Job 1:1-12
1HUBO un varón en tierra de Hus, llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, y temeroso de Dios, y apartado del mal.2Y naciéronle siete hijos y tres hijas.3Y su hacienda era siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientas yuntas de bueyes, y quinientas asnas, y muchísimos criados: y era aquel varón grande más que todos los Orientales.4E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban á llamar sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos.5Y acontecía que, habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y santificábalos, y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado á Dios en s6Y un día vinieron los hijos de Dios á presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satán.7Y dijo Jehová á Satán: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satán á Jehová, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.8Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?9Y respondiendo Satán á Jehová, dijo: ¿Teme Job á Dios de balde?10¿No le has tú cercado á él, y á su casa, y á todo lo que tiene en derredor? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto su hacienda ha crecido sobre la tierra.11Mas extiende ahora tu mano, y toca á todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro.12Y dijo Jehová á Satán: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano: solamente no pongas tu mano sobre él. Y salióse Satán de delante de Jehová.

El libro de Job es completamente diferente de los que lo preceden. Primeramente es un libro poético, por lo menos en su mayor parte. En segundo lugar, es muy antiguo. Finalmente, sus personajes son escogidos fuera del pueblo de Israel.Estos dos últimos caracteres subrayan cuán importante es la instrucción de ese libro! Tan antigua como la historia del hombre, esta lección concierne no solamente a la familia de Abraham, sino a toda criatura. Pidamos a Dios que nos la enseñe al mismo tiempo que a Job.

«No era útil hacernos un largo relato de la prosperidad de Job; el Espíritu Santo, en cambio, nos da a conocer detalladamente todo lo que sucedió durante sus pruebas. Valía la pena contarlo, pues a los hijos de Dios les será provechoso hasta el final de los tiempos» (J.N.D.).

Los cinco primeros versículos nos muestran quién es ese hombre, lo que posee y lo que hace por los suyos. Los siguientes nos revelan lo que acontece en el cielo en relación con él. El temible Acusador (Satanás) entra en escena (Apocalipsis 12:10). Pero notemos dos cosas tranquilizadoras: 1) Dios es quien emprende primero la acción; 2) El permiso que Él concede a Satanás es rigurosamente limitado. Finalmente, no olvidemos la preciosa pregunta: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?” de Romanos 8:33 ni tampoco el versículo 28 del mismo capítulo. Vamos a ver cómo “todas las cosas” (las pruebas después de la prosperidad) van a ayudar juntamente a bien al que teme a Dios.

Job 1:13-22
13Y un día aconteció que sus hijos é hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito,14Y vino un mensajero á Job, que le dijo: Estando arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos,15Acometieron los Sabeos, y tomáronlos, é hirieron á los mozos á filo de espada: solamente escapé yo para traerte las nuevas.16Aun estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y los mozos, y los consumió: solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.17Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los Caldeos hicieron tres escuadrones, y dieron sobre los camellos, y tomáronlos, é hirieron á los mozos á filo de espada; y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.18Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito;19Y he aquí un gran viento que vino del lado del desierto, é hirió las cuatro esquinas de la casa, y cayó sobre los mozos, y murieron; y solamente escapé yo solo para traerte las nuevas.20Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró;21Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito.22En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno.

Hasta aquí, Dios había cercado a su siervo Job con un vallado protector (v. 10). Una invisible barrera protege a los creyentes de los ataques de fuera y al mismo tiempo de su propia tendencia a dejar el lugar de la bendición. Por ejemplo, los hijos de padres creyentes son guardados por medio de la enseñanza recibida en casa y en las reuniones. ¡No derrumben deliberadamente ese vallado! (Eclesiastés 10:8).

Satanás ha obtenido el permiso para obrar (véase Lucas 22:31). Elige el día favorable y, con un apresuramiento que recalca su odio, hiere al desdichado Job con cuatro golpes de progresiva intensidad. En un instante, nuestro patriarca, sin haber tenido el tiempo de recuperarse (Job 9:18), se ve despojado de toda su prosperidad y privado de sus diez hijos. De pie, en medio de esas ruinas, no se altera. Muestra así que su confianza no descansaba en los bienes recibidos sino en Aquel que se los había dado. El diablo  trabajó en vano. “¿Acaso teme Job a Dios de balde?” había preguntado él (v. 9). Job responde mostrando que, aun cuando no tiene nada más, por gracia continúa temiendo a Dios.

Satanás había afirmado: “Verás si no blasfema contra ti” (v. 11). “Sea el nombre de Jehová bendito” exclama Job cuando se le quita todo (v. 21). Pone en práctica la exhortación particularmente difícil de llevar a cabo: “Dad gracias en todo” (1 Tesalonicenses 5:18).

Job 2:1-13
1Y OTRO día aconteció que vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satán vino también entre ellos pareciendo delante de Jehová.2Y dijo Jehová á Satán: ¿De dónde vienes? Respondió Satán á Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.3Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal, y que aun retiene su perfección, habiéndome tú incitado contra él, para que lo arruinara sin caus4Y respondiendo Satán dijo á Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.5Mas extiende ahora tu mano, y toca á su hueso y á su carne, y verás si no te blasfema en tu rostro.6Y Jehová dijo á Satán: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.7Y salió Satán de delante de Jehová, é hirió á Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza.8Y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza.9Díjole entonces su mujer: ¿Aun retienes tú tu simplicidad? Bendice á Dios, y muérete.10Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.11Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle.12Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.13Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

Con el permiso de Dios, Satanás acomete nuevamente contra Job. Después de haber devastado sus bienes y destruido su familia, he aquí que la emprende con su persona. La mujer de Job no aguanta más. “Maldice a Dios, y muérete” le dice ella. ¡Una nueva prueba para nuestro patriarca! Su propia mujer es el instrumento del Enemigo para inducirle a “maldecir a Dios” (como Satanás se había comprometido a ello: Job 1:11 y 2:5). Pero él permanece firme y recibe tanto el mal (es decir, el sufrimiento) como el bien de parte de Dios mismo (v. 10; véase Lamentaciones 3:38). Nosotros, que nos irritamos a menudo por tan poca cosa, ¡qué ejemplo tenemos en Job! Siempre manifestamos tendencia a detenernos en las causas exteriores de las dificultades. Pero, para Job, no son los sabeos, ni los caldeos, ni aun Satanás los responsables de sus infortunios. Él reconoce la mano de Dios detrás de esos agentes (solamente que aún no sabe que es una mano de amor). Y tenemos un Modelo incomparablemente más grande: el que recibía todas las cosas de la mano de su Padre, incluso la copa de la cólera de Dios contra el pecador, al decir: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11).

El capítulo termina con una escena llena de grandeza: Job y sus tres amigos están sentados allí en un silencio de siete días ante un dolor sin parangón y ante un profundo misterio.

Job 3:1-26
1DESPUÉS de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.2Y exclamó Job, y dijo:3Perezca el día en que yo nací, Y la noche que se dijo: Varón es concebido.4Sea aquel día sombrío, Y Dios no cuide de él desde arriba, Ni claridad sobre él resplandezca.5Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; Repose sobre él nublado, Que lo haga horrible como caliginoso día.6Ocupe la oscuridad aquella noche; No sea contada entre los días del año, Ni venga en él número de los meses.7Oh si fuere aquella noche solitaria, Que no viniera canción alguna en ella!8Maldíganla los que maldicen al día, Los que se aprestan para levantar su llanto.9Oscurézcanse las estrellas de su alba; Espere la luz, y no venga, Ni vea los párpados de la mañana:10Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, Ni escondió de mis ojos la miseria.11¿Por qué no morí yo desde la matriz, O fuí traspasado en saliendo del vientre?12¿Por qué me previnieron las rodillas? ¿Y para qué las tetas que mamase?13Pues que ahora yaciera yo, y reposara; Durmiera, y entonces tuviera reposo,14Con los reyes y con los consejeros de la tierra, Que edifican para sí los desiertos;15O con los príncipes que poseían el oro, Que henchían sus casas de plata.16O ¿por qué no fuí escondido como aborto, Como los pequeñitos que nunca vieron luz?17Allí los impíos dejan el perturbar, Y allí descansan los de cansadas fuerzas.18Allí asimismo reposan los cautivos; No oyen la voz del exactor.19Allí están el chico y el grande; Y el siervo libre de su señor.20¿Por qué se da luz al trabajado, Y vida á los de ánimo en amargura,21Que esperan la muerte, y ella no llega, Aunque la buscan más que tesoros;22Que se alegran sobremanera, Y se gozan, cuando hallan el sepulcro?23¿Por qué al hombre que no sabe por donde vaya, Y al cual Dios ha encerrado?24Pues antes que mi pan viene mi suspiro; Y mis gemidos corren como aguas.25Porque el temor que me espantaba me ha venido, Y hame acontecido lo que temía.26No he tenido paz, no me aseguré, ni me estuve reposado; Vínome no obstante turbación.

Como olas sucesivas, siete pruebas se desencadenan sobre Job. El enemigo —cuyo odio se halla siempre excitado por el amor que Dios manifiesta hacia los suyos— ha herido al patriarca cinco veces: en sus bienes (tres veces), en sus hijos, luego en su salud. El sexto golpe particularmente pérfido le fue dado por su propia mujer, pero el hombre de Dios permaneció inquebrantable. Viene entonces la séptima tribulación (cap. 5:19) de donde él no la esperaba. Tres venerablesamigos se han concertado para hacer a Job una visita de pésame. Y lo que los furiosos asaltos de Satanás no consiguieron, la gestión de esos consoladores lo va a lograr. A este respecto, notemos cuán difícil es visitar apropiadamente a una persona probada, y cuán importante es prepararse mediante la oración. Estos hombres están ahí, mudos, considerando en su desolación a aquel a quien habían conocido y honrado en su prosperidad. Darles su miseria por espectáculo es más de lo que Job puede soportar. La amargura, tanto tiempo dominada, por fin rebosa. Con palabras desgarradoras «maldice su día»; quiere no haber nacido; desea la muerte. Pero en su sabiduría y su amor, Dios no había permitido a Satanás ir hasta ese punto (cap. 2:6).

Job 4:1-21
1Y RESPONDIO Eliphaz el Temanita, y dijo:2Si probáremos á hablarte, serte ha molesto; Mas ¿quién podrá detener las palabras?3He aquí, tú enseñabas á muchos, Y las manos flacas corroborabas;4Al que vacilaba, enderezaban tus palabras, Y esforzabas las rodillas que decaían.5Mas ahora que el mal sobre ti ha venido, te es duro; Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.6¿Es este tu temor, tu confianza, Tu esperanza, y la perfección de tus caminos?7Recapacita ahora, ¿quién que fuera inocente se perdiera? Y ¿en dónde los rectos fueron cortados?8Como yo he visto, los que aran iniquidad Y siembran injuria, la siegan.9Perecen por el aliento de Dios, Y por el espíritu de su furor son consumidos.10El bramido del león, y la voz del león, Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.11El león viejo perece por falta de presa, Y los hijos del león son esparcidos.12El negocio también me era á mí oculto; Mas mi oído ha percibido algo de ello.13En imaginaciones de visiones nocturnas, Cuando el sueño cae sobre los hombres,14Sobrevínome un espanto y un temblor, Que estremeció todos mis huesos:15Y un espíritu pasó por delante de mí, Que hizo se erizara el pelo de mi carne.16Paróse un fantasma delante de mis ojos, Cuyo rostro yo no conocí, Y quedo, oí que decía:17¿Si será el hombre más justo que Dios? ¿Si será el varón más limpio que el que lo hizo?18He aquí que en sus siervos no confía, Y notó necedad en sus ángeles19Cuánto más en los que habitan en casas de lodo, Cuyo fundamento está en el polvo, Y que serán quebrantados de la polilla!20De la mañana á la tarde son quebrantados, Y se pierden para siempre, sin haber quien lo considere.21¿Su hermosura, no se pierde con ellos mismos? Mueren, y sin sabiduría.

A su turno, los amigos de Job hacen uso de la palabra. Estos consoladores, ¿qué van a decir de consolador? Estos sabios, ¿con qué sabiduría van a instruir a su desdichado amigo y calmar su desesperanza? ¿Tendrán ellos, como más tarde el divino Médico, esa lengua de sabios que sabe “hablar palabras al cansado”? (Isaías 50:4). ¡Al contrario, como lo vamos a ver, sus discursos no harán más que exasperar poco a poco al pobre Job! ¡Y no porque sus argumentos carezcan de sabiduría! Hallamos en ellos grandes verdades que forman parte de la Palabra inspirada. Ciertos versículos hasta son citados en el Nuevo Testamento (por ejemplo Job 5:13 se halla en 1Corintios 3:19). Pero Elifaz, Bildad y Zofar harán una falsa aplicación de esas verdades en el caso de Job. Lo mismo que esos tres hombres, podemos conocer muchas verdades... y citarlas fuera de propósito. “La palabra (dicha) a su tiempo, ¡cuán buena es!” (Proverbios 15:23).

En los versículos 3 y 4, Elifaz rinde un buen testimonio acerca de Job, el cual, antes de estar él mismo bajo la disciplina, había levantado “las manos caídas y las rodillas paralizadas” (Hebreos 12:12). «Pues bien —le dice bastante bruscamente su amigo— es tiempo de que tú mismo pongas en práctica lo que enseñaste a los demás» (ver Romanos 2:21).

Job 5:1-27
1AHORA pues da voces, si habrá quien te responda; ¿Y á cuál de los santos te volverás?2Es cierto que al necio la ira lo mata, Y al codicioso consume la envidia.3Yo he visto al necio que echaba raíces, Y en la misma hora maldije su habitación.4Sus hijos estarán lejos de la salud, Y en la puerta serán quebrantados, Y no habrá quien los libre.5Su mies comerán los hambrientos, Y sacaránla de entre las espinas, Y los sedientos beberán su hacienda.6Porque la iniquidad no sale del polvo, Ni la molestia brota de la tierra.7Empero como las centellas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción.8Ciertamente yo buscaría á Dios, Y depositaría en él mis negocios:9El cual hace cosas grandes é inescrutables, Y maravillas que no tienen cuento:10Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, Y envía las aguas por los campos:11Que pone los humildes en altura, Y los enlutados son levantados á salud:12Que frustra los pensamientos de los astutos, Para que sus manos no hagan nada:13Que prende á los sabios en la astucia de ellos, Y el consejo de los perversos es entontecido;14De día se topan con tinieblas, Y en mitad del día andan á tientas como de noche:15Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, Y de la mano violenta;16Pues es esperanza al menesteroso, Y la iniquidad cerrará su boca.17He aquí, bienaventurado es el hombre á quien Dios castiga: Por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso.18Porque él es el que hace la llaga, y él la vendará: El hiere, y sus manos curan.19En seis tribulaciones te librará, Y en la séptima no te tocará el mal.20En el hambre te redimirá de la muerte, Y en la guerra de las manos de la espada.21Del azote de la lengua serás encubierto; Ni temerás de la destrucción cuando viniere.22De la destrucción y del hambre te reirás, Y no temerás de las bestias del campo:23Pues aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, Y las bestias del campo te serán pacíficas.24Y sabrás que hay paz en tu tienda; Y visitarás tu morada, y no pecarás.25Asimismo echarás de ver que tu simiente es mucha, Y tu prole como la hierba de la tierra.26Y vendrás en la vejez á la sepultura, Como el montón de trigo que se coge á su tiempo.27He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: Oyelo, y juzga tú para contigo.

El tema principal que los tres amigos van a desarrollar de distintas maneras en sus discursos es el siguiente: Dios es justo. No habría herido a Job de esa manera si éste no lo hubiese merecido. Todas sus pruebas son un castigo, un juicio. ¡Que confiese sus pecados y será restaurado! Pero, mediante el comienzo de ese relato, sabemos que Job no había incurrido en ninguna falta en especial. Dios mismo había dicho a Satanás: “Tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa”(cap. 2:3). Era, pues, equivocado considerar su prueba como un castigo. Mas, con excepción de esta última palabra, los versículos 17 y 18 son un maravilloso resumen de toda su historia. Comparémoslos con Proverbios 3:11-12 citado en la epístola a los Hebreos 12:5-6: “No menosprecies, hijo mio, el castigo del Señor, ni te fatigues de su corrección; porque el Señor al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”.

En efecto, Dios tenía algo que reprender y enderezar en su siervo: era, como tendremos la oportunidad de verlo, un espíritu de propia justicia. Dios había hecho la herida, pero también iba a curarla para felicidad de Job.

¡Aquel a quien el Señor ama! ¡Qué extraordinario consuelo! La tempestad que Satanás desencadena es, finalmente, para el creyente, una prueba del amor divino. 

Job 6:1-30
1Y RESPONDIO Job y dijo:2Oh si pesasen al justo mi queja y mi tormento, Y se alzasen igualmente en balanza!3Porque pesaría aquél más que la arena del mar: Y por tanto mis palabras son cortadas.4Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, Cuyo veneno bebe mi espíritu; Y terrores de Dios me combaten.5¿Acaso gime el asno montés junto á la hierba? ¿Muge el buey junto á su pasto?6¿Comeráse lo desabrido sin sal? ¿O habrá gusto en la clara del huevo?7Las cosas que mi alma no quería tocar, Por los dolores son mi comida.8Quién me diera que viniese mi petición, Y que Dios me otorgase lo que espero;9Y que pluguiera á Dios quebrantarme; Que soltara su mano, y me deshiciera!10Y sería aún mi consuelo, Si me asaltase con dolor sin dar más tregua, Que yo no he escondido las palabras del Santo.11¿Cuál es mi fortaleza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para dilatar mi vida?12¿Es mi fortaleza la de las piedras? ¿O mi carne, es de acero?13¿No me ayudo cuanto puedo, Y el poder me falta del todo?14El atribulado es consolado de su compañero: Mas hase abandonado el temor del Omnipotente.15Mis hermanos han mentido cual arroyo: Pasáronse como corrientes impetuosas,16Que están escondidas por la helada, Y encubiertas con nieve;17Que al tiempo del calor son deshechas, Y en calentándose, desaparecen de su lugar;18Apártanse de la senda de su rumbo, Van menguando y piérdense.19Miraron los caminantes de Temán, Los caminantes de Saba esperaron en ellas:20Mas fueron avergonzados por su esperanza; Porque vinieron hasta ellas, y halláronse confusos.21Ahora ciertamente como ellas sois vosotros: Que habéis visto el tormento, y teméis.22¿Os he dicho yo: Traedme, Y pagad por mí de vuestra hacienda;23Y libradme de la mano del opresor, Y redimidme del poder de los violentos?24Enseñadme, y yo callaré: Y hacedme entender en qué he errado.25Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el que reprende de vosotros?26¿Pensáis censurar palabras, Y los discursos de un desesperado, que son como el viento?27También os arrojáis sobre el huérfano, Y hacéis hoyo delante de vuestro amigo.28Ahora pues, si queréis, mirad en mí, Y ved si miento delante de vosotros.29Tornad ahora, y no haya iniquidad; Volved aún á considerar mi justicia en esto.30¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿No puede mi paladar discernir las cosas depravadas?

Cada discurso de sus amigos da lugar a una contestación de Job. Se da perfectamente cuenta de que su excesiva aflicción le hace pronunciar “palabras precipitadas” (v. 3). Desconfiemos de las palabras que somos capaces de pronunciar bajo la presión de la excitación... o de la ira (Proverbios 29:20). “¿Cuál es… mi fin para que tenga aún paciencia?” pregunta Job en el versículo 11 del capítulo 6. “La paciencia de Job”, de la cual la epístola de Santiago da testimonio, había resistido solamente hasta la sexta prueba. Y antes de que pudiese conocer “su fin”, o más bien el maravilloso “fin del Señor” (su meta) para con él, era precisamente necesario que esa tuviera “su obra completa” en él. Es la prueba de la fe la que producirá esa obra (Santiago 1:3-4 y 5:11). Como Job, estamos siempre apresurados por conocer el propósito de lo que nos ocurre. Pero Dios, en su sabiduría, generalmente no nos lo revela de antemano, a fin de enseñarnos la verdadera paciencia, la que no necesita comprender para someterse y contar con Él.

Job ha aprendido su primera lección, a saber, que no tiene socorro en sí mismo y que toda capacidad ha huido de él (v. 13). Es buena cosa haber entendido esto. Y no hace falta haber atravesado tantas pruebas como Job para estar convencido de ello. Creamos simplemente lo que la Palabra de Dios nos dice al respecto.

Job 7:1-21
1CIERTAMENTE tiempo limitado tiene el hombre sobre la tierra, Y sus días son como los días del jornalero.2Como el siervo anhela la sombra, Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo:3Así poseo yo meses de vanidad, Y noches de trabajo me dieron por cuenta.4Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Y mide mi corazón la noche, Y estoy harto de devaneos hasta el alba.5Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; Mi piel hendida y abominable.6Y mis días fueron más ligeros que la lanzadera del tejedor, Y fenecieron sin esperanza.7Acuérdate que mi vida es viento, Y que mis ojos no volverán á ver el bien.8Los ojos de los que me ven, no me verán más: Tus ojos sobre mí, y dejaré de ser.9La nube se consume, y se va: Así el que desciende al sepulcro no subirá;10No tornará más á su casa, Ni su lugar le conocerá más.11Por tanto yo no reprimiré mi boca; Hablaré en la angustia de mi espíritu, Y quejaréme con la amargura de mi alma.12¿Soy yo la mar, ó ballena, Que me pongas guarda?13Cuando digo: Mi cama me consolará, Mi cama atenuará mis quejas;14Entonces me quebrantarás con sueños, Y me turbarás con visiones.15Y así mi alma tuvo por mejor el ahogamiento, Y quiso la muerte más que mis huesos.16Aburríme: no he de vivir yo para siempre; Déjáme, pues que mis días son vanidad.17¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y que pongas sobre él tu corazón,18Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?19¿Hasta cuándo no me dejarás, Ni me soltarás hasta que trague mi saliva?20Pequé, ¿qué te haré, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me has puesto contrario á ti, Y que á mí mismo sea pesado?21¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, Y si me buscares de mañana, ya no seré.

El infortunio de Job —quien se ve corporalmente arruinado, torturado en su alma y puesto frente a un Dios cuyo silencio le llena de espanto— puede ayudar a los que como él pasan por el desaliento y no entienden la finalidad de su prueba. Como le ocurrió a él al final del libro, sólo conocerán el sentido de la prueba mediante un acto de fe. Job dirige el final de su discurso, ya no a Elifaz, sino a Jehová. Esboza un cuadro de la lastimosa condición del hombre en la tierra. Trabajo, suspiros, decepción, miseria, agitación, amargura, angustia, disgusto, vanidad, son las expresiones que él emplea y que resumen demasiado bien la experiencia humana. Pero la palabra clave todavía no había sido pronunciada, la que es, se lo reconozca o no, la primera causa de las desgracias del hombre. Finalmente Job exclama: “He pecado” (v. 20). Pero agrega: “¿Qué puedo hacerte?”, como si el pecado no fuese más que esto: una fuente de miseria para el hombre, en tanto que es primeramente y sobre todo una ofensa hecha a Dios. 

De una manera general, Dios se esfuerza por producir, en alguien a quien  prueba, toda esa ilación de pensamiento: comprobación de su infortunado estado, convicción de pecado y confesión a Dios.

El salmo 8 da la gloriosa respuesta a la desesperada pregunta de los versículos 17 y 18, pues presenta a Cristo, el Hijo del Hombre, el último Adán (1 Corintios 15:22 y 45).

Job 8:1-22
1Y RESPONDIO Bildad Suhita, y dijo:2¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, Y las palabras de tu boca serán como un viento fuerte?3¿Acaso pervertirá Dios el derecho, O el Todopoderoso pervertirá la justicia?4Si tus hijos pecaron contra él, El los echó en el lugar de su pecado.5Si tú de mañana buscares á Dios, Y rogares al Todopoderoso;6Si fueres limpio y derecho, Cierto luego se despertará sobre ti, Y hará próspera la morada de tu justicia.7Y tu principio habrá sido pequeño, Y tu postrimería acrecerá en gran manera.8Porque pregunta ahora á la edad pasada, Y disponte para inquirir de sus padres de ellos;9Pues nosotros somos de ayer, y no sabemos, Siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.10¿No te enseñarán ellos, te dirán, Y de su corazón sacarán palabras?11¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?12Aun él en su verdor no será cortado, Y antes de toda hierba se secará.13Tales son los caminos de todos los que olvidan á Dios: Y la esperanza del impío perecerá:14Porque su esperanza será cortada, Y su confianza es casa de araña.15Apoyaráse él sobre su casa, mas no permanecerá en pie; Atendráse á ella, mas no se afirmará.16A manera de un árbol, está verde delante del sol, Y sus renuevos salen sobre su huerto;17Vanse entretejiendo sus raíces junto á una fuente, Y enlazándose hasta un lugar pedregoso.18Si le arrancaren de su lugar, Este negarále entonces, diciendo: Nunca te vi.19Ciertamente éste será el gozo de su camino; Y de la tierra de donde se traspusiere, nacerán otros.20He aquí, Dios no aborrece al perfecto, Ni toma la mano de los malignos.21Aun henchirá tu boca de risa, Y tus labios de júbilo.22Los que te aborrecen, serán vestidos de confusión; Y la habitación de los impíos perecerá.

Escuchemos lo que Bildad tiene que decir ahora. Como todavía no se atreve a afirmar abiertamente que el infortunio de Job resulta de sus propios pecados, empieza por hablar de sus hijos. Para él, la cuestión es simple: la muerte de los hijos de Job ha sido consecuencia de su transgresión (v. 4). Han pecado y Dios los ha castigado. Cuán crueles son estas palabras para el pobre Job, quien otrora “se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos” (Job 1:5). Es como si su amigo le hubiese dicho: «Tus oraciones han sido inútiles; Dios no te ha escuchado y no ha querido salvar a tus hijos».

Los tres amigos conocen a Dios sólo como un justo Juez. Por cierto, la justicia del Todopoderoso (v. 3) es un lado de la verdad. Hasta es tan perfecta que, cuando su propio Hijo cargó con nuestros pecados, Dios se vio obligado a castigarle en su ira. Pero la cruz, donde ha sido dada esa suprema prueba de su justicia nos trae al mismo tiempo la más maravillosa prueba de su amor. Si a las almas se les habla sólo de justicia y no de amor, se las impele al desaliento o a la propia justificación. Es el doble efecto que los razonamientos de sus amigos producirán en Job.

Job 9:1-21
1Y RESPONDIO Job, y dijo:2Ciertamente yo conozco que es así: ¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?3Si quisiere contender con él, No le podrá responder á una cosa de mil.4El es sabio de corazón, y poderoso en fortaleza, ¿Quién se endureció contra él, y quedó en paz?5Que arranca los montes con su furor, Y no conocen quién los trastornó:6Que remueve la tierra de su lugar, Y hace temblar sus columnas:7Que manda al sol, y no sale; Y sella las estrellas:8El que extiende solo los cielos, Y anda sobre las alturas de la mar:9El que hizo el Arcturo, y el Orión, y las Pléyadas, Y los lugares secretos del mediodía:10El que hace cosas grandes é incomprensibles, Y maravillosas, sin número.11He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; Y pasará, y no lo entenderé.12He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá, Qué haces?13Dios no tornará atrás su ira, Y debajo de él se encorvan los que ayudan á los soberbios.14¿Cuánto menos le responderé yo, Y hablaré con él palabras estudiadas?15Que aunque fuese yo justo, no responderé; Antes habré de rogar á mi juez.16Que si yo le invocase, y él me respondiese, Aun no creeré que haya escuchado mi voz.17Porque me ha quebrado con tempestad, Y ha aumentado mis heridas sin causa.18No me ha concedido que tome mi aliento; Mas hame hartado de amarguras.19Si habláremos de su potencia, fuerte por cierto es; Si de juicio, ¿quién me emplazará?20Si yo me justificare, me condenará mi boca; Si me dijere perfecto, esto me hará inicuo.21Bien que yo fuese íntegro, no conozco mi alma: Reprocharé mi vida.

Bildad ha subrayado la inflexible justicia de Dios. Job no puede sino estar de acuerdo con él. Pero entonces suscita la gran pregunta: “¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?” (v. 2). ¡Ella ha atormentado a muchos sabios y pensadores desde los orígenes del mundo! La respuesta no se halla en los razonamientos y las filosofías de los hombres, ni aun en las poderosas obras del Creador, de las cuales Job da aquí algunos ejemplos. ¡Sólo en la Palabra de Dios la hallamos! Después de haber establecido que “no hay justo, ni aun uno”, ella anuncia la maravillosa nueva: somos “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús...”. Y al mismo tiempo: “El hombre es justificado por la fe...” (Romanos 3:10, 24 y 28; véase también Tito 3:7; 1 Corintios 6:11; Gálatas 3:24).

A partir del versículo 15, Job expresa su total impotencia. Entre Dios y él, la lucha es desigual. Él se considera quebrantado por un juez despiadado que aumenta sus heridas “sin causa” (v. 15-17). ¡Tristes pensamientos para un creyente!

Nosotros poseemos un tierno Padre en Jesús. ¡Ojalá ninguna circunstancia nos lo haga olvidar!

Job 9:22-35
22Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume.23Si azote mata de presto, Ríese de la prueba de los inocentes.24La tierra es entregada en manos de los impíos, Y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿dónde está?25Mis días han sido más ligeros que un correo; Huyeron, y no vieron el bien.26Pasaron cual navíos veloces: Como el águila que se arroja á la comida.27Si digo: Olvidaré mi queja, Dejaré mi aburrimiento, y esforzaréme:28Contúrbanme todos mis trabajos; Sé que no me darás por libre.29Yo soy impío, ¿Para qué trabajaré en vano?30Aunque me lave con aguas de nieve, Y limpie mis manos con la misma limpieza,31Aun me hundirás en el hoyo, Y mis propios vestidos me abominarán.32Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, Y vengamos juntamente á juicio.33No hay entre nosotros árbitro Que ponga su mano sobre nosotros ambos.34Quite de sobre mí su vara, Y su terror no me espante.35Entonces hablaré, y no le temeré: Porque así no estoy en mí mismo.

En el versículo 6 del capítulo 7, Job había comparado sus días a la lanzadera del tejedor, la que pasa y vuelve a pasar a través de los hilos conductores de su existencia. Aquí emplea la imagen de un correo, luego la de barcas ligeras llevadas por la corriente rápida y por fin la de un águila que cae sobre su presa (véase también Santiago 4:14 y Salmo 39:5). Aunque los jóvenes apenas se den cuenta de ello, el testimonio de todos los ancianos es unánime: en realidad, la vida pasa velozmente. Además, no tenemos más que una para vivir.

No, no es posible retener esos días que se escapan para siempre. En cambio, la manera en que los llenemos puede darles un valor eterno. Empleado para el mundo, el tiempo se malgasta en vanidades engañosas. Pero si son utilizados para el Señor, los cortos momentos durante los cuales estamos en la tierra pueden llevar un fruto que permanece. Jesús dijo: “Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16).

Finalmente, unas palabras para aquellos de nuestros lectores que todavía no pertenecerían al Señor: esta rápida huida de los días incita a muchas personas a gozar de la vida. «De la hora fugitiva, apresurémonos a gozar; para el hombre no hay puerto, el tiempo no tiene orilla...» ha dicho un poeta. ¡Mentira! Hay una orilla (Marcos 4:35 V.M.), existe un puerto (Salmo 107:30). ¡No tarde usted en refugiarse en él!

Job 10:1-22
1ESTA mi alma aburrida de mi vida: Daré yo suelta á mi queja sobre mí, Hablaré con amargura de mi alma.2Diré á Dios: no me condenes; Hazme entender por qué pleiteas conmigo.3¿Parécete bien que oprimas, Que deseches la obra de tus manos, Y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos?4¿Tienes tú ojos de carne? ¿Ves tú como ve el hombre?5¿Son tus días como los días del hombre, O tus años como los tiempos humanos,6Para que inquieras mi iniquidad, Y busques mi pecado,7Sobre saber tú que no soy impío, Y que no hay quien de tu mano libre?8Tus manos me formaron y me compusieron Todo en contorno: ¿y así me deshaces?9Acuérdate ahora que como á lodo me diste forma: ¿Y en polvo me has de tornar?10¿No me fundiste como leche, Y como un queso me cuajaste?11Vestísteme de piel y carne, Y cubrísteme de huesos y nervios.12Vida y misericordia me concediste, Y tu visitación guardó mi espíritu.13Y estas cosas tienes guardadas en tu corazón; Yo sé que esto está cerca de ti.14Si pequé, tú me has observado, Y no me limpias de mi iniquidad.15Si fuere malo, ­ay de mí! Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, Estando harto de deshonra, Y de verme afligido.16Y subirá de punto, pues me cazas como á león, Y tornas á hacer en mí maravillas.17Renuevas contra mí tus plagas, Y aumentas conmigo tu furor, Remudándose sobre mí ejércitos.18¿Por qué me sacaste de la matriz? Habría yo espirado, y no me vieran ojos.19Fuera, como si nunca hubiera sido, Llevado desde el vientre á la sepultura.20¿No son mis días poca cosa? Cesa pues, y déjame, para que me conforte un poco.21Antes que vaya para no volver, A la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;22Tierra de oscuridad, lóbrega Como sombra de muerte, sin orden, Y que aparece como la oscuridad misma.

“¿Te parece bien que oprimas?”. Tal es la pregunta que, en su amargura, Job quisiera hacerle a Dios (v. 3). La Palabra le responde con un versículo que no debemos olvidar en nuestras pruebas: “(Dios) no aflige de su agrado ni contrista a los hijos de los hombres” (Lamentaciones 3:33 V.M.). Con mayor motivo cuando se trata de Sus hijos.

Como Job lo hace en los versículos 8 a 12, David se maravilla en el salmo 139 (v. 14-16) de la manera como fue creado. Y la conclusión es la misma: Él que así me ha formado y tejido “con huesos y nervios” me conoce hasta el fondo del alma. ¿Cómo sería posible esconderle lo que sea? La luz de Dios, sus ojos que escudriñan el pecado, esto es lo que disgusta a Job (Job 10:6 y 13:9) y le hace desear las tinieblas de “sombra de muerte” (v. 22). Se siente ante Dios como una presa cazada por un león (v. 16). De igual manera el autor del salmo 139 primeramente busca en vano resguardarse de las miradas de Dios. Pero al final, por el contrario, llega a desear ser sondeado y conocido por Él.¡Qué progreso cuando hemos llegado a esto! ¿No tememos a veces la divina luz?

“Tu cuidado guardó mi espíritu”, reconoce Job (v. 12). Si hubieran faltado esos cuidados, ¿quién sabe hasta dónde se hubiese hundido? ¿Quizás hasta maldecir a Dios o quitarse la vida? (cap. 2:9). ¡Ojalá sepamos hasta qué punto nuestro espíritu —tan pronto excitado como abatido— necesita ser guardado por el Señor!

Job 11:1-20
1Y RESPONDIO Sophar Naamathita, y dijo:2¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿Y el hombre parlero será justificado?3¿Harán tus falacias callar á los hombres? ¿Y harás escarnio, y no habrá quien te avergüence?4Tú dices: Mi conversar es puro, Y yo soy limpio delante de tus ojos.5Mas ­oh quién diera que Dios hablara, Y abriera sus labios contigo,6Y que te declarara los arcanos de la sabiduría, Que son de doble valor que la hacienda! Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos que tu iniquidad merece.7¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿Llegarás tú á la perfección del Todopoderoso?8Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás?9Su dimensión es más larga que la tierra, Y más ancha que la mar.10Si cortare, ó encerrare, O juntare, ¿quién podrá contrarrestarle?11Porque él conoce á los hombres vanos: Ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará caso?12El hombre vano se hará entendido, Aunque nazca como el pollino del asno montés.13Si tú apercibieres tu corazón, Y extendieres á él tus manos;14Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, Y no consintieres que more maldad en tus habitaciones;15Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, Y serás fuerte y no temerás:16Y olvidarás tu trabajo, O te acordarás de él como de aguas que pasaron:17Y en mitad de la siesta se levantará bonanza; Resplandecerás, y serás como la mañana:18Y confiarás, que habrá esperanza; Y cavarás, y dormirás seguro:19Y te acostarás, y no habrá quien te espante: Y muchos te rogarán.20Mas los ojos de los malos se consumirán, Y no tendrán refugio; Y su esperanza será agonía del alma.

A su turno, Zofar toma la palabra. ¡Extraño consolador, a la verdad! Más severo todavía que sus dos compañeros, empieza por acusar a Job de ser hablador (v. 2), mentiroso y escarnecedor (v. 3). Luego le habla de su iniquidad (v. 6). Y desde el versículo 13 presenta un cuadro de lo que, a su juicio, se debe para ser bendecido por Dios: «¡Si haces esto... si haces aquello...!». Esta disposición de espíritu se llama legalismo. Ya Elifaz había exhortado a Job a poner su confianza, no en Dios, sino en su propio temor de Dios y “en la integridad de sus caminos” (cap. 4:6). Y precisamente, Job estaba ya demasiado dispuesto a apoyarse en su piedad y en sus buenas obras —dicho de otro modo, en sí mismo— más bien queen Dios. Es lo que hacen muchos inconversos a quienes se da el nombre de «propios justos». Pero los creyentes (y Job era uno de ellos) igualmente pueden estar imbuidos de este espíritu legal y ser conducidos a pensar bien de sí mismos al compararse con otros y en consecuencia subestimar la inmensidad de la gracia de Dios. Los versículos 7 a 9 precisamente formulan preguntas respecto a lo infinito de Dios en todas sus dimensiones: altura, profundidad, longitud, anchura. ¿Qué mortal puede apreciarlas? Efesios 3:18-19 trae la respuesta: por medio del Espíritu todos los santos pueden ser hechos “capaces de comprender... cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento”.

Job 12:1-25
1Y RESPONDIO Job, y dijo:2Ciertamente que vosotros sois el pueblo; Y con vosotros morirá la sabiduría.3También tengo yo seso como vosotros; No soy yo menos que vosotros: ¿Y quién habrá que no pueda decir otro tanto?4Yo soy uno de quien su amigo se mofa, Que invoca á Dios, y él le responde: Con todo, el justo y perfecto es escarnecido.5Aquel cuyos pies van á resbalar, Es como una lámpara despreciada de aquel que está á sus anchuras.6Prosperan las tiendas de los ladrones, Y los que provocan á Dios viven seguros; En cuyas manos él ha puesto cuanto tienen.7Y en efecto, pregunta ahora á las bestias, que ellas te enseñarán; Y á las aves de los cielos, que ellas te lo mostrarán;8O habla á la tierra, que ella te enseñará; Los peces de la mar te lo declararán también.9¿Qué cosa de todas estas no entiende Que la mano de Jehová la hizo?10En su mano está el alma de todo viviente, Y el espíritu de toda carne humana.11Ciertamente el oído distingue las palabras, Y el paladar gusta las viandas.12En los viejos está la ciencia, Y en la larga edad la inteligencia.13Con Dios está la sabiduría y la fortaleza; Suyo es el consejo y la inteligencia.14He aquí, él derribará, y no será edificado: Encerrará al hombre, y no habrá quien le abra.15He aquí, el detendrá las aguas, y se secarán; El las enviará, y destruirán la tierra.16Con él está la fortaleza y la existencia; Suyo es el que yerra, y el que hace errar.17El hace andar á los consejeros desnudos de consejo, Y hace enloquecer á los jueces.18El suelta la atadura de los tiranos, Y ata el cinto á sus lomos.19El lleva despojados á los príncipes, Y trastorna á los poderosos.20El impide el labio á los que dicen verdad, Y quita á los ancianos el consejo.21El derrama menosprecio sobre los príncipes, Y enflaquece la fuerza de los esforzados.22El descubre las profundidades de las tinieblas, Y saca á luz la sombra de muerte.23El multiplica las gentes, y él las destruye: El esparce las gentes, y las torna á recoger.24El quita el seso de las cabezas del pueblo de la tierra, Y háceles que se pierdan vagueando sin camino:25Van á tientas como en tinieblas y sin luz, Y los hace errar como borrachos.

Los lugares comunes que Zofar acaba de enunciar, como si Job fuese inferior a él en conocimiento, no hacen más que humillar y vejar a éste. No solamente el pobre Job no ha sido el objeto de la misericordia que tenía derecho a esperar de sus amigos (cap. 6:14), sino que declara que ha llegado a ser objeto de su burla. Y agrega: “El justo y perfecto es escarnecido” (Job 12:4; véase también cap. 17:2; 21:3; 30:1 y Salmo 35:15).

¡El Justo y Perfecto! No pensamos más en Job sino en Cristo y a los que, escarneciéndole, pasaban delante de su cruz meneando la cabeza y decían: “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere” (Mateo 27:43). Dicho de otro modo: «Si Dios no le libera es, pues, la prueba de que no se complacía en Él y que, al contrario, mereció Su ira». (En el fondo, así es cómo los amigos de Job razonan respecto de él). “Nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” dirá el pueblo judío arrepentido cuando vuelva a Jesús su Salvador (Isaías 53:4). Sí, precisamente porque era el perfecto, Cristo conoció y sintió más que nadie la amargura de las acusaciones. Pero su confianza en su Dios y su entera sumisión no fueron quebrantadas (Salmo 56:5-6 y 11).

¡Qué contraste con Job, quien no pudo soportar ni la burla, ni las falsas acusaciones y quien durante tres capítulos (del 12 al 14) va a hacerse el abogado de su “causa”! (cap. 13:18).

Job 14:1-22
1EL HOMBRE nacido de mujer, Corto de días, y harto de sinsabores:2Que sale como una flor y es cortado; Y huye como la sombra, y no permanece.3¿Y sobre éste abres tus ojos, Y me traes á juicio contigo?4¿Quién hará limpio de inmundo? Nadie.5Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti: Tú le pusiste términos, de los cuales no pasará.6Si tú lo dejares, él dejará de ser: Entre tanto deseará, como el jornalero, su día.7Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñecerá aún, Y sus renuevos no faltarán.8Si se envejeciere en la tierra su raíz, Y su tronco fuere muerto en el polvo,9Al percibir el agua reverdecerá, Y hará copa como planta.10Mas el hombre morirá, y será cortado; Y perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?11Las aguas de la mar se fueron, Y agotóse el río, secóse.12Así el hombre yace, y no se tornará á levantar: Hasta que no haya cielo no despertarán, Ni se levantarán de su sueño.13Oh quién me diera que me escondieses en el sepulcro, Que me encubrieras hasta apaciguarse tu ira, Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!14Si el hombre muriere, ¿volverá á vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta que venga mi mutación.15Aficionado á la obra de tus manos, Llamarás, y yo te responderé.16Pues ahora me cuentas los pasos, Y no das tregua á mi pecado.17Tienes sellada en saco mi prevaricación, Y coacervas mi iniquidad.18Y ciertamente el monte que cae se deshace, Y las peñas son traspasadas de su lugar;19Las piedras son desgastadas con el agua impetuosa, Que se lleva el polvo de la tierra: de tal manera haces tú perecer la esperanza del hombre.20Para siempre serás más fuerte que él, y él se va; Demudarás su rostro, y enviaráslo.21Sus hijos serán honrados, y él no lo sabrá; O serán humillados, y no entenderá de ellos.22Mas su carne sobre él se dolerá, Y entristecerse ha en él su alma.

Muchas personas se hacen de Dios la misma imagen que Job: un Ser todopoderoso que obra «arbitrariamente» (dicho de otro modo: como le place) sin rendir cuentas a nadie y cuyos caminos son incomprensibles. El hombre está enteramente a su merced, cual una hoja arrebatada por el viento (cap. 13:25) y todo lo que puede hacer es buscar resguardarse de sus golpes lo mejor que pueda. Este «fatalismo» vuelve a encontrarse en la mayoría de las religiones orientales. Es muy cierto que Dios es todopoderoso y que obra de manera soberana. Es igualmente cierto que el hombre es débil y dependiente, que “sale como una flor y es cortado” (Job 14:2); que “toda la gloria del hombre es como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae” (1 Pedro 1:24). Pero no es cierto que Dios se burle del hombre al dominarlo a su gusto (Job 14:20). Al contrario, tiene cuidado de su criatura y no quiebra “la caña cascada” (Isaías 42:3; Mateo 12:20).

“¿Quién hará limpio a lo inmundo?” pregunta Job (Job 14:4). Más lejos exclama: “Tienes sellada en saco mi prevaricación...” (v. 17). No tiene conciencia de la plenitud de la gracia, como ocurre siempre que uno está preocupado por su propia justicia. Cada uno de nosotros ¿conoce a Aquel que purifica perfectamente al pecador manchado y que echó en lo profundo del mar el pesado «saco» que contiene todos sus pecados? (Miqueas 7:19).

Job 15:1-16
1Y RESPONDIO Eliphaz Temanita, y dijo:2¿Si proferirá el sabio vana sabiduría, Y henchirá su vientre de viento solano?3¿Disputará con palabras inútiles, Y con razones sin provecho?4Tú también disipas el temor, Y menoscabas la oración delante de Dios.5Porque tu boca declaró tu iniquidad, Pues has escogido el hablar de los astutos.6Tu boca te condenará, y no yo; Y tus labios testificarán contra ti.7¿Naciste tú primero que Adam? ¿O fuiste formado antes que los collados?8¿Oíste tú el secreto de Dios, Que detienes en ti solo la sabiduría?9¿Qué sabes tú que no sepamos? ¿Qué entiendes que no se halle en nosotros?10Entre nosotros también hay cano, también hay viejo Mucho mayor en días que tu padre.11¿En tan poco tienes las consolaciones de Dios? ¿Tienes acaso alguna cosa oculta cerca de ti?12¿Por qué te enajena tu corazón, Y por qué guiñan tus ojos,13Pues haces frente á Dios con tu espíritu, Y sacas tales palabras de tu boca?14¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, Y que se justifique el nacido de mujer?15He aquí que en sus santos no confía, Y ni los cielos son limpios delante de sus ojos:16¿Cuánto menos el hombre abominable y vil, Que bebe la iniquidad como agua?

Se abre un nuevo debate. Cada interlocutor volverá a tomar la palabra en el mismo orden que la primera vez. Golpe tras golpe, los tres compañeros hundirán su acusación en la conciencia de Job como se hace penetrar un clavo: «Eres un hipócrita, un hombre astuto. Si no fueses culpable, no te defenderías con tantas palabras» (v. 5-6). «El que se excusa, se acusa», dice el proverbio.

Los tres amigos de Job son moralistas, cada uno con su teoría y su método. Elifaz se apoya en la experiencia humana: en lo que sabe (v. 9) y en lo que ha visto (v. 17). Bildad, en cambio, se refiere gustoso a las antiguas tradiciones (por ejemplo: cap. 8:8). En cuanto a Zofar, hemos notado que sus argumentos se inspiran en el más puro legalismo. Pero ninguno de los tres se funda en lo que Dios ha dicho. Ya que tienen solamente esas bases inciertas, no nos extrañemos si yerran “ignorando las Escrituras”... (Mateo 22:29). La Palabra de Dios es la única fuente en la cual podemos confiar para nosotros mismos y para ayudar a los que están colocados en nuestro camino. Un joven, hasta un niño que la conoce, tiene más inteligencia que un anciano con canas (Job 15:10) que se apoya solamente en su propia experiencia (Salmo 119:99-100).

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

Job 16:1-22
1Y RESPONDIO Job, y dijo:2Muchas veces he oído cosas como estas: Consoladores molestos sois todos vosotros.3¿Tendrán fin las palabras ventosas? O ¿qué te animará á responder?4También yo hablaría como vosotros. Ojalá vuestra alma estuviera en lugar de la mía, Que yo os tendría compañía en las palabras, Y sobre vosotros movería mi cabeza.5Mas yo os alentaría con mis palabras, Y la consolación de mis labios apaciguaría el dolor vuestro.6Si hablo, mi dolor no cesa; Y si dejo de hablar, no se aparta de mí.7Empero ahora me ha fatigado: Has tú asolado toda mi compañía.8Tú me has arrugado; testigo es mi flacura, Que se levanta contra mí para testificar en mi rostro.9Su furor me destrizó, y me ha sido contrario: Crujió sus dientes contra mí; Contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.10Abrieron contra mí su boca; Hirieron mis mejillas con afrenta; Contra mí se juntaron todos.11Hame entregado Dios al mentiroso, Y en las manos de los impíos me hizo estremecer.12Próspero estaba, y desmenuzóme: Y arrebatóme por la cerviz, y despedazóme, Y púsome por blanco suyo.13Cercáronme sus flecheros, Partió mis riñones, y no perdonó: Mi hiel derramó por tierra.14Quebrantóme de quebranto sobre quebranto; Corrió contra mí como un gigante.15Yo cosí saco sobre mi piel, Y cargué mi cabeza de polvo.16Mi rostro está enlodado con lloro, Y mis párpados entenebrecidos:17A pesar de no haber iniquidad en mis manos, Y de haber sido mi oración pura.18Oh tierra! no cubras mi sangre, Y no haya lugar á mi clamor.19Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, Y mi testimonio en las alturas.20Disputadores son mis amigos: Mas á Dios destilarán mis ojos.21Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios, Como con su prójimo!22Mas los años contados vendrán, Y yo iré el camino por donde no volveré.

“Consoladores molestos sois todos vosotros”, responde Job a sus amigos (v. 2). «Así es como yo obraría si estuvieseis en mi lugar y yo en el vuestro»; “yo os alentaría con mis palabras, y la consolación de mis labios apaciguaría vuestro dolor” (v. 5).

Para simpatizar realmente con alguien, es necesario entrar en su prueba como si la soportáramos nosotros mismos (Hebreos 13:3). Jesús no sanaba a un enfermo sin haber sentido primeramente todo el peso de su padecimiento. “Él mismotomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17). Por eso, merece ese nombre de “amigo” (Mateo 11:19), que les queda tan mal a los tres visitantes de Job.

En el versículo 9, Job se ve en la mano de Dios, quien le hirió en Su furor. En el versículo 10, expresa lo que soporta de parte de los hombres. La prueba de Job ha sido múltiple. Pero ¿qué es ella al lado de lo que Cristo padeció, Él, quien “nunca hizo maldad”? (Isaías 53:9; compárese con Job 16:17). De parte de los hombres, animados por Satanás, luego de parte de Dios, durante las tres sombrías horas de la cruz, Cristo sufrió indecibles padecimientos. Ahora su sangre derramadasalva a los creyentes y acusa al mundo. En los cielos, Él mismo es por nosotros el “Testigo” de nuestra justificación (v. 19). También es cerca de Dios el “Árbitro” (cap. 9:33) o el Mediador del cual Job sentía la necesidad (v. 21).

Job 17:1-16
1MI ALIENTO está corrompido, acórtanse mis días, Y me está aparejado el sepulcro.2No hay conmigo sino escarnecedores, En cuya acrimonia se detienen mis ojos.3Pon ahora, dame fianza para litigar contigo: ¿Quién tocará ahora mi mano?4Porque á éstos has tú escondido su corazón de inteligencia: Por tanto, no los ensalzarás.5El que denuncia lisonjas á sus prójimos, Los ojos de sus hijos desfallezcan.6El me ha puesto por parábola de pueblos, Y delante de ellos he sido como tamboril.7Y mis ojos se oscurecieron de desabrimiento, Y mis pensamientos todos son como sombra.8Los rectos se maravillarán de esto, Y el inocente se levantará contra el hipócrita.9No obstante, proseguirá el justo su camino, Y el limpio de manos aumentará la fuerza.10Mas volved todos vosotros, y venid ahora, Que no hallaré entre vosotros sabio.11Pasáronse mis días, fueron arrancados mis pensamientos, Los designios de mi corazón.12Pusieron la noche por día, Y la luz se acorta delante de las tinieblas.13Si yo espero, el sepulcro es mi casa: Haré mi cama en las tinieblas.14A la huesa tengo dicho: Mi padre eres tú; A los gusanos: Mi madre y mi hermana.15¿Dónde pues estará ahora mi esperanza? Y mi esperanza ¿quién la verá?16A los rincones de la huesa descenderán, Y juntamente descansarán en el polvo.

Job, en su dolor, no ve otra salida que la muerte y la llama en su auxilio. Esto habría tenido que probarles a sus amigos que él no tenía mala conciencia. Si hubiese sido el culpable al que acusaban, ¿no habría temido, en efecto, comparecer ante Dios?

Sus palabras son cada vez más desgarradoras: “He venido a ser como a quien le escupen en la cara” (v. 6 – V.M.). Esta expresión del más infamante desprecio forma parte de los ultrajes que han sido infligidos a nuestro Salvador (Isaías 50:6; Marcos 14:65 y 15:19). ¡El hombre ha mostrado toda la bajeza de la cual era capaz al insultar tan cobardemente a Aquel que estaba indefenso y en la más profunda humillación voluntaria!

“Los rectos se maravillarán de esto” prosigue Job en el versículo 8. ¡Efectivamente, qué cosa incomprensible es ver al “justo desamparado”! (Salmo 37:25). Semejante espectáculo hacía correr el riesgo de desmoronar la fe de muchos en la justicia de Dios (comp. Salmo 69:6).

“Fueron arrancados mis pensamientos, los designios de mi corazón” exclama Job (v. 11). En efecto, suele ocurrir que Dios se atraviese en nuestro camino para conducirnos a escudriñar nuestros corazones y a descubrir en ellos proyectos que nos satisfacían pero que no tenían su aprobación (Proverbios 16:9 y 19:21). Bien se dice que, cuando él cierra una puerta delante de nosotros, es porque sabe que no hay nada bueno para nosotros detrás de ella.

Job 18:1-21
1Y RESPONDIO Bildad Suhita, y dijo:2¿Cuándo pondréis fin á las palabras? Entended, y después hablemos.3¿Por qué somos tenidos por bestias, Y en vuestros ojos somos viles?4Oh tú, que despedazas tu alma con tu furor, ¿Será dejada la tierra por tu causa, Y serán traspasadas de su lugar las peñas?5Ciertamente la luz de los impíos será apagada, Y no resplandecerá la centella de su fuego.6La luz se oscurecerá en su tienda, Y apagaráse sobre él su lámpara.7Los pasos de su pujanza serán acortados, Y precipitarálo su mismo consejo.8Porque red será echada en sus pies, Y sobre red andará.9Lazo prenderá su calcañar: Afirmaráse la trampa contra él.10Su cuerda está escondida en la tierra, Y su torzuelo sobre la senda.11De todas partes lo asombrarán temores, Y haránle huir desconcertado.12Su fuerza será hambrienta, Y á su lado estará aparejado quebrantamiento.13El primogénito de la muerte comerá los ramos de su piel, Y devorará sus miembros.14Su confianza será arrancada de su tienda, Y harále esto llevar al rey de los espantos.15En su tienda morará como si no fuese suya: Piedra azufre será esparcida sobre su morada.16Abajo se secarán sus raíces, Y arriba serán cortadas sus ramas.17Su memoria perecerá de la tierra, Y no tendrá nombre por las calles.18De la luz será lanzado á las tinieblas, Y echado fuera del mundo.19No tendrá hijo ni nieto en su pueblo, Ni quien le suceda en sus moradas.20Sobre su día se espantarán los por venir, Como ocupó el pavor á los que fueron antes.21Ciertamente tales son las moradas del impío, Y este será el lugar del que no conoció á Dios.

Al abrumar a su amigo, Elifaz, Bildad y Zofar trabajan, sin darse cuenta, en el quebrantamiento de su fe. 

Acusar a alguien es hacer la acostumbrada obra de Satanás. No solamente éste ataca al creyente delante de Dios, como lo hemos visto en los capítulos 1 y 2, sino que todavía le acusa en su fuero interno al inspirarle dudas: «¿Ves que no tienes la verdadera clase de fe? ¡No eres salvo! ¡Ya ves que Dios te abandona! Si fueses un hijo de Dios, no te conducirías así».

A las primeras dudas sembradas se agregan otras, porque el Enemigo las aprovecha para luego soplar al oído: «Tus dudas prueban que no tienes fe; un creyente no puede dudar».

Rechacemos con energía esos “dardos de fuego del maligno”. ¿Por qué medio? Sirviéndonos del “escudo de la fe”, dicho de otro modo, con la simple confianza en Dios y en las promesas de su Palabra (Efesios 6:16).

Bildad evoca al “rey de los espantos” (v. 14). Es la muerte, permanente amenaza hacia la cual todo ser humano es obligado a ir sin saber cuándo la encontrará. Pero para el creyente no es más un objeto de espanto. Mediante la misma muerte, Jesús volvió impotente a Satanás, quien tenía el poder de la muerte (Hebreos 2:14).

“Para mí... el morir es ganancia” escribía el apóstol Pablo en su epístola a los Filipenses (1:21).

Job 19:1-20
1Y RESPONDIO Job, y dijo:2¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, Y me moleréis con palabras?3Ya me habéis vituperado diez veces: ¿No os avergonzáis de descomediros delante de mí?4Sea así que realmente haya yo errado, Conmigo se quedará mi yerro.5Mas si vosotros os engrandeciereis contra mí, Y adujereis contra mí mi oprobio,6Sabed ahora que Dios me ha trastornado, Y traído en derredor su red sobre mí.7He aquí yo clamaré agravio, y no seré oído: Daré voces, y no habrá juicio.8Cercó de vallado mi camino, y no pasaré; Y sobre mis veredas puso tinieblas.9Hame despojado de mi gloria, Y quitado la corona de mi cabeza.10Arruinóme por todos lados, y perezco; Y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado.11E hizo inflamar contra mí su furor, Y contóme para sí entre sus enemigos.12Vinieron sus ejércitos á una, y trillaron sobre mí su camino, Y asentaron campo en derredor de mi tienda.13Hizo alejar de mí mis hermanos, Y positivamente se extrañaron de mí mis conocidos.14Mis parientes se detuvieron, Y mis conocidos se olvidaron de mí.15Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño; Forastero fuí yo en sus ojos.16Llamé á mi siervo, y no respondió; De mi propia boca le suplicaba.17Mi aliento vino á ser extraño á mi mujer, Aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba.18Aun los muchachos me menospreciaron: En levantándome, hablaban contra mí.19Todos mis confidentes me aborrecieron; Y los que yo amaba, se tornaron contra mí.20Mi cuero y mi carne se pegaron á mis huesos; Y he escapado con la piel de mis dientes.

“¿Cuándo?” había preguntado Bildad (cap. 18:2). “¿Hasta cuándo?” replica Job, cuyo tono se enardece. En efecto, no hay motivo para que termine ese diálogo de sordos en el cual cada uno prosigue con su idea. «Job cree que Dios está en contra de él sin razón; sus amigos, en cambio, piensan que Dios está en contra de él con razón. A la verdad todos se equivocan. Dios está a favor de Job» (A.G.).

Luego, la queja del afligido se vuelve desgarradora (véase Lamentaciones 3:1). Nosotros, quienes en gran parte estamos rodeados del afecto y de la comprensión de los nuestros —y ¡qué decir de la del Amigo supremo!— pensemos de qué manera Job debió de sentirse en semejante trance de dolor sin poder abrir su corazón a nadie (Salmo 69:20). Los versículos 13 a 19 nos dan un patético eco de ese sentimiento de total soledad, tanto más grande cuanto Job piensa que Dios está contra él: “Hizo arder contra mí su furor” declara él (v. 11). ¡No, Job! La cólera de Dios que tú y yo habíamos merecido castigó a Otro en nuestro lugar. Los que pertenecen a Jesús nunca la conocerán.

Teniendo delante de Él el desemparo de Dios, Cristo no pudo confiar su dolor a nadie. Fue incomprendido por todos y abandonado por los suyos (Marcos 14:37 y 50). En medio de un sufrimiento que nunca fue igualado, nunca nadie se halló tan solo como Él.

Job 19:21-29; Job 20:1-29
21Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí; Porque la mano de Dios me ha tocado.22¿Por qué me perseguís como Dios, Y no os hartáis de mis carnes?23Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ­Quién diese que se escribieran en un libro!24Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen en piedra esculpidas para siempre!25Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo:26Y después de deshecha esta mi piel, Aun he de ver en mi carne á Dios;27Al cual yo tengo de ver por mí, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mis riñones se consuman dentro de mí.28Mas debierais decir: ¿Por qué lo perseguimos? Ya que la raíz del negocio en mí se halla.29Temed vosotros delante de la espada; Porque sobreviene el furor de la espada á causa de las injusticias, Para que sepáis que hay un juicio.
1Y RESPONDIO Sophar Naamathita, y dijo:2Por cierto mis pensamientos me hacen responder, Y por tanto me apresuro.3La reprensión de mi censura he oído, Y háceme responder el espíritu de mi inteligencia.4¿No sabes esto que fué siempre, Desde el tiempo que fué puesto el hombre sobre la tierra,5Que la alegría de los impíos es breve, Y el gozo del hipócrita por un momento?6Si subiere su altivez hasta el cielo, Y su cabeza tocare en las nubes,7Con su estiércol perecerá para siempre: Los que le hubieren visto, dirán: ¿Qué es de él?8Como sueño volará, y no será hallado: Y disiparáse como visión nocturna.9El ojo que le habrá visto, nunca más le verá; Ni su lugar le echará más de ver.10Sus hijos pobres andarán rogando; Y sus manos tornarán lo que él robó.11Sus huesos están llenos de sus mocedades, Y con él serán sepultados en el polvo.12Si el mal se endulzó en su boca, Si lo ocultaba debajo de su lengua;13Si le parecía bien, y no lo dejaba, Mas antes lo detenía entre su paladar;14Su comida se mudará en sus entrañas, Hiel de áspides será dentro de él.15Devoró riquezas, mas vomitarálas; De su vientre las sacará Dios.16Veneno de áspides chupará; Matarálo lengua de víbora.17No verá los arroyos, los ríos, Los torrentes de miel y de manteca.18Restituirá el trabajo conforme á la hacienda que tomó; Y no tragará, ni gozará.19Por cuanto quebrantó y desamparó á los pobres, Robó casas, y no las edificó;20Por tanto, no sentirá él sosiego en su vientre, Ni salvará nada de lo que codiciaba.21No quedó nada que no comiese: Por tanto su bien no será durable.22Cuando fuere lleno su bastimento, tendrá angustia: Las manos todas de los malvados vendrán sobre él.23Cuando se pusiere á henchir su vientre, Dios enviará sobre él el furor de su ira, Y harála llover sobre él y sobre su comida.24Huirá de las armas de hierro, Y el arco de acero le atravesará.25Desenvainará y sacará saeta de su aljaba, Y relumbrante pasará por su hiel: Sobre él vendrán terrores.26Todas tinieblas están guardadas para sus secretos: Fuego no soplado lo devorará; Su sucesor será quebrantado en su tienda.27Los cielos descubrirán su iniquidad, Y la tierra se levantará contra él.28Los renuevos de su casa serán trasportados; Serán derramados en el día de su furor.29Esta es la parte que Dios apareja al hombre impío, Y la heredad que Dios le señala por su palabra.

La vehemencia del pobre Job contrasta con las frías sentencias de sus tres compañeros. Éstos no podían ofrecerle ningún socorro en su dolor, pero descubrimos que Job poseía un punto de apoyo inquebrantable: su fe en un Redentor vivo. Los notables versículos 25 a 27 nos lo enseñan: Job, como los patriarcas, había recibido una revelación divina respecto de la resurrección: “En mi carne he de ver a Dios” (comp. Salmo 17:15).

¡Cuánto más sabemos que ellos, según la plena luz del Nuevo Testamento! (en particular en 1 Corintios 15). A pesar de esto, muchos hijos de Dios no van más allá de la cruz en la que contemplan a un Salvador muerto por sus pecados. Por cierto, es una verdad inestimable, pero ¿saben ustedes, mis queridos amigos, que su Redentor vive ahora? (v. 25; Apocalipsis 1:18). “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

A esas notables palabras de fe que el Espíritu de Dios ha dictado a Job, Zofar responde con su propia inteligencia (Job 20:2). Volviendo a tomar el tema de Elifaz y de Bildad (cap. 15:20-35 y 18:5-21), se extiende largamente sobre la muerte que aguarda a los malos, atacando así indirectamente y sin compasión a su amigo (ver Proverbios 12:18).

Job 21:1-34
1Y RESPONDIO Job, y dijo:2Oid atentamente mi palabra, Y sea esto vuestros consuelos.3Soportadme, y yo hablaré; Y después que hubiere hablado, escarneced.4¿Hablo yo á algún hombre? Y ¿por qué no se ha de angustiar mi espíritu?5Miradme, y espantaos, Y poned la mano sobre la boca.6Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro, Y toma temblor mi carne.7¿Por qué viven los impíos, Y se envejecen, y aun crecen en riquezas?8Su simiente con ellos, compuesta delante de ellos; Y sus renuevos delante de sus ojos.9Sus casas seguras de temor, Ni hay azote de Dios sobre ellos.10Sus vacas conciben, no abortan; Paren sus vacas, y no malogran su cría.11Salen sus chiquitos como manada, Y sus hijos andan saltando.12Al son de tamboril y cítara saltan, Y se huelgan al son del órgano.13Gastan sus días en bien, Y en un momento descienden á la sepultura.14Dicen pues á Dios: Apártate de nosotros, Que no queremos el conocimiento de tus caminos.15¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos á él?16He aquí que su bien no está en manos de ellos: El consejo de los impíos lejos esté de mí.17Oh cuántas veces la lámpara de los impíos es apagada, Y viene sobre ellos su quebranto, Y Dios en su ira les reparte dolores!18Serán como la paja delante del viento, Y como el tamo que arrebata el torbellino.19Dios guardará para sus hijos su violencia; Y le dará su pago, para que conozca.20Verán sus ojos su quebranto, Y beberá de la ira del Todopoderoso.21Porque ¿qué deleite tendrá él de su casa después de sí, Siendo cortado el número de sus meses?22¿Enseñará alguien á Dios sabiduría, Juzgando él á los que están elevados?23Este morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífico.24Sus colodras están llenas de leche, Y sus huesos serán regados de tuétano.25Y estotro morirá en amargura de ánimo, Y no habiendo comido jamás con gusto.26Igualmente yacerán ellos en el polvo, Y gusanos los cubrirán.27He aquí, yo conozco vuestros pensamientos, Y las imaginaciones que contra mí forjáis.28Porque decís: ¿Qué es de la casa del príncipe, Y qué de la tienda de las moradas de los impíos?29¿No habéis preguntado á los que pasan por los caminos, Por cuyas señas no negaréis,30Que el malo es reservado para el día de la destrucción? Presentados serán en el día de las iras.31¿Quién le denunciará en su cara su camino? Y de lo que él hizo, ¿quién le dará el pago?32Porque llevado será él á los sepulcros, Y en el montón permanecerá.33Los terrones del valle le serán dulces; Y tras de él será llevado todo hombre, Y antes de él han ido innumerables.34¿Cómo pues me consoláis en vano, Viniendo á parar vuestras respuestas en falacia?

Job se halla ante un impenetrable misterio: ¿Por qué Dios,  quien es justo, hiere precisamente a aquel que buscaba complacerle? (¿Y no es ésta la insondable pregunta que Jesús hizo sobre la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Salmo 22:1)? ¿Por qué, por otra parte, contrariamente a lo que han afirmado Elifaz, Bildad y Zofar, los impíos prosperan a su gusto sobre la tierra? Insultan a Dios, diciéndole: “Apártate de nosotros, porque no queremos el conocimiento de tus caminos” (Job 21:14) y, pese a ello, por el momento permanecen impunes (v. 7-15; Malaquías 3:18). El silencio de Dios y su aparente indiferencia ante las provocaciones de los hombres son un enigma para muchos creyentes (Salmo 50:21). El mismo problema atormenta al piadoso Asaf en el salmo 73: ¿De qué sirve limpiar mi corazón si pese a esto mi castigo debe volver “todas las mañanas”? La porción de los malos es más hermosa que la mía.

Aun hoy, muchos incrédulos gozan sin freno de la presente vida en tanto que los hijos de Dios tienen a veces muchas pruebas. Pero leemos en el versículo 17 de ese salmo: ¡“...comprendí el fin de ellos”! ¡Ah! no le tengamos envidia al mundo. Dios no dice su última palabra de este lado de la tumba. Total contraste entre ese terrible fin que aguarda a los inconversos y el glorioso porvenir que el Señor reserva a sus amados redimidos (Juan 14:3 y 17:24; Romanos 8:17-18).

Job 22:1-30
1Y RESPONDIO Eliphaz Temanita, y dijo:2¿Traerá el hombre provecho á Dios, Porque el sabio sea provechoso á sí mismo?3¿Tiene su contentamiento el Omnipotente en que tú seas justificado, O provecho de que tú hagas perfectos tus caminos?4¿Castigaráte acaso, O vendrá contigo á juicio porque te teme?5Por cierto tu malicia es grande, Y tus maldades no tienen fin.6Porque sacaste prenda á tus hermanos sin causa, E hiciste desnudar las ropas de los desnudos.7No diste de beber agua al cansado, Y detuviste el pan al hambriento.8Empero el hombre pudiente tuvo la tierra; Y habitó en ella el distinguido.9Las viudas enviaste vacías, Y los brazos de los huérfanos fueron quebrados.10Por tanto hay lazos alrededor de ti, Y te turba espanto repentino;11O tinieblas, porque no veas; Y abundancia de agua te cubre.12¿No está Dios en la altura de los cielos? Mira lo encumbrado de las estrellas, cuán elevadas están.13¿Y dirás tú: Qué sabe Dios? ¿Cómo juzgará por medio de la oscuridad?14Las nubes son su escondedero, y no ve; Y por el circuito del cielo se pasea.15¿Quieres tú guardar la senda antigua, Que pisaron los hombres perversos?16Los cuales fueron cortados antes de tiempo, Cuyo fundamento fué como un río derramado:17Que decían á Dios: Apártate de nosotros. ¿Y qué les había hecho el Omnipotente?18Habíales él henchido sus casas de bienes. Sea empero el consejo de ellos lejos de mí.19Verán los justos y se gozarán; Y el inocente los escarnecerá, diciendo:20Fué cortada nuestra sustancia, Habiendo consumido el fuego el resto de ellos.21Amístate ahora con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien.22Toma ahora la ley de su boca, Y pon sus palabras en tu corazón.23Si te tornares al Omnipotente, serás edificado; Alejarás de tu tienda la aflicción;24Y tendrás más oro que tierra, Y como piedras de arroyos oro de Ophir;25Y el Todopoderoso será tu defensa, Y tendrás plata á montones.26Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente, Y alzarás á Dios tu rostro.27Orarás á él, y él te oirá; Y tú pagarás tus votos.28Determinarás asimismo una cosa, y serte ha firme; Y sobre tus caminos resplandecerá luz.29Cuando fueren abatidos, dirás tú: Ensalzamiento habrá: Y Dios salvará al humilde de ojos.30El libertará la isla del inocente; Y por la limpieza de tus manos será librada.

Empieza una tercera serie de discursos. Hasta aquí los amigos de Job habían hablado del impío de una manera general: él hace esto, merece aquello (véase cap. 15:20...). Ahora Elifaz descubre el fondo de su pensamiento mediante acusaciones directas: “Tu malicia... tus maldades” (v. 5). Este hombre y sus dos compañeros, cuán lejos se hallan de las enseñanzas del Señor, quien ordena que cada uno se juzgue a sí mismo antes de quitar la paja del ojo de su hermano (Mateo 7:1-5). Y también, cuán lejos están de su ejemplo: Él, que se rebajaba hasta lavar los pies de sus discípulos (Juan 13:14-15).

Al comparar el versículo 3 con lo que Jehová dijo a Satanás (Job 1:8 y 2:3), vemos qué mal conoce Elifaz a Dios. Al contrario, nada le agrada más que un hombre que practica la justicia (Hechos 10:35).

No obstante, por medio de esas palabras de Elifaz, el Espíritu de Dios se dirige a nosotros. Y si alguno de nuestros lectores aún no estuviese en paz con Dios, le decimos con el versículo 21: “Traba amistad con él, te lo ruego, y está en paz con él” (V.M.); y con el apóstol “os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20). En cuanto al siguiente versículo ¿no se dirige a todos nosotros, quienes todavía tenemos muchos progresos que hacer? “Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón” (Job 22:22).

Job 23:1-17
1Y RESPONDIO Job, y dijo:2Hoy también hablaré con amargura; Que es más grave mi llaga que mi gemido.3Quién me diera el saber dónde hallar á Dios! Yo iría hasta su silla.4Ordenaría juicio delante de él, Y henchiría mi boca de argumentos.5Yo sabría lo que él me respondería, Y entendería lo que me dijese.6¿Pleitearía conmigo con grandeza de fuerza? No: antes él la pondría en mí.7Allí el justo razonaría con él: Y escaparía para siempre de mi juez.8He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; Y al occidente, y no lo percibiré:9Si al norte él obrare, yo no lo veré; Al mediodía se esconderá, y no lo veré.10Mas él conoció mi camino: Probaráme, y saldré como oro.11Mis pies tomaron su rastro; Guardé su camino, y no me aparté.12Del mandamiento de sus labios nunca me separé; Guardé las palabras de su boca más que mi comida.13Empero si él se determina en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, é hizo.14El pues acabará lo que ha determinado de mí: Y muchas cosas como estas hay en él.15Por lo cual yo me espanto en su presencia: Consideraré, y temerélo.16Dios ha enervado mi corazón, Y hame turbado el Omnipotente.17¿Por qué no fuí yo cortado delante de las tinieblas, Y cubrió con oscuridad mi rostro?

Job ya está llegando a su octavo discurso y la zanja se ahonda cada vez más entre él y sus compañeros. Estos últimos, como muchas personas hoy en día, ven en Dios un soberano Creador demasiado encumbrado para condescender a ocuparse en los detalles de nuestras circunstancias y para tener en cuenta nuestros sentimientos (véase cap. 22:2-3 y 12). Job tiene más conocimientos. Sabe que Dios se interesa por él —aun más de lo que querría (cap. 7:19)— mas cree que es inaccesible. “¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!” exclama él (Job 23:3). Querido amigo, ¿sabe usted dónde hallar a ese Dios que es un Dios cercano? Cercano porque se acercó a usted en la persona de Jesús. De modo que, a su turno, usted puede acercarse libremente a Él por medio de la oración y llegar hasta donde Cristo está sentado, a la diestra de Dios (Hebreos 4:16).

El versículo 10 recuerda la finalidad de la prueba: “Saldré como oro”, afirma Job. Aunque le falte todavía el sentimiento de la gracia que obra para su bien, nuestro patriarca está de acuerdo con el apóstol Pedro. Vosotros —escribe éste— por un poco de tiempo, si es necesario, sois afligidos “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:6-7).

Job 25:1-6; Job 26:1-14
1Y RESPONDIO Bildad Suhita, y dijo:2El señorío y el temor están con él: El hace paz en sus alturas.3¿Tienen sus ejércitos número? ¿Y sobre quién no está su luz?4¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?5He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, Ni las estrellas son limpias delante de sus ojos.6¿Cuánto menos el hombre que es un gusano, Y el hijo de hombre, también gusano?
1Y RESPONDIO Job, y dijo:2¿En qué ayudaste al que no tiene fuerza? ¿Has amparado al brazo sin fortaleza?3¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia, Y mostraste bien sabiduría?4¿A quién has anunciado palabras, Y cuyo es el espíritu que de ti sale?5Cosas inanimadas son formadas Debajo de las aguas, y los habitantes de ellas.6El sepulcro es descubierto delante de él, Y el infierno no tiene cobertura.7Extiende el alquilón sobre vacío, Cuelga la tierra sobre nada.8Ata las aguas en sus nubes, Y las nubes no se rompen debajo de ellas.9El restriñe la faz de su trono, Y sobre él extiende su nube.10El cercó con término la superficie de las aguas, Hasta el fin de la luz y las tinieblas.11Las columnas del cielo tiemblan, Y se espantan de su reprensión.12El rompe la mar con su poder, Y con su entendimiento hiere la hinchazón suya.13Su espíritu adornó los cielos; Su mano crió la serpiente tortuosa.14He aquí, estas son partes de sus caminos: ­Mas cuán poco hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo detendrá?

Bildad significa «hijo de contención». ¡Es un nombre que él merece, en efecto! Pero ¿qué recomienda la Palabra?: “El siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen” (2 Timoteo 2:24-25).

Ninguno de los tres amigos ha manifestado estos caracteres. Sabían formular preguntas, pero eran incapaces de responderlas; podían herir, pero no curar; derribar, pero no edificar. Después de un breve discurso de Bildad, callan definitivamente. Ni aun participó Zofar en ese tercer debate. Las más severas palabras no han conseguido producir en Job una verdadera convicción de pecado. Cuanto más ha sido acusado, tanto más ha sentido la necesidad de justificarse. Esa convicción de pecado, sólo el Espíritu de Dios puede obrarla en una conciencia. ¿La produjo en la del lector?

El corazón de Job tampoco ha sido tocado por una verdadera palabra de consuelo. Y pensamos en esta exclamación del más grande de los afligidos: “Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; y consoladores, y ninguno hallé” (Salmo 69:20).

Lejos de apaciguar al pobre Job y de ayudarle mediante un sabio consejo (cap. 26:2-3), las palabras de sus amigos lo han excitado en extremo. Y ahora se lanza a un largo y desolador monólogo.

Job 27:1-23
1Y REASUMIO Job su discurso, y dijo:2Vive Dios, el cual ha apartado mi causa, Y el Omnipotente, que amargó el alma mía,3Que todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, Y hubiere hálito de Dios en mis narices,4Mis labios no hablarán iniquidad, Ni mi lengua pronunciará engaño.5Nunca tal acontezca que yo os justifique: Hasta morir no quitaré de mí mi integridad.6Mi justicia tengo asida, y no la cederé: No me reprochará mi corazón en el tiempo de mi vida.7Sea como el impío mi enemigo, Y como el inicuo mi adversario.8Porque ¿cuál es la esperanza del hipócrita, por mucho que hubiere robado, Cuando Dios arrebatare su alma?9¿Oirá Dios su clamor Cuando la tribulación sobre él viniere?10¿Deleitaráse en el Omnipotente? ¿Invocará á Dios en todo tiempo?11Yo os enseñaré en orden á la mano de Dios: No esconderé lo que hay para con el Omnipotente.12He aquí que todos vosotros lo habéis visto: ¿Por qué pues os desvanecéis con fantasía?13Esta es para con Dios la suerte del hombre impío, Y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente.14Si sus hijos fueren multiplicados, serán para el cuchillo; Y sus pequeños no se hartarán de pan;15Los que le quedaren, en muerte serán sepultados; Y no llorarán sus viudas.16Si amontonare plata como polvo, Y si preparare ropa como lodo;17Habrála él preparado, mas el justo se vestirá, Y el inocente repartirá la plata.18Edificó su casa como la polilla, Y cual cabaña que el guarda hizo.19El rico dormirá, mas no será recogido: Abrirá sus ojos, mas él no será.20Asirán de él terrores como aguas: Torbellino lo arrebatará de noche.21Lo antecogerá el solano, y partirá; Y tempestad lo arrebatará del lugar suyo.22Dios pues descargará sobre él, y no perdonará: Hará él por huir de su mano.23Batirán sus manos sobre él, Y desde su lugar le silbarán.

Job va a necesitar no menos de seis capítulos para establecer su propia justicia. ¡Es demasiado y no es bastante! Aunque hubiese cien de ellos, no bastarían, porque nada de lo que viene del hombre puede pesar lo suficiente en la balanza de la justicia divina. Pero, por otra parte, esa justificación es cosa hecha, enteramente fuera de sus propios esfuerzos.

Notemos que el hecho de justificarse a sí mismo, para Job viene a ser implícitamente acusar de injusticia a ese Dios que le hiere sin razón (comp. cap. 40:3). Además, él se permite abiertamente hacer reproches al Omnipotente que le ha quitado su derecho y le atormenta sin motivo (Job 27:2).

Hay orgullo en esa actitud. “Mi justicia tengo asida... —dice Job— no me reprochará mi corazón en todos mis días” (v. 6). Pero, ¿qué responde la Palabra? “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8). Además, si nuestro propio corazón no nos reprocha nada, esto no prueba que estemos sin pecado. Dios es infinitamente más sensible al mal de lo que lo es nuestra conciencia (véase 1 Corintios 4:4). En la penumbra, nuestros vestidos pueden parecernos limpios, en tanto que a pleno sol (el de la luz de Dios) la menor mancha aparecerá (Proverbios 4:18).

Job 28:1-28
1CIERTAMENTE la plata tiene sus veneros, Y el oro lugar donde se forma.2El hierro se saca del polvo, Y de la piedra es fundido el metal.3A las tinieblas puso término, Y examina todo á la perfección, Las piedras que hay en la oscuridad y en la sombra de muerte.4Brota el torrente de junto al morador, Aguas que el pie había olvidado: Sécanse luego, vanse del hombre.5De la tierra nace el pan, Y debajo de ella estará como convertida en fuego.6Lugar hay cuyas piedras son zafiro, Y sus polvos de oro.7Senda que nunca la conoció ave, Ni ojo de buitre la vió:8Nunca la pisaron animales fieros, Ni león pasó por ella.9En el pedernal puso su mano, Y trastornó los montes de raíz.10De los peñascos cortó ríos, Y sus ojos vieron todo lo preciado.11Detuvo los ríos en su nacimiento, E hizo salir á luz lo escondido.12Empero ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la prudencia?13No conoce su valor el hombre, Ni se halla en la tierra de los vivientes.14El abismo dice: No está en mí: Y la mar dijo: Ni conmigo.15No se dará por oro, Ni su precio será á peso de plata.16No puede ser apreciada con oro de Ophir, Ni con onique precioso, ni con zafiro.17El oro no se le igualará, ni el diamante; Ni se trocará por vaso de oro fino.18De coral ni de perlas no se hará mención: La sabiduría es mejor que piedras preciosas.19No se igualará con ella esmeralda de Ethiopía; No se podrá apreciar con oro fino.20¿De dónde pues vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?21Porque encubierta está á los ojos de todo viviente, y á toda ave del cielo es oculta.22El infierno y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.23Dios entiende el camino de ella, Y él conoce su lugar.24Porque él mira hasta los fines de la tierra, Y ve debajo de todo el cielo.25Al dar peso al viento, Y poner las aguas por medida;26Cuando él hizo ley á la lluvia, Y camino al relámpago de los truenos:27Entonces la veía él, y la manifestaba: Preparóla y descubrióla también.28Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal la inteligencia.

Job ya ha comprendido algo importante: de esta prueba que Dios le hace atravesar, su fe saldrá como el oro deslumbrante sale del crisol del afinador (ver cap. 23:10). Pero lo que ignora es cuántas escorias deben serle primeramente quitadas: “Ciertamente... el oro (tiene) lugar donde se refina” (Job 28:1; ver también Zacarías 13:9 y Malaquías 3:3). Y ese lugar ¡es el crisol de la prueba! El Señor, como un sabio orfebre, conoce la intensidad y la duración de ese fuego necesario para purificar su plata y su oro, es decir, sus redimidos. El divino «Joyero» sabe cuántos dolorosos cincelazos deberá dar antes de que resplandezcan con todo su brillo sus ónices y sus zafiros, sus rubíes y sus topacios.

El hombre es capaz de realizar trabajos considerables: represas, túneles, autopistas, etc... Extrae del suelo toda clase de productos (Job 28:9-11). Pero hay una cosa que no se preocupa mucho en buscar: la sabiduría. Sin embargo, ella tiene más valor que “las perlas” (v. 18) o “las piedras preciosas” declara el libro de los Proverbios, el que tanto nos habla de esa divina sabiduría (Proverbios 3:15 y 8:11). Compárese también la importante definición del versículo 28 con Proverbios 9:10 y el salmo 111:10.

Job 29:1-25
1Y VOLVIO Job á tomar su propósito, y dijo:2Quién me tornase como en los meses pasados, Como en los días que Dios me guardaba,3Cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, A la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad;4Como fué en los días de mi mocedad, Cuando el secreto de Dios estaba en mi tienda;5Cuando aún el Omnipotente estaba conmigo, Y mis hijos alrededor de mi;6Cuando lavaba yo mis caminos con manteca, Y la piedra me derramaba ríos de aceite!7Cuando salía á la puerta á juicio, Y en la plaza hacía preparar mi asiento,8Los mozos me veían, y se escondían; Y los viejos se levantaban, y estaban en pie;9Los príncipes detenían sus palabras, Ponían la mano sobre su boca;10La voz de los principales se ocultaba, Y su lengua se pegaba á su paladar:11Cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, Y los ojos que me veían, me daban testimonio:12Porque libraba al pobre que gritaba, Y al huérfano que carecía de ayudador.13La bendición del que se iba á perder venía sobre mí; Y al corazón de la viuda daba alegría.14Vestíame de justicia, y ella me vestía como un manto; Y mi toca era juicio.15Yo era ojos al ciego, Y pies al cojo.16A los menesterosos era padre; Y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia:17Y quebraba los colmillos del inicuo, Y de sus dientes hacía soltar la presa.18Y decía yo: En mi nido moriré, Y como arena multiplicaré días.19Mi raíz estaba abierta junto á las aguas, Y en mis ramas permanecía el rocío.20Mi honra se renovaba en mí, Y mi arco se corroboraba en mi mano.21Oíanme, y esperaban; Y callaban á mi consejo.22Tras mi palabra no replicaban, Y mi razón destilaba sobre ellos.23Y esperábanme como á la lluvia, Y abrían su boca como á la lluvia tardía.24Si me reía con ellos, no lo creían: Y no abatían la luz de mi rostro.25Calificaba yo el camino de ellos, y sentábame en cabecera; Y moraba como rey en el ejército, Como el que consuela llorosos.

Al comienzo del libro, Dios brevemente había hablado del primer estado de Job. Estos versículos completan el cuadro. Pero esta vez es Job mismo quien se esfuerza en retocarlo. Todo lo que dice de sus obras ciertamente es exacto. De modo que las acusaciones de Zofar (cap. 20:19) y de Elifaz (cap. 22:6-7 y 9) eran meras calumnias (comp. con Job 29:12-13).

¿Quién podría aún hoy someter tantos títulos a la aprobación de Dios y la consideración de los hombres? Empero, la complacencia con la cual Job describe su anterior condición muestra que ponía en ello su corazón y se gloriaba. Aún no había aprendido, como el apóstol, a contentarse en las circunstancias en las cuales se hallaba; soportaba mucho menos vivir humildemente y tener escasez que tener abundancia (Filipenses 4:11-12). Además, se han podido notar los «yo», «me», «mi» que se suceden en estos versículos. Son pequeñas palabras, pero... cómo traicionan la alta opinión que Job conserva de su propia persona. Hasta ahí había ocultado en su corazón, bajo una aparente modestia, ese sentimiento que ahora estalla a la luz del sol. Va permitir que Dios libere a Job de él... pero sólo cuando éste lo haya confesado.

Job 30:1-31
1MAS ahora los más mozos de días que yo, se ríen de mí; Cuyos padres yo desdeñara ponerlos con los perros de mi ganado.2Porque ¿para qué yo habría menester la fuerza de sus manos, En los cuales había perecido con el tiempo?3Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos; Huían á la soledad, á lugar tenebroso, asolado y desierto.4Que cogían malvas entre los arbustos, Y raíces de enebro para calentarse.5Eran echados de entre las gentes, Y todos les daban grita como al ladrón.6Habitaban en las barrancas de los arroyos, En las cavernas de la tierra, y en las rocas.7Bramaban entre las matas, Y se reunían debajo de las espinas.8Hijos de viles, y hombres sin nombre, Más bajos que la misma tierra.9Y ahora yo soy su canción, Y he sido hecho su refrán.10Abomínanme, aléjanse de mí, Y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.11Porque Dios desató mi cuerda, y me afligió, Por eso se desenfrenaron delante de mi rostro.12A la mano derecha se levantaron los jóvenes; Empujaron mis pies, Y sentaron contra mí las vías de su ruina.13Mi senda desbarataron, Aprovecháronse de mi quebrantamiento, Contra los cuales no hubo ayudador.14Vinieron como por portillo ancho, Revolviéronse á mi calamidad.15Hanse revuelto turbaciones sobre mí; Combatieron como viento mi alma, Y mi salud pasó como nube16Y ahora mi alma está derramada en mí; Días de aflicción me han aprehendido.17De noche taladra sobre mí mis huesos, Y mis pulsos no reposan.18Con la grande copia de materia mi vestidura está demudada; Cíñeme como el cuello de mi túnica.19Derribóme en el lodo, Y soy semejante al polvo y á la ceniza.20Clamo á ti, y no me oyes; Preséntome, y no me atiendes.21Haste tornado cruel para mí: Con la fortaleza de tu mano me amenazas.22Levantásteme, é hicísteme cabalgar sobre el viento, Y disolviste mi sustancia.23Porque yo conozco que me reduces á la muerte; Y á la casa determinada á todo viviente.24Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; ¿Clamarán los sepultados cuando él los quebrantare?25¿No lloré yo al afligido? Y mi alma ¿no se entristeció sobre el menesteroso?26Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; Y cuando esperaba luz, la oscuridad vino.27Mis entrañas hierven, y no reposan; Días de aflicción me han sobrecogido.28Denegrido ando, y no por el sol: Levantádome he en la congregación, y clamado.29He venido á ser hermano de los dragones, Y compañero de los buhos.30Mi piel está denegrida sobre mí, Y mis huesos se secaron con ardentía.31Y hase tornado mi arpa en luto, Y mi órgano en voz de lamentadores.

¡Qué contraste entre este capítulo y el precedente! Hoy colmado de honores, gozando de una halagadora popularidad, y de la noche a la mañana Job se halla menospreciado y pisoteado. El mundo es hipócrita y traicionero. Los creyentes que, por un momento, han creído poder otorgarle su confianza, tarde o temprano han hecho ese penoso descubrimiento. El corazón humano encuentra placer en la desdicha de los demás. ¿No se ha regocijado con malicia a causa de la humillación de Jesús? (Compárese el versículo 9: “Y ahora yo soy objeto de su burla, y les sirvo de refrán” con el versículo 12 del salmo 69: “Me zaherían en sus canciones los bebedores”).

Así, pues, las bendiciones terrestres de Job habían podido marchitarse. En cambio, las del creyente consisten en “toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Ni Satanás, ni el mundo, ni la misma muerte podrán jamás quitárselas... Job estimaba que su piedad le daba derecho a la prosperidad y ahora llega hasta quejarse de Dios. ¿Estamos seguros de que esto nunca nos ocurre? ¡Y todavía con mucho menos razón aparente!

“Clamo a ti, y no me oyes” (v. 20). Éstas son las palabras del salmo 22:2. Pero ¡qué diferencia entre la amargura de Job —quien imputa a Dios sentimientos de animosidad y crueldad (Job 30:21)— y la perfecta sumisión del Señor Jesús, quien en ningún momento pierde su confianza en su Dios! 

Job 31:1-12, 29-40
1HICE pacto con mis ojos: ¿Cómo pues había yo de pensar en virgen?2Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios, Y qué heredad el Omnipotente de las alturas?3¿No hay quebrantamiento para el impío, Y extrañamiento para los que obran iniquidad?4¿No ve él mis caminos, Y cuenta todos mis pasos?5Si anduve con mentira, Y si mi pie se apresuró á engaño,6Péseme Dios en balanzas de justicia, Y conocerá mi integridad.7Si mis pasos se apartaron del camino, Y si mi corazón se fué tras mis ojos, Y si algo se apegó á mis manos,8Siembre yo, y otro coma, Y mis verduras sean arrancadas.9Si fué mi corazón engañado acerca de mujer, Y si estuve acechando á la puerta de mi prójimo:10Muela para otro mi mujer, Y sobre ella otros se encorven.11Porque es maldad é iniquidad, Que han de castigar los jueces.12Porque es fuego que devoraría hasta el sepulcro, Y desarraigaría toda mi hacienda.
29Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, Y me regocijé cuando le halló el mal;30(Que ni aun entregué al pecado mi paladar, Pidiendo maldición para su alma;)31Cuando mis domésticos decían: ­Quién nos diese de su carne! nunca nos hartaríamos.32El extranjero no tenía fuera la noche; Mis puertas abría al caminante.33Si encubrí, como los hombres mis prevaricaciones, Escondiendo en mi seno mi iniquidad;34Porque quebrantaba á la gran multitud, Y el menosprecio de las familias me atemorizó, Y callé, y no salí de mi puerta:35Quién me diera quien me oyese! He aquí mi impresión es que el Omnipotente testificaría por mí, Aunque mi adversario me hiciera el proceso.36Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, Y me lo ataría en lugar de corona.37Yo le contaría el número de mis pasos, Y como príncipe me llegaría á él.38Si mi tierra clama contra mí, Y lloran todos sus surcos;39Si comí su sustancia sin dinero, O afligí el alma de sus dueños;40En lugar de trigo me nazcan abrojos, Y espinas en lugar de cebada.

En el capítulo 29, Job se extendió largamente acerca del bien que hacía; aquí expone con igual detalle el mal que no hacía: inmoralidad (v. 1-12), injusticia (v. 13-15), egoísmo (v. 15-23), idolatría (v. 24-28). Uno puede gloriarse de una manera u otra y olvidar que sólo Dios nos incita a obrar bien, así como sólo él nos preserva de obrar mal.

Si alguien tenía derecho a apoyarse en sus obras, ése era, por cierto, el patriarca Job. El apóstol Pablo escribe la misma cosa respecto de sí mismo en la epístola a los Filipenses (cap. 3:4): “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo” (v. 7). Sus ventajas naturales de buen israelita, su pasada justicia de concienzudo fariseo, todo era considerado por él... como “basura”. De modo que Dios no necesita quitarle nada como tuvo que hacerlo con Job; Pablo, por gracia, ya había puesto a un lado todo lo que no era de Cristo. 

¡Que cada uno de nosotros examine bien su corazón y pida a Dios que quite todos los puntos de apoyo secretos que podría conservar en él, fuera de la fe de Jesús! En particular los versículos 30, 32, 34 y 37 dejan sobrentender todas las buenas cosas que Job piensa de sí mismo y de sus pasadas obras.

Finalmente, al terminar esta exposición de todos sus méritos, Job pone solemnemente su firma y desafía a Dios a que le responda: “¡Oh si tuviese quién me oyera (he aquí mi firma; que me responda el Todopoderoso) ... !” (v. 35 V.M. ).

Job 32:1-22
1Y CESARON estos tres varones de responder á Job, por cuanto él era justo en sus ojos.2Entonces Eliú hijo de Barachêl, Bucita, de la familia de Ram, se enojó con furor contra Job: enojóse con furor, por cuanto justificaba su vida más que á Dios.3Enojóse asimismo con furor contra sus tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado á Job.4Y Eliú había esperado á Job en la disputa, porque eran más viejos de días que él.5Empero viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquelllos tres varones, su furor se encendió.6Y respondió Eliú hijo de Barachêl, Buzita, y dijo: Yo soy menor de días y vosotros viejos; He tenido por tanto miedo, y temido declararos mi opinión.7Yo decía: Los días hablarán, Y la muchedumbre de años declarará sabiduría.8Ciertamente espíritu hay en el hombre, E inspiración del Omnipotente los hace que entiendan.9No los grandes son los sabios, Ni los viejos entienden el derecho.10Por tanto yo dije: Escuchadme; Declararé yo también mi sabiduría.11He aquí yo he esperado á vuestras razones, He escuchado vuestros argumentos, En tanto que buscabais palabras.12Os he pues prestado atención, Y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya á Job, Y responda á sus razones.13Porque no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría: Lanzólo Dios, no el hombre.14Ahora bien, Job no enderezó á mí sus palabras, Ni yo le responderé con vuestras razones.15Espantáronse, no respondieron más; Fuéronseles los razonamientos.16Yo pues he esperado, porque no hablaban, Antes pararon, y no respondieron más.17Por eso yo también responderé mi parte, También yo declararé mi juicio.18Porque lleno estoy de palabras, Y el espíritu de mi vientre me constriñe.19De cierto mi vientre está como el vino que no tiene respiradero, Y se rompe como odres nuevos.20Hablaré pues y respiraré; Abriré mis labios, y responderé.21No haré ahora acepción de personas, Ni usaré con hombre de lisonjeros títulos.22Porque no sé hablar lisonjas: De otra manera en breve mi Hacedor me consuma.

Elifaz, Bildad y Zofar agotaron sus argumentos. ¡A su vez Job ha callado! Entonces entra en escena un nuevo personaje: Eliú, cuyo nombre significa «Dios mismo». Además de ejemplo de la acción del Espíritu de Dios (1 Pedro 4:11), veremos que él es también como una revelación misteriosa del Señor Jesús.

La insuficiencia del hombre quedó ampliamente demostrada. En Job se manifestó la incapacidad de soportar la prueba; en sus amigos, la vanidad de los consuelos humanos. Ahora que «la sabiduría terrestre» ha fallado, “la sabiduría que es de lo alto” va a hablar por boca de Eliú (Santiago 3:14-17). Y, ante ese hombre más joven que ellos, los cuatro ancianos van a quedar confundidos.

Eliú tiene el sentido de las conveniencias. Con paciencia ha aguardado el fin de los precedentes discursos. Los jóvenes especialmente deben saber escuchar. Es, en primer lugar, una señal de sabiduría (Santiago 1:19). El conocimiento y la experiencia de sus mayores es, generalmente, más grande que la de ellos. ¡Además es simple cortesía! 

No obstante, estas consideraciones no impiden que una santa ira se apodere de Eliú. La gloria de Dios ha sido cuestionada por Job y sus compañeros y el fiel hombre de Dios no puede tratarlos con miramientos. No tiene el derecho de lisonjear ni de hacer “acepción de personas”, dos peligros de los cuales no siempre escapamos (v. 21).

Job 33:1-22
1POR tanto, Job, oye ahora mis razones, Y escucha todas mis palabras.2He aquí yo abriré ahora mi boca, Y mi lengua hablará en mi garganta.3Mis razones declararán la rectitud de mi corazón, Y mis labios proferirán pura sabiduría.4El espíritu de Dios me hizo, Y la inspiración del Omnipotente me dió vida.5Si pudieres, respóndeme: Dispón tus palabras, está delante de mí.6Heme aquí á mí en lugar de Dios, conforme á tu dicho: De lodo soy yo también formado.7He aquí que mi terror no te espantará, Ni mi mano se agravará sobre ti.8De cierto tú dijiste á oídos míos, Y yo oí la voz de tus palabras que decían:9Yo soy limpio y sin defecto; Y soy inocente, y no hay maldad en mí.10He aquí que él buscó achaques contra mí, Y me tiene por su enemigo;11Puso mis pies en el cepo, Y guardó todas mis sendas.12He aquí en esto no has hablado justamente: Yo te responderé que mayor es Dios que el hombre.13¿Por qué tomaste pleito contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.14Sin embargo, en una ó en dos maneras habla Dios; Mas el hombre no entiende.15Por sueño de visión nocturna, Cuando el sueño cae sobre los hombres, Cuando se adormecen sobre el lecho;16Entonces revela al oído de los hombres, Y les señala su consejo;17Para quitar al hombre de su obra, Y apartar del varón la soberbia.18Detendrá su alma de corrupción, Y su vida de que pase á cuchillo.19También sobre su cama es castigado Con dolor fuerte en todos sus huesos,20Que le hace que su vida aborrezca el pan, Y su alma la comida suave.21Su carne desfallece sin verse, Y sus huesos, que antes no se veían, aparecen.22Y su alma se acerca al sepulcro, Y su vida á los que causan la muerte.

Dos veces ya, Job había reclamado la intervención de un árbitro (o mediador)... (cap. 9:33 y 16:21), ¡deseo que se cumple! Eliú va a ser para él el intérprete de los pensamientos de Dios. Este papel —Job lo había comprendido— sólo podía ser cumplido por un hombre como él (cap. 9:32). “Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho; de barro fui yo también formado” (Job 33:6), responde Eliú. La Palabra nos enseña que hay “un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre...” (1 Timoteo 2:5). ¡Profundo misterio de la humanidad del Señor, sin la cual tampoco habría podido hacerse el intérprete del hombre ante Dios!

“En una o en dos maneras habla Dios...” (v. 14). Después de haber hablado por medio de los profetas, Dios habló por el Hijo. ¡Qué atención hubiera tenido que prestar el mundo a semejante lenguaje! (Hebreos 1:1-2 y 2:1). No obstante, nuestro versículo 14 prosigue así: “...pero el hombre no entiende” (o considera). Sí, ¡tan grande es la indiferencia y la dureza del corazón del ser humano! Por eso la misma epístola advierte solemnemente: “Mirad que no desechéis... al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12:25). Por medio de una breve sentencia, Eliú pone a un lado todos los razonamientos: “Mayor es Dios que el hombre” (Job 33:12). Y no tiene que dar cuentas a este último (v. 13).

Job 33:23-33; Job 34:1-15
23Si tuviera cerca de él Algún elocuente anunciador muy escogido, Que anuncie al hombre su deber;24Que le diga que Dios tuvo de él misericordia, Que lo libró de descender al sepulcro, Que halló redención:25Enterneceráse su carne más que de niño, Volverá á los días de su mocedad.26Orará á Dios, y le amará, Y verá su faz con júbilo: Y él restituirá al hombre su justicia.27El mira sobre los hombres; y el que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, Y no me ha aprovechado;28Dios redimirá su alma, que no pase al sepulcro, Y su vida se verá en luz.29He aquí, todas estas cosas hace Dios Dos y tres veces con el hombre;30Para apartar su alma del sepulcro, Y para iluminarlo con la luz de los vivientes.31Escucha, Job, y óyeme; Calla, y yo hablaré.32Que si tuvieres razones, respóndeme; Habla, porque yo te quiero justificar.33Y si no, óyeme tú á mí; Calla, y enseñarte he sabiduría.
1ADEMAS respondió Eliú, y dijo:2Oid, sabios, mis palabras; Y vosotros, doctos, estadme atentos.3Porque el oído prueba las palabras, Como el paladar gusta para comer.4Escojamos para nosotros el juicio, Conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno;5Porque Job ha dicho: Yo soy justo, Y Dios me ha quitado mi derecho.6¿He de mentir yo contra mi razón? Mi saeta es gravosa sin haber yo prevaricado.7¿Qué hombre hay como Job, Que bebe el escarnio como agua?8Y va en compañía con los que obran iniquidad, Y anda con los hombres maliciosos.9Porque ha dicho: De nada servirá al hombre El conformar su voluntad con Dios.10Por tanto, varones de seso, oidme; Lejos esté de Dios la impiedad, Y del Omnipotente la iniquidad.11Porque él pagará al hombre según su obra, Y él le hará hallar conforme á su camino.12Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, Y el Omnipotente no pervertirá el derecho.13¿Quién visitó por él la tierra? ¿Y quién puso en orden todo el mundo?14Si él pusiese sobre el hombre su corazón, Y recogiese así su espíritu y su aliento,15Toda carne perecería juntamente, Y el hombre se tornaría en polvo.

Los versículos 23 y 24 dirigen una vez más nuestras miradas hacia Jesús, el Intérprete por excelencia, el Mensajero del amor divino. Vino para mostrar al hombre pecador el camino de la rectitud (o de su deber) o, dicho de otro modo, para llevarle a reconocer su estado y a juzgarse a la divina luz. La vida de Cristo aquí abajo tiene además este propósito: manifestar por contraste el verdadero estado del hombre. Para que Dios le perdone, un rescate era necesario. ¡Y ha sido hallado! Es la muerte de Cristo. Por medio de ella, somos liberados del hoyo de la destrucción. ¿Es todo? No; los versículos 25 y 26 sugieren la nueva vida, la comunión, el gozo y la justicia que son nuestra parte. Dios “nos hizo aceptos” (Efesios 1:6); todo esto como consecuencia de la resurrección de Cristo nuestro Mediador, y de su actual presencia en la gloria. Finalmente, en los versículos 27 y 28 hallamos el testimonio que somos llamados a rendir ante los hombres respecto de lo que Dios ha hecho por nosotros.¡No lo olvidemos!

En el capítulo 34, Eliú está obligado a hablar de una manera severa. Al justificarse, Job había acusado a Dios de injusticia (cap. 32:2). ¡Era más grave de lo que él pensaba! En esto se había asociado con los incrédulos y los malos, y debía ser reprendido duramente (Romanos 9:14).

Job 34:16-37
16Si pues hay en ti entendimiento, oye esto: Escucha la voz de mis palabras.17¿Enseñorearáse el que aborrece juicio? ¿Y condenarás tú al que es tan justo?18¿Hase de decir al rey: Perverso; Y á los príncipes: Impíos?19¿Cuánto menos á aquel que no hace acepción de personas de príncipes, Ni el rico es de él más respetado que el pobre? Porque todos son obras de sus manos.20En un momento morirán, y á media noche Se alborotarán los pueblos, y pasarán, Y sin mano será quitado el poderoso.21Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, Y ve todos sus pasos.22No hay tinieblas ni sombra de muerte Donde se encubran los que obran maldad.23No carga pues él al hombre más de lo justo, Para que vaya con Dios á juicio.24El quebrantará á los fuertes sin pesquisa, Y hará estar otros en su lugar.25Por tanto él hará notorias las obras de ellos, Cuando los trastornará en la noche, y serán quebrantados.26Como á malos los herirá En lugar donde sean vistos:27Por cuanto así se apartaron de él, Y no consideraron todos sus caminos;28Haciendo venir delante de él el clamor del pobre, Y que oiga el clamor de los necesitados.29Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? Si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;30Haciendo que no reine el hombre hipócrita Para vejaciones del pueblo.31De seguro conviene se diga á Dios: Llevado he ya castigo, no más ofenderé:32Enséñame tú lo que yo no veo: Que si hice mal, no lo haré más.33¿Ha de ser eso según tu mente? El te retribuirá, ora rehuses, Ora aceptes, y no yo: Di si no, lo que tú sabes.34Los hombres de seso dirán conmigo, Y el hombre sabio me oirá:35Que Job no habla con sabiduría, Y que sus palabras no son con entendimiento.36Deseo yo que Job sea probado ampliamente, A causa de sus respuestas por los hombres inicuos.37Porque á su pecado añadió impiedad: Bate las manos entre nosotros, Y contra Dios multiplica sus palabras.

Es imposible que un hombre se forme un juicio sobre Dios mediante sus propios razonamientos. ¿Por qué? Porque sólo tiene a otros hombres como elementos de comparación. Es la razón por la cual los paganos se han hecho dioses a su imagen, a los cuales han atribuido sus propias pasiones. Para que su criatura pudiese conocerle, fue necesario que Dios mismo se revelara a ella. Y más aun, no es mediante nuestra propia inteligencia que se puede aprehender esa divina revelación. Sólo la fe es capaz de ello. Ahora Dios se manifiesta por medio de su Espíritu. “Las cosas de Dios nadie las conoce, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11 V.M.). Éste conduce al creyente “a toda la verdad” (Juan 16:13). Eliú, instruyendo a Job, es una imagen de ello. Muestra a Job que erró el camino por completo al fundar su conocimiento de Dios en sus propias experiencias y en sus pensamientos: “¿Ha de ser eso según tu parecer?” (v. 33). ¿No ha llegado Job a condenar a Aquel que, sin embargo “es tan justo”? (v. 17). ¿Qué habría debido hacer Job antes de abrigar y expresar todos esos falsos pensamientos respecto de Dios? Pedirle humildemente: “Enséñame tú lo que yo no veo” (v. 32). ¡Una corta oración que cada uno de nosotros necesita dirigir al Señor en todo momento del día!

Job 35:1-16
1Y PROCEDIENDO Eliú en su razonamiento, dijo:2¿Piensas ser conforme á derecho Esto que dijiste: Más justo soy yo que Dios?3Porque dijiste: ¿Qué ventaja sacarás tú de ello? ¿O qué provecho tendré de mi pecado?4Yo te responderé razones, Y á tus compañeros contigo.5Mira á los cielos, y ve, Y considera que las nubes son más altas que tú.6Si pecares, ¿qué habrás hecho contra él? Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú?7Si fueres justo, ¿qué le darás á el? ¿O qué recibirá de tu mano?8Al hombre como tú dañará tu impiedad, Y al hijo del hombre aprovechará tu justicia.9A causa de la multitud de las violencias clamarán, Y se lamentarán por el poderío de los grandes.10Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, Que da canciones en la noche,11Que nos enseña más que á las bestias de la tierra, Y nos hace sabios más que las aves del cielo?12Allí clamarán, y él no oirá, Por la soberbia de los malos.13Ciertamente Dios no oirá la vanidad, Ni la mirará el Omnipotente.14Aunque más digas, No lo mirará; Haz juicio delante de él, y en él espera.15Mas ahora, porque en su ira no visita, Ni conoce con rigor,16(H35-15) Por eso Job abrió su boca vanamente, Y multiplica palabras sin sabiduría.

De sus desdichas Job había sacado la triste conclusión siguiente: ¡Verdaderamente, no valía la pena aplicarse a ser justo, pues no había obtenido más provecho que si hubiese pecado! (véase cap. 9:22; 34:9 y 35:3). ¡Ay, así descubre el fondo de su corazón! Parece darle la razón a Satanás, quien había insinuado: “¿Acaso teme Job a Dios de balde?” (cap. 1:9). En definitiva, no es otra cosa que el razonamiento “de hombres corruptos de entendimiento... —de quienes habla el apóstol Pablo— que toman la piedad como fuente de ganancia” (1 Timoteo 6:5; leer también Malaquías 3:14).

Hasta entonces nuestro patriarca no sabía que tuviese tales sentimientos en su corazón. Conocía sus buenas acciones, pero no sus secretos motivos. Y éstos estaban lejos de ser siempre buenos. Dejemos que el Espíritu nos sondee por medio de la Palabra de Dios, que discierna y ponga al desnudo las intenciones de nuestros corazones (Hebreos 4:12). Es el servicio que Eliú hace a Job al decirle la verdad. Ciertas cosas no son agradables de oír; pero... “fieles son las heridas del que ama” (Proverbios 27:6; ver también Colosenses 4:6). Y cuando se haya aprendido las divinas lecciones, las lágrimas, los gritos de angustia y las llamadas de socorro (cap. 19:21) cederán el sitio a “cánticos en la noche” (cap. 35:10).

Job 36:1-21
1Y AÑADIO Eliú, y dijo:2Espérame un poco, y enseñarte he; Porque todavía tengo razones en orden á Dios.3Tomaré mi noticia de lejos, Y atribuiré justicia á mi Hacedor.4Porque de cierto no son mentira mis palabras; Contigo está el que es íntegro en sus conceptos.5He aquí que Dios es grande, mas no desestima á nadie; Es poderoso en fuerza de sabiduría.6No otorgará vida al impío, Y á los afligidos dará su derecho.7No quitará sus ojos del justo; Antes bien con los reyes los pondrá en solio para siempre, Y serán ensalzados.8Y si estuvieren prendidos en grillos, Y aprisionados en las cuerdas de aflicción,9El les dará á conocer la obra de ellos, Y que prevalecieron sus rebeliones.10Despierta además el oído de ellos para la corrección, Y díce les que se conviertan de la iniquidad.11Si oyeren, y le sirvieren, Acabarán sus días en bien, y sus años en deleites.12Mas si no oyeren, serán pasados á cuchillo, Y perecerán sin sabiduría.13Empero los hipócritas de corazón lo irritarán más, Y no clamarán cuando él los atare.14Fallecerá el alma de ellos en su mocedad, Y su vida entre los sodomitas.15Al pobre librará de su pobreza, Y en la aflicción despertará su oído.16Asimismo te apartaría de la boca de la angustia A lugar espacioso, libre de todo apuro; Y te asentará mesa llena de grosura.17Mas tú has llenado el juicio del impío, En vez de sustentar el juicio y la justicia.18Por lo cual teme que en su ira no te quite con golpe, El cual no puedas apartar de ti con gran rescate.19¿Hará él estima de tus riquezas, ni del oro, Ni de todas las fuerzas del poder?20No anheles la noche, En que desaparecen los pueblos de su lugar.21Guárdate, no tornes á la iniquidad; Pues ésta escogiste más bien que la aflicción.

Eliú prosigue su discurso: justifica a Dios (v. 3) al corregir dos pensamientos equivocados emitidos  respecto de Él: pese a su poder, el Creador se ocupa de su criatura y no la desprecia de ninguna manera (v. 5). El justo —dicho de otro modo, el creyente— es el objeto de sus particulares cuidados. Que Dios lo “exalte” (v. 7) o, al contrario, que le envíe pruebas (v.8), sus ojos están siempre sobre él. Y, en segundo lugar, Dios no obra de modo caprichoso como Job lo había dado a entender. Al permitir la prueba, persigue una meta precisa: mostrar a los suyos lo que han hecho, abrir sus oídos a la disciplina, si procede, hacerlos volver de su iniquidad. La disciplina forma a los discípulos. Hebreos 12:7 nos recuerda que ella está reservada a los hijos (y a las hijas) de Dios, de la misma manera que los padres corrigen a sus propios hijos y no a los demás. Es ella, pues, una prueba de nuestra relación con nuestro Padre. Pero, según ese mismo pasaje de Hebreos 12:5-6, el alma que está sujeta a la disciplina puede menospreciarla, es decir, no escucharla ni darle importancia (Job 36:12; comp. con cap. 5:17); o, al contrario, desanimarse, es decir, olvidar que es el fiel amor del Señor el que nos la preparó. Dijo el salmista: “Conozco, oh Señor, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Salmo 119:75).

Una tercera actitud es la correcta: estar ejercitado por esa disciplina o, dicho de otro modo, preguntarse con qué finalidad Dios nos la envía.

Job 36:22-33; Job 37:1-4
22He aquí que Dios es excelso con su potencia; ¿Qué enseñador semejante á él?23¿Quién le ha prescrito su camino? ¿Y quién le dirá: Iniquidad has hecho?24Acuérdate de engrandecer su obra, La cual contemplan los hombres.25Los hombres todos la ven; Mírala el hombre de lejos.26He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos; Ni se puede rastrear el número de sus años.27El reduce las gotas de las aguas, Al derramarse la lluvia según el vapor;28Las cuales destilan las nubes, Goteando en abundancia sobre los hombres.29¿Quién podrá tampoco comprender la extensión de las nubes, Y el sonido estrepitoso de su pabellón?30He aquí que sobre él extiende su luz, Y cobija con ella las raíces de la mar.31Bien que por esos medios castiga á los pueblos, A la multitud da comida.32Con las nubes encubre la luz, Y mándale no brillar, interponiendo aquéllas.33Tocante á ella anunciará el trueno, su compañero, Que hay acumulación de ira sobre el que se eleva.
1A ESTO también se espanta mi corazón, Y salta de su lugar.2Oid atentamente su voz terrible, y el sonido que sale de su boca.3Debajo de todos los cielos lo dirige, Y su luz hasta los fines de la tierra.4Después de ella bramará el sonido, Tronará él con la voz de su magnificencia; Y aunque sea oída su voz, no los detiene.

“¿Qué enseñador semejante a él?” pregunta Eliú (v. 22). Varios de nuestros lectores posiblemente estén estudiando. No olviden que Dios también tiene su escuela. Si aceptan seguir sus clases, ella los volverá más sabios e instruidos de lo que podrían hacerlo todas las universidades del mundo (Salmo 94:10, 12; Isaías 48:17).

“¿Qué enseñador semejante a él?”. Después de haber oído el sermón del monte, las multitudes reconocieron que Jesús “les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:29). Autoridad y también sabiduría, incansable paciencia, dulzura aun en la reprensión, tales han sido los caracteres del divino Maestro venido de Dios para enseñar a los hombres (Juan 3:2). No está más sobre la tierra, pero nos ha dejado su Palabra, fuente de toda instrucción para nuestras almas.

Eliú glorifica el poder de Dios, su obra (v. 24), su grandeza (v. 26), su justicia y su bondad (v. 31). Alegrémonos de poder proclamar con él: “He aquí Dios es... poderoso... He aquí Dios es excelso en su poder... He aquí Dios es grande”. Dar a conocer el Padre y glorificar su nombre, éste fue el gran pensamiento del Señor aquí abajo, la misión que cumplió plenamente (Juan 17:1, 4, 6, 26). En esto se resumía toda su maravillosa enseñanza.

Job 37:5-24
5Tronará Dios maravillosamente con su voz; El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.6Porque á la nieve dice: Desciende á la tierra; También á la llovizna, Y á los aguaceros de su fortaleza.7Así hace retirarse á todo hombre, Para que los hombres todos reconozcan su obra.8La bestia se entrará en su escondrijo, Y estaráse en sus moradas.9Del mediodía viene el torbellino, Y el frío de los vientos del norte.10Por el soplo de Dios se da el hielo, Y las anchas aguas son constreñidas.11Regando también llega á disipar la densa nube, Y con su luz esparce la niebla.12Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, Para hacer sobre la haz del mundo, En la tierra, lo que él les mandara.13Unas veces por azote, otras pos causa de su tierra, Otras por misericordia las hará parecer.14Escucha esto, Job; Repósate, y considera las maravillas de Dios.15¿Supiste tú cuándo Dios las ponía en concierto, Y hacía levantar la luz de su nube?16¿Has tú conocido las diferencias de las nubes, Las maravillas del Perfecto en sabiduría?17¿Por qué están calientes tus vestidos Cuando se fija el viento del mediodía sobre la tierra?18¿Extendiste tú con él los cielos, Firmes como un espejo sólido?19Muéstranos qué le hemos de decir; Porque nosotros no podemos componer las ideas á causa de las tinieblas.20¿Será preciso contarle cuando yo hablaré? Por más que el hombre razone, quedará como abismado.21He aquí aún: no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, Luego que pasa el viento y los limpia,22Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible.23El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en potencia; Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.24Temerlo han por tanto los hombres: El no mira á los sabios de corazón.

Para ilustrar el estado de ánimo del patriarca y los caminos de Dios para con él, Eliú toma sus ejemplos del cielo en un día de tormenta (véase también cap. 36:27-29, 32-33; cap. 37:2...). Las oscuras nubes representan los duelos y las pruebas, las que por un momento habían ocultado a Job la luz de la faz de Dios. Para el corazón natural es difícil comprender el misterioso equilibrio de ellas (v. 16). Pero Job debe saber una cosa: Dios carga esas nubes con una agua de bendición para él (v. 11 y cap. 26:8). Porque la lluvia puede caer de varias maneras: en bondad, para la tierra (Salmo 65:10), o, al contrario, como “azote” (Job 37:13; comp. Salmo 148:7-8). Desciende en gotas abundantes y bienhechoras (cap. 36:27-28) bajo forma de lloviznas fertilizantes (cap. 37:6) o al contrario como aguaceros torrenciales o “aguaceros de su fortaleza” (v. 6 V.M.), los que devastan el suelo sin penetrarlo. En ese último caso se trata de un juicio, sin efecto sobre el alma. Pero no es tal el pensamiento de Dios para con su servidor Job. Él quiere bendecirle, le corrige con medida (Jeremías 10:24) y le hará decir con el cántico (véase v. 21):

                ¡Alentaos, pues, medrosos!

                Este negro nubarrón,

                de sus bendiciones lleno,

                traerá la salvación.

Job 38:1-18
1Y RESPONDIO Jehová á Job desde un torbellino, y dijo:2¿Quién es ése que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría?3Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y hazme saber tú.4¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? Házme lo saber, si tienes inteligencia.5¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?6¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular,7Cuando las estrellas todas del alba alababan, Y se regocijaban todos los hijos de Dios?8¿Quién encerró con puertas la mar, Cuando se derramaba por fuera como saliendo de madre;9Cuando puse yo nubes por vestidura suya, Y por su faja oscuridad.10Y establecí sobre ella mi decreto, Y le puse puertas y cerrojo,11Y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás adelante, Y ahí parará la hinchazón de tus ondas?12¿Has tu mandado á la mañana en tus días? ¿Has mostrado al alba su lugar,13Para que ocupe los fines de la tierra, Y que sean sacudidos de ella los impíos?14Trasmúdase como lodo bajo de sello, Y viene á estar como con vestidura:15Mas la luz de los impíos es quitada de ellos, Y el brazo enaltecido es quebrantado.16¿Has entrado tú hasta los profundos de la mar, Y has andado escudriñando el abismo?17¿Hante sido descubiertas las puertas de la muerte, Y has visto las puertas de la sombra de muerte?18¿Has tú considerado hasta las anchuras de la tierra? Declara si sabes todo esto.

“Que me responda el Todopoderoso” había exclamado Job (cap. 31:35 V.M.) en tanto que Elifaz le había dicho: “¿Habrá quien te responda?” (cap. 5:1). Cosa maravillosa, este Dios al que creía sordo e inaccesible accede a su deseo, pero no como Job lo hubiera pensado, pues, en lugar de responder a sus preguntas, Dios a su turno va a hacerle toda una serie de ellas. Vemos a menudo al Señor Jesús hacer lo mismo con sus interlocutores (por ejemplo: Lucas 10:25-26; 20:2-4 y 21-24).

Mediante esas preguntas Dios hace medir a Job su pequeñez y su profunda ignorancia. Los hombres se vanaglorian de sus conocimientos. Y aun, cosa paradojal, cuanto menos saben, más pretensiones tienen. En particular, los jóvenes creen fácilmente que lo conocen todo, en tanto que, a menudo, los más grandes sabios son los más modestos.

«Cuando el hombre escucha, Dios habla...», dijo alguien. Y Dios es paciente; concedió a Job y a sus amigos todo el tiempo necesario para expresar sus falsas ideas; luego encargó a Eliú que las refutase. Por fin guardaron silencio. Dios puede hablar y evidentemente tendrá la última palabra. Sepamos también nosotros callar a veces, imponer silencio a nuestros agitados espíritus para que Dios pueda hacernos oír su voz.

Job 38:19-38
19¿Por dónde va el camino á la habitación de la luz, Y dónde está el lugar de las tinieblas?20¿Si llevarás tú ambas cosas á sus términos, Y entenderás las sendas de su casa?21¿Sabíaslo tú porque hubieses ya nacido, O porque es grande el número de tus días?22¿Has tú entrado en los tesoros de la nieve, O has visto los tesoros del granizo,23Lo cual tengo yo reservado para el tiempo de angustia, Para el día de la guerra y de la batalla?24¿Por qué camino se reparte la luz, Y se esparce el viento solano sobre la tierra?25¿Quién repartió conducto al turbión, Y camino á los relámpagos y truenos,26Haciendo llover sobre la tierra deshabitada, Sobre el desierto, donde no hay hombre,27Para hartar la tierra desierta é inculta, Y para hacer brotar la tierna hierba?28¿Tiene la lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?29¿De qué vientre salió el hielo? Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?30Las aguas se endurecen á manera de piedra, Y congélase la haz del abismo.31¿Podrás tú impedir las delicias de las Pléyades, O desatarás las ligaduras del Orión?32¿Sacarás tú á su tiempo los signos de los cielos, O guiarás el Arcturo con sus hijos?33¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?34¿Alzarás tú á las nubes tu voz, Para que te cubra muchedumbre de aguas?35¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y diránte ellos: Henos aquí?36¿Quién puso la sabiduría en el interior? ¿O quién dió al entendimiento la inteligencia?37¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? Y los odres de los cielos, ¿quién los hace parar,38Cuando el polvo se ha convertido en dureza, Y los terrones se han pegado unos con otros?

La creación es el primer testimonio que Dios dio de sí mismo y todo hombre, sin excepción, es responsable de discernir por medio de su inteligencia “las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad”. Contemplar “las cosas hechas” sin reconocer y honrar a Aquel que las hizo vuelve a los hombres inexcusables (Romanos 1:19-20).

Dios nos invita con Job a admirar su hermoso universo. Pero, de todas esas maravillas de la creación, ¿quién puede hablar con más competencia que su mismo Autor? ¡Pues bien! El que creó la luz, el que ató “los lazos de las Pléyades” y estableció “las ordenanzas de los cielos” es también el que condesciende a ocuparse de una sola alma: aquí la de Job; pero igualmente de la mía y de la de usted. Como lo dice el cántico:

El pecador miserable

tiene más precio a Sus ojos

que el cortejo innumerable

de las estrellas en los cielos.

En todo tiempo, los hombres se han dedicado a escudriñar y sondear los cielos. Algunos consagran su existencia a ello. ¿No es más importante que usted consagre la suya a escudriñar “las Escrituras”? (Juan 5:39). Porque si “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19:1), la Palabra, a su vez, da testimonio de su gracia. 

Job 38:39-41; Job 39:1-18
39(H39-1) ¿CAZARAS tú la presa para el león? ¿Y saciarás el hambre de los leoncillos,40(H39-2) Cuando están echados en las cuevas, O se están en sus guaridas para acechar?41(H39-3) ¿Quién preparó al cuervo su alimento, Cuando sus pollos claman á Dios, Bullendo de un lado á otro por carecer de comida?
1(H39-4) ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?2(H39-5) ¿Contaste tú los meses de su preñez, Y sabes el tiempo cuando han de parir?3(H39-6) Encórvanse, hacen salir sus hijos, Pasan sus dolores.4(H39-7) Sus hijos están sanos, crecen con el pasto: Salen y no vuelven á ellas.5(H39-8) ¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras?6(H39-9) Al cual yo puse casa en la soledad, Y sus moradas en lugares estériles.7(H39-10) Búrlase de la multitud de la ciudad: No oye las voces del arriero.8(H39-11) Lo oculto de los montes es su pasto, Y anda buscando todo lo que está verde.9(H39-12) ¿Querrá el unicornio servirte á ti, Ni quedar á tu pesebre?10(H39-13) ¿Atarás tú al unicornio con su coyunda para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti?11(H39-14) ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fortaleza, Y le fiarás tu labor?12(H39-15) ¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, Y que la allegará en tu era?13(H39-16) ¿Diste tú hermosas alas al pavo real, O alas y plumas al avestruz?14(H39-17) El cual desampara en la tierra sus huevos, Y sobre el polvo los calienta,15(H39-18) Y olvídase de que los pisará el pie, Y que los quebrará bestia del campo.16(H39-19) Endurécese para con sus hijos, como si no fuesen suyos, No temiendo que su trabajo haya sido en vano:17(H39-20) Porque le privó Dios de sabiduría, Y no le dió inteligencia.18(H39-21) Luego que se levanta en alto, Búrlase del caballo y de su jinete.

Después de permanecer callado acerca del tema de los grandes fenómenos de la naturaleza, y luego acerca de las leyes que mantienen el equilibrio del mundo, Job, alumno ignorante, es interrogado ahora respecto a la Zoología por el Maestro de todo conocimiento. Su nota en esta materia no será mejor.

Desde los remotos tiempos en que vivía nuestro patriarca, y pese a todos los esfuerzos del hombre para sondearlos, ¡cuántos misterios subsisten en la Creación, misterios con los cuales tropieza la ciencia humana, a menudo enceguecida por sus teorías, ¡empezando con el del origen de la vida!

Dios habla de muchas cosas en esos cuatro capítulos. De las pequeñas como también de las grandes. Pero todas son cosas que Él ha hecho. En cambio, no hallamos en ellas ni una sola palabra de las obras del pobre Job. De todos sus méritos —de los cuales, sin embargo, el patriarca se había tomado el trabajo de hacer una larga enumeración— el Señor no puede retener ni uno solo. Sin la cruz, hacia la cual ya de antemano Dios dirigía sus miradas (véase Romanos 3:25); sin la cruz, tal hombre estaba perdido. 

Si usted, amigo, tiene todavía confianza en sus propios esfuerzos y en sus capacidades, mire hacia el Señor. Él mismo cumplió grandes cosas que exaltan su sabiduría... pero, encima de todas, la obra de la salvación de usted, la que magnificasu amor. 

Job 39:19-30; Job 40:1-5
19(H39-22) ¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿Vestiste tú su cerviz de relincho?20(H39-23) ¿Le intimidarás tú como á alguna langosta? El resoplido de su nariz es formidable:21(H39-24) Escarba la tierra, alégrase en su fuerza, Sale al encuentro de las armas:22(H39-25) Hace burla del espanto, y no teme, Ni vuelve el rostro delante de la espada.23(H39-26) Contra él suena la aljaba, El hierro de la lanza y de la pica:24(H39-27) Y él con ímpetu y furor escarba la tierra, Sin importarle el sonido de la bocina;25(H39-28) Antes como que dice entre los clarines: ­Ea! Y desde lejos huele la batalla, el grito de los capitanes, y la vocería.26(H39-29) ¿Vuela el gavilán por tu industria, Y extiende hacia el mediodía sus alas?27(H39-30) ¿Se remonta el águila por tu mandamiento, Y pone en alto su nido?28(H39-31) Ella habita y está en la piedra, En la cumbre del peñasco y de la roca.29(H39-32) Desde allí acecha la comida: Sus ojos observan de muy lejos.30(H39-33) Sus pollos chupan la sangre: Y donde hubiere cadáveres, allí está.
1(H39-34) A más de eso respondió Jehová á Job y dijo:2(H39-35) ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda á esto.3(H39-36) Y respondió Job á Jehová, y dijo:4(H39-37) He aquí que yo soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.5(H39-38) Una vez hablé, y no responderé: Aun dos veces, mas no tornaré á hablar.

Job había pensado que Jehová no se interesaba por su bienestar. Pero, ¿existía una criatura cualquiera, desde la cría del cuervo hasta el caballo o el águila, que Dios no tuviera en cuenta? Si bien cuida de todos los seres vivientes, mucho más vela por el hombre, su principal criatura, pues hasta posee una vida más allá de la tumba.

En los evangelios, el Señor Jesús da a los suyos exactamente la misma enseñanza (comp. el cap. 38:41 con Lucas 12:24). Y nos invita a no preocuparnos por nuestras necesidades de cada día; Dios las conoce. Sólo una cosa puede faltarnos (y a menudo nos falta): la fe en ese Dios fiel.

Dios acaba de hablar a Job de su creación. Éste concluye de ello correctamente: “He aquí que yo soy vil” (cap. 40:4). Pero aún no puede decir nada más. Anteriormente se había propuesto discutir con Dios como de igual a igual. Hasta había declarado: “...querría razonar con Dios” (cap. 13:3; véase 10:2 y 23:3-4). Ahora que se le brinda la oportunidad, él comprende ante toda la grandeza de su Creador que esto no es posible. Ésta es una primera lección, pero le queda por aprender otra. Eliú había dicho que Dios habla una vez, dos veces... Jehová va a hablarle por segunda vez a fin de inducir a Job a una plena y sincera convicción de pecado.

Job 40:6-24; Job 41:1-8
6(H40-1) ENTONCES respondió Jehová á Job desde la oscuridad, y dijo:7(H40-2) Cíñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y explícame.8(H40-3) ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás á mí, para justificarte á ti?9(H40-4) ¿Tienes tú brazo como Dios? ¿Y tronarás tú con voz como él?10(H40-5) Atavíate ahora de majestad y de alteza: Y vístete de honra y de hermosura.11(H40-6) Esparce furores de tu ira: Y mira á todo soberbio, y abátelo.12(H40-7) Mira á todo soberbio, y humíllalo, Y quebranta á los impíos en su asiento.13(H40-8) Encúbrelos á todos en el polvo, Venda sus rostros en la oscuridad;14(H40-9) Y yo también te confesaré Que podrá salvarte tu diestra.15(H40-10) He aquí ahora behemoth, al cual yo hice contigo; Hierba come como buey.16(H40-11) He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, Y su fortaleza en el ombligo de su vientre.17(H40-12) Su cola mueve como un cedro, Y los nervios de sus genitales son entretejidos.18(H40-13) Sus huesos son fuertes como bronce, Y sus miembros como barras de hierro.19(H40-14) El es la cabeza de los caminos de Dios: El que lo hizo, puede hacer que su cuchillo á él se acerque.20(H40-15) Ciertamente los montes producen hierba para él: Y toda bestia del campo retoza allá.21(H40-16) Echaráse debajo de las sombras, En lo oculto de las cañas, y de los lugares húmedos.22(H40-17) Los árboles sombríos lo cubren con su sombra; Los sauces del arroyo lo cercan.23(H40-18) He aquí que él tomará el río sin inmutarse: Y confíase que el Jordán pasará por su boca.24(H40-19) ¿Tomarálo alguno por sus ojos en armadijos, Y horadará su nariz?
1¿SACARAS tú al leviathán con el anzuelo, O con la cuerda que le echares en su lengua?2¿Pondrás tú garfio en sus narices, Y horadarás con espinas su quijada?3¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿Hablaráte él lisonjas?4¿Hará concierto contigo Para que lo tomes por siervo perpetuo?5¿Jugarás tú con él como con pájaro, O lo atarás para tus niñas?6¿Harán de él banquete los compañeros? ¿Partiránlo entre los mercaderes?7¿Cortarás tú con cuchillo su cuero, O con asta de pescadores su cabeza?8Pon tu mano sobre él; Te acordarás de la batalla, y nunca más tornarás.

El cuadro de la creación no sería completo sin la descripción de dos animales misteriosos y terribles. El primero es el behemot, tal vez el hipopótamo, en todo caso una bestia formidable cuyo poder evoca el de la muerte. Hecho solemne, ésta tuvo que ser el primero de los caminos de Dios para con el hombre culpable. Como consecuencia de la caída del ser humano, una invencible espada arma a la muerte para la sanción del pecado (véase Génesis 3:24). No sólo hace su presa de cada hombre, sino que todos los animales de la tierra le son dados como alimento (v. 20).

El Jordán, río de la muerte, mencionado en el versículo 23, nos habla también de ella.

Pero hay un monstruo más terrible todavía. La muerte tiene solamente poder sobre la vida presente, en tanto que Satanás, del cual el leviatán es una figura, arrastra sus víctimas con él a la segunda muerte (Isaías 27:1). Frente a semejante enemigo, estamos tan desarmados como un niño que pretendiera apoderarse de un cocodrilo con un anzuelo. Por cierto, no se juega impunemente con el poder del mal. ¿Estamos, pues, a su merced? ¡No, por la gracia de Dios! En la cruz, Cristo ha triunfado sobre el terrible adversario. Acordémonos de esa batalla decisiva y quedemos apegados al que lo ha vencido (Job 41:8; Colosenses 2:15).

Job 41:9-34
9He aquí que la esperanza acerca de él será burlada; Porque aun á su sola vista se desmayarán.10Nadie hay tan osado que lo despierte: ¿Quién pues podrá estar delante de mí?11¿Quién me ha anticipado, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío.12Yo no callaré sus miembros, Ni lo de sus fuerzas y la gracia de su disposición.13¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? ¿Quién se llegará á él con freno doble?14¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los órdenes de sus dientes espantan.15La gloria de su vestido son escudos fuertes, Cerrados entre sí estrechamente.16El uno se junta con el otro, Que viento no entra entre ellos.17Pegado está el uno con el otro, Están trabados entre sí, que no se pueden apartar.18Con sus estornudos encienden lumbre, Y sus ojos son como los párpados del alba.19De su boca salen hachas de fuego, Centellas de fuego proceden.20De sus narices sale humo, Como de una olla ó caldero que hierve.21Su aliento enciende los carbones, Y de su boca sale llama.22En su cerviz mora la fortaleza, Y espárcese el desaliento delante de él.23Las partes momias de su carne están apretadas: Están en él firmes, y no se mueven.24Su corazón es firme como una piedra, Y fuerte como la muela de abajo.25De su grandeza tienen temor los fuertes, Y á causa de su desfallecimiento hacen por purificarse.26Cuando alguno lo alcanzare, ni espada, Ni lanza, ni dardo, ni coselete durará.27El hierro estima por pajas, Y el acero por leño podrido.28Saeta no le hace huir; Las piedras de honda se le tornan aristas.29Tiene toda arma por hojarascas, Y del blandir de la pica se burla.30Por debajo tiene agudas conchas; Imprime su agudez en el suelo.31Hace hervir como una olla la profunda mar, Y tórnala como una olla de ungüento.32En pos de sí hace resplandecer la senda, Que parece que la mar es cana.33No hay sobre la tierra su semejante, Hecho para nada temer.34Menosprecia toda cosa alta: Es rey sobre todos los soberbios.

Bajo esa aterradora imagen del leviatán, Dios descubre a Job a su acusador del capítulo 1, a su enemigo del capítulo 2. Un combatiente debe conocer a su adversario para no subestimarlo. Es necesario que el creyente sepa cuál es la fuerza de Satanás (v. 12) vuelto impotente por la cruz, pero siempre activo, del cual “no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Vea lo que le caracteriza: “Las dobleces de sus mandíbulas” (Job 41:13 V.M.; comp. 1 Pedro 5:8); “su corazón firme como una piedra” (Job 41:24), porque es absolutamente ajeno al amor divino. Es invulnerable a toda fuerza humana (v. 26-29) y siembra el espanto por medio de su arma: la muerte, la que vence a los hombres más fuertes (v. 25).

Pero Satanás también es “mentiroso” y seductor; guardémonos de sus ilusiones (v. 18; Juan 8:44; 2Corintios 11:14). Atrae las almas al mundo, ese mar hirviente con pasiones humanas, al presentarles sus recursos como alimento valedero (“la olla”) o como un remedio para sus males (“la olla de ungüento”). Bajo una apariencia de sabiduría y experiencia (“las canas”), es al abismo adonde él conduce, para hundirlos allí, a los insensatos que siguen su resplandeciente “senda” (v. 32).

Finalmente, retengamos el pavoroso título que le es dado: “Es rey sobre todos los soberbios” (v. 34; véase 1 Timoteo 3:6).

Job 42:1-17
1Y RESPONDIO Job á Jehová, y dijo:2Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.3¿Quién es el que oscurece el consejo sin ciencia? Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; Cosas que me eran ocultas, y que no las sabía.4Oye te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás.5De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.6Por tanto me aborrezco, y me arrepiento En el polvo y en la ceniza.7Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras á Job, Jehová dijo á Eliphaz Temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job.8Ahora pues, tomaos siete becerros y siete carneros, y andad á mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto á él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado por mí con rec9Fueron pues Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamatita, é hicieron como Jehová les dijo: y Jehová atendió á Job.10Y mudó Jehová la aflicción de Job, orando él por sus amigos: y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.11Y vinieron é él todos sus hermanos, y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y condoliéronse de él, y consoláronle de todo aquel mal que sobre él había Jehová traído; y cada uno de ellos le dió una 12Y bendijo Jehová la postrimería de Job más que su principio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas.13Y tuvo siete hijos y tres hijas.14Y llamó el nombre de la una, Jemimah, y el nombre de la segunda, Cesiah, y el nombre de la tercera, Keren-happuch.15Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra: y dióles su padre herencia entre sus hermanos.16Y después de esto vivió Job ciento y cuarenta años, y vió á sus hijos, y á los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.17Murió pues Job viejo, y lleno de días.

Llegamos al desenlace de este magnífico libro, a la gran lección que Job, por fin, ha comprendido. Se llama la liberación del despreciable yo. Mientras Dios le hablaba, toda la buena opinión que Job tenía de sí mismo se había desvanecido progresivamente. A medida que Dios le enseñaba, Job descubría con espanto la maldad de su corazón natural. “Me aborrezco —declara él ahora— y me arrepiento...” ¡Esto es lo que debe decir un hombre “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (cap. 1:1) cuando se halla en la presencia de Dios! 

Job fue zarandeado como trigo. ¡Penoso trabajo! pero éste le ha quitado la cascarilla de su propia justicia, como también más tarde a Pedro. Ahora puede fortalecer a sus hermanos y orar por sus amigos (v. 10; comp. con Lucas 22:31-32).

Cuatro veces Dios lo llama “mi siervo Job” y censura a los tres consoladores molestos. Envía otros a Job, los cuales acuden con verdadera simpatía. Y no sólo restablece el antiguo estado de Job, sino que le da el doble de todo lo que poseía precedentemente. Empero, Job ahora ha adquirido algo más precioso que todo: ha aprendido a conocer a Dios al mismo tiempo que ha aprendido a conocerse a sí mismo.

Salmo 1
1BIENAVENTURADO el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;2Antes en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.3Y será como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.4No así los malos: Sino como el tamo que arrebata el viento.5Por tanto no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos.6Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

A los salmos o «alabanzas» a veces se les llama «el corazón de las Escrituras» porque, bajo su forma poética, expresan ante todo sentimientos: los sentimientos de los israelitas fieles durante y después del reinado del Anticristo: sufrimiento, angustia, terror… pero también confianza, gozo, reconocimiento; asimismo los sentimientos y el afecto del Señor Jesús, quien se compadece por adelantado de las aflicciones de ese «remanente» judío; y, por fin, los sentimientos que los creyentes de todos los tiempos pueden experimentar en las circunstancias de la vida.

Los primeros versículos del salmo 1 definen las condiciones de los bienaventurados que pueden cantar esos salmos. Y, cosa notable, antes que cualquier otra condición, Dios reclama la de estar apartado del mal. ¡Cuántas aplicaciones tiene ese versículo 1 en nuestra vida de todos los días! Es la condición indispensable para gozar de la Palabra y para llevar «fruto» (v. 3; compárese Jeremías 17:7-8; véase también Juan 15:5). El árbol plantado cerca de corrientes de aguas representa al creyente arraigado en Cristo y recibiendo de él su vigor. Jesús, como Hombre, realizó perfectamente ese apartamiento, ese placer en la ley de Jehová y, al final, esa plenitud del fruto producido para gloria de Dios.

Salmo 2
1¿POR qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan vanidad?2Estarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová, y contra su ungido, diciendo:3Rompamos sus coyundas, Y echemos de nosotros sus cuerdas.4El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos.5Entonces hablará á ellos en su furor, Y turbarálos con su ira.6Yo empero he puesto mi rey Sobre Sión, monte de mi santidad.7Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.8Pídeme, y te daré por heredad las gentes, Y por posesión tuya los términos de la tierra.9Quebrantarlos has con vara de hierro: Como vaso de alfarero los desmenuzarás.10Y ahora, reyes, entended: Admitid corrección, jueces de la tierra.11Servid á Jehová con temor, Y alegraos con temblor.12Besad al Hijo, porque no se enoje, y perezcáis en el camino, Cuando se encendiere un poco su furor. Bienaventurados todos los que en él confían.

Los dos primeros salmos son complementarios y sirven de introducción al conjunto del libro. Ponen en evidencia los dos grandes pecados de Israel, el cual rechazó el doble testimonio dado por Dios a la nación: Desobedeció Su ley (Salmo 1) y renegó de su Hijo (Salmo 2).

Encontramos en este segundo salmo los pensamientos de Dios respecto de Aquel que es “su Ungido” (v. 2), “su Rey” (v. 6), “su Hijo” (v. 7 y 12, aquél citado en Hechos 13:33). Dios cuidará que Jesús sea honrado en esta tierra en la cual fue menospreciado. Otrora Herodes y Poncio Pilato, juntamente con las naciones y el pueblo de Israel se unieron contra Él (ver Hechos 4:25-28). Su cruz llevó esa inscripción ultrajante: “Jesús Nazareno, rey de los judíos” como para decir a Dios: He aquí lo que hacemos de tu Rey. Mas en un tiempo futuro, cuando se desencadene la sublevación de las naciones, entonces aparecerá el Rey justo que Dios reserva para la tierra (Salmo 89:27-28). Por eso, desde el principio de los salmos, para animar al fiel en su angustia, Dios se presenta (v. 6) dominando la situación y conduciendo todas las cosas hacia ese glorioso propósito final.

Retengamos también para nosotros la exhortación del versículo 11: “Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor”. “Con alegría” dice también el salmo 100:2. “Con todo vuestro corazón”, completa 1 Samuel 12:20.

Salmo 3
1Salmo de David, cuando huía de adelante de Absalom su hijo. ­OH Jehová, cuánto se han multiplicado mis enemigos! Muchos se levantan contra mí.2Muchos dicen de mi vida: No hay para él salud en Dios. (Selah.)3Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí: Mi gloria, y el que ensalza mi cabeza.4Con mi voz clamé á Jehová, Y él me respondió desde el monte de su santidad. (Selah.)5Yo me acosté, y dormí, Y desperté; porque Jehová me sostuvo.6No temeré de diez millares de pueblos, Que pusieren cerco contra mí.7Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío: Porque tú heriste á todos mis enemigos en la quijada; Los dientes de los malos quebrantaste.8De Jehová es la salud: Sobre tu pueblo será tu bendición. (Selah.)

Muchos salmos fueron compuestos en circunstancias especiales que los inspiraron parcialmente. David, fugitivo de Absalón, fue la ocasión de la que se sirvió Dios para darnos este salmo (2 Samuel 15 a 18). Mientras el hijo indigno maquina las conspiraciones contra su padre, “el dulce cantor de Israel” (2 Samuel 23:1), en vez de preparar su defensa expresa en un cántico su confianza en su Dios. ¡Qué importa el número de enemigos, desde el momento en que se coloca Jehová como un “escudo” protector entre esos “millares de gentes” y su muy amado! (compárese Génesis 15:1; Deuteronomio 33:29). Por eso este último puede gozar de un dulce sueño en medio de los peligros más grandes, sabiendo que Jehová vela sobre él (v. 5). Un episodio de la vida del Señor Jesús ilustra esta perfecta tranquilidad. Durante la tormenta, mientras las olas furiosas ya anegaban la barca, “él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal” (Marcos 4:37-38; ver también el ejemplo de Pedro en Hechos 12:6). ¡Preciosa confianza! ¡Que Dios nos ayude a tenerla!

El versículo 8 muestra que para David la bendición del pueblo tiene más valor que su propia seguridad. Israel es siempre el pueblo de Dios, aunque se subleve contra Su ungido.

Salmo 4
1Al Músico principal: sobre Neginoth: Salmo de David. RESPONDEME cuando clamo, oh Dios de mi justicia: Estando en angustia, tú me hiciste ensanchar: Ten misericordia de mí, y oye mi oración.2Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? (Selah.)3Sabed pues, que Jehová hizo apartar al pío para sí: Jehová oirá cuando yo á él clamare.4Temblad, y no pequéis: Conversad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid. (Selah.)5Ofreced sacrificios de justicia, Y confiad en Jehová.6Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro.7Tú diste alegría en mi corazón, Más que tienen ellos en el tiempo que se multiplicó su grano y su mosto.8En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me harás estar confiado.

En el salmo 3, Jehová era la protección del fiel; en el salmo 4, Él es su porción. El hombre piadoso posee la seguridad de que Dios lo ha escogido (v. 3: literalmente introducido en su favor). Pero se encuentra aún en medio de un mundo en el que reina la vanidad y la mentira (v. 2), y no puede sino sufrir allí. “¿Quién nos mostrará el bien?” es la pregunta que él se hace en ese mundo. Ese bien no lo encontraremos a nuestro alrededor, ni tampoco en nosotros mismos. El único verdadero bien es el que Dios produce. Él nos lo muestra en su perfecta expresión en la vida de su Hijo, “el hombre piadoso” por excelencia, el único del que se podía decir: “Bien lo ha hecho todo” (Marcos 7:37).

Dios es la fuente de todo bien, y asimismo de toda verdadera alegría. “Tú diste alegría a mi corazón” declara el salmista (v. 7). Esa alegría no depende de la abundancia de bienes materiales, como lo demuestra el final del versículo (comparar con Habacuc 3:17-18). El capítulo 4 de Filipenses que nos exhorta a gozarnos siempre en el Señor, nos recuerda que un creyente puede ser tan feliz en las privaciones como en la abundancia (Filipenses 4:4, 12). La alegría divina puede llenar el alma en medio de la angustia. Las circunstancias no la afectan, precisamente porque ella tiene su fuente en Aquel que no cambia (Hebreos 13:8).

Salmo 5
1Al Músico principal: sobre Nehiloth: Salmo de David. ESCUCHA, oh Jehová, mis palabras; Considera la meditación mía.2Está atento á la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque á ti oraré.3Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré á ti, y esperaré.4Porque tú no eres un Dios que ame la maldad: El malo no habitará junto á ti.5No estarán los insensatos delante de tus ojos: Aborreces á todos los que obran iniquidad.6Destruirás á los que hablan mentira: Al hombre de sangres y de engaño abominará Jehová.7Y yo en la multitud de tu misericordia entraré en tu casa: Adoraré hacia el templo de tu santidad en tu temor.8Guíame, Jehová, en tu justicia á causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino.9Porque no hay en su boca rectitud: Sus entrañas son pravedades; Sepulcro abierto su garganta: Con su lengua lisonjearán.10Desbarátalos, oh Dios; Caigan de sus consejos: Por la multitud de sus rebeliones échalos, Porque se rebelaron contra ti.11Y alegrarse han todos los que en ti confían; Para siempre darán voces de júbilo, porque tú los defiendes: Y en ti se regocijarán los que aman tu nombre.12Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Lo cercarás de benevolencia como con un escudo.

Al final del salmo 4 hemos visto al creyente acostarse y dormirse en paz. Aquí lo consideramos al despertar. La piedad debe marcar todos los momentos de nuestra vida, incluso de aquellos que pasamos solos en nuestra alcoba. Al amanecer, como primerísima ocupación del día, la oración del salmista subía a su Rey, a su Dios (Salmo 63:1). Imitémosle, queridos amigos creyentes, con tanto más diligencia y libertad cuanto el Dios al cual nosotros nos dirigimos es, en Jesús, nuestro Padre.

En el salmo 4, la oración tenía un carácter de urgencia y consistía en un simple grito (v. 1, 3). Es suficiente para que Dios la escuche. Pero aquí la petición es presentada, formulada de manera precisa, después de lo cual el fiel puede esperar apaciblemente una respuesta… sin tratar de obtenerla de otro modo.

Se sigue con el tema de la confianza frente a los artificios de los malvados. Es notable que el versículo 9, el que se aplica a los enemigos, es citado en Romanos 3:13 para calificar a todos los hombres. Eso está explicado en el capítulo 5 v. 10 de la misma epístola: Todos éramos enemigos de Dios en cuanto a nuestro entendimiento, en las malas obras (ver también Colosenses 1:21).

Salmo 6
1Al Músico principal: en Neginoth sobre Seminith: Salmo de David. JEHOVA, no me reprendas en tu furor, Ni me castigues con tu ira.2Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque yo estoy debilitado: Sáname, oh Jehová, porque mis huesos están conmovidos.3Mi alma asimismo está muy conturbada: Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?4Vuelve, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia.5Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿Quién te loará en el sepulcro?6Heme consumido á fuerza de gemir: Todas las noches inundo mi lecho, Riego mi estrado con mis lágrimas.7Mis ojos están carcomidos de descontento; Hanse envejecido á causa de todos mis angustiadores.8Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro.9Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración.10Se avergonzarán, y turbaránse mucho todos mis enemigos; Volveránse y serán avergonzados subitáneamente.

A veces las desgracias del creyente son la consecuencia directa de sus faltas. Cae entonces bajo una de las manifestaciones del gobierno de Dios, quien lo reprendre y lo castiga (v. 1; comparar Jeremías 31:18). Ése fue el caso de David después del terrible asunto de Urías heteo, lo mismo que después del censo. Ya no es posible tener alegría o paz, como en el Salmo 4 (v. 7, 8). En vez de meditar en su corazón estando en su cama (Salmo 4:4), el culpable inunda su lecho de amargas lágrimas (v. 6). Como se sabe merecedor de lo que le sucede, es perseguido por los remordimientos y el sentimiento de haber ofendido a Dios. El temor a la muerte puede también apoderarse de su alma (v. 5). No tiene más la feliz libertad que da una buena conciencia. No obstante, incluso en ese caso, Dios puede ser hallado, pues Él ama demasiado a su rescatado como para dejarlo en la desesperación. Entonces Dios escucha su ruego y recibe su oración (v. 9).

Como a Ezequías, atormentado sobre su lecho por la perspectiva de la muerte, Él le dirige estas palabra consoladoras: “He oído tu oración, y visto tus lágrimas… te libraré…” (Isaías 38:5; compárese v. 5 con Isaías 38:18). Sí, de pronto David recibe la seguridad de que su oración es atendida. Las circunstancias no han cambiado, pero ya su fe triunfa en la esperanza.

Salmo 7
1Sigaión de David, que cantó á Jehová sobre las palabras de Cus, hijo de Benjamín. JEHOVA Dios mío, en ti he confiado: Sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame;2No sea que arrebate mi alma, cual león Que despedaza, sin que haya quien libre.3Jehová Dios mío, si yo he hecho esto, Si hay en mis manos iniquidad;4Si dí mal pago al pacífico conmigo, (Hasta he libertado al que sin causa era mi enemigo;)5Persiga el enemigo mi alma, y alcánce la; Y pise en tierra mi vida, Y mi honra ponga en el polvo. (Selah.)6Levántate; oh Jehová, con tu furor; Alzate á causa de las iras de mis angustiadores, Y despierta en favor mío el juicio que mandaste.7Y te rodeará concurso de pueblo; Por cuyo amor vuélvete luego á levantar en alto.8Jehová juzgará los pueblos: Júzgame, oh Jehová, conforme á mi justicia y conforme á mi integridad.9Consúmase ahora la malicia de los inicuos, y establece al justo; Pues el Dios justo prueba los corazones y los riñones.10Mi escudo está en Dios, Que salva á los rectos de corazón.11Dios es el que juzga al justo: Y Dios está airado todos los días contra el impío.12Si no se convirtiere, él afilará su espada: Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.13Asimismo ha aparejado para él armas de muerte; Ha labrado sus saetas para los que persiguen.14He aquí ha tenido parto de iniquidad: Concibió trabajo, y parió mentira.15Pozo ha cavado, y ahondádolo; Y en la fosa que hizo caerá.16Su trabajo se tornará sobre su cabeza, Y su agravio descenderá sobre su mollera.17Alabaré yo á Jehová conforme á su justicia, Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo.

Para comprender los salmos —y en particular para no asombrarnos de ciertas palabras severas en cuanto a los malvados— hay una cosa que nunca debemos perder de vista: los creyentes que se expresan así no forman parte de la Iglesia. Los salmos se aplican expresamente al período que seguirá al arrebatamiento de aquélla. Ciertamente podemos apropiarnos de muchos preciosos versículos; por ejemplo: de todos aquellos que expresan la confianza (v. 1), el sufrimiento ante la injusticia (v. 9), la alabanza (v. 17) y muchos otros sentimientos más. Pero no estamos en el tiempo de apelar al juicio de Dios, como sucede en los salmos (v. 6). Nuestra oración de cristianos no es: “¡Castígalos, oh Dios!” (Salmo 5:10); sino que en la escuela de nuestro divino Modelo aprendamos a decir: “Padre, perdónalos…” (Lucas 23:34). En cambio, cuando el tiempo de la gracia haya terminado y el Anticristo oprima al débil remanente fiel, orar por la destrucción de los malvados será según el pensamiento de Dios (Lucas 18:7), pues sólo así, y después del juicio de los impíos, se establecerá el reino terrenal del Hijo del hombre, del cual nos va a hablar el salmo 8.

Salmo 8
1Al Músico principal: sobre Gittith: Salmo de David. OH Jehová, Señor nuestro, ­Cuán grande es tu nombre en toda la tierra, Que has puesto tu gloria sobre los cielos!2De la boca de los chiquitos y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer cesar al enemigo, y al que se venga.3Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste:4Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, que lo visites?5Pues le has hecho poco menor que los ángeles, Y coronástelo de gloria y de lustre.6Hicístelo enseñorear de las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies:7Ovejas, y bueyes, todo ello; Y asimismo las bestias del campo,8Las aves de los cielos, y los peces de la mar; Todo cuanto pasa por los senderos de la mar.9Oh Jehová, Señor nuestro, ­Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

Este salmo comienza por establecer la pequeñez del hombre frente a la creación, sensación que cada uno de nosotros ha podido experimentar al contemplar, por ejemplo, ¡la prodigiosa inmensidad de un cielo estrellado! “¿Qué es el hombre?”. Enseguida, restablecidos en nuestra humilde posición, aprendemos que, no obstante, Dios tiene dispuestas cosas magníficas y gloriosas para el hombre y por medio del hombre. Pero ¿cómo realizarlas con un ser pecador y mortal? Es imposible coronar de gloria y de honra a una criatura hundida en la miseria y en la corrupción. Entonces, lo que Dios no pudo hacer para el primer Adán ni por medio de él, lo cumplió en Cristo, el segundo hombre. Así el mismo Creador revistió el cuerpo que él había creado.

“Le hiciste un poco menor que los ángeles”. El pasaje de Hebreos 2:6-9 que cita y complementa nuestros versículos 4 a 6, da el motivo insondable de ese acto: la muerte que Él debió padecer. Y bajo esta humana condición el Hijo ha recibido la dominación universal. En Él el hombre encuentra más de lo que Adán había perdido (v. 5-8; 1 Corintios 15:27…). Coronado de gloria y de honra, Cristo, hombre resucitado, introducirá con Él otros hombres en el cielo y les hará participar de su gloria.

Salmo 9
1Al Músico principal: sobre Muth-labben: Salmo de David. TE alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas.2Alegraréme y regocijaréme en ti: Cantaré á tu nombre, oh Altísimo;3Por haber sido mis enemigos vueltos atrás: Caerán y perecerán delante de ti.4Porque has hecho mi juicio y mi causa: Sentástete en silla juzgando justicia.5Reprendiste gentes, destruiste al malo, Raíste el nombre de ellos para siempre jamás.6Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos; Y las ciudades que derribaste, Su memoria pereció con ellas.7Mas Jehová permanecerá para siempre: Dispuesto ha su trono para juicio.8Y él juzgará el mundo con justicia; Y juzgará los pueblos con rectitud.9Y será Jehová refugio al pobre, Refugio para el tiempo de angustia.10Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste á los que te buscaron.11Cantad á Jehová, que habita en Sión: Noticiad en los pueblos sus obras.12Porque demandando la sangre se acordó de ellos: No se olvidó del clamor de los pobres.13Ten misericordia de mí, Jehová: Mira mi aflicción que padezco de los que me aborrecen, Tú que me levantas de las puertas de la muerte;14Porque cuente yo todas tus alabanzas En las puertas de la hija de Sión, Y me goce en tu salud.15Hundiéronse las gentes en la fosa que hicieron; En la red que escondieron fué tomado su pie.16Jehová fué conocido en el juicio que hizo; En la obra de sus manos fué enlazado el malo. (Higaion. Selah.)17Los malos serán trasladados al infierno, Todas las gentes que se olvidan de Dios.18Porque no para siempre será olvidado el pobre; Ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.19Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; Sean juzgadas las gentes delante de ti.20Pon, oh Jehová, temor en ellos: Conozcan las gentes que son no más que hombres. (Selah.)

Bajo su aspecto profético, los salmos 9 y 10 están estrechamente unidos. El salmo 9 pone en escena al enemigo de fuera: las naciones coligadas contra Israel; el salmo 10 introduce al enemigo interior: los opresores impíos persiguiendo al remanente fiel. Las astucias de los malos existen durante un tiempo limitado. El nombre de ellos será borrado para siempre (v. 5); el asolamiento que ellos producían se terminará para siempre (v. 6) y la esperanza de los menesterosos no perecerá para siempre (v. 18). Efectivamente, también para siempre Jehová está sentado; “ha dispuesto su trono para juicio” (v. 7; Salmo 58:11). Entonces pedirá cuenta de la sangre y de las lágrimas de los fieles, derramadas en todas las dispensaciones. Vengará al oprimido (v. 9) y a los afligidos cuyo grito no habrá olvidado (v. 12). Pero el principal cargo de acusación levantado contra la humanidad e indicado en el título del Salmo, es la muerte del Hijo de Dios (Mut-labén): ultraje hecho a Dios por el mundo al crucificar a su Amado. Un castigo terrible espera a la raza de esos homicidas.

En la parábola de las ovejas y los cabritos (Mateo 25:31) el Señor Jesús describe el juicio de las naciones al amanecer de su Reinado y anuncia que cada uno será juzgado respecto a su actitud hacia Él.

Salmo 10
1¿POR qué estás lejos, oh Jehová, Y te escondes en el tiempo de la tribulación?2Con arrogancia el malo persigue al pobre: Serán cogidos en los artificios que han ideado.3Por cuanto se alaba el malo del deseo de su alma, Y bendice al codicioso ó quien Jehová aborrece.4El malo, por la altivez de su rostro, no busca á Dios: No hay Dios en todos sus pensamientos.5Sus caminos son viciosos en todo tiempo: Tus juicios los tiene muy lejos de su vista: Echa bocanadas en orden á todos sus enemigos.6Dice en su corazón: No seré movido en ningún tiempo, Ni jamás me alcanzará el infortunio.7Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude: Debajo de su lengua, vejación y maldad.8Está en las guaridas de las aldeas: En los escondrijos mata al inocente: Sus ojos están acechando al pobre.9Acecha en oculto, como el león desde su cama: Acecha para arrebatar al pobre: Arrebata al pobre trayéndolo á su red.10Encógese, agáchase, Y caen en sus fuerzas muchos desdichados.11Dice en su corazón: Dios está olvidado, Ha encubierto su rostro; nunca lo verá.12Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano, No te olvides de los pobres.13¿Por qué irrita el malo á Dios? En su corazón ha dicho que no lo inquirirás.14Tú lo tienes visto: porque tú miras el trabajo, y la vejación, para vengar le por tu mano: A ti se acoge el pobre, Tú eres el amparo del huérfano.15Quebranta el brazo del malo: Del maligno buscarás su maldad, hasta que ninguna halles.16Jehová, Rey eterno y perpetuo: De su tierra fueron destruídas las gentes.17El deseo de los humildes oíste, oh Jehová: Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído;18Para juzgar al huérfano y al pobre, A fin de que no vuelva más á hacer violencia el hombre de la tierra.

Los “tiempos de tribulación” descritos en el salmo 9 (v. 9) y en el 10 (v. 1) serán aterradores. Codicias, orgullo, incredulidad, perfidia, violencia…, estos caracteres que existen en el mundo actual alcanzarán su plena medida cuando “Aquel que detiene” (el Espíritu Santo) esté lejos, en los días del Anticristo acerca del cual esos versículos nos ofrecen un siniestro cuadro (ver 2 Tesalonicenses 2:7-8). Pero, contrariamente a los pensamientos del malo, quien estima que Dios no “inquirirá” nada (v. 4, 13) de todo lo que él hace en secreto con astucia y malicia es descubierto. Y todo lo que él dice “en su corazón” (v. 6, 11, 13) es publicado por Aquel que sondea los corazones (Lucas 12:3). “No seré movido jamás” aquí es el lenguaje de la locura (v. 6), pero también puede ser el de la fe (Salmo 62:6). El pensamiento acerca de que Dios lo ve todo estimula al fiel puesto a prueba; el desdichado puede confiarse en Él (v. 14). Y el versículo 2 contiene otra verdad tranquilizadora: el malo será siempre atrapado en su propia red (comparar Salmo 7:15; 9:16).

El salmo 9 finaliza expresando el pensamiento de que las naciones “no son sino hombres”; el salmo 10 termina llamando al perseguidor: “el hombre de la tierra”. Creyentes, jamás olvidemos que nosotros somos del cielo y que, como consecuencia, estamos fuera del alcance del mundo y de su príncipe.

Salmo 11
1Al Músico principal: Salmo de David. EN Jehová he confiado; ¿Cómo decís á mi alma: Escapa al monte cual ave?2Porque he aquí, los malos flecharon el arco, Apercibieron sus saetas sobre la cuerda, Para asaetear en oculto á los rectos de corazón.3Si fueren destruídos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?4Jehová en el templo de su santidad: La silla de Jehová está en el cielo: Sus ojos ven, sus párpados examinan á los hijos de los hombres.5Jehová prueba al justo; Empero al malo y al que ama la violencia, su alma aborrece.6Sobre los malos lloverá lazos; Fuego y azufre, con vientos de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos.7Porque el justo Jehová ama la justicia: Al recto mirará su rostro.

Dios mantiene hoy autoridades en el mundo (gobiernos, magistrados, policía) las cuales están encargadas de asegurar el orden, la justicia y la paz. Pero, en el momento de “la gran tribulación”, todo lo que contribuye a la seguridad de los hombres (“los fundamentos”) será derribado. La pregunta del versículo 3 pondrá entonces a prueba a los justos. ¿Cederán a la tentación de huir, como el ave asustada vuela para escapar del peligro? No; su confianza no está puesta en un refugio terrenal (la montaña), sino en Aquel que es inmutable porque su trono está en los cielos (v. 4). Amigos ¿qué es de nuestra fe? Si el Señor tuviese que quitarnos nuestros principales puntos de apoyo aquí abajo —familia, amigos, salud, bienes materiales— ¿podría advertirse en quién hemos confiado?

Y si pensamos en los fundamentos de la verdad, comprobamos que están minados por todas partes en la cristiandad. ¿Qué debe hacer el justo? Separarse de todo lo que ataca y busca destruir los pilares de la verdad divina. La mirada de Dios sondea a los hijos de los hombres (v. 5; Salmo 7:9; ver por ejemplo: Lucas 7:39-40; 11:17; 22:61). Realidad turbadora e insoportable para «el malo» pero preciosa para «el justo», pues para su bien es así examinado (Salmo 139:23-24).

Salmo 12
1Al Músico principal: sobre Seminith: Salmo de David. SALVA, oh Jehová, porque se acabaron los misericordiosos: Porque se han acabado los fieles de entre los hijos de los hombres.2Mentira habla cada uno con su prójimo; Con labios lisonjeros, con corazón doble hablan.3Destruirá Jehová todos los labios lisonjeros, La lengua que habla grandezas,4Que dijeron: Por nuestra lengua prevaleceremos; Nuestros labios están con nosotros: ¿quién nos es señor?5Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, Ahora me levantaré, dice Jehová: Pondrélos en salvo del que contra ellos se engríe.6Las palabras de Jehová, palabras limpias; Plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.7Tú, Jehová, los guardarás; Guárdalos para siempre de aquesta generación.8Cercando andan los malos, Mientras son exaltados los más viles de los hijos de los hombres.

Este salmo expresa el sufrimiento de una alma agobiada por el sentimiento de la injusticia que la rodea. David, quien lo compuso, pudo experimentar personalmente ese pesar en muchas oportunidades. El doblez y el rencoroso odio de Saúl (1 Samuel 18:17… ), las cobardes intenciones de los habitantes de Keila (cap. 23:12), la doble traición de los de Zif (cap. 23:19; 26:1) y la más pérfida aún del edomita Doeg (cap. 22:9-10), la despreciativa ingratitud de Nabal (cap. 25:10-11), todo esto no podía dejar a David indiferente. Por cierto que cada vez pudo hacer también la experiencia de la preciosa previsión divina: “Pondré en salvo al que por ello suspira” (v.5; comparar Salmo 10:5).

Pero su propia medida de la verdad tampoco era perfecta (véase 1 Samuel 20:6; 21:2… ). En cambio, la santidad del Señor Jesús lo hacía enteramente sensible a la falsedad y al engaño de sus adversarios (de lo que Lucas 20:20 nos da un ejemplo). Un creyente, cuanto más se mantenga en la divina luz, tanto más sufrirá la corrupta atmósfera de este mundo. Entonces su penosa experiencia de la lengua mentirosa, lisonjera y jactanciosa de los hombres (v. 2, 3) le hará gustar, por contraste, la pureza y el valor práctico de las palabras de Dios (v. 6). “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17; Salmo 119:140).

Salmo 13
1Al Músico principal: Salmo de David. ¿HASTA cuándo, Jehová? ¿me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?2¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, Con ansiedad en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?3Mira, óyeme, Jehová Dios mío: Alumbra mis ojos, porque no duerma en muerte;4Porque no diga mi enemigo, Vencílo: Mis enemigos se alegrarán, si yo resbalare.5Mas yo en tu misericordia he confiado: Alegraráse mi corazón en tu salud.6Cantaré á Jehová, Porque me ha hecho bien.

Acerca de la tribulación que atravesará el remanente de Judá durante los tiempos apocalípticos, el Señor declara que no hubo ninguna semejante desde el principio de la creación… y que no la habrá jamás. Podemos entonces comprender ese angustioso grito: “¿Hasta cuándo?” repetido cuatro veces en este salmo y varias veces más en otros. Además agrega que, por causa de los escogidos, Dios “acortó aquellos días” (Marcos 13:20; Romanos 9:28).

Aunque el creyente nunca llegue a conocer semejante angustia según la promesa del Señor (Apocalipsis 3:10), durante un tiempo más o menos largo puede sentirse desalentado y pensar que Dios le olvida o que deliberadamente esconde su faz de él (v. 1). Tal vez lo hemos experimentado. ¿Cómo salir entonces de ese oscuro túnel? Primeramente, dejemos de atormentarnos y de consultar con tristeza a nuestro propio corazón (v. 2); no nos dará ninguna respuesta, sino más bien fatiga y angustia (1Samuel 27:1). Luego apresurémonos a recordar esa triunfante exclamación: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución?… ” (Romanos 8:35). El recuerdo de su misericordia y de su salvación es el secreto que volverá a alentar nuestra confianza y nuestro gozo (v.5).

Salmo 14, Salmo 15
1Al Músico principal: Salmo de David. DIJO el necio en su corazón: No hay Dios. Corrompiéronse, hicieron obras abominables; No hay quien haga bien.2Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Por ver si había algún entendido, Que buscara á Dios.3Todos declinaron, juntamente se han corrompido: No hay quien haga bien, no hay ni siquiera uno.4¿No tendrán conocimiento todos los que obran iniquidad, Que devoran á mi pueblo como si pan comiesen, Y á Jehová no invocaron?5Allí temblaron de espanto; Porque Dios está con la nación de los justos.6El consejo del pobre habéis escarnecido, Por cuanto Jehová es su esperanza.7Quién diese de Sión la salud de Israel! En tornando Jehová la cautividad de su pueblo, Se gozará Jacob, y alegraráse Israel.
1Salmo de David. JEHOVA, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en el monte de tu santidad?2El que anda en integridad, y obra justicia, Y habla verdad en su corazón.3El que no detrae con su lengua, Ni hace mal á su prójimo, Ni contra su prójimo acoge oprobio alguno.4Aquel á cuyos ojos es menospreciado el vil; Mas honra á los que temen á Jehová: Y habiendo jurado en daño suyo, no por eso muda.5Quien su dinero no dió á usura, Ni contra el inocente tomó cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará para siempre.

Verdaderamente insensato es el que, pese a todos los testimonios que Dios ha dado acerca de su poder y de su amor, cierra los ojos, endurece su corazón y declara: “No hay Dios” (v. 1; Salmo 10:4; Jeremías 5:12). Pero, si bien no todos los hombres son ateos, a todos, sin excepción, les falta la verdadera inteligencia, pues ninguno busca a ese Dios cuya existencia reconoce, salvo si deja que Él mismo obre en su corazón. No es brillante ese cuadro de la humanidad tal como Dios puede verla desde los cielos. Pero, no lo olvidemos, esa raza, rebelde y corrompida por naturaleza, es la mía y la suya.

Después de la triste comprobación del Salmo 14: “No hay quien haga lo bueno”, el Salmo 15 puede con razón hacer la pregunta: “¿Quién habitará en tu tabernáculo?”. El capítulo 3 de la epístola a los Romanos, el cual cita los versículos 1 a 3 del salmo 14, revela luego la maravillosa verdad que nos concierne: de entre estos hombres, a todos los cuales se los presenta como pecadores (v. 10-12), Dios justifica gratuitamente a todos los que creen en Él (v.22-26).

Los caracteres del israelita fiel son también los que la gracia debe producir en el cristiano: justicia y verdad en el andar, en los hechos y en las palabras; benevolencia para con el prójimo; apreciación del bien y del mal según la divina medida (leer Isaías 33:15-16).

Salmo 16
1Michtham de David. GUARDAME, oh Dios, porque en ti he confiado.2Dijiste, oh alma mía, á Jehová: Tú eres el Señor: Mi bien á ti no aprovecha;3Sino á los santos que están en la tierra, Y á los íntegros: toda mi afición en ellos.4Multiplicaránse los dolores de aquellos que sirven diligentes á otro dios: No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres.5Jehová es la porción de mi parte y de mi copa; Tú sustentarás mi suerte.6Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado.7Bendeciré á Jehová que me aconseja: Aun en las noches me enseñan mis riñones.8A Jehová he puesto siempre delante de mí: Porque está á mi diestra no seré conmovido.9Alegróse por tanto mi corazón, y se gozó mi gloria: También mi carne reposará segura.10Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; Ni permitirás que tu santo vea corrupción.11Me mostrarás la senda de la vida: Hartura de alegrías hay con tu rostro; Deleites en tu diestra para siempre.

Como lo demuestran las citas de los apóstoles en el libro de los Hechos (2:25 a 28 y 13:35), este salmo se aplica directamente al Hombre Cristo Jesús. De todos modos, ¿quién sino Él osaría declarar: “A Jehová he puesto siempre delante de mí”? (v. 8). Aquí le contemplamos no como Salvador (lo encontraremos como tal en el Salmo 22) sino como Modelo, no como el Hijo de Dios, sino como el Hombre de fe por excelencia. Como Hijo de Dios, no necesita ser guardado (v. 1) y su bondad se confunde con la de Dios mismo (v. 2; véase Marcos 10:18).

Pero la confianza, la dependencia, la paciencia, la fe, en fin, todos los sentimientos que vemos brillar en ese salmo respecto de un Dios conocido y honrado, son sentimientos humanos. Para manifestarlos con perfección, Cristo vino a vivir a la tierra (y ¡en qué condiciones!) la vida de un hombre… pero ¡de un hombre sin pecado! Le vemos sumiso a Dios su Señor (v. 2); gozándose en los creyentes (v. 3); en la posición que el Padre le ha reservado (v. 5; Hebreos 12:2); y finalmente en Jehová, el Eterno (v. 8, 9, 11). Muestra su confianza hasta cuando llega la misma muerte (v. 10). ¡Maravillosa senda que hizo las delicias de su Dios! Senda que Él trazó para que sigamos sus huellas.

Salmo 17
1Oración de David. OYE, oh Jehová, justicia; está atento á mi clamor; Escucha mi oración hecha sin labios de engaño.2De delante de tu rostro salga mi juicio; Vean tus ojos la rectitud.3Tú has probado mi corazón, hasme visitado de noche; Me has apurado, y nada inicuo hallaste: Heme propuesto que mi boca no ha de propasarse.4Para las obras humanas, por la palabra de tus labios Yo me he guardado de las vías del destructor.5Sustenta mis pasos en tus caminos, Porque mis pies no resbalen.6Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios: Inclina á mí tu oído, escucha mi palabra.7Muestra tus estupendas misericordias, tú que salvas á los que en ti confían. De los que se levantan contra tu diestra.8Guárdame como lo negro de la niñeta del ojo, Escóndeme con la sombra de tus alas,9De delante de los malos que me oprimen, De mis enemigos que me cercan por la vida.10Cerrados están con su grosura; Con su boca hablan soberbiamente.11Nuestros pasos nos han cercado ahora: Puestos tienen sus ojos para echar nos por tierra.12Parecen al león que desea hacer presa, Y al leoncillo que está escondido.13Levántate, oh Jehová; Prevén su encuentro, póstrale: Libra mi alma del malo con tu espada;14De los hombres con tu mano, oh Jehová, De los hombres de mundo, cuya parte es en esta vida, Y cuyo vientre hinches de tu tesoro: Hartan sus hijos, Y dejan el resto á sus chiquitos.15Yo en justicia veré tu rostro: Seré saciado cuando despertare á tu semejanza.

En el salmo 16 hemos admirado la confianza del Hombre perfecto. En el 17 tenemos su justicia ante nosotros. Pero está también, y primeramente, ante Dios, quien encuentra en ella entera satisfacción. Los hombres sólo pueden ver el andar de una persona; Dios ve más lejos y mira los motivos que rigen ese andar. El Salmo 11 (v. 5) nos enseñó que “Jehová prueba al justo”. Y éste es el resultado de ese exhaustivo examen del corazón de Jesús: “Tú has probado mi corazón… me has puesto a prueba y nada inicuo hallaste. He resuelto que mi boca no haga transgresión” (v. 3; comparar Juan 8:25). ¡Qué maravilloso modelo! Procuremos que nuestros pensamientos estén siempre en perfecto acuerdo con nuestras palabras y recíprocamente.

Por otra parte, aprendamos a conocer y a emplear la Palabra de Dios como Jesús lo hizo. Se sirvió de ella para defenderse del hombre violento, del mismo Satanás cuando éste le tentó en el desierto (v. 4; Mateo 4:1-10).

Los versículos 14 y 15 subrayan el contraste entre los hombres de este mundo —“cuya porción la tienen en esta vida”— y el justo (Cristo, pero también el creyente) cuya porción es celestial (Salmo 16:5). Mientras padece ahora por la justicia, piensa en la resurrección y en el Objeto de sus afectos: “Veré tu rostro” (v. 15; comparar Salmo 16:11).

Salmo 18:1-29
1Al Músico principal: Salmo de David, siervo de Jehová, el cual profirió á Jehová las palabras de este cántico el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo: AMARTE he, oh Jehová, fortaleza mía.2Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fuerte mío, en él confiaré; Escudo mío, y el cuerno de mi salud, mi refugio.3Invocaré á Jehová, digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.4Cercáronme dolores de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron.5Dolores del sepulcro me rodearon, Previniéronme lazos de muerte.6En mi angustia invoqué á Jehová, Y clamé á mi Dios: El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, á sus oídos.7Y la tierra fué conmovida y tembló; Y moviéronse los fundamentos de los montes, Y se estremecieron, porque se indignó él.8Humo subió de su nariz, Y de su boca consumidor fuego; Carbones fueron por él encendidos.9Y bajó los cielos, y descendió; Y oscuridad debajo de sus pies.10Y cabalgó sobre un querubín, y voló: Voló sobre las alas del viento.11Puso tinieblas por escondedero suyo, su pabellón en derredor de sí; Oscuridad de aguas, nubes de los cielos.12Por el resplandor delante de él, sus nubes pasaron; Granizo y carbones ardientes.13Y tronó en los cielos Jehová, Y el Altísimo dió su voz; Granizo y carbones de fuego.14Y envió sus saetas, y desbaratólos; Y echó relámpagos, y los destruyó.15Y aparecieron las honduras de las aguas, Y descubriéronse los cimientos del mundo, A tu reprensión, oh Jehová, Por el soplo del viento de tu nariz.16Envió desde lo alto; tomóme, Sácome de las muchas aguas.17Libróme de mi poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían, aunque eran ellos más fuertes que yo.18Asaltáronme en el día de mi quebranto: Mas Jehová fué mi apoyo.19Y sacóme á anchura: Libróme, porque se agradó de mí.20Hame pagado Jehová conforme á mi justicia: Conforme á la limpieza de mis manos me ha vuelto.21Porque yo he guardado los caminos de Jehová, Y no me aparté impíamente de mi Dios.22Pues todos sus juicios estuvieron delante de mí, Y no eché de mí sus estatutos.23Y fuí integro para con él, y cauteléme de mi maldad.24Pagóme pues Jehová conforme á mi justicia; Conforme á la limpieza de mis manos delante de sus ojos.25Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, Y recto para con el hombre íntegro.26Limpio te mostrarás para con el limpio, Y severo serás para con el perverso.27Y tú salvarás al pueblo humilde, Y humillarás los ojos altivos.28Tú pues alumbrarás mi lámpara: Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas.29Porque contigo desharé ejércitos; Y con mi Dios asaltaré muros.

Este salmo constituye una gran profecía que abarca la muerte, la resurrección, la exaltación, la victoria final y la realeza del Mesías. Los tres primeros versículos proporcionan el tema que a continuación será desarrollado largamente, a saber, cómo ha sido liberado “el siervo de Jehová”. El Señor Jesús nos enseña, por su propia experiencia, lo que es Dios para aquel que confía en Él. “La supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” ha sido demostrada en la resurrección de Cristo, su ascensión, el lugar que le es dado por encima de todos sus enemigos (leer Efesios 1:19-21).

Lo que Dios ha sido para Jesús en la hora de su desamparo (v. 6), de su calamidad (v. 18), lo es también para nosotros; y las pruebas que atravesamos son otras tantas ocasiones de conocerlo de una nueva manera. ¿Estoy cansado, languideciente? Él es mi fuerza. ¿Mi fe está vacilante? Él es mi roca. ¿Aparece un peligro? Él es mi fortaleza, el alto refugio donde encuentro segura protección (Salmo 9:9). ¿Estoy combatiendo contra el enemigo? Él es el escudo que me protege de los golpes de este último. Para Jesús, esta liberación era la consecuencia de su justicia (v. 19, 24), mientras que para nosotros ella nos está asegurada a causa de nuestra relación con Él.

Salmo 18:30-50
30Dios, perfecto su camino: Es acendrada la palabra de Jehová: Escudo es á todos los que en él esperan.31Porque ¿qué Dios hay fuera de Jehová? ¿Y qué fuerte fuera de nuestro Dios?32Dios es el que me ciñe de fuerza, E hizo perfecto mi camino;33Quien pone mis pies como pies de ciervas, E hízome estar sobre mis alturas;34Quien enseña mis manos para la batalla, Y será quebrado con mis brazos el arco de acero.35Dísteme asimismo el escudo de tu salud: Y tu diestra me sustentó, Y tu benignidad me ha acrecentado.36Ensanchaste mis pasos debajo de mí, Y no titubearon mis rodillas.37Perseguido he mis enemigos, y alcancélos, Y no volví hasta acabarlos.38Helos herido, y no podrán levantarse: Cayeron debajo de mis pies.39Pues me ceñiste de fortaleza para la pelea; Has agobiado mis enemigos debajo de mí.40Y dísteme la cerviz de mis enemigos, Y destruí á los que me aborrecían.41Clamaron, y no hubo quien salvase: Aun á Jehová, mas no los oyó.42Y molílos como polvo delante del viento; Esparcílos como lodo de las calles.43Librásteme de contiendas de pueblo: Pusísteme por cabecera de gentes: Pueblo que yo no conocía, me sirvió.44Así que hubo oído, me obedeció; Los hijos de extraños me mintieron;45Los extraños flaquearon, Y tuvieron miedo desde sus encerramientos.46Viva Jehová, y sea bendita mi roca; Y ensalzado sea el Dios de mi salud:47El Dios que me da las venganzas, Y sujetó pueblos á mí.48Mi libertador de mis enemigos: Hicísteme también superior de mis adversarios; Librásteme de varón violento.49Por tanto yo te confesaré entre las gentes, oh Jehová, Y cantaré á tu nombre.50El cual engrandece las saludes de su rey, Y hace misericordia á su ungido, A David y á su simiente, para siempre.

El Señor Jesús se complace en hacernos conocer a su Dios, cuyo camino es perfecto y cuya palabra es acrisolada (v. 30; Proverbios 30:5). En la primera parte del Salmo nos enseña a invocarle en nuestras aflicciones. Aquí nos enseña a apoyarnos en Él para andar (v. 33, 36) y para combatir (v. 34, 35, 39).

¿Sabemos por experiencia lo que es “estar firmes sobre nuestras alturas”? (Habacuc 3:19). Desde un punto dominante se goza de un panorama vasto y lejano (véase Isaías 33:17). Consideremos el que se nos ofrece al terminar este salmo. Las miradas se dirigen hacia el porvenir, hacia el momento en que Dios destruirá a todos los enemigos de su Hijo. En el horizonte vemos despuntar la aurora de su reinado. Será establecido no sólo como Rey sobre su pueblo Israel sino también como jefe de las naciones. Con los ojos de nuestra alma contemplamos a ese gran Rey de reyes reinando con poder sobre todo el universo y quebrando con su sola presencia todas las cadenas. Era necesario para la gloria de Dios que las naciones lo alabasen, y todas lo harán durante el reinado. En verdad, desde ahora podemos cantar himnos a la gloria de su nombre (v. 49 citado en Romanos 15:9). ¡No lo frustremos!

Salmo 19
1Al Músico principal: Salmo de David. LOS cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos.2El un día emite palabra al otro día, Y la una noche á la otra noche declara sabiduría.3No hay dicho, ni palabras, Ni es oída su voz.4Por toda la tierra salió su hilo, Y al cabo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol.5Y él, como un novio que sale de su tálamo, Alégrase cual gigante para correr el camino.6Del un cabo de los cielos es su salida, Y su giro hasta la extremidad de ellos: Y no hay quien se esconda de su calor.7La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma: El testimonio de Jehová, fiel, que hace sabio al pequeño.8Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón: El precepto de Jehová, puro, que alumbra los ojos.9El temor de Jehová, limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.10Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.11Tu siervo es además amonestado con ellos: En guardarlos hay grande galardón.12Los errores, ¿quién los entenderá? Líbrame de los que me son ocultos.13Detén asimismo á tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí: Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.14Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío

Dios se ha revelado sucesivamente a través de un doble testimonio: el primero es el de su creación (v. 1-6), lenguaje silencioso pero sumamente elocuente que da a conocer hasta los términos de la tierra su poder y su sabiduría (Hechos 14:17). Pensemos en la necesaria alternancia de los días y las noches. El regular y bienhechor curso del sol que reparte a todos su luz y su calor es una constante prueba de la bondad de Dios hacia todas sus criaturas (Salmo 136:8; Mateo 5:45).

El segundo testimonio es el de la Palabra (v. 7-11). Santa, justa, buena y espiritual, aun cuando sólo se trataba de la ley dada a Israel (Romanos 7:12, 14). ¡Cuánto más preciosa lo es ahora que la tenemos completa! Esta excelente Palabra instruye al siervo (v. 11) y alcanza su conciencia (la cual constituye en el interior de todo hombre un tercer testimonio). Saca a la luz tanto sus ocultas faltas (cometidas por error: v. 12) como sus pecados voluntarios: la propia voluntad, fruto de la altivez y del orgullo (ver esta distinción en el libro de los Números 15:27-30). Al principio de la epístola a los Romanos, el mismo triple testimonio de la creación (cap. 1:20), de la conciencia (cap. 2:15) y de la ley (cap. 2:17) está puesto ante el hombre para poner en evidencia su estado y conducirlo a la salvación.

Salmo 20
1Al Músico principal: Salmo de David. OIGATE Jehová en el día de conflicto; Defiéndate el nombre del Dios de Jacob.2Envíete ayuda desde el santuario, Y desde Sión te sostenga.3Haga memoria de todos tus presentes, Y reduzca á ceniza tu holocausto. (Selah.)4Déte conforme á tu corazón, Y cumpla todo tu consejo.5Nosotros nos alegraremos por tu salud, Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios: Cumpla Jehová todas tus peticiones.6Ahora echo de ver que Jehová guarda á su ungido: Oirálo desde los cielos de su santidad, Con la fuerza de la salvación de su diestra.7Estos confían en carros, y aquéllos en caballos: Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.8Ellos arrodillaron, y cayeron; Mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos.9Salva, Jehová: Que el Rey nos oiga el día que lo invocáremos.

Dios ha dado al mundo más que los testimonios mencionados en el salmo 19: un Testigo vivo, Jesucristo. El versículo 3 del salmo 16 nos mostró el Hombre perfecto que hallaba sus delicias en los creyentes, esos “santos” e “íntegros” de la tierra. En cambio, en este salmo 20 vemos a Cristo como centro de los intereses y de los afectos de sus redimidos.

A Éste que deberá proclamar en la cruz: “Clamo de día, y no respondes” (Salmo 22:2), le dicen: “Jehová te oiga… Conceda Jehová todas tus peticiones” (v. 1-5). Además, viene la certidumbre de la fe: “Lo oirá…” (v. 6), a la cual corresponde el grito de liberación del salmo 22:21: “Ya me has oído…” (V.M.). Solamente después los fieles interceden por ellos mismos: “Que el Rey nos oiga” (v. 9). Ojalá pudiésemos también nosotros experimentar mejor lo que fue para Jesús su abandono y su liberación y las gloriosas consecuencias que resultaron para nosotros.

“Éstos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria” (v. 7). El hombre moderno pone más que nunca su vanidad en los potentes y rápidos medios de locomoción como también en otras muchas cosas. Pero la gloria del cristiano es pertenecer a Cristo y llevar su bello nombre (Santiago 2:7).

Salmo 21
1Al Músico principal: Salmo de David. ALEGRARASE el rey en tu fortaleza, oh Jehová; Y en tu salud se gozará mucho.2El deseo de su corazón le diste, Y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. (Selah.)3Pues le has salido al encuentro con bendiciones de bien: Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.4Vida te demandó, y dístele Largura de días por siglos y siglos.5Grande es su gloria en tu salud: Honra y majestad has puesto sobre él.6Porque lo has bendecido para siempre; Llenástelo de alegría con tu rostro.7Por cuanto el rey confía en Jehová, Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido.8Alcanzará tu mano á todos tus enemigos; Tu diestra alcanzará á los que te aborrecen.9Ponerlos has como horno de fuego en el tiempo de tu ira: Jehová los deshará en su furor, Y fuego los consumirá.10Su fruto destruirás de la tierra, Y su simiente de entre los hijos de los hombres.11Porque trazaron el mal contra ti: Fraguaron maquinaciones, mas no prevalecerán.12Pues tú los pondrás en fuga, Cuando aparejares en tus cuerdas las saetas contra sus rostros.13Ensálzate, oh Jehová, con tu fortaleza: Cantaremos y alabaremos tu poderío.

En el salmo 20 los fieles se habían dirigido a su Rey. Ahora hablan al Dios de ese Rey (v. 1-7). ¡Tema que agrada al corazón de Dios! No olvidemos que el objeto principal del culto cristiano es presentar al Padre a Éste que le es infinitamente agradable: su Hijo Jesucristo.

Las “bendiciones de bien” que son ahora suyas se ponen de relieve en contraste con los sufrimientos y los ultrajes que fueron su parte. Así es cómo a la corona de espinas le corresponde una corona de oro fino; al reparto de sus vestidos, la majestad y la honra con que Dios le viste (Salmo 45:6-8); al oprobio de la cruz, le sucede la gloria de su resurrección (v. 4). El que fue hecho maldición por nosotros, está puesto para bendición por los siglos. Aquel de quien Dios escondió su rostro durante un momento, lleno de alegría está en Su presencia (v. 6). Entonces surge la pregunta de por qué el Espíritu no invirtió el orden de los salmos 21 y 22. ¿No es precisamente porque Dios “ha salido al encuentro” de su Hijo con esas bendiciones ya preparadas para él y se las dio de antemano? (comparar Juan 17:4-5). Y también porque no quiere que nos acerquemos al solemne tema del desamparo de su Amado en el salmo 22 sin previamente habernos dado a conocer sus glorias.

Salmo 22:1-21
1Al Músico principal, sobre Ajeleth-sahar Salmo de David. DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? ¿Por qué estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor?2Dios mío, clamo de día, y no oyes; Y de noche, y no hay para mí silencio.3Tú empero eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.4En ti esperaron nuestros padres: Esperaron, y tú los libraste.5Clamaron á ti, y fueron librados: Esperaron en ti, y no se avergonzaron.6Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y desecho del pueblo.7Todos los que me ven, escarnecen de mí; Estiran los labios, menean la cabeza, diciendo:8Remítese á Jehová, líbrelo; Sálvele, puesto que en él se complacía.9Empero tú eres el que me sacó del vientre, El que me haces esperar desde que estaba á los pechos de mi madre.10Sobre ti fuí echado desde la matriz: Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.11No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; Porque no hay quien ayude.12Hanme rodeado muchos toros; Fuertes toros de Basán me han cercado.13Abrieron sobre mí su boca, Como león rapante y rugiente.14Heme escurrido como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron: Mi corazón fué como cera, Desliéndose en medio de mis entrañas.15Secóse como un tiesto mi vigor, Y mi lengua se pegó á mi paladar; Y me has puesto en el polvo de la muerte.16Porque perros me han rodeado, Hame cercado cuadrilla de malignos: Horadaron mis manos y mis pies.17Contar puedo todos mis huesos; Ellos miran, considéranme.18Partieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.19Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate para mi ayuda.20Libra de la espada mi alma; Del poder del perro mi única.21Sálvame de la boca del león, Y óyeme librándome de los cuernos de los unicornios.

Más que ante ninguna otra porción de las Escrituras, es menester acercarse a ésta con “los pies descalzos”, pues contiene el más insondable de los temas: los sentimientos y las oraciones de Cristo durante las horas de la cruz. Primeramente expuesto a la maldad de los hombres, sufriendo por la justicia, Él conoce luego, durante tres horas de impenetrables tinieblas, el desamparo de su Dios Fuerte. Completamente solo, el Hombre perfecto atraviesa esa sin igual prueba con el único sostén interior de su maravilloso amor. No cesa, ni por un instante, de confiar en Aquel que por un momento no le puede dar ninguna respuesta. Proclama públicamente su oprobio y su flaqueza (v. 1, 2, 6), pero sin nada que se parezca a la impaciencia, a la desesperación, ni a una reacción defensiva.

En la cruz el hombre se reveló por entero, mostró hasta dónde era capaz de llegar en su odio, su violencia, su cinismo, su bajeza moral (v. 6-8; 12, 13; 16-18). Pero, en el mismo momento, también Dios reveló todo lo que él es como expresión de justicia perfecta contra el pecado y de amor perfecto hacia el pecador. La cruz lo magnificó todo. ¡Ojalá que esta contemplación de Jesús muriendo por nosotros produzca en nuestras almas humillación y agradecimiento, amor y santo recogimiento!

Salmo 22:22-31
22Anunciaré tu nombre á mis hermanos: En medio de la congregación te alabaré.23Los que teméis á Jehová, alabadle; Glorificadle, simiente toda de Jacob; Y temed de él, vosotros, simiente toda de Israel.24Porque no menospreció ni abominó la aflicción del pobre, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó á él, oyóle.25De ti será mi alabanza en la grande congregación; Mis votos pagaré delante de los que le temen.26Comerán los pobres, y serán saciados: Alabarán á Jehová los que le buscan: Vivirá vuestro corazón para siempre.27Acordarse han, y volveránse á Jehová todos los términos de la tierra; Y se humillarán delante de ti todas las familias de las gentes.28Porque de Jehová es el reino; Y él se enseñoreará de las gentes.29Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra: Postraránse delante de él todos los que descienden al polvo, Si bien ninguno puede conservar la vida á su propia alma.30La posteridad le servirá; Será ella contada por una generación de Jehová.31Vendrán, y anunciarán al pueblo que naciere, Su justicia que él hizo.

Desde el versículo 22, la respuesta llega al que está entre “los cuernos de los búfalos”. Es la resurrección y, al mismo tiempo, el gozo de la comunión reanudada. En su amor, Cristo tiene prisa por compartir ese gozo; su primer pensamiento es el de dar a conocer a “sus hermanos” la nueva relación en que su obra los ha colocado y, para ello, hablarles de su Padre, quien viene a ser el Padre de ellos, y de su Dios quien viene a ser el Dios de ellos (v. 22; Juan 20:17).

En contraste con los otros salmos que hablan de los sufrimientos de Cristo, en éste no es cuestión de juicio. Jesús lleva los pecados y, en consecuencia, todo es gracia y bendición. Bendición para la Asamblea (constituida al principio por los discípulos judíos; razón por la cual el versículo 22 está citado en la epístola a los Hebreos 2:12); para el Israel restaurado, llamado en el versículo 25: “la gran congregación”; para “todas las familias de las naciones” durante el reinado milenial (v. 27-28); finalmente para todos los que nazcan durante ese glorioso reinado.

Como las ondas que van haciéndose más grandes a medida que se alejan del centro en que se han originado, así las maravillosas consecuencias de la obra de la cruz se extienden a toda la creación. Y comprendemos un poquito por qué Jesús fue desamparado (compárese v. 1).

Salmo 23
1Salmo de David. JEHOVA es mi pastor; nada me faltará.2En lugares de delicados pastos me hará yacer: Junto á aguas de reposo me pastoreará.3Confortará mi alma; Guiárame por sendas de justicia por amor de su nombre.4Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.5Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: Ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando.6Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

El buen Pastor ha dado su vida por las ovejas (Salmo 22; Juan 10:11). Ahora, él va delante de ellas. Las apacienta con ternura; nada les falta, puesto que él está ahí, responsabilizándose por ellas. Las ovejas, esas criaturas débiles y dependientes que nos representan, experimentan cada día los cuidados del pastor (Isaías 40:11; 49:10). Lo demuestra el simple reconocimiento: nada me ha faltado (Lucas 22:35), pero la fe afirma: nada me faltará (al menos nada necesario para mi alma, pues ella es confortada —v. 3).

El Señor Jesús me pastorea junto a aguas de reposo, pero también me guía por sendas de justicia; lo debe hacer por amor de su nombre.

A partir del versículo 4, la oveja se dirige a él directamente: “Tú estarás conmigo”. Con esta compañía, incluso el valle de sombra de muerte ya no es temible. La vara y el cayado de ese buen Pastor me tranquiliza; él me protegerá, incluso de mis propios extravíos. Puedo, sin estar aterrorizado por la presencia de enemigos poderosos, sentarme a la mesa real donde mi lugar ha sido preparado. No para una invitación ocasional, sino todos los días de mi vida (comparar 2 Samuel 9:13). Y eso en la casa del Dios de bondad y de misericordia —mi Padre— donde yo habito por fe, esperando el momento de morar en realidad para siempre.

Salmo 24
1Salmo de David. DE Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.2Porque él la fundó sobre los mares, Y afirmóla sobre los ríos.3¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en el lugar de su santidad?4El limpio de manos, y puro de corazón: El que no ha elevado su alma á la vanidad, Ni jurado con engaño.5El recibirá bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salud.6Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. (Selah.)7Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria.8¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.9Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria.10¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria. (Selah.)

En el salmo 22 hallamos un Salvador. Es el pasado, la cruz en la que todo empieza. El salmo 23 corresponde al presente: hacemos la experiencia de lo que es un Pastor. Finalmente, el salmo 24 nos abre el porvenir: contemplamos ahí al Rey de gloria.

Todos estos salmos son de David, hombre que conoció el rechazo y el sufrimiento, pero que fue también pastor de Israel (2 Samuel 5:2) y glorioso rey en Sion. El salmo 24 empieza por la afirmación de los derechos de Jehová sobre la tierra. En ella fue erigida la cruz (Salmo 22). Actualmente es un valle sombrío (Salmo 23). Pero pronto Jehová establecerá su trono sobre ella. “El mundo y los que en él habitan” tendrán que reconocer a Éste a quien pertenecen y someterse a su dominación.

Algunos se decidirán bajo obligación, pero sometiéndose “con lisonjas serviles” (Hebreo: me mentirán; ver Salmo 66:3, V.M.), como lo anuncia el salmo 18:44. En lo que nos concierne, demos desde hoy al Señor Jesús la obediencia del amor. Para participar del Reino, los súbditos deben poseer determinados caracteres (v. 3-6). Jesús los promulgó desde el principio de su ministerio (comparar v. 4 con Mateo 5:8). Él era el Rey, el Mesías de Israel, pero su pueblo lo rechazó; por eso salió, llevando su cruz (Juan 19:5, 17). Contemplémoslo ahora entrando como el mismo Jehová, el Rey de gloria, en su reinado de bendición.

Salmo 25
1Salmo de David. A TI, oh Jehová, levantaré mi alma.2Dios mío, en ti confío; No sea yo avergonzado, No se alegren de mí mis enemigos.3Ciertamente ninguno de cuantos en ti esperan será confundido: Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.4Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas.5Encamíname en tu verdad, y enséñame; Porque tú eres el Dios de mi salud: En ti he esperado todo el día.6Acuérdate, oh Jehová, de tus conmiseraciones y de tus misericordias, Que son perpetuas.7De los pecados de mi mocedad, y de mis rebeliones, no te acuerdes; Conforme á tu misericordia acuérdate de mí, Por tu bondad, oh Jehová.8Bueno y recto es Jehová: Por tanto él enseñará á los pecadores el camino.9Encaminará á los humildes por el juicio, Y enseñará á los mansos su carrera.10Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios.11Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado; porque es grande.12¿Quién es el hombre que teme á Jehová? El le enseñará el camino que ha de escoger.13Su alma reposará en el bien, Y su simiente heredará la tierra.14El secreto de Jehová es para los que le temen; Y á ellos hará conocer su alianza.15Mis ojos están siempre hacia Jehová; Porque él sacará mis pies de la red.16Mírame, y ten misericordia de mí; Porque estoy solo y afligido.17Las angustias de mi corazón se han aumentado: Sácame de mis congojas.18Mira mi aflicción y mi trabajo: Y perdona todos mis pecados.19Mira mis enemigos, que se han multiplicado, Y con odio violento me aborrecen.20Guarda mi alma, y líbrame: No sea yo avergonzado, porque en ti confié.21Integridad y rectitud me guarden; Porque en ti he esperado.22Redime, oh Dios, á Israel De todas sus angustias.

Desde el salmo 16 hasta el 24 nos hemos dedicado especialmente a considerar a Cristo, el Mesías. El salmo 25 encabeza una nueva serie (la que se extiende hasta el salmo 39) en la que se trata del “remanente” o resto de Israel y del fiel en general. Este salmo contiene dos notables oraciones: la de los versículos 4 a 7 y la de los versículos 16 a 22. Tomemos especialmente en cuenta para nosotros los ruegos de los versículos 4 y 5: “Muéstrame … tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad” (comparar Salmo 43:3). Para el apóstol Juan había sido un objeto de gran gozo haber visto que los hijos de “la señora elegida” andaban en la verdad (2 Juan 4). Pero ¿cómo andar sin conocer el camino y las sendas? Dios los enseña; y en los versículos 8-10 y 12 se ve cómo el alma progresa en ellos. Sin embargo, se requiere una condición: el temor de Dios. Entonces “la comunión íntima de Jehová es con los que le temen” (v. 12, 14). Dicho de otro modo, Dios revela sus pensamientos y da a comprender su Palabra sólo a los que están dispuestos a someterse a ella. Sin duda, ésta es la razón por la cual hay mucha ignorancia en la cristiandad… y a menudo en nuestros propios espíritus.

Salmo 26
1Salmo de David. JUZGAME, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado: Confiado he asimismo en Jehová, no vacilaré.2Pruébame, oh Jehová, y sondéame: Examina mis riñones y mi corazón.3Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y en tu verdad ando.4No me he sentado con hombres de falsedad; Ni entré con los que andan encubiertamente.5Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté.6Lavaré en inocencia mis manos, Y andaré alrededor de tu altar, oh Jehová:7Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas.8Jehová, la habitación de tu casa he amado, Y el lugar del tabernáculo de tu gloria.9No juntes con los pecadores mi alma, Ni con los hombres de sangres mi vida:10En cuyas manos está el mal, Y su diestra está llena de sobornos.11Yo empero andaré en mi integridad: Redímeme, y ten misericordia de mí.12Mi pie ha estado en rectitud: En las congregaciones bendeciré á Jehová.

En el salmo 25 el fiel tenía pecados que confesar (v. 7, 11, 18). Y su oración era: “Encamíname en tu verdad”. Aquí el tono cambia. El creyente se presenta ante Dios con una buena conciencia (v. 1-2) y puede declarar: “Ando en tu verdad” (v. 3). Es uno de aquellos bienaventurados que, según el primer versículo del salmo 1, no se han asociado con los que obran mal (v. 4, 5). Una santa ocupación absorbe todos sus pensamientos: la de los versículos 6 y 7. Después de haberse lavado las manos en la fuente de bronce —dicho de otra manera, después de haberse juzgado— da la vuelta al altar, considerando bajo todos sus aspectos la obra de la cruz y a Aquel que fue el perfecto sacrificio. Abre entonces su boca en alabanza y cuenta “todas las maravillas” hechas por medio de la gracia (v. 7).

La vida cristiana no sólo consiste en apartarse de la iniquidad. El hijo de Dios que se ha purificado de vasos para deshonra encuentra a aquellos que, como él, invocan al Señor con corazón puro (2 Timoteo 2:21-22; V.M.). En este salmo, el fiel que aborreció “la reunión de los malignos” (v. 5) goza de la morada de la gloria de su Dios y bendice a Jehová “en las congregaciones” (v. 12). La presencia del Señor “donde están dos o tres congregados en su nombre” ¿no es un gozo para nuestro corazón? (Mateo 18:20).

Salmo 27
1Salmo de David. JEHOVA es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?2Cuando se allegaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.3Aunque se asiente campo contra mí, No temerá mi corazón: Aunque contra mí se levante guerra, Yo en esto confío.4Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.5Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Ocultaráme en lo reservado de su pabellón; Pondráme en alto sobre una roca.6Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en derredor de mí: Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: Cantaré y salmearé á Jehová.7Oye, oh Jehová, mi voz con que á ti clamo; Y ten misericordia de mí, respóndeme.8Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová.9No escondas tu rostro de mí, No apartes con ira á tu siervo: Mi ayuda has sido; No me dejes y no me desampares, Dios de mi salud.10Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá.11Enséñame, oh Jehová, tu camino, Y guíame por senda de rectitud, A causa de mis enemigos.12No me entregues á la voluntad de mis enemigos; Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.13Hubiera yo desmayado, si no creyese que tengo de ver la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes.14Aguarda á Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón: Sí, espera á Jehová.

En este salmo brilla toda la confianza que el creyente deposita en Aquel que es su salvación, su luz, la fortaleza de su vida (v. 1; comparar Salmo 18:27-29). La epístola a los Efesios lo confirma: Cristo es, a la vez, la luz y la fortaleza del creyente (cap. 5:14; 6:10). ¿Quién como el Señor Jesús tuvo esa confianza en Dios? Así como el salmo 22 es el de la cruz, a éste se le ha llamado «el salmo de Getsemaní». El versículo 2 evoca de un modo asombroso esa turba armada con espadas y palos que avanza, conducida por Judas, para prender al Señor de gloria. Al oír tan sólo sus palabras: “Yo soy” retroceden y caen a tierra (Juan 18:6).

El salmista busca refugio en la casa de Jehová (v. 3-5; 2 Reyes 19:1, 14). Aquí vemos, además, una preciosa figura de la comunión, esta “cosa” que debemos pedir y buscar por sobre toda otra. Pero esta comunión no es sólo para las horas de pruebas, sino para “todos los días de mi vida”. Ella es, por así decirlo, el ambiente necesario para discernir la belleza del Señor y progresar en el conocimiento de Él.

El último versículo, como una divina respuesta, viene a apaciguar toda la ansiedad del creyente: “Sí, espera a Jehová”.

Salmo 28
1Salmo de David. A TI clamaré, oh Jehová, Fortaleza mía: no te desentiendas de mí; Porque no sea yo, dejándome tú, Semejante á los que descienden al sepulcro.2Oye la voz de mis ruegos cuando clamo á ti, Cuando alzo mis manos hacia el templo de tu santidad.3No me arrebates á una con los malos, Y con los que hacen iniquidad: Los cuales hablan paz con sus prójimos, Y la maldad está en su corazón.4Dales conforme á su obra, y conforme á la malicia de sus hechos: Dales conforme á la obra de sus manos, Dales su paga.5Porque no atendieron á las obras de Jehová, Ni al hecho de sus manos, Derribarálos, y no los edificará.6Bendito Jehová, Que oyó la voz de mis ruegos.7Jehová es mi fortaleza y mi escudo: En él esperó mi corazón, y fuí ayudado; Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi canción le alabaré.8Jehová es su fuerza, Y la fortaleza de las saludes de su ungido.9Salva á tu pueblo, y bendice á tu heredad; Y pastoréalos y ensálzalos para siempre.

Las súplicas que escuchamos en este salmo no son comparables con las confiadas oraciones que un creyente puede dirigir a su Dios y Padre hoy día. El temor de no obtener una contestación, el terror de la muerte, el miedo a ser arrebatado con los malos y, finalmente, el deseo de que ellos sean castigados, son aquí los sentimientos del fiel israelita de los últimos tiempos. Pero esa gran angustia hace resaltar aun más la respuesta que obtiene y el gozo que siente (v. 6-9). “Jehová es mi fortaleza”, declara él en el versículo 7. Y en el versículo 8: “Jehová es la fortaleza de su pueblo”. La experiencia es individual antes de ser colectiva.

Recordamos un episodio de la historia de David, el autor de este salmo. De vuelta de Siclag, halla la ciudad incendiada y ve que todos los habitantes han sido llevados en cautiverio; sus compañeros hablan de lapidarlo; se angustia mucho. Entonces se “fortalece en Jehová su Dios” (1 Samuel 30:6). A veces es necesario hacer, como él, la experiencia de nuestra completa debilidad para entonces comprobar que toda nuestra fortaleza está en el Señor (2 Corintios 12:10). Notemos también que la respuesta divina produce alabanza en el corazón del creyente. ¡Jamás nos olvidemos de expresarla! (Isaías 25:1).

Salmo 29
1Salmo de David. DAD á Jehová, oh hijos de fuertes, Dad á Jehová la gloria y la fortaleza.2Dad á Jehová la gloria debida á su nombre: Humillaos á Jehová en el glorioso santuario.3Voz de Jehová sobre las aguas: Hizo tronar el Dios de gloria: Jehová sobre las muchas aguas.4Voz de Jehová con potencia; Voz de Jehová con gloria.5Voz de Jehová que quebranta los cedros; Y quebrantó Jehová los cedros del Líbano.6E hízolos saltar como becerros; Al Líbano y al Sirión como hijos de unicornios.7Voz de Jehová que derrama llamas de fuego.8Voz de Jehová que hará temblar el desierto; Hará temblar Jehová el desierto de Cades.9Voz de Jehová que hará estar de parto á las ciervas, Y desnudará la breñas: Y en su templo todos los suyos le dicen gloria.10Jehová preside en el diluvio, Y asentóse Jehová por rey para siempre.11Jehová dará fortaleza á su pueblo: Jehová bendecirá á su pueblo en paz. Salmo de David.

Bajo su forma profética, este salmo anuncia el momento en que los poderosos de la tierra tendrán que someterse a Jehová. La gloria y la fuerza que tan voluntariosamente se atribuye el hombre sólo pertenecen a Dios. Éstas le serán efectivamente devueltas cuando Él juzgue oportuno elevar la voz para reivindicar sus derechos (la voz de Jehová es mencionada siete veces en este salmo). Acabará el dominio de las naciones (esos “hijos de poderosos”) sobre Israel, pues el Señor dará poder a su pueblo cuando se siente como Rey para siempre (v. 10-11).

¿No es poderosa y magnífica esa voz del Creador que todos los hombres tienen oportunidad de oír? Dios les habla a través de los fenómenos naturales: viento, trueno, aludes o terremotos que impresionan a las almas por su grandeza al mismo tiempo que les infunden espanto y terror… aunque generalmente ¡muy pasajero! Mas ante todo Dios se ha dirigido al mundo por Jesucristo, el Verbo hecho carne (Juan 1:14; 18:37). Fue la voz de la potestad divina “sobre las muchas aguas” (v. 3), cuando Él detenía la tempestad con una palabra (Marcos 4:39). Pero también es “la voz callada y suave” (1 Reyes 19:12-13; V.M.) del amor, la voz del buen Pastor. Ésta todavía se oye hoy en su Palabra. ¡Sepamos escucharla!

Salmo 30
1Salmo cantado en la dedicación de la Casa: GLORIFICARTE he, oh Jehová; porque me has ensalzado, Y no hiciste á mis enemigos alegrarse de mí.2Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste.3Oh Jehová, hiciste subir mi alma del sepulcro; Dísteme vida, para que no descendiese á la sepultura.4Cantad á Jehová, vosotros sus santos, Y celebrad la memoria de su santidad.5Porque un momento será su furor; Mas en su voluntad está la vida: Por la tarde durará el lloró, Y á la mañana vendrá la alegría.6Y dije yo en mi prosperidad: No seré jamás conmovido;7Porque tú, Jehová, por tu benevolencia has asentado mi monte con fortaleza. Escondiste tu rostro, fuí conturbado.8A ti, oh Jehová, clamaré; Y al Señor suplicaré.9¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿anunciará tu verdad?10Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí: Jehová, sé tú mi ayudador.11Has tornado mi endecha en baile; Desataste mi saco, y ceñísteme de alegría.12Por tanto á ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.

Los cinco primeros versículos de este salmo son certeros en cuanto al remanente de Israel y aptos para alentar a todos los redimidos al recordarles que, si tienen que pasar por una “leve tribulación momentánea”, ésta produce en ellos un “eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17).

A las lágrimas, de las que muchos participan, pronto les sucederán los cánticos de gozo, en la mañana del día eternal. Pero incluso en la misma noche, en medio de pruebas, aquel que conoce al Señor posee un gozo interior que le permite cantar (Salmo 42:8; Job 35:10). Así él da a su alrededor el más poderoso de los testimonios (Hechos 16:24-25).

¡Desanimarse en la prueba es un peligro! Pero, inversamente, un creyente que goza de prosperidad corre el riesgo de apoyarse sobre ella (el salmista la compara a un “monte fuerte” o “mi montaña”, en otras versiones), lo que, a veces, obliga a Dios a esconder su rostro por un tiempo para inducir al fiel a buscarle (v. 6-8). La prosperidad en el mundo fácilmente viene a ser un obstáculo para mantener la comunión con el Señor; es, pues, ventajoso que estemos despojados de ella. ¿Cuál es el medio de escapar de esos peligros? Mirar más allá de la presente oscuridad y por encima de “nuestro monte”, considerar todas las cosas en la perspectiva de la bienaventurada eternidad.

Salmo 31:1-14
1Al Músico principal: Salmo de David. EN ti, oh Jehová, he esperado; no sea yo confundido para siempre: Líbrame en tu justicia.2Inclina á mí tu oído, líbrame presto; Séme por roca de fortaleza, por casa fuerte para salvarme.3Porque tú eres mi roca y mi castillo; Y por tu nombre me guiarás, y me encaminarás.4Me sacarás de la red que han escondido para mí; Porque tú eres mi fortaleza.5En tu mano encomiendo mi espíritu: Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.6Aborrecí á los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado.7Me gozaré y alegraré en tu misericordia; Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias:8Y no me encerraste en mano del enemigo; Hiciste estar mis pies en anchura.9Ten misericordia de mí, oh Jehová, que estoy en angustia: Hanse consumido de pesar mis ojos, mi alma, y mis entrañas.10Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar: Hase enflaquecido mi fuerza á causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.11De todos mis enemigos he sido oprobio, Y de mis vecinos en gran manera, y horror á mis conocidos: Los que me veían fuera, huían de mí.12He sido olvidado de su corazón como un muerto: He venido á ser como un vaso perdido.13Porque he oído afrenta de muchos; Miedo por todas partes, Cuando consultaban juntos contra mí, E ideaban quitarme la vida.14Mas yo en ti confié, oh Jehová: Yo dije: Dios mío eres tú.

“En ti, oh Jehová, he confiado”, tal es la firme declaración del creyente (v. 1). Luego la hallamos en el versículo 6: “Mas yo en Jehová he esperado” y aun al final de nuestra lectura: “Mas yo en ti confío”. En medio de la tempestad desencadenada por los hombres, él se aferra a esa certeza. Encuentra su refugio, no en su propio monte (véase Salmo 30:7) sino en Jehová, su inamovible Roca (v. 3). En el segundo versículo pide: “Sé tú mi roca”, pero en el tercero afirma: “Tú eres mi roca”. Nada podrá derrumbar jamás lo que se ha establecido sobre semejante fundamento (Mateo 7:24-25). Querido amigo ¿ha edificado su vida sobre esa roca?

Hay un momento de la existencia en que esta confianza es más necesaria que en cualquier otro. Es el último, en el que se debe dejar todo para pasar por la muerte. En ese oscuro pasaje no existe ningún apoyo para el alma sino el Dios en quien, ahora y para siempre, hayamos puesto nuestra fe (Proverbios 14:32). Consideremos a nuestro incomparable Modelo: en el momento de su muerte, Cristo expresa esa maravillosa confianza por medio de sus últimas palabras en la cruz, las que reconocemos en el versículo 5: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46; véase también v. 15).

Salmo 31:15-24
15En tu mano están mis tiempos: Líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores.16Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo: Sálvame por tu misericordia.17No sea yo confundido, oh Jehová, ya que te he invocado; Sean corridos los impíos, estén mudos en el profundo.18Enmudezcan los labios mentirosos, Que hablan contra el justo cosas duras, Con soberbia y menosprecio.19Cuán grande es tu bien, que has guardado para los que te temen, Que has obrado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!20Los esconderás en el secreto de tu rostro de las arrogancias del hombre: Los pondrás en un tabernáculo á cubierto de contención de lenguas.21Bendito Jehová, Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fuerte.22Y decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos: Tú empero oíste la voz de mis ruegos, cuando á ti clamaba.23Amad á Jehová todos vosotros sus santos: A los fieles guarda Jehová, Y paga abundantemente al que obra con soberbia.24Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome vuestro corazón aliento.

“Todo tiene su tiempo… tiempo de nacer y tiempo de morir… tiempo de llorar, tiempo de reír…” (Eclesiastés 3:1-8). Pero todos nuestros tiempos están en las manos de nuestro Dios. Con anticipación, él determinó su sucesión y particularmente lo que concierne al tiempo de la prueba. Y no olvidemos, cada vez que hagamos proyectos, ese versículo 15.

Además de la protección y la liberación, el alma halla cerca de Dios algo más precioso aun: una bondad grande (v. 19), maravillosa (v. 21), una bondad que Dios “ha guardado” para los que le temen y confían en él (Salmo 34:9). No temamos agotar la divina reserva. Pero también ¿cómo responder a semejante bondad? El versículo 23 nos lo enseña: “Amad a Jehová, todos vosotros sus santos”. Éste es “el primero y grande mandamiento de la ley” (Mateo 22:37-38). Pero no es gravoso (1 Juan 5:2-3). Porque comprender la bondad del Señor ¡ya es amarle! Sí, para que el amor hacia él sea producido y mantenido en nuestro corazón, ocupémonos mucho en Su amor para con nosotros. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Salmo 32
1Salmo de David: Masquil. BIENAVENTURADO aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados.2Bienaventurado el hombre á quien no imputa Jehová la iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay superchería.3Mientras callé, envejeciéronse mis huesos En mi gemir todo el día.4Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Volvióse mi verdor en sequedades de estío. (Selah.)5Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)6Por esto orará á ti todo santo en el tiempo de poder hallarte: Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas á él.7Tú eres mi refugio; me guardarás de angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. (Selah.)8Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: Sobre ti fijaré mis ojos.9No seáis como el caballo, ó como el mulo, sin entendimiento: Con cabestro y con freno su boca ha de ser reprimida, Para que no lleguen á ti.10Muchos dolores para el impío; Mas el que espera en Jehová, lo cercará misericordia.11Alegraos en Jehová, y gozaos, justos: Y cantad todos vosotros los rectos de corazón.

Cuanto más ha gemido otrora el alma bajo el peso de sus pecados, tanto más gusta de la felicidad de la que nos hablan los versículos 1 y 2. ¿Es usted uno de esos bienaventurados? Si no lo es, el versículo 5 le indica el camino para llegar a serlo: el del arrepentimiento y la confesión (compárese Lucas 15:18). “No encubrí…”, dicho de otro modo, confesarlo todo es siempre el medio adecuado para que Dios cubra mi pecado (v. 1). En cambio, si busco encubrirlo, tarde o temprano Dios tendrá que sacarlo a la luz (Mateo 10:26).

El trabajo de Dios empieza sacudiendo la conciencia. Su mano se hace gravosa hasta que el pecador sea llevado al arrepentimiento; entonces éste es seguido al instante por el perdón. Este último nos es presentado en estos versículos bajo tres aspectos: transgresión perdonada, pecado cubierto e iniquidad no culpada.

Enseguida viene el andar. No nos parezcamos a bestias de carga sin inteligencia, las que por ese motivo deben ser contenidas y dirigidas por la fuerza. La rienda y el freno son las imágenes de los penosos medios que Dios debe emplear cuando no queremos acercarnos a él (v. 9; Proverbios 26:3). Cuánto mejor es dejarnos instruir, enseñar y aconsejar directamente por la Palabra y en la comunión con el Señor.

Salmo 33
1ALEGRAOS, justos, en Jehová: A los rectos es hermosa la alabanza.2Celebrad á Jehová con arpa: Cantadle con salterio y decacordio.3Cantadle canción nueva: Hacedlo bien tañendo con júbilo.4Porque recta es la palabra de Jehová, Y toda su obra con verdad hecha.5El ama justicia y juicio: De la misericordia de Jehová está llena la tierra.6Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca.7El junta como en un montón las aguas de la mar: El pone en depósitos los abismos.8Tema á Jehová toda la tierra: Teman de él todos los habitadores del mundo.9Porque él dijo, y fué hecho; El mandó, y existió.10Jehová hace nulo el consejo de las gentes, Y frustra las maquinaciones de los pueblos.11El consejo de Jehová permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.12Bienaventurada la gente de que Jehová es su Dios; El pueblo á quien escogió por heredad para sí.13Desde los cielos miró Jehová; Vió á todos los hijos de los hombres:14Desde la morada de su asiento miró Sobre todos los moradores de la tierra.15El formó el corazón de todos ellos; El considera todas sus obras.16El rey no es salvo con la multitud del ejército: No escapa el valiente por la mucha fuerza.17Vanidad es el caballo para salvarse: Por la grandeza de su fuerza no librará.18He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia;19Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en el hambre.20Nuestra alma esperó á Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.21Por tanto en él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo nombre hemos confiado.22Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, Como esperamos en ti.

El primer versículo continúa con el pensamiento final del salmo 32. Aquel que ha llegado a ser un justo mediante el perdón de sus pecados es invitado a alegrarse y a alabar a Jehová. Es la parte y el deber de todo creyente. Sin embargo, este salmo se aplica directa y colectivamente al Israel futuro, cuando se le haya perdonado por haber rechazado a su Mesías. Su alabanza abarcará tres grandes temas: la fidelidad de Dios (v. 4-9), quien es el Creador de todas las cosas; la sabiduría de Dios (v. 10-17), quien todo lo conoce y quien gobierna a las naciones; la bondad de Dios (v. 18-22), la que se ejerce para con todos aquellos que se confían en él.

Aquí el cántico nuevo (v. 3) está en relación con una tierra nueva de la que Dios habrá barrido la injusticia y a la que habrá llenado con su bondad. El consejo de las naciones y las maquinaciones de los pueblos habrán sido anulados para que puedan cumplirse los eternos consejos de Dios y los pensamientos de su corazón (v. 10-11). Por su Palabra fueron creados los cielos (comparar v. 6 y Hebreos 11:3). Ahora, ella nos da una nueva vida y opera en nosotros, mientras aguarda su completa realización en un mundo restaurado. Dios mira desde los cielos y considera a todos los habitantes de la tierra (v. 13-14). Pero, según su promesa del salmo 32:8, él sigue muy particularmente con su ojo vigilante a los que le obedecen y esperan en su amor (v. 18; véase también Salmo 34:15).

Salmo 34
1Salmo de David, cuando mudó su semblante delante de Abimelech, y él lo echó, y fuése. BENDECIRÉ á Jehová en todo tiempo; Su alabanza será siempre en mi boca.2En Jehová se gloriará mi alma: Oiránlo los mansos, y se alegrarán.3Engrandeced á Jehová conmigo, Y ensalcemos su nombre á una.4Busqué á Jehová, y él me oyó, Y libróme de todos mis temores.5A él miraron y fueron alumbrados: Y sus rostros no se avergonzaron.6Este pobre clamó, y oyóle Jehová, Y librólo de todas sus angustias.7El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, Y los defiende.8Gustad, y ved que es bueno Jehová: Dichoso el hombre que confiará en él.9Temed á Jehová, vosotros sus santos; Porque no hay falta para los que le temen.10Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; Pero los que buscan á Jehová, no tendrán falta de ningún bien.11Venid, hijos, oidme; El temor de Jehová os enseñaré.12¿Quién es el hombre que desea vida, Que codicia días para ver bien?13Guarda tu lengua de mal, Y tus labios de hablar engaño.14Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela.15Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos.16La ira de Jehová contra los que mal hacen, Para cortar de la tierra la memoria de ellos.17Clamaron los justos, y Jehová oyó, Y librólos de todas sus angustias.18Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; Y salvará á los contritos de espíritu.19Muchos son los males del justo; Mas de todos ellos lo librará Jehová.20El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado.21Matará al malo la maldad; Y los que aborrecen al justo serán asolados.22Jehová redime el alma de sus siervos; Y no serán asolados cuantos en él confían.

Para mostrarnos que todas nuestras circunstancias, incluso las más humillantes, pueden conducirnos a bendecir a Dios, el Espíritu de Dios se sirvió de un episodio de la historia de David para dictarle las palabras de este salmo (véase 1 Samuel 21:10-15). Pero ¡cómo superan su propia experiencia! Imitemos a “este pobre”: sepamos, como él, magnificar siempre y en todo lugar el nombre de nuestro Dios. En el versículo 11, él es como si nos reuniera a su alrededor para dirigirse a nosotros con amor: “Venid, hijos, oídme”.

Hay una palabra de aliento para cada uno. Al que está en peligro, lo tranquiliza con los versículos 7, 15 y 17 (véase Isaías 63:9). A otro que conoce dificultades materiales, contesta a sus preocupaciones con los versículos 9 y 10. ¿Atraviesa alguno el duelo o las penas?: le muestra dónde encontrar el consuelo (v. 18). Por encima de todo, su deseo es el de darnos confianza en su Padre para que le alabemos con él. “Gustad” —nos dice Él— “y ved que es bueno Jehová” (comparar 1 Pedro 2:3). Pero el Señor sabe también que necesitamos su exhortación: “Guarda tu lengua del mal… Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (v. 13-14; ver 1 Pedro 3:10-12). Pedro no termina la citación del pasaje, pues hoy es día de gracia. El juicio anunciado al final del salmo está por venir.

Salmo 35:1-16
1Salmo de David. DISPUTA, oh Jehová, con los que contra mí contienden; Pelea con los que me combaten.2Echa mano al escudo y al pavés, Y levántate en mi ayuda.3Y saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; Di á mi alma: Yo soy tu salud.4Avergüéncense y confúndanse los que buscan mi alma: Vuelvan atrás, y sean avergonzados los que mi mal intentan.5Sean como el tamo delante del viento; Y el ángel de Jehová los acose.6Sea su camino oscuridad y resbaladeros; Y el ángel de Jehová los persiga.7Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; Sin causa hicieron hoyo para mi alma.8Véngale el quebrantamiento que no sepa, Y su red que escondió lo prenda: Con quebrantamiento en ella caiga.9Y gócese mi alma en Jehová; Y alégrese en su salud.10Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, Que libras al afligido del más fuerte que él, Y al pobre y menesteroso del que le despoja?11Levantáronse testigos falsos; Demandáronme lo que no sabía;12Volviéronme mal por bien, Para abatir á mi alma.13Mas yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de saco; Afligí con ayuno mi alma, Y mi oración se revolvía en mi seno.14Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; Como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.15Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; Juntáronse contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía: Despedazábanme, y no cesaban;16Con los lisonjeros escarnecedores truhanes, Crujiendo sobre mí sus dientes.

El Ángel de Jehová, que “acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Salmo 34:7), está llamado aquí a acosar y perseguir a los enemigos del justo (v. 5-6). «Después de un tiempo de paciencia y de gracia infatigable, de una gracia que permaneció sin resultado, en lugar de vengarse por sí mismo, el residuo se confiará en Dios para obtener su liberación» (J. N. Darby). La liberación del creyente judío infaliblemente estará acompañada del juicio de los malos. En cambio, en lo que concierne a los cristianos, su liberación no se efectuará por medio de la destrucción de los injustos, sino por su arrebatamiento para ir al encuentro del Señor. Creyentes e inconversos no permanecerán siempre juntos. Cuando el Señor venga en las nubes, los primeros serán arrebatados de la tierra y los demás quedarán para la terrible “hora de la prueba” (Apocalipsis 3:10). En cambio, el día en que el Hijo del Hombre se manifieste y aparezca en gloria, los creyentes de ese tiempo serán dejados para el reino de Cristo y los malos serán quitados (Lucas 17:34-36).

¡Qué ingratitud la del hombre natural! David habla de ella por experiencia, ya que la comprobó tan a menudo (v. 12-15). Pero Cristo conoció y experimentó esa ingratitud mucho más profundamente: “Me devuelven mal por bien y odio por amor” (v. 12; Salmo 109:5).

Salmo 35:17-28
17Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Recobra mi alma de sus quebrantamientos, mi única de los leones.18Te confesaré en grande congregación; Te alabaré entre numeroso pueblo.19No se alegren de mí mis enemigos injustos: Ni los que me aborrecen sin causa hagan del ojo.20Porque no hablan paz; Y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas.21Y ensancharon sobre mí su boca; Dijeron: ­Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!22Tú lo has visto, oh Jehová; no calles: Señor, de mí no te alejes.23Muévete y despierta para mi juicio, Para mi causa, Dios mío y Señor mío.24Júzgame conforme á tu justicia, Jehová Dios mío; Y no se alegren de mí.25No digan en su corazón: ­Ea, alma nuestra! No digan: ­Hémoslo devorado!26Avergüencense, y sean confundidos á una los que de mi mal se alegran: Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí.27Canten y alégrense los que están á favor de mi justa causa, Y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, Que ama la paz de su siervo.28Y mi lengua hablará de tu justicia, Y de tu loor todo el día.

En lo que nos concierne tal vez no tenemos que enfrentar, como el fiel de este salmo, la maldad de los hombres. Pero, sin hablar de las tribulaciones futuras de Israel, no olvidemos que las persecuciones han sido la parte de muchos cristianos y lo son aun hoy. Podemos estar muy agradecidos si la libertad de conciencia y de reunión sigue siéndonos otorgada en nuestros países. Alabar al Señor entre el pueblo de sus redimidos es el justo deseo del creyente (v. 18). ¿Apreciamos este privilegio los que lo poseemos aún?

En el evangelio de Juan (cap. 15:25) Jesús se refiere a ese odio “sin causa” del que fue objeto (v.19). Sin causa ¡por cierto!… y, sin embargo, el odio del mundo hacia Cristo y los suyos no debe extrañarnos (1 Juan 3:13). Es el que Satanás inspira a los hombres contra Aquel que lo venció. ¿Pueden imaginarse sentimientos más viles que los de los versículos 21, 25 y 26? Pocas expresiones ponen tan al desnudo, en todo su horror, las profundidades de la maldad del corazón humano: el perverso gozo de ver sufrir a un inocente, quien era el Hijo de Dios que había venido al mundo para salvar a los hombres. “Ea, ea, nuestros ojos lo han visto” — gritan los burlones (v. 21). “Todo ojo lo verá, y los que le traspasaron” anuncia Apocalipsis 1:7. Ya no más en la cruz, sino en toda su gloria judicial.

Salmo 36
1Al Músico principal: Salmo de David, siervo del Señor. LA iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos.2Lisonjéase, por tanto, en sus propios ojos, Hasta que su iniquidad sea hallada aborrecible.3Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; No quiso entender para bien hacer.4Iniquidad piensa sobre su cama; Está en camino no bueno, El mal no aborrece.5Jehová, hasta los cielos es tu misericordia; Tu verdad hasta las nubes.6Tu justicia como los montes de Dios, Tus juicios abismo grande: Oh Jehová, al hombre y al animal conservas.7Cuán ilustre, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.8Embriagarse han de la grosura de tu casa; Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.9Porque contigo está el manantial de la vida: En tu luz veremos la luz.10Extiende tu misericordia á los que te conocen, Y tu justicia á los rectos de corazón.11No venga contra mí pie de soberbia; Y mano de impíos no me mueva.12Allí cayeron los obradores de iniquidad; Fueron rempujados, y no pudieron levantarse.

Comparemos el final del versículo 4 con la exhortación de Romanos 12:9: “Aborreced lo malo”. No sólo el hombre del mundo es indiferente al pecado (ya que juzgarlo sería condenarse a sí mismo) sino que se divierte con él y hace de él el tema favorito de su literatura y de sus espectáculos. Al mismo tiempo, esa insensibilidad respecto del mal lleva al hombre a vanagloriarse y a lisonjearse “en sus propios ojos” incluso en presencia de la más escandalosa iniquidad (v. 2; Deuteronomio 29:19). Como nos vemos obligados a vivir en semejante atmósfera, nuestra conciencia de creyentes corre el riesgo de embotarse a la larga. Pero siempre aborreceremos el pecado si recordamos la cruz y el terrible precio que tuvo que ser pagado en ella para que ese pecado fuese abolido. La bondad de Dios está en los cielos, fuera del alcance de los designios de los malos (v. 5, 7). Y, al mismo tiempo, se extiende como alas protectoras para amparar a los hijos de los hombres (véase Salmo 17:8). Desgraciadamente, a semejanza de los habitantes de Jerusalén en el tiempo del Señor, muchos hoy día no quieren saber nada del refugio que se les ofrece (véase Mateo 23:37).

El manantial de la vida y la luz divinas, asociadas en el versículo 9, nos recuerdan a Cristo, el Verbo, del que está escrito: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).

Salmo 37:1-22
1Salmo de David. NO te impacientes á causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.2Porque como hierba serán presto cortados, Y decaerán como verdor de renuevo.3Espera en Jehová, y haz bien; Vivirás en la tierra, y en verdad serás alimentado.4Pon asimismo tu delicia en Jehová, Y él te dará las peticiones de tu corazón.5Encomienda á Jehová tu camino, Y espera en él; y él hará.6Y exhibirá tu justicia como la luz, Y tus derechos como el medio día.7Calla á Jehová, y espera en él: No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.8Déjate de la ira, y depón el enojo: No te excites en manera alguna á hacer lo malo.9Porque los malignos serán talados, Mas los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.10Pues de aquí á poco no será el malo: Y contemplarás sobre su lugar, y no parecerá.11Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz.12Maquina el impío contra el justo, Y cruje sobre él sus dientes.13El Señor se reirá de él; Porque ve que viene su día.14Los impíos desenvainaron espada, y entesaron su arco, Para derribar al pobre y al menesteroso, Para matar á los de recto proceder.15La espada de ellos entrará en su mismo corazón, Y su arco será quebrado.16Mejor es lo poco del justo, Que las riquezas de muchos pecadores.17Porque los brazos de los impíos serán quebrados: Mas el que sostiene á los justos es Jehová.18Conoce Jehová los días de los perfectos: Y la heredad de ellos será para siempre.19No serán avergonzados en el mal tiempo; Y en los días de hambre serán hartos.20Mas los impíos perecerán, Y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros Serán consumidos: se disiparán como humo.21El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da.22Porque los benditos de él heredarán la tierra; Y los malditos de él serán talados.

El salmo 37 no es, como la mayoría de los precedentes, una oración del fiel a propósito de los malos que le atormentan. Por el contrario, aquí le llega la contestación divina. No le trae todavía la liberación esperada sino los preciosos recursos y las instrucciones para hacer frente al mal que le rodea. ¡Cuántas veces hacemos esta experiencia! En contestación a nuestra oración, el Señor, en lugar de quitarnos la prueba, nos da la fuerza para atravesarla. Según la promesa del salmo 32:8: “Te haré entender… te enseñaré…” reconocemos la voz del afectuoso Maestro.

Él mismo puso en práctica las intrucciones que aquí da. Y, conociéndonos, sabe bien que la visión del mal a nuestro alrededor puede producir en nuestros pobres corazones dos enojosos sentimientos: la irritación y el celo (v. 1, 7 y 8; Proverbios 24:1, 19). De ahí estas exhortaciones que deberíamos leer a menudo: no te impacientes, no te alteres, no te excites; no tengas envidia; haz el bien; encomienda a Jehová tu camino; confía en Él. También se hallan preciosas promesas ligadas a esas exhortaciones: “Él te concederá las peticiones de tu corazón… él hará… ”. ¡Dejémosle obrar! El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo nuestros pies (compárense los versículos 10, 17 y 20 con Romanos 16:20).

Salmo 37:23-40
23Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y aprueba su camino.24Cuando cayere, no quedará postrado; Porque Jehová sostiene su mano.25Mozo fuí, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su simiente que mendigue pan.26En todo tiempo tiene misericordia, y presta; Y su simiente es para bendición.27Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre.28Porque Jehová ama la rectitud, Y no desampara sus santos: Mas la simiente de los impíos será extirpada.29Los justos heredarán la tierra, Y vivirán para siempre sobre ella.30La boca del justo hablara sabiduría; Y su lengua proferirá juicio.31La ley de su Dios está en su corazón; Por tanto sus pasos no vacilarán.32Acecha el impío al justo, Y procura matarlo.33Jehová no lo dejará en sus manos, Ni lo condenará cuando le juzgaren.34Espera en Jehová, y guarda su camino, Y él te ensalzará para heredar la tierra: Cuando serán talados los pecadores, lo verás.35Vi yo al impío sumamente ensalzado, Y que se extendía como un laurel verde.36Empero pasóse, y he aquí no parece; Y busquélo, y no fué hallado.37Considera al íntegro, y mira al justo: Que la postrimería de cada uno de ellos es paz.38Mas los transgresores fueron todos á una destruídos: La postrimería de los impíos fué talada.39Pero la salvación de los justos es de Jehová, Y él es su fortaleza en el tiempo de angustia.40Y Jehová los ayudará, Y los librará: y libertarálos de los impíos, y los salvará, Por cuanto en él esperaron.

“Por Jehová son ordenados los pasos del hombre” (v. 23). La independencia es característica de nuestra naturaleza. Reconocer que necesitamos a Dios para cada paso de nuestra vida cotidiana, es una verdad que no admitimos gustosos. ¡No aguardemos haber caído a menudo para convencernos de ello y aceptar la ayuda del Señor!

En este salmo se trata del justo (o de los justos). Se le da este nombre al fiel remanente judío; éste poseerá el país (v. 9, 11, 22, 29, 34) después de la destrucción de los impíos, afirmación repetida cinco veces (v. 9, 22, 28, 34, 38). Hoy día, el hijo de Dios tiene el derecho de llevar el mismo título (Romanos 5:19). ¿Cómo se reconoce al justo? Él “tiene misericordia y da” (v. 21). Su boca habla sabiduría, y su lengua, justicia, “la ley de Dios está en su corazón” (v. 30-31). Amor, sabiduría, verdad, apego a la Palabra… ¿pueden todas estas cosas notarse en nuestro andar de cada día? Por nuestra parte podemos contar con la fuerza, la ayuda y la liberación de Dios (v. 39-40). Ver a un justo abandonado es una cosa inconcebible (v. 25; 2 Corintios 4:9). Y, no obstante, sabemos que el «Justo por excelencia» tuvo que serlo (Salmo 22:1; Job 34:17).

Salmo 38
1Salmo de David, para recordar. JEHOVA, no me reprendas en tu furor, Ni me castigues en tu ira.2Porque tus saetas descendieron á mí, Y sobre mí ha caído tu mano.3No hay sanidad en mi carne á causa de tu ira; Ni hay paz en mis huesos á causa de mi pecado.4Porque mis iniquidades han pasado mi cabeza: Como carga pesada se han agravado sobre mí.5Pudriéronse, corrompiéronse mis llagas, A causa de mi locura.6Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, Ando enlutado todo el día.7Porque mis lomos están llenos de irritación, Y no hay sanidad en mi carne.8Estoy debilitado y molido en gran manera; Bramo á causa de la conmoción de mi corazón.9Señor, delante de ti están todos mis deseos; Y mi suspiro no te es oculto.10Mi corazón está acongojado, hame dejado mi vigor; Y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo.11Mis amigos y mis compañeros se quitaron de delante de mi plaga; Y mis cercanos se pusieron lejos.12Y los que buscaban mi alma armaron lazos; Y los que procuraban mi mal hablaban iniquidades, Y meditaban fraudes todo el día.13Mas yo, como si fuera sordo no oía; Y estaba como un mudo, que no abre su boca.14Fuí pues como un hombre que no oye, Y que en su boca no tiene reprensiones.15Porque á ti, oh Jehová, esperé yo: Tú responderás, Jehová Dios mío.16Porque dije: Que no se alegren de mí: Cuando mi pie resbalaba, sobre mí se engrandecían.17Empero yo estoy á pique de claudicar, Y mi dolor está delante de mí continuamente.18Por tanto denunciaré mi maldad; Congojaréme por mi pecado.19Porque mis enemigos están vivos y fuertes: Y hanse aumentado los que me aborrecen sin causa:20Y pagando mal por bien Me son contrarios, por seguir yo lo bueno.21No me desampares, oh Jehová: Dios mío, no te alejes de mí.22Apresúrate á ayudarme, Oh Señor, mi salud.

La enseñanza dada en el salmo 37 parece haber sido comprendida. El fiel no reclama más la destrucción de los pecadores que le fue prometida expresamente. En lugar de irritarse a causa de los que hacen el mal, siente profundamente su propio pecado (v. 3-5). Al mismo tiempo se da cuenta de que está en la mano de Dios, quien le reprende y castiga; y en él espera (v. 15).

No le corresponde a él mismo responder a aquellos que le persiguen; menos aún vengarse. “Tú responderás, Jehová Dios mío”. Ahí reconocemos las enseñanzas del Nuevo Testamento: “No paguéis a nadie mal por mal… no os venguéis vosotros mismos, amados míos… yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:17, 19). La única respuesta que tenemos derecho de dar al mal que se nos hace, es… el bien; es lo contrario de estos “enemigos” (v. 19), de estos “contrarios” que “pagan mal por bien” (v. 20). Y el sorprendente motivo nos está aquí revelado: “…por seguir yo lo bueno”. El celo, el deseo perverso de suprimir lo que ponía en evidencia, por oposición, su propia maldad, tales son los horrorosos sentimientos que condujeron a los hombres a matar al Santo y al Justo (Juan 10:32; 1 Juan 3:12; Hechos 3:14-15).

Salmo 39
1Al Músico principal, á Jeduthún: Salmo de David. YO DIJE: Atenderé á mis caminos, Para no pecar con mi lengua: Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío fuere contra mí.2Enmudecí con silencio, calléme aun respecto de lo bueno: Y excitóse mi dolor.3Enardecióse mi corazón dentro de mí; Encendióse fuego en mi meditación, Y así proferí con mi lengua:4Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuánto tengo de ser del mundo.5He aquí diste á mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti: Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.)6Ciertamente en tinieblas anda el hombre; Ciertamente en vano se inquieta: Junta, y no sabe quién lo allegará.7Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.8Líbrame de todas mis rebeliones; No me pongas por escarnio del insensato.9Enmudecí, no abrí mi boca; Porque tú lo hiciste.10Quita de sobre mí tu plaga; De la guerra de tu mano soy consumido.11Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, Y haces consumirse como de polilla su grandeza: Ciertamente vanidad es todo hombre. (Selah.)12Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor: No calles á mis lágrimas; Porque peregrino soy para contigo, Y advenedizo, como todos mis padres.13Déjame, y tomaré fuerzas, Antes que vaya y perezca.

Para refrenar la voluntad propia del creyente, a veces Dios debe utilizar el cabestro y el freno (Salmo 32:9). Y para refrenar la lengua, ese pequeño miembro indómito, la “mordaza” puede ser necesaria (v. 1; Santiago 3:2).

Nosotros, quienes tenemos tanta dificultad para callar, particularmente cuando se nos perjudica, pensemos en el perfecto ejemplo del Cordero que no abrió su boca (v. 9; Salmo 38:13; Isaías 53:7; 1 Pedro 2:23).

“Diste a mis días término corto” (v. 5). Breve es la existencia… y, sin embargo, es desperdiciada insensatamente por muchos en su vana agitación por amontonar bienes terrenales (v. 6; Eclesiastés 2:21, 23). Consideremos con atención los cuatro “ciertamente” de los versículos 5, 6 y 11. No sólo el hombre es “completa vanidad” (v. 5, 11), sino que “solamente en una semejanza de realidad anda…” (v.6 –V.M.). Sobre la escena de este mundo, donde el drama humano está por acabar, los personajes y el decorado pronto serán puestos de lado. “La apariencia de este mundo se pasa” (1 Corintios 7:31). Lo verdadero, firme, imperecedero, es lo que pertenece al dominio invisible y celestial (1 Pedro 1:4). Al comprender que nada puede esperar de un mundo tal, el fiel se pregunta: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré?”, y se da la respuesta a sí mismo: “Mi esperanza está en ti” (v. 7).

Salmo 40
1Al Músico principal: Salmo de David. RESIGNADAMENTE esperé á Jehová, E inclinóse á mí, y oyó mi clamor.2E hízome sacar de un lago de miseria, del lodo cenagoso; Y puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.3Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza á nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y esperarán en Jehová.4Bienaventurado el hombre que puso á Jehová por su confianza, Y no mira á los soberbios, ni á los que declinan á la mentira.5Aumentado has tú, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No te los podremos contar: Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enarrados.6Sacrificio y presente no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado.7Entonces dije: He aquí, vengo; En el envoltorio del libro está escrito de mí:8El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado; Y tu ley está en medio de mis entrañas.9Anunciado he justicia en grande congregación: He aquí no detuve mis labios, Jehová, tú lo sabes.10No encubrí tu justicia dentro de mi corazón: Tu verdad y tu salvación he dicho: No oculté tu misericordia y tu verdad en grande concurso.11Tú, Jehová, no apartes de mí tus misericordias: Tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.12Porque me han cercado males hasta no haber cuento: Hanme comprendido mis maldades, y no puedo levantar la vista: Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falta.13Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate á socorrerme.14Sean avergonzados y confusos á una Los que buscan mi vida para cortarla: Vuelvan atrás y avergüéncense Los que mi mal desean.15Sean asolados en pago de su afrenta Los que me dicen: ­Ea, ea!16Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; Y digan siempre los que aman tu salud: Jehová sea ensalzado.17Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará de mí: Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.

¡Glorioso salmo! En él, Cristo, Hombre resucitado, toma la palabra para desplegar “las maravillas” y “los pensamientos” de Dios (hacia nosotros, pues él se asocia a los suyos —v. 5) como en cuatro cuadros sucesivos. El primero nos transporta a la eternidad pasada (v. 6-7, citados en Hebreos 10:5-9). El Hijo, el único capaz de poner en regla la cuestión del pecado, se presenta para ser el siervo obediente: “He aquí, vengo”. “Y vino…” confirma Efesios 2:17.

El cuadro siguiente nos muestra a Jesús en la tierra, anunciando y cumpliendo “toda justicia” (Mateo 3:15), dando un perfecto testimonio acerca del Dios de bondad y de verdad, hablando de su fidelidad y de su salvación. Toda la vida de Cristo se halla resumida en estos versículos 8-10.

Luego el Salvador está ante nosotros en la solemne hora en que debe exclamar: “Me han alcanzado mis maldades…” (v. 12). ¿Mis iniquidades…? Pero ¡eran las nuestras! Éstas son sin número. En el salmo 38, versículo 4, eran como “carga pesada”.

Finalmente, el último cuadro, para el cual volvemos a los versículos 1 a 3: “el pozo de la desesperación” y “el lodo cenagoso” ceden el sitio a “la peña” de la resurrección. Cristo, liberado de la muerte por el poder de Dios, a quien esperó pacientemente, canta su alabanza y, al final del salmo, invita a los hombres a celebrarle también (v. 3).

Salmo 41
1Al Músico principal: Salmo de David. BIENAVENTURADO el que piensa en el pobre: En el día malo lo librará Jehová.2Jehová lo guardé, y le dé vida: sea bienaventurado en la tierra, Y no lo entregues á la voluntad de sus enemigos.3Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor: Mullirás toda su cama en su enfermedad.4Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado.5Mis enemigos dicen mal de mí preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?6Y si venía á ver me, hablaba mentira: Su corazón se amontonaba iniquidad; Y salido fuera, hablába la.7Reunidos murmuraban contra mí todos los que me aborrecían: Contra mí pensaban mal, diciendo de mí:8Cosa pestilencial de él se ha apoderado; Y el que cayó en cama, no volverá á levantarse.9Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar.10Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y daréles el pago.11En esto habré conocido que te he agradado, Que mi enemigo no se holgará de mí.12En cuanto á mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre.13Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por siglos de siglos. Amén y Amén.

Por el Espíritu profético, Cristo declaró al final del salmo 40: “Afligido yo y necesitado”. Voluntaria pobreza destinada a enriquecernos (2 Corintios 8:9). ¡Bienaventurado, pues, el que piensa en ese “Pobre”! Pero también el que sabe ponerse en el lugar de los pobres, los humildes, los que sufren… Y, ¡bienaventurado el que en espíritu —ya que no en realidad— toma como su Señor esa posición de pobre! (Mateo 5:3).

¡Qué aliento trae el versículo 3 a los enfermos! Primeramente trae la promesa del socorro divino. Aunque “nuestro hombre exterior” se va desgastando, el ser interior se renueva de día en día por medio de los cuidados del gran Médico de las almas (2 Corintios 4:16). Y, además, “toda la cama” del enfermo se verá milagrosamente transformada. Porque la presencia del Señor a su cabecera tiene el poder de cambiar su postración en gozo. ¡Preciosa visita, capaz de hacer olvidar la incomprensión o la indiferencia de la que el enfermo haya sido objeto! (v. 8).

Sabemos cuándo se cumplió el versículo 9. Con qué tristeza debió citarlo el Señor, antes de dar al traidor Judas “el pan mojado” que lo señalaba (Juan 13:18, 26).

Finalmente, el primer libro de los salmos termina con una alabanza eterna, a la cual, amigos creyentes, podemos unir nuestro amén.

Proverbios 1:1-19
1LOS proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:2Para entender sabiduría y doctrina; Para conocer las razones prudentes;3Para recibir el consejo de prudencia, Justicia, y juicio y equidad;4Para dar sagacidad á los simples, Y á los jóvenes inteligencia y cordura.5Oirá el sabio, y aumentará el saber; Y el entendido adquirirá consejo;6Para entender parábola y declaración; Palabras de sabios, y sus dichos oscuros.7El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.8Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre:9Porque adorno de gracia serán á tu cabeza, Y collares á tu cuello.10Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, No consientas.11Si dijeren: Ven con nosotros, Pongamos asechanzas á la sangre, Acechemos sin motivo al inocente;12Los tragaremos vivos como el sepulcro, Y enteros, como los que caen en sima;13Hallaremos riquezas de todas suertes, Henchiremos nuestras casas de despojos;14Echa tu suerte entre nosotros; Tengamos todos una bolsa:15Hijo mío, no andes en camino con ellos; Aparta tu pie de sus veredas:16Porque sus pies correrán al mal, E irán presurosos á derramar sangre.17Porque en vano se tenderá la red Ante los ojos de toda ave;18Mas ellos á su propia sangre ponen asechanzas, Y á sus almas tienden lazo.19Tales son las sendas de todo el que es dado á la codicia, La cual prenderá el alma de sus poseedores.

Dios se sirvió de Salomón, el más sabio entre los sabios (1 Reyes 4:29...), para darnos “los Proverbios”, el libro de la Sabiduría. Aunque se dirige a todos, está expresamente dedicado al joven (v. 4). Sí, ese libro fue especialmente escrito para ti, joven amigo creyente, llegado a la edad de la reflexión y del juicio personal. Es el momento de tu orientación y de las elecciones decisivas. En la escuela de Dios, en la que se desarrolla tu educación cristiana bajo la autoridad y el ejemplo de tus padres (v. 7-9), los Proverbios constituyen uno de tus principales «libros de texto». Contiene definiciones, reglas con sus aplicaciones, ejercicios, ejemplos para seguir y otros que no deben ser seguidos. Pero la Sabiduría (como la Palabra con la cual se identifica) es al mismo tiempo una persona viviente que enseña y guía en su andar a los que llama sus hijos.

Los Salmos empiezan con la misma puesta aparte del fiel (Salmo 1:1). Aquí es lo mismo, pues la primera instrucción dada al hijo le manda evitar “el camino de los pecadores” que buscarán seducirle diciéndole: “Ven con nosotros” (v. 11). Ella le muestra adónde conduce ese camino y lo pone en guardia: “Hijo mío, no andes en camino con ellos” (v. 15; léase Efesios 5:11).

Proverbios 1:20-33
20La sabiduría clama de fuera, Da su voz en las plazas:21Clama en los principales lugares de concurso; En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones:22¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, Y los burladores desearán el burlar, Y los insensatos aborrecerán la ciencia?23Volveos á mi reprensión: He aquí yo os derramaré mi espíritu, Y os haré saber mis palabras.24Por cuanto llamé, y no quisisteis: Extendí mi mano, y no hubo quien escuchase;25Antes desechasteis todo consejo mío, Y mi reprensión no quisisteis:26También yo me reiré en vuestra calamidad, Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis;27Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, Y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.28Entonces me llamarán, y no responderé; Buscarme han de mañana, y no me hallarán:29Por cuanto aborrecieron la sabiduría, Y no escogieron el temor de Jehová,30Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron toda reprensión mía:31Comerán pues del fruto de su camino, Y se hartarán de sus consejos.32Porque el reposo de los ignorantes los matará, Y la prosperidad de los necios los echará á perder.33Mas el que me oyere, habitará confiadamente, Y vivirá reposado, sin temor de mal.

La Sabiduría asumió la tarea de educar a sus hijos o, dicho de otro modo, a sus discípulos. Pero igualmente se vuelve hacia afuera para invitar a otros a llegar a serlo. Dios no dio su Palabra solamente para instrucción de los creyentes; también ella es el Evangelio de la gracia que muestra a los inconversos el camino de la salvación. Vea a la Sabiduría —y a través de ella al Señor Jesús— buscar diligentemente a las almas por doquier se extraviaron. Quizás conozcamos —por haberlos frecuentado antes de nuestra conversión— esos lugares ruidosos en los que el mundo se aturde. La sabiduría clama para hacer oír su voz por encima de toda esa algarabía (comp. Juan 7:37 y 12:44). Y esa Palabra que Dios hace anunciar en todas partes tiene un doble efecto: salvación para unos, condenación para otros (comp. Hechos 17:32-34). Para los desdichadamente numerosos que rehúsan escuchar, la misma voz que hoy hace resonar los apremiantes llamados de la gracia un día se tornará irónica y terrible (v. 26). Entonces será demasiado tarde (comp. v. 28 con Amós 8:12). Mas todos aquellos que escuchan habitarán en seguridad, sin temor del juicio (v. 33). Aprovecharán la promesa del versículo 23: “He aquí yo derramaré mi Espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras”.

Proverbios 2:1-22
1HIJO mío, si tomares mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti,2Haciendo estar atento tu oído á la sabiduría; Si inclinares tu corazón á la prudencia;3Si clamares á la inteligencia, Y á la prudencia dieres tu voz;4Si como á la plata la buscares, Y la escudriñares como á tesoros;5Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios.6Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.7El provee de sólida sabiduría á los rectos: Es escudo á los que caminan rectamente.8Es el que guarda las veredas del juicio, Y preserva el camino de sus santos.9Entonces entenderás justicia, juicio, Y equidad, y todo buen camino.10Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, Y la ciencia fuere dulce á tu alma,11El consejo te guardará, Te preservará la inteligencia:12Para librarte del mal camino, De los hombres que hablan perversidades;13Que dejan las veredas derechas, Por andar en caminos tenebrosos;14Que se alegran haciendo mal, Que se huelgan en las perversidades del vicio;15Cuyas veredas son torcidas, Y torcidos sus caminos.16Para librarte de la mujer extraña, De la ajena que halaga con sus palabras;17Que desampara el príncipe de su mocedad, Y se olvida del pacto de su Dios.18Por lo cual su casa está inclinada á la muerte, Y sus veredas hacia los muertos:19Todos los que á ella entraren, no volverán, Ni tomarán las veredas de la vida.20Para que andes por el camino de los buenos, Y guardes las veredas de los justos.21Porque los rectos habitarán la tierra, Y los perfectos permanecerán en ella;22Mas los impíos serán cortados de la tierra, Y los prevaricadores serán de ella desarraigados.

Antes de volver a ocuparse en la educación de su hijo, la Sabiduría escudriña sus disposiciones. ¿Está decidido a dejarse instruir para hallar el conocimiento de Dios? (v. 5). ¿De buena voluntad se incorpora a esa «escuela»? En efecto, ninguna enseñanza es verdaderamente provechosa si no está acompañada del deseo de adquirir ese conocimiento y del sentimiento de su importancia. Ocurre que un mal escolar llega a ser un buen alumno a partir del momento en que comprende que su porvenir depende de su trabajo.

He aquí, pues, se nos ofrecen la sabiduría y la inteligencia. Dios no limita los dones de su Espíritu (Juan 3:34). Pero, al mismo tiempo, hemos de procurarlos, de buscarlos activamente mediante la oración (v. 3; comp. 1 Corintios 14:1). Los versículos 1 a 4 invitan al creyente a realizar siete esfuerzos. En efecto, si nuestro corazón no está firme y personalmente comprometido, la mejor de las educaciones no podrá resguardarnos mucho tiempo (comp v. 10-11; véase Daniel 1:8). Propenderemos a alinearnos en el ambiente en el cual nos hallemos; estaremos, pues, a merced de malas influencias (v. 12-22). Y el día que haya que partir de la casa paterna podría ser un viraje fatal (léase 1 Corintios 15:33).

Proverbios 3:1-20
1HIJO mío, no te olvides de mi ley; Y tu corazón guarde mis mandamientos:2Porque largura de días, y años de vida Y paz te aumentarán.3Misericordia y verdad no te desamparen; Atalas á tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón:4Y hallarás gracia y buena opinión En los ojos de Dios y de los hombres.5Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia.6Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.7No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal;8Porque será medicina á tu ombligo, Y tuétano á tus huesos.9Honra á Jehová de tu sustancia, Y de las primicias de todos tus frutos;10Y serán llenas tus trojes con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.11No deseches, hijo mío, el castigo de Jehová; Ni te fatigues de su corrección:12Porque al que ama castiga, Como el padre al hijo á quien quiere.13Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia:14Porque su mercadería es mejor que la mercadería de la plata, Y sus frutos más que el oro fino.15Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar á ella.16Largura de días está en su mano derecha; En su izquierda riquezas y honra.17Sus caminos son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz.18Ella es árbol de vida á los que de ella asen: Y bienaventurados son los que la mantienen.19Jehová con sabiduría fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia.20Con su ciencia se partieron los abismos, Y destilan el rocío los cielos.

Son para ti, joven amigo creyente, estas palabras llenas de amor de tu Padre celestial: “Hijo mío, no te olvides...”. Esta expresión “mi hijo” se halla repetida catorce veces en los capítulos 1 a 7. El apóstol, al citarles a los hebreos los versículos 11 y 12, se verá obligado a decirles: “Habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige”. Pesemos bien, pues, las advertencias de estos capítulos recordando quién nos las dirige (Hebreos 12:5 y 25).

La bondad y la verdad son inseparables. Corresponden a la naturaleza de ese Dios de amor y de luz del cual somos hijos. Guardémoslas en nuestros corazones (v. 3).

Así como nos lo mostró el capítulo 2, mediante la oración ha de buscarse una inteligencia, aquella mediante la cual el Espíritu Santo nos hace entrar en los pensamientos de Dios. Bienaventurado el que la obtiene (v. 13). En cambio, existe otra de la cual tengo que desconfiar: mi propia inteligencia (v.5). No puedo, al mismo tiempo, apoyarme en ella y confiarme a Dios de todo corazón ni seguir a la vez mis razonamientos... y las directivas de lo alto. “No seáis sabios en vuestra propia opinión” recomienda Romanos 12:16 al retomar nuestro versículo 7.

Proverbios 3:21-35
21Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; Guarda la ley y el consejo;22Y serán vida á tu alma, Y gracia á tu cuello.23Entonces andarás por tu camino confiadamente, Y tu pie no tropezará.24Cuando te acostares, no tendrás temor; Antes te acostarás, y tu sueño será suave.25No tendrás temor de pavor repentino, Ni de la ruina de los impíos cuando viniere:26Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de ser preso.27No detengas el bien de sus dueños, Cuando tuvieres poder para hacerlo.28No digas á tu prójimo: Ve, y vuelve, Y mañana te daré; Cuando tienes contigo qué darle.29No intentes mal contra tu prójimo, Estando él confiado de ti.30No pleitees con alguno sin razón, Si él no te ha hecho agravio.31No envidies al hombre injusto, Ni escojas alguno de sus caminos.32Porque el perverso es abominado de Jehová: Mas su secreto es con los rectos.33La maldición de Jehová está en la casa del impío; Mas él bendecirá la morada de los justos.34Ciertamente él escarnecerá á los escarnecedores, Y á los humildes dará gracia.35Los sabios heredarán honra: Mas los necios sostendrán ignominia.

Retener las instrucciones de la Sabiduría es, en primer lugar, necesario para la vida de mi alma. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lucas 4:4). Al mismo tiempo, aquello será ante los demás un adorno que me concede la gracia de Dios (v. 22; 1:9; 4:9). De día mi andar se hallará fortalecido por ello y durante la noche descansaré con seguridad. Mi sueño será grato (v. 24). ¿De dónde me vienen las vacilaciones y los errores de juicio que, a menudo, me hacen tropezar durante el día? ¿De dónde los temores y los tormentos de espíritu que a veces me asaltan aun durante la noche? De haber perdido de vista las enseñanzas del Señor, así como la simple confianza en Él (v. 26), por haber razonado según mis propios pensamientos.

Dios, quien conoce mi egoísta corazón, me recuerda luego lo que le debo a mi prójimo (v. 27; Lucas 6:30). Y, como soy su hijo, Él aguarda de mí una entera rectitud y ausencia de segundas intenciones en mis hechos y palabras. Dulzura y mansedumbre son virtudes de las cuales el mundo podría aprovecharse para despojar al creyente que las manifiesta, pero éste nunca es perdedor. Dios da “mayor gracia”, como nos lo promete Santiago al citar el versículo 34 (Santiago 4:6).

Proverbios 4:1-19
1OID, hijos, la doctrina de un padre, Y estad atentos para que conozcáis cordura.2Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley.3Porque yo fuí hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre.4Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, Guarda mis mandamientos, y vivirás:5Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;6No la dejes, y ella te guardará; Amala, y te conservará.7Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría: Y ante toda tu posesión adquiere inteligencia.8Engrandécela, y ella te engrandecerá: Ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado.9Adorno de gracia dará á tu cabeza: Corona de hermosura te entregará.10Oye, hijo mío, y recibe mis razones; Y se te multiplicarán años de vida.11Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar.12Cuando anduvieres no se estrecharán tus pasos; Y si corrieres, no tropezarás.13Ten el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida.14No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos.15Desampárala, no pases por ella; Apártate de ella, pasa.16Porque no duermen ellos, si no hicieren mal; Y pierden su sueño, si no han hecho caer.17Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos.18Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto.19El camino de los impíos es como la oscuridad: No saben en qué tropiezan.

El hijo de padres creyentes empieza a adquirir en su familia los rudimentos de la sabiduría según Dios. Discutir, menospreciar o abandonar “la buena enseñanza” oída en casa son actitudes que no pueden ser bendecidas y constituyen el demasiado frecuente punto de partida de vidas perdidas para el testimonio (comp. v. 10 con Éxodo 20:12).

“El padre hará notoria tu verdad a los hijos” (Isaías 38:19). La enseñanza cristiana es la responsabilidad del jefe de familia, quien transmite a sus hijos lo que, a menudo, él mismo recibió de sus propios padres (Salmo 78:4-6). Salomón, el inspirado escritor de los Proverbios, sin duda recuerda las últimas palabras de su padre David (v. 3; 1 Reyes 2:1-3).

Los versículos 11 a 13 nos instruyen en cuanto al andar y los versículos 14 a 19 en cuanto al camino. Se nos describe el camino de los malos para que sepamos evitarlo y emprender firmemente esa “senda de los justos”, la cual es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. La sabiduría es un dominio en el cual se progresa poco a poco (comp. Lucas 2:52). Lo que no es normal es detenerse en este crecimiento, lo que es debido a un mal estado de la conciencia. ¡Es de desear que este versículo 18 resuma la vida de cada uno de nosotros!

Proverbios 4:20-27; Proverbios 5:1-23
20Hijo mío, está atento á mis palabras; Inclina tu oído á mis razones.21No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón.22Porque son vida á los que las hallan, Y medicina á toda su carne.23Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.24Aparta de ti la perversidad de la boca, Y aleja de ti la iniquidad de labios.25Tus ojos miren lo recto, Y tus párpados en derechura delante de ti.26Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean ordenados.27No te apartes á diestra, ni á siniestra: Aparta tu pie del mal.
1HIJO mío, está atento á mi sabiduría, Y á mi inteligencia inclina tu oído;2Para que guardes consejo, Y tus labios conserven la ciencia.3Porque los labios de la extraña destilan miel, Y su paladar es más blando que el aceite;4Mas su fin es amargo como el ajenjo, Agudo como cuchillo de dos filos.5Sus pies descienden á la muerte; Sus pasos sustentan el sepulcro:6Sus caminos son instables; no los conocerás, Si no considerares el camino de vida.7Ahora pues, hijos, oidme, Y no os apartéis de las razones de mi boca.8Aleja de ella tu camino, Y no te acerques á la puerta de su casa;9Porque no des á los extraños tu honor, Y tus años á cruel;10Porque no se harten los extraños de tu fuerza, Y tus trabajos estén en casa del extraño;11Y gimas en tus postrimerías, Cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo,12Y digas: ­Cómo aborrecí el consejo, Y mi corazón menospreció la reprensión;13Y no oí la voz de los que me adoctrinaban, Y á los que me enseñaban no incliné mi oído!14Casi en todo mal he estado, En medio de la sociedad y de la congregación.15Bebe el agua de tu cisterna, Y los raudales de tu pozo.16Derrámense por de fuera tus fuentes, En las plazas los ríos de aguas.17Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo.18Sea bendito tu manantial; Y alégrate con la mujer de tu mocedad.19Como cierva amada y graciosa corza, Sus pechos te satisfagan en todo tiempo; Y en su amor recréate siempre.20¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la ajena, Y abrazarás el seno de la extraña?21Pues que los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, Y él considera todas sus veredas.22Prenderán al impío sus propias iniquidades, Y detenido será con las cuerdas de su pecado.23El morirá por falta de corrección; Y errará por la grandeza de su locura.

Todos los sentidos, todos los vitales órganos del creyente deben quedar bajo el control de la sabiduría. Querido amigo creyente, Dios ha puesto esa sabiduría a tu disposición (Santiago 1:5). Mediante ella eres responsable de vigilar tu oído (v. 20), tus ojos (v. 21 y 25), tus pies (v. 26-27; véase Salmo 119:101), tus pensamientos, tus labios (cap. 5:2). Y sobre todo tu corazón, ese centro motor que gobierna a todo el ser (v. 23). Si es atrapado, estás perdido. ¡Cuántos han malogrado su vida y derramado amargas lágrimas por haber dejado que en el tiempo de su juventud se desarrollara una inclinación que no era según el Señor!

Así como los labios son la puerta de salida del corazón, los ojos son su principal puerta de entrada. Cuidemos, pues, que nuestros ojos miren rectamente hacia adelante, puestos en Jesús, meta de la carrera de la fe (Hebreos 12:2). De esta manera ninguna codicia podrá hallar un complaciente acceso al corazón.

Los versículos 8 y siguientes describen la miseria de aquel que se ha dejado apartar por la “mujer extraña”; da sus años “al cruel” (v. 9). Demasiados años hemos dado a Satanás antes de nuestra conversión. ¿Querríamos volver a estar bajo su dominio?

Proverbios 6:1-19
1HIJO mío, si salieres fiador por tu amigo, Si tocaste tu mano por el extraño,2Enlazado eres con las palabras de tu boca, Y preso con las razones de tu boca.3Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, Ya que has caído en la mano de tu prójimo: Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.4No des sueño á tus ojos, Ni á tus párpados adormecimiento.5Escápate como el corzo de la mano del cazador, Y como el ave de la mano del parancero.6Ve á la hormiga, oh perezoso Mira sus caminos, y sé sabio;7La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor,8Prepara en el verano su comida Y allega en el tiempo de la siega su mantenimiento.9Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?10Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo:11Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre de escudo.12El hombre malo, el hombre depravado, Anda en perversidad de boca;13Guiña de sus ojos, habla con sus pies, Indica con sus dedos;14Perversidades hay en su corazón, anda pensando mal en todo tiempo; Enciende rencillas.15Por tanto su calamidad vendrá de repente; Súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio.16Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma:17Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente,18El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal,19El testigo falso que habla mentiras, Y el que enciende rencillas entre los hermanos.

Ser fiador es recomendar a alguien y garantizar los compromisos que él contrajo. En apariencia, esto nace de un buen sentimiento. Pero Dios aborrece la fianza, primeramente porque traduce la confianza en el hombre, luego porque dispone inconsideradamente del porvenir, el que le pertenece sólo a Dios (Jeremías 17:5; Santiago 4:13-14).

Al perezoso, los versículos 6 a 8 le aconsejan que visite un hormiguero. ¡Cuántas provechosas lecciones se pueden aprender junto a ese pequeño y laborioso pueblo!: diligencia, perseverancia, prudencia, orden, ayuda mutua, libre disciplina. Ni una hormiga queda inactiva, y, si la carga es demasiado pesada, una compañera acude en su ayuda. Sepamos observar las vivientes instrucciones que Dios dispuso para nosotros aquí y allá en su creación.

Ya vimos que todos los miembros del creyente deben ser guardados y santificados para Dios (4:21-27; 5:1-2). Los versículos 12 a 19 nos muestran cómo esos mismos miembros están puestos al servicio del mal por el hombre natural. Tal era también nuestra condición cuando éramos esclavos del pecado. Pero Romanos 6:18-19 nos recuerda que fuimos libertados y nos exhorta firmemente a entregar ahora nuestros miembros para servir a la justicia.

Proverbios 6:20-35
20Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, Y no dejes la enseñanza de tu madre:21Atalos siempre en tu corazón, Enlázalos á tu cuello.22Te guiarán cuando anduvieres; cuando durmieres te guardarán; Hablarán contigo cuando despertares.23Porque el mandamiento es antorcha, y la enseñanza luz; Y camino de vida las reprensiones de la enseñanza:24Para que te guarden de la mala mujer, De la blandura de la lengua de la extraña.25No codicies su hermosura en tu corazón, Ni ella te prenda con sus ojos:26Porque á causa de la mujer ramera es reducido el hombre á un bocado de pan; Y la mujer caza la preciosa alma del varón.27¿Tomará el hombre fuego en su seno, Sin que sus vestidos se quemen?28¿Andará el hombre sobre las brasas, Sin que sus pies se abrasen?29Así el que entrare á la mujer de su prójimo; No será sin culpa cualquiera que la tocare.30No tienen en poco al ladrón, cuando hurtare Para saciar su alma teniendo hambre:31Empero tomado, paga las setenas, Da toda la sustancia de su casa.32Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: Corrompe su alma el que tal hace.33Plaga y vergüenza hallará; Y su afrenta nunca será raída.34Porque los celos son el furor del hombre, Y no perdonará en el día de la venganza.35No tendrá respeto á ninguna redención; Ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones.

Desde el principio del libro, inmediatamente después del temor de Jehová se le recuerda al joven creyente un primerísimo deber: escuchar a sus padres y obedecerles (1:8-9). Los versículos 20 a 22 vuelven sobre este importante tema para dar a la enseñanza del padre y de la madre el mismo lugar que el que Deuteronomio 11:18-19 atribuye a las palabras de Dios mismo (véase también Proverbios 23:22). Obedecer a sus padres es, pues, obedecer a Dios, cosa no sólo “justa” (Efesios 6:1) sino también que “agrada al Señor” (Colosenses 3:20). ¡Es de desear que esa obediencia sea visible en las casas cristianas, tanto más cuanto que ella declina mucho en el mundo actual! (2 Timoteo 3:2). A la influencia del hogar familiar se opone una vez más la de la mujer extraña, la que personifica al pecado (2:16; 5:3 y 20; luego 7:5). No nos extrañemos de esas repetidas exhortaciones a estar alerta. Por experiencia sabemos que las tentaciones se renuevan. Serán más apremiantes en la medida en que encuentren en nuestros pensamientos o en nuestras costumbres una impureza no juzgada.

También la pereza abre mucho las puertas de la codicia carnal, como nos lo enseña la historia de David y su horrible pecado (2 Samuel 11).

Proverbios 7:1-27
1HIJO mío, guarda mis razones, Y encierra contigo mis mandamientos.2Guarda mis mandamientos, y vivirás; Y mi ley como las niñas de tus ojos.3Lígalos á tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón.4Di á la sabiduría: Tú eres mi hermana; Y á la inteligencia llama parienta:5Para que te guarden de la mujer ajena, Y de la extraña que ablanda sus palabras.6Porque mirando yo por la ventana de mi casa, Por mi celosía,7Vi entre los simples, Consideré entre los jóvenes, Un mancebo falto de entendimiento,8El cual pasaba por la calle, junto á la esquina de aquella, E iba camino de su casa,9A la tarde del día, ya que oscurecía, En la oscuridad y tiniebla de la noche.10Y he aquí, una mujer que le sale al encuentro Con atavío de ramera, astuta de corazón,11Alborotadora y rencillosa, Sus pies no pueden estar en casa;12Unas veces de fuera, ó bien por las plazas, Acechando por todas las esquinas.13Y traba de él, y bésalo; Desvergonzó su rostro, y díjole:14Sacrificios de paz había prometido, Hoy he pagado mis votos;15Por tanto he salido á encontrarte, Buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado.16Con paramentos he ataviado mi cama, Recamados con cordoncillo de Egipto.17He sahumado mi cámara Con mirra, áloes, y cinamomo.18Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; Alegrémonos en amores.19Porque el marido no está en casa, Hase ido á un largo viaje:20El saco de dinero llevó en su mano; El día señalado volverá á su casa.21Rindiólo con la mucha suavidad de sus palabras, Obligóle con la blandura de sus labios.22Vase en pos de ella luego, Como va el buey al degolladero, Y como el loco á las prisiones para ser castigado;23Como el ave que se apresura al lazo, Y no sabe que es contra su vida, Hasta que la saeta traspasó su hígado.24Ahora pues, hijos, oidme, Y estad atentos á las razones de mi boca.25No se aparte á sus caminos tu corazón; No yerres en sus veredas.26Porque á muchos ha hecho caer heridos; Y aun los más fuertes han sido muertos por ella.27Caminos del sepulcro son su casa, Que descienden á las cámaras de la muerte.

Este capítulo ilustra, de la manera más solemne, el peligro que la mujer ajena hace correr al joven hijo de la Sabiduría. Se trata de una verdadera caza del alma (comp. 6:26). Esa mujer impura, alborotadora y sin discreción está al acecho. Encubre sus perversas intenciones bajo apariencias religiosas (v. 14). Va, viene y acecha su presa con la complicidad de la noche. Sus armas: palabras melifluas y parpadeos (2:16; 5:3; 6:25). Su víctima: un joven liviano, entregado al ocio, vencido de antemano porque no tiene voluntad y es dominado por sus sentidos.

La escena se nos representa fácilmente: inconsciente, necio, “al punto se marchó tras ella”. La trampa del cazador de pájaros —es decir, Satanás— en seguida se cerró (v. 23; Salmo 91:3). Demasiado tarde: ¡a qué precio fueron pagados los placeres de un momento! Porque “es contra su vida” y él no lo sabía. Jóvenes creyentes que fueron advertidos, ustedes son más responsables todavía. Pero también saben dónde hallar el recurso en la tentación: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9). Mediten ustedes el ejemplo de José y su firme respuesta en Génesis 39:9. Y, en la hora del peligro, clamen a aquel que siempre “es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).

Proverbios 8:1-21
1¿NO clama la sabiduría, Y da su voz la inteligencia?2En los altos cabezos, junto al camino, A las encrucijadas de las veredas se para;3En el lugar de las puertas, á la entrada de la ciudad, A la entrada de las puertas da voces:4Oh hombres, á vosotros clamo; Y mi voz es á los hijos de los hombres.5Entended, simples, discreción; Y vosotros, locos, entrad en cordura.6Oid, porque hablaré cosas excelentes; Y abriré mis labios para cosas rectas.7Porque mi boca hablará verdad, Y la impiedad abominan mis labios.8En justicia son todas las razones de mi boca; No hay en ellas cosa perversa ni torcida.9Todas ellas son rectas al que entiende, Y razonables á los que han hallado sabiduría.10Recibid mi enseñanza, y no plata; Y ciencia antes que el oro escogido.11Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; Y todas las cosas que se pueden desear, no son de comparar con ella.12Yo, la sabiduría, habito con la discreción, Y hallo la ciencia de los consejos.13El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, y el mal camino Y la boca perversa, aborrezco.14Conmigo está el consejo y el ser; Yo soy la inteligencia; mía es la fortaleza.15Por mí reinan los reyes, Y los príncipes determinan justicia.16Por mí dominan los príncipes, Y todos los gobernadores juzgan la tierra.17Yo amo á los que me aman; Y me hallan los que madrugando me buscan.18Las riquezas y la honra están conmigo; Sólidas riquezas, y justicia.19Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; Y mi rédito mejor que la plata escogida.20Por vereda de justicia guiaré, Por en medio de sendas de juicio;21Para hacer heredar á mis amigos el ser, Y que yo hincha sus tesoros.

Como en el capítulo 1, la Sabiduría se vuelve hacia los perdidos y hace resonar sus llamados de gracia. Esta vez se detiene en las alturas, en los caminos y a las puertas de la ciudad, en todas partes donde pasa la gente. La encrucijada (v. 2) es un lugar de la ruta en el que se presenta la ocasión de cambiar de dirección. En la parábola, allí son enviados los siervos del rey a fin de buscar y convidar a cuantos hallen (Mateo 22:9). El capítulo 9 nos mostrará que también la Sabiduría tiene preparado un festín y que envía a sus criadas para confirmar su invitación. Quizás usted ande todavía por el camino ancho; responda ahora a la insistente voz que le llama en la encrucijada. Esa voz es la de Jesús, quien quiere su felicidad. Hace oír cosas excelentes a todos los que le escuchan, palabras rectas, claras y verdaderas (v. 6 y 9). Tiene en reserva tesoros que no son comparables con el oro y la plata de este mundo. Hace heredar “riquezas duraderas” (v. 18), “bienes venideros”, “mejor y perdurable herencia”, como los llama también Hebreos 10:1 y 34. En verdad, cuán gloriosas son las cosas “que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9; comp. v. 17-21).

Proverbios 8:22-36
22Jehová me poseía en el principio de su camino, Ya de antiguo, antes de sus obras.23Eternalmente tuve el principado, desde el principio, Antes de la tierra.24Antes de los abismos fuí engendrada; Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.25Antes que los montes fuesen fundados, Antes de los collados, era yo engendrada:26No había aún hecho la tierra, ni las campiñas, Ni el principio del polvo del mundo.27Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; Cuando señalaba por compás la sobrefaz del abismo;28Cuando afirmaba los cielos arriba, Cuando afirmaba las fuentes del abismo;29Cuando ponía á la mar su estatuto, Y á las aguas, que no pasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra;30Con él estaba yo ordenándolo todo; Y fuí su delicia todos los días, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.31Huélgome en la parte habitable de su tierra; Y mis delicias son con los hijos de los hombres.32Ahora pues, hijos, oidme: Y bienaventurados los que guardaren mis caminos.33Atended el consejo, y sed sabios, Y no lo menospreciéis.34Bienaventurado el hombre que me oye, Velando á mis puertas cada día, Guardando los umbrales de mis entradas.35Porque el que me hallare, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová.36Mas el que peca contra mí, defrauda su alma: Todos los que me aborrecen, aman la muerte.

Lo “que Dios ha preparado para los que le aman” tiene su fuente en Cristo. Él es “sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Corintios 2:7 y 9; véase también 1 Corintios 1:30). Los versículos 22 a 31 nos hacen remontar el curso del tiempo más allá del principio de las cosas creadas, tan lejos como puede ir nuestro pensamiento. Ya estaba la Sabiduría, una Persona, al lado de Dios: el Hijo con el Padre, en una recíproca plenitud de amor y de gozo para concebir y luego efectuar juntos la obra de la creación. Pero, además, nos enteramos aquí de algo extraordinario: antes que existiera un solo hombre, antes que ni siquiera hubiera una tierra para llevarlo, aun antes del “principio del polvo del mundo”, fuimos, usted y yo, conocidos y amados. “Mis delicias son con los hijos de los hombres”, tal es la maravillosa declaración del Amado de Dios antes de que empezara el tiempo. No quería gozar solo del amor de su Padre. Y toda la obra que iba a emprender tenía ese gran propósito final: introducir hombres salvados y perfectos en su propia felicidad para gloria de Dios, su Padre.

Proverbios 9:1-18
1LA sabiduría edificó su casa, Labró sus siete columnas;2Mató sus víctimas, templó su vino, Y puso su mesa.3Envió sus criadas; Sobre lo más alto de la ciudad clamó:4Cualquiera simple, venga acá. A los faltos de cordura dijo:5Venid, comed mi pan, Y bebed del vino que yo he templado.6Dejad las simplezas, y vivid; Y andad por el camino de la inteligencia.7El que corrige al escarnecedor, afrenta se acarrea: El que reprende al impío, se atrae mancha.8No reprendas al escarnecedor, porque no te aborrezca: Corrige al sabio, y te amará.9Da al sabio, y será más sabio: Enseña al justo, y acrecerá su saber.10El temor de Jehová es el principio de la sabiduría; Y la ciencia de los santos es inteligencia.11Porque por mí se aumentarán tus días, Y años de vida se te añadirán.12Si fueres sabio, para ti lo serás: Mas si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.13La mujer loca es alborotadora; Es simple é ignorante.14Siéntase en una silla á la puerta de su casa, En lo alto de la ciudad,15Para llamar á los que pasan por el camino, Que van por sus caminos derechos.16Cualquiera simple, dice, venga acá. A los faltos de cordura dijo:17Las aguas hurtadas son dulces, Y el pan comido en oculto es suave.18Y no saben que allí están los muertos; Que sus convidados están en los profundos de la sepultura.

El Verbo, quien era en el principio “con Dios”, quien “era Dios”, descendió para hablar a los hombres y traerles la revelación del Padre (tema del evangelio de Juan). Así ocurrió con la Sabiduría. No se quedó al lado de Jehová. Edificó su casa entre los hombres (Juan 1:14) y los invita: “Venid, comed... bebed...” (comp. Juan 6:5). Primero sacia, luego instruye. Jesús llena el corazón antes de surtir la mente y la memoria. Si el amor por Él no precede al conocimiento de “sus mandamientos”, no seremos capaces de guardarlos.

Además, la instrucción de la sabiduría debe empezar por su principio, el cual es el temor de Jehová (v. 10): es el sentimiento de la autoridad de aquel que dispensa la enseñanza. Uno se mantiene con respeto ante Dios al medir la importancia de cada una de sus palabras. No deberíamos leer la Biblia de otra manera.

En el mundo, otra voz procura apartar a los hombres: ¡la de la locura (y del pecado)! Ella toma la apariencia de la Sabiduría (comp. v. 4 y 16) y nos ofrece “gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:25). Pero miremos más de cerca el rostro de sus invitados: están muertos. En su siniestro festín, los difuntos están sentados a la mesa. (v. 18; 2:18-19).

Proverbios 10:1-15
1Las sentencias de Salomón. EL hijo sabio alegra al padre; Y el hijo necio es tristeza de su madre.2Los tesoros de maldad no serán de provecho: Mas la justicia libra de muerte.3Jehová no dejará hambrear el alma del justo: Mas la iniquidad lanzará á los impíos.4La mano negligente hace pobre: Mas la mano de los diligentes enriquece.5El que recoge en el estío es hombre entendido: El que duerme en el tiempo de la siega es hombre afrentoso.6Bendiciones sobre la cabeza del justo: Mas violencia cubrirá la boca de los impíos.7La memoria del justo será bendita: Mas el nombre de los impíos se pudrirá.8El sabio de corazón recibirá los mandamientos: Mas el loco de labios caerá.9El que camina en integridad, anda confiado: Mas el que pervierte sus caminos, será quebrantado.10El que guiña del ojo acarrea tristeza; Y el loco de labios será castigado.11Vena de vida es la boca del justo: Mas violencia cubrirá la boca de los impíos.12El odio despierta rencillas: Mas la caridad cubrirá todas las faltas.13En los labios del prudente se halla sabiduría: Y vara á las espaldas del falto de cordura.14Los sabios guardan la sabiduría: Mas la boca del loco es calamidad cercana.15Las riquezas del rico son su ciudad fuerte; Y el desmayo de los pobres es su pobreza.

A partir de este capítulo, los Proverbios se presentan como una serie de sentencias inspiradas por la Sabiduría. No siempre es fácil captar su orden ni extraer de ellas los principales pensamientos. Por falta de lugar, aquí sólo podremos detenernos cada día en un pequeño número de versículos.

El primero sirve de introducción general: “El hijo sabio alegra al padre”. Se completa con el versículo 24 del capítulo 23: “Mucho se alegrará el padre del justo” (véase también 15:20; 17:21 y 25; 29:3). Pensemos en la satisfacción de nuestros padres cuando mostramos estos caracteres de justicia y de sabiduría según Dios. Pero, al mismo tiempo, elevémonos más alto para admirar al Hijo, cuya excelente sabiduría hacía las continuas delicias de su Padre. No sólo en la eternidad pasada sino también durante su camino en la tierra (cap. 4:3; Mateo 3:17; 17:5).

Los versículos que siguen nos muestran en detalle de qué manera un hijo sabio honra y regocija a su padre: justicia práctica en la actividad (v. 4-5), en el andar (v. 9), en las palabras (v. 11, 13-14), esto es lo que manifestó Jesús y lo que regocijó infinitamente el corazón del Padre (véase Juan 8:29).

Proverbios 10:16-32
16La obra del justo es para vida; Mas el fruto del impío es para pecado.17Camino á la vida es guardar la corrección: Mas el que deja la reprensión, yerra.18El que encubre el odio es de labios mentirosos; Y el que echa mala fama es necio.19En las muchas palabras no falta pecado: Mas el que refrena sus labios es prudente.20Plata escogida es la lengua del justo: Mas el entendimiento de los impíos es como nada.21Los labios del justo apacientan á muchos: Mas los necios por falta de entendimiento mueren.22La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella.23Hacer abominación es como risa al insensato: Mas el hombre entendido sabe.24Lo que el impío teme, eso le vendrá: Mas á los justos les será dado lo que desean.25Como pasa el torbellino, así el malo no permanece: Mas el justo, fundado para siempre.26Como el vinagre á los dientes, y como el humo á los ojos, Así es el perezoso á los que lo envían.27El temor de Jehová aumentará los días: Mas los años de los impíos serán acortados.28La esperanza de los justos es alegría; Mas la esperanza de los impíos perecerá.29Fortaleza es al perfecto el camino de Jehová: Mas espanto es á los que obran maldad.30El justo eternalmente no será removido: Mas los impíos no habitarán la tierra.31La boca del justo producirá sabiduría: Mas la lengua perversa será cortada.32Los labios del justo conocerán lo que agrada: Mas la boca de los impíos habla perversidades.

Un justo se da a conocer en particular por su lenguaje (comp. Mateo 26:73). ¿Le prestamos bastante atención? Ausencia de vocablos groseros, de palabra inconveniente o loca (Efesios 4:29; 5:4). Si tenemos la costumbre de decir todo lo que nos pasa por la mente, los versículos 19 y 20 se dirigen a nosotros. Pero, “plata escogida es la lengua del justo”. Ella filtra las impurezas y sólo deja pasar lo que tiene valor. El corazón del creyente contiene dos fuentes que fluyen por la misma salida de nuestros labios (Santiago 3:9-11): el manantial de vida (v. 11; comp. Juan 4:14), capaz de apacentar a muchos (v. 21), y la fuente impura de nuestra carne, la que deja brotar todo mal pensamiento (Mateo 15:18-19; véase también Proverbios 12:18). La instrucción de la Sabiduría nos enseñará tanto a hablar como a callar (léase la oración del salmo 141:-3).

En los versículos 24 a 30 se compara la suerte del justo y la del impío. El malo teme (v. 24); no es el temor de Jehová, sino un vago y supersticioso terror que tiene como telón de fondo la muerte, para la cual no está preparado (Job 15:20-21). ¡Cuán diferente es la parte del creyente! Para la vida presente Dios le otorga sus justos deseos (v. 24). Y, en cuanto al porvenir, su corazón se alegra con una bienaventurada esperanza (v. 28).

Proverbios 11:1-17
1EL peso falso abominación es á Jehová: Mas la pesa cabal le agrada.2Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra: Mas con los humildes es la sabiduría.3La integridad de los rectos los encaminará: Mas destruirá á los pecadores la perversidad de ellos.4No aprovecharán las riquezas en el día de la ira: Mas la justicia librará de muerte.5La justicia del perfecto enderezará su camino: mas el impío por su impiedad caerá.6La justicia de los rectos los librará: Mas los pecadores en su pecado serán presos.7Cuando muere el hombre impío, perece su esperanza; Y la espectativa de los malos perecerá.8El justo es librado de la tribulación: Mas el impío viene en lugar suyo.9El hipócrita con la boca daña á su prójimo: Mas los justos son librados con la sabiduría.10En el bien de los justos la ciudad se alegra: Mas cuando los impíos perecen, hay fiestas.11Por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida: Mas por la boca de los impíos ella será trastornada.12El que carece de entendimiento, menosprecia á su prójimo: Mas el hombre prudente calla.13El que anda en chismes, descubre el secreto: Mas el de espíritu fiel encubre la cosa.14Cuando faltaren las industrias, caerá el pueblo: Mas en la multitud de consejeros hay salud.15Con ansiedad será afligido el que fiare al extraño: Mas el que aborreciere las fianzas vivirá confiado.16La mujer graciosa tendrá honra: Y los fuertes tendrán riquezas.17A su alma hace bien el hombre misericordioso: Mas el cruel atormenta su carne.

Hemos notado cómo la parte y el carácter del justo y del malo están puestos en contraste casi en cada versículo de estos capítulos. Ocurre así en la vida diaria del hijo de Dios: colocado al lado de los incrédulos de este mundo, su fidelidad está llamada a hacer resaltar la iniquidad de ellos y a la inversa. Él es recto e íntegro en medio de los perversos e impíos. Los versículos 9 a 14 presentan más particularmente el lado de la vida en sociedad. El justo no está llamado a vivir solo. Su presencia en medio de este mundo que le observa es un testimonio dado a éste. La epístola a Tito nos advierte que hemos de vivir justamente... en el presente siglo a fin de adornar, como lo hacen las ilustraciones de un libro, “la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10-12).

“Con los humildes está la sabiduría” (v. 2). El creyente que permanece ante Dios nunca tiene una alta opinión de sí mismo. El mejor remedio para la soberbia es pensar en la grandeza del Señor Jesús. Esa soberbia que va acompañada de menosprecio hacia el prójimo es lo contrario de la inteligencia (v. 12). Porque esta última siempre me hará hallar motivos para estimar al otro como superior a mí mismo (Filipenses 2:3).

Proverbios 11:18-31
18El impío hace obra falsa: Mas el que sembrare justicia, tendrá galardón firme.19Como la justicia es para vida, Así el que sigue el mal es para su muerte.20Abominación son á Jehová los perversos de corazón: Mas los perfectos de camino le son agradables.21Aunque llegue la mano á la mano, el malo no quedará sin castigo: Mas la simiente de los justos escapará.22Zarcillo de oro en la nariz del puerco, Es la mujer hermosa y apartada de razón.23El deseo de los justos es solamente bien: Mas la esperanza de los impíos es enojo.24Hay quienes reparten, y les es añadido más: Y hay quienes son escasos más de lo que es justo, mas vienen á pobreza.25El alma liberal será engordada: Y el que saciare, él también será saciado.26Al que retiene el grano, el pueblo lo maldecirá: Mas bendición será sobre la cabeza del que vende.27El que madruga al bien, buscará favor: Mas el que busca el mal, vendrále.28El que confía en sus riquezas, caerá: Mas los justos reverdecerán como ramos.29El que turba su casa heredará viento; Y el necio será siervo del sabio de corazón.30El fruto del justo es árbol de vida: Y el que prende almas, es sabio.31Ciertamente el justo será pagado en la tierra: ­Cuánto más el impío y el pecador!

La tendencia de nuestro egoísta corazón es acaparar y retener más de lo necesario (v. 24 y 26). Pero, leamos en Lucas 6:38 lo que recomienda el Señor Jesús. El verdadero medio de ser bendecido uno mismo es ocuparse en el bien de los demás. A veces esto desafía la prudencia y la sabiduría humana, pero Dios no tiene la misma aritmética que el hombre. Derriba sus cálculos y sus precauciones. Y las riquezas siempre son una trampa para los que confían en ellas (v. 28; comp. Marcos 10:24 y 1 Timoteo 6:17-18). “Ricos en buenas obras”: tal debe ser nuestra ambición, según este último pasaje.

Sin embargo, existe en el mundo una cosa del más alto valor, la que somos invitados a buscar y a ganar. ¿Qué hay de más precioso que una alma. Para adquirir la nuestra, el Señor “vendió todo lo que tenía” (Mateo 13:44-46). Sí, “el que gana almas es sabio” (v. 30). Dichoso servicio, ¿lo sabemos? Era el del discípulo Andrés (Juan 1:41-43); y puede ser el nuestro también, cualquiera sea nuestra edad y nuestro grado de conocimiento. ¿Qué necesita especialmente el que quiere ganar una alma para el Señor? Precisamente esta sabiduría pronta a aprovechar bien el tiempo (Efesios 5:15-16). Y también el amor, hábil para hallar el camino del corazón (1 Corintios 9:19 y 22).

Proverbios 12:1-16
1EL que ama la corrección ama la sabiduría: Mas el que aborrece la reprensión, es ignorante.2El bueno alcanzará favor de Jehová: Mas él condenará al hombre de malos pensamientos.3El hombre no se afirmará por medio de la impiedad: Mas la raíz de los justos no será movida.4La mujer virtuosa corona es de su marido: Mas la mala, como carcoma en sus huesos.5Los pensamientos de los justos son rectitud; Mas los consejos de los impíos, engaño.6Las palabras de los impíos son para acechar la sangre: Mas la boca de los rectos los librará.7Dios trastornará á los impíos, y no serán más: Mas la casa de los justos permanecerá.8Según su sabiduría es alabado el hombre: Mas el perverso de corazón será en menosprecio.9Mejor es el que es menospreciado y tiene servidores, Que el que se precia, y carece de pan.10El justo atiende á la vida de su bestia: Mas las entrañas de los impíos son crueles.11El que labra su tierra, se hartará de pan: Mas el que sigue los vagabundos es falto de entendimiento.12Desea el impío la red de los malos: Mas la raíz de los justos dará fruto.13El impío es enredado en la prevaricación de sus labios: Mas el justo saldrá de la tribulación.14El hombre será harto de bien del fruto de su boca: Y la paga de las manos del hombre le será dada.15El camino del necio es derecho en su opinión: Mas el que obedece al consejo es sabio.16El necio luego al punto da á conocer su ira: Mas el que disimula la injuria es cuerdo.

Ahora se considera al justo en su vida familiar: su mujer (v. 4), su casa (v. 7), su servidor (v. 9), su bestia (v. 10), su trabajo (v. 11...). ¿Dónde debe mostrarse la fidelidad del creyente, si no es primeramente en sus relaciones domésticas y en su trabajo de todos los días?

No deben confundirse estas enseñanzas de la Sabiduría con lo que en el mundo se llama la moral. Ésta es el conjunto de reglas de buena conducta que los hombres se dan a sí mismos; también a menudo se expresan bajo forma de máximas. Algunas de ellas fueron tomadas del cristianismo; otras son inspiradas por el buen sentido o por la experiencia de la vida en sociedad. Pero la moral humana no hace intervenir a Dios. Mientras que aquí tenemos principios divinos comunicados por Dios. Santiago 3:15 distingue entre la sabiduría de lo alto y la sabiduría de este siglo, terrenal, animal, diabólica, (por ejemplo, la que hizo hablar a Pedro en Mateo 16:22 y obligó al Señor a llamarle “Satanás”).

El versículo 15 nos muestra que el hombre es incapaz de juzgar si su camino es recto o no. El mundo está lleno de esos necios que regulan sus pasos según la moral humana antes que escuchar el consejo de Dios.

Proverbios 12:17-28; Proverbios 13:1-6
17El que habla verdad, declara justicia; Mas el testigo mentiroso, engaño.18Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: Mas la lengua de los sabios es medicina.19El labio de verdad permanecerá para siempre: Mas la lengua de mentira por un momento.20Engaño hay en el corazón de los que piensan mal: Mas alegría en el de los que piensan bien.21Ninguna adversidad acontecerá al justo: Mas los impíos serán llenos de mal.22Los labios mentirosos son abominación á Jehová: Mas los obradores de verdad su contentamiento.23El hombre cuerdo encubre la ciencia: Mas el corazón de los necios publica la necedad.24La mano de los diligentes se enseñoreará: Mas la negligencia será tributaria.25El cuidado congojoso en el corazón del hombre, lo abate; Mas la buena palabra lo alegra.26El justo hace ventaja á su prójimo: Mas el camino de los impíos les hace errar.27El indolente no chamuscará su caza: Mas el haber precioso del hombre es la diligencia.28En el camino de la justicia está la vida; Y la senda de su vereda no es muerte.
1EL hijo sabio toma el consejo del padre: Mas el burlador no escucha las reprensiones.2Del fruto de su boca el hombre comerá bien: Mas el alma de los prevaricadores hallará mal.3El que guarda su boca guarda su alma: Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.4Desea, y nada alcanza el alma del perezoso: Mas el alma de los diligentes será engordada.5El justo aborrece la palabra de mentira: Mas el impío se hace odioso é infame.6La justicia guarda al de perfecto camino: Mas la impiedad trastornará al pecador.

“El que guarda su boca guarda su alma” (cap. 13:3). Entonces no nos extrañemos de hallar en los Proverbios tantas recomendaciones a propósito del empleo de la lengua. En el versículo 17 se trata de la verdad. Un hijo de Dios debería ser conocido por decirla siempre, cueste lo que le costare (Efesios 4:25). El labio veraz (v. 19) es lo contrario de los labios mentirosos, los que “son abominación a Jehová” (v. 22).

El versículo 25 nos sugiere otro uso para nuestra lengua: alegrar por medio de una buena palabra a aquellos cuyo corazón está abatido. La buena palabra por excelencia, ¿no es la buena nueva, el Evangelio? Por ella podré mostrar el camino a mi prójimo (v. 26).

¡Mostrar el camino es mostrar a Jesús (Juan 14:6) mediante mis palabras y sobre todo mediante mis obras! Él era ese Hijo sabio, quien escuchaba la instrucción del Padre (cap. 13:1; Juan 8:49).

Aquí volvemos a encontrar al perezoso con su opuesto: el diligente (v. 24, 27 y cap. 13:4). Al dejar de asar “lo que ha cazado” (v. 27), el perezoso se priva de alimento. Acordémonos que un esfuerzo personal es indispensable para retener y asimilar las verdades bíblicas que hemos podido leer u oír (tomar notas y volver a leerlas, memorizar versículos, etc...). No seamos “tardos para oír” (Hebreos 5:11).

Proverbios 13:7-25
7Hay quienes se hacen ricos, y no tienen nada: Y hay quienes se hacen pobres, y tienen muchas riquezas.8La redención de la vida del hombre son sus riquezas: Pero el pobre no oye censuras.9La luz de los justos se alegrará: Mas apagaráse la lámpara de los impíos.10Ciertamente la soberbia parirá contienda: Mas con los avisados es la sabiduría.11Disminuiránse las riquezas de vanidad: Empero multiplicará el que allega con su mano.12La esperanza que se prolonga, es tormento del corazón: Mas árbol de vida es el deseo cumplido.13El que menosprecia la palabra, perecerá por ello: Mas el que teme el mandamiento, será recompensado.14la ley del sabio es manantial de vida, Para apartarse de los lazos de la muerte.15El buen entendimiento conciliará gracia: Mas el camino de los prevaricadores es duro.16Todo hombre cuerdo obra con sabiduría: Mas el necio manifestará necedad.17El mal mensajero caerá en mal: Mas el mensajero fiel es medicina.18Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo: Mas el que guarda la corrección, será honrado.19El deseo cumplido deleita el alma: Pero apartarse del mal es abominación á los necios.20El que anda con los sabios, sabio será; Mas el que se allega á los necios, será quebrantado.21Mal perseguirá á los pecadores: Mas á los justos les será bien retribuído.22El bueno dejará herederos á los hijos de los hijos; Y el haber del pecador, para el justo está guardado.23En el barbecho de los pobres hay mucho pan: Mas piérdese por falta de juicio.24El que detiene el castigo, á su hijo aborrece: Mas el que lo ama, madruga á castigarlo.25El justo come hasta saciar su alma: Mas el vientre de los impíos tendrá necesidad.

La luz de los justos es alegre (v. 9; comp. Salmo 97:11). La alegría según Dios forma parte del testimonio de los hijos de luz. Un cristiano triste a menudo es un triste cristiano. El humor áspero es como una pantalla que vela todo el resplandor (ver Filipenses 2:15) que un creyente podría despedir.

En contraste, “se apagará la lámpara de los impíos” (v. 9; cap. 24:20). Les falta el aceite, como a las vírgenes insensatas de la parábola (Mateo 25:8), porque la vida del Espíritu para mantener la luz está ausente.

“Por la soberbia no viene más que contienda” (v. 10 V. M.). En general explicamos nuestras disputas por otros motivos. A lo sumo, cada uno sabrá discernir la soberbia en su adversario. Sin embargo, este versículo me abre los ojos. Una contienda manifiesta mi propio orgullo: quiero tener razón; me humilla ceder. Bastará, pues, que yo muestre el espíritu de Cristo para que cese inmediatamente el conflicto y... en el fondo para que consiga la victoria (Mateo 5:39-40; Génesis 13:8-9).

“La enseñanza del sabio es manantial de vida” (v. 14 V. M.). Escuchemos, pues, a aquellos en quienes podemos reconocer esa sabiduría de lo alto. Pero más provechoso aun es andar con ellos (v. 20). ¿A quiénes frecuentamos?

Proverbios 14:1-16
1LA mujer sabia edifica su casa: Mas la necia con sus manos la derriba.2El que camina en su rectitud teme á Jehová: Mas el pervertido en sus caminos lo menosprecia.3En la boca del necio está la vara de la soberbia: Mas los labios de los sabios los guardarán.4Sin bueyes el granero está limpio: Mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan.5El testigo verdadero no mentirá: Mas el testigo falso hablará mentiras.6Busca el escarnecedor la sabiduría, y no la halla: Mas la sabiduría al hombre entendido es fácil.7Vete de delante del hombre necio, Porque en él no advertirás labios de ciencia.8La ciencia del cuerdo es entender su camino: Mas la indiscreción de los necios es engaño.9Los necios se mofan del pecado: Mas entre los rectos hay favor.10El corazón conoce la amargura de su alma; Y extraño no se entrometerá en su alegría.11La casa de los impíos será asolada: Mas florecerá la tienda de los rectos.12Hay camino que al hombre parece derecho; Empero su fin son caminos de muerte.13Aun en la risa tendrá dolor el corazón; Y el término de la alegría es congoja.14De sus caminos será harto el apartado de razón: Y el hombre de bien estará contento del suyo.15El simple cree á toda palabra: Mas el avisado entiende sus pasos.16El sabio teme, y se aparta del mal: Mas el necio se arrebata, y confía.

La sabiduría de las mujeres está en relación con “su casa” (v. 1). En nuestro siglo, en el que la mujer casada a menudo busca desempeñar un papel en todos los campos, salvo en el de su propio hogar, es oportuno subrayar esta enseñanza bíblica (Tito 2:5). ¿No es necesaria toda la sabiduría divina para la educación cristiana de los hijos? Aun las cotidianas tareas de la casa, que les parecen demasiado humildes y monótonas a algunas, tienen un gran precio para el Señor.

Varios versículos establecen lo que Dios llama la locura. Él no la aprecia según los mismos puntos de vista que el mundo (1 Corintios 1:19-20). Uno de los caracteres del necio es que se mofa del pecado (v.9). Es al mismo tiempo menospreciar la cruz que fue necesaria para quitar el pecado; y no hay más grande ultraje para Dios.

El versículo 13 define la alegría del incrédulo en contraste con la del creyente (cap. 13:9). La esperanza del cristiano mantiene la alegría en su corazón aun a través de sus penas. Puede ser a la vez “entristecido, mas siempre gozoso” (2 Corintios 6:10). Mientras que para el mundo es a la inversa: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón” (v. 13). Pobre y siniestra alegría la que por un corto momento sólo oculta la perspectiva del terrible juicio venidero.

Proverbios 14:17-35
17El que presto se enoja, hará locura: Y el hombre malicioso será aborrecido.18Los simples heredarán necedad: Mas los cuerdos se coronarán de sabiduría.19Los malos se inclinarán delante de los buenos, Y los impíos á las puertas del justo.20El pobre es odioso aun á su amigo: Pero muchos son los que aman al rico.21Peca el que menosprecia á su prójimo: Mas el que tiene misericordia de los pobres, es bienaventurado.22¿No yerran los que piensan mal? Misericordia empero y verdad alcanzarán los que piensan bien.23En toda labor hay fruto: Mas la palabra de los labios solamente empobrece.24Las riquezas de los sabios son su corona: Mas es infatuación la insensatez de los necios.25El testigo verdadero libra las almas: Mas el engañoso hablará mentiras.26En el temor de Jehová está la fuerte confianza; Y esperanza tendrán sus hijos.27El temor de Jehová es manantial de vida, Para apartarse de los lazos de la muerte.28En la multitud de pueblo está la gloria del rey: Y en la falta de pueblo la flaqueza del príncipe.29El que tarde se aira, es grande de entendimiento: Mas el corto de espíritu engrandece el desatino.30El corazón apacible es vida de las carnes: Mas la envidia, pudrimiento de huesos.31El que oprime al pobre, afrenta á su Hacedor: Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.32Por su maldad será lanzado el impío: Mas el justo en su muerte tiene esperanza.33En el corazón del cuerdo reposa la sabiduría; Y es conocida en medio de los necios.34La justicia engrandece la nación: Mas el pecado es afrenta de las naciones.35La benevolencia del rey es para con el ministro entendido: Mas su enojo contra el que lo avergüenza.

“El que fácilmente se enoja hará locuras” (v. 17; comp. Eclesiastés 7:9). Al contrario “el que tarda en airarse es grande de entendimiento” (v. 29; véase también Santiago 1:19); y es un carácter a menudo atribuido a Dios mismo (Éxodo 34:6; Números 14:18 etc...). ¡Cuántos hechos o palabras pronunciadas en un momento de irritación luego se deploran amargamente! Antes que un espíritu impaciente mostremos más bien ese gran entendimiento: hagamos preceder la explosión de nuestra ira por un momento de reflexión (o mejor aun de oración). Más de una vez comprobaremos que después no subsiste ningún valedero motivo para nuestra irritación. El que sabe que tiene la aprobación de Dios es capaz de contar apaciblemente con Él (comp. 1 Reyes 22:24-25). “El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” (v. 21). Con el pretexto de que las buenas obras son sin valor para efectuar nuestra salvación, podríamos sentirnos inclinados a descuidarlas. Pero justamente los hijos de Dios son invitados a “ocuparse en buenas obras” (Tito 3:14), sin perder de vista, no obstante, que el estado de las almas es más importante que las necesidades materiales. El versículo 25 nos recuerda al Testigo por excelencia... pero igualmente lo que debe caracterizar todo testimonio fiel: mostrar a las alas el camino de la liberación.

Proverbios 15:1-15
1LA blanda respuesta quita la ira: Mas la palabra áspera hace subir el furor.2La lengua de los sabios adornará la sabiduría: Mas la boca de los necios hablará sandeces.3Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando á los malos y á los buenos.4La sana lengua es árbol de vida: Mas la perversidad en ella es quebrantamiento de espíritu.5El necio menosprecia el consejo de su padre: Mas el que guarda la corrección, vendrá á ser cuerdo.6En la casa del justo hay gran provisión; Empero turbación en las ganancias del impío.7Los labios de los sabios esparcen sabiduría: Mas no así el corazón de los necios.8El sacrificio de los impíos es abominación á Jehová: Mas la oración de los rectos es su gozo.9Abominación es á Jehová el camino del impío: Mas él ama al que sigue justicia.10La reconvención es molesta al que deja el camino: Y el que aborreciere la corrección, morirá.11El infierno y la perdición están delante de Jehová: ­Cuánto más los corazones de los hombres!12El escarnecedor no ama al que le reprende; Ni se allega á los sabios.13El corazón alegre hermosea el rostro: Mas por el dolor de corazón el espíritu se abate.14El corazón entendido busca la sabiduría: Mas la boca de los necios pace necedad.15Todos los días del afligido son trabajosos: Mas el de corazón contento tiene un convite continuo.

Ayer aprendimos que el medio de aplacar nuestra propia cólera es la paciencia y la oración. Ahora, he aquí un remedio para la ira de los demás: este soberano bálsamo se llama “la blanda respuesta”. La humilde y apacible respuesta de Gedeón a los hombres de Efraín en Jueces 8:1-3 pudo más que la irritación de ellos. Y no es la menor de las victorias de ese hombre de fe. Al contrario, “la palabra áspera” abre una herida que luego es muy difícil de curar.

Comparemos los versículos 5, 10 y 12 (así como los v. 31 y 32). Atender “a la reprensión” (v. 5 V. M.) o a la corrección permite que uno se haga prudente. Es tomarlas en cuenta para no volver a obrar mal. El capítulo 13:24 (y Hebreos 12:6 en relación con Dios) nos hizo notar que, contrariamente a las aparencias, los padres muestran su amor al disciplinar a sus hijos. El secreto para aceptar la reprensión, por consiguiente, está en comprender que es dictada por el verdadero amor y que tiene en vista «nuestro provecho». No seamos como el escarnecedor, quien no ama al que le reprende (v. 12).

“La oración de los rectos” es el gozo de Jehová, afirma el versículo 8. En efecto, la rectitud es la ausencia de voluntad propia, la plena sumisión al pensamiento de Dios, quien, entonces, podrá satisfacer tal oración (1 Juan 5:14-15).

Proverbios 15:16-33
16Mejor es lo poco con el temor de Jehová, Que el gran tesoro donde hay turbación.17Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, Que de buey engordado donde hay odio.18El hombre iracundo mueve contiendas: Mas el que tarde se enoja, apaciguará la rencilla.19El camino del perezoso es como seto de espinos: Mas la vereda de los rectos como una calzada.20El hijo sabio alegra al padre: Mas el hombre necio menosprecia á su madre.21La necedad es alegría al falto de entendimiento: Mas el hombre entendido enderezará su proceder.22Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se afirman.23Alégrase el hombre con la respuesta de su boca: Y la palabra á su tiempo, ­cuán buena es!24El camino de la vida es hacia arriba al entendido, Para apartarse del infierno abajo.25Jehová asolará la casa de los soberbios: Mas él afirmará el término de la viuda.26Abominación son á Jehová los pensamientos del malo: Mas las expresiones de los limpios son limpias.27Alborota su casa el codicioso: Mas el que aborrece las dádivas vivirá.28El corazón del justo piensa para responder: Mas la boca de los impíos derrama malas cosas.29Lejos está Jehová de los impíos: Mas él oye la oración de los justos.30La luz de los ojos alegra el corazón; Y la buena fama engorda los huesos.31La oreja que escucha la corrección de vida, Entre los sabios morará.32El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: Mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.33El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría: Y delante de la honra está la humildad.

Los versículos 16 y 17 nos enseñan cuáles son los verdaderos valores aquí abajo: el temor de Dios con el amor que viene de él. “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”, atesta el apóstol. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:6-8).

Subrayemos el versículo 23: “La palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” ¡Cuántas veces guardamos silencio cuando habría que decir una palabra! Y, en general, ello se debe a una falta de ánimo o de dependencia del Espíritu Santo (Mateo 10:19-20). Pero cuando, con el socorro del Señor, hemos aprovechado la ocasión para hablar de Él, experimentamos la primera parte de este versículo: el gozo viene a llenar nuestro propio corazón.

Nuestro capítulo se termina con este proverbio tan a menudo comentado por el Señor Jesús: “A la honra precede la humildad” (véase Mateo 18:4; 19:30; 20:27-28; 23:11-12...). Pero Él no se contentó con enseñarlo con sus palabras. ¿Quién jamás se humilló como Él? Por eso, nadie será más exaltado.

Isaías 1:1-17
1VISION de Isaías hijo de Amoz, la cual vió sobre Judá y Jerusalem, en días de Uzzías, Jotham, Achâz y Ezechîas, reyes de Judá.2Oid, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra mí.3El buey conoce á su dueño, y el asno el pesebre de su señor: Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento.4Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron á Jehová, provocaron á ira al Santo de Israel, tornáronse atrás.5¿Para qué habéis de ser castigados aún? todavía os rebelaréis. Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.6Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.7Vuestra tierra está destruída, vuestras ciudades puestas á fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida de extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.8Y queda la hija de Sión como choza en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.9Si Jehová de los ejércitos no hubiera hecho que nos quedasen muy cortos residuos, como Sodoma fuéramos, y semejantes á Gomorra.10Príncipes de Sodoma, oid la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.11¿Para qué á mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gruesos: no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.12¿Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis á presentaros delante de mí, para hollar mis atrios?13No me traigáis más vano presente: el perfume me es abominación: luna nueva y sábado, el convocar asambleas, no las puedo sufrir: son iniquidad vuestras solemnidades.14Vuestras lunas nuevas y vuestras solemnidades tiene aborrecidas mi alma: me son gravosas; cansado estoy de llevarlas.15Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos: asimismo cuando multiplicareis la oración, yo no oiré: llenas están de sangre vuestras manos.16Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo:17Aprended á hacer bien: buscad juicio, restituid al agraviado, oid en derecho al huérfano, amparad á la viuda.

Como nos lo muestran las mismas palabras del Señor, el Antiguo Testamento consta de tres grandes partes: la ley de Moisés (el Pentateuco), los profetas (que abarcan además los libros históricos) y los salmos con los libros poéticos (Lucas 24:44). Por consiguiente, abordamos con la profecía una importante parte de la Biblia, lamentablemente demasiado a menudo descuidada a causa de sus dificultades. Pidámosle al Señor que nos ayude a descubrir en ella también las cosas tocantes a Él (Lucas 24:27). Un profeta es el portavoz de Dios ante su pueblo para reprenderlo, advertirlo, traerlo de vuelta y consolarlo. En el primer capítulo, como entrada en materia, la primera misión de Isaías es la de un médico encargado de dar su opinión acerca de un enfermo cuyo estado es desesperado. ¡Qué terrible diagnóstico el de los versículos 5 y 6! Es tan válido para el hombre de hoy como para el israelita de otrora. “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente”. La inteligencia se ha corrompido al desviarse de Dios y los afectos por Él han faltado totalmente (Romanos 1:21). En esas condiciones, el despliegue de formas religiosas exteriores no es más que una vana hipocresía y aun una abominación (v. 13; comp. Proverbios 21:27).

Isaías 1:18-31
18Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana.19Si quisiereis y oyereis, comieréis el bien de la tierra:20Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos á espada: porque la boca de Jehová lo ha dicho.21¿Cómo te has tornado ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de juicio, en ella habitó equidad; mas ahora, homicidas.22Tu plata se ha tornado escorias, tu vino mezclado está con agua.23Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones: todos aman las dádivas, y van tras las recompensas: no oyen en juicio al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.24Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, vengaréme de mis adversarios:25Y volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré todo tu estaño:26Y restituiré tus jueces como al principio, y tus consejeros como de primero: entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.27Sión con juicio será rescatada, y los convertidos de ella con justicia.28Mas los rebeldes y pecadores á una serán quebrantados, y los que dejan á Jehová serán consumidos.29Entonces os avergonzarán los olmos que amasteis, y os afrentarán los bosques que escogisteis.30Porque seréis como el olmo que se le cae la hoja, y como huerto que le faltan las aguas.31Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.

He aquí toda la gracia divina que brilla a favor de su miserable pueblo (pero también a disposición de todo pecador que reconoce estar perdido). En el pasaje anterior lo dejamos cubierto de llagas y de heridas recientes (V.M.), semejante a ese hombre de la parábola que había caído en manos de ladrones (Lucas 10:30). Ahora Dios invita a ese pueblo a echar cuentas. ¿Rendir cuentas? ¿Para qué? ¿Qué decir en su defensa? El culpable tiene la boca cerrada. Y entonces, en lugar de condenación, puede escuchar de la boca de su propio juez la maravillosa promesa del versículo 18, la que trajo paz a tantos corazones: “Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos…” Sabemos que es por medio de la sangre de Cristo que esa purificación puede cumplirse (1 Juan 1:7). En cambio, el castigo se ejecutará sobre los que rehúsen el perdón ofrecido.

Los versículos 21 y siguientes nos describen lo que ha llegado a ser Jerusalén, “la ciudad fiel”: una guarida de homicidas. Es necesario que Dios la purifique. Para su desdicha, no será por la sangre redentora —porque nada quiso de ella— sino por el juicio que cae sobre los transgresores después de toda la paciencia que Dios demostró hacia un pueblo rebelde.

Isaías 2:1-22
1LO que vió Isaías, hijo de Amoz, tocante á Judá y a Jerusalem.2Y acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová por cabeza de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán á él todas las gentes.3Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, á la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra de Jehová.4Y juzgará entre las gentes, y reprenderá á muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces: no alzará espada gente contra gente, ni se ensayarán más para la guerra.5Venid, oh casa de Jacob, y caminemos á la luz de Jehová.6Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque son henchidos de oriente, y de agoreros, como los Filisteos; y en hijos ajenos descansan.7Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos; ni sus carros tienen número.8Además está su tierra llena de ídolos, y á la obra de sus manos se han arrodillado, á lo que fabricaron sus dedos.9Y hase inclinado el hombre, y el varón se ha humillado: por tanto no los perdonarás.10Métete en la piedra, escóndete en el polvo, de la presencia espantosa de Jehová y del resplandor de su majestad.11La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será ensalzado en aquel día.12Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, y sobre todo ensalzado; y será abatido:13Y sobre todos los cedros del Líbano altos y sublimes, y sobre todos los alcornoques de Basán;14Y sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados levantados;15Y sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte;16Y sobre todas las naves de Tarsis, y sobre todas pinturas preciadas.17Y la altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo Jehová será ensalzado en aquel día.18Y quitará totalmente los ídolos.19Y meteránse en las cavernas de las peñas, y en las aberturas de la tierra, por la presencia espantosa de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare él para herir la tierra.20Aquel día arrojará el hombre, á los topos y murciélagos, sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase;21Y se entrarán en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia formidable de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare para herir la tierra.22Dejaos del hombre, cuyo hálito está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?

Pese a su ruina y a su miseria enceguecedoras, Jerusalén y Judá estaban hinchados de soberbia y de pretensión. Pero, cuando venga el día del cual hablan los versículos 12 a 21, “la soberbia de los hombres será humillada; y solo Jehová será exaltado en aquel día…” (v. 11 y 17). Dios hará saber públicamente lo que piensa de la gloria y del genio humanos (con todos sus agradables objetos de arte v. 16). El versículo 22 va mucho más lejos aún. “Dejaos del hombre” no sólo es la conclusión de nuestros dos capítulos sino la de todo el Antiguo Testamento; es la irrevocable sentencia de Dios sobre la raza humana de la cual Israel no es más que una muestra. Poco después, la cruz pondría punto final a esa experiencia del hombre en Adán. De ahí en adelante, Dios no hace caso de él y, de acuerdo con Él, tenemos el privilegio de considerarnos “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11).

Este libro de Isaías empieza como la epístola a los Romanos, cuyos primeros tres capítulos formalmente establecen la culpabilidad del hombre y, por ende, su necesidad de justificación. La salvación de Jehová, significado del nombre de Isaías, podrá entonces ser revelada más adelante en la persona de Cristo, el Salvador (cap. 40 y sig.)

Isaías 3:1-15
1PORQUE he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalem y de Judá el sustentador y el fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua;2El valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano;3El capitán de cincuenta, y el hombre de respeto, y el consejero, y el artífice excelente, y el hábil orador.4Y pondréles mozos por príncipes, y muchachos serán sus señores.5Y el pueblo hará violencia los unos á los otros, cada cual contra su vecino: el mozo se levantará contra el viejo, y el villano contra el noble.6Cuando alguno trabare de su hermano, de la familia de su padre, y le dijere, Que vestir tienes, tú serás nuestro príncipe, y sea en tu mano esta ruina;7El jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir: no me hagáis príncipe del pueblo.8Pues arruinada está Jerusalem, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová, para irritar los ojos de su majestad.9La apariencia del rostro de ellos los convence: que como Sodoma predican su pecado, no lo disimulan. ­Ay del alma de ellos! porque allegaron mal para sí.10Decid al justo que le irá bien: porque comerá de los frutos de sus manos.11Ay del impío! mal le irá: porque según las obras de sus manos le será pagado.12Los exactores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen la carrera de tus caminos.13Jehová está en pie para litigar, y está para juzgar los pueblos.14Jehová vendrá á juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.15¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo, y moléis las caras de los pobres? dice el Señor Jehová de los ejércitos.

Hasta el capítulo 12, se tratará principalmente del juicio sobre Israel y Judá; luego, del capítulo 13 al capítulo 27 el que caerá sobre las naciones. Dios siempre empieza ese juicio por su casa —la esfera más responsable— y éste será el caso de la cristiandad profesante (Romanos 2:9; 1 Pedro 4:17). El completo fracaso del hombre se nota más en los que tienen responsabilidades y ocupan una posición elevada. Pese a las formales enseñanzas de Dios se halla entre ellos el adivino y “el hábil encantador” (v. 3, V.M.; Deuteronomio 18:10). ¡En qué profunda corrupción cayó Israel! Pero, no obstante, Dios sabe diferenciar entre el justo y el impío (v. 10-11) y dará a cada uno según su obra. “Lo que el hombre sembrare, eso también segará” confirma Gálatas 6:7 (comp. Job 4:8 y Oseas 8:7; 10:12-13).

Uno de los enojosos frutos cosechados por el pueblo es el desorden social, el derrumbamiento del orden establecido. No hay más disciplina, los hijos objetan la autoridad de sus padres y de sus educadores: “el joven se levantará contra el anciano” (v. 5), los valores morales y las obligaciones son puestos a un lado. ¡Cuántas analogías entre esta profunda decadencia de Israel y la que comprobamos hoy en nuestros países cristianizados!

Isaías 3:16-26; Isaías 4:1-6
16Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sión se ensoberbecen, y andan cuellierguidas y los ojos descompuestos; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies:17Por tanto, pelará el Señor la mollera de las hijas de Sión, y Jehová descubrirá sus vergüenzas.18Aquel día quitará el Señor el atavío de los calzados, y las redecillas, y las lunetas;19Los collares, y los joyeles, y los brazaletes;20Las escofietas, y los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor, y los zarcillos;21Los anillos, y los joyeles de las narices;22Las ropas de remuda, los mantoncillos, los velos, y los alfileres;23Los espejos, los pañizuelos, las gasas, y los tocados.24Y será que en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y desgarrón en lugar de cinta; y calvez en lugar de la compostura del cabello; y en lugar de faja ceñimiento de saco; y quemadura en vez de hermosura.25Tus varones caerán á cuchillo, y tu fuerza en la guerra.26Sus puertas se entristecerán y enlutarán, y ella, desamparada, sentaráse en tierra.
1Y ECHARAN mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente sea llamado tu nombre sobre nosotras, quita nuestro oprobio.2En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, á los librados de Israel.3Y acontecerá que el que quedare en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalem, será llamado santo; todos los que en Jerusalem están escritos entre los vivientes;4Cuando el Señor lavare las inmundicias de las hijas de Sión, y limpiare las sangres de Jerusalem de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de ardimiento.5Y criará Jehová sobre toda la morada del monte de Sión, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas: porque sobre toda gloria habrá cobertura.6Y habrá sombrajo para sombra contra el calor del día, para acogida y escondedero contra el turbión y contra el aguacero.

A las jóvenes, los versículos 18 a 23 les enseñan que los refinamientos de la moda no datan de nuestro siglo. ¿Hay algo más insoportable —y al mismo tiempo más ridículo (véase v. 16, final)— que esa extrema preocupación por la propia persona, ese deseo de atraer la atención y la admiración de los demás? De todos esos accesorios del vestir y esos adornos, Dios nos hace notar la vanidad. ¿Quiere decir esto que una creyente no debe cuidar su “atavío”? ¡Al contrario! La Palabra le enseña aun la manera de hacerlo. Buenas obras (1 Timoteo 2:9, 10), un espíritu afable y apacible (1 Pedro 3:2-6), son el adorno moral que a Dios le gusta; esto sin perder de vista que nuestra manera de vestirnos no le deja indiferente.

Lo que Dios da a su pueblo al final de su historia recuerda sus cuidados del principio, o sea, “nube y oscuridad de día y de noche resplandor de fuego” (comp. Éxodo 13:21-22) como para asegurarle: Nunca dejé de poner los ojos en ti.

Aquí termina el prefacio del libro. Nos ha mostrado la ruina total de Judá y de Jerusalén, los juicios que les alcanzarán, pero también su restauración y la gloria de Cristo (el renuevo del Señor, fuente y poder de vida - v. 2).

Isaías 5:1-17
1AHORA cantaré por mi amado el cantar de mi amado á su viña. Tenía mi amado una viña en un recuesto, lugar fértil.2Habíala cercado, y despedregádola, y plantádola de vides escogidas: había edificado en medio de ella una torre, y también asentado un lagar en ella: y esperaba que llevase uvas, y llevó uvas silvestres.3Ahora pues, vecinos de Jerusalem y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña.4¿Qué más se había de hacer á mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que llevase uvas, ha llevado uvas silvestres?5Os mostraré pues ahora lo que haré yo á mi viña: Quitaréle su vallado, y será para ser consumida; aportillaré su cerca, y será para ser hollada;6Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerá el cardo y las espinas: y aun á las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.7Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta suya deleitosa. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor.8Ay de los que juntan casa con casa, y allegan heredad á heredad hasta acabar el término! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?9Ha llegado á mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas.10Y diez huebras de viña producirán un zaque, y treinta modios de simiente darán tres modios.11Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende!12Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas, y vino; y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos.13Por tanto mi pueblo fué llevado cautivo, porque no tuvo ciencia: y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.14Por eso ensanchó su interior el sepulcro, y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su fausto, y el que en él se holgaba.15Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y bajados serán los ojos de los altivos.16Mas Jehová de los ejércitos será ensalzado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia.17Y los corderos serán apacentados según su costumbre; y extraños comerán las gruesas desamparadas.

Una conmovedora parábola ilustra los cuidados de Dios para con su pueblo. Israel es la viña del Amado de Dios. Aunque fue plantada, arreglada y cuidada con la más tierna solicitud, en definitiva no produjo sino uva silvestre, incomible y sin valor. En la parábola de los labradores malvados, el Señor expresará la total decepción sufrida por el Amado que tenía todos los derechos sobre su viña, Israel (Lucas 20:9-16).

Pero estos versículos nos hacen palpar también nuestra propia ingratitud. Es como si el Señor, después de permitirnos hacer la cuenta de todas las gracias recibidas desde nuestra infancia, preguntara con tristeza a cualquiera de nosotros: ¿Qué debí de hacer por ti que no haya hecho? ¿No tenía derecho de esperar algún buen fruto de tu parte? ¡Y, sin embargo, nada produjiste para mí!

Conocemos el medio de llevar fruto. Es el de permanecer en “la vid verdadera”. Ahora que Israel, viña improductiva, ha sido quitada, Cristo ha llegado a ser esa vid verdadera y su Padre es el labrador (Juan 15:1).

En el versículo 8, Isaías empieza la serie de los “ayes…” Nos muestran las tristes consecuencias, tanto para Israel como para el ser humano en general, al rehusar obedecer a Dios.

Isaías 5:18-30
18Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta,19Los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos: acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!20Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!21Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!22Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida;23Los que dan por justo al impío por cohechos, y al justo quitan su justicia!24Por tanto, como la lengua del fuego consume las aristas, y la llama devora la paja, así será su raíz como pudrimiento, y su flor se desvanecerá como polvo: porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel.25Por esta causa se encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano, é hirióle; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, antes está su mano todaví26Y alzará pendón á gentes de lejos, y silbará al que está en el cabo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente.27No habrá entre ellos cansado, ni que vacile; ninguno se dormirá ni le tomará sueño; á ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus zapatos.28Sus saetas amoladas, y todos sus arcos entesados; las uñas de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas de sus carros como torbellino.29Su bramido como de león; rugirá á manera de leoncillos, rechinará los dientes, y arrebatará la presa; la apañara, y nadie se la quitará.30Y bramará sobre él en aquel día como bramido de la mar: entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz.

Las pasiones de los hombres y los blancos que ellos persiguen varían según su condición social o su temperamento. Unos se afanan por agregar otro campo a su campo u otra casa a su casa (aunque sin poder habitar más de una a la vez - v. 8). ¡Ay de ellos! porque esas cosas de la tierra habrá que dejarlas en la tierra… para presentarse ante Dios con las manos vacías. Otros buscan su placer en las fiestas del mundo y en la excitación engañadora del alcohol (v. 11, 12, 22). ¡Ay de ellos cuando despierten demasiado tarde a las realidades eternas! También están los que se vanaglorian del pecado y provocan a Dios abiertamente (v. 18-19); aquellos cuya conciencia endurecida ha perdido la noción del bien y del mal (v. 20) y los que se complacen en su propia sabiduría (v. 21; en contraste con Proverbios 3:7). Todos los hombres están representados allí, desde el miserable borracho hasta el más grande filósofo, en una común y vana búsqueda de la felicidad (Eclesiastés 8:13). Pero el vocablo de Dios y el fin de todos los pensamientos y de todas las codicias humanas, sean distinguidos o vulgares, es: ¡Ay, ay, ay!

Veremos en los próximos capítulos de qué manera Dios se sirve de una nación (Asiria) como vara para castigar a su pueblo.

Isaías 6:1-13
1EN el año que murió el rey Uzzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo.2Y encima de él estaban serafines: cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria.4Y los quiciales de las puestas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo.5Entonces dije: ­Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas:7Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame á mí.9Y dijo: Anda, y di á este pueblo: Oid bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.10Engruesa el corazón de aqueste pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; porque no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.11Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desierto;12Hasta que Jehová hubiere echado lejos los hombres, y multiplicare en medio de la tierra la desamparada.13Pues aun quedará en ella una décima parte, y volverá, bien que habrá sido asolada: como el olmo y como el alcornoque, de los cuales en la tala queda el tronco, así será el tronco de ella la simiente santa.

En una gloriosa visión, el joven Isaías se halla de repente colocado en presencia del Dios santísimo. Convencido de pecado, exclama: “¡Ay de mí, pues soy perdido!” (V.M. - comp. Lucas 5:8). Entonces a la santidad de Dios viene a responder su gracia. El altar está al lado del trono. La purificación del pecador se cumple a partir del altar, figura del sacrificio de Cristo. Y veamos con qué diligencia Isaías se presenta en seguida para servir a Aquel que acaba de quitar su pecado. ¿Estamos dispuestos a contestar del mismo modo al llamamiento del Señor: “Heme aquí, envíame a mí”?

Es una misión muy extraña la que recibe en primer lugar el joven profeta. ¡Debe anunciar a “este pueblo” que Dios hará incomprensible Su mensaje! Este endurecimiento ha sido a menudo recordado, por ejemplo en Mateo 13:14; Juan 12:40; Hechos 28:25-27: “Anda… Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad”. Isaías es enviado sólo después que ese pueblo desechó “la palabra del Santo de Israel” (cap. 5:24). Y Dios lo permite para que las naciones puedan también participar de la salvación (Romanos 11:25).

Ese año de la muerte del rey Uzías fue decisivo para el joven Isaías. ¿Existe también en nuestra vida una fecha sobresaliente: la de nuestra conversión?

Isaías 7:1-25
1ACONTECIO en los días de Achâz hijo de Jotham, hijo de Uzzías, rey de Judá, que Rezín rey de Siria, y Peca hijo de Remalías, rey de Israel, subieron á Jerusalem para combatirla; mas no la pudieron tomar.2Y vino la nueva á la casa de David, diciendo: Siria se ha confederado con Ephraim. Y estremeciósele el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte á causa del viento.3Entonces dijo Jehová á Isaías: Sal ahora al encuentro de Achâz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al cabo del conducto de la Pesquera de arriba, en el camino de la heredad del Lavador,4Y dile: Guarda, y repósate; no temas, ni se enternezca tu corazón á causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el furor de la ira de Rezín y del Siro, y del hijo de Remalías.5Por haber acordado maligno consejo contra ti el Siro, con Ephraim y con el hijo de Remalías, diciendo:6Vamos contra Judá, y la despertaremos, y la partiremos entre nosotros, y pondremos en medio de ella por rey al hijo de Tabeel:7El Señor Jehová dice así: No subsistirá, ni será.8Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín: y dentro de sesenta y cinco años Ephraim será quebrantado hasta dejar de ser pueblo.9Entretanto la cabeza de Ephraim es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Remalías. Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis.10Y habló más Jehová á Achâz, diciendo:11Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola en lo profundo, ó arriba en lo alto.12Y respondió Achâz: No pediré, y no tentaré á Jehová.13Dijo entonces Isaías: Oid ahora casa de David. ¿Os es poco el ser molestos á los hombres, sino que también lo seáis á mi Dios?14Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel.15Comerá manteca y miel, para que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.16Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra que tú aborreces será dejada de sus dos reyes.17Jehová hará venir sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que Ephraim se apartó de Judá, es á saber, al rey de Asiria.18Y acontecerá que aquel día silbará Jehová á la mosca que está en el fin de los ríos de Egipto, y á la abeja que está en la tierra de Asiria.19Y vendrán, y se asentarán todos en los valles desiertos, y en las cavernas de las piedras, y en todos los zarzales, y en todas las matas.20En aquel día raerá el Señor con navaja alquilada, con los que habitan de la otra parte del río, á saber, con el rey de Asiria, cabeza y pelos de los pies; y aun la barba también quitará.21Y acontecerá en aquel tiempo, que críe un hombre una vaca y dos ovejas;22Y será que á causa de la abundancia de leche que darán, comerá manteca: cierto manteca y miel comerá el que quedare en medio de la tierra.23Acontecerá también en aquel tiempo, que el lugar donde había mil vides que valían mil siclos de plata, será para los espinos y cardos.24Con saetas y arco irán allá; porque toda la tierra será espinos y cardos.25Y á todos los montes que se cavaban con azada, no llegará allá el temor de los espinos y de los cardos: mas serán para pasto de bueyes, y para ser hollados de los ganados.

Después de haber contestado al llamado de Dios, Isaías fue obligado —así parece— a esperar mucho tiempo (por lo menos 16 años: duración del reinado de Jotán) antes de empezar su servicio público. Si tenemos que pasar por semejante escuela de paciencia, no nos desanimemos. Dejemos que el Señor escoja el momento y la manera que le convienen para emplearnos. Nuestra única responsabilidad es la de estar disponible y ser obediente (comp. Mateo 8:9).

Isaías es enviado, primeramente, al rey de Judá, el malvado Acaz. La hora es grave para el pequeño reino. Está amenazado por Rezín, rey de Siria, y, cosa triste de decir, por Peka, rey de Israel. Satanás, a través de ellos, busca derribar el trono de David y entonces se opone al reinado del Mesías prometido. Pero el profeta está encargado de dar una buena noticia: los dos agresores no podrán cumplir su “maligno consejo”.

Luego Acaz, pese a su indignidad y falsa humildad, es invitado a oír una revelación mucho más grande y más gloriosa: el nacimiento de Emanuel. Él traerá la salvación a la casa de David, a Israel y al mundo. ¡Hermoso nombre el de Emanuel: “Dios con nosotros”! (Mateo 1:23). Lo hallamos aquí como un primer rayo de luz proyectado por la lámpara profética en medio de las más profundas tinieblas morales. Léase 2 Pedro 1:19.

Isaías 8:1-22
1Y DIJOME Jehová: Tómate un gran volumen, y escribe en él en estilo de hombre tocante á Maher-salal-hash-baz.2Y junté conmigo por testigos fieles á Urías sacerdote, y á Zacarías hijo de Jeberechîas.3Y juntéme con la profetisa, la cual concibió, y parió un hijo. Y díjome Jehová: Ponle por nombre Maher-salal-hash-baz.4Porque antes que el niño sepa decir, Padre mío, y Madre mía, será quitada la fuerza de Damasco y los despojos de Samaria, en la presencia del rey de Asiria.5Otra vez tornó Jehová á hablarme, diciendo:6Por cuanto desechó este pueblo las aguas de Siloé, que corren mansamente, y holgóse con Rezín y con el hijo de Remalías,7He aquí por tanto que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y muchas, á saber, al rey de Asiria con todo su poder; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas:8Y pasando hasta Judá, inundará, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra, oh Emmanuel.9Juntaos, pueblos, y seréis quebrantados; oid todos los que sois de lejanas tierras: poneos á punto, y seréis quebrantados; apercibíos, y seréis quebrantados.10Tomad consejo, y será deshecho; proferid palabra, y no será firme: porque Dios con nosotros.11Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y enseñóme que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo:12No digáis, Conjuración, á todas las cosas á que este pueblo dice, Conjuración, ni temáis lo que temen, ni tengáis miedo.13A Jehová de los ejércitos, á él santificad: sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.14Entonces él será por santuario; mas á las dos casas de Israel por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalem.15Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados: enredaránse, y serán presos.16Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.17Esperaré pues á Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y á él aguardaré.18He aquí, yo y los hijos que me dió Jehová, por señales y prodigios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos que mora en el monte de Sión.19Y si os dijeren: Preguntad á los pythones y á los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo á su Dios? ¿Apelará por los vivos á los muertos?20A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme á esto, es porque no les ha amanecido.21Y pasarán por él fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán y maldecirán á su rey y á su Dios, levantando el rostro en alto.22Y mirarán á la tierra, y he aquí tribulación y tiniebla, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas.

Dos figuras, dos grandes temas dominan toda la profecía de Isaías: el uno, infinitamente precioso y consolador, es el mismo Mesías. El otro, al contrario, es aterrador; es el asirio, el poderoso enemigo de Israel en los últimos días. Porque el pueblo rehusó al primero, tendrá que habérselas con el segundo. Porque rechazó las aguas de la gracia del que le era enviado (Siloé significa «Enviado»: Juan 9:7), va a hallarse sumergido en juicio por las aguas “tempestuosas y muchas” del temible rey de Asiria. Sin embargo, al acordarse de que se trata del país de Emanuel, Dios quebrantará al final a los que se asocian para invadirlo. Este versículo 9 recuerda también cuál será la suerte de las asociaciones de naciones que están hoy a la orden del día (Isaías 54:15).

Para guardar el hilo conductor en estas palabras proféticas, no olvidemos que ellas conciernen algunas veces al pueblo rebelde y apóstata en su conjunto (v. 11, 14, 15, 19 y sig.) otras al remanente fiel al cual el Espíritu se dirige aquí.

La cita del versículo 18 en Hebreos 2:13 (“He aquí, yo y los hijos que me dio Dios”) nos permite ver en el profeta y sus hijos (cap. 7:3 y 8:1) a Cristo presentándose ante Dios con sus “discípulos”. No se avergüenza de reconocerlos y “llamarlos hermanos” (véase Juan 17:6 y 20:17: “Jesús le dijo: …Vé a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”).

Isaías 9:1-21
1AUNQUE no será esta oscuridad tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez á la tierra de Zabulón, y á la tierra de Nephtalí; y después cuando agravaron por la vía de la mar, de esa parte del Jordán, en Galilea de2El pueblo que andaba en tinieblas vió gran luz: los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.3Aumentando la gente, no aumentaste la alegría. Alegraránse delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.4Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su exactor, como en el día de Madián.5Porque toda batalla de quien pelea es con estruendo, y con revolcamiento de vestidura en sangre: mas esto será para quema, y pábulo del fuego.6Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.7Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.8El Señor envió palabra á Jacob, y cayó en Israel.9Y la sabrá el pueblo, todo él, Ephraim y los moradores de Samaria, que con soberbia y con altivez de corazón dicen:10Los ladrillos cayeron, mas edificaremos de cantería; cortaron los cabrahigos, mas cedros pondremos en su lugar.11Empero Jehová ensalzará los enemigos de Rezín contra él, y juntará sus enemigos;12De oriente los Siros, y los Filisteos de poniente; y con toda la boca se tragarán á Israel. Ni con todo eso ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.13Mas el pueblo no se convirtió al que lo hería, ni buscaron á Jehová de los ejércitos.14Y Jehová cortará de Israel cabeza y cola, ramo y caña en un mismo día.15El viejo y venerable de rostro es la cabeza: el profeta que enseña mentira, este es cola.16Porque los gobernadores de este pueblo son engañadores; y sus gobernados, perdidos.17Por tanto, el Señor no tomará contentamiento en sus mancebos, ni de sus huérfanos y viudas tendrá misericordia: porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla despropósitos. Con todo esto no ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.18Porque la maldad se encendió como fuego, cardos y espinas devorará; y encenderáse en lo espeso de la breña, y serán alzados como humo.19Por la ira de Jehová de los ejércitos se oscureció la tierra, y será el pueblo como pábulo del fuego: el hombre no tendrá piedad de su hermano.20Cada uno hurtará á la mano derecha, y tendrá hambre; y comerá á la izquierda, y no se hartará: cada cual comerá la carne de su brazo:21Manasés á Ephraim, y Ephraim á Manasés, y entrambos contra Judá. Ni con todo esto ha cesado su furor, antes todavía extendida su mano.

El capítulo 8 terminaba con “tinieblas”. Israel andaba en ellas como ciego y a tientas (v. 2). Pero, he aquí que, ante sus pasos, va a resplandecer “una gran luz”. La cita de este pasaje, hecha por el Señor en Mateo 4:15-16, nos transporta al tiempo del Evangelio para ver brillar en él a Aquel que es la luz del mundo (Juan 9:5). Y es en esa Galilea menospreciada (pero cuán privilegiada) que Jesús cumplió la mayor parte de su ministerio. Lo vemos en la costa del lago con sus discípulos y el gentío. Capernaum, en particular, fue “levantada hasta el cielo” por la presencia del Hijo de Dios en medio de ella (Mateo 11:23). No obstante, la luz verdadera no es sólo para una región o para un pueblo, sino que “alumbra a todo hombre”. Por desdicha, “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 1:9 y 3:19). Nuestros versículos pasan por alto el tiempo del rechazamiento del Señor y todo el período actual de la Iglesia, la cual nunca se menciona en los profetas. Nos muestran de golpe el gozo de Israel (v. 3) en el momento en que, después de siglos de oscuridad, se levantará el glorioso Sol de Justicia para el reino milenial (comp. cap. 60:1, 19-20). El hermoso versículo 6 nos revela algunos de los nombres que se atribuyen al Hijo. ¡Tantos nombres y temas benditos de meditación para nuestras almas!

Isaías 10:1-23
1AY de los que establecen leyes injustas, y determinando prescriben tiranía,2Por apartar del juicio á los pobres, y por quitar el derecho á los afligidos de mi pueblo; por despojar las viudas, y robar los huérfanos!3¿Y qué haréis en el día de la visitación? ¿y á quién os acogeréis que os ayude, cuando viniere de lejos el asolamiento? ¿y en dónde dejaréis vuestra gloria?4Sin mí se inclinarán entre los presos, y entre los muertos caerán. Ni con todo esto ha cesado su furor, antes todavía extendida su mano.5Oh Assur, vara y bastón de mi furor: en su mano he puesto mi ira.6Mandaréle contra una gente fementida, y sobre el pueblo de mi ira le enviaré, para que quite despojos, y arrebate presa, y que lo ponga á ser hollado como lodo de las calles.7Aunque él no lo pensará así, ni su corazón lo imaginará de esta manera; sino que su pensamiento será desarraigar y cortar gentes no pocas.8Porque él dice: Mis príncipes ¿no son todos reyes?9¿No es Calno como Carchêmis, Hamath como Arphad, y Samaria como Damasco?10Como halló mi mano los reinos de los ídolos, siendo sus imágenes más que Jerusalem y Samaria;11Como hice á Samaria y á sus ídolos, ¿no haré también así á Jerusalem y á sus ídolos?12Mas acontecerá que después que el Señor hubiere acabado toda su obra en el monte de Sión, y en Jerusalem, visitaré sobre el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y sobre la gloria de la altivez de sus ojos.13Porque dijo: Con la fortaleza de mi mano lo he hecho, y con mi sabiduría; porque he sido prudente: y quité los términos de los pueblos, y saqué sus tesoros, y derribé como valientes los que estaban sentados:14Y halló mi mano como nido las riquezas de los pueblos; y como se cogen los huevos dejados, así me apoderé yo de toda la tierra; y no hubo quien moviese ala, ó abriese boca y graznase.15¿Gloriaráse el hacha contra el que con ella corta? ¿se ensoberbecerá la sierra contra el que la mueve? como si el bordón se levantase contra los que lo levantan; como si se levantase la vara: ¿no es leño?16Por tanto el Señor Jehová de los ejércitos enviará flaqueza sobre sus gordos; y debajo de su gloria encenderá encendimiento, como ardor de fuego.17Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por llama que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinas.18La gloria de su bosque y de su campo fértil consumirá, desde el alma hasta la carne: y vendrá á ser como abanderado en derrota.19Y los árboles que quedaren en su bosque, serán en número que un niño los pueda contar.20Y acontecerá en aquel tiempo, que los que hubieren quedado de Israel, y los que hubieren quedado de la casa de Jacob, nunca más estriben sobre el que los hirió; sino que se apoyarán con verdad en Jehová Santo de Israel.21Las reliquias se convertirán, las reliquias de Jacob, al Dios fuerte.22Porque si tu pueblo, oh Israel, fuere como las arenas de la mar, las reliquias de él se convertirán: la destrucción acordada rebosará justicia.23Pues el Señor Jehová de los ejércitos hará consumación y fenecimiento en medio de la tierra.

Los versículos 8 a 21 del capítulo 9 y los 4 primeros del capítulo 10 nos muestran todas las razones por las cuales el furor de Dios hacia Israel no “ha cesado… sino que todavía su mano está extendida”. Y esta mano esgrime una temible vara para castigar al pueblo culpable: es Asiria, la que ya fue nombrada. Existió un asirio histórico (Senaquerib y sus ejércitos: véase cap. 36:1). Pero sólo ha sido una figura pálida del terrible asirio profético que invadirá el país de Israel un poco antes del reinado de Cristo. En su indignación, Dios ordenará ese ataque contra su pueblo. Pero el agresor lo tomará como pretexto para atribuirse sus éxitos y aun para elevarse contra Dios (v. 13 y 15; comp. 2 Reyes 19:23 y sig.) ¡Qué locura! La herramienta no es nada sin la mano que la maneja. Por esto, cuando haya terminado de servirse de esa vara, Dios le prenderá fuego como se quema a un simple palo (v. 16; cap. 30:31-33).

Aprovechemos ese ejemplo extremo para acordarnos de lo que somos, aun como creyentes: simples instrumentos sin fuerza ni sabiduría propia (comp. v. 13), a los cuales el Señor puede poner a un lado o reemplazar como le agrade. El pensamiento final de Dios no es el juicio sino la gracia: “el remanente volverá” (v. 21, 22 citados en Romanos 9:27).

“La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra” (Proverbios 11:2 y 29:23).

Isaías 11:1-16; Isaías 12:1-6
1Y SALDRA una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.2Y reposará sobre él el espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.3Y harále entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oyeren sus oídos;4Sino que juzgará con justicia á los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra: y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.5Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones.6Morará el lobo con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará: el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.7La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja.8Y el niño de teta se entretendrá sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna del basilisco.9No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como cubren la mar las aguas.10Y acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón á los pueblos, será buscada de las gentes; y su holganza será gloria.11Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová tornará á poner otra vez su mano para poseer las reliquias de su pueblo que fueron dejadas de Assur, y de Egipto, y de Parthia, y de Etiopía, y de Persia, y de Caldea, y de Amath, y de las Islas de la mar.12Y levantará pendón á las gentes, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro cantones de la tierra.13Y se disipará la envidia de Ephraim, y los enemigos de Judá serán talados. Ephraim no tendrá envidia contra Judá, ni Judá afligirá á Ephraim;14Mas volarán sobre los hombros de los Filisteos al occidente, meterán también á saco á los de oriente: Edom y Moab les servirán, y los hijos de Ammón les darán obediencia.15Y secará Jehová la lengua de la mar de Egipto; y levantará su mano con fortaleza de su espíritu sobre el río, y herirálo en sus siete brazos, y hará que pasen por él con zapatos.16Y habrá camino para las reliquias de su pueblo, las que quedaron de Assur, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto.
1Y DIRAS en aquel día: Cantaré á ti, oh Jehová: pues aunque te enojaste contra mí, tu furor se apartó, y me has consolado.2He aquí Dios es salud mía; aseguraréme, y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, el cual ha sido salud para mí.3Sacaréis aguas con gozo de la fuentes de la salud.4Y diréis en aquel día: Cantad á Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido.5Cantad salmos á Jehová; porque ha hecho cosas magníficas: sea sabido esto por toda la tierra.6Regocíjate y canta, oh moradora de Sión: porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.

En el capítulo 10, los versículos 18 y 19, 33 y 34 comparan a Israel con un orgulloso bosque en el cual el hacha y el serrucho (Asiria en la mano de Dios - v. 15) producirán vastos claros. Y el árbol real de Judá también será abatido, ya que pronto no habrá más descendiente de David sobre el trono. Pero el lector ya lo habrá observado en la naturaleza: ocurre que renuevos llenos de savia vuelven a brotar de un tronco cortado. Asimismo, del “tronco de Isaí” (padre de David), seco en apariencia, brotó un nuevo vástago. Creció y, con abundancia, llevó el fruto del Espíritu de Dios (cap. 11:2).

El vástago, la raíz y el linaje de David (v. 1 y 10; Apocalipsis 22:16), son nombres que el Señor Jesús lleva en relación con la bendición de Israel y la del mundo. Entonces la justicia y la paz reinarán sobre la tierra, aun entre los animales: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará…” (v. 6).

¡Qué contraste entre ese encantador cuadro del milenio y el estado actual de la creación que “gime a una, y a una está con dolores de parto” (Romanos 8:19-22) mientras aguarda el reposo y la gloria por venir! Todos los exiliados de Israel participarán de ella. Volverán de su dispersión como otrora el pueblo volvió de su cautiverio en Egipto. Y el capítulo 12 pone en su boca la alabanza final, la que nos recuerda el primer cántico entonado por Israel (comp. v. 2 y Éxodo 15:2).

Isaías 13:1-22
1CARGA de Babilonia, que vió Isaías, hijo de Amoz.2Levantad bandera sobre un alto monte; alzad la voz á ellos, alzad la mano, para que entren por puertas de príncipes.3Yo mandé á mis santificados, asimismo llamé á mis valientes para mi ira, á los que se alegran con mi gloria.4Murmullo de multitud en los montes, como de mucho pueblo; murmullo de ruido de reinos, de gentes reunidas: Jehová de los ejércitos ordena las tropas de la batalla.5Vienen de lejana tierra, de lo postrero de los cielos, Jehová y los instrumentos de su furor, para destruir toda la tierra.6Aullad, porque cerca está el día de Jehová; vendrá como asolamiento del Todopoderoso.7Por tanto, se enervarán todas la manos, y desleiráse todo corazón de hombre:8Y se llenarán de terror; angustias y dolores los comprenderán; tendrán dolores como mujer de parto; pasmaráse cada cual al mirar á su compañero; sus rostros, rostros de llamas.9He aquí el día de Jehová viene, crudo, y de saña y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores.10Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no derramarán su lumbre; y el sol se oscurecerá en naciendo, y la luna no echará su resplandor.11Y visitaré la maldad sobre el mundo, y sobre los impíos su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes.12Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ophir al hombre.13Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día de la ira de su furor.14Y será que como corza amontada, y como oveja sin pastor, cada cual mirará hacia su pueblo, y cada uno huirá á su tierra.15Cualquiera que fuere hallado, será alanceado; y cualquiera que á ellos se juntare, caerá á cuchillo.16Sus niños serán estrellados delante de ellos; sus casas serán saqueadas, y forzadas sus mujeres.17He aquí que yo despierto contra ellos á los Medos, que no curarán de la plata, ni codiciarán oro.18Y con arcos tirarán á los niños, y no tendrán misericordia de fruto de vientre, ni su ojo perdonará á hijos.19Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los Caldeos, será como Sodoma y Gomorra, á las que trastornó Dios.20Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni hincará allí tienda el Arabe, ni pastores tendrán allí majada:21Sino que dormirán allí bestias fieras, y sus casas se llenarán de hurones, allí habitarán hijas del buho, y allí saltarán peludos.22Y en sus palacios gritarán gatos cervales, y chacales en sus casas de deleite: y abocado está á venir su tiempo, y sus días no se alargarán.

Dios empezó el juicio por Israel, que era entonces “su propia casa”. Es el principal tema de los doce primeros capítulos. Ahora, en una nueva división que nos conducirá hasta el capítulo 27, va a hablarnos de su juicio sobre las naciones. Históricamente, se trata en primer lugar, de los pueblos contemporáneos de Isaías. Por esta razón, las diferentes profecías que leeremos sucesivamente ya se han cumplido al pie de la letra. Relatos de viaje confirman que aún hoy el emplazamiento de Babilonia es un lugar asolado y temido, en el cual viven sólo las fieras del desierto (v. 17-22). No obstante, “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2 Pedro 1:20), dicho de otro modo, no se explica aisladamente ni aun por los hechos históricos posteriores. Lo que se debe buscar siempre en ella, con la inteligencia que da el Espíritu Santo, es una relación con el pensamiento central y final de Dios, a saber, Cristo y su futuro reinado.

Así es que existe una Babilonia profética, la falsa Iglesia apóstata (véase Apocalipsis 17:5 y cap. 18). Ésta caerá antes del establecimiento del reino para la alegría de los santos, los que se regocijan en la grandeza de Dios, “los que se alegran con mi gloria” (v. 3). “Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella” (Apocalipsis 18:20; comp. Salmo 35:15 y 26).

Isaías 14:1-27
1PORQUE Jehová tendrá piedad de Jacob, y todavía escogerá á Israel, y les hará reposar en su tierra: y á ellos se unirán extranjeros, y allegaránse á la familia de Jacob.2Y los tomarán los pueblos, y traeránlos á su lugar: y la casa de Israel los poseerá por siervos y criadas en la tierra de Jehová: y cautivarán á los que los cautivaron, y señorearán á los que los oprimieron.3Y será en el día que Jehová te diera reposo de tu trabajo, y de tu temor, y de la dura servidumbre en que te hicieron servir,4Que levantarás esta parábola sobre el rey de Babilonia, y dirás: ­Cómo paró el exactor, cómo cesó la ciudad codiciosa del oro!5Quebrantó Jehová el bastón de los impíos, el cetro de los señores;6Al que con ira hería los pueblos de llaga permanente, el cual se enseñoreaba de las gentes con furor, y las perseguía con crueldad.7Descansó, sosegó toda la tierra: cantaron alabanza.8Aun las hayas se holgaron de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros.9El infierno abajo se espantó de ti; te despertó muertos que en tu venida saliesen á recibirte, hizo levantar de sus sillas á todos los príncipes de la tierra, á todos los reyes de las naciones.10Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también enfermaste como nosotros, y como nosotros fuiste?11Descendió al sepulcro tu soberbia, y el sonido de tus vihuelas: gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán.12Cómo caiste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las gentes.13Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto á las estrellas de Dios ensalzaré mi solio, y en el monte del testimonio me sentaré, á los lados del aquilón;14Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.15Mas tú derribado eres en el sepulcro, á los lados de la huesa.16Inclinarse han hacia ti los que te vieren, te considerarán diciendo: ¿Es este aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos;17Que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades; que á sus presos nunca abrió la cárcel?18Todos los reyes de las gentes, todos ellos yacen con honra cada uno en su casa.19Mas tú echado eres de tu sepulcro como tronco abominable, como vestido de muertos pasados á cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado.20No serás contado con ellos en la sepultura: porque tú destruiste tu tierra, mataste tu pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.21Aparejad sus hijos para el matadero por la maldad de sus padres: no se levanten, ni posean la tierra, é hinchan la haz del mundo de ciudades.22Porque yo me levantaré sobre ellos, dice Jehová de los ejércitos, y raeré de Babilonia el nombre y las reliquias, hijo y nieto, dice Jehová.23Y convertiréla en posesión de erizos, y en lagunas de agua; y la barreré con escobas de destrucción, dice Jehová de los ejércitos.24Jehová de los ejércitos juró, diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado:25Que quebrantaré al Asirio en mi tierra, y en mis montes lo hollaré; y su yugo será apartado de ellos, y su carga será quitada de su hombro.26Este es el consejo que está acordado sobre toda la tierra; y ésta, la mano extendida sobre todas las gentes.27Porque Jehová de los ejércitos ha determinado: ¿y quién invalidará? Y su mano extendida, ¿quién la hará tornar?

A causa de la compasión que siente por el pequeño remanente de su pueblo, Dios derribará los más grandes imperios (cap. 43:3-5). Nada es difícil para Él cuando se trata de liberar a los que ama. ¡No temamos! Él tiene en sus manos todos los recursos para socorrer a sus hijos, no por nuestra fidelidad sino por la suya.

Después de Babilonia, se trata de su rey. Y nos hallamos ante una escena particularmente asombrosa. Por medio del pensamiento, Isaías nos transporta a la morada de los muertos e imagina la emoción causada por la llegada de aquel gran personaje. «¡Así que tú también llegaste aquí!» exclaman los que le conocieron en la cumbre de su poder. En ese rey de Babilonia, reconocemos al jefe del cuarto Imperio (romano), llamado también “la Bestia”. Sin embargo, a partir del versículo 12, el pensamiento del Espíritu va más allá de ese agente de Satanás para evocar a éste mismo. “¡Cómo caíste del cielo…!” ¡Profundo misterio el de esa aparición del orgullo en Lucifer, el querubín de luz! Llegado a ser el príncipe de las tinieblas, aún sabe, para seducir, disfrazarse “como ángel de luz” (2 Corintios 11:14). Hoy hace temblar la tierra mediante el poder de las tinieblas y no suelta a sus prisioneros (v. 17; cap. 49:24-25). Pero Dios, según su promesa, pronto lo aplastará bajo nuestros pies (Romanos 16:20; Ezequiel 28:16-19).

Isaías 14:28-32; Isaías 16:1-14
28En el año que murió el rey Achâz fué esta carga:29No te alegres tú, Filistea toda, por haberse quebrado la vara del que te hería; porque de la raíz de la culebra saldrá basilisco, y su fruto, ceraste volador.30Y los primogénitos de los pobres serán apacentados, y los menesterosos se acostarán seguramente: mas yo haré morir de hambre tu raíz, y mataré tus reliquias.31Aulla, oh puerta; clama, oh ciudad; disuelta estás toda tú, Filistea: porque humo vendrá de aquilón, no quedará uno solo en sus asambleas.32¿Y qué se responderá á los mensajeros de la gentilidad? Que Jehová fundó á Sión, y que á ella se acogerán los afligidos de su pueblo.
1ENVIAD cordero al enseñoreador de la tierra, desde la Piedra del desierto al monte de la hija de Sión.2Y será que cual ave espantada que se huye de su nido, así serán las hijas de Moab en los vados de Arnón.3Reune consejo, haz juicio; pon tu sombra en medio del día como la noche: esconde los desterrados, no entregues á los que andan errantes.4Moren contigo mis desterrados, oh Moab; séles escondedero de la presencia del destruidor: porque el atormentador fenecerá, el destruidor tendrá fin, el hollador será consumido de sobre la tierra.5Y dispondráse trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.6Oído hemos la soberbia de Moab, por extremo soberbio; su soberbia y su arrogancia, y su altivez; mas sus mentiras no serán firmes.7Por tanto aullará Moab, todo él aullará: gemiréis por los fundamentos de Kir-hareseth, en gran manera heridos.8Porque los campos de Hesbón fueron talados, y las vides de Sibma; señores de gentes hollaron sus generosos sarmientos; habían llegado hasta Jazer, y extendídose por el desierto; extendiéronse sus plantas, pasaron la mar.9Por lo cual lamentaré con lloro de Jazer la viña de Sibma; embriagarte hé de mis lágrimas, oh Hesbón y Eleale: porque sobre tus cosechas y sobre tu siega caerá la algazara.10Quitado es el gozo y la alegría del campo fértil; en las viñas no cantarán, ni se regocijarán; no pisará vino en los lagares el pisador: la canción he hecho cesar.11Por tanto mis entrañas sonarán como arpa acerca de Moab, y mi interior en orden á Kir-hareseth.12Y acaecerá, que cuando Moab pareciere que está cansado sobre los altos, entonces vendrá á su santuario á orar, y no le valdrá.13Esta es la palabra que pronunció Jehová sobre Moab desde aquel tiempo.14Empero ahora Jehová ha hablado, diciendo: Dentro de tres años, como años de mozo de soldada, será abatida la gloria de Moab, con toda su grande multitud: y los residuos serán pocos, pequeños, y no fuertes.

Después del juicio contra Babilonia y Asiria, viene el de las naciones vecinas de Israel. Como acusados que se suceden ante un tribunal, esos tradicionales enemigos del pueblo judío van a oír, uno tras otro, una solemne profecía. La Filistea, sojuzgada por Uzías, padre de Acaz (2 Crónicas 26:6), no tenía por qué regocijarse por la muerte de este último (v. 28, 29), puesto que Ezequías, su hijo, iba asimismo a atacarla. “Hirió también a los filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada” (2 Reyes 18:8).

En lo que concierne a Moab, muy grande es su soberbia (cap. 16:6). A este pueblo lo caracteriza el orgullo, del cual Dios declara: “La soberbia y la arrogancia aborrezco” y anuncia: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 8:13; 16:18). Asistimos a esta ruina de Moab. La desolación de Moab es indescriptible. Sus alaridos de espanto y de desesperación llenan los capítulos 15 y 16.

En los versículos 2 a 4 del capítulo 16 nos enteramos de que los fieles que huirán de la persecución del Anticristo en Judá hallarán refugio sobre el territorio de Moab. Finalmente, después de la ejecución de los juicios, habrá uno quien reine con misericordia, con verdad, con rectitud y con justicia. El Salmo 72, versículos 1-4, anuncia estos tiempos felices, en los cuales Cristo, el verdadero Salomón, juzgará al pueblo con justicia y rectitud.

Isaías 17:1-14; Isaías 18:1-7
1CARGA de Damasco.2Las ciudades de Aroer desamparadas, en majadas se tornarán; dormirán allí, y no habrá quien los espante.3Y cesará el socorro de Ephraim, y el reino de Damasco; y lo que quedare de Siria, será como la gloria de los hijos de Israel, dice Jehová de los ejércitos.4Y será que en aquel tiempo la gloria de Jacob se atenuará, y enflaqueceráse la grosura de su carne.5Y será como cuando el segador coge la mies, y con su brazo siega las espigas: será también como el que coge espigas en el valle de Rephaim.6Y quedarán en él rebuscos, como cuando sacuden el aceituno, dos ó tres granos en la punta del ramo, cuatro ó cinco en sus ramas fructíferas, dice Jehová Dios de Israel.7En aquel día mirará el hombre á su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel.8Y no mirará á los altares que hicieron sus manos, ni mirará á lo que hicieron sus dedos, ni á los bosques, ni á las imágenes del sol.9En aquel día las ciudades de su fortaleza serán como los frutos que quedan en los pimpollos y en las ramas, las cuales fueron dejadas á causa de los hijos de Israel; y habrá asolamiento.10Porque te olvidaste del Dios de tu salud, y no te acordaste de la roca de tu fortaleza; por tanto plantarás plantas hermosas, y sembrarás sarmiento extraño.11El día que las plantares, las harás crecer, y harás que tu simiente brote de mañana; mas la cosecha será arrebatada en el día del coger, y del dolor desesperado.12Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo de la mar: y murmullo de naciones hará alboroto como murmurio de muchas aguas.13Los pueblos harán estrépito á manera de ruido de grandes aguas: mas Dios le reprenderá, y huirá lejos; será ahuyentado como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino.14Al tiempo de la tarde he aquí turbación; y antes de la mañana ya no es. Esta es la parte de los que nos huellan, y la suerte de los que nos saquean.
1AY de la tierra que hace sombra con las alas, que está tras los ríos de Etiopía;2Que envía mensajeros por la mar, y en navíos de junco sobre las aguas! Andad, ligeros mensajeros, á la gente tirada y repelada, al pueblo asombroso desde su principio y después; gente harta de esperar y hollada, cuya tierra destruyeron los ríos.3Vosotros, todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra, cuando levantará bandera en los montes, la veréis; y oiréis cuando tocará trompeta.4Porque Jehová me dijo así: Reposaréme, y miraré desde mi morada, como sol claro después de la lluvia, como nube de rocío en el calor de la tierra.5Porque antes de la siega, cuando el fruto fuere perfecto, y pasada la flor fueren madurando los frutos, entonces podará con podaderas los ramitos, y cortará y quitará las ramas.6Y serán dejados todos á las aves de los montes, y á las bestias de la tierra; sobre ellos tendrán el verano las aves, é invernarán todas las bestias de la tierra.7En aquel tiempo será traído presente Jehová de los ejércitos, el pueblo tirado y repelado, pueblo asombroso desde su principio y después; gente harta de esperar y hollada, cuya tierra destruyeron los ríos; al lugar del nombre de Jehová de los ejércitos, a

En el capítulo 7:1 hemos visto a Rezín, rey de Siria, atacar a Judá con la complicidad de Peka, hijo de Remalías. 2 Reyes 16:5 a 9 completa este relato con su final: la toma de Damasco por Tiglat-pileser y la muerte de Rezín. Sin embargo, la “Profecía sobre Damasco” se refiere al porvenir, lo mismo que los juicios precedentes. Al parecer, la moderna Siria formará parte de esa “multitud de muchos pueblos” (v. 12; Apocalipsis 17:15), la cual, como un mar tumultuoso, tratará de sumergir a Israel… pero, “antes de la mañana”, ya no existirá (Salmo 37:36).

En contraste, el capítulo 18 nos presenta a un país marítimo que extiende su poder protector (la sombra con las alas) para ir en ayuda del pueblo elegido. Así Dios distingue, entre las naciones del mundo, las que son favorables o no a Israel. Y veamos lo que Él piensa de su pobre pueblo terrenal, mientras el mundo lo menosprecia y lo pisotea. A sus ojos, Israel es “temible (o maravilloso, según algunas versiones) desde su principio y después…” ¿No es el pueblo de Aquel que es llamado: “Maravilloso…”? (cap. 9:6, V.M.)

Y nosotros, amigos creyentes, ¿esperamos a Aquel que no sólo es nuestro Rey, sino también el Esposo celestial de la Iglesia?

Isaías 19:1-15, 22-25
1CARGA de Egipto.2Y revolveré Egipcios contra Egipcios, y cada uno peleará contra su hermano, cada uno contra su prójimo: ciudad contra ciudad, y reino contra reino.3Y el espíritu de Egipto se desvanecerá en medio de él, y destruiré su consejo; y preguntarán á sus imágenes, á sus mágicos, á sus pythones y á sus adivinos.4Y entregaré á Egipto en manos de señor duro; y rey violento se enseñoreará de ellos, dice el Señor Jehová de los ejércitos.5Y las aguas de la mar faltarán, y el río se agotará y secará.6Y alejaránse los ríos, se agotarán y secarán las corrientes de los fosos la caña y el carrizo serán cortados.7Las verduras de junto al río, de junto á la ribera del río, y toda sementera del río, se secarán, se perderán, y no serán.8Los pescadores también se entristecerán; y harán duelo todos los que echan anzuelo en el río, y desfallecerán los que extienden red sobre las aguas.9Los que labran lino fino, y los que tejen redes, serán confundidos;10Porque todas sus redes serán rotas: y se entristecerán todos los que hacen viveros para peces.11Ciertamente son necios los príncipes de Zoán; el consejo de los prudentes consejeros de Faraón, se ha desvanecido. ¿Cómo diréis á Faraón: Yo soy hijo de los sabios, é hijo de los reyes antiguos?12¿Dónde están ahora aquellos tus prudentes? Dígante ahora, ó hágante saber qué es lo que Jehová de los ejércitos ha determinado sobre Egipto.13Hanse desvanecido los príncipes de Zoán, se han engañado los príncipes de Noph: engañaron á Egipto las esquinas de sus familias.14Jehová mezcló espíritu de vahido en medio de él; é hicieron errar á Egipto en toda su obra, como desatina el borracho en su vómito.15Y no aprovechará á Egipto cosa que haga la cabeza ó la cola, el ramo ó el junco.
22Y herirá á Egipto, herirá y sanará; y se convertirán á Jehová, y les será clemente, y los sanará.23En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto á Asiria, y Asirios entrarán en Egipto, y Egipcios en Asiria; y los Egipcios servirán con los Asirios á Jehová.24En aquel tiempo, Israel será tercero con Egipto y con Asiria; será bendición en medio de la tierra;25Porque Jehová de los ejércitos los bendecirá, diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el Asirio obra de mis manos, é Israel mi heredad.

Ahora Egipto tiene que oír una profecía amenazadora: guerra civil, tiranía de un cruel déspota, como otrora el Faraón, desecamiento del Nilo, el cual es la arteria vital, la riqueza y el orgullo del país (Ezequiel 29:3). He aquí lo que principalmente aguarda a ese enemigo de Israel.

Estos príncipes de Zoán y de Menfis nos ofrecen la imagen de los hombres de este mundo. Se creen sabios y no son más que necios (v. 11; comp. Romanos 1:22) porque rehúsan escuchar al Dios que se reveló. Al mismo tiempo dan crédito a todas las posibles formas de superstición (comp. v. 3). Por otra parte, es de notar que, paradójicamente, los peores incrédulos son, a menudo, los más crédulos. Esto se explica perfectamente: sin darse cuenta de ello, están enceguecidos y seducidos por Satanás, el señor duro y rey violento (v. 4; 2 Timoteo 3:13) que domina sobre ellos, engañándolos. Pero la gracia de Dios todavía tendrá algo que decir, aun para Egipto. Al lado de Israel, la particular heredad de Dios, en la bendición milenial habrá lugar para Egipto y Asiria, otrora enemigos del pueblo de Dios, pero figuras del mundo, el cual será entonces enteramente sumiso al Hijo del Hombre (Génesis 22:18).

Isaías 20:1-6; Isaías 21:1-10
1EN el año que vino Thartán á Asdod, cuando le envió Sargón rey de Asiria, y peleó contra Asdod y la tomó;2En aquel tiempo habló Jehová por Isaías hijo de Amoz, diciendo: Ve, y quita el saco de tus lomos, y descalza los zapatos de tus pies. E hízolo así, andando desnudo y descalzo.3Y dijo Jehová: De la manera que anduvo mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años, señal y pronóstico sobre Egipto y sobre Etiopía;4Así llevará el rey de Asiria la cautividad de Egipto y la transmigración de Etiopía, de mozos y de viejos, desnuda y descalza, y descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto.5Y se turbarán y avergonzarán de Etiopía su esperanza, y de Egipto su gloria.6Y dirá en aquel día el morador de esta isla: Mirad qué tal fué nuestra esperanza, donde nos acogimos por socorro para ser libres de la presencia del rey de Asiria: ¿y cómo escaparemos?
1CARGA del desierto de la mar. así vienen de la tierra horrenda.2Visión dura me ha sido mostrada. El prevaricador prevarica, y el destructor destruye. Sube, Persa; cerca, Medo. Todo su gemido hice cesar.3Por tanto mis lomos se han llenado de dolor; angustias se apoderaron de mí, como angustias de mujer de parto: agobiéme oyendo, y al ver heme espantado.4Pasmóse mi corazón, el horror me ha intimidado; la noche de mi deseo se me tornó en espanto.5Pon la mesa, mira del atalaya, come, bebe: levantaos, príncipes, ungid el escudo.6Porque el Señor me dijo así: Ve, pon centinela que haga saber lo que viere.7Y vió un carro de un par de caballeros, un carro de asno, y un carro de camello. Luego miró muy más atentamente.8Y gritó como un león: Señor, sobre la atalaya estoy yo continuamente de día, y las noches enteras sobre mi guarda:9Y he aquí este carro de hombres viene, un par de caballeros. Después habló, y dijo: Cayó, cayó Babilonia; y todos los ídolos de sus dioses quebrantó en tierra.10Trilla mía, y paja de mi era: os he dicho lo que oí de Jehová de los ejércitos, Dios de Israel.

El capítulo 20 completa “la profecía sobre Egipto”. Al caminar desnudo y descalzo, el profeta anuncia el lúgubre paso de los cautivos egipcios y etíopes deportados por el rey de Asiria, el cual era experto en esos traslados de poblaciones. Entonces Israel (“el morador de esta costa”) verá con espanto y consternación que fue en vano confiar en el pueblo de Faraón para ser liberado del temible asirio (Salmo 60:11, final).

El capítulo 21 empieza con “la profecía sobre el desierto del mar”. Se trata de nuevo de Babilonia. Durante lo que ella llama “la noche de mi deseo”, los medos y los persas (Elam) otrora pusieron fin brutalmente a su imperio y a su opulencia (v. 4; véase Daniel 5:28-31). Pero esta profecía tiene una aplicación futura como la del capítulo 13 (Lucas 21:35).

En el versículo 6 del capítulo 21 el profeta es invitado a colocar centinela. Sus consignas son: ¡Escuchar (V.M. y otras) diligentemente y gritar! En un ejército, el centinela ocupa un puesto de confianza. Su responsabilidad es considerable. Dos deberes le incumben: Velar y advertir (véase Ezequiel 3:17-18 en contraste Isaías 56:10). ¿No tiene cada creyente esas mismas responsabilidades? ¿Las cumplimos fielmente respecto de los pecadores de este mundo y frente a nuestros hermanos?

Isaías 21:11-17; Isaías 22:1-11
11Carga de Duma. Danme voces de Seir: Guarda, ¿qué de la noche? Guarda, ¿qué de la noche?12El guarda respondió: La mañana viene, y después la noche: si preguntareis, preguntad; volved, venid.13Carga sobre Arabia. En el monte tendréis la noche en Arabia, oh caminantes de Dedanim.14Salid á encontrar al sediento; llevadle aguas, moradores de tierra de Tema, socorred con su pan al que huye.15Porque de la presencia de las espadas huyen, de la presencia de la espada desnuda, de la presencia del arco entesado, de la presencia del peso de la batalla.16Porque así me ha dicho Jehová: De aquí á un año, semejante á años de mozo de soldada, toda la gloria de Cedar será desecha;17Y las reliquias del número de los valientes flecheros, hijos de Cedar, serán apocadas: porque Jehová Dios de Israel lo ha dicho.
1CARGA del valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que toda tú te has subido sobre los terrados?2Tú, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos á cuchillo, ni muertos en guerra.3Todos tus príncipes juntos huyeron del arco, fueron atados: todos los que en ti se hallaron, fueron atados juntamente, aunque lejos se habían huído.4Por esto dije: Dejadme, lloraré amargamente; no os afanéis por consolarme de la destrucción de la hija de mi pueblo.5Porque día es de alboroto, y de huella, y de fatiga por el Señor Jehová de los ejércitos en el valle de la visión, para derribar el muro, y dar grita al monte.6Y Elam tomó aljaba en carro de hombres y de caballeros; y Chîr descubrió escudo.7Y acaeció que tus hermosos valles fueron llenos de carros, y los de á caballo acamparon á la puerta.8Y desnudó la cobertura de Judá; y miraste en aquel día hacia la casa de armas del bosque.9Y visteis las roturas de la ciudad de David, que se multiplicaron; y recogisteis las aguas de la pesquera de abajo.10Y contasteis las casas de Jerusalem, y derribasteis casas para fortificar el muro.11E hicisteis foso entre los dos muros con las aguas de la pesquera vieja: y no tuvisteis respeto al que la hizo, ni mirasteis de lejos al que la labró.

Era de suponer que en la lista de los enemigos de Israel halláramos a Edom (aquí Duma o Idumea). La profecía que le concierne es tan breve como solemne. El fiel centinela colocado según la orden de Jehová (21:6) es interpelado por los burladores de Seír: “Guarda, ¿qué de la noche?” (v. 11; comp. 2 Pedro 3:3-4). Pero la respuesta es a la vez seria y apremiante: “La mañana viene…” Viene para los que la aguardan (véase Romanos 13:12). “Y después,” la noche ¡la eterna noche de los que están perdidos! Cristianos, seamos centinelas vigilantes, conscientes de nuestro servicio en favor de los pecadores para exhortarlos: “Volved, venid”. Vayamos al encuentro de aquel que tiene sed para llevarle agua (v. 14).

Después de la profecía sobre Arabia, país cuya gloria también ha de acabarse, el capítulo 22 se dirige al “valle de la visión”. Esta vez reconocemos en él a la misma Jerusalén en su estado de incredulidad. ¡Descripción trágica e impactante! La ciudad entera está en efervescencia, la gente se concentra en los terrados para asistir a su desastre. Todas las imaginables precauciones ¿no habían sido tomadas? (v. 8-11). Sí, por cierto, salvo la única que hubiese sido necesaria: mirar hacia aquel “que lo hizo”, hacia Jehová su Dios.

Isaías 22:12-25
12Por tanto el Señor Jehová de los ejércitos llamó en este día á llanto y á endechas, á mesar y á vestir saco.13Y he aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comer carne y beber vino, diciendo: Comamos y bebamos, que mañana moriremos.14Esto fué revelado á mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos: Que este pecado no os será perdonado hasta que muráis, dice el Señor Jehová de los ejércitos.15Jehová de los ejércitos dice así: Ve, entra á este tesorero, á Sebna el mayordomo, y dile:16¿Qué tienes tú aquí, ó á quien tienes tú aquí, que labraste aquí sepulcro para ti, como el que en lugar alto labra su sepultura, ó el que esculpe para sí morada en una peña?17He aquí que Jehová te trasportará en duro cautiverio, y de cierto te cubrirá el rostro.18Te echará á rodar con ímpetu, como á bola por tierra larga de términos: allá morirás, y allá estarán los carros de tu gloria, oh vergüenza de la casa de tu señor.19Y arrojarte he de tu lugar, y de tu puesto te empujaré.20Y será que, en aquel día, llamaré á mi siervo Eliacim, hijo de Hilcías;21Y vestirélo de tus vestiduras, y le fortaleceré con tu talabarte, y entregaré en sus manos tu potestad; y será padre al morador de Jerusalem, y á la casa de Judá.22Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá.23E hincarélo como clavo en lugar firme; y será por asiento de honra á la casa de su padre.24Y colgarán de él toda la honra de la casa de su padre, los hijos y los nietos, todos los vasos menores, desde los vasos de beber hasta todos los instrumentos de música.25En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, el clavo hincado en lugar firme será quitado, y será quebrado y caerá; y la carga que sobre él se puso, se echará á perder; porque Jehová habló.

Cuando una calamidad amenaza a la gente del mundo, una de sus reacciones consiste en rodearse de todas las precauciones humanas (v. 8-11). Pero hay otra actitud peor aún: es el dejarse estar. Aquí, mediante una prueba, Dios acaba de invitar a Israel a llorar y a humillarse: Él les cantó endechas, por decirlo así (Mateo 11:16-17). Ahora bien, el pueblo no sólo no se lamentó sino que —cosa extraña— ¡se entregó al júbilo y a la alegría! ¡Esta filosofía —llamada materialista— tiene muchos adeptos en nuestro atormentado siglo! Ya que la existencia es tan breve —dicen esos insensatos— y que estamos a merced de una catástrofe, aprovechemos el presente momento lo más alegremente posible. Es lo que resume la corta frase: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. El apóstol Pablo la cita a los corintios como para decirles: Si no debiera haber una resurrección, no nos quedaría sino vivir efectivamente como bestias, con el único goce del instante que pasa: “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos porque mañana moriremos” (1 Corintios 15:32, Lucas 17:27).

Los versículos 15 a 25 ponen a un lado al mayordomo infiel, figura del Anticristo, para establecer al hijo de Hilcías, Eliaquin (el que Dios establece), hermosa figura del Señor Jesús (v. 22-24; comp. Apocalipsis 3:7).

Isaías 25:1-12
1JEHOVA, tú eres mi Dios: te ensalzaré, alabaré tu nombre; porque has hecho maravillas, los consejos antiguos, la verdad firme.2Que tornaste la ciudad en montón, la ciudad fuerte en ruina: el alcázar de los extraños que no sea ciudad, ni nunca jamás sea reedeficada.3Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de gentes robustas.4Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, amparo contra el turbión, sombra contra el calor: porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra frontispicio.5Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como calor debajo de nube, harás marchitar el pimpollo de los robustos.6Y Jehová de los ejércitos hará en este monte á todos los pueblos convite de engordados, convite de purificados, de gruesos tuétanos, de purificados líquidos.7Y deshará en este monte la máscara de la cobertura con que están cubiertos todos los pueblos, y la cubierta que está extendida sobre todas las gentes.8Destruirá á la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros: y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra: porque Jehová lo ha dicho.9Y se dirá en aquel día: He aquí este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová á quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salud.10Porque la mano de Jehová reposará en este monte, y Moab será trillado debajo de él, como es trillada la paja en el muladar.11Y extenderá su mano por en medio de él, como la extiende el nadador para nadar: y abatirá su soberbia con los miembros de sus manos:12Y allanará la fortaleza de tus altos muros: la humillará y echará á tierra, hasta el polvo.

Tiro, la floreciente metrópoli comercial del mundo antiguo, ha sido el tema, en el capítulo 23, de la última de las profecías. Cada una de éstas ha condenado al hombre bajo un lado moral distinto.

En el capítulo 24, los juicios apocalípticos, que deben poner fin al poder del mal, se han desplegado sobre la tierra y la han trastornado por completo. Pero en el capítulo 25, desde el medio mismo de esas ruinas (v. 2) he aquí que se eleva una conmovedora melodía. El “pobre” remanente de Israel, maravillosamente dejado a salvo de la destrucción, canta lo que el Dios eterno ha sido para él durante el tiempo de la tormenta. Ahora “el tiempo de la canción ha venido” (Cantares 2:12; comp. cap. 24:13). El versículo 4 ha sido el consuelo —y la experiencia— de innumerables creyentes en la prueba. Pero el versículo 8 nos hace entrever las manifestaciones de un poder más grande aun: Destruirá la muerte para siempre… Cosa notable, esta frase está en tiempo futuro, en tanto que su cita en 1 Corintios 15:54 nos habla del momento en que se realiza para los creyentes: “Sorbida es la muerte en victoria” o más exactamente traducido aun: “Tragada ha sido la muerte…” (V.M.), porque entre esos dos versículos acaeció la cruz y la triunfal resurrección del vencedor del Gólgota. Finalmente, cuando resuciten los malos, la muerte será definitivamente destruida (1 Corintios 15:26).

Isaías 26:1-13; Isaías 27:1-5
1EN aquel día cantarán este cantar en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos: salud puso Dios por muros y antemuro.2Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades.3Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado.4Confiad en Jehová perpetuamente: porque en el Señor Jehová está la fortaleza de los siglos.5Porque derribó los que moraban en lugar sublime: humilló la ciudad ensalzada, humillóla hasta la tierra, derribóla hasta el polvo.6Hollarála pie, los pies del afligido, los pasos de los menesterosos.7El camino del justo es rectitud: Tú, Recto, pesas el camino del justo.8También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado: á tu nombre y á tu memoria es el deseo del alma.9Con mi alma te he deseado en la noche; y en tanto que me durare el espíritu en medio de mí, madrugaré á buscarte: porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.10Alcanzará piedad el impío, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará á la majestad de Jehová.11Jehová, bien que se levante tu mano, no ven: verán al cabo, y se avergonzarán los que envidian á tu pueblo; y á tus enemigos fuego los consumirá.12Jehová, tú nos depararás paz; porque también obraste en nosotros todas nuestras obras.13Jehová Dios nuestro, señores se han enseñoreado de nosotros fuera de ti; mas en ti solamente nos acordaremos de tu nombre.
1EN aquel día Jehová visitará con su espada dura, grande y fuerte, sobre leviathán, serpiente rolliza, y sobre leviathán serpiente retuerta; y matará al dragón que está en la mar.2En aquel día cantad de la viña del vino rojo.3Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; guardaréla de noche y de día, porque nadie la visite.4No hay en mí enojo. ¿Quién pondrá contra mí en batalla espinas y cardos? Yo los hollaré, quemarélos juntamente.5¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz, sí, haga paz conmigo.

El tema del juicio de Israel, desarrollado en los capítulos 1 a 12, termina con una espléndida visión del reinado del milenio. Y a su vez, esta segunda parte (cap. 13 a 27), que trata del castigo de las naciones, termina de la misma manera. Se canta un cántico del cual algunos versículos merecen ser subrayados especialmente en nuestra Biblia. Los versículos 3 y 4 del capítulo 26 han sostenido a muchos desalentados hijos de Dios (comp. Salmo 16:1). Los versículos 8 y 9 expresan los fervientes suspiros del fiel. El versículo 13 nos recuerda los vínculos de la esclavitud del pasado. Sí, conocemos por demás a esos otros señores: Satanás, el mundo y nuestras codicias. Han dominado sobre nosotros hasta que nos liberó el Señor, al que pertenecemos de ahí en adelante (2 Crónicas 12:8).

En el capítulo 27, el leviatán, figura del diablo (la serpiente antigua) está imposibilitado para dañar (Salmo 74:14; Apocalipsis 20:1-3). Luego, Israel es comparado con una viña nueva (comp. cap. 5). Produce, esta vez, ya no más uva silvestre sino el puro vino de un gozo sin par y llena la faz del mundo de frutos para la gloria de Dios, pues ya no son los malvados labradores quienes están encargados de ella. Dios mismo la cuida de noche y de día.

Isaías 28:1-22
1AY de la corona de soberbia, de los ebrios de Ephraim, y de la flor caduca de la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza del valle fértil de los aturdidos del vino!2He aquí Jehová tiene un fuerte y poderoso: como turbión de granizo y como torbellino trastornador; como ímpetu de recias aguas que inundan, con fuerza derriba á tierra.3Con los pies será hollada la corona de soberbia de los borrachos de Ephraim;4Y será la flor caduca de la hermosura de su gloria que está sobre la cabeza del valle fértil, como la fruta temprana, la primera del verano, la cual, en viéndola el que la mira, se la traga tan luego como la tiene á mano.5En aquel día Jehová de los ejércitos será por corona de gloria y diadema de hermosura á las reliquias de su pueblo;6Y por espíritu de juicio al que se sentare en juicio, y por fortaleza á los que harán tornar la batalla hasta la puerta.7Mas también éstos erraron con el vino; y con la sidra se entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron con la sidra, fueron trastornados del vino, aturdiéronse con la sidra, erraron en la visión, tropezaron en el juicio.8Porque todas las mesas están llenas de vómito y suciedad, hasta no haber lugar limpio.9¿A quién se enseñará ciencia, ó á quién se hará entender doctrina? ¿A los quitados de la leche? ¿á los arrancados de los pechos?10Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá:11Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará á este pueblo,12A los cuales él dijo: Este es el reposo: dad reposo al cansado; y éste es el refrigerio: mas no quisieron oir.13La palabra pues de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, y enlazados, y presos.14Por tanto, varones burladores, que estáis enseñoreados sobre este pueblo que está en Jerusalem, oid la palabra de Jehová.15Porque habéis dicho: Concierto tenemos hecho con la muerte, é hicimos acuerdo con la sepultura; cuando pasare el turbión del azote, no llegará á nosotros, pues que hemos puesto nuestra acogida en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos:16Por tanto, el Señor Jehová dice así: He aquí que yo fundo en Sión una piedra, piedra de fortaleza, de esquina, de precio, de cimiento estable: el que creyere, no se apresure.17Y ajustaré el juicio á cordel, y á nivel la justicia; y granizo barrerá la acogida de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo.18Y será anulado vuestro concierto con la muerte, y vuestro acuerdo con el sepulcro no será firme: cuando pasare el turbión del azote, seréis de él hollados.19Luego que comenzare á pasar, él os arrebatará; porque de mañana de mañana pasará, de día y de noche; y será que el espanto solamente haga entender lo oído.20Porque la cama es tan angosta que no basta, y la cubierta estrecha para recoger.21Porque Jehová se levantará como en el monte Perasim, como en el valle de Gabaón se enojará; para hacer su obra, su extraña obra, y para hacer su operación, su extraña operación.22Ahora pues, no os burléis, porque no se aprieten más vuestras ataduras: porque consumación y acabamiento sobre toda la tierra he oído del Señor Jehová de los ejércitos.

Una tercera subdivisión del libro empieza con este capítulo 28. Vuelve atrás para detallar la invasión de Efraín (las diez tribus) y luego la de Judá por el temible asirio profético. El orgullo actuará como la embriaguez para extraviar al desdichado pueblo judío. Éste creerá que se protege eficazmente al hacer un pacto con la muerte (es decir, con el jefe del Imperio romano). Pero esto mismo será su perdición. Como un ciclón que arrasa todo a su paso, el asirio asolará a Jerusalén. Dios se servirá de ese “azote” para cumplir “su extraña obra… su extraña operación”; dicho de otro modo, el juicio. Porque su habitual obra es la de salvar y de bendecir (Juan 3:17).

Pero el derrumbamiento de todos los valores y de todos los puntos de apoyo humano son para Dios la oportunidad de revelar el seguro fundamento que Él puso en Sion. Nótese con cuánto amor Él lo considera, como si, al haberlo tomado en su mano, se detuviera con satisfacción sobre cada expresión: “una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable”. Sí, esta piedra, figura de Cristo, “desechada… por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” también tiene precio para nosotros que creemos (leer 1 Pedro 2:4-7). El Señor viene a ser para cada uno la piedra de toque. ¿Tiene Cristo este precio para nosotros?

Isaías 29:1-24
1AY de Ariel, ciudad donde habitó David! Añadid un año á otro, mátense víctimas.2Mas yo pondré á Ariel en apretura, y será desconsolada y triste; y será á mí como Ariel.3Porque asentaré campo contra ti en derredor, y te combatiré con ingenios, y levantaré contra ti baluartes.4Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como de pythón, y tu habla susurrará desde el polvo.5Y la muchedumbre de tus extranjeros será como polvo menudo, y la multitud de los fuertes como tamo que pasa; y será repentinamente, en un momento.6De Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos y con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor.7Y será como sueño de visión nocturna la multitud de todas las gentes que pelearán contra Ariel, y todos los que pelearán contra ella y sus ingenios, y los que la pondrán en apretura.8Y será como el que tiene hambre y sueña, y parece que come; mas cuando despierta, su alma está vacía; ó como el que tiene sed y sueña, y parece que bebe; mas cuando se despierta, hállase cansado, y su alma sedienta: así será la multitud de todas las gente9Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegad; embriagaos, y no de vino; titubead, y no de sidra.10Porque Jehová extendió sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró vuestros ojos: cubrió vuestros profetas, y vuestros principales videntes.11Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado.12Y si se diere el libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto; él dira: No sé leer.13Dice pues el Señor: Porque este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra, mas su corazón alejó de mí, y su temor para conmigo fué enseñado por mandamiento de hombres:14Por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la prudencia de sus prudentes.15Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras son en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?16Vuestra subversión ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿La obra dirá de su hacedor, No me hizo; y dirá el vaso de aquel que lo ha formado, No entendió?17¿No será tornado de aquí á muy poco tiempo el Líbano en Carmelo, y el Carmelo será estimado por bosque?18Y en aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas.19Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y los pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel.20Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido: serán talados todos los que madrugaban á la iniquidad.21Los que hacían pecar al hombre en palabra; los que armaban lazo al que reprendía en la puerta, y torcieron lo justo en vanidad.22Por tanto, Jehová que redimió á Abraham, dice así á la casa de Jacob: No será ahora confundido Jacob, ni su rostro se pondrá pálido;23Porque verá á sus hijos, obra de mis manos en medio de sí, que santificarán mi nombre; y santificarán al Santo de Jacob, y temerán al Dios de Israel.24Y los errados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.

Después de la invasión mencionada en el capítulo 28, Jerusalén aún no está libre (véase cap. 40:2). Va a soportar un nuevo asalto de parte de una formidable coalición de pueblos. Pero esta vez todos esos enemigos se desvanecerán como un sueño porque acometieron contra “Ariel” (el león de Dios), la ciudad del verdadero David. Al mismo tiempo que la liberación, Dios va a cumplir otra obra digna de Él. Y está en la conciencia misma de su pueblo (v. 18 al 24). Los oídos sordos y los ojos enceguecidos, según la profecía del capítulo 6:10, serán abiertos. Le será devuelta la inteligencia y las palabras del libro precedentemente sellado (v. 11) serán comprendidas y recibidas. Con este motivo acordémonos que la Biblia es un libro cerrado para la inteligencia natural. Hace falta el Espíritu Santo para entenderla.

El versículo 13 será citado por el Señor en Mateo 15:7-8 a los escribas y a los fariseos, porque describe el estado de ellos. Honrar al Señor con los labios en tanto que el corazón permanece muy alejado de Él, sí, en tal estado podemos encontrarnos si no nos juzgamos. Tal hipocresía puede engañar a los demás y hacernos pasar por más piadosos de lo que somos; pero no podría embaucar a Aquel que lee en nuestros corazones (Ezequiel 33:31-32).

Isaías 30:15-21; Isaías 31:4-9
15Porque así dijo el Señor Jehová, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis,16Sino que dijisteis: No, antes huiremos en caballos: por tanto vosotros huiréis. Sobre ligeros cabalgaremos: por tanto serán ligeros vuestros perseguidores.17Un millar huirá á la amenaza de uno; á la amenaza de cinco huiréis vosotros todos; hasta que quedéis como mástil en la cumbre de un monte, y como bandera sobre cabezo.18Empero Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será ensalzado teniendo de vosotros misericordia: porque Jehová es Dios de juicio: bienaventurados todos los que le esperan.19Ciertamente el pueblo morará en Sión, en Jerusalem: nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; en oyendo la voz de tu clamor te responderá.20Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus enseñadores nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán tus enseñadores.21Entonces tus oídos oirán á tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis á la mano derecha, ni tampoco torzáis á la mano izquierda.
4Porque Jehová me dijo á mí de esta manera: Como el león y el cachorro del león brama sobre su presa, y si se llega contra él cuadrilla de pastores, no temerá por sus voces, ni se acobardará por el tropel de ellos: así Jehová de los ejércitos descenderá á 5Como las aves que vuelan, así amparará Jehová de los ejércitos á Jerusalem, amparando, librando, pasando, y salvando.6Convertíos á aquel contra quien los hijos de Israel profundamente se rebelaron.7Porque en aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata, y sus ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras manos pecadoras.8Entonces caerá el Assur por cuhillo, no de varón; y consumirálo espada, no de hombre; y huirá de la presencia de la espada, y sus mancebos serán tributarios.9Y de miedo pasará su fortaleza y sus príncipes tendrán pavor de la bandera, dice Jehová, cuyo fuego está en Sión, y su horno en Jerusalem.

Los capítulos 30 y 31 proclaman una doble desgracia sobre el pueblo rebelde porque buscó socorro de parte de Egipto. Nunca repetiremos demasiado con la Palabra de Dios: Poner su confianza en los hombres es, ante todo, una locura porque no podría estar peor colocada; es también una prueba de incredulidad puesto que desde el principio de este libro, Dios estableció que no se podía hacer caso alguno del hombre (cap. 2:22). En fin, es un ultraje a Dios, un desprecio de su poder y de su amor. ¡Como si Él fuera incapaz de protegernos y como si no fuera su agrado hacerlo! El camino de la liberación y de la fortaleza es trazado por el hermoso versículo 15 del capítulo 30: “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza”.

Es necesario volver al Señor en lugar de ir hacia el mundo (Egipto), y permanecer en reposo en lugar de agitarse. Además, “la quietud… y la confianza” son las condiciones necesarias para recibir las directivas del Señor: “Entonces tus oídos (es personal) oirán a tus espaldas palabra que diga: Éste es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (v. 21). ¡Voz fiel, voz familiar! ¡Cuántas veces nos hemos extraviado —a la derecha o a la izquierda— porque nuestro corazón descuidó prestarle atención! (Proverbios 5:12-14).

Isaías 32:1-8; Isaías 33:17-24
1HE aquí que en justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio.2Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como acogida contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.3No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos.4Y el corazón de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos será desenvuelta para hablar claramente.5El mezquino nunca más será llamado liberal, ni será dicho generoso el avariento.6Porque el mezquino hablará mezquindades, y su corazón fabricará iniquidad, para hacer la impiedad y para hablar escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento.7Cierto los avaros malas medidas tienen: él maquina pensamientos para enredar á los simples con palabras cautelosas, y para hablar en juicio contra el pobre.8Mas el liberal pensará liberalidades, y por liberalidades subirá.
17Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos.18Tu corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del escriba? ¿qué del pesador? ¿qué del que pone en lista las casas más insignes?19No verás á aquel pueblo espantable, pueblo de lengua oscura de entender, de lengua tartamuda que no comprendas.20Mira á Sión, ciudad de nuestras solemnidades: tus ojos verán á Jerusalem, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota.21Porque ciertamente allí será Jehová para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera, ni por él pasará grande navío.22Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey, él mismo nos salvará.23Tus cuerdas se aflojaron; no afirmaron su mástil, ni entesaron la vela: repartiráse entonces presa de muchos despojos: los cojos arrebatarán presa.24No dirá el morador: Estoy enfermo: el pueblo que morare en ella será absuelto de pecado.

No hay que buscar en estos capítulos una historia continua de acontecimientos futuros. Éstos son presentados, al contrario, como otras tantas visiones proyectadas, una por una, sobre la pantalla profética. Los mismos hechos, aislados o reagrupados, pueden aparecer varias veces bajo diferentes perspectivas. Así es como, por tercera vez, la radiante alba del reinado milenial se ofrece a nuestra admiración.

Después de la espantosa destrucción del asirio y de la del falso rey o Anticristo (cap. 30:31-33, se hace lugar al rey verdadero, Cristo, quien reinará con justicia. Precisamente, el acento está puesto ahora sobre esta justicia (cap. 32:16-17 y 33:5 y 15).

Entonces, con ojos que verán (cap. 32:3), los del pueblo que hayan podido salvarse contemplarán “al Rey en su hermosura”. Además, hallarán en él “un varón”, el cual será para ellos protección, reposo y vida del alma (cap. 32:2). Esas promesas dirigidas a Israel, ¡cuán preciosas son también para nuestros corazones, queridos hijos de Dios! Porque vivimos en el mismo mundo injusto y esperamos al mismo Señor. Es “el más hermoso de los hijos de los hombres” (Salmo 45:2). Subrayemos también el versículo 8 del capítulo 32 pensando en la nobleza moral que debía caracterizar la conducta de los que Dios hizo sentar con príncipes (1 Samuel 2:8).

Isaías 34:9-17; Isaías 35:1-10
9Y sus arroyos se tornarán en pez, y su polvo en azufre, y su tierra en pez ardiente.10No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo: de generación en generación será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella.11Y la poseerán el pelícano y el mochuelo, la lechuza y el cuervo morarán en ella: y extenderáse sobre ella cordel de destrucción, y niveles de asolamiento.12Llamarán á sus príncipes, príncipes sin reino: y todos sus grandes serán nada.13En sus alcázares crecerán espinas, y ortigas y cardos en sus fortalezas; y serán morada de chacales, patio para los pollos de los avestruces.14Y las bestias monteses se encontrarán con los gatos cervales, y el peludo gritará á su compañero: la lamia también tendrá allí asiento, y hallará para sí reposo.15Allí anidará el cuclillo, conservara sus huevos, y sacará sus pollos, y juntarálos debajos de sus alas: también se ayuntarán allí buitres, cada uno con su compañera.16Inquirid en el libro de Jehová, y leed si faltó alguno de ellos: ninguno faltó con su compañera; porque su boca mandó y reuniólos su mismo espíritu.17Y él les echó las suertes, y su mano les repartió con cordel: para siempre la tendrán por heredad, de generación en generación morarán allí.
1ALEGRARSE han el desierto y la soledad: el yermo se gozará, y florecerá como la rosa.2Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo: la gloria del Líbano le será dada, la hermosura de Carmel y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro.3Confortad á las manos cansadas, roborad las vacilantes rodillas.4Decid á los de corazón apocado: Confortaos, no temáis: he aquí que vuestro Dios viene con venganza, con pago: el mismo Dios vendrá, y os salvará.5Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.6Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.7El lugar seco será tornado en estanque, y el secadal en manaderos de aguas; en la habitación de chacales, en su cama, será lugar de cañas y de juncos.8Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará por él inmundo; y habrá para ellos en él quien los acompañe, de tal manera que los insensatos no yerren.9No habrá allí león, ni bestia fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos.10Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán á Sión con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas: y retendrán el gozo y alegría, y huirá la tristeza y el gemido.

El capítulo 34 se refiere al castigo de Edom, ese pueblo maldito, descendiente de Esaú. Será borrado por completo. En cuanto a su país, el monte de Seír, será reducido a perpetua desolación. Predicadores modernos se atreven a afirmar que Dios, en su amor, no puede condenar a ninguno. Semejante pasaje los desmiente solemnemente. En contraste, el capítulo 35 nos da una idea de lo que será la heredad de Israel (hermano de Esaú). Hasta el desierto llegará a ser un maravilloso jardín donde brillará sin nube “la gloria del Señor, la hermosura de nuestro Dios” (v. 2). Por eso, veamos el júbilo y la alegría que desbordan en este pequeño capítulo 35.

¡Pues bien! semejante perspectiva ¿no es apropiada para reanimar a los corazones más desalentados? (v. 3). Con más razón aun, así es la esperanza cristiana por excelencia: la venida del Señor para arrebatar a su Iglesia. No lo olvidemos y hablemos de ello con los demás creyentes. No hay medio más eficaz para fortalecer las manos cansadas por el servicio, así como las rodillas que han dejado de doblarse para la oración, y para animarnos a un andar sin desfallecimiento (comp. Hebreos 12:12). “Alentaos los unos a los otros con estas palabras”, recomienda también el apóstol Pablo (1 Tesalonicenses 4:18).

Hemos llegado, pues, al fin de la primera gran división profética del libro de Isaías.

Isaías 36:1-10, 22; Isaías 37:1-4
1ACONTECIO en el año catorce del rey Ezechîas, que Sennachêrib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas.2Y el rey de Asiria envió á Rabsaces con grande ejército desde Lachîs á Jerusalem al rey Ezechîas: y asentó el campo á los caños de la pesquera de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.3Y salió á él Eliacim hijo de Hilcías mayordomo, y Sebna, escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller.4A los cuales dijo Rabsaces: Ahora pues, diréis á Ezechîas: El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es ésta en que confías?5Digo, alegas tú, (empero palabras vanas) que tengo consejo y fortaleza para la guerra. Ahora bien, ¿en quién confías que te rebelas contra mí?6He aquí que confías en este bordón de caña frágil, en Egipto, sobre el cual si alguien se apoyare, entrarásele por la mano, y se la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían.7Y si me dijeres, En Jehová nuestro Dios confiamos; ¿no es éste aquel cuyos altos y cuyos altares hizo quitar Ezechîas, y dijo á Judá y á Jerusalem: Delante de este altar adoraréis?8Ahora pues yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi señor, y yo te daré dos mil caballos, si pudieres tú dar caballeros que cabalguen sobre ellos.9¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán de los más pequeños siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y hombres de á caballo?10¿Y por ventura vine yo ahora á esta tierra para destruirla sin Jehová Jehová me dijo: Sube á esta tierra para destruirla?
22Entonces Eliacim hijo de Hilcías mayordormo, y Sebna escriba, y Joah hijo de Asaph canciller, vinieron á Ezechîas rotos sus vestidos, y contáronle las palabras de Rabsaces.
1ACONTECIO pues, que el rey Ezechîas, oído esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de saco vino á la casa de Jehová.2Y envió á Eliacim mayordomo, y á Sebna escriba, y á los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de sacos, á Isaías profeta, hijo de Amoz.3Los cuales le dijeron: Ezechîas dice así: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia, es este día: porque los hijos han llegado hasta la rotura, y no hay fuerza en la que pare.4Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras de Rabsaces, al cual envió el rey de Asiria su señor á blasfemar al Dios vivo, y á reprender con las palabras que oyó Jehová tu Dios: alza pues oración tú por las reliquias que aun han quedado.

Los capítulos 36 a 39 intercalan entre las dos grandes divisiones proféticas del libro de Isaías un episodio histórico. Se trata del relato que conocemos por medio de 2 Reyes 18:13 a 20:21 y por 2 Crónicas 32. Dios nos lo da una tercera vez como una viviente ilustración: por una parte, la confianza en Él; por otra, sus misericordiosas respuestas a esa confianza. Inesperada en ese lugar del libro, esta hermosa historia de Ezequías está destinada a fortalecer “las manos cansadas” y afirmar “las rodillas endebles” (35:3). Por último, es una figura de la situación en la cual se hallará el remanente de Israel cuando ocurra la invasión asiria.

El enemigo, quien había sido vencedor hasta entonces, se presenta “junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador”, en el mismo lugar donde el profeta y su hijo Sear-jasub habían sido enviados al encuentro de Acaz con un mensaje de gracia cuando tuvo lugar la invasión de Rezín, rey de Siria. Ante las provocaciones del nuevo invasor, Ezequías puede acordarse de la promesa hecha a su padre en ese mismo lugar: “Guarda, y repósate; no temas, ni se turbe tu corazón…” (Isaías 7:3-4).

“Éstos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre del Señor nuestro Dios tendremos memoria” (Salmo 20:7). “Bienaventurados todos los que en él confían” (Salmo 1:12).

Isaías 37:5-20
5Vinieron pues los siervos de Ezechîas á Isaías.6Y díjoles Isaías: Diréis así á vuestro señor: Así dice Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.7He aquí que yo doy en él un espíritu, y oirá un rumor, y volveráse á su tierra: y yo haré que en su tierra caiga á cuchillo.8Vuelto pues Rabsaces, halló al rey de Asiria que batía á Libna; porque ya había oído que se había apartado de Lachîs.9Mas oyendo decir de Tirhakah rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte guerra: en oyéndolo, envió mensajeros á Ezechîas, diciendo:10Diréis así á Ezechîas rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.11He aquí que tú oiste lo que hicieron los reyes de Asiria á todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás tú?12¿Libraron los dioses de las gentes á los que destruyeron mis antepasados, á Gozán, y Harán, Rezeph, y á los hijos de Edén que moraban en Thelasar?13¿Dónde está el rey de Amath, y el rey de Arphad, el rey de la ciudad de Sepharvaim, de Henah, y de Hivah?14Y tomó Ezechîas las cartas de mano de los mensajeros, y leyólas; y subió á la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová.15Entonces Ezechîas oró á Jehová, diciendo:16Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios sobre todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.17Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye todas las palabras de Sennachêrib, el cual ha enviado á blasfemar al Dios viviente.18Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas,19Y entregaron los dioses de ellos al fuego: porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, leño y piedra: por eso los deshicieron.20Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.

Los siervos de Ezequías han obedecido a su rey al callar ante el enemigo. Luego le han contado fielmente las palabras de este último (cap. 36:21-22). Ahora cumplen ante Isaías la misión que les ha sido encomendada, poniendo en práctica el proverbio que ellos mismos copiaron (véase Proverbios 25:1 y 13). Notemos que están conducidos por Eliaquim, hijo de Hilcías, el fiel mayordomo establecido por Dios y que es una figura del Señor Jesús (cap. 22:20).

Tranquilizado una primera vez por la respuesta del profeta, he aquí que Ezequías recibe del rey de Asiria una carta cargada de amenazas para él y de menosprecio hacia Dios. En el doble sentimiento de su propia impotencia y de la ofensa hecha al Dios de Israel, el rey penetra de nuevo en el Templo, donde extiende la arrogante misiva delante de Dios. Esta vez no se contenta con una oración de Isaías (v. 4). Se dirige él mismo a Dios, diciendo: “Jehová de los Ejércitos, Dios de Israel… oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente… Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano…” Notemos sus argumentos. No hace mención de sí mismo ni del pueblo. Sólo importa la gloria de Aquel que mora “entre los querubines”. No se debía confundir “los dioses de las naciones” sojuzgadas por Asiria con “el Dios de todos los reinos de la tierra” (v. 12 y 16 – comp. también el v. 17 con Salmo 74:10 y 18).

Isaías 37:21-38
21Entonces Isaías hijo de Amoz, envió á decir á Ezechîas: Jehová Dios de Israel dice así: Acerca de lo que me rogaste sobre Sennachêrib rey de Asiria,22Esto es lo que Jehová habló de él: Hate menospreciado, y ha hecho escarnio de ti la virgen hija de Sión: meneó su cabeza á tus espaldas la hija de Jerusalem.23¿A quién injuriaste y á quién blasfemaste? ¿contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.24Por mano de tus siervos denostaste al Señor, y dijiste: Yo con la multitud de mis carros subiré á las alturas de los montes, á las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus hayas escogidas; vendré después á lo alto de su límite, al monte de su Car25Yo cavé, y bebí las aguas; y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de lugares atrincherados.26¿No has oído decir que de mucho tiempo ha yo lo hice, que de días antiguos lo he formado? Helo hecho venir ahora, y será para destrucción de ciudades fuertes en montones de ruinas.27Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, serán como grama del campo y hortaliza verde, como hierba de los tejados, que antes de sazón se seca.28Conocido he tu estado, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí.29Porque contra mí te airaste, y tu estruendo ha subido á mis oídos: pondré pues mi anzuelo en tu nariz, y mi freno en tus labios, y haréte tornar por el camino por donde viniste.30Y esto te será por señal: Comerás este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo: y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto.31Y el residuo de la casa de Judá que hubiere escapado, tornará á echar raíz abajo, y hará fruto arriba.32Porque de Jerusalem saldrán reliquias, y del monte de Sión salvamento: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto.33Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella: no vendrá delante de ella escudo, ni será echado contra ella baluarte.34Por el camino que vino se tornará, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová:35Pues yo ampararé á esta ciudad para salvarla por amor de mí, y por amor de David mi siervo.36Y salió el ángel de Jehová, é hirió ciento ochenta y cinco mil en el campo de los Asirios: y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.37Entonces Sennachêrib rey de Asiria partiéndose se fué, y volvióse, é hizo su morada en Nínive.38Y acaeció, que estando orando en el templo de Nisroch su dios, Adremelech y Sarezer, sus hijos, le hirieron á cuchillo, y huyeron á la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.

Ezequías ha experimentado el versículo 15 del capítulo 30: “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza”. Y no ha sido confundido. La fe honra a Dios —se ha podido decir— y Dios honra a la fe. Pues bien, hoy Dios es “el mismo” (Salmo 102:27). No puede dejar de contestar a la más débil confianza de sus hijos, porque en ello se juega su gloria.

Como Ezequías se desentiende de este asunto, Dios mismo se encarga de responder a la carta del rey de Asiria de una manera que éste estaba lejos de esperar. Un único ángel de este Dios despreciado basta para matar a ciento ochenta y cinco mil combatientes de su ejército. Obligado a renunciar a su campaña, Senaquerib vuelve a Nínive, lleno de vergüenza y desilusión. Luego cae a su turno bajo los golpes de sus propios hijos. Qué contraste entre el altivo y orgulloso conquistador, que halla su perdición en el templo mismo de su ídolo, y el humilde rey de Judá, cubierto de cilicio, el que se presenta en la casa de su Dios para obtener de Él la salvación (véase Salmo 118:5).

Admiremos la gracia de Dios, quien, a esa salvación, agrega aun una señal. El conoce las necesidades de los suyos y promete proveer a su subsistencia (v. 30; Mateo 6:31-33).

Isaías 38:1-16
1EN aquellos días cayó Ezechîas enfermo para morir. Y vino á él Isaías profeta, hijo de Amoz, y díjole: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque tú morirás, y no vivirás.2Entonces volvió Ezechîas su rostro á la pared, é hizo oración á Jehová.3Y dijo: Oh Jehová, ruégote te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezechîas con gran lloro.4Entonces fué palabra de Jehová á Isaías, diciendo:5Ve, y di á Ezechîas: Jehová Dios de David tu padre dice así: Tu oración he oído, y visto tus lágrimas: he aquí que yo añado á tus días quince años.6Y te libraré, y á esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y á esta ciudad ampararé.7Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho:8He aquí que yo vuelvo atrás la sombra de los grados, que ha descendido en el reloj de Achâz por el sol, diez grados. Y el sol fué tornado diez grados atrás, por los cuales había ya descendido.9Escritura de Ezechîas rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad.10Yo dije: En el medio de mis días iré á las puertas del sepulcro: Privado soy del resto de mis años.11Dije: No veré á JAH, á JAH en la tierra de los que viven: Ya no veré más hombre con los moradores del mundo.12Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como el tejedor corté mi vida; cortaráme con la enfermedad; Me consumirás entre el día y la noche.13Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos: De la mañana á la noche me acabarás.14Como la grulla y como la golondrina me quejaba; Gemía como la paloma: alzaba en lo alto mis ojos: Jehová, violencia padezco; confórtame.15¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré recapacitando en la amargura de mi alma todos los años de mi vida.16Oh Señor, sobre ellos vivirán tus piedades, Y á todos diré consistir en ellas la vida de mi espíritu; Pues tú me restablecerás, y me harás que viva.

La fe de Ezequías obtiene aquí de parte de Dios una respuesta más grande todavía que la del capítulo anterior. La muerte se presenta, importuna visitante. La desesperación que experimenta el desdichado rey parece mostrar una cosa: no conoce la promesa que Dios había hecho por boca de Isaías, promesa que hemos leído en el capítulo 25:8: “Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros”. Ezequías, quien vive en el tiempo de las promesas para la tierra (Salmo 116:9), no tiene otra esperanza que la prolongación de sus días. No tiene ante él la certeza de la resurrección que los creyentes poseen hoy en día. No sabe que “morir es ganancia” porque “partir y estar con Cristo… es muchísimo mejor” (Filipenses 1:21 y 23). No obstante, Dios oye su oración, ve sus lágrimas… y se apiada. Y, esta vez también, agrega a su respuesta una señal de gracia: la sombra que retrocede sobre el reloj de sol, figura del juicio demorado.

El versículo 3 nos hace pensar en Hebreos 5:7 y en las lágrimas vertidas por el Señor Jesús en Getsemaní. ¿Quién sino Jesús podía cumplir plenamente estas palabras?

Este hermoso relato ya nos ha sido contado en 2 Reyes 20:1-11. Pero lo que hallamos sólo aquí es la conmovedora “escritura de Ezequías” que acompaña su curación.

Isaías 38:17-22; Isaías 39:1-8
17He aquí amargura grande me sobrevino en la paz: Mas á ti plugo librar mi vida del hoyo de corrupción. Porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados.18Porque el sepulcro no te celebrará, ni te alabará la muerte; Ni los que descienden al hoyo esperarán tu verdad.19El que vive, el que vive, éste te confesará, como yo hoy: El padre hará notoria tu verdad á los hijos.20Jehová para salvarme; Por tanto cantaremos nuestros salmos En la casa de Jehová todos los días de nuestra vida.21Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará.22Había asimismo dicho Ezechîas: ¿Qué señal tendré de que he de subir á la casa de Jehová?
1EN aquel tiempo Merodachbaladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes á Ezechîas; porque había oído que había estado enfermo, y que había convalecido.2Y holgóse con ellos Ezechîas, y enseñoles la casa de su tesoro, plata y oro, y especierías, y ungüentos preciosos, y toda su casa de armas, y todo lo que se pudo hallar en sus tesoros: no hubo cosa en su casa y en todo su señorío, que Ezechîas no les most3Entonces Isaías profeta vino al rey Ezechîas, y díjole: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido á ti? Y Ezechîas respondió: De tierra muy lejos han venido á mí, de Babilonia.4Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezechîas: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado.5Entonces dijo Isaías á Ezechîas: Oye palabra de Jehová de los ejércitos:6He aquí, vienen días en que será llevado á Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy: ninguna cosa quedará, dice Jehová.7De tus hijos que hubieren salido de ti, y que engendraste, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.8Y dijo Ezechîas á Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y verdad en mis días.

La “Escritura de Ezequías” termina con acción de gracias. Él había orado para ser salvado de la muerte. Ahora ora para agradecer al que le oyó. Clamar a Dios en momentos de necesidad es, en cierto modo, nuestro «reflejo» normal de creyentes. Pero, en cambio, ¿no solemos olvidar la segunda oración, la que sigue a la provisión?

La porción de los inconversos aquí abajo se reduce a una sola palabra: “amargura” (comp. Eclesiastés 2:23). Aun cuando todo les sale bien no pueden librarse de una angustia secreta. “Mas —puede decir el redimido a su Salvador— a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados”.

“El Señor me salvará”. Si es ésta nuestra historia, no dejemos de considerar el versículo 19: “el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy”.

De una manera más general, es la historia de Israel que volverá a vivir como pueblo de Dios en el último día, después del perdón de todos sus pecados.

El capítulo 39 relata cómo Ezequías sucumbe a la sutil tentación del rey de Babilonia. Nos sucede lo mismo cada vez que sirve para nuestra propia gloria lo que Dios nos ha confiado para la Suya. “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías?” (1 Corintios 4:7). “Yo soy rico, y me he enriquecido…”, no es otra cosa que la pretensión insoportable de Laodicea (Apocalipsis 3:17).

Isaías 40:1-17
1CONSOLAOS, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios.2Hablad al corazón de Jerusalem: decidle á voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.3Voz que clama en el desierto: Barred camino á Jehová: enderezad calzada en la soledad á nuestro Dios.4Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.5Y manifestaráse la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; que la boca de Jehová habló.6Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo de decir á voces? Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo:7La hierba se seca, y la flor se cae; porque el viento de Jehová sopló en ella: ciertamente hierba es el pueblo.8Sécase la hierba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.9Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalem; levántala, no temas; di á las ciudades de Judá: ­Veis aquí el Dios vuestro!10He aquí que el Señor Jehová vendrá con fortaleza, y su brazo se enseñoreará: he aquí que su salario viene con él, y su obra delante de su rostro.11Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente las paridas.12¿Quién midió las aguas con su puño, y aderezó los cielos con su palmo, y con tres dedos allegó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza, y con peso los collados?13¿Quién enseñó al espíritu de Jehová, ó le aconsejo enseñándole?14¿A quién demandó consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, ó le enseñó ciencia, ó le mostró la senda de la prudencia?15He aquí que las naciones son reputadas como la gota de un acetre, y como el orín del peso: he aquí que hace desaparecer las islas como polvo.16Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio.17Como nada son todas las gentes delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es.

Los capítulos 40 a 66 forman un conjunto muy distinto, al punto que a veces han sido llamados «el segundo libro de Isaías». La primera parte tenía por tema principal la historia pasada y futura de Israel, así como la de las naciones con las cuales tuvo (y tendrá) que habérselas. En la división que abordamos, se trata esencialmente de la obra de Dios en los corazones para que miren hacia Él. Nuestra oración, al empezar esta lectura, es que tal obra se haga en cada uno de nuestros corazones. Sólo la gracia divina puede cumplirla y, por esta razón, Dios empieza por hablar de consuelo y de perdón.

Entre “las voces” que resuenan al principio de este capítulo (v. 2, 3, 6 y 9), hay una que reconocemos: la de Juan el Bautista (Juan 1:23). Los evangelios nos enseñarán de qué manera él preparó el camino del Señor Jesús. El siguiente llamado, citado en 1 Pedro 1:24-25, compara el carácter frágil y pasajero de la carne —incluso lo que puede producir de más hermoso (su flor)— con “la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (comp. Mateo 24:35). En fin, Jerusalén está invitada a anunciar a todos: “¡Ved aquí al Dios vuestro!” ¿Somos también mensajeros de buenas nuevas? (comp. 2 Reyes 7:9).

Isaías 40:18-31
18¿A qué pues haréis semejante á Dios, ó qué imagen le compondréis?19El artífice apareja la imagen de talla, el platero le extiende el oro, y le funde cadenas de plata.20El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se corrompa; búscase un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva.21¿No sabéis? ¿no habéis oído? ¿nunca os lo han dicho desde el principio? ¿no habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó?22El está asentado sobre el globo de la tierra, cuyos moradores son como langostas: él extiende los cielos como una cortina, tiéndelos como una tienda para morar:23El torna en nada los poderosos, y á los que gobiernan la tierra hace como cosa vana.24Como si nunca fueran plantados, como si nunca fueran sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; así que sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarascas.25¿A qué pues me haréis semejante, ó seré asimilado? dice el Santo.26Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién crió estas cosas: él saca por cuenta su ejército: á todas llama por sus nombres; ninguna faltará: tal es la grandeza de su fuerza, y su poder y virtud.27¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?28¿No has sabido, no has oído que el Dios del siglo es Jehová, el cual crió los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.29El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.30Los mancebos se fatigan y se cansan, los mozos flaquean y caen:31Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas, correrán, y no se cansarán, caminarán, y no se fatigarán.

Una gran cuestión va a ser debatida en los capítulos 40 a 48 que abordamos: la de la idolatría del pueblo. Naturalmente, ese tema empieza por puntualizar algo: ¿Quién es el Dios de la creación? (v. 12 y sig.) Antes de hablar de los falsos dioses, el profeta establece la existencia y la grandeza del Dios incomparable (v. 18 y 25; comp. Salmo 147:5). Tal es también la mejor manera de anunciar el Evangelio. Empecemos por presentar a Jesús. Pocas palabras bastarán para demostrar la vanidad de los ídolos del mundo. Cuando un niñito se ha apoderado de un objeto peligroso, antes que arrancárselo con dificultad y con riesgo de herirle, sus padres le presentarán primeramente un más hermoso objeto que le impulse a soltar el primero.

Dios no sólo posee el poder en Sí mismo, sino que Él es la fuente de todo verdadero poder. ¡También para ustedes, jóvenes, que creen poseer aún fuerzas y capacidades personales! Recuerden estos versículos 29 a 31; han dado prueba de su eficacia al alentar a innumerables creyentes desanimados. Guárdenlos a su turno en el corazón, como un corredor prudente tiene en reserva una provisión especial para el momento de cansancio. El apóstol Pablo no se cansaba, porque tenía su mirada puesta en las realidades invisibles (2 Corintios 4:1, 16-18).

Isaías 41:1-16
1ESCUCHADME, islas, y esfuércense los pueblos; alléguense, y entonces hablen: estemos juntamente á juicio.2¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, é hízolo enseñorear de reyes; entrególos á su espada como polvo, y á su arco como hojarascas arrebatadas?3Siguiólos, pasó en paz por camino por donde sus pies nunca habían entrado.4¿Quién obró é hizo esto? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los postreros.5Las islas vieron, y tuvieron temor, los términos de la tierra se espantaron: congregáronse, y vinieron.6Cada cual ayudó á su cercano, y á su hermano dijo: Esfuérzate.7El carpintero animó al platero, y el que alisa con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura, y afirmólo con clavos, porque no se moviese.8Mas tú, Israel, siervo mío eres, tú, Jacob, á quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo.9Porque te tomé de los extremos de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú, te escogí, y no te deseché.10No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.11He aquí que todos los que se airan contra ti, serán avergonzados y confundidos: serán como nada y perecerán, los que contienden contigo.12Los buscarás, y no los hallarás, los que tienen contienda contigo, serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen guerra.13Porque yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé.14No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo te socorrí, dice Jehová, y tu Redentor el Santo de Israel.15He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes: trillarás montes y los molerás, y collados tornarás en tamo.16Los aventarás, y los llevará el viento, y esparcirálos el torbellino. Tú empero te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel.

Dios no sólo se ha dado a conocer en su creación. Ha mostrado igualmente que se ocupa del hombre. A las naciones, se reveló en justicia y en juicio (v. 1-4). A Israel, se manifestó en gracia. ¿No se trata de los descendientes de Jacob su siervo y de Abraham su amigo? “Son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:28-29; Salmo 105:6-10).

La debilidad de ese pobre pueblo —un miserable gusano— no es un obstáculo para su bendición. Al contrario, es la condición misma para que goce de magníficas promesas (las del v. 10 en particular), promesas que también son propias para animarnos: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. “No temas”: es la pequeña frase familiar (v. 10, 13, 14; cap. 44:2) que, Aquel que discierne nuestras perturbaciones y nuestras inquietudes, utiliza con ternura para tranquilizarnos.

El final del capítulo continúa estableciendo lo que Dios es con relación a los ídolos. Éstos son desafiados, ¿tienen el menor conocimiento del pasado o de “lo que ha de venir”? (v. 22-23). ¡Entonces que lo prueben! El Creador, el Dios que se interesa en el hombre es igualmente el Dios de todo conocimiento.

Isaías 42:1-18
1HE aquí mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido en quien mi alma toma contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu, dará juicio á las gentes.2No clamará, ni alzará, ni hará oir su voz en las plazas.3No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare: sacará el juicio á verdad.4No se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio; y las islas esperarán su ley.5Así dice el Dios Jehová, el Criador de los cielos, y el que los extiende; el que extiende la tierra y sus verduras; el que da respiración al pueblo que mora sobre ella, y espíritu á los que por ella andan:6Yo Jehová te he llamado en justicia, y te tendré por la mano; te guardaré y te pondré por alianza del pueblo, por luz de las gentes;7Para que abras ojos de ciegos, para que saques de la cárcel á los presos, y de casas de prisión á los que están de asiento en tinieblas.8Yo Jehová: este es mi nombre; y á otro no daré mi gloria, ni mi alabanza á esculturas.9Las cosas primeras he aquí vinieron, y yo anuncio nuevas cosas: antes que salgan á luz, yo os las haré notorias.10Cantad á Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis á la mar, y lo que la hinche, las islas y los moradores de ellas.11Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar: canten los moradores de la Piedra, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo.12Den gloria á Jehová, y prediquen sus loores en las islas.13Jehová saldrá como gigante, y como hombre de guerra despertará celo: gritará, voceará, esforzaráse sobre sus enemigos.14Desde el siglo he callado, tenido he silencio, y heme detenido: daré voces como la que está de parto; asolaré y devoraré juntamente.15Tornaré en soledad montes y collados, haré secar toda su hierba; los ríos tornaré en islas, y secaré los estanques.16Y guiaré los ciegos por camino que no sabían, haréles pisar por las sendas que no habían conocido; delante de ellos tornaré las tinieblas en luz, y los rodeos en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé.17Serán vueltos atrás, y en extremo confundidos, los que confían en las esculturas, y dicen á las estatuas de fundición: Vosotros sois nuestros dioses.18Sordos, oid; y vosotros ciegos, mirad para ver.

La progresiva revelación que Dios hace de sí mismo va a completarse ahora maravillosamente. El capítulo 42 empieza con la presentación de una Persona: “He aquí mi Siervo…” A tal punto se trata del Señor Jesús en Isaías, que este libro ha sido llamado a veces «el evangelio del Antiguo Testamento». Ya hemos encontrado versículos que anuncian su nacimiento, luego su manifestación en Galilea (cap. 7:14; 9:1-2 y 6). Ahora somos transportados a la orilla del Jordán. La poderosa voz de Juan el Bautista ha resonado en el desierto (40:3). Entonces aparece el perfecto Siervo. Y en seguida, según la promesa que tenemos aquí, Dios pone “su Espíritu sobre él”. Bajo la apariencia de una paloma, el Espíritu Santo viene a morar sobre el Amado en quien el Padre “tiene complacencia” (v. 1; Mateo 3:17). Ungido con el Espíritu Santo y con poder, comienza entonces su incansable ministerio de gracia y de verdad (v. 1-4 citados en Mateo 12:18-21).

“A otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas” declara el Señor. Este versículo 8 permite explicar muchos castigos y humillaciones, no sólo para Israel, sino también para los cristianos de hoy en día (ver también cap. 48:11).

Isaías 42:19-25; Isaías 43:1-7
19¿Quién ciego, sino mi siervo? ¿quién sordo, como mi mensajero que envié? ¿quién ciego como el perfecto, y ciego como el siervo de Jehová,20Que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?21Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.22Mas este es pueblo saqueado y hollado, todos ellos enlazados en cavernas y escondidos en cárceles: son puestos á saco, y no hay quien libre; hollados, y no hay quien diga, Restituid.23¿Quién de vosotros oirá esto? ¿quién atenderá y escuchará en orden al porvernir?24¿Quién dió á Jacob en presa, y entregó á Israel á saqueadores? ¿No fué Jehová, contra quien pecamos? y no quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley.25Por tanto derramó sobre él el furor de su ira, y fuerza de guerra; púsole fuego de todas partes, empero no entendió; y encendióle, mas no ha parado mientes.
1Y AHORA, así dice Jehová Criador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, Formador tuyo, oh Israel: No temas, fakporque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.2Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.3Porque yo Jehová Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tú Salvador: á Egipto he dado por tu rescate, á Etiopía y á Seba por ti.4Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma.5No temas, porque yo soy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.6Diré al aquilón: Da acá, y al mediodía: No detengas: trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los términos de la tierra,7Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los críe, los formé y los hice.

Es importante comprender a quién se dirige el Espíritu de Dios en cada parte de las Sagradas Escrituras. Muchas personas se han confundido, particularmente en la interpretación de los profetas, al aplicar a la Iglesia lo que se refiere al pueblo judío. En todos nuestros capítulos sólo se tratará de Israel y su Mesías. Pero, a la inversa, no descuidemos esos pasajes con el pretexto de que no conciernen directamente a los cristianos. Cuántas palabras conmovedoras contienen ellos, palabras que el hijo de Dios reconoce y se apropia, porque las ha oído repetidas veces en lo secreto de su corazón: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… Yo estaré contigo… Cuando pases por el fuego, no te quemarás…” Tal fue la experiencia de los tres amigos de Daniel (Daniel 3). Si nosotros también tenemos que atravesar el fuego de la prueba, nunca estaremos sólos; el Señor expresamente nos prometió su compañía: “el horno de fuego” es un lugar privilegiado de encuentro de Cristo con los suyos (2 Timoteo 4:17).

“Cuando pases por las aguas…” El fuego y el agua: ambos hacen falta para conseguir un buen acero, o dicho de otra manera, para forjarnos una fe bien templada.

Isaías 43:8-28
8Sacad al pueblo ciego que tiene ojos, y á los sordos que tienen oídos.9Congréguense á una todas las gentes, y júntense todos los pueblos: ¿quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oir las cosas primeras? Presenten sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan: Verdad.10Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí; para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fué formado Dios, ni lo será después de mí.11Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.12Yo anuncié, y salvé, é hice oir, y no hubo entre vosotros extraño. Vosotros pues sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios.13Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre: si yo hiciere, ¿quién lo estorbará?14Así dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vosotros envié á Babilonia, é hice descender fugitivos todos ellos, y clamor de Caldeos en las naves.15Yo Jehová, Santo vuestro, Criador de Israel, vuestro Rey.16Así dice Jehová, el que da camino en la mar, y senda en las aguas impetuosas;17El que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; quedan extinguidos, como pábilo quedan apagados.18No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis á memoria las cosas antiguas.19He aquí que yo hago cosa nueva: presto saldrá á luz: ¿no la sabréis? Otra vez pondré camino en el desierto, y ríos en la soledad.20La bestia del campo me honrará, los chacales, y los pollos del avestruz: porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.21Este pueblo crié para mí, mis alabanzas publicará.22Y no me invocaste á mí, oh Jacob; antes, de mí te cansaste, oh Israel.23No me trajiste á mí los animales de tus holocaustos, ni á mí me honraste con tus sacrificios: no te hice servir con presente, ni te hice fatigar con perfume.24No compraste para mí caña aromática por dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios; antes me hiciste servir en tus pecados, me has fatigado con tus maldades.25Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados.26Hazme acordar, entremos en juicio juntamente; relata tú para abonarte.27Tu primer padre pecó, y tus enseñadores prevaricaron contra mí.28Por tanto, yo profané los príncipes del santuario, y puse por anatema á Jacob, y por oprobio á Israel.

Considere el lector los magníficos nombres que Dios se da en los versículos 11 a 15: “Yo Jehová… yo soy Dios… Redentor vuestro… Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey… fuera de mí no hay quien salve”. “En ningún otro hay salvación” repetirá el apóstol Pedro en Hechos 4:12.

Pero la vida cristiana no se limita a la salvación. Dios tiene derechos sobre nosotros como sobre su pueblo terrenal: “Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará” (v. 21). Israel no reconoció esos derechos (v. 22). Pero, por desdicha, en la cristiandad actual la importancia de la alabanza y el culto está igualmente mal conocida.

“Por amor de mí mismo”: es también a causa de sí mismo que Dios borra las transgresiones. Su gloria exige nuestra santidad. Provee a esto personalmente, aunque Él sea el Dios ofendido: “Yo —dice—, yo soy el que borro tus rebeliones”. No sólo las quita, sino que de todos nuestros pecados, incluso los más horrorosos, nos enteramos que Dios no se acuerda más. ¡Qué gracia! Empero, Él agrega: “Hazme recordar… habla tú…” A nosotros, descendientes de Adán pecador, Dios nos encarga el cuidado de confesar nuestro estado, nuestras propias faltas… y al mismo tiempo de recordar la obra cumplida para expiarlos. ¿No es justamente esto “publicar sus alabanzas”?

Isaías 44:1-13
1AHORA pues oye, Jacob, siervo mío, y tú, Israel, á quien yo escogí.2Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú, Jeshurun, á quien yo escogí.3Porque yo derramaré aguas sobre el secadal, y ríos sobre la tierra árida: mi espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos:4Y brotarán entre hierba, como sauces junto á las riberas de las aguas.5Este dirá: Yo soy de Jehová; el otro se llamará del nombre de Jacob; y otro escribirá con su mano, A Jehová, y se apellidará con el nombre de Israel.6Así dice Jehová, Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo el primero, y yo el postrero, y fuera de mí no hay Dios.7¿Y quién llamará como yo, y denunciará esto, y lo ordenará por mí, desde que hice el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir.8No temáis, ni os amedrentéis: ¿no te lo hice oir desde antiguo, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte: no conozco ninguno.9Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos para su confusión son testigos, que ellos ni ven ni entienden.10¿Quién formó un dios, ó quién fundó una estatua que para nada es de provecho?11He aquí que todos sus compañeros serán avergonzados, porque los mismos artífices son de los hombres. Todos ellos se juntarán, estarán, se asombrarán, y serán avergonzados á una.12El herrero tomará la tenaza, obrará en las ascuas, darále forma con los martillos, y trabajará en ella con la fuerza de su brazo: tiene luego hambre, y le faltan las fuerzas; no beberá agua, y se desmaya.13El carpintero tiende la regla, señala aquélla con almagre, lábrala con los cepillos, dale figura con el compás, hácela en forma de varón, á semejanza de hombre hermoso, para estar en casa.

Estos capítulos nos llevan al comienzo de la historia de Israel en el libro del Éxodo. Dios había formado y separado ese pueblo para sí mismo (cap. 43:21 y 44:2). Ellos le pertenecían y Él a ellos (v. 5). Él les había dado la ley que empezaba así: “Yo soy el Señor tu Dios… No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás…” (Éxodo 20:1-5). Por la historia del pueblo sabemos hasta qué punto estos mandamientos fueron transgredidos. Mas los ídolos no son el pecado exclusivo de Israel, ni tampoco patrimonio sólo de los pueblos paganos (1 Corintios 10:14). Al hacer el inventario de los objetos que poseemos —y el de nuestros pensamientos secretos— tal vez encontremos más de un ídolo sólidamente instalado. ¡Pues bien! es por esta razón que, tan a menudo, el Espíritu de Dios es entristecido y la bendición frustrada (comp. v. 3).

Meditemos todavía las dos últimas expresiones de nuestra lectura respecto del ídolo. Está hecho “a semejanza de hombre hermoso” (comp. cap. 1:6). El ser humano se complace de sí mismo, honrando y sirviendo a las cosas creadas más bien que al que las creó (Romanos 1:25). En segundo lugar, el ídolo está hecho “para tenerlo en casa” (v. 13). Velemos muy de cerca sobre nuestro corazón, este lugar oculto de Deuteronomio 27:15, pero también sobre nuestra casa.

Isaías 44:14-28
14Cortaráse cedros, y tomará encina y alcornoque, y entre los árboles del bosque se esforzará; plantará pino, que se críe con la lluvia.15De él se servirá luego el hombre para quemar, y tomará de ellos para calentarse; encenderá también el horno, y cocerá panes: hará además un dios, y lo adorará; fabricará un ídolo, y arrodillaráse delante de él.16Parte del leño quemará en el fuego; con parte de él comerá carne, aderezará asado, y se saciará; después se calentará, y dirá: ­Oh! heme calentado, he visto el fuego;17Y torna su sobrante en un dios, en su escultura; humíllase delante de ella, adórala, y ruégale diciendo: Líbrame, que mi dios eres tú.18No supieron ni entendieron: porque encostrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender.19No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y comíla; ¿he de tornar en una abominación lo restante de ello? ¿delante de un tronco de árbol tengo de humill20De ceniza se apacienta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No hay una mentira á mi mano derecha?21Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, é Israel, pues que tú mi siervo eres: Yo te formé; siervo mío eres tú: Israel, no me olvides.22Yo deshice como á nube tus rebeliones, y como á niebla tus pecados: tórnate á mí, porque yo te redimí.23Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad con júbilo, lugares bajos de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está: porque Jehová redimió á Jacob, y en Israel será glorificado.24Así dice Jehová, tu Redentor, y formador tuyo desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo;25Que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco á los agoreros; que hago tornar atrás los sabios, y desvanezco su sabiduría;26Que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros; que dice á Jerusalem: Serás habitada; y á las ciudades de Judá: Reedificadas serán, y sus ruinas levantaré;27Que dice al profundo: Sécate, y tus ríos haré secar;28Que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, en diciendo á Jerusalem, Serás edificada; y al templo: Serás fundado.

Para tener la conciencia limpia, el mundo mezcla fácilmente la religión con la búsqueda de sus comodidades y de sus satisfacciones (comp. Éxodo 32:6). Como aquel hombre que, con la misma madera, enciende un fuego, cuece panes, se calienta… y talla un ídolo. Esta burlona descripción basta para probar la locura de semejante culto. En lugar de adorar al que le creó, el insensato se prosterna ante un vulgar leño, un objeto inerte, salido de sus propias manos.

Los versículos 9 a 20 están llenos de la actividad del hombre. Hace esto, hace aquello. Se prodiga sin medir su fatiga y todo con una trágica ilusión, porque “de ceniza se alimenta” y no libra su alma (v. 20).

Mas, a partir del versículo 21, hallamos lo que Dios hace… “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados… yo te redimí”. Así como el viento barre en un momento el cielo más nuboso, con su poderoso soplo Dios disipa todo lo que se ha acumulado entre Él —quien es luz— y nuestra alma. Al igual que la tierra precisa de la luz del sol, nuestra alma necesita esta luz divina. El que “extendió los cielos y la tierra” y formó al hombre, hará también lo que sea necesario para la restauración de su pueblo… y para la salvación de todo aquel que cree.

Isaías 45:1-13
1ASI dice Jehová á su ungido, á Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar gentes delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán:2Yo iré delante de ti, y enderezaré las tortuosidades; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos;3Y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados; para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre.4Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; púsete sobrenombre, aunque no me conociste.5Yo Jehová, y ninguno más hay: no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste;6Para que se sepa desde el nacimiento del sol, y desde donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo:7Que formo la luz y crío las tinieblas, que hago la paz y crío el mal. Yo Jehová que hago todo esto.8Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salud y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo Jehová lo crié.9Ay del que pleitea con su Hacedor! ­el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces; ó tu obra: No tiene manos?10Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y á la mujer: ¿Por qué pariste?11Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos.12Yo hice la tierra, y crié sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y á todo su ejército mandé.13Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.

Dios anunció que se serviría de Ciro para cumplir su propósito (volver a leer cap. 44:28). Ese rey, que debía poner fin al cautiverio del pueblo de Israel en Babilonia, es llamado por su nombre mucho antes del comienzo de ese cautiverio. La gracia divina tenía, por decirlo así, a ese «salvador» en reserva durante toda la duración del castigo. Bajo la forma de una revelación personal a Ciro, es para Dios la oportunidad de confirmar que no hay Dios sino Él solo (comp. 1 Corintios 8:4-6 y Efesios 4:6). Dios no sólo se ha dado a conocer a los judíos sino también a las naciones de las cuales formamos parte. Mucho antes de nuestro nacimiento, antes del origen del mundo, desde los tiempos eternos, el nombre del lector y el mío han estado en su pensamiento. También se proponía cumplir mediante nosotros “todo lo que quería” en el momento conveniente… que es el momento presente (Efesios 3:8-10). ¿Respondemos, cada uno en su lugar y en su medida, a lo que Dios aguarda de nosotros? (comp. Hechos 13:36 en lo que concierne a David).

Los versículos 9 y 10, en los cuales ciertamente pensó el apóstol al escribir el pasaje de Romanos 9:20, señalan la locura de los que altercan con ese Dios creador y soberano.

Isaías 45:14-25
14Así dice Jehová: El trabajo de Egipto, las mercaderías de Etiopía, y los Sabeos hombres agigantados, se pasarán á ti, y serán tuyos; irán en pos de ti, pasarán con grillos: á ti harán reverencia, y á ti suplicarán, diciendo: Cierto, en ti está Dios, y no 15Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas.16Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán con afrenta todos los fabricadores de imágenes.17Israel es salvo en Jehová con salud eterna; no os avergonzaréis, ni os afrentaréis, por todos los siglos.18Porque así dijo Jehová, que crió los cielos, él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la crió en vano, para que fuese habitada la crió: Yo Jehová, y ninguno más que yo.19No hablé en escondido, en lugar de tierra de tinieblas; no dije á la generación de Jacob: En vano me buscáis. Yo soy Jehová que hablo justicia, que anuncio rectitud.20Reuníos, y venid; allegaos, todos los escapados de las gentes: no saben aquellos que erigen el madero de su escultura, y los que ruegan al dios que no salva.21Publicad, y haced llegar, y entren todos en consulta: ¿quién hizo oir esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador: ningún otro fuera de mí.22Mirad á mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más.23Por mí hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada. Que á mí se doblará toda rodilla, jurará toda lengua.24Y diráse de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza: á él vendrán, y todos los que contra él se enardecen, serán avergonzados.25En Jehová será justificada y se gloriará toda la generación de Israel.

Lo que Dios cumplirá para el restablecimiento de su pueblo hará que todos le conozcan como el “Dios de Israel que salva” (v. 15). En contraste con los dioses que “no salvan” (v. 20 final), Él mismo declara con la mayor fuerza: “No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí”. No sólo se dirige a la descendencia de Israel, sino a todos los hombres: “Mirad a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra…” (v. 21-22). Este llamado aún resuena en el mundo de hoy; ¿le ha respondido usted? Reconocemos la voz de “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4-5; léase también Tito 2:11). Pero para que Dios pudiese mostrarse a la vez “justo y santo”, sabemos lo que era necesario. El castigo que debía satisfacer su justicia respecto del pecado hirió a Aquel que el mismo pasaje llama: “el mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos”. Con razón, toda rodilla se doblará ante ese gran Dios salvador y toda lengua confesará altamente a Dios (v. 23, citado en Romanos 14:11).

Isaías 46:1-13
1POSTROSE Bel, abatióse Nebo; sus simulacros fueron puestos sobre bestias, y sobre animales de carga: os llevarán cargados de vosotros, carga penosa.2Fueron humillados, fueron abatidos juntamente; no pudieron escaparse de la carga, sino que tuvieron ellos mismos que ir en cautiverio.3Oidme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz.4Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.5¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que sea semejante?6Sacan oro del talego, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ello; humíllanse y adoran.7Echanselo sobre los hombros, llévanlo, y asiéntanlo en su lugar; allí se está, y no se mueve de su sitio. Danle voces, y tampoco responde, ni libra de la tribulación.8Acordaos de esto, y tened vergüenza, tornad en vosotros, prevaricadores.9Acordaos de las cosas pasadas desde el siglo; porque yo soy Dios, y no hay más Dios, y nada hay á mí semejante;10Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde antiguo lo que aun no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere;11Que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir: he lo pensado, y también lo haré.12Oidme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia.13Haré que se acerque mi justicia, no se alejará: y mi salud no se detendrá. Y pondré salud en Sión, y mi gloria en Israel.

El profeta prosigue su comparación por medio de un nuevo y pasmoso cuadro. Por un lado, varios ídolos que son aplastante carga para los que los llevan. Por otro, un Dios poderoso y fiel, el cual, al contrario, ha cargado Él mismo con su pueblo desde el principio hasta el fin de su historia “como trae el hombre a su hijo” (v. 3; Deuteronomio 1:31; 32:11-12). A esa posición privilegiada, Israel ha preferido el servicio ingrato de falsos dioses impotentes y ridículos (v. 6-7). Pero estos últimos le han hecho tropezar pesadamente, aplastándolo con su peso, y finalmente van a ser la causa de su cautiverio. Moralmente ocurre siempre así. Los más nobles ídolos de este mundo (aquí son de oro y plata en tanto que los del capítulo 44 eran sólo de madera) conducen infaliblemente a los que los sirven a su ruina final. ¡Y cuán grande es el poder que el oro ejerce sobre el corazón humano! Pero, en contraste, ¿qué nos propone el Señor Jesús?: Confiar en Él desde nuestra juventud; seguir descansando en Él de año en año a lo largo de nuestra vida; en fin, si debemos alcanzar la edad en la cual las fuerzas declinan, gozar aun de esta hermosa promesa: “Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré” (v. 4).

Isaías 47:1-15
1DESCIENDE, y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia, siéntate en la tierra sin trono, hija de los Caldeos: que nunca más te llamarán tierna y delicada.2Toma el molino, y muele harina: descubre tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos.3Descubierta será tu vergüenza, y tu deshonor será visto: tomaré venganza, y no encontraré hombre.4Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.5Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los Caldeos: porque nunca más te llamarán señora de reinos.6Enojéme contra mi pueblo, profané mi heredad, y entreguélos en tu mano: no les hiciste misericordias; sobre el viejo agravaste mucho tu yugo.7Y dijiste: Para siempre seré señora: y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería.8Oye pues ahora esto, delicada, la que está sentada confiadamente, la que dice en su corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad.9Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad y viudez: en toda su perfección vendrán sobre ti, por la multitud de tus adivinanzas, y por la copia de tus muchos agüeros.10Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y no más.11Vendrá pues sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás: caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar: y destrucción que no sabrás, vendrá de repente sobre ti.12Estáte ahora en tus encantamentos, y con la multitud de tus agüeros, en los cuales te fatigaste desde tu niñez; quizá podrás mejorarte, quizá te fortificarás.13Haste fatigado en la multitud de tus consejos. Parezcan ahora y defiéndante los contempladores de los cielos, los especuladores de las estrellas, los que contaban los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti.14He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre á la cual se sienten.15Así te serán aquellos con quienes te fatigaste, tus negociantes desde tu niñez: cada uno echará por su camino, no habrá quien te salve.

Se trata ahora de Babilonia. Aun antes de su entrada en la Historia, ya está anunciada su caída. Empleada por el Señor para disciplinar a su pueblo, “no le tuvo compasión”; “no puso estas cosas en su corazón” (V.M.); en fin, “no se acordó de su postrimería” (v. 7; Deuteronomio 32:29). Por boca de Daniel, Dios le había dado a conocer “lo que había de acontecer en lo porvenir” (Daniel 2:45). Y a esto, la orgullosa ciudad declaró: “Para siempre seré señora”. Pero conocemos el fin solemne y repentino “del rey de los caldeos” (Daniel 5:30), durante la trágica noche del festín de Belsasar.

En el Nuevo Testamento, Babilonia es figura de la cristiandad como Iglesia responsable. Ésta se ha cansado de ser extranjera aquí abajo y de sufrir. Ha preferido un trono a la cruz; ha olvidado la compasión, ha dominado sobre las almas, ha desconocido los derechos del Señor y ha perdido de vista Su retorno. Se acomodó con una multitud de ídolos y supersticiones (v. 12-13). Pero llegará el momento de su ruina (Apocalipsis 18). Entonces Cristo presentará al cielo y a la tierra a su verdadera Esposa: la Iglesia compuesta por todos sus redimidos llevados junto a Él antes de estos acontecimientos. ¿Usted será de ellos?

“Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis… Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:5-7).

Isaías 48:1-8
1OID esto, casa de Jacob, que os llamáis del nombre de Israel, los que salieron de las aguas de Judá, los que juran en el nombre de Jehová, y hacen memoria del Dios de Israel, mas no en verdad ni en justicia:2Porque de la santa ciudad se nombran, y en el Dios de Israel confían: su nombre, Jehová de los ejércitos.3Lo que pasó, ya antes lo dije; y de mi boca salió; publiquélo, hícelo presto, y vino á ser.4Porque conozco que eres duro, y nervio de hierro tu cerviz, y tu frente de metal,5Díjetelo ya días há; antes que viniese te lo enseñé, porque no dijeses: Mi ídolo lo hizo, mis estatuas de escultura y de fundición mandaron estas cosas.6Oístelo, vístelo todo; ¿y no lo anunciaréis vosotros? Ahora pues te he hecho oir nuevas y ocultas cosas que tú no sabías.7Ahora han sido criadas, no en días pasados; ni antes de este día las habías oído, porque no digas: He aquí que yo lo sabía.8Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente no se abrió antes tu oreja; porque sabía que desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre.

“Los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas” (cap. 47:13) y otros adivinos han proliferado en todos los tiempos a expensas de la credulidad popular. Pese a sus pretensiones, nadie tiene el poder de predecir el porvenir. Sólo Dios tiene el conocimiento de ello y nos revela en su Palabra lo que necesitamos saber a ese respecto (cap. 46:10; Hechos 1:7). El cumplimiento en el pasado de los acontecimientos que habían sido anunciados de antemano por medio de los profetas es una prueba más de la existencia y omnipotencia de Dios (v. 3). Las primeras cosas, declaradas desde hacía tiempo, han ocurrido (v. 5; véase Juan 13:19). Esto prueba que las cosas nuevas son y serán también la obra de Dios (v. 6; Mateo 13:52). Hoy está al alcance de todos, y en particular de los judíos, el indagar las Escrituras para cerciorarse de ello. Con antelación de muchos siglos, el rechazo de su Mesías ha sido anunciado claramente por el más grande de sus profetas, precisamente en los capítulos que estamos leyendo. Por desdicha, no sólo Israel sino el hombre en general es verdaderamente obstinado; “barra de hierro” es su cerviz; su frente es “de bronce” (v. 4); su oído está cerrado (v. 8). Por encima de todo es “duro de corazón” (cap. 46:12).

Isaías 48:9-22
9Por amor de mi nombre dilataré mi furor, y para alabanza mía te daré largas, para no talarte.10He aquí te he purificado, y no como á plata; hete escogido en horno de aflicción.11Por mí, por amor de mí lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré á otro.12Oyeme, Jacob, y tú, Israel, llamado de mí: Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero.13Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielo con el palmo; en llamándolos yo, parecieron juntamente.14Juntaos todos vosotros, y oid. ¿Quién hay entre ellos que anuncie estas cosas? Jehová lo amó, el cual ejecutará su voluntad en Babilonia, y su brazo en los Caldeos.15Yo, yo hablé, y le llamé, y le traje; por tanto será prosperado su camino.16Allegaos á mí, oid esto; desde el principio no hablé en escondido; desde que la cosa se hizo, estuve allí: y ahora el Señor Jehová me envió, y su espíritu.17Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que andas.18Ojalá miraras tú á mis mandamientos! fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas de la mar.19Fuera como la arena tu simiente, y los renuevos de tus entrañas como las pedrezuelas de ella; nunca su nombre fuera cortado, ni raído de mi presencia.20Salid de Babilonia, huid de entre los Caldeos; dad nuevas de esto con voz de alegría, publicadlo, llevadlo hasta lo postrero de la tierra: decid: Redimió Jehová á Jacob su siervo.21Y no tuvieron sed cuando los llevó por los desiertos; hízoles correr agua de la piedra: cortó la peña, y corrieron aguas.22No hay paz para los malos, dijo Jehová.

¡“Por amor de mi nombre… Por mí, por amor de mí mismo, lo haré”! Demasiado a menudo olvidamos ese gran motivo de las intervenciones de Dios. Al adoptar a Israel como su pueblo —y a nosotros los creyentes como sus hijos e hijas— por decirlo así, Dios se ha comprometido personalmente, lo mismo que un padre se siente comprometido por los actos de sus hijos frente a extraños. Según el caso, somos liberados, limpiados… o castigados a causa de la gloria del Padre de quien somos los hijos (véase Josué 7:9 final). Pero Dios aún tiene otro motivo para enseñarnos y disciplinarnos: nuestro provecho (v. 17; Hebreos 12:10).

La paz del corazón, “como un río” calmo y poderoso, fluye de la obediencia del creyente (v. 18). Esto se entiende: en la corriente de la voluntad de Dios no se conoce ni la agitación ni el borboteo propios del torrente en la montaña. Uno realiza el versículo 3 del capítulo 26: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. Notemos que sólo después de ordenar a los suyos que guarden sus mandamientos y su Palabra el Señor les da su paz (Juan 14:15-27). ¡Preciosa paz la de los redimidos del Señor! Es desconocida por los malos (v. 22).

Isaías 49:1-13
1OIDME, islas, y escuchad, pueblos lejanos: Jehová me llamó desde el vientre; desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria.2Y puso mi boca como espada aguda, cubrióme con la sombra de su mano; y púsome por saeta limpia, guardóme en su aljaba.3Y díjome: Mi siervo eres, oh Israel, que en ti me gloriaré.4Yo empero dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mi fortaleza; mas mi juicio está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.5Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre por su siervo, para que convierta á él á Jacob. Bien que Israel no se juntará, con todo, estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fortaleza.6Y dijo: Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te dí por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra.7Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las gentes, al siervo de los tiranos. Verán reyes, y levantaránse príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió.8Así dijo Jehová: En hora de contentamiento te oí, y en el día de salud te ayudé: y guardarte he, y te daré por alianza del pueblo, para que levantes la tierra, para que heredes asoladas heredades;9Para que digas á los presos: Salid; y á los que están en tinieblas: Manifestaos. En los caminos serán apacentados, y en todas las cumbres serán sus pastos.10No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá á manaderos de aguas.11Y tornaré camino todos mis montes, y mis calzadas serán levantadas.12He aquí estos vendrán de lejos; y he aquí estotros del norte y del occidente, y estotros de la tierra de los Sineos.13Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y prorrumpid en alabanzas, oh montes: porque Jehová ha consolado su pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia.

A esta altura del libro, marcada por una importante división, está probado que Israel ha sido un siervo infiel. Por eso Dios lo sustituye por Cristo, el verdadero Israel (v. 3), siervo obediente en quien Él se gloriará. Pero, a primera vista, el trabajo del Señor podía parecerle inútil (v. 4). No sólo Israel no había sido congregado, sino que había rechazado a su Mesías. Y, sin embargo, los versículos 5 y 6, como también el versículo 11 del capítulo 53, nos aseguran que, pese a ese aparente fracaso, Cristo “verá el fruto de la aflicción (o trabajo) de su alma”. Los hijos de Dios dispersos, hoy son congregados para constituir la familia celestial (Juan 11:51-52). El rechazo del Señor por su pueblo ha permitido que Dios extendiera su salvación “hasta lo postrero de la tierra”.

¿No es maravilloso ese diálogo entre Dios y “su santo siervo Jesús”? (Hechos 4:27, V.M.) Al dirigirse “al despreciado de los hombres (comp. cap. 53:3), al abominado de la nación, al siervo de los gobernantes” (v. 7, V.M.), —pero quien es de un precio infinito para su corazón—, Dios le promete que pronto las cosas se invertirán: Cuando aparezca en su gloria magnífica, los que dominan tendrán que honrarle e inclinarse ante Él. Reyes “se levantarán”, como uno se levanta a la llegada de alguien más elevado, y “príncipes, y se postrarán” (comp. Filipenses 2:6-11).

Isaías 49:14-26
14Mas Sión dijo: Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí.15¿Olvidaráse la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti.16He aquí que en las palmas te tengo esculpida: delante de mí están siempre tus muros.17Tus edificadores vendrán aprisa; tus destruidores y tus asoladores saldrán de ti.18Alza tus ojos alrededor, y mira: todos estos se han reunido, han venido á ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia.19Porque tus asolamientos, y tus ruinas, y tu tierra desierta, ahora será angosta por la multitud de los moradores; y tus destruidores serán apartados lejos.20Aun los hijos de tu orfandad dirán á tus oídos: Angosto es para mí este lugar; apártate por amor de mí, para que yo more.21Y dirás en tu corazón: ¿Quién me engendró estos? porque yo deshijada estaba y sola, peregrina y desterrada: ¿quién pues crió éstos? He aquí yo estaba dejada sola: éstos ¿dónde estaban?22Así dijo el Señor Jehová: He aquí, yo alzaré mi mano á las gentes, y á los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros.23Y reyes serán tus ayos, y sus reinas tus amas de leche; el rostro inclinado á tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies: y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que me esperan.24¿Será quitada la presa al valiente? ó ¿libertaráse la cautividad legítima?25Así empero dice Jehová: Cierto, la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada; y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré á tus hijos.26Y á los que te despojaron haré comer sus carnes, y con su sangre serán embriagados como mosto; y conocerá toda carne que yo Jehová soy Salvador tuyo, y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.

Al ocurrir la primera venida del Señor, Israel no había sido congregado (v. 5). Pero la hora de esa reunión sonará. No solamente Judá y Benjamín, sino también las diez tribus, hoy dispersas, tomarán el camino del retorno. Convergerán de todos los horizontes, sí, hasta de la lejana China, ya que Dios habrá sabido preservar milagrosamente su unidad racial durante más de veinte siglos. Gloriosa visión: Jerusalén junta por fin a sus hijos bajo sus alas, lo que el Señor tanto quiso hacer, mientras estaba aquí abajo. No obstante, ellos no quisieron (Lucas 13:34). Como una inmensa reunión de familia, los hijos y las hijas de Jacob, separados por tanto tiempo, acuden, se reconocen y se alegran conjuntamente. Entonces, se cumplirá la profecía del salmo 133.

De esa escena terrenal, nuestro pensamiento se eleva hacia la gran reunión celestial. De todos los redimidos del Señor, de los que Él ha recibido de su Padre, no faltará ninguno. Cada oveja está desde ya al abrigo en Su mano y tiene su nombre como esculpido sobre las palmas de esas manos que fueron traspasadas (v. 16; Juan 10:28 y 17:12). Los cautivos del hombre fuerte le han sido arrancados para siempre por medio de la victoria de la cruz (v. 25; Lucas 11:21-22).

Isaías 50:1-11
1ASI dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿ó quiénes son mis acreedores, á quienes os he yo vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fué repudiada vuestra madre:2Porque vine, y nadie pareció; llamé, y nadie respondió. ¿Ha llegado á acortarse mi mano, para no redimir? ¿no hay en mí poder para librar? He aquí que con mi reprensión hago secar la mar; torno los ríos en desierto, hasta pudrirse sus peces, y morirse de 3Visto de oscuridad los cielos, y torno como saco su cobertura.4El Señor Jehová me dió lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado; despertará de mañana, despertaráme de mañana oído, para que oiga como los sabios.5El Señor Jehová me abrió el oído, y yo no fuí rebelde, ni me torné atrás.6Dí mi cuerpo á los heridores, y mis mejillas á los que me mesaban el cabello: no escondí mi rostro de las injurias y esputos.7Porque el Señor Jehová me ayudará; por tanto no me avergoncé: por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.8Cercano está de mí el que me justifica; ¿quién contenderá conmigo? juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? acérquese á mí.9He aquí que el Señor Jehová me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos como ropa de vestir se envejecerán, los comerá polilla.10¿Quién hay entre vosotros que teme á Jehová, y oye la voz de su siervo? el que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.11He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y estáis cercados de centellas: andad á la luz de vuestro fuego, y á las centellas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados.

En vano han resonado los llamados de Dios. “Oídme” ha repetido Él sin cesar (cap. 44:1; 46:3, 12; 48:1, 12; 49:1). Pero, ¡ay! ya sea la voz de Juan el Bautista (cap. 40:3) o la del Mesías mismo… “nadie respondió” (v. 2). Se puede pensar en lo afligido que habrá estado el Señor Jesús por esa indiferencia, la que también caracteriza a los hombres de hoy en día. Él venía con “lengua de sabios”: la del amor (Juan 7:46). Pero nadie la quiso comprender ni siquiera escuchar. “Nunca lo habías oído… no se abrió antes tu oído” (cap. 48:8). Sin embargo, ¡qué ejemplo les daba Él! Cada mañana hallaba a ese Hombre obediente prestando oídos a las palabras de su Padre, atento a la expresión de su voluntad para la jornada. Si el Señor Jesús experimentaba esa necesidad, ¡cuánto más deberíamos sentirla nosotros!

Luego, la indiferencia hacia Jesús se cambió en odio. El versículo 6 nos recuerda los ultrajes que debió soportar. Pero, pese a saber lo que le aguardaba, no se volvió atrás; puso su rostro como un pedernal para ir a Jerusalén (v. 5 y 7; Lucas 9:51).

En lo que nos concierne, escuchemos el llamado del versículo 10: “¿Quién hay entre vosotros que teme al Señor, y oye la voz de su siervo”? Nosotros, los que somos hijos de luz, no nos dejemos encandilar por las pasajeras teas encendidas, por medio de las cuales el mundo busca alumbrarse (v. 11).

Isaías 51:1-11
1OIDME, los que seguís justicia, los que buscáis á Jehová: mirad á la piedra de donde fuisteis cortados, y á la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados.2Mirad á Abraham vuestro padre, y á Sara que os parió; porque solo lo llamé, y bendíjelo, y multipliquélo.3Ciertamente consolará Jehová á Sión: consolará todas sus soledades, y tornará su desierto como paraíso, y su soledad como huerto de Jehová; hallarse ha en ella alegría y gozo, alabanza y voz de cantar.4Estad atentos á mí, pueblo mío, y oidme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi juicio descubriré para luz de pueblos.5Cercana está mi justicia, salido ha mi salud, y mis brazos juzgarán á los pueblos: á mí esperarán las islas, y en mi brazo pondrán su esperanza.6Alzad á los cielos vuestros ojos, y mirad abajo á la tierra: porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores: mas mi salud será para siempre, mi justicia no perecerá.7Oidme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus denuestos.8Porque como á vestidura los comerá polilla, como á lana los comerá gusano; mas mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salud por siglos de siglos.9Despiértate, despiértate, vístete de fortaleza, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó á Rahab, y el que hirió al dragón?10¿No eres tú el que secó la mar, las aguas del grande abismo; el que al profundo de la mar tornó en camino, para que pasasen los redimidos?11Cierto, tornarán los redimidos de Jehová, volverán á Sión cantando, y gozo perpetuo será sobre sus cabezas: poseerán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.

En el versículo 12 del capítulo 46, Dios se había dirigido a los que estaban alejados de la justicia. Ahora su gracia habla a los que siguen la justicia (v. 1) y la conocen (v. 7). En un mundo injusto, están expuestos a sufrir por esa justicia y necesitan ser alentados: “No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes” (v. 7). Cristo fue el primero en soportar esa afrenta y esos ultrajes de parte del hombre (cap. 50:6). Por eso Él nos es dejado como modelo, a fin de que sigamos sus pisadas (1 Pedro 2:20-24; 3:14).

A semejanza del Señor Jesús, quien podía decir: “Tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8), Dios puede hablar aquí de un pueblo ¡en cuyo corazón está su ley! ¿Podría Él señalarnos de igual manera? Queridos amigos: ¿mora la palabra de Cristo “en abundancia” en nosotros? (Colosenses 3:16; Juan 15:7).

La oración del versículo 9 hace un llamado al poderoso brazo de Dios (cap. 53:1) que, otrora, había derribado a Egipto y hendido las magníficas aguas. Una vez más, Él arrancará a Israel de su cautiverio. Como en la orilla del mar Rojo, el Espíritu pondrá entonces cantos de triunfo en la boca de “los redimidos” y colocará sobre sus cabezas “gozo perpetuo” (v. 11; comp. cap. 35:10).

Isaías 51:12-23
12Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, del hijo del hombre, que por heno será contado?13Y haste ya olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir: mas ¿en dónde está el furor del que aflige?14El preso se da prisa para ser suelto, por no morir en la mazmorra, ni que le falte su pan.15Empero yo Jehová, que parto la mar, y suenan sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.16Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, para que plantase los cielos y fundase la tierra, y que dijese á Sión: Pueblo mío eres tú.17Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalem, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su furor; las heces del cáliz de aturdimiento bebiste, y chupaste.18De todos los hijos que parió, no hay quien la gobierne; ni quien la tome por su mano de todos los hijos que crió.19Estas dos cosas te han acaecido; ¿quién se dolerá de ti? asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién te consolará?20Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como buey montaraz en la red, llenos del furor de Jehová, de la ira del Dios tuyo.21Oye pues ahora esto, miserable, ebria, y no de vino:22Así dijo tu Señor Jehová, y tu Dios, el cual pleitea por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento, la hez del cáliz de mi furor; nunca más lo beberás:23Y ponerlo he en mano de tus angustiadores que dijeron á tu alma: Encórvate, y pasaremos. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino, á los que pasan.

“Yo, yo soy vuestro consolador” (v. 12). Cuántos creyentes al pasar por la prueba han hecho la experiencia de que no hay verdadero consuelo fuera de Dios. En verdad Él es “Dios de toda consolación” (2 Corintios 1:3). Pero, a veces, somos como el salmista cuando declara: “Mi alma rehusaba consuelo” (Salmo 77:2). Los conmovedores llamados de Dios a su pueblo han quedado sin eco. No hubo “nadie que respondiera” salvo un débil remanente que seguía la justicia (cap. 50:2; 66:4). Ahora, un grito redoblado y apremiante se hace oír: “Despierta, despierta, levántate… vístete tu ropa hermosa…” (v. 17 y cap. 52:1). Se trata de sacudir a Jerusalén de su sueño porque el Mesías va a aparecer. El capítulo 53 nos mostrará la acogida que le fue reservada cuando vino por primera vez. Rechazado, Cristo volvió a subir a la gloria. Pero hoy estamos en vísperas de su retorno. Y Jesús nos hace recordar su promesa: “He aquí yo vengo pronto”. Él se presenta a sí mismo: “Yo soy… la estrella resplandeciente de la mañana” (Apocalipsis 22:12, 16, 17 y 20). Despierta y llena de esperanza, la Esposa dice conjuntamente con el Espíritu: “Ven”. ¡Que cada cual le haga eco en su corazón y también le conteste: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”!

Isaías 52:1-15
1DESPIERTA, despierta, vístete tu fortaleza, oh Sión; vístete tu ropa de hermosura, oh Jerusalem, ciudad santa: porque nunca más acontecerá que venga á ti incircunciso ni inmundo.2Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalem; suéltate de las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sión.3Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados.4Porque así dijo el Señor Jehová: Mi pueblo descendió á Egipto en tiempo pasado, para peregrinar allá; y el Assur lo cautivó sin razón.5Y ahora ¿qué á mí aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo sea llevado sin por qué? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día.6Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día: porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.7Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salud, del que dice á Sión: Tu Dios reina!8Voz de tus atalayas! alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo á ojo verán que Jehová vuelve á traer á Sión.9Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalem: porque Jehová ha consolado su pueblo, á Jerusalem ha redimido.10Jehová desnudó el brazo de su santidad ante los ojos de todas las gentes; y todos los términos de la tierra verán la salud del Dios nuestro.11Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; limpiaos los que lleváis los vasos de Jehová.12Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque Jehová irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de Israel.13He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y ensalzado, y será muy sublimado.14Como se pasmaron de ti muchos, en tanta manera fué desfigurado de los hombres su parecer; y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.15Empero él rociará muchas gentes: los reyes cerrarán sobre él sus bocas; porque verán lo que nunca les fué contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

Hasta el versículo 6 se trata de los rescatados. El Redentor nos es presentado a partir del versículo 7. El Espíritu Santo tiene sobre la tierra una tarea primordial: dirigir las miradas de los creyentes hacia Cristo y sus sufrimientos. Todas las exhortaciones de escuchar, despertarse y apartarse convergen del mismo modo aquí hacia la presentación de una persona: Cristo, el Mesías de Israel. Él es el Mensajero que trae buenas nuevas de paz, de felicidad y de salvación (v. 7). Es igualmente el Siervo que obra sabiamente y por eso será prosperado (v. 13). Aquí tenemos ante nosotros, en resumen, sus palabras y sus obras. El capítulo 53 nos dará a conocer sus sufrimientos.

En verdad, hay de qué asombrarse y sorprenderse al meditar en la indescriptible humillación del Hijo de Dios (v. 14 completado con el v. 3 del cap. 53). Su aspecto “desfigurado” testimoniaba contra el mundo impío acerca de lo que le costaba al Hombre perfecto el atravesarlo. Por eso, es con justicia que Dios ahora le ha exaltado, engrandecido y “puesto muy en alto”, en espera de que Él aparezca en gloria. Entonces los reyes cerrarán la boca al verle. Los redimidos, al contrario, no callarán jamás. Como esos atalayas del versículo 8, después del cansancio de la larga vigilia mencionada en el salmo 130:6, elevarán la voz con canto de triunfo, porque Le verán “ojo a ojo”.

Isaías 53:1-12
1¿QUIÉN ha creído á nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?2Y subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca: no hay parecer en él, ni hermosura: verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos.3Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fué menospreciado, y no lo estimamos.4Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.5Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.7Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.8De la cárcel y del juicio fué quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fué de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fué herido.9Y dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fué en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca.10Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.11Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.12Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fué contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores.

Ésta es la misteriosa página que el funcionario de Candace, reina de los etíopes, leía en su carro. Y “Felipe… comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús” (Hechos 8:35). Ahí está, también para nosotros, el comienzo de todo conocimiento: Jesús el Salvador. Cada uno de nosotros se apartó por su propio camino de desobediencia (v. 6). Pero, para salvarnos, el Cordero de Dios siguió el camino de la perfecta obediencia y de la entera sumisión. En ese camino fue despreciado, desechado, angustiado, afligido y al fin “cortado de la tierra” por los hombres (v. 3, 7, 8). Pero también fue herido, molido y sujeto a padecimiento por Dios mismo. ¿Quién jamás sondeará lo infinito de esta expresión: “Jehová quiso quebrantarlo”? Nuestras enfermedades y nuestros dolores (v. 4), nuestras rebeliones y nuestras transgresiones (v. 5), nuestro pecado bajo todas sus formas —de las más sutiles a las más groseras— con sus terribles consecuencias, tal ha sido la indeciblemente pesada carga que tomó sobre sí “el varón de dolores”.

¡Éste fue, oh nuestro Salvador, el trabajo de tu alma! Pero, más allá de la muerte a la cual te entregaste a ti mismo, gustas, de ahí en adelante y para siempre, del fruto mismo de tu padecimiento, del inefable gozo del amor correspondido (Hebreos 12:2).

Isaías 54:1-17
1ALÉGRATE, oh estéril, la que no paría; levanta canción, y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto: porque más son los hijos de la dejada que los de la casada, ha dicho Jehová.2Ensancha el sitio de tu cabaña, y las cortinas de tus tiendas sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y fortifica tus estacas.3Porque á la mano derecha y á la mano izquierda has de crecer; y tu simiente heredará gentes, y habitarán las ciudades asoladas.4No temas, que no serás avergonzada; y no te avergüences, que no serás afrentada: antes, te olvidarás de la vergüenza de tu mocedad, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.5Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre: y tu redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado.6Porque como á mujer dejada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como á mujer moza que es repudiada, dijo el Dios tuyo.7Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias.8Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor Jehová.9Porque esto me será como las aguas de Noé; que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré.10Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.11Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré.12Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y todo tu término de piedras de buen gusto.13Y todos tus hijos serán enseñados de Jehová; y multiplicará la paz de tus hijos.14Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás; y de temor, porque no se acercará á ti.15Si alguno conspirare contra ti, será sin mí: el que contra ti conspirare, delante de ti caerá.16He aquí que yo crié al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he criado al destruidor para destruir.17Toda herramienta que fuere fabricada contra ti, no prosperará; y tú condenarás toda lengua que se levantare contra ti en juicio. Esta es la heredad de los siervos de Jehová, y su justicia de por mí, dijo Jehová.

Al estar cumplida la obra descrita en el capítulo 53, los creyentes están invitados a regocijarse y a cantar. El versículo 10 declaraba: “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje”. Jesús mismo lo confirmará: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). El capítulo 54 nos hace entrever esa rica cosecha. Se trata de Israel, simiente terrenal; pero el Nuevo Testamento habla también de los hijos de la familia celestial: “la Jerusalén de arriba” (véase Gálatas 4:26-27). Usted, que lee estos capítulos, ¿también es uno de esos “frutos” de la aflicción (o del trabajo) de Su alma?

Para acoger a sus hijos e hijas, se invita a Jerusalén, mucho tiempo viuda y estéril, a ensancharse y a extenderse; a causa de la obra cumplida en la cruz, Dios puede tener compasión de ella y reunirla. La ira ha sido “por un breve momento”, pero la misericordia será “eterna” (v. 7, 8; Salmo 30:5).

“Todos tus hijos serán enseñados por Dios” promete el versículo 13, citado en Juan 6:45. La obra del Señor para con nosotros comprende dos grandes partes: Él ha llevado nuestras iniquidades y enseña la justicia a muchos (cap. 53:11). No olvidemos ese segundo lado y, si le hemos traído la carga de nuestros pecados, dejémonos ahora enseñar por Él. Así podremos llevar el fruto de la justicia para Su gloria (2 Corintios 9:10).

Isaías 55:1-13
1A TODOS los sedientos: Venid á las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.2¿Por qué gastáis el dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura? Oidme atentamente, y comed del bien, y deleitaráse vuestra alma con grosura.3Inclinad vuestros oídos, y venid á mí; oid, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes á David.4He aquí, que yo lo dí por testigo á los pueblos, por jefe y por maestro á las naciones.5He aquí, llamarás á gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán á ti; por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.6Buscad á Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase á Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.8Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.10Porque como desciende de los cielos la lluvia, y la nieve, y no vuelve allá, sino que harta la tierra, y la hace germinar y producir, y da simiente al que siembra, y pan al que come,11Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá á mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.12Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.13En lugar de la zarza crecerá haya, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán: y será á Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

Como de la roca herida en el desierto (cap. 48:21), un río de vida y de bendición emana de la obra de la cruz. ¡Inagotable fuente ofrecida a todo aquel que tiene sed! Aquí se trata del llamado del profeta, pero el Señor Jesús se expresa del mismo modo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37; véase también ese “todo aquel” de la gracia en los cap. 3:15 y 16; 11:26 y 12:46 del mismo evangelio). Dos cosas caracterizan la gran salvación de Dios: por una parte, ella es gratuita. Los hombres trabajan considerablemente y gastan fortunas “en lo que no sacia”, mientras que el más excelente de los bienes se obtiene “sin dinero y sin precio”. Dios ha hecho todos los gastos (comp. cap. 52:3).

En segundo lugar, la salvación debe ser aceptada ahora. “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado” (v. 6). Dios está cercano; Él perdona ampliamente… pero ¡apresúrese! Llega el momento en el cual no será más accesible (Juan 7:34; 8:21).

Consideremos aún lo que está dicho en este hermoso capítulo acerca de los pensamientos de amor y de los inescrutables caminos de Dios (v. 8, 9; véase también Romanos 11:33 a 36). Y respecto de su Palabra: ella no volverá a mí vacía, promete el versículo 11. ¿Ha producido ella ese efecto en el corazón de usted?

Isaías 56:1-57:2; Isaías 57:15-21
1ASI dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia: porque cercana está mi salud para venir, y mi justicia para manifestarse.2Bienaventurado el hombre que esto hiciere, y el hijo del hombre que esto abrazare: que guarda el sábado de profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.3Y el hijo del extranjero, allegado á Jehová, no hable diciendo: Apartaráme totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco.4Porque así dijo Jehová á los eunucos que guardaren mis sábados, y escogieren lo que yo quiero, y abrazaren mi pacto:5Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos é hijas; nombre perpetuo les daré que nunca perecerá.6Y á los hijos de los extranjeros que se allegaren á Jehová para ministrarle, y que amaren el nombre de Jehová para ser sus siervos: á todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto,7Yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos.8Dice el Señor Jehová, el que junta los echados de Israel: Aun juntaré sobre él sus congregados.9Todas las bestias del campo, todas las bestias del monte, venid á devorar.10Sus atalayas ciegos son, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir.11Y esos perros ansiosos no conocen hartura; y los mismos pastores no supieron entender: todos ellos miran á sus caminos, cada uno á su provecho, cada uno por su cabo.12Venid, dicen, tomaré vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como este, ó mucho más excelente.1PERECE el justo, y no hay quien pare mientes; y los píos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo.2Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.
15Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los qu16Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de enojar: pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he criado.17Por la iniquidad de su codicia me enojé y heríle, escondí mi rostro y ensañéme; y fué él rebelde por el camino de su corazón.18Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones, á él y á sus enlutados.19Crío fruto de labios: Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová; y sanarélo.20Mas los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta, y sus aguas arrojan cieno y lodo.21No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.

Estos dos capítulos evocan un sombrío momento de la futura historia de Israel. La masa del pueblo extraviada por ciegos centinelas (v. 10) se irá en pos del Anticristo (el rey del cap. 57:9). Durante ese tiempo, Dios seguirá con la mirada a los fieles que respeten sus días de reposo y los alentará con sus promesas. En ese momento, el templo estará destruido después de haber sido profanado. Pero volverá a tomar su nombre y su carácter de “casa de oración” para alegría de ese remanente. Además, estará abierto a todos los pueblos (cap. 56:7). En lo que nos concierne, a nosotros los creyentes, en todo momento tenemos acceso a Dios para la oración y la alabanza. ¿Lo aprovechamos?

Los versículos 1 y 2 del capítulo 57 nos revelan el verdadero significado de la muerte de un justo y de los hombres de bondad. Así Dios los protege de los castigos que prepara para los demás hombres (véase 1 Reyes 14:12, 13). “Produciré fruto de labios” dice Dios (v. 19). Hebreos 13:15 nos muestra que se trata del “sacrificio de alabanza”. Está dirigido a Dios, pero Él mismo es quien lo produce mediante su Espíritu en el corazón de los suyos.

Finalmente, el versículo 20 bosqueja un rápido cuadro de la malsana agitación de los impíos con sus consecuencias. El apóstol Judas lo completa al comparar éstos a las “fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza” (v. 13).

Isaías 58:1-14
1CLAMA á voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia á mi pueblo su rebelión, y á la casa de Jacob su pecado.2Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese obrado justicia, y que no hubiese dejado el derecho de su Dios: pregúntanme derechos de justicia, y quieren acercarse á Dios.3¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno halláis lo que queréis, y todos demandáis vuestras haciendas.4He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.5¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que encorve su cabeza como junco, y haga cama de saco y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable á Jehová?6¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres á los quebrantados, y que rompáis todo yugo?7¿No es que partas tu pan con el hambriento, y á los pobres errantes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu carne?8Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salud se dejará ver presto; é irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.9Entonces invocarás, y oirte ha Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad;10Y si derramares tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el medio día;11Y Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serán como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan.12Y edificarán los de ti los desiertos antiguos; los cimientos de generación y generación levantarás: y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.13Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no hacinedo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras:14Entonces te delelitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré á comer la heredad de Jacob tu padre: porque la boca de Jehová lo ha hablado.

Esta nueva y gran división del libro empieza mostrándonos al pueblo que ayuna y se aflige. Ya que Dios mira precisamente al que es quebrantado y humilde de espíritu (cap. 57:15 y 66:2), es dable preguntarse qué es lo que Él halla de criticable en esto. Los versículos 3 a 7 nos lo enseñan: Dios no se contenta con simples formas religiosas exteriores ni piadosas declaraciones; no tienen nada que ver con el fruto de labios que Él mismo produce. Por la boca de otro profeta, nos pregunta a todos directamente: “¿Habéis ayunado para mí?” (Zacarías 7:5). Pero, ¡ay! detrás de una hermosa fachada de piedad, ¡cuántas cosas pueden hallarse!: la búsqueda de nuestro propio gusto, aun durante el santo día del Señor, la dureza y el egoísmo, las contiendas y las querellas (v. 3-4), los juicios y las críticas (“el dedo amenazador”) así como el raudal de vanas palabras (v. 9 y 13).

Las verdaderas exigencias de Dios son éstas: En primer lugar, que rompamos con las costumbres pecaminosas, esas ligaduras que nos retienen bajo el poder del Enemigo (v. 6; Daniel 4:27). Luego, que practiquemos el amor en todas las oportunidades que se nos presenten (v. 7, 10). ¡Cuán hermosas promesas están ligadas a semejante andar!

Isaías 59:1-21
1HE aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni hase agravado su oído para oir:2Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar su rostro de vosotros, para no oir.3Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua.4No hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la verdad: confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben trabajo, y paren iniquidad.5Ponen huevos de áspides, y tejen telas de arañas: el que comiere de sus huevos, morirá; y si lo apretaren, saldrá un basilisco.6Sus telas no servirán para vestir, ni de sus obras serán cubiertos: sus obras son obras de iniquidad, y obra de rapiña está en sus manos.7Sus pies corren al mal, y se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad, destrucción y quebrantamiento en sus caminos.8No conocieron camino de paz, ni hay derecho en sus caminos: sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz.9Por esto se alejó de nosotros el juicio, y no nos alcanzó justicia: esperamos luz, y he aquí tinieblas; resplandores, y andamos en oscuridad.10Palpamos la pared como ciegos, y andamos á tiento como sin ojos; tropezamos al medio día como de noche; estamos en oscuros lugares como muertos.11Aullamos como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente como palomas: esperamos juicio, y no lo hay; salud, y alejóse de nosotros.12Porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti, y nuestros pecados han atestiguado contra nosotros; porque con nosotros están nuestras iniquidades, y conocemos nuestros pecados:13El prevaricar y mentir contra Jehová, y tornar de en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión, concebir y proferir de corazón palabras de mentira.14Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos: porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir.15Y la verdad fué detenida; y el que se apartó del mal, fué puesto en presa: y viólo Jehová, y desagradó en sus ojos, porque pereció el derecho.16Y vió que no había hombre, y maravillóse que no hubiera quien se interpusiese; y salvólo su brazo, y afirmóle su misma justicia.17Pues de justicia se vistió como de loriga, con capacete de salud en su cabeza: y vistióse de vestido de venganza por vestidura, y cubrióse de celo como de manto,18Como para retribuir, como para retornar ira á sus enemigos, y dar el pago á sus adversarios: el pago dará á las islas.19Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria: porque vendrá el enemigo como río, mas el espíritu de Jehová levantará bandera contra él.20Y vendrá el Redentor á Sión, y á los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová.21Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tu simiente, dijo Jehová, ni de la boca de la simiente de tu simiente, desde ahora y para siempre.

Las iniquidades del pueblo constituyen una pantalla impenetrable entre Dios y él. Impiden a Dios aceptar algún servicio religioso. Pero, en el sentido inverso, Él no puede intervenir a favor de los suyos mientras este muro exista. Quizás es también la razón por la cual nuestras oraciones quedan a veces sin respuesta (Proverbios 15:8, 29).

La abrumadora lista de todos los pecados acumulados por el pueblo es puesta ante él en los versículos 3 a 8, a fin de ayudarle a tomar conciencia de ellos. Algunos son recordados en Romanos 3:10-18 para establecer indiscutiblemente la maldad de toda la raza humana.

En el versículo 9 son los fieles del remanente quienes toman la palabra. Reconocen con humillación la justicia del cuadro que acaba de ser expuesto. “Conocemos nuestros pecados” declaran ellos al agregar aún una lista de faltas a las que el profeta había enunciado (v. 12-15). En pocas palabras, ese remanente muestra hasta qué punto es “quebrantado y humilde de espíritu” (cap. 57:15). Por eso, según su promesa, Dios podrá ahora consolarle, “vivificarle” por su Espíritu y hacerle justicia por medio del Mesías, su Redentor y su Liberador, el cual también será el de las naciones (v. 20; Romanos 11:26).

Isaías 60:1-14
1LEVANTATE, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.2Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos: mas sobre ti nacerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.3Y andarán las gentes á tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.4Alza tus ojos en derredor, y mira: todos estos se han juntado, vinieron á ti: tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas sobre el lado serán criadas.5Entonces verás y resplandecerás; y se maravillará y ensanchará tu corazón, que se haya vuelto á ti la multitud de la mar, y la fortaleza de las gentes haya venido á ti.6Multitud de camellos te cubrirá, dromedarios de Madián y de Epha; vendrán todos los de Seba; traerán oro é incienso, y publicarán alabanzas de Jehová.7Todo el ganado de Cedar será juntado para ti: carneros de Nebayoth te serán servidos: serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria.8¿Quiénes son estos que vuelan como nubes, y como palomas á sus ventanas?9Ciertamente á mí esperarán las islas, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado.10Y los hijos de los extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te herí, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.11Tus puertas estarán de continuo abiertas, no se cerrarán de día ni de noche, para que sea traída á ti fortaleza de gentes, y sus reyes conducidos.12Porque la gente ó el reino que no te sirviere, perecerá; y del todo serán asoladas.13La gloria del Líbano vendrá á ti, hayas, pinos, y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar de mis pies.14Y vendrán á ti humillados los hijos de los que te afligieron, y á las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y llamarte han Ciudad de Jehová, Sión del Santo de Israel.

Cosa notable, la expresión del versículo 1: “la gloria del Señor ha nacido sobre ti” viene a ser: “Te alumbrará Cristo” en la cita de Efesios 5:14. La gloria de Dios se identifica, pues, con la persona de su Hijo (véase 2 Corintios 4:6). Esta gloria está ligada al lugar donde Él mora: “Yo honraré el lugar de mis pies” (v. 13). La “Sion del Santo de Israel” (v. 14) tiene su pareja en la Jerusalén celestial del capítulo 21 del Apocalipsis. Compárense respectivamente los versículos 19, 3 y 11 de nuestro capítulo con Apocalipsis 21:23-26.

Como en el capítulo 49, la gran congregación de Israel es evocada aquí en una conmovedora y espléndida descripción. ¡Esta visión, esta promesa sostendrá a los creyentes del remanente en medio de sus tribulaciones! En cuanto a nosotros, cristianos, a veces desalentados, levantemos la vista y consideremos por la fe al pueblo de Dios, como otrora Abraham fue invitado a hacerlo (Génesis 15:5). No estamos solos. Una innumerable multitud de peregrinos camina con nosotros hacia la ciudad celestial. El cansancio y el sufrimiento, a menudo, han aminorado sus pasos. Pero, mírenlos: sus rostros resplandecen. Sus corazones se maravillan y se ensanchan en vista de afectos eternos (v. 5).

Isaías 61:1-11
1EL espíritu del Señor Jehová es sobre mí, porque me ungió Jehová; hame enviado á predicar buenas nuevas á los abatidos, á vendar á los quebrantados de corazón, á publicar libertad á los cautivos, y á los presos abertura de la cárcel;2A promulgar año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; á consolar á todos los enlutados;3A ordenar á Sión á los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.4Y edificarán los desiertos antiguos, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades asoladas, los asolamientos de muchas generaciones.5Y estarán extranjeros, y apacentarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores.6Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros del Dios nuestro seréis dichos: comeréis las riquezas de las gentes, y con su gloria seréis sublimes.7En lugar de vuestra doble confusión, y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doblado, y tendrán perpetuo gozo.8Porque yo Jehová soy amador del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto; por tanto afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo.9Y la simiente de ellos será conocida entre las gentes, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, los conocerán, que son simiente bendita de Jehová.10En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió de vestidos de salud, rodeóme de manto de justicia, como á novio me atavió, y como á novia compuesta de sus joyas.11Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor Jehová hará brotar justicia y alabanza delante de todas las gentes.

El comienzo de este capítulo tiene un interés muy particular. Es el pasaje que el Señor Jesús escogió para leer y meditar en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4:16-21). Pero notemos un detalle de la mayor importancia: Jesús interrumpió su lectura en medio de la frase, antes de la mención del día de la venganza. Sólo la primera parte de su ministerio (el de la gracia) se había cumplido “delante de ellos” (es decir, los judíos). Lo que sigue, a saber, el juicio, estaba suspendido y lo está todavía hoy. Allí donde nuestro texto tiene sólo una coma, Dios ha hallado el medio de intercalar ya casi dos mil años de paciencia.

Empero, esa venganza no es tampoco la última palabra de la frase. Está seguida de consolación y de gozo para los fieles del remanente. Como Job, al final, poseerán el doble (v. 7), esta doble fertilidad ya anunciada por el nombre de Efraín (Génesis 41:52, V.M., nota). “Tendrán perpetuo gozo” (v. 7).

En contestación a estas promesas, la voz del redimido se eleva, diciendo: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia… el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones” (v. 10-11). El creyente de hoy ¿no estará motivado de la misma manera para alabar al Señor y regocijarse en Él?

Isaías 62:1-12
1POR amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalem no he de parar, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salud se encienda como una antorcha.2Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará.3Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo.4Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Asolamiento; sino que serás llamada Hephzibah, y tu tierra, Beulah; porque el amor de Jehová será en ti, y tu tierra será casada.5Pues como el mancebo se casa con la virgen, se casarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.6Sobre tus muros, oh Jerusalem, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no ceséis,7Ni le deis tregua, hasta que confirme, y hasta que ponga á Jerusalem en alabanza en la tierra.8Juró Jehová por su mano derecha, y por el brazo de su fortaleza: Que jamás daré tu trigo por comida á tus enemigos, ni beberán los extraños el vino que tú trabajaste:9Mas los que lo allegaron lo comerán, y alabarán á Jehová; y los que lo cogieron, lo beberán en los atrios de mi santuario.10Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón á los pueblos.11He aquí que Jehová hizo oir hasta lo último de la tierra: Decid á la hija de Sión: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra.12Y llamarles han Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y á ti te llamarán Ciudad Buscada, no desamparada.

Jerusalén, la desamparada, la mujer estéril y desolada, la viuda del capítulo 54, llegará a ser la Desposada (v. 4), la Deseada, no desamparada (v. 12). El Señor, su Esposo, podrá regocijarse de nuevo respecto de ella. Mientras tanto, vigilantes guardas están colocados sobre los muros con una consigna: “Los que recordáis de Jehová (sus promesas), no toméis vosotros descanso” (v. 6, V.M.) Fieles a esta consigna, los creyentes judíos, en el tiempo del fin, clamarán a Dios: “Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste…” (Salmo 74:2).

Amigos creyentes: cada uno de nosotros ha sido colocado igualmente por el Señor en tal o cual lugar y ha recibido una misión que cabe en dos palabras: “Velad y orad” (Mateo 26:41; 1 Pedro 4:7). Nuestras oraciones son aguardadas allá arriba y ricas respuestas les están preparadas. ¿No tenemos también importantes temas que recordarle al corazón de nuestro Padre celestial? Por ejemplo: su Iglesia universal con su «expresión» en nuestra ciudad o nuestra aldea. No callemos, ya que hoy tenemos el privilegio de formar parte de los que hacen recordar al Señor. Cosa muy conmovedora, Dios habla como si nuestras oraciones le fuesen necesarias para recordar sus promesas. ¡Qué condescendencia!

Isaías 63:1-14
1¿QUIÉN es éste que viene de Edom, de Bosra con vestidos bermejos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.2¿Por qué es bermejo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar?3Pisado he yo solo el lagar, y de los pueblos nadie fué conmigo: pisélos con mi ira, y hollélos con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y ensucié todas mis ropas.4Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos es venido.5Y miré y no había quien ayudará, y maravilléme que no hubiera quien sustentase: y salvóme mi brazo, y sostúvome mi ira.6Y con mi ira hollé los pueblos, y embriaguélos de mi furor, y derribé á tierra su fortaleza.7De las misericordias de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová, conforme á todo lo que Jehová nos ha dado, y de la grandeza de su beneficencia hacia la casa de Israel, que les ha hecho según sus misericordias, y según la multitud de sus miseracio8Porque dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fué su Salvador.9En toda angustia de ellos él fué angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo.10Mas ellos fueron rebeldes, é hicieron enojar su espíritu santo; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos.11Empero acordóse de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir de la mar con el pastor de su rebaño? ¿dónde el que puso en medio de él su espíritu santo?12¿El que los guió por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria; el que rompió las aguas delante de ellos, haciéndose así nombre perpetuo?13¿El que los condujo por los abismos, como un caballo por el desierto, sin que tropezaran?14El espíritu de Jehová los pastoreó, como á una bestia que desciende al valle; así pastoreaste tu pueblo, para hacerte nombre glorioso.

¿Quién es y de dónde viene el que surge aquí, espléndido y temible? ¿Por qué sus vestidos están manchados con sangre? ¡Ay, es el ejecutor de ese terrible “día de la venganza” (Lucas 21:22), quien vuelve, su tarea cumplida! (v. 4; cap. 61:2). Los pueblos, en su suprema rebelión, se habrán concentrado sobre el territorio de Edom, alistados para el asalto final contra Dios y contra los suyos (véase cap. 34:6). Pero será para ser aplastados allí, de la misma manera que, otrora, los vendimiadores pisaban la uva en el lagar.

Tal vez tengamos dificultad para reconocer en ese implacable Justiciero a nuestro bondadoso Salvador. Es que su servicio para la gloria de Dios comparte estos dos caracteres. Él estuvo solo en la cruz; aquí está solo para el juicio (v. 3). “Hermoso” (v. 1), obra “con el brazo de su gloria” (v. 12). Se hace “un nombre glorioso” (v. 14) y habita en “gloriosa morada” (v. 15). “En tu gloria sé prosperado, cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia…” como está dicho en el versículo 4 del Salmo 45, a propósito de ese mismo juicio.

Una nueva y última división del libro empieza en el versículo 7 con el recuerdo de las misericordias y las alabanzas del Señor. No faltemos a ese deber, cada uno por su propia cuenta.

Isaías 63:15-19; Isaías 64:1-12
15Mira desde el cielo, y contempla desde la morada de tu santidad y de tu gloria: ¿dónde está tu celo, y tu fortaleza, la conmoción de tus entrañas y de tus miseraciones para conmigo? ¿hanse estrechado?16Tú empero eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, é Israel no nos conoce: tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre.17¿Por qué, oh Jehová, nos has hecho errar de tus caminos, y endureciste nuestro corazón á tu temor? Vuélvete por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad.18Por poco tiempo lo poseyó el pueblo de tu santidad: nuestros enemigos han hollado tu santuario.19Hemos venido á ser como aquellos de quienes nunca te enseñoreaste, sobre los cuales nunca fué llamado tu nombre.
1OH si rompiese los cielos, y descendieras, y á tu presencia se escurriesen los montes,2Como fuego abrasador de fundiciones, fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre á tus enemigos, y las gentes temblasen á tu presencia!3Cuando, haciendo terriblezas cuales nunca esperábamos, descendiste, fluyeron los montes delante de ti.4Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera.5Saliste al encuentro al que con alegría obraba justicia, á los que se acordaban de ti en tus caminos: he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en esos hay perpetuidad, y seremos salvos.6Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.7Y nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para tenerte; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.8Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros lodo, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, todos nosotros.9No te aires, oh Jehová, sobremanera, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad: he aquí mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros.10Tus santas ciudades están desiertas, Sión es un desierto, Jerusalem una soledad.11La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron nuestros padres, fué consumida al fuego; y todas nuestras cosas preciosas han sido destruídas.12¿Te estarás quieto, oh Jehová, sobre estas cosas? ¿callarás, y nos afligirás sobremanera?

Los fieles del remanente han recordado la grandeza de los beneficios con los cuales el Señor había colmado en otro tiempo a su pueblo (cap. 63:7). Toda vez que ha dado semejantes pruebas de su amor, ¿podría Él desampararlos hoy? Apelan, pues, al corazón de ese Dios compasivo, el cual es su Padre, diciéndole: “Mira desde el cielo…” Pero esto aún no les basta. “Oh, si rompieses los cielos, y descendieras…” exclaman ellos. Es lo que Cristo hizo una primera vez para nuestra salvación. Pero volverá a bajar más tarde para liberar a los suyos que pasan por la prueba y para consumir a sus enemigos (Salmo 18:9; 144:5).

El versículo 6 compara “todas nuestras justicias con un trapo de inmundicias”. Entendemos que se haga eso con nuestros pecados; pero, ¿con nuestras justicias? ¡En verdad, así es! Todo lo que hayamos podido hacer de bueno y de justo antes de nuestra conversión se parece a harapos que confirman nuestra miseria en lugar de cubrirla. Pero el Señor reemplaza esos trapos de inmundicia por vestiduras de salvación y manto de justicia (cap. 61:10; Zacarías 3:1-5).

Formados como el barro sobre el torno del alfarero (v. 8) no tenemos nada que hacer valer en cuanto a la vil materia de la cual hemos sido sacados (Salmo 100:3). Sólo cuenta el trabajo del divino Obrero que se aplica en hacer de nosotros utensilios “para honra” (2 Timoteo 2:20-21).

Isaías 65:1-12
1FUI buscado de los que no preguntaban por mí; fuí hallado de los que no me buscaban. Dije á gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí.2Extendí mis manos todo el día á pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos;3Pueblo que en mi cara me provoca de continuo á ira, sacrificando en huertos, y ofreciendo perfume sobre ladrillos;4Que se quedan en los sepulcros, y en los desiertos tienen la noche; que comen carne de puerco, y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas;5Que dicen: Estáte en tu lugar, no te llegues á mí, que soy más santo que tú: éstos son humo en mi furor, fuego que arde todo el día.6He aquí que escrito está delante de mí; no callaré, antes retornaré, y daré el pago en su seno,7Por vuestras iniquidades, y las iniquidades de vuestros padres juntamente, dice Jehová, los cuales hicieron perfume sobre los montes, y sobre los collados me afrentaron: por tanto yo les mediré su obra antigua en su seno.8Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, que bendición hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré todo.9Mas sacaré simiente de Jacob, y de Judá heredero de mis montes; y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis siervos habitarán allí.10Y será Sarón para habitación de ovejas, y el valle de Achôr para majada de vacas, á mi pueblo que me buscó.11Empero vosotros los que dejáis á Jehová, que olvidáis el monte de mi santidad, que ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino;12Yo también os destinaré al cuchillo, y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero: por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oisteis; sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que á mí desagrada.

“Fui hallado por los que no me buscaban…” escribe Isaías “resueltamente”. Es la expresión que emplea el apóstol Pablo al citar a los romanos nuestro versículo 1 (cap. 10:20). Bajo el dictado del Espíritu, el profeta abre aquí claramente, en efecto, la puerta a las naciones que no buscaban a Dios ni invocaban su nombre (cap. 49:6). En verdad, era una declaración atrevida, por no decir revolucionaria, a los oídos de los israelitas tan celosos de sus privilegios. Formaba parte de esas cosas nunca oídas, las que son mencionadas en el capítulo precedente.

La confesión y las súplicas del pobre remanente terminaban con la angustiada pregunta: “¿Callarás, y nos afligirás sobremanera?” (cap. 64:12). No, nunca es en vano que un corazón arrepentido se vuelva hacia el Señor: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). ¿Lo sabe por experiencia el lector?

Dios, pues, no callará. Toma la palabra y, prácticamente, va a conservarla hasta el final del libro. Empero, antes de revelar lo que preparó para los que esperan en Él, o sea sus escogidos y sus siervos (v. 9, 10; cap. 64:4) debe pronunciar la condenación definitiva, no sólo de las naciones enemigas de Israel, sino también de la masa del “pueblo rebelde” y apóstata.

Isaías 65:13-25
13Por tanto así dijo el Señor Jehová: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados;14He aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebrantamiento de espíritu aullaréis.15Y dejaréis vuestro nombre por maldición á mis escogidos, y el Señor Jehová te matará; y á sus siervos llamará por otro nombre.16El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos.17Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra: y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.18Mas os gozaréis y os alegraréis por siglo de siglo en las cosas que yo crío: porque he aquí que yo las cosas que yo crío: porque he aquí que yo fzacrío á Jerusalem alegría, y á su pueblo gozo.19Y alegraréme con Jerusalem, y gozaréme con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor.20No habrá más allí niño de días, ni viejo que sus días no cumpla: porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años, será maldito.21Y edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.22No edificarán, y otro morará; no plantarán, y otro comerá: porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos.23No trabajarán en vano, ni parirán para maldición; porque son simiente de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.24Y será que antes que clamen, responderé yo; aun estando ellos hablando, yo habré oído.25El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y á la serpiente el polvo será su comida. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.

Los fieles israelitas durante mucho tiempo serán confundidos con el conjunto del pueblo que haya seguido al Anticristo. Pero cuando llegue el momento, Dios sabrá distinguir y recompensar a sus siervos. Entonces, olvidarán sus sufrimientos y “cantarán por júbilo del corazón” (v. 14).

Y nosotros, hijos de Dios, a quienes actualmente el mundo rechaza como rechazó al Señor, seremos manifestados por Él y con Él en su gloriosa venida (1 Juan 3:1-2). ¿Sería nuestro gozo menor?

Dios creará nuevos cielos y una nueva tierra. No se trata todavía del reemplazo del universo actual por nuevos elementos según 2 Pedro 3:7-13 y Apocalipsis 21:1. Pero durante el reino de los mil años, tanto el cielo librado de la presencia de Satanás como la tierra sujeta al Señor, se hallarán en un estado nuevo. La creación conocerá la liberación (Romanos 8:22). La vida humana será prolongada; la edad de cien años llegará a ser la de la plena juventud y la muerte sólo será un excepcional castigo (Proverbios 2:22; Salmo 37:9). Aun en los animales, los crueles instintos habrán desaparecido (v. 25). La naturaleza tendrá entonces su pleno desarrollo y responderá a los designios iniciales de Dios en cuanto a su espléndida creación.

Isaías 66:10-24
10Alegraos con Jerusalem, y gozaos con ella, todos los que la amáis: llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella:11Para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que ordeñéis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria.12Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las gentes como un arroyo que sale de madre; y mamaréis, y sobre el lado seréis traídos, y sobre las rodillas seréis regalados.13Como aquel á quien consuela su madre, así os consolaré yo á vosotros, y en Jerusalem tomaréis consuelo.14Y veréis, y alegraráse vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba: y la mano de Jehová para con sus siervos será conocida, y se airará contra sus enemigos.15Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para tornar su ira en furor, y su reprensión en llama de fuego.16Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada á toda carne: y los muertos de Jehová serán multiplicados.17Los que se santifican y los que se purifican en los huertos, unos tras otros, los que comen carne de puerco, y abominación, y ratón; juntamente serán talados, dice Jehová.18Porque yo entiendo sus obras y sus pensamientos: tiempo vendrá para juntar todas las gentes y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria.19Y pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos á las gentes, á Tarsis, á Pul y Lud, que disparan arco, á Tubal y á Javán, á las islas apartadas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las gentes.20Y traerán á todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por presente á Jehová, en caballos, en carros, en literas, y en mulos, y en camellos, á mi santo monte de Jerusalem, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel traen el presente en vasos l21Y tomaré también de ellos para sacerdotes y Levitas, dice Jehová.22Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra, que yo hago, permanecen delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra simiente y vuestro nombre.23Y será que de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrá toda carne á adorar delante de mí, dijo Jehová.24Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí: porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará; y serán abominables á toda carne.

Jerusalén será motivo de gozo para los fieles del pueblo: “Gozaos con ella, todos los que la amáis” (v. 10). A ellos se dirige el Salmo 122: “Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman” (v. 6). Como una respuesta a esa oración, la paz se extenderá sobre la ciudad, punto de partida del conocimiento de la gloria de Dios para todas las naciones de la tierra.

Hoy en día, el Señor no está menos atento a las oraciones de los que aman a su Iglesia (2 Corintios 11:28). Pidámosle que ella sea guardada en la paz y que manifieste la gloria de Cristo aquí abajo.

Aun en medio de la felicidad milenaria, es necesario que subsista un testimonio visible del castigo terrenal de los inicuos. Allí habrá un solemne espectáculo para recordarlo, como el “muy grande montón de piedras” sobre la tumba de Absalón (2 Samuel 18:17).

Así termina el hermoso libro de Isaías. De todas las profecías, ella es la más vasta, la citada más a menudo en el Nuevo Testamento (unas 60 veces) y es la que más lugar da al Señor Jesús en sus sufrimientos y en sus glorias.

Matthew1:1-17
1LIBRO de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.2Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró á Judas y á sus hermanos:3Y Judas engendró de Thamar á Phares y á Zara: y Phares engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram:4Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á Naassón: y Naassón engendró á Salmón:5Y Salmón engendró de Rachâb á Booz, y Booz engendró de Ruth á Obed y Obed engendró á Jessé:6Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomón de la que fué mujer de Urías:7Y Salomón engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abía: y Abía engendró á Asa:8Y Asa engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á Ozías:9Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achâz: y Achâz engendró á Ezechîas:10Y Ezechîas engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amón: y Amón engendró á Josías:11Y Josías engendró á Jechônías y á sus hermanos, en la transmigración de Babilonia.12Y después de la transmigración de Babilonia, Jechônías engendró á Salathiel: y Salathiel engendró á Zorobabel:13Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliachîm: y Eliachîm engendró á Azor:14Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Achîm: y Achîm engendró á Eliud:15Y Eliud engendró á Eleazar: y Eleazar engendró á Mathán: y Mathán engendró á Jacob:16Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo.17De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones: y desde David hasta la transmigración de Babilonia, catorce generaciones: y desde la transmigración de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

La voz de Dios para Israel, a través de los profetas, se había silenciado durante cuatrocientos años. Para Dios, “vino el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4). Entonces habla “por el Hijo” y hace conocer a su pueblo, al mundo, y a usted personalmente, la buena nueva del Evangelio (Hebreos 1:1-2). Ésta se resume en pocas palabras: el don de su amado Hijo, Jesús. Pero, ¿cómo llegar al conocimiento de tal persona con nuestros espíritus limitados? Dios proveyó para ello dándonos cuatro evangelios a fin de permitirnos considerar la gloria de su Hijo bajo diferentes aspectos, tal como se pone de relieve un objeto de gran precio bajo distintas luces. Mateo es el evangelio del Rey. Es necesaria una genealogía para ubicar al Mesías en el marco de las promesas hechas a Abraham y para comprobar de manera irrefutable su título de heredero al trono de David (Gálatas 3:16 y Juan 7:42). De esa larga lista ciertos nombres, tristemente célebres (Acaz, Manasés, Amón), no fueron borrados. Otros nombres como Rahab, Rut, la mujer de Urías, recuerdan la gracia divina hacia aquellos que no tenían ningún derecho. Antes de revelar al Salvador, Dios atestigua una vez más que en todas las generaciones, trátese de un patriarca, de un rey, de una mujer de mala reputación, etc., todos necesitamos la misma salvación y el mismo Evangelio.

Mateo 1:18-25; Mateo 2:1-6
18Y el nacimiento de Jesucristo fué así: Que siendo María su madre desposada con José, antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo.19Y José su marido, como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente.20Y pensando él en esto, he aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.21Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados.22Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor, por el profeta que dijo:23He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, Y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.24Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió á su mujer.25Y no la conoció hasta que parió á su hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS.
1Y COMO fué nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente á Jerusalem,2Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle.3Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él.4Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.5Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea; porque así está escrito por el profeta:6Y tú, Bethlehem, de tierra de Judá, No eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará á mi pueblo Israel.

Jesús entró en este mundo como todos los hombres, es decir, por el nacimiento. A José y María se les concedió un honor especial: fueron elegidos para acoger y criar al Hijo de Dios en su infancia.

Los designios de Dios se cumplen; según las profecías, el nacimiento del heredero al trono de David tendría lugar en la ciudad real de Belén. Nótese que en este evangelio no se habla del pesebre que le sirvió de cuna, y tampoco de nada que recuerde su pobreza. Al contrario, Dios hizo que su Hijo fuera honrado por nobles visitantes: los magos venidos del Oriente. En cuanto a los principales de entre los judíos, ninguno estaba moralmente capacitado para ir a postrarse delante del Mesías de Israel. Además, no deseaban su venida. Esta época fue una de las más tenebrosas en la historia de dicho pueblo. El cruel Herodes, un edomita, reinaba en Jerusalén, violando la ley según la cual ningún extranjero debía ser rey en Israel (Deuteronomio 17:15). A excepción de un pequeño número de almas piadosas, las cuales muestra el evangelio de Lucas, nadie en Israel esperaba al Cristo. Y hoy, entre los que se dicen cristianos, ¿cuántos esperan verdaderamente su retorno?

Mateo 2:7-23
7Entonces Herodes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella;8Y enviándolos á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el niño; y después que le hallareis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.9Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el niño.10Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.11Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra.12Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino.13Y partidos ellos, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José, diciendo: Levántate, y toma al niño y á su madre, y huye á Egipto, y estáte allá hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscará al niño para matarlo.14Y él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto;15Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor, por el profeta que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.16Herodes entonces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho, y envió, y mató á todos los niños que había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los magos.17Entonces fué cumplido lo que se había dicho por el profeta Jeremías, que dijo:18Voz fué oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido: Rachêl que llora sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.19Mas muerto Herodes, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José en Egipto,20Diciendo: Levántate, y toma al niño y á su madre, y vete á tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del niño.21Entonces él se levantó, y tomó al niño y á su madre, y se vino á tierra de Israel.22Y oyendo que Archelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temió ir allá: mas amonestado por revelación en sueños, se fué á las partes de Galilea.23Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.

Después de un largo viaje, que prefigura lo anunciado en el Salmo 72:10, los magos fueron conducidos hacia el niño por medio de una estrella. ¡Qué motivo de gran gozo para ellos! Lo encontraron, le rindieron homenaje y regresaron a su tierra “por otro camino”. ¿No es esa la historia de todo aquel que viene al Salvador?

Los designios homicidas de Herodes fueron frustrados, así como los de Satanás quien buscaba desembarazarse, desde su entrada en el mundo, de Aquel que sería su vencedor. El viaje a Egipto, ordenado por Dios para librar al niño de esos planes criminales, también ilustra la gracia de Aquel que quiso seguir el mismo camino que su pueblo antiguamente. Dos nombres fueron dados al Hijo de Dios en el capítulo precedente (1:21): Jesús (Jehová salva), tan precioso al corazón de cada creyente, y (1:23): Emanuel (Dios con nosotros). Ahora se agrega el de Nazareno (v. 23), con un triple significado: Jesús fue moralmente separado y consagrado a Dios (según Números capítulo 6). También fue el retoño que brotó del tronco de Isaí, padre de David (véase Isaías 11:1). Por último, durante treinta años, fue un ciudadano desconocido de Nazaret, la ciudad menospreciada (véase Juan 1:46).

Mateo 3:1-17
1Y EN aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,2Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.3Porque éste es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Enderezad sus veredas.4Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.5Entonces salía á él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán;6Y eran bautizados de él en el Jordán, confesando sus pecados.7Y viendo él muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían á su bautismo, decíales: Generación de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la ira que vendrá?8Haced pues frutos dignos de arrepentimiento,9Y no penséis decir dentro de vosotros: á Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.10Ahora, ya también la segur está puesta á la raíz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego.11Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego12Su aventador en su mano está, y aventará su era: y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.13Entonces Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán, para ser bautizado de él.14Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes á mí?15Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó.16Y Jesús, después que fué bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.17Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.

Como un embajador que precede a un alto personaje, Juan el Bautista proclamaba la inminente venida del Rey. Pero éste no podía gobernar en medio de un pueblo indiferente a su estado pecaminoso. La predicación de Juan era, pues, un llamado al arrepentimiento. En cambio, a los fariseos y a los saduceos que venían a su bautismo con su propia justicia les anunciaba el juicio.

Podemos comprender que Juan se haya desconcertado cuando Aquel cuyo calzado no se estimaba digno de llevar (v. 11) se presentó para ser bautizado por él. Pero en el versículo 15 oímos la primera palabra pronunciada por Jesús en este evangelio: “Deja ahora, porque así conviene”. El hombre sólo supo hacer el mal; desde entonces convenía dejar que Dios actuara en Cristo para que se cumpliese “toda justicia”. “Entonces le dejó”, se dice de Juan, aunque fue él quien lo bautizó. A nosotros también nos conviene dejar actuar al Señor. Luego Jesús subió del agua; no tuvo ninguna confesión que hacer, pues “no hizo pecado”. Los cielos se abrieron para dar un doble testimonio: el Santo Espíritu descendió sobre Él, como el aceite de la unción que antiguamente designaba al rey (1 Samuel 16:13). Al mismo tiempo Jesús recibió de su Padre una maravillosa palabra de amor y aprobación.

Mateo 4:1-11
1ENTONCES Jesús fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo.2Y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre.3Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan.4Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios.5Entonces el diablo le pasa á la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo,6Y le dice: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por ti, Y te alzarán en las manos, Para que nunca tropieces con tu pie en piedra.7Jesús le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.8Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria,9Y dícele: Todo esto te daré, si postrado me adorares.10Entonces Jesús le dice: Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y á él solo servirás.11El diablo entonces le dejó: y he aquí los ángeles llegaron y le servían.

Investido con el poder del Espíritu Santo, Jesús estaba preparado para cumplir su ministerio. Pero, como todo siervo de Dios, era necesario que primeramente fuera puesto a prueba. Para ello tuvo que enfrentarse con su enemigo. A fin de desviar del camino de la obediencia a un hombre de Dios, Satanás utiliza principalmente dos tácticas: presenta las cosas temibles del camino (Cristo lo viviría muy especialmente en Getsemaní), o, al contrario, ofrece objetos deseables al lado del camino. Fue lo que el diablo hizo en este caso. Hasta supo disfrazar su tentación bajo una apariencia de piedad: la acompañó con un versículo de la Palabra de Dios. Pero al citar el Salmo 91, versículos 11 y 12, se cuidó bien de no agregar el versículo siguiente que hace alusión a su propia derrota: “Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón”. El áspid es la serpiente a la cual le fue anunciado que Cristo, la “simiente” de la mujer, le heriría en la cabeza (Génesis 3:15). Mientras que en el Edén el primer Adán sufrió una triple derrota a causa de “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16), en el desierto el Hombre perfecto triunfó sobre la serpiente antigua por la soberana Palabra de Dios (Salmo 17:4). Y porque “el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).

Mateo 4:12-25
12Mas oyendo Jesús que Juan era preso, se volvió á Galilea;13Y dejando á Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Nephtalim:14Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:15La tierra de Zabulón, y la tierra de Nephtalim, Camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los Gentiles;16El pueblo asentado en tinieblas, Vió gran luz; Y á los sentados en región y sombra de muerte, Luz les esclareció.17Desde entonces comenzó Jesús á predicar, y á decir: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.18Y andando Jesús junto á la mar de Galilea, vió á dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.19Y díceles: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.20Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron.21Y pasando de allí vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en el barco con Zebedeo, su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.22Y ellos, dejando luego el barco y á su padre, le siguieron.23Y rodeó Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.24Y corría su fama por toda la Siria; y le trajeron todos los que tenían mal: los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos, y los sanó.25Y le siguieron muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalem y de Judea y de la otra parte del Jordán.

En el versículo 16 la cita de Isaías 9:1-2 sufre un ligero cambio. En los tiempos de este profeta, el pueblo todavía “andaba” en las tinieblas. Ahora ya está “asentado”, ha tomado lugar lejos de la luz de Dios, ha perdido el ánimo y toda esperanza. Es precisamente el momento en que Dios puede intervenir. Aquel que es “la luz” aparece trayendo la liberación. A su llamado, atraídos por su amor, algunos discípulos se unieron a Él y lo siguieron. Dos aquí, dos allá, Simón y Andrés, Jacobo y Juan. Para esos hombres era el momento decisivo, el que súbitamente cambiaba sus vidas y del cual no se olvidarían jamás (19:27). Sí, al instante dejaron a su padre, la barca y las redes, para hallar un Maestro como nunca hubo otro igual y la promesa de una nueva tarea: serían pescadores de hombres. Llegado el momento, Jesús haría de ellos evangelistas y apóstoles.

No todos los cristianos están llamados a abandonar su trabajo o a renunciar a los lazos familiares, pero todos han oído alguna vez la voz conocida que les dice: “Sígueme”. ¿Ha respondido usted a esta voz?

Los versículos 23 y 24 resumen admirablemente toda la actividad de amor del Señor Jesús.

Seguid al Maestro por todo lugar,

En días de lucha o días de paz.

Mateo 5:1-16
1Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos.2Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:3Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.4Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.5Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.7Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.8Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.9Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.11Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.12Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.13Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.14Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.15Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa.16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.

Seguir a Jesús primero significa obedecerle (Juan 12:26). Luego se manifestarán en nosotros los mismos caracteres que en él. El Señor enseña esas cualidades a sus discípulos, así como a todos los que quieran seguirlo, en el incomparable sermón del monte. Bienaventurados los que tienen una fe simple: los que se afligen a causa de la maldad del mundo y no se cansan de practicar la bondad y la compasión, los que por el nombre del Señor soportan toda clase de injusticias y persecuciones… Ese no es el tipo de felicidad que desea la mayoría de la gente, sino todo lo contrario. Pero para ser felices, bienaventurados, a los creyentes les basta tener la aprobación del Señor.

Los versículos 13 y 14 hablan de su estado actual. “Sois (no dice tendríais que ser) la sal de la tierra… la luz del mundo”. El cristiano representa a su Maestro ausente. Al estar apartado del mal, cumple en este mundo el papel de la “sal” que preserva de la corrupción. En segundo lugar, es la “luz” responsable de hacer brillar los caracteres morales de Dios ante los hombres y primeramente ante “todos los que están en casa”: su propia familia.

El almud, recipiente que servía de medida, simboliza la actividad, mientras que la cama (véase Lucas 8:16) es figura de la pereza. Tanto uno como otro son capaces de apagar el resplandor que debería tener todo hijo de Dios.

Mateo 5:17-30
17No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.18Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.19De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.20Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.21Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio.22Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.23Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti,24Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.25Concíliate con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión.26De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.27Oísteis que fué dicho: No adulterarás:28Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.29Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.30Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Estos versículos no se pueden leer sin sentir temor. El Señor no sólo declara que no ha venido para abrogar la terrible ley de Dios que condenaba a todos, sino que da una interpretación aún mucho más estricta de la voluntad divina. Hasta entonces, un judío piadoso podía esperar merecer la vida eterna cuando más o menos había guardado estas cosas desde su juventud (Marcos 10:20). Ahora las palabras de Jesús acaban con sus ilusiones al respecto. ¿Si tales son las exigencias de la santidad de Dios, quién, pues, puede ser salvo? Sí, en este hombre incomparable estaba la plena medida de la justicia divina. Pero la misma persona que había venido para hacerla conocer, también había venido para cumplirla en nuestro lugar (v. 17; Salmo 48:8-10).

El antiguo judaísmo no se preocupaba por lo que Dios pensaba de la ira y de las miradas impuras; condenaba sólo sus frutos extremos: el homicidio y el adulterio. Los mandamientos del Señor, al contrario, se remontan a la fuente de esos hechos culpables y nos hacen tomar conciencia de que ella está en nuestro corazón y es capaz de producir los mismos efectos (15:19). Antes de apropiarnos de la gracia es necesario que comprendamos cuánto la necesitamos.

Mateo 5:31-48
31También fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, déle carta de divorcio:32Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.33Además habéis oído que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos.34Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;35Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.36Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.37Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.38Oísteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente.39Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra;40Y al que quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa;41Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos.42Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses.43Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo.44Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;45Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.46Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos?47Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles?48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

No nos olvidemos de que quien habla aquí es el Mesías, el Rey de Israel. Su enseñanza ha sido llamada la carta del reino, pues expone los requisitos que tendrán que satisfacer sus súbditos. Pero qué diferencia con las constituciones y los códigos de este mundo, los cuales están basados en la defensa de los derechos de las personas y en la regla egoísta: «Cada uno por su lado», mientras que la enseñanza de Jesús no sólo establece principios de no-violencia, sino de amor, humildad y renunciamiento, absolutamente extraños al espíritu de este mundo. Algunos piensan que tales preceptos son inaplicables en la tierra, y que los cristianos que los realicen fielmente podrían ser víctimas indefensas a merced de cualquier abuso. Estemos seguros de que Dios sabría protegerlos. Además, tal comportamiento sería un poderoso testimonio capaz de confundir y hasta convertir a los que quisieran perjudicar al creyente. Los versículos 38 a 48 nos humillan y nos juzgan. ¡Qué distancia nos separa de Aquel que “padeció por nosotros, dejándonos ejemplo… quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”! (1 Pedro 2:21-23; véase también Santiago 5:6; Isaías 50:6). Lo que daba autoridad a las enseñanzas del Señor era que Él ponía en práctica lo que enseñaba (7:29).

Mateo 6:1-18
1MIRAD que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los cielos.2Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su recompensa.3Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha;4Para que sea tu limosna en secreto: y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en público.5Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago.6Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.7Y orando, no seáis prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos.8No os hagáis, pues, semejantes á ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.9Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.10Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.11Danos hoy nuestro pan cotidiano.12Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores.13Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.14Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial.15Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.16Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago.17Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro;18Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

Las limosnas (v. 1-4), las oraciones (v. 5-15) y los ayunos (v. 16-18) son tres de las principales maneras por las cuales los hombres creen cumplir con sus «obligaciones religiosas». Cuando estas acciones se hacen para ser reconocidos por los demás, la consideración que uno saca de ello, ya le sirve de recompensa (Juan 5:44). Pero ¡ay!, el corazón humano es tan malo que se sirve de las mejores cosas para darse importancia. Las más generosas donaciones… con tal que se vean, pueden ir a la par con el peor egoísmo: la contrición puede estar en el rostro… y el contentamiento de sí mismo en el fondo del corazón.

El Señor nos enseña cómo orar. No se trata de un acto meritorio, sino de la humilde presentación de nuestras necesidades a nuestro Padre celestial, en lo secreto de nuestro aposento. ¿A menudo nuestras oraciones no son frases maquinales o vanas repeticiones? (Eclesiastés 5:2). Sí, hasta la hermosa oración enseñada por nuestro Señor a sus discípulos (v. 9-13), la que estaba perfectamente adaptada a las necesidades de aquel momento, ha venido a ser una vana repetición para muchos. El hijo de Dios tiene privilegios que el israelita no poseía; puede acercarse en todo tiempo, por el Espíritu, al trono de la gracia en el nombre del Señor Jesús. ¿Aprovechamos este privilegio?

Mateo 6:19-34
19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas minan y hurtan;20Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan:21Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.22La lámpara del cuerpo es el ojo: así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso:23Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que, si la lumbre que en ti hay son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas?24Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón.25Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ó que habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?.27Mas ¿quién de vosotros podrá, congojándose, añadir á su estatura un codo?28Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan;29Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más á vosotros, hombres de poca fe?31No os congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?32Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester.33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.34Así que, no os congojéis por el día de mañana; que el día de mañana traerá su fatiga: basta al día su afán.

El ojo bueno (sencillo, v. 22, V. M.) es el que se fija sólo en un objeto. Ese objeto, ese “tesoro” para el creyente, es Cristo. Lo contemplamos “a cara descubierta” en la Palabra, y esa visión ilumina todo nuestro ser interior (2 Corintios 3:18; 4:6-7). Nuestro corazón no puede estar en el cielo y en la tierra a la vez. Querer un tesoro celestial y, al mismo tiempo, atesorar riquezas en este mundo son dos cosas absolutamente incompatibles, como tampoco es posible servir a más de un señor a la vez (v. 24). Las órdenes a menudo serían contradictorias. Pero, renunciando a las riquezas, ¿no corremos el riesgo de carecer de lo necesario para nuestro sustento en el tiempo presente? El Señor se anticipa a esa mala excusa: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida…” (v. 25). Abramos los ojos como nos lo pide Jesús. Observemos en la creación los innumerables testigos de la conmovedora solicitud y bondad del Padre celestial: las flores, los pájaros… (comp. Salmo 147:9). Por cierto, Dios nunca será deudor de los que buscan “primeramente” Sus intereses antes que los suyos propios; no será deudor de los que lo escogen (Lucas 10:42). Sí, Dios “es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6), pero hay que empezar por ahí.

Mateo 7:1-14
1NO juzguéis, para que no seáis juzgados.2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán á medir.3Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?4O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo?5Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano.6No deis lo santo á los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.7Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.8Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.9¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?10¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente?11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?12Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.13Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella.14Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan.

Los versículos 1 a 6 y el maravilloso versículo 12 nos muestran las normas que deben regular todas nuestras relaciones con los hombres, con nuestros hermanos. Para tratar de solucionar ese problema, grandes pensadores de todas las civilizaciones han llenado inmensas bibliotecas con sus doctrinas sociales, políticas, morales o religiosas. Al Señor le basta un pequeño versículo para expresar su solución divinamente sabia, perfecta y definitiva. “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (compárese con Romanos 13:10). Esta regla de oro tenemos la oportunidad de ponerla en práctica cada día. Aprendamos, pues, a colocarnos siempre en el lugar de los que nos rodean.

Los versículos 13 y 14 nos recuerdan que si hay dos señores, también hay dos puertas, dos caminos. La mayor parte de los hombres sigue el camino ancho, y eso a pesar del letrero estremecedor: “Lleva a la perdición” (v. 13). En cambio, pocos son los que hallan la vida, porque pocos son los que buscan el camino que conduce a ella. “Estrecha es la puerta”. Se pasa por ella sólo después de haber abandonado el equipaje de la propia justicia y del peso que tan a menudo carga nuestra vida. Amigo, ¿por cuál camino anda?

Mateo 7:15-29
15Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.16Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos?17Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.18No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos.19Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.20Así que, por sus frutos los conoceréis.21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?23Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;25Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.26Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;27Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina.28Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina;29Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Puesto que los buenos árboles se reconocen por sus buenos frutos, ¿no serán excelentes las personas del versículo 22? Se presentan con las manos llenas de obras aparentemente meritorias: profecías, milagros, demonios expulsados… pronuncian el nombre del Señor a cada instante. “Nunca os conocí”, les contestará solemnemente el Señor Jesús. Sus frutos no son los de la obediencia a Dios.

Todas esas enseñanzas no son difíciles de entender. De hecho, lo que nos falta no es comprenderlas, sino ponerlas en práctica. Por eso, al acabar sus discursos, con una corta parábola el Señor muestra la diferencia entre poner en práctica y escuchar solamente. He aquí dos casas parecidas a primera vista; ahora veamos el fundamento. Una casa es edificada sobre la roca de la fe en Jesucristo (1 Corintios 3:11); su constructor “cavó y ahondó” (Lucas 6:48). La otra casa únicamente descansa en la arena movediza e incierta de los sentimientos humanos. Hasta el día de la prueba –la prueba necesaria– podríamos confundirlas. Pero… observemos lo que le sucedió a la segunda casa. Prudente e insensato, tales son los respectivos calificativos que reciben los dos constructores. ¿A cuál de estos dos tipos de constructores pertenece usted?

Mateo 8:1-17
1Y COMO descendió del monte, le seguían muchas gentes.2Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.3Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.4Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas á nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.5Y entrando Jesús en Capernaum, vino á él un centurión, rogándole,6Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.7Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.8Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará.9Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.10Y oyendo Jesús, se maravilló, y dijo á los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta.11Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos:12Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.13Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento.14Y vino Jesús á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre.15Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía.16Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados: y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos;17Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

El servicio de amor y de justicia del Señor siguió a su enseñanza. Asistimos primeramente a tres curaciones. El leproso conocía el poder de Jesús, pero dudaba de su amor: “Si quieres, puedes…”. Jesús quiso y lo sanó (Oseas 11:3, fin).

El centurión de Capernaum, consciente de su propia indignidad así como de la autoridad todopoderosa de Jesús, se dirigió a Él: “Señor… solamente di la palabra…”. Esa fe excepcional maravilló y alegró al Señor, por eso la dio como ejemplo a los que lo seguían; y ella también nos humilla, ¿verdad? Asimismo era necesario que el Maestro actuara en las familias de los suyos. Sanó a la suegra de su discípulo Pedro. Jesús no se ocupaba de los enfermos como los médicos convencionales, que examinan, hacen un diagnóstico, ordenan un medicamento, cobran y se van. A Él no le bastó con curar. Él mismo llevó “nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4) yendo a su fuente que es el pecado. Sintió todo el peso del pecado, toda su amargura y lloró ante la tumba de Lázaro (Juan 11:35). Tal simpatía, ¿no es más preciosa que la curación en sí? Esa ha sido la experiencia de muchos cristianos enfermos.

Mateo 8:18-34
18Y viendo Jesús muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte del lago.19Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres.20Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.21Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre á mi padre.22Y Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos.23Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron.24Y he aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubría de las ondas; mas él dormía.25Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos.26Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.27Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?28Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podía pasar por aquel camino.29Y he aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿has venido acá á molestarnos antes de tiempo?30Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.31Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos.32Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas.33Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.34Y he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á Jesús: Y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.

Al escriba que deseaba seguirle adondequiera que fuera, el Señor no le ocultó que su camino era el de un completo renunciamiento. Hasta las aves del cielo, de las cuales el Padre celestial cuida (6:26), tienen más abrigo en este mundo que su Creador. ¡Qué humillación la suya! En esta tierra no tuvo donde recostar (o bajar) su cabeza (en Juan 19:30 aparece el mismo verbo griego). En el versículo 21 otro discípulo contestó a su invitación con una excusa aparentemente justificada. ¿Qué más legítimo que asistir al entierro de su padre? Sin embargo, por más urgente que parezca un deber, ningún “primeramente” puede tomar el lugar de lo que Jesús ha ordenado (6:33). No se nos dice lo que esos dos hombres decidieron hacer a continuación. Lo que nos importa saber es si nosotros hemos contestado al llamado del Señor Jesús.

La tan conocida y hermosa escena de la travesía del mar durante la tempestad ilustra el viaje terrenal del creyente. Éste encuentra muchas tormentas, pero su Salvador es también el Señor de los elementos y lo acompaña (Salmo 23:4). Él gobierna al viento y al mar, la enfermedad, la muerte y los poderes satánicos, como lo demuestra la liberación de los dos endemoniados en la tierra de los gadarenos.

Mateo 9:1-17
1ENTONCES entrando en el barco, pasó á la otra parte, y vino á su ciudad.2Y he aquí le trajeron un paralítico, echado en una cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados.3Y he aquí, algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.4Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?5Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda?6Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete á tu casa.7Entonces él se levantó y se fué á su casa.8Y las gentes, viéndolo, se maravillaron, y glorificaron á Dios, que había dado tal potestad á los hombres.9Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.10Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesús y sus discípulos.11Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?12Y oyéndolo Jesús, le dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.13Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.14Entonces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?15Y Jesús les dijo: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? mas vendrán días cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán.16Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.17Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente.

Las distintas enfermedades que el Señor encontró y sanó son otros tantos aspectos de la triste condición en la cual halló a su criatura. La lepra hace énfasis en la mancha del pecado, la fiebre señala la agitación incesante del hombre de este mundo. El endemoniado está bajo el poder de Satanás, mientras que el mudo, el ciego y el sordo tienen los sentidos cerrados a los llamados del Señor y no saben pedirle. Por último, el paralítico demuestra la incapacidad total del hombre para ir hacia Dios (Juan 5:7). El enfermo no dice nada… sólo espera. El divino Médico (v. 12) sabe que una enfermedad mucho más grave roe el alma de ese paralítico y empieza por curarlo de aquélla: “Tus pecados te son perdonados”. ¿De qué tendríamos que preocuparnos más en nosotros y en los demás: de una enfermedad o del pecado?

Después tenemos el llamamiento de Mateo, que es contado por él mismo. Él también formaba parte de esos pecadores por los cuales Cristo vino. Por último, la pregunta de los discípulos de Juan brinda la oportunidad para presentar una nueva enseñanza: los odres viejos de la religión judaica ya no servían para contener el vino nuevo del Evangelio.

Mateo 9:18-38
18Hablando él estas cosas á ellos, he aquí vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.19Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos.20Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la franja de su vestido:21Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré salva.22Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fué salva desde aquella hora.23Y llegado Jesús á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio,24Díceles: Apartaos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se burlaban de él.25Y como la gente fué echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se levantó la muchacha.26Y salió esta fama por toda aquella tierra.27Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.28Y llegado á la casa, vinieron á él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.29Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fe os sea hecho.30Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.31Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.32Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado.33Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.34Mas los Fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.35Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo.36Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor.37Entonces dice á sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.38Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros á su mies.

Los evangelios están lejos de relatar todos los milagros hechos por Jesús, según dice el apóstol Juan en el capítulo 21 de su evangelio. En su Palabra Dios sólo hizo constar por escrito los que corresponden a una enseñanza útil para nosotros. Tal es el caso de la resurrección de la hija de Jairo. Este hecho tiene, entre otras, una aplicación profética. Se ve al Señor como estando de camino para volver a dar la vida a su pueblo Israel. Mientras tanto (en lo que viene a ser el tiempo actual) está a disposición de todos los que lo buscan por la fe, como lo hizo la mujer del versículo 20 que tocó el borde de su manto con la esperanza de ser curada. En efecto, Jesús tenía todo el poder para sanar cualquier enfermedad y dolencia. Tenía bastante amor en su corazón para sentir compasión por su pueblo, como el verdadero pastor de Israel. Si de vez en cuando hallaba fe, como en los dos ciegos, desgraciadamente, también a menudo chocaba con la más terrible incredulidad de los fariseos.

Nosotros que atravesamos el mismo mundo y padecemos las mismas necesidades, pero con corazones a menudo insensibles (Santiago 2:15-16), pidamos a Dios que nos dé una visión más amplia y clara de Su gran mies (Juan 4:35) y supliquemos al Señor de la mies que envíe nuevos obreros.

Mateo 10:1-23
1ENTONCES llamando á sus doce discípulos, les dió potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia.2Y los nombres de los doce apóstoles son estos: el primero, Simón, que es dicho Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;3Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano; Jacobo hijo de Alfeo, y Lebeo, por sobrenombre Tadeo;4Simón el Cananita y Judas Iscariote, que también le entregó.5á estos doce envió Jesús, á los cuales dió mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis;6Mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.7Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.8Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia.9No aprestéis oro, ni plata, ni cobre en vuestras bolsas;10Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento.11Mas en cualquier ciudad, ó aldea donde entrareis, investigad quién sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgáis.12Y entrando en la casa, saludadla.13Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros.14Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.15De cierto os digo, que el castigo será más tolerable á la tierra de los de Sodoma y de los de Gomorra en el día del juicio, que á aquella ciudad.16He aquí, yo os envío como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.17Y guardaos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán;18Y aun á príncipes y á reyes seréis llevados por causa de mí, por testimonio á ellos y á los Gentiles.19Mas cuando os entregaren, no os apuréis por cómo ó qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado qué habéis de hablar.20Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.21Y el hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.22Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que soportare hasta el fin, éste será salvo.23Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre.

Los doce discípulos han pasado a ser apóstoles. Al citarlos, Mateo el publicano recuerda su origen (véase 21:31). Después de haber sido instruidos por las palabras y el ejemplo del divino Maestro, son enviados (ese es el sentido de la palabra apóstol) como obreros a la mies. Un niño no seguirá siendo niño y yendo a la escuela toda la vida, es evidente, pero en cierto sentido el creyente siempre está en la escuela de Dios. Pero tarde o temprano tendremos que haber aprendido lo esencial de nuestras lecciones, en particular la de nuestra incapacidad. Sólo entonces el Señor podrá utilizarnos.

Notemos algunos puntos importantes: es el Señor quien llama, califica, envía, dirige, sostiene, alienta y recompensa a sus siervos. Ellos no van por su propia voluntad ni mandados por los hombres. No esperan de éstos ningún salario, sino que dan gratuitamente lo que han recibido por gracia. ¡Cómo esas simples verdades han sido perdidas de vista en la cristiandad! Bajo la forma de comités, jerarquías y diversas organizaciones, personas a menudo bien intencionadas se han interpuesto entre el Señor y sus obreros para el más grave perjuicio de estos últimos, y sobre todo, del trabajo que les había sido confiado.

Mateo 10:24-42
24El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.25Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto más á los de su casa?26Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.27Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído predicadlo desde los terrados.28Y no temáis á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.29¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre.30Pues aun vuestros cabellos están todos contados.31Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos.32Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.33Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos.34No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada.35Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.36Y los enemigos del hombre serán los de su casa.37El que ama padre ó madre más que á mí, no es digno de mí; y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí.38Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí.39El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.40El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.41El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá; y el que recibe justo en nombre de justo, merced de justo recibirá.42Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su recompensa.

“El discípulo no es más que su maestro” (v. 24): no puede pretender ser tratado mejor que Él. Que sea cristiano o judío del tiempo de la tribulación venidera, el verdadero discípulo tendrá que contar con una oposición semejante a la que Jesús encontró por parte de un mundo injusto y cruel. Pero será la oportunidad de gustar todos los recursos de la gracia, esa gracia maravillosa que conoce y cuida al rescatado (v. 30; véase 2 Corintios 12:9-10).

Al creyente fiel no sólo lo alcanza el odio del mundo, sino también frecuentemente la hostilidad de su propia familia (v. 36). ¡Pero no se desanime! El Señor lo ha anunciado de antemano y tiene recursos para ello.

Tomar su cruz es llevar la señal de los condenados a muerte. Dicho de otro modo, es demostrar que se han abandonado los placeres mundanos, que se ha dejado de lado la propia voluntad. Desde el punto de vista humano, esto significa perder su vida. Mas desde el punto de vista divino, el Maestro declara que es la única manera de ganarla. Pero tiene que ser por un motivo esencial: por amor a Él (2 Corintios 5:14-15).

Mateo 11:1-19
1Y FUÉ, que acabando Jesús de dar mandamientos á sus doce discípulos, se fué de allí á enseñar y á predicar en las ciudades de ellos.2Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,3Diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?4Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber á Juan las cosas que oís y veis:5Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciado el evangelio.6Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.7E idos ellos, comenzó Jesús á decir de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento?8Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de delicados vestidos? He aquí, los que traen vestidos delicados, en las casas de los reyes están.9Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y más que profeta.10Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, Que aparejará tu camino delante de ti.11De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.13Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron.14Y si queréis recibir, él es aquel Elías que había de venir.15El que tiene oídos para oir, oiga.16Mas ¿á quién compararé esta generación? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,17Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.18Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.19Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos.

El Señor no se contentó con mandar a sus discípulos, sino que siguió su propio ministerio. En cambio, Juan el Bautista, desde el capítulo 4:12, terminó el suyo en la cárcel de Herodes. La pregunta que mandó hacer a Jesús por medio de sus discípulos nos deja ver su desaliento y perplejidad. Jesús, del que había sido su ferviente precursor, no establecía su reino ni hacía nada para liberarlo. ¿No era Él el Mesías prometido? El Señor contestó con un mensaje por medio del cual le hizo sentir tiernamente su falta de confianza, al decirle: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”. Pero ante la muchedumbre, Jesús dio un amplio testimonio del más grande de todos los profetas (v. 7-15).

Cuando se trata de la entrada en el reino, la violencia pasa a ser una cualidad, y hasta una cualidad indispensable (v. 12). Dios nos abre todos sus tesoros, pero por nuestra parte debemos tener el ardiente deseo de poseer lo que Él nos ofrece y el santo celo de la fe que se apodera osadamente de todas las promesas divinas. ¡Ay, cuántos jóvenes se han quedado detrás de la puerta por falta de decisión y energía, por temor a las luchas y a los renunciamientos! No olvidemos que los cobardes se hallarán en compañía de los incrédulos, los homicidas y todos los demás pecadores que no se hayan arrepentido (Apocalipsis 21:8).

Mateo 11:20-30
20Entonces comenzó á reconvenir á las ciudades en las cuales habían sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habían arrepentido, diciendo:21Ay de ti, Corazín! ­Ay de ti, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo se hubieran arrepentido en saco y en ceniza.22Por tanto os digo, que á Tiro y á Sidón será más tolerable el castigo en el día del juicio, que á vosotras.23Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abajada; porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en ti, hubieran quedado hasta el día de hoy.24Por tanto os digo, que á la tierra de los de Sodoma será más tolerable el castigo en el día del juicio, que á ti.25En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños.26Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos.27Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo lo quisiere revelar.28Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.30Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Jesús hizo la mayoría de sus milagros en las ciudades de Galilea. Pero los corazones permanecieron cerrados, como lo había profetizado Isaías: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1). Sin embargo, a esta pregunta Jesús pudo responder “en aquel tiempo” (v. 25) y dar gracias al Padre: “Escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños”. Y volviéndose a los hombres, los invitaba: “Venid a mí”; venid con esta fe infantil “y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Nadie, excepto Jesús, puede revelar al Padre. Aprendamos no sólo por Sus palabras, sino también por Su ejemplo (Efesios 4:20-21).

Cerca de Jesús hallamos dos cosas en apariencia contradictorias: el descanso y el yugo. El yugo es una pieza de madera pesada que sirve para uncir a los bueyes; es símbolo de obediencia y servicio. Pero el yugo del Señor es fácil. El rescatado cambia su cansancio y la carga del pecado (v. 28) por la gozosa abnegación del amor. El apóstol Pablo dice de las iglesias de Macedonia: “Doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas… pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros” (2 Corintios 8:3-5).

Mateo 12:1-21
1EN aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en sábado; y sus discípulos tenían hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.2Y viéndolo los Fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer es sábado.3Y él les dijo: ¿No habéis leído qué hizo David, teniendo él hambre y los que con él estaban:4Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no le era lícito comer, ni á los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes¿5O ¿no habéis leído en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa?6Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.7Mas si supieseis qué es: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenarías á los inocentes:8Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre.9Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.10Y he aquí había allí uno que tenía una mano seca: y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.11Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere ésta en una fosa en sábado, no le eche mano, y la levante?12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que, lícito es en los sábados hacer bien.13Entonces dijo á aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y fué restituída sana como la otra.14Y salidos los Fariseos, consultaron contra él para destruirle.15Mas sabiendo lo Jesús, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes, y sanaba á todos.16Y él les encargaba eficazmente que no le descubriesen:17Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo:18He aquí mi siervo, al cual he escogido; Mi Amado, en el cual se agrada mi alma: Pondré mi Espíritu sobre él Y á los Gentiles anunciará juicio.19No contenderá, ni voceará: Ni nadie oirá en las calles su voz.20La caña cascada no quebrará, Y el pábilo que humea no apagará, Hasta que saque á victoria el juicio.21Y en su nombre esperarán los Gentiles.

Después de haber ofrecido el verdadero reposo del alma (11:28-29), el Señor Jesús hizo comprender que el reposo legal del sábado no tenía más razón de ser. Sobre esta cuestión del sábado, los fariseos trataban de sorprender en una falta, primero a los discípulos y luego al Maestro mismo. Pero cuando esto ocurrió, el Señor se sirvió de esa oportunidad para explicarles que todo el sistema basado en la ley y los sacrificios había sido dejado de lado por su venida en gracia, y les citó por segunda vez las palabras del profeta Oseas 6:6: “Porque misericordia quiero, y no sacrificio” (v. 7; véase 9:13 y Miqueas 6:6-8). ¿De qué servía la observancia del cuarto mandamiento de la ley, cuando todos los demás eran transgredidos? Pretender respetar el sábado era dar la impresión de que todo iba bien en Israel, era estimarse más justo que Dios. Mientras reinaba el pecado, nadie podía descansar: Ni el hombre, cargado con el pecado, ni Dios, pues el Padre y el Hijo trabajaban juntos para quitar el mal y sus consecuencias (Juan 5:16-17). Así, sin dejarse detener por los consejos de los malos, el perfecto Siervo seguía con su obra. La cumplió en el espíritu de humildad, de gracia y de mansedumbre que, según el profeta Isaías (42:1-4), debían permitir reconocerlo.

Estas cualidades siguen siendo de gran precio para el corazón de Dios (comp. 1 Pedro 3:4).

Mateo 12:22-37
22Entonces fué traído á él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y veía.23Y todas las gentes estaban atónitas, y decían: ¿Será éste aquel Hijo de David?24Mas los Fariseos, oyéndolo, decían: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.25Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad ó casa dividida contra sí misma, no permanecerá.26Y si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?27Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.28Y si por espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios.29Porque, ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa.30El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama.31Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres: mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada á los hombres.32Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.33O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, ó haced el árbol corrompido, y su fruto dañado; porque por el fruto es conocido el árbol.34Generación de víboras, ¿cómo podéis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón habla la boca.35El hombre bueno del buen tesoro del corazón saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas.36Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio;37Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

Los fariseos odiaban al Señor Jesús porque estaban celosos de su poder, así como de su autoridad sobre la muchedumbre. Negaban el origen de ese poder porque no podían negar los milagros mismos. Como ya lo habían hecho antes (9:34; 10:25), atribuyeron al príncipe de los demonios el poder del Santo Espíritu que Dios había dado a su muy amado Hijo (v. 18; comp. Marcos 3:29-30). Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo, el pecado que no puede ser perdonado. Por el contrario, la obra del Señor era la prueba de su victoria sobre Satanás, el hombre fuerte, a quien Él había “atado” en el desierto (4:3-10) por medio de la Palabra, y a quien ahora quitaba sus cautivos (Isaías 49:24-25). Luego, Jesús les mostró a esos fariseos que ellos mismos estaban bajo el imperio de Satanás: eran malos árboles produciendo malos frutos.

“De la abundancia del corazón habla la boca”. Si nuestro corazón está lleno de Cristo, será imposible no hablar de Él (Salmo 45:1); de manera inversa, los malos pensamientos, escondidos en lo más profundo de nosotros mismos, tarde o temprano subirán a nuestros labios. Y de toda palabra ociosa, es decir, simplemente inútil, cada uno tendrá que rendir cuenta un día.

Mateo 12:38-50
38Entonces respondiendo algunos de los escribas y de los Fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.39Y él respondió, y les dijo: La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.40Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.41Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron á la predicación de Jonás; y he aquí más que Jonás en este lugar.42La reina del Austro se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomón: y he aquí más que Salomón en este lugar.43Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.44Entonces dice: Me volvere á mi casa de donde salí: y cuando viene, la halla desocupada, barrida y adornada.45Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y son peores las cosas; últimas del tal hombre que las primeras: así también acontecerá á esta generación mala.46Y estando él aún hablando á las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar.47Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar.48Y respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?49Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.50Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.

En el capítulo 12 se acaba la primera parte de este evangelio. El Mesías, después de haber sido rechazado por quienes debieron ser los primeros en recibirlo, empezó a hablar de su muerte y de su resurrección. Era el gran milagro que quedaba por cumplir, del cual los judíos poseían una señal: la historia de Jonás, que fue tragado por el gran pez. Al mismo tiempo, el Señor mostró a los escribas y a los fariseos su aplastante responsabilidad, ya que ellos eran mucho más conocedores de la Palabra de Dios que los paganos de Nínive o que la reina de Saba. ¡Y cuánto sobrepasaba Él mismo a Jonás o a Salomón! Él había venido para habitar en la casa de Israel, echando al demonio y barriendo la idolatría (comparar 8:31 y 12:22-23). Pero como no había sido recibido, la casa quedaba vacía, pronta para abrigar un poder maligno mucho más terrible que el primero. Eso es lo que sucederá a Israel bajo el reinado del anticristo.

A la pregunta: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”, Jesús contestó extendiendo la mano hacia sus discípulos: “He aquí mi madre y mis hermanos”. Con eso mostraba que tenía que romper las relaciones terrenales y naturales con su pueblo. En contraste, desde el capítulo 13, explicó qué es el reino de los cielos y quién puede ser recibido en Él.

Mateo 13:1-17
1Y AQUEL día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto á la mar.2Y se allegaron á él muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba á la ribera.3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á sembrar.4Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.5Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra:6Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz.7Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.8Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál a ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta.9Quien tiene oídos para oir, oiga.10Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?11Y él respondiendo, les dijo: Por que á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido.12Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.13Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no miraréis.15Porque el corazón de este pueblo está engrosado, Y de los oídos oyen pesadamente, Y de sus ojos guiñan: Para que no vean de los ojos, Y oigan de los oídos, Y del corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.16Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.17Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oir lo que oís, y no lo oyeron.

El corazón del pueblo judío se había endurecido. Voluntariamente habían cerrado sus ojos y sus oídos (v. 15). Por eso, de ahora en adelante, Jesús les hablaría en parábolas, de una manera oculta. Sus enseñanzas estarían reservadas sólo a sus discípulos. Los versículos 18 y 36 comprueban que el Señor siempre está dispuesto a explicar a los suyos lo que desean comprender. La Biblia contiene muchas cosas difíciles y oscuras para nuestra inteligencia natural limitada (Deuteronomio 29:29). Pero la explicación nos será dada en el momento oportuno, si tal es nuestro verdadero deseo (Proverbios 28:5). No nos dejemos, pues, desanimar por los pasajes o las expresiones que no entendemos inmediatamente. Pidamos al Señor que nos explique su Palabra.

El rechazo del Mesías por parte de Israel tuvo aún otra consecuencia: no habiendo hallado fruto para recoger en medio de su pueblo, el Señor sembró el mundo con la palabra del Evangelio. En Santiago 1:21 es llamada “la palabra implantada”, la que tiene el poder de salvar a las almas. Pero aunque haya una sola clase de semilla, no todos reciben la Palabra de la misma manera. ¿Con qué disposición de corazón la recibe usted?

Mateo 13:18-30
18Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra:19Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón: éste es el que fué sembrado junto al camino.20Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.21Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se ofende.22Y el que fué sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y hácese infructuosa.23Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta.24Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo:25Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fué.26Y como la hierba salió é hizo fruto, entonces apareció también la cizaña.27Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña?28Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos?29Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo.30Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré á los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.

En su perfecto conocimiento del corazón humano, el Señor distingue cuatro clases de personas entre los que oyen su Palabra. La primera es comparada a la tierra del camino, endurecida a base de ser pisoteada por el mundo. ¿Nuestro corazón se parecería a este camino sobre el cual el mundo pasa y vuelve a pasar de manera que la Palabra no puede penetrar más en Él?

Otros, como esos pedregales, son espíritus superficiales. Su conciencia no ha sido profundamente labrada por la convicción del pecado. Por eso la pasajera emoción experimentada al oír el Evangelio no es más que apariencia de fe. La verdadera fe tiene, necesariamente, raíces invisibles, pero se reconoce gracias a su fruto visible. Sin obras, la fe está muerta, ahogada como esos granos entre los espinos (Santiago 2:17). Pero la semilla también cae en buena tierra, en donde la espiga puede madurar a su tiempo.

La parábola de la cizaña nos enseña que el enemigo no sólo arrebató la buena semilla cada vez que lo lograba (v. 19), sino que sembró mala semilla mientras los hombres dormían. El sueño espiritual nos expone a todas las malas influencias, por lo que somos exhortados continuamente a ser vigilantes (Marcos 13:37, 1 Pedro 5:8).

Mateo 13:31-43
31Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo:32El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.33Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.34Todo esto habló Jesús por parábolas á las gentes, y sin parábolas no les hablaba:35Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; Rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.36Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.37Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;38Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo;39Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.40De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.41Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad,42Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oir, oiga.

En las seis parábolas del reino que siguen a la del sembrador, el Señor expone cuál va a ser el resultado de la siembra en este mundo. La parábola del grano de mostaza que llega a ser un gran árbol describe la forma exterior que tomó el reino de los cielos después de que el Rey fuese rechazado, mientras la de la levadura escondida en la masa, destaca una obra secreta que altera su carácter. Es el tiempo de la Iglesia responsable. Después de haber empezado con un pequeño número de personas (algunos discípulos), el cristianismo tuvo el gran desarrollo que conocemos. Pero su éxito y extensión en el mundo no son la prueba de la bendición y de la aprobación de Dios, ni lo protegen de los ataques de Satanás. Muy temprano fue invadido por el mal: los pájaros (v. 4 y 19) y la levadura.

La mezcla que caracteriza a la cristiandad profesante también es ilustrada por la parábola de la cizaña en el campo. Se sabe que el nombre de cristiano es llevado hoy en día por todos los que han sido bautizados, sean o no verdaderos hijos de Dios. El Señor soporta este estado de cosas hasta el día de la siega (Apocalipsis 14:15-16). La suerte final de los unos y de los otros mostrará lo que había en el corazón de cada uno de ellos.

Mateo 13:44-58
44Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.45También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas;46Que hallando una preciosa perla, fué y vendió todo lo que tenía, y la compró.47Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces:48La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.49Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos,50Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.51Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor.52Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.53Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí.54Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas?55¿No es éste el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas?56¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?57Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa.58Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos.

Las cortas parábolas del tesoro y de la perla subrayan dos verdades maravillosas: una, el gran precio que la Iglesia tiene para Cristo y que Él pagó para adquirirla –vendió todo lo que tenía; dio hasta su vida– y otra, el gozo que encuentra en ella. En el versículo 47, la red del Evangelio está echada en el mar de las naciones. El Señor había anunciado a sus discípulos que haría de ellos pescadores de hombres. He aquí, pues, los siervos trabajando. Pero no todos los peces son buenos, como tampoco son verdaderos creyentes todos los cristianos de nombre. Mas la Palabra permite conocerlos. El buen pez se reconoce por sus escamas y sus aletas (Levítico 11:9-11) y el verdadero creyente por su armadura moral, por su capacidad para resistir la penetración del mal y por no dejarse arrastrar por la corriente del mundo.

Al lado del tesoro que el Señor ha encontrado en los suyos (v. 44), el versículo 52 nos muestra el que el discípulo halla en su Palabra. ¿Ésta es para usted el tesoro de donde sabe sacar “cosas nuevas y cosas viejas”? Este capítulo termina tristemente como el precedente, que habla sobre la incredulidad de la muchedumbre que no ve en Jesús más que “el hijo del carpintero”, de manera que su gracia no puede ejercerse para con ella.

Mateo 14:1-21
1EN aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús,2Y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él.3Porque Herodes había prendido á Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;4Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.5Y quería matarle, mas temía al pueblo; porque le tenían como á profeta.6Mas celebrándose el día del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó á Herodes.7Y prometió él con juramento de darle todo lo que pidiese.8Y ella, instruída primero de su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.9Entonces el rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente á la mesa, mandó que se le diese.10Y enviando, degolló á Juan en la cárcel.11Y fué traída su cabeza en un plato y dada á la muchacha; y ella la presentó á su madre.12Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas á Jesús.13Y oyéndo lo Jesús, se apartó de allí en un barco á un lugar descierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron á pie de las ciudades.14Y saliendo Jesús, vió un gran gentío, y tuvo compasión de ellos, y sanó á los que de ellos había enfermos.15Y cuando fué la tarde del día, se llegaron á él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer.16Y Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer.17Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.18Y él les dijo: Traédmelos acá.19Y mandando á las gentes recostarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dió los panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes.20Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.21Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños.

El capítulo 11 nos muestra a Juan el Bautista en la prisión. Aquí vemos que fue echado allí por orden de Herodes el tetrarca, hijo del rey Herodes que hallamos en el capítulo 2. ¿Y por qué motivo? Porque Juan no había tenido miedo de reprenderlo por haber tomado la mujer de su hermano. Ahora el fiel testigo pagaba con su vida la verdad que tuvo la valentía de decir al rey. Su muerte formó parte de las diversiones y festejos de la corte real; fue el terrible salario del placer con el que se gozó el malvado monarca (comparar Santiago 5:5-6). Herodes, aunque estuviese afligido en ese momento, en realidad acariciaba desde hacía mucho tiempo el secreto deseo de matar a Juan (v. 5). Porque al odiar la verdad, también odiaba a quien la anunciaba (Gálatas 4:16). Humanamente hablando, este final de Juan era trágico y horrible. ¿Quién de nosotros quisiera semejante destino con tal desenlace? Pero a los ojos de Dios, ese fue el glorioso fin de “su carrera” (Hechos 13:25).

Uno puede imaginarse lo que fue para Jesús la noticia de la muerte de su predecesor. Era ya como el anuncio de su propio rechazo y de su cruz. Parece que su tristeza le hizo sentir la necesidad de estar solo (v. 13). Pero la multitud lo alcanzó, y su corazón, pensando siempre en los demás, se compadeció de la gente y cumplió en su favor el gran milagro de la primera multiplicación de los panes.

Mateo 14:22-36
22Y luego Jesús hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de él á la otra parte del lago, entre tanto que él despedía á las gentes.23Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fué la tarde del día, estaba allí solo.24Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.25Mas á la cuarta vela de la noche, Jesús fué á ellos andando sobre la mar.26Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo.27Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.28Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya á ti sobre las aguas.29Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesús.30Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame.31Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?32Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento.33Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.34Y llegando á la otra parte, vinieron á la tierra de Genezaret.35Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron á él todos los enfermos;36Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.

La escena de la barca en medio de la tempestad es una imagen de la posición actual de los redimidos del Señor. Mientras Él está en los cielos, orando e intercediendo por los suyos, ellos atraviesan a duras penas el mar agitado de este mundo. Es la noche moral: el enemigo, fomentando la oposición de los hombres, actúa como el viento y las olas que prácticamente anulaban los esfuerzos de los remeros. Pero Jesús vino al encuentro de los suyos.

Su voz familiar tranquilizó a los pobres discípulos: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Y la fe, apoyándose en su palabra (¡ven!), llevó a Pedro hacia aquel que amaba. Mas, de un momento a otro, esta fe flaqueó y Pedro comenzó a hundirse. ¿Qué sucedió? Dejó de mirar al Maestro para fijarse en la altura de las olas y en la violencia del temporal. ¡Como si fuese más difícil caminar con Dios sobre un mar tormentoso que sobre aguas tranquilas! Pero clamó al Señor quien al momento vino a socorrerlo.

Luego Jesús fue recibido en la comarca de Genesaret, donde anteriormente sólo había podido hacer pocos milagros, por motivo de la incredulidad de los habitantes (cap. 13:58). Esta acogida es una figura del momento en el cual su pueblo, que lo rechazó, lo reconocerá, le rendirá homenaje y será liberado por Él.

Mateo 15:1-20
1ENTONCES llegaron á Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo:2¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan.3Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?4Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre, y, El que maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte.5Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre ó á la madre: Es ya ofrenda mía á Dios todo aquello con que pudiera valerte;6No deberá honrar á su padre ó á su madre con socorro. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.7Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:8Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón lejos está de mí.9Mas en vano me honran, Enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.10Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended:11No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.12Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?13Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.14Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.15Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.16Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento?17¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina?18Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.19Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.20Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.

El celo religioso de los fariseos se limitaba a observar estrictamente cierto número de formas exteriores y tradiciones. Bajo el manto de esta piadosa apariencia, que puede impresionar a los hombres pero que no puede engañar a Dios, seguían las inclinaciones de su corazón. Por avaricia habían llegado hasta faltar a los deberes más elementales, como el de proveer a las necesidades de sus padres (v. 5; comp. Proverbios 28:24). La pregunta del Señor (v. 3) responde a la vez a la de los fariseos (v. 2). Éstos, por sus tradiciones, anulaban los mandamientos de Dios. Entonces Jesús, cuyas delicias eran esos mandamientos, confundió a estos hipócritas por medio de las Escrituras. Luego, dirigiéndose a sus discípulos que también estaban desconcertados por sus palabras, puso de relieve la maldad del corazón humano y demostró su completa ruina. Sí, las manos pueden estar cuidadosamente lavadas mientras el corazón está lleno de suciedades.

Reconozcamos cuán verdadero es el inventario abrumador del contenido del corazón humano, de nuestro propio corazón (v. 19-20), aunque lo ocultemos bajo respetables y halagüeñas apariencias.

Mateo 15:21-39
21Y saliendo Jesús de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidón.22Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.23Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.24Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel.25Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor socórreme.26Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos.27Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.28Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.29Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea: y subiendo al monte, se sentó allí.30Y llegaron á él muchas gentes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos: y los echaron á los pies de Jesús, y los sanó:31De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.32Y Jesús llamando á sus discípulos, dijo: Tengo lástima de la gente, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino.33Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos á tan gran compañía?34Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.35Y mandó á las gentes que se recostasen sobre la tierra.36Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió y dió á sus discípulos; y los discípulos á la gente.37Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas.38Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños.39Entonces, despedidas las gentes, subió en el barco: y vino á los términos de Magdalá.

Jesús visitaba la región de Tiro y de Sidón. Esas ciudades paganas, como Él mismo lo había declarado, eran menos culpables que las de Galilea, donde había efectuado la mayoría de sus milagros (11:21-22). Pero no tenían ninguna parte en las bendiciones del “Hijo de David”, pues eran ajenas a los pactos de la promesa (Efesios 2:12). Éste también era nuestro caso, no lo olvidemos. El Señor empezó por hacer notar esto, con una expresión inusual en Él, a la pobre cananea que le suplicaba por su hija. Esa mujer reconoció su completa indignidad. Entonces la “gracia” pudo brillar con todo su esplendor. En efecto, si de parte del hombre hubiera el más mínimo derecho o mérito, no se trataría de gracia, sino de algo merecido (Romanos 4:4). Para medir mejor la grandeza de esta gracia hacia nosotros, no olvidemos nunca nuestra miseria e indignidad delante de Dios.

Luego el Señor se vuelve nuevamente hacia su pueblo. Según la expresión del Salmo 132:15, Él bendice abundantemente su provisión y sacia de pan a sus pobres. Lo que lo hace obrar en este segundo milagro, así como en el primero, es su maravillosa compasión hacia la multitud (v. 32; 14:14).

Mateo 16:1-12
1Y LLEGANDOSE los Fariseos y los Saduceos para tentarle, le pedían que les mostrase señal del cielo.2Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del día, decís: Sereno; porque el cielo tiene arreboles.3Y á la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabéis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podéis?4La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué.5Y viniendo sus discípulos de la otra parte del lago, se habían olvidado de tomar pan.6Y Jesús les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos.7Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no tomamos pan.8Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tomasteis pan?9¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántos cestos alzasteis?10¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas espuertas tomasteis?11¿Cómo es que no entendéis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos?12Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariseos y de los Saduceos.

Una vez más los fariseos pidieron una señal (12:38), y una vez más Jesús les recordó la señal de Jonás, figura de su próxima muerte. Los cristianos que hoy hemos llegado a la víspera del retorno del Señor Jesús tampoco tenemos que esperar más señales antes de su venida. Nuestra fe descansa en la promesa del Señor y no en signos visibles: de otra manera no sería fe. Y, sin embargo, ¡cuántos indicios nos muestran que estamos llegando al final de la historia de la Iglesia en la tierra! El orgullo del hombre crece más que nunca; el mundo cristianizado manifiesta los caracteres anunciados en 2 Timoteo 3:1-5. También hay señales exteriores: el pueblo judío vuelve a su país; las naciones europeas tratan de unirse en el marco del antiguo imperio romano… Abramos los ojos, levantémoslos hacia el cielo: Jesús viene.

El Señor dejó a los incrédulos y se fue (v. 4). Pero sus propios discípulos también lo entristecieron por su falta de confianza y de memoria, así como lo afligieron en el capítulo 15:16-17. Y nosotros, ¿no nos asemejamos a ellos muchas veces? Recordemos la exhortación que Dios nos hace por medio de Pedro: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Mateo 16:13-28
13Y viniendo Jesús á las partes de Cesarea de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?14Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, ó alguno de los profetas.15El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?16Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.17Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.18Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.19Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.20Entonces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.21Desde aquel tiempo comenzó Jesús á declarar á sus discípulos que le convenía ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.22Y Pedro, tomándolo aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti: en ninguna manera esto te acontezca.23Entonces él, volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes lo que es de Dios sino lo que es de los hombres.24Entonces Jesús dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.25Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.26Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?27Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará á cada uno conforme á sus obras.28De cierto os digo: hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.

La pregunta que Jesús hizo a sus discípulos nos muestra que las opiniones con respecto a Él estaban divididas, y esto se mantiene hasta hoy. Pero usted, ¿puede decir quién y qué es él para usted? El Padre inspiró una magnífica confesión a Simón: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v. 16). Este es el firme fundamento sobre el cual el Señor ha edificado su Iglesia, de la cual cada creyente, al igual que Simón, ha venido a ser una piedra viva. ¿Cómo podrían las fuerzas del mal prevalecer en contra de lo que pertenece a Cristo y que fue por Él mismo construido? Y Jesús honró a su discípulo con una misión especial: la de abrir (por sus predicaciones) las puertas del reino a los judíos y a las naciones (Hechos 2:36; 8:14; 10:43). Desde entonces Jesús, refiriéndose a la Iglesia, hablaba al mismo tiempo del precio que pagaría para adquirirla: sus sufrimientos y su muerte. Pero el pobre Pedro que un instante antes había hablado “conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11), aquí se volvió el instrumento de Satanás, quien buscaba desviar a Cristo de su camino de obediencia, pero enseguida fue descubierto y rechazado.

Jesús, quien fue el primero en avanzar por la vía del completo renunciamiento, no ocultó lo que significa seguir en pos de Él (comparar 10:37-40). ¿Estamos dispuestos para seguirle, cueste lo que cueste? (Filipenses 3:8).

Mateo 17:1-13
1Y DESPUÉS de seis días, Jesús toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto:2Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.3Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.4Y respondiendo Pedro, dijo á Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.5Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: á él oíd.6Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.7Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.8Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesús.9Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis á nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.10Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas que es menester que Elías venga primero?11Y respondiendo Jesús, les dijo: á la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas.12Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.13Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista.

El capítulo 16 termina con el pensamiento acerca de los sufrimientos y de la muerte de Jesús. Éste comienza hablando sobre su aparición en gloria, que responde a la promesa hecha a los discípulos: “Hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” (16:28). Después del menosprecio del cual su Hijo había sido objeto por parte de su pueblo Israel, y de las distintas formas de incredulidad que había encontrado, Dios deseaba dar a testigos escogidos de entre los hombres una primera impresión de lo que sería su majestad real. ¡Qué escena! Sin embargo, los tres discípulos fueron incapaces de soportarla. El temor se apoderó de ellos, después del sueño (Lucas 9:32). Finalmente fue necesario que Dios hablara para impedir que su Amado fuera confundido con los dos compañeros de su gloria. Más tarde solamente, después de la resurrección, los discípulos comprendieron el alcance de esta magnífica visión, y entonces fueron autorizados para contarla. Es lo que Pedro hizo en su segunda epístola (1:17-18). Pero mientras Moisés y Elías volvieron a su descanso, el Hijo de Dios se volvió a revestir con su humilde “forma de siervo” que había dejado sólo por un momento, y bajando de la montaña, emprendió nuevamente el camino solitario de la cruz.

Mateo 17:14-27
14Y como ellos llegaron al gentío, vino á él un hombre hincándosele de rodillas,15Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.16Y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar.17Y respondiendo Jesús, dijo: ­Oh generación infiel y torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traédmele acá.18Y Jesús le reprendió, y salió el demonio de él; y el mozo fué sano desde aquella hora.19Entonces, llegándose los discípulos á Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera?20Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis á este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible.21Mas este linaje no sale sino por oración y ayuno.22Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres,23Y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.24Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?25El dice: Sí. Y entrando él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos ó el censo? ¿de sus hijos ó de los extraños?26Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos son francos.27Mas porque no los escandalicemos, ve á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.

La adoración del cristiano tiene por efecto transportarlo en espíritu al “monte” junto al Señor glorificado. ¡Quiera Dios que podamos conocer más a menudo tales momentos! Pero también es necesario saber descender nuevamente con Él en medio de las circunstancias de la vida, en este mundo en el cual reina Satanás. Esta es la experiencia que hacen los discípulos en esta ocasión. La curación del niño lunático fue la oportunidad para que Jesús subrayara el poder de la fe.

La escena de los versículos 24 a 27 es instructiva y conmovedora a la vez. Pedro, acostumbrado a obrar sin reflexionar y olvidándose de la visión de la gloria y de la voz del Padre, se comprometió a pagar el impuesto del templo en nombre del Maestro. Jesús le preguntó con dulzura si alguna vez había visto que el hijo de un rey pagara impuestos a su propio padre. ¡Y eso que Simón lo había reconocido poco antes como el Hijo del Dios viviente! Después de esta aclaración, el Señor le ordenó que pagase la suma, a pesar de que Él estaba exento. Pero al mismo tiempo manifestó su poder: el Señor domina sobre toda la creación, incluso sobre los peces (Salmo 8:6-8). También manifestó su amor asociándose a su débil discípulo al pagar igualmente por Él.

Mateo 18:1-14
1EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?2Y llamando Jesús á un niño, le puso en medio de ellos,3Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.4Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos.5Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.6Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar.7Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos; mas ­ay de aquel hombre por el cual viene el escándalo!8Por tanto, si tu mano ó tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo y echaló de ti: mejor te es entrar cojo ó manco en la vida, que teniendo dos manos ó dos pies ser echado en el fuego eterno.9Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego.10Mirad no tengáis en poco á alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos.11Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.12¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se había descarriado?13Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquélla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron.14Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.

El mundo se complace en lo que es grande. Los discípulos no escapaban a este espíritu. Deseaban saber quién sería el más grande en el reino de los cielos. El Señor les contestó que primeramente era necesario entrar en él, y por el contrario, para ello era menester ser pequeño o humilde. Con el fin de grabar esta enseñanza en sus mentes, llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Seguramente que a nuestro alrededor hay niños. Ellos también están cerca de nosotros como ejemplos vivientes de confianza y simplicidad. Guardémonos de menospreciarlos a causa de su debilidad, ignorancia o ingenuidad. Y sobre todo cuidémonos de hacerlos tropezar en su fe. El mal ejemplo de un mayor es la peor de las trampas para los menores. Jesús repitió aquí lo que ya había dicho en cuanto a las ocasiones de caer (v. 8-9; comp. 5:29-30).

Muy lejos de desdeñar a estos pequeños, Dios responde a su debilidad con cuidados particulares. Los ángeles están especialmente encargados de velar por ellos. Y no olvidemos que Jesús vino para salvarlos a ellos también (v. 11); todos los que mueren sin alcanzar la edad de la responsabilidad, se benefician de su obra. La parábola de la oveja perdida nos muestra cuánto vale para el Buen Pastor una sola ovejita.

Mateo 18:15-35
15Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.16Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra.17Y si no oyere á ellos, dilo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano.18De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.19Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.20Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.21Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?22Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.23Por lo cual, el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.24Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debía diez mil talentos.25Mas á éste, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y á su mujer é hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase.26Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.27El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.28Y saliendo aquel siervo, halló á uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes.29Entonces su consiervo, postrándose á sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.30Mas él no quiso; sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.31Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon á su señor todo lo que había pasado.32Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste:33¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?34Entonces su señor, enojado, le entregó á los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.35Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.

Jesús explica cómo deben arreglarse los agravios entre los hermanos (v. 15-17). Y podemos relacionarlo con su maravillosa enseñanza concerniente al perdón (Efesios 4:32; Colosenses 3:13), según su respuesta a Pedro, quien le preguntó cuántas veces debía perdonar a su hermano: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (v. 22). Pero también es la oportunidad para retomar el tema de la Iglesia, dándonos esta promesa de capital importancia: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (v. 20). De esta presencia procede todo lo que necesita aun la más débil reunión de creyentes congregados en el nombre de Jesús. ¿Podría faltar la bendición cuando Aquel que es la fuente de ella está allí en medio de los que cuentan con Él? Aquí esta promesa está especialmente ligada a la autoridad conferida a la Iglesia (atar y desatar) y a la oración de dos o tres, a la cual todo le es otorgado. ¡Pero cuántos menosprecian la importancia de las reuniones de oración!

La parábola del esclavo que debía diez mil talentos (una suma excesiva) nos recuerda la deuda incalculable que Dios nos perdonó en Cristo (Esdras 9:6). ¿Qué son al lado de ella las pequeñas injusticias que tenemos que soportar? El perdón divino del cual hemos sido objetos nos hace responsables de ejercitar la misericordia.

Mateo 19:1-26
1Y ACONTECIO que acabando Jesús estas palabras, se pasó de Galilea, y vino á los términos de Judea, pasado el Jordán.2Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí.3Entonces se llegaron á él los Fariseos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar á su mujer por cualquiera causa?4Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo,5Y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne?6Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.7Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla?8Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar á vuestras mujeres: mas al principio no fué así.9Y yo os digo que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera.10Dícenle sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.11Entonces él les dijo: No todos reciben esta palabra, sino aquellos á quienes es dado.12Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron á sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos; el que pueda ser capaz de eso, séalo.13Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les riñeron.14Y Jesús dijo: Dejad á los niños, y no les impidáis de venir á mí; porque de los tales es el reino de los cielos.15Y habiendo puesto sobre ellos las manos se partió de allí.16Y he aquí, uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?17Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es á saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.18Dícele: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No mataras: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio:19Honra á tu padre y á tu madre: y, Amarás á tu prójimo como á ti mismo.20Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?21Dícele Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y da lo á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.22Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste, porque tenía muchas posesiones.23Entonces Jesús dijo á sus discípulos: De cierto os digo, que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos.24Mas os digo, que más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.25Mas sus discípulos, oyendo estas cosas, se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo?26Y mirándo los Jesús, les dijo: Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios todo es posible.

Al principio de este capítulo Jesús responde a una pregunta de los fariseos y condena nuevamente el divorcio (5:31-32). Luego bendice a los niños que le son presentados y reprende a los discípulos que quieren impedirlo, diciendo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos” (v. 14). ¿Formamos parte de los que por la oración llevan a almas jóvenes al Señor? ¿O por el contrario somos de aquellos que impiden que se vayan a Él, quizás por un mal ejemplo?

En el versículo 16 vemos a un joven ir a Jesús con un buen deseo: obtener la vida eterna. Pero la pregunta estaba mal formulada y el Señor deseaba hacer entender esto a su visitante: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. La respuesta del joven demuestra que él no era consciente de su incapacidad para hacer algo bueno por sí mismo. Entonces Jesús le muestra que hay un ídolo en su corazón: las riquezas, ¡obstáculo que impide a tantas personas que vayan a Cristo y le sigan! Por cierto, la vida eterna no se obtiene haciendo el bien, cualquiera que sea. Y las mejores disposiciones, con las más valiosas cualidades naturales, no sirven para merecerla, porque no se puede adquirirla por medio de méritos. Ella es el don gratuito que Jesús da a los que lo siguen (Juan 10:28).

Mateo 19:27-30; Mateo 20:1-16
27Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿qué pues tendremos?28Y Jesús les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando se sentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar á las doce tribus de Israel.29Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna.30Mas muchos primeros serán postreros, y postreros primeros.
1PORQUE el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia, que salió por la mañana á ajustar obreros para su viña.2Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió á su viña.3Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza ociosos;4Y les dijo: Id también vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron.5Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo.6Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?7Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id también vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere justo.8Y cuando fué la tarde del día, el señor de la viña dijo á su mayordomo: Llama á los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.9Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.10Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.11Y tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia,12Diciendo: Estos postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día.13Y él respondiendo, dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario?14Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar á este postrero, como á ti.15¿No me es lícito á mi hacer lo que quiero con lo mío? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno?16Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

La pregunta «quién sería el primero y el último en el reino de los cielos», cuestión que tanto preocupaba a los discípulos, está ilustrada por una nueva parábola. Tal vez nosotros estaríamos bastante dispuestos a ponernos del lado de los obreros descontentos y hallar injusta la manera de obrar del padre de familia. Pero consideremos este relato más de cerca. Los obreros que empezaron a trabajar por la mañana habían convenido con el propietario en un denario por día (v. 2, 13). Ese era el precio en que estimaban su trabajo. Por el contrario, los que fueron contratados más tarde se fiaron del dueño de la viña para que les pagara “lo que sea justo” (v. 4, 7). Y no lo lamentaron. En el reino de los cielos, la recompensa nunca es un derecho. Todos somos siervos inútiles, según Lucas 17:10; nadie merece nada. Todo depende de la gracia soberana de Dios y cada uno recibe lo necesario, independientemente de su trabajo. Por otra parte, los obreros de la undécima hora, ¿no son en realidad los menos favorecidos? No tuvieron la oportunidad y el gozo de servir a este buen Amo durante la mayor parte del día. En la historia de los designios de Dios, los primeros obreros que convinieron con el padre de familia representan a Israel bajo el pacto, los de la undécima hora nos hablan de las naciones, objetos de la gracia de Dios.

Mateo 20:17-34
17Y subiendo Jesús á Jerusalem, tomó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:18He aquí subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los principes de los sacerdotes y á los escribas, y le condenarán á muerte;19Y le entregarán á los Gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará.20Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándo le, y pidiéndole algo.21Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino.22Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dicen: Podemos.23Y él les dice: A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas el sentaros á mi mano derecha y á mi izquierda, no es mío dar lo, sino á aquellos para quienes está aparejado de mi Padre.24Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos.25Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.26Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor;27Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:28Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.29Entonces saliendo ellos de Jericó, le seguía gran compañía.30Y he aquí dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.31Y la gente les reñía para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.32Y parándose Jesús, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros?33Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.34Entonces Jesús, teniendo misericordia de ellos, les tocó los ojos, y luego sus ojos recibieron la vista; y le siguieron.

Sobre un asunto particularmente íntimo y solemne, el Señor buscaba la comprensión de sus discípulos: los sufrimientos y la muerte que le esperaban en Jerusalén. ¡Vaya! La madre de Santiago y Juan escogió este momento para hacerle una petición egoísta. Se sentiría orgullosa de ver a sus hijos ocupando los primeros puestos en el reino del Mesías. ¡Y los diez discípulos restantes manifestaron su indignación! Quizás no porque la petición fuera enojosa e inoportuna, sino porque cada uno ambicionaba secretamente ese alto puesto (Lucas 22:24). Después de todo lo que Jesús les había dicho, después de haber colocado a un niño en medio de ellos, ¿no habían entendido ni recordado nada? ¡No los juzguemos! ¡Cuánta dificultad tenemos para aprender nuestras lecciones, las mismas lecciones! ¡Cómo nos parecemos a ellos!

Entonces, sin un reproche, con una paciencia infinita, Jesús prosiguió su enseñanza. Y esta vez la sustentó con su propio ejemplo mediante el versículo 28, tema eterno de adoración de los redimidos.

Siguiendo con su misión de siervo, en el camino que subía a Jerusalén, Jesús sanó a dos ciegos en la puerta de Jericó. Subrayemos la loable insistencia de ellos y la infinita compasión del Señor.

Mateo 21:1-17
1Y COMO se acercaron á Jerusalem, y vinieron á Bethfagé, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió dos discípulos,2Diciéndoles: Id á la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatad la, y traédme los.3Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester. Y luego los dejará.4Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo:5Decid á la hija de Sión: He aquí, tu Rey viene á ti, Manso, y sentado sobre una asna, Y sobre un pollino, hijo de animal de yugo.6Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesús les mandó;7Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sentó sobre ellos.8Y la compañía, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino.9Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: ­Hosanna al Hijo de David! ­Bendito el que viene en el nombre del Señor! ­Hosanna en las alturas!10Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo. ¿Quién es éste?11Y las gentes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea.12Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas;13Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.14Entonces vinieron á él ciegos y cojos en el templo, y los sanó.15Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y á los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ­Hosanna al Hijo de David! se indignaron,16Y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dice: Sí: ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?17Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad, á Bethania; y posó allí.

El paso por Jericó y la entrada en Jerusalén marcan, en cada uno de los tres primeros evangelios, el principio de la última parte del peregrinaje de nuestro Salvador aquí en la tierra. El cumplimiento de la profecía de Zacarías (9:9) era para Israel la prueba de que verdaderamente su Mesías venía a visitarlo. Era imposible confundirlo con otro: “Justo y Salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno…”. Se esperaba más bien a un rey altanero y soberbio entrando en la capital sobre un caballo de guerra, a la cabeza de sus ejércitos. Pero un rey humilde y manso, aquí está un concepto ajeno a los pensamientos de los hombres.

Mas estos caracteres de gracia y bondad no impiden al Señor obrar con la máxima severidad cuando ve pisoteados los derechos de Dios, como en el caso de los vendedores en el templo (v. 12). Asimismo tienen que obrar sus discípulos. La dulzura que debe caracterizarlos no excluye la más grande firmeza (1 Corintios 15:58). La presencia de Jesús en el templo produjo varios efectos: en primer lugar, una inmediata purificación; pero al mismo tiempo la curación en gracia de los enfermos que venían a Él; luego la alabanza de los niños; por último, también hubo la indignación y la oposición por parte de los enemigos de la verdad.

Mateo 21:18-32
18Y por la mañana volviendo á la ciudad, tuvo hambre.19Y viendo una higuera cerca del camino, vino á ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente, y le dijo: Nunca más para siempre nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.20Y viendo esto los discípulos, maravillados decían: ¿Cómo se secó luego la higuera?21Y respondiendo Jesús les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera: mas si á este monte dijereis: Quítate y échate en la mar, será hecho.22Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.23Y como vino al templo, llegáronse á él cuando estaba enseñando, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo. ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dió esta autoridad?24Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una palabra, la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto.25El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis?26Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen á Juan por profeta.27Y respondiendo á Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Ni yo os digo con qué autoridad hago esto.28Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy á trabajar en mi viña.29Y respondiendo él, dijo: No quiero; mas después, arrepentido, fué.30Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, señor, voy. Y no fué.31¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesús: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante al reino de Dios.32Porque vino á vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

En el camino a Jerusalén Jesús obró un milagro que excepcionalmente no era un milagro de amor, sino una señal de advertencia acerca del juicio que caería sobre el pueblo. Consideremos esta higuera. ¡Nada más que hojas, una hermosa apariencia de piedad pero sin ningún fruto! Ese era el estado de Israel… y el de muchos que se dicen ser cristianos.

Ese milagro dio a Jesús la oportunidad de recordar a sus discípulos el poder de la oración de fe. Luego el Señor entró nuevamente en el templo donde los principales sacerdotes y ancianos del pueblo vinieron a discutir su autoridad. Por su pregunta el Señor les hizo entender que no podían reconocer esta autoridad si no habían reconocido primero la autoridad de Juan el Bautista. Como el segundo hijo de la parábola (v. 28-30), los jefes del pueblo hacían ostensiblemente profesión de cumplir la voluntad de Dios. Pero en realidad ésta era letra muerta para ellos (Tito 1:16). Otros, al contrario, en otro tiempo rebeldes, notorios pecadores, se habían arrepentido al escuchar la predicación de Juan y habían hecho la voluntad de Dios. Hijos de padres creyentes, corremos el riesgo de ser precedidos en el cielo por personas hacia las cuales tal vez ahora experimentamos menosprecio o condescendencia (véase 20:16). ¡Pensemos en nuestra responsabilidad!

Mateo 21:33-46
33Oíd otra parábola: Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dió á renta á labradores, y se partió lejos.34Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos.35Mas los labradores, tomando á los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon.36Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; é hicieron con ellos de la misma manera.37Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo.38Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad.39Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron.40Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores?41Dícenle: á los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos.42Díceles Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, Esta fué hecha por cabeza de esquina: Por el Señor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos?43Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él.44Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.45Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos.46Y buscando cómo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.

La parábola de los labradores malvados ilustra el terrible estado del pueblo y de sus malos conductores. Dios esperaba fruto de su viña, Israel. “La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres” (Isaías 5:2). Pero los judíos (y los seres humanos en general) no sólo demostraron su incapacidad para producir fruto, sino un espíritu de odio contra el legítimo Dueño de todas las cosas. Además desconocieron a sus siervos, los profetas. Aquí se preparaban para expulsar, ¡y de qué manera!, al Heredero mismo, a fin de quedarse como únicos dueños de la heredad, es decir, del mundo (1 Tesalonicences 2:15). El Señor llevó a los sacerdotes y a los fariseos a pronunciar su propia condenación. Cuando les preguntó «el Señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?» contestaron: “A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros” (v. 40-41).

Luego Jesús les enseñó que Él mismo es la “piedra… cabeza del ángulo” que Dios había puesto en Israel. Los edificadores (los jefes del pueblo) la desecharon (Salmo 118:22-23), pero Él ha llegado a ser “la principal piedra del ángulo, escogida y preciosa”, de una “casa espiritual”: la Iglesia, y “piedra de tropiezo, y roca que hace caer” para los desobedientes (1 Pedro 2:4-8).

Mateo 22:1-22
1Y RESPONDIENDO Jesús, les volvió á hablar en parábolas, diciendo:2El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo;3Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no quisieron venir.4Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: He aquí, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está prevenido: venid á las bodas.5Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno á su labranza, y otro á sus negocios;6Y otros, tomando á sus siervos, los afrentaron y los mataron.7Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad.8Entonces dice á sus siervos: Las bodas á la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.9Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos hallareis.10Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.11Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido de boda.12Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.13Entonces el rey dijo á los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.14Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.15Entonces, idos los Fariseos, consultaron cómo le tomarían en alguna palabra.16Y envían á él los discípulos de ellos, con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres.17Dinos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no?18Mas Jesús, entendida la malicia de ellos, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?19Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.20Entonces les dice: ¿Cúya es esta figura, y lo que está encima escrito?21Dícenle: De César. Y díceles: Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios.22Y oyendo esto, se maravillaron, y dejándole se fueron.

La parábola de las bodas del hijo del rey complementa la de los labradores malvados. Muestra lo que pasaría después del rechazo del Heredero. Los judíos, primeros en ser convidados, desecharían la gracia anunciada por los apóstoles (los siervos del v. 3). Entonces éstos se volverían hacia las naciones (Hechos 13:46). Dios invita a los hombres: usted también tiene en sus manos Su carta de invitación. Por desgracia, el menosprecio y la oposición son las dos respuestas que Él recibe generalmente (Hebreos 2:3). No basta con ser invitado, es necesario aceptar y venir en la forma ordenada por Dios, es decir, con el vestido de justicia suministrado por el Rey mismo (Filipenses 3:9). El hombre del versículo 11 había pensado que sus propios vestidos servirían. Él representa a todos los que piensan que podrán ser recibidos en el cielo con su propia justicia, a los que se congregan y profesan ser cristianos pero nunca han recibido a Jesús como su Salvador personal (5:20; Romanos 10:3-4). ¡Qué confusión les espera y cuán terrible será su final!

Sordos a estas enseñanzas, los fariseos y los herodianos le hicieron una pregunta muy estudiada para “sorprenderle”: “¿Es lícito dar tributo a César, o no?”. Pero Jesús, discerniendo la trampa envuelta en lisonjas, les dio una inesperada contestación: “Dad, pues, a César lo que es de César”, devolviendo así la flecha a los que la habían lanzado.

Mateo 22:23-46
23Aquel día llegaron á él los Saduceos, que dicen no haber resurrección, y le preguntaron,24Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y despertará simiente á su hermano.25Fueron pues, entre nosotros siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generación, dejó su mujer á su hermano.26De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta los siete.27Y después de todos murió también la mujer.28En la resurrección pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer? porque todos la tuvieron.29Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y el poder de Dios.30Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres marido; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.31Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os es dicho por Dios, que dice:32Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.33Y oyendo esto las gentes, estaban atónitas de su doctrina.34Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron á una.35Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole y diciendo:36Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley?37Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.38Este es el primero y el grande mandamiento.39Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo.40De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.41Y estando juntos los Fariseos, Jesús les preguntó,42Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es Hijo? Dícenle: De David.43El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo:44Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies?45Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo?46Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Otros contradictores, los saduceos, vinieron al Señor con una pregunta ociosa. Con su cuento imaginario, pensaban probar lo absurdo –según ellos– de la doctrina de la resurrección. Antes de demostrarles la verdad de la resurrección por medio de las Escrituras, Jesús se dirigió a la conciencia de estos hombres y les mostró que ellos discutían sobre la base incierta (y siempre equivocada) de sus propios pensamientos, sin conocer la Palabra. Es lo que aún hoy hace un buen número de personas, en particular las que pertenecen a sectas de error y perdición. No sigamos nunca a esa gente en sus razonamientos peligrosos.

Derrotados en cuanto al conocimiento de la Escritura, los enemigos de la verdad se unieron nuevamente para atacar (v. 34-40), y recibieron como respuesta un maravilloso resumen de la ley que los condenaba sin apelación. Entonces, a su vez, Jesús hizo una pregunta a sus interlocutores que les cerró la boca. Rechazado, Aquel que es a la vez el Hijo y el Señor de David, iba a ocupar una posición gloriosa. Y los que contra viento y marea querían seguir siendo sus enemigos, hallarían también el lugar que les estaba reservado… por estrado de sus pies (v. 44).

Es impresionante ver a personas, tan empeñadas en seguir su propio camino, que se niegan a aceptar las más claras enseñanzas bíblicas (2 Timoteo 3:8).

Mateo 23:1-22
1ENTONCES habló Jesús á las gentes y á sus discípulos,2Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos:3Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardad lo y haced lo; mas no hagáis conforme á sus obras: porque dicen, y no hacen.4Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.5Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;6Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;7Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabbí, Rabbí.8Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.9Y vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos.10Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.11El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.12Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.13Mas ­ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni á los que están entrando dejáis entrar.14Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque coméis las casas de las viudas, y por pretexto hacéis larga oración: por esto llevaréis mas grave juicio.15Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno doble más que vosotros.16Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.17Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo que santifica al oro?18Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el presente que está sobre él, deudor es.19Necios y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el presente, ó el altar que santifica al presente?20Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él;21Y el que jurare por el templo, jura por él, y por Aquél que habita en él;22Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquél que está sentado sobre él.

Jesús, descubriendo la trampa en todas las preguntas de los jefes religiosos del pueblo, puso a los discípulos y a la muchedumbre en guardia contra ellos. Lo que ordenaban hacer era excelente en general, pero tristemente lo que hacían era muy distinto (21:30). Nosotros que quizás conocemos tantas verdades bíblicas y sabemos muy bien citarlas a los demás, ¿las ponemos en práctica? (Juan 13:17; Romanos 2:21).

¡Qué contraste entre estos maestros y Cristo, el verdadero Maestro! (v. 8, 10). Ellos recomendaban la ley, pero Él la cumplía (5:17). Ellos ponían sobre otros cargas pesadas y difíciles de llevar (v. 4), pero Jesús llamaba a los cansados y cargados para darles descanso (11:28). Ellos escogían los primeros asientos, pero Él, desde el pesebre hasta la cruz, tomó constantemente el último lugar. Fue siervo antes de ser amo (v. 11). Nadie será más exaltado, pues nadie se ha humillado más profundamente. Pero esos escribas y fariseos que buscaban su propia gloria irían a su ruina y a su perdición. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!”. Esta fue la terrible palabra que el Señor tuvo que pronunciar siete veces contra estos hombres tan responsables.

Mateo 23:23-39
23Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro.24Guías ciegos, que coláis el mosquito, mas tragáis el camello!25Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque limpiais lo que está de fuera del vaso y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia.26Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera se haga limpio!27Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.28Así también vosotros de fuera, á la verdad, os mostráis justos á los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía é iniquidad.29Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,30Y decís: Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas.31Así que, testimonio dais á vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron á los profetas.32Vosotros también henchid la medida de vuestros padres!33Serpientes, generación de víboras! ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?34Por tanto, he aquí, yo envío á vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos, á unos mataréis y crucificaréis, y á otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad:35Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachîas, al cual matasteis entre el templo y el altar.36De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.37Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti! ­cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!38He aquí vuestra casa os es dejada desierta.39Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Con estas vehementes palabras el Señor condenaba solemnemente lo que puede llamarse «el clero» de Israel. Estos guías ciegos, que no sólo no entrarían en el reino de los cielos, sino que además abusaban de su autoridad para impedir que los demás entraran, eran doblemente culpables (v. 13). Extremadamente escrupulosos por cosas muy pequeñas, descuidaban las principales: “La justicia, la misericordia y la fe” (v. 23). Con sus máscaras hipócritas engañaban a los simples. Jesús, lleno de indignación, descubrió su verdadero rostro: eran sepulcros blanqueados (muertos interiormente), “serpientes”, asesinos, hijos de asesinos.

Antes de salir del templo y dejar desierta esta casa donde Dios no tenía más su lugar, Jesús se expresó en términos patéticos acerca del juicio que caería sobre Jerusalén. Sí, podemos pensar en lo que habrá sido para su corazón sensible ese menosprecio a la gracia que ofrecía: “No quisiste” (22:3; Oseas 11:7). ¡Palabra abrumadora! Entre los que deberán oírla un día, ¿quién podrá hacer a Dios responsable de su desdicha? La salvación en Cristo le ha sido ofrecida y él no ha querido aceptarla.

Mateo 24:1-14
1Y SALIDO Jesús, íbase del templo; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo.2Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruída.3Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?4Y respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y á muchos engañarán.6Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aún no es el fin.7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares.8Y todas estas cosas, principio de dolores.9Entonces os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.10Y muchos entonces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y unos á otros se aborrecerán.11Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán á muchos.12Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará.13Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin.

Los discípulos trataban de que el Señor estuviese tan orgulloso como ellos de ese templo que parecía desafiar el tiempo… pero que pronto iba a ser destruido. Entonces, tomándolos aparte, Jesús les expuso la sucesión de los acontecimientos proféticos (cap. 24-25). Sin embargo, antes de contestar una por una a sus tres preguntas (¿Cuándo ocurrirán esos acontecimientos?: v. 15-28; ¿cuál será la señal de su venida?: v. 29-31; ¿cuál será el signo del fin del siglo? v. 32-51), el Señor empezó a hablarles a sus conciencias (v. 4). Una verdad siempre debe tener un efecto moral: por ejemplo, el de aumentar el temor de Dios o el amor por el Señor. De otra manera, sólo la curiosidad es alimentada y el alma se endurece. Aquí los discípulos debían tener cuidado para no dejarse engañar. Todavía eran “hijitos” en la fe; conocían al Padre que Jesús les había revelado (11:27) pero no estaban armados contra los que el apóstol Juan (1 Juan 2:18) llama “muchos anticristos”, dicho de otro modo, los portadores de diversos errores. Por eso necesitaban estar advertidos (2 Pedro 3:17). Satanás siempre trata de seducir por medio de imitaciones (2 Tesalonicenses 2:9-10).

¡Hijos de Dios, no nos dejemos turbar por todo lo que nos digan! Y, sobre todo, vigilemos para que nuestro amor hacia Dios y nuestros hermanos no se enfríe (v. 12).

Mateo 24:15-31
15Por tanto, cuando viereis la abominación del asolamiento, que fué dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda),16Entonces los que están en Judea, huyan á los montes;17Y el que sobre el terrado, no descienda á tomar algo de su casa;18Y el que en el campo, no vuelva atrás á tomar sus vestidos.19Mas ­ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días!20Orad, pues, que vuestra huída no sea en invierno ni en sábado;21Porque habrá entonces grande aflicción, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será.22Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.23Entonces, si alguno os dijere: He aquí está el Cristo, ó allí, no creáis.24Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aun á los escogidos.25He aquí os lo he dicho antes.26Así que, si os dijeren: He aquí en el desierto está; no salgáis: He aquí en las cámaras; no creáis.27Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre.28Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.29Y luego después de la aflicción de aquellos días, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas.30Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria.31Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.

Los acontecimientos anunciados en estos versículos conciernen a Israel y sólo se producirán después del arrebatamiento de la Iglesia. Pero para mostrar que ellos son las consecuencias de su rechazo en los capítulos precedentes, el Señor se dirigió a sus discípulos como si su generación debiera atravesar este terrible período. En realidad, cuando el anticristo seduzca a las naciones, profane el templo (v. 15) y persiga a los fieles, los cristianos de la actual dispensación ya no estarán en la tierra. Así pues, todas las advertencias y estímulos dados aquí no nos conciernen directamente. Pero Jesús mismo tiene gran interés por las cosas que antecederán a su venida en gloria (v. 30). Piensa con profunda simpatía en los fieles que sufrirán en aquel entonces. Supone también que aquellos a quienes llama sus amigos comparten este interés, esta simpatía (Juan 15:15). Hablarnos anticipadamente de esto (v. 25) constituye una gran muestra de confianza y amor de su parte (comp. Génesis 18:17). ¿No es ésa una razón suficiente para tratar de comprender estos temas de la profecía? Y además, es una fuente de exhortaciones provechosas en todos los tiempos y para todos los testigos del Señor. Exhortaciones como por ejemplo: perseverar (v. 13), orar (v. 20) y velar (v. 42).

Mateo 24:32-51
32De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca.33Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas.34De cierto os digo, que no pasará esta generación, que todas estas cosas no acontezcan.35El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.36Empero del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo.37Mas como los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.38Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca,39Y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó á todos, así será también la venida del Hijo del hombre.40Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado:41Dos mujeres moliendo á un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada.42Velad pues, porque no sabéis á qué hora ha de venir vuestro Señor.43Esto empero sabed, que si el padre de la familia supiese á cuál vela el ladrón había de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.44Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensáis.45¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su familia para que les dé alimento á tiempo?46Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su señor viniere, le hallare haciendo así.47De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá.48Y si aquel siervo malo dijere en su corazón Mi señor se tarda en venir:49Y comenzare á herir á sus consiervos, y aun á comer y á beber con los borrachos;50Vendrá el señor de aquel siervo en el día que no espera, y á la hora que no sabe,51Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro y el crujir de dientes.

El Señor interrumpe su exposición profética para exhortar a los suyos a la vigilancia y al servicio. El juicio va a caer repentinamente sobre el mundo. Herirá a los incrédulos y a los burladores. Alcanzará igualmente a los indiferentes, a los indecisos y a los hijos de los creyentes que no se hayan arrepentido. ¿Tal vez sea ese su caso? “Por tanto, también vosotros estad preparados”, dice el Señor Jesús a cada uno (v. 44). Y para estar preparado hay que aceptar su salvación. En el versículo 45 un hermoso servicio es presentado a los creyentes: distribuir a su alrededor el alimento de la Palabra (Hechos 20:28; 1 Timoteo 1:12). Para ello es necesario llenar dos condiciones: fidelidad, para conocer esta Palabra y no apartarse de ella, y prudencia, para adaptarla a las necesidades y a las circunstancias de los demás. Pero en la gran cristiandad profesante también se encuentran los siervos malos. Han sido crueles y dominantes con las almas, se han embriagado con los placeres en el mundo (1 Tesalonicenses 5:7) porque en el fondo de sí mismos no creen en el regreso del Señor. Pero el siervo de Cristo sólo puede ser fiel y prudente guardando un precioso secreto: cada día espera al Señor. “Mi alma espera al Señor, más que los centinelas a la mañana” (Salmo 130:6).

Mateo 25:1-13
1ENTONCES el reino de los cielos será semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo.2Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.3Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;4Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.5Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.6Y á la media noche fué oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid á recibirle.7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.8Y las fatuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.9Mas las prudentes respondieron, diciendo. Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que venden, y comprad para vosotras.10Y mientras que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas; y se cerró la puerta.11Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.12Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.13Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.

Según la costumbre oriental, para el festín de sus bodas, el esposo llegaba de noche y era alumbrado y escoltado por las vírgenes amigas de la esposa (hoy, las damas de honor; comparar Salmo 45:9 y 14). El Señor emplea esta conmovedora ilustración para enseñarnos de qué modo debe ser esperado Él, el Esposo celestial. Pero los cristianos, en su mayoría, se cansaron de esta espera. El sueño espiritual se apoderó de ellos y ha durado muchos siglos. Fue necesario que en un momento reciente de la historia de la Iglesia, llamado con mucha razón el «despertar», resonase este clamor de medianoche: ¡“Aquí viene el Esposo”! ¡El Señor vuelve! Como consecuencia, se manifiesta una diferencia: las vírgenes prudentes tienen aceite en su lámpara, del mismo modo que los verdaderos creyentes están preparados para la venida del Señor, y su luz, la del Espíritu Santo, puede brillar en la noche de este mundo. Otras personas, como las vírgenes insensatas, profesan esperar al Señor sin poseer la vida. Indebidamente llevan el hermoso título de cristianas. Terrible ilusión y no menos horrible despertar. Que cada uno se interrogue mientras aún está a tiempo: ¿Hay aceite en mi lámpara? ¿Estoy preparado para su retorno? (Romanos 8:9, final).

Mateo 25:14-30
14Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.15Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.16Y el que había recibido cinco talentos se fué, y granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos.17Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.18Mas el que había recibido uno, fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.19Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos.20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.22Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.24Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste;25Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.26Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;27Por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.28Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.29Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

La parábola de las diez vírgenes se refiere a la espera de la venida del Señor. La de los talentos considera el lado del servicio. La vida del creyente está revestida de este doble carácter: “Servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo” (1 Tesalonicenses 1:9-10), pues esperar al Señor no significa cruzarse de brazos hasta que Él venga. Al contrario, cada rescatado tiene el privilegio de trabajar para su Señor. Con este fin recibió cierto número de talentos y es responsable de sacarles rendimiento. Estos talentos representan bienes materiales, sin duda, pero también otras cosas como la salud, la memoria, la inteligencia… Pero sobre todo, el cristiano posee la Palabra divina con el conocimiento que se desprende de ella (1 Corintios 2:12). Aun siendo salvos, podemos parecernos al siervo malo. ¿Estamos seguros de no haber escondido, por egoísmo, pereza, o por cualquier otra razón deshonesta, uno u otro de esos dones que pertenecen al Señor? ¿Qué cuentas le rendiremos cuando Él venga? ¿Podrá hacernos entrar en su gozo, ese “gozo puesto delante de él” (Hebreos 12:2), el gozo de la obra consumada y del amor satisfecho? En esta parábola, fijémonos que la recompensa es la misma para los dos primeros esclavos. Lo que tiene valor para el Señor no es tanto los resultados (siempre poca cosa), sino la fidelidad.

Mateo 25:31-46
31Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.32Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.33Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.34Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;36Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.37Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber?38¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?39¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti?40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis.41Entonces dirá también á los que estarán á la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles:42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;43Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.44Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?45Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí lo hicisteis.46E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna.

El versículo 31 reanuda el curso de la profecía de los versículos 30-31 del capítulo 24, es decir, la venida del Señor en gloria para su pueblo terrenal. Para las “naciones” (los no judíos) presentes en la tierra sonará entonces el día de las recompensas… o del castigo. Y la diferencia entre ellos será la manera en que hayan acogido a los embajadores del Rey (sus hermanos, v. 40, aquí los judíos) cuando éstos les anunciaban el Evangelio del reino (24:13-14).

Algunos han querido servirse de esta palabra para apoyar la doctrina de la salvación por las obras. Aclaramos que aquí estamos más allá del tiempo de la Iglesia y de la fe cristiana propiamente dicha.

Sin embargo, dejando de lado esta cuestión de la salvación, la declaración del Rey está llena de instrucción para nosotros los cristianos. Si el Señor Jesús estuviera hoy en la tierra, ¡qué celo pondríamos en recibirlo, en servirlo y en satisfacer sus más mínimos deseos! A la verdad, todos los días tenemos esta oportunidad: ofrendas, hospitalidad, visitas, etc. Todo lo que hacemos por amor a alguien, lo cumplimos primeramente para Él (comparar Juan 13:20; 1 Corintios 12:12). Inversamente, lo que podemos hacer y no lo hacemos, se lo negamos al Señor.

Mateo 26:1-16
1Y ACONTECIO que, como hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo á sus discípulos:2Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado.3Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás;4Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesús, y matarle.5Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo.6Y estando Jesús en Bethania, en casa de Simón el leproso,7Vino á él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de unguento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado á la mesa.8Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por qué se pierde esto?9Porque esto se podía vender por gran precio, y darse á los pobres.10Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué dais pena á esta mujer? Pues ha hecho conmigo buena obra.11Porque siempre tendréis pobres con vosotros, mas á mí no siempre me tendréis.12Porque echando este unguento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo ha hecho.13De cierto os digo, que donde quiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, también será dicho para memoria de ella, lo que ésta ha hecho.14Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes,15Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata.16Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

El Señor ha terminado sus enseñanzas. Ahora los últimos acontecimientos van a cumplirse. Mientras en Jerusalén se tramaba su muerte en el consejo de los malos (v. 3-5), una escena muy distinta se desarrollaba en Betania. Rechazado y odiado por los grandes de su pueblo, Jesús encontraba entre los humildes y fieles la acogida, el amor y, bien podemos decir, la adoración que le correspondían. No teniendo más lugar en el templo, fue recibido en la casa de Simón el leproso. La realeza le había sido negada, pero un perfume de gran precio fue derramado sobre su cabeza, figura de la unción real. Esta mujer discernió y honró al Mesías de Israel: “Mientras el rey estaba en su reclinatorio, mi nardo dio su olor” (Cantares 1:12). Sólo Jesús comprendió y apreció su acción. ¡Pero qué importa! ¿Quién podría molestarla si Él mismo encontraba su placer en ello?

Con el versículo 14 pasamos nuevamente a una escena de tinieblas. Judas el traidor, que acababa de sentir el aroma del perfume, cumplió su crimen y recibió su salario: treinta piezas de plata, el precio de un esclavo. Pero el profeta Zacarías lo llama, irónicamente, un hermoso precio, porque con él el Hijo de Dios sería apreciado (Zacarías 11:13).

Mateo 26:17-30
17Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos á Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para ti para comer la pascua?18Y él dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa haré la pascua con mis discípulos.19Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y aderezaron la pascua.20Y como fué la tarde del día, se sentó á la mesa con los doce.21Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.22Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor?23Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me ha de entregar.24A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ­ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.25Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo. ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú lo has dicho.26Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed. esto es mi cuerpo.27Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de él todos;28Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.29Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.30Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.

Uno puede imaginarse los sentimientos del Señor al comer esta Pascua con sus discípulos. Ella era la figura de lo que Él iba a ser en la realidad. Unos momentos más y el Santo Cordero de la Pascua sería inmolado (1 Corintios 5:7). Pero antes debía dar a sus discípulos una señal muy especial de su amor. Cada año, desde la gran noche del éxodo, la Pascua anunciaba en figura una obra futura. A partir de la muerte del Señor, la cena recordará al creyente, cada primer día de la semana, que esta obra está cumplida. Cada vez que la celebramos, anunciamos la muerte del Señor hasta que Él venga (1 Corintios 11:26).

Después de haberles repartido el pan, Jesús dio también la copa a los discípulos, diciendo: “Bebed de ella todos”. Sí, el Señor quería que cada uno de los suyos participase con Él de esta comida de amor (excepto Judas, que había salido: Juan 13:30). ¿Eran dignos de ella? Pedro lo negaría y los demás huirían. Pero a pesar de esto, Jesús les dijo –y lo dice aún a sus rescatados–: “Bebed de ella todos”. Luego les explicó el inestimable valor de su sangre “que por muchos” sería “derramada para remisión de los pecados”. Lector, ¿se halla usted entre esos “muchos”? Si así es, ¿cuál será su respuesta al deseo expresado por el Señor Jesús? (comp. Salmo 116:12-14).

Mateo 26:31-46
31Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas.32Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galilea.33Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado.34Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.35Dícele Pedro. Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.36Entonces llegó Jesús con ellos á la aldea que se llama Gethsemaní, y dice á sus discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore.37Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedeo, comenzó á entristecerse y á angustiarse en gran manera.38Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.39Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.40Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?41Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.42Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo. Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.43Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.44Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.45Entonces vino á sus discípulos y díceles: Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.46Levantaos, vamos: he aquí ha llegado el que me ha entregado.

Lleno de confianza en sí mismo, Pedro declaró estar dispuesto a morir junto con el Señor. Sin embargo, como veremos, no iría muy lejos.

Después de haber invitado a sus discípulos a velar y orar con él, Jesús se aproximó a ese jardín donde iba a dar la suprema prueba de su sujeción a la voluntad del Padre. Esa voluntad, que no cesó de ser la delicia del Hijo, implicaba una terrible y doble necesidad: el abandono de Dios, cosa infinitamente triste para el corazón de su Hijo amado, y el peso del pecado que debía cargar, con la muerte como salario (Romanos 6:23), cosa infinitamente angustiosa para el Hombre perfecto. La tristeza y la angustia invadieron su alma (v. 37). Él comprendía todo lo que representaba ese terrible camino de la cruz, del cual Satanás, en aquella hora, se esforzaba en desviarlo. Pero recibió la copa de la mano del Padre: “Hágase tu voluntad”.

En su gracia, Dios nos ha permitido asistir a este combate del Salvador en Getsemaní, escuchar su oración insistente y dolorosa. ¡Que nos guarde de tener, como los tres discípulos, corazones adormecidos e indiferentes a su sufrimiento! En cambio, ¡que llene nuestras almas de agradecimiento y adoración al pensar en ello!

Mateo 26:47-58
47Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.48Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle.49Y luego que llegó á Jesús, dijo: Salve, Maestro. Y le besó.50Y Jesús le dijo: Amigo, ¿á qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano á Jesús, y le prendieron.51Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.52Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán.53¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?54¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?55En aquella hora dijo Jesús á las gentes: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.56Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole.57Y ellos, prendido Jesús, le llevaron á Caifás pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos.58Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del pontífice; y entrando dentro, estábase sentado con los criados, para ver el fin.

Un discípulo, Judas, no había dormido como los demás. Hele aquí a la cabeza de una tropa imponente que venía para apoderarse de Jesús. ¿Y qué medio escogió el miserable para señalar al Maestro? El beso solícito de la hipocresía. “Amigo, ¿a qué vienes?”, le contestó el Salvador. Última pregunta, propicia para sondear el alma del infeliz Judas. Último llamamiento de amor de aquel que había dicho a los suyos: “Os he llamado mis amigos” (Juan 15:15). Pero ya era demasiado tarde para el “hijo de perdición” (Juan 17:12).

Estas saetas para la conciencia (v. 55) fueron los únicos actos de defensa de aquel que se entregaba a sí mismo. Faltaban los doce discípulos, sin embargo, en aquel momento más de doce legiones de ángeles estaban, por así decirlo, en pie de guerra prontas para intervenir si él lo hubiera pedido al Padre. Todo el poder de Dios estaba a su disposición si quería solicitarlo. Pero su hora había llegado. Lejos de escaparse o defenderse, Jesús detuvo el brazo de su discípulo, quien era demasiado impulsivo y quien un poco después daría la medida de su coraje al huir con sus compañeros.

Pero ya en el palacio del sumo sacerdote, los escribas y los ancianos se habían juntado en plena noche para consumar la suprema injusticia (Salmo 94:21).

Mateo 26:59-75
59Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregale á la muerte;60Y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; mas á la postre vinieron dos testigos falsos,61Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.62Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican éstos contra ti?63Mas Jesús callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.64Jesús le dijo: Tú lo has dicho: y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo de los hombres sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.65Entonces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia.66¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte.67Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herían con mojicones,68Diciendo: Profetízanos tú, Cristo, quién es el que te ha herido.69Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á él una criada, diciendo: Y tú con Jesús el Galileo estabas.70Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.71Y saliendo él á la puerta, le vió otra, y dijo á los que estaban allí: También éste estaba con Jesús Nazareno.72Y nego otra vez con juramento: No conozco al hombre.73Y un poco después llegaron los que estaban por allí, y dijeron á Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu habla te hace manifiesto.74Entonces comienzó á hacer imprecaciones, y á jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego.75Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.

Los jefes del pueblo tenían a Jesús en su poder, pero les faltaba un motivo que les permitiera condenarlo, ya que el Hombre perfecto no les daba ninguna oportunidad para acusarlo. Entonces buscaban “falso testimonio” contra él. Y era difícil hallar uno que tuviera apariencia de realidad. Por fin se presentaron dos falsos testigos con una frase distorsionada (comparar v. 61 con Juan 2:19). Pero lo que sirvió de pretexto para condenar a Jesús fue su declaración solemne de que él es el Hijo de Dios, pronto para venir en poder y en gloria. La pena de muerte fue pronunciada y enseguida la brutalidad y la cobardía se dieron libre curso (v. 67-68). Se cumplió la primera parte de lo que el Salvador había anunciado más de una vez a sus discípulos (16:21; 17:22; 20:19-20).

Para Pedro también fue una hora sombría, pero por una razón muy distinta: Satanás, que no pudo hacer vacilar al Maestro, hizo tropezar al discípulo. Tres veces el pobre Pedro negó a aquel por quien se había declarado dispuesto a morir. Hasta llegó a emplear un lenguaje grosero para mentir, porque anteriormente, sin que se diera cuenta, su manera de hablar había hecho que fuera reconocido como discípulo de Jesús.

Mateo 27:1-18
1Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesús, para entregarle á muerte.2Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.3Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta piezas de plata á los príncipes de los sacerdotes y á los ancianos,4Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué se nos da á nosotros? Viéras lo tú.5Y arrojando las piezas de plata en el templo, partióse; y fué, y se ahorcó.6Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre.7Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros.8Por lo cual fué llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el día de hoy.9Entonces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fué apreciado por los hijos de Israel;10Y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.11Y Jesús estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices.12Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió.13Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra tí?14Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho,15Y en el día de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen.16Y tenían entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás.17Y juntos ellos, les dijo Pilato; ¿Cuál queréis que os suelte? ¿á Barrabás ó á Jesús que se dice el Cristo?18Porque sabía que por envidia le habían entregado.

El día despuntó. ¡Un día como no hubo otro en la historia del mundo y de la eternidad! La primera hora de la mañana encontró a los principales sacerdotes y a los ancianos maquinando la ejecución que habían decidido. Pero alguien vino a visitarlos; lo conocían bien: era el traidor, gracias al cual habían conseguido sus fines. ¿Qué quería? Judas atestiguó la inocencia de su Maestro, les devolvió el dinero y expresó su remordimiento. “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!”, contestaron ellos sin ninguna compasión. ¡Entonces el miserable fue y se ahorcó, perdiendo su alma junto con la vida, sin hablar del dinero por el cual la había vendido! ¡En cuanto a los sacerdotes que no habían tenido escrúpulos para comprar la sangre inocente, temieron cuando se trató de poner el precio en el tesoro del templo!

Jesús fue conducido ante Pilato, el gobernador. Le hubiera sido fácil hallar en este magistrado romano un apoyo contra el odio de su pueblo. Pero guardó silencio, salvo para reconocer su título de rey de los judíos. Isaías ya lo había profetizado: “Como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca” (Isaías 53:7; comp. con los versículos 12 y 14 y 26:63).

Mateo 27:19-31
19Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él.20Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesús matase.21Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: á Barrabás.22Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesús que se dice el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado.23Y el presidente les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más, diciendo: Sea crucificado.24Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo veréis lo vosotros.25Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.26Entonces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesús, le entregó para ser crucificado.27Entonces los soldados del presidente llevaron á Jesús al pretorio, y juntaron á él toda la cuadrilla;28Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana;29Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: ­Salve, Rey de los Judíos!30Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza.31Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.

Grande fue la perplejidad de Pilato frente al acusado que le trajeron los jefes de los judíos. Nunca había tenido ante sí un hombre como aquél. Un doble testimonio: el de su mujer (v. 19) y el de su propia conciencia (fin del v. 24) le daban la convicción de que estaba enfrentándose a un justo. Además, conocía la perversidad de los que se lo habían entregado por envidia (v. 18). ¿Qué hacer? Si lo condenaba, cometía una injusticia, pero si lo liberaba, su popularidad se vería afectada. Lavándose simbólicamente las manos (pero no su conciencia), echó la responsabilidad sobre el pueblo, el cual la aceptó con los ojos cerrados. Detrás de esta muchedumbre, movida por los más salvajes instintos, y detrás de sus jefes que la excitaban, Satanás proseguía su obra de odio. Pero Dios también proseguía su obra de gracia y salvación.

Jesús estaba en manos de soldados vulgares. Le pusieron un simulacro de vestidura real para mofarse de él antes de llevarlo al suplicio. Pero un día, a la vista de todos, el Señor aparecerá en toda su majestad de Rey de reyes. Y su mano poderosa, esta mano que entonces asía una caña, se levantará en juicio contra sus enemigos (comp. v. 29 con Salmo 21:3, 5, 8).

Mateo 27:32-49
32Y saliendo, hallaron á un Cireneo, que se llamaba Simón: á éste cargaron para que llevase su cruz.33Y como llegaron al lugar que se llamaba Gólgotha, que es dicho, El lugar de la calavera,34Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beber lo35Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.36Y sentados le guardaban allí.37Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS.38Entonces crucificaron con él dos ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda.39Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas,40Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate á ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.41De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los Fariseos y los ancianos, decían:42á otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.43Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.44Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él.45Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.46Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?47Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste.48Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, dábale de beber.49Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías á librarle.

Jesús fue conducido del pretorio al Calvario. Simón de Cirene fue obligado a llevar Su cruz, pero Jesús iba a llevar sobre sí voluntariamente una carga tan pesada que no tenía comparación. Se trata del pecado, que nadie pudo llevar en su lugar. Fue crucificado entre dos malhechores. “Su causa escrita” encima de la cruz acusaba en realidad a un pueblo que crucificó a su Rey. Este relato nos es dado brevemente, sin los detalles que los hombres hubieran agregado para conmover los sentimientos. Sin embargo, a través del sobrio lenguaje del Espíritu, comprendemos que ninguna forma de sufrimiento fue ahorrada al muy amado Salvador. Sufrimientos físicos, pero ante todo, indecibles heridas morales. Allí estaban los burladores provocándolo y desafiándolo a salvarse a sí mismo (v. 40). Pero si se quedó en la cruz, ¿no fue precisamente para salvar a los hombres? Ellos provocaban a Dios poniendo en duda su amor hacia Cristo, quien sentía infinitamente este ultraje (v. 43; Salmo 69:9). Pero para Jesús, el sufrimiento supremo fue el abandono que padeció durante las tres últimas horas en el madero, cuando Dios escondió su rostro, y fue hecho maldición para expiar nuestros pecados. ¡Dios hirió a su Hijo con los golpes que merecían nuestros pecados, los míos y los suyos!

Mateo 27:50-66
50Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.51Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron;52Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;53Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos.54Y el centurión, y los que estaban con él guardando á Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era éste.55Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea á Jesús, sirviéndole:56Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.57Y como fué la tarde del día, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también había sido discípulo de Jesús.58Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús: entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.59Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,60Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.61Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.62Y el siguiente día, que es después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos á Pilato,63Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.64Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.65Y Pilato les dijo: Tenéis una guardia: id, aseguradlo como sabéis.66Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia.

La obra de la expiación se ha cumplido, la victoria se ha obtenido. Con un poderoso grito de triunfo, Cristo entró en la muerte: “Consumado es” (Juan 19:30). Y enseguida Dios dio otras pruebas de esta victoria: el velo del templo se rasgó de arriba abajo abriendo “un camino nuevo y vivo” por donde en adelante el hombre podría penetrar en su presencia con plena libertad (Hebreos 10:19-21). Los sepulcros fueron abiertos. La muerte fue vencida y tuvo que devolver algunos de sus prisioneros.

Luego, Dios cuidó el honor debido a su Hijo. Conforme a la profecía, Jesús ocupó la tumba de un hombre rico que piadosamente se ocupó de su sepultura (Isaías 53:9). A excepción de José de Arimatea, el evangelio de Mateo no muestra a ningún discípulo presente en esa hora. En cambio, algunas mujeres cuya devoción es recordada asisten a toda la escena. El amor sepultó a Aquel a quien el odio había crucificado.

Del principio al fin de este evangelio, el odio del hombre se ha encarnizado contra Jesús. En su cuna, este odio fue manifestado por Herodes, y lo persiguió hasta la tumba, guardada y sellada por los jefes de los judíos, pero tanto los soldados como el sello y la piedra fueron vanas precauciones; sólo sirvieron, al contrario, para demostrar de manera más brillante la realidad de la resurrección.

Mateo 28:1-20
1Y LA víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.2Y he aquí, fué hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella.3Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.4Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.5Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis á Jesús, que fué crucificado.6No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor.7E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros á Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho.8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y mientras iban á dar las nuevas á sus discípulos,9He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron.10Entonces Jesús les dice: No temáis: id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galilea, y allí me verán.11Y yendo ellas, he aquí unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.12Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero á los soldados,13Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros.14Y si esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros.15Y ellos, tomando el dinero, hicieron como estaban instruídos: y este dicho fué divulgado entre los Judíos hasta el día de hoy.16Mas los once discípulos se fueron á Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.17Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.18Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.19Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:20Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Era la mañana triunfal de la resurrección. Con ella, Dios dio un brillante testimonio de la perfección de la víctima y de la entera satisfacción que hallaba en la obra cumplida. La guardia, apostada delante del sepulcro, lejos de poder oponerse a este maravilloso acontecimiento, fue testigo involuntario y aterrorizado (Salmo 48:5). Pero los sacerdotes, totalmente endurecidos, compraron la conciencia de estos hombres, como lo habían hecho con la de Judas.

Llegando al sepulcro, las mujeres recibieron el mensaje del ángel. Con el corazón lleno de temor y de gozo a la vez, se apresuraron para comunicárselo a los discípulos; entonces se encontraron con el Señor en persona.

Después Jesús se apareció a los once apóstoles en la cita que él mismo les fijó en Galilea. En los versículos 19 y 20, les dio una consigna, una misión aún más importante ya que era la última voluntad de aquel que se las confiaba. No olvidemos la responsabilidad que tenemos como testigos del Evangelio. Jesús prometió a los suyos su presencia y fidelidad permanentes con estas consoladoras palabras: “Yo estoy con vosotros todos los días” (v. 20). Así termina el evangelio de Emanuel, como había empezado: Dios con nosotros (1:23).

Jeremías

Jeremías 1:1-19
1LAS palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anathoth, en tierra de Benjamín.2La palabra de Jehová que fué á él en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año décimotercio de su reinado.3Fué asimismo en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedechîas hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalem en el mes quinto.4Fué pues palabra de Jehová á mí, diciendo:5Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te dí por profeta á las gentes.6Y yo dije: ­Ah! ­ah! ­Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.7Y díjome Jehová: No digas, soy niño; porque á todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré.8No temas delante de ellos, porque contigo soy para librarte, dice Jehová.9Y extendió Jehová su mano, y tocó sobre mi boca; y díjome Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.10Mira que te he puesto en este día sobre gentes y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar.11Y la palabra de Jehová fué á mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Yo veo una vara de almendro.12Y díjome Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.13Y fué á mí palabra de Jehová segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Yo veo una olla que hierve; y su haz está de la parte del aquilón.14Y díjome Jehová: Del aquilón se soltará el mal sobre todos los moradores de la tierra.15Porque he aquí que yo convoco todas las familias de los reinos del aquilón, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su asiento á la entrada de las puertas de Jerusalem, y junto á todos sus muros en derredor, y en todas las ciudades de Judá.16Y á causa de toda su malicia, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, é incensaron á dioses extraños, y á hechuras de sus manos se encorvaron.17Tú pues, ciñe tus lomos, y te levantarás, y les hablarás todo lo que te mandaré: no temas delante de ellos, porque no te haga yo quebrantar delante de ellos.18Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortalecida, y como columna de hierro, y como muro de bronce sobre toda la tierra, á los reyes de Judá, á sus príncipes, á sus sacerdotes, y al pueblo de la tierra.19Y pelearán contra ti, mas no te vencerán; porque yo soy contigo, dice Jehová, para librarte.

El libro de Jeremías nos retrotrae al tiempo de los últimos reyes de Judá antes de la cautividad. La aparición de un profeta es siempre el indicio del mal estado del pueblo de Israel, pero también una prueba de la gracia de Dios. Jehová había puesto aparte, desde antes de su nacimiento, a ese joven sacerdote para el servicio al cual lo destinaba (comp. Gálatas 1:15). Como buen tímido, Jeremías empieza por resistirse al llamado de Dios, diciendo: “Soy niño”. No hables así, le responde Jehová. Qué importa tu capacidad, puesto que no dirás ni harás nada más que lo que yo te mande. Es lo que expresamos cuando cantamos: «Nuestra misma impotencia es nuestra seguridad quien no quiere nada sin él, todo lo puede gracias a Su bondad».

Para alentar a su joven mensajero, Dios le da dos notables visiones: la vara de almendro («el árbol que vela», porque es el primero en florecer) recuerda la vara de Aarón, la que en otro tiempo había reverdecido, echado flores y producido almendras (Números 17:8) y confirma la decisión de ese Dios vigilante y fiel. Es necesario, pues, apresurarse a advertir al pueblo y urgirle a que se arrepienta, porque la olla que hierve anuncia la inminente amenaza de enemigos que vienen del norte. ¡Difícil tarea! Pero Jeremías recibe la fuerza de lo alto (v. 18) con una promesa: “Yo estoy contigo” (v. 19; véase también cap. 15:20).

Jeremías 2:1-18
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Anda, y clama á los oídos de Jerusalem, diciendo: Así dice Jehová: Heme acordado de ti, de la misericordia de tu mocedad, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.3Santidad era Israel á Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoran pecarán; mal vendrá sobre ellos, dice Jehová.4Oid la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.5Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad, y tornáronse vanos?6Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de tierra de Egipto, que nos hizo andar por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?7Y os metí en tierra de Carmelo, para que comieseis su fruto y su bien: mas entrasteis, y contaminasteis mi tierra, é hicisteis mi heredad abominable.8Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.9Por tanto entraré aún en juicio con vosotros, dijo Jehová, y con los hijos de vuestros hijos pleitearé.10Porque pasad á las islas de Chîttim y mirad; y enviad á Cedar, y considerad cuidadosamente, y ved si se ha hecho cosa semejante á ésta:11Si alguna gente ha mudado sus dioses, bien que ellos no son dioses. Pero mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha.12Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová.13Porque dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme á mí, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen aguas.14¿Es Israel siervo? ¿es esclavo? ¿por qué ha sido dado en presa?15Los cachorros de los leones bramaron sobre él, dieron su voz; y pusieron su tierra en soledad; quemadas están sus ciudades, sin morador.16Aun los hijos de Noph y de Taphnes te quebrantaron la mollera.17¿No te acarreó esto tu dejar á Jehová tu Dios, cuando te hacía andar por camino?18Ahora pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿y qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del río?

Las primeras palabras que Jehová pone en boca de Jeremías están destinadas a reconquistar el corazón de su pueblo olvidadizo… ¡fiel imagen de nuestro propio corazón! Y es como si el Señor nos preguntara con ternura: ¿Te acuerdas de ese tiempo feliz que siguió a tu conversión? Entonces, ¡cómo ardías de celo y reconocimiento! Por cierto, andabas en este mundo como en un desierto, “en tierra no sembrada”. Pero yo te bastaba plenamente. Si bien te olvidaste de aquel tiempo, yo en cambio he guardado el recuerdo de él. Porque me era agradable ese ardor de tus afectos, ese gozo de tu primer amor (Apocalipsis 2:4).

¡Ay! dice Jehová, “mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha” (v. 11 y 8 al final). Sea sincero, lector, si tal vez se ha alejado del Señor: ello ¿le ha sido provechoso? Él es la “fuente de agua viva”; ¡qué locura es abandonarle para cavarse “cisternas rotas que no retienen agua”! o para ir a beber a los ríos de Egipto y Asiria, figuras del mundo (v. 18). Porque “cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; pero el que bebiere del agua que Jesús da, no tendrá sed jamás” (Juan 4:10, 13 y 14).

Jeremías 2:19-37
19Tu maldad te castigará, y tu apartamiento te condenará: sabe pues y ve cuán malo y amargo es tu dejar á Jehová tu Dios, y faltar mi temor en tí, dice el Señor Jehová de los ejércitos.20Porque desde muy atrás he quebrado tu yugo, y roto tus ataduras; y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol umbroso, corrias tú, oh ramera.21Y yo te planté de buen vidueño, simiente verdadera toda ella: ¿cómo pues te me has tornado sarmientos de vid extraña?22Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre tí, tu pecado está sellado delante de mí, dijo el Señor Jehová.23¿Como dices: No soy inmunda, nunca anduve tras los Baales? Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho, dromedaria ligera que frecuentas sus carreras;24Asna montés acostumbrada al desierto, que respira como quiere; ¿de su ocasión quién la detendrá? Todos los que la buscaren no se cansarán; hallaránla en su mes.25Defiende tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas dijiste: Hase perdido la esperanza; en ninguna manera: porque extraños he amado y tras ellos tengo de ir.26Como se avergüenza el ladrón cuando es tomado, así se avergonzarán la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes, y sus profetas;27Que dicen al leño: Mi padre eres tú; y á la piedra: Tú me has engendrado: pues me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su trabajo dicen: Levántate, y líbranos.28¿Y dónde están tus dioses que hiciste para tí? Levántense, á ver si te podrán librar en el tiempo de tu aflicción: porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses.29¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros prevaricasteis contra mí, dice Jehová.30Por demás he azotado vuestros hijos; no han recibido corrección. Cuchillo devoró vuestros profetas como león destrozador.31Oh generación! ved vosotros la palabra de Jehová. ¿He sido yo á Israel soledad, ó tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Señores somos; nunca más vendremos á tí?32¿Olvídase la virgen de su atavío, ó la desposada de sus sartales? mas mi pueblo se ha olvidado de mí por días que no tienen número.33¿Por qué abonas tu camino para hallar amor, pues aun á las malvadas enseñaste tus caminos?34Aun en tus faldas se halló la sangre de las almas de los pobres, de los inocentes: no la hallé en excavación, sino en todas estas cosas.35Y dices: Porque soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí. He aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he pecado.36¿Para qué discurres tanto, mudando tus caminos? También serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de Asiria.37También saldrás de él con tus manos sobre tu cabeza: porque Jehová deshechó tus confianzas, y en ellas no tendrás buen suceso.

El abandono del primer amor siempre es el punto de partida —oculto al principio— de muchos otros males. Dios había sacado a Israel fuera de Egipto para que le sirviera (Éxodo 4:23). Y vemos cómo este pueblo le declara descaradamente: “No serviré” (v. 20; comp. en Nehemías 3:5 el ejemplo de los jefes tecoítas). También es la triste respuesta de numerosos cristianos a aquel que los salvó ¡aun cuando no se atrevan a formularla en alta voz! Podemos asegurarles que se engañan a sí mismos. Porque es imposible no servir a un amo. Rehusarse a obedecer al Señor es caer en la esclavitud de los ídolos (v. 28).

Al seguir adelante en su rebelión contra Jehová, ese pueblo malo, deliberadamente le volvió la espalda (v. 27). Con una incalificable ingratitud se olvidó de aquel que solamente le había hecho bien (v. 32). ¡Pobre pueblo! Dios procura abrirle los ojos. Le invita a volverse y a considerar las sinuosas huellas que dejó tras él (v. 23; véase cap. 14:10). Queridos amigos cristianos, a veces también es necesario hacer un balance y considerar nuestros caminos. ¡Cuántos pasos dados en falso, cuántos rodeos y callejones sin salida en los que nos hemos extraviado porque no quisimos seguir el camino recto y simple de la voluntad del Señor!

Jeremías 3:11-25; Jeremías 4:1-2
11Y díjome Jehová: Justificado ha su alma la rebelde Israel en comparación de la desleal Judá.12Ve, y clama estas palabras hacia el aquilón, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre vosotros: porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo.13Conoce empero tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y tus caminos has derramado á los extraños debajo de todo árbol umbroso, y no oiste mi voz, dice Jehová.14Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo: y os tomaré uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sión;15Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten de ciencia y de inteligencia.16Y acontecerá, que cuando os multiplicareis y creciereis en la tierra, en aquellos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la visitarán, ni se hará más.17En aquel tiempo llamarán á Jerusalem Trono de Jehová, y todas las gentes se congregarán á ella en el nombre de Jehová en Jerusalem: ni andarán más tras la dureza de su corazón malvado.18En aquellos tiempos irán de la casa de Judá á la casa de Israel, y vendrán juntamente de tierra del aquilón á la tierra que hice heredar á vuestros padres.19Yo empero dije: ¿Cómo te pondré por hijos, y te daré la tierra deseable, la rica heredad de los ejércitos de las gentes? Y dije: Padre mío me llamarás, y no te apartarás de en pos de mí.20Mas como la esposa quiebra la fe de su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová.21Voz sobre las alturas fué oída, llanto de los ruegos de los hijos de Israel; porque han torcido su camino, de Jehová su Dios se han olvidado.22Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos á tí; porque tú eres Jehová nuestro Dios.23Ciertamente vanidad son los collados, la multitud de los montes: ciertamente en Jehová nuestro Dios está la salud de Israel.24Confusión consumió el trabajo de nuestros padres desde nuestra mocedad; sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus hijas.25Yacemos en nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre: porque pecamos contra Jehová nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día; y no hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios.
1SI te has de convertir, oh Israel, dice Jehová, conviértete á mí; y si quitares de delante de mí tus abominaciones, no andarás de acá para allá.2Y jurarás, diciendo, Vive Jehová, con verdad, con juicio, y con justicia: y bendecirse han en él las gentes, y en él se gloriarán.

Este capítulo 3 representa a Israel como una esposa infiel que olvidó los vínculos que la unen a Jehová, su Esposo. Y en ese camino de iniquidad, Judá fue todavía más lejos que las diez tribus de Israel, agregando a su infidelidad la perfidia: su traición se agravó con la hipocresía. Sin embargo, históricamente estamos aquí bajo el reinado del piadoso Josías. Pero el corazón del pueblo no siguió verdaderamente a su rey en el despertar cuya señal éste había dado (véase v. 10 y 2 Crónicas 34:33). Judá había fingido volverse a Jehová. Tal es su perfidia, peor a los ojos de Dios que el abandono puro y simple.

¡Cuán conmovedores son estos llamados: “Vuélvete… porque misericordioso soy yo… Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones”! (v. 12, 14, 22; 4:1). Pero en el versículo 22 ¡cuánto tiempo, cuántos siglos han transcurrido entre el llamado de Dios y la respuesta del pueblo, ya que Dios aguarda todavía esa respuesta de Israel!

“Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”, escribirá Pablo a los corintios (2 Corintios 11:2). Tal relación con el Señor implica corazones no compartidos. La Iglesia, esposa de Cristo, más privilegiada que Israel, es todavía más responsable de guardar sus afectos por Él.

Jeremías 5:1-6; 20-31
1DISCURRID por las plazas de Jerusalem, y mirad ahora, y sabed, y buscad en sus plazas si halláis hombre, si hay alguno que haga juicio, que busque verdad; y yo la perdonaré.2Y si dijeren: Vive Jehová; por tanto jurarán mentira.3Oh Jehová, ¿no miran tus ojos á la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse.4Yo empero dije: Por cierto ellos son pobres, enloquecido han, pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios.5Irme he á los grandes, y hablaréles; porque ellos conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. Ciertamente ellos también quebraron el yugo, rompieron las coyundas.6Por tanto, león del monte los herirá, destruirálos lobo del desierto, tigre acechará sobre sus ciudades; cualquiera que de ellas saliere, será arrebatado: porque sus rebeliones se han multiplicado, hanse aumentado sus deslealtades.
20Denunciad esto en la casa de Jacob, y haced que esto se oiga en Judá, diciendo:21Oid ahora esto, pueblo necio y sin corazón, que tienen ojos y no ven, que tienen oídos y no oyen:22¿A mí no temeréis? dice Jehová; ¿no os amedrentaréis á mi presencia, que al mar por ordenación eterna, la cual no quebrantará, puse arena por término? Se levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán.23Empero este pueblo tiene corazón falso y rebelde; tornáronse y fuéronse.24Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora á Jehová Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo; los tiempos establecidos de la siega nos guarda.25Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas; y vuestros pecados apartaron de vosotros el bien.26Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone lazos; pusieron trampa para tomar hombres.27Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño: así se hicieron grandes y ricos.28Engordaron y pusiéronse lustrosos, y sobrepujaron los hechos del malo: no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo hiciéronse prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron.29¿No tengo de visitar sobre esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma?30Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra:31Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué pues haréis á su fin?

Pese a la existencia de hermosas profesiones de fe, sería dificultoso hallar en Jerusalén alguien que hiciera justicia, que buscase verdad (v. 1; véase también Ezequiel 22:30). El Dios de misericordia estaría dispuesto a perdonar a la ciudad culpable a causa de un solo hombre (v. 1; comp. Génesis 18:23 y sig.) Por desgracia, esa fidelidad agradable a Dios no se halló entre la gente del pueblo ni entre los grandes, mejor instruidos y, por ende, más responsables (comp. Salmo 62:9). El final del capítulo lo confirma tristemente, como así también toda la historia de Jeremías.

“Son pobres, han enloquecido” (v. 4). ¿No es lo mismo que se puede decir de las multitudes que hoy van inconscientemente a la perdición?

En vano Jehová castigó a su pueblo. “No les dolió… no quisieron recibir corrección… no quisieron convertirse” (v. 3; Sofonías 3:2). ¿Qué puede hacer un médico cuando su enfermo, con el pretexto de que no sufre, rehúsa tomar sus medicamentos? Nunca esquivemos esa necesaria corrección. Y conservemos una muy sensible conciencia para lo que el Señor quiere decirnos por este medio. Si no “¿qué, pues, haréis cuando llegue el fin?”, pregunta el profeta (v. 31).

Jeremías 6:16-30
16Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.17Desperté también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad á la voz de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos.18Por tanto oid, gentes, y conoce, oh conjunto de ellas.19Oye, tierra. He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon á mis palabras, y aborrecieron mi ley.20¿A qué viene para mí este incienso de Seba, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son á mi voluntad, ni vuestros sacrificios me dan gusto.21Por tanto Jehová dice esto: He aquí yo pongo á este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos juntamente, el vecino y su cercano perecerán.22Así ha dicho Jehová: He aquí que viene pueblo de tierra del aquilón, y gente grande se levantará de los cantones de la tierra.23Arco y escudo arrebatarán; crueles son, que no tendrán misericordia; sonará la voz de ellos como la mar, y montarán á caballo como hombres dispuestos para la guerra, contra ti, oh hija de Sión.24Su fama oimos, y nuestras manos se descoyuntaron; apoderóse de nosotros angustia, dolor como de mujer que pare.25No salgas al campo, ni andes por camino; porque espada de enemigo y temor hay por todas partes.26Hija de mi pueblo, cíñete de saco, y revuélcate en ceniza; hazte luto como por hijo único, llanto de amarguras: porque presto vendrá sobre nosotros el destruidor.27Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre: conocerás pues, y examinarás el camino de ellos.28Todos ellos príncipes rebeldes, andan con engaño; son cobre y hierro: todos ellos son corruptores.29Quemóse el fuelle, del fuego se ha consumido el plomo: por demás fundió el fundidor, pues los malos no son arrancados.30Plata desechada los llamarán, porque Jehová los desechó.

Poco a poco, el profeta cambia de tono. A los acentos del amor divino les suceden los de la ira. Jehová se dispone a “visitar” a su pueblo con juicio (v. 6 y 15; Isaías 10:3). Se servirá de un enemigo que viene del norte (v. 22), como lo predecía la olla hirviente del capítulo 1, lista para verter su temible contenido e inundar la tierra de Israel. Pero un nuevo llamado de gracia se intercala entre esos castigos. Escuchémoslo, pues se dirige a cada uno de nosotros: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (v. 16; 7:23). Esas antiguas sendas de fidelidad y separación del mundo no son las más fáciles; a veces uno camina solo en ellas. Pero son las seguras sendas antiguas, trazadas y verificadas por los que nos precedieron, «sendas de fortalecimiento en las que la felicidad abunda, en las que todo es paz pese a la aridez del lugar». Rehusemos los caminos más anchos y agradables que se nos ofrecen. Busquemos con cuidado ese “buen camino”, esas “sendas de justicia” (Salmo 23:3) y de verdad, en nuestra guía: la Palabra de Dios. ¡Y andemos en ese camino!

Jeremías 7:1-20
1PALABRA que fué de Jehová á Jeremías, diciendo:2Ponte á la puerta de la casa de Jehová, y predica allí esta palabra, y di: Oid palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar á Jehová.3Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar.4No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es éste.5Mas si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con exactitud hiciereis derecho entre el hombre y su prójimo,6Ni oprimiereis al peregrino, al huérfano, y á la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro;7Os haré morar en este lugar, en la tierra que dí á vuestros padres para siempre.8He aquí vosotros os confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan.9¿Hurtando, matando, y adulterando, y jurando falso, é incensando á Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis,10Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos: para hacer todas estas abominaciones?11¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa, sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo veo, dice Jehová.12Andad empero ahora á mi lugar que fué en Silo, donde hice que morase mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.13Ahora pues, por cuanto habéis vosotros hecho todas estas obras, dice Jehová, y bien que os hablé, madrugando para hablar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis;14Haré también á esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y á este lugar que dí á vosotros y á vuestros padres, como hice á Silo:15Que os echaré de mi presencia como eché á todos vuestros hermanos, á toda la generación de Ephraim.16Tú pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.17¿No ves lo que estos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem?18Los hijos cogen la leña, y los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas á la reina del cielo y para hacer ofrendas á dioses ajenos, por provocarme á ira.19¿Provocaránme ellos á ira, dice Jehová, y no más bien obran ellos mismos para confusión de sus rostros?20Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: He aquí que mi furor y mi ira se derrama sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo, y sobre los frutos de la tierra; y encenderáse, y no se apagará.

Jehová envía a Jeremías a la puerta del templo para pronunciar allí un severo discurso, porque el pueblo de Jerusalén, pese a su rebelión, se ufanaba ruidosamente de poseer “el templo de Jehová” y seguía practicando en él un culto puramente formal. ¡Qué inconsecuencia! Lo que le daba valor al templo ¿no era Aquel que lo habitaba? (Mateo 23:21). Pero ellos lo negaban por medio de sus malas acciones, de las cuales el versículo 9 nos da una horrible lista. Pisoteaban casi toda la ley de Dios sin temer ponerse delante de Él en su casa (v. 10). Hacían de ésta una cueva de ladrones (v. 11, citado por el Señor) y la contaminaban con sus abominaciones (v. 10). La cristiandad nominal ofrece hoy el mismo doble cuadro: respeto por las formas exteriores, pero trágica ausencia de vida interior (Apocalipsis 3:1). Y cada uno de nosotros, si no velamos, estamos expuestos a ese peligro: contentarnos con las formas de la piedad y negar su eficacia… la cual es el amor por el Señor (2 Timoteo 3:5). Dios quiere realidad en nuestras vidas. Es una ofensa que se le infiere cuando se presume de tener relaciones con él sin previamente haberse separado del mal.

Mucho tiempo Jehová habló y el pueblo rehusó escucharle. Ahora Él es quien rehúsa oír, aun la oración del profeta (v. 16).

Jeremías 8:1-22
1EN aquel tiempo, dice Jehová, sacarán los huesos de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y los huesos de los moradores de Jerusalem, fuera de sus sepulcros;2Y los esparcirán al sol, y á la luna, y á todo el ejército del cielo, á quien amaron, y á quienes sirvieron, y en pos de quienes anduvieron, y á quienes preguntaron, y á quienes se encorvaron. No serán recogidos, ni enterrados: serán por muladar sobre la 3Y escogeráse la muerte antes que la vida por todo el resto que quedare de esta mala generación, en todos los lugares á donde los arrojaré yo á los que quedaren, dice Jehová de los ejércitos.4Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: ¿El que cae, no se levanta? ¿el que se desvía, no torna á camino?5¿Por qué es este pueblo de Jerusalem rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, no han querido volverse.6Escuché y oí; no hablan derecho, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió á su carrera, como caballo que arremete con ímpetu á la batalla.7Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; mas mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.8¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová es con nosotros? Ciertamente, he aquí que en vano se cortó la pluma, por demás fueron los escribas.9Los sabios se avergonzaron, espantáronse y fueron presos: he aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría tienen?10Por tanto daré á otros sus mujeres, y sus heredades á quien las posea: porque desde el chico hasta el grande cada uno sigue la avaricia, desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño.11Y curaron el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.12¿Hanse avergonzado de haber hecho abominación? Por cierto no se han corrido de vergüenza, ni supieron avergonzarse; caerán por tanto entre los que cayeren, cuando los visitaré: caerán, dice Jehová.13Cortarélos de por junto, dice Jehová. No habrá uvas en la vid, ni higos en la higuera, y caeráse la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos.14¿Sobre qué nos aseguramos? Juntaos, y entrémonos en las ciudades fuertes, y allí reposaremos: porque Jehová nuestro Dios nos ha hecho callar, y dádonos á beber bebida de hiel, porque pecamos contra Jehová.15Esperamos paz, y no hubo bien; día de cura, y he aquí turbación.16Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos: del sonido de los relinchos de sus fuertes tembló toda la tierra; y vinieron y devoraron la tierra y su abundancia, ciudad y moradores de ella.17Porque he aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, basiliscos, contra los cuales no hay encantamiento; y os morderán, dice Jehová.18A causa de mi fuerte dolor mi corazón desfallece en mí.19He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová en Sión? ¿no está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas?20Pasóse la siega, acabóse el verano, y nosotros no hemos sido salvos.21Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado.22¿No hay bálsamo en Galaad? ¿no hay allí médico? ¿Por qué pues no hubo medicina para la hija de mi pueblo?

El versículo 3 del capítulo 5 nos mostró que Israel ni siquiera sentía los golpes que Jehová había tenido que darle. Aquí vemos cómo sus responsables se curan a sí mismos las heridas “con liviandad” y pretenden la paz que Dios no les podía dar (v. 11; 6:14). Sin embargo, el “bálsamo de Galaad” (la gracia) estaba a su disposición al igual que el fiel Médico, quien sabía cómo aplicarlo (v. 22; comp. Mateo 9:12). En eso hay una lección para el creyente al que Dios disciplina. Si aceptamos las pruebas que la mano del Señor nos da, porque las considera necesarias, dejémosle también que él mismo vende las llagas que permitió (Job 5:18). No procuremos curarlas superficialmente por nuestros propios medios.

El profeta agrega en el versículo 12: “No se han avergonzado”, lo que es propio de una conciencia endurecida (Sofonías 3:5, al final). Ese pobre pueblo se caracteriza por una indiferencia total en cuanto al mal que cometió.

En el versículo 20 —el cual nos habla de siega terminada y de verano que se acaba— es de subrayar el hecho de que hay un tiempo favorable para ser salvo: hoy. El Señor pronto va a juntar las espigas maduras de su gran siega de almas. Entonces el verano se acabará. ¡Qué terrible despertar para aquellos que deban decir: «Y nosotros no hemos sido salvos»!

Jeremías 9:1-9, 17-26
1OH si mi cabeza se tornase aguas, y mis ojos fuentes de aguas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!2Oh quién me diese en el desierto un mesón de caminantes, para que dejase mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores.3E hicieron que su lengua, como su arco, tirase mentira; y no se fortalecieron por verdad en la tierra: porque de mal en mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová.4Guárdese cada uno de su compañero, ni en ningún hermano tenga confianza: porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda con falsedades.5Y cada uno engaña á su compañero, y no hablan verdad: enseñaron su lengua á hablar mentira, se ocupan de hacer perversamente.6Tu morada es en medio de engaño; de muy engañadores no quisieron conocerme, dice Jehová.7Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los fundiré, y los ensayaré; porque ¿cómo he de hacer por la hija de mi pueblo?8Saeta afilada es la lengua de ellos; engaño habla; con su boca habla paz con su amigo, y dentro de sí pone sus asechanzas.9¿No los tengo de visitar sobre estas cosas? dice Jehová. ¿De tal gente no se vengará mi alma?
17Así dice Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad plañideras que vengan; y enviad por las sabias que vengan:18Y dense prisa, y levanten llanto sobre nosotros, y córranse nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados en aguas se destilen.19Porque voz de endecha fué oída de Sión: ­Cómo hemos sido destruídos! en gran manera hemos sido confundidos. ¿Por qué dejamos la tierra? ¿por qué nos han echado de sí nuestras moradas?20Oíd pues, oh mujeres, palabra de Jehová, y vuestro oído reciba la palabra de su boca; y enseñad endechas á vuestras hijas, y cada una á su amiga, lamentación.21Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios; para talar los niños de las calles, los mancebos de las plazas.22Habla: Así ha dicho Jehová: Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la haz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja.23Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.24Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová.25He aquí que vienen días, dice Jehová, y visitaré sobre todo circuncidado, y sobre todo incircunciso:26A Egipto, y á Judá, y á Edom, y á los hijos de Ammón y de Moab, y á todos los arrinconados en el postrer rincón, que moran en el desierto; porque todas las gentes tienen prepucio, y toda la casa de Israel tiene prepucio en el corazón.

Como en el tiempo de Jeremías, el pueblo de Dios cuenta hoy con muchos heridos de muerte (v. 1). Si los conocemos, presentémoslos en oración al gran Médico que tiene el poder de curarlos (cap. 8:22).

Este capítulo 9 expresa el indecible dolor del profeta. El hecho de hablar severamente a ese pueblo no le impide sentirse extremadamente afligido por él. Ciertamente sufre al pensar en el estado de Israel y en el castigo que le amenaza, pero ante todo a causa de la deshonra proyectada sobre el nombre de Jehová. Si amáramos más al Señor, también tendríamos más tristeza al ver la ingratitud y la indiferencia que tan a menudo responden a su amor.

Meditemos acerca de los importantes versículos 23 y 24 (citados en 1 Corintios 1:31). Es propio de la naturaleza de cada uno sentirse orgulloso de su capacidad y vanagloriarse de lo que posee. El deportista hará resaltar sus hazañas, sus músculos y su agilidad; el buen alumno, sus éxitos escolares; el automovilista, su vehículo más poderoso que el de su vecino. Pero la única cosa de la cual Dios permite que nos gloriemos es la de conocerle (Salmo 20:7; 2 Corintios 10:17). ¿Apreciamos en todo su valor nuestra relación con el Señor Jesús? ¿O a veces nos ocurre que nos avergonzamos de ella?

Jeremías 10:1-25
1OID la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel.2Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las gentes, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las gentes las teman.3Porque las ordenanzas de los pueblos son vanidad: porque leño del monte cortaron, obra de manos de artífice con azuela.4Con plata y oro lo engalanan; con clavos y martillo lo afirman, para que no se salga.5Como palma lo igualan, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos; porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.6No hay semejante á tí, oh Jehová; grande tú, y grande tu nombre en fortaleza.7¿Quién no te temerá, oh Rey de las gentes? porque á tí compete ello; porque entre todos los sabios de las gentes, y en todos sus reinos, no hay semejante á ti.8Y todos se infatuarán, y entontecerán. Enseñanza de vanidades es el mismo leño.9Traerán plata extendida de Tarsis, y oro de Uphaz; obrará el artífice, y las manos del fundidor; vestiránlos de cárdeno y de púrpura: obra de peritos es todo.10Mas Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno: á su ira tiembla la tierra, y las gentes no pueden sufrir su saña.11Les diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos.12El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su prudencia;13A su voz se da muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos.14Todo hombre se embrutece y le falta ciencia; avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor: porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ellos;15Vanidad son, obra de escarnios: en el tiempo de su visitación perecerán.16No es como ellos la suerte de Jacob: porque él es el Hacedor de todo, é Israel es la vara de su herencia: Jehová de los ejércitos es su nombre.17Recoge de las tierras tus mercaderías, la que moras en lugar fuerte.18Porque así ha dicho Jehová: He aquí que esta vez arrojaré con honda los moradores de la tierra, y he de afligirlos, para que lo hallen.19Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa. Yo empero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla.20Mi tienda es destruída, y todas mis cuerdas están rotas: mis hijos fueron sacados de mí, y perecieron: no hay ya más quien extienda mi tienda, ni quien levante mis cortinas.21Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron á Jehová: por tanto no prosperaron, y todo su ganado se esparció.22He aquí que voz de fama viene, y alboroto grande de la tierra del aquilón, para tornar en soledad todas las ciudades de Judá, en morada de culebras.23Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es ordenar sus pasos.24Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, porque no me aniquiles.25Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu nombre: porque se comieron á Jacob, y lo devoraron, y le han consumido, y asolado su morada.

Si bien existe un antiguo y buen camino por el cual hemos de preguntar (cap. 6:16), hay otro que debemos guardarnos de aprender (v. 2): el de las naciones o, dicho de otro modo, el del mundo. De hecho, todos nuestros contactos con éste tienden a impregnarnos de sus maneras de vivir y de pensar. Evidentemente, no podemos sustraernos a sus contactos y algunos de entre nosotros están más particularmente expuestos a ello a causa de sus ocupaciones. Pero, en todo caso, no sintamos ninguna curiosidad ni interés por estas cosas “que están en el mundo” (1 Juan 2:15). El ejemplo de Dina, en Génesis 34:1, constituye una seria advertencia. Desconfiemos de ciertas compañías, de ciertos libros dispuestos a instruirnos acerca de ese peligroso camino. No ignoramos adónde conduce a los que lo siguen (Mateo 7:13). Lo que caracteriza a las naciones del tiempo de Jeremías (lo mismo que al mundo actual) es servir a los ídolos. Dios declara lo que piensa de ellos y lo hace decir a esas naciones en su propio idioma en el versículo 11 (este versículo está escrito en arameo).

El versículo 23 nos recuerda una doble verdad: el día de mañana no nos pertenece para disponer de él (Santiago 4:13). Y no somos capaces de dirigir nuestros propios pasos. Jeremías lo sabía. ¿Lo hemos aprendido cada uno de nosotros?

Jeremías 11:1-23
1PALABRA que fué de Jehová, á Jeremías, diciendo:2Oid las palabras de este pacto, y hablad á todo varón de Judá, y á todo morador de Jerusalem.3Y les dirás tú: Así dijo Jehová Dios de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto,4El cual mandé á vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Oid mi voz, y ejecutad aquéllas, conforme á todo lo que os mando, y me seréis por pueblo, y yo seré á vosotros por Dios;5Para que confirme el juramento que hice á vuestros padres, que les daría la tierra que corre leche y miel, como este día. Y respondí, y dije: Amén, oh Jehová.6Y Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, diciendo: Oid las palabras de este pacto, y ponedlas por obra.7Porque con eficacia protesté a vuestros padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto hasta el día de hoy, madrugando y protestando, diciendo: Oid mi voz.8Mas no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su corazón malvado: por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron.9Y díjome Jehová: Conjuración se ha hallado en los varones de Judá, y en los moradores de Jerusalem.10Hanse vuelto á las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, antes se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres.11Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán á mi, y no los oiré.12E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalem, y clamarán á los dioses á quienes queman ellos inciensos, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal.13Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalem, pusisteis los altares de ignominia, altares para ofrecer sahumerios á Baal.14Tú pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré el día que en su aflicción á mí clamaren.15¿Qué tiene mi amado en mi casa, habiendo hecho abominaciones muchas? Y las carnes santas pasarán de sobre tí, porque en tu maldad te gloriaste.16Oliva verde, hermosa en fruto y en parecer, llamó Jehová tu nombre. A la voz de gran palabra hizo encender fuego sobre ella, y quebraron sus ramas.17Pues Jehová de los ejércitos, que te plantó, ha pronunciado mal contra ti, á causa de la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá, que hicieron á sí mismos, provocándome á ira con incensar á Baal.18Y Jehová me lo hizo saber, y conocílo: entonces me hiciste ver sus obras.19Y yo como cordero inocente que llevan á degollar, pues no entendía que maquinaban contra mí designios, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, y no haya más memoria de su nombre.20Mas, oh Jehová de los ejércitos, que juzgas justicia, que sondas los riñones y el corazón, vea yo tu venganza de ellos: porque á ti he descubierto mi causa.21Por tanto, así ha dicho Jehová de los varones de Anathoth, que buscan tu alma, diciendo: No profetices en nombre de Jehová, y no morirás á nuestras manos:22Así pues ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los visito; los mancebos morirán á cuchillo; sus hijos y sus hijas morirán de hambre;23Y no quedará resto de ellos: porque yo traeré mal sobre los varones de Anathoth, año de su visitación.

Bajo el reinado de Josías, el sacerdote Hilcías (algunos admiten que era el padre de Jeremías: véase cap. 1:1) había encontrado de nuevo el libro de la ley en el transcurso de la restauración del templo (2 Crónicas 34:14). Este libro incluía el Deuteronomio, en cuyo temible capítulo 28 (véase en particular el v. 64) eran anunciadas todas las consecuencias de la inobservancia del pacto. Asustado, Josías se había apresurado a renovar ese pacto en nombre del pueblo (2 Reyes 22:8 y sig.; 23:1-3). Nuestro capítulo muestra cómo el mismo fue violado cada vez más. “Y no hubo ya remedio” (2 Crónicas 36:16, al final). Desde entonces, Dios cierra sus oídos a las oraciones y manda al profeta que no interceda más por el pueblo (v. 14 y 7:16).

Jeremías es el representante de un fiel remanente perseguido, pero a través de él evocamos al Cordero lleno de dulzura, objeto de conspiraciones para destruirle “con su fruto”, “para que no haya más memoria de su nombre” (v. 19; comp. Génesis 37:18; Lucas 10:3). Tal era el vano propósito de los hombres y el de Satanás, quien los inspiraba. Porque el invariable pensamiento de Dios es que el hermoso nombre de Jesús sea honrado para siempre (Filipenses 2:9). Y respondemos a ello cada vez que comemos el pan y bebemos la copa en memoria de él (1 Corintios 11:25-26).

Jeremías 12:1-17
1JUSTO eres tú, oh Jehová, aunque yo contigo dispute: hablaré empero juicios contigo. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?2Plantástelos, y echaron raíces; progresaron, é hicieron fruto; cercano estás tú en sus bocas, mas lejos de sus riñones.3Tu empero, oh Jehová, me conoces; vísteme, y probaste mi corazón para contigo: arráncalos como á ovejas para el degolladero, y señálalos para el día de la matanza.4¿Hasta cuándo estará desierta la tierra, y marchita la hierba de todo el campo? Por la maldad de los que en ella moran, faltaron los ganados, y las aves; porque dijeron: No verá él nuestras postrimerías.5Si corriste con los de á pié, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz estabas quieto, ¿cómo harás en la hinchazón del Jordán?6Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se levantaron contra ti, aun ellos dieron voces en pos de ti. No los creas, cuando bien te hablaren.7He dejado mi casa, desamparé mi heredad, entregado he lo que amaba mi alma en manos de sus enemigos.8Fué para mí mi heredad como león en breña: contra mí dió su voz; por tanto la aborrecí.9¿Esme mi heredad ave de muchos colores? ¿no están contra ella aves en derredor? Venid, reuníos, vosotras todas las bestias del campo, venid á devorarla.10Muchos pastores han destruído mi viña, hollaron mi heredad, tornaron en desierto y soledad mi heredad preciosa.11Fué puesta en asolamiento, y lloró sobre mí, asolada: fué asolada toda la tierra, porque no hubo hombre que mirase.12Sobre todos los lugares altos del desierto vinieron disipadores: porque la espada de Jehová devorará desde el un extremo de la tierra hasta el otro extremo: no habrá paz para ninguna carne.13Sembraron trigo, y segarán espinas; tuvieron la heredad, mas no aprovecharon nada: se avergonzarán de vuestros frutos, á causa de la ardiente ira de Jehová.14Así dijo Jehová contra todos mis malos vecinos, que tocan la heredad que hice poseer á mi pueblo Israel: He aquí que yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio de ellos la casa de Judá.15Y será que, después que los hubiere arrancado, tornaré y tendré misericordia de ellos, y harélos volver cada uno á su heredad, y cada cual á su tierra.16Y será que, si cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre, diciendo, Vive Jehová, así como enseñaron á mi pueblo á jurar por Baal; ellos serán prosperados en medio de mi pueblo.17Mas si no oyeren, arrancaré á la tal gente, sacándola de raíz, y destruyendo, dice Jehová.

Este capítulo 12 nos relata una conversación que mantiene Jehová con Jeremías. Esta vez no se trata de una oración del profeta en favor de Israel, sino de dolorosas preguntas que le oprimen el corazón y que él expone a Dios debido a la amargura de su alma. Los hombres de la ciudad de Anatot, sus conciudadanos, hasta le habían amenazado de muerte si no se callaba (cap. 11:21). Por el versículo 6 nos enteramos de que aun su propia familia había obrado pérfidamente y había dado “gritos” en pos de él (comp. Lucas 4:24-26). Había motivo para hacerle perder el ánimo, pero Jehová comprende la turbación de su siervo (¿no lo había traicionado su propio pueblo?) y le explica lo que Él está obligado a hacer: abandonar el templo contaminado, desamparar a Israel —su herencia— y entregarlo a sus enemigos (v. 7). Se puede pensar cuáles son los sentimientos de Dios al tomar semejantes decisiones. Para que los podamos sopesar, emplea la más conmovedora expresión para referirse a su pueblo: “lo que amaba mi alma”.

Las naciones obraban como malos vecinos; tendrán que soportar las consecuencias. Sin embargo, Dios todavía tenía en reserva bendiciones para Israel y también para esas naciones con tal que aprendieran Sus caminos.

Jeremías 13:1-27
1ASI me dijo Jehová: Ve, y cómprate un cinto de lino, y cíñelo sobre tus lomos, y no lo meterás en agua.2Y compré el cinto conforme á la palabra de Jehová, y púselo sobre mis lomos.3Y fué á mí segunda vez palabra de Jehová, diciendo:4Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y levántate, y ve al Eufrates, y escóndelo allá en la concavidad de una peña.5Fuí pues, y escondílo junto al Eufrates, como Jehová me mandó.6Y sucedió que al cabo de muchos días me dijo Jehová: Levántate, y ve al Eufrates, y toma de allí el cinto que te mandé escondieses allá.7Entonces fuí al Eufrates, y cavé, y tomé el cinto del lugar donde lo había escondido; y he aquí que el cinto se había podrido; para ninguna cosa era bueno.8Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:9Así ha dicho Jehová: Así haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalem,10A este pueblo malo, que no quieren oir mis palabras, que andan en las imaginaciones de su corazón, y se fueron en pos de dioses ajenos para servirles, y para encorvarse á ellos; y vendrá á ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno.11Porque como el cinto se junta á los lomos del hombre, así hice juntar á mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y por fama, y por alabanza y por honra: empero no escucharon.12Les dirás pues esta palabra: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Henchiráse de vino todo odre. Y ellos te dirán: ¿No sabemos que todo odre se henchirá de vino?13Entonces les has de decir: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo lleno de embriaguez todos los moradores de esta tierra, y á los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su trono, y á los sacerdotes y profetas, y á todos los moradores de Jerusalem;14Y quebrantarélos el uno con el otro, los padres con los hijos juntamente, dice Jehová: no perdonaré, ni tendré piedad ni misericordia, para no destruirlos.15Escuchad y oid; no os elevéis: pues Jehová ha hablado.16Dad gloria á Jehová Dios vuestro, antes que haga venir tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y os la torne sombra de muerte y tinieblas.17Mas si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma á causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente, se desharán mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fué cautivo.18Di al rey y á la reina: Humillaos, sentaos en tierra; porque la corona de vuestra gloria bajó de vuestras cabezas.19Las ciudades del mediodía fueron cerradas, y no hubo quien las abriese: toda Judá fué trasportada, trasportada fué toda ella.20Alzad vuestros ojos, y ved los que vienen del aquilón: ¿dónde está el rebaño que te fué dado, la grey de tu gloria?21¿Qué dirás cuando te visitará? porque tu los enseñaste á ser príncipes y cabeza sobre ti. ¿No te tomarán dolores como á mujer que pare?22Cuando dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido esto? Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus faldas, fueron desnudos tus calcañares.23¿Mudará el negro su pellejo, y el leopardo sus manchas? Así también podréis vosotros hacer bien, estando habituados á hacer mal.24Por tanto yo los esparciré, como tamo que pasa, al viento del desierto.25Esta es tu suerte, la porción de tus medidas de parte mía, dice Jehová; porque te olvidaste de mí, y confiaste en la mentira.26Yo pues descubriré también tus faldas delante de tu cara, y se manifestará tu ignominia.27Tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación sobre los collados: en el mismo campo vi tus abominaciones. ­Ay de ti, Jerusalem! ¿No serás al cabo limpia? ¿hasta cuándo todavía?

Jehová da una señal a Jerusalén. Se trata de un cinto con el cual Jeremías debe hacer lo siguiente: primero, ceñírselo sin lavarlo jamás; luego, esconderlo junto al Eufrates —a más de 400 kilómetros de distancia—; y finalmente, volver allí a recuperarlo para comprobar entonces que ya no sirve para nada. Luego le explica su significado espiritual. El cinto es un adorno; tiene su lugar cerca del corazón; además, formaba parte de la vestimenta de los sacerdotes (Éxodo 28:40); y Jeremías era uno de ellos. De ese modo, Dios había adherido estrechamente a sí mismo a ese pueblo que debía realzar Su gloria y servirle. Pero el orgullo y el culto de los ídolos habían vuelto a Jerusalén y a Judá tan inmundos e inútiles como un cinto podrido. Como éste serían transportados a las orillas del Eufrates, a Babilonia (final del v. 19), a menos que se humillasen, tal como los más prominentes —el rey y la reina— son invitados a hacerlo como ejemplo. El versículo 23 nos recuerda que el pecado marca al hombre de manera indeleble. No podemos deshacernos de él así como un etíope no está en condiciones de aclarar su piel o un leopardo de borrar sus manchas. Pero, por la virtud de la sangre de Cristo, Dios puede quitar los pecados y dar un corazón nuevo. Es precisamente lo que le ocurrió a un etíope cuya conversión nos cuenta el capítulo 8 de los Hechos.

Jeremías 14:1-22
1PALABRA de Jehová que fué dada á Jeremías, con motivo de la sequía.2Enlutóse Judá, y sus puertas se despoblaron: oscureciéronse en tierra, y subió el clamor de Jerusalem.3Y los principales de ellos enviaron sus criados al agua: vinieron á las lagunas, y no hallaron agua: volviéronse con sus vasos vacíos; se avergonzaron, confundiéronse, y cubrieron sus cabezas.4Porque se resquebrajó la tierra á causa de no llover en el país; confusos los labradores, cubrieron sus cabezas.5Y aun las ciervas en los campos parían, y dejaban la cría, porque no había hierba.6Y los asnos monteses se ponían en los altos, aspiraban el viento como los chacales; sus ojos se ofuscaron, porque no había hierba.7Si nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, haz por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti pecamos.8Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué has de ser como peregrino en la tierra, y como caminante que se aparta para tener la noche?9¿Por qué has de ser como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? tú empero estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares.10Así ha dicho Jehová á este pueblo: Así amaron moverse, ni detuvieron sus pies: por tanto, Jehová no los tiene en voluntad; acordaráse ahora de la maldad de ellos, y visitará sus pecados.11Y díjome Jehová: No ruegues por este pueblo para bien.12Cuando ayunaren, yo no oiré su clamor, y cuando ofrecieren holocausto y ofrenda, no lo aceptaré; antes los consumiré con cuchillo, y con hambre, y con pestilencia.13Y yo dije: ­Ah! ah! Señor Jehová! he aquí que los profetas les dicen: No veréis cuchillo, ni habrá hambre en vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera.14Díjome entonces Jehová: Falso profetizan los profetas en mi nombre: no los envié, ni les mandé, ni les hablé: visión mentirosa, y adivinación, y vanidad, y engaño de su corazón os profetizan.15Por tanto así ha dicho Jehová sobre los profetas que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen, Cuchillo ni hambre no habrá en esta tierra: Con cuchillo y con hambre serán consumidos esos profetas.16Y el pueblo á quien profetizan, echado será en las calles de Jerusalem por hambre y por espada; y no habrá quien los entierre, ellos, y sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas; y sobre ellos derramaré su maldad.17Decirles has, pues, esta palabra: Córranse mis ojos en lágrimas noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy recia.18Si salgo al campo, he aquí muertos á cuchillo; y si me entro en la ciudad, he aquí enfermos de hambre: porque también el profeta como el sacerdote anduvieron rodeando en la tierra, y no conocieron.19¿Has desechado enteramente á Judá? ¿ha aborrecido tu alma á Sión? ¿Por qué nos hiciste herir sin que nos quede cura? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de cura, y he aquí turbación.20Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres: porque contra ti hemos pecado.21Por amor de tu nombre no nos deseches, ni trastornes el trono de tu gloria: acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros.22¿Hay entre las vanidades de las gentes quien haga llover? ¿y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Jehová, nuestro Dios? en ti pues esperamos; pues tú hiciste todas estas cosas.

Dios habla a Israel no sólo mediante la voz del profeta, sino también al enviar la sequía y el hambre. El profeta confiesa las iniquidades de su pueblo —por desgracia es el único en hacerlo— y suplica a Jehová por él. A causa de su amor por ese pueblo no puede dejar de orar por él. No tiene ningún argumento en que apoyar su ruego. Entonces le pide a Dios: “Actúa por amor de tu nombre” (v. 7 y 20-21; Ezequiel 20:9; Daniel 9:19). Ese es el más elevado motivo para pedir a Dios que intervenga. En su tiempo también Josué apeló a ese mismo argumento: “¿Qué harás tú a tu grande nombre?” (Josué 7:9). De nuestro lado todo es miseria. ¿Qué podemos invocar para hacer actuar el brazo de Dios? Sólo una cosa: el nombre de Jesús. Él mismo nos reveló el maravilloso poder de ese nombre (Juan 15:16). El Padre no puede dejar de responder a las oraciones que se le dirigen en ese nombre al que ama. Y, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Los versículos 13 a 19 hablan de falsos profetas que tranquilizan al pueblo por medio de mentiras. Ellos mismos soportarán, con los que los escuchan, el castigo en el cual se rehusaron a creer.

Jeremías 15:1-21
1Y DIJOME Jehová: Si Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, mi voluntad no será con este pueblo: échalos de delante de mí, y salgan.2Y será que si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás: Así ha dicho Jehová: El que á muerte, á muerte; y el que á cuchillo, á cuchillo; y el que á hambre, á hambre; y el que á cautividad, á cautividad.3Y enviaré sobre ellos cuatro géneros, dice Jehová: cuchillo para matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la tierra, para devorar y para disipar.4Y entregarélos á ser agitados por todos los reinos de la tierra, á causa de Manasés hijo de Ezechîas rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalem.5Porque ¿quién tendrá compasión de ti, oh Jerusalem? ¿ó quién se entristecerá por tu causa? ¿ó quién ha de venir á preguntar por tu paz?6Tú me dejaste, dice Jehová, atrás te volviste: por tanto yo extenderé sobre ti mi mano, y te destruiré; estoy cansado de arrepentirme.7Y aventélos con aventador hasta las puertas de la tierra; desahijé, desbaraté mi pueblo; no se tornaron de sus caminos.8Sus viudas se multiplicaron más que la arena de la mar; traje contra ellos destruidor á medio día sobre la madre y los hijos; sobre la ciudad hice que de repente cayesen terrores.9Enflaquecióse la que parió siete; llenóse de dolor su alma; su sol se le puso siendo aún de día; fué avergonzada y llena de confusión: y lo que de ella quedare, entregarélo á cuchillo delante de sus enemigos, dice Jehová.10Ay de mí, madre mía, que me has engendrado hombre de contienda y hombre de discordia á toda la tierra! Nunca les dí á logro, ni lo tomé de ellos; y todos me maldicen.11Dijo Jehová: De cierto tus reliquias serán en bien; de cierto haré que el enemigo te salga á recibir en el tiempo trabajoso, y en el tiempo de angustia.12¿Quebrará el hierro al hierro de la parte de aquilón, y al bronce?13Tus riquezas y tus tesoros daré á saco sin ningún precio, por todos tus pecados, y en todos tus términos;14Y te haré pasar á tus enemigos en tierra que no conoces: porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre vosotros.15Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y véngame de mis enemigos. No me tomes en la prolongación de tu enojo: sabes que por amor de ti sufro afrenta.16Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fué por gozo y por alegría de mi corazón: porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.17No me senté en compañia de burladores, ni me engreí á causa de tu profecía; sentéme solo, porque me llenaste de desabrimiento.18¿Por qué fué perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió cura? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?19Por tanto así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te repondré, y delante de mí estarás; y si sacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos á ti, y tú no te conviertas á ellos.20Y te daré para este pueblo por fuerte muro de bronce, y pelearán contra ti, y no te vencerán: porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová.21Y librarte he de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes.

Una vez más Jehová advierte a Jeremías que Él no puede aceptar su intercesión. Tampoco Moisés ni Samuel, cuyas vidas de oración y cuyo amor por Israel conocemos, podrían haber hecho nada en el estado en que se encontraba ese pobre pueblo (véase Salmo 99:6). Jeremías está al borde de la desesperación (v. 10). Apela a Dios como testigo de su fidelidad: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí” (comp. Salmo 119:103). Efectivamente, el libro de la ley había sido hallado en el templo y el joven sacerdote había encontrado delicias en él. Hijos de Dios, es de desear que, como Jeremías, podamos hallar todos los días en la Biblia el alimento para nuestra alma y, al mismo tiempo, el gozo de nuestro corazón. Pablo recordaba a Timoteo que un siervo de Jesucristo debe estar nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina (1 Timoteo 4:6).

Jehová anima a su fiel pero temeroso testigo, quien, por él, sufre “afrenta” (v. 15; Salmo 69:7) y le promete librarle. Le invita a separar lo precioso de lo vil. Un discípulo de Jesucristo debe tener una conciencia delicada para discernir el bien y practicarlo y para juzgar el mal y separarse de él (comp. 1 Pedro 3:10-12). Solamente con esta condición podrá hablar como la boca y el oráculo de Dios (v. 19).

Jeremías 16:1-21
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar.3Porque así ha dicho Jehová acerca de los hijos y de las hijas que nacieren en este lugar, y de sus madres que los parieren, y de los padres que los engendraren en esta tierra.4De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos ni enterrados: serán por muladar sobre la haz de la tierra: y con cuchillo y con hambre serán consumidos, y sus cuerpos serán para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.5Porque así ha dicho Jehová: No entres en casa de luto, ni vayas á lamentar, ni los consueles: porque yo he quitado mi paz de este pueblo, dice Jehová, mi misericordia y piedades.6Y morirán en esta tierra grandes y chicos: no se enterrarán, ni los plañirán, ni se arañarán, ni se mesarán por ellos;7Ni por ellos partirán pan por luto, para consolarlos de sus muertos; ni les darán á beber vaso de consolaciones por su padre ó por su madre.8Asimismo no entres en casa de convite, para sentarte con ellos á comer ó á beber.9Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo haré cesar en este lugar, delante de vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de alegría, toda voz de esposo y toda voz de esposa.10Y acontecerá que cuando anunciares á este pueblo todas estas cosas, te dirán ellos: ¿Por qué habló Jehová sobre nosotros este mal tan grande? ¿y qué maldad es la nuestra, ó qué pecado es el nuestro, que cometiéramos contra Jehová nuestro Dios?11Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron, dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los sirvieron, y á ellos se encorvaron, y me dejaron á mí, y no guardaron mi ley;12Y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su malvado corazón, no oyéndome á mí.13Por tanto, yo os haré echar de esta tierra á tierra que ni vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y allá serviréis á dioses ajenos de día y de noche; porque no os mostraré clemencia.14Empero he aquí, vienen días, dice Jehová, que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir á los hijos de Israel de tierra de Egipto;15Sino: Vive Jehová, que hizo subir á los hijos de Israel de la tierra del aquilón, y de todas las tierras á donde los había arrojado: y volverélos á su tierra, la cual dí á sus padres.16He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán; y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán de todo monte, y de todo collado, y de las cavernas de los peñascos.17Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de mis ojos.18Mas primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado; porque contaminaron mi tierra con los cuerpos muertos de sus abominaciones, y de sus abominaciones llenaron mi heredad.19Oh Jehová, fortaleza mía, y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción; á ti vendrán gentes desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho.20¿Ha de hacer el hombre dioses para sí? mas ellos no son dioses.21Por tanto, he aquí, les enseñaré de esta vez, enseñarles he mi mano y mi fortaleza, y sabrán que mi nombre es Jehová.

Jeremías, por ser él mismo precioso a los ojos de Jehová, ha sido invitado a mantenerse separado de lo que es vil (cap. 15:19), es decir, de ese pueblo malvado. Es imposible participar del mal y al mismo tiempo dar testimonio contra los que lo practican. Dios ni siquiera permite a ese joven que funde una familia en semejante lugar. Todo esto tiene por objeto mostrar claramente que no puede haber una duradera instalación en Jerusalén en vísperas del juicio que la amenaza. Además —y esto nos habla a todos—, Jeremías, al igual que un verdadero nazareo, debe abstenerse de toda comunión con los banquetes y festejos de un pueblo condenado. Pero, por cierto, no es una gran privación para alguien que halla su gozo en la Palabra de Dios (cap. 15:16). Cuanto más el Señor y su Palabra sean nuestra dicha, menos ganas tendremos de gustar los engañosos placeres que el mundo puede ofrecernos.

Los versículos 10 a 21 mencionan: el castigo de Jehová que cae sobre su pueblo; el motivo de ese castigo; pero también la promesa de una futura restauración (v. 15).

La poderosa intervención de Jehová por medio de “pescadores” y “cazadores” para volver a traer a los hijos de Israel tendrá por efecto el hecho de que él también sea reconocido por las naciones (v. 19).

Jeremías 17:1-11
1EL pecado de Judá escrito está con cincel de hierro, y con punta de diamante: esculpido está en la tabla de su corazón, y en los lados de vuestros altares;2Cuando sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus bosques, junto á los árboles verdes y en los collados altos.3Oh mi montaña! tu hacienda en el campo y todos tus tesoros daré á saco, por el pecado de tus altos en todos tus términos.4Y habrá en ti cesación de tu heredad, la cual yo te dí, y te haré servir á tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, para siempre arderá.5Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.6Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.7Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.8Porque él será como el árbol plantado junto á las aguas, que junto á la corriente echará sus raices, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto.9Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?10Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.11Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que allega riquezas, y no con justicia; en medio de sus días las dejará, y en su postrimería será insipiente.

Para que el hombre tome conciencia de su condición de pecador inveterado, Dios emplea en su Palabra diferentes lenguajes: el ejemplo del pueblo de Israel y de su quiebra moral; el don de su santa ley; la perfecta vida de Cristo aquí abajo (la que, por contraste, hace resaltar la maldad del hombre), y finalmente, como aquí, declaraciones directas e irrefutables. El versículo 9 afirma que el corazón humano es fundamentalmente perverso e incorregible: “Engañoso… más que todas las cosas, y perverso”. Ésta es una sentencia que debemos grabar definitivamente en nuestro pensamiento; así seremos guardados de otorgar la menor confianza a ese pobre corazón —tanto al nuestro como al de los demás— y nos ahorraremos muchas decepciones. Más bien realicemos el versículo 7: “Bendito el varón que confía en Jehová”, con la feliz porción que resulta de ello (comp. el v. 8 con el Salmo 1:3). Al apagar su sed en la fuente inagotable, tal hombre no teme calor ni sequía; ni siquiera se da cuenta de ellos. Arraigado en Él (Colosenses 2:7), no teme y no cesa de llevar fruto para Dios. En efecto, hace realidad la condición enunciada por el Señor Jesús: “El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

Jeremías 17:12-27
12Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario.13Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan, serán avergonzados; y los que de mí se apartan, serán escritos en el polvo; porque dejaron la vena de aguas vivas, á Jehová.14Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo: porque tú eres mi alabanza.15He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de Jehová? venga ahora.16Mas yo no me entrometí á ser pastor en pos de ti, ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi boca ha salido, fué en tu presencia.17No me seas tú por espanto: esperanza mía eres tú en el día malo.18Avergüéncense los que me persiguen, y no me avergüence yo; asómbrense ellos, y yo no me asombre: trae sobre ellos día malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento.19Así me ha dicho Jehová: Ve, y ponte á la puerta de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá, y á todas las puertas de Jerusalem,20Y diles: Oid la palabra de Jehová, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los moradores de Jerusalem que entráis por esta puertas.21Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestras vidas, y no traigáis carga en el día del sábado, para meter por las puertas de Jerusalem;22Ni saquéis carga de vuestras casas en el día del sábado, ni hagáis obra alguna: mas santificad el día del sábado, como mandé á vuestros padres;23Mas ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, antes endurecieron su cerviz, por no oir, ni recibir corrección.24Será empero, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día del sábado, sino que santificaréis el día del sábado, no haciendo en él ninguna obra;25Que entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos, los reyes y los príncipes que se sientan sobre el trono de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá, y los moradores de Jerusalem: y esta ciudad será habitada para siempre.26Y vendrán de las ciudades de Judá, y de los alrededores de Jerusalem, y de tierra de Benjamín, y de los campos, y del monte, y del austro, trayendo holocausto y sacrificio, y ofrenda é incienso, y trayendo sacrificio de alabanza á la casa de Jehová.27Mas si no me oyereis para santificar el día del sábado, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalem en día de sábado, yo haré encender fuego en sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalem, y no se apagará.

Tratemos de escribir nuestro nombre en el suelo (v. 13); pronto será ilegible. ¡Cuántos insensatos procuran, sin pensar en el porvenir, hacerse un nombre en una tierra que va a pasar! Querido amigo, su nombre debe estar escrito en el libro de la vida.

Y volvemos a hallar la triste declaración del capítulo 2:13: “Dejaron a Jehová, manantial de aguas vivas”. En Juan 6:66 varios discípulos se alejan de Jesús, quien, precisamente en el capítulo siguiente, va a revelarse como esa fuente de aguas vivas (cap. 7:37).

La oración del versículo 14 reconoce que sólo Dios puede cambiar el malvado corazón del hombre. “Sáname… y seré sano; sálvame, y seré salvo”. En el capítulo 31:18, Efraín pedirá a su turno: “Conviérteme, y seré convertido”.

“Porque tú eres mi alabanza” agrega el profeta. En la obra de la salvación todo es para gloria de Dios.

En el resto del capítulo, Jehová recuerda sus instrucciones respecto del “día de reposo” (sábado). La ley había sido violada en este punto como en todos los demás (cap. 7:9). Un siglo más tarde, después del regreso de Babilonia, el fiel Nehemías tomará a pechos esa enseñanza de los versículos 21 y 22 (Nehemías 13:15). Recordará a los nobles de Judá que los infortunios del pueblo habían sido consecuencia de la infidelidad de sus padres a ese respecto.

Jeremías 18:1-23
1LA palabra que fué á Jeremías de Jehová, diciendo:2Levántate, y vete á casa del alfarero, y allí te haré oir mis palabras.3Y descendí á casa del alfarero, y he aquí que él hacía obra sobre la rueda.4Y el vaso que él hacía de barro se quebró en la mano del alfarero; y tornó é hízolo otro vaso, según que al alfarero pareció mejor hacerlo.5Entonces fué á mí palabra de Jehová, diciendo:6¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.7En un instante hablaré contra gentes y contra reinos, para arrancar, y disipar, y destruir.8Empero si esas gentes se convirtieren de su maldad, de que habré hablado, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles.9Y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar;10Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, arrepentiréme del bien que había determinado hacerle.11Ahora pues habla luego á todo hombre de Judá, y á los moradores de Jerusalem, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestros ca12Y dijeron: Es por demás: porque en pos de nuestras imaginaciones hemos de ir, y hemos de hacer cada uno el pensamiento de su malvado corazón.13Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora á las gentes, quién tal haya oído. Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel.14¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras?15Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando á la vanidad, y hácenles tropezar en sus caminos, en las sendas antiguas, para que caminen por sendas, por camino no hollado;16Para poner su tierra en desolación, y en silbos perpetuos; todo aquel que pasare por ella se maravillará, y meneará su cabeza.17Como viento solano los esparciré delante del enemigo; mostraréles las espaldas, y no el rostro, en el día de su perdición.18Y dijeron: Venid, y tracemos maquinaciones contra Jeremías; porque la ley no faltará del sacerdote, ni consejo del sabio, ni palabra del profeta. Venid é hirámoslo de lengua, y no miremos á todas sus palabras.19Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que contienden conmigo.20¿Dase mal por bien para que hayan cavado hoyo á mi alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para apartar de ellos tu ira.21Por tanto, entrega sus hijos á hambre, y hazlos derramar por medio de la espada; y queden sus mujeres sin hijos, y viudas; y sus maridos sean puestos á muerte, y sus jóvenes heridos á cuchillo en la guerra.22Oigase clamor de sus casas, cuando trajeres sobre ellos ejército de repente: porque cavaron hoyo para prenderme, y á mis pies han escondido lazos.23Mas tú, oh Jehová, conoces todo su consejo contra mí para muerte; no perdones su maldad, ni borres su pecado de delante de tu rostro: y tropiecen delante de ti; haz así con ellos en el tiempo de tu furor.

Una nueva enseñanza aguarda a Jeremías en casa del alfarero. La primera vasija que ve fabricar es una imagen del pueblo. Como el cinto del capítulo 13, esa vasija también fue echada a perder, no servía para nada (v. 4; 13:7). Sí, Israel —y en realidad la humanidad entera— se halla así representado. Nada pudo hacer el divino Artesano con el primer hombre que formó del polvo de la tierra. “A una se hicieron inútiles…” (Romanos 3:12 y 23). El pecado arruinó y corrompió toda la raza humana. Pero he aquí que se recomienza el trabajo en el torno del alfarero: él hace una vasija, “según le pareció mejor hacerla”. Esa vasija sin defecto lleva nuestros pensamientos hacia el segundo Hombre, en quien Dios halló su contentamiento. Según los consejos de Dios, Cristo vino a reemplazar a la desfalleciente raza de Adán. Pero desde entonces no está más solo. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17). Por la gracia de Dios, el rescatado puede ser hecho a su vez un utensilio “para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Timoteo 2:21; léase también 2:10).

El diálogo de los versículos 11 y 12 confirma el desesperante estado del pueblo y justifica su rechazo al igual que el de la vasija echada a perder.

Jeremías 19:1-15
1ASI dijo Jehová: Ve, y compra una vasija de barro de alfarero, y lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los sacerdotes;2Y saldrás al valle del hijo de Hinnom, que está á la entrada de la puerta oriental, y publicarás allí las palabras que yo te hablaré.3Dirás pues: Oid palabra de Jehová, oh reyes de Judá, y moradores de Jerusalem. Así dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que quien lo oyere, le retiñan los oídos.4Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él perfumes á dioses ajenos, los cuales no habían ellos conocido, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes;5Y edificaron alto á Baal, para quemar con fuego sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.6Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová, que este lugar no se llamará más Topheth, ni Valle del hijo de Hinnom, sino Valle de la Matanza.7Y desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalem en este lugar; y haréles caer á cuchillo delante de sus enemigos, y en las manos de los que buscan sus almas; y daré sus cuerpos para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra:8Y pondré á esta ciudad por espanto y silbo: todo aquel que pasare por ella se maravillará, y silbará sobre todas sus plagas.9Y haréles comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas; y cada uno comerá la carne de su amigo, en el cerco y en el apuro con que los estrecharán sus enemigos y los que buscan sus almas.10Y quebrarás la vasija ante los ojos de los varones que van contigo,11Y les dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Así quebrantaré á este pueblo y á esta ciudad, como quien quiebra un vaso de barro, que no puede más restaurarse; y en Topheth se enterrarán, porque no habrá otro lugar para enterrar.12Así haré á este lugar, dice Jehová, y á sus moradores, poniendo esta ciudad como Topheth.13Y las casas de Jerusalem, y las casas de los reyes de Judá, serán como el lugar de Topheth inmundas, por todas las casas sobre cuyos tejados ofrecieron perfumes á todo el ejército del cielo, y vertieron libaciones á dioses ajenos.14Y volvió Jeremías de Topheth, á donde le envió Jehová á profetizar, y paróse en el atrio de la casa de Jehová, y dijo á todo el pueblo.15Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que hablé contra ella: porque han endurecido su cerviz, para no oir mis palabras.

Jehová invita a Jeremías a volver a la casa del alfarero. Esta vez no se trata de mirarlo trabajar sino de comprarle una vasija. Después de eso, tomando consigo a algunos de los ancianos del pueblo, debe llevar esa vasija al valle del hijo de Hinom.

Ese vado de Hinom (del cual deriva la palabra «gehena»), llamado también Tofet (v. 6), era un lugar siniestro. En tiempos del rey Manasés se habían ofrecido allí sacrificios humanos a Baal (2 Crónicas 33:6; Jeremías 7:31). Por eso lo había profanado Josías (2 Reyes 23:10).

En ese lugar, testigo de sus horrorosos pecados, el pueblo debe oír terribles palabras al mismo tiempo que se quiebra esa vasija que lo representa. Luego, Jeremías va al templo y confirma la palabra de Jehová a oídos de toda Jerusalén. Pensemos en el valor que necesitó para condenar así públicamente la conducta del pueblo y anunciarle la irrevocable decisión divina respecto de él. Puede ocurrir que nos hallemos aislados en un ambiente hostil y que tengamos que dar testimonio mediante nuestros hechos y nuestras palabras. Pidámosle al Señor que nos dé el mismo denuedo.

Jeremías 20:1-18
1Y PASHUR sacerdote, hijo de Immer, que presidía por príncipe en la casa de Jehová, oyó á Jeremías que profetizaba estas palabras.2E hirió Pashur á Jeremías profeta, y púsole en el cepo que estaba á la puerta de Benjamín en lo alto, la cual conducía á la casa de Jehová.3Y el día siguiente Pashur sacó á Jeremías del cepo. Díjole entonces Jeremías: Jehová no ha llamado tu nombre Pashur, sino Magormissabib.4Porque así ha dicho Jehová: He aquí yo te pondré en espanto á ti, y á todos los que bien te quieren, y caerán por el cuchillo de sus enemigos, y tus ojos lo verán: y á todo Judá entregaré en mano del rey de Babilonia, y los trasportará á Babilonia, y heri5Entregaré asimismo toda la sustancia de esta ciudad, y todo su trabajo, y todas sus cosas preciosas; y daré todos los tesoros de los reyes de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán, y los tomarán, y llevaránlos á Babilonia.6Y tú, Pashur, y todos los moradores de tu casa iréis cautivos, y entrarás en Babilonia, y allí morirás, y serás allá enterrado, tu, y todos los que bien te quieren, á los cuales has profetizado con mentira.7Alucinásteme, oh Jehová, y hállome frustrado: más fuerte fuiste que yo, y vencísteme: cada día he sido escarnecido; cada cual se burla de mí.8Porque desde que hablo, doy voces, grito, Violencia y destrucción: porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.9Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre: empero fué en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, trabajé por sufrirlo, y no pude.10Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, y denunciaremos. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza.11Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.12Oh Jehová de los ejércitos, que sondas los justos, que ves los riñones y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque á ti he descubierto mi causa.13Cantad á Jehová, load á Jehová: porque librado ha el alma del pobre de mano de los malignos.14Maldito el día en que nací: el día en que mi madre me parió no sea bendito.15Maldito el hombre que dió nuevas á mi padre, diciendo, Hijo varón te ha nacido, haciéndole alegrarse así mucho.16Y sea el tal hombre como las ciudades que asoló Jehová, y no se arrepintió: y oiga gritos de mañana, y voces al medio día;17Porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera sido mi sepulcro, y su vientre concebimiento perpetuo.18¿Para qué salí del vientre? ¿para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?

Decir la verdad al mundo acerca de su estado expone en seguida a su odio. El profeta hace duramente esa experiencia. Las conspiraciones que hemos visto tramarse contra él en los capítulos 11:19 y 18:18 esta vez consiguen su propósito. Por disposición de Pasur se azota a Jeremías y se le tortura. ¿Quién era ese hombre? Uno de los príncipes de los sacerdotes (v. 1) y además, uno de esos profetas que profetizaban con mentira (v. 6; cap. 14:14), quien, a diferencia de Jeremías, gozaba de todo el favor del pueblo. A su turno, es necesario que ese hombre oiga una profecía con verdad pronunciada contra él.

Jeremías nos recuerda la exhortación de Santiago 5:10. Él es una figura del Señor Jesús. Está solo para proclamar la verdad, es odiado y azotado a causa de ella (y esto por uno de los sacerdotes), es objeto de escarnio y de oprobio, pero la Palabra de Dios está en él “como un fuego ardiente” (v. 9). Le constriñe el amor que siente por Jehová y por su pueblo. Pese a eso, ¡Jeremías queda lejos del perfecto Modelo! Expresa su amargura y, como Job (cap. 3), maldice el día de su nacimiento. La gracia para con sus enemigos no se ve en él.

Lector, permítanos una pregunta: ¿Ha sido usted realmente cautivado por el Señor? ¿Ha sido él el más fuerte? (v. 7; comp. Filipenses 3:12).

Jeremías 21:1-14
1PALABRA que fué á Jeremías de Jehová, cuando el rey Sedechîas envió á él á Pashur hijo de Malchîas, y á Sephanías sacerdote, hijo de Maasías, que le dijesen:2Pregunta ahora por nosotros á Jehová; porque Nabucodonosor rey de Babilonia hace guerra contra nosotros: quizá Jehová hará con nosotros según todas sus maravillas, y aquél se irá de sobre nosotros.3Y Jeremías les dijo: Diréis así á Sedechîas:4Así ha dicho Jehová Dios de Israel: He aquí yo vuelvo las armas de guerra que están en vuestras manos, y con que vosotros peleáis con el rey de Babilonia; y los Caldeos que os tienen cercados fuera de la muralla, yo los juntaré en medio de esta ciudad.5Y pelearé contra vosotros con mano alzada y con brazo fuerte, y con furor, y enojo, é ira grande:6Y heriré los moradores de esta ciudad; y los hombres y las bestias morirán de pestilencia grande.7Y después, así dice Jehová, entregaré á Sedechîas rey de Judá, y á sus criados, y al pueblo, y á los que quedaren en la ciudad de la pestilencia, y del cuchillo, y del hambre, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus enemigos, y en mano8Y á este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte.9El que se quedare en esta ciudad, morirá á cuchillo, ó de hambre, ó pestilencia: mas el que saliere, y se pasare á los Caldeos que os tienen cercados, vivirá, y su vida le será por despojo.10Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice Jehová: en mano del rey de Babilonia será entregada, y quemarála á fuego.11Y á la casa del rey de Judá dirás: Oid palabra de Jehová.12Casa de David, así dijo Jehová: Juzgad de mañana juicio, y librad al oprimido de mano del opresor; porque mi ira no salga como fuego, y se encienda, y no haya quien apague, por la maldad de vuestras obras.13He aquí yo contra ti, moradora del valle de la piedra de la llanura, dice Jehová: los que decís: ¿Quién subirá contra nosotros? ¿y quién entrará en nuestras moradas?14Yo os visitaré conforme al fruto de vuestras obras, dice Jehová, y haré encender fuego en su breña, y consumirá todo lo que está alrededor de ella.

Las profecías de Jeremías no nos son contadas en el orden en que fueron pronunciadas. Ésta nos traslada al tiempo del último rey de Judá. El rey Sedequías, al ser atacado por su temible vecino, Nabucodonosor, envió dos delegados al profeta para rogarle que consultara a Jehová. Verdaderamente, era lo mejor que podía hacer. Pero en realidad él y su pueblo buscaban la liberación sin previo arrepentimiento, fingiendo ignorar esa condición indispensable, porque Dios no da la una sin el otro. Después de todo lo que había dicho Jeremías en los capítulos precedentes, tal pedido era casi una insolencia. Por eso Jehová responde de la manera más severa. No sólo el rey de Babilonia sino Él mismo peleará contra Judá. Va a herir con una gran pestilencia a los hombres y las bestias, como en otro tiempo a los ganados de los egipcios (Éxodo 9:1-7). Sin embargo, al lado de semejante camino de muerte para ese pueblo, todavía quedaba un camino de vida… pero que necesariamente pasaba por la confesión de sus pecados y la sumisión a la voluntad de Dios. Ese camino todavía está abierto; ¿cada uno de nosotros lo emprendió?

Jeremías 22:1-12
1ASI dijo Jehová: Desciende á la casa del rey de Judá, y habla allí esta palabra,2Y di: Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá que estás sentado sobre el trono de David, tú, y tus criados, y tu pueblo que entran por estas puertas.3Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis, ni robéis al extranjero, ni al huérfano, ni á la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar.4Porque si efectivamente hiciereis esta palabra, los reyes que en lugar de David se sientan sobre su trono, entrarán montados en carros y en caballos por las puertas de esta casa, ellos, y sus criados, y su pueblo.5Mas si no oyereis estas palabras, por mí he jurado, dice Jehová, que esta casa será desierta.6Porque así ha dicho Jehová sobre la casa del rey de Judá: Galaad eres tú para mí, y cabeza del Líbano: empero de cierto te pondré en soledad, y ciudades deshabitadas.7Y señalaré contra ti disipadores, cada uno con sus armas; y cortarán tus cedros escogidos, y los echarán en el fuego.8Y muchas gentes pasarán junto á esta ciudad, y dirán cada uno á su compañero: ¿Por qué lo hizo así Jehová con esta grande ciudad?9Y dirán: Porque dejaron el pacto de Jehová su Dios, y adoraron dioses ajenos, y les sirvieron.10No lloréis al muerto, ni de él os condolezcáis: llorad amargamente por el que va; porque no volverá jamás, ni verá la tierra donde nació.11Porque así ha dicho Jehová, de Sallum hijo de Josías, rey de Judá, que reina por Josías su padre, que salió de este lugar: No volverá acá más;12Antes morirá en el lugar adonde lo trasportaren, y no verá más esta tierra.

A la orden de Jehová, Jeremías está dispuesto a ir al palacio real como había ido a la humilde casa del alfarero. De nuevo su tarea es difícil, porque se trata de advertir y exhortar personalmente al propio rey de Judá. Dar testimonio ante un superior es una prueba particularmente difícil para un joven creyente; pero, si cuenta con el Señor, siempre será fortalecido y bendecido al hacerlo (léase Hechos 26:22).

Antiguamente, Dios había prometido a David que si sus descendientes pusieran cuidado en sus caminos para andar delante de Él con verdad, de todo corazón, no faltaría varón en el trono de Israel (1 Reyes 2:4). ¡Ay! ni Salum (o Joacaz, véase 2 Reyes 23:31-32), ni sus hermanos Joacim y Sedequías, ni Conías (Joaquín) cumplieron ese requisito. Por eso serán los últimos cuatro reyes de la dinastía de David antes de la dispersión del pueblo. En esos capítulos 21 y 22, cada uno de ellos es señalado por su nombre y condenado por sus propias faltas. Ninguno podrá decir que soporta las consecuencias de los pecados de sus predecesores (comp. cap. 31:29), ninguno podrá alegar que no fue advertido, pues el ministerio del profeta se prolongó durante todos esos reinados (cap. 21:7; 22:11, 18, 24).

Jeremías 22:13-30
13Ay del que edifica su casa y no en justicia, y sus salas y no en juicio, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo!14Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y airosas salas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón.15¿Reinarás porque te cercas de cedro? ¿no comió y bebío tu padre, é hizo juicio y justicia, y entonces le fué bien?16El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme á mí? dice Jehová.17Mas tus ojos y tu corazón no son sino á tu avaricia, y á derramar la sangre inocente, y á opresión, y á hacer agravio.18Por tanto así ha dicho Jehová, de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo llorarán, diciendo: ­Ay hermano mío! y ­ay hermana! ni lo lamentarán, diciendo: ­Ay señor! ­ay su grandeza!19En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las puertas de Jerusalem.20Sube al Líbano, y clama, y en Basán da tu voz, y grita hacia todas partes; porque todos tus enamorados son quebrantados.21Hete hablado en tus prosperidades; mas dijiste: No oiré. Este fué tu camino desde tu juventud, que nunca oiste mi voz.22A todos tus pastores pacerá el viento, y tus enamorados irán en cautiverio: entonces te avergonzarás y te confundirás á causa de toda tu malicia.23Habitaste en el Líbano, hiciste tu nido en los cedros: ­cómo gemirás cuando te vinieren dolores, dolor como de mujer que está de parto!24Vivo yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacím rey de Judá fuese anillo en mi mano diestra, aun de allí te arrancaré;25Y te entregaré en mano de los que buscan tu alma, y en mano de aquellos cuya vista temes; sí, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de los Caldeos.26Y hacerte he trasportar, á ti, y á tu madre que te parió, á tierra ajena en que no nacisteis; y allá moriréis.27Y á la tierra á la cual levantan ellos su alma para tornar, allá no volverán.28¿Es este hombre Conías un ídolo vil quebrado? ¿es vaso con quien nadie se deleita? ¿Por qué fueron arrojados, él y su generación, y echados á tierra que no habían conocido?29Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová.30Así ha dicho Jehová: Escribid que será este hombre privado de generación, hombre á quien nada sucederá prósperamente en todos los días de su vida: porque ningún hombre de su simiente que se sentare sobre el trono de David, y que se enseñoreare sobre Judá,

“Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá… tú, y tus siervos, y tu pueblo…” (v. 2). Pero en vano Jeremías dirigió esa apremiante invitación a Joacim. Desde su juventud, cuando todo iba bien, éste había decidido no escuchar la voz de Jehová (según el v. 21, el que también se aplica a todo su pueblo). Por eso, podemos ver los malos frutos que ello le acarreó cuando, llegado a la edad adulta, sus responsabilidades se vieron caracterizadas por la injusticia, la falta de rectitud, la soberbia, la falta de honradez, la tiranía y la violencia (v. 13 y 17, en el último de los cuales Jeremías no vacila en decirle al rey que es un asesino). Sin embargo, Joacim había tenido ante sus ojos el buen ejemplo de su padre Josías y las felices consecuencias de su fiel andar (v. 15-16). ¡Hijos de padres creyentes, acordaos de la historia de ese rey!

El versículo 14 también merece toda nuestra atención. La búsqueda del lujo por parte de un creyente ¿no contradice su carácter de extranjero y su vocación celestial?

Luego se trata de Conías, joven de 18 años, quien sólo reinó tres meses antes de ser transportado con su madre a Babilonia (2 Reyes 24:8 y sig.) Por medio de tales acontecimientos Dios se dirigía al mundo entero (v. 29). Ese castigo público mostraba que no se desafía impunemente su voluntad.

Jeremías 23:1-15
1AY de los pastores que desperdician y derraman las ovejas de mi majada! dice Jehová.2Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel á los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros derramasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis visitado: he aquí yo visito sobre vosotros la maldad de vuestras obras, dice Jehová.3Y yo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y harélas volver á sus moradas; y crecerán, y se multiplicarán.4Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se asombrarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová.5He aquí que vienen los días, dice Jehová, y despertaré á David renuevo justo, y reinará Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.6En sus días será salvo Judá, é Israel habitará confiado: y este será su nombre que le llamarán: JEHOVA, JUSTICIA NUESTRA.7Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, y no dirán más: Vive Jehová que hizo subir los hijos de Israel de la tierra de Egipto;8Sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la simiente de la casa de Israel de tierra del aquilón, y de todas las tierras adonde los había yo echado; y habitarán en su tierra.9A causa de los profetas mi corazón está quebrantado en medio de mí, todos mis huesos tiemblan; estuve como hombre borracho, y como hombre á quien dominó el vino, delante de Jehová y delante de las palabras de su santidad.10Porque la tierra está llena de adúlteros: porque á causa del juramento la tierra está desierta; las cabañas del desierto se secaron; la carrera de ellos fué mala, y su fortaleza no derecha.11Porque así el profeta como el sacerdote son fingidos: aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová.12Por tanto, como resbaladeros en oscuridad les será su camino: serán empujados, y caerán en él: porque yo traeré mal sobre ellos, año de su visitación, dice Jehová.13Y en los profetas de Samaria he visto desatinos: profetizaban en Baal, é hicieron errar á mi pueblo Israel.14Y en los profetas de Jerusalem he visto torpezas: cometían adulterios, y andaban en mentiras, y esforzaban las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su malicia: fuéronme todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.15Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber aguas de hiel; porque de los profetas de Jerusalem salió la hipocresía sobre toda la tierra.

En los capítulos 21 y 22 la palabra de Jehová condenó a los últimos reyes. En realidad, todos los responsables de Judá, “tanto el profeta como el sacerdote” (v. 11) faltaron a sus deberes. En lugar de apacentar al pueblo “siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:3), fueron malos pastores. A causa de su deplorable conducta el rebaño fue descuidado, destruido y dispersado (comp. Ezequiel 34:4-6). Por eso Dios se encargará de juntar él mismo el remanente de ese rebaño, dándole otro Pastor (Juan 10:14). La familia real de Israel falló por completo. Pero, en esa misma casa de David, Dios suscitará un Renuevo justo, un Rey divino: “Jehová, justicia nuestra” (comp. 1 Corintios 1:30). Esa expresión “el Renuevo” es empleada cinco veces en los Profetas para designar al Señor Jesús. Aquí y en el capítulo 33:15 como el Rey, carácter que tiene en el evangelio de Mateo. En Zacarías (cap. 3:8) como “mi siervo el Renuevo” y en el capítulo 6:12 como “el varón cuyo nombre es el Renuevo”, respectivamente Cristo en los evangelios de Marcos y Lucas. Finalmente, en Isaías 4:2 como “el renuevo de Jehová… para hermosura y gloria”, en quien reconocemos al Hijo de Dios presentado por el evangelio de Juan.

Jeremías 23:16-40
16Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan: os hacen desvanecer; hablan visión de su corazón, no de la boca de Jehová.17Dicen atrevidamente á los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y á cualquiera que anda tras la imaginación de su corazón, dijeron: No vendrá mal sobre vosotros.18Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vió, y oyó su palabra? ¿quién estuvo atento á su palabra, y oyó?19He aquí que la tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que está aparejada, caerá sobre la cabeza de los malos.20No se apartará el furor de Jehová, hasta tanto que haya hecho, y hasta tanto que haya cumplido los pensamientos de su corazón: en lo postrero de los días lo entenderéis cumplidamente.21No envié yo aquellos profetas, y ellos corrían: yo no les hablé, y ellos profetizaban.22Y si ellos hubieran estado en mi secreto, también hubieran hecho oir mis palabras á mi pueblo; y les hubieran hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.23¿Soy yo Dios de poco acá, dice Jehová, y no Dios de mucho ha?24¿Ocultaráse alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No hincho yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?25Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé.26¿Hasta cuándo será esto en el corazón de los profetas que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?27¿No piensan como hacen á mi pueblo olvidarse de mi nombre con sus sueños que cada uno cuenta á su compañero, al modo que sus padres se olvidaron de mi nombre por Baal?28El profeta con quien fuere sueño, cuente sueño; y el con quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová.29¿No es mi palabra como el fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?30Por tanto, he aquí yo contra los profetas, dice Jehová, que hurtan mis palabras cada uno de su más cercano.31He aquí yo contra los profetas, dice Jehová, que endulzan sus lenguas, y dicen: El ha dicho.32He aquí yo contra los que profetizan sueños mentirosos, dice Jehová y contáronlos, é hicieron errar á mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié, ni les mandé; y ningún provecho hicieron á este pueblo, dice Jehová.33Y cuando te preguntare este pueblo, ó el profeta, ó el sacerdote, diciendo: ¿Qué es la carga de Jehová? les dirás: ¿Qué carga? Os dejaré, ha dicho Jehová.34Y el profeta, y el sacerdote, ó el pueblo, que dijere: Carga de Jehová; yo enviaré castigo sobre tal hombre y sobre su casa.35Así diréis cada cual á su compañero, y cada cual á su hermano: ¿Qué ha respondido Jehová, y qué habló Jehová?36Y nunca más os vendrá á la memoria decir: Carga de Jehová: porque la palabra de cada uno le será por carga; pues pervertisteis las palabras del Dios viviente, de Jehová de los ejércitos, Dios nuestro.37Así dirás al profeta: ¿Qué te respondió Jehová, y qué habló Jehová?38Mas si dijereis: Carga de Jehová: por eso Jehová dice así: Porque dijisteis esta palabra, Carga de Jehová, habiendo enviado á deciros: No digáis, Carga de Jehová:39Por tanto, he aquí que yo os echaré en olvido, y os arrancaré de mi presencia, y á la ciudad que os dí á vosotros y á vuestros padres;40Y pondré sobre vosotros afrenta perpetua, y eterna confusión que nunca borrará el olvido.

Entre los malos pastores de Israel, los profetas eran particularmente culpables. Habían hecho concebir al pueblo la loca ilusión de que, pese a sus pecados, todo iría a pedir de boca. Eran mentirosos. Habían corrido… sin que Jehová los hubiera enviado; habían hablado, pero no como oráculos de Dios (v. 21 y 38; 1 Pedro 4:11). Una gran actividad religiosa está lejos de ser siempre la prueba y el resultado de un buen estado espiritual. Para el creyente actual, como para el profeta de otros tiempos, sólo existe una regla para correr y hablar: primeramente, quedarse “en el secreto de Jehová” (v. 18 y 22), dicho de otro modo, en la comunión con el Señor para conocer y hacer su voluntad.

En el versículo 23 se formula una pregunta: “¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?”. “El Señor está cerca” puede contestar el apóstol (Filipenses 4:5). Cada uno de nosotros ¿lo experimentó? La Palabra de Dios es como fuego (v. 29). Del mismo modo que la llama de un soplete permite quitar las escorias del metal, ella se dedica a purificar nuestra alma consumiendo las impurezas que la contaminan y la ahogan (Proverbios 25:4). Es la fuerza motriz del creyente, como asimismo el fogón bajo la caldera (cap. 20:9). Pero también es el martillo capaz de quebrantar una voluntad rebelde.

Jeremías 24:1-10
1MOSTROME Jehová, y he aquí dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová, después de haber trasportado Nabucodonosor rey de Babilonia á Jechônías hijo de Joacim, rey de Judá, y á los príncipes de Judá, y á los oficiales y herreros de Jerusalem,2La una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que no se podían comer de malos.3Y díjome Jehová: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Higos, higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer.4Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:5Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como á estos buenos higos, así conoceré la trasportación de Judá al cual eché de este lugar á tierra de Caldeos, para bien.6Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y volverélos á esta tierra; y los edificaré, y no los destruiré: plantarélos, y no los arrancaré.7Y les daré corazón para que me conozcan, que yo soy Jehová: y me serán por pueblo, y yo les seré á ellos por Dios; porque se volverán á mí de todo su corazón.8Y como los malos higos, que de malos no se pueden comer, así, ha dicho Jehová, daré á Sedechîas rey de Judá, y á sus príncipes, y al resto de Jerusalem que quedaron en esta tierra, y que moran en la tierra de Egipto.9Y darélos por escarnio, por mal á todos los reinos de la tierra: por infamia, y por ejemplo, y por refrán, y por maldición á todos los lugares adonde yo los arrojaré.10Y enviaré sobre ellos espada, hambre, y pestilencia, hasta que sean acabados de sobre la tierra que les dí á ellos y á sus padres.

La visión del capítulo 24 se sitúa en el momento en que Nabucodonosor ya transportó a Babilonia una parte de Judá con su rey Jeconías (o Conías; cap. 22:24). Dos cestas de higos le aparecen al profeta. Los primeros son espléndidos, excelentes; los otros, horribles e incomibles. Contrariamente a lo que se podría pensar, los higos malos son la imagen de los habitantes de Judá que permanecieron en el país, mientras que los muy buenos representan a los “transportados”. Jehová hará prosperar a estos últimos y los traerá de vuelta en el tiempo determinado. Aunque penoso, ese desarraigo de su país y de sus costumbres es conforme a la voluntad de Dios y les será provechoso.

Entre las promesas que se les hace, ciertamente la más preciosa es la del versículo 7: “Les daré corazón para que me conozcan”. Por medio del corazón —y no por la inteligencia— aprende el hombre a conocer a Dios.

Notemos que no hay una tercera cesta. Generalmente no existe posición intermedia ante Dios. Es igual entre los hombres de hoy, él sólo puede reconocer vivos y muertos, “hijos de luz” e “hijos de ira” (Efesios 2:3; 5:8). ¿De qué lado nos hallamos?

Jeremías 25:1-14
1PALABRA que fué á Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, el cual es el año primero de Nabucodonosor rey de Babilonia;2La cual habló Jeremías profeta á todo el pueblo de Judá, y á todos los moradores de Jerusalem, diciendo:3Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, fué á mí palabra de Jehová, y os he hablado, madrugando y dando aviso; mas no oisteis.4Y envió Jehová á vosotros todos sus siervos los profetas, madrugando y enviándolos; mas no oisteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar,5Cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y morad en la tierra que os dió Jehová, á vosotros y á vuestros padres para siempre;6Y no vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndoles y encorvándoos á ellos, ni me provoquéis á ira con la obra de vuestras manos; y no os haré mal.7Empero no me habéis oído, dice Jehová, para provocarme á ira con la obra de vuestras manos para mal vuestro.8Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras,9He aquí enviaré yo, y tomaré todos los linajes del aquilón, dice Jehová, y á Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y traerélos contra esta tierra, y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y pondrélos por esc10Y haré que perezca de entre ellos voz de gozo y voz de alegría, voz de desposado y voz de desposada, ruido de muelas, y luz de lámpara.11Y toda esta tierra será puesta en soledad, en espanto; y servirán estas gentes al rey de Babilonia setenta años.12Y será que, cuando fueren cumplidos los setenta años, visitaré sobre el rey de Babilonia y sobre aquella gente su maldad, ha dicho Jehová, y sobre la tierra de los Caldeos; y pondréla en desiertos para siempre.13Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que está escrito en este libro, profetizado por Jeremías contra todas gentes.14Porque se servirán también de ellos muchas gentes, y reyes grandes; y yo les pagaré conforme á sus hechos, y conforme á la obra de sus manos.

El capítulo 25 vuelve atrás, al reinado de Joacim. Ya hacía veintitrés años que Jeremías profetizaba. En su celo y su amor por el pueblo se levantaba temprano para dirigirle sus llamados (v. 3). La paciencia de Dios iba a acabarse pronto. Cada día podía ser el último. Por eso el hombre de Dios se sentía urgido para entregar su mensaje. Y, notable detalle, a menudo la misma expresión se emplea con respecto a Jehová (aquí en el v. 4). Él también se levanta temprano para enviar a sus siervos. ¿Estamos preparados a esa hora matinal en que las tareas son distribuidas? Imitemos al Siervo perfecto, cuya incansable actividad empezaba muy de mañana (Juan 8:2, V.M.) o aún antes (Marcos 1:35).

En su gracia, Dios fija una duración limitada a la transportación a Babilonia: setenta años. Cuando ese tiempo esté casi terminado, Daniel leerá esta profecía y la tomará en cuenta para dar a Israel en el cautiverio la señal y el ejemplo de la humillación (Daniel 9:2-3).

Luego, hasta el final del capítulo, Dios desarrolla la declaración del versículo 14, mostrando de qué manera se dispone a castigar a las naciones que no temieron sojuzgar y oprimir a su pueblo.

Jeremías 26:1-11
1EN el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, fué esta palabra de Jehová, diciendo:2Así ha dicho Jehová: Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla á todas las ciudades de Judá, que vienen para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te mandé les hablases; no retengas palabra.3Quizá oirán, y se tornarán cada uno de su mal camino; y arrepentiréme yo del mal que pienso hacerles por la maldad de sus obras.4Les dirás pues: Así ha dicho Jehová: Si no me oyereis para andar en mi ley, la cual dí delante de vosotros,5Para atender á las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío, madrugando en enviarlos, á los cuales no habéis oído;6Yo pondré esta casa como Silo, y daré esta ciudad en maldición á todas las gentes de la tierra.7Y los sacerdotes, los profetas, y todo el pueblo, oyeron á Jeremías hablar estas palabras en la casa de Jehová.8Y fué que, acabando de hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que hablase á todo el pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: De cierto morirás.9¿Por qué has profetizado en nombre de Jehová, diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no quedar morador? Y juntóse todo el pueblo contra Jeremías en la casa de Jehová.10Y los príncipes de Judá oyeron estas cosas, y subieron de casa del rey á la casa de Jehová; y sentáronse en la entrada de la puerta nueva de Jehová.11Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas á los príncipes y á todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos.

Este capítulo nos retrotrae cuatro años respecto del capítulo anterior (25:1). Por orden de Jehová, esta vez Jeremías va al templo para profetizar. Sin duda lo hace en ocasión de una de las tres fiestas anuales en que los israelitas subían a Jerusalén. El versículo 2 permite pensarlo así. Sea como fuere, el llamado se dirige a todo Judá y no sólo a sus jefes. Y ni una palabra ha de ser retenida (comp. Hechos 20:27).

¡Cuán conmovedor es el versículo 3! Nos hace penetrar en los pensamientos de la gracia de Dios. Aunque lo sabía todo de antemano, expresa su más caro deseo: “Quizá oigan…” (véase también cap. 36:3 y 7).

Ese mismo quizá traduce la esperanza del señor de la viña, de quien habla la parábola: “Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto” (Lucas 20:13). Pero no respetaron al Hijo más que a los profetas que le precedieron. Veamos qué acogida le es dispensada a Jeremías y, por consiguiente, a Aquel que le envía. ¡Qué ceguera! ¡Pese a que esa gente había venido a prosternarse en la casa de Jehová (v. 2), rechaza su palabra, se apodera de su mensajero y le condena a muerte en esa misma casa!

Jeremías 26:12-24
12Y habló Jeremías á todos los príncipes y á todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió á que profetizase contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído.13Y ahora, mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y oid la voz de Jehová vuestro Dios, y arrepentiráse Jehová del mal que ha hablado contra vosotros.14En lo que á mí toca, he aquí estoy en vuestras manos: haced de mí como mejor y más recto os pareciere.15Mas sabed de cierto que, si me matareis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad, y sobre sus moradores: porque en verdad Jehová me envió á vosotros para que dijese todas estas palabras en vuestros oídos.16Y dijeron los príncipes y todo el pueblo á los sacerdotes y profetas. No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque en nombre de Jehová nuestro Dios nos ha hablado.17Entonces se levantaron ciertos de los ancianos de la tierra, y hablaron á toda la junta del pueblo, diciendo:18Miqueas de Morasti profetizó en tiempo de Ezechîas rey de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sión será arada como campo, y Jerusalem vendrá á ser montones, y el monte del templo en cumbres de bosque.19¿Matáronlo luego Ezechîas rey de Judá y todo Judá? ¿no temió á Jehová, y oró en presencia de Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? ¿Haremos pues nosotros tan grande mal contra nuestras almas?20Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová, Urías, hijo de Semaías de Chîriath-jearim, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme á todas las palabras de Jeremías:21Y oyó sus palabras el rey Joacim, y todos sus grandes, y todos sus príncipes, y el rey procuró de matarle; lo cual entendiendo Urías, tuvo temor, y huyó, y metióse en Egipto:22Y el rey Joacim envió hombres á Egipto, á Elnathán hijo de Acbor, y otros hombres con él, á Egipto;23Los cuales sacaron á Urías de Egipto, y lo trajeron al rey Joacim, é hiriólo á cuchillo, y echó su cuerpo en los sepulcros del vulgo.24La mano empero de Ahicam hijo de Saphán era con Jeremías, porque no lo entregasen en las manos del pueblo para matarlo.

El fiel testigo de Jehová no se turba por su condena a muerte ni por la presencia de toda esa gente hostil que se une contra él. Una vez más, los exhorta firmemente a arrepentirse. Después, sin temor, se entrega en sus manos. En lugar de compadecerse de su propia suerte, sigue pensando en el pueblo y en la terrible responsabilidad que ese crimen hará pesar sobre él. En ese aspecto Jeremías nos hace pensar en Esteban, cuando intercedió por los que le apedreaban (Hechos 7:60) y ambos nos recuerdan al Señor Jesús (Lucas 23:28 y 34).

La intervención de los príncipes y de los ancianos libera aquí al hombre de Dios, pero habrían tenido que dar un paso más: temer e implorar a Jehová, precisamente como Ezequías (v. 19). No basta saber citar un hermoso ejemplo, también es necesario imitarlo.

Veamos qué influenciable y versátil es la multitud. En el versículo 8 “todo el pueblo” había seguido a los sacerdotes para exclamar: “De cierto morirás”. Pero, en el versículo 16, ese mismo pueblo comparte el parecer de los príncipes y dice: “No ha incurrido este hombre en pena de muerte”.

La historia de Urías, perseguido y asesinado por Joacim, confirma el triste cuadro que nos había sido hecho de este rey. Es rápido para derramar la sangre inocente (cap. 22:17).

Jeremías 27:1-11
1EN el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, fué de Jehová esta palabra á Jeremías, diciendo:2Jehová me ha dicho así: Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello;3Y los enviarás al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Ammón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los embajadores que vienen á Jerusalem á Sedechîas, rey de Judá.4Y les mandarás que digan á sus señores: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Así habéis de decir á vuestros señores:5Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la haz de la tierra, con mi grande potencia y con mi brazo extendido, y díla á quien me plugo.6Y ahora yo he dado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan.7Y todas las gentes le servirán á él, y á su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra; y le servirán muchas gentes y reyes grandes.8Y será, que la gente y el reino que no sirviere á Nabucodonosor rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del yugo del rey de Babilonia, con espada y con hambre y con pestilencia visitaré á la tal gente, dice Jehová, hasta que los acabe yo por s9Y vosotros no prestéis oído á vuestros profetas, ni á vuestros adivinos, ni á vuestros sueños, ni á vuestros agoreros, ni á vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia.10Porque ellos os profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje y perezcáis.11Mas la gente que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia, y le sirviere, haréla dejar en su tierra, dice Jehová, y labrarála, y morará en ella.

Este capítulo y los siguientes nos llevan al reinado final de Sedequías, quien parece haberse complotado con sus cinco vecinos —los reyes de Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón— para resistir a Nabucodonosor. Y no cabe duda de que los delegados de esas naciones se reúnen en Jerusalén para organizar esa alianza. Jehová encarga a Jeremías que entregue a cada uno de esos diplomáticos un regalo para nada original, fabricado ex profeso: coyundas y yugos que precisamente simbolizan la dominación del rey de Babilonia, de quien esos pueblos pensaban liberarse. Podemos imaginar con qué sentimientos deben de haber acogido ese humillante presente los cinco negociadores.

Todavía en nuestros días el orgullo, en sus diferentes formas, es el gran principio que gobierna a los Estados modernos (como así también a los individuos). Pero, por encima de sus intrigas ambiciosas, Dios conduce los destinos del mundo. El creyente espera en Él y no en las incertidumbres de la política de los hombres (Daniel 4:17).

Dios, quien ponía a Israel a un lado, de ahí en adelante confió el poder universal a Nabucodonosor, a quien llama su siervo. Romanos 13:4 recuerda, a los cristianos que tuvieran tendencia a olvidarlo, que aquel que detenta la autoridad es “servidor de Dios” y que lo es para el bien de ellos.

Jeremías 27:12-22
12Y hablé también á Sedechîas rey de Judá conforme á todas estas palabras, diciendo: Someted vuestros cuellos al yugo del rey de Babilonia, y servid á él y á su pueblo, y vivid.13¿Por qué moriréis, tú y tu pueblo, á cuchillo, de hambre, y pestilencia, según ha dicho Jehová á la gente que no sirviere al rey de Babilonia?14No oigáis las palabras de los profetas que os hablan, diciendo: No serviréis al rey de Babilonia; porque os profetizan mentira.15Porque yo no los envié, dice Jehová, y ellos profetizan falsamente en mi nombre, para que yo os arroje, y perezcáis, vosotros y los profetas que os profetizan.16También á los sacerdotes y á todo este pueblo hablé, diciendo: Así ha dicho Jehová: No oigáis las palabras de vuestros profetas que os profetizan diciendo: He aquí que los vasos de la casa de Jehová volverán de Babilonia ahora presto. Porque os profetizan17No los oigáis; servid al rey de Babilonia, y vivid: ¿por qué ha de ser desierta esta ciudad?18Y si ellos son profetas, y si es con ellos palabra de Jehová, oren ahora á Jehová de los ejércitos, que los vasos que han quedado en la casa de Jehová y en la casa del rey de Judá y en Jerusalem, no vayan á Babilonia.19Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos de aquellas columnas, y del mar, y de las basas, y del resto de los vasos que quedan en esta ciudad,20Que no quitó Nabucodonosor rey de Babilonia, cuando trasportó de Jerusalem á Babilonia á Jechônías hijo de Joacim, rey de Judá, y á todos los nobles de Judá y de Jerusalem:21Así pues ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de los vasos que quedaron en la casa de Jehová, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalem;22A Babilonia serán trasportados, y allí estarán hasta el día en que yo los visitaré, dice Jehová; y después los haré subir, y restituirélos á este lugar.

Ahora Jeremías se dirige al rey de Judá y luego a los sacerdotes. Ya en dos ocasiones Nabucodonosor se había llevado una parte de los utensilios del templo. Lejos de restituirlos, organizará un tercer y definitivo pillaje en el momento de la transportación del mismo Sedequías y del resto del pueblo (2 Crónicas 36:7, 10 y 18). Se puede pensar que tenían interés por esos objetos más bien por orgullo nacional que como medio para rendir culto a Jehová. Ocurre lo mismo en nuestros días. Muchas personas son muy apegadas a las formas de una religión llamada cristiana, preocupándose muy poco por servir a Dios al observarlas.

Lo que Jeremías predica sin cesar es la sumisión debida a la autoridad que Jehová estableció, en este caso la del rey de Babilonia. “No hay autoridad sino de parte de Dios… quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste” (Romanos 13:1-2). Trátese de gobernantes o magistrados, de padres o de jefes (aun de los que son duros e injustos: 1 Pedro 2:18), esa exhortación es siempre oportuna para nosotros.

La profecía de este capítulo no termina sin que Dios anuncie que un día él se preocupará personalmente por los utensilios del templo y los hará traer de nuevo. Estas palabras se cumplirán en Esdras 1:7 y 7:19.

Jeremías 28:1-17
1Y ACONTECIO en el mismo año, en el principio del reinado de Sedechîas rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Hananías, hijo de Azur, profeta que era de Gabaón, me habló en la casa de Jehová delante de los sacerdotes y de todo el pueblo, dici2Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Quebranté el yugo del rey de Babilonia.3Dentro de dos años de días tornaré á este lugar todos los vasos de la casa de Jehová, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, llevó de este lugar para meterlos en Babilonia;4Y yo tornaré á este lugar á Jechônías hijo de Joacim, rey de Judá, y á todos los trasportados de Judá que entraron en Babilonia, dice Jehová; porque yo quebrantaré el yugo del rey de Babilonia.5Entonces respondió Jeremías profeta á Hananías profeta, delante de los sacerdotes y delante de todo el pueblo que estaba en la casa de Jehová.6Y dijo Jeremías profeta: Amén, así lo haga Jehová. Confirme Jehová tus palabras, con las cuales profetizaste que los vasos de la casa de Jehová, y todos los trasportados, han de ser tornados de Babilonia á este lugar.7Con todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus oídos y en los oídos de todo el pueblo:8Los profetas que fueron antes de mí y antes de ti en tiempos pasados, profetizaron sobre muchas tierras y grandes reinos, de guerra, y de aflicción, y de pestilencia.9El profeta que profetizó de paz, cuando sobreviniere la palabra del profeta, será conocido el profeta que Jehová en verdad lo envió.10Entonces Hananías profeta quitó el yugo del cuello de Jeremías profeta, y quebrólo,11Y habló Hananías en presencia de todo el pueblo, diciendo: Así ha dicho Jehová: De esta manera quebraré el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las gentes dentro de dos años de días. Y fuése Jeremías su camino.12Y después que Hananías profeta quebró el yugo del cuello de Jeremías profeta, fué palabra de Jehová á Jeremías, diciendo:13Ve, y habla á Hananías, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yugos de madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro.14Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro puso sobre el cuello de todas estas gentes, para que sirvan á Nabucodonosor rey de Babilonia, y han de servirle; y aun también le he dado las bestias del campo.15Entonces dijo el profeta Jeremías á Hananías profeta: Ahora oye, Hananías; Jehová no te envió, y tú has hecho confiar á este pueblo en mentira.16Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te envío de sobre la haz de la tierra: morirás en este año, porque hablaste rebelión contra Jehová.17Y en el mismo año murió Hananías en el mes séptimo.

Una nueva escena se desarrolla en el templo en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo. Jeremías se encuentra allí, teniendo en su cuello uno de los yugos que él había fabricado. Los lleva, al igual que el cinto del capítulo 13, como testimonio para toda Jerusalén. Y he aquí que el profeta Hananías, cuyas palabras arrogantes y mentirosas contradicen absolutamente lo que Jeremías no deja de anunciar, arremete contra el varón de Dios. La hermosa respuesta de Jeremías está impregnada a la vez de amor, de verdad y de sabiduría. Por cierto que él no anuncia con agrado los desastres que van a caer sobre el pueblo al que ama. Su deseo más ferviente sería que Hananías tuviese razón (v. 6), pero no puede cambiar en nada la palabra de Jehová. Dice la verdad, por más penosa que sea. Admiremos la sabiduría del versículo 9. Lo que prueba la veracidad de una profecía es su cumplimiento. A su debido tiempo Dios se encargará de mostrar quién tenía razón. Mientras tanto, Jeremías no se irrita ni se obstina en convencerlos. Los deja y se va (comp. Juan 8:59 y 12:36). Esa es siempre la manera más sabia de poner fin a una vana discusión (Proverbios 17:14).

El juicio anunciado no tarda en caer sobre Hananías (v. 15-17; léase Deuteronomio 18:20-22).

Jeremías 29:1-14
1Y ESTAS son las palabras de la carta que Jeremías profeta envió de Jerusalem á los ancianos que habían quedado de los trasportados, y á los sacerdotes y profetas, y á todo el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalem á Babilonia:2(Después que salió el rey Jechônías y la reina, y los de palacio, y los príncipes de Judá y de Jerusalem, y los artífices, y los ingenieros de Jerusalem;)3Por mano de Elasa hijo de Saphán, y de Jemarías hijo de Hilcías, (los cuales envió Sedechîas rey de Judá á Babilonia, á Nabucodonosor rey de Babilonia,) diciendo:4Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, á todos los de la cautividad que hice trasportar de Jerusalem á Babilonia:5Edificad casas, y morad; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos;6Casaos, y engendrad hijos é hijas; dad mujeres á vuestros hijos, y dad maridos á vuestras hijas, para que paran hijos é hijas; y multiplicaos ahí, y no os hagáis pocos.7Y procurad la paz de la ciudad á la cual os hice traspasar, y rogad por ella á Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.8Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No os engañen vuestros profetas que están entre vosotros, ni vuestros adivinos; ni miréis á vuestros sueños que soñáis.9Porque falsamente os profetizan ellos en mi nombre: no los envié, ha dicho Jehová.10Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplieren los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para tornaros á este lugar.11Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.12Entonces me invocaréis, é iréis y oraréis á mí, y yo os oiré:13Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.14Y seré hallado de vosotros, dice Jehová, y tornaré vuestra cautividad, y os juntaré de todas las gentes, y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice ser llevados.

Jeremías confió a dos viajeros una carta para Babilonia. Estaba destinada a aquellos de todas las clases del pueblo que ya habían sido transportados bajo el reinado precedente. El tono de esta carta es muy distinto del que usa el profeta cuando se dirige al pueblo que quedó en Jerusalén. A aquéllos les puede expresar, de parte de Jehová, “pensamientos de paz y no de mal”, consuelo, aliento y conmovedoras promesas.

Lo mismo que Israel en Babilonia, el creyente es un extranjero en la tierra. Su ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20). Espera el cumplimiento de la promesa que lo introducirá en su verdadera Patria. La “buena palabra” de Dios le garantiza el fin que espera (v. 10 y 11). Empero no le fija, como a esos transportados, el exacto momento en que esa bienaventurada esperanza se realizará. En efecto, el Señor desea que le esperemos continuamente. Y, hasta el feliz momento de su retorno, acordémonos de que también nosotros tenemos deberes para con nuestra ciudad o nuestra aldea (v. 7): procurar la paz (comp. Mateo 5:9), pensar en el verdadero bien de las almas y orar por aquellos con quienes vivimos.

Jeremías 29:15-32
15Mas habéis dicho: Jehová nos ha suscitado profetas en Babilonia.16Así empero ha dicho Jehová, del rey que está sentado sobre el trono de David, y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con vosotros en cautiverio;17Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío yo contra ellos cuchillo, hambre, y pestilencia, y pondrélos como los malos higos, que de malos no se pueden comer.18Y perseguirélos con espada, con hambre y con pestilencia; y darélos por escarnio á todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por silbo y por afrenta á todas la gentes á las cuales los habré arrojado;19Porque no oyeron mis palabras, dice Jehová, que les envié por mis siervos los profetas, madrugando en enviarlos; y no habéis escuchado, dice Jehová.20Oid pues palabra de Jehová, vosotros todos los trasportados que eché de Jerusalem á Babilonia.21Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de Achâb hijo de Colías, y acerca de Sedechîas hijo de Maasías, quienes os profetizan en mi nombre falsamente: He aquí los entrego yo en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y él los herirá d22Y todos los trasportados de Judá que están en Babilonia, tomarán de ellos maldición, diciendo: Póngate Jehová como á Sedechîas y como á Achâb, los cuales asó al fuego el rey de Babilonia.23Porque hicieron maldad en Israel, y cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos, y falsamente hablaron en mi nombre palabra que no les mandé; lo cual yo sé, y soy testigo, dice Jehová.24Y á Semaías de Nehelam hablarás, diciendo:25Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Por cuanto enviaste letras en tu nombre á todo el pueblo que está en Jerusalem, y á Sophonías sacerdote hijo de Maasías, y á todos los sacerdotes, diciendo:26Jehová te ha puesto por sacerdote en lugar de Joiada sacerdote, para que presidáis en la casa de Jehová sobre todo hombre furioso y profetizante, poniéndolo en el calabozo y en el cepo.27¿Por qué pues no has ahora reprendido á Jeremías de Anathoth, que os profetiza falsamente?28Porque por eso nos envió á decir en Babilonia: Largo va el cautiverio: edificad casas, y morad; plantad huertos, y comed el fruto de ellos.29Y Sophonías sacerdote había leído esta carta á oídos de Jeremías profeta.30Y fué palabra de Jehová á Jeremías, diciendo:31Envía á decir á toda la transmigración: Así ha dicho Jehová de Semaías de Nehelam: Porque os profetizó Semaías, y yo no lo envié, y os hizo confiar en mentira:32Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo visito sobre Semaías de Nehelam, y sobre su generación: no tendrá varón que more entre este pueblo, ni verá aquel bien que haré yo á mi pueblo, dice Jehová: porque contra Jehová ha hablado rebelión.

La funesta actividad de los falsos profetas no se limitaba a Jerusalén y Judá. En la misma Babilonia, algunos de los del pueblo transportado propagaban palabras mentirosas. En su carta, Jeremías pone en guardia contra ellos a “los cautivos” y anuncia el horrible fin de dos de esos hombres malvados: Sedequías y Acab. Un tercero, Semaías, había escrito desde Babilonia al pueblo que había quedado en Jerusalén para impelerle a la rebelión contra Jehová (final del v. 32). En una de sus cartas, ese hombre ni siquiera había vacilado en designar a un nuevo sacerdote con el cual contaba para apoderarse de Jeremías. Pero, como este último lo escribió en otra parte: “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” (Lamentaciones 3:37). Semaías también debe oír la sentencia de Jehová contra él.

Cuántas veces, en sus epístolas inspiradas, otros siervos de Dios se verán obligados a denunciar a falsos maestros y malos obreros (por ejemplo, véase Gálatas 1:7; Filipenses 3:2; 2 Pedro 2:1; 1 Juan 2:18; Judas 3-4 y sig.) Hijos de Dios, nuestra seguridad consiste en conocer bien la voz del buen Pastor (Juan 10:4-5). Entonces no correremos el riesgo de confundirla con otra.

Jeremías 30:1-24
1PALABRA que fué á Jeremías de Jehová, diciendo:2Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado.3Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que tornaré la cautividad de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y harélos volver á la tierra que dí á sus padres, y la poseerán.4Estas pues son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá.5Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor: espanto, y no paz.6Preguntad ahora, y mirad si pare el varón: porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer de parto, y hanse tornado pálidos todos los rostros.7Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante á él: tiempo de angustia para Jacob; mas de ella será librado.8Y será en aquel día, dice Jehová de los ejércitos, que yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extraños no lo volverán más á poner en servidumbre,9Sino que servirán á Jehová su Dios, y á David su rey, el cual les levantaré.10Tú pues, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, ni te atemorices, Israel: porque he aquí que yo soy el que te salvo de lejos, y á tu simiente de la tierra de su cautividad; y Jacob tornará, y descansará y sosegará, y no habrá quien le espante.11Porque yo soy contigo, dice Jehová, para salvarte: y haré consumación en todas las gentes entre la cuales te esparcí; en ti empero no haré consumación, sino que te castigaré con juicio, y no te talaré del todo.12Porque así ha dicho Jehová: Desahuciado es tu quebrantamiento, y dificultosa tu llaga.13No hay quien juzgue tu causa para salud: no hay para ti eficaces medicamentos.14Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque de herida de enemigo te herí, con azote de cruel, á causa de la muchedumbre de tu maldad, y de la multitud de tus pecados.15¿Por qué gritas á causa de tu quebrantamiento? Desahuciado es tu dolor: porque por la grandeza de tu iniquidad, y por tus muchos pecados te he hecho esto.16Empero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus afligidores, todos irán en cautiverio; y hollados serán los que te hollaron, y á todos los que hicieron presa de ti daré en presa.17Mas yo haré venir sanidad para ti, y te sanaré de tus heridas, dice Jehová; porque Arrojada te llamaron, diciendo: Esta es Sión, á la que nadie busca.18Así ha dicho Jehová: He aquí yo hago tornar la cautividad de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia; y la ciudad será edificada sobre su collado, y el templo será asentado según su forma.19Y saldrá de ellos alabanza, y voz de gente que está en regocijo: y los multiplicaré, y no serán disminuídos; multiplicarélos, y no serán menoscabados.20Y serán sus hijos como de primero y su congregación delante de mí será confirmada; y visitaré á todos sus opresores.21Y de él será su fuerte, y de en medio de él saldrá su enseñoreador; y haréle llegar cerca, y acercaráse á mí: porque ¿quién es aquel que ablandó su corazón para llegarse á mí? dice Jehová.22Y me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios.23He aquí, la tempestad de Jehová sale con furor, la tempestad que se apareja; sobre la cabeza de los impíos reposará.24No se volverá la ira del enojo de Jehová, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de su corazón: en el fin de los días entenderéis esto.

Jehová invita a Jeremías a consignar todas Sus palabras en un libro. Las siguientes generaciones podrán remitirse a él, lo que aún es nuestro privilegio. Ya no tenemos entre nosotros profetas ni apóstoles que nos enseñen, pero Dios tuvo el cuidado de conservar para nosotros su Palabra escrita, única fuente de verdad para nuestras almas.

Mediante las Escrituras, Israel recibirá promesas y consuelo en medio de su peor angustia.

En el versículo 11 brillan a la vez la santidad y la bondad de Dios. No te dejaré sin castigo, dice él. De ninguna manera el Dios santo puede pasar por encima del mal. Por consideración a sí mismo debe corregir a los suyos. Pero el Dios de amor lo hace “con moderación” (V.M.), sin dar un solo golpe más de lo necesario (véase también cap. 10:24 y 46:28). Los versículos 18 y 19 del capítulo 31 nos mostrarán el efecto de esa saludable corrección (1 Corintios 11:32). Al mismo tiempo, al leer los versículos 18 a 22, se siente cómo Dios se regocija al pensar en sanar y restablecer a su pueblo.

“¿Quién es aquel que se atreve (o se compromete) a acercarse a mí?”, pregunta Jehová (v. 21). Y nosotros ¿somos cristianos por conformismo y costumbre, o bien tenemos nuestro corazón verdaderamente comprometido con el Señor?

Jeremías 31:1-14
1EN aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios á todos los linajes de Israel, y ellos me serán á mí por pueblo.2Así ha dicho Jehová: Halló gracia en el desierto el pueblo, los que escaparon del cuchillo, yendo yo para hacer hallar reposo á Israel.3Jehová se manifestó á mí ya mucho tiempo há, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto te soporté con misericordia.4Aun te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel: todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en corro de danzantes.5Aun plantarás viñas en los montes de Samaria: plantarán los plantadores, y harán común uso de ellas.6Porque habrá día en que clamarán los guardas en el monte de Ephraim: Levantaos, y subamos á Sión, á Jehová nuestro Dios.7Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo á la cabeza de gentes; haced oir, alabad, y decid: Oh Jehová, salva tu pueblo, el resto de Israel.8He aquí yo los vuelvo de tierra del aquilón, y los juntaré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer preñada y la parida juntamente; en grande compañía tornarán acá.9Irán con lloro, mas con misericordias los haré volver, y harélos andar junto á arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán: porque soy á Israel por padre, y Ephraim es mi primogénito.10Oid palabra de Jehová, oh gentes, y hacedlo saber en las islas que están lejos, y decid: El que esparció á Israel lo juntará y guardará, como pastor á su ganado.11Porque Jehová redimió á Jacob, redimiólo de mano del más fuerte que él.12Y vendrán, y harán alabanzas en lo alto de Sión, y correrán al bien de Jehová, al pan, y al vino, y al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, ni nunca más tendrán dolor.13Entonces la virgen se holgará en la danza, los mozos y los viejos juntamente; y su lloro tornaré en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor.14Y el alma del sacerdote embriagaré de grosura, y será mi pueblo saciado de mi bien, dice Jehová.

Pocas porciones del Antiguo Testamento traducen el amor de Dios de manera más conmovedora que estos versículos 1 a 14. La grandeza de ese amor incondicional, que se expresa para con seres que no tenían nada de amables, es puesta en evidencia por medio de nuestro alejamiento. “Desde lejos Jehová me apareció” (v. 3, V.M.) Pensemos en todo el camino que recorrió el Hijo de Dios para venir hasta nosotros. El amor del Dios eterno es un amor eterno. Es su misma naturaleza (1 Juan 4:8 y 16). Y cada creyente es personalmente el objeto de ese amor desde la eternidad pasada.

Al patético llamado del capítulo 3:4: “Padre mío, guiador de mi juventud”, ahora Jehová puede responder: “Soy a Israel por padre” (v. 9). Será sensible a las lágrimas de su pueblo, al que en otro tiempo “redimió de mano del más fuerte que él” y lo juntará “como el pastor a su rebaño”.

Estos versículos nos recuerdan a cada uno de nosotros, una bendita verdad. Dios nos ama no sólo cuando nos colma de gracias visibles (como lo hará con su pueblo terrenal según las magníficas declaraciones de los v. 7 a 14). En nuestros más sombríos momentos, aun cuando por nuestra culpa hayamos perdido el gozo de su comunión, él nunca deja de pensar en nosotros.

Jeremías 31:15-26
15Así ha dicho Jehová: Voz fué oída en Ramá, llanto y lloro amargo: Rachêl que lamenta por sus hijos, no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron.16Así ha dicho Jehová: Reprime tu voz del llanto, y tus ojos de las lágrimas; porque salario hay para tu obra, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo.17Esperanza también hay para tu fin, dice Jehová, y los hijos volverán á su término.18Escuchando, he oído á Ephraim que se lamentaba: Azotásteme, y fuí castigado como novillo indómito: conviérteme y seré convertido; porque tú eres Jehová mi Dios.19Porque después que me convertí, tuve arrepentimiento, y después que me conocí, herí el muslo: avergoncéme, y confundíme, porque llevé la afrenta de mis mocedades.20¿No es Ephraim hijo precioso para mí? ¿no es niño delicioso? pues desde que hablé de él, heme acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él: apiadado, tendré de él misericordia, dice Jehová.21Establécete señales, ponte majanos altos; nota atentamente la calzada, el camino por donde viniste: vuélvete, virgen de Israel, vuélvete á estas tus ciudades.22¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija contumaz? porque Jehová criará una cosa nueva sobre la tierra: una hembra rodeará al varón.23Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aun dirán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo convertiré su cautiverio: Jehová te bendiga, oh morada de justicia, oh monte santo.24Y morarán allí Judá, y también en todas sus ciudades labradores, y los que van con rebaño.25Porque habré embriagado el alma cansada, y henchido toda alma entristecida.26En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fué sabroso.

La hermosa restauración de Israel, anunciada en la primera parte del capítulo, será precedida por amargas lágrimas. Se ve al afligido pueblo bajo la figura de Raquel, la mujer de Jacob, llorando a sus desaparecidos hijos. (Como ocurre a menudo en la Escritura, este v. 15 se vio parcialmente cumplido con motivo de la masacre de los niños de Belén: Mateo 2:18). Pero para ese pueblo se tratará de una tristeza “según Dios”, la que “produce arrepentimiento para salvación” (2 Corintios 7:10). Los versículos 18 a 20 nos muestran que Dios entiende muy bien la expresión de semejante tristeza. Escuchemos cómo Efraín cuenta su historia. La divina corrección fue saludable; produjo su conversión, acompañada por un verdadero arrepentimiento. El conocimiento de sí mismo lo cubrió de vergüenza y confusión. Condena su juventud culpable e indómita. ¿Cada uno de nosotros puede hacer el mismo relato? Entonces, escuchemos igualmente cómo Dios se complace en llamarnos “hijo precioso… niño en quien me deleito”. En seguida nuestra confesión encuentra un testimonio personal e íntimo del amor eterno, así como los recursos que lo acompañan: “Satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida” (v. 25).

Jeremías 31:27-40
27He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal.28Y será que, como tuve ciudado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder, y afligir, así tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová.29En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agraces, y los dientes de los hijos tienen la dentera.30Sino que cada cual morirá por su maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agraces, tendrán la dentera.31He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Jacob y la casa de Judá:32No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, bien que fuí yo un marido para ellos, dice Jehová:33Mas éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo á ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.34Y no enseñará más ninguno á su prójimo, ni ninguno á su hermano, diciendo: Conoce á Jehová: porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.35Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche; que parte la mar y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre:36Si estas leyes faltaren delante de mí, dice Jehová, también la simiente de Israel faltará para no ser nación delante de mí todos los días.37Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y buscarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la simiente de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.38He aquí que vienen días, dice Jehová, y la ciudad será edificada á Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del rincón.39Y saldrá más adelante el cordel de la medida delante de él sobre el collado de Hareb, y rodeará á Goa.40Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza, y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos al oriente, será santo á Jehová: no será arrancada, ni destruída más para siempre.

Jeremías no anuncia solamente acontecimientos enojosos. También tiene buenas noticias para el pueblo. “He aquí vienen días”, dice él, en que Jehová restablecerá la casa de Israel y la de Judá en virtud de un nuevo pacto. El antiguo había sido quebrantado por el pueblo. Éste se había mostrado incapaz de hacer frente a sus obligaciones resumidas en la ley. Por eso Dios no dará más esa ley a los suyos en tablas de piedra. La pondrá en sus corazones (así serán a imagen del Siervo obediente; véase Salmo 40:8). Va a escribirla directamente en sus corazones regenerados (v. 33; 2 Corintios 3:3). Dicho de otro modo, ellos cumplirán la voluntad de Jehová por amor y no ya por temor. Con más razón ¿no es el gran motivo que debe llevar a los hijos de Dios a obedecer a su Padre celestial? Sí, dejemos que él grabe en cada uno de nuestros corazones las enseñanzas de su Palabra.

“Todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande”. El Señor desea que así sea en cada una de nuestras familias.

Los versículos 31 a 34 son citados en Hebreos 8:10 a 12. Terminan con la promesa que también nos concierne: “Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (comp. Hechos 10:43). Porque “la sangre del nuevo pacto” también fue derramada por nosotros (Mateo 26:28).

Jeremías 32:1-15
1PALABRA que fué á Jeremías, de Jehová el año décimo de Sedechîas rey de Judá, que fué el año décimo octavo de Nabucodonosor.2Y entonces el ejército del rey de Babilonia tenía cercada á Jerusalem; y el profeta Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel que estaba en la casa del rey de Judá.3Pues Sedechîas rey de Judá lo había preso, diciendo: ¿Por qué profetizas tú diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí yo entrego esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y tomarála,4Y Sedechîas rey de Judá no escapará de la mano de los Caldeos, sino que de cierto será entregado en mano del rey de Babilonia, y hablará con él boca á boca, y sus ojos verán sus ojos,5Y hará llevar á Sedechîas á Babilonia, y allá estará hasta que yo le visite, dice Jehová: si peleareis con los Caldeos, no os sucederá bien?6Y dijo Jeremías: Palabra de Jehová fué á mí, diciendo:7He aquí que Hanameel, hijo de Sallum tu tío, viene á ti, diciendo: Cómprame mi heredad que está en Anathoth; porque tú tienes derecho á ella para comprarla.8Y vino á mí Hanameel, hijo de mi tío, conforme á la palabra de Jehová, al patio de la cárcel, y díjome: Compra ahora mi heredad que está en Anathoth, en tierra de Benjamín, porque tuyo es el derecho de la herencia, y á ti compete la redención: cómprala pa9Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la cual estaba en Anathoth, y peséle el dinero: diecisiete siclos de plata.10Y escribí la carta, y selléla, é hice atestiguar á testigos, y pesé el dinero con balanza.11Tomé luego la carta de venta, sellada según el derecho y costumbre, y el traslado abierto.12Y dí la carta de venta á Baruch hijo de Nerías, hijo de Maasías, delante de Hanameel el hijo de mi tío, y delante de los testigos que habían suscrito en la carta de venta, delante de todos los Judíos que estaban en el patio de la cárcel.13Y dí orden á Baruch delante de ellos, diciendo:14Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Toma estas cartas, esta carta de venta, la sellada, y ésta la carta abierta, y ponlas en un vaso de barro, para que se guarden muchos días.15Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aun se comprarán casas, y heredades, y viñas en esta tierra.

Este capítulo 32 se abre sobre acontecimientos particularmente críticos. Jerusalén, sitiada por el ejército babilónico, está viviendo los últimos días de su independencia. Para hacer callar a Jeremías, acusado de socavar el ánimo de los asediados, el rey tuvo la precaución de encerrarlo en la cárcel del palacio. Pero el cautiverio del profeta no impide que la palabra de Jehová llegue hasta él. Tampoco le impide que, conforme a las instrucciones que recibe, compre el campo de su primo Hanameel por medio de su fiel Baruc, mencionado aquí por primera vez. En semejante momento ese acto tiene un significado evidente y público. Pese a saber por medio de la palabra de Jehová que la ruina es inminente e inevitable, Jeremías muestra su fe en la misma Palabra divina, según la cual la restauración de Israel se cumplirá más tarde con toda seguridad (cap. 31). La situación personal del profeta no tiene solución (¿para qué puede servirle un campo a un prisionero?), la del pueblo es desesperada; humanamente hablando, Jeremías no tiene nada que esperar de sus compatriotas ni de los enemigos caldeos. Pero, contra toda esperanza, él cree con esperanza (véase Romanos 4:18). Y ese campo que él compra da testimonio de ello ante todos.

Jeremías 32:16-28, 36-44
16Y después que dí la carta de venta á Baruch hijo de Nerías, oré á Jehová, diciendo:17Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti:18Que haces misericordia en millares, y vuelves la maldad de los padres en el seno de sus hijos después de ellos: Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre:19Grande en consejo, y magnífico en hechos: porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar á cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras:20Que pusiste señales y portentos en tierra de Egipto hasta este día, y en Israel, y entre los hombres; y te has hecho nombre cual es este día;21Y sacaste tu pueblo Israel de tierra de Egipto con señales y portentos, y con mano fuerte y brazo extendido, con terror grande;22Y dísteles esta tierra, de la cual juraste á sus padres que se la darías, tierra que mana leche y miel:23Y entraron, y poseyéronla: mas no oyeron tu voz, ni anduvieron en tu ley; nada hicieron de lo que les mandaste hacer; por tanto has hecho venir sobre ellos todo este mal.24He aquí que con arietes han acometido la ciudad para tomarla; y la ciudad va á ser entregada en mano de los Caldeos que pelean contra ella, á causa de la espada, y del hambre y de la pestilencia: ha pues venido á ser lo que tú dijiste, y he aquí tú lo est25Oh Señor Jehová! ¿y me has tú dicho: Cómprate la heredad por dinero, y pon testigos; bien que la ciudad sea entregada en manos de los Caldeos?26Y fué palabra de Jehová á Jeremías, diciendo:27He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿encubriráseme á mí alguna cosa?28Por tanto así ha dicho Jehová: He aquí voy á entregar esta ciudad en mano de los Caldeos, y en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la tomará:
36Y con todo, ahora así dice Jehová Dios de Israel, á esta ciudad, de la cual decís vosotros, Entregada será en mano del rey de Babilonia á cuchillo, á hambre, y á pestilencia:37He aquí que yo los juntaré de todas las tierras á las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo y saña grande; y los haré tornar á este lugar, y harélos habitar seguramente,38Y me serán por pueblo, y yo seré á ellos por Dios.39Y daréles un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que hayan bien ellos, y sus hijos después de ellos.40Y haré con ellos pacto eterno, que no tornaré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.41Y alegraréme con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.42Porque así ha dicho Jehová: Como traje sobre este pueblo todo este grande mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo.43Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros decís: Está desierta, sin hombres y sin animales; es entregada en manos de los Caldeos.44Heredades comprarán por dinero, y harán carta, y la sellarán, y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalem, y en las ciudades de Judá: y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de las campiñas, y en las ciudades del

Aún hoy, cuando alguien compra un terreno o una casa, se debe cumplir cierto número de formalidades ante un escribano y las autoridades. Después de eso, el nuevo adquirente recibe un documento oficial que prueba su calidad de propietario. Jeremías conservará cuidadosamente las cartas que acreditan que el campo le pertenece (v. 14). Dios, por la Palabra de su gracia, garantiza a todos sus hijos “herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32). Y podemos afirmar como Pablo: “Estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12). Además, ese final del reino de Judá por diversos motivos se parece a los días de la segunda epístola a Timoteo. En medio de la ruina, Jeremías, solo y prisionero como el apóstol, sabe a quién creyó. Su oración sube hacia Jehová (v. 16-25). Pone en contraste la actual angustia con las bendiciones de otros tiempos. Pero conoce el gran poder del Señor (v. 17), su bondad (v. 18) y la grandeza de su consejo (v. 19; comp. 2 Timoteo 1:7). “Ni hay nada que sea difícil para ti” puede decir él. Es lo que Dios le confirma en su hermosa respuesta… y lo que nos confirma (v. 27; comp. Mateo 19:26).

Jeremías 33:1-18
1Y FUÉ palabra de Jehová á Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo:2Así ha dicho Jehová que la hizo, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre:3Clama á mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes.4Porque así ha dicho Jehová, Dios de Israel, acerca de las casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derribadas con arietes y con hachas:5(Porque vinieron para pelear con los Caldeos, para henchirlas de cuerpos de hombres muertos, á los cuales herí yo con mi furor y con mi ira, pues que escondí mi rostro de esta ciudad, a causa de toda su malicia:)6He aquí que yo le hago subir sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.7Y haré volver la cautividad de Judá, y la cautividad de Israel, y edificarélos como al principio.8Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron.9Y seráme á mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las gentes de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré.10Así ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que está desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, que están asoladas sin hombre y sin morador y sin animal, tiene de oirse aún,11Voz de gozo y voz de alegría, voz de desposado y voz de desposada, voz de los que digan: Alabad á Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia; voz de los que traigan alabanza á la casa de Jehová. Porque tornaré 12Así dice Jehová de los ejércitos: En este lugar desierto, sin hombre y sin animal, y en todas sus ciudades, aun habrá cabañas de pastores que hagan tener majada á ganados.13En las ciudades de las montañas, en las ciudades de los campos, y en las ciudades del mediodía, y en tierra de Benjamín, y alrededor de Jerusalem y en las ciudades de Judá, aun pasarán ganados por las manos de los contadores, ha dicho Jehová.14He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré la palabra buena que he hablado á la casa de Israel y á la casa de Judá.15En aquellos días y en aquel tiempo haré producir á David Pimpollo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra.16En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalem habitará seguramente, y esto es lo que la llamarán: Jehová, justicia nuestra.17Porque así ha dicho Jehová: No faltará á David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel;18Y de los sacerdotes y Levitas no faltará varón de mi presencia que ofrezca holocausto, y encienda presente, y que haga sacrificio todos los días.

De nuevo Jehová se dirige a su siervo en la cárcel. Todavía tiene que hacerle preciosas revelaciones y le exhorta a orar para obtenerlas (v. 3; Amós 3:7). Dios está siempre dispuesto a instruirnos en cosas grandes y ocultas que no sabemos. Pero nos invita a pedírselas primeramente.

Jeremías va a oír hablar de lo que más le preocupa: la restauración de su pueblo después del desastre que va a caer sobre él. Hoy día, en ciertas regiones cuyo suelo es estéril existen aldeas enteras que fueron abandonadas como consecuencia del despoblamiento del campo. Pocos espectáculos son tan lúgubres. Cuánto peor debía ser la desolación de una ciudad como Jerusalén devastada y quemada después del exilio de sus habitantes (v. 10; véase Nehemías 2:13-14). Pero las promesas de Dios son formales: la alegría y la animación llenarán de nuevo la ciudad. Se le dará un nombre nuevo: “Jehová, justicia nuestra” (v. 16); él nos recuerda que nadie entrará en la ciudad celestial en virtud de su propia justicia. Allí todo estará exclusivamente fundado en la de Cristo. Y las dos familias por medio de las cuales se aseguraban las relaciones del pueblo con Dios —la de los reyes y la de los sacerdotes— volverán a verse representadas (v. 17-18).

Jeremías 34:8-22
8Palabra que fué á Jeremías de Jehová, después que Sedechîas hizo concierto con todo el pueblo en Jerusalem, para promulgarles libertad:9Que cada uno dejase su siervo, y cada uno su sierva, hebreo y hebrea, libres; que ninguno usase de los Judíos su hermanos como de siervos.10Y como oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que habían venido en el concierto de dejar cada uno su siervo y cada uno su sierva libres, que ninguno usase más de ellos como de siervos, obedecieron, y dejáronlos.11Mas después se arrepintieron, é hicieron tornar los siervos y las siervas que habían dejado libres, y sujetáronlos por siervos y por siervas.12Y fué palabra de Jehová á Jeremías, de parte de Jehová, diciendo:13Así dice Jehová Dios de Israel: Yo hice pacto con vuestros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos, diciendo:14Al cabo de siete años dejaréis cada uno á su hermano hebreo que te fuere vendido; te servirá pues seis años, y lo enviarás libre de ti: mas vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron su oído.15Y vosotros os habíais hoy convertido, y hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno libertad á su prójimo; y habíais hecho concierto en mi presencia, en la casa sobre la cual es invocado mi nombre:16Pero os habéis vuelto y profanado mi nombre, y habéis tornado á tomar cada uno su siervo y cada uno su sierva, que habíais dejado libres á su voluntad; y los habéis sujetado á seros siervos y siervas.17Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído en promulgar cada uno libertad á su hermano, y cada uno á su compañero: he aquí que yo os promulgo libertad, dice Jehová, á cuchillo y á pestilencia, y á hambre; y os pondré en remoción á todos lo18Y entregaré á los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado á efecto las palabras del pacto que celebraron en mi presencia dividiendo en dos partes el becerro y pasando por medio de ellas:19A los príncipes de Judá y á los príncipes de Jerusalem, á los eunucos y á los sacerdotes, y á todo el pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro,20Entregarélos en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su alma; y sus cuerpos muertos serán para comida de las aves del cielo, y de las bestias de la tierra.21Y á Sedechîas rey de Judá, y á sus príncipes, entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su alma, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se fueron de vosotros.22He aquí, mandaré yo, dice Jehová, y harélos volver á esta ciudad, y pelearán contra ella, y la tomarán, y la abrasarán á fuego; y reduciré á soledad las ciudades de Judá, hasta no quedar morador.

Mientras se desarrolla el sitio de Jerusalén, Jehová encarga a Jeremías un mensaje personal para el rey Sedequías (v. 2-6), sin duda aquel al que alude el capítulo 32 versículo 3. Dios promete al rey indulgencia y una muerte apacible. En efecto, por los versículos 8 y 9 nos enteramos de que las intenciones de ese hombre no eran malas. Hasta estaba animado de cierta benevolencia hacia Jeremías (38:10 y 16). Pero le faltaba totalmente fortaleza de carácter. No tenía la energía que la fe dará a Nehemías en una ocasión parecida (véase Nehemías 5). Después de haber decretado la libertad de todos los siervos hebreos, Sedequías no es capaz de hacer respetar esa decisión por mucho tiempo. Entonces, Jehová recuerda a ese respecto cuáles son las precisas instrucciones de la ley, que ya los padres no habían tenido en cuenta. Y nosotros recordamos las enseñanzas referentes al siervo, quien por amor no quiere salir libre, hermosa figura del Señor Jesús (Éxodo 21:2-6).

Dios va a servirse de la malvada acción de esos hombres para ilustrar el castigo que él les reserva. Va a actuar como ellos, es decir, quitándoles la libertad que les había otorgado en otros tiempos y sometiéndolos al rey de Babilonia (Lucas 6:38).

Jeremías 35:1-11
1PALABRA que fué á Jeremías de Jehová en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:2Ve á casa de los Rechâbitas, y habla con ellos, é introdúcelos en la casa de Jehová, en una de las cámaras, y dales á beber vino.3Tomé entonces á Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habassinías, y á sus hermanos, y á todos sus hijos, y á toda la familia de los Rechâbitas;4Y metílos en la casa de Jehová, en la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, varón de Dios, la cual estaba junto á la cámara de los príncipes, que estaba sobre la cámara de Maasías hijo de Sallum, guarda de los vasos.5Y puse delante de los hijos de la familia de los Rechâbitas tazas y copas llenas de vino, y díjeles: Bebed vino.6Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Rechâb nuestro padre nos mandó, diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos:7Ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la tendréis: mas moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la haz de la tierra donde vosotros peregrináis.8Y nosotros hemos obedecido á la voz de Jonadab nuestro padre, hijo de Rechâb, en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas;9Y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera.10Moramos pues en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme á todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre.11Sucedió, empero, que cuando Nabucodonosor rey de Babilonia subió á la tierra, dijimos: Venid, y entrémonos en Jerusalem, de delante del ejército de los Caldeos y de delante del ejército de los de Siria: y en Jerusalem nos quedamos.

Esta vez Jeremías tiene ante sí un servicio que se revelará como alentador. Dios le encargó que invitara a los miembros de la familia de los recabitas a la casa de Jehová a fin de ponerlos a prueba. ¿Tomarán el vino que el profeta les servirá? Esos hombres rehúsan con firmeza las copas que se les ofrece y dan a conocer el motivo de esa actitud. Como verdaderos nazareos están consagrados a abstenerse de lo que representa los goces del mundo (Números 6:1-3). Además, manifestando el carácter de extranjeros en una tierra donde sólo residen temporalmente (fin del v. 7), no siembran ni edifican, sino que viven en tiendas. Toda esa conducta —aclaran ellos— les fue dictada por su antepasado Jonadab, ese hombre fiel que 2 Reyes 10:15 y 16 nos muestra tomando firme partido por Jehová.

Algunos de nosotros hemos tenido padres o abuelos que nos enseñaron —sin que siempre fuera comprendida— la separación respecto de un mundo en el cual el creyente es extranjero como lo fue su Señor. Más que nunca debe ser realizada en vísperas de su retorno (Apocalipsis 22:11-12). Y él, por cuanto nos ha dado en sí mismo un “gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8), nos invita a abstenernos de los goces del mundo.

Jeremías 35:12-19
12Y fué palabra de Jehová á Jeremías, diciendo:13Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve, y di á los varones de Judá, y á los moradores de Jerusalem: ¿No recibiréis instrucción para obedecer á mis palabras? dice Jehová.14Fué firme la palabra de Jonadab hijo de Rechâb, el cual mandó á sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre; y yo os he hablado á vosotros, madrugando, y hablando, y no me habéis oído.15Y envié á vosotros á todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos á decir: Tornaos ahora cada uno de su mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que dí á vosotros y á vuestro16Ciertamente los hijos de Jonadab, hijo de Rechâb, tuvieron por firme el mandamiento que les dió su padre; mas este pueblo no me ha obedecido.17Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalem todo el mal que contra ellos he hablado: porque les hablé, y no oyeron; llamélos, y no han respondido.18Y dijo Jeremías á la familia de los Rechâbitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Porque obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, é hicisteis conforme á todas las cosas que os mandó;19Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará varón de Jonadab, hijo de Rechâb, que esté en mi presencia todos los días.

Los hijos de Recab fácilmente habrían podido alegar que, como habían transcurrido más de 250 años desde las instrucciones de su antepasado, era necesario vivir de modo acorde a la época, o que un comportamiento exterior carecía de valor frente a las disposiciones del corazón. Hoy en día, algunos invocan tales pretextos para ensanchar el camino. ¡Pero no! y Dios se complace en reconocer que “los hijos de Jonadab, hijo de Recab, tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre” (v. 16). De una generación a otra habían mantenido firmemente, sin ruido (pero ciertamente no sin oprobio ni sufrimientos) la piadosa línea de conducta trazada por su antecesor. Bajo los tan odiosos reinados de Acaz, de Manasés y de Amón, habían formado parte de los fieles ocultos que Jehová conocía, como los siete mil en tiempos de Elías (1 Reyes 19:18). Y no habríamos sabido nada de toda esa familia si Dios no hubiese querido servirse de ella para dar testimonio público a todo Judá. Sí, el ejemplo de los recabitas subrayaba la desobediencia del pueblo de Jerusalén… de igual modo que hoy la manera de vivir de los cristianos debería, por contraste, condenar a un mundo rebelado contra Dios y hablar a su conciencia.

Jeremías 36:1-15
1Y ACONTECIO en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que fué esta palabra á Jeremías, de Jehová, diciendo:2Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las gentes, desde el día que comencé á hablarte, desde los días de Josías hasta hoy.3Quizá oirá la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, para avolverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.4Y llamó Jeremías á Baruch hijo de Nerías, y escribió Baruch de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado.5Después mandó Jeremías á Baruch, diciendo: Yo estoy preso, no puedo entrar en la casa de Jehova:6Entra tú pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová en oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también en oídos de todo Judá que vienen de sus ciudades.7Quizá caerá oración de ellos en la presencia de Jehová, y tornaráse cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.8Y Baruch hijo de Nerías hizo conforme á todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová.9Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová, á todo el pueblo de Jerusalem, y á todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá á Jerusalem.10Y Baruch leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en la cámara de Gemarías hijo de Saphán escriba, en el atrio de arriba, á la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, en oídos del pueblo.11Y Michêas hijo de Gemarías, hijo de Saphán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová,12Descendió á la casa del rey, á la cámara del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, á saber: Elisama secretario, y Delaías hijo de Semeías, y Elnathán hijo de Achbor, y Gemarías hijo de Saphán, y Sedechîas hijo de Ananías, y 13Y contóles Michêas todas las palabras que había oído leyendo Baruch en el libro en oídos del pueblo.14Entonces enviaron todos los príncipes á Jehudí hijo de Nethanías, hijo de Selemías, hijo de Chusi, para que dijese á Baruch: Toma el rollo en que leíste á oídos del pueblo, y ven. Y Baruch, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano, y vino á ellos.15Y dijéronle: Siéntate ahora, y léelo en nuestros oídos. Y leyó Baruch en sus oídos.

Ya conocemos a Baruc, secretario y fiel amigo de Jeremías (cap. 32:12). Su nombre significa «bendecido». Aunque pertenecía a una familia noble (su hermano Seraías era principal camarero del rey; cap. 51:59), ese hombre había escogido la compañía del profeta cautivo, odiado y menospreciado, antes que la de los príncipes, a la cual su nacimiento le daba derecho a frecuentar. Nos hace pensar en Onesíforo, ese abnegado hermano que visitaba a Pablo en su prisión de Roma, respecto de quien este último pudo escribir a Timoteo: “Muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas… Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor” (2 Timoteo 1:16-18). Baruc también está siempre dispuesto a servir, pese a los riesgos que ello implica. Sí, admiremos —y deseemos poseer— ese hermoso celo dictado por el amor a Dios y, a la vez, a su siervo y a su pueblo. Aquí se trata de escribir las palabras de Dios mismo bajo el dictado de Jeremías, prisionero (comp. también Romanos 16:22), y luego de leerlas, el día del ayuno, a oídos de todos los de Judá. Un oyente especialmente atento, llamado Micaías, se apresura a informar a los príncipes y éstos convocan a Baruc para que les haga oír de modo particular el contenido de ese rollo.

Jeremías 36:16-32
16Y fué que, como oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado á su compañero, y dijeron á Baruch: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras.17Preguntaron luego á Baruch, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras.18Y Baruch les dijo: El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro.19Entonces dijeron los príncipes á Baruch: Ve, y escóndete tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.20Y entraron al rey al atrio, habiendo depositado el rollo en la cámara de Elisama secretario; y contaron en los oídos del rey todas estas palabras.21Y envió el rey á Jehudí á que tomase el rollo, el cual lo tomó de la cámara de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí en oídos del rey, y en oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban.22Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delante de él;23Y fué que, como Jehudí hubo leído tres ó cuatro planas, rasgólo con un cuchillo de escribanía, y echólo en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había.24Y no tuvieron temor, ni rasgaron sus vestidos, el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras.25Y aunque Elnathán y Delaías y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oir:26Antes mandó el rey á Jerameel hijo de Amelech, y á Seraías hijo de Azriel, y á Selemías hijo de Abdeel, que prendiesen á Baruch el escribiente y á Jeremías profeta; mas Jehová los escondió.27Y fué palabra de Jehová á Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruch había escrito de boca de Jeremías, diciendo:28Vuelve á tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras, que estaban en el primer rollo que quemó Joacim, el rey de Judá.29Y dirás á Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto, vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella hombres ni animales?30Por tanto, así ha dicho Jehová, en orden á Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche.31Y visitaré sobre él, y sobre su simiente, y sobre sus siervos, su maldad; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalem, y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he dicho y no escucharon.32Y tomó Jeremías otro rollo, y diólo á Baruch hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.

Hemos dejado a Baruc sentado en medio de los príncipes de Judá, ocupado en leerles las palabras de Jehová. Espantados, esos hombres se miran unos a otros. El asunto les parece demasiado serio como para no hablar de ello al rey. Este último, puesto al tanto, ordena que también a él se le haga oír el contenido de ese temible rollo. Señalemos que su contenido no nos fue dado a conocer ni en el momento de su redacción ni con motivo de sus tres lecturas. Pero cabe pensar que el capítulo 25 de nuestro libro formaba parte de él (comp. respectivamente v. 1 y 29 con cap. 25:1 y 9).

Después de haber escuchado un rato con creciente irritación, el rey se apodera del rollo, lo acuchilla y lo echa al fuego. Era su insensata manera de querer deshacerse del juicio. Pero no sólo no podía destruir con el rollo una sola de las palabras escritas en él (al contrario, por orden de Jehová otro viene a reemplazarlo, al cual se le añaden todavía “otras palabras semejantes”), sino que el rey atraía sobre sí un castigo suplementario (v. 30-31; Proverbios 13:13).

¡Cuántas personas desprecian la Palabra de Dios, sin que ello necesariamente sea hecho por una imitación del temerario gesto de Joacim (Salmo 50:17; 1 Juan 4:6).

Jeremías 37:1-21
1Y REINO el rey Sedechîas hijo de Josías, en lugar de Conías hijo de Joacim, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia había constituído por rey en la tierra de Judá.2Mas no obedeció él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra á las palabras de Jehová, que dijo por el profeta Jeremías.3Y envió el rey Sedechîas á Jucal hijo de Selemías, y á Sephanías hijo de Maasías sacerdote, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros á Jehová nuestro Dios.4Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque no lo habían puesto en la casa de la cárcel.5Y como el ejército de Faraón hubo salido de Egipto, y vino la fama de ellos á oídos de los Caldeos que tenían cercada á Jerusalem, partiéronse de Jerusalem.6Entonces fué palabra de Jehová á Jeremías profeta, diciendo:7Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió á mí para que me preguntaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió á su tierra en Egipto.8Y tornarán los Caldeos, y combatirán esta ciudad, y la tomarán, y la pondrán á fuego.9Así ha dicho Jehová: No engañéis vuestras almas, diciendo: Sin duda los Caldeos se han ido de nosotros: porque no se irán.10Porque aun cuando hirieseis todo el ejército de los Caldeos que pelean con vosotros, y quedasen de ellos hombres alanceados, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad á fuego.11Y aconteció que, como el ejército de los Caldeos se fué de Jerusalem á causa del ejército de Faraón,12Salíase de Jerusalem Jeremías para irse á tierra de Benjamín, para apartarse de allí en medio del pueblo.13Y cuando fué á la puerta de Benjamín, estaba allí un prepósito que se llamaba Irías, hijo de Selemías hijo de Hananías, el cual prendió á Jeremías profeta, diciendo: Fnatú te retiras á los Caldeos.14Y Jeremías dijo: Falso: no me retiro á los Caldeos. Mas él no lo escuchó, antes prendió Irías á Jeremías, y llevólo delante de los príncipes.15Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y azotáronle, y pusiéronle en prisión en la casa de Jonathán escriba, porque aquélla habían hecho casa de cárcel.16Entró pues Jeremías en la casa de la mazmorra, y en las camarillas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días,17El rey Sedechîas envió, y sacóle; y preguntóle el rey escondidamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado.18Dijo también Jeremías al rey Sedechîas: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la casa de la cárcel?19¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban, diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra?20Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor: caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver á casa de Jonathán escriba, porque no me muera allí.21Entonces dió orden el rey Sedechîas, y depositaron á Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la plaza de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

El capítulo 37 nos traslada de nuevo al tiempo de Sedequías. Mejor intencionado pero más débil que su antecesor, ese rey igualmente permanece sordo a todas las palabras de Jehová. Ello no le impide, como en el capítulo 21, consultar a Jeremías y reclamar su intercesión. Muy a menudo, nos sentimos más inclinados a hacer peticiones al Señor que a escuchar lo que él quiere decirnos. Pero si deseamos que él conteste a nuestras oraciones, empecemos, pues, por obedecerle (Juan 15:7).

Por un momento los acontecimientos parecen contradecir lo que el profeta había anunciado. En lugar de tomar a Jerusalén, los caldeos —amenazados por el ejército egipcio— levantan el sitio y se van. La ciudad parece liberada. ¡Jehová le recuerda a Jeremías que ésta es una situación provisional! Jeremías piensa aprovecharla para abandonar la ciudad condenada, pero es reconocido y es llevado a los príncipes bajo el cargo de traición. En tiempos de Joacim, los príncipes parecen haber tenido mejores disposiciones que el rey (cap. 36:19). Bajo el gobierno de Sedequías ocurre lo contrario. En tanto que Jeremías ha sido azotado y encarcelado por esos príncipes, el rey arregla una entrevista secreta con él y luego mejora las condiciones de su cautiverio.

Jeremías 38:1-13
1Y OYO Sephatías hijo de Mathán, y Gedalías hijo de Pashur, y Jucal hijo de Selemías, y Pashur hijo de Melchías, las palabras que Jeremías hablaba á todo el pueblo, diciendo:2Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá á cuchillo, ó de hambre, ó de pestilencia; mas el que saliere á los Caldeos vivirá, pues su vida le será por despojo, y vivirá.3Así ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en mano del ejército del rey de Babilonia, y tomarála.4Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz d5Y dijo el rey Sedechîas: Helo ahí, en vuestras manos está; que el rey no podrá contra vosotros nada.6Entonces tomaron ellos á Jeremías, é hiciéronlo echar en la mazmorra de Malchîas hijo de Amelech, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron á Jeremías con sogas. Y en la mazmorra no había agua, sino cieno; y hundióse Jeremías en el cieno.7Y oyendo Ebed-melec, hombre etiope, eunuco que estaba en casa del rey, que habían puesto á Jeremías en la mazmorra, y estando sentado el rey á la puerta de Benjamín,8Ebed-melec salió de la casa del rey, y habló al rey, diciendo:9Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con Jeremías profeta, al cual hicieron echar en la mazmorra; porque allí se morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad.10Entonces mandó el rey al mismo Ebed-melec Etiope, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar á Jeremías profeta de la mazmorra, antes que muera.11Y tomó Ebed-melec en su poder hombres, y entró á la casa del rey al lugar debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos, traídos, viejos, y andrajosos, y echólos á Jeremías con sogas en la mazmorra.12Y dijo Ebed-melec Etiope á Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos, traídos, y rotos, bajo los sobacos de tus brazos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías.13De este modo sacaron á Jeremías con sogas, y subiéronlo de la mazmorra; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

Los príncipes se exasperan contra Jeremías, a quien acusan de decir palabras derrotistas. Obtienen del rey la autorización que necesitan para echarlo en la cisterna y dejarlo morir allí. Grande es el infortunio del varón de Dios en ese pozo inmundo y cenagoso. Pero él invoca a Jehová y recibe esta preciosa respuesta: “No temas” (léase Lamentaciones 3:52-57). La liberación está lista. Dios preparó el instrumento necesario: alguien que ni siquiera formaba parte del pueblo, un siervo negro que pertenecía al palacio, llamado Ebed-melec (nos hace pensar en el joven de quien Dios se sirvió para la liberación de Pablo en Hechos 23:16). Sedequías es influenciable tanto para el bien como para el mal, de modo que se deja ablandar. Entonces asistimos a la laboriosa operación de salida del oscuro pozo, la que denota la abnegación de Ebed-melec.

Jeremías, falsamente acusado, azotado y arrojado a esa horrible cisterna, es, especialmente aquí, una figura del Señor Jesús. El final del versículo 6 nos hace pensar en el Salmo 69:2 : “Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie”. Es una imagen de los sufrimientos y de la muerte de Cristo. Y el versículo 13 puede compararse con el comienzo del Salmo 40, referente a su resurrección: “Me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso”.

Jeremías 38:14-28
14Después envió el rey Sedechîas, é hizo traer á sí á Jeremías profeta á la tercera entrada que estaba en la casa de Jehová. Y dijo el rey á Jeremías: Pregúntote una palabra, no me encubras ninguna cosa.15Y Jeremías dijo á Sedechîas: Si te lo denunciare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no has de escucharme.16Y juró el rey Sedechîas en secreto á Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu alma.17Entonces dijo Jeremías á Sedechîas: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si salieres luego á los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta á fuego; y vivirás tú y tu casa:18Mas si no salieres á los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los Caldeos, y la pondrán á fuego, y tú no escaparás de sus manos.19Y dijo el rey Sedechîas á Jeremías: Témome á causa de los Judíos que se han adherido á los Caldeos, que no me entreguen en sus manos y me escarnezcan.20Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y tendrás bien, y vivirá tu alma.21Mas si no quisieres salir, esta es la palabra que me ha mostrado Jehová:22Y he aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Judá, serán sacadas á los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y prevalecido contra ti tus amigos; atollaron en el cieno tus pies, se volvieron atrás.23Sacarán pues, todas tus mujeres y tus hijos á los Caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás preso, y á esta ciudad quemará á fuego.24Y dijo Sedechîas á Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás.25Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren á ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey;26Les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese tornar á casa de Jonathán porque no me muriese allí.27Y vinieron luego todos los príncipes á Jeremías, y preguntáronle: y él les respondió conforme á todo lo que el rey le había mandado. Con esto se dejaron de él, porque el negocio no se había oído.28Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fué tomada Jerusalem; y allí estaba cuando Jerusalem fué tomada.

El pobre Sedequías, atormentado por las preocupaciones e incertidumbres, vuelve a convocar secretamente a Jeremías. Éste lo exhorta a salir “en seguida” al encuentro de los jefes caldeos y rendirse. Lo advierte de lo que le aguarda si no lo hace: es amenazado de que sus pies sean hundidos “en el cieno” (v. 22). El profeta sin duda dice esto pensando en su reciente experiencia, pero ¡qué diferencia hay entre los dos hombres! Sedequías, aunque sabe cuál es la voluntad de Dios, se siente sin fuerzas para cumplirla porque es dominado por el temor a los hombres: teme a los caldeos, teme a los príncipes (v. 5 y 25), teme a los judíos ya transportados (v. 19; véase Proverbios 29:25). Sólo el verdadero temor de Dios parece ausente de su pensamiento. Sí, ¡qué contraste con la seguridad que la fe da a Jeremías! Este encuentro nos hace pensar en la escena del capítulo 26 de los Hechos, en la que vemos a Pablo prisionero compareciendo ante el rey Agripa. Puede hablarle “con toda confianza” (v. 26) y termina diciendo: “¡Quisiera Dios que… fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (v. 29). Es de desear que nosotros también podamos ser como Pablo y Jeremías, siempre llenos de ánimo ante los hombres porque el Señor está con nosotros (Hebreos 13:6).

Jeremías 39:1-18
1EN el noveno año de Sedechîas rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalem, y cercáronla.2Y en el undécimo año de Sedechîas, en el mes cuarto, á los nueve del mes, fué rota la ciudad;3Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y asentaron á la puerta del medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsechim, y Rabsaris, Nergal-sarezer, Rabmag, y todos los demás príncipes del rey de Babilonia.4Y fué que viéndolos Sedechîas, rey de Judá, y todos los hombres de guerra, huyeron, y saliéronse de noche de la ciudad por el camino de la huerta del rey, por la puerta entre los dos muros: y salió el rey por el camino del desierto.5Mas el ejército de los Caldeos los siguió, y alcanzaron á Sedechîas en los llanos de Jericó; y tomáronle, é hiciéronle subir á Nabucodonosor rey de Babilonia, á Ribla, en tierra de Hamath, y sentencióle.6Y degolló el rey de Babilonia los hijos de Sedechîas á su presencia en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia á todos los nobles de Judá.7Y sacó los ojos al rey Sedechîas, y aprisionóle con grillos para llevarle á Babilonia.8Y los Caldeos pusieron á fuego la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalem.9Y el resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y los que se habían á él adherido, con todo el resto del pueblo que había quedado, trasportólos á Babilonia Nabuzaradán, capitán de la guardia.10Empero Nabuzaradán, capitán de la guardia, hizo quedar en tierra de Judá del vulgo de los pobres que no tenían nada, y dióles entonces viñas y heredades.11Y Nabucodonosor había ordenado á Nabuzaradán capitán de la guardia, acerca de Jeremías, diciendo:12Tómale, y mira por él, y no le hagas mal ninguno; antes harás con él como él te dijere.13Envió por tanto Nabuzaradán capitán de la guardia, y Nabusazbán, Rabsaris, y Nergal-sarezer, y Rabmag, y todos los príncipes del rey de Babilonia;14Enviaron entonces, y tomaron á Jeremías del patio de la cárcel, y entregáronlo á Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Saphán, para que lo sacase á casa: y vivió entre el pueblo.15Y había sido palabra de Jehová á Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo:16Ve, y habla á Ebed-melec Etiope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traigo yo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y vendrán á ser en aquel día á presencia tuya.17Mas en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en mano de aquellos de quienes tú temes.18Porque ciertamente te libraré, y no caerás á cuchillo, sino que tu vida te será por despojo, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.

¡Y ocurre la trágica toma de Jerusalén!

Sedequías y sus guerreros huyen a través de los huertos. ¡Demasiado tarde! Son alcanzados, encadenados y conducidos ante el rey de Babilonia. Once años antes, este último había colocado a Sedequías en el trono de Judá y le había hecho prometer fidelidad jurando por Dios (2 Crónicas 36:13; Ezequiel 17:18-20). Al rebelarse con el apoyo de Egipto (cap. 37:7), Sedequías había faltado a su palabra y mostrado a los enemigos de Israel el poco caso que hacía del nombre de Jehová, al cual, en cambio, Nabucodonosor le había concedido valor. De ahí el cruel castigo que soporta el rey cobarde y perjuro.

Los versículos 15 a 18 contienen palabras dirigidas personalmente a Ebed-melec. Dios conocía sus temores (v. 17) —así como conoce todas nuestras inquietudes— y no lo condena. Pero, en tanto que los temores de Sedequías lo habían conducido a apoyarse en los hombres para escapar de otros hombres, el temor experimentado por Ebed-melec le hacía recurrir a Jehová. “Tuviste confianza en mí” dijo Jehová. Ese hermoso testimonio abre a ese humilde esclavo extranjero el acceso a las promesas de gracia del cap. 17:7 y 8 (comp. Salmo 37:3, 39-40; Rut 2:12).

Jeremías 40:1-10
1PALABRA que fué á Jeremías de Jehová, después que Nabuzaradán capitán de la guardia le envió desde Ramá, cuando le tomó estando atado con esposas entre toda la transmigración de Jerusalem y de Judá que iban cautivos á Babilonia.2Tomó pues el capitán de la guardia á Jeremías, y díjole: Jehová tu Dios habló este mal contra este lugar;3Y halo traído y hecho Jehová según que había dicho: porque pecasteis contra Jehová, y no oísteis su voz, por eso os ha venido esto.4Y ahora yo te he soltado hoy de las esposas que tenías en tus manos. Si te está bien venir conmigo á Babilonia, ven, y yo miraré por ti; mas si no te está bien venir conmigo á Babilonia, déjalo: mira, toda la tierra está delante de ti; ve á donde mejor y 5Y aun no se había él vuelto, cuando le dijo: Vuélvete á Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Saphán, al cual el rey de Babilonia ha puesto sobre todas las ciudades de Judá, y vive con él en medio del pueblo: ó ve á donde te pareciere más cómodo de ir. Y dióle6Fuése entonces Jeremías á Gedalías hijo de Ahicam, á Mizpa, y moró con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.7Y como oyeron todos los príncipes del ejército que estaba por el campo, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había puesto á Gedalías hijo de Ahicam sobre la tierra, y que le había encomendado los hombres, y las mujeres, y los niños, y los pobres d8Vinieron luego á Gedalías en Mizpa, es á saber, Ismael hijo de Nethanías, y Johanán y Jonathán hijos de Carea, y Seraías hijo de Tanhumeth, y los hijos de Ephi Netophatita, y Jezanías hijo de Maachâti, ellos y su hombres.9Y juróles Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Saphán, á ellos y á sus hombres, diciendo: No tengáis temor de servir á los Caldeos: habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y tendréis bien.10Y he aquí que yo habito en Mizpa, para estar delante de los Caldeos que vendrán á nosotros; mas vosotros, coged el vino, y el pan, y el aceite, y ponedlo en vuestros almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis tomado.

¿Qué fue de Jeremías en medio de todos esos acontecimientos? Quedó en el patio de la cárcel “hasta el día que fue tomada Jerusalén” (cap. 38:28), fue encadenado en medio de los demás cautivos y formó parte hasta Ramá del lúgubre cortejo de los deportados al exilio. Sin embargo, Nabuzaradán, capitán de la guardia encargado de los prisioneros, recibió del mismo rey de Babilonia benévolas instrucciones respecto de Jeremías. No sólo no se le debe hacer ningún mal, sino que el profeta es invitado a decidir por sí mismo acerca de su suerte. ¿Irá a Babilonia, donde se hallan los “buenos higos” del capítulo 24, esos transportados a quienes Jehová prometió proteger y hacer prosperar, o permanecerá con esos pobres del país que son dejados en Judá? Pese a la libertad que se le da, el profeta se abstiene de escoger él mismo (v. 5, V.M.), dándonos así una nueva lección de dependencia. No se trata de su bienestar sino del deseo de hallarse en el lugar en que Dios quiere colocarlo para que le sirva. Sin especial dirección de lo alto, él deja que el capitán de la guardia escoja en su lugar y reconoce la voluntad de Jehová en el consejo que se le da. Éste es un ejemplo digno de imitar cada vez que no veamos claramente el camino a seguir (Génesis 13:9).

Jeremías 40:11-16; Jeremías 41:1-10
11Asimismo todos los Judíos que estaban en Moab, y entre los hijos de Ammón, y en Edom, y los que estaban en todas las tierras, cuando oyeron decir como el rey de Babilonia había dejado algunos en la Judea, y que había puesto sobre ellos á Gedalías hijo de 12Todos estos Judíos tornaron entonces de todas las partes adonde habían sido echados, y vinieron á tierra de Judá, á Gedalías en Mizpa; y cogieron vino y muy muchos frutos.13Y Johanán, hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban en el campo, vinieron á Gedalías en Mizpa,14Y dijéronle: ¿No sabes de cierto como Baalis, rey de los hijos de Ammón, ha enviado á Ismael hijo de Nethanías, para matarte? Mas Gedalías hijo de Ahicam no los creyó.15Entonces Johanán hijo de Carea habló á Gedalías en secreto, en Mizpa, diciendo: Yo iré ahora, y heriré á Ismael hijo de Nethanías, y hombre no lo sabrá: ¿por qué te ha de matar, y todos los Judíos que se han recogido á ti se derramarán, y perecerá el rest16Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo á Johanán hijo de Carea: No hagas esto, porque falso es lo que tú dices de Ismael.
1Y ACONTECIO en el mes séptimo, que vino Ismael hijo de Nethanías, hijo de Elisama, de la simiente real, y algunos príncipes del rey, y diez hombres con él, á Gedalías hijo de Ahicam en Mizpa; y comieron pan juntos allí en Mizpa.2Y levantóse Ismael hijo de Nethanías, y los diez hombres que con él estaban, é hirieron á cuchillo á Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Saphán, matando así á aquel á quien el rey de Babilonia había puesto sobre la tierra.3Asimismo hirió Ismael á todos los Judíos que estaban con él, con Gedalías en Mizpa, y á los soldados Caldeos que allí se hallaron.4Sucedió además, un día después que mató á Gedalías, cuando nadie lo sabía aún,5Que venían unos hombres de Sichêm y de Silo y de Samaria, ochenta hombres, raída la barba, y rotas las ropas, y arañados y traían en sus manos ofrenda y perfume para llevar á la casa de Jehová.6Y de Mizpa salióles al encuentro, llorando, Ismael hijo de Nethanías: y aconteció que como los encontró, díjoles: Venid á Gedalías, hijo de Ahicam.7Y fue que cuando llegaron al medio de la ciudad, Ismael hijo de Nethanías los degolló, y echólos en medio de un aljibe, él y los hombres que con él estaban.8Mas entre aquellos fueron hallados diez hombres que dijeron á Ismael: No nos mates; porque tenemos en el campo tesoros de trigos, y cebadas, y aceite, y miel. Y dejólos, y no los mató entre sus hermanos.9Y el aljibe en que echó Ismael todos los cuerpos de los hombres que hirió por causa de Gedalías, era el mismo que había hecho el rey Asa por causa de Baasa, rey de Israel: llenólo de muertos Ismael, hijo de Nethanías.10Después llevó Ismael cautivo á todo el resto del pueblo que estaba en Mizpa; á las hijas del rey, y á todo el pueblo que en Mizpa había quedado, el cual había Nabuzaradán capitán de la guardia encargado á Gedalías hijo de Ahicam. Llevólos pues cautivos Is

Con la destrucción de Jerusalén y el cautiverio de su último rey, Nabucodonosor suprimió toda posibilidad de rebeldía en el reino de Judá. Sin embargo, mantuvo allí cierto número de habitantes, de los más pobres, para no dejar el país en estado de abandono y colocó a su cabeza a Gedalías, un gobernador que gozaba del beneplácito de todos. Durante ese tiempo vemos a Jehová velar en gracia por esos habitantes salvados de la transportación, haciendo prosperar sus cosechas (v. 12; comp. Proverbios 30:25).

Lamentablemente, ese período favorable no dura. Dios, que conoce los corazones, permite nuevos y trágicos acontecimientos a fin de manifestar su estado. Bajo la figura del rey de los hijos de Amón (v. 14) reaparece un viejo enemigo de Israel, que parecía estar aniquilado. Pero aún existe y su mala disposición no ha cambiado; la debilidad del pueblo es propicia en ese momento para que él las manifieste. Así ocurre con Satanás, nuestro gran adversario. No cede jamás y siempre procura aprovechar lo que debilita nuestra resistencia (cansancio, pereza, falta de vigilancia…)

Con el apoyo de Baalis, Ismael —sin duda celoso de la autoridad de Gedalías— organiza una conspiración para asesinarlo cobardemente, así como a los judíos que están con él en Mizpa.

Jeremías 41:11-18; Jeremías 42:1-6
11Y oyó Johanán hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban con él, todo el mal que había hecho Ismael, hijo de Nethanías.12Entonces tomaron todos los hombres, y fueron á pelear con Ismael hijo de Nethanías, y halláronlo junto á Aguas-muchas, que es en Gabaón.13Y aconteció que como todo el pueblo que estaba con Ismael vió á Johanán hijo de Carea, y á todos los príncipes de la gente de guerra que estaban con él, se alegraron.14Y todo el pueblo que Ismael había traído cautivo de Mizpa, tornáronse, y volvieron, y fuéronse á Johanán hijo de Carea.15Mas Ismael hijo de Nethanías se escapó delante de Johanán con ocho hombres, y se fué á los hijos de Ammón.16Y Johanán hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que con él estaban, tomaron todo el resto del pueblo que habían recobrado de Ismael hijo de Nethanías, de Mizpa, después que hirió á Gedalías hijo de Ahicam: hombres de guerra, y mujeres17Y fueron y habitaron en Geruth-chimham, que es cerca de Bethlehem, á fin de partir y meterse en Egipto,18Por causa de los Caldeos: porque temían de ellos, por haber herido Ismael hijo de Nethanías á Gedalías hijo de Ahicam, al cual el rey de Babilonia había puesto sobre la tierra.
1Y LLEGARONSE todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, y Jezanías hijo de Osaía, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor,2Y dijeron á Jeremías profeta: Caiga ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros á Jehová tu Dios, por todo este resto, (pues hemos quedado unos pocos de muchos, como nos ven tus ojos,)3Para que Jehová tu Dios nos enseñe camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.4Y Jeremías profeta les dijo: Ya he oído. He aquí que voy á orar á Jehová vuestro Dios, como habéis dicho; y será que todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré: no os reservaré palabra.5Y ellos dijeron á Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme á todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare á nosotros.6Ora sea bueno, ora malo, á la voz de Jehová nuestro Dios, al cual te enviamos, obedeceremos; para que, obedeciendo á la voz de Jehová nuestro Dios, tengamos bien.

La noticia de la horrenda masacre de Mizpa llega a oídos de Johanán. Rápidamente se dirige hacia la tropa de Ismael y, a su llegada, todo el pueblo al que este último conducía en cautiverio, para entregarlo a los hijos de Amón, se apresura a cambiar de campamento. Ismael mismo, al darse cuenta de que tenía que vérselas con alguien más fuerte que él, escapa con ocho hombres y halla refugio junto a Baalis, su protector. Por su lado, Johanán y el pueblo liberado van a habitar a Gerut-quimam (mesón de Quimam), cerca de Belén (quizás el mismo en que, más tarde, no habrá lugar para el Hijo de Dios; Lucas 2:7).

Pero el peligro para esa pobre gente está lejos de haber sido ahuyentado. El asesinato del gobernador establecido por el rey de Babilonia expone ahora a los judíos a la ira de este último, tan pronto como sea informado. Temen que Nabucodonosor, perdiendo la paciencia a causa de las sucesivas rebeliones del pueblo de Judá, intervenga con suma severidad, y esta vez los inocentes paguen por los culpables. En su temor y perplejidad, Johanán y sus compañeros se vuelven con aparente humildad hacia Jeremías, a quien hallamos de nuevo entre ellos. Él es el portador de la Palabra de Dios, y, repitámoslo, ésta es la única fuente de luz, tanto para nosotros como para ese pueblo (Salmo 119:105).

Jeremías 42:7-22
7Y aconteció que al cabo de diez días fué palabra de Jehová á Jeremías.8Y llamó á Johanán hijo de Carea, y á todos los oficiales de la gente de guerra que con él estaban, y á todo el pueblo desde el menor hasta el mayor;9Y díjoles: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para que hiciese caer vuestros ruegos en su presencia:10Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré: porque arrepentido estoy del mal que os he hecho.11No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano:12Y os daré misericordias, y tendrá misericordia de vosotros, y os hará tornar á vuestra tierra.13Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así á la voz de Jehová vuestro Dios,14Y diciendo: No, antes nos entraremos en tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni tendremos hambre de pan, y allá moraremos:15Ahora por eso, oid la palabra de Jehová, reliquias de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para peregrinar allá,16Será que el cuchillo que teméis, os alcanzará allí en tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto se os pegará; y allí moriréis.17Será pues, que todos los hombres que tornaren sus rostros para entrarse en Egipto, para peregrinar allí, morirán á cuchillo, de hambre, y de pestilencia: no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos.18Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalem, así se derramará mi ira sobre vosotros, cuando entrareis en Egipto; y seréis por juramento y por espanto, y por maldición y po19Jehová habló sobre vosotros, oh reliquias de Judá: No entréis en Egipto: sabed por cierto que os aviso hoy.20¿Por qué hicisteis errar vuestras almas? porque vosotros me enviasteis á Jehová vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros á Jehová nuestro Dios; y conforme á todas las cosas que Jehová nuestro Dios dijere, háznoslo saber así, y lo pondremos por obra.21Y os lo he denunciado hoy, y no habéis obedecido á la voz de Jehová vuestro Dios, ni á todas las cosas por las cuales me envió á vosotros.22Ahora pues sabed de cierto que á cuchillo, y de hambre y pestilencia, moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para peregrinar allí.

En Isaías 30:2 (léase todo el párrafo) Jehová declara: “se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca”. Aquí Dios fue consultado por intermedio de su profeta, pero el pueblo obedecerá solamente si la respuesta corresponde a sus intenciones.

Transcurren diez días. El profeta no se da prisa para contestar, esperando él mismo la revelación del pensamiento divino.

¿Por qué a menudo el Señor tarda en responder a nuestras oraciones? Quiere poner a prueba nuestra confianza en él. Y la fe es siempre paciente. Por lo tanto, sólo el tiempo permitirá reconocer si nuestra oración fue la de la fe o si, por el contrario, cansados de esperar, terminamos por buscar nosotros mismos una solución a nuestra dificultad.

La pregunta formulada era la siguiente: ¿Debemos descender a Egipto o permanecer en el país?

Por boca de Jeremías, Jehová da a conocer su respuesta llena de gracia pero perentoria: ¡Quedaos en el país! En él seréis bendecidos. El rey de Babilonia será inclinado a la benevolencia y a la misericordia. Sería vuestra perdición ir a Egipto.

Amigos creyentes, cualquiera sea el camino que se abra ante nosotros, guardémonos de emprenderlo antes de conocer la voluntad del Señor.

Jeremías 43:1-13
1Y ACONTECIO que como Jeremías acabó de hablar á todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado á ellos mismos,2Dijo Azarías hijo de Osaías, y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron á Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No entréis en Egipto á peregrinar allí.3Sino que Baruch hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en mano de los Caldeos, para matarnos y para hacernos trasportar á Babilonia.4No obedeció pues Johanán hijo de Carea, y todos los oficiales de la gente de guerra, y todo el pueblo, á la voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá;5Antes tomó Johanán hijo de Carea, y todos los oficiales de la gente de guerra, á todo el resto de Judá, que de todas las gentes adonde habían sido echados habían vuelto para morar en tierra de Judá:6A hombres, y mujeres, y niños, y á las hijas del rey, y á toda alma que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam hijo de Saphán, y á Jeremías profeta, y á Baruch hijo de Nerías;7Y entraron en tierra de Egipto; porque no obedecieron á la voz de Jehová: y llegaron hasta Taphnes.8Y fué palabra de Jehová á Jeremías en Taphnes, diciendo:9Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en un horno de ladrillos que está á la puerta de la casa de Faraón en Taphnes, á vista de hombres Judíos;10Y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo envío, y tomaré á Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y tenderá su dosel sobre ellas.11Y vendrá, y herirá la tierra de Egipto: los que á muerte, á muerte, y los que á cautiverio, á cautiverio, y los que á cuchillo, á cuchillo.12Y pondré fuego á las casas de los dioses de Egipto; y las quemará, y á ellos llevará cautivos; y él se vestirá la tierra de Egipto, como el pastor se viste su capa, y saldrá de allá en paz.13Además, quebrará las estatuas de Beth-semes, que es en tierra de Egipto, y las casas de los dioses de Egipto quemará á fuego.

Al dirigirse a Jeremías, el pueblo solemnemente se había comprometido a escuchar la voz de Jehová “sea bueno, sea malo” (cap. 42:6). La respuesta era por demás clara: no debían partir. Pero esa prohibición no concordaba con las secretas intenciones de Johanán y sus compañeros. Se habían engañado a sí mismos en sus almas (cap. 42:20), ya que estaban decididos a ir a Egipto. Y el capítulo 41:17 nos muestra que ya habían hecho ese proyecto al llegar a Quimam, aun antes de consultar a Jeremías. ¿No es una burla para Dios el hecho de preguntarle cuál es su voluntad, sabiendo muy bien de antemano lo que se tiene la intención de hacer? Por desgracia, semejante falta de rectitud quizás es más frecuente de lo que pensamos y todos necesitamos tener cuidado con nuestros corazones engañosos (cap. 17:9).

Una vez más, Jeremías sufre injustamente. Esos “varones soberbios” le acusan de mentir y buscar la esclavitud y la muerte del pueblo. El profeta, al contrario, va a dar la medida de su amor al acompañar todavía a ese pueblo en su desastroso viaje.

Los judíos creyeron ponerse a cubierto, pero justamente allí Nabucodonosor los alcanzará (v. 11). Las decisiones que se toman por falta de fe a menudo atraen sobre nosotros la prueba misma que queríamos evitar.

Jeremías 44:1-10
1PALABRA que fué á Jeremías acerca de todos los Judíos que moraban en la tierra de Egipto, que moraban en Migdol, y en Taphnes, y en Noph, y en tierra de Pathros, diciendo:2Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalem y sobre todas las ciudades de Judá: y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas, y ni hay en ellas morador;3A causa de la maldad de ellos que cometieron para hacerme enojar, yendo á ofrecer sahumerios, honrando dioses ajenos que ellos no habían conocido, vosotros, ni vuestros padres.4Y envié á vosotros á todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos, diciendo: No hagáis ahora esta cosa abominable que yo aborrezco.5Mas no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su maldad, para no ofrecer sahumerios á dioses ajenos.6Derramóse por tanto mi saña y mi furor, y encendióse en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, y tornáronse en soledad y en destrucción, como hoy.7Ahora pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vuestras almas, para ser talados varón y mujer, niño y mamante, de en medio de Judá, sin que os quede residuo alguno;8Haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo sahumerios á dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para morar, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio á todas las gentes de la tierra?9¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, y de las maldades de los reyes de Judá, y de las maldades de sus mujeres, y de vuestras maldades, y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en tierra de Judá y en las calles de Jerusalem?10No se han morigerado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley, ni en mis estatutos que puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.

“¿Qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo?” (cap. 2:18) preguntó Jehová al comienzo de este libro. Sabía bien por qué razón no quería ese viaje a Egipto (comp. Deuteronomio 17:16). La horrorosa idolatría de Judá, en particular desde el tiempo de su rey Manasés, fue la causa de los juicios que acababan de caer sobre él. Pero Egipto también estaba consagrado a los ídolos (qué importa que llevaran nombres diferentes) y el pueblo corría allí el riesgo de corromperse todavía más. ¡Lo que no dejó de producirse! Podemos estar seguros de que, al cerrarnos un camino, Dios quiere protegernos de los peligros que él conoce, aun cuando en el momento no entendamos sus motivos. Al insistir, al obrar según nuestra propia sabiduría, solamente podemos perjudicarnos.

“¿Por qué hacéis vosotros tan grande mal contra vuestras mismas almas?” (v. 7, V.M.) pregunta aquí Jehová al pueblo. Sí, no perdamos de vista que perjudicamos nuestras almas al no cumplir la voluntad del Señor (Proverbios 8:36; Habacuc 2:10).

Esos judíos, gente de dura cerviz, pese a todas las penosas lecciones recibidas, no se humillaron hasta ese día; su soberbia no estaba quebrantada (v. 10; cap. 43:2).

Jeremías 44:11-23
11Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo pongo mi rostro en vosotros para mal, y para destruir á todo Judá.12Y tomaré el resto de Judá que pusieron sus rostros para entrar en tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos, caerán á cuchillo, serán consumidos de hambre, á cuchillo y hambre morirán desde el más pequeño hasta el mayo13Pues visitaré á los que moran en tierra de Egipto, como visité á Jerusalem, con cuchillo, y con hambre, y con pestilencia.14Y del resto de Judá que entraron en tierra de Egipto para morar allí, no habrá quien escape, ni quien quede vivo, para volver á la tierra de Judá, por la cual suspiran ellos por volver para habitar allí: porque no volverán sino los que escaparen.15Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido sahumerios á dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Pathros, respondieron á Jeremías, diciendo:16La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no oímos de ti:17Antes pondremos ciertamente por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer sahumerios á la reina del cielo, y derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de 18Mas desde que cesamos de ofrecer sahumerios á la reina del cielo, y de derramarle libaciones, nos falta todo, y á cuchillo y á hambre somos consumidos.19Y cuando ofrecimos sahumerios á la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿hicímosle nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin nuestros maridos?20Y habló Jeremías á todo el pueblo, á los hombres y á las mujeres, y á todo el vulgo que le había respondido esto, diciendo:21¿No se ha acordado Jehová, y no ha venido á su memoria el sahumerio que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las plazas de Jerusalem, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes, y el pueblo de la tierra?22Y no pudo sufrir más Jehová á causa de la maldad de vuestras obras, á causa de las abominaciones que habíais hecho: por tanto vuestra tierra fué en asolamiento, y en espanto, y en maldición, hasta no quedar morador, como hoy.23Porque ofrecisteis sahumerios, y pecasteis contra Jehová, y no obedecisteis á la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley, ni en sus estatutos, ni en sus testimonios: por tanto ha venido sobre vosotros este mal, como hoy.

Deliberadamente el pueblo escoge servir a los ídolos, así como lo habían hecho sus padres, y no se avergüenza de declararlo. Está en abierta rebelión contra Jehová. Moralmente, cuánto camino se recorrió desde Josué 24, cuando Israel, que había subido de Egipto a Canaán, seguía a su conductor para tomar este compromiso: “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses… serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios” (léase Josué 24:16 y 18). Y con una entera mala fe, esos judíos atribuyen su actual miseria al hecho de haber dejado de venerar “a la reina de los cielos” (comp. cap. 7:18). Aunque Jehová les había advertido que la espada, la peste y el hambre les aguardaban en Egipto, cuando esas desgracias les sobrevienen las toman como pretexto para renovar sus sacrificios a esos ídolos. ¡Cuántas personas razonan de la misma manera: Dios no me dio lo que yo deseaba! ¡Qué importa!, me vuelvo hacia el mundo (del cual Egipto siempre es su imagen); él no me rehusará nada.

¡Miserable corazón humano! Estos versículos nos enseñan también que él puede estar simultáneamente bajo el dominio de la orgullosa incredulidad y de la más tenebrosa superstición (2 Corintios 4:4).

Jeremías 44:24-30; Jeremías 45:1-5
24Y dijo Jeremías á todo el pueblo, y á todas las mujeres: Oid palabra de Jehová, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto:25Así ha hablado Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras mujeres proferisteis con vuestras bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer sahumerios á la26Por tanto, oid palabra de Jehová, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he jurado por mi grande nombre, dice Jehová, que mi nombre no será más invocado en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre Judío, diciendo: Vive el Señor Jeho27He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto, serán consumidos á cuchillo y de hambre, hasta que perezcan del todo.28Y los que escaparen del cuchillo, volverán de tierra de Egipto á tierra de Judá, pocos hombres; sabrán pues todas las reliquias de Judá, que han entrado en Egipto á morar allí la palabra de quién ha de permanecer, si la mía, ó la suya.29Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os visito, para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros.30Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego á Farón Hophra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su alma, como entregué á Sedechîas rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo, y que buscaba su alma.
1PALABRA que habló Jeremías profeta á Baruch hijo de Nerías, cuando escribía en el libro estas palabras de boca de Jeremías, el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:2Así ha dicho Jehová Dios de Israel, á ti, oh Baruch:3Tú dijiste: ­Ay de mí ahora! porque me ha añadido Jehová tristeza sobre mi dolor; trabajé en mi gemido, y no he hallado descanso.4Así le has de decir: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo los que edifiqué, y arranco los que planté, y toda esta tierra.5¿Y tú buscas para ti grandezas? No busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová, y á ti te daré tu vida por despojo en todos los lugares adonde fueres.

Jeremías recordó los abominables pecados del pueblo. Tomó nota de la injuriosa respuesta de esa asamblea de rebeldes. Ahora saca sus conclusiones. ¡Son espantosas! Con excepción de muy pocos, ese pueblo va a perecer en Egipto bajo el peso de las calamidades que lo aguardan (y de las cuales “la reina de los cielos” será muy incapaz de protegerlos). Nunca más se hablará de ella.

Pero, en esos tiempos de ruina general, es consolador comprobar que “conoce el Señor a los que son suyos” (2 Timoteo 2:19). Todo un pequeño capítulo es consagrado a Baruc. Jehová tiene para él unas palabras personales, a la vez de reprensión y de consuelo. Junto con Jeremías, a quien no abandonó, ese hombre fue objeto de calumnias y acusaciones públicas (cap. 43:3). Empero, lo que importaba era lo que Dios pensaba de él (2 Timoteo 2:15). Baruc, descendiente de una familia principesca, quizás había esperado desempeñar algún papel preponderante, como ponerse a la cabeza de un pueblo humillado y restaurado. Por eso le alcanzó el desaliento (v. 3; Proverbios 24:10). Pero Jehová lo exhorta: “¿Y tú buscas para ti grandes cosas? No las busques” (v. 5). El Señor tampoco espera grandes cosas de nosotros… con excepción de una cosa muy grande a sus ojos: la fidelidad (comp. Apocalipsis 3:8).

Jeremías 46:1-19
1PALABRA de Jehová que fué á Jeremías profeta, contra las gentes.2En orden á Egipto: contra el ejército de Faraón Nechâo rey de Egipto, que estaba cerca del río Eufrates en Carchêmis, al cual hirió Nabucodonosor rey de Babilonia el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá.3Aparejad escudo y pavés, y venid á la guerra.4Uncid caballos, y subid, vosotros los caballeros, y poneos con capacetes; limpiad las lanzas, vestíos de lorigas.5¿Por qué los vi medrosos, tornando atrás? y sus valientes fueron deshechos, y huyeron á más huir sin volver á mirar atrás: miedo de todas partes, dice Jehová.6No huya el ligero, ni el valiente escape; al aquilón junto á la ribera del Eufrates tropezaron y cayeron.7¿Quién es éste que como río sube, y cuyas aguas se mueven como ríos?8Egipto como río se hincha, y las aguas se mueven como ríos, y dijo: Subiré, cubriré la tierra, destruiré la ciudad y los que en ella moran.9Subid, caballos, y alborotaos, carros; y salgan los valientes: los de Cus y los de Phut que toman escudo, y los de Lut que toman y entesan arco.10Mas ese día será á Jehová Dios de los ejércitos día de venganza, para vengarse de sus enemigos: y la espada devorará y se hartará, y se embriagará de la sangre de ellos: porque matanza será á Jehová, Dios de los ejércitos, en tierra del aquilón junto al r11Sube á Galaad, y toma bálsamo, virgen hija de Egipto: por demás multiplicarás medicinas; no hay cura para ti.12Las gentes oyeron tu afrenta, y tu clamor hinchió la tierra: porque fuerte se encontró con fuerte, y cayeron ambos juntos.13Palabra que habló Jehová á Jeremías profeta acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para herir la tierra de Egipto:14Denunciad en Egipto, y haced saber en Migdol: haced saber también en Noph y en Taphnes; decid: Para, y apercíbete; porque espada ha de devorar tu comarca.15¿Por qué ha sido derribado tu fuerte? no se pudo tener, porque Jehová lo rempujó.16Multiplicó los caídos, y cada uno cayó sobre su compañero, y dijeron: Levántate y volvámonos á nuestro pueblo, y á la tierra de nuestro nacimiento, de delante de la espada vencedora.17Allí gritaron: Faraón rey de Egipto, rey de revuelta: dejó pasar el tiempo señalado.18Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos, que como Tabor entre los montes, y como Carmelo en la mar, así vendrá.19Hazte vasos de transmigración, moradora hija de Egipto; porque Noph será por yermo, y será asolada hasta no quedar morador.

Jeremías, lo mismo que Isaías en sus capítulos 13 y siguientes, es llevado ahora a profetizar respecto de las naciones. La primera es precisamente Egipto, donde el pueblo creyó hallar refugio. Es la imagen de un mundo idólatra y por ello van a caer terribles juicios sobre él. Y nos acordamos de las declaraciones del Nuevo Testamento respecto de este mundo que pasa (1 Juan 2:17) y de la apariencia de este mundo que se pasa (1 Corintios 7:31).

El rey de Egipto es objeto de una comparación irónica y severa: “Faraón… llamadle ruido a destiempo” (v. 17, otra versión). Un ruido puede asustar por un instante, pero ¿qué hay de más fugaz e inútil? ¡Cuántos grandes —y no tan grandes— personajes de este mundo no son nada más que un “ruido” pasajero! Los diarios de esta semana les consagran unas columnas; dentro de un mes o un año se habrán hundido en el olvido.

Otras tristes palabras se agregan respecto de Faraón: como su lejano predecesor del Éxodo, quien había endurecido su corazón, ese hombre “dejó pasar el tiempo señalado” (comp. Juan 12:35). Queridos jóvenes lectores, éste es un solemne pensamiento. ¡No dejen pasar el tiempo de convertirse, el tiempo de servir al Señor aquí abajo, el tiempo de responder a la invitación de Lucas 22:19!

Jeremías 46:20-28; Jeremías 47:1-7
20Becerra hermosa Egipto; mas viene destrucción, del aquilón viene.21Sus soldados también en medio de ella como engordados becerros: que también ellos se volvieron huyeron todos sin pararse: porque vino sobre ellos el día de su quebrantamiento, el tiempo de su visitación.22Su voz saldrá como de serpiente; porque con ejército vendrán, y con hachas vienen á ella como cortadores de leña.23Cortaron su bosque, dice Jehová, porque no podrán ser contados; porque serán más que langostas, ni tendrán número.24Avergonzóse la hija de Egipto; entregada será en mano del pueblo del aquilón.25Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: He aquí que yo visito el pueblo de Amón de No, y á Faraón y á Egipto, y á sus dioses y á sus reyes; así á Faraón como á los que en él confían.26Y entregarélos en mano de los que buscan su alma, y en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus siervos: mas después será habitada como en los días pasados, dice Jehová.27Y tú no temas, siervo mío Jacob, y no desmayes, Israel; porque he aquí que yo te salvo de lejos, y á tu simiente de la tierra de su cautividad. Y volverá Jacob, y descansará y será prosperado, y no habrá quien lo espante.28Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová; porque yo soy contigo: porque haré consumación en todas las gentes á las cuales te habré echado; mas en ti no haré consumación, sino que te castigaré con juicio, y no te talaré del todo.
1PALABRA de Jehová que fué á Jeremías profeta acerca de los Palestinos, antes que Faraón hiriese á Gaza.2Así ha dicho Jehová: He aquí que suben aguas del aquilón, y tornaranse en torrente, é inundarán la tierra y su plenitud, ciudades y moradores de ellas; y los hombres clamarán, y aullará todo morador de la tierra.3Por el sonido de las uñas de sus fuertes, por el alboroto de sus carros, por el estruendo de sus ruedas, los padres no miraron á los hijos por la flaqueza de las manos;4A causa del día que viene para destrucción de todos los Palestinos, para talar á Tiro, y á Sidón, á todo ayudador que quedó vivo: porque Jehová destruirá á los Palestinos, al resto de la isla de Caphtor.5Sobre Gaza vino mesadura, Ascalón fué cortada, y el resto de su valle: ¿hasta cuándo te arañarás?6Oh espada de Jehová, ¿hasta cuándo no reposarás? Métete en tu vaina, reposa y sosiega.7¿Cómo reposarás? pues que Jehová lo ha enviado contra Ascalón, y á la ribera de la mar, allí lo puso.

En medio de esos juicios contra las naciones, Jehová cuida de intercalar unas palabras destinadas a tranquilizar al futuro remanente de Israel. De la misma manera, cuando el porvenir se ensombrece para el mundo, el hijo de Dios es invitado a no temer y a acordarse de su esperanza (2 Tesalonicenses 2:16-17).

En el capítulo 47 se condena a la Filistea. Sabemos que ese tradicional enemigo de Israel estaba ubicado dentro de sus fronteras, contrariamente a las otras naciones (Moab, Amón, Edom…) de las cuales se tratará en los capítulos siguientes. Si bien a veces ese pueblo fue tributario, en particular bajo el reinado de David (2 Samuel 8:1), Israel nunca pudo arrancarle ciudades como Gaza y Ascalón, las que formaban parte del territorio filisteo aun en tiempo de los más poderosos reyes de Israel. Como los filisteos tienen su origen en Egipto (Mizraim: Génesis 10:6, 13-14), nos hablan de los que dicen ser cristianos, los inconversos de este mundo, quienes toman lugar en el país de la bendición sin tener derecho a ello. Invocan privilegios cristianos sin tener la vida que da derecho a ellos; pretenden ser hijos de Dios pese a ser enemigos de su pueblo y de la verdad. Debemos tratarlos por lo que son en realidad y no hacerles ninguna concesión.

Jeremías 48:1-27
1ACERCA de Moab. Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ­Ay de Nebo! que fué destruída, fué avergonzada; Chîriathaim fué tomada; fué confusa Misgab, y desmayó.2No se alabará ya más Moab; contra Hesbón maquinaron mal, diciendo: Venid, y quitémosla de entre las gentes. También tú, Madmén, serás cortada, espada irá tras ti.3Voz de clamor de Horonaim, destrucción y gran quebrantamiento!4Moab fué quebrantada; hicieron que se oyese el clamor de sus pequeños.5Porque á la subida de Luhith con lloro subirá el que llora; porque á la bajada de Horonaim los enemigos oyeron clamor de quebranto.6Huid, salvad vuestra vida, y sed como retama en el desierto.7Pues por cuanto confiaste en tus haciendas, en tus tesoros, tú también serás tomada: y Chêmos saldrá en cautiverio, los sacerdotes y sus príncipes juntamente.8Y vendrá destruidor á cada una de las ciudades, y ninguna ciudad escapará: arruinaráse también el valle, y será destruída la campiña, como ha dicho Jehová.9Dad alas á Moab, para que volando se vaya; pues serán desiertas sus ciudades hasta no quedar en ellas morador.10Maldito el que hiciere engañosamente la obra de Jehová, y maldito el que detuviere su cuchillo de la sangre.11Quieto estuvo Moab desde su mocedad, y sobre sus heces ha estado él reposado, y no fué trasegado de vaso en vaso, ni nunca fué en cautiverio: por tanto quedó su sabor en él, y su olor no se ha trocado.12Por eso, he aquí que vienen días, ha dicho Jehová, en que yo le enviaré trasportadores que lo harán trasportar; y vaciarán sus vasos, y romperán sus odres.13Y avergonzaráse Moab de Chêmos, á la manera que la casa de Israel se avergonzó de Beth-el, su confianza.14¿Cómo diréis: Somos valientes, y robustos hombres para la guerra?15Destruído fué Moab, y sus ciudades asoló, y sus escogidos mancebos descendieron al degolladero, ha dicho el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.16Cercano está el quebrantamiento de Moab para venir, y su mal se apresura mucho.17Compadeceos de él todos los que estáis alrededor suyo; y todos los que sabéis su nombre, decid: ¿Cómo se quebró la vara de fortaleza, el báculo de hermosura?18Desciende de la gloria, siéntate en seco, moradora hija de Dibón; porque el destruidor de Moab subió contra ti, disipó tus fortalezas.19Párate en el camino, y mira, oh moradora de Aroer: pregunta á la que va huyendo, y á la que escapó; dile: ¿Qué ha acontecido?20Avergonzóse Moab, porque fué quebrantado: aullad y clamad: denunciad en Arnón que Moab es destruído.21Y que vino juicio sobre la tierra de la campiña; sobre Holón, y sobre Jahzah, y sobre Mephaath,22Y sobre Dibón, y sobre Nebo, y sobre Beth-diblathaim,23Y sobre Chîriathaim, y sobre Beth-gamul, y sobre Beth-meon,24Y sobre Chêrioth, y sobre Bosra, y sobre todas las ciudades de tierra de Moab, las de lejos y las de cerca.25Cortado es el cuerno de Moab, y su brazo quebrantado, dice Jehová.26Embriagadlo, porque contra Jehová se engrandeció; y revuélquese Moab sobre su vómito, y sea también él por escarnio.27¿Y no te fué á ti Israel por escarnio, como si lo tomaran entre ladrones? porque desde que de él hablaste, tú te has movido.

Después del corto capítulo dedicado a Filistea, Jehová, en cambio, tiene mucho que decir respecto de Moab. Ese pueblo había puesto su confianza en sus bienes, en sus tesoros (v. 7), en su dios Quemos (v. 13) y en sus hombres de guerra (v. 14). Pero esos socorros, con los cuales contaba, no solamente no lo liberan en absoluto sino que son la causa del juicio que cae sobre él (v. 7).

Algo esencial le había faltado a Moab. Por más sorprendente que pueda parecer, eran… las pruebas. El vino nuevo debe primeramente ser trasvasado de vasija en vasija hasta que se ponga claro, «despejado», después de depositarse poco a poco todo su sedimento. Pero Moab nunca había sufrido ese tratamiento. Estuvo quieto “desde su juventud” (v. 11; Zacarías 1:15); no había aprendido, mediante difíciles circunstancias, a conocerse para perder su mal sabor original (es el resultado que Jehová va a tratar de producir en Israel al enviarlo en cautiverio). Sí, el Señor sabe lo que hace cuando permite circunstancias que nos revuelven y nos arrancan de nuestra indolencia (Salmo 119:67). Esos desagradables «trasiegos» están destinados a hacernos perder, cada vez más, un poco de nuestra propia voluntad, un poco de nuestra pretensión y un poco de nuestra confianza en nosotros mismos.

Jeremías 49:1-22
1DE los hijos de Ammón. Así ha dicho Jehová: ¿No tiene hijos Israel? ¿No tiene heredero? ¿Por qué tomó como por heredad el rey de ellos á Gad, y su pueblo habitó en sus ciudades?2Por tanto, he aquí vienen días, ha dicho Jehová, en que haré oir en Rabba de los hijos de Ammón clamor de guerra; y será puesta en montón de asolamiento, y sus ciudades serán puestas á fuego, é Israel tomará por heredad á los que los tomaron á ellos, ha d3Aulla, oh Hesbón, porque destruída es Hai; clamad, hijas de Rabba, vestíos de sacos, endechad, y rodead por los vallados, porque el rey de ellos fué en cautiverio, sus sacerdotes y sus príncipes juntamente.4¿Por qué te glorías de los valles? Tu valle se deshizo, oh hija contumaz, la que confía en sus tesoros, la que dice: ¿Quién vendrá contra mí?5He aquí yo traigo sobre ti espanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, de todos tus alrededores; y seréis lanzados cada uno en derechura de su rostro, y no habrá quien recoja al errante.6Y después de esto haré tornar la cautividad de los hijos de Ammón, dice Jehová.7De Edom. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: ¿No hay más sabiduría en Temán? ¿ha perecido el consejo en los sabios? ¿corrompióse su sabiduría?8Huid, volveos, escondeos en simas para estar, oh moradores de Dedán; porque el quebrantamiento de Esaú traeré sobre él, al tiempo que lo tengo de visitar.9Si vendimiadores vinieran contra ti, ¿no dejarán rebuscos? Si ladrones de noche, tomarán lo que hubieren menester.10Mas yo desnudaré á Esaú, descubriré sus escondrijos, y no podrá esconderse: será destruída su simiente, y sus hermanos, y sus vecinos; y no será.11Deja tus huérfanos, yo los criaré; y en mí se confiarán tus viudas.12Porque así ha dicho Jehová: He aquí que los que no estaban condenados á beber del cáliz, beberán ciertamente; ¿y serás tú absuelto del todo? No serás absuelto, sino que de cierto beberás.13Porque por mí he jurado, dice Jehová, que en asolamiento, en oprobio, en soledad, y en maldición, será Bosra; y todas su ciudades serán en asolamientos perpetuos.14La fama oí, que de Jehová había sido enviado mensajero á las gentes, diciendo: Juntaos, y venid contra ella, y levantaos á la batalla.15Porque he aquí que pequeño te he puesto entre las gentes, menospreciado entre los hombres.16Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón, tú que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura del monte: aunque alces como águila tu nido, de allí te haré descender, dice Jehová.17Y será Edom en asolamiento: todo aquel que pasare por ella se espantará, y silbará sobre todas sus plagas.18Como el trastornamiento de Sodoma y de Gomorra, y de sus ciudades vecinas, dice Jehová, no morará allí nadie, ni la habitará hijo de hombre.19He aquí que como león subirá de la hinchazón del Jordán contra la bella y robusta; porque muy pronto harélo correr de sobre ella, y al que fuere escogido la encargaré; porque ¿quién es semejante á mí? ¿y quién me emplazará? ¿y quién será aquel pastor que 20Por tanto, oíd el consejo de Jehová, que ha acordado sobre Edom; y sus pensamientos, que ha resuelto sobre los moradores de Temán. Ciertamente los más pequeños del hato los arrastrarán, y destruirán sus moradas con ellos.21Del estruendo de la caída de ellos la tierra tembló, y el grito de su voz se oyó en el mar Bermejo.22He aquí que como águila subirá y volará, y extenderá sus alas sobre Bosra: y el corazón de los valientes de Edom será en aquel día como el corazón de mujer en angustias.

Los hijos de Amón habían aprovechado cobardemente la transportación de las diez tribus para apropiarse del territorio de Gad, ubicado al otro lado del Jordán. Para volver a poner las cosas en su lugar, después de haber «heredado» indebidamente de Israel, vendrán a ser su heredad (final del v. 2). Ayer vimos que Moab, el burlador, llega a ser a su vez objeto de escarnio (cap. 48:26-27), y es notable observar que los juicios que Dios envía, a menudo están en relación con la falta cometida hacia los demás. Tales lecciones, si sabemos recibirlas, permitirán que comprendamos mejor el alcance de Mateo 7:2 y 12, versículos que nos exhortan a no hacer a los demás lo que no deseamos que nos sea hecho.

Lo que caracteriza aquí a Edom es su extrema arrogancia. Este pueblo, anidado como el águila en sus peñas escarpadas y agrestes del monte de Seír (v. 16), se consideraba invulnerable. Pero Dios supo y sabrá hallarlo de nuevo para hacerlo descender de allí, reduciendo su guarida a perpetuo desierto (v. 13; Abdías v. 4). Contrariamente a lo hecho con Moab y Amón, Jehová, al terminar, no da a Edom ninguna promesa de hacer volver sus cautivos. “Ni aun resto quedará de la casa de Esaú” (Abdías 18; comp. cap. 48:47 y cap. 49:6).

Jeremías 49:23-39
23Acerca de Damasco. Confundióse Hamath, y Arphad, porque oyeron malas nuevas: derritiéronse en aguas de desmayo, no pueden sosegarse.24Desmayóse Damasco, volvióse para huir, y tomóle temblor: angustia y dolores le tomaron, como de mujer que está de parto.25Cómo dejaron á la ciudad de alabanza, ciudad de mi gozo!26Por tanto, sus mancebos caerán en sus plazas, y todos los hombres de guerra morirán en aquel día, ha dicho Jehová de los ejércitos.27Y haré encender fuego en el muro de Damasco, y consumirá las casas de Ben-hadad.28De Cedar y de los reinos de Hasor, los cuales hirió Nabucodonosor rey de Babilonia. Así ha dicho Jehová: Levantaos, subid contra Cedar, y destruid los hijos de oriente.29Sus tiendas y su ganados tomarán: sus cortinas, y todos sus vasos, y sus camellos, tomarán para sí; y llamarán contra ellos miedo alrededor.30Huid, trasponeos muy lejos, meteos en simas para estar, oh moradores de Hasor, dice Jehová; porque tomó consejo contra vosotros Nabucodonosor rey de Babilonia, y contra vosotros ha formado designio.31Levantaos, subid á gente pacífica, que vive confiadamente, dice Jehová, que ni tienen puertas ni cerrojos, que viven solitarios.32Y serán sus camellos por presa, y la multitud de sus ganados por despojo; y esparcirélos por todos vientos, echados hasta el postrer rincón; y de todos sus lados les traeré su ruina, dice Jehová.33Y Hasor será morada de chacales, soledad para siempre: ninguno morará allí, ni la habitará hijo de hombre.34Palabra de Jehová que fué á Jeremías profeta acerca de Elam, en el principio del reinado de Sedechîas rey de Judá, diciendo:35Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo quiebro el arco de Elam, principio de su fortaleza.36Y traeré sobre Elam los cuatro vientos de los cuatro puntos del cielo, y aventarélos á todos estos vientos; ni habrá gente adonde no vengan extranjeros de Elam.37Y haré que Elam se intimide delante de sus enemigos, y delante de los que buscan su alma; y traeré sobre ellos mal, y el furor de mi enojo, dice Jehová; y enviaré en pos de ellos espada hasta que los acabe.38Y pondré mi silla en Elam, y destruiré de allí rey y príncipe, dice Jehová.39Mas acontecerá en lo postrero de los días, que haré tornar la cautividad de Elam, dice Jehová.

Después de Edom, se trata primeramente de Damasco, con Hamat y Arfad, principales ciudades de Siria; luego, de Cedar y Hazor, donde habitaban tribus nómadas. Finalmente, se pronuncia la sentencia contra Elam (Persia), nación alejada de Israel, mientras que todas las demás eran vecinas.

Dios es justo. Midió exactamente el castigo de cada uno de esos pueblos y lo proporciona a los privilegios que recibieron (Romanos 2:6; Daniel 4:35). En el capítulo 2:10-11, Jehová precisamente había comparado a Israel con Cedar, pueblo primitivo e ignorante, pero que, por lo menos, había permanecido fiel a sus falsos dioses, mientras que Su pueblo se había alejado del verdadero Dios. ¡Cuánto más culpable era Israel, instruido por la ley! Recordemos —especialmente si somos hijos de padres creyentes— este importante versículo: “A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará” (Lucas 12:48).

Todos esos pueblos debían caer, al igual que Judá, bajo el poder de Nabucodonosor (v. 30) y convertirse en otras tantas provincias del gran imperio babilónico. Era, pues, vano e insensato de parte de los judíos volverse hacia esos vecinos para buscar refugio y seguridad (Salmo 60:11). ¿Cómo podrían ayudarles esos pueblos, ya que ellos mismos no podían liberarse?

Jeremías 50:1-16
1PALABRA que habló Jehová contra Babilonia, contra la tierra de los Caldeos, por mano de Jeremías profeta.2Denunciad en las gentes, y haced saber; levantad también bandera: publicad, y no encubráis: decid: Tomada es Babilonia, Bel es confundido, deshecho es Merodach; confundidas son sus esculturas, quebrados son sus ídolos.3Porque subió contra ella gente del aquilón, la cual pondrá su tierra en asolamiento, y no habrá ni hombre ni animal que en ella more: moviéronse, se fueron.4En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; é irán andando y llorando, y buscarán á Jehová su Dios.5Preguntarán por el camino de Sión, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntaos á Jehová con pacto eterno, que jamás se ponga en olvido.6Ovejas perdidas fueron mi pueblo: sus pastores las hicieron errar, por los montes las descarriaron: anduvieron de monte en collado, olvidáronse de sus majadas.7Todos los que los hallaban, los comían; y decían sus enemigos: No pecaremos, porque ellos pecaron á Jehová morada de justicia, á Jehová, esperanza de sus padres.8Huid de en medio de Babilonia, y salid de la tierra de los Caldeos, y sed como los mansos delante del ganado.9Porque he aquí que yo suscito y hago subir contra Babilonia reunión de grandes pueblos de la tierra del aquilón; y desde allí se aparejarán contra ella, y será tomada: sus flechas como de valiente diestro, que no se tornará en vano.10Y la Caldea será para presa: todos los que la saquearen, saldrán hartos, dice Jehová.11Porque os alegrasteis, porque os gozasteis destruyendo mi heredad, porque os henchisteis como becerra de renuevos, y relinchasteis como caballos;12Vuestra madre se avergonzó mucho, afrentóse la que os engendró; he aquí será la postrera de las gentes: desierto, sequedad, y páramo.13Por la ira de Jehová no será habitada, sino que asolada será toda ella; todo hombre que pasare por Babilonia se asombrará, y silbará sobre todas sus plagas.14Apercibíos contra Babilonia alrededor, todos los que entesáis arco; tirad contra ella, no escatiméis las saetas: porque pecó contra Jehová.15Gritad contra ella en derredor; dió su mano; caído han sus fundamentos, derribados son sus muros; porque venganza es de Jehová. Tomad venganza de ella; haced con ella como ella hizo.16Talad de Babilonia sembrador, y el que tiene hoz en tiempo de la siega: delante de la espada opresora cada uno volverá el rostro hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra.

Babilonia, cuna de la mundanería y de la corrupción, es la última de las naciones en oír el juicio de Jehová. Como Jeremías predicaba la sumisión a Nabucodonosor, se le había acusado de ser favorable a los caldeos y de traicionar a su propio pueblo. Pero esos dos largos capítulos de la profecía nos muestran lo que Dios le había enseñado respecto de Babilonia. Por otra parte, ya había declarado que, si bien Jehová se servía de ella para disciplinar a Judá, llegaría el momento en que, a su vez, la gran ciudad sería «visitada» en juicio y reducida “en desiertos para siempre” (cap. 25:12-14). Bel, Merodac (el dios Marduk) y todos sus otros ídolos iban a desaparecer vergonzosamente con aquellos que los servían, mientras que Israel y Judá no serían privados “de su Dios, Jehová de los ejércitos” (véase el cap. 51:5). Esos juicios que iban a castigar a Babilonia contribuirán finalmente a abrir los ojos y el corazón de los cautivos del pueblo. Los versículos 4 y 5 de este capítulo 50 nos muestran las lágrimas y la humillación que acompañarán su vuelta a Jehová, preludio de su completa y final liberación. El mundo actual está lleno de vanos ídolos, los que pronto pasarán con él. Nosotros, que somos instruidos por la Palabra de Dios, ¿podríamos apegarnos a ellos? (1 Juan 5:21).

Jeremías 50:17-32
17Ganado descarriado es Israel; leones lo amontonaron: el rey de Asiria lo devoró el primero; este Nabucodonosor rey de Babilonia lo deshuesó el postrero.18Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo visito al rey de Babilonia y á su tierra como visité al rey de Asiria.19Y volveré á traer á Israel á su morada, y pacerá en el Carmelo y en Basán; y en el monte de Ephraim y de Galaad se hartará su alma.20En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será buscada, y no parecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán: porque perdonaré á los que yo hubiere dejado.21Sube contra la tierra de Merathaim, contra ella, y contra los moradores de Pekod: destruye y mata en pos de ellos, dice Jehová, y haz conforme á todo lo que yo te he mandado.22Estruendo de guerra en la tierra, y quebrantamiento grande.23Cómo fué cortado y quebrado el martillo de toda la tierra! ­cómo se tornó Babilonia en desierto entre las gentes!24Púsete lazos, y aun fuiste tomada, oh Babilonia, y tú no lo supiste: fuiste hallada, y aun presa, porque provocaste á Jehová.25Abrió Jehová tu tesoro, y sacó los vasos de su furor: porque esta es obra de Jehová, Dios de los ejércitos, en la tierra de los Caldeos.26Venid contra ella desde el cabo de la tierra: abrid sus almacenes: hacedla montones, y destruidla: no le queden reliquias.27Matad todos sus novillos; vayan al matadero: ­ay de ellos! que venido es su día, el tiempo de su visitación.28Voz de los que huyen y escapan de la tierra de Babilonia, para dar las nuevas en Sión de la venganza de Jehová nuestro Dios, de la venganza de su templo.29Haced juntar sobre Babilonia flecheros, á todos los que entesan arco; asentad campo sobre ella alrededor; no escape de ella ninguno: pagadle según su obra; conforme á todo lo que ella hizo, haced con ella: porque contra Jehová se ensoberbeció, contra el S30Por tanto sus mancebos caerán es sus plazas, y todos su hombres de guerra serán talados en aquel día, dice Jehová.31He aquí yo contra ti, oh soberbio, dice el Señor Jehová de los ejércitos: porque tu día es venido, el tiempo en que te visitaré.32Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante: y encenderé fuego en sus ciudades, y quemaré todos sus alrededores.

Por cierto que el castigo de Israel por medio de los caldeos respondía a la voluntad de Dios. Pero el encarnizamiento y la crueldad con los cuales estos últimos iban a ejecutarlo justificarían la “venganza” de que luego sería objeto Babilonia. Además, al atacar a Israel, Babilonia combatiría contra Jehová (final del v. 24; véase Zacarías 2:8). En particular, la destrucción y saqueo del templo serían un personal insulto hacia Aquel que había puesto su gloria en él. Por esa razón el castigo de Babilonia es llamado “la venganza de Su templo” (v. 28 y cap. 51:11).

Notemos cómo esos sombríos capítulos al mismo tiempo están llenos de aliento para los fieles del pueblo de Dios. Jehová, su Redentor, es fuerte; abogará por la causa de Israel, su “rebaño descarriado”, para salvarlo de la boca de los leones que lo devoran (v. 17 y 34). En aquel tiempo Su perdón habrá borrado todas sus faltas: “La maldad de Israel será buscada, y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán” (v. 20; comp. Números 23:21).

Jeremías 51:27-46
27Alzad bandera en la tierra, tocad trompeta en las naciones, apercibid gentes contra ella; juntad contra ella los reinos de Ararat, de Minni, y de Aschênaz; señalad contra ella capitán, haced subir caballos como langostas erizadas.28Apercibid contra ella gentes; á reyes de Media, á sus capitanes, y á todos sus príncipes, y á toda la tierra de su señorío.29Y temblará la tierra, y afligiráse; porque confirmado es contra Babilonia todo el pensamiento de Jehová, para poner la tierra de Babilonia en soledad, y que no haya morador.30Los valientes de Babilonia dejaron de pelear, estuviéronse en sus fuertes: faltóles su fortaleza, tornáronse como mujeres: encendiéronse sus casas, quebráronse sus cerrojos.31Correo se encontrará con correo, mensajero se encontrará con mensajero, para noticiar al rey de Babilonia que su ciudad es tomada por todas partes:32Y los vados fueron tomados, y los carrizos fueron quemados á fuego, y consternáronse los hombres de guerra.33Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: La hija de Babilonia es como parva; tiempo es ya de trillarla: de aquí á poco le vendrá el tiempo de la siega.34Comióme, desmenuzóme Nabucodonosor rey de Babilonia; paróme como vaso vacío, tragóme como dragón, hinchió su vientre de mis delicadezas, y echóme.35Sobre Babilonia la violencia contra mí y mi carne, dirá la moradora de Sión; y mi sangre sobre los moradores de Caldea, dirá Jerusalem.36Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo juzgo tu causa y haré tu venganza; y secaré su mar, y haré que quede seca su corriente.37Y será Babilonia para montones, morada de chacales, espanto y silbo, sin morador.38A una rugirán como leones; como cachorros de leones bramarán.39En su calor les pondré sus banquetes; y haréles que se embriaguen, para que se alegren, y duerman eterno sueño, y no despierten, dice Jehová.40Hacerlos he traer como corderos al matadero, como carneros con cabritos.41Cómo fué presa Sesach, y fué tomada la que era alabada por toda la tierra! ­Cómo fué Babilonia por espanto entre las gentes!42Subió la mar sobre Babilonia; de la multitud de sus ondas fué cubierta.43Sus ciudades fueron asoladas, la tierra seca y desierta, tierra que no morará en ella nadie, ni pasará por ella hijo de hombre.44Y visitaré á Bel en Babilonia, y sacaré de su boca lo que ha tragado: y no vendrán más á él gentes; y el muro de Babilonia caerá.45Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salvad cada uno su vida de la ira del furor de Jehová.46Y porque no desmaye vuestro corazón, y temáis á causa de la fama que se oirá por la tierra, en un año vendrá la fama, y después en otro año el rumor, y la violencia en la tierra, y el enseñoreador sobre el que enseñorea.

Muchas de las expresiones de estos capítulos se vuelven a emplear en el Apocalipsis a propósito de la futura Babilonia. Ésta no es más una ciudad sino un vasto sistema religioso, satánica imitación de la Iglesia de Cristo, la que se desarrollará plenamente después de que esta última haya sido arrebatada. En ese despliegue del mal, el divino llamado se hace oír varias veces: “Salid de en medio de ella, pueblo mío” (cap. 50:8; 51:6 y 45; Esdras 48:20; Zacarías 2:7; Apocalipsis 18:4). En efecto, permanecer en Babilonia después de la condena pronunciada por Dios era, por una parte, participar de sus pecados y, por otra, exponerse a compartir sus plagas. El Señor imparte hoy una orden semejante a todos los suyos que todavía están en los diferentes medios de la cristiandad nominal: “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19). Pero, pese a comprobar esa iniquidad alrededor de ellos, ciertos creyentes estiman que deben permanecer en un medio reconocido como malo; esperan que su buena influencia contribuya a mejorar ese ámbito. Eso es forjarse una ilusión y, al mismo tiempo, estimarse más sabio que Aquel que les ordena salir de allí (2 Corintios 6:14-18).

Jeremías 51:47-64
47Por tanto, he aquí vienen días que yo visitaré las esculturas de Babilonia, y toda su tierra será avergonzada, y todos sus muertos caerán en medio de ella.48Y los cielos y la tierra, y todo lo que está en ellos, darán alabanzas sobre Babilonia: porque del aquilón vendrán sobre ella destruidores, dice Jehová.49Pues que Babilonia fué causa que cayesen muertos de Israel, también de Babilonia caerán muertos de toda la tierra.50Los que escapasteis del cuchillo, andad, no os detengais; acordaos por muchos días de Jehová, y acordaos de Jerusalem.51Estamos avergonzados, porque oímos la afrenta: confusión cubrió nuestros rostros, porque vinieron extranjeros contra los santuarios de la casa de Jehová.52Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová, que yo visitaré sus esculturas, y en toda su tierra gemirán los heridos.53Si subiese Babilonia al cielo, y si fortaleciere en lo alto su fuerza, de mí vendrán á ella destruidores, dice Jehová.54Sonido de grito de Babilonia, y quebrantamiento grande de la tierra de los Caldeos!55Porque Jehová destruye á Babilonia, y quitará de ella el mucho estruendo; y bramarán sus ondas, como muchas aguas será el sonido de la voz de ellos:56Porque vino destruidor contra ella, contra Babilonia, y sus valientes fueron presos, el arco de ellos fué quebrado: porque Jehová, Dios de retribuciones, dará la paga.57Y embriagaré sus príncipes y sus sabios, sus capitanes y sus nobles y sus fuertes; y dormirán sueño eterno y no despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.58Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El muro ancho de Babilonia será derribado enteramente, y sus altas puertas serán quemadas á fuego; y en vano trabajarán pueblos y gentes en el fuego, y se cansarán.59Palabra que envió Jeremías profeta á Seraías hijo de Nerías, hijo de Maasías, cuando iba con Sedechîas rey de Judá á Babilonia, el cuarto año de su reinado. Y era Seraías el principal camarero.60Escribió pues Jeremías en un libro todo el mal que había de venir sobre Babilonia, todas las palabras que están escritas contra Babilonia.61Y dijo Jeremías á Seraías: Cuando llegares á Babilonia, y vieres y leyeres todas estas cosas,62Dirás: Oh Jehová, tú has dicho contra este lugar que lo habías de talar, hasta no quedar en él morador, ni hombre ni animal, sino que para siempre ha de ser asolado.63Y será que cuando acabares de leer este libro, le atarás una piedra, y lo echarás en medio del Eufrates:64Y dirás: Así será anegada Babilonia, y no se levantará del mal que yo traigo sobre ella; y serán rendidos. Hasta aquí son las palabras de Jeremías.

“Acordaos por muchos días de Jehová, y acordaos de Jerusalén” (v. 50). El remanente fiel era invitado a salir del corrupto medio de Babilonia, no sin saber adónde ir. Para tomar esta valerosa decisión, primeramente era necesario ser atraído fuera mediante poderosos afectos (Salmo 137:5-6). Asimismo, hoy en día el creyente es invitado a salir fuera del campamento religioso de la profesión cristiana «hacia él», hacia Jesús, presente en medio de los “dos o tres” congregados en su nombre (Hebreos 13:13).

Al terminar la exposición de todos sus juicios, Jehová los firma con un temible nombre: “Dios de retribuciones” (v. 56). Pero, lo que es un notable detalle, esas palabras de juicio contra Babilonia preceden al relato de la destrucción del templo en el capítulo 52. Es necesario que la ruina de los ídolos babilónicos sea anunciada antes de que efectivamente tenga lugar la del Templo (v. 47 y 52). Así nadie podrá pensar que esos ídolos son realmente más poderosos que el Dios de Israel. Siete años antes de la toma de Jerusalén, todas esas palabras debían ser escritas en un libro. Y éste, después de haber sido leído, debía ser sumergido en medio del Eufrates por mano de Seraías, hermano de Baruc, como testimonio de que Babilonia sería tragada.

Jeremías 52:1-16
1ERA Sedechîas de edad de veintiún años cuando comenzó á reinar, y reinó once años en Jerusalem. Su madre se llamaba Hamutal, hija de Jeremías, de Libna.2E hizo lo malo en los ojos de Jehová, conforme á todo lo que hizo Joacim.3Y á causa de la ira de Jehová contra Jerusalem y Judá, fué el llegar á echarlos de su presencia: y rebelóse Sedechîas contra el rey de Babilonia.4Aconteció por tanto á los nueve años de su reinado, en el mes décimo, á los diez días del mes, que vino Nabucodonosor rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalem, y contra ella asentaron campo, y de todas partes edificaron contra ella baluar5Y estuvo cercada la ciudad hasta el undécimo año del rey Sedechîas.6En el mes cuarto, á los nueve del mes, prevaleció el hambre en la ciudad, hasta no haber pan para el pueblo de la tierra.7Y fué entrada la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron, y saliéronse de la ciudad de noche por el camino de postigo de entre los dos muros, que había cerca del jardín del rey, y fuéronse por el camino del desierto, estando aún los Caldeos junto á 8Y el ejército de los Caldeos siguió al rey, y alcanzaron á Sedechîas en los llanos de Jericó; y esparcióse de él todo su ejército.9Entonces prendieron al rey, e hiciéronle venir al rey de Babilonia, á Ribla en tierra de Hamath, donde pronunció contra él sentencia.10Y degolló el rey de Babilonia á los hijos de Sedechîas delante de sus ojos, y también degolló á todos los príncipes de Judá en Ribla.11A Sedechîas empero sacó los ojos, y le aprisionó con grillos, é hízolo el rey de Babilonia llevar á Babilonia; y púsolo en la casa de la cárcel hasta el día en que murió.12Y en el mes quinto, á los diez del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino á Jerusalem Nabuzaradán, capitán de la guardia, que solía estar delante del rey de Babilonia.13Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalem; y abrasó con fuego todo grande edificio.14Y todo el ejército de los Caldeos, que venía con el capitán de la guardia, destruyó todos los muros de Jerusalem en derredor.15E hizo trasportar Nabuzaradán, capitán de la guardia, los pobres del pueblo, y toda la otra gente vulgar que en la ciudad habían quedado, y los fugitivos que se habían huído al rey de Babilonia, y todo el resto de la multitud vulgar.16Mas de los pobres del país dejó Nabuzaradán, capitán de la guardia, para viñadores y labradores.

Este capítulo 52 ya no forma parte de “las palabras de Jeremías” (cap. 51:64). Al igual que el capítulo 39, expone los acontecimientos que pusieron fin al reino de Judá y aproximadamente reproduce el capítulo 25 del 2º libro de los Reyes.

Sonó la hora del juicio; éste hiere a la vez a Jerusalén, su templo (v. 17 a 23), su rey y sus habitantes. La ciudad es tomada. Sedequías y su ejército huyen tratando de escapar de la red que se cierra. Pero no es con los caldeos sino con Dios con quien se las tienen que ver. Una vez que el rey de Judá es conducido a Ribla, ante Nabucodonosor, se le sacan los ojos —castigo reservado a los vasallos traidores— y, atado con grillos, se dirige al exilio. Hasta el final de su miserable vida guardará como última visión el atroz espectáculo de sus hijos degollados. Un mes más tarde, el capitán de la guardia de Nabucodonosor vuelve a Jerusalén para desmantelar sistemáticamente la ciudad rebelde y hacer una selección entre la población. El versículo 15 menciona a los desertores. Algunos, pues, habían escuchado a Jeremías.

Estas cosas no están escritas (y repetidas) a causa de su interés histórico, sino para instrucción de nuestras almas, a fin de servirnos de advertencia (1 Corintios 10:11). “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos…” (léase 2 Pedro 3:17-18).

Jeremías 52:17-34
17Y los Caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron todo el metal á Babilonia.18Lleváronse también los calderos, y los badiles, y los salterios, y las bacías, y los cazos, y todos los vasos de metal con que se servían.19Y las copas, é incensarios, y tazones, y ollas, y candeleros, y escudillas, y tazas: lo que de oro de oro, y lo que de plata de plata, se llevó el capitán de la guardia.20Las dos columnas, un mar, y doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas, que había hecho el rey Salomón en la casa de Jehová: no se podía pesar el metal de todos estos vasos.21Cuanto á las columnas, la altura de la columna era de dieciocho codos, y un hilo de doce codos la rodeaba: y su grueso era de cuatro dedos, y hueca.22Y el capitel de bronce que había sobre ella, era de altura de cinco codos, con una red y granadas en el capitel alrededor, todo de bronce; y lo mismo era lo de la segunda columna con sus granadas.23Había noventa y seis granadas en cada orden: todas ellas eran ciento sobre la red alrededor.24Tomó también el capitán de la guardia á Seraías principal sacerdote, y á Sophonías segundo sacerdote, y tres guardas del atrio.25Y de la ciudad tomó un eunuco que era capitán sobre los hombres de guerra, y siete hombres de los continuos del rey, que se hallaron en al ciudad; y al principal secretario de la milicia, que revistaba el pueblo de la tierra para la guerra; y sesenta homb26Tomólos pues Nabuzaradán, capitán de la guardia, y llevólos al rey de Babilonia á Ribla.27Y el rey de Babilonia los hirió, y los mató en Ribla en tierra de Hamath. Así fué Judá trasportado de su tierra.28Este es el pueblo que Nabucodonosor hizo trasportar: En el año séptimo, tres mil veintitrés Judíos:29En el año dieciocho hizo Nabudonosor, trasportar de Jerusalem ochocientas treinta y dos personas:30El año veintitrés de Nabucodonosor, trasportó Nabuzaradán capitán de la guardia, setecientas cuarenta y cinco personas de los Judíos: todas las personas fueron cuatro mil seiscientas.31Y acaeció que en el año treinta y siete de la cautividad de Joachîn rey de Judá, en el mes duodécimo, á los veinticinco del mes, Evil-merodach, rey de Babilonia, en el año primero de su reinado, alzó la cabeza de Joachîn rey de Judá y sacólo de la casa de32Y habló con él amigablemente, é hizo poner su silla sobre las sillas de los reyes que estaban con él en Babilonia.33Hízole mudar también los vestidos de su prisión, y comía pan delante de él siempre todos los días de su vida.34Y continuamente se le daba ración por el rey de Babilonia, cada cosa en su día por todos los de su vida, hasta el día de su muerte.

Al asistir al saqueo de la casa de Jehová y al mirar a los caldeos romper y llevarse sus hermosas y poderosas columnas, nos embarga la tristeza al pensar lo que llegó a ser el testimonio de Israel en medio de las naciones. Pero, en comparación, ¡cuánto más considerables serán los sentimientos de Jehová ante la destrucción de la casa en la cual había puesto su nombre y frente a la ruina de Jerusalén! (léase 1 Reyes 9:6-9). En contraste, ¡qué valor tienen las promesas que el Señor hace al vencedor de Filadelfia!: “Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios… y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de… la nueva Jerusalén… y mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:12). Queridos amigos, al terminar la lectura de este libro de Jeremías pidámosle al Señor que podamos formar parte de esos vencedores, es decir, que nos ayude a guardar su Palabra y no negar su nombre hasta el momento de su retorno.

Dios no permitió que el libro terminara con un triste cuadro. La gracia otorgada a Joaquín por parte del sucesor de Nabucodonosor (v. 31-34) es un testimonio de los cuidados que Jehová no dejará de dispensar a un débil remanente de su pueblo.

Lamentaciones

de Jeremías

Lamentaciones 1:1-11
1COMO está sentada sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, La señora de provincias es hecha tributaria.2Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas en sus mejillas; No tiene quien la consuele de todos sus amadores: Todos sus amigos le faltaron, volviéronsele enemigos.3Fuése Judá, a causa de la aflicción y de la grandeza de servidumbre; Ella moró entre las gentes, y no halló descanso: Todos sus perseguidores la alcanzaron entre estrechuras.4Las calzadas de Sión tienen luto, porque no hay quien venga á las solemnidades; Todas sus puertas están asoladas, sus sacerdotes gimen, Sus vírgenes afligidas, y ella tiene amargura.5Sus enemigos han sido hechos cabeza, sus aborrecedores fueron prosperados; Porque Jehová la afligió por la multitud de sus rebeliones: Sus niños fueron en cautividad delante del enemigo.6Fuése de la hija de Sión toda su hermosura: Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto, Y anduvieron sin fortaleza delante del perseguidor.7Jerusalem, cuando cayó su pueblo en mano del enemigo y no hubo quien le ayudase, Se acordó de los días de su aflicción, y de sus rebeliones, Y de todas sus cosas deseables que tuvo desde los tiempos antiguos: Miráronla los enemigos, y escarnecieron de sus8Pecado cometió Jerusalem; por lo cual ella ha sido removida: Todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza; Y ella suspira, y se vuelve atrás.9Sus inmundicias en sus faldas; no se acordó de su postrimería: Por tanto ella ha descendido maravillosamente, no tiene consolador. Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido.10Extendió su mano el enemigo á todas sus cosas preciosas; Y ella ha visto entrar en su santuario las gentes, De las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación.11Todo su pueblo buscó su pan suspirando; Dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para entretener la vida. Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida.

Las lamentaciones de Jeremías expresan el dolor del profeta ante los acontecimientos contados en el último capítulo de su libro, es decir, la toma y destrucción de Jerusalén por el ejército de Nabucodonosor. Pero, como en toda profecía, el alcance de ésta supera las circunstancias que la motivaron y el Espíritu nos conduce en estos capítulos hasta el tiempo venidero de la “gran tribulación” por la cual Israel deberá pasar.

Es conmovedor ver a Jeremías, aunque no era personalmente culpable, asumir una parte apreciable de la humillación de Jerusalén e identificarse con el pueblo que está bajo el juicio de Dios. Ahora, han llegado los infortunios que él no había dejado de anunciar y en los cuales el pueblo no había querido creer. Algún otro no habría dejado de decir: «¡Yo les adverti! ¡Ojalá me hubiesen escuchado!». El siervo de Dios no intenta triunfar de esta manera. ¡Al contrario! Jerusalén, la que en el día de su aflicción no halla a nadie que la ayude (v. 7; Isaías 51:18-19), a nadie que la consuele (v. 2, 9, 17 y 21), tendrá en Jeremías (figura de Cristo) el más fiel de los amigos y el más ferviente de los intercesores (véase Proverbios 17:17).

Lamentaciones 1:12-22
12¿No os conmueve á cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; Porque Jehová me ha angustiado en el día de la ira de su furor.13Desde lo alto envió fuego en mis huesos, el cual se enseñoreó: Ha extendido red a mis pies, tornóme atrás, Púsome asolada, y que siempre tenga dolor.14El yugo de mis rebeliones está ligado por su mano, Enlazadas han subido sobre mi cerviz: ha hecho caer mis fuerzas: Hame entregado el Señor en sus manos, contra quienes no podré levantarme.15El Señor ha hollado todos mis fuertes en medio de mí; Llamó contra mí compañía para quebrantar mis mancebos: Como lagar ha pisado el Señor á la virgen hija de Judá.16Por esta causa yo lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas; Porque se alejó de mí consolador que dé reposo á mi alma: Mis hijos son destruídos, porque el enemigo prevaleció.17Sión extendió sus manos, no tiene quien la consuele; Jehová dió mandamiento contra Jacob, que sus enemigos lo cercasen: Jerusalem fué en abominación entre ellos.18Jehová es justo; que yo contra su boca me rebelé. Oid ahora, pueblos todos, y ved mi dolor: Mis vírgenes y mis mancebos fueron en cautiverio.19Dí voces á mis amadores, mas ellos me han engañado; Mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad perecieron, Buscando comida para sí con que entretener su vida.20Mira, oh Jehová, que estoy atribulada: mis entrañas rugen, Mi corazón está trastornado en medio de mí; porque me rebelé desaforadamente: De fuera deshijó el cuchillo, de dentro parece una muerte.21Oyeron que gemía, y no hay consolador para mí: Todos mis enemigos han oído mi mal, se han holgado de que tú lo hiciste. Harás venir el día que has anunciado, y serán como yo.22Entre delante de ti toda su maldad, Y haz con ellos como hiciste conmigo por todas mis rebeliones: Porque muchos son mis suspiros, y mi corazón está doloroso.

“¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino?” exclama Jerusalén en medio de su calamidad (v. 12). ¡Cuántas veces pasamos insensibles al lado del sufrimiento de otros! (v. 21). ¡Cuán a menudo perdemos valiosas ocasiones para expresar un poco de simpatía! Pidamos al Señor que nos dé corazones más sensibles, capaces de comprender mejor las penas de los que nos rodean y de proporcionarles de parte de Dios un verdadero consuelo.

¿Cómo no pensar en la cruz en presencia de este dolor sin igual infligido por la ira de Dios? (v. 12). Pero Cristo “ningún mal hizo”, mientras que, por boca de Jeremías, Jerusalén reconoce, como el malhechor, haber merecido plenamente lo que le acontece (v. 18; Lucas 23:41). También nos parece ver la multitud de “los que pasaban” delante del Salvador crucificado (Mateo 27:39). Había entre los que pasaban —y los hay aún hoy en presencia de la cruz— gente hostil, burladores, pero ante todo indiferentes. A ellos se dirige esta pregunta. Querido amigo, Jesús padeció esos sufrimientos para salvarle. ¿Podría usted permanecer insensible ante ellos? ¿No tendrán valor para usted?

Lamentaciones 2:1-10
1COMO oscureció el Señor en su furor a la hija de Sión! Derribó del cielo á la tierra la hermosura de Israel, Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su ira.2Destruyó el Señor, y no perdonó; Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob: Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, Deslustró el reino y sus príncipes.3Cortó con el furor de su ira todo el cuerno de Israel; Hizo volver atrás su diestra delante del enemigo; Y encendióse en Jacob como llama de fuego que ha devorado en contorno.4Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario, Y mató toda cosa hermosa á la vista: En la tienda de la hija de Sión derramó como fuego su enojo.5Fué el Señor como enemigo, destruyó a Israel; Destruyó todos sus palacios, disipó sus fortalezas: Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y lamento.6Y quitó su tienda como de un huerto, Destruyó el lugar de su congregación: Jehová ha hecho olvidar en Sión solemnidades y sábados, Y ha desechado en el furor de su ira rey y sacerdote.7Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario, Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios: Dieron grita en la casa de Jehová como en día de fiesta.8Jehová determinó destruir el muro de la hija de Sión; Extendió el cordel, no retrajo su mano de destruir: Hizo pues, se lamentara el antemuro y el muro; fueron destruídos juntamente.9Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos: Su rey y sus príncipes están entre las gentes donde no hay ley; Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.10Sentáronse en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sión; Echaron polvo sobre sus cabezas, ciñéronse de saco; Las vírgenes de Jerusalem bajaron sus cabezas a tierra.

En el capítulo 1 los enemigos de Jerusalén eran considerados como responsables de los infortunios de esa ciudad. A partir de ahora, todo lo ocurrido es visto como la obra del Señor y sólo de él. Sepamos también nosotros reconocer a Aquel que nos disciplina… a veces para castigarnos, pero siempre para bendecirnos al final. Y en lugar de detenernos a considerar los medios de los cuales Dios se sirve para ese fin (preocupaciones por la salud y el dinero, contrariedades que sobrevienen en nuestro trabajo…), en lugar de procurar sólo sentirnos aliviados lo antes posible, humillémonos bajo la poderosa mano de Dios y echemos toda nuestra ansiedad sobre él, porque tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:6-7).

Jerusalén hace el completo inventario de su desastre. Su rey, sus sacerdotes, sus profetas son hechos cautivos o masacrados, sus fiestas solemnes son abolidas y sus muros arruinados. Nada se salvó, ni aun las cosas más santas: el altar y el santuario fueron contaminados (cap. 1:10), devastados, y los objetos valiosos llevados a Babilonia. Sí, ¡hasta el arca misma, “estrado de sus pies” (v. 1; Salmo 132:7) juntamente con la ley que estaba contenida en ella! (v. 9; 1 Reyes 8:9). Desaparece para siempre, esto prueba que Dios rompía todas las relaciones con su pueblo culpable.

Lamentaciones 2:11-22
11Mis ojos desfallecieron de lágrimas, rugieron mis entrañas, Mi hígado se derramó por tierra por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo, Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.12Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, Derramando sus almas en el regazo de sus madres.13¿Qué testigo te traeré, ó á quién te haré semejante, hija de Jerusalem? ¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sión? Porque grande es tu quebrantamiento como la mar: ¿quién te medicinará?14Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; Y no descubrieron tu pecado para estorbar tu cautiverio, Sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.15Todos los que pasaban por el camino, batieron las manos sobre ti; Silbaron, y movieron sus cabezas sobre la hija de Jerusalem, diciendo: ¿Es ésta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?16Todos tus enemigos abrieron sobre ti su boca, Silbaron, y rechinaron los dientes; dijeron: Devoremos: Cierto éste es el día que esperábamos; lo hemos hallado, vímoslo.17Jehová ha hecho lo que tenía determinado, Ha cumplido su palabra que él había mandado desde tiempo antiguo: Destruyó, y no perdonó; Y alegró sobre ti al enemigo, Y enalteció el cuerno de tus adversarios.18El corazón de ellos clamaba al Señor: Oh muro de la hija de Sión, echa lágrimas como un arroyo día y noche; No descanses, ni cesen las niñas de tus ojos.19Levántate, da voces en la noche, en el principio de las velas; Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; Alza tus manos á él por la vida de tus pequeñitos, Que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles.20Mira, oh Jehová, y considera á quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres su fruto, los pequeñitos de sus crías? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?21Niños y viejos yacían por tierra en las calles; Mis vírgenes y mis mancebos cayeron a cuchillo: Mataste en el día de tu furor, degollaste, no perdonaste.22Has llamado, como a día de solemnidad, mis temores de todas partes; Y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo: Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó

La desolación del profeta es inmensa ante el cuadro que describen los versículos precedentes. Sus lágrimas corren, inagotables, en presencia de esa ruina “grande como el mar” (v. 13).

También Jesús lloró sobre Jerusalén, sabiendo de antemano cuáles iban a ser, para la ciudad culpable, las consecuencias de su rechazo (Lucas 19:41 y sig.)

Si bien el rey, los príncipes, los sacerdotes, los profetas mentirosos (v. 14) y la mayoría del pueblo merecían los golpes que recibieron, numerosos son los que sufren sin ser directamente responsables. Criaturitas mueren de hambre; ancianos y niños caen de inanición en las calles (v. 11, 19 y 21). Sin embargo, Jeremías no formula ningún por qué. Se pone él mismo «en la brecha» a favor de ese pueblo al que ama.

Los versículos 15 y 16 nos presentan de nuevo a “los que pasaban por el camino”. Pero ya no se trata sólo de indiferencia, como en el capítulo 1:12. Esta vez son las cabezas que se menean despectivamente, el crujir de dientes, las miradas desvergonzadas, los insultos y el desprecio. Jesús, la santa Víctima, conoció durante las horas de la cruz todas esas manifestaciones de la maldad de los hombres (véase Salmos 22:7-8; 35:21).

Lamentaciones 3:1-24
1YO soy el hombre que ha visto aflicción en la vara de su enojo.2Guióme y llevóme en tinieblas, mas no en luz.3Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.4Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos.5Edificó contra mí, y cercóme de tósigo y de trabajo.6Asentóme en oscuridades, como los ya muertos de mucho tiempo.7Cercóme por todos lados, y no puedo salir; agravó mis grillos.8Aun cuando clamé y dí voces, cerro los oídos a mi oración.9Cercó mis caminos con piedra tajada, torció mis senderos.10Como oso que acecha fué para mí, como león en escondrijos.11Torció mis caminos, y depedazóme; tornóme asolado.12Su arco entesó, y púsome como blanco a la saeta.13Hizo entrar en mis riñones las saetas de su aljaba.14Fuí escarnio á todo mi pueblo, canción de ellos todos los días.15Hartóme de amarguras, embriagóme de ajenjos.16Quebróme los dientes con cascajo, cubrióme de ceniza.17Y mi alma se alejó de la paz, olvidéme del bien.18Y dije: Pereció mi fortaleza, y mi esperanza de Jehová.19Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel.20Tendrálo aún en memoria mi alma, porque en mí está humillada.21Esto reduciré á mi corazón, por lo cual esperaré.22Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.24Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré.

Con el capítulo 3 llegamos al corazón de este librito y, al mismo tiempo, al fondo de la aflicción del profeta. Jeremías, sin ser culpable, carga personalmente con las iniquidades de su pueblo, de manera que considera que el castigo cae también sólo sobre él: “Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo…” (v. 1). De ese modo representa al Señor Jesús mientras cumple la expiación de nuestros pecados. Los padecimientos soportados en la cruz de parte del hombre, los que nos son recordados por los versículos 14 y 30 (comp. respectivamente Salmo 69:12 e Isaías 50:6) fueron seguidos, durante las tres horas de tinieblas, por los sufrimientos que Dios le infligió cuando le trató como debía serlo el pecado. Todas esas terribles expresiones de su ira las padeció el Salvador (comp. v. 8 y Salmo 22:2). Y sin embargo, su confianza y su esperanza no fallaron un instante, mientras que las de Jeremías lo abandonaron (v. 18).

Pero, a partir del versículo 21, el afligido busca el socorro junto a Aquel mismo que le hiere. Entonces, su fe sumisa y confiada le hace hallar las maravillosas misericordias de Jehová: “Nuevas son cada mañana” (v. 23).

Lamentaciones 3:25-51
25Bueno es Jehová á los que en él esperan, al alma que le buscare.26Bueno es esperar callando en la salud de Jehová.27Bueno es al hombre, si llevare el yugo desde su mocedad.28Sentaráse solo, y callará, porque lo llevó sobre sí.29Pondrá su boca en el polvo, por si quizá hay esperanza.30Dará la mejilla al que le hiriere; hartaráse de afrenta.31Porque el Señor no desechará para siempre:32Antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias.33Porque no aflige ni congoja de su corazón á los hijos de los hombres.34Desmenuzar bajo de sus pies todos los encarcelados de la tierra,35Hacer apartar el derecho del hombre ante la presencia del Altísimo,36Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo sabe.37¿Quién será aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó?38¿De la boca del Altísimo no saldrá malo y bueno?39¿Por qué murmura el hombre viviente, el hombre en su pecado?40Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová.41Levantemos nuestros corazones con las manos a Dios en los cielos.42Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste.43Desplegaste la ira, y nos perseguiste; mataste, no perdonaste.44Te cubriste de nube, porque no pasase la oración nuestra.45Raedura y abominación nos tornaste en medio de los pueblos.46Todos nuestros enemigos abrieron sobre nosotros su boca.47Temor y lazo fué para nosotros, asolamiento y quebrantamiento.48Ríos de aguas echan mis ojos, por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.49Mis ojos destilan, y no cesan, porque no hay alivio,50Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos.51Mis ojos contristaron mi alma, por todas las hijas de mi ciudad.

Para que la prueba nunca nos conduzca a dudar del amor de Dios, el profeta se apresura a agregar que Dios “no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres” (v. 33). ¡Con mayor razón, tampoco lo hace con los que son sus redimidos! 1 Pedro 1:6 confirma que él lo hace sólo “por un poco de tiempo” y solamente “si es necesario”. A menudo la prueba es necesaria para quebrantar nuestra propia voluntad, cuando la hemos dejado desarrollarse. Por eso “le es bueno al hombre llevar el yugo desde su juventud” (v. 27). Aplicarse a obedecer cuando se es todavía niño, aprender la sumisión en la casa paterna es prepararse a aceptar luego, por toda la vida, la autoridad del Señor.

A menudo la prueba también es para nosotros la oportunidad de hacer un examen de conciencia: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos…” (v. 40). Así, con el autor del Salmo 119, podremos reconocer: “Bueno me es haber sido humillado” (v. 71).

“Nos has puesto como las heces de la tierra, y como una basura en medio de las naciones” (v. 45, V.M.) Pablo tomará de nuevo una parecida comparación, pero no para quejarse de ella (1 Corintios 4:13). El servicio del Evangelio y el amor por los santos le permitían aceptar gustoso esa condición.

Lamentaciones 3:52-66; Lamentaciones 4:1-6
52Mis enemigos me dieron caza como á ave, sin por qué.53Ataron mi vida en mazmorra, pusieron piedra sobre mí.54Aguas de avenida vinieron sobre mi cabeza; yo dije: Muerto soy.55Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda.56Oiste mi voz; no escondas tu oído á mi clamor, para mi respiro57Acercástete el día que te invoqué: dijiste: No temas.58Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida.59Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa.60Tú has visto toda su venganza; todos sus pensamientos contra mí.61Tú has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus maquinaciones contra mí;62Los dichos de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día.63Su sentarse, y su levantarse mira: yo soy su canción.64Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos.65Dales ansia de corazón, tu maldición á ellos.66Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh Jehová.
1COMO se ha oscurecido el oro! ­Cómo el buen oro se ha demudado! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.2Los hijos de Sión, preciados y estimados más que el oro puro, ­Cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos de alfarero!3Aun los monstruos marinos sacan la teta, dan de mamar a sus chiquitos: La hija de mi pueblo es cruel, como los avestruces en el desierto.4La lengua del niño de teta, de sed se pegó á su paladar: Los chiquitos pidieron pan, y no hubo quien se lo partiese.5Los que comían delicadamente, asolados fueron en las calles; Los que se criaron en carmesí, abrazaron los estercoleros.6Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, Que fué trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías.

Nos acordamos de la horrible cisterna en la cual Jeremías había sido echado por los que eran sus enemigos “sin haber por qué”. Ella inspiró el versículo 52 y los siguientes, e ilustra los terrores de la muerte en la cual nuestro Salvador, por su parte, entró realmente (véase también Jonás 2:3).

Pero los versículos 55 a 58 pueden ser la experiencia de cualquiera que gime bajo el peso de sus pecados y llega a darse cuenta de lo que el Señor hizo por él.

El capítulo 4 hace que contraste el actual estado de Jerusalén con lo que había sido anteriormente. En los tiempos de su prosperidad todo tenía el más brillante aspecto. Los hijos de Sión eran “igualados con el oro puro” (v. 2, V.M.) Igualados solamente —notémoslo— porque cuando la prueba pasó como el fuego del refinador, todo fue consumido, mientras que el verdadero oro le resiste victoriosamente. Sí, sólo se trataba de un brillo engañador. Recordémoslo: la prueba siempre deshace las apariencias y manifiesta el verdadero estado de un corazón. La crueldad (v. 3), la ausencia de toda lástima (v. 4), el odioso egoísmo que conduce a los hechos más abominables (v. 10) es lo que ahora aparece al desnudo en esos habitantes de Jerusalén. Dios manifiesta el fondo de sus corazones y el fuego de Su juicio no deja subsistir nada de la falsa piedad de ellos.

Lamentaciones 4:7-22
7Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más lustrosos que la leche. Su compostura más rubicunda que los rubíes, más bellos que el zafiro:8Oscura más que la negrura es la forma de ellos; no los conocen por las calles: Su piel está pegada á sus huesos, seca como un palo.9Más dichosos fueron los muertos á cuchillo que los muertos del hambre; Porque éstos murieron poco á poco por falta de los frutos de la tierra.10Las manos de las mujeres piadosas cocieron á sus hijos; Fuéronles comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.11Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; Y encendió fuego en Sión, que consumió sus fundamentos.12Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, Creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalem.13Es por los pecados de sus profetas, por las maldades de sus sacerdotes, Que derramaron en medio de ella la sangre de los justos.14Titubearon como ciegos en las calles, fueron contaminados en sangre, De modo que no pudiesen tocar á sus vestiduras.15Apartaos ­inmundos!, les gritaban, Apartaos, apartaos, no toquéis. Cuando huyeron y fueron dispersos, dijeron entre las gentes: Nunca más morarán aquí16La ira de Jehová los apartó, no los mirará más: No respetaron la faz de los sacerdotes, ni tuvieron compasión de los viejos.17Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro: En nuestra esperanza aguardamos gente que no puede salvar.18Cazaron nuestro pasos, que no anduviésemos por nuestras calles: Acercóse nuestro fin, cumpliéronse nuestros días; porque nuestro fin vino.19Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo: Sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscada.20El resuello de nuestras narices, el ungido de Jehová, De quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre las gentes: fué preso en sus hoyos.21Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Hus: Aun hasta ti pasará el cáliz; embriagarte has, y vomitarás.22Cumplido es tu castigo, oh hija de Sión: Nunca más te hará trasportar. Visitará tu iniquidad, oh hija de Edom; Descubrirá tus pecados.

En Israel, la corrupción alcanzó hasta a los nazareos, es decir, a los que (como los cristianos hoy en día) deben distinguirse por la pureza de su conducta y por su entera separación para Dios. Están en el colmo de la decadencia. “No los conocen por las calles” (v. 8). ¡Nada hace que se los distinga de los demás desgraciados habitantes de Jerusalén! Preguntémonos en qué medida nuestro comportamiento en medio del mundo nos da a conocer como seres verdaderamente puestos aparte para el Señor.

Y en cuanto a los que estaban encargados de velar sobre el pueblo —a saber, sus profetas y sus sacerdotes— habían derramado la sangre de los justos (v. 13). Jeremías lo sabía bien (Jeremías 26:8).

“Se acercó nuestro fin… llegó nuestro fin” dicen los afligidos del pueblo (v. 18) después de haber esperado “en vano” un socorro y haber comprobado que nadie podía salvarlos (v. 17). Entonces, es el momento en que Dios declara: “Se ha cumplido tu castigo” (v. 22; comp. Isaías 40:1-2). Le tocará a Edom el turno de soportar el castigo. Siempre ocurre así. Cuando es evidente que nada puede ayudarnos y que hemos llegado al cabo de nuestras propias fuerzas, ha llegado el momento para que Dios intervenga soberanamente y nos libere.

Lamentaciones 5:1-22
1ACUÉRDATE, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido: Ve y mira nuestro oprobio.2Nuestra heredad se ha vuelto á extraños, Nuestras casas á forasteros.3Huérfanos somos sin padre, Nuestras madres como viudas.4Nuestra agua bebemos por dinero; Nuestra leña por precio compramos.5Persecución padecemos sobre nuestra cerviz: Nos cansamos, y no hay para nosotros reposo.6Al Egipcio y al Asirio dimos la mano, para saciarnos de pan.7Nuestros padres pecaron, y son muertos; Y nosotros llevamos sus castigos.8Siervos se enseñorearon de nosotros; No hubo quien de su mano nos librase.9Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan Delante del cuchillo del desierto.10Nuestra piel se ennegreció como un horno A causa del ardor del hambre.11Violaron á las mujeres en Sión, A las vírgenes en las ciudades de Judá.12A los príncipes colgaron por su mano; No respetaron el rostro de los viejos.13Llevaron los mozos á moler, Y los muchachos desfallecieron en la leña.14Los ancianos cesaron de la puerta, Los mancebos de sus canciones.15Cesó el gozo de nuestro corazón; Nuestro corro se tornó en luto.16Cayó la corona de nuestra cabeza: ­Ay ahora de nosotros! porque pecamos.17Por esto fué entristecido nuestro corazón, Por esto se entenebrecieron nuestro ojos:18Por el monte de Sión que está asolado; Zorras andan en él.19Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre: Tu trono de generación en generación.20¿Por qué te olvidarás para siempre de nosotros, Y nos dejarás por largos días?21Vuélvenos, oh Jehová, á ti, y nos volveremos: Renueva nuestros días como al principio.22Porque repeliendo nos has desechado; Te has airado contra nosotros en gran manera.

En un último lamento, el “remanente” del pueblo describe su triste y humillante estado sin esconder nada. No sólo sus padres (v. 7), sino ellos mismos pecaron y soportan el castigo correspondiente (v. 16). A este punto debe llegar tanto un inconverso como el creyente que ha caído en falta. Es de esperar que por experiencia todos conozcamos ese penoso trabajo de Dios en nuestra conciencia, demasiado a menudo obstaculizado por nuestro orgullo. Pero, a diferencia de los afligidos de este capítulo (v. 22), en el momento en que confesamos nuestros pecados sabemos que Dios ya nos perdonó en virtud de la obra de Cristo.

Empero, estos versículos —como todo el libro, por lo demás— colocan especialmente ante nosotros el aspecto del pecado colectivo. Y pensamos también en el mal que invadió a la Iglesia como levadura, en la mundanería, en la ruina que ello provocó y cuyos efectos morales son tan lamentables como el cuadro de este capítulo. ¡Ay! si nos preocupamos por la gloria del Señor, no podremos quedar indiferentes ante un estado de cosas tan desolador. Es de desear que tengamos corazones verdaderamente humillados, pero también confiados en un Dios que no cambia nunca (v. 19).

Marcos

Marcos 1:1-13
1PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.2Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío á mi mensajero delante de tu faz, Que apareje tu camino delante de ti.3Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus veredas.4Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados.5Y salía á él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos, bautizados por él en el río de Jordán, confesando sus pecados.6Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.7Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.8Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo.9Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán.10Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre él.11Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.12Y luego el Espíritu le impele al desierto.13Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.

El evangelio según Marcos es el del Siervo perfecto, por eso en él no hallamos el relato del nacimiento del Señor Jesús, ni tampoco su genealogía. Para apreciar a un siervo, sólo se tienen en cuenta sus cualidades de obediencia, fidelidad, prontitud, etc. Pero desde las primeras palabras de este evangelio Jesús es designado como el Hijo de Dios, a fin de que el lector no se equivoque en cuanto a la persona cuyo humilde servicio le va a ser narrado: se trata de un siervo voluntario. “Siendo en forma de Dios… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Filipenses 2:6-7). Este primer capítulo se caracteriza por el frecuente empleo de expresiones como: luego, enseguida, muy pronto…

Precedido por el testimonio de Juan, Jesús se sometió al bautismo. A pesar de ser “santo, inocente, sin mancha” (Hebreos 7:26), tomó lugar en medio de pecadores arrepentidos. Pero para que no fuera confundido con ellos, Dios hizo oír desde los cielos una solemne declaración acerca de su “santo siervo Jesús” (Hechos 4:27 y 30; V. M.): “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”, declaración que precedió su ministerio. No dice: En ti tendré complacencia. Luego Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado y atar al enemigo que nos tenía sujetos (ver 3:27). Adondequiera que el pecado nos había llevado, el amor y la obediencia condujeron a Jesús para liberarnos.

Marcos 1:14-28
14Mas después que Juan fué encarcelado, Jesús vino á Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,15Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio.16Y pasando junto á la mar de Galilea, vió á Simón, y á Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.17Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.18Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.19Y pasando de allí un poco más adelante, vió á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan su hermano, también ellos en el navío, que aderezaban las redes.20Y luego los llamó: y dejando á su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de él.21Y entraron en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga, enseñaba.22Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas.23Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dió voces,24Diciendo: ­Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.25Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él.26Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando á gran voz, salió de él.27Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen?28Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

Al aparecer Jesús, el ministerio de Juan el Bautista llegaba a su fin. Lejos de manifestar la más mínima amargura, este precursor pudo decir que su gozo estaba cumplido y agregar: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”, como nos lo relata el evangelio de Juan (3:30).

El reino de Dios se había acercado, el Rey en persona se hallaba en medio de su pueblo e hizo una proclamación que se resume en dos mandamientos siempre actuales: “Arrepentíos, y creed en el Evangelio”. El Señor lee en cada corazón la respuesta dada a esa apremiante invitación. Y, a los que escuchan y reciben el mensaje, les dirige el llamado individual de seguirle y servirle. “Venid en pos de mí”, dijo a los cuatro discípulos cuyo corazón conocía. E inmediatamente lo siguieron. Éstos tendrían el privilegio de acompañar a Jesús a lo largo de su ministerio y así ser testigos de todo lo que vieron y oyeron (1 Juan 1:1), aprendiendo de él (Mateo 11:29). De discípulos los convertiría más tarde en sus apóstoles, es decir, sus enviados a predicar el Evangelio en el mundo.

En Capernaum Jesús curó, en la sinagoga misma, a un hombre poseído por un espíritu inmundo, prueba característica del terrible estado de ruina en el cual había caído Israel.

Marcos 1:29-45
29Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron á casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan.30Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella.31Entonces llegando él, la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la calentura, y les servía.32Y cuando fué la tarde, luego que el sol se puso, traían á él todos los que tenían mal, y endemoniados;33Y toda la ciudad se juntó á la puerta.34Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocían.35Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.36Y le siguió Simón, y los que estaban con él;37Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.38Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.39Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.40Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.41Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.42Y así que hubo él hablado, la lepra se fué luego de aquél, y fué limpio.43Entonces le apercibió, y despidióle luego,44Y le dice: Mira, no digas á nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio á ellos.45Mas él salido, comenzó á publicarlo mucho, y á divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venían á él de todas partes.

Después de la sinagoga de Capernaum, la casa de Andrés y Simón fue el escenario de un milagro de gracia. Jesús siempre está dispuesto a penetrar en nuestras casas y brindarnos sus cuidados. Hagamos como los discípulos y hablémosle de lo que nos preocupa (v. 30).

Inmediatamente después de ser curada, la suegra de Simón se apresuró a servir al Señor y a los suyos. ¿No tenía ella ante sí el más grande ejemplo de servicio?

La noche llegó, pero para tan eminente Siervo la jornada no había terminado. Le traían a los enfermos e incansablemente los aliviaba y los sanaba. ¿Cuál era el secreto de esa maravillosa actividad? ¿De dónde sacaba Jesús esas fuerzas constantemente renovadas? El versículo 35 nos revela que era en la comunión con su Dios. Observemos cómo este Hombre perfecto empezaba su jornada (comp. Isaías 50, fin del v. 4). Pero al hablarle de su popularidad, dejó a la muchedumbre que tan sólo se interesaba por ver sus milagros y fue a predicar el Evangelio a otra parte.

Más adelante Jesús curó a un leproso y le dijo exactamente de qué manera debía dar su testimonio, un testimonio según la Palabra (v. 44; Levítico 14). Pero aquel hombre actuó según sus propios pensamientos, en detrimento de la obra de Dios en aquella ciudad.

Marcos 2:1-17
1Y ENTRO otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa.2Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta; y les predicaba la palabra.3Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro.4Y como no podían llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.5Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.6Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones,7Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?8Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico):11A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.12Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.13Y volvió á salir á la mar, y toda la gente venía á él, y los enseñaba.14Y pasando, vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose le siguió.15Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también á la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido.16Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y con los pecadores?17Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores.

En la casa de Capernaum Jesús se dio a conocer, según el Salmo 103:3, como el que “perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”. Con respecto al paralítico, Jesús cumplió, en el mismo orden, las dos partes de este versículo como testimonio para todos. Sí, Aquel que perdona los pecados –obra espiritual– y que da una prueba material de ello sanando la enfermedad, no puede ser otro que Jehová, el Dios de Israel.

Los publicanos recaudaban los impuestos para los romanos, lo que les procuraba a la vez su propia riqueza (guardaban una parte para ellos mismos) y el desprecio de sus compatriotas. Pero el Señor, llamando a Leví y aceptando su invitación, demostró que él no menosprecia ni rechaza a nadie. Al contrario, vino a buscar a los pecadores notorios, a los que no ocultan su estado (1 Timoteo 1:15). Se sentó a la mesa con ellos y se hizo su Amigo. Desde la caída, el hombre tiene miedo de Dios y huye de él a causa de su mala conciencia. Antes de salvar a su criatura, el primer trabajo de Dios consistía, pues, en acercarse a ella para ganar su confianza. Es lo que hizo Jesús al humillarse hasta encontrar al hombre miserable para hacerle comprender que Dios lo ama.

Marcos 2:18-28
18Y los discípulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los Fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?19Y Jesús les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el esposo está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar.20Mas vendrán días, cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.21Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.22Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.23Y aconteció que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron á arrancar espigas.24Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?25Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él estaban:26Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban?27También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado.28Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

Si la palabra clave del perfecto Siervo es “enseguida (o luego)”, la de los judíos incrédulos es “¿por qué?” (v. 7, 16, 18, 24). Al ser interrogado acerca del ayuno, Jesús explicó que se trataba de una manifestación de tristeza y, por consiguiente, no convenía mientras él estuviera con ellos. Su venida debía ser un motivo de gran gozo para todo el pueblo, como los ángeles lo habían anunciado (Lucas 2:10). Jesús aprovechó esta oportunidad para recalcar el contraste que hay entre las reglas y tradiciones del judaísmo y el Evangelio de la libre gracia que él había venido a traer. Desgraciadamente el hombre –y no sólo el judío– prefiere las formas religiosas porque le permiten gozar de una buena reputación ante los demás, mientras continúa haciendo su propia voluntad. Por el contrario, el versículo 22 nos sugiere que el cristiano es un hombre enteramente renovado. Si su corazón ha sido cambiado, si está lleno de un nuevo gozo, su comportamiento exterior también tiene que ser transformado.

Los fariseos acusaban a los discípulos por recoger espigas el día de reposo. Los hombres siempre desvían de su propósito aquello que Dios les ha dado. El día de reposo era una gracia concedida a Israel, mas este pueblo la transformó en un yugo para aumentar su esclavitud moral, “un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar” (Hechos 15:10).

Marcos 3:1-19
1Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.2Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.3Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.4Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábado, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? Mas ellos callaban.5Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituída sana.6Entonces saliendo los Fariseos, tomaron consejo con los Herodianos contra él, para matarle.7Mas Jesús se apartó á la mar con sus discípulos: y le siguió gran multitud de Galilea, y de Judea.8Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán. Y los de alrededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron á él.9Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen.10Porque había sanado á muchos; de manera que caían sobre él cuantos tenían plagas, por tocarle.11Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.12Mas él les reñía mucho que no le manifestasen.13Y subió al monte, y llamó á sí á los que él quiso; y vinieron á él.14Y estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos á predicar.15Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:16A Simón, al cual puso por nombre Pedro;17Y á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan hermano de Jacobo; y les apellidó Boanerges, que es, Hijos del trueno;18Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, y á Tomas, y á Jacobo hijo de Alfeo, y á Tadeo, y á Simón el Cananita,19Y á Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron á casa.

Una segunda curación tuvo lugar en la sinagoga de Capernaum, y nuevamente sucedió en un día de reposo (1:21). A ese hombre que tenía la mano seca, el Señor le pidió precisamente una acción que era incapaz de cumplir. El hombre hubiera podido contestar: «Ya ves que mi mano está seca y no puedo extenderla». Pero al comenzar por obedecer, dio prueba de su fe, y ella fue la que permitió a Jesús sanarlo. Observemos la dureza del corazón de los que estaban presentes. En vez de alegrarse con aquel hombre y admirar el divino poder de Jesús, esos hombres malvados tomaron dicho milagro como pretexto para tratar de destruirlo. Pero el Señor prosiguió con su ministerio de gracia, y la multitud, entre la cual había extranjeros de Tiro y Sidón, continuó viniendo a él para oírlo y ser sanada.

Luego apartó a doce discípulos de entre aquellos que llamó a reunirse con él en el monte, y notemos la expresión: los estableció “para que estuviesen con él, y para enviarlos…” (comp. Juan 15:16). Estar con Jesús, ¡maravilloso privilegio y a la vez condición indispensable para poder ser enviado! ¿Cómo cumplir un servicio sin haber recibido la dirección del Señor previamente? (Jeremías 23:21-22). En este evangelio cada uno de los doce es nombrado individualmente, a fin de recordarnos que un siervo debe depender entera y personalmente de su Maestro para recibir dirección y socorro.

Marcos 3:20-35
20Y agolpóse de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.21Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían: Está fuera de sí.22Y los escribas que habían venido de Jerusalem, decían que tenía á Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.23Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á Satanás?24Y si algún reino contra sí mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino.25Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.26Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; antes tiene fin.27Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente y entonces saqueará su casa.28De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;29Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio.30Porque decían: Tiene espíritu inmundo.31Vienen después sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron á él llamándole.32Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.33Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?34Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y hermanos.35Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Siempre dispuesto a dejar que se le acercaran, el Señor permitió a la muchedumbre invadir la casa en la que había entrado, e inmediatamente comenzó a enseñar, sin ni siquiera tomarse el tiempo para comer. Nosotros, que a menudo estamos tan poco dispuestos a abrir nuestra puerta a los extraños, a permitir que nos molesten y a cambiar en lo más mínimo nuestras costumbres, tomemos ejemplo de esta incansable abnegación y completo renunciamiento. Pensemos también que quizá un visitante indeseable nos ha sido enviado para que le hablemos sobre la salvación de su alma.

Quizás algunas personas se sientan perturbadas por el versículo 29. Temen haber pronunciado alguna vez, sin pensarlo, una palabra culpable que nunca pueda serles perdonada. Eso es conocer mal la gracia de Dios. “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). La blasfemia contra el Espíritu Santo fue el terrible pecado de Israel incrédulo. Este pueblo atribuyó a Satanás el poder del Espíritu Santo del cual Jesús estaba revestido. Esto fue extremadamente grave y contrario al sentido común (v. 26).

En el último párrafo el Señor distingue claramente a aquellos a quienes considera como miembros de Su familia. Hacer la voluntad de Dios era, y sigue siendo escuchar al Señor Jesús y obedecerle.

Marcos 4:1-12
1Y OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar, y se juntó á él mucha gente; tanto, que entrándose él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto á la mar.2Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:3Oid: He aquí, el sembrador salió á sembrar.4Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron.5Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego salió, porque no tenía la tierra profunda:6Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz, se secó.7Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no dió fruto.8Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que subió y creció: y llevó uno á treinta, y otro á sesenta, y otro á ciento.9Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga.10Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola.11Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas á los que están fuera, por parábolas todas las cosas;12Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

Jesús enseñaba a la multitud sirviéndose de un lenguaje lleno de imágenes, a través de parábolas. La primera es la del Sembrador. El Señor se presenta a sí mismo como el que trae y difunde la buena semilla del Evangelio en el mundo. A pesar de que conoce los corazones y sabe cómo recibirán –o no recibirán– la verdad, da a cada uno la oportunidad de estar en contacto con la Palabra de vida. ¿La recibió usted?

El versículo 12 no debe desconcertarnos. No debemos interpretarlo como si el Señor no quisiera que los hombres se convirtieran y él se viera obligado, a pesar suyo, a perdonarles sus pecados. Es importante saber que aquí se trata del pueblo judío en su conjunto. Éste acusaba a Jesús de tener un demonio, rechazando así el testimonio del Santo Espíritu. Tal pecado no puede serle perdonado, e Israel como pueblo en conjunto será endurecido (3:29; véase Romanos 11:7-8). Pero todos los que desean acercarse individualmente a Jesús, hallan lugar “cerca de él”, hoy como entonces, para conocer la revelación de los misterios del reino de Dios (v. 11, 34; comp. Proverbios 28, final del v. 5). Hagamos uso de ese precioso privilegio y especialmente no nos privemos de las reuniones en torno al Señor para escuchar su Palabra.

Marcos 4:13-25
13Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?14El que siembra es el que siembra la palabra.15Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada: mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en sus corazones.16Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo;17Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales, que en levantándose la tribulación ó la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan.18Y éstos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra;19Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.20Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á sesenta, y otro á ciento.21También les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta debajo del almud, ó debajo de la cama? ¿No es para ser puesta en el candelero?22Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse.23Si alguno tiene oídos para oir, oiga.24Les dijo también: Mirad lo que oís: con la medida que medís, os medirán otros, y será añadido á vosotros los que oís.25Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Aquí el Señor explica a sus discípulos la parábola del sembrador. Ella es el punto de partida de toda su enseñanza (v. 13). En efecto, para entenderla, es necesario que el Evangelio se haya arraigado en el corazón.

Aunque seamos verdaderos creyentes, temamos parecernos a veces a los tres primeros terrenos, pues Satanás no sólo busca arrebatar la buena nueva de la salvación tan pronto como es sembrada, sino que también quiere robar la bendición que produce la Palabra de Dios. ¡Cuántas palabras nos ha dirigido Dios, a las que nuestro corazón ha permanecido insensible porque nuestros contactos con el mundo lo han endurecido! ¿No hemos obrado muy a menudo bajo el impulso de los sentimientos, hasta que una prueba manifestó nuestra falta de fe y de dependencia del Señor? (v. 17).

La despreocupación y la preocupación son igual de nocivas (Lucas 21:34). Juntamente con “el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas”, pueden ahogar por un tiempo la vida espiritual de un hijo de Dios y privar así al Señor del fruto que el creyente hubiera tenido que llevar a su tiempo (Tito 3:14). “Dad atención a lo que oís” (v. 24; V. M.), nos recomienda el Señor. En el evangelio de Lucas, capítulo 8:18, leemos: “Mirad, pues, cómo oís”. Sí, ¿de qué manera recibimos la divina Palabra?

Marcos 4:26-41
26Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra;27Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe.28Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;29Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada.30Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararemos?31Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra;32Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra.33Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oir.34Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.35Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.36Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos.37Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía.38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?39Y levantándose, increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.40Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?41Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?

La parábola de los versículos 26 a 29, que corresponde a la de la cizaña del campo en el evangelio de Mateo capítulo 13:24-30, presenta una enseñanza muy distinta. Aquí sólo se trata del trabajo de Dios, mientras que en Mateo, a causa de la negligencia de los hombres que se durmieron, el enemigo también intervino. En el versículo 27 el gran Sembrador parece dormir, pero en realidad, sin ser visto, vela de día y de noche sobre su preciosa semilla, prodigándole los cuidados necesarios para que crezca hasta el momento de la siega. Queridos hermanos, a veces nos puede parecer que el Señor es indiferente, que no escucha nuestras oraciones, que deja su obra abandonada. Pero levantemos los ojos, como Jesús invitaba a sus discípulos a hacerlo por la fe. Los campos ya están blancos para la siega (Juan 4:35).

Para pasar a la otra orilla –lo que corresponde a la peligrosa travesía de este mundo– los discípulos no estaban solos. Tomaron con ellos, en la barca, al Señor “como estaba” (v. 36). ¡Cuántas personas se hacen una imagen equivocada y vaga de Jesús! “¿Quién es éste?”, se preguntaban los discípulos. El mismo que encerró los vientos en sus puños y ató las aguas en un paño (Proverbios 30:4). Recibámoslo como él es; con su amor, pero también con sus santas exigencias. Si él está en nuestra barca, no debemos temer ningún naufragio.

Marcos 5:1-20
1Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.2Y salido él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,3Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar;4Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar.5Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.6Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró.7Y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.8Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.9Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.10Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.11Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.12Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos.13Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron.14Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.15Y vienen á Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.16Y les contaron los que lo habían visto, cómo había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.17Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.18Y entrando él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con él.19Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.20Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuan grandes cosas Jesús había hecho con él: y todos se maravillaban.

El Señor y sus discípulos desembarcaron en el país de los gadarenos. La primera persona que encontraron fue un hombre totalmente poseído por unos demonios que lo volvían furioso e indomable. Es una terrible realidad: en ese hombre loco e iracundo tenemos el retrato moral del hombre pecador, juguete del diablo, llevado y atormentado por sus brutales pasiones, morando en la muerte (los sepulcros), que sólo podía hacerse daño a sí mismo y era peligroso para sus semejantes. Éstos trataron vanamente de sujetarlo con cadenas, imagen de las reglas morales por medio de las cuales la sociedad busca refrenar los desenfrenos de la naturaleza humana. ¡Horrible estado, que es el nuestro por naturaleza!

Probablemente nosotros nos hubiéramos alejado con terror y repulsión de semejante criatura. Jesús, al contrario, se ocupó de ese desdichado, no para sujetarlo con cadenas, sino para liberarlo de su miseria y esclavitud.

Pero de ese milagro los habitantes de la ciudad sólo parecen haber retenido la pérdida de sus cerdos. A su ruego, Jesús se fue, pero dejó tras sí un testigo, ¿cuál? “El que había estado endemoniado”.

¿No es ésta una imagen del tiempo actual? Rechazado por este mundo, el Señor mantiene ahí a los que ha salvado y les encomienda la misión de hablar de él. ¿Cómo cumplimos con esta misión? Leer Salmo 66:16; 1 Pedro 2:9.

Marcos 5:21-43
21Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte, se juntó á él gran compañía; y estaba junto á la mar.22Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies,23Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.24Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.25Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,26Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,27Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.28Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.29Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.30Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?31Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?32Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.35Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?36Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.37Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.38Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.39Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.40Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.41Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.42Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto.43Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.

Uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo, apeló a Jesús para pedirle que sanara a su hija. Mientras el Maestro iba a su casa, una mujer a quien ningún médico había podido curar, recurrió por la fe secretamente a su poder (v. 28). Querido amigo, tal vez usted ha buscado por diversos medios un remedio a sus miserias morales. Jesús todavía hoy pasa cerca de usted. Haga como esa pobre mujer: ¡aférrese al borde de su manto! (comp. 6:56, final).

La mujer supo que había sido sanada, y el Señor también lo supo. Pero era necesario que todos lo oyesen; por eso Jesús la indujo a darse a conocer, a confesar públicamente “toda la verdad”. De ese modo, en respuesta a su fe, ella obtuvo unas palabras de gracia infinitamente más preciosas que la simple curación: “Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz” (v. 34). Mientras tanto, en la casa de Jairo resonaban voces de desesperación y lamento (v. 38). Pero Jesús consoló al padre afligido dirigiendo hacia Dios sus pensamientos… y los nuestros, diciéndole: “No temas, cree solamente” (v. 36). Luego, con la expresión “Talita cumi”, tan conmovedora que el Espíritu la hizo constar en el mismo idioma que hablaba el Salvador, resucitó a la niña.

Marcos 6:1-13
1Y SALIO de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.2Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es ésta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?3¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros, sus hermanas? Y se escandalizaban en él.4Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.5Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.6Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando.7Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos: y les dió potestad sobre los espíritus inmundos.8Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa;9Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.10Y les decía: Donde quiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de allí.11Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio á ellos. De cierto os digo que más tolerable será el castigo de los de Sodoma y Gomorra el día del juicio, que el de aqu12Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.13Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite á muchos enfermos, y sanaban.

Para los habitantes de Nazaret, Jesús era el “carpintero”. Durante treinta años había escondido su gloria bajo la humilde condición de un artesano. Tal humillación es incomprensible para el hombre acostumbrado a juzgar según las apariencias. Si era difícil que el testimonio del Señor fuera recibido “en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa”, con mayor razón lo es para nuestro testimonio allí donde somos conocidos con todos nuestros defectos y triste pasado. Pero también es allí donde los frutos de una nueva vida serán más evidentes y constituirán la mayor de las predicaciones (Filipenses 2:15).

En el capítulo 3:13-19 vemos que los doce apóstoles fueron elegidos. Aquí fueron enviados por el Señor a predicar el arrepentimiento. Además los exhortó a que “no llevasen nada para el camino”. Su vida tenía que ser la de la fe. A cada instante recibirían lo que les era necesario para el servicio y para sus propias necesidades. Abastecerse de provisiones los privaría de preciosas experiencias y les haría perder de vista los vínculos que los unían a su Maestro ausente. Por el contrario, las sandalias eran indispensables. Ellas sugieren lo que Efesios 6:15 llama “el apresto del evangelio de la paz”. Por su conducta, todo creyente debe confirmar el mensaje de gracia del cual es portador (comp. Romanos 10:15).

Marcos 6:14-29
14Y oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos, y por tanto, virtudes obran en él.15Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es, ó alguno de los profetas.16Y oyéndo lo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos.17Porque el mismo Herodes había enviado, y prendido á Juan, y le había aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.18Porque Juan decía á Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.19Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía:20Porque Herodes temía á Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le tenía respeto: y oyéndole, hacía muchas cosas; y le oía de buena gana.21Y venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena á sus príncipes y tribunos, y á los principales de Galilea;22Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Herodes y á los que estaban con él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré.23Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.24Y saliendo ella, dijo á su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista.25Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.26Y el rey se entristeció mucho; mas á causa del juramento, y de los que estaban con él á la mesa, no quiso desecharla.27Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída su cabeza;28El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajó su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre.29Y oyéndo lo sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro.

Todo es motivo de espanto para una mala conciencia. “Huye el impío sin que nadie lo persiga” (Proverbios 28:1). Cuando Herodes, quien había hecho decapitar a Juan el Bautista, oyó hablar de Jesús se aterrorizó pensando que el profeta podía haber resucitado, pues esto significaría que la defensa de su víctima había sido tomada por Dios mismo. Por esa misma razón los hombres se espantarán cuando Jesús, el crucificado, aparezca en las nubes (Apocalipsis 6:2, 15-17; compárese con Apocalipsis 11:10, 11).

Bienaventurada la parte de Juan, el más grande de los profetas. ¡Qué contraste con la suerte del miserable homicida! Este último era cobarde más bien que cruel, como su padre Herodes el Grande. Débil de carácter y dominado por sus concupiscencias, cuando escuchaba a Juan le agradaba y “hacía muchas cosas” (v. 20; V. M.), excepto arrepentirse y poner su vida de acuerdo con la voluntad de Dios. Hacer muchas cosas, aún buenas, no basta para serle agradable. Pero he aquí llegó un día clave. Sí, una oportunidad para Satanás y para las dos mujeres de las cuales se sirvió. Un banquete, la seducción de una danza, una promesa irreflexiva cumplida por amor propio… bastaron para consumar un crimen abominable, pagado con los más horrendos tormentos del espíritu.

Marcos 6:30-44
30Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.31Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer.32Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte.33Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos á pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron á él.34Y saliendo Jesús vió grande multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó á enseñar muchas cosas.35Y como ya fuese el día muy entrado, sus discípulos llegaron á él, diciendo: El lugar es desierto, y el día ya muy entrado;36Envíalos para que vayan á los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer.37Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?38Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos peces.39Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre la hierba verde.40Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.41Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos para que los pusiesen delante: y repartió á todos los dos peces.42Y comieron todos, y se hartaron.43Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces.44Y los que comieron eran cinco mil hombres.

Los apóstoles que volvieron junto al Señor estaban muy ocupados con lo que habían hecho, y deseaban contarlo. El Maestro sabía que en ese momento ellos necesitaban un poco de descanso, y ya lo había preparado para que lo disfrutaran “aparte” con él. Nosotros, que invocamos tan fácilmente la necesidad de descansar, consideremos algunas de las condiciones en las cuales los discípulos gustaron ese reposo: 1. Siguió a una actividad para el Señor. 2. Sólo se trató de un poco de descanso, pues la tierra no puede ofrecer nada duradero (véase Miqueas 2:10). 3. Fue tomado “aparte” del mundo, separado de las distracciones que éste ofrece. 4. Lo disfrutaron junto al Señor.

¡En efecto, fue un descanso de corta duración! Las multitudes ya se reunían a su alrededor. Jesús alimentaría primero sus almas y luego sus cuerpos (Mateo 4:4); pero antes pondría a prueba a sus discípulos. Éstos acababan de contar todo lo que habían hecho. Pues bien, era el momento de probar su capacidad en lugar de querer despedir a la gente. “Dadles vosotros de comer”, les dijo Jesús, para hacerles ver que todo poder viene de él. Al mismo tiempo los asoció en gracia a su gesto de bondad. Una vez más vemos los rasgos de sabiduría, poder y amor brillar juntos en el Siervo perfecto.

Marcos 6:45-56
45Y luego dió priesa á sus discípulos á subir en el barco, é ir delante de él á Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedía la multitud.46Y después que los hubo despedido, se fué al monte á orar.47Y como fué la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él solo en tierra.48Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino á ellos andando sobre la mar, y quería precederlos.49Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces;50Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentaos; yo soy, no temáis.51Y subió á ellos en el barco, y calmó el viento: y ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban:52Porque aun no habían considerado lo de los panes, por cuanto estaban ofuscados sus corazones.53Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron á tierra de Genezaret, y tomaron puerto.54Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron.55Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron á traer de todas partes enfermos en lechos, á donde oían que estaba.56Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades, ponían en las calles á los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.

En la primera travesía del lago (4:35-41) el Señor estaba con sus discípulos, aunque dormía en la barca. Pero en esta ocasión la fe de los doce fue probada aún más profundamente, pues su Maestro no estaba con ellos. Había subido a la montaña para orar, mientras ellos, solos en la noche, luchaban contra el viento y las olas. Habían perdido de vista a Jesús, pero él, cosa notable, viéndolos remar en el mar agitado (v. 48), vino a ellos en la madrugada (véase Job 9:8). ¡Qué poco preparados estaban para volver a encontrarlo! Mas él, con unas palabras, se dio a conocer y los tranquilizó: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (v. 50; Isaías 43:2). ¡Cuántos creyentes, atravesando la prueba, agotadas sus fuerzas y habiendo perdido el ánimo, han podido oír la voz conocida del Señor recordándoles su presencia y su amor!

Al desembarcar por segunda vez en el país de Genesaret, Jesús fue recibido con entusiasmo e hizo numerosos milagros. ¡Qué contraste con el principio del capítulo (v. 5 y 6). Reconocer a Jesús como esas personas lo hicieron (aunque en otro tiempo lo habían menospreciado) y recibirlo, es suficiente para beneficiarse de los tesoros infinitos de su gracia, la cual siempre está a disposición de la fe.

Marcos 7:1-16
1Y SE juntaron á él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalem;2Los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas, los condenaban.3(Porque los Fariseos y todos los Judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.4Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)5Y le preguntaron los Fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme á la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes?6Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, Mas su corazón lejos está de mí.7Y en vano me honra, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.8Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes.9Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.10Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre, y: El que maldijera al padre ó á la madre, morirá de muerte.11Y vosotros decís: Basta si dijere un hombre al padre ó á la madre: Es Corbán (quiere decir, don mío á Dios) todo aquello con que pudiera valerte;12Y no le dejáis hacer más por su padre ó por su madre,13Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que disteis: y muchas cosas hacéis semejantes á éstas.14Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended:15Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.16Si alguno tiene oídos para oir, oiga.

Los fariseos estaban celosos del éxito del Señor con las multitudes, pero temiendo a éstas, no osaban afrontar abiertamente a Jesús. Entonces acusaron a sus discípulos, como ya lo habían hecho anteriormente (2:24). Para esos hipócritas la pureza exterior tenía una importancia mucho más grande que la de su conciencia, la cual les preocupaba menos. Es cierto, la religión sin la santidad conviene muy bien al corazón natural. A los fariseos les interesaba la aprobación de los hombres, pero la de Dios no la tenían en cuenta.

A la inversa, el objetivo de los creyentes es primeramente agradar al Señor (Gálatas 1:10). Y como él mira al corazón, eso nos conducirá a practicar una esmerada limpieza interior, es decir, a juzgar atentamente nuestros pensamientos, motivos e intenciones a la luz de la Palabra, la cual pone en evidencia la más mínima mancha.

Jesús mostró a esos fariseos que sus tradiciones incluso contradecían los mandamientos divinos, y esto en un caso flagrante: las consideraciones y respeto debido a los padres. Insistamos en el peligro de seguir la tradición. Hacer algo simplemente porque «siempre lo hemos hechos» elimina todo ejercicio y puede desencaminarnos gravemente. Siempre deberíamos inquirir acerca de lo que dicen las Escrituras.

Marcos 7:17-37
17Y apartado de la multitud, habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobra la parábola.18Y díjoles: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar;19Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale á la secreta? Esto decía, haciendo limpias todas las viandas.20Mas decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,22Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.23Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.24Y levantándose de allí, se fué á los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse.25Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó á sus pies.26Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.27Más Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo á los perrillos.28Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.29Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.30Y como fué á su casa, halló que el demonio había salido, y á la hija echada sobre la cama.31Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidón á la mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis.32Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.33Y tomándole aparte de la gente, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua;34Y mirando al cielo, gimió, y le dijo: Ephphatha: que es decir: Sé abierto.35Y luego fueron abiertos sus oídos, y fué desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.36Y les mandó que no lo dijesen á nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban.37Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace á los sordos oir, y á los mudos hablar.

El Señor, que conoce bien el corazón del hombre y no se deja engañar por las apariencias, pone en guardia a sus discípulos contra lo que puede manar de él. Ese corazón, queridos amigos, no ha cambiado; es el mío y el de ustedes. Gracias a Dios, existe un modo de remediar el caso (Salmo 51:10).

Después de esta trágica y definitiva constatación podemos imaginarnos qué gozo dio a Jesús su encuentro con la mujer sirofenicia. La severidad con que parecía tratarla a primera vista puso de relieve no solamente una gran fe, a la que nada desanimaba, sino también una verdadera humildad, pues en contraste con los fariseos orgullosos, esta mujer no hizo valer ningún título ni mérito; tomó su verdadero lugar ante Dios y aceptó el juicio pronunciado sobre su condición (Isaías 57:15).

Luego Jesús llevó aparte a un pobre sordomudo y le devolvió el uso de sus sentidos. ¿Quién tendría derecho de meterse en ese encuentro del Señor con el discapacitado? La conversión de un pecador exige un contacto directo, personal e íntimo con el Señor (véase 8:23).

Hermoso testimonio dado a Jesús por esas multitudes: “Bien lo ha hecho todo” (v. 37). Al recordar todo lo que el Señor ha hecho por nosotros, que podamos declarar de la misma manera y con agradecimiento: ¡Sí, Señor, tú has hecho bien todas las cosas!

Marcos 8:1-21
1EN aquellos días, como hubo gran gentío, y no tenían qué comer, Jesús llamó á sus discípulos, y les dijo:2Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer:3Y si los enviare en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.4Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto?5Y les pregunto: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.6Entonces mandó á la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dió á sus discípulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante á la multitud.7Tenían también unos pocos pececillos: y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.8Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas.9Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió.10Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de Dalmanutha.11Y vinieron los Fariseos, y comenzaron á altercar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole.12Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal á esta generación.13Y dejándolos, volvió á entrar en el barco, y se fué de la otra parte.14Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco.15Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Herodes.16Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.17Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿no consideráis ni entendéis? ¿aun tenéis endurecido vuestro corazón?18¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿y no os acordáis?19Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce.20Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete.21Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

Al hacer el bien se pueden tener diferentes motivos más o menos confesables: buscar el reconocimiento de los hombres, como los fariseos, o apaciguar su conciencia al cumplir con un deber social. Y en la cristiandad, ¡cuántas obras no tienen otros móviles! Mas lo que sin cesar llevaba al Señor Jesús a actuar fue su compasión hacia las multitudes que aquí volvía a alimentar por segunda vez en un acto de poder (v. 2; 6:34). Nuestros contactos diarios con el mundo, su concupiscencia y su mancilla tienden a endurecernos. Habituados a ver a nuestro alrededor la miseria material, moral y sobre todo espiritual, no nos compadecemos lo suficiente. Pero Jesús conservaba un corazón divinamente sensible. El estado del sordomudo en el capítulo 7:34 lo hizo gemir mirando hacia el cielo. Aquí, en el versículo 12, fue la incredulidad de los fariseos lo que lo hizo gemir profundamente. Y al final, la dureza de corazón de sus propios discípulos también lo afligió (véase 6:52; 7:18). Los dos milagros de los cuales fueron partícipes no habían sido suficientes para darles confianza en su Maestro (Juan 14:8-9). ¡Cuánto sufrió el Señor durante su vida aquí en la tierra por compasión, pero también a causa de la incredulidad e ingratitud de los hombres… y, a veces, la de los suyos!

Marcos 8:22-38
22Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.23Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo.24Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles.25Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué restablecido, y vió de lejos y claramente á todos.26Y envióle á su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas á nadie en la aldea.27Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?28Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas.29Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo.30Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno.31Y comenzó á enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.32Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó á reprender.33Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.34Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.35Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.36Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma?37¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?38Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

En Betsaida, esa ciudad cuya incredulidad había subrayado especialmente el Señor (Mateo 11:21), Jesús hizo un milagro más en favor de un pobre ciego. Para curarlo fue necesaria una doble intervención; del mismo modo, a veces el pecador viene progresivamente a la luz de Dios (Salmo 138:8; Filipenses 1:6).

Después de eso, Jesús interrogó a sus discípulos para conocer las opiniones de la gente acerca de él. Luego les hizo la pregunta directa y capital: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”. Sí, sean cuales fueren los pensamientos de los demás respecto al Señor Jesús, yo debo tener una apreciación personal de él. Pero esto sólo es el punto de partida del camino en el cual él me invita a seguirlo: el del renunciamiento a mí mismo y el de la cruz donde estoy muerto con él. Algunas personas que pasan por pruebas hablan de la cruz que tienen que cargar, o del “calvario” que deben aceptar con resignación. Pero no es eso lo que el Señor quiere decir aquí. Él le pide a cada creyente que voluntariamente tome la carga del oprobio y del sufrimiento que el mundo le presenta por ser fiel a Cristo (Gálatas 6:14). “Por causa de mí”, especifica el Señor Jesús, porque ese es el gran secreto que permite a cada cristiano aceptar la muerte con respecto al mundo y a sí mismo (v. 35; Romanos 8:36).

Marcos 9:1-13
1TAMBIÉN les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia.2Y seis días después tomó Jesús á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y los sacó aparte solos á un monte alto; y fué transfigurado delante de ellos.3Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.4Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.5Entonces respondiendo Pedro, dice á Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y para Elías otro;6Porque no sabía lo que hablaba; que estaban espantados.7Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: á él oíd.8Y luego, como miraron, no vieron más á nadie consigo, sino á Jesús solo.9Y descendiendo ellos del monte, les mandó que á nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.10Y retuvieron la palabra en sí, altercando qué sería aquéllo: Resucitar de los muertos.11Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elías venga antes?12Y respondiendo él, les dijo: Elías á la verdad, viniendo antes, restituirá todas las cosas: y como está escrito del Hijo del hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada.13Empero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.

Según la promesa del versículo 1, a tres discípulos les fue permitido contemplar por adelantado “el reino de Dios venido con poder”. Y Jesús mismo se les apareció revestido de majestad real y resplandeciente gloria. Él, que habitualmente velaba su “forma de Dios” bajo la humilde “forma de siervo” (Filipenses 2:6-7), la descubrió un instante en presencia de los suyos, quienes estaban deslumbrados y estupefactos (Salmo 104:1).

Entonces una voz, que también es para nosotros, vino desde la nube: “Este es mi Hijo amado; a él oíd”. Cuanta más grandeza y dignidad tenga una persona, más importancia tienen sus palabras. Somos invitados a escuchar nada más y nada menos que al amado Hijo de Dios. Prestemos, pues, mucha atención a sus enseñanzas (Hebreos 12:25; 1:1-2; 2:1).

Por muy bien que se estuviera sobre el “monte alto” (v. 5), era necesario volver a bajar. El Señor hizo comprender a los tres discípulos que lo que ellos acababan de ver sólo se cumpliría más tarde. Ni Juan el Bautista (a quien Elías representaba) como precursor, ni él mismo como Mesías fueron aceptados. Por eso era necesario que él pasara por la cruz y sufriera mucho antes de entrar en su gloria.

Marcos 9:14-32
14Y como vino á los discípulos, vió grande compañía alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.15Y luego toda la gente, viéndole, se espantó, y corriendo á él, le saludaron.16Y preguntóles: ¿Qué disputáis con ellos?17Y respondiendo uno de la compañía, dijo: Maestro, traje á ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,18El cual, donde quiera que le toma, le despedaza; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando: y dije á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.19Y respondiendo él, les dijo: ­Oh generación infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele.20Y se le trajeron: y como le vió, luego el espíritu le desgarraba; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos.21Y Jesús preguntó á su padre: ¿Cuánto tiempo há que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño:22Y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.23Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible.24Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad.25Y como Jesús vió que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.26Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.27Mas Jesús tomándole de la mano, enderezóle; y se levantó.28Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?29Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.30Y habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.31Porque enseñaba á sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día.32Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.

Al bajar de la montaña, el Señor retomó su servicio de amor, del cual el apóstol Pedro, testigo de todas esas cosas, haría un excelente resumen en la ciudad de Cesarea. Jesús de Nazaret, diría Pedro, “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). Jesús encontró una gran aglomeración de gente discutiendo entre sí. El centro de esa agitación era un desventurado muchacho sometido desde su más tierna edad a terribles crisis nerviosas provocadas por un demonio. El padre había presentado en vano el caso de su único hijo a los discípulos, pero éstos no pudieron echar fuera al demonio. Antes de efectuar él mismo la liberación, Jesús mostró la razón de ese fracaso: la incredulidad; pues “al que cree todo le es posible”. Entonces, con lágrimas en los ojos, ese hombre se entregó al Señor (v. 24; V. M.). Comprendió que no era un esfuerzo de voluntad lo que le podría dar fe y se reconoció incapaz de lograrla. La ayuda divina es necesaria no solamente para la liberación propiamente dicha, sino aun para pedirla. En el versículo 26 el poder demoníaco se manifestó una vez más, para que la victoria del Señor fuera evidente. Jesús tomó al joven por la mano y éste se levantó.

Marcos 9:33-50
33Y llegó á Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?34Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habían disputado en el camino quién había de ser el mayor.35Entonces sentándose, llamó á los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.36Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice:37El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe; y el que á mí recibe, no recibe á mí, mas al que me envió.38Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos sigue.39Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí.40Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.41Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.42Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar.43Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;44Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.45Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar á la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado;46Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.47Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado á la Gehenna;48Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.49Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.50Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.

¡Pobres discípulos! Cuando el Maestro acababa de hablarles de sus sufrimientos y de su muerte, la única cosa que les interesaba, al punto de provocar una disputa entre ellos, era saber quién sería el mayor. Con su pregunta el Señor los sondeó (v. 33); luego, con gracia y paciencia, les enseñó lo que es la humildad.

A esa lección le siguió otra. Los discípulos creyeron que debían impedir a un hombre que hiciera milagros en el nombre de Jesús. “Él no nos sigue”, fue el pretexto invocado por Juan. El Señor les mostró que en eso también habían estado ocupados de sí mismos y no de él. Cuidémonos de no ser sectarios. Numerosos cristianos, pese a no marchar con nosotros, siguen al Señor muy de cerca en el camino del renunciamiento y de la cruz (8:34).

En Mateo 5:29-30 y 18:8-9 vimos lo que corresponde a los versículos 42 a 48. De una manera general, notamos que en el Evangelio de Marcos las enseñanzas del Señor son pocas en comparación con su actividad. No tenemos, por ejemplo, el equivalente al sermón del monte. Pocas palabras, pero mucha abnegación, ¡este es el carácter del siervo fiel!

Marcos 10:1-22
1Y PARTIENDOSE de allí, vino á los términos de Judea y tras el Jordán: y volvió el pueblo á juntarse á él; y de nuevo les enseñaba como solía.2Y llegándose los Fariseos, le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar á su mujer.3Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?4Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar.5Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;6Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.7Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre, y se juntará á su mujer.8Y los que eran dos, serán hechos una carne: así que no son más dos, sino una carne.9Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.10Y en casa volvieron los discípulos á preguntarle de lo mismo.11Y les dice: Cualquiera que repudiare á su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella:12Y si la mujer repudiare á su marido y se casare con otro, comete adulterio.13Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñían á los que los presentaban.14Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios.15De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.16Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.17Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?18Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.19Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio: No defraudes: Honra á tu padre y á tu madre.20El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad.21Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.22Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, porque tenía muchas posesiones.

Los fariseos trataron de poner a Jesús en contradicción con Moisés sobre la cuestión del divorcio. Pero él les cerró la boca remontándose a la época anterior a la ley y les recordó el orden de las cosas tal como Dios las creó al principio. El mundo ha manchado y echado a perder todo lo que Dios estableció en su bella creación, y en particular la institución del matrimonio.

La dureza de corazón y el egoísmo que conducen al hombre a menospreciar y desnaturalizar todo lo concerniente al casamiento también se manifiestan, generalmente, en su poca consideración para con los niños. Los discípulos no escaparon a ese espíritu. Los versículos 13 a 16 nos dan, en comparación con Mateo, algunos detalles suplementarios que son conmovedores: el Señor comenzó por indignarse a causa de la actitud de los discípulos. Luego tomó en sus brazos a esos pequeños, donde estaban en perfecta seguridad, y los bendijo expresamente (Mateo 19:13-14).

En la escena que sigue, Marcos es igualmente el único en mencionar un punto de mucha importancia: el amor del Señor por el joven que vino a buscarlo. Pero éste permaneció insensible y se fue, tal vez para siempre, prefiriendo sus vanas riquezas a la compañía presente y eterna de Aquel que lo amaba.

Marcos 10:23-34
23Entonces Jesús, mirando alrededor, dice á sus discípulos: ­Cuán dificilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!24Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió á decir: ­Hijos, cuán dificil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas!25Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.26Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse?27Entonces Jesús mirándolos, dice: Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.28Entonces Pedro comenzó á decirle: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido.29Y respondiendo Jesús, dijo: De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio,30Que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.31Empero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros.32Y estaban en el camino subiendo á Jerusalem; y Jesús iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguían con miedo: entonces volviendo á tomar á los doce aparte, les comenzó á decir las cosas que le habían de acontecer:33He aquí subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los principes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte, y le entregarán á los Gentiles:34Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.

En el Antiguo Testamento las bendiciones eran terrenales y las riquezas se consideraban como una prueba del favor de Dios (véase Deuteronomio 8:18). De ahí el asombro de los discípulos. Ellos acababan de ver un hombre aparentemente bendecido por Dios, amable, de conducta irreprochable, dispuesto a hacer buenas obras. Y el Señor lo había dejado partir. Verdaderamente, si tales ventajas no daban acceso al reino de Dios, ¿quién podía ser salvo? En efecto, Jesús les respondió que la salvación es una cosa imposible para los hombres; sólo Dios ha podido cumplirla.

El Señor no condena aquí a los ricos, sino “a los que confían en las riquezas”. Seguirlo a él implica inevitablemente renunciamientos que pueden ser dolorosos (v. 29). Pero si éstos son aceptados por amor al Señor y al Evangelio, serán al mismo tiempo la fuente de gozos incomparables. El primer gozo será el saber que uno está aprobado por el Señor. Sí, la penetrante mirada de Jesús (v. 21, 23, 27) lee en nuestros corazones e indaga si ése es verdaderamente el motivo que nos hace obrar. Ésta es la justa respuesta al amor de Aquel que dejó el cielo por nosotros.

En este capítulo encontramos la naturaleza humana bajo su aspecto amable (v. 17-22), presuntuoso (v. 28), indeciso (v. 32), celoso (v. 41) y egoísta (v. 35-40).

Marcos 10:35-52
35Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron á él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.36Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?37Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra.38Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, ó ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?39Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que soy bautizado, seréis bautizados.40Mas que os sentéis á mi diestra y á mi siniestra, no es mío darlo, sino á quienes está aparejado.41Y como lo oyeron los diez, comenzaron á enojarse de Jacobo y de Juan.42Mas Jesús, llamándolos, les dice: Sabéis que los que se ven ser príncipes entre las gentes, se enseñorean de ellas, y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad.43Mas no será así entre vosotros: antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor;44Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos.45Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.46Entonces vienen á Jericó: y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.47Y oyendo que era Jesús el Nazareno, comenzó á dar voces y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.48Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí.49Entonces Jesús parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levántate, te llama.50El entonces, echando su capa, se levantó, y vino á Jesús.51Y respondiendo Jesús, le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista.52Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y luego cobró la vista, y seguía á Jesús en el camino.

Notemos la fe de Jacobo y Juan; ellos sabían que su Maestro era el Mesías, el Heredero del reino, y que tendrían parte con él. Pero su demanda manifestó la ignorancia y la vanidad de su corazón natural. Lleno de gracia, el Señor reunió a sus discípulos y se sirvió de esta desgraciada intervención para su instrucción, así como para la nuestra. ¿No era evidente que tenían ante sí al Modelo de humildad por excelencia, Aquel que teniendo todos los derechos a ser servido quiso hacerse siervo, para librar a su criatura y pagar con su propia vida el rescate exigido por el soberano Juez? El versículo 45 ha sido llamado el versículo clave del Evangelio, pues lo resume todo.

En este capítulo el Espíritu nos muestra tres actitudes distintas: el joven rico a quien el Señor invitó a seguirle, pero que se fue (v. 21, 22); los discípulos, que también fueron llamados: ellos lo seguían “con miedo” (v. 32) y esgrimían su renunciamiento (v. 28); por último el pobre ciego, a quien Jesús no pidió nada al curarlo, pero quien, sin pronunciar una palabra y tirando lejos el manto que pudiera impedir su marcha, lo seguía “en el camino” (v. 52). Observemos la inconstancia de la multitud: primero reprendió al ciego, pero un instante después le dijo: “Ten confianza…”

Marcos 11:1-14
1Y COMO fueron cerca de Jerusalem, de Bethphagé, y de Bethania, al monte de las Olivas, envía dos de sus discípulos,2Y les dice: Id al lugar que está delante de vosotros, y luego entrados en él, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre ha subido; desatadlo y traedlo.3Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo ha menester: y luego lo enviará acá.4Y fueron, y hallaron el pollino atado á la puerta fuera, entre dos caminos; y le desataron.5Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?6Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado: y los dejaron.7Y trajeron el pollino á Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él.8Y muchos tendían sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los árboles, y las tendían por el camino.9Y los que iban delante, y los que iban detrás, daban voces diciendo: ­Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor.10Bendito el reino de nuestro padre David que viene: ­Hosanna en las alturas!11Y entró Jesús en Jerusalem, y en el templo: y habiendo mirado alrededor todas las cosas, y siendo ya tarde, salióse á Bethania con los doce.12Y el día siguiente, como salieron de Bethania, tuvo hambre.13Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo: y como vino á ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos.14Entonces Jesús respondiendo, dijo á la higuera: Nunca más coma nadie fruto de ti para siempre. Y lo oyeron sus discípulos.

El camino del Señor se acercaba a su término. Jesús hizo su entrada solemne en Jerusalén y fue al templo; allí comenzó mirando a su “alrededor todas las cosas” (v. 11) como si preguntase: Aquí, ¿estoy en casa? Ese detalle, particular en el evangelio de Marcos, nos muestra que Dios jamás juzga el estado de las cosas apresuradamente antes de condenarlo (véase Génesis 18:21). ¿Cuáles habrán sido los sentimientos del Señor al ver profanada hasta tal punto esa “casa de oración”? Abandonó ese lugar mancillado y se retiró a Betania para pasar la noche con el pequeño número de los que lo reconocían y lo amaban. Betania significa «casa del afligido» o «de higos». Como frecuentemente en la Escritura, ese doble sentido nos parece característico. En el momento en que Jesús se veía obligado a maldecir a la higuera estéril, que representaba a Israel tal como Jesús lo encontró, era como si él, el Afligido y Necesitado (Salmo 40:17), encontrara en Betania, y solamente allá, fruto para Dios (“higos muy buenos”, según Jeremías 24:2), es decir, consuelo para su corazón y un sabor anticipado del “fruto de la aflicción de su alma” en la cruz. A pesar de su hermosa apariencia (las hojas), figura de una hermosa religión, no había “higos en la higuera” de Israel, como lo constata el mismo profeta (Jeremías 8:13).

Marcos 11:15-33
15Vienen, pues, á Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó á echar fuera á los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;16Y no consentía que alguien llevase vaso por el templo.17Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.18Y lo oyeron los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban cómo le matarían; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.19Mas como fué tarde, Jesús salió de la ciudad.20Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.21Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, he aquí la higuera que maldijiste, se ha secado.22Y respondiendo Jesús, les dice: Tened fe en Dios.23Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere á este monte: Quítate, y échate en la mar, y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho.24Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá.25Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también á vosotros vuestras ofensas.26Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.27Y volvieron á Jerusalem; y andando él por el templo, vienen á él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos;28Y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas? ¿y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas?29Y Jesús respondiendo entonces, les dice: Os preguntaré también yo una palabra; y respondedme, y os diré con qué facultad hago estas cosas:30El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres? Respondedme.31Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?32Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo: porque todos juzgaban de Juan, que verdaderamente era profeta.33Y respondiendo, dicen á Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas.

El Señor purificó el templo que había inspeccionado en la víspera. El celo del perfecto Siervo por la casa de su Dios lo consumía (Juan 2:17).

Venida la noche abandonó la ciudad mancillada, pero al día siguiente volvió y pasó frente a la higuera. En respuesta a la observación de Pedro, Jesús no hizo énfasis en su propio poder, sino que dirigió el pensamiento de los discípulos hacia Dios. Era como si les dijese: Aquel que me ha respondido está dispuesto a escuchar también sus oraciones y a quitar todo obstáculo de su camino, aunque sea tan alto como una montaña. Tener fe en Dios no es esforzarnos en creer en la realización de nuestros deseos, sino contar con Alguien a quien conocemos, que nos ha hecho promesas y es fiel para cumplirlas, que nos ama. Pero hay un caso en el cual Dios no podrá respondernos en absoluto: si tenemos “algo contra alguno”. He aquí una montaña infranqueable en el camino de nuestra relación con Dios. Si tenemos “algo contra” alguien, es necesario arreglar ese asunto inmediatamente para volver a restablecer la comunión con Dios y también con nuestros hermanos (Salmo 84:5).

En el versículo 27 comienzan las últimas charlas del Señor, en el curso de las cuales confundiría sucesivamente a sus distintos adversarios.

Marcos 12:1-17
1Y COMENZO á hablarles por parábolas: Plantó un hombre una viña, y la cercó con seto, y cavó un lagar, y edificó una torre, y la arrendó á labradores, y se partió lejos.2Y envió un siervo á los labradores, al tiempo, para que tomase de los labradores del fruto de la viña.3Mas ellos, tomándole, le hirieron, y le enviaron vacío.4Y volvió á enviarles otro siervo; mas apedreándole, le hirieron en la cabeza, y volvieron á enviarle afrentado.5Y volvió á enviar otro, y á aquél mataron; y á otros muchos, hiriendo á unos y matando á otros.6Teniendo pues aún un hijo suyo amado, enviólo también á ellos el postrero, diciendo: Tendrán en reverencia á mi hijo.7Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.8Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la viña.9¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros.10¿Ni aun esta Escritura habéis leído: La piedra que desecharon los que edificaban, Esta es puesta por cabeza de esquina;11Por el Señor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos?12Y procuraban prenderle, porque entendían que decía á ellos aquella parábola; mas temían á la multitud; y dejándole, se fueron.13Y envían á él algunos de los Fariseos y de los Herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.14Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras á la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo á César, ó no? ¿Daremos, ó no daremos?15Entonces él, como entendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.16Y ellos se la trajeron y les dice: ¿Cúya es esta imagen y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César.17Y respondiendo Jesús, les dijo: Dad lo que es de César á César; y lo que es de Dios, á Dios. Y se maravillaron de ello.

Los jefes del pueblo debieron reconocerse en la abrumadora parábola de los labradores malvados.

Observemos como es designado (solamente en Marcos) el último enviado del Dueño de la viña: “Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado” (v. 6). ¡Expresión que se puede comparar con lo que Dios dijo a Abraham: “Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas” (Génesis 22:2), y que nos habla de una manera conmovedora de los afectos del Padre para con su Muy Amado Hijo sacrificado por nosotros!

Así desenmascarados, los fariseos y los herodianos trataron de replicar. Con cumplidos hipócritas, pero que sin quererlo daban un testimonio a Jesús (“eres hombre veraz… con verdad enseñas el camino de Dios”, versículo 14), trataban de sorprenderle con una de las preguntas más sutiles. Su sí lo hubiese descalificado como Mesías; su no lo hubiese condenado ante los romanos. Mas Jesús les respondió de la única manera que ellos no esperaban, dirigiéndose a su conciencia. ¡Divina y admirable sabiduría! No obstante, ¡cuánto tuvo que sufrir el Salvador, en quien todo era verdad y amor, por esa mala fe, por la maldad, sí, por esa continua “contradicción de pecadores contra sí mismo”! (Hebreos 12:3; Ezequiel 13:22).

Marcos 12:18-34
18Entonces vienen á el los Saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo:19Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante linaje á su hermano.20Fueron siete hermanos: y el primero tomó mujer, y muriendo, no dejó simiente;21Y la tomó el segundo, y murió, y ni aquél tampoco dejó simiente; y el tercero, de la misma manera.22Y la tomaron los siete, y tampoco dejaron simiente: á la postre murió también la mujer.23En la resurrección, pues, cuando resucitaren, ¿de cuál de ellos será mujer? porque los siete la tuvieron por mujer.24Entonces respondiendo Jesús, les dice: ¿No erráis por eso, porque no sabéis las Escrituras, ni la potencia de Dios?25Porque cuando resucitarán de los muertos, ni se casarán, ni serán dados en casamiento, mas son como los ángeles que están en los cielos.26Y de que los muertos hayan de resucitar, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?27No es Dios de muertos, mas Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.28Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?29Y Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.30Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento.31Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.32Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;33Y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como á sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios.34Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dice: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

A su vez, los saduceos también trataron de rivalizar con la sabiduría de Jesús. En realidad ellos no creían en la resurrección (véase Hechos 23:8); pero el Señor, en el versículo 26, les habló del tema y destruyó sus argumentos por medio de la Palabra. La resurrección está doblemente atestiguada: por las Escrituras y por el poder de Dios que resucitó a Cristo. Sin embargo, es probable que ninguna otra verdad haya chocado más con la incredulidad de los hombres que ésta (véase Hechos 17:32 y 26:8). Como Pablo lo demuestra, esta verdad es uno de los fundamentos esenciales del cristianismo; no se puede tocarla sin que toda nuestra fe se derrumbe (1 Corintios 15).

Contrariamente a los anteriores opositores, en el escriba que interrogó al Señor en cuanto al mandamiento más grande había rectitud e inteligencia. El primer mandamiento es el amor, responde Jesús; el amor por Dios y por el prójimo, que constituye el cumplimiento de la ley (Romanos 13:10; Gálatas 5:14). Queridos amigos ¿no deberíamos nosotros amar mucho más que Israel, pues hemos sido buscados más lejos que él, de en medio de las naciones ajenas a las promesas, y traídos más cerca en la relación de hijos del Dios de amor? (Efesios 2:13).

Marcos 12:35-44
35Y respondiendo Jesús decía, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?36Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.37Luego llamándole el mismo David Señor, ¿de dónde, pues, es su hijo? Y los que eran del común del pueblo le oían de buena gana.38Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas,39Y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;40Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor juicio.41Y estando sentado Jesús delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca: y muchos ricos echaban mucho.42Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí.43Entonces llamando á sus discípulos, les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca:44Porque todos han echado de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su alimento.

Entonces, fue Jesús quien enunció un problema embarazoso para sus interlocutores. ¿Cómo puede el Cristo ser a la vez el hijo y el Señor de David? (véase Salmo 89:3-4, 36). Ellos no sabían explicarlo y su orgullo les impedía pedir la respuesta… a Cristo mismo. Pues justamente a causa de su rechazo, el Hijo de David ocuparía la posición celestial que le atribuye el Salmo 110.

Para poner al pueblo en guardia contra sus jefes indignos, el Señor hizo una triste descripción de los escribas vanidosos, avaros e hipócritas. Desgraciadamente, estos rasgos también han caracterizado a otros jefes religiosos, además de los de Israel (véase 1 Timoteo 6:5).

El versículo 41 nos muestra a Jesús sentado cerca del tesoro del templo. Con su mirada penetrante, que ya hemos visto puesta sobre todos y todas las cosas, observaba no cuánto daba (lo único que le interesa al hombre), sino cómo daba cada uno.

Y he aquí una pobre viuda se acercó con su conmovedora ofrenda, las pocas monedas que le quedaban para vivir. Emocionado, el Señor llamó a sus discípulos y comentó lo que acababa de ver. ¡Ah! esa ofrenda extraordinaria, “todo lo que tenía”, probaba no solamente el afecto de esta mujer por el Señor y su casa, sino también la total confianza que ella había puesto en Dios para atender a sus necesidades (comp. 1 Reyes 17:13-16).

Marcos 13:1-13
1Y SALIENDO del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.2Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.3Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro y Jacobo y Juan y Andrés:4Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas estas cosas han de cumplirse?5Y Jesús respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad, que nadie os engañe;6Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañaran á muchos.7Mas cuando oyereis de guerras y de rumores de guerras no os turbéis, porque conviene hacerse así; mas aun no será el fin.8Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores serán estos.9Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarán en los concilios, y en sinagogas seréis azotados: y delante de presidentes y de reyes seréis llamados por causa de mí, en testimonio á ellos.10Y á todas las gentes conviene que el evangelio sea predicado antes.11Y cuando os trajeren para entregaros, no premeditéis qué habéis de decir, ni lo penséis: mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.12Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo: y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.13Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.

Los discípulos estaban impresionados por la grandeza y belleza exterior del templo. Mas el Señor no mira “lo que mira el hombre” (1 Samuel 16:7; Isaías 11:3). Él había entrado en el templo y había constatado la iniquidad que lo llenaba (11:11). Por tanto su mirada llegaba más allá, a los acontecimientos que pocos años después de su rechazo traerían la ruina de la ciudad culpable. La historia nos enseña que en el año 70 Jerusalén fue objeto de un terrible asedio y una destrucción casi total por el ejército del general romano Tito. Ese horroroso castigo puso a prueba grandemente la fe de los creyentes que estaban muy apegados a la santa cuidad. Pero Jesús los había animado de antemano (v. 2, 11, 13). Cuántos hijos de Dios, al atravesar las persecuciones, han hecho maravillosas experiencias. En el momento de dar testimonio, el Espíritu Santo les dictó lo que debían decir. Así fue para Pedro cuando lo condujeron ante los jefes del pueblo, los ancianos y los sacerdotes en Hechos 4:8, y para Esteban (7:55). Pero, según nuestra medida y según nuestras necesidades, ese poder del Santo Espíritu también podrá manifestarse, al dejarle obrar en nosotros.

Marcos 13:14-37
14Empero cuando viereis la abominación de asolamiento, que fué dicha por el profeta Daniel, que estará donde no debe (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan á los montes;15Y el que esté sobre el terrado, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa;16Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás á tomar su capa.17Mas ­ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos días!18Orad pues, que no acontezca vuestra huída en invierno.19Porque aquellos días serán de aflicción, cual nunca fué desde el principio de la creación que crió Dios, hasta este tiempo, ni será.20Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos que él escogió, abrevió aquellos días.21Y entonces si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo; ó, He aquí, allí está, no le creáis.22Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales y prodigios, para engañar, si se pudiese hacer, aun á los escogidos.23Mas vosotros mirad; os lo he dicho antes todo.24Empero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor;25Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas;26Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria.27Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo.28De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se enternece, y brota hojas, conocéis que el verano está cerca:29Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está cerca, á las puertas.30De cierto os digo que no pasará esta generación, que todas estas cosas no sean hechas.31El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.32Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.33Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo.34Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dió facultad á sus siervos, y á cada uno su obra, y al portero mandó que velase:35Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana;36Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.37Y las cosas que á vosotros digo, á todos las dijo: Velad.

La Iglesia no tendrá que atravesar las terribles tribulaciones que conocerá el remanente judío (Apocalipsis 3:10). Sin embargo, al descansar sobre esta certeza, temamos dejarnos dominar por el sueño espiritual que nos acecha tan peligrosamente en la larga y agotadora noche moral de este mundo. Pensemos en el inminente retorno del Señor y apropiémonos de las serias exhortaciones hechas en este capítulo. Una corta parábola nos presenta al Señor como un dueño de casa que se ausentó después de haber dejado su hacienda bajo la responsabilidad de sus siervos. Cada uno de ellos recibió su obra, es decir, su tarea precisa, particular. El Dueño no hizo restricciones de ninguna clase en cuanto a la diversidad de tareas que debían cumplirse. Al leer: “Cada uno su obra”, esto nos sugiere que existe un número ilimitado de servicios diferentes que el Señor ha preparado para los suyos (comp. Romanos 12:6-8).

La breve consigna dada al portero, al cual se le mandó que velase, se dirige igualmente a “todos”, es decir, a usted y a mí (v. 37). Y nótese que en Marcos, el ministerio de Jesús se termina con la palabra “velad”. ¡Guardémoslo en nuestros corazones, como se guarda la última recomendación de un ser amado que nos ha dejado… pero que volverá!

Marcos 14:1-16
1Y DOS días después era la Pascua y los días de los panes sin levadura: y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas cómo le prenderían por engaño, y le matarían.2Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto del pueblo.3Y estando él en Bethania en casa de Simón el leproso, y sentado á la mesa, vino una mujer teniendo un alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio; y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza.4Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento?5Porque podía esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse á los pobres. Y murmuraban contra ella.6Mas Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la fatigáis? Buena obra me ha hecho;7Que siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podréis hacer bien; mas á mí no siempre me tendréis.8Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado á ungir mi cuerpo para la sepultura.9De cierto os digo que donde quiera que fuere predicado este evangelio en todo el mundo, también esto que ha hecho ésta, será dicho para memoria de ella.10Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, vino á los príncipes de los sacerdotes, para entregársele.11Y ellos oyéndolo se holgaron, y prometieron que le darían dineros. Y buscaba oportunidad cómo le entregaría.12Y el primer día de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos á disponer para que comas la pascua?13Y envía dos de sus discípulos, y les dice: Id á la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle;14Y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?15Y él os mostrará un gran cenáculo ya preparado: aderezad para nosotros allí.16Y fueron sus discípulos, y vinieron á la ciudad, y hallaron como les había dicho; y aderezaron la pascua.

Al acercarse la muerte del Señor, los sentimientos de los hombres se afirmaban y se manifestaban: odio y menosprecio por parte de los jefes del pueblo que conspiraban en Jerusalén; amor y respeto en la casa familiar de Betania, donde esa mujer, cuyo nombre no es revelado aquí, cumplió para con él una “buena obra”, fruto de un amor inteligente. Esto es una preciosa ilustración del culto de los hijos de Dios. Reconocen en el Salvador despreciado por el mundo a Aquel que es digno de todo homenaje; le expresan, por medio del Santo Espíritu y con el sentimiento de su propia indignidad, esta adoración que es un perfume de un precio inestimable para su corazón. Las críticas hacia esos adoradores no faltan, ni aun por parte de creyentes que colocan la beneficencia o el Evangelio antes que toda otra actividad cristiana. Sin descuidar esas cosas, no olvidemos que la alabanza es la primera de nuestras obligaciones. Y contentémonos con la aprobación del Señor para cumplir con un espíritu quebrantado (del cual es símbolo el vaso) ese santo servicio de adoración, el único que es exclusivo para él y por la eternidad.

Los versículos 10 a 16 nos muestran las disposiciones que tomaron los discípulos para preparar la Pascua… y Judas para traicionar a su Maestro.

Marcos 14:17-31
17Y llegada la tarde, fué con los doce.18Y como se sentaron á la mesa y comiesen, dice Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar.19Entonces ellos comenzaron á entristecerse, y á decirle cada uno por sí: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo?20Y él respondiendo les dijo: Es uno de los doce que moja conmigo en el plato.21A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito; mas ­ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera á aquel hombre si nunca hubiera nacido.22Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo, partió y les dió, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo.23Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les dió: y bebieron de él todos.24Y les dice: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.25De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cundo lo beberé nuevo en el reino de Dios.26Y como hubieron cantado el himno, se salieron al monte de las Olivas.27Jesús entonces les dice: Todos seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y serán derramadas las ovejas.28Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galilea.29Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo.30Y le dice Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.31Mas él con mayor porfía decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.

Era el instante de su última cena aquí en la tierra. En esa hora íntima de despedida, en la cual Jesús quería dejar hablar libremente sus sentimientos, algo agobiaba su alma. No era la cruz que se aproximaba, sino la indecible tristeza al saber que entre los doce un hombre había decidido su perdición: “Uno de vosotros… me va a entregar”. A su turno los discípulos se entristecieron e interrogaron. Aquí no tenían confianza en sí mismos, confianza que se manifestaría en sus pretensiones de abnegación, particularmente de parte de Pedro (v. 29 y 31).

Cuando el traidor salió, el Señor instituyó la santa cena como memorial suyo. Bendijo, partió el pan y lo distribuyó a los suyos; tomó la copa, dio gracias y se la dio. Luego les explicó el alcance de esos símbolos simples pero solemnes a causa de los grandes hechos que conmemorarían: su cuerpo entregado y su sangre vertida, seguros fundamentos de nuestra fe. Lector, ¿no le hubiese gustado estar en ese aposento alto cerca de su Salvador? Entonces, ¿por qué no unirse a aquellos que hoy, cada primer día de la semana y pese a su debilidad, anuncian la muerte del Señor mientras esperan su retorno?

Luego el Señor Jesús cantó un himno con sus once discípulos y se fue junto con ellos al monte de los Olivos.

Marcos 14:32-54
32Y vienen al lugar que se llama Gethsemaní, y dice á sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro.33Y toma consigo á Pedro y á Jacobo y á Juan, y comenzó á atemorizarse, y á angustiarse.34Y les dice: Está muy triste mi alma, hasta la muerte: esperad aquí y velad.35Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oro que si fuese posible, pasase de él aquella hora,36Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son á ti posibles: traspasa de mí este vaso; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú.37Y vino y los halló durmiendo; y dice á Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora?38Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad es presto, mas la carne enferma.39Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras.40Y vuelto, los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados; y no sabían qué responderle.41Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya y descansad: basta, la hora es venida; he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores.42Levantaos, vamos: he aquí, el que me entrega está cerca.43Y luego, aun hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él una compañía con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas y de los ancianos.44Y el que le entregaba les había dado señal común, diciendo: Al que yo besare, aquél es: prendedle, y llevadle con seguridad.45Y como vino, se acercó luego á él, y le dice: Maestro, Maestro. Y le besó.46Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron.47Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja.48Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos á tomarme?49Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras.50Entonces dejándole todos sus discípulos, huyeron.51Empero un mancebillo le seguía cubierto de una sábana sobre el cuerpo desnudo; y los mancebos le prendieron:52Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo.53Y trajeron á Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron á él todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos y los escribas.54Empero Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los servidores, y calentándose al fuego.

Ahora el que había tomado “forma de siervo” iba a mostrar hasta dónde llegaría su obediencia. Sí, “hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:7-8). Satanás puso todo en acción para hacer salir a Jesús del camino de su perfección. En esa lucha decisiva el enemigo se sirvió de la angustia del Señor, quien conocía todo el horror de la copa de la ira de Dios contra el pecado, la cual su Padre le daría a beber en breve. El arma de Jesús fue su dependencia. Una palabra que sólo le escuchamos emplear aquí traduce la intimidad más profunda de tal momento: “Abba, Padre”, dijo él, sabiendo que esta perfecta comunión debería interrumpirse cuando bebiera la copa. Pero precisamente su amor incondicional por el Padre acarreaba una obediencia incondicional: “Mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”.

En presencia de tal combate, ¡cuán culpable era el sueño de los discípulos! Poco tiempo antes su Maestro los había exhortado a velar y orar (13:33). Y aún les pidió encarecidamente tres veces, pero fue en vano; sin embargo, él estaba preparado. El traidor llegó con aquellos que venían a prenderlo. Sus discípulos lo abandonaron y huyeron, incluso ese joven envuelto en una sábana, imagen de la profesión cristiana que no resiste la prueba.

Marcos 14:55-72
55Y los príncipes de los sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle á la muerte; mas no lo hallaban.56Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban.57Entonces levantandose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:58Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo que es hecho de mano, y en tres días edificaré otro echo sin mano.59Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos.60Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó á Jesús, diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra ti?61Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió á preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?62Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.63Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos?64Oído habéis la blasfemia: ¿qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte.65Y algunos comenzaron á escupir en él, y cubrir su rostro, y á darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herían de bofetadas.66Y estando Pedro abajo en el atrio, vino una de las criadas del sumo sacerdote;67Y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesús el Nazareno estabas.68Mas él negó, diciendo: No conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera á la entrada; y cantó el gallo.69Y la criada viéndole otra vez, comenzó á decir á los que estaban allí: Este es de ellos.70Mas él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez á Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante.71Y él comenzó á maldecir y á jurar: No conozco á este hombre de quien habláis.72Y el gallo cantó la segunda vez: y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.

En plena noche, el palacio del sumo sacerdote estaba en gran efervescencia. Jesús se hallaba delante de sus acusadores. Falsos testigos hacían declaraciones que no concordaban. Pero el Señor no sacaba partido para defenderse. Fue condenado, abofeteado, golpeado; le escupieron la cara. Nuestro adorable Salvador aceptó todos esos ultrajes anunciados proféticamente (Isaías 50:6).

Otra triste escena transcurría en el patio del palacio. Pedro no había creído lo que le decía su Maestro, a quien le contestó: “No te negaré” (v. 31). Tampoco había acatado la exhortación de velar y orar en Getsemaní. El secreto de su derrota está ahí. Sin embargo, el Señor le había advertido: “La carne es débil” (v. 38). Pero era una verdad que Pedro no estaba dispuesto a aceptar, por eso debía hacer esa amarga experiencia. Lo que nosotros no queremos aprender con el Señor, recibiendo humildemente su Palabra, tendremos que aprenderlo dolorosamente enfrentándonos al enemigo de nuestras almas.

Para confirmar mejor que él no conocía a “este hombre”, Pedro profirió maldiciones y juramentos. No lo juzguemos; pensemos más bien de cuántas maneras podemos negar al Señor si no velamos: por nuestros actos, palabras o… el silencio (léase 1 Corintios 10:12).

Marcos 15:1-21
1Y LUEGO por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, llevaron á Jesús atado, y le entregaron á Pilato.2Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú lo dices.3Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho.4Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de cuántas cosas te acusan.5Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.6Empero en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen.7Y había uno, que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían hecho muerte en una revuelta.8Y viniendo la multitud, comenzó á pedir hiciese como siempre les había hecho.9Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos?10Porque conocía que por envidia le habían entregado los príncipes de los sacerdotes.11Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les soltase antes á Barrabás.12Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues queréis que haga del que llamáis Rey de los Judíos?13Y ellos volvieron á dar voces: Crucifícale.14Mas Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces: Crucifícale.15Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás, y entregó á Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.16Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es á saber al Pretorio; y convocan toda la cohorte.17Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas,18Comenzaron luego á saludarle: ­Salve, Rey de los Judíos!19Y le herían en la cabeza con una caña, y escupían en él, y le adoraban hincadas las rodillas.20Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.21Y cargaron á uno que pasaba, Simón Cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que llevase su cruz.

Apremiados por la proximidad de la Pascua y en su afán por acabar con ese prisionero que les inspiraba temor, los jefes del pueblo no perdieron un instante. Llevaron a Jesús ante Pilato con las manos atadas, esas manos que habían curado tantas miserias y sólo habían hecho el bien. Ante el gobernador romano, el Salvador nuevamente guardó un silencio cuyos maravillosos motivos están revelados en el Salmo 38:1-15; 39:9 y Lamentaciones 3:28. Su oración en aquel momento fue: “En ti, oh Jehová, he esperado; tú responderás, Jehová Dios mío”. “Porque tú lo hiciste”.

Bajo la presión de los principales sacerdotes todo el pueblo en su ciega locura reclamaba a grandes gritos la libertad del asesino Barrabás y la crucifixión de su Rey. Entonces Pilato, para complacer a la muchedumbre, liberó al criminal y condenó a Aquel cuya inocencia reconocía. Nótese hasta dónde puede llegar el deseo de complacer a los hombres (Juan 19:12).

Los brutales soldados se mofaban, fingiendo someterse a Aquel que estaba en su poder (ellos no comprendían que se hubiese entregado voluntariamente). Y el hombre coronó a su Creador con las espinas que la tierra había producido como consecuencia del pecado del hombre (Génesis 3:18).

Marcos 15:22-41
22Y le llevan al lugar de Gólgotha, que declarado quiere decir: Lugar de la Calavera.23Y le dieron á beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.24Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaría cada uno.25Y era la hora de las tres cuando le crucificaron.26Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDIOS.27Y crucificaron con él dos ladrones, uno á su derecha, y el otro á su izquierda.28Y se cumplió la Escritura, que dice: Y con los inicuos fué contado.29Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ­Ah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo edificas,30Sálvate á ti mismo, y desciende de la cruz.31Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos á otros, con los escribas: A otros salvó, á sí mismo no se puede salvar.32El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le denostaban.33Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.34Y á la hora de nona, exclamó Jesús á gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mío, Díos mío, ¿por qué me has desamparado?35Y oyéndole unos de los que estaban allí, decían: He aquí, llama á Elías.36Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dió á beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías á quitarle.37Mas Jesús, dando una grande voz, espiró.38Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de alto á bajo.39Y el centurión que estaba delante de él, viendo que había espirado así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios.40Y también estaban algunas mujeres mirando de lejos; entre las cuales estaba María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé;41Las cuales, estando aún él en Galilea, le habían seguido, y le servían; y otras muchas que juntamente con él habían subido á Jerusalem.

El hombre consumó el más horrendo de todos los crímenes: crucificó al Hijo de Dios y no le escatimó ningún sufrimiento y humillación. El Salvador estuvo sobre el madero de infamia donde lo retuvo su amor por el Padre y por los hombres. “Fue contado con los inicuos”, como lo anunciaban las Escrituras (Isaías 53:12). En esa cruz experimentó también toda clase de insultos y provocaciones. El mundo lo rechazó (condenándose de esa manera a sí mismo). Además de todo esto, el cielo también se cerró, como lo expresa el grito de su indecible angustia: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (v. 34, Salmo 22:1, véase Amós 8:9-10). El cielo se cerró para él a fin de que pudiera ser abierto para nosotros. A fin de llevar “muchos hijos a la gloria”, el autor de nuestra salvación fue consumido por los sufrimientos (Hebreos 2:10). Esa página de la Santa Escritura, sobre la cual nuestra fe reposa con adoración, constituye el documento indiscutible que nos garantiza el acceso al cielo de gloria, acceso cuya señal nos es dada por el velo que se rasgó. El gran clamor de expiración del Salvador es prueba de que él entregó su vida por sí mismo, en plena posesión de su fuerza. Es el último acto de obediencia de Aquel que vino a la tierra para servir, sufrir y morir, dando su preciosa vida en rescate por muchos (10:45).

Marcos 15:42-47; Marcos 16:1-8
42Y cuando fué la tarde, porque era la preparación, es decir, la víspera del sábado,43José de Arimatea, senador noble, que también esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.44Y Pilato se maravilló que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurión, preguntóle si era ya muerto.45Y enterado del centurión, dió el cuerpo á José.46El cual compró una sábana, y quitándole, le envolvió en la sábana, y le puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, y revolvió una piedra á la puerta del sepulcro.47Y María Magdalena, y María madre de José, miraban donde era puesto.
1Y COMO pasó el sábado, María Magdalena, y María madre de Jacobo, y Salomé, compraron drogas aromáticas, para venir á ungirle.2Y muy de mañana, el primer día de la semana, vienen al sepulcro, ya salido el sol.3Y decían entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del sepulcro?4Y como miraron, ven la piedra revuelta; que era muy grande.5Y entradas en el sepulcro, vieron un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.6Más él les dice: No os asustéis: buscáis á Jesús Nazareno, el que fué crucificado; resucitado há, no está aquí; he aquí el lugar en donde le pusieron.7Mas id, decid á sus discípulos y á Pedro, que él va antes que vosotros á Galilea: allí le veréis, como os dijo.8Y ellas se fueron huyendo del sepulcro; porque las había tomado temblor y espanto; ni decían nada á nadie, porque tenían miedo.

Después de la amargura de la cruz donde el Salvador estuvo solo, Dios se complace en mostrar la diligencia y entrega de algunas almas piadosas que honraron a su Hijo. En primer lugar, José de Arimatea reclamó el cuerpo de Jesús a Pilato y se ocupó piadosamente de su sepultura. Luego, al amanecer del primer día de la semana, el día de la resurrección, vemos a tres mujeres apresurándose hacia el sepulcro. Son de aquellas que “le seguían y le servían” antes de asistir con dolor a la escena de la cruz (15:40-41; Juan 12:26). En su deseo de cumplir un último servicio para con Aquel que pensaban haber perdido, llevaban especias aromáticas para embalsamar su cuerpo. Pero esos preparativos fueron inútiles, pues un ángel les anunció la gloriosa nueva: Jesús había resucitado. Notemos que otra mujer, la que en el capítulo 14 versículo 3 había ungido los pies de Jesús, no se hallaba en el sepulcro. ¿Sería por falta de afecto hacia el Señor?

Ella dio prueba de lo contrario. Había sabido discernir el momento de derramar su perfume. Acordémonos de que la abnegación del amor es más preciosa aún para el Señor cuando está acompañada con el discernimiento de su voluntad y la obediencia a su Palabra.

Marcos 16:9-20
9Mas como Jesús resucitó por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente á María Magdalena, de la cual había echado siete demonios.10Yendo ella, lo hizo saber á los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.11Y ellos como oyeron que vivía, y que había sido visto de ella, no lo creyeron.12Mas después apareció en otra forma á dos de ellos que iban caminando, yendo al campo.13Y ellos fueron, y lo hicieron saber á los otros; y ni aun á éllos creyeron.14Finalmente se apareció á los once mismos, estando sentados á la mesa, y censuróles su incredulidad y dureza de corazón, que no hubiesen creído á los que le habían visto resucitado.15Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura.16El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.17Y estas señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablaran nuevas lenguas;18Quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.19Y el Señor, después que les habló, fué recibido arriba en el cielo, y sentóse á la diestra de Dios.20Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían. Amen.

Unas palabras de Pedro al principio del libro de los Hechos resume bien este evangelio de Marcos. El apóstol evoca “todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros (dos verbos que caracterizan el servicio), comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba…” (Hechos 1:21-22). Primer cuadro del evangelio: en el Jordán el cielo se abrió para que el Espíritu descendiese sobre Jesús (1:10); último cuadro: ese mismo cielo se abrió para recibirlo. Entre los dos está su vida de servicio y entrega. Aprobado por Dios en su vida y en su muerte, ahora ocupa el lugar glorioso del perfecto reposo que le corresponde “a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3).

A los discípulos les correspondía cumplir con su tarea, siguiendo las instrucciones de los versículos 15-18 y el gran ejemplo que tuvieron ante sus ojos. Pero no estaban abandonados a su propia suerte. El Señor, desde lo alto, continuaba sirviéndoles y dirigía su trabajo. El servicio es un privilegio eterno que su amor se reserva. Siervo para siempre (véase Éxodo 21:6; Deuteronomio 15:17; Lucas 12:37), el Señor cooperaría con los discípulos y los acompañaría con su poder (v. 20; Hechos 14:3; Hebreos 2:4). Y nosotros, cristianos, llamados a seguir sus pisadas y testigos del mismo Evangelio (v. 15), también podemos contar con él si nuestro deseo es servirle mientras lo esperamos.


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