Jueces 1:1-15
1Y ACONTECIO después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron á Jehová, diciendo: ¿Quién subirá por nosotros el primero á pelear contra los Cananeos?2Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos.3Y Judá dijo á Simeón su hermano: Sube conmigo á mi suerte, y peleemos contra el Cananeo, y yo también iré contigo á tu suerte. Y Simeón fué con él.4Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al Cananeo y al Pherezeo; y de ellos hirieron en Bezec diez mil hombres.5Y hallaron á Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él: é hirieron al Cananeo y al Pherezeo.6Mas Adoni-bezec huyó; y siguiéronle, y prendiéronle, y cortáronle los pulgares de las manos y de los pies.7Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, cogían las migajas debajo de mi mesa: como yo hice, así me ha pagado Dios. Y metiéronle en Jerusalem, donde murió.8Y habían combatido los hijos de Judá á Jerusalem, y la habían tomado, y metido á cuchillo, y puesto á fuego la ciudad.9Después los hijos de Judá descendieron para pelear contra el Cananeo que habitaba en las montañas, y al mediodía, y en los llanos.10Y partió Judá contra el Cananeo que habitaba en Hebrón, la cual se llamaba antes Chîriath-arba; é hirieron á Sesai, y á Ahiman, y á Talmai.11Y de allí fué á los que habitaban en Debir, que antes se llamaba Chîriath-sepher.12Y dijo Caleb: El que hiriere á Chîriath-sepher, y la tomare, yo le daré á Axa mi hija por mujer.13Y tomóla Othoniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb: y él le dió á Axa su hija por mujer.14Y cuando la llevaban, persuadióle que pidiese á su padre un campo. Y ella se apeó del asno, y Caleb le dijo: ¿Qué tienes?15Ella entonces le respondió: Dame una bendición: que pues me has dado tierra de secadal, me des también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dió las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.

La diferencia entre el libro de Josué y el de Jueces es grande. El primero muestra a Israel tomando posesión victoriosa del país de Canaán. El segundo, al contarnos la historia del pueblo ocupando su herencia, aparenta continuar el tema. Pero desde el principio ciertas señales indican que ya no estamos en los tiempos de Josué. Sin dejar de conducirse celosamente contra el cananeo, Judá parece contar más con su hermano Simeón que con el propio Jehová. Y luego, el rey enemigo, en lugar de ser dado a muerte, es tratado con barbarie.

La página gloriosa que termina con la desaparición de Josué se da vuelta e inicia una época de decadencia.

Es lo que le sucedió también a la Iglesia. La fuerza y, en gran medida, la bendición colectiva han desaparecido. Pero Dios no cambia. Su poder siempre está a disposición de la fe individual. Otoniel nos da un ejemplo de ello al apoderarse de Debir. La bendición también está a nuestro alcance (1 Pedro 3:9 al final). Basta pedir como lo hace Acsa (Jueces 1:15). Para nosotros, la bendición emana del Espíritu de Dios, el cual, como esas “fuentes” fertilizantes prometidas en Deuteronomio 8:7, refresca nuestras almas por medio de la Palabra de Dios. Pidamos a nuestro Padre esta bendición.

Jueces 1:16-26
16Y los hijos de Cineo, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las palmas con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está al mediodía de Arad: y fueron y habitaron con el pueblo.17Y fué Judá á su hermano Simeón, é hirieron al Cananeo que habitaba en Sephath, y asoláronla: y pusieron por nombre á la ciudad, Horma.18Tomó también Judá á Gaza con su término, y á Ascalón con su término, y á Ecrón con su término.19Y fué Jehová con Judá, y echó á los de las montañas; mas no pudo echar á los que habitaban en los llanos, los cuales tenían carros herrados.20Y dieron Hebrón á Caleb, como Moisés había dicho: y él echó de allí tres hijos de Anac.21Mas al Jebuseo que habitaba en Jerusalem, no echaron los hijos de Benjamín, y así el Jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalem hasta hoy.22También los de la casa de José subieron á Beth-el; y fué Jehová con ellos.23Y los de la casa de José pusieron espías en Beth-el, la cual ciudad antes se llamaba Luz.24Y los que espiaban vieron un hombre que salía de la ciudad, y dijéronle: Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos contigo misericordia.25Y él les mostró la entrada á la ciudad, é hiriéronla á filo de espada; mas dejaron á aquel hombre con toda su familia.26Y fuese el hombre á la tierra de los Hetheos, y edificó una ciudad, á la cual llamó Luz: y este es su nombre hasta hoy.

Apenas comenzando el libro de los Jueces, nos hallamos ya frente a una decadencia tan triste como rápida. ¿Cuál es la causa principal? Haberse olvidado de la presencia de Jehová. No se habla más de Gilgal, lugar del juicio de uno mismo y donde se hallaba el Ángel de Jehová (cap. 2:1). ¿Cuál es la consecuencia de ello? Se teme el poder del enemigo, y sus carros de hierro son objeto de espanto (Proverbios 29:25). Puede haber una aparente semejanza con los tiempos de Josué. La toma de la ciudad de Luz hace pensar en la de Jericó. Pero aquí no es cuestión de fe ni por parte de los hijos de José ni del hombre que revela la entrada a la ciudad. Rahab había sido protegida a causa de su fe. Ahora todo es diferente en el caso del traidor de Luz, quien, en lugar de vivir con el pueblo, va a reconstruir su ciudad a otra parte. Una victoria que no sea el fruto de la confianza en Dios, nunca será duradera.

Si bien la decadencia es general, cada tribu en particular se caracteriza por tolerar o soportar con más o menos resistencia la presencia de enemigos en su territorio.

También en la Iglesia, el relajamiento colectivo es el resultado del relajamiento individual. Preguntémonos, usted y yo: ¿cuál es mi actitud? ¿Cuál ha sido mi testimonio desde el día de mi conversión?

Jueces 1:27-36; Jueces 2:1-5
27Tampoco Manasés echó á los de Beth-sean, ni á los de sus aldeas, ni á los de Taanach y sus aldeas, ni á los de Dor y sus aldeas, ni á los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni á los que habitaban en Megiddo y en sus aldeas: mas el Cananeo quiso habitar en28Empero cuando Israel tomó fuerzas hizo al Cananeo tributario, mas no lo echó.29Tampoco Ephraim echó al Cananeo que habitaba en Gezer; antes habitó el Cananeo en medio de ellos en Gezer.30Tampoco Zabulón echó á los que habitaban en Chîtron y á los que habitaban en Naalol; mas el Cananeo habitó en medio de él, y le fueron tributarios.31Tampoco Aser echó á los que habitaban en Achô, y á los que habitaban en Sidón, y en Ahlab, y en Achzib, y en Helba, y en Aphec, y en Rehod:32Antes moró Aser entre los Cananeos que habitaban en la tierra; pues no los echó.33Tampoco Nephtalí echó á los que habitaban en Beth-semes, y á los que habitaban en Beth-anath, sino que moró entre los Cananeos que habitaban en la tierra; mas fuéronle tributarios los moradores de Beth-semes, y los moradores de Beth-anath.34Los Amorrheos apretaron á los hijos de Dan hasta el monte; que no los dejaron descender á la campiña.35Y quiso el Amorrheo habitar en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbín; mas como la mano de la casa de José tomó fuerzas, hiciéronlos tributarios.36Y el término del Amorrheo fué desde la subida de Acrabim, desde la piedra, y arriba.
1Y El ángel de Jehová subió de Gilgal á Bochîm, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado á vuestros padres; y dije: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros;2Con tal que vosotros no hagáis alianza con los moradores de aquesta tierra, cuyos altares habéis de derribar: mas vosotros no habéis atendido á mi voz: ¿por qué habéis hecho esto?3Por tanto yo también dije: No los echaré de delante de vosotros, sino que os serán por azote para vuestros costados, y sus dioses por tropiezo.4Y como el ángel de Jehová habló estas palabras á todos los hijos de Israel, el pueblo lloró en alta voz.5Y llamaron por nombre aquel lugar Bochîm: y sacrificaron allí á Jehová.

Dios tenía muchos motivos para exigir la total destrucción de los enemigos de Israel. En particular, quería proteger a su pueblo de la influencia de la idolatría, propia de los cananeos. Moralmente, el mismo peligro existe para nosotros. Una parte de nuestro tiempo transcurre en contacto con personas inconversas: compañeros de trabajo, a veces ciertos miembros de nuestra familia. En general, no podemos evitar esas relaciones; pero debemos procurar que no ejerzan ninguna influencia sobre nuestra vida espiritual. Cuidémonos de las malas compañías (1 Corintios 15:33). Es necesario huir de ciertas personas, aun cuando se burlen de nosotros. De lo contrario no tardarán en acosarnos “hasta el monte”, como lo fueron los hijos de Dan (Jueces 1:34), impidiéndonos gozar apaciblemente de lo que Dios nos dio.

El Ángel de Jehová, Príncipe de su ejército (Josué 5:14), aguardó que Israel volviera a Gilgal, punto de partida de las gloriosas victorias de antaño; ¡pero ha esperado en vano! Entonces sube a Boquim, lugar de lágrimas.

Al comparar la actual debilidad de la Iglesia con su glorioso comienzo ¿no deberíamos asumir una actitud de humillación?

Jueces 2:6-23
6Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los hijos de Israel se habían ido cada uno á su heredad para poseerla.7Y el pueblo había servido á Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron largos días después de Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que el había hecho por Israel.8Y murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento y diez años.9Y enterráronlo en el término de su heredad en Timnath-sera, en el monte de Ephraim, el norte del monte de Gaas.10Y toda aquella generación fué también recogida con sus padres. Y levantóse después de ellos otra generación, que no conocían á Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.11Y los hijos de Israel hicieron lo malo en ojos de Jehová, y sirvieron á los Baales:12Y dejaron á Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y fuéronse tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, á los cuales adoraron; y provocaron á ira á Jehová.13Y dejaron á Jehová, y adoraron á Baal y á Astaroth.14Y el furor de Jehová se encendió contra Israel, el cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en manos de sus enemigos de alrededor: y no pudieron parar más delante de sus enemigos.15Por donde quiera que salían, la mano de Jehová era contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; así los afligió en gran manera.16Mas Jehová suscitó jueces que los librasen de mano de los que los despojaban.17Y tampoco oyeron á sus jueces, sino que fornicaron tras dioses ajenos, á los cuales adoraron: apartáronse bien presto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo á los mandamientos de Jehová; mas ellos no hicieron así.18Y cuando Jehová les suscitaba jueces, Jehová era con el juez, y librábalos de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez: porque Jehová se arrepentía por sus gemidos á causa de los que los oprimían y afligían.19Mas en muriendo el juez, ellos se tornaban, y se corrompían más que sus padres, siguiendo dioses ajenos para servirles, é inclinándose delante de ellos; y nada disminuían de sus obras, ni de su duro camino.20Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y dijo: Pues que esta gente traspasa mi pacto que ordené á sus padres, y no obedecen mi voz,21Tampoco yo echaré más de delante de ellos á ninguna de aquestas gentes que dejó Josué cuando murió;22Para que por ellas probara yo á Israel, si guardarían ellos el camino de Jehová andando por él, como sus padres lo guardaron, ó no.23Por esto dejó Jehová aquellas gentes, y no las desarraigó luego, ni las entregó en mano de Josué.

Al pasar los años, vemos que se levanta en Israel “otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho…” (v. 10). Esa generación no había experimentado la fidelidad de Dios que sus padres experimentaron en el desierto ni el poder que manifestó en el propio Canaán. Entonces, se alejan de Jehová para ir tras otros dioses (v. 12).

Es un serio ejemplo que debemos considerar los que formamos parte de una nueva generación del pueblo de Dios. Si somos hijos de padres creyentes, hemos oído hablar de las maravillas que Dios hizo a través de las generaciones precedentes; pero quizá no conocemos al Señor por medio de una experiencia personal.

¡Ay, qué triste!, el brillante despertar del siglo pasado se fue cuesta abajo. Los “ancianos”, de cuyo fiel y poderoso testimonio oímos hablar, se fueron uno tras otro. “Acordaos de vuestros pastores” (o conductores) recomienda Hebreos 13:7. Nos dejaron su ministerio por escrito y su ejemplo. Ante todo, imitemos su fe. Y si bien ellos ya partieron, el Señor permanece con nosotros. Su presencia es suficiente ¡aun para un tiempo de debilidad como el de hoy!

Y si el Señor nos deja todavía algunos años, los más jóvenes de entre nosotros, a su turno, tendrán que asumir sus responsabilidades.

Jueces 3:1-11
1ESTAS, pues, son las gentes que dejó Jehová para probar con ellas á Israel, á todos aquellos que no habían conocido todas las guerras de Canaán;2Para que al menos el linaje de los hijos de Israel conociese, para enseñarlos en la guerra, siquiera fuese á los que antes no la habían conocido:3Cinco príncipes de los Philisteos, y todos los Cananeos, y los Sidonios, y los Heveos que habitaban en el monte Líbano: desde el monte de Baal-hermón hasta llegar á Hamath.4Estos pues fueron para probar por ellos á Israel, para saber si obedecerían á los mandamientos de Jehová, que él había prescrito á sus padres por mano de Moisés.5Así los hijos de Israel habitaban entre los Cananeos, Hetheos, Amorrheos, Pherezeos, Heveos, y Jebuseos:6Y tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas á los hijos de ellos, y sirvieron á sus dioses.7Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo en ojos de Jehová: y olvidados de Jehová su Dios, sirvieron á los Baales, y á los ídolos de los bosques.8Y la saña de Jehová se encendió contra Israel, y vendiólos en manos de Chusan-risathaim rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel á Chusan-risathaim ocho años.9Y clamaron los hijos de Israel á Jehová; y Jehová suscitó salvador á los hijos de Israel y librólos; es á saber, á Othoniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb.10Y el espíritu de Jehová fué sobre él, y juzgó á Israel, y salió á batalla, y Jehová entregó en su mano á Chusan-risathaim, rey de Siria, y prevaleció su mano contra Chusan-risathaim.11Y reposó la tierra cuarenta años; y murió Othoniel, hijo de Cenez.

En el libro de los Jueces vemos reproducirse constantemente el mismo ciclo: el pueblo empieza por dejar a Jehová. Entonces Dios emplea enemigos para despertar su conciencia. Finalmente, el pueblo clama a Dios quien, lleno de compasión, lo libera dándole un juez (véase también Salmo 107:6, 13, 19 y 28). ¡Ay! demasiado a menudo se repite este ciclo en la vida de cada uno de nosotros. Cuando, olvidando al Señor, nos dejamos influir por el mundo, a veces Él se sirve de la adversidad del mismo mundo para despertarnos. El versículo 2 nos recuerda de qué manera Dios mantiene ese estado de alerta y nos ejercita para el combate. Deja subsistir enemigos expresamente para este fin. Una preparación militar necesariamente implica ejercicios y maniobras, sin los cuales un soldado sería inepto para la guerra. Pelear la buena batalla de la fe es una exhortación permanente para el cristiano (1 Timoteo 6:12). La fe posee una doble certidumbre: la primera, que el mundo es un enemigo; la segunda, que el mundo es un enemigo vencido. “Yo he vencido al mundo” fueron las últimas palabras dichas por el Señor Jesús a los suyos antes de ir a la cruz (Juan 16:33). Nuestra fe debe apoderarse de ellas para triunfar en el momento preciso (1 Juan 5:4-5).

Jueces 3:12-31
12Y tornaron los hijos de Israel á hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová esforzó á Eglón rey de Moab contra Israel, por cuanto habían hecho lo malo ante los ojos de Jehová.13Y Juntó consigo á los hijos de Ammón y de Amalec, y fué, é hirió á Israel, y tomó la ciudad de las palmas.14Y sirvieron los hijos de Israel á Eglón rey de los Moabitas diez y ocho años.15Y clamaron los hijos de Israel á Jehová; y Jehová les suscitó salvador, á Aod, hijo de Gera, Benjamita, el cual tenía cerrada la mano derecha. Y los hijos de Israel enviaron con él un presente á Eglón rey de Moab.16Y Aod se había hecho un puñal de dos filos, de un codo de largo; y ciñósele debajo de sus vestidos á su lado derecho.17Y presentó el presente á Eglón rey de Moab; y era Eglón hombre muy grueso.18Y luego que hubo presentado el don, despidió á la gente que lo había traído.19Mas él se volvió desde los ídolos que están en Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte. El entonces dijo: Calla. Y saliéronse de con él todos los que delante de él estaban.20Y llegóse Aod á él, el cual estaba sentado solo en una sala de verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para ti. El entonces se levantó de la silla.21Mas Aod metió su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado derecho, y metióselo por el vientre;22De tal manera que la empuñadura entró también tras la hoja, y la grosura encerró la hoja, que él no sacó el puñal de su vientre: y salió el estiércol.23Y saliendo Aod al patio, cerró tras sí las puertas de la sala.24Y salido él, vinieron sus siervos, los cuales viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: Sin duda él cubre sus pies en la sala de verano.25Y habiendo esperado hasta estar confusos, pues que él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave y abrieron: y he aquí su señor caído en tierra muerto.26Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod se escapó, y pasando los ídolos, salvóse en Seirath.27Y como hubo entrado, tocó el cuerno en el monte de Ephraim, y los hijos de Israel descendieron con él del monte, y él iba delante de ellos.28Entonces él les dijo: Seguidme, porque Jehová ha entregado vuestros enemigos los Moabitas en vuestras manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán á Moab, y no dejaron pasar á ninguno.29Y en aquel tiempo hirieron de los Moabitas como diez mil hombres, todos valientes y todos hombres de guerra; no escapó hombre.30Así quedó Moab sojuzgado aquel día bajo la mano de Israel: y reposó la tierra ochenta años.31Después de éste fué Samgar hijo de Anat, el cual hirió seiscientos hombres de los Filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó á Israel.

La vara que Dios emplea ahora para disciplinar a su pueblo es Moab. En otros tiempos, Jehová había impedido que esta misma nación maldijera a Israel por boca de Balaam. Dieciocho años transcurren antes de que el pueblo se vuelva a Jehová; anteriormente, ocho años habían bastado (v. 8). En su misericordia Dios le suscita un salvador: Aod, benjamita.

Aod tiene una “palabra de Dios” (v. 20) para Eglón, rey de Moab. Esa solemne palabra no es sino su puñal de doble filo que significa la muerte para el malo. La epístola a los Hebreos compara la Palabra de Dios viva y eficaz con una espada de dos filos (Hebreos 4:12). Hoy en día, esa Palabra es bienhechora para aquel que se deja sondear por ella, pero condena y hará perecer a los que no hayan creído (Apocalipsis 19:13-15). El arma de Samgar también es la Palabra de Dios, pero esta vez como la ve el mundo: un instrumento sin valor aparente. Sin embargo, esa arma tiene un gran poder y basta para liberar a Israel otra vez.

Debilidad del hombre (Aod era zurdo), debilidad del instrumento (la aguijada de Samgar): una y otra hacen resaltar el poder de Dios que libera a los que le claman.

Jueces 4:1-16
1MAS los hijos de Israel tornaron á hacer lo malo en ojos de Jehová, después de la muerte de Aod.2Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Asor: y el capitán de su ejército se llamaba Sísara, y él habitaba en Haroseth de las Gentes.3Y los hijos de Israel clamaron á Jehová, porque aquél tenía nuevecientos carros herrados: y había afligido en gran manera á los hijos de Israel por veinte años.4Y gobernaba en aquel tiempo á Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidoth:5La cual Débora habitaba debajo de una palma entre Rama y Beth-el, en el monte de Ephraim: y los hijos de Israel subían á ella á juicio.6Y ella envió á llamar á Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Nephtalí, y díjole: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, y haz gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de los hijos de Nephtalí, y de los hijos de Zabulón:7Y yo atraeré á ti al arroyo de Cisón á Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y entregarélo en tus manos?8Y Barac le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré: pero si no fueres conmigo, no iré.9Y ella dijo: Iré contigo; mas no será tu honra en el camino que vas; porque en mano de mujer venderá Jehová á Sísara. Y levantándose Débora fué con Barac á Cedes.10Y juntó Barac á Zabulón y á Nephtalí en Cedes, y subió con diez mil hombres á su mando, y Débora subió con él.11Y Heber Cineo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés, se había apartado de los Cineos, y puesto su tienda hasta el valle de Zaananim, que está junto á Cedes.12Vinieron pues las nuevas á Sísara como Barac hijo de Abinoam había subido al monte de Tabor.13Y reunió Sísara todos sus carros, nuevecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba, desde Haroseth de las Gentes hasta el arroyo de Cisón.14Entonces Débora dijo á Barac: Levántate; porque este es el día en que Jehová ha entregado á Sísara en tus manos: ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él.15Y Jehová desbarató á Sísara, y á todos sus carros y á todo su ejército, á filo de espada delante de Barac: y Sísara descendió del carro, y huyó á pie.16Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta Haroseth de las Gentes, y todo el ejército de Sísara cayó á filo de espada hasta no quedar ni uno.

Al norte del país, el enemigo de otros tiempos vuelve a restituirse, bajo el mismo nombre: Jabín, y con la misma capital, es decir, Hazor (véase Josué 11:1), y oprime a Israel durante veinte años. Cuidémonos de no perder el fruto de la victoria de nuestros predecesores. Es, pues, necesario volver a combatir. Jehová emplea a Débora, una mujer profetiza, una “madre en Israel” (Jueces 5:7), para juzgar y liberar al pueblo. Hermanas, jóvenes creyentes, no piensen que se las pone a un lado en los servicios de la Asamblea. Por cierto, no conviene que la mujer ejerza “dominio sobre el hombre” ni que tome la palabra en público (1 Timoteo 2:12; 1 Corintios 14:34). No obstante, ¡cuántas cristianas obtuvieron notables liberaciones, sólo por sus oraciones!

Débora llama a Barac, pero a éste le falta valor. Necesita apoyarse en alguien. Su confianza en Dios no es suficiente como para prescindir de todo socorro humano (léase Salmo 146:3 y 5). Nuestra valentía siempre depende de la confianza que tengamos en el Señor. Si ella nos falta, hagamos como los apóstoles en el capítulo 4 de los Hechos: piden a Dios que les conceda hablar de Su Palabra con “todo denuedo” (v. 29), lo cual les es concedido mediante el Espíritu Santo (v. 31).

Jueces 4:17-24; Jueces 5:1-11
17Y Sísara se acogió á pie á la tienda de Jael mujer de Heber Cineo; porque había paz entre Jabín rey de Asor y la casa de Heber Cineo.18Y saliendo Jael á recibir á Sísara, díjole: Ven, señor mío, ven á mi, no tengas temor. Y él vino á ella á la tienda, y ella le cubrió con una manta.19Y él le dijo: Ruégote me des á beber una poca de agua, que tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y dióle de beber, y tornóle á cubrir.20Y él le dijo: Estáte á la puerta de la tienda, y si alguien viniere, y te preguntare, diciendo: ¿Hay aquí alguno? Tú responderás que no.21Y Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda, y poniendo un mazo en su mano, vino á él calladamente, y metióle la estaca por las sienes, y enclavólo en la tierra, pues él estaba cargado de sueño y cansado; y así murió.22Y siguiendo Barac á Sísara, Jael salió á recibirlo, y díjole: Ven, y te mostraré al varón que tú buscas. Y él entró donde ella estaba, y he aquí Sísara yacía muerto con la estaca por la sien.23Así abatió Dios aquel día á Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel.24Y la mano de los hijos de Israel comenzó á crecer y á fortificarse contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo destruyeron.
1Y AQUEL día cantó Débora, con Barac, hijo de Abinoam, diciendo:2Porque ha vengado las injurias de Israel, Porque el pueblo se ha ofrecido de su voluntad, Load á Jehová.3Oid, reyes; estad, oh príncipes, atentos: Yo cantaré á Jehová, Cantaré salmos á Jehová Dios de Israel.4Cuando saliste de Seir, oh Jehová, Cuando te apartaste del campo de Edom, La tierra tembló, y los cielos destilaron, Y las nubes gotearon aguas.5Los montes se derritieron delante de Jehová, Aqueste Sinaí, delante de Jehová Dios de Israel.6En los días de Samgar hijo de Anath, En los días de Jael, cesaron los caminos, Y los que andaban por las sendas apartábanse por torcidos senderos.7Las aldeas habían cesado en Israel, habían decaído; Hasta que yo Débora me levanté, Me levanté madre en Israel.8En escogiendo nuevos dioses, La guerra estaba á las puertas: ¿Se veía escudo ó lanza Entre cuarenta mil en Israel?9Mi corazón está por los príncipes de Israel, Los que con buena voluntad se ofrecieron entre el pueblo: Load á Jehová.10Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas, Los que presidís en juicio, Y vosotros los que viajáis, hablad.11Lejos del ruido de los archeros, en los abrevaderos, Allí repetirán las justicias de Jehová, Las justicias de sus villas en Israel; Entonces bajará el pueblo de Jehová á las puertas.

Sísara huyó a pie; sus novecientos carros de hierro no le sirvieron de nada. Creyó hallar asilo en la tienda del ceneo; pero encontró la muerte por mano de Jael, una mujer de fe. Esa familia del ceneo es interesante. En otros tiempos, Hobab, su antepasado, había rehusado acompañar a Israel (Números 10:29-30). Pero más tarde, sus descendientes siguieron al pueblo (cap. 1:16) y en nuestro capítulo toman parte en sus luchas y su triunfo.

Al llegar, Barac halla a su enemigo muerto a manos de una mujer, perdiendo así una parte del honor de la victoria, como se lo había anticipado Débora.

Pese a todo, Dios distingue la fe donde nosotros no la vemos brillar, pues el nombre de Barac figura en la lista de los fieles testigos del capítulo 11 de Hebreos, en el versículo 32. ¡Qué gracia! Lo poco que hacemos para el Señor, a menudo mezclado con sentimientos humanos, tiene un precio para él y él lo recordará.

Cuán lejos está el día en que todo el pueblo cantaba en la orilla del mar Rojo. En estos tiempos de debilidad oímos sólo dos voces, la de Débora y la de Barac, un hombre y una mujer de fe. Pero su cántico no es menos triunfante. Empieza por alabar a Jehová a quien corresponde la gloria de la victoria.

Jueces 5:12-21
12Despierta, despierta, Débora; Despierta, despierta, profiere un cántico. Levántate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoam.13Entonces ha hecho que el que quedó del pueblo, señoree á los magníficos: Jehová me hizo enseñorear sobre los fuertes.14De Ephraim salió su raíz contra Amalec, Tras ti, Benjamín, contra tus pueblos; De Machîr descendieron príncipes, Y de Zabulón los que solían manejar punzón de escribiente.15Príncipes también de Issachâr fueron con Débora; Y como Issachâr, también Barac Se puso á pie en el valle. De las divisiones de Rubén Hubo grandes impresiones del corazón.16¿Por qué te quedaste entre las majadas, Para oir los balidos de los rebaños? De las divisiones de Rubén Grandes fueron las disquisiciones del corazón.17Galaad se quedó de la otra parte del Jordán: Y Dan ¿por qué se estuvo junto á los navíos? Mantúvose Aser á la ribera de la mar, Y quedóse en sus puertos.18El pueblo de Zabulón expuso su vida á la muerte, Y Nephtalí en las alturas del campo.19Vinieron reyes y pelearon: Entonces pelearon los reyes de Canaán En Taanac, junto á las aguas de Megiddo, Mas no llevaron ganancia alguna de dinero.20De los cielos pelearon: Las estrellas desde sus órbitas pelearon contra Sísara.21Barriólos el torrente de Cisón, El antiguo torrente, el torrente de Cisón. Hollaste, oh alma mía, con fortaleza.

Si el cántico de Débora y Barac atribuye justamente el honor de la victoria a Jehová, cada tribu involucrada en el asunto también debe recibir la alabanza o la reprobación según corresponda. Algunas de esas tribus tomaron una parte activa en los combates. Por ejemplo, Zabulón y Neftalí expusieron sus vidas (comp. con Romanos 16:4 y Filipenses 2:30). Otras, al contrario, por cobardía o pereza, no se comprometieron. Entre ellas, dos tribus y media: Rubén, a pesar de sus “resoluciones de corazón” y vacilaciones, se quedó con sus rebaños que le fueron piedra de tropiezo al incitarle a establecerse al otro lado del Jordán (Números 32). Lo mismo ocurrió con Galaad (Gad y Manasés; Jueces 5:17). Dan y Aser, retenidos por sus negocios y sus quehaceres, no dejaron ni los barcos ni los puertos. El Señor no puede valerse de los indecisos, como tampoco de la gente demasiado ocupada. En un momento u otro tenemos la oportunidad de mostrar lo que es prioritario en nuestra vida: ¿son los intereses del pueblo de Dios, el bien de la Asamblea? ¿O nos parecemos a aquellos de quienes el apóstol Pablo debía decir con tristeza que buscaban “lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”? (Filipenses 2:21).

Al comparar nuestro versículo 12 con el Salmo 68:18 citado en Efesios 4:8, discernimos en él a Cristo vencedor, liberando a los prisioneros de Satanás y luego subiendo triunfante al cielo.

Jueces 6:1-13
1MAS los hijos de Israel hicieron lo malo en los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en las manos de Madián por siete años.2Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los Madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fuertes.3Pues como los de Israel habían sembrado, subían los Madianitas, y Amalecitas, y los orientales: subían contra ellos;4Y asentando campo contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar á Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.5Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langosta, que no había número en ellos ni en sus camellos: así venían á la tierra para devastarla.6Era pues Israel en gran manera empobrecido por los Madianitas; y los hijos de Israel clamaron á Jehová.7Y cuando los hijos de Israel hubieron clamado á Jehová, á causa de los Madianitas,8Jehová envió un varón profeta á los hijos de Israel, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre:9Yo os libré de mano de los Egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, á los cuales eché de delante de vosotros, y os dí su tierra;10Y díjeos: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis á los dioses de los Amorrheos, en cuya tierra habitáis: mas no habéis obedecido á mi voz.11Y vino el ángel de Jehová, y sentóse debajo del alcornoque que está en Ophra, el cual era de Joas Abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para hacerlo esconder de los Madianitas.12Y el ángel de Jehová se le apareció, y díjole: Jehová es contigo, varón esforzado.13Y Gedeón le respondió: Ah, Señor mío, si Jehová es con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y

Israel vuelve a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, quien esta vez se sirve de Madián para disciplinarlo de la manera anunciada en Deuteronomio 28:33. Cada año, después de la siembra, ese pueblo subía como una invasión de langostas, se apoderaba de los víveres y del ganado, saqueaba y devastaba todo el país.

¿Qué hace Satanás para debilitar al creyente, para “empobrecerle” espiritualmente? Se esfuerza en quitarle su alimento. ¿Notó usted cómo a veces todo parece confabularse contra nosotros para impedir que leamos la Biblia o para privarnos de una reunión de edificación? Es la obra del diablo, no lo dudemos. Él conoce la fuerza que podemos hallar allí y teme a esta fuerza.

Muchos jóvenes sueñan con hacerse fuertes, con ser campeones. ¡Deben imitar a Gedeón! Éste es un hombre valiente (v. 12), enérgico, que se esfuerza para asegurar su subsistencia y para proteger a su familia de la escasez. ¡Fuertes y valientes! Por supuesto, no se trata de nuestros músculos, sino del ánimo y de la decisión de corazón para con el Señor; Dios mira (v. 14) y considera si mostramos esa virtud en nuestra vida diaria.

Jueces 6:14-27
14Y mirándole Jehová, díjole: Ve con esta tu fortaleza, y salvarás á Israel de la mano de los Madianitas. ¿No te envío yo?15Entonces le respondió: Ah, Señor mío, ¿con qué tengo de salvar á Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.16Y Jehová le dijo: Porque yo seré contigo, y herirás á los Madianitas como á un solo hombre.17Y él respondió: Yo te ruego, que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.18Ruégote que no te vayas de aquí, hasta que á ti vuelva, y saque mi presente, y lo ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.19Y entrándose Gedeón aderezó un cabrito, y panes sin levadura de un epha de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo presentóselo debajo de aquel alcornoque.20Y el ángel de Dios le dijo: Toma la carne, y los panes sin levadura, y ponlo sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.21Y extendiendo el ángel de Jehová el bordón que tenía en su mano, tocó con la punta en la carne y en los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de delante de él.22Y viendo Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto el ángel de Jehová cara á cara.23Y Jehová le dijo: Paz á ti; no tengas temor, no morirás.24Y edificó allí Gedeón altar á Jehová, al que llamó Jehová-salom: está hasta hoy en Ophra de los Abiezeritas.25Y aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, y otro toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también el bosque que está junto á él:26Y edifica altar á Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto sobre la leña del bosque que habrás cortado.27Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, é hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, hízolo de noche.

Al mirarse a sí mismo, Gedeón no encuentra esa fuerza de la cual le habló el ángel. ¡Por el contrario! Él pertenece a una tribu pobre y es además el menor de su casa. Pero como el apóstol Pablo más tarde, como usted y yo muy a menudo en nuestra vida, Gedeón tiene que aprender la siguiente lección: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10), y “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

La fuerza de Gedeón (v. 14) era la de Dios mismo; “el poder que Dios da” (1 Pedro 4:11) y que “se perfecciona en la debilidad” del servidor.

¡Precioso encuentro con el ángel de Jehová, figura del encuentro que es necesario que tengamos alguna vez con el Señor, con base en el sacrificio de la cruz! La consecuencia de ese encuentro no es la muerte, lejos de ello, es la paz (v. 23). Y Gedeón edifica un altar en homenaje a ese Dios de paz que se le dio a conocer. Luego, debe aprender que hay cosas que se tienen que derribar, destruir y cortar. ¿No nos es preciso también encarar destrucciones si queremos ser fuertes? ¿Cómo podría habitar un ídolo en nuestro corazón al mismo tiempo que el Espíritu Santo, del cual nuestro cuerpo ha venido a ser templo? (1 Corintios 6:19).

Jueces 6:28-40
28Y á la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron, he aquí que el altar de Baal estaba derribado, y cortado el bosque que junto á él estaba, y sacrificado aquel segundo toro en holocausto sobre el altar edificado.29Y decíanse unos á otros: ¿Quién ha hecho esto? Y buscando é inquiriendo, dijéronles: Gedeón hijo de Joas lo ha hecho. Entonces los hombres de la ciudad dijeron á Joas:30Saca fuera tu hijo para que muera, por cuanto ha derribado el altar de Baal y ha cortado el bosque que junto á él estaba.31Y Joas respondió á todos los que estaban junto á él: ¿Tomaréis vosotros la demanda por Baal? ¿le salvaréis vosotros? Cualquiera que tomare la demanda por él, que muera mañana. Si es Dios, contienda por sí mismo con el que derribó su altar.32Y aquel día llamó él á Gedeón Jerobaal; porque dijo: Pleitee Baal contra el que derribó su altar.33Y todos los Madianitas, y Amalecitas, y orientales, se juntaron á una, y pasando asentaron campo en el valle de Jezreel.34Y el espíritu de Jehová se envistió en Gedeón, y como éste hubo tocado el cuerno, Abiezer se juntó con él.35Y envió mensajeros por todo Manasés, el cual también se juntó con él: asimismo envió mensajeros á Aser, y á Zabulón, y á Nephtalí, los cuales salieron á encontrarles.36Y Gedeón dijo á Dios: Si has de salvar á Israel por mi mano, como has dicho,37He aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que has de salvar á Israel por mi mano, como lo has dicho.38Y aconteció así: porque como se levantó de mañana, exprimiendo el vellón sacó de él el rocío, un vaso lleno de agua.39Mas Gedeón dijo á Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aun hablare esta vez: solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Ruégote que la sequedad sea sólo en el vellón, y el rocío sobre la tierra.40Y aquella noche lo hizo Dios así: porque la sequedad fué sólo en el vellón, y en toda la tierra estuvo el rocío.

Gedeón goza ahora de la paz interior, sin desconocer, al mismo tiempo, los combates que se van a desatar. En primer lugar, es necesario que asuma una posición clara en la casa paterna. ¿Dónde comienza nuestro testimonio? En casa, en nuestra familia, mostrando a los que mejor nos conocen el cambio que Dios ha operado en nosotros (Marcos 5:19). En muchos casos tal toma de posición causa realmente el gozo de nuestras familias. Pero, para muchos jóvenes convertidos en los países totalitarios o musulmanes, por ejemplo, acarrea consecuencias terribles.

Es evidente que Gedeón, antes de obedecer, sufrió muchas angustias en su espíritu, pues sabía a qué riesgos se exponía (v. 30) aun obrando de noche. Pero Dios lo protege, cambiando las disposiciones de Joás, y las de los hombres de la ciudad.

Después de haber obrado en Gedeón, Jehová puede también obrar por medio de él. Su trompeta reúne a los combatientes. ¡Pero vea usted!, todavía le falta confianza. Necesita una señal y Jehová consiente en dársela: es la doble señal del vellón. Dios siempre es paciente para con nosotros y nos muestra claramente su voluntad si se lo pedimos con rectitud.

Jueces 7:1-8
1LEVANTANDOSE pues de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, asentaron el campo junto á la fuente de Harod: y tenía el campo de los Madianitas al norte, de la otra parte del collado de More, en el valle.2Y Jehová dijo á Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé á los Madianitas en su mano: porque no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.3Haz pues ahora pregonar, que lo oiga el pueblo, diciendo: El que teme y se estremece, madrugue y vuélvase desde el monte de Galaad. Y volviéronse de los del pueblo veintidós mil: y quedaron diez mil.4Y Jehová dijo á Gedeón: Aun es mucho el pueblo; llévalos á las aguas, y allí yo te los probaré; y del que yo te dijere: Vaya este contigo, vaya contigo: mas de cualquiera que yo te dijere: Este no vaya contigo, el tal no vaya.5Entonces llevó el pueblo á las aguas: y Jehová dijo á Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, aquél pondrás aparte; asimismo cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.6Y fué el número de los que lamieron las aguas, llegándola con la mano á la boca, trescientos hombres: y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.7Entonces Jehová dijo á Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré á los Madianitas en tus manos: y váyase toda la gente cada uno á su lugar.8Y tomada provisión para el pueblo en sus manos, y sus bocinas, envió á todos los Israelitas cada uno á su tienda, y retuvo á aquellos trescientos hombres: y tenía el campo de Madián abajo en el valle.

Al lado de las multitudes de Madián, Amalec y “los del oriente”, el pequeño ejército de treinta y dos mil israelitas parecía desempeñar un triste papel. Uno se puede imaginar la perplejidad de Gedeón cuando Jehová le dijo en dos ocasiones: “El pueblo es mucho” (v. 2 y 4). Pero, es necesario que éste no pueda atribuirse el honor de la victoria. Se hace una primera selección: los cobardes y medrosos se vuelven, según Deuteronomio 20:8. Quedan diez mil hombres, pero el test del agua todavía va a reducir su número. Unos se ponen a sus anchas para beber. Otros rápida y cautelosamente llevan el agua a la boca con la mano. Éstos últimos, sólo trescientos, son aptos para el combate. Saben postergar la búsqueda de sus comodidades para después de obtener la meta que persiguen. Es una lección para nosotros, quienes tenemos una meta celestial. “Si alguno quiere venir en pos de mí —advierte el Señor Jesús— niéguese a sí mismo” (Lucas 9:23).

¿No es él digno de toda nuestra entrega? Él también bebió “del arroyo en el camino” (Salmo 110:7), hallando aquí y allá algún refresco para su corazón, pero sin perder de vista ni por un instante la meta que perseguía: el triunfo de la cruz y la gloria de Dios su Padre (Lucas 9:51 y 12:50).

Jueces 7:9-25
9Y aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campo; porque yo lo he entregado en tus manos.10Y si tienes temor de descender, baja tú con Phara tu criado al campo,11Y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campo. Y él descendió con Phara su criado al principio de la gente de armas que estaba en el campo.12Y Madián, y Amalec, y todos los orientales, estaban tendidos en el valle como langostas en muchedumbre, y sus camellos eran innumerables, como la arena que está á la ribera de la mar en multitud.13Y luego que llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando á su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: que veía un pan de cebada que rodaba hasta el campo de Madián, y llegaba á las tiendas, y las hería de tal manera que caían, y las14Y su compañero respondió, y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joas, varón de Israel: Dios ha entregado en sus manos á los Madianitas con todo el campo.15Y como Gedeón oyó la historia del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campo de Israel, dijo: Levantaos, que Jehová ha entregado el campo de Madián en vuestras manos.16Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dió á cada uno de ellos bocinas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros.17Y díjoles: Miradme á mí, y haced como yo hiciere; he aquí que cuando yo llegare al principio del campo, como yo hiciere, así haréis vosotros.18Yo tocaré la bocina y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las bocinas alrededor de todo el campo, y diréis: ­Por Jehová y Gedeón!19Llegó pues Gedeón, y los cien hombres que llevaba consigo, al principio del campo, á la entrada de la vela del medio, cuando acababan de renovar las centinelas; y tocaron las bocinas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos:20Y los tres escuadrones tocaron las bocinas, y quebrando los cántaros tomaron en las manos izquierdas las teas, y en las derechas los cuernos con que tañian, y dieron grita: ­La espada de Jehová y de Gedeón!21Y estuviéronse en sus lugares en derredor del campo: y todo el campo fué alborotado, y huyeron gritando.22Mas los trescientos tocaban las bocinas: y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campo. Y el ejército huyó hasta Beth-sitta, hacia Cerera, y hasta el término de Abel-mehola en Tabbat.23Y juntándose los de Israel, de Nephtalí, y de Aser, y de todo Manasés, siguieron á los Madianitas.24Gedeón también envió mensajeros á todo el monte de Ephraim, diciendo: Descended al encuentro de los Madianitas, y tomadles las aguas hasta Beth-bara y el Jordán. Y juntos todos los hombres de Ephraim, tomaron las aguas de Beth-bara y el Jordán.25Y tomaron dos príncipes de los Madianitas, Oreb y Zeeb: y mataron á Oreb en la peña de Oreb, y á Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb: y después que siguieron á los Madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb á Gedeón de la otra parte del Jordán.

Hay un último aliento para Gedeón: el sueño del madianita explicado por su compañero. Al mismo tiempo aprende una nueva lección: él no tiene más valor que un pan de cebada. Entonces, puede empezar el combate. En la noche, tres pequeñas tropas se distribuyen alrededor del campamento enemigo, cada una en su lugar. Observemos bien cuáles son las armas de esos extraños soldados: una tea encendida en el interior de un cántaro. En la otra mano una trompeta, como en Jericó. Ninguna espada o lanza: Jehová es quien combate “para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”, explica 2 Corintios 4:6-7. Este mismo pasaje compara a los creyentes con vasos de barro, cuya voluntad necesita ser quebrantada para que el tesoro resplandeciente (Cristo en ellos) pueda iluminar hacia fuera.

Con el estridente toque de las trompetas en la noche y el fantástico resplandor en la falda de la montaña, todo el campamento se despierta asustado. Presas del pánico, los hombres se matan unos a otros o huyen a donde pueden. Y empieza la persecución, acrecentada aún por otros israelitas que se unen a los trescientos.

La historia de Israel registra esta gloriosa página (Salmo 83:11). La peña de Oreb con el lagar de Zeeb recordarán a las generaciones venideras la liberación que allí obró Jehová.

Jueces 8:1-17
1Y LOS de Ephraim le dijeron: ¿Qué es esto que has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas á la guerra contra Madián? Y reconviniéronlo fuertemente.2A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo ahora como vosotros? ¿No es el rebusco de Ephraim mejor que la vendimia de Abiezer?3Dios ha entregado en vuestras manos á Oreb y á Zeeb, príncipes de Madián: ¿y qué pude yo hacer como vosotros? Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él habló esta palabra.4Y vino Gedeón al Jordán para pasar, él y los trescientos hombres que traía consigo, cansados del alcance.5Y dijo á los de Succoth: Yo os ruego que deis á la gente que me sigue algunos bocados de pan; porque están cansados, y yo persigo á Zeba y á Zalmunna, reyes de Madián.6Y los principales de Succoth respondieron: ¿Está ya la mano de Zeba y Zalmunna en tu mano, para que hayamos nosotros de dar pan á tu ejército?7Y Gedeón dijo: Pues cuando Jehová hubiere entregado en mi mano á Zeba y á Zalmunna, yo trillaré vuestra carne con espinas y abrojos del desierto.8Y de allí subió á Penuel, y hablóles las mismas palabras. Y los de Penuel le respondieron como habían respondido los de Succoth.9Y él habló también á los de Penuel, diciendo: Cuando yo tornare en paz, derribaré esta torre.10Y Zeba y Zalmunna estaban en Carcor, y con ellos su ejército de como quince mil hombres, todos los que habían quedado de todo el campo de los orientales: y los muertos habían sido ciento veinte mil hombres que sacaban espada.11Y subiendo Gedeón hacia los que habitaban en tiendas, á la parte oriental de Noba y de Jogbea, hirió el campo, porque estaba el ejército sin recelo.12Y huyendo Zeba y Zalmunna, él los siguió; y tomados los dos reyes de Madián, Zeba y Zalmunna, espantó á todo el ejército.13Y Gedeón hijo de Joas volvió de la batalla antes que el sol subiese;14Y tomó un mozo de los de Succoth, y preguntándole, él le dió por escrito los principales de Succoth y sus ancianos, setenta y siete varones.15Y entrando á los de Succoth, dijo: He aquí á Zeba y á Zalmunna, sobre los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Está ya la mano de Zeba y de Zalmunna en tu mano, para que demos nosotros pan á tus hombres cansados?16Y tomó á los ancianos de la ciudad, y espinas y abrojos del desierto, y castigó con ellos á los de Succoth.17Asimismo derribó la torre de Penuel, y mató á los de la ciudad.

Las lecciones de humildad que Dios enseñó a Gedeón han llevado su fruto: está dispuesto a reconocer la parte que otros tomaron en la victoria. La ira de los hombres de Efraín se aplaca ante la respuesta de Gedeón, llena de mansedumbre, la que subraya la importancia de lo que ellos habían hecho (v. 2 y 3). Hacer resaltar el trabajo de los demás, valorizar sus cualidades en lugar de insistir en nuestro trabajo y nuestras cualidades son el fruto de la vida divina, la cual no tiene nada en común con la hipócrita diplomacia humana. Pedro nos recuerda que un espíritu afable y apacible es de gran estima delante de Dios (1 Pedro 3:4).

Dios escogió bien a los trescientos combatientes. Ahora, éstos no toman en cuenta su cansancio, como tampoco se habían preocupado por sus comodidades, ni por calmar su sed junto al agua (cap. 7). Tienen una meta y la persiguen (v. 4). “Una cosa hago —declara Pablo—… prosigo a la meta” (Filipenses 3:13-14). “Derribados, pero no destruidos” —dice él en otra parte— (2 Corintios 4:9). Como Gedeón con los hombres de Sucot y Peniel, el apóstol deberá pasar por la penosa experiencia del abandono (2 Timoteo 4:16). Pero, ¡qué contraste con la dura venganza de Gedeón! Como verdadero discípulo de su Señor, Pablo puede agregar: “No les sea tomado en cuenta”.

Jueces 8:18-35
18Luego dijo á Zeba y á Zalmunna: ¿Qué manera de hombres tenían aquellos que matasteis en Tabor? Y ellos respondieron: Como tú, tales eran aquellos ni más ni menos, que parecían hijos de rey.19Y él dijo: Mis hermanos eran, hijos de mi madre: ­Vive Jehová, que si los hubierais guardado en vida, yo no os mataría!20Y dijo á Jether su primogénito: Levántate, y mátalos. Mas el joven no desenvainó su espada, porque tenía temor; que aun era muchacho.21Entonces dijo Zeba y Zalmunna: Levántate tú, y mátanos; porque como es el varón, tal es su valentía. Y Gedeón se levantó, y mató á Zeba y á Zalmunna; y tomó los adornos de lunetas que sus camellos traían al cuello.22Y los Israelitas dijeron á Gedeón: Sé nuestro señor, tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de Madián.23Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová será vuestro Señor.24Y díjoles Gedeón: Deseo haceros una petición, que cada uno me dé los zarcillos de su despojo. (Porque traían zarcillos de oro, que eran Ismaelitas.)25Y ellos respondieron: De buena gana los daremos. Y tendiendo una ropa de vestir, echó allí cada uno los zarcillos de su despojo.26Y fué el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil y setecientos siclos de oro; sin las planchas, y joyeles, y vestidos de púrpura, que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello.27Y Gedeón hizo de ellos un ephod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ophra: y todo Israel fornicó tras de ese ephod en aquel lugar; y fué por tropiezo á Gedeón y á su casa.28Así fué humillado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más levantaron su cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.29Y Jerobaal hijo de Joas fué, y habitó en su casa.30Y tuvo Gedeón setenta hijos que salieron de su muslo, porque tuvo muchas mujeres.31Y su concubina que estaba en Sichêm, también le parió un hijo; y púsole por nombre Abimelech.32Y murió Gedeón hijo de Joas en buena vejez, y fué sepultado en el sepulcro de su padre Joas, en Ophra de los Abiezeritas.33Y aconteció que como murió Gedeón, los hijos de Israel tornaron, y fornicaron en pos de los Baales, y se pusieron por Dios á Baal-berith.34Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos alrededor:35Ni hicieron misericordia con la casa de Jerobaal Gedeón conforme á todo el bien que él había hecho á Israel.

Después de la victoria, una serie de sutiles peligros todavía amenazan al siervo de Dios. Ya vimos los celos de Efraín a los cuales Gedeón responde con mansedumbre. Ahora, he aquí los halagos del mundo. Pero esos cumplidos de los dos reyes, Zeba y Zalmuna —que Gedeón “parecía hijo de rey”, no impiden que éste los mate. Se le arma otra trampa, pero esta vez es de parte de los israelitas. “Sé nuestro señor —le dicen— tú y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado”. Su respuesta es hermosa: “Jehová señoreará sobre vosotros” (v. 22-23). Con respecto a las almas, un siervo de Dios debe cuidarse de ocupar el lugar que le corresponde al Señor, y los fieles deben abstenerse de halagar a los siervos de Dios (Mateo 23:8-10).

Después de las victorias de Gedeón, encontramos una última trampa (v. 27) en la cual desgraciadamente va a caer. Para recordar su victoria hace un efod (objeto de oro en relación con el sacerdocio), y manda que se coloque en la ciudad de Ofra. De ello resulta que todo Israel viene a admirarlo, olvidando que el único centro del sacerdocio estaba en Silo, donde se hallaba el arca (Josué 18:1). Después, Gedeón muere… ¡y el pueblo vuelve a los ídolos!

Jueces 9:1-25
1Y FUÉSE Abimelech hijo de Jerobaal á Sichêm, á los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo:2Yo os ruego que habléis á oídos de todos los de Sichêm: ¿Qué tenéis por mejor, que os señoreen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal; ó que os señoree un varón? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra.3Y hablaron por él los hermanos de su madre á oídos de todos los de Sichêm todas estas palabras: y el corazón de ellos se inclinó en favor de Abimelech, porque decían: Nuestro hermano es.4Y diéronle setenta siclos de plata del templo de Baal-berith, con los cuales Abimelech alquiló hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron.5Y viniendo á la casa de su padre en Ophra, mató á sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una piedra: mas quedó Jotham, el más pequeño hijo de Jerobaal, que se escondió.6Y reunidos todos los de Sichêm con toda la casa de Millo, fueron y eligieron á Abimelech por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en Sichêm.7Y como se lo dijesen á Jotham, fué y púsose en la cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó, y díjoles: Oidme, varones de Sichêm; que Dios os oiga.8Fueron los árboles á elegir rey sobre sí, y dijeron á la oliva: Reina sobre nosotros.9Mas la oliva respondió: ¿Tengo de dejar mi pingüe jugo, con el que por mi causa Dios y los hombres son honrados, por ir á ser grande sobre los árboles?10Y dijeron los árboles á la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros.11Y respondió la higuera: ¿Tengo de dejar mi dulzura y mi buen fruto, por ir á ser grande sobre los árboles?12Dijeron luego los árboles á la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros.13Y la vid les respondió: ¿Tengo de dejar mi mosto, que alegra á Dios y á los hombres, por ir á ser grande sobre los árboles?14Dijeron entonces todos los árboles al escaramujo: Anda tú, reina sobre nosotros.15Y el escaramujo respondió á los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, y aseguraos debajo de mi sombra: y si no, fuego salga del escaramujo que devore los cedros del Líbano.16Ahora pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey á Abimelech, y si lo habéis hecho bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme á la obra de sus manos;17(Pues que mi padre peleó por vosotros, y echó lejos su vida por libraros de mano de Madián;18Y vosotros os levantasteis hoy contra la casa de mi padre, y matasteis sus hijos, setenta varones, sobre una piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Sichêm á Abimelech, hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano:)19Si con verdad y con integridad habéis obrado hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelech, y él goce de vosotros.20Y si no, fuego salga de Abimelech, que consuma á los de Sichêm y á la casa de Millo; y fuego salga de los de Sichêm y de la casa de Millo, que consuma á Abimelech.21Y huyó Jotham, y se fugó, y fuése á Beer, y allí se estuvo por causa de Abimelech su hermano.22Y después que Abimelech hubo dominado sobre Israel tres años,23Envió Dios un espíritu malo entre Abimelech y los hombres de Sichêm: que los de Sichêm se levantaron contra Abimelech:24Para que el agravio de los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, viniera á ponerse sobre Abimelech su hermano que los mató, y sobre los hombres de Sichêm que corroboraron las manos de él para matar á sus hermanos.25Y pusiéronle los de Sichêm asechadores en las cumbres de los montes, los cuales salteaban á todos los que pasaban junto á ellos por el camino; de lo que fué dado aviso á Abimelech.

Este triste capítulo describe los rápidos y espantosos progresos de la decadencia. En otros tiempos, Gedeón sabiamente había rechazado para él y para su hijo el dominio que se le propuso; pero después, rehaciéndose la carne, él dio al hijo de su concubina el nombre de Abimelec, es decir: mi padre es rey (cap. 8:31). Con astucia y violencia, éste se adueña del poder. En contraste, consideremos a Jotam, el más joven de los hijos de Gedeón, el único que se salvó de la horrible masacre de Siquem. No teme decir la verdad y da testimonio a oídos de toda la ciudad, tal como su padre había hecho cuando, tiempos atrás, construyó su altar y derribó el de Baal.

La parábola del rey de los árboles es instructiva para nosotros. Subraya tres cosas que no hemos de dejar de lado sino que debemos guardar con cuidado: 1) el aceite del olivo, figura del Espíritu Santo, único poder del cristiano; 2) la dulzura y el buen fruto de la higuera, dicho de otro modo, las obras de la fe; 3) el mosto que alegra a Dios y a los hombres, imagen de los goces de la comunión con Dios y con los hermanos. Aceptar reinar aquí abajo, o sea ocupar un lugar eminente e inquietarnos por cuestiones mundanas, sería necesariamente abandonar estos excelentes privilegios. ¡El Señor nos guarde a todos de ello!

Jueces 9:26-57
26Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos, y pasáronse á Sichêm: y los de Sichêm se confiaron en él.27Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñas, y pisaron la uva, é hicieron alegrías; y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron á Abimelech.28Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelech y qué es Sichêm, para que nosotros á él sirvamos? ¿no es hijo de Jerobaal? ¿y no es Zebul su asistente? Servid á los varones de Hemor padre de Sichêm: mas ¿por qué habíamos de servir á él?29Fuérame dado este pueblo bajo de mi mano, yo echaría luego á Abimelech. Y decía á Abimelech: Aumenta tus escuadrones, y sal.30Y Zebul asistente de la ciudad, oyendo las palabras de Gaal hijo de Ebed, encendióse su ira;31Y envió sagazmente mensajeros á Abimelech, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido á Sichêm, y he aquí, que han cercado la ciudad contra ti.32Levántate pues ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscada en el campo:33Y por la mañana al salir del sol te levantarás y acometerás la ciudad: y él y el pueblo que está con él saldrán contra ti, y tu harás con él según que se te ofrecerá.34Levantándose pues de noche Abimelech y todo el pueblo que con él estaba, pusieron emboscada contra Sichêm con cuatro compañías.35Y Gaal hijo de Ebed salió, y púsose á la entrada de la puerta de la ciudad: y Abimelech y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada.36Y viendo Gaal el pueblo, dijo á Zebul: He allí pueblo que desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: La sombra de los montes te parece hombres.37Mas Gaal tornó á hablar, y dijo: He allí pueblo que desciende por medio de la tierra, y un escuadrón viene camino de la campiña de Meonenim.38Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora aquel tu hablar, diciendo; Quién es Abimelech para que le sirvamos? ¿No es este el pueblo que tenías en poco? Sal pues ahora, y pelea con él.39Y Gaal salió delante de los de Sichêm, y peleó contra Abimelech.40Mas persiguiólo Abimelech, delante del cual él huyó; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta.41Y Abimilech se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera á Gaal y á sus hermanos, para que no morasen en Sichêm.42Y aconteció al siguiente día, que el pueblo salió al campo: y fué dado aviso á Abimelech.43El cual, tomando gente, repartióla en tres compañías, y puso emboscadas en el campo: y como miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y levantóse contra ellos, é hiriólos:44Pues Abimelech y el escuadrón que estaba con él, acometieron con ímpetu, y pararon á la entrada de la puerta de la ciudad; y las dos compañías acometieron á todos los que estaban en el campo, y los hirieron.45Y después de combatir Abimelech la ciudad todo aquel día, tomóla, y mató el pueblo que en ella estaba, y asoló la ciudad, y sembróla de sal.46Como oyeron esto todos los que estaban en la torre de Sichêm, entráronse en la fortaleza del templo del dios Berith.47Y fué dicho á Abimelech como todos los de la torre de Sichêm estaban reunidos.48Entonces subió Abimelech al monte de Salmón, él y toda la gente que con él estaba; y tomó Abimelech un hacha en su mano, y cortó una rama de los árboles, y levantándola púsosela sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me veis á mí 49Y así todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron á Abimelech, y pusiéronlas junto á la fortaleza, y prendieron fuego con ellas á la fortaleza: por manera que todos los de la torre de Sichêm murieron, como unos mil hombres y mujeres.50Después Abimelech se fué á Thebes; y puso cerco á Thebes, y tomóla.51En medio de aquella ciudad había una torre fuerte, á la cual se retiraron todos los hombres y mujeres, y todos los señores de la ciudad; y cerrando tras sí las puertas, subiéronse al piso alto de la torre.52Y vino Abimelech á la torre, y combatiéndola, llegóse á la puerta de la torre para pegarle fuego.53Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelech, y quebróle los cascos.54Y luego llamó él á su escudero, y díjole: Saca tu espada y mátame, porque no se diga de mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió.55Y como los Israelitas vieron muerto á Abimelech, fuéronse cada uno á su casa.56Así pues pagó Dios á Abimelech el mal que hizo contra su padre matando á sus setenta hermanos.57Y aun todo el mal de los hombres de Sichêm tornó Dios sobre sus cabezas: y la maldición de Jotham, hijo de Jerobaal, vino sobre ellos.

Este capítulo confirma la declaración de Isaías a propósito de tales hombres: “Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad; destrucción y quebrantamiento hay en sus caminos” (Isaías 59:7, citado en Romanos 3:15-19).

Hoy en día, ¿han cambiado las cosas en el mundo? ¡En absoluto! La política de los hombres sigue estando caracterizada por la violencia, la mentira y la agitación. “¿Iré a agitarme” por ellos? (v. 9, 11 y 13; versión francesa de J.N. Darby). Era la pregunta hecha por Jotam en su parábola. Habría podido tomar partido contra Abimelec, para vengar a sus hermanos asesinados. ¡Pero se cuida de hacerlo! Lejos de los disturbios y de las intrigas, espera apaciblemente en Beer la liberación de Jehová (v. 21; véase Números 21:16). Y así como vimos a los enemigos matarse unos a otros en el campamento de Madián, ahora Abimelec y los hombres de Siquem se destruyen mutuamente. El uno es para el otro como fuego devorador. Así se realiza lo que Jotam había predicho (v. 20) y, al mismo tiempo, se cumple lo que se ha comprobado en toda la historia humana: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7; véase también 5:15).

Jueces 10:1-18
1Y DESPUÉS de Abimelech levantóse para librar á Israel, Tola hijo de Púa, hijo de Dodo, varón de Issachâr, el cual habitaba en Samir, en el monte de Ephraim.2Y juzgó á Israel veintitrés años, y murió, y fué sepultado en Samir.3Tras él se levantó Jair, Galaadita, el cual juzgó á Israel veintidós años.4Este tuvo treinta hijos que cabalgaban sobre treinta asnos, y tenían treinta villas, que se llamaron las villas de Jair hasta hoy, las cuales están en la tierra de Galaad.5Y murió Jair, y fué sepultado en Camón.6Mas los hijos de Israel tornaron á hacer lo malo en los ojos de Jehová, y sirvieron á los Baales y á Astaroth, y á los dioses de Siria, y á los dioses de Sidón, y á los dioses de Moab, y á los dioses de los hijos de Ammón, y á los dioses de los Filisteos:7Y Jehová se airó contra Israel, y vendiólos en mano de los Filisteos, y en mano de los hijos de Ammón:8Los cuales molieron y quebrantaron á los hijos de Israel en aquel tiempo dieciocho años, á todos los hijos de Israel que estaban de la otra parte del Jordán en la tierra del Amorrheo, que es en Galaad.9Y los hijos de Ammón pasaron el Jordán para hacer también guerra contra Judá, y contra Benjamín, y la casa de Ephraim: y fué Israel en gran manera afligido.10Y los hijos de Israel clamaron á Jehová, diciendo: Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado á nuestro Dios, y servido á los Baales.11Y Jehová respondió á los hijos de Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los Amorrheos, de Losammonitas, de los Filisteos,12De los de Sidón, de Amalec, y de Maón, y clamando á mí os he librado de sus manos?13Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido á dioses ajenos: por tanto, yo no os libraré más.14Andad, y clamad á los dioses que os habéis elegido, que os libren en el tiempo de vuestra aflicción.15Y los hijos de Israel respondieron á Jehová: Hemos pecado; haz tú con nosotros como bien te pareciere: solamente que ahora nos libres en este día.16Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron á Jehová: y su alma fué angustiada á causa del trabajo de Israel.17Y juntándose los hijos de Ammón, asentaron campo en Galaad: juntáronse asimismo los hijos de Israel, y asentaron su campo en Mizpa.18Y los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro: ¿Quién será el que comenzará la batalla contra los hijos de Ammón? él será cabeza sobre todos los que habitan en Galaad.

Se nombran dos jueces al principio de este capítulo: Tola y Jair, hombres estimados. Después, la decadencia prosigue aún más. En su extravío Israel se afana por servir a los dioses de los otros pueblos. Entonces, como antes, Jehová emplea enemigos para castigarlo. Esta vez, son los filisteos y los hijos de Amón. El haber adorado a los ídolos de estas dos naciones no es de ningún provecho para Israel. Notemos que las primeras víctimas son las tribus del otro lado del Jordán (v. 8). Son literalmente quebrantadas. Por fin viene la confesión: “Nosotros hemos pecado…” Sabemos que es siempre «el santo y seña» para volver al Señor.

Y, sin embargo, Dios responde con severidad, digamos, hasta con ironía: “Andad y clamad a los dioses que os habéis elegido; que os libren ellos” (v. 14).

¡Ah, pues no basta la confesión! También es necesario quitar los ídolos (comp. Génesis 35:2). Es la piedra de toque de un verdadero trabajo de conciencia y el pueblo lo entiende. Entonces oímos esta expresión de consuelo: “Y él fue angustiado a causa de la aflicción de Israel” (v. 16). ¡Qué ternura la de Dios por su pueblo miserable! ¿Sentiría él ahora menos por sus hijos?

Jueces 11:1-22
1EXISTIA entonces Jephté, Galaadita, hombre valiente, hijo de una ramera, al cual había engendrado Galaad.2Y la mujer de Galaad también le había parido hijos; los cuales cuando fueron grandes, echaron fuera á Jephté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres bastardo.3Huyendo pues Jephté á causa de sus hermanos, habitó en tierra de Tob; y juntáronse con él hombres ociosos, los cuales con él salían.4Y aconteció que después de días los hijos de Ammón hicieron guerra contra Israel:5Y como los hijos de Ammón tenían guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron para volver á Jephté de tierra de Tob;6Y dijeron á Jephté: Ven, y serás nuestro capitán, para que peleemos con los hijos de Ammón.7Y Jephté respondió á los ancianos de Galaad: ¿No me habéis vosotros aborrecido, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿por qué pues venís ahora á mí cuando estáis en aflicción?8Y los ancianos de Galaad respondieron á Jephté: Por esta misma causa tornamos ahora á ti, para que vengas con nosotros, y pelees contra los hijos de Ammón, y nos seas cabeza á todos los que moramos en Galaad.9Jephté entonces dijo á los ancianos de Galaad: Si me volvéis para que pelee contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestra cabeza?10Y los ancianos de Galaad respondieron á Jephté: Jehová oiga entre nosotros, si no hiciéremos como tú dices.11Entonces Jephté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su cabeza y príncipe; y Jephté habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa.12Y envió Jephté embajadores al rey de los Ammonitas, diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo que has venido á mí para hacer guerra en mi tierra?13Y el rey de los Ammonitas respondió á los embajadores de Jephté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; por tanto, devuélvelas ahora en paz.14Y Jephté tornó á enviar otros embajadores al rey de los Ammonitas,15Para decirle: Jephté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Ammón:16Mas subiendo Israel de Egipto, anduvo por el desierto hasta el mar Bermejo, y llegó á Cades.17Entonces Israel envió embajadores al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra. Mas el rey de Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab; el cual tampoco quiso: quedóse por tanto Israel en Cades.18Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab, asentó su campo de estotra parte de Arnón, y no entraron por el término de Moab: porque Arnón término es de Moab.19Y envió Israel embajadores á Sehón rey de los Amorrheos, rey de Hesbón, diciéndole: Ruégote que me dejes pasar por tu tierra hasta mi lugar.20Mas Sehón no se fió de Israel para darle paso por su término; antes juntando Sehón toda su gente, puso campo en Jaas, y peleó contra Israel.21Empero Jehová el Dios de Israel entregó á Sehón y á todo su pueblo en mano de Israel, y venciólos: y poseyó Israel toda la tierra del Amorrheo que habitaba en aquel país.22Poseyeron también todo el término del Amorrheo desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán.

Jehová es “Dios perdonador, clemente y misericordioso” (Nehemías 9:17, V.M). Nuevamente librará a su pueblo, esta vez, por mano de Jefté. La historia de este juez es al principio similar a la de Abimelec. Pero Jefté, en lugar de rebelarse y vengarse de sus hermanos, renuncia a sus derechos y se retira al país de Tob, donde Dios sabe hallarlo llegado el momento.

Jefté, privado de su herencia, echado fuera por sus hermanos y exiliado en un país extranjero, de donde vuelve como libertador es, en este aspecto, una figura del Señor Jesús. El salvador del pueblo imperativamente debe ser también su jefe y capitán (Jueces 10:18; 11:8, 9 y 11). ¿Es Cristo uno y otro para usted? Después de haber sido rechazado por su pueblo Israel, que no quiso reconocer Sus derechos, subió al cielo. Ahora está ausente; pero volverá con poder y gloria (véase Lucas 19:12-14).

Delante de los enemigos de Israel, Jefté es muy valiente. ¿Cómo responde a sus reclamos y a su mentira? Recordándoles las verdades del principio y apoyándose en las bendiciones de otrora. Es necesario conocer bien los principios de la Palabra que condujeron a los creyentes de las pasadas generaciones y mantenerlos con firmeza (2 Tesalonicenses 2:15).

Jueces 11:23-40
23Así que Jehová el Dios de Israel echó los Amorrheos delante de su pueblo Israel: ¿y lo has de poseer tú?24Si Chêmos tu Dios te echase alguno, ¿no lo poseerías tú? Así poseeremos nosotros á todo aquel que echó Jehová nuestro Dios de delante de nosotros.25¿Eres tú ahora en algo mejor que Balac hijo de Sephor, rey de Moab? ¿tuvo él cuestión contra Israel, ó hizo guerra contra ellos?26Cuando Israel ha estado habitando por trescientos años á Hesbón y sus aldeas, á Aroer y sus aldeas, y todas las ciudades que están á los términos de Arnón, ¿por qué no las habéis reclamado en ese tiempo?27Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal conmigo haciéndome guerra: Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Ammón.28Mas el rey de los hijos de Ammón no atendió las razones de Jephté que le envió.29Y el espíritu de Jehová fué sobre Jephté: y pasó por Galaad y Manasés; y de allí pasó á Mizpa de Galaad; y de Mizpa de Galaad pasó á los hijos de Ammón.30Y Jephté hizo voto á Jehová, diciendo: Si entregares á los Ammonitas en mis manos,31Cualquiera que me saliere á recibir de las puertas de mi casa, cuando volviere de los Ammonitas en paz, será de Jehová, y le ofreceré en holocausto.32Pasó pues Jephté á los hijos de Ammón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano.33Y los hirió de grandísimo estrago desde Aroer hasta llegar á Minnith, veinte ciudades; y hasta la vega de las viñas. Así fueron domeñados los Ammonitas delante de los hijos de Israel.34Y volviendo Jephté á Mizpa á su casa, he aquí que su hija le salió á recibir con adufes y danzas, y era la sola, la única suya; no tenía fuera de ella otro hijo ni hija.35Y como él la vió, rompió sus vestidos diciendo: ­Ay, hija mía! de verdad me has abatido, y tú eres de los que me afligen: porque yo he abierto mi boca á Jehová, y no podré retractarme.36Ella entonces le respondió: Padre mío, si has abierto tu boca á Jehová, haz de mí como salió de tu boca, pues que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Ammón.37Y tornó á decir á su padre: Hágasme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras.38El entonces dijo: Ve. Y dejóla por dos meses. Y ella fué con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes.39Pasados los dos meses volvió á su padre, é hizo de ella conforme á su voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.40De aquí fué la costumbre en Israel que de año en año iban las doncellas de Israel á endechar á la hija de Jephté Galaadita, cuatro días en el año.

Jefté se cree obligado a pagar a Jehová, mediante un sacrificio, su victoria sobre los hijos de Amón. ¡Esto es no conocer bien a Dios! Él se complace en bendecir a los suyos y, a cambio, sólo espera que le amemos. Él nos salva gratuitamente.

Consideremos la locura de la promesa que hace este hombre. ¡A veces Dios nos deja soportar las consecuencias de lo que decidimos precipitadamente! Cuidemos, pues, muy de cerca nuestras palabras, porque las promesas hechas a la ligera pueden tener graves consecuencias (Proverbios 20:25).

Si por un momento la fe le faltó a Jefté, ahora brilla en su hija, que “era sola, su hija única”, querida por su padre. Su sumisión nos hace pensar en la del Señor Jesús (Juan 8:29). No considera su vida como preciosa y se regocija por la victoria que Jehová dio a Israel. Es obediente hasta la muerte por amor a Jehová, a su padre y a su pueblo. Es una conmovedora figura de Cristo, si bien va lejos en la retaguardia de Aquel a quien representa.

Si la hija de Jefté merecía ser recordada de año en año, ¡nuestro Señor es infinitamente más digno de ser exaltado ahora y por la eternidad!

Jueces 12:1-15
1Y JUNTANDOSE los varones de Ephraim, pasaron hacia el aquilón, y dijeron á Jephté: ¿Por qué fuiste á hacer guerra contra los hijos de Ammón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? Nosotros quemaremos á fuego tu casa contigo.2Y Jephté les respondió: Yo tuve, y mi pueblo, una gran contienda con los hijos de Ammón, y os llamé, y no me defendisteis de sus manos.3Viendo pues que no me defendíais, puse mi alma en mi palma, y pasé contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregó en mi mano: ¿por qué pues habéis subido hoy contra mí para pelear conmigo?4Y juntando Jephté á todos los varones de Galaad, peleó contra Ephraim; y los de Galaad hirieron á Ephraim, porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Ephraim, vosotros sois Galaaditas entre Ephraim y Manasés.5Y los Galaaditas tomaron los vados del Jordán á Ephraim; y era que, cuando alguno de los de Ephraim que había huído, decía, ¿pasaré? los de Galaad le preguntaban: ¿Eres tú Ephrateo? Si él respondía, No;6Entonces le decían: Ahora pues, di, Shiboleth. Y él decía, Siboleth; porque no podía pronunciar de aquella suerte. Entonces le echaban mano, y le degollaban junto á los vados del Jordán. Y murieron entonces de los de Ephraim cuarenta y dos mil.7Y Jephté juzgó á Israel seis años: luego murió Jephté Galaadita, y fué sepultado en una de las ciudades de Galaad.8Después de él juzgó á Israel Ibzan de Beth-lehem;9El cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos: y juzgó á Israel siete años.10Y murió Ibzan, y fué sepultado en Beth-lehem.11Después de él juzgó á Israel Elón, Zabulonita, el cual juzgó á Israel diez años.12Y murió Elón, Zabulonita, y fué sepultado en Ajalón en la tierra de Zabulón.13Después de él juzgó á Israel Abdón hijo de Hillel, Piratonita.14Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que cabalgaban sobre setenta asnos: y juzgó á Israel ocho años.15Y murió Abdón hijo de Hillel, Piratonita, y fué sepultado en Piratón, en la tierra de Ephraim, en el monte de Amalec.

En el capítulo 8, versículos 2-3, Gedeón había experimentado que “la blanda respuesta quita la ira”. Ahora, a sus expensas, Jefté va a aprender la continuación de ese versículo: “…mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). Tropieza con los varones de Efraín, susceptibles, siempre prontos a disputar (Jueces 8:1 y Josué 17:14), quienes esperan recoger frutos de la victoria sin haber combatido y están celosos del éxito de los demás, cuando en realidad tendrían que haberse regocijado con ellos por la liberación de Jehová. También reprochan a Jefté no haberlos llamado al combate. Observemos el lugar que tiene el yo en su respuesta (v. 2-3). Y esta vez se desencadena la guerra. ¡Qué triste, una guerra entre hermanos! No obstante, ¡las disputas en nuestras familias tienen el mismo carácter en un sentido más íntimo! Y las causas son idénticas: egoísmo, celos, susceptibilidad. Pensemos en el gran mandamiento del Señor: “Como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34-35; 15:12 y 17), repetido por el apóstol Juan (1 Juan 3:23; 4:7, 11 y 21).

Finalmente otros jueces, escogidos entre diferentes tribus, gobiernan a Israel. ¡Tiempos de paz! Sepamos aprovecharlos para fortalecernos y no para dormirnos.

Jueces 13:1-10
1Y LOS hijos de Israel tornaron á hacer lo malo en los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los Filisteos, por cuarenta años.2Y había un hombre de Sora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, que nunca había parido.3A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has parido: mas concebirás y parirás un hijo.4Ahora, pues, mira que ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda.5Porque tú te harás embarazada, y parirás un hijo: y no subirá navaja sobre su cabeza, porque aquel niño será Nazareo á Dios desde el vientre, y él comenzará á salvar á Israel de mano de los Filisteos.6Y la mujer vino y contólo á su marido, diciendo: Un varón de Dios vino á mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre.7Y díjome: He aquí que tú concebirás, y parirás un hijo: por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda; porque este niño desde el vientre será Nazareo á Dios hasta el día de su muerte.8Entonces oró Manoa á Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, torne ahora á venir á nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer.9Y Dios oyó la voz de Manoa: y el ángel de Dios volvió otra vez á la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella.10Y la mujer corrió prontamente, y noticiólo á su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino á mí el otro día.

Una vez más Israel se entrega a la maldad, de nuevo Jehová lo disciplina por mano de los filisteos… ¿Llevó fruto la prueba? ¡Desgraciadamente no! Cuarenta años transcurren. En vano Dios espera… presta oído… ¡Esta vez ningún clamor sube hacia él! El pueblo se ha acostumbrado a su miserable estado de servidumbre. Sin embargo, aquí y allí algunos testigos son fieles y temen a Jehová. Entre ellos, Dios nos presenta a Manoa y a su mujer, un piadoso matrimonio de la tribu de Dan, que no tiene hijos. Un día, un celeste visitante se aparece a la mujer. Tiene un feliz mensaje para ella: será madre de aquel que comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos. Esta escena nos traslada al comienzo del evangelio de Lucas, en el cual el ángel Gabriel anuncia a María la gloriosa venida del Salvador.

Pero, tanto la madre como el hijo tienen que cumplir ciertos requisitos. Según Números 6, como nazareo el niño deberá ser apartado para Dios y abstenerse de ciertas alegrías que son habituales en los demás hombres (representadas aquí por el fruto de la vid). Es un carácter no siempre fácil ni agradable de poner en práctica en nuestras familias, pero… es el que Dios desea ver en las casas de los suyos (comp. Jeremías 35:6-10).

Jueces 13:11-25
11Y levantóse Manoa, y siguió á su mujer; y así que llegó al varón, díjole: ¿Eres tú aquel varón que hablaste á la mujer? Y él dijo: Yo soy.12Entonces Manoa dijo: Cúmplase pues tu palabra. ¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?13Y el ángel de Jehová respondió á Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije:14Ella no comerá cosa que proceda de vid que da vino; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda: ha de guardar todo lo que le mandé.15Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Ruégote permitas que te detengamos, y aderezaremos un cabrito que poner delante de ti.16Y el ángel de Jehová respondió á Manoa: Aunque me detengas no comeré de tu pan: mas si quisieres hacer holocausto, sacrifícalo á Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová.17Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cómo es tu nombre, para que cuando se cumpliere tu palabra te honremos?18Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto?19Y Manoa tomó un cabrito de las cabras y un presente, y sacrificólo sobre una peña á Jehová: y el ángel hizo milagro á vista de Manoa y de su mujer.20Porque aconteció que como la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar á vista de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra sobre sus rostros.21Y el ángel de Jehová no tornó á aparecer á Manoa ni á su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová.22Y dijo Manoa á su mujer: Ciertamente moriremos, porque á Dios hemos visto.23Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni en tal tiempo nos habría anunciado esto.24Y la mujer parió un hijo, y llamóle por nombre Samsón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo.25Y el espíritu de Jehová comenzó á manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Sora y Esthaol.

No es a los poderosos de Israel a quienes Jehová da a conocer sus pensamientos para la liberación de su pueblo, sino a dos pobres israelitas de Dan, la más débil de las tribus (cap. 1:34). Actualmente, ¿a quién revela Dios su plan de salvación y al propio Salvador? A los niños y a los que se asemejan a ellos en la sencillez de su fe (Mateo 11:25). Durante esa segunda visita del ángel, notamos el holocausto, la ofrenda y la peña. Otras tantas imágenes de Cristo que nos son familiares. Pero el ángel mismo, ¿quién es y cuál es su nombre? Manoa, quien había anhelado conocerlo personalmente, y no sólo por intermedio de su mujer, obtiene esta única respuesta: “¿Mi nombre? Es admirable” o “maravilloso” (v. 18, V.M.) No es necesario que diga más para que nosotros lo reconozcamos. Abramos nuestras Biblias en Isaías 9:6: “Se llamará su nombre Admirable” (“maravilloso”). Y por cuanto es maravilloso, sólo puede obrar “maravillosamente” (v. 19, V.M.), hecho por el cual también le reconocemos. El ángel que sube en la llama del holocausto, y Jesús, quien, después de acabada su obra, “fue recibido arriba en el cielo” (Marcos 16:19), son una sola y misma Persona.

Jueces 14:1-13
1Y DESCENDIENDO Samsón á Timnah, vió en Timnah una mujer de las hijas de los Filisteos.2Y subió, y declarólo á su padre y á su madre, diciendo: Yo he visto en Timnah una mujer de las hijas de los Filisteos: ruégoos que me la toméis por mujer.3Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo mi pueblo, para que vayas tú á tomar mujer de los Filisteos incircuncisos? Y Samsón respondió á su padre: Tómamela por mujer, porque ésta agradó á mis ojos.4Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, y que él buscaba ocasión contra los Filisteos: porque en aquel tiempo los Filisteos dominaban sobre Israel.5Y Samsón descendió con su padre y con su madre á Timnah: y como llegaron á las viñas de Timnah, he aquí un cachorro de león que venía bramando hacia él.6Y el espíritu de Jehová cayó sobre él, y despedazólo como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano: y no dió á entender á su padre ni á su madre lo que había hecho.7Vino pues, y habló á la mujer que había agradado á Samsón.8Y volviendo después de algunos días para tomarla, apartóse para ver el cuerpo muerto del león, y he aquí en el cuerpo del león un enjambre de abejas, y un panal de miel.9Y tomándolo en sus manos, fuése comiéndolo por el camino: y llegado que hubo á su padre y á su madre, dióles también á ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león.10Vino pues su padre á la mujer, y Samsón hizo allí banquete; porque así solían hacer los mancebos.11Y como ellos le vieron, tomaron treinta compañeros que estuviesen con él;12A los cuales Samsón dijo: Yo os propondré ahora un enigma, el cual si en los siete días del banquete vosotros me declarareis y descubriereis, yo os daré treinta sábanas y treinta mudas de vestidos.13Mas si no me lo supiereis declarar, vosotros me daréis las treinta sábanas y las treinta mudas de vestidos. Y ellos respondieron: Propónnos tu enigma, y lo oiremos.

Para Sansón fue un gran privilegio haber nacido en una familia en la que Dios era personalmente conocido y temido. ¿Tenemos este mismo privilegio? ¡Entonces prestemos atención a la historia de este hombre! Empieza bien (cap. 13:24-25). Pero, en el momento de tomar mujer, la escoge de entre los filisteos, en contra del parecer de sus padres. ¡Qué amarga experiencia! Cuántos jóvenes cristianos hacen lo mismo. Emprenden el camino del matrimonio con la persona que les “agrada” (v. 3), sin preocuparse por saber si primero agrada al Señor.

Para comprender bien la historia de Sansón es necesario recordar lo siguiente: cuando el hombre actúa por sí mismo, ¡cuán triste es! Pero cuando Dios obra por medio de él (valiéndose aun de sus faltas: es el sentido del versículo 4) ¡cuán glorioso es! Y lo que Dios hace a través de Sansón, ese hombre fuerte puesto aparte para liberar a Israel, más de una vez evoca a Jesús, el verdadero Nazareo, el gran vencedor de la cruz. Satanás, el león rugiente, se presentó en el camino de Cristo y éste lo venció. De manera que el terrible adversario ahora no tiene más fuerza contra el creyente, quien halla su fortaleza apoyándose en el Señor.

Jueces 14:14-20; Jueces 15:1-8
14Entonces les dijo: Del comedor salió comida, Y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días.15Y al séptimo día dijeron á la mujer de Samsón: Induce á tu marido á que nos declare este enigma, porque no te quememos á ti y á la casa de tu padre. ¿Habéisnos llamado aquí para poseernos?16Y lloró la mujer de Samsón delante de él, y dijo: Solamente me aborreces y no me amas, pues que no me declaras el enigma que propusiste á los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni á mi padre ni á mi madre lo he declarado; y ¿habíalo de declar17Y ella lloró delante de él los siete días que ellos tuvieron banquete: mas al séptimo día él se lo declaró, porque le constriñó; y ella lo declaró á los hijos de su pueblo.18Y al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león? Si no araseis con mi novilla, Nunca hubierais descubierto mi enigma.19(H14-20) Y el espíritu de Jehová cayó sobre él, y descendió á Ascalón, é hirió treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dió las mudas de vestidos á los que habían explicado el enigma: y encendido en enojo fuése á casa de su padre.20(H14-21) Y la mujer de Samsón fué dada á su compañero, con el cual él antes se acompañaba.
1Y ACONTECIO después de días, que en el tiempo de la siega del trigo, Samsón visitó á su mujer con un cabrito, diciendo: Entraré á mi mujer á la cámara. Mas el padre de ella no lo dejó entrar.2Y dijo el padre de ella: Persuadíme que la aborrecías, y díla á tu compañero. Mas su hermana menor, ¿no es más hermosa que ella? tómala, pues, en su lugar.3Y Samsón les repondió: Yo seré sin culpa esta vez para con los Filisteos, si mal les hiciere.4Y fué Samsón y cogió trescientas zorras, y tomando teas, y trabando aquéllas por las colas, puso entre cada dos colas una tea.5Después, encendiendo las teas, echó las zorras en los sembrados de los Filisteos, y quemó hacinas y mieses, y viñas y olivares.6Y dijeron los Filisteos: ¿Quién hizo esto? Y fuéles dicho: Samsón, el yerno del Timnateo, porque le quitó su mujer y la dió á su compañero. Y vinieron los Filisteos, y quemaron á fuego á ella y á su padre.7Entonces Samsón les dijo: ¿Así lo habíais de hacer? mas yo me vengaré de vosotros, y después cesaré.8E hiriólos pierna y muslo con gran mortandad; y descendió, y fijóse en la cueva de la peña de Etam.

Las victorias del creyente, en lugar de cansarle y debilitarle, le proporcionan alimento y dulzura. Esto es lo que significa la miel hallada en el cuerpo del león muerto. El poder de Satanás es anulado por la muerte de Cristo (Hebreos 2:14). Pero, es un secreto que el mundo no puede comprender, porque halla sus propias alegrías más bien en las fiestas (v. 10). Para el hombre inconverso, allí hay un misterio: ¿cómo un cristiano puede encontrar placer y alimento para su alma en lo que él sólo discierne como terror y muerte? (el león rugiendo, cap. 14:5). Sansón propone su enigma a los filisteos, quienes, sin la traición de su mujer, no habrían podido explicarlo. Un poco más tarde, lo traiciona su suegro (cap. 15:2). El mundo siempre engaña, siempre decepciona. Si como a Sansón se nos ocurre confiar en él o mezclarnos con sus alegrías, conoceremos amargas decepciones.

Dios guarda a su siervo librándolo de ese matrimonio con una filistea. Pero, si hubiese escuchado a sus padres habría evitado el tormento y toda esa inquietud. Y Dios no habría dejado de proveerle otra “ocasión contra los filisteos” (cap. 14:4).

Jueces 15:9-20
9Y los Filisteos subieron y pusieron campo en Judá, y tendiéronse por Lehi.10Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis subido contra nosotros? Y ellos respondieron: A prender á Samsón hemos subido, para hacerle como él nos ha hecho.11Y vinieron tres mil hombres de Judá á la cueva de la peña de Etam, y dijeron á Samsón: ¿No sabes tú que los Filisteos dominan sobre nosotros? ¿por qué nos has hecho esto? Y él les respondió: Yo les he hecho como ellos me hicieron.12Ellos entonces le dijeron: Nosotros hemos venido para prenderte, y entregarte en mano de los Filisteos. Y Samsón les respondió: Juradme que vosotros no me mataréis.13Y ellos le respondieron, diciendo: No, solamente te prenderemos, y te entregaremos en sus manos; mas no te mataremos. Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas, é hiciéronle venir de la peña.14Y así que vino hasta Lehi, los Filisteos le salieron á recibir con algazara: y el espíritu de Jehová cayó sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se tornaron como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos.15Y hallando una quijada de asno fresca, extendió la mano y tomóla, é hirió con ella á mil hombres.16Entonces Samsón dijo: Con la quijada de un asno, un montón, dos montones; Con la quijada de un asno herí mil hombres.17Y acabando de hablar, echó de su mano la quijada, y llamó á aquel lugar Ramath-lehi.18Y teniendo gran sed, clamó luego á Jehová, y dijo: Tú has dado esta gran salud por mano de tu siervo: ¿y moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los incircuncisos?19Entonces quebró Dios una muela que estaba en la quijada, y salieron de allí aguas, y bebió, y recobró su espíritu, y reanimóse. Por tanto llamó su nombre de aquel lugar, En-haccore, el cual es en Lehi, hasta hoy.20Y juzgó á Israel en días de los Filisteos veinte años.

Israel ha caído muy bajo. En absoluto sufre a causa de la dominación de los filisteos, sino que le molesta el libertador que Dios le dio. Los hombres de Judá suben con el propósito de atar a Sansón y deshacerse de él. Le dicen: “¿No sabes tú que los filisteos dominan sobre nosotros?” Eso es como decir: «Estamos satisfechos de como están las cosas. ¿Por qué nos traes dificultades?»

Pero esto brinda una oportunidad a Sansón: rompe las cuerdas nuevas y, por su propia mano, consigue una brillante victoria. Como la aguijada de Samgar (cap. 3:31), la quijada de asno es un arma despreciable, lo cual hace resaltar que la victoria viene sólo de Dios.

Una vez terminado el combate, Sansón hace la experiencia de que le hace falta el agua que Dios da. En respuesta a su oración, ella brota de la cuenca (o peña), esa roca que nos habla siempre de Cristo (1 Corintios 10:4). Asimismo, si se lo pedimos, Dios nos dará los frescos y vivificantes recursos de su Palabra que el Espíritu adapta a nuestras necesidades.

La victoria sobre el león había procurado a Sansón alimento; después de ésta, Dios le da de beber. Las victorias que el Señor nos otorgue, si confiamos en él, siempre serán la ocasión para fortalecer y refrescar nuestras almas, gozando de Su amor.

Jueces 16:1-12
1Y FUÉ Samsón á Gaza, y vió allí una mujer ramera, y entró á ella.2Y fué dicho á los de Gaza: Samsón es venido acá. Y cercáronlo, y pusiéronle espías toda aquella noche á la puerta de la ciudad: y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana; entonces lo mataremos.3Mas Samsón durmió hasta la media noche; y á la media noche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, echóselas al hombro, y fuése, y subióse con ellas á la cumbre del monte que está delante de Hebrón.4Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.5Y vinieron á ella los príncipes de los Filisteos, y dijéronle: Engáñale y sabe en qué consiste su grande fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo atormentemos; y cada uno de nosotros te dará mil y cien siclos de plata.6Y Dalila dijo á Samsón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu grande fuerza, y cómo podrás ser atado para ser atormentado.7Y respondióle Samsón: Si me ataren con siete mimbres verdes que aun no estén enjutos, entonces me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres.8Y los príncipes de los Filisteos le trajeron siete mimbres verdes que aun no se habían enjugado, y atóle con ellos.9Y estaban espías en casa de ella en una cámara. Entonces ella le dijo: ­Samsón, los Filisteos sobre ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando siente el fuego: y no se supo su fuerza.10Entonces Dalila dijo á Samsón: He aquí tú me has engañado, y me has dicho mentiras: descúbreme pues ahora, yo te ruego, cómo podrás ser atado.11Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas, con las cuales ninguna cosa se haya hecho, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres.12Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y atóle con ellas, y díjole: ­Samsón, los Filisteos sobre ti! Y los espías estaban en una cámara. Mas él las rompió de sus brazos como un hilo.

Sansón es un hombre lleno de contrastes: físicamente muy fuerte, moralmente débil, acostumbrado a ceder a todos sus caprichos. Exteriormente, es apartado para Jehová; su larga cabellera lo muestra. Pero interiormente, su corazón está dividido. La prueba de ello es que ama a una enemiga de su pueblo. Preguntémonos si lo que manifestamos exteriormente corresponde realmente al estado de nuestro corazón. Es cierto que el ejercicio corporal es útil; sin embargo, lo que tiene valor para el Señor, no son las proezas deportivas que estimulan el orgullo, sino las secretas victorias sobre nuestras codicias. Por medio de su cabello sin cortar, una joven creyente muestra exteriormente su obediencia. ¡Pero es necesario que esa obediencia se cumpla igualmente en el corazón!

Regocijémonos al encontrar en nuestra lectura también una imagen del que “quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó los cerrojos de hierro” (Salmo 107:16). Sansón, al arrancar y llevar sobre sus poderosos hombros las puertas de Gaza, nos hace pensar en Cristo, quien quebrantó las ataduras de la muerte y libró así “a todos los que por el temor de la muerte estaban… sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:15). Luego resucitó con poder, con las llaves de la muerte y del Hades (Apocalipsis 1:18).

Jueces 16:13-22
13Y Dalila dijo á Samsón: Hasta ahora me engañas, y tratas conmigo con mentiras. Descúbreme pues ahora cómo podrás ser atado. El entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela.14Y ella hincó la estaca, y díjole: ­Samsón, los Filisteos sobre ti! Mas despertando él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela.15Y ella le dijo: ¿Cómo dices, Yo te amo, pues que tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has aún descubierto en qué está tu gran fuerza.16Y aconteció que, apretándole ella cada día con sus palabras é importunándole, su alma fué reducida á mortal angustia.17Descubrióle pues todo su corazón, y díjole: Nunca á mi cabeza llegó navaja; porque soy Nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y seré debilitado, y como todos los hombres.18Y viendo Dalila que él le había descubierto todo su corazón, envió á llamar á los príncipes de los Filisteos, diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los príncipes de los Filisteos vinieron á ella, trayendo en su mano el d19Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas; y llamado un hombre, rapóle siete guedejas de su cabeza, y comenzó á afligirlo, pues su fuerza se apartó de él.20Y díjole: ­Samsón, los Filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras, y me escaparé: no sabiendo que Jehová ya se había de él apartado.21Mas los Filisteos echaron mano de él, y sacáronle los ojos, y le llevaron á Gaza; y le ataron con cadenas, para que moliese en la cárcel.22Y el cabello de su cabeza comenzó á crecer, después que fué rapado.

Existían secretos en la vida de Sansón: su enigma en el capítulo 14 y aquí su nazareato. Pero, no supo guardar ni uno ni otro. El redimido tiene secretos propios con su Salvador: ciertas experiencias hechas con él, de las cuales quizá no pueda hablar con nadie. Naturalmente, nuestra conversión es algo que se debe saber. En cambio, no siempre podemos explicar a otros por qué hacemos o no tal o cual cosa (Daniel 3:16). Este motivo, que implica apartarnos para Dios, es nuestro “nazareato”, del cual depende nuestra fuerza espiritual. “Separados de mí nada podéis hacer”, dijo el Señor Jesús (Juan 15:5). Entonces, si el mundo consigue descubrir en qué consiste nuestra separación, también sabrá hacérnosla perder.

Dalila, seductora, día tras día acosa al pobre Sansón. Éste, importunado y reducido “a mortal angustia”, termina por ceder. “Ella hizo que se durmiese”, agrega el relato. ¡Sueño fatal! (léase 1 Tesalonicenses 5:6).

Vencedor de un león, en dos ocasiones el hombre fuerte no supo guardar su lengua (cap. 14:17 y 16:17). “Toda naturaleza de bestias… ha sido domada por la naturaleza humana” —declara Santiago—; “pero ningún hombre puede domar su lengua” (Santiago 3:7-8). Para conseguirlo, es necesario el socorro de Dios y él sólo lo otorga a los que le obedecen (1 Juan 3:22).

Jueces 16:23-31
23Entonces los príncipes de los Filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio á Dagón su dios, y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos á Samsón nuestro enemigo.24Y viéndolo el pueblo, loaron á su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos á nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había muerto á muchos de nosotros.25Y aconteció que, yéndose alegrando el corazón de ellos, dijeron: Llamad á Samsón, para que divierta delante de nosotros. Y llamaron á Samsón de la cárcel, y hacía de juguete delante de ellos; y pusiéronlo entre las columnas.26Y Samsón dijo al mozo que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme tentar las columnas sobre que se sustenta la casa, para que me apoye sobre ellas.27Y la casa estaba llena de hombres y mujeres: y todos los príncipes de los Filisteos estaban allí; y en el alto piso había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Samsón.28Entonces clamó Samsón á Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y esfuérzame, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los Filisteos, por mis dos ojos.29Asió luego Samsón las dos columnas del medio sobre las cuales se sustentaba la casa, y estribó en ellas, la una con la mano derecha, y la otra con la izquierda;30Y dijo Samsón: Muera yo con los Filisteos. Y estribando con esfuerzo, cayó la casa sobre los príncipes, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y fueron muchos más los que de ellos mató muriendo, que los que había muerto en su vida.31Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y tomáronle, y lleváronle, y le sepultaron entre Sora y Esthaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó á Israel veinte años.

¡Pobre Sansón! He aquí el fin de su solemne historia: ciego, prisionero, es objeto de la burla de los enemigos de Dios y de su pueblo. Y lo que es más grave: su vergüenza recae sobre Dios mismo, ya que el ídolo parece más poderoso que el campeón de Jehová. Pero Dios pone término a tal presunción del adversario. Una última victoria se otorga a Sansón, quien muere junto con 3000 filisteos.

Así, pues, Sansón perdió sucesivamente su fuerza, su libertad, su vista y finalmente su vida. Meditemos en este relato, nosotros que fuimos criados en el conocimiento del Señor Jesús. Recibimos mucho; nuestra posición es privilegiada. Es verdad que estamos obligados a un “nazareato”: una separación del mundo y de la mayoría de sus placeres.

Pero ¡qué compensación tenemos!: la fuerza del Espíritu Santo, una fuerza sobrenatural, de fuente divina, está a nuestra disposición; y en el camino de la voluntad de Dios, nada resiste a ella. Es de desear que seamos y sigamos siendo de aquellos a quienes se dirige el apóstol Juan: “Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1 Juan 2:14).

Jueces 17:1-13
1HUBO un hombre del monte de Ephraim, que se llamaba Michâs.2El cual dijo á su madre: Los mil y cien siclos de plata que te fueron hurtados, por lo que tú maldecías oyéndolo yo, he aquí que yo tengo este dinero: yo lo había tomado. Entonces la madre dijo: Bendito seas de Jehová, hijo mío.3Y luego que él hubo vuelto á su madre los mil y cien siclos de plata, su madre dijo: Yo he dedicado este dinero á Jehová de mi mano para ti, hijo mío, para que hagas una imagen de talla y de fundición: ahora pues, yo te lo devuelvo.4Mas volviendo él á su madre los dineros, tomó su madre doscientos siclos de plata, y diólos al fundidor: y él le hizo de ellos una imagen de talla y de fundición, la cual fué puesta en casa de Michâs.5Y tuvo este hombre Michâs casa de dioses, é hízose hacer ephod y teraphim, y consagró uno de sus hijos; y fuéle por sacerdote.6En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía como mejor le parecía.7Y había un joven de Beth-lehem de Judá, de la tribu de Judá, el cual era Levita; y peregrinaba allí.8Este hombre se había partido de la ciudad de Beth-lehem de Judá, para ir á vivir donde hallase; y llegando al monte de Ephraim, vino á casa de Michâs, para de allí hacer su camino.9Y Michâs le dijo: ¿De dónde vienes? Y el Levita le respondió: Soy de Beth-lehem de Judá, y voy á vivir donde hallare.10Entonces Michâs le dijo: Quédate en mi casa, y me serás en lugar de padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, y el ordinario de vestidos, y tu comida. Y el Levita se quedó.11Acordó pues el Levita en morar con aquel hombre, y él lo tenía como á uno de sus hijos.12Y Michâs consagró al Levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y estaba en casa de Michâs.13Y Michâs dijo: Ahora sé que Jehová me hará bien, pues que el Levita es hecho mi sacerdote.

Encontramos aquí una triste familia, muy diferente a la de Manoa. El hijo roba, la madre maldice, luego, con la misma boca (véase Santiago 3:10), bendice a su hijo en lugar de hacerle sentir la gravedad de su falta. Finalmente hace fabricar para él imágenes de talla. Se deja, pues, completamente a un lado la ley que prohibía esas prácticas, aunque el nombre de Jehová esté mezclado con las palabras de esa mujer. “Este pueblo de labios me honra —dirá el Señor—; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8; Isaías 29:13 y 46:6). Es una advertencia para cada uno de nosotros. Pronunciar el nombre del Señor exige que nos retiremos del mal (2 Timoteo 2:19). Llamar a Jesús nuestro Señor significa reconocer su autoridad. Aquí, al contrario, cada uno hace lo que bien le parece.

Es el caso de Micaía, de su madre y también de ese joven levita de Belén, a quien Micaía establece como sacerdote, consagrándolo sin tener el derecho de hacerlo. ¡Ay de la memoria de Moisés: ese joven era su nieto! (cap. 18:30). ¿Qué habría pensado el que había dado a conocer la ley, destruido el becerro de oro y enseñado el solemne cántico (Deuteronomio 32), al ver a su propio nieto llegar a ser sacerdote de una imagen de talla?

Los descendientes de un hombre de Dios no están exentos de un naufragio espiritual.

Jueces 18:1-16
1EN aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde morase, porque hasta entonces no le había caído suerte entre las tribus de Israel por heredad.2Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hombres de sus términos, hombres valientes, de Sora y Esthaol, para que reconociesen y explorasen bien la tierra; y dijéronles: Id y reconoced la tierra. Estos vinieron al monte de Ephraim, hasta la casa de Mi3Y como estaban cerca de la casa de Michâs, reconocieron la voz del joven Levita; y llegándose allá, dijéronle: ¿Quién te ha traído por acá? ¿y qué haces aquí? ¿y qué tienes tú por aquí?4Y él les respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Michâs, y me ha tomado para que sea su sacerdote.5Y ellos le dijeron: Pregunta pues ahora á Dios, para que sepamos si ha de prosperar nuestro viaje que hacemos.6Y el sacerdote les respondió: Id en paz, que vuestro viaje que hacéis es delante de Jehová.7Entonces aquellos cinco hombres se partieron, y vinieron á Lais: y vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba seguro, ocioso y confiado, conforme á la costumbre de los de Sidón; no había nadie en aquella región que los perturbase en cosa alguna para8Volviendo pues ellos á sus hermanos en Sora y Esthaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? y ellos respondieron:9Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos explorado la región, y hemos visto que es muy buena: ¿y vosotros os estáis quedos? no seáis perezosos en poneros en marcha para ir á poseer la tierra.10Cuando allá llegareis, vendréis á una gente segura, y á una tierra de ancho asiento; pues que Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no hay falta de cosa que sea en la tierra.11Y partiendo los de Dan de allí, de Sora y de Esthaol, seiscientos hombres armados de armas de guerra,12Fueron y asentaron campo en Chîriath-jearim, en Judá; de donde aquel lugar fué llamado el campo de Dan, hasta hoy: está detrás de Chîriath-jearim.13Y pasando de allí al monte de Ephraim, vinieron hasta la casa de Michâs.14Entonces aquellos cinco hombres que habían ido á reconocer la tierra de Lais, dijeron á sus hermanos: ¿No sabéis como en estas casas hay ephod y teraphim, é imagen de talla y de fundición? Mirad pues lo que habéis de hacer.15Y llegándose allá, vinieron á la casa del joven Levita en casa de Michâs, y preguntáronle cómo estaba.16Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus armas de guerra á la entrada de la puerta.

La propia voluntad y el espíritu de idolatría manifestados en la casa de Micaía contaminaron una tribu entera, como lo relata nuestro capítulo. Siempre es así. Antes de extenderse y turbar al pueblo de Dios, el mal empieza a germinar en las familias.

En aquellos días la posesión de los danitas aún no les había tocado en suerte, nos dice el versículo 1 (véase Números 26:55, 56; 33:54). Entonces, en lugar de consultar a Jehová y confiar en él, impacientemente, deciden escoger ellos mismos su herencia.

¡Qué espíritu de independencia! Además, se elige una fácil solución. Recordemos que los hijos de Dan se habían dejado repeler hacia la montaña (cap. 1:34). En lugar de apoderarse de lo que les estaba destinado y a su alcance, pero que exigía la energía de la fe, emprenden una expedición al otro lado del país. Quizás actuamos como ellos más veces de lo que pensamos. El Señor nos ha preparado un servicio en nuestro entorno; pero retrocedemos ante los ejercicios de fe y las luchas que requeriría este servicio, y preferimos una acción más espectacular en la dirección que nosotros mismos escogemos.

Jueces 18:17-31; Jueces 21:25
17Y subiendo los cinco hombres que habían ido á reconocer la tierra, entraron allá, y tomaron la imagen de talla, y el ephod, y el teraphim, y la imagen de fundición, mientras estaba el sacerdote á la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados18Entrando pues aquellos en la casa de Michâs, tomaron la imagen de talla, el ephod, y el teraphim, y la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros?19Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un hombre solo, que de una tribu y familia de Israel?20Y alegróse el corazón del sacerdote; el cual tomando el ephod y el teraphim, y la imagen, vínose entre la gente.21Y ellos tornaron y fuéronse; y pusieron los niños, y el ganado y el bagaje, delante de sí.22Y cuando ya se habían alejado de la casa de Michâs, los hombres que habitaban en las casas cercanas á la casa de Michâs, se juntaron, y siguieron á los hijos de Dan.23Y dando voces á los de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron á Michâs: ¿Qué tienes que has juntado gente?24Y él respondió: Mis dioses que yo hice, que lleváis juntamente con el sacerdote, y os vais: ¿qué más me queda? ¿y á qué propósito me decís: Qué tienes?25Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida, y la vida de los tuyos.26Y yéndose los hijos de Dan su camino, y viendo Michâs que eran más fuertes que él, volvióse y regresó á su casa.27Y ellos llevando las cosas que había hecho Michâs, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron á Lais, al pueblo reposado y seguro; y metiéronlos á cuchillo, y abrasaron la ciudad con fuego.28Y no hubo quien los defendiese, porque estaban lejos de Sidón, y no tenían comercio con nadie. Y la ciudad estaba en el valle que hay en Beth-rehob. Luego reedificaron la ciudad, y habitaron en ella.29Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la ciudad Lais.30Y los hijos de Dan se levantaron imagen de talla; y Jonathán, hijo de Gersón, hijo de Manasés, él y sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día de la transmigración de la tierra.31Y levantáronse la imagen de Michâs, la cual él había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.
25En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía lo recto delante de sus ojos.

La toma de la ciudad de Lais no tiene nada en común con las conquistas de fe del tiempo de Josué. ¿Qué vemos en Dan? Codicia por todo lo “que haya en la tierra” (v. 10), confianza en su propia fuerza, al mismo tiempo que cobardía, ingratitud, robo, mala fe y, para colmo de males, el establecimiento de un culto idólatra. Hecho muy solemne, Jonatán, nieto de Moisés (Jueces 18:30), confirmó, pues, lo que había profetizado su abuelo en Deuteronomio 4:25 y 26.

El capítulo 19 presenta un terrible cuadro de la corrupción moral de Israel. Este mal lleva a la guerra (cap. 20) y a causa de esto una tribu casí desaparece (cap. 21).

Llegamos al último versículo del libro (repetición del capítulo 17:6): “Cada uno hacía lo que bien le parecía” (21:25). Esta frase resume el estado de Israel en tiempo de los jueces. Tristemente, resume también el de la cristiandad en la actualidad. Si bien el libro de Josué ha sido comparado con la epístola a los Efesios, la que más se parece al libro de Jueces es la segunda a Timoteo (en particular, el capítulo 3). Pero, esa sucesión de altibajos, de caídas y restauraciones ¿no es también a menudo nuestra historia? Guardémonos de hacer lo que es bueno a nuestros ojos, de los cuales no nos podemos fiar y, más bien, dediquémonos a hacer lo que es agradable al Señor (Efesios 5:10; Hebreos 13:21).

Rut 1:1-14
1Y ACONTECIO en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Beth-lehem de Judá, fué á peregrinar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos.2El nombre de aquel varón era Elimelech, y el de su mujer Noemi; y los nombres de sus dos hijos eran, Mahalón y Chelión, Ephrateos de Beth-lehem de Judá. Llegaron pues á los campos de Moab, y asentaron allí.3Y murió Elimelech, marido de Noemi, y quedó ella con sus dos hijos;4Los cuales tomaron para sí mujeres de Moab, el nombre de la una Orpha, y el nombre de la otra Ruth; y habitaron allí unos diez años.5Y murieron también los dos, Mahalón y Chelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.6Entonces se levantó con sus nueras, y volvióse de los campos de Moab: porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado á su pueblo para darles pan.7Salió pues del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron á caminar para volverse á la tierra de Judá.8Y Noemi dijo á sus dos nueras: Andad, volveos cada una á la casa de su madre: Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo.9Déos Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido: besólas luego, y ellas lloraron á voz en grito.10Y dijéronle: Ciertamente nosotras volveremos contigo á tu pueblo.11Y Noemi respondió: Volveos, hijas mías: ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos?12Volveos, hijas mías, é idos; que yo ya soy vieja para ser para varón. Y aunque dijese: Esperanza tengo; y esta noche fuese con varón, y aun pariese hijos;13¿Habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿habías vosotras de quedaros sin casar por amor de ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí.14Mas ellas alzando otra vez su voz, lloraron: y Orpha besó á su suegra, mas Ruth se quedó con ella.

Como un rayo de luz después de las sombrías páginas del libro de los Jueces, Dios nos presenta la historia de Rut. Este hermoso relato nos enseña que la fe personal puede existir en todos los tiempos y en todos los pueblos, y que Dios siempre está pronto a hacer grandes cosas para responder a esa fe.

En el tiempo en que los jueces ejercían sus funciones, un hombre, Elimelec, hizo como cada uno de los israelitas “lo que bien le parecía”. Dejó la herencia del Señor y fue a establecerse con los suyos en los campos de Moab, es decir, en medio de los enemigos de su pueblo. No se gana nada con alejarse de Dios. ¿Qué resultó de aquella decisión para esa familia? ¡La muerte, las lágrimas, la miseria y la amargura!

Y ahora Noemi, viuda, y sus dos nueras, viudas también, se hallan camino de vuelta. ¿Triste regreso? Sí, pero feliz retorno para quien, habiendo agotado sus recursos, vuelve hacia Dios sus pensamientos y sus pasos. Así, el hijo pródigo, en el país lejano, al acordarse del lugar donde puede hallar pan en abundancia, se levanta y vuelve a la casa paterna (comp. el v. 6 con Lucas 15:17). Esto se llama conversión; lo sabe el lector. Pero, ¿ha hecho de ello su experiencia personal?

Rut 1:15-22; Rut 2:1-3
15Y Noemi dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto á su pueblo y á sus dioses; vuélvete tú tras ella.16Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje, y que me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.17Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada: así me haga Jehová, y así me dé, que sólo la muerte hará separación entre mí y ti.18Y viendo Noemi que estaba tan resuelta á ir con ella, dejó de hablarle.19Anduvieron pues ellas dos hasta que llegaron á Beth-lehem: y aconteció que entrando en Beth-lehem, toda la ciudad se conmovió por razón de ellas, y decían: ¿No es ésta Noemi?20Y ella les respondiá: No me llaméis Noemi, sino llamadme Mara: porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.21Yo me fuí llena, mas vacía me ha vuelto Jehová. ¿Por qué me llamaréis Noemi, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?22Así volvió Noemi y Ruth Moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron á Beth-lehem en el principio de la siega de las cebadas.
1Y TENIA Noemi un pariente de su marido, varón poderoso y de hecho, de la familia de Elimelech, el cual se llamaba Booz.2Y Ruth la Moabita dijo á Noemi: Ruégote que me dejes ir al campo, y cogeré espigas en pos de aquel á cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía.3Fué pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores: y aconteció por ventura, que la suerte del campo era de Booz, el cual era de la parentela de Elimelech.

Orfa no vacila mucho tiempo. De un lado: la viudez, la pobreza en compañía de una mujer vieja y triste, en medio de un pueblo y un Dios desconocidos. Del otro: su propio pueblo, el afecto de los suyos, sus ídolos familiares. Sus lágrimas pronto secadas nos recuerdan a aquel joven rico que “se fue triste”, porque prefería sus riquezas, en lugar de seguir al Señor (Mateo 19:22). “Te seguiré adondequiera que vayas” dijo otro hombre a Jesús. Pero el Señor le previno: “El Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20; véase también Lucas 14:25 y siguientes).

Rut, en cambio, lo ha pesado todo; ha calculado los gastos. Su decisión es irrevocable, pues es la elección de la fe. Se ha apegado a Noemí, y ante todo, a su pueblo y a su Dios. Sin mirar atrás, ni dejarse detener por los temores en cuanto al porvenir, resuelve ir con su suegra y llega a Belén. Este nombre significa «casa del pan», el refugio por excelencia contra el hambre espiritual. Allí, con el permiso de Noemí, sale a buscar su sustento y Dios, con mano segura, la conduce a los campos de Booz, el hombre preparado por Él mismo para darle consuelo y reposo.

Rut 2:4-16
4Y he aquí que Booz vino de Beth-lehem, y dijo á los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga.5Y Booz dijo á su criado el sobrestante de los segadores: ¿Cúya es esta moza?6Y el criado, sobrestante de los segadores, respondió y dijo: Es la moza de Moab, que volvió con Noemi de los campos de Moab;7Y ha dicho: Ruégote que me dejes coger y juntar tras los segadores entre las gavillas: entró pues, y está desde por la mañana hasta ahora, menos un poco que se detuvo en casa.8Entonces Booz dijo á Ruth: Oye, hija mía, no vayas á espigar á otro campo, ni pases de aquí: y aquí estarás con mis mozas.9Mira bien el campo que segaren, y síguelas: porque yo he mandado á los mozos que no te toquen. Y si tuvieres sed, ve á los vasos, y bebe del agua que sacaren los mozos.10Ella entonces bajando su rostro inclinóse á tierra, y díjole: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que tú me reconozcas, siendo yo extranjera?11Y respondiendo Booz, díjole: Por cierto se me ha declarado todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando á tu padre y á tu madre y la tierra donde naciste, has venido á pueblo que no conociste antes.12Jehová galardone tu obra, y tu remuneración sea llena por Jehová Dios de Israel, que has venido para cubrirte debajo de sus alas.13Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, no siendo yo como una de tus criadas.14Y Booz le dijo á la hora de comer: Allégate aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y sentóse ella junto á los segadores, y él le dió del potaje, y comió hasta que se hartó y le sobró.15Levantóse luego para espigar. Y Booz mandó á sus criados, diciendo: Coja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis;16Antes echaréis á sabiendas de los manojos, y la dejaréis que coja, y no la reprendáis.

Rut sólo había tenido que ver con los criados de Booz. Ahora encuentra a ese “amigo… hombre poderoso en riquezas” (v. 1, V.M.), figura particularmente hermosa del Señor Jesús. Booz evoca para nosotros al Amigo supremo, bondadoso y compasivo, Aquel de quien Dios pudo decir en el Salmo 89:19: “He puesto el socorro sobre uno que es poderoso”.

Lo vemos en la ciudad de Belén, (la misma en que el Salvador debía nacer) bendiciendo y dirigiendo a sus segadores, cuidando de todo, notando a la pobre espigadora y usando de una gracia llena de delicadeza que da confianza a la temerosa joven. La invita a acercarse, habla a su corazón y la consuela.

La experiencia que Rut vivió, es necesario que cada uno de nosotros la viva también. No basta conocer a los siervos del señor (pastores, doctores (o maestros) evangelistas) y obtener de ellos algunas enseñanzas sacadas de la Palabra. Es menester estar en directa relación con Jesús. Entonces él mismo hablará a nuestro corazón. Él nos dará a conocer lo que soportó cuando vino a la tierra para sufrir y morir. En el versículo 14, Booz da a la joven “grano tostado” (V.M.), símbolo de los sufrimientos de Cristo. Él nos saciará con los tesoros de su amor.

Hay un amigo celestial,

Mejor que todo terrenal;

De Dios es Hijo, y a la vez

Es mi Señor, sí, mío es.

Rut 2:17-23; Rut 3:1-13
17Y espigó en el campo hasta la tarde, y desgranó lo que había cogido, y fué como un epha de cebada.18Y tomólo, y vínose á la ciudad; y su suegra vió lo que había cogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de harta, y dióselo.19Y díjole su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿y dónde has trabajado? bendito sea el que te ha reconocido. Y ella declaró á su suegra lo que le había acontecido con aquél, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz.20Y dijo Noemi á su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado á los vivos la benevolencia que tuvo para con los finados. Díjole después Noemi: Nuestro pariente es aquel varón, y de nuestros redentores es.21Y Ruth Moabita dijo: á más de esto me ha dicho: Júntate con mis criados, hasta que hayan acabado toda mi siega.22Y Noemi respondió á Ruth su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, que no que te encuentren en otro campo.23Estuvo pues junta con las mozas de Booz espigando, hasta que la siega de las cebadas y la de los trigos fué acabada; mas con su suegra habitó.
1Y DIJOLE su suegra Noemi: Hija mía, ¿no te tengo de buscar descanso, que te sea bueno?2¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas mozas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas.3Te lavarás pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, pasarás á la era; mas no te darás á conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber.4Y cuando él se acostare, repara tú el lugar donde él se acostará, é irás, y descubrirás los pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer.5Y le respondió: Haré todo lo que tú me mandares.6Descendió pues á la era, é hizo todo lo que su suegra le había mandado.7Y como Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, retiróse á dormir á un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y descubrió los pies, y acostóse.8Y aconteció, que á la media noche se estremeció aquel hombre, y palpó: y he aquí, la mujer que estaba acostada á sus pies.9Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Ruth tu sierva: extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.10Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; que has hecho mejor tu postrera gracia que la primera, no yendo tras los mancebos, sean pobres ó ricos.11Ahora pues, no temas, hija mía: yo haré contigo lo que tú dijeres, pues que toda la puerta de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.12Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo.13Reposa esta noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Descansa pues hasta la mañana.

En Israel, cuando se segaba, los rincones del campo debían ser dejados al pobre, al extranjero o a la viuda que llegaran a espigar (Levítico 23:22; Deuteronomio 24:19). Rut tiene, por consiguiente, un triple título para aprovechar esa disposición de la gracia.

Espigar nos habla de la actividad necesaria para que nuestra alma sea alimentada de lo que el Señor nos da. A menudo esto ocurre por medio de siervos de Dios que nos ayudan a comprender mejor sus pensamientos. Esto exige cierto esfuerzo, pero el Señor, el verdadero Booz, es dadivoso y dará “medida buena, apretada, remecida y rebosando…” (Lucas 6:38). Rut desgrana su cosecha y la trae a casa. Dejemos que los nuestros aprovechen lo que el Señor nos ha hecho gozar en su Palabra.

Hemos notado la abnegación de Rut con respecto a Noemí. ¡Admiremos ahora su sumisión a ella! Jóvenes cristianas, ¡qué ejemplo les da Rut! Ella hace todo lo que le aconseja Noemí, quien, por su lado, piensa en el descanso y la dicha de su “hija” (cap. 3:1). ¿Dónde hallar ese reposo y esa felicidad sino a los pies de Booz, figura de uno más grande que él? ¡Cuántos han venido a Jesús, cansados y cargados y han hallado “descanso para sus almas”! (Mateo 11:28-29).

Rut 3:14-18; Rut 4:1-6
14Y después que reposó á sus pies hasta la mañana, levantóse, antes que nadie pudiese conocer á otro. Y él dijo: No se sepa que haya venido mujer á la era.15Después le dijo: Llega el lienzo que traes sobre ti, y ten de él. Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada, y púsoselas á cuestas: y vínose ella á la ciudad.16Así que vino á su suegra, ésta le dijo: ¿Qué pues, hija mía? Y declaróle ella todo lo que con aquel varón le había acontecido.17Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dió, diciéndome: Porque no vayas vacía á tu suegra.18Entonces Noemi dijo: Reposa, hija mía, hasta que sepas como cae la cosa: porque aquel hombre no parará hasta que hoy concluya el negocio.
1Y BOOZ subió á la puerta y sentóse allí: y he aquí pasaba aquel pariente del cual había Booz hablado, y díjole: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino, y sentóse.2Entonces él tomó diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron.3Luego dijo al pariente: Noemi, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelech;4Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la tomes delante de los que están aquí sentados, y delante de los ancianos de mi pueblo. Si hubieres de redimir, redime; y si no quisieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa: porque no hay otro que redima s5Entonces replicó Booz: El mismo día que tomares las tierras de mano de Noemi, has de tomar también á Ruth Moabita, mujer del difunto, para que suscites el nombre del muerto sobre su posesión.6Y respondió el pariente: No puedo redimir por mi parte, porque echaría á perder mi heredad: redime tú usando de mi derecho, porque yo no podré redimir.

“No hay ninguno —afirma Jesús a sus discípulos— que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o tierras, por causa de mí… que no reciba cien veces más ahora en este tiempo…” (Marcos 10:29-30; véase también Hebreos 6:10). Rut no se había equivocado al hacer su elección. Por eso, no perdió su recompensa. Booz, quien había pedido para ella la bendición del Señor, diciendo: “Jehová recompense tu obra y tu remuneración sea cumplida” (cap. 2:12), va a ser él mismo el premio que recompensará su fe.

Ocurre lo mismo con el Señor Jesús respecto a los suyos. “Lo he perdido todo —escribe el apóstol— para ganar…” ¿qué? ¿una recompensa? No; “para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).

Pero primeramente es necesaria una cosa. Rut debe ser redimida. Sin demora, Booz se ocupa del asunto ya que el más cercano pariente, pese a su deseo, no lo podía hacer (v. 6). Éste nos hace pensar en la ley y en su incapacidad para salvar a los hombres o introducirlos en las bendiciones de Dios. En Booz, por el contrario, tenemos la divina gracia. Cuando ya no queda otro recurso, ella se revela en la persona de Jesús el Redentor, es decir, el que redime mediante pago.

“Con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9).

Rut 4:7-22
7Había ya de largo tiempo esta costumbre en Israel en la redención ó contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba á su compañero: y este era el testimonio en Israel.8Entonces el pariente dijo á Booz: Tómalo tú. Y descalzó su zapato.9Y Booz dijo á los ancianos y á todo el pueblo: Vosotros sois hoy testigos de que tomo todas las cosas que fueron de Elimelech, y todo lo que fué de Chelión y de Mahalón, de mano de Noemi.10Y que también tomo por mi mujer á Ruth Moabita, mujer de Mahalón, para suscitar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois hoy testigos.11Y dijeron todos los del pueblo que estaban á la puerta con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga á la mujer que entra en tu casa como á Rachêl y á Lea, las cuales dos edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Ephrata, y tengas nombradía en Be12Y de la simiente que Jehová te diere de aquesta moza, sea tu casa como la casa de Phares, al que parió Thamar á Judá.13Booz pues tomó á Ruth, y ella fué su mujer; y luego que entró á ella, Jehová le dió que concibiese y pariese un hijo.14Y las mujeres decían á Noemi: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será nombrado en Israel.15El cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez; pues que tu nuera, la cual te ama y te vale más que siete hijos, le ha parido.16Y tomando Noemi el hijo, púsolo en su regazo, y fuéle su ama.17Y las vecinas diciendo, á Noemi ha nacido un hijo, le pusieron nombre; y llamáronle Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.18Y estas son las generaciones de Phares: Phares engendró á Hesrón;19Y Hesrón engendró á Ram, y Ram engendró á Aminadab;20Y Aminadab engendró á Nahasón, y Nahasón engendró á Salmón;21Y Salmón engendró á Booz, y Booz engendró á Obed;22Y Obed engendró á Isaí, é Isaí engendró á David.

Los nombres en la Biblia a veces tienen un interesante significado. Así ocurre en este libro de Rut. Tenemos a Noemí: placentera, quien llegó a ser Mara: amarga (cap. 1:20). Mahlón, primer marido de Rut, significa: desfallecimiento, gran flaqueza; en tanto que Booz, su segundo esposo, quiere decir: en él está la fuerza (1 Reyes 7:21). Finalmente, Rut puede traducirse (entre otras) por satisfecha. ¡Qué magnífico nombre!

Sujeto, por naturaleza, a un estado de miseria y de total debilidad, el pecador es introducido, por gracia, en una relación con Cristo, el Hombre celestial, en quien está la fuerza y el único capaz de satisfacerlo plenamente. Y esta gracia está aún subrayada por el hecho de que el moabita no tenía derecho a entrar “en la congregación de Jehová” (Deuteronomio 23:3). Rut no sólo es introducida en Israel, sino que formará parte de la familia de los príncipes de Judá. Siendo la madre de Obed, que significa el que sirve, llegará a ser la bisabuela de David y tomará su lugar en la genealogía del Señor Jesús. Hoy, esta misma gracia hace que un pecador, sin derecho alguno, entre en la familia de Dios a través del Redentor.

Cristo, tu gracia ilimitada,

Tan pura y grata ya para mí,

Hace que mi alma quede extasiada

Cuando a tus pies te adora a Ti.

1 Samuel 1:1-11
1HUBO un varón de Ramathaim de Sophim, del monte de Ephraim, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Thohu, hijo de Suph, Ephrateo.2Y tenía él dos mujeres; el nombre de la una era Anna, y el nombre de la otra Peninna. Y Peninna tenía hijos, mas Anna no los tenía.3Y subía aquel varón todos los años de su ciudad, á adorar y sacrificar á Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Eli, Ophni y Phinees, sacerdotes de Jehová.4Y cuando venía el día, Elcana sacrificaba, y daba á Peninna su mujer, y á todos sus hijos y á todas sus hijas, á cada uno su parte.5Mas á Anna daba una parte escogida; porque amaba á Anna, aunque Jehová había cerrado su matriz.6Y su competidora la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová había cerrado su matriz.7Y así hacía cada año: cuando subía á la casa de Jehová, enojaba así á la otra; por lo cual ella lloraba, y no comía.8Y Elcana su marido le dijo: Anna, ¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?9Y levantóse Anna después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Eli estaba sentado en una silla junto á un pilar del templo de Jehová,10Ella con amargura de alma oró á Jehová, y lloró abundantemente.11E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres á tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré á Jehová todos los días de su vida, y no subirá nava

Abordamos ahora los libros de Samuel. La época de los jueces todavía no ha terminado y veremos aún a dos más, Elí y Samuel, antes de comenzar el período de los reyes. Como lo hizo con Sansón, Dios nos presenta la familia en la cual va a nacer Samuel. Elcana, levita, habitaba en el monte de Efraín (1 Crónicas 6:33-38). Tenía dos mujeres: Penina y Ana, lo que no era según el pensamiento de Dios. Observemos, pues, las consecuencias en esa casa: continuas disputas, al punto que se llama a Penina la “rival” (o enemiga) de Ana (v. 6). En lugar de consolarla porque no tiene el hijo que desea, no deja de irritarla. ¿Enemigos en una familia? ¡Qué tristeza! ¿Qué tal andan nuestras relaciones con nuestros hermanos y hermanas?

Cada año, Elcana subía con su familia a Silo, lugar en que Jehová había puesto la memoria de Su nombre. Allí se hallaban el arca y los sacerdotes. Esta vez, Ana trae su aflicción y la expone a Dios en oración (v. 10). ¿No era lo mejor que podía hacer? Imitémosla en lugar de responder a los que nos causen tristeza. Nos oirá el “Dios de toda consolación” (2 Corintios 1:3).

1 Samuel 1:12-28
12Y fué que como ella orase largamente delante de Jehová, Eli estaba observando la boca de ella.13Mas Anna hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y túvola Eli por borracha.14Entonces le dijo Eli: ¿Hasta cuándo estarás borracha?; digiere tu vino.15Y Anna le respondió, diciendo: No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.16No tengas á tu sierva por una mujer impía: porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.17Y Eli respondió, y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.18Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste.19Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volviéronse, y vinieron á su casa en Ramatha. Y Elcana conoció á Anna su mujer, y Jehová se acordó de ella.20Y fué que corrido el tiempo, después de haber concebido Anna, parió un hijo, y púsole por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo demandé á Jehová.21Después subió el varón Elcana, con toda su familia, á sacrificar á Jehová el sacrificio acostumbrado, y su voto.22Mas Anna no subió, sino dijo á su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado; para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.23Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te pareciere; quédate hasta que lo destetes; solamente Jehová cumpla su palabra. Y quedóse la mujer, y crió su hijo hasta que lo destetó.24Y después que lo hubo destetado, llevólo consigo, con tres becerros, y un epha de harina, y una vasija de vino, y trájolo á la casa de Jehová en Silo: y el niño era pequeño.25Y matando el becerro, trajeron el niño á Eli.26Y ella dijo: ­Oh, señor mío! vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto á ti orando á Jehová.27Por este niño oraba, y Jehová me dió lo que le pedí.28Yo pues le vuelvo también á Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová. Y adoró allí á Jehová.

Dios no contesta las oraciones que tienen como objeto nuestra propia satisfacción (Santiago 4:3). Por el contrario, cuando nuestro blanco es su gloria, nunca dejará de concedernos lo que pedimos (Juan 14:13).

Es el caso de Ana. Pidió un hijo, no para guardarlo egoístamente junto a ella, sino para que fuese un siervo de Dios “todos los días de su vida” (v. 11). El más grande deseo de los padres cristianos debe ser que sus hijos, desde su niñez, sean consagrados al Señor Jesús. Sin duda, para varios de ustedes, jóvenes lectores, fue ésta la oración de sus padres desde antes de su nacimiento. Pero, la respuesta depende también de su deseo personal. Si, como Samuel, usted tiene una piadosa madre que día tras día le presentó al Señor, posee un gran privilegio, pero igualmente una responsabilidad.

Ana expuso su petición a Dios “en toda oración y ruego” como exhorta Filipenses 4:6. Y también cumplió con el versículo anterior al contestar gentilmente a Elí, quien la acusó de estar ebria. Su rostro ya no es el mismo (v. 18). La paz de Dios llena su corazón (Filipenses 4:7) aun antes de obtener la respuesta, la que no tardará.

“Pedido a Dios” será, pues, el nombre del pequeño Samuel (v. 20).

1 Samuel 2:1-11
1Y ANNA oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, Mi cuerno es ensalzado en Jehová; Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, Por cuanto me alegré en tu salud.2No hay santo como Jehová: Porque no hay ninguno fuera de ti; Y no hay refugio como el Dios nuestro.3No multipliquéis hablando grandezas, altanerías; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; Porque el Dios de todo saber es Jehová, Y á él toca el pesar las acciones.4Los arcos de los fuertes fueron quebrados, Y los flacos se ciñeron de fortaleza.5Los hartos se alquilaron por pan: Y cesaron los hambrientos: Hasta parir siete la estéril, Y la que tenía muchos hijos enfermó.6Jehová mata, y él da vida: El hace descender al sepulcro, y hace subir.7Jehová empobrece, y él enriquece: Abate, y ensalza.8El levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso ensalza del estiércol, Para asentarlo con los príncipes; Y hace que tengan por heredad asiento de honra: Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él asentó sobre ellas el mundo.9El guarda los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte por su fuerza.10Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, Y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, Y dará fortaleza á su Rey, Y ensalzará el cuerno de su Mesías.11Y Elcana se volvió á su casa en Ramatha; y el niño ministraba á Jehová delante del sacerdote Eli.

Según Filipenses 4:6, pasaje citado en la página anterior, la acción de gracias es el indispensable complemento de nuestras oraciones. Ana no deja de agradecer a Aquel que le concedió su pedido. Nosotros tampoco olvidemos hacerlo cada vez que Dios nos conteste. Ana va más lejos todavía. Para ella, es la ocasión de alabar a Jehová con un hermoso cántico. ¿Cuáles son los motivos de su alabanza? La santidad de Dios (v. 2), su sabiduría (v. 3), su poder (v. 6), su justicia (v. 10). Mas, por encima de todo, exalta la gracia, como lo indica su nombre (Ana significa gracia), de la cual ella es objeto. Esta gracia levanta al pobre miserable (usted y yo) del polvo, imagen de la muerte, y del “muladar” del pecado, para darle una parte con Jesús en su gloria y en su reinado.

Finalmente, las últimas palabras de este cántico hacen referencia al poderoso Rey, al “Ungido”: el Señor Jesús. ¿Nos alegramos de tal salvación, como lo hace Ana? (v. 1), ¿de tal Salvador? Es instructivo comparar las palabras de María en Lucas 1:46-55 con el cántico de Ana. Ella también se regocija, no sólo en Dios su Salvador, sino también en lo que el poder y la gracia de Dios hicieron por todo Israel (v. 54).

1 Samuel 2:12-26
12Mas los hijos de Eli eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.13Y la costumbre de los sacerdotes con el pueblo era que, cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras la carne estaba á cocer, trayendo en su mano un garfio de tres ganchos;14Y hería con él en la caldera, ó en la olla, ó en el caldero, ó en el pote; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para si. De esta manera hacían á todo Israelita que venía á Silo.15Asimismo, antes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.16Y si le respondía el varón, Quemen luego el sebo hoy, y después toma tanta como quisieres; él respondía: No, sino ahora la has de dar: de otra manera yo la tomaré por fuerza.17Era pues el pecado de los mozos muy grande delante de Jehová; porque los hombres menospreciaban los sacrificios de Jehová.18Y el joven Samuel ministraba delante de Jehová, vestido de un ephod de lino.19Y hacíale su madre una túnica pequeña, y traíasela cada año, cuando subía con su marido á ofrecer el sacrificio acostumbrado.20Y Eli bendijo á Elcana y á su mujer, diciendo: Jehová te dé simiente de esta mujer en lugar de esta petición que hizo á Jehová. Y volviéronse á su casa.21Y visitó Jehová á Anna, y concibió, y parió tres hijos, y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.22Eli empero era muy viejo, y oyó todo lo que sus hijos hacían á todo Israel, y como dormían con las mujeres que velaban á la puerta del tabernáculo del testimonio.23Y díjoles: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.24No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo de Jehová.25Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Mas ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová los quería matar.26Y el joven Samuel iba creciendo, y adelantando delante de Dios y delante de los hombres.

Como lo había prometido, Ana se separó de su pequeño hijo quien, desde ahora, habita con Elí en Silo, en la presencia de Jehová. Notemos el contraste entre este niño que sirve y los hijos de Elí, ya adultos, cuya mala conducta era un escándalo para el sacerdocio. ¡Qué triste ejemplo ofrecían éstos a todo el pueblo y en particular al pequeño Samuel, quien los veía todos los días! Ustedes, los mayores, cuiden el ejemplo que dan a los más pequeños que están a su alrededor. Recuerden estas serias palabras del Señor: “Cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mateo 18:6). Y en cuanto a los más jóvenes, no se dejen influir por la mala conducta de ciertas personas mayores o de quienes, si bien se dicen cristianos, con su mal comportamiento niegan a Cristo. ¡Miren al Señor Jesús!

Por medio de la hermosa historia de Samuel comprobamos que incluso un niño puede servir al Señor, y que también puede parecerse a Jesús (comp. v. 26 con Lucas 2:52).

1 Samuel 2:27-36
27Y vino un varón de Dios á Eli, y díjole: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente á la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?28Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase perfume, y trajese ephod delante de mí; y dí á la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.29¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis presentes, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado á tus hijos más que á mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?30Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré á los que me honran, y los que me tuvieren en poco, serán vile31He aquí vienen días, en que cortaré tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, que no haya viejo en tu casa.32Y verás competidor en el tabernáculo, en todas las cosas en que hiciere bien á Israel; y en ningún tiempo habrá viejo en tu casa.33Y no te cortaré del todo varón de mi altar, para hacerte marchitar tus ojos, y henchir tu ánimo de dolor; mas toda la cría de tu casa morirá en la edad varonil.34Y te será por señal esto que acontecerá á tus dos hijos, Ophni y Phinees: ambos morirán en un día.35Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme á mi corazón y á mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todo los días.36Y será que el que hubiere quedado en tu casa, vendrá á postrársele por un dinero de plata y un bocado de pan, diciéndole: Ruégote que me constituyas en algún ministerio, para que coma un bocado de pan.

Para el pueblo, la mala conducta de los hijos de Elí era un escándalo. Y, sobre todo ante Dios, ¡qué deshonra para su nombre! Ofni y Finees (aunque éste último lleva el mismo nombre que un fiel sacerdote: Números 25:11) habían sido educados en la proximidad del santuario, en contacto con las verdades divinas. ¡Grande es su responsabilidad con relación al resto del pueblo! ¡Grande también es nuestra responsabilidad si tuvimos los mismos privilegios al ser instruidos en el conocimiento de Dios!

Elí, pese a que fuese piadoso, no supo reprender a sus hijos. Es cierto que les había hecho algunas amonestaciones (v. 23); no obstante, le faltó firmeza. A veces, a ciertos hijos les parece que sus padres son demasiado severos. En los hijos de Elí se ven las consecuencias de una educación con poca firmeza. Y para Elí mismo, estas consecuencias son dramáticas: su casa privada del sacerdocio y sus hijos eliminados. Un profeta fue el encargado de traerle este triste mensaje. El Nuevo Testamento confirma que si los hijos de un siervo de Dios no son sumisos y disciplinados, eso puede quitar todo poder al ministerio del padre (1 Timoteo 3:4-5).

Quizás, esta advertencia concierne a uno u otro de nuestros jóvenes lectores.

1 Samuel 3:1-21
1Y EL joven Samuel ministraba á Jehová delante de Eli: y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días; no había visión manifiesta.2Y aconteció un día, que estando Eli acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban á oscurecerse, que no podía ver,3Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba: y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,4Jehová llamó á Samuel; y él respondió: Heme aquí.5Y corriendo luego á Eli, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Eli le dijo: Yo no he llamado; vuélvete á acostar. Y él se volvió, y acostóse.6Y Jehová volvió á llamar otra vez á Samuel. Y levantándose Samuel vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve, y acuéstate.7Y Samuel no había conocido aún á Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.8Jehová pues llamó la tercera vez á Samuel. Y él levantándose vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Eli que Jehová llamaba al joven.9Y dijo Eli á Samuel: Ve, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, que tu siervo oye. Así se fué Samuel, y acostóse en su lugar.10Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: ­Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye.11Y Jehová dijo á Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que á quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.12Aquel día yo despertaré contra Eli todas las cosas que he dicho sobre su casa. En comenzando, acabaré también.13Y mostraréle que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado.14Y por tanto yo he jurado á la casa de Eli, que la iniquidad de la casa de Eli no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes.15Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión á Eli.16Llamando pues Eli á Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí.17Y dijo: ¿Qué es la palabra que te habló Jehová?; ruégote que no me la encubras: así te haga Dios y así te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.18Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.19Y Samuel creció, y Jehová fué con él, y no dejó caer á tierra ninguna de sus palabras.20Y conoció todo Israel desde Dan hasta Beer-sebah, que Samuel era fiel profeta de Jehová.21Así tornó Jehová á aparecer en Silo: porque Jehová se manifestó á Samuel en Silo con palabra de Jehová.

Desde su niñez, Samuel pertenecía a Jehová y le servía. Pero, le faltaba el conocimiento personal del Señor y la comunicación de su palabra (v. 7). Se puede poseer la salvación, gozar de ella y, sin embargo, no tener una relación personal con el Salvador. Fue el caso de Job: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Es probablemente el caso de muchos jóvenes cristianos; por eso deben pedir al Señor Jesús que se les dé a conocer cada vez mejor.

¡Dios nos habla! Ya no en visiones, sino por medio de la Santa Biblia, se dirige a cada uno en particular. Leámosla como si hubiese sido escrita sólo para nosotros. La actitud de Samuel es la que debemos tomar cada vez que abrimos nuestra Biblia: “Habla, porque tu siervo oye” (v. 10). Pero es necesario estar dispuesto a hacer lo que el Señor nos diga.

Sí, esta hermosa respuesta de Samuel nos invita a ponernos a entera disposición del Señor, pidiéndole, como lo hizo Saulo inmediatamente después de su conversión: “¿Qué haré, Señor?” (Hechos 22:10).

Elí escucha todas las solemnes palabras que el joven siervo le transmite fielmente; y, con sumisión, dice: “Jehová es; haga lo que bien le pareciere” (v. 18).

1 Samuel 4:1-11
1Y SAMUEL habló á todo Israel. Por aquel tiempo salió Israel á encontrar en batalla á los Filisteos, y asentó campo junto á Eben-ezer, y los Filisteos asentaron el suyo en Aphec.2Y los Filisteos presentaron la batalla á Israel; y trabándose el combate, Israel fué vencido delante de los Filisteos, los cuales hirieron en la batalla por el campo como cuatro mil hombres.3Y vuelto que hubo el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los Filisteos? Traigamos á nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuest4Y envió el pueblo á Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que estaba asentado entre los querubines; y los dos hijos de Eli, Ophni y Phinees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.5Y aconteció que, como el arca del pacto de Jehová vino al campo, todo Israel dió grita con tan grande júbilo, que la tierra tembló.6Y cuando los Filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campo de los Hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había venido al campo.7Y los Filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campo. Y dijeron: ­Ay de nosotros! pues antes de ahora no fué así.8Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de las manos de estos dioses fuertes? Estos son los dioses que hirieron á Egipto con toda plaga en el desierto.9Esforzaos, oh Filisteos, y sed hombres, porque no sirváis á los Hebreos, como ellos os han servido á vosotros: sed hombres, y pelead.10Pelearon pues los Filisteos, é Israel fué vencido, y huyeron cada cual á sus tiendas; y fué hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de á pie.11Y el arca de Dios fué tomada, y muertos los dos hijos de Eli, Ophni y Phinees.

El pueblo, en su triste estado, va a necesitar una nueva disciplina de parte de Jehová. Los filisteos serán los instrumentos de Dios para enseñarles duras lecciones. Israel sube contra ellos, sin consultar a Jehová. ¿Qué habría contestado Dios si se le hubiese interrogado? «¡No subáis! No puedo daros la victoria a causa de vuestros pecados. Empezad por humillaros».

Es lo que había ocurrido en el momento de la toma de Hai. Pero ahora el pueblo de ningún modo se preocupa por lo que piense Jehová. Aun la primera derrota no les enseña nada. Al contrario, se preguntan: ¿nos hirió Jehová? ¡Qué vamos a hacer! Si él no viene, entonces lo vamos a llevar con nosotros; así estará obligado a sostenernos.

Tantas personas llamadas cristianas creen que pueden disponer de Dios a su antojo. Hacen su propia voluntad y al mismo tiempo apelan al Señor con bastante estrépito (véase Mateo 7:21). Pero un día el Señor dirá: “No os conozco” (Mateo 25:12). Así, Dios está muy lejos de aprobar cualquier cosa que se hace en Su nombre en la cristiandad. El hermoso nombre de Cristo está a menudo asociado a un mal conocido, pero del cual uno no desea apartarse.

1 Samuel 4:12-22
12Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, vino aquel día á Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza:13Y cuando llegó, he aquí Eli que estaba sentado en una silla atalayando junto al camino; porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado pues aquel hombre á la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó.14Y como Eli oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es éste? Y aquel hombre vino apriesa, y dió las nuevas á Eli.15Era ya Eli de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían entenebrecido, de modo que no podía ver.16Dijo pues aquel hombre á Eli: Yo vengo de la batalla, yo he escapado hoy del combate. Y él dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío?17Y el mensajero respondió, y dijo: Israel huyó delante de los Filisteos, y también fué hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ophni y Phinees, son muertos, y el arca de Dios fué tomada.18Y aconteció que como él hizo mención del arca de Dios, Eli cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y quebrósele la cerviz, y murió: porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado á Israel cuarenta años.19Y su nuera, la mujer de Phinees, que estaba preñada, cercana al parto, oyendo el rumor que el arca de Dios era tomada, y muertos su suegro y su marido, encorvóse y parió; porque sus dolores se habían ya derramado por ella.20Y al tiempo que se moría, decíanle las que estaban junto á ella: No tengas temor, porque has parido un hijo. Mas ella no respondió, ni paró mientes.21Y llamó al niño Ichâbod, diciendo: ­Traspasada es la gloria de Israel! por el arca de Dios que fué tomada, y porque era muerto su suegro, y su marido.22Dijo pues: Traspasada es la gloria de Israel: porque el arca de Dios fué tomada.

Los cálculos fueron erróneos. La presencia del arca en medio del pueblo calamitoso no impide el desastre. El arca es tomada (véase Salmo 78:60-61). ¡Qué vergüenza para un regimiento cuando el enemigo captura su bandera!, y aun más para Israel, ya que se trata del propio trono de su Dios! ¿Cómo celebrar el día de expiación (Levítico 16:14-15) sin el propiciatorio, al cual se debe traer la sangre? Y también, ¿cómo hacerlo sin los descendientes de Aarón para cumplir las ordenanzas? Porque, al mismo tiempo, el sacerdocio es herido de muerte: Ofni y Finees mueren.

Elí habría tenido un medio para detener, quizás, el castigo divino sobre Israel. Según Deuteronomio 21:18-21, él debía entregar a sus hijos al pueblo para que fuesen apedreados a causa de su mala conducta. Sin embargo, no tuvo el ánimo para hacerlo. Así que no sólo perecen Ofni y Finees, sino también 34.000 hombres con ellos. El arca santa, la gloria de Israel, se ha ido. Esta última noticia mata al anciano. Tomaba más a pecho el arca que a los suyos, y ocurre lo mismo con su nuera. Al llamar a su hijo Icabod (esto es, sin gloria), anuncia la oración fúnebre de su pueblo.

1 Samuel 5:1-12
1Y LOS Filisteos, tomada el arca de Dios, trajéronla desde Eben-ezer á Asdod.2Y tomaron los Filisteos el arca de Dios, y metiéronla en la casa de Dagón, y pusiéronla junto á Dagón.3Y el siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, y he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová: y tomaron á Dagón, y volviéronlo á su lugar.4Y tornándose á levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón, y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado á Dagón el tronco sol5Por esta causa los sacerdotes de Dagón, y todos los que en el templo de Dagón entran, no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.6Empero agravóse la mano de Jehová sobre los de Asdod, y destruyólos, é hiriólos con hemorroides en Asdod y en todos sus términos.7Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros, y sobre nuestro dios Dagón.8Enviaron pues á juntar á sí todos los príncipes de los Filisteos, y dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel á Gath. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel.9Y aconteció que como la hubieron pasado, la mano de Jehová fué contra la ciudad con grande quebrantamiento; é hirió los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, que se llenaron de hemorroides.10Entonces enviaron el arca de Dios á Ecrón. Y como el arca de Dios vino á Ecrón, los Ecronitas dieron voces diciendo: Han pasado á mí el arca del Dios de Israel por matarme á mí y á mi pueblo.11Y enviaron á juntar todos los príncipes de los Filisteos, diciendo: Despachad el arca del Dios de Israel, y tórnese á su lugar, y no mate á mí ni á mi pueblo: porque había quebrantamiento de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había allí agrava12Y los que no morían, eran heridos de hemorroides; y el clamor de la ciudad subía al cielo.

Jehová permitió que el arca cayera en manos de los filisteos. Sin embargo, es necesario que ellos sepan que si Israel fue derrotado, no fue a causa de la superioridad del dios filisteo, sino porque él, Jehová, así lo decidió. Entonces Dios muestra a los enemigos de su pueblo que ellos tienen consigo “el arca de su poder” (Salmo 132:8). Dos veces su ídolo se derrumba ante el Dios de Israel. Luego, como sucedió en Egipto, las plagas hieren a los enemigos de Israel, y su poder queda demostrado mediante los juicios.

Observemos aún el egoísmo del corazón humano. Cada uno busca deshacerse de ese objeto tan peligroso, enviándolo a los demás.

Apartemos ahora nuestra mirada de esas tristes circunstancias y pongamos los ojos en Jesús, de quien el arca siempre es la hermosa imagen. En el capítulo 18 de Juan, procuran apoderarse de él. Al oír las palabras: “Yo soy”, los hombres retroceden y caen a tierra, como aquí la estatua de Dagón. Jesús se deja prender; le envían de Anas a Caifás, de Herodes a Pilato (lo mismo que el arca, de Asdod a Gat y de Gat a Ecrón). Pero los que disponen así de él, ultrajándolo y condenándolo, deben enterarse, por boca del mismo Señor, que verán “al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mateo 26:64).

1 Samuel 6:1-13
1Y ESTUVO el arca de Jehová en la tierra de los Filisteos siete meses.2Entonces los Filisteos, llamando los sacerdotes y adivinos, preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Declaradnos cómo la hemos de tornar á enviar á su lugar.3Y ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía; mas le pagaréis la expiación: y entonces seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano.4Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Y ellos respondieron: Conforme al número de los príncipes de los Filisteos, cinco hermorroides de oro, y cinco ratones de oro, porque la misma plaga que todos tienen, tienen también vuestros prín5Haréis pues las formas de vuestras hemorroides, y las formas de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel: quizá aliviará su mano de sobre vosotros, y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra.6Mas ¿por qué endurecéis vuestro corazón, como los Egipcios y Faraón endurecieron su corazón? Después que los hubo así tratado, ¿no los dejaron que se fuesen, y se fueron?7Haced pues ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que críen, á las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas al carro, y haced tornar de detrás de ellas sus becerros á casa.8Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro; y poned en una caja al lado de ella las alhajas de oro que le pagáis en expiación: y la dejaréis que se vaya.9Y mirad: si sube por el camino de su término á Beth-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, seremos ciertos que su mano no nos hirió, nos ha sido accidente.10Y aquellos hombres lo hicieron así; pues tomando dos vacas que criaban, unciéronlas al carro, y encerraron en casa sus becerros.11Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con los ratones de oro y con las formas de sus hemorroides.12Y las vacas se encaminaron por el camino de Beth-semes, é iban por un mismo camino andando y bramando, sin apartarse ni á diestra ni á siniestra: y los príncipes de los Filisteos fueron tras ellas hasta el término de Beth-semes.13Y los de Beth-semes segaban el trigo en el valle; y alzando sus ojos vieron el arca, y holgáronse cuando la vieron.

En lugar de rechazar a su impotente ídolo para, de ahí en adelante, temer y servir a Jehová, los filisteos tienen sólo un pensamiento: deshacerse lo más pronto posible de un Dios tan temible. Esto nos recuerda una escena del evangelio de Marcos: el poder del Señor acaba de librar a Legión, el endemoniado, en el país de los gadarenos. Éstos han tenido el inestimable privilegio de una visita del Hijo de Dios. No obstante, enceguecidos por sus intereses, sólo consideran la pérdida de sus cerdos. En lugar de alegrarse y recibir a Jesús, le ruegan que se vaya de sus alrededores (Marcos 5:17). El mundo no pudo soportar la presencia del Señor, porque Su perfección lo juzgaba. Entonces quiso deshacerse de él.

Los filisteos reconocen el indiscutible poder del Dios de Israel. En su ignorancia, le honran a su manera. Y el arca vuelve a la tierra de Israel, después de haber demostrado nuevamente su poder. En efecto, pese a la ausencia de un conductor, el carro que la lleva se dirige en línea recta hacia la frontera con Israel, tirando de él unas vacas que contrariamente a los instintos naturales, se alejan de sus crías.

1 Samuel 6:14-21; 1 Samuel 7:1
14Y el carro vino al campo de Josué Beth-semita, y paró allí porque allí había una gran piedra; y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto á Jehová.15Y los Levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que estaba junto á ella, en la cual estaban las alhajas de oro, y pusiéronlas sobre aquella gran piedra; y los hombre de Beth-semes sacrificaron holocaustos y mataron víctimas á Jehová en aquel día.16Lo cual viendo los cinco príncipes de los Filisteos, volviéronse á Ecrón el mismo día.17Estas pues son las hemorroides de oro que pagaron los Filisteos á Jehová en expiación: por Asdod una, por Gaza una, por Ascalón una, por Gath una, por Ecrón una;18Y ratones de oro conforme al número de todas las ciudades de los Filisteos pertenecientes á los cinco príncipes, desde las ciudades fuertes hasta las aldeas sin muro; y hasta la gran piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová, piedra que está en el c19Entonces hirió Dios á los de Beth-semes, porque habían mirado en el arca de Jehová; hirió en el pueblo cincuenta mil y setenta hombres. Y el pueblo puso luto, porque Jehová le había herido de tan gran plaga.20Y dijeron los de Beth-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿y á quién subirá desde nosotros?21Y enviaron mensajeros á los de Chîriath-jearim, diciendo: Los Filisteos han vuelto el arca de Jehová: descended pues, y llevadla á vosotros.
1Y VINIERON los de Chîriath-jearim, y llevaron el arca de Jehová, y metiéronla en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron á Eleazar su hijo, para que guardase el arca de Jehová.

Los habitantes de Bet-semes tienen el honor de recibir el arca. Sin embargo, se permiten levantar el propiciatorio (la tapa) y Dios los castiga severamente (comp. Números 4:20). Es una advertencia para nosotros, en cuanto al santo respeto debido a la persona de Jesús. Dios no tolera ninguna curiosidad profana respecto a él.

¡Ay!, frente al castigo, los bet-semitas reaccionan como los filisteos, deseando deshacerse del arca por considerarla demasiado santa para ellos.

Ciertos cristianos se parecen a estos hombres. Antes de juzgarse y poner en orden sus asuntos, prefieren alejar al Señor de su pensamiento y de su vida. Su presencia les molesta. ¿No es triste?

Pero ahora Dios nos presenta a los que, por el contrario, están felices de recibirle. Los habitantes de Quiriat-jearim acogen el arca y la colocan en la casa de Abinadab, situada en un collado.

Otra vez, nuestros pensamientos van a Jesús. Mientras su pueblo le rechazaba —no tenía “donde recostar la cabeza” (Mateo 8:20)— en cierta ocasión “una mujer llamada Marta le recibió en su casa” (Lucas 10:38). La casa de Abinadab, la casa de Betania: ¡gozo y bendición para el que abre su puerta, como asimismo para el divino Huésped a quien se honra allí! (Apocalipsis 3:20).

1 Samuel 7:2-17
2Y aconteció que desde el día que llegó el arca á Chîriath-jearim pasaron mucho días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.3Y habló Samuel á toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis á Jehová, quitad los dioses ajenos y á Astaroth de entre vosotros, y preparad vuestro corazón á Jehová, y á sólo él servid, y os librará de mano de los Filisteos.4Entonces los hijos de Israel quitaron á los Baales y á Astaroth, y sirvieron á solo Jehová.5Y Samuel dijo: Juntad á todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros á Jehová.6Y juntándose en Mizpa, sacaron agua, y derramáronla delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel á los hijos de Israel en Mizpa.7Y oyendo los Filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los Filisteos contra Israel: lo cual como hubieron oído los hijos de Israel, tuvieron temor de los Filisteos.8Y dijeron los hijos de Israel á Samuel: No ceses de clamar por nosotros á Jehová nuestro Dios, que nos guarde de mano de los filisteos.9Y Samuel tomó un cordero de leche, y sacrificólo entero á Jehová en holocausto: y clamó Samuel á Jehová por Israel, y Jehová le oyó.10Y aconteció que estando Samuel sacrificando el holocausto, los Filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con grande estruendo sobre los Filisteos, y desbaratólos, y fueron vencidos delante de Israel.11Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron á los Filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Beth-car.12Tomó luego Samuel una piedra, y púsola entre Mizpa y Sen, y púsole por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.13Fueron pues los Filisteos humillados, que no vinieron más al término de Israel; y la mano de Jehová fué contra los Filisteos todo el tiempo de Samuel.14Y fueron restituídas á los hijos de Israel las ciudades que los Filisteos habían tomado á los Isrelitas, desde Ecrón hasta Gath, con sus términos: é Israel las libró de mano de los Filisteos. Y hubo paz entre Israel y el Amorrheo.15Y juzgó Samuel á Israel todo el tiempo que vivió.16Y todos los años iba y daba vuelta á Beth-el, y á Gilgal, y á Mizpa, y juzgaba á Israel en todos estos lugares.17Volvíase después á Rama, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba á Israel; y edificó allí altar á Jehová.

“Pasaron muchos días, veinte años” (v. 2). ¿Para quién es largo este tiempo? ¡No para el pueblo que no parece sufrir por ello! ¡Ni para Abinadab y los suyos, sin duda felices por la presencia del arca en su casa! Pero Dios, esperando, contó esos veinte largos años.

Finalmente, el trabajo de conciencia se produce: el pueblo se lamenta. Y Samuel le habla de parte de Jehová. Se trata de quitar los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero (1 Tesalonicenses 1:9). Israel obedece y, entonces, Samuel puede hablar a Jehová a su favor.

Pero la reunión del pueblo de Dios no conviene al enemigo, que lo considera como una provocación. Los filisteos avanzan… y Jehová da la victoria a Israel; es la respuesta a la humillación del pueblo arrepentido y a la intercesión del fiel mediador. Eben-ezer (piedra de ayuda): “Hasta aquí nos ayudó Jehová” (v. 12). Cada uno de nosotros, ¿puede decirlo también con gratitud? Son felices experiencias que glorifican la gracia divina y es necesario que las recordemos.

Samuel va a ser el último de los jueces (Hechos 13:20). Al mismo tiempo que cumple sus funciones para con el pueblo, mediante su altar sigue en comunión con Jehová, ante quien había aprendido a prosternarse desde muy joven (cap. 1:28, V.M.)

1 Samuel 8:1-22
1Y ACONTECIO que habiendo Samuel envejecido, puso sus hijos por jueces sobre Israel.2Y el nombre de su hijo primogénito fué Joel, y el nombre del segundo, Abia: fueron jueces en Beer-sebah.3Mas no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se ladearon tras la avaricia, recibiendo cohecho y pervirtiendo el derecho.4Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron á Samuel en Rama,5Y dijéronle: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no van por tus caminos: por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como todas las gentes.6Y descontentó á Samuel esta palabra que dijeron: Danos rey que nos juzgue. Y Samuel oró á Jehová.7Y dijo Jehová á Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te dijeren: porque no te han desechado á ti, sino á mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.8Conforme á todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, que me han dejado y han servido á dioses ajenos, así hacen también contigo.9Ahora pues, oye su voz: mas protesta contra ellos declarándoles el derecho del rey que ha de reinar sobre ellos.10Y dijo Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey.11Dijo pues: Este será el derecho del rey que hubiere de reinar sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y pondrálos en sus carros, y en su gente de á caballo, para que corran delante de su carro:12Y se elegirá capitanes de mil, y capitanes de cincuenta: pondrálos asimismo á que aren sus campos, y sieguen sus mieses, y á que hagan sus armas de guerra, y los pertrechos de sus carros:13Tomará también vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras, y amasadoras.14Asimismo tomará vuestras tierras, vuestras viñas, y vuestros buenos olivares, y los dará á sus siervos.15El diezmará vuestras simientes y vuestras viñas, para dar á sus eunucos y á sus siervos.16El tomará vuestros siervos, y vuestras siervas, y vuestros buenos mancebos, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.17Diezmará también vuestro rebaño, y seréis sus siervos.18Y clamaréis aquel día á causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os oirá en aquel día.19Empero el pueblo no quiso oir la voz de Samuel; antes dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros:20Y nosotros seremos también como todas las gentes, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.21Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y refiriólas en oídos de Jehová.22Y Jehová dijo á Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel á los varones de Israel: Idos cada uno á su ciudad.

Los hijos de Samuel, como los de Elí, no anduvieron en los caminos de su padre. Todos los hijos de padres creyentes deben considerar esto muy seriamente. Para gozar del favor de Dios no basta, como lo pensaban los judíos, tener a un Abraham por padre (Mateo 3:9).

Ahora los ancianos de Israel se acercan al profeta con un pedido que lo aflige profundamente. Quieren un rey, como todas las naciones. Querer ser semejante a todo el mundo: en el fondo, a menudo también es nuestro deseo, porque no nos gusta diferenciarnos. No comportarnos como los que nos rodean, generalmente atrae burlas, incomprensión y acusaciones de orgullo. Sin embargo, si “ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:2), esto establece entre nosotros y nuestro entorno mundano una fundamental diferencia, una diferencia que conlleva muchas otras: el inconverso no acepta la autoridad de Dios, mientras que el creyente reconoce a Jesucristo como su amo y Señor.

Samuel es el encargado de advertir al pueblo que Jehová era un soberano justo, misericordioso, generoso; pero, el rey deseado será exigente y su régimen severo.

1 Samuel 9:1-14
1Y HABIA un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Seor, hijo de Bechôra, hijo de Aphia, hijo de un hombre de Benjamín.2Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, mancebo y hermoso, que entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; del hombro arriba sobrepujaba á cualquiera del pueblo.3Y habíanse perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis á Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve á buscar las asnas.4Y él pasó al monte de Ephraim, y de allí á la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron.5Y cuando vinieron á la tierra de Suph, Saúl dijo á su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, dejado el cuidado de las asnas, estará congojado por nosotros.6Y él le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un hombre de Dios, que es varón insigne: todas las cosas que él dijere, sin duda vendrán. Vamos pues allá: quizá nos enseñará nuestro camino por donde hayamos de ir.7Y Saúl respondió á su criado: Vamos ahora: ¿mas qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué presentar al varón de Dios: ¿qué tenemos?8Entonces tornó el criado á responder á Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata: esto daré al varón de Dios, porque nos declare nuestro camino.9(Antiguamente en Israel cualquiera que iba á consultar á Dios, decía así: Venid y vamos hasta el vidente: porque el que ahora se llama profeta, antiguamente era llamado vidente).10Dijo entonces Saúl á su criado: Bien dices; ea pues, vamos. Y fueron á la ciudad donde estaba el varón de Dios.11Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas mozas que salían por agua, á las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente?12Y ellas respondiéndoles, dijeron: Sí; helo aquí delante de ti: date pues priesa, porque hoy ha venido á la ciudad en atención á que el pueblo tiene hoy sacrificio en el alto.13Y cuando entrareis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al alto á comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya venido, por cuanto él haya de bendecir el sacrificio, y después comerán los convidados. Subid pues ahora, porque ahora le ha14Ellos entonces subieron á la ciudad; y cuando en medio de la ciudad estuvieron, he aquí Samuel que delante de ellos salía para subir al alto.

Aquí comienza un nuevo período de la historia de Israel. Es el de la realeza. El pueblo siente la necesidad de una organización exterior tal como el ser humano la ama: una monarquía pomposa (Hechos 25:23), un poderoso ejército y, finalmente, un rey de quien poder sentirse orgulloso. Dios va a darle exactamente lo que desea. ¡He aquí a Saúl, hijo de Cis, joven de lo más distinguido del pueblo, el más hermoso y alto de todo Israel! ¿No es el más indicado?

El padre de Saúl lo manda a buscar sus asnas. Él obedece, pero la búsqueda resulta inútil. “Volvámonos” propone Saúl a su compañero. Pensamos en ese necesario cambio de dirección en la vida de todo hombre: la conversión.

Cuando se experimenta cuán inútil y decepcionante resulta ser la búsqueda de las cosas de la tierra, entonces es necesario “volver en sí” (Lucas 15:17) y retornar a la casa del Padre. El compañero de Saúl le da un sabio consejo: Vamos a ver al vidente, él nos declarará el camino. El representante de Dios para nosotros es Jesús. Volverse a él para conocer el camino es ir en la dirección correcta.

1 Samuel 9:15-27
15Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo:16Mañana á esta misma hora yo enviaré á ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará mi pueblo de mano de los Filisteos: pues yo he mirado á mi pueblo, porque su clamor ha llegado hasta mí.17Y luego que Samuel vió á Saúl, Jehová le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste señoreará á mi pueblo.18Y llegando Saúl á Samuel en medio de la puerta, díjole: Ruégote que me enseñes dónde está la casa del vidente.19Y Samuel respondió á Saúl, y dijo: Yo soy el vidente: sube delante de mí al alto, y comed hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón.20Y de las asnas que se te perdieron hoy ha tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿por quién es todo el deseo de Israel, sino por ti y por toda la casa de tu padre?21Y Saúl respondió, y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de las más pequeñas tribus de Israel? y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿por qué pues me has dicho cosa semejante?22Y trabando Samuel de Saúl y de su criado, metiólos en la sala, y dióles lugar á la cabecera de los convidados, que eran como unos treinta hombres.23Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te dí, la cual te dije que guardases aparte.24Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y púsola delante de Saúl. Y Samuel dijo: He aquí lo que estaba reservado: ponlo delante de ti, y come; porque de industria se guardó para ti, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y25Y cuando hubieron descendido de lo alto á la ciudad, él habló con Saúl en el terrado.26Y al otro día madrugaron: y como al apuntar del alba, Samuel llamó á Saúl, que estaba en el terrado; y dijo: Levántate, para que te despache. Levantóse luego Saúl, y salieron fuera ambos, él y Samuel.27Y descendiendo ellos al cabo de la ciudad, dijo Samuel á Saúl: Di al mozo que vaya delante, (y adelantóse el mozo); mas espera tú un poco para que te declare palabra de Dios.

Samuel cuenta con Jehová para designar al rey que ha sido pedido. Y todo está divinamente planeado para que pueda encontrarlo. Invitado al festín, Saúl oirá al “vidente” declarándole “todo lo que está en su corazón” (v. 19; 1 Corintios 14:25). ¿Cuál es el deseo que habita en el fondo de nuestro corazón? ¿El de ser «alguien», de hacer grandes cosas? ¿O más bien el humilde deseo de agradar al Señor Jesús?

Siguiendo las instrucciones de Samuel, el cocinero reserva la mejor porción para Saúl, la espaldilla, imagen de la fuerza que hace falta para conducir al pueblo. Notemos que contrariamente a la doble porción de los sacerdotes (véase Levítico 7:31-32), él no recibe la parte del pecho, imagen de los afectos necesarios para amar a Jehová y a su pueblo. ¿Estarán ausentes del corazón de Saúl?

Al día siguiente, Samuel se las arregla para tomar aparte al futuro rey y decirle: “Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios” (v. 27). Esa orden puede estar dirigida al pecador que sigue el camino de su propia voluntad, para invitarle a aceptar a Cristo ahora. Pero también es para el creyente. Saber detenernos un momento para escuchar al Señor cuando nos habla, es necesario, particularmente en la agitada vida de hoy.

1 Samuel 10:1-12
1TOMANDO entonces Samuel una ampolla de aceite, derramóla sobre su cabeza, y besólo, y díjole: ¿No te ha ungido Jehová por capitán sobre su heredad?2Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás dos hombres junto al sepulcro de Rachêl, en el término de Benjamín, en Selsah, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido á buscar, se han hallado; tu padre pues ha dejado ya el negocio de las asnas, s3Y como de allí te fueres más adelante, y llegares á la campiña de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben á Dios en Beth-el, llevando el uno tres cabritos, y el otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino:4Los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de manos de ellos.5De allí vendrás al collado de Dios donde está la guarnición de los Filisteos; y cuando entrares allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del alto, y delante de ellos salterio, y adufe, y flauta, y arpa, y ellos profetizando:6Y el espíritu de Jehová te arrebatará, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.7Y cuando te hubieren sobrevenido estas señales, haz lo que te viniere á la mano, porque Dios es contigo.8Y bajarás delante de mí á Gilgal; y luego descenderé yo á ti para sacrificar holocaustos, é inmolar víctimas pacíficas. Espera siete días, hasta que yo venga á ti, y te enseñe lo que has de hacer.9Y fué que así como tornó él su hombro para partirse de Samuel, mudóle Dios su corazón; y todas estas señales acaecieron en aquel día.10Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía á encontrarse con él, y el espíritu de Dios lo arrebató, y profetizó entre ellos.11Y aconteció que, cuando todos los que le conocían de ayer y de antes, vieron como profetizaba con los profetas, el pueblo decía el uno al otro: ¿Qué ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas?12Y alguno de allí respondió, y dijo: ¿Y quién es el padre de ellos? Por esta causa se tornó en proverbio: ¿También Saúl entre los profetas?

Samuel cumple fielmente el acto que pone fin a su servicio como juez: derrama el aceite de la unción real sobre la cabeza de Saúl. Luego le indica el camino, como el criado lo había esperado (cap. 9:6). Ya no se trata de ir por las asnas; éstas fueron halladas. Ahora Saúl debe recorrer el camino que lo preparará para ocupar el trono. Primero irá al sepulcro de Raquel: la muerte, fin del hombre natural y de todas sus ventajas, es la primera gran lección para todo cristiano. Pero, la tumba de Raquel se hallaba en el lugar donde nació Benjamín, a cuya tribu pertenecía Saúl. Benjamín, “hijo de la mano derecha” del padre (Génesis 35:18, nota), es figura de Cristo, de quien el redimido puede gozar cuando considera muerto al viejo hombre. El segundo encuentro, en Bet-el (la casa de Dios), nos habla de la adoración, a la cual se invita a tomar parte al joven creyente, junto con los dos o tres testigos. Finalmente, en presencia de los enemigos y en compañía de los profetas, se ha de dar un testimonio por el poder del Espíritu Santo.

Saúl parece cursar esas lecciones sin aprenderlas, como nos lo mostrará la continuación de su historia. Es la prueba de que uno puede hallarse “entre los profetas” (v. 11, 12) y participar de todas las bendiciones de los hijos de Dios, sin ser uno de ellos verdaderamente.

1 Samuel 10:13-27
13Y cesó de profetizar, y llegó al alto.14Y un tío de Saúl dijo á él y á su criado: ¿Dónde fuisteis? Y él respondió: A buscar las asnas; y como vimos que no parecían, fuimos á Samuel.15Y dijo el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué os dijo Samuel.16Y Saúl respondió á su tío: Declarónos expresamente que las asnas habían parecido. Mas del negocio del reino, de que Samuel le había hablado, no le descubrió nada.17Y Samuel convocó el pueblo á Jehová en Mizpa;18Y dijo á los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo saqué á Israel de Egipto, y os libré de mano de los Egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron:19Mas vosotros habéis desechado hoy á vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y dijisteis: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora pues, poneos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares.20Y haciendo allegar Samuel todas las tribus de Israel, fué tomada la tribu de Benjamín.21E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus linajes, y fué tomada la familia de Matri; y de ella fué tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, mas no fué hallado.22Preguntaron pues otra vez á Jehová, si había aún de venir allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje.23Entonces corrieron, y tomáronlo de allí, y puesto en medio del pueblo, desde el hombro arriba era más alto que todo el pueblo.24Y Samuel dijo á todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante á él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: Viva el rey.25Samuel recitó luego al pueblo el derecho del reino, y escribiólo en un libro, el cual guardó delante de Jehová.26Y envió Samuel á todo el pueblo cada uno á su casa. Y Saúl también se fué á su casa en Gabaa, y fueron con él el ejército, el corazón de los cuales Dios había tocado.27Pero los impíos dijeron: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y tuviéronle en poco, y no le trajeron presente: mas él disimuló.

Ahora que Dios ha dado a conocer al rey, a quien otorga a su pueblo, Samuel convoca a Israel para presentárselo. Sin embargo, es necesario probar que esta elección proviene de Jehová y ello es confirmado delante de todos por medio del sorteo. Saúl es designado y el pueblo lo aclama con alegría, diciendo: ¡Viva el rey! ¿Día de fiesta y de alegría? ¡Ah, más bien triste día en la historia de Israel! “Vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios”, declara el profeta (v. 19). Esta escena nos transporta a muchos siglos más tarde, cuando ese mismo pueblo rechaza al Hijo de Dios al afirmar a Pilato: “No tenemos más rey que César” (Juan 19:15); o también, según la parábola de Lucas 19:14: “No queremos que éste reine sobre nosotros”. No es sobre un trono, sino sobre una cruz donde Israel elevará a su Mesías, una cruz que llevará esta inscripción: “JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS” (Juan 19:19). Pero este rey, despreciado, ultrajado, coronado de espinas, pronto aparecerá como el Rey de gloria (Salmo 24 y muchos otros pasajes).

Decirle no a Dios es dar pruebas de una osadía poco común. Tres veces el pueblo pronunció esta pequeña palabra en contra de Dios (1 Samuel 8:19; 10:19 y 12:12). Hoy en día, ¿no hay muchas maneras y oportunidades en las que corremos el riesgo de hacer lo mismo?

1 Samuel 11:1-15
1Y SUBIO Naas Ammonita, y asentó campo contra Jabes de Galaad. Y todos los de Jabes dijeron á Naas: Haz alianza con nosotros, y te serviremos.2Y Naas Ammonita les respondió: Con esta condición haré alianza con vosotros, que á cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel.3Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: Danos siete días, para que enviemos mensajeros á todos los términos de Israel; y si nadie hubiere que nos defienda, saldremos á ti.4Y llegando los mensajeros á Gabaa de Saúl, dijeron estas palabras en oídos del pueblo; y todo el pueblo lloró á voz en grito.5Y he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo, que lloran? Y contáronle las palabras de los hombres de Jabes.6Y el espíritu de Dios arrebató á Saúl en oyendo estas palabras, y encendióse en ira en gran manera.7Y tomando un par de bueyes, cortólos en piezas, y enviólas por todos los términos de Israel por mano de mensajeros, diciendo: Cualquiera que no saliere en pos de Saúl y en pos de Samuel, así será hecho á sus bueyes. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo,8Y contóles en Bezec; y fueron los hijos de Israel trescientos mil, y treinta mil los hombres de Judá.9Y respondieron á los mensajeros que habían venido: Así diréis á los de Jabes de Galaad: Mañana en calentando el sol, tendréis salvamento. Y vinieron los mensajeros, y declaráronlo á los de Jabes, los cuales se holgaron.10Y los de Jabes dijeron: Mañana saldremos á vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien os pareciere.11Y el día siguiente dispuso Saúl el pueblo en tres escuadrones, y entraron en medio del real á la vela de la mañana, é hirieron á los Ammonitas hasta que el día calentaba: y los que quedaron fueron dispersos, tal que no quedaron dos de ellos juntos.12El pueblo entonces dijo á Samuel: ¿Quiénes son lo que decían: Reinará Saúl sobre nosotros? Dad nos esos hombres, y los mataremos.13Y Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy ha obrado Jehová salud en Israel.14Mas Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos á Gilgal para que renovemos allí el reino.15Y fué todo el pueblo á Gilgal, é invistieron allí á Saúl por rey delante de Jehová en Gilgal. Y sacrificaron allí víctimas pacíficas delante de Jehová; y alegráronse mucho allí Saúl y todos los de Israel.

En ocasión de una victoria sobre los enemigos del pueblo, la autoridad de Saúl como rey va a afirmarse. Son enemigos muy conocidos: ¡los hijos de Amón! Bajo sus amenazas arrogantes y crueles, los habitantes de Jabes de Galaad están en una situación trágica y casi desesperada. No los vemos volverse hacia Jehová; al contrario, querían hacer alianza con el enemigo. No obstante, teniendo misericordia, Dios va a liberarlos por mano de Saúl. Estos habitantes de Jabes ilustran de manera impactante el terror, el oprobio y, finalmente, la miserable esclavitud que aguarda a los que se alian con el mundo y su príncipe (véase Hebreos 2:15). Saúl, al vencer, muestra algunas cualidades positivas de su carácter; además de celo y valentía, hay en él nobleza, generosidad y clemencia (v. 13) así como cierta modestia. Con razón atribuye la victoria a Jehová. ¡Tiene un buen arranque! ¡Y cuántos jóvenes tuvieron, como él, un brillante inicio! Luego tropezaron con el primer obstáculo puesto en su camino para probar su fe. ¿Por qué? ¡Sencillamente porque esa fe… probablemente no existía en absoluto!

1 Samuel 12:1-15
1Y DIJO Samuel á todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todas las cosas que me habéis dicho, y os he puesto rey.2Ahora pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y cano: mas mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi mocedad hasta este día.3Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, ó si he tomado el asno de alguno, ó si he calumniado á alguien, ó si he agraviado á alguno, ó si de alguien he tomado cohecho por el cual haya cubie4Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado, ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre.5Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado en mi mano cosa ninguna. Y ellos respondieron: Así es.6Entonces Samuel dijo al pueblo: Jehová es quien hizo á Moisés y á Aarón, y que sacó á vuestros padres de la tierra de Egipto.7Ahora pues, aguardad, y yo os haré cargo delante de Jehová de todas las justicias de Jehová, que ha hecho con vosotros y con vuestros padres.8Después que Jacob hubo entrado en Egipto y vuestros padres clamaron á Jehová, Jehová envió á Moisés y á Aarón, los cuales sacaron á vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar.9Y olvidaron á Jehová su Dios, y él los vendió en la mano de Sísara capitán del ejército de Asor, y en la mano de los Filisteos, y en la mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra.10Y ellos clamaron á Jehová, y dijeron: Pecamos, que hemos dejado á Jehová, y hemos servido á los Baales y á Astaroth: líbranos pues ahora de la mano de nuestros enemigos, y te serviremos.11Entonces Jehová envió á Jero-baal, y á Bedán, y á Jephté, y á Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos alrededor, y habitasteis seguros.12Y habiendo visto que Naas rey de lo hijos de Ammón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino rey reinará sobre nosotros; siendo vuestro rey Jehová vuestro Dios.13Ahora pues, ved aquí vuestro rey que habéis elegido, el cual pedisteis; ya veis que Jehová ha puesto sobre vosotros rey.14Si temiereis á Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes á la palabra de Jehová, así vosotros como el rey que reina sobre vosotros, seréis en pos de Jehová vuestro Dios.15Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes á las palabras de Jehová, la mano de Jehová será contra vosotros como contra vuestros padres.

Por tercera vez, Samuel reúne al pueblo. Lo junta en Gilgal para renovar allí la realeza. Al mismo tiempo, va a abdicar de sus funciones como juez, desempeñadas fielmente, como lo testifica el pueblo. Podemos comparar sus palabras con las del apóstol Pablo a los ancianos de Éfeso, en el capítulo 20 de Hechos (v. 26-27 y 33-35). No están destinadas a glorificar al que las pronuncia, sino a poner a quien las oye ante su propia responsabilidad. E igualmente por tercera vez, Samuel hace sentir a Israel lo que ha perdido al pedir un rey. Subraya su ingratitud y su falta de confianza en Jehová (v. 9-12).

Los versículos 14 y 15 nos muestran que el pueblo es sometido a prueba nuevamente. Sin la ley como bajo la ley, en el desierto o en el país, con o sin jueces (o sacerdotes), siempre el pueblo había fallado abandonando a Jehová para volver a sus codicias y a sus ídolos. Ahora, es como si Dios les dijera: «¿Quieren un rey? ¡Bueno! ¡Veamos si quizá les vaya mejor con un rey!» Y, en su condescendencia, permite esta nueva experiencia.

1 Samuel 12:16-25; 1 Samuel 13:1-5
16Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que Jehová hará delante de vuestros ojos.17¿No es ahora la siega de los trigos? Yo clamaré á Jehová, y él dará truenos y aguas; para que conozcáis y veáis que es grande vuestra maldad que habéis hecho en los ojos de Jehová, pidiéndoos rey.18Y Samuel clamó á Jehová; y Jehová dió truenos y aguas en aquel día; y todo el pueblo temió en gran manera á Jehová y á Samuel.19Entonces dijo todo el pueblo á Samuel: Ruega por tus siervos á Jehová tu Dios, que no muramos: porque á todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros.20Y Samuel respondió al pueblo: No temáis: vosotros habéis cometido todo este mal; mas con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servid á Jehová con todo vuestro corazón:21No os apartéis en pos de las vanidades, que no aprovechan ni libran, porque son vanidades.22Pues Jehová no desamparará á su pueblo por su grande nombre: porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.23Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes yo os enseñaré por el camino bueno y derecho.24Solamente temed á Jehová, y servidle de verdad con todo vuestro corazón, porque considerad cuán grandes cosas ha hecho con vosotros.25Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.
1HABIA ya Saúl reinado un año; y reinado que hubo dos años sobre Israel,2Escogióse luego tres mil de Israel: los dos mil estuvieron con Saúl en Michmas y en el monte de Beth-el, y los mil estuvieron con Jonathán en Gabaa de Benjamín; y envió á todo el otro pueblo cada uno á sus tiendas.3Y Jonathán hirió la guarnición de los Filisteos que había en el collado, y oyéronlo los Filisteos. E hizo Saúl tocar trompetas por toda la tierra, diciendo: Oigan los Hebreos.4Y todo Israel oyó lo que se decía: Saúl ha herido la guarnición de los Filisteos; y también que Israel olía mal á los Filisteos. Y juntóse el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.5Entonces los Filisteos se juntaron para pelear con Israel, treinta mil carros, y seis mil caballos, y pueblo como la arena que está á la orilla de la mar en multitud; y subieron, y asentaron campo en Michmas, al oriente de Beth-aven.

La lluvia que Samuel pide en plena época de siega (tiempo en que nunca llueve en esas regiones; Proverbios 26:1), era un milagro destinado a probar al pueblo que el profeta hablaba de parte de Jehová. ¿Qué más les dice? Después que se humillaron, de manera conmovedora los exhorta a apartarse de las vanidades, que no aprovechan, para servir a Dios “con todo su corazón” (v. 20-21; comp. con Tito 2:12-14). El servicio de Samuel como juez ha terminado. Pero él guarda toda su actividad de intercesor (1 Samuel 12:23), tanto como de profeta, para enseñarles de parte de Jehová “el camino bueno y recto”. En la persona de Samuel, la gracia divina les mantiene este doble recurso: la oración y la Palabra. Queridos hijos de Dios, tenemos una Persona mucho más excelente todavía: Jesús; él nunca cesa de orar por cada uno de nosotros. Y para trazarnos el camino recto y bueno en la tierra, nos da su Espíritu y su Palabra. Con tales recursos, somos mucho menos excusables que Israel si no andamos en su honor.

El reinado de Saúl ha comenzado. Después de dos años, acordándose Saúl de la orden expresa del profeta (cap. 10:8), reúne al pueblo en Gilgal, frente a sus enemigos, los filisteos.

1 Samuel 13:6-23
6Mas los hombres de Israel, viéndose puestos en estrecho, (porque el pueblo estaba en aprieto), escondióse el pueblo en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas.7Y algunos de los Hebreos pasaron el Jordán á la tierra de Gad y de Galaad: y Saúl se estaba aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.8Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía á Gilgal, y el pueblo se le desertaba.9Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y sacrificios pacíficos. Y ofreció el holocausto.10Y como él acababa de hacer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl le salió á recibir para saludarle.11Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me iba, y que tú no venías al plazo de los días, y que los Filisteos estaban juntos en Michmas,12Me dije: Los Filisteos descenderán ahora contra mí á Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Esforcéme pues, y ofrecí holocausto.13Entonces Samuel dijo á Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios, que él te había intimado; porque ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre.14Mas ahora tu reino no será durable: Jehová se ha buscado varón según su corazón, al cual Jehová ha mandado que sea capitán sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.15Y levantándose Samuel, subió de Gilgal á Gabaa de Benjamín. Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres.16Saúl pues y Jonathán su hijo, y el pueblo que con ellos se hallaba, quedáronse en Gabaa de Benjamín: mas los Filisteos habían puesto su campo en Michmas.17Y salieron del campo de los Filisteos en correría tres escuadrones. El un escuadrón tiró por el camino de Ophra hacia la tierra de Sual.18El otro escuadrón marchó hacia Beth-oron, y el tercer escuadrón marchó hacia la región que mira al valle de Seboim hacia el desierto.19Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los Filisteos habían dicho: Para que los Hebreos no hagan espada ó lanza.20Y todos los de Israel descendían á los Filisteos cada cual á amolar su reja, su azadón, su hacha, ó su sacho,21Y cuando se hacían bocas en las rejas, ó en los azadones, ó en las horquillas, ó en las hachas; hasta para una ahijada que se hubiera de componer.22Así aconteció que el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de alguno de todo el pueblo que estaba con Saúl y con Jonathán, excepto Saúl y Jonathán su hijo, que las tenían.23Y la guarnición de los Filisteos salió al paso de Michmas.

La situación no podría ser más crítica. Los filisteos, numerosos como la arena, suben (v. 5); ocupan las plazas fuertes y destacan patrullas que devastan al país (v. 17). Frente a ellos, en Israel, sálvese quien pueda. Sólo unos cuantos centenares de hombres todavía siguen a Saúl temblando; pero ni siquiera tienen armas para defenderse, ¡ya que el pueblo depende del enemigo para forjarlas! Por su parte, el rey se inquieta. Samuel, quien lo había citado en Gilgal (cap. 10:8), tarda en llegar, pese a que ya es el séptimo día de espera, o sea, el día fijado. Durante ese tiempo, el pueblo desalentado abandona a Saúl y se dispersa; el número de los combatientes disminuye. El rey pierde la paciencia. Con todo, ¡no importa que Samuel no haya llegado; él mismo ofrecerá el holocausto! Apenas acabado el acto profano, el profeta se acerca. “¿Qué has hecho?”, exclama consternado. En vano Saúl procura justificarse. “Locamente has hecho”, responde Samuel, y le da a conocer la decisión de Jehová: Saúl no fundará una dinastía; su hijo no subirá al trono después de él. Conocemos bien la impaciencia; es el movimiento de la carne que no soporta esperar. Al contrario, la fe es paciente; espera hasta el final el momento elegido por Dios (Santiago 1:4).

1 Samuel 14:1-10
1Y UN día aconteció, que Jonathán hijo de Saúl dijo á su criado que le traía las armas: Ven, y pasemos á la guarnición de los Filisteos, que está á aquel lado. Y no lo hizo saber á su padre.2Y Saúl estaba en el término de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y el pueblo que estaba con él era como seiscientos hombres.3Y Achîas hijo de Achîtob, hermano de Ichâbod, hijo de Phinees, hijo de Eli, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el ephod; y no sabía el pueblo que Jonathán se hubiese ido.4Y entre los pasos por donde Jonathán procuraba pasar á la guarnición de los Filisteos, había un peñasco agudo de la una parte, y otro de la otra parte; el uno se llamaba Boses y el otro Sene:5El un peñasco situado al norte hacia Michmas, y el otro al mediodía hacia Gabaa.6Dijo pues Jonathán á su criado que le traía las armas: Ven, pasemos á la guarnición de estos incircuncisos: quizá hará Jehová por nosotros; que no es difícil á Jehová salvar con multitud ó con poco número.7Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón: ve, que aquí estoy contigo á tu voluntad.8Y Jonathán dijo: He aquí, nosotros pasaremos á los hombres, y nos mostraremos á ellos.9Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos á vosotros; entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos á ellos.10Mas si nos dijeren así: Subid á nosotros: entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestras manos: y esto nos será por señal.

En el capítulo 13, consideramos lo que la carne puede hacer, o más bien, lo que no puede hacer: esperar el momento elegido por Dios. En contraste, este capítulo va a mostrarnos lo que la fe es capaz de obrar. Todos los recursos humanos se hallan del lado de Saúl. Oficialmente, el poder de Israel está allí, debajo del granado de Gabaa (v. 2). No obstante, la fe, una fe individual, está del lado de Jonatán y su compañero. Para ellos, el socorro está en Dios, su Salvador (v. 6). Doble imagen que nos hace pensar en la cristiandad actual. Ciertas religiones llamadas cristianas pretenden tener por sí solas la autoridad espiritual y se consideran como las necesarias intermediarias entre Dios y las almas. Pero el Señor, quien conoce a los suyos, les brinda apoyo, otorgándoles la comprensión de Sus pensamientos y el gozo de Su presencia, fuera de las organizaciones controladas por los hombres. Humanamente hablando, la expedición de Jonatán es una loca aventura. Los filisteos, sintiéndose fuertes, ocupan los puntos estratégicos. Jonatán cuenta con Dios, esperando de él una señal para arremeter. Una vez más, ¡qué contraste con su propio padre, y qué hermoso ejemplo para nosotros!

1 Samuel 14:11-22
11Mostráronse pues ambos á la guarnición de los Filisteos, y los Filisteos dijeron: He aquí los Hebreos, que salen de las cavernas en que se habían escondido.12Y los hombres de la guarnición respondieron á Jonathán y á su paje de armas, y dijeron: Subid á nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonathán dijo á su paje de armas: Sube tras mí, que Jehová los ha entregado en la mano de Israel.13Y subió Jonathán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y los que caían delante de Jonathán, su paje de armas que iba tras él, los mataba.14Esta fué la primera rota, en la cual Jonathán con su paje de armas, mataron como unos veinte hombres en el espacio de una media yugada.15Y hubo temblor en el real y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido á hacer correrías, también ellos temblaron, y alborotóse la tierra: hubo pues gran consternación.16Y las centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, é iba de una parte á otra, y era deshecha.17Entonces Saúl dijo al pueblo que tenía consigo: Reconoced luego, y mirad quién haya ido de los nuestros. Y reconocido que hubieron, hallaron que faltaban Jonathán y su paje de armas.18Y Saúl dijo á Achîas: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.19Y aconteció que estando aún hablando Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campo de los Filisteos se aumentaba, é iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.20Y juntando Saúl todo el pueblo que con él estaba, vinieron hasta el lugar de la batalla: y he aquí que la espada de cada uno era vuelta contra su compañero, y la mortandad era grande.21Y los Hebreos que habían estado con los Filisteos de tiempo antes, y habían venido con ellos de los alrededores al campo, también éstos se volvieron para ser con los Israelitas que estaban con Saúl y con Jonathán.22Asimismo todos los Israelitas que se habían escondido en el monte de Ephraim, oyendo que los Filisteos huían, ellos también los persiguieron en aquella batalla.

Desde su puesto fortificado en la cima del peñasco, los vigías filisteos ven a los dos jóvenes israelitas, y no dejan de burlarse de ellos. “Subid a nosotros” (v. 12), les gritan con desprecio, sin sospechar que así dan a los valientes la señal que ellos esperan de parte de Jehová, la señal para la destrucción de los filisteos.

La fe no sólo sabe esperar, sino también avanzar y combatir cuando Dios le da la orden para ello. Llenos de intrepidez, nuestros dos combatientes escalan el peñasco y llegan a su cima. No piensan en el peligro que corren, sino en el poder divino. Éste hace caer ante ellos a los enemigos de Israel. Las burlas del momento precedente dan lugar al espanto que, progresivamente, gana todo el campamento de los filisteos. Éstos, en una ciega locura, se destruyen recíprocamente, mientras los hebreos dispersados vuelven a tener ánimo y se juntan nuevamente. Un pequeño comienzo, cuando es producido por la fe, puede tener un gran resultado e igualmente, si somos fieles, Dios podrá valerse de nuestras pequeñas victorias para alentar y afirmar a los cristianos que nos rodean.

1 Samuel 14:23-34
23Así salvó Jehová á Israel aquel día. Y llegó el alcance hasta Beth-aven.24Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había conjurado al pueblo, diciendo: Cualquiera que comiere pan hasta la tarde, hasta que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había gustado pan.25Y todo el pueblo del país llegó á un bosque donde había miel en la superficie del campo.26Entró pues el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; mas ninguno hubo que llegase la mano á su boca: porque el pueblo temía el juramento.27Empero Jonathán no había oído cuando su padre conjuró al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y mojóla en un panal de miel, y llegó su mano á su boca; y sus ojos fueron aclarados.28Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha conjurado expresamente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que comiere hoy manjar. Y el pueblo desfallecía.29Y respondió Jonathán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel:30¿Cuánto más si el pueblo hubiera hoy comido del despojo de sus enemigos que halló? ¿no se habría hecho ahora mayor estrago en los Filisteos?31E hirieron aquel día á los Filisteos desde Michmas hasta Ajalón: mas el pueblo se cansó mucho.32Tornóse por tanto el pueblo al despojo, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y matáronlos en tierra, y el pueblo comió con sangre.33Y dándole de ello aviso á Saúl, dijéronle: El pueblo peca contra Jehová comiendo con sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una grande piedra.34Y Saúl tornó á decir: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlos aquí, y comed; y no pecaréis contra Jehová comiendo con sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noc

La derrota de los filisteos es total. El pueblo se une a Saúl para perseguirlos y destruirlos. Sin embargo, no posee la energía que, en una circunstancia similar, habían desplegado Gedeón y sus compañeros. Aquéllos seguían a Madián “cansados, mas todavía persiguiendo”, porque se habían refrescado antes de ir a la batalla (Jueces 7:6 y 8:4). Aquí, al contrario, Saúl prohibe al pueblo tomar alimento durante todo el día, pese al rudo esfuerzo que deben realizar (v. 24-26). Tal interdicción legal, fruto de la imaginación, ¡nos hace pensar en otras invenciones humanas en materia de religión! Ésta sólo acarrea lamentables consecuencias: primero, la derrota de los filisteos es menos grande que lo que hubiera sido con un ejército en plena posesión de sus recursos. Por otra parte, llegada la noche, cuando el pueblo por fin tiene la libertad para comer, está tan hambriento que prepara su carne matando animales sin derramar sangre, cometiendo así un pecado mortal (Levítico 17:10-14). ¿No era mucho más grave desobedecer a Jehová que transgredir la ordenanza carnal de Saúl?

1 Samuel 14:35-52
35Y edificó Saúl altar á Jehová, el cual altar fué el primero que edificó á Jehová.36Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los Filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Lleguémonos aquí á Dios.37Y Saúl consultó á Dios: ¿Descenderé tras los Filisteos? ¿los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dió respuesta aquel día.38Entonces dijo Saúl: Llegaos acá todos los principales del pueblo; y sabed y mirad por quién ha sido hoy este pecado;39Porque vive Jehová, que salva á Israel, que si fuere en mi hijo Jonathán, el morirá de cierto. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese.40Dijo luego á todo Israel: Vosotros estaréis á un lado, y yo y Jonathán mi hijo estaremos á otro lado. Y el pueblo respondió á Saúl: Haz lo que bien te pareciere.41Entonces dijo Saúl á Jehová Dios de Israel: Da perfección. Y fueron tomados Jonathán y Saúl, y el pueblo salió libre.42Y Saúl dijo: Echad suerte entre mí y Jonathán mi hijo. Y fué tomado Jonathán.43Entonces Saúl dijo á Jonathán: Declárame qué has hecho. Y Jonathán se lo declaró, y dijo: Cierto que gusté con la punta de la vara que traía en mi mano, un poco de miel: ¿y he aquí he de morir?44Y Saúl respondió: Así me haga Dios y así me añada, que sin duda morirás, Jonathán.45Mas el pueblo dijo á Saúl: ¿Ha pues de morir Jonathán, el que ha hecho esta salud grande en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha obrado hoy con Dios. Así libró el pueblo á Jonathán, para que no46Y Saúl dejó de seguir á los Filisteos; y los Filisteos se fueron á su lugar.47Y ocupando Saúl el reino sobre Israel, hizo guerra á todos sus enemigos alrededor: contra Moab, contra los hijos de Ammón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los Filisteos: y á donde quiera que se tornaba era vencedor.48Y reunió un ejército, é hirió á Amalec, y libró á Israel de mano de los que le robaban.49Y los hijos de Saúl fueron Jonathán, Isui, y Melchi-sua. Y los nombres de sus dos hijas eran, el nombre de la mayor, Merab, y el de la menor, Michâl.50Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Aimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl.51Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.52Y la guerra fué fuerte contra los Filisteos todo el tiempo de Saúl; y á cualquiera que Saúl veía hombre valiente y hombre de esfuerzo, juntábale consigo.

Tengamos cuidado con nuestras palabras y, particularmente, con las promesas que hagamos. Ya vimos las desdichadas consecuencias del irreflexivo juramento que Saúl había pronunciado. Debilitó inútilmente a su ejército, impidió el final de la persecución, llevando al pueblo a transgredir el mandamiento relativo a la sangre. Una última consecuencia que, al igual que las precedentes, no abrirá los ojos del pobre rey, será la de condenar precisamente al único hombre de fe: el valiente Jonatán. Ahora éste se halla en peligro de muerte, no por la espada de los filisteos, ¡sino por su propio padre! Detrás de todo esto vemos obrar al mismo Satanás. Por ese medio, procura deshacerse de este hombre de Dios; sin embargo, Jehová no lo permite y se sirve del pueblo para liberar a Jonatán. Esta escena es similar a la descrita después de la derrota de Hai (Josué 7). Pero aquí todas las faltas están del lado de Saúl, cuya locura y ciega soberbia se manifiestan a los ojos de todos. Y, de ahí en adelante, lejos de contar con Jehová, quien había dado la victoria, el rey sigue apoyándose en la carne, movilizando a los hombres fuertes y valientes para su guardia personal, un reclutamiento muy diferente al que realizará David más tarde (cap. 22:2).

1 Samuel 15:1-16
1Y SAMUEL dijo á Saúl: Jehová me envió á que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel: oye pues la voz de las palabras de Jehová.2Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Acuérdome de lo que hizo Amalec á Israel; que se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto.3Ve pues, y hiere á Amalec, y destuiréis en él todo lo que tuviere: y no te apiades de él: mata hombres y mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas, camellos y asnos.4Saúl pues juntó el pueblo, y reconociólos en Telaim, doscientos mil de á pie, y diez mil hombres de Judá.5Y viniendo Saúl á la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle.6Y dijo Saúl al Cineo: Idos, apartaos, y salid de entre los de Amalec, para que no te destruya juntamente con él: pues que tú hiciste misericordia con todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Apartóse pues el Cineo de entre los de Amalec.7Y Saúl hirió á Amalec, desde Havila hasta llegar á Shur, que está á la frontera de Egipto.8Y tomó vivo á Agag rey de Amalec, mas á todo el pueblo mató á filo de espada.9Y Saúl y el pueblo perdonaron á Agag, y á lo mejor de las ovejas, y al ganado mayor, á los gruesos y á los carneros, y á todo lo bueno: que no lo quisieron destruir: mas todo lo que era vil y flaco destruyeron.10Y fué palabra de Jehová á Samuel, diciendo:11Pésame de haber puesto por rey á Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y apesadumbróse Samuel, y clamó á Jehová toda aquella noche.12Madrugó luego Samuel para ir á encontrar á Saúl por la mañana; y fue dado aviso á Samuel, diciendo: Saúl ha venido al Carmel, y he aquí él se ha levantado un trofeo, y después volviendo, ha pasado y descendido á Gilgal.13Vino pues Samuel á Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tu de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.14Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ganados y bramido de bueyes es este que yo oigo con mis oídos?15Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó á lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas á Jehová tu Dios; pero lo demás lo destruimos.16Entonces dijo Samuel á Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.

Este capítulo es importante desde dos puntos de vista. Contiene, primero, el castigo divino contra Amalec y, segundo, la prueba final del rey Saúl.

Amalec, adversario cobarde y cruel, había atacado a Israel por sorpresa a la salida del pueblo de Egipto. Esa maldad no podía serle perdonada. “Raeré del todo la memoria de Amalec”, había dicho Jehová (Éxodo 17:14). Cuatrocientos años habían transcurrido, pero Dios no lo había olvidado. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, declara el Señor (Mateo 24:35). Israel tampoco habría tenido que olvidarlo: “Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto”, había recomendado Moisés. “Borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides” (Deuteronomio 25:17-19).

Tampoco olvidemos nosotros a los enemigos que nos sorprendieron en el pasado. ¿Cómo se llaman? Ira, mentira, impureza… o cualquier otro tipo de pecado. Si nuestra vigilancia mengua respecto de esos frutos de la carne, podríamos tener que volver a aprender una lección que ya hemos pagado caro. No nos tratemos con indulgencia, sino que juzguemos sin piedad todas las manifestaciones de la vieja naturaleza.

1 Samuel 15:17-35
17Y dijo Samuel: Siendo tú pequeño en tus ojos ¿no has sido hecho cabeza á las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?18Y envióte Jehová en jornada, y dijo: Ve, y destruye los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.19¿Por qué pues no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al despojo, has hecho lo malo en los ojos de Jehová?20Y Saúl respondió á Samuel: Antes he oído la voz de Jehová, y fuí á la jornada que Jehová me envió, y he traído á Agag rey de Amalec, y he destruído á los Amalecitas:21Mas el pueblo tomó del despojo ovejas y vacas, las primicias del anatema, para sacrificarlas á Jehová tu Dios en Gilgal.22Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer á las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros:23Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos é idolatría el infringir. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.24Entonces Saúl dijo á Samuel: Yo he pecado; que he quebrantado el dicho de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo, consentí á la voz de ellos. Perdona pues ahora mi pecado,25Y vuelve conmigo para que adore á Jehová.26Y Samuel respondió á Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.27Y volviéndose Samuel para irse, él echó mano de la orla de su capa, y desgarróse.28Entonces Samuel le dijo: Jehová ha desgarrado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado á tu prójimo mejor que tú.29Y también el Vencedor de Israel no mentirá, ni se arrepentirá: porque no es hombre para que se arrepienta.30Y él dijo: Yo he pecado: mas ruégote que me honres delante de los ancianos de mi pueblo, y delante de Israel; y vuelve conmigo para que adore á Jehová tu Dios.31Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl á Jehová.32Después dijo Samuel: Traedme á Agag rey de Amalec. Y Agag vino á él delicadamente. Y dijo Agag: Ciertamente se pasó la amargura de la muerte.33Y Samuel dijo: Como tu espada dejó las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos á Agag delante de Jehová en Gilgal.34Fuése luego Samuel á Rama, y Saúl subió á su casa en Gabaa de Saúl.35Y nunca después vió Samuel á Saúl en toda su vida: y Samuel lloraba á Saúl: mas Jehová se había arrepentido de haber puesto á Saúl por rey sobre Israel.

Samuel acaba de pasar una noche de angustia que debió recordarle aquella en que le fue anunciado el castigo de la casa de Elí (cap. 3:11).

Saúl no consumó el aniquilamiento de Amalec y, por consiguiente, debe ser rechazado como rey. Un rey desobediente sólo puede conducir a su pueblo a la desobediencia; se le debe apartar del poder.

“Obedecer es mejor que los sacrificios” (cap. 15:22). La más brillante acción de toda nuestra vida no tiene valor si no se la cumple por obediencia a Dios. Este versículo se aplica a todas las obras mediante las cuales la cristiandad procura en vano satisfacer a Dios, en lugar de escuchar y recibir sencillamente su Palabra.

Aquí, obedecer es mejor que los sacrificios. Pero se dice lo mismo de la misericordia y del conocimiento de Dios (Oseas 6:6; Mateo 9:13), de la justicia y de la equidad (o juicio) (Proverbios 21:3), del espíritu quebrantado (Salmo 51:16-17) y del amor (Marcos 12:33). En cambio, veamos lo que la carne, además de la desobediencia, produce en Saúl: la jactancia (v. 20), la mentira, atribuir la falta al pueblo (v. 15 y 21), la obstinación, un falso arrepentimiento y, con todo esto, la búsqueda de un vano prestigio (v. 30). ¡En verdad, un cuadro muy triste!

1 Samuel 16:1-13
1Y DIJO Jehová á Samuel: ¿Hasta cuándo has tú de llorar á Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Hinche tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré á Isaí de Beth-lehem: porque de sus hijos me he provisto de rey.2Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo entendiere, me matará. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A sacrificar á Jehová he venido.3Y llama á Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y ungirme has al que yo te dijere.4Hizo pues Samuel como le dijo Jehová: y luego que él llegó á Beth-lehem, los ancianos de la ciudad le salieron á recibir con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?5Y él respondió: Sí, vengo á sacrificar á Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él á Isaí y á sus hijos, llamólos al sacrificio.6Y aconteció que como ellos vinieron, él vió á Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.7Y Jehová respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.8Entonces llamó Isaí á Abinadab, é hízole pasar delante de Samuel, el cual dijo: Ni á éste ha elegido Jehová.9Hizo luego pasar Isaí á Samma. Y él dijo: Tampoco á éste ha elegido Jehová.10E hizo pasar Isaí sus siete hijos delante de Samuel; mas Samuel dijo á Isaí: Jehová no ha elegido á éstos.11Entonces dijo Samuel á Isaí: ¿Hanse acabado los mozos? Y él respondió: Aun queda el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel á Isaí: Envía por él, porque no nos asentaremos á la mesa hasta que él venga aquí.12Envió pues por él, é introdújolo; el cual era rubio, de hermoso parecer y de bello aspecto. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, que éste es.13Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y ungiólo de entre sus hermanos: y desde aquel día en adelante el espíritu de Jehová tomó á David. Levantóse luego Samuel, y volvióse á Rama.

El rey según la carne es puesto a un lado en los pensamientos de Dios, aunque su reinado todavía se prolonga cierto número de años. Se introduce otro rey, aquel de quien Samuel había dicho: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón” (cap. 13:14). Es David, figura de Cristo, cuyo nombre significa «Amado», el que perfectamente complace el corazón de Dios. Samuel no está preparado para reconocerlo, porque, pese a la experiencia hecha con Saúl, aún mira la apariencia. Somos demasiado propensos a juzgar por lo que vemos y a dejarnos impresionar por las cualidades (y los defectos) exteriores. Pero “Dios no hace acepción de personas” (Gálatas 2:6). ¡Él mira el corazón! Todas las apariencias, mediante las cuales podamos engañarnos y engañar a los demás, no le ocultan a Él el verdadero estado del corazón.

Samuel visita a la familia de Isaí. El joven pastor de ovejas, a quien se había omitido llamar a la fiesta, es ungido “en medio de sus hermanos” como rey para Jehová (v. 13). Esta unción de aceite (figura del Espíritu Santo) nos recuerda cómo el Amado del Padre fue señalado a Juan el Bautista en el Jordán: “Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo” (Juan 1:33; comp. 1 Samuel 16:12, fin del versículo).

1 Samuel 16:14-23
14Y el espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y atormentábale el espíritu malo de parte de Jehová.15Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, que el espíritu malo de parte de Dios te atormenta.16Diga pues nuestro señor á tus siervos que están delante de ti, que busquen alguno que sepa tocar el arpa; para que cuando fuere sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él taña con su mano, y tengas alivio.17Y Saúl respondió á sus criados: Buscadme pues ahora alguno que taña bien, y traédmelo.18Entonces uno de los criados respondió, diciendo: He aquí yo he visto á un hijo de Isaí de Beth-lehem, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso, y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová es con él.19Y Saúl envió mensajeros á Isaí, diciendo: Envíame á David tu hijo, el que está con las ovejas.20Y tomó Isaí un asno cargado de pan, y un vasija de vino y un cabrito, y enviólo á Saúl por mano de David su hijo.21Y viniendo David á Saúl, estuvo delante de él: y amólo él mucho, y fué hecho su escudero.22Y Saúl envió á decir á Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo; porque ha hallado gracia en mis ojos.23Y cuando el espíritu malo de parte de Dios era sobre Saúl, David tomaba el arpa, y tañía con su mano; y Saúl tenía refrigerio, y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.

El Espíritu de Dios vino sobre David (v. 13) y se apartó del desdichado Saúl, dando lugar a un espíritu que ahora lo atormenta. Dios se sirve de este medio para introducir en la corte, en calidad de tocador de arpa al joven David, músico experimentado, quien, más tarde, llegará a ser “el dulce cantor de Israel” (2 Samuel 23:1). En esta oportunidad se da de él un hermoso testimonio (v. 18); así vemos que en la misma corte del rey había quienes conocían al ungido de Jehová. Filipenses 4:22 nos habla de un hecho análogo: en la casa de César, es decir, en el entorno del emperador romano, también había cristianos. Dios se provee de testigos en todos los medios.

Más de un detalle relaciona a David con aquel del cual es figura: Cristo, verdadera “vara del tronco de Isaí”, de quien está escrito: “Reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu… de conocimiento y de temor de Jehová” (Isaías 11:1-2). Ante el mundo, ¿qué testimonio damos de nuestro Amado?

“Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel”, dirá Jehová más tarde (2 Samuel 7:8). Al atender a sus ovejas, David fue preparado para «apacentar» fielmente al pueblo de Israel (véase Salmo 78:70-72).

1 Samuel 17:1-16
1Y LOS Filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y congregáronse en Sochô, que es de Judá, y asentaron el campo entre Sochô y Azeca, en Ephes-dammim.2Y también Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y asentaron el campo en el valle del Alcornoque, y ordenaron la batalla contra los Filisteos.3Y los Filisteos estaban sobre el un monte de la una parte, é Israel estaba sobre el otro monte de la otra parte, y el valle entre ellos:4Salió entonces un varón del campo de los Filisteos que se puso entre los dos campos, el cual se llamaba Goliath, de Gath, y tenía de altura seis codos y un palmo.5Y traía un almete de acero en su cabeza, é iba vestido con corazas de planchas: y era el peso de la coraza cinco mil siclos de metal:6Y sobre sus piernas traía grebas de hierro, y escudo de acero á sus hombros.7El asta de su lanza era como un enjullo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro: é iba su escudero delante de él.8Y paróse, y dió voces á los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué salís á dar batalla? ¿no soy yo el Filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí:9Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos: y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.10Y añadió el Filisteo: Hoy yo he desafiado el campo de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.11Y oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del Filisteo, conturbáronse, y tuvieron gran miedo.12Y David era hijo de aquel hombre Ephrateo de Beth-lehem de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y era este hombre en el tiempo de Saúl, viejo, y de grande edad entre los hombres.13Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido á seguir á Saúl en la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían ido á la guerra, eran, Eliab el primogénito, el segundo Abinadab, y el tercero Samma.14Y David era el menor. Siguieron pues los tres mayores á Saúl.15Empero David había ido y vuelto de con Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Beth-lehem.16Venía pues aquel Filisteo por la mañana y á la tarde, y presentóse por cuarenta días.

Nuevamente se juntan los filisteos contra Israel. Esta vez, disponen de una magistral ventaja: un extraordinario paladín, de unos tres metros de estatura, vestido con una armadura de setenta y cinco kilos. Es un coloso tan formidable que basta verlo, para que sus enemigos se aterroricen. ¡Es Goliat! Lleno de orgullo, avanza entre las líneas enemigas y desafía a quien quiera oponerse a él en duelo. No sólo ningún adversario se presenta, sino que los israelitas huyen con temor; en cada oportunidad, el gigante tiene la ocasión de ultrajar a los ejércitos de Jehová y, por consiguiente, a Jehová mismo. Goliat nos recuerda lo que se dice del leviatán: “Cuando se levanta, se espantan los poderosos; y a causa de los terrores están fuera de sí” (Job 41:25, V.M.) Y ante todo, nos hace pensar en ese “hombre fuerte”, de quien nos habla el Señor Jesús (Marcos 3:27): Satanás mismo que, por temor a la muerte, ejercita una cruel dominación sobre los hombres, buscando hacer de ellos sus esclavos para siempre (v. 9).

Durante este tiempo, David va y viene, de su rebaño a la corte del rey, a sus anchas tanto aquí como allá. ¡Qué hermosa imagen de Jesús en su humildad y su incansable abnegación!

1 Samuel 17:17-30
17Y dijo Isaí á David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un epha de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo presto al campamento á tus hermanos.18Llevarás asimismo estos diez quesos de leche al capitán, y cuida de ver si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.19Y Saúl y ellos y todos lo de Israel, estaban en el valle del Alcornoque, peleando con los Filisteos.20Levantóse pues David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, fuése con su carga, como Isaí le había mandado; y llegó al atrincheramiento del ejército, el cual había salido en ordenanza, y tocaba alarma para la pelea.21Porque así los Israelitas como los Filisteos estaban en ordenanza, escuadrón contra escuadrón.22Y David dejó de sobre sí la carga en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al escuadrón; y llegado que hubo, preguntaba por sus hermanos, si estaban buenos.23Y estando él hablando con ellos, he aquí aquel varón que se ponía en medio de los dos campos, que se llamaba Goliath, el Filisteo de Gath, salió de los escuadrones de los Filisteos, y habló las mismas palabras; las cuales oyó David.24Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre, huían de su presencia, y tenían gran temor.25Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? él se adelanta para provocar á Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y hará franca la casa de su padre en Israel.26Entonces habló David á los que junto á él estaban, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere á este Filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este Filisteo incircunciso, para que provoque á los escuadrones del Dios viviente?27Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al hombre que lo venciere.28Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, Eliab se encendió en ira contra David, y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y á quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que 29Y David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? Estas, ¿no son palabras?30Y apartándose de él hacia otros, habló lo mismo; y respondiéronle los del pueblo como primero.

Enviado por su padre, como José en otros tiempos para buscar noticias de sus hermanos (Génesis 37:13), David es la imagen de Aquel que dejó el cielo para visitar al mundo y traerle la gracia. Entonces, David oye el cotidiano desafío, el ultraje hecho a Israel por el paladín filisteo. Consternado, se informa (v. 26). Eliab le oye y le reprende por su curiosidad (v. 28). A veces ocurre que los mayores regañan injustamente y sin miramientos a sus hermanos más jóvenes.

Aunque había asistido a la unción de David, Eliab no lo toma en serio. Nos recuerda a los hermanos de Jesús, quienes no “creían en él” (Juan 7:5).

Cuarenta días pasaron (v. 16). En toda la Escritura, cuarenta es el número que corresponde a una completa puesta a prueba. ¡Ay!, es necesario reconocerlo: ¡frente al filisteo no hay nadie, nadie para liberar a Israel! Ni Eliab, pese a su grande estatura (cap. 16:7) —debería haber tenido vergüenza de su cobardía delante de David—; ¡ni aun Saúl! (el más alto de todo el pueblo y, por consiguiente, el más indicado para defenderlo), porque Jehová lo había abandonado. Sin embargo, para la fe de David, Goliat no es más que un filisteo como los demás, vencido de antemano porque se permitió insultar “a los escuadrones del Dios viviente” (Isaías 37:23 y 28).

1 Samuel 17:31-40
31Y fueron oídas las palabras que David había dicho, las cuales como refiriesen delante de Saúl, él lo hizo venir.32Y dijo David á Saúl: No desmaye ninguno á causa de él; tu siervo irá y peleará con este Filisteo.33Y dijo Saúl á David: No podrás tú ir contra aquel Filisteo, para pelear con él; porque tú eres mozo, y él un hombre de guerra desde su juventud.34Y David respondió á Saúl: Tu siervo era pastor en las ovejas de su padre, y venía un león, ó un oso, y tomaba algún cordero de la manada,35Y salía yo tras él, y heríalo, y librábale de su boca: y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y mataba.36Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; pues este Filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.37Y añadió David: Jehová que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este Filisteo. Y dijo Saúl á David: Ve, y Jehová sea contigo.38Y Saúl vistió á David de sus ropas, y puso sobre su cabeza un almete de acero, y armóle de coraza.39Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó á andar, porque nunca había probado. Y dijo David á Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y echando de sí David aquellas cosas,40Tomó su cayado en su mano, y escogióse cinco piedras lisas del arroyo, y púsolas en el saco pastoril y en el zurrón que traía, y con su honda en su mano vase hacia el Filisteo.

David se presenta ante Saúl y le da a conocer su proyecto. “No podrás tú ir contra aquel filisteo”, le responde el rey. Empero, impresionado por la resolución y la firme confianza del joven, está dispuesto a ayudarlo: trae su armadura; se la presta a David, quien sintiéndose incómodo y paralizado en sus movimientos, no puede valerse de ella. No, sus armas serán los humildes utensilios del pastor. Éstos, sin valor a los ojos de los hombres, tanto más harán resaltar el poder de Jehová.

La armadura de Saúl nos habla de todos los recursos y las precauciones de la sabiduría humana; ¡la fe los considera como trabas!

Formado por Dios en lo secreto para el servicio al cual estaba destinado (como lo fueron tantos servidores y Jesús mismo en Nazaret), David aparece ahora en público, listo para el combate. Y, para demostrar el poder de Jehová, relata una experiencia hecha en esa «escuela del desierto». Mató, sin testigos, un león y un oso para liberar una oveja. Pensemos en otro Pastor dando su vida por las ovejas y liberándolas del cruel Adversario (Juan 10:11; 17:12 y 18:8-9). ¡Qué inmenso valor tiene un solo cordero para el corazón de este buen Pastor!

1 Samuel 17:41-54
41Y el Filisteo venía andando y acercándose á David, y su escudero delante de él.42Y como el Filisteo miró y vió á David túvole en poco; porque era mancebo, y rubio, y de hermoso parecer.43Y dijo el Filisteo á David: ¿Soy yo perro para que vengas á mí con palos? Y maldijo á David por sus dioses.44Dijo luego el Filisteo á David: Ven á mí, y daré tu carne á las aves del cielo, y á las bestias del campo.45Entonces dijo David al Filisteo: Tú vienes á mí con espada y lanza y escudo; mas yo vengo á ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, que tú has provocado.46Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y quitaré tu cabeza de ti: y daré hoy los cuerpos de los Filisteos á las aves del cielo y á las bestias de la tierra: y sabrá la tierra toda que hay Dios en Israel.47Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y lanza; porque de Jehová es la guerra, y él os entregará en nuestras manos.48Y aconteció que, como el Filisteo se levantó para ir y llegarse contra David, David se dió priesa, y corrió al combate contra el Filisteo.49Y metiendo David su mano en el saco, tomó de allí una piedra, y tirósela con la honda, é hirió al Filisteo en la frente: y la piedra quedó hincada en la frente, y cayó en tierra sobre su rostro.50Así venció David al Filisteo con honda y piedra; é hirió al Filisteo y matólo, sin tener David espada en su mano.51Mas corrió David y púsose sobre el Filisteo, y tomando la espada de él, sacándola de su vaina, matólo, y cortóle con ella la cabeza. Y como los Filisteos vieron su gigante muerto, huyeron.52Y levantándose los de Israel y de Judá, dieron grita, y siguieron á los Filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron heridos de los Filisteos por el camino de Saraim, hasta Gath y Ecrón.53Tornando luego los hijos de Israel de seguir los Filisteos, despojaron su campamento.54Y David tomó la cabeza del Filisteo, y trájola á Jerusalem, mas puso sus armas en su tienda.

Una vez más, el filisteo sale de las filas con su actitud provocativa. Pero, ¿quién viene a su encuentro? ¿Es éste el campeón que le opone Israel, un jovencito con sus armas irrisorias: un palo y una honda de pastor? ¿Se burlan de él? Mira de arriba abajo a este miserable adversario, indigno de medirse con él, y lo insulta con desprecio. Pero David no se conmueve, y más tarde escribirá: “Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1). Con gesto seguro, lanza la piedra; ésta penetra en la frente del gigante, quien se desploma. David corre y le corta la cabeza con la propia espada de Goliat. Entonces, estallan gritos de victoria en el campamento de Israel, en tanto que la confusión y la derrota reinan en el de los filisteos. ¡Qué escena memorable! Ilustra el poder de la fe, esa fe que permite al creyente obtener, de rodillas, semejantes victorias. Pero sabemos que tiene un alcance infinitamente más grande. Figura de Cristo, David triunfó sobre Goliat, imagen de Satanás, al utilizar su propia espada: la muerte. Es la victoria de la cruz, inagotable tema de eterna alabanza.

1 Samuel 17:55-58; 1 Samuel 18:1-9
55Y cuando Saúl vió á David que salía á encontrarse con el Filisteo, dijo á Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo aquel mancebo? Y Abner respondió:56Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta pues de quién es hijo aquel mancebo.57Y cuando David volvía de matar al Filisteo, Abner lo tomó, y llevólo delante de Saúl, teniendo la cabeza del Filisteo en su mano.58Y díjole Saúl: Mancebo, ¿de quién eres hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Beth-lehem.
1Y ASI que él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonathán fué ligada con la de David, y amólo Jonathán como á su alma.2Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver á casa de su padre.3E hicieron alianza Jonathán y David, porque él le amaba como á su alma.4Y Jonathán se desnudó la ropa que tenía sobre sí, y dióla á David, y otras ropas suyas, hasta su espada, y su arco, y su talabarte.5Y salía David á donde quiera que Saúl le enviaba, y portábase prudentemente. Hízolo por tanto Saúl capitán de gente de guerra, y era acepto en los ojos de todo el pueblo, y en los ojos de los criados de Saúl.6Y aconteció que como volvían ellos, cuando David tornó de matar al Filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando, y con danzas, con tamboriles, y con alegrías y sonajas, á recibir al rey Saúl.7Y cantaban las mujeres que danzaba, y decían: Saúl hirió sus miles, Y David sus diez miles.8Y enojóse Saúl en gran manera, y desagradó esta palabra en sus ojos, y dijo: A David dieron diez miles, y á mí miles; no le falta más que el reino.9Y desde aquel día Saúl miró de través á David.

Como vencedor, David es llevado otra vez ante el rey, teniendo en la mano la cabeza del gigante. Con sorpresa, comprobamos que Saúl no recuerda más de quién es hijo. Con respecto al Señor Jesús se manifiesta un enceguecimiento semejante. Los judíos no lo conocen, ni a él ni a su Padre (Juan 8:19). Y todavía es así, aun en nuestros países cristianos: muchas personas no reconocen verdaderamente a Jesús como el Hijo de Dios (1 Juan 4:14-15).

En cambio, Jonatán no se formula preguntas respecto a David (1 Samuel 20:13-15). El que acaba de dar a Israel esta extraordinaria liberación sólo puede ser el ungido de Jehová. Su alma se apega a él, no sencillamente por agradecimiento o admiración, sino por un vínculo de íntimo y verdadero amor. Es un hermoso ejemplo para el creyente que no sólo goza de su salvación sino que ama a aquel que le salvó. Ahora bien, el amor es un sentimiento que se manifiesta. Por David, el amado, Jonatán se despoja de lo que produce su fuerza y su gloria. ¿Estamos dispuestos a hacer otro tanto? ¿Hemos reconocido a Jesús, nuestro Salvador, como Aquel que tiene derechos sobre nuestro corazón y sobre todo lo que nos pertenece?

1 Samuel 18:10-30
10Otro día aconteció que el espíritu malo de parte de Dios tomó á Saúl, y mostrábase en su casa con trasportes de profeta: y David tañía con su mano como los otros días; y estaba una lanza á mano de Saúl.11Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré á David en la pared. Y dos veces se apartó de él David.12Mas Saúl se temía de David por cuanto Jehová era con él, y se había apartado de Saúl.13Apartólo pues Saúl de sí, é hízole capitán de mil; y salía y entraba delante del pueblo.14Y David se conducía prudentemente en todos sus negocios, y Jehová era con él.15Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, temíase de él.16Mas todo Israel y Judá amaba á David, porque él salía y entraba delante de ellos.17Y dijo Saúl á David: He aquí yo te daré á Merab mi hija mayor por mujer: solamente que me seas hombre valiente, y hagas las guerras de Jehová. Mas Saúl decía: No será mi mano contra él, mas la mano de los Filisteos será contra él.18Y David respondió á Saúl: ¿Quién soy yo, ó qué es mi vida, ó la familia de mi padre en Israel, para ser yerno del rey?19Y venido el tiempo en que Merab, hija de Saúl, se había de dar á David, fué dada por mujer á Adriel Meholatita.20Mas Michâl la otra hija de Saúl amaba á David; y fué dicho á Saúl, lo cual plugo en sus ojos.21Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le sea por lazo, y para que la mano de los Filisteos sea contra él. Dijo pues Saúl á David: Con la otra serás mi yerno hoy.22Y mandó Saúl á sus criados: Hablad en secreto á David, diciéndole: He aquí, el rey te ama, y todos sus criados te quieren bien; sé pues yerno del rey.23Y los criados de Saúl hablaron estas palabras á los oídos de David. Y David dijo: ¿Paréceos á vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima?24Y los criados de Saúl le dieron la respuesta diciendo: Tales palabras ha dicho David.25Y Saúl dijo: Decid así á David: No está el contentamiento del rey en el dote, sino en cien prepucios de Filisteos, para que sea tomada venganza de los enemigos del rey. Mas Saúl pensaba echar á David en manos de los Filisteos.26Y como sus criados declararon á David estas palabras, plugo la cosa en los ojos de David, para ser yerno del rey. Y como el plazo no era aún cumplido,27Levantóse David, y partióse con su gente, é hirió doscientos hombres de los Filisteos; y trajo David los prepucios de ellos, y entregáronlos todos al rey, para que él fuese hecho yerno del rey. Y Saúl le dió á su hija Michâl por mujer.28Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová era con David, y que su hija Michâl lo amaba,29Temióse más de David; y fué Saúl enemigo de David todos los días.30Y salían los príncipes de los Filisteos; y como ellos salían, portábase David más prudentemente que todos los siervos de Saúl: y era su nombre muy ilustre.

Tan profundo es el amor de Jonatán por David como violento el odio de Saúl por él. Esto comienza con la irritación (v. 8) acompañada de celos, luego el deseo de asesinato llena su corazón; el odio aumenta: una primera tentativa de matar a David será seguida por muchas otras en los próximos capítulos. Esto es exactamente lo que la Escritura llama “el camino de Caín” (Judas 11). Éste empezó por estar muy irritado… y terminó por matar a su hermano. Irritación y celos son, pues, nada menos que los primeros pasos en ese terrible camino (Santiago 3:14 y 4:1).

El rey había prometido su hija al que venciera al filisteo. Pero no cumple su palabra (v. 19). Luego, valiéndose de su hija menor, Mical, procura hacer caer a David en las manos de sus enemigos. Sin embargo, habría podido sospechar que el vencedor de Goliat triunfaría aún más fácilmente sobre filisteos menos temibles que aquél. Además, conoce el secreto que da la fuerza a David y es precisamente lo que le asusta: “Jehová estaba con él” (v. 12, 14, 28). “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”, confirma David en el Salmo 23:4.

¿Conocemos este secreto? ¿Hemos experimentado el aliento que puede darnos? (2 Timoteo 4:17).

1 Samuel 19:1-18
1Y HABLO Saúl á Jonathán su hijo, y á todos sus criados, para que matasen á David; mas Jonathán hijo de Saúl amaba á David en gran manera.2Y dió aviso á David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto mira ahora por ti hasta la mañana, y estáte en paraje oculto, y escóndete:3Y yo saldré y estaré junto á mi padre en el campo donde estuvieres: y hablaré de ti á mi padre, y te haré saber lo que notare.4Y Jonathán habló bien de David á Saúl su padre, y díjole: No peque el rey contra su siervo David, pues que ninguna cosa ha cometido contra ti: antes sus obras te han sido muy buenas;5Porque él puso su alma en su palma, é hirió al Filisteo, y Jehová hizo una gran salud á todo Israel. Tú lo viste, y te holgaste: ¿por qué pues pecarás contra la sangre inocente, matando á David sin causa?6Y oyendo Saúl la voz de Jonathán, juró: Vive Jehová, que no morirá.7Llamando entonces Jonathán á David, declaróle todas estas palabras; y él mismo presentó á David á Saúl, y estuvo delante de él como antes.8Y tornó á hacerse guerra: y salió David y peleó contra los Filisteos, é hiriólos con grande estrago, y huyeron delante de él.9Y el espíritu malo de parte de Jehová fué sobre Saúl: y estando sentado en su casa tenía una lanza á mano, mientras David estaba tañendo con su mano.10Y Saúl procuró enclavar á David con la lanza en la pared; mas él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapóse aquella noche.11Saúl envió luego mensajeros á casa de David para que lo guardasen, y lo matasen á la mañana. Mas Michâl su mujer lo descubrió á David, diciendo: Si no salvares tu vida esta noche, mañana serás muerto.12Y descolgó Michâl á David por una ventana; y él se fué, y huyó, y escapóse.13Tomó luego Michâl una estatua, y púsola sobre la cama, y acomodóle por cabecera una almohada de pelos de cabra, y cubrióla con una ropa.14Y cuando Saúl envió mensajeros que tomasen á David, ella respondió: Está enfermo.15Y tornó Saúl á enviar mensajeros para que viesen á David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.16Y como los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba en la cama, y una almohada de pelos de cabra por cabecera.17Entonces Saúl dijo á Michâl: ¿Por qué me has así engañado, y has dejado escapar á mi enemigo? Y Michâl respondió á Saúl: Porque él me dijo: Déjame ir; si no, yo te mataré.18Huyó pues David, y escapóse, y vino á Samuel en Rama, y díjole todo lo que Saúl había hecho con él. Y fuéronse él y Samuel, y moraron en Najoth.

Jonatán se ha apegado mucho a David. Ahora ha llegado el momento en que debe dar testimonio ante su padre a favor de su amigo.

Si amamos al Señor Jesús, no nos avergonzaremos de hablar de él, en primer lugar, ante nuestra familia. Sin temor confesaremos a Aquel que es sin pecado, el que hirió al gran Enemigo y por quien Dios obró una maravillosa liberación (comp. v. 4-5).

En respuesta a la intervención de Jonatán, Saúl jura en nombre de Jehová que no hará morir a David, ¡promesa que pronto se desvanece! En el mismo momento en que David está ocupado en aliviar al rey, éste renueva su criminal acción. ¡Cuán grande es la ingratitud del corazón humano y, muy especialmente, hacia su Salvador de quien David es una imagen! (Salmo 109:4-5). Luego, el miserable rey, dominado por los celos, persigue a su propio yerno hasta su casa y en su cama (véase el título del Salmo 59). Mical protege a su marido, pero no lo hace como su hermano Jonatán por medio de una valiente confesión: emplea la mentira y el disimulo.

David huye por la ventana. En Damasco, Pablo, objeto del odio de los judíos, escapa por el mismo medio (Hechos 9:25; 2 Corintios 11:32-33).

1 Samuel 19:19-24; 1 Samuel 20:1-4
19Y fué dado aviso á Saúl, diciendo: He aquí que David está en Najoth en Rama.20Y envió Saúl mensajeros que trajesen á David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y á Samuel que estaba allí, y los presidía. Y fué el espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron.21Y hecho que fué saber á Saúl, él envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió á enviar por tercera vez mensajeros, y ellos también profetizaron.22Entonces él mismo vino á Rama; y llegando al pozo grande que está en Sochô, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y fuéle respondido: He aquí están en Najoth en Rama.23Y fué allá á Najoth en Rama; y también vino sobre él el espíritu de Dios, é iba profetizando, hasta que llegó á Najoth en Rama.24Y él también se desnudó sus vestidos, y profetizó igualmente delante de Samuel, y cayó desnudo todo aquel día y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas?
1Y DAVID huyó de Najoth que es en Rama, y vínose delante de Jonathán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿cuál es mi maldad, ó cuál mi pecado contra tu padre, que él busca mi vida?2Y él le dijo: En ninguna manera; no morirás. He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la descubra; ¿por qué pues me encubrirá mi padre este negocio? No será así.3Y David volvió á jurar, diciendo: Tu padre sabe claramente que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No sepa esto Jonathán, porque no tenga pesar: y ciertamente, vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte.4Y Jonathán dijo á David: ¿Qué discurre tu alma, y harélo por ti?

Hasta aquí David se ha abierto camino: yerno del rey, oficial superior, héroe popular… al parecer, no le queda más que esperar tranquilamente el momento de suceder a Saúl en el trono. ¡Pero, no! El plan de Dios con respecto a él preveía años difíciles, destinados a prepararle para ocupar el trono. Las pruebas del creyente tienen el mismo objetivo: formarle aquí abajo para reinar más tarde con Jesús.

Así, David debe dejarlo todo: hogar, situación y recursos. Pero, antes de las tribulaciones que le aguardan, pasa algunos días en compañía de Samuel en Naiot. Para este joven, es un privilegio recibir, al principio de su carrera, las enseñanzas y exhortaciones del anciano que llega al final de la suya.

¡Jóvenes creyentes, les aconsejamos que también busquen la compañía de cristianos de más edad! Aprovechen su experiencia. Timoteo se formó al lado del apóstol Pablo. Las enseñanzas que reciban de esta manera no los eximirán de vivir después, como David, sus propias experiencias personales. Pero pueden y deben prepararles para que las atraviesen sin perjuicio.

Es conmovedor ver la confianza de David en tales circunstancias: “Yo cantaré de tu poder, y alabaré de mañana tu misericordia” (Salmo 59:16).

1 Samuel 20:5-23
5Y David respondió á Jonathán: He aquí que mañana será nueva luna, y yo acostumbro sentarme con el rey á comer: mas tú dejarás que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer día.6Si tu padre hiciere mención de mí, dirás: Rogóme mucho que lo dejase ir presto á Beth-lehem su ciudad, porque todos los de su linaje tienen allá sacrificio aniversario.7Si él dijere, Bien está, paz tendrá tu siervo; mas si se enojare, sabe que la malicia es en él cosumada.8Harás pues misericordia con tu siervo, ya que has traído tu siervo á alianza de Jehová contigo: y si maldad hay en mí mátame tú, que no hay necesidad de llevarme hasta tu padre.9Y Jonathán le dijo: Nunca tal te suceda; antes bien, si yo entendiera ser consumada la malicia de mi padre, para venir sobre ti, ¿no había yo de descubrírtelo?10Dijo entonces David á Jonathán: ¿Quién me dará aviso? ó ¿qué si tu padre te respondiere ásperamente?11Y Jonathán dijo á David: Ven, salgamos al campo. Y salieron ambos al campo.12Entonces dijo Jonathán á David: Oh Jehová Dios de Israel, cuando habré yo preguntado á mi padre mañana á esta hora, ó después de mañana, y él apareciere bien para con David, si entonces no enviare á ti, y te lo descubriere,13Jehová haga así á Jonathán, y esto añada. Mas si á mi padre pareciere bien hacerte mal, también te lo descubriré, y te enviaré, y te irás en paz: y sea Jehová contigo, como fué con mi padre.14Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová; mas si fuere muerto,15No quitarás perpetuamente tu misericordia de mi casa. Cuando desarraigare Jehová uno por uno los enemigos de David de la tierra, aun á Jonathán quite de su casa, si te faltare.16Así hizo Jonathán alianza con la casa de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David.17Y tornó Jonathán á jurar á David, porque le amaba, porque le amaba como á su alma.18Díjole luego Jonathán: Mañana es nueva luna, y tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío.19Estarás pues tres días, y luego descenderás, y vendrás al lugar donde estabas escondido el día de trabajo, y esperarás junto á la piedra de Ezel;20Y yo tiraré tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome al blanco.21Y luego enviaré el criado diciéndole: Ve, busca las saetas. Y si dijere al mozo: He allí las saetas más acá de ti, tómalas: tú vendrás, porque paz tienes, y nada hay de mal, vive Jehová.22Mas si yo dijere al mozo así: He allí las saetas más allá de ti: vete, porque Jehová te ha enviado.23Y cuanto á las palabras que yo y tú hemos hablado, sea Jehová entre mí y ti para siempre.

La llegada de Saúl a Naiot provoca la huida de David. No obstante, éste guarda alguna esperanza de volver a tomar su lugar en la corte y regresa para pedir consejo a su amigo Jonatán. “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17). Compañeros en los días felices, David y Jonatán van a sentir cuán precioso y consolador es su afecto en el momento de la prueba.

Con más razón será así en nuestra relación con el Amigo supremo. ¿Podríamos conocer su perfecta simpatía, si nunca la necesitáramos? (Hebreos 4:15-16).

Aparentemente, David no es más que un pobre proscrito, para quien las promesas divinas de la realeza están anuladas. Pero la fe de Jonatán sigue viendo en él a aquel que infaliblemente debe reinar, a aquel cuyos enemigos serán eliminados, inclusive su propio padre (a quien por loable respeto evita nombrar). Notemos cómo habla del porvenir con plena certeza. Así los redimidos de Jesús disciernen sus admirables glorias por la fe y saben que su Salvador, hoy en día odiado y rechazado por el mundo y su príncipe, pronto aparecerá como el rey de gloria, teniendo a todos sus enemigos bajo sus pies.

1 Samuel 20:24-42
24David pues se escondió en el campo, y venida que fué la nueva luna, sentóse el rey á comer pan.25Y el rey se sentó en su silla, como solía, en el asiento junto á la pared, y Jonathán se levantó, y sentóse Abner al lado de Saúl, y el lugar de David estaba vacío.26Mas aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía: Habrále acontecido algo, y no está limpio; no estará purificado.27El día siguiente, el segundo día de la nueva luna, aconteció también que el asiento de David estaba vacío. Y Saúl dijo á Jonathán su hijo: ¿Por qué no ha venido á comer el hijo de Isaí hoy ni ayer?28Y Jonathán respondió á Saúl: David me pidió encarecidamente le dejase ir hasta Beth-lehem.29Y dijo: Ruégote que me dejes ir, porque tenemos sacrificio los de nuestro linaje en la ciudad, y mi hermano mismo me lo ha mandado; por tanto, si he hallado gracia en tus ojos, haré una escapada ahora, y visitaré á mis hermanos. Por esto pues no ha venido30Entonces Saúl se enardeció contra Jonathán, y díjole: Hijo de la perversa y rebelde, ¿no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre?31Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú serás firme, ni tu reino. Envía pues ahora, y traémelo, porque ha de morir.32Y Jonathán respondió á su padre Saúl, y díjole: ¿Por qué morirá? ¿qué ha hecho?33Entonces Saúl le arrojó una lanza por herirlo: de donde entendió Jonathán que su padre estaba determinado á matar á David.34Y levantóse Jonathán de la mesa con exaltada ira, y no comió pan el segundo día de la nueva luna: porque tenía dolor á causa de David, porque su padre le había afrentado.35Al otro día de mañana, salió Jonathán al campo, al tiempo aplazado con David, y un mozo pequeño con él.36Y dijo á su mozo: Corre y busca las saetas que yo tirare. Y como el muchacho iba corriendo, él tiraba la saeta que pasara más allá de él.37Y llegando el muchacho adonde estaba la saeta que Jonathán había tirado, Jonathán dió voces tras el muchacho, diciendo: ¿No está la saeta más allá de ti?38Y tornó á gritar Jonathán tras el muchacho: Date priesa, aligera, no te pares. Y el muchacho de Jonathán cogió las saetas, y vínose á su señor.39Empero ninguna cosa entendió el muchacho: solamente Jonathán y David entendían el negocio.40Luego dió Jonathán sus armas á su muchacho, y díjole: Vete y llévalas á la ciudad.41Y luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David de la parte del mediodía, é inclinóse tres veces postrándose hasta la tierra: y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro, aunque David lloró más.42Y Jonathán dijo á David: Vete en paz, que ambos hemos jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová sea entre mí y ti, entre mi simiente y la simiente tuya, para siempre.

¿Cómo se explica el recíproco amor de David y Jonatán? Entre ellos existía este estrecho vínculo: una misma fe. Tanto el uno como el otro había mostrado esa fe al obtener a solas una victoria de Jehová sobre los filisteos.

Porque tienen en común “una fe igualmente preciosa”, los creyentes se reconocen y se aman (2 Pedro 1:1). Recordémoslo cuando elijamos nuestros amigos. Para nosotros, hijos de Dios, no puede haber verdadera y profunda amistad fuera de una misma fe en el Señor Jesucristo (Salmo 119:63).

De nuevo, y no sin riesgos, Jonatán es el abogado de David frente a su padre Saúl. Incrédulo, éste finge ignorar la sentencia de Dios (1 Samuel 13:13-14) y, pese a ella, quisiera asegurar los derechos de la sucesión real a su hijo (v. 31). En apariencia, Jonatán obra en contra de su propio interés. Es la señal del verdadero amor (véase 1 Corintios 13:5). Aun después que Saúl procurara matarlo a él también, si tiene dolor, es a causa del ultraje hecho a David y no por sí mismo (v. 34).

Queridos amigos, ¿qué nos aflige más? ¿el ultraje hecho al Señor Jesús por el mundo o los prejuicios que éste nos cause?

1 Samuel 21:1-15
1Y VINO David á Nob, á Ahimelech sacerdote: y sorprendióse Ahimelech de su encuentro, y díjole: ¿Cómo tú solo, y nadie contigo?2Y respondió David al sacerdote Ahimelech: El rey me encomendó un negocio, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna de este negocio á que yo te envío, y que yo te he mandado; y yo señalé á los criados un cierto lugar.3Ahora pues, ¿qué tienes á mano? dame cinco panes, ó lo que se hallare.4Y el sacerdote respondió á David, y dijo: No tengo pan común á la mano; solamente tengo pan sagrado: mas lo daré si los criados se han guardado mayormente de mujeres.5Y David respondió al sacerdote, y díjole: Cierto las mujeres nos han sido reservadas desde anteayer cuando salí, y los vasos de los mozos fueron santos, aunque el camino es profano: cuanto más que hoy habrá otro pan santificado en los vasos.6Así el sacerdote le dió el pan sagrado, porque allí no había otro pan que los panes de la proposición, los cuales habían sido quitados de delante de Jehová, para que se pusiesen panes calientes el día que los otros fueron quitados.7Aquel día estaba allí uno de los siervos de Saúl detenido delante de Jehová, el nombre del cual era Doeg, Idumeo, principal de los pastores de Saúl.8Y David dijo á Ahimelech: ¿No tienes aquí á mano lanza ó espada? porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas, por cuanto el mandamiento del rey era apremiante.9Y el sacerdote respondió: La espada de Goliath el Filisteo, que tú venciste en el valle del Alcornoque, está aquí envuelta en un velo detrás del ephod: si tú quieres tomarla, tómala: porque aquí no hay otra sino esa. Y dijo David: Ninguna como ella: dámel10Y levantándose David aquel día, huyó de la presencia de Saúl, y vínose á Achîs rey de Gath.11Y los siervos de Achîs le dijeron: ¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿no es éste á quien cantaban en corros, diciendo: Hirió Saúl sus miles, Y David sus diez miles?12Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran temor de Achîs rey de Gath.13Y mudó su habla delante de ellos, y fingióse loco entre sus manos, y escribía en las portadas de las puertas, dejando correr su saliva por su barba.14Y dijo Achîs á sus siervos: He aquí estáis viendo un hombre demente; ¿por qué lo habéis traído á mí?15¿Fáltanme á mí locos, para que hayáis traído éste que hiciese del loco delante de mí? ¿había de venir éste á mi casa?

Comienza la vida errante de David. Primero se dirige a Nob, al sacerdote Ahimelec.

El Señor recordará esta escena a los judíos para probarles que todo (inclusive la ley) debe estar sujeto al Mesías, de quien David es figura (Marcos 2:25-26).

Antes de enfrentar nuestras dificultades, antes de emprender lo que sea, vayamos a Jesús, nuestro gran Sacerdote. Como David, pidámosle la comida y la espada. Su Palabra, con tal que le entendamos y recibamos, nos proveerá a la vez la una y la otra.

¡Ay!, de la boca de David debemos oír una mentira (v. 2); luego, comete una nueva falta: busca refugio en los enemigos de Israel y finge estar loco delante de Aquis, príncipe de los filisteos (v. 10-15). ¡Qué triste cuadro! ¿No es él el ungido de Jehová, el vencedor de Goliat, en otros tiempos, la imagen del Señor Jesús?

También es un triste espectáculo cuando un creyente, olvidando que es representante de Cristo, obra delante del mundo como un insensato.

Pero es consolador ver que, después de haber dado ese paso en falso, David es restaurado y puede componer mediante el Espíritu este notable cántico: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca” (Salmo 34:1).

1 Samuel 22:1-10
1Y YÉNDOSE David de allí escapóse á la cueva de Adullam; lo cual como oyeron sus hermanos y toda la casa de su padre, vinieron allí á él.2Y juntáronse con él todos los afligidos, y todo el que estaba adeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fué hecho capitán de ellos: y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.3Y fuése David de allí á Mizpa de Moab, y dijo al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí.4Trájolos pues á la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en la fortaleza.5Y Gad profeta dijo á David: No te estés en esta fortaleza, pártete, y vete á tierra de Judá. Y David se partió, y vino al bosque de Hareth.6Y oyó Saúl como había parecido David, y los que estaban con él. Estaba entonces Saúl en Gabaa debajo de un árbol en Rama, y tenía su lanza en su mano, y todos sus criados estaban en derredor de él.7Y dijo Saúl á sus criados que estaban en derredor de él: Oid ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también á todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará á todos tribunos y centuriones;8Que todos vosotros habéis conspirado contra mí, y no hay quien me descubra al oído como mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí, y me descubra como mi hijo ha levantado á mi siervo contra mí, para que me acec9Entonces Doeg Idumeo, que era superior entre los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino á Nob, á Ahimelech hijo de Ahitob;10El cual consultó por él á Jehová, y dióle provisión, y también le dió la espada de Goliath el Filisteo.

La cueva de Adulam viene a ser el refugio de David. Pero, en realidad, Jehová es su refugio, así lo afirma un salmo compuesto en esa cueva: “Tú eres mi refugio” (Salmo 142:5, V.M.; véase también Salmo 57:1). Después agrega: “Me rodearán los justos, porque tú me serás propicio” (Salmo 142:7). ¿Los justos? ¿Puede tratarse de esos hombres del versículo 2, aparentemente tan poco recomendables, sospechosos, deudores marginales, verdaderos desechos de la sociedad? Sí, Dios da este nombre a los que aman a su ungido y le reconocen como jefe. Desde el momento en que acuden a David, ya no es cuestión de su triste pasado.

Así, hoy en día, los que se reúnen alrededor de Jesús han cambiado su miseria moral, su inmensa deuda para con Dios, la amargura de su alma (v. 2) por Su justicia. En cuanto comprenden que en sí mismos ellos no tienen nada de valor y que el mundo no puede satisfacerlos, hallan en Jesús un Jefe y un objeto para sus afectos.

¿Qué podía ofrecer David a sus compañeros? Para el presente, ¡nada más que sufrimientos! Pero para el porvenir, podrían compartir su gloria real. ¡Tal es la parte del creyente! ¡Qué contraste con la gente del mundo que, como los siervos de Saúl en el versículo 7, recibe todas sus ventajas y sus bienes en la vida presente!

1 Samuel 22:11-23
11Y el rey envió por el sacerdote Ahimelech hijo de Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob: y todos vinieron al rey.12Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo: Heme aquí, señor mío.13Y díjole Saúl: ¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando tú le diste pan y espada, y consultaste por él á Dios, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy día?14Entonces Ahimelech respondió al rey, y dijo: ¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno además del rey, y que va por tu mandado, y es ilustre en tu casa?15¿He comenzado yo desde hoy á consultar por él á Dios? lejos sea de mí: no impute el rey cosa alguna á su siervo, ni á toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este negocio, grande ni chica.16Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelech, tú y toda la casa de tu padre.17Entonces dijo el rey á la gente de su guardia que estaba alrededor de él: Cercad y matad á los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos es con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Mas los siervos del rey no quisieron ex18Entonces dijo el rey á Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y revolviéndose Doeg Idumeo, arremetió contra los sacerdotes, y mató en aquel día ochenta y cinco varones que vestían ephod de lino.19Y á Nob, ciudad de los sacerdotes, puso á cuchillo: así á hombres como á mujeres, niños y mamantes, bueyes y asnos y ovejas, todo á cuchillo.20Mas uno de los hijos de Ahimelech hijo de Ahitob, que se llamaba Abiathar, escapó, y huyóse á David.21Y Abiathar notició á David como Saúl había muerto los sacerdotes de Jehová.22Y dijo David á Abiathar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el Idumeo, él lo había de hacer saber á Saúl. Yo he dado ocasión contra todas las personas de la casa de tu padre.23Quédate conmigo, no temas: quien buscare mi vida, buscará también la tuya: bien que tú estarás conmigo guardado.

Mientras David, el futuro rey, se halla errante y proscrito con sus fieles, Saúl trama siniestros proyectos contra él. Al mismo tiempo, sus celos le impelen a la matanza de los sacerdotes de Jehová. Y lo que no ejecutó contra Amalec, enemigo del pueblo, al perdonarle la vida a Agag y al ganado, no teme hacerlo a la ciudad de Nob, pasándola por entero a cuchillo. Para cumplir su venganza, Saúl se vale del mismo traidor, Doeg, un edomita, terrible figura del Anticristo, quien en un tiempo venidero, se levantará contra el Señor y contra Israel (véase el título del Salmo 52).

Consideremos ahora, en cambio, un cuadro lleno de gracia: Abiatar se reúne con el ungido de Jehová. “Quédate conmigo —le recomienda David—, quien buscare mi vida, buscará también la tuya” (v. 23). “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros”, recuerda Jesús a sus discípulos. “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:18 y 20). Esta persecución, este odio del mundo, ¿es motivo de temor para nuestros corazones? Entonces, escuchemos como viniendo de boca del Señor esta preciosa promesa nunca desmentida: ¡“Conmigo estarás a salvo”! (v. 23; véase Juan 18:9).

1 Samuel 23:1-13
1Y DIERON aviso á David, dicendo: He aquí que los Filisteos combaten á Keila, y roban las eras.2Y David consultó á Jehová, diciendo: ¿Iré á herir á estos Filisteos? Y Jehová respondió á David: Ve, hiere á los Filisteos, y libra á Keila.3Mas los que estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos á Keila contra el ejército de los Filisteos?4Entonces David volvió á consultar á Jehová. Y Jehová le respondió, y dijo: Levántate, desciende á Keila, que yo entregaré en tus manos á los Filisteos.5Partióse pues David con sus hombres á Keila, y peleó contra los Filisteos, y trajo antecogidos sus ganados, é hiriólos con grande estrago: y libró David á los de Keila.6Y aconteció que, huyendo Abiathar hijo de Ahimelech á David á Keila, vino también con él el ephod.7Y fué dicho á Saúl que David había venido á Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha traído á mis manos; porque él está encerrado, habiéndose metido en ciudad con puertas y cerraduras.8Y convocó Saúl todo el pueblo á la batalla, para descender á Keila, y poner cerco á David y á los suyos.9Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo á Abiathar sacerdote: Trae el ephod.10Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, á destruir la ciudad por causa mía.11¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿descenderá Saúl, como tu siervo tiene oído? Jehová Dios de Israel, ruégote que lo declares á tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá.12Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila á mí y á mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Te entregarán.13David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y saliéronse de Keila, y fuéronse de una parte á otra. Y vino la nueva á Saúl de como David se había escapado de Keila; y dejó de salir.

Al ser informado del ataque de los filisteos a Keila, David habría podido decir: «Es asunto de Saúl proteger al país». ¡Pero, no! Pese al riesgo que corre, el que en otros tiempos liberaba a sus ovejas del león y del oso, auxilia a la ciudad en peligro. Si bien David obra así como el verdadero rey, no omite preguntar primero a Dios lo que piensa de ello (v. 2). No nos olvidemos nunca de hacerlo, aun cuando emprendamos algo que nos parece bien. Esto se llama ¡dependencia!

Los hombres de David tienen miedo. Nos hacen recordar a los discípulos del Señor quienes “se asombraron, y le seguían con miedo” (Marcos 10:32).

Para alentar a su gente, David vuelve a consultar a Jehová, quien le responde de manera más precisa aún. Y se consigue la victoria. No obstante, David sabe que los que fueron liberados son capaces de entregarle a Saúl sin vacilar; no tiene confianza en ellos. ¿No era lo mismo con el Señor? Había venido a liberar a su pueblo; sin embargo, “no se fiaba de ellos, porque conocía a todos… pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:24-25). También conoce cada uno de nuestros corazones.

1 Samuel 23:14-29
14Y David se estaba en el desierto en peñas, y habitaba en un monte en el desieto de Ziph; y buscábalo Saúl todos los días, mas Dios no lo entregó en sus manos.15Viendo pues David que Saúl había salido en busca de su alma, estábase él en el bosque en el desierto de Ziph.16Entonces se levantó Jonathán hijo de Saúl, y vino á David en el bosque, y confortó su mano en Dios.17Y díjole: No temas, que no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.18Y entrambos hicieron alianza delante de Jehová: y David se quedó en el bosque, y Jonathán se volvió á su casa.19Y subieron los de Ziph á decir á Saúl en Gabaa: ¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas del bosque, en el collado de Hachîla que está á la mano derecha del desierto?20Por tanto, rey, desciende ahora presto, según todo el deseo de tu alma, y nosotros lo entregaremos en la mano del rey.21Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis tenido compasión de mí:22Id pues ahora, apercibid aún, considerad y ved su lugar donde tiene el pie, y quién lo haya visto allí; porque se me ha dicho que él es en gran manera astuto.23Considerad pues, y ved todos los escondrijos donde se oculta, y volved á mí con la certidumbre, y yo iré con vosotros: que si él estuviere en la tierra, yo le buscaré entre todos los millares de Judá.24Y ellos se levantaron, y se fueron á Ziph delante de Saúl. Mas David y su gente estaban en el desierto de Maón, en la llanura que está á la diestra del desierto.25Y partióse Saúl con su gente á buscarlo; pero fué dado aviso á David, y descendió á la peña, y quedóse en el desierto de Maón. Lo cual como Saúl oyó, siguió á David al desierto de Maón.26Y Saúl iba por el un lado del monte, y David con los suyos por el otro lado del monte: y dábase priesa David para ir delante de Saúl; mas Saúl y los suyos habían encerrado á David y á su gente para tomarlos.27Entonces vino un mensajero á Saúl, diciendo: Ven luego, porque los Filisteos han hecho una irrupción en el país.28Volvióse por tanto Saúl de perseguir á David, y partió contra los Filisteos. Por esta causa pusieron á aquel lugar por nombre Sela-hammah-lecoth.29(H24-1) ENTONCES David subió de allí, y habitó en los parajes fuertes en Engaddi.

Enceguecido y endurecido, Saúl se había atrevido a decir de David: “Dios lo ha entregado en mi mano” (v. 7). No sin ironía, el versículo 14 restablece la verdad: “Dios no lo entregó en sus manos” (comp. Salmo 37:32-33). Sin embargo, el “amado”, el rey “conforme al corazón de Dios” debe conocer la amargura y sufrir esta injusta situación al margen de la sociedad. Es necesario que experimente la maldad humana manifestándose contra él: odio, celos, ingratitud, y hasta la traición. Esos zifeos, ¿no nos hacen pensar en Judas vendiendo a su Maestro? Sí, Jesús, el Rey rechazado conoció aún más que David ese desenfreno de maldad, esa “contradicción de pecadores contra sí mismo” (Hebreos 12:3). Su corazón, infinitamente sensible, sufrió por ello de la manera más profunda.

Lo que David experimentó entonces, podemos comprenderlo por medio de ciertos salmos compuestos en ese desierto de Judá (Salmos 54, 63, etc.) La visita de Jonatán le alienta y dirige su pensamiento hacia el porvenir. Pero, el mismo amigo fiel “se volvió a su casa” (v. 18; comp. con Juan 7:53), mientras que David, imagen de uno más grande que él, continúa su camino de rechazo con los que lo dejaron todo para seguirle.

1 Samuel 24:1-22
1(H24-2) Y como Saúl volvió de los Filisteos, diéronle aviso diciendo: He aquí que David está en el desierto de Engaddi.2(H24-3) Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fué en busca de David y de los suyos, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses.3(H24-4) Y como llegó á una majada de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella á cubrir sus pies: y David y los suyos estaban á los lados de la cueva.4(H24-5) Entonces los de David le dijeron: He aquí el día que te ha dicho Jehová: He aquí que entregó tu enemigo en tus manos, y harás con él como te pareciere. Y levantóse David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.5(H24-6) Después de lo cual el corazón de David le golpeaba, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.6(H24-7) Y dijo á los suyos: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.7(H24-8) Así quebrantó David á los suyos con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, fuése su camino.8(H24-9) También David se levantó después, y saliendo de la cueva dió voces á las espaldas de Saúl, diciendo: ­Mi señor el rey! Y como Saúl miró atrás, David inclinó su rotro á tierra, é hizo reverencia.9(H24-10) Y dijo David á Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal?10(H24-11) He aquí han visto hoy tus ojos como Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva: y dijeron que te matase, mas te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque ungido es de Jehová.11(H24-12) Y mira, padre mío, mira aún la orilla de tu manto en mi mano: porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce pues y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti; con todo, tú andas á caza de mi vida para quitármel12(H24-13) Juzgue Jehová entre mí y ti, y véngueme de ti Jehová: empero mi mano no será contra ti.13(H24-14) Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad: así que mi mano no será contra ti.14(H24-15) ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿á quién persigues? ¿á un perro muerto? ¿á una pulga?15(H24-16) Jehová pues será juez, y él juzgará entre mí y ti. El vea, y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.16(H24-17) Y aconteció que, como David acabó de decir estas palabras á Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzando Saúl su voz lloró.17(H24-18) Y dijo á David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal.18(H24-19) Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has muerto, habiéndome Jehová puesto en tus manos.19(H24-20) Porque ¿quién hallará á su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo.20(H24-21) Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,21(H24-22) Júrame pues ahora por Jehová, que no cortarás mi simiente después de mí, ni raerás mi nombre de la casa de mi padre.22(H24-23) Entonces David juró á Saúl. Y fuése Saúl á su casa, y David y los suyos se subieron al sitio fuerte.

David y sus compañeros hallaron abrigo en otras cuevas: los lugares fuertes de En-gadi. Hebreos 11:38 nos habla de esos hombres de fe, “de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”. Saúl, “respirando aún amenazas y muerte” (como su homónimo en Hechos 9:1), y persiguiendo a David, fortuitamente penetra en la cueva en que éste se ha escondido. Es la mano de Dios, piensan sus hombres: «Jehová te da la ocasión de acabar con tu enemigo y de tomar su lugar en el trono» (v. 5). Pero David no lo hace. Honra al “ungido de Jehová” pese a su maldad (1 Pedro 2:17). También pone en práctica la exhortación de Romanos 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos”. Quizás David habla de esta experiencia cuando dice: “…He libertado al que sin causa era mi enemigo” (Salmo 7:4). Su nobleza y su mansedumbre, por cierto nos hacen pensar en Aquel que no se vengó de sus enemigos, sino que, al contrario, oró por ellos: “Padre, perdónalos” (Lucas 23:34).

Confundido (véase Salmo 35:4) y aparentemente humillado, Saúl debe reconocer los derechos de David en cuanto al reino de Israel (v. 20).

1 Samuel 25:1-17
1Y MURIO Samuel, y juntóse todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Rama. Y levantóse David, y se fué al desierto de Parán.2Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en el Carmelo, el cual era muy rico, que tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció hallarse esquilando sus ovejas en el Carmelo.3El nombre de aquel varón era Nabal, y el nombre de su mujer, Abigail. Y era aquella mujer de buen entendimiento y de buena gracia; mas el hombre era duro y de malos hechos; y era del linaje de Caleb.4Y oyó David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.5Entonces envió David diez criados, y díjoles: Subid al Carmelo, é id á Nabal, y saludadle en mi nombre.6Y decidle así: Que vivas y sea paz á ti, y paz á tu familia, y paz á todo cuanto tienes.7Ha poco supe que tienes esquiladores. Ahora, á los pastores tuyos que han estado con nosotros, nunca les hicimos fuerza, ni les faltó algo en todo el tiempo que han estado en el Carmelo.8Pregunta á tus criados, que ellos te lo dirán. Hallen por tanto estos criados gracia en tus ojos, pues que venimos en buen día: ruégote que des lo que tuvieres á mano á tus siervos, y á tu hijo David.9Y como llegaron los criados de David, dijeron á Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.10Y Nabal respondió á los criados de David, y dijo: ¿Quién es David? ¿y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que se huyen de sus señores.11¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y mi víctima que he preparado para mis esquiladores, y la daré á hombres que no sé de dónde son?12Y tornándose los criados de David, volviéronse por su camino, y vinieron y dijeron á David todas estas palabras.13Entonces David dijo á sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y ciñóse cada uno su espada: también David ciñó su espada; y subieron tras David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.14Y uno de los criados dió aviso á Abigail mujer de Nabal, diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto que saludasen á nuestro amo, y él los ha zaherido.15Mas aquellos hombres nos han sido muy buenos, y nunca nos han hecho fuerza, ni ninguna cosa nos ha faltado en todo el tiempo que hemos conversado con ellos, mientras hemos estado en el campo.16Hannos sido por muro de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.17Ahora pues, entiende y mira lo que has de hacer, porque el mal está del todo resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa: pues él es un hombre tan malo, que no hay quien pueda hablarle.

Samuel muere y con él cesan las oraciones que hacía subir fielmente a favor del pueblo (cap. 12:23). Moisés y Samuel son dos grandes ejemplos de la intercesión (Jeremías 15:1). Siempre es solemne cuando Dios retira un hombre o una mujer de oración, cuando una voz calla… tal vez, después de haber orado mucho por nosotros. Empero, la del Señor no se interrumpirá. Él está “viviendo siempre” para interceder por nosotros (Hebreos 7:25).

David, el verdadero rey, el salvador de Israel, está en medio de su pueblo como un fiel pastor. Cuida los rebaños del rico Nabal tan atentamente como otrora a sus propias ovejas. Ahora envía a sus jóvenes con palabras de paz para la casa de ese hombre (v. 6; comp. con Lucas 10:5). Pero Nabal no conoce a David y le desprecia (v. 10). Se parece a esos fariseos que decían de Jesús: “Respecto a ése, no sabemos de dónde sea” (Juan 9:29). Rechaza tanto al verdadero rey como a sus mensajeros. Es también lo que el Señor anunciaba a sus discípulos: “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha” (Lucas 10:16).

Además, como el rico “insensato” de Lucas 12:16-20, Nabal habla de lo que Dios colocó en sus manos como si fuera suyo: mi pan, mi agua… (v. 11).

1 Samuel 25:18-31
18Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, y dos cueros de vino, y cinco ovejas guisadas, y cinco medidas de grano tostado, y cien hilos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y cargólo en asnos;19Y dijo á sus criados: Id delante de mí, que yo os seguiré luego. Y nada declaró á su marido Nabal.20Y sentándose sobre un asno descendió por una parte secreta del monte, y he aquí David y los suyos que venían frente á ella, y ella les fué al encuentro.21Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.22Así haga Dios, y así añada á los enemigos de David, que de aquí á mañana no tengo de dejar de todo lo que fuere suyo ni aun meante á la pared.23Y como Abigail vió á David, apeóse prestamente del asno, y postrándose delante de David sobre su rostro, inclinóse á tierra;24Y echóse á sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas ruégote hable tu sierva en tus oídos, y oye las palabras de tu sierva.25No ponga ahora mi señor su corazón á aquel hombre brusco, á Nabal; porque conforme á su nombre, así es. El se llama Nabal, y la locura está con él: mas yo tu sierva no vi los criados de mi señor, los cuales tú enviaste.26Ahora pues, señor mío, vive Jehová y vive tu alma, que Jehová te ha estorbado que vinieses á derramar sangre, y vengarte por tu propia mano. Sean pues como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor.27Y ahora esta bendición que tu sierva ha traído á mi señor, dése á los criados que siguen á mi señor.28Y yo te ruego que perdones á tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa firme á mi señor, por cuanto mi señor hace las guerras de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días.29Bien que alguien se haya levantado á perseguirte y atentar á tu vida, con todo, el alma de mi señor será ligada en el haz de los que viven con Jehová Dios tuyo, y él arrojará el alma de tus enemigos como de en medio de la palma de una honda.30Y acontecerá que cuando Jehová hiciere con mi señor conforme á todo el bien que ha hablado de ti, y te mandare que seas caudillo sobre Israel,31Entonces, señor mío, no te será esto en tropiezo y turbación de corazón, el que hayas derramado sangre sin causa, ó que mi señor se haya vengado por sí mismo. Guárdese pues mi señor, y cuando Jehová hiciere bien á mi señor, acuérdate de tu sierva.

“Me devuelven mal por bien”, dice David en el Salmo 35, versículo 12. Es lo que hace Nabal. Igual había hecho Saúl, como él mismo lo confesó en el capítulo precedente: “Me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal” (cap. 24:17). Pero esta vez, David no devuelve el bien. En un momento de irritación, el jefe ofendido ciñe su espada para vengarse. Ha dejado de parecerse al perfecto Modelo, “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23).

En la casa de Nabal cohabitan la sabiduría y la locura. La locura se manifestó por boca de Nabal, el incrédulo (su nombre significa loco, ayer lo comparamos con el rico insensato de Lucas 12:16-21). La sabiduría interviene a su turno por medio de la piadosa Abigail, mujer de “buen entendimiento” (v. 3). Con sus presentes va al encuentro de aquel a quien reconoce como el ungido de Jehová. Se prosterna, confiesa su indignidad y exalta las glorias actuales y futuras que su fe discierne en el rey según Dios. Comprobamos que la locura y la incredulidad van juntas, así como la verdadera sabiduría es inseparable de la fe.

1 Samuel 25:32-44
32Y dijo David á Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases;33Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy el ir á derramar sangre, y á vengarme por mi propia mano:34Porque, vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado priesa en venirme al encuentro, de aquí á mañana no le quedara á Nabal meante á la pared.35Y recibió David de su mano lo que le había traído, y díjole: Sube en paz á tu casa, y mira que he oído tu voz, y tenídote respeto.36Y Abigail se vino á Nabal, y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey: y el corazón de Nabal estaba alegre en él, y estaba muy borracho; por lo que ella no le declaró poco ni mucho, hasta que vino el día siguiente.37Pero á la mañana, cuando el vino había salido de Nabal, refirióle su mujer aquestas cosas; y se le amorteció el corazón, y quedóse como piedra.38Y pasados diez días Jehová hirió á Nabal, y murió.39Y luego que David oyó que Nabal era muerto, dijo: Bendito sea Jehová que juzgó la causa de mi afrenta recibida de la mano de Nabal, y ha preservado del mal á su siervo; y Jehová ha tornado la malicia de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió David á 40Y los criados de David vinieron á Abigail en el Carmelo, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado á ti, para tomarte por su mujer.41Y ella se levantó, é inclinó su rostro á tierra, diciendo: He aquí tu sierva, para que sea sierva que lave los pies de los siervos de mi señor.42Y levantándose luego Abigail con cinco mozas que la seguían, montóse en un asno, y siguió los mensajeros de David, y fué su mujer.43También tomó David á Ahinoam de Jezreel, y ambas á dos fueron sus mujeres.44Porque Saúl había dado su hija Michâl mujer de David, á Palti hijo de Lais, que era de Gallim.

Mientras Nabal festeja como un rey (después de haber rechazado y ultrajado al verdadero rey), Dios mismo lo hiere. No perdemos nada al dejar que el Señor obre en nuestro lugar.

Abigail, mujer de fe, se distinguió por su buen entendimiento, su prontitud (v. 18, 23 y 42), su humildad y su abnegación. “Cuando Jehová… te establezca por príncipe… acuérdate de tu sierva”, había pedido ella (v. 30-31; comp. con la petición del malhechor en Lucas 23:42).

La respuesta supera todas sus esperanzas: ahora David la hace su esposa (v. 42). Sin pesar, esa mujer abandona las riquezas de la tierra para compartir la suerte del rey rechazado en las cuevas y los desiertos. Unida anteriormente a un insensato, llega a ser la feliz compañera del “amado”, ¡ahora en los sufrimientos, pero más tarde en el reinado! Es una hermosa figura de la Iglesia, la Esposa de Cristo, compartiendo la posición de su Señor, hoy no reconocida y rechazada por el mundo, como lo fue Él mismo; pero, ¡mañana vendrá a reinar con él en gloria! “Si sufrimos, también reinaremos con él”, recuerda 2 Timoteo 2:12. Somos “herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17).

1 Samuel 26:1-12
1Y VINIERON los Zipheos á Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está David escondido en el collado de Hachîla delante del desierto?2Saúl entonces se levantó, y descendió al desierto de Ziph, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar á David en el desierto de Ziph.3Y asentó Saúl el campo en el collado de Hachîla, que está delante del desierto junto al camino. Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el desierto.4David por tanto envió espías, y entendió por cierto que Saúl había venido.5Y levantóse David, y vino al sitio donde Saúl había asentado el campo; y miró David el lugar donde dormía Saúl, y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en la trinchera, y el pueblo por el campo en derredor de él.6Entonces habló David, y requirió á Ahimelech Hetheo, y á Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, diciendo: ¿Quién descenderá conmigo á Saúl al campo: Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo.7David pues y Abisai vinieron al pueblo de noche: y he aquí Saúl que estaba tendido durmiendo en la trinchera, y su lanza hincada en tierra á su cabecera; y Abner y el pueblo estaban alrededor de él tendidos.8Entonces dijo Abisai á David: Hoy ha Dios entregado á tu enemigo en tus manos: ahora pues, herirélo luego con la lanza, cosiéndole con la tierra de un golpe, y no segundaré.9Y David respondió á Abisai: No le mates: porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?10Dijo además David: Vive Jehová, que si Jehová no lo hiriere, ó que su día llegue para que muera, ó que descendiendo en batalla perezca,11Guardeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová; empero toma ahora la lanza que está á su cabecera, y la botija del agua, y vámonos.12Llevóse pues David la lanza y la botija de agua de la cabecera de Saúl, y fuéronse; que no hubo nadie que viese, ni entendiese, ni velase, pues todos dormían: porque un profundo sueño enviado de Jehová había caído sobre ellos.

La generosidad de David en el capítulo 24 pareció tocar por fin el corazón de Saúl. Sin embargo, no se trataba de un verdadero arrepentimiento. La cobarde denuncia de los zifeos, quienes buscan ser bien mirados, pone al rey malo en campaña contra aquel que, un día, deberá tomar su lugar. El Salmo 54, escrito en esa oportunidad, nos permite medir lo doloroso que fue para David ese hecho infame de los hombres de Zif. Implora el socorro de Dios contra los hombres violentos que buscan su vida: “No han puesto a Dios delante de sí” (Salmo 54:3); pero él le invoca, y en respuesta a su oración, Dios lo protege y le brinda una nueva ocasión de mostrar la pureza de sus intenciones para con Saúl. Una expedición nocturna pone en manos de David la lanza con la cual, en dos oportunidades, el rey criminal quiso traspasarlo. Una palabra bastaría para que David fuera liberado de su perseguidor: Abisai la espera. Pero, una vez más, la misericordia detiene su brazo (v. 9).

¿No es así como obró nuestro perfecto Modelo? (véase también Lucas 9:54-55). Ponía en práctica lo que había enseñado anteriormente a sus discípulos: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen… Sed, pues, misericordiosos… no juzguéis… no condenéis” (Lucas 6:27, 36-37). ¡Es de desear que demos más cumplimiento a estas palabras del Señor Jesús!

1 Samuel 26:13-25
13Y pasando David de la otra parte, púsose desviado en la cumbre del monte, habiendo grande distancia entre ellos;14Y dió voces David al pueblo, y á Abner hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes, Abner? Entonces Abner respondió y dijo: ¿Quién eres tú que das voces al rey?15Y dijo David á Abner: ¿No eres varón tú? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿por qué pues no has guardado al rey tu señor? que ha entrado uno del pueblo á matar á tu señor el rey.16Esto que has hecho, no está bien. Vive Jehová, que sois dignos de muerte, que no habéis guardado á vuestro señor, al ungido de Jehová. Mira pues ahora dónde está la lanza del rey, y la botija del agua que estaba á su cabecera.17Y conociendo Saúl la voz de David, dijo: ¿No es esta tu voz, hijo mío David? Y David respondió: Mi voz es, rey señor mío.18Y dijo: ¿Por qué persigue así mi señor á su siervo? ¿qué he hecho? ¿qué mal hay en mi mano?19Ruego pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte un sacrificio: mas si fueren hijos de hombres, malditos ellos en presencia de Jehová, que me han echado hoy para que no me junte en la heredad de J20No caiga pues ahora mi sangre en tierra delante de Jehová: porque ha salido el rey de Israel á buscar una pulga, así como quien persigue una perdiz por los montes.21Entonces dijo Saúl: He pecado: vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, pues que mi vida ha sido estimada hoy en tus ojos. He aquí, yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera.22Y David respondió, y dijo: He aquí la lanza del rey; pase acá uno de los criados, y tómela.23Y Jehová pague á cada uno su justicia y su lealtad: que Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi mano sobre el ungido de Jehová.24Y he aquí, como tu vida ha sido estimada hoy en mis ojos, así sea mi vida estimada en los ojos de Jehová, y me libre de toda aflicción.25Y Saúl dijo á David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda ejecutarás tú grandes empresas, y prevalecerás. Entonces David se fué su camino, y Saúl se volvió á su lugar.

Tal vez nos sea difícil comprender el carácter de Saúl. ¿Cómo conciliar sus pesares, sus promesas y sus demostraciones de afecto con el renovado encarnizamiento para perseguir a David y destruirlo? Nunca confundamos la fe con la sentimentalidad. Ésta última es capaz de derramar abundantes lágrimas y repetir sin verdadera convicción: “He pecado” (cap. 15:30 y 26:21); incluso puede tomar los más solemnes compromisos. Con todo, la conciencia no es tocada y la prueba de ello es que los frutos no son durables. Saúl es un hombre superficial, capaz de mucha emoción, pero sin fuerza para ejecutar sus buenas resoluciones, porque no tiene fe.

¡Qué dignidad conserva David pese a su humillación! Es perseguido como “perdiz por los montes” (v. 20); sin embargo, todo muestra que él es dueño de la situación. Reprende a Abner y firmemente formula a Saúl preguntas que éste no puede contestar (v. 18).

Otra vez, nuestros corazones se dirigen hacia Aquel que, después de haber sido humillado, menospreciado y rechazado, “será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto”. Además, se agrega: “Los reyes cerrarán ante él la boca” (Isaías 52:13 y 15).

1 Samuel 27:1-12
1Y DIJO David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl: nada por tanto me será mejor que fugarme á la tierra de los Filisteos, para que Saúl se deje de mí, y no me ande buscando más por todos los términos de Israel, y así me escaparé2Levantóse pues David, y con los seiscientos hombres que tenía consigo pasóse á Achîs hijo de Maoch, rey de Gath.3Y moró David con Achîs en Gath, él y los suyos, cada uno con su familia: David con sus dos mujeres, Ahinoam Jezreelita, y Abigail, la que fué mujer de Nabal el del Carmelo.4Y vino la nueva á Saúl que David se había huído á Gath, y no lo buscó más.5Y David dijo á Achîs: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, séame dado lugar en algunas de las ciudades de la tierra, donde habite: porque ¿ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real?6Y Achîs le dió aquel día á Siclag. De aquí fué Siclag de los reyes de Judá hasta hoy.7Y fué el número de los días que David habitó en la tierra de los Filisteos, cuatro meses y algunos días.8Y subía David con los suyos, y hacían entradas en los Gesureos, y en los Gerzeos, y en los Amalecitas: porque estos habitaban de largo tiempo la tierra, desde como se va á Shur hasta la tierra de Egipto.9Y hería David el país, y no dejaba á vida hombre ni mujer: y llevábase las ovejas y las vacas y los asnos y los camellos y las ropas; y volvía, y veníase á Achîs.10Y decía Achîs: ¿Dónde habéis corrido hoy? Y David decía: Al mediodía de Judá, y al mediodía de Jerameel, ó contra el mediodía de Ceni.11Ni hombre ni mujer dejaba á vida David, que viniese á Gath; diciendo: Porque no den aviso de nosotros, diciendo: Esto hizo David. Y esta era su costumbre todo el tiempo que moró en tierra de los Filisteos.12Y Achîs creía á David, diciendo así: El se hace abominable en su pueblo de Israel, y será siempre mi siervo.

La primera visita de David a Aquis, rey de Gat, había terminado en la completa confusión de David (cap. 21:10-15). Mas, a pesar de esto, vuelve allí por temor a Saúl. No reconocemos a aquel que en el capítulo 26, versículos 6 a 12, descendió sin miedo al mismo campamento de su adversario para tomar la lanza que se hallaba a su cabecera. Menos aún reconocemos al vencedor de Goliat en aquel que va a buscar refugio junto a los filisteos. ¡Ay! ¿No ocurre a menudo que ya no se nos reconoce como discípulos de Jesús? Quizá, con su socorro habíamos obtenido alguna victoria. Como David, habíamos mostrado confianza en Dios y firmeza en nuestro testimonio delante de los hombres. Habían podido verse en nosotros algunos rasgos de la gracia. Luego, de un momento a otro, nada más parece subsistir. Nos hallamos nuevamente del lado del mundo, de acuerdo con los enemigos del Señor.

Sí, en Gat, David olvidó la derrota del filisteo. ¡Queridos hermanos, nunca olvidemos la cruz! Como una barrera, nos separa del mundo que crucificó a Jesús. Más bien, imitemos a Pablo, quien dice: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).

1 Samuel 28:1-14
1Y ACONTECIO que en aquellos días los Filisteos juntaron sus campos para pelear contra Israel. Y dijo Achîs á David: Sabe de cierto que has de salir conmigo á campaña, tú y los tuyos.2Y David respondió á Achîs: Sabrás pues lo que hará tu siervo. Y Achîs dijo á David: Por tanto te haré guarda de mi cabeza todos los días.3Ya Samuel era muerto, y todo Israel lo había lamentado, y habíanle sepultado en Rama, en su ciudad. Y Saúl había echado de la tierra los encantadores y adivinos.4Pues como los Filisteos se juntaron, vinieron y asentaron campo en Sunam: y Saúl juntó á todo Israel, y asentaron campo en Gilboa.5Y cuando vió Saúl el campo de los Filisteos, temió, y turbóse su corazón en gran manera.6Y consultó Saúl á Jehová; pero Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.7Entonces Saúl dijo á sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de pythón, para que yo vaya á ella, y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de pythón.8Y disfrazóse Saúl, y púsose otros vestidos, y fuése con dos hombres, y vinieron á aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de pythón, y me hagas subir á quien yo te dijere.9Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha separado de la tierra los pythones y los adivinos: ¿por qué pues pones tropiezo á mi vida, para hacerme matar?10Entoces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.11La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir á Samuel.12Y viendo la mujer á Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer á Saúl, diciendo:13¿Por qué me has engañado? que tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas: ¿qué has visto? Y la mujer respondió á Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.14Y él le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro á tierra, hizo gran reverencia.

Mientras David está en Gat, en una situación equívoca y peligrosa, Saúl se encuentra en una posición más peligrosa aún. Delante de los filisteos que inician una nueva guerra, su corazón se turba en gran manera, porque ya nada lo sostiene. Por haber abandonado a Jehová, ahora es Jehová quien lo abandona. Saúl intenta buscarle por todos los medios; sin embargo, es trabajo perdido: ¡Dios permanece sordo! Es una solemne ilustración de Proverbios 1:24-28. Pero, acordémonos de que incluso un creyente no puede esperar conocer la voluntad del Señor cuando su conciencia está en mal estado.

Todavía hoy, ciertas personas pretenden ser capaces de evocar a los espíritus de los muertos, y el diablo se sirve de ellas para extraviar a pobres almas supersticiosas. Éstas últimas se comunican, pues, no con los muertos sino con los demonios.

Hermanos en Cristo, ¡no tengamos siquiera curiosidad por estas cosas! A los ojos de Dios son abominación (Deuteronomio 18:10-12; Levítico 19:31). Saúl lo sabía; en tiempos mejores, había tenido el cuidado de quitarlas de Israel (v. 3). Hombre inconstante, carnal, hele aquí en su desconcierto recurriendo a una vidente de Endor.

1 Samuel 28:15-25
15Y Samuel dijo á Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy congojado; pues los Filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por mano de profetas, ni por sueños: por esto te he llamad16Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas á mí, habiéndose apartado de ti Jehová, y es tu enemigo?17Jehová pues ha hecho como habló por medio de mí; pues ha cortado Jehová el reino de tu mano, y lo ha dado á tu compañero David.18Como tú no obedeciste á la voz de Jehová, ni cumpliste el furor de su ira sobre Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy.19Y Jehová entregará á Israel también contigo en manos de los Filisteos: y mañana seréis conmigo, tú y tus hijos: y aun el campo de Israel entregará Jehová en manos de los Filisteos.20En aquel punto cayó Saúl en tierra cuan grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel; que no quedó en él esfuerzo ninguno, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido pan.21Entonces la mujer vino á Saúl, y viéndole en grande manera turbado, díjole: He aquí que tu criada ha obedecido á tu voz, y he puesto mi vida en mi mano, y he oído las palabras que tú me has dicho.22Ruégote pues, que tú también oigas la voz de tu sierva: pondré yo delante de ti un bocado de pan que comas, para que te corrobores, y vayas tu camino.23Y él lo rehusó, diciendo: No comeré. Mas sus criados juntamente con la mujer le constriñeron, y él los obedeció. Levantóse pues del suelo, y sentóse sobre una cama.24Y aquella mujer tenía en su casa un ternero grueso, el cual mató luego; y tomó harina y amasóla, y coció de ella panes sin levadura.25Y lo trajo delante de Saúl y de sus criados; y luego que hubieron comido, se levantaron, y partieron aquella noche.

¡Espantosa escena! La misma mujer clamó en alta voz, porque Samuel no apareció a consecuencia de sus encantamientos. Ni ella, ni Satanás su amo tenían el poder para hacerlo. Por un instante, la mano de Dios entreabrió la puerta de la morada de los muertos e hizo subir a su siervo Samuel a la escena.

Lo que el profeta declara al rey caído es similar al mensaje que, siendo muy joven, fue encargado de decir a Elí (cap. 3:11-13). Es una terrible confirmación de la sentencia de Jehová. Sólo falta un día y será ejecutada; el reinado quitado a Saúl será dado a David y el rey y sus hijos irán a encontrarse con Samuel en el lugar en que los muertos aguardan la resurrección: para vida o para juicio.

Es muy solemne el fin de ese hombre, quien había empezado con tan buena disposición. Queridos amigos, recordemos bien esto: las más hermosas cualidades, en ausencia de la nueva vida, conducen al castigo eterno tan seguramente como los más groseros pecados. Jesús da esa vida divina a todos los que se la pidan. ¿La posee usted?

1 Samuel 29:1-11
1Y LOS Filisteos juntaron todos sus campos en Aphec; é Israel puso su campo junto á la fuente que está en Jezreel.2Y reconociendo los príncipes de los Filisteos sus compañías de á ciento y de á mil hombres, David y los suyos iban en los postreros con Achîs.3Y dijeron los príncipes de los Filisteos: ¿Qué hacen aquí estos Hebreos? Y Achîs respondió á los príncipes de los Filisteos: ¿No es éste David, el siervo de Saúl rey de Israel, que ha estado conmigo algunos días ó algunos años, y no he hallado cosa en él 4Entonces los príncipes de los Filisteos se enojaron contra él, y dijéronle: Envía á este hombre, que se vuelva al lugar que le señalaste, y no venga con nosotros á la batalla, no sea que en la batalla se nos vuelva enemigo: porque ¿con qué cosa volvería m5¿No es este David de quien cantaba en los corros, diciendo: Saúl hirió sus miles, Y David sus diez miles?6Y Achîs llamó á David, y díjole: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y entrada en el campo conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste á mí hasta hoy: mas en los ojos de los príncipes no a7Vuélvete pues, y vete en paz; y no hagas lo malo en los ojos de los príncipes de los Filisteos.8Y David respondió á Achîs: ¿Qué he hecho? ¿qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi señor el rey?9Y Achîs respondió á David, y dijo: Yo sé que tú eres bueno en mis ojos, como un ángel de Dios; mas los príncipes de los Filisteos han dicho: No venga con nosotros á la batalla.10Levántate pues de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos de mañana, luego al amanecer partíos.11Y levantóse David de mañana, él y los suyos, para irse y volverse á la tierra de los Filisteos; y los Filisteos fueron á Jezreel.

Mientras no había guerra declarada entre Israel y los filisteos, la posición de David en medio de extranjeros podía, tal vez, disculparse: el odio de Saúl de veras lo empujaba al exilio. Pero ahora, en vísperas de la batalla, esta situación se hace insostenible; y David habría tenido que darse cuenta. Mas, persevera en su doble juego, mostrándose dispuesto a tomar las armas contra Israel al lado de los filisteos. En su gracia, Jehová se vale de la desconfianza de los príncipes para librar a David de la trampa que él mismo había fabricado. Recordemos bien que, para el mundo, el creyente no sólo es extranjero, sino enemigo. Es tan peligroso por sus muestras de interés y sus cumplidos —los de Aquis a David (v. 6 y 9)— como por sus manifestaciones de violencia.

El hombre renombrado por haber herido a diez mil filisteos quizás haya olvidado sus propias victorias. En cambio, sus enemigos guardaron de ellas un punzante recuerdo (v. 5; cap. 21:11). Y cuando olvidamos la cruz y nuestro precedente testimonio, el mundo siempre sabe señalarnos: «¿Es éste el cristiano que pretendía ser mejor que nosotros?»

1 Samuel 30:1-10
1Y CUANDO David y los suyos vinieron á Siclag el tercer día, los de Amalec habían invadido el mediodía y á Siclag, y habían desolado á Siclag, y puéstola á fuego.2Y habíanse llevado cautivas á las mujeres que estaban en ella, desde el menor hasta el mayor; mas á nadie habían muerto, sino llevado, é ídose su camino.3Vino pues David con los suyos á la ciudad, y he aquí que estaba quemada á fuego, y sus mujeres y sus hijos é hijas llevadas cautivas.4Entonces David y la gente que con él estaba, alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.5Las dos mujeres de David, Ahinoam Jezreelita y Abigail la que fué mujer de Nabal del Carmelo, también eran cautivas.6Y David fué muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios.7Y dijo David al sacerdote Abiathar hijo de Ahimelech: Yo te ruego que me acerques el ephod. Y Abiathar acercó el ephod á David.8Y David consultó á Jehová, diciendo: ¿Seguiré esta tropa? ¿podréla alcanzar? Y él le dijo: Síguela que de cierto la alcanzarás, y sin falta librarás la presa.9Partióse pues David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y vinieron hasta el torrente de Besor, donde se quedaron algunos.10Y David siguió el alcance con cuatrocientos hombres; porque se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el torrente de Besor.

Dios no permitió que David participara en la batalla contra Saúl, a quien, en dos ocasiones, había perdonado la vida tan generosamente; ni contra Jonatán su amigo; ni contra Israel su pueblo, sobre el cual era llamado a reinar.

Pero, aunque protegido, ahora debe pasar por la disciplina como todo siervo desobediente. Esta disciplina es el desastre que encuentra al volver a Siclag. ¡Ay, qué angustia para estos hombres y especialmente para su jefe! Los que le son más queridos han desaparecido. No sabe si han muerto o sólo son cautivos. David lo ha perdido todo. Peor aún: exiliado de Israel, perseguido por Saúl, rechazado por sus falsos amigos, los filisteos, ahora sus verdaderos amigos, sus fieles compañeros desde el comienzo, se vuelven contra él y hablan de apedrearlo. Ya no tiene nada… Sin embargo, ¡Dios sigue estando con él! Y leemos estas notables palabras: “David se fortaleció en Jehová su Dios” (v. 6). No pudiendo contar con nada ni con nadie, experimenta lo que dice un cántico: «Cuando todo me falta, Él mismo me queda». Entonces, con la fuerza que vuelve a hallar en su Dios, se lanza resueltamente sobre la huella de los raptores amalecitas.

1 Samuel 30:11-31
11Y hallaron en el campo un hombre Egipcio, el cual trajeron á David, y diéronle pan que comiese, y á beber agua;12Diéronle también un pedazo de masa de higos secos, y dos hilos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches.13Y díjole David: ¿De quién eres tú? ¿y de dónde eres? Y respondió el mozo Egipcio: Yo soy siervo de un Amalecita, y dejóme mi amo hoy ha tres días, porque estaba enfermo;14Pues hicimos una incursión á la parte del mediodía de Cerethi, y á Judá, y al mediodía de Caleb; y pusimos fuego á Siclag.15Y díjole David: ¿Me llevarás tú á esa tropa? Y él dijo: Hazme juramento por Dios que no me matarás, ni me entregarás en las manos de mi amo, y yo te llevaré á esa gente.16Llevólo pues: y he aquí que estaban derramados sobre la haz de toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, por toda aquella gran presa que habían tomado de la tierra de los Filisteos, y de la tierra de Judá.17E hiriólos David desde aquella mañana hasta la tarde del día siguiente: y no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos mancebos, que habían subido en camellos y huyeron.18Y libró David todo lo que los Amalecitas habían tomado: y asimismo libertó David á sus dos mujeres.19Y no les faltó cosa chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado: todo lo recobró David.20Tomó también David todas las ovejas y ganados mayores; y trayéndolo todo delante, decían: Esta es la presa de David.21Y vino David á los doscientos hombres que habían quedado cansados y no habían podido seguir á David, á los cuales habían hecho quedar en el torrente de Besor; y ellos salieron á recibir á David, y al pueblo que con él estaba. Y como David llegó á la gente22Entonces todos los malos y perversos de entre los que habían ido con David, respondieron y dijeron: Pues que no fueron con nosotros, no les daremos de la presa que hemos quitado, sino á cada uno su mujer y sus hijos; los cuales tomen y se vayan.23Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos ha dado Jehová; el cual nos ha guardado, y ha entregado en nuestras manos la caterva que vino sobre nosotros.24¿Y quién os escuchará en este caso? porque igual parte ha de ser la de los que vienen á la batalla, y la de los que quedan con el bagaje: que partan juntamente.25Y desde aquel día en adelante fué esto puesto por ley y ordenanza en Israel, hasta hoy.26Y como David llegó á Siclag, envió de la presa á los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí una bendición para vosotros, de la presa de los enemigos de Jehová.27A los que estaban en Beth-el, y en Ramoth al mediodía, y á los que estaban en Jattir;28Y á los que estaban en Aroer, y en Siphmoth, y á los que estaban en Esthemoa;29Y á los que estaban en Rachâl, y á los que estaban en las ciudades de Jerameel, y á los que estaban en las ciudades del Cineo;30Y á los que estaban en Horma, y á los que estaban en Chôrasán, y á los que estaban en Athach;31Y á los que estaban en Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado con los suyos.

El pobre esclavo egipcio abandonado por su amo, a quien David recoge y reconforta, nos hace pensar en la condición del pecador perdido. Cuando Satanás lo ha dejado en un estado de total debilidad y de muerte moral, Jesús, como el buen Samaritano, le da la vida para las fuerzas y la capacidad para servirle.

Guiados por este muchacho, David y sus hombres caen sorpresivamente sobre los amalecitas, ocupados en festejar su victoria. Y Dios permite que recuperen todo lo que les había sido arrebatado y que se apoderen de un gran botín. ¡Qué gracia divina! ¡Es preciso que todos la aprovechen, inclusive los que guardaron el bagaje: tal es la respuesta de David a sus compañeros egoístas y celosos (v. 23-24). ¿No es igual la enseñanza del Evangelio? El obrero de la hora undécima recibe tanto como sus compañeros de la mañana, pese al enojo de éstos, porque están frente a un amor, lleno de bondad (Mateo 20:14-15). Por ejemplo, no pensemos que un creyente discapacitado o enfermo será menos favorecido en el día de Cristo, porque aparentemente no estuvo «en primera linea». No podemos juzgar el servicio de otros creyentes ni apreciar su recompensa. El Señor la ha preparado a la medida de su perfecto amor.

1 Samuel 31:1-13
1LOS Filisteos pues pelearon con Israel, y los de Israel huyeron delante de los Filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa.2Y siguiendo los Filisteos á Saúl y á sus hijos, mataron á Jonathán, y á Abinadab, y á Melchîsua, hijos de Saúl.3Y agravóse la batalla sobre Saúl, y le alcanzaron los flecheros; y tuvo gran temor de los flecheros.4Entonces dijo Saúl á su escudero: Saca tu espada, y pásame con ella, porque no vengan estos incircuncisos, y me pasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl la espada, y echóse sobre ella.5Y viendo su escudero á Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él.6Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones.7Y los de Israel que eran de la otra parte del valle, y de la otra parte del Jordán, viendo que Israel había huído, y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron las ciudades y huyeron; y los Filisteos vinieron y habitaron en ellas.8Y aconteció el siguiente día, que viniendo los Filisteos á despojar los muertos, hallaron á Saúl y á sus tres hijos tendidos en el monte de Gilboa;9Y cortáronle la cabeza, y desnudáronle las armas; y enviaron á tierra de los Filisteos al contorno, para que lo noticiaran en el templo de sus ídolos, y por el pueblo.10Y pusieron sus armas en el templo de Astaroth, y colgaron su cuerpo en el muro de Beth-san.11Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los Filisteos hicieron á Saúl,12Todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Beth-san; y viniendo á Jabes, quemáronlos allí.13Y tomando sus huesos, sepultáronlos debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.

La batalla entre Israel y los filisteos empieza durante los acontecimientos narrados anteriormente. Pronto se hace ventajosa para los filisteos, quienes disponen de un cuerpo de flecheros contra los cuales los israelitas, alcanzados a distancia, no pueden utilizar sus armas. Entonces, de repente, todo le falta a Saúl. En contraste con David en el capítulo 30, versículo 6, Dios también le falta. El único recurso que ve, es el de quitarse la vida. Así lo hará Judas. Pero, como tantos incrédulos cuya desesperanza los conduce al suicidio (antes que a los brazos del Señor), al querer escapar de la deshonra en la tierra, Saúl no hace más que precipitarse a la desdicha eterna. ¡Miserable hombre! Había tenido el reino y todo lo que se puede desear en este mundo. ¿Pero de qué sirve esto para aquel que pierde su alma? (Marcos 8:36).

Los hombres de Jabes-galaad, emparentados con la tribu de Benjamín (Jueces 21:14), muestran su agradecimiento hacia aquel que los libró en otros tiempos (1 Samuel 11).

Ahora todo el antiguo orden de cosas es puesto a un lado para dar lugar al rey según Dios, David, imagen de Cristo, viniendo a reinar en gloria.

2 Samuel 1:1-16
1Y ACONTECIO después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los Amalecitas, estuvo dos días en Siclag:2Y al tercer día acaeció, que vino uno del campo de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza: y llegando á David, postróse en tierra, é hizo reverencia.3Y preguntóle David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Heme escapado del campo de Israel.4Y David le dijo: ¿Qué ha acontecido? ruégote que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos: también Saúl y Jonathán su hijo murieron.5Y dijo David á aquel mancebo que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que Saúl es muerto, y Jonathán su hijo?6Y el mancebo que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé á Saúl que estaba recostado sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de á caballo.7Y como él miró atrás, vióme y llamóme; y yo dije: Heme aquí.8Y él me dijo: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy Amalecita.9Y él me volvió á decir: Yo te ruego que te pongas sobre mí, y me mates, porque me toman angustias, y toda mi alma está aún en mí.10Yo entonces púseme sobre él, y matélo, porque sabía que no podía vivir después de su caída: y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la ajorca que traía en su brazo, y helas traído acá á mi señor.11Entonces David trabando de sus vestidos, rompiólos; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él.12Y lloraron y lamentaron, y ayunaron hasta la tarde, por Saúl y por Jonathán su hijo, y por el pueblo de Jehová, y por la casa de Israel: porque habían caído á cuchillo.13Y David dijo á aquel mancebo que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, Amalecita.14Y díjole David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová?15Entonces llamó David uno de los mancebos, y díjole: Llega, y mátalo. Y él lo hirió, y murió.16Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues que tu boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.

El asunto de Siclag dejó a David humillado, consciente de su debilidad, pero también lo restableció en felices relaciones con Jehová. De esa manera fue preparado para su reinado, sobre el cual se abre el segundo libro de Samuel.

El hombre que le anuncia la muerte de Saúl es a sus propios ojos “como portador de buenas nuevas” (cap. 4:10, V.M.) Para David, ¿no significa eso la muerte de su enemigo y de la posibilidad de ascender al trono? Pero este hombre no conoce a la persona a quien se dirige. En el corazón del “amado” de Dios brillan la gracia, el desinterés, el amor por su pueblo y el respeto al orden divino. ¿Cómo podría regocijarse mientras que Israel era vencido y su príncipe deshonrado delante de los enemigos de Jehová?

“¿De dónde eres tú?” (v. 13). El hombre confirma que también forma parte de los enemigos de Israel, y de los peores: ¡es amalecita! Al tratar de engañar a David con su mentiroso relato, no hace más que engañarse a sí mismo (véase Proverbios 11:17-18, V.M.) Quería que el nuevo rey obtuviera la corona de su mano. En esto se parece al gran enemigo, quien buscaba hacer que Jesús aceptara de su mano —pero igualmente sin éxito— “todos los reinos del mundo y la gloria de ellos” (Mateo 4:8-10).

2 Samuel 1:17-27
17Y endechó David á Saúl y á Jonathán su hijo con esta endecha.18(Dijo también que enseñasen al arco á los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro del derecho:)19Perecido ha la gloria de Israel sobre tus montañas! ­Cómo han caído los valientes!20No lo denunciéis en Gath, No deis las nuevas en las plazas de Ascalón; Porque no se alegren las hijas de los Filisteos, Porque no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.21Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras de ofrendas; Porque allí fué desechado el escudo de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.22Sin sangre de muertos, sin grosura de valientes, El arco de Jonathán nunca volvió, Ni la espada de Saúl se tornó vacía.23Saúl y Jonathán, amados y queridos en su vida, En su muerte tampoco fueron apartados: Más ligeros que águilas, Más fuertes que leones.24Hijas de Israel, llorad sobre Saúl, Que os vestía de escarlata en regocijos, Que adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.25Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ­Jonathán, muerto en tus alturas!26Angustia tengo por ti, hermano mío Jonathán, Que me fuiste muy dulce: Más maravilloso me fué tu amor, Que el amor de las mujeres.27Cómo han caído los valientes, Y perecieron las armas de guerra!

Muy lejos de regocijarse por la desdicha que alcanzó a su rival y perseguidor, David le compone una conmovedora endecha. Este canto “del Arco” (cap. 1:18, V.M.) celebra las cualidades humanas de Saúl: su fuerza, generosidad y popularidad. En cuanto a la maldad del rey, de la cual había sufrido mucho, David también la oculta, como evita hablar de la derrota que provocaría gozo y menosprecio en los enemigos de Jehová. “No lo anunciéis en Gat…” (v. 20).

Lo mismo que Judá (v. 18), necesitamos que se nos enseñen las lecciones de ese canto del Arco: entristecernos por la desdicha de otros; hacer resaltar el bien, aun de los que no nos aman; guardarnos de contar lo enojoso que sepamos acerca de alguien; ante todo, cubrir las faltas de nuestros hermanos pensando en el testimonio del pueblo de Dios frente al mundo (1 Pedro 4:8).

Después, el dolorido corazón de David se expresa con respecto a Jonatán. Maravilloso amor, muy dulce (v. 26) y, sin embargo, pálida figura del amor de Jesús: amor insondable, del cual nada —ni aun la muerte— nos podrá separar jamás (Romanos 8:38-39).

2 Samuel 2:1-11
1DESPUÉS de esto aconteció que David consultó á Jehová, diciendo: ¿Subiré á alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. Y David tornó á decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón.2Y David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam Jezreelita y Abigail, la que fué mujer de Nabal del Carmelo.3Y llevó también David consigo los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón.4Y vinieron los varones de Judá, y ungieron allí á David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso á David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron á Saúl.5Y envió David mensajeros á los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor Saúl en haberle dado sepultura.6Ahora pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho.7Esfuércense pues ahora vuestras manos, y sed valientes; pues que muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos.8Mas Abner hijo de Ner, general de ejército de Saúl, tomó á Is-boseth hijo de Saúl, é hízolo pasar al real:9Y alzólo por rey sobre Galaad, y sobre Gessuri, y sobre Jezreel, y sobre Ephraim, y sobre Benjamín, y sobre todo Israel.10De cuarenta años era Is-boseth hijo de Saúl, cuando comenzó á reinar sobre Israel; y reinó dos años. Sola la casa de Judá seguía á David.11Y fué el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete años y seis meses.

David no consultó a Dios antes de descender a la tierra de los filisteos y esto le salió mal. Pero esa amarga experiencia le fue útil. Ahora consulta dos veces a Jehová.

Nunca nos cansaremos de insistir sobre esta fundamental regla de la vida cristiana: la dependencia. Es un deber para con Dios, pero también es la fuente de nuestra fuerza y de nuestra seguridad.

Hebrón, adonde Dios conduce a su ungido, es un lugar que habla de muerte. Allí estaban los sepulcros de los patriarcas. Cristo, el Amado de Dios, el verdadero David, antes de tomar oficialmente su reino, entró en la muerte por obediencia a Dios. A este mismo terreno conduce a los suyos, pues el creyente ha muerto con Cristo.

David no olvida a los habitantes de Jabes de Galaad que habían manifestado bondad hacia Saúl. ¿Olvidaría el Señor la poca misericordia que nos haya permitido ejercitar? (Hebreos 6:10).

La realeza de David se establecerá poco a poco. Por el momento, sólo Judá la reconoce. El resto del pueblo está sujeto a Is-boset, hijo de Saúl, sostenido por Abner, su anterior edecán.

2 Samuel 2:12-32
12Y Abner hijo de Ner salió de Mahanaim á Gabaón con los siervos de Is-boseth hijo de Saúl.13Y Joab hijo de Sarvia, y los siervos de David, salieron y encontráronlos junto al estanque de Gabaón: y como se juntaron, paráronse los unos de la una parte del estanque, y los otros de la otra.14Y dijo Abner á Joab: Levántense ahora los mancebos, y maniobren delante de nosotros. Y Joab respondió: Levántense.15Entonces se levantaron, y en número de doce, pasaron de Benjamín de la parte de Is-boseth hijo de Saúl; y doce de los siervos de David.16Y cada uno echó mano de la cabeza de su compañero, y metióle su espada por el costado, cayendo así á una; por lo que fué llamado aquel lugar, Helcath-assurim, el cual está en Gabaón.17Y hubo aquel día una batalla muy recia, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos de los siervos de David.18Y estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, y Abisai, y Asael. Este Asael era suelto de pies como un corzo del campo.19El cual Asael siguió á Abner, yendo tras de él sin apartarse á diestra ni á siniestra.20Y Abner miró atrás, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió: Sí.21Entonces Abner le dijo: Apártate á la derecha ó á la izquierda, y agárrate alguno de los mancebos, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él.22Y Abner tornó á decir á Asael: Apártate de en pos de mí, porque te heriré derribándote en tierra, y después ¿cómo levantaré mi rostro á tu hermano Joab?23Y no queriendo él irse, hiriólo Abner con el regatón de la lanza por la quinta costilla, y salióle la lanza por las espaldas, y cayó allí, y murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se par24Mas Joab y Abisai siguieron á Abner; y púsoseles el sol cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino del desierto de Gabaón.25Y juntáronse los hijos de Benjamín en un escuadrón con Abner, y paráronse en la cumbre del collado.26Y Abner dió voces á Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿no sabes tú que al cabo se sigue amargura? ¿hasta cuándo no has de decir al pueblo que se vuelvan de seguir á sus hermanos?27Y Joab respondió: Vive Dios que si no hubieras hablado, ya desde esta mañana el pueblo hubiera dejado de seguir á sus hermanos.28Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no siguió más á los de Israel, ni peleó más.29Y Abner y los suyos caminaron por la campiña toda aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bitrón, y llegaron á Mahanaim.30Joab también volvió de seguir á Abner, y juntando todo el pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres, y Asael.31Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, trescientos y sesenta hombres, que murieron. Tomaron luego á Asael, y sepultáronlo en el sepulcro de su padre en Beth-lehem.32Y caminaron toda aquella noche Joab y los suyos, y amanecióles en Hebrón.

Hasta el fin del capítulo 4 se relata el conflicto entre David e Is-boset, o más bien, entre sus respectivos generales: Joab y Abner. Es una lucha por el prestigio, pues cada uno de esos orgullosos hombres quiere ser el primero. El enfrentamiento termina con el asesinato de Abner y de Is-boset. Jehová se valdrá de estas tristes circunstancias —se trata de una guerra civil— para establecer, poco a poco, el reinado de David, el rey conforme a su voluntad.

La violencia y el espíritu de venganza se dan libre curso. Cerca del estanque de Gabaón la prueba de fuerza empieza como un juego. Sencillamente se quiere ver quiénes son más hábiles y más fuertes. Pero vemos cuán fácil es traspasar la distancia entre el orgullo y el asesinato. Uno se apasiona, pierde el control de sí mismo y comete un crimen sin haberlo premeditado. Los veinticuatro desdichados jóvenes caen juntos, traspasados el uno por el otro.

Notemos que David permanece ajeno a los combates que Joab pretende conducir en su nombre. Se nos da a conocer a este último: hombre astuto y sin escrúpulos, quien defiende la causa de David porque le procura una ventaja personal.

2 Samuel 3:1-5; 2 Samuel 5:1-9
1Y HUBO larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; mas David se iba fortificando, y la casa de Saúl iba en disminución.2Y nacieron hijos á David en Hebrón: su primogénito fué Ammón, de Ahinoam Jezreelita;3Su segundo Chileab, de Abigail la mujer de Nabal, el del Carmelo; el tercero, Absalóm, hijo de Maachâ, hija de Talmai rey de Gessur:4El cuarto, Adonías hijo de Haggith; el quinto, Saphatías hijo de Abital;5El sexto, Jetream, de Egla mujer de David. Estos nacieron á David en Hebrón.
1Y VINIERON todas las tribus de Israel á David en Hebrón, y hablaron, diciendo: He aquí nosotros somos tus huesos y tú carne.2Y aun ayer y antes, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, tú sacabas y volvías á Israel. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás á mi pueblo Israel, y tú serás sobre Israel príncipe.3Vinieron pues todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo con ellos alianza en Hebrón delante de Jehová; y ungieron á David por rey sobre Israel.4Era David de treinta años cuando comenzó á reinar, y reinó cuarenta años.5En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses: y en Jerusalem reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.6Entonces el rey y los suyos fueron á Jerusalem al Jebuseo que habitaba en la tierra; el cual habló á David, diciendo: Tú no entrarás acá, si no echares los ciegos y los cojos; diciendo: No entrará acá David.7Empero David tomó la fortaleza de Sión, la cual es la ciudad de David.8Y dijo David aquel día: ¿Quién llegará hasta las canales, y herirá al Jebuseo, y á los cojos y ciegos, á los cuales el alma de David aborrece? Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en casa.9Y David moró en la fortaleza y púsole por nombre la Ciudad de David: y edificó alrededor, desde Millo para adentro.

Durante estos acontecimientos (cap. 2:12 a 4:12), David espera en Hebrón, con paciencia, a que Jehová mismo le establezca como rey sobre todo Israel.

Asimismo Jesús, ahora en el cielo, aguarda que Dios le dé su reino universal.

Para Israel, el comienzo del capítulo 5 corresponde a una gran fecha en su historia. Se trata del traslado del trono de David a Jerusalén, esa ciudad que, de ahí en adelante, ocupará un lugar muy importante en la historia del pueblo y en los consejos de Dios. Pero en el interior de la ciudad, en el monte de Sion, subsistía una fortaleza casi inexpugnable, en la que los jebuseos se habían mantenido desde el tiempo de Josué. Pese a la jactancia de éstos, David se apodera de ella. No obstante, aquí olvida la gracia que le caracterizó tan a menudo y expresa su odio hacia los lisiados, cerrándoles el acceso a la casa de Dios. Qué diferencia con el Señor Jesús, quien recibía en el templo precisamente a los ciegos y cojos para sanarlos (Mateo 21:14), y también con el hombre que “hizo una gran cena” (Dios mismo) y, para llenar su casa, fuerza a esos desdichados (que nos representan a usted y a mí) a tomar lugar en el festín de su gracia (Lucas 14:21-23).

2 Samuel 5:10-25
10Y David iba creciendo y aumentándose, y Jehová Dios de los ejércitos era con él.11E Hiram rey de Tiro envió también embajadores á David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David.12Y entendió David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino por amor de su pueblo Israel.13Y tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalem después que vino de Hebrón, y naciéronle más hijos é hijas.14Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Sammua, y Sobab, y Nathán, y Salomón,15E Ibhar, y Elisua, y Nepheg,16Y Japhia, y Elisama, y Eliada, y Eliphelet.17Y oyendo los Filisteos que habían ungido á David por rey sobre Israel, todos los Filisteos subieron á buscar á David: lo cual como David oyó, vino á la fortaleza.18Y vinieron los Filisteos, y extendiéronse por el valle de Raphaim.19Entonces consultó David á Jehová, diciendo: ¿Iré contra los Filisteos? ¿los entregarás en mis manos? Y Jehová respondió á David: Ve, porque ciertamente entregaré los Filisteos en tus manos.20Y vino David á Baal-perasim, y allí los venció David, y dijo: Rompió Jehová mis enemigos delante de mí, como quien rompe aguas. Y por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perasim.21Y dejaron allí sus ídolos, los cuales quemó David y los suyos.22Y los Filisteos tornaron á venir, y extendiéronse en el valle de Raphaim.23Y consultando David á Jehová, él le respondió: No subas; mas rodéalos, y vendrás á ellos por delante de los morales:24Y cuando oyeres un estruendo que irá por las copas de los morales, entonces te moverás; porque Jehová saldrá delante de ti á herir el campo de los Filisteos.25Y David lo hizo así, como Jehová se lo había mandado; é hirió á los Filisteos desde Gabaa hasta llegar á Gaza.

Admiramos la fe y dependencia desplegadas por David en muchas circunstancias (y aún en los versículos 19 y 23, para luchar contra los filisteos). Lastimosamente su vida familiar está lejos de alcanzar el mismo nivel. Pese a la ordenanza de Jehová, especialmente dirigida a los reyes (Deuteronomio 17:17), David toma muchas mujeres, primero en Hebrón, luego en Jerusalén. Si hubiese tenido por esposa sólo a la fiel Abigail —cuyo nombre significa la alegría del padre, y que es una figura de la Iglesia—, no leeríamos tres nombres que llegan a ser la fuente de tantas penas para él: Amnón, Absalón y Adonías (cap. 3:2-4).

Siguiendo las instrucciones de Jehová, es como la guerra contra los filisteos puede volver a ser victoriosa. Antes de la segunda batalla, David habría podido decir: ¡Hagamos como la primera vez, ya que nos fue bien! Pero notemos que, al contrario, consulta otra vez a Jehová. Lo hace con mucha razón, y la respuesta es muy diferente. Asimismo, desconfiemos de nuestra propia sabiduría; pidamos siempre al Señor sus directivas para que también podamos obtener las victorias que Dios preparó para nosotros.

2 Samuel 6:1-11
1Y DAVID tornó á juntar todos los escogidos de Israel, treinta mil.2Y levantóse David, y fué con todo el pueblo que tenía consigo, de Baal de Judá, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora en ella entre los querubines.3Y pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y lleváronla de la casa de Abinadab, que estaba en Gabaa: y Uzza y Ahio, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo.4Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab que estaba en Gabaa, con el arca de Dios, Ahio iba delante del arca.5Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda suerte de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, adufes, flautas y címbalos.6Y cuando llegaron á la era de Nachôn, Uzza extendió la mano al arca de Dios, y túvola; porque los bueyes daban sacudidas.7Y el furor de Jehová se encendió contra Uzza, é hiriólo allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.8Y entristecióse David por haber herido Jehová á Uzza: y fué llamado aquel lugar Pérez-uzza, hasta hoy.9Y temiendo David á Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir á mí el arca de Jehová?10No quiso pues David traer á sí el arca de Jehová á la ciudad de David; mas llevóla David á casa de Obed-edom Getheo.11Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom Getheo tres meses: y bendijo Jehová á Obed-edom y á toda su casa.

Al inaugurar su reinado, el primer pensamiento de David es para el arca de Jehová. Junta treinta mil hombres, lo mejor de Israel, esta vez no para un combate, sino para escoltar dignamente el arca hasta Jerusalén. Nunca terminaremos de rendir honor a la persona del Señor Jesús. Pero, este homenaje, este culto, debe ser rendido con inteligencia y obediencia. Según el mandamiento divino, el arca debía ser llevada sobre el hombro (Números 7:9). Pero David y el pueblo no lo tuvieron en cuenta. Según su parecer, un carro nuevo, como el que habían utilizado los filisteos ignorantes, le convenía mucho más. ¿No era eso aparentemente más práctico que el transporte a pie? Y entonces Uza tocó el arca y fue herido de muerte. ¡Qué consternación! No habríamos pensado que era tan culpable. ¡Pues, sí! Dios quiere darnos a entender, a nosotros como a David, cuán grave es reemplazar sus enseñanzas por nuestras buenas intenciones y por nuestros propios arreglos, especialmente cuando se trata del culto.

¡Qué enojosa interrupción de esa hermosa ceremonia! David, irritado y asustado a la vez, desvía el arca y pierde así una bendición que, en cambio, va a aprovechar la familia de Obed-edom.

2 Samuel 6:12-23
12Y fué dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom, y todo lo que tiene, á causa del arca de Dios. Entonces David fué, y trajo el arca de Dios de casa de Obed-edom á la ciudad de David con alegría.13Y como los que llevaban el arca de Dios habían andado seis pasos, sacrificaban un buey y un carnero grueso.14Y David saltaba con toda su fuerza delante de Jehová; y tenía vestido David un ephod de lino.15Así David y toda la casa de Israel llevaban el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.16Y como el arca de Jehová llegó á la ciudad de David, aconteció que Michâl hija de Saúl miró desde una ventana, y vió al rey David que saltaba con toda su fuerza delante de Jehová: y menosprecióle en su corazón.17Metieron pues el arca de Jehová, y pusiéronla en su lugar en medio de una tienda que David le había tendido: y sacrificó David holocaustos y pacíficos delante de Jehová.18Y como David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los ejércitos.19Y repartió á todo el pueblo, y á toda la multitud de Israel, así á hombres como á mujeres, á cada uno una torta de pan, y un pedazo de carne, y un frasco de vino. Y fuése todo el pueblo, cada uno á su casa.20Volvió luego David para bendecir su casa: y saliendo Michâl á recibir á David, dijo: ­Cuán honrado ha sido hoy el rey de Israel, desnudándose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se desnudara un juglar!21Entonces David respondió á Michâl: Delante de Jehová, que me eligió más bien que á tu padre y á toda su casa, mandándome que fuese príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel, danzaré delante de Jehová.22Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo á mis propios ojos; y delante de las criadas que dijiste, delante de ellas seré honrado.23Y Michâl hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte.

Conmovedora figura del Señor Jesús presente en la casa del creyente, el arca quedó tres meses en casa de Obed-edom, trayendo la bendición a ese hombre y a su familia, lo que no tardó en saberse (v. 12). Si vivimos cerca del Señor, los que nos conocen no dejarán de percibirlo. Y ellos también querrán gozar de las bendiciones que él nos otorga.

Ahora David, después de haber aprendido la lección de Dios, obra según Su pensamiento: el arca es llevada por los levitas que se han santificado; y él mismo, habiéndose despojado de su majestad real, expresa su gozo danzando delante de ella. El Evangelio ya no nos muestra el arca, sino a Jesús en persona, haciendo su entrada en la misma ciudad de Jerusalén en medio de la alegría de los que le aclaman (Mateo 21:9).

Después de dar seis pasos se ofrece el sacrificio. Hace pensar en el andar y en el culto del cristiano. El uno y el otro provocan el desprecio de los incrédulos, de quienes Mical es una triste imagen. El mundo ama lo que es elevado y brillante. Pero el creyente es dichoso al humillarse y aun al hacerse “más vil” (v. 22), para que las miradas se desvíen de él y se fijen sólo en Jesús (comp. Juan 3:30).

2 Samuel 7:1-17
1Y ACONTECIO que, estando ya el rey asentado en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor,2Dijo el rey al profeta Nathán: Mira ahora, yo moro en edificios de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas.3Y Nathán dijo al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, que Jehová es contigo.4Y aconteció aquella noche, que fué palabra de Jehová á Nathán, diciendo:5Ve y di á mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?6Ciertamente no he habitado en casas desde el día que saqué á los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que anduve en tienda y en tabernáculo.7Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado palabra en alguna de las tribus de Israel, á quien haya mandado que apaciente mi pueblo de Israel, para decir: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedros?8Ahora pues, dirás así á mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel;9Y he sido contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he talado todos tus enemigos, y te he hecho nombre grande, como el nombre de los grandes que son en la tierra.10Además yo fijaré lugar á mi pueblo Israel; yo lo plantaré, para que habite en su lugar, y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como antes,11Desde el día que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y yo te daré descanso de todos tus enemigos. Asimimso Jehová te hace saber, que él te quiere hacer casa.12Y cuando tus días fueren cumplidos, y durmieres con tus padres, yo estableceré tu simiente después de ti, la cual procederá de tus entrañas, y aseguraré su reino.13El edificará casa á mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.14Yo le seré á él padre, y él me será á mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres;15Empero mi misericordia no se apartaré de él, como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti.16Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro; y tu trono será estable eternalmente.17Conforme á todas estas palabras, y conforme á toda esta visión, así habló Nathán á David.

“Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7). Estas palabras se vuelven reales para David. Y ya que él habita una hermosa casa de cedro, no quiere dejar el arca en una simple tienda. ¡Qué lindo detalle de su parte! Aquellos creyentes que tienen una vida bien asegurada y confortable nunca deberían olvidar que su Señor atravesó este mundo como un divino viajero, sin un lugar donde recostar su cabeza.

David se propone construir una casa digna de Jehová. Pero, escuchemos lo que Dios le dice, en sustancia, por boca de Natán: «Voluntariamente tomé ese carácter de viajero para compartir en gracia la suerte de mi pueblo. Y el momento de mi descanso todavía no ha llegado. Pero lo que tú no puedes hacer, uno de tus descendientes lo hará».

Se trata primero de Salomón, hijo de David, quien edificará el templo. Pero el versículo 14, citado en Hebreos 1:5, prueba que ese Rey, Hijo de David, es proféticamente Jesús, el Hijo de Dios. Sólo de él se puede decir que su reino será para siempre. Las bendiciones individuales (v. 8-9) o colectivas (v. 10) tienen su fuente en esa incomparable Persona.

2 Samuel 7:18-29
18Y entró el rey David, y púsose delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿Quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me traigas hasta aquí?19Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues que también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es ése el modo de obrar del hombre, Señor Jehová?20¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Tú pues conoces tu siervo, Señor Jehová.21Todas estas grandezas has obrado por tu palabra y conforme á tu corazón, haciéndolas saber á tu siervo.22Por tanto tú te has engrandecido, Jehová Dios: por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme á todo lo que hemos oído con nuestros oídos.23¿Y quién como tu pueblo, como Israel, en la tierra? una gente por amor de la cual Dios fuese á redimírsela por pueblo, y le pusiese nombre, é hiciese por vosotros, oh Israel, grandes y espantosas obras en tu tierra, por amor de tu pueblo, oh Dios, que tú 24Porque tú te has confirmado á tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre: y tú, oh Jehová, fuiste á ellos por Dios.25Ahora pues, Jehová Dios, la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, despiértala para siempre, y haz conforme á lo que has dicho.26Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y dígase: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti.27Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón para hacer delante de ti esta súplica.28Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras serán firmes, ya que has dicho á tu siervo este bien.29Tenlo pues ahora á bien, y bendice la casa de tu siervo, para que perpetuamente permanezca delante de ti: pues que tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.

David quiso hacer algo para Jehová. Pero la respuesta divina fue: «Yo hice todo para ti». Tal es la lección que cada uno debemos aprender. Dios mismo se preocupó por nuestra salvación, por nuestro reposo y por todo lo que concierne a nuestro porvenir (v. 9). ¡Maravillosos consejos en los cuales no intervenimos para nada! “¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33). Por cierto, no es así “como procede el hombre” (v. 19).

Entonces, ¿qué debe hacer David? Sencillamente agradecer a Dios. En la presencia divina, el rey entra, se sienta y adora; asimismo el creyente puede hacerlo hoy en día en la reunión de los redimidos alrededor del Señor, con la tranquila seguridad de que debe estar allí y gozar de ese reposo divino. “¿Quién soy yo, y qué es mi casa?” Ni David, sencillo pastor (v. 8), ni Israel, sacado de Egipto (v. 6), tienen mérito personal alguno, ningún título para ocupar semejante posición. Sólo la gracia los ha “traído hasta aquí” (v. 18). Y la oración del rey, expresión de entera comunión, se resume así: “Haz conforme a lo que has dicho. Que sea engrandecido tu nombre” (v. 25-26).

Con gusto, en ese momento se colocaría también el Salmo 23 en su boca, en particular los versículos 5 y 6.

2 Samuel 8:1-18
1DESPUÉS de esto aconteció, que David hirió á los Filisteos, y los humilló: y tomó David á Methegamma de mano de los Filisteos.2Hirió también á los de Moab, y midiólos con cordel, haciéndolos echar por tierra; y midió con dos cordeles para muerte, y un cordel entero para vida; y fueron los Moabitas siervos debajo de tributo.3Asimismo hirió David á Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba, yendo él á extender su término hasta el río de Eufrates.4Y tomó David de ellos mil y setecientos de á caballo, y veinte mil hombres de á pie; y desjarretó David los caballos de todos los carros, excepto cien carros de ellos que dejó.5Y vinieron los Siros de Damasco á dar ayuda á Hadad-ezer rey de Soba; y David hirió de los Siros veinte y dos mil hombres.6Puso luego David guarnición en Siria la de Damasco, y fueron los Siros siervos de David sujetos á tributo. Y Jehová guardó á David donde quiere que fué.7Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadad-ezer, y llevólos á Jerusalem.8Asimismo de Beta y de Beeroth, ciudades de Hadad-ezer, tomó el rey David gran copia de metal.9Entonces oyendo Toi, rey de Hamath, que David había herido todo el ejército de Hadad-ezer,10Envió Toi á Joram su hijo al rey David, á saludarle pacíficamente y á bendecirle, porque había peleado con Hadad-ezer y lo había vencido: porque Toi era enemigo de Hadad-ezer. Y Joram llevaba en su mano vasos de plata, y vasos de oro, y de metal;11Los cuales el rey David dedicó á Jehová, con la plata y el oro que tenía dedicado de todas las naciones que había sometido:12De los Siros, de los Moabitas, de los Ammonitas, de los Filisteos, de los Amalecitas, y del despojo de Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba.13Y ganó David fama cuando, volviendo de la rota de los Siros, hirió diez y ocho mil hombres en el valle de la sal.14Y puso guarnición en Edom, por toda Edom puso guarnición; y todos los Idumeos fueron siervos de David. Y Jehová guardó á David por donde quiera que fué.15Y reinó David sobre todo Israel; y hacía David derecho y justicia á todo su pueblo.16Y Joab hijo de Sarvia era general de su ejército; y Josaphat hijo de Ahilud, canciller;17Y Sadoc hijo de Ahitud, y Ahimelech hijo de Abiathar, eran sacerdotes; y Seraía era escriba;18Y Benahía hijo de Joiada, era sobre los Ceretheos y Peletheos; y los hijos de David eran los príncipes.

Fortalecido por las promesas de Jehová, el nuevo rey asegura su trono por medio de victorias con las que somete a sus enemigos. Los primeros son los filisteos. Todo su país por fin puede ser sometido. Luego Moab es subyugado, en parcial cumplimiento de la profecía de Balaam (Números 24:17). Hadad-ezer y los sirios que lo sostienen son vencidos a su vez. Por fin, Edom es avasallado, según una profecía más antigua todavía: la de Isaac bendiciendo a Jacob (Génesis 27:29; véase también 25:23). Aquí David realiza, en figura, lo que está escrito del Señor Jesús, cuyo glorioso reino se establecerá cuando todos sus enemigos hayan sido sojuzgados (véase el Salmo 110, muchas veces citado).

Ahora que la paz está lograda y el dominio de David reconocido, tanto afuera como adentro, se bosqueja la organización del reino (v. 15-18). El rey es el centro y hace justicia. Alrededor de él, cada uno en su lugar cumple las funciones que se le han asignado. Los sacerdotes están presentes asegurando las relaciones con Dios. ¡Seguridad, estabilidad, justicia y paz: caracteres gloriosos que serán, en el Reino venidero, mucho más excelentes!

2 Samuel 9:1-13
1Y DIJO David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, á quien haga yo misericordia por amor de Jonathán?2Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual como llamaron que viniese á David, el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo.3Y el rey dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, á quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aun ha quedado un hijo de Jonathán, lisiado de los pies.4Entonces el rey le dijo: ¿Y ése dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Machîr hijo de Amiel, en Lodebar.5Y envió el rey David, y tomólo de casa de Machîr hijo de Amiel, de Lodebar.6Y venido Mephi-boseth, hijo de Jonathán hijo de Saúl, á David, postróse sobre su rostro, é hizo reverencia. Y dijo David: Mephi-boseth. Y él respondió: He aquí tu siervo.7Y díjole David: No tengas temor, porque yo á la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonathán tu padre, y te haré volver todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre pan á mi mesa.8Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires á un perro muerto como yo?9Entonces el rey llamó á Siba, siervo de Saúl, y díjole: Todo lo que fué de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.10Tú pues le labrarás las tierras, tú con tus hijos, y tus siervos, y encerrarás los frutos, para que el hijo de tu Señor tenga con qué mantenerse; y Mephi-boseth el hijo de tu señor tenga con qué mantenerse; y Mephi-boseth el hijo de tu señor comerá siempr11Y respondió Siba al rey: Conforme á todo lo que ha mandado mi Señor el rey á su siervo, así lo hará tu siervo. Mephi-boseth, dijo el rey, comerá á mi mesa, como uno de los hijos del rey.12Y tenía Mephi-boseth un hijo pequeño, que se llamaba Michâ. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mephi-boseth.13Y moraba Mephi-boseth en Jerusalem, porque comía siempre á la mesa del rey; y era cojo de ambos pies.

El capítulo 8 desplegó ante nosotros la gloria del rey David. Pero una cosa la supera aún: su gracia. La aprendió en la escuela de Dios, siendo él mismo objeto de esta gracia. ¿Es así, en efecto, “como procede el hombre”, al recibir en la corte y a su mesa al último representante de la raza rival, el heredero de su enemigo? (léase 2 Samuel 4:4).

No, se trata de una “misericordia de Dios”. Porque David no se contenta con cumplir su promesa a Jonatán y a Saúl (1 Samuel 20:14-15; 24:22-23); hace sobreabundar esta gracia divina para con el pobre Mefi-boset, el cual está lleno del sentimiento de su propia indignidad. Además, este hombre ¿no era cojo, y por esta razón se exponía al odio del rey? (cap. 5:8). Pero vemos cómo se le busca, se le llama por su nombre, se le tranquiliza (v. 5-7), se le enriquece, se le invita a la mesa del rey como si fuera un miembro de la familia, y finalmente, David lo toma a su cargo para siempre. ¡Qué hermosa figura de la obra de Jesús por un pecador!

Mefi-boset seguirá siendo un lisiado. El versículo 13 lo repite intencionalmente. Pero, cuando está sentado a la mesa real, no se nota. ¿No sucede lo mismo con el creyente aquí en la tierra? No se le quita su vieja naturaleza. Pero, permaneciendo en comunión con el Señor, puede ocultarla.

2 Samuel 10:1-19
1DESPUÉS de esto aconteció, que murió el rey de los hijos de Ammón: y reinó en lugar suyo Hanún su hijo.2Y dijo David: Yo haré misericordia con Hanún hijo de Naas, como su padre la hizo conmigo. Y envió David sus siervos á consolarlo por su padre. Mas llegados los siervos de David á la tierra de los hijos de Ammón,3Los príncipes de los hijos de Ammón dijeron á Hanún su señor: ¿Te parece que por honrar David á tu padre te ha enviado consoladores? ¿no ha enviado David sus siervos á ti por reconocer é inspeccionar la ciudad, para destruirla?4Entonces Hanún tomó los siervos de David, y rapóles la mitad de la barba, y cortóles los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y despachólos.5Lo cual como fué hecho saber á David, envió á encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey hizo decir les: Estaos en Jericó hasta que os vuelva á nacer la barba, y entonces regresaréis.6Y viendo los hijos de Ammón que se habían hecho odiosos á David, enviaron los hijos de Ammón y tomaron á sueldo á los Siros de la casa de Rehob, y á los Siros de Soba, veinte mil hombres de á pie: y del rey de Maaca mil hombres, y de Is-tob doce mil hombr7Lo cual como oyó David, envió á Joab con todo el ejército de los valientes.8Y saliendo los hijos de Ammón, ordenaron sus escuadrones á la entrada de la puerta: mas los Siros de Soba, y de Rehob, y de Is-tob, y de Maaca, estaban de por sí en le campo.9Viendo pues Joab que había escuadrones delante y detrás de él, entresacó de todos los escogidos de Israel, y púsose en orden contra los Siros.10Entregó luego lo que quedó del pueblo en mano de Abisai su hermano, y púsolo en orden para encontrar á los Ammonitas.11Y dijo: Si los Siros me fueren superiores, tú me ayudarás; y si los hijos de Ammón pudieren más que tú, yo te daré ayuda.12Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios: y haga Jehová lo que bien le pareciere.13Y acercóse Joab, y el pueblo que con él estaba, para pelear con los Siros; mas ellos huyeron delante de él.14Entonces los hijos de Ammón, viendo que los Siros habían huído, huyeron también ellos delante de Abisai, y entráronse en la ciudad. Y volvió Joab de los hijos de Ammón, y vínose á Jerusalem.15Mas viendo los Siros que habían caído delante de Israel, tornáronse á juntar.16Y envió Hadad-ezer, y sacó los Siros que estaban de la otra parte del río, los cuales vinieron á Helam, llevando por jefe á Sobach general del ejército de Hadad-ezer.17Y como fué dado aviso á David, juntó á todo Israel, y pasando el Jordán vino á Helam: y los Siros se pusieron en orden contra David, y pelearon con él.18Mas los Siros huyeron delante de Israel: é hirió David de los Siros la gente de setecientos carros, y cuarenta mil hombres de á caballo: hirió también á Sobach general del ejército, y murió allí.19Viendo pues todos los reyes que asistían á Hadad-ezer, como habían ellos sido derrotados delante de Israel, hicieron paz con Israel, y sirviéronle; y de allí adelante temieron los Siros de socorrer á los hijos de Ammón.

Después que Mefi-boset acepta la gracia real, tenemos el ejemplo de los que no la comprenden, ni quieren recibirla.

David hizo misericordia con Hanún, procurando consolarlo, pero fue rechazado. Así, hoy en día, Jesús desea revelarse a los hombres como aquel que simpatiza con sus penas y sufre sus dolores (Isaías 53:4). ¿Existe ultraje más grande que rechazar este amor? ¡Cuánto debió sentir David el ultraje hecho a sus siervos! Con mayor razón aún, el corazón perfectamente sensible del Salvador es herido cada día por el desprecio de los que rechazan sus más tiernos llamados (Juan 5:40; Mateo 22:6).

Hanún y su pueblo todavía estaban a tiempo para humillarse, cuando vieron que su caso tomaba un giro equivocado. La experiencia de Abigail nos da la seguridad de que el juicio habría podido ser desviado (1 Samuel 25). Pero en lugar de esto, el orgullo y el enceguecimiento los impele a pelear contra aquel que les quiso hacer bien. Para David se presenta una nueva victoria, más gloriosa que la del capítulo 8, sobre Hadad-ezer y los sirios que habían ayudado a los amonitas.

2 Samuel 11:1-27
1Y ACONTECIO á la vuelta de un año, en el tiempo que salen los reyes á la guerra, que David envió á Joab, y á sus siervos con él, y á todo Israel; y destruyeron á los Ammonitas, y pusieron cerco á Rabba: mas David se quedó en Jerusalem.2Y acaeció que levantándose David de su cama á la hora de la tarde, paseábase por el terrado de la casa real, cuando vió desde el terrado una mujer que se estaba lavando, la cual era muy hermosa.3Y envió David á preguntar por aquella mujer, y dijéronle: Aquella es Bath-sheba hija de Eliam, mujer de Uría Hetheo.4Y envió David mensajeros, y tomóla: y así que hubo entrado á él, él durmió con ella. Purificóse luego ella de su inmundicia, y se volvió á su casa.5Y concibió la mujer, y enviólo á hacer saber á David, diciendo: Yo estoy embarazada.6Entonces David envió á decir á Joab: Envíame á Uría Hetheo. Y enviólo Joab á David.7Y como Uría vino á él, preguntóle David por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y asimismo de la guerra.8Después dijo David á Uría: Desciende á tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Uría de casa del rey, vino tras de él comida real.9Mas Uría durmió á la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió á su casa.10E hicieron saber esto á David, diciendo: Uría no ha descendido á su casa. Y dijo David á Uría: ¿No has venido de camino? ¿por qué pues no descendiste á tu casa?11Y Uría respondió á David: El arca, é Israel y Judá, están debajo de tiendas; y mi señor Joab, y los siervos de mi señor sobre la haz del campo: ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y á dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu a12Y David dijo á Uría: Estáte aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y quedóse Uría en Jerusalem aquel día y el siguiente.13Y David lo convidó, é hízole comer y beber delante de sí, hasta embriagarlo. Y él salió á la tarde á dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió á su casa.14Venida la mañana, escribió David á Joab una carta, la cual envió por mano de Uría.15Y escribió en la carta, diciendo: Poned á Uría delante de la fuerza de la batalla, y desamparadle, para que sea herido y muera.16Así fué que cuando Joab cercó la ciudad, puso á Uría en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes.17Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon con Joab, y cayeron algunos del pueblo de los siervos de David; y murió también Uría Hetheo.18Entonces envió Joab, é hizo saber á David todos los negocios de la guerra.19Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabares de contar al rey todos los negocios de la guerra,20Si el rey comenzare á enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis á la ciudad peleando? ¿no sabíais lo que suelen arrojar del muro?21¿Quién hirió á Abimelech hjo de Jerobaal? ¿no echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Thebes? ¿por qué os llegasteis al muro?: entonces tú le dirás: También tu siervo Uría Hetheo es muerto.22Y fué el mensajero, y llegando, contó á David todas las cosas á que Joab le había enviado.23Y dijo el mensajero á David: Prevalecieron contra nosotros los hombres, que salieron á nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta;24Pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Uría Hetheo.25Y David dijo al mensajero: Dirás así á Joab: No tengas pesar de esto, que de igual y semejante manera suele consumir la espada: esfuerza la batalla contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú aliéntale.26Y oyendo la mujer de Uría que su marido Uría era muerto, hizo duelo por su marido.27Y pasado el luto, envió David y recogióla á su casa: y fué ella su mujer, y parióle un hijo. Mas esto que David había hecho, fué desagradable á los ojos de Jehová.

Nos gustaría permanecer con las victorias del capítulo 10 y hacer caso omiso de lo que se presenta ahora. Porque, de parte del enemigo de las almas, David soporta la más cruel derrota de su existencia. No obstante, este triste relato se halla en el libro de Dios como solemne advertencia para cada uno de nosotros. El más piadoso creyente posee un corazón corrompido, abierto a todas las codicias, y debe vigilar las entradas que dan acceso a ese malvado corazón, en particular sus ojos.

Esta trágica historia nos muestra a un rey que se hace esclavo: esclavo de sus codicias, atrapado en el terrible engranaje del pecado. En lugar de estar en la batalla con sus soldados, David descansa en Jerusalén; se pasea, ocioso, sobre el terrado de su palacio. Acordémonos que el ocio y la pereza multiplican, para el hijo de Dios, ocasiones de caída. En la inactividad, la vigilancia se relaja infaliblemente; y el diablo, que nunca descansa, sabe cómo sacar partido de ello. Sepamos, pues, estar ocupados.

David toma la mujer de Urías y, para ocultar su pecado, comete otro: con la complicidad de Joab, maquina la muerte de su noble y abnegado soldado.

2 Samuel 12:1-12
1Y ENVIO Jehová á Nathán á David, el cual viniendo á él, díjole: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.2El rico tenía numerosas ovejas y vacas:3Mas el pobre no tenía más que una sola cordera, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno: y teníala como á una hija.4Y vino uno de camino al hombre rico; y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y aderezóla para aquél que le había venido.5Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo á Nathán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte.6Y que él debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo esta tal cosa, y no tuvo misericordia.7Entonces dijo Nathán á David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl;8Yo te dí la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno: demás de esto te dí la casa de Israel y de Judá; y si esto es poco, yo te añadiré tales y tales cosas.9¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Uría Hetheo heriste á cuchillo, y tomaste por tu mujer á su mujer, y á él mataste con el cuchillo de los hijos de Ammón.10Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada; por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Uría Hetheo para que fuese tu mujer.11Así ha dicho Jehová: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré á tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres á la vista de este sol.12Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol.

“No codiciarás la mujer de tu prójimo”, dice la ley. “No cometerás adulterio”. “No matarás” (Éxodo 20:17, 14 y 13). David, que declara en el Salmo 19:7: “La ley de Jehová es perfecta”, transgredió sucesivamente por lo menos tres mandamientos. Sin embargo, su conciencia sigue sin reprenderlo. Es necesario que Jehová le envíe a Natán. Y la conmovedora parábola de la oveja hurtada, muy apta para alcanzar el corazón del que fue pastor, va a ayudarle a medir el horror de su falta. Pero David no se reconoce en seguida. Es despiadado para con el hombre rico. ¡Así somos! No se nos escapa la paja en el ojo de nuestro hermano, pero no notamos la viga que hay en el nuestro. Entonces, con solemnidad, el dedo de Dios lo señala: “Tú eres aquel hombre” (v. 7). Después, todo el triste asunto, ocultado tan cuidadosamente, es descubierto sin miramientos: «¡Tú hiciste esto y aquello!». Finalmente, para confundir el corazón de David, Dios le recuerda todo lo que Su gracia había hecho por él. ¿Era poca cosa? En el capítulo 7:19 David había dicho lo contrario. Entre más recibimos, menos excusables son nuestras codicias. ¡Y recibimos mucho!

2 Samuel 12:13-25
13Entonces dijo David á Nathán: Pequé contra Jehová. Y Nathán dijo á David: También Jehová ha remitido tu pecado: no morirás.14Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar á los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido morirá ciertamente.15Y Nathán se volvió á su casa. Y Jehová hirió al niño que la mujer de Uría había parido á David, y enfermó gravemente.16Entonces rogó David á Dios por el niño; y ayunó David, recogióse, y pasó la noche acostado en tierra.17Y levantándose los ancianos de su casa fueron á él para hacerlo levantar de tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan.18Y al séptimo día murió el niño; pero sus siervos no osaban hacerle saber que el niño era muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aun vivía, le hablábamos, y no quería oir nuestra voz: ¿pues cuánto más mal le hará, si le dijéremos que el niño es muerto?19Mas David viendo á sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño era muerto; por lo que dijo David á sus siervos: ¿Es muerto el niño? Y ellos respondieron: Muerto es.20Entonces David se levantó de tierra, y lavóse y ungióse, y mudó sus ropas, y entró á la casa de Jehová, y adoró. Y después vino á su casa, y demandó, y pusiéronle pan, y comió.21Y dijéronle sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y él muerto, levantástete y comiste pan.22Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, por manera que viva el niño?23Mas ahora que ya es muerto, ¿para qué tengo de ayunar? ¿podré yo hacerle volver? Yo voy á él, mas él no volverá á mí.24Y consoló David á Bath-sheba su mujer, y entrando á ella, durmió con ella; y parió un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó Jehová:25Que envió por mano de Nathán profeta, y llamó su nombre Jedidiah, á causa de Jehová.

Después de haber permanecido tanto tiempo dormida, la conciencia de David se sobrecoge por una profunda convicción de pecado. Y se da cuenta de que su crimen no solamente concierne a Urías y a su mujer, sino que es, en primer lugar, contra Jehová.

Comprendamos que nuestras faltas para con nuestros hermanos, padres o cualquier otra persona, primero son un pecado contra Dios. No basta, pues, reparar el mal ante aquel a quien hemos perjudicado (cuando es posible; David ya no podía); aún es necesario confesarlo a Dios.

Es lo que David hace en el Salmo 51, escrito en ese momento de amarga angustia (véase también Salmo 32:5, 1-2). En verdad, Dios no desprecia “al corazón contrito y humillado” (Salmo 51:17). Perdona a su pobre siervo; le perdona por completo. David es “como la nieve”, porque por anticipado fue lavado por la misma preciosa sangre de Cristo derramada por él, por usted y por mí (Isaías 1:18). Pero, lo que no puede ser borrado son las consecuencias del mal cometido. Éstas son muy dolorosas. En primer lugar, su hijo debe morir. Así, cada uno sabrá que, sin dejar de perdonar al pecador, Dios condena absolutamente el pecado y, especialmente, cuando lo comete uno de sus siervos.

2 Samuel 14:25-33
25Y no había en todo Israel hombre tan hermoso como Absalom, de alabar en gran manera: desde la planta de su pie hasta la mollera no había en él defecto.26Y cuando se cortaba el cabello, (lo cual hacía al fin de cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba,) pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real.27Y Naciéronle á Absalom tres hijos, y una hija que se llamó Thamar, la cual era hermosa de ver.28Y estuvo Absalom por espacio de dos años en Jerusalem, y no vió la cara del rey.29Y mandó Absalom por Joab, para enviarlo al rey; mas no quiso venir á él; ni aunque envió por segunda vez, quiso él venir.30Entonces dijo á sus siervos: Bien sabéis las tierras de Joab junto á mi lugar, donde tiene sus cebadas; id, y pegadles fuego; y los siervos de Absalom pegaron fuego á las tierras.31Levantóse por tanto Joab, y vino á Absalom á su casa, y díjole: ¿Por qué han puesto fuego tus siervos á mis tierras?32Y Absalom respondió á Joab: He aquí, yo he enviado por ti, diciendo que vinieses acá, á fin de enviarte yo al rey á que le dijeses: ¿Para qué vine de Gessur? mejor me fuera estar aún allá. Vea yo ahora la cara del rey; y si hay en mí pecado, máteme.33Vino pues Joab al rey, é hízoselo saber. Entonces llamó á Absalom, el cual vino al rey, é inclinó su rostro á tierra delante del rey: y el rey besó á Absalom.

Corrupción y violencia: éstos son los títulos que podrían llevar los capítulos 11 a 13. Desde el principio del Génesis, éstos son los caracteres del mundo. Y no ha cambiado. Pero, ¡cuán terrible es cuando tales caracteres se manifiestan en la familia del hijo de Dios! David había dado curso a estas dos formas de mal al tomar a Betsabé y ordenar la muerte de Urías. Ahora se introducen en su casa. Hasta el final de su historia, David va a experimentar amargamente que “lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).

Amnón ha muerto. Mediante la intervención de Joab, Absalón, el homicida de su hermano, vuelve a Jerusalén. Pero en él no se ve ningún pesar, ningún sentimiento de humillación. Astucia, soberbia, ambición, ausencia de piedad y de afecto natural, es lo que encontramos en este hombre. La continuación de su historia hará este retrato más sombrío aún. Absalón es un hombre cuyo estado moral está lejos de corresponder a su hermosura física. Un personaje tan abominable, ¿cómo puede ser el hijo del rey amado? ¡Ay!, sin embargo, ¡así es! No heredamos la fe de nuestros padres. Es necesario poseerla por uno mismo.

2 Samuel 15:1-12
1ACONTECIO después de esto, que Absalom se hizo de carros y caballos, y cincuenta que corriesen delante de él.2Y levantábase Absalom de mañana, y poníase á un lado del camino de la puerta; y á cualquiera que tenía pleito y venía al rey á juicio, Absalom le llamaba á sí, y decíale: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel.3Entonces Absalom le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas: mas no tienes quien te oiga por el rey.4Y decía Absalom: ­Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen á mí todos los que tienen pleito ó negocio, que yo les haría justicia!5Y acontecía que, cuando alguno se llegaba para inclinarse á él, él extendía su mano, y lo tomaba, y lo besaba.6Y de esta manera hacía con todo Israel que venía al rey á juicio: y así robaba Absalom el corazón de los de Israel.7Y al cabo de cuarenta años aconteció que Absalom dijo al rey: Yo te ruego me permitas que vaya á Hebrón, á pagar mi voto que he prometido á Jehová:8Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gessur en Siria, diciendo: Si Jehová me volviere á Jerusalem, yo serviré á Jehová.9Y el rey dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y se fué á Hebrón.10Empero envió Absalom espías por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oyereis el sonido de la trompeta, diréis: Absalom reina en Hebrón.11Y fueron con Absalom doscientos hombres de Jerusalem por él convidados, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada.12También envió Absalom por Achitophel Gilonita, del consejo de David, á Gilo su ciudad, mientras hacía sus sacrificios. Y la conjuración vino á ser grande, pues se iba aumentando el pueblo con Absalom.

La actitud de Absalón no muestra trabajo de conciencia alguno. Cuidadosamente preparó su golpe de Estado. Día a día iba a la puerta de la ciudad para encontrar allí a los que tenían algún asunto que juzgar. Les extendía la mano, los besaba y los interrogaba acerca de los motivos que los traían. Luego, les daba a entender que su padre no era capaz de tomar su causa en mano. Agregaba que él, en cambio, si recibiera el poder, no dejaría de ejercer justicia. Aunque hipócrita y lisonjero, Absalón ganaba de esta manera, en todo Israel, una reputación de benevolencia, amabilidad y justicia, a expensas del rey, su padre. “Robaba el corazón de los de Israel” a su verdadero señor (v. 6; Romanos 16:18).

Hoy en día, ¿no hay todavía personas (u objetos) hábiles para robar nuestros corazones al verdadero David? Recordemos que estos corazones pertenecen al Señor Jesucristo. Él pagó un precio muy grande para poseerlos sin reserva y para siempre.

En los versículos 7 a 12 vemos a Absalón encubriendo su infame acción con un pretexto religioso, para organizar la conspiración que debe —según cree— colocarle sobre el trono (Jeremías 9:3-5).

2 Samuel 15:13-29
13Y vino el aviso á David, diciendo: El corazón de todo Israel va tras Absalom.14Entonces David dijo á todos sus siervos que estaban con él en Jerusalem: Levantaos, y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalom; daos priesa á partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad 15Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están prestos á todo lo que nuestro señor el rey eligiere.16El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubinas para que guardasen la casa.17Salió pues el rey con todo el pueblo que le seguía, y paráronse en un lugar distante.18Y todos sus siervos pasaban á su lado, con todos los Ceretheos y Peletheos; y todos los Getheos, seiscientos hombres que habían venido á pie desde Gath, iban delante del rey.19Y dijo el rey á Ittai Getheo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar.20¿Ayer viniste, y téngote de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy como voy: tú vuélvete, y haz volver á tus hermanos: en ti haya misericordia y verdad.21Y respondió Ittai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, ó para muerte ó para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.22Entonces David dijo á Ittai: Ven pues, y pasa. Y pasó Ittai Getheo, y todos sus hombres, y toda su familia.23Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó, al camino que va al desierto.24Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos los Levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiathar después que hubo acabado de salir de la ciudad todo el pueblo.25Pero dijo el rey á Sadoc: Vuelve el arca de Dios á la ciudad; que si yo hallare gracia en los ojos de Jehová, él me volverá, y me hará ver á ella y á su tabernáculo:26Y si dijere: No me agradas: aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere.27Dijo aún el rey á Sadoc sacerdote: ¿No eres tú el vidente? Vuélvete en paz á la ciudad; y con vosotros vuestros dos hijos, tu hijo Ahimaas, y Jonathán hijo de Abiathar.28Mirad, yo me detendré en los campos del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.29Entonces Sadoc y Abiathar volvieron el arca de Dios á Jerusalem; y estuviéronse allá.

Mientras todo iba bien para el rey y su entorno, era imposible distinguir los que estaban verdaderamente apegados a David de quienes se quedaban con él por simple interés personal. Ahora la prueba muestra lo que hay en los corazones y los separa. Unos siguen a Absalón (v. 13), los otros a David (v. 18). La neutralidad ya no es posible.

¿Ya hemos pensado en lo que haríamos si mañana los cristianos fueran perseguidos, castigados con prisión o muerte, como lo fueron en otros tiempos, y como lo son todavía en algunos países? Entonces, se vería si verdaderamente amamos al Señor Jesús y si le seguimos, no sólo cuando el camino es fácil, sino también cuando se debe dejar todo y soportar todo para permanecer con él. Itai era un extranjero que había venido hacía poco junto al rey. A menudo se ha visto a recién convertidos, salidos de ambientes en que hay poca luz, desplegar una gran fe y una gran abnegación. Pero también sucede lo contrario: cristianos de quienes se esperaba mucho a causa de sus conocimientos y su educación, retrocedieron en el momento de la prueba. ¡Es de desear que todos nos parezcamos a Itai, geteo!

2 Samuel 15:30-37; 2 Samuel 16:1-4
30Y David subió la cuesta de las olivas; y subió la llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando así como subían.31Y dieron aviso á David, diciendo: Achitophel está entre los que conspiraron con Absalom. Entonces dijo David: Entontece ahora, oh Jehová, el consejo de Achitophel.32Y como David llegó á la cumbre del monte para adorar allí á Dios, he aquí Husai Arachîta que le salió al encuentro, trayendo rota su ropa, y tierra sobre su cabeza.33Y díjole David: Si pasares conmigo, serme has de carga;34Mas si volvieres á la ciudad, y dijeres á Absalom: Rey, yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora siervo tuyo, entonces tú me disiparás el consejo de Achitophel.35¿No estarán allí contigo Sadoc y Abiathar sacerdotes? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, darás aviso de ello á Sadoc y á Abiathar sacerdotes.36Y he aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc, y Jonathán el de Abiathar: por mano de ellos me enviaréis aviso de todo lo que oyereis.37Así se vino Husai amigo de David á la ciudad; y Absalom entró en Jerusalem.
1Y como David pasó un poco de la cumbre del monte, he aquí Siba, el criado de Mephi-boseth, que lo salía á recibir con un par de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, y cien hilos de pasas, y cien panes de higos secos, y un cuero de vino.2Y dijo el rey á Siba: ¿Qué es esto? Y Siba respondió: Los asnos son para la familia del rey, en que suban; los panes y la pasa para los criados, que coman; y el vino, para que beban los que se cansaren en el desierto.3Y dijo el rey: ¿Dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí él se ha quedado en Jerusalem, porque ha dicho: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre.4Entonces el rey dijo á Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mephi-boseth. Y respondió Siba inclinándose: Rey señor mío, halle yo gracia delante de ti.

Los sufrimientos que David debe conocer ahora son el resultado de sus propias faltas. No pueden compararse, pues, con los padecimientos del Señor Jesús, los cuales fueron la consecuencia de nuestros pecados. No obstante, en ciertos aspectos, nos permiten comprender mejor lo que atravesó nuestro Salvador. Vemos que David, en medio de algunos amigos fieles, sube llorando la cuesta de los Olivos. Más tarde, en este mismo lugar, en el huerto de Getsemaní, el Varón de dolores, en la angustia de su combate, ofrecerá “ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte” (Hebreos 5:7). Allí el rey se entera de la traición de Ahitofel, su compañero y consejero, pero cuyo nombre significa ¡hermano de locura!

También allí avanzará Judas a la cabeza de soldados y alguaciles para entregar al Señor (véase Salmo 3:1 y título).

La desolada exclamación de David en el Salmo 55:13, sin duda puede situarse en ese instante: “Tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos…” Pensemos con qué tristeza el Señor debió haber preguntado a su miserable discípulo: “Amigo, ¿a qué vienes?” (Mateo 26:50).

2 Samuel 16:5-19
5Y vino el rey David hasta Bahurim: y he aquí, salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Semei, hijo de Gera; y salía maldiciendo,6Y echando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David: y todo el pueblo, y todos los hombres valientes estaban á su diestra y á su siniestra.7Y decía Semei, maldiciéndole: Sal, sal, varón de sangres, y hombre de Belial;8Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado: mas Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalom; y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres varón de sangres.9Entonces Abisai hijo de Sarvia, dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto á mi señor el rey? Yo te ruego que me dejes pasar, y quitaréle la cabeza.10Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? El maldice así, porque Jehová le ha dicho que maldiga á David; ¿quién pues le dirá: Por qué lo haces así?11Y dijo David á Abisai y á todos sus siervos: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha á mi vida: ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, que Jehová se lo ha dicho.12Quizá mirará Jehová á mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy.13Y como David y los suyos iban por el camino, Semei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo.14Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron fatigados, y descansaron allí.15Y Absalom y todo el pueblo, los varones de Israel, entraron en Jerusalem, y con él Achitophel.16Y acaeció luego, que como Husai Arachîta amigo de David hubo llegado á Absalom, díjole Husai: Viva el rey, viva el rey.17Y Absalom dijo á Husai: ¿Este es tu agradecimiento para con tu amigo? ¿por qué no fuiste con tu amigo?18Y Husai respondió á Absalom: No: antes al que eligiere Jehová y este pueblo y todos los varones de Israel, de aquél seré yo, y con aquél quedaré.19¿Y á quién había yo de servir? ¿no es á su hijo? Como he servido delante de tu padre, así seré delante de ti.

Mientras David prosigue su camino de dolor y de rechazo, un benjamita, llamado Simei, cobardemente aprovecha la ocasión para arrojarle piedras y maldecirle. Contra el Señor Jesús no es un acusador sino una jauría de “perros” (Salmo 22:16) los que se juntan alrededor de la cruz y aprovechan su humillación para burlarse de él, menear la cabeza e insultarle. Jesús no sólo no les responde, sino que, más que nunca, se vuelve hacia su Dios (Salmo 22:19). Y, a vaga semejanza, lo mismo hace David ante las injustas acusaciones. Se dirige a Aquel que conoce la verdad (comp. Salmo 7:3-4 y título). Además, recibe esta nueva prueba como viniendo de la mano divina y acepta la injusta maldición como algo que Dios juzgó necesario. Reprende a Abisai, cuyo ardiente celo se manifiesta a favor de la venganza (v. 9, 1 Samuel 26:8). Es también lo que hizo en perfección nuestro Salvador cuando, en el mismo huerto en que ya le consideramos, tuvo que decir a Pedro: “Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11).

Husai ciertamente no ignora lo que Dios le había dicho al rey David referente a sus concubinas (cap. 12:11-12). Por eso ahora, al ser acogido por Absalón, no se opone al consejo de Ahitofel.

2 Samuel 17:1-14
1ENTONCES Achitophel dijo á Absalom: Yo escogeré ahora doce mil hombres, y me levantaré, y seguiré á David esta noche;2Y daré sobre él cuando él estará cansado y flaco de manos: lo atemorizaré, y todo el pueblo que está con él huirá, y heriré al rey solo.3Así tornaré á todo el pueblo á ti: y cuando ellos hubieren vuelto, (pues aquel hombre es el que tú quieres) todo el pueblo estará en paz.4Esta razón pareció bien á Absalom y á todos los ancianos de Israel.5Y dijo Absalom: Llama también ahora á Husai Arachîta, para que asimismo oigamos lo que él dirá.6Y como Husai vino á Absalom, hablóle Absalom, diciendo: Así ha dicho Achitophel; ¿seguiremos su consejo, ó no? Di tú.7Entonces Husai dijo á Absalom: El consejo que ha dado esta vez Achitophel no es bueno.8Y añadió Husai: Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que están con amargura de ánimo, como la osa en el campo cuando le han quitado los hijos. Además, tu padre es hombre de guerra, y no tendrá la noche con el pueblo.9He aquí él estará ahora escondido en alguna cueva, ó en otro lugar: y si al principio cayeren algunos de los tuyos, oirálo quien lo oyere, y dirá: El pueblo que sigue á Absalom ha sido derrotado.10Así aun el hombre valiente, cuyo corazón sea como corazón de león, sin duda desmayará: porque todo Israel sabe que tu padre es hombre valiente, y que los que están con él son esforzados.11Aconsejo pues que todo Israel se junte á ti, desde Dan hasta Beerseba, en multitud como la arena que está á la orilla de la mar, y que tú en persona vayas á la batalla.12Entonces le acometeremos en cualquier lugar que pudiere hallarse, y daremos sobre él como cuando el rocío cae sobre la tierra, y ni uno dejaremos de él, y de todos los que con él están.13Y si se recogiere en alguna ciudad, todos los de Israel traerán sogas á aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, que nunca más parezca piedra de ella.14Entonces Absalom y todos los de Israel dijeron: El consejo de Husai Arachîta es mejor que el consejo de Achitophel. Porque había Jehová ordenado que el acertado consejo de Achitophel se frustara, para que Jehová hiciese venir el mal sobre Absalom.

Husai había sido enviado por David a Jerusalén para anular el consejo de Ahitofel a Absalón. Dios, en respuesta a la oración del rey (cap. 15:31), interviene para que esta estratagema tenga éxito. Nos parece que hoy en día Dios ya no podría bendecir esa manera de obrar, porque la venida del Señor Jesús nos reveló una nueva medida de la verdad y de la rectitud según Dios.

El consejo de Husai permitía a David estar informado a tiempo para poder alejarse y preparar su defensa.

Todavía no hemos hecho notar que todo este relato tiene un alcance profético. Nos habla de un tiempo venidero en el cual, en Israel, cierto número de fieles, un “remanente”, será perseguido por los enemigos de Cristo y obligado a huir. Éstos, el rey y el falso profeta (o Anticristo), bajo la figura de Absalón y de su consejero Ahitofel, harán la guerra al remanente, cuya angustia está descrita en los Salmos. Pero, después de una corta persecución, los dos cómplices tendrán un súbito y espantoso fin: el rey, llamado la Bestia, y el falso profeta serán los primeros hombres lanzados vivos en el lago de fuego, que es la muerte segunda (Apocalipsis 19:20).

2 Samuel 17:15-29
15Dijo luego Husai á Sadoc y á Abiathar sacerdotes: Así y así aconsejó Achitophel á Absalom y á los ancianos de Israel: y de esta manera aconsejé yo.16Por tanto enviad inmediatemente, y dad aviso á David, diciendo: No quedes esta noche en los campos del desierto, sino pasa luego el Jordán, porque el rey no sea consumido, y todo el pueblo que con él está.17Y Jonathán y Ahimaas estaban junto á la fuente de Rogel, porque no podían ellos mostrarse viniendo á la ciudad; fué por tanto una criada, y dióles el aviso: y ellos fueron, y noticiáronlo al rey David.18Empero fueron vistos por un mozo, el cual dió cuenta á Absalom: sin embargo los dos se dieron priesa á caminar, y llegaron á casa de un hombre en Bahurim, que tenía un pozo en su patio, dentro del cual se metieron.19Y tomando la mujer de la casa una manta, extendióla sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella el grano trillado; y no se penetró el negocio.20Llegando luego los criados de Absalom á la casa á la mujer, dijéronle: ¿Dónde están Ahimaas y Jonathán? Y la mujer les respondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y como ellos los buscaron y no los hallaron volviéronse á Jerusalem.21Y después que ellos se hubieron ido, estotros salieron del pozo, y fuéronse, y dieron aviso al rey David; y dijéronle: Levantaos y daos priesa á pasar las aguas, porque Achitophel ha dado tal consejo contra vosotros.22Entonces David se levantó, y todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el Jordán antes que amaneciese; ni siquiera faltó uno que no pasase el Jordán.23Y Achitophel, viendo que no se había puesto por obra su consejo, enalbardó su asno, y levantóse, y fuése á su casa en su ciudad; y después de disponer acerca de su casa, ahorcóse y murió, y fué sepultado en el sepulcro de su padre.24Y David llegó á Mahanaim, y Absalom pasó el Jordán con toda la gente de Israel.25Y Absalom constituyó á Amasa, sobre el ejército en lugar de Joab, el cual Amasa fué hijo de un varón de Israel llamado Itra, el cual había entrado á Abigail hija de Naas, hermana de Sarvia, madre de Joab.26Y asentó campo Israel con Absalom en tierra de Galaad.27Y luego que David llegó á Mahanaim, Sobi hijo de Naas de Rabba de los hijos de Ammon, y Machîr hijo de Ammiel de Lodebar, y Barzillai Galaadita de Rogelim,28Trajeron á David y al pueblo que estaba con él, camas, y tazas, y vasijas de barro, y trigo, y cebada, y harina, y grano tostado, habas, lentejas, y garbanzos tostados,29Miel, manteca, ovejas, y quesos de vacas, para que comiesen; porque dijeron: Aquel pueblo está hambriento, y cansado, y tendrá sed en el desierto.

Los Salmos 3 a 7 se refieren a esta sombría página de la historia de David. Escapar delante de Saúl era poca cosa al lado de la huida delante de su propio hijo rebelde.

Pero, si su corazón está desgarrado, su sumisión y su confianza siguen siendo inquebrantables. Escuchemos estas hermosas palabras: “Tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí”. En el preciso momento en que Ahitofel propone una emboscada para caer de noche sobre el rey cansado y atemorizarlo (v. 2), ¿qué es lo que este último está declarando?: “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente…” (Salmo 3:3, 5-6).

Veamos la abnegación de los que permanecieron fieles a David. Primero están estos dos jóvenes: Ahimaas y Jonatán, cuyas piernas —y el espíritu de decisión— son útiles para el servicio del rey.

En lo que nos concierne, sepamos aprovechar las ocasiones de ayudar cada vez que se presentan. Indirectamente, se trata del servicio del “Rey”.

Al final del capítulo tenemos ejemplo de otras actividades para el Señor y su pueblo: preocuparse por el bienestar y las comodidades de los que están cansados, practicar la hospitalidad…

2 Samuel 18:1-18
1DAVID pues revistó el pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos tribunos y centuriones.2Y consignó la tercera parte del pueblo al mando de Joab, y otra tercera al mando de Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera parte al mando de Ittai Getheo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros.3Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros: mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será pues mejor que tú nos des ayuda desde la ciud4Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os pareciere. Y púsose el rey á la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil.5Y el rey mandó á Joab y á Abisai y á Ittai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al mozo Absalom. Y todo el pueblo oyó cuando dió el rey orden acerca de Absalom á todos los capitanes.6Salió pues el pueblo al campo contra Israel, y dióse la batalla en el bosque de Ephraim;7Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, é hízose una gran matanza de veinte mil hombres.8Y derramándose allí el ejército por la haz de toda la tierra, fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo, que los que consumió el cuchillo aquel día.9Y encontróse Absalom con los siervos de David: é iba Absalom sobre un mulo, y el mulo se entró debajo de un espeso y grande alcornoque, y asiósele la cabeza al alcornoque, y quedó entre el cielo y la tierra; pues el mulo en que iba pasó delante.10Y viéndolo uno, avisó á Joab, diciendo: He aquí que he visto á Absalom colgado de un alcornoque.11Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le heriste luego allí echándole á tierra? y sobre mí, que te hubiera dado diez siclos de plata, y un talabarte.12Y el hombre dijo á Joab: Aunque me importara en mis manos mil siclos de plata, no extendiera yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros lo oímos cuando el rey te mandó á ti y á Abisai y á Ittai, diciendo: Mirad que ninguno toque en el joven Absalo13Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida (pues que al rey nada se le esconde), y tú mismo estarías en contra.14Y respondió Joab: No es razón que yo te ruegue. Y tomando tres dardos en sus manos, hincólos en el corazón de Absalom, que aun estaba vivo en medio del alcornoque.15Cercándolo luego diez mancebos escuderos de Joab, hirieron á Absalom, y acabáronle.16Entonces Joab tocó la corneta, y el pueblo se volvió de seguir á Israel, porque Joab detuvo al pueblo.17Tomando después á Absalom, echáronle en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un muy grande montón de piedras; y todo Israel huyó, cada uno á sus estancias.18Y había Absalom en su vida tomado y levantádose una columna, la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna de su nombre: y así se llamó el Lugar de Absalom, hasta hoy.

Ahora va a empezar la batalla. Y ¡se trata nuevamente de una guerra civil! El pobre rey se halla en una trágica situación: ¿puede desear la victoria cuando ésta significa la derrota y la posible muerte de su hijo, a quien no ha dejado de amar?

“Lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). La hora de esa solemne «cosecha» ha sonado para el miserable Absalón. A él se aplica esta espantosa declaración: “El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila” (Proverbios 30:17). La hermosa cabellera de que se vanagloriaba Absalón viene a ser el medio de su muerte. Y el cruel Joab es el instrumento por el cual se cumple el juicio de Dios. Pero, de ninguna manera esto lo disculpa. Pese a las órdenes del rey, no teme cometer fríamente este homicidio.

Al erigir una columna en su honor, Absalón no había previsto que otro monumento sería levantado para su vergüenza: un montón de piedras sobre el hoyo en que sería echado su cadáver (como para Acán, Josué 7:26), montón sobre el cual cada uno vendrá a arrojar su piedra en señal de menosprecio y condenación.

2 Samuel 18:19-33
19Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y daré las nuevas al rey de cómo Jehová ha defendido su causa de la mano de sus enemigos?20Y respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas: las llevarás otro día: no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey es muerto.21Y Joab dijo á Cusi: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y Cusi hizo reverencia á Joab, y corrió.22Entonces Ahimaas hijo de Sadoc tornó á decir á Joab: Sea lo que fuere, yo correré ahora tras Cusi. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has tú de correr, pues que no hallarás premio por las nuevas?23Mas él respondió: Sea lo que fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió pues Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante de Cusi.24Estaba David á la sazón sentado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado de sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vió á uno que corría solo.25El atalaya dió luego voces, é hízolo saber al rey. Y el rey dijo: Si es solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía acercándose,26Vió el atalaya otro que corría; y dió voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey dijo: Este también es mensajero.27Y el atalaya volvió á decir: Paréceme el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buena nueva.28Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. E inclinóse á tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha entregado á los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey.29Y el rey dijo: ¿El mozo Absalom tiene paz? Y Ahimaas respondió: Vi yo un grande alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y á mí tu siervo; mas no sé qué era.30Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y paróse.31Y luego vino Cusi, y dijo: Reciba nueva mi señor el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti.32El rey entonces dijo á Cusi: ¿El mozo Absalom tiene paz? Y Cusi respondió: Como aquel mozo sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para mal.33Entonces el rey se turbó, y subióse á la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ­Hijo mío Absalom, hijo mío, hijo mío Absalom! ­Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalom, hijo mío, hijo mío!

En el capítulo precedente, Ahimaas había corrido por obediencia y su servicio había sido eficaz. Aquí, su propia voluntad parece estar en juego: “Yo correré”, declara él (v. 23). Y en consecuencia, su hazaña será inútil, arrastrándole hasta la simulación. Así ocurre, no sólo con nuestras buenas piernas, si las tenemos, sino con todas nuestras facultades; son útiles o no lo son, según nuestra sumisión al Señor Jesús.

La victoria que se acaba de obtener no regocija el corazón de David. Qué le importa el trono o la vida misma; Absalón ha muerto, y la dolorosa noticia traspasa el corazón del pobre padre que siente su parte de responsabilidad en los acontecimientos que acaban de desarrollarse. “¡Hijo mío, Absalón, hijo mío!” Aquí tenemos uno de los gritos más terribles de toda la Escritura, apto para hacer estremecer a todos los padres cristianos. Grito sin eco, sin esperanza, que expresa la horrible certeza de una separación definitiva y eterna. ¡Muy diferente fue la muerte del hijo de Betsabé! David, en lugar de afligirse, había declarado: “Yo voy a él…”, con la convicción de volverle a ver en la resurrección (cap. 12:23). Pero para Absalón, como para Judas, bueno le fuera no haber nacido (Mateo 26:24).

2 Samuel 19:1-15
1Y DIERON aviso á Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo por Absalom.2Y volvióse aquel día la victoria en luto para todo el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo.3Entróse el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar á escondidas el pueblo avergonzado que ha huído de la batalla.4Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ­Hijo mío Absalom, Absalom, hijo mío, hijo mío!5Y entrando Joab en casa al rey, díjole: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que han hoy librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas,6Amando á los que te aborrecen, y aborreciendo á los que te aman: porque hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos; pues hoy echo de ver que si Absalom viviera, bien que nosotros todos estuviéramos hoy muertos, entonces te contentaras.7Levántate pues ahora, y sal fuera, y halaga á tus siervos: porque juro por Jehová, que si no sales, ni aun uno quede contigo esta noche; y de esto te pesará más que de todos los males que te han sobrevenido desde tu mocedad hasta ahora.8Entonces se levantó el rey, y sentóse á la puerta; y fué declarado á todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey está sentado á la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey; mas Israel había huído, cada uno á sus estancias.9Y todo el pueblo porfiaba en todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y él nos ha salvado de mano de los Filisteos; y ahora había huído, de la tierra por miedo de Abaslom.10Y Absalom, á quien habíamos ungido sobre nosotros, es muerto en la batalla. ¿Por qué pues os estáis ahora quedos en orden á hacer volver al rey?11Y el rey David envió á Sadoc y á Abiathar sacerdotes, diciendo: Hablad á los ancianos de Judá y decidles: ¿Por qué seréis vosotros los postreros en volver el rey á su casa, ya que la palabra de todo Israel ha venido al rey de volverle á su casa?12Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois: ¿por qué pues seréis vosotros los postreros en volver al rey?13Asimismo diréis á Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y así me añada, si no fueres general del ejército delante de mí para siempre, en lugar de Joab.14Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un solo hombre, para que enviasen á decir al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos.15Volvió pues el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino á Gilgal, á recibir al rey y pasarlo el Jordán.

Todos los que han seguido a David no lo han hecho por fe. Joab es un ejemplo. Para ese hombre sólo cuenta su interés. Es inescrupuloso y si alguien se interpone en su camino, no retrocede ante el crimen. Los reproches que dirige a David son tanto más fuera de lugar por cuanto él mismo, debido al asesinato de Absalón, es responsable del dolor del desdichado rey. No obstante, ayudan a éste a recuperarse, pensando en el interés del pueblo más bien que en su propia pena.

Las desgracias de David han producido sus frutos. La prueba le ha permitido conocer a su Dios de manera más real e íntima. Encontró la tribulación, la angustia, la persecución… el peligro y la espada. Pero todas estas cosas sólo fueron otras tantas ocasiones de comprender mejor los inagotables recursos del divino amor (véase Romanos 8:35).

En medio del pueblo se notan disputas (v. 9), y en Judá, una enojosa falta de solicitud. Pero David obra con espíritu de gracia. Y los corazones se inclinan hacia él, como se someterán al Señor Jesús cuando, después de su victoria definitiva sobre sus enemigos, aparezca para reinar en gloria.

2 Samuel 19:16-30
16Y Semei hijo de Gera, hijo de Benjamín, que era de Bahurim, dióse priesa á venir con los hombres de Judá á recibir al rey David;17Y con él venían mil hombres de Benjamín; asimismo Siba criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey.18Atravesó después la barca para pasar la familia del rey, y para hacer lo que le pluguiera. Entonces Semei hijo de Gera se postró delante del rey cuando él había pasado el Jordán.19Y dijo al rey: No me impute mi señor iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día que mi señor el rey salió de Jerusalem, para guardarlos el rey en su corazón;20Porque yo tu siervo conozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender á recibir á mi señor el rey.21Y Abisai hijo de Sarvia responidió y dijo: ¿No ha de morir por esto Semei, que maldijo al ungido de Jehová?22David entonces dijo: ¿Qué tenéis vosotros conmigo, hijos de Sarvia, que me habéis de ser hoy adversarios? ¿ha de morir hoy alguno en Israel? ¿no conozco yo que hoy soy rey sobre Israel?23Y dijo el rey á Semei: No morirás. Y el rey se lo juró.24También Mephi-boseth hijo de Saúl descendió á recibir al rey: no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día que el rey salió hasta el día que vino en paz.25Y luego que vino él á Jerusalem á recibir al rey, el rey le dijo: Mephi-boseth, ¿Por qué no fuiste conmigo?26Y él dijo: Rey señor mío, mi siervo me ha engañado; pues había tu siervo dicho: Enalbardaré un asno, y subiré en él, é iré al rey; porque tu siervo es cojo.27Empero él revolvió á tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios: haz pues lo que bien te pareciere.28Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste á tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para quejarme más contra el rey?29Y el rey le dijo: ¿Para qué hablas más palabras? Yo he determinado que tú y Siba partáis las tierras.30Y Mephi-boseth dijo al rey: Y aun tómelas él todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz á su casa.

Aquí vemos cómo David, victorioso, se comporta con los que no lo siguieron. El acusador Simei viene a implorar el perdón del rey. Éste se lo otorga, aunque pueda dudar de la sinceridad de ese arrepentimiento. Luego es el turno de Mefi-boset. Siba lo había acusado de malevolencia para con David (cap. 16:3). ¿Nunca nos ocurre que, para darnos importancia, inculpamos a los demás de malas intenciones y los acusamos injustamente? Esto lleva el nombre de calumnia (v. 27).

Mefi-boset mostró su apego al verdadero rey, haciendo duelo públicamente durante su ausencia (v. 24). ¿Cómo podría haberse regocijado mientras su señor y bienhechor era desconocido y rechazado? Pensamos en lo que Jesús dijo a sus discípulos en el momento de dejarlos: “Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis… pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo” (Juan 16:19-20; véase Marcos 2:20). Ahora el gozo de Mefi-boset le hace superar todas las injusticias. Sin remordimiento puede abandonar todos sus bienes. La presencia del rey le basta (v. 30). Por otra parte, ¿qué más necesita si come a su mesa?

2 Samuel 19:31-43
31También Barzillai Galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle de la otra parte del Jordán.32Y era Barzillai muy viejo, de ochenta años, el cual había dado provisión al rey cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico.33Y el rey dijo á Barzillai: Pasa conmigo, y yo te daré de comer conmigo en Jerusalem.34Mas Barzillai dijo al rey: ¿Cuántos son los días del tiempo de mi vida, para que yo suba con el rey á Jerusalem?35Yo soy hoy día de edad de ochenta años, que ya no haré diferencia entre lo bueno y lo malo: ¿tomará gusto ahora tu siervo en lo que comiere ó bebiere? ¿oiré más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿para qué, pues, sería aún tu siervo molesto á mi se36Pasará tu siervo un poco el Jordán con el rey: ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?37Yo te ruego que dejes volver á tu siervo, y que muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. He aquí tu siervo Chimham; que pase él con mi señor el rey, y hazle lo que bien te pareciere.38Y el rey dijo: Pues pase conmigo Chimham, y yo haré con él como bien te parezca: y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré.39Y todo el pueblo pasó el Jordán: y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó á Barzillai, y bendíjolo; y él se volvió á su casa.40El rey entonces pasó á Gilgal, y con él pasó Chimham; y todo el pueblo de Judá, con la mitad del pueblo de Israel, pasaron al rey.41Y he aquí todos los varones de Israel vinieron al rey, y le dijeron: ¿Por qué los hombres de Judá, nuestros hermanos, te han llevado, y han hecho pasar el Jordán al rey y á su familia, y á todos los varones de David con él?42Y todos los varones de Judá respondieron á todos los de Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de eso? ¿hemos nosotros comido algo del rey? ¿hemos recibido de él algún don?43Entonces respondieron los varones de Israel, y dijeron á los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros: ¿por qué pues nos habéis tenido en poco? ¿no hablamos nosotros primero en volver á nuestro rey? Y el razona

Barzilai era uno de esos hombres abnegados; el fin del capítulo 17 nos lo muestra empleando para el pueblo las riquezas de las cuales dispone (véase 1 Timoteo 6:17-18). David no lo olvidó. Y el gran Rey que vendrá en gloria también se acordará de “los benditos” de su Padre. En el día de las recompensas podrá decirles: “Tuve hambre, y me disteis de comer” (Mateo 25:34-35).

Lleno de delicadeza, Barzilai no quiere ser una carga para el rey, pero le confía a su hijo Quimam. Es el más preciado deseo de los padres cristianos ver a sus hijos seguir al Señor, para que él se haga cargo de ellos y los bendiga. Y David promete a Barzilai: “Todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré” (v. 38). En Juan 14:14 el Señor dice a los suyos: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.

David vuelve a pasar el Jordán. Va a gozar nuevamente de Canaán, imagen del cielo, del cual había sido privado algún tiempo a causa de su pecado.

Para el hijo de Dios es lo mismo. Toda falta lo priva del presente gozo del cielo, y es necesario que vuelva a recorrer las etapas del camino, pasar “el Jordán” (la muerte), detenerse en Gilgal (el juicio de sí mismo) para volver a hallar la feliz comunión con el Señor.

2 Samuel 21:1-11
1Y EN los días de David hubo hambre por tres años consecutivos. Y David consultó á Jehová, y Jehová le dijo: Es por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató á los Gabaonitas.2Entonces el rey llamó á los Gabaonitas, y hablóles. (Los Gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del residuo de los Amorrheos, á los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento: mas Saúl había procurado matarlos con motivo de celo por los hi3Dijo pues David á los Gabaonitas: ¿Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis á la heredad de Jehová?4Y los Gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros querella sobre plata ni sobre oro con Saúl, y con su casa: ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis os haré.5Y ellos respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros, para extirparnos sin dejar nada de nosotros en todo el término de Israel;6Dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos á Jehová en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehová. Y el rey dijo: Yo los daré.7Y perdonó el rey á Mephi-boseth, hijo de Jonathán, hijo de Saúl, por el juramento de Jehová que hubo entre ellos, entre David y Jonathán hijo de Saúl.8Mas tomó el rey dos hijos de Rispa hija de Aja, los cuales ella había parido á Saúl, á saber, á Armoni y á Mephi-boseth; y cinco hijos de Michâl hija de Saúl, los cuales ella había parido á Adriel, hijo de Barzillai Molathita;9Y entrególos en manos de los Gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante de Jehová: y murieron juntos aquellos siete, lo cuales fueron muertos en el tiempo de la siega, en los primeros días, en el principio de la siega de las cebadas.10Tomando luego Rispa hija de Aja un saco, tendióselo sobre un peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó á ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche.11Y fué dicho á David lo que hacía Rispa hija de Aja, concubina de Saúl.

Al final del capítulo 19 vimos elevarse una disputa entre Judá y las tribus de Israel. Seba, un nuevo enemigo, aprovecha la ocasión para arrastrar al pueblo a la rebelión (cap. 20). Asimismo, Satanás saca partido de nuestras querellas y se regocija de los desacuerdos que sobrevienen entre los hijos de Dios.

Una vez muerto Seba, todo vuelve a su orden. Entonces se recuerda la organización del reino del capítulo 8:15-18 (cap. 20:23-26), pero con una diferencia: los hijos de David ya no son los oficiales principales. Después del asunto de Absalón es fácil comprender la razón.

Este relato es muy triste. Saúl había violado el juramento hecho en otros tiempos por Israel a los gabaonitas (Josué 9:15). Ahora, mucho tiempo después, se rememora aquel crimen, que reclama una expiación según Números 35:19. El tiempo no borra los pecados cometidos. Éstos siempre permanecen ante Dios. Pero para el creyente, la sangre de Cristo ha borrado todas sus faltas por completo. Colgado de un madero (Hechos 5:30 y 10:39), hecho maldición por nosotros, Jesús expió nuestros pecados, el justo por los injustos. ¡A él sea nuestro agradecimiento y adoración, desde ahora y por la eternidad!

2 Samuel 21:12-22
12Entonces David fué, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonathán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Beth-san, donde los habían colgado los Filisteos, cuando deshicieron los Filisteos á Saúl en Gilboa:13E hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonathán su hijo; y juntaron también los huesos de los ahorcados.14Y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonathán en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; é hicieron todo lo que el rey había mandado. Después se aplacó Dios con la tierra.15Y como los Filisteos tornaron á hacer guerra á Israel, descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los Filisteos: y David se cansó.16En esto Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de cuya lanza era de trescientos siclos de metal, y tenía él ceñida una nueva espada, trató de herir á David:17Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, é hirió al Filisteo, y matólo. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros á batalla, porque no apagues la lámpara de Israel.18Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los Filisteos: entonces Sibechâi Husathita hirió á Saph, que era de los hijos del gigante.19Otra guerra hubo en Gob contra los Filisteos, en la cual Elhanan, hijo de Jaare-oregim de Beth-lehem, hirió á Goliath Getheo, el asta de cuya lanza era como un enjullo de telar.20Después hubo otra guerra en Gath, donde hubo un hombre de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro en todos: y también era de lo hijos del gigante.21Este desafió á Israel, y matólo Jonathán, hijo de Sima hermano de David.22Estos cuatro le habían nacido al gigante en Gath, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos.

Una vez más, David honra la memoria de Saúl y de sus descendientes. Personalmente vela por su sepultura.

Después, Dios nos traza aún una gloriosa página. Surgieron cuatro temibles enemigos, descendientes de los gigantes. Pero, uno tras otro, fueron abatidos por los compañeros de David. El rey había dado ejemplo a sus hombres, al triunfar primero sobre el verdadero Goliat, Satanás, el más grande y peligroso de todos los adversarios. Les mostró lo que puede la confianza en Dios.

El gran combate de la cruz no volverá a producirse. Satanás está vencido. Pero si somos discípulos de Cristo, también tendremos que enfrentar muchos combates. En contraste con David, nuestro Señor está siempre con nosotros y nunca se cansa. Nos dará la victoria, ya que luchamos por Su nombre y para Su gloria, muchas veces por la sencilla y perseverante oración de fe. Y los enemigos, tan a menudo de apariencia espantosa y monstruosa, huirán como una sombra ante el todopoderoso Nombre de Jesús, con el cual nos presentamos. ¿Conocemos por experiencia el invencible poder de ese nombre de Jesús?

2 Samuel 22:1-19
1Y HABLO David á Jehová las palabras de este cántico, el día que Jehová le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.2Y dijo: Jehová es mi roca, y mi fortaleza, y mi libertador;3Dios de mi roca, en él confiaré: Mi escudo, y el cuerno de mi salud, mi fortaleza, y mi refugio; Mi salvador, que me librarás de violencia.4Invocaré á Jehová, digno de ser loado. Y seré salvo de mis enemigos.5Cuando me cercaron ondas de muerte, Y arroyos de iniquidad me asombraron,6Me rodearon los dolores del infierno, Y me tomaron descuidado lazos de muerte.7Tuve angustia, invoqué á Jehová, Y clamé á mi Dios: Y él oyó mi voz desde su templo; Llegó mi clamor á sus oídos.8La tierra se removió, y tembló; Los fundamentos de los cielos fueron movidos, Y se estremecieron, porque él se airó.9Subió humo de sus narices, Y de su boca fuego consumidor, Por el cual se encendieron carbones.10Y abajo los cielos, y descendió: Una oscuridad debajo de sus pies.11Subió sobre el querubín, y voló: Aparecióse sobre las alas del viento.12Puso tinieblas alrededor de sí á modo de pabellones; Aguas negras y espesas nubes.13Del resplandor de su presencia Se encendieron ascuas ardientes.14Jehová tronó desde los cielos, Y el Altísimo dió su voz;15Arrojó saetas, y desbaratólos; Relampagueó, y consumiólos.16Entonces aparecieron los manantiales de la mar, Y los fundamentos del mundo fueron descubiertos, A la reprensión de Jehová, Al resoplido del aliento de su nariz.17Extendió su mano de lo alto, y arrebatóme, Y sacóme de copiosas aguas.18Libróme de fuertes enemigos, De aquellos que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo.19Asaltáronme en el día de mi calamidad; Mas Jehová fué mi sostén.

Los últimos enemigos del rey fueron aniquilados. Como Israel después de haber cruzado el mar Rojo (el versículo 16 alude a ello), como Débora con Barac después de su victoria y Ana después del otorgamiento de su ruego, ahora David puede celebrar las liberaciones de Jehová. Con un cántico agradece a su Salvador (v. 3). ¿Se nos ocurre cantar nuestro agradecimiento? ¡Sin duda lo hacemos en las reuniones o en familia! Pero, ¿por qué no hacerlo también cuando estamos solos?

Este cántico reproduce gran parte del Salmo 18. Y como todos los salmos, éste va mucho más allá de las experiencias del que los compuso. En efecto, ¿qué son los sufrimientos de David al lado de los del Salvador? ¿Qué son la violencia y la maldad de Saúl en comparación con el odio de Satanás, el hombre fuerte? Este último procuró atemorizar a Jesús con la perspectiva de la cólera de Dios, luego trató de retenerle en los “lazos de la muerte” (v. 6). Pero en Getsemaní, Cristo fue oído “a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Por cierto, Dios no podía evitar la cruz a su Hijo ni “pasar de él esta copa”. Sin embargo, le respondió librándole de su “poderoso enemigo”, el diablo (v. 18), y sacándole (por medio de la resurrección) de las “muchas aguas” (v. 17), esas terribles “ondas de muerte” (v. 5).

2 Samuel 22:20-32
20Sacóme á anchura; Libróme, porque puso su voluntad en mí.21Remuneróme Jehová conforme á mi justicia: Y conforme á la limpieza de mis manos, me dió la paga.22Porque yo guardé los caminos de Jehová; Y no me aparté impíamente de mi Dios.23Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas; Y atento á sus fueros, no me retiraré de ellos.24Y fuí íntegro para con él, Y guardéme de mi iniquidad.25Remuneróme por tanto Jehová conforme á mi justicia, Y conforme á mi limpieza delante de sus ojos.26Con el bueno eres benigno, Y con el íntegro te muestras íntegro;27Limpio eres para con el limpio, Mas con el perverso eres rígido.28Y tú salvas al pueblo humilde; Mas tus ojos sobre los altivos, para abatirlos.29Porque tú eres mi lámpara, oh Jehová: Jehová da luz á mis tinieblas.30Porque en ti romperé ejércitos, Y con mi Dios saltaré las murallas.31Dios, perfecto su camino: La palabra de Jehová purificada, Escudo es de todos los que en él esperan.32Porque ¿qué Dios hay sino Jehová? ¿O quién es fuerte sino nuestro Dios?

Las liberaciones que Dios nos otorga (nuestra salvación en primer lugar) no dependen de nuestros méritos, sino sólo de su gracia. Mientras que, cuando se trataba de su Hijo, había en él tanta excelencia, que Dios no podía dejar de liberarle. Entre todos los hombres, Cristo es el único que ha merecido su resurrección, si se puede decir así. Para los que contemplaban a Jesús en la cruz, su desamparo parecía ser una señal de la reprobación de Dios. Los burladores meneaban la cabeza, diciendo: “Sálvele, puesto que en él se complacía” (Salmo 22:8) o “…si le quiere” (Mateo 27:43). Dios acepta ese desafío resucitando a Jesús. Y el Hijo, que conoce el corazón de su Padre, responde más allá de la muerte: “Me libró, porque se agradó de mí” (v. 20).

Siguen los maravillosos motivos por los que Dios halló su placer en Jesús: su justicia y la limpieza de sus hechos (v. 21 y 25), su fidelidad (v. 22), su obediencia (v. 23), su santidad (v. 24), su gracia (v. 26), su dependencia (v. 29-30), su confianza (v. 31); en resumen: su perfección (v. 24). En verdad, la mirada del Padre podía posarse con entera satisfacción sobre “el hombre recto” (o perfecto; v. 26).

2 Samuel 22:33-51
33Dios es el que con virtud me corrobora, y el que despeja mi camino;34El que hace mis pies como de ciervas, Y el que me asienta en mis alturas;35El que enseña mis manos para la pelea, y da que con mis brazos quiebre el arco de acero.36Tú me diste asimismo el escudo de tu salud, Y tu benignidad me ha acrecentado.37Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, Para que no titubeasen mis rodillas.38Perseguiré á mis enemigos, y quebrantarélos; Y no me volveré hasta que los acabe.39Los consumiré, y los heriré, y no se levantarán; Y caerán debajo de mis pies.40Ceñísteme de fortaleza para la batalla, Y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron.41Tú me diste la cerviz de mis enemigos, De mis aborrecedores, y que yo los destruyese.42Miraron, y no hubo quien los librase; A Jehová, mas no les respondió.43Yo los desmenuzaré como polvo de la tierra; Hollarélos como á lodo de las plazas, y los disiparé.44Tú me libraste de contiendas de pueblos: Tú me guardaste para que fuese cabeza de gentes: Pueblos que no conocía, me sirvieron.45Los extraños titubeaban á mí: En oyendo, me obedecían.46Los extraños desfallecían, Y temblaban en sus escondrijos.47Viva Jehová, y sea bendita mi roca; Sea ensalzado el Dios, la roca de mi salvamento:48El Dios que me ha vengado, Y sujeta los pueblos debajo de mí:49Y que me saca de entre mis enemigos: Tu me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mi: Librásteme del varón de iniquidades.50Por tanto yo te confesaré entre las gentes, oh Jehová, Y cantaré á tu nombre.51El que engrandece las saludes de su rey, Y hace misericordia á su ungido, A David, y á su simiente, para siempre.

Hemos visto en el cántico de la liberación lo que concierne a David, y al mismo tiempo al creyente, también lo que atañe a Cristo, de quien David es figura. Nos queda por considerar el lado de Dios. “En cuanto a Dios, perfecto es su camino”, así comienza el versículo 31. Jesús desea que conozcamos al Autor de su liberación (vuélvanse a leer los versículos 17-18 y Salmo 40:2). Vemos cuál fue su primer mensaje enviado a los discípulos por medio de María, inmediatamente después de la resurrección (comp. Salmo 22:22 y Juan 20:17). Es como si les hubiese dicho: «El Padre que me ama, el poderoso Dios que me libró, viene a ser vuestro Padre, vuestro Dios. También él os ama y, por su gran poder, os libra conmigo del poder de Satanás y de la muerte. Todo lo que este nombre de Padre significa para mí, de ahora en adelante lo es para vosotros».

Los versículos 33 y siguientes nos muestran a Dios igualmente poderoso para sostener en su andar y en sus luchas a los que confían en él. Así condujo a Jesús, cuya confianza fue total.

El final de este cántico se refiere al porvenir. Nos muestra lo que Dios hará para quebrantar definitivamente a los enemigos de Cristo en la tierra, para colocar a los pueblos bajo su dominio y, por fin, establecerle como Rey sobre el universo.

2 Samuel 23:1-12
1ESTAS son las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fué levantado alto, El ungido del Dios de Jacob, El suave en cánticos de Israel:2El espíritu de Jehová ha hablado por mí, Y su palabra ha sido en mi lengua.3El Dios de Israel ha dicho, Hablóme el Fuerte de Israel: El señoreador de los hombres será justo. Señoreador en temor de Dios.4Será como la luz de la mañana cuando sale el sol, De la mañana sin nubes; Cuando la hierba de la tierra brota Por medio del resplandor después de la lluvia.5No así mi casa para con Dios: Sin embargo él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado; Bien que toda esta mi salud, y todo mi deseo No lo haga él florecer todavía.6Mas los de Belial serán todos ellos como espinas arrancadas, Las cuales nadie toma con la mano;7Sino que el que quiere tocar en ellas, Armase de hierro y de asta de lanza, Y son quemadas en su lugar.8Estos son los nombres de los valientes que tuvo David: El Tachmonita, que se sentaba en cátedra, principal de los capitanes: era éste Adino el Eznita, que mató en una ocasión sobre ochocientos hombres.9Después de éste, Eleazar, hijo de Dodo de Ahohi, fué de los tres valientes que estaban con David, cuando desafiaron á los Filisteos que se habían juntado allí á la batalla, y subieron los de Israel.10Este, levantándose, hirió á los Filisteos, hasta que su mano se cansó, y quedósele contraída á la espada. Aquel día Jehová hizo gran salud: y volvióse el pueblo en pos de él solamente á tomar el despojo.11Después de éste fué Samma, hijo de Age Araita: que habiéndose juntado los Filisteos en una aldea, había allí una suerte de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huído delante de los Filisteos:12El entonces se paró en medio de la suerte de tierra, y defendióla, é hirió á los Filisteos; y Jehová hizo una gran salud.

La vida de David se acerca a su fin. “El dulce cantor de Israel” evoca el pasado: ¡sabe que no condujo su casa como debía haberlo hecho! Pero descansa enteramente en la gracia de Dios, la que preparó para Israel y para el mundo un porvenir de gloria bajo el dominio de Cristo, el Rey de justicia y paz. Él será como el día radiante que se levanta después de la oscura noche, barriendo las tinieblas que ahora reinan sobre el mundo. Bajo ese dominio, los hombres temerán y servirán a Dios, produciendo fruto como el que brota de una tierra fertil y bien regada.

No esperemos a que llegue el final de nuestra existencia para hacer, de vez en cuando, el balance de nuestra propia vida, como el marino cuando toma la altura de su barco. El pasado es mi triste historia, pero al mismo tiempo es la conmovedora historia de la gracia del Señor para conmigo. El presente está marcado por dos deberes principales: obedecer al Señor y confiar sólo en él. En cuanto al porvenir de los creyentes, lo sabemos, es la gloria. Cristo compartirá la suya con ellos, como lo dijo a su Padre (Juan 17:22).

2 Samuel 23:13-39
13Y tres de los treinta principales descendieron y vinieron en tiempo de la siega á David á la cueva de Adullam: y el campo de los Filisteos estaba en el valle de Raphaim.14David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los Filisteos estaba en Beth-lehem.15Y David tuvo deseo, y dijo: ­Quién me diera á beber del agua de la cisterna de Beth-lehem, que está á la puerta!16Entonces los tres valientes rompieron por el campo de los Filisteos, y sacaron agua de la cisterna de Beth-lehem, que estaba á la puerta; y tomaron, y trajéronla á David: mas él no la quiso beber, sino derramóla á Jehová, diciendo:17Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.18Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fué el principal de los tres; el cual alzó su lanza contra trescientos, que mató; y tuvo nombre entre los tres.19El era el más aventajado de los tres, y el primero de ellos; mas no llegó á los tres primeros.20Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab: y él mismo descendió, é hirió un león en medio de un foso en el tiempo de la nieve:21También hirió él á un Egipcio, hombre de grande estatura: y tenía el Egipcio una lanza en su mano; mas descendió á él con un palo, y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y matólo con su propia lanza.22Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes.23De los treinta fué el más aventajado; pero no llegó á los tres primeros. Y púsolo David en su consejo.24Asael hermano de Joab fué de los treinta; Elhaanan hijo de Dodo de Beth-lehem;25Samma de Harodi, Elica de Harodi;26Heles de Palti, Hira, hijo de Jecces, de Tecoa;27Abiezer de Anathoth, Mebunnai de Husa;28Selmo de Hahoh, Maharai de Netophath;29Helec hijo de Baana de Netophath, Ittai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín;30Benaía Pirathonita, Hiddai del arroyo de Gaas;31Abi-albon de Arbath, Asmaveth de Barhum;32Elihaba de Saalbón, Jonathán de los hijo de Jassén;33Samma de Arar, Ahiam hijo de Sarar de Arar.34Elipheleth hijo de Asbai hijo de Maachâti; Eliam hijo de Achîtophel de Gelón;35Hesrai del Carmelo, Pharai de Arbi;36Igheal hijo de Nathán de Soba, Bani de Gadi;37Selec de Ammón, Naharai de Beeroth, escudero de Joab hijo de Sarvia;38Ira de Ithri, Gareb de Ithri;39Uría Hetheo. Entre todos treinta y siete.

Tenemos aquí el «libro de oro» de los compañeros del rey. En tiempos pasados combatieron y sufrieron con él. Ahora reinan con él (2 Timoteo 2:12). Es una gloriosa página en la que cada nombre y cada hazaña están fielmente contados. Del mismo modo, nada de lo que el Señor nos haya permitido hacer por él será olvidado. ¿No prometió: “Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente… no perderá su recompensa”? (Mateo 10:42). Consideremos la expedición de tres valientes hombres al pozo de Belén; ¡arriesgan su vida por un poco de agua fresca! A sus ojos, el menor deseo de su jefe, al que aman, merece tal sacrificio. “Los tres valientes hicieron esto” (v. 17). ¿Estamos dispuestos a realizar actos de abnegación por amor a Jesús, un Señor infinitamente más grande?

El Señor valoriza exactamente la dificultad de lo que se hace para él: matar dos leones es una hazaña poco común, y la nieve lo hacía más difícil aún para el valiente Benaia. ¡El mal tiempo está especialmente mencionado!

Después encontramos la lista con los nombres de esos héroes. Todos están ahí, preciosos para el corazón del rey, inclusive el fiel Urías (v. 39). En cambio, pese a su actividad, Joab no figura en ella, ¡pero se halla el del escudero que llevaba sus armas! (v. 37).

2 Samuel 24:1-13
1Y VOLVIO el furor de Jehová á encenderse contra Israel, é incitó á David contra ellos á que dijese: Ve, cuenta á Israel y á Judá.2Y dijo el rey á Joab, general del ejército que tenía consigo: Rodea todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beer-seba, y contad el pueblo, para que yo sepa el número de la gente.3Y Joab respondió al rey: Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor al rey; mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey?4Empero la palabra del rey pudo más que Joab, y que los capitanes del ejército. Salió pues Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para contar el pueblo de Israel.5Y pasando el Jordán asentaron en Aroer, á la mano derecha de la ciudad que está en medio de la arroyada de Gad y junto á Jazer.6Después vinieron á Galaad, y á la tierra baja de Absi: y de allí vinieron á Dan-jaán y alrededor de Sidón.7Y vinieron luego á la fortaleza de Tiro, y á todas las ciudades de los Heveos y de los Cananeos; y salieron al mediodía de Judá, á Beer-seba.8Y después que hubieron andado toda la tierra, volvieron á Jerusalem al cabo de nueve meses y veinte días.9Y Joab dió la cuenta del número del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada; y de los de Judá quinientos mil hombres.10Y después que David hubo contado el pueblo, punzóle su corazón; y dijo David á Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, ruégote que quites el pecado de tu siervo, porque yo he obrado muy neciamente.11Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, fué palabra de Jehová á Gad profeta, vidente de David, diciendo:12Ve, y di á David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco: tú te escogerás una de ellas, la cual yo haga.13Vino pues Gad á David, é intimóle, y díjole: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿ó que huyas tres meses delante de tus enemigos, y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya pestilencia en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué respo

David comete una nueva falta: censa al pueblo. El versículo 1 parece disculparle, ya que Jehová lo incita. Pero 1 Crónicas 21:1 revela que Satanás es el malvado instrumento, a quien Dios deja en libertad de acción, a fin de castigar a Israel y después manifestar Su gracia. El enemigo se sale con la suya mediante la soberbia del rey, quien está orgulloso de dominar sobre un pueblo numeroso y de disponer de un poderoso ejército. El orgullo nos lleva a atribuirnos importancia, olvidando que sólo la gracia de Dios hizo lo que somos y nos dio lo que poseemos. En días mejores, David lo había reconocido: “¿Quién soy yo… y quién como tu pueblo, como Israel?” (cap. 7:18 y 23). La gloria de Israel no se hallaba en su fuerza, ni en el número de sus guerreros, como en las otras naciones. Estaba en el nombre de Jehová, a quien Israel pertenecía (véase Salmo 20:7).

Aunque Joab no teme a Dios, ve más claro que David y busca disuadirlo. ¡Pero en vano! El censo se hace… y apenas se conocen las cifras, el rey comprende su locura. Pese a su arrepentimiento, una vez más tiene que vérselas con el “gobierno de Dios” (Amós 3:2).

2 Samuel 24:14-25
14Entonces David dijo á Gad: En grande angustia estoy: ruego que caiga en la mano de Jehová, porque sus miseraciones son muchas, y que no caiga yo en manos de hombres.15Y envió Jehová pestilencia á Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado: y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beer-seba, setenta mil hombres.16Y como el ángel extendió su mano sobre Jerusalem para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía el pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Entonces el ángel de Jehová estaba junto á la era de Arauna Jebuseo.17Y David dijo á Jehová, cuando vió al ángel que hería al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad: ¿qué hicieron estas ovejas? Ruégote que tu mano se torne contra mí, y contra la casa de mi padre.18Y Gad vino á David aquel día, y díjole: Sube, y haz un altar á Jehová en la era de Arauna Jebuseo.19Y subió David, conforme al dicho de Gad, que Jehová le había mandado.20Y mirando Arauna, vió al rey y á sus siervos que pasaban á él. Saliendo entonces Arauna, inclinóse delante del rey hacia tierra.21Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey á su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, para edificar altar á Jehová, á fin de que la mortandad cese del pueblo.22Y Arauna dijo á David: Tome y sacrifique mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto; y trillos y otros pertrechos de bueyes para leña:23Todo lo da como un rey Arauna al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio.24Y el rey dijo á Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré á Jehová mi Dios holocaustos por nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.25Y edificó allí David un altar á Jehová, y sacrificó holocaustos y pacíficos; y Jehová se aplacó con la tierra, y cesó la plaga de Israel.

El castigo divino va a caer sobre el pueblo. Apenas termina el censo de los hombres de guerra, su número es reducido mediante la epidemia. Es como si Dios dijera a David: «A mí me pertenece aumentar o disminuir en tres días este pueblo, para cuyo censo necesitaste casi diez meses».

Es hermosa la respuesta de David a la difícil elección que se le impone: “Caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas” (v. 14). Conoce el corazón de Dios y, aun bajo la disciplina, su confianza en el amor divino no es conmovida, y tampoco será decepcionada. Una vez más, el pecado del hombre da a Dios la ocasión de mostrar los maravillosos recursos de su misericordia y de su perdón. “Basta”, dice cuando se produce en los corazones el fruto que aguardaba.

Se ofrece un sacrificio; la era de Arauna, comprada por el rey, llegará a ser —como lo veremos— la base del templo.

David no quiere ofrecer a Jehová “holocaustos que no… cuesten nada”. Pensamos en la ofrenda de María, descrita en los evangelios. Quiso traer un excelente perfume para mostrar el precio que Jesús tenía para ella (Juan 12:3).

1 Reyes 1:1-21
1COMO el rey David era viejo, y entrado en días, cubríanle de vestidos, mas no se calentaba.2Dijéronle por tanto sus siervos: Busquen á mi señor el rey una moza virgen, para que esté delante del rey, y lo abrigue, y duerma á su lado, y calentará á mi señor el rey.3Y buscaron una moza hermosa por todo el término de Israel, y hallaron á Abisag Sunamita, y trajéronla al rey.4Y la moza era hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía: mas el rey nunca la conoció.5Entonces Adonía hijo de Haggith se levantó, diciendo: Yo reinaré. E hízose de carros y gente de á caballo, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.6Y su padre nunca lo entristeció en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Y también éste era de hermoso parecer; y habíalo engendrado después de Absalom.7Y tenía tratos con Joab hijo de Sarvia, y con Abiathar sacerdote, los cuales ayudaban á Adonía.8Mas Sadoc sacerdote, y Benaía hijo de Joiada, y Nathán profeta, y Semei, y Reihi, y todos los grandes de David, no seguían á Adonía.9Y matando Adonía ovejas y vacas y animales engordados junto á la peña de Zoheleth, que está cerca de la fuente de Rogel, convidó á todos sus hermanos los hijos del rey, y á todos los varones de Judá, siervos del rey:10Mas no convidó á Nathán profeta, ni á Benaía, ni á los grandes, ni á Salomón su hermano.11Y habló Nathán á Bath-sheba madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonía hijo de Haggith, sin saberlo David nuestro señor?12Ven pues ahora, y toma mi consejo, para que guardes tu vida, y la vida de tu hijo Salomón.13Ve, y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no has tú jurado á tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿por qué pues reina Adonía?14Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti, y acabaré tus razones.15Entonces Bath-sheba entró al rey á la cámara: y el rey era muy viejo; y Abisag Sunamita servía al rey.16Y Bath-sheba se inclinó, é hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?17Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste á tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono;18Y he aquí ahora Adonía reina: y tú, mi señor rey, ahora no lo supiste.19Ha matado bueyes, y animales engordados, y muchas ovejas, y ha convidado á todos los hijos del rey, y á Abiathar sacerdote, y á Joab general del ejército; mas á Salomón tu siervo no ha convidado.20Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están sobre ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.21De otra suerte acontecerá, cuando mi señor el rey durmiere con sus padres, que yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.

David ya es un anciano. Cansado de una vida de sufrimientos y luchas, sigue confiando en Dios, según la oración del Salmo 71:17-18 (véase también v. 9): “Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud… Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares”. Jehová le responde y le socorre en la última prueba que le aguarda. Después de Absalón, Adonías, otro de sus hijos, conspira para apoderarse del trono (v. 5). El trágico fin de su hermano mayor no le había enseñado nada. Además, de una manera general, la educación de este joven había dejado mucho que desear. Su padre nunca lo había reprendido o contrariado (v. 6). Desde su más tierna juventud, Adonías siempre había hecho lo que quería. Un nuevo ejemplo que deben meditar nuestros jóvenes lectores a quienes, a veces, les parece que sus padres son demasiado exigentes. Han de saber que ser reprendido mientras se es niño, les evita en edad adulta penas mucho más dolorosas. Dios no obra de otra manera con sus hijos (Hebreos 12:6). ¡Cuántas veces su sabiduría y su amor nos habrán impedido hacer la voluntad propia, para nuestro bien presente y quizás eterno!

1 Reyes 1:22-37
22Y estando aún hablando ella con el rey, he aquí Nathán profeta, que vino.23Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí Nathán profeta: el cual como entró al rey, postróse delante del rey inclinando su rostro á tierra.24Y dijo Nathán: Rey señor mío, ¿has tú dicho: Adonía reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?25Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes, y animales engordados, y muchas ovejas, y ha convidado á todos los hijos del rey, y á los capitanes del ejército, y también á Abiathar sacerdote; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho26Mas ni á mí tu siervo, ni á Sadoc sacerdote, ni á Benaía hijo de Joiada, ni á Salomón tu siervo, ha convidado.27¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado á tu siervo quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?28Entonces el rey David respondió, y dijo: Llamadme á Bath-sheba. Y ella entró á la presencia del rey, y púsose delante del rey.29Y el rey juró, diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,30Que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.31Entonces Bath-sheba se inclinó al rey, su rostro á tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.32Y el rey David dijo: Llamadme á Sadoc sacerdote, y á Nathán profeta, y á Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron á la presencia del rey.33Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y haced subir á Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo á Gihón:34Y allí lo ungirán Sadoc sacerdote y Nathán profeta por rey sobre Israel; y tocaréis trompeta, diciendo: ­Viva el rey Salomón!35Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque á él he ordenado para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.36Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey, y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.37De la manera que Jehová ha sido con mi señor el rey, así sea con Salomón; y él haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.

En la fuente de Rogel la fiesta está en su apogeo. Los invitados rodean a Adonías. El astuto Joab está presente, lo mismo que Abiatar, quien olvidó las palabras de gracia de David: “Quédate conmigo”, (1 Samuel 22:23). Los demás hijos del rey, sea por oportunismo o por debilidad de carácter, se adhieren a la causa de su hermano. Con excepción de uno: Salomón, que no ha sido invitado (v. 25-26). ¡Y con razón! ¿No es él el rey elegido por Dios para suceder a David? ¿Qué podría haber hecho en esa fiesta? Pero todo ese plan, sabiamente urdido, será reducido a nada por algunas almas fieles y sumisas al pensamiento divino. David, al ser informado, obra en seguida: Ahora mismo Salomón va a subir al trono. Su padre da todas las instrucciones al respecto.

En nuestros días, en todas las esferas, el hombre se eleva buscando su propia gloria. Hay un pensamiento que no le preocupa para nada: conocer la voluntad de Dios. Esta voluntad divina es la de dar al mundo el Rey que le ha sido destinado: Jesucristo. Hoy en día, este rey todavía es rechazado y despreciado; no está invitado a las alegres fiestas que el mundo organiza. Y los que temen a Dios, tampoco tienen su lugar en ellas.

1 Reyes 1:38-53
38Y descendió Sadoc sacerdote, y Nathán profeta, y Benaía hijo de Joiada, y los Ceretheos y los Peletheos, é hicieron subir á Salomón en la mula del rey David, y lleváronlo á Gihón.39Y tomando Sadoc sacerdote el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió á Salomón: y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ­Viva el rey Salomón!40Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.41Y oyólo Adonía, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?42Estando aún él hablando, he aquí Jonathán hijo de Abiathar sacerdote vino, al cual dijo Adonía: Entra, porque tú eres hombre de esfuerzo, y traerás buenas nuevas.43Y Jonathán respondió, y dijo á Adonía: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey á Salomón:44Y el rey ha enviado con él á Sadoc sacerdote y á Nathán profeta, y á Benaía hijo de Joiada, y también á los Ceretheos y á los Peletheos, los cuales le hicieron subir en la mula del rey;45Y Sadoc sacerdote y Nathán profeta lo han ungido en Gihón por rey: y de allá han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.46Y también Salomón se ha sentado en el trono del reino.47Y aun los siervos del rey han venido á bendecir á nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.48Y también el rey habló así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.49Ellos entonces se estremecieron, y levantáronse todos los convidados que estaban con Adonía, y fuése cada uno por su camino.50Mas Adonía, temiendo de la presencia de Salomón, levantóse y fuése, y cogió los cornijales del altar.51Y fué hecho saber á Salomón, diciendo: He aquí que Adonía tiene miedo del rey Salomón: pues ha cogido los cornijales del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará á cuchillo á su siervo.52Y Salomón dijo: Si él fuere virtuoso, ni uno de sus cabellos caerá en tierra: mas si se hallare mal en él, morirá.53Y envió el rey Salomón, y trajéronlo del altar; y él vino, é inclinóse al rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete á tu casa.

Conforme a las instrucciones de David, ahora se celebra una fiesta muy diferente. En medio de la alegría del pueblo fiel, el joven Salomón se sienta en el trono de su padre. ¡Cuán grande es el contraste con Adonías! El nuevo rey no actúa por sí mismo: se le hace montar en la mula real, y se lo lleva a Gihón, donde es ungido por Sadoc en medio de la algarabía general.

Mientras tanto, en la fuente de Rogel se acaba el festín. Un ruido desacostumbrado, persistente, proviene de la ciudad. Joab, como militar experimentado, oye la trompeta y se inquieta. Al mismo tiempo se acerca Jonatán, trayendo noticias. En lo que a él concierne, éstas son buenas, porque David sigue siendo el rey su señor. Pero, ¡qué desastre para Adonías y sus invitados! Todo el complot se derrumba en un instante y los conjurados, desamparados, se dispersan por todos lados. Aterrorizado, el usurpador Adonías se sujeta a los cuernos del altar e implora el perdón del rey. Se le otorga una prórroga, pero el orgullo y la maldad de su corazón no han sido juzgados por eso.

¡Qué locura oponerse a Dios y a su Ungido! Sin embargo, esto hará el Anticristo en breve, pero será destruido para dar lugar al Señor Jesús y a su reinado.

1 Reyes 2:1-12
1Y LLEGARONSE los días de David para morir, y mandó á Salomón su hijo, diciendo:2Yo voy el camino de toda la tierra: esfuérzate, y sé varón.3Guarda la ordenanza de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, y sus derechos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que seas dichoso en todo lo que hicieres, y en todo aquello4Para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren su camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, faltará á ti varón del trono de Israel.5Y ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo á dos generales del ejército de Israel, á Abner hijo de Ner, y á Amasa hijo de Jether, los cuales él mató, derramando en paz la sangre de guerra, y poniendo la sangre de guerra en su talaba6Tú pues harás conforme á tu sabiduría; no dejarás descender sus canas á la huesa en paz.7Mas á los hijos de Barzillai Galaadita harás misericordia, que sean de los convidados á tu mesa; porque ellos vinieron así á mí, cuando iba huyendo de Absalom tu hermano.8También tienes contigo á Semei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba á Mahanaim. Mas él mismo descendió á recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo: Yo no te mataré á cuchill9Empero ahora no lo absolverás: que hombre sabio eres, y sabes cómo te has de haber con él: y harás descender sus canas con sangre á la sepultura.10Y David durmió con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David.11Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años: siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalem.12Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y fué su reino firme en gran manera.

Las últimas recomendaciones de un padre o de una madre a sus hijos en el momento de su muerte siempre son palabras muy serias. Las de David a Salomón se resumen así: «Guarda la Palabra de Dios». También era el deseo del Señor Jesús en el momento de dejar a los suyos (Juan 14:23-24).

Después, es necesario hablar de juicio, sin el cual el reino de justicia y paz no puede establecerse. Los crímenes de Joab y los ultrajes de Simei, impunes durante mucho tiempo, deben ser rememorizados. Lo que borra un pecado es la confesión, y no los años. Pero lo que Barzilai hizo por el rey y los suyos tampoco se olvida.

Salomón, figura de Cristo, rey de justicia, dará a cada uno según su obra, como nos lo muestra la segunda parte de este capítulo (v. 23-46). El día en que el Señor establezca su reino en gloria, también dará las retribuciones (Mateo 25:31). Unos tendrán parte en la vida eterna, otros en los tormentos eternos. Sí, hay un Juez, un tribunal y un infierno (Apocalipsis 20:12-15). Pero también hay una “resurrección de vida” para los creyentes. Es la que David aguarda de ahí en adelante. Duerme en paz, “habiendo en su propia generación servido a la voluntad de Dios”, como lo declara Hechos 13:36, V.M.)

1 Reyes 3:1-15
1Y SALOMON hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, porque tomó la hija de Faraón, y trájola á la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalem alrededor.2Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.3Mas Salomón amó á Jehová, andando en los estatutos de su padre David: solamente sacrificaba y quemaba perfumes en los altos.4E iba el rey á Gabaón, porque aquél era el alto principal, y sacrificaba allí, mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.5Y aparecióse Jehová á Salomón en Gabaón una noche en sueños, y díjo le Dios: Pide lo que quisieres que yo te dé.6Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia á tu siervo David mi padre, según que él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase e7Ahora pues, Jehová Dios mío, tú has puesto á mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo pequeño, que no sé cómo entrar ni salir.8Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.9Da pues á tu siervo corazón dócil para juzgar á tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?10Y agradó delante de Adonai que Salomón pidiese esto.11Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandaste para ti inteligencia para oir juicio;12He aquí lo he hecho conforme á tus palabras: he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no haya habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.13Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria: tal, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.14Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.15Y como Salomón despertó, vió que era sueño: y vino á Jerusalem, y presentóse delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos, é hizo pacíficos; hizo también banquete á todos sus siervos.

Si esta noche el Señor nos propusiera como a Salomón: “Pide lo que quieras que yo te dé”, ¿qué le contestaríamos? No es seguro que cada uno tuviera como primer deseo recibir… “corazón entendido”. Fortuna, éxito, distracciones y viajes son los deseos de la mayoría de los jóvenes de este mundo. ¿Cuáles son los nuestros?

Un corazón entendido (o sea, un corazón inteligente, V.M.) es un pedido agradable a Dios y que siempre se le puede hacer. “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente… y le será dada” (Santiago 1:5). No se puede hacer esta oración si uno es sabio en su propia opinión (Proverbios 3:7). Pero Salomón no tiene una gran opinión de sí mismo; dice: “Yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir” (v. 7). Notemos que aquí es el corazón —y no la cabeza— el que debe escuchar y entender. El amor por el Señor es la llave de la verdadera inteligencia. Finalmente, consideremos a nuestro perfecto Modelo, que declara por medio del profeta: “Jehová el Señor… despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4).

1 Reyes 3:16-28
16En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y presentáronse delante de él.17Y dijo la una mujer: ­Ah, señor mío! yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo parí estando con ella en la casa.18Y aconteció al tercer día después que yo parí, que ésta parió también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.19Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él.20Y levantóse á media noche, y tomó á mi hijo de junto á mí, estando yo tu sierva durmiendo, y púsolo á su lado, y púsome á mi lado su hijo muerto.21Y como yo me levanté por la mañana para dar el pecho á mi hijo, he aquí que estaba muerto: mas observéle por la mañana, y vi que no era mi hijo, que yo había parido.22Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió á decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.23El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto: y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.24Y dijo el rey: Traedme un cuchillo. Y trajeron al rey un cuchillo.25En seguida el rey dijo: Partid por medio el niño vivo, y dad la mitad á la una, y la otra mitad á la otra.26Entonces la mujer cuyo era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ­Ah, señor mío! dad á ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni á mí ni á ti; partidlo.27Entonces el rey respondió, y dijo: Dad á aquélla el hijo vivo, y no lo matéis: ella es su madre.28Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey: y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.

En Israel el rey era también el supremo juez, figura de Cristo, quien será a la vez lo uno y lo otro. Así que el joven rey Salomón necesita mucha sabiduría divina para la doble tarea de gobernar y juzgar al pueblo. Pero la promesa de Dios se cumple sin tardanza; el célebre juicio en el asunto de esas dos mujeres lo da a conocer a todo Israel como quien ha recibido “sabiduría de Dios para juzgar” (v. 28). No fue así como Absalón había procurado establecer su reputación de juez (2 Samuel 15:4). ¿Cómo habría podido reinar la justicia si ese hombre impío, rebelde y homicida, se hubiese adueñado del trono que Dios destinaba a su joven hermano Salomón?

Sólo uno fue más sabio que Salomón. Consideremos a Jesús, niño lleno de “sabiduría”, que maravilló a los doctores con su inteligencia (Lucas 2:40 y 47); luego, en el curso de su ministerio, contestó según el estado del corazón de cada uno, discerniendo las trampas que se le tendían y confundiendo a sus adversarios. Admirémosle, particularmente en esa escena en que pronuncia su juicio respecto de la mujer adúltera: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, responde él a los acusadores (Juan 8:7). “¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada?”, decían de él (Marcos 6:2).

1 Reyes 4:1-19
1FUÉ pues el rey Salomón rey sobre todo Israel.2Y estos fueron los príncipes que tuvo: Azarías hijo de Sadoc, sacerdote;3Elioreph y Ahía, hijos de Sisa, escribas; Josaphat hijo de Ahilud, canciller;4Benaía hijo de Joiada era sobre el ejército; y Sadoc y Abiathar eran los sacerdotes;5Azaría hijo de Nathán era sobre los gobernadores; Zabud hijo de Nathán era principal oficial, amigo del rey;6Y Ahisar era mayordomo; y Adoniram hijo de Abda era sobre el tributo.7Y tenía Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales mantenían al rey y á su casa. Cada uno de ellos estaba obligado á abastecer por un mes en el año.8Y estos son los nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de Ephraim;9El hijo de Decar, en Maccas, y en Saalbim, y en Beth-semes, y en Elón, y en Beth-hanan;10El hijo de Hesed, en Aruboth; éste tenía también á Sochô y toda la tierra de Ephet.11El hijo de Abinadab, en todos los términos de Dor: éste tenía por mujer á Thaphat hija de Salomón;12Baana hijo de Ahilud, en Taanach y Megiddo, y en toda Beth-san, que es cerca de Zaretán, por bajo de Jezreel, desde Beth-san hasta Abel-mehola, y hasta la otra parte de Jocmeam;13El hijo de Geber, en Ramoth de Galaad; éste tenía también las ciudades de Jair hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad; tenía también la provincia de Argob, que era en Basán, sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de bronce;14Ahinadab hijo de Iddo, en Mahanaim;15Ahimaas en Nephtalí; éste tomó también por mujer á Basemath hija de Salomón.16Baana hijo de Husai, en Aser y en Aloth;17Josaphat hijo de Pharua, en Issachâr;18Semei hijo de Ela, en Benjamín;19Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, la tierra de Sehón rey de los Amorrheos, y de Og rey de Basán; éste era el único gobernador en aquella tierra.

El reino de Salomón se establece sobre sólidas bases de paz y de justicia. Ya lo dijimos: prefigura los tiempos felices en que, no sólo Israel, sino el mundo entero, será liberado de la guerra y de la injusticia. Actualmente, pese a todos sus esfuerzos, a los progresos técnicos y sociales, los hombres no logran establecer por sí mismos la paz y la justicia que tanto anhelan. Previamente, será necesario que Satanás sea atado y que “el Hijo del hombre” tome el dominio universal.

Consideremos el perfecto orden que preside la administración del reino. Doce gobernadores, uno para cada mes del año, están encargados de abastecer por turno la casa del rey. Nos hace pensar en ese siervo fiel y prudente, a quien su señor estableció sobre los siervos de su casa para darles el alimento a su tiempo (Mateo 24:45).

El Señor dio diferentes funciones a sus siervos: pastor, doctor… y les encargó velar por el alimento espiritual de los suyos. Pero, de manera más general, cada creyente debe ser un fiel gobernador, un buen mayordomo de los “talentos” que su Amo le confió en vista de Su propia gloria (Mateo 25:15).

1 Reyes 4:20-34
20Judá é Israel eran muchos, como la arena que está junto á la mar en multitud, comiendo y bebiendo y alegrándose.21Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos, desde el río de la tierra de los Filisteos hasta el término de Egipto: y traían presentes, y sirvieron á Salomón todos los días que vivió.22Y la despensa de Salomón era cada día treinta coros de flor de harina, y sesenta coros de harina.23Diez bueyes engordados, y veinte bueyes de pasto, y cien ovejas; sin los ciervos, cabras, búfalos, y aves engordadas.24Porque él señoreaba en toda la región que estaba de la otra parte del río, desde Tiphsa hasta Gaza, sobre todos los reyes de la otra parte del río; y tuvo paz por todos lados en derredor suyo.25Y Judá é Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beer-seba, todos los días de Salomón.26Tenía además de esto Salomón cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes.27Y estos gobernadores mantenían al rey Salomón, y á todos los que á la mesa del rey Salomón venían, cada uno un mes; y hacían que nada faltase.28Hacían también traer cebada y paja para los caballos y para las bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno conforme al cargo que tenía.29Y dió Dios á Salomón sabiduría, y prudencia muy grande, y anchura de corazón como la arena que está á la orilla del mar.30Que fué mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los Egipcios.31Y aun fué más sabio que todos los hombres; más que Ethán Ezrahita, y que Emán y Calchôl y Darda, hijos de Mahol: y fué nombrado entre todas las naciones de alrededor.32Y propuso tres mil parábolas; y sus versos fueron mil y cinco.33También disertó de los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó de los animales, de las aves, de los reptiles, y de los peces.34Y venían de todos los pueblos á oir la sabiduría de Salomón, y de todos los reyes de la tierra, donde había llegado la fama de su sabiduría.

Comparemos el versículo 20 con el 29. El pueblo y el corazón del rey tienen una dimensión común: son como la arena que está a la orilla del mar. Dicho de otro modo, Dios da a su ungido un corazón bastante grande como para contener y amar al gran pueblo que ahora está a su cargo. Asimismo, el amor del Señor está a medida del número de los que le pertenecen, y no es superado por su multitud. La cruz fue la prueba de ello. Querido lector creyente, el Señor le ama tanto como si usted fuese su único redimido. Nunca terminaremos de conocer y comprender “el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento” (Efesios 3:18-19).

Esta hermosa prefiguración del reinado milenario de Cristo evoca el reposo del cual finalmente gustará la creación, después de haber gemido tanto tiempo bajo “la esclavitud de corrupción” (Romanos 8:19-22). Salomón habló de animales, aves, reptiles y peces. Cristo, “el Hijo del hombre” según el Salmo 8, coronado “de gloria y de honra”, dominará sobre todas las obras de Dios: “Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar… ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!” (Salmo 8:7-9).

1 Reyes 5:1-18
1HIRAM rey de Tiro envió también sus siervos á Salomón, luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre: porque Hiram había siempre amado á David.2Entonces Salomón envió á decir á Hiram:3Tú sabes como mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios, por las guerras que le cercaron, hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las plantas de sus pies.4Ahora Jehová mi Dios me ha dado reposo por todas partes; que ni hay adversarios, ni mal encuentro.5Yo por tanto he determinado ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, como Jehová lo habló á David mi padre, diciendo: Tu hijo, que yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa á mi nombre.6Manda pues ahora que me corten cedros del Líbano; y mis siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres: porque tú sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar la madera como los Sidonios.7Y como Hiram oyó las palabras de Salomón, holgóse en gran manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dió hijo sabio á David sobre este pueblo tan grande.8Y envió Hiram á decir á Salomón: He oído lo que me mandaste á decir: yo haré todo lo que te pluguiere acerca de la madera de cedro, y la madera de haya.9Mis siervos la llevarán desde el Líbano á la mar; y yo la pondré en balsas por la mar hasta el lugar que tú me señalares, y allí se desatará, y tú la tomarás: y tú harás mi voluntad en dar de comer á mi familia.10Dió pues Hiram á Salomón madera de cedro y madera de haya todo lo que quiso.11Y Salomón daba á Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite limpio: esto daba Salomón á Hiram cada un año.12Dió pues Jehová á Salomón sabiduría como le había dicho: y hubo paz entre Hiram y Salomón, é hicieron alianza entre ambos.13Y el rey Salomón impuso tributo á todo Israel, y el tributo fué de treinta mil hombres:14Los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por su turno, viniendo así á estar un mes en el Líbano, y dos meses en sus casas: y Adoniram estaba sobre aquel tributo.15Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte;16Sin los principales oficiales de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil y trescientos, los cuales tenían cargo del pueblo que hacía la obra.17Y mandó el rey que trajesen grandes piedras, piedras de precio, para los cimientos de la casa, y piedras labradas.18Y los albañiles de Salomón y los de Hiram, y los aparejadores, cortaron y aparejaron la madera y la cantería para labrar la casa.

Si David fue el rey de gracia, Salomón, su sucesor, aparece como el rey de gloria. En los consejos de Dios, la gracia y la gloria van una tras otra, sin separarse. Y el creyente, que ya goza de la gracia, también recibirá la gloria cuando el Señor venga. Hiram, rey de Tiro, siempre había amado a David. Por eso, al subir Salomón al trono, Hiram participa de la gloria del gran rey y recibe, en abundancia, lo necesario para satisfacer sus necesidades y las de su pueblo. Gustoso, contribuye a la construcción del templo, principal empresa del reinado de Salomón. Porque ahora que Jehová dio reposo a Israel, también Él puede descansar y cambiar la tienda de viajero por una morada fija. Como antes el tabernáculo, pero con nuevas figuras, el templo de Salomón va a proveernos de numerosas ilustraciones en lo concerniente a las relaciones de Dios con su pueblo. Ya tenemos una primera diferencia: la casa del desierto estaba colocada sobre la arena misma, mientras que ésta debe ser edificada inquebrantablemente sobre “piedras grandes, piedras costosas”. “Su cimiento está en el monte santo” (Salmo 87:1).

1 Reyes 6:1-18
1Y FUÉ en el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, en el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Ziph, que es el mes segundo, que él comenzó á edificar la casa de Jehová.2La casa que el rey Salomón edificó á Jehová, tuvo sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto.3Y el pórtico delante del templo de la casa, de veinte codos de largo, según la anchura de la casa, y su ancho era de diez codos delante de la casa.4E hizo á la casa ventanas anchas por de dentro, y estrechas por de fuera.5Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa en derredor del templo y del oráculo: é hizo cámaras alrededor.6El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, y el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho: porque por de fuera había hecho disminuciones á la casa en derredor, para no trabar las vigas de las paredes de la casa.7Y la casa cuando se edificó, fabricáronla de piedras que traían ya acabadas; de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro.8La puerta del aposento de en medio estaba al lado derecho de la casa: y subíase por un caracol al de en medio, y del aposento de en medio al tercero.9Labró pues la casa, y acabóla; y cubrió la casa con artesonados de cedro.10Y edificó asimismo el aposento en derredor de toda la casa, de altura de cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con maderas de cedro.11Y fué palabra de Jehová á Salomón, diciendo:12Esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos, é hicieres mis derechos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo tendré firme contigo mi palabra que hablé á David tu padre;13Y habitaré en medio de los hijos de Israel, y no dejaré á mi pueblo Israel.14Así que, Salomón labró la casa, y acabóla.15Y aparejó las paredes de la casa por de dentro con tablas de cedro, vistiéndola de madera por dentro, desde el solado de la casa hasta las paredes de la techumbre: cubrió también el pavimento con madera de haya.16Asimismo hizo al cabo de la casa un edificio de veinte codos de tablas de cedro, desde el solado hasta lo más alto; y fabricóse en la casa un oráculo, que es el lugar santísimo.17Y la casa, á saber, el templo de dentro, tenía cuarenta codos.18Y la casa estaba cubierta de cedro por de dentro, y tenía entalladuras de calabazas silvestres y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se veía.

Ya no son tablas de madera, como en el tabernáculo, sino piedras las que se necesitan para construir la nueva casa. Es una hermosa imagen de los creyentes, estas “piedras vivas” que son edificadas como “casa espiritual” (1 Pedro 2:5). En el versículo 7, leemos que las piedras habían sido enteramente preparadas antes de ser transportadas. El mundo es «la cantera» de donde se extraen los redimidos y donde todavía son objeto de un paciente trabajo de Dios, antes de estar aptos para ser introducidos en la Casa de gloria. Tal es nuestra presente condición.

Además del lugar santo y del lugar santísimo, el templo tiene cámaras laterales que no existían en la casa del desierto. Están reservadas a los sacerdotes. Es una ilustración de las “muchas moradas” preparadas por el Señor en la casa del Padre, a fin de que estemos con él. Las piedras labradas y las cámaras dispuestas nos hablan del Señor, quien preparó y prepara aún hoy a los suyos para ocupar un lugar en la Casa del Padre. Es la enseñanza del capítulo 13 de Juan. Pero también preparó el lugar para los suyos; esto lo vemos en el capítulo 14 del mismo evangelio. Es el perfecto trabajo del amor de nuestro Señor Jesús.

1 Reyes 6:19-38
19Y adornó el oráculo por de dentro en medio de la casa, para poner allí el arca del pacto de Jehová.20Y el oráculo estaba en la parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo, y otros veinte de ancho, y otros veinte de altura; y vistiólo de oro purísimo: asimismo cubrió el altar de cedro.21De suerte que vistió Salomón de oro puro la casa por de dentro, y cerró la entrada del oráculo con cadenas de oro, y vistiólo de oro.22Cubrió pues de oro toda la casa hasta el cabo; y asimismo vistió de oro todo el altar que estaba delante del oráculo.23Hizo también en el oráculo dos querubines de madera de oliva, cada uno de altura de diez codos.24La una ala del querubín tenía cinco codos, y la otra ala del querubín otros cinco codos: así que había diez codos desde la punta de la una ala hasta la punta de la otra.25Asimismo el otro querubín tenía diez codos; porque ambos querubines eran de un tamaño y de una hechura.26La altura del uno era de diez codos, y asimismo el otro.27Y puso estos querubines dentro de la casa de adentro: los cuales querubines extendían sus alas, de modo que el ala del uno tocaba á la pared, y el ala del otro querubín tocaba á la otra pared, y las otras dos alas se tocaban la una á la otra en la mitad d28Y vistió de oro los querubines.29Y esculpió todas las paredes de la casa alrededor de diversas figuras, de querubines, de palmas, y de botones de flores, por de dentro y por de fuera.30Y cubrió de oro el piso de la casa, de dentro y de fuera.31Y á la entrada del oráculo hizo puertas de madera de oliva; y el umbral y los postes eran de cinco esquinas.32Las dos puertas eran de madera de oliva; y entalló en ellas figuras de querubines y de palmas y de botones de flores, y cubriólas de oro: cubrió también de oro los querubines y las palmas.33Igualmente hizo á la puerta del templo postes de madera de oliva cuadrados.34Pero las dos puertas eran de madera de haya; y los dos lados de la una puerta eran redondos, y los otros dos lados de la otra puerta también redondos.35Y entalló en ellas querubines y palmas y botones de flores, y cubriólas de oro ajustado á las entalladuras.36Y edificó el atrio interior de tres órdenes de piedras labradas, y de un orden de vigas de cedro.37En el cuarto año, en el mes de Ziph, se echaron los cimientos de la casa de Jehová:38Y en el undécimo año, en el mes de Bul, que es el mes octavo, fué acabada la casa con todas sus pertenencias, y con todo lo necesario. Edificóla pues, en siete años.

El único salmo que nos ha sido trasmitido como escrito por Salomón comienza así: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1). Era una feliz (e indispensable) disposición de espíritu de parte de aquel que construía la Casa de Jehová. Es igualmente necesario, cualquiera sea la empresa a la que nos dediquemos, asegurarnos, antes de empezar, que el Señor está con nosotros para obrar y para bendecir. Y esto se aplica particularmente a los que piensan fundar un hogar.

Aquí nuestro espacio es limitado para hablar en detalle de esta maravillosa Casa. Como el tabernáculo, pero en una proporción mayor, constaba de un lugar santo y un lugar santísimo, llamado el oráculo (v. 16, V.M.), donde dos grandes querubines desplegaban sus alas. Aquí el velo que los separaba no se menciona, pero había algo nuevo: dos puertas talladas de madera de olivo permitían el acceso al interior del oráculo. Aparte de las piedras, los demás materiales empleados eran: la madera de cedro, símbolo de duración y majestad, y el oro puro, símbolo de la justicia divina, del cual todo estaba enteramente cubierto. ¿No es una admirable visión que confirma las palabras del Salmo 29, versículo 9: “En su templo todo proclama su gloria”?

1 Reyes 7:1-12
1DESPUÉS edificó Salomón su propia casa en trece años, y acabóla toda.2Asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía cinco codos de longitud, y cincuenta codos de anchura, y treinta codos de altura, sobre cuatro órdenes de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las columnas.3Y estaba cubierta de tablas de cedro arriba sobre las vigas, que se apoyaban en cuarenta y cinco columnas: cada hilera tenía quince columnas.4Y había tres órdenes de ventanas, una ventana contra la otra en tres órdenes.5Y todas la puertas y postes eran cuadrados: y las unas ventanas estaban frente á las otras en tres órdenes.6También hizo un pórtico de columnas, que tenía de largo cincuenta codos, y treinta codos de ancho; y aqueste pórtico estaba delante de aquellas otras, con sus columnas y maderos correspondientes.7Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, el pórtico del juicio, y vistiólo de cedro de suelo á suelo.8Y en la casa en que él moraba, había otro atrio dentro del pórtico, de obra semejante á esta. Edificó también Salomón una casa para la hija de Faraón, que había tomado por mujer, de la misma obra de aquel pórtico.9Todas aquellas obras fueron de piedras de precio, cortadas y aserradas con sierras según las medidas, así por de dentro como por de fuera, desde el cimiento hasta los remates, y asimismo por de fuera hasta el gran atrio.10El cimiento era de piedras de precio, de piedras grandes, de piedras de diez codos, y de piedras de ocho codos.11De allí arriba eran también piedras de precio, labradas conforme á sus medidas, y obra de cedro.12Y en el gran atrio alrededor había tres órdenes de piedras labradas, y un orden de vigas de cedro: y así el atrio interior de la casa de Jehová, y el atrio de la casa.

Salomón fue muy diligente al construir el templo. Le bastaron siete años para hacerlo, mientras que Herodes necesitó cuarenta y seis para reconstruirlo (Juan 2:20).

El rey se ocupa ahora de su propia casa, empero, sin desplegar en ella el mismo apresuramiento: tarda trece años. Aprendamos a hacer primero, bien y activamente lo que el Señor nos encarga hacer para él, antes de dedicarnos a nuestros propios asuntos.

Después del templo, como sabio arquitecto, Salomón construye otras tres casas: la suya (v. 1); la casa del bosque del Líbano con su pórtico (v. 2-7) y, finalmente, la de su mujer, hija de Faraón (v. 8). Cada una de ellas nos habla de una esfera de relaciones de Dios con los hombres. Si el templo es la imagen de la casa del Padre, la morada personal de Salomón sugiere más bien la casa del Hijo, dicho de otro modo, la Iglesia o Asamblea (Hebreos 3:6). La casa del bosque del Líbano habla de las futuras relaciones de Cristo, rey de gloria, con Israel. Allí se halla el trono del juicio. Finalmente, la casa de la hija de Faraón evoca Sus relaciones de Rey con todas las naciones de la tierra.

1 Reyes 7:13-26
13Y envió el rey Salomón, é hizo venir de Tiro á Hiram,14Hijo de una viuda de la tribu de Nephtalí, y su padre había sido de Tiro: trabajaba él en bronce, lleno de sabiduría y de inteligencia y saber en toda obra de metal. Este pues vino al rey Salomón, é hizo toda su obra.15Y vació dos columnas de bronce, la altura de cada cual era de diez y ocho codos: y rodeaba á una y á otra columna un hilo de doce codos.16Hizo también dos capiteles de fundición de bronce, para que fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas: la altura de un capitel era de cinco codos, y la del otro capitel de cinco codos.17Había trenzas á manera de red, y unas cintas á manera de cadenas, para los capiteles que se habían de poner sobre las cabezas de las columnas: siete para cada capitel.18Y cuando hubo hecho las columnas, hizo también dos órdenes de granadas alrededor en el un enredado, para cubrir los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con las granadas: y de la misma forma hizo en el otro capitel.19Los capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico, tenían labor de flores por cuatro codos.20Tenían también los capiteles de sobre las dos columnas, doscientas granadas en dos órdenes alrededor en cada capitel, encima del vientre del capitel, el cual vientre estaba delante del enredado.21Estas columnas erigió en el pórtico del templo: y cuando hubo alzado la columna de la mano derecha, púsole por nombre Jachîn: y alzando la columna de la mano izquierda, llamó su nombre Boaz.22Y puso en las cabezas de las columnas labor en forma de azucenas; y así se acabó la obra de las columnas.23Hizo asimismo un mar de fundición, de diez codos del un lado al otro, perfectamente redondo: su altura era de cinco codos, y ceñíalo alrededor un cordón de treinta codos.24Y cercaban aquel mar por debajo de su labio en derredor unas bolas como calabazas, diez en cada codo, que ceñían el mar alrededor en dos órdenes, las cuales habían sido fundidas cuando él fué fundido.25Y estaba asentado sobre doce bueyes: tres miraban al norte, y tres miraban al poniente, y tres miraban al mediodía, y tres miraban al oriente; sobre éstos se apoyaba el mar, y las traseras de ellos estaban hacia la parte de adentro.26El grueso del mar era de un palmo, y su labio era labrado como el labio de un cáliz, ó de flor de lis: y cabían en él dos mil batos.

Para la confección del tabernáculo y de los objetos que contenía, en otros tiempos Jehová había designado a Bezaleel, un hábil obrero lleno “del espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte” (Éxodo 31:2-3). Para la fabricación de objetos de bronce, Salomón llama a Hiram, de Tiro, un artesano también “lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce” (v. 14). Procuremos poseer tales cualidades espirituales. Entonces el Señor podrá emplearnos “en todo arte”.

El primer trabajo que Hiram realiza consiste en dos columnas con espléndidos capiteles. Pensemos en la promesa que el Señor hace a la iglesia de Filadelfia: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios”. “Tienes poca fuerza”, había dicho a esos creyentes (Apocalipsis 3:12 y 8). Los nombres de esas columnas son Jaquín y Boaz, que significan: «él establecerá» y «en él es la fuerza». Es una preciosa respuesta a la presente condición del redimido: ¿Poca fuerza en la tierra? Firmeza y fuerza para siempre jamás en el cielo de gloria, cuya imagen es el templo.

1 Reyes 7:38-51
38Hizo también diez fuentes de bronce: cada fuente contenía cuarenta batos, y cada una era de cuatro codos; y asentó una fuente sobre cada una de las diez basas.39Y puso las cinco basas á la mano derecha de la casa, y las otras cinco á la mano izquierda: y asentó el mar al lado derecho de la casa, al oriente, hacia el mediodía.40Asimismo hizo Hiram fuentes, y tenazas, y cuencos. Así acabó toda la obra que hizo á Salomón para la casa de Jehová:41Es á saber, dos columnas, y los vasos redondos de los capiteles que estaban en lo alto de las dos columnas; y dos redes que cubrían los dos vasos redondos de los capiteles que estaban sobre la cabeza de las columnas;42Y cuatrocientas granadas para las dos redes, dos órdenes de granadas en cada red, para cubrir los dos vasos redondos que estaban sobre las cabezas de las columnas;43Y las diez basas, y las diez fuentes sobre las basas;44Y un mar, y doce bueyes debajo del mar;45Y calderos, y paletas, y cuencos; y todos los vasos que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de Jehová de metal acicalado.46Todo lo hizo fundir el rey en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Succoth y Sarthán.47Y dejó Salomón sin inquirir el peso del metal de todos los vasos, por la grande multitud de ellos.48Entonces hizo Salomón todos los vasos que pertenecían á la casa de Jehová: un altar de oro, y una mesa sobre la cual estaban los panes de la proposición, también de oro;49Y cinco candeleros de oro purísimo á la mano derecha, y otros cinco á la izquierda, delante del oráculo; con las flores, y las lámparas, y despabiladeras de oro;50Asimismo los cántaros, vasos, tazas, cucharillas, é incensarios, de oro purísimo; también de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del lugar santísimo, y los de las puertas del templo.51Así se acabó toda la obra que dispuso hacer el rey Salomón para la casa de Jehová. Y metió Salomón lo que David su padre había dedicado, es á saber, plata, y oro, y vasos, y púsolo todo en guarda en las tesorerías de la casa de Jehová.

Hiram es una figura del Espíritu Santo, «divino Obrero», ocupado en preparar todas las cosas aquí en la tierra —y en particular el corazón de los creyentes— con vista a la gloria de Dios. El mar, inmensa tina de cerca de cinco metros de diámetro, debía servir a los sacerdotes para lavarse en ella, mientras que las diez fuentes que descansaban sobre diez basas de bronce se empleaban para lavar las ofrendas (2 Crónicas 4:6).

A partir del versículo 48, encontramos la enumeración de los objetos de oro confeccionados por Salomón. Éste, trayendo las cosas santas de David su padre (v. 51), nos hace pensar en Jesús, el Hijo, de Dios, disponiendo de lo que pertenece a su Padre. “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Juan 3:35 y 17:10). Notemos al mismo tiempo que, contrariamente a lo que pasó con el tabernáculo (Éxodo 35:21-29), aquí no se trata de lo que dio el pueblo. Y comprendemos la razón: nada de lo que proviene del hombre puede entrar en el cielo. Allí todo es divino, todo es exclusiva y perfecta obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Las tres personas juntas participaron en la primera creación; también se ocupan de la gloria venidera y de la nueva creación.

1 Reyes 8:1-11
1ENTONCES juntó Salomón los ancianos de Israel, y á todas las cabezas de las tribus, y á los príncipes de las familias de los hijos de Israel, al rey Salomón en Jerusalem para traer el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión.2Y se juntaron al rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Ethanim, que es el mes séptimo, en el día solemne.3Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca.4Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo del testimonio, y todos los vasos sagrados que estaban en el tabernáculo; los cuales llevaban los sacerdotes y Levitas.5Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que á él se había juntado, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni numerar.6Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el oráculo de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.7Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los querubines el arca y sus varas por encima.8E hicieron salir las varas; que las cabezas de las varas se dejaban ver desde el santuario delante del oráculo, mas no se veían desde afuera: y así se quedaron hasta hoy.9En el arca ninguna cosa había más de las dos tablas de piedra que había allí puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo la alianza con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.10Y como los sacerdotes salieron del santuario, la nube hinchió la casa de Jehová.11Y los sacerdotes no pudieron estar para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Jehová.

Al estar su casa lista, Dios morará en ella. Salomón reúne a los principales del pueblo y los sacerdotes introducen el arca en el “oráculo”.

¡Preciosa arca! Figura de Cristo, conoció los cansancios del pueblo y sostuvo sus combates. Por él penetró en el río de muerte. Ahora entra en su reposo. Pero algo recordará siempre el camino del desierto: las varas visibles. Aunque en adelante no serían empleadas, no debían retirarse de sus anillos.

En medio de los esplendores del cielo, contemplaremos a Jesús en su hermosura. Sin embargo, en su Persona veremos algo que tocará profundamente nuestros corazones: las imborrables marcas de su padecimiento en la cruz. Como las varas del arca, estas señales permanecerán en la gloria celestial como eterno testimonio de su divino amor. ¡Cuán hermosos son los pies del Salvador!; se cansaron en los caminos de este mundo para buscarnos (Isaías 52:7), antes de ser horadados en la cruz, cuando se dejó clavar en ella para salvarnos. Sobre esos santos pies fue derramado el homenaje de María en la bienaventurada casa de Betania, que entonces se llenó del olor del perfume. Es un gusto anticipado de la Casa del Padre, que la gloria llenará para siempre.

1 Reyes 8:12-30
12Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad.13Yo he edificado casa por morada para ti, asiento en que tú habites para siempre.14Y volviendo el rey su rostro, bendijo á toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba en pie.15Y dijo: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que habló de su boca á David mi padre, y con su mano lo ha cumplido, diciendo:16Desde el día que saqué mi pueblo Israel de Egipto, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí á David para que presidiese en mi pueblo Israel.17Y David mi padre tuvo en el corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel.18Mas Jehová dijo á David mi padre: Cuanto á haber tú tenido en el corazón edificar casa á mi nombre, bien has hecho en tener tal voluntad;19Empero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa á mi nombre.20Y Jehová ha verificado su palabra que había dicho; que me he levantado yo en lugar de David mi padre, y heme sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel.21Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehová, que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.22Púsose luego Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,23Dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia á tus siervos, los que andan delante de ti de todo su corazón;24Que has guardado á tu siervo David mi padre lo que le dijiste: dijístelo con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como aparece este día.25Ahora pues, Jehová Dios de Israel, cumple á tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No faltará varón de ti delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino, que anden delante de mí como tú has de26Ahora pues, oh Dios de Israel, verifíquese tu palabra que dijiste á tu siervo David mi padre.27Empero ¿es verdad que Dios haya de morar sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener: ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?28Con todo, tú atenderás á la oración de tu siervo, y á su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo propicio el clamor y oración que tu siervo hace hoy delante de ti:29Que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo hará en este lugar.30Oye pues la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oraren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu habitación, desde los cielos: que oigas y perdones.

El rey Salomón toma la palabra. Ocupando el lugar del descendiente de Aarón, aquí cumple él mismo el oficio de sacerdote, porque es una figura de Cristo, rey y sacerdote. Recuerda el pasado: Egipto, la gracia para con David, el pacto y las promesas.

Cuatrocientos ochenta años antes, en la orilla del mar Rojo, los israelitas habían cantado el cántico de la liberación: “Este es mi Dios, y lo alabaré… Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; lo llevaste con tu poder a tu santa morada… Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová, en el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado” (Éxodo 15:2, 13 y 17). Cerca de cinco siglos fueron necesarios para que estas palabras se realizaran. El tiempo transcurrido no quita la veracidad de las promesas de Dios (comp. 2 Pedro 3:4). Salomón se complace en repetir: “Lo que con su mano ha cumplido” (v. 15); “Jehová ha cumplido su palabra que había dicho” (v. 20).

“Mi nombre estará allí” (v. 29). Recordemos una vez más esta promesa del Señor Jesús: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

1 Reyes 8:31-40
31Cuando alguno hubiere pecado contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa;32Tú oirás desde el cielo, y obrarás, y juzgarás á tus siervos, condenando al impío, tornando su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme á su justicia.33Cuando tu pueblo Israel hubiere caído delante de sus enemigos, por haber pecado contra ti, y á ti se volvieren, y confesaren tu nombre, y oraren, y te rogaren y suplicaren en esta casa;34Oyelos tú en los cielos, y perdona el pecado de tu pueblo Israel, y vuélvelos á la tierra que diste á sus padres.35Cuando el cielo se cerrare, y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar, y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los hubieres afligido;36Tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste á tu pueblo por heredad.37Cuando en la tierra hubiere hambre, ó pestilencia, ó tizoncillo, ó niebla, ó langosta, ó pulgón: si sus enemigos los tuvieren cercados en la tierra de su domicilio; cualquiera plaga ó enfermedad que sea;38Toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, ó todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga de su corazón, y extendiere sus manos á esta casa;39Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, y perdonarás, y obrarás, y darás á cada uno conforme á sus caminos, cuyo corazón tú conoces; (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres;)40Para que te teman todos los días que vivieren sobre la haz de la tierra que tú diste á nuestros padres.

Al principio de su oración, Salomón exaltó la fidelidad, la misericordia (v. 23) y la grandeza de Jehová (v. 27). Luego reconoce de qué cosas es capaz el pueblo y cuáles pueden ser las consecuencias de sus faltas. Estos pensamientos sobre Salomón nos trasladan hacia Cristo, gran sumo sacerdote. Jesús conoce bien la debilidad del corazón de los suyos y, antes que Satanás los zarandee, se dirige a Dios rogando que su fe no falte. Hizo esto por Pedro antes que le negara (Lucas 22:32). Y cuántas veces lo hace también por cada uno de nosotros, sin que lo sepamos, en la hora de tentación. En verdad, Dios conoce el corazón del hombre (v. 39; véase Jeremías 17:9-10). Este corazón engañoso y perverso “más que todas las cosas”, ¿dónde dio su plena medida? ¿En qué circunstancias demostró su extrema maldad? ¿No fue en la cruz, donde la enemistad del hombre se expresó plenamente contra el Señor? (Salmo 22:16). Pero este crimen, el más grande de todos los pecados de Israel, también será perdonado cuando el pueblo arrepentido se vuelva con “espíritu de gracia y de oración”, ya no hacia “esta casa”, sino hacia “quien traspasaron” (Zacarías 12:10).

1 Reyes 8:41-53
41Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que hubiere venido de lejanas tierras á causa de tu nombre,42(Porque oirán de tu grande nombre, y de tu mano fuerte, y de tu brazo extendido,) y viniere á orar á esta casa;43Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, y harás conforme á todo aquello por lo cual el extranjero hubiere á ti clamado: para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre44Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú los enviares, y oraren á Jehová hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué á tu nombre,45Tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás derecho.46Si hubieren pecado contra ti, (porque no hay hombre que no peque) y tú estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautiven y lleven á tierra enemiga, sea lejos ó cerca,47Y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren á ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad;48Y si se convirtieren á ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren á ti hacia su tierra, que tú diste á sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado á tu no49Tú oirás en los cielos, en la habitación de tu morada, su oración y su súplica, y les harás derecho;50Y perdonarás á tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se habrán contra ti rebelado; y harás que hayan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos:51Porque ellos son tu pueblo y tu heredad, que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.52Que tus ojos estén abiertos á la oración de tu siervo, y á la plegaria de tu pueblo Israel, para oirlos en todo aquello por lo que te invocaren:53Pues que tú los apartaste para ti por tu heredad de todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por mano de Moisés tu siervo, cuando sacaste á nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.

Para interceder no basta conocer la debilidad del corazón humano (v. 46). También es necesario tener confianza en la compasión del corazón de Dios. Si Jesús, nuestro sumo sacerdote y nuestro Abogado, conoce por demás el corazón del hombre, también conoce el de su Padre. Pero su deseo es que acudamos a él para experimentarlo personalmente (comp. Juan 10:17 y 16:27).

¡“Escucha y perdona”! (v. 49-50). Este capítulo nos enseña que en verdad se puede acudir a Dios en toda ocasión. Había un lugar a los pies del Señor para los más grandes pecadores (Lucas 7:37). Aún hoy, fiel a su promesa, Cristo no echa fuera al que viene a él (Juan 6:37).

El pecado es la cadena por medio de la cual hasta un creyente puede ser cautivo en “tierra enemiga” (v. 46). Dios está dispuesto a liberarle; pero el camino del perdón pasa necesariamente por la confesión. “Mi pecado te declaré… y tú perdonaste la iniquidad de mi pecado” (Salmo 32:5).

Dios escucha, él perdona; sí, puede perdonarlo todo, porque Jesús expió todo. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

1 Reyes 8:54-66
54Y fué, que como acabó Salomón de hacer á Jehová toda esta oración y súplica, levantóse de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo;55Y puesto en pie, bendijo á toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:56Bendito sea Jehová, que ha dado reposo á su pueblo Israel, conforme á todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.57Sea con nosotros Jehová nuestro Dios, como fué con nuestros padres; y no nos desampare, ni nos deje;58Incline nuestro corazón hacia sí, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus derechos, los cuales mandó á nuestros padres.59Y que estas mis palabras con que he orado delante de Jehová estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo, y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo;60A fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro.61Sea pues perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos, y guardando sus mandamientos, como el día de hoy.62Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante de Jehová.63Y sacrificó Salomón por sacrificios pacíficos, los cuales ofreció á Jehová veinte y dos mil bueyes, y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.64Aquel mismo día santificó el rey el medio del atrio que estaba delante de la casa de Jehová: porque ofreció allí los holocaustos, y los presentes, y los sebos de los pacíficos; por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño, y no c65En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel, una grande congregación, desde como entran en Hamath hasta el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y otros siete días, esto es, por catorce días.66Y el octavo día despidió al pueblo: y ellos bendiciendo al rey, se fueron á sus estancias alegres y gozosos de corazón por todos los beneficios que Jehová había hecho á David su siervo, y á su pueblo Israel.

Pese a la riqueza, a lo grande de la casa y a la inmensa multitud congregada, el corazón de Salomón no está lleno de un sentimiento de poder; se pone de rodillas y toma para con Dios una actitud de dependencia. Esperamos que ésta también les sea una actitud familiar a nuestros lectores. Hablemos cada día libremente a nuestro Dios, en voz alta, cuando sea posible, para evitar la distracción. Y aunque, más tarde, olvidemos lo que pedimos, nuestras palabras permanecerán “cerca de… nuestro Dios de día y de noche” (v. 59). Finalmente, Salomón afirma que Dios proteje la causa de los suyos, “cada cosa en su tiempo”. Hoy podemos contar con la respuesta de hoy, pero no con la de mañana. Porque Dios conoce nuestra tendencia a descansar más en lo que él nos da que en él mismo. Por eso resuelve el asunto de día en día; Jesús también lo enseña: “Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34).

La ceremonia de la dedicación (o de la inauguración) del templo tiene lugar en el momento de la gran fiesta anual de los tabernáculos, en el mes séptimo. Termina con los sacrificios y dejando alegría conforme a Deuteronomio 16:15.

1 Reyes 9:1-9
1Y COMO Salomón hubo acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer,2Jehová apareció á Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón.3Y díjole Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego, que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.4Y si tú anduvieres delante de mí, como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis derechos,5Yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé á David tu padre, diciendo: No faltará de ti varón en el trono de Israel.6Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis á dioses ajenos, y los adorareis;7Yo cortaré á Israel de sobre la haz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado á mi nombre, yo la echaré de delante de mí, é Israel será por proverbio y fábula á todos los pueblos;8Y esta casa que estaba en estima, cualquiera que pasare por ella se pasmará, y silbará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová á esta tierra, y á esta casa?9Y dirán: Por cuanto dejaron á Jehová su Dios, que había sacado á sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano á dioses ajenos, y los adoraron, y los sirvieron: por eso ha traído Jehová sobre ellos todo aqueste mal.

La obra emprendida por Salomón está acabada. Él quiso hacerla; así lo subraya el versículo 1. ¿No nos da esto una lección? Hagamos con gusto todo lo que el Señor nos pide, ¡porque es él quien nos lo pide! Entonces, ahora Jehová va responder a la oración del rey. Esta casa en la cual su gloria habita va a ser el gran motivo para bendecir a Israel, para escuchar y perdonar. En el período cristiano, Dios vincula su propia gloria al nombre de Jesús, y a través de él responde a las oraciones que le son dirigidas (Juan 14:13-14). Porque en Cristo —ya no en el templo— Dios vino a habitar en medio de nosotros (Juan 1:14; Colosenses 1:19 y 2:9; 1 Timoteo 3:16). Por eso los ojos y el corazón del Padre siempre están puestos sobre ese Hombre perfecto (comp. v. 3). En todo momento podemos dirigirnos a Dios en el nombre de Jesús para ser escuchados. “Mira, oh Dios… y pon los ojos en el rostro de tu ungido” (Salmo 84:9).

Luego Jehová coloca a Salomón y al pueblo ante su responsabilidad. La presencia de Dios en medio de ellos exige una estricta separación del mal, de no ser así, este privilegio le será quitado e Israel como nación será eliminada.

1 Reyes 9:10-28
10Y aconteció al cabo de veinte años, en que Salomón había edificado las dos casas, la casa de Jehová y la casa real,11(Para las cuales Hiram rey de Tiro, había traído á Salomón madera de cedro y de haya, y cuanto oro él quiso), que el rey Salomón dió á Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea.12Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le contentaron.13Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y púsoles por nombre, la tierra de Cabul, hasta hoy.14Y había Hiram enviado al rey ciento y veinte talentos de oro.15Y esta es la razón del tributo que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su casa, y á Millo, y el muro de Jerusalem, y á Hasor, y Megiddo, y Gezer.16Faraón el rey de Egipto había subido y tomado á Gezer, y quemádola, y había muerto los Cananeos que habitaban la ciudad, y dádola en don á su hija la mujer de Salomón.17Restauró pues Salomón á Gezer, y á la baja Beth-oron,18Y á Baalath, y á Tadmor en tierra del desierto;19Asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía municiones, y las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de á caballo, y todo lo que Salomón deseó edificar en Jerusalem, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío.20A todos los pueblos que quedaron de los Amorrheos, Hetheos, Pherezeos, Heveos, Jebuseos, que no fueron de los hijos de Israel;21A sus hijos que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy.22Mas á ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres de guerra, ó sus criados, ó sus príncipes, ó sus capitanes, ó comandantes de sus carros, ó su gente de á caballo.23Y los que Salomón había hecho jefes y prepósitos sobre las obras, eran quinientos y cincuenta, los cuales estaban sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra.24Y subió la hija de Faraón de la ciudad de David á su casa que Salomón le había edificado: entonces edificó él á Millo.25Y ofrecía Salomón tres veces cada un año holocaustos y pacíficos sobre el altar que él edificó á Jehová, y quemaba perfumes sobre el que estaba delante de Jehová, después que la casa fué acabada.26Hizo también el rey Salomón navíos en Ezión-geber, que es junto á Elath en la ribera del mar Bermejo, en la tierra de Edom.27Y envió Hiram en ellos á sus siervos, marineros y diestros en la mar, con los siervos de Salomón:28Los cuales fueron á Ophir, y tomaron de allí oro, cuatrocientos y veinte talentos, y trajéronlo al rey Salomón.

Dar al rey de Tiro ciudades que formaban parte del país de Israel fue una falta grave de parte de Salomón. Asimismo nosotros los cristianos podemos abandonar, en provecho del mundo, una porción de nuestra herencia. Por ejemplo, veamos la manera en que empleamos el día domingo. Quizás uno se prive de asistir a una reunión para agradar a un amigo o a un pariente. Estemos seguros de que tales concesiones son una pérdida tanto para el uno como para el otro. ¿Cómo podríamos llevar a alguien a buscar las verdades divinas y los privilegios cristianos, si nosotros mismos mostramos que hacemos poco caso de ellos? ¡Veamos el caso de Hiram! Ni siquiera aprecia el gesto de Salomón.

El final del capítulo nos muestra al rey como sabio administrador, fortaleciendo y organizando su reino. Por un lado, está en relación con Jehová (v. 25) y por otro, con los diferentes pueblos que lo rodean. Por primera vez, desde los tiempos de Josué, todos los cananeos son sometidos. Acordémonos de que son una figura de los enemigos de nuestras almas. Los enemigos de mi alma ¿están en libertad o hallé en Cristo la fuerza que puede sojuzgarlos?

1 Reyes 10:1-13
1Y OYENDO la reina de Seba la fama de Salomón en el nombre de Jehová, vino á probarle con preguntas.2Y vino á Jerusalem con muy grande comitiva, con camellos cargados de especias, y oro en grande abundancia, y piedras preciosas: y como vino á Salomón, propúsole todo lo que en su corazón tenía.3Y Salomón le declaró todas sus palabras: ninguna cosa se le escondió al rey, que no le declarase.4Y cuando la reina de Seba vió toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,5Asimismo la comida de su mesa, el asiento de sus siervos, el estado y vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que sacrificaba en la casa de Jehová, quedóse enajenada.6Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría;7Mas yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto, que ni aun la mitad fué lo que se me dijo: es mayor tu sabiduría y bien que la fama que yo había oído.8Bienaventurados tus varones, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría.9Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre á Israel, y te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.10Y dió ella al rey ciento y veinte talentos de oro, y muy mucha especiería, y piedras preciosas: nunca vino tan grande copia de especias, como la reina de Seba dió al rey Salomón.11La flota de Hiram que había traído el oro de Ophir, traía también de Ophir muy mucha madera de brasil, y piedras preciosas.12Y de la madera de brasil hizo el rey balaustres para la casa de Jehová, y para las casas reales, arpas también y salterios para los cantores: nunca vino tanta madera de brasil, ni se ha visto hasta hoy.13Y el rey Salomón dió á la reina de Seba todo lo que quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dió como de mano del rey Salomón. Y ella se volvió, y se fué á su tierra con sus criados.

El Señor recordará esta escena a los fariseos para subrayar su incredulidad: “La reina del Sur… vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:42). Aquí, ante nuestros ojos, tenemos en figura al Hijo de Dios, el Rey de gloria. Nos enseña cómo recibe a aquellos que acuden a él. No es la gloria ni las riquezas del gran rey lo que atrae a la noble visitante. Oyó hablar de la sabiduría de Salomón en relación con el nombre de Jehová y, queriendo comprobarlo por sí misma, fue a formularle todas las preguntas “que en su corazón tenía”. No nos baste con haber oído hablar del Señor Jesús. ¡Vayamos a él! Está dispuesto a darnos lo que deseamos y todo lo que pidamos (v. 13; Juan 15:7).

Lo que impresiona a la reina en la corte de Salomón (v. 4-5) nos hace pensar en el testimonio dado al Señor por la Iglesia (su casa), en la enseñanza de la Palabra (la comida de su mesa), en el comportamiento de los suyos (el estado y los vestidos de los que le servían). Deberíamos mostrar en todos los detalles, a todas las personas con las cuales entramos en contacto, que él es el gran Rey, a quien tenemos el honor de pertenecer.

1 Reyes 10:14-29
14El peso del oro que Salomón tenía de renta cada un año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro;15Sin lo de los mercaderes, y de la contratación de especias, y de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la tierra.16Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro extendido: seiscientos siclos de oro gastó en cada pavés.17Asimismo trescientos escudos de oro extendido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro: y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano.18Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo.19Seis gradas tenía el trono, y lo alto de él era redondo por el respaldo: y de la una parte y de la otra tenía apoyos cerca del asiento, junto á los cuales estaban colocados dos leones.20Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de la una parte y de la otra: en ningún otro reino se había hecho trono semejante.21Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino: no había plata; en tiempo de Salomón no era de estima.22Porque el rey tenía la flota que salía á la mar, á Tharsis, con la flota de Hiram: una vez en cada tres años venía la flota de Tharsis, y traía oro, plata, marfil, simios y pavos.23Así excedía el rey Salomón á todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.24Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oir su sabiduría, la cual Dios había puesto en su corazón.25Y todos le llevaban cada año sus presentes: vasos de oro, vasos de plata, vestidos, armas, aromas, caballos y acémilas.26Y juntó Salomón carros y gente de á caballo; y tenía mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.27Y puso el rey en Jerusalem plata como piedras, y cedros como los cabrahigos que están por los campos en abundancia.28Y sacaban caballos y lienzos á Salomón de Egipto: porque la compañía de los mercaderes del rey compraban caballos y lienzos.29Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento y cincuenta; y así los sacaban por mano de ellos, todos los reyes de los Hetheos, y de Siria.

Debía ser un grandioso espectáculo contemplar al gran rey Salomón, cubierto con preciosas y magníficas vestiduras, sentado en su trono de marfil y oro. Y, sin embargo, el Señor Jesús, invitándonos a considerar los lirios del campo, afirma que “ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos” (Mateo 6:29). Estemos convencidos de que la obra más hermosa del hombre nunca alcanzará la más modesta del Creador.

El Salmo 72, compuesto “para Salomón”, describe ese reinado de justicia (v. 1-4), de paz (v. 7), de poder (v. 8-11), de gracia (v. 12-14), de prosperidad (v. 16) y de bendición (v. 17). “Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones… y se le dará del oro de Sabá (v. 10 y 15). Y en nuestro capítulo 10, muchos detalles ilustran la riqueza, la sabiduría y el poder de este hijo de David, reinando con justicia en Jerusalén. Comprendemos que aquí, en figura, también hay “más que Salomón”. Centro de gloria y fuente de bendición para todos los pueblos, este brillante reinado sólo es una débil imagen del próximo dominio universal de nuestro Señor Jesucristo. Pero los suyos no esperan a que llegue ese glorioso porvenir para reconocer los derechos que él adquirió sobre sus corazones.

1 Reyes 11:1-13
1EMPERO el rey Salomón amó, á más de la hija de Faraón, muchas mujeres extranjeras: á las de Moab, á las de Ammón, á las de Idumea, á las de Sidón, y á las Hetheas;2Gentes de las cuales Jehová había dicho á los hijos de Israel: No entraréis á ellas, ni ellas entrarán á vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas pues se juntó Salomón con amor.3Y tuvo setecientas mujeres reinas, y trescientas concubinas; y sus mujeres torcieron su corazón.4Y ya que Salomón era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos; y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.5Porque Salomón siguió á Astaroth, diosa de los Sidonios, y á Milcom, abominación de los Ammonitas.6E hizo Salomón lo malo en los ojos de Jehová, y no fué cumplidamente tras Jehová como David su padre.7Entonces edificó Salomón un alto á Chêmos, abominación de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalem; y á Moloch, abominación de los hijos de Ammón.8Y así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban perfumes, y sacrificaban á sus dioses.9Y enojóse Jehová contra Salomón, por cuanto estaba su corazón desviado de Jehová Dios de Israel, que le había aparecido dos veces,10Y le había mandado acerca de esto, que no siguiese dioses ajenos: mas él no guardó lo que le mandó Jehová.11Y dijo Jehová á Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé el reino de ti, y lo entregaré á tu siervo.12Empero no lo haré en tus días, por amor de David tu padre: romperélo de la mano de tu hijo.13Sin embargo no romperé todo el reino, sino que daré una tribu á tu hijo, por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem que yo he elegido.

Hasta aquí apenas hemos visto una sombra del esplendor de ese excepcional reinado. El capítulo 11, sin embargo, comienza con un pero que de repente revela un estado moral desolador, bajo la brillante apariencia descrita anteriormente. En doble desobediencia a la ley, el rey tomó “muchas mujeres” y mujeres extranjeras (Deuteronomio 17:17 y 7:3), las que en su vejez desviaron su corazón. ¿No había él pedido y obtenido un corazón sabio, un corazón que escucha? Había sentido sin duda la necesidad de ello para conducir a los demás, pero no para conducirse a sí mismo. Ese corazón ancho “como la arena”, que Jehová dio al rey para que amara a su gran pueblo, Salomón no lo guardó ni veló por lo que penetraba en él. Miles de mujeres extranjeras, junto con sus ídolos, habían hallado lugar en su corazón. Salomón es condenado por sus propias palabras: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Esto enseñó a los demás… pero descuidó hacerlo para sí mismo (véase Romanos 2:21 y 1 Corintios 9:27). Tampoco tuvo en cuenta la prevención de su padre (1 Reyes 2:3), ni la doble advertencia de Jehová (cap. 11:9-10).

1 Reyes 11:14-25
14Y Jehová suscitó un adversario á Salomón, á Adad, Idumeo, de la sangre real, el cual estaba en Edom.15Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército á enterrar los muertos, y mató á todos los varones de Edom,16(Porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado á todo el sexo masculino en Edom;)17Entonces huyó Adad, y con él algunos varones Idumeos de los siervos de su padre, y fuése á Egipto; era entonces Adad muchacho pequeño.18Y levantáronse de Madián, y vinieron á Parán; y tomando consigo hombres de Parán, viniéronse á Egipto, á Faraón rey de Egipto, el cual le dió casa, y le señaló alimentos, y aun le dió tierra.19Y halló Adad grande gracia delante de Faraón, el cual le dió por mujer á la hermana de su esposa, á la hermana de la reina Thaphnes.20Y la hermana de Thaphnes le parió á su hijo Genubath, al cual destetó Thaphnes dentro de la casa de Faraón; y estaba Genubath en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.21Y oyendo Adad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del ejército, Adad dijo á Faraón: Déjame ir á mi tierra.22Y respondióle Faraón: ¿Por qué? ¿qué te falta conmigo, que procuras irte á tu tierra? Y él respondió: Nada; con todo, ruégote que me dejes ir.23Despertóle también Dios por adversario á Rezón, hijo de Eliada, el cual había huído de su amo Adad-ezer, rey de Soba.24Y había juntado gente contra él, y habíase hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo á los de Soba. Después se fueron á Damasco, y habitaron allí é hiciéronle rey en Damasco.25Y fué adversario á Israel todos los días de Salomón; y fué otro mal con el de Adad, porque aborreció á Israel, y reinó sobre la Siria.

Cuando se trata del hombre y su responsabilidad, siempre comprobamos la total bancarrota. Tal vez la historia de Salomón lo demuestre mejor que cualquier otra. Él fue el más sabio, el más rico y el más poderoso de los que vivieron bajo el sol. Construyó para Dios un grandioso templo, obra sin igual. Pero, cuanto más alto esté colocado alguien, tanto más clamorosa es su caída. Y si un hombre piadoso se permite dar un traspié, su falta se torna muy grave para los que lo rodean. ¡Qué triste ejemplo dio este claudicante rey a Israel! Cuando nuestro andar no es conforme a nuestra posición, somos tropiezo para los demás (léase Mateo 18:6-9).

Dios suscita adversarios a Salomón en su vejez. Primero, fuera del reino: Hadad y Rezón. Después, dentro del mismo: Jeroboam. Pero no vemos al rey volver en sí, ni convertirse a Dios de todo su corazón, según sus propias palabras en el capítulo 8:47-48. No se vuelve hacia Jehová para decirle: “Escucha y perdona”. Y, sin embargo, ¿no era éste el camino que, en su oración, él había trazado a los que tendrían que vérselas con los enemigos a causa de sus pecados?

1 Reyes 11:26-43
26Asimismo Jeroboam hijo de Nabat, Ephrateo de Sereda, siervo de Salomón, (su madre se llamaba Serva, mujer viuda) alzó su mano contra el rey.27Y la causa por qué éste alzó mano contra el rey, fué esta: Salomón edificando á Millo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre.28Y el varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al mancebo que era hombre activo, encomendóle todo el cargo de la casa de José.29Aconteció pues en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalem, topóle en el camino el profeta Ahías Silonita; y él estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.30Y trabando Ahías de la capa nueva que tenía sobre sí, rompióla en doce pedazos,31Y dijo á Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y á ti daré diez tribus;32(Y él tendrá una tribu, por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel:)33Por cuanto me han dejado, y han adorado á Astharoth diosa de los Sidonios, y á Chêmos dios de Moab, y á Moloch dios de los hijos de Ammón; y no han andado en mis caminos, para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos, y mis derechos, como hizo 34Empero no quitaré nada de su reino de sus manos, sino que lo retendré por caudillo todos los días de su vida, por amor de David mi siervo, al cual yo elegí, y él guardó mis mandamientos y mis estatutos:35Mas yo quitaré el reino de la mano de su hijo, y darélo á ti, las diez tribus.36Y á su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalem, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.37Yo pues te tomaré á ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel.38Y será que, si prestares oído á todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, é hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo seré contigo, y te edificaré casa firme, como l39Y yo afligiré la simiente de David á causa de esto, mas no para siempre.40Procuró por tanto Salomón de matar á Jeroboam, pero levantándose Jeroboam, huyó á Egipto, á Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomóm.41Lo demás de los hechos de Salomón, y todas las cosas que hizo, y su sabiduría, ¿no están escritas en el libro de los hechos de Salomón?42Y los días que Salomón reinó en Jerusalem sobre todo Israel, fueron cuarenta años.43Y durmió Salomón con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de su padre David: y reinó en su lugar Roboam su hijo.

Como Dios había prepado a David mientras Saúl vivía, también suscita a Jeroboam en vida de Salomón. Y como Saúl en otros tiempos, Salomón procura hacer morir a aquel que Jehová designó para sucederle (v. 40). Pero, ¡qué contraste entre Jeroboam que alza su mano contra el rey (v. 26) y David que rehusó hacerlo! Jeroboam huye a Egipto y conoce la idolatría, en cambio David se escondió en el desierto.

David empezó bien su vida, la continuó mal, pero la concluyó bien. Salomón comenzó bien, continuó bien, pero terminó mal su carrera. Citemos también un ejemplo inverso: el de Jacob, cuyos días fueron “pocos y malos” (Génesis 47:9); no obstante, tuvo un fin muy hermoso (Hebreos 11:21).

¡La tentativa de homicidio de Salomón es el último acto de su vida que se nos relata! Después, duerme con sus padres. Había tenido “un tiempo de vivir”. Según su propia declaración, ahora le ha llegado el “tiempo de morir” (Eclesiastés 3:2). Querido lector, usted no sabe cuándo puede llegarle ese tiempo. Pero lo que debe saber es que el tiempo de vivir también es el de creer y el de vivir para Cristo.

1 Reyes 12:1-15
1Y FUÉ Roboam á Sichêm; porque todo Israel había venido á Sichêm para hacerlo rey.2Y aconteció, que como lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que estaba en Egipto, porque había huído de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto;3Enviaron y llamáronle. Vino pues Jeroboam y toda la congregación de Israel, y hablaron á Roboam, diciendo:4Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora tú disminuye algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.5Y él les dijo: Idos, y de aquí á tres días volved á mí. Y el pueblo se fué.6Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda á este pueblo?7Y ellos le hablaron, diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo, y lo sirvieres, y respondiéndole buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.8Mas él, dejado el consejo de los viejos que ellos le habían dado, tomó consejo con los mancebos que se habían criado con él, y estaban delante de él.9Y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos á este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?10Entonces los mancebos que se habían criado con él, le respondieron, diciendo: Así hablarás á este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo; mas tú disminúyenos algo: así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que 11Ahora pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré á vuestro yugo; mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones.12Y al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo á Roboam; según el rey lo había mandado, diciendo: Volved á mí al tercer día.13Y el rey respondió al pueblo duramente, dejado el consejo de los ancianos que ellos le habían dado;14Y hablóles conforme al consejo de los mancebos, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré á vuestro yugo; mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones.15Y no oyó el rey al pueblo; porque era ordenación de Jehová, para confirmar su palabra, que Jehová había hablado por medio de Ahías Silonita á Jeroboam hijo de Nabat.

Roboam sucede a su padre. Otrora Salomón se había formulado la pregunta: El hombre que vendrá después de mí ¿será sabio o necio? (Eclesiastés 2:18-19). Tres días le bastan al pobre Roboam para dar la respuesta. El hijo del hombre más sabio está desprovisto de inteligencia. No lo vemos, como a su padre, pedir un corazón sabio a Jehová. En su juventud, edad en la que normalmente se debe aprender, no supo aprovechar las enseñanzas de la sabiduría contenidas en el libro de los Proverbios, cuyo autor es Salomón. Sin embargo, este libro comienza así: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre” (Proverbios 1:8; léase también 19:13 y 20). De modo que a la edad de cuarenta años, en el momento de las responsabilidades, la experiencia, el buen sentido y, sobre todo la humildad, le faltan por completo. Menosprecia el consejo de los ancianos, prefiriendo seguir el imprudente consejo de los jóvenes. Muchos jóvenes escuchan más gustosos a los de su misma edad que a sus padres o a personas mayores. ¡Es una peligrosa tendencia! Aquí vemos sus resultados. Pero Dios se vale de la falta de sabiduría de Roboam, como asimismo de las faltas del pueblo, para cumplir lo que había decidido contra la casa de David.

1 Reyes 12:16-33
16Y cuando todo el pueblo vió que el rey no les había oído, respondióle estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ­Israel, á tus estancias! ­Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fué17Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.18Y el rey Roboam envió á Adoram, que estaba sobre los tributos; pero apedreóle todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se esforzó á subir en un carro, y huir á Jerusalem.19Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.20Y aconteció, que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron y llamáronle á la congregación, é hiciéronle rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá.21Y como Roboam vino á Jerusalem, juntó toda la casa de Judá y la tribu de Benjamín, ciento y ochenta mil hombres escogidos de guerra, para hacer guerra á la casa de Israel, y reducir el reino á Roboam hijo de Salomón.22Mas fué palabra de Jehová á Semeías varón de Dios, diciendo:23Habla á Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y á toda la casa de Judá y de Benjamín, y á los demás del pueblo, diciendo:24Así ha dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno á su casa; porque este negocio yo lo he hecho. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volviéronse, y fuéronse, conforme á la palabra de Jehová.25Y reedificó Jeroboam á Sichêm en el monte de Ephraim, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó á Penuel.26Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino á la casa de David,27Si este pueblo subiere á sacrificar á la casa de Jehová en Jerusalem: porque el corazón de este pueblo se convertirá á su señor Roboam rey de Judá, y me matarán á mí, y se tornarán á Roboam rey de Judá.28Y habido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Harto habéis subido á Jerusalem: he aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto.29Y puso el uno en Beth-el, y el otro puso en Dan.30Y esto fué ocasión de pecado; porque el pueblo iba á adorar delante del uno, hasta Dan.31Hizo también casa de altos, é hizo sacerdotes de la clase del pueblo, que no eran de los hijos de Leví.32Entonces instituyó Jeroboam solemnidad en el mes octavo, á los quince del mes, conforme á la solemnidad que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre altar. Así hizo en Beth-el, sacrificando á los becerros que había hecho. Ordenó también en Beth-el sacerdot33Sacrificó pues sobre el altar que él había hecho en Beth-el, á los quince del mes octavo, el mes que él había inventado de su corazón; é hizo fiesta á los hijos de Israel, y subió al altar para quemar perfumes.

Como resultado de la intransigencia de Roboam, diez tribus se separan y van con Jeroboam. En cuanto a la descendencia de Salomón, sólo conservará la tribu de Judá y Benjamín. A partir de aquí, seguiremos paralelamente la historia de estos dos reinos. Hasta el fin del segundo libro de los Reyes se habla más bien de la del reino de Israel (las diez tribus), mientras que en el segundo libro de Crónicas se retoma el relato respecto del reino de Judá.

Con una corta frase Dios detiene la guerra civil que se prepara: “Esto lo he hecho yo” (v. 24). ¡Cuán importante es esta pequeña frase también para nosotros! Nuestros proyectos ¿son contrariados por una dificultad o un impedimento? ¡Prestemos oído! Sin duda, oímos la misma voz que nos dice: “Esto lo he hecho yo”.

Después se relatan los primeros hechos de Jeroboam. Hace dos becerros de oro (comp. sus palabras en el v. 28 con las de Aarón en Éxodo 32:4). Son los elementos característicos de un culto enteramente inventado por el hombre, experto en utilizar la religión para fines personales (léase Oseas 8:4-5). De un reino a otro oiremos hablar de este pecado de Jeroboam.

1 Reyes 13:1-19
1Y HE aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá á Beth-el; y estando Jeroboam al altar para quemar perfumes,2El clamó contra el altar por palabra de Jehová, y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que á la casa de David nacerá un hijo, llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti á los sacerdotes de los altos que queman sobre ti perfumes; y sobre ti q3Y aquel mismo día dió una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.4Y como el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Beth-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ­Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, que no la pudo tornar á sí.5Y el altar se rompió, y derramóse la ceniza del altar, conforme á la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová.6Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues á la faz de Jehová tu Dios, y ora por mí, que mi mano me sea restituída. Y el varón de Dios oró á la faz de Jehová, y la mano del rey se le recuperó y tornóse como antes.7Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo á casa, y comerás, y yo te daré un presente.8Mas el varón de Dios dijo al rey: Si me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar;9Porque así me está mandado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino que fueres.10Fuése pues por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido á Beth-el.11Moraba á la sazón en Beth-el un viejo profeta, al cual vino su hijo, y contóle todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Beth-el: contáronle también á su padre las palabras que había hablado al rey.12Y su padre les dijo: ¿Por qué camino fué? Y sus hijos le mostraron el camino por donde se había tornado el varón de Dios, que había venido de Judá.13Y él dijo á sus hijos: Enalbardadme el asno. Y ellos le enalbardaron el asno, y subió en él.14Y yendo tras el varón de Dios, hallóle que estaba sentado debajo de un alcornoque: y díjole: ¿Eres tú el varón de Dios que viniste de Judá? Y él dijo: Yo soy.15Díjole entonces: Ven conmigo á casa, y come del pan.16Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo; ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar;17Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni vuelvas por el camino que fueres.18Y el otro le dijo: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Vuélvele contigo á tu casa, para que coma pan y beba agua. Empero mintióle.19Entonces volvió con él, y comió del pan en su casa, y bebió del agua.

En el día que ha “ideado de su propio corazón” (V.M.), Jeroboam celebra una fiesta en Bet-el para honrar a su becerro de oro. Pero alguien viene a turbar la ceremonia. Un profeta llega de Judá con las más severas palabras. El altar se rompe; el rey rebelde es herido y luego sanado por el poder de Dios. En la curación de ese hombre tan impío brilla la gracia. Dios nos bendice conforme a lo que él es y nunca según lo que somos. Esta gracia debería haber hablado al rey. El profeta había recibido la orden de volver tan pronto como fuera cumplida su misión. Descansar, comer y beber en el territorio de esas desobedientes tribus habría contradicho las palabras de juicio que había pronunciado. Tampoco podemos dar muestras de comunión con organizaciones religiosas no sumisas a la Escritura. El viejo profeta, cuyos hijos parecen haber asistido a la fiesta del becerro de oro, no estaba en su debido puesto en Bet-el. Por ese motivo, aunque vivía en la misma ciudad en la que debía cumplirse un servicio, no fue encargado por Jehová para realizarlo. Pero al atraer a su casa al varón de Dios de Judá, el anciano intentaba justificar su falsa posición y afirmar su reputación como profeta. Por su lado, si el profeta de Judá se hubiera dado más prisa para abandonar aquel lugar, ¡no habría sido alcanzado! (v. 14).

1 Reyes 13:20-34
20Y aconteció que, estando ellos á la mesa, fué palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver;21Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al dicho de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito,22Sino que volviste, y comiste del pan y bebiste del agua en el lugar donde Jehová te había dicho no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres.23Y como hubo comido del pan y bebido, el profeta que le había hecho volver le enalbardó un asno;24Y yéndose, topóle un león en el camino, y matóle; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno estaba junto á él, y el león también estaba junto al cuerpo.25Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo: y vinieron, y dijéronlo en la ciudad donde el viejo profeta habitaba.26Y oyéndolo el profeta que le había vuelto del camino, dijo: El varón de Dios es, que fué rebelde al dicho de Jehová: por tanto Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y muerto, conforme á la palabra de Jehová que él le dijo.27Y habló á sus hijos, y díjoles: Enalbardadme un asno. Y ellos se lo enalbardaron.28Y él fué, y halló su cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león estaban junto al cuerpo: el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.29Y tomando el profeta el cuerpo del varón de Dios, púsolo sobre el asno, y llevóselo. Y el profeta viejo vino á la ciudad, para endecharle y enterrarle.30Y puso su cuerpo en su sepulcro; y endecháronle, diciendo: ­Ay, hermano mío!31Y después que le hubieron enterrado, habló á sus hijos, diciendo: Cuando yo muriere, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto á los suyos.32Porque sin duda vendrá lo que él dijo á voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Beth-el, y contra todas las casas de los altos que están en las ciudades de Samaria.33Después de esto no se tornó Jeroboam de su mal camino: antes volvió á hacer sacerdotes de los altos de la clase del pueblo, y quien quería se consagraba, y era de los sacerdotes de los altos.34Y esto fué causa de pecado á la casa de Jeroboam; por lo cual fué cortada y raída de sobre la haz de la tierra.

Ahora el varón de Dios de Judá tiene que oír una palabra de juicio. Le faltó fuerza de carácter y las consecuencias son trágicas.

Dejarse arrastrar es un peligro especialmente propio de la juventud, que por naturaleza es influenciable. ¡Y notemos que para hacer salir a un creyente del camino de la obediencia, el diablo no emplea solamente seducciones groseras! Para convencerle, sabrá valerse de medios que parecen ser respetables. Todas las apariencias estaban a favor del viejo profeta, quien pretendía haber recibido la palabra de Jehová por medio de un ángel. Pero, ¿podía Dios contradecirse? En lo que nos concierne, fiémonos sencillamente de lo que nos dice la Biblia, y no erraremos el camino (véase Gálatas 1:8-9).

Para ese varón de Dios la consecuencia de su falta es la muerte. Su cadáver no es devorado por el león, prueba evidente de que es Dios quien lo hiere. Y para el viejo profeta, ¡qué castigo! Fue un tropiezo para el que llama su hermano (v. 30), pero para con el cual no obró como un hermano. Impeler a otras personas a desobedecer es tan grave como desobedecer uno mismo, porque es perjudicar tanto a Dios como a los que uno extravía.

1 Reyes 14:1-20
1EN aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo,2Y dijo Jeroboam á su mujer: Levántate ahora, disfrázate, porque no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve á Silo; que allá está Ahías profeta, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo.3Y toma en tu mano diez panes, y turrones, y una botija de miel, y ve á él; que te declare lo que ha de ser de este mozo.4Y la mujer de Jeroboam hízolo así; y levantóse, y fué á Silo, y vino á casa de Ahías. Y no podía ya ver Ahías, que sus ojos se habían oscurecido á causa de su vejez.5Mas Jehová había dicho á Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá á consultarte por su hijo, que está enfermo: así y así le has de responder; pues será que cuando ella viniere, vendrá disimulada.6Y como Ahías oyó el sonido de sus pies cuando entraba por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam; ¿por qué te finges otra? empero yo soy enviado á ti con revelación dura.7Ve, y di á Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel,8Y rompí el reino de la casa de David, y te lo entregué á ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo derecho delante de mis ojos;9Antes hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti: que fuiste y te hiciste dioses ajenos y de fundición para enojarme, y á mí me echaste tras tus espaldas:10Por tanto, he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y yo talaré de Jeroboam todo meante á la pared, así el guardado como el desamparado en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam, como es barrido el estiércol, hasta que sea acab11El que muriere de los de Jeroboam en la ciudad, le comerán los perros; y el que muriere en el campo, comerlo han las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho.12Y tú levántate, y vete á tu casa; que en entrando tu pie en la ciudad, morirá el mozo.13Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque sólo él de los de Jeroboam entrará en sepultura; por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam.14Y Jehová se levantará un rey sobre Israel, el cual talará la casa de Jeroboam en este día; ¿y qué, si ahora?15Y Jehová sacudirá á Israel, al modo que la caña se agita en las aguas: y él arrancará á Israel de esta buena tierra que había dado á sus padres, y esparcirálos de la otra parte del río, por cuanto han hecho sus bosques, enojando á Jehová.16Y él entregará á Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar á Israel.17Entonces la mujer de Jeroboam se levantó, y se fué, y vino á Thirsa: y entrando ella por el umbral de la casa, el mozo murió.18Y enterráronlo, y endechólo todo Israel, conforme á la palabra de Jehová, que él había hablado por mano de su siervo Ahías profeta.19Los otros hechos de Jeroboam, qué guerras hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel.20El tiempo que reinó Jeroboam fueron veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo.

Pese a la solemne advertencia que Dios le dirigió en Bet-el, Jeroboam perseveró en su camino de iniquidad. Entonces Jehová le habla una segunda vez por medio de la enfermedad de su hijo Abías. Constatamos que el rey no busca socorro junto a su becerro de oro, reconociendo así su total impotencia. Se vuelve hacia Ahías, el profeta que en otros tiempos le había anunciado la realeza (comp. con Ezequiel 14:3). ¿Hizo, pues, un examen de conciencia? ¡Obviamente, no! El fraude que emplea, junto con su mujer, prueba que en su corazón no hay ninguna verdadera humillación. Pero, ¡qué locura pensar que Dios puede ser engañado! Apenas pasó el umbral de la puerta, la reina fue desenmascarada. En lugar de las agradables palabras que otrora Jeroboam había oído de la boca del varón de Dios, la desdichada mujer le trae un espantoso mensaje. En ese mismo momento el joven Abías muere. Quizá digamos: ¿Por qué Jehová no dejó vivir a este niño en quien había hallado algo bueno? Precisamente porque quería retirarlo de tan mal ambiente y tomarlo junto a él. ¡Qué suerte incomparablemente mejor! (Isaías 57:1-2).

1 Reyes 14:21-31; 1 Reyes 15:1-8
21Y Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó á reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalem, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. El nombre de su madre fué Naama, Ammo22Y Judá hizo lo malo en los ojos de Jehová, y enojáronle más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron.23Porque ellos también se edificaron altos, estatuas, y bosques, en todo collado alto, y debajo de todo árbol frondoso:24Y hubo también sodomitas en la tierra, é hicieron conforme á todas las abominaciones de las gentes que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.25Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalem.26Y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y saqueólo todo: llevóse también todos los escudos de oro que Salomón había hecho.27Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de metal, y diólos en manos de los capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la puerta de la casa real.28Y cuando el rey entraba en la casa de Jehová, los de la guardia los llevaban; y poníanlos después en la cámara de los de la guardia.29Lo demás de los hechos de Roboam, y todas las cosas que hizo, ¿no están escritas en las crónicas de los reyes de Judá?30Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días.31Y durmió Roboam con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fué Naama, Ammonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.
1EN el año dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenzó á reinar sobre Judá.2Reinó tres años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Maachâ, hija de Abisalom.3Y anduvo en todos los pecados de su padre, que había éste hecho antes de él; y no fué su corazón perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de David su padre.4Mas por amor de David, dióle Jehová su Dios lámpara en Jerusalem, levantándole á su hijo después de él, y sosteniendo á Jerusalem:5Por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los días de su vida, excepto el negocio de Uría Hetheo.6Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días de su vida.7Lo demás de los hechos de Abiam, y todas las cosas que hizo, ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam.8Y durmió Abiam con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de David: y reinó Asa su hijo en su lugar.

Roboam reina, pues, al mismo tiempo que Jeroboam. Aunque su reino es más pequeño, posee la mejor parte. Su capital sigue siendo Jerusalén, donde se halla el templo, santa morada de Jehová y centro de congregación para todo Israel. Roboam mismo es “hijo” de David, su legítimo descendiente. ¡Pero, ¡ay!, a pesar de todos estos privilegios, vemos hasta dónde cae el pueblo pocos años después de los gloriosos días del capítulo 8 (v. 65-66). Así como la mala hierba arruina el más hermoso jardín, la idolatría introducida por Salomón invadió todo el país. ¡Y esto no es todo! Como Roboam no vela, el enemigo aprovecha. Al pobre rey le quitan, a la vez, todos sus tesoros y todo lo que le protegía (los escudos). Es una seria advertencia para cada uno de nosotros. Si no velamos sobre nuestro corazón, pronto el Enemigo sembrará en él la semilla de diversos ídolos. Y, cuando haya brotado, sin dificultad arrebatará nuestros más preciados tesoros, depósito que nuestros padres o abuelos, quizá, nos trasmitieron: Cristo y su Palabra.

Abiam sucede a Roboam y tres años de reinado bastan para mostrar que él anda en todos los pecados practicados por su padre.

1 Reyes 15:9-24
9En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó á reinar sobre Judá.10Y reinó cuarenta y un años en Jerusalem; el nombre de su madre fué Maachâ, hija de Abisalom.11Y Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre.12Porque quitó los sodomitas de la tierra, y quitó todas las suciedades que sus padres habían hecho.13Y también privó á su madre Maachâ de ser princesa, porque había hecho un ídolo en un bosque. Además deshizo Asa el ídolo de su madre, y quemólo junto al torrente de Cedrón.14Empero los altos no se quitaron: con todo, el corazón de Asa fué perfecto para con Jehová toda su vida.15También metió en la casa de Jehová lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó: oro, y plata, y vasos.16Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos.17Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó á Rama, para no dejar salir ni entrar á ninguno de Asa, rey de Judá.18Entonces tomando Asa toda la plata y oro que había quedado en los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, entrególos en las manos de sus siervos, y enviólos el rey Asa á Ben-adad, hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, el cua19Alianza hay entre mí y ti, y entre mi padre y el tuyo: he aquí yo te envío un presente de plata y oro: ve, y rompe tu alianza con Baasa rey de Israel, para que me deje.20Y Ben-adad consintió con el rey Asa, y envió los príncipes de los ejércitos que tenía contra las ciudades de Israel, é hirió á Ahión, y á Dan, y á Abel-beth-maachâ, y á toda Cinneroth, con toda la tierra de Nephtalí.21Y oyendo esto Baasa, dejó de edificar á Rama, y estúvose en Thirsa.22Entonces el rey Asa convocó á todo Judá, sin exceptuar ninguno; y quitaron de Rama la piedra y la madera con que Baasa edificaba, y edificó el rey Asa con ello á Gabaa de Benjamín, y á Mizpa.23Lo demás de todos los hechos de Asa, y toda su fortaleza, y todas las cosas que hizo, y las ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Mas en el tiempo de su vejez enfermó de sus pies.24Y durmió Asa con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Josaphat su hijo.

Después de Abiam, su hijo Asa toma su lugar en el trono de Judá. Tiene un largo reinado que contrasta con los dos precedentes. Asa hace “lo recto ante los ojos de Jehová” (v. 11). Y hacer lo recto consiste en quitar, hacer desaparecer, derribar y quemar. Es una actitud tanto más valiente y difícil que le obliga a obrar contra su propia abuela, Maaca, una idólatra. Conocemos las palabras del Señor: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37). Desde Asa, ¡son numerosos los jóvenes convertidos que debieron y aún deben tomar una posición en contra de su propia familia! En cambio, ¡cuántos son los privilegiados que tienen padres que los alientan y les sirven de modelo! Pensemos en ese joven rey a quien su padre, su abuelo y su abuela sólo habían dado un mal ejemplo. Triste constatación, el fin del reinado de Asa no está al nivel de su buen comienzo. En lugar de buscar socorro junto a Jehová en contra de Baasa, se apoya en Ben-adad. El segundo libro de Crónicas (cap. 16) nos permitirá volver a hablar de ese reinado más detalladamente, y veremos las lecciones que implica para nosotros.

1 Reyes 15:25-34; 1 Reyes 16:1-7
25Y Nadab, hijo de Jeroboam, comenzó á reinar sobre Israel en el segundo año de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años.26E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en sus pecados con que hizo pecar á Israel.27Y Baasa hijo de Ahía, el cual era de la casa de Issachâr, hizo conspiración contra él: é hiriólo Baasa en Gibbethón, que era de los Filisteos: porque Nadab y todo Israel tenían cercado á Gibbethón.28Matólo pues Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y reinó en lugar suyo.29Y como él vino al reino, hirió toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam, hasta raerlo, conforme á la palabra de Jehová que él habló por su siervo Ahías Silonita;30Por los pecados de Jeroboam que él había cometido, y con los cuales hizo pecar á Israel; y por su provocación con que provocó á enojo á Jehová Dios de Israel.31Lo demás de los hechos de Nadab, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?32Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos.33En el tercer año de Asa rey de Judá, comenzó á reinar Baasa hijo de Ahía sobre todo Israel en Thirsa; y reinó veinticuatro años.34E hizo lo malo á los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar á Israel.
1Y FUÉ palabra de Jehová á Jehú hijo de Hanani contra Baasa, diciendo:2Pues que yo te levanté del polvo, y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel, y tú has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho pecar á mi pueblo Israel, provocándome á ira con sus pecados;3He aquí yo barreré la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa: y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat.4El que de Baasa fuere muerto en la ciudad, le comerán los perros; y el que de él fuere muerto en el campo, comerlo han las aves del cielo.5Lo demás de los hechos de Baasa, y las cosas que hizo, y su fortaleza, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?6Y durmió Baasa con sus padres, y fué sepultado en Thirsa; y reinó en su lugar Ela su hijo.7Empero la palabra de Jehová por mano de Jehú profeta, hijo de Hanani, había sido contra Baasa y también contra su casa, con motivo de todo lo malo que hizo á los ojos de Jehová, provocándole á ira con las obras de sus manos, para que fuese hecha como la c

Nuestra lectura nos lleva cuarenta años atrás para considerar el reino de Israel mientras Asa domina sobre Judá. En contraste con este último rey, Nadab, hijo de Jeroboam, durante su corto reinado, anda “en el camino de su padre, y en los pecados con que hizo pecar a Israel” (v. 26). Estos pecados son la falsa religión instituida por Jeroboam para apartar al pueblo del lugar escogido por Jehová (Deuteronomio 12:5-6). En la cristiandad, como antaño en Israel, existe una multitud de personas que, sin dejar de formar parte del pueblo de Dios, fueron apartadas del único centro: Jesús. Se les han enseñado formas religiosas que no son según la Palabra.

Nadab, con toda la familia de Jeroboam, padece la terrible suerte anunciada por Ahías. Pero Baasa, quien ejecuta ese juicio, al suceder a Nadab también sigue el camino del pecado. ¡El mismo camino terminará de la misma manera! Jehová lo anuncia a Baasa por medio del profeta Jehú, quien con valentía se presenta ante el malvado rey con unas solemnes palabras. Nosotros, ¿no fuimos también levantados del polvo para hacernos sentar con príncipes? (cap. 16:2; 1 Samuel 2:8). Por eso, examinemos bien en qué camino andamos y cuál es su fin (Proverbios 16:25).

1 Reyes 16:8-28
8En el año veintiséis de Asa rey de Judá, comenzó á reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Thirsa; y reinó dos años.9E hizo conjuración contra él su siervo Zimri, comandante de la mitad de los carros. Y estando él en Thirsa, bebiendo y embriagado en casa de Arsa su mayordomo en Thirsa,10Vino Zimri, y lo hirió y mató, en el año veintisiete de Asa rey de Judá; y reinó en lugar suyo.11Y luego que llegó á reinar y estuvo sentado en su trono, hirió toda la casa de Baasa, sin dejar en ella meante á la pared, ni sus parientes ni amigos.12Así rayó Zimri toda la casa de Baasa, conforme á la palabra de Jehová, que había proferido contra Baasa por medio del profeta Jehú;13Por todos los pecados de Baasa, y los pecados de Ela su hijo, con que ellos pecaron é hicieron pecar á Israel, provocando á enojo á Jehová Dios de Israel con sus vanidades.14Los demás hechos de Ela, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?15En el año veintisiete de Asa rey de Judá, comenzó á reinar Zimri, y reinó siete días en Thirsa; y el pueblo había asentado campo sobre Gibbethón, ciudad de los Filisteos.16Y el pueblo que estaba en el campo oyó decir: Zimri ha hecho conjuración, y ha muerto al rey. Entonces todo Israel levantó el mismo día por rey sobre Israel á Omri, general del ejército, en el campo.17Y subió Omri de Gibbethón, y con él todo Israel, y cercaron á Thirsa.18Mas viendo Zimri tomada la ciudad, metióse en el palacio de la casa real, y pegó fuego á la casa consigo: así murió.19Por sus pecados que él había cometido, haciendo lo malo á los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y en su pecado que cometió, haciendo pecar á Israel.20Los demás hechos de Zimri, y su conspiración que formó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?21Entonces el pueblo de Israel fué dividido en dos partes: la mitad del pueblo seguía á Thibni hijo de Gineth, para hacerlo rey: y la otra mitad seguía á Omri.22Mas el pueblo que seguía á Omri, pudo más que el que seguía á Thibni hijo de Gineth; y Thibni murió, y Omri fué rey.23En el año treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó á reinar Omri sobre Israel, y reinó doce años: en Thirsa reinó seis años.24Y compró él de Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata, y edificó en el monte: y llamó el nombre de la ciudad que edificó, Samaria, del nombre de Semer, señor que fué de aquel monte.25Y Omri hizo lo malo á los ojos de Jehová, é hizo peor que todos los que habían sido antes de él:26Pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en su pecado con que hizo pecar á Israel, provocando á ira á Jehová Dios de Israel con sus ídolos.27Lo demás de los hechos de Omri, y todas las cosas que hizo, y sus valentías que ejecutó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?28Y Omri durmió con sus padres, y fué sepultado en Samaria; y reinó en lugar suyo Achâb, su hijo.

Ela, hijo de Baasa, reina dos años sobre Israel. El único hecho que se relata respecto de él es que estaba “en Tirsa, bebiendo y embriagado” (v. 9). Este rey es dominado por una pasión, pobre esclavo del alcohol, como todavía hoy lo son millones de desdichados. El hombre cree poder gobernar a sus semejantes, mientras que él mismo no es capaz de dominar las pasiones de su propio corazón. El libro de los Proverbios contiene las palabras de un joven rey, llamado Lemuel. Éste recuerda lo que le enseñó su madre: “No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino” (Proverbios 31:4; véase también Proverbios 23:31-32 y Efesios 5:18). En un instante Ela, sin despertarse, pasa de la embriaguez a la muerte. Los hombres de este mundo se sumergen en los placeres del pecado; después, sin haberse preparado para ello, de repente se ven precipitados en una eternidad de desdicha.

Siete días le bastan a Zimri, homicida de Ela, para probar que él también anda en el camino de Jeroboam. Su fin no es menos terrible: ¡se suicida! Luego Omri toma el poder, edifica Samaria, y obra peor que sus predecesores. ¡Cuán espesas son las tinieblas sobre ese reino de Israel! (Miqueas 6:16).

1 Reyes 16:29-34; 1 Reyes 17:1-6
29Y comenzó á reinar Achâb hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá.30Y reinó Achâb hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Achâb hijo de Omri hizo lo malo á los ojos de Jehová sobre todos los que fueron antes de él;31Porque le fué ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer á Jezabel hija de Ethbaal rey de los Sidonios, y fué y sirvió á Baal, y lo adoró.32E hizo altar á Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria.33Hizo también Achâb un bosque; y añadió Achâb haciendo provocar á ira á Jehová Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que antes de él habían sido.34En su tiempo Hiel de Beth-el reedificó á Jericó. En Abiram su primogénito echó el cimiento, y en Segub su hijo postrero puso sus puertas; conforme á la palabra de Jehová que había hablado por Josué hijo de Nun.
1ENTONCES Elías Thisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo á Achâb: Vive Jehová Dios de Israel, delante del cual estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.2Y fué á él palabra de Jehová, diciendo:3Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Cherith, que está delante del Jordán;4Y beberás del arroyo; y yo he mandado á los cuervos que te den allí de comer.5Y él fué, é hizo conforme á la palabra de Jehová; pues se fué y asentó junto al arroyo de Cherith, que está antes del Jordán.6Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne á la tarde; y bebía del arroyo.

Acab, hijo de Omri, cuyo reinado va a ocuparnos hasta el fin del primer libro de los Reyes, comete más pecados que sus antecesores. Porque el culto a Baal es introducido oficialmente en Israel por medio de su mujer, la abominable Jezabel. En ese tiempo también se vuelve a construir Jericó. ¡Qué gran provocación a Jehová! Entonces recibe el castigo anunciado por Josué (Josué 6:26). Para hablar a la conciencia del rey y del pueblo, Dios suscita un profeta: ¡Elías! Éste siente que primero es necesaria una prueba para poner a Israel en condiciones de recibir la palabra divina, de modo que ora “fervientemente” para que no llueva (Santiago 5:17). Después, seguro de la respuesta de Jehová, se presenta con autoridad ante Acab para anunciárselo. Cuando pedimos con fe algo a Dios según su voluntad, debemos obrar con la plena seguridad de que nos lo va a otorgar. Notemos la expresión: “Jehová… en cuya presencia estoy” (cap. 17:1). Ser reverente en la presencia de Dios, en su luz, estar siempre dispuesto a recibir sus instrucciones, tal es la actitud del siervo. Así lo hizo el Señor Jesús, según lo vemos en el Salmo 16:8. Luego, Dios esconde a Elías y cuida de él de manera maravillosa en el arroyo de Querit.

1 Reyes 17:7-24
7Pasados algunos días, secóse el arroyo; porque no había llovido sobre la tierra.8Y fué á él palabra de Jehová, diciendo:9Levántate, vete á Sarepta de Sidón, y allí morarás: he aquí yo he mandado allí á una mujer viuda que te sustente.10Entonces él se levantó, y se fué á Sarepta. Y como llegó á la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí cogiendo serojas; y él la llamó, y díjole: Ruégote que me traigas una poca de agua en un vaso, para que beba.11Y yendo ella para traérsela, él la volvió á llamar, y díjole: Ruégote que me traigas también un bocado de pan en tu mano.12Y ella respondió: Vive Jehová Dios tuyo, que no tengo pan cocido; que solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una botija: y ahora cogía dos serojas, para entrarme y aderezarlo para mí y para mi hijo, y que lo comamos, y no13Y Elías le dijo: No hayas temor; ve, haz como has dicho: empero hazme á mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.14Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La tinaja de la harina no escaseará, ni se disminuirá la botija del aceite, hasta aquel día que Jehová dará lluvia sobre la haz de la tierra.15Entonces ella fué, é hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella y su casa, muchos días.16Y la tinaja de la harina no escaseó, ni menguó la botija del aceite, conforme á la palabra de Jehová que había dicho por Elías.17Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa, y la enfermedad fué tan grave, que no quedó en él resuello.18Y ella dijo á Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿has venido á mí para traer en memoria mis iniquidades, y para hacerme morir mi hijo?19Y él le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y llevólo á la cámara donde él estaba, y púsole sobre su cama;20Y clamando á Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun á la viuda en cuya casa yo estoy hospedado has afligido, matándole su hijo?21Y midióse sobre el niño tres veces, y clamó á Jehová, y dijo: Jehová Dios mío, ruégote que vuelva el alma de este niño á sus entrañas.22Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió á sus entrañas, y revivió.23Tomando luego Elías al niño, trájolo de la cámara á la casa, y diólo á su madre, y díjole Elías: Mira, tu hijo vive.24Entonces la mujer dijo á Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.

Elías no dependía del arroyo ni de los cuervos, sino de la palabra de Aquel que había dicho: “Yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer” (v. 4). Por eso, cuando el arroyo se seca, recibe un nuevo mensaje: “Yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (v. 9; Salmo 33:18-19). Esta viuda se ve reducida a la más extrema pobreza, pero eso no importa, ya que Jehová dijo: ¡allí! Y esa mujer de fe, a la que el Señor Jesús citará a los habitantes de Nazaret para avergonzarlos (Lucas 4:25-26), vive una extraordinaria experiencia. Cuando Dios nos pide que hagamos cualquier cosa (aquí, la de alimentar a su profeta), al mismo tiempo nos da todo lo necesario para cumplirla. Pero se debe estar dispuesto a hacer primeramente y sin discutir lo que Dios pide. Es lo que nos enseña esa pequeña torta, prueba de la fe de esa mujer y «primicias» de una divina abundancia para su casa.

Después la viuda experimenta algo todavía más extraordinario: la muerte y la resurrección de su hijo. Nuestros pensamientos se elevan nuevamente del profeta al Señor Jesús, resucitando a los muertos. ¿No devolvió la vida al hijo único de una viuda? (Lucas 7:11-15).

1 Reyes 18:1-16
1PASADOS muchos días, fué palabra de Jehová á Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate á Achâb, y yo daré lluvia sobre la haz de la tierra.2Fué pues Elías á mostrarse á Achâb. Había á la sazón grande hambre en Samaria.3Y Achâb llamó á Abdías su mayordomo, el cual Abdías era en grande manera temeroso de Jehová;4Porque cuando Jezabel destruía á los profetas de Jehová, Abdías tomó cien profetas, los cuales escondió de cincuenta en cincuenta por cuevas, y sustentólos á pan y agua.5Y dijo Achâb á Abdías: Ve por el país á todas las fuentes de aguas, y á todos los arroyos; que acaso hallaremos grama con que conservemos la vida á los caballos y á las acémilas, para que no nos quedemos sin bestias.6Y partieron entre sí el país para recorrerlo: Achâb fué de por sí por un camino, y Abdías fué separadamente por otro.7Y yendo Abdías por el camino, topóse con Elías; y como le conoció, postróse sobre su rostro, y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías?8Y él respondió: Yo soy; ve, di á tu amo: He aquí Elías.9Pero él dijo: ¿En qué he pecado, para que tú entregues tu siervo en mano de Achâb para que me mate?10Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino donde mi señor no haya enviado á buscarte; y respondiendo ellos: No está aquí, él ha conjurado á reinos y naciones si no te han hallado.11¿Y ahora tú dices: Ve, di á tu amo: Aquí está Elías?12Y acontecerá que, luego que yo me haya partido de ti, el espíritu de Jehová te llevará donde yo no sepa; y viniendo yo, y dando las nuevas á Achâb, y no hallándote él, me matará; y tu siervo teme á Jehová desde su mocedad.13¿No ha sido dicho á mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba á los profetas de Jehová que escondí cien: varones de los profetas de Jehová: que escondí cien varones de los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve á pan y agu14¿Y ahora dices tú: Ve, di á tu amo: Aquí está Elías: para que él me mate?15Y díjole Elías: Vive Jehová de los ejércitos, delante del cual estoy, que hoy me mostraré á él.16Entonces Abdías fué á encontrarse con Achâb, y dióle el aviso; y Achâb vino á encontrarse con Elías.

Jehová, quien hacía tres años había dicho a Elías: “Escóndete” (cap. 17:3), ahora le ordena: “Vé, muéstrate a Acab”. Y el profeta está tan dispuesto a obedecer en este caso como en el otro. Es un ejemplo para nosotros, que quizá tenemos la tendencia, según nuestro carácter, a mostrarnos o, en cambio, a ocultarnos cuando Dios nos pide justamente lo contrario.

¿A qué se dedica Acab durante la terrible sequía? Le vemos preocuparse por sus caballos y sus mulas antes que por la miseria de su pueblo. Abdías, su mayordomo, sin dejar de temer a Jehová, no tuvo la valentía de dejar a su impío amo. Hubiera tenido que renunciar a sus ventajas terrenales, quizás arriesgar su vida. Al igual que Abdías, muchos cristianos no están dispuestos a separarse del mundo para agradar al Señor, porque ¡esa elección les costaría demasiado!

Abdías teme anunciar a Acab su encuentro con Elías. Fácilmente se vanagloría de lo que hizo por los cien profetas; pero cuando se trata de cumplir con lo que Elías le pide, al pobre Abdías le falta lo que brillaba en la humilde viuda de Sarepta: la sencilla confianza en la palabra de Jehová.

1 Reyes 18:17-29
17Y como Achâb vió á Elías, díjole Achâb: ¿Eres tú el que alborotas á Israel?18Y él respondió: Yo no he alborotado á Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo á los Baales.19Envía pues ahora y júntame á todo Israel en el monte de Carmelo, y los cuatrocientos y cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de los bosques, que comen de la mesa de Jezabel.20Entonces Achâb envió á todos los hijos de Israel, y juntó los profetas en el monte de Carmelo.21Y acercándose Elías á todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.22Y Elías tornó á decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos y cincuenta hombres.23Dénsenos pues dos bueyes, y escójanse ellos el uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, mas no pongan fuego debajo; y yo aprestaré el otro buey, y pondrélo sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.24Invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el nombre de Jehová: y el Dios que respondiere por fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.25Entonces Elías dijo á los profetas de Baal: Escogeos el un buey, y haced primero, pues que vosotros sois los más: é invocad en el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.26Y ellos tomaron el buey que les fué dado, y aprestáronlo, é invocaron en el nombre de Baal desde la mañana hasta el medio día, diciendo: ­Baal, respóndenos! Mas no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que ha27Y aconteció al medio día, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, que dios es: quizá está conversando, ó tiene algún empeño, ó va de camino; acaso duerme, y despertará.28Y ellos clamaban á grandes voces, y sajábanse con cuchillos y con lancetas conforme á su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.29Y como pasó el medio día, y ellos profetizaran hasta el tiempo del sacrificio del presente, y no había voz, ni quien respondiese ni escuchase;

Mientras la sequía y el hambre causaban estragos, Acab había hecho lo imposible para encontrar al profeta, a quien acusa por la desdicha de Israel. “¿Eres tú —le dice— el que turbas a Israel?” (v. 17). ¡Qué inconsciencia! «Eres tú —contesta Elías—, junto con tu familia, quien atrajo este castigo por tus pecados».

Así razonan los hombres de este mundo… y, a veces, ¡quizá nosotros también! Cuando Dios nos envía una prueba, antes de examinarnos personalmente, nos apresuramos a acusar a otros y a hacerlos responsables de lo que nos ocurre.

En respuesta al pedido de Elías, el rey junta a todo Israel con los falsos profetas en el monte Carmelo. Ha llegado el momento de hablar firmemente al pueblo y colocarlo ante la elección. “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?” (v. 21). Más tarde, en otra montaña, Jesús hablará de la misma manera a las multitudes de Israel: “Ninguno puede servir a dos señores” (Mateo 6:24).

Lector que todavía no haya escogido, permítanos repetir para usted la pregunta de Elías: «¿Hasta cuándo claudicará usted entre dos pensamientos… entre dos señores?»

1 Reyes 18:30-46
30Elías dijo entonces á todo el pueblo: Acercaos á mí. Y todo el pueblo se llegó á él: y él reparó el altar de Jehová que estaba arruinado.31Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido palabra de Jehová, diciendo: Israel será tu nombre;32Edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová: después hizo una reguera alrededor del altar, cuanto cupieran dos satos de simiente.33Compuso luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y púsolo sobre la leña.34Y dijo: Henchid cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; é hiciéronlo la tercera vez.35De manera que las aguas corrían alrededor del altar; y había también henchido de agua la reguera.36Y como llegó la hora de ofrecerse el holocausto, llegóse el profeta Elías, y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.37Respóndeme, Jehová, respóndeme; para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú volviste atrás el corazón de ellos.38Entonces cayó fuego de Jehová, el cual consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió las aguas que estaban en la reguera.39Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dijeron: ­Jehová es el Dios! ­Jehová es el Dios!40Y díjoles Elías: Prended á los profetas de Baal, que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y llevólos Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.41Y entonces Elías dijo á Achâb: Sube, come y bebe; porque una grande lluvia suena.42Y Achâb subió á comer y á beber. Y Elías subió á la cumbre del Carmelo; y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.43Y dijo á su criado: Sube ahora, y mira hacia la mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió á decir: Vuelve siete veces.44Y á la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar. Y él dijo: Ve, y di á Achâb: Unce y desciende, porque la lluvia no te ataje.45Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento; y hubo una gran lluvia. Y subiendo Achâb, vino á Jezreel.46Y la mano de Jehová fué sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y vino corriendo delante de Achâb hasta llegar á Jezreel.

Al ser desafiados, los profetas de Baal multiplican en vano sus encantamientos y sus frenéticas danzas. Su dios sigue sordo. ¡Y con razón! (Salmo 115:4-7). Entonces Elías inicia sus preparativos con una calma y una autoridad que contrastan con la excitación precedente. Edifica un altar con doce piedras, “conforme al número de las tribus”, afirmando así la unidad del pueblo. Pese a la triste división en dos reinos, a los ojos de Dios Israel siempre será un solo pueblo. Hoy en día acontece lo mismo con la Iglesia del Señor. Por más que esté dividida en múltiples denominaciones, Dios reconoce sólo una Iglesia, compuesta por todos los creyentes. Así es como debemos verla nosotros también.

Cuando todo está dispuesto para el holocausto, Elías se dirige a Dios: “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos” (v. 37). Dios contesta a su siervo, no sólo enviando el fuego, sino volviendo el corazón del pueblo hacia Él.

Acab asiste a esta escena, seguida por la muerte de sus profetas, y no parece interesarse sino en comer y beber, mientras que, por su lado, el varón de Dios ora de nuevo… “y el cielo dio lluvia” (Santiago 5:18).

1 Reyes 19:1-10
1Y Achâb dió la nueva á Jezabel de todo lo que Elías había hecho, de como había muerto á cuchillo á todos los profetas.2Entonces envió Jezabel á Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y así me añadan, si mañana á estas horas yo no haya puesto tu persona como la de uno de ellos.3Viendo pues el peligro, levantóse y fuése por salvar su vida, y vino á Beer-seba, que es en Judá, y dejó allí su criado.4Y él se fué por el desierto un día de camino, y vino y sentóse debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Baste ya, oh Jehová, quita mi alma; que no soy yo mejor que mis padres.5Y echándose debajo del enebro, quedóse dormido: y he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come.6Entonces él miró, y he aquí á su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y un vaso de agua: y comió y bebió y volvióse á dormir.7Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, tocóle, diciendo: Levántate, come: porque gran camino te resta.8Levantóse pues, y comió y bebió; y caminó con la fortaleza de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches, hasta el monte de Dios, Horeb.9Y allí se metió en una cueva, donde tuvo la noche. Y fué á él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?10Y él respondió: Sentido he un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto á cuchillo tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

¿Quién podría reconocer al brillante testigo del capítulo anterior en ese hombre desalentado que huye ante las amenazas de una mujer? Dios no nos da este relato para que juzguemos a su querido siervo, sino para nuestra instrucción: aun el hombre más notable falla totalmente cuando se confía en sus propios recursos (léase Proverbios 29:25). A Elías sólo le queda la desesperanza. No obstante, veamos cómo Dios cuida de él. Es un precioso pensamiento saber que aun cuando se nos ocurre estar abatidos o irritados, su bondad no deja de ejercitarse para con nosotros.

El espíritu legalista de Elías lo lleva a Horeb (parte del macizo de Sinaí), lugar en que la ley había sido dada. “¿Qué haces aquí, Elías?”, le pregunta Jehová. Seria pregunta para aquel que había abandonado al pueblo. Pero la respuesta del profeta no hace más que revelar su falsa posición. ¡Él está allí para acusar! En cambio Moisés, en ese mismo lugar, había intercedido por el pueblo (Éxodo 32:11). Elías “invoca a Dios contra Israel”, como Romanos 11:2 lo recuerda tristemente.

Acordémonos bien de esto: acusar es hacer la obra de Satanás (Apocalipsis 12:10). Interceder, al contrario, es obrar como el Señor Jesús (Romanos 8:34).

1 Reyes 19:11-21
11Y él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová: mas Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto: mas12Y tras el terremoto un fuego: mas Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silvo apacible y delicado.13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y paróse á la puerta de la cueva. Y he aquí llegó una voz á él, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?14Y él respondió: Sentido he un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto á cuchillo tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.15Y díjole Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco: y llegarás, y ungirás á Hazael por rey de Siria;16Y á Jehú hijo de Nimsi, ungirás por rey sobre Israel; y á Eliseo hijo de Saphat, de Abel-mehula, ungirás para que sea profeta en lugar de ti.17Y será, que el que escapare del cuchillo, de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare del cuchillo de Jehú, Eliseo lo matará.18Y yo haré que queden en Israel siete mil; todas rodillas que no se encorvaron á Baal, y bocas todas que no lo besaron.19Y partiéndose él de allí, halló á Eliseo hijo de Saphat, que araba con doce yuntas delante de sí; y él era uno de los doce gañanes. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto.20Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Ruégote que me dejes besar mi padre y mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve: ¿qué te he hecho yo?21Y volvióse de en pos de él, y tomó un par de bueyes, y matólos, y con el arado de los bueyes coció la carne de ellos, y dióla al pueblo que comiesen. Después se levantó, y fué tras Elías, y servíale.

A la inversa de lo que pensaba Elías, el lenguaje que Dios quería hacer oír a Israel en ese momento no era el del juicio.

Jehová no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego. La voz “con potencia”, “con gloria” y temible del Salmo 29:3-9 calla para dar lugar a la dulce y sutil voz de la gracia. Aún hoy, para el mundo, no es tiempo de juicio, sino de la gracia que perdona al pecador. Dios puede despertar a los hombres mediante pruebas de su poder, pero sólo la tierna voz de la gracia es capaz de tocar los corazones. Mas, para recibirla, es necesario sentir su propia indignidad.

Porque no supo comprender este lenguaje, Elías debe ser puesto a un lado para dar lugar a Eliseo. De parte de Jehová, él sabrá hacer escuchar al pueblo Su voz de amor.

Finalmente, Dios enseña a Elías otra lección. Había subido a la montaña pensando que él era el único fiel. Pero desciende de ella enterado de que él es solamente uno de los siete mil hombres que Dios se ha reservado en Israel. Aunque él mismo no supo descubrirlos, Dios, en cambio, conoce a cada uno de ellos (véase 2 Timoteo 2:19).

1 Reyes 20:1-12
1ENTONCES Ben-adad rey de Siria juntó á todo su ejército, y con él treinta y dos reyes, con caballos y carros: y subió, y puso cerco á Samaria, y combatióla.2Y envió mensajeros á la ciudad á Achâb rey de Israel, diciendo:3Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro es mío, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos.4Y el rey de Israel respondió, y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo.5Y volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié á decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás.6Además mañana á estas horas enviaré yo á ti mis siervos, los cuales escudriñarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán con sus manos, y llevarán todo lo precioso que tuvieres.7Entonces el rey de Israel llamó á todos los ancianos de la tierra, y díjoles: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal: pues que ha enviado á mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro; y yo no se lo he negado.8Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide.9Entonces él respondió á los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste á tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y diéronle la respuesta.10Y Ben-adad tornó á enviarle á decir: Así me hagan los dioses, y así me añadan, que el polvo de Samaria no bastará á los puños de todo el pueblo que me sigue.11Y el rey de Israel respondió, y dijo: Decidle, que no se alabe el que se ciñe, como el que ya se desciñe.12Y como él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo á sus siervos: Poned. Y ellos pusieron contra la ciudad.

Jehová había señalado a Elías quién sería el sucesor de Ben-adad, rey de Siria, y el de Acab, rey de Israel (cap. 19:15-16). Pero estos dos personajes aún están en el poder y el capítulo 20 nos relata el conflicto que los opone. Así ocurre con el mundo actual: se le otorga una sencilla prórroga, pero esto no impide que los hombres en su ceguera obren como si el porvenir les perteneciera. Olvidan que Dios tiene sus propios pensamientos respecto del mundo y que dirige el curso de la Historia. Y mientras se disputan la supremacía, en los consejos de Dios ya son reemplazados por el rey que Él ha designado: Jesucristo. Como Elías, mediante la Palabra los creyentes conocen los pensamientos de Dios respecto al mundo y no se dejan impresionar por los acontecimientos que agitan e inquietan a la humanidad (Isaías 8:12).

Frente a las provocaciones de Ben-adad, Acab se siente impotente. Nos hace pensar en el hombre en su estado de pecado y a merced de su poderoso enemigo, el diablo. ¿No despojó éste a Adán, en un momento, de todo lo que poseía? Pero por la gracia de Dios, Satanás, el hombre fuerte, halló en Cristo a alguien más fuerte que él, quien lo venció y repartió “el botín” (Lucas 11:22).

1 Reyes 20:13-30
13Y he aquí un profeta se llegó á Achâb rey de Israel; y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta grande multitud? he aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová.14Y respondió Achâb: ¿Por mano de quién? Y él dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los criados de los príncipes de las provincias. Y dijo Achâb: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú.15Entonces él reconoció los criados de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego reconoció todo el pueblo, todos los hijos de Israel, que fueron siete mil.16Y salieron á medio día. Y estaba Ben-adad bebiendo, borracho en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.17Y los criados de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y había Ben-adad enviado quien le dió aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria.18El entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos.19Salieron pues de la ciudad los criados de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército.20E hirió cada uno al que venía contra sí: y huyeron los Siros, siguiéndolos los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería.21Y salió el rey de Israel, é hirió la gente de á caballo, y los carros; y deshizo los Siros con grande estrago.22Llegándose luego el profeta al rey de Israel, le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que has de hacer; porque pasado el año, el rey de Siria ha de venir contra ti.23Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos.24Haz pues así: Saca á los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos.25Y tú, fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballos por caballos, y carros por carros; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dió oído, é hízolo así.26Pasado el año, Ben-adad reconoció los Siros, y vino á Aphec á pelear contra Israel.27Y los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fuéronles al encuentro; y asentaron campo lo hijos de Israel delante de ellos, como dos rebañuelos de cabras; y los Siros henchían la tierra.28Llegándose entonces el varón de Dios al rey de Israel, hablóle diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los Siros han dicho, Jehová es Dios de los montes, no Dios de los valles, yo entregaré toda esta grande multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy29Siete días tuvieron asentado campo los unos delante de los otros, y al séptimo día se dió la batalla: y mataron los hijos de Israel de los Siros en un día cien mil hombres de á pie.30Los demás huyeron á Aphec, á la ciudad: y el muro cayó sobre veinte y siete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo á la ciudad, y escondíase de cámara en cámara.

Ben-adad no tiene en cuenta a Jehová. Mientras se embriaga con los treinta y dos reyes que le ayudan, se ejecuta el plan divino.

Uno puede preguntarse por qué Jehová socorre al malvado Acab, sin que éste siquiera se haya dirigido a Él. Pero, ¿no es precisamente la dulce y sutil voz de la gracia, cuyas virtudes Dios aún quiere probar? Al liberar a Acab y a su pueblo, se propone mostrarles que él sigue siendo el Dios de Israel, aunque ellos no le busquen. Quiere demostrar a los sirios que él no es un dios de los montes, ni un dios de la llanura, sino el “Señor del cielo y de la tierra” (Hechos 17:24). Notemos, además, dos detalles importantes en el versículo 27: antes de ir al combate, los hijos de Israel se abastecen. No podemos afrontar a nuestros adversarios sin hacer primero nuestras diarias provisiones en las páginas de la Palabra. Además, el pequeño ejército de Israel debe reconocer que no tiene fuerza, que es menospreciable a los ojos de sus enemigos, “como dos rebañuelos de cabras”, frente a la multitud que llena el país. Dios siempre obrará de tal manera que sus liberaciones le sean atribuidas y le glorifiquen. Su poder se perfecciona en nuestra “debilidad” (2 Corintios 12:9).

1 Reyes 20:30-43
30Los demás huyeron á Aphec, á la ciudad: y el muro cayó sobre veinte y siete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo á la ciudad, y escondíase de cámara en cámara.31Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel que son reyes clementes: pongamos pues ahora sacos en nuestros lomos, y sogas en nuestras cabezas, y salgamos al rey de Israel: por ventura te salvará la vida.32Ciñeron pues sus lomos de sacos, y sogas á sus cabezas, y vinieron al rey de Israel, y dijéronle: Tu siervo Ben-adad dice: Ruégote que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es.33Esto tomaron aquellos hombres por buen agüero, y presto tomaron esta palabra de su boca, y dijeron: ­Tu hermano Ben-adad! Y él dijo: Id, y traedle. Ben-adad entonces se presentó á Achâb, y él le hizo subir en un carro.34Y díjole Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Achâb, te dejaré partir con esta alianza. Hizo pues con él alianza, y dejóle ir.35Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo á su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro varón no quiso herirle.36Y él le dijo: Por cuanto no has obedecido á la palabra de Jehová, he aquí en apartándote de mí, te herirá un león. Y como se apartó de él, topóle un león, é hirióle.37Encontróse luego con otro hombre, y díjole: Hiéreme ahora. Y el hombre le dió un golpe, é hízole una herida.38Y el profeta se fué, y púsose delante del rey en el camino, y disfrazóse con un velo sobre los ojos.39Y como el rey pasaba, él dió voces al rey, y dijo: Tu siervo salió entre la tropa: y he aquí apartándose uno, trájome un hombre, diciendo: Guarda á este hombre, y si llegare á faltar, tu vida será por la suya, ó pagarás un talento de plata.40Y como tu siervo estaba ocupado á una parte y á otra, él desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia: tú la has pronunciado.41Pero él se quitó presto el velo de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas.42Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo.43Y el rey de Israel se fué á su casa triste y enojado, y llegó á Samaria.

Es triste no encontrar en Acab algún sentimiento de gratitud por la doble victoria que Jehová le otorgó. ¡Por desgracia, la mayoría de los hombres son así! La gracia de Dios los deja insensibles. Al menospreciarla, ultrajan a Dios y causan su propia desdicha. Por nosotros, Cristo venció a un enemigo infinitamente más poderoso y cruel que Ben-adad y sus ejércitos. ¿Le agradecemos por esta gloriosa liberación?

No sólo vemos que Acab no se vuelve a Jehová, sino también que da prueba de una culpable indulgencia al perdonar la vida al enemigo de Dios y de su pueblo. ¡Peor aún, lo llama su hermano! Dios interviene y le envía otro profeta, pero esta vez la voz de la gracia da lugar a la del juicio.

Como Acab, solemos olvidar que el mundo es enemigo de Dios y de su pueblo. Ahora bien, la humanidad se divide en dos familias: la de Dios y la del diablo (Juan 8:41-44). No se las puede confundir. Si tenemos la dicha de formar parte de la gran familia de Dios, nuestros hermanos son todos los hijos de Dios, sólo ellos, y no los del mundo.

1 Reyes 21:1-14
1PASADOS estos negocios, aconteció que Naboth de Jezreel tenía en Jezreel una viña junto al palacio de Achâb rey de Samaria.2Y Achâb habló á Naboth, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana, junto á mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; ó si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero.3Y Naboth respondió á Achâb: Guárdeme Jehová de que yo te dé á ti la heredad de mis padres.4Y vínose Achâb á su casa triste y enojado, por la palabra que Naboth de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y acostóse en su cama, y volvió su rostro, y no comió pan.5Y vino á él su mujer Jezabel, y díjole: ¿Por qué está tan triste tu espíritu, y no comes pan?6Y él respondió: Porque hablé con Naboth de Jezreel, y díjele que me diera su viña por dinero, ó que, si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña.7Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come pan, y alégrate: yo te daré la viña de Naboth de Jezreel.8Entonces ella escribió cartas en nombre de Achâb, y sellólas con su anillo y enviólas á los ancianos y á los principales que moraban en su ciudad con Naboth.9Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned á Naboth á la cabecera del pueblo;10Y poned dos hombres perversos delante de él, que atestigüen contra él, y digan: Tú has blasfemado á Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo, y muera.11Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, lo hicieron como Jezabel les mandó, conforme á lo escrito en las cartas que ella les había enviado.12Y promulgaron ayuno, y asentaron á Naboth á la cabecera del pueblo.13Vinieron entonces dos hombres perversos, y sentáronse delante de él: y aquellos hombres de Belial atestiguaron contra Naboth delante del pueblo, diciendo: Naboth ha blasfemado á Dios y al rey. Y sacáronlo fuera de la ciudad, y apedreáronlo con piedras, y 14Después enviaron á decir á Jezabel: Naboth ha sido apedreado y muerto.

Poco faltó para que Acab fuera totalmente despojado por el rey de Siria. Ingrato para con Jehová, quien le había conservado todo, Acab a su vez, por codicia, procura despojar a su prójimo. Nabot, como fiel Israelita, no podía ceder su herencia, conforme a Levítico 25:23. ¿Mostramos la misma fidelidad y firmeza cuando se trata de mantener la herencia espiritual que hemos recibido? Guardémonos de tener en poco las incomparables verdades bíblicas cuyo depósito nos es confiado (1 Timoteo 6:20; 2 Timoteo 1:14).

Cobardemente, el miserable rey deja obrar a su mujer y, entonces, bajo el manto de la autoridad real, se comete una abominable injusticia.

Pero Nabot tiene el privilegio de representar a uno más grande que él. En la parábola en que el Señor Jesús se presenta a sí mismo como el heredero de la viña, oímos las terribles palabras: “Venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad” (Mateo 21:38). Y al final del mismo evangelio vemos que también dos testigos falsos comparecieron ante el concilio. Allí, Jesús fue acusado de blasfemia por los jefes del pueblo (Mateo 26:60 y 65-66), antes de sufrir y morir “fuera de la ciudad” (v. 13; Hebreos 13:12).

1 Reyes 21:15-29
15Y como Jezabel oyó que Naboth había sido apedreado y muerto, dijo á Achâb: Levántate y posee la viña de Naboth de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Naboth no vive, sino que es muerto.16Y oyendo Achâb que Naboth era muerto, levantóse para descender á la viña de Naboth de Jezreel, para tomar posesión de ella.17Entonces fué palabra de Jehová á Elías Thisbita, diciendo:18Levántate, desciende á encontrarte con Achâb rey de Israel, que está en Samaria: he aquí él está en la viña de Naboth, á la cual ha descendido para tomar posesión de ella.19Y hablarle has, diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste y también has poseído? Y tornarás á hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Naboth, los perros lamerán también tu sangre, la tuya misma.20Y Achâb dijo á Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? Y él respondió: Hete encontrado, porque te has vendido á mal hacer delante de Jehová.21He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad, y talaré de Achâb todo meante á la pared, al guardado y al desamparado en Israel:22Y yo pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahía; por la provocación con que me provocaste á ira, y con que has hecho pecar á Israel.23De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán á Jezabel en la barbacana de Jezreel.24El que de Achâb fuere muerto en la ciudad, perros le comerán: y el que fuere muerto en el campo, comerlo han las aves del cielo.25(A la verdad ninguno fué como Achâb, que se vendiese á hacer lo malo á los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba.26El fué en grande manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme á todo lo que hicieron los Amorrheos, á los cuales lanzó Jehová delante de los hijos de Israel.)27Y acaeció cuando Achâb oyó estas palabras, que rasgó sus vestidos, y puso saco sobre su carne, y ayunó, y durmió en saco, y anduvo humillado.28Entonces fué palabra de Jehová á Elías Thisbita, diciendo:29¿No has visto como Achâb se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días: en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.

Como Acab, que mediante un crimen se apropió de la heredad de Nabot, el hombre, habiéndose deshecho de Cristo, se conduce como si el mundo le perteneciera. De una manera general, Acab ilustra la tendencia a querer siempre lo que no se tiene. Colmado de riquezas, todo lo que le interesaba era la viña de su vecino. El corazón natural se halla perpetuamente insatisfecho.

La mentira y el homicidio han puesto al rey en posesión del objeto de su codicia. Ahora se levanta y desciende, con el corazón alegre, para tomar posesión de su nueva propiedad. ¡Pero toda su alegría se desvanece bruscamente! Alguien bien conocido le espera en la viña de Nabot. ¡Es Elías! Jehová le ha enviado para que anuncie al rey el terrible castigo que le aguarda.

Entonces, por primera vez, aparece en Acab una señal de humillación. Por el ejemplo de sus predecesores sabe que la palabra de Jehová siempre se cumple. ¿Se trata de “arrepentimiento para salvación”? (2 Corintios 7:10) No, como lo mostrará la continuación de su historia. Una verdadera conversión siempre se juzga por los frutos. Empero Dios, atento a toda señal de examen de conciencia, toma en cuenta esa actitud de Acab para aplazar su castigo (Ezequiel 33:11).

1 Reyes 22:1-18
1TRES años pasaron sin guerra entre los Siros é Israel.2Y aconteció al tercer año, que Josaphat rey de Judá descendió al rey de Israel.3Y el rey de Israel dijo á sus siervos: ¿No sabéis que es nuestra Ramoth de Galaad? y nosotros callamos en orden á tomarla de mano del rey de Siria.4Y dijo á Josaphat: ¿Quieres venir conmigo á pelear contra Ramoth de Galaad? Y Josaphat respondió al rey de Israel: Como yo, así tú; y como mi pueblo, así tu pueblo; y como mis caballos, tus caballos.5Y dijo luego Josaphat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová.6Entonces el rey de Israel juntó los profetas, como cuatrocientos hombres, á los cuales dijo: ¿Iré á la guerra contra Ramoth de Galaad, ó la dejaré? Y ellos dijeron: Sube; porque el Señor la entregará en mano del rey.7Y dijo Josaphat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?8Y el rey de Israel respondió á Josaphat: Aun hay un varón por el cual podríamos consultar á Jehová, Michêas, hijo de Imla: mas yo le aborrezco porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josaphat dijo: No hable el rey así.9Entonces el rey de Israel llamó á un eunuco, y díjole: trae presto á Michêas hijo de Imla.10Y el rey de Israel y Josaphat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto á la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.11Y Sedechîas hijo de Chânaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás á los Siros hasta acabarlos.12Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube á Ramoth de Galaad, y serás prosperado; que Jehová la dará en mano del rey.13Y el mensajero que había ido á llamar á Michêas, hablóle, diciendo: He aquí las palabras de los profetas á una boca anuncian al rey bien: sea ahora tu palabra conforme á la palabra de alguno de ellos, y anuncia bien.14Y Michêas respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré.15Vino pues al rey, y el rey le dijo: Michêas, ¿iremos á pelear contra Ramoth de Galaad, ó la dejaremos? Y él respondió: Sube, que serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey.16Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de conjurarte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová?17Entonces él dijo: Yo ví á todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor: y Jehová dijo: Estos no tienen señor: vuélvase cada uno á su casa en paz.18Y el rey de Israel dijo á Josaphat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente mal.

Ben-adad no cumplió su palabra (cap. 20:34). No restituyó Ramot de Galaad. Acab se propone retomarla y hace participar de su proyecto a un ilustre visitante: Josafat, rey de Judá. Pero, ¿qué pensar de esta visita? ¿No puede uno regocijarse al ver que se establece una amistad entre los soberanos de esos dos reinos que han estado tanto tiempo en conflicto? Es un paso hacia la unión, que actualmente está a la orden del día en el mundo cristianizado. En realidad, ante Dios es una infidelidad de parte de Josafat. Era rey en Jerusalén, en donde se encontraba el templo de Jehová. Por el contrario, Acab era un idólatra. “¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos?” (2 Corintios 6:16). ¿Cómo puede el rey de Judá decir: “Yo soy como tú”? (v. 4).

Vemos el engranaje en que se deja atrapar el pobre Josafat. Sintiéndose incómodo, hace algunas tímidas observaciones a Acab, pero no tiene la energía necesaria para oponerse a su proyecto. Para esto le hacía falta más valentía que para hacer la guerra a los sirios. Y por cierto, cada uno de nosotros lo sabe por experiencia: la acción más difícil, la que exige más valentía, muchas veces será un simple rechazo, el rechazo de asociarse al mal (Salmo 1:1).

1 Reyes 22:19-40
19Entonces él dijo: Oye pues palabra de Jehová: Yo vi á Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto á él, á su diestra y á su siniestra.20Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá á Achâb, para que suba y caiga en Ramoth de Galaad? Y uno decía de una manera; y otro decía de otra.21Y salió un espíritu, y púsose delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?22Y él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: inducirlo has, y aun saldrás con ello; sal pues, y hazlo así.23Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.24Llegándose entonces Sedechîas hijo de Chânaana, hirió á Michêas en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fué de mí el espíritu de Jehová para hablarte á ti?25Y Michêas respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de cámara en cámara por esconderte.26Entonces el rey de Israel dijo: Toma á Michêas, y vuélvelo á Amón gobernador de la ciudad, y á Joas hijo del rey;27Y dirás: Así ha dicho el rey: Echad á éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz.28Y dijo Michêas: Si llegares á volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oid, pueblos todos.29Subió pues el rey de Israel con Josaphat rey de Judá á Ramoth de Galaad.30Y el rey de Israel dijo á Josaphat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla: y tú vístete tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla.31Mas el rey de Siria había mandado á sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis vosotros ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel.32Y como los capitanes de los carros vieron á Josaphat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y viniéronse á él para pelear con él; mas el rey Josaphat dió voces.33Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, apartáronse de él.34Y un hombre disparando su arco á la ventura, hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura; por lo que dijo él á su carretero: Toma la vuelta, y sácame del campo, que estoy herido.35Mas la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los Siros, y á la tarde murió: y la sangre de la herida corría por el seno del carro.36Y á puesta del sol salió un pregón por el campo, diciendo: ­Cada uno á su ciudad, y cada cual á su tierra!37Y murió pues el rey, y fué traído á Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.38Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; lavaron también sus armas; y los perros lamieron su sangre, conforme á la palabra de Jehová que había hablado.39Lo demás de los hechos de Achâb, y todas las cosas que ejecutó, y la casa de marfil que hizo, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?40Y durmió Achâb con sus padres, y reinó en su lugar Ochôzías su hijo.

En una sola voz, los cuatrocientos profetas anuncian al rey lo que él desea. ¿Qué riesgo corren? Si Acab gana la guerra, su predicción se cumplirá. Y si no vuelve, no podrá hacerles reproches. Al lado de estos profetas mentirosos, un único profeta de Jehová, el fiel Micaías, da a conocer valientemente la verdad y va a sufrir a causa de ello. Como el capítulo 18, éste nos pone en guardia contra un peligro: el de juzgar si una cosa es buena o mala según el número de personas que la practican. Hoy, como en los días de Acab, los hombres se amontonan “maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Timoteo 4:3). En particular, no les gusta oír hablar de un juicio eterno, y hallan a predicadores que, para tranquilizarlos, les prometen que al final todo irá bien. Pero, tarde o temprano, Dios confundirá a todos los mentirosos. Su palabra es verdad (Juan 17:17).

La falta de valentía moral por poco le costó la vida a Josafat. Siguió a Acab, temiendo disgustarlo. Y éste, cobardemente, procuró atraer sobre el rey de Judá la atención y los esfuerzos del enemigo. Pero su ardid no podía engañar a Jehová, quien tenía puesta la mirada sobre uno de los reyes para salvarlo, y sobre el otro para cumplir su infalible juicio (véase Salmo 7:12-13).

1 Reyes 22:41-53
41Y Josaphat hijo de Asa comenzó á reinar sobre Judá en el cuarto año de Achâb rey de Israel.42Y era Josaphat de treinta y cinco años cuando comenzó á reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Azuba hija de Silai.43Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin declinar de él, haciendo lo recto en los ojos de Jehová. (H22-44) Con todo eso los altos no fueron quitados; que el pueblo sacrificaba aun, y quemaba perfumes en los altos.44(H22-45) Y Josaphat hizo paz con el rey de Israel.45(H22-46) Lo demás de los hechos de Josaphat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?46(H22-47) Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que habían quedado en el tiempo de su padre Asa.47(H22-48) No había entonces rey en Edom; presidente había en lugar de rey.48(H22-49) Había Josaphat hecho navíos en Tharsis, los cuales habían de ir á Ophir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezion-geber.49(H22-50) Entonces Ochôzías hijo de Achâb dijo á Josaphat: Vayan mis siervos con los tuyos en los navíos. Mas Josaphat no quiso.50(H22-51) Y durmió Josaphat con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo.51(H22-52) Y Ochôzías hijo de Achâb comenzó á reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josaphat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel.52(H22-53) E hizo lo malo en los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar á Israel:53(H22-54) Porque sirvió á Baal, y lo adoró, y provocó á ira á Jehová Dios de Israel, conforme á todas las cosas que su padre había hecho.

El reinado de Josafat está más detallado en el segundo libro de Crónicas. Sin embargo, detengámonos aquí en un hecho muy instructivo. Josafat había armado una flota para buscar oro en Ofir. Pero la mano de Dios lo detiene: sus naves son destruidas. ¿Va a obstinarse? Al contrario: se somete. A pesar de que el rey de Israel le propone socorrerlo con sus marinos, esta vez sabe decir ¡no!

¿No hemos hecho alguna vez hermosos proyectos que han sido aniquilados de golpe por una inesperada circunstancia? Así le sucedió a Job, quien debió exclamar: “Mis propósitos están desbaratados, los tesoros más preciosos de mi corazón” (Job 17:11, V.M.) Para hacer fracasar esos planes, Dios se vale de varios medios: ¡mal tiempo, enfermedad, falta de dinero, fracaso en un examen!… Todo esto siempre es penoso. Pero, en lugar de irritarnos o insistir en hacer, pese a todo, lo que nos habíamos propuesto, preguntémonos si nuestro proyecto tenía la aprobación del Señor. A sus ojos, un espíritu quebrantado tiene más valor que naves poderosas (véase Isaías 57:15; Salmo 51:17).

El último párrafo nos trae de vuelta a la corte de Israel. Allí vemos al nuevo rey, Ocozías, sirviendo a Baal y prosternándose ante él. Tal es la triste nota final del primer libro de los Reyes.

2 Reyes 1:1-10
1DESPUÉS de la muerte de Achâb rebelóse Moab contra Israel.2Y Ochôzías cayó por las celosías de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo envió mensajeros, y díjoles: Id, y consultad á Baal-zebub dios de Ecrón, si tengo de sanar de esta mi enfermedad.3Entonces el ángel de Jehová habló á Elías Thisbita, diciendo: Levántate, y sube á encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y les dirás: ¿No hay Dios en Israel, que vosotros vais á consultar á Baal-zebub dios de Ecrón?4Por tanto así ha dicho Jehová: Del lecho en que subiste no descenderás, antes morirás ciertamente. Y Elías se fué.5Y como los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué pues os habéis vuelto?6Y ellos le respondieron: Encontramos un varón que nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías á consultar á Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que subiste no descenderás7Entonces él les dijo: ¿Qué hábito era el de aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales palabras?8Y ellos le respondieron: Un varón velloso, y ceñía sus lomos con un cinto de cuero. Entonces él dijo: Elías Thisbita es.9Y envió luego á él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el cual subió á él; y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y él le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas.10Y Elías respondió, y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió á él y á sus cincuenta.

Desde el principio de este libro, vemos al miserable Ocozías dar un paso más hacia la idolatría. Estando enfermo, manda a consultar a Baal-zebub (Señor de las moscas o de la suciedad). Hecho aun más tenebroso por cuanto detrás de ese ídolo está Satanás, quien se hace adorar. ¡Más tarde los judíos lo llamarán Beelzebú, el jefe de los demonios! (Mateo 12:24). Entonces, de parte de Jehová, la suerte de Ocozías está echada, y Elías es el encargado de anunciárselo, como otrora a su padre. Pero, mientras que en Acab hubo alguna humillación, Ocozías sólo piensa en apoderarse de la persona del profeta, con violencia, si fuera necesario. Pensamos en los hechos criminales de otro rey, el malvado Herodes, contra Juan el Bautista (a quien la Palabra a menudo confronta con Elías; comp. su ropa en el v. 8 y Marcos 1:6). Esta abierta rebeldía contra Jehová recibe inmediatamente un solemne castigo.

Así, Ocozías parece superar a su padre en maldad. Sólo había tenido a la vista el triste ejemplo de sus padres, Acab y Jezabel. ¿Qué decir entonces de los jóvenes educados por padres piadosos, los cuales, pese a ese privilegio, siguen a los ídolos de este mundo?

2 Reyes 1:11-18
11Volvió el rey á enviar á él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta; y hablóle, y dijo: Varon de Dios, el rey ha dicho así: Desciende presto.12Y respondióle Elías, y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió á él y á sus cincuenta.13Y volvió á enviar el tercer capitán de cincuenta con sus cincuenta: y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, hincóse de rodillas delante de Elías, y rogóle, diciendo: Varón de Dios, ruégote que sea de valor delante de tus ojos mi vida y la vida de es14He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido los dos primeros capitanes de cincuenta, con sus cincuenta; sea ahora mi vida de valor delante de tus ojos.15Entonces el ángel de Jehová dijo á Elías: Desciende con él; no hayas de él miedo. Y él se levantó, y descendió con él al rey.16Y díjole: Así ha dicho Jehová: Pues que enviaste mensajeros á consultar á Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para consultar en su palabra? No descenderás, por tanto, del lecho en que subiste, antes morirás de cierto.17Y murió conforme á la palabra de Jehová que había hablado Elías; y reinó en su lugar Joram, en el segundo año de Joram, hijo de Josaphat rey de Judá; porque Ochôzías no tenía hijo.18Y lo demás de los hechos de Ochôzías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

En su obstinación, Ocozías envía un segundo capitán de cincuenta para que le traiga a Elías. Su intimación es todavía más insolente: “Desciende pronto”. Pero recibe la misma terrible respuesta.

En el monte Carmelo, el fuego no cayó del cielo sobre los presentes, sino sobre el holocausto. Era una figura del juicio divino que descendió sobre Cristo, con miras a atraer hacia Dios el corazón del pueblo. Ahora, en este otro monte, el fuego debe descender en juicio sobre los hombres rebeldes.

Jesús, la santa Víctima, sufrió solo el ardor de la ira divina. Pero más tarde, los que no hayan creído tendrán que soportar ellos mismos y eternamente esta inflexible cólera (Romanos 1:18).

El día del juicio todavía no ha llegado. Por eso, cuando los discípulos Jacobo y Juan, refiriéndose a esta escena, proponen al Señor que haga descender fuego del cielo sobre una aldea de los samaritanos, él debe censurarlos fuertemente (Lucas 9:52-55).

El jefe de la tercera cincuentena quizá sea uno de los 7000 que Jehová nombró al profeta. Habla con respeto, humildad y afecto por sus soldados. Con él, Elías va al rey, pero sólo para repetir palabra por palabra su primer mensaje, pronto confirmado por la muerte de Ocozías.

2 Reyes 2:1-14
1Y ACONTECIO que, cuando quiso Jehová alzar á Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.2Y dijo Elías á Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado á Beth-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron pues á Beth-el.3Y saliendo á Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Beth-el, dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy á tu señor de tu cabeza? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.4Y Elías le volvió á decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado á Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron pues á Jericó.5Y llegáronse á Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy á tu señor de tu cabeza? Y él respondió: Sí, yo lo sé; callad.6Y Elías le dijo: Ruégote que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron pues ambos á dos.7Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y paráronse enfrente á lo lejos: y ellos dos se pararon junto al Jordán.8Tomando entonces Elías su manto, doblólo, é hirió las aguas, las cuales se apartaron á uno y á otro lado, y pasaron ambos en seco.9Y como hubieron pasado, Elías dijo á Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo. Y dijo Eliseo: Ruégote que las dos partes de tu espíritu sean sobre mí.10Y él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será así hecho; mas si no, no.11Y aconteció que, yendo ellos hablando, he aquí, un carro de fuego con caballos de fuego apartó á los dos: y Elías subió al cielo en un torbellino.12Y viéndolo Eliseo, clamaba: ­Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de á caballo! Y nunca más le vió, y trabando de sus vestidos, rompiólos en dos partes.13Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y paróse á la orilla del Jordán.14Y tomando el manto de Elías que se le había caído, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo del mismo modo herido las aguas, apartáronse á uno y á otro lado, y pasó Eliseo.

En tanto que el arrebatamiento de Enoc se resume en dos versículos (Génesis 5:24 y Hebreos 11:5), Dios nos permite (lo mismo que a Eliseo) asistir en detalle al de Elías. Este glorioso acontecimiento evoca para nosotros otros dos hechos: uno es pasado, el otro es futuro. La escena pasada es la de la ascensión del Señor al cielo. Como Elías, Jesús recorrió el camino de su pueblo Israel, cuyas etapas tenemos aquí en figura: Gilgal, Bet-el, Jericó y, finalmente, el Jordán. Del mismo modo que Eliseo rehusaba separarse de Elías, los discípulos se habían apegado al Señor Jesús. “¿A quién iremos?”, le dijo Pedro (Juan 6:68). También fueron testigos de su ascensión (Hechos 1:9). Después, conforme a la promesa que les fue hecha, el Espíritu Santo descendió sobre ellos con poder, lo que nos recuerda el espíritu de Elías viniendo a posarse sobre Eliseo después del arrebatamiento de su maestro.

Pero este capítulo también lleva nuestros pensamientos a una escena futura: el arrebatamiento de todos los redimidos “en las nubes para recibir al Señor en el aire” (1 Tesalonicenses 4:17). Como Elías, estamos en camino, sabiendo lo que nos acontecerá. ¿Es una esperanza que regocija nuestro corazón?

2 Reyes 2:15-25
15Y viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó de la otra parte, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y viniéronle á recibir, é inclináronse á él hasta la tierra.16Y dijéronle: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes: vayan ahora y busquen á tu señor; quizá lo ha levantado el espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte ó en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.17Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose, dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron.18Y cuando volvieron á él, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?19Y los hombres de la ciudad dijeron á Eliseo: He aquí el asiento de esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra enferma.20Entonces él dijo: Traedme una botija nueva, y poned en ella sal. Y trajéronsela.21Y saliendo él á los manaderos de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.22Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme á la palabra que habló Eliseo.23Después subió de allí á Beth-el; y subiendo por el camino, salieron los muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: ­Calvo, sube! ­calvo, sube!24Y mirando él atrás, viólos, y maldíjolos en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos cuarenta y dos muchachos.25De allí fué al monte de Carmelo, y de allí volvió á Samaria.

Los «hijos» de los profetas eran discípulos de estos últimos; vivían juntos, eran enseñados en la Palabra y empleados por Jehová para Su servicio. Los de Jericó, como más tarde Tomás, no pueden creer en el misterioso suceso que acaba de producirse.

Eliseo representa, en Jericó, a Cristo, quien vino en gracia a este mundo marcado por la muerte y la esterilidad. Trajo la vida por el poder purificador de la gracia (la sal), contenida y manifestada en el nuevo hombre (la vasija nueva). Cada creyente es llamado a ser, en este mismo mundo, “un vaso para honra, santificado, útil al dueño, y preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 2:21, V.M.)

La espantosa escena que sigue (v. 23-24) nos recuerda los juicios que serán la parte de los burladores (Proverbios 19:29). Los muchachos de Bet-el ultrajan a Jehová mismo. Al decir: “¡Calvo, sube!”, colocan a Eliseo ante el desafío de ser quitado como Elías. En los postreros días —anuncia el apóstol Pedro— “vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:3-4).

¡Entonces, surge el oso! En la Biblia a menudo se lo asocia con el león: Satanás. ¡Cuán solemne es! Dios podrá permitir que los hijos que menosprecien la Palabra sean hechos presa del mundo y de su príncipe. Es para ellos una suerte peor que la muerte, ya que la salvación de su alma está en juego.

2 Reyes 3:1-15
1Y JORAM hijo de Achâb comenzó á reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josaphat rey de Judá; y reinó doce años.2E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho.3Mas allegóse á los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar á Israel; y no se apartó de ellos.4Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones.5Mas muerto Achâb, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.6Y salió entonces de Samaria el rey Joram, é inspeccionó á todo Israel.7Y fué y envió á decir á Josaphat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo á la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, porque como yo, así tú; como mi pueblo, así tu pueblo; como mis caballos, así también tus caballos.8Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Idumea.9Partieron pues el rey de Israel, y el rey de Judá, y el rey de Idumea; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, faltóles el agua para el ejército, y para las bestias que los seguían.10Entonces el rey de Israel dijo: ­Ah! que ha llamado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas.11Mas Josaphat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos á Jehová por él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Saphat, que daba agua á manos á Elías.12Y Josaphat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron á él el rey de Israel, y Josaphat, y el rey de Idumea.13Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve á los profetas de tu padre, y á los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque ha juntado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas.14Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josaphat rey de Judá, no mirara á ti, ni te viera.15Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová fué sobre Eliseo.

Joram, hermano de Ocozías, es hecho rey de Israel. Aunque también hace lo malo ante los ojos de Jehová, se destaca una mejoría en comparación con la conducta de su padre y la de su madre. Renuncia oficialmente al culto de Baal.

El primer versículo de nuestro libro ya había mencionado la rebelión de Moab. Para Joram es la ocasión de hacer la guerra a ese pueblo, apoyándose en sus más cercanos aliados: el rey de Judá y el de Edom. Desgraciadamente Josafat no aprendió la seria lección de Ramot de Galaad. A la proposición de Joram, da exactamente la misma respuesta que otrora a Acab (v. 7; 1 Reyes 22:4).

La expedición está a punto de ser un desastre. Joram acusa a Jehová por ello, mientras que él mismo es responsable de todo el emprendimiento. Muchas personas son así. Acusan a Dios por sus desdichas en lugar de arrepentirse. Proverbios 19:3 confirma que “la insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón”. Delante de los tres reyes tristemente asociados, Eliseo se siente incómodo. ¿No se trata de ese “yugo desigual con los incrédulos”, ante el cual se pone seriamente en guardia a los creyentes? (2 Corintios 6:14).

2 Reyes 3:16-27
16Y dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchas acequias.17Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros ganados.18Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; dará también á los Moabitas en vuestras manos.19Y vosotros heriréis á toda ciudad fortalecida y á toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, y cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil.20Y aconteció que por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Idumea, y la tierra fué llena de aguas.21Y todos los de Moab, como oyeron que los reyes subían á pelear contra ellos, juntáronse desde todos los que ceñían talabarte arriba, y pusiéronse en la frontera.22Y como se levantaron por la mañana, y lució el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como sangre;23Y dijeron: ­Sangre es esta de espada! Los reyes se han revuelto, y cada uno ha muerto á su compañero. Ahora pues, ­Moab, á la presa!24Mas cuando llegaron al campo de Israel, levantáronse los Israelitas é hirieron á los de Moab, los cuales huyeron delante de ellos: siguieron empero hiriendo todavía á los de Moab.25Y asolaron las ciudades, y en todas las heredades fértiles echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que en Kir-hareseth solamente dejaron sus piedras; porque los 26Y cuando el rey de Moab vió que la batalla lo vencía, tomó consigo setecientos hombres que sacaban espada, para romper contra el rey de Idumea: mas no pudieron.27Entonces arrebató á su primogénito que había de reinar en su lugar, y sacrificóle en holocausto sobre el muro. Y hubo grande enojo en Israel; y retiráronse de él, y volviéronse á su tierra.

De parte de Jehová, Eliseo da a conocer el medio para no caer en manos de los moabitas. Y como siempre, este medio es la fe. Antes de recibir lo que sea, es necesario empezar a cavar pozos. Cuánto más pozos se caven, más agua se tendrá. Notemos que el agua llega “por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio” (v. 20). ¿No era en Jerusalén, muy lejos de esta región, donde se ofrecía el sacrificio? Sin embargo, a causa de ese sacrificio, las aguas corrieron. Comprendamos lo que esto significa: todas nuestras bendiciones emanan de la obra del Señor en la cruz.

Pero las aguas que representaban la salvación de los ejércitos de Israel, causaron la destrucción de los moabitas. Igualmente la muerte de Jesús, salvación para los creyentes, al mismo tiempo es la condenación del mundo (Juan 16:8).

Engañados por las apariencias, los moabitas son atacados y su país es devastado. Pero, lo que hace su rey —el horrible sacrificio de su primogénito— produce consternación en el campamento de los vencedores. Y finalmente, los ejércitos se separan sin que les quede algún beneficio real de esta lamentosa expedición. Tal será el resultado de lo que no emprendamos junto con Dios.

2 Reyes 4:1-17
1UNA mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó á Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido es muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová: y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.2Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una botija de aceite.3Y él le dijo: Ve, y pide para ti vasos prestados de todos tus vecinos, vasos vacíos, no pocos.4Entra luego, y cierra la puerta tras ti y tras tus hijos; y echa en todos los vasos, y en estando uno lleno, ponlo aparte.5Y partióse la mujer de él, y cerró la puerta tras sí y tras sus hijos; y ellos le llegaban los vasos, y ella echaba del aceite.6Y como los vasos fueron llenos, dijo á un hijo suyo: Tráeme aún otro vaso. Y él dijo: No hay más vasos. Entonces cesó el aceite.7Vino ella luego, y contólo al varón de Dios, el cual dijo: Ve, y vende el aceite, y paga á tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quedare.8Y aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer principal, la cual le constriñó á que comiese del pan: y cuando por allí pasaba, veníase á su casa á comer del pan.9Y ella dijo á su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón de Dios santo.10Yo te ruego que hagas una pequeña cámara de paredes, y pongamos en ella cama, y mesa, y silla, y candelero, para que cuando viniere á nosotros, se recoja en ella.11Y aconteció que un día vino él por allí, y recogióse en aquella cámara, y durmió en ella.12Entonces dijo á Giezi su criado: Llama á esta Sunamita. Y como él la llamó, pareció ella delante de él.13Y dijo él á Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero: ¿qué quieres que haga por ti? ¿has menester que hable por ti al rey, ó al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.14Y él dijo: ¿Qué pues haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí ella no tiene hijo, y su marido es viejo.15Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró á la puerta.16Y él le dijo: A este tiempo según el tiempo de la vida, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.17Mas la mujer concibió, y parió un hijo á aquel tiempo que Eliseo le había dicho, según el tiempo de la vida.

Nuestro capítulo nos muestra a Eliseo, figura del Señor Jesús, como fuente de bendición para dos familias. La primera es pobre: una viuda con dos hijos a merced de un despiadado acreedor. Pero su fe sabe a quien dirigirse (Salmo 68:5); ella recibe ese precioso y abundante aceite, mientras hayan vasijas vacías para contenerlo.

Siendo vendidos por nuestras iniquidades a Satanás, el terrible acreedor, éste adquirió así derechos sobre nosotros (Isaías 50:1). Pero existe un recurso: volvernos al Señor. Entonces recibiremos el poder divino según la medida de nuestra fe (las vasijas vacías), no sólo para la salvación de los que amamos, sino también para la vida diaria (v. 7).

La segunda familia es muy diferente. Es gente rica; no obstante, se recibe al varón de Dios con sencillez. Él se siente a gusto allí, y sus huéspedes están felices cuando se encuentra con ellos. Es un hermoso ejemplo para nosotros.

El Señor Jesús, ¿se siente verdaderamente feliz en nuestra casa y en nuestro corazón? ¿Podemos mostrarle todo, decirle todo y confiarle nuestros secretos deseos? Para conocerlos, no necesita un intermediario, como aquí al profeta. Él los otorgará si esos deseos son según Su voluntad (Salmo 37:4).

2 Reyes 4:18-31
18Y como el niño fué grande, aconteció que un día salió á su padre, á los segadores.19Y dijo á su padre: ­Mi cabeza, mi cabeza! Y él dijo á un criado: Llévalo á su madre.20Y habiéndole él tomado, y traídolo á su madre, estuvo sentado sobre sus rodillas hasta medio día, y murióse.21Ella entonces subió, y púsolo sobre la cama del varón de Dios, y cerrándole la puerta, salióse.22Llamando luego á su marido, díjole: Ruégote que envíes conmigo á alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y vuelva.23Y él dijo: ¿Para qué has de ir á él hoy? No es nueva luna, ni sábado. Y ella respondió: Paz.24Después hizo enalbardar una borrica, y dijo al mozo: Guía y anda; y no me hagas detener para que suba, sino cuando yo te lo dijere.25Partióse pues, y vino al varón de Dios al monte del Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vió de lejos, dijo á su criado Giezi: He aquí la Sunamita:26Ruégote que vayas ahora corriendo á recibirla, y dile: ¿Tienes paz? ¿y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz.27Y luego que llegó al varón de Dios en el monte, asió de sus pies. Y llegóse Giezi para quitarla; mas el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado.28Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo á mi señor? ¿No dije yo, que no me burlases?29Entonces dijo él á Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi bordón en tu mano, y ve; y si alguno te encontrare, no lo saludes; y si alguno te saludare, no le respondas: y pondrás mi bordón sobre el rostro del niño.30Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.31El entonces se levantó, y siguióla. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el bordón sobre el rostro del niño, mas ni tenía voz ni sentido; y así se había vuelto para encontrar á Eliseo; y declaróselo, diciendo: El mozo no despierta.

Jehová dio un hijo a la piadosa sunamita. Pero aún desea hacer algo más para ella: quiere que conozca su poder que resucita a los muertos. Un bebé que llega a una familia es una fuente de gozo para sus padres y hermanos. Pero, a los ojos de Dios, lo que más precio tendrá será el nuevo nacimiento de ese niño; el cielo entero se alegrará. Este paso de la muerte a la vida, que se llama conversión, ¿no es el más grande de los milagros? ¡Aún hoy, Jesús lo hace en los hogares de padres cristianos! ¿Lo ha experimentado usted?

Consideremos al Salvador en la casa de Marta, en Betania. Allí se le recibía con respeto y afecto, como Eliseo en casa de la sunamita. Pero fue necesario que esa familia le conociera bajo un nuevo nombre: “La Resurrección y la Vida” (Juan 11:25). Cuando murió Lázaro Jesús no estaba presente, y su tardanza podía parecer indiferencia. Pero era necesario que la fe fuese probada; en nuestro relato sucede lo mismo con la sunamita. A pesar de todo, ella dice que le va “bien”. Nosotros, que nos quejamos por tan poca cosa, no olvidemos, en todas nuestras dificultades, la contestación de esta mujer. ¡Ojalá también podamos decir, llenos de confianza: «¡Todo anda bien!»

2 Reyes 4:32-44
32Y venido Eliseo á la casa, he aquí el niño que estaba tendido muerto sobre su cama.33Entrando él entonces, cerró la puerta sobre ambos, y oró á Jehová.34Después subió, y echóse sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y calentóse la carne del joven.35Volviéndose luego, paséose por la casa á una parte y á otra, y después subió, y tendióse sobre él; y el joven estornudó siete veces, y abrió sus ojos.36Entonces llamó él á Giezi, y díjole: Llama á esta Sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo.37Y así que ella entró, echóse á sus pies, é inclinóse á tierra: después tomó su hijo, y salióse.38Y Eliseo se volvió á Gilgal. Había entonces grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo á su criado: Pon una grande olla, y haz potaje para los hijos de los profetas.39Y salió uno al campo á coger hierbas, y halló una como parra montés, y cogió de ella una faldada de calabazas silvestres: y volvió, y cortólas en la olla del potaje: porque no sabía lo que era.40Echóse después para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, dieron voces, diciendo: ­Varón de Dios, la muerte en la olla! Y no lo pudieron comer.41El entonces dijo: Traed harina. Y esparcióla en la olla, y dijo: Echa de comer á la gente. Y no hubo más mal en la olla.42Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da á la gente para que coman.43Y respondió su sirviente: ¿Cómo he de poner esto delante de cien hombres? Mas él tornó á decir: Da á la gente para que coman, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará.44Entonces él lo puso delante de ellos, y comieron, y sobróles, conforme á la palabra de Jehová.

Como lo recuerda Hebreos 11, el capítulo de la fe, “las mujeres recibieron a sus muertos mediante resurrección” (Hebreos 11:35). Así ocurrió con la viuda de Sarepta y luego con la feliz sunamita. Pero, ¡qué diferencia con la escena de la tumba de Lázaro en que un sencillo llamado del Amo de la vida basta para reanimar a un hombre muerto desde hace cuatro días! Pronto, todos los redimidos que duermen oirán “la voz de mando” de Aquel que venció a la muerte, y resucitarán con poder (1 Tesalonicenses 4:16).

El incidente de las calabazas silvestres nos recuerda que, a pesar de las buenas intenciones, el hombre no hace más que echar a perder lo que Dios quiere darle. Cuidémonos, pues, de no agregar nada a la Palabra, alimento de nuestras almas, y desconfiemos de todas las novedades (Gálatas 1:7-8). ¡Cuántos escritos religiosos hay, en los cuales un poco de veneno se halla mezclado con la verdad divina!

El hombre de Baal-salisa, al traer esos panes que van a ser el medio para alimentar a cien personas, una vez más nos lleva a algunas escenas del Evangelio (Mateo 14:15-21 y 15:32-38). Pero, allí también, qué diferencia entre el profeta y Aquel que hace sentar a las multitudes para saciarlas en virtud de su propio poder (Salmo 132:15).

2 Reyes 5:1-14
1NAAMAN, general del ejército del rey de Siria, era gran varón delante de su señor, y en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvamento á la Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.2Y de Siria habían salido cuadrillas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel una muchacha; la cual sirviendo á la mujer de Naamán,3Dijo á su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.4Y entrando Naamán á su señor, declaróselo, diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.5Y díjole el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré letras al rey de Israel. Partió pues él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.6Tomó también letras para el rey de Israel, que decían así: Luego en llegando á ti estas letras, sabe por ellas que yo envío á ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.7Y luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe á mí á que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.8Y como Eliseo, varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió á decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora á mí, y sabrá que hay profeta en Israel.9Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y paróse á las puertas de la casa de Eliseo.10Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.11Y Naamán se fué enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra.12Abana y Pharphar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y volvióse, y fuése enojado.13Mas sus criados se llegaron á él, y habláronle, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la hicieras? ¿cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?14El entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme á la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fué limpio.

Naamán era general del ejército del rey de Siria, un héroe cubierto de gloria y distinciones. Y, sin embargo, algo hace de ese gran personaje el hombre más miserable: su hermoso uniforme cubre un cuerpo roído por la lepra. Asimismo, la enfermedad del pecado corrompió a todos los humanos, inclusive a los más eminentes.

Pero, en la casa de Naamán vive una joven mensajera de buenas nuevas. Esta muchacha, cautiva, da un sencillo testimonio del poder del varón de Dios. Nunca se es demasiado joven para ser un testigo del Señor Jesús.

Naamán se pone en camino y, después de dar un rodeo por el palacio de Joram, recibe el mensaje de Eliseo. Aún hoy, Dios tiene un mensaje para los pecadores: su palabra escrita. Muchos no creen que Dios se dirija a ellos de esa manera y no reciben la Biblia como la Palabra de Dios. Otros piensan que la salvación es demasiado sencilla. La instrucción dada a Naamán es la misma dada por Jesús al ciego de nacimiento: “Vé y lávate” (v. 10; Juan 9:7). Dios no nos pide cosas grandes (v. 13). Simplemente exige que el hombre se reconozca mancillado, muerto en sus delitos (Efesios 2:1 y 5; Colosenses 2:13). Dios mismo cumplió las cosas grandes para beneficio de nosotros, pobres pecadores.

2 Reyes 5:15-27
15Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y púsose delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Ruégote que recibas algún presente de tu siervo.16Mas él dijo: Vive Jehová, delante del cual estoy, que no lo tomaré. E importunándole que tomase, él nunca quiso.17Entonces Naamán dijo: Ruégote pues, ¿no se dará á tu siervo una carga de un par de acémilas de aquesta tierra? porque de aquí adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni sacrificio á otros dioses, sino á Jehová.18En esto perdone Jehová á tu siervo: que cuando mi señor entrare en el templo de Rimmón, y para adorar en él se apoyare sobre mi mano, si yo también me inclinare en el templo de Rimmón, si en el templo de Rimmón me inclino, Jehová perdone en esto á tu sier19Y él le dijo: Vete en paz. Partióse pues de él, y caminó como el espacio de una milla.20Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó á este Siro Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él, y tomaré de él alguna cosa.21Y siguió Giezi á Naamán: y como le vió Naamán que venía corriendo tras él, apeóse del carro para recibirle, y dijo: ¿Va bien?22Y él dijo: Bien. Mi señor me envía á decir: He aquí vinieron á mí en esta hora del monte de Ephraim dos mancebos de los hijos de los profetas: ruégote que les des un talento de plata, y sendas mudas de vestidos.23Y Naamán dijo: Ruégote que tomes dos talentos. Y él le constriñó, y ató dos talentos de plata en dos sacos, y dos mudas de vestidos, y púsolo á cuestas á dos de sus criados, que lo llevasen delante de él.24Y llegado que hubo á un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y guardólo en casa: luego mandó á los hombres que se fuesen.25Y él entró, y púsose delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido á ninguna parte.26El entonces le dijo: ¿No fué también mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro á recibirte? ¿es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?27La lepra de Naamán se te pegará á ti, y á tu simiente para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.

Lo primero que Naamán hace después de su curación es ir a agradecer a aquel que fue instrumento de ella. Nos recuerda a uno de los diez leprosos limpiados por el Señor, el que “viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz” (Lucas 17:15). Y era igualmente un extranjero.

Luego, Naamán debe aprender que la salvación es enteramente gratuita. Muchas personas no logran aceptar este hecho. Tanto más cuando ven a ciertos miembros del clero sacar de la religión un provecho personal, lo que es llamado “ganancia deshonesta” (1 Pedro 5:2; 1 Timoteo 3:8; Tito 1:7). Giezi nos hace pensar en ellos. Su manera de actuar, dictada por el amor al dinero, amenaza con anular a los ojos de Naamán la gratuidad del don de Dios. El corazón del varón de Dios, preocupado por ese «nuevo convertido», sigue toda la escena. La acción deshonesta es denunciada y el miserable codicioso recibe su castigo (comp. Hechos 5:1-11). “¿Es tiempo de tomar plata… vestidos…?”, pregunta Eliseo, cuya fortuna era su manto de profeta. Es una seria pregunta para cada uno de nosotros, discípulos de un Señor que se hizo “pobre”. En vísperas de su retorno, ¡no es tiempo de enriquecernos y buscar nuestra comodidad aquí en la tierra! (véase también Santiago 5, fin del v. 3 y Hageo 1:4).

2 Reyes 6:1-17
1LOS hijos de los profetas dijeron á Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho.2Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámonos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad.3Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré.4Fuése pues con ellos; y como llegaron al Jordán, cortaron la madera.5Y aconteció que derribando uno un árbol, cayósele el hacha en el agua; y dió voces, diciendo: ­Ah, señor mío, que era emprestada!6Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; é hizo nadar el hierro.7Y dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo.8Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.9Y el varón de Dios envió á decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar, porque los Siros van allí.10Entonces el rey de Israel envió á aquel lugar que el varón de Dios había dicho y amonestádole; y guardóse de allí, no una vez ni dos.11Y el corazón del rey de Siria fué turbado de esto; y llamando á sus siervos, díjoles: ¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel?12Entonces uno de los siervos dijo: No, rey, señor mío; sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu más secreta cámara.13Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe á tomarlo. Y fuéle dicho: He aquí él está en Dothán.14Entonces envió el rey allá gente de á caballo, y carros, y un grande ejército, los cuales vinieron de noche, y cercaron la ciudad.15Y levantándose de mañana el que servía al varón de Dios, para salir, he aquí el ejército que tenía cercada la ciudad, con gente de á caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ­Ah, señor mío! ¿qué haremos?16Y él le dijo: No hayas miedo: porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.17Y oró Eliseo, y dijo: Ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de gente de á caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

“El lugar en que moramos… es estrecho”, declaran a Eliseo los hijos de los profetas. A veces se oye decir lo mismo respecto del cristianismo. Por cierto, ante los ojos del mundo, la vida del creyente parece muy estrecha: ¡se priva de tantas cosas! Si se nos ocurre razonar así, es porque miramos demasiado bajo. En verdad, “el cielo” en toda su extensión está delante de nosotros.

El pequeño incidente del hacha es conmovedor en su simplicidad. Eliseo está igualmente dispuesto a devolver una herramienta al que la utiliza, como un hijo a su madre, mediante la resurrección. Asimismo, vemos al Señor de gloria lavando los pies a sus discípulos o preparándoles una comida (Juan 13:5 y 21:13). Nada es demasiado pequeño para el Señor Jesús. ¿Lo ha experimentado usted?

Después, se reanuda la guerra entre Israel y los sirios. Mas, existe un tercer ejército cuya existencia sólo conoce el profeta. Son los combatientes celestiales: ángeles que Dios colocó como una muralla de fuego alrededor de su siervo (Salmo 34:7 y Jueces 5:20). Para discernirlos, son necesarios los ojos de la fe. Como Eliseo aquí, Jesús en Getsemaní dirigió los pensamientos de su discípulo Pedro hacia las doce legiones de ángeles que su Padre le habría dado, si hubiese querido pedírselas (Mateo 26:53).

2 Reyes 6:18-33
18Y luego que los Siros descendieron á él, oró Eliseo á Jehová, y dijo: Ruégote que hieras á esta gente con ceguedad. E hiriólos con ceguedad, conforme al dicho de Eliseo.19Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, que yo os guiaré al hombre que buscáis. Y guiólos á Samaria.20Y así que llegaron á Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y halláronse en medio de Samaria.21Y cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo á Eliseo: ¿Herirélos, padre mío?22Y él le respondió: No los hieras; ¿herirías tú á los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y se vuelvan á sus señores.23Entonces les fué aparejada grande comida: y como hubieron comido y bebido, enviólos, y ellos se volvieron á su señor. Y nunca más vinieron cuadrillas de Siria á la tierra de Israel.24Después de esto aconteció, que Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército, y subió, y puso cerco á Samaria.25Y hubo grande hambre en Samaria, teniendo ellos cerco sobre ella; tanto, que la cabeza de un asno era vendida por ochenta piezas de plata, y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas por cinco piezas de plata.26Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dió voces, y dijo: Salva, rey señor mío.27Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te tengo de salvar yo? ¿del alfolí, ó del lagar?28Y díjole el rey: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.29Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido su hijo.30Y como el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro: y llegó á ver el pueblo el saco que traía interiormente sobre su carne.31Y él dijo: Así me haga Dios, y así me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Saphat quedare sobre él hoy.32Estaba á la sazón Eliseo sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos: y el rey envió á él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese á él, dijo él á los ancianos: ¿No habéis visto como este hijo del homicida me envía á quitar la cabeza? 33Aun estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía á él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué tengo de esperar más á Jehová?

Tres veces en este capítulo, en respuesta a la oración del profeta, los ojos se abren (v. 17 y 20) o, por el contrario, se oscurecen (v. 18). Pidamos a Dios que abra los nuestros. No perdamos de vista, como el criado de Eliseo, el poder divino que está a nuestra disposición. “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová”, dice el salmista (Salmo 121:1). Elías sólo había sido un profeta de juicio. En cambio, Eliseo tiene el privilegio de usar una segunda arma, más eficaz aún: la gracia. Hace misericordia con sus enemigos y vence con el bien el mal. Nuestros pensamientos vuelven otra vez hacia Jesús, quien se valía tan perfectamente del poder como de la gracia. Después de haber hecho caer a tierra con una palabra a los que venían a prenderle, sanó la oreja herida por su impulsivo discípulo (Juan 18:6; Lucas 22:51).

Por otra parte, esa gran comida nos hace pensar en “la gran cena” de la gracia (Lucas 14:17). Dios convidó a ella a los que eran sus enemigos.

¡Pero la buena acción de Eliseo no será pagada con la misma moneda! Los sirios sitian Samaria, donde el hambre causa terribles estragos. Pero Jehová se valdrá de ello para mostrar a la vez su poder y su bondad.

2 Reyes 7:1-8
1DIJO entonces Eliseo: Oid palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana á estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seah de cebada un siclo, á la puerta de Samaria.2Y un príncipe sobre cuya mano el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.3Y había cuatro hombres leprosos á la entrada de la puerta, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?4Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos pues ahora, y pasémonos al ejército de los Siros: si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muert5Levantáronse pues en el principio de la noche, para irse al campo de los Siros; y llegando á las primeras estancias de los Siros, no había allí hombre.6Porque el Señor había hecho que en el campo de los Siros se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de grande ejército; y dijéronse los unos á los otros: He aquí el rey de Israel ha pagado contra nosotros á los reyes de los Heteos, y á l7Y así se habían levantado y huído al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campo como se estaba; y habían huído por salvar las vidas.8Y como los leprosos llegaron á las primeras estancias, entráronse en una tienda, y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata, y oro, y vestido, y fueron, y escondiéronlo: y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron, y escond

El pueblo de Samaria alcanza el fondo de su miseria. Ahora Dios puede actuar. Por su parte, Eliseo, el profeta de la gracia, responde a la tentativa de homicidio del rey, anunciándole la liberación. Aún hoy, se proclama la salvación. Pero ¡cuántos, como el príncipe, responden con incredulidad y burla!

Cuatro pobres leprosos van a ser empleados para dar a conocer esa salvación (comp. con 1 Corintios 1:28). Sin ninguna intervención humana, el ejército sirio es derrotado. Jehová solo obtuvo la victoria. Ocurre así con la obra de la cruz; allí, Jesús solo triunfó sobre todos nuestros enemigos. Como esos miserables leprosos, nosotros, pobres pecadores, estábamos en una desesperada situación, destinados a una muerte eterna. Ahora, ésta es anulada para el creyente. En su lugar halla vida, paz, abundantes y gratuitas riquezas espirituales para el presente, y un porvenir asegurado. Éstos son los frutos de la victoria de Cristo en la cruz. En ella el enemigo fue enteramente despojado. Y vemos que bastó solamente levantarse e ir a tomar posesión de estas cosas (v. 5; comp. con Lucas 15:18). ¿Ya lo hizo usted? ¿O todavía está “sentado en tinieblas… y sombra de muerte”? (Mateo 4:16, V.M.)

2 Reyes 7:9-20
9Y dijéronse el uno al otro: No hacemos bien: hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos: y si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Vamos pues ahora, entremos, y demos la nueva en casa del rey.10Y vinieron, y dieron voces á los guardas de la puerta de la ciudad, y declaráronles, diciendo: Nosotros fuimos al campo de los Siros, y he aquí que no había allí hombre, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campo como se esta11Y los porteros dieron voces, y declaráronlo dentro, en el palacio del rey.12Y levantóse el rey de noche, y dijo á sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los Siros. Ellos saben que tenemos hambre, y hanse salido de las tiendas y escondídose en el campo, diciendo: Cuando hubieren salido de la ciudad, los tomaremos vivos,13Entonces respondió uno de sus siervos, y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad, (porque ellos también son como toda la multitud de Israel que ha quedado en ella; también ellos son como toda la multitud de Israel que ha perec14Tomaron pues dos caballos de un carro, y envió el rey tras el campo de los Siros, diciendo: Id, y ved.15Y ellos fueron, y siguiéronlos hasta el Jordán: y he aquí, todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los Siros habían arrojado con la premura. Y volvieron los mensajeros, é hiciéronlo saber al rey.16Entonces el pueblo salió, y saquearon el campo de los Siros. Y fué vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seah de cebada por un siclo, conforme á la palabra de Jehová.17Y el rey puso á la puerta a aquel príncipe sobre cuya mano él se apoyaba: y atropellóle el pueblo á la entrada, y murió, conforme á lo que había dicho el varón de Dios, lo que habló cuando el rey descendió á él.18Aconteció pues de la manera que el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seah de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana á estas horas, á la puerta de Samaria.19A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Aunque Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera ser eso? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.20Y vínole así; porque el pueblo le atropelló á la entrada, y murió.

“Hoy es día de buena nueva” (v. 9). ¡Ah!, si conocemos las buenas nuevas del Evangelio, no las guardemos egoístamente para nosotros solos. Apresurémonos a publicar el feliz mensaje a los que todavía se hallan en el desamparo, ignorando la liberación de Dios. “He aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2). ¿No seríamos culpables si calláramos? (véase Ezequiel 33:6). Es lo que la conciencia dicta a los cuatros leprosos. Y sin aguardar la mañana, se dan prisa para ir a gritar la noticia a los porteros de la ciudad. ¡Pero escuchemos los razonamientos que los acogen! El rey y sus siervos discuten y pasan revista a las posibles explicaciones antes de aceptar la más sencilla y maravillosa: esa liberación es la que el profeta había anunciado; viene de Jehová. “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!”, tuvo que decir, extrañado, el Señor Jesús (Lucas 24:25).

La salvación está realmente a la puerta. Pero, para el príncipe incrédulo, allí también se halla el juicio. Es el único que no puede aprovechar el abundante botín. La palabra de Jehová se cumple con exactitud. ¡Y siempre será así!

2 Reyes 8:16-29
16En el quinto año de Joram hijo de Achâb rey de Israel, y siendo Josaphat rey de Judá, comenzó á reinar Joram hijo de Josaphat rey de Judá.17De treinta y dos años era cuando comenzó á reinar, y ocho años reinó en Jerusalem.18Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Achâb, porque una hija de Achâb fué su mujer; é hizo lo malo en ojos de Jehová.19Con todo eso, Jehová no quiso cortar á Judá, por amor de David su siervo, como le había prometido darle lámpara de sus hijos perpetuamente.20En su tiempo se rebeló Edom de debajo de la mano de Judá, y pusieron rey sobre sí.21Joram por tanto pasó á Seir, y todos sus carros con él: y levantándose de noche hirió á los Idumeos, los cuales le habían cercado, y á los capitanes de los carros: y el pueblo huyó á sus estancias.22Sustrájose no obstante Edom de bajo la mano de Judá, hasta hoy. Rebelóse además Libna en el mismo tiempo.23Lo demás de los hechos de Joram, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?24Y durmió Joram con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en lugar suyo Ochôzías, su hijo.25En el año doce de Joram hijo de Achâb rey de Israel, comenzó á reinar Ochôzías hijo de Joram rey de Judá.26De veintidós años era Ochôzías cuando comenzó á reinar, y reinó un año en Jerusalem. El nombre de su madre fué Athalía hija de Omri rey de Israel.27Y anduvo en el camino de la casa de Achâb, é hizo lo malo en ojos de Jehová, como la casa de Achâb: porque era yerno de la casa de Achâb.28Y fué á la guerra con Joram hijo de Achâb á Ramoth de Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los Siros hirieron á Joram.29Y el rey Joram se volvió á Jezreel, para curarse de las heridas que los Siros le hicieron delante de Ramoth, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ochôzías hijo de Joram rey de Judá, á visitar á Joram hijo de Achâb en Jezreel, porque estaba

Al comienzo del capítulo 8 reaparecen personas conocidas: la mujer de Sunem, a quien Jehová cuidó durante la hambruna; después, Giezi, quien parece haber prosperado pese a su lepra (respecto de la cual ciertamente prefiere guardar silencio). En efecto, lo volvemos a encontrar en la corte del rey, donde Dios se vale de él para que se haga justicia a la sunamita. Luego se nos cuenta la visita de Eliseo a Damasco y su encuentro con Hazael, quien, por medio de un homicidio, va a tomar el trono de Siria en lugar de Ben-adad. Este último, en otros tiempos testigo de la curación de Naamán, muere miserablemente.

Finalmente, en los versículos 16-29, vemos proseguir paralelamente la historia de los reyes de Israel y de Judá. Joram, hijo de Josafat, está lejos de seguir el buen ejemplo de su padre. Y se nos da el motivo de ello: “Una hija de Acab fue su mujer” (v. 18). Una vez más se ve cuán grande es la influencia de una esposa o de un marido sobre su cónyuge. Joram de Judá es, pues, cuñado de Joram, rey de Israel, a quien conocemos bien. Y, a su vez, su hijo Ocozías llega a ser “yerno de la casa de Acab” (v. 27). Según el mundo, son hermosas alianzas, pero ante los ojos de Jehová son graves infidelidades. Demasiado a menudo vemos sus trágicas consecuencias.

2 Reyes 9:1-15
1ENTONCES el profeta Eliseo llamó á uno de los hijos de los profetas, y díjole: Ciñe tus lomos, y toma esta alcuza de aceite en tu mano, y ve á Ramoth de Galaad.2Y cuando llegares allá, verás allí á Jehú hijo de Josaphat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y mételo en la recámara.3Toma luego la alcuza de aceite, y derrámala sobre su cabeza, y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa á huir, y no esperes.4Fué pues el mozo, el mozo del profeta, á Ramoth de Galaad.5Y como él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Y Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe.6Y él se levantó, y entróse en casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y díjole: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel.7Y herirás la casa de Achâb tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel.8Y perecerá toda la casa de Achâb, y talaré de Achâb todo meante á la pared, así al guardado como al desamparado en Israel.9Y yo pondré la casa de Achâb como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahía.10Y á Jezabel comerán perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó á huir.11Después salió Jehú á los siervos de su señor, y dijéronle: ¿Hay paz? ¿para qué entró á ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.12Y ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel.13Entonces tomaron prestamente su ropa, y púsola cada uno debajo de él en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey.14Así conjuró Jehú hijo de Josaphat hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba Joram guardando á Ramoth de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria.15Habíase empero vuelto el rey Joram á Jezreel, para curarse de las heridas que los Siros le habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir á dar las nuevas en Jezreel.

Ya hacía mucho tiempo que, en el monte de Horeb, Jehová había dicho a Elías que Jehú debía suceder a la casa de Acab (1 Reyes 19:16). Pero Dios nunca se apresura cuando se trata de juicio. Sólo se decide a obrar después de haber agotado todos los recursos de su gracia. Eliseo no es quien unge al nuevo rey justiciero, porque él es precisamente el profeta de la gracia. Un joven de entre los hijos de los profetas es elegido para esta misión. Esto es prueba de que incluso un servicio importante, a veces puede ser confiado por el Señor a un joven. El muchacho ha de presentarse en medio de los príncipes del ejército de Israel, cuya guarnición se encuentra en Ramot de Galaad, y derramar el aceite de la unción real sobre la cabeza de Jehú. ¿No había de que se intimidara este joven profeta? Pero cuando se obedece a Dios, se puede contar con su socorro en las situaciones más impresionantes. El versículo 7 nos muestra que Dios no olvida los sufrimientos de los suyos (Lucas 18:7-8). Cuánto más se acuerda de la sangre de su Hijo, muerto por el hombre culpable.

Escogido por Jehová, aclamado por sus oficiales, ahora el nuevo rey va a obrar sin pérdida de tiempo.

2 Reyes 9:16-29
16Entonces Jehú cabalgó, y fuése á Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También Ochôzías rey de Judá había descendido á visitar á Joram.17Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel, vió la cuadrilla de Jehú, que venía, y dijo: Yo veo una cuadrilla. Y Joram dijo: Toma uno de á caballo, y envía á reconocerlos, y que les diga: ¿Hay paz?18Fué pues el de á caballo á reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? vuélvete tras mí. El atalaya dió luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.19Entonces envió otro de á caballo, el cual llegando á ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? vuélvete tras mí.20El atalaya volvió á decir: También éste llegó á ellos y no vuelve: mas el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.21Entonces Joram dijo: Unce. Y uncido que fué su carro, salió Joram rey de Israel, y Ochôzías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron á encontrar á Jehú, al cual hallaron en la heredad de Naboth de Jezreel.22Y en viendo Joram á Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?23Entonces Joram volviendo la mano huyó, y dijo á Ochôzías: ­Traición, Ochôzías!24Mas Jehú flechó su arco, é hirió á Joram entre las espaldas, y la saeta salió por su corazón, y cayó en su carro.25Dijo luego Jehú á Bidkar su capitán: Tómalo y échalo á un cabo de la heredad de Naboth de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Achâb su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo:26Que yo he visto ayer las sangres de Naboth, y las sangres de sus hijos, dijo Jehová; y tengo de darte la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómale pues ahora, y échalo en la heredad, conforme á la palabra de Jehová.27Y viendo esto Ochôzías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y siguiólo Jehú, diciendo: Herid también á éste en el carro. Y le hirieron á la subida de Gur, junto á Ibleam. Y él huyó á Megiddo, y murió allí.28Y sus siervos le llevaron en un carro á Jerusalem, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David.29En el undécimo año de Joram hijo de Achâb, comenzó á reinar Ochôzías sobre Judá.

Jehú es un hombre astuto y lleno de energía. Su plan es ejecutado tan pronto como es concebido. Seguido por una tropa decidida, conduce impetuosamente su carro hacia Jezreel. Al verle, se piensa en ese Jinete acompañado por los ejércitos celestiales que sale para cumplir el juicio “del furor de la ira de Dios”. Su nombre es “El Verbo de Dios” y también “Rey de reyes y Señor de señores”, dicho de otro modo, Cristo mismo. Entonces, el tiempo de la gracia se habrá acabado (Apocalipsis 19:11-16).

“¿Hay paz?”, pregunta Joram por medio de sus emisarios; luego, él mismo va al encuentro de su justiciero (v. 17, 19 y 22). Y ¿qué responde la Palabra? “No hay paz… para los impíos” (Isaías 57:21). Por el contrario, “cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina” (1 Tesalonicenses 5:3). Para el rey impío llega el momento de rendir cuentas. Muchas veces la gracia había hablado mediante Eliseo. Pero él permaneció sordo a su lenguaje. “¡Traición!”, exclama él. Más bien debería decir: ¡castigo!, porque es la mano de Dios la que lo traspasa en el mismo campamento de Nabot, en el cual, conforme a la infalible profecía, debía resolverse la suerte de la sangrienta casa de Acab.

2 Reyes 9:30-37; 2 Reyes 10:1-11
30Vino después Jehú á Jezreel: y como Jezabel lo oyó, adornó sus ojos con alcohol, y atavió su cabeza, y asomóse á una ventana.31Y como entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien á Zimri, que mató á su señor?32Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién es conmigo? ¿quién? Y miraron hacia él dos ó tres eunucos.33Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron: y parte de su sangre fué salpicada en la pared, y en los caballos; y él la atropelló.34Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora á ver aquella maldita, y sepultadla; que es hija de rey.35Empero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.36Y volvieron, y dijéronselo. Y él dijo: La palabra de Dios es ésta, la cual él habló por mano de su siervo Elías Thisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel.37Y el cuerpo de Jezabel fué cual estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel; de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.
1Y TENIA Achâb en Samaria setenta hijos; y escribió letras Jehú, y enviólas á Samaria á los principales de Jezreel, á los ancianos y á los ayos de Achâb, diciendo:2Luego en llegando estas letras á vosotros lo que tenéis los hijos de vuestro señor, y los que tenéis carros y gente de á caballo, la ciudad pertrechada, y las armas,3Mirad cuál es el mejor y él más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor.4Mas ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí dos reyes no pudieron resistirle, ¿cómo le resistiremos nosotros?5Y el mayordomo, y el presidente de la ciudad, y los ancianos, y los ayos, enviaron á decir á Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandares: no elegiremos por rey á ninguno; tú harás lo que bien te pareciere.6El entonces les escribió la segunda vez diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los varones hijos de vuestro señor, y venid mañana á estas horas á mí á Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales d7Y como las letras llegaron á ellos, tomaron á los hijos del rey, y degollaron setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastillos, y enviáronselas á Jezreel.8Y vino un mensajero que le dió las nuevas, diciendo: Traído han las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones á la entrada de la puerta hasta la mañana.9Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo á todo el pueblo: Vosotros sois justos: he aquí yo he conspirado contra mi señor, y lo he muerto: ¿mas quién ha muerto á todos estos?10Sabed ahora que de la palabra de Jehová que habló sobre la casa de Achâb, nada caerá en tierra: y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías.11Mató entonces Jehú á todos los que habían quedado de la casa de Achâb en Jezreel, y á todos sus príncipes, y á todos sus familiares, y á sus sacerdotes, que no le quedó ninguno.

Después de la muerte de Joram y la de su sobrino Ocozías, todavía queda la persona más malvada de la familia real: Jezabel, la reina madre. Acaba de enterarse de la suerte de su hijo (pues trata a Jehú de asesino de su señor; v. 31). Pero, en lugar de acongojarse, en un último arranque de vanidad, la vieja reina se arregla y se pinta los ojos (Jeremías 4:30). Después se asoma a la ventana para insultar al despreciado visitante. Al llamado de Jehú, los mismos siervos de esa miserable mujer la echan abajo, y en un momento, los perros no dejan sino restos ensangrentados y difíciles de reconocer. Es el horrible fin de la que llegará a ser en la Escritura la personificación del poder corruptor de la Iglesia (Apocalipsis 2:20).

Como otrora en el asunto de Nabot, los ancianos y los jefes de Jezreel están muy dispuestos a cometer crímenes para complacer al nuevo soberano. Pero, detrás de este cobarde hecho está la mano de Jehová, y podemos estar seguros de que ninguno de los setenta hijos de Acab merecía que se le perdonara la vida. Porque, según Ezequiel 18:17, el hijo que practica los mandamientos de Jehová “no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá”.

2 Reyes 10:12-27
12Y levantóse de allí, y vino á Samaria; y llegando él en el camino á una casa de esquileo de pastores,13Halló allí á los hermanos de Ochôzías rey de Judá, y díjoles: ¿Quién sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ochôzías, y hemos venido á saludar á los hijos del rey, y á los hijos de la reina.14Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, degolláronlos junto al pozo de la casa de esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.15Partiéndose luego de allí encontróse con Jonadab hijo de Rechâb; y después que lo hubo saludado, díjole: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dió su mano. Hízolo luego subir c16Y díjole: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Pusiéronlo pues en su carro.17Y luego que hubo Jehú llegado á Samaria, mató á todos los que habían quedado de Achâb en Samaria, hasta extirparlos, conforme á la palabra de Jehová, que había hablado por Elías.18Y juntó Jehú todo el pueblo, y díjoles: Achâb sirvió poco á Baal; mas Jehú lo servirá mucho.19Llamadme pues luego á todos los profetas de Baal, á todos sus siervos, y á todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran sacrifico para Baal; cualquiera que faltare, no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para destruir á los que honraban á20Y dijo Jehú: Santificad un día solemne á Baal. Y ellos convocaron.21Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, que no faltó ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de cabo á cabo.22Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos lo siervos de Baal. Y él les sacó vestimentas.23Y entró Jehú con Jonadab hijo de Rechâb en el templo de Baal, y dijo á los siervos de Baal: Mirad y ved que por dicha no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino solos los siervos de Baal.24Y como ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera ochenta hombres, y díjoles: Cualquiera que dejare vivo alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro.25Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú dijo á los de su guardia y á los capitanes: Entrad, y matadlos; que no escape ninguno. Y los hirieron á cuchillo: y dejáronlos tendidos los de la guardia y los capitanes, y fueron hasta la ciudad d26Y sacaron las estatuas de la casa de Baal, y quemáronlas.27Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron la casa de Baal, é hiciéronla necesaria, hasta hoy.

Jehú, prosiguiendo su misión vengadora, encuentra una tropa de alegres jóvenes que siguen su camino con total despreocupación. Son los cuarenta y dos hermanos (o primos) de Ocozías. Sin sospechar lo que acaba de suceder, van a visitar a la brillante juventud de la otra familia real… ¡justamente ésa cuyas setenta cabezas en ese mismo momento se juntan en dos montones a la puerta de Jezreel! ¡Pues bien!, en la muerte es donde se encontrarán. Pensemos en los innumerables jóvenes cuyo único propósito es gozar de la existencia, olvidando que la muerte puede sorprenderlos sin que estén preparados (Eclesiastés 11:9). Sí, cuántos de ellos hallaron esa súbita muerte, por ejemplo, en un accidente automovilístico, mientras corrían a sus placeres.

Otro encuentro más interesante es el de Jonadab, hijo de Recab. Es un hombre fiel. El capítulo 35 de Jeremías nos cuenta la historia de esa familia. Jehú se vanagloria de su celo por Jehová, luego lo invita a asistir a la masacre de los sacerdotes de Baal. Pero el ardid que emplea en nada es comparable con la escena del Carmelo que había traído de vuelta a Jehová el corazón de su pueblo Israel (1 Reyes 18).

2 Reyes 10:28-36; 2 Reyes 11:1-3
28Así extinguió Jehú á Baal de Israel.29Con todo eso Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar á Israel; á saber, de en pos de los becerros de oro que estaban en Beth-el y en Dan.30Y Jehová dijo á Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de mis ojos, é hiciste á la casa de Achâb conforme á todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación.31Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar á Israel.32En aquellos días comenzó Jehová á talar en Israel: é hiriólos Hazael en todos los términos de Israel,33Desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén, y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, á Galaad y á Basán.34Lo demás de los hechos de Jehú, y todas las cosas que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?35Y durmió Jehú con sus padres, y sepultáronlo en Samaria: y reinó en su lugar Joachâz su hijo.36El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria, fué veintiocho años.
1Y ATHALIA madre de Ochôzías, viendo que su hijo era muerto, levantóse, y destruyó toda la simiente real.2Pero tomando Josaba hija del rey Joram, hermana de Ochôzías, á Joas hijo de Ochôzías, sacólo furtivamente de entre los hijos del rey, que se mataban, y ocultólo de delante de Athalía, á él y á su ama, en la cámara de las camas, y así no lo mataron.3Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años: y Athalía fué reina sobre el país.

Al considerar a Jehú, ejecutor de la venganza de Jehová, pensamos en el Rey, el Hombre valiente (Cristo), a quien se dirige el Salmo 45: “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros” (v. 7; comp. 2 Reyes 9:6). “En tu gloria sé prosperado; cabalga…” (v. 4; comp. cap. 9:16). “Tu diestra te enseñará cosas terribles. Tus saetas agudas… penetrarán en el corazón de los enemigos del rey” (v. 4-5; comp. cap. 9:24). Y en consecuencia se le confiere el trono, no por un tiempo limitado (a Jehú se le otorgan cuatro generaciones: cap. 10:30), sino “para siempre” (Salmo 45:6).

Mas el versículo 31 subraya el contraste y nos enseña una seria lección: es posible desplegar un gran celo por Dios, hacer obras espectaculares que tienen apariencia de fe y, sin embargo, buscar sus propios intereses.

El capítulo 11 nos transporta al reino de Judá, donde vemos a la abominable Atalía, digna hija de Acab y Jezabel, asesinando a todos sus descendientes varones para apoderarse de la corona.

2 Reyes 11:4-21
4Mas al séptimo año envió Joiada, y tomó centuriones, capitanes, y gente de la guardia, y metiólos consigo en la casa de Jehová: é hizo con ellos liga, juramentándolos en la casa de Jehová; y mostróles al hijo del rey.5Y mandóles, diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros, los que entrarán el sábado, tendrán la guardia de la casa del rey;6Y la otra tercera parte estará á la puerta del sur, y la otra tercera parte á la puerta del postigo de los de la guardia: así guardaréis la casa, para que no sea allanada.7Y las dos partes de vosotros, es á saber, todos los que salen el sábado, tendréis la guarda de la casa de Jehová junto al rey.8Y estaréis alrededor del rey de todas partes, teniendo cada uno sus armas en las manos, y cualquiera que entrare dentro de estos órdenes, sea muerto. Y habéis de estar con el rey cuando saliere, y cuando entrare.9Los centuriones pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó: y tomando cada uno los suyos, es á saber, los que habían de entrar el sábado, y los que habían salido el sábado, viniéronse á Joiada el sacerdote.10Y el sacerdote dió á los centuriones las picas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová.11Y los de la guardia se pusieron en orden, teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey.12Sacando luego Joiada al hijo del rey, púsole la corona y el testimonio, é hiciéronle rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: ­Viva el rey!13Y oyendo Athalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová;14Y como miró, he aquí el rey que estaba junto á la columna, conforme á la costumbre, y los príncipes y los trompetas junto al rey; y que todo el pueblo del país hacía alegrías, y que tocaban las trompetas. Entonces Athalía, rasgando sus vestidos, clamó á v15Mas el sacerdote Joiada mandó á los centuriones que gobernaban el ejército, y díjoles: Sacadla fuera del recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo á cuchillo. (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en el templo de Jehová.)16Diéronle pues lugar, y como iba el camino por donde entran los de á caballo á la casa del rey, allí la mataron.17Entonces Joiada hizo alianza entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová: y asimismo entre el rey y el pueblo.18Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y derribáronlo: asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron á Mathán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová.19Después tomó los centuriones, y capitanes, y los de la guardia, y á todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de los de la guardia á la casa del rey; y sentóse el rey sobre el trono de lo20Y todo el pueblo de la tierra hizo alegrías, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Athalía muerta á cuchillo junto á la casa del rey.21Era Joas de siete años cuando comenzó á reinar.

La familia real de Israel acaba de ser enteramente exterminada. La de Judá sufre la misma suerte, con excepción de un varoncito ocultado en el templo por su tía, esposa del sumo sacerdote (2 Crónicas 22:11). Y durante ese tiempo, la odiosa Atalía ocupa injustamente el trono.

El tiempo actual presenta una situación parecida: Jesús, habiendo pasado por la muerte (Joás en cambio escapó de ella), hoy se halla en la casa del Padre, ejerciendo en ella el sacerdocio, oculto a los ojos del mundo, pero presente junto a Dios para aparecer, en el día de su gloria, como el verdadero “Hijo de David”. Algunos —los que son de la familia de Dios— le conocen y le honran como el verdadero Rey, aguardando su manifestación (Tito 2:13). Poseen un precioso secreto y una bienaventurada esperanza. De modo que el provisorio dominio de Satanás, “el príncipe de este mundo”, no debe impresionarlos: pronto será destruido, como lo es aquí la malvada Atalía. El coronamiento de Joás es, pues, la imagen de una futura escena que nuestros corazones proclaman por la fe.

Luego, el culto a Baal es extirpado de Judá, sin que sean necesarias las artimañas empleadas por Jehú.

2 Reyes 12:1-16
1EN el séptimo año de Jehú comenzó á reinar Joas, y reinó cuarenta años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Sibia, de Beer-seba.2Y Joas hizo lo recto en ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.3Con todo eso los altos no se quitaron; que aún sacrificaba y quemaba el pueblo perfumes en los altos.4Y Joas dijo á los sacerdotes: Todo el dinero de las santificaciones que se suele traer á la casa de Jehová, el dinero de los que pasan en cuenta, el dinero por las personas, cada cual según su tasa, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad mete5Recíbanlo los sacerdotes, cada uno de sus familiares, y reparen los portillos del templo donde quiera que se hallare abertura.6Pero el año veintitrés del rey Joas, no habían aún reparado los sacerdotes las aberturas del templo.7Llamando entonces el rey Joas al pontífice Joiada y á los sacerdotes, díjoles: ¿Por qué no reparáis las aberturas del templo? Ahora pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las roturas del templo.8Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener cargo de reparar las aberturas del templo.9Mas el pontífice Joiada tomó un arca, é hízole en la tapa un agujero, y púsola junto al altar, á la mano derecha como se entra en le templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta, ponían allí todo el dinero que se metía en la casa de Jehová.10Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el notario del rey y el gran sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y guardábanlo.11Y daban el dinero suficiente en mano de los que hacían la obra, y de los que tenían el cargo de la casa de Jehová; y ellos lo expendían en pagar los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehová,12Y los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las aberturas de la casa de Jehová; y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla.13Mas de aquel dinero que se traía á la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni salterios, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro vaso de oro ni de plata se hacía para el templo de Jehová:14Porque lo daban á los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová.15Y no se tomaba en cuenta á los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen á los que hacían la obra: porque lo hacían ellos fielmente.16El dinero por el delito, y el dinero por los pecados, no se metía en la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes.

La muerte de Joiada marca un cambio negativo en el largo reinado de Joás. El segundo libro de las Crónicas nos relata su triste fin. Pero aquí, hasta el versículo 16, se desarrolla la parte feliz de su vida. Una única cosa parece llenar el corazón del rey: la restauración de la casa de Jehová. Desde los días de Salomón, el templo se había deteriorado. Joás, criado por los sacerdotes en las cámaras contiguas al santuario, ha guardado desde su tierna infancia un profundo interés por esta casa. Al mismo tiempo, ha tenido la ocasión de conocer cada grieta de ella. Y ustedes, jóvenes educados en las verdades concernientes a la Asamblea (Iglesia): ¿tiene ésta un gran lugar en sus corazones? Sin duda, también conocen algunas de sus grietas: disconformidad, relajamiento, falta de celo, mundanería… Entonces, ser como Joás, “reparador de portillos” (Isaías 58:12), ¿no es un hermoso y deseable servicio? Incluso un joven puede aprenderlo. ¿Cuáles son los materiales que es necesario saber emplear hábilmente?: el amor, la benevolencia, la dulzura, el saber soportarse y el inestimable “vínculo de la paz” (Efesios 4:2-3).

2 Reyes 12:17-21; 2 Reyes 13:1-9
17Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gath, y tomóla: y puso Hazael su rostro para subir contra Jerusalem;18Por lo que tomó Joas rey de Judá todas las ofrendas que había dedicado Josaphat, y Joram y Ochôzías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehová, y en la casa del rey, y enviólo á H19Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?20Y levantáronse sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron á Joas en la casa de Millo, descendiendo él á Silla;21Pues Josachâr hijo de Simaath, y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, hiriéronle, y murió. Y sepultáronle con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
1EN el año veintitrés de Joas hijo de Ochôzías, rey de Judá, comenzó á reinar Joachâz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó diecisiete años.2E hizo lo malo en ojos de Jehová, y siguió los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel; y no se apartó de ellos.3Y encendióse el furor de Jehová contra Israel, y entrególos en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad hijo de Hazael, por largo tiempo.4Mas Joachâz oró á la faz de Jehová, y Jehová lo oyó: porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía.5(Y dió Jehová salvador á Israel, y salieron de bajo la mano de los Siros; y habitaron los hijos de Israel en sus estancias, como antes.6Con todo eso no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar á Israel: en ellos anduvieron; y también el bosque permaneció en Samaria.)7Porque no le había quedado gente á Joachâz, sino cincuenta hombres de á caballo, y diez carros, y diez mil hombres de á pié; pues el rey de Siria los había destruído, y los había puesto como polvo para hollar.8Lo demás de los hechos de Joachâz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?9Y durmió Joachâz con sus padres, y sepultáronlo en Samaria: y reinó en su lugar Joas su hijo.

Hazael, rey de Siria, se propone subir contra Jerusalén. Pero Joás, en lugar de contar con Jehová, ¿qué hace? Obra igual que Asa en otros tiempos, en la decadencia de su reinado, cuando Baasa subió contra él (1 Reyes 15:17-18): renuncia a todas las cosas santas consagradas por sus padres y por él mismo al comienzo de su carrera y las entrega al rey de Siria. ¡Ay, cuántos han imitado a ese pobre rey! Al principio de su vida cristiana hicieron gozosos unos sacrificios. Consagraron y santificaron una cosa u otra para el servicio del Señor. Pero después sobrevino la oposición del mundo. Y al no estar dispuestos a enfrentarla por la fe, prefirieron arrojar todo por la borda. Es lo que el enemigo desea. De ahí en adelante los deja tranquilos. Sí, pero ¡a qué precio!

Después de haber empezado tan bien, la vida del pobre Joás termina trágicamente. Sus propios siervos lo asesinan. Amasías reina en su lugar, mientras que en Israel Joacaz reemplaza a Jehú. Joacaz es un rey malo. Pero se abre un paréntesis en el que brilla toda la gracia de Dios (v. 4-6). Da un salvador a su pueblo (compárese con Isaías 19:20). ¡Cuánto más grande es el Salvador a quien nos dio! (Lucas 2:11).

2 Reyes 13:10-25
10El año treinta y siete de Joas rey de Judá, comenzó á reinar Joas hijo de Joachâz sobre Israel en Samaria; y reinó dieciséis años.11E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel; en ellos anduvo.12Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, y su esfuerzo con que guerreó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?13Y durmió Joas con sus padres, y sentóse Jeroboam sobre su trono: y Joas fué sepultado en Samaria con los reyes de Israel.14Estaba Eliseo enfermo de aquella su enfermedad de que murió. Y descendió á él Joas rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ­Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de á caballo!15Y díjole Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomóse él entonces un arco y unas saetas.16Y dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey,17Y dijo: Abre la ventana de hacia el oriente. Y como él la abrió dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salud de Jehová, y saeta de salud contra Siria: porque herirás á los Siros en Aphec, hasta consumirlos.18Y tornóle á decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, díjole: Hiere la tierra. Y él hirió tres veces, y cesó.19Entonces el varón de Dios, enojado con él, le dijo: A herir cinco ó seis veces, herirías á Siria, hasta no quedar ninguno: empero ahora tres veces herirás á Siria.20Y murió Eliseo, y sepultáronlo. Entrado el año vinieron partidas de Moabitas á la tierra.21Y aconteció que al sepultar unos un hombre, súbitamente vieron una partida, y arrojaron al hombre en el sepulcro de Eliseo: y cuando llegó á tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y levantóse sobre sus pies.22Hazael pues, rey de Siria, afligió á Israel todo el tiempo de Joachâz.23Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y compadecióse de ellos, y mirólos, por amor de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de sí hasta ahora.24Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo.25Y volvió Joas hijo de Joachâz, y tomó de mano de Ben-adad hijo de Hazael, las ciudades que él había tomado de mano de Joachâz su padre en guerra. Tres veces lo batió Joas, y restituyó las ciudades á Israel.

Eliseo, cuyo nombre significa «salvación de Dios», permanece hasta el fin de su largo ministerio como el profeta de la gracia. Aquí anuncia la liberación al nuevo rey de Israel, Joás, quien lo visita. Hoy en día, ¿dónde encontrar la gracia y la salvación si no es junto a un Cristo que murió por nosotros?

Desgraciadamente Joás no está en condiciones de aprovechar toda la gracia ofrecida. Le falta fe. ¿No somos a menudo como él? Dios nos reserva ricas bendiciones y está dispuesto a dárnoslas. Pero se las pedimos tímidamente, como si él fuese pobre, o como si colmarnos de ellas no fuese su deseo. Mas, esto es conocer muy mal a nuestro Padre. Los límites nunca provienen de él sino de nuestra falta de fe. No tenemos, porque no pedimos (Santiago 4:2).

Eliseo muere, mas esa muerte viene a ser fuente de vida para otros. Aun en la tumba, ese notable profeta es una figura de Cristo (véase Mateo 27:52).

El final del capítulo nos muestra que Jehová, obligado a castigar a su pueblo, al mismo tiempo se conmueve por él con divina compasión (véase Miqueas 7:18-19).

2 Reyes 14:1-16
1EN el año segundo de Joas hijo de Joachâz rey de Israel, comenzó á reinar Amasías hijo de Joas rey de Judá.2Cuando comenzó á reinar era de veinticinco años, y veintinueve años reinó en Jerusalem: el nombre de su madre fué Joaddan, de Jerusalem.3Y él hizo lo recto en ojos de Jehová, aunque no como David su padre: hizo conforme á todas las cosas que había hecho Joas su padre.4Con todo eso los altos no fueron quitados; que el pueblo aun sacrificaba y quemaba perfumes en los altos.5Y luego que el reino fué confirmado en su mano, hirió á sus siervos, los que habían muerto al rey su padre.6Mas no mató á los hijos de los que le mataron, conforme á lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde Jehová mandó, diciendo: No matarán á los padres por los hijos, ni á los hijos por los padres: mas cada uno morirá por su pecado.7Este hirió asimismo diez mil Idumeos en el valle de las Salinas, y tomó á Sela por guerra, y llamóla Jocteel, hasta hoy.8Entonces Amasías envió embajadores á Joas, hijo de Joachâz hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, y veámonos de rostro.9Y Joas rey de Israel envió á Amasías rey de Judá esta respuesta: El cardillo que está en el Líbano envió á decir al cedro que está en el Líbano: Da tu hija por mujer á mi hijo. Y pasaron las bestias fieras que están en el Líbano, y hollaron el cardillo.10Ciertamente has herido á Edom, y tu corazón te ha envanecido: gloríate pues, mas estáte en tu casa. ¿Y por qué te entrometerás en un mal, para que caigas tú, y Judá contigo?11Mas Amasías no dió oídos; por lo que subió Joas rey de Israel, y viéronse de rostro él y Amasías rey de Judá, en Beth-semes, que es de Judá.12Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron cada uno á sus estancias.13Además Joas rey de Israel tomó á Amasías rey de Judá, hijo de Joas hijo de Ochôzías, en Beth-semes: y vino á Jerusalem, y rompió el muro de Jerusalem desde la puerta de Ephraim hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos.14Y tomó todo el oro y la plata, y todos los vasos que fueron hallados en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey, y los hijos en rehenes, y volvióse á Samaria.15Lo demás de los hechos de Joas que ejecutó, y sus hazañas, y cómo peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?16Y durmió Joas con sus padres, y fué sepultado en Samaria con los reyes de Israel; y reinó en su lugar Jeroboam su hijo.

Amasías, hijo de Joás, sube al trono de Judá al mismo tiempo que el otro Joás reina en Israel. Una vez más comprobamos la buena influencia de una madre que pertenece al pueblo de Dios (v. 2).

Se nos dicen buenas cosas respecto de ese nuevo rey, en particular su preocupación por obedecer la Palabra (v. 6; véase Deuteronomio 24:16). Pero se nos hace notar: “…aunque no como David su padre”, recordando el ejemplo del rey amado.

Para los creyentes, el punto de comparación siempre es Jesús, el perfecto Modelo. Es necesario que volvamos a “lo que era desde el principio”, como nos invita a hacerlo la primera epístola de Juan. ¡Estas son las primeras palabras de dicha epístola! ¿Y cuáles son las últimas?: “Hijitos, guardaos de los ídolos”. El segundo libro de Crónicas (cap. 25:14) nos revela que, después de su victoria sobre los edomitas, Amasías establece sus ídolos como dioses. ¡Qué ingratitud hacia Jehová que le había dado la victoria! Una amarga derrota ante Joás, rey de Israel, es la consecuencia de esa idolatría y de la soberbia de Amasías, la que el mismo Joás discierne (v. 10). Si nos atribuimos el mérito de la victoria, Dios permitirá que perdamos la siguiente batalla, para enseñarnos a contar sólo con él.

2 Reyes 14:17-29
17Y Amasías hijo de Joas rey de Judá, vivió después de la muerte de Joas hijo de Joachâz rey de Israel, quince años.18Lo demás de los hechos de Amasías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?19E hicieron conspiración contra él en Jerusalem, y él huyó á Lachîs; mas enviaron tras él á Lachîs, y allá lo mataron.20Trajéronlo luego sobre caballos, y sepultáronlo en Jerusalem con sus padres, en la ciudad de David.21Entonces todo el pueblo de Judá tomó á Azarías, que era de diez y seis años, é hiciéronlo rey en lugar de Amasías su padre.22Edificó él á Elath, y la restituyó á Judá, después que el rey durmió con sus padres.23El año quince de Amasías hijo de Joas rey de Judá, comenzó á reinar Jeroboam hijo de Joas sobre Israel en Samaria; y reinó cuarenta y un años.24E hizo lo malo en ojos de Jehová, y no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel.25El restituyó los términos de Israel desde la entrada de Amath hasta la mar de la llanura, conforme á la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual había él hablado por su siervo Jonás hijo de Amittai, profeta que fué de Gath-hepher.26Por cuanto Jehová miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había guardado ni desamparado, ni quien diese ayuda á Israel;27Y Jehová no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo: por tanto, los salvó por mano de Jeroboam hijo de Joas.28Y lo demás de los hechos de Jeroboam, y todas las cosas que hizo, y su valentía, y todas las guerras que hizo, y cómo restituyó á Judá en Israel á Damasco y á Hamath, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?29Y durmió Jeroboam con sus padres, los reyes de Israel, y reinó en su lugar Zachârías su hijo.

No se nos dice nada de los últimos quince años de la vida de Amasías. ¡Son años perdidos! Nada más merece ser mencionado por Dios. ¿No existen semejantes períodos en nuestra vida? Como su padre Joás, Amasías perece violentamente. ¡Es el triste fin de un hombre que se aparta de Jehová! (2 Crónicas 25:27). Su hijo Azarías (llamado también Uzías) le sucede a la edad de dieciséis años, mientras que en Israel prosigue el largo reinado del tercer descendiente de Jehú: Jeroboam II. Como sus predecesores, éste permanece apegado a los becerros de oro del primer Jeroboam. No obstante, en su misericordia, Dios continúa liberando a su pueblo, aun por medio de ese malvado rey. ¡Qué paciencia! Y cuán conmovedoras son estas palabras: “Jehová no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo” (v. 27; cap. 13:23). Dios, obligado a castigar, se apresura a aprovechar todas las posibilidades de gracia que le deja su alianza de justicia.

También envía profetas a su pueblo durante este reinado: Oseas, Amós y Jonás, mencionado aquí (v. 25). Por medio de ellos Dios multiplica las advertencias. Más tarde se podrá decir a los hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas”, ahora “nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2).

2 Reyes 15:1-22
1EN el año veintisiete de Jeroboam, rey de Israel, comenzó á reinar Azarías hijo de Amasías rey de Judá.2Cuando comenzó á reinar era de dieciséis años, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalem; el nombre de su madre fué Jecolía, de Jerusalem.3E hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que su padre Amasías había hecho.4Con todo eso los altos no se quitaron; que el pueblo sacrificaba aún y quemaba perfumes en los altos.5Mas Jehová hirió al rey con lepra, y fué leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotham hijo del rey tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo de la tierra.6Lo demás de los hechos de Azarías, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?7Y durmió Azarías con sus padres, y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Jotham su hijo.8En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, reinó Zachârías hijo de Jeroboam sobre Israel seis meses.9E hizo lo malo en ojos de Jehová, como habían hecho sus padres: no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel.10Contra él se conjuró Sallum hijo de Jabes, y lo hirió en presencia de su pueblo, y matólo, y reinó en su lugar.11Lo demás de los hechos de Zachârías, he aquí está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.12Y esta fué la palabra de Jehová que había hablado á Jehú, diciendo: Tus hijos hasta la cuarta generación se sentarán en el trono de Israel. Y fué así.13Sallum hijo de Jabes comenzó á reinar en el año treinta y nueve de Uzzía rey de Judá, y reinó el tiempo de un mes en Samaria;14Pues subió Manahem hijo de Gadi, de Thirsa, y vino á Samaria, é hirió á Sallum hijo de Jabes en Samaria, y matólo, y reinó en su lugar.15Lo demás de los hechos de Sallum, y su conjuración con que conspiró, he aquí está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.16Entonces hirió Manahem á Tiphsa, y á todos los que estaban en ella, y también sus términos desde Thirsa; é hirióla porque no le habían abierto; y abrió á todas sus preñadas.17En el año treinta y nueve de Azarías rey de Judá, reinó Manahem hijo de Gadi sobre Israel diez años, en Samaria.18E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó en todo su tiempo de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel.19Y vino Phul rey de Asiria á la tierra; y dió Manahem á Phul mil talentos de plata porque le ayudara á confirmarse en el reino.20E impuso Manahem este dinero sobre Israel, sobre todos los poderosos y opulentos: de cada uno cincuenta siclos de plata, para dar al rey de Asiria, y el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo allí en la tierra.21Lo demás de los hechos de Manahem, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?22Y durmió Manahem con sus padres, y reinó en su lugar Pekaía su hijo.

Azarías o Uzías, acerca del cual 2 Crónicas 26 nos dará muchos detalles más, después de cincuenta y dos años termina tristemente una carrera que había comenzado bien. Fue el mismo caso de su padre y de su abuelo. Acordémonos de que un buen principio en la vida cristiana no garantiza, a continuación ni hasta el fin, un andar feliz. No nos apoyemos nunca en nuestra fidelidad pasada o presente, sino en el Señor, quien es el único capaz de guardarnos sin caída (Judas 24).

Durante la larga vida de Azarías, Zacarías, cuarto y último descendiente de Jehú, luego Salum, Menahem, Pekaía y Peka ocupan uno tras otro el trono de Israel. “Hizo lo malo… no se apartó de…”, es el triste refrán que resume esos sucesivos reinados. Poco importa lo que la historia del mundo recuerde de ellos, lo que cuenta, como para toda vida humana —incluyendo la mía y la suya— es la apreciación divina.

“Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí” (Oseas 8:4). En ese período final de la historia del reino de Israel es solemne ver cómo Jehová, cansado por tantas infidelidades, abandona el pueblo a su suerte (Oseas 4:17).

2 Reyes 15:23-38
23En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, reinó Pekaía hijo de Manahem sobre Israel en Samaria, dos años.24E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel.25Y conspiró contra él Peka hijo de Remalías, capitán suyo, é hiriólo en Samaria, en el palacio de la casa real, en compañía de Argob y de Ariph, y con cincuenta hombres de los hijos de los Galaaditas; y matólo, y reinó en su lugar.26Lo demás de los hechos de Pekaía, y todas las cosas que hizo, he aquí está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.27En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá, reinó Peka hijo de Remalías sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años.28E hizo lo malo en ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel.29En los días de Peka rey de Israel, vino Tiglath-pileser rey de los Asirios, y tomó á Ahión, Abel-beth-maachâ, y Janoa, y Cedes, y Asor, y Galaad, y Galilea, y toda la tierra de Nephtalí; y trasportólos á Asiria.30Y Oseas hijo de Ela hizo conjuración contra Peka hijo de Remalías, é hiriólo, y matólo, y reinó en su lugar, á los veinte años de Jotham hijo de Uzzía.31Lo demás de los hechos de Peka, y todo lo que hizo, he aquí está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.32En el segundo año de Peka hijo de Remalías rey de Israel, comenzó á reinar Jotham hijo de Uzzía rey de Judá.33Cuando comenzó á reinar era de veinticinco años, y reinó dieciséis años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Jerusa hija de Sadoc.34Y él hizo lo recto en ojos de Jehová; hizo conforme á todas las cosas que había hecho su padre Uzzía.35Con todo eso los altos no fueron quitados; que el pueblo sacrificaba aún, y quemaba perfumes en los altos. Edificó él la puerta más alta de la casa de Jehová.36Lo demás de los hechos de Jotham, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?37En aquel tiempo comenzó Jehová á enviar contra Judá á Resín rey de Siria, y á Peka hijo de Remalías.38Y durmió Jotham con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Achâz su hijo.

Todas las advertencias de Dios, inclusive su silencio, fueron vanos para despertar la conciencia de su pueblo. Al fin suena la hora en que la última medida disciplinaria debe ser tomada. Se trata de su dispersión en medio de las naciones. Es el castigo extremo encarado desde el comienzo de la historia de Israel (Levítico 26:33; Deuteronomio 28:64), el cual fue retardado durante siglos de paciencia divina. Podemos pensar lo que esa decisión cuesta al corazón de Dios. Hizo salir a este pueblo de Egipto; lo juntó, lo puso aparte y lo introdujo en un buen país. Ahora le es necesario echar por tierra su propio trabajo y volver a colocar a este pobre pueblo bajo el yugo del cual fue sacado (Jeremías 45:4). Pero la gracia tiene un último recurso: la transportación sólo es ejecutada parcialmente. Para los que son dejados en el país, todavía hay lugar para el arrepentimiento.

Notémoslo: entre las primeras víctimas figuran los habitantes de Galaad (v. 29). El capítulo 32 de Números contaba la desastrosa elección de las dos tribus y media que se habían establecido antes de cruzar el Jordán a causa de sus bienes materiales. Pues bien, sus descendientes tienen que soportar las trágicas consecuencias.

En Judá reinan sucesivamente el fiel Jotam, luego su hijo Acaz, quien, por el contrario, es uno de los reyes más execrables.

2 Reyes 16:1-20
1EN el año diecisiete de Peka hijo de Remalías, comenzó á reinar Achâz hijo de Jotham rey de Judá.2Cuando comenzó á reinar Achâz, era de veinte años, y reinó en Jerusalem dieciséis años: y no hizo lo recto en ojos de Jehová su Dios, como David su padre;3Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel, y aun hizo pasar por el fuego á su hijo, según las abominaciones de las gentes que Jehová echó de delante de los hijos de Israel.4Asimismo sacrificó, y quemó perfumes en los altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol umbroso.5Entonces Resín rey de Siria, y Peka hijo de Remalías rey de Israel, subieron á Jerusalem para hacer guerra, y cercar á Achâz; mas no pudieron tomarla.6En aquel tiempo Resín rey de Siria restituyó Elath á Siria, y echó á los Judíos de Elath; y los Siros vinieron á Elath, y habitaron allí hasta hoy.7Entonces Achâz envió embajadores á Tiglath-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo: sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí.8Y tomando Achâz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente.9Y atendióle el rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria contra Damasco, y tomóla, y trasportó los moradores á Kir, y mató á Resín.10Y fué el rey Achâz á encontrar á Tiglath-pileser rey de Asiria en Damasco; y visto que hubo el rey Achâz el altar que estaba en Damasco, envió á Urías sacerdote el diseño y la descripción del altar, conforme á toda su hechura.11Y Urías el sacerdote edificó el altar; conforme á todo lo que el rey Achâz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías, entre tanto que el rey Achâz venía de Damasco.12Y luego que vino el rey de Damasco, y hubo visto el altar, acercóse el rey á él, y sacrificó en él;13Y encendió su holocausto, y su presente, y derramó sus libaciones, y esparció la sangre de sus pacíficos junto al altar.14Y el altar de bronce que estaba delante de Jehová, hízolo acercar delante de la frontera de la casa, entre el altar y el templo de Jehová, y púsolo al lado del altar hacia el aquilón.15Y mandó el rey Achâz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran altar encenderás el holocausto de la mañana y el presente de la tarde, y el holocausto del rey y su presente, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su presente y sus libacio16E hizo el sacerdote Urías conforme á todas las cosas que el rey Achâz le mandó.17Y cortó el rey Achâz las cintas de las basas, y quitóles las fuentes; quitó también el mar de sobre los bueyes de bronce que estaban debajo de él, y púsolo sobre el solado de piedra.18Asimismo la tienda del sábado que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera del rey, mudólos del templo de Jehová, por causa del rey de Asiria.19Lo demás de los hechos de Achâz que puso por obra, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?20Y durmió el rey Achâz con sus padres y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Ezechîas su hijo.

Durante el reinado de Acaz en Judá (y de Peka en Israel), Asiria hace su aparición en la historia. Dios va a valerse de esta nación como “vara de su furor” (Isaías 10:5) para dispersar a Israel y castigar a Judá. Ante esa temible intervención, sin duda Acaz obra como hábil político, pero sin tener en cuenta para nada el pensamiento de Jehová. Sin embargo, había tenido la revelación más maravillosa, como nos lo enseña Isaías, quien profetizaba bajo ese reinado (Isaías 7:14): “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Dios con nosotros). Hoy en día, ¡cuántos han oído la buena nueva del nacimiento del Salvador, pero no quieren saber nada de ese Dios que vino para estar “con nosotros”.

Acaz se permite cambiar todo en la casa de Jehová. Hace fabricar un altar más ancho: el hombre siempre encuentra demasiado estrecho lo que Dios ha establecido. Después, el impío rey cambia de destino el altar del sacrificio: se niegan el valor de la expiación y la eficacia de la cruz. Quita las basas del mar y de las fuentes: supresión del juicio de sí mismo. Finalmente hace modificar el pórtico y la entrada, “por causa del rey de Asiria” (v. 18): figura de una religión que, para agradar al mundo, le abre sus puertas de par en par.

2 Reyes 17:1-18
1EN el año duodécimo de Achâz rey de Judá, comenzó á reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años.2E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que antes de él habían sido.3Contra éste subió Salmanasar rey de los Asirios; y Oseas fué hecho su siervo, y pagábale tributo.4Mas el rey de Asiria halló que Oseas hacía conjuración: porque había enviado embajadores á So, rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria, como cada año: por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel.5Y el rey de Asiria partió contra todo el país, y subió contra Samaria, y estuvo sobre ella tres años.6En el año nueve de Oseas tomó el rey de Asiria á Samaria, y trasportó á Israel á Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos.7Porque como los hijos de Israel pecasen contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temiesen á dioses ajenos,8Y anduviesen en los estatutos de las gentes que Jehová había lanzado delante de los hijos de Israel, y en los de los reyes de Israel, que hicieron;9Y como los hijos de Israel paliasen cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fuertes,10Y se levantasen estatuas y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol umbroso,11Y quemasen allí perfumes en todos los altos, á la manera de las gentes que había Jehová traspuesto delante de ellos, é hiciesen cosas muy malas para provocar á ira á Jehová,12Pues servían á los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto;13Jehová protestaba entonces contra Israel y contra Judá, por mano de todos los profetas, y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme á todas las leyes que yo prescribí á vuestr14Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios.15Y desecharon sus estatutos, y su pacto que él había concertado con sus padres, y sus testimonios que él había protestado contra ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las gentes que estaban alrededor de ellos, de las cuales16Y dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, é hiciéronse vaciadizos dos becerros, y también bosques, y adoraron á todo el ejército del cielo, y sirvieron á Baal:17E hicieron pasar á sus hijos y á sus hijas por fuego; y diéronse á adivinaciones y agüeros, y entregáronse á hacer lo malo en ojos de Jehová, provocándole á ira.18Jehová por tanto se airó en gran manera contra Israel, y quitólos de delante de su rostro; que no quedó sino sólo la tribu de Judá.

Oseas, asesino y sucesor de Peka, será el último rey de Israel. No aprovechó la prórroga que Jehová le otorgó por algunos años. En el noveno año del reinado de Oseas se verifica la toma de Samaria y la deportación del conjunto de las diez tribus. Pero el Dios justo no quiso poner punto final sin hacer constar una vez más y de manera indiscutible la culpabilidad de Israel. Los versículos 7 a 18 constituyen el acta de acusación irrefutable de Jehová para con ese desdichado pueblo. Lo mismo ocurrirá más tarde ante el terrible gran trono. Para su completa confusión, los muertos serán juzgados cuando se abran los libros que relatan sus obras (Apocalipsis 20:12-13).

El rey de Asiria hizo un intercambio de poblaciones. ¡Qué vergüenza ver, de ahí en adelante, el hermoso país de Canaán ocupado otra vez por naciones idólatras, aun cuando exteriormente éstas aprendan a temer a Jehová y agreguen su culto al de sus divinidades! (v. 24-41).

Llegamos aquí al momento en que Jehová, por boca del profeta Oseas, pronuncia respecto de Israel el solemne “Lo-ammi” (“No sois mi pueblo”), con la recíproca: “…Ni yo seré vuestro Dios” (Oseas 1:9).

2 Reyes 18:1-12
1EN el tercer año de Oseas hijo de Ela rey de Israel, comenzó á reinar Ezechîas hijo de Achâz rey de Judá.2Cuando comenzó á reinar era de venticinco años, y reinó en Jerusalem veintinueve años. El nombre de su madre fué Abi hija de Zachârías.3Hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que había hecho David su padre.4El quitó los altos, y quebró las imágenes, y taló los bosques, é hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel; y llamóle por nombre Nehustán.5En Jehová Dios de Israel puso su esperanza: después ni antes de él no hubo otro como él en todos los reyes de Judá.6Porque se llegó á Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió á Moisés.7Y Jehová fué con él; y en todas las cosas á que salía prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió.8Hirió también á los Filisteos hasta Gaza y sus términos, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortalecida.9En el cuarto año del rey Ezechîas, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela rey de Israel, subió Salmanasar rey de los Asirios contra Samaria, y cercóla.10Y tomáronla al cabo de tres años: esto es, en el sexto año de Ezechîas, el cual era el año nono de Oseas rey de Israel, fué Samaria tomada.11Y el rey de Asiria traspuso á Israel á Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos:12Por cuanto no habían atendido la voz de Jehová su Dios, antes habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado, ni las habían escuchado, ni puesto por obra.

En lo sucesivo y hasta el fin de este libro, sólo se hablará de Judá. Dios acaba de recapitular tristemente todos los pecados de su pueblo. Pero ahora se regocija al hablarnos de un rey fiel. Por eso, el reinado de Ezequías ocupará unos once capítulos de la Biblia (2 Reyes 18-20; 2 Crónicas 29-32; Isaías 36-39); como si en el momento de la ruina, y antes de abordar una página más sombría aún, Dios se complaciera en detenerse en la vida de su piadoso siervo. Hasta Ezequías, el relato de los mejores reinados contenía siempre esta reserva: “Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados”. Esos lugares altos, donde el pueblo ofrecía sacrificios (primero a Jehová y más tarde a los ídolos), habían sido prohibidos por Dios en Deuteronomio 12. Nos hacen pensar en todas las tradiciones y supersticiones que reemplazaron en la cristiandad las enseñanzas de la Biblia con respecto a la adoración. La veneración, cuyo objeto era la serpiente de bronce, nos recuerda que la cruz misma es para muchos un objeto de idolatría. Ezequías quita, rompe, corta y destroza.

Luego rechaza el yugo del asirio y triunfa sobre los filisteos, según la profecía de Isaías (Isaías 14:28-32).

2 Reyes 18:13-25
13Y á los catorce años del rey Ezechîas, subió Sennachêrib rey de Asiria contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas.14Entonces Ezechîas rey de Judá envió á decir al rey de Asiria en Lachîs: Yo he pecado: vuélvete de mí, y llevaré todo lo que me impusieres. Y el rey de Asiria impuso á Ezechîas rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro.15Dió por tanto Ezechîas toda la plata que fué hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real.16Entonces descompuso Ezechîas las puertas del templo de Jehová, y los quiciales que el mismo rey Ezechîas había cubierto de oro, y diólo al rey de Asiria.17Después el rey de Asiria envió al rey Ezechîas, desde Lachîs contra Jerusalem, á Thartán y á Rabsaris y á Rabsaces, con un grande ejército: y subieron, y vinieron á Jerusalem. Y habiendo subido, vinieron y pararon junto al conducto del estanque de arriba,18Llamaron luego al rey, y salió á ellos Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller.19Y díjoles Rabsaces: Decid ahora á Ezechîas: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que tú estás?20Dices, (por cierto palabras de labios): Consejo tengo y esfuerzo para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí?21He aquí tú confías ahora en este bordón de caña cascada, en Egipto, en el que si alguno se apoyare, entrarále por la mano, y se le pasará. Tal es Faraón rey de Egipto, para todos los que en él confían.22Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios: ¿no es aquél cuyos altos y altares ha quitado Ezechîas, y ha dicho á Judá y á Jerusalem: Delante de este altar adoraréis en Jerusalem?23Por tanto, ahora yo te ruego que des rehenes á mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú pudieres dar jinetes para ellos.24¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán el menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y su gente de á caballo?25Además, ¿he venido yo ahora sin Jehová á este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube á esta tierra, y destrúyela.

Valientemente Ezequías ha tomado posición por Jehová. Pero su fe todavía no ha sido probada, y es necesario que lo sea. Asimismo cada creyente, tarde o temprano, debe mostrar si sus obras son las de la fe o las de la carne. Ante el temible asalto del rey de Asiria, la fe de Ezequías empieza a tambalear. Cree poder salir del apuro entregando a Senaquerib un enorme tributo. Igual había hecho Joás en tiempos pasados. Pero Dios va a enseñarle (y a nosotros por la misma ocasión) que la liberación y la verdadera paz no se obtienen haciendo concesiones (Proverbios 29:25). El Enemigo siempre engaña y decepciona. Senaquerib, lejos de desarmar, envía grandes fuerzas contra Ezequías y los habitantes de Jerusalén. Al mismo tiempo delega tres peligrosos personajes, cada uno con su especialidad: el Tartán, su general, para vencerlos, el Rabsaris, jefe de sus servidores, para sojuzgarlos, y el Rabsaces, su copero mayor, para seducirlos, si fuese posible, con melosas palabras. Desconfiemos de ciertas personas que Satanás a veces nos envía con una misión semejante. Su lenguaje las traicionará.

El Rabsaces comienza con una arenga en la cual se burla abiertamente de la confianza del pueblo en Jehová.

2 Reyes 18:26-37
26Entonces dijo Eliacim hijo de Hilcías, y Sebna y Joah, á Rabsaces: Ruégote que hables á tus siervos siriaco, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros judaico á oídos del pueblo que está sobre el muro.27Y Rabsaces les dijo: ¿Hame enviado mi señor á ti y á tu señor para decir estas palabras, y no antes á los hombres que están sobre el muro, para comer su estiércol, y beber el agua de sus pies con vosotros?28Paróse luego Rabsaces, y clamó á gran voz en judaico, y habló, diciendo: Oid la palabra del gran rey, el rey de Asiria.29Así ha dicho el rey: No os engañe Ezechîas, porque no os podrá librar de mi mano.30Y no os haga Ezechîas confiar en Jehová, diciendo: De cierto nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.31No oigáis á Ezechîas, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid á mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá las aguas de su pozo;32Hasta que yo venga, y os lleve á una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis á Ezechîas, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará.33¿Acaso alguno de los dioses de las gentes ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria?34¿Dónde está el dios de Hamath, y de Arphad? ¿dónde el dios de Sepharvaim, de Hena, y de Hiva? ¿pudieron éstos librar á Samaria de mi mano?35¿Qué dios de todos los dioses de las provincias ha librado á su provincia de mi mano, para que libre Jehová de mi mano á Jerusalem?36Y el pueblo calló, que no le respondieron palabra: porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis.37Entonces Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna el escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller, vinieron á Ezechîas, rotos sus vestidos, y recitáronle las palabras de Rabsaces.

El copero mayor prosigue su discurso usando alternativamente amenazas, burlas y mentiras. Había pretendido falsamente haber recibido orden de Jehová para subir contra Judá y destruirlo (v. 25). Ahora va a ensayar la seducción. Recurriendo al lenguaje del pueblo (como Satanás sabe hablar el nuestro), hace brillar las riquezas de Asiria, adonde se propone llevarlo: trigo, pan, viñas, etc. En resumen, afirma él, es “una tierra como la vuestra”. En efecto, si comparamos estos recursos de Asiria con los de Canaán (Deuteronomio 8:7-8), aparentemente hay pocas diferencias. Sin embargo, ¡hay una grande y esencial diferencia!: el país del enemigo no es como el de Jehová, una “tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes”. ¿Una tierra como vuestra tierra? ¡Por cierto que no! Jesús no da como el mundo da (Juan 14:27). Al no lograr que el creyente acepte sus engañosos recursos, el enemigo procurará apartarlo de su supremo Recurso: el Dios fuerte (véase v. 33-35). ¿Qué respuesta tiene que dar el creyente? Sencillamente callar (v. 36). No se discute con el diablo, se huye de él.

2 Reyes 19:1-13
1Y COMO el rey Ezechîas lo oyó, rasgó sus vestidos, y cubrióse de saco, y entróse en la casa de Jehová.2Y envió á Eliacim el mayordomo, y á Sebna escriba, y á los ancianos de los sacerdotes, vestidos de sacos á Isaías profeta hijo de Amós,3Que le dijesen: Así ha dicho Ezechîas: Este día es día de angustia, y de reprensión, y de blasfemia; porque los hijos han venido hasta la rotura, y la que pare no tiene fuerzas.4Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras de Rabsaces, al cual el rey de los Asirios su señor ha enviado para injuriar al Dios vivo, y á vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído: por tanto, eleva oración por las reliquias que aun se ha5Vinieron pues los siervos del rey Ezechîas á Isaías.6E Isaías les respondió: Así diréis á vuestro señor: Así ha dicho Jehová; No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.7He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volveráse á su tierra: y yo haré que en su tierra caiga á cuchillo.8Y regresando Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo á Libna; porque había oído que se había partido de Lachîs.9Y oyó decir de Thiraca rey de Ethiopía: He aquí es salido para hacerte guerra. Entonces volvió él, y envió embajadores á Ezechîas, diciendo:10Así diréis á Ezechîas rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.11He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria á todas las tierras, destruyéndolas; ¿y has tú de escapar?12¿Libráronlas los dioses de las gentes, que mis padres destruyeron, es á saber, Gozán, y Harán, y Reseph, y los hijos de Edén que estaban en Thalasar?13¿Dónde está el rey de Hamath, el rey de Arphad, el rey de la ciudad de Sepharvaim, de Hena, y de Hiva?

Ante el asalto de los ejércitos asirios, Ezequías tiene una extraña manera de conducir la guerra. En lugar de armadura se viste de cilicio. No establece su cuartel general sobre la muralla, sino en la casa de Jehová. Finalmente, en lugar de llamar a lo mejor de sus soldados, ¡se dirige a Isaías, el profeta! Así es; contra la altivez y la soberbia del rey de Asiria, ¿no es la correcta estrategia militar enseñada por el apóstol Pablo? “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas —escribe él en 2 Corintios 10:4-5— derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios”. Ezequías, cuyo nombre significa “poder de Jehová”, sabe dónde hallar socorro (Salmo 121:2). Y su confianza no es defraudada. “No temas”, le contesta Dios por medio del profeta. Son preciosas palabras que encontramos muy a menudo en la Biblia y, particularmente, en boca del Señor: “No temas, cree solamente” (Marcos 5:26). Tiene “lengua de sabios para saber hablar palabras al cansado” (Isaías 50:4). El alma temerosa pero confiada del redimido que está todavía en la prueba, recibe mediante estas palabras la fuerza y el aliento necesario para aguardar la liberación.

2 Reyes 19:14-24
14Y tomó Ezechîas las letras de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió á la casa de Jehová, y extendiólas Ezechîas delante de Jehová.15Y oró Ezechîas delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que habitas entre los querubines, tú solo eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra.16Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye las palabras de Sennachêrib, que ha enviado á blasfemar al Dios viviente.17Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruído las gentes y sus tierras;18Y que pusieron en el fuego á sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera ó piedra, y así los destruyeron.19Ahora pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te suplico, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú solo, Jehová, eres Dios.20Entonces Isaías hijo de Amós envió á decir á Ezechîas: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me rogaste acerca de Sennachêrib rey de Asiria, he oído.21Esta es la palabra que Jehová ha hablado contra él: Hate menospreciado, hate escarnecido la virgen hija de Sión; ha movido su cabeza detrás de ti la hija de Jerusalem.22¿A quién has injuriado y á quién has blasfemado? ¿y contra quién has hablado alto, y has alzado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel.23Por mano de tus mensajeros has proferido injuria contra el Señor, y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido á las cumbres de los montes, á las cuestas del Líbano; y cortaré sus altos cedros, sus hayas escogidas; y entraré á la morada de su térm24Yo he cavado y bebido las aguas ajenas, y he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de lugares bloqueados.

Hemos visto que la actitud del creyente, tanto ante las provocaciones del mundo como ante sus más seductoras proposiciones, es la de soportar en silencio y no contestar nada. En cambio, ante Dios puede tomar la palabra. Es lo que hace Ezequías. Empieza por presentar ante Jehová la carta que acaba de recibir y, por decirlo así, le declara: «Esto te concierne; te encargo que lo cuides. A ti mismo te ultrajó el asirio, atentó contra tu gloria» (v. 19; véase Salmo 83:12 y 18).

Ezequías completa sus sorprendentes disposiciones militares mediante la más hábil táctica: retirarse, echarse a un lado para dejar al enemigo frente a Jehová, pues ¡él es el más fuerte! «Dejarte sólo obrar, firmes en tu victoria…», dice un cántico. En nuestras dificultades, sean pequeñas o grandes, empecemos por sentirnos demasiados débiles para superar el obstáculo. Luego, expongamos nuestro caso al Señor mediante la oración. Finalmente, aguardemos apaciblemente la liberación que viene de arriba.

Así, la prueba no se colocará más como una pantalla entre el Señor y nosotros, sino que el Señor mismo se mantendrá como un escudo protector entre la prueba y su redimido (léase Salmo 38:14-15).

2 Reyes 19:25-37
25¿Nunca has oído que mucho tiempo ha yo lo hice, y de días antiguos lo he formado? Y ahora lo he hecho venir, y fué para desolación de ciudades fuertes en montones de ruinas.26Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, fueron cual hierba del campo, como legumbre verde, y heno de los tejados, que antes que venga á madurez es seco.27Yo he sabido tu asentarte, tu salir y tu entrar, y tu furor contra mí.28Por cuanto te has airado contra mí, y tu estruendo ha subido á mis oídos, yo por tanto pondré mi anzuelo en tus narices, y mi bocado en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.29Y esto te será por señal Ezechîas: Este año comerás lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo; y el tercer año haréis sementera, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas.30Y lo que hubiere escapado, lo que habrá quedado de la casa de Judá, tornará á echar raíz abajo, y hará fruto arriba.31Porque saldrán de Jerusalem reliquias, y los que escaparán, del monte de Sión: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto.32Por tanto, Jehová dice así del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella escudo, ni será echado contra ella baluarte.33Por el camino que vino se volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová.34Porque yo ampararé á esta ciudad para salvarla, por amor de mí, y por amor de David mi siervo.35Y aconteció que la misma noche salió el ángel de Jehová, é hirió en el campo de los Asirios ciento ochenta y cinco mil; y como se levantaron por la mañana, he aquí los cuerpos de los muertos.36Entonces Sennachêrib, rey de Asiria se partió, y se fué y tornó á Nínive, donde se estuvo.37Y aconteció que, estando él adorando en el templo de Nisroch su dios, Adramelech y Saresar sus hijos lo hirieron á cuchillo; y huyéronse á tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.

El orgullo del rey de Asiria se había hinchado desmedidamente, porque hasta entonces nadie había podido resistirle. En los versículos 23 y 24 vemos que el “yo” es una constante. Pero este orgullo es tanto más espantoso que se mide con Dios mismo. La loca pretensión del hombre de “ser igual a Dios” (Filipenses 2:6) se discierne claramente en el mundo actual. Por medio de la ciencia, la técnica y los progresos, cuyos méritos se atribuye, el mundo se encamina rápidamente hacia el momento en que se adorará a sí mismo en un «superhombre», el Anticristo.

El asirio es igualmente un personaje de la profecía: en el tiempo venidero, una formidable potencia asiática invadirá Palestina y sitiará a Jerusalén. Pero sólo será destruida cuando aparezca el Señor Jesús, representado aquí por el ángel de Jehová. En una sola noche el campamento asirio es asolado. Luego, a su vez, Senaquerib es asesinado por sus propios hijos en el templo de su dios Nisroc. El que había afirmado que Jehová no podría liberar a Ezequías, es herido en presencia de su ídolo, incapaz de protegerlo.

Así, Dios se ha glorificado liberando a su fiel siervo, y podemos estar seguros de que lo hará siempre.

2 Reyes 20:1-11
1EN aquellos días cayó Ezechîas enfermo de muerte, y vino á él Isaías profeta hijo de Amós, y díjole: Jehová dice así: Dispón de tu casa, porque has de morir, y no vivirás.2Entonces volvió él su rostro á la pared, y oró á Jehová, y dijo:3Ruégote, oh Jehová, ruégote hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad é íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezechîas con gran lloro.4Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, fué palabra de Jehová á Isaías, diciendo:5Vuelve, y di á Ezechîas, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas: he aquí yo te sano; al tercer día subirás á la casa de Jehová.6Y añadiré á tus días quince años, y te libraré á ti y á esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor de mí, y por amor de David mi siervo.7Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, pusieron sobre la llaga, y sanó.8Y Ezechîas había dicho á Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré á la casa de Jehová al tercer día?9Y respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, ó retrocederá diez grados?10Y Ezechîas respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados: pero, que la sombra vuelva atrás diez grados.11Entonces el profeta Isaías clamó á Jehová; é hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Achâz, diez grados atrás.

Una segunda prueba, más terrible aún que la primera, alcanza ahora al rey. La muerte golpea a su puerta. En su infortunio, esta vez también recurre a Jehová. Sin duda, no puede subir al santuario, según su costumbre; pero, ¿no le es posible encontrar a Dios aun en su lecho de enfermo? ¡Cuántos de los que guardan cama disfrutan todos los días esa bienhechora experiencia!

Acaz, padre de Ezequías, había rehusado la señal que Jehová quería darle (Isaías 7:10-12). Y sobre el reloj solar que construyó, la hora del juicio se acercaba con rapidez. Pero aquí, el rey fiel y piadoso obtiene junto con la curación una extraordinaria señal. Por el retroceso de la sombra, Dios le muestra que acepta retardar el castigo.

En contraste, algunos detalles de este hermoso relato hacen pensar en el Señor Jesús. En el Salmo 102 tenemos su oración: “Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días…” luego, la respuesta de su Padre: “Por generación de generaciones son tus años” (v. 24). Isaías anunció la curación del rey al tercer día (v. 5). Cristo, quien verdaderamente entró en la muerte, también salió de ella al tercer día.

2 Reyes 20:12-21
12En aquel tiempo Berodach-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió letras y presentes á Ezechîas, porque había oído que Ezechîas había caído enfermo.13Y Ezechîas los oyó, y mostróles toda la casa de las cosas preciosas, plata, oro, y especiería, y preciosos ungüentos; y la casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros: ninguna cosa quedó que Ezechîas no les mostrase, así en su casa como en todo 14Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezechîas, y díjole: ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron á ti? Y Ezechîas le respondió: De lejanas tierras han venido, de Babilonia.15Y él le volvió á decir: ¿Qué vieron en tu casa? Y Ezechîas respondió: Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó en mis tesoros que no les mostrase.16Entonces Isaías dijo á Ezechîas: Oye palabra de Jehová:17He aquí vienen días, en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado á Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová.18Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán; y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.19Entonces Ezechîas dijo á Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Después dijo: ¿Mas no habrá paz y verdad en mis días?20Lo demás de los hechos de Ezechîas, y todo su vigor, y cómo hizo el estanque, y el conducto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?21Y durmió Ezechîas con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su hijo.

Después de haber salido airoso de dos duras pruebas, el pobre Ezequías va a sucumbir en la tercera. ¡Y justamente porque esta última no parecía ser una prueba! ¿Hay algo más halagüeño que esa embajada del rey de Babilonia? Se presenta con cartas y presentes para Ezequías. ¡Ah, si Ezequías hubiese extendido estas cartas delante de Jehová! En cuanto a los presentes, va a hallarse comprometido a causa de ellos y ser deudor para con esos extranjeros. ¡Cuán peligrosas son para un creyente las amabilidades del mundo! Muy a menudo hallan un complaciente eco en la vanidad de su corazón. Para Ezequías, ¿no hubiera sido la ocasión de hablar a esos hombres acerca de la bondad y del poder de Jehová, quien le había librado dos veces? ¿Y también la oportunidad de darles a conocer la casa de su Dios? Pero, en lugar de esto, les muestra su propia casa, su arsenal, que no le había sido útil contra Senaquerib, y todos sus tesoros, de los cuales no quedará nada, como se lo anuncia ahora Jehová (v. 17). “¿Qué vieron en tu casa?” ¡Qué pregunta más seria! ¿Qué ven los visitantes en nuestras casas y de qué les hablamos? ¿De los tesoros, todos perecederos, que nos vanagloriamos poseer? ¿O de Aquel a quien todo pertenece?

Ezequías reconoce que merece el juicio. Y allí termina la vida de ese rey fiel.

2 Reyes 21:1-18
1DE doce años era Manasés cuando comenzó á reinar, y reinó en Jerusalem cincuenta y cinco años: el nombre de su madre fué Hepsiba.2E hizo lo malo en ojos de Jehová, según las abominaciones de las gentes que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.3Porque él volvió á edificar los altos que Ezechîas su padre había derribado, y levantó altares á Baal, é hizo bosque, como había hecho Achâb rey de Israel: y adoró á todo el ejército del cielo, y sirvió á aquellas cosas.4Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalem.5Y edificó altares para todo el ejército del cielo en los dos atrios de la casa de Jehová.6Y pasó á su hijo por fuego, y miró en tiempos, y fué agorero, é instituyó pythones y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo en ojos de Jehová, para provocarlo á ira.7Y puso una entalladura del bosque que él había hecho, en la casa de la cual había Jehová dicho á David y á Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalem, á la cual escogí de todas las tribus de Israel:8Y no volveré á hacer que el pie de Israel sea movido de la tierra que dí á sus padres, con tal que guarden y hagan conforme á todas las cosas que yo les he mandado, y conforme á toda la ley que mi siervo Moisés les mandó.9Mas ellos no escucharon; y Manasés los indujo á que hiciesen más mal que las gentes que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.10Y habló Jehová por mano de sus siervos los profetas, diciendo:11Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los Amorrheos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar á Judá en sus ídolos;12Por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre Jerusalem y sobre Judá, que el que lo oyere, le retiñirán ambos oídos.13Y extenderé sobre Jerusalem el cordel de Samaria, y el plomo de la casa de Achâb: y yo limpiaré á Jerusalem como se limpia una escudilla, que después que la han limpiado, la vuelven sobre su haz.14Y desampararé las reliquias de mi heredad, y entregarlas he en manos de sus enemigos; y serán para saco y para robo á todos sus adversarios;15Por cuanto han hecho lo malo en mis ojos, y me han provocado á ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy.16Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta henchir á Jerusalem de cabo á cabo: además de su pecado con que hizo pecar á Judá, para que hiciese lo malo en ojos de Jehová.17Lo demás de los hechos de Manasés, y todas las cosas que hizo, y su pecado que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?18Y durmió Manasés con sus padres, y fué sepultado en el huerto de su casa, en el huerto de Uzza; y reinó en su lugar Amón su hijo.

Después de David, Ezequías fue el más fiel de los reyes. Su hijo Manasés será el más detestable, “multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová” (v. 6). A todos sus crímenes se agrega la responsabilidad de ser el hijo del piadoso Ezequías, el que otrora había dicho: “El padre hará notoria tu verdad a los hijos” (Isaías 38:19). Si tuviésemos sólo este capítulo respecto a Manasés, con seguridad diríamos que dicho hombre está perdido por la eternidad. Pero el segundo libro de Crónicas (cap. 33:12-13), que nos relata el fin de su historia, nos enseña que la gracia de Dios tuvo la última palabra. ¿Quién habría pensado que semejante hombre pudiera arrepentirse, orar y ser escuchado? En verdad, los pensamientos de Dios no son los nuestros. Nuestra salvación no depende de la manera más o menos honrada en que nos hayamos conducido. Es el resultado de la incomparable gracia del Dios de amor. De todos modos, lo que hicimos antes de nuestra conversión debería parecernos abominable ante Dios. Pablo se llamaba a sí mismo el primero de los pecadores, porque había perseguido a la asamblea (la Iglesia). “Pero por esto fui recibido a misericordia —agrega él—, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia” (1 Timoteo 1:16).

2 Reyes 21:19-26; 2 Reyes 22:1-7
19De veinte y dos años era Amón cuando comenzó á reinar, y reinó dos años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Mesalemeth hija de Harus de Jotba.20E hizo lo malo en ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre.21Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió á las inmundicias á las cuales había servido su padre, y á ellas adoró;22Y dejó á Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová.23Y los siervos de Amón conspiraron contra él, y mataron al rey en su casa.24Entonces el pueblo de la tierra hirió á todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y puso el pueblo de la tierra por rey en su lugar á Josías su hijo.25Lo demás de los hechos de Amón, que efectuara, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?26Y fué sepultado en su sepulcro en el huerto de Uzza, y reinó en su lugar Josías su hijo.
1CUANDO Josías comenzó á reinar era de ocho años, y reinó en Jerusalem treinta y un años. El nombre de su madre fué Idida hija de Adaía de Boscath.2E hizo lo recto en ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse á diestra ni á siniestra.3Y á los dieciocho años del rey Josías, fué que envió el rey á Saphán hijo de Azalía, hijo de Mesullam, escriba, á la casa de Jehová, diciendo:4Ve á Hilcías, sumo sacerdote: dile que recoja el dinero que se ha metido en la casa de Jehová, que han juntado del pueblo los guardianes de la puerta,5Y que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que tienen cargo de la casa de Jehová, y que lo entreguen á los que hacen la obra de la casa de Jehová, para reparar las aberturas de la casa:6A los carpinteros, á los maestros y albañiles, para comprar madera y piedra de cantería para reparar la casa;7Y que no se les cuente el dinero cuyo manejo se les confiare, porque ellos proceden con fidelidad.

Amón sucede a Manasés. Después de dos años de impío reinado, perece violentamente. Y el pequeño Josías, su hijo, sube al trono a la edad de ocho años. Recordemos que su nombre ya fue pronunciado muchos siglos antes por un profeta que había subido a Bet-el para hablar contra el altar en presencia de Jeroboam (1 Reyes 13:2). Este hijo debía nacerle a la casa de David para cumplir justicia y el juicio. Así, vemos que en presencia del mal que se manifestaba, los pensamientos de Dios desde hacía mucho tiempo se volvían hacia este niño. Pero, desde la eternidad descansaban en el pequeño niño de Belén, quien sería el Salvador del mundo.

El reinado de Josías, como el de su antepasado Ezequías, corresponde a lo que se llama un despertar. En el estado de sueño de la cristiandad, el Espíritu Santo todavía produce, aquí o allá, semejantes despertares. Aquél, del cual Josías es un notable instrumento, se caracteriza: por un nuevo interés por la casa de Dios; por un retorno al santo Libro y, finalmente, por el afán de separarse del mal.

El ejemplo del pequeño rey Josías también hace recordar a todos nuestros hijos que nunca es demasiado temprano para hacer “lo recto ante los ojos de Jehová” (v. 2).

2 Reyes 22:8-20
8Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías á Saphán escriba: El libro de la ley he hallado en la casa de Jehová. E Hilcías dió el libro á Saphán, y leyólo.9Viniendo luego Saphán escriba al rey, dió al rey la respuesta, y dijo: Tus siervos han juntado el dinero que se halló en el templo, y lo han entregado en poder de los que hacen la obra, que tienen cargo de la casa de Jehová.10Asimismo Saphán escriba declaró al rey, diciendo: Hilcías el sacerdote me ha dado un libro. Y leyólo Saphán delante del rey.11Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos.12Luego mandó el rey á Hilcías el sacerdote, y á Ahicam hijo de Saphán, y á Achbor hijo de Michâía, y á Saphán escriba, y á Asaía siervo del rey, diciendo:13Id, y preguntad á Jehová por mí, y por el pueblo, y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado: porque grande ira de Jehová es la que ha sido encendida contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de es14Entonces fué Hilcías el sacerdote, y Ahicam y Achbor y Saphán y Asaía, á Hulda profetisa, mujer de Sallum hijo de Ticva hijo de Araas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalem en la segunda parte de la ciudad, y hablaron con ella.15Y ella les dijo: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Decid al varón que os envió á mí:16Así dijo Jehová: He aquí yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los que en él moran, á saber, todas las palabras del libro que ha leído el rey de Judá:17Por cuanto me dejaron á mí, y quemaron perfumes á dioses ajenos, provocándome á ira en toda obra de sus manos; y mi furor se ha encendido contra este lugar, y no se apagará.18Mas al rey de Judá que os ha enviado para que preguntaseis á Jehová, diréis así: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Por cuanto oíste las palabras del libro,19Y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar y contra sus moradores, que vendrían á ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te he oí20Por tanto, he aquí yo te recogeré con tus padres, y tú serás recogido á tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar. Y ellos dieron al rey la respuesta.

Los trabajos emprendidos por Josías en la casa de Jehová permitieron descubrir el libro de la ley. Éste se había perdido, y hasta fue olvidado por los sacerdotes, quienes, no obstante, eran los encargados de cuidarlo (Deuteronomio 31:9 y 26). En el transcurso de la historia de la Iglesia, el gran despertar de la Reforma volvió a honrar las Sagradas Escrituras. Después de los siglos de oscuridad de la Edad Media, el libro de Dios fue sacado de la sombra, traducido en lenguas populares, impreso y difundido por todas partes. No olvidemos que éste es un motivo de agradecimiento. La lectura de la Biblia abrió, entonces, los ojos de muchos sobre el estado de ruina de la cristiandad. Al mismo tiempo, la luz del Evangelio vino a alumbrar a las almas ignorantes. Porque esta Palabra de vida no sólo nos muestra lo que Dios aguarda del hombre —lo que el libro de la ley enseñó a Josías— y cómo éste completamente falló (Antiguo Testamento). La Palabra también nos enseña lo que Dios se propuso en Cristo, el nuevo Hombre, y cómo lo cumplió por entero (Nuevo Testamento). Si por una parte la Biblia es un libro que nos coloca ante nuestras responsabilidades, también trae el mensaje de la gracia de Dios para pobres pecadores perdidos.

2 Reyes 23:1-11
1ENTONCES el rey envió, y juntaron á él todos los ancianos de Judá y de Jerusalem.2Y subió el rey á la casa de Jehová con todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalem, con los sacerdotes y profetas y con todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del 3Y poniéndose el rey en pie junto á la columna, hizo alianza delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, y sus testimonios, y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras de la al4Entonces mandó el rey al sumo sacerdote Hilcías, y á los sacerdotes de segundo orden, y á los guardianes de la puerta, que sacasen del templo de Jehová todos los vasos que habían sido hechos para Baal, y para el bosque, y para toda la milicia del cielo; y5Y quitó á los Camoreos, que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen perfumes en los altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalem; y asimismo á los que quemaban perfumes á Baal, al sol y á la luna, y á los signos, y á todo el 6Hizo también sacar el bosque fuera de la casa de Jehová, fuera de Jerusalem, al torrente de Cedrón, y quemólo en el torrente de Cedrón, y tornólo en polvo, y echó el polvo de él sobre los sepulcros de los hijos del pueblo.7Además derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa de Jehová, en las cuales tejían las mujeres pabellones para el bosque.8E hizo venir todos los sacerdotes de las ciudades de Judá, y profanó los altos donde los sacerdotes quemaban perfumes, desde Gabaa hasta Beer-seba; y derribó los altares de las puertas que estaban á la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciuda9Empero los sacerdotes de los altos no subían al altar de Jehová en Jerusalem, mas comían panes sin levadura entre sus hermanos.10Asimismo profanó á Topheth, que está en el valle del hijo de Hinnom, porque ninguno pasase su hijo ó su hija por fuego á Moloch.11Quitó también los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol á la entrada del templo de Jehová, junto á la cámara de Nathan-melech eunuco, el cual tenía cargo de los ejidos; y quemó al fuego los carros del sol.

Después de las palabras de juicio que Jehová acaba de pronunciar, Josías podría concluir: «¿Para qué purificar este lugar sobre el cual Jehová va a encender su ira?» Pero un creyente fiel nunca razona así. Aun en vísperas del juicio final, la Escritura ordena: “El que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:11). El rey, que ahora reconoce personalmente el valor de la Palabra de Dios, aplica lo que está escrito en Deuteronomio 31:11, haciéndola oír a todos, “desde el más chico hasta el más grande” (v. 2). ¿Tenemos el mismo deseo de dar a conocer a quienes nos rodean la Palabra viva y eficaz?

El celo de la casa de Dios “consume” a Josías, como consumirá más tarde a Uno más grande que él (Juan 2:15-17).

Acordémonos de la pregunta que el apóstol Pablo formula a los corintios: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?… El templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16-17 y 6:19). ¿Recibiríamos a un noble visitante en una casa desordenada y sucia? Con mayor razón tampoco podemos hacerlo cuando se trata del divino Huésped que quiere morar en nuestro corazón. Honrarle es primeramente ordenar nuestro corazón y quitar todo lo que lo obstruye y lo mancilla.

2 Reyes 23:12-23
12Derribó además el rey los altares que estaban sobre la techumbre de la sala de Achâz, que los reyes de Judá habían hecho, y los altares que había hecho Manasés en los dos atrios de la casa de Jehová; y de allí corrió y arrojó el polvo en el torrente de Ce13Asimismo profanó el rey los altos que estaban delante de Jerusalem, á la mano derecha del monte de la destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había edificado á Astharoth, abominación de los Sidonios, y á Chêmos abominación de Moab, y á Milcom abomin14Y quebró las estatuas, y taló los bosques, é hinchió el lugar de ellos de huesos de hombres.15Igualmente el altar que estaba en Beth-el, y el alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar á Israel, aquel altar y el alto destruyó; y quemó el alto, y lo tornó en polvo, y puso fuego al bosque.16Y volvióse Josías, y viendo los sepulcros que estaban allí en el monte, envió y sacó los huesos de los sepulcros, y quemólos sobre el altar para contaminarlo, conforme á la palabra de Jehová que había profetizado el varón de Dios, el cual había anunciado 17Y después dijo: ¿Qué título es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el sepulcro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Beth-el.18Y él dijo: Dedjadlo; ninguno mueva sus huesos: y así fueron preservados sus huesos, y los huesos del profeta que había venido de Samaria.19Y todas las casas de los altos que estaban en las ciudades de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel para provocar á ira, quitólas también Josías, é hizo de ellas como había hecho en Beth-el.20Mató además sobre los altares á todos los sacerdotes de los altos que allí estaban, y quemó sobre ellos huesos de hombres, y volvióse á Jerusalem.21Entonces mandó el rey á todo el pueblo, diciendo: Haced la pascua á Jehová vuestro Dios, conforme á lo que está escrito en el libro de esta alianza.22No fué hecha tal pascua desde los tiempos de los jueces que gobernaron á Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel, y de los reyes de Judá.23A los diez y ocho años del rey Josías fué hecha aquella pascua á Jehová en Jerusalem.

Josías prosigue su valiente trabajo de purificación. Y en medio de los sepulcros de los sacerdotes idólatras, nota otro sepulcro: el del varón de Dios que había anunciado los acontecimientos que ahora se están cumpliendo. Así descansaban esos huesos, unos cerca de otros, destinados a una resurrección diferente. Cuando el Señor venga, distinguirá y resucitará de en medio de los muertos los cuerpos de los creyentes “dormidos” (1 Tesalonicenses 4:13). Los otros serán dejados para la resurrección de condenación.

Josías entiende que, para celebrar dignamente la Pascua a Jehová, toda contaminación debe previamente ser quitada del país. El culto del Dios santo no puede concordar con lo que recuerda el de los ídolos (2 Corintios 6:16-17). Si el creyente quiere pronunciar dignamente el nombre del Señor, debe apartarse de la iniquidad y purificarse de los vasos “para deshonra” (2 Timoteo 2:19-20, V.M.) Estar separados, apartarse, limpiarse, son otros tantos deberes penosos que, sin duda, conducirán a que seamos acusados de orgullo y de estrechez. Pero es lo que Dios nos pide antes que cualquier otro servicio para él. Vemos cuál fue la consecuencia bendita para Josías y el pueblo: “No había sido hecha tal pascua desde los tiempos en que los jueces gobernaban a Israel”.

2 Reyes 23:24-37
24Asimismo barrió Josías los pythones, adivinos, y terapheos, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalem, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa 25No hubo tal rey antes de él que se convirtiese á Jehová de todo su corazón, y de toda su alma, y de todas su fuerzas, conforme á toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro tal.26Con todo eso, no se volvió Jehová del ardor de su grande ira, con que se había encendido su enojo contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había irritado.27Y dijo Jehová: También he de quitar de mi presencia á Judá, como quité á Israel, y abominaré á esta ciudad que había escogido, á Jerusalem, y á la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre será allí.28Lo demás de los hechos de Josías, y todas las cosas que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?29En aquellos días Faraón Nechâo rey de Egipto subió contra el rey de Asiria al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquél así que le vió, matólo en Megiddo.30Y sus siervos lo pusieron en un carro, y trajéronlo muerto de Megiddo á Jerusalem, y sepultáronlo en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó á Joachâz hijo de Josías, y ungiéronle y pusiéronlo por rey en lugar de su padre.31De veintitrés años era Joachâz cuando comenzó á reinar, y reinó tres meses en Jerusalem. El nombre de su madre fué Amutal, hija de Jeremías de Libna.32Y él hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que sus padres habían hecho.33Y echólo preso Faraón Nechâo en Ribla en la provincia de Hamath, reinando él en Jerusalem; é impuso sobre la tierra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro.34Entonces Faraón Nechâo puso por rey á Eliacim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y mudóle el nombre en el de Joacim; y tomó á Joachâz, y llevólo á Egipto, y murió allí.35Y Joacim pagó á Faraón la plata y el oro; mas hizo apreciar la tierra para dar el dinero conforme al mandamiento de Faraón, sacando la plata y oro del pueblo de la tierra, de cada uno según la estimación de su hacienda, para dar á Faraón Nechâo.36De veinticinco años era Joacim cuando comenzó á Reinar, y once años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Zebuda hija de Pedaia, de Ruma.37E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que sus padres habían hecho.

Pese a la fidelidad de su rey, el pueblo no se había vuelto a Jehová de todo corazón (Jeremías 3:10). “La desleal Judá” no aprendió la lección del castigo soportado por la “rebelde Israel”. Por eso va a llegar la hora en que esa tribu, a su vez, deberá ser echada del país.

Para cumplir sus designios, Dios se valió de los grandes pueblos de la antigüedad, como también de las naciones modernas, inconscientes agentes de sus propósitos para con Israel. Él domina los sucesos mundiales y los emplea para proteger a los suyos, o, por lo contrario, para disciplinarlos.

Las dos grandes potencias del tiempo de Josías eran Egipto y Asiria. Situados de uno y otro lado de Canaán, esos dos reinos, en perpetuo conflicto, debían atravesar el territorio de Israel para poder combatir. Josías, tomando partido por el rey de Asiria, trató de oponerse al paso de Faraón Necao, pero éste lo mató en Meguido. ¿Por qué no se apartó del mundo y de sus alianzas tan cuidadosamente como se apartó del mal? Tomó partido en una disputa que no era la suya y sufrió las fatales consecuencias (Proverbios 26:17).

Joacaz, hijo de Josías, después de un mal reinado de tres meses, cae en poder de Necao. Éste lo deporta y lo reemplaza por su hermano Joacim, el que no será mejor.

2 Reyes 24:1-20
1EN su tiempo subió Nabucodonosor rey de Babilonia, al cual sirvió Joacim tres años; volvióse luego, y se rebeló contra él.2Jehová empero envió contra él tropas de Caldeos, y tropas de Siros, y tropas de Moabitas, y tropas de Ammonitas; los cuales envió contra Judá para que la destruyesen, conforme á la palabra de Jehová que había hablado por sus siervos los profetas.3Ciertamente vino esto contra Judá por dicho de Jehová, para quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés, conforme á todo lo que hizo;4Asimismo por la sangre inocente que derramó, pues hinchió á Jerusalem de sangre inocente: Jehová por tanto, no quiso perdonar.5Lo demás de los hechos de Joacim, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?6Y durmió Joacim con sus padres, y reinó en su lugar Joachîn su hijo.7Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra: porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo, desde el río de Egipto hasta el río de Eufrates.8De dieciocho años era Joachîn cuando comenzó á reinar, y reinó en Jerusalem tres meses. El nombre de su madre fué Neusta hija de Elnathán, de Jerusalem.9E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que había hecho su padre.10En aquel tiempo subieron los siervos de Nabucodonosor rey de Babilonia contra Jerusalem y la ciudad fué cercada.11Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, cuando sus siervos la tenían cercada.12Entonces salió Joachîn rey de Judá al rey de Babilonia, él, y su madre, y sus siervos, y sus príncipes, y sus eunucos: y prendiólo el rey de Babilonia en el octavo año de su reinado.13Y sacó de allí todos los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y quebró en piezas todos los vasos de oro que había hecho Salomón rey de Israel en la casa de Jehová, como Jehová había dicho.14Y llevó en cautiverio á toda Jerusalem, á todos los príncipes, y á todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y á todos los oficiales y herreros; que no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra.15Asimismo trasportó á Joachîn á Babilonia, y á la madre del rey, y á las mujeres del rey, y á sus eunucos, y á los poderosos de la tierra; cautivos los llevó de Jerusalem á Babilonia.16A todos los hombre de guerra, que fueron siete mil, y á los oficiales y herrreros, que fueron mil, y á todos los valientes para hacer la guerra, llevó cautivos el rey de Babilonia.17Y el rey de Babilonia puso por rey en lugar de Joachîn á Mathanías su tío, y mudóle el nombre en el de Sedecías.18De veintiún años era Sedecías cuando comenzó á reinar, y reinó en Jerusalem once años. El nombre de su madre fué Amutal hija de Jeremías, de Libna.19E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme á todo lo que había hecho Joacim.20Fué pues la ira de Jehová contra Jerusalem y Judá, hasta que los echó de su presencia. Y Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.

Conforme a la profecía de Isaías 10, la potencia asiria es aniquilada. Sobre sus ruinas se levanta el imperio babilónico, englobando la casi totalidad del mundo antiguo, incluso Egipto, y llamado por ese motivo el primer gran imperio de las naciones. Entonces, la historia del mundo toma otro giro. Israel es puesto a un lado: deja de ser la sede del gobierno de Dios en la tierra. Ese gobierno es confiado a las “naciones” (los pueblos no judíos); va a comenzar lo que se llama el tiempo de las naciones, en el que todavía estamos hoy en día.

Joacim, rey de Judá, hecho él también vasallo de Nabucodonosor, se rebela después de tres años; su hijo Joaquín, que lo sucede, hace otro tanto. En aquel tiempo tiene lugar un triste acontecimiento: la primera transportación de Judá a Babilonia. Sin embargo, a los más pobres del pueblo, que escapan de la deportación, se les da una última oportunidad. Al frente de ellos, Nabucodonosor coloca en el trono de Judá a un tercer hijo de Josías: Sedequías. Pero éste obra de igual manera que sus predecesores. El enceguecimiento de esos reyes los hace tanto más culpables que Jeremías, el profeta, no dejó de advertirlos de parte de Jehová durante sus reinados.

2 Reyes 25:1-17
1Y ACONTECIO á los nueve años de su reinado, en el mes décimo, á los diez del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con todo su ejército contra Jerusalem, y cercóla; y levantaron contra ella ingenios alrededor.2Y estuvo la ciudad cercada hasta el undécimo año del rey Sedecías.3A los nueve del mes prevaleció el hambre en la ciudad, que no hubo pan para el pueblo de la tierra.4Abierta ya la ciudad, huyeron de noche todos los hombres de guerra por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto á los huertos del rey, estando los Caldeos alrededor de la ciudad; y el rey se fué camino de la campiña.5Y el ejército de los Caldeos siguió al rey, y tomólo en las llanuras de Jericó, habiéndose esparcido de él todo su ejército.6Tomado pues el rey, trajéronle al rey de Babilonia á Ribla, y profirieron contra él sentencia.7Y degollaron á los hijos de Sedecías en presencia suya; y á Sedecías sacaron los ojos, y atado con cadenas lleváronlo á Babilonia.8En el mes quinto, á los siete del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino á Jerusalem Nabuzaradán, capitán de los de la guardia, siervo del rey de Babilonia.9Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalem; y todas las casas de los príncipes quemó á fuego.10Y todo el ejército de los Caldeos que estaba con el capitán de la guardia, derribó los muros de Jerusalem alrededor.11Y á los del pueblo que habían quedado en la ciudad, y á los que se habían juntado al rey de Babilonia, y á los que habían quedado del vulgo, trasportólo Nabuzaradán, capitán de los de la guardia.12Mas de los pobres de la tierra dejó Nabuzaradán, capitán de los de la guardia, para que labrasen las viñas y las tierras.13Y quebraron los Caldeos las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron el metal de ello á Babilonia.14Lleváronse también los calderos, y las paletas, y las tenazas, y los cucharones, y todos los vasos de metal con que ministraban.15Incensarios, cuencos, los que de oro, en oro, y los que de plata, en plata, todo lo llevó el capitán de los de la guardia;16Las dos columnas, un mar, y las basas que Salomón había hecho para la casa de Jehová: no había peso de todos estos vasos.17La altura de la una columna era diez y ocho codos y tenía encima un capitel de bronce, y la altura del capitel era de tres codos; y sobre el capitel había un enredado y granadas alrededor, todo de bronce: y semejante obra había en la otra columna con el e

Molesto por el espíritu de rebeldía de los reyes de Judá, Nabucodonosor sube por tercera vez contra Jerusalén, la cerca y penetra en ella después de más de un año de sitio. Y esta vez no hay más misericordia para la orgullosa ciudad. Se la quema enteramente, empezando por el templo. Se derriban sus murallas y sus habitantes son llevados en cautiverio. Sedequías sufre las crueles consecuencias de su obstinación. Sólo algunos pobres son dejados en el país para que labren la tierra.

Luego, los guardas caldeos se encarnizan contra el templo, que para ellos simboliza el espíritu de resistencia. No satisfechos con haberlo quemado, consiguen quebrar y llevarse las poderosas columnas de bronce, así como el mar, sus basas y el resto de los utensilios. ¿Por qué los versículos 16 y 17 repiten algunos detalles de la ornamentación de las columnas, precisamente en el momento en que van a desaparecer? Sin duda, por una conmovedora razón: ¿no es ésta la última mirada que se echa sobre un objeto que se ama y, entonces, uno se detiene para contemplarlo? ¡Sí, cuán hermosas eran esas columnas, imagen de la estabilidad y de la fuerza que Jehová retira en adelante a su pueblo desobediente y rebelde! (1 Reyes 7:21).

2 Reyes 25:18-30
18Tomó entonces el capitán de los de la guardia á Saraías primer sacerdote, y á Sophonías segundo sacerdote, y tres guardas de la vajilla;19Y de la ciudad tomó un eunuco, el cual era maestre de campo, y cinco varones de los continuos del rey, que se hallaron en la ciudad; y al principal escriba del ejército, que hacía la reseña de la gente del país; y sesenta varones del pueblo de la tierra, 20Estos tomó Nabuzaradán, capitán de los de la guardia, y llevólos á Ribla al rey de Babilonia.21Y el rey de Babilonia los hirió y mató en Ribla, en tierra de Hamath. Así fué trasportado Judá de sobre su tierra.22Y al pueblo que Nabucodonosor rey de Babilonia dejó en tierra de Judá, puso por gobernador á Gedalías, hijo de Ahicam hijo de Saphán.23Y oyendo todos los príncipes del ejército, ellos y su gente, que el rey de Babilonia había puesto por gobernador á Gedalías, viniéronse á él en Mizpa, es á saber, Ismael hijo de Nathanías, y Johanán hijo de Carea, y Saraía hijo de Tanhumet Netofatita, y J24Entonces Gedalías les hizo juramento, á ellos y á los suyos, y díjoles: No temáis de ser siervos de los Caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.25Mas en el mes séptimo vino Ismael hijo de Nathanías, hijo de Elisama, de la estirpe real, y con él diez varones, é hirieron á Gedalías, y murió: y también á los Judíos y Caldeos que estaban con él en Mizpa.26Y levantándose todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor, con los capitanes del ejército, fuéronse á Egipto por temor de los Caldeos.27Y aconteció á los treinta y siete años de la trasportación de Joachîn rey de Judá, en el mes duodécimo, á los veinte y siete del mes, que Evil-merodach rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, levantó la cabeza de Joachîn rey de Judá, sacándolo d28Y hablóle bien, y puso su asiento sobre el asiento de los reyes que con él estaban en Babilonia.29Y mudóle los vestidos de su prisión, y comió siempre delante de él todos los días de su vida.30Y fuéle diariamente dada su comida de parte del rey de continuo, todos los días de su vida.

Así terminan estos dos libros de los Reyes (que forman uno solo en el original hebreo). Comienzan con la gloria del rey de Israel y acaban con la del rey de Babilonia. Empiezan con la edificación del templo y concluyen con el cuadro de su destrucción. En el principio, el primer sucesor de David había subido al trono en Jerusalén (1 Reyes 1). Al final, su último descendiente fue encerrado en una prisión de Babilonia. Entre este comienzo y este fin, asistimos a la lamentable decadencia. Sí, ¡así ocurre con lo que se confía al hombre! Su corazón en verdad es engañoso y perverso. Y Ezequiel, cuya voz se hace oír durante el tiempo del cautiverio, lo confirma en esta dolorosa exclamación: “¡Cuán inconstante es tu corazón, dice Jehová el Señor, habiendo hecho todas estas cosas!” (Ezequiel 16:30).

En los últimos versículos es consolador ver asomar un muy pequeño comienzo de restauración. Dios nos muestra que su trabajo no ha terminado. A él le pertenecerá la última palabra cuando, después del desastre de todos esos reyes, aparezca Cristo, el Hijo de David, el verdadero Rey de Israel.

1 Crónicas 1:1-34
1ADAM, Seth, Enos,2Cainán, Mahalaleel, Jared,3Enoch, Mathusalem, Lamech,4Noé, Sem, Châm, y Japhet.5Los hijos de Japhet: Gomer, Magog, Dadai, Javán, Tubal, Mesec, y Thiras.6Los hijos de Gomer: Askenaz, Riphath, y Thogorma.7Los hijos de Javán: Elisa, Tharsis, Chîthim, y Dodanim.8Los hijos de Châm: Chûs, Misraim, Phuth, y Canaán.9Los hijos de Chûs: Seba, Havila, Sabtha, Raema, y Sabtechâ. Y los hijos de Raema: Seba y Dedán.10Chûs engendró á Nimrod: éste comenzó á ser poderoso en la tierra.11Misram engendró á Ludim, Ananim, Laabim, Nephtuim,12Phetrusim y Casluim: de éstos salieron los Filisteos, y los Caphtoreos.13Canaán engendró á Sidón, su primogénito;14Y al Hetheo, y al Jebuseo, y al Amorrheo, y al Gergeseo;15Y al Heveo, y al Araceo, y al Sineo;16Al Aradeo, y al Samareo, y al Hamatheo.17Los hijos de Sem: Elam, Assur, Arphaxad, Lud, Aram, Hus, Hul, Gether, y Mesec.18Arphaxad engendró á Sela, y Sela engendró á Heber.19Y á Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno fué Peleg, por cuanto en sus días fué dividida la tierra; y el nombre de su hermano fué Joctán.20Y Joctán engendró á Elmodad, Seleph, Asarmaveth, y Jera,21A Adoram también, á Uzal, Dicla,22Hebal, Abimael, Seba,23Ophir, Havila, y Jobab: todos hijos de Joctán.24Sem, Arphaxad, Sela,25Heber, Peleg, Reu,26Serug, Nachôr, Thare,27Y Abram, el cual es Abraham.28Los hijos de Abraham: Isaac é Ismael.29Y estas son sus descendencias: el primogénito de Ismael, Nabajoth; después Cedar, Adbeel, Misam,30Misma, Duma, Maasa, Hadad, Thema, Jetur, Naphis, y Cedma. Estos son los hijos de Ismael.31Y Cethura, concubina de Abraham, parió á Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac, y á Súa.32Los hijos de Jobsán: Seba y Dedán.33Los hijos de Madián: Epha, Epher, Henoch, Abida, y Eldaa; todos estos fueron hijos de Cethura.34Y Abraham engendró á Isaac: y los hijos de Isaac fueron Esaú é Israel.

Con base a su responsabilidad el hombre falló, pues, totalmente. Pero en estos libros de Crónicas vamos a ver al mismo Dios de gracia volver a ocuparse de todas las cosas desde el comienzo. Aquí, en cierto modo, la historia de la humanidad se narra a manera de repaso, enfatizando ya no sobre el mal producido por el hombre (libros de Samuel y de los Reyes), sino subrayando el bien pensado y cumplido por Dios en respuesta a ese mal. Tenemos, pues, recapitulada la historia de la humanidad, ¡comenzando desde Adán! Se ha hecho notar que el sentido de los diez primeros nombres mencionados permite leer una frase que es como un resumen de todo el Evangelio. Adán: el hombre — Set: que ha tomado el lugar de — Enós: mortal, incurable — Cainán: que llora — Mahalaleel: el Dios bienaventurado — Jared: descendió — Enoc: dedicado, instruido — Matusalén: su muerte proporciona — Lamec: (al) transgresor — Noé: consuelo (y) descanso.

¿No tenemos aquí primero una conclusión de todo lo precedente, es decir, la comprobación de la irremediable ruina del hombre? Y, al mismo tiempo, una admirable introducción al despliegue de los propósitos de Dios, que seguiremos como un hilo de oro a lo largo de estos dos libros.

1 Crónicas 2:1-24
1ESTOS son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Issachâr, Zabulón,2Dan, José, Benjamín, Nephtalí, Gad, y Aser.3Los hijos de Judá: Er, Onán, y Sela. Estos tres le nacieron de la hija de Sua, Cananea. Y Er, primogénito de Judá, fué malo delante de Jehová; y matólo.4Y Thamar su nuera le parió á Phares y á Zara. Todos los hijos de Judá fueron cinco.5Los hijos de Phares: Hesrón y Hamul.6Y los hijos de Zara: Zimri, Ethán, Hemán, y Calcol, y Darda; en todos cinco.7Hijo de Chârmi fué Achâr, el que alborotó á Israel, porque prevaricó en el anatema.8Azaría fué hijo de Ethán.9Los hijos que nacieron á Hesrón: Jerameel, Ram, y Chêlubai.10Y Ram engendró á Aminadab; y Aminadab engendró á Nahasón, príncipe de los hijos de Judá;11Y Nahasón engendró á Salma, y Salma engendró á Booz;12Y Booz engendró á Obed, y Obed engendró á Isaí;13E Isaí engendró á Eliab, su primogénito, y el segundo Abinadab, y Sima el tercero;14El cuarto Nathanael, el quinto Radai;15El sexto Osem, el séptimo David:16De los cuales Sarvia y Abigail fueron hermanas. Los hijos de Sarvia fueron tres: Abisai, Joab, y Asael.17Abigail engendró á Amasa, cuyo padre fué Jether Ismaelita.18Caleb hijo de Hesrón engendró á Jerioth de su mujer Azuba. Y los hijos de ella fueron Jeser, Sobad, y Ardón.19Y muerta Azuba, tomó Caleb por mujer á Ephrata, la cual le parió á Hur.20Y Hur engendró á Uri, y Uri engendró á Bezaleel.21Después entró Hesrón á la hija de Machîr padre de Galaad, la cual tomó siendo él de sesenta años, y ella le parió á Segub.22Y Segub engendró á Jair, el cual tuvo veintitrés ciudades en la tierra de Galaad.23Y Gesur y Aram tomaron las ciudades de Jair de ellos, y á Cenath con sus aldeas, sesenta lugares. Todos estos fueron de los hijos de Machîr padre de Galaad.24Y muerto Hesrón en Caleb de Ephrata, Abia mujer de Hesrón le parió á Ashur padre de Tecoa.

No busquemos en estas listas el orden y rigor exigidos, por ejemplo, en un registro civil. Aquí, como siempre, la Palabra de Dios no responde a la curiosidad ni las investigaciones de la inteligencia humana. Omisiones, substituciones e inversiones vuelven a encontrarse varias veces en estos capítulos para responder a las intenciones del Espíritu de Dios. ¿Y cuáles son estas intenciones? ¿Por qué estas largas genealogías difíciles de leer? En primer lugar, se trata de comprobar los derechos de las familias de Israel a las promesas hechas a Abraham. Cada israelita podía, refiriéndose a ellas, hacer prevalecer sus orígenes y sus derechos a la herencia. ¡Ay!, sabemos que los judíos del tiempo del Señor se vanagloriaban de tener a Abraham como padre, pero rehusaban reconocer en medio de ellos a Aquel que es antes que Abraham (Juan 8:58).

En cuanto al cristiano, al recibir la vida divina en el momento de su nuevo nacimiento, forma parte de la familia de Dios. Su ascendencia terrenal no tiene importancia: Dios ha llegado a ser su Padre por medio de Jesús. Así, el creyente puede exclamar: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

1 Crónicas 3:1-14; 1 Crónicas 4:9-10
1ESTOS son los hijos de David, que le nacieron en Hebrón: Amnón el primogénito, de Achînoam Jezreelita; el segundo Daniel, de Abigail de Carmelo;2El tercero, Absalom, hijo de Maachâ hija de Talmai rey de Gesur; el cuarto, Adonías hijo de Aggith;3El quinto, Sephatías, de Abithal; el sexto, Itream, de Egla su mujer.4Estos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses: y en Jerusalem reinó treinta y tres años.5Estos cuatro le nacieron en Jerusalem: Simma, Sobab, Nathán, y Salomón, de Beth-sua hija de Ammiel.6Y otros nueve: Ibaar, Elisama, y Eliphelet,7Noga, Nepheg, y Japhia.8Elisama, Eliada, y Eliphelet.9Todos estos fueron los hijos de David, sin los hijos de las concubinas. Y Thamar fué hermana de ellos.10Hijo de Salomón fué Roboam, cuyo hijo fué Abía, del cual fué hijo Asa, cuyo hijo fué Josaphat;11De quien fué hijo Joram, cuyo hijo fué Ochôzias, hijo del cual fué Joas;12Del cual fué hijo Amasías, cuyo hijo fué Azarías, é hijo de éste Jotham;13E hijo del cual fué Achâz, del que fué hijo Ezechîas, cuyo hijo fué Manasés;14Del cual fué hijo Amón, cuyo hijo fué Josías.
9Y Jabes fué más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto le parí en dolor.10E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ­Oh si me dieras bendición, y ensancharas mi término, y si tu mano fuera conmigo, y me libraras de mal, que no me dañe! E hizo Dios que le viniese lo que pidió.

Estas genealogías tienen otra razón de ser: la filiación del Mesías debía ser establecida de manera indiscutible. En el curso de los siglos, vemos a Dios poner aparte sucesivamente la familia de Abraham; de entre ésta, la tribu de Judá, y aún de en medio de esta tribu, la dinastía real de David. De ella trata el capítulo 3. Y vemos con qué atención Dios seguía, de generación en generación, el linaje que debía terminar con “Jesús, llamado el Cristo” (Mateo 1:16).

En la lista de los hijos de Judá, se halla incluida la corta historia de Jabes, más ilustre que sus hermanos (4:9-10). Al sentir el peso del dolor, que es la consecuencia del pecado, ese hombre pide a Jehová que aparte el mal de su camino. Y, es oído. Imitémosle formulando sin temor, como él, estos cuatro pedidos:

1. El gozo de abundantes bendiciones espirituales.

2. Límites más amplios para nuestra inteligencia y nuestro corazón.

3. La mano de Dios con nosotros en todo lo que emprendemos (Salmo 119:173).

4. Estar a cubierto del pecado y de la tentación (Mateo 6:13).

1 Crónicas 4:21-43
21Los hijos de Sela, hijo de Judá: Er, padre de Lechâ, y Laada, padre de Maresa, y de la familia de la casa del oficio del lino en la casa de Asbea;22Y Joacim, y los varones de Chôzeba, y Joas, y Saraph, los cuales moraron en Moab, y Jasubi-lehem, que son palabras antiguas.23Estos fueron alfareros y se hallaban en medio de plantíos y cercados, los cuales moraron allá con el rey en su obra.24Los hijos de Simeón: Nemuel, Jamín, Jarib, Zera, Saúl;25También Sallum su hijo, Mibsam su hijo, y Misma su hijo.26Los hijos de Misma: Hamuel su hijo, Zachûr su hijo, y Simi su hijo.27Los hijos de Simi fueron diez y seis, y seis hijas: mas sus hermanos no tuvieron muchos hijos, ni multiplicaron toda su familia como los hijos de Judá.28Y habitaron en Beer-seba, y en Molada, y en Hasar-sual,29Y en Bala, y en Esem, y en Tholad,30Y en Bethuel, y en Horma, y en Siclag.31Y en Beth-marchâboth, y en Hasasusim, y en Beth-birai, y en Saaraim. Estas fueron sus ciudades hasta el reino de David.32Y sus aldeas fueron Etam, Ain, Rimmón, y Tochên, y Asán, cinco pueblos;33Y todos su villajes que estaban en contorno de estas ciudades hasta Baal. Esta fué su habitación, y esta su descendencia.34Y Mesobab, y Jamlech, y Josías hijo de Amasías;35Joel, y Jehú hijo de Josibias, hijo de Seraíah, hijo de Aziel;36Y Elioenai, Jacoba, Jesohaía, Asaías, Adiel, Jesimiel, Benaías;37Y Ziza hijo de Siphi, hijo de Allón, hijo de Jedaía, hijo de Simri, hijo de Semaías.38Estos por sus nombres son los principales que vinieron en sus familias, y que fueron multiplicados muy mucho en las casas de sus padres.39Y llegaron hasta la entrada de Gador hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados.40Y hallaron gruesos y buenos pastos, y tierra ancha y espaciosa, y quieta y reposada, porque los de Châm la habitaban de antes.41Y estos que han sido escritos por sus nombres, vinieron en días de Ezechîas rey de Judá, y desbarataron sus tiendas y estancias que allí hallaron, y destruyéronlos, hasta hoy, y habitaron allí en lugar de ellos; por cuanto había allí pastos para sus ganad42Y asimismo quinientos hombres de ellos, de los hijos de Simeón, se fueron al monte de seir, llevando por capitanes á Pelatía, y á Nearías, y á Rephaías, y á Uzziel, hijos de Isi;43E hirieron á las reliquias que habían quedado de Amalec, y habitaon allí hasta hoy.

Entre los hijos de Judá todavía, después de los reyes y las personas ricas y honradas como Jabes, vemos a modestos artesanos (v. 14, 21-23). Trabajaban el lino, eran tejedores, alfareros y jardineros. Aunque su condición era humilde, tenían un gran privilegio, porque “moraban allá con el rey, ocupados en su servicio”.

Guardémonos de buscar una posición elevada en el mundo, si el Señor no nos llamó expresamente para ella. El pueblo de Dios no cuenta con “muchos poderosos, ni muchos nobles” (1 Corintios 1:26; léase también Jeremías 45:5). Todo puesto importante inevitablemente acarrea absorbentes responsabilidades, las que generalmente dejan poco tiempo para ocuparse en la Palabra y la obra del Señor. No escojamos, pues, una profesión que impida que moremos con el Rey y que cumplamos Sus trabajos.

La tribu de Simeón había sido objeto de un severo juicio a causa de la violencia de su jefe de raza (Génesis 49:5-7) y de la idolatría de Baal-peor (Números 25:14). Pero aquí, según el propósito del libro, sólo se trata del bien que la gracia produjo: esta tribu extendió sus límites y logró brillantes victorias.

1 Crónicas 5:1-26
1Y LOS hijos de Rubén, primogénito de Israel, (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados á los hijos de José, hijo de Israel; y no fué contado por primogénito.2Porque Judá fué el mayorazgo sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos: mas el derecho de primogenitura fué de José.)3Fueron pues los hijos de Rubén, primogénito de Israel: Enoch, Phallu, Esrón y Charmi.4Los hijos de Joel: Semaías su hijo, Gog su hijo, Simi su hijo;5Michâ su hijo, Recaía su hijo, Baal su hijo;6Beera su hijo, el cual fué trasportado por Thiglath-pilneser rey de los Asirios. Este era principal de los Rubenitas.7Y sus hermanos por sus familias, cuando eran contados en sus descendencias, tenían por príncipes á Jeiel y á Zachârías.8Y Bela hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-meón.9Habitó también desde el oriente hasta la entrada del desierto desde el río Eufrates: porque tenía muchos ganados en la tierra de Galaad.10Y en los días de Saúl trajeron guerra contra los Agarenos, los cuales cayeron en su mano; y ellos habitaron en sus tiendas sobre toda la haz oriental de Galaad.11Y los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la tierra de Basán hasta Salca.12Y Joel fué el principal en Basán, el segundo Sephán, luego Janai, después Saphat.13Y sus hermanos, según las familias de sus padres, fueron Michâel, Mesullam, Seba, Jorai, Jachân, Zia, y Heber; en todos siete.14Estos fueron los hijos de Abihail hijo de Huri, hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Michâel, hijo de Jesiaí, hijo de Jaddo, hijo de Buz.15También Ahí, hijo de Abdiel, hijo de Guni, fué principal en la casa de sus padres.16Los cuales habitaron en Galaad, en Basán, y en sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarón hasta salir de ellos.17Todos estos fueron contados por sus generaciones en días de Jothán rey de Judá, y en días de Jeroboam rey de Israel.18Los hijos de Rubén, y de Gad, y la media tribu de Manasés, hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que entesaban arco, y diestros en guerra, en cuarenta y cuatro mil setecientos y sesenta que salían á batalla.19Y tuvieron guerra los Agarenos, y Jethur, y Naphis, y Nodab.20Y fueron ayudados contra ellos, y los Agarenos se dieron en sus manos, y todos los que con ellos estaban; porque clamaron á Dios en la guerra, y fuéles favorable, porque esperaron en él.21Y tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, y doscientas cincuenta mil ovejas, dos mil asnos, y cien mil personas.22Y cayeron muchos heridos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta la transmigración.23Y los hijos de la media tribu de Manasés habitaron en la tierra, desde Basán hasta Baal-Hermón, y Senir y el monte de Hermón, multiplicados en gran manera.24Y estas fueron las cabezas de las casas de sus padres: Epher, Isi, y Eliel, Azriel, y Jeremías, y Odavia, y Jadiel, hombres valientes y de esfuerzo, varones de nombre y cabeceras de las casas de sus padres.25Mas se rebelaron contra el Dios de sus padres, y fornicaron siguiendo los dioses de los pueblos de la tierra, á los cuales había Jehová quitado de delante de ellos.26Por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Phul rey de los Asirios, y el espíritu de Thiglath-pilneser rey de los Asirios, el cual trasportó á los Rubenitas y Gaditas y á la media tribu de Manasés, y llevólos á Halad, y á Habor y á Ara, y al río

El capítulo 5 se refiere a los hijos de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés. Más preocupadas por su bienestar que por la posesión del país de la promesa, estas tribus se habían establecido del otro lado del Jordán. Su falta de fe, de perseverancia y su materialismo son puestos en evidencia en otro lugar. Pero aquí (aparte del v. 25, necesario para comprender el relato), cuán conmovedor es ver de nuevo que la Palabra hace resaltar sólo lo bueno que se puede decir de ellos. Su valentía y su confianza son subrayadas particularmente (Salmo 146:5). “Clamaron a Dios en la guerra, (esa guerra que era de Dios, según v. 22) y les fue favorable, porque esperaron en él” (v. 20; comp. con 2 Crónicas 32:8).

El corazón de Dios siempre es el mismo. De sus débiles discípulos, que iban a abandonarle instantes más tarde, el Señor Jesús podía decir a su Padre: “Han guardado tu palabra… han creído que tú me enviaste” (Juan 17:6-8). Allí donde sólo sabemos ver ruina y miseria, él descubre algo que le es agradable. ¡Qué ejemplo para nosotros! Antes de formular un juicio o una crítica, acordémonos de la manera en que el Señor habla de los suyos en su ausencia.

1 Crónicas 6:1-3, 48-65
1LOS hijos de Leví: Gersón, Coath, y Merari.2Los hijos de Coath: Amram, Ishar, Hebrón y Uzziel.3Los hijos de Amram: Aarón, Moisés, y Mariam. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar, é Ithamar.
48Y sus hermanos los Levitas fueron puestos sobre todo el ministerio del tabernáculo de la casa de Dios.49Mas Aarón y sus hijos ofrecían perfume sobre el altar del holocausto, y sobre el altar del perfume, en toda la obra del lugar santísimo, y para hacer las expiaciones sobre Israel, conforme á todo lo que Moisés siervo de Dios había mandado.50Y los hijos de Aarón son estos: Eleazar su hijo, Phinees su hijo, Abisua su hijo;51Bucci su hijo, Uzzi su hijo, Zeraías su hijo;52Meraioth su hijo, Amarías su hijo, Achîtob su hijo;53Sadoc su hijo, Achîmaas su hijo.54Y estas son sus habitaciones, conforme á sus domicilios y sus términos, las de los hijos de Aarón por las familias de los Coathitas, porque de ellos fué la suerte:55Les dieron pues á Hebrón en tierra de Judá, y sus ejidos alrededor de ella.56Mas el territorio de la ciudad y sus aldeas se dieron á Caleb, hijo de Jephone.57Y á los hijos de Aarón dieron las ciudades de Judá de acogimiento, es á saber, á Hebrón, y á Libna con sus ejidos;58A Jathir, y Esthemoa con sus ejidos, y á Hilem con sus ejidos, y á Debir con sus ejidos:59A Asán con sus ejidos, y á Beth-semes con sus ejidos:60Y de la tribu de Benjamín, á Geba, con sus ejidos, y á Alemeth con sus ejidos, y á Anathoth con sus ejidos. Todas sus ciudades fueron trece ciudades, repartidas por sus linajes.61A los hijos de Coath, que quedaron de su parentela, dieron diez ciudades de la media tribu de Manasés por suerte.62Y á los hijos de Gersón, por sus linajes, dieron de la tribu de Aser, y de la tribu de Nephtalí, y de la tribu de Manasés en Basán, trece ciudades.63Y á los hijos de Merari, por sus linajes, de la tribu de Rubén, y de la tribu de Gad, y de la tribu de Zabulón, se dieron por suerte doce ciudades.64Y dieron los hijos de Israel á los Levitas ciudades con sus ejidos.65Y dieron por suerte de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón, y de la tribu de los hijos de Benjamín, las ciudades que nombraron por sus nombres.

Este capítulo 6, consagrado a los hijos de Leví y a los sacerdotes hijos de Aarón, está relacionado con el capítulo 3, en el cual hallamos a los reyes. ¡Se trata de familias privilegiadas en Israel! Pero, en el actual pueblo de Dios, esas funciones son la parte de cada creyente. El apóstol Pedro nos lo recuerda: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó” (1 Pedro 2:9; véase también Apocalipsis 1:6). Expresar al Señor nuestra alabanza y anunciar sus virtudes es el doble servicio del creyente. Los levitas nos hacen pensar en ello. Unos estaban encargados del canto (v. 31-33). Otros servían en la casa de Dios bajo la dirección de Aarón y sus hijos (v. 48-49).

Luego, en los capítulos 7 y 8, encontramos las genealogías de Isacar, Benjamín, Neftalí, la otra mitad de la tribu de Manasés y, finalmente, Efraín y Aser. Notemos el descuido de Neftalí, tribu tan despreocupada por sus privilegios, que toda su historia sólo da tema para un breve versículo en el libro de Dios (cap. 7:13). Cómo no subrayar el interés que deberíamos tener por la historia de la Iglesia, al acordarnos de los que fueron fieles conductores. Porque, espiritualmente, en gran parte somos sus responsables herederos.

1 Crónicas 9:17-34
17Y los porteros: Sallum, Accub, Talmon, Ahiman, y sus hermanos. Sallum era el jefe.18Y hasta ahora entre las cuadrillas de los hijos de Leví han sido estos los porteros en la puerta del rey que está al oriente.19Y Sallum hijo de Core, hijo de Abiasath, hijo de Corah, y sus hermanos los Coraitas por la casa de su padre, tuvieron cargo de la obra del ministerio, guardando las puertas del tabernáculo; y sus padres fueron sobre la cuadrilla de Jehová guardas de la en20Y Phinees hijo de Eleazar fué antes capitán sobre ellos, siendo Jehová con él.21Y Zacarías hijo de Meselemia era portero de la puerta del tabernáculo del testimonio.22Todos estos, escogidos para guardas en las puertas, eran doscientos doce cuando fueron contados por el orden de sus linajes en sus villas, á los cuales constituyó en su oficio David y Samuel el vidente.23Así ellos y sus hijos eran porteros por sus turnos á las puertas de la casa de Jehová, y de la casa del tabernáculo.24Y estaban los porteros á los cuatro vientos, al oriente, al occidente, al septentrión, y al mediodía.25Y sus hermanos que estaban en sus aldeas, venían cada siete días por sus tiempos con ellos.26Porque cuatro principales de los porteros Levitas estaban en el oficio, y tenían cargo de las cámaras, y de los tesoros de la casa de Dios.27Estos moraban alrededor de la casa de Dios, porque tenían cargo de la guardia, y el de abrir aquélla todas las mañanas.28Algunos de estos tenían cargo de los vasos del ministerio, los cuales se metían por cuenta, y por cuenta se sacaban.29Y otros de ellos tenían cargo de la vajilla, y de todos los vasos del santuario, y de la harina, y del vino, y del aceite, y del incienso, y de los aromas.30Y algunos de los hijos de los sacerdotes hacían los ungüentos aromáticos.31Y Mathathías, uno de los Levitas, primogénito de Sallum Coraita, tenía cargo de las cosas que se hacían en sartén.32Y algunos de los hijos de Coath, y de sus hermanos, tenían el cargo de los panes de la proposición, los cuales ponían por orden cada sábado.33Y de estos había cantores, principales de familias de los Levitas, los cuales estaban en sus cámaras exentos; porque de día y de noche estaban en aquella obra.34Estos eran jefes de familias de los Levitas por sus linajes, jefes que habitaban en Jerusalem.

En este capítulo se mencionan otros levitas: los porteros. Sus funciones son muy importantes. Se resumen en una orden, breve y precisa, recordada por el Señor en una pequeña parábola: “Y al portero (el amo) mandó que velase” (Marcos 13:34).

Se debe velar sobre los vasos y los utensilios, sobre los sacrificios, el alimento y el acceso a la Casa. ¡Qué cuidado ponen esos levitas en los utensilios que están a su cargo! Los cuentan y los vuelven a contar (v. 28; léase 2 Corintios 8:20-21). A este servicio corresponde, en el Nuevo Testamento, el de los obispos, pastores o ancianos. Son ellos, sobre todo, quienes en las asambleas tenían y tienen el cuidado de las almas y de la sana doctrina. Es un puesto de confianza y honor del cual tendrán que responder en la venida de su Señor.

Estos porteros eran descendientes de Coré, el rebelde (Números 16). Pero preferían estar a la puerta de la casa de Dios antes que habitar “en las moradas de maldad” donde había vivido su padre. Conocemos el hermoso Salmo 84 compuesto por los hijos de Coré. ¿A quién confía Dios los cuidados de su casa, de su Asamblea (Iglesia)? A los que son apegados a ella y la aman (Juan 21:15-17).

1 Crónicas 10:1-14
1LOS Filisteos pelearon con Israel; y huyeron delante de ellos los Israelitas, y cayeron heridos en el monte de Gilboa.2Y los Filisteos siguieron á Saúl y á sus hijos; y mataron los Filisteos á Jonathán, y á Abinadab, y á Malchîsua, hijos de Saúl.3Y agravóse la batalla sobre Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y fué de los flecheros herido.4Entonces dijo Saúl á su escudero: Saca tu espada, y pásame con ella, porque no vengan estos incircuncisos, y hagan escarnio de mí; mas su escudero no quiso, porque tenía gran miedo. Entonces Saúl tomó la espada, y echóse sobre ella.5Y como su escudero vió á Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y matóse.6Así murió Saúl, y sus tres hijos; y toda su casa murió juntamente con él.7Y viendo todos los de Israel que habitaban en el valle, que habían huído, y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron sus ciudades, y huyeron: y vinieron los Filisteos, y habitaron en ellas.8Y fué que viniendo el día siguiente los Filisteos á despojar los muertos, hallaron á Saúl y á sus hijos tendidos en el monte de Gilboa.9Y luego que le hubieron desnudado, tomaron su cabeza y sus armas, y enviáronlo todo á la tierra de los Filisteos por todas partes, para que fuese denunciado á sus ídolos y al pueblo.10Y pusieron sus armas en el templo de su dios, y colgaron la cabeza en el templo de Dagón.11Y oyendo todos los de Jabes de Galaad lo que los Filisteos habían hecho de Saúl,12Levantáronse todos los hombres valientes, y tomaron el cuerpo de Saúl, y los cuerpos de sus hijos, y trajéronlos á Jabes; y enterraron sus huesos debajo del alcornoque en Jabes, y ayunaron siete días.13Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó; y porque consultó al pythón, preguntándo le,14Y no consultó á Jehová: por esta causa lo mató, y traspasó el reino á David, hijo de Isaí.

A partir de aquí, las Crónicas van a retomar la historia de David y de sus sucesores después de la muerte de Saúl. Pero el relato contiene numerosas diferencias en comparación con el de los libros de Samuel y de los Reyes. Se agregan ciertos hechos, se hace caso omiso de otros. Cada uno de estos cambios corresponde a la meta que Dios se propuso al escribir dicha historia desde otro punto de vista: el de Su soberana gracia. Por el mismo motivo nos dio cuatro veces, en cuatro evangelios, la historia de su Hijo, a fin de permitirnos considerar en él diferentes glorias.

Por eso, no nos cansemos de volver a leer relatos conocidos, sino que procuremos destacar en ellos lo que el Espíritu agrega u omite voluntariamente. Tampoco nos desalentemos; por el contrario, regocijémonos cuando escuchamos repetir que Dios terminó con el hombre en la carne. Saúl y su raza son la imagen de ello. Cae por las manos de los filisteos, quienes lo despojan en el monte de Gilboa. Su ruina es consumada, su muerte comprobada antes que David aparezca en la escena. Este último es el hombre que responde a los consejos divinos, imagen del Señor Jesús.

1 Crónicas 11:1-14
1ENTONCES todo Israel se juntó á David en Hebrón, diciendo: He aquí nosotros somos tu hueso y tu carne.2Y además antes de ahora, aun mientras Saúl reinaba, tú sacabas y metías á Israel. También Jehová tu Dios te ha dicho: Tú apacentarás mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel mi pueblo.3Y vinieron todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo con ellos alianza delante de Jehová; y ungieron á David por rey sobre Israel, conforme á la palabra de Jehová por mano de Samuel.4Entonces se fué David con todo Israel á Jerusalem, la cual es Jebus; y allí era el Jebuseo habitador de aquella tierra.5Y los moradores de Jebus dijeron á David: No entrarás acá. Mas David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David.6Y David había dicho: El que primero hiriere al Jebuseo, será cabeza y jefe. Entonces Joab hijo de Sarvia subió el primero, y fué hecho jefe.7Y David habitó en la fortaleza, y por esto le llamaron la ciudad de David.8Y edificó la ciudad alrededor, desde Millo hasta la cerca: y Joab reparó el resto de la ciudad.9Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos era con él.10Estos son los principales de los valientes que David tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey sobre Israel, conforme á la palabra de Jehová.11Y este es le número de los valientes que David tuvo: Jasobam hijo de Hachmoni, caudillo de los treinta, el cual blandió su lanza una vez contra trescientos, á los cuales mató.12Tras de éste fué Eleazar hijo de Dodo, Ahohita, el cual era de los tres valientes.13Este estuvo con David en Pasdammin, estando allí juntos en batalla los Filisteos: y había allí una suerte de tierra llena de cebada, y huyendo el pueblo delante de los Filisteos,14Pusiéronse ellos en medio de la haza, y la defendieron, y vencieron á los Filisteos; y favoreciólos Jehová con grande salvamento.

Los largos años de sufrimientos y de exilio terminaron para David. Todo Israel reconoce sus derechos al trono. Se apodera de la fortaleza de Sion, celebrada en muchos salmos (por ejemplo Salmo 87:1-3) y que nos habla de la gracia real. Pero, en ella no habitará solo. Los hombres de fe que con él erraron en los desiertos y los montes, morando en las cavernas y cuevas de la tierra (de los cuales el mundo no era digno), ahora podrán habitar con él en esa ciudad para siempre (Nehemías 3:16, fin; Hebreos 11:16 y 38). Hijos de Dios, ¿vemos emerger del horizonte la maravillosa ciudad de oro adonde Jesús conduce nuestros pasos? ¡Ojalá esta perspectiva nos fortifique para el andar y el combate cristiano!

El valiente Eleazar, junto con otros, pelea contra los filisteos para defender una parcela llena de cebada. Nos hace pensar en los siervos del Señor que debieron luchar para garantizar el alimento del pueblo de Dios. Muchos de ellos sostuvieron duras controversias con los enemigos de la verdad. Debemos estarles agradecidos y a la vez dispuestos a defender la sana doctrina que nos transmitieron (Judas 3).

1 Crónicas 11:15-47
15Y tres de los treinta principales descendieron á la peña á David, á la cueva de Adullam, estando el campo de los Filisteos en el valle de Raphaim.16Y David estaba entonces en la fortaleza, y había á la sazón guarnición de Filisteos en Beth-lehem.17David deseó entonces, y dijo: ­Quién me diera á beber de las aguas del pozo de Beth-lehem, que está á la puerta!18Y aquellos tres rompieron por el campo de los Filisteos, y sacaron agua del pozo de Beth-lehem, que está á la puerta, y tomaron y trajéronla á David: mas él no la quiso beber, sino que la derramó á Jehová, y dijo:19Guárdeme mi Dios de hacer esto: ¿había yo de beber la sangre de estos varones con sus vidas, que con peligro de sus vidas la han traído? Y no la quiso beber. Esto hicieron aquellos tres valientes.20Y Abisai, hermano de Joab, era cabeza de los tres, el cual blandió su lanza sobre trescientos, á los cuales hirió; y fué entre los tres nombrado.21De los tres fué más ilustre que los otros dos, y fué el principal de ellos: mas no llegó á los tres primeros.22Benaías hijo de Joiada, hijo de varón de esfuerzo, de grandes hechos, de Cabseel: él venció los dos leones de Moab: también descendió, é hirió un león en mitad de un foso en tiempo de nieve.23El mismo venció á un Egipcio, hombre de cinco codos de estatura: y el Egipcio traía una lanza como un enjullo de tejedor; mas él descendió á él con un bastón, y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y matólo con su misma lanza.24Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y fué nombrado entre los tres valientes.25Y fué el más honrado de los treinta, mas no llegó á los tres primeros. A este puso David en su consejos.26Y los valientes de los ejércitos: Asael hermano de Joab, y Elchânan hijo de Dodo de Beth-lehem;27Samoth de Arori, Helles Pelonita;28Ira hijo de Acces Tecoita, Abiezer Anathothita;29Sibbecai Husatita, Ilai Ahohita;30Maharai Nethophathita, Heled hijo de Baana Nehtophathita;31Ithai hijo de Ribai de Gabaath de los hijos de Benjamín, Benaías Phirathita;32Hurai del río Gaas, Abiel Arbathonita;33Azmaveth Baharumita, Eliaba Saalbonita;34Los hijos de Asem Gizonita, Jonathán hijo de Sajé Hararita;35Ahiam hijo de Sachâr Ararita, Eliphal hijo de Ur;36Hepher Mechêrathita, Ahía Phelonita;37Hesro Carmelita, Nahari hijo de Ezbai;38Joel hermano de Nathán, Mibhar hijo de Agrai;39Selec Ammonita, Naarai Berothita, escudero de Joab hijo de Sarvia;40Ira Ithreo, Yared Ithreo;41Uría Hetheo, Zabad hijo de Ahli;42Adina hijo de Siza Rubenita, príncipe de los Rubenitas, y con él treinta;43Hanán hijo de Maachâ, y Josaphat Mithnita;44Uzzías Astarothita, Samma y Jehiel hijos de Hotham Arorita;45Jedaiel hijo de Simri, y Joha su hermano, Thisaita;46Eliel de Mahavi, Jeribai y Josabía hijos de Elnaam, e Ithma Moabita;47Eliel, y Obed, y Jaasiel de Mesobia.

El día que accedió al poder, David no olvidó a sus compañeros de Adulam. ¿Se olvidaría el Señor de los que procuran seguirle y servirle? Bien sabemos que no lo hará. En el momento mismo en que iba a dar su vida por los pecadores, y mientras los discípulos estaban preocupados por saber cuál de ellos sería estimado como el más grande, ¿qué les declara el Maestro? “Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí” (Lucas 22:28-29).

Entre estos hombres fuertes hay una jerarquía. Pero ella no está basada en la fuerza, porque todos son hombres fuertes, sino en su abnegación, trátese de servicio, como para los tres valientes que sacaron agua, o de combate, como para Benaía. Hoy en día ocurre lo mismo con los creyentes. En todos los círculos cristianos algunos superan a otros por su celo y su apego al Señor. Algún día, en el cielo, conoceremos sus actos de valentía. ¿No desea usted encontrarse entre ellos? “Os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:11).

1 Crónicas 12:1-18
1ESTOS son los que vinieron á David á Siclag, estando él aún encerrado por causa de Saúl hijo de Cis, y eran de los valientes ayudadores de la guerra.2Estaban armados de arcos, y usaban de ambas manos en tirar piedras con honda, y saetas con arco. De los hermanos de Saúl de Benjamín:3El principal Ahiezer, después Joas, hijos de Semaa Gabaathita; y Jeziel, y Pheleth, hijos de Azmaveth, y Beracah, y Jehú Anathothita;4E Ismaías Gabaonita, valiente entre los treinta, y más que los treinta; y Jeremías, Jahaziel, Joanán, Jozabad Gederathita,5Eluzai, y Jeremoth, Bealías, Semarías, y Sephatías Haruphita;6Elcana, é Isías, y Azareel, y Joezer, y Jasobam, de Coré;7Y Joela, y Zebadías, hijos de Jeroham de Gedor.8También de los de Gad se huyeron á David, estando en la fortaleza en el desierto, muy valientes hombres de guerra para pelear, dispuestos á hacerlo con escudo y pavés: sus rostros como rostros de leones, y ligeros como las cabras monteses.9Eser el primero, Obadías el segundo, Eliab el tercero,10Mismana el cuarto, Jeremías el quinto,11Attai el sexto, Eliel el séptimo,12Johanán el octavo, Elzabad el nono,13Jeremías el décimo, Machbani el undécimo.14Estos fueron capitanes del ejército de los hijos de Gad. El menor tenía cargo de cien hombres, y el mayor de mil.15Estos pasaron el Jordán en el mes primero, cuando había salido sobre todas sus riberas; é hicieron huir á todos los de los valles al oriente y al poniente.16Asimismo algunos de los hijos de Benjamín y de Judá vinieron á David á la fortaleza.17Y David salió á ellos, y hablóles diciendo: Si habéis venido á mí para paz y para ayudarme, mi corazón será unido con vosotros; mas si para engañarme en pro de mis enemigos, siendo mis manos sin iniquidad, véalo el Dios de nuestros padres, y demándelo.18Entonces se envistió el espíritu en Amasai, príncipe de treinta, y dijo: Por ti, oh David, y contigo, oh hijo de Isaí. Paz, paz contigo, y paz con tus ayudadores; pues que también tu Dios te ayuda. Y David los recibió, y púsolos entre los capitanes de la

Los flecheros filisteos habían provocado la derrota de Saúl, quien no había estado en condiciones de vencerlos (cap. 10:3). Sin embargo, aquí descubrimos que pudo haber hallado hábiles hombres de guerra entre sus propios hermanos de la tribu de Benjamín, que manejaban admirablemente el arco y la fronda. Desgraciadamente para Saúl, a diferencia de los hombres del capítulo 12, versículo 29, éstos lo dejan para juntarse con David en Siclag. Van a poner su capacidad a disposición de aquel a quien reconocen por la fe como su verdadero señor. ¿Qué hacemos con los talentos que Dios nos confía? ¿Al servicio de qué amo los empleamos? ¿Para Cristo o para el príncipe de este mundo?

Igualmente de entre los gaditas, once guerreros poco comunes se adhieren a David, quien les confía responsabilidades.

Llegan a él todavía hombres de Judá y de Benjamín. El rey sondea su disposición (v. 17). ¿No es magnífica la respuesta que Amasai, jefe de los principales capitanes, da por medio del Espíritu? “Por ti, oh David, y contigo, oh hijo de Isaí” (v. 18).

¡Ojalá cada uno de nosotros pueda confesar, mediante el mismo Espíritu: Soy tuyo, Jesús!… ¡Tuyo soy y contigo estoy! Cosa triste de decir, cierto número de redimidos pertenecen en verdad al Señor, pero su compañía no parece complacerles.

1 Crónicas 12:19-40
19También se pasaron á David algunos de Manasés, cuando vino con los Filisteos á la batalla contra Saúl, aunque no les ayudaron; porque los sátrapas de los Filisteos, habido consejo, lo despidieron, diciendo: Con nuestras cabezas se pasará á su señor Saúl.20Así que viniendo él á Siclag, se pasaron á él de los de Manasés, Adnas, Jozabad, Michâel, Jozabad, Jediaiel, Eliú, y Sillethai, príncipes de millares de los de Manasés.21Estos ayudaron á David contra aquella compañía; porque todos ellos eran hombres valientes, y fueron capitanes en el ejército.22Porque entonces todos los días venía ayuda á David, hasta hacerse un grande ejército, como ejército de Dios.23Y este es el número de los principales que estaban á punto de guerra, y vinieron á David en Hebrón, para traspasarle el reino de Saúl, conforme á la palabra de Jehová:24De los hijos de Judá que traían escudo y lanza, seis mil y ochocientos, á punto de guerra.25De los hijos de Simeón, valientes y esforzados hombres para la guerra, siete mil y ciento.26De los hijos de Leví, cuatro mil y seiscientos;27Asimismo Joiada, príncipe de los del linaje de Aarón, y con él tres mil y setecientos;28Y Sadoc, mancebo valiente y esforzado, con veinte y dos de los principales de la casa de su padre.29De los hijos de Benjamín hermanos de Saúl, tres mil; porque aun en aquel tiempo muchos de ellos tenían la parte de la casa de Saúl.30Y de los hijos de Ephraim, veinte mil y ochocientos, muy valientes, varones ilustres en las casas de sus padres.31De la media tribu de Manasés, diez y ocho mil, los cuales fueron tomados por lista para venir á poner á David por rey.32Y de los hijos de Issachâr, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos.33Y de Zabulón cincuenta mil, que salían á campaña á punto de guerra, con todas armas de guerra, dispuestos á pelear sin doblez de corazón.34Y de Nephtalí mil capitanes, y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza.35De los de Dan, dispuestos á pelear, veinte y ocho mil y seiscientos.36Y de Aser, á punto de guerra y aparejados á pelear, cuarenta mil.37Y de la otra parte del Jordán, de los Rubenitas y de los de Gad y de la media tribu de Manasés, ciento y veinte mil con toda suerte de armas de guerra.38Todos estos hombres de guerra, dispuestos para guerrear, vinieron con corazón perfecto á Hebrón, para poner á David por rey sobre todo Israel; asimismo todos los demás de Israel estaban de un mismo ánimo para poner á David por rey.39Y estuvieron allí con David tres días comiendo y bebiendo, porque sus hermanos habían prevenido para ellos.40Y también los que les eran vecinos, hasta Issachâr y Zabulón y Nephtalí, trajeron pan en asnos, y camellos, y mulos, y bueyes; y provisión de harina, masas de higos, y pasas, vino y aceite, bueyes y ovejas en abundancia, porque en Israel había alegría.

David, como centro de atracción, ve acercarse a él de todas las tribus, hombres fieles, que le reconocen como jefe. De aquí y de allá llegan las tropas, unas más apresuradas que otras, hasta que un inmenso campamento se halla reunido. Sadoc, joven valiente y esforzado, es nombrado especialmente. Hoy en día, ¿a quién podría designar así el Señor en medio de su pueblo?

Cada soldado que se alista posee una característica particular: algunos tienen más fuerza y valentía, otros más discernimiento y sabiduría, otros más orden o más rectitud… Así ocurre con los hijos de Dios. Diferentes unos de otros, cada uno brillará especialmente por algún rasgo de su carácter: energía, sabiduría, paciencia, fe, amor o perseverancia… Y cada una de estas virtudes es conocida y resaltada por el Señor, el único que las manifestó todas.

La escena final de este capítulo nos hace pensar en Lucas 12:37. Pero el incomparable Señor no dejará a nadie más el cuidado de sus fieles siervos y de sus cansados combatientes. Él se ceñirá y “hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles”.

1 Crónicas 13:1-14
1ENTONCES David tomó consejo con los capitanes de millares y de cientos, y con todos los jefes.2Y dijo David á todo el congreso de Israel: Si os parece bien y de Jehová nuestro Dios, enviaremos á todas partes á llamar nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y á los sacerdotes y Levitas que están con ellos en sus ciudades y 3Y traigamos el arca de nuestro Dios á nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella.4Y dijo todo el congreso que se hiciese así, porque la cosa parecía bien á todo el pueblo.5Entonces juntó David á todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta entrar en Hamath, para que trajesen el arca de Dios de Chîriath-jearim.6Y subió David con todo Israel á Baala de Chîriath-jearim, que es en Judá, para pasar de allí el arca de Jehová Dios que habita entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado.7Y lleváronse el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uzza y su hermano guiaban el carro.8Y David y todo Israel hacían alegrías delante de Dios con todas sus fuerzas, con canciones, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas.9Y como llegaron á la era de Chidón, Uzza extendió su mano al arca para tenerla, porque los bueyes se desmandaban.10Y el furor de Jehová se encendió contra Uzza, é hiriólo, porque había extendido su mano al arca: y murió allí delante de Dios.11Y David tuvo pesar, porque Jehová había hecho rotura en Uzza; por lo que llamó aquel lugar Pérez-uzza, hasta hoy.12Y David temió á Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de traer á mi casa el arca de Dios?13Y no trajo David el arca á su casa en la ciudad de David, sino llevóla á casa de Obed-edom Getheo.14Y el arca de Dios estuvo en casa de Obed-edom, en su casa, tres meses: y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todas las cosas que tenía.

En el corazón del nuevo rey nace un venturoso deseo: volver a dar al arca su lugar de honor y asociar todo el pueblo a este acontecimiento. Todo parece desarrollarse lo mejor posible. La alegría es general. Desgraciadamente un detalle (muy importante) es olvidado, y esto basta para provocar la muerte de Uza, al mismo tiempo que el más grande desconcierto. En seguida, en el corazón del rey, el gozo da lugar al espanto y la irritación reemplaza la alabanza.

La Palabra prescribía que los levitas llevaran el arca sobre el hombro, pero esto no se había cumplido, ¡probablemente por pura ignorancia! Por no saber nada más, se había obrado lo mejor posible. Pero tanto el rey, que debía copiar el libro de la ley, como los levitas, que debían enseñarla, habrían tenido que conocer la ordenanza al respecto (Deuteronomio 17:18; 31:12). Por lo tanto, eran inexcusables. Nosotros en cuyas manos está la Biblia, somos responsables de andar y servir al Señor según las enseñanzas que ella contiene.

El arca es llevada a la casa de Obed-edom y se queda tres meses “con la familia” de ese hombre (v. 14). Le trae bendición, como siempre lo hace la presencia del Señor Jesús en nuestras casas y en nuestros corazones.

1 Crónicas 14:1-17
1E Hiram rey de Tiro envió embajadores á David, y madera de cedro, y albañiles y carpinteros, que le edificasen una casa.2Y entendió David que Jehová lo había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino sobre su pueblo Israel.3Entonces David tomó también mujeres en Jerusalem y aun engendró David hijos é hijas.4Y estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Samua, Sobab, Nathán, Salomón,5Ibhar, Elisua, Eliphelet,6Noga, Nepheg, Japhías,7Elisama, Beel-iada y Eliphelet.8Y oyendo los Filisteos que David había sido ungido por rey sobre todo Israel, subieron todos los Filisteos en busca de David. Y como David lo oyó, salió contra ellos.9Y vinieron los Filisteos y extendiéronse por el valle de Raphaim.10Entonces David consultó á Dios, diciendo: ¿Subiré contra los Filisteos? ¿los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, que yo los entregaré en tus manos.11Subieron pues á Baal-perasim, y allí los hirió David. Dijo luego David: Dios rompió mis enemigos por mi mano, como se rompen las aguas. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perasim.12Y dejaron allí sus dioses, y David dijo que los quemasen al fuego.13Y volviendo los Filisteos á extenderse por el valle,14David volvió á consultar á Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos, sino rodéalos, para venir á ellos por delante de los morales;15Y así que oyeres venir un estruendo por las copas de los morales, sal luego á la batalla: porque Dios saldrá delante de ti, y herirá el campo de los Filisteos.16Hizo pues David como Dios le mandó, é hirieron el campo de los Filisteos desde Gabaón hasta Gezer.17Y la fama de David fué divulgada por todas aquellas tierras: y puso Jehová temor de David sobre todas las gentes.

La gloria y la prosperidad de David repercutieron en sus vecinos. Unos, como Hiram y su pueblo, buscan el favor y la amistad del rey de Israel; otros, como los filisteos, no se desarman. Notemos que, conforme al carácter de «las Crónicas», aquí no se trata de la culpable colaboración de David con Akis (1 Samuel 27-29), salvo la discreta alusión de 1 Crónicas 12:19.

El vencedor de Goliat sube, pues, dos veces contra los filisteos, no sin primeramente consultar a Dios en cada ocasión. Una vez más insistimos en esa actitud de humildad. David no tiene confianza en su capacidad de jefe, no se fía en su experiencia militar para decidir la táctica que conviene adoptar. Cuando el enemigo sube contra nosotros para buscarnos (v. 8), nuestro primer reflejo ¿es interrogar a Dios acerca de la manera en que podremos vencer? No tengamos confianza en nuestra propia sabiduría, y antes de enfrentar al adversario o de tomar cualquier decisión, pidámosle al Señor sus directivas y socorro. La mayoría de nuestras derrotas ante el gran enemigo no tiene otra explicación que ésta: olvidamos buscar el pensamiento del Señor.

1 Crónicas 15:1-24
1HIZO también casas para sí en la ciudad de David, y labró un lugar para el arca de Dios, y tendióle una tienda.2Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser traída sino por los Levitas; porque á ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan perpetuamente.3Y juntó David á todo Israel en Jerusalem, para que pasasen el arca de Jehová á su lugar, el cual le había él preparado.4Juntó también David á los hijos de Aarón y á los Levitas:5De los hijos de Coath, Uriel el principal, y sus hermanos, ciento y veinte;6De los hijos de Merari, Asaías el principal, y sus hermanos, doscientos y viente;7De los hijos de Gersón, Joel el principal, y sus hermanos, ciento y treinta;8De los hijos de Elisaphán, Semeías el principal, y sus hermanos, docientos;9De los hijos de Hebrón, Eliel el principal, y sus hermanos, ochenta;10De los hijos de Uzziel, Amidadab el principal, y sus hermanos, ciento y doce.11Y llamó David á Sadoc y á Abiathar, sacerdotes, y á los Levitas, Uriel, Asaías, Joel, Semeías, Eliel, y Aminadab;12Y díjoles: Vosotros que sois los principales de padres entre los Levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado;13Pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios hizo en nosotros rotura, por cuanto no le buscamos según la ordenanza.14Así los sacerdotes y los Levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel.15Y los hijos de los Levitos trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés conforme á la palabra de Jehová.16Asimismo dijo David á los principales de los Levitas, que constituyesen de sus hermanos cantores, con instrumentos de música, con salterios, y arpas, y címbalos, que resonasen, y alzasen la voz con alegría.17Y los Levitas constituyeron á Hemán hijo de Joel; y de sus hermanos, á Asaph hijo de Berechîas; y de los hijos de Merari y de sus hermanos, á Ethán hijo de Cusaías;18Y con ellos á sus hermanos del segundo orden, á Zachârías, Ben y Jaaziel, Semiramoth, Jehiel, Unni, Eliab, Benaías, Maasías, y Mathithías, Eliphelehu, Micnías, Obed-edom, y Jehiel, los porteros.19Así Hemán, Asaph, y Ethán, que eran cantores, sonaban con címbalos de metal.20Y Zachârías, Jaaziel, Semiramoth, Jehiel, Unni, Eliab, Maasías, y Benaías, con salterios sobre Alamoth.21Y Mathithías, Eliphelehu, Micnías, Obed-edom, Jehiel, y Azazías, cantaban con arpas en la octava sobresaliendo.22Y Chênanías, principal de los Levitas, estaba para la entonación; pues él presidía en el canto, porque era entendido.23Y Berechîas y Elcana eran porteros del arca.24Y Sebanías, Josaphat, Nathanael, Amasai, Zachârías, Benaías, y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del arca de Dios: Obed-edom y Jehías eran también porteros del arca.

Tengamos el coraje de reconocer nuestras faltas ante el Señor y ante los hombres (Proverbios 28:13). No buscamos a Dios “según su ordenanza” (v. 13), declara David a los levitas encargados de llevar el arca. Y esta vez se toman todas las disposiciones para llevar el arca “conforme a la palabra de Jehová” (v. 15). ¡Sigue una escena de gozo y de alabanza! Notemos el lugar que ocupa Obed-edom. Podría haberse quejado egoístamente al ver que el arca se alejaba de su casa. ¿No perdía con ella una fuente de bendición? (cap. 13:14). Pero este pensamiento no le viene a la mente. La bendición va a ser la parte de todo Israel, y él, siendo levita de entre los hijos de Coré, simultáneamente cumplirá las funciones de músico, maestro de canto y portero del arca. Así, pues, no la abandona. Fiel en lo pequeño, recibe lo que es grande (Lucas 16:10); porque veló por el bien de su propia casa, ahora Dios le confía un cargo en la Suya (1 Timoteo 3:4-5).

Quenanías, principal de los levitas, es elegido para dirigir el canto, porque es entendido en ello (v. 22). Esto nos recuerda las palabras del apóstol Pablo: “Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (1 Corintios 14:15).

1 Crónicas 15:25-29; 1 Crónicas 16:1-6
25David pues y los ancianos de Israel, y los capitanes de millares, fueron á traer el arca del pacto de Jehová, de casa de Obed-edom, con alegría.26Y ayudando Dios á los Levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, sacrificaban siete novillos y siete carneros.27Y David iba vestido de lino fino y también todos los Levitas que llevaban el arca, y asimismo los cantores; y Chênanías era maestro de canto entre los cantores. Llevaba también David sobre sí un ephod de lino.28De esta manera llevaba todo Israel el arca del pacto de Jehová, con júbilo y sonido de bocinas, y trompetas, y címbalos, y al son de salterios y arpas.29Y como el arca del pacto de Jehová llegó á la ciudad de David, Michâl, hija de Saúl, mirando por una ventana, vió al rey David que saltaba y bailaba; y menospreciólo en su corazón.
1ASI trajeron el arca de Dios, y asentáronla en medio de la tienda que David había tendido para ella: y ofrecieron holocaustos y pacíficos delante de Dios.2Y como David hubo acabado de ofrecer el holocausto y los pacíficos, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová.3Y repartió á todo Israel, así á hombres como á mujeres, á cada uno una torta de pan, y una pieza de carne, y un frasco de vino.4Y puso delante del arca de Jehová ministros de los Levitas, para que recordasen, y confesasen, y loasen á Jehová Dios de Israel:5Asaph el primero, el segundo después de él Zachârías, Jeiel, Semiramoth, Jehiel, Mathithías, Eliab, Benaías, Obed-edom, y Jehiel, con sus instrumentos de Salterios y arpas; mas Asaph hacía sonido con címbalos:6Benaías también y Jahaziel, sacerdotes, continuamente con trompetas delante del arca del pacto de Dios.

Los versículos 24 y 25 del Salmo 68 aluden a la fiesta que tenemos a la vista: “Vieron tus caminos, oh Dios (el andar del Hijo de Dios, representado por el arca)… Los cantores iban delante, los músicos detrás”. Pero, ante todo, el Salmo 132 es el que nos permite conocer los pensamientos de David en esa solemne ocasión. La entrada del arca en su reposo respondía a su más ardiente deseo (Salmo 132:3-5 y 8).

¡Es de desear que nuestros corazones también vibren al pensar en el reposo celestial, en el cual Jesús nos precedió! Las promesas del hermoso Salmo 132, van mucho más allá de la escena de nuestro capítulo: “Vestiré de salvación a sus sacerdotes, y sus santos darán voces de júbilo” (comp. v. 27-28 y Salmo 132:16).

“Bendeciré abundantemente su provisión; a sus pobres saciaré de pan” (comp. cap. 16:3 y Salmo 132:15).

Los redimidos del Señor son llamados a expresar su gozo y su alabanza desde antes de llegar al reposo celestial. Ya en la tierra poseen un centro de reunión: Cristo. Son establecidos para servir, recordar, celebrar y alabar (cap. 16:4) al Padre y al Hijo.

1 Crónicas 16:7-22
7Entonces, en aquel día, dió David principio á celebrar á Jehová por mano de Asaph y de sus hermanos:8Confesad á Jehová, invocad su nombre, Haced notorias en los pueblos sus obras.9Cantad á él, cantadle salmos; Hablad de todas sus maravillas.10Gloriaos en su santo nombre; Alégrese el corazón de los que buscan á Jehová.11Buscad á Jehová y su fortaleza; Buscad su rostro continuamente.12Haced memoria de sus maravillas que ha obrado, De sus prodigios, y de los juicios de su boca,13Oh vosotros, simiente de Israel sus siervo, Hijos de Jacob, sus escogidos.14Jehová, él es nuestro Dios; Sus juicios en toda la tierra.15Haced memoria de su alianza perpetuamente, Y de la palabra que él mandó en mil generaciones;16Del pacto que concertó con Abraham, Y de su juramento á Isaac;17El cual confirmó á Jacob por estatuto, Y á Israel por pacto sempiterno,18Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, Suerte de vuestra herencia;19Cuando erais pocos en número, Pocos y peregrinos en ella;20Y andaban de nación en nación, Y de un reino á otro pueblo.21No permitió que nadie los oprimiese: Antes por amor de ellos castigó á los reyes.22No toquéis, dijo, á mis ungidos, Ni hagáis mal á mis profetas.

Los cantores y los músicos fueron designados. En nuestros días, el canto no es un privilegio reservado sólo para algunos. ¿No es cierto que a todos nos agrada cantar nuestro agradecimiento y, particularmente en el culto, unir nuestras voces a los cánticos de adoración? (Efesios 5:19; Colosenses 3:16). Ahora David, por mano de Asaf entrega este salmo, el primero, para celebrar a Jehová. Su nombre, sus obras, su gloria, su relación con los santos… ¡cuántos motivos tenía el israelita para bendecirle! (v. 7). Para los que conocemos a Jesús y su obra en la cruz, ¡cuán numerosos son los temas de adoración! Sí, cantemos con entendimiento: meditemos las palabras que pronunciamos. Nuestros himnos, compuestos según la Biblia, desarrollan múltiples aspectos de las glorias del Padre y del Hijo. Es importante y edificante distinguirlos.

¿Qué son los hijos de Dios en comparación con el mundo que los rodea? “Pocos en número, pocos y forasteros” (v. 19). ¿Son miserables? Muy por el contrario: “Gloriaos en su santo nombre”, responde el versículo 10. El nombre de Jesús, así como nuestra relación por medio de él con su Padre, ¡éstos son nuestra gloria, nuestra riqueza, nuestro gozo y también nuestra seguridad! (1 Corintios 1:30-31).

1 Crónicas 16:23-43
23Cantad á Jehová, toda la tierra, Anunciad de día en día su salud.24Cantad entre las gentes su gloria, Y en todos los pueblos sus maravillas.25Porque grande es Jehová, y digno de ser grandemente loado, Y de ser temido sobre todos los dioses.26Porque todos los dioses de los pueblos son nada: Mas Jehová hizo los cielos.27Poderío y hermosura delante de él; Fortaleza y alegría en su morada.28Atribuid á Jehová, oh familias de los pueblos, Atribuid á Jehová gloria y potencia.29Tributad á Jehová la gloria debida á su nombre: Traed ofrenda, y venid delante de él; Postraos delante de Jehová en la hermosura de su santidad.30Temed en su presencia, toda la tierra: El mundo será aún establecido, para que no se conmueva.31Alégrense los cielos, y gócese la tierra, Y digan en las naciones: Reina Jehová.32Resuene la mar, y la plenitud de ella: Alégrese el campo, y todo lo que contiene.33Entonces cantarán los árboles de los bosques delante de Jehová, Porque viene á juzgar la tierra.34Celebrad á Jehová, porque es bueno; Porque su misericordia es eterna.35Y decid: Sálvanos, oh Dios, salud nuestra: Júntanos, y líbranos de las gentes, Para que confesemos tu santo nombre, Y nos gloriemos en tus alabanzas.36Bendito sea Jehová Dios de Israel, De eternidad á eternidad.37Y dejó allí, delante del arca del pacto de Jehová, á Asaph y á sus hermanos, para que ministrasen de continuo delante del arca, cada cosa en su día:38Y á Obed-edom y á sus hermanos, sesenta y ocho; y á Obed-edom hijo de Jeduthún, y á Asa, por porteros:39Asimismo á Sadoc el sacerdote, y á sus hermanos los sacerdotes, delante del tabernáculo de Jehová en el alto que estaba en Gabaón,40Para que sacrificasen continuamente, á mañana y tarde, holocaustos á Jehová en el altar del holocausto, conforme á todo lo que está escrito en la ley de Jehová, que él prescribió á Israel;41Y con ellos á Hemán y á Jeduthún, y los otros escogidos declarados por sus nombres, para glorificar á Jehová, porque es eterna su misericordia;42Con ellos á Hemán y á Jeduthún con trompetas y címbalos para tañer, y con otros instrumentos de música de Dios; y á los hijos de Jeduthún, por porteros.43Y todo el pueblo se fué cada uno á su casa; y David se volvió para bendecir su casa.

Del mismo modo que la primera «estrofa» de este cántico (v. 7-22) corresponde a una parte del Salmo 105 (v. 1-15), la que sigue reúne una fracción del Salmo 96 (v. 2-12) con tres versículos del Salmo 106 (v. 1, 47-48). Pero hay un hecho muy notable: todo lo que en estos tres salmos no corresponde al carácter de la gracia, fue dejado a un lado. Aquí no se mencionan las faltas cometidas ni el juicio merecido.

Cuando los redimidos rodeen el trono del Cordero y resuene el nuevo cántico, ¿podrá éste encerrar un abrumador recuerdo de sus pecados (como el Salmo 106:6-7 y 13-43 para Israel)? Es imposible, porque Dios prometió: “Nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Hebreos 8:12). Sólo se hablará de ellos para decir: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre… a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 1:5-6).

Esta escena termina con el definitivo establecimiento del servicio delante del arca. De ahí en adelante, cada uno en su puesto se dedicará a sus santas funciones, figura de aquellas que pertenecen, desde ahora, a los verdaderos adoradores.

1 Crónicas 17:1-15
1Y ACONTECIO que morando David en su casa, dijo David al profeta Nathán: He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas.2Y Nathán dijo á David: Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios es contigo.3En aquella misma noche fué palabra de Dios á Nathán, diciendo:4Ve y di á David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite:5Porque no he habitado en casa alguna desde el día que saqué á los hijos de Israel hasta hoy; antes estuve de tienda en tienda, y de tabernáculo en tabernáculo.6En todo cuanto anduve con todo Israel ¿hablé una palabra á alguno de los jueces de Israel, á los cuales mandé que apacentasen mi pueblo, para decirles: Por qué no me edificáis una casa de cedro?7Por tanto, ahora dirás á mi siervo David: Así dijo Jehová de los ejércitos: Yo te tomé de la majada, de detrás del ganado, para que fueses príncipe sobre mi pueblo Israel;8Y he sido contigo en todo cuanto has andado, y he talado á todos tus enemigos de delante de ti, y hete hecho grande nombre, como el nombre de los grandes que son en la tiera.9Asimismo he dispuesto lugar á mi pueblo Israel, y lo he plantado para que habite por sí, y que no sea más conmovido: ni los hijos de iniquidad lo consumirán más, como antes,10Y desde el tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel; mas humilllaré á todos tus enemigos. Hágote además saber que Jehová te ha de edificar casa.11Y será que, cuando tus días fueren cumplidos para irte con tus padres, levantaré tu simiente después de ti, la cual será de tus hijos, y afirmaré su reino.12El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternalmente.13Yo le seré por padre, y él me será por hijo: y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que fué antes de ti;14Mas yo lo confirmaré en mi casa y en mi reino eternalmente; y su trono será firme para siempre.15Conforme á todas estas palabras, y conforme á toda esta visión, así habló Nathán á David.

Este capítulo reproduce casi textualmente 2 Samuel 7. Pero es conveniente volver a leer esta maravillosa «conversación» entre Dios y un hombre, objeto de su gracia. Por medio de Natán, Dios habla al rey amado; después, este último le contesta (v. 3-15). ¿Conocemos por experiencia esas conversaciones con Dios (y con el Señor Jesús)? Antes que todo, él se comunica con nosotros por medio de su Palabra. Y tenemos plena libertad para contestarle por medio de la oración.

Una vez más de acuerdo con el carácter del libro, algunas palabras fueron omitidas respecto del hijo de David. La expresión: “Si él hiciere mal, yo le castigaré” (2 Samuel 7:14), no se encuentra en nuestro capítulo, prueba de que aquí la Palabra tiene a la vista uno más grande que Salomón.

“Yo le seré por padre, y él me será por hijo”, declara Jehová (v. 13). La cita de este versículo en Hebreos 1:5 también confirma que este hijo es Jesús, en quien nos fue revelada la gracia. Así, el precioso tema de las conversaciones que tenemos con Dios es Jesús, su amado Hijo. “Nuestra comunión es verdaderamente con el Padre”, dicho de otro modo, podemos tener un mismo pensamiento con él, y este pensamiento concierne a su Hijo Jesucristo (1 Juan 1:3).

1 Crónicas 17:16-27
16Y entró el rey David, y estuvo delante de Jehová, y dijo: Jehová Dios, ¿quién soy yo, y cuál es mi casa, que me has traído hasta este lugar?17Y aun esto, oh Dios, te ha parecido poco, pues que has hablado de la casa de tu siervo para más lejos, y me has mirado como á un hombre excelente, oh Jehová Dios.18¿Qué más puede añadir David pidiendo de ti para glorificar á tu siervo? mas tú conoces á tu siervo.19Oh Jehová, por amor de tu siervo y según tu corazón, has hecho toda esta grandeza, para hacer notorias todas tus grandezas.20Jehová, no hay semejante á ti, ni hay Dios sino tú, según todas las cosas que hemos oído con nuestros oídos.21¿Y qué gente hay en la tierra como tu pueblo Israel, cuyo Dios fuese y se redimiera un pueblo, para hacerte nombre con grandezas y maravillas, echando las gentes de delante de tu pueblo, que tú rescataste de Egipto?22Tú has constituído á tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, Jehová, has venido á ser su Dios.23Ahora pues, Jehová, la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho.24Permanezca pues, y sea engrandecido tu nombre para siempre, á fin de que se diga: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, es Dios para Israel. Y sea la casa de tu siervo David firme delante de ti.25Porque tú, Dios mío, revelaste al oído á tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo motivo de orar delante de ti.26Ahora pues, Jehová, tú eres el Dios que has hablado de tu siervo este bien;27Y ahora has querido bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti: porque tú, Jehová, la has bendecido, y será bendita para siempre.

David se da cuenta de que no merece nada. Confundido, recuerda la bondad de Dios para con él, le rinde homenaje y le agradece.

¡Decir gracias! Cuando alguien no nos agradece un favor prestado, llamamos esto descortesía o ingratitud. No creamos que Dios es insensible cuando sus hijos olvidan hacerlo. Sin embargo, cuando reflexionamos en ello, ¡al lado de cuántos beneficios pasamos cada día sin pensar en agradecerle o sin haberlos notado siquiera! Como el salmista, alentemos nuestra alma a no olvidar ninguno de sus beneficios (Salmo 103:2). ¡Cuántas de sus gracias nos parecen muy naturales, por lo menos mientras las poseemos! A la hora de las comidas, las familias cristianas tienen la costumbre (y el deber) de dar gracias. Pero es necesario que nuestro corazón se asocie verdaderamente a las palabras pronunciadas por el jefe de familia. Más que por sus cuidados materiales, bendigamos a Dios por nuestros privilegios cristianos: la Palabra, la reunión de los creyentes, la educación conforme al Señor (Efesios 5:20) y, por encima de todo, no nos cansemos de darle gracias por su gran salvación, por el gran Salvador que nos dio. Repitamos con el apóstol: “¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15).

1 Crónicas 18:1-17; 1 Crónicas 20:4-8
1DESPUÉS de estas cosas aconteció que David hirió á los Filisteos, y los humilló; y tomó á Gath y sus villas de mano de los Filisteos.2También hirió á Moab; y los Moabitas fueron siervos de David trayéndole presentes.3Asimismo hirió David á Adarezer rey de Soba, en Hamath, yendo él á asegurar su dominio al río de Eufrates.4Y tomóles David mil carros, y siete mil de á caballo, y veinte mil hombres de á pie: y desjarretó David los caballos de todos los carros, excepto los de cien carros que dejó.5Y viniendo los Siros de Damasco en ayuda de Adarezer rey de Soba, David hirió de los Siros veintidós mil hombres.6Y puso David guarnición en Siria la de Damasco, y los Siros fueron hechos siervos de David, trayéndole presentes: porque Jehová salvaba á David donde quiera que iba.7Tomó también David los escudos de oro que llevaban los siervos de Adarezer, y trájolos á Jerusalem.8Asimismo de Thibath y de Chûn ciudades de Adarezer, tomó David muy mucho metal, de que Salomón hizo el mar de bronce, las columnas, y vasos de bronce.9Y oyendo Tou rey de Hamath, que David había deshecho todo el ejército de Adarezer, rey de Soba,10Envió á Adoram su hijo al rey David, á saludarle y á bendecirle por haber peleado con Adarezer, y haberle vencido; porque Tou tenía guerra con Adarezer. Envióle también toda suerte de vasos de oro, de plata y de metal;11Los cuales el rey David dedicó á Jehová, con la plata y oro que había tomado de todas las naciones, de Edom, de Moab, de los hijos de Ammón, de los Filisteos, y de Amalec.12A más de esto Abisai hijo de Sarvia hirió en el valle de la Sal dieciocho mil Idumeos.13Y puso guarnición en Edom, y todos los Idumeos fueron siervos de David: porque Jehová guardaba á David donde quiera que iba.14Y reinó David sobre todo Israel, y hacía juicio y justicia á todo su pueblo.15Y Joab hijo de Sarvia era general del ejército; y Josaphat hijo de Ahilud, canciller;16Y Sadoc hijo de Achîtob, y Abimelec hijo de Abiathar, eran sacerdotes; y Sausa, secretario;17Y Benaías hijo de Joiada era sobre los Ceretheos y Peletheos; y los hijos de David eran los príncipes cerca del rey.
4Después de esto aconteció que se levantó guerra en Gezer con los Filisteos; é hirió Sibbecai Husathita á Sippai, del linaje de los gigantes; y fueron humillados.5Y volvióse á levantar guerra con los Filisteos; é hirió Elhanán hijo de Jair á Lahmi, hermano de Goliath Getheo, el asta de cuya lanza era como un enjullo de tejedores.6Y volvió á haber guerra en Gath, donde hubo un hombre de grande estatura, el cual tenía seis dedos en pies y manos, en todos veinticuatro: y también era hijo de Rapha.7Denostó él á Israel, mas hiriólo Jonathán, hijo de Sima hermano de David.8Estos fueron hijos de Rapha en Gath, los cuales cayeron por mano de David y de sus siervos.

Los capítulos 18, 19 y 20 se refieren a las guerras de David. Agrupan hechos que en el segundo libro de Samuel se hallan dispersos en diversos momentos de la historia del rey. Ya los consideramos y no hay apreciables diferencias entre los dos textos. Con excepción de una cosa: el total silencio, en el principio del capítulo 20, acerca del terrible pecado de David y sus trágicas consecuencias. Ni el escandaloso asunto de Urías, ni el pecado de Amnón, seguido de su asesinato, ni la conspiración de Absalón, ni el papel criminal de Joab, hallan lugar en el libro de las Crónicas. Así obra la gracia. Dios tiende un misericordioso velo sobre ese sombrío período de la vida de su pobre siervo. “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”, dirá David mismo en el Salmo 32. ¿Forma usted parte de esos bienaventurados?

David triunfa sucesivamente sobre filisteos, moabitas, sirios, edomitas y, de nuevo, sobre los hijos de Amón (cap. 19 y 20). Todos los tradicionales enemigos de Israel son subyugados, figura del momento en que Dios sujetará todas las cosas a Cristo y pondrá a sus enemigos por estrado de sus pies (Hebreos 1:13 y 2:8).

1 Crónicas 21:1-13
1MAS Satanás se levantó contra Israel, é incitó á David á que contase á Israel.2Y dijo David á Joab y á los príncipes del pueblo: Id, contad á Israel desde Beer-seba hasta Dan, y traedme el número de ellos para que yo lo sepa.3Y dijo Joab: Añada Jehová á su pueblo cien veces otros tantos. Rey señor mío, ¿no son todos estos siervos de mi señor? ¿para qué procura mi señor esto, que será pernicioso á Israel?4Mas el mandamiento del rey pudo más que Joab. Salió por tanto Joab, y fué por todo Israel; y volvió á Jerusalem, y dió la cuenta del número del pueblo á David.5Y hallóse en todo Israel que sacaban espada, once veces cien mil; y de Judá cuatrocientos y setenta mil hombres que sacaban espada.6Entre estos no fueron contados los Levitas, ni los hijos de Benjamín, porque Joab abominaba el mandamiento del rey.7Asimismo desagradó este negocio á los ojos de Dios, é hirió á Israel.8Y dijo David á Dios: He pecado gravemente en hacer esto: ruégote que hagas pasar la iniquidad de tu siervo, porque yo he hecho muy locamente.9Y habló Jehová á Gad, vidente de David, diciendo:10Ve, y habla á David, y dile: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una que yo haga contigo.11Y viniendo Gad á David, díjole: Así ha dicho Jehová:12Escógete, ó tres años de hambre; ó ser por tres meses deshecho delante de tus enemigos, y que la espada de tus adversarios te alcance; ó por tres días la espada de Jehová y pestilencia en la tierra, y que el ángel de Jehová destruya en todo el término de 13Entonces David dijo á Gad: Estoy en grande angustia: ruego que yo caiga en la mano de Jehová; porque sus misericordias son muchas en extremo, y que no caiga yo en manos de hombres.

Uno puede preguntarse por qué Dios, quien cubrió las precedentes faltas de David, recuerda aquí la del censo. Primeramente, este pecado muestra la distancia que separa a ese rey de Aquel cuya débil figura fue. Era preciso que Israel no confundiera a su Mesías siquiera con el más grande de sus reyes. El Hijo de David era, al mismo tiempo, su Señor (Mateo 22:41-45). Por otra parte, era necesario explicar el castigo divino y la gracia que le pondría fin, sin la cual el relato sería incomprensible. David aparece aquí como un culpable, ni más ni menos, como usted y yo. Pero él conoce el corazón de Dios. Su respuesta a Gad lo prueba: “Que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas” (v. 13). Cada uno de nosotros, ¿ha experimentado personalmente la riqueza y la variedad de las misericordias del Señor? (léase Lamentaciones de Jeremías 3:22-23 y 32).

Por la expiación de nuestros pecados, ni hablar de escoger entre tres años de hambre, tres meses de guerra o tres días de enfermedad. Pero Cristo, en nuestro lugar, conoció en las tres horas sombrías de la cruz la plena medida de la ira de Dios; él llevó la eternidad de nuestro castigo.

1 Crónicas 21:14-30
14Así Jehová dió pestilencia en Israel, y cayeron de Israel setenta mil hombres.15Y envió Jehová el ángel á Jerusalem para destruirla: pero estando él destruyendo, miró Jehová, y arrepintióse de aquel mal,16(H21-17) Y alzando David sus ojos, vió al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, teniendo un espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalem. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de sacos.17(H21-18) Y dijo David á Dios: ¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; mas estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no haya plaga en 18(H21-19) Y el ángel de Jehová ordenó á Gad que dijese á David, que subiese y construyese un altar á Jehová en la era de Ornán Jebuseo.19(H21-20) Entonces David subió, conforme á la palabra de Gad que le había dicho en nombre de Jehová.20(H21-21) Y volviéndose Ornán vió el ángel; por lo que se escondieron cuatro hijos suyos que con él estaban. Y Ornán trillaba el trigo.21(H21-22) Y viniendo David á Ornán, miró éste, y vió á David: y saliendo de la era, postróse en tierra á David.22(H21-23) Entonces dijo David á Ornán: Dame este lugar de la era, en que edifique un altar á Jehová, y dámelo por su cabal precio, para que cese la plaga del pueblo.23(H21-24) Y Ornán respondió á David: Tómalo para ti, y haga mi señor el rey lo que bien le pareciere: y aun los bueyes daré para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para el presente: yo lo doy todo.24(H21-25) Entonces el rey David dijo á Ornán: No, sino que efectivamente la compraré por su justo precio: porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste.25(H21-26) Y dió David á Ornán por el lugar seiscientos siclos de oro por peso.26(H21-27) Y edificó allí David un altar á Jehová, en el que ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos, é invocó á Jehová, el cual le respondió por fuego de los cielos en el altar del holocausto.27(H21-28) Y como Jehová habló al ángel, él volvió su espada á la vaina.28(H21-29) Entonces viendo David que Jehová le había oído en la era de Ornán Jebuseo, sacrificó allí.29(H21-30) Y el tabernáculo de Jehová que Moisés había hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entonces en el alto de Gabaón:30(H21-31) Mas David no pudo ir allá á consultar á Dios, porque estaba espantado á causa de la espada del ángel de Jehová.

Sobre ese mismo monte de Moriah, en otros tiempos, Abraham ofreció a su hijo Isaac (Génesis 22:2; 2 Crónicas 3:1). Pero Dios detuvo su mano, como lo hace ahora con la del ángel. El juicio divino, apartado de esa manera, caerá en forma de fuego sobre el holocausto que ofrece David (v. 26). Abraham, después de haber presentado, él también, un sacrificio de sustitución en lugar de Isaac, llamó ese lugar “Jehová-Jireh”, es decir, “en el monte de Jehová será provisto” (Génesis 22:14).

En lo que nos concierne, sabemos de qué solemne manera debía ser provisto allí, y quién debía recibir en nuestro lugar los golpes del juicio de Dios. La voz que dice al ángel: “Basta ya”, y luego le ordena que vuelva a poner su espada en la vaina, es la misma que un día debió decir: “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío… Hiere al pastor” (Zacarías 13:7). ¡Qué insondable y maravilloso misterio! El castigo que merecíamos fue apartado para siempre, porque cayó sobre Aquel que fue herido en nuestro lugar: Jesús, el pastor establecido por Dios, nuestro buen Pastor, el “compañero” de Jehová.

1 Crónicas 22:1-19
1Y DIJO David: Esta es la casa de Jehová Dios, y este es el altar del holocausto para Israel.2Después mandó David que se juntasen los extranjeros que estaban en la tierra de Israel, y señaló de ellos canteros que labrasen piedras para edificar la casa de Dios.3Asimismo aparejó David mucho hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas; y mucho metal sin peso, y madera de cedro sin cuenta.4Porque los Sidonios y Tirios habían traído á David madera de cedro innumerable.5Y dijo David: Salomón mi hijo es muchacho y tierno, y la casa que se ha de edificar á Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para nombre y honra en todas las tierras; ahora pues yo le aparejaré lo necesario. Y preparó David antes de su muerte en grand6Llamó entonces David á Salomón su hijo, y mandóle que edificase casa á Jehová Dios de Israel.7Y dijo David á Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve el edificar templo al nombre de Jehová mi Dios.8Mas vino á mí palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has traído grandes guerras: no edificarás casa á mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí:9He aquí, un hijo te nacerá, el cual será varón de reposo, porque yo le daré quietud de todos sus enemigos en derredor; por tanto su nombre será Salomón; y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días:10El edificará casa á mi nombre, y él me será á mí por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.11Ahora pues, hijo mío, sea contigo Jehová, y seas prosperado, y edifiques casa á Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti.12Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, y él te dé mandamientos para Israel; y que tú guardes la ley de Jehová tu Dios.13Entonces serás prosperado, si cuidares de poner por obra los estatutos y derechos que Jehová mandó á Moisés para Israel. Esfuérzate pues, y cobra ánimo; no temas, ni desmayes.14He aquí, yo en mi estrechez he prevenido para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millar de millares de talentos de plata: no tiene peso el metal ni el hierro, porque es mucho. Asimismo he aprestado madera y piedra, á lo cual tú añadirás.15Tú tienes contigo muchos oficiales, canteros, albañiles, y carpinteros, y todo hombre experto en toda obra.16Del oro, de la plata, del metal, y del hierro, no hay número. Levántate pues, y á la obra; que Jehová será contigo.17Asimismo mandó David á todos los principales de Israel que diesen ayuda á Salomón su hijo, diciendo:18¿No es con vosotros Jehová vuestro Dios, el cual os ha dado quietud de todas partes? porque él ha entregado en mi mano los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sujetada delante de Jehová, y delante de su pueblo.19Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar á Jehová vuestro Dios; y levantaos, y edificad el santuario del Dios Jehová, para traer el arca del pacto de Jehová, y lo santos vasos de Dios, á la casa edificada al nombre de Jehová.

La casa que David tiene en mente y que Salomón construirá, es imagen de la futura morada de Dios en medio de Israel. No obstante, muchos detalles relativos a su preparación y a su construcción nos ayudarán a comprender mejor, por comparación, las grandes verdades del Nuevo Testamento respecto de la Iglesia. Al igual que la era de Ornán —en la que se ofreció el sacrificio— fue la base de la casa, la obra de Cristo en la cruz es el fundamento de la Asamblea (Iglesia). La misma verdad aparece bajo otra forma si consideramos a David y Salomón juntos, como una sola figura del Señor Jesús. David nos habla de un Cristo doliente y rechazado, quien preparó, en su aflicción, todo lo necesario para la edificación de la casa de Dios. Salomón representa a Cristo glorificado, edificando su Asamblea y dispuesto a aparecer con ella para reinar sobre el universo. Los materiales, particularmente las “piedras vivas” (1 Pedro 2:5), o sea los creyentes, no podían ser reunidos sin los sufrimientos y la muerte del Señor Jesús. Pero era necesaria su exaltación para que la Iglesia pudiera ser construida. Hasta hoy, este edificio todavía no se ha terminado. Quizá falte sólo una piedra. ¿Será usted esa piedra?

1 Crónicas 23:1-6, 24-32
1SIENDO pues David ya viejo y harto de días, hizo á Salomón su hijo rey sobre Israel.2Y juntando á todos los principales de Israel, y á los sacerdotes y Levitas,3Fueron contados los Levitas de treinta años arriba; y fué el número de ellos por sus cabezas, contados uno á uno, treinta y ocho mil.4De éstos, veinticuatro mil para dar prisa á la obra de la casa de Jehová; y gobernadores y jueces, seis mil;5Además cuatro mil porteros; y cuatro mil para alabar á Jehová, dijo David, con los instrumentos que he hecho para rendir alabanzas.6Y repartiólos David en órdenes conforme á los hijos de Leví, Gersón y Coath y Merari.
24Estos son los hijos de Leví en las familias de sus padres, cabeceras de familias en sus delineaciones, contados por sus nombres, por sus cabezas, los cuales hacían obra en el ministerio de la casa de Jehová, de veinte años arriba.25Porque David dijo: Jehová Dios de Israel ha dado reposo á su pueblo Israel, y el habitar en Jerusalem para siempre.26Y también los Levitas no llevarán más el tabernáculo, y todos sus vasos para su ministerio.27Así que, conforme á las postreras palabras de David, fué la cuenta de los hijos de Leví de veinte años arriba.28Y estaban bajo la mano de los hijos de Aarón, para ministrar en la casa de Jehová, en los atrios y en las cámaras, y en la purificación de toda cosa santificada, y en la demás obra del ministerio de la casa de Dios;29Asimismo para los panes de la proposición, y para la flor de la harina para el sacrificio, y para las hojuelas sin levadura, y para la fruta de sartén, y para lo tostado, y para toda medida y cuenta;30Y para que asistiesen cada mañana todos los días á confesar y alabar á Jehová, y asimismo á la tarde;31Y para ofrecer todos los holocaustos á Jehová los sábados, nuevas lunas, y solemnidades, por la cuenta y forma que tenían, continuamente delante de Jehová.32Y para que tuviesen la guarda del tabernáculo del testimonio, y la guarda del santuario, y las órdenes de los hijos de Aarón sus hermanos, en el ministerio de la casa de Jehová.

David hace sentar a Salomón en su propio trono. Aquí no se hace ninguna mención de la conspiración de Adonías, ni de las circunstancias del coronamiento del nuevo rey. Por este hecho, nos podemos elevar más alto que en el primer libro de los Reyes y considerar al Hijo sentado con el Padre en su trono (véase Apocalipsis 3:21). Efesios 4:8-12 nombra una de las actividades de Jesús en la gloria: “Subiendo a lo alto… dio dones a los hombres… constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”.

Aquí, y en los siguientes capítulos, asistimos a la designación de cada obrero: administradores, capataces, gobernadores, jueces, porteros y músicos repartidos según las tres familias de los levitas. Se determinan sus funciones y especialmente lo que concierne el esencial servicio de la alabanza. Celebrar y alabar a Dios cada mañana y cada noche es un muy envidiable servicio… ¡y está a nuestro alcance! (v. 30; Salmo 92:1-3).

En el siguiente capítulo los sacerdotes, hijos de Aarón, son repartidos en veinticuatro grupos.

1 Crónicas 25:1-8; 1 Crónicas 26:13-19
1ASIMISMO David y los príncipes del ejército apartaron para el ministerio á los hijos de Asaph, y de Hemán, y de Jeduthún, los cuales profetizasen con arpas, salterios, y címbalos: y el número de ellos fué, de hombres idóneos para la obra de su ministerio 2De los hijos de Asaph: Zachûr, José, Methanías, y Asareela, hijos de Asaph, bajo la dirección de Asaph, el cual profetizaba á la orden del rey.3De Jeduthún: los hijos de Jeduthún, Gedalías, Sesi, Jesaías, Hasabías, y Mathithías, y Simi: seis, bajo la mano de su padre Jeduthún, el cual profetizaba con arpa, para celebrar y alabar á Jehová.4De Hemán: los hijos de Hemán, Buccia, Mathanía, Uzziel, Sebuel, Jerimoth, Hananías, Hanani, Eliatha, Gidalthi, Romamti-ezer, Josbecasa, Mallothi, Othir, y Mahazioth.5Todos estos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en palabras de Dios, para ensalzar el poder suyo: y dió Dios á Hemán catorce hijos y tres hijas.6Y todos estos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios, por disposición del rey acerca de Asaph, de Jeduthún, y de Hemán.7Y el número de ellos con sus hermanos instruídos en música de Jehová, todos los aptos, fué doscientos ochenta y ocho.8Y echaron suertes para los turnos del servicio, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.
13Y echaron suertes, el pequeño con el grande, por las casas de sus padres, para cada puerta.14Y cayó la suerte al oriente á Selemía. Y á Zachârías su hijo, consejero entendido, metieron en las suertes: y salió la suerte suya al norte.15Y por Obed-edom, al mediodía; y por sus hijos, la casa de la consulta.16Por Suppim y Hosa al occidente, con la puerta de Sallechêt al camino de la subida, guardia contra guardia.17Al oriente seis Levitas, al norte cuatro de día; al mediodía cuatro de día; y á la casa de la consulta, de dos en dos.18En la cámara de los vasos al occidente, cuatro al camino, y dos en la cámara.19Estos son los repartimientos de los porteros, hijos de los Coraitas, y de los hijos de Merari.

Ayer recordamos que el Jefe de la Iglesia es quien reparte los dones, los cargos y los diferentes servicios. Pero el creyente está invitado a desear estos dones y a pedirlos al Señor. “Procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis… el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Corintios 14:1 y 3). ¿Es nuestro deseo ser empleados así por el Señor? Entonces, pidámosle que nos otorgue uno de esos dones espirituales. No para dárnoslas de importante, sino con miras al bien de la Asamblea (Iglesia) y para la gloria del Señor Jesús. Después de los que profetizaban (cap. 25), se vuelven a nombrar a los porteros, o guardas (cap. 26). Es un servicio igualmente deseable, pues: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Timoteo 3:1).

Aquí volvemos a encontrar a Obed-edom con sus ocho hijos y sus sesenta y dos descendientes. Él había honrado el arca. Ahora Dios es quien le honra y le bendice (cap. 26:4-8 y 15). Le confía la casa de provisiones. De esta familia dependerá el alimento de los sacerdotes, figura de la enseñanza en la Asamblea, lo que es una importante responsabilidad (véase Mateo 24:45-46).

1 Crónicas 26:20-32
20Y de los Levitas, Achîas tenía cargo de los tesoros de la casa de Dios, y de los tesoros de las cosas santificadas.21Cuanto á los hijos de Ladán, hijos de Gersón: de Ladán, los príncipes de las familias de Ladán fueron Gersón, y Jehieli.22Los hijos de Jehieli, Zethán y Joel su hermano, tuvieron cargo de los tesoros de la casa de Jehová.23Acerca de los Amramitas, de los Isharitas, de los Hebronitas, y de los Uzzielitas,24Sebuel hijo de Gersón, hijo de Moisés, era principal sobre los tesoros.25En orden á su hermano Eliezer, hijo de éste era Rehabía, hijo de éste Isaías, hijo de éste Joram, hijo de éste Zichri, del que fué hijo Selomith.26Este Selomith y sus hermanos tenían cargo de todos los tesoros de todas las cosas santificadas, que había consagrado el rey David, y los príncipes de las familias, y los capitanes de millares y de cientos, y los jefes del ejército;27De lo que habían consagrado de las guerras y de los despojos, para reparar la casa de Jehová.28Asimismo todas las cosas que había consagrado Samuel vidente, y Saúl hijo de Cis, y Abner hijo de Ner, y Joab hijo de Sarvia: y todo lo que cualquiera consagraba, estaba bajo la mano de Selomith y de sus hermanos.29De los Isharitas, Chenanía y sus hijos eran gobernadores y jueces sobre Israel en las obras de fuera.30De los Hebronitas, Hasabías y sus hermanos, hombres de vigor, mil y setecientos, gobernaban á Israel de la otra parte del Jordán, al occidente, en toda la obra de Jehová, y en el servicio del rey.31De los Hebronitas, Jerías era el principal entre los Hebronitas repartidos en sus linajes por sus familias. En el año cuarenta del reinado de David se registraron, y halláronse entre ellos fuertes y vigorosos en Jazer de Galaad.32Y sus hermanos, hombres valientes, eran dos mil y setecientos, cabezas de familias, los cuales el rey David constituyó sobre los Rubenitas, Gaditas, y sobre la media tribu de Manasés, para todas las cosas de Dios, y los negocios del rey.

A algunos de los levitas se les confían los tesoros de la casa de Jehová y de las cosas santas. Uno de ellos, Sebuel, “jefe sobre los tesoros” (v. 24), era descendiente de Moisés. Nosotros también, ¿somos conscientes de que se nos confiaron muchos tesoros? El más grande es la Palabra de Dios. Sus riquezas son inagotables. ¿Qué importancia le damos a nuestra Biblia? ¿La consideramos verdaderamente como un tesoro?

“Guarda el buen depósito”, recomienda Pablo al joven Timoteo (2 Timoteo 1:14). Y en su primera epístola, después de haber puesto en contraste las vanas riquezas de este mundo con el tesoro que es un buen fundamento para el porvenir, el apóstol suplica a su joven discípulo: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado” (1 Timoteo 6:20). Leamos otra vez este versículo, poniendo nuestro nombre en lugar del de Timoteo.

En los versículos 29 a 32 se nombran otros levitas. Se convierten en gobernadores, jueces y administradores, establecidos “para todas las cosas de Dios” (v. 30 y 32; véase también 2 Crónicas 19:11). Nos hacen pensar en Aquel que desde su infancia se ocupaba ante todo en “los negocios” de su Padre (Lucas 2:49).

1 Crónicas 27:1, 22-34
1Y LOS hijos de Israel según su número, á saber, príncipes de familias, tribunos, centuriones y oficiales de los que servían al rey en todos los negocios de las divisiones que entraban y salían cada mes en todos los meses del año, eran en cada división vei
22Y de Dan, Azarael hijo de Jeroam. Estos fueron los jefes de las tribus de Israel.23Y no tomó David el número de los que eran de veinte años abajo, por cuanto Jehová había dicho que él había de multiplicar á Israel como las estrellas del cielo.24Joab hijo de Sarvia había comenzado á contar, mas no acabó, pues por esto vino la ira sobre Israel: y así el número no fué puesto en el registro de las crónicas del rey David.25Y Azmaveth hijo de Adiel tenía cargo de los tesoros del rey; y de los tesoros de los campos, y de las ciudades, y de las aldeas y castillos, Jonathán hijo de Uzzías;26Y de los que trabajaban en la labranza de las tierras, Ezri hijo de Chêlud;27Y de las viñas Simi Ramathita; y del fruto de las viñas para las bodegas, Zabdías Siphmita;28Y de los olivares é higuerales que había en las campiñas, Baal-hanan Gederita; y de los almacenes del aceite, Joas;29De las vacas que pastaban en Sarón, Sitrai Saronita; y de las vacas que estaban en los valles, Saphat hijo de Adlai;30Y de los camellos, Obil Ismaelita; y de las asnas, Jedías Meronothita;31Y de las ovejas, Jaziz Agareno. Todos estos eran superintendentes de la hacienda del rey David.32Y Jonathán, tío de David, era consejero, varón prudente y escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni estaba con los hijos del rey.33Y también Achitophel era consejero del rey; y Husai Arachita amigo del rey.34Después de Achitophel era Joiada hijo de Benaías, y Abiathar. Y Joab era el general del ejército del rey.

El capítulo 27 nos enseña que, al lado de los administradores, también son necesarios los soldados. Para conservar nuestros tesoros, quizá sea necesario combatir, y debemos ser capaces de hacerlo.

En los versículos 25 a 31 vemos que existían otros tesoros. Pese a que eran menos nobles que los del santuario, asimismo debían ser cuidadosamente guardados, porque esos bienes pertenecían al rey (v. 31). Hagamos la cuenta de todo lo que el Señor nos confió. Como ese amo que, al irse lejos, entregó talentos a sus siervos, el Señor dio a cada uno de nosotros cierta cantidad de bienes o de aptitudes, los que debemos utilizar para Su servicio (Mateo 25:14-30).

Aquí se trata especialmente de trabajos agrícolas. Aquellos de nuestros lectores que viven en el campo no deben subestimar la parte que el Señor les dio. Éstos también son tesoros, “talentos” confiados por el Señor. No se trata de compararlos con lo que otros recibieron, sino de administrarlos con fidelidad. Allí donde se nos colocó, obremos de manera que algún día el Señor pueda dirigirnos esta palabra de gracia: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.

1 Crónicas 28:1-10
1Y JUNTO David en Jerusalem á todos los principales de Israel, los príncipes de las tribus, y los jefes de las divisiones que servían al rey, los tribunos y centuriones, con los superintendentes de toda la hacienda y posesión del rey, y sus hijos, con los 2Y levantándose el rey David, puesto en pie dijo: Oidme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía en propósito edificar una casa, para que en ella reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya aprestado todo p3Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa á mi nombre: porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre.4Empero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel: porque á Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre agradóse de mí para pon5Y de todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos,) eligió á mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.6Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios: porque á éste me he escogido por hijo, y yo le seré á él por padre.7Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare á poner por obra mis mandamientos y mis juicios, como aqueste día.8Ahora pues, delante de lo ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad é inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis por heredad á vuestros hijos después de vosotro9Y tú, Salomón, hijo mío, conoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto, y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende toda imaginación de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares10Mira, pues, ahora que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para santuario: esfuérzate, y haz la.

En el capítulo 22:17, David ya había reunido a los jefes del pueblo. Ahora junta con ellos a todos los que tienen un cargo o una responsabilidad en Israel. Sin duda, todos los hombres mencionados en los capítulos 23 a 27 se encuentran allí para escuchar a su señor. Ninguno habrá faltado a esta cita.

El Señor también nos invita a reuniones en las cuales quiere instruirnos. ¿No somos culpables si nos abstenemos de ir por una trivialidad? (Hebreos 10:25).

A todos estos hombres reunidos alrededor de él, les comunica sus más íntimos y preciosos pensamientos; los exhorta a buscar y guardar los mandamientos de Jehová. Les habla de la gloriosa casa que debe ser construida. Y sobre todo, les habla de su hijo, en quien y por quien se cumplirá su propósito. Son los temas en los que el Espíritu nos ocupa en las reuniones de edificación.

David se dirige luego a Salomón. ¡Escuchemos bien estas palabras de un padre a su hijo! También son para nosotros: “Hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario… Si tú le buscares, lo hallarás” (v. 9).

1 Crónicas 28:11-21
11Y David dió á Salomón su hijo la traza del pórtico, y de sus casas, y de sus oficinas, y de sus salas, y de sus recámaras, y de la casa del propiciatorio.12Asimismo la traza de todas las cosas que tenía en su voluntad, para los atrios de la casa de Jehová, y para todas las cámaras en derredor, para los tesoros de la casa de Dios, y para los tesoros de las cosas santificadas:13También para los órdenes de los sacerdotes y de los Levitas, y para toda la obra del ministerio de la casa de Jehová, y para todos los vasos del ministerio de la casa de Jehová.14Y dió oro por peso para lo de oro, para todos los vasos de cada servicio: y plata por peso para todos los vasos, para todos los vasos de cada servicio.15Oro por peso para los candeleros de oro, y para sus candilejas; por peso el oro para cada candelero y sus candilejas: y para los candeleros de plata, plata por peso para el candelero y sus candilejas, conforme al servicio de cada candelero.16Asimismo dió oro por peso para las mesas de la proposición, para cada mesa: del mismo modo plata para las mesas de plata:17También oro puro para los garfios y para las palanganas, y para los incensarios, y para los tazones de oro, para cada tazón por peso; y para los tazones de plata, por peso para cada tazón:18Además, oro puro por peso para el altar del perfume, y para el á manera de carro de los querubines de oro, que con las alas extendidas cubrían el arca del pacto de Jehová.19Todas estas cosas, dijo David, se me han representado por la mano de Jehová que me hizo entender todas las obras del diseño.20Dijo más David á Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y ponlo por obra; no temas, ni desmayes, porque el Dios Jehová, mi Dios, será contigo: él no te dejará, ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.21He aquí los órdenes de los sacerdotes y de los Levitas, para todo el ministerio de la casa de Dios, serán contigo en toda la obra: asimismo todos los voluntarios é inteligentes para cualquiera especie de industria; y los príncipes, y todo el pueblo para e

Solemnemente David entrega a su hijo Salomón todo lo que preparó para la casa de Dios. Pensamos en esta insondable declaración del evangelio: “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Juan 3:35).

Desde el pórtico hasta la más pequeña copa, todo es objeto de precisas y detalladas instrucciones. La inteligencia de esas cosas fue dada a David por escrito, por la mano de Jehová puesta sobre él (v. 19).

Para comunicar sus pensamientos, Dios se valió de escritores inspirados. Los sesenta y seis libros de la Biblia fueron redactados por unos cuarenta autores muy diferentes, durante un período de alrededor de 1600 años. Pero un solo y mismo Espíritu dictó todas las páginas del Santo Libro. Por eso, cuando lo leemos, nunca olvidemos que en él Dios nos habla.

El capítulo termina con unas palabras más del padre al hijo. Salomón recibió todo lo que le era necesario. En adelante, debe obrar, contando con el socorro de Jehová. Para nosotros también, que hemos recibido mucho, ¡llega un momento en nuestra vida en que debemos obrar según lo que el Señor aguarda de cada uno! Tendremos que dar cuenta de lo que, por timidez o pereza, hayamos dejado de hacer.

1 Crónicas 29:1-9
1DESPUÉS dijo el rey David á toda la asamblea: A solo Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios.2Yo empero con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y metal para las de metal, y hierro para las de hierro, y madera para las de madera, y piedras oniquinas, y piedras preciosas3A más de esto, por cuanto tengo mi gusto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he aprestado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios;4A saber, tres mil talentos de oro, de oro de Ophir, y siete mil talentos de plata afinada para cubrir las paredes de las casas:5Oro pues para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de manos de los oficiales. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda á Jehová?6Entonces los príncipes de las familias, y los príncipes de las tribus de Israel, tribunos y centuriones, con los superintendentes de la hacienda del rey, ofrecieron de su voluntad;7Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos de oro y diez mil sueldos, y diez mil talentos de plata, y dieciocho mil talentos de metal, y cinco mil talentos de hierro.8Y todo el que se halló con piedras preciosas, diólas para el tesoro de la casa de Jehová, en mano de Jehiel Gersonita.9Y holgóse el pueblo de haber contribuído de su voluntad; porque con entero corazón ofrecieron á Jehová voluntariamente.

David consagró toda su fuerza en preparar un palacio para Jehová.

Preguntémonos, de paso, si en realidad el palacio de nuestro corazón “no es para hombre” (generalmente el yo), mientras que debería ser para el Señor (v. 1).

El “afecto” del rey por esta casa (v. 3) lo condujo a dar para ella grandes riquezas de su propiedad. ¡Cuánto más grande es el amor de Jesús! El evangelio nos habla de un mercader que vendió todo lo que tenía para comprar una perla de gran precio (Mateo 13:45-46). Efesios 5:25 nos da la interpretación de esta parábola: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (véase también 2 Corintios 8:9). Sólo Jesús tuvo el poder para hacer esto. Pero, en cuanto al servicio de amor, él nos dice, como a sus discípulos: “Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15).

El ejemplo de David dio frutos. Todos los hombres que lo oyeron ofrecieron voluntariamente oro, plata y piedras preciosas para edificar la Casa de Dios (véase 1 Corintios 3:12). Fue un gran gozo para David… y lo es para el Señor, cuando nuestro corazón está al unísono con el suyo.

1 Crónicas 29:10-20
10Asimismo holgóse mucho el rey David, y bendijo á Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, de uno á otro siglo.11Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza.12Las riquezas y la gloria están delante de ti, y tú señoreas á todos: y en tu mano está la potencia y la fortaleza, y en tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas.13Ahora pues, Dios nuestro, nosotros te confesamos, y loamos tu glorioso nombre.14Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos.15Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días cual sombra sobre la tierra, y no dan espera.16Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos aprestado para edificar casa á tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.17Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada: por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, que aquí se ha hallado ahora, ha dado para ti espont18Jehová, Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón á ti.19Asimismo da á mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, y tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho el apresto.20Después dijo David á toda al congregación: Bendecid ahora á Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo á Jehová Dios de sus padres, é inclinándose adoraron delante de Jehová, y del rey.

Después de dirigirse al pueblo, David se vuelve hacia Jehová. ¿Va a enaltecerse por lo que los jefes y él mismo donaron? ¡Al contrario! Da gloria a Dios, a quien todo pertenece, y se humilla ante él. Estos sentimientos siempre van juntos.

“De lo recibido de tu mano te damos”, declara el rey (v. 14). Al confiarnos bienes, el Señor nos otorga el gozo de ofrecerle algo de ellos. Y si bien no necesita nada (Salmo 50:10-12), lo que se le trae voluntariamente, con gozo, tiene un precio para su corazón. Dar por obligación o con un espíritu legalista no ejercita ni el amor ni la fe. Así es como lo hacían los fariseos pagando los diezmos (Mateo 23:23). Por el contrario, los macedonios, de los cuales habla Pablo, habían obrado espontáneamente, abundando “en riquezas de su generosidad” (2 Corintios 8:1-3).

¿No es magnífica la alabanza de David? (v. 10-13). Vale la pena leerla en voz alta, pensando a quien nos dirigimos. “Tuya es… la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo… es el reino, y tú eres excelso sobre todos”. Todas las cosas, ¡incluso el corazón de los que le pertenecen!

1 Crónicas 29:21-30
21Y sacrificaron víctimas á Jehová, y ofrecieron á Jehová holocaustos el día siguiente, mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones, y muchos sacrificios por todo Israel.22Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron la segunda vez la investidura del reino á Salomón hijo de David, y ungiéronlo á Jehová por príncipe, y á Sadoc por sacerdote.23Y sentóse Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fué prosperado; y obedecióle todo Israel.24Y todos los príncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomón.25Y Jehová engrandeció en extremo á Salomón á los ojos de todo Israel, y dióle gloria del reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel.26Así reinó David hijo de Isaí sobre todo Israel.27Y el tiempo que reinó sobre Israel fué cuarenta años. Siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres reinó en Jerusalem.28Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas, y de gloria: y reinó en su lugar Salomón su hijo.29Y los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente, y en las crónicas del profeta Nathán, y en las crónicas de Gad vidente,30Con todo lo relativo á su reinado, y su poder, y los tiempos que pasaron sobre él, y sobre Israel, y sobre todos los reinos de aquellas tierras.

¡Día de fiesta e hito en la historia de Israel! Se ofrecen sacrificios; el pueblo come, bebe y se regocija en la presencia de Dios. Por segunda vez se establece a Salomón como rey y se le unge ante Jehová. Él se sienta en “el trono de Jehová” (v. 23). La majestad y el dominio conferidos al hijo de David prefiguran el período de mil años en que Cristo reinará para Dios sobre toda la tierra.

La muerte de David, “en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria” (v. 28), cierra el primer libro de Crónicas, al cual nos gustaría dar como título una expresión de Isaías 55:3: “Las misericordias firmes a David”. El hecho de que Pablo la cita en Hechos 13:34, muestra que se trata particularmente de la resurrección que este hombre de fe aguarda con la multitud de los santos dormidos. Pero, ¿no fue él en toda su vida un objeto de misericordias afirmadas por Dios mismo?

Queridos amigos creyentes, nosotros también gozamos, hoy y siempre, de las misericordias firmes en Cristo. “Porque de su plenitud tomamos todos (y no sólo David), y gracia sobre gracia” (Juan 1:16).

2 Crónicas 1:1-17
1Y SALOMON hijo de David fué afirmado en su reino; y Jehová su Dios fué con él, y le engrandeció sobremanera.2Y llamó Salomón á todo Israel, tribunos, centuriones, y jueces, y á todos los príncipes de todo Israel, cabezas de familias.3Y fué Salomón, y con él toda esta junta, al alto que había en Gabaón; porque allí estaba el tabernáculo del testimonio de Dios, que Moisés siervo de Jehová había hecho en el desierto.4Mas David había traído el arca de Dios de Chîriath-jearim al lugar que él le había preparado; porque él le había tendido una tienda en Jerusalem.5Asimismo el altar de bronce que había hecho Bezaleel hijo de Uri hijo de Hur, estaba allí delante del tabernáculo de Jehová, al cual fué á consultar Salomón con aquella junta.6Subió pues Salomón allá delante de Jehová, al altar de bronce que estaba en el tabernáculo del testimonio, y ofreció sobre él mil holocaustos.7Y aquella noche apareció Dios á Salomón, y díjole: Demanda lo que quisieres que yo te dé.8Y Salomón dijo á Dios: Tú has hecho con David mi padre grande misericordia, y á mí me has puesto por rey en lugar suyo.9Confírmese pues ahora, oh Jehová Dios, tu palabra dada á David mi padre; porque tú me has puesto por rey sobre un pueblo en muchedumbre como el polvo de la tierra.10Dame ahora sabiduría y ciencia, para salir y entrar delante de este pueblo: porque ¿quién podrá juzgar este tu pueblo tan grande?11Y dijo Dios á Salomón: Por cuanto esto fué en tu corazón, que no pediste riquezas, hacienda, ó gloria, ni el alma de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para juzgar mi pueblo, sobre el cual te he12Sabiduría y ciencia te es dada; y también te daré riquezas, hacienda, y gloria, cual nunca hubo en los reyes que han sido antes de ti, ni después de ti habrá tal.13Y volvió Salomón á Jerusalem del alto que estaba en Gabaón, de ante el tabernáculo del testimonio; y reinó sobre Israel.14Y juntó Salomón carros y gente de á caballo; y tuvo mil y cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.15Y puso el rey plata y oro en Jerusalem como piedras, y cedro como cabrahigos que nacen en los campos en abundancia.16Y sacaban caballos y lienzos finos de Egipto para Salomón; pues por contrato tomaban allí los mercaderes del rey caballos y lienzos.17Y subían, y sacaban de Egipto, un carro por seiscientas piezas de plata, y un caballo por ciento y cincuenta: y así se sacaban por medio de ellos para todos los reyes de los Hetheos, y para los reyes de Siria.

Se nos introduce de golpe en el reino del gran Salomón. Su nombre, que significa «el pacífico», dirige nuestra mirada en Jesús como “Príncipe de paz” (Isaías 9:6), cuyo reinado venidero es ricamente ilustrado por los relatos y las descripciones que vamos a leer. Notemos bien que en estos capítulos se trata, ante todo, del reino y del culto terrenales del Mesías de Israel. Pero, más de una vez, nuestros pensamientos serán dirigidos, por analogía o contraste, hacia la Iglesia y su Jefe.

El pedido que Jehová lee en el corazón del joven rey corresponde a una petición de Pablo a favor de los efesios. Él los mencionaba en sus oraciones: “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento” (Efesios 1:17-18).

“Porque Jehová da la sabiduría… y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia”, escribe Salomón en el libro de los Proverbios (cap. 2:6). Deseemos poseer esta sabiduría y pidámosla a Aquel que “da a todos abundantemente y sin reproche” (Santiago 1:5).

2 Crónicas 2:1-10
1DETERMINO pues Salomón edificar casa al nombre de Jehová, y otra casa para su reino.2Y contó Salomón setenta mil hombres que llevasen cargas, y ochenta mil hombres que cortasen en el monte, y tres mil y seiscientos que los gobernasen.3Y envió á decir Salomón á Hiram rey de Tiro: Haz conmigo como hiciste con David mi padre, enviándole cedros para que edificara para sí casa en que morase.4He aquí yo tengo que edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, para consagrársela, para quemar perfumes aromáticos delante de él, y para la colocación continua de los panes de la proposición, y para holocaustos á mañana y tarde, y los sábados, y nuevas l5Y la casa que tengo que edificar, ha de ser grande: porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses.6Mas ¿quién será tan poderoso que le edifique casa? Los cielos y los cielos de los cielos no le pueden comprender; ¿quién pues soy yo, que le edifique casa, sino para quemar perfumes delante de él?7Envíame pues ahora un hombre hábil, que sepa trabajar en oro, y en plata, y en metal, y en hierro, en púrpura, y en grana, y en cárdeno, y que sepa esculpir con los maestros que están conmigo en Judá y en Jerusalem, los cuales previno mi padre.8Envíame también madera de cedro, de haya, de pino, del Líbano: porque yo sé que tus siervos entienden de cortar madera en el Líbano; y he aquí, mis siervos irán con los tuyos,9Para que me apresten mucha madera, porque la casa que tengo de edificar ha de ser grande y portentosa.10Y he aquí para los operarios tus siervos, cortadores de la madera, he dado veinte mil coros de trigo en grano, y veinte mil coros de cebada, y veinte mil batos de vino, y veinte mil batos de aceite.

Las relaciones de Hiram, rey de Tiro, con Salomón prefiguran las que tendrán con Israel todas las naciones de la tierra durante el reinado de mil años. Entonces, “la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar. Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa” (Isaías 11:9-10). Hiram bendice a Jehová, quien hizo los cielos y la tierra (v. 12).

Además de lo que David había acumulado para la casa de Dios, también había preparado obreros para cumplir el trabajo (final del v. 7; véase también 1 Crónicas 22:15-16). Así ocurre hoy en día con la obra del Señor. Todo trabajo para él necesita una cuidadosa «puesta a punto» de sus siervos. Empezar demasiado pronto un servicio nos expone, por consiguiente, a hacer un mal trabajo. Dios, que preparó las obras, también llamó y formó a los obreros para hacerlas. Efesios 2:10 nos recuerda que “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

2 Crónicas 2:11-18
11Entonces Hiram rey de Tiro respondió por letras, las que envió á Salomón: Porque Jehová amó á su pueblo, te ha puesto por rey sobre ellos.12Y además decía Hiram: Bendito sea Jehová el Dios de Israel, que hizo los cielos y la tierra, y que dió al rey David hijo sabio, entendido, cuerdo y prudente, que edifique casa á Jehová, y casa para su reino.13Yo pues te he enviado un hombre hábil y entendido, que fué de Hiram mi padre,14Hijo de una mujer de las hijas de Dan, mas su padre fué de Tiro; el cual sabe trabajar en oro, y plata, y metal, y hierro, en piedra y en madera, en púrpura, y en cárdeno, en lino y en carmesí; asimismo para esculpir todas figuras, y sacar toda suerte de 15Ahora pues, enviará mi señor á sus siervos el trigo y cebada, y aceite y vino, que ha dicho;16Y nosotros cortaremos en el Líbano la madera que hubieres menester, y te la traeremos en balsas por la mar hasta Joppe, y tú la harás llevar hasta Jerusalem.17Y contó Salomón todos los hombres extranjeros que estaban en la tierra de Israel, después de haberlos ya contado David su padre, y fueron hallados ciento cincuenta y tres mil seiscientos.18Y señaló de ellos setenta mil para llevar cargas, y ochenta mil que cortasen en el monte, y tres mil y seiscientos por sobrestantes para hacer trabajar al pueblo.

Al meditar el libro de los Reyes, comprendimos que Hiram-Abi (o Hiram, que debe distinguirse del rey), el obrero más hábil entre todos, era una figura del Espíritu Santo. Bajo la esclarecida dirección de ese hombre, los artesanos preparados por David van a cumplir su tarea. El creyente será hecho capaz de servir, al dejarse conducir por el Espíritu de Dios. Vemos, en los Hechos, cómo el Espíritu comunica a los apóstoles las órdenes del Señor (Hechos 1:2; 8:29; 13:2 y 4); ¡prestemos oído a su voz! Como a Pablo y a sus compañeros, ella nos dirá a menudo: «¡No hagas esto; no vayas allá!» (Hechos 16:6-7).

Fueron contados 153.600 hombres para hacer el trabajo. Algunos eran changadores, otros tallaban piedras; finalmente había capataces. Así, se sugiere la actividad cristiana de tres formas:

1. llevar las cargas por medio de la oración;

2. sacar piedras vivas de la cantera del mundo y labrarlas: obra del evangelista y de los otros ministerios (Efesios 4:11-12);

3. velar sobre la obra y la manada (1 Timoteo 3; 1 Pedro 5:1-4).

Hay un detalle notable: los equipos se componen de cananeos, esos extranjeros que otrora eran enemigos y una trampa para Israel. Durante el reinado del rey de paz, llegan a ser útiles servidores.

2 Crónicas 3:1-17
1Y COMENZO Salomón á edificar la casa en Jerusalem, en el monte Moria que había sido mostrado á David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán Jebuseo.2Y comenzó á edificar en el mes segundo, á dos del mes, en el cuarto año de su reinado.3Estas son las medidas de que Salomón fundó el edificio de la casa de Dios. La primera medida fué, la longitud de sesenta codos; y la anchura de veinte codos.4El pórtico que estaba en la delantera de la longitud, era de veinte codos al frente del ancho de la casa, y su altura de ciento y veinte: y cubriólo por dentro de oro puro.5Y techó la casa mayor con madera de haya, la cual cubrió de buen oro, é hizo resaltar sobre ella palmas y cadenas.6Cubrió también la casa de piedras preciosas por excelencia: y el oro era oro de Parvaim.7Así cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes, y sus puertas, con oro; y esculpió querubines por las paredes.8Hizo asimismo la casa del lugar santísimo, cuya longitud era de veinte codos según el ancho del frente de la casa, y su anchura de veinte codos: y cubrióla de buen oro que ascendía á seiscientos talentos.9Y el peso de los clavos tuvo cincuenta siclos de oro. Cubrió también de oro las salas.10Y dentro del lugar santísimo hizo dos querubines de forma de niños, los cuales cubrieron de oro.11El largo de las alas de los querubines era de veinte codos: porque la una ala era de cinco codos: la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala de cinco codos, la cual llegaba al ala del otro querubín.12De la misma manera la una ala del otro querubín era de cinco codos: la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala era de cinco codos, que tocaba al ala del otro querubín.13Así las alas de estos querubines estaban extendidas por veinte codos: y ellos estaban en pie con los rostros hacia la casa.14Hizo también el velo de cárdeno, púrpura, carmesí y lino, é hizo resaltar en él querubines.15Delante de la casa hizo dos columnas de treinta y cinco codos de longitud, con sus capiteles encima, de cinco codos.16Hizo asimismo cadenas en el oratorio, y púsolas sobre los capiteles de las columnas: é hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas.17Y asentó las columnas delante del templo, la una á la mano derecha, y la otra á la izquierda; y á la de la mano derecha llamó Jachîn, y á la de la izquierda, Boaz.

Las Crónicas presentan la construcción del templo desde un punto de vista distinto al del libro de los Reyes. Este último lo consideraba, sobre todo, como la habitación de Jehová en medio de su pueblo. Nuestro libro nos lo muestra más bien como el lugar en que el adorador es admitido para encontrar a su Dios. El fundamento de la Casa está establecido sobre el monte de Moriah, donde la gracia de Dios había hecho cesar el juicio y había consumido el holocausto.

En lo que concierne a la Iglesia, mediante la declaración de Pedro, y por la respuesta del Señor Jesús, sabemos sobre qué roca fue edificada: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16 y 18).

Salomón construye sucesivamente el pórtico, la casa propiamente dicha y el lugar santísimo. Luego confecciona los dos grandes querubines, el velo y las dos columnas: Jaquín y Boaz. La extraordinaria altura del pórtico sólo se menciona aquí: ciento veinte codos, o sea, cuatro veces la altura de la casa. ¿No es ésta una ilustración del Salmo 24:7 y 9 que repite: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria”? Para una persona tan grande, ¿qué puerta convendría?

2 Crónicas 4:1-22
1HIZO además un altar de bronce de veinte codos de longitud, y veinte codos de anchura, y diez codos de altura.2También hizo un mar de fundición, el cual tenía diez codos del un borde al otro, enteramente redondo: su altura era de cinco codos, y una línea de treinta codos lo ceñía alrededor.3Y debajo de él había figuras de bueyes que lo circundaban, diez en cada codo todo alrededor: eran dos órdenes de bueyes fundidos juntamente con el mar.4Y estaba asentado sobre doce bueyes, tres de los cuales miraban al septentrión, y tres al occidente, y tres al mediodía, y tres al oriente: y el mar asentaba sobre ellos, y todas sus traseras estaban á la parte de adentro.5Y tenía de grueso un palmo, y el borde era de la hechura del borde de un cáliz, ó flor de lis. Y hacía tres mil batos.6Hizo también diez fuentes, y puso cinco á la derecha y cinco á la izquierda, para lavar y limpiar en ellas la obra del holocausto; mas el mar era para lavarse los sacerdotes en él.7Hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma, los cuales puso en el templo, cinco á la derecha, y cinco á la izquierda.8Además hizo diez mesas y púsolas en el templo, cinco á la derecha, y cinco á la izquierda: igualmente hizo cien tazones de oro.9A más de esto hizo el atrio de los sacerdotes, y el gran atrio, y las portadas del atrio, y cubrió las puertas de ellas de bronce.10Y asentó el mar al lado derecho hacia el oriente, enfrente del mediodía.11Hizo también Hiram calderos, y palas, y tazones; y acabó Hiram la obra que hacía al rey Salomón para la casa de Dios;12Dos columnas, y los cordones, los capiteles sobre las cabezas de las dos columnas, y dos redes para cubrir las dos bolas de los capiteles que estaban encima de las columnas;13Cuatrocientas granadas en las dos redecillas, dos órdenes de granadas en cada redecilla, para que cubriesen las dos bolas de los capiteles que estaban encima de las columnas.14Hizo también las basas, sobre las cuales asentó las fuentes;15Un mar, y doce bueyes debajo de él:16Y calderos, y palas, y garfios; y todos sus enseres hizo Hiram su padre al rey Salomón para la casa de Jehová, de metal purísimo.17Y fundiólos el rey en los llanos del Jordán, en tierra arcillosa, entre Suchôt y Seredat.18Y Salomón hizo todos estos vasos en grande abundancia, porque no pudo ser hallado el peso del metal.19Así hizo Salomón todos los vasos para la casa de Dios, y el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponían los panes de la proposición;20Asimismo los candeleros y sus candilejas, de oro puro, para que las encendiesen delante del oratorio conforme á la costumbre.21Y las flores, y las lamparillas, y las despabiladeras se hicieron de oro, de oro perfecto;22También los platillos, y las jofainas, y las cucharas, y los incensarios, de oro puro. Cuanto á la entrada de la casa, sus puertas interiores para el lugar santísimo, y las puertas de la casa del templo, de oro.

La casa, toda cubierta de oro, habla de la justicia divina, perfecta y pura. Por eso, el adorador no podía acercarse a ella sin haber pasado antes por el altar de bronce de los sacrificios. Este altar es cuadrado y sus dimensiones, veinte codos de longitud y veinte de anchura, son idénticas a las del “oráculo”. Dicho de otro modo, las glorias de ese lugar santísimo corresponden a la grandeza y a la perfección del sacrificio representado por el altar.

Luego se menciona el “mar”, cuyos doce bueyes recuerdan el trabajo paciente y perseverante de Cristo según Efesios 5:26, así como la firmeza que hay que desplegar en todas las direcciones para resistir a influencias exteriores y preservar la pureza. Sólo después se enumeran las fuentes, las mesas, el altar de oro y los diversos accesorios de los sacerdotes, como para recordarnos que sólo podemos gozar de las verdades representadas por estos objetos después de habernos purificado moralmente en el “mar de bronce” (Salmo 26:6; 2 Corintios 7:1).

Con excepción de la copa y del pan de la Cena, el adorador del Nuevo Testamento ya no tiene ante él objetos visibles, ni sacramentos, ni ceremonias. Es invitado con toda simplicidad a participar de la cena del Señor. Rinde su culto en espíritu y en verdad (Juan 4:24).

2 Crónicas 5:1-14
1Y ACABADA que fué toda la obra que hizo Salomón para la casa de Jehová, metió Salomón en ella las cosas que David su padre había dedicado; y puso la plata, y el oro, y todos los vasos, en los tesoros de la casa de Dios.2Entonces Salomón juntó en Jerusalem los ancianos de Israel, y todos los príncipes de las tribus, los cabezas de las familias de los hijos de Israel, para que trajesen el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión.3Y juntáronse al rey todos los varones de Israel, á la solemnidad del mes séptimo.4Y vinieron todos los ancianos de Israel, y tomaron los Levitas el arca:5Y llevaron el arca, y el tabernáculo del testimonio, y todos los vasos del santuario que estaban en el tabernáculo: los sacerdotes y los Levitas los llevaron.6Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había á él reunido delante del arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que por la multitud no se pudieron contar ni numerar.7Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el oratorio de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines:8Pues los querubines extendían las alas sobre el asiento del arca, y cubrían los querubines por encima así el arca como sus barras.9E hicieron salir fuera las barras, de modo que se viesen las cabezas de las barras del arca delante del oratorio, mas no se veían desde fuera: y allí estuvieron hasta hoy.10En el arca no había sino las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, con las cuales Jehová había hecho alianza con los hijos de Israel, después que salieron de Egipto.11Y como los sacerdotes salieron del santuario, (porque todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados, y no guardaban sus veces;12Y los Levitas cantores, todos los de Asaph, los de Hemán, y los de Jeduthún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban tr13Sonaban pues las trompetas, y cantaban con la voz todos á una, para alabar y confesar á Jehová: y cuando alzaban la voz con trompetas y címbalos é instrumentos de música, cuando alababan á Jehová, diciendo: Porque es bueno, porque su misericordia es para 14Y no podían los sacerdotes estar para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios.

La magnífica casa está acabada. Pero aún le falta el objeto principal: el arca santa. Su introducción “en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines” (v. 7), dirige nuestra mirada en Jesús, exaltado por Dios mismo, centro de la alabanza universal, llenando el cielo y la tierra con su gloria. El Señor es objeto de la admiración de los ángeles (los querubines; 1 Timoteo 3:16) y de la adoración de su pueblo bienaventurado: una misma voz y varios instrumentos (v. 13; Salmo 150). Un solo cántico: el cántico nuevo, cantado por una multitud de redimidos, trayendo cada uno su nota particular, pero en un perfecto acorde.

De los tres objetos que el arca había contenido: el maná en su jarrón de oro, la vara de Aarón el sacerdote, y las tablas de la ley, sólo subsisten estas últimas (v. 10). En los tiempos del viaje, ya acabado, Dios dio el maná y condujo al pueblo hacia Él por medio del sacerdocio. Ahora el arca está en Sion, en el reposo de Dios, quien cumplió su promesa. Y él mismo, con base en un nuevo pacto garantizado por las tablas, descansa “en su amor” en medio de su pueblo redimido (Sofonías 3:17, V.M.)

2 Crónicas 6:1-11
1ENTONCES dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad.2Yo pues he edificado una casa de morada para ti, y una habitación en que mores para siempre.3Y volviendo el rey su rostro, bendijo á toda la congregación de Israel: y toda la congregación de Israel estaba en pie.4Y él dijo: Bendito sea Jehová Dios de Israel, el cual con su mano ha cumplido lo que habló por su boca á David mi padre, diciendo:5Desde el día que saqué mi pueblo de la tierra de Egipto, ninguna ciudad he elegido de todas las tribus de Israel para edificar casa donde estuviese mi nombre, ni he escogido varón que fuese príncipe sobre mi pueblo Israel.6Mas á Jerusalem he elegido para que en ella esté mi nombre, y á David he elegido para que fuese sobre mi pueblo Israel.7Y David mi padre tuvo en el corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel.8Mas Jehová dijo á David mi padre: Respecto á haber tenido en tu corazón edificar casa á mi nombre, bien has hecho en haber tenido esto en tu corazón.9Empero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa á mi nombre.10Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho, pues levantéme yo en lugar de David mi padre, y heme sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado casa al nombre de Jehová Dios de Israel.11Y en ella he puesto el arca, en la cual está el pacto de Jehová que concertó con los hijos de Israel.

Salomón, delante de todo el pueblo reunido, celebra al Dios de Israel y recuerda sus misericordias, así como por qué motivo el templo fue construido.

El deseo del rey es volver el corazón del pueblo hacia Jehová. Y pensamos en Aquel que proféticamente declaró, como si estuviera ya del otro lado de la muerte: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré” (Salmo 22:22). A veces tememos dirigirnos a Dios en nuestras oraciones. Creemos encontrar más comprensión y ternura junto al Señor Jesús. ¿No es una falta de confianza para con el Dios de amor? “El Padre mismo os ama”, afirma el Señor a sus discípulos (Juan 16:27). Cristo desea que conozcamos a su Padre como él le conoce. Pero fue necesaria la cruz para establecer esta relación. Por eso, después de su resurrección, sus primeras palabras a favor de los suyos fueron: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17). Ahora que la obra de la redención está cumplida, ya no tenemos que habérnosla con un Dios temible ni con un juez que se debe apaciguar y conmover. Para nosotros Dios es un Padre, a quien podemos acercarnos sin miedo en el nombre del Señor Jesús.

2 Crónicas 6:12-21, 40-42
12Púsose luego Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos.13Porque Salomón había hecho un púlpito de metal, de cinco codos de largo, y de cinco codos de ancho, y de altura de tres codos, y lo había puesto en medio del atrio: y púsose sobre él, é hincóse de rodillas delante de toda la congregación de Israel, y exte14Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante á ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia á tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón;15Que has guardado á tu siervo David mi padre lo que le dijiste: tú lo dijiste de tu boca, mas con tu mano lo has cumplido, como parece este día.16Ahora pues, Jehová Dios de Israel, guarda á tu siervo David mi padre lo que le has prometido, diciendo: No faltará de ti varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, á condición que tus hijos guarden su camino, andando en mi ley, como tú dela17Ahora pues, oh Jehová Dios de Israel, verifíquese tu palabra que dijiste á tu siervo David.18Mas ¿es verdad que Dios ha de habitar con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte: ¿cuánto menos esta casa que he edificado?19Mas tú mirarás á la oración de tu siervo, y á su ruego, oh Jehová Dios mío, para oir el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de ti.20Que tus ojos estén abiertos sobre esta casa de día y de noche, sobre el lugar del cual dijiste, Mi nombre estará allí; que oigas la oración con que tu siervo ora en este lugar.21Asimismo que oigas el ruego de tu siervo, y de tu pueblo Israel, cuando en este lugar hicieren oración, que tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada: que oigas y perdones.
40Ahora pues, oh Dios mío, ruégote estén abiertos tus ojos, y atentos tus oídos á la oración en este lugar.41Oh Jehová Dios, levántate ahora para habitar en tu reposo, tú y el arca de tu fortaleza; sean, oh Jehová Dios, vestidos de salud tus sacerdotes, y gocen de bien tus santos.42Jehová Dios, no hagas volver el rostro de tu ungido: acuérdate de las misericordias de David tu siervo.

Debemos notar que el estrado de bronce desde el cual el rey se dirige a Jehová, posee exactamente las mismas dimensiones que el altar de bronce del desierto (v. 13; Éxodo 27:1). Este detalle tiene un hermoso e importante significado: Con base en su sacrificio cumplido y aceptado por Dios, Cristo ejercita a favor de los suyos sus oficios de sacerdote y abogado junto al Padre. De modo que “si confesamos nuestros pecados”, Dios es “fiel y justo” para perdonarlos. Fiel y justo porque Jesús los expió en la cruz (de la cual nos habla el altar). Dios no puede pedirnos cuenta de ellos una segunda vez.

Notemos que no se dice: «…si pedimos perdón»; porque al hijo de Dios ya le fue otorgado el perdón; sino: “…si confesamos”. Y el mismo pasaje prosigue, asegurándonos que “si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1:9 y 2:1-2).

Después de los versículos 22 a 29, no muy diferentes de 1 Reyes 8:31 a 53, Salomón termina su oración valiéndose de las palabras del Salmo 132:8-10. “Oirás en los cielos… oirás desde los cielos”. Los creyentes, conocedores de la voluntad de amor del Señor, pueden decir por experiencia: “Sabemos que él nos oye” (1 Juan 5:15).

2 Crónicas 7:1-10
1Y COMO Salomón acabó de orar, el fuego descendió de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová hinchió la casa.2Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Jehová.3Y como vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, cayeron en tierra sobre sus rostros en el pavimento, y adoraron, confesando á Jehová y diciendo: Que es bueno, que su misericordia es para siempre.4Entonces el rey y todo el pueblo sacrificaron víctimas delante de Jehová.5Y ofreció el rey Salomón en sacrificio veinte y dos mil bueyes, y ciento y veinte mil ovejas; y así dedicaron la casa de Dios el rey y todo el pueblo.6Y los sacerdotes asistían en su ministerio; y los Levitas con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para confesar á Jehová, que su misericordia es para siempre; cuando David alababa por mano de ellos. Asimismo los sacer7También santificó Salomón el medio del atrio que estaba delante de la casa de Jehová, por cuanto había ofrecido allí los holocaustos, y los sebos de los pacíficos; porque en el altar de bronce que Salomón había hecho, no podían caber los holocaustos, y el8Entonces hizo Salomón fiesta siete días, y con él todo Israel, una grande congregación, desde la entrada de Hamath hasta el arroyo de Egipto.9Al octavo día hicieron convocación, porque habían hecho la dedicación del altar en siete días, y habían celebrado la solemnidad por siete días.10Y á los veintitrés del mes séptimo envió al pueblo á sus estancias, alegres y gozosos de corazón por los beneficios que Jehová había hecho á David, y á Salomón, y á su pueblo Israel.

En respuesta a la oración del rey, el fuego desciende sobre el holocausto. Y por segunda vez (véase cap. 5:14), la gloria de Jehová llena la Casa. En adelante, y hasta el tiempo de Ezequiel, morará allí (Ezequiel 10:18 y 11:23).

El temor que esta gloria inspira impide que los sacerdotes penetren en la Casa (2 Crónicas 5:14 y 7:2). En contraste, pensemos en lo que nos corresponde en la eternidad. El Señor quiere tener a los suyos junto a él en la gloria. Ya en el santo monte fue presentado a los discípulos, estando con él Moisés y Elías, en la nube resplandeciente, llamada “la magnífica gloria” (Mateo 17:5; 2 Pedro 1:17).

Todo el pueblo se prosterna y entona el cántico que se entonará también en el reinado del milenio: “Alabad al Señor, porque para siempre es su misericordia” (v. 3; Salmo 136). Después se ofrecen sacrificios en inmensa cantidad: 22.000 bueyes y 120.000 ovejas. Aquí también, ¡qué contraste con la “sola ofrenda” mediante la cual fuimos santificados y hechos perfectos: la “del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”! (Hebreos 10:10 y 14).

Luego, el pueblo del gran rey goza alegremente de la Fiesta de los Tabernáculos.

2 Crónicas 7:11-22
11Acabó pues Salomón la casa de Jehová, y la casa del rey: y todo lo que Salomón tuvo en voluntad de hacer en la casa de Jehová y en su casa, fué prosperado.12Y apareció Jehová á Salomón de noche, y díjole: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio.13Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo;14Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.15Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, á la oración en este lugar:16Pues que ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre.17Y tú, si anduvieres delante de mí, como anduvo David tu padre, é hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis derechos,18Yo confirmaré el trono de tu reino, como concerté con David tu padre, diciendo: No faltará varón de ti que domine en Israel.19Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mis preceptos que os he propuesto, y fuereis y sirviereis á dioses ajenos, y los adorareis,20Yo los arrancaré de mi tierra que les he dado; y esta casa que he santificado á mi nombre, yo la echaré de delante de mí, y pondréla por proverbio y fábula en todos los pueblos.21Y esta casa que habrá sido ilustre, será espanto á todo el que pasare, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová á esta tierra y á esta casa?22Y se responderá: Por cuanto dejaron á Jehová Dios de sus padres, el cual los sacó de la tierra de Egipto, y han abrazado dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron: por eso él ha traído todo este mal sobre ellos.

Terminada la Casa, fue inaugurada. En su respuesta a Salomón, Jehová declara que la santificó, para que Su nombre habitara en ella para siempre (v. 16 y 20). ¡Qué seguridad más bienaventurada! Hoy en día la congregación de creyentes, a la cual Jesús prometió su presencia, se caracteriza por reunirse al nombre del Señor (Mateo 18:20). De ahí la seria responsabilidad de no tolerar nada que deshonre este Nombre y esta presencia. Precisamente en este sentido Jehová advierte a Salomón a partir del versículo 19.

Pero al mismo tiempo, la presencia del Señor en medio de los suyos les asegura todo lo que su alma necesita. Entonces, ¿cómo es posible que ciertas reuniones sean lánguidas y rutinarias? Algo falta, y evidentemente no es el cumplimiento de la promesa del Señor. ¡Ay!, lo que falta es la fe, nuestra fe en Su presencia, la que es suficiente para bendecirnos abundantemente aun allí.

Notemos que la respuesta divina en todos los detalles corresponde a la oración del rey en el capítulo precedente. Por ejemplo, comparemos el versículo 15 con el 40 del capítulo 6. Sí, aguardemos de Dios precisas bendiciones. Él se complacerá en concedérnoslas.

2 Crónicas 8:1-18
1Y ACONTECIO que al cabo de veinte años que Salomón había edificado la casa de Jehová y su casa,2Reedificó Salomón las ciudades que Hiram le había dado, y estableció en ellas á los hijos de Israel.3Después vino Salomón á Amath de Soba, y la tomó.4Y edificó á Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de municiones que edificó en Hamath.5Asimismo reedificó á Beth-oron la de arriba, y á Beth-oron la de abajo, ciudades fortificadas, de muros, puertas, y barras;6Y á Baalath, y á todas las villas de munición que Salomón tenía; también todas las ciudades de los carros y las de la gente de á caballo; y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalem, y en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío.7Y á todo el pueblo que había quedado de los Hetheos, Amorrheos, Pherezeos, Heveos, y Jebuseos, que no eran de Israel,8Los hijos de los que habían quedado en la tierra después de ellos, á los cuales los hijos de Israel no destruyeron del todo, hizo Salomón tributarios hasta hoy.9Y de los hijos de Israel no puso Salomón siervos en su obra; porque eran hombres de guerra, y sus príncipes y sus capitanes, y comandantes de sus carros, y su gente de á caballo.10Y tenía Salomón doscientos y cincuenta principales de los gobernadores, los cuales mandaban en aquella gente.11Y pasó Salomón á la hija de Faraón, de la ciudad de David á la casa que él le había edificado; porque dijo: Mi mujer no morará en la casa de David rey de Israel, porque aquellas habitaciones donde ha entrado el arca de Jehová, son sagradas.12Entonces ofreció Salomón holocaustos á Jehová sobre el altar de Jehová, que había él edificado delante del pórtico,13Para que ofreciesen cada cosa en su día, conforme al mandamiento de Moisés, en los sábados, en las nuevas lunas, y en las solemnidades, tres veces en el año, á saber, en la fiesta de los panes ázimos, en la fiesta de las semanas, y en la fiesta de las cab14Y constituyó los repartimientos de los sacerdotes en sus oficios, conforme á la ordenación de David su padre; y los Levitas por sus órdenes, para que alabasen y ministrasen delante de los sacerdotes, casa cosa en su día; asimismo los porteros por su orden15Y no salieron del mandamiento del rey, cuanto á los sacerdotes y Levitas, y los tesoros, y todo negocio:16Porque toda la obra de Salomón estaba preparada desde el día en que la casa de Jehová fué fundada hasta que se acabó, hasta que la casa de Jehová fué acabada del todo.17Entonces Salomón fué á Esion-geber, y á Eloth, á la costa de la mar en la tierra de Edom.18Porque Hiram le había enviado navíos por mano de sus siervos, y marineros diestros en la mar, los cuales fueron con los siervos de Salomón á Ophir, y tomaron de allá cuatrocientos y cincuenta talentos de oro, y los trajeron al rey Salomón.

Salomón consolida su reino. Edifica ciudades de aprovisionamiento y obras militares. Entre éstas, Bet-horón la de arriba y Bet-horón la de abajo (v. 5) nos recuerdan la extraordinaria victoria de Josué (o más bien la de Jehová) en la pendiente que separa estas dos ciudades (Josué 10:11). Ahora, todos los cananeos que sobrevivieron al tiempo de la conquista a causa de la infidelidad del pueblo, son sometidos a rendir tributo. Los hijos de Israel al contrario, por obediencia a la Palabra (Levítico 25:42), están exentos de esos trabajos, los que se reservaban a los esclavos. De esa manera el rey hace una clara diferencia entre los que pertenecen al pueblo de Dios y los que no, incluso cuando se trata de su propia mujer (v. 11). Esta distinción todavía existe hoy, nunca lo olvidemos.

Es cierto que en otros tiempos éramos esclavos del pecado (Romanos 6:20). Pero ahora el Hijo nos libertó; somos libres (Juan 8:36), libres para alabar y ministrar… “cada cosa en su día” (v. 14). Pero no somos libres para hacer nuestra propia voluntad. “No se apartaron del mandamiento del rey” (v. 15). El versículo 13 menciona el mandamiento de Moisés, y el versículo 14 el de David. Para el creyente, la verdadera libertad consiste en hacer, por amor, la voluntad del Señor.

2 Crónicas 9:1-12
1Y OYENDO la reina de Seba la fama de Salomón, vino á Jerusalem con un muy grande séquito, con camellos cargados de aroma, y oro en abundancia, y piedras preciosas, para tentar á Salomón con preguntas difíciles. Y luego que vino á Salomón, habló con él tod2Pero Salomón le declaró todas sus palabras: ninguna cosa quedó que Salomón no le declarase.3Y viendo la reina de Seba la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,4Y las viandas de su mesa, y el asiento de sus siervos, y el estado de sus criados, y los vestidos de ellos, sus maestresalas y sus vestidos, y su subida por donde subía á la casa de Jehová, no quedó más espíritu en ella.5Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría;6Mas yo no creía las palabras de ellos, hasta que he venido, y mis ojos han visto: y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha; porque tú sobrepujas la fama que yo había oído.7Bienaventurados tus hombres, y dichosos estos tus siervos, que están siempre delante de ti, y oyen tu sabiduría.8Jehová tu Dios sea bendito, el cual se ha agradado en ti para ponerte sobre su trono por rey de Jehová tu Dios: por cuanto tu Dios amó á Israel para afirmarlo perpetuamente, por eso te ha puesto por rey sobre ellos, para que hagas juicio y justicia.9Y dió al rey ciento y veinte talentos de oro, y gran copia de aromas, y piedras preciosas: nunca hubo tales aromas como los que dió la reina de Seba al rey Salomón.10También los siervos de Hiram y los siervos de Salomón, que habían traído el oro de Ophir, trajeron madera de Algummim, y piedras preciosas.11E hizo el rey de la madera de Algummim gradas en la casa de Jehová, y en las casas reales, y arpas y salterios para los cantores: nunca en tierra de Judá se había visto madera semejante.12Y el rey Salomón dió á la reina de Seba todo lo que ella quiso y le pidió, más de lo que había traído al rey. Después se volvió y fuése á su tierra con sus siervos.

Al lado de su carácter profético, la visita de la reina de Sabá ilustra el camino del pecador que acude al Salvador. Es la oportunidad para hablar a aquellos de nuestros lectores que todavía no hayan dado ese paso de fe hacia el Señor Jesús: sepan que nada de lo que se les dice con respecto a él puede ser comparado con el conocimiento personal que hagan de él. De modo que sólo les diremos, como Felipe a Natanael: “Ven y ve” (Juan 1:47; comp. con v. 6).

Y nosotros que conocemos al Señor Jesús desde hace tiempo, ¿sabemos cuál es el más poderoso testimonio que podamos dar de él? ¡Mostremos que somos felices! Alrededor de nosotros, sin confesarlo, muchos suspiran por la verdadera felicidad. ¿Pueden constatar que la poseemos, y que el secreto de esa felicidad es nuestra relación personal con el Señor? Nuestra parte ¿les causa envidia, como era el caso de la reina con respecto a los servidores de Salomón? Si tenemos un aspecto triste, pensarán que Jesús no está en condiciones de satisfacer nuestro corazón, e impediremos que otros vengan, vean… y crean.

Notemos que no hay una medida común entre lo que la reina trajo y lo que recibe: “todo lo que ella quiso y le pidió” (v. 12).

2 Crónicas 9:13-31
13Y el peso de oro que venía á Salomón cada un año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro,14Sin lo que traían los mercaderes y negociantes; y también todos los reyes de Arabia y los príncipes de la tierra traían oro y plata á Salomón.15Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro de martillo, cada uno de los cuales tenía seiscientos siclos de oro labrado:16Asimismo trescientos escudos de oro batido, teniendo cada escudo trescientos siclos de oro: y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano.17Hizo además el rey un gran trono de marfil, y cubriólo de oro puro.18Y había seis gradas al trono, con un estrado de oro al mismo, y brazos de la una parte y de la otra al lugar del asiento, y dos leones que estaban junto á los brazos.19Había también allí doce leones sobre las seis gradas de la una parte y de la otra. Jamás fué hecho otro semejante en reino alguno.20Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano, de oro puro. En los días de Salomón la plata no era de estima.21Porque la flota del rey iba á Tharsis con los siervos de Hiram, y cada tres años solían venir las naves de Tharsis, y traían oro, plata, marfil, simios, y pavos.22Y excedió el rey Salomón á todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría.23Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el rostro de Salomón, por oir su sabiduría, que Dios había puesto en su corazón:24Y de éstos, cada uno traía su presente, vasos de plata, vasos de oro, vestidos, armas, aromas, caballos y acémilas, todos los años.25Tuvo también Salomón cuatro mil caballerizas para los caballos y carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.26Y tuvo señorío sobre todos los reyes desde el río hasta la tierra de los Filisteos, y hasta el término de Egipto.27Y puso el rey plata en Jerusalem como piedras, y cedros como los cabrahigos que nacen por las campiñas en abundancia.28Sacaban también caballos para Salomón, de Egipto y de todas las provincias.29Lo demás de los hechos de Salomón, primeros y postreros, ¿no está todo escrito en los libros de Nathán profeta, y en la profecía de Ahías Silonita, y en las profecías del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat?30Y reinó Salomón en Jerusalem sobre todo Israel cuarenta años.31Y durmió Salomón con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Roboam su hijo.

¡Gloria, riquezas, sabiduría, poder! El reinado del hijo de David termina con una magnífica visión. No sólo la reina de Sabá, sino todos los reyes de la tierra acuden para oír la sabiduría del gran Salomón, para traerle presentes; pero, ante todo, procuran ver su rostro (v. 23).

¡Con cuánta más razón ocurrirá así con el Señor Jesús cuando venga! “Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió” (Isaías 49:7; léase Isaías 11:10). También está escrito: “Tus ojos verán al Rey en su hermosura” (Isaías 33:17). El cumplimiento de esta promesa será para Israel y para las naciones la suprema bendición. Pero, Sus bienaventurados redimidos serán los primeros en contemplarle.

¡Sí, ver al Señor! Este pensamiento, ¿llena nuestro corazón de gozo… o de temor? ¿O nos deja indiferentes?

La historia de Salomón ha concluido. Pero, ¿dónde están los graves pecados puestos en evidencia en el primer libro de los Reyes? ¿Es posible que nuestro libro no haga la menor mención de ellos? En verdad, la maravillosa gracia de Dios los borró a fin de mostrarnos a través de este rey a Uno más grande que Salomón.

2 Crónicas 10:1-19
1Y ROBOAM fué á Sichêm porque en Sichêm se había juntado todo Israel para hacerlo rey.2Y como lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, donde había huído á causa del rey Salomón, volvió de Egipto.3Y enviaron y llamáronle. Vino pues Jeroboam, y todo Israel, y hablaron á Roboam, diciendo:4Tu padre agravó nuestro yugo: afloja tú, pues, ahora algo de la dura servidumbre, y del grave yugo con que tu padre nos apremió, y te serviremos.5Y él les dijo: Volved á mí de aquí á tres días. Y el pueblo se fué.6Entonces el rey Roboam tomó consejo con los viejos, que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda á este pueblo?7Y ellos le hablaron, diciendo: Si te condujeres humanamente con este pueblo, y los agradares, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán perpetuamente.8Mas él, dejando el consejo que le dieron los viejos, tomó consejo con los mancebos que se habían criado con él, y que delante de él asistían;9Y díjoles: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos á este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Alivia algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?10Entonces los mancebos que se habían criado con él, le hablaron, diciendo: Así dirás al pueblo que te ha hablado diciendo, Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú descárganos: así les dirás: Lo más menudo mío es más grueso que los lomos de mi padre.11Así que, mi padre os cargó de grave yugo, y yo añadiré á vuestro yugo: mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.12Vino pues Jeroboam con todo el pueblo á Roboam al tercer día: según el rey les había mandado deciendo: Volved á mí de aquí á tres días.13Y respondióles el rey ásperamente; pues dejó el rey Roboam el consejo de los viejos,14Y hablóles conforme al consejo de los mancebos, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, y yo añadiré á vuestro yugo: mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.15Y no escuchó el rey al pueblo; porque la causa era de Dios, para cumplir Jehová su palabra que había hablado, por Ahías Silonita, á Jeroboam hijo de Nabat.16Y viendo todo Israel que el rey no les había oído, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David, ni herencia en el hijo de Isaí? ­Israel, cada uno á sus estancias! ­David, mira ahora por tu casa! Así se fué todo Israel á sus17Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá.18Envió luego el rey Roboam á Adoram, que tenía cargo de los tributos; pero le apedrearon los hijos de Israel, y murió. Entonces se esforzó el rey Roboam, y subiendo en un carro huyó á Jerusalem.19Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.

Israel se reúne en Siquem alrededor del nuevo rey y le pide: “Alivia algo de la dura servidumbre…” ¿Qué aconsejan los ancianos a Roboam? “Si te condujeres humanamente con este pueblo, y les agradares…” (v. 7). Y en 1 Reyes 12:7: “Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres…” Tal es, incluso para un rey, la única manera de ganar o guardar los afectos de otros. Nuestros pensamientos se dirigen hacia el Señor Jesús, “quien no vino para ser servido, sino para servir” (Mateo 20:26-28). Sus títulos de gloria no lo detuvieron en su camino de humillación, de amor y de abnegación. De modo que ahora tiene todo derecho a la obediencia de los hombres (Filipenses 2:6-11). Conforme a ese gran Modelo, los que tienen una posición de autoridad deben ser los primeros en el servicio. ¿Cómo exigir obediencia y abnegación cuando uno mismo no da el ejemplo? Roboam rehusó servir a su pueblo. ¿Sería extraño que a su vez las diez tribus se negasen a servirle? Su propio orgullo las apartó del camino de la humilde sumisión. ¡Y se provoca la división! Hasta el advenimiento del Señor, el pueblo nunca más volverá a encontrar su verdadera unidad.

2 Crónicas 11:1-23
1Y COMO vino Roboam á Jerusalem, juntó la casa de Judá y de Benjamín, ciento y ochenta mil hombres escogidos de guerra, para pelear contra Israel y volver el reino á Roboam.2Mas fué palabra de Jehová á Semeías varón de Dios, diciendo:3Habla á Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y á todos los Israelitas en Judá y Benjamín, diciéndoles:4Así ha dicho Jehová: No subáis ni peleéis contra vuestros hermanos; vuélvase casa uno á su casa, porque yo he hecho este negocio. Y ellos oyeron la palabra de Jehová, y tornáronse, y no fueron contra Jeroboam.5Y habitó Roboam en Jerusalem, y edificó ciudades para fortificar á Judá.6Y edificó á Beth-lehem, y á Etham, y á Tecoa,7Y á Beth-sur, y á Sochô, y á Adullam,8Y á Gath, y á Maresa, y á Ziph,9Y á Adoraim, y á Lachîs, y á Acechâ,10Y á Sora, y á Ajalón, y á Hebrón, que eran en Judá y en Benjamín, ciudades fuertes.11Fortificó también las fortalezas, y puso en ellas capitanes, y vituallas, y vino, y aceite;12Y en todas las ciudades, escudos y lanzas. Fortificólas pues en gran manera, y Judá y Benjamín le estaban sujetos.13Y los sacerdotes y Levitas que estaban en todo Israel, se juntaron á él de todos sus términos.14Porque los Levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y se venían á Judá y á Jerusalem: pues Jeroboam y sus hijos los echaban del ministerio de Jehová.15Y él se hizo sacerdotes para los altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho.16Tras aquéllos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar á Jehová Dios de Israel; y viniéronse á Jerusalem para sacrificar á Jehová, el Dios de sus padres.17Así fortificaron el reino de Judá, y confirmaron á Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David y de Salomón.18Y tomóse Roboam por mujer á Mahalath, hija de Jerimoth hijo de David, y á Abihail, hija de Eliab hijo de Esaí.19La cual le parió hijos: á Jeus, y á Samaria, y á Zaham.20Después de ella tomó á Maachâ hija de Absalom, la cual le parió á Abías, á Athai, Ziza, y Selomith.21Mas Roboam amó á Maachâ hija de Absalom sobre todas sus mujeres y concubinas; porque tomó diez y ocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas.22Y puso Roboam á Abías hijo de Maachâ por cabeza y príncipe de sus hermanos, porque quería hacerle rey.23E hízole instruir, y esparció todos sus hijos por todas las tierras de Judá y de Benjamín, y por todas las ciudades fuertes, y dióles vituallas en abundancia, y pidió muchas mujeres.

La división de Israel en dos reinos fue un juicio de Dios. Es, pues, inútil juntar 180.000 hombres escogidos para cambiar totalmente la situación. Roboam, advertido por el varón de Dios, renuncia a su empresa y consagra sus fuerzas en construir ciudades para asegurar la protección y el abastecimiento de su pequeño reino.

Por su lado, Jeroboam tampoco está inactivo; pero en un sentido muy diferente. Por temor a perder su influencia si deja que sus súbditos suban a Jerusalén para las fiestas, establece un culto nacional idólatra, abominable a los ojos de Dios. Entonces, los sacerdotes y los levitas de las diez tribus muestran su apego a Jehová y a sus mandamientos. Dejan la tierra contaminada por los ídolos y se establecen en Judá, porque prefieren abandonar todo lo que poseen, antes que permanecer asociados a la iniquidad. Cuántos cristianos debieron y deben aún hacer lo mismo por fidelidad al Señor.

Alentados con el ejemplo de esos levitas, otros fieles pertenecientes a las diez tribus, probablemente sin dejar de habitar sus ciudades, de ahí en adelante suben a Jerusalén para sacrificar allí por obediencia a la Palabra.

2 Crónicas 12:1-16
1Y COMO Roboam hubo confirmado el reino, dejó la ley de Jehová, y con él todo Israel.2Y en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalem, (por cuanto se habían rebelado contra Jehová,)3Con mil y doscientos carros, y con sesenta mil hombres de á caballo: mas el pueblo que venía con él de Egipto, no tenía número; á saber, de Libios, Sukienos, y Etiopes.4Y tomó las ciudades fuertes de Judá, y llegó hasta Jerusalem.5Entonces vino Semeías profeta á Roboam y á los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalem por causa de Sisac, y díjoles: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac.6Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová.7Y como vió Jehová que se habían humillado, fué palabra de Jehová á Semeías, diciendo: Hanse humillado; no los destruiré; antes los salvare en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalem por mano de Sisac.8Empero serán sus siervos; para que sepan qué es servirme á mí, y servir á los reinos de las naciones.9Subió pues Sisac rey de Egipto á Jerusalem, y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó: y tomó los paveses de oro que Salomón había hecho.10Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam paveses de metal, y entrególos en manos de los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la entrada de la casa del rey.11Y cuando el rey iba á la casa de Jehová, venían los de la guardia, y traíanlos, y después los volvían á la cámara de la guardia.12Y como él se humilló, la ira de Jehová se apartó de él, para no destruirlo del todo: y también en Judá las cosas fueron bien.13Fortificado pues Roboam, reinó en Jerusalem: y era Roboam de cuarenta y un años cuando comenzó á reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalem, ciudad que escogió Jehová de todas las tribus de Israel, para poner en ella su nombre. Y el nombre de su madre f14E hizo lo malo, porque no apercibió su corazón para buscar á Jehová.15Y las cosas de Roboam, primeras y postreras, ¿no están escritas en los libros de Semeías profeta y de Iddo vidente, en la cuenta de los linajes? Y entre Roboam y Jeroboam hubo perpetua guerra.16Y durmió Roboam con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David: y reinó en su lugar Abías su hijo.

Tres cortos años duró la fidelidad de Roboam y su pueblo. Entonces, como antaño bajo el gobierno de los jueces, Dios les habla, suscitándoles un adversario. La ofensiva del faraón Sisac va a permitir al rey y al pueblo comparar el servicio a Jehová con el del rey de Egipto (v. 8). Primera comprobación: mientras que Jehová enriquece a sus siervos, el enemigo despoja a los que reduce a esclavitud.

Las palabras del profeta Semaías produjeron humillación en el corazón de los príncipes de Israel y del rey; los llevaron a decir: “Justo es Jehová”. Reconocer esta justicia… aun cuando debió ejercitarse contra nosotros, siempre es una buena señal (véase Lucas 23:41). Esto permite a Dios revelarse luego, no sólo como un Dios justo, sino también como un Dios misericordioso y Salvador. Vemos cómo en su gracia subraya “las buenas cosas” que puede discernir todavía en el reino de Judá. Pese a todo, en conjunto, Roboam “hizo lo malo” (v. 14). Este mal tiene raíces lejanas, porque su madre, una amonita, había sido mujer de Salomón desde antes de la muerte de David (comp. cap. 9:30 y 12:13).

2 Crónicas 13:1-12
1A LOS dieciocho años del rey Jeroboam, reinó Abías sobre Judá.2Y reinó tres años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Michâía hija de Uriel de Gabaa. Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam.3Entonces ordenó Abías batalla con un ejército de cuatrocientos mil hombres de guerra valerosos y escogidos: y Jeroboam ordenó batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos.4Y levantóse Abías sobre el monte de Semaraim, que es en los montes de Ephraim, y dijo: Oidme, Jeroboam y todo Israel.5¿No sabéis vosotros, que Jehová Dios de Israel dió el reino á David sobre Israel para siempre, á él y á sus hijos en alianza de sal?6Pero Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomón hijo de David, se levantó y rebeló contra su señor.7Y se allegaron á el hombres vanos, hijos de iniquidad, y pudieron más que Roboam hijo de Salomón, porque Roboam era mozo y tierno de corazón, y no se defendió de ellos.8Y ahora vosotros tratáis de fortificaros contra el reino de Jehová en mano de los hijos de David, porque sois muchos, y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses.9¿No echasteis vosotros á los sacerdotes de Jehová, á los hijos de Aarón, y á los Levitas, y os habéis hecho sacerdotes á la manera de los pueblos de otras tierras, para que cualquiera venga á consagrarse con un becerro y siete carneros, y así sea sacerdot10Mas en cuanto á nosotros, Jehová es nuestro Dios, y no le hemos dejado: y los sacerdotes que ministran á Jehová son los hijos de Aarón, y los Levitas en la obra;11Los cuales queman á Jehová los holocaustos cada mañana y cada tarde, y los perfumes aromáticos; y ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelero de oro con sus candilejas para que ardan cada tarde: porque nosotros guardamos la ordenanza de Jehová nu12Y he aquí Dios está con nosotros por cabeza, y sus sacerdotes con las trompetas del júbilo para que suenen contra vosotros. Oh hijos de Israel, no peleéis contra Jehová el Dios de vuestros padres, porque no os sucederá bien.

Contrariamente a las instrucciones de la Palabra (Deuteronomio 21:15-17), Roboam establece como heredero y sucesor a Abías, hijo de su mujer preferida, Micaías (o Maaca; véase 2 Crónicas 11:20-21), la que, además, era idólatra (cap. 15:16). Con tanta infidelidad sólo puede resultar un mal reinado. Y, sin embargo, la corta historia de ese rey contiene una hermosa página. Si bien se la omite en los Reyes, nuestro libro de la gracia no puede callarla. Se trata de la guerra que estalla entre Abías y Jeroboam. Según Lucas 14:31, de parte del rey de Judá era insensato emprender una guerra con la mitad de soldados que su adversario. Pero Abías cuenta con buenos medios que, a sus ojos, compensan su inferioridad numérica. Los hace valer en el discurso que dirige al ejército de Israel. Del lado de Judá, aún permanece la dinastía de David, el verdadero culto y el sacerdocio, así como la presencia de Jehová. Abías pretende no haberle abandonado (v. 10), prueba de que no se conoce a sí mismo. Finalmente, él tiene un arma secreta, más eficaz que todas; mañana veremos el decisivo papel que va a jugar: es la trompeta del júbilo (v. 12).

2 Crónicas 13:13-22
13Pero Jeroboam hizo girar una emboscada para venir á ellos por la espalda: y estando así delante de ellos, la emboscada estaba á espaldas de Judá.14Y como miró Judá, he aquí que tenía batalla delante y á las espaldas; por lo que clamaron á Jehová, y los sacerdotes tocaron las trompetas.15Entonces los de Judá alzaron grita; y así que ellos alzaron grita, Dios desbarató á Jeroboam y á todo Israel delante de Abías y de Judá:16Y huyeron los hijos de Israel delante de Judá, y Dios los entregó en sus manos.17Y Abías y su gente hacían en ellos gran mortandad; y cayeron heridos de Israel quinientos mil hombres escogidos.18Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo: mas los hijos de Judá se fortificaron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres.19Y siguió Abías á Jeroboam, y tomóle algunas ciudades, á Beth-el con sus aldeas, á Jesana con sus aldeas, y á Ephraim con sus aldeas.20Y nunca más tuvo Jeroboam poderío en los días de Abías: é hirióle Jehová, y murió.21Empero se fortificó Abías; y tomó catorce mujeres, y engendró veintidós hijos, y dieciséis hijas.22Lo demás de los hechos de Abías, sus caminos y sus negocios, está escrito en la historia de Iddo profeta.

La arenga de Abías a las tropas de Israel fue pronunciada con un tono de superioridad de muy mal gusto. Es necesaria, pues, la maniobra de rodeo de Jeroboam para poner a prueba al rey de Judá y su ejército. En un instante, éste se encuentra cercado en la retaguardia, a punto de ser aplastado. Pero un camino permanece despejado: el cielo. El clamor de angustia sube a Jehová; toda presunción se ha esfumado y la fe se muestra. Ella se sirve de un instrumento de guerra extraño… pero bien conocido en la historia de Israel: las trompetas (véase Josué 6:4; Jueces 7:18). Es un arma irresistible, porque la fe que se sirve de ella se apoya en la divina Palabra y en sus promesas siempre valederas (léase Números 10:9). ¡Y el llamado de la fe es oído! El sonido agudo habla al corazón de Dios acerca del peligro que corren los suyos. Y sin duda, también habla solemnemente al corazón de los hombres de Jeroboam que hacen la guerra contra sus hermanos… y contra Jehová.

El ejército de Israel es despedazado y humillado (v. 18), prueba de que ni la fuerza (v. 3), ni la astucia (v. 13) pueden más que la confianza en Dios.

2 Crónicas 14:1-15
1Y DURMIO Abías con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David. Y reinó en su lugar su hijo Asa, en cuyos días tuvo sosiego el país por diez años.2E hizo Asa lo bueno y lo recto en los ojos de Jehová su Dios.3Porque quitó los altares del culto ajeno, y los altos; quebró las imágenes, y taló los bosques;4Y mandó á Judá que buscasen á Jehová el Dios de sus padres, y pusiesen por obra la ley y sus mandamientos.5Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los altos y las imágenes, y estuvo el reino quieto delante de él.6Y edificó ciudades fuertes en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado reposo.7Dijo por tanto á Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres, puertas, y barras, ya que la tierra es nuestra: porque hemos buscado á Jehová nuestro Dios, hémosle buscado, y él nos ha dado reposo de todas partes. Edificaron pues, y8Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas: de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos y ochenta mil que traían escudos y flechaban arcos; todos hombres diestros.9Y salió contra ellos Zera Etiope con un ejército de mil millares, y trescientos carros; y vino hasta Maresa.10Entonces salió Asa contra él, y ordenaron la batalla en el valle de Sephata junto á Maresa.11Y clamó Asa á Jehová su Dios, y dijo: Jehová, no tienes tú más con el grande que con el que ninguna fuerza tiene, para dar ayuda. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres 12Y Jehová deshizo los Etiopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los Etiopes.13Y Asa, y el pueblo que con él estaba, lo siguió hasta Gerar: y cayeron los Etiopes hasta no quedar en ellos aliento; porque fueron deshechos delante de Jehová y de su ejército. Y les tomaron muy grande despojo.14Batieron también todas las ciudades alrededor de Gerar, porque el terror de Jehová fué sobre ellos: y saquearon todas las ciudades, porque había en ellas gran despojo.15Asimismo dieron sobre las cabañas de los ganados, y trajeron muchas ovejas y camellos, y volviéronse á Jerusalem.

El fiel rey Asa, hijo y sucesor de Abías, purifica a Judá de su idolatría. Nuestro libro insiste en la paz y la tranquilidad que goza el país durante la primera parte de su reinado (v. 1, 5, 6 y 7). Asa aprovecha esa paz para edificar ciudades fortificadas y reforzar la defensa del territorio. Así nos da una importante lección. Ciertos períodos de nuestra vida corresponden a tiempos de descanso: vacaciones, diversos momentos de ocio o de tranquilidad. Aprovechémoslos para fortalecer nuestras almas con la lectura de la Biblia y para afirmarnos en la verdad. Se debe vestir “toda la armadura de Dios” por anticipado para que se pueda “resistir en el día malo” (Efesios 6:13).

El día malo, el de la ofensiva de Zera, encuentra, pues, a un Asa preparado. “Sobre todo”, dispone del “escudo de la fe”, dicho de otro modo, de la sencilla confianza en su Dios. Ella brilla en la hermosa oración del versículo 11. De su lado no hay fuerza, pese a sus 580.000 soldados. Frente a él hay un millón de adversarios (v. 9). ¡A los ojos del hombre es un conflicto muy desigual! Pero es siempre cierto que “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). Dios responde a la fe de Asa dándole una brillante victoria y un considerable botín.

2 Crónicas 15:1-19
1Y FUÉ el espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed;2Y salió al encuentro á Asa, y díjole: Oidme, Asa, y todo Judá y Benjamín: Jehová es con vosotros, si vosotros fueres con él: y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará.3Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote, y sin enseñador y sin ley:4Mas cuando en su tribulación se convirtieron á Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fué hallado de ellos.5En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba, ni para el que salía, sino muchas aflicciones sobre todos los habitadores de las tierras.6Y la una gente destruía á la otra, y una ciudad á otra ciudad: porque Dios los conturbó con todas calamidades.7Esforzaos empero vosotros, y no desfallezcan vuestras manos; que salario hay para vuestra obra.8Y como oyó Asa las palabras y profecía de Obed profeta, fué confortado, y quitó las abominaciones de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en el monte de Ephraim; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pór9Después hizo juntar á todo Judá y Benjamín, y con ellos los extranjeros de Ephraim, y de Manasés, y de Simeón: porque muchos de Israel se habían pasado á él, viendo que Jehová su Dios era con él.10Juntáronse pues en Jerusalem en el mes tercero del año décimoquinto del reinado de Asa.11Y en aquel mismo día sacrificaron á Jehová, de los despojos que habían traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas.12Y entraron en concierto de que buscarían á Jehová el Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su alma;13Y que cualquiera que no buscase á Jehová el Dios de Israel, muriese, grande ó pequeño, hombre ó mujer.14Y juraron á Jehová con gran voz y júbilo, á son de trompetas y de bocinas:15Del cual juramento todos los de Judá se alegraron; porque de todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban: y fué hallado de ellos; y dióles Jehová reposo de todas partes.16Y aun á Maachâ madre del rey Asa, él mismo la depuso de su dignidad, porque había hecho un ídolo en el bosque: y Asa deshizo su ídolo, y lo desmenuzó, y quemó en el torrente de Cedrón.17Mas con todo eso los altos no eran quitados de Israel, aunque el corazón de Asa fué perfecto mientras vivió.18Y metió en la casa de Dios lo que su padre había dedicado, y lo que él había consagrado, plata y oro y vasos.19Y no hubo guerra hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa.

Asa ha sido fiel. Dios lo alienta otra vez por medio de Azarías. Su Palabra es tan necesaria después del combate como antes. Porque la tendencia natural entonces es relajarse. “No desfallezcan vuestras manos”, recomienda el profeta, agregando esta promesa: “Pues hay recompensa para vuestra obra”. Estas palabras producen su efecto. Asa, lleno de energía, hace desaparecer del país las cosas abominables y restablece el servicio del altar. Este notable celo entusiasma no sólo a los de Judá y Benjamín, sino también a “muchos de Israel” (v. 9). Así ocurrirá con la abnegación que manifestemos por el Señor. Alentará a otros creyentes, quizá más tímidos, a demostrar su fe. Es una experiencia por la cual muchos han pasado, particularmente en el servicio militar. Alguien dijo: «Un corazón sinceramente apegado al Señor es lo que habla a la conciencia de los demás» (W. Kelly). Asa comprende que no puede pedir al pueblo una completa purificación si él mismo no da el ejemplo en su propia casa. Y no vacila en actuar con rigor para con Maaca, la reina madre; le quita su corona y reduce su ídolo a polvo y ceniza.

2 Crónicas 16:1-14
1EN el año treinta y seis del reinado de Asa, subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó á Rama, para no dejar salir ni entrar á ninguno al rey Asa, rey de Judá.2Entonces sacó Asa la plata y el oro de los tesoros de la casa de Jehová y de la casa real, y envió á Ben-adad rey de Siria, que estaba en Damasco, diciendo:3Haya alianza entre mí y ti, como la hubo entre mi padre y tu padre; he aquí yo te he enviado plata y oro, para que vengas y deshagas la alianza que tienes con Baasa rey de Israel, á fin de que se retire de mí.4Y consintió Ben-adad con el rey Asa, y envió los capitanes de sus ejércitos á la ciudades de Israel: y batieron á Ion, Dan, y Abel-maim, y las ciudades fuertes de Nephtalí.5Y oyendo esto Baasa, cesó de edificar á Rama, y dejó su obra.6Entonces el rey Asa tomó á todo Judá, y lleváronse de Rama la piedra y madera con que Baasa edificaba, y con ella edificó á Gibaa y Mizpa.7En aquel tiempo vino Hanani vidente á Asa rey de Judá, y díjole: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no te apoyaste en Jehová tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria ha escapado de tus manos.8Los Etiopes y los Libios, ¿no eran un ejército numerosísimo, con carros y muy mucha gente de á caballo? con todo, porque te apoyaste en Jehová, él los entregó en tus manos.9Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para corroborar á los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí adelante habrá guerra contra ti.10Y enojado Asa contra el vidente, echólo en la casa de la cárcel, porque fué en extremo conmovido á causa de esto. Y oprimió Asa en aquel tiempo algunos del pueblo.11Mas he aquí, los hechos de Asa, primeros y postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.12Y el año treinta y nueve de su reinado enfermó Asa de los pies para arriba, y en su enfermedad no buscó á Jehová, sino á los médicos.13Y durmió Asa con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado.14Y sepultáronlo en sus sepulcros que él había hecho para sí en la ciudad de David;

De los hechos de Asa, el versículo 11 distingue entre los “primeros”, agradables a Dios, y los “postreros”, por desgracia muy diferentes.

Baasa, rey de Israel, celoso al ver muchos de sus súbditos ir al país de Judá (cap. 15:9), construye una ciudad para impedirles el paso. Entonces Asa, en lugar de apoyarse en Jehová para detener a Baasa en su empresa, hace una alianza profana con Siria. Aparentemente es una buena estrategia, ya que produce el efecto deseado. Pero Dios no lo juzga así y reprende al rey por medio de un profeta. Su falta de confianza en Dios —y de memoria (v. 8)— lo priva de una victoria sobre los sirios. Herido en su amor propio e irritado por haber dejado escapar tan buena ocasión, Asa encarcela al que se ha hecho su enemigo por decirle la verdad (Gálatas 4:16), y oprime a algunos del pueblo. Dios lo disciplina mediante una dolorosa enfermedad. Sin embargo, esto no lo hace reaccionar. Sigue confiando en los hombres antes que en Dios, y tristemente muere sin haber aprendido la última lección. Durante treinta y cinco años sobre cuarenta, Asa había andado con Dios. Faltaron pocos años para que acabara bien su carrera. Pidámosle al Señor que nos guarde hasta nuestro último día (2 Timoteo 1:12 y 4:18).

2 Crónicas 17:1-19
1Y REINO en su lugar Josaphat su hijo, el cual prevaleció contra Israel.2Y puso ejército en todas las ciudades fuertes de Judá, y colocó gente de guarnición, en tierra de Judá, y asimismo en las ciudades de Ephraim que su padre Asa había tomado.3Y fué Jehová con Josaphat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó á los Baales;4Sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel.5Jehová por tanto confirmó el reino en su mano, y todo Judá dió á Josaphat presentes; y tuvo riquezas y gloria en abundancia.6Y animóse su corazón en los caminos de Jehová, y quitó los altos y los bosques de Judá.7Al tercer año de su reinado envió sus príncipes Ben-hail, Obdías, Zachârías, Nathaniel y Michêas, para que enseñasen en las ciudades de Judá;8Y con ellos á los Levitas, Semeías, Nethanías, Zebadías, y Asael, y Semiramoth, y Jonathán, y Adonías, y Tobías, y Tobadonías, Levitas; y con ellos á Elisama y á Joram, sacerdotes.9Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la ley de Jehová, y rodearon por todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo.10Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá; que no osaron hacer guerra contra Josaphat.11Y traían de los Filisteos presentes á Josaphat, y tributos de plata. Los Arabes también le trajeron ganados, siete mil y setecientos carneros y siete mil y setecientos machos de cabrío.12Iba pues Josaphat creciendo altamente: y edificó en Judá fortalezas y ciudades de depósitos.13Tuvo además muchas obras en las ciudades de Judá, y hombres de guerra muy valientes en Jerusalem.14Y este es el número de ellos según las casas de sus padres: en Judá, jefes de los millares: el general Adna, y con él trescientos mil hombres muy esforzados;15Después de él, el jefe Johanán, y con él doscientos y ochenta mil;16Tras éste, Amasías hijo de Zichri, el cual se había ofrecido voluntariamente á Jehová, y con él doscientos mil hombres valientes;17De Benjamín, Eliada, hombre muy valeroso, y con él doscientos mil armados de arco y escudo;18Tras éste, Jozabad, y con él ciento y ochenta mil apercibidos para la guerra.19Estos eran siervos del rey, sin los que había el rey puesto en las ciudades de guarnición por toda Judea.

Encontramos nuevamente a Josafat, rey piadoso, de quien se nos habla mucho en los libros de los Reyes. Recordemos que a partir de la muerte de Salomón, las Crónicas relatan la historia de los reyes de Judá, mientras que en los Reyes se trata sobre todo de los de Israel. Entonces, ¿por qué la vida de Josafat ocupa tanto lugar en ellos? Porque, por desgracia, está estrechamente unida a las de Acab y de Joram, reyes de Israel. Pero nuestro capítulo sólo tiene buenas cosas que decir de este rey. Se hace fuerte (v. 1), anda “en los primeros caminos de David”, busca al Dios de su padre, anda en Sus mandamientos, su corazón se anima, quita los ídolos (v. 1-6). Y no sólo se separa del mal como lo hizo Asa su padre, sino que hace el bien (v. 7-11). Estos son dos aspectos inseparables de la actividad cristiana (Romanos 12:9; 1 Pedro 3:11). De los oficiales superiores, Amasías se ofreció voluntariamente a Jehová (v. 16), como un verdadero nazareo (Números 6:2; véase también 2 Corintios 8:5). Es posible —y es un llamado dirigido a cada creyente— estar consagrado al Señor mientras se cumple fielmente su oficio o su trabajo cotidiano. “Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor”, ordena Colosenses 3:23.

2 Crónicas 18:1-11; 28-34
1TENIA pues Josaphat riquezas y gloria en abundancia, y trabó parentesco con Achâb.2Y después de algunos años descendió á Achâb á Samaria; por lo que mató Achâb muchas ovejas y bueyes para él, y para la gente que con él venía: y persuadióle que fuese con él á Ramoth de Galaad.3Y dijo Achâb rey de Israel á Josaphat rey de Judá: ¿Quieres venir conmigo á Ramoth de Galaad? Y él respondió: Como yo, así también tú; y como tu pueblo, así también mi pueblo: iremos contigo á la guerra.4Además dijo Josaphat al rey de Israel: Ruégote que consultes hoy la palabra de Jehová.5Entonces el rey de Israel juntó cuatrocientos profetas, y díjoles: ¿Iremos á la guerra contra Ramoth de Galaad, ó estaréme yo quieto? Y ellos dijeron: Sube, que Dios los entregará en mano del rey.6Mas Josaphat dijo: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, para que por él preguntemos?7Y el rey de Israel respondió á Josaphat: Aun hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar á Jehová: mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Este es Michêas, hijo de Imla. Y respondió Josaphat: No hable así el rey.8Entonces el rey de Israel llamó un eunuco, y díjole: Haz venir luego á Michêas hijo de Imla.9Y el rey de Israel y Josaphat rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos de sus ropas; y estaban sentados en la era á la entrada de la puerta de Samaria, y todos los profetas profetizaban delante de ellos.10Y Sedechîas hijo de Chênaana se había hecho cuernos de hierro, y decía: Así ha dicho Jehová: Con estos acornearás á los Siros hasta destruirlos del todo.11De esta manera profetizaban también todos los profetas, diciendo: Sube á Ramoth de Galaad, y sé prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey.
28Subió pues el rey de Israel, y Josaphat rey de Judá, á Ramoth de Galaad.29Y dijo el rey de Israel á Josaphat: Yo me disfrazaré para entrar en la batalla: mas tú vístete tus vestidos. Y disfrazóse el rey de Israel, y entró en la batalla.30Había el rey de Siria mandado á los capitanes de los carros que tenía consigo, diciendo: No peleéis con chico ni con grande, sino sólo con el rey de Israel.31Y como los capitanes de los carros vieron á Josaphat, dijeron: Este es el rey de Israel. Y cercáronlo para pelear; mas Josaphat clamó, y ayudólo Jehová, y apartólos Dios de él:32Pues viendo los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, desistieron de acosarle.33Mas disparando uno el arco á la ventura, hirió al rey de Israel entre las junturas y el coselete. El entonces dijo al carretero: Vuelve tu mano, y sácame del campo, porque estoy mal herido.34Y arreció la batalla aquel día, por lo que estuvo el rey de Israel en pie en el carro enfrente de los Siros hasta la tarde; mas murió á puestas del sol.

Prosigue la historia de Josafat. Lo que hizo caer a ese hombre fiel fueron las personas que frecuentaba. Las relaciones mundanas, los intercambios de amabilidades entre gente del mismo medio social son trampas para muchos creyentes (1 Corintios 15:33). Vemos cuáles son las consecuencias para Josafat.

1. Es llevado a concertar una noble unión para su hijo, dándole como mujer a una hija de la casa real de Israel, ¡la cual no es otra que Atalía! (2 Reyes 8:18). Sin duda, a los ojos de los hombres es un brillante casamiento. En realidad, es el punto de partida de la infalible ruina de toda su familia.

2. Niega su testimonio al ponerse al mismo nivel que el malvado rey de Israel: “Yo soy como tú” (v. 3).

3. Finalmente, el temor de desagradar a su amigo real lo arrastra a la peligrosa recuperación de Ramot de Galaad.

En verdad, meditemos y retengamos Gálatas 1:10. La alianza concertada entre Josafat e Israel contra los sirios no era mejor que la de su padre Asa y los sirios contra Israel. Termina por colocar al desdichado rey en una situación dramática, como la de Saúl en el monte de Gilboa. ¡Sólo Dios, en respuesta a su clamor, le permite escapar milagrosamente de esa situación! (Véase Salmo 120:1).

2 Crónicas 19:1-11
1Y JOSAPHAT rey de Judá se volvió en paz á su casa en Jerusalem.2Y salióle al encuentro Jehú el vidente, hijo de Hanani, y dijo al rey Josaphat: ¿Al impío das ayuda, y amas á los que aborrecen á Jehová? Pues la ira de la presencia de Jehová será sobre ti por ello.3Empero se han hallado en ti buenas cosas, porque cortaste de la tierra los bosques, y has apercibido tu corazón á buscar á Dios.4Habitó pues Josaphat en Jerusalem; mas daba vuelta y salía al pueblo, desde Beer-seba hasta el monte de Ephraim, y reducíalos á Jehová el Dios de sus padres.5Y puso en la tierra jueces en todas las ciudades fuertes de Judá, por todos los lugares.6Y dijo á los jueces: Mirad lo que hacéis: porque no juzguéis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros en el negocio del juicio.7Sea pues con vosotros el temor de Jehová; guardad y haced: porque en Jehová nuestro Dios no hay iniquidad, ni acepción de personas, ni recibir cohecho.8Y puso también Josaphat en Jerusalem algunos de los Levitas y sacerdotes, y de los padres de familias de Israel, para el juicio de Jehová y para las causas. Y volviéronse á Jerusalem.9Y mandóles, diciendo: Procederéis asimismo con temor de Jehová, con verdad, y con corazón íntegro.10En cualquier causa que viniere á vosotros de vuestros hermanos que habitan en las ciudades, entre sangre y sangre, entre ley y precepto, estatutos y derechos, habéis de amonestarles que no pequen contra Jehová, porque no venga ira sobre vosotros y sobre v11Y he aquí Amarías sacerdote será el que os presida en todo negocio de Jehová; y Zebadías hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todos los negocios del rey; también los Levitas serán oficiales en presencia de vosotros. Esforzaos pues, y obrad; que

La funesta alianza con Israel le vale a Josafat una severa reprobación de parte de Jehová. Jehú formula al rey una pregunta que lo sondea, al mismo tiempo que le enseña lo que Dios piensa de Acab: “¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová?” (v. 2).

Creyentes, no olvidemos el terrible nombre que la Palabra da a los que aman al mundo: “Cualquiera… que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

Jehú fue valiente; una misión semejante, bajo el reinado de Asa, había privado de la libertad a su padre Hanani (cap. 16:7-10). Pero Josafat hace caso a la reprensión. Es el medio de ser “prudente”, y de adquirir “entendimiento” (Proverbios 13:18; 15:5 y 32). Aceptemos las reprensiones y las observaciones que se nos hagan, puesto que tienen tan bienhechor resultado.

Mientras que Asa, su padre, no había sido restaurado, Josafat, en cambio, después de este eclipse, vuelve a tomar la hermosa actividad del capítulo 17. Esta vez, no contento con enviar emisarios, sale él mismo al pueblo. Como verdadero pastor de Israel, se ocupa en traerlo de vuelta a Jehová (v. 4). Luego establece jueces, a los cuales hace apremiantes recomendaciones.

2 Crónicas 20:1-13
1PASADAS estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Ammón, y con ellos otros de los Ammonitas, vinieron contra Josaphat á la guerra.2Y acudieron, y dieron aviso á Josaphat, diciendo: Contra ti viene una grande multitud de la otra parte de la mar, y de la Siria; y he aquí ellos están en Hasasón-tamar, que es Engedi.3Entonces él tuvo temor; y puso Josaphat su rostro para consultar á Jehová, é hizo pregonar ayuno á todo Judá.4Y juntáronse los de Judá para pedir socorro á Jehová: y también de todas las ciudades de Judá vinieron á pedir á Jehová.5Púsose entonces Josaphat en pie en la reunión de Judá y de Jerusalem, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo;6Y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y te enseñoreas en todos los reinos de las Gentes? ¿no está en tu mano tal fuerza y potencia, que no hay quien te resista?7Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de aquesta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste á la simiente de Abraham tu amigo para siempre?8Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario á tu nombre, diciendo:9Si mal viniere sobre nosotros, ó espada de castigo, ó pestilencia, ó hambre, presentarnos hemos delante de esta casa, y delante de ti, (porque tu nombre está en esta casa,) y de nuestras tribulaciones clamaremos á ti, y tú nos oirás y salvarás.10Ahora pues, he aquí los hijos de Ammón y de Moab, y los del monte de Seir, á la tierra de los cuales ni quisiste que pasase Israel cuando venían de la tierra de Egipto, sino que se apartasen de ellos, y no los destruyesen;11He aquí ellos nos dan el pago, viniendo á echarnos de tu heredad, que tú nos diste á poseer.12Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas á ti volvemos nuestros ojos.13Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, y sus mujeres, y sus hijos.

No menos de tres adversarios avanzan juntos contra el pequeño reino de Judá. Son los enemigos de siempre: Moab, Amon y otros de Edom. Ante la amenaza de invasión, Josafat busca a Jehová y hace pregonar un ayuno. El pueblo se reúne. Refiriéndose a la oración de Salomón (cap. 6:34-35), el rey se pone de pie delante de la santa Casa e invoca a Aquel que prometió escuchar y salvar (cap. 20:8-9).

Al sumar los efectivos militares de los cuales disponía Josafat (cap. 17:14-18), se llega al impresionante número de un millón ciento sesenta mil soldados. Sin embargo, prácticamente no se habla de ellos en este largo capítulo. Josafat ha comprendido las palabras del Salmo 33: “Un rey no se salva por la multitud del ejército, ni escapa el valiente por la mucha fuerza… Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él” (Salmo 33:16 y 20). Así, el rey reconoce igualmente su falta de fuerza y de sabiduría (v. 12). Y agrega: “A ti volvemos nuestros ojos”. “Los ojos de Jehová contemplan toda la tierra para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (cap. 16:9).

2 Crónicas 20:14-24
14Y estaba allí Jahaziel hijo de Zachârías, hijo de Benaías, hijo de Jeiel, hijo de Mathanías, Levita de los hijos de Asaph, sobre el cual vino el espíritu de Jehová en medio de la reunión;15Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalem, y tú, rey Josaphat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta tan grande multitud; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.16Mañana descenderéis contra ellos: he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.17No habrá para qué vosotros peleéis en este caso: paraos, estad quedos, y ved la salud de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalem, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Jehová será con vosotros.18Entonces Josaphat se inclinó rostro por tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalem se postraron delante de Jehová, y adoraron á Jehová.19Y levantáronse los Levitas de los hijos de Coath y de los hijos de Coré, para alabar á Jehová el Dios de Israel á grande y alta voz.20Y como se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josaphat estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalem. Creed á Jehová vuestro Dios, y seréis seguros; creed á sus profetas, y seréis prosperados.21Y habido consejo con el pueblo, puso á algunos que cantasen á Jehová, y alabasen en la hermosura de la santidad, mientras que salía la gente armada, y dijesen: Glorificad á Jehová, porque su misericordia es para siempre.22Y como comenzaron con clamor y con alabanza, puso Jehová contra los hijos de Ammón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y matáronse los unos á los otros:23Pues los hijos de Ammón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir, para matarlos y destruirlos; y como hubieron acabado á los del monte de Seir, cada cual ayudó á la destrucción de su compañero.24Y luego que vino Judá á la atalaya del desierto, miraron hacia la multitud; mas he aquí yacían ellos en tierra muertos, que ninguno había escapado.

La ferviente oración de Josafat recibe una respuesta pública e inmediata. En nombre de Jehová, Jahaziel tranquiliza al pueblo y a su rey. Su discurso es un aliento divino, cuya lectura, desde entonces, ha sido de provecho para muchos creyentes en peligro. Comparemos el versículo 17 con las palabras que Moisés dirige a Israel en el momento de pasar el Mar Rojo: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros” (Éxodo 14:13).

Sin esperar a que Dios obre, Josafat, junto con todo el pueblo, da gracias y adora. La fe que de antemano no sólo pone a un lado toda inquietud, sino que también agradece la respuesta, glorifica a Dios. Es actuar como el divino Modelo, quien tenía una entera certeza de la contestación divina. Dispuesto a resucitar a Lázaro en virtud del poder de Dios, su Padre, Jesús comenzó por dirigirse a él, diciendo: “Padre, gracias te doy por haberme oído” (Juan 11:41).

¡Cuán hermoso es ese culto celebrado en la misma presencia de los enemigos! (véase Salmo 23:5). Los que alaban salen delante de las tropas equipadas. Y el canto de triunfo repentinamente entonado da, por decirlo así, la señal de una extraordinaria victoria obtenida sin haber dado un solo golpe.

2 Crónicas 20:25-37
25Viniendo entonces Josaphat y su pueblo á despojarlos, hallaron en ellos muchas riquezas entre los cadáveres, así vestidos como preciosos enseres, los cuales tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días duró el despojo, porque era mucho.26Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beracah; porque allí bendijeron á Jehová, y por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beracah, hasta hoy.27Y todo Judá y los de Jerusalem, y Josaphat á la cabeza de ellos, volvieron para tornarse á Jerusalem con gozo, porque Jehová les había dado gozo de sus enemigos.28Y vinieron á Jerusalem con salterios, arpas, y bocinas, á la casa de Jehová.29Y fué el pavor de Dios sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel.30Y el reino de Josaphat tuvo reposo; porque su Dios le dió reposo de todas partes.31Así reinó Josaphat sobre Judá: de treinta y cinco años era cuando comenzó á reinar, y reinó veinte y cinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Azuba, hija de Silhi.32Y anduvo en el camino de Asa su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto en los ojos de Jehová.33Con todo eso los altos no eran quitados; que el pueblo aun no había enderezado su corazón al Dios de sus padres.34Lo demás de los hechos de Josaphat, primeros y postreros, he aquí están escritos en las palabras de Jehú hijo de Hanani, del cual es hecha mención en el libro de los reyes de Israel.35Pasadas estas cosas, Josaphat rey de Judá trabó amistad con Ochôzías rey de Israel, el cual fué dado á la impiedad:36E hizo con él compañía para aparejar navíos que fuesen á Tharsis; y construyeron los navíos en Esion-geber.37Entonces Eliezer hijo de Dodava de Mareosah, profetizó contra Josaphat, diciendo: Por cuanto has hecho compañía con Ochôzías, Jehová destruirá tus obras. Y los navíos se rompieron, y no pudieron ir á Tharsis.

Mientras resuena el cántico de la liberación, ¡los enemigos se matan unos a otros! Para Judá ahora sólo se trata de comprobar el aniquilamiento y apoderarse del abundante botín. ¡Cuántas veces, de la misma manera, Dios hizo desaparecer de nuestro camino dificultades que nos parecían insuperables!

Luego, el pueblo vuelve a juntarse para celebrar a Jehová en el valle de Beraca, o valle de la bendición (léase Salmo 107:21-22).

Pensemos en el triunfo que Jesús logró en la cruz sin la menor participación de los creyentes. ¿Qué les queda entonces por hacer? Gozar de los frutos de esa victoria, y con el corazón lleno de agradecimiento, celebrarla en medio del valle terrestre, antes de hacerlo eternamente en la santa Ciudad (comp. v. 28).

El último párrafo vuelve atrás sobre el reinado de Josafat. Recuerda que después de su desastrosa alianza militar con Acab, el rey de Judá concertó otra, no menos lamentable, con su hijo Ocozías, pero con finalidad comercial. Dios permite que ésta sea un fracaso y, por boca de Eliezer, nos dice lo que piensa de esa clase de asociación con el mundo, hecha con la meta de enriquecerse.

2 Crónicas 21:1-20
1Y DURMIO Josaphat con sus padres, y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de David. Y reinó en su lugar Joram su hijo.2Este tuvo hermanos, hijos de Josaphat, á Azarías, Jehiel, Zachârías, Azarías, Michâel, y Sephatías. Todos estos fueron hijos de Josaphat rey de Israel.3Y su padre les había dado muchos dones de oro y de plata, y cosas preciosas, y ciudades fuertes en Judá; mas había dado el reino á Joram, porque él era el primogénito.4Fué pues elevado Joram al reino de su padre; y luego que se hizo fuerte, mató á cuchillo á todos sus hermanos, y asimismo algunos de los príncipes de Israel.5Cuando comenzó á reinar era de treinta y dos años, y reinó ocho años en Jerusalem.6Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Achâb; porque tenía por mujer la hija de Achâb, é hizo lo malo en ojos de Jehová.7Mas Jehová no quiso destruir la casa de David, á causa de la alianza que con David había hecho, y porque le había dicho que le daría lámpara á él y á sus hijos perpetuamente.8En los días de éste se rebeló la Idumea, para no estar bajo el poder de Judá, y pusieron rey sobre sí.9Entonces pasó Joram con sus príncipes, y consigo todos sus carros; y levantóse de noche, é hirió á los Idumeos que le habían cercado, y á todos los comandantes de sus carros.10Con todo eso Edom quedó rebelado, sin estar bajo la mano de Judá hasta hoy. También se rebeló en el mismo tiempo Libna para no estar bajo su mano; por cuanto él había dejado á Jehová el Dios de sus padres.11Demás de esto hizo altos en los montes de Judá, é hizo que los moradores de Jerusalem fornicasen, y á ello impelió á Judá.12Y viniéronle letras del profeta Elías, que decían: Jehová, el Dios de David tu padre, ha dicho así: Por cuanto no has andado en los caminos de Josaphat tu padre, ni en los caminos de Asa, rey de Judá,13Antes has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho que fornicase Judá, y los moradores de Jerusalem, como fornicó la casa de Achâb; y además has muerto á tus hermanos, á la familia de tu padre, los cuales eran mejores que tú:14He aquí Jehová herirá tu pueblo de una grande plaga, y á tus hijos y á tus mujeres, y á toda tu hacienda;15Y á ti con muchas enfermedades, con enfermedad de tus entrañas, hasta que las entrañas se te salgan á causa de la enfermedad de cada día.16Entonces despertó Jehová contra Joram el espíritu de los Filisteos, y de los Arabes que estaban junto á los Etiopes;17Y subieron contra Judá, é invadieron la tierra, y tomaron toda la hacienda que hallaron en la casa del rey, y á sus hijos, y á sus mujeres; que no le quedó hijo, sino Joachâz el menor de sus hijos.18Después de todo esto Jehová lo hirió en las entrañas de una enfermedad incurable.19Y aconteció que, pasando un día tras otro, al fin, al cabo de dos años, las entrañas se le salieron con la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa. Y no le hizo quema su pueblo, como las había hecho á sus padres.20Cuando comenzó á reinar era de treinta y dos años, y reinó en Jerusalem ocho años; y fuése sin ser deseado. Y sepultáronlo en la ciudad de David, mas no en los sepulcros de los reyes.

Ahora, el libro de las Crónicas parece abandonar bruscamente su carácter de libro de la gracia. Salvo excepciones debidas al encadenamiento de los hechos, había cubierto sistemáticamente las faltas del pueblo y de su rey, para subrayar, al contrario, todo el bien que podía ser señalado. Digamos, de paso, que ¡es una cosa que siempre deberíamos hacer! (léase 1 Pedro 4:8).

Las páginas que abordamos contrastan tristemente con las “buenas cosas” que Dios se complació en hacer notar hasta aquí (cap. 12:12 y 19:3). Pero a partir de ahora, verdaderamente ya no es posible cubrir la maldad de Joram y de sus sucesores. Este rey, yerno de Acab y de Jezabel, homicida (v. 4) e idólatra, incita a Judá para que adore a falsos dioses. Es un terrible estado; sin embargo, hace resaltar la incomparable paciencia de Dios para con su pueblo. De modo que la gracia seguirá brillando tan magníficamente en este libro, como aumentarán las tinieblas en el reino de Judá. Ella sobreabundará a medida que el pecado abunde (Romanos 5:20).

Una carta de Elías llega a Joram para recapitular sus crímenes y anunciarle el castigo divino, el cual no deja de cumplirse.

2 Crónicas 22:1-12
1Y LOS moradores de Jerusalem hicieron rey en lugar suyo á Ochôzías su hijo menor: porque la tropa había venido con los Arabes al campo, había muerto á todos los mayores; por lo cual reinó Ochôzías, hijo de Joram rey de Judá.2Cuando Ochôzías comenzó á reinar era de cuarenta y dos años, y reinó un año en Jerusalem. El nombre de su madre fué Athalía, hija de Omri.3También él anduvo en los caminos de la casa de Achâb: porque su madre le aconsejaba á obrar impíamente.4Hizo pues lo malo en ojos de Jehová, como la casa de Achâb; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron para su perdición.5Y él anduvo en los consejos de ellos, y fué á la guerra con Joram hijo de Achâb, rey de Israel, contra Hazael rey de Siria, á Ramoth de Galaad, donde los Siros hirieron á Joram.6Y se volvió para curarse en Jezreel de las heridas que le habían hecho en Rama, peleando con Hazael rey de Siria. Y descendió Azarías hijo de Joram, rey de Judá, á visitar á Joram hijo de Achâb, en Jezreel, porque allí estaba enfermo.7Esto empero venía de Dios, para que Ochôzías fuese hollado viniendo á Joram: porque siendo venido, salió con Joram contra Jehú hijo de Nimsi, al cual Jehová había ungido para que talase la casa de Achâb.8Y fué que, haciendo juicio Jehú con la casa de Achâb, halló á los príncipes de Judá, y á los hijos de los hermanos de Ochôzías, que servían á Ochôzías, y matólos.9Y buscando á Ochôzías, el cual se había escondido en Samaria, tomáronlo, y trajéronlo á Jehú, y le mataron; y diéronle sepultura, porque dijeron: Es hijo de Josaphat, el cual buscó á Jehová de todo su corazón. Y la casa de Ochôzías no tenía fuerzas para p10Entonces Athalía madre de Ochôzías, viendo que su hijo era muerto, levantóse y destruyó toda la simiente real de la casa de Judá.11Empero Josabeth, hija del rey, tomó á Joas hijo de Ochôzías, y arrebatólo de entre los hijos del rey, que mataban, y guardóle á él y á su ama en la cámara de los lechos. Así pues lo escondió Josabeth, hija del rey Joram, mujer de Joiada el sacerdote, (por12Y estuvo con ellos escondido en la casa de Dios seis años. Entre tanto Athalía reinaba en el país.

¡Qué triste capítulo! Ocozías, aconsejado por su madre y por los de su parentela del lado de Acab, se alía con Joram rey de Israel y emprende con él una nueva expedición contra los sirios. Esa fatal asociación lo conduce a su completa ruina. Perece violentamente.

Volvamos hacia atrás: Joram asesinó a sus seis hermanos (cap. 21:4). Luego, todos sus hijos fueron matados por los árabes, con excepción del más joven, Ocozías (cap. 22:1). Finalmente, en la tercera generación, se produce una nueva masacre del tronco real; una vez más se salva la vida de un solo retoño: Joás, un bebé. ¿Cómo explicar estas sucesivas exterminaciones? Es por el encarnizamiento de Satanás en su esfuerzo por interrumpir el linaje de David que debía llegar hasta Cristo.

Por otra parte, ¿cómo explicar que cada vez y pese a todo, subsiste un único miembro, el más débil, y no obstante, un descendiente de la familia real? ¡Es por la fiel gracia de Dios! Mantiene la promesa hecha a David de que iba a darle una lámpara (2 Reyes 8:19), ¡lámpara que entonces no es más que un débil pábilo! (véase Mateo 12:20).

2 Crónicas 23:1-11
1MAS el séptimo año se animó Joiada, y tomó consigo en alianza á los centuriones, Azarías hijo de Jeroam, y á Ismael hijo de Johanán, y á Azarías hijo de Obed, y á Maasías hijo de Adaías, y á Elisaphat hijo de Zichri;2Los cuales rodeando por Judá, juntaron los Levitas de todas las ciudades de Judá, y á los príncipes de las familias de Israel, y vinieron á Jerusalem.3Y toda la multitud hizo alianza con el rey en la casa de Dios. Y él les dijo: He aquí el hijo del rey, el cual reinará, como Jehová lo tiene dicho de los hijos de David.4Lo que habéis de hacer es: la tercera parte de vosotros, los que entran de semana, estarán de porteros con los sacerdotes y los Levitas;5Y la tercera parte, á la casa del rey; y la tercera parte, á la puerta del fundamento: y todo el pueblo estará en los patios de la casa de Jehová.6Y ninguno entre en la casa de Jehová, sino los sacerdotes y Levitas que sirven: éstos entrarán, porque están consagrados; y todo el pueblo hará la guardia de Jehová.7Y los Levitas rodearán al rey por todas partes, y cada uno tendrá sus armas en la mano; y cualquiera que entrare en la casa, muera: y estaréis con el rey cuando entrare, y cuando saliere.8Y los Levitas y todo Judá lo hicieron todo como lo había mandado el sacerdote Joiada: y tomó cada uno los suyos, los que entraban de semana, y los que salían el sábado: porque el sacerdote Joiada no dió licencia á las compañías.9Dió también el sacerdote Joiada á los centuriones las lanzas, paveses y escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Dios;10Y puso en orden á todo el pueblo, teniendo cada uno su espada en la mano, desde el rincón derecho del templo hasta el izquierdo, hacia el altar y la casa, en derredor del rey por todas partes.11Entonces sacaron al hijo del rey, y pusiéronle la corona y el testimonio, é hiciéronle rey; y Joiada y sus hijos le ungieron, diciendo luego: ­Viva el rey!

En medio de la noche moral que reina en Judá, es como si un faro concentrara su haz de luz sobre Joás, el precioso y pequeño príncipe. En lo sucesivo, todo el consejo de Dios descansa en ese débil niño, el último “hijo de David” (Salmo 89:29, 36).

¡Cuántas analogías con otro tiempo, más sombrío aún, en el que Herodes ocupa injustamente el trono de Jerusalén! El verdadero rey de los judíos nacido en Belén es preservado, como aquí Joás, de la matanza ordenada por el usurpador. Durante toda su vida en la tierra, Jesús permaneció escondido bajo la humilde “forma de siervo” que quiso tomar (Filipenses 2:7). Y todavía está oculto a los ojos del mundo, en el cielo, donde sólo la fe lo discierne y conoce. En este capítulo tenemos en figura el día de su gloriosa manifestación. Como estos levitas y jefes del pueblo, los que actualmente le sirven y le esperan le serán asociados en ese día. Aparecerán con él en gloria (véase Colosenses 3:4; 1 Tesalonicenses 3:13). ¡Qué privilegio formar parte de esa bienaventurada escolta, estar con el rey “cuando entre y cuando salga”! (v. 7). Creyentes, ya que ésta debe ser nuestra parte, quedémonos desde ahora junto a él por la fe, mientras él por poco tiempo todavía permanece invisible en los cielos.

2 Crónicas 23:12-21
12Y como Athalía oyó el estruendo de la gente que corría, y de los que bendecían al rey, vino al pueblo á la casa de Jehová;13Y mirando, vió al rey que estaba junto á su columna á la entrada, y los príncipes y los trompetas junto al rey, y que todo el pueblo de la tierra hacía alegrías, y sonaban bocinas, y cantaban con instrumentos de música los que sabían alabar. Entonces Atha14Y sacando el pontífice Joiada los centuriones y capitanes del ejército, díjoles: Sacadla fuera del recinto; y el que la siguiere, muera á cuchillo: porque el sacerdote había mandado que no la matasen en la casa de Jehová.15Ellos pues le echaron mano, y luego que hubo ella pasado la entrada de la puerta de los caballos de la casa del rey, allí la mataron.16Y Joiada hizo pacto entre sí y todo el pueblo y el rey, que serían pueblo de Jehová.17Después de esto entró todo el pueblo en el templo de Baal, y derribáronlo, y también sus altares; é hicieron pedazos sus imágenes, y mataron delante de los altares á Mathán, sacerdote de Baal.18Luego ordenó Joiada los oficios en la casa de Jehová bajo la mano de los sacerdotes y Levitas, según David los había distribuído en la casa de Jehová, para ofrecer á Jehová los holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, con gozo y cantares, confo19Puso también porteros á las puertas de la casa de Jehová, para que por ninguna vía entrase ningún inmundo.20Tomó después los centuriones, y los principales, y los que gobernaban el pueblo; y á todo el pueblo de la tierra, y llevó al rey de la casa de Jehová; y viniendo hasta el medio de la puerta mayor de la casa del rey, sentaron al rey sobre el trono del rein21Y todo el pueblo del país hizo alegrías: y la ciudad estuvo quieta, muerto que hubieron á Athalía á cuchillo.

La coronación de Joás y su aparición pública desbaratan todos los cálculos de la malvada Atalía. De la misma manera, la resurrección de Jesús anuló el complot del enemigo.

La usurpadora es muerta a filo de espada. Su súbito castigo prefigura el del Anticristo, cuando el Señor aparezca. Ese “hombre de pecado” será echado vivo al lago de fuego al mismo tiempo que el jefe del imperio romano.

Empero, como su madre Jezabel, esta execrable mujer, Atalía, asesina de sus propios nietos, nos hace pensar igualmente en la falsa Iglesia, la gran cristiandad que lo es sólo de nombre. Quiso reinar y, para lograrlo, sacrificó a las almas de las cuales era responsable. ¿Cuál es el juicio del Señor?: “Porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto; por lo cual en un sólo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga” (Apocalipsis 18:7-8). A la muerte de Atalía le sigue la de Matán, sacerdote de Baal, y después, la solemne introducción del reinado de Joás.

2 Crónicas 24:1-3, 15-27
1DE SIETE años era Joas cuando comenzó á reinar, y cuarenta años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Sibia, de Beer-seba.2E hizo Joas lo recto en ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote.3Y tomó para él Joiada dos mujeres; y engendró hijos é hijas.
15Mas Joiada envejeció, y murió harto de días: de ciento y treinta años era cuando murió.16Y sepultáronlo en la ciudad de David con los reyes, por cuanto había hecho bien con Israel, y para con Dios, y con su casa.17Muerto Joiada, vinieron los príncipes de Judá, é hicieron acatamiento al rey; y el rey los oyó.18Y desampararon la casa de Jehová el Dios de sus padres, y sirvieron á los bosques y á las imágenes esculpidas; y la ira vino sobre Judá y Jerusalem por este su pecado.19Y envióles profetas, para que los redujesen á Jehová, los cuales les protestaron: mas ellos no los escucharon.20Y el espíritu de Dios envistió á Zachârías, hijo de Joiada el sacerdote, el cual estando sobre el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien de ello; porque por haber dejado á Jehová, el también21Mas ellos hicieron conspiración contra él, y cubriéronle de piedras por mandato del rey, en el patio de la casa de Jehová.22No tuvo pues memoria el rey Joas de la misericordia que su padre Joiada había hecho con él, antes matóle su hijo; el cual dijo al morir: Jehová lo vea, y lo requiera.23A la vuelta del año subió contra él el ejército de Siria; y vinieron á Judá y á Jerusalem, y destruyeron en el pueblo á todos los principales de él, y enviaron todos sus despojos al rey á Damasco.24Porque aunque el ejército de Siria había venido con poca gente, Jehová les entregó en sus manos un ejército muy numeroso; por cuanto habían dejado á Jehová el Dios de sus padres. Y con Joas hicieron juicios.25Y yéndose de él los Siros, dejáronlo en muchas enfermedades; y conspiraron contra él sus siervos á causa de las sangres de los hijos de Joiada el sacerdote, é hiriéronle en su cama, y murió: y sepultáronle en la ciudad de David, mas no lo sepultaron en lo26Los que conspiraron contra él fueron Zabad, hijo de Simath Ammonita, y Jozabad, hijo de Simrith Moabita.27De sus hijos, y de la multiplicación que hizo de las rentas, y de la instauración de la casa de Jehová, he aquí está escrito en la historia del libro de los reyes. Y reinó en su lugar Amasías su hijo.

Mientras Joiada vivía para dirigir a Joás, todo hacía pensar que él sería uno de los mejores reyes. Pero la muerte del sumo sacerdote da a su vida un giro fatal. ¿Cómo explicarlo? En lugar de apoyarse directamente en Dios —lo que es propio de la fe— Joás descansaba en su padre adoptivo, y cuando éste faltó, su fidelidad se derrumbó. No tenía una fe personal.

No se engañen, jóvenes lectores que tienen padres cristianos: la educación, las buenas costumbres, las más venturosas disposiciones, todas estas cosas no son fe. Y la fe de sus padres tampoco es la fe de ustedes. Una vez que ellos se hayan ido, a ustedes, ¿les quedará el Señor?

Vienen los príncipes del pueblo y halagan a Joás. “Y el rey los oyó” (v. 17; Proverbios 29:12). ¿Qué hace bajo su influencia? Hechos que nos hacen estremecer: ordena el homicidio del hijo de su bienhechor. El Señor recuerda a los fariseos hipócritas la muerte de Zacarías (cuyo nombre significa: aquel de quien Jehová se acuerda) en el momento en que están a punto de cometer un crimen aún más horrible (comp. Mateo 23:34-35; también véase Mateo 21:35-39).

2 Crónicas 25:1-13, 25-28
1DE VEINTICINCO años era Amasías cuando comenzó á reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalem: el nombre de su madre fué Joaddan, de Jerusalem.2Hizo él lo recto en los ojos de Jehová aunque no de perfecto corazón.3Y luego que fué confirmado en el reino, mató á sus siervos que habían muerto al rey su padre;4Mas no mató á los hijos de ellos, según lo que está escrito en la ley en el libro de Moisés, donde Jehová mandó, diciendo: No morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres; mas cada uno morirá por su pecado.5Juntó luego Amasías á Judá, y con arreglo á las familias púsoles tribunos y centuriones por todo Judá y Benjamín; y tomólos por lista de veinte años arriba, y fueron hallados en ellos trescientos mil escogidos para salir á la guerra, que tenían lanza y es6Y de Israel tomó á sueldo cien mil hombres valientes, por cien talentos de plata.7Mas un varón de Dios vino á él, diciéndole: Rey, no vaya contigo el ejército de Israel; porque Jehová no es con Israel, ni con todos los hijos de Ephraim.8Pero si tú vas, si lo haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque en Dios está la fortaleza, ó para ayudar, ó para derribar.9Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué pues se hará de cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios respondió: De Jehová es darte mucho más que esto.10Entonces Amasías apartó el escuadrón de la gente que había venido á él de Ephraim, para que se fuesen á sus casas: y ellos se enojaron grandemente contra Judá, y volviéronse á sus casas encolerizados.11Esforzándose entonces Amasías, sacó su pueblo, y vino al valle de la Sal: é hirió de los hijos de Seir diez mil.12Y los hijos de Judá tomaron vivos otros diez mil, los cuales llevaron á la cumbre de un peñasco, y de allí los despeñaron, y todos se hicieron pedazos.13Empero los del escuadrón que Amasías había despedido, porque no fuesen con él á la guerra, derramáronse sobre las ciudades de Judá, desde Samaria hasta Beth-oron, é hirieron de ellos tres mil, y tomaron un grande despojo.
25Y vivió Amasías hijo de Joas, rey de Judá, quince años después de la muerte de Joas hijo de Joachâz rey de Israel.26Lo demás de los hechos de Amasías, primeros y postreros, ¿no está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel?27Desde aquel tiempo que Amasías se apartó de Jehová, maquinaron contra él conjuración en Jerusalem; y habiendo él huído á Lachîs, enviaron tras él á Lachîs, y allá lo mataron;28Y trajéronlo en caballos, y sepultáronlo con sus padres en la ciudad de Judá.

Amasías sucede a su padre Joás. En general, empieza haciendo lo que es recto ante los ojos de Jehová. Pero se agrega: “aunque no de perfecto corazón”. Un perfecto corazón no significa que el pecado esté ausente de él, sino que contiene la decidida voluntad de hacer sólo una cosa: agradar a Dios, obedeciéndole (comp. esta palabra en Filipenses 3:15 con el versículo que la precede).

Primera falta: Amasías sale a la guerra contra Edom y toma a sueldo a cien mil mercenarios de Israel para reforzar su ejército. Reprendido por un varón de Dios, se somete y triunfa sobre sus enemigos. Pero después, ¡qué decadencia! En el dividido corazón de Amasías los ídolos de los edomitas hallan un lugar (véase v. 14). Y como no es posible servir a la vez a Dios y a los ídolos (Mateo 6:24; Lucas 16:13), desde ese momento Jehová desaparece de su pensamiento. Amasías se ha apartado de Jehová (v. 27). Si Jesús no llena todo nuestro corazón, el enemigo sabrá qué poner en el lugar que ha quedado vacío.

Después de haber sufrido una amarga derrota ante el rey de Israel, el pobre Amasías aún vive quince años; luego lo matan, sin que él haya manifestado signo alguno de arrepentimiento.

2 Crónicas 26:1-15
1ENTONCES todo el pueblo de Judá tomó á Uzzías, el cual era de diez y seis años, y pusiéronlo por rey en lugar de Amasías su padre.2Edificó él á Eloth, y la restituyó á Judá después que el rey durmió con sus padres.3De diez y seis años era Uzzías cuando comenzó á reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Jechôlía, de Jerusalem.4E hizo lo recto en los ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que había hecho Amasías su padre.5Y persistió en buscar á Dios en los días de Zachârías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que él buscó á Jehová, él le prosperó.6Y salió, y peleó contra los Filisteos, y rompió el muro de Gath, y el muro de Jabnia, y el muro de Asdod; y edificó ciudades en Asdod, y en la tierra de los Filisteos.7Y dióle Dios ayuda contra los Filisteos, y contra los Arabes que habitaban en Gur-baal, y contra los Ammonitas.8Y dieron los Ammonitas presentes á Uzzías, y divulgóse su nombre hasta la entrada de Egipto; porque se había hecho altamente poderoso.9Edificó también Uzzías torres en Jerusalem, junto á la puerta del ángulo, y junto á la puerta del valle, y junto á las esquinas; y fortificólas.10Asimismo edificó torres en el desierto, y abrió muchas cisternas: porque tuvo muchos ganados, así en los valles como en las vegas; y viñas, y labranzas, así en los montes como en los llanos fértiles; porque era amigo de la agricultura.11Tuvo también Uzzías escuadrones de guerreros, los cuales salían á la guerra en ejército, según que estaban por lista hecha por mano de Jehiel escriba y de Maasías gobernador, y por mano de Hananías, uno de los príncipes del rey.12Todo el número de los jefes de familias, valientes y esforzados, era dos mil y seiscientos.13Y bajo la mano de éstos estaba el ejército de guerra, de trescientos siete mil y quinientos guerreros poderosos y fuertes para ayudar al rey contra los enemigos.14Y aprestóles Uzzías para todo el ejército, escudos, lanzas, almetes, coseletes, arcos, y hondas de tirar piedras.15E hizo en Jerusalem máquinas por industria de ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras, y su fama se extendió lejos, porque se ayudó maravillosamente, hasta hacerse fuerte.

Se nos presenta al rey Uzías como un hombre de espíritu excepcionalmente amplio. Su largo reinado tan particular, ya que duró cincuenta y dos años, se caracteriza por una constante actividad. El rey cuida que no le falte nada a su pueblo: pozos, ganado, labranzas, viñas, todo esto acompañado con una fuerte protección militar. En resumen, asegura prosperidad y seguridad a su reinado.

¿No tienden los esfuerzos de los hombres hacia estas dos metas? Y en general, ¿a qué los conduce esto? ¿A ser más agradecidos para con Dios? ¿A emplear sus bienes en el servicio del Señor? ¡No!, más bien a atribuirse el mérito de ello, a confiar en las riquezas adquiridas y a gozar de ellas egoístamente. Estos mismos peligros amenazan a un creyente que está materialmente a sus anchas. Corre el riesgo de apoyarse en sus propios recursos y de sentirse fuerte. Por eso mismo deja de contar con la maravillosa ayuda de Dios (v. 15) y pierde el beneficio que ello implica. En estas condiciones, la caída no tardará.

Uzías había preparado todo para resistir un asalto exterior. Pero había descuidado velar sobre el frente interior, dicho de otro modo, sobre su propio corazón.

2 Crónicas 26:16-23
16Mas cuando fué fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar sahumerios en el altar del perfume.17Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, de los valientes.18Y pusiéronse contra el rey Uzzías, y dijéronle: No á ti, oh Uzzías, el quemar perfume á Jehová, sino á los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo: sal del santuario, por que has prevaricado, y no te será para gloria delante del Dios 19Y airóse Uzzías, que tenía el perfume en la mano para quemarlo; y en esta su ira contra los sacerdotes, la lepra le salió en la frente delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del perfume.20Y miróle Azarías el sumo sacerdote, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; é hiciéronle salir apriesa de aquel lugar; y él también se dió priesa á salir, porque Jehová lo había herido.21Así el rey Uzzías fué leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una casa apartada, leproso, por lo que había sido separado de la casa de Jehová; y Joatham su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra.22Lo demás de los hechos de Uzzías, primeros y postreros, escribiólo Isaías profeta, hijo de Amós.23Y durmió Uzzías con sus padres, y sepultáronlo con sus padres en el campo de los sepulcros reales; porque dijeron: Leproso es. Y reinó Joatham su hijo en lugar suyo.

Cinco reyes: Asa, Josafat, Joás, Amasías, Uzías. ¡Cinco historias que tienen entre ellas una trágica semejanza! Cinco veces un reinado con un comienzo feliz cae en una trampa diferente que lo conduce a la fatal caída.

Retengamos bien el nombre de cada una de esas trampas. Porque el astuto enemigo no ha dejado de emplearlas para hacer tropezar a los hijos de Dios. Para Asa, se trató del apoyo del mundo; para Josafat, de su alianza y amistad; Joás cayó a causa de sus halagos, mientras que Amasías se apartó tras sus ídolos. Finalmente vemos aquí que el orgullo espiritual (1 Juan 2:16) hace tropezar a Uzías.

El nombre de ese rey significa “fuerza de Dios”; llegado el momento en que sacó fuerza de sí mismo, esto le provocó su ruina (v. 16). Frente a los sacerdotes, a quienes tiene el atrevimiento de reemplazar en sus santas funciones, es herido solemnemente por mano de Jehová (Proverbios 16:18).

El orgullo está en el fondo de cada uno de nuestros corazones desde mucho antes de hacer su aparición exterior como una lepra en nuestra frente. Si lo juzgamos inmediatamente, Dios no se verá obligado a hacerlo, infligiéndonos quizás una pública humillación.

2 Crónicas 27:1-9
1DE VEINTICINCO años era Joatham cuando comenzó á reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fué Jerusa, hija de Sadoc.2E hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que había hecho Uzzías su padre, salvo que no entró en el templo de Jehová. Y el pueblo falseaba aún.3Edificó él la puerta mayor de la casa de Jehová, y en el muro de la fortaleza edificó mucho.4Además edificó ciudades en las montañas de Judá, y labró palacios y torres en los bosques.5También tuvo él guerra con el rey de los hijos de Ammón, á los cuales venció; y diéronle los hijos de Ammón en aquel año cien talentos de plata, y diez mil coros de trigo, y diez mil de cebada. Esto le dieron los hijos de Ammón, y lo mismo en el segundo a6Así que Joatham fué fortificado, porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios.7Lo demás de los hechos de Joatham, y todas sus guerras, y sus caminos, he aquí está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá.8Cuando comenzó á reinar era de veinticinco años, y dieciséis reinó en Jerusalem.9Y durmió Joatham con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de David; y reinó en su lugar Achâz su hijo.

Este corto capítulo tiene solamente buenas cosas que decirnos de Jotam, hijo y sucesor de Uzías. Aunque él también se hizo fuerte (v. 6), supo sacar provecho de la terrible lección recibida por su padre, como lo subraya el versículo 2. ¡Es una señal de sabiduría! Si nos dejamos instruir por la experiencia de otro, evitaremos tener que pasar por la misma dolorosa lección. Jotam triunfa sobre los hijos de Amón. ¿Cuál es su secreto? Retengámoslo si deseamos adquirir esta fuerza divina: “Ordenó sus caminos delante de Jehová su Dios” (v. 6, V.M.) Ordenar sus caminos es poner su andar de acuerdo con las instrucciones de la Palabra, es disponerlos delante de Dios como para solicitar su aprobación. “Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal” (Proverbios 4:26-27).

¡Desgraciadamente el pueblo no sigue el ejemplo de ese rey fiel! Continúa corrompiéndose (v. 2). El tiempo de Jotam no corresponde, pues, a un despertar como el que el Espíritu de Dios producirá bajo los reinados de Ezequías y Josías.

2 Crónicas 28:1-15
1DE VEINTE años era Achâz cuando comenzó á reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalem: mas no hizo lo recto en ojos de Jehová, como David su padre.2Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes de fundición á los Baales.3Quemó también perfume en el valle de los hijos de Hinnom, y quemó sus hijos por fuego, conforme á las abominaciones de las gentes que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.4Asimismo sacrificó y quemó perfumes en los altos, y en los collados, y debajo de todo árbol espeso.5Por lo cual Jehová su Dios lo entregó en manos del rey de los Siros, los cuales le derrotaron, y cogieron de él una grande presa, que llevaron á Damasco. Fué también entregado en manos del rey de Israel, el cual lo batió con gran mortandad.6Porque Peca, hijo de Remalías mató en Judá en un día ciento y veinte mil, todos hombres valientes; por cuanto habían dejado á Jehová el Dios de sus padres.7Asimismo Zichri, hombre poderoso de Ephraim, mató á Maasías hijo del rey, y á Azricam su mayordomo, y á Elcana, segundo después del rey.8Tomaron también cautivos los hijos de Israel de sus hermanos doscientos mil, mujeres, muchachos, y muchachas, á más de haber saqueado de ellos un gran despojo, el cual trajeron á Samaria.9Había entonces allí un profeta de Jehová, que se llamaba Obed, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y díjoles: He aquí Jehová el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Judá, los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los10Y ahora habéis determinado sujetar á vosotros á Judá y á Jerusalem por siervos y siervas: mas ¿no habéis vosotros pecado contra Jehová vuestro Dios?11Oidme pues ahora, y volved á enviar los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos: porque Jehová está airado contra vosotros.12Levantáronse entonces algunos varones de los principales de los hijos de Ephraim, Azarías hijo de Johanán, y Berechîas hijo de Mesillemoth, y Ezechîas hijo de Sallum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que venían de la guerra.13Y dijéronles: No metáis acá la cautividad; porque el pecado contra Jehová será sobre nosotros. Vosotros tratáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo asaz grande nuestro delito, y la ira del furor sobre Israel.14Entonces el ejército dejó los cautivos y la presa delante de los príncipes y de toda la multitud.15Y levantáronse los varones nombrados, y tomaron los cautivos, y vistieron del despojo á los que de ellos estaban desnudos; vistiéronlos y calzáronlos, y diéronles de comer y de beber, y ungiéronlos, y condujeron en asnos á todos los flacos, y lleváronlos

En contraste con Jotam, de quien sólo se nos habla bien, ni una palabra puede ser dicha en beneficio de su hijo, el miserable Acaz. ¡En ese horrible reinado todo es un ultraje a Jehová! ¡En qué estado cayó el pueblo de Judá! Para castigarlo, Dios emplea sucesivamente al rey de Siria y al de Israel. En un día, este último mata ciento veinte mil hombres y se apodera de doscientas mil personas más. Pero, como viene a declararlo el profeta Obed, la lección vale tanto para el vencedor como para el vencido. ¿Y no sirve también para nosotros? Antes de juzgar a otros, preguntémonos si no tenemos también pecados contra Dios, que sólo nos conciernen a nosotros (v. 10; Mateo 7:2-4). En este sentido habló Obed a los hombres de Israel. Cuatro de ellos, citados con sus nombres, son profundamente conmovidos e interceden a favor de los cautivos. Y, después de haber logrado su liberación, multiplican los cuidados para con ellos y los conducen de vuelta a Judá. Ponen en práctica Romanos 12:20-21. ¡Qué hermoso ejemplo de amor y abnegación! ¿No nos hace pensar en la manera en que obra el samaritano de la parábola? (Lucas 10:33-34).

2 Crónicas 28:16-27
16En aquel tiempo envió á pedir el rey Achâz á los reyes de Asiria que le ayudasen:17Porque á más de esto, los Idumeos habían venido y herido á los de Judá, y habían llevado cautivos.18Asimismo los Filisteos se habían derramado por las ciudades de la llanura, y al mediodía de Judá, y habían tomado á Beth-semes, á Ajalón, Gederoth, y Sochô con sus aldeas, Timna también con sus aldeas, y Gimzo con sus aldeas; y habitaban en ellas.19Porque Jehová había humillado á Judá por causa de Achâz rey de Israel: por cuanto él había desnudado á Judá, y rebeládose gravemente contra Jehová.20Y vino contra él Tilgath-pilneser, rey de los Asirios: pues lo redujo á estrechez, y no lo fortificó.21Aunque despojó Achâz la casa de Jehová, y la casa real, y las de los príncipes, para dar al rey de los Asirios, con todo eso él no le ayudó.22Además el rey Achâz en el tiempo que aquél le apuraba, añadió prevaricación contra Jehová;23Porque sacrificó á los dioses de Damasco que le habían herido, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también sacrificaré á ellos para que me ayuden; bien que fueron éstos su ruina, y la de todo Israel.24A más de eso recogió Achâz los vasos de la casa de Dios, y quebrólos, y cerró las puertas de la casa de Jehová, é hízose altares en Jerusalem en todos los rincones.25Hizo también altos en todas las ciudades de Judá, para quemar perfumes á los dioses ajenos, provocando así á ira á Jehová el Dios de sus padres.26Lo demás de sus hechos, y todos sus caminos, primeros y postreros, he aquí ello está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel.27Y durmió Achâz con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de Jerusalem: mas no le metieron en los sepulcros de los reyes de Israel; y reinó en su lugar Ezechîas su hijo.

Insensible a la gracia que le había devuelto los cautivos de su pueblo, Acaz se hunde cada vez más en el mal. Ahora busca ayuda de parte del rey de Asiria. Sin embargo está escrito: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo” (Jeremías 17:5). A pesar de las riquezas que da a Tiglat-pileser, despojando el templo, ese rey “no le ayudó” (v. 21). Entonces el impío Acaz agrega algo más a su pecado. Busca la ayuda —que los hombres no le dan— junto a los ídolos, dicho de otro modo, junto a los demonios (1 Corintios 10:20). Pero, evidentemente, no sólo no la obtiene, sino que es la señal de su propia ruina.

Al mismo tiempo, para colmar la medida, Acaz cierra las puertas del templo, como se hace con una casa en venta o abandonada. Prohibe el acceso al santo santuario, después de haberlo llenado de suciedad e inmundicias (cap. 29:5 y 16). La declaración de la Palabra es terminante: “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él” (1 Corintios 3:17). ¡Sí, se colma la medida! Acaz muere y ni siquiera se lo considera digno de compartir el sepulcro con sus antepasados.

2 Crónicas 29:1-19
1Y Ezechîas comenzó á reinar siendo de veinticinco años, y reinó veintinueve años en Jerusalem. El nombre de su madre fué Abía, hija de Zachârías.2E hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme á todas las cosas que había hecho David su padre.3En el primer año de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó.4E hizo venir los sacerdotes y Levitas, y juntólos en la plaza oriental.5Y díjoles: Oidme, Levitas, y santificaos ahora, y santificaréis la casa de Jehová el Dios de vuestros padres, y sacaréis del santuario la inmundicia.6Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo en ojos de Jehová nuestro Dios; que le dejaron, y apartaron sus ojos del tabernáculo de Jehová, y le volvieron las espaldas.7Y aun cerraron las puertas del pórtico, y apagaron las lámparas; no quemaron perfume, ni sacrificaron holocausto en el santuario al Dios de Israel.8Por tanto la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalem, y los ha entregado á turbación, y á execración y escarnio, como veis vosotros con vuestros ojos.9Y he aquí nuestros padres han caído á cuchillo, nuestros hijos y nuestras hijas y nuestras mujeres son cautivas por esto.10Ahora pues, yo he determinado hacer alianza con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros la ira de su furor.11Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha escogido á vosotros para que estéis delante de él, y le sirváis, y seáis sus ministros, y le queméis perfume.12Entonces los Levitas se levantaron, Mahath hijo de Amasai, y Joel hijo de Azarías, de los hijos de Coath; y de los hijos de Merari, Cis hijo de Abdi, y Azarías hijo de Jehaleleel; y de los hijos de Gersón, Joah hijo de Zimma, y Edén hijo de Joah;13Y de los hijos de Elisaphán, Simri y Jehiel; y de los hijos de Asaph, Zachârías y Mathanías;14Y de los hijos de Hemán, Jehiel y Simi; y de los hijos de Jeduthún, Semeías y Uzziel.15Estos juntaron á sus hermanos, y santificáronse, y entraron, conforme al mandamiento del rey y las palabras de Jehová, para limpiar la casa de Jehová.16Y entrando los sacerdotes dentro de la casa de Jehová para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo de Jehová, al atrio de la casa de Jehová; la cual tomaron los Levitas, para sacarla fuera al torrente de Cedrón.17Y comenzaron á santificar el primero del mes primero, y á los ocho del mismo mes vinieron al pórtico de Jehová: y santificaron la casa de Jehová en ocho días, y en el dieciséis del mes primero acabaron.18Luego pasaron al rey Ezechîas y dijéronle: Ya hemos limpiado toda la casa de Jehová, el altar del holocausto, y todos sus instrumentos, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios.19Asimismo hemos preparado y santificado todos los vasos que en su prevaricación había maltratado el rey Achâz, cuando reinaba: y he aquí están delante del altar de Jehová.

Aunque las Crónicas no lo mencionan, llegamos al momento en que Jehová acaba de transportar en cautiverio a las diez tribus de Israel, por medio del rey de Asiria. Acaz brindó a Dios todos los motivos para que hiciera otro tanto con el reino de Judá. Pero la gracia tiene todavía un recurso que nada dejaba prever. Es un rey fiel: Ezequías. La providencia de Dios lo hizo escapar de los horribles sacrificios de niños a Moloc, de los cuales sus hermanos fueron víctimas (cap. 28:3; 2 Reyes 16:3; 23:10). Es “un tizón arrebatado del incendio” (Zacarías 3:2). ¡Cuánto debió sufrir este joven bajo el infame reinado de su padre! Apenas ocupa el trono, sin perder un solo día, con la ayuda de los sacerdotes y los levitas designados por sus nombres, emprende la obra de purificación, que comienza el primer día, del primer mes, del primer año (v. 3 y 17).

Queridos amigos, comiencen sin tardar la puesta en orden de su corazón, si no lo han hecho todavía. Abran de par en par las puertas a Aquel que quiere penetrar en él. Echen fuera la inmundicia tolerada bajo el precedente reinado del príncipe de las tinieblas. Santifiquen su corazón para Jesucristo. Él quiere morar en él, desde hoy y para siempre.

2 Crónicas 29:20-36
20Y levantándose de mañana el rey Ezechîas reunió los principales de la ciudad, y subió á la casa de Jehová.21Y presentaron siete novillos, siete carneros, siete corderos, y siete machos de cabrío, para expiación por el reino, por el santuario y por Judá. Y dijo á los sacerdotes hijos de Aarón, que los ofreciesen sobre el altar de Jehová.22Mataron pues los bueyes, y los sacerdotes tomaron la sangre, y esparciéronla sobre el altar; mataron luego los carneros, y esparcieron la sangre sobre el altar; asimismo mataron los corderos, y esparcieron la sangre sobre el altar.23Hicieron después llegar los machos cabríos de la expiación delante del rey y de la multitud, y pusieron sobre ellos sus manos:24Y los sacerdotes los mataron, y expiando esparcieron la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar á todo Israel: porque por todo Israel mandó el rey hacer el holocausto y la expiación.25Puso también Levitas en la casa de Jehová con címbalos, y salterios, y arpas, conforme al mandamiento de David, y de Gad vidente del rey, y de Nathán profeta: porque aquel mandamiento fué por mano de Jehová, por mano de sus profetas.26Y los Levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas.27Entonces mandó Ezechîas sacrificar el holocausto en el altar; y al tiempo que comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová, con las trompetas y los instrumentos de David rey de Israel.28Y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y los trompetas sonaban las trompetas; todo hasta acabarse el holocausto.29Y como acabaron de ofrecer, inclinóse el rey, y todos los que con él estaban, y adoraron.30Entonces el rey Ezechîas y los príncipes dijeron á los Levitas que alabasen á Jehová por las palabras de David y de Asaph vidente: y ellos alabaron con grande alegría, é inclinándose adoraron.31Y respondiendo Ezechîas dijo: Vosotros os habéis consagrado ahora á Jehová; llegaos pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todo liberal de corazón, holocaustos.32Y fué el número de los holocaustos que trajo la congregación, setenta bueyes, cien carneros, doscientos corderos; todo para el holocausto de Jehová.33Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes, y tres mil ovejas.34Mas los sacerdotes eran pocos, y no podían bastar á desollar los holocaustos; y así sus hermanos los Levitas les ayudaron hasta que acabaron la obra, y hasta que los sacerdotes se santificaron: porque los Levitas tuvieron mayor prontitud de corazón para s35Así pues hubo gran multitud de holocaustos, con sebos de pacíficos, y libaciones de cada holocausto. Y quedó ordenado el servicio de la casa de Jehová.36Y alegróse Ezechîas, y todo el pueblo, de que Dios hubiese preparado el pueblo; porque la cosa fué prestamente hecha.

Nada menos que dieciséis días son necesarios para que los catorce levitas y sus hermanos terminaran completamente la limpieza de la casa de Jehová y la pusieran en orden. Pero no basta que sea “desocupada, barrida y adornada” (Mateo 12:44). Ahora se debe restablecer el culto de Jehová. Apenas realizada la santificación del santuario, Ezequías, nuevamente, actúa en seguida; se levanta temprano para ofrecer los sacrificios en companía de los principales de la ciudad y los sacerdotes (pero sin tomar el lugar de éstos, como lo hizo Uzías). Notemos que el holocausto y la ofrenda de expiación son hechos para todo Israel (v. 24). No lo olvidemos: los creyentes que recuerdan al Señor alrededor de Su mesa sólo son una débil «expresión» de todo el pueblo de Dios. El pan y la copa recuerdan el sacrificio ofrecido no sólo para el pequeño número de los que están presentes, sino para la multitud de los redimidos que componen la Iglesia universal.

Finalmente, el cántico acompaña el holocausto (v. 27-28). No podía precederlo. No había alabanza ni gozo posible antes de la obra del Gólgota. Pero ahora que está cumplida una vez para siempre, puede comenzar el servicio de los verdaderos adoradores… y nunca se acabará (Salmo 84:4).

2 Crónicas 30:1-14
1ENVIO también Ezechîas por todo Israel y Judá, y escribió letras á Ephraim y Manasés, que viniesen á Jerusalem á la casa de Jehová, para celebrar la pascua á Jehová Dios de Israel.2Y había el rey tomado consejo con sus príncipes, y con toda la congregación en Jerusalem, para celebrar la pascua en el mes segundo:3Porque entonces no la podían celebrar, por cuanto no había suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo estaba junto en Jerusalem.4Esto agradó al rey y á toda la multitud.5Y determinaron hacer pasar pregón por todo Israel, desde Beer-seba hasta Dan, para que viniesen á celebrar la pascua á Jehová Dios de Israel, en Jerusalem: porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo que está escrito.6Fueron pues correos con letras de mano del rey y de sus príncipes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decían: Hijos de Israel, volveos á Jehová el Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, y él se volverá á las reliquias que os han queda7No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Jehová el Dios de sus padres, y él los entregó á desolación, como vosotros veis.8No endurezcáis pues ahora vuestra cerviz como vuestros padres: dad la mano á Jehová, y venid á su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid á Jehová vuestro Dios, y la ira de su furor se apartará de vosotros.9Porque si os volviereis á Jehová, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de los que los tienen cautivos, y volverán á esta tierra: porque Jehová vuestro Dios es clemente y misericordioso, y no volverá de vosotros su rostro, si vo10Pasaron pues los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Ephraim y Manasés, hasta Zabulón: mas se reían y burlaban de ellos.11Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés, y de Zabulón, se humillaron, y vinieron á Jerusalem.12En Judá también fué la mano de Dios para darles un corazón para cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme á la palabra de Jehová.13Y juntóse en Jerusalem mucha gente para celebrar la solemnidad de los ázimos en el mes segundo; una vasta reunión.14Y levantándose, quitaron los altares que había en Jerusalem; quitaron también todos los altares de perfumes, y echáronlos en el torrente de Cedrón.

El inteligente corazón de Ezequías comprende que ahora se debe restablecer la Pascua. Ésta tendrá lugar en el segundo mes, como lo autoriza Números 9:11. El amplio corazón de Ezequías abarca a todo Israel, adonde envía mensajeros… lo mismo que hoy en día el Señor hace publicar en todas partes la invitación de su gracia. ¿Halla en usted y en mí siervos a quienes puede encargar el precioso mensaje? ¿Qué contiene éste?:

1. “Volveos a Jehová”: es el arrepentimiento

2. “Dad la mano a Jehová”: es la fe (v. 8, V.M.)

3. “Venid a su santuario”: es buscar el lugar de su presencia

4. “Servid a Jehová”

5. “Vuestro Dios es clemente y misericordioso” (v. 9).

Semejante mensaje encuentra muchas burlas (v. 10). La mayoría reserva una acogida incrédula e indiferente a los llamados de la gracia. No obstante, vale la pena hacerlos oír, ya que algunos se humillan y van a Jerusalén donde se reúne una gran congregación. Allí sigue la purificación empezada por los levitas. Los altares que Acaz se había hecho “en todos los rincones” de Jerusalén (cap. 28:24) van a encontrarse con las inmundicias del templo en el fondo del torrente de Cedrón (cap. 29:16).

2 Crónicas 30:15-27
15Entonces sacrificaron la pascua, á los catorce del mes segundo; y los sacerdotes y los Levitas se santificaron con vergüenza, y trajeron los holocaustos á la casa de Jehová.16Y pusiéronse en su orden conforme á su costumbre, conforme á la ley de Moisés varón de Dios; los sacerdotes esparcían la sangre que recibían de manos de los Levitas:17Porque había muchos en la congregación que no estaban santificados, y por eso los Levitas sacrificaban la pascua por todos los que no se habían limpiado, para santificarlos á Jehová.18Porque una gran multitud del pueblo de Ephraim y Manasés, y de Issachâr y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua no conforme á lo que está escrito. Mas Ezechîas oró por ellos, diciendo: Jehová, que es bueno, sea propicio á todo aquel que h19A Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté purificado según la purificación del santuario.20Y oyó Jehová á Ezechîas, y sanó al pueblo.21Así celebraron los hijos de Israel que se hallaron en Jerusalem, la solemnidad de los panes sin levadura por siete días con grande gozo: y alababan á Jehová todos los días los Levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos de fortaleza á Jehová.22Y habló Ezechîas al corazón de todos los Levitas que tenían buena inteligencia en el servicio de Jehová. Y comieron de lo sacrificado en la solemnidad por siete días, ofreciendo sacrificios pacíficos, y dando gracias á Jehová el Dios de sus padres.23Y toda aquella multitud determinó que celebrasen otros siete días; y celebraron otros siete días con alegría.24Porque Ezechîas rey de Judá había dado á la multitud mil novillos y siete mil ovejas; y también los príncipes dieron al pueblo mil novillos y diez mil ovejas: y muchos sacerdotes se santificaron.25Alegróse pues toda la congregación de Judá, como también los sacerdotes y Levitas, y toda la multitud que había venido de Israel; asimismo los extranjeros que habían venido de la tierra de Israel, y los que habitaban en Judá.26E hiciéronse grandes alegrías en Jerusalem: porque desde los días de Salomón hijo de David rey de Israel, no había habido cosa tal en Jerusalem.27Levantándose después los sacerdotes y Levitas, bendijeron al pueblo: y la voz de ellos fué oída, y su oración llegó á la habitación de su santuario, al cielo.

Como el rey de la parábola, Ezequías hizo proclamar en todo el país la invitación de la gracia: “He aquí, he preparado mi comida… todo está dispuesto; venid” (Mateo 22:4). Muchos no lo tuvieron en cuenta. Y de los que vinieron, una gran parte no estaban santificados (v. 17). ¿Qué hacer? ¿Deben ser enviados de vuelta a casa? ¡En absoluto! Al igual que los convidados al gran festín reciben un vestido de boda del rey, la gracia de Dios se ocupa de purificar a esos israelitas, a fin de hacerlos aptos para su santa presencia. Y esa purificación se cumple precisamente por medio de la Pascua que vinieron a celebrar. La sangre de las víctimas sacrificadas provee a su santificación.

Pensamos en la sangre de Jesús, el santo Cordero de Dios. Ella nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).

En cuanto a los débiles e ignorantes, Ezequías, figura de Cristo, intercede a su favor para que Dios los perdone.

Luego viene la fiesta de los panes sin levadura. Nos habla de la santificación práctica. La acompaña un gran gozo, prueba de que la separación para Dios de ningún modo es sinónimo de tristeza. Y la oración de los portavoces del pueblo alcanza su meta: llega a la santa morada de Jehová en los cielos.

2 Crónicas 31:1-8
1HECHAS todas estas cosas, todos los de Israel que se habían hallado allí, salieron por las ciudades de Judá, y quebraron las estatuas y destruyeron los bosques, y derribaron los altos y los altares por todo Judá y Benjamín, y también en Ephraim y Manasés,2Y arregló Ezechîas los repartimientos de los sacerdotes y de los Levitas conforme á sus órdenes, cada uno según su oficio, los sacerdotes y los Levitas para el holocausto y pacíficos, para que ministrasen, para que confesasen y alabasen á las puertas de l3La contribución del rey de su hacienda, era holocaustos á mañana y tarde, y holocaustos para los sábados, nuevas lunas, y solemnidades, como está escrito en la ley de Jehová.4Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalem, que diesen la porción á los sacerdotes y Levitas, para que se esforzasen en la ley de Jehová.5Y como este edicto fué divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra: trajeron asimismo los diezmos de todas las cosas en abundancia.6También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas: y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido á Jehová su Dios, y pusiéronlos por m7En el mes tercero comenzaron á fundar aquellos montones, y en el mes séptimo acabaron.8Y Ezechîas y los príncipes vinieron á ver los montones, y bendijeron á Jehová, y á su pueblo Israel.

Los israelitas que respondieron al llamado de Ezequías gozaron grandemente de la presencia de Jehová. Ahora se van llenos de celo, destruyendo por el país toda huella de la religión de los ídolos. Al experimentar personalmente el valor del verdadero culto a Dios, ahora reconocen cuánto se habían apartado de él anteriormente.

Es una verdad de gran importancia. Para ser capaz de juzgar el mal, primero se debe encontrar al Señor. Es inútil exhortar sencillamente a alguien a rechazar el mundo y sus ídolos. Empecemos por conducir esa persona a Jesús; esto dará sus frutos. Tal es la lección que Ezequías nos da aquí.

La beneficencia no se separa de los demás sacrificios (véase Hebreos 13:15-16). Las primicias y los diezmos se amontonan en ocasión de las dos grandes fiestas anuales que seguían a la Pascua: Pentecostés en el tercer mes, y los Tabernáculos en el séptimo (v. 7). El rey toma de sus propios bienes lo que es necesario para los holocaustos. Y el pueblo lo imita, como ya lo había hecho al destruir los falsos dioses. La fuerza del ejemplo es más grande que la de las palabras. En lo que nos concierne, no lo olvidemos (véase 2 Tesalonicenses 3:7-9).

2 Crónicas 31:9-21
9Y preguntó Ezechîas á los sacerdotes y á los Levitas acerca de los montones.10Y respondióle Azarías, sumo sacerdote, de la casa de Sadoc, y dijo: Desde que comenzaron á traer la ofrenda á la casa de Jehová, hemos comido y saciádonos, y nos ha sobrado mucho: porque Jehová ha bendecido su pueblo, y ha quedado esta muchedumbre.11Entonces mandó Ezechîas que preparasen cámaras en la casa de Jehová; y preparáronlas.12Y metieron las primicias y diezmos y las cosas consagradas, fielmente; y dieron cargo de ello á Chônanías Levita, el principal, y Simi su hermano fué el segundo.13Y Jehiel, Azazías, Nahath, Asael, Jerimoth, Josabad, Eliel, Ismachîas, Mahaath, y Benaías, fueron sobrestantes bajo la mano de Chônanías y de Simi su hermano, por mandamiento del rey Ezechîas y de Azarías, príncipe de la casa de Dios.14Y Coré hijo de Imna Levita, portero al oriente, tenía cargo de las limosnas de Dios, y de las ofrendas de Jehová que se daban, y de todo lo que se santificaba.15Y á su mano estaba Edén, Benjamín, Jeshua, Semaías, Amarías, y Sechânías, en las ciudades de los sacerdotes, para dar con fidelidad á sus hermanos sus partes conforme á sus órdenes, así al mayor como al menor:16A más de los varones anotados por sus linajes, de tres años arriba, á todos los que entraban en la casa de Jehová, su porción diaria por su ministerio, según sus oficios y clases;17También á los que eran contados entre los sacerdotes por las familias de sus padres, y á los Levitas de edad de veinte años arriba, conforme á sus oficios y órdenes;18Asimismo á los de su generación con todos sus niños, y sus mujeres, y sus hijos é hijas, á toda la familia; porque con fidelidad se consagraban á las cosas santas.19Del mismo modo en orden á los hijos de Aarón, sacerdotes, que estaban en los ejidos de sus ciudades, por todas las ciudades, los varones nombrados tenían cargo de dar sus porciones á todos los varones de los sacerdotes, y á todo el linaje de los Levitas.20De esta manera hizo Ezechîas en todo Judá: y ejecutó lo bueno, recto, y verdadero, delante de Jehová su Dios.21En todo cuanto comenzó en el servicio de la casa de Dios, y en la ley y mandamientos, buscó á su Dios, é hízolo de todo corazón, y fué prosperado.

El rey interroga a los sacerdotes respecto de los “montones”. De la misma manera, el Señor se entera de todo lo que damos (o no damos) para él. Siempre será poca cosa: “Cinco panes de cebada y dos pececillos” (Juan 6:9), pero él sabrá multiplicarlo. Y habrá de sobra después que cada uno haya sido saciado (v. 10; véase Juan 6:12 y también Malaquías 3:10). Nada de lo que Dios nos da debe perderse o despilfarrarse.

Se designan mayordomos y administradores. Para unos, sus funciones consisten en encargarse de las provisiones, para otros, en distribuir “con fidelidad a sus hermanos sus porciones” (v. 15). “Ahora bien —dice el apóstol—, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:2). Él mismo dio ejemplo de ello cuando fue personalmente a Jerusalén a llevar el producto de una colecta (Romanos 15:25-26; 1 Corintios 16:3-4). Pero esa fidelidad no es menos importante cuando se trata del alimento espiritual para el pueblo de Dios.

Ezequías hizo lo bueno, recto y verdadero, de todo corazón. Es un hermoso resumen de su actividad. ¡Ojalá el Señor pueda decir otro tanto de cada uno de nosotros al fin de nuestra carrera!

2 Crónicas 32:1-15
1DESPUÉS de estas cosas y de esta fidelidad, vino Sennachêrib rey de los Asirios, entró en Judá, y asentó campo contra las ciudades fuertes, y determinó de entrar en ellas.2Viendo pues Ezechîas la venida de Sennachêrib, y su aspecto de combatir á Jerusalem,3Tuvo su consejo con sus príncipes y con sus valerosos, sobre cegar las fuentes de las aguas que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron.4Juntóse pues mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes, y el arroyo que derrama por en medio del territorio, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vinieren?5Alentóse así Ezechîas, y edificó todos los muros caídos, é hizo alzar las torres, y otro muro por de fuera: fortificó además á Millo en la ciudad de David, é hizo muchas espadas y paveses.6Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, é hízolos reunir así en la plaza de la puerta de la ciudad, y hablóles al corazón de ellos, diciendo:7Esforzaos y confortaos; no temáis, ni hayáis miedo del rey de Asiria, ni de toda su multitud que con él viene; porque más son con nosotros que con él.8Con él es el brazo de carne, mas con nosotros Jehová nuestro Dios para ayudarnos, y pelear nuestras batallas. Y afirmóse el pueblo sobre las palabras de Ezechîas rey de Judá.9Después de esto Sennachêrib rey de los Asirios, estando él sobre Lachîs y con él toda su potencia, envió sus siervos á Jerusalem, para decir á Ezechîas rey de Judá, y á todos los de Judá que estaban en Jerusalem:10Así ha dicho Sennachêrib rey de los Asirios: ¿En quién confiáis vosotros para estar cercados en Jerusalem?11¿No os engaña Ezechîas para entregaros á muerte, á hambre, y á sed, diciendo: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria?12¿No es Ezechîas el que ha quitado sus altos y sus altares, y dijo á Judá y á Jerusalem: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis perfume?13¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho á todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las gentes de las tierras librar su tierra de mi mano?14¿Qué dios hubo de todos los dioses de aquellas gentes que destruyeron mis padres, que pudiese salvar su pueblo de mis manos? ¿Por qué podrá vuestro Dios libraros de mi mano?15Ahora pues, no os engañe Ezechîas, ni os persuada tal cosa, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?

Era de esperar: “estas cosas y esta fidelidad”, agradables a Dios, eran insoportables al gran enemigo. No dejaron de excitarle contra Judá y contra su rey.

La alegría que podamos gozar en el Señor no debe hacernos olvidar la presencia del adversario que busca a quien devorar (1 Pedro 5:8). Satanás, pues, pasa al ataque. Impulsa al poderoso rey de Asiria contra Jerusalén, el cual comienza por dirigir al pueblo un discurso amenazador y pérfido: «Ezequías —les dice— os entrega a la muerte por hambre y sed» (v. 11). ¡Pura mentira! Las cámaras del santuario ¿no estaban abundantemente provistas? (cap. 31:10-12). Y gracias al acueducto que el rey acababa de construir (comp. v. 4 con 2 Reyes 18:17 y 20:20), llegaba agua fresca al interior mismo de la ciudad.

Todavía hoy día, el Mentiroso habla así. Si se le escucha, seguir junto a Jesús significa exponerse a la penuria y las privaciones. ¡Pero sabemos que es absolutamente lo contrario! Cristo es el pan de vida (Juan 6:48-51), es la fuente de aguas vivas (Juan 7:37), mientras que afuera impera la sed (v. 4).

2 Crónicas 32:16-33
16Y otras cosas hablaron sus siervos contra el Dios Jehová, y contra su siervo Ezechîas.17Además de todo esto escribió letras en que blasfemaba á Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las gentes de los países no pudieron librar su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezechîas librará al suyo de mis mano18Y clamaron á gran voz en judaico al pueblo de Jerusalem que estaba en los muros, para espantarlos y ponerles temor, para tomar la ciudad.19Y hablaron contra el Dios de Jerusalem, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, obra de manos de hombres.20Mas el rey Ezechîas, y el profeta Isaías hijo de Amós, oraron por esto, y clamaron al cielo.21Y Jehová envió un ángel, el cual hirió á todo valiente y esforzado, y á los jefes y capitanes en el campo del rey de Asiria. Volvióse por tanto con vergüenza de rostro á su tierra; y entrando en el templo de su dios, allí lo mataron á cuchillo los que hab22Así salvó Jehová á Ezechîas y á los moradores de Jerusalem de las manos de Sennachêrib rey de Asiria, y de las manos de todos: y preservólos de todas partes.23Y muchos trajeron ofrenda á Jehová á Jerusalem, y á Ezechîas rey de Judá, ricos dones; y fué muy grande delante de todas las gentes después de esto.24En aquel tiempo Ezechîas enfermó de muerte: y oró á Jehová, el cual le respondió, y dióle una señal.25Mas Ezechîas no pagó conforme al bien que le había sido hecho: antes se enalteció su corazón, y fué la ira contra él, y contra Judá y Jerusalem.26Empero Ezechîas, después de haberse engreído su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalem; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezechîas.27Y tuvo Ezechîas riquezas y gloria mucha en gran manera; é hízose de tesoros de plata y oro, de piedras preciosas, de aromas, de escudos, y de todas alhajas de desear;28Asimismo depósitos para las rentas del grano, del vino, y aceite; establos para toda suerte de bestias, y majadas para los ganados.29Hízose también ciudades, y hatos de ovejas y de vacas en gran copia; porque Dios le había dado mucha hacienda.30Este Ezechîas tapó los manaderos de las aguas de Gihón la de arriba, y encaminólas abajo al occidente de la ciudad de David. Y fué prosperado Ezechîas en todo lo que hizo.31Empero en lo de los embajadores de los príncipes de Babilonia, que enviaron á él para saber del prodigio que había acaecido en aquella tierra, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.32Lo demás de los hechos de Ezechîas, y de sus misericordias, he aquí todo está escrito en la profecía de Isaías profeta, hijo de Amós, en el libro de los reyes de Judá y de Israel.33Y durmió Ezechîas con sus padres, y sepultáronlo en los más insignes sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y los de Jerusalem: y reinó en su lugar Manasés su hijo.

A lo largo de los capítulos 18 y 19 del segundo libro de Reyes, leímos las injuriosas declaraciones del Rabsaces, seguidas de la carta del rey de Asiria. ¿Cómo le contesta Ezequías? ¡Por medio de la oración! Isaías y él, los dos juntos, claman a Dios a ese respecto (v. 30). Es la reunión de oración más reducida. Pero el Señor la considera como tal y, conforme a su promesa ella tiene un irresistible poder: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo… acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Por un lado, dos hombres en oración; por otro, un formidable ejército. La victoria es de los primeros; la multitud de los sitiadores es aplastada, ¡y esto sin saber cómo! Su supremo jefe se vuelve “avergonzado”, y perece a su vez, asesinado por sus propios hijos (v. 21).

Después del rey de Asiria, llega el rey de los espantos: la Muerte (Job 18:14), enemigo más espantoso aún, que se presenta para tragarse a Ezequías. Pero contra ella la oración también es soberana y Dios lo libera otra vez.

¡Ay!, este feliz reinado no se acabará sin un eclipse: un grave fallo debido al orgullo, pero, gracias a Dios, seguido por la humillación y la restauración.

2 Crónicas 33:1-13
1DE DOCE años era Manasés cuando comenzó á reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalem.2Mas hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme á las abominaciones de las gentes que había echado Jehová delante de los hijos de Israel:3Porque él reedificó los altos que Ezechîas su padre había derribado, y levantó altares á los Baales, é hizo bosques, y adoró á todo el ejército de los cielos, y á él sirvió.4Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalem será mi nombre perpetuamente.5Edificó asimismo altares á todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová.6Y pasó sus hijos por fuego en el valle de los hijos de Hinnom; y miraba en los tiempos, miraba en agüeros, era dado á adivinaciones, y consultaba pythones y encantadores: subió de punto en hacer lo malo en ojos de Jehová, para irritarle.7A más de esto puso una imagen de fundición, que hizo, en la casa de Dios, de la cual había dicho Dios á David y á Salomón su hijo: En esta casa y en Jerusalem, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre:8Y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que yo entregué á vuestros padres, á condición que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, estatutos, y ordenanzas, por mano de Moisés.9Hizo pues Manasés desviarse á Judá y á los moradores de Jerusalem, para hacer más mal que las gentes que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel.10Y habló Jehová á Manasés y á su pueblo, mas ellos no escucharon:11(H33-10) por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los Asirios, los cuales aprisionaron con grillos á Manasés, y atado con cadenas lleváronlo á Babilonia.12(H33-11) Mas luego que fué puesto en angustias, oró ante Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres.13(H33-12) Y habiendo á él orado, fué atendido; pues que oyó su oración, y volviólo á Jerusalem, á su reino. Entonces conoció Manasés que Jehová era Dios.

El reinado de Manasés establece un doble récord: el de la duración (cincuenta y cinco años) y el de la maldad. ¿Qué explica esa excepcional duración, mientras que la iniquidad era particularmente insoportable ante la mirada de Jehová? Con admiración lo comprendemos: es la paciencia de la gracia. No olvidemos que ésta caracteriza los dos libros de las Crónicas, desde el principio hasta el fin. Después de haber hablado a Manasés y a su pueblo —pero sin ser escuchado (v. 10)— Jehová emplea el idioma de las cadenas y del cautiverio, el cual finalmente es escuchado. El ejemplo de Manasés nos enseña que no hay pecador demasiado grande, cuyo corazón Dios no pueda cambiar. Y de toda la Escritura, este relato es uno de los más alentadores. Nunca pensemos que una persona está demasiado hundida en el mal para poder ser salva.

En el reinado del impío Manasés también tenemos abreviada la historia profética de Israel. El nombre de ese rey significa «olvido», y nos recuerda la declaración de Jehová: “Mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días” (Jeremías 2:32). El actual exilio de Israel, bajo el yugo de las naciones, es la consecuencia de ese abandono. Pero, como para Manasés, será asimismo el medio para despertar por fin su conciencia y su corazón.

2 Crónicas 33:14-25
14(H33-13) Después de esto edificó el muro de afuera de la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, á la entrada de la puerta del pescado, y cercó á Ophel, y alzólo muy alto; y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fuertes por Judá.15(H33-14) Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalem, y echólos fuera de la ciudad.16(H33-15) Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios pacíficos y de alabanza; y mandó á Judá que sirviesen á Jehová Dios de Israel.17(H33-16) Empero el pueblo aun sacrificaba en los altos, bien que á Jehová su Dios.18(H33-17) Lo demás de los hechos de Manasés, y su oración á su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehová el Dios de Israel, he aquí todo está escrito en los hechos de los reyes de Israel.19(H33-18) Su oración también, y cómo fué oído, todos sus pecados, y su prevaricación, los lugares donde edificó altos y había puesto bosques é ídolos antes que se humillase, he aquí estas cosas están escritas en las palabras de los videntes.20(H33-19) Y durmió Manasés con sus padres, y sepultáronlo en su casa: y reinó en su lugar Amón su hijo.21(H33-20) De veinte y dos años era Amón cuando comenzo á reinar, y dos años reinó en Jerusalem.22(H33-21) E hizo lo malo en ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre: porque á todos los ídolos que su padre Manasés había hecho, sacrificó y sirvió Amón.23(H33-22) Mas nunca se humilló delante de Jehová, como se humilló Manasés su padre: antes aumentó el pecado.24(H33-23) Y conspiraron contra él sus siervos, y matáronlo en su casa.25(H33-24) Mas el pueblo de la tierra hirió á todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y el pueblo de la tierra puso por rey en su lugar á Josías su hijo.

La gracia de Dios no sólo se dejó doblegar por la súplica de Manasés, sino que aun le dio la oportunidad de reparar, en cierta medida, el mal que había cometido anteriormente. Hay conversiones que sólo tienen lugar en el lecho de muerte. Si bien el alma todavía está a tiempo de ser salvada, en cambio, es demasiado tarde para servir al Señor aquí en la tierra. ¡Es una irreparable pérdida para la eternidad! (2 Corintios 5:10; 1 Corintios 3:15).

Una conversión se comprueba por sus frutos. Todo Judá es testigo de la de Manasés. Ahora rechaza los falsos dioses a los cuales había servido; el culto de Jehová reemplaza al de los ídolos. Ésta es la señal de una verdadera conversión (1 Tesalonicenses 1:9). Conversión significa vuelta, un completo cambio de dirección. Jesús llega a ser el blanco de la vida, y toda la energía, usada hasta entonces para servir al mundo y al pecado, es reemplazada por la abnegación para el Señor.

Amón no saca ningún provecho del ejemplo de su padre (Jeremías 8:12). La humillación no se produce en su corazón. Por eso, pasa “como flor del campo”; según la expresión del profeta: “El viento de Jehová sopló en ella” (Isaías 40:6-7).

2 Crónicas 34:1-7; 29-33
1DE OCHO años era Josías cuando comenzó á reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalem.2Este hizo lo recto en ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse á la diestra ni á la siniestra.3A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó á buscar al Dios de David su padre; y á los doce años comenzó á limpiar á Judá y á Jerusalem de los altos, bosques, esculturas, é imágenes de fundición.4Y derribaron delante de él los altares de los Baales, é hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima; despedazó también los bosques, y las esculturas y estatuas de fundición, y desmenuzólas, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los 5Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y limpió á Judá y á Jerusalem.6Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Ephraim, y Simeón, hasta en Nephtalí, con sus lugares asolados alrededor.7Y como hubo derribado los altares y los bosques, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruído todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvióse á Jerusalem.
29Entonces el rey envió y juntó todos los ancianos de Judá y de Jerusalem.30Y subió el rey á la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalem, y los sacerdotes, y los Levitas, y todo el pueblo desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó á oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que31Y estando el rey en pie en su sitio, hizo alianza delante de Jehová de caminar en pos de Jehová, y de guardar sus mandamientos, sus testimonios, y sus estatutos, de todo su corazón y de toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban es32E hizo que se obligaran á ello todos los que estaban en Jerusalem y en Benjamín: y los moradores de Jerusalem hicieron conforme al pacto de Dios, del Dios de sus padres.33Y quitó Josías todas las abominaciones de todas las tierras de los hijos de Israel, é hizo á todos los que se hallaron en Israel que sirviesen á Jehová su Dios. No se apartaron de en pos de Jehová el Dios de sus padres, todo el tiempo que él vivió.

Josías significa: “Aquel de quien Dios tiene cuidado”. Todos tendríamos el derecho de llevar este hermoso nombre. Acompañado desde su nacimiento por esos cuidados de Jehová, Josías empieza a buscarle a la edad de dieciséis años. Entonces emprende la gran obra del despertar considerada en 2 Reyes 22 y 23.

Dieciséis años, quizá sea la edad de algunos de nuestros lectores. Ya no son niños; la vida se abre ante ellos con todas sus posibilidades. La juventud es un precioso capital que Dios les da. ¿Cómo van a emplearla? Algunos la derrochan locamente y más tarde cosechan amargos frutos. Otros, más prudentes a los ojos de los hombres, la consagran para obtener un ventajoso lugar en la vida. Finalmente otros, los más sabios, hacen como Josías. Buscan primeramente al Señor, después ponen todo de acuerdo con Su voluntad (Mateo 6:33). La ley fue hallada en el templo, en el transcurso de las obras. Josías hace que el pueblo en su conjunto la aproveche; pero, mala señal, debe obligarlo a servir a Jehová (v. 33). La obediencia al Señor, ¿no debería surgir de nuestro amor por él? “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón”, decía Moisés al pueblo en el momento en que les daba este libro (Deuteronomio 6:6).

2 Crónicas 35:1-14
1Y JOSIAS hizo pascua á Jehová en Jerusalem, y sacrificaron la pascua á los catorce del mes primero.2Y puso á los sacerdotes en sus empleos, y confirmólos en el ministerio de la casa de Jehová.3Y dijo á los Levitas que enseñaban á todo Israel, y que estaban dedicados á Jehová: Poned el arca del santuario en la casa que edificó Salomón hijo de David, rey de Israel, para que no la carguéis más sobre los hombros. Ahora serviréis á Jehová vuestro Di4Apercibío según las familias de vuestros padres, por vuestros órdenes, conforme á la prescripción de David rey de Israel, y de Salomón su hijo.5Estad en el santuario según la distribución de las familias de vuestros hermanos los hijos del pueblo, y según la división de la familia de los Levitas.6Sacrificad luego la pascua: y después de santificaros, apercibid á vuestros hermanos, para que hagan conforme á la palabra de Jehová dada por mano de Moisés.7Y ofreció el rey Josías á los del pueblo ovejas, corderos, y cabritos de los rebaños, en número de treinta mil, y tres mil bueyes, todo para la pascua, para todos los que se hallaron presentes: esto de la hacienda del rey.8También sus príncipes ofrecieron con liberalidad al pueblo, y á los sacerdotes y Levitas. Hilcías, Zachârías y Jehiel, príncipes de la casa de Dios, dieron á los sacerdotes para hacer la pascua dos mil seiscientas ovejas, y trescientos bueyes.9Asimismo Chônanías, y Semeías y Nathanael sus hermanos, y Hasabías, Jehiel, y Josabad, príncipes de los Levitas, dieron á los Levitas para los sacrificios de la pascua cinco mil ovejas, y quinientos bueyes.10Aprestado así el servicio, los sacerdotes se colocaron en sus puestos, y asimismo los Levitas en sus órdenes, conforme al mandamiento del rey.11Y sacrificaron la pascua; y esparcían los sacerdotes la sangre tomada de mano de los Levitas, y los Levitas desollaban.12Tomaron luego del holocausto, para dar conforme á los repartimientos por las familias de los del pueblo, á fin de que ofreciesen á Jehová, según está escrito en el libro de Moisés: y asimismo tomaron de los bueyes.13Y asaron la pascua al fuego según la costumbre: mas lo que había sido santificado lo cocieron en ollas, en calderos, y calderas, y repartiéron lo prestamente á todo el pueblo.14Y después aderezaron para sí y para los sacerdotes; porque los sacerdotes, hijos de Aarón, estuvieron ocupados hasta la noche en el sacrificio de los holocaustos y de los sebos; por tanto, los Levitas aderezaron para sí, y para los sacerdotes hijos de Aar

La celebración de la Pascua por Josías y el pueblo ocupa aquí cerca de un capítulo, mientras que el segundo libro de los Reyes le consagra sólo tres versículos (cap. 23:21-23). Es la consecuencia del retorno a la Palabra, a la cual asistimos en el capítulo precedente. Para Israel, la Pascua era la primera institución divina, dada ya antes de la salida de Egipto. Correspondía al recuerdo de la gran liberación. Para los hijos de Dios, existe también tal «memorial» (1 Corintios 11:24-25). Alrededor de la Mesa del Señor, cada primer día de la semana los redimidos recuerdan su gran salvación y a Aquel que la cumplió. ¿Qué caracteriza esta Pascua así como el culto cristiano? Primero, la presencia del arca: Cristo (v. 3). Después, necesariamente, la santidad: al ser santa el arca, los levitas deben santificarse a fin de estar limpios para esta presencia. Finalmente, el objeto mismo de la fiesta es la ofrenda de los sacrificios. Nos recuerdan que cada creyente está invitado a ofrecer a Dios, no sólo el domingo, sino sin cesar, “sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15).

2 Crónicas 35:15-27
15Asimismo los cantores hijos de Asaph estaban en su puesto, conforme al mandamiento de David, de Asaph y de Hemán, y de Jeduthún vidente del rey; también los porteros estaban á cada puerta; y no era menester que se apartasen de su ministerio, porque sus he16Así fué aprestado todo el servicio de Jehová en aquel día, para hacer la pascua, y sacrificar los holocaustos sobre el altar de Jehová, conforme al mandamiento del rey Josías.17Y los hijos de Israel que se hallaron allí, hicieron la pascua en aquel tiempo, y la solemnidad de los panes sin levadura, por siete días.18Nunca tal pascua fué hecha en Israel desde los días de Samuel el profeta; ni ningún rey de Israel hizo pascua tal como la que hizo el rey Josías, y los sacerdotes y Levitas, y todo Judá é Israel, los que se hallaron allí, juntamente con los moradores de J19Esta pascua fué celebrada en el año dieciocho del rey Josías.20Después de todas estas cosas, luego de haber Josías preparado la casa, Nechâo rey de Egipto subió á hacer guerra en Carchêmis junto á Eufrates; y salió Josías contra él.21Y él le envió embajadores, diciendo: ¿Qué tenemos yo y tú, rey de Judá? Yo no vengo contra ti hoy, sino contra la casa que me hace guerra: y Dios dijo que me apresurase. Déjate de meterte con Dios, que es conmigo, no te destruya.22Mas Josías no volvió su rostro de él, antes disfrazóse para darle batalla, y no atendió á las palabras de Nechâo, que eran de boca de Dios; y vino á darle la batalla en el campo de Megiddo.23Y los archeros tiraron al rey Josías flechas; y dijo el rey á sus siervos: Quitadme de aquí, porque estoy herido gravemente.24Entonces sus siervos lo quitaron de aquel carro, y pusiéronle en otro segundo carro que tenía, y lleváronle á Jerusalem, y murió; y sepultáronle en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalem hizo duelo por Josías.25Y endechó Jeremías por Josías, y todos los cantores y cantoras recitan sus lamentaciones sobre Josías hasta hoy; y las dieron por norma para endechar en Israel, las cuales están escritas en las Lamentaciones.26Lo demás de los hechos de Josías, y sus piadosas obras, conforme á lo que está escrito en la ley de Jehová,27Y sus hechos, primeros y postreros, he aquí está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá.

Se está a punto de dar vuelta a la página. Los espantosos reinados de Manasés y Amón condujeron a que Jehová tomase una decisión irrevocable respecto de Judá. Pero, ¡cuán precioso es ver la gracia que en este período final produce un despertar como el de Josías!

El juicio del mundo actual también está a la puerta. Todo lo deja prever. Sin embargo, aun en tiempos como éstos, el Espíritu de Dios se complace en suscitar despertares aquí y allá. Y ante todo, él desea producir un despertar en cada uno de nuestros corazones.

Esta Pascua recuerda los días de antaño; no sólo los de Salomón y David, sino los antiguos tiempos de Samuel. Todo se hace con orden; cada uno está en su lugar; se ejercita el amor fraternal. Es una escena que brilla tanto más, por cuanto se halla intercalada entre los impíos reinados de los precedentes reyes y la decadencia final que va a seguir.

El fin de Josías no está a la altura del resto de su carrera. Al igual que Ezequías, tropieza en sus relaciones con los poderes políticos de su tiempo. Pese a una advertencia, que viene de Dios mismo, se opone al Faraón y halla la muerte en una batalla que no debió dar.

2 Crónicas 36:1-14
1ENTONCES el pueblo de la tierra tomó á Joachâz hijo de Josías, é hiciéronle rey en lugar de su padre en Jerusalem.2De veinte y tres años era Joachâz cuando comenzó á reinar, y tres meses reinó en Jerusalem.3Y el rey de Egipto lo quitó de Jerusalem, y condenó la tierra en cien talentos de plata y uno de oro.4Y constituyó el rey de Egipto á su hermano Eliacim por rey sobre Judá y Jerusalem, y mudóle el nombre en Joacim; y á Joachâz su hermano tomó Nechâo, y llevólo á Egipto.5Cuando comenzó á reinar Joacim era de veinte y cinco años, y reinó once años en Jerusalem: é hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios.6Y subió contra él Nabucodonosor rey de Babilonia, y atado con cadenas lo llevó á Babilonia.7También llevó Nabucodonosor á Babilonia de los vasos de la casa de Jehová, y púsolos en su templo en Babilonia.8Lo demás de los hechos de Joacim, y las abominaciones que hizo, y lo que en él se halló, he aquí está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá: y reinó en su lugar Joachîn su hijo.9De ocho años era Joachîn cuando comenzó á reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalem: é hizo lo malo en ojos de Jehová.10A la vuelta del año el rey Nabucodonosor envió, é hízolo llevar á Babilonia juntamente con los vasos preciosos de la casa de Jehová; y constituyó á Sedecías su hermano por rey sobre Judá y Jerusalem.11De veinte y un años era Sedecías cuando comenzó á reinar, y once años reinó en Jerusalem.12E hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, que le hablaba de parte de Jehová.13Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse á Jehová el Dios de Israel.14Y también todos los príncipes de los sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la prevaricación, siguiendo todas las abominaciones de las gentes, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalem.

En su conjunto, el pueblo de Judá no siguió el ejemplo de Josías. Muchas señales lo mostraban. Se les impuso la obediencia a la ley. Durante la Pascua, estaban lejos de manifestar la misma alegría y la misma espontaneidad que en la Pascua de Ezequías. El mismo rey y los jefes tuvieron que proveer los sacrificios (cap. 35:7-9). Ahora que el fiel Josías ha sido retirado, que el justo ha sido “quitado de delante del mal” (Isaías 57:1, V.M.), nada impide que Jehová ejecute su juicio contra Judá. Entonces, los acontecimientos se precipitan; cuatro soberanos se suceden: Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías… ¡unos peores que otros! Su espíritu de rebeldía da la ocasión, primero para Egipto y luego para Babilonia, de intervenir en los asuntos del pequeño reino. El adversario y el enemigo entran por las puertas de Jerusalén (Lamentaciones de Jeremías 4:12); tres veces se van a producir parciales transportaciones a Babilonia, sufriendo los objetos del templo la misma suerte que las personas. Los versículos 14 y siguientes subrayan que los jefes de los sacerdotes y el pueblo comparten la responsabilidad de sus reyes en el juicio que los alcanza.

2 Crónicas 36:15-23
15Y Jehová el Dios de sus padres envió á ellos por mano de sus mensajeros, levantándose de mañana y enviando: porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación.16Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió el furor de Jehová contra su pueblo, y que no hubo remedio.17Por lo cual trajo contra ellos al rey de los Caldeos, que mató á cuchillo sus mancebos en la casa de su santuario, sin perdonar joven, ni doncella, ni viejo, ni decrépito; todos los entregó en sus manos.18Asimismo todos los vasos de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros del rey y de sus príncipes, todo lo llevó á Babilonia.19Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de Jerusalem, y consumieron al fuego todos sus palacios, y destruyeron todos sus vasos deseables.20Los que quedaron del cuchillo, pasáronlos á Babilonia; y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los Persas;21Para que se cumpliese la palabra de Jehová por la boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado sus sábados: porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.22Mas al primer año de Ciro rey de los Persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová excitó el espíritu de Ciro rey de los Persas, el cual hizo pasar pregón por todo su reino, y también por escrito, diciendo:23Así dice Ciro rey de los Persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha encargado que le edifique casa en Jerusalem, que es en Judá. ¿Quién de vosotros hay de todo su pueblo? Jehová su Dios sea con él, y suba.

Aunque las «Crónicas” son libros de la gracia, deben concluir que “no hubo ya remedio” (v. 16); porque cuando se menosprecia la gracia, no queda sino “una horrenda expectación de juicio” (Hebreos 10:27). Las palabras del versículo 15: “Él tenía misericordia de su pueblo”, vienen a ser en el versículo 17: “Y no tuvo compasión” (V.M.)

De la misma manera, el que “tuvo compasión” de las multitudes… poco después pronunció una sentencia inapelable contra las ciudades de donde venían esas muchedumbres (Mateo 9:36 y 11:21-23). Pese a esto, hallamos aquí todavía la misericordia divina. Al contrario de los Reyes, las Crónicas pasan muy rápidamente sobre este triste período final. Y estos libros no terminan con la transportación misma, sino con el decreto de Ciro (v. 22-23) que le pone fin, setenta años más tarde. Así, a pesar de todo, la insondable gracia de Dios tiene la última palabra.

Estos acontecimientos no son relatados como lo harían nuestros libros de historia. Dios no nos cuenta los hechos sencillamente para interesar nuestro espíritu y enriquecer nuestra memoria. Su intención es hablar a nuestra conciencia y tocar nuestro corazón. ¿Alcanzó esta meta al dirigirse a usted?

Esdras 1:1-11
1Y EN el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, excitó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pasar pregón por todo su reino, y también por escrito, diciendo:2Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalem, que está en Judá.3¿Quién hay entre vosotros de todo su pueblo? Sea Dios con él, y suba á Jerusalem que está en Judá, y edifique la casa á Jehová Dios de Israel, (Hél es el Dios,) la cual está en Jerusalem.4Y á cualquiera que hubiere quedado de todos los lugares donde peregrinare, los hombres de su lugar le ayuden con plata, y oro, y hacienda, y con bestias; con dones voluntarios para la casa de Dios, la cuál está en Jerusalem.5Entonces se levantaron los cabezas de las familias de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y Levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir á edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalem.6Y todos los que estaban en sus alrededores confortaron las manos de ellos con vasos de plata y de oro, con hacienda y bestias, y con cosas preciosas, á más de lo que se ofreció voluntariamente.7Y el rey Ciro sacó los vasos de la casa de Jehová, que Nabucodonosor había traspasado de Jerusalem, y puesto en la casa de sus dioses.8Sacólos pues Ciro rey de Persia, por mano de Mitrídates tesorero, el cual los dió por cuenta á Sesbassar príncipe de Judá.9Y esta es la cuenta de ellos: treinta tazones de oro, mil tazones de plata, veinte y nueve cuchillos,10Treinta tazas de oro, cuatrocientas y diez otras tazas de plata, y mil otros vasos.11Todos los vasos de oro y de plata, cinco mil y cuatrocientos. Todos los hizo llevar Sesbassar con los que subieron del cautiverio de Babilonia á Jerusalem.

Por medio de Jeremías, de antemano Jehová había fijado en 70 años la duración del cautiverio en Babilonia. Aquellos que, como Daniel, escudriñaban las Escrituras, habían tenido, pues, la posibilidad de conocer el próximo fin de aquella situación (Daniel 9:2). Los 70 años se cuentan desde el primer año de Nabucodonosor, el responsable de la transportación, hasta el primero de Ciro, quien le puso fin (Jeremías 25:1 y 11). Unos dos siglos antes Jehová ya había designado a ese último rey por su nombre (Isaías 44:28 y 45:1). Sin duda alguna, Ciro tuvo conocimiento de esa profecía porque era consciente de ser el instrumento escogido por Dios para el restablecimiento de su culto.

Al mismo tiempo Jehová “despertó” el espíritu de un cierto número de judíos cautivos (Esdras 1:5), de los que llorando se acordaban de Jerusalén y que la habían puesto “como preferente asunto de su alegría” (véase Salmo 137:1 y 5-6). Amigos creyentes, también nosotros estamos “en tierra de extraños”. ¿Aspiramos a los gozos de la santa ciudad? Nuestro espíritu ¿fue “despertado” para esperar al Señor Jesús? Él es el gran Rey, centro de la profecía, a quien pronto Dios le dará todos los reinos de la tierra (Esdras 1:2) a fin de que restablezca Su alabanza y Su gloria.

Esdras 2:1-2, 59-70
1Y ESTOS son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de la transmigración que Nabucodonosor rey de Babilonia hizo traspasar á Babilonia, y que volvieron á Jerusalem y á Judá, cada uno á su ciudad:2Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesuá, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardochêo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel:
59Y estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Chêrub, Addan, é Immer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel.60Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos.61Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Abaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzillai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzillai Galaadita, y fué llamado del nombre de ellas.62Estos buscaron su registro de genealogías, y no fué hallado; y fueron echados del sacerdocio.63Y el Tirsatha les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Thummim.64Toda la congregación, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos y sesenta,65Sin sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete: y tenían doscientos cantores y cantoras.66Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;67Sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos y veinte.68Y algunos de los cabezas de los padres, cuando vinieron á la casa de Jehová la cual estaba en Jerusalem, ofrecieron voluntariamente para la casa de Dios, para levantarla en su asiento.69Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, y cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales.70Y habitaron los sacerdotes, y los Levitas, y los del pueblo, y los cantores, y los porteros y los Nethineos, en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades.

La ruta de Jerusalén está abierta. ¿Cuáles son aquellos que van a aprovechar tal circunstancia? Un poco menos de cincuenta mil personas de las diversas clases del pueblo. Y además, cierto número de ese débil remanente no está en condiciones de demostrar que efectivamente forma parte de Israel. Hasta sacerdotes han sido negligentes, lo que les va a impedir ejercer sus santas funciones. ¡Muchos cristianos son como esos israelitas! No pueden afirmar con certeza que son hijos de Dios. Si tal fuera el caso de uno de nuestros lectores, remítase a su «inscripción genealógica» (v. 62). La hallará en la Biblia. Debe apoyarse firmemente en pasajes como Juan 1:12, 1 Juan 5:1 y 13. Muchas almas inseguras hallaron en esos versículos, y en otros, la indiscutible prueba de que pertenecían a la familia de Dios.

Dios tiene los ojos puestos en ese remanente sin fuerza. Lo contó con cuidado y va a velar tiernamente sobre él. No sólo a causa de Su misericordia, sino también porque tiene un gran pensamiento para sí: a los descendientes de esos judíos que volvieron a su país debe serles presentado el Cristo, el Mesías de Israel, después de catorce generaciones (Mateo 1:17).

Esdras 3:1-13
1Y LLEGADO el mes séptimo, y ya los hijos de Israel en las ciudades, juntóse el pueblo como un solo hombre en Jerusalem.2Entonces se levantó Jesuá hijo de Josadec, y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Sealthiel, y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios.3Y asentaron el altar sobre sus basas, bien que tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos á Jehová, holocaustos á la mañana y á la tarde.4Hicieron asimismo la solemnidad de las cabañas, como está escrito, y holocaustos cada día por cuenta, conforme al rito, cada cosa en su día;5Y á más de esto, el holocausto continuo, y las nuevas lunas, y todas las fiestas santificadas de Jehová, y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria á Jehova.6Desde el primer día del mes séptimo comenzaron á ofrecer holocaustos á Jehová; mas el templo de Jehová no estaba aún fundado.7Y dieron dinero á los carpinteros y oficiales; asimismo comida y bebida y aceite á los Sidonios y Tirios, para que trajesen madera de cedro del Líbano á la mar de Joppe, conforme á la voluntad de Ciro rey de Persia acerca de esto.8Y en el año segundo de su venida á la casa de Dios en Jerusalem, en el mes segundo, comenzaron Zorobabel hijo de Sealthiel, y Jesuá hijo de Josadec, y los otros sus hermanos, los sacerdotes y los Levitas, y todos los que habían venido de la cautividad á J9Jesuá también, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un solo hombre asistían para dar priesa á los que hacían la obra en la casa de Dios: los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos, Levitas.10Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron á los sacerdotes vestidos de sus ropas, con trompetas, y á Levitas hijos de Asaph con címbalos, para que alabasen á Jehová, según ordenanza de David rey de Israel.11Y cantaban, alabando y confesando á Jehová, y decían: Porque es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con grande júbilo, alabando á Jehová, porque á la casa de Jehová se echaba el cimiento.12Y muchos de los sacerdotes y de los Levitas y de los cabezas de los padres, ancianos que habían visto la casa primera, viendo fundar esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría.13Y no podía discernir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro del pueblo: porque clamaba el pueblo con grande júbilo, y oíase el ruido hasta de lejos.

El salmo 137 nos muestra, cerca de los ríos de Babilonia, a los cautivos de Judá incapaces de cantar a causa de su tristeza. Pero ahora experimentan lo que dice el salmo 126: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion... nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza... grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres” (v. 1-3). Además, ¿no es ésta la orden divina? (Isaías 48:20). Celebran la fiesta de los “tabernáculos”, fiesta de la alegría (en Esdras 3:11, los vemos también cantar). Su primer pensamiento es para el altar de Jehová, al que colocan “sobre su base”. Su motivación es notable: “Porque tenían miedo de los pueblos” (v. 3). El temor los ímpele no a organizar su protección sino a estrechar filas alrededor de Jehová, quien los defenderá.

Luego se ponen los fundamentos de la nueva casa. Esto da lugar a una conmovedora ceremonia en la que el gozo y el lloro son igualmente oportunos (véase Jeremías 33:11). ¡Qué contraste con el primer templo! El mismo contraste existe entre los comienzos de la Iglesia según el libro de los Hechos y el débil testimonio colectivo que los creyentes pueden dar en medio de la actual ruina.

Esdras 4:1-16
1Y OYENDO los enemigos de Judá y de Benjamín, que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel,2Llegáronse á Zorobabel, y á los cabezas de los padres, y dijéronles: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscaremos á vuestro Dios, y á él sacrificamos desde los días de Esar-haddón rey de Asiria, que nos hizo subir aquí.3Y dijóles Zorobabel, y Jesuá, y los demás cabezas de los padres de Israel: No nos conviene edificar con vosotros casa á nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos á Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia.4Mas el pueblo de la tierra debilitaba las manos del pueblo de Judá, y los arredraban de edificar.5Cohecharon además contra ellos consejeros para disipar su consejo, todo el tiempo de Ciro rey de Persia, y hasta el reinado de Darío rey de Persia.6Y en el reinado de Assuero, en el principio de su reinado, escribieron acusaciones contra los moradores de Judá y de Jerusalem.7Y en días de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel, y los demás sus compañeros, escribieron á Artajerjes rey de Persia; y la escritura de la carta estaba hecha en siriaco, y declarada en siriaco.8Rehum canciller, y Simsai secretario, escribieron una carta contra Jerusalem al rey Artajerjes, como se sigue.9Entonces Rehum canciller, y Simsai secretario, y los demás sus compañeros, los Dineos, y los Apharsathachêos, Thepharleos, Apharseos, los Erchûeos, los Babilonios, Susaschêos, Dieveos, y Elamitas;10Y los demás pueblos que el grande y glorioso Asnappar trasportó, é hizo habitar en las ciudades de Samaria, y los demás de la otra parte del río, etcétera, escribieron.11Este es el traslado de la carta que enviaron: Al rey Artajerjes: Tus siervos de otra la parte del río, etcétera.12Sea notorio al rey, que los Judíos que subieron de tí á nosotros, vinieron á Jerusalem; y edifican la ciudad rebelde y mala, y han erigido los muros; y compuesto los fundamentos.13Ahora, notorio sea al rey, que si aquella ciudad fuere reedificada, y los muros fueren establecidos, el tributo, pecho, y rentas no darán, y el catastro de lo reyes será menoscabado.14Ya pues que estamos mantenidos de palacio, no nos es justo ver el menosprecio del rey: hemos enviado por tanto, y hécho lo saber al rey,15Para que busque en el libro de las historias de nuestros padres; y hallarás en el libro de las historias, y sabrás que esta ciudad es ciudad rebelde, y perjudicial á los reyes y á las provincias, y que de tiempo antiguo forman en medio de ella rebeliones;16Hacemos saber al rey, que si esta ciudad fuere edificada, y erigidos sus muros, la parte allá del río no será tuya.

La toma de posición de los hombres de Judá no dejó de atraer la atención de los pueblos circundantes. He aquí que vienen con un seductor ofrecimiento. “Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios...” (v. 2). ¿No era muy amable de parte de ellos? El trabajo avanzaría mucho más rápido. Y con un rechazo se correría el riesgo de herir a ese gente. Pero los jefes de los judíos no se dejan engañar. Firmemente rehúsan la proposición, al contrario de Josué y los príncipes, quienes en otros tiempos habían caído en semejante trampa (Josué 9). Para trabajar en la obra de Dios se debe necesariamente pertenecer al pueblo de Dios. Contrariamente a lo que sugeriría un falso amor o simplemente el deseo de no causar pena a alguien, no temamos mantener una clara separación con los ambientes religiosos cuyos principios son confusos.

Lo que sigue revela quiénes eran esos benévolos ayudantes: ¡enemigos! Como su ardid no tiene éxito, descubren su juego y recurren a las amenazas. Luego, cambiando aun de táctica, dirigen una carta acusadora a Artajerjes, el nuevo jefe del imperio.

Esdras 4:17-24; Esdras 5:1-5
17El rey envió esta respuesta á Rehum canciller, y á Simsai secretario, y á los demás sus compañeros que habitan en Samaria, y á los demás de la parte allá del río: Paz, etc.18La carta que nos enviasteis claramente fué leída delante de mí.19Y por mí fué dado mandamiento, y buscaron; y hallaron que aquella ciudad de tiempo antiguo se levanta contra los reyes, y se rebela, y se forma en ella sedición:20Y que reyes fuertes hubo en Jerusalem, quienes señorearon en todo lo que está á la parte allá del río; y que tributo, y pecho, y rentas se les daba.21Ahora pues dad orden que cesen aquellos hombres, y no sea esa ciudad edificada, hasta que por mí sea dado mandamiento.22Y mirad bien que no hagáis error en esto: ¿por qué habrá de crecer el daño para perjuicio de los reyes?23Entonces, cuando el traslado de la carta del rey Artajerjes fué leído delante de Rehum, y de Simsai secretario, y sus compañeros, fueron prestamente á Jerusalem á los Judíos, é hiciéronles cesar con poder y fuerza.24Cesó entonces la obra de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusalem: y cesó hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia.
1Y PROFETIZARON Haggeo profeta, y Zacarías hijo de Iddo, profetas, á los Judíos que estaba en Judá y en Jerusalem yendo en nombre del Dios de Israel á ellos.2Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Sealthiel, y Jesuá hijo de Josadec; y comenzaron á edificar la casa de Dios que estaba en Jerusalem; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban.3En aquel tiempo vino á ellos Tatnai, capitán de la parte allá del río, y Setharboznai y sus compañeros, y dijéronles así: ¿Quién os dió mandamiento para edificar esta casa, y restablecer estos muros?4Entonces les dijimos en orden á esto cuáles eran los nombres de los varones que edificaban este edificio.5Mas los ojos de su Dios fueron sobre los ancianos de los Judíos, y no les hicieron cesar hasta que el negocio viniese á Darío: y entonces respondieron por carta sobre esto.

Para hacer cesar el trabajo de los hijos de Judá, sus enemigos emplearon sucesivamente la astucia (v. 2), la intimidación (v. 4-5) y las acusaciones (v. 6-16). Ahora que han obtenido del rey el apoyo deseado, recurren a una nueva arma: la violencia. Se apresuran a ir a los judíos para obligarlos “con poder y violencia” a cesar su trabajo. Pero la verdadera causa de la detención de la obra es diferente. El profeta Hageo nos la da a conocer en su primer capítulo: es la falta de fe y la negligencia del pueblo mismo. En el curso de los años (quince más o menos) que transcurrieron desde la colocación de los fundamentos, poco a poco decayó el interés por la casa de Dios y cada uno comenzó a preocuparse por su propia casa. ¡Ay! creyentes, ¿no conocemos también semejantes períodos de bajón espiritual? El Señor y su casa (la Asamblea o Iglesia) pierden valor para nuestro corazón. En la misma proporción aumenta el cuidado que tenemos por nuestros propios asuntos. Pero Dios no quiere dejarnos en ese estado. Él nos habla como lo hace aquí con Judá. A la voz de Hageo y de Zacarías el pueblo se despierta, sale de su indiferencia y vuelve a poner manos a la obra.

Esdras 5:6-17
6Traslado de la carta que Tatnai, capitán de la parte allá del río, y Sethar-boznai, y sus compañeros los Apharsachêos, que estaban á la parte allá del río, enviaron al rey Darío.7Enviáronle carta, y de esta manera estaba escrito en ella. Al rey Darío toda paz.8Sea notorio al rey, que fuimos á la provincia de Judea, á la casa del gran Dios, la cual se edifica de piedra de mármol; y los maderos son puestos en las paredes, y la obra se hace apriesa, y prospera en sus manos.9Entonces preguntamos á los ancianos, diciéndoles así: ¿Quién os dió mandameinto para edificar esta casa, y para restablecer estos muros?10Y también les preguntamos sus nombres para hacértelo saber, para escribir te los nombres de los varones que estaban por cabezas de ellos.11Y respondiéronnos, diciendo así: Nosotros somos siervos de Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y fundó el gran rey de Israel.12Mas después que nuestros padres ensañaron al Dios de los cielos, él los entregó en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, Caldeo, el cual destruyó esta casa, é hizo trasportar el pueblo á Babilonia.13Empero el primer año de Ciro rey de Babilonia, el mismo rey Ciro dió mandamiento para que esta casa de Dios fuese edificada.14Y también los vasos de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalem, y los había metido en el templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia, y fueron entregados á Sesbassar, al cu15Y le dijo: Toma estos vasos, ve y ponlos en el templo que está en Jerusalem; y la casa de Dios sea edificada en su lugar.16Entonces este Sesbassar vino, y puso los fundamentos de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, y desde entonces hasta ahora se edifica, y aun no está acabada.17Y ahora, si al rey parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dado mandamiento para edificar esta casa de Dios en Jerusalem, y envíenos á decir la voluntad del rey sobre est

Mientras los judíos reemprenden el trabajo bajo “los ojos de Dios” (Esdras 5:5; Salmo 32:8), por su lado los adversarios vuelven a sus maquinaciones.

En tanto nuestra vida cristiana sea lánguida y busquemos nuestros propios intereses, no incomodaremos al diablo. Y él mismo se cuidará de no molestar nuestra somnolencia. Le conviene perfectamente. Pero si el Señor despierta nuestro corazón y nuestro celo por él mediante su Palabra, en seguida hallamos de nuevo a Satanás en nuestro camino (véase 1Corintios 16:9).

El gobernador y sus colegas renuevan la táctica que les había dado tanto resultado en el capítulo anterior: escriben al rey Darío para tratar de obtener su intervención, pero esta vez escondiendo su hostilidad bajo una aparente indiferencia, casi tolerancia. Su carta, que reproduce las declaraciones de los ancianos de los judíos, involuntariamente constituye un hermoso testimonio en favor de aquéllos (v. 11 y siguientes). Esos ancianos no tuvieron vergüenza de declararse siervos de Dios, ni de exponer lo que Jehová hizo por ellos, aun cuando esto los obligó a confesar las faltas de sus padres.

Esdras 6:1-12
1ENTONCES el rey Darío dió mandamiento, y buscaron en la casa de los libros, donde guardaban los tesoros allí en Babilonia.2Y fué hallado en Achmetta, en el palacio que está en la provincia de Media, un libro, dentro del cual estaba escrito así: Memoria:3En el año primero del rey Ciro, el mismo rey Ciro dió mandamiento acerca de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, que fuese la casa edificada para lugar en que sacrifiquen sacrificios, y que sus paredes fuesen cubiertas; su altura de sesenta codos, y d4Los órdenes, tres de piedra de mármol, y un orden de madera nueva y que el gasto sea dado de la casa del rey.5Y también los vasos de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor sacó del templo que estaba en Jerusalem y los pasó á Babilonia, sean devueltos y vayan al templo que está en Jerusalem, á su lugar, y sean puestos en la casa de Dios.6Ahora pues, Tatnai, jefe del lado allá del río, Sethar-boznai, y sus compañeros los Apharsachêos que estáis á la otra parte del río, apartaos de ahí.7Dejad la obra de la casa de este Dios al principal de los Judíos, y á sus ancianos, para que edifiquen la casa de este Dios en su lugar.8Y por mí es dado mandamiento de lo que habéis de hacer con los ancianos de estos Judíos, para edificar la casa de este Dios: que de la hacienda del rey, que tiene del tributo de la parte allá del río, los gastos sean dados luego á aquellos varones, para q9Y lo que fuere necesario, becerros y carneros y corderos, para holucaustos al Dios del cielo, trigo, sal, vino y aceite, conforme á lo que dijeren los sacerdotes que están en Jerusalem, déseles cada un día sin obstáculo alguno;10Para que ofrezcan olores de holganza al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus hijos.11También es dado por mí mandamiento, que cualquiera que mudare este decreto, sea derribado un madero de su casa, y enhiesto, sea colgado en él: y su casa sea hecha muladar por esto.12Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya todo rey y pueblo que pusiere su mano para mudar ó destruir esta casa de Dios, la cual está en Jerusalem. Yo Darío puse el decreto: sea hecho prestamente.

Se ha despachado, pues, una nueva carta de los acusadores a la capital. Pero ella se va a convertir en causa de su propia confusión.

Las investigaciones que Darío hace emprender no sólo permiten volver a encontrar el edicto de Ciro, sino que en su respuesta el rey mismo se interesa por la causa del remanente de Judá y de la construcción del templo. Y, para colmo, ordena precisamente a los enemigos de los judíos que brinden a estos toda la ayuda que necesiten. Finalmente, el decreto de Darío es acompañado por las peores amenazas contra aquellos que cambiaran en él lo que fuera. Tal fue, pues, el resultado de la actitud franca y valiente de los ancianos de los judíos (Esdras 5:11-12; véase Mateo 10:32). Permitió que Jehová les mostrara públicamente su aprobación.

En el versículo 10, es hermoso ver que el rey reconoce la eficacia de las oraciones dirigidas al Dios de los cielos, ya que las pide para él y sus hijos. Ahora ese Dios de los cielos es nuestro Padre; no descuidemos dirigirnos a él. Además, somos exhortados a orar “por todos los hombres”, y precisamente “por los reyes (las autoridades) y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:1-2).

Esdras 6:13-22
13Entonces Tatnai, gobernador del otro lado del río, y Sethar-boznai, y sus compañeros, hicieron prestamente según el rey Darío había enviado.14Y los ancianos de los Judíos edificaban y prosperaban, conforme á la profecía de Haggeo profeta, y de Zacarías hijo de Iddo. Edificaron pues, y acabaron, por el mandamiento del Dios de Israel, y por el mandamiento de Ciro, y de Darío, y de Artajerjes rey 15Y esta casa fué acabada al tercer día del mes de Adar, que era el sexto año del reinado del rey Darío.16Y los hijos de Israel, los sacerdotes y los Levitas, y los demás que habían venido de la trasportación, hicieron la dedicación de esta casa de Dios con gozo.17Y ofrecieron en la dedicación de esta casa de Dios cien becerros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos; y machos de cabrío en expiación por todo Israel, doce, conforme al número de las tribus de Israel.18Y pusieron á los sacerdotes en sus clases, y á los Levitas en sus divisiones, sobre la obra de Dios que está en Jerusalem, conforme á lo escrito en el libro de Moisés.19Y los de la transmigración hicieron la pascua á los catorce del mes primero.20Porque los sacerdotes y los Levitas se habían purificado á una; todos fueron limpios: y sacrificaron la pascua por todos los de la transmigración, y por sus hermanos los sacerdotes, y por sí mismos.21Y comieron los hijos de Israel que habían vuelto de la transmigración, y todos los que se habían apartado á ellos de la inmundicia de las gentes de la tierra, para buscar á Jehová Dios de Israel.22Y celebraron la solemnidad de los panes ázimos siete días con regocijo, por cuanto Jehová los había alegrado, y convertido el corazón del rey de Asiria á ellos, para esforzar sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel.

Los acusadores de los judíos comprendieron que era preferible para ellos no oponerse a las órdenes recibidas. Las ejecutaron prontamente, aunque con el despecho que uno se puede imaginar.

Así protegidos por las autoridades y disponiendo de nuevos medios, los ancianos de Judá acaban la construcción del templo. Pero, detalle muy notable, si prosperan no lo deben al decreto de Darío, sino “a la profecía de Hageo y de Zacarías hijo de Iddo” (v.14). Ocurre exactamente lo mismo con el creyente. La verdadera fuente de su prosperidad no está en las circunstancias favorables que Dios permite para él en la tierra. Reside en la sumisión a la Palabra de su Dios.

La casa de Dios se inaugura con gozo. Sin embargo, qué contraste con la dedicación del primer templo, cuando 22.000 bueyes y 120.000 ovejas habían sido sacrificados (2 Crónicas 7:5). Y aquí no es cuestión de fuego que desciende del cielo ni de gloria que llena la casa, porque el arca de Dios está perdida; no se la hallará más.

Después de esto, la Pascua y los panes sin levadura se celebraron cada primer mes. Pese a toda la debilidad de esos pobres judíos que volvieron del cautiverio, Jehová los regocijó.

Esdras 7:1-18
1PASADAS estas cosas, en el reinado de Artajerjes rey de Persia, Esdras, hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilcías,2Hijo de Sallum, hijo de Sadoc, hijo de Achîtob,3Hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meraioth,4Hijo de Zeraías, hijo de Uzzi, hijo de Bucci,5Hijo de Abisue, hijo de Phinees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, primer sacerdote:6Este Esdras subió de Banilonia, el cual era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado; y concedióle el rey, según la mano de Jehová su Dios sobre él, todo lo que pidió.7Y subieron con él á Jerusalem de los hijos de Israel, y de los sacerdotes, y Levitas, y cantores, y porteros, y Nethineos, en el séptimo año del rey Artajerjes.8Y llegó á Jerusalem en el mes quinto, el año séptimo del rey.9Porque el día primero del primer mes fué el principio de la partida de Babilonia, y al primero del mes quinto llegó á Jerusalem, según la buena mano de su Dios sobre él10Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová, y para hacer y enseñar á Israel mandamientos y juicios.11Y este es el traslado de la carta que dió el rey Artajerjes á Esdras, sacerdote escriba, escriba de las palabras mandadas de Jehová, y de sus estatutos á Israel:12Artajerjes, rey de los reyes, á Esdras sacerdote, escriba perfecto de la ley del Dios del cielo: Salud, etc.13Por mí es dado mandamiento, que cualquiera que quisiere en mi reino, del pueblo de Israel y de sus sacerdotes y Levitas, ir contigo á Jerusalem, vaya.14Porque de parte del rey y de sus siete consultores eres enviado á visitar á Judea y á Jerusalem, conforme á la ley de tu Dios que está en tu mano;15Y á llevar la plata y el oro que el rey y sus consultores voluntariamente ofrecen al Dios de Israel, cuya morada está en Jerusalem;16Y toda la plata y el oro que hallares en toda la provincia de Babilonia, con las ofrendas voluntarias del pueblo y de los sacerdotes, que de su voluntad ofrecieren para la casa de su Dios que está en Jerusalem.17Comprarás pues prestamente con esta plata becerros, carneros, corderos, con sus presentes y sus libaciones, y los ofrecerás sobre el altar de la casa de vuestro Dios que está en Jerusalem.18Y lo que á ti y á tus hermanos pluguiere hacer de la otra plata y oro, hacedlo conforme á la voluntad de vuestro Dios.

Unos cuarenta años transcurrieron entre los acontecimientos del capítulo 6 y los que empiezan en el capítulo 7 con el viaje de Esdras durante el reinado de Artajerjes. En contraste con los sacerdotes negligentes mencionados en el capítulo 2:61-62, Esdras es capaz de presentar una genealogía que se remonta hasta Aarón. Además, él es un “escriba diligente en la ley de Moisés”. Es una cosa muy deseable ser instruido en la divina Palabra. Pero no basta conocerla con la inteligencia y la memoria, como las materias enseñadas en las escuelas. Esa clase de conocimiento sólo serviría para envanecer (1 Corintios 8:1; 13:2). También es necesario amar esa Palabra y a la Persona que ella presenta. ¡Vea a Esdras! Él “había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová” (Esdras 7:10). Y no sólo para inquirir, sino también para “cumplirla”. Porque conocer, aun con el corazón, todavía no es suficiente si no se pone en práctica lo que la Biblia nos ha enseñado (Santiago 1:22). Solamente cuando esas condiciones son cumplidas, uno puede permitirse enseñar a los demás.

Con benevolencia y generosidad, el rey tomó todas las disposiciones necesarias para permitir que Esdras emprendiera su viaje y también se ocupara en el servicio de la casa de Jehová a su llegada.

Esdras 7:19-28
19Y los vasos que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, los restituirás delante de Dios en Jerusalem.20Y lo demás necesario para la casa de tu Dios que te fuere menester dar, daráslo de la casa de los tesoros del rey.21Y por mí el rey Artajerjes es dado mandamiento á todos los tesoreros que están al otro lado del río, que todo lo que os demandare Esdras sacerdote, escriba de la ley del Dios del cielo, concédase le luego,22Hasta cien talentos de plata, y hasta cien coros de trigo, y hasta cien batos de vino, y hasta cien batos de aceite; y sal sin tasa.23Todo lo que es mandado por el Dios del cielo, sea hecho prestamente para la casa del Dios del cielo: pues, ¿por qué habría de ser su ira contra el reino del rey y de sus hijos?24Y á vosotros os hacemos saber, que á todos los sacerdotes y Levitas, cantores, porteros, Nethineos y ministros de la casa de Dios, ninguno pueda imponerles tributo, ó pecho, ó renta.25Y tú, Esdras, conforme á la sabiduría de tu Dios que tienes, pon jueces y gobernadores, que gobiernen á todo el pueblo que está del otro lado del río, á todos los que tienen noticia de las leyes de tu Dios; y al que no la tuviere le enseñaréis.26Y cualquiera que no hiciere la ley de tu Dios, y la ley del rey, prestamente sea juzgado, ó á muerte, ó á dasarraigo, ó á pena de la hacienda, ó á prisión.27Bendito Jehová, Dios de nuestros padres, que puso tal cosa en el corazón del rey, para honrar la casa de Jehová que está en Jerusalem.28E inclinó hacia mí su misericordia delante del rey y de sus consultores, y de todos los príncipes poderosos del rey. Y yo, confortado según la mano de mi Dios sobre mí, junté los principales de Israel para que subiesen conmigo.

Esdras guardó la Palabra de Dios y no negó Su nombre. Él y los hombres que se reúnen a su llamado van a hacer la experiencia de que tienen poca fuerza (son apenas 1.500), pero, al mismo tiempo, de que Dios puso ante ellos “una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar” (Apocalipsis 3:8). Artajerjes I, llamado Larga Mano, como sus predecesores Ciro y Darío es un instrumento preparado por Jehová para mantener abierta la puerta del regreso a Jerusalén ante el cautivo remanente de Judá. La carta del rey muestra que se preocupa por todo: primero, por el restablecimiento del culto en Jerusalén, con todo lo que es necesario para los sacrificios y el mantenimiento de los sacerdotes y de los levitas; luego, por el establecimiento de las autoridades: gobernadores y jueces; finalmente —cosa notable— da instrucciones a Esdras para que haga conocer a todos las leyes de su Dios (Esdras 7:25). “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina” (Proverbios 21:1; véase también Proverbios 8:15-16). Esdras bendice a Jehová como a aquel “que puso tal cosa en el corazón del rey”. Ejercitémonos como él en ver siempre “la mano”, sí, “la buena mano de Dios” (Esdras 7:6, 9 y 28; 8:18 y 31) en todo lo que nos ocurre.

Esdras 8:1, 15-30
1Y ESTOS son los cabezas de sus familias, y genealogía de aquellos que subieron conmigo de Babilonia, reinando el rey Artajerjes:
15Y juntélos junto al río que viene á Ahava, y reposamos allí tres días: y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacerdotes, no hallé allí de los hijos de Leví.16Entonces despaché á Eliezer, y á Ariel, y á Semaías, y á Elnathán, y á Jarib, y á Elnathán, y á Nathán, y á Zacarías, y á Mesullam, principales; asimismo á Joiarib y á Elnathán, hombres doctos;17Y enviélos á Iddo, jefe en el lugar de Casipia, y puse en boca de ellos las palabras que habían de hablar á Iddo, y á sus hermanos los Nethineos en el lugar de Casipia, para que nos trajesen ministros para la casa de nuestro Dios.18Y trajéronnos, según la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, un varón entendido de los hijos de Mahalí, hijo de Leví, hijo de Israel; y á Serabías con sus hijos y sus hermanos, dieciocho;19Y á Hasabías, y con él á Isaía de los hijos de Merari, á sus hermanos y á sus hijos, veinte;20Y de los Nethineos, á quienes David con los príncipes puso para el ministerio de los Levitas, doscientos y veinte Nethineos: todos los cuales fueron declarados por sus nombres.21Y publiqué ayuno allí junto al río de Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para toda nuestra hacienda.22Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de á caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino: porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su fortaleza y su furor sobre 23Ayunamos pues, y pedimos á nuestro Dios sobre esto, y él nos fué propicio.24Aparté luego doce de los principales de los sacerdotes, á Serebías y á Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos;25Y peséles la plata, y el oro, y los vasos, la ofrenda que para la casa de nuestro Dios habían ofrecido el rey, y sus consultores, y sus príncipes, todos los que se hallaron en Israel.26Pesé pues en manos de ellos seiscientos y cincuenta talentos de plata, y vasos de plata por cien talentos, y cien talentos de oro;27Además veinte tazones de oro, de mil dracmas; y dos vasos de metal limpio muy bueno, preciados como el oro.28Y díjeles: Vosotros sois consagrados á Jehová, y santos los vasos; y la plata y el oro ofrenda voluntaria á Jehová, Dios de nuestros padres.29Velad, y guardadlos, hasta que los peséis delante de los príncipes de los sacerdotes y Levitas, y de los jefes de los padres de Israel en Jerusalem, en las cámaras de la casa de Jehová.30Los sacerdotes pues y Levitas recibieron el peso de la plata y del oro y de los vasos, para traerlo á Jerusalem á la casa de nuestro Dios.

La reunión tiene lugar junto al río Ahava. Para completar su tropa, Esdras está obligado a mandar a buscar a los levitas. “Los obreros (son) pocos” y “la mies es mucha” declaraba el Señor a sus discípulos (Mateo 9:37). Hoy es así todavía. Él considera a todos sus redimidos en la tierra y cuenta a los que están verdaderamente dispuestos a servirle.

¿Ahora está todo listo para la partida? No; ¡falta aun una cosa esencial! Así como un viajero no se pone en marcha sin haber estudiado el mapa, Esdras se preocupa por el camino que debe seguir. Y consulta a Jehová. “El camino derecho para nosotros, y para nuestros niños” (Esdras 8:21), ¿no es el de la entera obediencia a Dios? Cristo, el primero, lo allanó en este mundo (1 Pedro 2:21). De modo que la Biblia que nos muestra las perfectas huellas de ello, nos sirve —por decirlo así— de «carta de rutas». Sin embargo, a menudo erramos el verdadero y seguro camino porque nos extraviamos en las falsas pistas de nuestra propia voluntad. Humillación, dependencia, confianza en Dios más bien que en el hombre son otras tantas lecciones bendecidas que aprendemos en la compañía de Esdras... o mejor aun del Señor Jesús.

Esdras 8:31-36; Esdras 9:1-4
31Y partimos del río de Ahava el doce del mes primero, para ir á Jerusalem: y la mano de nuestro Dios fué sobre nosotros, el cual nos libró de mano de enemigo y de asechador en el camino.32Y llegamos á Jerusalem, y reposamos allí tres días.33Al cuarto día fué luego pesada la plata, y el oro, y los vasos, en la casa de nuestro Dios, por mano de Meremoth hijo de Urías sacerdote, y con él Eleazar hijo de Phinees; y con ellos Jozabad hijo de Jesuá, y Noadías hijo de Binnui, Levitas;34Por cuenta y por peso todo: y se apuntó todo aquel peso en aquel tiempo.35Los que habían venido de la cautividad, los hijos de la transmigración, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel, doce becerros por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos, doce machos cabríos por expiación: todo el holocausto á Jeh36Y dieron los despachos del rey á sus gobernadores y capitanes del otro lado del río, los cuales favorecieron al pueblo y á la casa de Dios.
1Y ACABADAS estas cosas, los príncipes se llegaron á mí, diciendo: El pueblo de Israel, y los sacerdotes y levitas, no se han apartado de los pueblos de las tierras, de los Cananeos, Hetheos, Pherezeos, Jebuseos, Ammonitas, y Moabitas, Egipcios, y Amorrheo2Porque han tomado de sus hijas para sí y para sus hijos, y la simiente santa ha sido mezclada con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en esta prevaricación.3Lo cual oyendo yo, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué de los cabellos de mi cabeza y de mi barba, y sentéme atónito.4Y juntáronse á mí todos los temerosos de las palabras del Dios de Israel, á causa de la prevaricación de los de la transmigración; mas yo estuve sentado atónito hasta el sacrificio de la tarde.

En el tiempo de la primera vuelta a Jerusalén, Ciro había hecho entregar a los judíos repatriados algunos de los utensilios de la casa de Dios. Esdras y sus compañeros tampoco salieron con las manos vacías. El rey y los que le rodeaban, así como los israelitas que permanecieron en el exilio, hicieron dones para el santuario.

Con esas riquezas que podían tentar a los bandidos, la débil tropa sin escolta —pero protegida por la buena mano de Dios— llegó a Jerusalén. Su primer cuidado fue entregar el precioso depósito en manos de los sacerdotes responsables. Luego, “diligentemente”, como se les había encargado hacerlo (Esdras 7:17), ofrecen sacrificios.

Pensemos en los “talentos” que nos fueron confiados para el camino (Mateo 25:15). ¿Qué caso hacemos de todos esos dones recibidos del Señor: salud, inteligencia, memoria y, ante todo, su Palabra? A la llegada a la celestial ciudad todo será contado y pesado en la balanza del santuario (Esdras 8:33; véase también Lucas 12, fin del versículo 48).

Pero, de repente, la vuelta de Esdras es ensombrecida por lo que él oye respecto del pueblo. Por eso es una escena de dolor y lágrimas a la cual asistimos ahora. “Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley” (Salmo 119:136).

Esdras 9:5-15
5Y al sacrificio de la tarde levantéme de mi aflicción; y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, postréme de rodillas, y extendí mis palmas á Jehová mi Dios,6Y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro á ti: porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo.7Desde los días de nuestros padres hasta este día estamos en grande culpa; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes, y nuestros sacerdotes, hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, á cuchillo, á cautiverio, y á robo, y á confu8Y ahora como por un breve momento fué la misericordia de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un resto libre, y para darnos estaca en el lugar de su santuario, á fin de alumbrar nuestros ojos nuestro Dios, y darnos una poca de vida en nuestra s9Porque siervos éramos: mas en nuestra servidumbre no nos desamparó nuestro Dios, antes inclinó sobre nosotros misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para alzar la casa de nuestro Dios, y para hacer restaurar sus asolamient10Mas ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? porque nosotros hemos dejado tus mandamientos,11Los cuales prescribiste por mano de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra á la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es á causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han henchido de uno á otro e12Ahora pues, no daréis vuestras hijas á los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis su paz ni su bien para siempre; para que seáis corroborados, y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad á vuestros hijos para 13Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido á causa de nuestras malas obras, y á causa de nuestro grande delito, ya que tú, Dios nuestro, estorbaste que fuésemos oprimidos bajo de nuestras iniquidades, y nos diste este tal efugio;14¿Hemos de volver á infringir tus mandamientos, y á emparentar con los pueblos de estas abominaciones? ¿No te ensañarías contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara resto ni escapatoria?15Jehová, Dios de Israel, tú eres justo: pues que hemos quedado algunossalvos, como este día, henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible subsistir en tu presencia á causa de esto.

Reparemos en la actitud de Esdras en este capítulo e imitémosla. Algún otro habría dirigido los más severos reproches al pueblo. Al contrario, Esdras se coloca ante Dios y se acusa tanto a sí mismo como a todo Israel. Al ofrecer doce becerros y doce machos cabríos (8:35) había refirmado la unidad del pueblo de Dios. Una consecuencia de esa unidad es justamente la común responsabilidad y el sufrimiento compartido (véase 1 Corintios 12:26). ¡Qué lección nos da ese siervo de Dios! No sólo nos enseña que no debemos mostrar con el dedo las faltas de los demás cristianos, sino también que hace falta que nosotros mismos estemos avergonzados y afligidos ante el Señor. “Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti...” dice el hombre de Dios (Esdras 9:6).

Estas palabras de Esdras son conmovedoras. Oponen la misericordia del Dios de Israel a la ingratitud de su pueblo. Pero, sin dejar de sentir profundamente el peso del pecado, del cual no era personalmente culpable, Esdras no podía hacer nada para quitarlo de delante de la mirada de un Dios santo. Sólo uno estaba en condición de cumplir la expiación. El Hijo de Dios, al cargar con nuestros pecados como si fueran los suyos, pudo declarar en su indecible dolor: “Me han alcanzado mis maldades...” (Salmo 40:12).

Esdras 10:1-19
1Y ORANDO Esdras y confesando, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, juntóse á él una muy grande multitud de Israel, hombres y mujeres y niños; y lloraba el pueblo con gran llanto.2Entonces respondió Sechânías hijo de Jehiel, de los hijos Elam, y dijo á Esdras: Nosotros hemos prevaricado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra: mas hay aún esperanza para Israel sobre esto.3Ahora pues hagamos pacto con nuestro Dios, que echaremos todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo del Señor, y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios: y hágase conforme á la ley.4Levántate, porque á ti toca el negocio, y nosotros seremos contigo; esfuérzate, y ponlo por obra.5Entonces se levantó Esdras, y juramentó á los príncipes de los sacerdotes y de los Levitas, y á todo Israel, que harían conforme á esto; y ellos juraron.6Levantóse luego Esdras de delante la casa de Dios, y fuése á la cámara de Johanán hijo de Eliasib: é ido allá, no comió pan ni bebió agua, porque se entristeció sobre la prevaricación de los de la transmigración.7hicieron pasar pregón por Judá y por Jerusalem á todos los hijos de la transmigración, que se juntasen en Jerusalem:8Y que el que no viniera dentro de tres días, conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos, perdiese toda su hacienda, y él fuese apartado de la compañía de los de la transmigración.9Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalem dentro de tres días, á los veinte del mes, el cual era el mes noveno; y sentóse todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, temblando con motivo de aquel negocio, y á causa de las ll10Y levantóse Esdras el sacerdote, y díjoles: Vosotros habéis prevaricado, por cuanto tomasteis mujeres extrañas, añadiendo así sobre el pecado de Israel.11Ahora pues, dad gloria á Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras.12Y respondió todo aquel concurso, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme á tu palabra.13Mas el pueblo es mucho, y el tiempo lluvioso, y no hay fuerza para estar en la calle: ni la obra es de un día ni de dos, porque somos muchos los que hemos prevaricado en este negocio.14Estén ahora nuestro príncipes, los de toda la congregación; y todos aquellos que en nuestras ciudades hubieren tomado mujeres extranjeras, vengan á tiempos aplazados, y con ellos los ancianos de cada ciudad, y los jueces de ellas, hasta que apartemos de n15Fueron pues puestos sobre este negocio Jonathán hijo de Asael, y Jaazías hijo de Tikvah; y Mesullam y Sabethai, Levitas, les ayudaron.16hicieron así los hijos de la transmigración. Y apartados que fueron luego Esdras sacerdote, y los varones cabezas de familias en la casa de sus padres, todos ellos por sus nombres, sentáronse el primer día del mes décimo para inquirir el negocio.17Y concluyeron, con todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras, al primer día del mes primero.18Y de los hijos de los sacerdotes que habían tomado mujeres extranjeras, fueron hallados estos: De los hijos de Jesuá hijo de Josadec, y de sus hermanos: Maasías, y Eliezer, y Jarib, y Gedalías;19Y dieron su mano en promesa de echar sus mujeres, y ofrecieron como culpados un carnero de los rebaños por su delito.

El ejemplo de Esdras había llevado a humillarse a “todos los que temían las palabras del Dios de Israel” (Esdras 9:4). Ahora, como una respuesta a su oración, ese mismo sentimiento es producido en el corazón de “una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños”. Ser joven no impide entristecerse por lo que deshonra a Dios.

Esas alianzas con personas extranjeras recuerdan una vez más al hijo de Dios la orden terminante del Nuevo Testamento: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Corintios 6:14). Pero señalan también la temible trampa de la mundanería. ¿No hemos dejado penetrar a veces esa intrusa en nuestros hogares y nuestras vidas? Y, a menudo, los jóvenes son los primeros en introducirla en la casa paterna. Pero no basta comprobar ese mal a la luz de la Palabra, ni aun humillarnos por él. Es necesario separarnos de él. Por ejemplo, esto nos conducirá a revisar severamente nuestras costumbres... nuestros estantes de libros, nuestra ropa... a fin de eliminar sin piedad esto o aquello. ¡Trabajo desagradable que quizás dure cierto tiempo! (véase Esdras 10:13). Pero éste es el precio de la reanudación de felices relaciones con el Señor.

Nehemías 1:1-11
1PALABRAS de Nehemías, hijo de Hachâlías. Y acaeció en el mes de Chisleu, en el año veinte, estando yo en Susán, capital del reino,2Que vino Hanani, uno de mis hermanos, él y ciertos varones de Judá, y preguntéles por los Judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalem.3Y dijéronme: El residuo, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalem derribado, y sus puertas quemadas á fuego.4Y fué que, como yo oí estas palabras, sentéme y lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.5Y dije: Ruégote, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande, y terrible, que guarda el pacto y la misericordia á los que le aman y guardan sus mandamientos;6Esté ahora atento tu oído, y tus ojos abiertos, para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos contra ti cometido; sí, yo y la cas7En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, y estatutos y juicios, que mandaste á Moisés tu siervo.8Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste á Moisés tu siervo, diciendo: Vosotros prevaricaréis, y yo os esparciré por los pueblos:9Mas os volveréis á mí, y guardaréis mis mandamientos, y los pondréis por obra. Si fuere vuestro lanzamiento hasta el cabo de los cielos, de allí os juntaré; y traerlos he al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.10Ellos pues son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran fortaleza, y con tu mano fuerte.11Ruégote, oh Jehová, esté ahora atento tu oído á la oración de tu siervo, y la oración de tus siervos, quienes desean temer tu nombre: y ahora concede hoy próspero suceso á tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.

Históricamente, el libro de Nehemías es el último vistazo que el Antiguo Testamento nos permite echar sobre el pueblo de Israel. Los acontecimientos que relata comienzan unos treinta años después de aquellos a que se refiere el libro de Ester y trece años después del retorno de Esdras. Sus enseñanzas son, pues, particularmente apropiadas para nosotros, los cristianos, “a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11). ¡Pobre pueblo! Está “en gran mal y afrenta”, según el relato que hacen algunos viajeros (Nehemías 1:3). Pero Dios preparó a alguien que va a preocuparse por ese estado. ¡Es Nehemías! Ese hombre es sensible a los sufrimientos y a la humillación de los que habían escapado de la cautividad y permanecido en Jerusalén. Ante Jehová confiesa los pecados que son la causa de ello. Así lo había hecho Esdras (Esdras 9). Dios siempre escoge a los instrumentos de sus liberaciones de entre los que aman a su pueblo.

Pero dirijamos nuestras miradas a uno más grande que Nehemías. ¿Quién se preocupó por la desesperada condición de Israel y del hombre en general, si no el mismo Hijo de Dios? Él sondeó a fondo nuestro miserable estado, ese abismo de mal en el cual estábamos hundidos. Y él vino para arrancarnos de allí.

Nehemías 2:1-8
1Y FUÉ en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino, y dílo al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,2Díjome el rey: ¿Por qué está triste tu rostro, pues no estás enfermo? No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.3Y dije al rey: El rey viva para siempre. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas del fuego?4Y díjome el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,5Y dije al rey: Si al rey place, y si agrada tu siervo delante de ti, que me envíes á Judá, á la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.6Entonces el rey me dijo, (y la reina estaba sentada junto á él): ¿Hasta cuándo será tu viaje, y cuándo volverás? Y plugo al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.7Además dije al rey: Si al rey place, dénseme cartas para los gobernadores de la otra parte del río, que me franqueen el paso hasta que llegue á Judá;8Y carta para Asaph, guarda del bosque del rey, á fin que me dé madera para enmaderar los portales del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa donde entraré. Y otorgóme lo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí.

Mientras los hijos de Judá estaban en la miseria y el oprobio, Nehemías ocupaba en la corte uno de los más honorables puestos: el de copero del rey. Habría podido conservar egoístamente esa ventajosa colocación. O aun justificarla, diciéndose: «Ya que tengo la confianza del rey, junto a él seré más útil a mi pueblo. Dios me colocó aquí con este fin».

Pero Nehemías no razona así. Su corazón, como el de Moisés en otros tiempos, le lleva a visitar a sus hermanos, los hijos de Israel (Hechos 7:23). Y antes que gozar de los deleites temporales del palacio real, él escoge “ser maltratado con el pueblo de Dios” (Hebreos 11:25).

Note que su conversación con Artajerjes no sólo es precedida sino también acompañada por la oración (Nehemías 1:1; 2:5). Entre la pregunta del rey y su propia respuesta, Nehemías halla el tiempo de dirigirse a Dios en su corazón. Se ha llamado a esto una «oración flecha». ¡Imitemos a menudo ese ejemplo! Y como ese servidor (de Jehová antes que del rey) veremos la buena mano de Dios descansar sobre nosotros y sobre lo que hagamos.

Nehemías 2:9-20
9Y vine luego á los gobernadores de la otra parte del río, y les dí las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de á caballo.10Y oyéndolo Sanballat Horonita, y Tobías, el siervo Ammonita, disgustóles en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.11Llegué pues á Jerusalem, y estado que hube allí tres días,12Levantéme de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré á hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalem; ni había bestia conmigo, excepto la cabalgadura en que cabalgaba.13Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y á la puerta del Muladar; y consideré los muros de Jerusalem que estaban derribados, y sus que puertas estaban consumidas del fuego.14Pasé luego á la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; mas no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.15Y subí por el torrente de noche, y consideré el muro, y regresando entré por la puerta del Valle, y volvíme.16Y no sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado á los Judíos y sacerdotes, ni á los nobles y magistrados, ni á los demás que hacían la obra.17Díjeles pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalem está desierta, y sus puertas consumidas del fuego: venid, y edifiquemos el muro de Jerusalem, y no seamos más en oprobio.18Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios era buena sobre mí, y asimismo las palabras del rey, que me había dicho. Y dijeron: Levantémonos, y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.19Mas habiéndolo oído Samballat Horonita, y Tobías el siervo Ammonita, y Gesem el Arabe, escarnecieron de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿os rebeláis contra el rey?20Y volvíles respuesta, y díjeles: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos: que vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalem.

Nehemías llega a Jerusalén provisto de las cartas del rey. Empieza por hacer la inspección de los muros, o más bien de lo que queda de ellos. Su hermano le había hablado de esto (cap. 1:2-3), pero él desea darse cuenta por sí mismo de la amplitud de los daños. ¡Grande es su consternación ante ese espectáculo, al cual los habitantes de Jerusalén, por su parte, se habían acostumbrado! Creyentes, ciertamente también corremos el peligro de volvernos indiferentes acerca del estado de ruina en el cual se halla hoy la Iglesia responsable. Ningún muro la protege ya contra la invasión del mundo. Y tal estado le conviene perfectamente a sus enemigos.

En tiempos de Zorobabel y Esdras, para Israel esos enemigos se llamaban: Bislam, Tabeel... luego Tatnai, Setar-boznai y sus colegas. En el de Nehemías se trata de Sanbalat, Tobías y Gesem. El diablo se sirve de diversos instrumentos. Renueva su «personal». Pero su meta siempre es la misma: mantener al pueblo de Dios en la humillación y la servidumbre.

Nehemías sabe arreglárselas para exhortar a los hombres de Jerusalén. Su nombre significa: Jehová consoló. Obtiene esta alegre y alentadora respuesta: “Levantémonos y edifiquemos” (v. 18).

Nehemías 3:1-15
1Y LEVANTOSE Eliasib el gran sacerdote con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos aparejaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Meah, aparejándola hasta la torre de Hananeel.2Y junto á ella edificaron los varones de Jericó: y luego edificó Zachûr hijo de Imri.3Y los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.4Y junto á ellos restauró Meremoth hijo de Urías, hijo de Cos, y al lado de ellos, restauró Mesullam hijo de Berechîas, hijo de Mesezabeel. Junto á ellos restauró Sadoc hijo de Baana.5E inmediato á ellos restauraron los Tecoitas; mas sus grandes no prestaron su cerviz á la obra de su Señor.6Y la puerta Vieja restauraron Joiada hijo de Pasea, y Mesullam hijo de Besodías: ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.7Junto á ellos restauró Melatías Gabaonita, y Jadón Meronothita, varones de Gabaón y de Mizpa, por la silla del gobernador de la otra parte del río.8Y junto á ellos restauró Uzziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así dejaron reparado á Jerusalem hasta el muro ancho.9Junto á ellos restauró también Repaías hijo de Hur, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem.10Asimismo restauró junto á ellos, y frente á su casa, Jedaías hijo de Harumaph; y junto á él restauró Hattus hijo de Hasbanías.11Malchîas hijo de Harim y Hasub hijo de Pahath-moab, restauraron la otra medida, y la torre de los Hornos.12Junto á ellos restauró Sallum hijo de Lohes, príncipe de la mitad de la región de Jerusalem, él con sus hijas.13La puerta del Valle la restauró Hanún con los moradores de Zanoa: ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos en el muro hasta la puerta del Muladar.14Y reedificó la puerta del Muladar, Malchîas hijo de Rechâb, príncipe de la provincia de Beth-haccerem: él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos.15Y Sallum hijo de Chôl-hoce, príncipe de la región de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente: él la reedificó, y la enmaderó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos, y el muro del estanque de Selah hacia la huerta del rey, y hasta las gradas

A la inversa del orden normal, la reconstrucción de Jerusalén empezó por el altar, luego por el templo (Esdras 3), y solamente ahora se reedifica el muro de la ciudad. El altar y el santuario nos hablan del culto, el cual es evidentemente la primera responsabilidad del pueblo de Dios. No sólo somos cristianos del domingo. El resto de la ciudad, que sugiere la vida cotidiana en nuestras casas y nuestras circunstancias de todos los días, debe igualmente ser protegido de los enemigos y francamente separado. Cada uno ha de velar por ello y, en particular, construir el muro frente a su propia casa (v. 10, 28 y 30).

Bajo el impulso dado por Nehemías, todo Judá se pone a la obra. Y este capítulo nos hace dar la vuelta a la ciudad para presentarnos en acción a los diferentes grupos de trabajadores. La mayoría colabora en la restauración, ya sea de su puerta, de su torre, de su parte del muro, en proporción a sus fuerzas y, sobre todo, según su abnegación. Pero, mientras algunos tienen bastante celo para reparar una doble porción (v. 11, 19, 24, 27 y 30), otros —entre ellos los principales— rehúsan doblegar su cerviz al servicio de su Señor (comp. Mateo 20:27-28; 2 Corintios 5:15). ¡Triste testimonio consignado en el libro de Dios!

Nehemías 3:16-32
16Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, príncipe de la mitad de la región de Beth-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y hasta el estanque labrado, y hasta la casa de los Valientes.17Tras él restauraron los Levitas, Rehum hijo de Bani; junto á él restauró Asabías, príncipe de la mitad de la región de Ceila en su región.18Después de él restauraron sus hermanos, Bavvai hijo de Henadad, príncipe de la mitad de la región de Ceila.19Y junto á él restauró Ezer hijo de Jesuá, príncipe de Mizpa, la otra medida frente á la subida de la armería de la esquina.20Después de él se enfervorizó á restaurar Baruch hijo de Zachâi la otra medida, desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib gran sacerdote.21Tras él restauró Meremoth hijo de Urías hijo de Cos la otra medida, desde la entrada de la casa de Eliasib, hasta el cabo de la casa de Eliasib.22Después de él restauraron los sacerdotes, los varones de la campiña.23Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente á su casa: y después de estos restauró Azarías, hijo de Maasías hijo de Ananías, cerca de su casa.24Después de él restauró Binnui hijo de Henadad la otra medida, desde la casa de Azarías hasta la revuelta, y hasta la esquina.25Paal hijo de Uzai, enfrente de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el patio de la cárcel. Después de él, Pedaía hijo de Pharos.26(Y los Nethineos estuvieron en Ophel hasta enfrente de la puerta de las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía.)27Después de él restauraron los Tecoitas la otra medida, enfrente de la grande torre que sobresale, hasta el muro de Ophel.28Desde la puerta de los Caballos restauraron los sacerdotes, cada uno enfrente de su casa.29Después de ellos resturó Sadoc hijo de Immer, enfrente de su casa: y después de él restauró Semaías hijo de Sechânías, guarda de la puerta oriental.30Tras él restauró Hananías hijo de Selemías, y Anún hijo sexto de Salaph, la otra medida. Después de él restauró Mesullam, hijo de Berechîas, enfrente de su cámara.31Después de él restauró Malchîas hijo del platero, hasta la casa de los Nethineos y de los tratantes, enfrente de la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina.32Y entre la sala de la esquina hasta la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros, y los tratantes.

A partir del versículo 16 se trata de la porción del muro que protege a la ciudad de David y al atrio del templo.

Nos sorprende enterarnos de que Eliasib, el sumo sacerdote, no reparó el muro delante de su propia casa (comp. con 1 Timoteo 3:5). Otros tuvieron que hacerlo en su lugar (Nehemías 3:20-21). Segunda culpable negligencia: al construir la puerta de las ovejas, él y sus hermanos, esos malos pastores, habían omitido proveerla de cerraduras y cerrojos (v. 1). Era brindar a los ladrones la facilidad para introducirse a fin de apoderarse de las «ovejas» de Israel (véase Juan 10:8 y 10).

Improvisadamente los plateros, perfumeros y comerciantes se hicieron albañiles (Nehemías 3:8 y 32). Uno de los jefes, Salum (v. 12) edificó con sus hijas. Mediante esos ejemplos Dios nos enseña que podemos trabajar en su obra, cualquiera sea nuestra edad, nuestro sexo o nuestra profesión. Notemos todavía que varios de esos hombres o sus padres se habían visto comprometidos, en tiempos de Esdras, en la alianza impía con mujeres extranjeras. Tal era el caso de Baruc, hijo de Zabai, de Malquías y Pedaías, hijos de Paros (Esdras 10:25 y 28). Es hermoso ver ahora su diligencia para proteger a Jerusalén precisamente contra influencias extranjeras.

Nehemías 4:1-14
1Y FUÉ que como oyó Sanballat que nosotros edificábamos el muro, encolerizóse y enojóse en gran manera, é hizo escarnio de los Judíos.2Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles Judíos? ¿hanles de permitir? ¿han de sacrificar? ¿han de acabar en un día? ¿han de resucitar de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?3Y estaba junto á él Tobías Ammonita, el cual dijo: Aun lo que ellos edifican, si subiere una zorra derribará su muro de piedra.4Oye, oh Dios nuestro, que somos en menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y dalos en presa en la tierra de su cautiverio:5Y no cubras su iniquidad, ni su pecado sea raído delante de tu rostro; porque se airaron contra los que edificaban.6Edificamos pues el muro, y toda la muralla fué junta hasta su mitad: y el pueblo tuvo ánimo para obrar.7Mas acaeció que oyendo Sanballat y Tobías, y los Arabes, y los Ammonitas, y los de Asdod, que los muros de Jerusalem eran reparados, porque ya los portillos comenzaban á cerrarse, encolerizáronse mucho;8Y conspiraron todos á una para venir á combatir á Jerusalem, y á hacerle daño.9Entonces oramos á nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.10Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han enflaquecido, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.11Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos, y los matemos, y hagamos cesar la obra.12Sucedió empero, que como vinieron los Judíos que habitaban entre ellos, nos dieron aviso diez veces de todos los lugares de donde volvían á nosotros.13Entonces puse por los bajos del lugar, detrás del muro, en las alturas de los peñascos, puse el pueblo por familias con sus espadas, con sus lanzas, y con sus arcos.14Después miré, y levantéme, y dije á los principales y á los magistrados, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos: acordaos del Seños grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres

Mientras se reparaban los muros, los enemigos montaban en cólera contra Judá. Sanbalat, su portavoz, se irrita y se burla al mismo tiempo. Somos especialmente sensibles a la burla. El mundo no deja de poner en ridículo la separación de los creyentes, la debilidad de sus reuniones... No nos dejemos turbar por sus reflexiones. En lugar de responder, Nehemías se dirige a su Dios: “Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio...” (v. 4); y no toma en cuenta sus amenazas. “Edificamos, pues...” concluye el hombre de Dios (v. 6).

Entonces el enemigo se prepara para la guerra abierta y el desaliento amenaza a los hombres de Judá. Miran su propia debilidad (v. 10). Eso es estar de acuerdo con el enemigo, quien había menospreciado a “estos débiles judíos” (v. 2). Consideran el peso de las cargas, el volumen de los escombros... Sin embargo, hay quienes, con Nehemías, conocen el doble recurso (v. 9). Éste es, al mismo tiempo, una orden del Señor: “Velad y orad...” (Mateo 26:41; 1 Pedro 4:7). La oración ha de ser nuestra primera respuesta a los esfuerzos del adversario. No obstante, no nos exime de la vigilancia. Por eso Nehemías toma diversas disposiciones para asegurar la vigilancia y la custodia del pueblo durante el fin del trabajo.

Nehemías 4:15-23; Nehemías 5:1-5
15Y sucedió que como oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, Dios disipó el consejo de ellos, y volvímonos todos al muro, cada uno á su obra.16Mas fué que desde aquel día la mitad de los mancebos trabajaba en la obra, y la otra mitad de ellos tenía lanzas y escudos, y arcos, y corazas; y los príncipes estaban tras toda la casa de Judá.17Los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas y los que cargaban, con la una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.18Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida á sus lomos, y así edificaban y el que tocaba la trompeta estaba junto á mí.19Y dije á los principales, y á los magistrados y al resto del pueblo: La obra es grande y larga, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos los unos de los otros.20En el lugar donde oyereis la voz de la trompeta, reuníos allí á nosotros: nuestro Dios peleará por nosotros.21Nosotros pues trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta salir las estrellas.22También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado se quede dentro de Jerusalem, y hágannos de noche centinela, y de día á la obra.23Y ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, desnudamos nuestro vestido: cada uno se desnudaba solamente para lavarse.
1ENTONCES fué grande el clamor del pueblo y de sus mujeres contra los Judíos sus hermanos.2Y había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos: hemos por tanto tomado grano para comer y vivir.3Y había quienes decían: Hemos empeñado nuestras tierras, y nuestras viñas, y nuestras casas, para comprar grano en el hambre.4Y había quienes decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, sobre nuestras tierras y viñas.5Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos como sus hijos; y he aquí que nosotros sujetamos nuestros hijos y nuestras hijas á servidumbre, y hay algunas de nuestras hijas sujetas: mas no hay facultad en nuestras manos

Al final del capítulo 4 vienen a agregarse, a las dificultades y al cansancio de la construcción, las del combate. Y, en efecto, el creyente no sólo es obrero sino también soldado. Se parece al miliciano de Nehemías, quien tenía su herramienta en una mano y en la otra su arma (la cual es la Palabra de Dios: Efesios 6:17). No tiene el derecho de dejar la una ni de deponer la otra.

Después del hermoso celo al que hemos asistido, el capítulo 5 nos trae una penosa sorpresa. Esos judíos que habían «escapado», quienes antes de la venida de Nehemías estaban en una gran miseria (cap. 1:3), ahora se hallan en una situación peor todavía. Tuvieron que empeñar lo que poseían y, a veces, entregar sus hijos en servidumbre para poder pagar sus impuestos y no morirse de hambre. Además, los que los redujeron a ese estado no son enemigos. Son sus propios hermanos, quienes transgredieron la ley: (Éxodo 22:25; Levítico 25:39-43; Deuteronomio 15:11; 23:19-20).

¿Dónde estamos en el plano del amor fraterno? Sin él el más hermoso servicio cristiano no tiene valor (1 Corintios 13:1-3). Llevemos a cabo lo que dice el apóstol Santiago (cap. 2:15-16). Sí, examinemos bien nuestro corazón a ese respecto. ¡Y también nuestro comportamiento!

Nehemías 5:6-19
6Y enojéme en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras.7Medité lo entonces para conmigo, y reprendí á los principales y á los magistrados, y díjeles: ¿Tomáiscada uno usura de vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una grande junta.8Y díjeles: Nosotros rescatamos á nuestros hermanos Judíos que habían sido vendidos á las gentes, conforme á la facultad que había en nosotros: ¿y vosotros aun vendéis á vuestros hermanos, y serán vendidos á nosotros? Y callaron, que no tuvieron qué respon9Y dije: No es bien lo que hacéis, ¿no andaréis en temor de nuestro Dios, por no ser el oprobio de las gentes enemigas nuestras?10También yo, y mis hermanos, y mis criados, les hemos prestado dinero y grano: relevémosles ahora de este gravamen.11Ruégoos que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares, y sus casas, y la centésima parte del dinero y grano, del vino y del aceite que demandáis de ellos.12Y dijeron: Devolveremos, y nada les demandaremos; haremos así como tú dices. Entonces convoqué los sacerdotes, y juramentélos que harían conforme á esto.13Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo á todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ­Amén! Y alabaron á Jehová. Y el pueblo hizo conforme á esto.14También desde el día que me mandó el rey que fuese gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artajerjes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis hermanos comimos el pan del gobernador.15Mas los primeros gobernadores que fueron antes de mí, cargaron al pueblo, y tomaron de ellos por el pan y por el vino sobre cuarenta siclos de plata: á más de esto, sus criados se enseñoreaban sobre el pueblo; pero yo no hice así, á causa del temor de Dio16También en la obra de este muro instauré mi parte, y no compramos heredad: y todos mis criados juntos estaban allí á la obra.17Además ciento y cincuenta hombres de los Judíos y magistrados, y los que venían á nosotros de las gentes que están en nuestros contornos, estaban á mi mesa.18Y lo que se aderezaba para cada día era un buey, seis ovejas escogidas, y aves también se aparejaban para mí, y cada diez días vino en toda abundancia: y con todo esto nunca requerí el pan del gobernador, porque la servidumbre de este pueblo era grave.19Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de todo lo que hice á este pueblo.

Nehemías, “enojado en gran manera”, ha reunido a los nobles y a los oficiales ante el resto del pueblo para dirigirles los reproches que merecen. Los culpables se someten, no sencillamente porque Nehemías es el gobernador, sino porque él mismo da ejemplo de un amor desinteresado. Ha renunciado a los derechos personales que le daba su posición y esto le permite pedir a esos jefes que obren de la misma manera. El ejemplo es la regla de oro para obtener lo que sea del prójimo. El apóstol Pablo siempre se dedicó a servir de ejemplo a los creyentes a quienes enseñaba (Hechos 20:35; 1 Corintios 4:16; 10:32-33...). Por encima de todo consideremos al divino Maestro. Él decía a sus discípulos: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15). Pero, al mismo tiempo, los ponía en guardia contra los escribas y los fariseos: “Todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23:3). Las multitudes notaban la diferencia: Jesús les enseñaba “como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:29).

Nehemías 6:1-14
1Y FUÉ que habiendo oído Sanballat, y Tobías, y Gesem el Arabe, y los demás nuestros enemigos, que había yo edificado el muro, y que no quedaba en él portillo, (aunque hasta aquel tiempo no había puesto en las puertas las hojas,)2Sanballat y Gesem enviaron á decirme: Ven, y compongámonos juntos en alguna de las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal.3Y enviéles mensajeros, diciendo: Yo hago una grande obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir á vosotros.4Y enviaron á mí con el mismo asunto por cuatro veces, y yo les respondí de la misma manera.5Envió entonces Sanballat á mí su criado, á decir lo mismo por quinta vez, con una carta abierta en su mano,6En la cual estaba escrito: Hase oído entre las gentes, y Gasmu lo dice, que tú y los Judíos pensáis rebelaros; y que por eso edificas tú el muro, con la mira, según estas palabras, de ser tú su rey;7Y que has puesto profetas que prediquen de ti en Jerusalem, diciendo: ­Rey en Judá! Y ahora serán oídas del rey las tales palabras: ven por tanto, y consultemos juntos.8Entonces envié yo á decirles: No hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas.9Porque todos ellos nos ponían miedo, diciendo: Debilitaránse las manos de ellos en la obra, y no será hecha. Esfuerza pues mis manos, oh Dios.10Vine luego en secreto á casa de Semaías hijo de Delaías, hijo de Mehetabeel, porque él estaba encerrado; el cual me dijo: Juntémonos en la casa de Dios dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen para matarte; sí, esta noche vendrá11Entonces dije: ¿Un hombre como yo ha de huir? ¿y quién, que como yo fuera, entraría al templo para salvar la vida? No entraré.12Y entendí que Dios no lo había enviado, sino que hablaba aquella profecía contra mí, porque Tobías y Sanballat le habían alquilado por salario.13Porque sobornado fué para hacerme temer así, y que pecase, y les sirviera de mal nombre con que fuera yo infamado.14Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanballat, conforme á estas sus obras, y también de Noadías profetisa, y de los otros profetas que hacían por ponerme miedo.

Sus precedentes fracasos no desalentaron a Sanbalat, Tobías y Gesem. Hacen una proposición hipócrita a Nehemías: “Ven y reunámonos...”. El valle de Ono (o de los artífices: cap. 11:35), fijado como lugar de encuentro, sugiere una colaboración con los enemigos del pueblo de Dios. Pero el ofrecimiento es rechazado, pese a las amenazas que lo acompañan la quinta vez. Entonces se arma otra trampa por intermedio de un judío, Semaías. Por una falsa profecía ese agente del enemigo procura llevar a Nehemías (quien no era sacerdote) a desobedecer a Jehová, buscando asilo en el templo (véase 2Corintios 11:13 y 1 Juan 4:11). Así actuaron los fariseos con el Señor Jesús. “Sal, y vete de aquí” —le dicen— “porque Herodes te quiere matar” (Lucas 13:31). Procuraban (y Satanás estaba detrás de ellos) espantar y hacer salir del camino de la fe a aquel que había afirmado su rostro para ir a Jerusalén (Lucas 9:51).

La doble ofensiva, frustrada por el fiel Nehemías, pone al creyente en guardia contra dos peligros opuestos: 1) Ensanchar el camino, al trabajar hombro a hombro con los que no se someten a la Palabra. 2) «Encerrarse» en un sectarismo pretencioso y egoísta.

Nehemías 6:15-19; Nehemías 7:1-7
15Acabóse pues el muro el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días.16Y como lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las gentes que estaban en nuestros alrededores, y abatiéronse mucho sus ojos, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra.17Asimismo en aquellos días iban muchas cartas de los principales de Judá á Tobías, y las de Tobías venían á ellos.18Porque muchos en Judá se habían conjurado con él, porque era yerno de Sechânías hijo de Ara; y Johanán su hijo había tomado la hija de Mesullam, hijo de Berechîas.19También contaban delante de mí sus buenas obras, y referíanle mis palabras. Y enviaba Tobías cartas para atemorizarme.
1Y LUEGO que el muro fué edificado, y asenté las puertas, y fueron señalados porteros y cantores y Levitas,2Mandé á mi hermano Hanani, y á Hananías, príncipe del palacio de Jerusalem, (porque era éste, como varón de verdad y temeroso de Dios, sobre muchos;)3Y díjeles: No se abran las puertas de Jerusalem hasta que caliente el sol: y aun ellos presentes, cierren las puertas, y atrancad. Y señalé guardas de los moradores de Jerusalem, cada cual en su guardia, y cada uno delante de su casa.4Y la ciudad era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había casas reedificadas.5Y puso Dios en mi corazón que juntase los principales, y los magistrados, y el pueblo, para que fuesen empadronados por el orden de sus linajes: y hallé el libro de la genealogía de los que habían subido antes, y encontré en él escrito:6Estos son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de la transmigración que hizo pasar Nabucodonosor rey de Babilonia, y que volvieron á Jerusalem y á Judá cada uno á su ciudad;7Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesuá, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardochêo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum, Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel:

A los hombres de Judá les bastaron cincuenta y dos días para tapar las brechas y reedificar el muro. La mayoría de ellos eran inexpertos en el manejo de la llana y la piqueta. Pero lo hacían con fervor y de todo corazón (cap. 3:20 y 4:6). Y, a los ojos del Señor, la abnegación de sus obreros tiene más valor que su capacidad. Además, precisamente él da esa capacidad a los que son abnegados y todo lo esperan de él.

Los esfuerzos de Tobías para intimidar a Nehemías y el apoyo que ese malvado personaje halla en algunos nobles de Judá son las últimas manifestaciones de la hostilidad de los enemigos. De ahí en adelante, con sus muros reconstituidos, Jerusalén aparece a las naciones circundantes “como una ciudad que está bien unida entre sí” (Salmo 122:3). Pero todavía es necesario asegurar la vigilancia de ella. Nehemías se preocupa por las puertas y por el establecimiento de guardas (véase Isaías 62:6-7). Otras funciones son atribuidas, inclusive las de dos gobernadores de la ciudad (Nehemías 7:1-2). El uno y el otro merecieron ese cargo: Hanani por su interés por el pueblo (cap. 1:2) y Hananías por su fidelidad y su temor de Dios (v. 2).

Nehemías 7:61-73
61Y estos son los que subieron de Tel-melah, Tel-harsa, Chêrub, Addón, é Immer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel:62Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos.63Y de los sacerdotes: los hijos de Habaías, los hijos de Cos, los hijos de Barzillai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzillai Galaadita, y se llamó del nombre de ellas.64Estos buscaron su registro de genealogías, y no se halló; y fueron echados del sacerdocio.65Y díjoles el Tirsatha que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Thummim.66La congregación toda junta era de cuarenta y dos mil trescientos y sesenta,67Sin sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y siete; y entre ellos había doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras.68Sus caballos, setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;69Camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos y veinte.70Y algunos de los príncipes de las familias dieron para la obra. El Tirsatha dió para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones, y quinientas treinta vestiduras sacerdotales.71Y de los príncipes de las familias dieron para el tesoro de la obra, veinte mil dracmas de oro, y dos mil y doscientas libras de plata.72Y lo que dió el resto del pueblo fué veinte mil dracmas de oro, y dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacerdotales.73Y habitaron los sacerdotes y los Levitas, y los porteros, y los cantores, y los del pueblo, y los Nethineos, y todo Israel, en sus ciudades. Y venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades.

Nehemías sintió en el corazón el deseo de hacer el censo del pueblo. Se sirvió del registro genealógico establecido cuando tuvo lugar el primer retorno a Jerusalén. Los versículos 6 a 73 reproducen más o menos el capítulo 2 del libro de Esdras. Por ejemplo, volvemos a hallar la descendencia de aquel hombre que “tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y se llamó del nombre de ellas” (Nehemías 7:63). Barzilai era ese anciano rico y considerado, quien había mantenido a David y su séquito en Mahanaim (2 Samuel 19:32). Aquí nos enteramos de que su yerno, aunque sacerdote, había renunciado a su propio nombre en otros tiempos. Se había hecho llamar por el de su suegro, lo que lo ponía más en evidencia. ¿Cuáles fueron las enojosas consecuencias? Sus descendientes, considerados como profanos ¡fueron excluidos de los cargos del sacerdocio! ¡Cuidémonos de abandonar nuestros privilegios cristianos por afán de consideración! ¿Existe más grande dignidad y nobleza que la de pertenecer a la familia de Dios, al «real sacerdocio»?

Ese empadronamiento del pueblo subraya el contraste con los días de David. Allá sólo la tribu de Judá contaba 470.000 hombres de espada: diez veces más que ahora. Pero no es el número lo que importa: ¡es la fidelidad!

Nehemías 8:1-12
1Y JUNTOSE todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron á Esdras el escriba, que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual mandó Jehová á Israel.2Y Esdras el sacerdote, trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres, y de todo entendido para escuchar, el primer día del mes séptimo.3Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el medio día, en presencia de hombres y mujeres y entendidos; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.4Y Esdras el escriba estaba sobre un púlpito de madera, que habían hecho para ello; y junto á él estaban Mathithías, y Sema, y Anías, y Urías, é Hilcías, y Maasías, á su mano derecha; y á su mano izquierda, Pedaía, Misael, y Malchîas, y Hasum, y Hasbedana,5Abrió pues Esdras el libro á ojos de todo el pueblo, (porque estaba más alto que todo el pueblo); y como lo abrió, todo el pueblo estuvo atento.6Bendijo entonces Esdras á Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió, ­Amén! ­Amén! alzando sus manos; y humilláronse, y adoraron á Jehová inclinados á tierra.7Y Jesuá, y Bani, y Serebías, Jamín, Accub, Sabethai, Odías, Maasías, Celita, Azarías, Jozabed, Hanán, Pelaía, Levitas, hacían entender al pueblo la ley: y el pueblo estaba en su lugar.8Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.9Y Nehemías el Tirsatha, y el sacerdote Esdras, escriba, y los Levitas que hacían entender al pueblo, dijeron á todo el pueblo: Día santo es á Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis: porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley10Díjoles luego: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones á los que no tienen prevenido; porque día santo es á nuestro Señor: y no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fortaleza.11Los Levitas pues, hacían callar á todo el pueblo, diciendo: Callad, que es día santo, y no os entristezcáis.12Y todo el pueblo se fué á comer y á beber, y á enviar porciones, y á gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.

Para la hermosa escena que ocupa este capítulo, Nehemías cedió el lugar principal a Esdras, el sacerdote. Sabemos que éste era “escriba diligente en la ley de Moisés” y que hacía mucho que “había preparado su corazón... para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esdras 7:6 y 10). ¡Feliz deseo que halla la ocasión de cumplirse cuando el pueblo se lo pide! Se trata de la lectura clara y de la explicación de la Palabra de Dios. Al abrirla, Esdras no deja de bendecir a Jehová, quien dio esta Palabra, lo mismo que hoy se empieza por dar gracias cuando la Biblia va a ser leída y meditada en una asamblea. En cuanto a los asistentes, no basta que tengan inteligencia (Nehemías 8:3); también es necesario que estén atentos. ¿Lo estamos siempre durante las reuniones o la lectura en familia? Comprender la Palabra es el medio para que uno mismo sea alimentado y se vea regocijado por la comunión con el Señor (v. 12). Pero pensemos también en “obsequiar porciones”, es decir, hagamos participar a tal o cual ausente de lo que nos fue provechoso.

Finalmente, subrayemos este magnífico versículo: “El gozo de Jehová es vuestra fuerza” (fin del v. 10; comp. Salmo 28:7). Y sobre todo, ¡sea ésta nuestra experiencia!

Nehemías 8:13-18; Nehemías 9:1-4
13Y el día siguiente se juntaron los príncipes de las familias de todo el pueblo, sacerdotes, y Levitas, á Esdras escriba, para entender las palabras de la ley.14Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en cabañas en la solemnidad del mes séptimo;15Y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalem, diciendo: Salid al monte, y traed ramos de oliva, y ramos de pino, y ramos de arrayán, y ramos de palmas, y ramos de todo árbol espeso, para hacer cabañas como está escrito.16Salió pues el pueblo, y trajeron, é hiciéronse cabañas, cada uno sobre su terrado, y en sus patios, y en los patios de la casa de Dios, y en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Ephraim.17Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron cabañas, y en cabañas habitaron; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande.18Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el postrero; é hicieron la solemnidad por siete días, y al octavo día congregación, según el rito.
1Y EL día veinticuatro del mismo mes se juntaron los hijos de Israel en ayuno, y con sacos, y tierra sobre sí.2Y habíase ya apartado la simiente de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres.3Y puestos de pie en su lugar, leyeron en el libro de la ley de Jehóva su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron y adoraron á Jehóva su Dios.4Levantáronse luego sobre la grada de los Levitas, Jesuá y Bunni, Serebias, Dani Cadmiel, Sebanías, Bani y Chênani, y clamaron en voz alta á Jehová su Dios.

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía...” dice Jehová (Isaías 55:11). Esta promesa se cumple aquí. Según la divina instrucción, bajo la conducción de sus jefes, el pueblo celebra la fiesta de los tabernáculos con más brillo todavía que en los más hermosos días de Salomón. Demasiado ocupados con el presente reposo, los israelitas habían olvidado el que está por venir, y ese peligro nos asecha también. Ahora que la flaqueza y la ruina son tan evidentes, los ojos se dirigen más fácilmente hacia los gozos del reino futuro, y el carácter de extranjeros (la habitación en los tabernáculos o tiendas) es realizado mejor.

Al principio del capítulo 9, la escena cambia por completo. Los hijos de Israel vuelven a reunirse el día fijado. Esta vez, la finalidad de la reunión es la confesión de los pecados. ¿Hay también, en nuestra vida de creyentes, momentos particulares en que hemos de hacer el balance de nuestras faltas y humillarnos por ellos? Algunos piensan que hay motivos para practicar esa puesta en orden cada sábado a la noche; otros, al final de cada día. Ni los unos ni los otros tienen razón. El juicio de nosotros mismos es una acción continua. Hemos de practicarlo cada vez que el Espíritu Santo nos hace conscientes de un pecado.

Nehemías 9:5-15
5Y dijeron los Levitas, Jesuá y Cadmiel, Bani, Hosabnías, Serebías, Odaías, Sebanías y Pethaía: Levantaos, bendecid á Jehová vuestro Dios desde el siglo hasta el siglo: y bendigan el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza.6Tú, oh Jehová, eres solo; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, y toda su milicia, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran.7Tú, eres oh Jehová, el Dios que escogiste á Abram, y lo sacaste de Ur de los Caldeos, y pusístele el nombre Abraham;8Y hallaste fiel su corazón delante de ti, é hiciste con él alianza para darle la tierra del Cananeo, del Hetheo, y del Amorreheo, y del Pherezeo, y del Jebuseo, y del Gergeseo, para darla á su simiente: y cumpliste tu palabra, porque eres justo.9Y miraste la aflicción de nuestos padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el mar Bermejo;10Y diste señales y maravillas en Faraón, y en todos sus siervos, y en todo el pueblo de su tierra; porque sabías que habían hecho soberbiamente contra ellos; é hicíste nombre grande, como este día.11Y dividiste la mar delante de ellos y pasaron por medio de ella en seco; y á sus perseguidores echaste en los profundos, como una piedra en grandes aguas.12Y con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.13Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos:14Y notificásteles el sábado tuyo santo, y les prescribiste, por mano de Moisés tu siervo, mandamientos y estatutos y ley.15Y dísteles pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la piedra; y dijísteles que entrasen á poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano que se la habías de dar.

Algunos levitas designados por sus nombres invitan al pueblo a levantarse para bendecir a Jehová. Y, en nombre de toda la asamblea, le dirigen la larga oración que ocupa el resto del capítulo. Las primeras palabras de ella son: “Tú solo eres Jehová...”. Luego, remontándose a la creación, los levitas celebran el cumplimiento de los consejos de Dios, el llamamiento de Abraham —cuyo corazón fue hallado fiel— la liberación de Egipto, el mar Rojo, los pacientes cuidados dispensados a Israel a todo lo largo del desierto con el don de la ley, finalmente la entrada en el país. Los pronombres de 2a persona y los verbos activos se hallan no menos de veinticinco veces en esos pocos versículos.

Primeramente celebrar lo que Dios es y luego lo que él ha hecho, ¿no es también nuestro privilegio, ya que pertenecemos al Señor? Repasemos a menudo en nuestros corazones lo que la gracia ha hecho por nosotros. Y ejercitémonos en descubrir los cada vez más numerosos motivos de agradecimiento que serán otros tantos nuevos vínculos de amor con nuestro Padre celestial y con el Señor Jesús. Como David, exhortemos a nuestra alma a bendecir a Jehová y a no olvidar “ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2). ¡Pero en verdad esos beneficios son innumerables!

Nehemías 9:16-27
16Mas ellos y nuestros padres hicieron soberbiamente, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos,17Y no quisieron oir, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse á su servidumbre. Tú empero, eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo para la ir18Además, cuando hicieron para sí becerro de fundición, y dijeron: Este es tu Dios que te hizo subir de Egipto; y cometieron grandes abominaciones;19Tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto: la columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.20Y diste tu espíritu bueno para enseñarlos, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste en su sed.21Y sustentástelos cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad: sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies.22Y dísteles reinos y pueblos, y los distribuiste por cantones: y poseyeron la tierra de Sehón, y la tierra del rey Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.23Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y metístelos en la tierra, de la cual habías dicho á sus padres que habían de entrar á poseerla.24Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y humillaste delante de ellos á los moradores del país, á los Cananeos, los cuales entregaste en su mano, y á sus reyes, y á los pueblos de la tierra, para que hiciesen de ellos á su voluntad.25Y tomaron ciudades fortalecidas, y tierra pingüe, y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas, viñas y olivares, y muchos árboles de comer; y comieron, y hartáronse, y engrosáronse, y deleitáronse en tu grande bondad.26Empero te irritaron, y rebeláronse contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos á ti; é hicieron grandes abominaciones.27Y entregástelos en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron: y en el tiempo de su tribulación clamaron á ti, y tú desde los cielos los oíste; y según tus muchas miseraciones les dabas salvadores, que los salvasen de mano de sus enemigos.

Esteban, después de haber expuesto largamente la historia de la gracia de Dios hacia Israel en el capítulo 7 de los Hechos, prosigue su discurso de la misma manera que esos levitas: “¡Duros de cerviz...! resistís siempre al Espíritu Santo...” (Hechos 7:51). La dura cerviz, la nuca que no quiere doblegarse para someterse al yugo del Señor, no caracteriza únicamente al pueblo de Israel. ¡Ni tampoco sólo a los inconversos! Todos tenemos en nosotros esa naturaleza voluntariosa e insumisa. Cada creyente, sin excepción, la conoce demasiado bien. Y le es imposible acabar con ella por sus propios esfuerzos. Pero, al mismo tiempo, ¿conoce cada uno la liberación que Dios le concede? En la cruz, habiendo puesto en la muerte esa voluntad rebelde e irreductible, nos dio en su lugar la obediente naturaleza de Jesús. La vieja naturaleza está siempre en nosotros con sus deseos, pero no tiene más derecho a dirigirnos.

¡Como resaltan más todos esos pecados de Israel cuando, como aquí, son puestos en contraste con la gracia divina! Por decirlo así, se duplican en ingratitud (véase Deuteronomio 32:5-6). ¿Y no es también el caso de tantos jóvenes educados por padres creyentes?

Nehemías 9:28-38
28Mas en teniendo reposo, se volvían á hacer lo malo delante de ti; por lo cual los dejaste en mano de sus enemigos, que se enseñorearon de ellos: pero convertidos clamaban otra vez á ti, y tú desde los cielos los oías, y según tus miseraciones muchas veces29Y protestásteles que se volviesen á tu ley; mas ellos hicieron soberbiamente, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; y dieron hombro renitente, y endurecieron su cerviz, y no es30Y alargaste sobre ellos muchos años, y protestásteles con tu espíritu por mano de tus profetas, mas no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.31Empero por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los dejaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.32Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, terrible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el trabajo que nos ha alcanzando á nuestros reyes, á nuestros príncipes, á nuestros sacerdotes, y á nuestros profetas33Tú empero eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo:34Y nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes, y nuestros padres, no pusieron por obra tu ley, ni atendieron á tus mandamiento y á tus testimonios, con que les protestabas.35Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y pingüe que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.36He aquí que hoy somos siervos, henos aquí, siervos en la tierra que diste á nuestros padres para que comiesen sus fruto y su bien.37Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestras bestias, conforme á su voluntad, y estamos en grande angustia.38A causa pues de todo eso nosotros hacemos fiel alianza, y la escribimos, signada de nuestros príncipes, de nuestros Levitas, y de nuestros sacerdotes.

En el versículo 33 tenemos el resumen de todo este capítulo: “Tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo” (comp. Lamentaciones de Jeremías 1:18). El que recibió el testimonio de Jesús “ha puesto su sello a esto, que Dios es veraz” (Juan 3:33 V.M.; véase también Romanos 3:4). Sellar es formalmente aprobar una declaración, garantizarla y comprometerse a respetarla. Los príncipes, los levitas y los sacerdotes estampan así sus sellos (dicho de otro modo, sus firmas) para confirmar su acuerdo.

De esa larga confesión retengamos todavía dos enseñanzas muy importantes: en primer lugar, para juzgar un mal es necesario remontarse tanto como fuera posible a los orígenes de ese mal por medio de una completa vuelta hacia atrás. La violación de la ley empezó con el asunto del becerro de oro; ¡éste, pues, no puede pasar en silencio! (v. 18). Luego, es precisa una confesión: decirle a Dios de una manera general: «Soy un pecador, he cometido pecados», no cuesta nada y no tiene valor a sus ojos. Él aguarda que le digamos: «Señor, soy culpable de tal cosa. Esto es lo que hice o lo que omití hacer» (véase Levítico 5:5).

Nehemías 10:28-39
28Y el resto del pueblo, los sacerdotes, Levitas, porteros, y cantores, Nethineos, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras á la ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y todo el que tenía comprensión y discernimiento,29Adhiriéronse á sus hermanos, sus principales, y vinieron en la protestación y en el juramento de que andarían en la ley de Dios, que fué dada por mano de Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos de Jehová nuestro Señor, 30Y que no daríamos nuestras hijas á los pueblos de la tierra, ni tomaríamos sus hijas para nuestros hijos.31Asimismo, que si los pueblos de la tierra trajesen á vender mercaderías y comestibles en día de sábado, nada tomaríamos de ellos en sábado, ni en día santificado; y que dejaríamos el año séptimo, con remisión de toda deuda.32Impusímonos además por ley el cargo de contribuir cada año con la tercera parte de un siclo, para la obra de la casa de nuestro Dios;33Para el pan de la proposición, y para la ofrenda continua, y para el holocausto continuo, de los sábados, y de las nuevas lunas, y de las festividades, y para las santificaciones y sacrificios por el pecado para expiar á Israel, y para toda la obra de la 34Echamos también las suertes, los sacerdotes, los Levitas, y el pueblo, acerca de la ofrenda de la leña, para traerla á la casa de nuestro Dios, según las casas de nuestros padres, en los tiempos determinados cada un año, para quemar sobre el altar de Jeho35Y que cada año traeríamos las primicias de nuestra tierra, y las primicias de todo fruto de todo árbol, á la casa de Jehóva:36Asimismo los primogénitos de nuestros hijos y de nuestras bestias, como está escrito en la ley; y que traeríamos los primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas á la casa de nuestro Dios, á los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios:37Que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, del vino y del aceite, á los sacerdotes, á las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra á los Levitas; y que los Levitas recib38Y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los Levitas, cuando los Levitas recibirían el diezmo: y que los Levitas llevarían el diezmo del diezmo á la casa de nuestro Dios, á las cámaras en la casa del tesoro.39Porque á las cámaras han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino, y del aceite; y allí estarán los vasos del santuario, y los sacerdotes que ministran, y los porteros, y los cantores; y no abandonaremos la casa de

Los hombres cuyos nombres son dados al principio del capítulo son los que imprimieron su sello debajo del pacto de Jehová. Sabemos que igualmente Dios tiene su sello: el Espíritu Santo. Éste es en un redimido la marca de propiedad mediante la cual Dios le reconoce y declara: «He aquí alguien que me pertenece» (Efesios 1:13 y 4:30). «Es mío» (comp. Éxodo 13:2 e Isaías 43:1). ¿Puede reconocer de esta manera a cada lector de estas líneas?

Pero, en tanto que sus propios sellos no podían conferir a los compañeros de Nehemías la fuerza para cumplir aquello a lo que se comprometían (comp. cap. 10:39 y 13:10-11), el Espíritu Santo, al contrario, es, al mismo tiempo que el sello, el poder mediante el cual el creyente obra según la voluntad divina (Efesios 3:16).

De un solo corazón todo el pueblo se asocia a sus conductores. El conocimiento de la ley, nuevamente adquirido, no es teórico para ellos. Los conduce sucesivamente a la purificación, al respeto del sábado y del año de reposo; luego al servicio de la casa y a la observancia de las instrucciones referentes a las primicias y los diezmos. “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” dijo el Señor Jesús (Juan 13:17).

Nehemías 11:1-2; Nehemías 12:22-30
1Y HABITARON los príncipes del pueblo en Jerusalem; mas el resto del pueblo echó suertes para traer uno de diez que morase en Jerusalem, ciudad santa, y las nueve partes en las otras ciudades.2Y bendijo el pueblo á todos los varones que voluntariamente se ofrecieron á morar en Jerusalem.
22Los Levitas en días de Eliasib, de Joiada, y de Johanán y Jaddua, fueron escritos por cabezas de familias; también los sacerdotes, hasta el reinado de Darío el Persa.23Los hijos de Leví, cabezas de familias, fueron escritos en el libro de las Crónicas hasta los días de Johanán, hijo de Eliasib.24Los cabezas de los Levitas: Hasabías, Serebías, y Jesuá hijo de Cadmiel, y sus hermanos delante de ellos, para alabar y para rendir gracias, conforme al estatuto de David varón de Dios, guardando su turno.25Mathanías, y Bacbucías, Obadías, Mesullam, Talmón, Accub, guardas, eran porteros para la guardia á las entradas de las puertas.26Estos fueron en los días de Joiacim, hijo de Jesuá, hijo de Josadac, y en los días del gobernador Nehemías, y del sacerdote Esdras, escriba.27Y á la dedicación del muro de Jerusalem buscaron á los Levitas de todos los lugares, para traerlos á Jerusalem, para hacer la dedicación y la fiesta con alabanzas y con cánticos, con címbalos, salterios y cítaras.28Y fueron reunidos los hijos de los cantores, así de la campiña alrededor de Jerusalem como de las aldeas de Netophati;29Y de la casa de Gilgal, y de los campos de Geba, y de Azmaveth; porque los cantores se habían edificado aldeas alrededor de Jerusalem.30Y se purificaron los sacerdotes y los Levitas; y purificaron al pueblo, y las puertas, y el muro.

Muy poco numerosos eran los repatriados de Babilonia con relación a los que habitaban en el país antes de la transportación. Jerusalén, con sus muros reconstruidos sobre sus antiguas bases, sólo contaba con un ínfimo número de ciudadanos: entre otros estaban los que habían reparado el muro frente a su casa. Se echa suertes para traer a los que vendrán a repoblar la ciudad y a ellos se agregan los que son voluntarios. Se dan sus nombres. En efecto, Dios honra a los que renuncian a sus campos y vienen a vivir cerca de su santuario por apego a éste. No sufrirán pérdida, como lo anuncia el salmo 122:6: “Jerusalén: sean prosperados los que te aman”.

Han sido hechas promesas respecto de la Jerusalén del reino de los mil años (Zacarías 2:4; Isaías 33:20; Isaías 60). Pero promesas más hermosas todavía conciernen a la santa ciudad, la Jerusalén celestial. Dios, quien la ha «dispuesto» para Cristo (Apocalipsis 21:2), también la ha «dispuesto» para los que le pertenecen y han renunciado a poseer aquí abajo una ciudad permanente (Hebreos 11:16). Esa maravillosa ciudad no está hecha para permanecer vacía. Dios mismo habitará en ella en medio de los suyos. Sin embargo, para penetrar en ella es indispensable una condición: haber lavado “sus ropas” por la fe en la sangre del Cordero (Apocalipsis 22:14). ¿Lo hizo usted?

Nehemías 12:31-47
31Hice luego subir á los príncipes de Judá sobre el muro, y puse dos coros grandes que fueron en procesión: el uno á la mano derecha sobre el muro hacia la puerta del Muladar.32E iba tras de ellos Osaías, y la mitad de los príncipes de Judá,33Y Azarías, Esdras y Mesullam,34Judá y Benjamín, y Semaías, y Jeremías;35Y de los hijos de los sacerdotes iban con trompetas, Zacarías hijo de Jonathán, hijo de Semaías, hijo de Mathanías, hijo de Michâías, hijo de Zachûr, hijo de Asaph;36Y sus hermanos Semaías, y Azarael, Milalai, Gilalai, Maai, Nathanael, Judá y Hanani, con los instrumentos músicos de David varón de Dios; y Esdras escriba, delante de ellos.37Y á la puerta de la Fuente, en derecho delante de ellos, subieron por las gradas de la ciudad de David, por la subida del muro, desde la casa de David hasta la puerta de las Aguas al oriente.38Y el segundo coro iba del lado opuesto, y yo en pos de él, con la mitad del pueblo sobre el muro, desde la torre de los Hornos hasta el muro ancho;39Y desde la puerta de Ephraim hasta la puerta vieja, y á la puerta del Pescado, y la torre de Hananeel, y la torre de Hamath, hasta la puerta de las Ovejas: y pararon en la puerta de la Cárcel.40Pararon luego los dos coros en la casa de Dios; y yo, y la mitad de los magistrados conmigo;41Y los sacerdotes, Eliacim, Maaseías, Miniamin, Michâías, Elioenai, Zacarías, y Hananías, con trompetas;42Y Maaseías, y Semeías, y Eleazar, y Uzzi, y Johanán, y Malchías, y Elam, y Ezer. Y los cantores cantaban alto, é Israhía era el prefecto.43Y sacrificaron aquel día grandes víctimas, é hicieron alegrías; porque Dios los había recreado con grande contentamiento: alegráronse también la mujeres y muchachos; y el alborozo de Jerusalem fué oído de lejos.44Y en aquel día fueron puestos varones sobres las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias, y de los diezmos, para juntar en ellas, de los campos de la ciudades, las porciones legales para los sacerdotes y Levitas: porque era grande el goz45Y habían guardado la observancia de su Dios, y la observancia de la expiación, como también los cantores y los porteros, conforme al estatuto de David y de Salomón su hijo.46Porque desde el tiempo de David y de Asaph, ya de antiguo, había príncipes de cantores, y cántico y alabanza, y acción de gracias á Dios.47Y todo Israel en días de Zorobabel, y en días de Nehemías, daba raciones á los cantores y á los porteros, cada cosa en su día: consagraban asimismo sus porciones á los Levitas, y los Levitas consagraban parte á los hijos de Aarón.

La ceremonia de la dedicación del muro, la que empieza en el versículo 27, se desarrolla en medio de una gran alegría. Dos cortejos formados por cantores y acompañados por trompetas emprenden juntos la marcha por el camino de la ronda de guardia, sobre la muralla, cada uno por su lado. Uno es conducido por Esdras, mientras que Nehemías cierra la marcha del segundo. Las dos procesiones se encuentran en las proximidades del templo, después de haber efectuado cada una la mitad de la vuelta a la ciudad. Realizaron estas palabras del hermoso salmo 48: “Andad alrededor de Sion, y rodeadla; contad sus torres. Considerad atentamente su antemuro...” (Salmo 48:12-13).

Cuando llegan a la casa de Jehová, los dos coros reunidos hacen oír su voz y se ofrecen numerosos sacrificios en medio del regocijo general. El versículo 43 nos señala tres cosas respecto de ese gozo. Primeramente, que tiene su fuente en Dios: “Dios los había recreado con grande contentamiento”. Luego, que todos participan de él, inclusive los niños. Lo que alegra a sus padres, también los alegra a ellos. Finalmente, que ese gozo “fue oído desde lejos”. El mundo que nos rodea ¿puede ver y oír que somos gente feliz?

Nehemías 13:1-14
1AQUEL día se leyó en el libro de Moisés oyéndolo el pueblo, y fué hallado en él escrito, que los Ammonitas y Moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios;2Por cuanto no salieron á recibir á los hijos de Israel con pan y agua, antes alquilaron á Balaam contra ellos, para que los maldijera: mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición.3Y fué que, como oyeron la ley, apartaron de Israel toda mistura.4Y antes de esto, Eliasib sacerdote, siendo superintendente de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías,5Y le había hecho una grande cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, y el perfume, y los vasos, y el diezmo del grano, y del vino y del aceite, que estaba mandado dar á los Levitas, á los cantores, y á los porteros; y la ofrenda de los sacerdotes.6Mas á todo esto, yo no estaba en Jerusalem; porque el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia, vine al rey; y al cabo de días fuí enviado del rey.7Y venido á Jerusalem, entendí el mal que había hecho Eliasib en atención á Tobías, haciendo para él cámara en los patios de la casa de Dios.8Y dolióme en gran manera; y eché todas las alhajas de la casa de Tobías fuera de la cámara;9Y dije que limpiasen las cámaras, é hice volver allí las alhajas de la casa de Dios, las ofrendas y el perfume.10Entendí asimismo que las partes de los Levitas no se les habían dado; y que los Levitas y cantores que hacían el servicio se habían huído cada uno á su heredad.11Y reprendí á los magistrados, y dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Y juntélos, y púselos en su lugar.12Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, á los almacenes.13Y puse por sobrestantes de ellos á Selemías sacerdote, y á Sadoc escriba, y de los Levitas, á Pedaías; y á mano de ellos Hanán hijo de Zaccur, hijo de Mathanías: pues que eran tenidos por fieles, y de ellos eran el repartir á sus hermanos.14Acuérdate de mí, oh Dios, en orden á esto, y no raigas mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en sus observancias.

Nehemías había sido obligado a volver junto al rey. Tobías, el enemigo muy conocido, aprovechando su ausencia, había conseguido hacerse asignar una de las cámaras contiguas a la casa de Jehová, gracias a la complicidad de uno de los sacerdotes. Éste no era otro que Eliasib, quien ya se había mostrado tan negligente en el momento de la construcción del muro. Y los porteros, los varones que en el capítulo precedente habían sido “puestos... sobre las cámaras de los tesoros” (cap. 12:44), tampoco habían guardado lo que su Dios les había dado para guardar.

Al volver, Nehemías, presa de la indignación, arroja él mismo todos los muebles de Tobías fuera de la cámara. Luego hace limpiar las cámaras y volver allí los utensilios y las ofrendas (comp. Mateo 21:12-13). ¡A veces nuestros corazones son como esas cámaras en que el mundo pone sus cosas en el lugar de lo que pertenecía a Dios y servía como ofrendas!

Esa primera negligencia había acarreado otras, y Nehemías debe todavía preocuparse por las porciones de los levitas, así como por la vigilancia y la repartición de los diezmos traídos por el pueblo.

Nehemías 13:15-31
15En aquellos días ví en Judá algunos que pisaban en lagares el sábado, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos, y toda suerte de carga, y traían á Jerusalem en día de sábado; y protesté les acerca del día que vendían 16También estaban en ella Tirios que traían pescado y toda mercadería, y vendían en sábado á los hijos de Judá en Jerusalem.17Y reprendí á los señores de Judá, y díjeles: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día del sábado?18¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios sobre nosotros todo este mal, y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el sábado?19Sucedió pues, que cuando iba oscureciendo á las puertas de Jerusalem antes del sábado, dije que se cerrasen las puertas, y ordené que no las abriesen hasta después del sábado; y puse á las puertas algunos de mis criados, para que en día de sábado no entra20Y quedáronse fuera de Jerusalem una y dos veces los negociantes, y los que vendían toda especie de mercancía.21Y protestéles, y díjeles: ¿Por qué os quedáis vosotros delante del muro? Si lo hacéis otra vez, os echaré mano. Desde entonces no vinieron en sábado.22Y dije á los Levitas que se purificasen, y viniesen á guardar las puertas, para santificar el día del sábado. También por esto acuérdate de mí, Dios mío, y perdóname según la muchedumbre de tu misericordia.23Ví asimismo en aquellos días Judíos que habían tomado mujeres de Asdod, Ammonitas, y Moabitas:24Y sus hijos la mitad hablaban asdod, y conforme á la lengua de cada pueblo; que no sabían hablar judaico.25Y reñí con ellos, y maldíjelos, y herí algunos de ellos, y arranquéles los cabellos, y juramentélos, diciendo: No daréis vuestras hijas á sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ó para vosotros.26¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas gentes no hubo rey como él, que era amado de su Dios y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun á él hicieron pecar las mujeres extanjeras.27¿Y obedeceremos á vosotros para cometer todo este mal tan grande de prevaricar contra nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras?28Y uno de los hijos de Joiada, hijo de Eliasib el gran sacerdote era yerno de Sanballat Horonita: ahuyentélo por tanto de mí.29Acuérdate de ellos, Dios mío, contra los que contaminan el sacerdocio, y el pacto del sacerdocio y de los Levitas.30Limpiélos pues de todo extranjero, y puse á los sacerdotes y Levitas por sus clases, á cada uno en su obra;31Y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.

Pese al compromiso que el pueblo había contraído (cap. 10:31), el reposo del sábado ya no era respetado. Nehemías toma las más enérgicas medidas para remediar esa situación.

Queridos hijos de Dios, ¿no deberíamos darle por lo menos tanta importancia al día del Señor como Israel a su sábado? Por cierto, no estamos bajo la ley. Pero es triste que el domingo pueda ser considerado por algunos cristianos como un simple día de reposo o de ocio. ¡O que sea empleado para un trabajo escolar que se podría haber terminado en la víspera!

Por contraste, ¿en qué nos hacen pensar esas puertas que era necesario cerrar durante la noche para protegerse de los peligros del mundo exterior? ¿No nos dirigen una vez más hacia la santa ciudad de la cual está dicho: “Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche... No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira”? (Apocalipsis 21:25 y 27).

Ahora la cortina de la historia cae sobre Israel. Sólo se levantará cuatro siglos más tarde (exactamente cuatrocientos cuarenta años) para dar paso a su Libertador y Mesías en la primera página del Nuevo Testamento.

Ester 1:1-9
1Y ACONTECIO en los días de Assuero, (el Assuero que reinó desde la India hasta la Etiopía sobre ciento veinte y siete provincias,)2Que en aquellos días, asentado que fué el rey Assuero en la silla de su reino, la cual estaba en Susán capital del reino,3En el tercer año de su reinado hizo banquete á todos sus príncipes y siervos, teniendo delante de él la fuerza de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincias,4Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, y el lustre de la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento y ochenta días.5Y cumplidos estos días, hizo el rey banquete por siete días en el patio del huerto del palacio real á todo el pueblo, desde el mayor hasta el menor que se halló en Susán capital del reino.6El pabellón era de blanco, verde, y cárdeno, tendido sobre cuerdas de lino y púrpura en sortijas de plata y columnas de mármol: los reclinatorios de oro y de plata, sobre losado de pórfido y de mármol, y de alabastro y de jacinto.7Y daban á beber en vasos de oro, y vasos diferentes unos de otros, y mucho vino real, conforme á la facultad del rey.8Y la bebida fué según esta ley: Que nadie constriñese; porque así lo había mandado el rey á todos los mayordomos de su casa; que se hiciese según la voluntad de cada uno.9Asimismo la reina Vasthi hizo banquete de mujeres, en la casa real del rey Assuero.

La historia de Ester constituye un relato muy distinto que se coloca cronológicamente entre los capítulos 6 y 7 del libro de Esdras. Pone en escena, por una parte, a los judíos que habían quedado en el imperio persa después del primer retorno a Jerusalén, y, por otra, al soberano de ese imperio: el poderoso Asuero con los que le rodean. En la historia se conoce a ese rey bajo el nombre de Jerjes, hijo de Darío. Es célebre por su campaña contra los griegos, marcada por la resonante derrota de su flota en Salamina. Daniel 11:2 alude a ese monarca y a sus riquezas.

La fastuosa recepción que le vemos dar aquí se sitúa antes de esa guerra, probablemente con vistas a prepararla. Todo en este capítulo es para gloria del hombre, cuyo orgullo no tiene límites. Sin alcanzar ese lujo y esa amplitud, en nuestra época no faltan fiestas y manifestaciones grandiosas en las cuales una persona (o una nación) procura deslumbrar y eclipsar a sus vecinos. Un fiel hijo de Dios no se asocia a esas cosas. ¿Por qué? Justamente porque el poder, la inteligencia y la tolerancia (Ester 1:8) del hombre se ven exaltadas en ellas.

Ester 1:10-22
10El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó á Mehumán, y á Biztha, y á Harbona, y á Bighta, y á Abagtha, y á Zetar, y á Carcas, siete eunucos que servían delante del rey Assuero,11Que trajesen á la reina Vasthi delante del rey con la corona regia, para mostrar á los pueblos y á los príncipes su hermosura; porque era linda de aspecto.12Mas la reina Vasthi no quiso comparecer á la orden del rey, enviada por mano de los eunucos; y enojóse el rey muy mucho, y encendióse en él su ira.13Preguntó entonces el rey á los sabios que sabían los tiempos, (porque así era la costubre del rey para con todos los que sabían la ley y el derecho;14Y estaban junto á él, Carsena, y Sethar, y Admatha, y Tharsis, y Meres, y Marsena, y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media que veían la cara del rey, y se sentaban los primeros del reino:)15Qué se había de hacer según la ley con la reina Vasthi, por cuanto no había cumplido la orden del rey Assuero, enviada por mano de los eunucos.16Y dijo Memucán delante del rey y de los príncipes: No solamente contra el rey ha pecado la reina Vasthi, sino contra todos los príncipes, y contra todos los pueblos que hay en todas las provincias del rey Assuero.17Porque este hecho de la reina pasará á noticia de todas las mujeres, para hacerles tener en poca estima á sus maridos, diciendo: El rey Assuero mandó traer delante de sí á la reina Vasthi, y ella no vino.18Y entonces dirán esto las señoras de Persia y de Media que oyeren el hecho de la reina, á todos los príncipes del rey: y habrá mucho menosprecio y enojo.19Si parece bien al rey, salga mandamiento real delante de él, y escríbase entre las leyes de Persia y de Media, y no sea traspasado: Que no venga más Vasthi delante del rey Assuero: y dé el rey su reino á su compañera que sea mejor que ella.20Y el mandamiento que hará el rey será oído en todo su reino, aunque es grande, y todas las mujeres darán honra á sus maridos, desde el mayor hasta el menor.21Y plugo esta palabra en ojos del rey y de los príncipes, é hizo el rey conforme al dicho de Memucán;22Pues envió letras á todas la provincias del rey, á cada provincia conforme á su escribir, y á cada pueblo conforme á su lenguaje, diciendo que todo hombre fuese señor en su casa; y háblese esto según la lengua de su pueblo.

El rechazo de Vasti, quien había sido invitada a mostrar su belleza, excita el furor del rey, su esposo. Asuero es un hombre violento. Mas la cólera de ningún modo es señal de fuerza y autoridad. En general denota lo inverso: la debilidad de carácter y la incapacidad de dominarse. Por experiencia sabemos cuán difícil es controlar nuestras reacciones cuando se presentan y a veces se acumulan las contrariedades. Pidámosle al Señor la fuerza para dominarnos.

Aquí la reina Vasti es la imagen de la cristiandad responsable, sacada de en medio de las naciones. Cristo aguardaba de su Iglesia que mostrara su hermosura al mundo, realzando así Su propia gloria. ¡Ay! ¿cómo contestó ella a ese deseo? ¡Mediante un total desprecio de la voluntad de su Señor! Por eso viene el día en que ella oirá estas terribles palabras: “Te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16). Cristianos, si en su conjunto la Iglesia perdió de vista el testimonio que debía dar, en lo que nos concierne nunca nos olvidemos de éste. Dios aguarda de cada uno de sus hijos que presente al mundo algo de la belleza moral de Jesús.

Ester 2:1-11
1PASADAS estas cosas, sosegada ya la ira del rey Assuero, acordóse de Vasthi, y de lo que hizo, y de lo que fué sentenciado contra ella.2Y dijeron los criados del rey, sus oficiales: Busquen al rey mozas vírgenes de buen parecer;3Y ponga el rey personas en todas las provincias de su reino, que junte todas las mozas vírgenes de buen parecer en Susán residencia regia, en la casa de las mujeres, al cuidado de Hegai, eunuco del rey, guarda de las mujeres, dándoles sus atavíos;4Y la moza que agradare á los ojos del rey, reine en lugar de Vasthi. Y la cosa plugo en ojos del rey, é hízolo así.5Había un varón Judío en Susán residencia regia, cuyo nombre era Mardochêo, hijo de Jair, hijo de Simi, hijo de Cis, del linaje de Benjamín;6El cual había sido trasportado de Jerusalem con los cautivos que fueron llevados con Jechônías rey de Judá, á quien hizo trasportar Nabucodonosor rey de Babilonia.7Y había criado á Hadassa, que es Esther, hija de su tío, porque no tenía padre ni madre; y era moza de hermosa forma y de buen parecer; y como su padre y su madre murieron, Mardochêo la había tomado por hija suya.8Sucedió pues, que como se divulgó el mandamiento del rey y su acuerdo, y siendo reunidas muchas mozas en Susán residencia regia, á cargo de Hegai, fué tomada también Esther para casa del rey, al cuidado de Hegai, guarda de las mujeres.9Y la moza agradó en sus ojos, y halló gracia delante de él; por lo que hizo darle prestamente sus atavíos y sus raciones, dándole también siete convenientes doncellas de la casa del rey; y pasóla con sus doncellas á lo mejor de la casa de las mujeres.10Esther no declaró su pueblo ni su nacimiento; porque Mardochêo le había mandado que no lo declarase.11Y cada día Mardochêo se paseaba delante del patio de la casa de las mujeres, por saber cómo iba á Esther, y qué se hacía de ella.

El capítulo 2 nos hace salir del palacio de Asuero. Y es para enterarnos de la existencia, en Susa y en el imperio, de un pueblo sufrido, cuya humillación contrasta con la pompa de la corte, un poco como la del pobre Lázaro era subrayada por la mesa del rico (Lucas 16:19-21). Son los judíos de la transportación. Ahí están, lejos de su patria, no teniendo más ni templo, ni sacrificios, ni rey, ni unidad nacional. No habían sentido el deseo de unirse a la subida a la tierra de sus padres (Esdras 1:3). De manera que parecen totalmente abandonados por Jehová, cuyo nombre —detalle notable— no es mencionado ni una sola vez en todo este libro.

En nuestra vida puede haber períodos en que —por nuestra culpa— perdemos el goce de Cristo. Dejamos de apreciar el valor de su sacrificio. No es el Señor sino el mundo el que predomina en nuestro corazón. ¡Triste estado! ¿Nos olvidó el Señor por eso? Por analogía este libro de Ester va a mostrarnos que no hay nada de eso.

Mardoqueo, un israelita de la tribu de Benjamín, pasa cada día delante de la puerta del palacio. Había recogido a su joven prima Ester, quien era huérfana, y aun después de haber sido ella escogida entre las candidatas a la sucesión de Vasti, vela sobre ella con abnegación (v. 11).

Ester 2:12-23
12Y como llegaba el tiempo de cada una de las mozas para venir al rey Assuero, al cabo de haber estado ya doce meses conforme á la ley acerca de las mujeres (porque así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra, y seis meses13Entonces la moza venía así al rey: todo lo que ella decía se le daba, para venir con ello de la casa de las mujeres hasta la casa del rey.14Ella venía á la tarde, y á la mañana se volvía á la casa segunda de las mujeres, al cargo de Saasgaz eunuco del rey, guarda de las concubinas: no venía más al rey, salvo si el rey la quería, y era llamada por nombre.15Y llegado que fué el tiempo de Esther, hija de Abihail tío de Mardochêo, que él se había tomado por hija, para venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres: y ganaba Esther la gracia de todos los que la v16Fué pues Esther llevada al rey Assuero á su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebeth, en el año séptimo de su reinado.17Y el rey amó á Esther sobre todas las mujeres, y halló gracia y benevolencia delante de él más que todas las vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, é hízola reina en lugar de Vasthi.18Hizo luego el rey gran banquete á todos sus príncipes y siervos, el banquete de Esther; y alivió á las provincias, é hizo y dió mercedes conforme á la facultad real.19Y cuando se juntaban las vírgenes la segunda vez, Mardochêo estaba puesto a la puerta el rey.20Y Esther, según le tenía mandado Mardochêo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Esther hacía lo que decía Mardochêo, como cuando con él se educaba.21En aquellos días, estando Mardochêo sentado á la puerta del rey, enojáronse Bigthán y Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, y procuraban poner mano en el rey Assuero.22Mas entendido que fué esto por Mardochêo, él lo denunció á la reina Esther, y Esther lo dijo al rey en nombre de Mardochêo.23Hízose entonces indagación de la cosa, y fué hallada cierta; por tanto, entrambos fueron colgados en una horca. Y escribióse el caso en el libro de las cosas de los tiempos delante del rey.

La invisible mano de Dios condujo los acontecimientos y dispuso los corazones. Sin que ni Mardoqueo ni ella misma hubieran hecho nada para lograrlo, Ester, la joven judía, llega a ser la reina del poderoso imperio medo-persa. Se nos presenta una joven reservada, modesta, respetuosa de la autoridad (en contraste con Vasti), y lista para el extraordinario papel que va a ser llamada a desempeñar. Esas cualidades poco corrientes contribuyeron a hacerla notar en medio de las demás candidatas al trono. No piensen, jóvenes hijas de familias cristianas, que, al imitar las maneras, la ropa y la desenvoltura de las jóvenes del mundo, ustedes preparan su porvenir y su felicidad en la tierra. ¡Muy al contrario! Toda la cuestión consiste en saber a quién desean ustedes agradar.

Bajo el ángulo profético, este relato nos enseña que Cristo, después de haber negado toda relación con la cristiandad que lo es sólo de nombre (Vasti, la esposa de entre los gentiles), elevará en su lugar a Israel (Ester) a la cabeza de las naciones. Pero, esto no tendrá lugar sin que primeramente el pueblo judío pase por profundas aflicciones, cuya aterradora prefiguración van a darnos los próximos capítulos.

Ester 3:1-15
1DESPUÉS de estas cosas, el rey Assuero engrandeció á Amán hijo de Amadatha Agageo, y ensalzólo, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él.2Y todos los siervos del rey que estaban á la puerta del rey, se arrodillaban é inclinaban á Amán, porque así se lo había mandado el rey; pero Mardochêo, ni se orrodillaba ni se humillaba.3Y los siervos del rey que estaban á la puerta, dijeron á Mardochêo: ¿Por qué traspasas el mandamiento del rey?4Y aconteció que, hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, denunciáronlo á Amán, por ver si las palabras de Mardochêo se mantendrían; porque ya él les había declarado que era Judío.5Y vió Amán que Mardochêo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y llenóse de ira.6Mas tuvo en poco meter mano en solo Mardochêo; que ya le había declarado el pueblo de Mardochêo: y procuró Amán destruir á todos los Judíos que había en el reino de Assuero, al pueblo de Mardochêo.7En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Assuero, fué echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amán, de día en día y de mes en mes; y salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar.8Y dijo Amán al rey Assuero: Hay un pueblo esparcido y dividido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no observan las leyes del rey; y al rey no viene provecho de dejarlos.9Si place al rey, escríbase que sean destruídos; y yo pesaré diez mil talentos de plata en manos de los que manejan la hacienda, para que sean traídos á los tesoros del rey.10Entonces el rey quitó su anillo de su mano, y diólo á Amán hijo de Amadatha Agageo, enemigo de los Judíos,11Y díjole: La plata propuesta sea para ti, y asimismo el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere.12Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, á trece del mismo, y fué escrito conforme á todo lo que mandó Amán, á los príncipes del rey, y á los capitanes que estaban sobre cada provincia, y á los príncipes de cada pueblo, á cada pr13Y fueron enviadas letras por mano de los correos á todas las provincias del rey, para destruir, y matar, y exterminar á todos los Judíos, desde el niño hasta el viejo, niños y mujeres en un día, en el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y para14La copia del escrito que se diese por mandamiento en cada provincia, fué publicada á todos los pueblos, á fin de que estuviesen apercibidos para aquel día.15Y salieron los correos de priesa por mandato del rey, y el edicto fué dado en Susán capital del reino. Y el rey y Amán estaban sentados á beber, y la ciudad de Susán estaba conmovida.

Un nuevo personaje aparece en escena: Amán agagueo. El ascendiente de ese hombre seductor sobre el débil Asuero pronto lo eleva a la cumbre del poder. Pero, ¡que Amán se quite su máscara! Se trata de un miembro de la familia real de Amalec. Ante tal hombre, Mardoqueo no podría inclinarse. Ya al principio del desierto, ¿no había declarado Dios solemnemente: “Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación”? (Éxodo 17:16). Y más tarde: “Acuérdate de lo que hizo Amalec... no lo olvides” (Deuteronomio 25:17-19). Esto basta para impedir que el israelita fiel le dé al enemigo de Jehová la menor señal de deferencia. Los siglos que habían transcurrido desde esas divinas declaraciones de ningún modo habían disminuido su alcance. En cuanto a nosotros, no seamos más tolerantes de lo que lo eran los primeros cristianos respecto del mundo y de su príncipe.

A vista humana la actitud de Mardoqueo parece insensata. Y las consecuencias no sólo para él sino para todo su pueblo son propiamente terribles, sin proporción con la falta que se le reprocha. Pero Mardoqueo obedece a la Palabra sin preocuparse por las consecuencias, y es lo que siempre deberíamos hacer.

Ester 4:1-17
1LUEGO que supo Mardochêo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, y vistióse de saco y de ceniza, y fuése por medio de la ciudad clamando con grande y amargo clamor.2Y vino hasta delante de la puerta del rey: porque no era lícito pasar adentro de la puerta del rey con vestido de saco.3Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los Judíos grande luto, y ayuno, y lloro, y lamentación: saco y ceniza era la cama de muchos.4Y vinieron las doncellas de Esther y sus eunucos, y dijéronselo: y la reina tuvo gran dolor, y envió vestidos para hacer vestir á Mardochêo, y hacerle quitar el saco de sobre él; mas él no los recibió.5Entonces Esther llamó á Atach, uno de los eunucos del rey, que él había hecho estar delante de ella, y mandólo á Mardochêo, con orden de saber qué era aquello, y por qué.6Salió pues Atach á Mardochêo, á la plaza de la ciudad que estaba delante de la puerta del rey.7Y Mardochêo le declaró todo lo que le había acontecido, y dióle noticia de la plata que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey por razón de los Judíos, para destruirlos.8Dióle también la copia de la escritura del decreto que había sido dado en Susán para que fuesen destruídos, á fin de que la mostrara á Esther y se lo declarase, y le encargara que fuese al rey á suplicarle, y á pedir delante de él por su pueblo.9Y vino Atach, y contó á Esther las palabra de Mardochêo.10Entonces Esther dijo á Atach, y mandóle decir á Mardochêo:11Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey saben, que cualquier hombre ó mujer que entra al rey al patio de adentro sin ser llamado, por una sola ley ha de morir: salvo aquel á quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá:12Y dijeron á Mardochêo las palabras de Esther.13Entonces dijo Mardochêo que respondiesen á Esther: No pienses en tu alma, que escaparás en la casa del rey más que todos los Judíos:14Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los Judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?15Y Esther dijo que respondiesen á Mardochêo:16Ve, y junta á todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme á la ley; y si perezco, que perezca.17Entonces se fué Mardochêo, é hizo conforme á todo lo que le mandó Esther.

Mientras el rey y Amán se sientan a beber, los desdichados judíos conocen la peor de las angustias.

Proféticamente nos hallamos en el futuro período llamado “la gran tribulación” que seguirá poco después del arrebatamiento de la Iglesia. Entonces, dos principales actores dominarán la escena: el Rey llamado “la Bestia”, jefe del imperio romano, y “el Anticristo”, personaje maléfico, cuyo encarnizamiento contra Israel se apoyará en el poder civil del primero. En el momento en que el remanente de Israel podrá dirigirse a Jehová según el salmo 83: “He aquí que rugen tus enemigos... Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus protegidos. Han dicho: Venid, y destruyámoslos para que... no haya más memoria del nombre de Israel” (Salmo 83:2-4). ¿Cómo explicar el odio secular del cual ese pueblo ha sido, es y será el objeto, más que nunca en el tiempo del cual hablamos? Es la consecuencia de los inauditos esfuerzos desplegados por Satanás para deshacerse de Cristo, el Mesías, cuyo advenimiento será su propia perdición. Y comprendemos que, si detrás de Amán finalmente vemos perfilarse al gran Adversario, en cambio en Mardoqueo tenemos una notable figura del Señor Jesucristo.

Ester 5:1-14
1Y ACONTECIO que al tercer día se vistió Esther su vestido real, y púsose en el patio de adentro de la casa del rey, enfrente del aposento del rey: y estaba el rey sentado en su solio regio en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento.2Y fué que, como vió á la reina Esther que estaba en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos; y el rey extendió á Esther el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces se llegó Esther, y tocó la punta del cetro.3Y dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Esther? ¿y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino, se te dará.4Y Esther dijo: Si al rey place, venga hoy el rey con Amán al banquete que le he hecho.5Y respondió el rey: Daos priesa, llamad á Amán, para hacer lo que Esther ha dicho. Vino pues el rey con Amán al banquete que Esther dispuso.6Y dijo el rey á Esther en el banquete del vino: ¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida.7Entonces respondió Esther, y dijo: Mi petición y mi demanda es:8Si he hallado gracia en los ojos del rey, y si place al rey otorgar mi petición y hacer mi demanda, que venga el rey con Amán al banquete que les dispondré; y mañana haré conforme á lo que el rey ha mandado.9Y salió Amán aquel día contento y alegre de corazón; pero como vió á Mardochêo á la puerta del rey, que no se levantaba ni se movía de su lugar, llenóse contra Mardochêo de ira.10Mas refrenóse Amán, y vino á su casa, y envió, é hizo venir sus amigos, y á Zeres su mujer.11Y refirióles Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido y con que le había ensalzado sobre los príncipes y siervos del rey.12Y añadió Amán: También la reina Esther á ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino á mí: y aun para mañana soy convidado de ella con el rey.13Mas todo esto nada me sirve cada vez que veo al judío Mardochêo sentado á la puerta del rey.14Y díjole Zeres su mujer, y todos sus amigos: Hagan una horca alta de cincuenta codos, y mañana di al rey que cuelguen á Mardochêo en ella; y entra con el rey al banquete alegre. Y plugo la cosa en los ojos de Amán, é hizo preparar la horca.

¡Es hora de tinieblas y espanto para el pueblo de Mardoqueo! Una sola y pequeña esperanza subsiste: la intercesión de Ester ante su real esposo. ¡Pero el riesgo es grande! El acceso al patio del palacio está prohibido y, por otra parte, ¿cómo esperar que el orgulloso monarca se echase atrás acerca de lo que había decidido? Sin embargo, el milagro se produce: Dios inclina su corazón y él acoge favorablemente a la reina.

Pero, qué contraste entre Asuero y aquel de quien la epístola a los Hebreos, luego de asegurarnos que es plenamente capaz de simpatizar con nuestras debilidades, agrega: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16).

Como Mardoqueo lo había vislumbrado (Ester 4:14), la divina providencia había colocado a Ester sobre el trono para cumplir ese servicio especial. Cada joven cristiana ¿no tiene igualmente un servicio muy preciso para cumplir allí donde el Señor la ha colocado?

Al final del capítulo vemos que ninguno de los honores concedidos a Amán pudo apagar el implacable odio que incuba en su corazón.

Ester 6:1-14
1AQUELLA noche se le fué el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias de las cosas de los tiempos: y leyéronlas delante del rey.2Y hallóse escrito que Mardochêo había denunciado de Bigthan y de Teres, dos eunucos del rey, de la guarda de la puerta, que habían procurado meter mano en el rey Assuero.3Y dijo el rey: ¿Qué honra ó que distinción se hizo á Mardochêo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él.4Entonces dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán había venido al patio de afuera de la casa del rey, para decir al rey que hiciese colgar á Mardochêo en la horca que él le tenía preparada.5Y los servidores del rey le respondieron: He aquí Amán está en el patio. Y el rey dijo: Entre.6Entró pues Amán, y el rey le dijo: ¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey hacer honra más que á mí?7Y respondió Amán al rey: Al varón cuya honra desea el rey,8Traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza;9Y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan á aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey10Entonces el rey dijo á Amán: Date priesa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardochêo, que se sienta á la puerta del rey; no omitas nada de todo lo que has dicho.11Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió á Mardochêo, y llevólo á caballo por la plaza de la ciudad, é hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey.12Después de esto Mardochêo se volvió á la puerta del rey, y Amán se fué corriendo á su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza.13Contó luego Amán á Zeres su mujer, y á todos sus amigos, todo lo que le había acontecido: y dijéronle sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la simiente de los Judíos es el Mardochêo, delante de quien has comenzado á caer, no lo vencerás; antes caerás por ci14Aun estaban ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, para hacer venir á Amán al banquete que Esther había dispuesto.

En una corta parábola, el Señor Jesús presenta el reino de Dios de la siguiente manera: “Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra, y duerme...”. Así aparece en el libro de Ester, Jehová, quien no está nombrado allí ni una sola vez, parece dormir. Pero, leamos lo que sigue: “...y se levanta, de noche y de día...”. Algunos versículos más adelante el Señor de los vientos y de las olas duerme en el fondo de la barca... sin cesar —estemos seguros de ello— de velar sobre sus queridos discípulos (Marcos 4:26-27 y 38). Vemos en nuestro capítulo mediante qué admirable eslabonamiento todo se halla conducido por un Dios que no se muestra. El insomnio del rey, la lectura que se le hace, la pregunta que formula, el preciso momento en que Amán penetra en el patio, todo está dirigido, regulado como un minucioso mecanismo por su soberana mano. Los incrédulos consideran inverosímil tal cúmulo de circunstancias. Pero a nosotros, los creyentes, no nos extraña de ningún modo. Por haber hecho muchas veces la experiencia de ello, conocemos esa todopoderosa intervención que hace que todas las cosas ayuden a bien a los que aman a Dios (Romanos 8:28).

Los salmos 7:13-16 y 37:32-33 reciben en nuestro relato una magistral confirmación.

Ester 7:1-10
1VINO pues el rey con Amán á beber con la reina Esther.2Y también el segundo día dijo el rey á Esther en el convite del vino: ¿Cuál es tu petición, reina Esther, y se te concederá? ¿Cuál es pues tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, pondráse por obra.3Entonces la reina Esther respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.4Porque vendidos estamos yo y mi pueblo, para ser destruídos, para ser muertos y exterminados. Y si para siervos y siervas fuéramos vendidos, callárame, bien que el enemigo no compensara el daño del rey.5Y respondió el rey Assuero, y dijo á la reina Esther: ¿Quién es, y dónde está, aquél á quien ha henchido su corazón para obrar así?6Y Esther dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina.7Levantóse luego el rey del banquete del vino en su furor, y se fué al huerto del palacio: y quedóse Amán para procurar de la reina Esther por su vida; porque vió que estaba resuelto para él el mal de parte del rey.8Volvió después el rey del huerto del palacio al aposento del banquete del vino, y Amán había caído sobre el lecho en que estaba Esther. Entonces dijo el rey: ¿También para forzar la reina, estando conmigo en casa? Como esta palabra salió de la boca del re9Y dijo Harbona, uno de los eunucos de delante del rey: He aquí también la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardochêo, el cual había hablado bien por el rey, está en casa de Amán. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella.10Así colgaron á Amán en la horca que él había hecho aparejar para Mardochêo; y apaciguóse la ira del rey.

La acción se ha desarrollado a un ritmo rápido. Ahora llega el desenlace. Amán, designado por el dedo de la reina, se derrumba. Él es el adversario, el enemigo, el malvado, ¡tres nombres que lleva el diablo mismo en la Palabra de Dios! Y, sobre la marcha, a la orden del rey, se cuelga a Amán en el mismo madero que él había preparado para Mardoqueo (comp. Salmo 7:14-15). Esta escena evoca para nosotros un conjunto de hechos incomparablemente más grandes. Como Mardoqueo ante el favorito del rey, Cristo, entre los hijos de los hombres, fue el único que no se inclinó ante Satanás. Conocemos su respuesta en el momento de la tentación: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:9-10).

De manera que, no pudiendo hacer ceder a ese hombre perfecto, el Enemigo no descansó hasta deshacerse de él. Con esta finalidad alzó a los hombres contra Jesús, incitándolos a preparar su cruz, como Amán preparaba la horca para Mardoqueo (aunque este último no fue colgado en ella). Pero, precisamente esa cruz en la que Satanás pensaba triunfar y acabar con Cristo significó su definitiva derrota (léase Colosenses 2:15; Hebreos 2:14). Todo el esfuerzo de su odio sólo sirvió para su propia destrucción... y, al mismo tiempo, para nuestra salvación.

Ester 8:1-14
1EL MISMO día dió el rey Assuero á la reina Esther la casa de Amán enemigo de los Judíos; y Mardochêo vino delante del rey, porque Esther le declaró lo que era respecto de ella.2Y quitóse el rey su anillo que había vuelto á tomar de Aman, y diólo á Mardochêo. Y Esther puso á Mardochêo sobre la casa de Amán.3Volvió luego Esther á hablar delante del rey, y echóse á sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán Agageo, y su designio que había formado contra los Judíos.4Entonces extendió el rey á Esther el cetro de oro, y Esther se levantó, y púsose en pie delante del rey.5Y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de el, y si la cosa es recta delante del rey, y agradable yo en sus ojos, sea escrito para revocar las letras del designio de Amán hijo de Amadatha Agageo, que escribió para destruir á los Judíos que6Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará á mi pueblo? ¿cómo podré yo ver la destrucción de mi nación?7Y respondió el rey Assuero á la reina Esther, y á Mardochêo Judío: He aquí yo he dado á Esther la casa de Amán, y á él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los Judíos.8Escribid pues vosotros á los Judíos como bien os pareciere en el nombre del rey, y sellad lo con el anillo del rey; porque la escritura que se sella con el anillo del rey, no es para revocarla.9Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero, que es Siván, á veintitrés del mismo; y escribióse conforme á todo lo que mandó Mardochêo, á los Judíos, y á los sátrapas, y á los capitanes, y á los príncipes de las provincias que había 10Y escribió en nombre del rey Assuero, y selló con el anillo del rey, y envió letras por correos de á caballo, montados en dromedarios, y en mulos hijos de yeguas;11Con intimación de que el rey concedía á los Judíos que estaban en todas la ciudades, que se juntasen y estuviesen á la defensa de su vida, prontos á destruir, y matar, y acabar con todo ejército de pueblo o provincia que viniese contra ellos, aun niños y 12En un mismo día en todas las provincias del rey Assuero, en el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar.13La copia de la escritura que había de darse por ordenanza en cada provincia, para que fuese manifiesta á todos los pueblos, decía que los Judíos estuviesen apercibidos para aquel día, para vengarse de sus enemigos.14Los correos pues, cabalgando en dromedarios y en mulos, salieron apresurados y constreñidos por el mandamiento del rey: y la ley fué dada en Susán capital del reino.

Ahora el curso de las cosas está invertido. Sólo Dios puede dar vuelta así una situación. Pero la muerte de Amán está lejos de haberlo arreglado todo. El rey, atado por su propio sello, no tiene el poder de anular simplemente su funesto decreto. Lo que hace —y es todavía Dios quien le inclina hacia esta sabiduría— es confiar a Ester y Mardoqueo el cuidado de deshacer la conspiración de Amán. Los enemigos no serán desarmados. En cambio, los judíos van a ser autorizados y hasta alentados a defenderse y a destruirlos. El creyente tiene enemigos que procuran oprimirle. Aunque su jefe, Satanás, fue vencido por la obra de Cristo en la cruz (lo mismo que Amán fue colgado en la horca que él había preparado), el poder de obrar contra los hijos de Dios todavía no les ha sido quitado. Pero ahora estos últimos reciben la posibilidad de combatirlos eficazmente.

Cada uno de nosotros conoce por demás a esos enemigos. Si los tratamos con miramientos, ellos no andarán con contemplaciones con nosotros. Usemos, pues, los medios de la fe para anular sus esfuerzos, inclusive reuniéndonos para la oración en común (véase v. 11). Fortalezcámonos en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10).

Ester 8:15-17; Ester 9:1-10
15Y salió Mardochêo de delante del rey con vestido real de cárdeno y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura: y la ciudad de Susán se alegró y regocijó.16Los Judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra.17Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los Judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer. Y muchos de los pueblos de la tierra se hacían Judíos, porque el temor de los Judíos había caído sobre ellos.
1Y EN el mes duodécimo y que es el mes de Adar, á trece del mismo, en el que tocaba se ejecutase el mandamiento del rey y su ley, el mismo día en que esperaban los enemigos de los Judíos enseñorearse de ellos, fué lo contrario; porque los Judíos se enseñor2Los Judíos se juntaron en sus ciudades en todas las provincias del rey Assuero, para meter mano sobre los que habían procurado su mal: y nadie se puso delante de ellos, porque el temor de ellos había caído sobre todos los pueblos.3Y todos los príncipes de las provincias, y los virreyes, y capitanes, y oficiales del rey, ensalzaban á los Judíos; porque el temor de Mardochêo había caído sobre ellos.4Porque Mardochêo era grande en la casa del rey, y su fama iba por todas las provincias; pues el varón Mardochêo iba engrandeciéndose.5E hirieron los Judíos á todos sus enemigos con plaga de espada, y de mortandad, y de perdición; é hicieron en sus enemigos á su voluntad.6Y en Susán capital del reino, mataron y destruyeron los Judíos á quinientos hombres.7Mataron entonces á Phorsandatha, y á Dalphón, y á Asphatha,8Y á Phoratha y á Ahalía, y á Aridatha,9Y á Pharmastha, y á Arisai, y á Aridai, y á Vaizatha,10Diez hijos de Amán hijo de Amadatha, enemigo de los Judíos: mas en la presa no metieron su mano.

El tiempo de quedarse humildemente a la puerta del rey pasó para Mardoqueo. Asuero, poseedor del poder supremo, le confirió gloria, majestad, honor y poder. Es una figura de la elevación del Señor Jesucristo cuando, como lo dijo un poeta: «Le veremos surgir deslumbrante de gloria, Hijo del hombre nimbado con aureola de oro» (comp. Ester 8:15). Repasemos brevemente el curso de la vida de Mardoqueo y sus semejanzas con el camino de Jesús: cuidó de la joven de Israel, así como Cristo constantemente veló por su pueblo; fue fiel servidor del rey y, sin embargo, rehusó inclinarse ante el amalecita, así como Jesús no reconoció el menor derecho al Tentador. Pero Cristo, a causa de esa perfección y de su amor por su pueblo, tuvo que conocer en realidad el infame madero, cuya sombra sólo pasó sobre Mardoqueo.

Después de los sufrimientos vienen las glorias. Sí, a través del versículo 15 del capítulo 8 y de los versículos 3-4 del capítulo 9 contemplamos con adoración el triunfo de Jesús, al que acompañará la destrucción o la sumisión de todos sus enemigos (véase Salmo 66:3-4).

Los diez hijos de Amán, de quienes el padre se sentía tan orgulloso (Ester 5:11) perecen a su turno. “No será nombrada para siempre la descendencia de los malignos” (Isaías 14:20).

Ester 9:11-22
11El mismo día vino la cuenta de los muertos en Susán residencia regia, delante del rey.12Y dijo el rey á la reina Esther: En Susán, capital del reino, han muerto los Judíos y destruído quinientos hombres, y á diez hijos de Amán; ¿qué habrán hecho en las otras provincias del rey? ¿Cuál pues es tu petición, y te será concedida? ¿ó qué más es tu13Y respondió Esther: Si place al rey, concedase también mañana á los Judíos en Susán, que hagan conforme á la ley de hoy; y que cuelguen en la horca á los diez hijos de Amán.14Y mandó el rey que se hiciese así: y dióse la orden en Susán, y colgaron á los diez hijos de Amán.15Y los Judíos que estaban en Susán, se juntaron también el catorce del mes de Adar, y mataron en Susán trescientos hombres: mas en la presa no metieron su mano.16En cuanto á los otros Judíos que estaban en las provincias del rey, también se juntaron y pusiéronse en defensa de su vida, y tuvieron reposo de sus enemigos, y mataron de sus contrarios setenta y cinco mil; mas en la presa no metieron su mano.17En el día trece del mes de Adar fué esto; y reposaron en el día catorce del mismo, é hiciéronlo día de banquete y de alegría.18Mas los Judíos que estaban en Susán se juntaron en el trece y en el catorce del mismo mes; y al quince del mismo reposaron, é hicieron aquel día día de banquete y de regocijo.19Por tanto los Judíos aldeanos que habitan en las villas sin muro, hacen á los catorce del mes de Adar el día de alegría y de banquete, y buen día, y de enviar porciones cada uno á su vecino.20Y escribió Mardochêo estas cosas, y envió letras á todos los Judíos que estaban en todas las provincias del rey Assuero, cercanos y distantes,21Ordenándoles que celebrasen el día décimocuarto del mes de Adar, y el décimoquinto del mismo, cada un año.22Como días en que los Judíos tuvieron reposo de sus enemigos, y el mes que se les tornó de tristeza en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo, y de enviar porciones cada uno á su vecino, y dádivas á los pobres.

El día 13 del mes de Adar, el que debía marcar para siempre la masacre y la desaparición de Israel, llegó a ser, al contrario, el de su triunfo y el del aniquilamiento de sus enemigos. Estos últimos hicieron la trágica experiencia de ello: no se ataca impunemente al pueblo de Dios. El que lo toca, “toca a la niña de su ojo” (Zacarías 2:8; véase Salmo 105:12-15).

¿Seremos en menor grado los objetos de su ternura, nosotros, quienes formamos parte del pueblo celestial, de la Esposa de Cristo? Israel en el cautiverio tiene, por cierto, los caracteres de una nación “tirada y despojada... un pueblo terrible... una nación medida y hollada” (Isaías 18:2 V.M.). Dios, para quien ese pueblo es maravilloso porque de él nació el Salvador del mundo, pondrá en actividad sus poderosos medios para liberar a esa nación a la que el mundo hollaba.

¡Cuán rico es este libro de Ester, del cual habríamos podido pensar, al abordarlo, que contenía poca edificación! En figura, ¡qué lugar le da a Jesús humillado y exaltado! ¡Qué horizonte descubre acerca del porvenir de Israel, su descanso y su alegría (Ester 9:17), ese gozo del reino que lo espera al fin de todos sus sufrimientos!

Ester 9:23-32; Ester 10:1-3
23Y los Judíos aceptaron hacer, según habían comenzado, lo que les escribió Mardochêo.24Porque Amán hijo de Amadatha, Agageo, enemigo de todos los Judíos, había ideado contra los Judíos para destruirlos, y echó Pur, que quiere decir suerte, para consumirlos y acabar con ellos.25Mas como Esther vino á la presencia del rey, él intimó por carta: El perverso designio que aquél trazó contra los Judíos, recaiga sobre su cabeza; y cuélguenlo á él y á sus hijos en la horca.26Por esto llamaron á estos días Purim, del nombre Pur. Por todas las palabras pues de esta carta, y por lo que ellos vieron sobre esto, y lo que llegó á su noticia,27Establecieron y tomaron los Judíos sobre sí, y sobre su simiente, y sobre todos los allegados á ellos, y no será traspasado, el celebrar estos dos días según está escrito en orden á ellos, y conforme á su tiempo cada un año;28Y que estos dos días serían en memoria, y celebrados en todas las naciones, y familias, y provincias, y ciudades. Estos días de Purim no pasarán de entre los Judíos, y la memoria de ellos no cesará de su simiente.29Y la reina Esther hija de Abihail, y Mardochêo Judío, escribieron con toda eficacia, para confirmar esta segunda carta de Purim.30Y envió Mardochêo letras á todos los Judíos, á las ciento veintisiete provincias del rey Assuero, con palabras de paz y de verdad,31Para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les había constituído Mardochêo Judío y la reina Esther, y como habían ellos tomado sobre sí y sobre su simiente, para conmemorar el fin de los ayunos y de su clamor.32Y el mandamiento de Esther confirmó estas palabras dadas acerca de Purim, y escribióse en el libro.
1Y EL rey Assuero impuso tributo sobre la tierra y las islas de la mar.2Y toda la obra de su fortaleza, y de su valor, y la declaración de la grandeza de Mardochêo, con que el rey le engrandeció, ¿no está escrito en el libro de los anales de los reyes de Media y de Persia?3Porque Mardochêo Judío fué segundo después del rey Assuero, y grande entre los Judíos, y acepto á la multitud de sus hermanos, procurando el bien de su pueblo, y hablando paz para toda su simiente.

Así de año en año deberá conmemorarse, por esa fiesta de Purim, la gran liberación de la cual fue objeto el pueblo.

La cristiandad, con sentimientos lamentablemente muy mezclados, celebra cada año el nacimiento y la muerte del Salvador. Por cierto, alegrémonos de que, de esa manera, muchos son llevados a pensar por lo menos una vez o dos por año en esos maravillosos acontecimientos. Y cada fin de año es también para nosotros una ocasión para bendecir a Dios por todas las gracias otorgadas. Pero es de desear que, no una vez por año sino cada primer día de la semana y, en verdad, cada día de nuestra vida, podamos acordarnos de nuestra gloriosa redención y de nuestro glorioso Redentor.

Éste se nos presenta todavía una vez más en el capítulo 10 bajo los rasgos de Mardoqueo: “Grande... estimado por la multitud de sus hermanos... procuró el bienestar... y habló paz...” (v. 3). En todo esto contemplamos a Jesús, quien, como siervo (Isaías 52:13), obró sabiamente y, por consiguiente, debe ser engrandecido y exaltado, y puesto muy en alto (véase también Salmo 45:6-8 y Filipenses 2:9-11). Pero, Él es igualmente digno de ocupar el primer lugar en nuestros pensamientos y afectos (Colosenses 1, fin del v. 18). ¡Cada uno de nosotros debe darle ese lugar desde ahora!


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