á Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.2Apercíbete, pues, para mañana, y sube por la mañana al monte de Sinaí, y estáme allí sobre la cumbre del monte.3Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.4Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y levantóse por la mañana, y subió al monte de Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.5Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.6Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad;7Que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los 8Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y encorvóse;9Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque este es pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y poséenos.10Y él dijo: He aquí, yo hago concierto delante de todo tu pueblo: haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna; y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque ha de ser cosa terrible la que yo h11Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al Amorrheo, y al Cananeo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo.

Cuando Moisés pidió a Jehová que le mostrara Su gloria, sin duda esperaba tener una visión resplandeciente, como la descrita en el capítulo 24:10. Pero Dios le va a revelar algo mucho más precioso: “La gloria de su gracia” (Efesios 1:6). Se da a conocer a su siervo como el Dios misericordioso y hacedor de gracia (v. 6). Es como si Dios dijera: Llevo un nombre que me obliga a dispensar gracia. Pero notemos dos condiciones que nos permitirán aprovecharla.

1a. “Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana”, ordena Jehová a Moisés. ¡El Señor nos dé cada mañana esta disposición del corazón, tan necesaria para gustar su gracia! (Salmo 63:1-3).

2a. El hombre de Dios debe mantenerse en la hendidura de la peña, imagen de un Cristo herido, quien ahora dice a los suyos: “Permaneced en mí” (Juan 15:4). Pero la gracia de Dios no debe hacernos olvidar su gobierno. En el mismo versículo 7 aprendemos que Él perdona la iniquidad (por gracia), pero de ningún modo tendrá por inocente al malvado.

Jehová había declarado en el capítulo 33 (v. 3): “Yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz”. Precisamente por ese motivo Moisés reclama su presencia (v. 9). Después de la revelación de tan grandes glorias divinas: misericordioso, perdonador, es como si Moisés contestase: «El pueblo precisamente necesita un Dios como tú».

Éxodo 34:12-26
12Guárdate que no hagas alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, porque no sean por tropezadero en medio de ti:13Mas derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y talaréis sus bosques:14Porque no te has de inclinar á dios ajeno; que Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.15Por tanto no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y sacrificarán á sus dioses, y te llamarán, y comerás de sus sacrificios;16O tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán también fornicar á tus hijos en pos de los dioses de ellas.17No harás dioses de fundición para ti.18La fiesta de los ázimos guardarás: siete días comerás por leudar, según te he mandado, en el tiempo del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto.19Todo lo que abre matriz, mío es; y de tu ganado todo primerizo de vaca ó de oveja que fuere macho.20Empero redimirás con cordero el primerizo del asno; y si no lo redimieres, le has de cortar la cabeza. Redimirás todo primogénito de tus hijos, y no serán vistos vacíos delante de mí.21Seis días trabajarás, mas en el séptimo día cesarás: cesarás aun en la arada y en la siega.22Y te harás la fiesta de las semanas á los principios de la siega del trigo: y la fiesta de la cosecha á la vuelta del año.23Tres veces en el año será visto todo varón tuyo delante del Señoreador Jehová, Dios de Israel.24Porque yo arrojaré las gentes de tu presencia, y ensancharé tu término: y ninguno codiciará tu tierra, cuando tú subieres para ser visto delante de Jehová tu Dios tres veces en el año.25No ofrecerás con leudo la sangre de mi sacrificio; ni quedará de la noche para la mañana el sacrificio de la fiesta de la pascua.26La primicia de los primeros frutos de tu tierra meterás en la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

Por segunda vez Moisés está con Jehová en la montaña durante cuarenta días. Como consecuencia de lo que ha sucedido, Dios se da a conocer como un “Dios celoso” (v. 14), deseoso de ser el único objeto de la adoración de su pueblo. No porque los ídolos le causen el más pequeño perjuicio. ¿Qué rivalidad puede existir entre el Creador de los mundos y los dioses de oro, de piedra o de madera, obras de manos de hombres? Pero es “celoso” porque sabe que la felicidad de los suyos consiste en no amar a nadie más que a Él, y que los ídolos siempre los desilusionarán. También lo es porque el débil amor de ellos tiene gran valor para su corazón. La primera epístola de Juan, la que más nos habla del amor divino, termina haciendo esta exhortación: “Hijitos, guardaos de los ídolos”.

Los moradores del país te serán un tropezadero, previene Jehová, quien conoce a la vez la trampa y nuestra tendencia a caer en ella (v. 12). Añade: “Y te invitarán” (v. 15). Tengamos valor para rehusar las invitaciones de compañeros o colegas del mundo. Mejor aun: manifestemos una conducta tal que los que deseen invitarnos sepan primero quiénes somos (1 Reyes 1:9-10).

Con relación a sus derechos, Jehová repite aquí algunas de las instrucciones de los capítulos 21 a 23.

Éxodo 34:27-35
27Y Jehová dijo á Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme á estas palabras he hecho la alianza contigo y con Israel.28Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches: no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.29Y aconteció, que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, no sabía él que la tez de su rostro resplandecía, después que hubo con El hablado.30Y miró Aarón y todos los hijos de Israel á Moisés, y he aquí la tez de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de llegarse á él.31Y llamólos Moisés; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron á él, y Moisés les habló.32Y después se llegaron todos los hijos de Israel, á los cuales mandó todas las cosas que Jehová le había dicho en el monte de Sinaí.33Y cuando hubo acabado Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.34Y cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, quitábase el velo hasta que salía; y saliendo, hablaba con los hijos de Israel lo que le era mandado;35Y veían los hijos de Israel el rostro de Moisés, que la tez de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés á poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba á hablar con El.

No es posible estar en contacto con Dios y gozar de sus revelaciones de gracia sin que eso se traduzca exteriormente. El rostro de Moisés resplandece, aunque él mismo no lo sabe. Con un rostro feliz, cada hijo de Dios debería mostrar sin esfuerzo, a quienes lo rodean, la felicidad que él posee. Sí, ¡que el mundo pueda ver en nosotros algunos reflejos del amor de Jesús! Pablo explica a los corintios por qué Moisés ponía un velo sobre su rostro. Antes de que el Señor viniera, ni siquiera el reflejo de la gloria divina podía ser soportado por el hombre pecador, y debía ser escondido. Pero el velo “por Cristo es quitado”. Cuando Jesús vino, Dios pudo finalmente ser visto en Cristo en toda la gloria de su gracia. De forma que ahora, por la fe, contemplamos al Señor Jesús a cara descubierta y progresivamente somos transformados en su misma gloriosa imagen moral (2 Corintios 3:14 y 18).

Otro privilegio de Moisés era que podía “hablar con Él”. La expresión se repite tres veces en esos versículos. ¡Qué honor para este hombre de Dios y qué demostración de intimidad! ¿No existe una relación entre el hecho de conversar habitualmente con el Señor y un rostro que resplandece? ¡Quiera Dios que podamos experimentar una y otra cosa!

Éxodo 35:1-19
1Y MOISÉS hizo juntar toda la congregación de los hijos de Israel, y díjoles: Estas son las cosas que Jehová ha mandado que hagáis.2Seis días se hará obra, mas el día séptimo os será santo, sábado de reposo á Jehová: cualquiera que en él hiciere obra, morirá.3No encenderéis fuego en todas vuestras moradas en el día del sábado.4Y habló Moisés á toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado, diciendo:5Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová: todo liberal de corazón la traerá á Jehová: oro, plata, metal;6Y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino, y pelo de cabras;7Y cueros rojos de carneros, y cueros de tejones, y madera de Sittim;8Y aceite para la luminaria, y especias aromáticas para el aceite de la unción, y para el perfume aromático;9Y piedras de onix, y demás pedrería, para el ephod, y para el racional.10Y todo sabio de corazón de entre vosotros, vendrá y hará todas las cosas que Jehová ha mandado:11El tabernáculo, su tienda, y su cubierta, y sus anillos, y sus tablas, sus barras, sus columnas, y sus basas;12El arca, y sus varas, la cubierta, y el velo de la tienda;13La mesa, y sus varas, y todos sus vasos, y el pan de la proposición.14El candelero de la luminaria, y sus vasos, y sus candilejas, y el aceite para la luminaria;15Y el altar del perfume, y sus varas, y el aceite de la unción, y el perfume aromático, y el pabellón de la puerta, para la entrada del tabernáculo;16El altar del holocausto, y su enrejado de metal, y sus varas, y todos sus vasos, y la fuente con su basa;17Las cortinas del atrio, sus columnas, y sus basas, y el pabellón de la puerta del atrio;18Las estacas del tabernáculo, y las estacas del atrio, y sus cuerdas;19Las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras de Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos para servir en el sacerdocio.

El tabernáculo va a ser construido. Con tal motivo, sus diferentes elementos son enumerados por segunda vez, como para recordarnos que conocer es una cosa, pero hacer es otra. Sin embargo, antes de que el trabajo empiece, se recuerda otra vez el día de reposo (v. 1-3). Antes de emprender cualquier servicio, es necesario estar en la presencia del Señor, «sentado» a sus pies, espíritu y alma descansados con el sentimiento de nuestra dependencia. A los pies de Jesús, María había aprendido a servir a su Señor con inteligencia (Lucas 10:39). Por eso ella supo, en el momento conveniente, traer su perfume (comparar con el v. 8) y derramarlo a los pies del Maestro.

Observemos la variedad de lo que los israelitas tenían que traer: desde el oro y las piedras preciosas hasta las estacas y las cuerdas que contribuían a sostener la tienda (a sostener la verdad). En esta larga lista, cada uno podía encontrar algo que ofrecer. Y usted también, amigo que conoce al Señor, puede contribuir de alguna manera a edificar la Iglesia. Un servicio hecho discretamente, como el ejercicio gozoso de la misericordia (Romanos 12:8) y las oraciones diarias por el testimonio, están al alcance de cada uno. Y ello es agradable al Señor.

Éxodo 35:20-35
20Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés.21Y vino todo varón á quien su corazón estimuló, y todo aquel á quien su espíritu le dió voluntad, y trajeron ofrenda á Jehová para la obra del tabernáculo del testimonio, y para toda su fábrica, y para las sagradas vestiduras.22Y vinieron así hombres como mujeres, todo voluntario de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, sortijas y brazaletes, y toda joya de oro; y cualquiera ofrecía ofrenda de oro á Jehová.23Todo hombre que se hallaba con jacinto, ó púrpura, ó carmesí, ó lino fino, ó pelo de cabras, ó cueros rojos de carneros, ó cueros de tejones, lo traía.24Cualquiera que ofrecía ofrenda de plata ó de metal, traía á Jehová la ofrenda: y todo el que se hallaba con madera de Sittim, traíala para toda la obra del servicio.25Además todas las mujeres sabias de corazón hilaban de sus manos, y traían lo que habían hilado: cárdeno, ó púrpura, ó carmesí, ó lino fino.26Y todas las mujeres cuyo corazón las levantó en sabiduría, hilaron pelos de cabras.27Y los príncipes trajeron piedras de onix, y las piedras de los engastes para el ephod y el racional;28Y la especia aromática y aceite, para la luminaria, y para el aceite de la unción, y para el perfume aromático.29De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria á Jehová.30Y dijo Moisés á los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado á Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;31Y lo ha henchido de espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio,32Para proyectar inventos, para trabajar en oro, y en plata, y en metal,33Y en obra de pedrería para engastar, y en obra de madera, para trabajar en toda invención ingeniosa.34Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan:35Y los ha henchido de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de artificio, y de invención, y de recamado en jacinto, y en púrpura, y en carmesí, y en lino fino, y en telar; para que hagan toda labor, é inventen todo diseño.

Los israelitas sólo pudieron traer lo que no habían dado para el becerro de oro (cap. 32:3). Sólo podremos poner al servicio del Señor aquello que no hayamos empleado para el mundo. No desperdiciemos nuestra juventud. ¿Quiénes eran los que daban? “Toda persona a quien su corazón le impulsó, y todo aquel cuyo espíritu le movió a liberalidad” (V.M.). Amar al Señor, a la Iglesia, a nuestro prójimo es la condición principal, tanto para ejecutar un trabajo como para llevar una ofrenda. Lo que no procede del amor, generalmente no está bien hecho.

Ciertos trabajos podían hacerse en el hogar, en la esfera familiar; por ejemplo: hilar. No pensemos que trabajar para el Señor consiste necesariamente en convertirse en evangelista o misionero en países lejanos. Observemos el servicio de las mujeres. Si algunas no eran sabias como las del versículo 25, o no tenían la destreza para hilar como las del versículo 26, todas podían tener un espíritu de liberalidad, al igual que los hombres (v. 29), y ser impulsadas por su corazón (v. 26) a dar o ejecutar alguna cosa para el santuario (Tito 2:5).

A unos, Dios les ha puesto en el corazón la tarea de enseñar (v. 34). ¡Quiera él poner también en el corazón de otros la disposición a escuchar! Así podrá ofrecerse, con la colaboración de todos, un servicio inteligente.

Éxodo 36:1-13
1HIZO, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón, á quien Jehová dió sabiduría é inteligencia para que supiesen hacer toda la obra del servicio del santuario, todas las cosas que había mandado Jehová.2Y Moisés llamó á Bezaleel y á Aholiab, y á todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había dado Jehová sabiduría, y á todo hombre á quien su corazón le movió á llegarse á la obra, para trabajar en ella;3Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, á fin de hacerla. Y ellos le traían aún ofrenda voluntaria cada mañana.4Vinieron, por tanto, todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía.5Y hablaron á Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que es menester para la atención de hacer la obra que Jehová ha mandado que se haga.6Entonces Moisés mandó pregonar por el campo, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más obra para ofrecer para el santuario. Y así fue el pueblo impedido de ofrecer;7Pues tenia material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.8Y todos los sabios de corazón entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas, de lino torcido, y de jacinto, y de púrpura y carmesí; las cuales hicieron de obra prima, con querubines.9La longitud de la una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos: todas las cortinas tenían una misma medida.10Y juntó las cinco cortinas la una con la otra: asimismo unió las otras cinco cortinas la una con la otra.11E hizo las lazadas de color de jacinto en la orilla de la una cortina, en el borde, á la juntura; y así hizo en la orilla al borde de la segunda cortina, en la juntura.12Cincuenta lazadas hizo en la una cortina, y otras cincuenta en la segunda cortina, en el borde, en la juntura; las unas lazadas enfrente de las otras.13Hizo también cincuenta corchetes de oro, con los cuales juntó las cortinas, la una con la otra; é hízose un tabernáculo.

En una corta parábola del evangelio según Marcos, el Señor se presenta como un amo que ha dejado su casa después de haber asignado trabajo a sus siervos. Ha dejado “a cada uno su obra…” (Marcos 13:34). La naturaleza de esa obra no es precisada, excepto la del portero. En su ausencia, el Señor preparó una tarea para cada uno de los suyos, según su edad y sus capacidades. En otra parábola –la de los talentos– vemos que el amo, a su regreso, pide cuentas a sus obreros. Algunos recibirán una recompensa y otros serán avergonzados (Mateo 25:14-30). ¿Cada uno de nosotros habrá hecho lo que el Señor esperaba de él?

La lectura de hoy nos enseña que muchas ofrendas llegaron demasiado tarde. El momento de cumplir un servicio, de llevar una ofrenda, había pasado. Lo que no hacemos inmediatamente, con frecuencia ya no sirve en el momento en que por fin nos decidimos a hacerlo: es demasiado tarde; se ha perdido la ocasión. ¡Ésta es una importante lección para nosotros!

“Quedó formado un tabernáculo”, concluye el versículo 13, “un cuerpo”, afirma Efesios 4:4. A pesar de la división de la cristiandad en múltiples denominaciones, así es cómo Dios considera a su Iglesia.

Éxodo 36:14-34
14Hizo asimismo cortinas de pelo de cabras para la tienda sobre el tabernáculo, é hízolas en número de once.15La longitud de la una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos: las once cortinas tenían una misma medida.16Y juntó las cinco cortinas de por sí, y las seis cortinas aparte.17Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la postrera cortina en la juntura, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la otra cortina en la juntura.18Hizo también cincuenta corchetes de metal para juntar la tienda, de modo que fuese una.19E hizo una cubierta para la tienda de cueros rojos de carneros, y una cubierta encima de cueros de tejones.20Además hizo las tablas para el tabernáculo de madera de Sittim, para estar derechas.21La longitud de cada tabla de diez codos, y de codo y medio la anchura.22Cada tabla tenía dos quicios enclavijados el uno delante del otro: así hizo todas las tablas del tabernáculo.23Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo: veinte tablas al lado del austro, al mediodía.24Hizo también las cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios.25Y para el otro lado del tabernáculo, á la parte del aquilón, hizo veinte tablas,26Con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.27Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas.28Para las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas,29Las cuales se juntaban por abajo, y asimismo por arriba á un gozne: y así hizo á la una y á la otra en las dos esquinas.30Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla.31Hizo también las barras de madera de Sittim; cinco para las tablas del un lado del tabernáculo,32Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado del tabernáculo á la parte occidental.33E hizo que la barra del medio pasase por medio de las tablas del un cabo al otro.34Y cubrió las tablas de oro, é hizo de oro los anillos de ellas por donde pasasen las barras: cubrió también de oro las barras.

Una vez reunidos los materiales y designados los obreros, la construcción del tabernáculo va a empezar. Tendremos ocasión de señalar algunas imágenes e instrucciones nuevas.

Las cubiertas son nombradas en primer término. La primera, hecha con las diez cortinas descritas en los versículos 8-13, se veía únicamente desde el interior, a la luz del candelero, cuando el sacerdote estaba en el lugar santo. Así, las variadas glorias de Jesús sólo pueden ser vistas y apreciadas a la luz que da el Espíritu Santo y en la presencia de Dios. Por el contrario, bajo su cuarta cubierta, hecha de rudas pieles de tejones, el tabernáculo, a diferencia de los templos de la antigüedad (y de muchos edificios religiosos modernos), no tenía exteriormente nada que atrajese las miradas. Nos recuerda a Aquel que no tenía ningún parecer ni hermosura y que jamás hizo nada para agradar a los hombres (Isaías 53:2; Juan 5:41). Quiera Dios preservarnos de los ataques del mundo y de su forma de pensar, guardarnos de desear sus fugitivas glorias y de querer brillar más de lo que brilló nuestro Maestro.

Sólidamente sujetas sobre sus basas de plata, las tablas, imagen de los rescatados, nos hacen pensar en esta exhortación del apóstol: “Estad así firmes en el Señor, amados” (Filipenses 4:1).

Éxodo 36:35-38; Éxodo 37:1-16
35Hizo asimismo el velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, el cual hizo con querubines de delicada obra.36Y para él hizo cuatro columnas de madera de Sittim; y cubriólas de oro, los capiteles de las cuales eran de oro; é hizo para ellas cuatro basas de plata de fundición.37Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, obra de recamador;38Y sus cinco columnas con sus capiteles: y cubrió las cabezas de ellas y sus molduras de oro: pero sus cinco basas las hizo de metal.
1HIZO también Bezaleel el arca de madera de Sittim: su longitud era de dos codos y medio, y de codo y medio su anchura, y su altura de otro codo y medio:2Y cubrióla de oro puro por de dentro y por de fuera, é hízole una cornisa de oro en derredor.3Hízole además de fundición cuatro anillos de oro á sus cuatro esquinas; en el un lado dos anillos y en el otro lado dos anillos.4Hizo también las varas de madera de Sittim, y cubriólas de oro.5Y metió las varas por los anillos á los lados del arca, para llevar el arca.6Hizo asimismo la cubierta de oro puro: su longitud de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.7Hizo también los dos querubines de oro, hízolos labrados á martillo, á los dos cabos de la cubierta:8El un querubín de esta parte al un cabo, y el otro querubín de la otra parte al otro cabo de la cubierta: hizo los querubines á sus dos cabos.9Y los querubines extendían sus alas por encima, cubriendo con sus alas la cubierta: y sus rostros el uno enfrente del otro, hacia la cubierta los rostros de los querubines.10Hizo también la mesa de madera de Sittim; su longitud de dos codos, y su anchura de un codo, y de codo y medio su altura;11Y cubrióla de oro puro, é hízole una cornisa de oro en derredor.12Hízole también una moldura alrededor, del ancho de una mano, á la cual moldura hizo la cornisa de oro en circunferencia.13Hízole asimismo de fundición cuatro anillos de oro, y púsolos á las cuatro esquinas que correspondían á los cuatro pies de ella.14Delante de la moldura estaban los anillos, por los cuales se metiesen las varas para llevar la mesa.15E hizo las varas de madera de Sittim para llevar la mesa, y cubriólas de oro.16También hizo los vasos que habían de estar sobre la mesa, sus platos, y sus cucharas, y sus cubiertos y sus tazones con que se había de libar, de oro fino.

El magnífico velo que separa el lugar santo del lugar santísimo está sostenido por cuatro columnas. La humanidad de Cristo, tal como nos la presentan los cuatro evangelios, es un tema inagotable de admiración y adoración. Él es el Mesías de Israel (Mateo), el Siervo obediente (Marcos), el Hijo del hombre (Lucas), el Hijo de Dios que vino del cielo (Juan). Cada hilo: de azul, de púrpura, de carmesí o de lino torcido, cada aspecto de su humanidad, perfecto en sí mismo, es cuidadosamente hilado, unido a los otros, de manera que así se constituya ese maravilloso conjunto que es la vida de nuestro Señor Jesucristo. Pero esa vida, por bella que haya sido, no podía conducirnos a Dios. Por el contrario, ella subrayaba, a causa del contraste, la profundidad de nuestra miseria moral. Fue necesaria su muerte. Y como signo de ello, en el mismo momento en que el Salvador dejaba su vida en la cruz, Dios rasgó el velo, abriendo al adorador un “camino nuevo y vivo” hacia Él (Hebreos 10:20).

El arca y la mesa son confeccionadas a continuación. Las barras que servían para transportarla a través del desierto nos hacen pensar en la marcha del Señor en este mundo. Cubiertas de oro puro, nos recuerdan ese versículo de Isaías 52:7: “¡Cuán hermosos… son los pies del que trae alegres nuevas…!”

Éxodo 37:17-29
17Hizo asimismo el candelero de oro puro, é hízolo labrado á martillo: su pie y su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo.18De sus lados salían seis brazos; tres brazos del un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero:19En el un brazo, tres copas figura de almendras, una manzana y una flor; y en el otro brazo tres copas figura de almendras, una manzana y una flor: y así en los seis brazos que salían del candelero.20Y en el candelero había cuatro copas figura de almendras, sus manzanas y sus flores:21Y una manzana debajo de los dos brazos de lo mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, conforme á los seis brazos que salían de él.22Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo era una pieza labrada á martillo, de oro puro.23Hizo asimismo sus siete candilejas, y sus despabiladeras, y sus platillos, de oro puro;24De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus vasos.25Hizo también el altar del perfume de madera de Sittim: un codo su longitud, y otro codo su anchura, era cuadrado; y su altura de dos codos; y sus cuernos de la misma pieza.26Y cubriólo de oro puro, su mesa y sus paredes alrededor, y sus cuernos: é hízole una corona de oro alrededor.27Hízole también dos anillos de oro debajo de la corona en las dos esquinas á los dos lados, para pasar por ellos las varas con que había de ser conducido.28E hizo las varas de madera de Sittim, y cubriólas de oro.29Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el fino perfume aromático, de obra de perfumador.

Se hace también el candelero de oro puro, con su pie de oro labrado a martillo, al igual que sus copas, sus manzanas y sus flores, las cuales “salían de él”. A Dios le agrada repetir, detallando el número siete de los frutos, toda la plenitud de belleza que tenía ese candelero, figura de Cristo, quien no debe a nadie ninguna de sus glorias. Pero no olvidemos que el candelero era de oro labrado a martillo y que estaba alimentado con aceite puro de olivas machacadas (27:20), adjetivos que hacen pensar en los sufrimientos de Aquel que vino como la verdadera luz en medio de las tinieblas y no fue recibido. Pese a haber sido rechazado, resplandece ahora en el Santuario, donde los suyos podemos contemplarlo por medio de la fe.

El altar de oro, que también estaba en el lugar santo, ante el velo, es otra imagen de Aquel que es el objeto central del culto, en Nombre de quien nos acercamos a Dios para adorar e interceder. El incienso que era ofrecido, si nos atenemos al capítulo 30 (v. 34-38), estaba compuesto “según el arte de perfumista, sazonado con sal, puro y santo” (V.M.). Las diversas esencias que lo constituían nos hablan de las perfecciones del Hijo de Dios y del valor que ellas tienen para el Padre, a quien las presentamos.

El aceite santo de la unción está igualmente preparado según las instrucciones del capítulo 30.

Éxodo 38:1-20
1IGUALMENTE hizo el altar del holocausto de madera de Sittim: su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos de altura.2E hízole sus cuernos á sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y cubriólo de metal.3Hizo asimismo todos los vasos del altar: calderas, y tenazas, y tazones, y garfios, y palas: todos sus vasos hizo de metal.4E hizo para el altar el enrejado de metal, de hechura de red, que puso en su cerco por debajo hasta el medio del altar.5Hizo también cuatro anillos de fundición á los cuatro cabos del enrejado de metal, para meter las varas.6E hizo las varas de madera de Sittim, y cubriólas de metal.7Y metió las varas por los anillos á los lados del altar, para llevarlo con ellas: hueco lo hizo, de tablas.8También hizo la fuente de metal, con su basa de metal, de los espejos de las que velaban á la puerta del tabernáculo del testimonio.9Hizo asimismo el atrio; á la parte austral del mediodía las cortinas del atrio eran de cien codos, de lino torcido:10Sus columnas veinte, con sus veinte basas de metal: los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.11Y á la parte del aquilón cortinas de cien codos: sus columnas veinte, con sus veinte basas de metal; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.12A la parte del occidente cortinas de cincuenta codos: sus columnas diez, y sus diez basas; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.13Y á la parte oriental, al levante, cortinas de cincuenta codos:14Al un lado cortinas de quince codos, sus tres columnas, y sus tres basas;15Al otro lado, de la una parte y de la otra de la puerta del atrio, cortinas de á quince codos, sus tres columnas, y sus tres basas.16Todas las cortinas del atrio alrededor eran de lino torcido.17Y las basas de las columnas eran de metal; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata; asimismo las cubiertas de las cabezas de ellas, de plata: y todas las columnas del atrio tenían molduras de plata.18Y el pabellón de la puerta del atrio fue de obra de recamado, de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido: la longitud de veinte codos, y la altura en el ancho de cinco codos, conforme á las cortinas del atrio.19Y sus columnas fueron cuatro con sus cuatro basas de metal: y sus capiteles de plata; y las cubiertas de los capiteles de ellas y sus molduras, de plata.20Y todas las estacas del tabernáculo y del atrio alrededor fueron de metal.

El altar de bronce nos recuerda que Dios respondió por medio de la cruz a nuestro estado de pecado. Muchos creyentes a menudo suelen verse turbados a causa de los pecados cometidos después de su conversión. ¿Pueden éstos hacerles perder su salvación? No, ¡bendito sea Dios! Como Jesús lo dice a Pedro: “El que está lavado” –es lo que tuvo lugar una vez para siempre a favor del creyente (ver cap. 29:4)– “no necesita sino lavarse los pies” (Juan 13:10). Ese lavado de los pies después de la marcha, y el lavado de las manos para el servicio se hacían en la fuente de bronce. Fue hecha del mismo material que el altar para enseñarnos que los pecados cometidos después de nuestra conversión le costaron tan caro, a Aquel que los expió, como nuestros pecados precedentes. Pero podemos y debemos confesarlos a Dios, quien es fiel y justo para perdonarlos a causa de la obra de Jesús (1 Juan 1:9).

Del versículo 9 hasta el 20 se refiere a la instalación y al arreglo del atrio. Hacemos notar la dimensión de la puerta (v. 18): veinte codos, es decir, casi diez metros. Esta puerta es imagen de la de la gracia, abierta de par en par a los pobres pecadores, como así también del fácil acceso que el Evangelio ofrece a todos para acercarse a la cruz (el altar de bronce). Todos nuestros lectores ¿han pasado por esta puerta?

Éxodo 38:21-31
21Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, lo que fué contado de orden de Moisés por mano de Ithamar, hijo de Aarón sacerdote, para el ministerio de los Levitas.22Y Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová mandó á Moisés.23Y con él estaba Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artífice, y diseñador, y recamador en jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino fino.24Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, el cual fué oro de ofrenda, fué veintinueve talentos, y setecientos y treinta siclos, según el siclo del santuario.25Y la plata de los contados de la congregación fué cien talentos, y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del santuario:26Medio por cabeza, medio siclo, según el siclo del santuario, á todos los que pasaron por cuenta de edad de veinte años y arriba, que fueron seiscientos tres mil quinientos cincuenta.27Hubo además cien talentos de plata para hacer de fundición las basas del santuario y las basas del velo: en cien basas cien talentos, á talento por basa.28Y de los mil setecientos setenta y cinco siclos hizo los capiteles de las columnas, y cubrió los capiteles de ellas, y las ciñó.29Y el metal de la ofrenda fue setenta talentos, y dos mil cuatrocientos siclos;30Del cual hizo las basas de la puerta del tabernáculo del testimonio, y el altar de metal, y su enrejado de metal, y todos los vasos del altar.31Y las basas del atrio alrededor, y las basas de la puerta del atrio, y todas las estacas del tabernáculo, y todas las estacas del atrio alrededor.

Dios hace consignar, por medio de los levitas, el inventario exacto de todo lo que se ha hecho y dado para su casa. No olvida nada; recuerda hasta la menor estaca y el corchete más pequeño, sabiendo lo que le ha costado a cada uno el material que ha traído. El Señor Jesús, sentado frente al tesoro del templo, miraba cómo la multitud echaba sus ofrendas en el arca, y apreció mucho las dos blancas de una viuda pobre, pues esta moneda significaba para ella un completo renunciamiento: era “todo su sustento” (Marcos 12:41-44).

La fuente de bronce mencionada anteriormente tiene el mismo lenguaje. Ella había sido hecha con los espejos de las mujeres que habían salido tras Moisés para velar a la puerta del tabernáculo de reunión (v. 8). En la presencia de Dios y a causa del interés que sentían por Su casa, su corazón les había llevado a renunciar a ocuparse de ellas mismas, tal como lo sugieren los espejos (Mateo 16:24-25). Eso Dios también lo aprecia y lo menciona en su Palabra. La plata de los empadronados ha servido para fundir las basas de plata de las tablas y los capiteles. Todo reposa sobre la gloriosa redención de la cual la plata es figura (ver Números 3:48); sobre ella también se apoya individualmente cada rescatado por medio de la fe para mantenerse en pie.

Éxodo 39:1-21
1Y DEL jacinto, y púrpura, y carmesí, hicieron las vestimentas del ministerio para ministrar en el santuario, y asimismo hicieron las vestiduras sagradas para Aarón; como Jehová lo había mandado á Moisés.2Hizo también el ephod de oro, de cárdeno y púrpura y carmesí, y lino torcido.3Y extendieron las planchas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el jacinto, y entre la púrpura, y entre el carmesí, y entre el lino, con delicada obra.4Hiciéronle las hombreras que se juntasen; y uníanse en sus dos lados.5Y el cinto del ephod que estaba sobre él, era de lo mismo, conforme á su obra; de oro, jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido; como Jehová lo había mandado á Moisés.6Y labraron las piedras oniquinas cercadas de engastes de oro, grabadas de grabadura de sello con los nombres de los hijos de Israel:7Y púsolas sobre las hombreras del ephod, por piedras de memoria á los hijos de Israel; como Jehová lo había á Moisés mandado.8Hizo también el racional de primorosa obra, como la obra del ephod, de oro, jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido.9Era cuadrado: doblado hicieron el racional: su longitud era de un palmo, y de un palmo su anchura, doblado.10Y engastaron en él cuatro órdenes de piedras. El primer orden era un sardio, un topacio, y un carbunclo: este el primer orden.11El segundo orden, una esmeralda, un zafiro, y un diamante.12El tercer orden, un ligurio, un ágata, y un amatista.13Y el cuarto orden, un berilo, un onix, y un jaspe: cercadas y encajadas en sus engastes de oro.14Las cuales piedras eran conforme á los nombres de los hijos de Israel, doce según los nombres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre según las doce tribus.15Hicieron también sobre el racional las cadenas pequeñas de hechura de trenza, de oro puro.16Hicieron asimismo los dos engastes y los dos anillos, de oro; los cuales dos anillos de oro pusieron en los dos cabos del racional.17Y pusieron las dos trenzas de oro en aquellos dos anillos á los cabos del racional.18Y fijaron los dos cabos de las dos trenzas en los dos engastes, que pusieron sobre las hombreras del ephod, en la parte delantera de él.19E hicieron dos anillos de oro, que pusieron en los dos cabos del racional, en su orilla, á la parte baja del ephod.20Hicieron además dos anillos de oro, los cuales pusieron en las dos hombreras del ephod, abajo en la parte delantera, delante de su juntura, sobre el cinto del ephod.21Y ataron el racional de sus anillos á los anillos del ephod con un cordón de jacinto, para que estuviese sobre el cinto del mismo ephod, y no se apartase el racional del ephod; como Jehová lo había mandado á Moisés.

A la descripción de las santas vestiduras de Aarón, el versículo 3 le añade un detalle que no da el capítulo 28: hilos de oro debían ser bordados entre los hilos con que estaba tejido el efod. La gloria divina de nuestro Sumo Sacerdote brilla en medio de todos los caracteres de su santa humanidad. Contemplémosle en los evangelios. Duerme sobre un cabezal, pero un instante después impone silencio al viento y al mar. Llora en la tumba de Betania, pero eso sucede inmediatamente antes de resucitar a Lázaro. Paga el impuesto, pero con una moneda encontrada en la boca de un pez creado por Él. A cada instante el oro de su divinidad aparece en las circunstancias más ordinarias de su vida de hombre, y de hombre de dolores. Este carácter inseparable de las glorias de Jesús es subrayado por los cordones en forma de trenza, los engastes de oro, los anillos que unían entre sí firmemente todos esos vestidos. No se puede quitar o poner en duda una verdad concerniente a la bendita persona de Cristo sin que, en cierta medida, le despojemos enteramente. Por desgracia, la historia de la Iglesia da cuenta de muchos ejemplos de gente audaz que no ha temido hacerlo. ¡Quiera Dios ayudarnos a reconocer con inteligencia y adoración todas las perfecciones morales, oficiales y personales de las que está vestido el Señor Jesús!

Éxodo 39:22-43
22Hizo también el manto del ephod de obra de tejedor, todo de jacinto.23Con su abertura en medio de él, como el cuello de un coselete, con un borde en derredor de la abertura, porque no se rompiese.24E hicieron en las orillas del manto las granadas de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido.25Hicieron también las campanillas de oro puro, las cuales campanillas pusieron entre las granadas por las orillas del manto alrededor entre las granadas:26Una campanilla y una granada, una campanilla y una granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar; como Jehová lo mandó á Moisés.27Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor, para Aarón y para sus hijos;28Asimismo la mitra de lino fino, y los adornos de los chapeos (tiaras) de lino fino, y los pañetes de lino, de lino torcido;29También el cinto de lino torcido, y de jacinto, y púrpura, y carmesí, de obra de recamador; como Jehová lo mandó á Moisés.30Hicieron asimismo la plancha de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella de grabadura de sello, el rótulo, SANTIDAD A JEHOVA.31Y pusieron en ella un cordón de jacinto, para colocarla en alto sobre la mitra; como Jehová lo había mandado á Moisés.32Y fue acabada toda la obra del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio: é hicieron los hijos de Israel como Jehová lo había mandado á Moisés: así lo hicieron.33Y trajeron el tabernáculo á Moisés, el tabernáculo y todos sus vasos; sus corchetes, sus tablas, sus barras, y sus columnas, y sus basas;34Y la cubierta de pieles rojas de carneros, y la cubierta de pieles de tejones, y el velo del pabellón;35El arca del testimonio, y sus varas, y la cubierta;36La mesa, todos sus vasos, y el pan de la proposición;37El candelero limpio, sus candilejas, las lámparas que debían mantenerse en orden, y todos sus vasos, y el aceite para la luminaria;38Y el altar de oro, y el aceite de la unción, y el perfume aromático, y el pabellón para la puerta del tabernáculo;39El altar de metal, con su enrejado de metal, sus varas, y todos sus vasos; y la fuente, y su basa;40Las cortinas del atrio, y sus columnas, y sus basas, y el pabellón para la puerta del atrio, y sus cuerdas, y sus estacas, y todos los vasos del servicio del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio;41Las vestimentas del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio.42En conformidad á todas las cosas que Jehová había mandado á Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra.43Y vió Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado; y bendíjolos.

En estos capítulos 39 y 40, una expresión se repite continuamente: “Como Jehová lo había mandado a Moisés”. Nada había sido dejado a la imaginación de aquellos que hacían la obra. Lo mismo ocurre hoy día con el culto de los cristianos. La Biblia nos enseña todo lo que necesitamos para saber cómo Dios quiere ser adorado. Añadir algo a sus instrucciones o sustituirlas por lo que nosotros estimamos mejor sería pura desobediencia, ¿no es cierto? ¡Y al mismo tiempo una pretensión! ¿Con qué derecho decidiremos nosotros acerca de lo que conviene a Dios? ¡Observemos las religiones cristianas, sus clérigos, sus organizaciones, sus ostentosas ceremonias! Dios no ha “mandado” esas cosas y, por consiguiente, el creyente que conoce la Palabra no puede asociarse a ellas.

En contraste con todos los preceptos del Antiguo Testamento –algunos de los cuales hemos examinado en este libro del Éxodo– el culto de los “verdaderos adoradores” del Padre debe ser “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). Las formas exteriores de una religión carnal y las ceremonias están puestas de lado y sustituidas por la acción del Espíritu Santo. Ya no son las figuras e imágenes las que forman parte de nuestro culto, sino la realidad de las cosas eternas.

Éxodo 40:1-19
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo del testimonio:3Y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo:4Y meterás la mesa, y la pondrás en orden: meterás también el candelero y encenderás sus lámparas:5Y pondrás el altar de oro para el perfume delante del arca del testimonio, y pondrás el pabellón delante de la puerta del tabernáculo.6Después pondrás el altar del holocausto delante de la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio.7Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y pondrás agua en ella.8Finalmente pondrás el atrio en derredor, y el pabellón de la puerta del atrio.9Y tomarás el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y le santificarás con todos sus vasos, y será santo.10Ungirás también el altar del holocausto y todos sus vasos: y santificarás el altar, y será un altar santísimo.11Asimismo ungirás la fuente y su basa, y la santificarás.12Y harás llegar á Aarón y á sus hijos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y los lavarás con agua.13Y harás vestir á Aarón las vestiduras sagradas, y lo ungirás, y lo consagrarás, para que sea mi sacerdote.14Después harás llegar sus hijos, y les vestirás las túnicas:15Y los ungirás como ungiste á su padre, y serán mis sacerdotes: y será que su unción les servirá por sacerdocio perpetuo por sus generaciones.16Y Moisés hizo conforme á todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo.17Y así en el día primero del primer mes, en el segundo año, el tabernáculo fué erigido.18Y Moisés hizo levantar el tabernáculo, y asentó sus basas, y colocó sus tablas, y puso sus barras, é hizo alzar sus columnas.19Y extendió la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta encima del mismo; como Jehová había mandado á Moisés.

Moisés debe hacer levantar el tabernáculo y disponer su contenido el primer día del primer mes, imágenes de las nuevas relaciones que Dios establece con su pueblo. Todas las cosas son hechas nuevas, y es Jehová mismo quien lo ha previsto todo. Ahora hace falta que se acerquen los sacerdotes: “llevarás” a Aarón y a sus hijos (v. 12 y 14). Pensamos en aquel hombre que hizo una gran cena y envió a su siervo a decir a los convidados: “Venid, que ya todo está preparado” (Lucas 14:16-17). El santuario ha sido preparado para el adorador; ahora es necesario que el adorador sea preparado para el santuario: “Los lavarás… los vestirás… los ungirás”. Lavados, justificados, perfeccionados, entramos en el lugar santo, dice un cántico. Y, para el sacerdote, van a empezar sus funciones santas en sus sucesivas etapas: el altar de bronce, la fuente, la entrada en el lugar santo, la ofrenda del perfume sobre el altar de oro. ¿Nos quedaremos atrás cuando Dios mismo dice: “Llevarás a Aarón y a sus hijos”, cuando nuestro Sumo Sacerdote, verdadero Aarón que introduce a sus hijos en el santuario celestial, puede declarar: “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio”? (Hebreos 2:13).

Éxodo 40:20-38
20Y tomó y puso el testimonio dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima la cubierta sobre el arca:21Y metió el arca en el tabernáculo, y puso el velo de la tienda, y cubrió el arca del testimonio; como Jehová había mandado á Moisés.22Y puso la mesa en el tabernáculo del testimonio, al lado septentrional del pabellón, fuera del velo:23Y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado á Moisés.24Y puso el candelero en el tabernáculo del testimonio, enfrente de la mesa, al lado meridional del pabellón.25Y encendió las lámparas delante de Jehová; como Jehová había mandado á Moisés.26Puso también el altar de oro en el tabernáculo del testimonio, delante del velo:27Y encendió sobre él el perfume aromático; como Jehová había mandado á Moisés.28Puso asimismo la cortina de la puerta del tabernáculo.29Y colocó el altar del holocausto á la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio; y ofreció sobre él holocausto y presente; como Jehová había mandado á Moisés.30Y puso la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y puso en ella agua para lavar.31Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.32Cuando entraban en el tabernáculo del testimonio, y cuando se llegaban al altar, se lavaban; como Jehová había mandado á Moisés.33Finalmente erigió el atrio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina de la puerta del atrio. Y así acabó Moisés la obra.34Entonces una nube cubrió el tabernáculo del testimonio, y la gloria de Jehová hinchió el tabernáculo.35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno.36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas:37Pero si la nube no se alzaba, no se partían hasta el día en que ella se alzaba.38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche en él, á vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.

Hasta en los menores detalles el santuario y los objetos del culto han sido preparados y colocados cada uno en su lugar. “Acabó Moisés la obra” (v. 33). Nos recuerda a Aquel que dijo a su Padre: “He acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4). Pero la fidelidad de Moisés sobre toda la casa de Dios, evocada en Hebreos 3:2…, palidece al lado de la del Hijo, “fiel al que le constituyó” (Hebreos 3:2). Él reveló al Padre, santificó a sus hermanos, edificó el verdadero tabernáculo del cual ha llegado a ser el Sumo Sacerdote; un nuevo orden de cosas (ya no más visibles y materiales) en el que Dios puede ser conocido, hecho cercano y servido. El maravilloso tabernáculo, cuyo estudio terminamos con el libro del Éxodo, nos ha ilustrado múltiples aspectos de la obra de Cristo y sus consecuencias. La primera de esas consecuencias es que Dios desciende en gloria para habitar en medio de este pueblo (v. 34-35). Del mismo modo en Pentecostés, sobre la base de la concluida obra de Cristo, Dios como Espíritu Santo descendió para habitar en la Iglesia, formada según Efesios 2:22 para ser “morada de Dios en el Espíritu”. Desde entonces, incluso en medio de la ruina, está como Guía divino conduciendo y dirigiendo al pueblo de Dios, tal como lo hacía con Israel la nube que cubría el tabernáculo.

Levítico 1:1-17
1Y LLAMO Jehová á Moisés, y habló con él desde el tabernáculo del testimonio, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofreciere ofrenda á Jehová, de ganado vacuno ú ovejuno haréis vuestra ofrenda.3Si su ofrenda fuere holocausto de vacas, macho sin tacha lo ofrecerá: de su voluntad lo ofrecerá á la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová.4Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto; y él lo aceptará para expiarle.5Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está á la puerta del tabernáculo del testimonio.6Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas.7Y los hijos de Aarón sacerdote pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego.8Luego los sacerdotes, hijos de Aarón, acomodarán las piezas, la cabeza y el redaño, sobre la leña que está sobre el fuego, que habrá encima del altar:9Y lavará con agua sus intestinos y sus piernas: y el sacerdote hará arder todo sobre el altar: holocausto es, ofrenda encendida de olor suave á Jehová.10Y si su ofrenda para holocausto fuere de ovejas, de los corderos, ó de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá.11Y ha de degollarlo al lado septentrional del altar delante de Jehová: y los sacerdotes, hijos de Aarón, rociarán su sangre sobre el altar alrededor.12Y lo dividirá en sus piezas, con su cabeza y su redaño; y el sacerdote las acomodará sobre la leña que está sobre el fuego, que habrá encima del altar;13Y lavará sus entrañas y sus piernas con agua; y el sacerdote lo ofrecerá todo, y harálo arder sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor suave á Jehová.14Y si el holocausto se hubiere de ofrecer á Jehová de aves, presentará su ofrenda de tórtolas, ó de palominos.15Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y ha de quitarle la cabeza, y hará que arda en el altar; y su sangre será exprimida sobre la pared del altar.16Y le ha de quitar el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas.17Y la henderá por sus alas, mas no la dividirá en dos: y el sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; holocausto es, ofrenda encendida de olor suave á Jehová.

Levítico es un libro cerrado para quien no posee la “llave” divina del mismo. Esta llave es Cristo, a quien hallamos allí en todos los aspectos de su sacrificio y de su sacerdocio. El creyente posee un solo sacrificio, ofrendado “una vez para siempre”, plenamente suficiente (Hebreos 10:10). Pero para describirlo en sus diversos aspectos, el Espíritu de Dios nos da unas imágenes variadas y complementarias.

El holocausto se nombra primero porque representa la parte de la obra de Cristo que es para Dios. Ésta se expresa en el Nuevo Testamento en pasajes como Juan 10:17; Efesios 5:2; Filipenses 2:8. Queridos amigos cristianos, cuando pensemos en la cruz, en vez de ver en ella primeramente nuestra salvación, empecemos por considerar la satisfacción que Dios ha encontrado en la Persona y obra de su santo Hijo.

Se podían presentar tres clases de víctimas. En la manera de ofrecerlas se aprecian algunas diferencias. Por ejemplo, sólo las ofrendas de ganado se cortaban en trozos o piezas que luego se colocaban sobre el altar. Pero en cada caso se trataba de un “olor grato para Jehová”. Tal fue el efecto del fuego del juicio que sufrió la Víctima santa en la cruz: hacer resaltar hasta en los mínimos detalles la excelencia de la ofrenda “sin mancha” (Hebreos 9:14).

Levítico 2:1-16
1Y CUANDO alguna persona ofreciere oblación de presente á Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso:2Y la traerá á los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de su flor de harina y de su aceite, con todo su incienso, y lo hará arder sobre el altar: ofrenda encendida para recuerdo, de olor suave á Jehová.3Y la sobra del presente será de Aarón y de sus hijos: es cosa santísima de las ofrendas que se queman á Jehová.4Y cuando ofrecieres ofrenda de presente cocida en horno, será de tortas de flor de harina sin levadura, amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite.5Mas si tu presente fuere ofrenda de sartén, será de flor de harina sin levadura, amasada con aceite,6La cual partirás en piezas, y echarás sobre ella aceite: es presente.7Y si tu presente fuere ofrenda cocida en cazuela, haráse de flor de harina con aceite.8Y traerás á Jehová la ofrenda que se hará de estas cosas, y la presentarás al sacerdote, el cual la llegará al altar.9Y tomará el sacerdote de aquel presente, en memoria del mismo, y harálo arder sobre el altar; ofrenda encendida, de suave olor á Jehová.10Y lo restante del presente será de Aarón y de sus hijos; es cosa santísima de las ofrendas que se queman á Jehová.11Ningun presente que ofreciereis á Jehová, será con levadura: porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda á Jehová.12En la ofrenda de las primicias las ofreceréis á Jehová: mas no subirán sobre el altar en olor de suavidad.13Y sazonarás toda ofrenda de tu presente con sal; y no harás que falte jamás de tu presente la sal de la alianza de tu Dios: en toda ofrenda tuya ofrecerás sal.14Y si ofrecieres á Jehová presente de primicias, tostarás al fuego las espigas verdes, y el grano desmenuzado ofrecerás por ofrenda de tus primicias.15Y pondrás sobre ella aceite, y pondrás sobre ella incienso: es presente.16Y el sacerdote hará arder, en memoria del don, parte de su grano desmenuzado, y de su aceite con todo su incienso; es ofrenda encendida á Jehová.

Si el holocausto evoca el olor grato de Cristo en su muerte, la ofrenda vegetal corresponde a las perfecciones de su vida como hombre en la tierra. Este sacrificio no incluye, en efecto, ni víctima ni sangre, sino tan sólo harina, aceite, incienso y algo de sal. –La humanidad del Señor: el grano de trigo finamente molido; –nacido y bautizado por el Espíritu Santo: machacado y ungido con aceite; –puesto a prueba por el sufrimiento de modo visible u oculto: el ardor del horno, de la sartén o de la cazuela, fue para el Padre un perfume del más alto precio. El creyente presenta a Dios esta vida perfecta de Jesús y hace de ella su propio alimento. Consideremos a este maravilloso hombre en los evangelios. Su dependencia, paciencia, confianza, dulzura, sabiduría, bondad y entrega que no variaron a través de todos sus sufrimientos, son algunos de los temas admirables que corresponden a la ofrenda vegetal espolvoreada con incienso. Era “cosa santísima” (v. 3, 10). La levadura, imagen del pecado, no entraba en ella, como tampoco la miel, símbolo de los afectos humanos. Por el contrario, la sal, símbolo de separación para Dios, que guarda de la corrupción, caracterizó la vida de Jesús, y nunca debería faltar en la nuestra (Marcos 9:50; Colosenses 4:6).

Levítico 3:1-17
1Y SI su ofrenda fuere sacrificio de paces, si hubiere de ofrecerlo de ganado vacuno, sea macho ó hembra, sin defecto lo ofrecerá delante de Jehová:2Y pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y la degollará á la puerta del tabernáculo del testimonio; y los sacerdotes, hijos de Aarón, rociarán su sangre sobre el altar en derredor.3Luego ofrecerá del sacrificio de las paces, por ofrenda encendida á Jehová, el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas,4Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y sobre los ijares, y con los riñones quitará el redaño que está sobre el hígado.5Y los hijos de Aarón harán arder esto en el altar, sobre el holocausto que estará sobre la leña que habrá encima del fuego; es ofrenda de olor suave á Jehová.6Mas si de ovejas fuere su ofrenda para sacrificio de paces á Jehová, sea macho ó hembra, ofrecerála sin tacha.7Si ofreciere cordero por su ofrenda, ha de ofrecerlo delante de Jehová:8Y pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y después la degollará delante del tabernáculo del testimonio; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar en derredor.9Y del sacrificio de las paces ofrecerá por ofrenda encendida á Jehová, su sebo, y la cola entera, la cual quitará á raíz del espinazo, y el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas:10Asimismo los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado.11Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; vianda de ofrenda encendida á Jehová.12Y si fuere cabra su ofrenda ofrecerála delante de Jehová:13Y pondrá su mano sobre la cabeza de ella, y la degollará delante del tabernáculo del testimonio; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar en derredor.14Después ofrecerá de ella su ofrenda encendida á Jehová; el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas,15Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado.16Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; es vianda de ofrenda que se quema en olor de suavidad á Jehová: el sebo todo es de Jehová.17Estatuto perpetuo por vuestras edades; en todas vuestras moradas, ningún sebo ni ninguna sangre comeréis.

Siempre es la misma obra de Cristo la que presenta el sacrificio de paz. Pero esta vez es considerada bajo el aspecto de la comunión, del gozo y de la paz que proporciona. Jesús no vino solamente para glorificar al Padre en su vida (la ofrenda vegetal), en su muerte (el holocausto) y para expiar los pecados (los sacrificios del cap. 4). También vino para colocarnos en una relación nueva de comunión con Dios. Nuestro querido Salvador no se conformó sólo con liberarnos del juicio eterno. Quiso hacernos felices y eso desde ahora. Como en los otros sacrificios, la grosura se guardaba para Jehová y se quemaba sobre el altar. Es emblema de la energía interior, de la voluntad que gobierna al corazón. En Jesús esta energía era enteramente para Dios. Su voluntad era hacer exclusivamente aquello que complacía a su Padre (Juan 6:38; 8:29). Semejante sacrificio no podía ser sino de olor grato, sumamente agradable para Dios (v. 5, 16). ¡Qué privilegio para nosotros que conocemos a Jesús compartir con el Padre un mismo “pan” (v. 11, 16) y estar invitados a su mesa para compartir su gozo y sus pensamientos con respecto a su muy amado Hijo! “Nuestra comunión –dice el apóstol Juan– verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3).

Levítico 4:1-12
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, diciendo: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, y obrare contra alguno de ellos;3Si sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá á Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin tacha para expiación.4Y traerá el becerro á la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante de Jehová.5Y el sacerdote ungido tomará de la sangre del becerro, y la traerá al tabernáculo del testimonio;6Y mojará el sacerdote su dedo en la sangre, y rociará de aquella sangre siete veces delante de Jehová, hacia el velo del santuario.7Y pondrá el sacerdote de la sangre sobre los cuernos del altar del perfume aromático, que está en el tabernáculo del testimonio delante de Jehová: y echará toda la sangre del becerro al pie del altar del holocausto, que está á la puerta del tabernáculo de8Y tomará del becerro para la expiación todo su sebo, el sebo que cubre los intestinos, y todo el sebo que está sobre las entrañas,9Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares, y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado,10De la manera que se quita del buey del sacrificio de las paces: y el sacerdote lo hará arder sobre el altar del holocausto.11Y el cuero del becerro, y toda su carne, con su cabeza, y sus piernas, y sus intestinos, y su estiércol,12En fin, todo el becerro sacará fuera del campo, á un lugar limpio, donde se echan las cenizas, y lo quemará al fuego sobre la leña: en donde se echan las cenizas será quemado.

El sacrificio por el pecado pone fin a la lista de las santas ofrendas. Si el holocausto nos enseñó lo que a Dios le agradó en la obra de Cristo, el sacrificio por el pecado atañía a las necesidades del pecador. Pero es normal que nosotros hagamos el camino inverso. Antes de conocer la paz y el gozo del sacrificio de paz, antes de comprender lo que Jesús fue para Dios en su vida y en su muerte, empezamos por vérnoslas con Aquel que sufrió y murió en la cruz para expiar nuestros pecados. La sangre se introducía en el tabernáculo como para dar a Dios una prueba de la obra acabada, y al pecador una seguridad de su aceptación. La grosura ardía y humeaba sobre el altar, señal de la satisfacción que Dios hallaba en la obediencia de la víctima. En fin, mientras la carne del holocausto debía humear sobre el altar y la del sacrificio de paz era comida por aquel que la presentaba, el cuerpo de los animales ofrecidos por el pecado se quemaba fuera del campamento. A causa de nuestros pecados, con los que se cargaba, Jesús sufrió “fuera de la puerta”, lejos de la presencia del Dios santo. El verbo quemar (v. 12), diferente de hacer arder o humear (v. 10), empleado para las grosuras y los inciensos, traduce el ardor del juicio que consumió a nuestro Sacrificio perfecto (Hebreos 13:11).

Levítico 4:13-26
13Y si toda la congregación de Israel hubiere errado, y el negocio estuviere oculto á los ojos del pueblo, y hubieren hecho algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y fueren culpables;14Luego que fuere entendido el pecado sobre que delinquieron, la congregación ofrecerá un becerro por expiación, y lo traerán delante del tabernáculo del testimonio.15Y los ancianos de la congregación pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro delante de Jehová; y en presencia de Jehová degollarán aquel becerro.16Y el sacerdote ungido meterá de la sangre del becerro en el tabernáculo del testimonio.17Y mojará el sacerdote su dedo en la misma sangre, y rociará siete veces delante de Jehová hacia el velo.18Y de aquella sangre pondrá sobre los cuernos del altar que está delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio, y derramará toda la sangre al pie del altar del holocausto, que está á la puerta del tabernáculo del testimonio.19Y le quitará todo el sebo, y harálo arder sobre el altar.20Y hará de aquel becerro como hizo con el becerro de la expiación; lo mismo hará de él: así hará el sacerdote expiación por ellos, y obtendrán perdón.21Y sacará el becerro fuera del campamento, y lo quemará como quemó el primer becerro; expiación de la congregación.22Y cuando pecare el príncipe, é hiciere por yerro algo contra alguno de todos los mandamientos de Jehová su Dios, sobre cosas que no se han de hacer, y pecare;23Luego que le fuere conocido su pecado en que ha delinquido, presentará por su ofrenda un macho cabrío sin defecto.24Y pondrá su mano sobre la cabeza del macho cabrío, y lo degollará en el lugar donde se degüella el holocausto delante de Jehová; es expiación.25Y tomará el sacerdote con su dedo de la sangre de la expiación, y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará la sangre al pie del altar del holocausto:26Y quemará todo su sebo sobre el altar, como el sebo del sacrificio de las paces: así hará el sacerdote por él la expiación de su pecado, y tendrá perdón.

Muchas personas no se consideran culpables de sus faltas inconscientes; parten del principio de que Dios no puede reprocharles su ignorancia y que tomará en cuenta su «buena voluntad». ¡Funesta ilusión! Si Dios previó un sacrificio por los pecados cometidos por error, ello es la prueba de que el pecador, aun ignorante, es culpable ante Él. Además nuestras leyes también aplican el mismo rigor; la ignorancia de la ley no excusa su cumplimiento. Una infracción del código, aun involuntaria, me expone a una multa. A los ojos del Dios santo, el pecado cometido permanece; no queda disculpado por mi indiferencia. Pero sé que para todo pecado, si bien hay condenación, también hay un sacrificio que lo perdona. Fue necesaria la inmensa obra de la cruz para borrar lo infinito de la ofensa perpetrada contra Dios por mis pecados, voluntarios o no, tanto los que recuerdo como los que he olvidado desde hace mucho tiempo.

Al colocar su mano sobre la cabeza de la víctima, aquel que la presentaba hacía pasar su pecado a ella. Reconocía que era culpable y merecía la muerte, pero que el animal ofrendado lo remplazaba para cargar con ese pecado y morir en su lugar. Eso fue lo que Jesús, nuestro perfecto Sustituto, hizo por nosotros.

Levítico 4:27-35
27Y si alguna persona del común del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere;28Luego que le fuere conocido su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una hembra de las cabras, una cabra sin defecto, por su pecado que habrá cometido:29Y pondrá su mano sobre la cabeza de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto.30Luego tomará el sacerdote en su dedo de su sangre, y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará toda su sangre al pie del altar.31Y le quitará todo su sebo, de la manera que fue quitado el sebo del sacrificio de las paces; y el sacerdote lo hará arder sobre el altar en olor de suavidad á Jehová: así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado.32Y si trajere cordero para su ofrenda por el pecado, hembra sin defecto traerá.33Y pondrá su mano sobre la cabeza de la expiación, y la degollará por expiación en el lugar donde se degüella el holocausto.34Después tomará el sacerdote con su dedo de la sangre de la expiación, y pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto; y derramará toda la sangre al pie del altar.35Y le quitará todo su sebo, como fué quitado el sebo del sacrificio de las paces, y harálo el sacerdote arder en el altar sobre la ofrenda encendida á Jehová: y le hará el sacerdote expiación de su pecado que habrá cometido, y será perdonado.

Por su pecado, un sumo sacerdote debía ofrendar un becerro (v. 3), un príncipe o jefe debía ofrecer un macho cabrío (v. 22-23) y una persona cualquiera del pueblo sólo tenía que ofrecer una cabra o un cordero (v. 27-28, 32). Quienes deben dar el ejemplo tienen una responsabilidad más grande, expresada por la importancia del animal ofrendado. Pero ante Dios todos los hombres han pecado y están destituidos de Su gloria (Romanos 3:22-23). El que se encuentren arriba o abajo en la escala social, que sean honrados o despreciados por sus semejantes, grandes pecadores o considerados como gente honrada, la verdad es que todos forman parte de una sola clase: la de los pecadores perdidos. Sin embargo, en su insondable misericordia, Dios ha creado una nueva categoría: la de los pecadores perdonados. Encerró a todos los hombres en la desobediencia, a fin de hacer misericordia a todos (Romanos 11:32).

Subrayemos la expresión de los versículos 23, 28 (V.M): “Si se le hiciere conocer el pecado que ha cometido”. Es una alusión al servicio delicado de “lavar los pies”, que consiste en ayudar a otro creyente a descubrir y a juzgar sus faltas (Juan 13:14).

“Y será perdonado”, concluye cada uno de estos párrafos. ¡Respuesta que Dios puede dar al pecador arrepentido, en virtud de la obra de su amado Hijo!

Levítico 5:1-13
1Y CUANDO alguna persona pecare, que hubiere oído la voz del que juró, y él fuere testigo que vió, ó supo, si no lo denunciare, él llevará su pecado.2Asimismo la persona que hubiere tocado en cualquiera cosa inmunda, sea cuerpo muerto de bestia inmunda, ó cuerpo muerto de animal inmundo, ó cuerpo muerto de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido:3O si tocare á hombre inmundo en cualquiera inmundicia suya de que es inmundo, y no lo echare de ver; si después llega á saberlo, será culpable.4También la persona que jurare, pronunciando con sus labios hacer mal ó bien, en cualesquiera cosas que el hombre profiere con juramento, y él no lo conociere; si después lo entiende, será culpado en una de estas cosas.5Y será que cuando pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó:6Y para su expiación traerá á Jehová por su pecado que ha cometido, una hembra de los rebaños, una cordera ó una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote hará expiación por él de su pecado.7Y si no le alcanzare para un cordero, traerá en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas ó dos palominos á Jehová; el uno para expiación, y el otro para holocausto.8Y ha de traerlos al sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es para expiación, y desunirá su cabeza de su cuello, mas no la apartará del todo:9Y rociará de la sangre de la expiación sobre la pared del altar; y lo que sobrare de la sangre lo exprimirá al pie del altar; es expiación.10Y del otro hará holocausto conforme al rito; y hará por él el sacerdote expiación de su pecado que cometió, y será perdonado.11Mas si su posibilidad no alcanzare para dos tórtolas, ó dos palominos, el que pecó traerá por su ofrenda la décima parte de un epha de flor de harina por expiación. No pondrá sobre ella aceite, ni sobre ella pondrá incienso, porque es expiación.12Traerála, pues, al sacerdote, y el sacerdote tomará de ella su puño lleno, en memoria suya, y la hará arder en el altar sobre las ofrendas encendidas á Jehová: es expiación.13Y hará el sacerdote expiación por él de su pecado que cometió en alguna de estas cosas, y será perdonado; y el sobrante será del sacerdote, como el presente de vianda.

Los versículos 1 a 4 ofrecen ejemplos de las faltas que debían expiarse mediante un sacrificio. Se trata de actos cuya gravedad quizá no hubiéramos discernido si la Palabra, divina medida de la conciencia, no los hubiera condenado: por ejemplo, dejar de dar un testimonio, tener un contacto pasajero con lo impuro, proferir palabras ligeras. Hasta se puede ser culpable guardando silencio (v. 1) o, al contrario, hablando demasiado (v. 4). En todos estos casos se imponía la confesión (v. 5), luego, era necesario recurrir al sacrificio (v. 6). Éste sigue siendo el camino que 1 Juan 1:9 ordena al creyente que ha fallado, con la diferencia de que el sacrificio no debe ofrendarse una segunda vez. La sangre de Jesucristo ya está ante Dios en nuestro favor, de modo que basta la confesión; Dios es entonces “fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Los versículos 6 al 13 muestran que existían diferencias de recursos entre los que traían su ofrenda. Uno ofrecía un cordero, otro dos tórtolas, otro tan sólo un puñado de harina. No todos los hombres tienen igual capacidad para apreciar en un mismo grado la obra de Jesús. Lo que cuenta es el valor perfecto que ella tiene para Dios.

Levítico 5:14-19; Levítico 6:1-7
14Habló más Jehová á Moisés, diciendo:15Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santificadas á Jehová, traerá su expiación á Jehová, un carnero sin tacha de los rebaños, conforme á tu estimación, en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado16Y pagará aquello de las cosas santas en que hubiere pecado, y añadirá á ello el quinto, y lo dará al sacerdote: y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado.17Finalmente, si una persona pecare, ó hiciere alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Jehová no se han de hacer, aun sin hacerlo á sabiendas, es culpable, y llevará su pecado.18Traerá, pues, al sacerdote por expiación, según tú lo estimes, un carnero sin tacha de los rebaños: y el sacerdote hará expiación por él de su yerro que cometió por ignorancia, y será perdonado.19Es infracción, y ciertamente delinquió contra Jehová.
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Cuando una persona pecare, é hiciere prevaricación contra Jehová, y negare á su prójimo lo encomendado ó dejado en su mano, ó bien robare, ó calumniare á su prójimo;3O sea que hallando lo perdido, después lo negare, y jurare en falso, en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre:4Entonces será que, puesto habrá pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, ó por el daño de la calumnia, ó el depósito que se le encomendó, ó lo perdido que halló,5O todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá, pues, por entero, y añadirá á ello la quinta parte, que ha de pagar á aquel á quien pertenece en el día de su expiación.6Y por su expiación traerá á Jehová un carnero sin tacha de los rebaños, conforme á tu estimación, al sacerdote para la expiación.7Y el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová, y obtendrá perdón de cualquiera de todas las cosas en que suele ofender.

Un israelita escrupuloso siempre podía temer que algún pecado cometido por error se le hubiera olvidado. Y apenas acababa de traer un costoso sacrificio cuando una nueva infidelidad podía exigir otro. Hoy día, a pesar de las certidumbres de la Palabra de Dios, muchos cristianos todavía viven con el mismo temor. Creen que su salvación depende de sus propios y sinceros esfuerzos para apaciguar a Dios, mediante limosnas y penitencias, pero nunca están seguros de que esto sea suficiente. ¡Hasta qué punto eso es desconocer la plenitud de la gracia divina! Pero qué felicidad cuando tenemos la seguridad de que Jesús lo ha hecho todo por nosotros.

Este pasaje distingue los pecados contra Dios (v. 15, 17) de los pecados cometidos contra el prójimo (cap. 6:2-3). A menudo nos preocupamos menos de aquellos que de éstos. Tendría que ser lo contrario. Además, en lo concerniente al mal hecho a un prójimo, no sólo era cuestión de compensarlo; también se debía traer un sacrificio a Jehová (v. 6; véase Salmo 51:4). Y a la inversa, no bastaba ponerse bien con Dios. El día que el culpable arrepentido ofrecía su sacrificio por el delito, también debía poner en orden su situación para con los hombres (v. 6 fin). Los cristianos de Éfeso, en otro tiempo adictos a la magia y al espiritismo, después de su conversión se apresuraron a quemar sus libros de magia (Hechos 19:19).

Levítico 6:8-30
8Habló aún Jehová á Moisés, diciendo:9Manda á Aarón y á sus hijos diciendo: Esta es la ley del holocausto: (es holocausto, porque se quema sobre el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en él:)10El sacerdote se pondrá su vestimenta de lino, y se vestirá pañetes de lino sobre su carne; y cuando el fuego hubiere consumido el holocausto, apartará él las cenizas de sobre el altar, y pondrálas junto al altar.11Después se desnudará de sus vestimentas, y se pondrá otras vestiduras, y sacará las cenizas fuera del real al lugar limpio.12Y el fuego encendido sobre el altar no ha de apagarse, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará sobre él el holocausto, y quemará sobre él los sebos de las paces.13El fuego ha de arder continuamente en el altar; no se apagará.14Y esta es la ley del presente: Han de ofrecerlo los hijos de Aarón delante de Jehová, delante del altar.15Y tomará de él un puñado de la flor de harina del presente, y de su aceite, y todo el incienso que está sobre el presente, y harálo arder sobre el altar por memoria, en olor suavísimo á Jehová.16Y el sobrante de ella lo comerán Aarón y sus hijos: sin levadura se comerá en el lugar santo; en el atrio del tabernáculo del testimonio lo comerán.17No se cocerá con levadura: helo dado á ellos por su porción de mis ofrendas encendidas; es cosa santísima, como la expiación por el pecado, y como la expiación por la culpa.18Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de ella. Estatuto perpetuo será para vuestras generaciones tocante á las ofrendas encendidas de Jehová: toda cosa que tocare en ellas será santificada.19Y habló Jehová á Moisés, diciendo:20Esta es la ofrenda de Aarón y de sus hijos, que ofrecerán á Jehová el día que serán ungidos: la décima parte de un epha de flor de harina, presente perpetuo, la mitad á la mañana y la mitad á la tarde.21En sartén se aderezará con aceite; frita la traerás, y los pedazos cocidos del presente ofrecerás á Jehová en olor de suavidad.22Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará la ofrenda; estatuto perpetuo de Jehová: toda ella será quemada.23Y todo presente de sacerdote será enteramente quemado; no se comerá.24Y habló Jehová á Moisés, diciendo:25Habla á Aarón y á sus hijos, diciendo: Esta es la ley de la expiación: en el lugar donde será degollado el holocausto, será degollada la expiación por el pecado delante de Jehová: es cosa santísima.26El sacerdote que la ofreciere por expiación, la comerá: en el lugar santo será comida, en el atrio del tabernáculo del testimonio.27Todo lo que en su carne tocare, será santificado; y si cayere de su sangre sobre el vestido, lavarás aquello sobre que cayere, en el lugar santo.28Y la vasija de barro en que fuere cocida, será quebrada: y si fuere cocida en vasija de metal, será fregada y lavada con agua.29Todo varón de entre los sacerdotes la comerá: es cosa santísima.30Mas no se comerá de expiación alguna, de cuya sangre se metiere en el tabernáculo del testimonio para reconciliar en el santuario: al fuego será quemada.

Se ha notado la concordancia que hay entre los cuatro grandes sacrificios y el aspecto bajo el cual cada uno de los cuatro evangelios presenta la obra de Cristo. En Juan, Jesús es el santo holocausto, Aquel que el Padre ama porque puso su vida de sí mismo (cap. 10:17-18). Lucas nos hace admirar la vida del Hombre perfecto del cual habla la ofrenda vegetal. Marcos nos muestra al Siervo de Dios representado por el sacrificio de consagración o de paz. Finalmente Mateo, más que los otros, lo presenta como Aquel que “salvará a su pueblo de sus pecados” (1:21). Los capítulos 6 y 7 toman estas cuatro clases de sacrificios para dar la ley de ellos, es decir, la manera cómo el sacerdote había de ofrecerlos. El holocausto debía ser continuo (v. 13), la ofrenda vegetal era “estatuto perpetuo” (v. 18). Ayer mencionamos los temores del israelita que nunca estaba seguro de ser hecho perfecto mediante los mismos sacrificios ofrendados continuamente. Pero el capítulo 10 de Hebreos nos muestra al sacerdote, quien asimismo nunca terminaba, pues estaba “día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios...”. Luego presenta a Jesús quien, “habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:1, 11-12).

Levítico 7:1-21
1ASIMISMO esta es la ley de la expiación de la culpa: es cosa muy santa.2En el lugar donde degollaren el holocausto, degollarán la víctima por la culpa; y rociará su sangre en derredor sobre el altar:3Y de ella ofrecerá todo su sebo, la cola, y el sebo que cubre los intestinos.4Y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y el que está sobre los ijares; y con los riñones quitará el redaño de sobre el hígado.5Y el sacerdote lo hará arder sobre el altar; ofrenda encendida á Jehová: es expiación de la culpa.6Todo varón de entre los sacerdotes la comerá: será comida en el lugar santo: es cosa muy santa.7Como la expiación por el pecado, así es la expiación de la culpa: una misma ley tendrán: será del sacerdote que habrá hecho la reconciliación con ella.8Y el sacerdote que ofreciere holocausto de alguno, el cuero del holocausto que ofreciere, será para él.9Asimismo todo presente que se cociere en horno, y todo el que fuere aderezado en sartén, ó en cazuela, será del sacerdote que lo ofreciere.10Y todo presente amasado con aceite, y seco, será de todos los hijos de Aarón, tanto al uno como al otro.11Y esta es la ley del sacrificio de las paces, que se ofrecerá á Jehová:12Si se ofreciere en hacimiento de gracias, ofrecerá por sacrificio de hacimiento de gracias tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite.13Con tortas de pan leudo ofrecerá su ofrenda en el sacrificio de hacimiento de gracias de sus paces.14Y de toda la ofrenda presentará una parte por ofrenda elevada á Jehová, y será del sacerdote que rociare la sangre de los pacíficos.15Y la carne del sacrificio de sus pacíficos en hacimiento de gracias, se comerá en el día que fuere ofrecida: no dejarán de ella nada para otro día.16Mas si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, ó voluntario, el día que ofreciere su sacrificio será comido; y lo que de él quedare, comerse ha el día siguiente:17Y lo que quedare para el tercer día de la carne del sacrificio, será quemado en el fuego.18Y si se comiere de la carne del sacrificio de sus paces el tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será imputado; abominación será, y la persona que de él comiere llevará su pecado.19Y la carne que tocare á alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada; mas cualquiera limpio comerá de aquesta carne.20Y la persona que comiere la carne del sacrificio de paces, el cual es de Jehová, estando inmunda, aquella persona será cortada de sus pueblos.21Además, la persona que tocare alguna cosa inmunda, en inmundicia de hombre, ó en animal inmundo, ó en cualquiera abominación inmunda, y comiere la carne del sacrificio de las paces, el cual es de Jehová, aquella persona será cortada de sus pueblos.

La epístola a los Romanos nos enseña que Dios tuvo que ocuparse de dos cuestiones: la de los pecados (cap. 1 a 5:11) y la del pecado (cap. 5:12 a 8). Tuvo que condenar al árbol tanto como a los frutos, esto es, al pecado en nuestra naturaleza como a los actos producidos por ella. Al exigir una ofrenda por la culpa (el acto cometido) y otra por el pecado (la fuente de este acto), Dios nos enseña que la obra de Cristo responde a estas dos necesidades del pecador.

La ley del sacrificio de paz ilustra las condiciones necesarias para que se realice la comunión cristiana. Se trataba de una ofrenda en acción de gracias (v. 12; 1 Corintios 10:16), de carácter voluntario y gozoso (v. 16; 2 Corintios 8:4), exenta de todo contacto con lo inmundo (v. 21). Se ofrecían los sacrificios por el pecado porque uno no estaba puro. Muy distinto era el caso de las ofrendas de paz; sólo participaban en ellas los israelitas que estaban limpios (v. 19). Quienquiera que tocase la carne del sacrificio por el pecado se volvía santo (cap. 6:27), mientras que inversamente toda impureza manchaba la ofrenda de paz. Tenemos cuidado con la limpieza de nuestros alimentos. Velemos aún más para que ninguna impureza de nuestra mente llegue a interrumpir la comunión simbolizada por esta ofrenda.

Levítico 7:22-38
22Habló aún Jehová á Moisés, diciendo:23Habla á los hijos de Israel, diciendo: Ningún sebo de buey, ni de cordero, ni de cabra, comeréis.24El sebo de animal mortecino, y el sebo del que fué arrebatado de fieras, se aparejará para cualquiera otro uso, mas no lo comeréis.25Porque cualquiera que comiere sebo de animal, del cual se ofrece á Jehová ofrenda encendida, la persona que lo comiere, será cortada de sus pueblos.26Además, ninguna sangre comeréis en todas vuestras habitaciones, así de aves como de bestias.27Cualquiera persona que comiere alguna sangre, la tal persona será cortada de sus pueblos.28Habló más Jehová á Moisés, diciendo:29Habla á los hijos de Israel, diciendo: El que ofreciere sacrificio de sus paces á Jehová, traerá su ofrenda del sacrificio de sus paces á Jehová;30Sus manos traerán las ofrendas que se han de quemar á Jehová: traerá el sebo con el pecho: el pecho para que éste sea agitado, como sacrificio agitado delante de Jehová;31Y el sebo lo hará arder el sacerdote en el altar, mas el pecho será de Aarón y de sus hijos.32Y daréis al sacerdote para ser elevada en ofrenda, la espaldilla derecha de los sacrificios de vuestras paces.33El que de los hijos de Aarón ofreciere la sangre de las paces, y el sebo, de él será en porción la espaldilla derecha;34Porque he tomado de los hijos de Israel, de los sacrificios de sus paces, el pecho que se agita, y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado á Aarón el sacerdote y á sus hijos, por estatuto perpetuo de los hijos de Israel.35Esta es por la unción de Aarón y la unción de sus hijos, la parte de ellos en las ofrendas encendidas á Jehová, desde el día que él los allegó para ser sacerdotes de Jehová:36Lo cual mandó Jehová que les diesen, desde el día que él los ungió de entre los hijos de Israel, por estatuto perpetuo en sus generaciones.37Esta es la ley del holocausto, del presente, de la expiación por el pecado, y de la culpa, y de las consagraciones, y del sacrificio de las paces:38La cual intimó Jehová á Moisés, en el monte de Sinaí, el día que mandó á los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas á Jehová en el desierto de Sinaí.

Figura de la comunión del rescatado con Dios y con sus hermanos, la ofrenda de paz era la única de la cual cada uno recibía su porción. Dios tenía la suya, a saber, la grosura y la sangre que recordaban sus derechos sobre nosotros. Aarón y sus hijos recibían el pecho mecido y la espalda elevada (v. 34), imagen de los afectos y de las fuerzas del rescatado, los cuales pertenecen a Cristo y a los suyos. En fin, el mismo adorador hallaba su alimento. Notemos que la comida de los sacerdotes dependía de las ofrendas de paz. La energía espiritual que el creyente pueda emplear al servicio del Señor depende de la comunión que haya cultivado con él. Las dos epístolas a los Corintios son la confirmación de ello. La primera trata de la comunión, la segunda tiene como tema el ministerio. Nuestro servicio no será útil y bendecido sino en la medida en que seamos nutridos por la perfecta Ofrenda de paz y, según su ejemplo, hayamos entregado nuestro cuerpo como “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Romanos 12:1). Este es el secreto para poder discernir, según el mismo capítulo, “cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (v. 2) y cumplirla seguidamente con gozo (v. 3-8).

Levítico 8:1-21
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Toma á Aarón y á sus hijos con él, y las vestimentas, y el aceite de la unción, y el becerro de la expiación, y los dos carneros, y el canastillo de los ázimos;3Y reúne toda la congregación á la puerta del tabernáculo del testimonio.4Hizo, pues, Moisés como Jehová le mandó, y juntóse la congregación á la puerta del tabernáculo del testimonio.5Y dijo Moisés á la congregación: Esto es lo que Jehová ha mandado hacer.6Entonces Moisés hizo llegar á Aarón y á sus hijos, y lavólos con agua.7Y puso sobre él la túnica, y ciñólo con el cinto; vistióle después el manto, y puso sobre él el ephod, y ciñólo con el cinto del ephod, y ajustólo con él.8Púsole luego encima el racional, y en él puso el Urim y Thummim.9Después puso la mitra sobre su cabeza; y sobre la mitra en su frente delantero puso la plancha de oro, la diadema santa; como Jehová había mandado á Moisés.10Y tomó Moisés el aceite de la unción, y ungió el tabernáculo, y todas las cosas que estaban en él, y santificólas.11Y roció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus vasos, y la fuente y su basa, para santificarlos.12Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y ungiólo para santificarlo.13Después Moisés hizo llegar los hijos de Aarón, y vistióles las túnicas, y ciñólos con cintos, y ajustóles los chapeos (tiaras), como Jehová lo había mandado á Moisés.14Hizo luego llegar el becerro de la expiación, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de la expiación.15Y degollólo; y Moisés tomó la sangre, y puso con su dedo sobre los cuernos del altar alrededor, y purificó el altar; y echó la demás sangre al pie del altar, y santificólo para reconciliar sobre él.16Después tomó todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, é hízolo Moisés arder sobre el altar.17Mas el becerro, y su cuero, y su carne, y su estiércol, quemólo al fuego fuera del real; como Jehová lo había mandado á Moisés.18Después hizo llegar el carnero del holocausto, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero:19Y degollólo; y roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor.20Y cortó el carnero en trozos; y Moisés hizo arder la cabeza, y los trozos, y el sebo.21Lavó luego con agua los intestinos y piernas, y quemó Moisés todo el carnero sobre el altar: holocausto en olor de suavidad, ofrenda encendida á Jehová; como lo había Jehová mandado á Moisés.

En los siete primeros capítulos consideramos el tema de las ofrendas; ahora llegamos al del sacerdocio. Si el pecador necesita una ofrenda, el creyente por su parte precisa de un sacerdote para ejercer el servicio que se le ha encomendado. Pues bien, en Cristo tenemos tanto lo uno como lo otro. Él es Aquel que se ofreció a sí mismo, cual víctima perfecta, para ponernos en relación con Dios, y ahora también es Aquel que desempeña las funciones de sumo sacerdote para mantenernos en esa relación. Era, pues, necesario que primero fuera ofrenda antes de ser sacerdote.

En Éxodo 29 encontramos las instrucciones dadas por Jehová a Moisés para la consagración de Aarón y sus hijos. Ahora ha llegado el momento en que esta ceremonia puede celebrarse. Toda la asamblea de Israel es convocada frente a la entrada del tabernáculo de reunión para que presencie y contemple a Aarón revestido de sus vestiduras de gloria y hermosura. Cuánto más grande es la visión que la epístola a los Hebreos, llamada “la epístola de los cielos abiertos”, ofrece a las miradas de nuestra fe. Nos invita a considerar “al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús”, revestido de los atributos gloriosos de su sacerdocio (Hebreos 3:1).

Levítico 8:22-36
22Después hizo llegar el otro carnero, el carnero de las consagraciones, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero:23Y degollólo; y tomó Moisés de su sangre, y puso sobre la ternilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre el dedo pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo pulgar de su pie derecho.24Hizo llegar luego los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre la ternilla de sus orejas derechas, y sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos: y roció Moisés la sangre sobre el altar en derredor;25Y después tomó el sebo, y la cola, y todo el sebo que estaba sobre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo de ellos, y la espaldilla derecha;26Y del canastillo de los ázimos, que estaba delante de Jehová, tomó una torta sin levadura, y una torta de pan de aceite, y una lasaña, y púsolo con el sebo y con la espaldilla derecha;27Y púsolo todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, é hízolo mecer: ofrenda agitada delante de Jehová.28Después tomó aquellas cosas Moisés de las manos de ellos, é hízolas arder en el altar sobre el holocausto: las consagraciones en olor de suavidad, ofrenda encendida á Jehová.29Y tomó Moisés el pecho, y meciólo, ofrenda agitada delante de Jehová: del carnero de las consagraciones aquella fue la parte de Moisés; como Jehová lo había mandado á Moisés.30Luego tomó Moisés del aceite de la unción, y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó á Aarón, y sus vestiduras, y á sus hijos, y las vest31Y dijo Moisés á Aarón y á sus hijos: Comed la carne á la puerta del tabernáculo del testimonio; y comedla allí con el pan que está en el canastillo de las consagraciones, según yo he mandado, diciendo: Aarón y sus hijos la comerán.32Y lo que sobrare de la carne y del pan, habéis de quemarlo al fuego.33De la puerta del tabernáculo del testimonio no saldréis en siete días, hasta el día que se cumplieren los días de vuestras consagraciones: porque por siete días seréis consagrados.34De la manera que hoy se ha hecho, mandó hacer Jehová para expiaros.35A la puerta, pues, del tabernáculo del testimonio estaréis día y noche por siete días, y guardaréis la ordenanza delante de Jehová, para que no muráis; porque así me ha sido mandado.36Y Aarón y sus hijos hicieron todas las cosas que mandó Jehová por medio de Moisés.

Al hallar a Aarón y sus hijos juntos en este capítulo, nuestro pensamiento se eleva hacia Aquel que no se avergüenza en asociarnos a él, llamándonos sus hermanos. Que Dios nos guarde de avergonzarnos ante el mundo de nuestra relación con Jesús (2 Timoteo 2:12-13).

En estos capítulos a menudo se habla de ofrendas mecidas. Hacer girar sobre sí mismo un objeto permite mostrarlo bien bajo todas sus facetas. Se nos invita a presentar así a Dios todos los aspectos del excelente sacrificio que traemos ante él, hablándole de Jesús en sus variadas glorias, y de su obra en sus diferentes caracteres.

El pecho del carnero de consagración, porción especial de Moisés, también era mecido. En ello podemos admirar, por sus múltiples lados, los afectos de Cristo, que eran la fuente y el poder de su consagración a Dios. “Amo al Padre –decía Jesús–, y como el Padre me mandó, así hago” (Juan 14:31). La misma causa en nuestra vida producirá el mismo efecto. El amor suscitará una consagración verdadera, dicho de otro modo, el profundo sentimiento de que el Señor Jesús tiene todos los derechos sobre nuestro corazón. El versículo 24 extiende esos derechos a nuestras orejas, a nuestras manos, a nuestros pies, símbolos respectivamente de la obediencia, la actividad y la marcha.

Levítico 9:1-24
1Y FUÉ en el día octavo, que Moisés llamó á Aarón y á sus hijos, y á los ancianos de Israel;2Y dijo á Aarón: Toma de la vacada un becerro para expiación, y un carnero para holocausto, sin defecto, y ofrécelos delante de Jehová.3Y á los hijos de Israel hablarás, diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un becerro y un cordero de un año, sin tacha, para holocausto;4Asimismo un buey y un carnero para sacrificio de paces, que inmoléis delante de Jehová; y un presente amasado con aceite: porque Jehová se aparecerá hoy á vosotros.5Y llevaron lo que mandó Moisés delante del tabernáculo del testimonio, y llegóse toda la congregación, y pusiéronse delante de Jehová.6Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá.7Y dijo Moisés á Aarón: Llégate al altar, y haz tu expiación, y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el pueblo: haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos; como ha mandado Jehová.8Entonces llegóse Aarón al altar; y degolló su becerro de la expiación que era por él.9Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre; y él mojó su dedo en la sangre, y puso sobre los cuernos del altar, y derramó la demás sangre al pie del altar;10Y el sebo y riñones y redaño del hígado, de la expiación, hízolos arder sobre el altar; como Jehová lo había mandado á Moisés.11Mas la carne y el cuero los quemó al fuego fuera del real.12Degolló asimismo el holocausto, y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él alrededor sobre el altar.13Presentáronle después el holocausto, á trozos, y la cabeza; é hízolos quemar sobre el altar.14Luego lavó los intestinos y las piernas, y quemólos sobre el holocausto en el altar.15Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrío que era para la expiación del pueblo, y degollólo, y lo ofreció por el pecado como el primero.16Y ofreció el holocausto, é hizo según el rito.17Ofreció asimismo el presente, é hinchió de él su mano, y lo hizo quemar sobre el altar, además del holocausto de la mañana.18Degolló también el buey y el carnero en sacrificio de paces, que era del pueblo: y los hijos de Aarón le presentaron la sangre (la cual roció él sobre el altar alrededor),19Y los sebos del buey; y del carnero la cola con lo que cubre las entrañas, y los riñones, y el redaño del hígado:20Y pusieron los sebos sobre los pechos, y él quemó los sebos sobre el altar:21Empero los pechos, con la espaldilla derecha, meciólos Aarón por ofrenda agitada delante de Jehová; como Jehová lo había mandado á Moisés.22Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y bendíjolos: y descendió de hacer la expiación, y el holocausto, y el sacrificio de las paces.23Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo del testimonio; y salieron, y bendijeron al pueblo: y la gloria de Jehová se apareció á todo el pueblo.24Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto y los sebos sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y cayeron sobre sus rostros.

La epístola a los Hebreos nos presenta al sumo sacerdote que nos convenía, “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores...” (Hebreos 7:26). Qué contraste con Aarón, el sacerdote “tomado de entre los hombres”, mencionado en la misma epístola, quien estaba obligado a ofrecer sacrificios por los pecados, y no solamente por los del pueblo, sino también “por sí mismo” (Hebreos 5:1-3). Esto es lo que lo vemos hacer aquí. Antes de ocuparse de las faltas del pueblo, Aarón tiene que arreglar ante Dios la cuestión de sus propios pecados. Es un principio general cuya importancia el Señor recuerda en lo que se suele llamar «el sermón del monte». Para poder quitar la paja del ojo de nuestro hermano, primero debemos sacar la viga que hay en nuestro propio ojo (Mateo 7:3-5).

El final del capítulo nos muestra cómo, hecha la propiciación y arreglada la cuestión del pecado, la bendición puede venir sobre el pueblo por medio de aquel que ha sido su autor, la gloria de Dios puede manifestarse y el gozo puede expresarse libremente. Tales son hoy en día para el pueblo de Dios las bienaventuradas consecuencias de la cruz de Cristo. Que Dios nos enseñe a admirarlas y a responder de la misma manera.

Levítico 10:1-20
1Y LOS hijos de Aarón, Nadab y Abiú, tomaron cada uno su incensario, y pusieron fuego en ellos, sobre el cual pusieron perfume, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.2Y salió fuego de delante de Jehová que los quemó, y murieron delante de Jehová.3Entonces dijo Moisés á Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.4Y llamó Moisés á Misael, y á Elzaphán, hijos de Uzziel, tío de Aarón, y díjoles: Llegaos y sacad á vuestros hermanos de delante del santuario fuera del campo.5Y ellos llegaron, y sacáronlos con sus túnicas fuera del campo, como dijo Moisés.6Entonces Moisés dijo á Aarón, y á Eleazar y á Ithamar, sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos, porque no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación: empero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, lamentará7Ni saldréis de la puerta del tabernáculo del testimonio, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés.8Y Jehová habló á Aarón, diciendo:9Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra, cuando hubiereis de entrar en el tabernáculo del testimonio, porque no muráis: estatuto perpetuo por vuestras generaciones;10Y para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio;11Y para enseñar á los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés.12Y Moisés dijo á Aarón, y á Eleazar y á Ithamar, sus hijos que habían quedado: Tomad el presente que queda de las ofrendas encendidas á Jehová, y comedlo sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa.13Habéis, pues, de comerlo en el lugar santo: porque esto es fuero para ti, y fuero para tus hijos, de las ofrendas encendidas á Jehová, pues que así me ha sido mandado.14Comeréis asimismo en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho de la mecida, y la espaldilla elevada, porque por fuero para ti, y fuero para tus hijos, son dados de los sacrificios de las paces de los hijos de Israel.15Con las ofrendas de los sebos que se han de encender, traerán la espaldilla que se ha de elevar, y el pecho que será mecido, para que lo mezas por ofrenda agitada delante de Jehová: y será por fuero perpetuo tuyo, y de tus hijos contigo, como Jehová lo ha16Y Moisés demandó el macho cabrío de la expiación, y hallóse que era quemado: y enojóse contra Eleazar é Ithamar, los hijos de Aarón que habían quedado, diciendo:17¿Por qué no comisteis la expiación en el lugar santo? porque es muy santa, y dióla él á vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová.18Veis que su sangre no fue metida dentro del santuario: habíais de comerla en el lugar santo, como yo mandé.19Y respondió Aarón á Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su holocausto delante de Jehová: pero me han acontecido estas cosas: pues si comiera yo hoy de la expiación, ¿Hubiera sido acepto á Jehová?20Y cuando Moisés oyó esto, dióse por satisfecho.

En el capítulo 9 se nos recordó que los sacerdotes “tomados de entre los hombres” podían pecar. No hemos tenido que ir muy lejos para verificarlo, desgraciadamente. Cada vez que Dios coloca al hombre en una nueva relación, éste demuestra que no tiene capacidad para hacerle frente. Hasta aquí cada detalle había sido ejecutado “como Jehová lo había mandado” (expresión repetida catorce veces en los capítulos 8 y 9). Pero ahora Nadab y Abiú, hijos mayores de Aarón, hacen lo “que a ellos no les había mandado hacer (v. 1; V.M). Apenas consagrados, presentan ante Jehová un fuego no procedente del altar. El solemne y fulminante castigo nos recuerda lo serio que resulta sustituir las instrucciones de la Palabra de Dios por nuestra voluntad (compárese con 2 Samuel 6:3... el arca colocada sobre un carro nuevo, seguido de la muerte de Uza). Tanto los pensamientos de la carne como lo que excita los sentimientos (bebidas fuertes), no son tolerados para rendir culto a Dios. Despreciar abiertamente las verdades conocidas lleva al transgresor a caer bajo la disciplina de Dios. Por el contrario, tal como lo muestra el final del capítulo, el Señor está lleno de indulgencia hacia los ignorantes, así como hacia aquellos que se doblegan bajo su disciplina.

Levítico 11:1-28
1Y HABLO Jehová á Moisés y á Aarón, diciéndoles:2Hablad á los hijos de Israel, diciendo: Estos son los animales que comeréis de todos los animales que están sobre la tierra.3De entre los animales, todo el de pezuña, y que tiene las pezuñas hendidas, y que rumia, éste comeréis.4Estos empero no comeréis de los que rumian y de los que tienen pezuña: el camello, porque rumia mas no tiene pezuña hendida, habéis de tenerlo por inmundo;5También el conejo, porque rumia, mas no tiene pezuña, tendréislo por inmundo;6Asimismo la liebre, porque rumia, mas no tiene pezuña, tendréisla por inmunda;7También el puerco, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, mas no rumia, tendréislo por inmundo.8De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto: tendréislos por inmundos.9Esto comeréis de todas las cosas que están en las aguas: todas las cosas que tienen aletas y escamas en las aguas de la mar, y en los ríos, aquellas comeréis;10Mas todas las cosas que no tienen aletas ni escamas en la mar y en los ríos, así de todo reptil de agua como de toda cosa viviente que está en las aguas, las tendréis en abominación.11Os serán, pues, en abominación: de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos.12Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, tendréislo en abominación.13Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el esmerejón,14El milano, y el buitre según su especie;15Todo cuervo según su especie;16El avestruz, y la lechuza, y el laro, y el gavilán según su especie;17Y el buho, y el somormujo, y el ibis,18Y el calamón, y el cisne, y el onocrótalo,19Y el herodión, y el caradrión, según su especie, y la abubilla, y el murciélago.20Todo reptil alado que anduviere sobre cuatro pies, tendréis en abominación.21Empero esto comeréis de todo reptil alado que anda sobre cuatro pies, que tuviere piernas además de sus pies para saltar con ellas sobre la tierra;22Estos comeréis de ellos: la langosta según su especie, y el langostín según su especie, y el aregol según su especie, y el haghab según su especie.23Todo reptil alado que tenga cuatro pies, tendréis en abominación.24Y por estas cosas seréis inmundos: cualquiera que tocare á sus cuerpos muertos, será inmundo hasta la tarde:25Y cualquiera que llevare de sus cuerpos muertos, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde.26Todo animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia, tendréis por inmundo: cualquiera que los tocare será inmundo.27Y de todos los animales que andan á cuatro pies, tendréis por inmundo cualquiera que ande sobre sus garras: cualquiera que tocare sus cuerpos muertos, será inmundo hasta la tarde.28Y el que llevare sus cuerpos muertos, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde: habéis de tenerlos por inmundos.

Tal como lo explica el Señor Jesús, no son las cosas que entran en el hombre las que lo contaminan, sino más bien las que salen de él (Marcos 7:15). La distinción entre animales puros e impuros no tiene más que una aplicación espiritual para el cristiano. En este capítulo se toman en consideración cuatro grupos de animales: cuadrúpedos, peces, aves y reptiles. Para ser puros, los primeros debían reunir dos condiciones: rumiar y tener la pezuña hendida. La pureza del creyente depende tanto de la manera de comer (estudiar la Palabra) como de caminar (obedecer la Palabra).

De los peces también se requerían dos atributos: aletas y escamas. Sin aletas, ¿cómo avanzar?, ¿cómo luchar contra la fuerza de la corriente? Y sin escamas el cuerpo queda desprotegido. Resistir a la incitación del mundo, a sus formas de pensar y a sus comodidades es la manera para que un joven creyente pueda mantenerse puro.

Las aves carnívoras y omnívoras eran impuras. Esto nos enseña que si nutrimos nuestra mente con lo que viene de la carne, o aceptamos sin distinción toda lectura y espectáculo que se nos ofrece, inevitablemente quedaremos contaminados. Finalmente se hallan los reptiles y los animales que se les asemejan. Figura del poder del mal. ¡Es cosa abominable! “Aborreced lo malo,” prescribe Romanos 12:9.

Levítico 11:29-47
29Y estos tendréis por inmundos de los reptiles que van arrastrando sobre la tierra: la comadreja, y el ratón, y la rana según su especie,30Y el erizo, y el lagarto, y el caracol, y la babosa, y el topo.31Estos tendréis por inmundos de todos los reptiles: cualquiera que los tocare, cuando estuvieren muertos, será inmundo hasta la tarde.32Y todo aquello sobre que cayere alguno de ellos después de muertos, será inmundo; así vaso de madera, como vestido, ó piel, ó saco, cualquier instrumento con que se hace obra, será metido en agua, y será inmundo hasta la tarde, y así será limpio.33Y toda vasija de barro dentro de la cual cayere alguno de ellos, todo lo que estuviere en ella será inmundo, y quebraréis la vasija:34Toda vianda que se come, sobre la cual viniere el agua de tales vasijas, será inmunda: y toda bebida que se bebiere, será en todas esas vasijas inmunda:35Y todo aquello sobre que cayere algo del cuerpo muerto de ellos, será inmundo: el horno ú hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis.36Con todo, la fuente y la cisterna donde se recogen aguas, serán limpias: mas lo que hubiere tocado en sus cuerpos muertos será inmundo.37Y si cayere de sus cuerpos muertos sobre alguna simiente que se haya de sembrar, será limpia.38Mas si se hubiere puesto agua en la simiente, y cayere de sus cuerpos muertos sobre ella, tendréisla por inmunda.39Y si algún animal que tuviereis para comer se muriere, el que tocare su cuerpo muerto será inmundo hasta la tarde:40Y el que comiere de su cuerpo muerto, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde: asimismo el que sacare su cuerpo muerto, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde.41Y todo reptil que va arrastrando sobre la tierra, es abominación; no se comerá.42Todo lo que anda sobre el pecho, y todo lo que anda sobre cuatro ó más pies, de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, no lo comeréis, porque es abominación.43No ensuciéis vuestras personas con ningún reptil que anda arrastrando, ni os contaminéis con ellos, ni seáis inmundos por ellos.44Pues que yo soy Jehová vuestro Dios, vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo: así que no ensuciéis vuestras personas con ningún reptil que anduviere arrastrando sobre la tierra.45Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para seros por Dios: seréis pues santos, porque yo soy santo.46Esta es la ley de los animales y de las aves, y de todo ser viviente que se mueve en las aguas, y de todo animal que anda arrastrando sobre la tierra;47Para hacer diferencia entre inmundo y limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.

Al observar a los reptiles y a los animales que pululan sobre la tierra, reconozcamos ciertos rasgos y peligros morales de los que debemos desconfiar. La comadreja (el topo, V. M.) y el ratón, por ejemplo, perjudican a las plantas jóvenes destruyendo sus raíces; el camaleón evoca a aquellos que siempre se adaptan al color de su medio ambiente: se comportan como cristianos cuando están entre los cristianos, y como mundanos cuando están acompañados de la gente del mundo.

Los versículos 32 a 40 muestran cómo las cosas mejores y más útiles pueden ser estropeadas por lo que viene de la “serpiente”. Que el Señor nos enseñe a vigilar y a hacer uso de la provisión inalterable que él nos ha preparado: una fuente, una cisterna o cualquier lugar de recopilación de aguas, imágenes de la Palabra divina, que siempre quedaban limpias. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”, dice el salmista (119:11). Un israelita piadoso se guardaba cuidadosamente de todo alimento impuro o inmundo (Hechos 10:14). Tengamos una conciencia sensible para distinguir entre lo que es espiritualmente puro o impuro, entre lo que es susceptible de nutrir nuestra alma y lo que es un veneno para ella. La razón profunda de esta separación rigurosa la encontramos en el versículo 45: Dios es santo, y nosotros somos pueblo suyo.

Levítico 12:1-8; Levítico 13:1-8
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, diciendo: La mujer cuando concibiere y pariere varón, será inmunda siete días; conforme á los días que está separada por su menstruo, será inmunda.3Y al octavo día circuncidará la carne de su prepucio.4Mas ella permanecerá treinta y tres días en la sangre de su purgación: ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta que sean cumplidos los días de su purgación.5Y si pariere hembra será inmunda dos semanas, conforme á su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre.6Y cuando los días de su purgación fueren cumplidos, por hijo ó por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino ó una tórtola para expiación, á la puerta del tabernáculo del testimonio, al sacerdote:7Y él ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley de la que pariere varón ó hembra.8Y si no alcanzare su mano lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas ó dos palominos, uno para holocausto, y otro para expiación: y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia.
1Y HABLO Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:2Cuando el hombre tuviere en la piel de su carne hinchazón, ó postilla, ó mancha blanca, y hubiere en la piel de su carne como llaga de lepra, será traído á Aarón el sacerdote, ó á uno de los sacerdotes sus hijos:3Y el sacerdote mirará la llaga en la piel de la carne: si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más hundida que la tez de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le dará por inmundo.4Y si en la piel de su carne hubiere mancha blanca, pero no pareciere más hundida que la tez, ni su pelo se hubiere vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrará al llagado por siete días;5Y al séptimo día el sacerdote lo mirará; y si la llaga a su parecer se hubiere estancado, no habiéndose extendido en la piel, entonces el sacerdote le volverá á encerrar por otros siete días.6Y al séptimo día el sacerdote le reconocerá de nuevo; y si parece haberse oscurecido la llaga, y que no ha cundido en la piel, entonces el sacerdote lo dará por limpio: era postilla; y lavará sus vestidos, y será limpio.7Mas si hubiere ido creciendo la postilla en la piel, después que fué mostrado al sacerdote para ser limpio, será visto otra vez del sacerdote:8Y si reconociéndolo el sacerdote, ve que la postilla ha crecido en la piel, el sacerdote lo dará por inmundo: es lepra.

Como para mostrarnos que los recursos divinos se han adelantado a la aparición del pecado, Levítico considera a los sacrificios y al sacerdote antes de considerar al pecado mismo. El capítulo 11 nos enseña a velar para no ser contaminados por la impureza exterior. Pero el mal no sólo está a nuestro alrededor, también se halla en nosotros; el enemigo está dentro de la plaza, por así decirlo. El capítulo 12 nos hace tomar conciencia de su carácter hereditario. “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5). La naturaleza pecaminosa de Adán se ha transmitido a toda su raza; un niño recién nacido es un pecador en potencia antes de haber cometido algún acto culpable; por lo tanto necesita, igual que un adulto, del sacrificio de Cristo.

Los capítulos 13 y 14 hablan de la lepra, que siempre representa al pecado en su carácter de mancha. La lepra, ¡esta enfermedad que carcome, contagiosa e incurable, repugnante a la vista, que suprime la sensibilidad! A los ojos de Dios el pecado presenta estos diferentes rasgos. Se traduce en actos y palabras, incluso en los creyentes, ¡bien lo sabemos! Por ejemplo, en María se manifestó la maledicencia (Números 12:10); en Giezi la codicia y la mentira (2 Reyes 5:27); en Uzías el orgullo espiritual (2 Crónicas 26:20).

Levítico 13:9-28
9Cuando hubiere llaga de lepra en el hombre, será traído al sacerdote;10Y el sacerdote mirará, y si pareciere tumor blanco en la piel, el cual haya mudado el color del pelo, y se descubre asimismo la carne viva,11Lepra es envejecida en la piel de su carne; y le dará por inmundo el sacerdote, y no le encerrará, porque es inmundo.12Mas si brotare la lepra cundiendo por el cutis, y ella cubriere toda la piel del llagado desde su cabeza hasta sus pies, á toda vista de ojos del sacerdote;13Entonces el sacerdote le reconocerá; y si la lepra hubiere cubierto toda su carne, dará por limpio al llagado: hase vuelto toda ella blanca; y él es limpio.14Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo.15Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo dará por inmundo. Es inmunda la carne viva: es lepra.16Mas cuando la carne viva se mudare y volviere blanca, entonces vendrá al sacerdote;17Y el sacerdote mirará, y si la llaga se hubiere vuelto blanca, el sacerdote dará por limpio al que tenía la llaga, y será limpio.18Y cuando en la carne, en su piel, hubiere apostema, y se sanare,19Y sucediere en el lugar de la apostema tumor blanco, ó mancha blanca embermejecida, será mostrado al sacerdote:20Y el sacerdote mirará; y si pareciere estar más baja que su piel, y su pelo se hubiere vuelto blanco, darálo el sacerdote por inmundo: es llaga de lepra que se originó en la apostema.21Y si el sacerdote la considerare, y no pareciere en ella pelo blanco, ni estuviere más baja que la piel, sino oscura, entonces el sacerdote lo encerrará por siete días:22Y si se fuere extendiendo por la piel, entonces el sacerdote lo dará por inmundo: es llaga.23Empero si la mancha blanca se estuviere en su lugar, que no haya cundido, es la costra de la apostema; y el sacerdote lo dará por limpio.24Asimismo cuando la carne tuviere en su piel quemadura de fuego, y hubiere en lo sanado del fuego mancha blanquecina, bermejiza ó blanca,25El sacerdote la mirará; y si el pelo se hubiere vuelto blanco en la mancha, y pareciere estar más hundida que la piel, es lepra que salió en la quemadura; y el sacerdote declarará al sujeto inmundo, por ser llaga de lepra.26Mas si el sacerdote la mirare, y no pareciere en la mancha pelo blanco, ni estuviere más baja que la tez, sino que está oscura, le encerrará el sacerdote por siete días;27Y al séptimo día el sacerdote la reconocerá: si se hubiere ido extendiendo por la piel, el sacerdote lo dará por inmundo: es llaga de lepra.28Empero si la mancha se estuviere en su lugar, y no se hubiere extendido en la piel, sino que está oscura, hinchazón es de la quemadura: darálo el sacerdote por limpio; que señal de la quemadura es.

Para que la lepra sea diagnosticada, el enfermo debe presentar dos síntomas. El pelo blanco hace pensar en una decadencia espiritual que tiene su fuente en la pérdida de la comunión con el Señor. La mancha más hundida que la piel indica que no se trata de un defecto superficial y revela un mal profundo. Pero, cosa paradójica y difícil de comprender, mientras que una sola mancha bastaba para establecer la impureza del leproso, a partir del momento en que éste se halla enteramente cubierto de la enfermedad, ¡se le puede declarar limpio! Sin embargo es así. Tal como el pobre leproso que durante largo tiempo se ha esforzado en tapar sus llagas hasta que ya no puede disimular más, cuando un hombre se ve forzado a reconocerse totalmente manchado, Dios puede declararlo limpio en virtud de la obra de Cristo. “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad... Y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5). Pero toda muestra de carne viva volvía otra vez a la persona impura, porque ella es la imagen de los vanos esfuerzos de la vieja naturaleza para mejorarse. En Lucas 5:12-14 un “hombre lleno de lepra” se acerca a Jesús y le pide que, si quiere, lo sane; el Señor lo sana y luego lo invita, para dar testimonio de ello, a cumplir con las instrucciones del capítulo 14 de nuestro libro.

Levítico 13:29-44
29Y al hombre ó mujer que le saliere llaga en la cabeza, ó en la barba,30El sacerdote mirará la llaga; y si pareciere estar más profunda que la tez, y el pelo en ella fuera rubio y adelgazado, entonces el sacerdote lo dará por inmundo: es tiña, es lepra de la cabeza ó de la barba.31Mas cuando el sacerdote hubiere mirado la llaga de la tiña, y no pareciere estar más profunda que la tez, ni fuere en ella pelo negro, el sacerdote encerrará al llagado de la tiña por siete días:32Y al séptimo día el sacerdote mirará la llaga: y si la tiña no pareciere haberse extendido, ni hubiere en ella pelo rubio, ni pareciere la tiña más profunda que la tez,33Entonces lo trasquilarán, mas no trasquilarán el lugar de la tiña: y encerrará el sacerdote al que tiene la tiña por otros siete días.34Y al séptimo día mirará el sacerdote la tiña; y si la tiña no hubiere cundido en la piel, ni pareciere estar más profunda que la tez, el sacerdote lo dará por limpio; y lavará sus vestidos, y será limpio.35Empero si la tiña se hubiere ido extendiendo en la piel después de su purificación,36Entonces el sacerdote la mirará; y si la tiña hubiere cundido en la piel, no busque el sacerdote el pelo rubio, es inmundo.37Mas si le pareciere que la tiña está detenida, y que ha salido en ella el pelo negro, la tiña está sanada; él está limpio, y por limpio lo dará el sacerdote.38Asimismo el hombre ó mujer, cuando en la piel de su carne tuviere manchas, manchas blancas,39El sacerdote mirará: y si en la piel de su carne parecieren manchas blancas algo oscurecidas, es empeine que brotó en la piel, está limpia la persona.40Y el hombre, cuando se le pelare la cabeza, es calvo, mas limpio.41Y si á la parte de su rostro se le pelare la cabeza, es calvo por delante, pero limpio.42Mas cuando en la calva ó en la antecalva hubiere llaga blanca rojiza, lepra es que brota en su calva ó en su antecalva.43Entonces el sacerdote lo mirará, y si pareciere la hinchazón de la llaga blanca rojiza en su calva ó en su antecalva, como el parecer de la lepra de la tez de la carne,44Leproso es, es inmundo; el sacerdote lo dará luego por inmundo; en su cabeza tiene su llaga.

Ciertas manchas y enfermedades de la piel podían inducir a un error. Entonces el enfermo era encerrado durante siete días y luego era examinado para comprobar si se trataba o no de una llaga de lepra. ¡Nunca juzguemos con precipitación! Ejercitémonos en presumir el bien en los otros antes de juzgarlos. El amor “no hace nada indebido” (1 Corintios 13:5). Notemos que el enfermo no daba su opinión. Era el sacerdote quien veía y luego declaraba la naturaleza de la llaga. Poco importaba lo que el hombre pensara de sí mismo. Podía no sentir nada y creerse rebosante de salud, estando gravemente enfermo al mismo tiempo.

Cuántas personas ignoran que padecen la enfermedad llamada pecado. Nunca han considerado su estado a la luz de la Palabra de Dios; no se han presentado ante el Sacerdote. Él es quien establece la culpabilidad del hombre y lo declara irremediablemente perdido. “¿Dejaos del hombre... porque ¿de qué es él estimado?” (Isaías 2:22). Pero el Sacerdote que comprueba así nuestro estado es también Aquel que se ocupa de ello en gracia, actuando como el gran Médico que ha dado a nuestras almas una curación total (Lucas 5:31).

Levítico 13:45-59
45Y el leproso en quien hubiere llaga, sus vestidos serán deshechos y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ­Inmundo! ­inmundo!46Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro: habitará solo; fuera del real será su morada.47Y cuando en el vestido hubiere plaga de lepra, en vestido de lana, ó en vestido de lino;48O en estambre ó en trama, de lino ó de lana, ó en piel, ó en cualquiera obra de piel;49Y que la plaga sea verde, ó bermeja, en vestido ó en piel, ó en estambre, ó en trama, ó en cualquiera obra de piel; plaga es de lepra, y se ha de mostrar al sacerdote.50Y el sacerdote mirará la plaga, y encerrará la cosa plagada por siete días.51Y al séptimo día mirará la plaga: y si hubiere cundido la plaga en el vestido, ó estambre, ó en la trama, ó en piel, ó en cualquiera obra que se hace de pieles, lepra roedora es la plaga; inmunda será.52Será quemado el vestido, ó estambre ó trama, de lana ó de lino, ó cualquiera obra de pieles en que hubiere tal plaga; porque lepra roedora es; al fuego será quemada.53Y si el sacerdote mirare, y no pareciere que la plaga se haya extendido en el vestido, ó estambre, ó en la trama, ó en cualquiera obra de pieles;54Entonces el sacerdote mandará que laven donde está la plaga, y lo encerrará otra vez por siete días.55Y el sacerdote mirará después que la plaga fuere lavada; y si pareciere que la plaga no ha mudado su aspecto, bien que no haya cundido la plaga, inmunda es; la quemarás al fuego; corrosión es penetrante, esté lo raído en la haz ó en el revés de aquella co56Mas si el sacerdote la viere, y pareciere que la plaga se ha oscurecido después que fué lavada, la cortará del vestido, ó de la piel, ó del estambre, ó de la trama.57Y si apareciere más en el vestido, ó estambre, ó trama, ó en cualquiera cosa de pieles, reverdeciendo en ella, quemarás al fuego aquello donde estuviere la plaga.58Empero el vestido, ó estambre, ó trama, ó cualquiera cosa de piel que lavares, y que se le quitare la plaga, lavarse ha segunda vez, y entonces será limpia.59Esta es la ley de la plaga de la lepra del vestido de lana ó de lino, ó del estambre, ó de la trama, ó de cualquiera cosa de piel, para que sea dada por limpia ó por inmunda.

La condición del leproso era terrible en Israel: echado del campamento sin ninguna esperanza de volver al mismo, separado de los suyos, obligado a proclamar su estado de miseria: “¡Inmundo! ¡inmundo!” Excluido de la congregación, es una imagen de lo que éramos nosotros, gentes de entre las naciones, “alejados de la ciudadanía de Israel... sin esperanza...”. Pero ahora el apóstol anuncia que hemos “sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:12-13), lo que nos conduce a la obra de la purificación descrita en el capítulo 14. El evangelio nos muestra a varios de estos leprosos que imploraban la piedad del Maestro. Y Jesús, lleno de compasión, puso las manos sobre ellos y los sanó, mas él no se manchó por este contacto. Cristo no sólo podía, sino que en su amor quería hacerlos perfectamente limpios (Mateo 8:1-3; ver también Lucas 17:11...). Del mismo modo, este querido Salvador puede y quiere, todavía hoy, purificar de todos sus pecados a quien se reconoce impuro.

La lepra en un vestido (v. 47-59) representa el mal que se puede insinuar en nuestras costumbres y en nuestro testimonio. ¡Que el Señor nos conceda vigilar para descubrir, y valor para “quemar”, dicho de otro modo, para juzgar el mal en cuanto aparezca!

Levítico 14:1-13
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Esta será la ley del leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote:3Y el sacerdote saldrá fuera del real; y mirará el sacerdote, y viendo que está sana la plaga de la lepra del leproso,4El sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y palo de cedro, y grana, é hisopo;5Y mandará el sacerdote matar la una avecilla en un vaso de barro sobre aguas vivas;6Después tomará la avecilla viva, y el palo de cedro, y la grana, y el hisopo, y lo mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas vivas:7Y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le dará por limpio; y soltará la avecilla viva sobre la haz del campo.8Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todos sus pelos, y se ha de lavar con agua, y será limpio: y después entrará en el real, y morará fuera de su tienda siete días.9Y será, que al séptimo día raerá todos sus pelos, su cabeza, y su barba, y las cejas de sus ojos; finalmente, raerá todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su carne en aguas, y será limpio.10Y el día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha; y tres décimas de flor de harina para presente amasada con aceite, y un log de aceite.11Y el sacerdote que le purifica presentará con aquellas cosas al que se ha de limpiar delante de Jehová, á la puerta del tabernáculo del testimonio:12Y tomará el sacerdote el un cordero, y ofrecerálo por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda agitada delante de Jehová:13Y degollará el cordero en el lugar donde degüellan la víctima por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario: porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa es del sacerdote: es cosa muy sagrada.

Llegado el día de la purificación del leproso, éste era llevado al sacerdote. Fijémonos en el papel eficaz pero indispensable que desempeña el amigo que lo conduce a aquel que le va a anunciar la curación. Es precioso ser empleado por Dios para traer a los pecadores al Señor Jesús. Es un servicio que incluso puede cumplir un joven cristiano (Juan 1:42, 46).

Pero si el sacerdote hubiera permanecido en el tabernáculo o en el campamento, el leproso, ahuyentado del mismo, nunca se hubiera podido encontrar con él. El sacerdote salía, pues, del campamento (v. 3). Para ir al encuentro del pecador, Jesús dejó la gloria. Somos incapaces de dar un solo paso hacia Cristo; por lo tanto él ha hecho todo el camino para llegar hasta nosotros. ¿Cómo podría el hijo pródigo entrar sucio y harapiento en la casa de su padre? Éste sale a su encuentro y manda vestirlo con el traje más hermoso, mientras todavía está afuera. Siguen los detalles de la purificación. Las dos avecillas juntas nos hablan del remedio divino aplicable al pecado de todo hombre. La muerte del Señor: a la primera avecilla se le degollaba; su resurrección: la segunda avecilla levantaba el vuelo, marcada con la sangre que llevaba consigo hacia el cielo para colocarla simbólicamente bajo la mirada de un Dios satisfecho.

Levítico 14:14-32
14Y tomará el sacerdote de la sangre de la víctima por la culpa, y pondrá el sacerdote sobre la ternilla de la oreja derecha del que se purifica, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho.15Asimismo tomará el sacerdote del log de aceite, y echará sobre la palma de su mano izquierda:16Y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová:17Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre la ternilla de la oreja derecha del que se purifica, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, sobre la sangre de la expiación por la culpa:18Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá sobre la cabeza del que se purifica: y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová.19Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia, y después degollará el holocausto:20Y hará subir el sacerdote el holocausto y el presente sobre el altar. Así hará el sacerdote expiación por él, y será limpio.21Mas si fuere pobre, que no alcanzare su mano á tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda agitada por la culpa, para reconciliarse, y una décima de flor de harina amasada con aceite para presente, y un log de aceite;22Y dos tórtolas, ó dos palominos, lo que alcanzare su mano: y el uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto;23Las cuales cosas traerá al octavo día de su purificación al sacerdote, á la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová.24Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y mecerálo el sacerdote como ofrenda agitada delante de Jehová;25Luego degollará el cordero de la culpa, y tomará el sacerdote de la sangre de la culpa, y pondrá sobre la ternilla de la oreja derecha del que se purifica, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho.26Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda;27Y con su dedo derecho rociará el sacerdote del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de Jehová.28También pondrá el sacerdote del aceite que tiene en su mano sobre la ternilla de la oreja derecha del que se purifica, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la culpa.29Y lo que sobrare del aceite que el sacerdote tiene en su mano, pondrálo sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de Jehová.30Asimismo ofrecerá la una de las tórtolas, ó de los palominos, lo que alcanzare su mano:31El uno de lo que alcanzare su mano, en expiación por el pecado, y el otro en holocausto, además del presente: y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de Jehová.32Esta es la ley del que hubiere tenido plaga de lepra, cuya mano no alcanzare lo prescrito para purificarse.

“Será limpio”, concluyen los versículos 9 y 20. Aquí tampoco se trata de la opinión del leproso sanado. Dios declara puro y santo al pecador regenerado, para quien esta palabra debe bastar, aun si no experimenta ninguna emoción especial. “Habéis sido lavados... santificados... justificados en el nombre del Señor Jesús”, afirma 1 Corintios 6:11.

Con respecto a las avecillas, imagen de la obra de Dios por nosotros, hacían falta dos cosas, figura de su obra en nosotros: el agua, poder purificador de la Palabra, y la navaja. El leproso rapaba su cabeza, su barba, sus cejas. Todo lo que recordaba la fuerza del hombre era puesto a un lado. Este trabajo del Espíritu, que nos conduce a juzgar lo que produce nuestra vieja naturaleza, se llama liberación.

La sangre del sacrificio se aplicaba en la oreja, en la mano y en el pie derecho del leproso sanado, exactamente como se hizo con el sacerdote el día de su consagración (Éxodo 29:20). De igual modo sucedía con el aceite. Luego se ungía al leproso con el resto del aceite (v. 18). Era el único en Israel, juntamente con los reyes y sacerdotes, que recibía esta santa unción correspondiente a la obra del Espíritu Santo en el corazón del rescatado (1 Juan 2:20). De unos pecadores manchados, pero lavados en su sangre, Cristo ha hecho un reino de “reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1:6).

Levítico 14:33-57
33Y habló Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:34Cuando hubieres entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, y pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión,35Vendrá aquél cuya fuere la casa, y dará aviso al sacerdote, diciendo: Como plaga ha aparecido en mi casa.36Entonces mandará el sacerdote, y despejarán la casa antes que el sacerdote entre á mirar la plaga, por que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa: y después el sacerdote entrará á reconocer la casa:37Y mirará la plaga: y si se vieren manchas en las paredes de la casa, cavernillas verdosas ó rojas, las cuales parecieren más hundidas que la pared,38El sacerdote saldrá de la casa á la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días.39Y al séptimo día volverá el sacerdote, y mirará: y si la plaga hubiere crecido en las paredes de la casa,40Entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo:41Y hará descostrar la casa por dentro alrededor, y derramarán el polvo que descostraren fuera de la ciudad en lugar inmundo:42Y tomarán otras piedras, y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro, y encostrarán la casa.43Y si la plaga volviere á reverdecer en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras, y descostrar la casa, y después que fue encostrada,44Entonces el sacerdote entrará y mirará; y si pareciere haberse extendido la plaga en la casa, lepra roedora está en la casa: inmunda es.45Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, y sus maderos, y toda la mezcla de la casa; y lo sacará fuera de la ciudad á lugar inmundo.46Y cualquiera que entrare en aquella casa todos los días que la mandó cerrar, será inmundo hasta la tarde.47Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa, lavará sus vestidos.48Mas si entrare el sacerdote y mirare, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue encostrada, el sacerdote dará la casa por limpia, porque la plaga ha sanado.49Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y palo de cedro, y grana, é hisopo:50Y degollará la una avecilla en una vasija de barro sobre aguas vivas:51Y tomará el palo de cedro, y el hisopo, y la grana, y la avecilla viva, y mojarálo en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas vivas, y rociará la casa siete veces:52Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, y con las aguas vivas, y con la avecilla viva, y el palo de cedro, y el hisopo, y la grana:53Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la haz del campo: Así hará expiación por la casa, y será limpia.54Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra, y de tiña;55Y de la lepra del vestido, y de la casa;56Y acerca de la hinchazón, y de la postilla, y de la mancha blanca:57Para enseñar cuándo es inmundo, y cuándo limpio. Aquesta es la ley tocante á la lepra.

La lepra en la casa es imagen del pecado en la asamblea, o incluso en aquello que lleva el nombre de Iglesia, la cristiandad en general. Mirando de cerca la asamblea de Éfeso, en el capítulo 2 de Apocalipsis, discernimos –o más bien lo hace el Señor, el gran Sumo Sacerdote cuyos ojos son semejantes a una llama de fuego– una pequeña mancha: el abandono del primer amor. Todo lo demás parece ser bueno: obras, trabajo, paciencia. Pero veamos lo que llega a ser este pequeño principio: una verdadera lepra en Pérgamo. Allí ciertas piedras de la casa están contaminadas con la “doctrina de Balaam”, y otras con la de los nicolaítas. Luego, el mal se desarrolla como una levadura en Tiatira, en Sardis, en Laodicea, la que representa el estado final de la Iglesia responsable, hasta que el Señor se ve obligado a anunciar: “Te vomitaré de mi boca” (cap. 3:16). La “casa grande” de la cristiandad profesante será rechazada, derribada.

El capítulo 15 prosigue con el tema de la contaminación. Bajo la imagen del “flujo” nos muestra todo lo que, en nuestra vida diaria, nuestro detestable carácter natural es capaz de manifestar para envenenar tanto nuestro entorno como a nosotros mismos. Gracias a Dios existe el remedio para purificarnos de ello: el sacerdocio ejercido en nuestro favor por el Señor Jesús (v. 15 y 30).

Levítico 16:1-14
1Y HABLO Jehová á Moisés, después que murieron los dos hijos de Aarón, cuando se llegaron delante de Jehová, y murieron;2Y Jehová dijo á Moisés: Di á Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario del velo adentro, delante de la cubierta que está sobre el arca, para que no muera: porque yo apareceré en la nube sobre la cubierta.3Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro por expiación, y un carnero en holocausto.4La túnica santa de lino se vestirá, y sobre su carne tendrá pañetes de lino, y ceñiráse el cinto de lino; y con la mitra de lino se cubrirá: son las santas vestiduras: con ellas, después de lavar su carne con agua, se ha de vestir.5Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos de cabrío para expiación, y un carnero para holocausto.6Y hará allegar Aarón el becerro de la expiación, que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa.7Después tomará los dos machos de cabrío, y los presentará delante de Jehová á la puerta del tabernáculo del testimonio.8Y echará suertes Aarón sobre los dos machos de cabrío; la una suerte por Jehová, y la otra suerte por Azazel.9Y hará allegar Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y ofrecerálo en expiación.10Mas el macho cabrío, sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová, para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo á Azazel al desierto.11Y hará llegar Aarón el becerro que era suyo para expiación, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo.12Después tomará el incensario lleno de brasas de fuego, del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y meterálo del velo adentro:13Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá la cubierta que está sobre el testimonio, y no morirá.14Tomará luego de la sangre del becerro, y rociará con su dedo hacia la cubierta al lado oriental: hacia la cubierta esparcirá siete veces de aquella sangre con su dedo.

Aquí Aarón recibe instrucciones para una ocasión especial: la del día de expiación (véase cap. 23:27). A esta escena hace alusión el capítulo 9 de Hebreos (v. 7, 12, 25). Una vez al año, después de presentar una ofrenda por sí mismo, el sumo sacerdote ofrecía una víctima por todos los pecados del pueblo cometidos durante el año. Luego llevaba la sangre de este sacrificio detrás del velo y la rociaba sobre el propiciatorio, cuyo nombre así quedaba explicado. La sangre que hace expiación por el alma (cap. 17:11) se llevaba allí. Hacía que Jehová fuese propicio a su pueblo. No era que la sangre de un macho cabrío tuviera poder para borrar ni siquiera uno de los pecados que ese pueblo hubiera cometido durante un año. Sino que por adelantado ello hablaba a Dios de la sangre preciosa de su Cordero.

Contrariamente a lo que nosotros hubiésemos pensado, no era en sus magníficas vestiduras cómo Aarón debía presentarse ante Jehová. Tenía que despojarse de toda su gloria frente a la gloria de Dios, y allí no podía mantenerse de pie si no era revestido de lino fino blanco, símbolo de la justicia práctica (v. 4; Apocalipsis 19:8).

El olor grato del incienso acompañaba a Aarón detrás del velo, como Cristo ha entrado en el lugar santísimo, ofreciendo a Dios el pleno perfume de sus excelentes glorias.

Levítico 16:15-22
15Después degollará en expiación el macho cabrío, que era del pueblo, y meterá la sangre de él del velo adentro; y hará de su sangre como hizo de la sangre del becerro, y esparcirá sobre la cubierta y delante de la cubierta:16Y limpiará el santuario, de las inmundicias de los hijos de Israel, y de sus rebeliones, y de todos sus pecados: de la misma manera hará también al tabernáculo del testimonio, el cual reside entre ellos en medio de sus inmundicias.17Y ningún hombre estará en el tabernáculo del testimonio cuando él entrare á hacer la reconciliación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la reconciliación por sí, y por su casa, y por toda la congregación de Israel.18Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará; y tomará de la sangre del becerro, y de la sangre del macho cabrío, y pondrá sobre los cuernos del altar alrededor.19Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.20Y cuando hubiere acabado de expiar el santuario, y el tabernáculo del testimonio, y el altar, hará llegar el macho cabrío vivo:21Y pondrá Aarón ambas manos suyas sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus rebeliones, y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desie22Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos á tierra inhabitada: y dejará ir el macho cabrío por el desierto.

El sacerdote pasaba detrás del velo, envuelto en una nube de incienso, mientras el pueblo temeroso esperaba afuera. ¿Aceptaría Jehová el sacrificio? Si algo no estaba en orden, ¿no perecería Aarón igual que sus dos hijos mayores? ¡Qué alivio cuando volvía a salir, cumplido su servicio! Proféticamente esta escena se cumplirá cuando, viniendo en gloria para Israel, Cristo “aparecerá por segunda vez... para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).

Faltaba ocuparse del macho cabrío vivo. El primero, cuya suerte cayó por Jehová (v. 9), había sido sacrificado y quitaba el pecado de delante de Dios. El segundo, el macho cabrío “por Azazel”, quitaba el pecado de la conciencia del pueblo. Por eso todos los pecados se confesaban sobre su cabeza y él se los llevaba para siempre a una tierra deshabitada (leer Salmo 103:12 y Hebreos 8:12, citado de Jeremías 31:34). El primer macho cabrío servía para hacer expiación: era para todos. El segundo nos habla de sustitución: una víctima llevando los pecados de muchos (Hebreos 9:28), de aquellos que, confesando sus pecados (v. 21), por la fe se apropian el valor de la víctima. El sacrificio de Cristo tiene este doble carácter.

Levítico 16:23-34
23Después vendrá Aarón al tabernáculo del testimonio, y se desnudará las vestimentas de lino, que había vestido para entrar en el santuario, y pondrálas allí.24Lavará luego su carne con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la reconciliación por sí y por el pueblo.25Y quemará el sebo de la expiación sobre el altar.26Y el que hubiere llevado el macho cabrío á Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua su carne, y después entrará en el real.27Y sacará fuera del real el becerro del pecado, y el macho cabrío de la culpa, la sangre de los cuales fué metida para hacer la expiación en el santuario; y quemarán en el fuego sus pellejos, y sus carnes, y su estiércol.28Y el que los quemare, lavará sus vestidos, lavará también su carne con agua, y después entrará en el real.29Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, á los diez del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que peregrina entre vosotros:30Porque en este día se os reconciliará para limpiaros; y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová.31Sábado de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas, por estatuto perpetuo.32Y hará la reconciliación el sacerdote que fuere ungido, y cuya mano hubiere sido llena para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestimentas de lino, las vestiduras sagradas:33Y expiará el santuario santo, y el tabernáculo del testimonio; expiará también el altar, y á los sacerdotes, y á todo el pueblo de la congregación.34Y esto tendréis por estatuto perpetuo, para expiar á los hijos de Israel de todos sus pecados una vez en el año. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.

Veamos cuán grande y delicado era para el sacerdote y sus ayudantes el trabajo de quitar los pecados. Y todo ese servicio sólo tenía validez por un año. En efecto, la fuente de los pecados, el corazón de los hombres, no estaba purificada por ello, y este malvado corazón no podía dejar de producir malas acciones a lo largo del nuevo año. Siempre haría falta renovar estos sacrificios; los sacerdotes se sucedían de padre a hijo, “debido a que por la muerte no podían continuar” (Hebreos 7:23).

¡Cuán grande es la obra de Cristo en toda su realidad, en todo su alcance! ¡Exigió su propio sacrificio! Para quitar el pecado del mundo y anular todas sus consecuencias, pero también para alcanzar la fuente de maldad: el corazón del hombre, y purificarlo, Jesús estuvo completamente solo. Nadie más podía participar en ello. ¿Qué hacía el pueblo durante ese gran trabajo del sacerdote? No podía ni debía hacer nada, sino afligir su alma. A su favor se cumplía una obra en la cual descansaba. Pues bien, ¡eso es todo lo que nosotros tenemos que hacer! Debemos apoyarnos en la suficiente y perfecta obra del Señor Jesús.

Levítico 17:1-16
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á Aarón y á sus hijos, y á todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová, diciendo:3Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey, ó cordero, ó cabra, en el real, ó fuera del real,4Y no lo trajere á la puerta del tabernáculo del testimonio, para ofrecer ofrenda á Jehová delante del tabernáculo de Jehová, sangre será imputada al tal varón: sangre derramó; cortado será el tal varón de entre su pueblo:5A fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican sobre la haz del campo, para que los traigan á Jehová á la puerta del tabernáculo del testimonio al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paces á Jehová.6Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehová, á la puerta del tabernáculo del testimonio, y quemará el sebo en olor de suavidad á Jehová.7Y nunca más sacrificarán sus sacrificios á los demonios, tras de los cuales han fornicado: tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades.8Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que ofreciere holocausto ó sacrificio,9Y no lo trajere á la puerta del tabernáculo del testimonio, para hacerlo á Jehová, el tal varón será igualmente cortado de sus pueblos.10Y cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y le cortaré de entre su pueblo.11Porque la vida de la carne en la sangre está: y yo os la he dado para expiar vuestras personas sobre el altar: por lo cual la misma sangre expiará la persona.12Por tanto, he dicho á los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que peregrina entre vosotros comerá sangre.13Y cualquier varón de los hijos de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan entre ellos, que cogiere caza de animal ó de ave que sea de comer, derramará su sangre y cubrirála con tierra:14Porque el alma de toda carne, su vida, está en su sangre: por tanto he dicho á los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado.15Y cualquiera persona que comiere cosa mortecina ó despedazada por fiera, así de los naturales como de los extranjeros, lavará sus vestidos y á sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde; y se limpiará.16Y si no los lavare, ni lavare su carne, llevará su iniquidad.

Dios se reserva el derecho y dominio sobre la sangre (cap. 7:26-27). Bajo su mirada, en el lugar santísimo, veremos renovada cada año la sangre de los sacrificios (cap. 16). Y esa sangre, indispensable para mantener las relaciones del pueblo con Dios, habla constantemente a Dios de la obra de su muy amado Hijo.

Varios pasajes de las Escrituras establecen las virtudes de la sangre de Cristo: “para hacer expiación… por vuestras almas” (v. 11). Purifica de todo pecado (1 Juan 1:7). La menor falta cometida sólo puede ser borrada por esa sangre. Por ella hemos sido redimidos para Dios de entre todas las naciones (Apoc. 5:9), rescatados (1 Pedro 1:18-19), lavados (Apoc. 1:5), justificados (Romanos 5:9), reconciliados (Colosenses 1:20), santificados (Hebreos 13:12), acercados (Efesios 2:13). Por ella se ha abierto un camino nuevo y vivo para entrar “en el Lugar Santísimo” (Hebreos 10:19). Por ella también nos ha sido dada la victoria (Apoc. 12:11).

¡Preciosa sangre de Jesús! Su virtud y eficacia son piedra de tropiezo para quienes no la aceptan por la fe, pero para los redimidos es motivo eterno de alabanza y adoración. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre... a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 1:5-6).

Levítico 18:1-5; Levítico 19:1-19
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios.3No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, á la cual yo os conduzco; ni andaréis en sus estatutos.4Mis derechos pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos: Yo Jehová vuestro Dios.5Por tanto mis estatutos y mis derechos guardaréis, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos: Yo Jehová.
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.3Cada uno temerá á su madre y á su padre, y mis sábados guardaréis: Yo Jehová vuestro Dios.4No os volveréis á los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición: Yo Jehová vuestro Dios.5Y cuando sacrificareis sacrificio de paces á Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis.6Será comido el día que lo sacrificareis, y el siguiente día: y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego.7Y si se comiere el día tercero, será abominación; no será acepto:8Y el que lo comiere, llevará su delito, por cuanto profanó lo santo de Jehová; y la tal persona será cortada de sus pueblos.9Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu tierra segada.10Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás los granos caídos de tu viña; para el pobre y para el extranjero los dejarás: Yo Jehová vuestro Dios.11No hurtaréis, y no engañaréis, ni mentiréis ninguno á su prójimo.12Y no juraréis en mi nombre con mentira, ni profanarás el nombre de tu Dios: Yo Jehová.13No oprimirás á tu prójimo, ni le robarás. No se detendrá el trabajo del jornalero en tu casa hasta la mañana.14No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo, mas tendrás temor de tu Dios: Yo Jehová.15No harás agravio en el juicio: no tendrás respeto al pobre, ni honrarás la cara del grande: con justicia juzgarás á tu prójimo.16No andarás chismeando en tus pueblos. No te pondrás contra la sangre de tu prójimo: Yo Jehová.17No aborrecerás á tu hermano en tu corazón: ingenuamente reprenderás á tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado.18No te vengarás, ni guardarás rencor á los hijos de tu pueblo: mas amarás á tu prójimo como á ti mismo: Yo Jehová.19Mis estatutos guardaréis. A tu animal no harás ayuntar para misturas; tu haza no sembrarás con mistura de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de diversas cosas.

Las ordenanzas contenidas en estos capítulos tienen como objetivo la santidad práctica del pueblo de Dios. Se refieren a la misericordia (cap. 19:10), la honestidad y la verdad (v. 11-12), la justicia (v. 13-15), la benevolencia y el amor (v. 16-18). Resulta humillante volver a encontrar las mismas advertencias dirigidas a los cristianos en epístolas como las enviadas a los efesios o a los colosenses. Esto prueba que la vieja naturaleza en un hijo de Dios no es mejor que la del israelita de antaño. “No haréis como hacen en la tierra de Egipto...”, empieza diciendo el capítulo 18, antes de enumerar las impurezas de la carne que Dios abomina. “Esto, pues, digo... que ya no andéis como los otros gentiles... los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia...” (Efesios 4:17, 19; comp. también los v. 25 y 28 con Levítico 19:11). “Andad en amor”, concluye el apóstol (Efesios 5:2), y es también el resumen que propone el versículo 18: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El Señor Jesús citó este versículo y él mismo lo ilustró perfectamente. Por esta razón Santiago lo llama: “la ley real (la del Rey), conforme a la Escritura” (Lucas 10:28-37; Santiago 2:8).

Levítico 19:26-37; Levítico 20:22-27
26No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinaréis.27No cortaréis en redondo las extremidades de vuestras cabezas, ni dañarás la punta de tu barba.28Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna: Yo Jehová.29No contaminarás tu hija haciéndola fornicar: porque no se prostituya la tierra, y se hincha de maldad.30Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia: Yo Jehová.31No os volváis á los encantadores y á los adivinos: no los consultéis ensuciándoos con ellos: Yo Jehová vuestro Dios.32Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor: Yo Jehová.33Y cuando el extranjero morare contigo en vuestra tierra, no le oprimiréis.34Como á un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrinare entre vosotros; y ámalo como á ti mismo; porque peregrinos fuisteis en la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios.35No hagáis agravio en juicio, en medida de tierra, ni en peso, ni en otra medida.36Balanzas justas, pesas justas, epha justo, é hin justo tendréis: Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto.37Guardad pues todos mis estatutos, y todos mis derechos, y ponedlos por obra: Yo Jehová.
22Guardad, pues, todos mis estatutos y todos mis derechos, y ponedlos por obra: y no os vomitará la tierra, en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella.23Y no andéis en las prácticas de la gente que yo echaré de delante de vosotros: porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.24Empero á vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel: Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos.25Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio é inmundo, y entre ave inmunda y limpia: y no ensuciéis vuestras personas en los animales, ni en las aves, ni en ninguna cosa que va arrastrando por la tierra, las cuales os he apartado por inmunda26Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos, para que seáis míos.27Y el hombre ó la mujer en quienes hubiere espíritu phitónico ó de adivinación, han de ser muertos: los apedrearán con piedras; su sangre sobre ellos.

Esta sección del libro, constituida por los capítulos 19 y 20, comienza y termina especificando que Israel había de ser el pueblo santo de un Dios santo. Y casi cada uno de los mandamientos de estos capítulos viene puntualizado por este llamado: “Yo Jehová vuestro Dios”. Con cuanta más razón, los que hoy forman parte de la familia de Dios deben manifestar la santidad del “Padre santo”, de quien son hijos (Juan 17:11). Pedro cita el versículo 2 del capítulo 19: “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos” (1 Pedro 1:15-16). No es solamente: “porque yo soy santo”, sino “como”. ¡Qué medida se nos da allí!

El versículo 32 llama la atención sobre el respeto que se debe a los ancianos, respecto a lo cual el joven cristiano nunca debería fallar. En todo nuestro comportamiento debe leerse nuestro cristianismo, no sólo en la abstención de algunos pecados horrorosos que Dios se ve obligado a denunciar en su Palabra, sino en los mil detalles en los que pueden ejercerse el amor y la justicia practica (v. 34-36). Nunca olvidemos que el bendito nombre de Cristo ha sido invocado sobre nosotros (Santiago 2:7), de tal manera que nuestra conducta, según sea, honra o deshonra este precioso nombre.

Levítico 21:1-24
1Y JEHOVA dijo á Moisés: Habla á los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos.2Mas por su pariente cercano á sí, por su madre, ó por su padre, ó por su hijo, ó por su hermano,3O por su hermana virgen, á él cercana, la cual no haya tenido marido, por ella se contaminará.4No se contaminará, porque es príncipe en sus pueblos, haciéndose inmundo.5No harán calva en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños.6Santos serán á su Dios, y no profanarán el nombre de su Dios; porque los fuegos de Jehová y el pan de su Dios ofrecen: por tanto serán santos.7Mujer ramera ó infame no tomarán: ni tomarán mujer repudiada de su marido: porque es santo á su Dios.8Lo santificarás por tanto, pues el pan de tu Dios ofrece: santo será para ti, porque santo soy yo Jehová vuestro santificador.9Y la hija del varón sacerdote, si comenzare á fornicar, á su padre amancilla: quemada será al fuego.10Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fué derramado el aceite de la unción, y que hinchió su mano para vestir las vestimentas, no descubrirá su cabeza, ni romperá sus vestidos:11Ni entrará donde haya alguna persona muerta, ni por su padre, ó por su madre se contaminará.12Ni saldrá del santuario, ni contaminará el santuario de su Dios; porque la corona del aceite de la unción de su Dios está sobre él: Yo Jehová.13Y tomará él mujer con su virginidad.14Viuda, ó repudiada, ó infame, ó ramera, éstas no tomará: mas tomará virgen de sus pueblos por mujer.15Y no amancillará su simiente en sus pueblos; porque yo Jehová soy el que los santifico.16Y Jehová habló á Moisés, diciendo:17Habla á Aarón, y dile: El varón de tu simiente en sus generaciones, en el cual hubiere falta, no se allegará para ofrecer el pan de su Dios.18Porque ningún varón en el cual hubiere falta, se allegará: varón ciego, ó cojo, ó falto, ó sobrado,19O varón en el cual hubiere quebradura de pie ó rotura de mano,20O corcobado, ó lagañoso, ó que tuviere nube en el ojo, ó que tenga sarna, ó empeine, ó compañón relajado;21Ningún varón de la simiente de Aarón sacerdote, en el cual hubiere falta, se allegará para ofrecer las ofrendas encendidas de Jehová. Hay falta en él; no se allegará á ofrecer el pan de su Dios.22El pan de su Dios, de lo muy santo y las cosas santificadas, comerá.23Empero no entrará del velo adentro, ni se allegará al altar, por cuanto hay falta en él: y no profanará mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico.24Y Moisés habló esto á Aarón, y á sus hijos, y á todos los hijos de Israel.

Así como el sólo hecho de pertenecer a la familia de Aarón otorgaba el título de sacerdote, todos los redimidos del Señor son hoy en día adoradores (1 Pedro 2:5). En cambio, si se trataba de ejercer su servicio, un sacerdote podía ser descalificado. El contacto con la muerte, un casamiento no según Dios o un defecto natural incorregible privaba a los hijos de Aarón de sus santas funciones. Podían alimentarse con el pan de Dios, exactamente como sus hermanos (v. 22), pero no conocían el gozo de servirle. Desgraciadamente, ¡hoy hay muchos creyentes en el mismo estado! Los que son ciegos en el sentido de 2 Pedro 1:9, o cojos según Hebreos 12:13, conservan su título y privilegio de hijos de Dios, pero no pueden cumplir como deberían su servicio de adoradores. Y ello supone una gran pérdida, no sólo para ellos sino primeramente para el Señor.

Si nuestro Sumo Sacerdote soporta con indulgencia los defectos y las imperfecciones de los suyos (cap. 21, lo que nos confirma Hebreos 4:15), no puede tener comunión con lo que, en el capítulo 22, en ellos es la imagen de un pecado positivo: un flujo o una lepra (v. 4). La impureza en un creyente no le permite gozar de las “cosas santas”.

Levítico 22:17-33
17Y habló Jehová á Moisés, diciendo:18Habla á Aarón y á sus hijos, y á todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda por todos sus votos, y por todas sus voluntarias oblaciones que ofrecieren á Jehová en holo19De vuestra voluntad ofreceréis macho sin defecto de entre las vacas, de entre los corderos, ó de entre las cabras.20Ninguna cosa en que haya falta ofreceréis, porque no será acepto por vosotros.21Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio de paces á Jehová para presentar voto, ú ofreciendo voluntariamente, sea de vacas ó de ovejas, sin tacha será acepto; no ha de haber en él falta.22Ciego, ó perniquebrado, ó mutilado, ó verrugoso, ó sarnoso ó roñoso, no ofreceréis éstos á Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová.23Buey ó carnero que tenga de más ó de menos, podrás ofrecer por ofrenda voluntaria; mas por voto no será acepto.24Herido ó magullado, rompido ó cortado, no ofreceréis á Jehová, ni en vuestra tierra lo haréis.25Y de mano de hijo de extranjero no ofreceréis el pan de vuestro Dios de todas estas cosas; porque su corrupción está en ellas: hay en ellas falta, no se os aceptarán.26Y habló Jehová á Moisés, diciendo:27El buey, ó el cordero, ó la cabra, cuando naciere, siete días estará mamando de su madre: mas desde el octavo día en adelante será acepto para ofrenda de sacrificio encendido a Jehová.28Y sea buey ó carnero, no degollaréis en un día á el y á su hijo.29Y cuando sacrificareis sacrificio de hacimiento de gracias á Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis.30En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día: Yo Jehová.31Guardad pues mis mandamientos, y ejecutadlos: Yo Jehová.32Y no amancilléis mi santo nombre, y yo me santificaré en medio de los hijos de Israel: Yo Jehová que os santifico;33Que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo Jehová.

Desde el capítulo 21:1 hasta el capítulo 22:16 Dios vela sobre el mantenimiento de un sacerdocio sin mancha, mientras que en los versículos 17 a 33 se ocupa de la calidad de las ofrendas. ¿No es verdaderamente triste que deba especificar: no me ofrendaréis bestia enferma o que tenga defecto? A pesar de estas recomendaciones que parecen innecesarias, el profeta Malaquías dice que el pueblo solía traer semejantes ofrendas. Obrar así era doblemente inicuo. En primer lugar porque era despreciar a Jehová. Lo que uno no se atrevería a presentar a un príncipe o gobernante (Malaquías 1:8), lo que ni siquiera servía para vender, se ofrecía como algo bueno para Dios. En segundo lugar porque todos estos sacrificios, al hablar de Cristo, víctima perfecta, debían ser sin defecto. Queridos cristianos, ¿qué apartamos para el Señor de nuestro tiempo, de nuestras fuerzas, de nuestra inteligencia, de nuestro dinero? ¿Lo mejor, o solamente lo que nos sobra, aquello con lo que no sabemos qué hacer?

A diferencia de los sacrificios por el pecado, que eran necesarios y obligatorios, aquí se trata de las ofrendas de paz, “voluntarias”, facultativas. A nosotros Dios tampoco nos impone nada por la fuerza, no nos exige nada. Pero cuanto más el amor de Jesús tenga influencia en nuestro corazón, tanto más exigentes seremos con lo que le ofrecemos.

Levítico 23:1-14
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y diles: Las solemnidades de Jehová, las cuales proclamaréis santas convocaciones, aquestas serán mis solemnidades.3Seis días se trabajará, y el séptimo día sábado de reposo será, convocación santa: ninguna obra haréis; sábado es de Jehová en todas vuestras habitaciones.4Estas son las solemnidades de Jehová, las convocaciones santas, á las cuales convocaréis en sus tiempos.5En el mes primero, á los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová.6Y á los quince días de este mes es la solemnidad de los ázimos á Jehová: siete días comeréis ázimos.7El primer día tendréis santa convocación: ningúna obra servil haréis.8Y ofreceréis á Jehová siete días ofrenda encendida: el séptimo día será santa convocación; ninguna obra servil haréis.9Y habló Jehová á Moisés, diciendo:10Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que yo os doy, y segareis su mies, traeréis al sacerdote un omer por primicia de los primeros frutos de vuestra siega;11El cual mecerá el omer delante de Jehová, para que seáis aceptos: el siguiente día del sábado lo mecerá el sacerdote.12Y el día que ofrezcáis el omer, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto á Jehová.13Y su presente será dos décimas de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida á Jehová en olor suavísimo; y su libación de vino, la cuarta parte de un hin.14Y no comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en todas vuestras habitaciones.

Este capítulo constituye el calendario de “las fiestas solemnes de Jehová”, dicho de otro modo, de las fiestas que se repetían cada año. Eran siete, sin contar el sábado, día de descanso semanal del cual se habla en primer lugar. Se ha podido constatar que estas fiestas, en su orden sucesivo, despliegan ante nuestros ojos la historia de Israel desde la cruz, los designios de Dios con respecto a este pueblo, sus propósitos concernientes a la Iglesia (aunque de manera más velada) y sus designios referentes a su Hijo. Todo se inicia en la pascua. El punto de partida de las bendiciones de Israel y de la Iglesia, como también de la felicidad de todo hombre, es la cruz. Después de la pascua aparece la fiesta de los panes sin levadura, la cual evoca a Aquel que no ha conocido pecado y cuya separación del mal debe reproducirse en la marcha de la Asamblea, esto es, de cada redimido. La “vieja levadura” debe quitarse, porque somos “nueva masa, sin levadura”, recuerda Pablo a los corintios (1 Corintios 5:7).

A continuación viene la fiesta de las primicias. Esta primera gavilla mecida es una vez más Cristo en su resurrección triunfante, primogénito de entre los muertos, presentado a Dios según los diversos aspectos de sus glorias, “para que seáis aceptos” (v. 11).

Levítico 23:15-22
15Y os habéis de contar desde el siguiente día del sábado, desde el día en que ofrecisteis el omer de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán:16Hasta el siguiente día del sábado séptimo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis nuevo presente a Jehová.17De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de flor de harina, cocidos con levadura, por primicias á Jehová.18Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año sin defecto, y un becerro de la vacada y dos carneros: serán holocausto á Jehová, con su presente y sus libaciones; ofrenda encendida de suave olor á Jehová.19Ofreceréis además un macho de cabrío por expiación; y dos corderos de un año en sacrificio de paces.20Y el sacerdote los mecerá en ofrenda agitada delante de Jehová, con el pan de las primicias, y los dos corderos: serán cosa sagrada de Jehová para el sacerdote.21Y convocaréis en este mismo día; os será santa convocación: ninguna obra servil haréis: estatuto perpetuo en todas vuestras habitaciones por vuestras edades.22Y cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu siega; para el pobre, y para el extranjero la dejarás: Yo Jehová vuestro Dios.

Cincuenta días separaban la fiesta de las primicias de la fiesta de las semanas o Pentecostés. Ambas tenían lugar el día siguiente al sábado, esto es, el primer día de la semana. Sabemos que después de su resurrección, antes de subir al cielo, el Señor apareció varias veces a sus discípulos para consolarlos, animarlos y enviarlos a anunciar el Evangelio. Luego, el capítulo 2 del libro de los Hechos nos muestra cómo el Espíritu Santo descendió del cielo el día de Pentecostés para morar en la Asamblea. Los dos panes mencionados en el versículo 17 son un símbolo de esta Iglesia, compuesta de cristianos judíos y “gentiles”. Pero los que la constituyen todavía están en la tierra; por eso la levadura, imagen del pecado, está presente en estos panes (1 Juan 1:7-9). Éstas son “las primicias” de la obra de la cruz presentadas a Dios por el Sacerdote. Y Jesús, al hablar de sí mismo como del “grano de trigo” que debía caer al suelo y morir, podía añadir: “si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). La gavilla de las primicias era las arras de una rica cosecha (v. 22). Cristo, hombre resucitado, no quedará solo en la gloria. Volverá con alegría, trayendo sus gavillas (Salmo 126:6).

Levítico 23:23-44
23Y habló Jehová á Moisés, diciendo:24Habla á los hijos de Israel, y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis sábado, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación.25Ninguna obra servil haréis; y ofreceréis ofrenda encendida á Jehová.26Y habló Jehová á Moisés, diciendo:27Empero á los diez de este mes séptimo será el día de las expiaciones: tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida á Jehová.28Ninguna obra haréis en este mismo día; porque es día de expiaciones, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios.29Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de sus pueblos.30Y cualquiera persona que hiciere obra alguna en este mismo día, yo destruiré la tal persona de entre su pueblo.31Ninguna obra haréis: estatuto perpetuo es por vuestras edades en todas vuestras habitaciones.32Sábado de reposo será á vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando á los nueve del mes en la tarde: de tarde á tarde holgaréis vuestro sábado.33Y habló Jehová á Moisés, diciendo:34Habla á los hijos de Israel, y diles: A los quince días de este mes séptimo será la solemnidad de las cabañas á Jehová por siete días.35El primer día habrá santa convocación: ninguna obra servil haréis.36Siete días ofreceréis ofrenda encendida á Jehová: el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida á Jehová: es fiesta: ninguna obra servil haréis.37Estas son las solemnidades de Jehová, á las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y presente, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo:38Además de los sábados de Jehová y además de vuestros dones, y á más de todos vuestros votos, y además de todas vuestras ofrendas voluntarias, que daréis á Jehová.39Empero á los quince del mes séptimo, cuando hubiereis allegado el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días: el primer día será sábado; sábado será también el octavo día.40Y tomaréis el primer día gajos con fruto de árbol hermoso, ramos de palmas, y ramas de árboles espesos, y sauces de los arroyos; y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días.41Y le haréis fiesta á Jehová por siete días cada un año; será estatuto perpetuo por vuestras edades; en el mes séptimo la haréis.42En cabañas habitaréis siete días: todo natural de Israel habitará en cabañas;43Para que sepan vuestros descendientes que en cabañas hice yo habitar á los hijos de Israel, cuando los saqué de la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios.44Así habló Moisés á los hijos de Israel sobre las solemnidades de Jehová.

Históricamente nos encontramos en el período que sigue al Pentecostés. Israel está puesto a un lado. Es el tiempo de la Iglesia, durante el cual el Señor Jesús reúne en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos (Juan 11:52). Sin embargo, viene el día cuando todo Israel a su vez será reunido. Después del arrebatamiento de la Iglesia, la “conmemoración al son de trompetas” o fiesta de las trompetas (Números 29:1), convocará al pueblo y lo reunirá en su país con motivo de la gran aflicción de la sexta fiesta: el día de expiación, que corresponde a las ceremonias del capítulo 16. Israel, angustiado, esperará que aparezca para su salvación y liberación Aquel que ahora está en el santuario, juntamente con los suyos (Hebreos 9:28). Por último llegamos a la fiesta de los tabernáculos. Ella prefigura el reinado de justicia y de paz sobre la tierra, que se suele llamar el milenio. Contemos las veces que se repite en este capítulo: “Ningún trabajo haréis en este día”. En todo el maravilloso plan de gracia que va desde la cruz hasta la gloria, Dios se ha reservado el privilegio de trabajar él mismo. El hombre y sus esfuerzos no tienen nada que ver con eso. Es obra divina. “Gloria y hermosura es su obra” (Salmo 111:3).

Levítico 24:1-23
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Manda á los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro, molido, para la luminaria, para hacer arder las lámparas de continuo.3Fuera del velo del testimonio, en el tabernáculo del testimonio, las aderezará Aarón desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová, de continuo: estatuto perpetuo por vuestras edades.4Sobre el candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová.5Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas: cada torta será de dos décimas.6Y has de ponerlas en dos órdenes, seis en cada orden, sobre la mesa limpia delante de Jehová.7Pondrás también sobre cada orden incienso limpio, y será para el pan por perfume, ofrenda encendida á Jehová.8Cada día de sábado lo pondrá de continuo en orden delante de Jehová, de los hijos de Israel por pacto sempiterno.9Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en el lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas á Jehová, por fuero perpetuo.10En aquella sazón el hijo de una mujer Israelita, el cual era hijo de un Egipcio, salió entre los hijos de Israel; y el hijo de la Israelita y un hombre de Israel riñeron en el real:11Y el hijo de la mujer Israelita pronunció el Nombre, y maldijo: entonces le llevaron á Moisés. Y su madre se llamaba Selomith, hija de Dribi, de la tribu de Dan.12Y pusiéronlo en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra de Jehová.13Y Jehová habló á Moisés, diciendo:14Saca al blasfemo fuera del real, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación.15Y á los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere á su Dios, llevará su iniquidad.16Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará: así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera.17Asimismo el hombre que hiere de muerte á cualquiera persona, que sufra la muerte.18Y el que hiere á algún animal ha de restituirlo: animal por animal.19Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho:20Rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente: según la lesión que habrá hecho á otro, tal se hará á él.21El que hiere algún animal, ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte á un hombre, que muera.22Un mismo derecho tendréis: como el extranjero, así será el natural: porque yo soy Jehová vuestro Dios.23Y habló Moisés á los hijos de Israel, y ellos sacaron al blasfemo fuera del real, y apedreáronlo con piedras. Y los hijos de Israel hicieron según que Jehová había mandado á Moisés.

Había, pues, en el transcurso del año unas ocasiones especiales de reunión y de fiesta para los hijos de Israel. Su servicio sólo tenía lugar periódicamente. Por el contrario, el servicio en favor de ellos nunca cesaba. Las lámparas estaban preparadas continuamente (v. 3). ¡Qué felicidad pensar que aun cuando estamos demasiado ocupados en los asuntos de la vida para pensar en el cielo, cuando nuestra comunión eclipsa, la luz de Cristo, el divino candelero, no deja de brillar ante Dios en toda su luminosidad! Y, ¿qué es lo que ilumina? Precisamente a los doce panes ordenados sobre la mesa, los que representan al pueblo de Dios en su totalidad, reunido en un orden perfecto en el santuario santo.

El episodio del blasfemo y su castigo nos enseña cómo, a pesar de estar en un lugar privilegiado, la apostasía hará su acto de presencia en medio del pueblo, y tendrá una terrible sanción. “El Nombre” por excelencia fue blasfemado cuando el Hijo de Dios venido a la tierra fue insultado, rechazado y crucificado. Y lo será también en un futuro cercano cuando “el hombre de pecado”, el anticristo, se levante contra todo lo que se llama Dios. Mas el Señor Jesús lo “destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:8).

Levítico 25:1-19
1Y JEHOVA habló á Moisés en el monte de Sinaí, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra hará sábado á Jehová.3Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña, y cogerás sus frutos;4Y el séptimo año la tierra tendrá sábado de holganza, sábado á Jehová: no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña.5Lo que de suyo se naciere en tu tierra segada, no lo segarás; y las uvas de tu viñedo no vendimiarás: año de holganza será á la tierra.6Mas el sábado de la tierra os será para comer á ti, y á tu siervo, y á tu sierva, y á tu criado, y á tu extranjero que morare contigo:7Y á tu animal, y á la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.8Y te has de contar siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que los días de las siete semanas de años vendrán á serte cuarenta y nueve años.9Entonces harás pasar la trompeta de jubilación en el mes séptimo á los diez del mes; el día de la expiación haréis pasar la trompeta por toda vuestra tierra.10Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra á todos sus moradores: este os será jubileo; y volveréis cada uno á su posesión, y cada cual volverá á su familia.11El año de los cincuenta años os será jubileo: no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos:12Porque es jubileo: santo será á vosotros; el producto de la tierra comeréis.13En este año de jubileo volveréis cada uno á su posesión.14Y cuando vendiereis algo á vuestro prójimo, ó comprareis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano:15Conforme al número de los años después del jubileo comprarás de tu prójimo; conforme al número de los años de los frutos te venderá él á ti.16Conforme á la multitud de los años aumentarás el precio, y conforme á la disminución de los años disminuirás el precio; porque según el número de los rendimientos te ha de vender él.17Y no engañe ninguno á su prójimo; mas tendrás temor de tu Dios: porque yo soy Jehová vuestro Dios.18Ejecutad, pues, mis estatutos, y guardad mis derechos, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros;19Y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta hartura, y habitaréis en ella con seguridad.

Dios, quien ha dado el sábado al hombre, piensa también en su creación. Cada siete años los trabajos de los campos debían interrumpirse para dejar reposar la tierra. Y después de siete veces siete años, cada cincuenta años, en Israel resonaba la trompeta anunciando el jubileo, el restablecimiento de todas las cosas. Ninguna transacción, ninguna compra inmobiliaria se efectuaba sin pensar en la fecha del jubileo que iba acercándose; era necesario tenerla en cuenta siempre. Queridos hijos de Dios, esa trompeta cuya señal todos los israelitas esperaban –y de modo especial los oprimidos– ¿no nos hace pensar en la última trompeta, al sonido de la cual el Señor bajará del cielo para recoger a todos cuantos le pertenecemos? (1 Corintios 15:52). ¡Sí, el Señor viene, no lo olvidemos! Vivamos con esta perspectiva. No demos a las cosas de la tierra más que un valor relativo. Tienen un carácter efímero, nuestro disfrute de ellas sólo es por un tiempo. Fijemos nuestras miradas más allá, en las cosas que no se ven y que son eternas (2 Corintios 4:18). ¡Quiera Dios que nuestras decisiones y proyectos, lo que nos brinda satisfacción como también nuestras pruebas, siempre lleven el sello de «provisional» que les confiere nuestra bienaventurada esperanza!

Levítico 25:20-38
20Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? he aquí no hemos de sembrar, ni hemos de coger nuestros frutos:21Entonces yo os enviaré mi bendición el sexto año, y hará fruto por tres años.22Y sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno, hasta que venga su fruto comeréis del añejo.23Y la tierra no se venderá rematadamente, porque la tierra mía es; que vosotros peregrinos y extranjeros sois para conmigo.24Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión, otorgaréis redención á la tierra.25Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, vendrá el rescatador, su cercano, y rescatará lo que su hermano hubiere vendido.26Y cuando el hombre no tuviere rescatador, si alcanzare su mano, y hallare lo que basta para su rescate;27Entonces contará los años de su venta, y pagará lo que quedare al varón á quien vendió, y volverá á su posesión.28Mas si no alcanzare su mano lo que basta para que vuelva á él, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al jubileo saldrá, y él volverá á su posesión.29Y el varón que vendiere casa de morada en ciudad cercada, tendrá facultad de redimirla hasta acabarse el año de su venta: un año será el término de poderse redimir.30Y si no fuere redimida dentro de un año entero, la casa que estuviere en la ciudad murada quedará para siempre por de aquel que la compró, y para sus descendientes: no saldrá en el jubileo.31Mas las casas de las aldeas que no tienen muro alrededor, serán estimadas como una haza de tierra: tendrán redención, y saldrán en el jubileo.32Pero en cuanto á las ciudades de los Levitas, siempre podrán redimir los Levitas las casas de las ciudades que poseyeren.33Y el que comprare de los Levitas, saldrá de la casa vendida, ó de la ciudad de su posesión, en el jubileo: por cuanto las casas de las ciudades de los Levitas es la posesión de ellos entre los hijos de Israel.34Mas la tierra del ejido de sus ciudades no se venderá, porque es perpetua posesión de ellos.35Y cuando tu hermano empobreciere, y se acogiere á ti, tú lo ampararás: como peregrino y extranjero vivirá contigo.36No tomarás usura de él, ni aumento; mas tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo.37No le darás tu dinero á usura, ni tu vitualla á ganancia:38Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán, para ser vuestro Dios.

“La tierra mía es” –recuerda Dios a su pueblo–; “pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo” (v. 23). Así como un jefe de familia se responsabiliza por sus invitados, Dios se compromete a sustentar a los suyos y a darles de manera milagrosa, cada sexto año, una cosecha triple que permita respetar el año sabático. El cristiano tampoco es propietario en esta tierra. Si siempre tuviésemos presente el pensamiento de que nada es nuestro, sino que todo pertenece al Señor, ¿no habría menos codicias y disputas entre nosotros? Es en el cielo y no en la tierra donde poseemos verdaderas riquezas, aquello que es nuestro (Lucas 16:11-12).

En todo este capítulo Dios se complace desplegando su magnífica gracia al liberar a los suyos. Se ocupa de su reposo, de su gozo, y vela para que no sean víctimas de la dureza de sus hermanos o de su propia inconsciencia. Nos invita a usar frente a otros la misma misericordia de la cual nosotros mismos somos objeto (v. 35-38). Esto nos brinda la ocasión de mostrar al Señor que apreciamos su gracia y no hemos olvidado lo que él hizo por nosotros (comp. con Mateo 18:32-33).

Levítico 25:39-55
39Y cuando tu hermano empobreciere, estando contigo, y se vendiere á ti, no le harás servir como siervo:40Como criado, como extranjero estará contigo; hasta el año del jubileo te servirá.41Entonces saldrá de contigo, él y sus hijos consigo, y volverá á su familia, y á la posesión de sus padres se restituirá.42Porque son mis siervos, los cuales saqué yo de la tierra de Egipto: no serán vendidos á manera de siervos.43No te enseñorearás de él con dureza, mas tendrás temor de tu Dios.44Así tu siervo como tu sierva que tuvieres, serán de las gentes que están en vuestro alrededor: de ellos compraréis siervos y siervas.45También compraréis de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de los que del linaje de ellos son nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros; los cuales tendréis por posesión:46Y los poseeréis por juro de heredad para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos; empero en vuestros hermanos los hijos de Israel, no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza.47Y si el peregrino ó extranjero que está contigo, adquiriese medios, y tu hermano que está con él empobreciere, y se vendiere al peregrino ó extranjero que está contigo, ó á la raza de la familia del extranjero;48Después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado: uno de sus hermanos lo rescatará;49O su tío, ó el hijo de su tío lo rescatará, ó el cercano de su carne, de su linaje, lo rescatará; ó si sus medios alcanzaren, él mismo se redimirá.50Y contará con el que lo compró, desde el año que se vendió á él hasta el año del jubileo: y ha de apreciarse el dinero de su venta conforme al número de los años, y se hará con él conforme al tiempo de un criado asalariado.51Si aún fueren muchos años, conforme á ellos volverá para su rescate del dinero por el cual se vendió.52Y si quedare poco tiempo hasta el año del jubileo, entonces contará con él, y devolverá su rescate conforme á sus años.53Como con tomado á salario anualmente hará con él: no se enseñoreará en él con aspereza delante de tus ojos.54Mas si no se redimiere en esos años, en el año del jubileo saldrá, él, y sus hijos con él.55Porque mis siervos son los hijos de Israel; son siervos míos, á los cuales saqué de la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios.

Al resonar la trompeta de la liberación, el esclavo volvía a hallar su libertad, el pobre su posesión, las familias se reconstituían, cada heredad volvía a su verdadero propietario. Aquello era una restauración, un gozo general, imagen del que conocerá Israel y el mundo cuando Satanás sea atado y la creación sea desligada de su servidumbre. Hasta ahora la tierra padece y sufre “dolores de parto”, pero entonces gozará la libertad gloriosa de los hijos de Dios bajo el reinado de Cristo (Romanos 8:21). Semejante a ese pobre que se vendió al extranjero (v. 47), el pueblo de Israel, que por su falta perdió su herencia, la volverá a recuperar definitivamente de manos de Aquel que lo ha redimido: Cristo, el verdadero Booz (Rut 4).

Si Dios tiene la última palabra en lo concerniente a su creación, tengamos la certeza de que quiere también libertar plenamente a aquellos que le pertenecen. Un cristiano puede haber dejado que se le arrebate el disfrute de su herencia y estar empobrecido espiritualmente. Pero el pensamiento del Señor es restaurarlo en gracia, borrando todo el pasado, (no habla de los motivos por los cuales este hermano ha llegado a empobrecerse) y hacerlo gozar nuevamente de las riquezas celestiales.

Levítico 26:1-13
1NO haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros á ella: porque yo soy Jehová vuestro Dios.2Guardad mis sábados, y tened en reverencia mi santuario: Yo Jehová.3Si anduviereis en mis decretos, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra;4Yo daré vuestra lluvia en su tiempo, cy la tierra rendirá sus producciones, y el árbol del campo dará su fruto;5Y la trilla os alcanzará á la vendimia, y la vendimia alcanzará á la sementera, y comeréis vuestro pan en hartura y habitaréis seguros en vuestra tierra:6Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante: y haré quitar las malas bestias de vuestra tierra, y no pasará por vuestro país la espada:7Y perseguiréis á vuestros enemigos, y caerán á cuchillo delante de vosotros:8Y cinco de vosotros perseguirán á ciento, y ciento de vosotros perseguirán á diez mil, y vuestros enemigos caerán á cuchillo delante de vosotros.9Porque yo me volveré á vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros:10Y comeréis lo añejo de mucho tiempo, y sacareis fuera lo añejo á causa de lo nuevo:11Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará:12Y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.13Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos; y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar el rostro alto.

Hay dos principios divinos que siempre van juntos: uno es la gracia soberana, cuyo despliegue admiramos en el capítulo 25. Otro es el gobierno, tema de este capítulo 26. En efecto, si por una parte Dios da sin condiciones, por otra hace que cada uno coseche lo que ha sembrado. Dios se toma la molestia de advertir a su pueblo las consecuencias negativas o positivas que tendrá su conducta, según haya obrado. Y como siempre considera en primer lugar el bien, empieza, no por las amenazas, sino por unas promesas alentadoras: la exposición de las bendiciones que resultarán para Israel merced a un andar en obediencia. Por cierto, son bendiciones terrenales, a diferencia de las del cristiano; éste es bendecido “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Pero una de esas promesas del Señor, muy preciosa, es común tanto al pueblo terrenal como al celestial: “Andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo” (v. 12), citado por Pablo a los corintios. Ella encierra la misma responsabilidad para el cristiano y para Israel: estar enteramente separado de toda idolatría (v. 1; comp. con 2 Corintios 6:16).

Levítico 26:14-33
14Empero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos,15Y si abominareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis derechos, no ejecutando todos mis mandamientos, é invalidando mi pacto;16Yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma: y sembraréis en balde vuestra simiente, porque vuestros enemigos la comerán:17Y pondré mi ira sobre vosotros, y seréis heridos delante de vuestros enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin que haya quien os persiga.18Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo tornaré á castigaros siete veces más por vuestros pecados.19Y quebrantaré la soberbia de vuestra fortaleza, y tornaré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como metal:20Y vuestra fuerza se consumirá en vano; que vuestra tierra no dará su esquilmo, y los árboles de la tierra no darán su fruto.21Y si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados.22Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten los hijos, y destruyan vuestros animales, y os apoquen, y vuestros caminos sean desiertos.23Y si con estas cosas no fuereis corregidos, sino que anduviereis conmigo en oposición,24Yo también procederé con vosotros, en oposición y os heriré aún siete veces por vuestros pecados:25Y traeré sobre vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto; y os recogeréis á vuestras ciudades; mas yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo.26Cuando yo os quebrantare el arrimo del pan, cocerán diez mujeres vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y comeréis, y no os hartaréis.27Y si con esto no me oyereis, mas procediereis conmigo en oposición,28Yo procederé con vosotros en contra y con ira, y os catigaré aún siete veces por vuestros pecados.29Y comeréis las carnes de vuestros hijos, y comeréis las carnes de vuestras hijas:30Y destruiré vuestros altos, y talaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará:31Y pondré vuestras ciudades en desierto, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré la fragancia de vuestro suave perfume.32Yo asolaré también la tierra, y se pasmarán de ella vuestros enemigos que en ella moran:33Y á vosotros os esparciré por las gentes, y desenvainaré espada en pos de vosotros: y vuestra tierra estará asolada, y yermas vuestras ciudades.

Una vez más el Señor había advertido a su pueblo contra la idolatría (v. 1). Pero, desgraciadamente, faltaría una palabra del profeta Amós (cap. 5:25-27), citada por Esteban (Hechos 7:42-43), para que nosotros lo supiéramos: ya en el desierto, Israel rindió homenaje a los ídolos que se había fabricado, en particular al abominable Moloc (Levítico 20:1-5). Por tal razón todas estas amenazas, cada vez más severas, se ejecutaron más tarde sobre el pueblo culpable. ¡Cuán duro es el corazón del hombre! Para quebrantarlo, Dios se ve obligado a asestar golpes cada vez más fuertes. ¡Así tiene que obrar a veces con nosotros! Empieza por corregirnos suavemente pero, si no escuchamos, su voz se vuelve cada vez más imperiosa. Proverbios 29:1 nos advierte: “el hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina”. Aprendamos, pues, a reconocer la voz del Señor y a no rechazar su reprensión (Salmo 141:5). Él nos ama y nunca nos castigará más de lo necesario para que aprendamos la lección. Porque es fiel, insistirá hasta que todo este paciente trabajo haya hecho volver hacia él nuestros corazones.

Levítico 26:34-46
34Entonces la tierra holgará sus sábados todos los días que estuviere asolada, y vosotros en la tierra de vuestros enemigos: la tierra descansará entonces y gozará sus sábados.35Todo el tiempo que estará asolada, holgará lo que no holgó en vuestros sábados mientras habitabais en ella.36Y á los que quedaren de vosotros infundiré en sus corazones tal cobardía, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de una hoja movida los perseguirá, y huirán como de cuchillo, y caerán sin que nadie los persiga:37Y tropezarán los unos en los otros, como si huyeran delante de cuchillo, aunque nadie los persiga; y no podréis resistir delante de vuestros enemigos.38Y pereceréis entre las gentes, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá.39Y los que quedaren de vosotros decaerán en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos:40Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí: y también porque anduvieron conmigo en oposición,41Yo también habré andado con ellos en contra, y los habré metido en la tierra de sus enemigos: y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado;42Y yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré; y haré memoria de la tierra.43Que la tierra estará desamparada de ellos, y holgará sus sábados, estando yerma á causa de ellos; mas entretanto se someterán al castigo de sus iniquidades: por cuanto menospreciaron mis derechos, y tuvo el alma de ellos fastidio de mis estatutos.44Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos: porque yo Jehová soy su Dios:45Antes me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto á los ojos de las gentes, para ser su Dios: Yo Jehová.46Estos son los decretos, derechos y leyes que estableció Jehová entre sí y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano de Moisés.

De una u otra manera, es preciso que los derechos de Dios sean respetados. Si el pueblo no observa los años sabáticos prescritos en el capítulo 25, Jehová lo echará a la fuerza de su país. Israel, por así decirlo, no habrá cumplido frente a su propietario las condiciones de arrendamiento. Y ello será una de las causas de su deportación a Babilonia. Los 70 años de cautiverio corresponden a los años sabáticos no respetados durante todo el período de los reyes (2 Crónicas 36:20-21).

Las consecuencias de la iniquidad de Israel son terribles. Dios se muestra más severo con este pueblo que hacia las demás naciones. Su responsabilidad es, en efecto, mucho más grande. Se le han confiado los oráculos divinos. Está en relación con el verdadero Dios cuyo nombre, por su culpa, no dejaría de ser blasfemado entre las naciones (Romanos 3:2 y 2:24). Ahora bien, si Dios ha sido más exigente con Israel que con las naciones paganas, ¿no tiene más razón para ejercer aún mayor severidad hacia los que, como nosotros, tenemos su Palabra? “A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará” (Lucas 12:48).

Notemos también que para lograr la restauración, se debe confesar la iniquidad (v. 40) y aceptar el correspondiente castigo (v. 43).

Levítico 27:1-15
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando alguno hiciere especial voto á Jehová, según la estimación de las personas que se hayan de redimir, así será tu estimación:3En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, tu estimación será cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario.4Y si fuere hembra, la estimación será treinta siclos.5Y si fuere de cinco años hasta veinte, tu estimación será respecto al varón veinte siclos, y á la hembra diez siclos.6Y si fuere de un mes hasta cinco años, tu estimación será en orden al varón, cinco siclos de plata; y por la hembra será tu estimación tres siclos de plata.7Mas si fuere de sesenta años arriba, por el varón tu estimación será quince siclos, y por la hembra diez siclos.8Pero si fuere más pobre que tu estimación, entonces comparecerá ante el sacerdote, y el sacerdote le pondrá tasa: conforme á la facultad del votante le impondrá tasa el sacerdote.9Y si fuere animal de que se ofrece ofrenda á Jehová, todo lo que se diere de el á Jehová será santo.10No será mudado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno; y si se permutare un animal por otro, él y el dado por él en cambio serán sagrados.11Y si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda á Jehová, entonces el animal será puesto delante del sacerdote:12Y el sacerdote lo apreciará, sea bueno ó sea malo; conforme á la estimación del sacerdote, así será.13Y si lo hubieren de redimir, añadirán su quinto sobre tu valuación.14Y cuando alguno santificare su casa consagrándola á Jehová, la apreciará el sacerdote, sea buena ó sea mala: según la apreciare el sacerdote, así quedará.15Mas si el santificante redimiere su casa, añadirá á tu valuación el quinto del dinero de ella, y será suya.

Este capítulo trata de los votos que podían realizar los hijos de Israel y la manera cómo el sacerdote debía estimarlos. En Éxodo 30 (v. 11-16) vemos que el precio del rescate era idéntico para todos. Aquí, por el contrario, las estimaciones varían de uno a otro caso. En efecto, ya no se trata de lo que representa nuestra salvación, sino más bien de las capacidades que posee cada cual. Redimidos con el mismo precio –la sangre preciosa de Jesús– todos los hijos de Dios no tienen el mismo nivel espiritual, la misma aptitud para el servicio. El sacerdote tenía que intervenir para apreciar la obra de cada uno: “Conforme a la estimación del sacerdote, así será” (v. 12). Si estamos inclinados a criticar lo que hacen o no hacen los demás creyentes, recordemos que quien juzga es el Señor, y que en el Cuerpo de Cristo cada miembro tiene su importancia y su función particular (1 Corintios 4:4-5).

Las personas, bestias o casas, todo podía consagrarse a Jehová. Ciertamente, no tenemos nada más precioso para dedicar al Señor que nuestra propia persona. Eso era lo que habían hecho los macedonios de quienes habla el apóstol: “a sí mismos se dieron primeramente al Señor”. Y todo su servicio, espontáneo, abundante en gozo, emanaba de ese don inicial (2 Corintios 8:1-5).

Levítico 27:16-34
16Y si alguno santificare de la tierra de su posesión á Jehová, tu estimación será conforme á su sembradura: un omer de sembradura de cebada se apreciará en cincuenta siclos de plata.17Y si santificare su tierra desde el año del jubileo, conforme á tu estimación quedará.18Mas si después del jubileo santificare su tierra, entonces el sacerdote hará la cuenta del dinero conforme á los años que quedaren hasta el año del jubileo, y se rebajará de tu estimación.19Y si el que santificó la tierra quisiere redimirla, añadirá á tu estimación el quinto del dinero de ella, y quedaráse para él.20Mas si él no redimiere la tierra, y la tierra se vendiere á otro, no la redimirá más;21Sino que cuando saliere en el jubileo, la tierra será santa á Jehová, como tierra consagrada: la posesión de ella será del sacerdote.22Y si santificare alguno á Jehová la tierra que él compró, que no era de la tierra de su herencia,23Entonces el sacerdote calculará con él la suma de tu estimación hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu señalado precio, cosa consagrada á Jehová.24En el año del jubileo, volverá la tierra á aquél de quien él la compró, cuya es la herencia de la tierra.25Y todo lo que apreciares será conforme al siclo del santuario: el siclo tiene veinte óbolos.26Empero el primogénito de los animales, que por la primogenitura es de Jehová, nadie lo santificará; sea buey ú oveja, de Jehová es.27Mas si fuere de los animales inmundos, lo redimirán conforme á tu estimación, y añadirán sobre ella su quinto: y si no lo redimieren, se venderá conforme á tu estimación.28Pero ninguna cosa consagrada, que alguno hubiere santificado á Jehová de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, no se venderá, ni se redimirá: todo lo consagrado será cosa santísima á Jehová.29Cualquier anatema (cosa consagrada) de hombres que se consagrare no será redimido: indefectiblemente ha de ser muerto.30Y todas las décimas de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová son: es cosa consagrada á Jehová.31Y si alguno quisiere redimir algo de sus décimas, añadirá su quinto á ello.32Y toda décima de vacas ó de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, la décima será consagrada á Jehová.33No mirará si es bueno ó malo, ni lo trocará: y si lo trocare, ello y su trueque serán cosas sagradas; no se redimirá.34Estos son los mandamientos que ordenó Jehová á Moisés, para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.

Dejemos al Señor la tarea de apreciar y estimar lo que hacen los demás. Tampoco nos preocupemos por buscar el favor de los demás, o por querer hacer nuestros los méritos de otro; no esperemos de los hombres más de lo que recibió Aquel que fue “evaluado por ellos” en treinta piezas de plata (Zacarías 11:12-13; V.M). Que cada uno de nosotros se esfuerce más bien en presentarse “a Dios aprobado” (2 Timoteo 2:15).

Hemos considerado al sacerdote y sus funciones en este libro de Levítico, cuyo estudio estamos terminando. Estudio a veces algo arduo, pero que nos ha permitido dirigir nuestras miradas a Jesús, ¡nuestro Sumo Sacerdote! También hemos podido comprobar su intervención en todos los aspectos de la vida de los suyos. Para la salvación: entró en los lugares santos con su propia sangre, habiendo obtenido una redención eterna. Para la marcha: vela a fin de apartar toda lepra. Finalmente, para el servicio: es Aquel que lo aprecia todo según su propia medida. Cosa triste: existen cristianos que aceptan la salvación, pero luego prefieren que el Señor no se ocupe de sus asuntos. A ellos quizá les falte pasar por experiencias tristes, como las del capítulo 26, para que sus afectos sean despertados. ¡El Señor nos dé una plena confianza en su Persona y en su obra!

Números 1:1-21
1Y HABLO Jehová á Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo del testimonio, en el primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo:2Tomad el encabezamiento de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas:3De veinte años arriba, todos los que pueden salir á la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus cuadrillas.4Y estará con vosotros un varón de cada tribu, cada uno cabeza de la casa de sus padres.5Y estos son los nombres de los varones que estarán con vosotros: De la tribu de Rubén, Elisur hijo de Sedeur.6De Simeón, Selumiel hijo de Zurisaddai.7De Judá, Naasón hijo de Aminadab.8De Issachâr, Nathanael hijo de Suar.9De Zabulón, Eliab hijo de Helón.10De los hijos de José: de Ephraim, Elisama hijo de Ammiud; de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur.11De Benjamín, Abidán hijo de Gedeón.12De Dan, Ahiezer hijo de Ammisaddai.13De Aser, Phegiel hijo de Ocrán.14De Gad, Eliasaph hijo de Dehuel.15De Nephtalí, Ahira hijo de Enán.16Estos eran los nombrados de la congregación, príncipes de las tribus de sus padres, capitanes de los millares de Israel.17Tomó pues Moisés y Aarón á estos varones que fueron declarados por sus nombres:18Y juntaron toda la congregación en el primero del mes segundo, y fueron reunidos sus linajes, por las casas de sus padres, según la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, por sus cabezas,19Como Jehová lo había mandado á Moisés; y contólos en el desierto de Sinaí.20Y los hijos de Rubén, primogénito de Israel, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;21Los contados de ellos, de la tribu de Rubén, fueron cuarenta y seis mil y quinientos.

Las instrucciones de Levítico conciernen al culto y a la comunión. A su vez, Números reanuda la historia del pueblo de Israel a través del desierto para hablarnos de otros aspectos de la vida cristiana: la marcha y el servicio. Jehová empezó por el censo (Números) de las tribus de Israel: soldados, levitas y sacerdotes. Cada uno tenía que declarar su filiación (v. 18). Más tarde, en el tiempo de Esdras, los que subirían del exilio tendrían que probar su ascendencia israelita. Y ciertos sacerdotes fueron excluidos de su servicio por no haber podido, por negligencia, hallar su “registro de genealogías” (Esdras 2:59-62). Queridos amigos, cada uno de nosotros debe saber si es o no es un hijo de Dios. Y debe estar dispuesto a declararlo ante los demás (Romanos 10:9). Pero, ¡cuidado!, israelitas eran todos aquellos cuyos padres pertenecían a una de las doce tribus. Mientras que hoy, una persona sólo puede ser cristiana cuando personalmente cree en el Señor Jesucristo. Entonces pasa a formar parte de ese pueblo celestial, del cual Dios en su «registro civil» o libro de la vida tiene la relación perfectamente al día. Si usted viene a Jesús hoy, su nombre se escribirá allí. Porque “a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Números 1:22-37
22De los hijos de Simeón, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, los contados de ellos conforme á la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;23Los contados de ellos, de la tribu de Simeón, cincuenta y nueve mil y trescientos.24De los hijos de Gad, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;25Los contados de ellos, de la tribu de Gad, cuarenta y cinco mil seiscientos y cincuenta.26De los hijos de Judá, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;27Los contados de ellos, de la tribu de Judá, setenta y cuatro mil y seiscientos.28De los hijos de Issachâr, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;29Los contados de ellos, de la tribu de Issachâr, cincuenta y cuatro mil y cuatrocientos.30De los hijos de Zabulón, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de sus nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;31Los contados de ellos, de la tribu de Zabulón, cincuenta y siete mil y cuatrocientos.32De los hijos de José: de los hijos de Ephraim, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;33Los contados de ellos, de la tribu de Ephraim, cuarenta mil y quinientos.34De los hijos de Manasés, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;35Los contados de ellos, de la tribu de Manasés, treinta y dos mil y doscientos.36De los hijos de Benjamín, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;37Los contados de ellos, de la tribu de Benjamín, treinta y cinco mil y cuatrocientos.

En ciertos países, veinte años todavía es la edad en la que los jóvenes deben cumplir su servicio militar. Al ser declarado apto para llevar las armas, el recluta se debe a su patria. Tiene que renunciar a su independencia y someterse a determinados deberes colectivos; aprende el respeto a sus superiores, el sentido de la disciplina, del deber, del honor; recibe entrenamiento para combatir… (Lucas 7:8). ¿Acaso esa “llamada a filas bajo la bandera” no tiene su aplicación espiritual para cada joven cristiano? Sin duda, no es al siguiente día después de su conversión que un “recién nacido” en Cristo está listo para “salir a la guerra”. La familia de Dios se compone de “hijitos”, de “jóvenes” y de “padres” (1 Juan 2:13). Y aunque todos son hijos de Dios, como en toda familia, cuenta con hijos de diferentes edades y con un desarrollo distinto; están unidos por una misma vida y tienen derechos idénticos, pero poseen capacidades y responsabilidades diversas. Sin embargo, debe producirse un crecimiento (comp. con Lucas 2:40, 52). Llega un momento cuando el niño debe convertirse espiritualmente en un joven fuerte, con capacidad para vencer al maligno (1 Juan 2:14), luego en un hombre maduro según Hebreos 5:14. ¿Ya hemos llegado a ese nivel, o hemos progresado poco desde nuestra conversión?

Números 1:38-54
38De los hijos de Dan, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;39Los contados de ellos, de la tribu de Dan, sesenta y dos mil y setecientos.40De los hijos de Aser, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra.41Los contados de ellos, de la tribu de Aser, cuarenta y un mil y quinientos.42De los hijos de Nephtalí, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;43Los contados de ellos, de la tribu de Nephtalí, cincuenta y tres mil y cuatrocientos.44Estos fueron los contados, los cuales contaron Moisés y Aarón, con los príncipes de Israel, que eran doce, uno por cada casa de sus padres.45Y fueron todos los contados de los hijos de Israel por las casas de sus padres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra en Israel;46Fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos y cincuenta.47Pero los Levitas no fueron contados entre ellos según la tribu de sus padres.48Porque habló Jehová á Moisés, diciendo:49Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuenta de ellos entre los hijos de Israel:50Mas tú pondrás á los Levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus vasos, y sobre todas las cosas que le pertenecen: ellos llevarán el tabernáculo y todos sus vasos, y ellos servirán en él, y asentarán sus tiendas alrededor del tabernáculo.51Y cuando el tabernáculo partiere, los Levitas lo desarmarán; y cuando el tabernáculo parare, los Levitas lo armarán: y el extraño que se llegare, morirá.52Y los hijos de Israel asentarán sus tiendas cada uno en su escuadrón, y cada uno junto á su bandera, por sus cuadrillas;53Mas los Levitas asentarán las suyas alrededor del tabernáculo del testimonio, y no habrá ira sobre la congregacíon de los hijos de Israel: y los Levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio.54E hicieron los hijos de Israel conforme á todas las cosas que mandó Jehová á Moisés; así lo hicieron.

Todos los hijos de Israel censados en este capítulo habían atravesado el Mar Rojo el año anterior. Habían sido “bautizados a Moisés en la nube y en el mar”, habían participado de todos los privilegios vinculados a la calidad de pueblo de Dios: el maná, el agua de la roca (1 Corintios 10:2-4; V.M.). Pero de los más de seiscientos mil contados del versículo 46, ¿cuántos llegarían al país? Dos solamente, en quienes Dios pudo hallar su agrado porque tuvieron fe (comp. con 1 Corintios 10:5 y Hebreos 11:6). En la multitud de los que hoy llevan el nombre de cristianos, sólo el Señor sabe cuántas almas le pertenecen de verdad (2 Timoteo 2:19). Repitámoslo, no es el bautismo el que hace de alguien un miembro del pueblo de Dios, sino la fe en Jesucristo.

Los hijos de Leví no eran contados entre los hombres de guerra (v. 47). Esto nos enseña que la fuerza y el poder humanos no cuentan para el servicio del Señor. Sin embargo, notemos que en la actual dispensación el creyente debe asumir ambas funciones a la vez: la de soldado y siervo. Tiene que ser como Timoteo, apto para pelear “la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12), y al mismo tiempo como el joven Arquipo: listo para cumplir el ministerio que ha recibido del Señor (Colosenses 4:17).

Números 2:1-34
1Y HABLO Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:2Los hijos de Israel acamparán cada uno junto á su bandera, según las enseñas de las casas de sus padres; alrededor del tabernáculo del testimonio acamparán.3Estos acamparán al levante, al oriente: la bandera del ejército de Judá, por sus escuadrones; y el jefe de los hijos de Judá, Naasón hijo de Aminadab:4Su hueste, con los contados de ellos, setenta y cuatro mil y seiscientos.5Junto á él acamparán los de la tribu de Issachâr: y el jefe de los hijos de Issachâr, Nathanael hijo de Suar;6Y su hueste, con sus contados, cincuenta y cuatro mil y cuatrocientos:7Y la tribu de Zabulón: y el jefe de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón;8Y su hueste, con sus contados, cincuenta y siete mil y cuatrocientos.9Todos los contados en el ejército de Judá, ciento ochenta y seis mil y cuatrocientos, por sus escuadrones, irán delante.10La bandera del ejército de Rubén al mediodía, por sus escuadrones: y el jefe de los hijos de Rubén, Elisur hijo de Sedeur;11Y su hueste, sus contados, cuarenta y seis mil y quinientos.12Y acamparán junto á él los de la tribu de Simeón: y el jefe de los hijos de Simeón, Selumiel hijo de Zurisaddai;13Y su hueste, con los contados de ellos, cincuenta y nueve mil y trescientos:14Y la tribu de Gad: y el jefe de los hijos de Gad, Eliasaph hijo de Rehuel;15Y su hueste, con los contados de ellos, cuarenta y cinco mil seiscientos y cincuenta.16Todos los contados en el ejército de Rubén, ciento cincuenta y un mil cuatrocientos y cincuenta, por sus escuadrones, irán los segundos.17Luego irá el tabernáculo del testimonio, el campo de los Levitas en medio de los ejércitos: de la manera que asientan el campo, así caminarán, cada uno en su lugar, junto á sus banderas.18La bandera del ejército de Ephraim por sus escuadrones, al occidente: y el jefe de los hijos de Ephraim, Elisama hijo de Ammiud;19Y su hueste, con los contados de ellos, cuarenta mil y quinientos.20Junto á él estará la tribu de Manasés; y el jefe de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur;21Y su hueste, con los contados de ellos, treinta y dos mil y doscientos:22Y la tribu de Benjamín: y el jefe de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gedeón;23Y su hueste, con los contados de ellos, treinta y cinco mil y cuatrocientos.24Todos los contados en el ejército de Ephraim, ciento ocho mil y ciento, por sus escuadrones, irán los terceros.25La bandera del ejército de Dan estará al aquilón, por sus escuadrones: y el jefe de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisaddai;26Y su hueste, con los contados de ellos, sesenta y dos mil y setecientos.27Junto á él acamparán los de la tribu de Aser: y el jefe de los hijos de Aser, Phegiel hijo de Ocrán;28Y su hueste, con los contados de ellos, cuarenta y un mil y quinientos:29Y la tribu de Nephtalí: y el jefe de los hijos de Nephtalí, Ahira hijo de Enán;30Y su hueste, con los contados de ellos, cincuenta y tres mil y cuatrocientos.31Todos los contados en el ejército de Dan, ciento cincuenta y siete mil y seiscientos: irán los postreros tras sus banderas.32Estos son los contados de los hijos de Israel, por las casas de sus padres: todos los contados por ejércitos, por sus escuadrones, seiscientos tres mil quinientos y cincuenta.33Mas los Levitas no fueron contados entre los hijos de Israel; como Jehová lo mandó á Moisés.34E hicieron los hijos de Israel conforme á todas las cosas que Jehová mandó á Moisés; así asentaron el campo por sus banderas, y así marcharon cada uno por sus familias, según las casas de sus padres.

Los creyentes no son llamados a atravesar el “desierto” aisladamente. Para hacerlos conscientes de que son un pueblo, una familia, el Señor los reúne en torno suyo. Imaginémonos el campamento de Israel. Jehová ocupaba el centro del mismo; allí estaba el arca; la nube de su gloria permanecía sobre el tabernáculo. Alrededor de éste, cada uno tenía su sitio asignado. Primero los levitas y luego, sin orden de preferencia, acampaban las doce tribus en grupos de tres, bajo una misma bandera en los cuatro puntos cardinales. Dios no es Dios de confusión, sino de orden (1 Corintios 14:33). En su soberana sabiduría “ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo (de Cristo), como él quiso” (1 Corintios 12:18). Ha determinado el sitio en donde quiere que cada uno de los suyos esté. ¡Que él nos conceda ocuparlo! Muchos creyentes han alzado banderas a su capricho o a su conveniencia. El nombre de un hombre, de una institución o de una doctrina les sirve de bandera, como señal de reunión que los distingue de los demás. Dios no reconoce esas denominaciones, esos pendones desplegados por el hombre. No reconoce más que el centro establecido por él mismo: Jesús, el “verdadero tabernáculo” que reúne a los hijos de Dios dispersos, “el señalado entre diez mil”, literalmente: alzado como pendón (Cantares 5:10).

Números 3:1-16
1Y ESTAS son las generaciones de Aarón y de Moisés, desde que Jehová habló á Moisés en el monte de Sinaí.2Y estos son los nombres de los hijos de Aarón: Nadab el primogénito, y Abiú, Eleazar, é Ithamar.3Estos son los nombres de los hijos de Aarón, sacerdotes ungidos; cuyas manos él hinchió para administrar el sacerdocio.4Mas Nadab y Abiú murieron delante de Jehová, cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová, en el desierto de Sinaí: y no tuvieron hijos: y Eleazar é Ithamar ejercieron el sacerdocio delante de Aarón su padre.5Y Jehová habló á Moisés, diciendo:6Haz llegar á la tribu de Leví, y hazla estar delante del sacerdote Aarón, para que le ministren;7Y desempeñen su cargo, y el cargo de toda la congregación delante del tabernáculo del testimonio, para servir en el ministerio del tabernáculo;8Y guarden todas las alhajas del tabernáculo del testimonio, y lo encargado á ellos de los hijos de Israel, y ministren en el servicio del tabernáculo.9Y darás los Levitas á Aarón y á sus hijos: le son enteramente dados de entre los hijos de Israel.10Y constituirás á Aarón y á sus hijos, para que ejerzan su sacerdocio: y el extraño que se llegare, morirá.11Y habló Jehová á Moisés, diciendo:12Y he aquí yo he tomado los Levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos que abren la matriz entre los hijos de Israel; serán pues míos los Levitas:13Porque mío es todo primogénito; desde el día que yo maté todos los primogénitos en la tierra de Egipto, yo santifiqué á mí todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales: míos serán: Yo Jehová.14Y Jehová habló á Moisés en el desierto de Sinaí, diciendo:15Cuenta los hijos de Leví por las casas de sus padres, por sus familias: contarás todos los varones de un mes arriba.16Y Moisés los contó conforme á la palabra de Jehová, como le fué mandado.

Dios separó a los hijos de Leví para hacerlos servidores del santuario. Cuando se les puso a prueba en el juicio que siguió a lo del becerro de oro, fueron hallados fieles (Éxodo 32:26-29; Malaquías 2:4-6), por eso ahora son escogidos para el servicio de Aarón y de toda la Asamblea. Es una figura del privilegio que tiene cada creyente: servir tanto al Señor como a la iglesia, ¡lo uno no se puede separar de lo otro! Es de señalar que la palabra traducida por servicio en los versículos 7 y 8 también significa guarda, esto es, vigilancia. La atención y la vigilancia forman parte del servicio para el Señor. Esta palabra caracteriza precisamente la actividad del centinela en Isaías 21:8, quien está allí montando su guardia todas las noches. ¡Que el Señor nos conceda ser de los que saben velar por y sobre el pueblo de Dios! Notemos además que en el capítulo 4:3 otra palabra traducida por “servir” también significa labor, sufrimientos, guerra.

En los versículos 12 y 13 Jehová recuerda cuándo y cómo adquirió a los levitas. La noche de la Pascua –la cruz para nosotros– señaló su separación (leer 2 Corintios 5:15). Pero, además, estos servidores son “enteramente dados” a Aarón y a sus hijos (v. 9). ¿No es así como nuestro Sumo Sacerdote designa a sus queridos discípulos dirigiéndose a su Padre? Habla de “los que me diste” (Juan 17:9, 12, 24…).

Números 3:17-38
17Y los hijos de Leví fueron estos por sus nombres: Gersón, y Coath, y Merari.18Y los nombres de los hijos de Gersón, por sus familias, estos: Libni, y Simei.19Y los hijos de Coath, por sus familias: Amram, é Izhar, y Hebrón, y Uzziel.20Y los hijos de Merari, por sus familias: Mahali, y Musi. Estas, las familias de Leví, por las casas de sus padres.21De Gersón, la familia de Libni y la de Simei: estas son las familias de Gersón.22Los contados de ellos conforme á la cuenta de todos los varones de un mes arriba, los contados de ellos, siete mil y quinientos.23Las familias de Gersón asentarán sus tiendas á espaldas del tabernáculo, al occidente;24Y el jefe de la casa del padre de los Gersonitas, Eliasaph hijo de Lael.25A cargo de los hijos de Gersón, en el tabernáculo del testimonio, estará el tabernáculo, y la tienda, y su cubierta, y el pabellón de la puerta del tabernáculo del testimonio,26Y las cortinas del atrio, y el pabellón de la puerta del atrio, que está junto al tabernáculo y junto al altar alrededor; asimismo sus cuerdas para todo su servicio.27Y de Coath, la familia Amramítica, y la familia Izeharítica, y la familia Hebronítica, y la familia Ozielítica: estas son las familias Coathitas.28Por la cuenta de todos los varones de un mes arriba, eran ocho mil y seiscientos, que tenían la guarda del santuario.29Las familias de los hijos de Coath acamparán al lado del tabernáculo, al mediodía;30Y el jefe de la casa del padre de las familias de Coath, Elisaphán hijo de Uzziel.31Y á cargo de ellos estará el arca, y la mesa, y el candelero, y los altares, y los vasos del santuario con que ministran, y el velo, con todo su servicio.32Y el principal de los jefes de los Levitas será Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, prepósito de los que tienen la guarda del santuario.33De Merari, la familia Mahalítica y la familia Musítica: estas son las familias de Merari.34Y los contados de ellos conforme á la cuenta de todos los varones de un mes arriba, fueron seis mil y doscientos.35Y el jefe de la casa del padre de las familias de Merari, Suriel hijo de Abihail: acamparán al lado del tabernáculo, al aquilón.36Y á cargo de los hijos de Merari estará la custodia de las tablas del tabernáculo, y sus barras, y sus columnas, y sus basas, y todos sus enseres, con todo su servicio:37Y las columnas en derredor del atrio, y sus basas, y sus estacas, y sus cuerdas.38Y los que acamparán delante del tabernáculo al oriente, delante del tabernáculo del testimonio al levante, serán Moisés, y Aarón y sus hijos, teniendo la guarda del santuario en lugar de los hijos de Israel: y el extraño que se acercare, morirá.

Así como nadie tenía derecho a escoger la ubicación de su tienda, ningún levita podía decidir qué servicio quería cumplir. Lo que debemos hacer no es necesariamente aquello que más nos agrada, lo que parece responder a nuestras capacidades o lo que en un momento dado se presenta ante nosotros. Es lo que el Señor quiere que hagamos. “Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo”, afirma 1 Corintios 12:5. Él es el verdadero Príncipe establecido sobre todos los cargos (v. 32), y sólo él tiene la facultad para escoger la función de cada cual en la asamblea (Efesios 4:11-13), cuando se considera el conjunto de actividades que se desarrollan. Imaginemos lo que sucedería en una línea de ferrocarril si un buen día el guarda agujas decidiese cambiar de empleo o si el guarda barreras abandonara su paso a nivel. ¡Qué desorden, qué catástrofes resultarían de ello!

De todos modos, cualquiera que fuera la actividad de los levitas, cada una de las tres familias acampaba junto al tabernáculo (v. 23, 29, 35). Pensamos en esos obreros en el tiempo de David: “moraban allá con el rey, ocupados en su servicio” (1 Crónicas 4:23). «Quien está más cerca de Cristo, mejor le servirá y, sin esta proximidad no se le puede servir» (J.N.D.).

Números 3:39-51
39Todos los contados de los Levitas, que Moisés y Aarón conforme á la palabra de Jehová contaron por sus familias, todos los varones de un mes arriba, fueron veinte y dos mil.40Y Jehová dijo á Moisés: Cuenta todos los primogénitos varones de los hijos de Israel de un mes arriba, y toma la cuenta de los nombres de ellos.41Y tomarás los Levitas para mí, yo Jehová, en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel: y los animales de los Levitas en lugar de todos los primogénitos de los animales de los hijos de Israel.42Y contó Moisés, como Jehová le mandó, todos los primogénitos de los hijos de Israel.43Y todos los primogénitos varones, conforme á la cuenta de los nombres, de un mes arriba, los contados de ellos fueron veinte y dos mil doscientos setenta y tres.44Y habló Jehová á Moisés, diciendo:45Toma los Levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel, y los animales de los Levitas en lugar de sus animales; y los Levitas serán míos: Yo Jehová.46Y por los rescates de los doscientos y setenta y tres, que sobrepujan á los Levitas los primogénitos de los hijos de Israel;47Tomarás cinco siclos por cabeza; conforme al siclo del santuario tomarás: el siclo tiene veinte óbolos:48Y darás á Aarón y á sus hijos el dinero por los rescates de los que de ellos sobran.49Tomó, pues, Moisés el dinero del rescate de los que resultaron de más de los redimidos por los Levitas:50Y recibió de los primogénitos de los hijos de Israel en dinero, mil trescientos sesenta y cinco siclos, conforme al siclo del santuario.51Y Moisés dió el dinero de los rescates á Aarón y á sus hijos, conforme al dicho de Jehová, según que Jehová había mandado á Moisés.

Al contrario de los demás hijos de Israel, los levitas eran censados desde la edad de un mes. Pensemos en el pequeño Samuel, en Juan el Bautista (Lucas 1:15), en Jeremías (1:5). La puesta aparte precede al llamado para servir al Señor. El joven Isaías, en cuanto oyó la buena noticia: “es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”, estuvo dispuesto a responder espontáneamente al llamado del Señor: “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:7-8). Desde su visión en el camino a Damasco, Saulo aprendió de boca del Señor que estaba designado para ser “ministro y testigo” (Hechos 26:16). Ningún redimido pertenece a sí mismo. Si por gracia se ha vuelto de los ídolos a Dios, como en el caso de los Tesalonicenses, es “para servir al Dios vivo y verdadero…” (1 Tesalonicenses 1:9). La misma enseñanza se desprende del final de nuestro capítulo. Los levitas sustituían a los primogénitos de Israel, esto es, a aquellos que la gracia divina había guardado de la muerte en virtud de la sangre del cordero. Dicho de otro modo, cada redimido viene a ser siervo de Aquel que lo ha salvado de la muerte, que lo ha arrancado del poder del mundo y de Satanás. ¿Acaso no somos nosotros “primogénitos” en la familia de Dios por la abundancia de los privilegios recibidos? Que el Señor nos haga conscientes de sus derechos sobre nuestra vida (leer 2 Crónicas 29:11).

Números 4:1-15
1Y HABLO Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:2Toma la cuenta de los hijos de Coath de entre los hijos de Leví, por sus familias, por las casas de sus padres,3De edad de treinta años arriba hasta cincuenta años, todos los que entran en compañía, para hacer servicio en el tabernáculo del testimonio.4Este será el oficio de los hijos de Coath en el tabernáculo del testimonio, en el lugar santísimo:5Cuando se hubiere de mudar el campo, vendrán Aarón y sus hijos, y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio:6Y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima el paño todo de cárdeno, y le pondrán sus varas.7Y sobre la mesa de la proposición extenderán el paño cárdeno, y pondrán sobre ella las escudillas, y las cucharas, y las copas, y los tazones para libar: y el pan continuo estará sobre ella.8Y extenderán sobre ella el paño de carmesí colorado, y lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones; y le pondrán sus varas.9Y tomarán un paño cárdeno, y cubrirán el candelero de la luminaria; y sus candilejas, y sus despabiladeras, y sus platillos, y todos sus vasos del aceite con que se sirve;10Y lo pondrán con todos sus vasos en una cubierta de pieles de tejones, y lo colocarán sobre unas parihuelas.11Y sobre el altar de oro extenderán el paño cárdeno, y le cubrirán con la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán sus varales.12Y tomarán todos los vasos del servicio, de que hacen uso en el santuario, y los pondrán en un paño cárdeno, y los cubrirán con una cubierta de pieles de tejones, y los colocarán sobre unas parihuelas.13Y quitarán la ceniza del altar, y extenderán sobre él un paño de púrpura:14Y pondrán sobre él todos sus instrumentos de que se sirve: las paletas, los garfios, los braseros, y los tazones, todos los vasos del altar; y extenderán sobre él la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán además las varas.15Y en acabando Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los vasos del santuario, cuando el campo se hubiere de mudar, vendrán después de ello los hijos de Coath para conducir: mas no tocarán cosa santa, que morirán. Estas serán las cargas de los hi

Aunque diferentes las unas de las otras, todas las funciones de los coatitas, los gersonitas y los meraritas se relacionaban con el tabernáculo. Debían desmontarlo, transportarlo y volver a montarlo etapa tras etapa a través del desierto. Si bien hay “diversidad de ministerios” (1 Corintios 12:5), todos ellos se relacionan con Jesús nuestro Señor, y cada creyente tiene, de hecho, el mismo cargo: presentar a Cristo al pasar por el mundo y manifestar las diferentes glorias morales. En palabra y en obra, los siervos del Señor son responsables de mantener viva e intacta la enseñanza cristiana. Durante sus desplazamientos a través del desierto, la mayor parte de los utensilios iban ocultos bajo la humilde piel de tejón; esto nos recuerda que los creyentes poseen su tesoro –Cristo– “en vasos de barro” (2 Corintios 4:7). Una excepción: el arca estaba cubierta con un paño azul, símbolo del carácter celestial del Hombre-Dios caminando en este mundo. El candelero se llevaba sobre unas parihuelas y era visto por todos, figura del testimonio rendido en el mundo por Aquel que es la luz del mismo (Juan 8:12). El altar de bronce bajo su paño de púrpura (v. 13) le recuerda constantemente al redimido, mientras atraviesa el mundo, los sufrimientos de Cristo y las glorias que siguen.

Números 4:16-33
16Empero al cargo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, estará el aceite de la luminaria, y el perfume aromático, y el presente continuo, y el aceite de la unción; el cargo de todo el tabernáculo, y de todo lo que está en él, en el santuario, y en sus vas17Y habló Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:18No cortaréis la tribu de las familias de Coath de entre los Levitas;19Mas esto haréis con ellos, para que vivan, y no mueran cuando llegaren al lugar santísimo: Aarón y sus hijos vendrán y los pondrán á cada uno en su oficio, y en su cargo.20No entrarán para ver, cuando cubrieren las cosas santas; que morirán.21Y habló Jehová á Moisés diciendo:22Toma también la cuenta de los hijos de Gersón por las casas de sus padres, por sus familias.23De edad de treinta años arriba hasta cincuenta años los contarás; todos los que entran en compañía, para hacer servicio en el tabrenáculo del testimonio.24Este será el oficio de las familias de Gersón, para ministrar y para llevar:25Llevarán las cortinas del tabernáculo, y el tabernáculo del testimonio, su cubierta, y la cubierta de pieles de tejones que está sobre él encima, y el pabellón de la puerta del tabernáculo del testimonio,26Y las cortinas del atrio, y el pabellón de la puerta del atrio, que está cerca del tabernáculo y cerca del altar alrededor, y sus cuerdas, y todos los instrumentos de su servicio, y todo lo que será hecho para ellos: así servirán.27Según la orden de Aarón y de sus hijos será todo el ministerio de los hijos de Gersón en todos sus cargos, y en todo su servicio: y les encomendaréis en guarda todos sus cargos.28Este es el servicio de las familias de los hijos de Gersón en el tabernáculo del testimonio: y el cargo de ellos estará bajo la mano de Ithamar, hijo de Aarón el sacerdote.29Contarás los hijos de Merari por sus familias, por las casas de sus padres.30Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de cincuenta años, los contarás; todos los que entran en compañía, para hacer servicio en el tabernáculo del testimonio.31Y este será el deber de su cargo para todo su servicio en el tabernáculo del testimonio: las tablas del tabernáculo, y sus barras, y sus columnas, y sus basas,32Y las columnas del atrio alrededor, y sus basas, y sus estacas, y sus cuerdas con todos sus instrumentos, y todo su servicio; y contaréis por sus nombres todos los vasos de la guarda de su cargo.33Este será el servicio de las familias de los hijos de Merari para todo su ministerio en el tabernáculo del testimonio, bajo la mano de Ithamar, hijo de Aarón el sacerdote.

Se han encontrado analogías entre las atribuciones respectivas de las tres familias de los levitas con las formas principales del ministerio en la Iglesia: profetas, pastores, maestros… (Efesios 4:11). Los primeros (coatitas) presentan a Cristo en relación con las necesidades del desierto, los segundos (gersonitas) velan sobre el montaje de las cortinas, dicho de otra manera, cuidan de la asamblea como testimonio práctico –lo que se ve–, y los últimos (hijos de Merari) son responsables de las “estructuras”, de los fundamentos de la verdad. Para que el edificio quedara completo, era indispensable la colaboración de las tres familias. Un coatita podía estar empleado en llevar el arca, mientras que un gersonita probablemente sólo se ocupaba de unas simples cuerdas. Pero no es la importancia ni la aparente nobleza de un trabajo lo que cuenta a los ojos del Señor, sino la fidelidad (1 Corintios 4:2). Con dos como con cinco talentos, el siervo fiel en pocas cosas será establecido sobre mucho (Mateo 25:20-23). Abstengámonos de envidiar o de subestimar el servicio de otro. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar “al criado ajeno”? (Romanos 14:4). Sólo el verdadero Aarón tiene facultad para poner “a cada uno en su oficio y en su cargo” (v. 19). ¡Qué seguridad suponía esto para el levita! Guiado por el sacerdote, sabía qué hacer y cómo hacerlo.

Números 4:34-49
34Moisés, pues, y Aarón, y los jefes de la congregación, contaron los hijos de Coath por sus familias, y por las casas de sus padres,35Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años; todos los que entran en compañía, para ministrar en el tabernáculo del testimonio.36Y fueron los contados de ellos por sus familias, dos mil setecientos y cincuenta.37Estos fueron los contados de las familias de Coath, todos los que ministran en el tabernáculo del testimonio, los cuales contaron Moisés y Aarón, como lo mandó Jehová por mano de Moisés.38Y los contados de los hijos de Gersón, por sus familias, y por las casas de sus padres,39Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía, para ministrar en el tabernáculo del testimonio;40Los contados de ellos por sus familias, por las casas de sus padres, fueron dos mil seiscientos y treinta.41Estos son los contados de las familias de los hijos de Gersón, todos los que ministran en el tabernáculo del testimonio, los cuales contaron Moisés y Aarón por mandato de Jehová.42Y los contados de las familias de los hijos de Merari, por sus familias, por las casas de sus padres,43Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía, para ministrar en el tabernáculo del testimonio;44Los contados de ellos, por sus familias, fueron tres mil y doscientos.45Estos fueron los contados de las familias de los hijos de Merari, los cuales contaron Moisés y Aarón, según lo mandó Jehová por mano de Moisés.46Todos los contados de los Levitas, que Moisés y Aarón y los jefes de Israel contaron por sus familias, y por las casas de sus padres,47Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entraban para ministrar en el servicio, y tener cargo de obra en el tabernáculo del testimonio;48Los contados de ellos fueron ocho mil quinientos y ochenta,49Como lo mandó Jehová por mano de Moisés fueron contados, cada uno según su oficio, y según su cargo; los cuales contó él, como le fué mandado.

El primer censo de los levitas en el capítulo 3 abarcaba a todos los varones de un mes arriba. Este segundo censo sólo toma en cuenta a los hombres de treinta a cincuenta años. El Señor espera que le reservemos los mejores años de nuestra vida. Ya no se trata de la edad física, sino de la madurez espiritual, fruto de la experiencia adquirida poco a poco. A un joven que haya sido “fiel en lo muy poco”, el Señor podrá, llegado el momento, encomendarle “lo más” (Lucas 16:10).

Se hallaron 8.580 levitas en edad para servir. Tomando en cuenta el volumen y peso del tabernáculo, ninguno iba sobrecargado; uno podía relevar a otro. ¿Por qué entonces el Señor se ve obligado a comprobar con tristeza que, para su gran cosecha, dispone de pocos obreros? (Mateo 9:37). ¡Ay!, porque muchos “no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor” (Nehemías 3:5). ¡Situación humillante que debería hablar a cada uno de nosotros!

El censo de los levitas se ha acabado. “Se le asignó a cada uno su oficio y a cada uno su carga” (v. 49; V.M.). La palabra carga o servicio (carga es la traducción literal) nos recuerda que quien sirve al Señor y a los suyos no puede hacerlo sin sentir espiritualmente el peso, sin estar comprometido de corazón (2 Corintios 11:28).

Números 5:1-31
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2Manda á los hijos de Israel que echen del campo á todo leproso, y á todos los que padecen flujo de semen, y á todo contaminado sobre muerto:3Así hombres como mujeres echaréis, fuera del campo los echaréis; porque no contaminen el campo de aquellos entre los cuales yo habito.4E hiciéronlo así los hijos de Israel, que los echaron fuera del campo: como Jehová dijo á Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.5Además habló Jehová á Moisés, diciendo:6Habla á los hijos de Israel: El hombre ó la mujer que cometiere alguno de todos los pecados de los hombres, haciendo prevaricación contra Jehová, y delinquiere aquella persona;7Confesarán su pecado que cometieron, y compensarán su ofensa enteramente, y añadirán su quinto sobre ello, y lo darán á aquel contra quien pecaron.8Y si aquel hombre no tuviere pariente al cual sea resarcida la ofensa, daráse la indemnización del agravio á Jehová, al sacerdote, á más del carnero de las expiaciones, con el cual hará expiación por él.9Y toda ofrenda de todas las cosas santas que los hijos de Israel presentaren al sacerdote, suya será.10Y lo santificado de cualquiera será suyo: asimismo lo que cualquiera diere al sacerdote, suyo será.11Y Jehová habló á Moisés, diciendo:12Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando la mujer de alguno se desmandare, é hiciere traición contra él,13Que alguno se hubiere echado con ella en carnal ayuntamiento, y su marido no lo hubiese visto por haberse ella contaminado ocultamente, ni hubiere testigo contra ella, ni ella hubiere sido cogida en el acto;14Si viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer, habiéndose ella contaminado; ó viniere sobre él espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer, no habiéndose ella contaminado;15Entonces el marido traerá su mujer al sacerdote, y traerá su ofrenda con ella, la décima de un epha de harina de cebada; no echará sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso: porque es presente de celos, presente de recordación, que trae en memoria 16Y el sacerdote la hará acercar, y la hará poner delante de Jehová.17Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro: tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del tabernáculo, y echarálo en el agua.18Y hará el sacerdote estar en pie á la mujer delante de Jehová, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá sobre sus manos el presente de la recordación, que es el presente de celos: y el sacerdote tendrá en la mano las aguas amargas que acarrean maldici19Y el sacerdote la conjurará, y le dirá: Si ninguno hubiere dormido contigo, y si no te has apartado de tu marido á inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen maldición:20Mas si te has descarriado de tu marido, y te has amancillado, y alguno hubiere tenido coito contigo, fuera de tu marido:21(El sacerdote conjurará á la mujer con juramento de maldición, y dirá á la mujer): Jehová te dé en maldición y en conjuración en medio de tu pueblo, haciendo Jehová á tu muslo que caiga, y á tu vientre que se te hinche;22Y estas aguas que dan maldición entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre, y caer tu muslo. Y la mujer dirá: Amén, amén.23Y el sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro, y las borrará con las aguas amargas:24Y dará á beber á la mujer las aguas amargas que traen maldición; y las aguas que obran maldición entrarán en ella por amargas.25Después tomará el sacerdote de la mano de la mujer el presente de los celos, y mecerálo delante de Jehová, y lo ofrecerá delante del altar:26Y tomará el sacerdote un puñado del presente, en memoria de ella, y lo quemará sobre el altar, y después dará á beber las aguas á la mujer.27Darále pues á beber las aguas; y será, que si fuere inmunda y hubiere hecho traición contra su marido, las aguas que obran maldición entrarán en ella en amargura, y su vientre se hinchará, y caerá su muslo; y la mujer será por maldición en medio de su pue28Mas si la mujer no fuere inmunda, sino que estuviere limpia, ella será libre, y será fecunda.29Esta es la ley de los celos, cuando la mujer hiciere traición á su marido, y se amancillare;30O del marido, sobre el cual pasare espíritu de celo, y tuviere celos de su mujer: presentarála entonces delante de Jehová, y el sacerdote ejecutará en ella toda esta ley.31Y aquel varón será libre de iniquidad, y la mujer llevará su pecado.

El campamento de Israel debía guardarse de toda impureza, y esto por una razón primordial: en él habitaba Jehová (v. 3). El apóstol invoca el mismo motivo para invitar a cada hijo de Dios a mantenerse limpio de toda mancha: su cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Al hombre que padecía de lepra (el pecado) o de un flujo (la incapacidad de reprimir las manifestaciones de la carne) se le debía alejar del campamento hasta su curación.

A partir del versículo 11 se trata de la prueba de los celos. Ésta nos sugiere el cuidadoso y frecuente examen de nuestros afectos. ¿Sigue siendo Cristo el objeto de ellos? Si amamos al mundo, la Palabra nos aplica el terrible calificativo de adúlteros. Aun si exteriormente todo parece estar en orden, hemos llegado a ser enemigos de Dios, hemos traicionado al Señor (Santiago 4:4; 1 Corintios 10:22). Sí, mantengámonos ante él, como lo hiciera la mujer bajo sospecha ante el sacerdote, y dejemos que la Palabra (el agua santa) penetre nuestra conciencia y descubra nuestros sentimientos más íntimos. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón –pide el salmista–; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

Números 6:1-12
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y diles: El hombre, ó la mujer, cuando se apartare haciendo voto de Nazareo, para dedicarse á Jehová,3Se abstendrá de vino y de sidra; vinagre de vino, ni vinagre de sidra no beberá, ni beberá algún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas.4Todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que se hace de vid de vino, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá.5Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza, hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento á Jehová: santo será; dejará crecer las guedejas del cabello de su cabeza.6Todo el tiempo que se apartaré á Jehová, no entrará á persona muerta.7Por su padre, ni por su madre, por su hermano, ni por su hermana, no se contaminará con ellos cuando murieren; porque consagración de su Dios tiene sobre su cabeza.8Todo el tiempo de su nazareato, será santo á Jehová.9Y si alguno muriere muy de repente junto á el, contaminará la cabeza de su nazareato; por tanto el día de su purificacíon raerá su cabeza; al séptimo día la raerá.10Y el día octavo traerá dos tórtolas ó dos palominos al sacerdote, á la puerta del tabernáculo del testimonio;11Y el sacerdote hará el uno en expiación, y el otro en holocausto: y expiarálo de lo que pecó sobre el muerto, y santificará su cabeza en aquel día.12Y consagrará á Jehová los días de su nazareato, y traerá un cordero de un año en expiación por la culpa; y los días primeros serán anulados, por cuanto fué contaminado su nazareato.

Al lado de los levitas, cualquier hombre o mujer perteneciente a las demás tribus podía consagrarse a Jehová y hacer el voto de nazareo. Pero a diferencia de los hijos de Leví, su consagración era individual y facultativa. El israelita era libre para hacer o no hacer este voto, pero una vez hecho, cesaba su libertad; su vida privada y pública quedaba sometida a unas obligaciones muy estrictas, así como en un ejército el recluta voluntario está sujeto a la misma disciplina que las tropas movilizadas obligatoriamente. Las condiciones del nazareato eran tres: 1. Abstenerse de todo lo producido por la viña, símbolo de los goces del mundo; 2. Dejarse crecer el cabello, imagen de la puesta a un lado del “yo”, lo que debe caracterizar al discípulo de Cristo; 3. Huir de todo contacto con la muerte, salario y prueba del pecado. En principio cada hijo de Dios lleva este triple carácter. Ha muerto al mundo, al “yo” y al pecado (Gálatas 6:14; 5:24; 2:17-20). Pero para tener la fuerza necesaria a fin de mantenerse firme en esta posición difícil y contraria a nuestra naturaleza, es preciso que su consagración sea total para Cristo, que sea el resultado de una gozosa decisión de su corazón. Los versículos 9 a 12 recuerdan cuán fácil es, por falta de vigilancia, perder el carácter de nazareo, y cuán difícil es volverlo a encontrar.

Números 6:13-27
13Esta es, pues, la ley del Nazareo el día que se cumpliere el tiempo de su nazareato: Vendrá á la puerta del tabernáculo del testimonio;14Y ofrecerá su ofrenda á Jehová, un cordero de un año sin tacha en holocausto, y una cordera de un año sin defecto en expiación, y un carnero sin defecto por sacrificio de paces:15Además un canastillo de cenceñas, tortas de flor de harina amasadas con aceite, y hojaldres cenceñas untadas con aceite, y su presente, y sus libaciones.16Y el sacerdote lo ofrecerá delante de Jehová, y hará su expiación y su holocausto:17Y ofrecerá el carnero en sacrificio de paces á Jehová, con el canastillo de las cenceñas; ofrecerá asimismo el sacerdote su presente, y sus libaciones.18Entonces el Nazareo raerá á la puerta del tabernáculo del testimonio la cabeza de su nazareato, y tomará los cabellos de la cabeza de su nazareato, y los pondrá sobre el fuego que está debajo del sacrificio de las paces.19Después tomará el sacerdote la espaldilla cocida del carnero, y una torta sin levadura del canastillo, y una hojaldre sin levadura, y pondrálas sobre las manos del Nazareo, después que fuere raído su nazareato:20Y el sacerdote mecerá aquello, ofrenda agitada delante de Jehová; lo cual será cosa santa del sacerdote, á más del pecho mecido y de la espaldilla separada: y después podrá beber vino el Nazareo.21Esta es la ley del Nazareo que hiciere voto de su ofrenda á Jehová por su nazareato, á más de lo que su mano alcanzare: según el voto que hiciere, así hará, conforme á la ley de su nazareato.22Y Jehová habló á Moisés, diciendo:23Habla á Aarón y á sus hijos, y diles: Asi bendeciréis á los hijos de Israel, diciéndoles:24Jehová te bendiga, y te guarde:25Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia:26Jehová alce á ti su rostro, y ponga en ti paz.27Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.

Las Escrituras mencionan algunos nazareos: Sansón, Samuel, Amasías (2 Crónicas 17:16), Juan el Bautista. Pero el nazareo por excelencia fue Jesús. Separado para Dios desde antes de su nacimiento, ocupado en las cosas de su Padre a los doce años, su consagración a Dios fue total hasta su muerte en la cruz. Venido al mundo, no era “del mundo”, y se mantuvo alejado de sus fiestas y sus goces (Juan 7:8; 17:14). Nunca permitió que las circunstancias familiares entorpecieran su ministerio (Lucas 8:20-21). Su dependencia fue continua (Juan 5:19). Ninguna suciedad pudo alcanzarlo (1 Pedro 2:22). ¡Qué modelo es para nosotros ese querido Salvador! Su camino fue de una entrega total. Camino difícil pero en cuyo final lo aguardaba ese gozo del cual es imagen el vino, gozo que quiere compartir con aquellos que aquí en la tierra hayan participado de su oprobio (v. 20 final; Hebreos 12:2; Mateo 26:29; 25:21).

Al finalizar el período de su voto, el nazareo ofrecía todos los sacrificios. El haber tomado posición aquí abajo junto al perfecto Nazareo, permite entrar de modo práctico en los diversos aspectos de su obra en la cruz.

Los versículos 22 a 27 ponen el broche final a este capítulo como para mostrarnos que la consagración al Señor es el camino seguro a la bendición.

Números 7:1-17; 84-88
1Y ACONTECIO, que cuando Moisés hubo acabado de levantar el tabernáculo, y ungídolo, y santificádolo, con todos sus vasos; y asimismo ungido y santificado el altar, con todos sus vasos;2Entonces los príncipes de Israel, las cabezas de las casas de sus padres, los cuales eran los príncipes de las tribus, que estaban sobre los contados, ofrecieron;3Y trajeron sus ofrendas delante de Jehová, seis carros cubiertos, y doce bueyes; por cada dos príncipes un carro, y cada uno un buey; lo cual ofrecieron delante del tabernáculo.4Y Jehová habló á Moisés, diciendo:5Tómalo de ellos, y será para el servicio del tabernáculo del testimonio: y lo darás á los Levitas, á cada uno conforme á su ministerio.6Entonces Moisés recibió los carros y los bueyes, y diólos á los Levitas.7Dos carros y cuatro bueyes, dió á los hijos de Gersón, conforme á su ministerio;8Y á los hijos de Merari dió los cuatro carros y ocho bueyes, conforme á su ministerio, bajo la mano de Ithamar, hijo de Aarón el sacerdote.9Y á los hijos de Coath no dió; porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario.10Y ofrecieron los príncipes á la dedicación del altar el día que fué ungido, ofrecieron los príncipes su ofrenda delante del altar.11Y Jehová dijo á Moisés: Ofrecerán su ofrenda, un príncipe un día, y otro príncipe otro día, á la dedicación del altar.12Y el que ofreció su ofrenda el primer día fué Naasón hijo de Aminadab, de la tribu de Judá.13Y fué su ofrenda un plato de plata de peso de ciento y treinta siclos, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente;14Una cuchara de oro de diez siclos, llena de perfume;15Un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto;16Un macho cabrío para expiación;17Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Naasón, hijo de Aminadab.
84Esta fué la dedicación del altar, el día que fué ungido, por los príncipes de Israel: doce platos de plata, doce jarros de plata, doce cucharas de oro.85Cada plato de ciento y treinta siclos, cada jarro de setenta: toda la plata de los vasos, dos mil y cuatrocientos siclos, al siclo del santuario.86Las doce cucharas de oro llenas de perfume, de diez siclos cada cuchara, al siclo del santuario: todo el oro de las cucharas, ciento y veinte siclos.87Todos los bueyes para holocausto, doce becerros; doce los carneros, doce los corderos de un año, con su presente: y doce los machos de cabrío, para expiación.88Y todos los bueyes del sacrificio de las paces veinte y cuatro novillos, sesenta los carneros, sesenta los machos de cabrío, sesenta los corderos de un año. Esta fué la dedicación del altar, después que fué ungido.

Este largo capítulo está consagrado a las ofrendas de los doce príncipes. Las primeras, seis carros y doce bueyes destinados a los levitas, nos hablan de la ayuda práctica que podemos brindar a los siervos del Señor a fin de facilitar su ministerio: hospitalidad, desplazamientos, etc. Por ejemplo, este servicio se puede realizar encaminando a los siervos de Dios (Romanos 15:24; 1 Corintios 16:6, 11; 3 Juan 5-8).

Esas ofrendas entregadas a los levitas, “a cada uno conforme a su ministerio” (v. 5), recuerdan que el Señor siempre provee a los suyos los medios para cumplir la tarea que les ha encomendado. Luego venían las ofrendas para la dedicación del altar. Servir a los hermanos y ayudarlos materialmente no es todo. Estos platos, jarros y cucharas rebosantes nos hablan de las perfecciones y del perfume excelente de Cristo, y corresponden al culto de los verdaderos adoradores. Los diversos sacrificios también formaban parte de las ofrendas y evocan los variados aspectos de la obra de la cruz. Pero, ¿por qué consagra Dios tanto espacio a esas ofrendas cuando todo podría quedar resumido en un párrafo? Comprendámoslo: da su pleno valor a lo que cada uno trae y no omite nada de lo que se hace para él.

Números 7:89; Números 8:1-14
89Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo del testimonio, para hablar con El, oía la Voz que le hablaba de encima de la cubierta que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines: y hablaba con él.
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á Aarón, y dile: Cuando encendieres las lámparas, las siete lámparas alumbrarán frente á frente del candelero.3Y Aarón lo hizo así; que encendió enfrente del candelero sus lámparas, como Jehová lo mandó á Moisés.4Y esta era la hechura del candelero: de oro labrado á martillo; desde su pie hasta sus flores era labrado á martillo: conforme al modelo que Jehová mostró á Moisés, así hizo el candelero.5Y Jehová habló á Moisés, diciendo:6Toma á los Levitas de entre los hijos de Israel, y expíalos.7Y así les harás para expiarlos: rocía sobre ellos el agua de la expiación, y haz pasar la navaja sobre toda su carne, y lavarán sus vestidos, y serán expiados.8Luego tomarán un novillo, con su presente de flor de harina amasada con aceite; y tomarás otro novillo para expiación.9Y harás llegar los Levitas delante del tabernáculo del testimonio, y juntarás toda la congregación de los hijos de Israel;10Y cuando habrás hecho llegar los Levitas delante de Jehová, pondrán los hijos de Israel sus manos sobre los Levitas;11Y ofrecerá Aarón los Levitas delante de Jehová en ofrenda de los hijos de Israel, y servirán en el ministerio de Jehová.12Y los Levitas pondrán sus manos sobre las cabezas de los novillos: y ofrecerás el uno por expiación, y el otro en holocausto á Jehová, para expiar los Levitas.13Y harás presentar los Levitas delante de Aarón, y delante de sus hijos, y los ofrecerás en ofrenda á Jehová.14Así apartarás los Levitas de entre los hijos de Israel; y serán míos los Levitas

El versículo 89 nos revela el secreto de Moisés, varón de Dios (Salmo 90). Es la oración. Considerémoslo bajo el peso de las responsabilidades que lo agobiaban, acosado por las murmuraciones del pueblo, retirándose a la sombra y al silencio del tabernáculo para hablar con su Dios. Escuchaba “la voz” y luego “le hablaba”. Pensemos en Jesús quien, mucho antes del alba o llegada la noche, después de las fatigas del día, solía retirarse solo a un lugar apartado para orar (Marcos 1: 35; 6:46).

¿Por qué vuelve a hacer mención del candelero al principio del capítulo 8, entre la ofrenda de los bienes en el capítulo 7 y la consagración de los levitas en los versículos siguientes? ¿No es para mostrar que la luz divina sondea y aprecia tanto al don como al dador, e igualmente al servicio como a quien lo cumple? Dios sabe lo que vale nuestra entrega, de la que habla la escena de consagración. Los levitas eran presentados por Aarón como ofrenda mecida, como para dejar que esta luz divina alumbrara continuamente en ellos, sin dejar nada en la oscuridad. Si hubiese quedado la menor mancha en sus vestiduras, se habría notado inmediatamente. Cuán importante es mantenernos siempre en la presencia de Dios para servirle (1 Reyes 17:1).

Números 8:15-26
15Y después de eso vendrán los Levitas á ministrar en el tabernáculo del testimonio: los expiarás pues, y los ofrecerás en ofrenda.16Porque enteramente me son á mí dados los Levitas de entre los hijos de Israel, en lugar de todo aquel que abre matriz; helos tomado para mí en lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel.17Porque mío es todo primogénito en los hijos de Israel, así de hombres como de animales; desde el día que yo herí todo primogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para mí.18Y he tomado los Levitas en lugar de todos los primogénitos en los hijos de Israel.19Y yo he dado en don los Levitas á Aarón y á sus hijos de entre los hijos de Israel, para que sirvan el ministerio de los hijos de Israel en el tabernáculo del testimonio, y reconcilien á los hijos de Israel; porque no haya plaga en los hijos de Israel, ll20Y Moisés, y Aarón, y toda la congregación de los hijos de Israel, hicieron de los Levitas conforme á todas las cosas que mandó Jehová á Moisés acerca de los Levitas; así hicieron de ellos los hijos de Israel.21Y los Levitas se purificaron, y lavaron sus vestidos; y Aarón los ofreció en ofrenda delante de Jehová, é hizo Aarón expiación por ellos para purificarlos.22Y así vinieron después los Levitas para servir en su ministerio en el tabernáculo del testimonio, delante de Aarón y delante de sus hijos: de la manera que mandó Jehová á Moisés acerca de los Levitas, así hicieron con ellos.23Y habló Jehová á Moisés, diciendo:24Esto cuanto á los Levitas: de veinte y cinco años arriba entrarán á hacer su oficio en el servicio del tabernáculo del testimonio:25Mas desde los cincuenta años volverán del oficio de su ministerio, y nunca más servirán:26Pero servirán con sus hermanos en el tabernáculo del testimonio, para hacer la guarda, bien que no servirán en el ministerio. Así harás de los Levitas cuanto á sus oficios.

Antes de ser presentados como ofrenda mecida, los levitas eran purificados, se ofrecían sacrificios por ellos, hacían pasar la navaja por todo su cuerpo (v. 7) y lavaban sus vestiduras. Estas imágenes también las encontramos en la consagración de los sacerdotes y en la purificación de los leprosos. No corresponden a la conversión, sino al trabajo que el Espíritu Santo hace por medio de la Palabra para que los creyentes se mantengan puros. La navaja es imagen del juicio que hemos de aplicar a todo lo que la carne produce. En el servidor, el orgullo particularmente crece rápido si no está a mano la “navaja” para vigilar sus apariciones. Por otra parte, cuando nos lavamos, no nos gusta usar nuevamente las ropas sucias. Y, para servir al Señor, necesitamos no solamente una buena conciencia, sino también una conducta exterior irreprochable.

Sólo después de esto el levita podía cumplir su servicio (v. 22.) ¡Importante lección! Cualquier oficio implica un aprendizaje, un período de preparación. Con mayor motivo el servicio del Señor. Antes de empezar apresuradamente un trabajo para Cristo, dejémoslo hacer lo que, por su gracia, él quiere hacer en nosotros.

Números 9:1-14
1Y HABLO Jehová á Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo:2Los hijos de Israel harán la pascua á su tiempo.3El décimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la haréis á su tiempo: conforme á todos sus ritos, y conforme á todas sus leyes la haréis.4Y habló Moisés á los hijos de Israel, para que hiciesen la pascua.5E hicieron la pascua en el mes primero, á los catorce días del mes, entre las dos tardes, en el desierto de Sinaí: conforme á todas las cosas que mandó Jehová á Moisés, así hicieron los hijos de Israel.6Y hubo algunos que estaban inmundos á causa de muerto, y no pudieron hacer la pascua aquel día; y llegaron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día;7Y dijéronle aquellos hombres: Nosotros somos inmundos por causa de muerto; ¿por qué seremos impedidos de ofrecer ofrenda á Jehová á su tiempo entre los hijos de Israel?8Y Moisés les respondió: Esperad, y oiré qué mandará Jehová acerca de vosotros.9Y Jehová habló á Moisés, diciendo:10Habla á los hijos de Israel, diciendo: Cualquiera de vosotros ó de vuestras generaciones, que fuere inmundo por causa de muerto ó estuviere de viaje lejos, hará pascua á Jehová:11En el mes segundo, á los catorce días del mes, entre las dos tardes, la harán: con cenceñas y hierbas amargas la comerán;12No dejarán de él para la mañana, ni quebrarán hueso en él: conforme á todos los ritos de la pascua la harán.13Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de hacer la pascua, la tal persona será cortada de sus pueblos: por cuanto no ofreció á su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado.14Y si morare con vosotros peregrino, é hiciere la pascua á Jehová, conforme al rito de la pascua y conforme á sus leyes así la hará: un mismo rito tendréis, así el peregrino como el natural de la tierra.

Ha transcurrido un año desde la salida de Egipto. Jehová comunica a Moisés sus instrucciones para celebrar este gran aniversario. La cristiandad celebra todos los años el nacimiento y la muerte del Señor. Pero después muchos no piensan más en ello hasta el año siguiente. Los redimidos del Señor, por el contrario, tienen el privilegio de recordar juntos sus sufrimientos y su muerte cada primer día de la semana, al participar en la Cena que él instituyó.

En Israel la gracia daba un recurso para aquel que estuviera impuro o de viaje. El Señor conoce las circunstancias de los suyos y responde a ellas por su misericordia, pero no cambia nada de su propia medida. Aun en el segundo mes, la fiesta debía celebrarse según los estatutos de la pascua (v. 12). Así como era necesaria la confesión de las faltas (v. 7), la Palabra invita al creyente a que se juzgue, que se pruebe a sí mismo antes de tomar la Cena del Señor (1 Corintios 11:28). Participar de ella hoy día no es una obligación a la que hemos de someternos so pena de muerte, como en el tiempo de la pascua (v. 13). ¿Acaso por eso el deseo del Señor tiene menos valor para el corazón del redimido? Con el pretexto de que ya no es una obligación, ¿resulta menos grave abstenerse cuando el Señor dijo al dar la copa a los suyos: “Bebed de ella todos”? (Mateo 26:27).

Números 9:15-23; Números 10:1-10
15Y el día que el tabernáculo fué levantado, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y á la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana.16Así era continuamente: la nube lo cubría, y de noche la apariencia de fuego.17Y según que se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel se partían: y en el lugar donde la nube paraba, allí alojaban los hijos de Israel.18Al mandato de Jehová los hijos de Israel se partían: y al mandato de Jehová asentaban el campo: todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, ellos estaban quedos.19Y cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehová y no partían.20Y cuando sucedía que la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al dicho de Jehová alojaban, y al dicho de Jehová partían.21Y cuando era que la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, cuando á la mañana la nube se levantaba, ellos partían: ó si había estado el día, y á la noche la nube se levantaba, entonces partían.22O si dos días, ó un mes, ó un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo quedándose sobre él, los hijos de Israel se estaban acampados y no movían: mas cuando ella se alzaba, ellos movían.23Al dicho de Jehová asentaban, y al dicho de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová, como lo había Jehová dicho por medio de Moisés.
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2Hazte dos trompetas de plata; de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar la congregación, y para hacer mover el campo.3Y cuando las tocaren, toda la congregación se juntará á ti á la puerta del tabernáculo del testimonio.4Mas cuando tocaren sólo la una, entonces se congregarán á ti los príncipes, las cabezas de los millares de Israel.5Y cuando tocareis alarma, entonces moverán el campo de los que están alojados al oriente.6Y cuando tocareis alarma la segunda vez, entonces moverán el campo de los que están alojados al mediodía: alarma tocarán á sus partidas.7Empero cuando hubiereis de juntar la congregación, tocaréis, mas no con sonido de alarma.8Y los hijos de Aarón, los sacerdotes, tocarán las trompetas; y las tendréis por estatuto perpetuo por vuestras generaciones.9Y cuando viniereis á la guerra en vuestra tierra contra el enemigo que os molestare, tocaréis alarma con las trompetas: y seréis en memoria delante de Jehová vuestro Dios, y seréis salvos de vuestros enemigos.10Y en el día de vuestra alegría, y en vuestras solemnidades, y en los principios de vuestros meses, tocaréis las trompetas sobre vuestros holocaustos, y sobre los sacrificios de vuestras paces, y os serán por memoria delante de vuestro Dios: Yo Jehová vues

Israel no tenía que hacerse ninguna pregunta referente a las etapas a través del desierto. Cada puesta en marcha y cada alto se verificaba por “mandato de Jehová”. ¿Se levantaba la nube? Entonces tenían que ponerse en marcha, incluso si acababan de llegar o si les gustara el lugar de estancia. ¿Y si se posaba sobre el tabernáculo? Era menester acampar sin ir más lejos. Tan indispensable era la dirección divina para acampar como para partir, fuera de noche o de día. Hermosa figura de la dependencia constante que conviene a los redimidos del Señor, y que él mismo vivió perfectamente. A pesar del mensaje que recibió de las hermanas de Lázaro y del amor que sentía por los miembros de esa familia, Jesús no fue a Betania sino dos días más tarde, cuando conoció la voluntad de su Padre (Juan 11).

Cuando la voluntad de Dios era revelada, las trompetas de plata de los sacerdotes daban la señal de los diversos movimientos del pueblo. Resonaban para llamar a las reuniones (v. 3-4), a las salidas (v. 5-6), a las batallas (v. 9) o a las fiestas solemnes (v. 10). Estas trompetas nos hablan del testimonio de Dios, dado tanto en la reunión de los santos como en su marcha, en sus combates, en su culto. En medio de un mundo enemistado, la Palabra nos exhorta: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor” (2 Timoteo 1:8).

Números 10:11-36
11Y fué en el año segundo, en el mes segundo, á los veinte del mes, que la nube se alzó del tabernáculo del testimonio.12Y movieron los hijos de Israel por sus partidas del desierto de Sinaí; y paró la nube en el desierto de Parán.13Y movieron la primera vez al dicho de Jehová por mano de Moisés.14Y la bandera del campo de los hijos de Judá comenzó á marchar primero, por sus escuadrones: y Naasón, hijo de Aminadab, era sobre su ejército.15Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Issachâr, Nathanael hijo de Suar.16Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón.17Y después que estaba ya desarmado el tabernáculo, movieron los hijos de Gersón y los hijos de Merari, que lo llevaban.18Luego comenzó á marchar la bandera del campo de Rubén por sus escuadrones: y Elisur, hijo de Sedeur, era sobre su ejército.19Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Simeón, Selumiel hijo de Zurisaddai.20Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Gad, Eliasaph hijo de Dehuel.21Luego comenzaron á marchar los Coathitas llevando el santuario; y entre tanto que ellos llegaban, los otros acondicionaron el tabernáculo.22Después comenzó á marchar la bandera del campo de los hijos de Ephraim por sus escuadrones: y Elisama, hijo de Ammiud, era sobre su ejército.23Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur.24Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gedeón.25Luego comenzó á marchar la bandera del campo de los hijos de Dan por sus escuadrones, recogiendo todos los campos: y Ahiezer, hijo de Ammisaddai, era sobre su ejército.26Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán.27Y sobre el ejército de la tribu de los hijos de Nephtalí, Ahira hijo de Enán.28Estas son las partidas de los hijos de Israel por sus ejércitos, cuando se movían.29Entonces dijo Moisés á Hobab, hijo de Ragüel Madianita, su suegro: Nosotros nos partimos para el lugar del cual Jehová ha dicho: Yo os lo daré. Ven con nosotros, y te haremos bien: porque Jehová ha hablado bien respecto á Israel.30Y él le respondió: Yo no iré, sino que me marcharé á mi tierra y á mi parentela.31Y él le dijo: Ruégote que no nos dejes; porque tú sabes nuestros alojamientos en el desierto, y nos serás en lugar de ojos.32Y será, que si vinieres con nosotros, cuando tuviéremos el bien que Jehová nos ha de hacer, nosotros te haremos bien.33Así partieron del monte de Jehová, camino de tres días; y el arca de la alianza de Jehová fué delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso.34Y la nube de Jehová iba sobre ellos de día, desde que partieron del campo.35Y fué, que en moviendo el arca, Moisés decía: Levántate, Jehová, y sean disipados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen.36Y cuando ella asentaba, decía: Vuelve, Jehová, á los millares de millares de Israel.

Cuando la nube se alzaba para salir, las trompetas resonaban, el pueblo se reunía, los levitas desmontaban el tabernáculo y cada uno se ponía en orden de marcha. Luego la trompeta volvía a tocar “alarma” y las tribus reanudaban su viaje según el orden de sus banderas.

Los cristianos de hoy aguardan la señal de la gran partida. El Señor volverá “con trompeta de Dios” para arrebatar a su Iglesia (1 Tesalonicenses 4:16). Pero ésta no puede olvidar a los que todavía quedan atrás. Con el Espíritu, ella se vuelve hacia el mundo diciendo: “el que tiene sed, venga” (Apocalipsis 22:17). Es lo que parece decir Moisés a Hobab: ven a disfrutar con nosotros el bien que Dios ha prometido hacer a los suyos. Pero, ¿por qué le pide luego su ayuda para dirigir al pueblo a través del desierto? No lo juzguemos con demasiada severidad, pues a menudo estamos dispuestos a confiar más en los consejos humanos que en las indicaciones del Señor. Como para recordar quien es el que conduce a los suyos, el versículo 33 muestra el arca tomando la delantera para asegurar al pueblo un “lugar de descanso”. El camino de tres días por el cual Cristo pasó al atravesar la muerte por nosotros, abre “un camino nuevo y vivo” a un pueblo resucitado marchando hacia el reposo celestial.

Números 11:1-9
1Y ACONTECIO que el pueblo se quejó á oídos de Jehová: y oyólo Jehová, y enardecióse su furor, y encendióse en ellos fuego de Jehová y consumió el un cabo del campo.2Entonces el pueblo dió voces á Moisés, y Moisés oró á Jehová, y soterróse el fuego.3Y llamó á aquel lugar Taberah; porque el fuego de Jehová se encendió en ellos.4Y el vulgo que había en medio tuvo un vivo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: ­Quién nos diera á comer carne!5Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los cohombros, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas, y de los ajos:6Y ahora nuestra alma se seca; que nada sino maná ven nuestros ojos.7Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bdelio.8Derrámabase el pueblo, y recogían, y molían en molinos, ó majaban en morteros, y lo cocían en caldera, ó hacían de él tortas: y su sabor era como sabor de aceite nuevo.9Y cuando descendía el rocío sobre el real de noche, el maná descendía de sobre él.

En su ingratitud el pueblo se queja y Jehová lo castiga. Pero esta lección no basta. La codicia, condenada por el décimo mandamiento de la ley, se enciende en medio del pueblo influenciado por la gran multitud de “gente extranjera” salida de Egipto con Israel (v.4; Éxodo 12:38). ¿Dónde están los alimentos que comíamos de balde en Egipto? El pobre pueblo ha olvidado los ladrillos, la paja y lo caro que el opresor le cobraba lo poco que le daba. Esos manjares de Egipto: puerros, cebollas, ajos, etc., por lo general tienen un sabor fuerte que excita el apetito, pero no son nutritivos, y a veces indigestos. La gente de este mundo, ¿de qué alimenta su espíritu? De lecturas y espectáculos a menudo frívolos, atractivos para la carne pero sin beneficio para el alma, los cuales, al contrario, ¡hacen mucho daño!

Israel recuerda aquellos alimentos porque para él el maná ha perdido su exquisito gusto a “hojuelas con miel” (Éxodo 16:31). Ahora tan sólo es una torta con sabor a aceite; pronto lo llamarán abiertamente un pan liviano (21:5). Queridos amigos, si se nos tienta con los “manjares” del mundo, hagámonos cada uno la siguiente pregunta: ¿No será que la Palabra ha perdido su sabor para mí? “El que a mí viene, nunca tendrá hambre”, prometió el Señor Jesús (Juan 6:35).

Números 11:10-23
10Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno á la puerta de su tienda: y el furor de Jehová se encendió en gran manera; también pareció mal á Moisés.11Y dijo Moisés á Jehová: ¿Por qué has hecho mal á tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mi?12¿Concebí yo á todo este pueblo? ¿engendrélo yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, á la tierra de la cual juraste á sus padres?13¿De donde tengo yo carne para dar á todo este pueblo? porque lloran á mí, diciendo: Danos carne que comamos.14No puedo yo solo soportar á todo este pueblo, que me es pesado en demasía.15Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.16Entonces Jehová dijo á Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel, que tu sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y esperen allí contigo.17Y yo descenderé y hablaré allí contigo; y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.18Empero dirás al pueblo: Santificaos para mañana, y comeréis carne: pues que habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ­Quién nos diera á comer carne! ­cierto mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis.19No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días;20Sino hasta un mes de tiempo, hasta que os salga por las narices, y os sea en aborrecimiento: por cuanto menospreciasteis á Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?21Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de á pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; y tú dices: Les daré carne, y comerán el tiempo de un mes.22¿Se han de degollar para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿ó se juntarán para ellos todos los peces de la mar para que tengan abasto?23Entonces Jehová respondió á Moisés: ¿Hase acortado la mano de Jehová? ahora verás si te sucede mi dicho, ó no.

¡Aquí vemos a Moisés desanimado! Reprocha a Dios el peso de todo ese pueblo (v. 11), él, que al final del capítulo anterior hablaba triunfalmente de los “millares de millares de Israel”. Es cierto, Moisés no podía cargar solo con ese pueblo, ¡pero precisamente no estaba solo! Jehová mismo llevaba a Israel “sobre alas de águilas” (Éxodo 19:4) y en sus brazos paternales (Deuteronomio 1:31).

El Salmo 106 evoca este triste episodio: “Bien pronto olvidaron sus obras… Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto… y él les dio lo que pidieron, mas envió mortandad sobre ellos” (v. 13-15). Esto encierra una verdad muy seria. Cuando insistimos en obtener lo que Dios no quiere darnos, puede suceder que finalmente nos lo conceda, pero acarreando consigo unas consecuencias desastrosas; así sucedió con Israel (v. 19-20, 33). En el Salmo 106 algunas versiones traducen “flaqueza en sus almas” por “mortandad”. La flaqueza (consunción), según el diccionario, es un adelgazamiento y debilitamiento progresivos. Un debilitamiento de nuestras almas, ¿no es más serio incluso que una enfermedad? Que Dios nos ampare de esas codicias “que batallan contra el alma” (1 Pedro 2:11), enseñándonos a contentarnos con lo que él nos da y con lo que, en su conocimiento perfecto, ve bien en negarnos.

Números 11:24-35
24Y salió Moisés, y dijo al pueblo las palabras de Jehová: y juntó los setenta varones de los ancianos del pueblo, é hízolos estar alrededor del tabernáculo.25Entonces Jehová descendió en la nube, y hablóle; y tomó del espíritu que estaba en él, y púsolo en los setenta varones ancianos; y fué que, cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron.26Y habían quedado en el campo dos varones, llamado el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu: estaban estos entre los escritos, mas no habían salido al tabernáculo; y profetizaron en el campo.27Y corrió un mozo, y dió aviso á Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campo.28Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, uno de sus mancebos, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos.29Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? mas ojalá que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.30Y recogióse Moisés al campo, él y los ancianos de Israel.31Y salió un viento de Jehová, y trajo codornices de la mar, y dejólas sobre el real, un día de camino de la una parte, y un día de camino de la otra, en derredor del campo, y casi dos codos sobre la haz de la tierra.32Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogiéronse codornices: el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí á lo largo en derredor del campo.33Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese mascada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo, é hirío Jehová al pueblo con una muy grande plaga.34Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.35De Kibroth-hattaavah movió el pueblo á Haseroth, y pararon en Haseroth.

Según su petición, Moisés es relevado de una parte de sus responsabilidades, las cuales pasan a manos de setenta ancianos. Ya, en el capítulo 4 de Éxodo, Aarón le había sido designado como auxiliar para “servirle en lugar de boca”. Resulta humillante pensar que a veces nuestra falta de fe obliga al Señor a dar a otros una parte de nuestro trabajo. Los ancianos son convocados a reunirse junto a la tienda, donde el Espíritu viene sobre ellos. Allí se enteran de que dos de estos hombres, Eldad y Medad, se han quedado en el campamento y están profetizando. Josué quisiera impedírselos (comp. con Lucas 9:49). Pero para Moisés esto es motivo de gozo. Pablo también se regocijaba al ver que el evangelio era predicado, aunque algunos lo hacían “por envidia y contienda” (Filipenses 1:15-18). Si Dios nos ha mostrado el camino de separación “fuera del campamento” religioso de la cristiandad, guardémonos de juzgar con un espíritu de superioridad a los creyentes quizá más piadosos y entregados que nosotros, quienes no han comprendido esta separación. Todo cuanto poseemos o conocemos lo debemos a la pura gracia de Dios.

Uno puede imaginar lo que rápidamente llegó a ser del montón de codornices bajo el sol del desierto. Gálatas 6:8 nos advierte que “el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción”.

Números 12:1-16
1Y HABLARON María y Aarón contra Moisés á causa de la mujer Ethiope que había tomado: porque él había tomado mujer Ethiope.2Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿no ha hablado también por nosotros? Y oyólo Jehová.3Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra,4Y luego dijo Jehová á Moisés, y á Aarón, y á María: Salid vosotros tres al tabernáculo del testimonio. Y salieron ellos tres.5Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y púsose á la la puerta del tabernáculo, y llamó á Aarón y á María; y salieron ellos ambos.6Y él les dijo: Oid ahora mis palabras: si tuviereis profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.7No así á mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa:8Boca á boca hablaré con él, y á las claras, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová: ¿por qué pues no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?9Entonces el furor de Jehová se encendió en ellos; y fuése.10Y la nube se apartó del tabernáculo: y he aquí que María era leprosa como la nieve; y miró Aarón á María, y he aquí que estaba leprosa.11Y dijo Aarón á Moisés: ­Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros pecado; porque locamente lo hemos hecho, y hemos pecado.12No sea ella ahora como el que sale muerto del vientre de su madre, consumida la mitad de su carne.13Entonces Moisés clamó á Jehová, diciendo: Ruégote, oh Dios, que la sanes ahora.14Respondió Jehová á Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su cara, ¿no se avergonzaría por siete días?: sea echada fuera del real por siete días, y después se reunirá.15Así María fué echada del real siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se le reunió María.16(H13-1) Y DESPUÉS movió el pueblo de Haseroth, y asentaron el campo en el desierto de Parán.

La lengua, dice Santiago, es “un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal” (Santiago 3:8…). Una vez más comprobamos sus estragos. Ya no en forma de quejas y murmuraciones en medio del pueblo influenciado por “gente extranjera” (cap. 11), sino de críticas y maledicencias que contaminan a los miembros más honrados de la familia de los conductores del pueblo: Aarón el sumo sacerdote y María la profetisa. Sus palabras malévolas quizá se habían susurrado “al oído”, en el mayor secreto (Lucas 12:3). Pero “lo oyó Jehová” (v. 2 final; comp. con cap. 11:1). Nunca olvidemos que nuestras palabras más confidenciales tienen un oyente en el cielo. Moisés calla. Cuando se trata de un atentado contra los derechos de Jehová, su ira se enciende con justicia, mientras que para su propia defensa, su extremada mansedumbre se traduce en silencio. Por eso Dios toma la defensa de su siervo. Convoca a los tres involucrados al tabernáculo de reunión y allí llama a los dos culpables. La gravedad del castigo hace resaltar la del pecado cometido. María se vuelve leprosa. Por primera vez Moisés abre la boca e intercede por su desgraciada hermana, quien se restaurará.

¡Quiera el Señor guardarnos de “envidias, y toda suerte de maledicencias”! (1 Pedro 2:1; V.M.).

Números 13:1-26
1(H13-2) Y Jehová habló á Moisés, diciendo:2(H13-3) Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy á los hijos de Israel: de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos.3(H13-4) Y Moisés los envío desde el desierto de Parán, conforme á la palabra de Jehová: y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel.4(H13-5) Los nombres de los cuales son estos: De la tribu de Rubén, Sammua hijo de Zaccur.5(H13-6) De la tribu de Simeón, Saphat hijo de Huri.6(H13-7) De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jephone.7(H13-8) De la tribu de Issachâr, Igal hijo de Joseph.8(H13-9) De la tribu de Ephraim, Oseas hijo de Nun.9(H13-10) De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Raphu.10(H13-11) De la tribu de Zabulón, Gaddiel hijo de Sodi.11(H13-12) De la tribu de José, de la tribu de Manasés, Gaddi hijo de Susi.12(H13-13) De la tribu de Dan, Ammiel hijo de Gemalli.13(H13-14) De la tribu de Aser, Sethur hijo de Michâel.14(H13-15) De la tribu de Nephtalí, Nahabí hijo de Vapsi.15(H13-16) De la tribu de Gad, Gehuel hijo de Machî.16(H13-17) Estos son los nombres de los varones que Moisés envió á reconocer la tierra: y á Oseas hijo de Nun, le puso Moisés el nombre de Josué.17(H13-18) Enviólos, pues, Moisés á reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid por aquí, por el mediodía, y subid al monte:18(H13-19) Y observad la tierra qué tal es; y el pueblo que la habita, si es fuerte ó débil, si poco ó numeroso;19(H13-20) Qué tal la tierra habitada, si es buena ó mala; y qué tales son las ciudades habitadas, si de tiendas ó de fortalezas;20(H13-21) Y cuál sea el terreno, si es pingüe ó flaco, si en él hay ó no árboles: y esforzaos, y coged del fruto del país. Y el tiempo era el tiempo de las primeras uvas.21(H13-22) Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Emath.22(H13-23) Y subieron por el mediodía, y vinieron hasta Hebrón: y allí estaban Aimán, y Sesai, y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fué edificada siete años antes de Zoán, la de Egipto.23(H13-24) Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trejeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos.24(H13-25) Y llamóse aquel lugar Nahal-escol por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel.25(H13-26) Y volvieron de reconocer la tierra al cabo de cuarenta días.26(H13-27) Y anduvieron y vinieron á Moisés y á Aarón, y á toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y diéronles la respuesta, y á toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.

El pueblo va acercándose a la tierra prometida. Moisés envía a doce hombres con la misión de explorar el país y volver trayendo informes y frutos de allí. Son necesarios cuarenta días para realizar este reconocimiento. Los espías suben a Hebrón, lugar que ya conocemos; allí Abraham compró la cueva de Macpela para sepultar a Sara. Vuelven trayendo un racimo de uvas tan pesado que se necesitan dos hombres para cargarlo en un palo.

El cielo es la tierra prometida para nosotros. Como Israel, nosotros todavía estamos en el desierto, imagen de este mundo. No hemos visto la herencia en la cual Dios quiere introducirnos. Pero hay quien la conoce y puede hablarnos de ella: el Espíritu Santo, que nos ocupa con las cosas celestiales. Así como el racimo de uvas aportaba una prueba palpable de la riqueza del país, el Espíritu nos da las “arras”, esto es, el sabor anticipado de los goces del cielo. Nos hace conocer las cosas de Dios (1 Corintios 2:12). Toma de lo que es de Cristo y nos lo comunica (Juan 16:14). Aunque todavía estemos en el mundo que moralmente es un desierto para el alma, podemos ocuparnos con Aquel que no hemos visto, pero a quien amamos (1 Pedro 1:8).

Números 13:27-33; Números 14:1-10
27(H13-28) Y le contaron, y dijeron: Nosotros llegamos á la tierra á la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.28(H13-29) Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fuertes; y también vimos allí los hijos de Anac.29(H13-30) Amalec habita la tierra del mediodía; y el Hetheo, y el Jebuseo, y el Amorrheo, habitan en el monte; y el Cananeo habita junto á la mar, y á la ribera del Jordán.30(H13-31) Entonces Caleb hizo callar el pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y poseámosla; que más podremos que ella.31(H13-32) Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo; porque es más fuerte que nosotros.32(H13-33) y vituperaron entre los hijos de Israel la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga á sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella, son hombres de grande estatura.33(H13-34) También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes: y éramos nosotros, á nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos á ellos.
1ENTONCES toda la congregación alzaron grita, y dieron voces: y el pueblo lloró aquella noche.2Y quejáronse contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y díjoles toda la multitud: ­Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; ó en este desierto ojalá muriéramos!3¿Y por qué nos trae Jehová á esta tierra para caer á cuchillo y que nuestras mujeres y nuestros chiquitos sean por presa? ¿no nos sería mejor volvernos á Egipto?4Y decían el uno al otro: Hagamos un capitán, y volvámonos á Egipto.5Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel.6Y Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jephone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos;7Y hablaron á toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena.8Si Jehová se agradare de nosotros, él nos meterá en esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.9Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de aquesta tierra, porque nuestro pan son: su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová: no los temáis.10Entonces toda la multitud habló de apedrearlos con piedras. Mas la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo del testimonio á todos los hijos de Israel.

Habían salido doce exploradores: uno por cada tribu. Cuando se pusieron en camino nada distinguía a los unos de los otros. Pero los cuarenta días de viaje pusieron a estos hombres a prueba (el número 40 en la Biblia habla de una puesta a prueba). De regreso cada uno muestra lo que hay en su corazón. ¿Cuál es el resultado? Diez son incrédulos; sólo dos, Josué y Caleb, confían en Dios. La fe conoce al Señor y aprecia las circunstancias desde el punto de vista de Dios; la incredulidad, por el contrario, las mide según dimensiones humanas y se detiene ante obstáculos visibles. Los gigantes, hijos de Anac, no eran imaginarios, como tampoco lo eran las altas murallas. Pero el error de los espías incrédulos era fijarse en su propia pequeñez y preocuparse por lo que esos enemigos pensaran de ellos (v. 33 final). Era a Jehová a quien debían mirar. Josué y Caleb no tienen vergüenza de declarar su fe ante todos. Aprecian la herencia prometida e instan a sus hermanos a que se apoderen de ella. Hermoso ejemplo, ¿no es verdad? ¿Formamos parte de los que recomiendan “el país” o de quienes desaniman a las almas para que no sigan a Jesús?

No estar de acuerdo con la mayoría siempre es difícil y a veces peligroso. El pueblo quiere apedrear a los dos hombres (v. 10), pero ellos tienen a Dios de su parte.

Números 14:11-25
11Y Jehová dijo á Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos?.12Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré, y á ti te pondré sobre gente grande y más fuerte que ellos.13Y Moisés respondió á Jehová: Oiránlo luego los Egipcios, porque de en medio de ellos sacaste á este pueblo con tu fortaleza:14Y lo dirán á los habitadores de esta tierra; los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que ojo á ojo aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche15Y que has hecho morir á este pueblo como á un hombre: y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo:16Porque no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.17Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste, diciendo:18Jehová, tardo de ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, y absolviendo no absolverá al culpado; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.19Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado á este pueblo desde Egipto hasta aquí.20Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme á tu dicho:21Mas, ciertamente vivo yo y mi gloria hinche toda la tierra,22Que todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz,23No verán la tierra de la cual juré á sus padres: no, ninguno de los que me han irritado la verá.24Empero mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y cumplió de ir en pos de mi, yo le meteré en la tierra donde entró y su simiente la recibirá en heredad.25Ahora bien, el Amalecita y el Cananeo habitan en el valle; volveos mañana, y partíos al desierto, camino del mar Bermejo.

Este pueblo me ha despreciado, declara Jehová (v. 11, 23). Al desprestigiar “la tierra deseable” (13:32; comp. con Salmo 106:24), en realidad desprecian a Dios mismo. ¿Cómo, pues, hemos de calificar la actitud de tantas personas que desprecian una dádiva que es el cielo mismo, y a un donante que es Dios mismo?

Nuevamente interviene Moisés, como en el caso del becerro de oro. Esta vez tampoco se deja tentar por la oferta de hacerlo jefe de una nueva raza (v. 12; Éxodo 32:10 final). Desarrollando un argumento irrefutable, recuerda a Jehová que la grandeza de su nombre está en juego ante las naciones. Luego, valiéndose de lo que ha aprendido a conocer de Dios y retomando sus propias palabras (Éxodo 34:6-7), le recuerda que él es lento para la ira y grande en misericordia; también le sugiere que precisamente es el momento de perdonar la iniquidad y la transgresión. Donde no existe falta, el perdón no tiene razón de ser. Pero el pecado del hombre, el mío y el suyo, ha ofrecido a Dios la ocasión de desplegar su gracia. Hijos de Dios, ¿conocemos a este Dios que perdona? Él es nuestro Padre y tenemos a su lado un abogado lleno de amor: Jesús, nuestro Salvador (1 Juan 2:1).

Números 14:26-45
26Y Jehová habló á Moisés y á Aarón, diciendo:27¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan?28Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado á mis oídos, así haré yo con vosotros:29En este desierto caerán vuestros cuerpos; todos vuestros contados según toda vuestra cuenta, de veinte años arriba, los cuales habéis murmurado contra mí;30Vosotros á la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano de haceros habitar en ella; exceptuando á Caleb hijo de Jephone, y á Josué hijo de Nun.31Mas vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis.32Y en cuanto á vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto.33Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras fornicaciones, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.34Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.35Yo Jehová he hablado; así haré á toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán.36Y los varones que Moisés envió á reconocer la tierra, y vueltos habían hecho murmurar contra él á toda la congregación, desacreditando aquel país,37Aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová.38Mas Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jephone, quedaron con vida de entre aquellos hombres que habían ido á reconocer la tierra.39Y Moisés dijo estas cosas á todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho.40Y levantáronse por la mañana, y subieron á la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado.41Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el dicho de Jehová? Esto tampoco os sucederá bien.42No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos.43Porque el Amalecita y el Cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis á cuchillo: pues por cuanto os habéis retraído de seguir á Jehová, por eso no será Jehová con vosotros.44Sin embargo, se obstinaron en subir á la cima del monte: mas el arca de la alianza de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campo.45Y descendieron el Amalecita y el Cananeo, que habitaban en aquel monte, é hiriéronlos y derrotáronlos, persiguiéndolos hasta Horma.

En medio de esta triste escena, cuánto consuela poder considerar a Josué y Caleb. En ellos “hubo otro espíritu” (v. 24, 30). Por tanto, no perderán su recompensa. De toda su generación, sólo ellos entrarán en el país. Hasta allí tendrán que compartir la suerte del pueblo culpable: vagar cuarenta años por el desierto. Pero durante este largo peregrinaje, continuamente serán alentados por el recuerdo de la tierra que han visitado y cuyo fruto ya han probado.

Moisés anuncia la desagradable nueva. ¿Cómo reacciona el pueblo? Cuando Caleb exhortaba a que subieran osadamente y tomaran posesión de la tierra, habían querido volver a Egipto y hablaban de perecer en el desierto (cap. 13:30; 14:2). Ahora que el juicio los ha condenado a volver sobre sus pasos, camino del Mar Rojo, y que Dios anuncia que morirán en el desierto, quieren sustraerse al castigo y responden: “Henos aquí para subir” (v. 40). El corazón del hombre nunca está de acuerdo con Dios, principalmente cuando se trata de reconocer las faltas cometidas, de doblegarse bajo la disciplina y aceptar con humillación las consecuencias de sus pecados. A pesar de que Moisés les dice: “No subáis”, se empeñan en hacerlo y sufren una cruel derrota.

Números 15:1-21
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de vuestras habitaciones, que yo os doy,3E hiciereis ofrenda encendida á Jehová, holocausto, ó sacrificio, por especial voto, ó de vuestra voluntad, ó para hacer en vuestras solemnidades olor suave á Jehová, de vacas ó de ovejas;4Entonces el que ofreciere su ofrenda á Jehová, traerá por presente una décima de un epha de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite;5Y de vino para la libación ofrecerás la cuarta parte de un hin, además del holocausto ó del sacrificio, por cada un cordero.6Y por cada carnero harás presente de dos décimas de flor de harina, amasada con el tercio de un hin de aceite:7Y de vino para la libación ofrecerás el tercio de un hin, en olor suave á Jehová.8Y cuando ofreciereis novillo en holocausto ó sacrificio, por especial voto, ó de paces á Jehová,9Ofrecerás con el novillo un presente de tres décimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite:10Y de vino para la libación ofrecerás la mitad de un hin, en ofrenda encendida de olor suave á Jehová.11Así se hará con cada un buey, ó carnero, ó cordero, lo mismo de ovejas que de cabras.12Conforme al número así haréis con cada uno según el número de ellos.13Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de olor suave á Jehová.14Y cuando habitare con vosotros extranjero, ó cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras edades, si hiciere ofrenda encendida de olor suave á Jehová, como vosotros hiciereis, así hará él.15Un mismo estatuto tendréis, vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; estatuto que será perpetuo por vuestras edades: como vosotros, así será el peregrino delante de Jehová.16Una misma ley y un mismo derecho tendréis, vosotros y el peregrino que con vosotros mora.17Y habló Jehová á Moisés, diciendo:18Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra á la cual yo os llevo,19Será que cuando comenzareis á comer el pan de la tierra, ofreceréis ofrenda á Jehová.20De lo primero que amasareis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así la ofreceréis.21De las primicias de vuestras masas daréis á Jehová ofrenda por vuestras generaciones.

Después de las trágicas escenas del capítulo 14, uno podría pensar que la incredulidad y la rebelión del pueblo le ha hecho perder todos los derechos a la tierra de Canaán. Por eso, inmediatamente después Dios habla de la tierra prometida, mostrando con ello que nada podrá disuadirlo de cumplir sus propósitos de gracia. En este capítulo también menciona los diferentes sacrificios: holocaustos, ofrendas voluntarias (v. 3) y por el pecado (v. 24), juntamente con las ofrendas de flor de harina y libaciones, como para recordar que Dios dispone de recursos para las peores fechorías, lo que para el cristiano equivale a su único recurso que es, bajo sus múltiples aspectos, la obra de Su muy amado Hijo. De ésta sube, por enojoso que sea el estado del pueblo, un “olor grato a Jehová” (expresión enunciada cinco veces). Presentada en figura bajo sus aspectos más variados, la obra de Cristo se despliega también en favor del mayor número de personas. El estatuto del extranjero era idéntico al del israelita por nacimiento; se le permitía ofrendar los mismos sacrificios y las mismas libaciones, lo cual prefigura una gracia que se extiende más allá de Israel, un evangelio predicado en toda la creación (Colosenses 1:23).

Los versículos 17 a 21 tratan de las primicias y nos recuerdan que el Señor tiene los primeros derechos sobre todo lo que poseemos (Mateo 6:33).

Números 15:22-41
22Y cuando errareis, y no hiciereis todos estos mandamientos que Jehová ha dicho á Moisés,23Todas las cosas que Jehová os ha mandado por la mano de Moisés, desde el día que Jehová lo mandó, y en adelante por vuestras edades,24Será que, si el pecado fué hecho por yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo por holocausto, en olor suave á Jehová, con su presente y su libación, conforme á la ley; y un macho cabrío en expiación.25Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque yerro es: y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida á Jehová, y sus expiaciones delante de Jehová, por sus yerros:26Y será perdonado á toda la congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que peregrina entre ellos, por cuanto es yerro de todo el pueblo.27Y si una persona pecare por yerro, ofrecerá una cabra de un año por expiación.28Y el sacerdote hará expiación por la persona que habrá pecado por yerro, cuando pecare por yerro delante de Jehová, la reconciliará, y le será perdonado.29El natural entre los hijos de Israel, y el peregrino que habitare entre ellos, una misma ley tendréis para el que hiciere algo por yerro.30Mas la persona que hiciere algo con altiva mano, así el natural como el extranjero, á Jehová injurió; y la tal persona será cortada de en medio de su pueblo.31Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y dió por nulo su mandamiento, enteramente será cortada la tal persona: su iniquidad será sobre ella.32Y estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron un hombre que recogía leña en día de sábado.33Y los que le hallaron recogiendo leña trajéronle á Moisés y á Aarón, y á toda la congregación:34Y pusiéronlo en la cárcel, por que no estaba declarado qué le habían de hacer.35Y Jehová dijo á Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo con piedras toda la congregación fuera del campo.36Entonces lo sacó la congregación fuera del campo, y apedreáronlo con piedras, y murió; como Jehová mandó á Moisés.37Y Jehová habló á Moisés, diciendo:38Habla á los hijos de Israel, y diles que se hagan pezuelos (franjas) en los remates de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada pezuelo de los remates un cordón de cárdeno:39Y serviros ha de pezuelo, para que cuando lo viereis, os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales fornicáis:40Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos á vuestro Dios.41Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo Jehová vuestro Dios.

La Palabra, que discierne las intenciones del corazón, establece cuidadosamente la distinción entre los pecados “por ignorancia”, que resultan del desconocimiento de la Palabra o por despiste, y los pecados “con soberbia”, (v. 30) cometidos adrede y con desprecio a la voluntad divina. Para éstos no había previsto ningún recurso, tal como lo demuestra el castigo del hombre que no hizo caso del sábado (v. 32-36). “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos”, pide el salmista. Pero consciente de su debilidad, añade: “Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí…” (Salmo 19:12-13).

Con respecto al mal, el israelita tenía además un medio preventivo: la franja fijada en el borde de su vestido mediante un cordón azul, recuerdo de sus lazos con Jehová y permanente advertencia para no manchar su vestidura. ¡Hermoso símbolo de nuestro carácter celestial que jamás deberíamos olvidar! Así seremos guardados de pecar y de mirar “en pos de nuestro corazón y de nuestros ojos” (v. 39).

“Buscad las cosas de arriba… Poned la mira en las cosas de arriba…”, prescribe Colosenses 3:1-2. Allí Cristo –que debe ser suficiente para nuestros corazones– está sentado a la diestra de Dios.

Números 16:1-15
1Y CORÉ, hijo de Ishar, hijo de Coath, hijo de Leví; y Dathán y Abiram, hijos de Eliab; y Hon, hijo de Peleth, de los hijos de Rubén, tomaron gente,2Y levantáronse contra Moisés con doscientos y cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de nombre;3Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: Básteos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?4Y como lo oyó Moisés, echóse sobre su rostro;5Y habló á Coré y á todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y al santo harálo llegar á sí; y al que él escogiere, él lo allegará á sí.6Haced esto: tomad incensarios, Coré y todo su séquito:7Y poned fuego en ellos, y poned en ellos sahumerio delante de Jehová mañana; y será que el varón á quien Jehová escogiere, aquel será el santo: básteos esto, hijos de Leví.8Dijo más Moisés á Coré: Oid ahora, hijos de Leví:9¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, haciéndoos allegar á sí para que ministraseis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estuvieseis delante de la congregación para ministrarles?10¿Y que te hizo acercar á ti, y á todos tus hermanos los hijos de Leví contigo; para que procuréis también el sacerdocio?11Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová: pues Aarón, ¿qué es para que contra él murmuréis?12Y envió Moisés á llamar á Dathán y Abiram, hijos de Eliab; mas ellos respondieron: No iremos allá:13¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente?14Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas: ¿has de arrancar los ojos de estos hombres? No subiremos.15Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo á Jehová: No mires á su presente: ni aun un asno he tomado de ellos, ni á ninguno de ellos he hecho mal.

A la sombría historia del pueblo en el desierto se añade ahora otra página funesta. La epístola de Judas le da como título “la contradicción de Coré” (Judas 11.) Este relato muestra hasta dónde puede conducir el “orgullo” del que se habla en el capítulo 15: una verdadera sublevación contra Dios. Coré es un levita de la familia de Coat. No contento con su noble servicio, ambiciona el sacerdocio que Jehová encomendó a Aarón y su familia. Desempeñar el servicio del tabernáculo y estar “delante de la congregación para ministrarles” (v. 9) no bastaba a Coré y sus cómplices. Puede suceder que ciertos cristianos tampoco se contenten con el servicio que el Señor les ha encargado. Quieren ser importantes, estar por encima de los demás. El apóstol Juan se ve obligado a denunciar a un tal Diótrefes, a quien le gustaba ser el primero en la iglesia (3 Juan 9-10). Un perfecto contraste con Aquel que “no vino para ser servido, sino para servir…” (Marcos 10:45)

En cuanto a Datán y Abiram, se atreven a aplicar a Egipto la expresión que designa al país de Canaán: “una tierra que destila leche y miel” (v. 13). Y el señorío de Moisés les parece insoportable (v. 13 final). Estos hombres son figura de la rebelión civil, mientras que Coré personifica la apostasía religiosa.

Números 16:16-35
16Después dijo Moisés á Coré: Tú y todo tu séquito, poneos mañana delante de Jehová; tú, y ellos, y Aarón:17Y tomad cada uno su incensario, y poned sahumerio en ellos, y allegad delante de Jehová cada uno su incensario: doscientos y cincuenta incensarios: tú también, y Aarón, cada uno con su incensario.18Y tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos sahumerio, y pusiéronse á la puerta del tabernáculo del testimonio con Moisés y Aarón.19Ya Coré había hecho juntar contra ellos toda la congregación á la puerta del tabernáculo del testimonio: entonces la gloria de Jehová apareció á toda la congregación.20Y Jehová habló á Moisés y á Aarón, diciendo:21Apartaos de entre esta congregación, y consumirlos he en un momento.22Y ellos se echaron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un hombre el que pecó? ¿y airarte has tu contra toda la congregación?23Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo:24Habla á la congregación, diciendo: Apartaos de en derredor de la tienda de Coré, Dathán, y Abiram.25Y Moisés se levantó, y fué á Dathán y Abiram; y los ancianos de Israel fueron en pos de él.26Y él habló á la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, por que no perezcáis en todos sus pecados.27Y apartáronse de las tiendas de Coré, de Dathán, y de Abiram en derredor: y Dathán y Abiram salieron y pusiéronse á las puertas de sus tiendas, con sus mujeres, y sus hijos, y sus chiquitos.28Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas cosas: que no de mi corazón las hice.29Si como mueren todos los hombres murieren éstos, ó si fueren ellos visitados á la manera de todos los hombres, Jehová no me envió.30Mas si Jehová hiciere una nueva cosa, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al abismo, entonces conoceréis que estos hombres irritaron á Jehová.31Y aconteció, que en acabando él de hablar todas estas palabras, rompióse la tierra que estaba debajo de ellos:32Y abrió la tierra su boca, y tragólos á ellos, y á sus casas, y á todos los hombres de Coré, y á toda su hacienda.33Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al abismo, y cubriólos la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.34Y todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos; porque decían: No nos trague también la tierra.35Y salió fuego de Jehová, y consumió los doscientos y cincuenta hombres que ofrecían el sahumerio.

Coré se enalteció en su pensamiento (v. 1-2). Mas escrito está: “Cualquiera que se enaltece, será humillado” (Lucas 14:11). Los Proverbios confirman esta regla tan frecuentemente verificada en la historia de los hombres: “Antes del quebrantamiento es la soberbia...” (Proverbios 16:18). Para los insurrectos, esta ruina no se hace esperar. ¡Qué escena más espantosa! La tierra misma se abre bajo sus pies; son tragados vivos con todas sus pertenencias. Moisés había advertido: “Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impíos” (v. 26), y fue lo que evidentemente hicieron los hijos de Coré. Supieron tomar partido por Dios más bien que por su padre, reconociendo así en él a un hombre malo. En efecto, el capítulo 26:11 nos informa que “los hijos de Coré no murieron”. Más tarde los encontramos como cantores y compositores de salmos, por ejemplo, el Salmo 84 donde su historia se da como resumen: “Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios (los coritas eran también porteros del templo), que habitar en las moradas de maldad” (v. 10). ¡Incluso si esas tiendas eran las de su propio padre!

Somos hijos de una raza culpable, pero si hemos creído, también seremos guardados de un juicio aún más terrible. ¡Cuán grande es la gracia de Dios!

Números 16:36-50
36Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo:37Di á Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, que tome los incensarios de en medio del incendio, y derrame más allá el fuego; porque son santificados:38Los incensarios de estos pecadores contra sus almas: y harán de ellos planchas extendidas para cubrir el altar: por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehová, son santificados; y serán por señal á los hijos de Israel.39Y el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de metal con que los quemados habían ofrecido; y extendiéronlos para cubrir el altar,40En recuerdo á los hijos de Israel que ningún extraño que no sea de la simiente de Aarón, llegue á ofrecer sahumerio delante de Jehová, porque no sea como Coré, y como su séquito; según se lo dijo Jehová por mano de Moisés.41El día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová.42Y aconteció que, como se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo del testimonio, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová.43Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo del testimonio.44Y Jehová habló á Moisés, diciendo:45Apartaos de en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros.46Y dijo Moisés A Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon perfume, y ve presto á la congregación, y haz expiación por ellos; porque el furor ha salido de delante de la faz de Jehová: la mortandad ha comenzado.47Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación: y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo: y él puso perfume, é hizo expiación por el pueblo.48Y púsose entre los muertos y los vivos, y cesó la mortandad.49Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil y setecientos, sin los muertos por el negocio de Coré.50Después se volvió Aarón á Moisés á la puerta del tabernáculo del testimonio, cuando la mortandad había cesado.

No sólo “contra Moisés y Aarón”, ni “contra Jehová” (v. 3, 11), pecaron Coré y sus hombres. También lo hicieron “contra sus almas” (v. 38). Así mismo ocurre con los incrédulos: ¡serán víctimas de ellos mismos eternamente! Un castigo repentino acaba de caer sobre estos cabecillas, y Dios vela para que no sea olvidado. Sus incensarios, fijados en el altar, son como señal para los hijos de Israel (v. 38). A pesar de esto, al siguiente día todo el pueblo se junta y murmura nuevamente contra sus dos conductores. Primero se levantó un dirigente: Coré, juntamente con Datán y Abiram. Luego se unieron a ellos doscientos cincuenta hombres. Ahora se subleva toda la asamblea (v. 41). ¡Cuán influenciable es el corazón humano! Ya vimos cómo diez espías fueron suficientes para arrastrar a todo el pueblo (cap. 13). Por eso en Gálatas 6:7 se nos advierte: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.

El castigo va a empezar. Como ocurrió en el versículo 4, Moisés y Aarón se postran sobre sus rostros; no pierden ni un minuto. Aarón, que había sido envidiado, insultado e injustamente acusado, hace propiciación por el pueblo con el único incensario válido. ¡Hermosa figura de Cristo, el supremo Intercesor!

Números 17:1-13
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme á las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara.3Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada cabeza de familia de sus padres tendrá una vara.4Y las pondrás en el tabernáculo del testimonio delante del testimonio, donde yo me declararé á vosotros.5Y será, que el varón que yo escogiere, su vara florecerá: y haré cesar de sobre mí las quejas de los hijos de Israel, con que murmuran contra vosotros.6Y Moisés habló á los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en todas doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.7Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio.8Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.9Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová á todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara.10Y Jehová dijo á Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal á los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de sobre mí, porque no mueran.11E hízolo Moisés: como le mandó Jehová, así hizo.12Entonces los hijos de Israel hablaron á Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos.13Cualquiera que se llegare, el que se acercare al tabernáculo de Jehová morirá: ¿acabaremos de perecer todos?

Fulminando a los doscientos cincuenta rebeldes, Jehová mostró a quien había designado para ejercer el sacerdocio. Sólo Aarón fue aceptado con su incensario. Otra prueba confirma la elección divina, y esta vez habla de vida. De entre las doce varas presentadas por los príncipes, una sola, la de Aarón, da una extraordinaria prueba de vitalidad: en una sola noche reverdece, florece y produce almendras. Imagen admirable de la resurrección de Cristo, “dando fe a todos” de la gloria de Jesús y la eficacia de su obra (Hechos 17:51). Muchos impostores han pretendido recibir una misión divina. Pero han muerto y jamás han resucitado. Cristo, único hombre que pasó por la muerte “según el poder de una vida indestructible” (Hebreos 7:16), actualmente ejerce en lo alto su santo sacerdocio en favor de los suyos. Además, el fruto producido en cada uno de los que le pertenecen constituye hoy –podríamos decir, fuera de temporada– el testimonio visible hacia un Salvador viviente, aunque todavía oculto.

Luego se coloca la vara de Aarón en el arca (v. 10; Hebreos 9:4), como para recordarnos que la fuente de vida sólo se halla en Cristo.

Números 18:1-19
1Y JEHOVA dijo á Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, llevaréis el pecado del santuario: y tú y tus hijos contigo llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio.2Y á tus hermanos también, la tribu de Leví, la tribu de tu padre, hazlos llegar á ti, y júntense contigo, y servirte han; y tú y tus hijos contigo serviréis delante del tabernáculo del testimonio.3Y guardarán lo que tú ordenares, y el cargo de todo el tabernáculo: mas no llegarán á los vasos santos ni al altar, porque no mueran ellos y vosotros.4Se juntarán, pues, contigo, y tendrán el cargo del tabernáculo del testimonio en todo el servicio del tabernáculo; ningún extraño se ha de llegar á vosotros.5Y tendréis la guarda del santuario, y la guarda del altar, para que no sea más la ira sobre los hijos de Israel.6Porque he aquí yo he tomado á vuestros hermanos los Levitas de entre los hijos de Israel, dados á vosotros en don de Jehová, para que sirvan en el ministerio del tabernáculo del testimonio.7Mas tú y tus hijos contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo negocio del altar, y del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de vuestro sacerdocio; y el extraño que se llegare, morirá.8Dijo más Jehová á Aarón: He aquí yo te he dado también la guarda de mis ofrendas: todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te he dado por razón de la unción, y á tus hijos, por estatuto perpetuo.9Esto será tuyo de la ofrenda de las cosas santas reservadas del fuego: toda ofrenda de ellos, todo presente suyo, y toda expiación por el pecado de ellos, que me han de presentar, será cosa muy santa para ti y para tus hijos.10En el santuario la comerás; todo varón comerá de ella: cosa santa será para ti.11Esto también será tuyo: la ofrenda elevada de sus dones, y todas las ofrendas agitadas de los hijos de Israel, he dado á ti, y á tus hijos, y á tus hijas contigo, por estatuto perpetuo: todo limpio en tu casa comerá de ellas.12De aceite, y de mosto, y de trigo, todo lo más escogido, las primicias de ello, que presentarán á Jehová, á ti las he dado.13Las primicias de todas las cosas de la tierra de ellos, las cuales traerán á Jehová, serán tuyas: todo limpio en tu casa comerá de ellas.14Todo lo consagrado por voto en Israel será tuyo.15Todo lo que abriere matriz en toda carne que ofrecerán á Jehová, así de hombres como de animales, será tuyo: mas has de hacer redimir el primogénito del hombre: también harás redimir el primogénito de animal inmundo.16Y de un mes harás efectuar el rescate de ellos, conforme á tu estimación, por precio de cinco siclos, al siclo del santuario, que es de veinte óbolos.17Mas el primogénito de vaca, y el primogénito de oveja, y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son: la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor suave á Jehová.18Y la carne de ellos será tuya: como el pecho de la mecedura y como la espaldilla derecha, será tuya.19Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren á Jehová, helas dado para ti, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo: pacto de sal perpetuo es delante de Jehová para ti y para tu simiente conti

Mediante la vara que floreció, Dios acaba de confirmar la dignidad de la familia de Aarón. Por esta razón el capítulo 18 vuelve a hablar del sacerdocio y enuncia sus privilegios. Primeramente los hijos de Leví quedan unidos (el significado del nombre Leví) a los sacerdotes. Les son dados a éstos por Jehová como un regalo para el servicio en el tabernáculo (v. 6): imagen del ministerio de la Palabra que instruye al adorador. El capítulo 8 de Nehemías nombra a algunos levitas que enseñan la Palabra al pueblo y bendicen a Jehová juntamente con Esdras. El segundo de estos dones es el servicio mismo (v. 7 final). Lejos de ser un mérito para aquel que lo ejerce, todo servicio es una gracia que Dios nos concede. Pensemos en que somos siervos inútiles (Lucas 17:10). Si el Señor consiente en emplearnos, no es porque nos necesite, sino porque quiere concedernos el gozo de trabajar para él. Finalmente los versículos 8 a 18 enumeran las diversas ofrendas que corresponden a las “cosas santas” traídas por los hijos de Israel. Una vez más somos llamados a nutrirnos y a gozarnos con las diversas ofrendas, figura de Cristo. Eso es a la vez “lo más escogido” y “las primicias” (v. 12), recordándonos el designio de Dios de “que en todo (Cristo) tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18).

Números 18:20-32
20Y Jehová dijo á Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte: Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.21Y he aquí yo he dado á los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo del testimonio.22Y no llegarán más los hijos de Israel al tabernáculo del testimonio, porque no lleven pecado, por el cual mueran.23Mas los Levitas harán el servicio del tabernáculo del testimonio, y ellos llevarán su iniquidad: estatuto perpetuo por vuestras edades; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel.24Porque á los Levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán á Jehová en ofrenda: por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.25Y habló Jehová á Moisés, diciendo:26Así hablarás á los Levitas, y les dirás: Cuando tomareis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida á Jehová el diezmo de los diezmos.27Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como acopio del lagar.28Así ofreceréis también vosotros ofrenda á Jehová de todos vuestros diezmos que hubiereis recibido de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová á Aarón el sacerdote.29De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda á Jehová; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada.30Y les dirás: Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado á los Levitas por fruto de la era, y commo fruto del lagar.31Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestra familia: pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo del testimonio.32Y cuando vosotros hubiereis ofrecido de ello lo mejor suyo, no llevaréis por ello pecado: y no habéis de contaminar las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.

A todos los dones que acaba de hacer a Aarón y su familia (v. 1-19), Jehová añade el más excelente: se da a sí mismo a los suyos. “Yo soy tu parte y tu heredad”, dice en el versículo 20. “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa”. “Mi porción es Dios para siempre”, responden respectivamente David y Asaf (Salmo 16:5 y 73:26). El primero de todos los dones que Dios nos ha dado, ¿no es su propio Hijo? Comprendamos juntamente con los levitas que no tenemos otra herencia, otra posesión verdadera en este mundo. Por el contrario, lo tenemos todo en el cielo, puesto que allí se halla Jesús, a quien poseemos. El israelita tenía obligación de dar el diezmo de su renta para el servicio del santuario (Levítico 27:30). Estos diezmos subvenían a las necesidades de los levitas que no tenían ni era, ni lagar (v. 30), ni heredad que hacer producir. Mas no por eso quedaban privados del privilegio de dar parte de sus bienes. A su vez ellos daban el diezmo de todo lo que recibían. En Nehemías 10:37-38 estas instrucciones vuelven a tener vigencia merced a un fiel hombre de Dios.

Con mucho gusto resumimos este capítulo 18 citando un hermoso versículo del Nuevo Testamento: “Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Corintios 3:22-23).

Números 19:1-10
1Y Jehová habló á Moisés y á Aarón, diciendo:2Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha prescrito, diciendo: Di á los hijos de Israel que te traigan una vaca bermeja, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo:3Y la daréis á Eleazar el sacerdote, y él la sacará fuera del campo, y harála degollar en su presencia.4Y tomará Eleazar el sacerdote de su sangre con su dedo, y rociará hacia la delantera del tabernáculo del testimonio con la sangre de ella siete veces;5Y hará quemar la vaca ante sus ojos: su cuero y su carne y su sangre, con su estiercol, hará quemar.6Luego tomará el sacerdote palo de cedro, é hisopo, y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca.7El sacerdote lavará luego sus vestidos, lavará también su carne con agua, y después entrará en el real; y será inmundo el sacerdote hasta la tarde.8Asimismo el que la quemó, lavará sus vestidos en agua, también lavará en agua su carne, y será inmundo hasta la tarde.9Y un hombre limpio recogerá las cenizas de la vaca, y las pondrá fuera del campo en lugar limpio, y las guardará la congregación de los hijos de Israel para el agua de separación: es una expiación.10Y el que recogió las cenizas de la vaca, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde: y será á los hijos de Israel, y al extranjero que peregrina entre ellos, por estatuto perpetuo.

El sacrificio de la vaca alazana ocupa un sitio aparte en medio del libro del desierto, porque precisamente sólo está previsto en figura para las necesidades del mismo. Como los otros sacrificios, éste representa en ciertos aspectos la persona y la obra de Cristo. Esta vaca alazana, perfecta, sin ningún defecto, y que nunca había llevado yugo, evoca a Aquel que fue la víctima sin mancha y no conoció, como nosotros, el terrible yugo del pecado. Cuando la víctima había sido degollada fuera del campamento, se hacía aspersión de su sangre delante del tabernáculo de reunión (v. 4). Luego era quemada totalmente. La grosura no se ofrecía a Jehová y el sacerdote no comía porción alguna. Por el contrario, las cenizas se recogían y proporcionaban una abundante provisión de agua de purificación, suficiente para lavar todos los pecados de todos los israelitas durante toda la estancia en el desierto. Este sacrificio no corresponde, como los de Levítico 4, a las necesidades de los inconversos, sino a las de los creyentes cuando estos hayan fallado. La obra de Jesús, cumplida una sola vez, es suficiente para purificar de sus pecados y mantener en la comunión a sus redimidos expuestos a la contaminación. El Espíritu Santo aplica por la Palabra (el agua) el recuerdo de los sufrimientos de Cristo (las cenizas) a la conciencia y al corazón del creyente caído.

Números 19:11-22
11El que tocare muerto de cualquiera persona humana, siete días será inmundo:12Este se purificará al tercer día con aquesta agua, y al séptimo día será limpio; y si al tercer día no se purificare, no será limpio al séptimo día.13Cualquiera que tocare en muerto, en persona de hombre que estuviere muerto, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó; y aquella persona será cortada de Israel: por cuanto el agua de la separación no fué rociada sobre él, inmundo será; y su i14Esta es la ley para cuando alguno muriere en la tienda: cualquiera que entrare en la tienda y todo lo que estuviere en ella, será inmundo siete días.15Y todo vaso abierto, sobre el cual no hubiere tapadera bien ajustada, sera inmundo.16Y cualquiera que tocare en muerto á cuchillo sobre la haz del campo, ó en muerto, ó en hueso humano, ó en sepulcro, siete días será inmundo.17Y para el inmundo tomarán de la ceniza de la quemada vaca de la expiación, y echarán sobre ella agua viva en un vaso:18Y un hombre limpio tomará hisopo. y mojarálo en el agua, y rociará sobre la tienda, y sobre todos los muebles, y sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel que hubiere tocado el hueso, ó el matado, ó el muerto, ó el sepulcro:19Y el limpio rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día: y cuando lo habrá purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestidos, y á sí mismo se lavará con agua, y será limpio á la tarde.20Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová: no fué rociada sobre él el agua de separación, es inmundo.21Y les será por estatuto perpetuo: también el que rociare el agua de la separación lavará sus vestidos; y el que tocare el agua de la separación, será inmundo hasta la tarde.22Y todo lo que el inmundo tocare, será inmundo: y la persona que lo tocare, será inmunda hasta la tarde.

La virtud del agua que contenía las cenizas de la vaca respondía a las múltiples ocasiones de contaminarse al caminar en el desierto. Tocar un muerto o un simple hueso humano corresponde, para nosotros, al contacto con la corrupción y la violencia de este mundo. La carne puede exteriorizarse en la familia (la tienda: v. 14) y entonces, ¡cuidado con los hijos, estas “vasijas abiertas”, fácilmente escandalizados! (v. 15; Lucas 17:2). Ella puede aparecer fuera, en nuestro trabajo (los campos: v. 16). Un pequeño fraude, una maledicencia, una palabra insensata o un chiste indecoroso (Efesios 5:4) pueden formar una lista de esos “huesos humanos”, manifestaciones carnales sobre las cuales a menudo pasamos sin prestarles la menor atención. ¡Pues bien!, el creyente se mancha por medio de semejantes faltas. Éstas no parecen ser muy graves a ojos de los que no conocen a Jesús. Pero nosotros que lo amamos las tomamos en serio porque sabemos que, para expiar tan sólo la más mínima de ellas, fueron necesarios sus sufrimientos y su muerte. En cada ocasión debemos renovar aquello que corresponde a ese largo trabajo de purificación: juzgarnos a nosotros mismos a la luz de la Palabra de Dios y experimentar la eficacia de la obra de Cristo.

Números 20: 1-13
1Y LLEGARON los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y asentó el pueblo en Cades; y allí murió María, y fué allí sepultada.2Y como no hubiese agua para la congregación, juntáronse contra Moisés y Aarón.3Y regañó el pueblo con Moisés, y hablaron diciendo: ­Ojalá que nosotros hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová!4Y ¿por qué hiciste venir la congregación de Jehová á este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias?5¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos á este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas, ni granadas: ni aun de agua para beber.6Y fuéronse Moisés y Aarón de delante de la congregación á la puerta del tabernáculo del testimonio, y echáronse sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos.7Y habló Jehová á Moisés, diciendo:8Toma la vara y reune la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad á la peña en ojos de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber á la congregación, y á sus bestias.9Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó.10Y juntaron Moisés y Aarón la congregación delante de la peña, y díjoles: Oid ahora, rebeldes: ¿os hemos de hacer salir aguas de esta peña?11Entonces alzó Moisés su mano, é hirió la peña con su vara dos veces: y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.12Y Jehová dijo á Moisés y á Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme en ojos de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.13Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos.

¡Nada de agua! Vuelven las murmuraciones. El pueblo se junta nuevamente y contiende como lo hizo en Meriba (Éxodo 17). ¿Realmente no ha hecho ningún progreso desde el comienzo de su experiencia en el desierto, a pesar de las manifestaciones del amor de Dios? “¿Por qué… y por qué…?” (v. 4-5). ¿No hay agua? Sin embargo, la roca sigue estando allí. Jehová se ve obligado a recordárselo incluso al mismo Moisés. Pero no son los “¿por qué?” los que pueden hacer fluir el agua. A esta roca hay que hablarle. Ello es una hermosa figura de la oración, ¿no le parece? Dios podría darnos todo lo que nos es necesario sin esperar a que carezcamos de ello. Pero desea que se lo pidamos para recordarnos que dependemos de él. Aquí Moisés tiene una actitud equivocada. En vez de hablar a la roca, como se lo había mandado Jehová, la golpea lleno de impaciencia. Es un gesto aparentemente de poca importancia, ¡pero muy grave por lo que significa! Ya se había asestado un golpe a la roca en Horeb (Éxodo 17:6), y eso no debía repetirse más. Así mismo Cristo en la cruz recibió una vez para siempre los golpes del juicio divino. En adelante ya no tiene que sufrir ni morir. Su obra basta para dar en abundancia agua viva a los suyos a lo largo del desierto. Pero tenemos que hablarle. ¿Lo hacemos?

Números 20:14-29
14Y envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cades: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido:15Cómo nuestros padres descendieron á Egipto, y estuvimos en Egipto largo tiempo, y los Egipcios nos maltrataron, y á nuestros padres;16Y clamamos á Jehová, el cual oyó nuestra voz, y envió ángel, y sacónos de Egipto; y he aquí estamos en Cades, ciudad al extremo de tus confines:17Rogámoste que pasemos por tu tierra; no pasaremos por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozos: por el camino real iremos, sin apartarnos á la diestra ni á la siniestra, hasta que hayamos pasado tu término.18Y Edom le respondió: No pasarás por mi país, de otra manera saldré contra ti armado.19Y los hijos de Israel dijeron: Por el camino seguido iremos; y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas: ciertamente sin hacer otra cosa, pasaré de seguida.20Y él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte.21No quiso, pues, Edom dejar pasar á Israel por su término, y apartóse Israel de él.22Y partidos de Cades los hijos de Israel, toda aquella congregación, vinieron al monte de Hor.23Y Jehová habló á Moisés y Aarón en el monte de Hor, en los confines de la tierra de Edom, diciendo:24Aarón será reunido á sus pueblos; pues no entrará en la tierra que yo di á los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes á mi mandamiento en las aguas de la rencilla.25Toma á Aarón y á Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor;26Y haz desnudar á Aarón sus vestidos, y viste de ellos á Eleazar su hijo; porque Aarón será reunido á sus pueblos, y allí morirá.27Y Moisés hizo como Jehová le mandó: y subieron al monte de Hor á ojos de toda la congregación.28Y Moisés hizo desnudar á Aarón de sus vestidos y vistiólos á Eleazar su hijo: y Aarón murió allí en la cumbre del monte: y Moisés y Eleazar descendieron del monte.29Y viendo toda la congregación que Aarón era muerto, hiciéronle duelo por treinta días todas las familias de Israel.

Para trasladarse del desierto a las llanuras del Jordán, rodeando el Mar Muerto, es necesario atravesar Seir, la tierra de Edom. Recordando su afinidad con ese pueblo (Esaú, antepasado de Edom, fue hermano de Jacob), Israel le pide permiso para pasar. Pero Edom responde seca y amenazadoramente. ¡Qué dureza de corazón! La fatiga de su hermano (v. 14) lo deja insensible. El egoísmo y el temor a ser molestado pueden más que cualquier otro sentimiento. Edom con su rey representan al mundo y su príncipe; éstos quieren impedir que los hijos de Dios alcancen el cielo, su morada.

¡Es bella la petición de Israel! Atestigua su condición de antaño y lo que Dios ha hecho por él. Dice a Edom que no necesita nada; tan sólo pasará “a pie” sin pedir nada a nadie. Ni los campos, ni las viñas (para nosotros, los asuntos de la vida y los goces del mundo), ni los pozos de Edom pueden atraer ni desviar a un pueblo que va camino a su patria, ya que ha vuelto a encontrar la roca.

Tal como Jehová lo había anunciado en el versículo 12, Aarón muere antes de entrar en Canaán, y su sucesión es asegurada por su hijo Eleazar.

Números 21:1-15
1Y OYENDO el Cananeo, el rey de Arad, el cual habitaba al mediodía, que venía Israel por el camino de los centinelas, peleó con Israel, y tomó de él presa.2Entonces Israel hizo voto á Jehová, y dijo: Si en efecto entregares á este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades.3Y Jehová escuchó la voz de Israel, y entregó al Cananeo, y destruyólos á ellos y á sus ciudades; y llamó el nombre de aquel lugar Horma.4Y partieron del monte de Hor, camino del mar Bermejo, para rodear la tierra de Edom; y abatióse el ánimo del pueblo por el camino.5Y habló el pueblo contra Dios y Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? que ni hay pan, ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.6Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo: y murió mucho pueblo de Israel.7Entonces el pueblo vino á Moisés, y dijeron: Pecado hemos por haber hablado contra Jehová, y contra ti: ruega á Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.8Y Jehová dijo á Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre la bandera: y será que cualquiera que fuere mordido y mirare á ella, vivirá.9Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera, y fué, que cuando alguna serpiente mordía á alguno, miraba á la serpiente de metal, y vivía.10Y partieron los hijos de Israel, y asentaron campo en Oboth.11Y partidos de Oboth, asentaron en Ije-abarim, en el desierto que está delante de Moab, al nacimiento del sol.12Partidos de allí, asentaron en la arroyada de Zared.13De allí movieron, y asentaron de la otra parte de Arnón, que está en el desierto, y que sale del término del Amorrheo; porque Arnón es término de Moab, entre Moab y el Amorrheo.14Por tanto se dice en el libro de las batallas de Jehová: Lo que hizo en el mar Bermejo, Y en los arroyos de Arnón:15Y á la corriente de los arroyos Que va á parar en Ar, Y descansa en el término de Moab.

La victoria de Horma se obtiene cuarenta años después de la derrota que lleva el mismo nombre (cap. 14:45). Es triste comprobar que inmediatamente después surge el desánimo: “No hay pan ni agua” (v. 5). El maná no escasea, pero es despreciado. La roca ha sido golpeada, pero se olvida hablarle. ¡Imagen clara de lo que se produce cuando descuidamos tanto la Palabra como la oración! No utilizar estos recursos es hundirse en el desánimo y en las quejas, es exponerse a los ataques de Satanás. La mordedura de las serpientes lleva a Israel a sentir y a confesar sus pecados. Moisés intercede una vez más y Jehová prescribe un remedio: la serpiente de bronce colocada en un asta. Una sola mirada hacia ella traía la curación. El Señor Jesús, en su charla con Nicodemo, explica el alcance espiritual de este episodio del desierto. La serpiente de bronce levantada por Moisés es el Hijo del Hombre levantado en la cruz, es Cristo hecho pecado por nosotros (2 Corintios 5:21), asimilado al poder del mal para sufrir la condenación del mismo. ¡Tal es la medida del amor de Dios por el mundo! (Juan 3:14-16). Querido amigo que lee estas líneas, ¿ha dirigido su mirada de fe hacia la obra del Salvador hecha en la cruz? ¿Tiene la vida eterna?

Números 21:16-35
16Y de allí vinieron á Beer: este es el pozo del cual Jehová dijo á Moisés: Junta al pueblo, y les daré agua.17Entonces cantó Israel esta canción: Sube, oh pozo; á él cantad:18Pozo, el cual cavaron los señores; Caváronlo los príncipes del pueblo, Y el legislador, con sus bordones.19Y de Mathana á Nahaliel: y de Nahaliel á Bamoth:20Y de Bamoth al valle que está en los campos de Moab, y á la cumbre de Pisga, que mira á Jesimón.21Y envió Israel embajadores á Sehón, rey de los Amorrheos, diciendo:22Pasaré por tu tierra: no nos apartaremos por los labrados, ni por las viñas; no beberemos las aguas de los pozos: por el camino real iremos, hasta que pasemos tu término.23Mas Sehón no dejó pasar á Israel por su término: antes juntó Sehón todo su pueblo, y salió contra Israel en el desierto: y vino á Jahaz, y peleó contra Israel.24E hirióle Israel á filo de espada, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jaboc, hasta los hijos de Ammón: porque el término de los hijos de Ammón era fuerte.25Y tomó Israel todas estas ciudades: y habitó Israel en todas las ciudades del Amorrheo, en Hesbón y en todas sus aldeas.26Porque Hesbón era la ciudad de Sehón, rey de los Amorrheos; el cual había tenido guerra antes con el rey de Moab, y tomado de su poder toda su tierra hasta Arnón.27Por tanto, dicen los proverbistas: Venid á Hesbón, Edifíquese y repárese la ciudad de Sehón:28Que fuego salió de Hesbón, Y llama de la ciudad de Sehón, Y consumió á Ar de Moab, A los señores de los altos de Arnón.29Ay de ti, Moab­ Perecido has, pueblo de Chêmos: Puso sus hijos en huída, Y sus hijas en cautividad, Por Sehón rey de los Amorrheos.30Mas devastamos el reino de ellos; pereció Hesbón hasta Dibón, Y destruimos hasta Nopha y Medeba.31Así habitó Israel en la tierra del Amorrheo.32Y envió Moisés á reconocer á Jazer; y tomaron sus aldeas, y echaron al Amorrheo que estaba allí.33Y volvieron, y subieron camino de Basán, y salió contra ellos Og rey de Basán, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei.34Entonces Jehová dijo á Moisés: No le tengas miedo, que en tu mano lo he dado, á el y á todo su pueblo, y á su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón, rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón.35E hirieron á él, y á sus hijos, y á toda su gente, sin que le quedara uno, y poseyeron su tierra.

Al mandato de Jehová, el pueblo se reúne en torno al pozo Beer. Príncipes y nobles cavan y el agua brota de unas fuentes profundas para refrescarlos a todos. Es una figura de los tesoros de la Palabra que los siervos de Dios han sacado a la luz para enriquecernos a nosotros. Nos sentimos beneficiarios del ministerio escrito que nos han dejado esos conductores. Hombres de labor fecunda (los que trabajan están a la cabeza, o nos presiden en el Señor, según 1 Tesalonicenses 5:12), “príncipes del pueblo”, tales como los de Berea –más nobles que los de Tesalónica– (Hechos 17:11), se dedicaron al estudio de las Escrituras. Esa es la nobleza que la Biblia reconoce y propone, porque cada hijo de Dios es invitado a escudriñar las Escrituras (Juan 5:39). El refrigerio espiritual saboreado en torno al pozo ha regocijado el corazón del pueblo. “¿Está alguno alegre? Cante alabanzas” (Santiago 5:13). Israel canta. Desde el Mar Rojo, cuarenta años atrás, no vemos que lo haya hecho (aparte de los cantos y bailes profanos en torno al becerro de oro). Las murmuraciones por fin cedieron lugar a la alabanza. Juntamente con el gozo, Israel también halló fuerzas (Nehemías 8:10 final), las cuales despliega librando sus primeras batallas contra Sehón y Og; en éstas obtiene brillantes victorias.

Números 22:1-21
1Y MOVIERON los hijos de Israel, y asentaron en los campos de Moab, de esta parte del Jordán de Jericó.2Y vió Balac, hijo de Zippor, todo lo que Israel había hecho al Amorrheo.3Y Moab temió mucho á causa del pueblo que era mucho; y angustióse Moab á causa de los hijos de Israel.4Y dijo Moab á los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac, hijo de Zippor, era entonces rey de Moab.5Por tanto envió mensajeros á Balaam hijo de Beor, á Pethor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la haz de la tierra, y habita delante de mí:6Ven pues ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo: quizá podré yo herirlo, y echarlo de la tierra: que yo sé que el que tú bendijeres, será bendito, y el que tú maldijeres, será maldito.7Y fueron los ancianos de Moab, y los ancianos de Madián, con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron á Balaam, y le dijeron las palabras de Balac.8Y él les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os referiré las palabras, como Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam.9Y vino Dios á Balaam, y díjole: ¿Qué varones son estos que están contigo?10Y Balaam respondió á Dios: Balac hijo de Zippor, rey de Moab, ha enviado á mí diciendo:11He aquí este pueblo que ha salido de Egipto, cubre la haz de la tierra: ven pues ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear con él, y echarlo.12Entonces dijo Dios á Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo; porque es bendito.13Así Balaam se levantó por la mañana, y dijo á los príncipes de Balac: Volveos á vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros.14Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron á Balac, y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.15Y tornó Balac á enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros.16Los cuales vinieron á Balaam, y dijéronle: Así dice Balac, hijo de Zippor: Ruégote que no dejes de venir á mí:17Porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me dijeres: ven pues ahora, maldíceme á este pueblo.18Y Balaam respondió, y dijo á los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios, para hacer cosa chica ni grande.19Ruégoos por tanto ahora, que reposeis aquí esta noche, para que yo sepa que me vuelve á decir Jehová.20Y vino Dios á Balaam de noche, y díjole: Si vinieren á llamarte hombres, levántate y ve con ellos: empero harás lo que yo te dijere.21Así Balaam se levantó por la mañana, y cinchó su asna, y fué con los príncipes de Moab.

Dejemos un momento a Israel para ver lo que sucedía entre sus enemigos. Asustadísimos, la gente de Moab y su rey Balac vieron cómo Israel subía del desierto, cubriendo la tierra y acampando frente a ellos. Temen por sus cosechas y desprecian a este pueblo que podría lamer su tierra “como lame el buey la grama del campo”. Moab no debe temer, porque cuando el maná, el Pan de vida, es apreciado por el pueblo de Dios, lo que el mundo posee no lo atrae para nada. Para vencer a Israel, Balac tiene la idea de emplear medios sobrenaturales. Pide ayuda al adivino Balaam, de cuya reputación está enterado. Éste personifica a un clérigo complaciente que se deja alquilar “por lucro” (Deuteronomio 23:4; Judas 11). Balaam se halla en un dilema, por un lado, desea merecer las riquezas y los honores prometidos por los embajadores de Balac y, por el otro, siente que no puede ir más allá de la voluntad del Dios soberano, a quien teme. Dios visita a Balaam de noche y le declara tajante y categóricamente: “No vayas… ni maldigas al pueblo, porque bendito es” (v. 12). Esperando poder inducir a Jehová para que se retracte de su declaración, el profeta infiel olvida que Dios no cambia (comp. cap. 23:19). Y cuando la segunda comitiva llega, se le permite ir adonde su corazón codicioso lo empuja.

Números 22:22-41
22Y el furor de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos mozos suyos.23Y el asna vió al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y apartóse el asna del camino, é iba por el campo. Entonces hirió Balaam al asna para hacerla volver al camino.24Mas el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared de una parte y pared de otra.25Y viendo el asna al ángel de Jehová, pegóse á la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam: y él volvió á herirla.26Y el ángel de Jehová pasó más allá, y púsose en una angostura, donde no había camino para apartarse ni á diestra ni á siniestra.27Y viendo el asna al ángel de Jehová, echóse debajo de Balaam: y enojóse Balaam, é hirió al asna con el palo.28Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo á Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has herido estas tres veces?29Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí: ­ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría!30Y el asna dijo á Balaam: ¿No soy yo tu asna? sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado á hacerlo así contigo? Y él respondió: No.31Entonces Jehová abrió los ojos á Balaam, y vió al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, é inclinóse sobre su rostro.32Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has herido tu asna estas tres veces? he aquí yo he salido para contrarrestarte, porque tu camino es perverso delante de mí:33El asna me ha visto, y hase apartado luego de delante de mí estas tres veces: y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría á ti, y á ella dejaría viva.34Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, que no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino: mas ahora, si te parece mal, yo me volveré.35Y el ángel de Jehová dijo á Balaam: Ve con esos hombres: empero la palabra que yo te dijere, esa hablarás. Así Balaam fué con los príncipes de Balac.36Y oyendo Balac que Balaam venía, salió á recibirlo á la ciudad de Moab, que está junto al término de Arnón, que es el cabo de los confines.37Y Balac dijo á Balaam: ¿No envié yo á ti á llamarte? ¿por qué no has venido á mí? ¿no puedo yo honrarte?38Y Balaam respondió á Balac: He aquí yo he venido á ti: mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré.39Y fué Balaam con Balac, y vinieron á la ciudad de Husoth.40Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió á Balaam, y á los príncipes que estaban con él.41Y el día siguiente Balac tomó á Balaam, é hízolo subir á los altos de Baal, y desde allí vió la extremidad del pueblo.

Balaam aparejó su asna y salió con el corazón alegre calculando de antemano su salario de iniquidad. Pero ante Dios, su camino es perverso (v. 32), conduce a la perdición. Balaam finge obedecer a Dios cuando en realidad es tentado por “su propia concupiscencia” (Santiago 1:14). Dios quiere dárselo a entender y le habla de manera milagrosa por medio de su asna. ¡Trabajo inútil! Entonces el Ángel se deja ver y lo reprende (leer 2 Pedro 2:15-16). Más loco y más ciego que su misma asna, Balaam se obstina y Jehová lo deja seguir adelante. ¿A veces no ocurre que, para detenernos, Dios se opone en el camino de nuestra propia voluntad? Suscita obstáculos, trabas que tienen su propio lenguaje, si es que sabemos escuchar. Son tantas ocasiones que sirven para que nos preguntemos si el Señor no se está oponiendo a un proyecto que desaprueba.

El Nuevo Testamento menciona “el camino de Balaam” (2 Pedro 2:15), luego su “error” (Judas 11) y finalmente su “doctrina” (Apocalipsis 2:14). La propia voluntad extravía cada vez más.

Ahora Balac y Balaam se han unido para su obra malévola. Juntos estos dos cómplices son figura del malvado rey llamado “la bestia”, y del falso profeta o anticristo, quienes en los tiempos apocalípticos se verán empujados por Satanás contra Israel y contra Dios (Apocalipsis 13).

Números 23:1-12
1Y BALAAM dijo á Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros.2Y Balac hizo como le dijo Balaam: y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar.3Y Balaam dijo á Balac: Ponte junto á tu holocausto, y yo iré: quizá Jehová me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te la noticiaré. Y así se fué solo.4Y vino Dios al encuentro de Balaam, y éste le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero.5Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y díjole: Vuelve á Balac, y has de hablar así.6Y volvió á él, y he aquí estaba él junto á su holocausto, él y todos los príncipes de Moab.7Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, Rey de Moab, de los montes del oriente: Ven, maldíceme á Jacob; Y ven, execra á Israel.8¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?9Porque de la cumbre de las peñas lo veré, Y desde los collados lo miraré: He aquí un pueblo que habitará confiado, Y no será contado entre las gentes.10¿Quién contará el polvo de Jacob, O el número de la cuarta parte de Israel? Muera mi persona de la muerte de los rectos, Y mi postrimería sea como la suya.11Entonces Balac dijo á Balaam: ¿Qué me has hecho? hete tomado para que maldigas á mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones.12Y él respondió, y dijo: ¿No observaré yo lo que Jehová pusiere en mi boca para decirlo?

Balaam, que ya ha obtenido libertad para ir adonde quería, desearía que Dios le permitiera decir lo que él quiere decir. Pero a pesar suyo, y a la ira de Balac, sus cuatro discursos sentenciosos se cambian por gloriosas bendiciones. Tal es también el efecto final de las presentes acusaciones de Satanás contra los redimidos del Señor (Apocalipsis 12:10). Tal como nos lo enseña la historia de Job, Dios permite que semejantes ataques se conviertan en bien para los suyos. Notemos que todo sucede en el monte, mientras el pueblo que está en la llanura lo ignora; desconoce tanto las intenciones funestas del enemigo como la manera en que Dios las hace fracasar.

“Este pueblo habitará solo” (v. 9; V.M.); éste es el primer carácter de Israel, a saber, ser un pueblo separado para Dios. Lo mismo sucede con la verdadera Iglesia y con cada creyente. El cristiano está moralmente separado de un mundo juzgado. Está separado para el Señor. “Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya”, desea Balaam (v. 10). Pero para morir como los hombres justos es preciso haber vivido la vida de los mismos. Ahora bien, Balaam, como muchos otros, es un hombre de doble ánimo que intenta servir a dos amos. Profesa temer a Jehová y ofrece el número perfecto de sacrificios, pero al mismo tiempo se deja llevar por las concupiscencias de su propio corazón.

Números 23:13-30
13Y dijo Balac: Ruégote que vengas conmigo á otro lugar desde el cual lo veas; su extremidad solamente verás, que no lo verás todo; y desde allí me lo maldecirás.14Y llevólo al campo de Sophim, á la cumbre de Pisga, y edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.15Entonces él dijo á Balac: Ponte aquí junto á tu holocausto, y yo iré á encontrar á Dios allí.16Y Jehová salió al encuentro de Balaam, y puso palabra en su boca, y díjole: Vuelve á Balac, y así has de decir.17Y vino á él, y he aquí que él estaba junto á su holocausto, y con él los príncipes de Moab: y díjole Balac: ¿Qué ha dicho Jehová?18Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; Escucha mis palabras, hijo de Zippor:19Dios no es hombre, para que mienta; Ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; Habló, ¿y no lo ejecutará?20He aquí, yo he tomado bendición: Y él bendijo, y no podré revocarla.21No ha notado iniquidad en Jacob, Ni ha visto perversidad en Israel: Jehová su Dios es con él, Y júbilo de rey en él.22Dios los ha sacado de Egipto; Tiene fuerzas como de unicornio.23Porque en Jacob no hay agüero, Ni adivinación en Israel: Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ­Lo que ha hecho Dios!24He aquí el pueblo, que como león se levantará, Y como león se erguirá: No se echará hasta que coma la presa, Y beba la sangre de los muertos.25Entonces Balac dijo á Balaam: Ya que no lo maldices, ni tampoco lo bendigas.26Y Balaam respondió, y dijo á Balac: ¿No te he dicho que todo lo que Jehová me dijere, aquello tengo de hacer?27Y dijo Balac á Balaam: Ruégote que vengas, te llevaré á otro lugar; por ventura parecerá bien á Dios que desde allí me lo maldigas.28Y Balac llevó á Balaam á la cumbre de Peor, que mira hacia Jesimón.29Entonces Balaam dijo á Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros.30Y Balac hizo como Balaam le dijo; y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará?” (Romanos 8:33-34). Como para burlarse del acusador, Dios hace proclamar al mismo Balaam, desde lo alto de la montaña, que él no ha “notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel”. Al leer el versículo 21, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Cómo puede Dios afirmar lo que tan manifiestamente se ve desmentido por los hechos? ¿Acaso ha olvidado las murmuraciones, las codicias, la idolatría, la rebelión? El versículo 23 nos da la respuesta: “A su tiempo será dicho de Jacob y de Israel: ¡Mirad lo que ha hecho Dios!” (V.M.). Mientras el pueblo iba acumulando pasos en falso en el desierto, Jehová cumplía la obra necesaria a fin de hacerlo apto para entrar en el país. Se había ocupado de todos los pecados de los suyos dando los sacrificios, el sacerdocio, la serpiente de bronce y otras tantas imágenes de la obra de Jesús. De manera que si Dios habla así, no es por falta de memoria ni por pasar con indulgencia sobre el mal. Es porque al contemplar a su pueblo, ve su propia obra. Constantemente tiene ante sus ojos la obra de su Hijo, y no sería fiel y justo hacia este perfecto Salvador si todavía imputase la menor falta a aquellos, a quienes él ha lavado con su sangre (1 Juan 1:9).

Números 24:1-13
1Y COMO vió Balaam que parecía bien á Jehová que el bendijese á Israel, no fué, como la primera y segunda vez, á encuentro de agüeros, sino que puso su rostro hacia el desierto;2Y alzando sus ojos, vió á Israel alojado por sus tribus; y el espíritu de Dios vino sobre él.3Entonces tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, Y dijo el varón de ojos abiertos:4Dijo el que oyó los dichos de Dios, El que vió la visión del Omnipotente; Caído, mas abiertos los ojos:5Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, Tus habitaciones, oh Israel!6Como arroyos están extendidas, Como huertos junto al río, Como lináloes plantados por Jehová, Como cedros junto á las aguas.7De sus manos destilarán aguas, Y su simiente será en muchas aguas: Y ensalzarse ha su rey más que Agag, Y su reino será ensalzado.8Dios lo sacó de Egipto; Tiene fuerzas como de unicornio: Comerá á las gentes sus enemigas, Y desmenuzará sus huesos, Y asaeteará con sus saetas.9Se encorvará para echarse como león, Y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, Y malditos los que te maldijeren.10Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y batiendo sus palmas le dijo: Para maldecir á mis enemigos te he llamado, y he aquí los has resueltamente bendecido ya tres veces.11Húyete, por tanto, ahora á tu lugar: yo dije que te honraría, mas he aquí que Jehová te ha privado de honra.12Y Balaam le respondió: ¿No lo declaré yo también á tus mensajeros que me enviaste, diciendo:13Si Balac me diése su casa llena de plata y oro, yo no podré traspasar el dicho de Jehová para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio; mas lo que Jehová hablare, eso diré yo?

Para pronunciar su tercera profecía, Balaam se abstiene de los anteriores agüeros (v. 1). Hombre entregado al espiritismo, instrumento habitual de los demonios, se ve forzado a pronunciar los oráculos que Dios pone en su boca. Y cuanto más se obstina Balaam, tanto más bendecido es el pueblo. El versículo 5 constata no solamente la ausencia de iniquidad en Jacob (la gracia), sino la admirable belleza de las tiendas de Israel (la gloria). En medio de estas tiendas se alzaba la de Jehová mismo, la morada de su gloria, de manera que todo el campamento era hecho partícipe de esta gloria.

La Iglesia sigue en el desierto, pero Dios ya la contempla según su relación con su muy amado Hijo. Ella es la Esposa de Cristo; a sus ojos está revestida con todas las perfecciones de su Esposo divino. Dios nos invita a mirar a la iglesia y a cada hermano o hermana individualmente desde “la cumbre de las peñas” (cap. 23:9), es decir, del mismo modo que él los ve desde el cielo. Entonces tendremos de ellos una visión completamente distinta. Veremos brillar la belleza del vestido de justicia con el cual el Señor ha revestido a los suyos. Notaremos en ellos unos reflejos de las glorias de Jesús. Y si hay situaciones penosas, porque tampoco podemos evitar verlas, ello será otra ocasión más para admirar la grandeza de la paciencia y del perdón divinos.

Números 24:14-25
14He aquí yo me voy ahora á mi pueblo: por tanto, ven, te indicaré lo que este pueblo ha de hacer á tu pueblo en los postrimeros días.15Y tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, Dijo el varón de ojos abiertos:16Dijo el que oyó los dichos de Jehová, Y el que sabe la ciencia del Altísimo, El que vió la visión del Omnipotente; Caído, mas abiertos los ojos:17Verélo, mas no ahora: Lo miraré, mas no de cerca: Saldrá ESTRELLA de Jacob, Y levantaráse cetro de Israel, Y herirá los cantones de Moab, Y destruirá á todos los hijos de Seth.18Y será tomada Edom, Será también tomada Seir por sus enemigos, E Israel se portará varonilmente.19Y el de Jacob se enseñoreará, Y destruirá de la ciudad lo que quedare.20Y viendo á Amalec, tomó su parábola, y dijo: Amalec, cabeza de gentes; Mas su postrimería perecerá para siempre.21Y viendo al Cineo, tomó su parábola, y dijo: Fuerte es tu habitación, Pon en la peña tu nido:22Que el Cineo será echado, Cuando Assur te llevará cautivo.23Todavía tomó su parábola, y dijo: ­Ay! ¿quién vivirá cuando hiciere Dios estas cosas?24Y vendrán navíos de la costa de Cittim, Y afligirán á Assur, afligirán también á Eber: Mas él también perecerá para siempre.25Entonces se levantó Balaam, y se fué, y volvióse á su lugar: y también Balac se fué por su camino.

Esta última profecía del adivino Balaam comienza por un oráculo sobre sí mismo. ¡Cuán responsable es ese hombre! Según sus propias declaraciones, oyó los dichos de Jehová, sabe la ciencia del Altísimo. ¡Vio la visión del Omnipotente! Muchos que profesan ser cristianos dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre?...” (Mateo 7:22-23). Pero compartirán la suerte final de Balaam, porque el conocimiento de las verdades bíblicas no habrá tenido ningún efecto sobre sus conciencias. Tener “abiertos los ojos”, es decir, la capacidad para ver a Jesús, pero no querer hacerlo “ahora”, conllevará a tener que mirarlo mas “no de cerca” en un futuro. ¡Qué porvenir trágico! Eso le sucedió al hombre rico de la parábola que contemplaba atormentado la felicidad de los elegidos (Lucas 16). “Todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7), pero no en las mismas condiciones. ¿Cuándo y cómo verá usted al Señor?

Ante Balaam, el hombre “caído en éxtasis” (v. 16, V.M.), se desarrolla todo un panorama profético. Una estrella brillante lo ilumina: Cristo, el rey de gloria. Su aparecimiento corresponderá al juicio sobre las naciones vecinas de Israel: en primer lugar Moab mismo. Jesús es esta espléndida Estrella de la mañana que anuncia al alba (Apocalipsis 2:28; 22:16 final). Todavía invisible para el mundo, ya ha salido en el corazón del redimido (2 Pedro 1:19 final).

Números 25:1-18
1Y REPOSO Israel en Sittim, y el pueblo empezó á fornicar con las hijas de Moab:2Las cuales llamaron al pueblo á los sacrificios de sus dioses: y el pueblo comió, é inclinóse á sus dioses.3Y allegóse el pueblo á Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel.4Y Jehová dijo á Moisés: Toma todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos á Jehová delante del sol; y la ira del furor de Jehová se apartará de Israel.5Entonces Moisés dijo á los jueces de Israel: Matad cada uno á aquellos de los suyos que se han allegado á Baal-peor.6Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una Madianita á sus hermanos, á ojos de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, llorando ellos á la puerta del tabernáculo del testimonio.7Y viólo Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, y levantóse de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano:8Y fué tras el varón de Israel á la tienda, y alanceólos á ambos, al varón de Israel, y á la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel.9Y murieron de aquella mortandad veinte y cuatro mil.10Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo:11Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, ha hecho tornar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos: por lo cual yo no he consumido en mi celo á los hijos de Israel.12Por tanto di les: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él;13Y tendrá él, y su simiente después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo; por cuanto tuvo celo por su Dios, é hizo expiación por los hijos de Israel.14Y el nombre del varón muerto, que fué muerto con la Madianita, era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón.15Y el nombre de la mujer Madianita muerta, era Cozbi, hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián.16Y Jehová habló á Moisés, diciendo:17Hostilizaréis á los Madianitas, y los heriréis:18Por cuanto ellos os afligieron á vosotros con sus ardides, con que os han engañado en el negocio de Peor, y en el negocio de Cozbi, hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fué muerta el día de la mortandad por causa de Peor.

Cuando lleguemos al capítulo 31:16 comprenderemos mejor lo que sucede en este pasaje. En la mente de Balaam, a quien se le ha escapado la recompensa tan ansiada, se va germinando una idea diabólica. Él mismo había anunciado que Dios no percibía iniquidad ni injusticia en Israel (cap. 23:21). ¡Pero no importa, se dice a sí mismo, hay que inducir a este pueblo a pecar! De esta manera Dios se verá obligado a maldecirlo. ¿Acaso no es una nación que debe morar sola y confiada? (cap. 23:9). Pues bien, incitémosla a que se mezcle con los demás pueblos. Así Balaam enseña “a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación” (Apocalipsis 2:14). De esta tenebrosa maquinación resulta el triste y humillante asunto de Baal-peor. Esto nos muestra que las invitaciones del mundo son más peligrosas que sus maledicencias. El pueblo cae en la trampa tendida por Moab y su aliado Madián. Es necesario el celo de Finees para apartar la ira de Jehová y detener la mortandad. Su actitud recibe inmediatamente una recompensa. ¡Cuán agradable es para el Señor cuando un joven, en medio de la decadencia moral generalizada, ha mantenido puro su camino y valerosamente ha tomado posición por Cristo!

Números 26:1-65
1Y ACONTECIO después de la mortandad, que Jehová habló á Moisés, y á Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo:2Tomad la suma de toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que puedan salir á la guerra en Israel.3Y Moisés y Eleazar el sacerdote hablaron con ellos en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo:4Contaréis el pueblo de veinte años arriba, como mandó Jehová á Moisés y á los hijos de Israel, que habían salido de tierra de Egipto.5Rubén primogénito de Israel: los hijos de Rubén: Hanoc, del cual era la familia de los Hanochîtas; de Phallú, la familia de los Phalluitas;6De Hesrón, la familia de los Hesronitas; de Carmi, la familia de los Carmitas.7Estas son las familias de los Rubenitas: y sus contados fueron cuarenta y tres mil setecientos y treinta.8Y los hijos de Phallú: Eliab.9Y los hijos de Eliab: Nemuel, y Dathán, y Abiram. Estos Dathán y Abiram fueron los del consejo de la congregación, que hicieron el motín contra Moisés y Aarón con la compañía de Coré, cuando se amotinaron contra Jehová.10Que la tierra abrió su boca y tragó á ellos y á Coré, cuando aquella compañía murió, cuando consumió el fuego doscientos y cincuenta varones, los cuales fueron por señal.11Mas los hijos de Coré no murieron.12Los hijos de Simeón por sus familias: de Nemuel, la familia de los Nemuelitas; de Jamín, la familia de los Jaminitas; de Jachîn, la familia de los Jachînitas;13De Zera, la familia de los Zeraitas; de Saul, la familia de los Saulitas.14Estas son las familias de los Simeonitas, veinte y dos mil y doscientos.15Los hijos de Gad por sus familias: de Zephón, la familia de los Zephonitas; de Aggi, la familia de los Aggitas; de Suni, la familia de los Sunitas;16De Ozni, la familia de los Oznitas; de Eri, la familia de los Eritas;17De Aroz, la familia de los Aroditas; de Areli, la familia de los Arelitas.18Estas son las familias de Gad, por sus contados, cuarenta mil y quinientos.19Los hijos de Judá: Er y Onán; y Er y Onán murieron en la tierra de Canaán.20Y fueron los hijos de Judá por sus familias: de Sela, la familia de los Selaitas; de Phares, la familia de los Pharesitas; de Zera, la familia de los Zeraitas.21Y fueron los hijos de Phares: de Hesrón, la familia de los Hesronitas; de Hamul, la familia de los Hamulitas.22Estas son las familias de Judá, por sus contados, setenta y seis mil y quinientos.23Los hijos de Issachâr por sus familias: de Thola, la familia de los Tholaitas; de Puá la familia de los Puanitas;24De Jasub, la familia de los Jasubitas; de Simron, la familia de los Simronitas.25Estas son las familias de Issachâr, por sus contados, sesenta y cuatro mil y trescientos.26Los hijos de Zabulón por sus familias: de Sered, la familia de los Sereditas; de Elón, la familia de los Elonitas; de Jalel, la familia de los Jalelitas.27Estas son las familias de los Zabulonitas, por sus contados, sesenta mil y quinientos.28Los hijos de José por sus familias: Manasés y Ephraim.29Los hijos de Manasés: de Machîr, la familia de los Machîritas; y Machîr engendró á Galaad; de Galaad, la familia de los Galaaditas.30Estos son los hijos de Galaad: de Jezer, la familia de los Jezeritas; de Helec, la familia de los Helecitas;31De Asriel, la familia de los Asrielitas: de Sechêm, la familia de los Sechêmitas;32De Semida, la familia de los Semidaitas; de Hepher, la familia de los Hepheritas.33Y Salphaad, hijo de Hepher, no tuvo hijos sino hijas: y los nombres de las hijas de Salphaad fueron Maala, y Noa, y Hogla, y Milca, y Tirsa.34Estas son las familias de Manasés; y sus contados, cincuenta y dos mil y setecientos.35Estos son los hijos de Ephraim por sus familias: de Suthala, la familia de los Suthalaitas; de Bechêr, la familia de los Bechêritas; de Tahan, la familia de los Tahanitas.36Y estos son los hijos de Suthala: de Herán, la familia de los Heranitas.37Estas son las familias de los hijos de Ephraim, por sus contados, treinta y dos mil y quinientos. Estos son los hijos de José por sus familias.38Los hijos de Benjamín por sus familias: de Bela, la familia de los Belaitas; de Asbel, la familia de los Asbelitas; de Achîram, la familia de los Achîramitas;39De Supham, la familia de los Suphamitas; de Hupham, la familia de los Huphamitas.40Y los hijos de Bela fueron Ard y Naamán: de Ard, la familia de los Arditas; de Naamán, la familia de los Naamanitas.41Estos son los hijos de Benjamín por sus familias; y sus contados, cuarenta y cinco mil y seiscientos.42Estos son los hijos de Dan por sus familias: de Suham, la familia de los Suhamitas. Estas son las familias de Dan por sus familias.43Todas las familias de los Suhamitas, por sus contados, sesenta y cuatro mil y cuatrocientos.44Los hijos de Aser por sus familias: de Imna, la familia de los Imnaitas; de Issui, la familia de los Issuitas; de Beria, la familia de los Beriaitas.45Los hijos de Beria: de Heber, la familia de los Heberitas; de Malchîel, la familia de los Malchîelitas.46Y el nombre de la hija de Aser fué Sera.47Estas son las familias de los hijos de Aser, por sus contados, cincuenta y tres mil y cuatrocientos.48Los hijos de Nephtalí por sus familias: de Jahzeel, la familia de los Jahzeelitas; de Guni, la familia de los Gunitas;49De Jeser, la familia de los Jeseritas; de Sillem, la familia de los Sillemitas.50Estas son las familias de Nephtalí por sus familias; y sus contados, cuarenta y cinco mil y cuatrocientos.51Estos son los contados de los hijos de Israel, seiscientos y un mil setecientos y treinta.52Y habló Jehová á Moisés, diciendo:53A estos se repartirá la tierra en heredad, por la cuenta de los nombres.54A los más darás mayor heredad, y á los menos menor; y á cada uno se le dará su heredad conforme á sus contados.55Empero la tierra será repartida por suerte; y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán.56Conforme á la suerte será repartida su heredad entre el grande y el pequeño.57Y los contados de los Levitas por sus familias son estos: de Gersón, la familia de los Gersonitas; de Coath, la familia de los Coathitas; de Merari, la familia de los Meraritas.58Estas son las familias de los Levitas: la familia de los Libnitas, la familia de los Hebronitas, la familia de los Mahalitas, la familia de los Musitas, la familia de los Coritas. Y Coath engendró á Amram.59Y la mujer de Amram se llamó Jochâbed, hija de Leví, la cual nació á Leví en Egipto: ésta parió de Amram á Aarón y á Moisés, y á María su hermana.60Y á Aarón nacieron Nadab y Abiú, Eleazar é Ithamar.61Mas Nadab y Abiú murieron, cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová.62Y los contados de los Levitas fueron veinte y tres mil, todos varones de un mes arriba: porque no fueron contados entre los hijos de Israel, por cuanto no les había de ser dada heredad entre los hijos de Israel.63Estos son los contados por Moisés y Eleazar el sacerdote, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó.64Y entre estos ninguno hubo de los contados por Moisés y Aarón el sacerdote, los cuales contaron á los hijos de Israel en el desierto de Sinaí.65Porque Jehová les dijo: Han de morir en el desierto: y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jephone, y Josué hijo de Nun.

Cuarenta años han transcurrido desde el censo del capítulo 1. Jehová hace tomar nuevamente el censo, esta vez por familias, “de toda la congregación de los hijos de Israel”. La comparación de estos dos censos, al principio y al final del desierto, pone en evidencia las consecuencias desastrosas e irremediables de las faltas cometidas. La tribu de Simeón, más culpable que las otras en el asunto de Baal-peor (cap. 25:14), quedó diezmada. Es, pues, necesaria una reducción proporcional de la herencia en Canaán ya que, según las instrucciones que Jehová da a Moisés: “A los más darás mayor heredad, y a los menos menor” (v. 54). Esa verdad nos habla a todos: una marcha desfalleciente conlleva una pérdida eterna y puede privar a un cristiano de su “corona” (Apocalipsis 3:11). Desde Rubén hasta Neftalí, el censo se hace en el mismo orden que la primera vez, según las banderas de las tribus (cap. 2). El total, casi idéntico (v. 51; cap. 1:46), hace resaltar el poder de la gracia de un Dios que se ocupó de este inmenso ejército de seiscientos mil hombres, sin contar a las mujeres y los niños, durante cuarenta años a través del desierto. Dios nunca se ha sentido sobrecargado por las necesidades de los suyos, y cuidará de cada uno de nosotros hasta nuestro último día en este mundo.

Números 27:1-11
1Y LAS hijas de Salphaad, hijo de Hepher, hijo de Galaad, hijo de Machîr, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, y Noa, y Hogla, y Milca, y Tirsa, llegaron;2Y presentáronse delante de Moisés, y delante del sacerdote Eleazar, y delante de los príncipes, y de toda la congregación, á la puerta del tabernáculo del testimonio, y dijeron:3Nuestro padre murió en el desierto, el cual no estuvo en la junta que se reunió contra Jehová en la compañía de Coré: sino que en su pecado murió, y no tuvo hijos.4¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre.5Y Moisés llevó su causa delante de Jehová.6Y Jehová respondió á Moisés, diciendo:7Bien dicen las hijas de Salphaad: has de darles posesión de heredad entre los hermanos de su padre; y traspasarás la heredad de su padre á ellas.8Y á los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriere sin hijos, traspasaréis su herencia á su hija:9Y si no tuviere hija, daréis su herencia á sus hermanos:10Y si no tuviere hermanos, daréis su herencia á los hermanos de su padre.11Y si su padre no tuviere hermanos, daréis su herencia á su pariente más cercano de su linaje, el cual la poseerá: y será á los hijos de Israel por estatuto de derecho, como Jehová mandó á Moisés.

Ayer vimos que se debía hacer el censo de los hombres únicamente. Sin embargo, he aquí algunas mujeres a las que se les dedica todo un párrafo y, más adelante, todo el capítulo 36. ¿Qué tienen de notable esas cinco hijas de Zelofehad para que se hable tanto de ellas? Podrían parecernos descaradas por atreverse a presentarse ante Moisés, Eleazar, los príncipes y toda la asamblea, para reclamar una parte de la herencia. ¿No se trataría otra vez de murmuraciones como las que tan a menudo se habían oído en medio del pueblo? ¡En absoluto! Las murmuraciones expresaban el pesar que se sentía por la pérdida de lo que se dejaba atrás, en Egipto, mientras que la petición de estas mujeres surge por el apego que tienen hacia lo que hay por delante: la tierra prometida. Por eso el mismo Jehová lo aprueba abiertamente. Como respuesta a Moisés, quien “llevó su causa delante de Jehová”, declara: “Bien dicen las hijas de Zelofehad”. ¡Qué ejemplo dan ellas a quienes han tenido padres cristianos! Preguntémonos si “la herencia de nuestros padres”, lo que era el objeto y la ferviente expectación de las generaciones precedentes, posee el mismo atractivo y tiene el mismo precio para nuestro corazón (comp. con 1 Reyes 21:3).

Números 27:12-23
12Y Jehová dijo á Moisés: Sube á este monte Abarim, y verás la tierra que he dado á los hijos de Israel.13Y después que la habrás visto, tú también serás reunido á tus pueblos, como fué reunido tu hermano Aarón:14Pues fuisteis rebeldes á mi dicho en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, para santificarme en las aguas á ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin.15Entonces respondió Moisés á Jehová, diciendo:16Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, varón sobre la congregación,17Que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca; porque la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor.18Y Jehová dijo á Moisés: Toma á Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él;19Y ponerlo has delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la congregación; y le darás órdenes en presencia de ellos.20Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezcan.21Y él estará delante de Eleazar el sacerdote, y á él preguntará por el juicio del Urim delante de Jehová: por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él, y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación.22Y Moisés hizo como Jehová le había mandado; que tomó á Josué, y le puso delante de Eleazar el sacerdote, y de toda la congregación:23Y puso sobre él sus manos, y dióle órdenes, como Jehová había mandado por mano de Moisés.

En este pasaje Jehová habla con su siervo Moisés sobre el final de su carrera. A causa del error que Moisés cometió junto a las aguas de Meriba, no le será permitido introducir al pueblo en la tierra prometida. Lo que enseguida inquieta al siervo de Dios, es que Israel podría quedar sin conductor. En lugar de pensar en sí mismo, intercede nuevamente en favor del pueblo pidiendo que éste no sea cual rebaño sin pastor (v. 17). El mismo pensamiento ocupaba el corazón del Señor Jesús. Contemplémosle en Mateo 9:36: “Tuvo compasión” por las multitudes que lo rodeaban, “porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Sin embargo, ¿no estaba él, el buen Pastor, en medio de ellas? Sí, pero no lo querían.

Como respuesta a la petición de Moisés, Jehová designa a Josué, “hombre en quien está el Espíritu” (v. 18, V.M.). En el interior de la tienda, fuera del campamento, desde su juventud Josué había aprendido a conocer a Jehová (Éxodo 33:11). Más tarde cumplió con fidelidad una misión de alta confianza: la exploración de la tierra prometida. En fin, como Moisés en su tiempo, Josué también fue formado durante cuarenta años en la escuela del desierto, la larga escuela de la paciencia. Solamente entonces Dios lo llama para el servicio que le tiene reservado, el de introducir al pueblo en Canaán.

Números 28:1-31; Números 29:1-40
1Y HABLO Jehová á Moisés, diciendo:2Manda á los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor á mí agradable, guardaréis, ofreciéndomelo á su tiempo.3Y les dirás: Esta es la ofrenda encendida que ofreceréis á Jehová: dos corderos sin tacha de un año, cada un día, será el holocausto continuo.4El un cordero ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrecerás entre las dos tardes:5Y la décima de un epha de flor de harina, amasada con una cuarta de un hin de aceite molido, en presente.6Es holocausto continuo, que fué hecho en el monte de Sinaí en olor de suavidad, ofrenda encendida á Jehová.7Y su libación, la cuarta de un hin con cada cordero: derramarás libación de superior vino á Jehová en el santuario.8Y ofrecerás el segundo cordero entre las dos tardes: conforme á la ofrenda de la mañana, y conforme á su libación ofrecerás, ofrenda encendida en olor de suavidad á Jehová.9Mas el día del sábado dos corderos de un año sin defecto, y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, por presente, con su libación:10Es el holocausto del sábado en cada sábado, además del holocausto continuo y su libación.11Y en los principios de vuestros meses ofreceréis en holocausto á Jehová dos becerros de la vacada, y un carnero, y siete corderos de un año sin defecto;12Y tres décimas de flor de harina amasada con aceite, por presente con cada becerro; y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, por presente con cada carnero;13Y una décima de flor de harina amasada con aceite, en ofrenda por presente con cada cordero: holocausto de olor suave, ofrenda encendida á Jehová.14Y sus libaciones de vino, medio hin con cada becerro, y el tercio de un hin con cada carnero, y la cuarta de un hin con cada cordero. Este es el holocausto de cada mes por todos los meses del año.15Y un macho cabrío en expiación se ofrecerá á Jehová, además del holocausto continuo con su libación.16Mas en el mes primero, á los catorce del mes será la pascua de Jehová.17Y á los quince días de aqueste mes, la solemnidad: por siete días se comerán ázimos.18El primer día, santa convocación; ninguna obra servil haréis:19Y ofreceréis por ofrenda encendida en holocausto á Jehová dos becerros de la vacada, y un carnero, y siete corderos de un año: sin defecto los tomaréis:20Y su presente de harina amasada con aceite: tres décimas con cada becerro, y dos décimas con cada carnero ofreceréis;21Con cada uno de los siete corderos ofreceréis una décima;22Y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros.23Esto ofreceréis además del holocausto de la mañana, que es el holocausto continuo.24Conforme á esto ofreceréis cada uno de los siete días, vianda y ofrenda encendida en olor de suavidad á Jehová; ofrecerse ha, además del holocausto continuo, con su libación.25Y el séptimo día tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis.26Además el día de las primicias, cuando ofreciereis presente nuevo á Jehová en vuestras semanas, tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis:27Y ofreceréis en holocausto, en olor de suavidad á Jehová, dos becerros de la vacada, un carnero, siete corderos de un año:28Y el presente de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero,29Con cada uno de los siete corderos una décima;30Un macho cabrío, para hacer expiación por vosotros.31Los ofreceréis, además del holocausto continuo con sus presentes, y sus libaciones: sin defecto los tomaréis.
1Y EL séptimo mes, al primero del mes tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis; os será día de sonar las trompetas.2Y ofreceréis holocausto por olor de suavidad á Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto;3Y el presente de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero,4Y con cada uno de los siete corderos, una décima;5Y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros:6Además del holocausto del mes, y su presente, y el holocausto continuo y su presente, y sus libaciones, conforme á su ley, por ofrenda encendida á Jehová en olor de suavidad.7Y en el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas: ninguna obra haréis:8Y ofreceréis en holocausto á Jehová por olor de suavidad, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año; sin defecto los tomaréis:9Y sus presentes, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero,10Y con cada uno de los siete corderos, una décima;11Un macho cabrío por expiación: además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holocausto continuo, y de sus presentes, y de sus libaciones.12También á los quince días del mes séptimo tendréis santa convocación; ninguna obra servil haréis, y celebraréis solemnidad á Jehová por siete días;13Y ofreceréis en holocausto, en ofrenda encendida á Jehová en olor de suavidad, trece becerros de la vacada, dos carneros, catorce corderos de un año: han de ser sin defecto;14Y los presentes de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada uno de los trece becerros, dos décimas con cada uno de los dos carneros,15Y con cada uno de los catorce corderos, una décima;16Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, su presente y su libación.17Y el segundo día, doce becerros de la vacada, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;18Y sus presentes y sus libaciones con los becerros, con los carneros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme á la ley;19Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, y su presente y su libación.20Y el día tercero, once becerros, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;21Y sus presentes y sus libaciones con los becerros, con los carneros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme á la ley;22Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, y su presente y su libación.23Y el cuarto día, diez becerros, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;24Sus presentes y sus libaciones con los becerros, con los carneros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme á la ley;25Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, su presente y su libación.26Y el quinto día, nueve becerros, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;27Y sus presentes y sus libaciones con los becerros, con los carneros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme á la ley;28Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, su presente y su libación.29Y el sexto día, ocho becerros, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;30Y sus presentes y sus libaciones con los becerros, con los carneros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme á la ley;31Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, su presente y sus libaciones.32Y el séptimo día, siete becerros, dos carneros, catorce corderos de un año sin defecto;33Y sus presentes y sus libaciones con los becerros, con los carneros, y con los corderos, según el número de ellos, conforme á la ley;34Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, con su presente y su libación.35El octavo día tendréis solemnidad: ninguna obra servil haréis:36Y ofreceréis en holocausto, en ofrenda encendida de olor suave á Jehová, un novillo, un carnero, siete corderos de un año sin defecto;37Sus presentes y sus libaciones con el novillo, con el carnero, y con los corderos, según el número de ellos, conforme á la ley;38Y un macho cabrío por expiación: además del holocausto continuo, con su presente y su libación.39Estas cosas ofreceréis á Jehová en vuestras solemnidades, además de vuestros votos, y de vuestras ofrendas libres, para vuestros holocaustos, y para vuestros presentes, y para vuestras libaciones y para vuestras paces.40(H30-1) Y MOISÉS dijo á los hijos de Israel, conforme á todo lo que Jehová le había mandado.

En los capítulos 28 y 29 los sacrificios no vienen clasificados según su significado, sino según las ocasiones en las cuales se debían presentar. Ejercitémonos, queridos hijos de Dios, en hacer de toda circunstancia una ocasión para dar gracias (1 Tesalonicenses 5:18).

En el capítulo 29 se habla de las ofrendas del séptimo mes y, a partir del versículo 12, vemos que día a día disminuía el número de becerros ofrendados. Ello sugiere aquellos períodos de nuestra vida durante los cuales la persona de Jesús puede, si no velamos, perder poco a poco su valor para nuestras almas. Proféticamente, este capítulo 29 se cumplirá durante el reinado de mil años. Muchos no se someterán a la autoridad del Señor Jesucristo sino por la fuerza (Salmo 18:44), de manera que un ocaso general en la apreciación de las glorias de Cristo conducirá a la sublevación de Gog y Magog (Apocalipsis 20:7-10).

Observemos el contraste que hay entre el sitio ocupado por el holocausto (trece becerros, catorce corderos…) y el del sacrificio por el pecado: solamente un macho cabrío. El énfasis se hace, en efecto, sobre la plena y continua satisfacción que Dios halla en Cristo: Él es su ofrenda, su pan en olor grato (cap. 28:2).

Números 30:1-16
1(H30-2) Y habló Moisés á los príncipes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado.2(H30-3) Cuando alguno hiciere voto á Jehová, ó hiciere juramento ligando su alma con obligación, no violará su palabra: hará conforme á todo lo que salió de su boca.3(H30-4) Mas la mujer, cuando hiciere voto á Jehová, y se ligare con obligación en casa de su padre, en su mocedad;4(H30-5) Si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare á ello, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será.5(H30-6) Mas si su padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones, con que ella hubiere ligado su alma, no serán firmes; y Jehová la perdonará, por cuanto su padre le vedó.6(H30-7) Empero si fuére casada, é hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma;7(H30-8) Si su marido lo oyere, y cuando lo oyere callare á ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será.8(H30-9) Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo; y Jehová lo perdonará.9(H30-10) Mas todo voto de viuda, ó repudiada, con que ligare su alma, será firme.10(H30-11) Y si hubiere hecho voto en casa de su marido, y hubiere ligado su alma con obligación de juramento,11(H30-12) Si su marido oyó, y calló á ello, y no le vedó; entonces todos sus votos serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será.12(H30-13) Mas si su marido los anuló el día que los oyó; todo lo que salió de sus labios cuanto á sus votos, y cuanto á la obligación de su alma, será nulo; su marido los anuló, y Jehová la perdonará.13(H30-14) Todo voto, ó todo juramento obligándose á afligir el alma, su marido lo confirmará, ó su marido lo anulará.14(H30-15) Empero si su marido callare á ello de día en día, entonces confirmó todos sus votos, y todas las obligaciones que están sobre ella: confirmólas, por cuanto calló á ello el día que lo oyó.15(H30-16) Mas si las anulare después de haberlas oido, entonces él llevará el pecado de ella.16(H30-17) Estas son las ordenanzas que Jehová mandó á Moisés entre el varón y su mujer, entre el padre y su hija, durante su mocedad en casa de su padre.

Después de los sacrificios necesarios de los capítulos 28 y 29 encontramos aquí los votos por los cuales un israelita se comprometía espontáneamente con Jehová. Cuando un hombre hacía un voto, obligatoriamente tenía que cumplirlo. Eso se llamaba pagar sus votos (Salmo 22:25; 116:14, 18). Una mujer no era tan responsable si vivía con su padre o con su marido. Éstos podían anular el voto que desaprobaban.

Este capítulo recuerda con qué presunción Israel se colocó bajo la ley, comprometiéndose a hacer todo lo que Dios había dicho. “Mejor es que no prometas –aconseja el predicador–, y no que prometas y no cumplas” (Eclesiastés 5:5). De modo general, cuán importante es que todo lo que decidimos pueda ser confirmado en el cielo, aprobado por el Señor. Santiago nos enseña a subordinar todos nuestros proyectos a esta reserva: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:15). Y en cuanto a los juramentos mencionados en el versículo 3, el mismo escritor prescribe: “No juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no…” (cap. 5:12; ver también Mateo 5:33-37).

Números 31:1-54
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2Haz la venganza de los hijos de Israel sobre los Madianitas; después serás recogido á tus pueblos.3Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, é irán contra Madián, y harán la venganza de Jehová en Madián.4Mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel, enviaréis á la guerra.5Así fueron dados de los millares de Israel, mil por cada tribu, doce mil á punto de guerra.6Y Moisés los envió á la guerra: mil por cada tribu envió: y Phinees, hijo de Eleazar sacerdote, fué á la guerra con los santos instrumentos, con las trompetas en su mano para tocar.7Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó á Moisés, y mataron á todo varón.8Mataron también, entre los muertos de ellos, á los reyes de Madián: Evi, y Recem, y Zur, y Hur, y Reba, cinco reyes de Madián; á Balaam también, hijo de Beor, mataron á cuchillo.9Y llevaron cautivas los hijos de Israel las mujeres de los Madianitas, y sus chiquitos y todas sus bestias, y todos sus ganados; y arrebataron toda su hacienda.10Y abrasaron con fuego todas sus ciudades, aldeas y castillos.11Y tomaron todo el despojo, y toda la presa, así de hombres como de bestias.12Y trajeron á Moisés, y á Eleazar el sacerdote, y á la congregación de los hijos de Israel, los cautivos y la presa y los despojos, al campo en los llanos de Moab, que están junto al Jordán de Jericó.13Y salieron Moisés y Eleazar el sacerdote, y todos los príncipes de la congregación, á recibirlos fuera del campo.14Y enojóse Moisés contra los capitanes del ejército, contra los tribunos y centuriones que volvían de la guerra;15Y díjoles Moisés: ¿Todas las mujeres habéis reservado?16He aquí ellas fueron á los hijos de Israel, por consejo de Balaam, para causar prevaricación contra Jehová en el negocio de Peor; por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová.17Matad pues ahora todos los varones entre los niños: matad también toda mujer que haya conocido varón carnalmente.18Y todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido ayuntamiento de varón, os reservaréis vivas.19Y vosotros quedaos fuera del campo siete días: y todos los que hubieren matado persona, y cualquiera que hubiere tocado muerto, os purificaréis al tercero y al séptimo día, vosotros y vuestros cautivos.20Asimismo purificaréis todo vestido, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelos de cabra, y todo vaso de madera.21Y Eleazar el sacerdote dijo á los hombres de guerra que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha mandado á Moisés:22Ciertamente el oro, y la plata, metal, hierro, estaño, y plomo,23Todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio, bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse: mas haréis pasar por agua todo lo que no aguanta el fuego.24Además lavaréis vuestros vestidos el séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campo.25Y Jehová habló á Moisés, diciendo:26Toma la cuenta de la presa que se ha hecho, así de las personas como de las bestias, tú y el sacerdote Eleazar, y las cabezas de los padres de la congregación:27Y partirás por mitad la presa entre los que pelearon, los que salieron á la guerra, y toda la congregación.28Y apartarás para Jehová el tributo de los hombres de guerra, que salieron á la guerra: de quinientos uno, así de las personas como de los bueyes, de los asnos, y de las ovejas:29De la mitad de ellos lo tomarás; y darás á Eleazar el sacerdote la ofrenda de Jehová.30Y de la mitad perteneciente á los hijos de Israel tomarás uno de cincuenta, de las personas, de los bueyes, de los asnos, y de las ovejas, de todo animal; y los darás á los Levitas, que tienen la guarda del tabernáculo de Jehová.31E hicieron Moisés y Eleazar el sacerdote como Jehová mandó á Moisés.32Y fué la presa, el resto de la presa que tomaron los hombres de guerra, seiscientas y setenta y cinco mil ovejas,33Y setenta y dos mil bueyes,34Y setenta y un mil asnos;35Y en cuanto á personas, de mujeres que no habían conocido ayuntamiento de varón, en todas trenita y dos mil.36Y la mitad, la parte de los que habían salido á la guerra, fué el número de trescientas treinta y siete mil y quinientas ovejas.37Y el tributo para Jehová de la ovejas, fué seiscientas setenta y cinco.38Y de los bueyes, treinta y seis mil: y de ellos el tributo para Jehová, setenta y dos.39Y de los asnos, treinta mil y quinientos: y de ellos el tributo para Jehová, setenta y uno.40Y de las personas, diez y seis mil: y de ellas el tributo para Jehová, trteinta y dos personas.41Y dió Moisés el tributo, por elevada ofrenda á Jehová, á Eleazar el sacerdote, como Jehová lo mandó á Moisés.42Y de la mitad para los hijos de Israel, que apartó Moisés de los hombres que habían ido á la guerra;43(La mitad para la congregación fué: de las ovejas, trescientas treinta y siete mil y quinientas;44Y de los bueyes, treinta y seis mil;45Y de los asnos, treinta mil y quinientos;46Y de las personas, diez y seis mil:)47De la mitad, pues, para los hijos de Israel tomó Moisés uno de cada cincuenta, así de las personas como de los animales, y diólos á los Levitas, que tenían la guarda del tabernáculo de Jehová; como Jehová lo había mandado á Moisés.48Y llegaron á Moisés los jefes de los millares de aquel ejército, los tribunos y centuriones;49Y dijeron á Moisés: Tus siervos han tomado razón de los hombres de guerra que están en nuestro poder, y ninguno ha faltado de nosotros.50Por lo cual hemos ofrecido á Jehová ofrenda, cada uno de lo que ha hallado, vasos de oro, brazaletes, manillas, anillos, zarcillos, y cadenas, para hacer expiación por nuestras almas delante de Jehová.51Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de ellos, alhajas, todas elaboradas.52Y todo el oro de la ofrenda que ofrecieron á Jehová de los tribunos y centuriones, fué diez y seis mil setecientos y cincuenta siclos.53Los hombres del ejército habían pillado cada uno para sí.54Recibieron, pues, Moisés y el sacerdote Eleazar, el oro de los tribunos y centuriones, y trajéronlo al tabernáculo del testimonio, por memoria de los hijos de Israel delante de Jehová.

Por incitación de Balaam, las mujeres de Moab y Madián lograron arrastrar a Israel a adorar sus ídolos. Mas ha llegado la hora del castigo. La venganza sobre los madianitas es despiadada; este pueblo queda casi aniquilado. Para nosotros ello es imagen de la diligencia con la cual somos llamados a cortar y a echar lejos de nosotros todas las ocasiones de caer (Mateo 5:27-30). Si sentimos, por ejemplo, que el trato con alguien encierra un peligro para nuestra alma, no vacilemos en cortarlo por lo sano, no importa lo que piense dicha persona.

Los versículos 25 a 54 sugieren los felices resultados que podemos esperar al “exterminar” lo que sirve de lazo para nuestras almas. Lejos de empobrecernos (no falta ni un solo combatiente), podemos adquirir un gran botín espiritual, del cual se beneficia “toda la congregación” (v. 27), y Dios también recibe su porción en forma de acciones de gracia.

Balaam también murió a filo de espada (v. 8). No conoció “la muerte de los rectos” (25:10), ni disfrutó mucho tiempo de la recompensa por la cual había vendido su alma. Tal es el fin de un camino perverso, de un camino que conduce a la perdición. “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

Números 32:1-15
1Y LOS hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una muy grande muchedumbre de ganado; los cuales viendo la tierra de Jazer y de Galaad, parecióles el país lugar de ganado.2Y vinieron los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron á Moisés, y á Eleazar el sacerdote, y á los príncipes de la congregación, diciendo:3Ataroth, y Dibón, y Jazer, y Nimra, y Hesbón, y Eleale, y Sabán, y Nebo, y Beón,4La tierra que Jehová hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado.5Por tanto, dijeron, si hallamos gracia en tus ojos, dése esta tierra á tus siervos en heredad, y no nos hagas pasar el Jordán.6Y respondió Moisés á los hijos de Gad y á los hijos de Rubén: ¿Vendrán vuestros hermanos á la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?7¿Y por qué prevenís el ánimo de los hijos de Israel, para que no pasen á la tierra que les ha dado Jehová?8Así hicieron vuestros padres, cuando los envié desde Cades-barnea para que viesen la tierra.9Que subieron hasta la arroyada de Escol, y después que vieron la tierra, preocuparon el ánimo de los hijos de Israel, para que no viniesen á la tierra que Jehová les había dado.10Y el furor de Jehová se encendió entonces, y juró diciendo:11Que no verán los varones que subieron de Egipto de veinte años arriba, la tierra por la cual juré á Abraham, Isaac, y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí;12Excepto Caleb, hijo de Jephone Cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de Jehová.13Y el furor de Jehová se encendió en Israel, é hízolos andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fué acabada toda aquella generación, que había hecho mal delante de Jehová.14Y he aquí vosotros habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para añadir aún á la ira de Jehová contra Israel.15Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez á dejaros en el desierto, y destruiréis á todo este pueblo.

Llegados a la frontera de Canaán, los hijos de Rubén y de Gad se presentan ante Moisés y los príncipes con una triste petición: “No nos hagas pasar el Jordán” (v. 5). Moisés, indignado, inmediatamente piensa en Cades-barnea, cuarenta años antes. ¿Será una vez más la incredulidad, el miedo que les infundan los gigantes y las ciudades fortificadas lo que haga retroceder a estas dos tribus? ¡No!, hay otra razón inesperada: ¡sus rebaños! La victoria sobre los madianitas les otorgó un botín considerable (cap. 31). Rubén y Gad tienen “una muy inmensa muchedumbre de ganado”. Por eso sus ojos se dirigen hacia los ricos pastos de la tierra de Galaad y quieren establecerse allí.

A estas dos tribus se añade también “la media tribu de Manasés hijo de José” (v. 33). Para ellos, una instalación inmediata en unas condiciones ventajosas y cómodas tiene más atractivo que la tierra prometida por Jehová. Así son muchos cristianos, ¿nos damos cuenta de ello? Sin duda alguna son salvos; forman parte del pueblo de Dios. Pero las cosas de la vida diaria les interesan más que la eternidad. Tienen un cristianismo terrenal, un corazón dividido. Para ellos el cielo no tiene valor presente. ¿No es esto mostrar poco amor hacia Aquel que se halla allí?

Números 32:16-42
16Entonces ellos se allegaron á él y dijeron: Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños;17Y nosotros nos armaremos, é iremos con diligencia delante de los hijos de Israel, hasta que los metamos en su lugar: y nuestros niños quedarán en ciudades fuertes á causa de los moradores del país.18No volveremos á nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad.19Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por cuanto tendremos ya nuestra heredad de estotra parte del Jordán al oriente.20Entonces les respondió Moisés: Si lo hiciereis así, si os apercibiereis para ir delante de Jehová á la guerra,21Y pasareis todos vosotros armados el Jordán delante de Jehová, hasta que haya echado á sus enemigos de delante de sí,22Y sea el país sojuzgado delante de Jehová; luego volveréis, y seréis libres de culpa para con Jehová, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en heredad delante de Jehová.23Mas si así no lo hiciereis, he aquí habréis pecado á Jehová; y sabed que os alcanzará vuestro pecado.24Edificaos ciudades para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y haced lo que ha salido de vuestra boca.25Y hablaron los hijos de Gad y los hijos de Rubén á Moisés, diciendo: Tus siervos harán como mi señor ha mandado.26Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros ganados, y todas nuestras bestias, estarán ahí en las ciudades de Galaad;27Y tus siervos, armados todos de guerra, pasarán delante de Jehová á la guerra, de la manera que mi señor dice.28Entonces los encomendó Moisés á Eleazar el sacerdote, y á Josué hijo de Nun, y á los príncipes de los padres de las tribus de los hijos de Israel.29Y díjoles Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén, pasaren con vosotros el Jordán, armados todos de guerra delante de Jehová, luego que el país fuere sojuzgado delante de vosotros, les daréis la tierra de Galaad en posesión:30Mas si no pasaren armados con vosotros, entonces tendrán posesión entre vosotros en la tierra de Canaán.31Y los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron, diciendo: Haremos lo que Jehová ha dicho á tus siervos.32Nosotros pasaremos armados delante de Jehová á la tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad será de esta parte del Jordán.33Así les dió Moisés á los hijos de Gad y á los hijos de Rubén, y á la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sehón rey Amorrheo, y el reino de Og rey de Basán, la tierra con sus ciudades y términos, las ciudades del país alrededor.34Y los hijos de Gad edificaron á Dibón, y á Ataroth, y á Aroer,35Y á Atroth-sophan, y á Jazer, y á Jogbaa,36Y á Beth-nimra, y á Betharán: ciudades fuertes, y también majadas para ovejas.37Y los hijos de Rubén edificaron á Hesbón, y á Eleale, y á Kiriathaim,38Y á Nebo, y á Baal-meón, (mudados los nombres), y á Sibma: y pusieron nombres á las ciudades que edificaron.39Y los hijos de Machîr hijo de Manasés fueron á Galaad, y tomáronla, y echaron al Amorrheo que estaba en ella.40Y Moisés dió Galaad á Machîr hijo de Manasés, el cual habitó en ella.41También Jair hijo de Manasés fué y tomó sus aldeas, y púsoles por nombre Havoth-jair.42Asimismo Noba fué y tomó á Kenath y sus aldeas, y llamóle Noba, conforme á su nombre.

Ofreciéndose para ayudar a sus hermanos en la conquista de la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y de Gad dan muestras de celo, de valentía e incluso de abnegación. Pero eso no reemplaza, a los ojos de Jehová, el amor hacia él y por el país que les ha dado. Los guerreros de estas dos tribus conocerán la tierra prometida y pasarán el Jordán para ayudar a sus hermanos. Pero sus mujeres y sus niños jamás entrarán en ella. Por su culpa, éstos no gozarán de la promesa de Jehová (cap. 14:31). Recordemos también que en otro tiempo el Faraón intentó impedir que los niños saliesen de Egipto (Éxodo 10:10). Ahora los propios padres obstaculizan la llegada de sus hijos a Canaán. “Dejad a los niños venir a mí –ordena el Señor Jesús–, y no se lo impidáis” (Marcos 10:14). ¡Desgraciadamente existe más de un medio para impedir que un niño se acerque a Jesús!

En el territorio de Galaad, indiscutiblemente los rebaños prosperarán, pero no ocurrirá lo mismo con las familias; éstas decaerán, tal como lo demuestra la historia de estas tribus.

Queridos amigos, ¿qué es más importante: la prosperidad de nuestros negocios o la de nuestra alma? Ellas casi nunca pueden ir juntas.

Números 33:1-35
1Estas son las estancias de los hijos de Israel, los cuales salieron de la tierra de Egipto por sus escuadrones, bajo la conducta de Moisés y Aarón.2Y Moisés escribió sus salidas conforme á sus jornadas por mandato de Jehová. Estas, pues, son sus estancias con arreglo á sus partidas.3De Rameses partieron en el mes primero, á los quince diás del mes primero: el segundo día de la pascua salieron los hijos de Israel con mano alta, á ojos de todos los Egipcios.4Estaban enterrando los Egipcios los que Jehová había muerto de ellos, á todo primogénito; habiendo Jehová hecho también juicios en sus dioses.5Partieron, pues, los hijos de Israel de Rameses, y asentaron campo en Succoth.6Y partiendo de Succoth, asentaron en Etham, que está al cabo del desierto.7Y partiendo de Etham, volvieron sobre Pi-hahiroth, que está delante de Baalsephon, y asentaron delante de Migdol.8Y partiendo de Pi-hahiroth, pasaron por medio de la mar al desierto, y anduvieron camino de tres días por el desierto de Etham, y asentaron en Mara.9Y partiendo de Mara, vinieron á Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y asentaron allí.10Y partidos de Elim, asentaron junto al mar Bermejo.11Y partidos del mar Bermejo, asentaron en el desierto de Sin.12Y partidos del desierto de Sin, asentaron en Dophca.13Y partidos de Dophca, asentaron en Alús.14Y partidos de Alús, asentaron en Rephidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber.15Y partidos de Rephidim, asentaron en el desierto de Sinaí.16Y partidos del desierto de Sinaí, asentaron en fmfm Kibroth-hataava.17Y partidos de Kibroth-hataava, asentaron en Haseroth.18Y partidos de Haseroth, asentaron en Ritma.19Y partidos de Ritma, asentaron en Rimmón-peres.20Y partidos de Rimmón-peres, asentaron en Libna.21Y partidos de Libna, asentaron en Rissa.22Y partidos de Rissa, asentaron en Ceelatha,23Y partidos de Ceelatha, asentaron en el monte de Sepher.24Y partidos del monte de Sepher, asentaron en Harada.25Y partidos de Harada, asentaron en Maceloth.26Y partidos de Maceloth, asentaron en Tahath.27Y partidos de Tahath, asentaron en Tara.28Y partidos de Tara, asentaron en Mithca.29Y partidos de Mithca, asentaron en Hasmona.30Y partidos de Hasmona, asentaron en Moseroth.31Y partidos de Moseroth, asentaron en Bene-jaacán.32Y partidos de Bene-jaacán, asentaron en el monte de Gidgad.33Y partidos del monte de Gidgad, asentaron en Jotbatha.34Y partidos de Jotbatha, asentaron en Abrona.35Y partidos de Abrona, asentaron en Esion-geber.

Llegados a la frontera del país, Moisés y los hijos de Israel son invitados a mirar hacia atrás. ¡Cuánto camino han recorrido desde la gran noche de la pascua! Al lado de unas felices y hasta gloriosas etapas –Pi-hahirot y el paso del Mar Rojo, Elim con sus fuentes y sus palmeras–, cuántos nombres sonaban dolorosamente: Sin y sus murmuraciones, Refidim y sus altercados, el Sinaí con el becerro de oro, Kibrot-hataava con las codicias y el triste asunto de las codornices… Estas etapas jalonan miserablemente el trayecto del desierto como lecciones necesarias para enseñar a Israel –y a cada uno de nosotros– a conocer poco a poco su malvado corazón. Sin duda, el pueblo hubiese deseado borrar algunos de estos nombres de su itinerario. Moisés hubiese tenido razones personales para silenciar lo de Cades, con las aguas de Meriba. ¡Pero eso no era posible! No podemos hacer desaparecer nuestra historia, incluyendo las faltas pasadas, como tampoco podemos volver atrás para retomar una sola hora de nuestra existencia. Lo que sí podemos hacer es recordar las lecciones aprendidas en el camino, la paciencia y la misericordia de Aquel que nos ha perdonado todo.

Números 33:36-56
36Y partidos de Esion-geber, asentaron en el desierto de Zin, que es Cades.37Y partidos de Cades, asentaron en el monte de Hor, en la extremidad del país de Edom.38Y subió Aarón el sacerdote al monte de Hor, conforme al dicho de Jehová, y allí murió á los cuarenta años de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, en el primero del mes.39Y era Aarón de edad de ciento y veinte y tres años, cuando murió en el monte de Hor.40Y el Cananeo, rey de Arad, que habitaba al mediodía en la tierra de Canaán, oyó como habían venido los hijos de Israel.41Y partidos del monte de Hor, asentaron en Salmona.42Y partidos de Salmona, asentaron en Phunón.43Y partidos de Phunón, asentaron en Oboth.44Y partidos de Oboth, asentaron en Ije-abarim; en el término de Moab.45Y partidos de Ije-abarim, asentaron en Dibón-gad.46Y partidos de Dibón-gad, asentaron en Almon-diblathaim.47Y partidos de Almon-diblathaim, asentaron en los montes de Abarim, delante de Nebo.48Y partidos de los montes de Abarim, asentaron en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó.49Finalmente asentaron junto al Jordán, desde Beth-jesimoth hasta Abel-sitim, en los campos de Moab.50Y habló Jehová á Moisés en los campos de Moab junto al Jordán de Jericó, diciendo:51Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis pasado el Jordán á la tierra de Canaán,52Echaréis á todos los moradores del país de delante de vosotros, y destruiréis todas sus pinturas, y todas sus imágenes de fundición, y arruinaréis todos sus altos;53Y echaréis los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que la poseáis.54Y heredaréis la tierra por suertes por vuestras familias: á los muchos daréis mucho por su heredad, y á los pocos daréis menos por heredad suya: donde le saliere la suerte, allí la tendrá cada uno: por las tribus de vuestros padres heredaréis.55Y si no echareis los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos, y por espinas en vuestros costados, y afligiros han sobre la tierra en que vosotros habitareis.56Será además, que haré á vosotros como yo pensé hacerles á ellos.

Desde hace mucho tiempo el viento del desierto ha borrado las pisadas del largo peregrinaje. Pero en el Libro de Dios cada paso ha sido anotado: “Salieron… y acamparon… salieron… y acamparon”. Unos pocos versículos rápidamente leídos resumen cuarenta años y un número igual de etapas, de las cuales muchas no son mencionadas sino aquí. Pero aunque no sepamos nada más, a Dios le pareció bien inscribir cada nombre en su santo Libro, como para recordarnos este versículo conmovedor: “¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?” (Job 31:4).

Para nosotros también, el tiempo ha borrado el recuerdo de la mayor parte de nuestro pasado. ¿Podríamos contar todo lo que hicimos ayer sin olvidar ni el más mínimo detalle? Ciertamente no, pero el Señor lo sabe todo. Nada se le ha escapado. Existe como una especie de película de nuestra vida. En el “tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10) ésta será proyectada ante nuestros ojos en la plena luz de Dios. ¡Qué pensamiento más serio! Si ello sucediera ahora, ninguno de nosotros podría soportarlo. Pero estando cerca de Jesús, no conoceremos la vergüenza ni tendremos temor de ningún juicio. Allí sólo habrá sitio para el sentimiento indecible de la grandeza de su gracia, fuente de una eterna adoración.

Números 34:1-29
1Y JEHOVA habló á Moisés, diciendo:2Manda á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de Canaán, es á saber, la tierra que os ha de caer en heredad, la tierra de Canaán según sus términos;3Tendréis el lado del mediodía desde el desierto de Zin hasta los términos de Edom; y os será el término del mediodía al extremo del mar salado hacia el oriente:4Y este término os irá rodeando desde el mediodía hasta la subida de Acrabbim, y pasará hasta Zin; y sus salidas serán del mediodía á Cades-barnea; y saldrá á Hasar-addar, y pasará hasta Asmón;5Y rodeará este término, desde Asmón hasta el torrente de Egipto, y sus remates serán al occidente.6Y el término occidental os será la gran mar: este término os será el término occidental.7Y el término del norte será este: desde la gran mar os señalaréis el monte de Hor;8Del monte de Hor señalaréis á la entrada de Hamath, y serán las salidas de aquel término á Sedad;9Y saldrá este término á Ziphón, y serán sus remates en Hasar-enán: este os será el término del norte.10Y por término al oriente os señalaréis desde Hasar-enán hasta Sepham;11Y bajará este término desde Sepham á Ribla, al oriente de Ain: y descenderá el término, y llegará á la costa de la mar de Cinnereth al oriente;12Después descenderá este término al Jordán, y serán sus salidas al mar Salado: esta será vuestra tierra: por sus términos alrededor.13Y mandó Moisés á los hijos de Israel, diciendo: Esta es la tierra que heredaréis por suerte, la cual mandó Jehová que diese á las nueve tribus, y á la media tribu:14Porque la tribu de los hijos de Rubén según las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad según las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés, han tomado su herencia:15Dos tribus y media tomaron su heredad de esta parte del Jordán de Jericó al oriente, al nacimiento del sol.16Y habló Jehová á Moisés, diciendo:17Estos son los nombres de los varones que os aposesionarán la tierra: Eleazar el sacerdote, y Josué hijo de Nun.18Tomaréis también de cada tribu un príncipe, para dar la posesión de la tierra.19Y estos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jephone.20Y de la tribu de los hijos de Simeón, Samuel hijo de Ammiud.21De la tribu de Benjamín; Elidad hijo de Chislón.22Y de la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Bucci hijo de Jogli.23De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Ephod.24Y de la tribu de los hijos de Ephraim, el príncipe Chêmuel hijo de Siphtán.25Y de la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elisaphán hijo de Pharnach.26Y de la tribu de los hijos de Issachâr, el príncipe Paltiel hijo de Azan.27Y de la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Selomi.28Y de la tribu de los hijos de Nephtalí, el príncipe Pedael hijo de Ammiud.29Estos son á los que mandó Jehová que hiciesen la partición de la herencia á los hijos de Israel en la tierra de Canaán.

Después de haber mirado hacia atrás juntamente con Israel, Jehová lo invita a volver su mirada hacia adelante, a la meta de su largo viaje. Ciertas personas se ocupan incesantemente del pasado. Lamentan una y otra cosa, o bien, se jactan de lo que ellas han hecho. Mas lo que debe ocupar al creyente es lo que Dios ha hecho. Puede, en su corazón, dar mil respuestas a la inquietud de Balaam: “¡Lo que ha hecho Dios!” (cap. 23:23). Pero al mismo tiempo mira hacia adelante, en dirección de su patria. Los límites de la herencia estaban trazados para Israel por la misma mano divina que había dirigido su viaje.

Para nosotros, hijos de Dios, la casa del Padre ha sido preparada. El Señor no nos deja en la incertidumbre; de no ser así, él nos lo hubiera dicho. Hay muchas moradas en la casa de su Padre, a donde ha ido a prepararnos un lugar (Juan 14:2).

A Israel, Jehová sólo indica el contorno, las fronteras de su tierra. Y el cristiano por su parte apenas sabe más sobre su patria celestial. La Biblia no nos describe el cielo con muchos detalles, pero lo que sabemos nos basta. Es la casa del Padre, la de nuestro Padre. Allí se halla el Señor Jesús, y con él estaremos siempre.

Números 35:1-15
1Y HABLO Jehová á Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo:2Manda á los hijos de Israel, que den á los Levitas de la posesión de su heredad ciudades en que habiten: También daréis á los Levitas ejidos de esas ciudades alrededor de ellas.3Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, y para sus ganados, y para todas sus bestias.4Y los ejidos de las ciudades que daréis á los Levitas, serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera.5Luego mediréis fuera de la ciudad á la parte del oriente dos mil codos, y á la parte del mediodía dos mil codos, y á la parte del occidente dos mil codos, y á la parte del norte dos mil codos, y la ciudad en medio: esto tendrán por los ejidos de las ciuda6Y de las ciudades que daréis á los Levitas, seis ciudades serán de acogimiento, las cuales daréis para que el homicida se acoja allá: y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades.7Todas las ciudades que daréis á los Levitas serán cuarenta y ocho ciudades; ellas con sus ejidos.8Y las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que mucho tomaréis mucho, y del que poco tomaréis poco: cada uno dará de sus ciudades á los Levitas según la posesión que heredará.9Y habló Jehová á Moisés, diciendo:10Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis pasado el Jordán á la tierra de Canaán,11Os señalaréis ciudades, ciudades de acogimiento tendréis, donde huya el homicida que hiriere á alguno de muerte por yerro.12Y os serán aquellas ciudades por acogimiento del pariente, y no morirá el homicida hasta que esté á juicio delante de la congregación.13De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de acogimiento.14Tres ciudades daréis de esta parte del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán; las cuales serán ciudades de acogimiento.15Estas seis ciudades serán para acogimiento á los hijos de Israel, y al peregrino, y al que morare entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte á otro por yerro.

En la tierra de Canaán, dentro de los límites que se acaban de trazar, cada tribu recibirá su posesión, excepto los hijos de Leví. Según la profecía de Jacob, éstos debían ser dispersados en Israel a causa de la mala conducta de su padre (Génesis 49:7). Pero, por la gracia de Dios, este castigo se convertirá en bendición. Cuarenta y ocho ciudades repartidas en todo Israel serán atribuidas a los hijos de Leví. Cada tribu deberá darles algunas en proporción con su herencia. Así esos levitas, siervos de Jehová y de sus hermanos, encargados particularmente de enseñar la ley, serán llevados a ejercer un ministerio en beneficio de todo el pueblo.

A continuación se habla de las ciudades de refugio para el homicida. La ley en todo su rigor exigía la sangre por la sangre, independientemente de que ésta hubiese sido derramada intencionalmente por odio o, al contrario, involuntariamente. Pero para responder a este último caso, Jehová había dado, junto con la ley, una promesa (léase Éxodo 21:12-13). Se había comprometido a proveer un asilo en el que el responsable de la muerte de otra persona fuera autorizado a huir para salvar su vida. Bella ilustración del refugio que Dios ofrece al pecador culpable. Ello nos recuerda que “el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4).

Números 35:16-34
16Y si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá:17Y si con piedra de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá.18Y si con instrumento de palo de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá.19El pariente del muerto, él matará al homicida: cuando lo encontrare, él le matará.20Y si por odio lo empujó, ó echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere;21O por enemistad lo hirió con su mano, y murió: el heridor morirá; es homicida; el pariente del muerto matará al homicida, cuando lo encontrare.22Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, ó echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas,23O bien, sin verlo, hizo caer sobre él alguna piedra, de que pudo morir, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal;24Entonces la congregación juzgará entre el heridor y el pariente del muerto conforme á estas leyes:25Y la congregación librará al homicida de mano del pariente del muerto, y la congregación lo hará volver á su ciudad de acogimiento, á la cual se había acogido; y morará en ella hasta que muera el gran sacerdote, el cual fué ungido con el aceite santo.26Y si el homicida saliere fuera del término de su ciudad de refugio, á la cual se acogió,27Y el pariente del muerto le hayare fuera del término de la ciudad de su acogida, y el pariente del muerto al homicida matare, no se le culpará por ello:28Pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el gran sacerdote: y después que muriere el gran sacerdote, el homicida volverá á la tierra de su posesión.29Y estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones.30Cualquiera que hiriere á alguno, por dicho de testigos, morirá el homicida: mas un solo testigo no hará fé contra alguna persona para que muera.31Y no tomaréis precio por la vida del homicida; porque está condenado á muerte: mas indefectiblemente morirá.32Ni tampoco tomaréis precio del que huyó á su ciudad de refugio, para que vuelva á vivir en su tierra, hasta que muera el sacerdote.33Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis: porque esta sangre amancillará la tierra: y la tierra no será expiada de la sangre que fué derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.34No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel.

Bajo el aspecto profético, la ciudad de refugio para el homicida protege al pueblo judío que crucificó a su Mesías sin medir el alcance de su crimen (Lucas 23:34). Desde entonces, es guardado providencialmente por Dios lejos de su herencia, hasta el final del período actual, esto es, mientras Cristo es sacerdote según el tipo de Aarón.

De hecho, toda la humanidad es culpable de la muerte del Hijo de Dios. Pero, en su infinita misericordia, Dios ha dado al hombre un refugio contra su propia ira, y este refugio no es otro que la víctima misma. Jesús es Aquel “quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:10).

Cristo, representado en este capítulo a la vez por la víctima y por la ciudad de refugio, también lo es por el sumo sacerdote, cuya muerte señalaba el momento del retorno del homicida a la tierra de su posesión en plena seguridad (v. 28).

El versículo 31 afirma que ningún rescate, por elevado que fuese, podía sustituir, para el homicida, al medio de salvación que Jehová había provisto. Ni dinero, ni oro (1 Pedro 1:18), como tampoco las buenas obras (Efesios 2:9) pueden reemplazar para el pecador la cobertura que halla en Jesucristo. “En ningún otro hay salvación…” (Hechos 4:12).

Números 36:1-13
1Y LLEGARON los príncipes de los padres de la familia de Galaad, hijo de Machîr, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José; y hablaron delante de Moisés, y de los príncipes, cabezas de padres de los hijos de Israel,2Y dijeron: Jehová mandó á mi señor que por suerte diese la tierra á los hijos de Israel en posesión: también ha mandado Jehová á mi señor, que dé la posesión de Salphaad nuestro hermano á sus hijas;3Las cuales, si se casaren con algunos de los hijos de las otras tribus de los hijos de Israel, la herencia de ellas será así desfalcada de la herencia de nuestros padres, y será añadida á la herencia de la tribu á que serán unidas: y será quitada de la su4Y cuando viniere el jubileo de los hijos de Israel, la heredad de ellas será añadida á la heredad de la tribu de sus maridos; y así la heredad de ellas será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres.5Entonces Moisés mandó á los hijos de Israel por dicho de Jehová, diciendo: La tribu de los hijos de José habla rectamente.6Esto es lo que ha mandado Jehová acerca de las hijas de Salphaad, diciendo: Cásense como á ellas les pluguiere, empero en la familia de la tribu de su padre se casarán;7Para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel se allegará á la heredad de la tribu de sus padres.8Y cualquiera hija que poseyere heredad de las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres.9Y no ande la heredad rodando de una tribu á otra: mas cada una de las tribus de los hijos de Israel se llegue á su heredad.10Como Jehová mandó á Moisés, así hicieron las hijas de Salphaad.11Y así Maala, y Tirsa, y Hogla, y Milchâ, y Noa, hijas de Salphaad, se casaron con hijos de sus tíos:12De la familia de los hijos de Manasés, hijo de José, fueron mujeres; y la heredad de ellas quedó en la tribu de la familia de su padre.13Estos son los mandamientos y los estatutos que mandó Jehová por mano de Moisés á los hijos de Israel en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó.

Aquí volvemos a encontrar a las cinco hijas de Zelofehad. Los jefes de la tribu de Manasés hablan nuevamente a Moisés y a los príncipes sobre esta cuestión hereditaria aparentemente de poca importancia. ¿De qué se trata? Cada tribu debía poseer su propio territorio. Pero en un caso como éste, en el que una mujer recibía una parte, su casamiento con un hombre de otra tribu habría hecho pasar la herencia a la tribu de su marido. Mas no debía ser así. Moisés arregló este problema de parte de Jehová. Los casamientos se formarían entre personas de una misma tribu. Jóvenes, chicos y chicas que pertenecen al Señor, ¡esta instrucción les concierne! El matrimonio puede hacerles perder el disfrute de su herencia celestial. Si la persona a la que piensa unirse un día no comparte su fe, ¡por nada del mundo se comprometa en semejante camino!

Resulta interesante que este libro del desierto se clausure con una nota concerniente a la herencia. En efecto, aún no se había pasado el Jordán. ¿Acaso no tendrían suficiente tiempo para pensar en ello? Así no es el pensamiento de Dios. Él nos ocupa desde ahora con nuestra patria celestial, porque su deseo es que nuestro corazón se llene de ello.

Deuteronomio 1:1-18
1ESTAS son las palabras que habló Moisés á todo Israel de esta parte del Jordán en el desierto, en el llano delante del mar Bermejo, entre Parán, y Thopel, y Labán, y Haseroth, y Dizahab.2Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea.3Y fué, que á los cuarenta años, en el mes undécimo, al primero del mes, Moisés habló á los hijos de Israel conforme á todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos;4Después que hirió á Sehón rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón, y á Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrei:5De esta parte del Jordán, en tierra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo:6Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Harto habéis estado en este monte;7Volveos, partíos é id al monte del Amorrheo, y á todas sus comarcas, en el llano, en el monte, y en los valles, y al mediodía, y á la costa de la mar, á la tierra del Cananeo, y el Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates.8Mirad, yo he dado la tierra en vuestra presencia; entrad y poseed la tierra que Jehová juró á vuestros padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les daría á ellos y á su simiente después de ellos.9Y yo os hablé entonces, diciendo: Yo no puedo llevaros solo:10Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí sois hoy vosotros como las estrellas del cielo en multitud.11Jehová Dios de vuestros padres añada sobre vosotros como sois mil veces, y os bendiga, como os ha prometido!12¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos?13Dad me de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes.14Y me respondisteis, y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho.15Y tomé los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y púselos por jefes sobre vosotros, jefes de millares, y jefes de cientos, y jefes de cincuenta, y cabos de diez, y gobernadores á vuestras tribus.16Y entonces mandé á vuestros jueces, diciendo: Oid entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el que le es extranjero.17No tengáis respeto de personas en el juicio: así al pequeño como al grande oiréis: no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios: y la causa que os fuere difícil, la traeréis á mí, y yo la oiré.18Os mandé, pues, en aquel tiempo todo lo que habíais de hacer.

Deuteronomio, el último libro de Moisés, parcialmente vuelve a tomar los relatos y enseñanzas de los libros precedentes. Al final de su carrera, el fiel conductor recuerda a la nueva generación los acontecimientos del desierto y sus lecciones para Israel. Los hombres que habían salido de Egipto perecieron en el camino, de modo que es necesario advertir y enseñar a la joven generación. En este concepto, la lectura de Deuteronomio será particularmente provechosa para los creyentes jóvenes. Como para invitarlos a no perder más tiempo, el libro comienza con un elocuente contraste. Once jornadas habrían bastado, según el versículo 2, para conducir al pueblo desde Horeb hasta Canaán. Pero ¡fueron necesarios cuarenta años! (v. 3). Varios de entre nosotros reconocen con tristeza haber perdido muchos años. No es necesario, en absoluto, esperar hasta una edad madura o la vejez para entrar en plena posesión de los “lugares celestiales”. Desde el comienzo de nuestra vida cristiana, el Espíritu Santo quiere enseñarnos las verdades y los principios de la Palabra.

Los versículos 13-18 nos recuerdan nuestra triste tendencia a reñir “por el camino” (Génesis 45:24) y las medidas que el Señor se ve obligado a tomar desde que su pueblo da los primeros pasos en el desierto.

Deuteronomio 1:19-28
19Y partidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del Amorrheo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades-barnea.20Entonces os dije: Llegado habéis al monte del Amorrheo, el cual Jehová nuestro Dios nos da.21Mira, Jehová tu Dios ha dado delante de ti la tierra: sube y posée la, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.22Y llegasteis á mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros, que nos reconozcan la tierra y nos traigan de vuelta razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar.23Y el dicho me pareció bien: y tomé doce varones de vosotros, un varón por tribu:24Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta la arroyada de Escol, y reconocieron la tierra.25Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y diéronnos cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Jehová nuestro Dios nos da.26Empero no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al dicho de Jehová vuestro Dios;27Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrecía, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en mano del Amorrheo para destruirnos.28¿A dónde subimos? Nuestros hermanos han hecho desfallecer nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y muradas hasta el cielo; y también vimos allí hijos de gigantes.

Desde Horeb, su punto de partida, Israel se dirige hacia Canaán, a través del “grande y terrible desierto”. Y la triste escena de Cades-barnea se presenta nuevamente ante nuestros ojos. Aquí vemos que fue a petición del pueblo que los hombres fueron enviados a explorar la tierra (v. 22), lo que no especificaba el capítulo 13 de Números. La raíz del mal estaba allí, en la falta de confianza en Dios. Querían comprobar sus declaraciones. Y cuando andamos “por la vista” y no “por la fe”, el enemigo se apresura a hacernos retroceder colocándonos obstáculos que parecen insalvables (v. 28).

A causa de su incredulidad, toda esa generación cayó en el desierto, excepto Josué y Caleb. La epístola a los Hebreos se sirve de este ejemplo para advertir a todos los que en la actualidad todavía endurecen sus corazones al oír la Palabra de Dios. Ésta de nada sirve cuando no viene “acompañada de fe” (Hebreos 4:2).

“Porque Jehová nos aborrece” (v. 27), gime el miserable pueblo. ¿Cuál es el aspecto más triste de la incredulidad? Que se atreva a dudar de un amor que, sin embargo, ha sido comprobado, el amor de un Dios que no perdonó en la cruz a su propio Hijo (Romanos 8:31-32).

Deuteronomio 1:29-46
29Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos.30Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme á todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos;31Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre á su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido á este lugar.32Y aun con esto no creisteis en Jehová vuestro Dios,33El cual iba delante de vosotros por el camino, para reconoceros el lugar donde habíais de asentar el campo, con fuego de noche para mostraros el camino por donde aduvieseis, y con nube de día.34Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y enojóse, y juró diciendo:35No verá hombre alguno de estos de esta mala generación, la buena tierra que juré había de dar á vuestros padres,36Excepto Caleb hijo de Jephone: él la verá, y á él le daré la tierra que pisó, y á sus hijos; porque cumplió en pos de Jehová.37Y también contra mí se airó Jehová por vosotros, diciendo: Tampoco tú entrarás allá:38Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá: anímale; porque él la hará heredar á Israel.39Y vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis serán por presa, y vuestros hijos que no saben hoy bueno ni malo, ellos entrarán allá, y á ellos la daré, y ellos la heredarán.40Y vosotros volveos, y partíos al desierto camino del mar Bermejo.41Entonces respondisteis y me dijisteis: Pecado hemos contra Jehová; nosotros subiremos y pelearemos, conforme á todo lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno de sus armas de guerra, y os apercibisteis para subir al monte.42Y Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; porque no seáis heridos delante de vuestros enemigos.43Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al dicho de Jehová, y persistiendo con altivez, subisteis al monte.44Y salió el Amorrheo, que habitaba en aquel monte, á vuestro encuentro, y os persiguieron, como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, persiguiéndoos hasta Horma.45Y volvisteis, y llorasteis delante de Jehová; pero Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.46Y estuvisteis en Cades por muchos días, como en los días que habéis estado.

El desierto era grande y terrible. Pero, ¿cómo lo había atravesado Israel? En los brazos de Jehová (v. 31). A la siguiente declaración, que manifiesta la más negra ingratitud: “Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto” (v. 27), escuchemos lo que Dios responde por boca de Moisés: “Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo”. ¡Qué ternura en esta comparación! El capítulo 13 de los Hechos (v. 18) lo completa: “Por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto”. Poderoso amor de un padre, profunda ternura de una madre. ¡Dios quiere ser todo para los suyos! (véase también Salmo 103:13; Isaías 66:13). ¿Y qué pide él como respuesta a semejante amor? Nada, excepto la confianza total de un niño que se deja llevar en los brazos de su padre. Otra prueba de la fidelidad de Dios era la manera en que había iniciado la marcha de su pueblo, reconociendo los lugares y guiándolo etapa por etapa (v. 33). Enviar a unos exploradores (v. 22), ¿no era desconfiar de esos diligentes cuidados?

Los incrédulos temores dan lugar a la ligereza y a la presunción, actitud que inevitablemente conduce a la derrota y hace derramar abundantes y amargas lágrimas (v. 45).

Deuteronomio 2:1-13
1Y VOLVIMOS, y partímonos al desierto camino del mar Bermejo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por muchos días.2Y Jehová me habló, diciendo:3Harto habéis rodeado este monte; volveos al aquilón.4Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el término de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho:5No os metáis con ellos; que no os daré de su tierra ni aun la holladura de la planta de un pie; porque yo he dado por heredad á Esaú el monte de Seir.6Compraréis de ellos por dinero las viandas, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y beberéis:7Pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos: él sabe que andas por este gran desierto: estos cuarenta años Jehová tu Dios fué contigo; y ninguna cosa te ha faltado.8Y pasamos de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino de la llanura de Elath y de Esiongeber. Y volvimos, y pasamos camino del desierto de Moab.9Y Jehová me dijo: No molestes á Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, que no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado á Ar por heredad á los hijos de Lot.10(Los Emimeos habitaron en ella antes, pueblo grande, y numeroso, y alto como fhnumeroso, y alto como fh gigantes:11Por gigantes eran ellos también contados, como los Anaceos; y los Moabitas los llaman Emimeos.12Y en Seir habitaron antes los Horeos, á los cuales echaron los hijos de Esaú; y los destruyeron de delante de sí, y moraron en lugar de ellos; como hizo Israel en la tierra de su posesión que les dió Jehová.)13Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo de Zered.

El Señor Jesús, cual verdadero Moisés, desea que recordemos el desierto, no solamente como el lugar donde hemos multiplicado los pasos en falso (cap. 1:32-46), sino para evocar Su inagotable bondad y paciencia a lo largo del camino transitado. “Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado” (v. 7). “¿Os faltó algo?” –preguntó Jesús a sus discípulos–. “Y ellos dijeron: Nada” (Lucas 22:35). Es así como la presencia del Señor con nosotros todos los días, según su fiel promesa (Mateo 28:20), es la garantía de que conoce nuestras necesidades y responderá a ellas valiéndose de sus propios recursos. “Él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado”. El Señor conoce la anchura del desierto como también el tiempo necesario para atravesarlo. Y lo que da está en proporción con ello.

Mas llega el momento cuando se deja oír la voz de Dios, diciendo: “Bastante habéis rodeado este monte” (v. 3).

Querido hermano, pronto oiremos el llamado que pondrá fin a nuestro peregrinaje por este mundo: “El Señor mismo con voz de mando... descenderá del cielo”, y nosotros iremos a su encuentro “en el aire” (1 Tesalonicenses 4:16-17). ¡Qué perspectiva más feliz!

Deuteronomio 2:14-25
14Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta que pasamos el arroyo de Zered, fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campo, como Jehová les había jurado.15Y también la mano de Jehová fué sobre ellos para destruirlos de en medio del campo, hasta acabarlos.16Y aconteció que cuando se hubieron acabado de morir todos los hombres de guerra de entre el pueblo,17Jehová me habló, diciendo:18Tú pasarás hoy el término de Moab, á Ar,19Y te acercarás delante de los hijos de Ammón: no los molestes, ni te metas con ellos; porque no te tengo de dar posesión de la tierra de los hijos de Ammón; que á los hijos de Lot la he dado por heredad.20(Por tierra de gigantes fué también ella tenida: habitaron en ella gigantes en otro tiempo, á los cuales los Ammonitas llamaban Zomzommeos;21Pueblo grande, y numeroso, y alto, como los Anaceos; á los cuales Jehová destruyó de delante de los Ammonitas, quienes les sucedieron, y habitaron en su lugar:22Como hizo con los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, de delante de los cuales destruyó á los Horeos; y ellos les sucedieron, y habitaron en su lugar hasta hoy.23Y á los Heveos que habitaban en Haserin hasta Gaza, los Caftoreos que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.)24Levantaos, partid, y pasad el arroyo de Arnón: he aquí he dado en tu mano á Sehón rey de Hesbón, Amorrheo, y á su tierra: comienza á tomar posesión, y empéñate con él en guerra.25Hoy comenzaré á poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán, y angustiarse han delante de ti.

El largo peregrinaje de Israel por el desierto era el justo castigo por su incredulidad. Pero la duración del viaje también tenía otro motivo. Contando con valerosos guerreros, el pueblo corría el peligro de atribuir a sus propias fuerzas la conquista de la tierra. Fueron, pues, necesarios treinta y ocho años para que pereciese esa generación de hombres de guerra (v. 14). El capítulo 5 de Juan relata la historia de un lisiado al que Jesús sanó junto al estanque de Betesda. Fue también al cabo de treinta y ocho años que este infeliz renunció a cualquier socorro humano y reconoció: “No tengo quien…”. Entonces el Señor hizo que caminara.

Ahora que los adultos que salieron de Egipto han muerto, los que eran niños en aquel momento, de quienes el pueblo había dicho que serían presa, son los que van a entrar en el país (cap. 1:39; comp. con Números 14:3). Llevados en los brazos de Jehová, son más fuertes que los guerreros. Cuando las fuerzas del hombre han desaparecido, llega la hora de Dios (cap. 32:36). Él ha preparado unas victorias brillantes y manda decir al pueblo: “Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón… comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él” (v. 24). Dios se encarga de todo lo demás.

Deuteronomio 2:26-37
26Y envié mensajeros desde el desierto de Cademoth á Sehón rey de Hesbón, con palabras de paz, diciendo:27Pasaré por tu tierra por el camino: por el camino iré, sin apartarme á diestra ni á siniestra:28La comida me venderás por dinero y comeré: el agua también me darás por dinero, y beberé: solamente pasaré á pie;29Como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los Moabitas que habitaban en Ar; hasta que pase el Jordán á la tierra que nos da Jehová nuestro Dios.30Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hoy.31Y díjome Jehová: He aquí yo he comenzado á dar delante de ti á Sehón y á su tierra; comienza á tomar posesión, para que heredes su tierra.32Y saliónos Sehón al encuentro, él y todo su pueblo, para pelear en Jaas.33Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y herimos á él y á sus hijos, y á todo su pueblo.34Y tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, y mujeres, y niños; no dejamos ninguno:35Solamente tomamos para nosotros las bestias, y los despojos de las ciudades que habíamos tomado.36Desde Aroer, que está junto á la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el arroyo, hasta Galaad, no hubo ciudad que escapase de nosotros: todas las entregó Jehová nuestro Dios en nuestro poder.37Solamente á la tierra de los hijos de Ammón no llegaste, ni á todo lo que está á la orilla del arroyo de Jaboc ni á las ciudades del monte, ni á lugar alguno que Jehová nuestro Dios había prohibido.

En Génesis 15:16 vemos que Jehová habló a Abraham sobre la iniquidad de los pueblos cananeos (véase también Deuteronomio 9:5). Pero todavía no había “llegado a su colmo la maldad” de estos pueblos. Fueron necesarios cuatrocientos años para que su mal madurara. ¡Cuán grande es la paciencia de Dios! Soporta desde hace casi dos mil años a un mundo que crucificó a su Hijo.

Las naciones que ocupan los dos lados del Jordán acaban de oír hablar de lo que Jehová ha hecho por Israel, mas no se han arrepentido. Entonces tiene que consumarse el juicio y no hay perdón para nadie. Los niños también perecen. Pero sabemos que si un niño muere, va al cielo (Mateo 19:14), de manera que se les ahorra una suerte mucho más espantosa que la muerte. Tenemos sobrados motivos para pensar que llegando a la edad adulta esos niños hubieran seguido las pisadas culpables de sus padres, las cuales los habrían conducido a la perdición.

Esas naciones eran enemigas de Dios y el pueblo debía destruirlas a causa de la gloria de Dios. El cristiano no es llamado, como Israel, a combatir contra los hombres. Lo que sí debe imitar es la amabilidad con la que Israel da aquí su testimonio (v. 26-29).

Deuteronomio 3:1-17
1Y VOLVIMOS, y subimos camino de Basán, y saliónos al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei.2Y díjome Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado á él y á todo su pueblo, y su tierra: y harás con él como hiciste con Sehón rey Amorrheo, que habitaba en Hesbón.3Y Jehová nuestro Dios entregó también en nuestra mano á Og rey de Basán, y á todo su pueblo, al cual herimos hasta no quedar de él ninguno.4Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomásemos: sesenta ciudades, toda la tierra de Argob, del reino de Og en Basán.5Todas éstas eran ciudades fortalecidas con alto muro, con puertas y barras; sin otras muy muchas ciudades sin muro.6Y destruímoslas, como hicimos á Sehón rey de Hesbón, destruyendo en toda ciudad hombres, mujeres, y niños.7Y tomamos para nosotros todas las bestias, y los despojos de las ciudades.8También tomamos en aquel tiempo de mano de dos reyes Amorrheos que estaban de esta parte del Jordán, la tierra desde el arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón:9(Los Sidonios llaman á Hermón Sirión; y los Amorrheos, Senir:)10Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y todo Basán hasta Salchâ y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán.11Porque sólo Og rey de Basán había quedado de los gigantes que quedaron. He aquí su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabbath de los hijos de Ammón?; la longitud de ella de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, al codo de un hombre.12Y esta tierra que heredamos entonces desde Aroer, que está al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con sus ciudades, dí á los Rubenitas y á los Gaditas:13Y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, dí lo á la media tribu de Manasés; toda la tierra de Argob, todo Basán, que se llamaba la tierra de los gigantes.14Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el término de Gessuri y Machâti; y llamóla de su nombre Basán-havoth-jair, hasta hoy.15Y á Machîr dí á Galaad.16Y á los Rubenitas y Gaditas dí de Galaad hasta el arroyo de Arnón, el medio del arroyo por término; hasta el arroyo de Jaboc, término de los hijos de Ammón:17Asimismo la campiña, y el Jordán, y el término, desde Cinereth hasta la mar del llano, el mar Salado, las vertientes abajo del Pisga al oriente.

Cuando el enemigo sale al encuentro del pueblo, Jehová empieza por animar y tranquilizar a Moisés: “No tengas temor de él” (v. 2). Luego se describe la victoria: “Al cual derrotamos hasta acabar con todos… tomamos entonces todas sus ciudades…”. Las ciudades amuralladas hasta el cielo (cap. 1:28) habían parecido invencibles al Israel incrédulo. Mas aquí Moisés les recuerda: “No hubo ciudad que escapase de nosotros” (cap. 2:36). ¿Y qué sucedió con los gigantes que los habían llenado de espanto? Dios recordará más tarde: “Yo destruí delante de ellos al amorreo, cuya altura era como la altura de los cedros, y fuerte como una encina” (Amós 2:9). Og, rey de Basán, uno de esos terribles gigantes, es entregado con todo su pueblo en manos de Israel, tal como lo fue Sehón. Dios demuestra así su poder y lo despliega en favor de los suyos. ¡Es un pensamiento apto para animarnos cuando el poder de Satanás quiere asustarnos! “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). La fe triunfa porque se fundamenta en Aquel que es más poderoso que el mundo. “Confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Deuteronomio 3:18-29
18Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra para que la poseáis: pasaréis armados delante de vuestros hermanos los hijos de Israel todos los valientes.19Solamente vuestras mujeres, vuestros niños, y vuestros ganados, (yo sé que tenéis mucho ganado,) quedarán en vuestras ciudades que os he dado,20Hasta que Jehová dé reposo á vuestros hermanos, así como á vosotros, y hereden también ellos la tierra que Jehová vuestro Dios les da á la otra parte del Jordán: entonces os volveréis cada uno a su heredad que yo os he dado.21Mandé también á Josué entonces, diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho á aquellos dos reyes: así hará Jehová á todos los reinos á los cuales pasarás tú.22No los temáis; que Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros.23Y oré á Jehová en aquel tiempo, diciendo:24Señor Jehová, tú has comenzado á mostrar á tu siervo tu grandeza, y tu mano fuerte: porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga según tus obras, y según tus valentías?25Pase yo, ruégote, y vea aquella tierra buena, que está á la parte allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano.26Mas Jehová se había enojado contra mí por causa de vosotros, por lo cual no me oyó: y díjome Jehová: Bástate, no me hables más de este negocio.27Sube á la cumbre del Pisga, y alza tus ojos al occidente, y al aquilón, y al mediodía, y al oriente, y ve por tus ojos: porque no pasarás este Jordán.28Y manda a Josué, y anímalo, y confórtalo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás.29Y paramos en el valle delante de Beth-peor.

Algunas personas lamentan toda la vida no haber mostrado suficiente interés por sus estudios en la época escolar. Y los padres, a quienes no siempre se escucha, advierten a sus hijos para que trabajen, pues unos estudios mediocres también corren el riesgo de ser sancionados por una carrera mediocre, lo cual pone en juego su porvenir. ¿No ocurre lo mismo en el caso de un cristiano? Con la diferencia que toda la vida de éste está formada por sus años escolares. Si es un alumno perezoso, un aficionado que carece de una sana ambición, si “tiene la vista muy corta”, no le será dada una “amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, y sufrirá una pérdida eterna (2 Pedro 1:9, 11). A este respecto los hijos de Rubén y Gad nos dan una lección. No por recibir primero la herencia se obtiene la mejor parte. ¡Muy al contrario! “Aquella tierra buena” y “aquel buen monte” se hallan más allá del Jordán (v. 25). Moisés lo sabe bien. ¡Qué contraste hay entre el querido conductor cuyo corazón está más allá del Jordán, pero a quien no le es permitido entrar, y estas dos tribus y media que sí podrían entrar en Canaán pero no tienen el menor deseo de hacerlo! Y su corazón, querido amigo, ¿dónde está? ¿En el cielo, junto a Jesús, o en la tierra, ocupado con las cosas visibles y pasajeras? (Lucas 12:34).

Deuteronomio 4:1-13
1AHORA pues, oh Israel, oye los estatutos y derechos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis, y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres te da.2No añadiréis á la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.3Vuestros ojos vieron lo que hizo Jehová con motivo de Baal-peor; que á todo hombre que fué en pos de Baal-peor destruyó Jehová tu Dios de en medio de ti.4Mas vosotros que os allegasteis á Jehová vuestro Dios, todos estáis vivos hoy.5Mirad, yo os he enseñado estatutos y derechos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para poseerla.6Guardadlos, pues, y ponedlos por obra: porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia en ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, gente grande es ésta.7Porque ¿qué gente grande hay que tenga los dioses cercanos á sí, como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?8Y ¿qué gente grande hay que tenga estatutos y derechos justos, como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?9Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida: y enseñarlas has á tus hijos, y á los hijos de tus hijos;10El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Júntame el pueblo, para que yo les haga oir mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra: y las enseñarán á sus hijos;11Y os llegasteis, y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, nube, y oscuridad.12Y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego: oisteis la voz de sus palabras, mas á excepción de oir la voz, ninguna figura visteis:13Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra, las diez palabras; y escribiólas en dos tablas de piedra.

Una sola desobediencia privó a Moisés de entrar en la buena tierra prometida por Jehová. Está, pues, en mejor posición para exhortar al pueblo a obedecer las ordenanzas de Jehová “para que –dice– ...entréis y poseáis la tierra…” (v. 1). Es como si les hubiera dicho: ¡Que no les suceda como a mí; escuchen y obedezcan los mandamientos de Jehová! “Porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia”, recalca el hombre de Dios (v. 6). Haciendo la voluntad de Dios, ponemos a un lado nuestra propia voluntad y cedemos el lugar a la sabiduría que viene de lo alto, la cual sustituye a la nuestra (Santiago 3:17). Guardar la Palabra es al mismo tiempo guardar nuestra alma “con diligencia” (v. 9).

La autoridad de esta Palabra divina queda confirmada; Moisés recuerda en qué condiciones y con qué solemnidad ha sido comunicada.

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella” (v. 2 y también cap. 12:32). Muchas personas que dicen ser cristianas añaden tradiciones, supersticiones y opiniones humanas a las Escrituras. Otras suprimen las páginas que les molestan o las que no entienden. Hacer lo uno es tan culpable como hacer lo otro (léase Apocalipsis 22:18-19).

Deuteronomio 4:14-28
14A mí también me mandó Jehová entonces enseñaros los estatutos y derechos, para que los pusieseis por obra en la tierra á la cual pasáis para poseerla.15Guardad pues mucho vuestras almas: pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego:16Porque no os corrompáis, y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón ó hembra,17Figura de algún animal que sea en la tierra, figura de ave alguna alada que vuele por el aire,18Figura de ningún animal que vaya arrastrando por la tierra, figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra:19Y porque alzando tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, no seas incitado, y te inclines á ellos, y les sirvas; que Jehová tu Dios los ha concedido á todos los pueblos debajo de todos los cielos.20Empero á vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que le seáis por pueblo de heredad como en este día.21Y Jehová se enojó contra mí sobre vuestros negocios, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad.22Así que yo voy á morir en esta tierra; y no paso el Jordán: mas vosotros pasaréis, y poseeréis aquella buena tierra.23Guardaos no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y os hagáis escultura ó imagen de cualquier cosa, que Jehová tu Dios te ha vedado.24Porque Jehová tu Dios es fuego que consume, Dios celoso.25Cuando hubiereis engendrado hijos y nietos, y hubiereis envejecido en la tierra, y os corrompiereis, é hiciereis escultura ó imagen de cualquier cosa, é hiciereis mal en ojos de Jehová vuestro Dios, para enojarlo;26Yo pongo hoy por testigos al cielo y á la tierra, que presto pereceréis totalmente de la tierra hacia la cual pasáis el Jordán para poseerla: no estaréis en ella largos días sin que seáis destruídos.27Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las gentes á las cuales os llevará Jehová:28Y serviréis allí á dioses hechos de manos de hombres, á madera y á piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.

En medio de los pueblos circundantes, Israel debía distinguirse por su sabiduría e inteligencia (cap. 4:6). Sabiduría e inteligencia que consistían en conocer al único Dios verdadero, en escucharlo y someterse a su autoridad. Los pueblos vecinos adoraban a los ídolos. Y como consecuencia, “su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Romanos 1:21-23). Hoy en día, salvo en los países paganos, apenas se encuentra esa forma grosera de idolatría. Pero el Nuevo Testamento da este nombre a otros pecados: la codicia, por ejemplo, y nos advierte solemnemente que ningún idólatra heredará del reino de Dios (Efesios 5:5; 1 Corintios 6:9-10).

Al mismo tiempo que advierte a Israel, Dios no le oculta lo que sucederá: el pueblo se corromperá y servirá a las divinidades paganas. La Palabra de Dios nunca nos deja ninguna ilusión sobre lo que nuestros corazones naturales son capaces de hacer.

Moisés menciona a los nietos (v. 25). Uno de los suyos, llamado Jonatán, precisamente llegó a ser, en los tiempos de los jueces, sacerdote de una imagen de escultura (Jueces 18:30).

Deuteronomio 4:29-49
29Mas si desde allí buscares á Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.30Cuando estuviereis en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres á Jehová tu Dios, y oyeres su voz;31Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto de tus padres que les juró.32Porque pregunta ahora de los tiempos pasados, que han sido antes de ti, desde el día que crió Dios al hombre sobre la tierra, y desde el un cabo del cielo al otro, si se ha hecho cosa semejante á esta gran cosa, ó se haya oído otra como ella.33¿Ha oído pueblo la voz de Dios, que hablase de en medio del fuego, como tú la has oído, y vivido?34¿O ha Dios probado á venir á tomar para sí gente de en medio de otra gente, con pruebas, con señales, con milagros, y con guerra, y mano fuerte, y brazo extendido, y grandes espantos, según todas las cosas que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egip35A ti te fué mostrado, para que supieses que Jehová él es Dios; no hay más fuera de él.36De los cielos te hizo oir su voz, para enseñarte: y sobre la tierra te mostró su gran fuego: y has oído sus palabras de en medio del fuego.37Y por cuanto él amó á tus padres, escogió su simiente después de ellos, y sacóte delante de sí de Egipto con su gran poder;38Para echar de delante de ti gentes grandes y más fuertes que tú, y para introducirte, y darte su tierra por heredad, como hoy.39Aprende pues hoy, y reduce á tu corazón que Jehová él es el Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra; no hay otro.40Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, que yo te mando hoy, para que te vaya bien á ti y á tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da para siempre.41Entonces apartó Moisés tres ciudades de esta parte del Jordán al nacimiento del sol,42Para que huyese allí el homicida que matase á su prójimo por yerro, sin haber tenido enemistad con él desde ayer ni antes de ayer; y que huyendo á una de estas ciudades salvara la vida:43A Beser en el desierto, en tierra de la llanura, de los Rubenitas; y á Ramoth en Galaad, de los Gaditas; y á Golán en Basán, de los de Manasés.44Esta, pues, es la ley que Moisés propuso delante de los hijos de Israel.45Estos son los testimonios, y los estatutos, y los derechos, que Moisés notificó á los hijos de Israel, cuando hubieron salido de Egipto;46De esta parte del Jordán, en el valle delante de Beth-peor, en la tierra de Sehón rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón, al cual hirió Moisés con los hijos de Israel, cuando hubieron salido de Egipto:47Y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán; dos reyes de los Amorrheos que estaban de esta parte del Jordán, al nacimiento del sol:48Desde Aroer, que está junto á la ribera del arroyo de Arnón, hasta el monte de Sión, que es Hermón;49Y toda la llanura de esta parte del Jordán, al oriente, hasta la mar del llano, las vertientes de las aguas abajo del Pisga.

La cristiandad, aún más responsable que Israel, no ha respondido mejor que este pueblo a lo que se esperaba de ella. Desde los tiempos apostólicos, su decadencia está anunciada. Pero en medio de la ruina de la Iglesia profesante, Dios tiene trazado un sendero para el creyente: la obediencia individual. Notemos que al hablar de la decadencia lo expresa en plural: vosotros (v. 25-28). He ahí lo que haréis como conjunto responsable. Pero para el avivamiento (v. 29-31) lo hace en singular: tú. Incumbe a cada cual oír esa voz que se dirige a él personalmente. Así habló Pablo a Timoteo en los días aciagos de su segunda epístola. Dijo: Esto ha llegado a ser la cristiandad en su conjunto, “pero persiste tú en lo que has aprendido” (2 Timoteo 3:14). Dios se esmera en recordarnos lo que hemos “aprendido”. “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis…”, escribe Pedro (léase 2 Pedro 1:12-13; 3:1-2). No nos sorprendamos al hallar en la Biblia numerosas repeticiones. En Deuteronomio encontramos muchas, empezando por la ley misma, la cual se vuelve a dar en el capítulo 5 y justifica el nombre de este libro (Deuteronomio significa reiteración de la ley o segunda ley).

Deuteronomio 5:1-21
1Y LLAMO Moisés á todo Israel, y díjoles: Oye, Israel, los estatutos y derechos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos: y aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.2Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb.3No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.4Cara á cara habló Jehová con vosotros en el monte de en medio del fuego,5(Yo estaba entonces entre Jehová y vosotros, para denunciaros la palabra de Jehová; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte;) diciendo:6Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos.7No tendrás dioses extraños delante de mí.8No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ó abajo en la tierra, ó en las aguas debajo de la tierra:9No te inclinarás á ellas ni les servirás: porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre los terceros, y sobre los cuartos, á los que me aborrecen,10Y que hago misericordia á millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos.11No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios; porque Jehová no dará por inocente al que tomare en vano su nombre.12Guardarás el día del reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado.13Seis días trabajarás y harás toda tu obra:14Mas el séptimo es reposo á Jehová tu Dios: ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu peregrino que está dentro de tus puertas: porque descanse tu siervo y tu sierva como15Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido: por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día del reposo.16Honra á tu padre y á tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.17No matarás.18No adulterarás.19No hurtarás.20No dirás falso testimonio contra tu prójimo.21No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni ninguna cosa que sea de tu prójimo.

Ahora para Israel es cuestión de escuchar, aprender y poner en práctica los estatutos y las ordenanzas de Jehová (v. 1). Verbos muy significativos para cada uno de nosotros en relación con las Escrituras enteras. A la cabeza de las instrucciones dadas a Israel está naturalmente la ley. Ésta pone en evidencia, por una parte, la perfección de Cristo, quien la cumplió en su totalidad, y, por otra parte, la maldad del hombre, que es capaz de hacer todo lo que ella prohibe (léase 1 Timoteo 1:9). Si Dios tiene que decir: “No matarás… no hurtarás”, es porque estas inclinaciones hacia el mal están en nosotros. Por eso la ley tiene, sobre todo, un carácter negativo. No recalca: “harás”, sino: “no harás”. La vida cristiana también conlleva unas abstenciones y prohibiciones. En 1 Pedro 1:14 y 2:1, 11 se exhorta al hijo de Dios a que rechace toda malicia, engaño, hipocresía, envidia, que se abstenga de las codicias carnales… Pero el cristianismo también es rico en mandamientos positivos, ya que el creyente posee una vida nueva capacitada para cumplirlos. Y si Dios nos exige apartarnos de las diversas codicias, es porque nos ha dado una persona, al Señor Jesucristo, quien es apto para satisfacer nuestros corazones, lo que la ley no hacía.

Deuteronomio 5:22-33
22Estas palabras habló Jehová á toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, á gran voz: y no añadió más. Y escribiólas en dos tablas de piedra, las cuales me dió á mí.23Y aconteció, que como vosotros oisteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, llegasteis á mí todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos;24Y dijisteis: He aquí, Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego: hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste vive.25Ahora pues, ¿por qué moriremos? que este gran fuego nos consumirá: si tornáremos á oir la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos.26Porque, ¿qué es toda carne, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y viva?27Llega tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos.28Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, cuando me hablabais; y díjome Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado: bien está todo lo que han dicho.29Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen, y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que á ellos y á sus hijos les fuese bien para siempre!30Ve, diles: Volveos á vuestras tiendas.31Y tú estáte aquí conmigo, y te diré todos los mandamientos, y estatutos, y derechos que les has de enseñar, a fin que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy para poseerla.32Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado: no os apartéis á diestra ni á siniestra;33Andad en todo camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis, y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer.

La ley ha sido dada. Jehová no tiene nada más que añadir a ella. Ahora al pueblo le toca responder con un fervor verdadero y espontáneo. ¡Cuán precioso es para Dios ese primer amor! ¡“Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos”!, lo confirma a su siervo (v. 29). Más tarde, en el tiempo de Jeremías, evoca ese día feliz: “Me he acordado de ti... del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto”. Y con cuánta tristeza tiene que añadir: “Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días” (Jeremías 2:2, 32).

Sí, el pueblo habló bien; “bien está todo lo que han dicho” (v. 28). Pero Dios no se conforma con palabras. Nos juzgará según nuestros hechos. “Mirad, pues, que hagáis” (v. 32). Roguemos para que el Señor obre en nosotros “así el querer como el hacer” (Filipenses 2:13).

Ha sido trazado un camino del que uno no debe apartarse “a diestra ni a siniestra”. ¡Cuán fácil damos un paso fuera del camino de la obediencia, atraídos por algún objeto extraño o asustados por cualquier obstáculo! Imitemos a Josías, ese joven rey, cuya piedad brilla en medio de las tinieblas de la idolatría contemporánea. Fue el único que “anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda” (2 Crónicas 34:2).

Deuteronomio 6:1-15
1ESTOS pues son los mandamientos, estatutos, y derechos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra á la cual pasáis vosotros para poseerla:2Para que temas á Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, y que tus días sean prolongados.3Oye pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien, y seáis multiplicados, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres, en la tierra que destila leche y miel.4Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es:5Y Amarás á Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu poder.6Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón:7Y las repetirás á tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes:8Y has de atarlas por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos:9Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas.10Y será, cuando Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra que juró á tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que te daría; en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste,11Y casas llenas de todo bien, que tú no henchiste, y cisternas cavadas, que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste: luego que comieres y te hartares,12Guárdate que no te olvides de Jehová, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos.13A Jehová tu Dios temerás, y á él servirás, y por su nombre jurarás.14No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos:15Porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está; porque no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la haz de la tierra.

El amor de Dios no admite un corazón dividido ni comprometido con terceros. Es exclusivo en el sentido de que exige de nosotros una entrega total: corazón, alma, fuerzas; todo nuestro ser debe sentirse atraído por él. Ningún momento de nuestra vida debe escaparse de su influencia. En casa y fuera de ella, en la mesa, al levantarnos, al acostarnos y, en fin, cada instante de nuestra vida, nuestro querido Salvador debería poder ser el objeto de nuestros pensamientos y conversaciones (Salmo 73:25). ¡Pero cuán lejos estamos de ello! Sin embargo, el Evangelio nos presenta a Jesús, el modelo perfecto, en quien todo era para Dios. Oímos a Jesús citar “el primero y grande mandamiento” con la autoridad de Aquel que fue el único que lo cumplió perfectamente: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37-38). La Palabra de Dios estaba constantemente ligada a su corazón, de manera que cuando el enemigo se presentó en el desierto, ella fue en sus manos la espada segura para responderle. Con los versículos 13 y 16 Jesús tapó dos veces la boca a Satanás. De ahí la importancia de saber esos versículos de memoria. “Aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra”, declara el capítulo 5:1. El diablo no puede hacer nada en contra de las Escrituras cuando las citamos con el objeto de vencerle.

Deuteronomio 6:16-25; Deuteronomio 7:1-6
16No tentaréis á Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Massa.17Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios, y sus estatutos, que te ha mandado.18Y harás lo recto y bueno en ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró á tus padres;19Para que él eche á todos sus enemigos de delante de ti, como Jehová ha dicho.20Cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué significan los testimonios, y estatutos, y derechos, que Jehová nuestro Dios os mandó?21Entonces dirás á tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte;22Y dió Jehová señales y milagros grandes y nocivos en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de nuestros ojos;23Y sacónos de allá, para traernos y darnos la tierra que juró á nuestros padres;24Y mandónos Jehová que ejecutásemos todos estos estatutos, y que temamos á Jehová nuestro Dios, porque nos vaya bien todos los días, y para que nos dé vida, como hoy.25Y tendremos justicia cuando cuidáremos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.
1CUANDO Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra en la cual tú has de entrar para poseerla, y hubiere echado de delante de ti muchas gentes, al Hetheo, al Gergeseo, y al Amorrheo, y al Cananeo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo, siete nacio2Y Jehová tu Dios las hubiere entregado delante de ti, y las hirieres, del todo las destruirás: no harás con ellos alianza, ni las tomarás á merced.3Y no emparentarás con ellos: no darás tu hija á su hijo, ni tomarás á su hija para tu hijo.4Porque desviará á tu hijo de en pos de mí, y servirán á dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá presto.5Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus bosques, y quemaréis sus esculturas en el fuego.6Porque tú eres pueblo santo á Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra.

Tentar a Dios es pedirle que dé prueba de lo que dice. Y esto no es sino incredulidad. En Masah el pueblo quería comprobar si realmente Jehová estaba en medio de ellos (Éxodo 17:7). Pero Jesús no tuvo ninguna necesidad de echarse desde el pináculo del templo para saber que las órdenes sobre su protección habían sido dadas a los ángeles (Mateo 4:6).

Según el versículo 7, los padres eran responsables de enseñar las palabras de Jehová a sus hijos. El versículo 20 prevé que los hijos interrogarán a sus padres acerca de los decretos del Señor. Tales preguntas son presentadas en otras tres ocasiones. En Éxodo 12:26 con respecto a la pascua, (¿cuál es el medio de salvación?). En Éxodo 13:14 a propósito de la consagración de los primogénitos, (¿por qué esta continua separación del mundo?). Y en Josué 4:6 con respecto a las doce piedras sacadas del Jordán y erigidas en Canaán (cuestiones relativas a la posición celestial del creyente y a la unidad de la Iglesia, el cuerpo de Cristo). Cada vez las respuestas se refieren a la liberación de la que el pueblo fue objeto (v. 21-25).

Israel no debía perdonar nada de los cananeos ni de sus dioses. No para satisfacer el espíritu belicoso y dominador que generalmente suele animar a los pueblos conquistadores, sino porque era un pueblo santo, consagrado a Jehová (v. 6).

Deuteronomio 7:7-26
7No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos:8Sino porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró á vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano fuerte, y os ha rescatado de casa de siervos, de la mano de Faraón, rey de Egipto.9Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia á los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones;10Y que da el pago en su cara al que le aborrece, destruyéndolo: ni lo dilatará al que le odia, en su cara le dará el pago.11Guarda por tanto los mandamientos, y estatutos, y derechos que yo te mando hoy que cumplas.12Y será que, por haber oído estos derechos, y guardado y puéstolos por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró á tus padres;13Y te amará, y te bendecirá, y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y tu grano, y tu mosto, y tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró á tus padres que te daría.14Bendito serás más que todos los pueblos: no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus bestias.15Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú sabes, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.16Y consumirás á todos los pueblos que te da Jehová tu Dios: no los perdonará tu ojo; ni servirás á sus dioses, que te será tropiezo.17Cuando dijeres en tu corazón: Estas gentes son muchas más que yo, ¿cómo las podré desarraigar?;18No tengas temor de ellos: acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto;19De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano fuerte y brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó: así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres.20Y también enviará Jehová tu Dios sobre ellos avispas, hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de ti.21No desmayes delante de ellos, que Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y terrible.22Y Jehová tu Dios echará á estas gentes de delante de ti poco á poco: no las podrás acabar luego, porque las bestias del campo no se aumenten contra ti.23Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruídos.24Y él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo: nadie te hará frente hasta que los destruyas.25Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego: no codiciarás plata ni oro de sobre ellas para tomarlo para ti, porque no tropieces en ello, pues es abominación á Jehová tu Dios;26Y no meterás abominación en tu casa, porque no seas anatema como ello; del todo lo aborrecerás y lo abominarás; porque es anatema.

Usted y yo estamos dispuestos a amar a las personas que nos aman, a las que nos parecen simpáticas, amables (Lucas 6:32). El amor de Dios es totalmente distinto. Se manifestó hacia Israel cuando aún estaba en Egipto, débil y miserable nación que no lo buscaba, “el más insignificante de todos los pueblos” (v. 7-8). Se ejerció para con nosotros cuando éramos débiles, impíos, pecadores, enemigos (Romanos 5:6, 8, 10). El hombre ama cuando halla en otra persona motivos para semejante sentimiento; es un amor condicionado. Mas todos los motivos que Dios tenía para amarnos se encontraban en su propio corazón, de modo que este amor se extiende a todas sus criaturas sin distinción alguna. El amor que Dios espera del hombre no es sino la justa respuesta al suyo: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Y tiene una consecuencia para nosotros: la obediencia (v. 9). A esta obediencia el corazón de Dios vuelve a responder, pero por un sentimiento particular, el del versículo 13, que en el Nuevo Testamento corresponde a la promesa del Señor Jesús: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará” (Juan 14:23; 1 Juan 5:3). Que Dios nos conceda experimentarlo ricamente.

Deuteronomio 8:1-20
1CUIDARÉIS de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, porque viváis, y seáis multiplicados, y entréis, y poseáis la tierra, de la cual juró Jehová á vuestros padres.2Y acordarte has de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, por probarte, para saber lo que estaba en tu corazón, si habías de guardar ó no sus mandamientos.3Y te afligió, é hízote tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido; para hacerte saber que el hombre no vivirá de solo pan, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.4Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado por estos cuarenta años.5Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre á su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.6Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndolo.7Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes, de abismos que brotan por vegas y montes;8Tierra de trigo y cebada, y de vides, é higueras, y granados; tierra de olivas, de aceite, y de miel;9Tierra en la cual no comerás el pan con escasez, no te faltará nada en ella; tierra que sus piedras son hierro, y de sus montes cortarás metal.10Y comerás y te hartarás, y bendecirás á Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.11Guárdate, que no te olvides de Jehová tu Dios, para no observar sus mandamientos, y sus derechos, y sus estatutos, que yo te ordeno hoy:12Que quizá no comas y te hartes, y edifiques buenas casas en que mores,13Y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multiplique, y todo lo que tuvieres se te aumente,14Y se eleve luego tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos;15Que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde ningún agua había, y él te sacó agua de la roca del pedernal;16Que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para á la postre hacerte bien;17Y digas en tu corazón: Mi poder y la fortaleza de mi mano me han traído esta riqueza.18Antes acuérdate de Jehová tu Dios: porque él te da el poder para hacer las riquezas, á fin de confirmar su pacto que juró á tus padres, como en este día.19Mas será, si llegares á olvidarte de Jehová tu Dios, y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres, y á ellos te encorvares, protésto lo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.20Como las gentes que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis; por cuanto no habréis atendido á la voz de Jehová vuestro Dios.

¡“Te acordarás… acuérdate”! Es como el hilo conductor de este libro. Porque el corazón de Israel, como el nuestro, está pronto a olvidar a Dios, sus liberaciones, sus promesas, sus mandamientos (comp. con Marcos 8:18…). Jehová había traído a su pueblo “como trae el hombre a su hijo” (cap. 1:31). Aquí lo castiga “como castiga el hombre a su hijo” (v. 5). El ser traído y corregido son dos privilegios del hijo de Dios (Hebreos 12:5…). Lo segundo es más difícil de aceptar que lo primero. Pero, ¿cuál es el propósito de Dios al permitir las experiencias del desierto? Esto se repite tres veces: “para afligirte” (v. 2, 3, 16). El hombre que padece necesidades se halla más dispuesto a volverse hacia su Creador, y es justamente allí donde Dios lo espera, porque la prueba nunca es una meta en sí, sino un medio “para a la postre hacerte bien” (v. 16). ¡Qué contraste hay entre el desierto que Israel acaba de atravesar, tierra “de sed, donde no había agua” (v. 15), y la “buena tierra” llena de arroyos, de fuentes y de aguas profundas, en la cual va a entrar! ¡Qué contraste también entre los alimentos de Egipto (Números 11:5) y los ricos y sustanciales frutos del país de Canaán que dispensan fuerzas, gozo, salud, dulzura, y que evocan los frutos del Espíritu detallados en Gálatas 5:22!

Deuteronomio 9:1-17
1OYE, Israel: tú estás hoy para pasar el Jordán, para entrar á poseer gentes más numerosas y más fuertes que tú, ciudades grandes y encastilladas hasta el cielo,2Un pueblo grande y alto, hijos de gigantes, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá delante de los hijos del gigante?3Sabe, pues, hoy que Jehová tu Dios es el que pasa delante de ti, fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti: y tú los echarás, y los destruirás luego, como Jehová te ha dicho.4No discurras en tu corazón cuando Jehová tu Dios los habrá echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha metido Jehová á poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas gentes Jehová las echa de delante de ti.5No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos; mas por la impiedad de estas gentes Jehová tu Dios las echa de delante de ti, y por confirmar la palabra que Jehová juró á tus padres Abraham, Isaac, y Jacob.6Por tanto, sabe que no por tu justicia Jehová tu Dios te da esta buena tierra para poseerla; que pueblo duro de cerviz eres tú.7Acuérdate, no te olvides que has provocado á ira á Jehová tu Dios en el desierto: desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes á Jehová.8Y en Horeb provocasteis á ira á Jehová, y enojóse Jehová contra vosotros para destruiros.9Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua:10Y dióme Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito conforme á todas las palabras que os habló Jehová en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea.11Y fué al cabo de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dió dos las tablas de piedra, las tablas del pacto.12Y díjome Jehová: Levántate, desciende presto de aquí; que tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido: pronto se han apartado del camino que yo les mandé: hanse hecho una efigie de fundición.13Y hablóme Jehová, diciendo: He visto ese pueblo, y he aquí, que él es pueblo duro de cerviz:14Déjame que los destruya, y raiga su nombre de debajo del cielo; que yo te pondré sobre gente fuerte y mucha más que ellos.15Y volví y descendí del monte, el cual ardía en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos.16Y miré, y he aquí habíais pecado contra Jehová vuestro Dios: os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos presto del camino que Jehová os había mandado.17Entonces tomé las dos tablas, y arrojélas de mis dos manos, y quebrélas delante de vuestros ojos.

Para describir la fuerza de los enemigos de Israel, Moisés emplea los mismos términos usados por los hombres incrédulos que habían atemorizado el corazón del pueblo (cap. 1:28). Porque ese poder del enemigo era real. Y no era cuestión de minimizarlo, sino de confiar en un poder más grande. Jehová iría delante de ellos para combatir y destruir dicho poder.

Contrariamente a los criterios humanos –basados en la cantidad y la calidad–, la intervención de Dios en favor de Israel no está determinada por el número de guerreros (cap. 7:7) ni por las buenas disposiciones naturales de ese pueblo (v. 6). “Por tanto, sabe que no es por tu justicia –recuerda Moisés– que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla”. Al igual que Israel, el hijo de Dios no tiene justicia propia que hacer valer. “No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3: 5). Y para que el pueblo no caiga en la tentación de atribuir la elección de Dios a sus méritos personales, Moisés les recuerda el episodio vergonzoso y humillante del becerro de oro. Así como continuamente debemos recordar la fidelidad del Señor (cap. 8), también es necesario que no olvidemos cuán débil es nuestro corazón (v. 7; Ezequiel 16:30).

Deuteronomio 9:18-29
18Y postréme delante de Jehová, como antes, cuarenta días y cuarenta noches: no comí pan ni bebí agua, á causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo mal en ojos de Jehová para enojarlo.19Porque temí á causa del furor y de la ira con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruiros. Pero Jehová me oyó aún esta vez.20Contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirlo: y también oré por Aarón entonces.21Y tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y quemélo en el fuego, y lo desmenucé moliéndole muy bien, hasta que fué reducido á polvo: y eché el polvo de él en el arroyo que descendía del monte.22También en Tabera, y en Massa, y en Kibroth-hataavah, enojasteis á Jehová.23Y cuando Jehová os envió desde Cades-barnea, diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado; también fuisteis rebeldes al dicho de Jehová vuestro Dios, y no lo creisteis, ni obedecisteis á su voz.24Rebeldes habéis sido á Jehová desde el día que yo os conozco.25Postréme, pues, delante de Jehová cuarenta días y cuarenta noches que estuve postrado; porque Jehová dijo que os había de destruir.26Y oré á Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová, no destruyas tu pueblo y tu heredad que has redimido con tu grandeza, al cual sacaste de Egipto con mano fuerte.27Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac, y Jacob; no mires á la dureza de este pueblo, ni á su impiedad, ni á su pecado:28Porque no digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo Jehová introducirlos en la tierra que les había dicho, ó porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto.29Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran fortaleza y con tu brazo extendido.

Invitado a no olvidar sus faltas pasadas, Israel podía asociar a ello otro recuerdo: el del fiel abogado que se había mantenido en la montaña intercediendo por él. Moisés es mencionado de modo especial en el Salmo 99:6 entre aquellos que invocaban a Jehová y él les respondía. ¡Qué suplicas más fervientes hizo subir hacia Dios, tanto por el pueblo como por Aarón su hermano! He aquí dos temas urgentes de oración para nosotros: por una parte la asamblea, y por la otra los miembros de nuestra familia. El mismo Salmo 99 confirma la eficacia de la oración de fe: “Tú les respondías; les fuiste un Dios perdonador” (v. 8; Santiago 5:16). Regocijémonos al comprobar cómo en este Salmo también se nombra a Aarón. A él no sólo le fue perdonada su grave falta, sino que también pudo llegar a ser, a su vez, un intercesor (Números 16:47). Cuando hemos aprendido una lección por nuestra propia experiencia, somos capaces de ayudar a los demás. Así sucedió con Pedro. Cuando le anunció que había orado por él, el Señor añadió estas palabras: “Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32).

¡Qué felicidad, amados hermanos, poder contar con la presencia de un intercesor divino que se dirige al Padre en favor de cada uno de nosotros!

Deuteronomio 10:1-11
1EN aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube á mí al monte, y hazte un arca de madera:2Y escribiré en aquellas tablas palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste; y las pondrás en el arca.3E hice un arca de madera de Sittim, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano.4Y escribió en las tablas conforme á la primera escritura, las diez palabras que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y diómelas Jehová.5Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó.6(Después partieron los hijos de Israel de Beerot-bene-jacaam á Moserá: allí murió Aarón, y allí fué sepultado; y en lugar suyo tuvo el sacerdocio su hijo Eleazar.7De allí partieron á Gudgod, y de Gudgod á Jotbath, tierra de arroyos de aguas.8En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví, para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy.9Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos: Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.)10Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová me oyó también esta vez, y no quiso Jehová destruirte.11Y díjome Jehová: Levántate, anda, para que partas delante del pueblo, para que entren y posean la tierra que juré á sus padres les había de dar.

Las dos primeras tablas, apenas estuvieron en las manos de Moisés, fueron rotas para que el juicio no entrase juntamente con ellas en el campamento idólatra. Por eso esta vez Jehová manda colocar inmediatamente las nuevas tablas en el arca, tipo de Cristo, garante de la integridad de la ley. Según sus propias palabras, Jesús no vino para abolir la ley, sino para cumplirla. ¡No hubo una jota ni una tilde de la ley que el Señor no cumpliera a la perfección! Por esto también será el más grande en el reino de los cielos (Mateo 5:17-19).

2 Corintios 3 compara los diez mandamientos inscritos antiguamente en tablas de piedra con la “carta de Cristo”, grabada “en tablas de carne del corazón”. Ésta se resume en un nombre: Jesús, el que el Espíritu Santo imprime en el corazón de sus redimidos. Pero no para dejarlo escondido. Una carta se escribe para que sea leída. El nombre de Cristo, inscrito en nuestros corazones, debe ser leído por aquellos que nos conocen. En nuestro entorno son muchos los que nunca leen la Biblia. De modo indirecto se les puede obligar a hacerlo si la conducta que observan en nosotros es conforme a sus enseñanzas y refleja a Jesús (1 Pedro 3:1-2).

Deuteronomio 10:12-22
12Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas á Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas á Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma;13Que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien?14He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos: la tierra, y todas las cosas que hay en ella.15Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su simiente después de ellos, á vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día.16Circuncidad pues el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.17Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses, y Señor de señores, Dios grande, poderoso, y terrible, que no acepta persona, ni toma cohecho;18Que hace justicia al huérfano y á la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido.19Amaréis pues al extranjero: porque extranjeros fuisteis vosotros en tierra de Egipto.20A Jehová tu Dios temerás, á él servirás, á él te allegarás, y por su nombre jurarás.21El es tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas grandes y terribles cosas que tus ojos han visto.22Con setenta almas descendieron tus padres á Egipto; y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.

En los versículos 12 y 13 se presenta un hermoso programa ante los hijos de Israel. Amigo cristiano, el Señor no pide otra cosa “de ti”, sino tu temor, fidelidad, amor, abnegación y obediencia. Miqueas 6:8 formula la misma pregunta y, como respuesta, invita a obrar con rectitud, bondad, humildad. Todo esto se requiere para nuestro bien, “para que tengas prosperidad” (v. 13), y no es sino una justa respuesta al amor divino. ¡Felices lazos recíprocos! “… de tus padres se agradó Jehová para amarlos” (v. 15). “A él solo servirás, a él seguirás” (v. 20).

Se exige la circuncisión del corazón. No basta una señal exterior como prueba de que se tiene una religión. En el corazón debe haber un sello para indicar que se han juzgado las pretensiones de la carne y que se pertenece a Dios.

Dios es el sostén de los que se hallan solos en la vida. El huérfano, la viuda y el extranjero son particularmente objetos de sus cuidados. Este “Dios grande, poderoso, y temible” (v. 17), que ha hecho “estas cosas grandes y terribles” (v. 21), también es un Dios lleno de ternura, un Padre para los huérfanos y un Juez que hace justicia a las viudas (Salmo 68:5). “Él es el objeto de tu alabanza” (v. 21). No solamente lo que ha hecho, sino su Persona misma es un tema continuo de adoración para el corazón y los labios del rescatado.

Deuteronomio 11:1-15
1AMARAS pues á Jehová tu Dios, y guardarás su ordenanza, y sus estatutos y sus derechos y sus mandamientos, todos los días.2Y comprended hoy: porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte, y su brazo extendido,3Y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto á Faraón, rey de Egipto, y á toda su tierra;4Y lo que hizo al ejército de Egipto, á sus caballos, y á sus carros; cómo hizo ondear las aguas del mar Bermejo sobre ellos, cuando venían tras vosotros, y Jehová los destruyó hasta hoy;5Y lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis llegado á este lugar;6Y lo que hizo con Dathán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén; cómo abrió la tierra su boca, y tragóse á ellos y á sus casas, y sus tiendas, y toda la hacienda que tenían en pie en medio de todo Israel:7Mas vuestros ojos han visto todos los grandes hechos que Jehová ha ejecutado.8Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis esforzados, y entréis y poseáis la tierra, á la cual pasáis para poseerla;9Y para que os sean prolongados los días sobre la tierra, que juró Jehová á vuestros padres había de dar á ellos y á su simiente, tierra que fluye leche y miel.10Que la tierra á la cual entras para poseerla, no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu simiente, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.11La tierra á la cual pasáis para poseerla, es tierra de montes y de vegas; de la lluvia del cielo ha de beber las aguas;12Tierra de la cual Jehová tu Dios cuida: siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin de él.13Y será que, si obedeciereis cuidadosamente mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando á Jehová vuestro Dios, y sirviéndolo con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma,14Yo daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y cogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite.15Daré también hierba en tu campo para tus bestias; y comerás, y te hartarás.

El pueblo de Dios es llamado a hacer como el agricultor que, para alinear su surco, marca unos puntos de referencia detrás y delante de sí. A fin de enderezar sus caminos, Israel debe mirar primero hacia atrás para recordar la salida de Egipto y su penosa marcha a través del desierto (v. 2-7; Jeremías 2:23); luego tiene que mirar hacia adelante para contemplar por la fe la tierra prometida (v. 10-12). Nuestros extravíos deben servirnos de advertencia y hablar a nuestra conciencia, mientras la perspectiva de la herencia celestial es propia para estimular nuestro corazón. Siempre confrontado con un pasado jalonado por la gracia y con un porvenir glorioso, nuestro caminar tenderá a ser recto.

¡Qué contraste hay entre la tierra prometida y Egipto, figura del mundo! Para tener agua, aun hoy en día, los egipcios deben transportarla por unos canales mediante norias, una clase de molinos primitivamente accionados con el pie (v. 10). En cambio, en la tierra de Canaán la lluvia de los cielos provee un agua gratuita y abundante. ¡Sí, qué contraste entre los pobres esfuerzos del hombre del mundo por alcanzar él mismo su felicidad y el bendito terreno sobre el cual se halla ahora el redimido del Señor, quien recibe todo de la gracia de su Dios!

Deuteronomio 11:16-32
16Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis, y sirváis á dioses ajenos, y os inclinéis á ellos;17Y así se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis presto de la buena tierra que os da Jehová.18Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis por señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.19Y las enseñaréis á vuestros hijos, hablando de ellas, ora sentado en tu casa, ó andando por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes:20Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas:21Para que sean aumentados vuestros días, y los días de vuestros hijos, sobre la tierra que juró Jehová á vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra.22Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo, para que los cumpláis; como améis á Jehová vuestro Dios andando en todos sus caminos, y á él os allegareis,23Jehová también echará todas estas gentes de delante de vosotros y poseeréis gentes grandes y más fuertes que vosotros.24Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie, será vuestro: desde el desierto y el Líbano, desde el río, el río Eufrates, hasta la mar postrera será vuestro término.25Nadie se sostendrá delante de vosotros: miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre la haz de toda la tierra que hollareis, como él os ha dicho.26He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición:27La bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy;28Y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido.29Y será que, cuando Jehová tu Dios te introdujere en la tierra á la cual vas para poseerla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal:30Los cuales están de la otra parte del Jordán, tras el camino del occidente en la tierra del Cananeo, que habita en la campiña delante de Gilgal, junto á los llanos de Moreh.31Porque vosotros pasáis el Jordán, para ir a poseer la tierra que os da Jehová vuestro Dios; y la poseeréis, y habitaréis en ella.32Cuidaréis, pues, de poner por obra todos los estatutos y derechos que yo presento hoy delante de vosotros.

“Pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma” (v. 18). “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros...”, dijo el Señor Jesús a sus discípulos. Si permanecemos en él, sabremos cómo orar (Juan 15:7), cómo hablar de él (Salmo 45:1; Mateo 12:34), cómo huir del mal (Salmo 119:11). En cada instante del día pensaremos en estas palabras y en Aquel que las pronunció. Nuestras charlas, nuestros actos y nuestro andar llevarán su impresión. Hasta en nuestro rostro podrá leerse la felicidad que nos producen. En nuestro hogar, en nuestro trabajo, en nuestras idas y venidas en todo adornaremos “la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10).

Luego viene la conclusión de todas las exhortaciones a la obediencia: “He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición” (v. 26). Estos dos caminos se abren ante cada uno de nosotros. Uno es el sendero estrecho de la obediencia al Señor, el otro el camino ancho de nuestra propia voluntad. Pero en este cruce, Dios ha colocado postes indicadores. El camino de la obediencia conduce a la bendición; el de la propia voluntad a la maldición. ¿Cuál quiere escoger y seguir usted?

Deuteronomio 12:1-19
1ESTOS son los estatutos y derechos que cuidaréis de poner por obra, en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado para que la poseas, todos los días que vosotros viviereis sobre la tierra.2Destruiréis enteramente todos los lugares donde las gentes que vosotros heredareis sirvieron á sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol espeso:3Y derribaréis sus altares, y quebraréis sus imágenes, y sus bosques consumiréis con fuego: y destruiréis las esculturas de sus dioses, y extirparéis el nombre de ellas de aquel lugar.4No haréis así á Jehová vuestro Dios.5Mas el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis:6Y allí llevaréis vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, y vuestros votos, y vuestras ofrendas voluntarias, y los primerizos de vuestras vacas y de vuestras ovejas:7Y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en que Jehová tu Dios te hubiere bendecido.8No haréis como todo lo que nosotros hacemos aquí ahora, cada uno lo que le parece,9Porque aun hasta ahora no habéis entrado al reposo y á la heredad que os da Jehová vuestro Dios.10Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que Jehová vuestro Dios os hace heredar, y él os dará reposo de todos vuestros enemigos alrededor, y habitaréis seguros.11Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para hacer habitar en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido 12Y os alegraréis delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, y vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestros siervos, y vuestras siervas, y el Levita que estuviere en vuestras poblaciones: por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros.13Guárdate, que no ofrezcas tus holocaustos en cualquier lugar que vieres;14Mas en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando.15Con todo, podrás matar y comer carne en todas tus poblaciones conforme al deseo de tu alma, según la bendición de Jehová tu Dios que él te habrá dado: el inmundo y el limpio la comerá, como la de corzo ó de ciervo:16Salvo que sangre no comeréis; sobre la tierra la derramaréis como agua.17Ni podrás comer en tus poblaciones el diezmo de tu grano, ó de tu vino, ó de tu aceite, ni los primerizos de tus vacas, ni de tus ovejas, ni tus votos que prometieres, ni tus ofrendas voluntarias, ni las elevadas ofrendas de tus manos:18Mas delante de Jehová tu Dios las comerás, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el Levita que está en tus poblaciones: y alegrarte has delante de Jehová tu Dios en toda obra de tus manos.19Ten cuidado de no desamparar al Levita en todos tus días sobre tu tierra.

Hasta el final del capítulo 3 el pueblo es invitado a sacar lecciones del pasado. Desde el capítulo 4 hasta el 11 Moisés insiste sobre la necesidad de obedecer a Jehová. Ahora llegamos a la tercera parte del libro en la cual Israel recibe instrucciones para el momento en que habite en la tierra prometida. La primera concierne al establecimiento de un lugar para rendir culto a su Dios. El israelita debía comenzar por purificar la tierra de las abominaciones cananeas, y luego buscar –no escoger– el sitio donde el culto debería celebrarse. Al cristiano tampoco le corresponde decidir dónde o cómo rendir la alabanza a Dios. Su deber es inquirir cuidadosamente y buscar, según las Escrituras, el lugar dónde el Señor ha prometido su presencia. Si tiene dudas, puede imitar a los dos discípulos enviados por el Maestro para preparar la pascua, quienes le preguntaron: “¿Dónde quieres que la preparemos?” (Lucas 22:9).

El israelita debía traer los diversos sacrificios, comer, y regocijarse con toda su casa en el lugar escogido por Jehová (v. 7, 12, 14). ¡Es una figura de lo que venimos a hacer y recibir en la presencia del Señor Jesús cuando nos reunimos en torno a él! (Mateo 18:20).

Deuteronomio 12:20-32
20Cuando Jehová tu Dios ensanchare tu término, como él te ha dicho, y tú dijeres: Comeré carne, porque deseó tu alma comerla, conforme á todo el deseo de tu alma comerás carne.21Cuando estuviere lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios habrá escogido, para poner allí su nombre, matarás de tus vacas y de tus ovejas, que Jehová te hubiere dado, como te he mandado yo, y comerás en tus puertas según todo lo que deseare tu alma.22Lo mismo que se come el corzo y el ciervo, así las comerás: el inmundo y el limpio comerán también de ellas.23Solamente que te esfuerces á no comer sangre: porque la sangre es el alma; y no has de comer el alma juntamente con su carne.24No la comerás: en tierra la derramarás como agua.25No comerás de ella; para que te vaya bien á ti, y á tus hijos después de ti, cuando hicieres lo recto en ojos de Jehová.26Empero las cosas que tuvieres tú consagradas, y tus votos, las tomarás, y vendrás al lugar que Jehová hubiere escogido:27Y ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehová tu Dios: y la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Jehová tu Dios, y comerás la carne.28Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, porque te vaya bien á ti y á tus hijos después de ti para siempre, cuando hicieres lo bueno y lo recto en los ojos de Jehová tu Dios.29Cuando hubiere devastado delante de ti Jehová tu Dios las naciones á donde tú vas para poseerlas, y las heredares, y habitares en su tierra,30Guárdate que no tropieces en pos de ellas, después que fueren destruídas delante de ti: no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas gentes á sus dioses, así haré yo también.31No harás así á Jehová tu Dios; porque todo lo que Jehová aborrece, hicieron ellos á sus dioses; pues aun á sus hijos é hijas quemaban en el fuego á sus dioses.32Cuidaréis de hacer todo lo que yo os mando: no añadirás á ello, ni quitarás de ello.

Por boca de Moisés, Jehová acaba de recordar que es él quien primeramente tiene derecho al servicio de los suyos. Pero nunca es deudor de ellos. En cuanto le hayan rendido lo que le corresponde, se revela como un Dios lleno de bondad, que les da su sustento y entra con ternura en las circunstancias de su vida diaria. ¡Esto no autoriza a los creyentes a obrar a su antojo! “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). El Nuevo Testamento ratifica que el hijo de Dios debe abstenerse de consumir sangre y mantenerse alejado de las contaminaciones de los ídolos (leer Hechos 15:20). Estas prohibiciones forman parte de los cuidados de Dios para con su pueblo. Tengamos la seguridad de que si el Señor nos prohibe algo, no es para privarnos de ello arbitrariamente, sino para que no tropezcamos (v. 30). Este mismo versículo también nos enseña que el primer paso en el camino de la idolatría a menudo es la curiosidad. “No preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses...”. Interesarse por el mal es señal de que nuestra conciencia no ha sido profundamente alcanzada y nos hace entrar desarmados en el territorio de Satanás.

Deuteronomio 13:1-18
1CUANDO se levantare en medio de ti profeta, ó soñador de sueños, y te diere señal ó prodigio,2Y acaeciere la señal ó prodigio que él te dijo, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles;3No darás oído á las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños: porque Jehová vuestro Dios os prueba, para saber si amáis á Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma.4En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y á él temeréis, y guardaréis sus mandamientos, y escucharéis su voz, y á él serviréis, y á él os allegaréis.5Y el tal profeta ó soñador de sueños, ha de ser muerto; por cuanto trató de rebelión contra Jehová vuestro Dios, que te sacó de tierra de Egipto, y te rescató de casa de siervos, y de echarte del camino por el que Jehová tu Dios te mandó que anduvieses: y6Cuando te incitare tu hermano, hijo de tu madre, ó tu hijo, ó tu hija, ó la mujer de tu seno, ó tu amigo que sea como tu alma, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos á dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocisteis,7De los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores cercanos á ti, ó lejos de ti, desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de ella;8No consentirás con él, ni le darás oído; ni tu ojo le perdonará, ni tendrás compasión, ni lo encubrirás:9Antes has de matarlo; tu mano será primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo.10Y has de apedrearlo con piedras, y morirá; por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de siervos:11Para que todo Israel oiga, y tema, y no tornen á hacer cosa semejante á esta mala cosa en medio de ti.12Cuando oyeres de alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da para que mores en ellas, que se dice:13Hombres, hijos de impiedad, han salido de en medio de ti, que han instigado á los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos á dioses ajenos, que vosotros no conocisteis;14Tú inquirirás, y buscarás, y preguntarás con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación se hizo en medio de ti,15Irremisiblemente herirás á filo de espada los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella hubiere, y también sus bestias á filo de espada.16Y juntarás todo el despojo de ella en medio de su plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su despojo, todo ello, á Jehová tu Dios: y será un montón para siempre: nunca más se edificará.17Y no se pegará algo á tu mano del anatema; porque Jehová se aparte del furor de su ira, y te dé mercedes, y tenga misericordia de ti, y te multiplique, como lo juró á tus padres,18Cuando obedecieres á la voz de Jehová tu Dios, guardando todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, para hacer lo recto en ojos de Jehová tu Dios.

Un falso profeta es particularmente peligroso cuando se levanta de en medio del pueblo de Dios. Los apóstoles nos previenen contra esos propagadores de doctrinas perversas que “con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:18; 2 Pedro 2:18; 1 Juan 2:19; Judas 4). “No darás oído…”, ordena el versículo 3. Por el contrario: “En pos de Jehová vuestro Dios andaréis… y escucharéis su voz” (v. 4). La seguridad para las ovejas del buen Pastor consiste en conocer su voz (Juan 10:4-5). Entonces no tienen ninguna dificultad para distinguir la voz de un extraño y huir de él. Un segundo peligro no menos sutil es al que nos exponen las malas influencias, tanto más temibles por cuanto provienen de alguien cercano. “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33). Tengamos el valor de romper con las relaciones que tienden a alejarnos del Señor (Lucas 14:26). Finalmente el mal puede tomar un carácter colectivo: toda una ciudad podía contaminarse con el mismo. El creyente fiel es llamado a apartarse de cualquier medio religioso en el cual, a la luz de la Palabra de Dios, se haya descubierto la presencia de iniquidad y no exista el deseo de arrepentirse (2 Timoteo 2:19).

Deuteronomio 14:1-21
1HIJOS sois de Jehová vuestro Dios: no os sajaréis, ni pondréis calva sobre vuestros ojos por muerto;2Porque eres pueblo santo á Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo singular de entre todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra.3Nada abominable comerás.4Estos son los animales que comeréis: el buey, la oveja, y la cabra,5El ciervo, el corzo, y el búfalo, y el cabrío salvaje, y el unicornio, y buey salvaje, y cabra montés.6Y todo animal de pezuñas, que tiene hendidura de dos uñas, y que rumiare entre los animales, ese comeréis.7Empero estos no comeréis de los que rumian, ó tienen uña hendida: camello, y liebre, y conejo, porque rumian, mas no tienen uña hendida, os serán inmundos;8Ni puerco: porque tiene uña hendida, mas no rumia, os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos.9Esto comeréis de todo lo que está en el agua: todo lo que tiene aleta y escama comeréis;10Mas todo lo que no tuviere aleta y escama, no comeréis: inmundo os será.11Toda ave limpia comeréis.12Y estas son de las que no comeréis: el águila, y el azor, y el esmerejón,13Y el ixio, y el buitre, y el milano según su especie,14Y todo cuervo según su especie,15Y el búho, y la lechuza, y el cuclillo, y el halcón según su especie,16Y el herodión, y el cisne, y el ibis,17Y el somormujo, y el calamón, y el corvejón,18Y la cigüeña, y la garza según su especie, y la abubilla, y el murciélago.19Y todo reptil alado os será inmundo: no se comerá.20Toda ave limpia comeréis.21Ninguna cosa mortecina comeréis: al extranjero que está en tus poblaciones la darás, y él la comerá: ó véndela al extranjero; porque tú eres pueblo santo á Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

Los hijos de Jehová (v. 1) constituían un “pueblo santo a Jehová” (v. 2). A tal posición debían corresponder con una conducta santa y una piedad que los versículos siguientes nos muestran cómo manifestar. La Biblia es la única medida que nos permite distinguir entre lo puro y lo impuro. Los mamíferos puros poseían a la vez dos características. Los que, como el camello, rumiaban pero no tenían la pezuña hendida (mucho conocimiento sin la marcha correspondiente), e inversamente aquellos que, como el puerco, dejaban una huella impecable pero no tenían una buena manera de alimentarse, debían rechazarse. Los fariseos ilustraban esta segunda categoría. Exteriormente estaban separados del mal, pero interiormente no eran gobernados por la Palabra de Dios. Jeremías es el ejemplo de un hombre que reunía los dos caracteres. “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí…”, declara. ¡Eso es “rumiar”! Y en el versículo siguiente dice: “No me senté en compañía de burladores…” (Jeremías 15:16-17). Se refiere al andar separado del mal.

Todo lo que se arrastraba siendo dotado de alas era impuro (v. 19). Dios no reconoce la mezcla de lo celestial (provisto de alas) con lo terrenal (los reptiles).

Deuteronomio 14:22-29; Deuteronomio 15:1-6
22Indispensablemente diezmarás todo el producto de tu simiente, que rindiere el campo cada un año.23Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para hacer habitar allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y los primerizos de tus manadas, y de tus ganados, para que aprendas á temer á Jehová tu Dios todos los 24Y si el camino fuere tan largo que tú no puedas llevarlo por él, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere,25Entonces venderlo has, y atarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere;26Y darás el dinero por todo lo que deseare tu alma, por vacas, ó por ovejas, ó por vino, ó por sidra, ó por cualquier cosa que tu alma te demandare: y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.27Y no desampararás al Levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo.28Al cabo de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades:29Y vendrá el Levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos que hicieres.
1AL cabo de siete años harás remisión.2Y esta es la manera de la remisión: perdonará á su deudor todo aquél que hizo empréstito de su mano, con que obligó á su prójimo: no lo demandará más á su prójimo, ó á su hermano; porque la remisión de Jehová es pregonada.3Del extranjero demandarás el reintegro: mas lo que tu hermano tuviere tuyo, lo perdonará tu mano;4Para que así no haya en ti mendigo; porque Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas,5Si empero escuchares fielmente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te intimo hoy.6Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces á muchas gentes, mas tú no tomarás prestado; y enseñorearte has de muchas gentes, pero de ti no se enseñorearán.

El servicio religioso puro y sin mancha ante Dios Padre (Santiago 1:27) incluye dos aspectos: “Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Ayer consideramos el aspecto personal: mantenerse puro individualmente. Hoy tenemos ante nosotros el otro aspecto: servir con amor a los que sufren y padecen necesidad: el huérfano, la viuda (v. 29), el levita, el extranjero y el pobre. “Dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan…”, dijo el Señor Jesús (Lucas 12:33). Sin duda alguna, Dios no necesita nada; sin nuestra ayuda puede saciar de pan “a sus pobres” (Salmo 132:15). Si nos invita a compartir lo que poseemos, no es por necesidad, sino para enseñarnos a dar. Él sabe que por naturaleza somos egoístas, que sólo nos preocupamos por nuestras propias necesidades y que somos poco sensibles en cuanto a las de nuestro prójimo. Y el Dios de amor se complace en reconocer en los suyos esta primicia de la vida divina: el amor en sus múltiples manifestaciones. Sí, su corazón de Padre se regocija al comprobar en sus hijos alguna semejanza con su muy amado Hijo, con Aquel que por amor a nosotros “se hizo pobre, siendo rico” (2 Corintios 8:9).

Deuteronomio 15:7-23
7Cuando hubiere en ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en tu tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano á tu hermano pobre:8Mas abrirás á él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que basta, lo que hubiere menester.9Guárdate que no haya en tu corazón perverso pensamiento, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión; y tu ojo sea maligno sobre tu hermano menesteroso para no darle: que él podrá clamar contra ti á Jehová, y se te imputará á pecado.10Sin falta le darás, y no sea tu corazón maligno cuando le dieres: que por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que pusieres mano.11Porque no faltarán menesterosos de en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano á tu hermano, á tu pobre, y á tu menesteroso en tu tierra.12Cuando se vendiere á ti tu hermano Hebreo ó Hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo año le despedirás libre de ti.13Y cuando lo despidieres libre de ti, no lo enviarás vacío:14Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era, y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová te hubiere bendecido.15Y te acordarás que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató: por tanto yo te mando esto hoy.16Y será que, si él te dijere: No saldré de contigo; porque te ama á ti y á tu casa, que le va bien contigo;17Entonces tomarás una lesna, y horadarás su oreja junto á la puerta, y será tu siervo para siempre: así también harás á tu criada.18No te parezca duro cuando le enviares libre de ti; que doblado del salario de mozo jornalero te sirvió seis años: y Jehová tu Dios te bendecirá en todo cuanto hicieres.19Santificarás á Jehová tu Dios todo primerizo macho que nacerá de tus vacas y de tus ovejas: no te sirvas del primerizo de tus vacas, ni trasquiles el primerizo de tus ovejas.20Delante de Jehová tu Dios los comerás cada un año, tú y tu familia, en el lugar que Jehová escogiere.21Y si hubiere en él tacha, ciego ó cojo, ó cualquiera mala falta, no lo sacrificarás á Jehová tu Dios.22En tus poblaciones lo comerás: el inmundo lo mismo que el limpio comerán de él, como de un corzo ó de un ciervo.23Solamente que no comas su sangre: sobre la tierra la derramarás como agua.

Dar es fuente de gozo no solamente para el que recibe, sino particularmente para el que da. “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Gozo del cual Dios, el “Padre de las luces”, de quien desciende “toda buena dádiva y todo don perfecto”, es el primero en disfrutar (Santiago 1:17). Y, con el propósito de que los suyos compartan ese gozo, coloca ante ellos muchas ocasiones de dar. ¡Qué contradicción si su corazón se entristece al hacerlo! (v. 10). No olvidemos nunca que “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

“Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra” (v. 11). “A los pobres siempre los tendréis con vosotros”, dijo el Señor Jesús (Juan 12:8). La ocasión para experimentar el gozo de dar, aunque sólo sea una palabra de verdadera simpatía, siempre se presenta. Quizás está a nuestra puerta, como lo estuviera Lázaro a la puerta del hombre rico (Lucas 16:20), pero cerramos los ojos para no verla, nos falta un corazón abnegado para aprovecharla. “El ojo misericordioso será bendito, porque dio de su pan al indigente” (Proverbios 22:9). El ejemplo del siervo hebreo, figura de Cristo, nos recuerda que todo lo que hagamos por amor al más pobre o más pequeño que nosotros, es para Jesús que lo hacemos.

Deuteronomio 16:1-17
1GUARDARAS el mes de Abib, y harás pascua á Jehová tu Dios: porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto de noche.2Y sacrificarás la pascua á Jehová tu Dios, de las ovejas y de las vacas, en el lugar que Jehová escogiere para hacer habitar allí su nombre.3No comerás con ella leudo; siete días comerás con ella pan por leudar, pan de aflicción, porque apriesa saliste de tierra de Egipto: para que te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto todos los días de tu vida.4Y no se dejará ver levadura contigo en todo tu término por siete días; y de la carne que matares á la tarde del primer día, no quedará hasta la mañana.5No podrás sacrificar la pascua en ninguna de tus ciudades, que Jehová tu Dios te da;6Sino en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre, sacrificarás la pascua por la tarde á puesta del sol, al tiempo que saliste de Egipto:7Y la asarás y comerás en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido; y por la mañana te volverás y restituirás á tu morada.8Seis días comerás ázimos, y el séptimo día será solemnidad á Jehová tu Dios: no harás obra en él.9Siete semanas te contarás: desde que comenzare la hoz en las mieses comenzarás á contarte las siete semanas.10Y harás la solemnidad de las semanas á Jehová tu Dios: de la suficiencia voluntaria de tu mano será lo que dieres, según Jehová tu Dios te hubiere bendecido.11Y te alegrarás delante de Jehová tu Dios, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el Levita que estuviere en tus ciudades, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que estuvieren en medio de ti, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere esco12Y acuérdate que fuiste siervo en Egipto; por tanto guardarás y cumplirás estos estatutos.13La solemnidad de las cabañas harás por siete días, cuando hubieres hecho la cosecha de tu era y de tu lagar.14Y te alegrarás en tus solemnidades, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el Levita, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que están en tus poblaciones.15Siete días celebrarás solemnidad á Jehová tu Dios en el lugar que Jehová escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda obra de tus manos, y estarás ciertamente alegre.16Tres veces cada un año parecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la solemnidad de los ázimos, y en la solemnidad de las semanas, y en la solemnidad de las cabañas. Y no parecerá vacío delante de Jehová:17Cada uno con el don de su mano, conforme á la bendición de Jehová tu Dios, que te hubiere dado.

De las siete fiestas mencionadas en Levítico 23, este capítulo sólo nos habla de las tres principales: la pascua, mucho más detallada aquí, la fiesta de las semanas o de pentecostés y, finalmente, la de los tabernáculos. En estas tres grandes ocasiones cada israelita debía subir al lugar que Jehová escogiera para morar allí. Lucas 2:41-52 nos muestra a José y a María en compañía del niño Jesús camino a Jerusalén para celebrar la pascua. Y Lucas 22:14-15 relata la última pascua preparada para el Señor. Ella era una verdadera necesidad para su corazón. “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!”, dijo a sus amados discípulos.

Esos días solemnes se celebraban anualmente, sin embargo Dios quería que cada uno de los suyos recordara todos los días de su vida su salida de Egipto (v. 3) y que allí había sido esclavo. En la actualidad, no es sólo una vez al año, ni siquiera una vez por semana –el domingo– cuando el redimido recuerda de dónde fue sacado por gracia. Debe recordarlo y agradecerlo todos los días. Ese recuerdo lo guardará de toda ligereza. Pero el cristiano también es llamado a saborear de antemano el gozo del cielo. “Estarás verdaderamente alegre” (v. 15). “Regocijaos en el Señor siempre”, escribe el apóstol (Filipenses 4:4; 1 Tesalonicenses 5:16).

Deuteronomio 16:18-22; Deuteronomio 17:1-7
18Jueces y alcaldes te pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio.19No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos.20La justicia, la justicia seguirás, porque vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da.21No te plantarás bosque de ningún árbol cerca del altar de Jehová tu Dios, que tú te habrás hecho.22Ni te levantarás estatua; lo cual aborrece Jehová tu Dios.
1NO sacrificarás á Jehová tu Dios buey, ó cordero, en el cual haya falta ó alguna cosa mala: porque es abominación á Jehová tu Dios.2Cuando se hallare entre ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre, ó mujer, que haya hecho mal en ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto,3Que hubiere ido y servido á dioses ajenos, y se hubiere inclinado á ellos, ora al sol, ó á la luna, ó á todo el ejército del cielo, lo cual yo no he mandado;4Y te fuere dado aviso, y, después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa parece de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel;5Entonces sacarás al hombre ó mujer que hubiere hecho esta mala cosa, á tus puertas, hombre ó mujer, y los apedrearás con piedras, y así morirán.6Por dicho de dos testigos, ó de tres testigos, morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo.7La mano de los testigos será primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo: así quitarás el mal de en medio de ti.

Hasta el final del capítulo 18 se habla de los diferentes grupos de personas responsables en Israel: jueces, reyes, sacerdotes, levitas y profetas.

Los primeros que se nombran son los jueces y los oficiales. Éstos debían juzgar al pueblo “con justo juicio”, obrar sin parcialidad y no dejarse sobornar (v. 18-19; Proverbios 17:23; 18:5; 24:23). Santiago hace énfasis muy particularmente en las relaciones sociales del creyente: los deberes para con el prójimo, las relaciones con respecto al rico y al pobre. Denuncia la discriminación de personas, la parcialidad (2:1…), el egoísmo, la dureza de corazón (2:15-16), la avaricia y la opresión (5:1…). Y para que nunca olvidemos hasta dónde puede rebajarse la injusticia, recuerda: “Habéis condenado y dado muerte al justo” (5:6). Israel no solamente no ha seguido “la justicia” (v. 20), sino que rechazó y crucificó al “justo y perfecto” (Job 12:4).

La necesidad de dos o tres testimonios para establecer una acusación o un hecho cualquiera subraya cuán falibles somos y qué distancia nos separa de Cristo, el único “testigo fiel y verdadero” (Apocalipsis 3:14; Juan 8:14).

Deuteronomio 17:8-20
8Cuando alguna cosa te fuere oculta en juicio entre sangre y sangre, entre causa y causa, y entre llaga y llaga, en negocios de litigio en tus ciudades; entonces te levantarás y recurrirás al lugar que Jehová tu Dios escogiere;9Y vendrás á los sacerdotes Levitas, y al juez que fuere en aquellos días, y preguntarás; y te enseñarán la sentencia del juicio.10Y harás según la sentencia que te indicaren los del lugar que Jehová escogiere, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifestaren.11Según la ley que ellos te enseñaren, y según el juicio que te dijeren, harás: no te apartarás ni á diestra ni á siniestra de la sentencia que te mostraren.12Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, ó al juez, el tal varón morirá: y quitarás el mal de Israel.13Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerán más.14Cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y la poseyeres, y habitares en ella, y dijeres: Pondré rey sobre mí, como todas las gentes que están en mis alrededores;15Sin duda pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere: de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti: no podrás poner sobre ti hombre extranjero, que no sea tu hermano.16Empero que no se aumente caballos, ni haga volver el pueblo á Egipto para acrecentar caballos: porque Jehová os ha dicho: No procuraréis volver más por este camino.17Ni aumentará para sí mujeres, porque su corazón no se desvíe: ni plata ni oro acrecentará para sí en gran copia.18Y será, cuando se asentare sobre el solio de su reino, que ha de escribir para sí en un libro un traslado de esta ley, del original de delante de los sacerdotes Levitas;19Y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda á temer á Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de aquesta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra:20Para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento á diestra ni á siniestra: á fin que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

Una sentencia dictaminada por el sacerdote o por el juez era definitiva y debía acatarse. Pablo confirma que “no hay autoridad sino de parte de Dios… De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste” (Romanos 13:1-2; 1 Pedro 2:13-17). Pero quien ostenta la autoridad es responsable ante Dios de la manera cómo la ejerce. Varias recomendaciones importantes fueron hechas a los reyes: no debían tener para sí muchos caballos (el orgullo), ni tomar para sí muchas mujeres (la concupiscencia de la carne), ni amontonar para sí plata y oro (la concupiscencia de los ojos); tampoco debían enseñorearse sobre sus hermanos (eran sus hermanos, no sus súbditos). Debían tener la ley divina como su única guía. Salomón, el rey más brillante de la historia de Israel, infringió todos estos mandamientos (1 Reyes 10:22-28; 11:1, 4: 12:4). En cambio Josías, uno de sus últimos sucesores, se distinguió por el honor que rindió al libro de Dios que volvió a encontrar, y por los efectos prácticos que la Palabra tuvo en su vida (2 Crónicas 34:14…). Poseer un ejemplar del santo Libro, tenerlo a nuestro lado y leerlo todos los días nos enseña a temer al Señor y a conocer sus mandamientos “para ponerlos por obra” (v. 19).

Deuteronomio 18:1-22
1LOS sacerdotes Levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel; de las ofrendas encendidas á Jehová, y de la heredad de él comerán.2No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos: Jehová es su heredad, como él les ha dicho.3Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrificio buey ó cordero: darán al sacerdote la espalda, y las quijadas, y el cuajar.4Las primicias de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás:5Porque le ha escogido Jehová tu Dios de todas tus tribus, para que esté para ministrar al nombre de Jehová, él y sus hijos para siempre.6Y cuando el Levita saliere de alguna de tus ciudades de todo Israel, donde hubiere peregrinado, y viniere con todo deseo de su alma al lugar que Jehová escogiere,7Ministrará al nombre de Jehová su Dios, como todos sus hermanos los Levitas que estuvieren allí delante de Jehová.8Porción como la porción de los otros comerán, además de sus patrimonios.9Cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás á hacer según las abominaciones de aquellas gentes.10No sea hallado en ti quien haga pasar su hijo ó su hija por el fuego, ni practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero,11Ni fraguador de encantamentos, ni quien pregunte á pitón, ni mágico, ni quien pregunte á los muertos.12Porque es abominación á Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios las echó de delante de ti.13Perfecto serás con Jehová tu Dios.14Porque estas gentes que has de heredar, á agoreros y hechiceros oían: mas tú, no así te ha dado Jehová tu Dios.15Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios: á él oiréis:16Conforme á todo lo que pediste á Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo á oir la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, porque no muera.17Y Jehová me dijo: Bien han dicho.18Profeta les suscitaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.19Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le residenciaré.20Empero el profeta que presumiere hablar palabra en mi nombre, que yo no le haya mandado hablar, ó que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.21Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no hubiere hablado?22Cuando el profeta hablare en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado: con soberbia la habló aquel profeta: no tengas temor de él.

Este capítulo nos presenta a las personas que asumen una posición religiosa. Los profetas en particular son hombres que cumplen la función de hablar en nombre del Señor. ¡Qué extravío tan terrible cuando no son fieles! Porque fiándonos de ellos corremos el peligro de tomar por palabra de Dios lo que no es más que mentira (véase 1 Reyes 22:22).

Los versículos 9-12 ponen al pueblo de Dios sobre aviso contra la actividad de los astrólogos, magos, adivinos, espiritistas y, en fin, contra todas las formas del ocultismo. Hoy en día, más que nunca, multitud de personas corren tras esas prácticas abominables. Dios siente horror por ellas; que él nos ayude a sentir como él y a apartarnos.

Israel conoció sucesivamente el período de los jueces, de los reyes y de los profetas. Unos y otros demasiado a menudo fueron pastores infieles. Entonces, para pastorear a su pueblo, Dios envió a Aquel que, entre otros títulos de gloria, es llamado el Juez justo, el Rey de reyes, el Profeta mencionado en el versículo 15, al cual Israel esperaba. Pedro, al predicar el Evangelio a los judíos, podía apoyarse en estos versículos para anunciarles al Señor, quien es la Palabra misma. Escuchémoslo en todo cuanto pueda decirnos (v. 15; Hechos 3:22; 7:37).

Deuteronomio 19:1-14
1CUANDO Jehová tu Dios talare las gentes, cuya tierra Jehová tu Dios te da á ti, y tú las heredares, y habitares en sus ciudades, y en sus casas;2Te apartarás tres ciudades en medio de tu tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas.3Arreglarte has el camino, y dividirás en tres partes el término de tu tierra, que Jehová tu Dios te dará en heredad, y será para que todo homicida se huya allí.4Y este es el caso del homicida que ha de huir allí, y vivirá: el que hiriere á su prójimo por yerro, que no le tenía enemistad desde ayer ni antes de ayer:5Como el que fué con su prójimo al monte á cortar leña, y poniendo fuerza con su mano en el hacha para cortar algún leño, saltó el hierro del cabo, y encontró á su prójimo, y murió; aquél huirá á una de aquestas ciudades, y vivirá;6No sea que el pariente del muerto vaya tras el homicida, cuando se enardeciere su corazón, y le alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, no debiendo ser condenado á muerte; por cuanto no tenía enemistad desde ayer ni antes de ayer con el mue7Por tanto yo te mando, diciendo: Tres ciudades te apartarás.8Y si Jehová tu Dios ensanchare tu término, como lo juró á tus padres, y te diere toda la tierra que dijo á tus padres que había de dar;9Cuando guardases todos estos mandamientos, que yo te prescribo hoy, para ponerlos por obra, que ames á Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos los días, entonces añadirás tres ciudades á más de estas tres;10Porque no sea derramada sangre inocente en medio de tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad, y sea sobre ti sangre.11Mas cuando hubiere alguno que aborreciere á su prójimo, y lo acechare, y se levantare sobre él, y lo hiriere de muerte, y muriere, y huyere á alguna de estas ciudades;12Entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y entregarlo han en mano del pariente del muerto, y morirá.13No le perdonará tu ojo: y quitarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien.14No reducirás el término de tu prójimo, el cual señalaron los antiguos en tu heredad, la que poseyeres en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas.

“No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí”, proclama el Señor (Isaías 45:21). Por ser Justo condena al criminal (v. 11-13). Por ser Salvador protege al homicida involuntario. Deben designarse las tres primeras ciudades que servirán de asilo, figura del refugio que hallamos en Cristo contra la justa ira de Dios. ¿Qué necesitamos para beneficiarnos de ello? Sencillamente la fe en ese único medio preparado por Dios para la salvación del pecador, quien es culpable, junto con toda la humanidad, de haber derramado la sangre inocente de su muy amado Hijo (v. 10-13). Pablo parece recordar la ciudad de refugio cuando habla de “ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia... sino la que es por la fe de Cristo (Filipenses 3:8-9; leer también Hebreos 6:18 final).

La violencia no es el único medio para perjudicar al prójimo; uno puede, por ejemplo, remover los linderos de los vecinos (v. 14), abrirse paso para obtener a sus expensas una situación mejor en el mundo. Al cristiano se le enseña a estar contento con lo que posee (Hebreos 13:5), a ser sobrio (1 Pedro 5:8) y al mismo tiempo a no luchar por sus derechos, para que su mansedumbre sea conocida por todos los hombres (Lucas 6:29-31; Filipenses 4:5).

Deuteronomio 19:15-21; Deuteronomio 20:1-9
15No valdrá un testigo contra ninguno en cualquier delito, ó en cualquier pecado, en cualquier pecado que se cometiere. En el dicho de dos testigos, ó en el dicho de tres testigos consistirá el negocio.16Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él rebelión,17Entonces los dos hombres litigantes se presentarán delante de Jehová, delante de los sacerdotes y jueces que fueren en aquellos días:18Y los jueces inquirirán bien, y si pareciere ser aquél testigo falso, que testificó falsamente contra su hermano,19Haréis á él como él pensó hacer á su hermano: y quitarás el mal de en medio de ti.20Y los que quedaren oirán, y temerán, y no volverán más á hacer una mala cosa como ésta, en medio de ti.21Y no perdonará tu ojo: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
1CUANDO salieres á la guerra contra tus enemigos, y vieres caballos y carros, un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, que Jehová tu Dios es contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto.2Y será que, cuando os acercareis para combatir, llegaráse el sacerdote, y hablará al pueblo,3Y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos: no se ablande vuestro corazón, no temáis, no os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos;4Que Jehová vuestro Dios anda con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.5Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase á su casa, porque quizá no muera en la batalla, y otro alguno la estrene.6¿Y quién ha plantado viña, y no ha hecho común uso de ella? Vaya, y vuélvase á su casa, porque quizá no muera en la batalla, y otro alguno la goce.7¿Y quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase á su casa, porque quizá no muera en la batalla, y algún otro la tome.8Y tornarán los oficiales á hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y tierno de corazón? Vaya, y vuélvase á su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como su corazón.9Y será que, cuando los oficiales acabaren de hablar al pueblo, entonces los capitanes de los ejércitos mandarán delante del pueblo.

Los sacerdotes y los jueces debían desenmascarar y castigar a los falsos testigos (v. 18; Proverbios 19:5, 9). El colmo de la iniquidad se produjo cuando Jesús compareció ante los miembros del Sanedrín, ¡éstos buscaron falsos testimonios contra él para hacerlo morir! (Mateo 26:59). Esteban, también ante el concilio, fue acusado por falsos testigos (Hechos 6:13).

El capítulo 20 habla sobre la guerra. ¿Quién tenía a su cargo la preparación de la guerra y la movilización de los soldados? Podríamos pensar que los oficiales eran los más indicados para ello. Pero no, eran los sacerdotes y los jueces. Lo que efectivamente hay que apreciar no es la fuerza ni el armamento de los soldados, sino la fidelidad y la entrega a Jehová. El versículo 5 y siguientes enumeran los motivos que eximían a un hombre de incorporarse para tomar parte en la guerra. Hacen pensar en las pésimas excusas que invocaban los invitados a la gran cena de la parábola: “He comprado una hacienda… Acabo de casarme…” (Lucas 14:18-20). Pero escuchemos la opinión basada en la experiencia de alguien que había peleado la buena batalla: “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”. Con esta condición cada uno de nosotros podrá ser “buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3-4; 4:7).

Deuteronomio 20:10-20
10Cuando te acercares á una ciudad para combatirla, le intimarás la paz.11Y será que, si te respondiere, Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te serán tributarios, y te servirán.12Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere contigo guerra, y la cercares,13Luego que Jehová tu Dios la entregare en tu mano, herirás á todo varón suyo á filo de espada.14Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que hubiere en la ciudad, todos sus despojos, tomarás para ti: y comerás del despojo de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó.15Así harás á todas la ciudades que estuvieren muy lejos de ti, que no fueren de las ciudades de estas gentes.16Empero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida;17Antes del todo los destruirás: al Hetheo, y al Amorrheo, y al Cananeo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo; como Jehová tu Dios te ha mandado:18Porque no os enseñen á hacer según todas sus abominaciones, que ellos hacen á sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios.19Cuando pusieres cerco á alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruyas su arboleda metiendo en ella hacha, porque de ella comerás; y no la talarás, que no es hombre el árbol del campo para venir contra ti en el cerco.20Mas el árbol que supieres que no es árbol para comer, lo destruirás y lo talarás, y construye baluarte contra la ciudad que pelea contigo, hasta sojuzgarla.

Los hijos de Israel estaban autorizados para concertar la paz con las ciudades lejanas. Pero no debían tener piedad con las poblaciones próximas, las cuales les impedían entrar en posesión de su país. En lo concerniente a nosotros los cristianos, tenemos que hacer una distinción entre las cosas de las cuales nos podemos servir legítimamente y las que resueltamente debemos rechazar porque nos impedirían disfrutar nuestra herencia celestial. A nosotros nos corresponde discernirlas.

El israelita debía respetar los árboles fructíferos y no utilizarlos para hacer la guerra. ¡Advertencia que puede tener una aplicación espiritual! Se ven a cristianos manifestando un celo ciego y sectario, al condenar situaciones y esgrimir como arma de guerra lo que tal vez Dios haya dado para refrescar y alimentar a los suyos. Los versículos 19 y 20 nos ponen sobre aviso contra el despilfarro. Pensemos en el ejemplo que Jesús mismo nos dio. Siendo él el Creador que podía multiplicar los panes hasta lo infinito –y que acababa de dar la prueba de ello–, tuvo el cuidado de hacer recoger las sobras en unas cestas, “para que no se pierda nada” (Juan 6:12).

Deuteronomio 21:1-9
1CUANDO fuere hallado en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas, muerto echado en el campo, y no se supiere quién lo hirió,2Entonces tus ancianos y tus jueces saldrán y medirán hasta las ciudades que están alrededor del muerto:3Y será, que los ancianos de aquella ciudad, de la ciudad más cercana al muerto, tomarán de la vacada una becerra que no haya servido, que no haya traído yugo;4Y los ancianos de aquella ciudad traerán la becerra á un valle áspero, que nunca haya sido arado ni sembrado, y cortarán el pescuezo á la becerra allí en el valle.5Entonces vendrán los sacerdotes hijos de Leví, porque á ellos escogió Jehová tu Dios para que le sirvan, y para bendecir en nombre de Jehová; y por el dicho de ellos se determinará todo pleito y toda llaga.6Y todos los ancianos de aquella ciudad más cercana al muerto lavarán sus manos sobre la becerra degollada en el valle.7Y protestarán, y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo vieron.8Expía á tu pueblo Israel, al cual redimiste, oh Jehová; y no imputes la sangre inocente derramada en medio de tu pueblo Israel. Y la sangre les será perdonada.9Y tú quitarás la culpa de sangre inocente de en medio de ti, cuando hicieres lo que es recto en los ojos de Jehová.

¡He aquí nuevamente los jueces ante un caso embarazoso! Imaginémonos a Israel en su tierra, viviendo en sus ciudades. Un día se descubre un cadáver en un campo. ¿Quién asesinó a esta persona? Nadie lo sabe. Por consiguiente, ¡no es cuestión del vengador de la sangre, como tampoco de la ciudad de refugio! Sin embargo, debe haber un responsable, porque toda sangre derramada debe ser vengada (Génesis 9:6). Entonces los ancianos y los jueces, midiendo, determinan cuál es la ciudad más cercana. Y sobre ella recae la culpabilidad. ¿Habrá que destruirla? ¡De ningún modo! La gracia de Dios provee un sacrificio en virtud del cual con justicia puede perdonar. En esto tenemos una figura de Cristo, de su sacrificio, de su muerte. Jerusalén es la ciudad culpable, “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados!” (Mateo 23:37). Su crimen más grande fue el haber crucificado al Hijo de Dios. ¡Maravillosa gracia! ya que esta muerte llegó a ser el medio justo por el cual Dios puede perdonar. Efectivamente, en el sacrificio de la novilla también se nos presenta a Jesús. Aquel que nunca conoció el yugo del pecado (v. 3) descendió al valle de la muerte desde donde en adelante fluye para nosotros el torrente que no se agota: la gracia eterna del Dios salvador (v. 4).

Deuteronomio 21:10-23
10Cuando salieres á la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos,11Y vieres entre los cautivos alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer,12La meterás en tu casa; y ella raerá su cabeza, y cortará sus uñas,13Y se quitará el vestido de su cautiverio, y quedaráse en tu casa: y llorará á su padre y á su madre el tiempo de un mes: y después entrarás á ella, y tu serás su marido, y ella tu mujer.14Y será, si no te agradare, que la has de dejar en su libertad; y no la venderás por dinero, ni mercadearás con ella, por cuanto la afligiste.15Cuando un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le parieren hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida;16Será que, el día que hiciere heredar á sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura á los hijos de la amada en preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito;17Mas al hijo de la aborrecida reconocerá por primogénito, para darle dos tantos de todo lo que se hallare que tiene: porque aquél es el principio de su fuerza, el derecho de la primogenitura es suyo.18Cuando alguno tuviere hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere á la voz de su padre ni á la voz de su madre, y habiéndolo castigado, no les obedeciere;19Entonces tomarlo han su padre y su madre, y lo sacarán á los ancianos de su ciudad, y á la puerta del lugar suyo;20Y dirán á los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece á nuestra voz; es glotón y borracho.21Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán con piedras, y morirá: así quitarás el mal de en medio de ti; y todo Israel oirá, y temerá.22Cuando en alguno hubiere pecado de sentencia de muerte, por el que haya de morir, y le habrás colgado de un madero,23No estará su cuerpo por la noche en el madero, mas sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldición de Dios es el colgado: y no contaminarás tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad.

El privilegio del hijo mayor era grande en Israel (v. 17). ¿Pero qué decir de nuestras ventajas, si somos hijos de padres cristianos, criados según las enseñanzas de la Palabra? ¿No nos entristece comprobar que a pesar de tener unos privilegios tan grandes, muchos han seguido el camino del hijo contumaz y rebelde? Semejante camino llevaba al joven israelita a la muerte sin remisión. Sus propios padres debían denunciarlo para que fuese apedreado. Esta historia del hijo insensato, borracho y libertino la volvemos a encontrar en Lucas 15, pero allí acaba de una manera muy diferente. El hijo pródigo no era mejor que el hijo rebelde de nuestro capítulo. Pero la gracia lo halló y obró en su corazón, llevándolo al arrepentimiento. Entonces, en vez de la acusación del padre, éste va a su encuentro con los brazos abiertos; en vez de la inflexible condena, hay un pleno perdón; en vez de la muerte, se le abre la casa paterna, halla el festín, el gozo.

Los versículos 22 y 23 evocan otra muerte terrible. ¡Y ésta la sufrió en nuestro lugar el Hijo muy amado, el Hijo obediente! “Maldito todo el que es colgado en un madero”, nos recuerda Gálatas 3:13. ¡Misterio insondable de la cruz! Allí Cristo fue hecho maldición para que la bendición de Abraham nos alcanzase por la fe (Gálatas 3:14).

Deuteronomio 22:1-12
1NO verás el buey de tu hermano, ó su cordero, perdidos, y te retirarás de ellos: precisamente los volverás á tu hermano.2Y si tu hermano no fuere tu vecino, ó no le conocieres, los recogerás en tu casa, y estarán contigo hasta que tu hermano los busque, y se los devolverás.3Y así harás de su asno, así harás también de su vestido, y lo mismo harás con toda cosa perdida de tu hermano que se le perdiere, y tú la hallares: no podrás retraerte de ello.4No verás el asno de tu hermano, ó su buey, caídos en el camino, y te esconderás de ellos: con él has de procurar levantarlos.5No vestirá la mujer hábito de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es á Jehová tu Dios cualquiera que esto hace.6Cuando topares en el camino algún nido de ave en cualquier árbol, ó sobre la tierra, con pollos ó huevos, y estuviere la madre echada sobre los pollos ó sobre los huevos, no tomes la madre con los hijos:7Dejarás ir á la madre, y tomarás los pollos para ti; para que te vaya bien, y prolongues tus días.8Cuando edificares casa nueva, harás pretil á tu terrado, porque no pongas sangre en tu casa, si de él cayere alguno.9No sembrarás tu viña de varias semillas, porque no se deprave la plenitud de la semilla que sembraste, y el fruto de la viña.10No ararás con buey y con asno juntamente.11No te vestirás de mistura, de lana y lino juntamente.12Hacerte has flecos en los cuatro cabos de tu manto con que te cubrieres.

Dios no condena solamente el mal notorio y grosero (cap. 21), sino que también reprende toda forma de egoísmo. Perder un buey o un asno es señal de falta de vigilancia (1 Samuel 9:3). No obstante, Dios se vale de ello para enseñarnos que no tenemos ningún derecho a permanecer indiferentes ante lo que sucede con nuestro prójimo. Nos recuerda que éste es nuestro hermano y nos invita a ocuparnos de lo suyo con tanto cuidado como si fuera nuestro. Sin su carnero para el sacrificio, su buey para arar y su asno para cargar sus bultos, ¿cómo podía un israelita servir a Jehová y subsistir? No nos parezcamos a los creyentes en quienes Pablo tenía que deplorar la ausencia de espíritu de servicio: “Todos buscan lo suyo propio…” (Filipenses 2:21; leer también 1 Corintios 10:24).

El versículo 5 cobra todo su valor en el mundo moderno donde la mujer tiende a hacerse igual al hombre. Ello es invertir el orden divino en la creación. De todas formas, incluso si no comprendemos el alcance de tales instrucciones, guardémonos de ser “contenciosos” (1 Corintios 11:16). Los versículos 9-11 nos recuerdan que Dios no quiere confusión ni mezcla de las realidades divinas con los principios de este mundo en la vida y en el testimonio de sus hijos.

Deuteronomio 23:15-25; Deuteronomio 24:1-6
15No entregarás á su señor el siervo que se huyere á ti de su amo:16More contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades, donde bien le estuviere: no le harás fuerza.17No habrá ramera de las hijas de Israel, ni habrá sodomítico de los hijos de Israel.18No traerás precio de ramera, ni precio de perro á la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es á Jehová tu Dios así lo uno como lo otro.19No tomarás de tu hermano logro de dinero, ni logro de comida, ni logro de cosa alguna que se suele tomar.20Del extraño tomarás logro, mas de tu hermano no lo tomarás, porque te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos sobre la tierra á la cual entras para poseerla.21Cuando prometieres voto á Jehová tu Dios, no tardarás en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y habría en ti pecado.22Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado.23Guardarás lo que tus labios pronunciaren; y harás, como prometiste á Jehová tu Dios, lo que de tu voluntad hablaste por tu boca.24Cuando entrares en la viña de tu prójimo, comerás uvas hasta saciar tu deseo: mas no pondrás en tu vaso.25Cuando entrares en la mies de tu prójimo, podrás cortar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz á la mies de tu prójimo.
1CUANDO alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa torpe, le escribirá carta de repudio, y se la entregará en su mano, y despedirála de su casa.2Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre.3Y si la aborreciere aqueste último, y le escribiere carta de repudio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; ó si muriere el postrer hombre que la tomó para sí por mujer,4No podrá su primer marido, que la despidió, volverla á tomar para que sea su mujer, después que fué amancillada; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.5Cuando tomare alguno mujer nueva, no saldrá á la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar á su mujer que tomó.6No tomarás en prenda la muela de molino, ni la de abajo ni la de arriba: porque sería prendar la vida.

Contemplemos a Jesús enseñando a los discípulos y a las multitudes. Por medio de los mandamientos de Moisés, los que los fariseos respetaban al pie de la letra, quería darles a entender el pensamiento de Dios, su sabiduría, su amor. Así lo hizo, por ejemplo, cuando sus discípulos arrancaban espigas un sábado, o cuando lo interrogaron maliciosamente con respecto al divorcio (Mateo 12:1-8; 19:3-12). Al leer estos capítulos, esforcémonos en descubrir la misma sabiduría divina, el mismo amor. Al lado de una justicia absoluta, brilla una bondad perfecta. Los derechos de los propietarios se mantienen, sin que los deberes fraternales de la caridad pierdan nada por ello. Sólo Dios puede establecer semejante equilibrio, y es muy importante constatarlo en este mundo que siempre está pronto a caer por un lado u otro. Al hijo de Dios no le compete escoger los diferentes sistemas políticos, económicos o sociales. Para él estas cuestiones han sido resueltas de antemano. No tiene otra doctrina que la sumisión al pensamiento de su Padre, y este pensamiento no lo puede descubrir en los periódicos ni en los libros de los hombres, sino en “la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

Deuteronomio 24:7-22
7Cuando fuere hallado alguno que haya hurtado persona de sus hermanos los hijos de Israel, y hubiere mercadeado con ella, ó la hubiere vendido, el tal ladrón morirá, y quitarás el mal de en medio de ti.8Guárdate de llaga de lepra, observando diligentemente, y haciendo según todo lo que os enseñaren los sacerdotes Levitas: cuidaréis de hacer como les he mandado.9Acuérdate de lo que hizo Jehová tu Dios á María en el camino, después que salisteis de Egipto.10Cuando dieres á tu prójimo alguna cosa emprestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda:11Fuera estarás, y el hombre á quien prestaste, te sacará afuera la prenda.12Y si fuere hombre pobre, no duermas con su prenda:13Precisamente le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que duerma en su ropa, y te bendiga: y te será justicia delante de Jehová tu Dios.14No hagas agravio al jornalero pobre y menesteroso, así de tus hermanos como de tus extranjeros que están en tu tierra en tus ciudades:15En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo: pues es pobre, y con él sustenta su vida: porque no clame contra ti á Jehová, y sea en ti pecado.16Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado.17No torcerás el derecho del peregrino y del huérfano; ni tomarás por prenda la ropa de la viuda:18Mas acuérdate que fuiste siervo en Egipto, y de allí te rescató Jehová tu Dios: por tanto, yo te mando que hagas esto.19Cuando segares tu mies en tu campo, y olvidares alguna gavilla en el campo, no volverás a tomarla: para el extranjero, para el huérfano, y para la viuda será; porque te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos.20Cuando sacudieres tus olivas, no recorrerás las ramas tras ti: para el extranjero, para el huérfano, y para la viuda será.21Cuando vendimiares tu viña, no rebuscarás tras ti: para el extranjero, para el huérfano, y para la viuda será.22Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto: por tanto, yo te mando que hagas esto.

Dios es luz; Dios es amor (1 Juan 1:5; 4:8), y se revela de esta doble manera en los mandamientos aparentemente más ínfimos. Como luz: condena al ladrón, vela para descubrir cualquier brote de lepra (figura del pecado), exige justicia de parte del prestamista y del empresario, aprecia la medida de responsabilidad de cada pecador. Como amor: tiene los ojos puestos en todos los oprimidos, deudores, pobres, extranjeros, viudas, huérfanos, siervos; los clamores de éstos llegan hasta sus oídos. Así lo declara Santiago con respecto a los ricos que detenían fraudulentamente el jornal de los trabajadores que habían segado sus campos (Santiago 5:4).

El mundo admira a la gente poderosa y rica, mas por los débiles y los pequeños sólo muestra un mediocre interés. Hijos de Dios, vigilemos para no dejarnos ganar por tal manera de obrar. Nuestro Maestro atravesó este mundo como siervo, forastero y pobre. Jesús de Nazaret no fue objeto de consideración. Fue “despreciado y desechado entre los hombres... menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Habéis “afrentado al pobre”, hace constar Santiago (2:6). Mientras que el Salmo 41 empieza así: “Bienaventurado el que piensa en el pobre”.

Deuteronomio 25:1-10
1CUANDO hubiere pleito entre algunos, y vinieren á juicio, y los juzgaren, y absolvieren al justo y condenaren al inicuo,2Será que, si el delincuente mereciere ser azotado, entonces el juez lo hará echar en tierra, y harále azotar delante de sí, según su delito, por cuenta.3Harále dar cuarenta azotes, no más: no sea que, si lo hiriere con muchos azotes a más de éstos, se envilezca tu hermano delante de tus ojos.4No pondrás bozal al buey cuando trillare.5Cuando hermanos estuvieren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño: su cuñado entrará á ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco.6Y será que el primogénito que pariere ella, se levantará en nombre de su hermano el muerto, porque el nombre de éste no sea raído de Israel.7Y si el hombre no quisiere tomar á su cuñada, irá entonces la cuñada suya á la puerta á los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel á su hermano; no quiere emparentar conmigo.8Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él: y si él se levantare, y dijere, No quiero tomarla,9Llegaráse entonces su cuñada á él delante de los ancianos, y le descalzará el zapato de su pie, y escupirále en el rostro, y hablará y dirá: Así será hecho al varón que no edificare la casa de su hermano.10Y su nombre será llamado en Israel: La casa del descalzado.

Incurrir en ciertos delitos exponía al israelita al castigo corporal, pero mesuradamente. Hebreos 12:9 precisa que el castigo es una prerrogativa de la disciplina paternal, la cual contribuye a inculcar el respeto (véase Proverbios 23:13-14). Dios toma el castigo de la vara como ejemplo de la disciplina que él mismo ejerce para con sus hijos; nos recuerda que “azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:6). Pero en su sabiduría y conocimiento sobre la crueldad del corazón humano, fijó un límite; el culpable no podía recibir más de cuarenta latigazos. Para estar seguros de no sobrepasar este número, los judíos tenían por costumbre dar cuarenta golpes menos uno. En su odio contra el Evangelio, los judíos hicieron pasar a Pablo por ese inicuo castigo cinco veces (2 Corintios 11:24).

Otro versículo de nuestra lectura (v. 4) evoca los trabajos del apóstol (1 Corintios 9:9). Por último, la instrucción concerniente a los deberes del cuñado sirvió a los saduceos para tender una trampa al Señor Jesús con respecto a la resurrección. Pero él les respondió: “Erráis, ignorando las Escrituras…” (Mateo 22:29). El medio para no extraviarnos es conocer bien la Palabra de nuestro Dios y apoyarnos en ella.

Deuteronomio 25:13-19; Deuteronomio 26:1-11
13No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica.14No tendrás en tu casa epha grande y epha pequeño.15Pesas cumplidas y justas tendrás; epha cabal y justo tendrás: para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.16Porque abominación es á Jehová tu Dios cualquiera que hace esto, cualquiera que hace agravio.17Acuérdate de lo que te hizo Amalec en el camino, cuando salisteis de Egipto:18Que te salió al camino, y te desbarató la retaguardia de todos los flacos que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no temió á Dios.19Será pues, cuando Jehová tu Dios te hubiere dado reposo de tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredar para que la poseas, que raerás la memoria de Amalec de debajo del cielo: no te olvides.
1Y SERA que, cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y la poseyeres, y habitares en ella;2Entonces tomarás de las primicias de todos los frutos de la tierra, que sacares de tu tierra que Jehová tu Dios te da, y lo pondrás en un canastillo, é irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre.3Y llegarás al sacerdote que fuere en aquellos días, y le dirás: Reconozco hoy á Jehová tu Dios que he entrado en la tierra que juró Jehová á nuestros padres que nos había de dar.4Y el sacerdote tomará el canastillo de tu mano, y pondrálo delante del altar de Jehová tu Dios.5Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Un Siro á punto de perecer fué mi padre, el cual descendió á Egipto y peregrinó allá con pocos hombres, y allí creció en gente grande, fuerte y numerosa:6Y los Egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre.7Y clamamos á Jehová Dios de nuestros padres; y oyó Jehová nuestra voz, y vió nuestra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión:8Y sacónos Jehová de Egipto con mano fuerte, y con brazo extendido, y con grande espanto, y con señales y con milagros:9Y trájonos á este lugar, y diónos esta tierra, tierra que fluye leche y miel.10Y ahora, he aquí, he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, é inclinarte has delante de Jehová tu Dios.11Y te alegrarás con todo el bien que Jehová tu Dios te hubiere dado á ti y á tu casa, tú y el Levita, y el extranjero que está en medio de ti.

Entre todas las experiencias humillantes del desierto, todavía hay una que Israel debía recordar, y nosotros juntamente con él. Amalec cobardemente se había aprovechado de la fatiga del pueblo para destruir a los débiles y los atrasados. El diablo apenas si se atreve a arremeter contra los cristianos cuyo caminar es confiado y seguro, mientras que los “rezagados” son presas fáciles para él. Sabemos lo que sucedió con Pedro cuando seguía a Jesús de lejos (Lucas 22:54).

El capítulo 26 nos vuelve a introducir en el país. Pero no por eso el pasado queda olvidado. El israelita, bendecido en sus cosechas, debía ir al lugar escogido por Jehová y recordar a la vez su origen miserable y el poder divino que lo había liberado para introducirlo en esta buena tierra. Entonces, como prueba de la bondad de su Dios, debía presentarle una canasta con las primicias de todos los frutos sacados de la tierra que Jehová le había dado y postrarse ante él con el corazón lleno de gozo y gratitud. Bella ilustración del culto que los redimidos ofrecen para recordar su gloriosa salvación y ofrendar a Dios “fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15). Como si dijera al Señor con adoración: “Toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado” (Cantar de los Cantares 7:13).

Deuteronomio 26:12-19
12Cuando hubieres acabado de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al Levita, al extranjero, al huérfano y á la viuda; y comerán en tus villas, y se saciarán.13Y dirás delante de Jehová tu Dios: Yo he sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al Levita, y al extranjero, y al huérfano, y á la viuda, conforme á todos tus mandamientos que me ordenaste: no he traspasado tus mandamientos, ni me he olvidad14No he comido de ello en mi luto, ni he sacado de ello en inmundicia, ni de ello he dado para mortuorio: he obedecido á la voz de Jehová mi Dios, he hecho conforme á todo lo que me has mandado.15Mira desde la morada de tu santidad, desde el cielo, y bendice á tu pueblo Israel, y á la tierra que nos has dado, como juraste á nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.16Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y derechos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón, y con toda tu alma.17A Jehová has ensalzado hoy para que te sea por Dios, y para andar en sus caminos, y para guardar sus estatutos y sus mandamientos y sus derechos, y para oir su voz:18Y Jehová te ha ensalzado hoy para que le seas su peculiar pueblo, como él te lo he dicho, y para que guardes todos sus mandamientos;19Y para ponerte alto sobre todas las gentes que hizo, para loor, y fama, y gloria; y para que seas pueblo santo á Jehová tu Dios, como él ha dicho.

La invitación de Hebreos 13:15 a ofrecer continuamente a Dios sacrificios de alabanza viene seguida de esta exhortación: “De hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis”. Aquí también hallamos el tema de las ofrendas para los hombres, tratado inmediatamente después del de las ofrendas de primicias a Jehová (v. 1-11). Los diezmos formaban parte del culto en Israel, y el versículo 11 nos enseña el por qué. Era necesario que el levita y el forastero se regocijaran juntamente con el israelita. Somos invitados a compartir nuestros bienes, no para obtener algún reconocimiento por ello, sino para que aquel a quien damos también dé gracias al Señor con nosotros por los bienes que disfrutamos juntos (2 Corintios 9:12). En el cielo la beneficencia ya no tendrá razón de ser, pues toda necesidad habrá desaparecido. Pero en la tierra, el Espíritu de Dios vincula este servicio a la alabanza como para brindarnos la ocasión de probar nuestro amor al Señor de una manera diferente a las palabras. Y no olvidemos el conmovedor motivo que debería bastarnos: ¡“Porque de tales sacrificios se agrada Dios”! (Hebreos 13:16). Una sola cosa elevaba a Israel “para loor y fama y gloria” sobre todas las naciones: la obediencia a los mandamientos de su Dios (v. 18-19).

Deuteronomio 27:1-19
1Y MANDO Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo, diciendo: Guardaréis todos los mandamientos que yo prescribo hoy.2Y será que, el día que pasareis el Jordán á la tierra que Jehová tu Dios te da, te has de levantar piedras grandes, las cuales revocarás con cal:3Y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hubieres pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho.4Será pues, cuando hubieres pasado el Jordán, que levantaréis estas piedras que yo os mando hoy, en el monte de Ebal, y las revocarás con cal:5Y edificarás allí altar á Jehová tu Dios, altar de piedras: no alzarás sobre ellas hierro.6De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios; y ofrecerás sobre él holocausto á Jehová tu Dios;7Y sacrificarás pacíficos, y comerás allí; y alegrarte has delante de Jehová tu Dios.8Y escribirás en las piedras todas las palabras de esta ley muy claramente.9Y Moisés, con los sacerdotes Levitas, habló á todo Israel, diciendo: Atiende y escucha, Israel: hoy eres hecho pueblo de Jehová tu Dios.10Oirás pues la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.11Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo:12Estos estarán sobre el monte de Gerizim para bendecir al pueblo, cuando hubiereis pasado el Jordán: Simeón, y Leví, y Judá, é Issachâr, y José y Benjamín.13Y estos estarán para pronunciar la maldición en el de Ebal: Rubén, Gad, y Aser, y Zabulón, Dan, y Nephtalí.14Y hablarán los Levitas, y dirán á todo varón de Israel en alta voz:15Maldito el hombre que hiciere escultura ó imagen de fundición, abominación á Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.16Maldito el que deshonrare á su padre ó á su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.17Maldito el que redujere el término de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén.18Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino. Y dirá todo el pueblo: Amén.19Maldito el que torciere el derecho del extranjero, del huérfano, y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Las palabras de la ley se debían escribir “muy claramente” en piedras grandes revocadas con cal, deslumbrantes de blancura, y colocarlas en un lugar visible sobre una montaña, como testimonio para todo Israel. Nadie podría alegar no conocerla. Nosotros que tenemos la Biblia entera a nuestro alcance somos aún más responsables.

Este monumento para glorificar la ley nos hace pensar en el magnífico Salmo 119 que despliega en sus 176 versículos las maravillas de la Palabra de Dios y lo que ésta es para el fiel. Este salmo empieza por proclamar la bendición de “los que andan en la ley de Jehová”. “Pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal”, había sido ordenado (cap. 11:29). ¡Ay!, nunca oímos a las tribus pronunciar la bendición. En efecto, el pueblo se hallaba “bajo la ley”, y “todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición” (Gálatas 3:10). Maldito… maldito… maldito… fue la sentencia que Israel tuvo que oír doce veces (v. 15-26). Pero el mismo pasaje de Gálatas anuncia que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” al tomarla sobre sí (cap. 3:13). Desde entonces, ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6:14).

Deuteronomio 28:1-14
1Y SERA que, si oyeres diligente la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te pondrá alto sobre todas las gentes de la tierra;2Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios.3Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo.4Bendito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu bestia, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.5Bendito tu canastillo y tus sobras.6Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.7Pondrá Jehová á tus enemigos que se levantaren contra ti, de rota batida delante de ti: por un camino saldrán á ti, por siete caminos huirán delante de ti.8Enviará Jehová contigo la bendición en tus graneros, y en todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.9Confirmarte ha Jehová por pueblo suyo santo, como te ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos.10Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es llamado sobre ti, y te temerán.11Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que juró Jehová á tus padres que te había de dar.12Abrirte ha Jehová su buen depósito, el cielo, para dar lluvia á tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás á muchas gentes, y tú no tomarás emprestado.13Y te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola: y estarás encima solamente, y no estarás debajo; cuando obedecieres á los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas.14Y no te apartes de todas las palabras que yo os mando hoy, ni á diestra ni á siniestra, para ir tras dioses ajenos para servirles.

Este capítulo coincide con el capítulo 26 de Levítico. Juntos constituyen un doble y solemne testimonio al advertir a Israel sobre las consecuencias de su obediencia o desobediencia (Job 33:14). “Si oyeres…” (v. 1-2, 13). En este libro muchas veces ha resonado el llamado: “Oye Israel”. ¡Que cada uno de nosotros ponga su propio nombre en lugar del de Israel y preste oído a los mandamientos del Señor! “Habla, porque tu siervo oye”, contestaría el joven Samuel (1 Samuel 3:10). Y Cristo mismo diría por el Espíritu de profecía: “Jehová el Señor… despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4). El hecho de escuchar la Palabra, de guardarla y ponerla en práctica siempre estará ligado a la bendición del Señor (Apocalipsis 1:3). Ella nos regocijará y enriquecerá nuestras almas en todo tiempo y lugar: “en la ciudad, y… en el campo”. Nuestra vida familiar y “todo aquello en que pusieres tu mano” llevará su impresión (v. 8). Iremos de victoria en victoria (v. 7). Finalmente esta sobreabundancia de prosperidad espiritual (v. 11) no podrá pasar desapercibida; su origen será evidente para todos: viene del Señor a quien pertenecemos y cuyo nombre será así glorificado (v. 10).

Deuteronomio 28:15-32
15Y será, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para cuidar de poner por obra todos sus mandamientos y sus estatutos, que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.16Maldito serás tu en la ciudad, y maldito en el campo.17Maldito tu canastillo, y tus sobras.18Maldito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.19Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir.20Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano é hicieres, hasta que seas destruído, y perezcas presto á causa de la maldad de tus obras, por las cuales me habrás dejado.21Jehová hará que se te pegue mortandad, hasta que te consuma de la tierra á la cual entras para poseerla.22Jehová te herirá de tisis, y de fiebre, y de ardor, y de calor, y de cuchillo, y de calamidad repentina, y con añublo; y perseguirte han hasta que perezcas.23Y tus cielos que están sobre tu cabeza, serán de metal; y la tierra que está debajo de ti, de hierro.24Dará Jehová por lluvia á tu tierra polvo y ceniza: de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas.25Jehová te entregará herido delante de tus enemigos: por un camino saldrás á ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos: y serás sacudido á todos los reinos de la tierra.26Y será tu cuerpo muerto por comida á toda ave del cielo, y bestia de la tierra, y no habrá quien las espante.27Jehová te herirá de la plaga de Egipto, y con almorranas, y con sarna, y con comezón, de que no puedas ser curado.28Jehová te herirá con locura, y con ceguedad, y con pasmo de corazón.29Y palparás al mediodía, como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos: y nunca serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve.30Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la vendimiarás.31Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante de ti, y no se te volverá; tus ovejas serán dadas á tus enemigos, y no tendrás quien te las rescate.32Tus hijos y tus hijas serán entregados á otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día: y no habrá fuerza en tu mano.

Desde aquí hasta el final de este largo capítulo Jehová enumera todas las maldiciones que vendrán sobre Israel si no escucha. ¡Ay! Las Escrituras, como también la historia de este pueblo, confirman que en efecto “teniendo oídos no oís” (Marcos 8:18). Y como consecuencia le sobrevinieron todas estas pruebas. En cuanto a nosotros que estamos bajo la gracia, nuestra responsabilidad es aún más grande; por eso se nos dice: “Mirad que no desechéis al que habla” (Hebreos 12:25). Pues no sólo desecharíamos unas cuantas palabras, sino a la Persona que las ha pronunciado.

Entonces, si no queremos escuchar su buena Palabra, él se verá obligado a emplear otro lenguaje infinitamente más penoso y severo: el de las pruebas. Si persistimos en el camino de nuestra propia voluntad, la voluntad del Señor necesariamente obrará en contra nuestra. Aprendamos a discernirla detrás de los instrumentos de su disciplina. ¡Y que el Señor nos guarde de hacer toda clase de enojosas experiencias antes de comprender que no podemos ser felices lejos de él! El hijo pródigo de la parábola nos enseña esta lección sin que tengamos necesidad de seguirlo a “una provincia apartada” para aprenderla (Lucas 15).

Deuteronomio 28:33-53; Deuteronomio 29:1
33El fruto de tu tierra y todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste; y nunca serás sino oprimido y quebrantado todos los días.34Y enloquecerás á causa de lo que verás con tus ojos.35Herirte ha Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, sin que puedas ser curado: aun desde la planta de tu pie hasta tu mollera.36Jehová llevará á ti, y á tu rey que hubieres puesto sobre ti, á gente que no conociste tú ni tus padres; y allá servirás á dioses ajenos, al palo y á la piedra.37Y serás por pasmo, por ejemplo y por fábula, á todos los pueblos á los cuales te llevará Jehová.38Sacarás mucha simiente al campo, y cogerás poco: porque la langosta lo consumirá.39Plantarás viñas y labrarás, mas no beberás vino, ni cogerás uvas; porque el gusano las comerá.40Tendrás olivas en todo tu término, mas no te ungirás con el aceite; porque tu aceituna se caerá.41Hijos é hijas engendrarás, y no serán para ti; porque irán en cautiverio.42Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra consumirá la langosta.43El extranjero que estará en medio de ti subirá sobre ti muy alto, y tú serás puesto muy bajo.44El te prestará á ti, y tú no prestarás á él: él será por cabeza, y tú serás por cola.45Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido á la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó:46Y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu simiente para siempre.47Por cuanto no serviste á Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas;48Servirás por tanto á tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.49Jehová traerá sobre ti gente de lejos, del cabo de la tierra, que vuele como águila, gente cuya lengua no entiendas;50Gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño:51Y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas: y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte.52Y te pondrá cerco en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y encastillados en que tú confías, en toda tu tierra: te cercará, pues, en todas tus ciudades y en toda tu tierra, que Jehová tu Dios te habrá dado.53Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dió, en el cerco y en al apuro con que te angustiará tu enemigo.
1ESTAS son las palabras del pacto que Jehová mandó á Moisés concertara con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que concertó con ellos en Horeb.

“Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios” (Salmo 16:4). Este versículo, que proféticamente se aplica al culto del anticristo, puede servir de título para los versículos 15-68 de nuestro capítulo. El que habla en el Salmo 16 es Cristo, quien contrariamente a Israel nunca dejó de confiar en Dios, de tenerlo presente. Por eso pudo contar con Dios para ser guardado, para conservar su porción, para no resbalar (Salmo 16:1, 5, 8). Jesús es nuestro modelo en el camino de la fe. Pero Dios se ve obligado a mostrarnos también el ejemplo inverso y sus consecuencias bastante trágicas. La espantosa amenaza del versículo 53 se cumplió literalmente en la historia de Israel (2 Reyes 6:29). En cuanto a su libertad, prácticamente la perdió desde los días de su deportación a Babilonia.

“Servid a Jehová con alegría”, dice el Salmo 100:2. Precisamente Israel no sirvió a su Dios “con alegría y con gozo de corazón” (v. 47), exponiéndose así a cargar con el yugo de hierro de sus enemigos. Moralmente, así ocurre siempre. Al negarnos a servir al Señor, nos colocamos prácticamente bajo la servidumbre de Satanás y del pecado (Juan 8:34). ¡Que Dios nos enseñe a servirle gozosamente, imitando a Aquel que hallaba sus delicias en hacer la voluntad de Dios! (Salmo 40:8).

Deuteronomio 29:2-17
2Moisés pues llamó á todo Israel, y díjoles: Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto á Faraón y á todos sus siervos, y á toda su tierra:3Las pruebas grandes que vieron tus ojos, las señales, y las grandes maravillas.4Y Jehová no os dió corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oir, hasta el día de hoy.5Y yo os he traído cuarenta años por el desierto: vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni tu zapato se ha envejecido sobre tu pie.6No habéis comido pan, ni bebisteis vino ni sidra: para que supieseis que yo soy Jehová vuestro Dios.7Y llegasteis á este lugar, y salió Sehón rey de Hesbón, y Og rey de Basán, delante de nosotros para pelear, y herímoslos;8Y tomamos su tierra, y dímosla por heredad á Rubén y á Gad, y á la media tribu de Manasés.9Guardaréis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis.10Vosotros todos estáis hoy delante de Jehová vuestro Dios; vuestros príncipes de vuestras tribus, vuestros ancianos, y vuestros oficiales, todos los varones de Israel,11Vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campo, desde el que corta tu leña hasta el que saca tus aguas:12Para que entres en el pacto de Jehová tu Dios, y en su juramento, que Jehová tu Dios acuerda hoy contigo:13Para confirmarte hoy por su pueblo, y que él te sea á ti por Dios, de la manera que él te ha dicho, y como él juró á tus padres Abraham, Isaac, y Jacob.14Y no con vosotros solos acuerdo yo este pacto y este juramento,15Sino con los que están aquí presentes hoy con nosotros delante de Jehová nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros.16Porque vosotros sabéis cómo habitamos en la tierra de Egipto, y cómo hemos pasado por medio de las gentes que habéis pasado;17Y habéis visto sus abominaciones y sus ídolos, madera y piedra, plata y oro, que tienen consigo.

Todo Israel está reunido para oír las palabras del pacto. El poder y el amor de Dios han obrado grandes milagros. El pueblo los había visto (v. 1), pero no con los ojos del corazón (v. 4; Efesios 1:18). Las señales cumplidas a su favor no tuvieron ningún efecto moral sobre su conciencia. Otro tanto sucedió durante el tiempo que el Señor Jesús estuvo en la tierra. “Muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos…” (Juan 2:23-24). Corremos el riesgo de parecernos a ellos cada vez que nos contentamos con un conocimiento meramente intelectual de la verdad.

Sin embargo, el versículo 4 afirma que hasta ese día Dios no había dado a Israel oídos para oír. En tal caso, ¿el pueblo será culpable por no haber escuchado? ¡Desde luego que sí! El apóstol Pablo lo hace responsable de haber cerrado voluntariamente sus oídos para no oír y en consecuencia convertirse (Hechos 28:27-28). “Sabed, pues, –prosigue diciendo– que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán”. El Señor permita que fuera recibida y que hoy ninguno endurezca su corazón (Hebreos 3:7, 15; 4:7). Fijémonos en la frecuente repetición de la palabra “hoy” a lo largo de los últimos capítulos de este libro.

Deuteronomio 29:18-29
18Quizá habrá entre vosotros varón, ó mujer, ó familia, ó tribu, cuyo corazón se vuelva hoy de con Jehová nuestro Dios, por andar á servir á los dioses de aquellas gentes; quizá habrá en vosotros raíz que eche veneno y ajenjo;19Y sea que, cuando el tal oyere las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Tendré paz, aunque ande según el pensamiento de mi corazón, para añadir la embriaguez á la sed:20Jehová no querrá perdonarle; antes humeará luego el furor de Jehová y su celo sobre el tal hombre, y asentaráse sobre él toda maldición escrita en este libro, y Jehová raerá su nombre de debajo del cielo:21Y apartarálo Jehová de todas las tribus de Israel para mal, conforme á todas las maldiciones del pacto escrito en este libro de la ley.22Y dirá la generación venidera, vuestros hijos que vendrán después de vosotros, y el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de aquesta tierra, y sus enfermedades de que Jehová la hizo enfermar,23(Azufre y sal, abrasada toda su tierra: no será sembrada, ni producirá, ni crecerá en ella hierba ninguna, como en la subversión de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Seboim, que Jehová subvirtió en su furor y en su ira:)24Dirán, pues, todas las gentes: ¿Por qué hizo Jehová esto á esta tierra? ¿qué ira es ésta de tan gran furor?25Y responderán. Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto,26Y fueron y sirvieron á dioses ajenos, é inclináronse á ellos, dioses que no conocían, y que ninguna cosa les habían dado:27Encendióse por tanto, el furor de Jehová contra esta tierrra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en esta libro;28Y Jehová los desarraigó de su tierra con enojo, y con saña, y con furor grande, y los echó á otra tierra, como hoy.29Las cosas secretas pertenecen á Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

Hasta aquí se trató del pueblo en su conjunto. Los versículos 18-21 se dirigen individualmente al hombre o mujer que se aparte de Jehová. El ajenjo (v. 18 final) es una planta de jugo amargo y tóxico que crece en tierras no cultivadas. Si, espiritualmente, nuestro corazón se halla en estado salvaje, no debe extrañarnos que en él se desarrollen semejantes raíces de amargura, que envenenan nuestro espíritu con toda clase de resentimientos, celos y animosidades. El remedio preventivo, según Hebreos 12:15, es no dejar de disfrutar la gracia de Dios.

Este capítulo termina con un versículo consolador. Nuestra historia, como la de Israel, comprende un lado visible: el de nuestra responsabilidad, y un lado oculto: el de la gracia, del cual sólo Dios tiene pleno conocimiento. Ciertos tejidos se bordan al revés. Mientras dura el trabajo, en el cañamazo sólo se ven nudos e hilos embrollados; únicamente el artesano sabe orientarse y trabajar bien en tan aparente confusión. Pero una vez terminada la obra, al darse la vuelta a la pieza bordada, aparece el dibujo en toda su perfección y belleza. “Las cosas… reveladas” corresponden al lado visible del trabajo divino. Las pruebas, los fracasos y la disciplina a veces nos parece que van en contra del plan de Dios. Pero pronto, en la magnificencia del lugar Santo, admiraremos la otra cara y comprenderemos todo su amor.

Deuteronomio 30:1-14
1Y SERA que, cuando te sobrevinieren todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y volvieres á tu corazón en medio de todas las gentes á las cuales Jehová tu Dios te hubiere echado,2Y te convirtieres á Jehová tu Dios, y obedecieres á su voz conforme á todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma,3Jehová también volverá tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y tornará á recogerte de todos los pueblos á los cuales te hubiere esparcido Jehová tu Dios.4Si hubieres sido arrojado hasta el cabo de los cielos, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará:5Y volverte ha Jehová tu Dios á la tierra que heredaron tus padres, y la poseerás; y te hará bien, y te multiplicará más que á tus padres.6Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu simiente, para que ames á Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, á fin de que tú vivas.7Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron.8Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos, que yo te intimo hoy.9Y hacerte ha Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien: porque Jehová volverá á gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres;10Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres á Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.11Porque este mandamiento que yo te intimo hoy, no te es encubierto, ni está lejos:12No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo representará, para que lo cumplamos?13Ni está de la otra parte de la mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros la mar, para que nos lo traiga y nos lo represente, á fin de que lo cumplamos?14Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

La gracia de Dios guarda algunas “cosas secretas” (cap. 29:29), de las cuales se ocupa este capítulo. «Dios no sólo recogerá, multiplicará y obrará con poder en favor de Israel, sino que ejecutará en él una poderosa obra de gracia mucho más valiosa que cualquier otra prosperidad exterior» (C.H.M.). En un tiempo futuro, Dios actuará sobre el corazón de su pueblo para producir en ellos la obediencia y el amor hacia él (Hebreos 8:10). Desde hace mucho tiempo lo está invitando: “Si te volvieres… vuélvete a mí” (Jeremías 4:1; léase Oseas 14:1-2). Pues bien, ¡todo ese laborioso trabajo no será en vano! “Y tú volverás…” (v. 8).

El capítulo 10 de Romanos cita los versículos 11-14 aplicándolos a “todo aquel que en él creyere”. Cristo, la Palabra viviente, vino desde el cielo, lugar al cual el hombre no podía subir, a fin de revelarnos el corazón de Dios, quien quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4). Amigo, no diga que esta salvación es demasiado maravillosa y usted demasiado miserable (v. 11). Por muy lejos que usted esté, Jesús está cerca de usted. ¡Ábrale ahora mismo su corazón!

En cuanto a nosotros, cristianos, no olvidemos que si la Palabra está en nuestra boca o en nuestro corazón, es para que lleve fruto, para que sea puesta en práctica (v. 14; léase Juan 13:17).

Deuteronomio 30:15-20; Deuteronomio 31:1-6
15Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal:16Porque yo te mando hoy que ames á Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos y sus estatutos y sus derechos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra á la cual entras para poseerla.17Mas si tu corazón se apartare, y no oyeres, y fueres incitado, y te inclinares á dioses ajenos, y los sirvieres;18Protéstoos hoy que de cierto pereceréis: no tendréis largos días sobre la tierra, para ir á la cual pasas el Jordán para poseerla.19A los cielos y la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente:20Que ames á Jehová tu Dios, que oigas su voz, y te allegues á él; porque él es tu vida, y la longitud de tus días; á fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová á tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar.
1Y FUÉ Moisés, y habló estas palabras á todo Israel,2Y díjoles: De edad de ciento y veinte años soy hoy día; no puedo más salir ni entrar: á más de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán.3Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá estas gentes de delante de ti, y las heredarás: Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho.4Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los Amorrheos, y con su tierra, que los destruyó.5Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme á todo lo que os he mandado.6Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará ni te desamparará.

He aquí una vez más la encrucijada encontrada en el capítulo 11:26. Sólo dos caminos se abren ante Israel, lo mismo que ante todo hombre: uno lleva a la vida y a la felicidad; consiste en amar a Dios, escuchar su voz y seguirlo (v. 20). Tal es el secreto de una vida feliz estando aún en la tierra. El otro, quizá lleno de atractivo al principio, conduce a la muerte y a la desgracia (v. 15, 19; comp. con Jeremías 21:8). La elección es nuestra. Escuchemos la voz amiga que murmura a nuestros oídos: “Este es el camino, andad por él” (Isaías 30:21).

Moisés ya tiene ciento veinte años. Ochenta años atrás, él también había tenido que elegir. Había rehusado los honores, las riquezas y los placeres de la corte del Faraón, “escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios... y teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo” (Hebreos 11:25-26). Con la seguridad de que no se había equivocado, puede ahora exhortar a Israel y con él a todos los que aún no se han decidido: “Mira… escoge, pues, la vida”. Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). Escoger la vida es escogerlo a él mismo. Después él se encargará de nuestra felicidad. Querido amigo, escoja la vida, ¡escoja a Jesús! El futuro no le pertenece.

Deuteronomio 31:7-18
7Y llamó Moisés á Josué, y díjole á vista de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo á la tierra que juró Jehová á sus padres que les había de dar, y tú se la harás heredar.8Y Jehová es el que va delante de ti; él será contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas, ni te intimides.9Y escribió Moisés esta ley, y dióla á los sacerdotes, hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y á todos los ancianos de Israel.10Y mandóles Moisés, diciendo: Al cabo del séptimo año, en el año de la remisión, en la fiesta de las Cabañas,11Cuando viniere todo Israel á presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel á oídos de ellos.12Harás congregar el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman á Jehová vuestro Dios, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley:13Y los hijos de ellos que no supieron oigan, y aprendan á temer á Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra, para ir á la cual pasáis el Jordán para poseerla.14Y Jehová dijo á Moisés: He aquí se han acercado tus días para que mueras: llama á Josué, y esperad en el tabernáculo del testimonio, y le mandaré. Fueron pues Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo del testimonio.15Y aparecióse Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube; y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo.16Y Jehová dijo á Moisés: He aquí tú vas á dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va, en estando en medio de ella; y me dejará, é invalidará mi pacto que he concertado con él:17Y mi furor se encenderá contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y le hallarán muchos males y angustias, y dirá en aquel día: ¿No me han hallado estos males porque no está mi Dios en medio de mí?18Empero yo esconderé ciertamente mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto á dioses ajenos.

Después de exhortar a todo Israel a fortalecerse y a mantenerse firme (v. 6), Moisés dirige las mismas palabras a Josué (v. 7). La fuente del ánimo era la misma en ambos casos: “Jehová tu Dios es el que va contigo... él estará contigo”.

Moisés redactó la ley, pero es necesario que sea leída. Por lo tanto da una última instrucción relativa a la lectura habitual de los mandamientos divinos ante todo Israel reunido: hombres, mujeres y niños. ¿Con qué propósito? “Para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley” (v. 12). Por estos mismos motivos nos reunimos como asamblea y leemos y meditamos la Palabra de Dios. El versículo 12 nos muestra que los niños también tienen su sitio juntamente con los padres. No descuidemos estas reuniones “como algunos tienen por costumbre” (Hebreos 10:25).

¿Por qué, después de haber prometido no abandonar a Israel (v. 6), Jehová le anuncia: “Los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro”? (v. 17). Porque el pueblo abandonará a su Dios y quebrantará su pacto (v. 16 final). Sin embargo, por boca del profeta Oseas se formulará una última promesa: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia” (Oseas 14:4).

Deuteronomio 31:19-29
19Ahora, pues, escribíos este cántico, y enséñalo á los hijos de Israel: ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel.20Porque yo le introduciré en la tierra que juré á sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerá, y se hartará, y se engordará: y volveránse á dioses ajenos, y les servirán, y me enojarán, é invalidarán mi pacto.21Y será que cuando le vinieren muchos males y angustias, entonces responderá en su cara este cántico como testigo, pues no caerá en olvido de la boca de su linaje: porque yo conozco su ingenio, y lo que hace hoy antes que le introduzca en la tierra que jur22Y Moisés escribió este cántico aquel día, y enseñólo á los hijos de Israel.23Y dió orden á Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y anímate, que tú meterás los hijos de Israel en la tierra que les juré, y yo seré contigo.24Y como acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse,25Mandó Moisés á los Levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo:26Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti.27Porque yo conozco tu rebelión, y tu cerviz dura: he aquí que aun viviendo yo hoy con vosotros, sois rebeldes á Jehová; y ¿cuánto más después que yo fuere muerto?28Congregad á mí todos los ancianos de vuestras tribus, y á vuestros oficiales, y hablaré en sus oídos estas palabras, y llamaré por testigos contra ellos los cielos y la tierra.29Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os aparteréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal en ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos.

Una misma frase anuncia las bendiciones que Jehová tiene reservadas para su pueblo y la incalificable traición de éste al volverse tras otros dioses (v. 20). Advertido sobre el sombrío porvenir que se está preparando Israel, Josué, no obstante, es exhortado a fortalecerse (v. 23). Porque no obtendrá su fuerza del pueblo, sino de Jehová. Queridos jóvenes, sin duda alguna descubrirán muchas debilidades y faltas en los cristianos que conocen. Los mayores distan mucho de dar siempre un buen ejemplo. Las reuniones que ustedes frecuentan a veces les brindan muy poca edificación. ¿Acaso no hay motivos para desanimarse? Mirando a las personas no puede ser de otra manera. Pero si sus miradas están fijas en Jesús, pueden estar seguros de que no se decepcionarán. En él se hallan inagotables provisiones de gracia y de perfección capaces de suplir todas nuestras carencias.

Moisés, Josué y Pablo sabían cómo seguiría su obra en este mundo. “Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino”, dice Moisés (v. 29). “Yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces”, anuncia Pablo (Hechos 20:29). Pero también sabían en quién habían creído, y descansaban en su poder (2 Timoteo 1:12).

Deuteronomio 31: 30; Deuteronomio 32:1-14
30Entonces habló Moisés en oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo.
1ESCUCHAD, cielos, y hablaré; Y oiga la tierra los dichos de mi boca.2Goteará como la lluvia mi doctrina; Destilará como el rocío mi razonamiento; Como la llovizna sobre la grama, Y como las gotas sobre la hierba:3Porque el nombre de Jehová invocaré: Engrandeced á nuestro Dios.4El es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: Es justo y recto.5La corrupción no es suya: á sus hijos la mancha de ellos, Generación torcida y perversa.6¿Así pagáis á Jehová, Pueblo loco é ignorante? ¿No es él tu padre que te poseyó? El te hizo y te ha organizado.7Acuérdate de los tiempos antiguos; Considerad los años de generación y generación: Pregunta á tu padre, que él te declarará; A tus viejos, y ellos te dirán.8Cuando el Altísimo hizo heredar á las gentes, Cuando hizo dividir los hijos de los hombres, Estableció los términos de los pueblos Según el número de los hijos de Israel.9Porque la parte de Jehová es su pueblo; Jacob la cuerda de su heredad.10Hallólo en tierra de desierto, Y en desierto horrible y yermo; Trájolo alrededor, instruyólo, Guardólo como la niña de su ojo.11Como el águila despierta su nidada, Revolotea sobre sus pollos, Extiende sus alas, los toma, Los lleva sobre sus plumas:12Jehová solo le guió, Que no hubo con él dios ajeno.13Hízolo subir sobre las alturas de la tierra, Y comió los frutos del campo, E hizo que chupase miel de la peña, Y aceite del duro pedernal;14Manteca de vacas y leche de ovejas, Con grosura de corderos, Y carneros de Basán; también machos de cabrío, Con grosura de riñones de trigo: Y sangre de uva bebiste, vino puro.

Tal como se lo ha ordenado Jehová, Moisés se dispone a enseñar un cántico a los hijos de Israel. Tomando por testigos a los cielos y a la tierra, exalta la palabra de Dios que desciende “como la llovizna sobre la grama (la juventud), y como las gotas sobre la hierba” (v. 2). Atribuye a Dios la grandeza, celebra lo que él es: fiel, justo y recto (v. 4). Su nombre es la Roca; asegura refugio, morada, sombra bienhechora, agua viva, miel y aceite para los suyos (v. 13; Salmo 31:2; 71:3; Isaías 32:2, etc.). Luego el cántico exalta lo que Dios hace: ¡una obra perfecta! Su despliegue a favor de Israel se expone en los versículos 8-14. Lo ha escogido (v. 9), hallado, guardado (v. 10), llevado (v. 11), conducido (v. 12) y exaltado (v. 13). “¿Qué más se podía hacer… que yo no haya hecho?”, preguntará más tarde Jehová a propósito de Israel (Isaías 5:4). Con cuanta más razón, hijos de Dios, tenemos el derecho de exclamar: “Él es la Roca, cuya obra es perfecta” (v. 4). “Porque a los que antes conoció, también los predestinó… llamó… justificó… glorificó” (Romanos 8:29-30).

Deuteronomio 32:15-33
15Y engrosó Jeshurun, y tiró coces: Engordástete, engrosástete, cubrístete: Y dejó al Dios que le hizo, Y menospreció la Roca de su salud.16Despertáronle á celos con los dioses ajenos; Ensañáronle con abominaciones.17Sacrificaron á los diablos, no á Dios; A dioses que no habían conocido, A nuevos dioses venidos de cerca, Que no habían temido vuestros padres.18De la Roca que te crió te olvidaste: Te has olvidado del Dios tu criador.19Y vió lo Jehová, y encendióse en ira, por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.20Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, Veré cuál será su postrimería: Que son generación de perversidades, Hijos sin fe.21Ellos me movieron á celos con lo que no es Dios; Hiciéronme ensañar con sus vanidades: Yo también los moveré á celos con un pueblo que no es pueblo, Con gente insensata los haré ensañar.22Porque fuego se encenderá en mi furor, Y arderá hasta el profundo; Y devorará la tierra y sus frutos, Y abrasará los fundamentos de los montes.23Yo allegaré males sobre ellos; Emplearé en ellos mis saetas.24Consumidos serán de hambre, y comidos de fiebre ardiente Y de amarga pestilencia; Diente de bestias enviaré también sobre ellos, Con veneno de serpiente de la tierra.25De fuera desolará la espada, Y dentro de las cámaras el espanto: Así al mancebo como á la doncella, Al que mama como el hombre cano.26Dije: Echaríalos yo del mundo, Haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,27Si no temiese la ira del enemigo, No sea que se envanezcan sus adversarios, No sea que digan: Nuestra mano alta Ha hecho todo esto, no Jehová.28Porque son gente de perdidos consejos, Y no hay en ellos entendimiento.29Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, Y entendieran su postrimería!30¿Cómo podría perseguir uno á mil, Y dos harían huir á diez mil, Si su Roca no los hubiese vendido, Y Jehová no los hubiera entregado?31Que la roca de ellos no es como nuestra Roca: Y nuestros enemigos sean de ello jueces.32Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, Y de los sarmientos de Gomorra: Las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, Racimos muy amargos tienen.33Veneno de dragones es su vino, Y ponzoña cruel de áspides.

El cántico que Moisés enseña a los hijos de Israel por desgracia tiene más que una estrofa. La que aprendimos ayer con el pueblo exalta a Dios, excepto el versículo 5. ¡Veamos ahora el lado del hombre! Las riquezas que Jehová dio a su pueblo, enumeradas en el versículo 14, sólo las aprovecharon para engordarse a sí mismos (v. 15). En vez de adherirse más a la “Roca de su salvación”, de ofrecerle la grasa de los corderos y las libaciones de vino (v. 14), Israel la abandonó, despreció, provocó y finalmente la olvidó (v. 15-16, 18). ¡Qué negra ingratitud! Sin embargo, ¿a veces nosotros mismos no nos parecemos a ese pueblo tan miserable? Gustosos nos engordamos con la abundancia que nuestro Padre nos prodiga. Somos prosperados en nuestros negocios terrenales y olvidamos dar al Señor el lugar que le pertenece en nuestra vida. “A los ricos de este siglo” se les ordena que no “pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17). Si los hijos de Israel hubiesen obrado sabiamente, habrían considerado su fin (v. 29). ¡Que el Señor nos dé sabiduría para administrar sus dones, pues tendremos que rendirle cuenta de su gestión en el momento de su retorno!

Deuteronomio 32:34-52
34¿No tengo yo esto guardado, Sellado en mis tesoros?35Mía es la venganza y el pago, Al tiempo que su pie vacilará; Porque el día de su aflicción está cercano, Y lo que les está preparado se apresura.36Porque Jehová juzgará á su pueblo, Y por amor de sus siervos se arrepentirá, Cuando viere que la fuerza pereció, Y que no hay guardado, mas desamparado.37Y dirá: ¿Dónde están sus dioses, La roca en que se guarecían;38Que comían el sebo de sus sacrificios, Bebían el vino de sus libaciones? Levántense, que os ayuden Y os defiendan.39Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo: Yo hago morir, y yo hago vivir: Yo hiero, y yo curo: Y no hay quien pueda librar de mi mano.40Cuando yo alzaré á los cielos mi mano, Y diré: Vivo yo para siempre,41Si afilare mi reluciente espada, Y mi mano arrebatare el juicio, Yo volveré la venganza á mis enemigos, Y daré el pago á los que me aborrecen.42Embriagaré de sangre mis saetas, Y mi espada devorará carne: En la sangre de los muertos y de los cautivos, De las cabezas, con venganzas de enemigo.43Alabad, gentes, á su pueblo, Porque él vengará la sangre de sus siervos, Y volverá la venganza á sus enemigos, Y expiará su tierra, á su pueblo.44Y vino Moisés, y recitó todas las palabras de este cántico á oídos del pueblo, él, y Josué hijo de Nun.45Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras á todo Israel;46Y díjoles: Poned vuestro corazón á todas las palabras que yo os protesto hoy, para que las mandéis á vuestros hijos, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley.47Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida: y por ellas haréis prolongar los días sobre la tierra, para poseer la cual pasáis el Jordán.48Y habló Jehová á Moisés aquel mismo día, diciendo:49Sube á este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, que está en derecho de Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad á los hijos de Israel;50Y muere en el monte al cual subes, y sé reunido á tus pueblos; al modo que murió Aarón tu hermano en el monte de Hor, y fué reunido á sus pueblos:51Por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.52Verás por tanto delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, á la tierra que doy á los hijos de Israel.

El final del cántico de Moisés recuerda que Dios es soberano, que es “el mismo”, y por consiguiente sabemos que tiene la última palabra. ¿Cuál es esta palabra? La venganza sobre sus enemigos cuyo castigo no han recibido en mucho tiempo, pero también el perdón para su pueblo con el cual las naciones se regocijarán durante el milenio (v. 43).

Moisés termina sus enseñanzas haciendo una última exhortación a la obediencia: “Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy... a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley”, porque ella “es vuestra vida” (v. 46-47; Isaías 55:3; Proverbios 4:13; 7:2). Hay quienes creen que para vivir su “vida” deben liberarse de toda tutela y sobre todo de la de Dios. Estos versículos afirman, y nuestra experiencia confirma, que doblegarse bajo el bendito yugo del Señor en realidad es echar “mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:19).

Se han terminado las instrucciones de Moisés. Como mediador veraz, Moisés ha hablado del pueblo a Jehová y de Jehová al pueblo. Ahora va a dejarlo. Hebreos 13:7 nos exhorta a acordarnos de los fieles conductores que nos han anunciado la Palabra de Dios, muchos de los cuales ya no están. Pero, añade el autor de la epístola: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (comp. v. 39).

Deuteronomio 33:1-12
1Y ESTA es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios á los hijos de Israel, antes que muriese.2Y dijo: Jehová vino de Sinaí, Y de Seir les esclareció; Resplandeció del monte de Parán, Y vino con diez mil santos: A su diestra la ley de fuego para ellos.3Aun amó los pueblos; Todos sus santos en tu mano: Ellos también se llegaron á tus pies: Recibieron de tus dichos.4Ley nos mandó Moisés, Heredad á la congregación de Jacob.5Y fué rey en Jeshurun, Cuando se congregaron las cabezas del pueblo Con las tribus de Israel.6Viva Rubén, y no muera; Y sean sus varones en número.7Y esta bendición para Judá. Dijo así: Oye, oh Jehová, la voz de Judá, Y llévalo á su pueblo; Sus manos le basten, Y tú seas ayuda contra sus enemigos.8Y a Leví dijo: Tu Thummim y tu Urim, con tu buen varón Al cual tentaste en Massa, Y le hiciste reñir en las aguas de la rencilla;9El que dijo á su padre y á su madre: Nunca los vi: Ni conoció á sus hermanos, Ni conoció á sus hijos: Por lo cual ellos guardarán tus palabras, Y observarán tu pacto.10Ellos enseñarán tus juicios á Jacob, Y tu ley á Israel; Pondrán el perfume delante de ti, Y el holocausto sobre tu altar.11Bendice, oh Jehová, lo que hicieren, Y recibe con agrado la obra de sus manos: Hiere los lomos de sus enemigos, Y de los que le aborrecieren; para que nunca se levanten.12Y á Benjamín dijo: El amado de Jehová habitará confiado cerca de él: Cubrirálo siempre, Y entre sus hombros morará.

A punto de separarse del pueblo, el hombre de Dios deja hablar a su corazón lleno de afecto. Ya no es hora de exhortaciones; se despide de aquellos que ama, y su último mensaje es una bendición (comp. Lucas 24:50). Moisés es el digno representante de un Dios que ama “a su pueblo”, y todos sus santos están “en su mano” (v. 3). Seguridad completada por la promesa del Señor Jesús: “Nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:29).

Comparando la bendición de Moisés con la de Jacob en Génesis 49, percibimos algunas diferencias llenas de instrucción para nosotros. Según el testimonio de su propio padre, Leví era un hombre violento y cruel. Pero Dios, a causa de la fidelidad de sus hijos (Éxodo 32:26), hace de él un “siervo favorecido” y le confía las tareas del santuario. Benjamín era “lobo arrebatador” (Génesis 49:27), mas por gracia llega a ser “el amado de Jehová”; y ese “lobo” ocupará el lugar de la oveja extraviada, porque dice: “Entre sus hombros morará” (v. 12; Lucas 15:5). ¡Así de completa es la transformación que el Evangelio produce en aquel que lo recibe! Ésta fue la experiencia de Saulo de Tarso, quien precisamente pertenecía a la tribu de Benjamín y pasó de ser un apasionado perseguidor a un fiel testigo y siervo del Señor (1 Timoteo 1:12-13).

Deuteronomio 33:13-29
13Y á José dijo: Bendita de Jehová su tierra, Por los regalos de los cielos, por el rocío, Y por el abismo que abajo yace,14Y por los regalados frutos del sol, Y por los regalos de las influencias de las lunas,15Y por la cumbre de los montes antiguos, Y por los regalos de los collados eternos,16Y por los regalos de la tierra y su plenitud; Y la gracia del que habitó en la zarza Venga sobre la cabeza de José, Y sobre la mollera del apartado de sus hermanos.17El es aventajado como el primogénito de su toro, Y sus cuernos, cuernos de unicornio: Con ellos acorneará los pueblos juntos hasta los fines de la tierra: Y estos son los diez millares de Ephraim, Y estos los millares de Manasés.18Y á Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres: Y tu Issachâr, en tus tiendas.19Llamarán los pueblos al monte: Allí sacrificarán sacrificios de justicia: Por lo cual chuparán la abundancia de los mares, Y los tesoros escondidos de la arena.20Y a Gad dijo: Bendito el que hizo ensanchar á Gad: Como león habitará, Y arrebatará brazo y testa.21Y él se ha provisto de la parte primera, Porque allí una porción del legislador fuéle reservada, Y vino en la delantera del pueblo; La justicia de Jehová ejecutará, Y sus juicios con Israel.22Y á Dan dijo: Dan, cachorro de león: Saltará desde Basán.23Y á Nephtalí dijo: Nephtalí, saciado de benevolencia, Y lleno de la bendición de Jehová, Posee el occidente y el mediodía,24Y á Aser dijo: Bendito Aser en hijos: Agradable será á sus hermanos, Y mojará en aceite su pie.25Hierro y metal tu calzado, Y como tus días tu fortaleza.26No hay como el Dios de Jeshurun, Montado sobre los cielos para tu ayuda, Y sobre las nubes con su grandeza.27El eterno Dios es tu refugio Y acá abajo los brazos eternos; El echará de delante de ti al enemigo, Y dirá: Destruye.28E Israel, fuente de Jacob, habitará confiado solo En tierra de grano y de vino: También sus cielos destilarán rocío.29Bienaventurado tú, oh Israel, ¿Quién como tú, Pueblo salvo por Jehová, Escudo de tu socorro, Y espada de tu excelencia? Así que tus enemigos serán humillados, Y tú hollarás sobre sus alturas.

Todo “lo mejor” debe ser para José, figura de Cristo. Cinco veces hallamos esta expresión. Pero no hay nada “mejor” para el Señor Jesús que el amor de su Iglesia, de sus redimidos. “Apartado de entre sus hermanos” (Génesis 49:26) es “príncipe entre sus hermanos” (v. 16). Por causa de sus sufrimientos en la cisterna y en la prisión, y luego de su gloria en Egipto, José ocupa con pleno derecho este lugar particular. Es el de Jesús. Nadie podía acompañarlo en el terrible camino del Calvario. Estuvo solo en la cruz. Por eso Dios le ha dado eternamente un lugar privilegiado; lo ha ensalzado hasta lo sumo, le ha dado “un nombre que es sobre todo nombre”; lo ha ungido “con óleo de alegría más que a tus compañeros” (Filipenses 2:9; Salmo 45:7).

Como en un cuadro espléndido, el reinado milenario de Cristo es evocado por las bendiciones de las tribus. Contrariamente a lo pronunciado por Jacob, no contienen ninguna censura, ninguna restricción. Sin embargo, en esta segunda lista hay un ausente, ¿lo ha notado usted? Se trata de Simeón, antiguamente asociado con Leví en una misma condenación (Génesis 49:5). Leví, objeto de la gracia, es ricamente bendecido. Pero Simeón, ¿dónde queda? ¡Es una pregunta bastante seria! Y su nombre, amigo lector, ¿está en el libro de la vida?

Deuteronomio 34:1-12
1Y SUBIO Moisés de los campos de Moab al monte de Nebo, á la cumbre de Pisga, que está enfrente de Jericó: y mostróle Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan,2Y á todo Nephtalí, y la tierra de Ephraim y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta la mar postrera;3Y la parte meridional, y la campiña, la vega de Jericó, ciudad de las palmas, hasta Soar.4Y díjole Jehová: Esta es la tierra de que juré á Abraham, á Isaac, y á Jacob, diciendo: A tu simiente la daré. Hétela hecho ver con tus ojos, mas no pasarás allá.5Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová.6Y enterrólo en el valle, en tierra de Moab, enfrente de Bethpeor; y ninguno sabe su sepulcro hasta hoy.7Y era Moisés de edad de ciento y veinte años cuando murió: sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.8Y lloraron los hijos de Israel á Moisés en los campos de Moab treinta días: Y así se cumplieron los días del lloro del luto de Moisés.9Y Josué hijo de Nun fué lleno de espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él: y los hijos de Israel le obedecieron, é hicieron como Jehová mandó á Moisés.10Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, á quien haya conocido Jehová cara á cara;11En todas las señales y prodigios que le envió Jehová á hacer en tierra de Egipto á Faraón, y á todos sus siervos, y á toda su tierra;12Y en toda aquella mano esforzada, y en todo el espanto grande que causó Moisés á ojos de todo Israel.

Moisés había pasado cuarenta años en casa de Faraón, cuarenta años en casa de Jetro en la escuela de Dios, y por último cuarenta años en el desierto, conduciendo a Israel. Al principio había tenido esa “grande visión” de la zarza (Éxodo 3:3). Luego, por la fe, se había mantenido firme “como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27). Con unos ojos que nunca se oscurecieron (v. 7), el hombre de Dios, al acabar su carrera, contempla el admirable panorama de la tierra de Emanuel.

Luego llega el momento cuando, según sus propias palabras en el Salmo 90:3 (V.M.), por orden de Dios el hombre vuelve al polvo. Pero Jehová honra a su querido siervo ocupándose personalmente de su sepultura (v. 6). Desde entonces Moisés forma parte de los testigos de la fe que esperan la gloria prometida, al tiempo que gozan ya de la presencia de Aquel que es su perfecta “remuneración” (Mateo 17:3). Y ¿qué es la pérdida de la tierra en comparación con tal ganancia? ¡Que cada uno de nosotros, al finalizar el estudio de los cinco libros de Moisés (o Pentateuco), haya progresado en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. “De mí escribió él” (Moisés), dirá Jesús a los judíos (Juan 5:46). Y, en efecto, ¿no lo hemos descubierto a él mismo a través de tantas sombras y figuras en esta rica porción de la Palabra de Dios?

Josué 1:1-18
1Y ACONTECIO después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló á Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo:2Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, á la tierra que yo les doy á los hijos de Israel.3Yo os he entregado, como lo había dicho á Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.4Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los Hetheos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término.5Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida: como yo fuí con Moisés, seré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.6Esfuérzate y sé valiente: porque tú repartirás á este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré á sus padres que la daría á ellos.7Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para cuidar de hacer conforme á toda la ley que mi siervo Moisés te mandó: no te apartes de ella ni á diestra ni á siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres.8El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme á todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.9Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres.10Y Josué mandó á los oficiales del pueblo, diciendo:11Pasad por medio del campo, y mandad al pueblo, diciendo: Preveníos de comida; porque dentro de tres días pasaréis el Jordán, para que entréis á poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da para que la poseáis.12También habló Josué á los Rubenitas y Gaditas, y á la media tribu de Manasés, diciendo:13Acordaos de la palabra que Moisés, siervo de Jehová, os mandó diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra.14Vuestras mujeres y vuestros niños y vuestras bestias, quedarán en la tierra que Moisés os ha dado de esta parte del Jordán; mas vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y les ayudaréis;15Hasta tanto que Jehová haya dado reposo á vuestros hermanos como á vosotros, y que ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les da: y después volveréis vosotros á la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés siervo de Jehová os ha dado, de 16Entonces respondieron á Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, é iremos adonde quiera que nos mandares.17De la manera que obedecimos á Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos á ti: solamente Jehová tu Dios sea contigo, como fué con Moisés.18Cualquiera que fuere rebelde á tu mandamiento, y no obedeciere á tus palabras en todas las cosas que le mandares, que muera; solamente que te esfuerces, y seas valiente.

El libro de Josué nos hace entrar con Israel en el país de la promesa para tomar posesión del mismo. Un nuevo conductor reemplaza a Moisés: Josué, un hombre joven, a quien ya hemos visto combatiendo (Éxodo 17: 9-10), aprendiendo (Éxodo 33:11), sirviendo (Números 11:28), dando testimonio (Números 14:6…). Formado durante los largos años de travesía por el desierto, ahora es llamado a llevar grandes responsabilidades. En el momento de enfrentarse a ellas, Jehová vuelve a infundirle ánimo (v. 6-7, 9); también lo hacen sus hermanos (v. 18): “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley (para nosotros la Palabra de Dios), sino que de día y de noche meditarás en él”. Tal será el secreto de su prosperidad espiritual… y de la nuestra (v. 8).

El libro de Josué ilustra las verdades desarrolladas en la epístola a los Efesios. Así como los hijos de Israel debían combatir para conquistar el país de Canaán, los cristianos tenemos combates espirituales que librar por la posesión de los lugares celestiales. Y se nos dice como a Josué: “Fortaleceos en el Señor… Estad, pues, firmes…” (Efesios 6:10, 14). Moisés representaba a Cristo conduciendo a los suyos fuera del mundo. Josué personifica al Espíritu de Jesús (el nombre de Jesús en griego es el equivalente a Josué en hebreo, y significa Jehová es salvación) introduciéndolos en el cielo con él.

Josué 2:1-13
1Y JOSUÉ, hijo de Nun, envió desde Sittim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y á Jericó. Los cuales fueron, y entráronse en casa de una mujer ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.2Y fué dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche á espiar la tierra.3Entonces el rey de Jericó, envió á decir á Rahab: Saca fuera los hombres que han venido á ti, y han entrado en tu casa; porque han venido á espiar toda la tierra.4Mas la mujer había tomado los dos hombres, y los había escondido; y dijo: Verdad que hombres vinieron á mí, mas no supe de dónde eran:5Y al cerrarse la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres se salieron, y no sé á dónde se han ido: seguidlos apriesa, que los alcanzaréis.6Mas ella los había hecho subir al terrado, y habíalos escondido entre tascos de lino que en aquel terrado tenía puestos.7Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán, hasta los vados: y la puerta fué cerrada después que salieron los que tras ellos iban.8Mas antes que ellos durmiesen, ella subió á ellos al terrado, y díjoles:9Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país están desmayados por causa de vosotros;10Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del mar Bermejo delante de vosotros, cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho á los dos reyes de los Amorrheos que estaban de la parte allá del Jordán, á Sehón y á Og, á los cuales habéis destruíd11Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más espíritu en alguno por causa de vosotros: porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.12Ruégoos pues ahora, me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal cierta;13Y que salvaréis la vida á mi padre y á mi madre, y á mis hermanos y hermanas, y á todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte.

Dos grandes obstáculos impiden la entrada del pueblo en Canaán. En primer lugar el Jordán, que constituye la frontera. Luego, en la otra ribera, la imponente fortaleza de Jericó. Josué envía allá a dos espías. Su misión parece limitada a la visita a Rahab y a conocer no el poder del enemigo sino el poder de Dios que obra en el corazón de esa mujer. Rahab ha oído lo que Dios había hecho por su pueblo Israel. Creyó en él, y aquí se muestra activa, porque “la fe sin obras es muerta”. A esa miserable cananea, Santiago la toma como ejemplo de esta verdad, juntamente con Abraham (Santiago 2:25). A los ojos de los hombres la acción de esta mujer –una traición– es absolutamente reprensible. Pero eso mismo resalta mejor la diferencia que hay entre una obra de fe, agradable a Dios, y una «buena obra» alabada por los hombres. Lo que hace un creyente no siempre es comprendido y aprobado por el mundo.

La fe de Rahab le dio un sitio de honor en dos listas notables del Nuevo Testamento: la genealogía de Jesucristo (Mateo 1) y la enumeración de los fieles testigos de Hebreos 11 donde ella es la única mujer nombrada juntamente con Sara.

Josué 2:14-24
14Y ellos le respondieron: Nuestra alma por vosotros hasta la muerte, si no denunciareis este nuestro negocio: y cuando Jehová nos hubiere dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad.15Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba á la pared del muro, y ella vivía en el muro.16Y díjoles: Marchaos al monte, porque los que fueron tras vosotros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis vuestro camino.17Y ellos le dijeron: Nosotros seremos desobligados de este juramento con que nos has conjurado.18He aquí, cuando nosotros entráremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana á la ventana por la cual nos descolgaste: y tú juntarás en tu casa tu padre y tu madre, tus hermanos y toda la familia de tu padre.19Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare.20Y si tú denunciares este nuestro negocio, nosotros seremos desobligados de este tu juramento con que nos has juramentado.21Y ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron: y ella ató el cordón de grana á la ventana.22Y caminando ellos, llegaron al monte, y estuvieron allí tres días, hasta que los que los seguían se hubiesen vuelto: y los que los siguieron, buscaron por todo el camino, mas no los hallaron.23Y tornándose los dos varones, descendieron del monte, y pasaron, y vinieron á Josué hijo de Nun, y contáronle todas las cosas que les habían acontecido.24Y dijeron á Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país están desmayados delante de nosotros.

El hecho de que Rahab fuese no solamente una enemiga sino una persona poco recomendable subraya la profundidad de la gracia divina. Así como ocurrió en el caso de otra cananea en los tiempos del Señor, la fe de ésta la hace participar, espiritualmente hablando, de las “migajas” que caen de la mesa de los hijos de Israel (Mateo 15:22-28). El medio por el cual su casa será protegida nos recuerda la pascua y la sangre del cordero en las puertas, y hace de Rahab una verdadera hija de Israel. Previendo el juicio que caerá sobre Jericó, ella y los suyos son invitados a colocarse bajo la protección del cordón escarlata. Notemos que éste es atado a la ventana inmediatamente. Rahab nos enseña a colocarnos al amparo de la sangre redentora lo antes posible, si todavía no lo hemos hecho, porque así como el juicio cayó sobre Jericó, también alcanzará al mundo. Esta mujer proclama su certidumbre de que el Dios de Israel ganará la victoria y confía en su promesa.

El informe de los dos espías es muy diferente del de los diez exploradores de Números 13. “Jehová ha entregado (no entregará) toda la tierra en nuestras manos” (v. 24). Este versículo es el cumplimiento textual de lo que declaró cuarenta años antes el cántico del mar Rojo (Éxodo 15:15 final).

Josué 3:1-13
1Y LEVANTOSE Josué de mañana, y partieron de Sittim, y vinieron hasta el Jordán, él y todos los hijos de Israel, y reposaron allí antes que pasasen.2Y pasados tres días, los oficiales atravesaron por medio del campo,3Y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando viereis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los sacerdotes y Levitas que la llevan, vosotros partiréis de vuestro lugar, y marcharéis en pos de ella.4Empero entre vosotros y ella haya distancia como de la medida de dos mil codos: y no os acercaréis á ella, á fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir: por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino.5Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana entre vosotros maravillas.6Y habló Josué á los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto, y fueron delante del pueblo.7Entonces Jehová dijo á Josué: Desde aqueste día comenzaré á hacerte grande delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como fuí con Moisés, así seré contigo.8Tú, pues, mandarás á los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hubiereis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán.9Y Josué dijo á los hijos de Israel: Llegaos acá, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios.10Y añadió Josué: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros, y que él echará de delante de vosotros al Cananeo, y al Heteo, y al Heveo, y al Pherezeo, y al Gergeseo, y al Amorrheo, y al Jebuseo.11He aquí, el arca del pacto del Señoreador de toda la tierra pasa el Jordán delante de vosotros.12Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, de cada tribu uno.13Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová Señoreador de toda la tierra, fueren asentadas sobre las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se partirán: porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.

El mar Rojo cerraba el paso a Israel en la salida de Egipto, ahora el Jordán le cierra el acceso a Canaán. El paso a través de ese río nos enseña una nueva verdad de gran importancia: nuestra muerte con Cristo. Desde ahora al hijo de Dios se le invita a tomar posesión del cielo y a disfrutar del mismo por la fe. A eso corresponde la entrada en Canaán. Pero así como para entrar allí era necesario cruzar el Jordán, el río de la muerte, un cristiano no puede tomar posesión del cielo y probar actualmente sus goces sin haber comprendido que está muerto con Cristo. La cruz en la que mi Salvador entregó su vida golpea y condena mi natural voluntad corrompida, ese viejo hombre que continuamente quiere volver a tomar el control de mi vida; sin embargo, no tiene ningún derecho a entrar en el dominio celestial. ¡Cuántos tormentos me ocasiona! Mis esfuerzos para corregirlo resultan ineficaces. ¿Cómo neutralizarlo para que no pueda hacer daño? ¿Cómo hacerlo morir? ¡Reconociendo con gozo que eso se cumplió una vez para siempre en la cruz y que me basta aceptarlo tan sencillamente como el perdón de mis pecados! No solamente Cristo fue crucificado por mí, sino que yo también estoy juntamente crucificado con él (Gálatas 2:20). Éstas son las maravillas que Dios ha hecho a nuestro favor (v. 5).

Josué 3:14-17; Josué 4:1-8
14Y aconteció, que partiendo el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, y los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto,15Cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, así como los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados á la orilla del agua, (porque el Jordán suele reverter sobre todos sus bordes todo el tiempo de la siega,)16Las aguas que venían de arriba, se pararon como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Sarethán; y las que descendían á la mar de los llanos, al mar Salado, se acabaron y fueron partidas; y el pueblo pasó en derecho de Jericó.17Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.
1Y CUANDO toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Jehová habló á Josué, diciendo:2Tomad del pueblo doce hombres, de cada tribu uno,3Y mandadles, diciendo: Tomaos de aquí del medio del Jordán, del lugar donde están firmes los pies de los sacerdotes, doce piedras, las cuales pasaréis con vosotros, y las asentaréis en el alojamiento donde habéis de tener la noche.4Entonces Josué llamó á los doce hombres, los cuales había él ordenado de entre los hijos de Israel, de cada tribu uno;5Y díjoles Josué: Pasad delante del arca de Jehová vuestro Dios al medio del Jordán; y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel;6Para que esto sea señal entre vosotros; y cuando vuestros hijos preguntaren á sus padres mañana, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras?7Les responderéis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del pacto de Jehová; cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se partieron: y estas piedras serán por memoria á los hijos de Israel para siempre.8Y los hijos de Israel lo hicieron así como Josué les mandó: que levantaron doce piedras del medio del Jordán, como Jehová lo había dicho á Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, y pasáronlas consigo al alojamiento, y las asentaron

El arca es la primera en penetrar en las aguas y abre el paso para el pueblo. La entrada de Cristo en la muerte nos abrió un camino por el cual no habíamos “pasado antes”, un “camino nuevo y vivo” (v. 4; Hebreos 10:20). Antes de la cruz, nadie había salido definitivamente de la muerte después de haber entrado en ella. Pero Cristo sí lo hizo, de modo que ahora la atravesamos juntamente con él sin conocer su amargura. “Por el río pasaron a pie; allí en él nos alegramos” (Salmo 66:6). Vemos que el arca permaneció en el lecho del río hasta que toda la nación acabó de pasar (v. 17). ¡Qué garantía más maravillosa para la seguridad del pueblo! La muerte no nos puede alcanzar. Cristo estuvo allí en nuestro lugar. Pensemos en lo que ello significó para el Príncipe de la vida, tener que entregar él mismo su alma a la muerte. En el libro de Jonás se mencionan las terribles ondas que pasaron sobre él. “Las aguas me rodearon hasta el alma” (2:5; véase también el Salmo 42:7). ¡Qué Salvador tan amado! Él soportó el sufrimiento y la muerte; nosotros gozamos la liberación, la vida, la felicidad. Las aguas no pudieron apagar y el río no pudo sumergir el amor fuerte como la muerte que lo había conducido hasta esas aguas para arrancarnos de ellas (Cantar de los Cantares 8:6-7).

Josué 4:9-24
9Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto; y han estado allí hasta hoy.10Y los sacerdotes que llevaban el arca se pararon en medio del Jordán, hasta tanto que se acabó todo lo que Jehová había mandado á Josué que hablase al pueblo, conforme á todas las cosas que Moisés había á Josué mandado: y el pueblo se dió priesa y pasó.11Y cuando todo el pueblo acabó de pasar, pasó también el arca de Jehová, y los sacerdotes, en presencia del pueblo.12También los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, pasaron armados delante de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho:13Como cuarenta mil hombres armados á punto pasaron hacia la campiña de Jericó delante de Jehová á la guerra.14En aquel día Jehová engrandeció á Josué en ojos de todo Israel: y temiéronle, como habían temido á Moisés, todos los días de su vida.15Y Jehová habló á Josué, diciendo:16Manda á los sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que suban del Jordán.17Y Josué mandó á los sacerdotes, diciendo: Subid del Jordán.18Y aconteció que como los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, subieron del medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes estuvieron en seco, las aguas del Jordán se volvieron á su lugar, á su lugar, fkbcorriendo como antes 19Y el pueblo subió del Jordán el diez del mes primero, y asentaron el campo en Gilgal, al lado oriental de Jericó.20Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán.21Y habló á los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana preguntaren vuestros hijos á sus padres, y dijeren: ¿Qué os significan estas piedras?22Declararéis á vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán.23Porque Jehová vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que habíais pasado, á la manera que Jehová vuestro Dios lo había hecho en el mar Bermejo, al cual secó delante de nosotros hasta que pasamos:24Para que todos los pueblos de la tierra conozcan la mano de Jehová, que es fuerte; para que temáis á Jehová vuestro Dios todos los días.

Por orden de Jehová Josué manda sacar doce piedras del Jordán y hace con ellas un monumento en Gilgal (v. 20). Dentro del Jordán también coloca doce piedras más que permanecen sumergidas (v. 9). “¿Qué significan estas piedras” para nosotros? (v. 6). La epístola a los Romanos traduce su lenguaje. Representan a los creyentes identificados con Cristo en su muerte (en el fondo del río) y en su resurrección (en la ribera, Romanos 6:5). Por medio de esas doce piedras (doce tribus), que constituyen un solo monumento, se proclama la unidad del pueblo. Porque esta poderosa obra ha sido realizada en favor de todos los redimidos, aun cuando muchos no estén conscientes de ello. El doble memorial lo atestigua para siempre.

Así la cruz nos ha dado tres grandes liberaciones ilustradas por la pascua, el mar Rojo y el Jordán. La pascua nos enseña que hemos sido liberados del juicio de Dios. El mar Rojo nos muestra que hemos sido liberados de nuestros enemigos exteriores: Satanás y el mundo. Finalmente el Jordán nos anuncia que debemos tener por muerta a la carne, este tiránico enemigo interior. Las dos primeras verdades son captadas por el entendimiento en el momento del nuevo nacimiento. La tercera corresponde a lo que se llama la liberación.

Josué 5:1-15
1Y CUANDO todos los reyes de los Amorrheos, que estaban de la otra parte del Jordán al occidente, y todos los reyes de los Cananeos, que estaban cerca de la mar, oyeron como Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que 2En aquel tiempo Jehová dijo á Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve á circuncidar la segunda vez á los hijos de Israel.3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó á los hijos de Israel en el monte de los prepucios.4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto.5Porque todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados: mas todo el pueblo que había nacido en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto, no estaban circuncidados.6Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que toda la gente de los hombres de guerra que habían salido de Egipto, fué consumida, por cuanto no obedecieron á la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría 7Y los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino.8Y cuando hubieron acabado de circuncidar toda la gente, quedáronse en el mismo lugar en el campo, hasta que sanaron.9Y Jehová dijo á Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto: por lo cual el nombre de aquel lugar fué llamado Gilgal, hasta hoy.10Y los hijos de Israel asentaron el campo en Gilgal, y celebraron la pascua á los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.11Y al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas.12Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron á comer del fruto de la tierra: y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.13Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vió un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, ó de nuestros enemigos?14Y él respondió: No; mas Príncipe del ejército de Jehová, ahora he venido. Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra le adoró; y díjole: ¿Qué dice mi Señor á su siervo?15Y el Príncipe del ejército de Jehová repondió á Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo. Y Josué lo hizo así.

Henos aquí en la orilla de la resurrección. ¿Qué descubrimos allí? ¡Un penoso hecho! Primeramente, los enemigos exteriores han vuelto a hacer acto de presencia. Pero, ¡tengamos ánimo! No tienen fuerzas (v. 1), ya han sido vencidos por Cristo en la cruz (Colosenses 2:15). El enemigo interior, la carne, también está allí. ¿Luego ésta no ha sido declarada muerta, enterrada en las profundidades del Jordán? ¡Por supuesto que sí! Ese es su sitio a los ojos de Dios. Pero es necesario que nosotros mismos nos tengamos por muertos al pecado (Romanos 6:11), no concediendo a la carne ningún derecho de manifestarse. La circuncisión corresponde a este juicio que hemos de aplicar a cada reaparición de la carne en nosotros. Cuando esto se pone en práctica, descubrimos los recursos y los goces que nos esperan en la «orilla» de los lugares celestiales. En primer lugar el producto de la tierra prometida reemplaza al maná: imagen de un Cristo resucitado y glorificado, del cual se nutre el redimido. Luego viene la pascua; ésta se puede celebrar bajo las mismas murallas de Jericó. “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores” (Salmo 23:5). Finalmente he aquí el Ángel prometido por Jehová desde los primeros días del Éxodo (cap. 23:23). Es una figura de Jesús, quien está por nosotros en el cielo y dirigirá nuestros combates si le confiamos su dirección.

Josué 6:1-14
1EMPERO Jericó estaba cerrada, bien cerrada, á causa de los hijos de Israel: nadie entraba, ni salía.2Mas Jehová dijo á Josué: Mira, yo he entregado en tu mano á Jericó y á su rey, con sus varones de guerra.3Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez: y esto haréis seis días.4Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas á la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas.5Y cuando tocaren prolongadamente el cuerno de carnero, así que oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará á gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí.6Y llamando Josué hijo de Nun á los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven bocinas de cuernos de carneros delante del arca de Jehová.7Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.8Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas: y el arca del pacto de Jehová los seguía.9Y los armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la gente reunida iba detrás del arca, andando y tocando bocinas.10Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no daréis grita, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad: entonces daréis grita.11El arca pues de Jehová dió una vuelta alrededor de la ciudad, y viniéronse al real, en el cual tuvieron la noche.12Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová.13Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los armados iban delante de ellos, y la gente reunida iba detrás del arca de Jehová, andando y tocando l14Así dieron otra vuelta á la ciudad el segundo día, y volviéronse al real: de esta manera hicieron por seis días.

Cual guardián terrible que vela en la entrada de Canaán, se alza imponente la poderosa fortaleza de Jericó cerrando el paso al pueblo. ¡Qué obstáculo más terrorífico! ¿Qué representa esto para nosotros? Cuando un recién convertido, alguien que acaba de pasar de la muerte a la vida, se dispone a vivir su fe, en seguida Satanás se las ingenia para asustarlo. Coloca delante de él grandes dificultades: un testimonio que rendir ante compañeros burladores, el abandono de alguna costumbre, una confesión o excusas que presentar a alguien que se ha ofendido. Y mucho más todavía, pues en algunos países quienes declaran ser cristianos se enfrentan con verdaderas persecuciones. ¿Cómo enfrentar tales reacciones inevitables de parte del enemigo? Dejando que el Señor dirija todo a su manera. A nosotros nos exige plena confianza en él, celo (nótese como Josué se levanta temprano) y un testimonio claro al cual corresponden las siete trompetas. Y además, ¡la perseverancia! ¡Siete días, y el séptimo día siete veces! La paciencia debe tener su obra perfecta (Santiago 1:4). Y finalmente la condición principal: es preciso sentir la presencia del Señor con nosotros en nuestro andar cotidiano. De esto nos habla el arca que había sostenido a Israel en el Jordán y que aquí lo acompaña para darle la victoria (v. 6).

Josué 6:15-27
15Y al séptimo día levantáronse cuando subía el alba, y dieron vuelta á la ciudad de la misma manera siete veces: solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces.16Y como los sacerdotes hubieron tocado las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Dad grita, porque Jehová os ha entregado la ciudad.17Mas la ciudad será anatema á Jehová, ella con todas las cosas que están en ella: solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estuvieren en casa con ella, por cuanto escondió los mensajeros que enviamos.18Empero guardaos vosotros del anatema, que ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, porque no hagáis anatema el campo de Israel, y lo turbéis.19Mas toda la plata, y el oro, y vasos de metal y de hierro, sea consagrado á Jehová, y venga al tesoro de Jehová.20Entonces el pueblo dió grita, y los sacerdotes tocaron las bocinas: y aconteció que como el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, dió el pueblo grita con gran vocerío, y el muro cayó á plomo. El pueblo subió luego á la ciudad, cada uno en derecho de sí21Y destruyeron todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, mozos y viejos, hasta los bueyes, y ovejas, y asnos, á filo de espada.22Mas Josué dijo á los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allá á la mujer, y á todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis.23Y los mancebos espías entraron, y sacaron á Rahab, y á su padre, y á su madre, y á sus hermanos, y todo lo que era suyo; y también sacaron á toda su parentela, y pusiéronlos fuera del campo de Israel.24Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había: solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata, y el oro, y los vasos de metal y de hierro.25Mas Josué salvó la vida á Rahab la ramera, y á la casa de su padre, y á todo lo que ella tenía: y habitó ella entre los Israelitas hasta hoy; por cuanto escondió los mensajeros que Josué envió á reconocer á Jericó.26Y en aquel tiempo Josué les juramentó diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. En su primogénito eche sus cimientos, y en su menor asiente sus puertas.27Fué pues Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.

Seguramente a los habitantes de Jericó les parecería irrisoria e inofensiva la ronda de esos trompetistas en torno a sus murallas. ¿Se había visto alguna vez un asedio emprendido de esa manera? ¡Las burlas no habrán faltado! Pero “lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27). Al lado de los poderosos medios visibles de que se sirve el hombre, la fe obra a su manera invisible. Conforme a la promesa del Señor, si tenemos fe como un grano de mostaza, Dios quitará de nuestro camino los obstáculos más espantosos (Mateo 17:20). “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4). Hagamos uso de la oración, esa arma invencible. Si hay “Jericó” en nuestro camino, aprendamos como Israel a darle la vuelta con el Señor (el arca) levantando nuestras voces a Dios. Cuando llegue el momento designado por él, veremos caer las murallas, así como cayeron las de Jericó el séptimo día.

Israel ha recibido una instrucción oída por todos: la ciudad será anatema, esto es, maldita. Sólo Rahab, en respuesta a su fe, es perdonada juntamente con los suyos. El cordón escarlata, fácil de localizar durante las trece vueltas alrededor de la ciudad, estaba en su sitio.

Josué 7:1-15
1EMPERO los hijos de Israel cometieron prevaricación en el anatema: porque Achân, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.2Y Josué envió hombres desde Jericó á Hai, que estaba junto á Beth-aven hacia el oriente de Beth-el; y hablóles diciendo: Subid, y reconoced la tierra. Y ellos subieron, y reconocieron á Hai.3Y volviendo á Josué, dijéronle: No suba todo el pueblo, mas suban como dos mil ó como tres mil hombre, y tomarán á Hai: no fatigues á todo el pueblo allí, porque son pocos.4Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai.5Y los de Hai hirieron de ellos como treinta y seis hombre, y siguiéronlos desde la puerta hasta Sebarim, y los rompieron en la bajada: por lo que se disolvió el corazón del pueblo, y vino á ser como agua.6Entonces Josué rompió sus vestidos, y postróse en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.7Y Josué dijo: ­Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar á este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los Amorrheos, que nos destruyan? ­Ojalá nos hubiéramos quedado de la otra parte del Jordán!8Ay Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto las espaldas delante de sus enemigos?9Porque los Cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos cercarán, y raerán nuestro nombre de sobre la tierra: entonces ¿qué harás tú á tu grande nombre?10Y Jehová dijo á Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?11Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les había mandado; pues aun han tomado del anatema, y hasta han hurtado, y también han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.12Por esto los hijos de Israel no podrán estar delante de sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán las espaldas; por cuanto han venido á ser anatema: ni seré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.13Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana, porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás estar delante de tus enemigos, hasta tanto que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.14Os allegaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se allegará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se allegará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, allegaráse por los varones;15Y el que fuere cogido en el anatema, será quemado á fuego, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.

Después de Jericó, Israel debe combatir a Hai, una ciudad aparentemente insignificante. Parece fácil tomarla sin molestar a todos los hombres de guerra; con tres mil bastará. Pero contrariamente a lo esperado, Israel es vencido. Entonces el corazón del pueblo desfallece, así como había desfallecido anteriormente el corazón de sus enemigos (cap. 5:1). Josué, desanimado, se postra sobre su rostro y se lamenta. Pero Jehová lo invita a levantarse y conocer el porqué de la derrota. El anatema, es decir, el pecado, impide que Dios luche en favor de los suyos. ¡Ésta es una gran lección para cada uno de nosotros! Nuestra conciencia es como el campamento de Israel. Una falta que ocultamos, que rehusamos confesar a los hombres y a Dios, nos priva de su comunión, sin la cual un cristiano está vencido de antemano. Y más grave todavía: se trata del gran nombre que llevamos (v. 9), el de Cristo, quien es deshonrado por nuestra falta. “¿Qué harás tú a tu grande nombre?”, es una oración inteligente. El que habla así sabe dar la gloria a Dios antes que defender sus propios intereses. “Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre”, pide Asaf en el Salmo 79:9.

Josué 7:16-26
16Josué, pues, levantándose de mañana, hizo allegar á Israel por sus tribus; y fué tomada la tribu de Judá;17Y haciendo allegar la tribu de Judá, fué tomada la familia de los de Zera; haciendo luego allegar la familia de los de Zera por los varones, fué tomado Zabdi;18E hizo allegar su casa por los varones, y fué tomado Achân, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá.19Entonces Josué dijo á Achân: Hijo mío, da gloria ahora á Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras.20Y Achân respondió á Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y he hecho así y así:21Que vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un changote de oro de peso de cincuenta siclos; lo cual codicié, y tomé: y he aquí que está escondido debajo de tierra en el medio de mi tienda, y el dinero debajo de22Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo á la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello:23Y tomándolo de en medio de la tienda, trajéronlo á Josué y á todos los hijos de Israel, y pusiéronlo delante de Jehová.24Entonces Josué, y todo Israel con él, tomó á Achân hijo de Zera, y el dinero, y el manto, y el changote de oro, y sus hijos, y sus hijas, y sus bueyes, y sus asnos, y sus ovejas, y su tienda, y todo cuanto tenía, y lleváronlo todo al valle de Achôr;25Y dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los Israelitas los apedrearon, y los quemaron á fuego, después de apedrearlos con piedras;26Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy. Y Jehová se tornó de la ira de su furor. Y por esto fué llamado aquel lugar el Valle de Achôr, hasta hoy.

Tanto para el juicio como para el combate, Josué se levanta temprano (v. 16). El asunto tiene que arreglarse cuanto antes. Cuando Dios ha esclarecido nuestra conciencia, debemos ponerles orden a las cosas inmediatamente. Al echar suertes, la red se va estrechando en torno al culpable. Finalmente el dedo de Dios lo señala. “Fue tomado Acán” (v. 18). ¿Hay algo más terrible que ser desenmascarado así por Dios mismo? En el curso de la última cena con sus discípulos, Jesús les señaló al traidor, ofreciendo a Judas el pan mojado (Juan 13:26).

“Hijo mío, da gloria a Jehová”, le dice Josué. La gloria de Dios siempre exige la verdad absoluta. Entonces Acán cuenta su triste historia. Es la de todas las codicias, cuyo funesto engranaje nos muestra Santiago (1:14-15): primero los ojos, luego el corazón y, finalmente, las manos para agarrar y esconder. “He pecado”, reconoció Acán. “Pues vi entre los despojos... lo cual codicié y tomé; y he aquí…”. El hermoso manto babilónico, la plata y el oro estaban bien escondidos en la tienda donde sólo Dios los había visto.

Pero no olvidemos la conclusión: “el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. Y el penoso juicio ha de ejecutarse: el malo debe ser quitado de en medio de la asamblea de Israel (comp. con 1 Corintios 5:13).

Josué 8:1-13
1Y JEHOVA dijo á Josué: No temas, ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube á Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, y á su pueblo, á su ciudad, y á su tierra.2Y harás á Hai y á su rey como hiciste á Jericó y á su rey: sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas á la ciudad detrás de ella.3Y levantóse Josué, y toda la gente de guerra, para subir contra Hai: y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, los cuales envió de noche.4Y mandóles, diciendo: Mirad, pondréis emboscada á la ciudad detrás de ella: no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos apercibidos.5Y yo, y todo el pueblo que está conmigo, nos acercaremos á la ciudad; y cuando saldrán ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos delante de ellos.6Y ellos saldrán tras nosotros, hasta que los arranquemos de la ciudad; porque ellos dirán: Huyen de nosotros como la primera vez. Huiremos, pues, delante de ellos.7Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada, y os echaréis sobre la ciudad; pues Jehová vuestro Dios la entregará en vuestras manos.8Y cuando la hubiereis tomado, le prenderéis fuego. Haréis conforme á la palabra de Jehová. Mirad que os lo he mandado.9Entonces Josué los envió; y ellos se fueron á la emboscada, y pusiéronse entre Beth-el y Hai, al occidente de Hai: y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo.10Y levantándose Josué muy de mañana, revistó al pueblo, y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai.11Y toda la gente de guerra que con él estaba, subió, y acercóse, y llegaron delante de la ciudad, y asentaron el campo á la parte del norte de Hai: y el valle estaba entre él y Hai.12Y tomó como cinco mil hombres, y púsolos en emboscada entre Beth-el y Hai, á la parte occidental de la ciudad.13Y el pueblo, todo el campo que estaba á la parte del norte de la ciudad, colocado ya cerca, y su emboscada al occidente de la ciudad, vínose Josué aquella noche al medio del valle.

Israel fue derrotado principalmente a causa del pecado oculto. Pero dicha derrota tenía, además, otro motivo: la victoria sobre Jericó manifiestamente había dado al pueblo confianza en sí mismo. Y esto es aún más sorprendente por cuanto se trataba de un milagro. ¿Cuál fue la parte de Israel en la destrucción de dicha fortaleza? ¡Y cuántas veces nosotros mismos nos parecemos a ese pueblo! Cuando el Señor nos ha liberado de una situación difícil, en vez de seguir apoyándonos en él para la siguiente prueba, creemos poder prescindir de su ayuda. ¡Y eso significa la caída! Por otra parte, nuestro corazón está hecho de tal manera que si para las grandes dificultades estamos dispuestos a confiar en Dios, para las pequeñas muchas veces pensamos que podemos salir bien librados sin su ayuda. La historia de Hai nos enseña que continuamente necesitamos del Señor.

¡Y qué trabajo le costará a Israel alcanzar la victoria! En vez de los tres mil soldados previstos, necesitarán diez veces ese número y una maniobra bastante complicada. La restauración a menudo supone una larga y difícil operación. En Jericó el pueblo debía aprender a conocer el poder de Dios; en Hai tiene que experimentar su propia debilidad.

Josué 8:14-23
14Lo cual como viese el rey de Hai, levantóse prestamente de mañana, y salió con la gente de la ciudad contra Israel, él y todo su pueblo, para combatir por el llano al tiempo señalado, no sabiendo que le estaba puesta emboscada á las espaldas de la ciudad.15Entonces Josué y todo Israel, haciéndose vencidos, huyeron delante de ellos por el camino del desierto.16Y todo el pueblo que estaba en Hai se juntó para seguirlos: y siguieron á Josué, siendo así arrancados de la ciudad.17Y no quedó hombre en Hai y Beth-el, que no saliera tras de Israel; y por seguir á Israel dejaron la ciudad abierta.18Entonces Jehová dijo á Josué: Levanta la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué levantó hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía.19Y levantándose prestamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzó su mano, y vinieron á la ciudad, y la tomaron, y apresuráronse á prenderle fuego.20Y como los de la ciudad miraron atrás, observaron, y he aquí el humo de la ciudad que subía al cielo, y no tuvieron arbitrio para huir ni á una parte ni á otra: y el pueblo que iba huyendo hacia el desierto, se volvió contra los que le seguían.21Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, tornaron, é hirieron á los de Hai.22Y los otros salieron de la ciudad á su encuentro: y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos de la una parte, y los otros de la otra. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase.23Y tomaron vivo al rey de Hai, y trajéronle á Josué.

“¿Qué harás tú a tu grande nombre?”, había preguntado Josué a Dios (cap. 7:9). Ahora que el pecado ha sido quitado, Israel espera en Dios y Dios le responde dándole la victoria. Y el artífice de esta victoria, aquel cuyo nombre suena una y otra vez en nuestro relato, es Josué, nuevamente figura de Cristo, quien conduce a los suyos en sus combates. Mediante su lanza extendida hacia Hai, por orden de Jehová, Josué muestra quién dirige la maniobra y recuerda que existe un plan de conjunto, una estrategia de la cual sólo Él tiene pleno conocimiento. Pues bien, ¡eso es Jesús para nosotros! Él es quien conoce el papel que cada soldado ha de desempeñar, quien coloca a cada cual en su puesto y finalmente nos da la señal para cada movimiento. Al mirar a Cristo, tal como lo hiciera el combatiente cuando miraba la bandera de su jefe, sabemos lo que tenemos que hacer, cobramos valor. Y recordémoslo bien, no estamos solos en la batalla; tenemos hermanos que sostienen las mismas luchas. Sin embargo no se trata, como en los tiempos de Josué, de combates públicos, gloriosos y espectaculares. Nuestras victorias, generalmente, serán logradas de rodillas en nuestra habitación, y sólo el Señor será testigo de ellas.

Josué 8:24-35
24Y cuando los Israelitas acabaron de matar á todos los moradores de Hai en el campo, en el desierto, donde ellos los habían perseguido, y que todos habían caído á filo de espada hasta ser consumidos, todos los Israelitas se tornaron á Hai, y también la pus25Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fué doce mil, todos los de Hai.26Y Josué no retrajo su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruído á todos los moradores de Hai.27Empero los Israelitas tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme á la palabra de Jehová que él había mandado á Josué.28Y Josué quemó á Hai y redújola á un montón perpetuo, asolado hasta hoy.29Mas al rey de Hai colgó de un madero hasta la tarde: y como el sol se puso, mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, y lo echasen á la puerta de la ciudad: y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy.30Entonces Josué edificó un altar á Jehová Dios de Israel en el monte de Ebal,31Como Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado á los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro: y ofrecieron sobre él holocaustos á Jehová, y sacrificaron víctimas p32También escribió allí en piedras la repetición de la ley de Moisés, la cual él había escrito delante de los hijos de Israel.33Y todo Israel, y sus ancianos, oficiales, y jueces, estaban de la una y de la otra parte junto al arca, delante de los sacerdotes Levitas que llevan el arca del pacto de Jehová; así extranjeros como naturales, la mitad de ellos estaba hacia el monte de Ge34Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme á todo lo que está escrito en el libro de la ley.35No hubo palabra alguna de todas las cosas que mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, mujeres y niños, y extranjeros que andaban entre ellos.

Hai es conquistada y luego quemada, sus habitantes son masacrados, su rey ahorcado y su botín conservado para beneficio del pueblo, “conforme a la palabra de Jehová que le había mandado a Josué” (v. 27). Después de haber pagado un alto precio por ejercer su propia voluntad, esta vez Josué e Israel cumplen estrictamente las instrucciones divinas. Deuteronomio 21:22-23 prohibía dejar el cadáver de un ahorcado colgado en el madero durante la noche; Josué también obedece en esto (v. 29), prueba de que considera que la tierra ya es de ellos. Apliquémonos a justificar nuestro comportamiento por las Escrituras. Qué fuerza tendría nuestro testimonio si a cualquier pregunta relativa a nuestra conducta pudiésemos responder: es lo que pide el Señor, lo que me pide en su Palabra. Contemplemos a Jesús en la cruz. En el último instante de su vida de hombre obediente, aún podía decir, “para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed” (Juan 19:28).

La escena que sigue (v. 30-35) también responde a las instrucciones de Deuteronomio (cap. 11:29; 27:11…). Hombres, mujeres y niños estaban reunidos, incluyendo al extranjero (Rahab seguramente se encontraba allí), en el lugar designado para escuchar la ley. El centro de esta reunión era el arca santa, tipo de Cristo. La adoración y el gozo se expresan por el ofrecimiento de holocaustos y sacrificios.

Josué 9:1-16
1Y ACONTECIO que como oyeron estas cosas todos los reyes que estaban de esta parte del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la costa de la gran mar delante del Líbano, los Hetheos, Amorrheos, Cananeos, Pherezeos, Heveos, y Jebuseos;2Juntáronse á una, de un acuerdo, para pelear contra Josué é Israel.3Mas los moradores de Gabaón, como oyeron lo que Josué había hecho á Jericó y á Hai,4Ellos usaron también de astucia; pues fueron y fingiéronse embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados,5Y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino, seco y mohoso.6Así vinieron á Josué al campo en Gilgal, y dijéronle á él y á los de Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana: haced pues ahora con nosotros alianza.7Y los de Israel respondieron á los Heveos: Quizás vosotros habitáis en medio de nosotros: ¿cómo pues podremos nosotros hacer alianza con vosotros?8Y ellos respondieron á Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quién sois vosotros y de dónde venís?9Y ellos respondieron: Tus siervos han venido de muy lejanas tierras, por la fama de Jehová tu Dios; porque hemos oído su fama, y todas las cosas que hizo en Egipto,10Y todo lo que hizo á los dos reyes de los Amorrheos que estaban de la otra parte del Jordán; á Sehón rey de Hesbón, y á Og rey de Basán, que estaba en Astaroth.11Por lo cual nuestros ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en vuestras manos provisión para el camino, é id al encuentro de ellos, y decidles: Nosotros somos vuestros siervos, y haced ahora con nosotros alianza.12Este nuestro pan tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir á vosotros; y helo aquí ahora que está seco y mohoso:13Estos cueros de vino también los henchimos nuevos; helos aquí ya rotos: también estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos á causa de lo muy largo del camino.14Y los hombres de Israel tomaron de su provisión del camino, y no preguntaron á la boca de Jehová.15Y Josué hizo paz con ellos, y concertó con ellos que les dejaría la vida: también los príncipes de la congregación les juraron.16Pasados tres días después que hicieron con ellos el concierto, oyeron como eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos.

Mientras el pueblo de Dios obtiene su fuerza mediante la dependencia del Señor, el mundo busca la suya en la asociación. Su proverbio «la unión hace la fuerza» es la base de toda clase de agrupaciones, incluidas las religiosas. Observemos cómo en este caso todos los pueblos enemigos se concertan “para pelear contra Josué e Israel” (v. 2). Cuando se trata de combatir la verdad, hombres circunstancialmente enemistados se unen para resistirla. Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se reconciliaron y se unieron contra Jesús “con los gentiles y el pueblo de Israel” (Lucas 23:12; Hechos 4:27).

Mientras se forma la conjuración, absorbiendo la atención de Israel, el enemigo lo sorprende mediante un hábil engaño. Cuando Satanás no logra sus fines ejerciendo la fuerza brutal, ensaya otros artificios. A menudo caemos en la trampa de las ventajas o los halagos, cuando descuidamos consultar al Señor (v. 14). El enemigo, detrás de sus agentes, ve con buenos ojos una cooperación con los hijos de Dios y sabe ser amable para engañarlos en cuanto a sus verdaderas intenciones (Esdras 4:2). Estemos alerta, porque semejante alianza es en primer lugar una desobediencia y luego una puerta abierta a muchas infidelidades (Éxodo 34:12, 15-16).

Josué 9:17-27
17Y partiéronse los hijos de Israel, y al tercer día llegaron á sus ciudades: y sus ciudades eran Gabaón, Caphira, Beeroth, y Chiriath-jearim.18Y no los hirieron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes.19Mas todos los príncipes respondieron á toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar.20Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, porque no venga ira sobre nosotros á causa del juramento que les hemos hecho.21Y los príncipes les dijeron: Vivan; mas sean leñadores y aguadores para toda la congregación, como los príncipes les han dicho.22Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo, Habitamos muy lejos de vosotros; una vez que moráis en medio de nosotros?23Vosotros pues ahora sois malditos, y no faltará de vosotros siervo, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios.24Y ellos respondieron á Josué, y dijeron: Como fué dado á entender á tus siervos, que Jehová tu Dios había mandado á Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto25Ahora pues, henos aquí en tu mano: lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo.26Y él lo hizo así; que los libró de la mano de los hijos de Israel, para que no los matasen.27Y constituyólos Josué aquel día por leñadores y aguadores para la congregación y para el altar de Jehová, en el lugar que él escogiese: lo que son hasta hoy.

Anteriormente, frente a Hai, el pueblo se consideraba bastante fuerte. En presencia de los gabaonitas también se creía bastante sabio. No sentía la necesidad de consultar a Jehová (v. 14).

¡Qué confusión cuando, demasiado tarde, se descubre la verdad! En adelante tendrán que soportar a esos cananeos; más tarde los volveremos a encontrar lamentablemente ligados a la historia de Israel (2 Samuel 21). Los gabaonitas explican por qué han obrado así. Y quizá nos preguntamos qué más hubieran podido hacer, excepto dejarse exterminar por los israelitas. Pues bien, el ejemplo de Rahab prueba que todavía estaban a tiempo para acercarse con fe, reconociendo su condición de enemigos, y colocarse bajo la protección del Dios de Israel, de cuyo nombre habían oído hablar (v. 9). Pero la gente de este mundo se asemeja a esos gabaonitas. Esperan librarse del juicio eterno vinculándose exteriormente al pueblo de Dios. Sin confesar su estado pecaminoso, sin valerse del beneficio de la pura gracia de Dios, quieren escapar de la ira divina que se acerca y obtener una seguridad para la muerte que temen. Así es como a diferencia de Rahab, quien llegó a ser la esposa de Salmón, príncipe de Judá (Mateo 1:5), los gabaonitas permanecen en la esclavitud: leñadores y aguadores.

Josué 10:1-11
1Y COMO Adonisedec rey de Jerusalem oyó que Josué había tomado á Hai, y que la habían asolado, (como había hecho á Jericó y á su rey, así hizo á Hai y á su rey;) y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los Israelitas, y que estaban entre ellos;2Tuvieron muy gran temor; porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos sus hombres fuertes.3Envió pues á decir Adonisedec rey de Jerusalem, á Oham rey de Hebrón, y á Phiream rey de Jerimoth, y á Japhia rey de Lachîs, y á Debir rey de Eglón:4Subid á mí, y ayudadme, y combatamos á Gabaón: porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel.5Y cinco reyes de los Amorrheos, el rey de Jerusalem, el rey de Hebrón, el rey de Jerimoth, el rey de Lachîs, el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y asentaron campo sobre Gabaón, y pelearon contra ella.6Y los moradores de Gabaón enviaron á decir á Josué al campo en Gilgal: No encojas tus manos de tus siervos; sube prestamente á nosotros para guardarnos y ayudarnos: porque todos los reyes de los Amorrheos que habitan en las montañas, se han juntado contra7Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes.8Y Jehová dijo á Josué: No tengas temor de ellos: porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos parará delante de ti.9Y Josué vino á ellos de repente, toda la noche subió desde Gilgal.10Y Jehová los turbó delante de Israel, é hiriólos con gran mortandad en Gabaón: y siguiólos por el camino que sube á Beth-oron, é hiriólos hasta Azeca y Maceda.11Y como iban huyendo de los Israelitas, á la bajada de Beth-oron, Jehová echó sobre ellos del cielo grandes piedras hasta Azeca, y murieron: muchos más murieron de las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel habían muerto á cuchillo.

Surgen nuevos enemigos. Éstos tienen por jefe al rey de Jerusalén, Adonisedec (señor de justicia). Qué diferencia hay entre este personaje y uno de sus predecesores: Melquisedec (rey de justicia), rey de Salem (Génesis 14:18-20). Este último había bendecido a Abram y luego al Dios Altísimo que había entregado a sus enemigos en sus manos. Adonisedec, por el contrario, se pone a la cabeza de los enemigos de Israel, descendiente de Abraham. Reúne a sus aliados en contra de Gabaón quien, por su lado, apela a su nuevo aliado. ¡Lamentable consecuencia de la infidelidad del capítulo 9! Teniendo a Jehová con él, ¿qué necesidad tenía Israel de otra alianza? Ésta no hace más que aumentar el peligro.

Pero a pesar de eso Dios le dará la victoria. Israel parte de Gilgal, lugar de la circuncisión, figura del juicio sobre la carne. La epístola a los Colosenses nos muestra su alcance espiritual. Como muertos y resucitados con Cristo, también debemos hacer morir nuestros miembros (cap. 2:20; 3:1, 5). A eso corresponde el retorno a Gilgal, que es el gran secreto de la victoria. Para triunfar, el combatiente de la fe primeramente debe darse cuenta de que no tiene fuerzas. Así se halla preparado para dejar obrar sólo a Dios. Jehová mismo combate desde el cielo en favor de su pueblo Israel.

Josué 10:12-27
12Entonces Josué habló á Jehová el día que Jehová entregó al Amorrheo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los Israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, Luna, en el valle de Ajalón.13Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta tanto que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está aquesto escrito en el libro de Jasher? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró á ponerse casi un día entero.14Y nunca fué tal día antes ni después de aquél, habiendo atendido Jehová á la voz de un hombre: porque Jehová peleaba por Israel.15Y Josué, y todo Israel con él, volvíase al campo en Gilgal.16Pero los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda.17Y fué dicho á Josué que los cinco reyes habían sido hallados en una cueva en Maceda.18Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras á la boca de la cueva, y poned hombres junto á ella que los guarden;19Y vosotros no os paréis, sino seguid á vuestros enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejarles entrar en sus ciudades; porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano.20Y aconteció que como Josué y los hijos de Israel hubieron acabado de herirlos con mortandad muy grande, hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fuertes.21Y todo el pueblo se volvió salvo al campo á Josué en Maceda; que no hubo quien moviese su lengua contra los hijos de Israel.22Entonces dijo Josué: Abrid la boca de la cueva, y sacadme de ella á estos cinco reyes.23E hiciéronlo así, y sacáronle de la cueva aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalem, al rey de Hebrón, al rey de Jerimoth, al rey de Lachîs, al rey de Eglón.24Y cuando hubieron sacado estos reyes á Josué, llamó Josué á todos los varones de Israel, y dijo á los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Llegad y poned vuestros pies sobre los pescuezos de aquestos reyes. Y ellos se llegaron, y pu25Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes: porque así hará Jehová á todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis.26Y después de esto Josué los hirió y los mató, é hízolos colgar en cinco maderos: y quedaron colgados en los maderos hasta la tarde.27Y cuando el sol se iba á poner, mandó Josué que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido: y pusieron grandes piedras á la boca de la cueva, hasta hoy.

A raíz de la oración de Josué, Jehová detiene el sol y la luna aproximadamente durante un día. Así muestra a esos pueblos paganos quién es el Dios que lucha por Israel, y al mismo tiempo enseña a los suyos hasta dónde puede responder sus oraciones (Marcos 9:23). Pero, ¿acaso no es un milagro mucho más grande que Dios prolongue desde hace dos mil años el día de la gracia? Y no es, como aquí, para permitir el juicio y la venganza, sino que su propósito actual es la conversión de los pecadores. Dios tiene paciencia con el mundo (¿quizá con usted?) y “hace salir su sol sobre malos y buenos” (Mateo 5:45). Esto puede parecernos muy natural, pero reflexionemos al ver despuntar un nuevo día en esta larga paciencia de Dios.

Al no ponerse el sol, los enemigos huyen de la luz para refugiarse en las tinieblas, tratando de esconderse (v. 16; Juan 3:19-21; Apocalipsis 6:15-17). Israel gana la batalla y los cinco reyes son sacados de la cueva.

“Acercaos, y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes... No temáis”, dice Josué a sus capitanes (v. 24-25). Es la señal del triunfo, una anticipación del momento cercano cuando el Dios de paz quebrantará a Satanás bajo sus pies (Romanos 16:20; Salmo 110:1).

Josué 10:28-43
28En aquel mismo día tomó Josué á Maceda, y la puso á cuchillo, y mató á su rey; á ellos y á todo lo que en ella tenía vida, sin quedar nada: mas al rey de Maceda hizo como había hecho al rey de Jericó.29Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, á Libna; y peleó contra Libna:30Y Jehová la entregó también á ella, y á su rey, en manos de Israel; y metióla á filo de espada, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: mas á su rey hizo de la manera que había hecho al rey de Jericó.31Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna á Lachîs, y puso campo contra ella, y combatióla:32Y Jehová entregó á Lachîs en mano de Israel, y tomóla al día siguiente, y metióla á cuchillo, con todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Libna.33Entonces Horam, rey de Gezer, subió en ayuda de Lachîs; mas á él y á su pueblo hirió Josué, hasta no quedar ninguno de ellos.34De Lachîs pasó Josué, y todo Israel con él, á Eglón: y pusieron campo contra ella, y combatiéronla:35Y la tomaron el mismo día, y metiéronla á cuchillo; y aquel día mató á todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Lachîs.36Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón á Hebrón, y combatiéronla;37Y tomándola, la metieron á cuchillo, á su rey y á todas su ciudades, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: como habían hecho á Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella había vivo.38Y volviéndose Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, combatióla;39Y tomóla, y á su rey, y á todas sus villas; y metiéronlos á cuchillo, y destruyeron todo lo que allí dentro había vivo, sin quedar nada; como había hecho á Hebrón, así hizo á Debir y á su rey; y como había hecho á Libna y á su rey.40Hirió pues Josué toda la región de las montañas, y del mediodía, y de los llanos, y de las cuestas, y á todos sus reyes, sin quedar nada; todo lo que tenía vida mató, al modo que Jehová Dios de Israel lo había mandado.41E hiriólos Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón.42Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel.43Y tornóse Josué, y todo Israel con él, al campo en Gilgal.

Esas formidables ciudades caen una tras otra, “ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo” (Deuteronomio 1:28). Sus reyes, sus gigantes y todos sus habitantes son destruidos por “Josué, y todo Israel con él”. Fijémonos en la constante repetición de esta última expresión. Evoca la unión indisoluble que existe entre Cristo y los suyos. Ésta implica que nuestros enemigos son también, y en primer lugar, Sus enemigos. Nadie puede meterse conmigo sin tener que vérselas con mi Jefe. Dejándolo pasar adelante, sólo puedo ser vencedor. Mas, contrariamente, si no lo tengo a él, ya he perdido la batalla. Por eso el enemigo quiere privarnos del contacto (o de la comunión) con nuestro Salvador. Sabe bien que separados de él nada podemos hacer (Juan 15:5), algo que a menudo olvidamos. ¡Qué página más triunfante se inscribe aquí! ¡Quiera Dios que en la historia de cada una de nuestras vidas como cristianos haya una lista parecida de victorias ganadas secretamente con el Señor! Victoria en favor de la verdad, en pro de la pureza, victoria sobre una u otra tentación. Jóvenes, ustedes están en la edad en la cual se presentan más luchas. ¿Forman parte de aquellos a quienes el apóstol Juan puede escribir: “Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno”? (1 Juan 2:13).

Josué 11:1-11
1OYENDO esto Jabín rey de Hasor, envió mensaje á Jobab rey de Madón, y al rey de Simrom, y al rey de Achsaph,2Y á los reyes que estaban á la parte del norte en las montañas, y en el llano al mediodía de Cinneroth, y en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente;3Y al Cananeo que estaba al oriente y al occidente, y al Amorrheo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Jebuseo en las montañas, y al Heveo debajo de Hermón en tierra de Mizpa.4Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, pueblo mucho en gran manera, como la arena que está á la orilla del mar, con gran muchedumbre de caballos y carros.5Todos estos reyes se juntaron, y viniendo reunieron los campos junto á las aguas de Merom, para pelear contra Israel.6Mas Jehová dijo á Josué: No tengas temor de ellos, que mañana á esta hora yo entregaré á todos éstos, muertos delante de Israel: á sus caballos desjarretarás, y sus carros quemarás al fuego.7Y vino Josué, y con él todo el pueblo de guerra, contra ellos, y dió de repente sobre ellos junto á las aguas de Merom.8Y entrególos Jehová en manos de Israel, los cuales los hirieron y siguieron hasta Sidón la grande, y hasta las aguas calientes, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno.9Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros quemó al fuego.10Y tornándose Josué, tomó en el mismo tiempo á Hasor, é hirió á cuchillo á su rey: la cual Hasor había sido antes cabeza de todos estos reinos.11E hirieron á cuchillo todo cuanto en ella había vivo, destruyendo y no dejando cosa con vida; y á Asor pusieron á fuego.

En Gabaón la confederación de los reyes del sur fue hecha trizas (cap. 10). Ahora el norte del país se reúne en torno a Jabín rey de Hazor, un pueblo innumerable, para pelear contra Israel. “Todos estos reyes se unieron” (v. 5). “Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido”, anuncia el Salmo 2:2 hablando de los tiempos venideros.

Mas, ¿qué dice Jehová a Josué? “No tengas temor de ellos… entregaré a todos ellos muertos delante de Israel” (v. 6). Y la victoria es seguida por una destrucción que no perdona a nadie. Nos cuesta entender esos terribles juicios. ¿No somos los discípulos de un Maestro que nos recomienda: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen…”? (Lucas 6:27). ¿No somos los hijos de un Padre que exhorta: “Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber”? (Romanos 12:20). Pero si hay un tiempo para la gracia (que es el nuestro), habrá igualmente un tiempo para la ira. Ésta última alcanzará a todos los que hayan rechazado la gracia. El juicio sobre los cananeos, ocurrido después de siglos de paciencia por parte de Dios (Génesis 15:16; Deuteronomio 9:5), es una solemne ilustración de ello.

Josué 11:12-23
12Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquestos reyes, y á todos los reyes de ellas, y los metió á cuchillo, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado.13Empero todas las ciudades que estaban en sus cabezos, no las quemó Israel, sacando á sola Asor, la cual quemó Josué.14Y los hijos de Israel tomaron para sí todos los despojos y bestias de aquestas ciudades: pero á todos los hombres metieron á cuchillo hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida.15De la manera que Jehová lo había mandado á Moisés su siervo, así Moisés lo mandó á Josué: y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado á Moisés.16Tomó pues Josué toda aquella tierra, las montañas, y toda la región del mediodía, y toda la tierra de Gosén, y los bajos y los llanos, y la montaña de Israel y sus valles.17Desde el monte de Halac, que sube hasta Seir, hasta Baal-gad en la llanura del Líbano, á las raíces del monte Hermón: tomó asimismo todos sus reyes, los cuales hirió y mató.18Por muchos días tuvo guerra Josué con estos reyes.19No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, sacados los Heveos, que moraban en Gabaón: todo lo tomaron por guerra.20Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra á Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, antes fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado á Moisés.21También en el mismo tiempo vino Josué y destruyó los Anaceos de los montes, de Hebrón, de Debir, y de Anab, y de todos los montes de Judá, y de todos los montes de Israel: Josué los destruyó á ellos y á sus ciudades.22Ninguno de los Anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gath, y en Asdod.23Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme á todo lo que Jehová había dicho á Moisés; y entrególa Josué á los Israelitas por herencia, conforme á sus repartimientos de sus tribus: y la tierra reposó de guerra.

Los enemigos que Israel acaba de combatir y de vencer representan a aquellos que hacen la guerra contra los cristianos, dicho de otra manera, Satanás y sus ángeles. Nuestra lucha es “contra principados… contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Muchas personas se imaginan que actualmente el diablo y los demonios están en el infierno. Pero la Biblia nos muestra a Satanás aún en alguna parte del cielo o paseándose en la tierra para fastidiar a los hombres (Job 1:6-7). Sin duda alguna, si somos creyentes, el enemigo no puede arrebatarnos nuestra salvación (Juan 10:28). Pero se esfuerza haciéndonos la guerra para impedir que disfrutemos nuestras bendiciones celestiales; intenta quitarnos el terreno que anteriores victorias nos han permitido ocupar. Por eso el mismo capítulo 6 de Efesios nos exhorta no solamente a combatir y a sobrellevarlo todo, sino también a mantenernos firmes. Además, en semejantes momentos la Palabra nos recuerda que somos los muy amados del Señor. Ella afirma que ni los principados, ni las potestades podrán separarnos del amor de Dios. “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37-39).

Josué 12:1-24
1ESTOS son los reyes de la tierra que los hijos de Israel hirieron, y cuya tierra poseyeron de la otra parte del Jordán al nacimiento del sol, desde el arroyo de Arnón hasta el monte Hermón, y toda la llanura oriental:2Sehón rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón, y señoreaba desde Aroer, que está á la ribera del arroyo de Arnón, y desde en medio del arroyo, y la mitad de Galaad, hasta el arroyo Jaboc, el término de los hijos de Ammón;3Y desde la campiña hasta la mar de Cinneroth, al oriente; y hasta la mar de la llanura, el mar Salado, al oriente, por el camino de Beth-jesimoth; y desde el mediodía debajo de las vertientes del Pisga.4Y los términos de Og rey de Basán, que había quedado de los Rapheos, el cual habitaba en Astaroth y en Edrei,5Y señoreaba en el monte de Hermón, y en Salca, y en todo Basán hasta los términos de Gessuri y de Maachâti, y la mitad de Galaad, término de Sehón rey de Hesbón.6A estos hirieron Moisés siervo de Jehová y los hijos de Israel; y Moisés siervo de Jehová dió aquella tierra en posesión á los Rubenitas, Gaditas, y á la media tribu de Manasés.7Y estos son los reyes de la tierra que hirió Josué con los hijos de Israel, de esta parte del Jordán al occidente, desde Baal-gad en el llano del Líbano hasta el monte de Halac que sube á Seir; la cual tierra dió Josué en posesión á las tribus de Israel, 8En montes y en valles, en llanos y en vertientes, al desierto y al mediodía; el Hetheo, y el Amorrheo, y el Cananeo, y el Pherezeo, y el Heveo, y el Jebuseo.9El rey de Jericó, uno: el rey de Hai, que está al lado de Beth-el, otro:10El rey de Jerusalem, otro: el rey de Hebrón, otro:11El rey de Jarmuth, otro: el rey de Lachîs, otro:12El rey de Eglón, otro: el rey de Gezer, otro:13El rey de Debir, otro: el rey de Geder, otro:14El rey de Horma, otro: el rey de Arad, otro:15El rey de Libna, otro: el rey de Adullam, otro:16El rey de Maceda, otro: el rey de Beth-el, otro:17El rey de Tappua, otro: el rey de Hepher, otro:18El rey de Aphec, otro: el rey de Lasarón, otro:19El rey de Madón, otro: el rey de Hasor, otro:20El rey de Simrom-meron, otro: el rey de Achsaph, otro:21El rey de Taanach, otro: el rey de Megiddo, otro:22El rey de Chêdes, otro: el rey de Jocneam de Carmel, otro:23El rey de Dor, de la provincia de Dor, otro; el rey de Gentes en Gilgal, otro:24El rey de Tirsa, otro: treinta y un reyes en todo.

El libro de Josué se divide en dos partes, cada una de las cuales contiene doce capítulos. La primera, que terminamos hoy, describe la conquista de Canaán por Israel; la segunda (cap. 13-24) relata principalmente el reparto de la tierra entre las tribus. La conclusión de la primera parte: “y la tierra descansó de la guerra” (cap. 11: 23), es seguida en el capítulo 12 por una larga relación de los reyes abatidos. Dos de ellos cayeron antes del Jordán: Sehón y Og, pero treinta y uno fueron vencidos dentro del país. Anima ver que Dios mismo ha hecho esta recapitulación, lo cual prueba que no ha olvidado ninguna victoria lograda con él y sabe que cada una de ellas representa esfuerzos y renuncias. ¡Tengamos ánimo, soldados de Jesucristo! En nuestros combates un Árbitro soberano anota los puntos sin error posible: el rey de Hebrón: uno, el rey de Jarmut: uno, el rey de Laquis: uno…

¡Que el Señor nos conceda la gracia de estar cada uno en su puesto, cual fieles combatientes! Pronto llegará el momento de deponer las armas y disfrutar junto a Jesús el reposo celestial. Sí, que nos sea permitido decir como el apóstol: “He peleado la buena batalla”, y recibir la corona prometida “al que venciere” (2 Timoteo 4:7; Apocalipsis 2 y 3).

Josué 13:1-14
1Y SIENDO Josué ya viejo, entrado en días, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún muy mucha tierra por poseer.2Esta es la tierra que queda; todos los términos de los Philisteos, y toda Gessuri;3Desde Sihor, que está delante de Egipto, hasta el término de Accarón al norte, repútase de los Cananeos: cinco provincias de los Philisteos; los Gazeos, Asdodios, Ascalonitas, Getheos, y Accaronitas; y los Heveos;4Al mediodía toda la tierra de los Cananeos, y Mehara que es de los Sidonios, hasta Aphec, hasta el término del Amorrheo;5Y la tierra de los Gibleos, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baal-gad á las raíces del monte Hermón, hasta entrar en Hamath;6Todos los que habitan en las montañas desde el Líbano hasta las aguas calientes, todos los Sidonios; yo los desarraigaré delante de lo hijos de Israel: solamente repartirás tú por suerte el país á los Israelitas por heredad, como te he mandado.7Parte, pues, tú ahora esta tierra en heredad á las nueve tribus, y á la media tribu de Manasés.8Porque la otra media recibió su heredad con los Rubenitas y Gaditas, la cual les dió Moisés de la otra parte del Jordán al oriente, según que se la dió Moisés siervo de Jehová:9Desde Aroer, que está á la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del arroyo, y toda la campiña de Medeba, hasta Dibón;10Y todas las ciudades de Sehón rey de los Amorrheos, el cual reinó en Hesbón, hasta los términos de los hijos de Ammón;11Y Galaad, y los términos de Gessuri, y de Maachâti, y todo el monte de Hermón, y toda la tierra de Basán hasta Salchâ:12Todo el reino de Og en Basán, el cual reinó en Astaroth y Edrei, el cual había quedado del residuo de los Rapheos; pues Moisés los hirió, y echó.13Mas á los de Gessuri y Maachâti no echaron los hijos de Israel; antes Gessur y Maachât habitaron entre los Israelitas hasta hoy.14Empero á la tribu de Leví no dió heredad: los sacrificios de Jehová Dios de Israel son su heredad, como él les había dicho.

Jehová recuerda a Josué que aún hace falta tomar posesión de mucha tierra. Las fronteras ya le habían sido indicadas (cap. 1:4). Éstas son fáciles de recordar. Hacia el sur: un gran desierto; al norte: una gran montaña, el Líbano; al oriente: un gran río, el Eufrates; y al occidente: un mar grande, el Mediterráneo. El país a ocupar por la fe también tiene sus fronteras, que son las del mundo tal como se presenta para nosotros: es árido, sin fruto para Dios (el desierto); está lleno de orgullo y vanidad (la montaña); es próspero y activo (el río); es impetuoso y agitado (el mar, Judas 13; Isaías 57:20). Guardémonos, queridos hijos de Dios, de cruzar esas fronteras. Muchos lo han hecho, dejándose llevar al mundo, o por mera curiosidad, y la mayoría nunca ha vuelto. En cambio, dentro de los límites “queda aún mucha tierra por poseer”. Los tesoros inagotables de la Palabra, las riquezas insondables de Cristo están a nuestra disposición para asirlos, “a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo” (Efesios 3:17-19). ¡Cristianos, he ahí las dimensiones infinitas de nuestra herencia en él!

Josué 13:15-33
15Dió, pues, Moisés á la tribu de los hijos de Rubén conforme á sus familias:16Y fué el término de ellos desde Aroer, que está á la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del arroyo, y toda la campiña, hasta Medeba;17Hesbón, con todas sus villas que están en la llanura; Dibón, y Bamoth-baal, y Beth-baal-meón;18Y Jaas, y Keddemoth, y Mephaath,19Y Chîriataim, y Sibma, y Zerethshahar en el monte del valle;20Y Beth-peor, y Asdoth-pisga, y Beth-jesimoth;21Y todas las ciudades de la campiña, y todo el reino de Sehón rey de los Amorrheos, que reinó en Hesbón, al cual hirió Moisés, y á los príncipes de Madián, Hevi, Recem, y Sur, y Hur, y Reba, príncipes de Sehón que habitaban en aquella tierra.22También mataron á cuchillo los hijos de Israel á Balaam adivino, hijo de Beor, con los demás que mataron.23Y fueron los términos de los hijos de Rubén el Jordán con su término. Esta fué la herencia de los hijos de Rubén conforme á sus familias, estas ciudades con sus villas.24Dió asimismo Moisés á la tribu de Gad, á los hijos de Gad, conforme á sus familias.25Y el término de ellos fué Jacer, y todas las ciudades de Galaad, y la mitad de la tierra de los hijos de Ammón hasta Aroer, que está delante de Rabba.26Y desde Hesbón hasta Ramath-mispe, y Betonim; y desde Mahanaim hasta el término de Debir:27Y la campiña de Beth-aram, y Beth-nimra, y Sucoth, y Saphón, resto del reino de Sehón, rey en Hesbón: el Jordán y su término hasta el cabo de la mar de Cinnereth de la otra parte del Jordán al oriente.28Esta es la herencia de los hijos de Gad, por sus familias, estas ciudades con sus villas.29También dió Moisés herencia á la media tribu de Manasés: y fué de la media tribu de los hijos de Manasés, conforme á sus familias.30El término de ellos fué desde Mahanaim, todo Basán, todo el reino de Og rey de Basán, y todas las aldeas de Jair que están en Basán, sesenta poblaciones.31Dióse además la mitad de Galaad, y Astaroth, y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán, á los hijos de Machîr, hijo de Manasés, á la mitad de los hijos de Machîr conforme á sus familias.32Esto es lo que Moisés repartió en heredad en los llanos de Moab, de la otra parte del Jordán de Jericó, al oriente.33Mas á la tribu de Leví no dió Moisés heredad: Jehová Dios de Israel es la heredad de ellos como él les había dicho.

Los hijos de Rubén, de Gad y la media tribu de Manasés han recibido su parte de la herencia antes que todos sus hermanos. Esta porción, como bien lo recordamos, la escogieron ellos mismos sin esperar que Dios se las diera (Números 32). ¡Importante lección para cada uno de nosotros! Cuántas veces, como ellos, no hemos sabido esperar. Nos hemos dejado guiar por las circunstancias (la región de Basán y de Galaad era propia para la ganadería, y estas tribus poseían rebaños). Hemos escogido la solución más fácil o, por prudencia, la primera que se nos ha presentado, mientras que con un poco de paciencia hubiésemos obtenido una mejor parte: la que Dios había preparado para nosotros.

Los rubenitas y los gaditas nos enseñan también otra lección. Al escoger ellos primero lo que mejor les parecía (como en el caso de Lot con Abraham, Génesis 13), muestran su egoísmo frente a sus hermanos: ¡Yo primero! Así que recibieron la parte de su herencia antes que los demás. Pero distaba mucho de ser la mejor parte, como ellos se habían imaginado. Los primeros serán los últimos. Lo mejor siempre es lo que Dios nos da, incluso si para recibirlo tenemos que esperar un poco.

Josué 14:1-15
1ESTO pues es lo que los hijos de Israel tomaron por heredad en la tierra de Canaán, lo cual les repartieron Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel.2Por suerte dióseles su heredad, como Jehová lo había mandado por Moisés, que diese á las nueve tribus y á la media tribu.3Porque á las dos tribus, y á la media tribu, les había Moisés dado heredad de la otra parte del Jordán: mas á los Levitas no dió heredad entre ellos.4Porque los hijos de José fueron dos tribus, Manasés y Ephraim: y no dieron parte á los Levitas en la tierra, sino ciudades en que morasen, con sus ejidos para sus ganados y rebaños.5De la manera que Jehová lo había mandado á Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel en el repartimiento de la tierra.6Y los hijos de Judá vinieron á Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jephone Cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo á Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante á mí y á ti.7Yo era de edad de cuarenta años, cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea á reconocer la tierra; y yo le referí el negocio como lo tenía en mi corazón:8Mas mis hermanos, los que habían subido conmigo, menguaron el corazón del pueblo; empero yo cumplí siguiendo á Jehová mi Dios.9Entonces Moisés juró, diciendo: Si la tierra que holló tu pie no fuere para ti, y para tus hijos en herencia perpetua: por cuanto cumpliste siguiendo á Jehová mi Dios.10Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras á Moisés, cuando Israel andaba por el desierto: y ahora, he aquí soy hoy día de ochenta y cinco años:11Pero aun hoy estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió: cual era entonces mi fuerza, tal es ahora, para la guerra, y para salir y para entrar.12Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los Anaceos están allí, y grandes y fuertes ciudades. Quizá Jehová será conmigo, y los echaré como Jehová ha dicho.13Josué entonces le bendijo, y dió á Caleb hijo de Jephone á Hebrón por heredad.14Por tanto Hebrón fué de Caleb, hijo de Jephone Cenezeo, en heredad hasta hoy; porque cumplió siguiendo á Jehová Dios de Israel.15Mas Hebrón fué antes llamada Chîriath-arba; fué Arba un hombre grande entre los Anaceos. Y la tierra tuvo reposo de las guerras.

Jehová había designado por sus nombres a los que tendrían la responsabilidad de repartir la tierra entre las tribus (Números 34:16-29). Aquí los hijos de Judá se adelantan para recibir su porción, y Caleb toma la palabra. Estuvo esperando este momento durante más de cuarenta años. Sin quejarse por un castigo que él personalmente no había merecido, anduvo por el desierto con el pueblo, sostenido por su esperanza. Se había apoyado en las promesas de Dios y ahora las recuerda a Josué. “Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová” (v. 12). ¡Qué ejemplo más estupendo de la perseverancia en la fe! Pero además hay otra cosa que admirar en ese hombre: “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora”, dice (v. 11). Su fuerza no ha menguado. A los ochenta y cinco años es tan fuerte como a los cuarenta. ¿Cuál era su secreto? Isaías 40:31 nos lo revela: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas… caminarán, y no se fatigarán”. Mediante esta fuerza divina, Caleb, por su edad un anciano, mas por su vigor un hombre joven, tomará a Hebrón y abatirá la fuerza humana de los famosos anaceos, aquellos gigantes que en el pasado habían espantado tanto al pueblo. Sí, “bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas… Irán de poder en poder” (Salmo 84:5-7).

Josué 15:1-19
1Y FUÉ la suerte de la tribu de los hijos de Judá, por sus familias, junto al término de Edom, del desierto de Zin al mediodía, al lado del sur.2Y su término de la parte del mediodía fué desde la costa del mar Salado, desde la lengua que mira hacia el mediodía;3Y salía hacia el mediodía á la subida de Acrabim, pasando hasta Zin; y subiendo por el mediodía hasta Cades-barnea, pasaba á Hebrón, y subiendo por Addar daba vuelta á Carca;4De allí pasaba á Azmón, y salía al arroyo de Egipto; y sale este término al occidente. Este pues os será el término del mediodía.5El término del oriente es el mar Salado hasta el fin del Jordán. Y el término de la parte del norte, desde la lengua del mar, desde el fin del Jordán:6Y sube este término por Beth-hogla, y pasa del norte á Beth-araba, y de aquí sube este término á la piedra de Bohán, hijo de Rubén.7Y torna á subir este término á Debir desde el valle de Achôr: y al norte mira sobre Gilgal, que está delante de la subida de Adumin, la cual está al mediodía del arroyo: y pasa este término á las aguas de En-semes, y sale á la fuente de Rogel:8Y sube este término por el valle del hijo de Hinnom al lado del Jebuseo al mediodía: esta es Jerusalem. Luego sube este término por la cumbre del monte que está delante del valle de Hinnom hacia el occidente, el cual está al cabo del valle de los gigantes9Y rodea este término desde la cumbre del monte hasta la fuente de las aguas de Nephtoa, y sale á la ciudades del monte de Ephrón, rodeando luego el mismo término á Baala, la cual es Chîriath-jearim.10Después torna este término desde Baala hacia el occidente al monte de Seir: y pasa al lado del monte de Jearim hacia el norte, esta es Chesalón, y desciende á Beth-semes, y pasa á Timna.11Sale luego este término al lado de Ecrón hacia el norte; y rodea el mismo término á Sichêron, y pasa por el monte de Baala, y sale á Jabneel: y sale este término á la mar.12El término del occidente es la mar grande. Este pues, es el término de los hijos de Judá en derredor, por sus familias.13Mas á Caleb, hijo de Jephone, dió parte entre los hijos de Judá, conforme al mandamiento de Jehová á Josué: esto es, á Chîriath-arba, del padre de Anac, que es Hebrón.14Y Caleb echó de allí tres hijos de Anac, á Sesai, Aiman, y Talmai, hijos de Anac.15De aquí subió á los que moraban en Debir: y el nombre de Debir era antes Chîriath-sepher.16Y dijo Caleb: Al que hiriere á Chîriath-sepher, y la tomare, yo le daré á mi hija Axa por mujer.17Y tomóla Othoniel, hijo de Cenez, hermano de Caleb; y él le dió por mujer á su hija Axa.18Y aconteció que cuando la llevaba, él la persuadió que pidiese á su padre tierras para labrar. Ella entonces se apeó del asno. Y Caleb le dijo: ¿Qué tienes?19Y ella respondió: Dame bendición: pues que me has dado tierra de secadal, dame también fuentes de aguas. El entonces le dió las fuentes de arriba, y las de abajo.

Después de la adjudicación de la porción de Judá, he aquí otro ejemplo de una fe atrevida y valiente. Ocurre nuevamente en el seno de la familia de Caleb. A su lado, Otoniel su sobrino y Acsa su hija habían recibido un buen ejemplo. Día tras día, durante los numerosos años pasados en el desierto, habían podido oírlo, aplicando la instrucción de Deuteronomio 6:7, hablar del buen país que había visitado, del excelente fruto que de allí había traído. Día tras día también, habían podido ver su fidelidad y perseverancia en la marcha y en sus luchas para poseer ese país. Tales palabras y tal ejemplo han producido sus frutos. Otoniel y Acsa poco a poco han aprendido a amar a ese país de Canaán, centro de los pensamientos y afectos de su padre. Y, llegado el momento, aparece la fe. La de Otoniel se manifiesta tomando a Quiriat-sefer; la de Acsa, reclamando una porción suplementaria de la tierra de Canaán. Qué gozo para Caleb, quien había dicho a Josué: “Dame este monte” (cap. 14:12), oír a su hija pedirle: “Concédeme… dame también” (v. 19; comp. con Mateo 11:12). Con una formación tal y una mujer digna de él, Otoniel se calificará para ejercer más tarde las funciones de juez en Israel (Jueces 3:9-11).

Josué 15:20-63; Josué 16:1-10
20Esta pues es la herencia de las tribu de los hijos de Judá por sus familias.21Y fueron las ciudades del término de la tribu de los hijos de Judá hacia el término de Edom al mediodía: Cabseel, y Eder, y Jagur,22Y Cina, y Dimona, y Adada,23Y Cedes, y Asor, é Itnán,24Ziph, y Telem, Bealoth,25Y Asor-hadatta, y Chêrioth-hesron, que es Asor,26Amam, y Sema, y Molada,27Y Asar-gadda, y Hesmón, y Beth-pelet,28Y Hasar-sual, Beersebah, y Bizotia,29Baala, é Iim, y Esem,30Y Eltolad, y Cesil, y Horma,31Y Siclag, y Madmanna, Sansana,32Y Lebaoth, Silim, y Aín, y Rimmón; en todas veintinueve ciudades con sus aldeas.33En las llanuras, Estaol, y Sorea, y Asena,34Y Zanoa, y Engannim, Tappua, y Enam,35Jerimoth, y Adullam, Sochô, y Aceca,36Y Saraim, y Adithaim, y Gedera, y Gederothaim; catorce ciudades con sus aldeas.37Senán, y Hadasa, y Migdalgad,38Y Dilán, y Mizpa, y Jocteel,39Lachîs, y Boscath, y Eglón,40Y Cabón, y Lamas, y Chîtlis,41Y Gederoh, Beth-dagón, y Naama, y Maceda; dieciséis ciudades con sus aldeas.42Libna, y Ether, y Asán,43Y Jiphta, y Asna, y Nesib,44Y Ceila, y Achzib, y Maresa; nueve ciudades con sus aldeas.45Ecrón con sus villas y sus aldeas:46Desde Ecrón hasta la mar, todas las que están á la costa de Asdod con sus aldeas.47Asdod con sus villas y sus aldeas: Gaza con sus villas y sus aldeas hasta el río de Egipto, y la gran mar con sus términos.48Y en las montañas, Samir, y Jattir, y Succoth,49Y Danna, y Chîriath-sanna, que es Debir,50Y Anab, y Estemo, y Anim,51Y Gosén, y Olón, y Gilo; once ciudades con sus aldeas.52Arab, y Dumah, y Esán,53Y Janum, y Beth-tappua, y Apheca,54Y Humta, y Chîriath-arba, que es Hebrón, y Sior; nueve ciudades con sus aldeas.55Maón, Carmel, y Ziph, y Juta,56E Izreel, Jocdeam, y Zanoa,57Caín, Gibea, y Timna; diez ciudades con sus aldeas.58Halhul, y Bethfur, y Gedor,59Y Maarath, y Beth-anoth, y Eltecón; seis ciudades con sus aldeas.60Chîriath-baal, que es Chîriath-jearim, y Rabba; dos ciudades con sus aldeas.61En el desierto, Beth-araba, Middín, y Sechâchâ,62Y Nibsan, y la ciudad de la sal, y Engedi; seis ciudades con sus aldeas.63Mas á los Jebuseos que habitaban en Jerusalem, los hijos de Judá no los pudieron desarraigar; antes quedó el Jebuseo en Jerusalem con los hijos de Judá, hasta hoy.
1Y LA suerte del los hijos de José salió desde el Jordán de Jericó hasta las aguas de Jericó hacia el oriente, al desierto que sube de Jericó al monte de Beth-el:2Y de Beth-el sale á Luz, y pasa al término de Archi en Ataroth;3Y torna á descender hacia la mar al término de Japhlet, hasta el término de Beth-oron la de abajo, y hasta Gezer; y sale á la mar.4Recibieron pues heredad los hijos de José, Manasés y Ephraim.5Y fué el término de los hijos de Ephraim por sus familias, fué el término de su herencia á la parte oriental, desde Ataroth-addar hasta Beth-oron la de arriba:6Y sale este término á la mar, y á Michmetat al norte, y da vuelta este término hacia el oriente á Tanath-silo, y de aquí pasa al oriente á Janoa:7Y de Janoa desciende á Ataroth, y á Naaratha, y toca en Jericó, y sale al Jordán.8Y de Tappua torna este término hacia la mar al arroyo de Cana, y sale á la mar. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Ephraim por sus familias.9Hubo también ciudades que se apartaron para los hijos de Ephraim en medio de la herencia de los hijos de Manasés, todas ciudades con sus aldeas.10Y no echaron al Cananeo que habitaba en Gezer; antes quedó el Cananeo en medio de Ephraim, hasta hoy, y fué tributario.

El momento tan esperado ha llegado; Israel puede tomar posesión de su herencia. Judá es el primero en recibir su porción. Ciudad por ciudad, está detallada como para subrayar el interés que Jehová atribuye a cada parcela de su país. Quiera Dios que nosotros también tengamos una visión cada vez más amplia del pueblo de Dios, en particular para abarcarlo en nuestras oraciones.

¡Ay, desgraciadamente al final de cada delimitación vamos a encontrar una restricción, un pero! La victoria no es completa. Judá no logra arrojar a los jebuseos (v. 63). Hasta el reinado de David, éstos conservarán una plaza fuerte en Jerusalén: la fortaleza de Sion (2 Samuel 5:6). Efraín no muestra más capacidad para desposeer al cananeo en Gezer (cap. 16:10). Sometidos a pagar un tributo servil, estos vencidos ¿no serán inofensivos? Todo lo contrario, tal como lo ha anunciado Moisés, constituirán trampas en medio de Israel, lo arrastrarán al mal y a la idolatría. Y nuestros propios corazones, queridos hijos de Dios, ¿por quién laten? ¿Toleramos en ellos a ciertos “enemigos” que no nos parecen peligrosos? Quizás incluso nos hemos acostumbrado a su presencia. ¡Que el Señor nos dé la suficiente valentía para juzgarlos, a fin de que él sea el único que reine en nuestro corazón! (Romanos 6:12-14).

Josué 17:1-18
1Y TUVO también suerte la tribu de Manasés, porque fué primogénito de José. Machîr, primogénito de Manasés, y padre de Galaad, el cual fué hombre de guerra, tuvo á Galaad y á Basán.2Tuvieron también suerte los otros hijos de Manasés conforme á sus familias: los hijos de Abiezer, y los hijos de Helec, y los hijos de Esriel, y los hijos de Sichêm, y los hijos de Hepher, y los hijos de Semida; estos fueron los hijos varones de Manasés h3Pero Salphaad, hijo de Hepher, hijo de Galaad, hijo de Machîr, hijo de Manasés, no tuvo hijos, sino hijas, los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hogla, Milchâ, y Tirsa.4Estas vinieron delante de Eleazar sacerdote, y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron: Jehová mandó á Moisés que nos diese herencia entre nuestros hermanos. Y él les dió herencia entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho de Jeh5Y cayeron á Manasés diez suertes á más de la tierra de Galaad y de Basán, que está de la otra parte del Jordán:6Porque las hijas de Manasés poseyeron herencia entre sus hijos: y la tierra de Galaad fué de los otros hijos de Manasés.7Y fué el término de Manasés desde Aser hasta Michmetat, la cual está delante de Sichêm; y va este término á la mano derecha, á los que habitan en Tappua.8Y la tierra de Tappua fué de Manasés; pero Tappua, que está junto al término de Manasés, es de los hijos de Ephraim.9Y desciende este término al arroyo de Cana, hacia el mediodía del arroyo. Estas ciudades de Ephraim están entre las ciudades de Manasés: y el término de Manasés es desde el norte del mismo arroyo, y sus salidas son á la mar.10Ephraim al mediodía, y Manasés al norte, y la mar es su término: y encuéntranse con Aser á la parte del norte, y con Issachâr al oriente.11Tuvo también Manasés en Issachâr y en Aser á Beth-san y sus aldeas, é Ibleam y sus aldeas, y los moradores de Dor y sus aldeas, y los moradores de Endor y sus aldeas, y los moradores de Taanach y sus aldeas, y los moradores de Megiddo y sus aldeas: tres p12Mas los hijos de Manasés no pudieron echar á los de aquellas ciudades; antes el Cananeo quiso habitar en la tierra.13Empero cuando los hijos de Israel tomaron fuerzas, hicieron tributario al Cananeo, mas no lo echaron.14Y los hijos de José hablaron á Josué, diciendo: ¿Por qué me has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo yo un pueblo tan grande y que Jehová me ha así bendecido hasta ahora?15Y Josué les respondió: Si eres pueblo tan grande, sube tú al monte, y corta para ti allí en la tierra del Pherezeo y de los gigantes, pues que el monte de Ephraim es angosto para ti.16Y los hijos de José dijeron: No nos bastará á nosotros este monte: y todos los Cananeos que habitan la tierra de la campiña, tienen carros herrados; los que están en Beth-san y en sus aldeas, y los que están en el valle de Jezreel.17Entonces Josué respondió á la casa de José, á Ephraim y Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes gran fuerza; no tendrás una sola suerte;18Mas aquel monte será tuyo; que bosque es, y tú lo cortarás, y serán tuyos sus términos: porque tú echarás al Cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.

Manasés recibe su parte y en seguida vuelven a hacer acto de presencia las cinco hijas de Zelofehad con su hermosa tenacidad. Apoyándose en el mandamiento que Moisés recibió de Jehová, reivindican la herencia largamente esperada. La mitad de su tribu había optado por el otro lado del Jordán, pero a ellas ni se les ocurre semejante cosa. Su herencia se halla en Canaán, en medio de sus hermanos. Y ya que hablamos de esto, es bueno recordar que aunque las mujeres cristianas no son llamadas a ciertos servicios públicos, tales como la predicación, su parte celestial, su disfrute de las bendiciones celestiales no son inferiores a las de sus hermanos.

De modo general, observemos con qué cuidado Jehová dibuja los límites de cada tribu. Una tras otra, cada una recibe su porción, primero con la indicación del contorno y luego con la relación de las ciudades que se hallan dentro de la misma. Dios espera de los suyos, en cambio, diligencia para apropiárselas. Ahora bien, ¡veamos a Efraín! El monte que le corresponde no le gusta; le exige demasiados esfuerzos. Reclama otra porción, no por fe sino por pereza. ¡Cuántas pérdidas sufrimos, como esta tribu, por falta de energía, especialmente en el campo de la oración!, porción que siempre nos es atribuida (Santiago 4:2).

Josué 18:1-11 ; Josué 19:49-51
1Y TODA la congregación de los hijos de Israel se juntó en Silo, y asentaron allí el tabernáculo del testimonio, después que la tierra les fué sujeta.2Mas habían quedado en los hijos de Israel siete tribus, á las cuales aun no habían repartido su posesión.3Y Josué dijo á los hijos de Israel: ¿Hasta cuando seréis negligentes para venir á poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?4Señalad tres varones de cada tribu, para que yo los envíe, y que ellos se levanten, y recorran la tierra, y la describan conforme á sus heredades, y se tornen á mí.5Y la dividirán en siete partes: y Judá estará en su término al mediodía, y los de la casa de José estarán en el suyo al norte.6Vosotros, pues, delinearéis la tierra en siete partes, y me traeréis la descripción aquí, y yo os echaré las suertes aquí delante de Jehová nuestro Dios.7Empero los Levitas ninguna parte tienen entre vosotros; porque el sacerdocio de Jehová es la heredad de ellos: Gad también y Rubén, y la media tribu de Manasés, ya han recibido su heredad de la otra parte del Jordán al oriente, la cual les dió Moisés sier8Levantándose pues aquellos varones, fueron: y mandó Josué á los que iban para delinear la tierra, diciéndoles: Id, recorred la tierra, y delineadla, y tornad á mí, para que yo os eche las suertes aquí delante de Jehová en Silo.9Fueron pues aquellos varones y pasearon la tierra, delineándola por ciudades en siete partes en un libro, y tornaron á Josué al campo en Silo.10Y Josué les echó las suertes delante de Jehová en Silo; y allí repartió Josué la tierra á los hijos de Israel por sus porciones.11Y sacóse la suerte de la tribu de los hijos de Benjamín por sus familias: y salió el término de su suerte entre los hijos de Judá y los hijos de José.
49Y después que acabaron de repartir la tierra en heredad por sus términos, dieron los hijos de Israel heredad á Josué hijo de Nun en medio de ellos:50Según la palabra de Jehová, le dieron la ciudad que él pidió, Timnath-sera, en el monte de Ephraim; y él reedificó la ciudad, y habitó en ella.51Estas son las heredades que Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los principales de los padres, entregaron por suerte en posesión á las tribus de los hijos de Israel en Silo delante de Jehová, á la entrada del tabernáculo del testimonio; y acabaron d

Siete tribus faltan por recibir su herencia. Josué ordena hacer la cuenta catastral del país y distribuye las parcelas por sorteo. Naturalmente Dios dirige la suerte según su voluntad. El azar no existe, y un cristiano nunca debería invocar la suerte o la mala suerte.

En el Salmo 16 oímos a alguien (Cristo mismo) que declara: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado” (v. 6). Ejercitémonos en descubrir la belleza y riqueza de todo cuanto Dios nos ha dado en Cristo. ¡Y seamos agradecidos! (Colosenses 3:15). Josué, que pertenece a la tribu de Efraín, da el ejemplo a sus hermanos escogiendo su herencia en el monte que ellos habían despreciado (cap. 17:16). Y esa herencia lleva un nombre significativo: Timnat-sera quiere decir «porción abundante».

Las largas listas de ciudades nos recuerdan que nosotros, cristianos de entre las naciones, estábamos “alejados de la ciudadanía de Israel”. Pero ahora hemos “sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”, hemos llegado a ser “conciudadanos de los santos” (Efesios 2:12-13, 19). “Nuestra ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20). Pronto habitaremos la ciudad celestial.

Josué 20:1-9 ; Josué 21:1-3
1Y HABLO Jehová á Josué, diciendo:2Habla á los hijos de Israel, diciendo: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por Moisés;3Para que se acoja allí el homicida que matare á alguno por yerro y no á sabiendas; que os sean por acogimiento del cercano del muerto.4Y el que se acogiere á alguna de aquellas ciudades, presentaráse á la puerta de la ciudad, y dirá sus causas, oyéndolo los ancianos de aquella ciudad: y ellos le recibirán consigo dentro de la ciudad, y le darán lugar que habite con ellos.5Y cuando el cercano del muerto le siguiere, no entregarán en su mano al homicida, por cuanto hirió á su prójimo por yerro, ni tuvo con él antes enemistad.6Y quedará en aquella ciudad hasta que parezca en juicio delante del ayuntamiento, hasta la muerte del gran sacerdote que fuere en aquel tiempo: entonces el homicida tornará y vendrá á su ciudad y á su casa y á la ciudad de donde huyó.7Entonces señalaron á Cedes en Galilea, en el monte de Nephtalí, y á Sichêm en el monte de Ephraim, y á Chîriath-arba, que es Hebrón, en el monte de Judá.8Y de la otra parte del Jordán de Jericó, al oriente, señalaron á Beser en el desierto, en la llanura de la tribu de Rubén, y á Ramoth en Galaad de la tribu de Gad, y á Gaulón en Basán de la tribu de Manasés.9Estas fueron las ciudades señaladas para todos los hijos de Israel, y para el extranjero que morase entre ellos, para que se acogiese á ellas cualquiera que hiriese hombre por yerro, y no muriese por mano del cercano del muerto, hasta que compareciese del
1Y LOS principales de los padres de los Levitas vinieron á Eleazar sacerdote, y á Josué hijo de Nun, y á los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel;2Y habláronles en Silo en la tierra de Canaán, diciendo: Jehová mandó por Moisés que nos fuesen dadas villas para habitar, con sus ejidos para nuestras bestias.3Entonces los hijos de Israel dieron á los Levitas de sus posesiones, conforme á la palabra de Jehová, estas villas con sus ejidos.

Al otro lado del Jordán habían sido establecidas por Moisés tres ciudades de refugio para el homicida (Deuteronomio 4:41-43). Aquí son establecidas otras tres dentro del país mismo: Cedes en el norte, Siquem en el centro y Hebrón en el sur. Cada una de ellas estaba ubicada sobre una montaña (v. 7), lo cual nos recuerda esta palabra del Señor Jesús: “Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14). Vista por todos y especialmente por el infeliz culpable que corría para refugiarse en ella, la ciudad de refugio era un recuerdo constante de la gracia de Dios. La primera de estas ciudades se hallaba en Galilea, región amada por todo hijo de Dios. Allí Jesús de Nazaret vivió durante treinta años, allí sirvió, sanó y enseñó a los discípulos y a las multitudes. Siquem, en Efraín, frecuentemente se identifica con esa “ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José” (y por este hecho incluida en la porción de Efraín hijo de José: Josué 24:32). También evoca al divino Caminante que se sentó un día junto a su pozo (Juan 4:5…) Finalmente tenemos a Hebrón, ciudadela de la muerte vencida, que viene a ser lugar de asilo, de alto refugio.

El capítulo 21 se consagra a la porción de los levitas. Se les otorgan cuarenta y ocho ciudades, repartidas en los territorios de las otras tribus.

Josué 21:41-45 ; Josué 22:1-6
41Y todas la villas de los Levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho villas con sus ejidos.42Y estas ciudades estaban apartadas la una de la otra cada cual con sus ejidos alrededor de ellas: lo cual fué en todas estas ciudades.43Así dió Jehová á Israel toda la tierra que había jurado dar á sus padres; y poseyéronla, y habitaron en ella.44Y Jehová les dió reposo alrededor, conforme á todo lo que había jurado á sus padres: y ninguno de todos los enemigos les paró delante, sino que Jehová entregó en sus manos á todos sus enemigos.45No faltó palabra de todas la buenas que habló Jehová á la casa de Israel; todo se cumplió.
1ENTONCES Josué llamó á los Rubenitas y á los Gaditas, y á la media tribu de Manasés,2Y díjoles: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido á mi voz en todo lo que os he mandado.3No habéis dejado á vuestros hermanos en estos muchos días hasta hoy, antes habéis guardado la observancia de los mandamientos de Jehová vuestro Dios.4Ahora pues que Jehová vuestro Dios ha dado reposo á vuestros hermanos, como se lo había prometido, volved, y tornad á vuestras tiendas, á la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo de Jehová os dió de la otra parte del Jordán.5Solamente que con diligencia cuidéis de poner por obra el mandamiento y la ley, que Moisés siervo de Jehová os intimó: que améis á Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y os alleguéis á él, y le sirváis de todo6Y bendiciéndolos Josué, los envió: y fuéronse á sus tiendas.

En contraste con los levitas cuya porción era Jehová mismo, volvemos a encontrar a las dos tribus y media fuertemente adheridas a sus bienes terrenales. Colmadas con los tesoros tomados del enemigo y bendecidas por Josué, parece que todo irá bien para los hombres de Rubén, Gad y Manasés. ¡Pero no! Sufrirán una gran pérdida al volver a pasar el Jordán que antiguamente habían atravesado de manera tan notable. Esta vez no tienen el arca para acompañarlos. Ésta permanece en Canaán. Tal vez se diga: ¿Y qué más pueden hacer? ¡Sus familias están al otro lado!

El versículo 19 del capítulo 22 prueba que aún había tiempo para introducirlas a ellas también en el país. Además, dice el Señor Jesús: “El que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37). Desgraciadamente, muchos jóvenes cristianos después de haber empezado y luchado bien, se han alejado del Señor y del pueblo de Dios. Y con frecuencia ha sido por causa del hogar que han establecido siguiendo su propia voluntad, sin respetar los derechos de Dios. Nos parece oír la pregunta más bien triste que formula el Señor Jesús a sus discípulos: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6:67). Querido lector, si él le hiciera la misma pregunta, ¿contestaría como lo hizo Pedro?

Josué 22:7-20
7También á la media tribu de Manasés había dado Moisés posesión en Basán; mas á la otra media dió Josué heredad entre sus hermanos de estotra parte del Jordán al occidente: y también á éstos envió Josué á sus tiendas, después de haberlos bendecido.8Y hablóles, diciendo: Volveos á vuestras tiendas con grandes riquezas, y con grande copia de ganado, con plata, y con oro, y metal, y muchos vestidos: partid con vuestros hermanos el despojo de vuestros enemigos.9Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, se tornaron, y partiéronse de los hijos de Israel, de Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir á la tierra de Galaad, á la tierra de sus posesiones, de la cual eran poseedores, se10Y llegando á los términos del Jordán, que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande apariencia.11Y los hijos de Israel oyeron decir como los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, habían edificado un altar delante de la tierra de Canaán, en los términos del Jordán, al paso de los hijos de Israel:12Lo cual como los hijos de Israel oyeron, juntóse toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir á pelear contra ellos.13Y enviaron los hijos de Israel á los hijos de Rubén y á los hijos de Gad y á la media tribu de Manasés en la tierra de Galaad, á Phinees hijo de Eleazar sacerdote,14Y á diez príncipes con él; un príncipe de cada casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era cabeza de familia de sus padres en la multitud de Israel.15Los cuales vinieron á los hijos de Rubén y á los hijos de Gad, y á la media tribu de Manasés, en la tierra de Galaad; y habláronles, diciendo:16Toda la congregación de Jehová dice así: ¿Qué transgresión es ésta con que prevaricáis contra el Dios de Israel, volviéndoos hoy de seguir á Jehová, edificándoos altar para ser hoy rebeldes contra Jehová?17¿Nos ha sido poco la maldad de Peor, de la que no estamos aún limpios hasta este día, por la cual fué la mortandad en la congregación de Jehová?18Y vosotros os volvéis hoy de seguir á Jehová; mas será que vosotros os rebelaréis hoy contra Jehová, y mañana se airará él contra toda la congregación de Israel.19Que si os parece que la tierra de vuestra posesión es inmunda, pasaos á la tierra de la posesión de Jehová, en la cual está el tabernáculo de Jehová, y tomad posesión entre nosotros; pero no os rebeléis contra Jehová, ni os rebeléis contra nosotros, edifi20¿No cometió Achân, hijo de Zera, prevaricación en el anatema, y vino ira sobre toda la congregación de Israel? y aquel hombre no pereció solo en su iniquidad.

“Compartid con vuestros hermanos el botín”, ordena Josué a los que se marchan (v. 8). Trátese de verdades bíblicas o de experiencias cristianas, el Señor nos invita a compartir con otros las riquezas espirituales adquiridas en la tierra de la promesa. Así como esos hombres podrían relatar a sus familias el traslado memorable a través del Jordán y las gloriosas victorias de Josué, un hijo de Dios podrá hablar de las “maravillas” hechas por el Señor a su favor o descubiertas en su Palabra (cap. 3:5).

Después de separarse, los guerreros de Rubén, Gad y Manasés erigen en la ribera del Jordán “un altar de grande apariencia”. En seguida sus hermanos de las otras tribus, preocupados por ellos, están a punto de intervenir. ¿Qué significará esa acción? ¿Acaso un desafío contra Jehová? ¿Una proclamación de independencia? Sea lo que fuere, he ahí una primera dificultad que nunca hubiese surgido si esas tribus hubieran entrado en Canaán. La encuesta es dirigida por Finees, sacerdote que en otra hora crítica de la historia del pueblo había dado prueba de su celo. Ardiendo en celo por causa de Jehová (Números 25:11), unió su amor por Dios con su amor por sus hermanos. ¡Dos sentimientos que son inseparables! (1 Juan 4:20-21).

Josué 22:21-34
21Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, respondieron y dijeron á los principales de la multitud de Israel:22El Dios de los dioses, Jehová, el Dios de los dioses, Jehová, él sabe, y sabrá Israel: si por rebelión ó por prevaricación contra Jehová (no nos salves hoy,)23Nos hemos edificado altar para tornarnos de en pos de Jehová, ó para sacrificar holocausto ó presente, ó para hacer sobre él sacrificios pacíficos, el mismo Jehová nos lo demande.24Asimismo, si no lo hicimos por temor de esto, diciendo: Mañana vuestros hijos dirán á nuestros hijos: ¿Qué tenéis vosotros con Jehová el Dios de Israel?;25Jehová ha puesto por término el Jordán entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén é hijos de Gad; no tenéis vosotros parte en Jehová: y así vuestros hijos harán que nuestros hijos no teman á Jehová.26Por esto dijimos: Hagamos ahora por edificarnos un altar, no para holocausto ni para sacrificio,27Sino para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios, y con nuestros pacíficos; y no digan mañan28Nosotros, pues, dijimos: Si aconteciere que tal digan á nosotros, ó á nuestras generaciones en lo por venir, entonces responderemos: Mirad el símil del altar de Jehová, el cual hicieron nuestros padres, no para holocaustos ó sacrificios, sino para que fue29Nunca tal acontezca que nos rebelemos contra Jehová, ó que nos apartemos hoy de seguir á Jehová, edificando altar para holocaustos, para presente, ó para sacrificio, á más del altar de Jehová nuestro Dios que está delante de su tabernáculo.30Y oyendo Phinees el sacerdote y los príncipes de la congregación, y las cabezas de la multitud de Israel que con él estaban, las palabras que hablaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y los hijos de Manasés, fueron contentos de ello.31Y dijo Phinees hijo del sacerdote Eleazar, á los hijos de Rubén, á los hijos de Gad, y á los hijos de Manasés: Hoy hemos entendido que Jehová está entre nosotros, pues que no habéis intentado esta traición contra Jehová. Ahora habéis librado á los hijos d32Y Phinees hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes, volviéronse de con los hijos de Rubén, y de con los hijos de Gad, de la tierra de Galaad á la tierra de Canaán, á los hijos de Israel: á los cuales dieron la respuesta.33Y el negocio plugo á los hijos de Israel, y bendijeron á Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en guerra, para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad.34Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad pusieron por nombre al altar Ed; porque es testimonio entre nosotros que Jehová es Dios.

Los hijos de Rubén, Gad y Manasés exponen sus intenciones con respecto al altar, y sus hermanos reconocen su sinceridad. Pero, ¿de qué sirve ese altar imponente? ¿Acaso no existe ya junto al Jordán un monumento mucho más significativo: el montón de doce piedras, símbolo de la unidad del pueblo en su posición celestial? (Josué 4). Pero precisamente las dos tribus y media han perdido (como es el caso de tantos cristianos) el pleno disfrute de sus privilegios.

En la cristiandad se han edificado muchos “altares” de gran apariencia. Erigidos según planes ideados por la imaginación humana, en vez de testificar sobre la unidad de la Iglesia, proclaman su fragmentación. Y la legítima indignación de las nueve tribus y media nos muestra cuán en serio debemos tomar la división del pueblo de Dios. Erigir e insistir en grandes principios, aun si éstos son conforme a las Escrituras, no puede reemplazar la realidad del disfrute del “país”. El creyente que ha experimentado dicho disfrute no siempre puede ofrecer a los demás muchas explicaciones. Pero sí puede invitarlos: “Venid y ved” (Juan 1:39, 46). “Si es que habéis gustado la benignidad del Señor –dice el apóstol Pedro–. Acercándoos a él… sed edificados como casa espiritual…” (1 Pedro 2:3-5).

Josué 23:1-13
1Y ACONTECIO, pasados muchos días después que Jehová dió reposo á Israel de todos sus enemigos al contorno, que Josué, siendo viejo, y entrado en días,2Llamó á todo Israel, á sus ancianos, á sus príncipes, á sus jueces y á sus oficiales, y díjoles: Yo soy ya viejo y entrado en días:3Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas gentes en vuestra presencia; porque Jehová vuestro Dios ha peleado por vosotros.4He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas gentes, así las destruídas como las que quedan, desde el Jordán hasta la gran mar hacia donde el sol se pone.5Y Jehová vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las lanzará de vuestra presencia: y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho.6Esforzaos pues mucho á guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni á la diestra ni á la siniestra;7Que cuando entrareis á estas gentes que han quedado con vosotros, no hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis á ellos:8Mas á Jehová vuestro Dios os allegaréis, como habéis hecho hasta hoy;9Pues ha echado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido parar delante de vuestro rostro.10Un varón de vosotros perseguirá á mil: porque Jehová vuestro Dios pelea por vosotros, como él os dijo.11Por tanto, cuidad mucho por vuestras almas, que améis á Jehová vuestro Dios.12Porque si os apartareis, y os allegareis á lo que resta de aquestas gentes que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, y entrareis á ellas, y ellas á vosotros;13Sabed que Jehová vuestro Dios no echará más estas gentes delante de vosotros; antes os serán por lazo, y por tropiezo, y por azote para vuestros costados, y por espinas para vuestros ojos, hasta tanto que perezcáis de aquesta buena tierra que Jehová vuest

A su vez Josué termina su carrera. “Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito…”, dice a los jefes del pueblo (v. 6). Esas mismas palabras, Jehová se las había dicho a él al principio (cap. 1:7), Moisés las había repetido muchas veces. Y esa es también la enseñanza que hoy nos conviene. Hay muchas personas que encuentran el Evangelio bastante anticuado, pasado de moda. Tienen “comezón de oír” novedades (2 Timoteo 4:3). Demos gracias al Señor por habernos dado unos siervos que no se cansan de repetir las mismas verdades y exhortaciones. “A mí no me es molesto escribiros las mismas cosas –afirma Pablo a los Filipenses–, y para vosotros es seguro” (Filipenses 3:1). ¡No nos cansemos, pues, de escucharlas!

El sólo hecho de mencionar los dioses de las naciones es el primer paso que conduce a jurar por ellos, a servirles y finalmente a postrarse ante ellos (v. 7). Por eso la epístola a los Efesios nos exhorta a ni siquiera nombrar las cosas impuras, locas y de mal gusto del mundo, “como conviene a santos” (cap. 5:3-4). Quizá no siempre vigilamos cuidadosamente nuestro lenguaje. ¡Quiera Dios que por medio de éste nos reconozcan como discípulos de Jesús! (Mateo 26:73 en contraste con el v. 74).

Josué 23:14-16; Josué 24:1-5
14Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra: reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no se ha perdido una palabra de todas la buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros: todas 15Mas será, que como ha venido sobre vosotros toda palabra buena que Jehová vuestro Dios os había dicho, así también traerá Jehová sobre vosotros toda palabra mala, hasta destruiros de sobre la buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado;16Cuando traspasareis el pacto de Jehová vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honrando dioses ajenos, é inclinándoos á ellos. Y el furor de Jehová se inflamará contra vosotros, y luego pereceréis de aquesta buena tierra que él os ha dado.
1Y JUNTANDO Josué todas las tribus de Israel en Sichêm, llamó á los ancianos de Israel, y á sus príncipes, á sus jueces, y á sus oficiales; y presentáronse delante de Dios.2Y dijo Josué á todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente de esotra parte del río, es á saber, Tharé, padre de Abraham y de Nachôr; y servían á dioses extraños.3Y yo tomé á vuestro padre Abraham de la otra parte del río, y trájelo por toda la tierra de Canaán, y aumenté su generación, y díle á Isaac.4Y á Isaac dí á Jacob y á Esaú: y á Esaú dí el monte de Seir, que lo poseyese: mas Jacob y sus hijos descendieron á Egipto.5Y yo envié á Moisés y á Aarón, y herí á Egipto, al modo que lo hice en medio de él, y después os saqué.

Por boca de Josué, Jehová previene a los jefes del pueblo de las consecuencias desastrosas que ocasionaría cualquier alejamiento (v. 12). En el versículo 13 varias imágenes sugieren los peligros que amenazan a los que se mezclan con el mundo. El lazo o la red empieza por hacer caer; el tropiezo (o la trampa) atrapa y retiene; el azote simboliza la servidumbre. Finalmente las espinas en los ojos son la cruel ceguera. Sansón, después de caer en la trampa, perdió sucesivamente, junto con su nazareato, sus fuerzas, su libertad, su vista y su vida.

Josué convoca a todo Israel y comienza por recordar los grandes momentos de su historia (cap. 24). Se remonta hasta un pasado lejano, no solamente hasta Abraham, a quien con mucho gusto Israel ensalzaba en su memoria como su antepasado (Juan 8:33, 39), sino hasta el padre de éste, Taré, que había servido a los ídolos. Con esto Josué quería decirles que la idolatría no era privativa de las poblaciones que los rodeaban, sino que estaba en su misma naturaleza, que ellos no eran mejores que los demás. Una vez más dejemos que la epístola a los Efesios (2:1-3) nos hable: “Estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo… y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.

Josué 24:6-15
6Y saqué á vuestros padres de Egipto: y como llegaron á la mar, los Egipcios siguieron á vuestros padres hasta el mar Bermejo con carros y caballería.7Y como ellos clamasen á Jehová, él puso oscuridad entre vosotros y los Egipcios, é hizo venir sobre ellos la mar, la cual los cubrió: y vuestros ojos vieron lo que hice en Egipto. Después estuvisteis muchos días en el desierto.8Y os introduje en la tierra de los Amorrheos, que habitaban de la otra parte del Jordán, los cuales pelearon contra vosotros; mas yo los entregué en vuestras manos, y poseísteis su tierra, y los destruí de delante de vosotros.9Y levantóse después Balac hijo de Sephor, rey de los Moabitas, y peleó contra Israel; y envió á llamar á Balaam hijo de Beor, para que os maldijese.10Mas yo no quise escuchar á Balaam, antes os bendijo repetidamente, y os libré de sus manos.11Y pasado el Jordán, vinisteis á Jericó; y los moradores de Jericó pelearon contra vosotros: los Amorrheos, Pherezeos, Cananeos, Hetheos, Gergeseos, Heveos, y Jebuseos: y yo los entregué en vuestras manos.12Y envié tábanos delante de vosotros, los cuales los echaron de delante de vosotros, á saber, á los dos reyes de los Amorrheos; no con tu espada, ni con tu arco.13Y os dí la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis.14Ahora pues, temed á Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de en medio los dioses á los cuales sirvieron vuestros padres de esotra parte del río, y en Egipto; y servid á Jehová.15Y si mal os parece servir á Jehová, escogeos hoy á quién sirváis; si á los dioses á quienes siervieron vuestros padres, cuando estuvieron de esotra parte del río, ó á los dioses de los Amorrheos en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos á Jehov

Si nos hemos reconocido entre aquellos miserables que se hallaban “al otro lado del Jordán”, sirviendo a los ídolos de este mundo, volvamos a leer y admiremos ahora lo que Dios, “que es rico en misericordia”, ha hecho por los suyos (Efesios 2:4…). Porque sondearemos las profundidades de la gracia de Dios en la medida en que entendamos hasta qué punto necesitábamos de ella. La despedida de Josué hace pensar en la despedida de Pablo de los ancianos de la asamblea de Éfeso (Hechos 20:17…). El fiel apóstol también recuerda la gracia y el poder de Dios que da una herencia a todos los santificados (v. 32). Subraya la responsabilidad que ello encierra y exhorta a que se ande con cuidado, que se vigile (v. 28, 31). Puede invocar su propio ejemplo: sirvió al Señor (v. 19) y sólo desea acabar ese servicio recibido de él (v. 24). Esa es también la conclusión de Josué. Su ministerio parece haber terminado. “Pero yo y mi casa serviremos a Jehová”, declara exteriorizando una inquebrantable decisión de corazón. Josué habla en nombre de su familia: “Yo y mi casa serviremos” ¡Qué felicidad cuando el creyente y los suyos pueden servir al Señor juntos! Romanos 16:3-11 menciona unos ejemplos: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús... a los de la casa de Aristóbulo... a los de la casa de Narciso, los cuales están en el Señor”.

Josué 24:16-33
16Entonces el pueblo repondió, y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos á Jehová por servir á otros dioses:17Porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó á nosotros y á nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de sevidumbre; el cual delante de nuestros ojos ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y 18Y Jehová echó de delante de nosotros á todos los pueblos, y al Amorrheo que habitaba en la tierra: nosotros, pues, también serviremos á Jehová, porque él es nuestro Dios.19Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir á Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.20Si dejareis á Jehová y sirviereis á dioses ajenos, se volverá, y os maltratará, y os consumirá, después que os ha hecho bien.21El pueblo entonces dijo á Josué: No, antes á Jehová serviremos.22Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que os habéis elegido á Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.23Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, é inclinad vuestro corazón á Jehová Dios de Israel.24Y el pueblo respondió á Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y á su voz obedeceremos.25Entonces Josué hizo alianza con el pueblo el mismo día, y púsole ordenanzas y leyes en Sichêm.26Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios; y tomando una grande piedra, levantóla allí debajo de un alcornoque que estaba junto al santuario de Jehová.27Y dijo Josué á todo el pueblo: He aquí esta piedra será entre nosotros por testigo, la cual ha oído todas las palabras de Jehová que él ha hablado con nosotros: será, pues, testigo contra vosotros, porque no mintáis contra vuestro Dios.28Y envió Josué al pueblo, cada uno á su heredad.29Y después de estas cosas murió Josué, hijo de Nun, siervo de Jehová siendo de ciento y diez años.30Y enterráronlo en el término de su posesión en Timnath-sera, que está en el monte de Ephraim, al norte del monte de Gaas.31Y sirvió Israel á Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron después de Josué, y que sabían todas las obras de Jehová, que había hecho por Israel.32Y enterraron en Sichêm los huesos de José que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hemor padre de Sichêm, por cien corderas; y fué en posesión á los hijos de José.33También murió Eleazar, hijo de Aarón; al cual enterraron en el collado de Phinees su hijo, que le fué dado en el monte de Ephraim.

A la exhortación y al ejemplo que Josué da personalmente, Israel responde con una inmediata profesión de fe. Se compromete a servir a Jehová. Pero no bastan las buenas intenciones. El versículo 16 muestra su ceguera, porque los dioses extranjeros siguen estando allí (v. 23), de modo que Josué se ve obligado a decirles que mientras las cosas sigan así, no podrán “servir a Jehová” (v. 19). “Ningún siervo puede servir a dos señores”, confirma el Señor (Lucas 16:13).

Las buenas disposiciones de Israel durarán mientras haya conductores piadosos: Josué, Eleazar, Finees… (comp. con 2 Crónicas 24:2). Es la ocasión de preguntarnos una vez más: ¿Estamos vinculados a Cristo gracias a una fe viva y personal? O bien, ¿nos hemos contentado con dejarnos llevar por quienes nos han enseñado? En ese caso, ¿qué haremos cuando éstos nos sean quitados?

Josué termina su carrera. Cual fiel conductor, anduvo en el desierto según el caminar por la fe. Luego combatió la batalla de la fe. Hemos reconocido en él algunos rasgos del gran Conductor, del Vencedor del mundo, del Jefe, autor y consumador de la fe. Pidamos a Dios que nos enseñe, tanto en la marcha como en el combate, a fijar los ojos en Jesús (Hebreos 12:2).


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