Salmo 42
1Al Músico principal: Masquil á los hijos de Coré. COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.2Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ­Cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!3Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?4Acordaréme de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios, Con voz de alegría y de alabanza, haciendo fiesta la multitud.5¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar Por las saludes de su presencia.6Dios mío, mi alma está en mí abatida: Acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, Y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar.7Un abismo llama á otro á la voz de tus canales: Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.8De día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su canción será conmigo, Y oración al Dios de mi vida.9Diré á Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?10Mientras se están quebrantando mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?11¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; Es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.

Con este salmo empezamos el segundo Libro de los salmos. Se aplica proféticamente al período en que el fiel remanente judío, perseguido por el Anticristo, habrá tenido que huir de Jerusalén; los versículos 2, 4 y 6 expresan especialmente el dolor de ese exilio. Sin embargo, como en el primer Libro, muchas expresiones pueden ser colocadas en la boca del Señor Jesús, quien padeció más que nadie a causa de la maldad de su pueblo (por ejemplo: v. 7 y 10).

¿Existe una imagen más patente que la del primer versículo para interpretar los suspiros de un alma sedienta de la presencia de Dios? ¡Ojalá podamos buscar así esa presencia cada vez que una falta haya interrumpido nuestra comunión con el Señor! Es de desear que cada uno Le conozca bajo ese precioso Nombre personal: el “Dios de mi vida” (v. 8), el cual corresponde a la divisa del apóstol: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Él quiere dirigir mi vida, día a día, llenarla para ser el precioso Objeto de mi corazón. “¿Dónde está tu Dios?” — preguntan irónicamente los incrédulos (v. 3, 10; compárese Mateo 27:43). Pero si ellos no Le disciernen, quiera Dios que por mi parte sepa yo siempre dónde hallarle, de día o de noche, para elevar hacia él, con amor, mi cántico y mi oración (v. 8).

Salmo 43
1JUZGAME, oh Dios, y aboga mi causa: Líbrame de gente impía, del hombre de engaño é iniquidad.2Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?3Envía tu luz y tu verdad: éstas me guiarán, Me conducirán al monte de tu santidad, Y á tus tabernáculos.4Y entraré al altar de Dios, Al Dios alegría de mi gozo; Y alabaréte con arpa, oh Dios, Dios mío.5¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te conturbes en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; Es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.

Este salmo se relaciona con el precedente, como lo señala la repetición final de los versículos 5 y 11 del Salmo 42. Frecuentemente mi alma necesita ser exhortada a no estar abatida, a esperar en Dios y a alabarle ahora y siempre. No sólo ha sido mi salvación, él es también “el Dios mío”, de quien dependo sin cesar y quien es la fuente de mi fortaleza (v. 2).

Su luz y su verdad me conducirán a una adoración inteligente si se lo pido como lo hace aquí el salmista (v. 3-4).

La expresión subrayada en el salmo 42: “el Dios de mi vida” se completa en el versículo 4 con otra muy notable: “el Dios de mi alegría”. Queridos amigos creyentes: ¿nos basta Dios para ser felices? ¿Es Él el objeto de nuestro gozo como lo era para Jesús? (Lucas 10:21). Conociendo a semejante Dios, ¿se turbará o se abatirá nuestra alma? “No se turbe vuestro corazón” —decía el Señor a sus discípulos— “creéis en Dios, creed también en mí” (Juan 14:1). Y en otro lugar: “Tened fe en Dios” (Marcos 11:22). La fe, éste es el gran remedio para todo lo que el mundo pueda hacernos para causarnos tristeza o agitación.

Salmo 44:1-8
1Al Músico principal: de los hijos de Coré: Masquil. OH Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos.2Tú con tu mano echaste las gentes, y los plantaste á ellos; Afligiste los pueblos, y los arrojaste.3Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, Ni su brazo los libró; Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Porque te complaciste en ellos.4Tú, oh Dios, eres mi rey: Manda saludes á Jacob.5Por medio de ti sacudiremos á nuestros enemigos: En tu nombre atropellaremos á nuestros adversarios.6Porque no confiaré en mi arco, Ni mi espada me salvará.7Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, Y has avergonzado á los que nos aborrecían.8En Dios nos gloriaremos todo tiempo, Y para siempre loaremos tu nombre. (Selah.)

Mientras que los salmos del primer Libro son casi todos de David, los que nos ocupan (Salmos 42-49) fueron compuestos por los hijos de Coré, esos objetos de la gracia que habían sido preservados cuando su padre fue castigado (Números 26:11). Por eso, es notable oír a esos hombres recordar las maravillas cumplidas por Dios “en los tiempos antiguos”. Pues, mejor que nadie, están en condiciones de apreciar y de celebrar la divina misericordia. No, no es la espada de los hijos de Israel la que pudo salvarles y darles la posesión del país (basta pensar en el cruce del mar Rojo y la toma de Jericó). El recuerdo de las grandes liberaciones del pasado es una lección para estos fieles. Como sus padres, ellos no pueden confiar en sus propias armas para vencer (v. 6). “Por medio de ti” y “en tu nombre”: éstos son los únicos recursos del creyente (v. 5; Oseas 1:7).

Otra diferencia que encontramos aquí con respecto al primer Libro es el empleo casi exclusivo del nombre de Dios (en hebreo Elohim), mientras que hasta el salmo 41 se trataba de Jehová. Es la triste prueba de que los fieles israelitas ya no tienen relaciones con el culto oficial que ha llegado a ser apóstata. El pacto garantizado por el nombre de Jehová está quebrantado (Éxodo 6:3, 6-8), pero el creyente apela aún al Dios supremo.

Salmo 44:9-26
9Empero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; Y no sales en nuestros ejércitos.10Nos hiciste retroceder del enemigo, Y saqueáron nos para sí los que nos aborrecían.11Pusístenos como á ovejas para comida, Y esparcístenos entre las gentes.12Has vendido tu pueblo de balde, Y no pujaste en sus precios.13Pusístenos por vergüenza á nuestros vecinos, Por escarnio y por burla á los que nos rodean.14Pusístenos por proverbio entre las gentes, Por movimiento de cabeza en los pueblos.15Cada día mi vergüenza está delante de mí, Y cúbreme la confusión de mi rostro,16Por la voz del que me vitupera y deshonra, Por razón del enemigo y del que se venga.17Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti; Y no hemos faltado á tu pacto.18No se ha vuelto atrás nuestro corazón, Ni tampoco se han apartado nuestros pasos de tus caminos.19Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, Y nos cubriste con sombra de muerte,20Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, O alzado nuestras manos á dios ajeno,21¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón.22Empero por tu causa nos matan cada día; Somos tenidos como ovejas para el matadero.23Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre.24¿Por qué escondes tu rostro, Y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra?25Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo: Nuestro vientre está pegado con la tierra.26Levántate para ayudarnos, Y redímenos por tu misericordia.

El tono del salmo cambia desde el versículo 9. En lugar de seguir mirando a Dios, a la luz de su faz y al poder de su Nombre (v. 3, 5), los fieles consideran las pruebas que les han alcanzado. El alma del redimido no está siempre en las alturas ¡todos lo sabemos por experiencia!

Sin embargo, la fe de esos creyentes no está derrumbada; saben atribuir a Dios todo lo que les acontece y reciben los golpes como provenientes de su mano (Job 1:21). Su conciencia es recta; sus pasos no sólo no se han desviado del sendero de la obediencia, sino que su corazón “no se ha vuelto atrás” (v. 18). Dios, quien “conoce los secretos del corazón”, es testigo de ello. No olvidemos esa importante verdad (v. 21).

¿A qué corresponde la extraña expresión del versículo 22: “nos matan cada día”? Su citación en la epístola a los Romanos (8:35-36) nos permite comprender que, por medio de las pruebas, se nos recuerda nuestra insignificancia y nuestra total incapacidad. Aunque después este pasaje nos invita a comprender también la triunfal contrapartida: “Antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Salmo 45
1Al Músico principal: sobre Sosannim: para los hijos de Coré: Masquil: Canción de amores. REBOSA mi corazón palabra buena: Refiero yo al Rey mis obras: Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero.2Haste hermoseado más que los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios: Por tanto Dios te ha bendecido para siempre.3Cíñete tu espada sobre el muslo, oh valiente, Con tu gloria y con tu majestad.4Y en tu gloria sé prosperado: Cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, y de justicia; Y tu diestra te enseñará cosas terribles.5Tus saetas agudas Con que caerán pueblos debajo de ti, Penetrarán en el corazón de los enemigos del Rey.6Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre: Vara de justicia la vara de tu reino.7Amaste la justicia y aborreciste la maldad: Por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de gozo sobre tus compañeros.8Mirra, áloe, y casia exhalan todos tus vestidos: En estancias de marfil te han recreado.9Hijas de reyes entre tus ilustres: Está la reina á tu diestra con oro de Ophir.10Oye, hija, y mira, é inclina tu oído; Y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre;11Y deseará el rey tu hermosura: E inclínate á él, porque él es tu Señor.12Y las hijas de Tiro vendrán con presente; Implorarán tu favor los ricos del pueblo.13Toda ilustre es de dentro la hija del rey: De brocado de oro es su vestido.14Con vestidos bordados será llevada al rey; Vírgenes en pos de ella: Sus compañeras serán traídas á ti.15Serán traídas con alegría y gozo: Entrarán en el palacio del rey.16En lugar de tus padres serán tus hijos, A quienes harás príncipes en toda la tierra.17Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones: Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.

Bajo la acción del Espíritu Santo, “escribiente muy ligero”, este salmo nos invita a alabar a Cristo, el Amado, quien supera en hermosura y en gracia a todos los hijos de los hombres. Pero antes de brotar de los labios, la alabanza ha sido preparada y meditada en un corazón que rebosa (Mateo 12:34); ella celebra su persona, sus palabras, sus obras.

Se ha podido decir que el culto del domingo es el cántico que reúne todas las estrofas que el Espíritu ha enseñado al redimido durante los días de la semana sobre los inagotables temas de las glorias y de las gracias del Señor Jesús. Él es “el rey”, pero los versículos 6 y 7, citados en la epístola a los Hebreos (cap. 1:8-9), lo llaman “Dios”. Cuando aparece en su majestad y su magnificencia, es objeto de una universal admiración. Su poder se afirma con el terrible juicio que él cumple (v. 3-5). Hay perfumes que impregnan sus vestidos: la mirra recuerda sus sufrimientos, el áloe su muerte (Juan 19:39) y la casia su elevación. Pero lo que para Cristo tendrá más valor que todas estas glorias será la hermosura de la Esposa que le será presentada (aquí Jerusalén) y el amor que ella le retribuirá. Amigo creyente, es tu privilegio expresarle desde ahora ese amor agradecido. “Inclínate” —o prostérnate— “a él porque él es tu Señor” (v. 11).

Salmo 46
1Al Músico principal: de los hijos de Coré: Salmo sobre Alamoth. DIOS es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.2Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida; Aunque se traspasen los montes al corazón de la mar.3Bramarán, turbaránse sus aguas; Temblarán los montes á causa de su braveza. (Selah.)4Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios, El santuario de las tiendas del Altísimo.5Dios está en medio de ella; no será conmovida: Dios la ayudará al clarear la mañana.6Bramaron las gentes, titubearon los reinos; Dió él su voz, derritióse la tierra.7Jehová de los ejércitos es con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. (Selah.)8Venid, ved las obras de Jehová, Que ha puesto asolamientos en la tierra.9Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra: Que quiebra el arco, corta la lanza, Y quema los carros en el fuego.10Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: Ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra.11Jehová de los ejércitos es con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. (Selah.)

¡Cuántos creyentes angustiados han hecho la preciosa experiencia del primer versículo de este salmo! En la hora de la prueba, y muy especialmente en el momento de la tentación, el creyente no debe olvidar que tiene a su disposición ese amparo, esa fortaleza y ese pronto auxilio. Tales recursos no los halla en sí mismo, sino en Dios, es decir ¡en su comunión!

Coré fue sepultado vivo por un cataclismo terrestre dispuesto por Dios, análogo a los que son mencionados en el versículo 2. Pero sus hijos fueron preservados y lo mismo ocurrirá con los creyentes del remanente judío. Estarán seguros, pues su refugio no será otro que Jehová (Salmo 91:9-10). ¡Qué contraste habrá con los hombres de la tierra durante ese mismo período apocalíptico! (compárese Lucas 21:26 y Apocalipsis 6:14-17). Frente a las rugientes y turbulentas aguas del juicio (v. 3), Dios nos recuerda que existe un río de la gracia que se derrama en generosas corrientes, es decir, en múltiples manifestaciones que “alegran la ciudad de Dios” y a los que hallan refugio en ella.

El final del salmo nos muestra a los fieles presenciando tranquilamente desde su refugio el cumplimiento de los últimos juicios de Dios.

Salmo 47
1Al Músico principal: de los hijos de Coré: Salmo. PUEBLOS todos, batid las manos; Aclamad á Dios con voz de júbilo.2Porque Jehová el Altísimo es terrible; Rey grande sobre toda la tierra.3El sujetará á los pueblos debajo de nosotros, Y á las gentes debajo de nuestros pies.4El nos elegirá nuestras heredades; La hermosura de Jacob, al cual amó. (Selah.)5Subió Dios con júbilo, Jehová con sonido de trompeta.6Cantad á Dios, cantad: Cantad á nuestro Rey, cantad.7Porque Dios es el Rey de toda la tierra: Cantad con inteligencia.8Reinó Dios sobre las gentes: Asentóse Dios sobre su santo trono.9Los príncipes de los pueblos se juntaron Al pueblo del Dios de Abraham: Porque de Dios son los escudos de la tierra; El es muy ensalzado.

Este salmo expresa el gozo que llenará el corazón de los fieles cuando, después de los juicios mencionados en el salmo 46, Cristo establezca su reinado. Israel tendrá una posición preeminente sobre todos los pueblos y les enseñará a cantar a Dios, a cantar sus glorias y su supremacía (v. 3, 6; Isaías 2:2-3). Una vez restablecidas las relaciones del pueblo de Dios, notamos que el nombre de Jehová reaparece, como ya ocurre en los versículos 7 y 11 del salmo 46. Es Cristo quien, finalmente reconocido, toma su título de “Rey grande sobre la tierra” (Zacarías 14:9). Con esto comprendemos por qué nosotros, los cristianos, no llamamos a Jesús nuestro rey. Somos ciudadanos del cielo y no súbditos del reino terrenal. Cristo no reinará sobre la Asamblea, sino con ella; ésta estará en la misma posición que una reina al lado del rey su esposo.

¿Cómo no cantaremos nosotros, quienes no sólo tenemos que celebrar “al soberano de los reyes de la tierra” (Apocalipsis 1:5), sino a nuestro divino Salvador, un Señor resucitado, al celestial Esposo que ama a su Asamblea y la viene a buscar? ¡Cuántas glorias reunidas en la misma Persona, maravillosas glorias que actualmente deberían llenar nuestras bocas y nuestros corazones del eterno cántico de los verdaderos adoradores!

Salmo 48
1Canción: Salmo de los hijos de Coré. GRANDE es Jehová y digno de ser en gran manera alabado, En la ciudad de nuestro Dios, en el monte de su santuario.2Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra Es el monte de Sión, á los lados del aquilón, La ciudad del gran Rey.3Dios en sus palacios es conocido por refugio.4Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; Pasaron todos.5Y viéndola ellos así, maravilláronse, Se turbaron, diéronse priesa á huir.6Tomólos allí temblor; Dolor, como á mujer que pare.7Con viento solano Quiebras tú las naves de Tharsis.8Como lo oímos, así hemos visto En la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios: Afirmarála Dios para siempre. (Selah.)9Esperamos tu misericordia, oh Dios, En medio de tu templo.10Conforme á tu nombre, oh Dios, Así es tu loor hasta los fines de la tierra: De justicia está llena tu diestra.11Alegraráse el monte de Sión; Se gozarán las hijas de Judá Por tus juicios.12Andad alrededor de Sión, y rodeadla: Contad sus torres.13Poned vuestro corazón á su antemuro, Mirad sus palacios; Para que lo contéis á la generación venidera.14Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre: El nos capitaneará hasta la muerte.

Con el salmo 48 termina la sumaria exposición profética que empezó en el salmo 42. En síntesis, asistimos al ataque final de los reyes de la tierra contra Jerusalén y a la completa derrota de aquéllos (v. 4-7). Los piadosos judíos comprueban entonces que lo que habían oído se cumple en provecho de ellos (v. 8; Salmo 44:1). Por cierto, no en vano habían puesto su confianza en Dios. Después de haber padecido tanto a causa del exilio, ¡qué valor tiene para ellos cada piedra de la ciudad amada! Vuelven a encontrarse en medio de ese templo que tanto habían añorado (Salmo 42:4; 43:3-4), llenos del sentimiento de la misericordia de Dios (v. 9). ¿No es igualmente nuestra santa ocupación meditar sobre la grandeza de su amor cuando nos hallamos allí donde el Señor ha prometido su presencia?

Pero, para entonces, la alabanza no sólo llenará el corazón de los creyentes diseminados aquí y allá, como hoy día, sino que ésta se extenderá hasta los fines de la tierra y será por fin digna del nombre del gran Dios al que ella celebrará (v. 10).

Querido amigo: ese Dios, que preside el destino del mundo y que cumplirá lo que su boca ha dicho, ¿es tu Dios para siempre y tu guía hasta la última hora aquí abajo? (v. 14).

Salmo 49
1Al Músico principal: Salmo para los hijos de Coré. OID esto, pueblos todos; Escuchad, habitadores todos del mundo:2Así los plebeyos como los nobles, El rico y el pobre juntamente.3Mi boca hablará sabiduría; Y el pensamiento de mi corazón inteligencia.4Acomodaré á ejemplos mi oído: Declararé con el arpa mi enigma.5¿Por qué he de temer en los días de adversidad, Cuando la iniquidad de mis insidiadores me cercare?6Los que confían en sus haciendas, Y en la muchedumbre de sus riquezas se jactan,7Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar á Dios su rescate.8(Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se hará jamás;)9Que viva adelante para siempre, Y nunca vea la sepultura.10Pues se ve que mueren los sabios, Así como el insensato y el necio perecen, Y dejan á otros sus riquezas.11En su interior tienen que sus casas serán eternas, Y sus habitaciones para generación y generación: Llamaron sus tierras de sus nombres.12Mas el hombre no permanecerá en honra: Es semejante á las bestias que perecen.13Este su camino es su locura: Con todo, corren sus descendientes por el dicho de ellos. (Selah.)14Como rebaños serán puestos en la sepultura; La muerte se cebará en ellos; Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana: Y se consumirá su bien parecer en el sepulcro de su morada.15Empero Dios redimirá mi vida del poder de la sepultura, Cuando me tomará. (Selah.)16No temas cuando se enriquece alguno, Cuando aumenta la gloria de su casa;17Porque en muriendo no llevará nada, Ni descenderá tras él su gloria.18Si bien mientras viviere, dirá dichosa á su alma: Y tú serás loado cuando bien te tratares.19Entrará á la generación de sus padres: No verán luz para siempre.20El hombre en honra que no entiende, Semejante es á las bestias que perecen.

Frente al porvenir que ha esbozado en los salmos precedentes, el Espíritu de Dios se dirige ahora a todos los habitantes del mundo, cualquiera sea su rango en la sociedad (v. 1, 2). ¿De qué sirven las riquezas de las cuales se vanaglorian y en las que ponen su confianza si el tesoro más grande de la tierra no puede alcanzar a redimir una sola alma? (v. 7-8). ¡Inestimable rescate al que debemos renunciar para siempre por no poderlo pagar nosotros mismos! Pero “Dios redimirá mi vida…”, declara el versículo 15. Y sabemos qué precio tuvo que pagar por ella: “la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).

Si alguien busca los honores de este mundo, que medite en el versículo 12 y en el 20 que lo completa. ¿Adónde conduce esa carrera hacia los honores, ese “camino de locura” (v. 13) en el que se hallan comprometidos innumerables competidores, ricos o pobres, plebeyos o nobles? ¡Hacia la muerte, en la que nada nos podemos llevar! (v. 17). La muerte despista la previsión humana, amenaza las más prudentes disposiciones, ensombrece las alegrías y marca todos los proyectos con una terrible incertidumbre (Lucas 12:20). Por eso los hombres cierran los ojos a causa del temor a mirarla de frente. Pero, para el redimido, la muerte sólo es el último paso hacia la casa de su Padre… pues Él lo tomará consigo (v. 15).

Salmo 50
1Salmo de Asaph. EL Dios de dioses, Jehová, ha hablado, Y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.2De Sión, perfección de hermosura, Ha Dios resplandecido.3Vendrá nuestro Dios, y no callará: Fuego consumirá delante de él, Y en derredor suyo habrá tempestad grande.4Convocará á los cielos de arriba, Y á la tierra, para juzgar á su pueblo.5Juntadme mis santos; Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.6Y denunciarán los cielos su justicia; Porque Dios es el juez. (Selah.)7Oye, pueblo mío, y hablaré: Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo.8No te reprenderé sobre tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que delante de mí están siempre.9No tomaré de tu casa becerros, Ni machos cabríos de tus apriscos.10Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados.11Conozco todas las aves de los montes, Y en mi poder están las fieras del campo.12Si yo tuviese hambre, no te lo diría á ti: Porque mío es el mundo y su plenitud.13¿Tengo de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos?14Sacrifica á Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo.15E invócame en el día de la angustia: Te libraré, y tú me honrarás.16Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca,17Pues que tú aborreces el castigo, Y echas á tu espalda mis palabras?18Si veías al ladrón, tú corrías con él; Y con los adúlteros era tu parte.19Tu boca metías en mal, Y tu lengua componía engaño.20Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano: Contra el hijo de tu madre ponías infamia.21Estas cosas hiciste, y yo he callado: Pensabas que de cierto sería yo como tú: Yo te argüiré, y pondré las delante de tus ojos.22Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; No sea que arrebate, sin que nadie libre.23El que sacrifica alabanza me honrará: Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salud de Dios.

El Salmo 49 recordaba a todos los habitantes del mundo la fragilidad y la vanidad de las riquezas y de los honores, los dos polos de atracción para los hombres de todos los tiempos. En el salmo 50, Dios se dirige a Israel, su pueblo (v. 7), para mostrarle la inutilidad de los sacrificios. Tampoco éstos pueden rescatar el alma ni “hacer perfectos a los que se acercan”. Por un sacrificio único, Dios ha sellado su pacto con Israel (v. 5; Hebreos 10:1, 10, 12). En pago de esto, lo que Él espera ahora de todos los suyos es la alabanza (v. 14, 23; Hebreos 13:15).

El corto versículo 15 resume la historia de nuestras liberaciones: “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás”. Primeramente la oración; luego se nos asegura la respuesta divina; finalmente la acción de gracias… que, desgraciadamente, tan a menudo olvidamos. Pongamos nuestra confianza en Dios: invoquémosle y Él cumplirá su promesa.

En los versículos 16 a 22, Dios advierte al malo; éste, aunque tiene la boca llena de palabras piadosas, las niega en la práctica y aborrece la corrección. ¡Procuremos no asemejarnos a él!

Notemos aun la magnífica introducción (v. 1, 2) que nos da, como ocurre a menudo, el tema del salmo: Dios hablando a la tierra para revelarle Su resplandor en la Persona de Cristo, soberano juez y glorioso rey de Sion.

Salmo 51
1Al Músico principal: Salmo de David, cuando después que entró á Bath-sebah, vino á él Nathán el profeta. TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: Conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.2Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.3Porque yo reconozco mis rebeliones; Y mi pecado está siempre delante de mí.4A ti, á ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.5He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.6He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.7Purifícame con hisopo, y será limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.8Hazme oir gozo y alegría; Y se recrearán los huesos que has abatido.9Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.11No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.12Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.13Enseñaré á los prevaricadores tus caminos; Y los pecadores se convertirán á ti.14Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.15Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.16Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.17Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.18Haz bien con tu benevolencia á Sión: Edifica los muros de Jerusalem.19Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto ú ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.

El salmo 51 fue escrito por David en una muy dolorosa circunstancia (2 Samuel 12). Nos revela los sentimientos producidos en el alma por una verdadera convicción de pecado, así como la senda trazada por el Espíritu Santo para volver a encontrar la comunión con Dios. Consideremos las penosas etapas de ese camino: la confesión de la falta cometida (v. 3); el pensamiento de que el ofendido ha sido Dios y no tal o cual persona (v. 4); el recuerdo de nuestra pecaminosa naturaleza (v. 5); el sentimiento de las exigencias de Dios en cuanto a “la verdad en lo íntimo” (no olvidemos jamás este versículo 6); el deseo de tener una conciencia limpia y recta (v. 10); finalmente, la necesidad de un retorno a la santidad práctica (v. 11), al gozo y a un abnegado servicio (v. 8, 12). Una vez restaurado, el creyente estará en condiciones de dar a conocer a otros la gracia que le ha perdonado (v. 13; comparar Lucas 22:32).

Todo este trabajo del alma no requiere la ofrenda de ningún sacrificio (v. 16), ni obra alguna de «penitencia». Un “espíritu quebrantado”, un corazón verdaderamente humillado, esto es lo que Dios puede recibir por medio de la eficacia de la obra de Cristo (v. 16-17).

Amigos, si nos hemos dejado sorprender por alguna falta, volvamos a leer ese salmo en la presencia de Dios, no como la confesión de David sino como nuestra propia oración.

Salmo 52
1Al Músico principal: Masquil de David, cuando vino Doeg Idumeo y dió cuenta á Saúl, diciéndole: David ha venido á casa de Ahimelech. ¿POR qué te glorías de maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua.2Agravios maquina tu lengua: Como navaja amolada hace engaño.3Amaste el mal más que el bien; La mentira más que hablar justicia. (Selah.)4Has amado toda suerte de palabras perniciosas, Engañosa lengua.5Por tanto Dios te derribará para siempre: Te asolará y te arrancará de tu morada, Y te desarraigará de la tierra de los vivientes. (Selah.)6Y verán los justos, y temerán; Y reiránse de él, diciendo:7He aquí el hombre que no puso á Dios por su fortaleza, Sino que confió en la multitud de sus riquezas. Y se mantuvo en su maldad.8Mas yo estoy como oliva verde en la casa de Dios: En la misericordia de Dios confío perpetua y eternalmente.9Te alabaré para siempre por lo que has hecho: Y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.

Hasta el final del segundo Libro de los salmos (Salmo 72) hallaremos algunos de David, varios de los cuales fueron compuestos en circunstancias especiales, como el 51. El capítulo 22 (v. 9 y siguientes) del primer libro de Samuel relata cómo Doeg el edomita refirió a Saúl el paso de David por la casa de Ahimelec el sacerdote y la matanza que resultó de tal hecho. Ese Doeg es una figura del Anticristo, personaje profético que encarnará al mal y se jactará de ello (v. 1). ¡Qué contraste entre el versículo 7 del salmo 45, dirigido al Señor Jesús y los versículos 1 y 3 de este salmo que interpela “al poderoso”: “Amaste el mal más que el bien, la mentira más que la verdad”. Para el consuelo de los fieles, la profecía del versículo 5 (“Por tanto Dios… te desarraigará de la tierra de los vivientes”) se cumplirá según lo dicho acerca del falso profeta en el Apocalipsis (19:20).

Frente a este poder del mal, el salmista se refugia en Dios (v. 8) y aun le alaba (v. 9). El Espíritu de Dios sabe servirse de las mayores pruebas para producir acentos de alabanza en el corazón de los redimidos. En cuanto al incrédulo, nunca tendrá paz y sus precarios apoyos no merecen la confianza que pone en ellos (v. 7). No, aquel hombre fuerte “no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas”. Pero sus riquezas están podridas… su oro y su plata están enmohecidos, como lo declara el apóstol Santiago (cap. 5:2-3).

Salmo 53
1Al Músico principal: sobre Mahalath: Masquil de David. DIJO el necio en su corazón: No hay Dios. Corrompiéronse é hicieron abominable maldad: No hay quien haga bien.2Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, Por ver si hay algún entendido Que busque á Dios.3Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido: No hay quien haga bien, no hay ni aun uno.4¿No tienen conocimiento todos esos que obran iniquidad? Que comen á mi pueblo como si comiesen pan: A Dios no han invocado.5Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo: Porque Dios ha esparcido los huesos del que asentó campo contra ti: Los avergonzaste, porque Dios los desechó.6Oh quién diese de Sión saludes á Israel! En volviendo Dios la cautividad de su pueblo, Gozarse ha Jacob, y alegraráse Israel.

Con excepción del versículo 5 y de la sustitución del nombre de Dios por el de Jehová, el salmo 53 es la reproducción casi textual del salmo 14. Los tres primeros versículos están citados en el capítulo 3 de la epístola a los Romanos (v. 10-12) para demostrar la quiebra general de toda la raza humana que nunca nadie ha podido contradecir. “No hay quien haga bien”, dice el versículo 1; “ni aun uno”, agrega el versículo 3. Sin embargo, sabemos que hubo un Hombre, el que vino del cielo, santa excepción entre los hijos de los hombres, a quien “Dios, desde los cielos miró” (v. 2; compárese Mateo 3:16-17).

“No hay Dios”, pretende el necio en su corazón, aunque su conciencia le diga lo contrario; aunque se mueva con Su permiso, viva de Sus beneficios y respire por Su aliento, “porque en él vivimos y nos movemos y somos” (Hechos 17:28). Pero Dios le molesta; por ello se esfuerza para persuadirse de que no existe y pone en su lugar la ciencia «todopoderosa» o la filosofía. Y cuando, pese a todo, está obligado a admitir que las cosas que lo superan tienen una causa, el incrédulo habla vagamente de la Naturaleza o de la Providencia para no tener que pronunciar ese nombre de Dios que le da miedo… porque Dios es luz. Él confundirá a todos los que “hacen iniquidad”.

Salmo 54
1Al Músico principal: en Neginoth: Masquil de David, cuando vinieron los Zipheos y dijeron á Saúl: ¿No está David escondido en nuestra tierrra? OH Dios, sálvame por tu nombre, Y con tu poder defiéndeme.2Oh Dios, oye mi oración; Escucha las razones de mi boca.3Porque extraños se han levantado contra mí, Y fuertes buscan mi alma: No han puesto á Dios delante de sí. (Selah.)4He aquí, Dios es el que me ayuda; El Señor es con los que sostienen mi vida.5El volverá el mal á mis enemigos: Córtalos por tu verdad.6Voluntariamente sacrificaré á ti; Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno.7Porque me ha librado de toda angustia, Y en mis enemigos vieron mis ojos mi deseo.

Después de Doeg edomita, también los zifeos informaron alevosamente a Saúl de las idas y venidas de David, su rival, lo que le permitió volver a hallar sus huellas. Encontramos este relato en el capítulo 23 (v. 19 y siguientes) del primer libro de Samuel; pero una cosa primordial no está mencionada en él: esa oración llena de confianza que el rey rechazado hizo subir hacia Dios a la hora del peligro.

Del mismo modo, a través de las circunstancias de todos los días, tendría que haber en la vida del creyente una «trama» de oraciones tejida en el secreto entre el Señor y él. Es lo que ampliamente encontramos como ejemplo en el libro de Nehemías (cap. 1:11; 2:4; 4:4; 5:19; 6:14 y siguientes). El mundo que no ha puesto a Dios delante de sí (v. 3) y no entiende nada acerca del poder de la oración, atribuirá a una «feliz casualidad» la manera en que el creyente escapa de los peligros que le amenazan (vea precisamente cómo en 1 Samuel 23:26 Saúl busca siempre a David por el lado opuesto a aquel en que éste se halla en el monte). Pero el rescatado conoce el nombre de Aquel que lo libera de toda angustia y es este nombre el que celebra (v. 1, 6, 7). Dios es su ayuda y, además, a lo largo de la prueba, Él sostiene el alma que podría desalentarse (v. 4).

Salmo 55:1-11
1Al Músico principal: en Neginoth: Masquil de David. ESCUCHA, oh Dios, mi oración, Y no te escondas de mi súplica.2Estáme atento, y respóndeme: Clamo en mi oración, y levanto el grito,3A causa de la voz del enemigo, Por la opresión del impío; Porque echaron sobre mí iniquidad, Y con furor me han amenazado.4Mi corazón está doloroso dentro de mí, Y terrores de muerte sobre mí han caído.5Temor y temblor vinieron sobre mí, Y terror me ha cubierto.6Y dije: ­Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría.7Ciertamente huiría lejos: Moraría en el desierto. (Selah.)8Apresuraríame á escapar Del viento tempestuoso, de la tempestad.9Deshace, oh Señor, divide la lengua de ellos; Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.10Día y noche la rodean sobre sus muros; E iniquidad y trabajo hay en medio de ella.11Agravios hay en medio de ella, Y el fraude y engaño no se apartan de sus plazas.

Apremiado por los impíos que le persiguen con furor, presa de angustias y de “terrores de muerte” (v. 3, 4), el fiel no responde por sí mismo a “la voz del enemigo”, sino que se vuelve hacia Dios. Es lo que siempre tenemos que hacer, en lugar de replicar a palabras envenenadas… pero no para pedir venganza, como David en estos versículos. Proféticamente, los salmos nos transportan más allá del actual tiempo de la gracia, a los días en que el reino será establecido a través del juicio de los inicuos. La maldad del mundo no alcanza hoy la intensidad que conocerá en aquel terrible período. Está aún detenida, frenada por la presencia del Espíritu Santo en la tierra (2 Tesalonicenses 2:6-7).

Sin embargo, los caracteres descritos en este salmo ya se manifiestan: violencia y rencilla (v. 9), iniquidad y pena (v. 10), maldad, fraude y engaño (v. 11). El redimido no puede sentirse a sus anchas en semejante mundo. Como el fiel del residuo de Israel, suspira por el lugar del tranquilo reposo (v. 6), por la casa del Padre que es su esperanza y el tema de su cántico:

Pronto, ¡adiós, cosas terrenas!

Lejos de aquí, alas tomaré

hacia las mansiones eternas,

hacia Jesucristo, mi Señor, iré.

Salmo 55:12-23
12Porque no me afrentó un enemigo, Lo cual habría soportado; Ni se alzó contra mí el que me aborrecía, Porque me hubiera ocultado de él:13Mas tú, hombre, al parecer íntimo mío, Mi guía, y mi familiar:14Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, A la casa de Dios andábamos en compañía.15Condenados sean á muerte, Desciendan vivos al infierno: Porque maldades hay en su compañía, entre ellos.16Yo á Dios clamaré; Y Jehová me salvará.17Tarde y mañana y á medio día oraré y clamaré; Y él oirá mi voz.18El ha redimido en paz mi alma de la guerra contra mí; Pues fueron contra mí muchos.19Dios oirá, y los quebrantará luego, El que desde la antigüedad permanece (Selah); Por cuanto no se mudan, Ni temen á Dios.20Extendió sus manos contra sus pacíficos: Viólo su pacto.21Ablandan más que manteca su boca, Pero guerra hay en su corazón: Suavizan sus palabras más que el aceite, Mas ellas son cuchillos.22Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.23Mas tú, oh Dios, harás descender aquéllos al pozo de la sepultura: Los hombres sanguinarios y engañadores no demediarán sus días: Empero yo confiaré en ti.

Aquel de quien habla David en los versículos 12 a 14 probablemente sea Ahitofel gilonita, cuya traición y suicidio nos cuenta el segundo libro de Samuel en los capítulos 15 a 17. Pero, proféticamente, estas palabras se aplican al desdichado Judas. ¿Existe una expresión más fuerte que la del versículo 13 para designar vínculos de afecto como “íntimo mío, mi guía y mi familiar”? Ésta es la evidencia de que las más grandes pruebas de confianza y de amor son incapaces de ganar el corazón natural del hombre en el que mora la guerra contra Dios (compárese el v. 21 con Marcos 14:15).

Pensemos entonces en lo que habrán sido aquí abajo los sentimientos del Señor. No podía contar con nada ni fiarse de nadie (Juan 2:24). Pero ante semejante despliegue del mal, el salmista nos invita: “Echa sobre Jehová tu carga…” (v. 22). Una carga molesta a un hombre que corre; por eso Hebreos 12:1 nos dice también: “despojémonos de todo peso… y corramos con paciencia”. Esto no quiere decir que la prueba nos sea quitada inmediatamente. Pero ella deja de ser una carga desde el momento en que la echamos sobre Dios, dejándole a Él el cuidado de arreglar lo que nos inquieta.

Salmo 56
1Al Músico principal: sobre La paloma silenciosa en paraje muy distante. Michtam de David, cuando los Filisteos le prendieron en Gath. TEN misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre: Me oprime combatiéndome cada día.2Apúranme mis enemigos cada día; Porque muchos son los que pelean contra mí, oh Altísimo.3En el día que temo, Yo en ti confío.4En Dios alabaré su palabra: En Dios he confiado, no temeré Lo que la carne me hiciere.5Todos los días me contristan mis negocios; Contra mí son todos sus pensamientos para mal.6Reúnense, escóndense, Miran ellos atentamente mis pasos, Esperando mi vida.7¿Escaparán ellos por la iniquidad? Oh Dios, derriba en tu furor los pueblos.8Mis huídas has tú contado: Pon mis lágrimas en tu redoma: ¿No están ellas en tu libro?9Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día que yo clamare: En esto conozco que Dios es por mí.10En Dios alabaré su palabra; En Jehová alabaré su palabra.11En Dios he confiado: no temeré Lo que me hará el hombre.12Sobre mí, oh Dios, están tus votos: Te tributaré alabanzas.13Porque has librado mi vida de la muerte, Y mis pies de caída, Para que ande delante de Dios En la luz de los que viven.

Como el salmo 34, este salmo se sitúa en el momento de la triste experiencia de David en Gat (1Samuel 21:11-15).

Los versículos 5 y 6 evocan al Señor en sus relaciones con los que se reunían para observarle y sorprenderle, y que torcían sus palabras (Mateo 22:34; Lucas 11:53; 20:20). A tal maldad Jesús respondía mediante la confianza en su Padre. ¡Imitémosle! No obstante, para confiarse en Dios, es menester conocerle primeramente. Generalmente un niño pequeño no pone su mano en la de un desconocido. Ahora bien, es la Palabra la que nos revela a Aquel en quien podemos apoyarnos; por esa razón el fiel exclama dos veces: “En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado” (v. 4, 10, 11).

Los malos observan los pasos de los creyentes (v. 6), pero Dios cuenta esos mismos pasos (v. 8). Sabemos que Él conoce el número de los cabellos de sus cabezas (Mateo 10:30); y aquí le vemos preocuparse por cada una de las lágrimas de sus hijos, incluso las más secretas. Así, pues, si en mis idas y venidas tuviera que encontrar una trampa armada por el enemigo, Aquel que libró mi alma de la muerte eterna guardará también mis pies de caída (v. 13; Salmo 94:18; 116:8; Judas 24).

Salmo 57
1Al Músico principal: sobre No destruyas: Michtam de David, cuando huyó de delante de Saúl á la cueva. TEN misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma, Y en la sombra de tus alas me ampararé, Hasta que pasen los qu2Clamaré al Dios Altísimo, Al Dios que me favorece.3El enviará desde los cielos, y me salvará De la infamia del que me apura; (Selah) Dios enviará su misericordia y su verdad.4Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres encendidos: Sus dientes son lanzas y saetas, Y su lengua cuchillo agudo.5Ensálzate sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra tu gloria.6Red han armado á mis pasos; Hase abatido mi alma: Hoyo han cavado delante de mí; En medio de él han caído. (Selah.)7Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto: Cantaré, y trovaré salmos.8Despierta, oh gloria mía; despierta, salterio y arpa: Levantaréme de mañana.9Alabarte he en los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti en las naciones.10Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, Y hasta las nubes tu verdad.11Ensálzate sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra tu gloria.

Este salmo empieza casi con las mismas palabras de los salmos 51 y 56: “Ten misericordia de mí, oh Dios…”. Porque la gracia divina es mi recurso tanto contra el mal que me rodea como respecto del pecado que está en mí (Salmo 51). Así los enemigos se llamen Absalón, filisteos o Saúl… Satanás o el mundo, el seguro refugio de mi alma está “en ti”, Señor Jesús, “en la sombra de tus alas” (v. 1). En semejante abrigo no temo lo que sale de la boca de los hombres ni la red armada a mis pasos (v. 4, 6; comparar Salmo 91:3-4). La afirmación del versículo 2: “Dios… me favorece” es el equivalente del versículo 28 del capítulo 8 de la epístola a los Romanos: “Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan (obran o trabajan) a bien”. La fe nos lleva a creer, luego a hacer la experiencia de que “todas las cosas”, incluso las más contrarias a nuestros propios pensamientos, son dirigidas por Dios con miras a nuestra bendición.

Pero, en este salmo, el creyente está más preocupado por la gloria de Dios que por su propia liberación (v. 5 repetido en el v. 11 y Salmo 108:5). Ésta fue la oración del Señor a propósito de la cruz que tenía ante sí: “Padre, glorifica tu nombre” (Juan 12:28). Esto también debe ser nuestro primer objetivo en cada circunstancia de nuestra vida.

Salmo 58
1Al Músico principal: sobre No destruyas: Michtam de David. OH congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?2Antes con el corazón obráis iniquidades: Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.3Enajenáronse los impíos desde la matriz; Descarriáronse desde el vientre, hablando mentira.4Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente: Son como áspide sordo que cierra su oído;5Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea.6Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas: Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos.7Corránse como aguas que se van de suyo: En entesando sus saetas, luego sean hechas pedazos.8Pasen ellos como el caracol que se deslíe: Como el abortivo de mujer, no vean el sol.9Antes que vuestras ollas sientan las espinas, Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad.10Alegraráse el justo cuando viere la venganza: Sus pies lavará en la sangre del impío.11Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay fruto para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.

Los versículos 1-5 no nos permiten alentar ninguna ilusión sobre lo que es la justicia humana. Si este relato nos parece demasiado severo, basta evocar la cruz. Las relaciones de los hombres entre sí están frecuentemente regidas por la ley del más fuerte. Y la mentira y el veneno de la calumnia son armas corrientemente empleadas (v. 3, 4; Salmo 140:3). Sí, el mundo que nos rodea está lleno de injusticia, como lo estaba en el tiempo de David. Pero nuestra actitud de cristianos debe ser muy distinta de la del israelita piadoso, tal como resalta de los versículos 6 a 10. En la hora de la gran tribulación, éste sólo podrá dirigirse al Dios de la venganza para apresurar la venida del día en que la justicia reinará en la tierra.

Efectivamente, este día vendrá, pero, mientras tanto, es aún “ahora el día de la salvación” (2 Corintios 6:2). Por eso, objetos de la misericordia divina, debemos interceder por los hombres ante el Dios Salvador. La injusticia que nos rodea es para nosotros la oportunidad de hacer el bien y de sembrar “el fruto de la justicia” (Santiago 3:18). No debemos intentar mejorar el mundo —lo que no es posible— sino manifestar en él los caracteres del Salvador.

Salmo 59
1Al Músico principal: sobre No destruyas: Michtam de David, cuando envió Saúl, y guardaron la casa para matarlo. LIBRAME de mis enemigos, oh Dios mío: Ponme en salvo de los que contra mí se levantan.2Líbrame de los que obran iniquidad, Y sálvame de hombres sanguinarios.3Porque he aquí están acechando mi vida: Hanse juntado contra mí fuertes, No por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová.4Sin delito mío corren y se aperciben: Despierta para venir á mi encuentro, y mira.5Y tú, Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel, Despierta para visitar todas las gentes: No hayas misericordia de todos los que se rebelan con iniquidad. (Selah.)6Volveránse á la tarde, ladrarán como perros, Y rodearán la ciudad.7He aquí proferirán con su boca; Cuchillos están en sus labios, Porque dicen: ¿Quién oye?8Mas tú, Jehová, te reirás de ellos, Te burlarás de todas las gentes.9De su fuerza esperaré yo en ti: Porque Dios es mi defensa.10El Dios de mi misericordia me prevendrá: Dios me hará ver en mis enemigos mi deseo.11No los matarás, porque mi pueblo no se olvide: Hazlos vagar con tu fortaleza, y abátelos. Oh Jehová, escudo nuestro,12Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios; Y sean presos por su soberbia, Y por la maldición y mentira que profieren.13Acábalos con furor, acábalos, y no sean: Y sepan que Dios domina en Jacob Hasta los fines de la tierra. (Selah).14Vuelvan pues á la tarde, y ladren como perros, Y rodeen la ciudad.15Anden ellos errantes para hallar qué comer: Y si no se saciaren, murmuren.16Yo empero cantaré tu fortaleza, Y loaré de mañana tu misericordia: Porque has sido mi amparo Y refugio en el día de mi angustia.17Fortaleza mía, á ti cantaré; Porque eres Dios de mi amparo, Dios de mi misericordia.

Entre los salmos relacionados con las circunstancias de la vida de David, éste es el más antiguo (véase 1 Samuel 19:11-18). Fue compuesto en el curso de aquella dramática noche en que, por tres veces, Saúl había mandado sus criminales agentes para vigilar (v. 11), prender (v. 14) y matar a quien odiaba (v. 15; vea su obstinación en obrar mal en los versículos 6 y 14 de nuestro salmo). Durante esa noche de angustia, el afligido se vuelve hacia su Dios: “Despierta para venir a mi encuentro… Dios de Israel, despierta…” (v. 4, 5; compárese Salmo 44:23 y Marcos 4:38). El afligido conoce el poder de Dios; sabe que él puede liberarle si lo desea, pero conoce mal Su fidelidad, Su vigilancia y Su compasión para con los suyos (compárese Mateo 8:2-3). Los versículos 3 a 8 del Salmo 121 responden a la inquietud del creyente: “Ni se dormirá el que te guarda…”. En el último versículo vemos cómo David experimentó no sólo la fortaleza sino también la misericordia de su Dios; y le celebra bajo esos dos caracteres.

El proyecto de Saúl era hacer morir a su enemigo a la mañana (1 Samuel 19:11). Pero, para David, como para nosotros, esa mañana llega a ser la de la liberación, la del gozo, la de la alabanza (v. 16; 2Samuel 23:4).

Salmo 60
1Al Músico principal: sobre Susan-Heduth: Michtam de David, para enseñar, cuando tuvo guerra contra Aram-Naharaim y contra Aram de Soba, y volvió Joab, é hirió de Edom en el valle de las Salina doce mil. OH Dios, tú nos has desechado, nos disipaste; Te has2Hiciste temblar la tierra, abrístela: Sana sus quiebras, porque titubea.3Has hecho ver á tu pueblo duras cosas: Hicístenos beber el vino de agitación.4Has dado á los que te temen bandera Que alcen por la verdad. (Selah.)5Para que se libren tus amados, Salva con tu diestra, y óyeme.6Dios pronunció por su santuario; yo me alegraré; Partiré á Sichêm, y mediré el valle de Succoth.7Mío es Galaad, y mío es Manasés; Y Ephraim es la fortaleza de mi cabeza; Judá, mi legislador;8Moab, la vasija de mi lavatorio; Sobre Edom echaré mi zapato: Haz júbilo sobre mí, oh Palestina.9¿Quién me llevará á la ciudad fortalecida? ¿Quién me llevará hasta Idumea?10Ciertamente, tú, oh Dios, que nos habías desechado; Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos.11Danos socorro contra el enemigo, Que vana es la salud de los hombres.12En Dios haremos proezas; Y él hollará nuestros enemigos.

Al leer la gloriosa página de las victorias de David sobre los sirios y los edomitas en 2 Samuel 8 y 1 Crónicas 18, ¿quién habría pensado que en esa oportunidad Israel y su rey hubiesen pasado por angustia tan grande como la descrita en los versículos 1-3 y 10-11? La victoria del creyente a menudo es precedida de penosas luchas interiores que sólo el Señor conoce. Y una parte del botín conquistado en esas luchas consiste en las lecciones que, al mismo tiempo, Dios nos da a entender en lo secreto del corazón. Éste es el sentido en que podemos comprender la expresión: “somos más que vencedores” de la epístola a los Romanos (8:37). Como lo vemos en el título, este salmo fue escrito especialmente “para enseñar”. David ha aprendido —y nos lo recuerda— que “vana es la ayuda de los hombres” (comparar Salmo 146:3) y que “en Dios haremos proezas”.

“Has dado a los que te temen bandera que alcen por causa de la verdad”. Mantengamos en alto y con mano firme esa bandera de la verdad. Los precedentes salmos nos presentaban las relaciones individuales del alma con Dios; aquí se trata de ejercicios comunes a todo el pueblo. Jamás perdamos de vista la unidad de los redimidos del Señor, su carácter de “amados” (v. 5) y el testimonio colectivo que están llamados a dar.

Salmo 61
1Al Músico principal: sobre Neginoth: Salmo de David. OYE, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende.2Desde el cabo de la tierra clamaré á ti, cuando mi corazón desmayare: A la peña más alta que yo me conduzcas.3Porque tú has sido mi refugio, Y torre de fortaleza delante del enemigo.4Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre: Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas.5Porque tú, oh Dios, has oído mis votos, Has dado heredad á los que temen tu nombre.6Días sobre días añadirás al rey: Sus años serán como generación y generación.7Estará para siempre delante de Dios: Misericordia y verdad prepara que lo conserven.8Así cantaré tu nombre para siempre, Pagando mis votos cada día.

Cuando el creyente encuentra la maldad bajo todas sus formas, cuando es perseguido por los hombres y desmaya su corazón, entonces halla su refugio en Dios (v. 2, 3). Ésta fue la experiencia de David cuando era perseguido sin tregua por Saúl primeramente, y más tarde por Absalón; será también la del remanente de Israel cuando huya de la dominación del Anticristo.

“Llévame a la roca que es más alta que yo”. El Espíritu de Dios transporta la fe a alturas a las que la inteligencia natural no tiene acceso y de las que uno se siente indigno. Y, de lo alto de esa roca, el creyente exalta todo lo que el Señor es para él; todos los aspectos del socorro y de la protección que halla en Él: “una torre fuerte delante del enemigo” (comparar Proverbios 18:10), un “tabernáculo” para quedar al abrigo de la tormenta o del calor del sol; “la cubierta de sus alas” que hablan de ternura y seguridad.

Como en el salmo 56:12, el fiel recuerda los votos que hizo, es decir, los compromisos tomados para con Dios (v. 5, 8). Para nosotros, cristianos, estos votos corresponden al sentimiento de los derechos del Señor sobre nosotros, al hecho de tener conciencia de que hemos sido entregados a Dios, que no nos pertenecemos más a nosotros sino al que nos ha rescatado (2 Corintios 5:15; léase también Romanos 12:1).

Salmo 62
1Al Músico principal: á Jeduthúm: Salmo de David. EN Dios solamente está callada mi alma: De él viene mi salud.2El solamente es mi fuerte, y mi salud; Es mi refugio, no resbalaré mucho.3¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre? Pereceréis todos vosotros, Caeréis como pared acostada, como cerca ruinosa.4Solamente consultan de arrojarle de su grandeza; Aman la mentira, Con su boca bendicen, pero maldicen en sus entrañas. (Selah.)5Alma mía, en Dios solamente reposa; Porque de él es mi esperanza.6El solamente es mi fuerte y mi salud: Es mi refugio, no resbalaré.7En Dios está mi salvación y mi gloria: En Dios está la roca de mi fortaleza, y mi refugio.8Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. (Selah.)9Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón: Pesándolos á todos igualmente en la balanza, Serán menos que la vanidad.10No confiéis en la violencia, Ni en la rapiña; no os envanezcáis: Si se aumentare la hacienda, no pongáis el corazón en ella.11Una vez habló Dios; Dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza.12Y de ti, oh Señor, es la misericordia: Porque tú pagas á cada uno conforme á su obra.

Este hermoso salmo no se considera como resultado de una circunstancia especial de la vida de David. Eso nos confirma que “en todo tiempo” (v.8) el alma debe descansar apaciblemente en Dios (quien es nombrado siete veces) y ¡en Él solamente! Preciosas expresiones de confianza (v. 1, 2, 5-8), pero, sobre todo, precioso objeto de mi confianza: Cristo, la Roca de los siglos, sobre quien descansan a la vez mi salvación y mi gloria (v. 7). Si lo experimento, puedo invitar a otros a confiarse en Él (v. 8) y, al mismo tiempo, prevenirlos contra todo apoyo engañoso. Efectivamente, así estén en lo alto como en lo bajo de la escala social, los hombres se hinchan con el viento de su vanidad y de sus pretensiones engañadoras. En la balanza divina todos serán hallados faltos de peso (v. 9; compárese Daniel 5:27).

En cuanto a nosotros, creyentes, retengamos con cuidado el final del versículo 10: “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas”. Muchos hijos de Dios, fieles mientras tenían solamente a Dios como apoyo (v. 1), no han resistido la prueba de… la prosperidad (comparar Salmo 69:22). “El engaño de las riquezas” (Mateo 13:22) ahogó la palabra viva, la que entonces quedó sin fruto.

Salmo 63
1Salmo de David, estando en el desierto de Judá. DIOS, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, En tierra de sequedad y transida sin aguas;2Para ver tu fortaleza y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario.3Porque mejor es tu misericordia que la vida: Mis labios te alabarán.4Así te bendeciré en mi vida: En tu nombre alzaré mis manos.5Como de meollo y de grosura será saciada mi alma; Y con labios de júbilo te alabará mi boca,6Cuando me acordaré de ti en mi lecho, Cuando meditaré de ti en las velas de la noche.7Porque has sido mi socorro; Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.8Está mi alma apegada á ti: Tu diestra me ha sostenido.9Mas los que para destrucción buscaron mi alma, Caerán en los sitios bajos de la tierra.10Destruiránlos á filo de espada; Serán porción de las zorras.11Empero el rey se alegrará en Dios; Será alabado cualquiera que por él jura: Porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.

¿Podemos apropiarnos esa ardiente oración matinal del salmista? Al experimentar la aridez de este triste mundo, todo su deseo, toda su esperanza, todo su gozo es su Dios, objeto de su ferviente meditación, día y noche. La vida es lo más preciado que tiene un hombre, pero el creyente ha hallado un tesoro más grande aún: la misericordia de su Dios. Guarda en su corazón todas las pruebas de ella (v. 3, 7). Note la magnífica progresión: “Mi alma tiene sed de ti” (v. 1); “será saciada mi alma” (v. 5; Jeremías 31:25); y mi alma “está… apegada a ti” (v. 8). Al mirar al mundo experimento esa sed y ese abatimiento, pero, al pensar en el Señor, mi alma está satisfecha; adoro y, así fortalecido, unido a Cristo, quien me colma de bendiciones y me basta por sí solo, puedo seguirle a través de este mundo árido, sostenido por su poderosa mano.

Pero el camino del desierto pronto se va a acabar. Mañana, la meta del peregrino aparecerá sin velo. ¿Cuál es la meta?: el Señor en su gloria, al fin visto con nuestros propios ojos. ¿No lo pidió él mismo cuando dijo: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado”? (Juan 17:24; comparar con el versículo 2 de este salmo). ¡Ojalá pueda el Señor encontrar en cada uno de nuestros corazones un deseo que corresponda al suyo!

Salmo 64
1Al Músico principal: Salmo de David. ESCUCHA, oh Dios, mi voz en mi oración: Guarda mi vida del miedo del enemigo.2Escóndeme del secreto consejo de los malignos; De la conspiración de los que obran iniquidad:3Que amolaron su lengua como cuchillo, Y armaron por su saeta palabra amarga;4Para asaetear á escondidas al íntegro: De improviso lo asaetean, y no temen.5Obstinados en su inicuo designio, Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver?6Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como el corazón, es profundo.7Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas.8Y harán caer sobre sí sus mismas lenguas: Se espantarán todos los que los vieren.9Y temerán todos los hombres, Y anunciarán la obra de Dios, Y entenderán su hecho.10Alegraráse el justo en Jehová, y confiaráse en él; Y se gloriarán todos los rectos de corazón.

En este salmo, el creyente no sólo experimenta la aridez de un mundo que no puede apagar la sed de su alma, como en el salmo 63:11, sino también la adversidad de los hombres que afilan su lengua “como espada” contra él (compárense Salmos 55:21 y 57:4). La fidelidad siempre excitó la animosidad de los incrédulos. No es de extrañar, pero cuidémonos de que nuestra conducta no dé asidero a acusaciones justificadas. Contra esa espada y esas saetas, vistámonos de “la coraza de justicia” (es decir, una conducta irreprochable; Efesios 6:14; léase 1 Pedro 2:12) y opongamos a todas esas manifestaciones de maldad una “sabia mansedumbre” (Santiago 3:13). Entonces Dios tomará nuestra causa en mano, “porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:17-19).

“¿Quién los ha de ver?” habían dicho los enemigos del justo (v. 5; ver también Salmos 10:11 y 59:7). Pues bien, ¡Dios lo ve! Su mirada descubre en lo más profundo del corazón la malevolencia y los inicuos designios (v. 6). Y como respuesta a la flecha (esa “palabra amarga”) disparada “de repente” contra el hombre íntegro (v. 4), Dios prepara su propia saeta, la que liberará a su redimido de modo igualmente repentino cuando haya llegado el momento (v. 7).

Salmo 65
1Al Músico principal: Salmo: Cántico de David. A TI es plácida la alabanza en Sión, oh Dios: Y á ti se pagarán los votos.2Tú oyes la oración: A ti vendrá toda carne.3Palabras de iniquidades me sobrepujaron: Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás.4Dichoso el que tú escogieres, é hicieres llegar á ti, Para que habite en tus atrios: Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo.5Con tremendas cosas, en justicia, nos responderás tú, Oh Dios de nuestra salud, Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines de la mar.6Tú, el que afirma los montes con su potencia, Ceñido de valentía:7El que amansa el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las gentes.8Por tanto los habitadores de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde.9Visitas la tierra, y la riegas: En gran manera la enriqueces Con el río de Dios, lleno de aguas: Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones.10Haces se empapen sus surcos, Haces descender sus canales: Ablándasla con lluvias, Bendices sus renuevos.11Tú coronas el año de tus bienes; Y tus nubes destilan grosura.12Destilan sobre las estancias del desierto; Y los collados se ciñen de alegría.13Vístense los llanos de manadas, Y los valles se cubren de grano: Dan voces de júbilo, y aun cantan.

Antes que, al alba del día milenario (Salmo 66), la alabanza sea universal, ella se prepara en silencio en el corazón de los rescatados. Tendría que sernos familiar esa adoración silenciosa que no aguarda hasta el domingo a la mañana para elevarse ante Dios y que es tanto más real cuanto no necesita palabras. Ejercitémosla durante nuestros trayectos, durante los intervalos de nuestro trabajo o sobre nuestro lecho durante las vigilias de la noche… (Salmo 63:6). Siempre será oída y comprendida por Aquel que oye la oración (v. 2).

Después de haber experimentado en el versículo 3 que los pecados son perdonados, Israel (y el cristiano igualmente) podrá gozar de la presencia de Dios y de las bendiciones de su comunión (v. 4).

El salmo termina con un magnífico cuadro de las futuras bendiciones terrenales, figuras de las riquezas espirituales que el creyente posee desde ahora. Si éste se marchita “en tierra seca y árida donde no hay aguas” (Salmo 63:1), debe recordar que “el río de Dios (está) lleno de agua” (v. 9). Queridos amigos: ¿no es culpa nuestra, entonces, si nuestra alma está a veces reseca? (Juan 4:14-15).

El versículo 8 nos dice aun: “Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde”. Sí, ojalá nuestras jornadas empiecen, se desarrollen y acaben en un cántico de dicha y de amor.

Salmo 66
1Al Músico principal: Cántico: Salmo. ACLAMAD á Dios con alegría, toda la tierra:2Cantad la gloria de su nombre: Poned gloria en su alabanza.3Decid á Dios: ­Cuán terribles tus obras! Por lo grande de tu fortaleza te mentirán tus enemigos.4Toda la tierra te adorará, Y cantará á ti; Cantarán á tu nombre. (Selah.)5Venid, y ved las obras de Dios, Terrible en hechos sobre los hijos de los hombres.6Volvió la mar en seco; Por el río pasaron á pie; Allí en él nos alegramos.7El se enseñorea con su fortaleza para siempre: Sus ojos atalayan sobre las gentes: Los rebeldes no serán ensalzados. (Selah.)8Bendecid, pueblos, á nuestro Dios, Y haced oir la voz de su alabanza.9El es el que puso nuestra alma en vida, Y no permitió que nuestros pies resbalasen.10Porque tú nos probaste, oh Dios: Ensayástenos como se afina la plata.11Nos metiste en la red; Pusiste apretura en nuestros lomos.12Hombres hiciste subir sobre nuestra cabeza; Entramos en fuego y en aguas, Y sacástenos á hartura.13Entraré en tu casa con holocaustos: Te pagaré mis votos,14Que pronunciaron mis labios, Y habló mi boca, cuando angustiado estaba.15Holocaustos de cebados te ofreceré, Con perfume de carneros: Sacrificaré bueyes y machos cabríos. (Selah.)16Venid, oid todos los que teméis á Dios, Y contaré lo que ha hecho á mi alma.17A él clamé con mi boca, Y ensalzado fué con mi lengua.18Si en mi corazón hubiese yo mirado á la iniquidad, El Señor no me oyera.19Mas ciertamente me oyó Dios; Antendió á la voz de mi súplica.20Bendito Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.

En los tiempos felices de los que habla el salmo 65, el papel de Israel será invitar a las naciones a participar de la alegría y de la alabanza. Primeramente, porque las obras de Dios son “asombrosas” y “temibles” (v. 3, 5), luego por su bondad para con su pueblo. La salida de Egipto y la entrada en Canaán (v. 6) son los primeros grandes actos de poder que deberán ser exaltados. Asimismo nosotros, los cristianos, no dejemos de celebrar la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Él nos liberó del yugo de este mundo (Egipto) y de su príncipe (Faraón = Satanás) y nos hizo entrar en las bendiciones celestiales.

Luego, los largos sufrimientos de Israel también serán rememorados (v. 10-12). Los judíos fueron probados y lo son aún de muchas maneras, abrumados y hollados (v. 12) por las naciones en medio de las cuales han sido dispersos. Pero pronto podrán bendecir a Dios, quien preservó la vida de sus almas y los refinó como oro en el crisol de la prueba. No olvidemos tampoco ese precioso propósito divino. El versículo 18 nos recuerda una verdad muy importante: Dios no puede escuchar nuestras oraciones mientras tengamos sobre la conciencia un pecado que no ha sido juzgado. ¡Apresurémonos a confesárselo a fin de gozar de nuevo de Su comunión! (Isaías 1:15; Salmo 32:5, 6).

Salmo 67
1Al Músico principal: en Neginoth: Salmo: Cántico. DIOS tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros (Selah);2Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las gentes tu salud.3Alábente los pueblos, oh Dios; Alábente los pueblos todos.4Alégrense y gocénse las gentes; Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra. (Selah.)5Alábente los pueblos, oh Dios: Todos los pueblos te alaben.6La tierra dará su fruto: Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.7Bendíganos Dios, Y témanlo todos los fines de la tierra.

Israel pide ser bendecido a fin de que la voluntad de Dios y Su salvación sean conocidos en toda la tierra (v. 1, 2). Habitualmente ¿no estamos demasiado preocupados por nosotros mismos en nuestras oraciones? Roguemos para que la gracia de la que somos objeto y las bendiciones que gozamos puedan ser observadas por los que nos rodean y que por ellas sean atraídos a Jesús.

Los capítulos 9 a 11 de la epístola a los Romanos nos explican cómo Israel fue puesto a un lado para permitir que Dios, a partir de ese momento, extendiese su gracia a las naciones. Nos muestran también cómo el hecho de que “los gentiles” participaran de las promesas hechas a Abraham debía excitar el celo de los judíos (leer Romanos 11:11, 12). Pero, bajo el cetro del Mesías, habrá lugar tanto para unos como para otros (Salmo 22:27). Todas las naciones del mundo serán bendecidas juntamente con el pueblo judío. No será más una cuestión de celo ni de orgullo nacional; Israel tendrá un solo deseo, a saber, que todos los pueblos se regocijen en Dios y le celebren (v. 3, 5). Entonces el Cordero será exaltado en los cielos y en la tierra como él es digno de serlo: “Digno eres… porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9).

Salmo 68:1-14
1Al Músico principal: Salmo de David: Canción. LEVANTESE Dios, sean esparcidos sus enemigos, Y huyan de su presencia los que le aborrecen.2Como es lanzado el humo, los lanzarás: Como se derrite la cera delante del fuego, Así perecerán los impíos delante de Dios.3Mas los justos se alegrarán: gozarse han delante de Dios, Y saltarán de alegría.4Cantad á Dios, cantad salmos á su nombre: Ensalzad al que sube sobre los cielos En JAH su nombre, y alegraos delante de él.5Padre de huérfanos y defensor de viudas, Es Dios en la morada de su santuario:6El Dios que hace habitar en familia los solos; Que saca á los aprisionados con grillos: Mas los rebeldes habitan en sequedad.7Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, Cuando anduviste por el desierto, (Selah,)8La tierra tembló; También destilaron los cielos á la presencia de Dios: Aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel.9Abundante lluvia esparciste, oh Dios, á tu heredad; Y cuando se cansó, tú la recreaste.10Los que son de tu grey han morado en ella: Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre.11El Señor daba palabra: De las evangelizantes había grande ejército.12Huyeron, huyeron reyes de ejércitos; Y las que se quedaban en casa partían los despojos.13Bien que fuiesteis echados entre los tiestos, Seréis como las alas de la paloma cubierta de plata, Y sus plumas con amarillez de oro.14Cuando esparció el Omnipotente los reyes en ella, Emblanquecióse ésta como la nieve en Salmón.

Dios, terrible en sus juicios contra los impíos, se muestra lleno de ternura para con los que le pertenecen, a quienes Él llama “los justos” (v. 3). Él mismo toma los hermosos nombres de “Padre de huérfanos” y “defensor de viudas” (v. 5; Salmo 146:9; Jeremías 49:11). Demuestra así que atiende de un modo especial a los que han perdido su sostén natural. Los aislados son objeto de sus particulares cuidados: “Dios hace habitar en familia a los desamparados” nos dice el versículo 6 (V.M. “los solitarios”). ¡Cuántos han hecho esta preciosa experiencia! Cuando se convirtieron, se les cerraron muchas puertas; ciertos miembros de su familia no quisieron recibirlos más. Por amor al Señor tuvieron que dejar “casa, o hermanos, o hermanas…”. Pero “el Padre de huérfanos” los recogió en su propia familia, en la que hallaron otros hermanos y otras hermanas (leer Marcos 10:29-30).

Hasta el versículo 14 son recordados los cuidados de Dios para con su pueblo desde el camino en el desierto (comparar los v.1 y 7 con Números 10:33-36). Dios no dejó de velar sobre Israel, “su grey” (v. 10). Pero hoy el Señor tiene “otras ovejas que no son de este redil” judío (Juan 10:16). ¿Es el lector una de ellas? ¿Puede hablar del amor de ese buen Pastor?

Salmo 68:15-23
15Monte de Dios es el monte de Basán; Monte alto el de Basán.16¿Por qué os levantáis, oh montes altos? Este monte amó Dios para su asiento; Ciertamente Jehová habitará en él para siempre.17Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor entre ellos, como en Sinaí, así en el santuario.18Subiste á lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios.19Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios El Dios de nuestra salud. (Selah.)20Dios, nuestro Dios ha de salvarnos; Y de Dios Jehová es el librar de la muerte.21Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, La cabelluda mollera del que camina en sus pecados.22El Señor dijo: De Basán haré volver, Te haré volver de los profundos de la mar:23Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus enemigos, Y de ella la lengua de tus perros.

Llegará el momento en que todas las pretensiones de los hombres que detentan el poder (esos montes altos del versículo 16) tendrán que dejar el lugar al solo poder divino. La más grande prueba de éste no fue su victoria sobre los enemigos de Israel, sino la que Cristo logró sobre Satanás (el hombre fuerte que nos mantenía cautivos) y la de su triunfante resurrección (v. 18; Romanos 1:4). Elevado “sobre los cielos”, el Señor es aquí Aquel que recibe los dones. En la mención de Efesios 4:8-10, Él es quien los distribuye.

Su Asamblea dispone hoy, para su edificación, de esos dones derramados sobre ella por medio del Espíritu Santo (Hechos 2:33). De todos modos, podemos decir con el versículo 19: “Bendito el Señor: cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación”. En verdad, nuestro Dios es un Dios de salvación. A Él le pertenece liberar de la muerte (aunque ese versículo 20 se aplica en primer lugar a la resurrección nacional de Israel) y dar a los que estaban sujetos al poder de la muerte una participación celestial y eterna con el Primogénito de entre los muertos, con el Hombre resucitado.

Salmo 68:24-35
24Vieron tus caminos, oh Dios; Los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario.25Los cantores iban delante, los tañedores detrás; En medio, las doncellas, con adufes.26Bendecid á Dios en congregaciones: Al Señor, vosotros de la estirpe de Israel.27Allí estaba el joven Benjamín señoreador de ellos, Los príncipes de Judá en su congregación, Los príncipes de Zabulón, los príncipes de Nephtalí.28Tu Dios ha ordenado tu fuerza; Confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros.29Por razón de tu templo en Jerusalem Los reyes te ofrecerán dones.30Reprime la reunión de gentes armadas, La multitud de toros con los becerros de los pueblos, Hasta que todos se sometan con sus piezas de plata: Disipa los pueblos que se complacen en la guerra.31Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía apresurará sus manos á Dios.32Reinos de la tierra, cantad á Dios, Cantad al Señor (Selah);33Al que cabalga sobre los cielos de los cielos que son de antiguo: He aquí á su voz dará voz de fortaleza.34Atribuid fortaleza á Dios: Sobre Israel es su magnificencia, Y su poder está en los cielos.35Terrible eres, oh Dios, desde tus santuarios: El Dios de Israel, él da fortaleza y vigor á su pueblo. Bendito Dios.

Esta última parte del salmo nos presenta otro lado del establecimiento del Reinado. La marcha de Dios con su pueblo, empezada en el desierto (v. 7), termina ahora en el santuario, figura de un glorioso reposo (v. 24; compárese 2 Samuel 6:17 y 7:6). Las tribus de Israel, finalmente reunidas, comparten ese reposo. El versículo 27 menciona a Judá, ahora reunido con Zabulón y Neftalí, así como “el joven” Benjamín, el pequeño. Otrora, esta última tribu fue casi aniquilada por el juicio (véase Jueces 21); ella es, pues, la figura de todo el pueblo de Israel que acaba de atravesar las tribulaciones. Pero ahora “es señoreador de ellos” porque Dios ha ordenado la fuerza de su pueblo (v. 28). Y el mundo entero se somete: “los reyes” (v. 29), “los príncipes” (v. 31), “los reinos de la tierra” (v. 32), todos son invitados a atribuir a Dios la fuerza y la magnificencia que son visibles en Israel.

“Vieron tus caminos, oh Dios” (v. 24). Pensamos también en aquellos discípulos de Juan el Bautista “mirando a Jesús que andaba por allí” (Juan 1:36) y que le siguieron luego. Al leer la Palabra, consideremos ese andar perfecto del Señor en el desierto de este mundo, mientras aguardamos contemplarle faz a faz en el descanso y la gloria.

Salmo 69:1-19
1Al Músico principal: sobre Sosannim: Salmo de David. SALVAME, oh Dios, Porque las aguas han entrado hasta el alma.2Estoy hundido en cieno profundo, donde no hay pie: He venido á abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.3Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; Han desfallecido mis ojos esperando á mi Dios.4Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; Hanse fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin por qué: He venido pues á pagar lo que no he tomado.5Dios, tú sabes mi locura; Y mis delitos no te son ocultos.6No sean avergonzados por mi causa los que te esperan, oh Señor Jehová de los ejércitos; No sean confusos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel.7Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro.8He sido extrañado de mis hermanos, Y extraño á los hijos de mi madre.9Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.10Y lloré afligiendo con ayuno mi alma; Y esto me ha sido por afrenta.11Puse además saco por mi vestido; Y vine á serles por proverbio.12Hablaban contra mí los que se sentaban á la puerta, Y me zaherían en las canciones de los bebederos de sidra.13Empero yo enderezaba mi oración á ti, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad: Oh Dios, por la multitud de tu misericordia, Por la verdad de tu salud, óyeme.14Sácame del lodo, y no sea yo sumergido: Sea yo libertado de los que me aborrecen, y del profundo de las aguas.15No me anegue el ímpetu de las aguas, Ni me suerba la hondura, Ni el pozo cierre sobre mí su boca.16Oyeme, Jehová, porque apacible es tu misericordia; Mírame conforme á la multitud de tus miseraciones.17Y no escondas tu rostro de tu siervo; Porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme.18Acércate á mi alma, redímela: Líbrame á causa de mis enemigos.19Tú sabes mi afrenta, y mi confusión, y mi oprobio: Delante de ti están todos mis enemigos.

El salmo 68 nos mostró a Cristo elevado al cielo como vencedor, recibiendo dones gloriosos (v. 18). El salmo 69 nos lo presenta ahora humillado, en la vergüenza y el indecible dolor, debiendo pagar lo que no había robado (v. 4). Ya habíamos visto el mismo orden con el salmo 21 precediendo al 22 para que nadie se engañe en cuanto a la persona que consideramos luego en medio de semejantes sufrimientos. Aquí, como el arca que abrió al pueblo un camino a través del río Jordán (el río de la muerte), Cristo avanza tomando sobre sí mismo la carga de las faltas, “la insensatez” de su pueblo (v. 5). Se hunde en el lodo profundo del pecado, en la hondura de las aguas del juicio (v. 2); ve el terrible pozo de la muerte que amenaza tragarle (v. 15); pero, pese a todo esto, no cesa de elevar su oración a su Dios (v.13).

La mención del versículo 9 de este salmo en el capítulo 15:3 de la epístola a los Romanos nos invita a imitar a ese gran Modelo que nunca procuró agradarse a Sí mismo ni sustraerse a los vituperios que concernían a su Padre (Mateo 27:43).

También pide Él en el versículo 6 que su prueba no sea un escollo para los creyentes cuando vean en qué angustia fue sumergido semejante fiel.

Salmo 69:20-36
20La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado: Y esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo: Y consoladores, y ninguno hallé.21Pusiéronme además hiel por comida, Y en mi sed me dieron á beber vinagre.22Sea su mesa delante de ellos por lazo, Y lo que es para bien por tropiezo.23Sean oscurecidos sus ojos para ver, Y haz siempre titubear sus lomos.24Derrama sobre ellos tu ira, Y el furor de tu enojo los alcance.25Sea su palacio asolado: En sus tiendas no haya morador.26Porque persiguieron al que tú heriste; Y cuentan del dolor de los que tú llagaste.27Pon maldad sobre su maldad, Y no entren en tu justicia.28Sean raídos del libro de los vivientes, Y no sean escritos con los justos.29Y yo afligido y dolorido, Tu salud, oh Dios, me defenderá.30Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, Ensalzarélo con alabanza.31Y agradará á Jehová más que sacrificio de buey, O becerro que echa cuernos y uñas.32Veránlo los humildes, y se gozarán; Buscad á Dios, y vivirá vuestro corazón.33Porque Jehová oye á los menesterosos, Y no menosprecia á sus prisioneros.34Alábenlo los cielos y la tierra, Los mares, y todo lo que se mueve en ellos.35Porque Dios guardará á Sión, y reedificará las ciudades de Judá; Y habitarán allí, y la poseerán.36Y la simiente de sus siervos la heredará, Y los que aman su nombre habitarán en ella.

Los salmos 22 y 69, que tratan de los sufrimientos del Señor, presentan entre sí una diferencia esencial: en el salmo 22 se ve a Cristo cumpliendo la expiación de nuestros pecados; es presentado allí como Aquel a quien Dios hirió por nosotros. Aquí, al contrario, vemos cómo Jesús sufre por parte de los hombres. ¡Cuántos medios encontraron éstos para perseguirle! Una palabra se repite cuatro veces en este salmo para dar a comprender la deshonra pública que el Señor soportó: el oprobio (v. 7, 10, 19, 20). El corazón infinitamente sensible del Señor fue quebrantado por ella (v. 20). En su Persona, la gloria de Dios, su amor, su santidad fueron hollados delante de todos por hombres inicuos. El versículo 21: “Me pusieron además hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre” fue literalmente realizado en la cruz (Mateo 27:34, 48).

Otra causa de profundo dolor para el Salvador fue la incomprensión y la indiferencia de sus discípulos: “Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo…”.

Con razón los representantes de la raza humana, culpable de semejante crimen, sufrirán, si no se han arrepentido, la indignación y la ira reclamadas por el remanente de Israel en el versículo 24. Pero es de desear que el Señor pueda encontrar a cada uno de nuestros lectores entre “los que aman su nombre” (v. 36).

Salmo 70
1Al Músico principal: Salmo de David, para conmemorar. OH Dios, acude á librarme; Apresúrate, oh Dios, á socorrerme.2Sean avergonzados y confusos Los que buscan mi vida; Sean vueltos atrás y avergonzados Los que mi mal desean.3Sean vueltos, en pago de su afrenta hecha, Los que dicen: ­Ah! ­ah!4Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; Y digan siempre los que aman tu salud: Engrandecido sea Dios.5Yo estoy afligido y menesteroso; Apresúrate á mí, oh Dios: Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas.

Muy frecuentemente los sufrimientos de los otros nos dejan insensibles (comparar Salmo 69:20). Ello es aun más cierto cuando nosotros mismos somos los que pasamos por las pruebas. Generalmente, en esos momentos, pensamos sólo en nuestra propia carga y hasta hallamos cierto alivio al comprobar que no somos los únicos que sufrimos. No era éste el caso de Jesús. Pese a que él mismo fue “afligido y menesteroso”, su ruego fue que todos los que buscan a Dios se gocen y se alegren en Él… (v. 4). Ya en el salmo 69:6 había intercedido: “No sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel”. Todo su anhelo era que Dios fuese engrandecido y que los suyos se alegrasen en Él (v. 4).

En cambio, la vergüenza y la confusión alcanzarán a los que han buscado su vida; quienes se complacieron con insolencia en su desdicha (v. 2). Pero sabemos que ningún deseo de venganza, como los de los versículos 2 y 3, emanó del corazón lleno de amor del Salvador. Al contrario, en lo más profundo de su dolor, se preocupaba, en su gracia, por los que le atormentaban y pedía a Dios que los perdonara, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Salmo 71:1-16
1EN ti, oh Jehová, he esperado; No sea yo confuso para siempre.2Hazme escapar, y líbrame en tu justicia: Inclina tu oído y sálvame.3Séme por peña de estancia, adonde recurra yo continuamente: Mandado has que yo sea salvo; Porque tú eres mi roca, y mi fortaleza.4Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del perverso y violento.5Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza: Seguridad mía desde mi juventud.6Por ti he sido sustentado desde el vientre: De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacaste: De ti será siempre mi alabanza.7Como prodigio he sido á muchos; Y tú mi refugio fuerte.8Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día.9No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.10Porque mis enemigos han tratado de mí; Y los que acechan mi alma, consultaron juntamente.11Diciendo: Dios lo ha dejado: Perseguid y tomadle, porque no hay quien le libre.12Oh Dios, no te alejes de mí: Dios mío, acude presto á mi socorro.13Sean avergonzados, fallezcan los adversarios de mi alma; Sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que mi mal buscan.14Mas yo siempre esperaré, Y añadiré sobre toda tu alabanza.15Mi boca publicará tu justicia Y tu salud todo el día, Aunque no sé el número de ellas.16Vendré á las valentías del Señor Jehová: Haré memoria de sola tu justicia.

Tú eres “seguridad mía desde mi juventud…” dice el salmista en el versículo 5, y en el 17 agrega todavía: “Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas”. Dichoso el creyente que entra muy joven en la escuela de Dios y aprende a confiar en Él. También dice el salmista: “En ti he sido sustentado” (v. 6). El Señor es su fuerte refugio (v. 7), su roca y su fortaleza (v. 3), expresiones que encontramos frecuentemente en los salmos (por ejemplo: Salmo 31:2, 3). En lo que nos concierne, en general no estamos expuestos a persecuciones en nuestros países. Mas nunca lo repetiremos demasiado: los enemigos que “acechan” nuestras almas no son menos temibles que los mencionados en los versículos 10 y 13. En el capítulo 2:11 de su primera epístola, el apóstol Pedro nos pone en guardia contra “los deseos carnales que batallan contra el alma”. Cuando surgen, apresurémonos a buscar nuestro refugio en Dios, con la seguridad de hallar en él una completa liberación.

Sin embargo, el Señor es aun más que “un refugio fuerte” para el redimido: “De ti será siempre mi alabanza… Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día” (v. 6, 8, 14, 22, 23). Sólo Jesús podía hablar así (compárense los versículos 6, 11 y 12 respectivamente con los versículos 9, 11 y 8 del salmo 22). Pero, amigos creyentes, procuremos realizar esto en alguna medida.

Salmo 71:17-24
17Oh Dios, enseñásteme desde mi mocedad; Y hasta ahora he manifestado tus maravillas.18Y aun hasta la vejez y las canas; oh Dios, no me desampares, Hasta que denuncie tu brazo á la posteridad, Tus valentías á todos los que han de venir.19Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso; Porque has hecho grandes cosas: Oh Dios, ¿quién como tú?20Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, Volverás á darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.21Aumentarás mi grandeza, Y volverás á consolarme.22Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, Oh Dios mío: tu verdad cantaré yo á ti en el arpa, Oh Santo de Israel.23Mis labios cantarán cuando á ti salmeare, Y mi alma, á la cual redimiste.24Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día: Por cuanto fueron avergonzados, porque fueron confusos los que mi mal procuraban.

Este salmo fue probablemente redactado por David cuando huía de su hijo Absalón. Ya anciano (v. 9, 18), el hombre de Dios atraviesa una vez más “muchas angustias y males” (v. 20). Se dirige a Jehová, diciéndole: “Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares…”. El versículo 4 del capítulo 46 de Isaías da la respuesta divina a este ruego: “Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo…”. No, Dios no abandonó a su siervo y no desamparará nunca a aquellos cuyas almas Él redimió (v. 23; leer Salmo 37:25), precisamente porque Él desamparó a su Hijo en la cruz para cumplir ese rescate. Si Él es el Dios de nuestra juventud —y deseamos que sea el caso de todos nuestros jóvenes lectores— Él será el Dios de toda nuestra vida.

Notemos cuántas veces el autor del salmo recuerda y celebra la justicia de Dios (v. 2, 15, 16, 19, 24). Pese a habitar en un mundo en el que reina la injusticia (y que no ha cambiado desde entonces), él valora todo el precio de esa divina justicia. Ésta triunfará en la tierra cuando sea dada al glorioso Rey del que nos hablará el salmo 72.

Salmo 72
1Para Salomón. OH Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey.2El juzgará tu pueblo con justicia, Y tus afligidos con juicio.3Los montes llevarán paz al pueblo, Y los collados justicia.4Juzgará los afligidos del pueblo, Salvará los hijos del menesteroso, Y quebrantará al violento.5Temerte han mientras duren el sol Y la luna, por generación de generaciones.6Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; Como el rocío que destila sobre la tierra.7Florecerá en sus día justicia, Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.8Y dominará de mar á mar, Y desde el río hasta los cabos de la tierra.9Delante de él se postrarán los Etiopes; Y sus enemigos lamerán la tierra.10Los reyes de Tharsis y de las islas traerán presentes: Los reyes de Sheba y de Seba ofrecerán dones.11Y arrodillarse han á él todos los reyes; Le servirán todas las gentes.12Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra.13Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará las almas de los pobres.14De engaño y de violencia redimirá sus almas: Y la sangre de ellos será preciosa en sus ojos.15Y vivirá, y darásele del oro de Seba; Y oraráse por él continuamente; Todo el día se le bendecirá.16Será echado un puño de grano en tierra, en las cumbres de los montes; Su fruto hará ruido como el Líbano, Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.17Será su nombre para siempre, Perpetuaráse su nombre mientras el sol dure: Y benditas serán en él todas las gentes: Llamarlo han bienaventurado.18Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, Que solo hace maravillas.19Y bendito su nombre glorioso para siempre: Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.20Acábanse las oraciones de David, hijo de Isaí.

Este salmo tiene por tema a Salomón (según lo indica el título), figura de Cristo, rey de justicia y de paz. A los tiempos de sufrimientos y de luchas de que hablaban los salmos precedentes les sucede el reino justo y bendito del Mesías, Hijo de David. Junto a él, el menesteroso y el afligido, todos los desdichados de la tierra hallarán compasión y socorro. La violencia y la opresión, la explotación de los más débiles por los más fuertes, todas estas injusticias acabarán al mismo tiempo que la miseria material y la subalimentación que aflige hoy por lo menos a la mitad de la población del globo.

En distintas versiones, los versículos 7 y 16 hablan de “abundancia de paz” y “abundancia de trigo”. ¿No se trata precisamente de los bienes que la humanidad más desea? Y todas estas bendiciones despertarán al fin un eco de gratitud en el corazón de esos hombres hoy tan ingratos respecto a los beneficios de Dios. Como lo expresa el profeta Oseas en el capítulo 2:21-22: “En aquel tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra”. Entonces la gloria de Jehová llenará la tierra (v. 19; Números 14:21). Con esta alabanza y la contemplación del verdadero Salomón se termina el segundo Libro de los salmos.

Salmo 73:1-14
1Salmo de Asaph. CIERTAMENTE bueno es Dios á Israel, A los limpios de corazón.2Mas yo, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos.3Porque tuve envidia de los insensatos, Viendo la prosperidad de los impíos.4Porque no hay ataduras para su muerte; Antes su fortaleza está entera.5No están ellos en el trabajo humano; Ni son azotados con los otros hombres.6Por tanto soberbia los corona: Cúbrense de vestido de violencia.7Sus ojos están salidos de gruesos: Logran con creces los antojos del corazón.8Soltáronse, y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería.9Ponen en el cielo su boca, Y su lengua pasea la tierra.10Por eso su pueblo vuelve aquí, Y aguas de lleno le son exprimidas.11Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en lo alto?12He aquí estos impíos, Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.13Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia;14Pues he sido azotado todo el día, Y empezaba mi castigo por las mañanas.

El tercer Libro de los salmos empieza con una serie de once salmos de Asaf. Era él quien, en tiempos de David, dirigía el canto y lo acompañaba con címbalos (1 Crónicas 16:5). El salmo 73 nos cuenta su penosa experiencia. Al comparar su suerte con la de hombres impíos, Asaf se siente muy desalentado. Le parece que, bajo forma de disciplina, Dios reserva penas y tormentos a los que le temen, mientras los ahorra a los arrogantes y a los impíos cuyo odioso retrato nos presentan los versículos 3 y siguientes. El fiel se amarga y se atormenta (v. 21). No está lejos de acusar a Dios de injusticia e indiferencia. Si las cosas son así —piensa él— ¿de qué sirve limpiar mi corazón?

De un modo general, a cada uno de nosotros nos ha ocurrido envidiar a los que pueden gozar, sin contrariedad, de todo lo que ofrece la existencia, sin dejarse detener por el temor de Dios. Todos los jóvenes creyentes que estudian, conocen compañeros que tienen a la vez mucho dinero y principios relajados. Dios quiera que no olviden sus propias riquezas (las que no se miden con la escala de los valores humanos) y que recuerden que la esperanza que les pertenece hace de ellos, no los más miserables (1 Corintios 15:19) sino los más felices de todos los hombres.

Salmo 73:15-28
15Si dijera yo, Discurriré de esa suerte; He aquí habría negado la nación de tus hijos:16Pensaré pues para saber esto: Es á mis ojos duro trabajo,17Hasta que venido al santuario de Dios, Entenderé la postrimería de ellos.18Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer.19Cómo han sido asolados! ­cuán en un punto! Acabáronse, fenecieron con turbaciones.20Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás sus apariencias.21Desazonóse á la verdad mi corazón, Y en mis riñones sentía punzadas.22Mas yo era ignorante, y no entendía: Era como una bestia acerca de ti.23Con todo, yo siempre estuve contigo: Trabaste de mi mano derecha.24Hasme guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria.25¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.26Mi carne y mi corazón desfallecen: Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.27Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán: Tú cortarás á todo aquel que fornicando, de ti se aparta.28Y en cuanto á mí, el acercarme á Dios es el bien: He puesto en el Señor Jehová mi esperanza, Para contar todas tus obras.

El salmista prosigue su penosa meditación (v. 16). Y de repente ¡se hace la luz! Introduciéndolo en el santuario de Su comunión, Dios le da a entender dónde termina el camino de los malos (compárese Salmo 37:38). La pendiente que siguen es resbaladiza y los conduce a una ruina certera; su paso por aquí abajo habrá sido un vano sueño (v. 18, 20). El pasaje de Proverbios (cap. 23:17-18), que también exhorta a no envidiar a los malos, nos enseña que, para aquel que teme a Jehová, “ciertamente hay fin”… pero, ¡cuán diferente! (Romanos 6:22).

¡Sí, efectivamente! ¿Cómo pudo haberlo olvidado el creyente? Se acusa de haber sido torpe y sin entendimiento. ¡Qué contraste entre el destino de aquellos impíos y lo que él posee, aunque pase por las pruebas! ¿No tiene el honor de la compañía del Señor?: “Yo siempre estuve contigo” (v. 23). Le conoce según las preciosas expresiones del versículo 26. Y su porción (Cristo mismo; v. 25) la tiene en el cielo. Se cita la siguiente reflexión hecha por gente del mundo a cristianos que se ocupaban de la política: «Ustedes tienen el cielo, déjennos la tierra». ¡Irónica llamada al orden, pero muy digna de ser tenida en cuenta!

Ojalá nuestra vida pueda resumirse con estas palabras que sólo en Jesús tuvieron su valor: “Fuera de ti nada deseo en la tierra” (v. 25).

Salmo 74
1Masquil de Asaph. ¿POR qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué ha humeado tu furor contra las ovejas de tu dehesa?2Acuérdate de tu congregación, que adquiriste de antiguo, Cuando redimiste la vara de tu heredad; Este monte de Sión, donde has habitado.3Levanta tus pies á los asolamientos eternos: A todo enemigo que ha hecho mal en el santuario.4Tus enemigos han bramado en medio de tus sinagogas: Han puesto sus divisas por señas.5Cualquiera se hacía famoso según que había levantado El hacha sobre los gruesos maderos.6Y ahora con hachas y martillos Han quebrado todas sus entalladuras.7Han puesto á fuego tus santuarios, Han profanado el tabernáculo de tu nombre echándolo á tierra.8Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; Han quemado todas las sinagogas de Dios en el tierra.9No vemos ya nuestras señales: No hay más profeta; Ni con nosotros hay quien sepa hasta cuándo.10¿Hasta cuándo, oh Dios, el angustiador nos afrentará? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?11¿Por qué retraes tu mano, y tu diestra? ¿Por qué la escondes dentro de tu seno?12Empero Dios es mi rey ya de antiguo; El que obra saludes en medio de la tierra.13Tú hendiste la mar con tu fortaleza: Quebrantaste cabezas de ballenas en las aguas.14Tú magullaste las cabezas del leviathán; Dístelo por comida al pueblo de los desiertos.15Tú abriste fuente y río; Tú secaste ríos impetuosos.16Tuyo es el día, tuya también es la noche: Tú aparejaste la luna y el sol.17Tú estableciste todos los términos de la tierra: El verano y el invierno tú los formaste.18Acuerdáte de esto: que el enemigo ha dicho afrentas á Jehová, Y que el pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.19No entregues á las bestias el alma de tu tórtola: Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.20Mira al pacto: Porque las tenebrosidades de la tierra llenas están de habitaciones de violencia.21No vuelva avergonzado el abatido: El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre.22Levántate, oh Dios, aboga tu causa: Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día.23No olvides las voces de tus enemigos: El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.

El “por qué” con que empieza este salmo se parece a la gran pregunta con la que se abre el salmo 22. Pero el hecho de que Israel fuera rechazado —por un tiempo— tiene un motivo que este pueblo terminará por comprender: sus propios pecados (Zacarías 12:10); el desamparo de Cristo, en cambio, fue causado por nuestras transgresiones.

En este tercer Libro de los salmos no se trata sólo del remanente de Judá sino también de los fieles de las doce tribus. También contra éstos se encenderá su furor, el que, no obstante, no será “para siempre” (v. 1; Salmo 30:5). Estos afligidos creyentes consideran las ruinas del santuario, la cesación del culto público… y miden el poder de los adversarios. No reciben ninguna señal por parte de Dios para alentarlos; comprenden que, al contrario, él permitió semejante desolación. Sin embargo, confían en Él, quien es su “Dios… desde tiempos antiguos”, y recuerdan todo lo que Él hizo en otros tiempos para liberar a su pueblo. “Acuérdate…” repiten los versículos 2, 18 y 22. Saben que ellos son sus redimidos y, por consiguiente, el enemigo que atacó a Israel y a su culto en realidad afrentó e injurió a Dios mismo (v. 10, 18). Este asunto Le concierne y no dejará de defender Su propia causa (v. 22).

Salmo 75
1Al Músico principal: sobre No destruyas: Salmo de Asaph: Cántico. ALABARÉMOSTE, oh Dios, alabaremos; Que cercano está tu nombre: Cuenten tus maravillas.2Cuando yo tuviere tiempo, Yo juzgaré rectamente.3Arruinábase la tierra y sus moradores: Yo sostengo sus columnas. (Selah.)4Dije á los insensatos: No os infatuéis; Y á los impíos: No levantéis el cuerno:5No levantéis en alto vuestro cuerno; No habléis con cerviz erguida.6Porque ni de oriente, ni de occidente, Ni del desierto viene el ensalzamiento.7Mas Dios es el juez: A éste abate, y á aquel ensalza.8Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino es tinto, Lleno de mistura; y él derrama del mismo: Ciertamente sus heces chuparán y beberán todos los impíos de la tierra.9Mas yo anunciaré siempre, Cantaré alabanzas al Dios de Jacob.10Y quebraré todos los cuernos de los pecadores: Los cuernos del justo serán ensalzados.

Este cántico de Asaf viene a continuación de su experiencia del salmo 73. No sólo dejó de envidiar a los arrogantes y los impíos sino que, al conocer el terrible fin que les aguarda (Salmo 73:17), les advierte de parte de Dios (v. 4 y siguientes). Este servicio nos incumbe también: recordar a los pecadores la soberanía y la justicia de Dios, sin olvidar su amor.

Proféticamente es Cristo quien habla del momento en que recibirá a la asamblea de Israel (v. 2; Salmo 73:24). Entonces cada uno ocupará el lugar que el Señor le asigne. Muchos que fueron los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros (Marcos 10:31; 1 Samuel 2:7). En este mundo cada uno busca elevarse al tiempo que rebaja a los demás. Nosotros, los creyentes, no olvidemos que el Señor mismo fijó el lugar de nuestro testimonio… como también preparó el que ocuparemos en la casa del Padre.

“Cercano está tu nombre”, declara el fiel en el versículo 1. Y para nosotros es precisamente ese nombre de Padre el que nos garantiza por el momento los más tiernos cuidados, así como una entrada libre y constante cerca de Él (Efesios 2:18).

En otras versiones, los versículos 4, 5 y 10 mencionan la palabra “cuerno”, a menudo empleada en los salmos y por los profetas; es el símbolo del poder y de la dignidad, lo que ha sido traducido por poder y poderío en este salmo.

Salmo 76
1Al Músico principal: sobre Neginoth: Salmo de Asaph: Canción. DIOS es conocido en Judá: En Israel es grande su nombre.2Y en Salem está su tabernáculo, Y su habitación en Sión.3Allí quebró las saetas del arco, El escudo, y la espada, y tren de guerra. (Selah.)4Ilustre eres tú; fuerte, más que los montes de caza.5Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; Y nada hallaron en sus manos todos los varones fuertes.6A tu reprensión, oh Dios de Jacob, El carro y el caballo fueron entorpecidos.7Tú, terrible eres tú: ¿Y quién parará delante de ti, en comenzando tu ira?8Desde los cielos hiciste oir juicio; La tierra tuvo temor y quedó suspensa,9Cuando te levantaste, oh Dios, al juicio, Para salvar á todos los mansos de la tierra. (Selah.)10Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza: Tú reprimirás el resto de las iras.11Prometed, y pagad á Jehová vuestro Dios: Todos los que están alrededor de él, traigan presentes al Terrible.12Cortará él el espíritu de los príncipes: Terrible es á los reyes de la tierra.

Llegará el momento en que Dios establezca su morada en medio de su pueblo Israel a fin de darse a conocer a él y por medio de él (v. 1, 2). Pero, en el tiempo actual, Dios no se ha quedado sin testimonio. Por medio de la Asamblea, “morada de Dios en el Espíritu”, su “multiforme sabiduría es ahora dada a conocer” (Efesios 2:22; 3:10). Y ¿qué espera Él de nuestra parte, sino que Jesús sea hecho verdaderamente visible en derredor nuestro por medio de nosotros?

El residuo de Israel considera y exalta el poder que le habrá liberado. Dios es “glorioso”, “poderoso”… “temible” también a causa del juicio que ejecutará y mediante el cual salvará “a todos los mansos de la tierra”. Éstos habrán manifestado los caracteres de su gran Modelo, “manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29) en contraste con “los fuertes de corazón” (v. 5), es decir, los orgullosos por parte de quienes esos mansos habían sufrido a causa de su fe.

El creyente fiel no ha cesado de ser pisoteado en un mundo egoísta y duro; pero no será siempre así. El versículo 10 nos da a entender de qué manera intervendrá Dios. Se servirá de la ira de los hombres que se destruirán mutuamente.

Salmo 77
1Al Músico principal: para Jeduthún: Salmo de Asaph. CON mi voz clamé á Dios, A Dios clamé, y él me escuchará.2Al Señor busqué en el día de mi angustia: Mi mal corría de noche y no cesaba: Mi alma rehusaba consuelo.3Acordábame de Dios, y gritaba: Quejábame, y desmayaba mi espíritu. (Selah.)4Tenías los párpados de mis ojos: Estaba yo quebrantado, y no hablaba.5Consideraba los días desde el principio, Los años de los siglos.6Acordábame de mis canciones de noche; Meditaba con mi corazón, Y mi espíritu inquiría.7¿Desechará el Señor para siempre, Y no volverá más á amar?8¿Hase acabado para siempre su misericordia? ¿Hase acabado la palabra suya para generación y generación?9¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? (Selah.)10Y dije: Enfermedad mía es esta; Traeré pues á la memoria los años de la diestra del Altísimo.11Acordaréme de las obras de JAH: Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.12Y meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos.13Oh Dios, en santidad es tu camino: ¿Qué Dios grande como el Dios nuestro?14Tú eres el Dios que hace maravillas: Tú hiciste notoria en los pueblos tu fortaleza.15Con tu brazo redimiste á tu pueblo, A los hijos de Jacob y de José. (Selah.)16Viéronte las aguas, oh Dios; Viéronte las aguas, temieron; Y temblaron los abismos.17Las nubes echaron inundaciones de aguas; Tronaron los cielos, Y discurrieron tus rayos.18Anduvo en derredor el sonido de tus truenos; Los relámpagos alumbraron el mundo; Estremecióse y tembló la tierra.19En la mar fué tu camino, Y tus sendas en las muchas aguas; Y tus pisadas no fueron conocidas.20Condujiste á tu pueblo como ovejas, Por mano de Moisés y de Aarón.

Como el salmo 73, éste se divide en dos partes: la primera nos expone la amargura de espíritu del salmista Asaf; la segunda nos le muestra entendiendo el camino de Dios que está “en el santuario” (v. 13; comparar Salmo 73:17). Esta vez no es la prosperidad de los impíos la que lo atormenta, sino la añoranza de las bendiciones del pasado: “Consideraba los días desde el principio… ¿Ha cesado para siempre su misericordia?” (v. 5, 8).

Por desdicha, a menudo una prueba da pie para semejantes murmuraciones y para una vana evocación del pasado. Se juzga el amor del Señor en función de las circunstancias que Él permite para nosotros. Si deja de sernos propicio (v. 7), nos ponemos a dudar de Él. Sin embargo, tal razonamiento no cambia en nada la fidelidad de ese amor, aunque nos impide saborearlo con la consolación que Él nos había preparado: “Mi alma rehusaba consuelo” (v.2).

“Enfermedad mía es ésta” (v. 10), dice aun Asaf, quien se mira a sí mismo y se compara con otros. Pero Dios le muestra la inutilidad de sus lamentaciones. Entonces sus pensamientos toman otra dirección. No es que haya dejado de mirar el camino recorrido. Pero ahora son las maravillas de Dios las que él considera y de las que se acuerda para celebrarle.

Salmo 78:1-16
1Masquil de Asaph. ESCUCHA, pueblo mío, mi ley: Inclinad vuestro oído á las palabras de mi boca.2Abriré mi boca en parábola; Hablaré cosas reservadas de antiguo:3Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron.4No las encubriremos á sus hijos, Contando á la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su fortaleza, y sus maravillas que hizo.5El estableció testimonio en Jacob, Y pusó ley en Israel; La cual mandó á nuestros padres Que la notificasen á sus hijos;6Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán, lo cuenten á sus hijos;7A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios, Y guarden sus mandamientos:8Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no apercibió su corazón, Ni fué fiel para con Dios su espíritu.9Los hijos de Ephraim armados, flecheros, Volvieron las espaldas el día de la batalla.10No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley:11Antes se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado.12Delante de sus padres hizo maravillas En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.13Rompió la mar, é hízolos pasar; E hizo estar las aguas como en un montón.14Y llevólos de día con nube, Y toda la noche con resplandor de fuego.15Hendió las peñas en el desierto: Y dióles á beber como de grandes abismos;16Pues sacó de la peña corrientes, E hizo descender aguas como ríos.

El largo salmo 78 recuerda esas maravillas (v. 4, 12) ejecutadas a favor de los suyos por “el Dios que hace maravillas” (Salmo 77:14). El pueblo es invitado a prestar oídos a ese relato que le es dado para instruirlo (la palabra “Masquil” que está en el título significa: para instruir). En cuanto a nosotros, los creyentes, sabemos que esta historia de Israel también fue escrita “para amonestarnos a nosotros” (1 Corintios 10:11); es una clase de vasta parábola (relatando hechos acontecidos realmente) según el versículo 2 de este salmo, al que el evangelista Mateo coloca en la boca del Señor (cap. 13:35).

Finalmente, los versículos 4 y 6 nos muestran que el recuerdo de esas maravillas del pasado, enumeradas en los versículos 12 a 16, se dirigen muy particularmente a la nueva generación con un triple propósito bien definido por el versículo 7: llevar a esos “hijos” a que pongan en Dios su confianza, para que no se olviden de Sus obras y para que guarden Sus mandamientos. ¿No es lo que Él esperaba también de nosotros? Pidámosle al Señor que nos guarde de ser, como Israel en el desierto, “una generación contumaz y rebelde…” y cuyo espíritu no fue fiel para con Dios (v. 8; Ezequiel 20:18). Sepamos dejarnos enseñar por las experiencias del pasado: estas cosas que “hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron” (v. 3).

Salmo 78:17-39
17Empero aun tornaron á pecar contra él, Enojando en la soledad al Altísimo.18Pues tentaron á Dios en su corazón, Pidiendo comida á su gusto.19Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?20He aquí ha herido la peña, y corrieron aguas, Y arroyos salieron ondeando: ¿Podrá también dar pan? ¿Aparejará carne á su pueblo?21Por tanto oyó Jehová, é indignóse: Y encendióse el fuego contra Jacob, Y el furor subió también contra Israel;22Por cuanto no habían creído á Dios, Ni habían confiado en su salud:23A pesar de que mandó á las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos,24E hizo llover sobre ellos maná para comer, Y dióles trigo de los cielos.25Pan de nobles comió el hombre: Envióles comida á hartura.26Movió el solano en el cielo, Y trajo con su fortaleza el austro.27E hizo llover sobre ellos carne como polvo, Y aves de alas como arena de la mar.28E hízolas caer en medio de su campo, Alrededor de sus tiendas.29Y comieron, y hartáronse mucho: Cumplióles pues su deseo.30No habían quitado de sí su deseo, Aun estaba su vianda en su boca,31Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, Y mató los más robustos de ellos, Y derribo los escogidos de Israel.32Con todo esto pecaron aún, Y no dieron crédito á sus maravillas.33Consumió por tanto en nada sus días, Y sus años en la tribulación.34Si los mataba, entonces buscaban á Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya.35Y acordábanse que Dios era su refugio. Y el Dios Alto su redentor.36Mas le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían:37Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto.38Empero él misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía: Y abundó para apartar su ira, Y no despertó todo su enojo.39Y acordóse que eran carne; Soplo que va y no vuelve.

¿Cómo respondió el pueblo de Israel a las maravillosas obras de Dios? (v. 11). Mediante el olvido y “las obras de la carne”, de las que la epístola a los Gálatas nos hace una triste enumeración en el capítulo 5:19-21. Este capítulo 5 nos recuerda que los creyentes fueron liberados de la servidumbre como Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto. Pero la libertad en la que ahora estamos colocados no debe ser una ocasión para que la carne obre a su antojo. Por eso, el apóstol agrega: “Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:1, 13, 16, 25).

Los versículos 17 y siguientes de este salmo nos muestran cómo estos deseos se han despertado en el corazón del pueblo. El maná (figura del Señor y de su Palabra) dejó de bastarle (v. 23, 24; ver Números 11:4…). Al mismo tiempo se manifestó la incredulidad (v. 22). Pese a haber sido testigo del poder de Dios, Israel no temió tentarle al decir: “Dios… ¿podrá poner mesa en el desierto?” (v. 19; compárese 2Reyes 7:2). A nosotros también, queridos amigos, el Señor nos ha abierto ampliamente “las puertas de los cielos” para bendecirnos (v.23). Respondámosle siempre con más confianza y gratitud.

Salmo 78:40-72
40Cuántas veces lo ensañaron en el desierto, Lo enojaron en la soledad!41Y volvían, y tentaban á Dios, Y ponían límite al Santo de Israel.42No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de angustia;43Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán;44Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, porque no bebiesen.45Envió entre ellos una mistura de moscas que los comían, Y ranas que los destruyeron.46Dió también al pulgón sus frutos, Y sus trabajos á la langosta.47Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con piedra;48Y entregó al pedrisco sus bestias, Y al fuego sus ganados.49Envió sobre ellos el furor de su saña, Ira y enojo y angustia, Con misión de malos ángeles.50Dispuso el camino á su furor; No eximió la vida de ellos de la muerte, Sino que entregó su vida á la mortandad.51E hirió á todo primogénito en Egipto, Las primicias de las fuerzas en las tiendas de Châm.52Empero hizo salir á su pueblo como ovejas, Y llevólos por el desierto, como un rebaño.53Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; Y la mar cubrió á sus enemigos.54Metiólos después en los términos de su santuario, En este monte que ganó su mano derecha.55Y echó las gentes de delante de ellos, Y repartióles una herencia con cuerdas; E hizo habitar en sus moradas á las tribus de Israel.56Mas tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios;57Sino que se volvieron, y se rebelaron como sus padres: Volviéronse como arco engañoso.58Y enojáronlo con sus altos, Y provocáronlo á celo con sus esculturas.59Oyólo Dios, y enojóse, Y en gran manera aborreció á Israel.60Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitó entre los hombres;61Y dió en cautividad su fortaleza, Y su gloria en mano del enemigo.62Entregó también su pueblo á cuchillo, Y airóse contra su heredad.63El fuego devoró sus mancebos, Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales.64Sus sacerdotes cayeron á cuchillo, Y sus viudas no lamentaron.65Entonces despertó el Señor á la manera del que ha dormido, Como un valiente que grita excitado del vino:66E hirió á sus enemigos en las partes posteriores: Dióles perpetua afrenta.67Y desechó el tabernáculo de José, Y no escogió la tribu de Ephraim.68Sino que escogió la tribu de Judá, El monte de Sión, al cual amó.69Y edificó su santuario á manera de eminencia, Como la tierra que cimentó para siempre.70Y eligió á David su siervo, Y tomólo de las majadas de las ovejas:71De tras las paridas lo trajo, Para que apacentase á Jacob su pueblo, y á Israel su heredad.72Y apacentólos con entereza de su corazón; Y pastoreólos con la pericia de sus manos.

La falta de memoria del pueblo y su ingratitud llevan a Dios a repetir desde un principio el relato de lo que hizo por Israel. Son recordadas las plagas de Egipto hasta el versículo 51, luego la salida de aquel país (v. 52), el viaje (v. 53) y la entrada del pueblo en Canaán (v. 54). El versículo 55 resume el libro de Josué, mientras que los versículos siguientes nos remontan al tiempo de los Jueces y del primer libro de Samuel. Los versículos 60 y 61 aluden a la conquista del arca por los filisteos (1Samuel 4). Entonces vemos cómo el Señor interviene de nuevo de una triple manera: hiere a sus enemigos (v. 66); pone a un lado las diez tribus infieles, personificadas por José y Efraín (v. 67; históricamente se trata de la realeza de Saúl y de los que le siguieron: 2 Samuel 2:8-11); y finalmente Éxodo 15:17 se cumple (v. 69) y Judá es enaltecida porque es la tribu real de David.

Con esto, la libre elección de Dios y su gracia son exaltadas (compárese Juan 15:16 y Romanos 9:15), porque en ninguna parte se menciona que esta tribu sea menos culpable que las demás. Pero está unida indisolublemente al Ungido de Dios y es también por esta razón que Dios nos escoge y nos ama (v. 68: pertenecemos a Cristo, su Amado; compárese Juan 17:6, 9, 10).

Salmo 79
1Salmo de Asaph. OH Dios, vinieron las gentes á tu heredad; El templo de tu santidad han contaminado; Pusieron á Jerusalem en montones.2Dieron los cuerpos de tus siervos por comida á las aves de los cielos; La carne de tus santos á las bestias de la tierra.3Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalem; Y no hubo quien los enterrase.4Somos afrentados de nuestros vecinos, Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alrededores.5¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿has de estar airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?6Derrama tu ira sobre las gentes que no te conocen, Y sobre los reinos que no invocan tu nombre.7Porque han consumido á Jacob, Y su morada han asolado.8No recuerdes contra nosotros las iniquidades antiguas: Anticípennos presto tus misericordias, Porque estamos muy abatidos.9Ayúdanos, oh Dios, salud nuestra, por la gloria de tu nombre: Y líbranos, y aplácate sobre nuestros pecados por amor de tu nombre.10Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios? Sea notoria en las gentes, delante de nuestros ojos, La venganza de la sangre de tus siervos, que fué derramada.11Entre ante tu acatamiento el gemido de los presos: Conforme á la grandeza de tu brazo preserva á los sentenciados á muerte.12Y torna á nuestros vecinos en su seno siete tantos De su infamia, con que te han deshonrado, oh Jehová.13Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu dehesa, Te alabaremos para siempre: Por generación y generación cantaremos tus alabanzas.

Este salmo traduce los sentimientos y las oraciones del residuo de Israel cuando las naciones hayan invadido a Palestina y profanado el templo. Los fieles se lamentan: son objeto de burla y escarnio por parte de sus vecinos (v. 4; comparar Salmo 80:6; 44:13). En nuestros países, en los que la opresión de otrora hizo lugar a la tolerancia religiosa, la burla queda como una de las armas modernas de la persecución. El creyente fiel será tildado de fanático, de orgulloso o de iluminado. No escaparemos de ella si queremos permanecer separados del mundo. Sin embargo, además de los enemigos de fuera, el creyente que no está liberado de sí mismo puede tener que habérselas con acusadores internos. Éstos son los antiguos pecados que vuelven a la memoria, pues la prueba es frecuentemente la ocasión para un penoso examen de conciencia. Entonces el alma que siente su miseria (final del v. 8) implora las compasiones de lo alto: “Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre… y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre” (v.9).

Nuestra posición cristiana de redimidos es muy distinta, pero, como Él es fiel y justo para con su Hijo Jesucristo, también por causa de su nombre Dios perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad (1 Juan 1:9).

Salmo 80
1Al Músico principal: sobre Sosannim Eduth: Salmo de Asaph. OH Pastor de Israel, escucha: Tú que pastoreas como á ovejas á José, Que estás entre querubines, resplandece.2Despierta tu valentía delante de Ephraim, y de Benjamín, y de Manasés, Y ven á salvarnos.3Oh Dios, haznos tornar; Y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.4Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo humearás tú contra la oración de tu pueblo?5Dísteles á comer pan de lágrimas, Y dísteles á beber lágrimas en gran abundancia.6Pusístenos por contienda á nuestros vecinos: Y nuestros enemigos se burlan entre sí.7Oh Dios de los ejércitos, haznos tornar; Y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.8Hiciste venir una vid de Egipto: Echaste las gentes, y plantástela.9Limpiaste sitio delante de ella, E hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra.10Los montes fueron cubiertos de su sombra; Y sus sarmientos como cedros de Dios.11Extendió sus vástagos hasta la mar, Y hasta el río sus mugrones.12¿Por qué aportillaste sus vallados, Y la vendimian todos los que pasan por el camino?13Estropeóla el puerco montés, Y pacióla la bestia del campo.14Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora: Mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,15Y la planta que plantó tu diestra, Y el renuevo que para ti corroboraste.16Quemada á fuego está, asolada: Perezcan por la reprensión de tu rostro.17Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, Sobre el hijo del hombre que para ti corroboraste.18Así no nos volveremos de ti: Vida nos darás, é invocaremos tu nombre.19Oh Jehová, Dios de los ejércitos, haznos tornar; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

Al final del salmo 79, Israel le recuerda a Dios que era pueblo suyo y ovejas de su prado. El salmo 80 empieza invocando al Pastor de Israel. Como ovejas dispersas, incapaces de hallar el camino de vuelta, los fieles exclaman: “Oh Dios, restáuranos” (v. 3, 7, 19). Este trabajo de restauración, después de un tiempo de extravío, forma parte de los cuidados de nuestro buen Pastor (Salmo 23:1, 3).

“Oh, Pastor de Israel… resplandece” (v. 1) ruega el remanente en su angustia. Efraín, Benjamín y Manasés eran las tribus que bajo sus respectivas banderas seguían de inmediato al arca, figura de Cristo (Números 10:22-24).

A partir del versículo 12, los fieles se extrañan y preguntan: ¿Por qué Dios dejó librada al pillaje y al fuego a esa vid, Israel, a la que había traído de Egipto y plantado con tantos cuidados? El Señor da la respuesta por medio de Isaías bajo la forma de otra pregunta: “¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” (cap. 5:4).

En contraste con esa vid —Israel— improductiva pese a todo el trabajo del divino Labrador, el capítulo 15 de Juan señala a la “vid verdadera”: Cristo. Éste está introducido en el versículo 17 de nuestro salmo como “el varón de la diestra” de Dios y “el hijo de hombre”, ese nombre que tan frecuentemente Él se da en los evangelios.

Salmo 81
1Al Músico principal: sobre Gittith: Salmo de Asaph. CANTAD á Dios, fortaleza nuestra: Al Dios de Jacob celebrad con júbilo.2Tomad la canción, y tañed el adufe, El arpa deliciosa con el salterio.3Tocad la trompeta en la nueva luna, En el día señalado, en el día de nuestra solemnidad.4Porque estatuto es de Israel, Ordenanza del Dios de Jacob.5Por testimonio en José lo ha constituído, Cuando salió por la tierra de Egipto; Donde oí lenguaje que no entendía.6Aparté su hombro de debajo de la carga; Sus manos se quitaron de vasijas de barro.7En la calamidad clamaste, y yo te libré: Te respondí en el secreto del trueno; Te probé sobre las aguas de Meriba. (Selah.)8Oye, pueblo mío y te protestaré. Israel, si me oyeres,9No habrá en ti dios ajeno, Ni te encorvarás á dios extraño.10Yo soy Jehová tu Dios, Que te hice subir de la tierra de Egipto: Ensancha tu boca, y henchirla he.11Mas mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso á mí.12Dejélos por tanto á la dureza de su corazón: Caminaron en sus consejos.13Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera Israel andado!14En una nada habría yo derribado sus enemigos, Y vuelto mi mano sobre sus adversarios.15Los aborrecedores de Jehová se le hubieran sometido; Y el tiempo de ellos fuera para siempre.16Y Dios lo hubiera mantenido de grosura de trigo: Y de miel de la piedra te hubiera saciado.

Israel está invitado a cantar, como lo había hecho otrora a orillas del mar Rojo, al sonido del pandero (v. 2; Éxodo 15:20). Pero, después de la liberación de Egipto evocada en el versículo 6, Jehová aún tenía muchas grandes cosas que ejecutar a favor de su pueblo… si éste hubiera querido escucharle. Estaba particularmente preparado a sustentarlo con “lo mejor del trigo” (la flor de harina nos habla siempre de Cristo) así como con “la miel de la peña”, figura de la dulzura de la gracia divina. Pero Dios está obligado a comprobar tristemente: “Israel no me quiso a mí” (v. 11). ¡Cuán conmovedora es Su exclamación: “Israel ¡si me oyeres!” (v. 8) y más lejos: “Oh, si me hubiera oído mi pueblo”! (v. 13; comparar Deuteronomio 5:29).

Queridos amigos creyentes: Dios también apartó de nuestro hombro la más pesada de las cargas: la del pecado. Pero, ¿sabe usted que Él tiene aún muchas más bendiciones para nosotros… con la condición de que tengamos el deseo de recibirlas y que escuchemos su Palabra? Él nos ha preparado victorias (v. 14); y quiere sustentarnos con Cristo y su amor. Abrámosle nuestros corazones; él los llenará y nuestras bocas proclamarán su alabanza (comparar v.10).

Salmo 82
1Salmo de Asaph. DIOS está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga.2¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, Y aceptaréis las personas de los impíos? (Selah.)3Defended al pobre y al huérfano: Haced justicia al afligido y al menesteroso.4Librad al afligido y al necesitado: Libradlo de mano de los impíos.5No saben, no entienden, Andan en tinieblas: Vacilan todos los cimientos de la tierra.6Yo dije: Vosotros sois dioses. E hijos todos vosotros del Altísimo.7Empero como hombres moriréis. Y caeréis como cualquiera de los tiranos.8Levántate, oh Dios, juzga la tierra: Porque tú heredarás en todas las gentes.

El soberano Juez ha colocado al hombre en la tierra con el encargo de ejercer la justicia en ella (leer Deuteronomio 1:17). ¡Ay! Basta abrir los ojos para ver de qué manera este último asume esa responsabilidad. Sin duda, nosotros, los creyentes, sufrimos a causa de la injusticia que reina a nuestro alrededor, especialmente cuando somos sus víctimas y ella exige de nuestra parte mucha paciencia (Santiago 5:10-11). ¡Comprendamos entonces cuáles pueden ser los sentimientos del Dios justo por excelencia y cuán grande es Su paciencia para con este mundo! Ésta brilló particularmente cuando su santo Hijo fue el objeto de la suprema injusticia por parte de los hombres.

Y hoy día, ¿quién manifestará la justicia de Dios en el mundo, a no ser Sus propios hijos? (Pero no olvidemos que la injusticia puede tomar la forma de un juicio desfavorable o malevolente que emitimos acerca de alguien). Todos los días, detrás de rostros que tal vez nos dejan indiferentes, encontramos al débil, al huérfano, al afligido o al menesteroso (v. 3). Preguntémonos si no es nuestro servicio buscarlos y traerles, con compasión, y además con la ayuda material que esté a nuestro alcance, el testimonio del amor del Señor Jesús.

Salmo 83
1Canción: Salmo de Asaph. OH Dios no tengas silencio: No calles, oh Dios, ni te estés quieto.2Porque he aquí que braman tus enemigos; Y tus aborrecedores han alzado cabeza.3Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, Y han entrado en consejo contra tus escondidos.4Han dicho: Venid, y cortémoslos de ser pueblo, Y no haya más memoria del nombre de Israel.5Por esto han conspirado de corazón á una, Contra ti han hecho liga;6Los pabellones de los Idumeos y de los Ismaelitas, Moab y los Agarenos;7Gebal, y Ammón, y Amalec; Los Filisteos con los habitadores de Tiro.8También el Assur se ha juntado con ellos: Son por brazo á los hijos de Lot. (Selah.)9Hazles como á Madián; Como á Sísara, como á Jabín en el arroyo de Cisón;10Que perecieron en Endor, Fueron hechos muladar de la tierra.11Pon á ellos y á sus capitanes como á Oreb y como á Zeeb; Y como á Zeba y como á Zalmunna, á todos sus príncipes;12Que han dicho: Heredemos para nosotros Las moradas de Dios.13Dios mío, ponlos como á torbellinos; Como á hojarascas delante del viento.14Como fuego que quema el monte, Como llama que abrasa las breñas.15Persíguelos así con tu tempestad, Y asómbralos con tu torbellino.16Llena sus rostros de vergüenza; Y busquen tu nombre, oh Jehová.17Sean afrentados y turbados para siempre; Y sean deshonrados, y perezcan.18Y conozcan que tu nombre es JEHOVA; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra.

En el tiempo de la gran tribulación, las naciones coaligadas que se enumeran en los versículos 6 a 8 consultarán juntas para borrar de la tierra el nombre de Israel (Isaías 10:24). Entre esos enemigos, el asirio, el rey del norte, ocupará un lugar preponderante. Ante esa amenaza de exterminio, la más terrible que jamás haya conocido ese desdichado pueblo, los fieles del remanente se volverán hacia Dios. Sus enemigos también son los de Dios (v. 2); esa alianza ha sido concertada contra él (v. 5). Por otra parte, los creyentes tienen conciencia de pertenecerle. Ellos son sus “protegidos” (v. 3), como los siete mil hombres “cuyas rodillas no se doblaron ante Baal” (1 Reyes 19:18), pese a la persecución en el tiempo del rey Acab. Sí, Dios no puede dejar de intervenir, ya que todos esos pueblos, en su ciega locura, estarán haciéndole la guerra (v. 5; compárese con el Salmo 2:2 y Apocalipsis 19:19). Los fieles se refieren a las liberaciones del pasado y a las grandes fechas de la historia de Israel (v. 9: véase Jueces 4; v. 11: véase Jueces 7 y 8).

Nosotros, los creyentes, quienes no tendremos que atravesar esos terribles tiempos, ¿manifestaremos ahora menos paciencia y confianza? La oposición del mundo debe tener para nosotros, como único efecto, el sentimiento de confianza en el Señor.

Salmo 84
1Al Músico principal: sobre Gittith: Salmo para los hijos de Coré. ­CUAN amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!2Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.3Aun el gorrión halla casa, Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos En tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío.4Bienaventurados los que habitan en tu casa: Perpetuamente te alabarán (Selah.)5Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti; En cuyo corazón están tus caminos.6Atravesando el valle de Baca pónenle por fuente, Cuando la lluvia llena los estanques.7Irán de fortaleza en fortaleza, Verán á Dios en Sión.8Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración: Escucha, oh Dios de Jacob (Selah.)9Mira, oh Dios, escudo nuestro, Y pon los ojos en el rostro de tu ungido.10Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: Escogería antes estar á la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad.11Porque sol y escudo es Jehová Dios: Gracia y gloria dará Jehová: No quitará el bien á los que en integridad andan.12Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía.

En la creación, cada ser viviente ha hallado un albergue o un nido. Pero el creyente, al igual que su Señor, no conoce aquí abajo el verdadero reposo (v. 3; Mateo 8:20). Los afectos del creyente están en otra parte: en esas moradas celestiales donde su lugar está preparado (Juan 14:2; comparar con v. 2, 10). De lo que está lleno, el corazón del fiel rebosa: “…tus altares, oh Jehová de los ejércitos” (v. 3). El altar de bronce y el altar de oro nos hablan de Cristo, su sacrificio y su intercesión, de aquel cuya presencia da a la Casa del Padre todo su valor para nosotros. Pero el camino que lleva allá atraviesa un mundo que es un valle de lágrimas. Los hijos de Coré, autores de este salmo, lo habían experimentado (Salmo 42:3).

Pero ¡qué importa! Si “los caminos” de Dios están en nuestro corazón, —dicho de otro modo, si nada nos separa de Aquel hacia quien vamos,— entonces incluso las lágrimas se cambiarán en experiencias bienhechoras; andaremos “de poder en poder” y no de caída en caída. Finalmente, las excelentes promesas de “gracia y gloria” del versículo 11 serán nuestra porción y experimentaremos, nosotros también, la triple bendición contenida en este magnífico salmo (v. 4, 5, 12).

Salmo 85
1Al Músico principal: Salmo para los hijos de Coré. FUISTE propicio á tu tierra, oh Jehová: Volviste la cautividad de Jacob.2Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste. (Selah.)3Dejaste toda tu saña: Te volviste de la ira de tu furor.4Vuélvenos, oh Dios, salud nuestra, Y haz cesar tu ira de sobre nosotros.5¿Estarás enojado contra nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación?6¿No volverás tú á darnos vida, Y tu pueblo se alegrará en ti?7Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, Y danos tu salud.8Escucharé lo que hablará el Dios Jehová: Porque hablará paz á su pueblo y á sus santos, Para que no se conviertan á la locura.9Ciertamente cercana está su salud á los que le temen; Para que habite la gloria en nuestra tierra.10La misericordia y la verdad se encontraron: La justicia y la paz se besaron.11La verdad brotará de la tierra; Y la justicia mirará desde los cielos.12Jehová dará también el bien; Y nuestra tierra dará su fruto.13La justicia irá delante de él; Y sus pasos pondrá en camino.

El tema de este salmo es el perdón que Dios otorgará a su pueblo Israel. Los fieles no dudan de su bondad, pero, al mismo tiempo, sienten el peso de su justa cólera contra su pueblo culpable. Sí, Dios es bueno, ¿no perdonará, pues? Pero también es santo, justo y verdadero; ¿cómo pasaría por alto un solo pecado? Sin embargo, bondad y verdad, justicia y paz, estos caracteres divinos, inconciliables a vista humana se han encontrado (v. 10). En la cruz veo el pecado condenado, la justicia satisfecha y la gracia dándose libre curso (Romanos 5:21). ¡Gloriosa armonía! Empero, ¡cuántas personas que no conocen ese maravilloso lugar de encuentro de la cruz se hacen una idea totalmente equivocada de Dios! Pretenden ver en él un Juez severo, el que, por gusto, hace sufrir a su criatura. O se imaginan, por el contrario, a «un buen Dios» indulgente para los «pequeños» pecados y que se contenta fácilmente con las buenas intenciones y los esfuerzos del ser humano para obrar bien.

¡Fatales pensamientos! El Dios justo condena el pecado, cada pecado, pero el Dios de amor perdona al pecador. Y en la cruz, donde fue cumplida esa obra, aprendo a conocerle.

Salmo 86
1Oración de David. INCLINA, oh Jehová, tu oído, y óyeme; Porque estoy afligido y menesteroso.2Guarda mi alma, porque soy pío: Salva tú, oh Dios mío, á tu siervo que en ti confía.3Ten misericordia de mí, oh Jehová: Porque á ti clamo todo el día.4Alegra el alma de tu siervo: Porque á ti, oh Señor, levanto mi alma.5Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.6Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento á la voz de mis ruegos.7En el día de mi angustia te llamaré: Porque tú me respondes.8Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, Ni obras que igualen tus obras.9Todas las gentes que hiciste vendrán y se humillarán delante de ti, Señor; Y glorificarán tu nombre.10Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas: Tú solo eres Dios.11Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad: Consolida mi corazón para que tema tu nombre.12Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón; Y glorificaré tu nombre para siempre.13Porque tu misericordia es grande para conmigo; Y has librado mi alma del hoyo profundo.14Oh Dios, soberbios se levantaron contra mí, Y conspiración de fuertes ha buscado mi alma, Y no te pusieron delante de sí.15Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, Lento para la ira, y grande en misericordia y verdad;16Mírame, y ten misericordia de mí: Da tu fortaleza á tu siervo, Y guarda al hijo de tu sierva.17Haz conmigo señal para bien, Y veánla los que me aborrecen, y sean avergonzados; Porque tú, Jehová, me ayudaste, y me consolaste.

En este salmo de David (el único en este tercer Libro) el salmista se dirige al Señor por varias razones: él es afligido y menesteroso; es un hombre piadoso; en fin, es su siervo. Se vale de esos motivos para pedir la salvación (v. 2), el gozo (v. 4) y la fortaleza (v. 16). Luego, este siervo conoce a su Señor; sabe que sólo Él es Dios (v. 10), que Él es “bueno y perdonador” (v. 5), “misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad” (v. 15; ver también Jonás 4:2). En estos términos Jehová se reveló otrora a Moisés sobre el monte Sinaí (Éxodo 34:6).

Pero el salmista siente toda su debilidad e incapacidad para conducirse. “Enséñame tu camino”, ruega él y luego añade: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre” (v. 11). Comentando este pasaje, un creyente escribió: «El corazón tiene tendencia a ser distraído por mil objetos, por mil pensamientos fugaces; por eso el salmista pide al Señor que le dé un único propósito. Cuán necesario es que tengamos un corazón enteramente concentrado en Cristo. Allí se encuentra el poder… Nuestra pequeñez ha hallado en Su grandeza nuestro lugar y nuestra fortaleza». ¡Ojalá sea esta oración de David, especialmente la del versículo 11, también la de cada uno de nosotros!

Salmo 87
1A los hijos de Coré: Salmo: Canción. SU cimiento es en montes de santidad.2Ama Jehová las puertas de Sión Más que todas las moradas de Jacob.3Cosas ilustres son dichas de ti, Ciudad de Dios. (Selah.)4Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen: He aquí Palestina, y Tiro, con Etiopía: Este nació allá.5Y de Sión se dirá: Este y aquél han nacido en ella; Y fortificarála el mismo Altísimo.6Jehová contará cuando se escribieren los pueblos: Este nació allí. (Selah.)7Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes estarán en ti.

Es completo el contraste entre Sion, la santa ciudad fundada por Dios mismo, y las poderosas naciones de la tierra: Egipto, Babilonia, Tiro…, imperios levantados por el hombre para su propia gloria. Está cercano el momento en que Jehová “inscribirá a los pueblos” y dará a cada uno su derecho de ciudadanía.

De algún modo se les reconoce a los hombres dos orígenes, dos ciudadanías, según hayan pasado o no por el nuevo nacimiento. La del creyente está “en los cielos” (Filipenses 3:20). Por la eternidad es ciudadano de la Jerusalén celestial, y Dios lo considera como nacido en ella (v. 5). La otra ciudadanía es la del mundo. Es pasajera, pues “la apariencia de este mundo se pasa” (1 Corintios 7:31); mientras que “el fundamento de Dios está firme” (2 Timoteo 2:19). Por eso se dirá de los hombres de la tierra, incluidos los más ilustres: “éste nació allá” (v. 4).

“Todas mis fuentes están en ti”, cantan los rescatados (v. 7). Nosotros, que por gracia somos ciudadanos del cielo ¿iremos a beber de las fuentes del mundo? Más bien cantemos al Señor con toda verdad:

Fuente de vida, de gozo y luz pura,

fuente de amor constante y profunda,

fuente de Dios, dulce, en saber fecunda…

Dichoso aquel que en el erial bebiera

de ti, Jesús, ¡fuente de amor!

Salmo 88
1Canción: Salmo para los hijos de Coré: al Músico principal: para cantar sobre Mahalath; Masquil de Hemán Ezrahita. OH Jehová, Dios de mi salud, Día y noche clamo delante de ti.2Entre mi oración en tu presencia: Inclina tu oído á mi clamor.3Porque mi alma está harta de males, Y mi vida cercana al sepulcro.4Soy contado con los que descienden al hoyo, Soy como hombre sin fuerza:5Libre entre los muertos, Como los matados que yacen en el sepulcro, Que no te acuerdas más de ellos, Y que son cortados de tu mano.6Hasme puesto en el hoyo profundo, En tinieblas, en honduras.7Sobre mí se ha acostado tu ira, Y me has afligido con todas tus ondas. (Selah.)8Has alejado de mí mis conocidos: Hasme puesto por abominación á ellos: Encerrado estoy, y no puedo salir.9Mis ojos enfermaron á causa de mi aflicción: Hete llamado, oh Jehová, cada día; He extendido á ti mis manos.10¿Harás tú milagro á los muertos? ¿Levantaránse los muertos para alabarte? (Selah.)11¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, O tu verdad en la perdición?12¿Será conocida en las tinieblas tu maravilla, Ni tu justicia en la tierra del olvido?13Mas yo á ti he clamado, oh Jehová; Y de mañana mi oración te previno.14¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿Por qué escondes de mí tu rostro?15Yo soy afligido y menesteroso: Desde la mocedad he llevado tus terrores, he estado medroso.16Sobre mí han pasado tus iras; Tus espantos me han cortado.17Hanme rodeado como aguas de continuo; Hanme cercado á una.18Has alejado de mí el enemigo y el compañero; Y mis conocidos se esconden en la tiniebla.

Este salmo constituye una de las más sombrías páginas de toda la Palabra de Dios. En él se trata sólo de tinieblas y de muerte. No brilla ni un rayo de luz; el alma angustiada no halla en él ninguna perspectiva de liberación. Y, sin embargo, un siervo de Dios pudo decir que este salmo había sido, durante un tiempo, el único que lo consolaba. Como este salmo expresa los pensamientos de un creyente, le probaba que también él podía ser un creyente, aun cuando pasase por terribles angustias del alma, durante las cuales el cielo le parecía cerrado. Tal vez un lector esté turbado también y aguarde que Dios le esclarezca acerca de su estado y le dé —o le haga encontrar de nuevo— la certeza de la salvación. ¡Pues bien!, sus mismos tormentos y sus suspiros dirigidos hacia Dios son la prueba de que la vida divina se halla en él; un incrédulo jamás elevaría suspiros hacia Dios.

“De mañana mi oración se presentará delante de ti”, dice el salmista (v. 13). Imitémosle; expongamos al Señor, al despertarnos, las circunstancias del día que empieza y no sólo las que nos inquietan (Salmo 5:3).

Finalmente, en ciertos versículos, la profundidad de las angustias, de los dolores y de la soledad llevan al creyente a pensar en Aquel que fue el supremo Afligido (por ejemplo: v. 6-8 y 16-18).

Salmo 89:1-14
1Masquil de Ethán Ezrahita. LAS misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; En generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca.2Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; En los mismos cielos apoyarás tu verdad.3Hice alianza con mi escogido; Juré á David mi siervo: diciendo.4Para siempre confirmaré tu simiente, Y edificaré tu trono por todas las generaciones. (Selah.)5Y celebrarán los cielos tu maravilla, oh Jehová; Tu verdad también en la congregación de los santos.6Porque ¿quién en los cielos se igualará con Jehová? ¿Quién será semejante á Jehová entre los hijos de los potentados?7Dios terrible en la grande congregación de los santos, Y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo.8Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, Y tu verdad está en torno de ti.9Tú tienes dominio sobre la bravura de la mar: Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas.10Tú quebrantaste á Rahab como á un muerto: Con el brazo de tu fortaleza esparciste á tus enemigos.11Tuyos los cielos, tuya también la tierra: El mundo y su plenitud, tú lo fundaste.12Al aquilón y al austro tú los criaste: Tabor y Hermón cantarán en tu nombre.13Tuyo el brazo con valentía; Fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra.14Justicia y juicio son el asiento de tu trono: Misericordia y verdad van delante de tu rostro.

Hallamos a Etán ezraíta, como a Hemán —autor del salmo precedente—, entre los sabios a quienes sólo Salomón superaba (1 Reyes 4:31). Ambos pertenecían a la familia de Zara, hijo de Judá. Pero sus disposiciones de espíritu eran muy distintas. Mientras que Hemán sólo hablaba de hoyos profundos y de lugares tenebrosos, de ira y de terrores, las palabras que se repiten sin cesar en el salmo de Etán son las de misericordia y fidelidad. Estos caracteres divinos son recordados y celebrados como para responder precisamente a la angustia que llenaba el salmo precedente. Es como si Etán hubiera escrito este “masquil” (o “instrucción”) a fin de reanimar la fe de su hermano. Así, dos amigos creyentes tienen el privilegio de alentarse uno a otro a tener confianza (Proverbios 27:17 y 1 Samuel 23:16). Dios es bueno; Dios es fiel; así es cómo le conocemos y nuestra fe se apega a este Dios incluso cuando los acontecimientos parecen, a veces, contradecir esa bondad y esa fidelidad (leer 1 Corintios 1:9; 10:13). Si miramos a las circunstancias, a menudo tendremos miedo, pero si pensamos en el Señor y en su fiel amor, nunca nos desalentaremos.

Los versículos 3 y 4 aluden a las promesas aseguradas a David y a su descendencia, es decir, a Cristo (2 Samuel 7:16).

Salmo 89:15-29
15Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte: Andarán, oh Jehová, á la luz de tu rostro.16En tu nombre se alegrarán todo el día; Y en tu justicia serán ensalzados.17Porque tú eres la gloria de su fortaleza; Y por tu buena voluntad ensalzarás nuestro cuerno.18Porque Jehová es nuestro escudo; Y nuestro rey es el Santo de Israel.19Entonces hablaste en visión á tu santo, Y dijiste: Yo he puesto el socorro sobre valiente; He ensalzado un escogido de mi pueblo.20Hallé á David mi siervo; Ungílo con el aceite de mi santidad.21Mi mano será firme con él, Mi brazo también lo fortificará.22No lo avasallará enemigo, Ni hijo de iniquidad lo quebrantará.23Mas yo quebrantaré delante de él á sus enemigos, Y heriré á sus aborrecedores.24Y mi verdad y mi misericordia serán con él; Y en mi nombre será ensalzado su cuerno.25Asimismo pondré su mano en la mar, Y en los ríos su diestra.26El me llamará: Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salud.27Yo también le pondré por primogénito, Alto sobre los reyes de la tierra.28Para siempre le conservaré mi misericordia; Y mi alianza será firme con él.29Y pondré su simiente para siempre, Y su trono como los días de los cielos.

Para confirmar las promesas que se hacen recíprocamente, los hombres intercambian firmas o prendas. Pero Dios, para garantizar el cumplimiento de las suyas, dio su propio Hijo. “Todas las promesas de Dios son en él Sí y en él Amén” (2 Corintios 1:20). ¿Quién podría dudar de los compromisos asegurados por semejante Persona? “He puesto el socorro sobre uno que es poderoso” (v. 19). ¿Conocemos este socorro, queridos amigos? ¿Lo solicitamos a veces a ese Poderoso? Él está siempre preparado a desplegar su poder a favor de aquellos a quienes condesciende en llamar sus “hermanos”. Si se hizo hombre fue a fin de salvarlos, pero también para ser capaz de simpatizar con sus debilidades humanas (Hebreos 2:17; 4:15).

Todo el amor de Dios hacia el verdadero David se discierne en las expresiones que emplea para hablar del que es su escogido, su santo (v. 3, 19), el siervo a quien halló y ungió. Sólo Cristo puede ser llamado “el más excelso de los reyes de la tierra” (v. 27). Los creyentes ya tienen el privilegio de conocerle y de esperar su venida con fervor (2 Timoteo 4:8).

Salmo 89:30-52
30Si dejaren sus hijos mi ley, Y no anduvieren en mis juicios;31Si profanaren mis estatutos, Y no guardaren mis mandamientos;32Entonces visitaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades.33Mas no quitaré de él mi misericordia, Ni falsearé mi verdad.34No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios.35Una vez he jurado por mi santidad, Que no mentiré á David.36Su simiente será para siempre, Y su trono como el sol delante de mí.37Como la luna será firme para siempre, Y como un testigo fiel en el cielo. (Selah.)38Mas tú desechaste y menospreciaste á tu ungido; Y te has airado con él.39Rompiste el pacto de tu siervo; Has profanado su corona hasta la tierra.40Aportillaste todos sus vallados; Has quebrantado sus fortalezas.41Menoscabáronle todos los que pasaron por el camino: Es oprobio á sus vecinos.42Has ensalzado la diestra de sus enemigos; Has alegrado á todos sus adversarios.43Embotaste asimismo el filo de su espada, Y no lo levantaste en la batalla.44Hiciste cesar su brillo, Y echaste su trono por tierra.45Has acortado los días de su juventud; Hasle cubierto de afrenta. (Selah.)46¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira como el fuego?47Acuérdate de cuán corto sea mi tiempo: ¿Por qué habrás criado en vano á todos los hijos del hombre?48¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librarás su vida del poder del sepulcro? (Selah.)49Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias, Que juraste á David por tu verdad?50Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos; Oprobio que llevo yo en mi seno de muchos pueblos.51Porque tus enemigos, oh Jehová, han deshonrado, Porque tus enemigos han deshonrado los pasos de tu ungido.52Bendito Jehová para siempre. Amén, y Amén.

La promesa hecha a David en 2 Samuel 7:13, y recordada en nuestros versículos 4 y 28, se complementaba con una condición: si sus descendientes cometieran iniquidades, Dios no dejaría de castigarlos (v. 30-32; 2 Samuel 7:14). ¡Ay!, conocemos la triste historia de esa realeza de Judá y nuestros versículos 38 y siguientes muestran que, en lo que concierne al castigo, Dios cumplió su palabra. Todas las pruebas de Israel, incluida la tribulación que le aguarda aún, son la consecuencia de esa infidelidad.

El peor de los padecimientos para los creyentes es la vergüenza y el oprobio que recae sobre su Dios (v. 41, 45, 50, 51). “¿Hasta cuándo…?” (v. 46). ¿Cuántas veces hemos oído ya en los salmos esta angustiada pregunta? (por ejemplo: cap. 74:10; 79:5; 80:4…). El tiempo parece largo cuando se sufre (Job 7:3-4). En contestación a ese grito, Jehová acortará su juicio sobre la tierra (Romanos 9:28 y Marcos 13:20). Porque su última palabra no es el castigo, al que el profeta Isaías llama “su extraña obra” y “su extraña operación” (cap. 28:21). Según su misma promesa, Dios hará que su pueblo goce para siempre de sus misericordias en Cristo, el Hijo de David (v. 49; 2 Samuel 7:15 y siguientes).

Ezequiel

Ezequiel 1:1-14
1Y FUÉ que á los treinta años, en el mes cuarto, á cinco del mes, estando yo en medio de los trasportados junto al río de Chebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.2A los cinco del mes, que fué en el quinto año de la transmigración del rey Joachîn,3Fué palabra de Jehová á Ezequiel sacerdote, hijo de Buzi, en la tierra de los Caldeos, junto al río de Chebar; fué allí sobre él la mano de Jehová.4Y miré, y he aquí un viento tempestuoso venía del aquilón, una gran nube, con un fuego envolvente, y en derredor suyo un resplandor, y en medio del fuego una cosa que parecía como de ámbar,5Y en medio de ella, figura de cuatro animales. Y este era su parecer; había en ellos semejanza de hombre.6Y cada uno tenía cuatro rostros, y cuatro alas.7Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como la planta de pie de becerro; y centelleaban á manera de bronce muy bruñido.8Y debajo de sus alas, á sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus rostros y sus alas por los cuatro lados.9Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban; cada uno caminaba en derecho de su rostro.10Y la figura de sus rostros era rostro de hombre; y rostro de león á la parte derecha en los cuatro; y á la izquierda rostro de buey en los cuatro; asimismo había en los cuatro rostro de águila.11Tales eran sus rostros; y tenían sus alas extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos.12Y cada uno caminaba en derecho de su rostro: hacia donde el espíritu era que anduviesen, andaban; cuando andaban, no se volvían.13Cuanto á la semejanza de los animales, su parecer era como de carbones de fuego encendidos, como parecer de hachones encendidos: discurría entre los animales; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos.14Y los animales corrían y tornaban á semejanza de relámpagos.

Abordamos ahora el libro de Ezequiel, a veces descuidado por ser difícil de entender. Pidámosle al Señor su socorro especialmente para hallar edificación en esta profecía.

Este profeta era sacerdote, como Jeremías su contemporáneo. Pero mientras este último permanecía en Jerusalén, Ezequiel había formado parte de un primer convoy de cautivos llevados “a la tierra de los caldeos” durante el reinado de Joaquín (v. 2-3). Allí, junto al río Quebar, le fue dirigida palabra de Dios y fue testigo de una extraordinaria visión. En medio del fuego y del bronce refulgente —imagen de la justicia divina que ejerce sus derechos— el profeta ve cuatro seres fantásticos; eran querubines, guardianes y defensores de la santidad de Dios (cap. 10). Sus atributos (caras, alas, pies y manos) son otros tantos símbolos mediante los cuales Dios quiere hacer comprender cuáles son sus caracteres en justicia y en juicio: la inteligencia, la fuerza, la paciencia y la rapidez, representadas respectivamente por la cara del hombre, del león, del buey y del águila. Estos símbolos, con muchos otros, se encuentran de nuevo en el Apocalipsis, el cual es también un libro de juicios (véase Apocalipsis 4:6-7).

Ezequiel 1:15-28
15Y estando yo mirando los animales, he aquí una rueda en la tierra junto á los animales, á sus cuatro caras.16Y el parecer de las ruedas y su obra semejábase al color del topacio. Y las cuatro tenían una misma semejanza: su apariencia y su obra como rueda en medio de rueda.17Cuando andaban, se movían sobre sus cuatro costados: no se volvían cuando andaban.18Y sus cercos eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro.19Y cuando los animales andaban, las ruedas andaban junto á ellos: y cuando los animales se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban.20Hacia donde el espíritu era que anduviesen, andaban; hacia donde era el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los animales estaba en las ruedas.21Cuando ellos andaban, andaban ellas; y cuando ellos se paraban, se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los animales estaba en las ruedas.22Y sobre las cabezas de cada animal aparecía expansión á manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas.23Y debajo de la expansión estaban las alas de ellos derechas la una á la otra; á cada uno dos, y otras dos con que se cubrían sus cuerpos.24Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre, como la voz de un ejército. Cuando se paraban, aflojaban sus alas.25Y cuando se paraban y aflojaban sus alas, oíase voz de arriba de la expansión que había sobre sus cabezas.26Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas, veíase la figura de un trono y que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.27Y vi apariencia como de ámbar, como apariencia de fuego dentro de ella en contorno, por el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor.28Cual parece el arco del cielo que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fué la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y luego que yo la hube visto, caí sobre mi rostro, y oí voz de uno que hablaba.

El conjunto de la visión del profeta se presentaba como un aterrador carro constituido por varios pisos. Sus ruedas, particularmente espantosas, iban y venían sobre la tierra de una manera que podía parecer arbitraria. Pero su movimiento dependía de los seres vivientes y éstos iban “donde el espíritu les movía que anduviesen” (v. 20).

Esas ruedas son un símbolo del gobierno de Dios, o de su providencia. Los acontecimientos del mundo son dirigidos por su Espíritu —el que sopla de donde quiere (Juan 3:8)— y no por casualidad, como lo pretenden muchas personas que se rehúsan a mirar a lo alto. Ven “las ruedas”, pero no a Aquel que las anima. El profeta, conducido por el Espíritu, levanta los ojos y va a contemplar la parte más maravillosa de la visión (v. 26 y sig.) Encima de las ruedas, de los querubines y de la expansión, descubre la semejanza de un trono y también “una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él”. Así nos enteramos con el profeta de que el mundo está gobernado según la voluntad y el propósito de un hombre en la gloria: Cristo mismo, irradiando divino esplendor. Ante esa extraordinaria visión, Ezequiel se postra sobre su rostro (comp. Apocalipsis 1:12-17).

Ezequiel 2:1-10; Ezequiel 3:1-11
1Y DIJOME: Hijo del hombre, está sobre tus pies, y hablaré contigo.2Y entró espíritu en mí luego que me habló, y afirmóme sobre mis pies, y oía al que me hablaba.3Y díjome: Hijo del hombre, yo te envío á los hijos de Israel, á gentes rebeldes que se rebelaron contra mí: ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.4Yo pues te envío á hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová.5Acaso ellos escuchen; y si no escucharen, (porque son una rebelde familia,) siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.6Y tú, hijo del hombre, no temas de ellos, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinas, y tú moras con escorpiones: no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde.7Les hablarás pues mis palabras, escuchen ó dejen de escuchar; porque son muy rebeldes.8Mas tú, hijo del hombre, oye lo que yo te hablo; no seas tú rebelde como la casa rebelde: abre tu boca, y come lo que yo te doy.9Y miré, y he aquí una mano me fué enviada, y en ella había un rollo de libro.10Y extendiólo delante de mí, y estaba escrito delante y detrás: y había escritas en él endechas, y lamentación, y ayes.
1Y DIJOME: Hijo del hombre, come lo que hallares; come este rollo, y ve y habla á la casa de Israel.2Y abrí mi boca, é hízome comer aquel rollo.3Y díjome: Hijo del hombre, haz á tu vientre que coma, é hinche tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y comílo, y fué en mi boca dulce como miel.4Díjome luego: Hijo del hombre, ve y entra á la casa de Israel, y habla á ellos con mis palabras.5Porque no eres enviado á pueblo de habla profunda ni de lengua difícil, sino á la casa de Israel.6No á muchos pueblos de profunda habla ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si á ellos te enviara, ellos te oyeran.7Mas la casa de Israel no te querrán oir, porque no me quieren oír á mí: porque toda la casa de Israel son tiesos de frente, y duros de corazón.8He aquí he hecho yo tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra su frente.9Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque es casa rebelde.10Y díjome: Hijo del hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos.11Y ve, y entra á los trasportados, á los hijos de tu pueblo, y les hablarás y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová; escuchen, ó dejen de escuchar.

La gran visión de Ezequiel va a ser —como lo fue para Isaías en su capítulo 6— el punto de partida de su llamado y de su misión. El Espíritu de Dios entra en él, le permite mantenerse en pie y abre su inteligencia a la Palabra divina, de la cual debe empezar por alimentarse antes de poder comunicarla (comp. Apocalipsis 10:8-11). Así, sentirá el efecto de ella sobre su propia alma, porque es imposible aplicar eficazmente la Palabra a los demás sin que uno mismo haya experimentado su dulzura… o su filo (cap. 3:1-3; Jeremías 15:16). Por lo general, alimentarse de las sagradas Escrituras desde la juventud es el secreto de todo servicio útil para el Señor.

Israel rehusará escucharte —le dice Jehová a su mensajero—, pero, de hecho, es a mí a quien rehúsan oír (cap. 3:7). Las palabras que deben estar en la boca del creyente no han de ser las suyas, sino las del Señor. Tal mensaje no dará lugar a discusiones inútiles. Y debe ser recibido en el corazón (cap. 3:10).

La frente de los hijos de Israel era dura, pero Jehová daba una energía mucho más grande a su siervo (comp. cap. 3:8-9 con Isaías 50:7 y Lucas 9:51). Por otra parte, su nombre era una promesa, ya que Ezequiel significa Dios fortalecerá.

Ezequiel 3:12-27
12Y levantóme el espíritu, y oí detrás de mí una voz de grande estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar.13Oí también el sonido de las alas de los animales que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de grande estruendo.14Levantóme pues el espíritu, y me tomó; y fuí en amargura, en la indignación de mi espíritu: mas la mano de Jehová era fuerte sobre mí.15Y vine á los trasportados en Telabib, que moraban junto al río de Chebar, y asenté donde ellos estaban asentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos.16Y aconteció que al cabo de los siete días fué á mí palabra de Jehová, diciendo:17Hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya á la casa de Israel: oirás pues tú la palabra de mi boca, y amonestarlos has de mi parte.18Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás: y tú no le amonestares, ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino, á fin de que viva, el impío morirá por su maldad, mas su sangre demandaré de tu mano.19Y si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad, y de su mal camino, él morirá por su maldad, y tú habrás librado tu alma.20Y cuando el justo se apartare de su justicia, é hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; mas su sangre demandaré de tu mano.21Y si al justo amonestares para que el justo no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fué amonestado; y tú habrás librado tu alma.22Y fué allí la mano de Jehová sobre mí, y díjome: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo.23Y levantéme, y salí al campo: y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río de Chebar: y caí sobre mi rostro.24Entonces entró espíritu en mí, y afirmóme sobre mis pies, y hablóme, y díjome: Entra, y enciérrate dentro de tu casa.25Y tú, oh hijo del hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos.26Y haré se pegue tu lengua á tu paladar, y estarás mudo, y no serás á ellos varón que reprende: porque son casa rebelde.27Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová: El que oye, oiga; y el que cesa, cese: porque casa rebelde son.

Ezequiel es llevado por el Espíritu de Dios a Tel-abib, en medio de los cautivos de su pueblo. Por boca de Jehová se entera de su afectación al puesto de centinela y de las consignas correspondientes a esa responsabilidad. Esas funciones exigirán una continua vigilancia y una rigurosa fidelidad en la transmisión de las advertencias divinas. Un centinela debe ser capaz de decir a todos cómo está la noche moral de este mundo (Isaías 21:11). Pero vemos que ya no se trata de provocar el despertar de la nación en su conjunto. El malo debe ser advertido; la responsabilidad de escuchar es individual. En cuanto a la responsabilidad del siervo, consiste en presentar la Palabra a todos, así “escuchen, o dejen de escuchar” (cap. 2:5 y 7; 3:11 y 27). A quienes Dios emplea, él no los juzga en función de los resultados que obtienen, como lo hacen los hombres, sino según la fidelidad de ellos (1 Corintios 4:2). No debemos desalentarnos, pues, si algunos «dejan de escuchar» la Palabra de vida que hemos podido presentarles. Queridos amigos, es muy solemne, en efecto, pensar que también cada creyente es puesto como centinela y que aquí abajo tiene el deber de dar testimonio acerca de su Señor. ¿Cómo lo cumplimos?

Ezequiel 5:1-17
1Y TU, hijo del hombre, tómate un cuchillo agudo, una navaja de barbero toma, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba: tómate después un peso de balanza, y reparte los pelos.2Una tercera parte quemarás con fuego en medio de la ciudad, cuando se cumplieren los días del cerco, y tomarás una tercera parte, y herirás con cuchillo alrededor de ella; y una tercera parte esparcirás al viento, y yo desenvainaré espada en pos de ellos.3Tomarás también de allí unos pocos por cuenta, y los atarás en el canto de tu ropa.4Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en mitad del fuego, y en el fuego los quemarás: de allí saldrá el fuego en toda la casa de Israel.5Así ha dicho el Señor Jehová: Esta es Jerusalem: púsela en medio de las gentes y de las tierras alrededor de ella.6Y ella mudó mis juicios y mis ordenanzas en impiedad más que las gentes, y más que las tierras que están alrededor de ella; porque desecharon mis juicios y mis mandamientos, y no anduvieron en ellos.7Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por haberos multiplicado más que á las gentes que están alrededor de vosotros, no habéis andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis leyes? Ni aun según las leyes de las gentes que están alrededor de vosotros habéis8Así pues ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra ti; si, yo, y haré juicios en medio de ti á los ojos de las naciones.9Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, á causa de todas tus abominaciones.10Por eso los padres comerán á los hijos en medio de ti, y los hijos comerán á sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré á todos vientos todo tu residuo.11Por tanto, vivo yo, dice el Señor Jehová, ciertamente por haber violado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantaré yo también: mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia.12Una tercera parte de ti morirá de pestilencia, y de hambre será consumida en medio de ti; y una tercera parte caerá á cuchillo alrededor de ti; y una tercera parte esparciré á todos los vientos, y tras ellos desenvainaré espada.13Y cumpliráse mi furor, y haré que repose en ellos mi enojo, y tomaré satisfacción: y sabrán que yo Jehová he hablado en mi celo, cuando habré cumplido en ellos mi enojo.14Y te tornaré en desierto y en oprobio entre las gentes que están alrededor de ti, á los ojos de todo transeunte.15Y serás oprobio, y escarnio, y escarmiento, y espanto á las gentes que están alrededor de ti, cuando yo hiciere en ti juicios en furor é indignación, y en reprensiones de ira. Yo Jehová he hablado.16Cuando arrojare yo sobre ellos las perniciosas saetas del hambre, que serán para destrucción, las cuales enviaré para destruiros, entonces aumentaré el hambre sobre vosotros, y quebrantaré entre vosotros el arrimo del pan.17Enviaré pues sobre vosotros hambre, y malas bestias que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por ti; y meteré sobre ti cuchillo. Yo Jehová he hablado.

A partir del capítulo 4, Jehová hace entrar a Ezequiel, mediante diversas señales, en las dolorosas circunstancias que atravesará su pueblo. Un siervo de Dios, que haya pasado personalmente por la escuela de la humillación y el padecimiento, está en condiciones de comprender mucho mejor a los que lo atraviesan y de exhortarlos con más autoridad. Conoce la situación de ellos por su propia experiencia y así puede ponerlos útilmente en guardia. Al acostarse sobre su costado y cocinando su pan al fuego alimentado con basura, Ezequiel llevaba, figuradamente, las consecuencias de la iniquidad de su pueblo (cap. 4:4). Ahora Dios le prescribe que afeite sus cabellos y su barba, hecho deshonroso para un sacerdote y prohibido por la ley (Levítico 21:5). Los versículos 11 y 12 nos explican el alcance simbólico de tal acto. Israel, adorno de Jehová, es puesto a un lado y varios juicios van a caer sobre él, escogidos por aquel que pesa (v. 1) la culpabilidad de cada uno. Algunos serán presa de la peste y del hambre durante el sitio de la ciudad, otros caerán a espada y, finalmente, otros serán esparcidos y perseguidos. Moisés ya había anunciado esos castigos (Levítico 26:14 y sig.; Deuteronomio 28:15 y sig.) y desde entonces la historia de Israel confirmó que Dios no puede sino cumplir su Palabra (cap. 12:28).

Ezequiel 7:1-19
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Y tú, hijo del hombre, así ha dicho el Señor Jehová á la tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre los cuatro cantones de la tierra.3Ahora será el fin sobre ti, y enviaré sobre ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti todas tus abominaciones.4Y mi ojo no te perdonará, ni tendré misericordia; antes pondré sobre ti tus caminos, y en medio de ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo soy Jehová.5Así ha dicho el Señor Jehová: Un mal, he aquí que viene un mal.6Viene el fin, el fin viene: hase despertado contra ti; he aquí que viene.7La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el tiempo viene, cercano está el día; día de alboroto, y no de alegría sobre los montes.8Ahora presto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones.9Y mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia: según tus caminos pondré sobre ti, y en medio de ti serán tus abominaciones; y sabréis que yo Jehová soy el que hiero.10He aquí el día, he aquí que viene: ha salido la mañana; florecido ha la vara, ha reverdecido la soberbia.11La violencia se ha levantado en vara de impiedad; ninguno quedará de ellos, ni de su multitud, ni uno de los suyos; ni habrá quien de ellos se lamente.12El tiempo es venido, acercóse el día: el que compra, no se huelgue, y el que vende, no llore: porque la ira está sobre toda su multitud.13Porque el que vende no tornará á lo vendido, aunque queden vivos: porque la visión sobre toda su multitud no será cancelada; y ninguno podrá, á causa de su iniquidad, amparar su vida.14Tocarán trompeta, y aparejarán todas las cosas, y no habrá quien vaya á la batalla: porque mi ira está sobre toda su multitud.15De fuera cuchillo, de dentro pestilencia y hambre: el que estuviere en el campo morirá á cuchillo; y al que estuviere en la ciudad, consumirálo hambre y pestilencia.16Y los que escaparen de ellos, huirán y estarán sobre los montes como palomas de los valles, gimiendo todos cada uno por su iniquidad.17Todas manos serán descoyuntadas, y declinarán como aguas todas rodillas.18Ceñirse han también de sacos, y cubrirálos temblor; y en todo rostro habrá confusión, y en todas sus cabezas peladura.19Arrojarán su plata por las calles, y su oro será desechado; su plata ni su oro, no podrá librarlos en el día del furor de Jehová; no saciarán su alma, ni henchirán sus entrañas: porque ha sido tropiezo para su maldad.

Notemos el nombre que Jehová da a su siervo: “hijo de hombre” (o hijo del hombre: uno de los títulos del Señor Jesús, de quien Ezequiel es figura). Ese nombre sugiere que se trata de un elegido entre los hombres, de un representante calificado para hablar en nombre de la desfalleciente raza humana (véase Eclesiastés 7:28).

Jehová, después de haber anunciado la devastación en el capítulo 6, declara solemnemente en el capítulo 7 que ha llegado el día fatal, el día de su furor. Su gran paciencia para con el pueblo culpable duró muchos siglos. Se acaba después de innumerables advertencias. Y pensamos en esta paciencia de Dios que todavía hoy se ejercita para con un mundo que crucificó a su Hijo. Pero también ella cesará en el “día de la ira”, incomparablemente más terrible (Romanos 2:5). Este capítulo sólo nos da una débil imagen de él. Los hombres están sobrecogidos de terror (v. 17-18). La plata y el oro, todopoderosos hasta entonces, dejan de tener curso. Se los arroja como una impureza a las calles; por fin se percibe que no pueden saciar a las almas. Y ante todo, no podrán liberar a nadie en ese día, porque Dios sólo acepta como rescate del hombre perdido la preciosa sangre de Cristo (v. 19; comp. Proverbios 11:4 y 1 Pedro 1:18-19).

Ezequiel 8:1-18
1Y ACONTECIO en el sexto año, en el mes sexto, á los cinco del mes, que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí, y allí cayó sobre mí la mano del Señor Jehová.2Y miré, y he aquí una semejanza que parecía de fuego: desde donde parecían sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos arriba parecía como resplandor, como la vista de ámbar.3Y aquella semejanza extendió la mano, y tomóme por las guedejas de mi cabeza; y el espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y llevóme en visiones de Dios á Jerusalem, á la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el aquilón, donde estaba la habi4Y he aquí allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo.5Y díjome: Hijo del hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del aquilón. Y alcé mis ojos hacia el lado del aquilón, y he aquí al aquilón, junto á la puerta del altar, la imagen del celo en la entrada.6Díjome entonces: Hijo del hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí, para alejarme de mi santuario? Mas vuélvete aún, y verás abominaciones mayores.7Y llevóme á la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared un agujero.8Y díjome: Hijo del hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta.9Díjome luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que éstos hacen allí.10Entré pues, y miré, y he aquí imágenes de todas serpientes, y animales de abominación, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared alrededor.11Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Saphán estaba en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y del sahumerio subía espesura de niebla.12Y me dijo: Hijo del hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas? porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha dejado la tierra.13Díjome después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos.14Y llevóme á la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al aquilón; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando á Tammuz.15Luego me dijo: ¿No ves, hijo del hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que éstas.16Y metióme en el atrio de adentro de la casa de Jehová: y he aquí junto á la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros al oriente, y encorvábanse al nacimient17Y díjome: ¿No has visto, hijo del hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado la tierra de maldad, y se tornaron á irritarme, he aquí que ponen hedor á mis narices.18Pues también yo haré en mi furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia, y gritarán á mis oídos con gran voz, y no los oiré.

En una nueva visión, Ezequiel es transportado a Jerusalén, donde Dios le revela las horribles cosas que se hacían secretamente en su santuario. “La imagen del celo” (o ídolo del celo), primer objeto que ve, recuerda aquella que Manasés ya había colocado en el templo (2 Reyes 21:7; 23:6; comp. Mateo 24:15). Luego, cavando en la pared, sorprende, no al desecho del pueblo, sino a sus ancianos en las tinieblas, ocupados en venerar toda clase de “bestias abominables”. Se las ha comparado con los impuros frutos de nuestra imaginación, cultivados en los más oscuros rincones de nuestros pobres corazones, los que pueden ser así verdaderas “cámaras pintadas de imágenes”. En medio de esos idólatras oficiaba cierto Jaazanías… ¡hijo del fiel Safán! (véase 2 Crónicas 34:8 y 15 y sig.)

Jehová muestra aún a Ezequiel mujeres que endechan a Tamuz, un ídolo repugnante, y finalmente a veinticinco hombres, que representan a las veinticuatro clases del sacerdocio con el sumo sacerdote mismo, postrados ante el sol (comp. Deuteronomio 4:19 y 32:16).

Notemos que es Dios quien descubre el mal ante las miradas de los suyos. Sólo él, esclareciendo nuestra conciencia, puede darnos la justa apreciación del mal al mostrarnos cómo ese mal menoscaba su propia gloria.

Ezequiel 9:1-11
1Y CLAMO en mis oídos con gran voz, diciendo: Los visitadores de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.2Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que está vuelta al aquilón, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lienzos, el cual traía á su cintura una escribanía de escriba3Y la gloria del Dios de Israel se alzó de sobre el querubín sobre el cual había estado, al umbral de la casa: y llamó Jehová al varón vestido de lienzos, que tenía á su cintura la escribanía de escribano.4Y díjole Jehová: Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y pon una señal en la frente á los hombres que gimen y que claman á causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.5Y á los otros dijo á mis oídos: Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.6Matad viejos, mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas á todo aquel sobre el cual hubiere señal, no llegaréis; y habéis de comenzar desde mi santuario. Comenzaron pues desde los varones ancianos que estaban delante del templo.7Y díjoles: Contaminad la casa, y henchid los atrios de muertos: salid. Y salieron, é hirieron en la ciudad.8Y aconteció que, habiéndolos herido, yo quedé y postréme sobre mi rostro, y clamé, y dije: ­Ah, Señor Jehová! ¿has de destruir todo el resto de Israel derramando tu furor sobre Jerusalem?9Y díjome: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangres, y la ciudad está llena de perversidad: porque han dicho: Dejado ha Jehová la tierra, y Jehová no ve.10Así pues, yo, mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia: el camino de ellos tornaré sobre su cabeza.11Y he aquí que el varón vestido de lienzos, que tenía la escribanía á su cintura, respondió una palabra diciendo: Hecho he conforme á todo lo que me mandaste.

Ezequiel pudo comprobar con sus propios ojos de qué vil manera había sido pisoteada la gloria de Jehová. ¡Por eso, ahora puede entender cuán justificado es el castigo! Y este castigo está ante la puerta (v. 2). Pero a Dios no se le ocurre hacer perecer al justo con el impío (Génesis 18:25). En medio de los seis hombres armados con instrumentos de destrucción se halla un séptimo que tiene en su mano un instrumento de gracia: el tintero de escribano, el que, por orden de Jehová, va a servir para marcar la frente de todos aquellos a quienes el pecado les hace clamar y gemir (comp. Apocalipsis 9:4. La T —última letra del alfabeto hebreo— servía como señal y firma: Job 31:35, V.M.) El varón vestido de lino nos hace pensar en el Señor Jesús. En la gran cristiandad invadida por el mal y a punto de ser juzgada, él puso su sello, el Espíritu Santo, sobre todos los que le pertenecen: divina señal mediante la cual Dios reconoce a sus hijos. Cuando todos los fieles han recibido la señal protectora, se puede dar la orden de destrucción a los vengadores. Y el juicio debe caer primeramente sobre el elemento más responsable: el santuario contaminado que Ezequiel había visitado (v. 6; comp. 1 Pedro 4:17).

Ezequiel 10:1-22
1Y MIRÉ, y he aquí en la expansión que había sobre la cabeza de los querubines como una piedra de zafiro, que parecía como semejanza de un trono que se mostró sobre ellos.2Y habló al varón vestido de lienzos, y díjole: Entra en medio de la ruedas debajo de los querubines, é hinche tus manos carbones encendidos de entre los querubines, y derrama sobre la ciudad. Y entró á vista mía.3Y los querubines estaban á la mano derecha de la casa cuando este varón entró; y la nube henchía el atrio de adentro.4Y la gloria de Jehová se levantó del querubín al umbral de la puerta; y la casa fué llena de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jehová.5Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio de afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla.6Y aconteció que, como mandó al varón vestido de lienzos, diciendo: Toma fuego de entre las ruedas, de entre los querubines, él entró, y paróse entre las ruedas.7Y un querubín extendió su mano de entre los querubines al fuego que estaba entre los querubines, y tomó, y puso en las palmas del que estaba vestido de lienzos, el cual lo tomó y salióse.8Y apareció en los querubines la figura de una mano humana debajo de sus alas.9Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto á los querubines, junto á cada querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como el de piedra de Tarsis.10Cuanto al parecer de ellas, las cuatro eran de una forma, como si estuviera una en medio de otra.11Cuando andaban, sobre sus cuatro costados andaban: no se tornaban cuando andaban, sino que al lugar adonde se volvía el primero, en pos de él iban; ni se tornaban cuando andaban.12Y toda su carne, y sus costillas, y sus manos, y sus alas, y las ruedas, lleno estaba de ojos alrededor en sus cuatro ruedas.13A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: ­Rueda!14Y cada uno tenía cuatro rostros. El primer rostro era de querubín; el segundo rostro, de hombre; el tercer rostro, de león; el cuarto rostro, de águila.15Y levantáronse los querubines; este es el animal que vi en el río de Chebar.16Y cuando andaban los querubines, andaban las ruedas junto con ellos; y cuando los querubines alzaban sus alas para levantarse de la tierra, las ruedas también no se volvían de junto á ellos.17Cuando se paraban ellos, parábanse ellas, y cuando ellos se alzaban, alzábanse con ellos: porque el espíritu de los animales estaba en ellas.18Y la gloria de Jehová se salió de sobre el umbral de la casa, y paró sobre los querubines.19Y alzando los querubines sus alas, levantáronse de la tierra delante de mis ojos: cuando ellos salieron, también las ruedas al lado de ellos: y paráronse á la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba20Este era el animal que vi debajo del Dios de Israel en el río de Chebar; y conocí que eran querubines.21Cada uno tenía cuatro rostros, y cada uno cuatro alas, y figuras de manos humanas debajo de sus alas.22Y la figura de sus rostros era la de los rostros que vi junto al río de Chebar, su mismo parecer y su ser; cada uno caminaba en derecho de su rostro.

¡Es una solemne página de la historia de Israel! En otro tiempo Jehová había escogido para sí una morada en medio de su pueblo (Deuteronomio 12:5). Había venido a ocuparla en gracia para felicidad de los suyos, pero ellos eran responsables de mantener en ella la santidad que conviene a su casa (Salmo 93:5). Mas en ese santo templo —como suprema provocación— se habían dado cita las peores abominaciones. Sí, Israel había hecho todo lo necesario para alejar a Jehová de su santuario (cap. 8:6). Por eso ¡ahora Dios se va!, pero véase con qué conmovedora lentitud lo hace, por etapas, para hacernos sentir toda la tristeza que le produce esa partida y como para decirle a Israel: ¿No me retendrás?

En primer lugar, la gloria se queda en el umbral del santuario (v. 4 y cap. 9:3). Luego se eleva y se detiene todavía en la puerta oriental de la casa de Jehová, como si no pudiese decidirse a dejarla (v. 19).

Creyentes, no olvidemos que somos el templo de Dios y que su Espíritu habita en nosotros (1 Corintios 3:16-17). Si ese templo (nuestro corazón) llega a estar lleno de ídolos, el Espíritu, entristecido, no obrará más, la comunión con Dios se interrumpirá. Él es un “Dios celoso” que no puede soportar que se le quiera hacer compartir nuestro afecto (2 Corintios 6:15).

Ezequiel 11:1-25
1Y EL espíritu me elevó, y metióme por la puerta oriental de la casa de Jehová, la cual mira hacia el oriente: y he aquí á la entrada de la puerta veinticinco varones, entre los cuales vi á Jaazanías hijo de Azur, y á Pelatías hijo de Benaías, príncipes de2Y díjome: Hijo del hombre, estos son los hombres que maquinan perversidad, y dan en esta ciudad mal consejo;3Los cuales dicen: No será tan presto: edifiquemos casas: ésta será la caldera, y nosotros la carne.4Por tanto profetiza contra ellos, profetiza, hijo del hombre.5Y cayó sobre mí el espíritu de Jehová, y díjome: Di: Así ha dicho Jehová: Así habéis hablado, oh casa de Israel, y las cosas que suben á vuestro espíritu, yo las he entendido.6Habéis multiplicado vuestros muertos en esta ciudad, y habéis henchido de muertos sus calles.7Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Vuestros muertos que habéis puesto en medio de ella, ellos son la carne, y ella es la caldera; mas yo os sacaré á vosotros de en medio de ella.8Cuchillo habéis temido, y cuchillo traeré sobre vosotros, dice el Señor Jehová.9Y os sacaré de en medio de ella, y os entregaré en manos de extraños, y yo haré juicios en vosotros.10A cuchillo caeréis; en el término de Israel os juzgaré, y sabréis que yo soy Jehová.11Esta no os será por caldera, ni vosotros seréis en medio de ella la carne: en el término de Israel os tengo de juzgar.12Y sabréis que yo soy Jehová: porque no habéis andado en mis ordenanzas, ni habéis hecho mis juicios, sino según los juicios de las gentes que están en vuestros alrededores habéis hecho.13Y aconteció que, estando yo profetizando, Pelatías hijo de Benaías murió. Entonces caí sobre mi rostro, y clamé con grande voz, y dije: ­Ah, Señor Jehová! ¿harás tú consumación del resto de Israel?14Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:15Hijo del hombre, tus hermanos, tus hermanos, los hombres de tu parentesco y toda la casa de Israel, toda ella son aquellos á quienes dijeron los moradores de Jerusalem: Alejaos de Jehová; á nosotros es dada la tierra en posesión.16Por tanto di: Así ha dicho el Señor Jehová: Aunque los he echado lejos entre las gentes, y los he esparcido por las tierras, con todo eso les seré por un pequeño santuario en las tierras á donde llegaren.17Di por tanto: Así ha dicho el Señor Jehová: Yo os recogeré de los pueblos, y os allegaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel.18Y vendrán allá, y quitarán de ella todas su torpezas, y todas sus abominaciones.19Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra de su carne, y daréles corazón de carne;20Para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis juicios y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea á ellos por Dios.21Mas á aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de sus torpezas y de sus abominaciones, yo tornaré su camino sobre sus cabezas, dice el Señor Jehová.22Después alzaron los querubines sus alas, y las ruedas en pos de ellos; y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos encima.23Y la gloria de Jehová se fué de en medio de la ciudad, y paró sobre el monte que está al oriente de la ciudad.24Luego me levantó el espíritu, y volvióme á llevar en visión del espíritu de Dios á la tierra de los Caldeos, á los trasportados. Y partióse de mí la visión que había visto.25Y hablé á los trasportados todas las palabras de Jehová que él me había mostrado.

Después de la iniquidad religiosa del pueblo de Jerusalén, revelada en el capítulo 8, los versículos 1 a 12 denuncian el pecado de sus jefes políticos. Jehová se dispone a confundir sus consejos y su prudencia y da la prueba de ello hiriendo de muerte a uno de esos hombres, mientras Ezequiel se dirige a ellos.

“¿Destruirás del todo?” —pregunta el profeta angustiado. No, porque aun sin aguardar la completa dispersión del pueblo, Jehová ya habla de su restauración y de su congregación; él le dará “un (solo) corazón… un espíritu nuevo… un corazón de carne” (v. 19). Y antes de retirar por completo su gloria de ese santuario contaminado que ha de ser destruido, les promete que él mismo será “por pequeño santuario” a cada uno de aquellos que guarden la fe en él. ¡Maravillosa gracia de Dios! El recurso de 1 Reyes 8:48 va a faltar, pero, por más lejos que estén de Jerusalén por su culpa, lo mismo podrán hallarle y adorarle. Desde entonces, este pensamiento y esta experiencia ¡qué consuelo han proporcionado a innumerables creyentes aislados! La visión de Ezequiel en Jerusalén se acaba con la partida de la gloria, del mismo lugar en que los discípulos contemplarán la ascensión del Señor Jesús (v. 23; Hechos 1:12). Luego, el espíritu del profeta es llevado de vuelta a Caldea.

Ezequiel 12:1-28
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, tú habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver, y no ven, tienen oídos para oir, y no oyen; porque son casa rebelde.3Por tanto tú, hijo del hombre, hazte aparejos de marcha, y pártete de día delante de sus ojos; y te pasarás de tu lugar á otro lugar á vista de ellos, por si tal vez atienden, porque son casa rebelde.4Y sacarás tus aparejos, como aparejos de partida, de día delante de sus ojos: mas tú saldrás por la tarde á vista de ellos, como quien sale para partirse.5Delante de sus ojos horadarás la pared, y saldrás por ella.6Delante de sus ojos los llevarás sobre tus hombros, de noche los sacarás; cubrirás tu rostro, y no mirarás la tierra: porque en señal te he dado á la casa de Israel.7Y yo hice así como me fué mandado: saqué mis aparejos de día, como aparejos de partida, y á la tarde horadé la pared á mano; salí de noche, y llevélos sobre los hombros á vista de ellos.8Y fué á mi palabra de Jehová por la mañana, diciendo:9Hijo del hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel, aquella casa rebelde: ¿Qué haces?10Diles: Así ha dicho el Señor Jehová: Al príncipe en Jerusalem es esta carga, y á toda la casa de Israel que está en medio de ellos.11Diles: Yo soy vuestra señal: como yo hice, así les harán á ellos: al pasar á otro país irán en cautiverio.12Y al príncipe que está en medio de ellos llevarán á cuestas de noche, y saldrán; horadarán la pared para sacarlo por ella; cubrirá su rostro para no ver con sus ojos la tierra.13Mas yo extenderé mi red sobre él, y será preso en mi malla, y harélo llevar á Babilonia, á tierra de Caldeos; mas no la verá, y allá morirá.14Y á todos los que estuvieren alrededor de él para su ayuda, y á todas sus compañías esparciré á todo viento, y desenvainaré espada en pos de ellos.15Y sabrán que yo soy Jehová, cuando los esparciere entre las gentes, y los derramare por la tierra.16Y haré que de ellos queden pocos en número, del cuchillo, y del hambre, y de la pestilencia, para que cuenten todas sus abominaciones entre las gentes adonde llegaren; y sabrán que yo soy Jehová.17Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:18Hijo del hombre, come tu pan con temblor, y bebe tu agua con estremecimiento y con anhelo;19Y dirás al pueblo de la tierra: Así ha dicho el Señor Jehová sobre los moradores de Jerusalem, y sobre la tierra de Israel: Su pan comerán con temor, y con espanto beberán su agua; porque su tierra será asolada de su multitud, por la maldad de todos los q20Y las ciudades habitadas serán asoladas, y la tierra será desierta; y sabréis que yo soy Jehová.21Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:22Hijo del hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, diciendo: Prolongarse han los días, y perecerá toda visión?23Diles por tanto: Así ha dicho el Señor Jehová: Haré cesar este refrán, y no repetirán más este dicho en Israel. Diles pues: Se han acercado aquellos días, y la palabra de toda visión.24Porque no habrá más alguna visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel.25Porque yo Jehová hablaré; cumpliráse la palabra que yo hablaré; no se dilatará más: antes en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra, y cumpliréla, dice el Señor Jehová.26Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:27Hijo del hombre, he aquí que los de la casa de Israel dicen: La visión que éste ve es para muchos días, y para lejanos tiempos profetiza éste.28Diles por tanto: Así ha dicho el Señor Jehová: No se dilatarán más todas mis palabras: cumpliráse la palabra que yo hablaré, dice el Señor Jehová.

Así como Jeremías llevaba un yugo sobre sus hombros (Jeremías 28:10), aquí Ezequiel es invitado a cargar con “enseres de cautiverio”, lo que tiene el mismo significado. De modo que esos profetas eran verdadera “señal” de lo que Jehová iba a cumplir (v. 11). Hijos de Dios, todo en nuestro comportamiento debería mostrar nuestra obediencia a Dios, nuestro carácter de extranjeros aquí abajo y asimismo nuestra próxima partida… no hacia el cautiverio sino, por el contrario, hacia nuestra patria eterna. Ezequiel es interrogado acerca de su insólita actitud (v. 9), como lo seríamos ciertamente a menudo si fuésemos más fieles. Al temer singularizarnos, hacernos distinguir mediante una firme separación del mundo, perdemos muchas oportunidades de dar testimonio acerca de la esperanza que hay en nosotros (1 Pedro 3:15).

La extraña profecía del versículo 13 se cumplió al pie de la letra. Sedequías, ciego, no pudo ver el país de su cautiverio (comp. Jeremías 39:7).

Los versículos 26 a 28 nos dan a conocer las objeciones de “los de la casa de Israel”. Como no se atreven a negar la profecía que los condena, difieren su cumplimiento a tiempos lejanos.

Hoy también “siervos malos” parecen decirle al Señor: ¡Vuelve lo más tarde posible!

Ezequiel 13:1-23
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, profetiza contra los profetas de Israel que profetizan, y di á los que profetizan de su corazón: Oid palabra de Jehová.3Así ha dicho el Señor Jehová: ­Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada vieron!4Como zorras en los desiertos fueron tus profetas, oh Israel.5No habéis subido á los portillos, ni echasteis vallado en la casa de Israel, estando en la batalla en el día de Jehová.6Vieron vanidad y adivinación de mentira. Dicen: Ha dicho Jehová; y Jehová no los envió: y hacen esperar que se confirme la palabra.7¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación de mentira, por cuanto decís, Dijo Jehová; no habiendo yo hablado?8Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: por cuanto vosotros habéis hablado vanidad, y habéis visto mentira, por tanto, he aquí yo contra vosotros, dice el Señor Jehová.9Y será mi mano contra los profetas que ven vanidad, y adivinan mentira: no serán en la congregación de mi pueblo, ni serán escritos en el libro de la casa de Israel, ni á la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy el Señor Jehová.10Por tanto, y por cuanto engañaron á mi pueblo, diciendo, Paz, no habiendo paz; y el uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la encostraban con lodo suelto;11Di á los encostradores con lodo suelto, que caerá; vendrá lluvia inundante, y daré piedras de granizo que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá.12Y he aquí, cuando la pared habrá caído, no os dirán: ¿Dónde está la embarradura con que encostrasteis?13Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Y haré que la rompa viento tempestuoso con mi ira, y lluvia inundante vendrá con mi furor, y piedras de granizo con enojo para consumir.14Así desbarataré la pared que vosotros encostrasteis con lodo suelto, y echaréla á tierra, y será descubierto su cimiento, y caerá, y seréis consumidos en medio de ella; y sabréis que yo soy Jehová.15Cumpliré así mi furor en la pared y en los que la encostraron con lodo suelto; y os diré: No existe la pared, ni aquellos que la encostraron,16Los profetas de Israel que profetizan á Jerusalem, y ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice el Señor Jehová.17Y tú, hijo del hombre, pon tu rostro á las hijas de tu pueblo que profetizan de su corazón, y profetiza contra ellas,18Y di: Así ha dicho el Señor Jehová: ­Ay de aquellas que cosen almohadillas á todos codos de manos, y hacen veletes sobre la cabeza de toda edad para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mantener así vuestra propia vida?19¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan, matando las almas que no mueren, y dando vida á las almas que no vivirán, mintiendo á mi pueblo que escucha la mentira?20Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra vuestras almohadillas, con que cazáis ahí las almas volando; yo las arrancaré de vuestros brazos, y dejaré las almas, las almas que cazáis volando.21Romperé asimismo vuestro veletes, y libraré mi pueblo de vuestra mano, y no estarán más en vuestra mano para caza; y sabréis que yo soy Jehová.22Por cuanto entristecisteis con mentira el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y esforzasteis las manos del impío, para que no se apartase de su mal camino, infundiéndole ánimo;23Por tanto no veréis vanidad, ni más adivinaréis adivinación; y libraré mi pueblo de vuestra mano; y sabréis que yo soy Jehová.

La duración de un edificio no depende tanto de la calidad de sus piedras o de sus ladrillos como de la mezcla empleada para unirlos. Muchas obras de albañilería construidas por los romanos han subsistido hasta nuestros días a causa de la extraordinaria solidez de su cemento, mientras que buen número de monumentos construidos mucho más tarde no han resistido la acción de agentes destructores. Para disimular las crecientes grietas de la unidad de Israel, sus falsos profetas habían empleado la mala mezcla de una “paz” que no era tal (v. 10). Sus tranquilizadores discursos no podían impedir que la “pared” cayera en el día de la tempestad (comp. Mateo 7:26-27).

¡No olvidemos que todo creyente es un obrero del Señor! El único fundamento, Jesucristo, ha sido puesto; cada uno debe considerar cómo y con qué material edifica encima (1 Corintios 3:10-15).

Los versículos 17 a 21 nos muestran que las almas mal afirmadas pueden literalmente caer en la trampa mediante futilidades, en particular las de la moda y de las comodidades (2 Pedro 2:14). Velemos por nuestras almas.

Una última condenación es pronunciada en el versículo 22 contra los que entristecieron “con mentiras el corazón del justo”. ¡Cuánto sufrió Cristo aquí abajo a causa de esa misma hipocresía!

Ezequiel 14:1-11
1Y VINIERON á mí algunos de los ancianos de Israel, y sentáronse delante de mí.2Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:3Hijo del hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro: ¿acaso he de ser yo verdaderamente consultado por ellos?4Háblales por tanto, y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que vi5Para tomar á la casa de Israel en su corazón, que se han apartado de mí todos ellos en sus ídolos.6Por tanto di á la casa de Israel: Así dice el Señor Jehová: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.7Porque cualquier hombre de la casa de Israel, y de los extranjeros que moran en Israel, que se hubiere apartado de andar en pos de mí, y hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido delante de su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere al pro8Y pondré mi rostro contra aquel hombre, y le pondré por señal y por fábula, y yo lo cortaré de entre mi pueblo; y sabréis que yo soy Jehová.9Y el profeta, cuando fuere engañado y hablare palabra, yo Jehová engañé al tal profeta; y extenderé mi mano sobre él, y raeréle de en medio de mi pueblo de Israel.10Y llevarán su maldad: como la maldad del que pregunta, así será la maldad del profeta;11Para que no yerren más la casa de Israel de en pos de mí: ni más se contaminen en todas sus rebeliones, y me sean por pueblo, y yo les sea por Dios, dice el Señor Jehová.

Algunos de los ancianos de Israel visitan a Ezequiel con una intención que parece buena: la de consultar a Jehová. Pero Dios advierte a su profeta que no se deje engañar por las apariencias. El corazón de esos hombres estaba lleno de ídolos que constituían un verdadero muro de separación entre él y ellos: “se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos” (v. 5; comp. Lucas 16:15).

Retengamos esta importante lección: para conocer y comprender el pensamiento del Señor, la condición primordial no es nuestro grado de inteligencia, nuestra experiencia cristiana o nuestro conocimiento de la Biblia, sino el estado de nuestro corazón. ¿Es recto ante Dios o esconde cosas inconfesables, ídolos muy arraigados? Quizás ésa sea la razón por la cual a veces Dios no responde a nuestras oraciones. Grabemos bien en nuestra memoria estas palabras del Señor: “Separados de mí nada podéis hacer” (comp. v. 5); con su preciosa contrapartida: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:5 y 7).

Ezequiel 14:12-23; Ezequiel 15:1-8
12Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:13Hijo del hombre, cuando la tierra pecare contra mí rebelándose pérfidamente, y extendiere yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el arrimo del pan, y enviare en ella hambre, y talare de ella hombres y bestias;14Si estuvieren en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel, y Job, ellos por su justicia librarán su vida, dice el Señor Jehová.15Y si hiciere pasar malas bestias por la tierra, y la asolaren, y fuere desolada que no haya quien pase á causa de las bestias,16Y estos tres varones estuvieren en medio de ella, vivo yo, dice el Señor Jehová, ni á sus hijos ni á sus hijas librarán; ellos solos serán libres, y la tierra será asolada.17O si yo trajere espada sobre la tierra, y dijere: Espada, pasa por la tierra; é hiciere talar de ella hombres y bestias,18Y estos tres varones estuvieren en medio de ella, vivo yo, dice el Señor Jehová, no librarán sus hijos ni sus hijas; ellos solos serán libres.19O si pestilencia enviare sobre esa tierra, y derramare mi ira sobre ella en sangre, para talar de ella hombres y bestias,20Y estuvieren en medio de ella Noé, Daniel, y Job, vivo yo, dice el Señor Jehová, no librarán hijo ni hija; ellos por su justicia librarán su vida.21Por lo cual así ha dicho el Señor Jehová: ¿Cuánto más, si mis cuatro malos juicios, espada, y hambre, y mala bestia, y pestilencia, enviare contra Jerusalem, para talar de ella hombres y bestias?22Sin embargo, he aquí quedarán en ella algunos residuos, hijos é hijas, que serán llevados fuera: he aquí que ellos entrarán á vosotros, y veréis su camino y sus hechos; y tomaréis consolación del mal que hice venir sobre Jerusalem, de todas las cosas que 23Y consolaros han cuando viereis su camino y sus hechos, y conoceréis que no sin causa hice todo lo que habré hecho en ella, dice el Señor Jehová.
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, ¿qué es el palo de la vid más que todo palo? ¿qué es el sarmiento entre los maderos del bosque?3¿Tomarán de él madera para hacer alguna obra? ¿tomarán de él una estaca para colgar de ella algún vaso?4He aquí, que es puesto en el fuego para ser consumido; sus dos cabos consumió el fuego, y la parte del medio se quemó; ¿aprovechará para obra alguna?5He aquí que cuando estaba entero no era para obra alguna: ¿cuánto menos después que el fuego lo hubiere consumido, y fuere quemado? ¿será más para alguna obra?6Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Como el palo de la vid entre los maderos del bosque, el cual dí al fuego para que lo consuma, así haré á los moradores de Jerusalem.7Y pondré mi rostro contra ellos; de fuego salieron, y fuego los consumirá; y sabréis que yo soy Jehová, cuando pusiere mi rostro contra ellos.8Y tornaré la tierra en asolamiento, por cuanto cometieron prevaricación, dice el Señor Jehová.

Jehová da a conocer a su siervo los “juicios terribles” que tiene en reserva: espada, hambre, fieras y pestilencia (v. 21). Y declara que incluso la presencia de tres hombres de Dios tan notables como Noé, Daniel y Job no bastaría para liberar al país culpable. Jehová asocia los nombres de esos tres testigos excepcionales, quienes vivieron en épocas muy diferentes (Daniel vivía todavía en Babilonia), para recordar que el temor de Dios y la justicia pueden ser practicados en todos los tiempos —aunque éstos fueran tan sombríos como los que precedieron al diluvio— y que él respondería mediante una liberación individual (comp. Proverbios 11:8). De manera que nadie tiene el derecho de disculpar su conducta invocando el medio en que vive y las influencias que sufre.

En el capítulo 15 se vuelve a tomar la imagen de la vid de Israel (véase también cap. 17:6; 19:10). Si bien no dio fruto, por lo menos ¿podrá ser utilizada su madera? (v. 3). ¡De ninguna manera! Carece de valor, apenas es buena para ser quemada. ¡Terrible suerte la de los estériles pámpanos de la vid de Israel… y la de los que el Padre se verá obligado a quitar de la verdadera vid! (Juan 15:1-2).

Ezequiel 16:1-22
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, notifica á Jerusalem sus abominaciones,3Y di: Así ha dicho el Señor Jehová sobre Jerusalem: Tu habitación y tu raza fué de la tierra de Canaán; tu padre Amorrheo, y tu madre Hethea.4Y cuanto á tu nacimiento, el día que naciste no fué cortado tu ombligo, ni fuiste lavada con aguas para atemperarte, ni salada con sal, ni fuiste envuelta con fajas.5No hubo ojo que se compadeciese de ti, para hacerte algo de esto, teniendo de ti misericordia; sino que fuiste echada sobre la haz del campo, con menosprecio de tu vida, en el día que naciste.6Y yo pasé junto á ti, y te vi sucia en tus sangres, y díjete: En tus sangres, vive; vive, díjete, en tus sangres.7En millares como la hierba del campo te puse, y fuiste aumentada y engrandecida, y viniste á ser adornada grandemente; los pechos te crecieron, y tu pelo brotó; mas tú estabas desnuda y descubierta.8Y pasé yo junto á ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y díte juramento, y entré en concierto contigo, dice el Señor Jehová, y fuiste mía:9Y te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y ungíte con aceite;10Y te vestí de bordado, y te calcé de tejón, y ceñíte de lino, y te vestí de seda.11Y te atavíe con ornamentos, y puse ajorcas en tus brazos, y collar á tu cuello;12Y puse joyas sobre tus narices, y zarcillos en tus orejas, y diadema de hermosura en tu cabeza.13Y fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido fué lino, y seda, y bordado; comiste flor de harina de trigo, y miel, y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, y has prosperado hasta reinar.14Y salióte nombradía entre las gentes á causa de tu hermosura; porque era perfecta, á causa de mi hermosura que yo puse sobre ti, dice el Señor Jehová.15Mas confiaste en tu hermosura, y fornicaste á causa de tu nombradía, y derramaste tus fornicaciones á cuantos pasaron; suya eras.16Y tomaste de tus vestidos, e hicístete diversos altos lugares, y fornicaste en ellos: cosa semejante no vendrá, ni será así.17Tomaste asimismo los vasos de tu hermosura de mi oro y de mi plata, que yo te había dado, é hicístete imágenes de hombre, y fornicaste con ellas.18Y tomaste tus vestidos de diversos colores, y cubrístelas; y mi aceite y mi perfume pusiste delante de ellas.19Mi pan también, que yo te había dado, la flor de la harina, y el aceite, y la miel, con que yo te mantuve, pusiste delante de ellas para olor suave; y fué así, dice el Señor Jehová.20Demás de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que me habías engendrado, y los sacrificaste á ellas para consumación. ¿Es poco, esto de tus fornicaciones?21Y sacrificaste mis hijos, y dístelos á ellas para que los hiciesen pasar por el fuego.22Y con todas tus abominaciones y tus fornicaciones no te has acordado de los días de tu mocedad, cuando estabas desnuda y descubierta, cuando estabas envuelta en tu sangre.

Este pasmoso capítulo describe la odiosa conducta de Jerusalén para con Jehová, a quien todo lo debía. El origen impuro y el total desamparo de la niña menospreciada y abandonada en el campo al nacer (lo que practican todavía ciertas tribus paganas) hacen resaltar la abominable ingratitud de aquella que se entregó a la peor idolatría y utilizó los preciosos dones de su Bienhechor para sus infames pasiones.

De hecho, esta dolorosa historia es la de todo hombre. Dios halló a su criatura en el más horrendo estado de impotencia y degradación moral (comp. Lucas 10:30-35). Él hizo todo por arrancarla de ese estado y darle una nueva vida. ¿Cómo respondió el hombre a tanta gracia?

Queridos amigos, es muy serio pensar en ello: esa incalificable conducta es también la nuestra cada vez que desviamos, para nuestras codicias, lo que pertenece al Señor y debe servir para su gloria, sean nuestros bienes o nuestros cuerpos (1 Corintios 6:19-20).

Ezequiel 16:44-63
44He aquí que todo proverbista hará de ti proverbio, diciendo: Como la madre, tal su hija.45Hija de tu madre eres tú, que desechó á su marido y á sus hijos; y hermana de tus hermanas eres tú, que desecharon á sus maridos y á sus hijos: vuestra madre fué Hethea, y vuestro padre Amorrheo.46Y tu hermana mayor es Samaria con su hijas, la cual habita á tu mano izquierda; y tu hermana la menor que tú es Sodoma con sus hijas, la cual habita á tu mano derecha.47Y aun no anduviste en sus caminos, ni hiciste según sus abominaciones; antes, como si esto fuera poco y muy poco, te corrompiste más que ellas en todos tus caminos.48Vivo yo, dice el Señor Jehová, Sodoma tu hermana, con sus hijas, no ha hecho como hiciste tú y tus hijas.49He aquí que esta fué la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, hartura de pan, y abundancia de ociosidad tuvo ella y sus hijas; y no corroboró la mano del afligido y del menesteroso.50Y ensoberbeciéronse, é hicieron abominación delante de mí, y quitélas como vi bueno.51Y Samaria no cometió ni la mitad de tus pecados; porque tú multiplicaste tus abominaciones más que ellas, y has justificado á tus hermanas con todas tus abominaciones que hiciste.52Tú también, que juzgaste á tus hermanas, lleva tu vergüenza en tus pecados que hiciste más abominables que ellas: más justas son que tú: avergüénzate pues tú también, y lleva tu confusión, pues que has justificado á tus hermanas.53Yo pues haré tornar sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y los cautivos de tus cautiverios entre ellas,54Para que tú lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siéndoles tú motivo de consuelo.55Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán á su primer estado; tú también y tus hijas volveréis á vuestro primer estado.56Sodoma, tu hermana, no fué nombrada en tu boca en el tiempo de tus soberbias,57Antes que tu maldad se descubriese, como en el tiempo de la vergüenza de las hijas de Siria y de todas las hijas de los Filisteos alrededor, que te menosprecian en contorno.58Tú has llevado tu enormidad y tus abominaciones, dice Jehová.59Empero así ha dicho el Señor Jehová: ¿Haré yo contigo como tú hiciste, que menospreciaste el juramento para invalidar el pacto?60Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu mocedad, y te confirmaré un pacto sempiterno.61Y acordarte has de tus caminos y te avergonzarás, cuando recibirás á tus hermanas, las mayores que tú con las menores que tú, las cuales yo te daré por hijas, mas no por tu pacto.62Y confirmaré mi pacto contigo, y sabrás que yo soy Jehová;63Para que te acuerdes, y te avergüences, y nunca más abras la boca á causa de tu vergüenza, cuando me aplacare para contigo de todo lo que hiciste, dice el Señor Jehová.

La relación de Jerusalén con Jehová agravaba terriblemente sus pecados. A ese respecto, Sodoma era menos culpable que ella, y aun Samaria, la que, sin embargo, era objeto del más profundo desprecio de parte de los judíos (v. 52; Juan 4:9). Además, sabemos que a veces Satanás hace que los que están en relación con Dios caigan más bajo que los otros hombres, porque a través de ellos busca empañar la gloria del Señor. El estado de pecado descrito en el versículo 49 debe hacernos reflexionar: “soberbia, saciedad de pan y abundancia de ocio” con el inevitable egoísmo como consecuencia. Desde tal punto de partida, Sodoma llegó a los horrorosos pecados que trajeron su “destrucción” (2 Pedro 2:6). Pero, contrariamente a toda esperanza, los versículos 60 a 63 nos hacen saber que tal no es la suerte final que aguarda a la ingrata Jerusalén. Su infidelidad no pudo cambiar la fidelidad de su divino Esposo. Una vez más, la culpable ciudad será el objeto de una misericordia aún más grande que la del principio. Sí, las últimas palabras de este capítulo, lleno de tantos crímenes y abominaciones, nos confunden: “Cuando yo perdone todo lo que hiciste, dice Jehová el Señor” (v. 63; Romanos 11:33).

Ezequiel 17:1-21
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, propón una figura, y compón una parábola á la casa de Israel.3Y dirás: Así ha dicho el Señor Jehová: Una grande águila, de grandes alas y de largos miembros, llena de plumas de diversos colores, vino al Líbano, y tomó el cogollo del cedro:4Arrancó el principal de sus renuevos, y llevólo á la tierra de mercaderes, y púsolo en la ciudad de los negociantes.5Tomó también de la simiente de la tierra, y púsola en un campo bueno para sembrar, plantóla junto á grandes aguas, púsola como un sauce.6Y brotó, é hízose una vid de mucha rama, baja de estatura, que sus ramas la miraban, y sus raíces estaban debajo de ella: así que se hizo una vid, y arrojó sarmientos, y echó mugrones.7Y fué otra grande águila, de grandes alas y de muchas plumas; y he aquí que esta vid juntó cerca de ella sus raíces, y extendió hacia ella sus ramos, para ser regada por ella por los surcos de su plantío.8En un buen campo, junto á muchas aguas fué plantada, para que hiciese ramos y llevase fruto, y para que fuese vid robusta.9Di: Así ha dicho el Señor Jehová: ¿Será prosperada? ¿No arrancará sus raíces, y destruirá su fruto, y secaráse? Todas las hojas de su lozanía secará, y no con gran brazo, ni con mucha gente, arrancándola de sus raíces.10Y he aquí que plantada está ella, ¿será prosperada? ¿No se secará del todo cuando el viento solano la tocare? En los surcos de su verdor se secará.11Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:12Di ahora á la casa rebelde: ¿No habéis entendido qué significan estas cosas? Diles: He aquí que el rey de Babilonia vino á Jerusalem, y tomó tu rey y sus príncipes, y llevólos consigo á Babilonia.13Tomó también de la simiente del reino, é hizo con él alianza, y trájole á juramento; y tomó los fuertes de la tierra,14Para que el reino fuese abatido y no se levantase, sino que guardase su alianza y estuviese en ella.15Rebelóse empero contra él enviando sus embajadores á Egipto, para que le diese caballos y mucha gente. ¿Será prosperado, escapará, el que estas cosas hizo? ¿y el que rompió la alianza, podrá huir?16Vivo yo, dice el Señor Jehová, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar del rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuya alianza con él hecha rompió.17Y no con grande ejército, ni con mucha compañía hará con él Faraón en la batalla, cuando funden baluarte y edifiquen bastiones para cortar muchas vidas.18Pues menospreció el juramento, para invalidar el concierto cuando he aquí que había dado su mano, é hizo todas estas cosas, no escapará.19Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y mi concierto que ha invalidado, tornaré sobre su cabeza.20Y extenderé sobre él mi red, y será preso en mi malla; y hacerlo he venir á Babilonia, y allí estaré á juicio con él, por su prevaricación con que contra mí se ha rebelado.21Y todos sus fugitivos con todos sus escuadrones caerán á cuchillo, y los que quedaren serán esparcidos á todo viento; y sabréis que yo Jehová he hablado.

La parábola de las dos grandes águilas y de la vid, explicada en los versículos 11 a 21, describe figuradamente los acontecimientos que se desarrollaban entonces. El rey de Babilonia, primera gran águila, deporta a Joaquín, débil renuevo del cedro real, y toma bajo su tutela a la vid de Judá. Pone a su cabeza a Sedequías, a quien hace prestar juramento en nombre de Jehová. Pero el rey de Judá no vacila en traicionar ese juramento. Por eso, el rey de Babilonia, instrumento en manos de Jehová, castiga al príncipe felón y lo lleva en cautiverio.

La particular gravedad del crimen de Sedequías era que deshonraba el nombre de Jehová ante las naciones. Mostraba cuán poco estimaban ese nombre aquellos sobre quienes el mismo había sido puesto (Éxodo 23:21). Como redimidos por el Señor Jesús, somos responsables, ante el mundo, de honrar “el buen nombre que fue invocado sobre nosotros” (Santiago 2:7). Los que nos rodean nos observan mucho más cerca de lo que pensamos; sin piedad subrayarán nuestras inconsecuencias, porque se sirven de ellas para disculparse a sí mismos. Y ¿cómo podremos conducirlos a un Salvador acerca del cual habremos mostrado tan poco apego?

Ezequiel 17:22-24; Ezequiel 18:1-9
22Así ha dicho el Señor Jehová: Y tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y pondrélo; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y plantarlo he yo sobre el monte alto y sublime;23En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramos, y llevará fruto, y haráse magnífico cedro; y habitarán debajo de él todas las aves, toda cosa que vuela habitará á la sombra de sus ramos.24Y sabrán todos los árboles del campo que yo Jehová abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, é hice reverdecer el árbol seco. Yo Jehová hablé é hice.
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2¿Qué pensáis vosotros, vosotros que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, diciendo: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos tienen la dentera?3Vivo yo, dice el Señor Jehová, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel.4He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.5Y el hombre que fuere justo, é hiciere juicio y justicia;6Que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos á los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni llegare á la mujer menstruosa,7Ni oprimiere á ninguno; al deudor tornare su prenda, no cometiere robo, diere de su pan al hambriento, y cubriere al desnudo con vestido,8No diere á logro, ni recibiere aumento; de la maldad retrajere su mano, é hiciere juicio de verdad entre hombre y hombre,9En mis ordenanzas caminare, y guardare mis derechos para hacer verdad, éste es justo: éste vivirá, dice el Señor Jehová.

El enigma del capítulo 17 se acaba de manera divina. Jehová habla en él del renuevo que él mismo —y no ya esta vez la gran águila— tomará del mismo cedro real de David y lo establecerá en un monte alto y sublime como árbol poderoso y lleno de frutos. Comprendemos que se trata del Señor Jesús y de su futuro reinado (comp. Isaías 11:1 y Salmo 2:6).

En el capítulo 18, Jehová discute con los hombres de Israel. Éstos, en lugar de humillarse al ver cómo se cumplen los castigos, intentan justificarse con un insolente proverbio de su invención (v. 2): “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera”; dicho de otro modo: nuestra generación paga por las precedentes; nuestros padres pecaron y nosotros sufrimos las consecuencias (véase Jeremías 31:29-30). ¡Esto equivale a acusar a Dios de injusticia! Pero este capítulo destruye su perverso razonamiento; cosechan lo que ellos mismos sembraron (Gálatas 6:7).

¿No reconocemos en esos hombres una triste disposición de nuestro corazón: la de echar sobre los demás la responsabilidad de nuestras faltas? Esto traiciona nuestra ceguera y nuestro orgullo y también nos hace malograr las saludables lecciones del Señor (véase Génesis 3:12 y Romanos 2:1).

Ezequiel 18:19-32
19Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará por el pecado de su padre? Porque el hijo hizo juicio y justicia, guardó todas mis ordenanzas, y las hizo, de cierto vivirá.20El alma que pecare, esa morirá: el hijo no llevará por el pecado del padre, ni el padre llevará por el pecado del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la impiedad el impío será sobre él.21Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todas mis ordenanzas, é hiciere juicio y justicia, de cierto vivirá; no morirá.22Todas sus rebeliones que cometió, no le serán recordadas: en su justicia que hizo vivirá.23¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Señor Jehová. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?24Mas si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad, é hiciere conforme á todas las abominaciones que el impío hizo; ¿vivirá él? Todas las justicias que hizo no vendrán en memoria; por su rebelión con que prevaricó, y por su pecado que cometió,25Y si dijereis: No es derecho el camino del Señor: oid ahora, casa de Israel: ¿No es derecho mi camino? ¿no son vuestros caminos torcidos?26Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él morirá por ello: por su iniquidad que hizo, morirá.27Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo juicio y justicia, hará vivir su alma.28Porque miró, y apartóse de todas sus prevaricaciones que hizo, de cierto vivirá, no morirá.29Si aun dijere la casa de Israel: No es derecho el camino del Señor: ¿No son derechos mis caminos, casa de Israel? Cierto, vuestros caminos no son derechos.30Por tanto, yo os juzgaré á cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Señor Jehová. Convertíos, y volveos de todas vuestras iniquidades; y no os será la iniquidad causa de ruina.31Echad de vosotros todas vuestras iniquidades con que habéis prevaricado, y haceos corazón nuevo y espíritu nuevo. ¿Y por qué moriréis, casa de Israel?32Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová, convertíos pues, y viviréis.

Todo este capítulo subraya el principio de la responsabilidad individual de cada alma (dicho de otro modo, de cada persona) ante Dios. Y lo repetimos una vez más: usted no es salvo por la piedad de sus padres o abuelos, ni porque usted frecuente una reunión de hijos de Dios. “El alma que pecare, esa morirá” (v. 20). “Porque la paga del pecado es muerte” (aunque en Ezequiel sólo es cuestión de la muerte del cuerpo); “mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Al igual que muchos incrédulos hoy en día, ese pueblo ciego y culpable acusó a Dios de injusticia. Hasta llegó a decir: “No es recto el camino del Señor” (v. 25 y 29; 33:17 y 20). “¿Quiero yo la muerte del impío?” está obligado a preguntar Jehová. ¡Qué pregunta! En su inmenso amor, “Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Por eso las últimas palabras de este capítulo todavía son un llamado de gracia dirigido a su pueblo… y quizás a usted: “Convertíos, pues, y viviréis”.

Ezequiel 19:1-14
1Y TU levanta endecha sobre los príncipes de Israel.2Y dirás: ­Cómo se echó entre los leones tu madre la leona! entre los leoncillos crió sus cachorros.3E hizo subir uno de sus cachorros: vino á ser leoncillo, y aprendió á prender presa, y á devorar hombres.4Y las gentes oyeron de él: fué tomado con el lazo de ellas, y lleváronlo con grillos á la tierra de Egipto.5Y viendo ella que había esperado mucho tiempo, y que se perdía su esperanza, tomó otro de sus cachorros, y púsolo por leoncillo.6Y él andaba entre los leones; hízose leoncillo, aprendió á hacer presa, devoró hombres.7Y conoció sus viudas, y asoló sus ciudades; y la tierra fué asolada, y su abundancia, á la voz de su bramido.8Y dieron sobre él las gentes de las provincias de su alrededor, y extendieron sobre él su red; fué preso en su hoyo.9Y pusiéronlo en cárcel con cadenas, y lleváronlo al rey de Babilonia; metiéronlo en fortalezas, para que su voz no se oyese más sobre los montes de Israel.10Tu madre fué como una vid en tu sangre, plantada junto á las aguas, haciendo fruto y echando vástagos á causa de las muchas aguas.11Y ella tuvo varas fuertes para cetros de señores; y levantóse su estatura por encima entre las ramas, y fué vista en su altura, y con la multitud de sus sarmientos.12Empero fué arrancada con ira, derribada en tierra, y viento solano secó su fruto; fueron quebradas y secáronse sus varas fuertes; consumiólas el fuego.13Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez.14Y ha salido fuego de la vara de sus ramos, ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte, cetro para enseñorear. Endecha es esta, y de endecha servirá.

Al igual que la parábola de las dos grandes águilas (cap. 17), la de la leona y los leoncillos pone en escena a los últimos reyes de Judá y su trágica historia, tal como nos la cuenta el final de los libros de los Reyes y las Crónicas. Joacaz y Joacim, como hijos del fiel Josías confirmaban por completo lo que Jehová había declarado en el capítulo precedente. Esos malos príncipes sufrían el castigo correspondiente a sus propios pecados, y la justicia de su padre no tenía el poder de liberarlos (véase el cap. 18:5-13).

El profeta se refiere de nuevo al cautiverio del último rey de Judá y de la destrucción de la vid de Israel por medio del fuego. Quizás algunos se pregunten por qué esos acontecimientos ocupan semejante lugar en el Libro divino, mientras que prácticamente no tienen ninguno en los manuales de Historia. Pero a los ojos de Dios se trata de uno de los momentos cruciales de la Historia de la humanidad. La sede de Su gobierno abandonaba a Israel por largos siglos. Jerusalén dejaba de ser el lugar en que Jehová había puesto su morada en la tierra. Empezaba el tiempo de las naciones. Éste todavía dura y sólo llegará a su fin con el reinado de Cristo y la restauración de Israel.

Ezequiel 20:1-14
1Y ACONTECIO en el año séptimo, en el mes quinto, á los diez del mes, que vinieron algunos de los ancianos de Israel á consultar á Jehová, y sentáronse delante de mí.2Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:3Hijo del hombre, habla á los ancianos de Israel, y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: ¿A consultarme venís vosotros? Vivo yo, que yo no os responderé, dice el Señor Jehová.4¿Quieres tú juzgarlos? ¿los quieres juzgar tú, hijo del hombre? Notifícales las abominaciones de sus padres;5Y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: El día que escogí á Israel, y que alcé mi mano por la simiente de la casa de Jacob, y que fuí conocido de ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano á ellos, diciendo: Yo soy Jehová vuestro Dios;6Aquel día que les alcé mi mano, que los sacaría de la tierra de Egipto á la tierra que les había proveído, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras;7Entonces les dije: Cada uno eche de sí cada uno de las abominaciones de sus ojos, y no os contaminéis en los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios.8Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme: no echó de sí cada uno las abominaciones de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto.9Con todo, á causa de mi nombre, porque no se infamase en los ojos de las gentes en medio de las cuales estaban, en cuyos ojos fuí conocido de ellos, hice para sacarlos de tierra de Egipto.10Saquélos pues de la tierra de Egipto, y trájelos al desierto;11Y díles mis ordenanzas, y declaréles mis derechos, los cuales el hombre que los hiciere, vivirá en ellos.12Y díles también mis sábados que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico.13Mas rebeláronse contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis ordenanzas, y desecharon mis derechos, los cuales el hombre que los hiciere, vivirá en ellos; y mis sábados profanaron en gran manera; dije, por tanto, que había de derramar 14Pero en atención á mi nombre hice porque no se infamase á la vista de la gentes, delante de cuyos ojos los saqué.

Los ancianos, a quienes la primera visita hecha a Ezequiel no parece haberles enseñado nada (cap. 14), vuelven a visitar al profeta. Por medio de su siervo, Dios les prepara —esta vez no en lenguaje simbólico— una lista de las abominaciones de Israel, lista tan antigua como la historia de ese pueblo. Desde los tiempos de Egipto se rebeló; rehusó abandonar sus ídolos y no quiso escuchar a aquel que se revelaba (v. 8). Entonces, para hacerse oír, Jehová condujo a su pueblo al desierto. Nada es más impresionante que el silencio del desierto. Por eso es un lugar particularmente favorable para escuchar a Dios; en él no distraen los ruidos exteriores. En Sinaí, Israel recibió los estatutos y las ordenanzas de Jehová (v. 10-11). Más tarde, Juan predicó en el desierto el arrepentimiento y la venida del Mesías (Juan 1:23). Finalmente, allí será llevado el pueblo una vez más, antes del advenimiento del Señor, a fin de que Dios hable a su corazón (Oseas 2:14). Allí Moisés, Pablo y otros muchos siervos fueron preparados largamente para su ministerio (Éxodo 3; Gálatas 1:17-18).

Queridos amigos, no rehusemos, pues, ser llevados aparte, cualquiera sea la forma (forzosa soledad, larga enfermedad, etc.) en que a veces el Señor juzga conveniente hacerlo.

Ezequiel 20:30-44
30Di, pues, á la casa de Israel: Así ha dicho el Señor Jehová: ¿No os contamináis vosotros á la manera de vuestros padres, y fornicáis tras sus abominaciones?31Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar vuestros hijos por el fuego, os habéis contaminado con todos vuestros ídolos hasta hoy: ¿y he de responderos yo, casa de Israel? Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no os responderé.32Y no ha de ser lo que habéis pensado. Porque vosotros decís: Seamos como las gentes, como las familias de las naciones, sirviendo á la madera y á la piedra.33Vivo yo, dice el Señor Jehová, que con mano fuerte, y brazo extendido, y enojo derramado, tengo de reinar sobre vosotros:34Y os sacaré de entre los pueblos, y os juntaré de las tierras en que estáis esparcidos, con mano fuerte, y brazo extendido, y enojo derramado:35Y os he de traer al desierto de pueblos, y allí litigaré con vosotros cara á cara.36Como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice el Señor Jehová.37Y os haré pasar bajo de vara y os traeré en vínculo de concierto;38Y apartaré de entre vosotros los rebeldes, y los que se rebelaron contra mí: de la tierra de sus destierros los sacaré, y á la tierra de Israel no vendrán; y sabréis que yo soy Jehová.39Y vosotros, oh casa de Israel, así ha dicho el Señor Jehová: Andad cada uno tras sus ídolos, y servidles, pues que á mí no me obedecéis; y no profanéis más mi santo nombre con vuestras ofrendas, y con vuestros ídolos.40Empero en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice el Señor Jehová, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra: allí los querré, y allí demandaré vuestras ofrendas, y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas co41En olor de suavidad os aceptaré, cuando os hubiere sacado de entre los pueblos, y os hubiere juntado de las tierras en que estáis esparcidos; y seré santificado en vosotros á los ojos de las gentes.42Y sabréis que yo soy Jehová, cuando os hubiere metido en la tierra de Israel, en la tierra por la cual alcé mi mano que la daría á vuestros padres.43Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y seréis confusos en vuestra misma presencia por todos vuestros pecados que cometisteis.44Y sabréis que yo soy Jehová cuando hiciere con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos, ni según vuestras perversas obras, oh casa de Israel, dice el Señor Jehová.

Dios conduce a los suyos al desierto no sólo para hablarles sino también cuando quiere disciplinarlos. Y sabemos por qué. Así como los padres no deben corregir a sus hijos delante de extraños, sino que deben llevarlos aparte, igualmente esa disciplina es un asunto entre Dios y sus redimidos, lo cual al mundo no le incumbe. Lamentablemente, a menudo tememos permanecer a solas con el Señor a causa del mal estado de nuestra conciencia y tratamos de eludirle en el torbellino de la vida cotidiana. Sin embargo, es indispensable que los creyentes sean «depurados». Dios no puede soportar en ellos ni términos medios ni mezcla. En cuanto a aquellos que rehúsan escucharle, ¡les deja que sirvan a sus ídolos (v. 39; comp. Oseas 4:17 y Apocalipsis 22:11) con tal que no aparenten servirle a él también!

Sabemos que toda la generación de los hombres de guerra de Israel cayó en el desierto y sólo sus descendientes entraron en Canaán (Deuteronomio 2:14). De nuevo, cuando llegue el momento de juntar a las diez tribus actualmente esparcidas en el “desierto de los pueblos”, Dios castigará a los rebeldes, los que no entrarán en Su tierra. Solamente después podrá aceptar las ofrendas de su pueblo y hallar su placer en él (v. 40-41; Malaquías 3:4).

Ezequiel 20:45-49; Ezequiel 21:18-32
45Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:46Hijo del hombre, pon tu rostro hacia el mediodía, y derrama tu palabra hacia la parte austral, y profetiza contra el bosque del campo del mediodía.47Y dirás al bosque del mediodía: Oye palabra de Jehová: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí que yo enciendo en ti fuego, el cual consumirá en ti todo árbol verde, y todo árbol seco: no se apagará la llama del fuego; y serán quemados en ella todos rostros48Y verá toda carne que yo Jehová lo encendí; no se apagará.49Y dije: ­Ah, Señor Jehová! ellos dicen de mí: ¿No profiere éste parábolas?
18Y fué á mí palabra de Jehova, diciendo:19Y tú, hijo del hombre, señálate dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia: de una misma tierra salgan ambos: y echa mano á la suerte: en el principio del camino de la ciudad lo harás.20El camino señalarás por donde venga la espada á Rabba de los hijos de Ammón, y á Judá contra Jerusalem la fuerte.21Porque el rey de Babilonia se paró en una encrucijada, al principio de dos caminos, para tomar adivinación: acicaló saetas, consultó en ídolos, miró el hígado.22La adivinación fué á su mano derecha, sobre Jerusalem, para poner capitanes, para abrir la boca á la matanza, para levantar la voz en grito, para poner ingenios contra las puertas, para fundar baluarte, y edificar fuerte.23Y seráles como adivinación mentirosa en sus ojos, por estar juramentados con juramento á ellos: mas él trae á la memoria la maldad, para prenderlos.24Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto habéis hecho venir en memoria vuestras maldades, manifestando vuestras traiciones, y descubriendo vuestros pecados en todas vuestras obras; por cuanto habéis venido en memoria, seréis tomados á mano.25Y tú, profano é impío príncipe de Israel, cuyo día vino en el tiempo de la consumación de la maldad;26Así ha dicho el Señor Jehová: Depón la tiara, quita la corona: ésta no será más ésta: al bajo alzaré, y al alto abatiré.27Del revés, del revés, del revés la tornaré; y no será ésta más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y se la entregaré.28Y tú, hijo del hombre, profetiza, y di: Así ha dicho el Señor Jehová sobre los hijos de Ammón, y su oprobio. Dirás pues: La espada, la espada está desenvainada para degollar; acicalada para consumir con resplandor.29Te profetizan vanidad, adivínante mentira, para entregarte con los cuellos de los malos sentenciados á muerte, cuyo día vino en tiempo de la consumación de la maldad.30¿Tornaréla á su vaina? En el lugar donde te criaste, en la tierra donde has vivido, te tengo de juzgar.31Y derramaré sobre ti mi ira: el fuego de mi enojo haré encender sobre ti, y te entregaré en mano de hombres temerarios, artífices de destrucción.32Del fuego serás para ser consumido; tu sangre será en medio de la tierra; no habrá más memoria de ti: porque yo Jehová he hablado.

“¿No profiere éste parábolas?” se decía de Ezequiel con cierto desprecio. Su lenguaje le parecía difícil al pueblo únicamente porque éste no quería comprender. Así es cómo los incrédulos de buena gana invocan las dificultades de la Palabra y las usan como pretexto para evitar someterse a ella.

En este terrible capítulo la espada, primero de los cuatro desastrosos juicios (véase cap. 14:21) sale de su vaina para ejecutar el castigo. Para manejarla, Jehová se servirá del rey de Babilonia, a quien vemos en una encrucijada, ocupado en consultar a sus dioses (v. 21).

¿Empezará su ataque por Jerusalén o por Rabá de los hijos de Amón? A los ojos del pueblo de Judá esta adivinación era falsa y sin valor (v. 23). Y ¡por cierto que lo era! Pero, por encima de estas cosas, Jehová decidió la ruina de Jerusalén (v. 27) y el fin de la realeza. La corona le será quitada al “profano e impío príncipe de Israel” (el profano es aquel que pisotea las bendiciones de Dios: comp. cap. 22:26 y, en Hebreos 12:16, el ejemplo de Esaú).

Desde entonces no habrá más descendiente de David en el trono hasta la venida de Cristo, “aquel cuyo es el derecho”.

Ezequiel 22:1-7, 23-31
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Y tú, hijo del hombre, ¿no juzgarás tú, no juzgarás tú á la ciudad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominaciones?3Dirás, pues: Así ha dicho el Señor Jehová: ­Ciudad derramadora de sangre en medio de sí, para que venga su hora, y que hizo ídolos contra sí misma para contaminarse!4En tu sangre que derramaste has pecado, y te has contaminado en tus ídolos que hiciste; y has hecho acercar tus días, y has llegado á tus años: por tanto te he dado en oprobio á las gentes, y en escarnio á todas las tierras.5Las que están cerca, y las que están lejos de ti, se reirán de ti, amancillada de fama, y de grande turbación.6He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su poder, fueron en ti para derramar sangre.7Al padre y á la madre despreciaron en ti: al extranjero trataron con calumnia en medio de ti: al huérfano y á la viuda despojaron en ti.
23Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:24Hijo del hombre, di á ella: Tú no eres tierra limpia, ni rociada con lluvia en el día del furor.25La conjuración de sus profetas en medio de ella, como león bramando que arrebata presa: devoraron almas, tomaron haciendas y honra, aumentaron sus viudas en medio de ella.26Sus sacerdotes violentaron mi ley, y contaminaron mis santuarios: entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis sábados escondieron sus ojos, y yo era profanado en medio de ellos.27Sus príncipes en medio de ella como lobos que arrebataban presa, derramando sangre, para destruir las almas, para pábulo de su avaricia.28Y sus profetas revocaban con lodo suelto, profetizándoles vanidad, y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho el Señor Jehová; y Jehová no había hablado.29El pueblo de la tierra usaba de opresión, y cometía robo, y al afligido y menesteroso hacían violencia, y al extranjero oprimían sin derecho.30Y busqué de ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.31Por tanto derramé sobre ellos mi ira; con el fuego de mi ira los consumí: torné el camino de ellos sobre su cabeza, dice el Señor Jehová.

Aquí se llama a Jerusalén “la ciudad derramadora de sangre”. Todas las clases eran culpables. Los príncipes, como lobos, habían derramado sangre, transgredido la ley de todas las maneras y destruido las almas (v. 6 y 27). Los sacerdotes habían violado la ley (v. 26); los profetas mentirosos habían saqueado las cosas preciosas y devorado las almas (v. 25 y 28); finalmente, el pueblo cometía robo y oprimía al afligido y al pobre (v. 29). En vano Jehová había buscado a alguien “que hiciese vallado”, y que, como Moisés, “se pusiese en la brecha” delante de él a favor de la tierra (v. 30; Salmo 106:23).

Esa doble función corresponde a las consignas del creyente: velar y orar. Velar para impedir la penetración del mal y del mundo en la asamblea y en nuestro corazón. Interceder por el testimonio del Señor.

La importancia que Dios atribuye a la separación de los suyos todavía es subrayada en el capítulo 23. Bajo la figura de los crímenes de Ahola (Samaria o las diez tribus) y Aholiba (Jerusalén y Judá), Dios nos habla de alianzas culpables de Israel con países vecinos: Egipto, Asiria, Babilonia y de su castigo por medio de ellos. Cuando un creyente establece vínculos con el mundo, a menudo recibe su castigo por mano de este último.

Ezequiel 24:1-27
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová en el noveno año, en el mes décimo, á los diez del mes, diciendo:2Hijo del hombre, escríbete el nombre de este día: el rey de Babilonia se puso sobre Jerusalem este mismo día.3Y habla á la casa de rebelión por parábola, y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: Pon una olla, ponla, y echa también en ella agua:4Junta sus piezas en ella; todas buenas piezas, pierna y espalda; hínchela de huesos escogidos.5Toma una oveja escogida; y también enciende los huesos debajo de ella; haz que hierva bien; coced también sus huesos dentro de ella.6Pues así ha dicho el Señor Jehová: ­Ay de la ciudad de sangres, de la olla no espumada, y cuya espuma no salió de ella! Por sus piezas, por sus piezas sácala; no caiga sobre ella suerte.7Porque su sangre fué en medio de ella: sobre una piedra alisada la puso; no la derramó sobre la tierra para que fuese cubierta con polvo.8Habiendo, pues, hecho subir la ira para hacer venganza, yo pondré su sangre sobre la dura piedra, para que no sea cubierta.9Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: ­Ay de la ciudad de sangres! Pues también haré yo gran hoguera,10Multiplicando la leña, encendiendo el fuego, para consumir la carne, y hacer la salsa; y los huesos serán quemados:11Asentando después la olla vacía sobre sus brasas, para que se caldee, y se queme su fondo, y se funda en ella su suciedad, y se consuma su espuma.12En fraude se cansó, y no salió de ella su mucha espuma. En fuego será su espuma consumida.13En tu suciedad perversa padecerás: porque te limpié, y tú no te limpiaste de tu suciedad: nunca más te limpiarás, hasta que yo haga reposar mi ira sobre ti.14Yo Jehová he hablado; vendrá, y harélo. No me tornaré atrás, ni tendré misericordia, ni me arrepentiré: según tus caminos y tus obras te juzgarán, dice el Señor Jehová.15Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:16Hijo del hombre, he aquí que yo te quito de golpe el deseo de tus ojos: no endeches, ni llores, ni corran tus lágrimas.17Reprime el suspirar, no hagas luto de mortuorios: ata tu bonete sobre ti, y pon tus zapatos en tus pies, y no te cubras con rebozo, ni comas pan de hombres.18Y hablé al pueblo por la mañana, y á la tarde murió mi mujer: y á la mañana hice como me fué mandado.19Y díjome el pueblo: ¿No nos enseñarás qué nos significan estas cosas que tú haces?20Y yo les dije: Palabra de Jehová fué á mí, diciendo:21Di á la casa de Israel: Así ha dicho el Señor Dios: He aquí yo profano mi santuario, la gloria de vuestra fortaleza, el deseo de vuestros ojos, y el regalo de vuestra alma: vuestros hijos y vuestras hijas que dejasteis, caerán á cuchillo.22Y haréis de la manera que yo hice: no os cubriréis con rebozo, ni comeréis pan de hombres;23Y vuestros bonetes estarán sobre vuestras cabezas, y vuestros zapatos en vuestros pies: no endecharéis ni lloraréis, sino que os consumiréis á causa de vuestras maldades, y gemiréis unos con otros.24Ezequiel pues os será por señal; según todas las cosas que él hizo, haréis: en viniendo esto, entonces sabréis que yo soy el Señor Jehová.25Y tú, hijo del hombre, el día que yo quitaré de ellos su fortaleza, el gozo de su gloria, el deseo de sus ojos, y el cuidado de sus almas, sus hijos y sus hijas,26Este día vendrá á ti un escapado para traer las nuevas.27En aquel día se abrirá tu boca para hablar con el escapado, y hablarás, y no estarás más mudo; y les serás por señal, y sabrán que yo soy Jehová.

Aquí empieza una nueva división de la profecía. Está fechada en un solemne día que marca el comienzo del sitio final de Jerusalén (comp. 2 Reyes 25:1). Jehová vuelve a tomar la comparación de la olla (cap. 11:3) y anuncia que no sólo su contenido (los habitantes de la ciudad) será consumido sino que también la olla (Jerusalén con su herrumbre inveterada) se fundirá en el fuego que se enciende.

Sabemos en qué estado saldrá la ciudad de ese espantoso sitio (2 Crónicas 36:19). Pero ese mismo día trae también a Ezequiel personalmente el duelo y el sufrimiento: súbitamente le es quitada su mujer. Así, por sus propias circunstancias, el profeta enseña a los hijos de su pueblo qué dolores van a caer sobre ellos cuando Jehová les quite lo que más quieren su capital y su santuario.

Se comprueba que un siervo de Dios no deja de compartir las pruebas de aquellos entre los que vive. ¡Cuántas aflicciones han sido las de ese hombre de Dios! A fin de ser una “señal” para su pueblo (v. 27), le vemos someterse a todo lo que Jehová le pide (comp. Salmo 131:2).

¡Sin que el Señor necesariamente nos pida grandes sacrificios, es de desear que halle en nosotros instrumentos dóciles y discípulos obedientes!

Ezequiel 25:1-1 7
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:

Como en otros libros de profetas, el anuncio de los juicios sobre Israel es seguido ahora por profecías contra las naciones (véase Isaías 13 a 23; Jeremías 46 a 51). Ya el capítulo 21 nos mostró al rey de Babilonia vacilando en cuanto a si era mejor atacar a Rabá de los hijos de Amón antes que a Jerusalén y en esa ocasión los versículos 33 a 37 del mismo capítulo anunciaban el castigo de esos descendientes de Lot, perpetuos enemigos de Israel. Amón, dejado indemne momentáneamente, en lugar de sacar una enseñanza de ello se había alegrado cobardemente de los golpes caídos sobre el santuario, la tierra menospreciada de Israel y la realeza de Judá (v. 3 y 6). Se burló de Israel en su desgracia (Proverbios 17:5). Pero “Jehová escarnecerá a los escarnecedores” declara también Proverbios 3:34, citado en el Nuevo Testamento: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes’’ (Santiago 4:6; 1 Pedro 5:5). Por cierto, la soberbia caracteriza a Amón y a su hermano Moab (Sofonías 2:8; Isaías 16:6). Jehová va a humillarlos y dará sus países en posesión a nómadas saqueadores (v. 4 y 10).

Edom y Filistea son igualmente muy culpables. El uno y la otra aprovecharon la ruina de Israel para vengarse “con despecho de ánimo” de sus antiguas amistades (v. 12 y 15). A su turno tendrán que soportar la venganza de Jehová.

Ezequiel 26:1-6; Ezequiel 27:1-11
1Y ACONTECIO en el undécimo año, en el primero del mes, que fué á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, por cuanto dijo Tiro sobre Jerusalem: Ea, bien: quebrantada es la que era puerta de las naciones: á mí se volvió: seré llena; ella desierta:3Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra ti, oh Tiro, y haré subir contra ti muchas gentes, como la mar hace subir sus ondas.4Y demolerán los muros de Tiro, y derribarán sus torres: y raeré de ella su polvo, y la dejaré como una peña lisa.5Tendedero de redes será en medio de la mar, porque yo he hablado, dice el Señor Jehová: y será saqueada de las gentes.6Y sus hijas que están en el campo, serán muertas á cuchillo; y sabrán que yo soy Jehová.
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Y tú, hijo del hombre, levanta endechas sobre Tiro.3Y dirás á Tiro, que está asentada á las entradas de la mar, mercadera de los pueblos de muchas islas: Así ha dicho el Señor Jehová: Tiro, tú has dicho: Yo soy de perfecta hermosura.4En el corazón de las mares están tus términos: los que te edificaron completaron tu belleza.5De hayas del monte Senir te fabricaron todas las tillas: tomaron cedros del Líbano para hacerte el mástil.6De castaños de Basán hicieron tus remos: compañía de Asirios hicieron tus bancos de marfil de las islas de Chittim.7De fino lino bordado de Egipto fué tu cortina, para que te sirviese de vela; de cárdeno y grana de las islas de Elisah fué tu pabellón.8Los moradores de Sidón y de Arvad fueron tus remeros: tus sabios, oh Tiro, estaban en ti; ellos fueron tus pilotos.9Los ancianos de Gebal y sus sabios repararon tus hendiduras: todas las galeras de la mar y los remeros de ellas fueron en ti para negociar tus negocios.10Persas y Lidios, y los de Phut, fueron en tu ejército tus hombres de guerra: escudos y capacetes colgaron en ti; ellos te dieron tu honra.11Y los hijos de Arvad con tu ejército estuvieron sobre tus muros alrededor, y los Gammadeos en tus torres: sus escudos colgaron sobre tus muros alrededor; ellos completaron tu hermosura.

Los capítulos 26 a 28 se consagran a Tiro, la opulenta ciudad fenicia, señora de los mares y principal centro comercial de la antigüedad. Lo mismo que un comerciante puede felicitarse de la desaparición de un competidor vecino, Tiro se alegró de las calamidades de Jerusalén. Precisamente, esa malsana alegría llegará a ser el motivo de su propia ruina.

El capítulo 27 enumera sus clientes y proveedores y hace la inmensa lista de los productos de su comercio. Tiro es una imagen del mundo y sus riquezas. Los hombres siempre han pensado que el crecimiento del nivel de vida de los pueblos era el medio para liberar a la humanidad de sus penas y miserias. No han cesado de trabajar en procura de esa prosperidad material, tendiendo todos sus esfuerzos a embellecer el mundo y hacer la vida más agradable en él. Pero, lejos de conducir las almas a Dios, esa carrera en pos del progreso no hizo sino desarrollar la autosatisfacción (cap. 27, final del v. 3), la pretensión laodiceana de ser rico y no tener necesidad de nada.

Entre las preciosas mercancías de Tiro se buscaría en vano el “oro refinado en fuego” de la justicia divina, las “vestiduras blancas” del andar práctico y el “colirio” para los ojos de la fe, que es el Espíritu Santo. Porque sólo se los puede “comprar” al Señor Jesús (Apocalipsis 3:17-18).

Ezequiel 28:1-19
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto se enalteció tu corazón y dijiste: Yo soy un dios; en la silla de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios); y has puesto tu corazón como corazón3He aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto;4Con tu sabiduría y con tu prudencia te has juntado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros;5Con la grandeza de tu sabiduría en tu contratación has multiplicado tus riquezas; y á causa de tus riquezas se ha enaltecido tu corazón.6Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios,7Por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extraños, los fuertes de las gentes, que desenvainarán su espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y ensuciarán tu esplendor.8A la huesa te harán descender, y morirás de las muertes de los que mueren en medio de los mares.9¿Hablarás delante de tu matador, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador.10De muerte de incircuncisos morirás por mano de extraños: porque yo he hablado, dice el Señor Jehová.11Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:12Hijo del hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho el Señor Jehová: Tú echas el sello á la proporción, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.13En Edén, en el huerto de Dios estuviste: toda piedra preciosa fué tu vestidura; el sardio, topacio, diamante, crisólito, onique, y berilo, el zafiro, carbunclo, y esmeralda, y oro, los primores de tus tamboriles y pífanos estuvieron apercibidos para ti en14Tú, querubín grande, cubridor: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado.15Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se halló en ti maldad.16A causa de la multitud de tu contratación fuiste lleno de iniquidad, y pecaste: por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín cubridor.17Enaltecióse tu corazón á causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría á causa de tu resplandor: yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.18Con la multitud de tus maldades, y con la iniquidad de tu contratación ensuciaste tu santuario: yo pues saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y púsete en ceniza sobre la tierra á los ojos de todos los que te miran.19Todos los que te conocieron de entre los pueblos, se maravillarán sobre ti: en espanto serás, y para siempre dejarás de ser.

El brillante príncipe de Tiro, quien se enalteció como un dios, es objeto de una profecía personal. Su castigo nos recuerda el que hirió a Herodes por haber aceptado los halagos de los de Tiro y Sidón, cuando dijeron: “Voz de Dios, y no de hombre” (Hechos 12:20-23). Pero, bajo esa figura del rey de Tiro, Dios quiere hablarnos de un ser misterioso y terrible: Satanás mismo. Príncipe de este mundo —del cual Tiro es imagen—, él utiliza sus riquezas para satisfacer las codicias de los hombres, a fin de mantenerlos sujetos a esclavitud. Y por los versículos 12-15 nos enteramos de que Satanás no fue siempre el Maligno, el enemigo de Dios y de los creyentes. Resplandeciente querubín, “lleno de sabiduría, y acabado en hermosura”, también fue perfecto en sus caminos hasta el día en que se halló iniquidad en él (v. 15). Su corazón se enalteció hasta querer dejar su posición de criatura y ser como Dios (v. 2; Isaías 14:13). La soberbia es llamada “la condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6) y por esa misma tentación —“seréis como Dios”— él arrastró al hombre consigo en su caída. Pero Satanás fue vencido por Cristo en la cruz y la Biblia nos revela la terrible suerte que le está reservada (Apocalipsis 20:10).

Ezequiel 28:20-26; Ezequiel 29:1-7
20Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:21Hijo del hombre, pon tu rostro hacia Sidón, y profetiza contra ella;22Y dirás: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra ti, oh Sidón, y en medio de ti seré glorificado: y sabrán que yo soy Jehová, cuando hiciere en ella juicios, y en ella me santificare.23Y enviaré á ella pestilencia y sangre en sus plazas; y caerán muertos en medio de ella; con espada contra ella alrededor; y sabrán que yo soy Jehová.24Y nunca más será á la casa de Israel espino que le punce, ni espanto que le dé dolor, en todos los alrededores de los que los menosprecian; y sabrán que yo soy Jehová.25Así ha dicho el Señor Jehová: Cuando juntaré la casa de Israel de los pueblos entre los cuales están esparcidos, entonces me santificaré en ellos á los ojos de las gentes, y habitarán en su tierra, la cual dí á mi siervo Jacob.26Y habitarán en ella seguros, y edificarán casas, y plantarán viñas, y habitarán confiadamente, cuando yo haré juicios en todos los que los despojan en sus alrededores; y sabrán que yo soy Jehová su Dios.
1EN el año décimo, en el mes décimo, á los doce del mes, fué á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.3Habla, y di: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es mi río, y yo me lo hice.4Yo pues, pondré anzuelos en tus mejillas, y pegaré los peces de tus ríos á tus escamas, y te sacaré de en medio de tus ríos, y todos los peces de tus ríos saldrán pegados á tus escamas.5Y dejaréte en el desierto, á ti y á todos los peces de tus ríos: sobre la haz del campo caerás; no serás recogido, ni serás juntado: á las bestias de la tierra y á las aves del cielo te he dado por comida.6Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy Jehová, por cuanto fueron bordón de caña á la casa de Israel.7Cuando te tomaron con la mano, te quebraste, y les rompiste todo el hombro: y cuando se recostaron sobre ti, te quebraste, y los deslomaste enteramente.

Después de Tiro, su vecina y aliada Sidón es objeto de una corta profecía. Formaba parte de los que menospreciaban a la casa de Israel (v. 24 y 26) y aprendería a conocerle por los juicios de Jehová.

Cuatro capítulos (29 a 32) son consagrados casi enteramente a Egipto. Esta nación, rival de Asiria y luego de Babilonia, desempeñó un considerable papel en la historia de Israel. Ella también aspiraba a tener el dominio universal. Pero Dios lo dio a Nabucodonosor, y a su turno, Egipto iba a ser una de las provincias del gran imperio babilónico. Uno puede preguntarse por qué Jehová escogió una de esas naciones paganas en vez de otra para que dominase al mundo. Entre otras, una de las razones por las cuales Egipto debía ser humillado era la falsa confianza que Israel había puesto en él (cap. 29:6 y 16). Era necesario que Judá y sus reyes no parecieran haber tenido razón al confiar en Egipto.

Éste era un báculo de caña frágil y quebrada que hería la mano de los que se apoyaban en él (v. 6-7; Isaías 36:6). El Señor, en su fidelidad, seguramente muchas veces se complació en quebrar nuestros apoyos humanos para mostrarnos la vanidad de ellos y enseñarnos a descansar sólo en él.

Ezequiel 30:1-19
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, profetiza, y di: Así ha dicho el Señor Jehová: Aullad: ­Ay del día!3Porque cerca está el día, cerca está el día del Señor; día de nublado, día de las gentes será.4Y vendrá espada á Egipto, y habrá miedo en Etiopía, cuando caerán heridos en Egipto; y tomarán su multitud, y serán destruídos sus fundamentos.5Etiopía, y Libia, y Lidia, y todo el conjunto de pueblo, y Chûb, y los hijos de la tierra de la liga, caerán con ellos á cuchillo.6Así ha dicho Jehová: También caerán los que sostienen á Egipto, y la altivez de su fortaleza caerá: desde Migdol hasta Seveneh caerán en él á cuchillo, dice el Señor Jehová.7Y serán asolados entre las tierras asoladas, y sus ciudades serán entre las ciudades desiertas.8Y sabrán que yo soy Jehová, cuando pusiere fuego á Egipto, y fueren quebrantados todos sus ayudadores.9En aquel tiempo saldrán mensajeros de delante de mí en navíos, á espantar á Etiopía la confiada, y tendrán espanto como en el día de Egipto: porque he aquí viene.10Así ha dicho el Señor Jehová: Haré cesar la multitud de Egipto por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia.11El, y con él su pueblo, los más fuertes de las gentes, serán traídos á destruir la tierra: y desenvainarán sus espadas sobre Egipto, y henchirán la tierra de muertos.12Y secaré los ríos, y entregaré la tierra en manos de malos, y destruiré la tierra y su plenitud por mano de extranjeros: yo Jehová he hablado.13Así ha dicho el Señor Jehová: Destruiré también las imágenes, y haré cesar los ídolos de Memphis; y no habrá más príncipe de la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondré temor.14Y asolaré á Patros, y pondré fuego á Zoán, y haré juicios en No.15Y derramaré mi ira sobre Sin, fortaleza de Egipto, y talaré la multitud de No.16Y pondré fuego á Egipto; Sin tendrá gran dolor, y No será destrozada, y Memphis tendrá continuas angustias.17Los mancebos de Avén y de Pibeseth caerán á cuchillo; y ellas irán en cautiverio.18Y en Tehaphnes será cerrado el día, cuando quebrantaré yo allí las barras de Egipto, y cesará en ella la soberbia de su fortaleza: nublado la cubrirá, y los moradores de sus aldeas irán en cautiverio.19Haré pues juicios en Egipto y sabrán que yo soy Jehová.

Jehová no había olvidado que Egipto seguía siendo una trampa para su pueblo. ¡E iba a demostrarlo! Además, daba ese país a Nabucodonosor como recompensa por su trabajo contra Tiro (cap. 29:19-20). Los golpes que iban a herir a Egipto nos recuerdan las plagas que, en los tiempos del Éxodo, habían asolado a ese país, su río y sus canales, sus ídolos y sus habitantes. La más terrible había sido la muerte de sus primogénitos, cuando Jehová ejecutó sus juicios “en todos los dioses de Egipto” (v. 13; Éxodo 12:12). Y, lo mismo que en otros tiempos, esos grandes juicios tenían como fin hacer saber a los egipcios quién era Jehová (comp. v. 19 y Éxodo 7:5). En efecto, el cumplimiento de todos esos castigos contra las naciones debía tener un resultado, repetido como un refrán al final de cada profecía: “Y sabrán que yo soy Jehová” (23:49; 24:27; 25:5, 7, 11, 17; 26:6; 28:24 y 26; 29:21; 30:19 y 26).

No es posible escapar al conocimiento del Dios santo y a sus exigencias con respecto al pecado. Pero hoy, él se revela todavía como el Dios Salvador en Jesucristo. ¿Le conoce usted así? Porque todos aquellos que no quieren conocerle ahora como Dios de gracia más tarde tendrán que comparecer ante él en juicio (Amós 4:12).

Ezequiel 32:17-32
17Y aconteció en el año duodécimo, á los quince del mes, que fué á mí palabra de Jehová, diciendo:18Hijo del hombre, endecha sobre la multitud de Egipto, y despéñalo á él, y á las villas de las gentes fuertes, en la tierra de los profundos, con los que descienden á la sepultura.19Porque eres tan hermoso, desciende, y yace con los incircuncisos.20Entre los muertos á cuchillo caerán: al cuchillo es entregado: traedlo á él y á todos sus pueblos.21De en medio del infierno hablarán á él los fuertes de los fuertes, con los que le ayudaron, que descendieron, y yacen con los incircuncisos muertos á cuchillo.22Allí Assur con toda su gente: en derredor de él están sus sepulcros: todos ellos cayeron muertos á cuchillo.23Sus sepulcros fueron puestos á los lados de la fosa, y su gente está por los alrededores de su sepulcro: todos ellos cayeron muertos á cuchillo, los cuales pusieron miedo en la tierra de los vivientes.24Allí Elam, y toda su multitud por los alrededores de su sepulcro: todos ellos cayeron muertos á cuchillo, los cuales descendieron incircuncisos á los más profundos lugares de la tierra, porque pusieron su terror en la tierra de los vivientes, mas llevaron25En medio de los muertos le pusieron cama con toda su multitud: á sus alrededores están sus sepulcros: todos ellos incircuncisos muertos á cuchillo, porque fué puesto su espanto en la tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que desciende26Allí Mesech, y Tubal, y toda su multitud: sus sepulcros en sus alrededores: todos ellos incircuncisos muertos á cuchillo, porque habían dado su terror en la tierra de los vivientes.27Y no yacerán con los fuertes que cayeron de los incircuncisos, los cuales descendieron al sepulcro con sus armas de guerra, y pusieron sus espadas debajo de sus cabezas: mas sus pecados estarán sobre sus huesos, porque fueron terror de fuertes en la tierr28Tú pues serás quebrantado entre los incircuncisos, y yacerás con los muertos á cuchillo.29Allí Idumea, sus reyes y todos sus príncipes, los cuales con su fortaleza fueron puestos con los muertos á cuchillo: ellos yacerán con los incircuncisos, y con los que descienden al sepulcro.30Allí los príncipes del aquilón, todos ellos, y todos los de Sidón, que con su terror descendieron con los muertos, avergonzados de su fortaleza, yacen también incircuncisos con los muertos á cuchillo, y llevaron su confusión con los que descienden al sepu31A estos verá Faraón, y consolaráse sobre toda su multitud; Faraón muerto á cuchillo, y todo su ejército, dice el Señor Jehová.32Porque yo puse mi terror en la tierra de los vivientes, también yacerá entre los incircuncisos con los muertos á cuchillo, Faraón y toda su multitud, dice el Señor Jehová.

Este capítulo y los siguientes parecen difíciles de comprender. Pero las profecías que contienen se esclarecen cuando las colocamos en el marco de los acontecimientos del fin de los tiempos, cuando todas las potencias humanas y nacionales que hayan combatido contra Israel serán abatidas para dar lugar al reinado de Cristo.

En esa endecha (v. 16), la suerte de las naciones nos es presentada de manera simbólica. Se encuentran en el Seol en medio de los “muertos a espada” (v. 21; la expresión se halla tres veces en el cap. 32). La primera nación es Asiria, el asirio de los últimos días, poderoso árbol cuya caída fue contada en el capítulo 31. Se nombra luego al Elam (Persia) con Mesec y Tubal (Rusia). También allí están Edom, los príncipes del norte, los sidonios, lo mismo que Faraón y “toda su multitud”. Pueblos grandes y pequeños, después de haber estado más o menos tiempo en la actualidad de la escena mundial, vuelven a encontrarse en ese siniestro lugar de cita. ¿Qué se hizo de su magnificencia? ¿De qué les sirvió su poderío? El terror que inspiraban ya no asusta a nadie y llega a ser su vergüenza (v. 30). Todo lo que tanto importa en la “tierra de los vivientes” no tiene más valor en el umbral de la eternidad. Entonces, una sola pregunta se formulará a cada uno: ¿Está su nombre en el libro de la vida? (Apocalipsis 20:15).

Ezequiel 33:1-20
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, habla á los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de sus términos, y se lo pusiere por atalaya,3Y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare corneta, y avisare al pueblo;4Cualquiera que oyere el sonido de la corneta, y no se apercibiere, y viniendo la espada lo tomare, su sangre será sobre su cabeza.5El sonido de la corneta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él: mas el que se apercibiere, librará su vida.6Pero si el atalaya viere venir la espada, y no tocare la corneta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, tomare de él alguno; por causa de su pecado fué tomado, mas demandaré su sangre de mano del atalaya.7Tú pues, hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya á la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los apercibirás de mi parte.8Diciendo yo al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, mas su sangre yo la demandaré de tu mano.9Y si tú avisares al impío de su camino para que de él se aparte, y él no se apartare de su camino, por su pecado morirá él, y tú libraste tu vida.10Tú pues, hijo del hombre, di á la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y á causa de ellos somos consumidos: ¿cómo pues viviremos?11Diles: Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros caminos: ¿y por qué moriréis, oh casa de Israel?12Y tú, hijo del hombre, di á los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare.13Diciendo yo al justo: De cierto vivirá, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no vendrán en memoria, sino que morirá por su iniquidad que hizo.14Y diciendo yo al impío: De cierto morirás; si él se volviere de su pecado, é hiciere juicio y justicia,15Si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, caminare en las ordenanzas de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá.16No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido: hizo juicio y justicia; vivirá ciertamente.17Luego dirán los hijos de tu pueblo: No es recta la vía del Señor: la vía de ellos es la que no es recta.18Cuando el justo se apartare de su justicia, é hiciere iniquidad, morirá por ello.19Y cuando el impío se apartare de su impiedad, é hiciere juicio y justicia, vivirá por ello.20Y dijisteis: No es recta la vía del Señor. Yo os juzgaré, oh casa de Israel, á cada uno conforme á sus caminos.

En el comienzo de esta nueva división, Jehová recuerda al profeta sus consignas como atalaya (véase cap. 3:16 y sig.): advertir al malo, exhortarle a apartarse de su camino de iniquidad. Ése es también el servicio de cada redimido del Señor, porque conoce por medio de la Palabra lo solemne del tiempo actual. Si mi trompeta diere un sonido incierto (1 Corintios 14:8) o quedare callada, Dios se proveerá de otro atalaya, pero habré faltado a mi responsabilidad y se me pedirá cuenta de ello. El apóstol Pablo había cumplido fielmente ese servicio en Éfeso y pudo decir a los ancianos de esa ciudad: “Estoy limpio de la sangre de todos… no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hechos 20:26-27 y 31).

El versículo 10 puede aplicarse a todos aquellos que son conscientes del peso de sus pecados, sin conocer todavía al Dios que perdona. En respuesta a esos ejercicios, Jehová repite su preciosa declaración del capítulo 18:23: “Vivo yo… que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva” (v. 11). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Ezequiel 33:21-33
21Y aconteció en el año duodécimo de nuestro cautiverio, en el mes décimo, á los cinco del mes, que vino á mí un escapado de Jerusalem, diciendo: La ciudad ha sido herida.22Y la mano de Jehová había sido sobre mí la tarde antes que el escapado viniese, y había abierto mi boca, hasta que vino á mí por la mañana; y abrió mi boca, y no más estuve callado.23Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:24Hijo del hombre, los que habitan aquellos desiertos en la tierra de Israel, hablando dicen: Abraham era uno, y poseyó la tierra: pues nosotros somos muchos; á nosotros es dada la tierra en posesión.25Por tanto, diles: Así dicho el Señor Jehová: ¿Con sangre comeréis, y á vuestros ídolos alzaréis vuestros ojos, y sangre derramaréis, y poseeréis vosotros la tierra?26Estuvisteis sobre vuestras espadas, hicisteis abominación, y contaminasteis cada cual la mujer de su prójimo: ¿y habréis de poseer la tierra?27Les dirás así: Así ha dicho el Señor Jehová: Vivo yo, que los que están en aquellos asolamientos caerán á cuchillo, y al que está sobre la haz del campo entregaré á las bestias que lo devoren; y los que están en las fortalezas y en las cuevas, de pestilen28Y pondré la tierra en desierto y en soledad, y cesará la soberbia de su fortaleza; y los montes de Israel serán asolados, que no haya quien pase.29Y sabrán que yo soy Jehová, cuando pusiere la tierra en soledad y desierto, por todas las abominaciones que han hecho.30Y tú, hijo del hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto á las paredes y á las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oid qué palabra sale de Jehová.31Y vendrán á ti como viene el pueblo, y se estarán delante de ti como mi pueblo, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra: antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.32Y he aquí que tú eres á ellos como cantor de amores, gracioso de voz y que canta bien: y oirán tus palabras, mas no las pondrán por obra.33Empero cuando ello viniere (he aquí viene) sabrán que hubo profeta entre ellos.

Ezequiel recibe las noticias de la conquista de Jerusalén. Desde el primer día del sitio, Jehová le había indicado de qué manera sería avisado (comp. v. 21-22 con cap. 24:25-27). Ahora, va a reducir al país a desierto a causa de la soberbia de los que permanecen en Judea.

El final del capítulo (v. 30-33) es muy solemne. Nos muestra que las palabras de Ezequiel eran apreciadas como agradable canto y hermosa voz. Por desgracia no se las practicaba. Sin duda, por ese motivo el profeta había permanecido callado por un tiempo (v. 22); era un juicio para el pueblo y no para él. Porque la trompeta de un atalaya no resuena para que se disfrute su melodía. Se trata de una señal de alerta. ¡Desdichados aquellos que no la tomen en cuenta!

¿No ocurre lo mismo hoy en día? Algunos pretendidos cristianos parecen oír con placer las predicaciones… pero de ninguna manera están dispuestos a poner en práctica lo que se les enseña. ¿A qué se debe? ¡A falta de rectitud! Lo que se aparenta no corresponde al verdadero estado del corazón (final del v. 31). El Señor dirá de Israel: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí” (Marcos 7:6; Isaías 29:13).

Ezequiel 34:1-16
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y diles á los pastores: Así ha dicho el Señor Jehová: ­Ay de los pastores de Israel, que se apacientan á sí mismos! ¿No apacientan los pastores los rebaños?3Coméis la leche, y os vestís de la lana: la gruesa degolláis, no apacentáis las ovejas.4No corroborasteis las flacas, ni curasteis la enferma: no ligasteis la perniquebrada, ni tornasteis la amontada, ni buscasteis la perdida; sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia;5Y están derramadas por falta de pastor; y fueron para ser comidas de toda bestia del campo, y fueron esparcidas.6Y anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto: y en toda la haz de la tierra fueron derramadas mis ovejas, y no hubo quien buscase, ni quien requiriese.7Por tanto, pastores, oid palabra de Jehová:8Vivo yo, ha dicho el Señor Jehová, que por cuanto mi rebaño fué para ser robado, y mis ovejas fueron para ser comidas de toda bestia del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron á sí mismos, y no apacent9Por tanto, oh pastores, oid palabra de Jehová:10Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo á los pastores; y requeriré mis ovejas de su mano, y haréles dejar de apacentar las ovejas: ni los pastores se apacentarán más á sí mismos; pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.11Porque así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré.12Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.13Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras: y las meteré en su tierra, y las apacentaré en los montes de Israel por las riberas, y en todas las habitaciones del país.14En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel será su majada: allí dormirán en buena majada, y en pastos gruesos serán apacentadas sobre los montes de Israel.15Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor Jehová.16Yo buscaré la perdida, y tornaré la amontada, y ligaré la perniquebrada, y corroboraré la enferma: mas á la gruesa y á la fuerte destruiré. Yo las apacentaré en juicio.

Este capítulo condena muy severamente a los malos pastores (reyes, príncipes y jefes del pueblo). No sólo no cuidaron a las ovejas débiles, enfermas, heridas o descarriadas, sino que ellos mismos engordaron a expensas del rebaño de Israel. Sin temor de Dios y sin amor por el pueblo, obraron como si este último les perteneciera y tuvieran “señorío” sobre él en lugar de ser “ejemplos de la grey” (léase 1 Pedro 5:2-4). Ante ese completo in-cumplimiento, Jehová decide cuidar él mismo a sus ovejas. “He aquí yo” declara él. Y reconocemos el maravilloso amor del “Pastor de Israel» (Salmo 80:1), subrayado por el contraste con los malos pastores. Él promete quedarse en medio de sus ovejas, librarlas, juntarlas, traerlas por “las riberas” y a “buenos pastos” y hacerlas descansar en buen redil (comp. Salmo 23). La perdida será buscada, la descarriada traída al redil; la perniquebrada será vendada y la débil fortalecida. Se trata de la reunión final y de la bendición de Israel. Pero ¡qué preciosa imagen de los tiernos cuidados que el Señor dispensa a cada uno de sus redimidos! (léase 1 Pedro 5:7).

Ezequiel 34:17-31
17Mas vosotras, ovejas mías, así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos.18¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que holléis con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas sentadas, holléis además con vuestros pies las que quedan?19Y mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis hollado.20Por tanto, así les dice el Señor Jehová: He aquí, yo, yo juzgaré entre la oveja gruesa y la oveja flaca,21Por cuanto rempujasteis con el lado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos á todas las flacas, hasta que las esparcisteis fuera.22Yo salvaré á mis ovejas, y nunca más serán en rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja.23Y despertaré sobre ellas un pastor, y él las apacentará; á mi siervo David: él las apacentará, y él les será por pastor.24Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado.25Y estableceré con ellos pacto de paz, y haré cesar de la tierra las malas bestias; y habitarán en el desierto seguramente, y dormirán en los bosques.26Y daré á ellas, y á los alrededores de mi collado, bendición; y haré descender la lluvia en su tiempo, lluvias de bendición serán.27Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra seguramente; y sabrán que yo soy Jehová, cuando quebrare las coyundas de su yugo, y los librare de mano de los que se sirven de ellos.28Y no serán más presa de las gentes, ni las bestias de la tierra las devorarán; sino que habitarán seguramente, y no habrá quien espante;29Y despertaréles una planta por nombre, y no más serán consumidos de hambre en la tierra, ni serán más avergonzados de las gentes.30Y sabrán que yo su Dios Jehová soy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice el Señor Jehová.31Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice el Señor Jehová.

Jehová denuncia severamente el egoísmo de las ovejas fuertes y engordadas y promete que reparará los agravios hechos a las que son flacas y débiles. Luego designa —con comprensible satisfacción y amor— al pastor a quien él va a suscitar: su siervo David. A través de éste, fiel pastor del rebaño de su padre y más tarde del de Israel (1 Samuel 17:34-35; 2 Samuel 5:2), Dios quiere hablarnos de su Amado. “Yo soy el buen pastor” dirá Jesús, en contraste con todos los malos pastores de los cuales nos habló en el comienzo de este capítulo. Tuvo compasión de las multitudes de Israel, cansadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9:36). Lo que caracteriza al buen Pastor es que da su vida por las ovejas (Juan 10:11). Tal es, por cierto, la suprema prueba de su bondad, la que supera todos los cuidados enumerados en este capítulo. “Conozco mis ovejas, y las mías me conocen” agrega el Señor; palabras que podemos comparar con los versículos 30 y 31. Escuchemos todavía esa conmovedora expresión: “ovejas mías, ovejas de mi pasto” (comp. Salmo 100:3). En el capítulo 36:38 hallaremos otras “ovejas consagradas… ovejas de Jerusalén… rebaños de hombres”.

Ezequiel 36:1-15
1Y TU, hijo del hombre, profetiza sobre los montes de Israel, y di: Montes de Israel, oid palabra de Jehová:2Así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto el enemigo dijo sobre vosotros: ­Ea! también las alturas perpetuas nos han sido por heredad;3Profetiza por tanto, y di: Así ha dicho el Señor Jehová: Pues por cuanto asolándoos y tragándoos de todas partes, para que fueseis heredad á las otras gentes, se os ha hecho andar en boca de lenguas, y ser el oprobio de los pueblos,4Por tanto, montes de Israel, oid palabra del Señor Jehová: Así ha dicho el Señor Jehová á los montes y á los collados, á los arroyos y á los valles, á las ruinas y asolamientos, y á las ciudades desamparadas, que fueron puestas á saco y en escarnio á las 5Por eso, así ha dicho el Señor Jehová: He hablado por cierto en el fuego de mi celo contra las demás gentes, y contra toda Idumea, que se disputaron mi tierra por heredad con alegría de todo corazón, con enconamiento de ánimo, para que sus expelidos fuese6Por tanto, profetiza sobre la tierra de Israel, y di á los montes y á los collados, y á los arroyos y á los valles: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, en mi celo y en mi furor he hablado, por cuanto habéis llevado el oprobio de las gentes.7Por lo cual así ha dicho el Señor Jehová: Yo he alzado mi mano, que las gentes que os están alrededor han de llevar su afrenta.8Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestros ramos, y llevaréis vuestro fruto á mi pueblo Israel; porque cerca están para venir.9Porque heme aquí á vosotros, y á vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados.10Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, á toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades han de ser habitadas, y serán edificadas las ruinas.11Y multiplicaré sobre vosotros hombres y bestias, y serán multiplicados y crecerán: y os haré morar como solíais antiguamente, y os haré más bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy Jehová.12Y haré andar hombres sobre vosotros, á mi pueblo Israel; y te poseerán, y les serás por heredad, y nunca más les matarás los hijos.13Así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto dicen de vosotros: Comedora de hombres, y matadora de los hijos de tus gentes has sido:14Por tanto, no devorarás más hombres, y nunca más matarás los hijos á tus gentes, dice el Señor Jehová.15Y nunca más te haré oir injuria de gentes, ni más llevarás denuestos de pueblos, ni harás más morir los hijos á tus gentes, dice el Señor Jehová.

Entre los vecinos de Israel, Edom era particularmente culpable (v. 5). Todo el capítulo 35 es una profecía contra esos descendientes de Esaú. Con toda la fruición maligna de su corazón pensaban aprovechar la desolación de Israel para tomar posesión de su territorio (cap. 35:10). Pero Jehová estaba allí y velaba. ¿No había afirmado ya desde antes del nacimiento de Jacob y Esaú: “El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor”? (Génesis 25:23). Nunca se retractará de su palabra.

Edom se había burlado de “las alturas (o collados) eternas”, nombradas así por Dios mismo en las dos bendiciones destinadas a José (v. 2; Génesis 49:26; Deuteronomio 33:15). Esos montes y esos collados habían “llevado el oprobio de las naciones” (v. 6), porque, según la costumbre pagana, el pueblo impío había edificado allí lugares altos desde los días de Salomón (1 Reyes 11:7). A Jehová le complacerá llenarlos de fruto (comp. Salmo 72:16). Como los incrédulos en otros tiempos, los enemigos decían de ese país que él devoraba a sus habitantes (v. 13; Números 13:33). Pero Dios no permitirá más a las naciones que insulten y cubran de oprobio a la heredad de su pueblo; éste no caerá más “en boca de habladores» (v. 3).

Ezequiel 36:16-38
16Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:17Hijo del hombre, morando en su tierra la casa de Israel, la contaminaron con sus caminos y con sus obras: como inmundicia de menstruosa fué su camino delante de mí.18Y derramé mi ira sobre ellos por las sangres que derramaron sobre la tierra; porque con sus ídolos la contaminaron.19Y esparcílos por las gentes, y fueron aventados por las tierras: conforme á sus caminos y conforme á sus obras los juzgué.20Y entrados á las gentes á donde fueron, profanaron mi santo nombre, diciéndose de ellos: Estos son pueblo de Jehová, y de su tierra de él han salido.21Y he tenido lástima en atención á mi santo nombre, el cual profanó la casa de Israel entre las gentes á donde fueron.22Por tanto, di á la casa de Israel: Así ha dicho el Señor Jehová: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las gentes á donde habéis llegado.23Y santificaré mi grande nombre profanado entre las gentes, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las gentes que yo soy Jehová, dice el Señor Jehová, cuando fuere santificado en vosotros delante de sus ojos.24Y yo os tomaré de las gentes, y os juntaré de todas las tierras, y os traeré á vuestro país.25Y esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.26Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne.27Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra.28Y habitaréis en la tierra que dí á vuestros padres; y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré á vosotros por Dios.29Y os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre.30Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, porque nunca más recibáis oprobio de hambre entre las gentes.31Y os acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas; y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades, y por vuestras abominaciones.32No lo hago por vosotros, dice el Señor Jehová, séaos notorio: avergonzaos y confundíos de vuestras iniquidades, casa de Israel.33Así ha dicho el Señor Jehová: El día que os limpiaré de todas vuestras iniquidades, haré también habitar las ciudades, y las asoladas serán edificadas.34Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber sido asolada en ojos de todos los que pasaron;35Los cuales dijeron: Esta tierra asolada fué como huerto de Edén; y estas ciudades desiertas y asoladas y arruinadas, fortalecidas estuvieron.36Y las gentes que fueron dejadas en vuestros alrededores, sabrán que yo edifiqué las derribadas, y planté las asoladas: yo Jehová he hablado, y harélo.37Así ha dicho el Señor Jehová: Aun seré solicitado de la casa de Israel, para hacerles esto: multiplicarélos de hombres á modo de rebaños.38Como las ovejas santas, como las ovejas de Jerusalem en sus solemnidades, así las ciudades desiertas serán llenas de rebaños de hombres; y sabrán que yo soy Jehová.

Ahora Jehová habla de la obra que quiere cumplir mediante su Espíritu en el corazón de los hijos de Israel… y de todos los hombres. Comparemos el versículo 26 con las palabras que Jesús dijo a Nicodemo respecto del nuevo nacimiento. “El que no naciere de agua (v. 25) y del Espíritu (v. 27), no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). El agua que limpia, siempre es la Palabra que el Espíritu Santo aplica a la conciencia y al corazón a fin de que sea recibida y creída para salvación (comp. Juan 4:14).

La nueva vida dada gratuitamente a todos los que creen es la condición para entrar en el reino y en la familia de Dios. Pero no basta que un niño venga al mundo. Luego deberá aprender a andar; más tarde irá a la escuela. Así ocurre con el hijo de Dios (v. 27). Además, tarde o temprano debe pasar por la gran experiencia del versículo 31: “Os avergonzaréis de vosotros mismos…” (véase cap. 6:9; 20:43). El Espíritu de Dios conduce al alma regenerada a ese conocimiento de sí misma (comp. Job 42:6).

Nicodemo, maestro de Israel, habría tenido que conocer estas cosas (Juan 3:10). Estaban expresamente anunciadas en los profetas (véase también Ezequiel 11:19; Jeremías 24:7 y sig.) Y usted, querido amigo que quizás haya sido enseñado en ellas desde su niñez, ¿no debería conocerlas todavía mejor?

Ezequiel 37:1-14
1Y LA mano de Jehová fué sobre mí, y sacóme en espíritu de Jehová, y púsome en medio de un campo que estaba lleno de huesos.2E hízome pasar cerca de ellos por todo alrededor: y he aquí que eran muy muchos sobre la haz del campo, y por cierto secos en gran manera.3Y díjome: Hijo del hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.4Díjome entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oid palabra de Jehová.5Así ha dicho el Señor Jehová á estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.6Y pondré nervios sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.7Profeticé pues, como me fué mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor, y los huesos se llegaron cada hueso á su hueso.8Y miré, y he aquí nervios sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrío por encima de ellos: mas no había en ellos espíritu.9Y díjome: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo del hombre, y di al espíritu: Así ha dicho el Señor Jehová: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.10Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies, un ejército grande en extremo.11Díjome luego: Hijo del hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo talados.12Por tanto profetiza, y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré á la tierra de Israel.13Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros, y os sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío.14Y pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.

Este extraordinario capítulo completa al precedente, mostrándonos esta vez cómo Jehová da una nueva vida a todo su pueblo restaurado. Como lo explican los versículos 11 a 14, esta asombrosa visión se aplica a la resurrección nacional de Israel (después del arrebatamiento de la Iglesia). El actual retorno de judíos a Palestina parece ser el preludio de ello. En respuesta a la palabra del profeta, los huesos se juntan, los nervios, la carne y la piel vienen a cubrirlos, pero su estado de muerte no ha cambiado. Es un despertar nacional nada comparable con el despertar espiritual que el pueblo conocerá luego, al alba del reinado de Cristo. En efecto, para dar la vida, el Espíritu de Dios debe obrar y entonces lo hará despertando la conciencia y los afectos de ese pueblo (Salmo 104:30).

La pregunta formulada al profeta subraya la completa impotencia humana (v. 3). En esos huesos no hay fuerza ni vida. Pero todo eso precisamente hace resaltar el poder de Dios, “el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17). ¡Cuánto más maravillosa aun es la obra que él cumplió en nosotros! Si bien estábamos muertos en nuestros pecados, él nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2:5; Colosenses 2:13; Juan 5:21).

Ezequiel 37:15-28
15Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:16Tú, hijo del hombre, tómate ahora un palo, y escribe en él: A Judá, y á los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: A José, palo de Ephraim, y á toda la casa de Israel sus compañeros.17Júntalos luego el uno con el otro, para que sean en uno, y serán uno en tu mano.18Y cuando te hablaren los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?19Diles: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Ephraim, y á las tribus de Israel sus compañeros, y pondrélos con él, con el palo de Judá, y harélos un palo, y serán uno en mi mano.20Y los palos sobre que escribieres, estarán en tu mano delante de sus ojos;21Y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo tomo á los hijos de Israel de entre las gentes á las cuales fueron, y los juntaré de todas partes, y los traeré á su tierra:22Y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel; y un rey será á todos ellos por rey: y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos:23Ni más se contaminarán con sus ídolos, y con sus abominaciones, y con todas sus rebeliones: y los salvaré de todas sus habitaciones en las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo á ellos por Dios.24Y mi siervo David será rey sobre ellos, y á todos ellos será un pastor: y andarán en mis derechos, y mis ordenanzas guardarán, y las pondrán por obra.25Y habitarán en la tierra que dí á mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres, en ella habitarán ellos, y sus hijos, y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David les será príncipe para siempre.26Y concertaré con ellos pacto de paz, perpetuo pacto será con ellos: y los asentaré, y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre.27Y estará en ellos mi tabernáculo, y seré á ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.28Y sabrán las gentes que yo Jehová santifico á Israel, estando mi santuario entre ellos para siempre.

Bajo el reinado de Roboam, las diez tribus —cuyo cabecilla era Efraín— se habían separado de Judá y de Benjamín como consecuencia de la infidelidad de Salomón. Desde entonces, esa brecha nunca fue reparada. Sin embargo, lo será cuando se establezca el reinado de Cristo, y Ezequiel lo anuncia así por medio de esos dos palos que forman sólo uno en su mano (comp. Jeremías 3:18). Jehová muestra que, sin aguardar ese momento, la unidad de su pueblo no deja de estar en su pensamiento. Los profetas y luego los apóstoles nunca perdieron de vista el conjunto de las doce tribus (1 Reyes 18:31; Hechos 26:7; Santiago 1:1).

Ocurre lo mismo con la Iglesia del Señor Jesús. Por culpa de sus hombres su unidad no es ya visible, pero ella existe para él y nunca deberíamos olvidarlo. En presencia de toda la confusión y las divisiones de la cristiandad, es consolador pensar que hay sólo una verdadera Iglesia compuesta por todos los creyentes. Hay “un cuerpo”, como también “un Señor”: Cristo, de quien David es aquí figura (Efesios 4:4-5;1 Corintios 12:5 y 12). “Un rey será a todos ellos por rey… nunca más serán divididos” (v. 22). “Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor” (comp. Juan 10:16).

Ezequiel 38:1-23
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo:2Hijo del hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe de la cabecera de Mesech y Tubal, y profetiza sobre él.3Y di: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo á ti, oh Gog, príncipe de la cabecera de Mesech y Tubal.4Y yo te quebrantaré, y pondré anzuelos en tus quijadas, y te sacaré á ti, y á todo tu ejército, caballos y caballeros, vestidos de todo todos ellos, grande multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas:5Persia, y Etiopía, y Libia con ellos; todos ellos con escudos y almetes:6Gomer, y todas sus compañías; la casa de Togarma, á los lados del norte, y todas sus compañías; pueblos muchos contigo.7Aparéjate, y apercíbete, tú, y toda tu multitud que se ha reunido á ti, y séles por guarda.8De aquí á muchos días serás tú visitado: al cabo de años vendrás á la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, á los montes de Israel, que siempre fueron para asolamiento: mas fué sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente9Y subirás tú, vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú, y todas tus compañías, y muchos pueblos contigo.10Así ha dicho el Señor Jehová: Y será en aquel día, que subirán palabras en tu corazón, y concebirás mal pensamiento;11Y dirás: Subiré contra tierra de aldeas, iré á gentes reposadas, y que habitan confiadamente: todos ellos habitan sin muros, no tienen cerrojos ni puertas:12Para arrebatar despojos y para tomar presa; para tornar tu mano sobre las tierras desiertas ya pobladas, y sobre el pueblo recogido de las gentes, que se hace de ganados y posesiones, que mora en el ombligo de la tierra.13Seba, y Dedán, y los mercaderes de Tarsis, y todos sus leoncillos, te dirán: ¿Has venido á arrebatar despojos? ¿has reunido tu multitud para tomar presa, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para tomar grandes despojos?14Por tanto profetiza, hijo del hombre, y di á Gog: Así ha dicho el Señor Jehová: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habitará seguramente, ¿no lo sabrás tú?15Y vendrás de tu lugar, de las partes del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos á caballo, grande reunión y poderoso ejército:16Y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días: y te traeré sobre mi tierra, para que las gentes me conozcan, cuando fuere santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.17Así ha dicho el Señor Jehová: ¿No eres tú aquél de quien hablé yo en tiempos pasados por mis siervos los profetas de Israel, los cuales profetizaron en aquellos tiempos que yo te había de traer sobre ellos?18Y será en aquel tiempo, cuando vendrá Gog contra la tierra de Israel, dijo el Señor Jehová, que subirá mi ira en mi enojo.19Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel;20Que los peces de la mar, y las aves del cielo, y las bestias del campo, y toda serpiente que anda arrastrando sobre la tierra, y todos los hombres que están sobre la haz de la tierra, temblarán á mi presencia; y se arruinarán los montes, y los vallados ca21Y en todos mis montes llamaré contra él espada, dice el Señor Jehová: la espada de cada cual será contra su hermano.22Y yo litigaré con él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él, y sobre sus compañías, y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre.23Y seré engrandecido y santificado, y seré conocido en ojos de muchas gentes; y sabrán que yo soy Jehová.

En los capítulos 38 y 39 entra en escena un personaje espantoso, ya encontrado en la profecía bajo el nombre de asirio. Aquí lleva el nombre de Gog y su dominación se extiende hasta Magog, el antiguo país de los escitas, ubicado al norte del mar Negro, pueblo considerado en otros tiempos como particularmente bárbaro (comp. Colosenses 3:11). Gog es el príncipe de “Ros, Mesec y Tubal” (v. 2, V.M.; véase Génesis 10:2), nombres en los cuales se pudo reconocer respectivamente a Rusia, Moscú y Tobolsk, esta última capital de Siberia. A la cabeza de una formidable coalición de pueblos asiáticos, ese jefe, más terrible que Atila y que cualquier otro conquistador de la Historia, vendrá “como tempestad” sobre la tierra de Israel para tomar posesión de ella. Pero Dios intervendrá directamente desde el cielo para aniquilarlos (v. 22) y además esas diferentes razas y naciones se destruirán recíprocamente (v. 21). A menudo hace falta muy poca cosa para convertir a los amigos de ayer en encarnizados adversarios. De esa manera fueron salvados en otro tiempo Josafat y el pueblo de Judá (2 Crónicas 20:23). Queridos amigos, aquel que puede cumplir semejantes liberaciones, ¿podría estar desprevenido acerca de los peligros que nos amenazan? Dejemos siempre que él mismo obre cada vez que enfrentemos los asaltos del Enemigo.

Ezequiel 39:1-29
1TU pues, hijo del hombre, profetiza contra Gog, y di: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra ti, oh Gog, príncipe de la cabecera de Mesech y Tubal:2Y te quebrantaré, y te sextaré, y te haré subir de las partes del norte, y te traeré sobre los montes de Israel;3Y sacaré tu arco de tu mano izquierda, y derribaré tus saetas de tu mano derecha.4Sobre los montes de Israel caerás tú, y todas tus compañías, y los pueblos que fueron contigo: á toda ave y á toda cosa que vuela, y á las bestias del campo, te he dado por comida.5Sobre la haz del campo caerás: porque yo he hablado, dice el Señor Jehová.6Y enviaré fuego sobre Magog, y sobre los que moran seguramente en las islas; y sabrán que yo soy Jehová.7Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré amancillar mi santo nombre; y sabrán las gentes que yo soy Jehová, el Santo en Israel.8He aquí, vino y fué, dice el Señor Jehová: este es el día del cual he hablado.9Y los moradores de las ciudades de Israel saldrán, y encenderán y quemarán armas, y escudos, y paveses, arcos y saetas, y bastones de mano, y lanzas: y las quemarán en fuego por siete años.10Y no traerán leña del campo, ni cortarán de los bosques, sino que quemarán las armas en el fuego: y despojarán á sus despojadores, y robarán á los que los robaron, dice el Señor Jehová.11Y será en aquel tiempo, que yo daré á Gog lugar para sepultura allí en Israel, el valle de los que pasan al oriente de la mar, y obstruirá el paso á los transeuntes, pues allí enterrarán á Gog y á toda su multitud: y lo llamarán, El valle de Hamón-gog.12Y la casa de Israel los estará enterrando por siete meses, para limpiar la tierra:13Enterrarlos ha todo el pueblo de la tierra: y será para ellos célebre el día que yo fuere glorificado, dice el Señor Jehová.14Y tomarán hombres de jornal, los cuales vayan por el país con los que viajaren, para enterrar á los que quedaron sobre la haz de la tierra, á fin de limpiarla: al cabo de siete meses harán el reconocimiento.15Y pasarán los que irán por el país, y el que viere los huesos de algún hombre, edificará junto á ellos un mojón, hasta que los entierren los sepultureros en el valle de Hamón-gog.16Y también el nombre de la ciudad será Hamonah: y limpiarán la tierra.17Y tú, hijo del hombre, así ha dicho el Señor Jehová: Di á las aves, á todo volátil, y á toda bestia del campo: Juntaos, y venid; reuníos de todas partes á mí víctima que os sacrifico, un sacrificio grande sobre los montes de Israel, y comeréis carne y beb18Comeréis carne de fuertes, y beberéis sangre de príncipes de la tierra; de carneros, de corderos, de machos de cabrío, de bueyes, de toros, engordados todos en Basán.19Y comeréis gordura hasta hartaros y beberéis hasta embriagaros sangre, de mi sacrificio que yo os sacrifiqué.20Y os hartaréis sobre mi mesa, de caballos, y de caballeros fuertes, y de todos hombres de guerra, dice el Señor Jehová.21Y pondré mi gloria entre las gentes, y todas las gentes verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse.22Y de aquel día en adelante sabrá la casa de Israel que yo soy Jehová su Dios.23Y sabrán las gentes que la casa de Israel fué llevada cautiva por su pecado; por cuanto se rebelaron contra mí, y yo escondí de ellos mi rostro, y entreguélos en mano de sus enemigos, y cayeron todos á cuchillo.24Conforme á su inmundicia y conforme á sus rebeliones hice con ellos: y de ellos escondí mi rostro.25Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Ahora volveré la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de toda la casa de Israel, y celaré por mi santo nombre.26Y ellos sentirán su vergüenza, y toda su rebelión con que prevaricaron contra mí, cuando habitaren en su tierra seguramente, y no habrá quien los espante;27Cuando los volveré de los pueblos, y los juntaré de las tierras de sus enemigos, y fuere santificado en ellos en ojos de muchas gentes.28Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos hecho pasar á las gentes, los juntaré sobre su tierra, sin dejar más allá ninguno de ellos.29Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi espíritu sobre la casa de Israel, dice el Señor Jehová.

Gog, sus aliados, sus vasallos y sus innumerables hordas serán aniquilados “sobre los montes de Israel”. Para darnos una idea de la terrorífica amplitud de ese asalto final, el versículo 9 declara que el material de guerra abandonado proveerá de bastante combustible a los habitantes para calentarse durante siete años, y el versículo 14 agrega que serán necesarios siete meses para enterrar a los muertos. De modo que ese país que Gog habrá querido poseer llegará a ser su tumba. Y, además, Dios también enviará un juicio sobre Magog, el propio territorio del agresor.

Todo lo que concierne a esa destrucción del asirio y de sus ejércitos se halla consignado desde hace más de veinte siglos en el Libro de Dios (comp. cap. 38:17). Pero esto no impedirá que las multitudes enceguecidas por Satanás se precipiten por sí solas al lugar designado para su matanza. Si bien desde hace dos mil años el Evangelio declara adónde lleva el camino ancho (Mateo 7:13), cuán numerosos son los que lo siguen con los ojos cerrados para ir a la perdición. Tales serán los últimos acontecimientos que precederán al reinado de Cristo. De ahí en adelante Israel morará en paz; no habrá nadie que lo asuste y muchas naciones aprenderán a temer a Jehová.

Ezequiel 40:1-16
1EN el año veinticinco de nuestro cautiverio, al principio del año, á los diez del mes, á los catorce años después que la ciudad fué herida, en aquel mismo día fué sobre mí la mano de Jehová, y llevóme allá.2En visiones de Dios me llevó á la tierra de Israel, y púsome sobre un monte muy alto, sobre el cual había como edificio de una ciudad al mediodía.3Y llevóme allí, y he aquí un varón, cuyo aspecto era como aspecto de metal, y tenía un cordel de lino en su mano, y una caña de medir: y él estaba á la puerta.4Y hablóme aquel varón, diciendo: Hijo del hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón á todas las cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase eres traído aquí. Cuenta todo lo que ves á la casa de Israel.5Y he aquí, un muro fuera de la casa: y la caña de medir que aquel varón tenía en la mano, era de seis codos, de á codo y palmo: y midió la anchura del edificio de una caña, y la altura, de otra caña.6Después vino á la puerta que daba cara hacia el oriente, y subió por sus gradas, y midió el un poste de la puerta, de una caña en anchura, y el otro poste de otra caña en ancho.7Y cada cámara tenía una caña de largo, y una caña de ancho; y entre las cámaras había cinco codos en ancho; y cada poste de la puerta junto á la entrada de la puerta por dentro, una caña.8Midió asimismo la entrada de la puerta por de dentro, una caña.9Midió luego la entrada del portal, de ocho codos, y sus postes de dos codos; y la puerta del portal estaba por de dentro.10Y la puerta de hacia el oriente tenía tres cámaras de cada parte, todas tres de una medida: también de una medida los portales de cada parte.11Y midió la anchura de la entrada de la puerta, de diez codos; la longitud del portal de trece codos.12Y el espacio de delante de las cámaras, de un codo de la una parte, y de otro codo de la otra; y cada cámara tenía seis codos de una parte, y seis codos de otra.13Y midió la puerta desde el techo de la una cámara hasta el techo de la otra, veinticinco codos de anchura, puerta contra puerta.14E hizo los postes de sesenta codos, cada poste del atrio y del portal por todo alrededor.15Y desde la delantera de la puerta de la entrada hasta la delantera de la entrada de la puerta de dentro, cincuenta codos.16Y había ventanas estrechas en las cámaras, y en sus portales por de dentro de la puerta alrededor, y asimismo en los corredores; y las ventanas estaban alrededor por de dentro; y en cada poste había palmas.

A partir del capítulo 40 y hasta el final del libro estamos ante una visión completamente nueva del profeta. Nos transporta a Palestina durante el milenio. Israel, restaurado y reunido, mora seguro; el Espíritu Santo se derrama sobre él (cap. 39:25-29). Ahora Dios se complace en describir el lugar de su propia habitación en la tierra, aquel en el cual su gloria podrá volver a morar. Así como en otro tiempo Jehová había mostrado a Moisés en el monte el modelo del primer tabernáculo (Éxodo 25:40; Hebreos 8:5), le revela a Ezequiel, por medio de una visión, todos los detalles del futuro templo en otro monte. Y cada uno de nosotros puede hacerse destinatario de la exhortación del versículo 4: “Oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las cosas que te muestro”. El profeta va a examinar sucesivamente las tres puertas que dan acceso al atrio exterior (o patio). Cada puerta tiene el aspecto de una pequeña casa atravesada por un corredor central al cual dan tres cámaras de cada lado.

Notemos que la caña de medir que utiliza el guía está dividida en seis unidades, cada una de las cuales tiene un codo y un palmo (es decir, siete palmos), dimensión que solamente Dios emplea. Esto debe enseñarnos a estimarlo todo según su medida, la del santuario.

Ezequiel 40:35-49
35Llevóme luego á la puerta del norte, y midió conforme á estas medidas:36Sus cámaras, y sus postes, y sus arcos, y sus ventanas alrededor: la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos el ancho.37Y sus postes caían fuera al atrio, con palmas á cada uno de sus postes de una parte y otra: y sus gradas eran de ocho peldaños.38Y había allí una cámara, y su puerta con postes de portales; allí lavarán el holocausto.39Y en la entrada de la puerta había dos mesas de la una parte, y otras dos de la otra, para degollar sobre ellas el holocausto, y la expiación, y el sacrificio por el pecado.40Y al lado por de fuera de las gradas, á la entrada de la puerta del norte, había dos mesas; y al otro lado que estaba á la entrada de la puerta, dos mesas.41Cuatro mesas de la una parte, y cuatro mesas de la otra parte al lado de la puerta; ocho mesas, sobre las cuales degollarán.42Y las cuatro mesas para el holocausto eran de piedras labradas, de un codo y medio de longitud, y codo y medio de ancho, y de altura de un codo: sobre éstas pondrán las herramientas con que degollarán el holocausto y el sacrificio.43Y dentro, ganchos de un palmo, dispuestos por todo alrededor; y sobre las mesas la carne de la ofrenda.44Y fuera de la puerta interior, en el atrio de adentro que estaba al lado de la puerta del norte, estaban las cámaras de los cantores, las cuales miraban hacia el mediodía: una estaba al lado de la puerta del oriente que miraba hacia el norte.45Y díjome: Esta cámara que mira hacia el mediodía es de los sacerdotes que tienen la guarda del templo.46Y la cámara que mira hacia el norte es de los sacerdotes que tienen la guarda del altar: estos son los hijos de Sadoc, los cuales son llamados de los hijos de Leví al Señor, para ministrarle.47Y midió el atrio, cien codos de longitud, y la anchura de cien codos cuadrados; y el altar estaba delante de la casa.48Y llevóme al pórtico del templo, y midió cada poste del pórtico, cinco codos de una parte, y cinco codos de otra; y la anchura de la puerta tres codos de una parte, y tres codos de otra.49La longitud del pórtico veinte codos, y la anchura once codos, al cual subían por gradas: y había columnas junto á los postes, una de un lado, y otra de otro.

En la primera parte de este libro vimos que el templo de Salomón fue profanado; que, por decirlo así, Dios fue proscrito; que los sacerdotes llegaron a adorar ídolos allí; y que la realeza faltó por completo a su deber. Las consecuencias de ello fueron la destrucción del templo, la transportación del pueblo judío y su apartamiento como nación. Pero Dios nunca permite que las infidelidades de los hombres contrarresten Sus propósitos. Es necesario que en los mismos lugares en que fue deshonrado, él sea plenamente glorificado, que las promesas hechas a David se cumplan, que se construya un nuevo templo y que se instituya un nuevo sacerdocio bajo el reinado de un nuevo rey (Cristo) que domine en justicia sobre un pueblo arrepentido. Todo esto se efectuará durante el milenio, tiempo “de la restauración de todas las cosas”, del cual habla Pedro (Hechos 3:21). Éste es el tema de los capítulos 40 a 48, a través de los cuales deseamos dejarnos conducir por el Espíritu Santo, tal como aquí el profeta es guiado paso a paso por su maravilloso compañero. Con su ayuda también visitaremos este magnífico templo que será construido en Jerusalén para que Dios sea buscado y adorado en él.

Ezequiel 41:1-4, 15-26
1METIOME luego en el templo, y midió los postes, siendo el ancho seis codos de una parte, y seis codos de otra, que era la anchura del tabernáculo.2Y la anchura de la puerta era de diez codos; y los lados de la puerta, de cinco codos de una parte, y cinco de otra. Y midió su longitud de cuarenta codos, y la anchura de veinte codos.3Y pasó al interior, y midió cada poste de la puerta de dos codos; y la puerta de seis codos; y la anchura de la entrada de siete codos.4Midió también su longitud, de veinte codos, y la anchura de veinte codos, delante del templo: y díjome: Este es el lugar santísimo.
15Y midió la longitud del edificio que estaba delante del apartamiento que había detrás de él, y las cámaras de una parte y otra, cien codos; y el templo de dentro, y los portales del atrio.16Los umbrales, y las ventanas estrechas, y las cámaras, tres en derredor á la parte delantera, todo cubierto de madera alrededor desde el suelo hasta las ventanas; y las ventanas también cubiertas.17Encima de sobre la puerta, y hasta la casa de dentro, y de fuera, y por toda la pared en derredor de dentro y por de fuera, tomó medidas.18Y estaba labrada con querubines y palmas: entre querubín y querubín una palma: y cada querubín tenía dos rostros:19Un rostro de hombre hacia la palma de la una parte, y rostro de león hacia la palma de la otra parte, por toda la casa alrededor.20Desde el suelo hasta encima de la puerta había labrados querubines y palmas, y por toda la pared del templo.21Cada poste del templo era cuadrado, y la delantera del santuario era como la otra delantera.22La altura del altar de madera era de tres codos, y su longitud de dos codos; y sus esquinas, y su superficie, y sus paredes, eran de madera. Y díjome: Esta es la mesa que está delante de Jehová.23Y el templo y el santuario tenían dos portadas.24Y en cada portada había dos puertas, dos puertas que se volvían: dos puertas en la una portada, y otras dos en la otra.25Y en las puertas del templo había labrados de querubines y palmas, así como estaban hechos en las paredes, y grueso madero sobre la delantera de la entrada por de fuera.26Y había ventanas estrechas, y palmas de una y otra parte por los lados de la entrada, y de la casa, y por las vigas.

El profeta y su guía han pasado por el pórtico y penetran en la casa. Al igual que el templo de Salomón, se divide en un lugar santo, de cuarenta codos, y en un lugar santísimo de forma cúbica que tiene veinte codos de lado. Pese a la considerable superficie ocupada por el santuario y sus anexos —lo que nos habla de la grandeza del reinado de Cristo— comprobamos que las dimensiones interiores son exactamente las mismas que las del primer templo (1 Reyes 6:17 y 20). El plan de Dios es inmutable: sus designios respecto de Cristo y de la bendición del mundo nunca cambiaron. Con tanto tiempo de antelación prevé que queden expuestos en su santo Libro como testimonio de su fiel bondad: él cumplirá lo que se propuso. La lectura de esas páginas debería hablar muy especialmente a la conciencia de Israel, al demostrarle que Dios nunca dejó de interesarse por él.

A partir del versículo 15 tenemos la descripción del edificio, luego la del altar y al final la de las puertas labradas del santuario. Su decoración expresa los caracteres del Reinado: poder para ejecutar juicio (los querubines, encargados de ello); paz y victoria (las palmeras).

Ezequiel 42:1-20
1SACOME luego al atrio de afuera hacia el norte, y llevóme á la cámara que estaba delante del espacio que quedaba enfrente del edificio de hacia el norte.2Por delante de la puerta del norte su longitud era de cien codos, y la anchura de cincuenta codos.3Frente á los veinte codos que había en el atrio de adentro, y enfrente del solado que había en al atrio exterior, estaban las cámaras, las unas enfrente de las otras en tres pisos.4Y delante de las cámaras había un corredor de diez codos de ancho á la parte de adentro, con viaje de un codo; y sus puertas hacia el norte.5Y las cámaras más altas eran más estrechas; porque las galerías quitaban de ellas más que de las bajas y de las de en medio del edificio:6Porque estaban en tres pisos, y no tenían columnas como las columnas de los atrios: por tanto, eran más estrechas que las de abajo y las del medio desde el suelo.7Y el muro que estaba afuera enfrente de las cámaras, hacia el atrio exterior delante de las cámaras, tenía cincuenta codos de largo.8Porque la longitud de las cámaras del atrio de afuera era de cincuenta codos: y delante de la fachada del templo había cien codos.9Y debajo de las cámaras estaba la entrada al lado oriental, para entrar en él desde el atrio de afuera.10A lo largo del muro del atrio hacia el oriente, enfrente de la lonja, y delante del edificio, había cámaras.11Y el corredor que había delante de ellas era semejante al de las cámaras que estaban hacia el norte, conforme á su longitud, asimismo su anchura, y todas sus salidas; conforme á sus puertas, y conforme á sus entradas.12Y conforme á las puertas de las cámaras que estaban hacia el mediodía, tenía una puerta al principio del camino, del camino delante del muro hacia el oriente á los que entran.13Y díjome: Las cámaras del norte y las del mediodía, que están delante de la lonja, son cámaras santas, en las cuales los sacerdotes que se acercan á Jehová comerán las santas ofrendas: allí pondrán las ofrendas santas, y el presente, y la expiación, y el 14Cuando los sacerdotes entraren, no saldrán del lugar santo al atrio de afuera, sino que allí dejarán sus vestimentas con que ministrarán, porque son santas; y vestiránse otros vestidos, y así se allegarán á lo que es del pueblo.15Y luego que acabó las medidas de la casa de adentro, sacóme por el camino de la puerta que miraba hacia el oriente, y midiólo todo alrededor.16Midió el lado oriental con la caña de medir, quinientas cañas de la caña de medir en derredor.17Midió al lado del norte, quinientas cañas de la caña de medir alrededor.18Midió al lado del mediodía, quinientas cañas de la caña de medir.19Rodeó al lado del occidente, y midió quinientas cañas de la caña de medir.20A los cuatro lados lo midió: tuvo el muro todo alrededor quinientas cañas de longitud, y quinientas cañas de anchura, para hacer separación entre el santuario y el lugar profano.

Además de las cámaras, las que, como en el primer templo, rodean la casa hasta una altura de tres pisos (cap. 41:6 y sig.; comp. 1 Reyes 6:5), los sacerdotes disponen de un gran número de cámaras (o celdas) que dan al atrio. Allí deben comer las cosas santas, almacenarlas y también cambiar sus vestiduras para ejercer sus funciones.

En contraste, pensamos de nuevo en la celestial posición de los redimidos del Señor Jesús, “siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:20-22).

El Señor podía revelar a sus discípulos que en la casa de su Padre había “muchas moradas” (es decir, lugar para todos; Juan 14:2). Al dejarlos, iba a prepararles lugar en ese celestial santuario en el que, pronto, todos los creyentes serán recibidos.

Notemos que las cámaras son santas (v. 13), que los sacerdotes son santos (v. 14) y que los sacrificios son santísimos (v. 13, V.M.) Jehová se acuerda de las abominaciones introducidas en otros tiempos en su templo por reyes impíos (cap. 43:8). En el porvenir, un vasto muro de quinientas cañas de lado circundará el santuario y sus dependencias “para hacer separación entre lo santo y lo común” (final del v. 20, V.M.)

Ezequiel 43:1-12
1LLEVOME luego á la puerta, á la puerta que mira hacia el oriente;2Y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía de hacia el oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía á causa de su gloria.3Y la visión que vi era como la visión, como aquella visión que vi cuando vine para destruir la ciudad: y las visiones eran como la visión que vi junto al río de Chebar; y caí sobre mi rostro.4Y la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba cara al oriente.5Y alzóme el espíritu, y metióme en el atrio de adentro; y he aquí que la gloria de Jehová hinchió la casa.6Y oí uno que me hablaba desde la casa: y un varón estaba junto á mí.7Y díjome: Hijo del hombre, este es el lugar de mi asiento, y el lugar de las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre: y nunca más contaminará la casa de Israel mi santo nombre, ni ellos ni sus reyes, con sus fornica8Y poniendo ellos su umbral junto á mi umbral, y su poste junto á mi poste, y no más que pared entre mí y ellos, contaminaron mi santo nombre con sus abominaciones que hicieron: consumílos por tanto en mi furor.9Ahora echarán lejos de mí su fornicación, y los cuerpos muertos de sus reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre.10Tú, hijo del hombre, muestra á la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados, y midan la traza de ella.11Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender la figura de la casa, y su traza, y sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes: y descríbelo delante de sus ojos,12Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, todo su término alrededor será santísimo. He aquí que esta es la ley de la casa.

El futuro santuario ha sido visitado y medido en todas direcciones. Está terminado y separado de lo que es profano; sin embargo, le falta lo que es su razón de ser: la presencia de Jehová. Entonces, como en el día de la dedicación del templo de Salomón, el maravilloso acontecimiento se produce: la gloria de Dios, vista por el profeta en el momento en que ella se iba (cap. 11), vuelve para habitar en la casa. ¡He aquí que aparece viniendo del oriente, después de muchos siglos de ausencia! Y ese retorno es acompañado por una inapreciable promesa: “Habitaré entre los hijos de Israel para siempre” (v. 7 y 9).

El profeta, vigilante atalaya, no recibió esa visión sólo para sí. Dios le invita a “mostrar” la casa y su disposición general a los hijos de su pueblo (v. 10). Es cosa muy notable que el efecto producido sobre ellos no será de admiración ni de alegría, sino que primeramente consistirá en confusión. Y solamente después de que esa humillación se haya producido, Ezequiel podrá darles a conocer todos los detalles del nuevo templo (v. 11). Retengamos ese principio tan importante y verdadero para todos los tiempos: el Señor sólo puede darnos a conocer sus pensamientos cuando nuestros corazones han sido juzgados.

Ezequiel 43:13-27
13Y estas son las medidas del altar por codos (el codo de á codo y palmo). El seno, de un codo, y de un codo el ancho; y su remate por su borde alrededor, de un palmo. Este será el fondo alto del altar.14Y desde el seno de sobre el suelo hasta el lugar de abajo, dos codos, y la anchura de un codo: y desde el lugar menor hasta el lugar mayor, cuatro codos, y la anchura de un codo.15Y el altar, de cuatro codos, y encima del altar, cuatro cuernos.16Y el altar tenía doce codos de largo, y doce de ancho, cuadrado á sus cuatro lados.17Y el área, de catorce codos de longitud y catorce de anchura en sus cuatro lados, y de medio codo el borde alrededor: y el seno de un codo por todos lados; y sus gradas estaban al oriente.18Y díjome: Hijo del hombre, así ha dicho el Señor Jehová: Estas son las ordenanzas del altar el día en que será hecho, para ofrecer sobre él holocausto, y para esparcir sobre él sangre.19Darás á los sacerdotes Levitas que son del linaje de Sadoc, que se allegan á mí, dice el Señor Jehová, para ministrarme, un becerro de la vacada para expiación.20Y tomarás de su sangre, y pondrás en los cuatro cuernos del altar, y en las cuatro esquinas del área, y en el borde alrededor: así lo limpiarás y purificarás.21Tomarás luego el becerro de la expiación, y lo quemarás conforme á la ley de la casa, fuera del santuario.22Y al segundo día ofrecerás un macho de cabrío sin defecto, para expiación; y purificarán el altar como lo purificaron con el becerro.23Cuando acabares de expiar, ofrecerás un becerro de la vacada sin defecto, y un carnero sin tacha de la manada:24Y los ofrecerás delante de Jehová, y los sacerdotes echarán sal sobre ellos, y los ofrecerán en holocausto á Jehová.25Por siete días sacrificarán un macho cabrío cada día en expiación; asimismo sacrificarán el becerro de la vacada y un carnero sin tacha del rebaño.26Por siete días expiarán el altar, y lo limpiarán, y ellos henchirán sus manos.27Y acabados estos días, al octavo día, y en adelante, sacrificarán los sacerdotes sobre el altar vuestros holocaustos y vuestros pacíficos; y me seréis aceptos, dice el Señor Jehová.

El capítulo 41 mencionaba el altar de madera colocado en el interior de la casa. Ahora se trata del altar de los sacrificios en medio del atrio interior: su descripción, sus medidas y finalmente las instrucciones concernientes a su servicio.

Muchos se extrañan de volver a hallar sacrificios en el futuro templo, creyendo ver en eso una contradicción con la plena suficiencia de la obra de Cristo. En efecto, la epístola a los Hebreos afirma que es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados. Por eso Jesús se presentó y ofreció “una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados” (Hebreos 10:1 y sig.) Pero aquí no se trata de volver atrás; la perfecta obra del Señor en la cruz será la base de la bendición de Israel, así como asegura la de la Iglesia (Salmo 22:23 y sig.) Se puede entender, pues, que en lugar de ser un acto por el cual se haga “memoria por los pecados” —como se hacía en otros tiempos—, los sacrificios quemados sobre este altar servirán para recordar el de Cristo en la cruz. Este recuerdo visible, necesario para el olvidadizo corazón del hombre, será en alguna medida para el Israel de Dios y el pueblo que nacerá durante el Reinado, lo que la Cena es hoy en día para los cristianos (Salmo 22:31).

Ezequiel 44:1-14
1Y TORNOME hacia la puerta de afuera del santuario, la cual mira hacia el oriente; y estaba cerrada.2Y díjome Jehová: Esta puerta ha de estar cerrada: no se abrirá, ni entrará por ella hombre, porque Jehová Dios de Israel entró por ella; estará por tanto cerrada.3Para el príncipe; el príncipe, él se sentará en ella para comer pan delante de Jehová: por el camino de la entrada de la puerta entrará, y por el camino de ella saldrá.4Y llevóme hacia la puerta del norte por delante de la casa, y miré, y he aquí, la gloria de Jehová había henchido la casa de Jehová: y caí sobre mi rostro.5Y díjome Jehová: Hijo del hombre, pon tu corazón, y mira con tus ojos, y oye con tus oídos todo lo que yo hablo contigo sobre todas las ordenanzas de la casa de Jehová, y todas sus leyes: y pon tu corazón á las entradas de la casa, y á todas las salidas d6Y dirás á los rebeldes, á la casa de Israel: Así ha dicho el Señor Jehová: Básteos de todas vuestras abominaciones, oh casa de Israel.7De haber vosotros traído extranjeros, incircuncisos de corazón é incircuncisos de carne, para estar en mi santuario, para contaminar mi casa; de haber ofrecido mi pan, la grosura y la sangre: é invalidaron mi pacto por todas vuestras abominaciones:8Y no guardasteis el ordenamiento de mis santificaciones, sino que os pusisteis guardas de mi ordenanza en mi santuario.9Así ha dicho el Señor Jehová: Ningún hijo de extranjero, incircunciso de corazón é incircunciso de carne, entrará en mi santuario, de todos los hijos de extranjeros que están entre los hijos de Israel.10Y los Levitas que se apartaron lejos de mí cuando Israel erró, el cual se desvió de mí en pos de sus ídolos, llevarán su iniquidad.11Y serán ministros en mi santuario, porteros á las puertas de la casa, y sirvientes en la casa: ellos matarán el holocausto y la víctima al pueblo, y ellos estarán delante de ellos para servirles.12Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron á la casa de Israel por tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi mano acerca de ellos, dice el Señor Jehová, que llevarán su iniquidad.13No serán allegados á mí para serme sacerdotes, ni se llegarán á ninguna de mis santificaciones; á las santidades de santidades; sino que llevarán su vergüenza, y sus abominaciones que hicieron.14Pondrélos, pues, por guardas de la guarda de la casa en todo su servicio, y en todo lo que en ella hubiere de hacerse.

Con excepción del príncipe (que en la tierra sumisa y bendecida será como el virrey que representará al Cristo que estará en lo alto), nadie más deberá utilizar la puerta por la cual entró la gloria de Jehová. ¡Nuevo contraste con el creyente! Éste tiene libre acceso a los lugares celestiales en los que está su Salvador, por el mismo camino de la resurrección.

Ezequiel contempla la gloria que llena el santuario y se postra sobre su rostro como al principio (cap. 1:28). Entonces Jehová le explica qué obligaciones de santidad resultan de su presencia. Ningún extranjero podrá penetrar en su templo. De ahí la necesidad de velar en las puertas. Jehová designa guardas (porteros) (v. 11). Permanecerán en las cámaras dispuestas en el interior de cada puerta y verificarán la identidad de todos aquellos que quieran entrar. Esas funciones recaen en los levitas. Éstos habían sido “tropezadero” para los hijos de su pueblo al servirles delante de sus ídolos (v. 12; Malaquías 2:8-9). La misericordia de Dios les confía de nuevo un cargo, pero menos importante que el de otrora. ¡Es una lección para nosotros! Nuestras infidelidades implican consecuencias inevitables, no para el servicio sino para nosotros mismos, y podrían privarnos de una parte de nuestro trabajo en provecho de otros obreros más fieles.

Ezequiel 44:15-31
15Mas los sacerdotes Levitas, hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento de mi santuario, cuando los hijos de Israel se desviaron de mí, ellos serán allegados á mí para ministrarme, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice el S16Esos entrarán en mi santuario, y ellos se allegarán á mi mesa para ministrarme, y guardarán mi ordenamiento.17Y será que cuando entraren por las puertas del atrio interior, se vestirán de vestimentas de lino: no asentará sobre ellos lana, cuando ministraren en las puertas del atrio de adentro, y en el interior.18Tiaras de lino tendrán en sus cabezas, y pañetes de lino en sus lomos: no se ceñirán para sudar.19Y cuando salieren al atrio de afuera, al atrio de afuera al pueblo, se desnudarán de sus vestimentas con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos: así no santificarán el pueblo con sus vestimentas.20Y no raparán su cabeza, ni dejarán crecer el cabello; sino que lo recortarán trasquilando sus cabezas.21Y ninguno de los sacerdotes beberá vino cuando hubieren de entrar en el atrio interior.22Ni viuda, ni repudiada se tomarán por mujeres; sino que tomarán vírgenes del linaje de la casa de Israel, ó viuda que fuere viuda de sacerdote.23Y enseñarán á mi pueblo á hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán á discernir entre lo limpio y lo no limpio.24Y en el pleito ellos estarán para juzgar; conforme á mis derechos lo juzgarán: y mis leyes y mis decretos guardarán en todas mis solemnidades, y santificarán mis sábados.25Y á hombre muerto no entrará para contaminarse; mas sobre padre, ó madre, ó hijo, ó hija, hermano, ó hermana que no haya tenido marido, se contaminará.26Y ffadespués de su purificación, le contarán siete días.27Y el día que entrare al santuario, al atrio de adentro, para ministrar en el santuario, ofrecerá su expiación, dice el Señor Jehová.28Y será á ellos por heredad: yo seré su heredad; y no les daréis posesión en Israel: yo soy su posesión.29El presente, y la expiación, y el sacrificio por el pecado, comerán; y toda cosa dedicada en Israel, será de ellos.30Y las primicias de todos los primeros de todo, y toda ofrenda de todo lo que se ofreciere de todas vuestras ofrendas, será de los sacerdotes: daréis asimismo las primicias de todas vuestras masas al sacerdote, para que haga reposar la bendición en vuestra31Ninguna cosa mortecina, ni desgarrada, así de aves como de animales, comerán los sacerdotes.

Eleazar e Itamar habían compartido el sacerdocio después de la muerte de sus hermanos Nadab y Abiú (Números 3:4). Más tarde, la rama descendiente de Itamar perdió sus derechos a causa de la corrupción de los hijos de Elí y de la traición de Abiatar (1 Samuel 3:12-13; 1 Reyes 1:7-8; 2:27). Por eso es preciso que los sacerdotes sean hijos de Sadoc, de la familia de Eleazar (1 Crónicas 6:50-53). Así como fue en aquellos tiempos, en los últimos días, ese cargo tampoco se obtendrá como consecuencia de capacidades personales sino exclusivamente por derecho de nacimiento (Salmo 87:5). Hoy ocurre lo mismo con los redimidos del Señor. En virtud del nuevo nacimiento, todos ellos tienen derecho al hermoso título de sacerdote.

Pero, como todo privilegio, éste igualmente implica deberes. Las instrucciones dadas a los sacerdotes son muy precisas, tanto para el cumplimiento de su servicio como para su vida familiar (comp. Levítico 21). Especialmente deberán velar por la pureza, y es también nuestra responsabilidad mantenernos apartados de la contaminación, nosotros, quienes somos por gracia “sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5; véase también 1 Tesalonicenses 4:4).

Ezequiel 45:1-17
1Y CUANDO partiereis por suertes la tierra en heredad, apartaréis una suerte para Jehová que le consagréis en la tierra, de longitud de veinticinco mil cañas y diez mil de ancho: esto será santificado en todo su término alrededor.2De esto serán para el santuario quinientas de longitud, y quinientas de ancho, en cuadro alrededor; y cincuenta codos en derredor para sus ejidos.3Y de esta medida medirás en longitud veinticinco mil cañas, y en anchura diez mil, en lo cual estará el santuario, el santuario de santuarios.4Lo consagrado de esta tierra será para los sacerdotes ministros del santuario, que se llegan para ministrar á Jehová: y seráles lugar para casas, y lugar santo para el santuario.5Asimismo veinticinco mil de longitud, y diez mil de anchura, lo cual será para los Levitas ministros de la casa, en posesión, con veinte cámaras.6Y para la posesión de la ciudad daréis cinco mil de anchura y veinticinco mil de longitud, delante de lo que se apartó para el santuario: será para toda la casa de Israel.7Y la parte del príncipe será junto al apartamiento del santuario, de la una parte y de la otra, y junto á la posesión de la ciudad, delante del apartamiento del santuario, y delante de la posesión de la ciudad, desde el rincón occidental hacia el occident8Esta tierra tendrá por posesión en Israel, y nunca más mis príncipes oprimirán á mi pueblo: y darán la tierra á la casa de Israel por sus tribus.9Así ha dicho el Señor Jehová: Básteos, oh príncipes de Israel: dejad la violencia y la rapiña: haced juicio y justicia; quitad vuestras imposiciones de sobre mi pueblo, dice el Señor Jehová.10Peso de justicia, y epha de justicia, y bato de justicia, tendréis.11El epha y el bato serán de una misma medida: que el bato tenga la décima parte del homer, y la décima parte del homer el epha: la medida de ellos será según el homer.12Y el siclo será de veinte geras: veinte siclos, con veinticinco siclos, y quince siclos, os serán una mina.13Esta será la ofrenda que ofreceréis: la sexta parte de un epha de homer del trigo, y la sexta parte de un epha de homer de la cebada.14Y la ordenanza del aceite será que ofreceréis un bato de aceite, que es la décima parte de un coro: diez batos harán un homer; porque diez batos son un homer.15Y una cordera de la manada de doscientas, de las gruesas de Israel, para sacrificio, y para holocausto y para pacíficos, para expiación por ellos, dice el Señor Jehová.16Todo el pueblo de la tierra será obligado á esta ofrenda para el príncipe de Israel.17Mas del príncipe será el dar el holocausto, y el sacrificio, y la libación, en las solemnidades, y en las lunas nuevas, y en los sábados, y en todas las fiestas de la casa de Israel: él dispondrá la expiación, y el presente, y el holocausto, y los pacífic

La ofrenda alzada (v. 1, V.M.) es una porción de territorio que quedará reservada a Jehová en la repartición del país. Los sacerdotes habitarán en ella (v. 4). Luego se delimitan las propiedades de los levitas, de la ciudad y del príncipe, porque Dios vigila para que no pueda haber más opresión ni injusticia en Israel (comp. v. 9 y cap. 46:18).

El mismo nombre de ofrenda elevada (v. 13, V.M.) se aplica a los dones que los israelitas harán a Jehová proporcionalmente a la renta de sus campos y de sus rebaños (comp. Levítico 27:30). Como cristianos bajo la gracia, no estamos obligados a entregar una parte de lo que poseemos. ¿Tendremos por eso menos diligencia y liberalidad para destinar algo al servicio del Señor?

Los diferentes sacrificios ordenados en el Levítico se hallan de nuevo en los versículos 15 y 17. El holocausto nos recuerda que Cristo se ofreció a Dios en olor fragante (Efesios 5:2). La ofrenda vegetal (V.M.) habla de su vida de sufrimiento y abnegación. Con la ofrenda de paz podemos alimentarnos de Cristo y aseguramos todas nuestras bendiciones, las que así llegan a ser la base del culto. Finalmente, el sacrificio para hacer expiación presenta la santa Víctima enviada por Dios para ser la propiciación por nuestros pecados (1 Juan 2:2; 4:10).

Ezequiel 45:21-25; Ezequiel 46:1-11
21El mes primero, á los catorce días del mes, tendréis la pascua, fiesta de siete días: comeráse pan sin levadura.22Y aquel día el príncipe sacrificará por sí, y por todo el pueblo de la tierra, un becerro por el pecado.23Y en los siete días de solemnidad hará holocausto á Jehová, siete becerros y siete carneros sin defecto, cada día de los siete días; y por el pecado un macho cabrío cada día.24Y con cada becerro ofrecerá presente de un epha, y con cada carnero un epha; y por cada epha un hin de aceite.25En el mes séptimo, á los quince del mes, en la fiesta, hará como en estos siete días, cuanto á la expiación, y cuanto al holocausto, y cuanto al presente, y cuanto al aceite.
1ASI ha dicho el Señor Jehová: La puerta del atrio de adentro que mira al oriente, estará cerrada los seis días de trabajo, y el día del sábado se abrirá: abriráse también el día de la nueva luna.2Y el príncipe entrará por el camino del portal de la puerta de afuera, y estará al umbral de la puerta, mientras los sacerdotes harán su holocausto y sus pacíficos, y adorará á la entrada de la puerta: después saldrá; mas no se cerrará la puerta hasta la 3Asimismo adorará el pueblo de la tierra delante de Jehová, á la entrada de la puerta, en los sábados y en las nuevas lunas.4Y el holocausto que el príncipe ofrecerá á Jehová el día del sábado, será seis corderos sin defecto, y un carnero sin tacha:5Y por presente un epha con cada carnero; y con cada cordero un presente, don de su mano, y un hin de aceite con el epha.6Mas el día de la nueva luna, un becerro sin tacha de la vacada, y seis corderos, y un carnero: deberán ser sin defecto.7Y hará presente de un epha con el becerro, y un epha con cada carnero: mas con los corderos, conforme á su facultad; y un hin de aceite por cada epha.8Y cuando el príncipe entrare, entrará por el camino del portal de la puerta: y por el mismo camino saldrá.9Mas cuando el pueblo de la tierra entrare delante de Jehová en las fiestas, el que entrare por la puerta del norte, saldrá por la puerta del mediodía; y el que entrare por la puerta del mediodía, saldrá por la puerta del norte: no volverá por la puerta po10Y el príncipe, cuando ellos entraren, él entrará en medio de ellos: y cuando ellos salieren, él saldrá.11Y en las fiestas y en las solemnidades será el presente un epha con cada becerro, y un epha con cada carnero; y con los corderos, lo que le pareciere; y un hin de aceite con cada epha.

El capítulo 45 termina impartiendo las instrucciones concernientes a la Pascua, primera de las tres grandes fiestas anuales (Deuteronomio 16). En el porvenir cada israelita podrá comprender su precioso significado y pensar en el Cordero de Dios cuya sangre lo puso a cubierto del juicio. La segunda fiesta, la de Pentecostés, no es mencionada aquí, y comprendemos por qué: concierne a la Iglesia, cuya parte es celestial y no tiene motivo para figurar en ese cuadro del reinado terrenal. En cambio, en el versículo 25 se trata de la tercera solemnidad, simplemente llamada “la fiesta”. Se trata de la concerniente a los Tabernáculos, pero aquí se habla muy poco de ella, ya que prefigura al milenio, el cual entonces habrá llegado.

El capítulo 46 fija las ceremonias del día de reposo y de la luna nueva, así como las obligaciones del príncipe con respecto a aquéllas.

La importancia y la precisión de esta visión profética quizá nos hayan sorprendido. Pero, repitámoslo, después de haber sido tan deshonrado en Israel, es justo que Dios se extienda con satisfacción sobre ese futuro culto mediante el cual, por fin, será glorificado en la tierra. Y quiere que nos regocijemos con él, aquellos que desde ahora le ofrecemos la alabanza como su pueblo celestial.

Ezequiel 47:1-12
1HIZOME tornar luego á la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente: porque la fachada de la casa estaba al oriente: y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al mediodía del a2Y sacóme por el camino de la puerta del norte, é hízome rodear por el camino fuera de la puerta, por de fuera al camino de la que mira al oriente: y he aquí las aguas que salían al lado derecho.3Y saliendo el varón hacia el oriente, tenía un cordel en su mano; y midió mil codos, é hízome pasar por las aguas hasta los tobillos.4Y midió otros mil, é hízome pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, é hízome pasar por las aguas hasta los lomos.5Y midió otros mil, é iba ya el arroyo que yo no podía pasar: porque las aguas se habían alzado, y el arroyo no se podía pasar sino á nado.6Y díjome: ¿Has visto, hijo del hombre? Después me llevó, é hízome tornar por la ribera del arroyo.7Y tornando yo, he aquí en la ribera del arroyo había árboles muy muchos de la una parte y de la otra.8Y díjome: Estas aguas salen á la región del oriente, y descenderán á la llanura, y entrarán en la mar: y entradas en la mar, recibirán sanidad las aguas.9Y será que toda alma viviente que nadare por donde quiera que entraren estos dos arroyos, vivirá: y habrá muy muchos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este arroyo.10Y será que junto á él estarán pescadores; y desde En-gadi hasta En-eglaim será tendedero de redes: en su clase será su pescado como el pescado de la gran mar, mucho en gran manera.11Sus charcos y sus lagunas no se sanarán; quedarán para salinas.12Y junto al arroyo, en su ribera de una parte y de otra, crecerá todo árbol de comer: su hoja nunca caerá, ni faltará su fruto: á sus meses madurará, porque sus aguas salen del santuario: y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.

En ese templo del porvenir, al profeta le queda por considerar un maravilloso detalle. Por debajo del umbral, como del mismo trono de Dios, surge un manantial fresco, poderoso e inagotable. Corre ensanchándose (aunque no es cuestión de afluentes) y Ezequiel, yendo por la orilla de las aguas con su celestial compañero, es invitado a atravesarlo de mil en mil codos. Pronto deja de hacer pie: “el río no se podía pasar sino a nado”.

Ésta es una preciosa imagen de ese río de la gracia que por nosotros surge del santo Lugar. Como el profeta, aprendemos a apreciar su profundidad a medida que avanzamos en nuestra carrera cristiana, hasta advertir que esa gracia es insondable (2 Pedro 3:18).

Ese extraordinario río correrá hacia el oriente, trayendo vida y fertilidad a la región actualmente más desolada del globo: la del mar Muerto (v. 8; comp. Joel 3:18 y Zacarías 14:8). Este último será saneado y abundará en peces; el desierto se cambiará en manantiales surgentes (Isaías 41:18); nada recordará la maldición de Sodoma. Así la gracia divina y vivificante produce fruto para Dios por todos los lugares donde se extiende, como debe poder hacerlo en nuestro propio corazón (Juan 7:38).

Ezequiel 47:13-23; Ezequiel 48:1-7
13Así ha dicho el Señor Jehová: Este es el término en que partiréis la tierra en heredad entre las doce tribus de Israel: José dos partes.14Y la heredaréis así los unos como los otros: por ella alcé mi mano que la había de dar á vuestros padres: por tanto, esta tierra os caerá en heredad.15Y este será el término de la tierra hacia la parte del norte; desde la gran mar, camino de Hethlon viniendo á Sedad;16Hamath, Berotha, Sibrahim, que está entre el término de Damasco y el término de Hamath; Haser-hatticon, que es el término de Hauran.17Y será el término del norte desde la mar de Haser-enon al término de Damasco al norte, y al término de Hamath al lado del norte.18Al lado del oriente, por medio de Hauran y de Damasco, y de Galaad, y de la tierra de Israel, al Jordán: esto mediréis de término hasta la mar del oriente.19Y al lado del mediodía, hacia el mediodía, desde Tamar hasta las aguas de las rencillas; desde Cades y el arroyo hasta la gran mar: y esto será el lado austral, al mediodía.20Y al lado del occidente la gran mar será el término hasta en derecho para venir á Hamath: este será el lado del occidente.21Partiréis, pues, esta tierra entre vosotros por las tribus de Israel.22Y será que echaréis sobre ella suertes por herencia para vosotros, y para los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que entre vosotros han engendrado hijos: y los tendréis como naturales entre los hijos de Israel; echarán suertes con vosotros para he23Y será que en la tribu en que peregrinare el extranjero, allí le daréis su heredad, ha dicho el Señor Jehová.
1Y ESTOS son los nombres de las tribus: Desde la extremidad septentrional por la vía de Hethlon viniendo á Hamath, Haser-enon, al término de Damasco, al norte, al término de Hamath: tendrá Dan una parte, siendo sus extremidades al oriente y al occidente.2Y junto al término de Dan, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Aser una parte.3Y junto al término de Aser, desde el lado oriental hasta la parte de la mar, Nephtalí, otra.4Y junto al término de Nephtalí, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Manasés, otra.5Y junto al término de Manasés, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Ephraim, otra.6Y junto al término de Ephraim, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Rubén, otra.7Y junto al término de Rubén, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Judá, otra.

Se delimitan las fronteras de Israel y, en ese marco, cada tribu recibe su heredad: una franja recta que se extiende desde el Mediterráneo hasta mucho más allá del Jordán (hasta el Eufrates, conforme a las divinas promesas por fin cumplidas: Éxodo 23:31; Josué 1:4). Al comparar esa repartición del país con el complicado trazado de las primitivas fronteras por parte de Josué y sus emisarios (véase Josué 18), admiramos cómo todo es sencillo cuando Dios lo establece. Como cada territorio será repartido de modo parejo, no habrá más celos ni discusiones (léase Josué 17:14). Y, como para adelantarse a estas últimas, Jehová mismo precisa que José tendrá dos partes (v. 13, cumplimiento de Génesis 48:5). En otro tiempo Rubén, Gad y la media tribu de Manasés habían elegido su territorio aparte de las otras tribus. Ahora habitan en medio de sus hermanos en los limites que Jehová fijó para ellos (cap. 48:4, 6 y 27). Tampoco hay división entre Judá y las diez tribus. Algunas de éstas habitan al norte y otras al sur, a cada lado de “la porción” (u “ofrenda alzada” - v. 8, V.M.), realizando en ese porvenir el versículo 1 del Salmo 133: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”

Ezequiel 48:20-35
20Todo el apartado de veinticinco mil cañas por veinticinco mil en cuadro, apartaréis por suerte para el santuario, y para la posesión de la ciudad.21Y del príncipe será lo que quedare de la una parte y de la otra de la suerte santa, y de la posesión de la ciudad, es á saber, delante de las veinticinco mil cañas de la suerte hasta el término oriental, y al occidente delante de las veinticinco mil hasta22Y desde la posesión de los Levitas, y desde la posesión de la ciudad, en medio estará lo que pertenecerá al príncipe. Entre el término de Judá y el término de Benjamín estará la suerte del príncipe.23Cuanto á las demás tribus, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, tendrá Benjamín una parte.24Y junto al término de Benjamín, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Simeón, otra.25Y junto al término de Simeón, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Issachâr, otra.26Y junto al término de Issachâr, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Zabulón, otra.27Y junto al término de Zabulón, desde la parte del oriente hasta la parte de la mar, Gad, otra.28Y junto al término de Gad, á la parte del austro, al mediodía, será el término desde Tamar hasta las aguas de las rencillas, y desde Cades y el arroyo hasta la gran mar.29Esta es la tierra que partiréis por suertes en heredad á las tribus de Israel, y estas son sus porciones, ha dicho el Señor Jehová.30Y estas son las salidas de la ciudad á la parte del norte, cuatro mil y quinientas cañas por medida.31Y las puertas de la ciudad serán según los nombres de las tribus de Israel: tres puertas al norte: la puerta de Rubén, una; la puerta de Judá, otra; la puerta de Leví, otra.32Y á la parte del oriente cuatro mil y quinientas cañas, y tres puertas: la puerta de José, una; la puerta de Benjamín, otra; la puerta de Dan, otra.33Y á la parte del mediodía, cuatro mil y quinientas cañas por medida, y tres puertas: la puerta de Simeón, una; la puerta de Issachâr, otra; la puerta de Zabulón, otra.34Y á la parte del occidente cuatro mil y quinientas cañas, y sus tres puertas: la puerta de Gad, una; la puerta de Aser, otra; la puerta de Nephtalí, otra.35En derredor tendrá dieciocho mil cañas. Y el nombre de la ciudad desde aquel día será JEHOVA SHAMMA.

A menudo se ha comparado este libro de Ezequiel con el del Apocalipsis. El uno y el otro empiezan con una gloriosa y solemne visión, siguen con los juicios venideros y terminan brindando un cuadro del bienaventurado reino por venir. Pero Ezequiel considera esos acontecimientos bajo su carácter terrenal, con relación a Israel. Por el contrario, en sus últimos capítulos el Apocalipsis presenta de manera simbólica lo que concierne a la Iglesia y su porvenir celestial. La santa Ciudad descrita y medida en Apocalipsis 21 es una figura de ella. Corresponde en el cielo a la Jerusalén terrenal de nuestros versículos 30 a 35; también tiene doce puertas que llevan los nombres de las doce tribus de Israel (Apocalipsis 21:12; comp. igualmente lo que se dice del río en el cap. 47:1 y 12 con Apocalipsis 22:1-2).

El hermoso nombre que la ciudad llevará en el porvenir: Jehová-sama (Jehová allí; v. 35) nos recuerda que la nueva Jerusalén será “el tabernáculo de Dios” (Apocalipsis 21:3); más aún: que el gran pensamiento de Dios en Cristo es el de ser finalmente “todo en todos” (1 Corintios 15:28). ¡Es de desear que tenga desde ahora su morada en cada uno de nuestros corazones!

Lucas

Lucas 1:1-17
1HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,2Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;3Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,4Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.5HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.6Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.7Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.8Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,9Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.10Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.11Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.12Y se turbó Zacarías viéndo le, y cayó temor sobre él.13Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.14Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.15Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.16Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.17Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.

Este evangelio es el que, por así decirlo, nos acerca más al Señor Jesús, pues nos lo presenta especialmente en su humanidad perfecta. Dios escogió a Lucas, el médico amado y fiel compañero de Pablo (Colosenses 4:14; 2 Timoteo 4:11), para que nos hiciera esta revelación. Ésta es presentada bajo la forma de una narración destinada a un cierto Teófilo (cuyo nombre significa “el que ama a Dios”). El tema condujo al evangelista a describir, con particular cuidado, cómo Jesús se revistió de nuestra humanidad e hizo su entrada en el mundo. Es verdad que habría podido aparecer a una edad adulta; mas quiso vivir nuestra historia desde el nacimiento hasta la muerte, pero siempre para la gloria de Dios. El principio del relato nos presenta a Zacarías, un piadoso sacerdote, cumpliendo su servicio en el templo. Mientras oficiaba en ese solemne lugar, repentinamente y con temor notó que ya no estaba solo. Había un ángel junto al altar del incienso que traía un mensaje divino: Un hijo sería dado a Zacarías y Elisabet. Separado para Dios desde el vientre de su madre, sería el profeta encargado de preparar a Israel para la venida de su Mesías, quien diría de él más tarde: “Si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir” (comp. v. 17 con Mateo 11:14 y Malaquías 4:5-6).

Lucas 1:18-38
18Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.19Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.20Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.21Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo.22Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y él les hablaba por señas, y quedó mudo.23Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.24Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:25Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.26Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,27A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.28Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ­Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.29Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.30Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.31Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS.32Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:33Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.34Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.35Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.36Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:37Porque ninguna cosa es imposible para Dios.38Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella.

Ante estas “buenas nuevas” (v. 19), el corazón de Zacarías permaneció incrédulo. Y, sin embargo, ¿no eran la respuesta a sus oraciones? (v. 13). Desgraciadamente sucede lo mismo con nosotros. Ya no esperamos del Señor lo que le hemos pedido. En respuesta a la pregunta: “¿En qué conoceré esto?”, el mensajero celestial reveló su propio nombre: Gabriel, que significa Dios es poderoso. Sí, su palabra se cumpliría a pesar de las dudas con que fue acogida. Zacarías quedó mudo hasta el nacimiento del niño, mientras que Elisabet, su mujer, objeto de la gracia divina, se recluyó modestamente para no llamar la atención. Después, el ángel Gabriel fue encargado de una misión más extraordinaria todavía: anunciar a María, una virgen de Israel, que ella sería la madre del Salvador. ¡Maravilloso acontecimiento, infinito en sus consecuencias! Comprendemos la turbación y emoción que se apoderaron de la joven. Pero su pregunta del versículo 34 no denotaba incredulidad como la de Zacarías. María creyó y se sometió enteramente a la voluntad divina: “He aquí la sierva del Señor” (v. 38). Ésta es la respuesta que el que nos ha rescatado espera de nosotros.

De Juan el ángel había dicho: “Será grande delante de Dios” (v. 15), pero de Jesús declaró: “Será grande, y será llamado Hijo del Altísimo… Hijo de Dios” (v. 32, 35).

Lucas 1:39-56
39En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;40Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.41Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,42Y exclamó á gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.43¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?44Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.45Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.46Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;47Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,48Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.49Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.50Y su misericordia de generación á generación A los que le temen.51Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.52Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes.53A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos.54Recibió á Israel su siervo, Acordandose de la misericordia.55Como habló á nuestros padres A Abraham y á su simiente para siempre.56Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.

Deseosa de compartir el feliz mensaje con Elisabet, de quien el ángel le acababa de hablar, María visitó a su parienta. ¡Qué conversación tuvieron estas dos mujeres! Bien ilustra Malaquías 3:16: “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero”. Las ocupaba la gloria de Dios, el cumplimiento de sus promesas, las bendiciones ofrecidas a la fe. ¿Tenemos nosotros tales temas de conversación cuando nos encontramos con otros hijos de Dios? “Bienaventurada la que creyó”, exclamó Elisabet, y María respondió: “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (v. 47). Esto es suficiente para demostrar que María no ha sido salvada de otra manera que por la fe. Como pecadora tenía necesidad, al igual que todos los hombres, del Salvador que iba a nacer de ella. Él “ha mirado la bajeza de su sierva”, añadió María (v. 48). A pesar del honor excepcional que Dios le concedía, María permaneció humilde ante él. ¿Qué pensaría ella del culto del que se le ha hecho objeto en ciertos ámbitos de la cristiandad?

Observemos cuánto se asemeja el hermoso cántico de María al de Ana (1 Samuel 2). Ambos hablan de cómo Dios “exaltó a los humildes… y a los ricos envió vacíos”. Dios sólo envía vacíos a los que están llenos de sí mismos.

Lucas 1:57-80
57Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.58Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella.59Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.60Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.61Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.62Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería llamar.63Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.64Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.65Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.66Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.67Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:68Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redención á su pueblo,69Y nos alzó un cuerno de salvación En la casa de David su siervo,70Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:71Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron;72Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordándose de su santo pacto;73Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, Que nos había de dar,74Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos75En santidad y en justicia delante de él, todos los días nuestros.76Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos;77Dando conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de sus pecados,78Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó de lo alto el Oriente,79Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.80Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á Israel.

Elisabet trajo al mundo al que sería el profeta del Altísimo (v. 76). Vecinos y parientes se regocijaron con ella. ¡De cuánta alegría están llenos estos capítulos! (1:14, 44, 47, 58; 2:10). Zacarías tuvo la ocasión de demostrar su fe confirmando el hermoso nombre de este niño (Juan significa “favor del Señor”). Inmediatamente le fue devuelta el habla; sus primeras palabras fueron para alabar y bendecir a Dios. Lleno del Espíritu Santo, celebró la gran acción libertadora que Dios habría de emprender en favor de su pueblo. ¡Cuánto más aún puede subir nuestro cántico cristiano! Por la venida de Cristo y su obra en la cruz Dios nos ha librado, no de enemigos terrenales, sino del poder de Satanás. Estando así libertados, nuestro privilegio es servir al Señor “sin temor… en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días” (comp. v. 74-75 con Hebreos 2:14-15). “Nos visitará el Sol naciente, descendiendo de las alturas”, añade Zacarías (v. 78; V. M.). En los tiempos de Ezequiel, la gloria se había ido en dirección del oriente (o del sol naciente). Adorable misterio, esta gloria divina volvía a visitar al pueblo impotente y miserable (v. 79). Esta vez no era bajo el aspecto de una nube deslumbrante, sino bajo la condición de un humilde niño.

Lucas 2:1-20
1Y ACONTECIO en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.2Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.3E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.4Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;5Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.6Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir.7Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.8Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado.9Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.10Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:11Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.12Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.13Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían:14Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.15Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.16Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre.17Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño.18Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.19Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón.20Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.

Sin saberlo, el emperador Augusto César fue uno de los instrumentos de los cuales Dios se sirvió para cumplir sus maravillosos designios. Desconocidos por todos, José y María se dirigieron a Belén, en donde tuvo lugar el nacimiento del Señor Jesús. Pero, ¡qué entrada hizo el Hijo de Dios en este mundo! ¡Tuvo que ser acostado en un pesebre porque no había lugar para él en el mesón! Su venida molestó al mundo. Cuántos corazones se asemejan a este mesón: no hay sitio para el Señor Jesús.

No fue a los grandes, sino a los humildes pastores a quienes fue anunciada la maravillosa noticia: “Os ha nacido hoy… un Salvador”. Él nació para ellos y para nosotros. Al mundo no le interesó el nacimiento del Salvador, pero el cielo entero celebró este incomparable misterio: “Dios fue manifestado en carne… visto de los ángeles” (1 Timoteo 3:16). Éstos dieron gloria a Dios en su magnífico cántico, anunciaron la paz en la tierra y la buena voluntad de Dios para con los hombres (comp. Proverbios 8:31). Gracias a la señal que les fue dada, los pastores encontraron al niño, comunicaron lo que acababan de ver y oír y dieron gloria a Dios (v. 20). Unamos nuestro reconocimiento y loor al de ellos.

Lucas 2:21-38
21Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESUS; el cual le fué puesto por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre.22Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor,23(Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),24Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.25Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él.26Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.27Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley.28Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:29Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz;30Porque han visto mis ojos tu salvación,31La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;32Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel.33Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él.34Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;35Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.36Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;37Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.38Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem.

El niño fue sometido a todo el ritual que ordenaba la ley del Señor. El nombre del Señor se repite cuatro veces en los versículos 22-24, como para afirmar los derechos divinos sobre ese niño y el cumplimiento de la voluntad de Dios desde su cuna. El sacrificio ofrecido en el templo destaca la pobreza de José y María (ver Levítico 12:8). Una vez más el Liberador de Israel fue presentado a los humildes y piadosos ancianos: Simeón y Ana, y no a los principales del pueblo. ¿En mérito a qué les fue otorgado este favor? ¡Porque lo esperaban! El Espíritu condujo a Simeón al templo y le señaló a Aquel que es “la consolación de Israel” (v. 25), la salvación de Dios, la luz de las naciones y la gloria del pueblo. Él vio con sus propios ojos y tuvo en sus brazos a este niño que era todo esto para su fe. Dio gracias a Dios y anunció que Jesús sería la piedra de toque para manifestar el estado de los corazones (Isaías 8:14), tal como todavía lo es hoy. A su vez Ana, mujer de oración y fiel testigo, también vino y se unió a la alabanza. Al permanecer en el templo, cumplía el versículo 4 del Salmo 84 y habló de lo que llenaba su corazón: habló de él. ¡Qué gran ejemplo para nosotros!

Lucas 2:39-52
39Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret.40Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.41E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua.42Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del día de la fiesta.43Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre.44Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:45Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.46Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.47Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.48Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.49Entonces él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?50Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.51Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.52Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.

Este pasaje tiene una importancia particular: es la única ojeada que Dios ha juzgado conveniente darnos a conocer sobre la infancia y juventud del Señor Jesús. Por lo tanto tenemos aquí, especialmente para los jóvenes y los niños, el Modelo por excelencia. Fue perfecto en sus relaciones con su Padre celestial, cuyos “negocios” eran la prioridad de su vida. También fue perfecto en su contacto con los doctores de la ley: infinitamente más sabio que todos ellos, no les enseñaba, sino que los escuchaba y les preguntaba, única actitud que convenía a su edad. Igualmente perfecto en sus relaciones con sus padres: estaba sujeto a ellos, aclara el versículo 51, para que no pensemos que se había escapado por insubordinación. Él, que tenía conciencia de su soberanía como Hijo de Dios, se sometió a una absoluta obediencia a sus padres.

Finalmente subrayemos la asiduidad de Jesús en el templo y su precoz interés por las verdades divinas. Nada más lo atraía en la célebre ciudad de Jerusalén, la que probablemente visitaba por primera vez. ¿Qué importancia damos nosotros a la presencia del Señor y a sus enseñanzas?

Lucas 3:1-14
1Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,2Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.3Y él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados;4Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Haced derechas sus sendas.5Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados;6Y verá toda carne la salvación de Dios.7Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de él: ­Oh generación de víboras, quién os enseñó á huir de la ira que vendrá?8Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham.9Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.10Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?11Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.12Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?13Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.14Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas.

Los caminos de entonces eran en general tan malos que debían ser reparados cada vez que el cortejo de un alto personaje debía pasar. Visto en un sentido moral, éste era el servicio de Juan el Bautista. Encargado de preparar la venida del Mesías, advirtió a los judíos que su calidad de hijos de Abraham no era suficiente para ponerlos al abrigo de la ira. Lo que Dios reclamaba de ellos era el arrepentimiento acompañado de frutos verdaderos. El arrepentimiento o la ira, sí, tal era la elección para Israel y para todo hombre.

Unas tras otras, personas de diferentes clases sociales se dirigían a Juan; él tenía algo que decirle a cada una de parte de Dios. Asimismo la Palabra responde a todos los estados y a todas las circunstancias.

En último lugar se presentaron los hombres de guerra. Estos quizás esperaban que el Mesías los alistase bajo su bandera en un ejército de liberación del yugo romano. La respuesta de Juan debió sorprenderlos (v. 14). No pensemos que el Señor nos necesita para cumplir acciones sobresalientes. Lo que él espera de nosotros es un testimonio de honestidad, dulzura y contentamiento en medio de la situación en que nos encontramos (1 Corintios 7:24).

Lucas 3:15-38
15Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo,16Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego;17Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.18Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo.19Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes,20Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.21Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió,22Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.23Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí,24Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué Melchî, que fué de Janna, que fué de José,25Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Esli,26Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Matthathías, que fué de Semei, que fué de José, que fué de Judá,27Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel,28Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er,29Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué de Joreim, que fué de Mathat,30Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonán, que fué de Eliachîm,31Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué de Mattatha, que fué de Nathán,32Que fué de David, que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naassón,33Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Phares,34Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr,35Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec, que fué de Heber,36Que fué de Sala, que fué de Cainán, Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech,37Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de Jared, que fué de Maleleel,38Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.

Juan había exhortado y evangelizado al pueblo (v. 18). Fiel mensajero, había hablado de Cristo y de su poder, después de lo cual y cumplida su tarea, fue retirado.

¡Qué hermoso ejemplo para nosotros, los que deseamos servir al Señor! No tenemos facultades naturales para lograr la conversión de un alma, pero nuestra vida y nuestras palabras deben preparar a quienes nos rodean para recibir al Señor Jesús. No es suficiente llamar al arrepentimiento, hay que presentar al Salvador. Entonces Jesús apareció y, en gracia, tomó lugar con los de su pueblo desde sus primeros pasos en el buen camino. Fue bautizado y luego oró (Lucas es el único en mencionarlo); entonces se produjo la respuesta divina: el Espíritu Santo descendió sobre él. Al mismo tiempo, la voz del Padre se dirigió personalmente a él (en Mateo 3:17 se dirigía a los asistentes): “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”. ¡Que nosotros también podamos encontrar toda nuestra complacencia en él!

La genealogía del Señor en el evangelio según Lucas se remonta hasta Adán y hasta Dios, atestiguando su carácter de Hijo del Hombre al mismo tiempo que el de Hijo de Dios. Mateo 1:1-17 establece su título de Hijo de David y de Abraham, heredero de las promesas divinas hechas a Israel.

Lucas 4:1-15
1Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto2Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.3Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.4Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.5Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.6Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy:7Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.8Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás.9Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo:10Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden;11Y En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra.12Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.13Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él por un tiempo.14Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor,15Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.

El diablo intentó tentar al Señor en el desierto, lugar en donde Israel había multiplicado sus murmuraciones y codicias (Salmo 106:14). El primer ataque del enemigo dio ocasión para que Jesús declarase esta verdad fundamental: el hombre tiene un alma que necesita el alimento espiritual: la Palabra de Dios, de la cual se nutre el ser interior. Luego, a este hombre perfectamente dependiente, Satanás le ofreció todos los reinos del mundo y su gloria. ¡Cuántos han vendido su alma por cosas infinitamente menores! El mundo es parte de la heredad destinada al Señor Jesús. Pero, sea la tierra o un simple pedazo de pan, Cristo no quería recibir nada que no viniera de la mano de su Padre (Salmo 2:8). Entonces Satanás insinuó por segunda vez: “Si eres Hijo de Dios…” (v. 3 y 9), como si tal condición tuviera que ser probada. Esto era poner en duda lo que el Padre acababa de proclamar (3:22); en otras palabras, era tentar a Dios. Jesús no hubiera podido ser un modelo para nosotros si hubiese vencido al diablo en virtud de su poder divino. Triunfó con las mismas armas que están a disposición del hombre: una entera dependencia de Dios, una obediencia absoluta a su Palabra y una confianza inquebrantable en sus promesas.

Lucas 4:16-30
16Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.17Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:18El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados:19Para predicar el año agradable del Señor.20Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.21Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.22Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?23Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.24Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.25Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra;26Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda.27Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro.28Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;29Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.30Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.

El Señor comenzó su ministerio en Nazaret, donde fue criado. Nuestro testimonio empieza en nuestra casa y en nuestro entorno. Tal vez tengamos más valor para ir a evangelizar a los paganos que para dar testimonio ante los que nos conocen.

En la sinagoga, el divino Maestro leyó el pasaje de Isaías que lo señala como el Mensajero de la gracia. Proclamó la libertad a los cautivos (ver Isaías 42:7 y 61:1). Si se anunciara la amnistía y la liberación a unos prisioneros, ¿podríamos imaginar que algunos prefirieran la cautividad, que otros se atrevieran a contar con su inocencia para ser librados por vía legal o que algunos, al contrario, dijeran: «Esto no es para mí, soy demasiado culpable», y finalmente que otros se negaran a creer tal mensaje de gracia? Actitudes insensatas y bastantes improbables, y sin embargo, muy corrientes entre los que rechazan la salvación.

Pero muchos cautivos de Satanás reciben gozosos la libertad ofrecida. ¿A qué clase de prisioneros se parece usted? El triste fin de este episodio nos muestra cómo los habitantes de Nazaret, imagen de todo el pueblo, rechazaron estas “buenas nuevas”: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).

Lucas 4:31-44
31Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados.32Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.33Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,34Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.35Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.36Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?37Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.38Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.39E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía.40Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían á él; y él poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.41Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo.42Y siendo ya de día salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos.43Mas él les dijo: Que también á otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.44Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

Echado de Nazaret, Jesús prosiguió su ministerio en Capernaum. Enseñó y curó con una autoridad que no hubiera asombrado a los hombres (v. 32, 36) si éstos hubiesen querido reconocer en él al Hijo de Dios. En cambio, los demonios no se equivocaban. Santiago 2:19 declara que ellos “creen, y tiemblan”. Mientras Jesús estuvo aquí en la tierra, la actividad demoníaca se duplicó para obstaculizar la del Señor. Encontraba a estos espíritus impuros hasta en la sinagoga, pero Jesús no les permitía que le diesen testimonio. Los versículos 38 y 39 nos cuentan la curación de la suegra de Simón. Jesús se inclinó afectuosamente sobre la enferma, pues él no se ocupa de nuestros males desde la lejanía. ¿Cómo empleó esta mujer la salud que acababa de recuperar? De una manera que nos habla a todos, “levantándose ella al instante, les servía”.

Si bien Jesús era extranjero en este mundo, no podía permanecer ajeno a las penas y miserias que el mundo padecía. La noche no interrumpía su maravillosa actividad, y desde muy temprano estaba pronto a retomarla, después de haber pasado un momento alejado, a solas con Dios. Esta dependencia no podía ser interrumpida por la gente que buscaba retener al perfecto Servidor.

Lucas 5:1-11
1Y ACONTECIO, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios.2Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.3Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.4Y como cesó de hablar, dijo á Simón: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar.5Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.6Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.7E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.8Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.9Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado;10Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.11Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.

Llegamos al conocido relato de la pesca milagrosa… y de un acontecimiento más maravilloso aún: la conversión de Simón. ¿Qué hacía éste mientras el divino Maestro enseñaba a la muchedumbre? Lavaba las redes sucias por el trabajo infructuoso de la noche anterior. Jesús lo obligó a escuchar. Le pidió que lo condujese al lago, de manera que pudiese dirigirse desde la barca al pueblo reunido en la orilla y, al mismo tiempo, al hombre que estaba a su lado. Después el Señor habló de otra manera a Simón Pedro y a sus compañeros: llenó su red; así se dio a conocer como el Señor del universo, el que ordena a los peces del mar según el Salmo 8:6-8, y que todo lo puede donde el hombre nada puede. Lleno de miedo y convencido de ser pecador por la presencia del Señor, Simón cayó de rodillas diciendo: “Apártate de mí…”. Pero ¿será posible que el Señor de amor busque al pecador para luego apartarse de él? Lucas es el único que narra este encuentro decisivo del Señor con su discípulo. El libro de los Hechos nos muestra a Pedro convertido en pescador de hombres, siendo él el instrumento para una milagrosa “pesca” de alrededor de tres mil almas (Hechos 2:41).

Lucas 5:12-26
12Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.13Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él.14Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio á ellos.15Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades.16Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.17Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.18Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él.19Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;20El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.21Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?22Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones?23¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, ó decir: Levántate y anda?24Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.25Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.26Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos del temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy.

Un pobre leproso vino a Jesús, reconociendo Su poder. Fue curado por la voluntad del amor del Señor. El versículo 16 nos revela nuevamente el secreto de este Hombre perfecto: su vida de oración. La perfección para un hombre consiste en vivir en una entera dependencia de Dios, y esta dependencia halla su expresión en la oración. Por eso a cada momento Lucas nos muestra a nuestro incomparable Modelo en esta actitud bendita (3:21; 5:16; 6:12; 9:18, 29; 11:1; 22:32, 44). Luego vemos el esfuerzo desplegado por cuatro personas para poner a un pobre paralítico en contacto con Jesús (Marcos 2:3). ¡Que este celo y esta fe perseverante nos animen! Podemos llevar al Señor también, por medio de la oración, a aquellos cuya conversión nos preocupa; quizás podemos invitarlos a acompañarnos donde él nos ha prometido su presencia.

En los capítulos 4 y 5 el pecado nos es presentado bajo diferentes aspectos: como poder de Satanás sobre los endemoniados (4:33, 41); bajo forma de mancha en el leproso y, finalmente, como estado de muerte ante Dios en el paralítico. Jesús vino a responder a estos tres caracteres: él es el que libra, el que purifica y el que devuelve al hombre el uso de sus facultades para Dios.

Lucas 5:27-39
27Y después de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme.28Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió.29E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.30Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?31Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.32No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.33Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben?34Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?35Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días.36Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.37Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.38Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.39Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

Leví (o Mateo, Mateo 9:9) estaba en su trabajo cuando Jesús lo llamó. Entonces dejó todo, se levantó y lo siguió. Después recibió al Señor y a sus antiguos colegas en su casa para darles la ocasión de encontrar a su nuevo Maestro. ¡Que nuestras invitaciones también puedan tener este motivo! Estos publicanos, recaudadores de impuestos, eran odiados por los otros judíos porque se enriquecían a sus expensas y sacaban provecho personal del yugo romano. Por eso los escribas y los fariseos se indignaron cuando vieron a Jesús y a sus discípulos en compañía de estos renegados. ¡Cuántas personas están más inclinadas a apartarse de los pecadores que del pecado! En respuesta a estas murmuraciones, Jesús se hizo conocer como el gran médico de las almas. Así como el médico no asiste a los sanos (o a los que creen estarlo), el Señor sólo puede ocuparse de los que reconocen su culpabilidad.

Después los escribas y fariseos preguntaron acerca del ayuno. Jesús les respondió que esta señal de tristeza no era oportuna mientras él, el Esposo, estuviese en medio de ellos. Además, la servidumbre de la ley y de las ordenanzas no concuerda con la libertad y la alegría que trae la gracia (v. 36-37).

Lucas 6:1-19
1Y ACONTECIO que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos.2Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?3Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban;4Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?5Y les decía. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.6Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.7Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen.8Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pie.9Entonces Jesús les dice: Os preguntaré un cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla?10Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fué restaurada.11Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos á los otros qué harían á Jesús.12Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.13Y como fué de día, llamó á sus discípulos, y escogió doce de ellos, á los cuales también llamó apóstoles:14A Simón, al cual también llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,15Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador,16Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fué el traidor.17Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;18Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados.19Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba á todos.

El Señor Jesús había venido a introducir un nuevo orden de las cosas. Pero Israel encontraba mejor el antiguo régimen de la ley (comp. 5:39). El hombre prefiere las ordenanzas porque le da la oportunidad de gloriarse en cumplirlas, aunque sólo sea un poco, mientras que la gracia lo humilla considerándolo perdido. Por esta causa los judíos se aferraban al sábado, y al respecto, el Señor dio dos lecciones a los fariseos: una, sacada de las Escrituras y de la historia de Israel (v. 3-4); la otra, de su propio ejemplo de amor (v. 9-10). El único efecto producido en sus corazones fue la ira y el deseo de tramar un complot para librarse de él.

Luego el Maestro designó a sus apóstoles; pero antes de hacerlo oró toda una noche. ¡Qué importancia tenía esta elección para la obra que debía ser cumplida después! El Señor Jesús conocía el carácter natural de todos sus discípulos, lo que cada uno tenía necesidad de adquirir y de abandonar… Los conocía pero los amaba, tal como nos conoce y nos ama hoy (Juan 10:14, 27). ¡Además, para Aquel que sabía todas las cosas, dicha elección implicaba llevar con él al traidor Judas! Pero una vez más su sumisión perfecta triunfó. Jesús había venido para cumplir las Escrituras.

Lucas 6:20-38
20Y alzando él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.22Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.23Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas.24Mas ­ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.25Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ­Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.26Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres á los falsos profetas.27Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;28Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.29Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.30Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.31Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros:32Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.33Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.34Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.35Amad, pués, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.36Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.37No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.38Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.

¡Cuán amonestados nos sentimos por estas enseñanzas del Maestro! ¡Dejémoslas penetrar en nuestros corazones y, sobre todo, vivámoslas! La mayoría de estas palabras se encuentran en Mateo 5 a 7; pero aquí son más personales. No dice: Bienaventurados los que…, sino: “Bienaventurados vosotros”. El versículo 31 resume las exhortaciones dirigidas “a vosotros los que oís” (v. 27): “Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. ¡Qué bien tratados estarían nuestros semejantes si nosotros obedeciéramos a esta exhortación!

Todos estos rasgos de carácter son extraños a nuestra naturaleza orgullosa, egoísta e impaciente. El Señor recalca que esos caracteres emanados de Dios mismo son los que nos darán a conocer como “hijos del Altísimo” en la tierra (v. 35-36). En el cielo no tendremos la ocasión de manifestarlos, puesto que allá arriba no habrá enemigos para amar, injusticias que soportar, ni miserias que aliviar. Nuestra responsabilidad y privilegio es parecernos a Jesús aquí en la tierra, reflejar la dulzura, el amor, la humildad y la paciencia del perfecto Modelo, “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba” (1 Pedro 2:21-23).

Lucas 6:39-49
39Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?40El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.41¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?42¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu herman43Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto.44Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.45El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca.46¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?47Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante:48Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.49Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.

Si un pequeño cuerpo extraño se deposita sobre la lente de un microscopio, no se puede ver nada más a través de él. ¡Cosa curiosa, para nosotros es lo contrario! Cuanto más grande sea la viga que se aloje en nuestro ojo, más aguda tenemos la vista para distinguir la paja en el ojo de nuestro hermano.

En el versículo 46 Jesús nos hace una pregunta que debe hacernos reflexionar: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. ¿Con frecuencia no somos muy ligeros y poco consecuentes pronunciando el nombre del Señor Jesús en nuestras oraciones? No tenemos derecho a llamarlo así si no estamos dispuestos a hacer su voluntad en todas las cosas (1 Juan 2:4). Muchos hijos de padres cristianos han aceptado, por gracia, a Jesucristo como su Salvador; pero mientras no reconozcan su autoridad de Señor, ¿podemos decir verdaderamente que se han vuelto hacia Él? El verdadero cristianismo consiste en vivir no para uno mismo sino para el que murió por nosotros, sirviéndolo y esperándolo (1 Tesalonicenses 1:9-10; 2 Corintios 5:15). Fundar nuestras esperanzas “sobre la tierra” es ir hacia una gran ruina (v. 49). Sí, edifiquemos nuestra casa “sobre la roca” (v. 47-48); vayamos a Jesús, escuchemos sus palabras y pongámoslas en práctica.

Lucas 7:1-17
1Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.2Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y á punto de morir.3Y como oyó hablar de Jesús, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.4Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto;5Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.6Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;7Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.8Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.9Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.10Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.11Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.12Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.13Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.14Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate.15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre.16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo.17Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.

¡Qué nobles sentimientos encontramos en el centurión de Capernaum! Gran afecto por un simple esclavo; benevolencia hacia Israel; humildad (“no soy digno”, declaró él; contrario a la propia justicia que arguyeron a su favor los ancianos de Israel; comp. v. 4); sentido de la autoridad y del deber adquirido por la vida militar (v. 8). Pero el Señor no admiró las cualidades morales, sino la fe de este extranjero, y la exaltó. La fe no existe sino por el objeto sobre el cual se apoya: en este caso, la omnipotencia del Señor. Cuanto más sea conocido el objeto en su grandeza, más grande será la fe. ¡Que Cristo sea grande para nuestro corazón!

Aproximándose a Naín, el Señor y la gente que lo acompañaba se encontraron con un cortejo. Era un entierro, como los que se ven en las calles (Eclesiastés 12:5; terrible advertencia de que la muerte constituye la paga del pecado). Pero éste era particularmente triste, pues se trataba del único hijo de una viuda. Movido a compasión, Jesús comenzó por consolar a la madre. Después tocó el féretro (así como tocó al leproso en el capítulo 5:13, sin ser mancillado; comp. Números 19:11). ¡Y el muerto se sentó y comenzó a hablar, manifestando así su retorno a la vida! No olvidemos que el testimonio verbal es una prueba necesaria de la vida que está en nosotros (Romanos 10:9).

Lucas 7:18-35
18Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos,19Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?20Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?21Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.22Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio:23Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.24Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento?25Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.26Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta.27Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti.28Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.29Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.30Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.31Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes?32Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.33Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.34Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.35Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.

Desde la cárcel donde Herodes lo había encerrado (3:20), Juan el Bautista envió a Jesús dos de sus discípulos para inquirir acerca de él. En la pregunta que hizo se reflejaban sus dudas y desaliento. Había anunciado el reino, mas ahora estaba en la cárcel. ¿Era posible que Jesús fuera “el que había de venir”?

Muchas personas, considerando el estado actual de la Iglesia, la persecución de los creyentes en numerosos países y la indiferencia del mundo acerca del Evangelio, llegan a dudar del poder del Señor y de su reinado. Pero este último no se establecerá antes del arrebatamiento de la Iglesia y del cumplimiento de los acontecimientos proféticos.

Las obras de Jesús se encargaron de responder a la pregunta de los mensajeros. Juan había dado testimonio del Señor; ahora era el Señor quien, ante la misma muchedumbre, daba testimonio de Juan. Y mostraba con tristeza qué acogida había encontrado el ministerio del precursor y el suyo en “esta generación” privilegiada (v. 31). Ni el llamado al arrepentimiento proclamado por Juan, ni las buenas nuevas del Salvador, que debieran producir la alegría y la alabanza, habían encontrado eco en la muchedumbre del pueblo y de sus jefes.

Lucas 7:36-50
36Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.37Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento,38Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.39Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.40Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro.41Un acredor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;42Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?43Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.44Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.45No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.46No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.47Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.48Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.49Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?50Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

Aunque era completamente distinto de Leví el publicano (Lucas 5:29), Simón el fariseo también convidó al Señor a su mesa. Quizás pensaba recibir el honor, pero Jesús le dio una humillante lección. Una mujer conocida por su vida pecaminosa se introdujo en la casa y derramó a los pies de Jesús, junto con el homenaje de su perfume, abundantes lágrimas de arrepentimiento. Fue esta pecadora, y no Simón el fariseo, quien refrescó el corazón del Salvador, pues ella tuvo conciencia de su gran deuda con Dios y vino a Jesús en el único estado conveniente: con un corazón contrito y humillado (Salmo 51:17). Antes de dirigirle la palabra de gracia que esta mujer esperaba, el Señor tuvo que decir “una cosa” a Simón, cuyos pensamientos secretos conocía. ¡Cuántas veces podríamos oír nuestro nombre en lugar del de Simón! «A ti también tengo algo que decirte», dice el Maestro a cada uno de nosotros. «Tal vez te comparas a otras personas que no han recibido como tú una educación cristiana, pero lo que cuenta a mis ojos son el amor por mí y las pruebas que me ofreces de este amor». ¡Que podamos discernir cuánto nos ha perdonado para amar más a nuestro Salvador!

Lucas 8:1-15
1Y ACONTECIO después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,2Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,3Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.4Ycomo se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola:5Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron.6Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.7Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.8Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga.9Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era está parábola.10Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.11Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.12Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven.13Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.14Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.15Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.

Junto con los discípulos, algunas mujeres piadosas seguían al Señor y “le servían de sus bienes”. Lo que ellas hicieron por Jesús está mencionado después de lo que él hizo por ellas (v. 2). Los versículos 4-15 contienen la parábola del sembrador y su explicación. Tres cosas ocasionan la esterilidad del suelo: los pájaros, figura del diablo (v. 12); la piedra, aquí imagen del corazón árido, impenetrable para toda acción profunda y duradera; por último, los espinos, que nos hablan del mundo con sus preocupaciones, riquezas y placeres (v. 14). Sin embargo, el mejor de los terrenos siempre debe ser primeramente labrado. ¡Operación dolorosa! El suelo es abierto, removido y revuelto a fin de hacerlo propicio para dejar penetrar y germinar la semilla. Así es como Dios opera (a menudo por medio de las pruebas) en la conciencia de aquellos que van a recibir la Palabra. Pero este trabajo no se hace en los tres primeros terrenos. Es inútil labrar en un camino continuamente hollado, e igualmente es imposible labrar en la roca. En cuanto a los espinos, primeramente es necesaria una limpieza, y las raíces del mundo a menudo son muy profundas en el corazón. El oír la Palabra caracteriza a todos los suelos, pero retenerla y llevar fruto con perseverancia es propio de la buena tierra (v. 15).

Lucas 8:16-25
16Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.17Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz.18Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.19Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podían llegar á el por causa de la multitud.20Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.21El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan.22Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron.23Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban.24Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: ­Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado él increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron, y fué hecha bonanza.25Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?

A nadie se le ocurre, después de haber encendido una lámpara, esconderla debajo de una vasija o de una cama. “Hijos de luz”, nuestro cometido en esta tierra es hacer brillar distintamente en las tinieblas de este mundo las virtudes de Aquel que es la Luz (v. 16; Mateo 5:14; 1 Pedro 2:9 final).

Con ocasión de la venida de su madre y sus hermanos, el Señor habló una vez más de los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica (v. 21; 6:47). Únicamente ellos pueden prevalerse de una relación con él.

El sueño de Jesús en la barca nos lo muestra como un hombre cansado por su jornada de trabajo. Pero, un instante después, la orden que dio al viento y a las olas hizo resaltar su condición de Dios soberano. Llenos de temor, los discípulos gritaron: “¿Quién es éste…?” (v. 25). Varias veces hemos oído esta pregunta (5:21; 7:49). Muchos años antes, Agur ya la había hecho: “¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño?” (Proverbios 30:4). Aquel que “aun a los vientos y a las aguas manda” y revela su poder a los discípulos faltos de fe, es el Hijo de Dios, el Creador. Hoy su poder no ha cambiado. Pero, ¿qué hay de nuestra fe?

Lucas 8:26-39
26Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea.27Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.28El cual, como vió á Jesús, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.29(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)30Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.31Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.32Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.33Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.34Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.35Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús; y tuvieron miedo.36Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado.37Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, volvióse.38Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo:39Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas habiá hecho Jesús con él.

El poder divino, del cual Jesús dejó percibir algo al calmar la tempestad, se encontraba aquí frente a una violencia mucho más terrible: la de Satanás. Una legión de demonios se había apoderado totalmente de la voluntad de este desgraciado gadareno. Los hombres habían tratado inútilmente de dominarlo con cadenas y grillos, imagen de los vanos esfuerzos de la sociedad para refrenar las pasiones. Este pobre hombre poseído, que habitaba en los sepulcros, ya estaba moralmente muerto. Se hallaba desnudo, es decir, incapaz, al igual que Adán, de esconder a Dios su estado. ¡Qué cuadro de la decadencia moral de la criatura! Pero también, ¡qué cambio cuando interviene la salvación del Señor! (Efesios 2:1-6). La gente de la ciudad sólo podía comprobarlo. Encontraron a este hombre “sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio”. Sí, por fin el rescatado encuentra paz y reposo cerca de su Salvador; Dios lo viste de justicia y le da inteligencia para conocerlo. Pero la presencia de Dios inquieta y molesta aún más al mundo que el poder del diablo.

El endemoniado, ya sano, deseaba acompañar a Jesús (comp. Filipenses 1:23), pero el Señor le mostró su campo de acción: su propia casa y ciudad, en donde contó todo lo que Jesús había hecho por él (Salmo 66:16).

Lucas 8:40-56
40Y aconteció que volviendo Jesús, recibióle la gente; porque todos le esperaban.41Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;42Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.43Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada,44Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre.45Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?46Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.47Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.48Y él dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz.49Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro.50Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.51Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie consigo, sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.52Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme.53Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.54Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.55Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mando que le diesen de comer.56Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho.

Jairo, este principal de la sinagoga cuya única hija estaba a punto de morir, suplicó a Jesús que fuera a su casa. No tenía tanta fe como el centurión del capítulo 7, pues este último sabía que una palabra del Señor bastaría para que su siervo fuese curado, aun a distancia. Estando en camino, Jesús fue tocado a escondidas por una mujer que había consultado en vano a muchos médicos. Pero, con la curación, el Señor quiso darle la seguridad de la paz; para ello, la obligó a que se hiciera conocer.

En su camino con el padre angustiado, Jesús tuvo “lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado (v. 50; comp. 7:13; Isaías 50:4). Luego tuvo lugar una extraordinaria escena. Al llamado del “Autor de la vida” (Hechos 3:15), la niña se levantó inmediatamente. Pero Jesús sabía que tenía necesidad de alimento y, en su tierna solicitud, hizo que éste le fuese dado. Así, en estas dos circunstancias, vemos el amor del Señor manifestarse aún después de la salvación: hacia la mujer, para establecerla en una relación personal con él y llevarla a darle públicamente un testimonio, y hacia esta niña, para alimentarla y fortalecerla.

Lucas 9:1-17
1Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.2Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.3Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.4Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.5Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.6Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.7Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;8Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.9Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.10Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.11Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.12Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.13Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.14Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.15Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.16Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.17Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.

El Señor envió a sus apóstoles. El poder y la autoridad que les dio eran la única cosa que ellos necesitaban para el camino (v. 3). A su regreso, los doce se apresuraron a contar todo lo que ellos habían hecho (v. 10). Compare con lo que hicieron Pablo y Bernabé, años más tarde, al volver de uno de sus viajes misioneros. Habiendo reunido a la iglesia de Antioquía, “refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos” (Hechos 14:27 y 21:19; 1 Corintios 15:10).

Jesús llevó a sus discípulos aparte, pero la gente no tardó en descubrirlo; entonces volvió a su ministerio sin la menor impaciencia ni cansancio. Recibió, habló y sanó a los que lo siguieron. Por su parte los discípulos, quizá más preocupados por su propio descanso que por el de los que allí estaban reunidos, querían despedir a la gente (v. 12). Pero el Maestro, al tiempo que se ocupó de la multitud, dio una lección a los suyos. Cuando fue constatada la insuficiencia de sus provisiones para alimentar a esta muchedumbre, Jesús proveyó por su propio poder. Observemos que hubiera podido prescindir de los cinco panes y de los dos peces; pero, en su gracia, toma lo poco que nosotros ponemos a su disposición y lo transforma en abundancia. Su poder siempre se perfecciona en la debilidad de sus servidores (2 Corintios 12:9).

Lucas 9:18-36
18Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?19Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.20Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.21Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;22Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.23Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.24Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.25Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?26Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.27Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.28Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.29Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.30Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;31Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.32Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.33Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.34Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.35Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.36Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.

La gente consideraba a Jesús como un profeta y no como el Cristo, el Hijo de Dios (v. 19). Por eso el Señor habló de su camino de rechazo y de sufrimiento, en el cual invita a los suyos a seguirle. Este camino requiere no sólo el renunciamiento a tal o cual cosa, sino a uno mismo y a su propia voluntad. Frente al mundo y a sus maldades, los cristianos están muertos (Gálatas 6:14), pero están vivos para Dios y para el cielo. Por el contrario, los que quieran vivir su vida aquí abajo tienen ante ellos la muerte eterna. La prenda de esta elección capital es nuestra alma; ella vale más que el mundo entero.

Al subir al monte de la transfiguración, el Señor, para animar a los suyos, después de haberles mostrado el camino difícil de la cruz, deseaba mostrarles también dónde terminaría: en la gloria con él. ¿Y cuál era el tema de conversación allá arriba? La muerte del Señor Jesús. Habló con Moisés y Elías, pues no pudo hacerlo con sus discípulos (Mateo 16:21-22). Pero, por más grandes que fuesen estos testigos del Antiguo Testamento, debieron desaparecer ante la gloria del “Hijo amado”. La ley y los profetas habían llegado a su fin. Desde entonces Dios habla por el Hijo. ¡Escuchémosle! (v. 35; Hebreos 1:2).

Lucas 9:37-56
37Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro.38Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:39Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.40Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.41Y respondiendo Jesús, dice: ­Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.42Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.43Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:44Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.45Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.46Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.47Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,48Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mí nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.49Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.50Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.51Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.52Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.53Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.54Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?55Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;56Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.

Después de la escena de la gloria, en la cual Jesús fue el centro, el Señor tuvo que hacer frente a una situación terrible: el poder de Satanás sobre un muchacho y la angustia de su padre. La salvación que el Señor obró exaltó la grandeza de Dios (v. 43).

¡Qué contradicción encontramos luego en los discípulos! Seguían a Aquel cuya humillación voluntaria le conduciría a la cruz, pero al mismo tiempo estaban preocupados por saber cuál de entre ellos sería el más grande (v. 46). Ellos mismos habían tratado de echar los demonios en el nombre del Señor, pero no siempre lo lograron (v. 40), sin embargo prohibían a otro que lo hiciera (v. 49; comp. con Números 11:26-29). Por fin, cuando su Maestro estaba en camino para cumplir la obra de la salvación de los hombres… y la de ellos, Jacobo y Juan querían hacer descender el fuego del juicio sobre los samaritanos que se negaron a recibirlo. Egoísmo, celos, rencor y planes de venganza, en los cuales reconocemos el triste espíritu que a menudo anima nuestros corazones (v. 55).

Jesús emprendió su último viaje a Jerusalén conociendo plenamente lo que lo esperaba, pero lo hizo con una santa determinación. “Afirmó su rostro para ir a Jerusalén” (v. 51). Nuestro amado Salvador no se desvió de la meta que en su amor se había propuesto.

Lucas 9:57-62; Lucas 10:1-9
57Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.58Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.59Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.60Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.61Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.
1Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él había de venir.2Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies.3Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.4No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludéis en el camino.5En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa.6Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros.7Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.8Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;9Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios.

Es fácil declarar: “Señor, te seguiré adondequiera que vayas” (v. 57). Pero Jesús no ha escondido lo que significa seguirlo, pues los más grandes obstáculos no están en el camino sino en nuestro corazón; y para ayudarnos a descubrirlos, el Señor pasa revista a sus rincones más secretos. El amor a nuestro bienestar (v. 58), tal o cual conveniencia, afecto o costumbre (v. 59, 61) podría tomar rápidamente el lugar de la obediencia que debemos a Cristo y conducirnos inevitablemente a remordimientos, miradas hacia atrás y, tal vez, a un humillante abandono final.

En el capítulo 10 vemos que Jesús designó a 70 obreros y él mismo los mandó a la siega. Les dio sus instrucciones y los envió “como corderos en medio de lobos” (v. 3), pues debían manifestar los caracteres de humildad y dulzura de Aquel que era el Cordero en medio de los mismos lobos. Hoy, al igual que entonces, hay pocos obreros. Supliquemos, pues, al Señor de la gran siega (2 Tesalonicenses 3:1) que envíe más. Él se encargará de designar, formar y enviar a nuevos obreros. Sin embargo, para poder pedirlo con fervor y sinceridad, tengo que estar dispuesto a aceptar que el Señor me designe a mí.

Lucas 10:10-24
10Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:11Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros.12Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad.13Ay de ti, Corazín! ­Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.14Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.15Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.16El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.17Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.18Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo.19He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.20Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.21En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.22Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.23Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:24Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.

Jesús se dirigió solemnemente a las ciudades en las que había enseñado y realizado tantos milagros. Hizo énfasis en la gran responsabilidad de sus habitantes. ¿Qué podría él decir hoy de tantos jóvenes criados en familias cristianas, tan privilegiados, pero también tan responsables?

Los 70 volvieron gozosos. El hecho de que sus discípulos hubieran arrojado fuera a los demonios dirigió los pensamientos del Señor hacia el momento en que el propio diablo será echado del cielo y arrojado a la tierra (Apocalipsis 12:9). Pero Jesús invitó a sus discípulos a regocijarse por otro motivo: los cielos, purificados de la presencia de Satanás, pasarían a ser su morada. Y ya desde entonces, sus nombres estaban escritos en los cielos. A su vez el Señor se regocijó y se maravilló, no del poder que había sido ejercido, sino de los designios del Dios de amor. Agradó al Padre hacerse conocer por medio del Hijo. Y, en contraste con lo que generalmente decimos a los niños: «Cuando seas grande comprenderás esto o aquello», ¿a quién precisamente fue hecha una revelación semejante? ¡A los niños y a los que se les parecen por la humildad y sencillez de su fe! ¿Cumplimos nosotros con estas condiciones?

Lucas 10:25-42
25Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?26Y él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?27Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo.28Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.29Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?30Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.31Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado.32Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.33Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia;34Y llegándose, vendó sus heridas, echándo les aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él.35Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrónes?37Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.38Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.39Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra.40Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.41Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:42Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

Interrogado por un doctor de la ley (v. 29), Jesús devolvió la pregunta a la conciencia de su interlocutor (v. 36). Éste, para esquivarlo, quiso limitar el amplio significado de la palabra “prójimo”. Pues bien, el Señor le enseñó que este prójimo es primeramente él, Jesús (v. 36-37), y que por su ejemplo un redimido viene a ser, por amor, prójimo de todos los seres humanos. En el hombre despojado y herido vemos reflejado al pecador perdido y sin recursos; en el sacerdote y el levita vemos los vanos recursos de la religión; y, en el buen samaritano, al Salvador que se acerca a nuestra miseria y nos aleja de nuestra trágica suerte y desesperación. El mesón nos hace pensar en la Iglesia, en donde el hombre salvado recibirá los cuidados apropiados, y el mesonero en el Espíritu Santo que lo atiende por medio de la Palabra y la oración (los dos denarios), temas de los versículos 34-35 y del capítulo 11:1-13. En conclusión, el Señor ya no dice: «Haz esto (cumple la ley) y vivirás», como en el versículo 28, sino: “Vé, y haz tú lo mismo” (v. 37).

La siguiente escena se desarrolló en una casa amiga. Jesús fue recibido, servido, escuchado y amado. Pero el servicio acaparó los pensamientos de Marta y por eso tuvo que ser reprendida. El corazón de María, abierto a su Palabra, regocijó al Salvador (1 Samuel 15:22).

Lucas 11: 1-20
1Y ACONTECIO que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.2Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.3El pan nuestro de cada día, dános lo hoy.4Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.5Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,6Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;7Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?8Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.9Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.10Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.11¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?12O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él?14Y estaba él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y las gentes se maravillaron.15Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.16Y otros, tentando, pedían de él señal del cielo.17Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.18Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios.19Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.20Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.

Los discípulos se asombraron al ver qué lugar ocupaba la oración en la vida de su Maestro. Hagamos como ellos. Pidamos al Señor que nos enseñe a orar. ¿Se trata de recitar algunas frases aprendidas de memoria? La parábola de los dos amigos nos enseña, por el contrario, a expresar cada necesidad de una manera simple y precisa: “Amigo, préstame tres panes…” (v. 5). Tal vez sea una necesidad espiritual que sentimos y que, por así decirlo, viene a llamar a la puerta de nuestro corazón. Cuidémonos de rechazarla; tratémosla, más bien, como un amigo que llega de viaje (v. 6). Pero, ¿no tenemos nada que presentarle? Entonces, volvámonos hacia el Amigo divino, sin temor a importunarlo. En su amor, Dios se complace en responder a sus hijos, y nunca los decepciona. Mas si en nuestra ignorancia y falta de sabiduría le pedimos “una piedra”, él sabe cambiar nuestra petición en “buenas dádivas”.

Hasta que el hombre haya encontrado al Señor Jesús, es tan mudo para Dios como el endemoniado del versículo 14. El cristiano, aquel que ha sido salvado por Cristo, habiendo recibido por su conversión el don del Espíritu Santo (comp. v. 13), puede libremente elevar su voz en alabanza y oración. Hagamos uso de este privilegio.

Lucas 11:21-36
21Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee.22Mas si sobreviniendo otro más fuerte que él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.23El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.24Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí.25Y viniendo, la halla barrida y adornada.26Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.27Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.28Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.29Y juntándose las gentes á él, comenzó á decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.30Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación.31La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.32Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar.33Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.34La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.35Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas.36Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra.

Sólo el poder del Señor Jesús, vencedor del “hombre fuerte”, puede librarnos del mal que está en nosotros. De otra manera, una pasión echada fuera de nosotros será fatalmente reemplazada por otra. Nuestro corazón es parecido a la casa del versículo 25. De nada sirve barrerla y adornarla si un huésped nuevo –Jesús– no viene a habitarla y a gobernarla. La bendición –repite luego el Señor– no depende de las relaciones familiares (v. 27-28; comp. 8:21) ni de los privilegios de una generación. Está prometida a los que escuchan y obedecen la Palabra de Dios. El versículo 33 retoma la enseñanza del capítulo 8:16. El almud, medida de capacidad, es el símbolo del comercio y de los negocios; la cama, el del sueño y de la pereza. Cosas opuestas una a otra, pero las dos son capaces de apagar la pequeña llama de nuestro testimonio. En Mateo 5:15 la lámpara debe alumbrar a “todos los que están en la casa”. Aquí está encendida “para que los que entran –las visitas– vean la luz”.

El ojo maligno (v. 34) es el que hace penetrar en nosotros las tinieblas del pecado. ¡Cuidado con la dirección que algunas veces toman nuestras miradas (Job 31:1), con ciertas lecturas que ensucian el corazón y dan libre curso a nuestra imaginación! ¡“Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”! (2 Corintios 7:1).

Lucas 11:37-54
37Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con él: y entrado Jesús, se sentó á la mesa.38Y el Fariseo, como lo vió, maravillóse de que no se lavó antes de comer.39Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad.40Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?41Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio.42Mas ­ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.43Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.44Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.45Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros.46Y él dijo: ­Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas.47Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.48De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.49Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán;50Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo;51Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación.52Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.53Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á apretar le en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;54Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.

Por segunda vez Jesús estaba invitado a la mesa de un fariseo (comp. 7:36). Y aquí, otra vez, su anfitrión se permitió criticar al Señor. Entonces, en un discurso vehemente, el que conoce los corazones denunció la maldad y la hipocresía de esta clase responsable del pueblo. Dándose una piadosa apariencia a los ojos de los hombres, estos fariseos y doctores de la ley escondían un estado interior de corrupción y muerte, como un sepulcro sobre el cual se pisa sin darse cuenta.

¿Quién osaría jamás hablar tan severamente a alguien que lo ha invitado? Pero, según el testimonio de los mismos fariseos, Jesús era amante de la verdad, no se cuidaba de nadie porque no miraba las apariencias de los hombres (Mateo 22:16). ¡Qué ejemplo para nosotros, pues sabemos cuidar muy bien nuestra reputación por medio de palabras amables, pero a menudo poco sinceras! Esta pretendida cortesía, pero en el fondo una prueba de falsedad y formalismo, era lo que Jesús condenaba en los fariseos.

No pudiendo contradecir al Señor, sus adversarios trataban de sorprenderle en alguna falta. Algunas expresiones del Salmo 119 nos muestran sus oraciones mientras sufría tal oposición: “Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo” (Salmo 119:98, 110, 150…).

Lucas 12:1-12
1EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía.2Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.3Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados.4Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer.5Mas os enseñaré á quién temáis: temed á aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: á éste temed.6¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.7Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.8Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;9Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.10Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.11Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir;12Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.

La hipocresía que caracterizaba a los fariseos también podía, bajo otro aspecto, transformarse en un gran peligro para los discípulos. Los que seguían a Jesús podían esconder, a los ojos del mundo, su relación con el Señor. Por lo cual él, en presencia de la gente, daba ánimo a los suyos para que lo confesasen abiertamente ante los hombres, sin temor a las consecuencias. Sabemos que, en efecto, los cristianos de los primeros siglos tuvieron que afrontar terribles persecuciones. Con ternura el Señor preparaba a sus amigos (v. 4) para esos días difíciles, y dirigía sus pensamientos hacia el Padre celestial. Dios, que tiene cuidado hasta de un pajarillo de ínfimo valor, ¿no tendría cuidado de sus hijos en las pruebas? Y, además, para el testimonio que deberían dar, no tendrían que atormentarse: el Espíritu Santo les dictaría las palabras.

En nuestros días, en la mayoría de los países, los creyentes no son maltratados ni sentenciados a muerte por causa de su fe. Pero si son fieles, muchas veces serán odiados y menospreciados por el mundo, cosa siempre difícil de soportar. Por lo tanto, estas exhortaciones y las promesas que las acompañan también son para nosotros. Pidamos al Señor que nos dé más valor para confesar su Nombre.

Lucas 12:13-31
13Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.14Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros?15Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.16Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho;17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?18Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;19Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.20Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.22Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis.23La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.24Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves?25¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir á su estatura un codo?26Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás?27Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.28Y si así viste Dios á la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe?29Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, ó qué hayáis de beber: ni estéis en ansiosa perplejidad.30Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.31Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

El Señor fue interpelado por alguien de la muchedumbre acerca de una cuestión de herencia. Él aprovechó para poner al descubierto la raíz de estas disputas: la avaricia. “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10). La parábola del rico y de sus graneros que habían llegado a ser demasiado pequeños ilustra el afán de amontonar. Llenar los bolsillos, acumular, calcular y hacer proyectos a largo plazo fácilmente se disfraza bajo el nombre de «previsión». Esto es, al contrario, la suprema imprevisión, pues significa descuidar y engañar lo más precioso que tenemos, ¡nuestra alma! En su locura, el rico había creído asegurar la suya ofreciéndole “muchos bienes” (v. 19). Pero el alma imperecedera necesita otro alimento. Sí, “necio” es el nombre que Dios da a este hombre. “El que injustamente amontona riquezas… en su postrimería será insensato” (Jeremías 17:11). ¡Sobre cuántas tumbas podría escribirse este epitafio! (Salmo 52:7).

En contraste, Jesús enseña a los suyos que la verdadera previsión consiste en poner la confianza en Dios. Toda inquietud a propósito de nuestras necesidades diarias carece de fundamento ante esta afirmación: “Vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas” (v. 30). Si primero nos preocupamos por su reino y sus intereses, él se encargará de los nuestros. “No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste” (Proverbios 23:4).

Lucas 12:32-48
32No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.33Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.34Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas;36Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.37Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.38Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.39Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.40Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos?42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración?43Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.44En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.45Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare á herir á los siervos y á las criadas, y á comer y á beber y á embriagarse;46Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles.47Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.48Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.

El rico de la parábola había amontonado tesoros para sí mismo (v. 21) y perdió todo, incluso su alma. Aquí el Señor revela a sus discípulos un medio para hacer tesoros sin ningún riesgo de perderlos: dar limosna, compartir sus bienes, lo cual viene a ser una segura inversión en el banco del cielo (v. 33; comp. 18:22). El corazón se apegará entonces a los tesoros celestiales y esperará más ardientemente la venida del Señor (léase 1 Pedro 1:4). Jesús viene. ¿Esta esperanza tiene sus consecuencias prácticas en nuestra vida, es decir, nos aparta de un mundo que pronto abandonaremos, nos purifica “como él es puro” (1 Juan 3:3), nos llena de celo en el servicio hacia las almas y nos regocija? Pensemos también en el gozo de nuestro amado Salvador cuyos afectos serán colmados. Él se complacerá en recibir y servir personalmente en el festín de la gracia a los que le hayan servido y esperado en la tierra (v. 37). Entonces el “mayordomo fiel y prudente” recibirá su recompensa, y el siervo que no haya obrado según la voluntad de su Señor, aun conociéndola (v. 47; Santiago 4:17), recibirá su solemne castigo. “A todo aquel a quien se haya dado mucho…”. Hagamos la cuenta de todo lo que hemos recibido y saquemos nuestra conclusión.

Lucas 12:49-59; Lucas 13:1-5
49Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?50Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ­cómo me angustio hasta que sea cumplido!51¿Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disensión.52Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.53El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.54Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así.55Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay.56Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?57¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?58Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.59Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.
1Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.2Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?3No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.4O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?5No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.

Hasta el “bautismo” de su muerte, Jesús estuvo angustiado. La cruz era necesaria para que su amor pudiera expresarse plenamente y hallara eco en los corazones de los hombres. Su venida fue una prueba para ellos. En el seno de las familias cuyos miembros anteriormente se encontraban unidos en la impiedad, sería recibido por unos y rechazado por otros. ¡Cuántos hogares se parecen al que se describe aquí! (v. 52-53).

Después el Señor se dirige nuevamente a los judíos “hipócritas”, y lo hace con un verdadero amor por sus almas (v. 56). No nos extrañemos de la dureza que a veces revisten sus palabras, la que se impone por la propia dureza del corazón humano. Es necesario un martillo de hierro para romper la piedra (Jeremías 23:29). Israel había provocado la ira de Dios, quien vino a ser su “adversario” (v. 58). En el tiempo de Jesús, Dios estaba en Cristo ofreciendo la reconciliación a su pueblo, pero éste la rechazó y se resistió a discernir las señales que anuncian el juicio (v. 56). Aún hoy, antes que tenga que obrar como Juez inexorable, Dios ofrece la reconciliación a todos los hombres. En el capítulo 13 versículos 1-5 Jesús evoca dos acontecimientos recientes y solemnes y se sirve de ellos para exhortar a sus oyentes al arrepentimiento. “Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20).

Lucas 13:6-21
6Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.7Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?8El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.9Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.10Y enseñaba en una sinagoga en sábado.11Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.12Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.13Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.14Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en días de sábado.15Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber?16Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado?17Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas.18Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?19Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo lo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.20Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?21Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.

La historia de Israel, representada por la higuera estéril, es al mismo tiempo la de toda la humanidad. Dios ha utilizado todos los medios para tratar de conseguir algo bueno de su criatura. Pero el hombre en la carne, a pesar de sus pretensiones religiosas (hermoso follaje), es incapaz de producir el más pequeño fruto para Dios. Ocupa, pues, inútilmente la tierra y debe ser juzgado.

Prosiguiendo su ministerio de gracia, Jesús curó a una pobre mujer enferma que estaba jorobada. Nosotros también corremos el riesgo de estarlo espiritualmente cuando nuestras miradas se vuelven hacia las cosas de la tierra o cuando nos obstinamos en llevar cargas que el Señor quiere llevar en nuestro lugar. Pero él “levanta a los caídos” y quiere que andemos “con el rostro erguido” (Salmo 146:8; Levítico 26:13). Nuevamente, este milagro hecho un sábado sirvió de pretexto a sus adversarios hipócritas. Mas su respuesta los cubrió de vergüenza y les recordó sus deberes de amor hacia una hermana, hija de Abraham.

Las dos pequeñas parábolas siguientes describen el gran desarrollo visible del cristianismo formal, impregnado de la levadura de falsas doctrinas e invadido por los hombres codiciosos (los pájaros del cielo caracterizados por su voracidad). El gran árbol de la cristiandad tendrá la misma suerte que la higuera de Israel (v. 9).

Lucas 13:22-35
22Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem.23Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:24Porfiad á entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.25Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.26Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste;27Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos.29Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.30Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros31Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.32Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.33Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.34Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ­cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!35He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Al Señor nunca lo vemos satisfacer la curiosidad de sus interlocutores. Cuando se le preguntó si los escogidos eran pocos, aprovechó para hablar a la conciencia, como para decir a cada uno: «No te preocupes por los demás; actúa de manera que te encuentres entre los pocos. En verdad la puerta es angosta, pero el reino es bastante amplio para acoger a todos los que deseen entrar ahora. Y si no quieres entrar por esta puerta angosta (v. 24), más tarde tendrás ante ti una puerta cerrada» (v. 25). ¡Cuán solemnes son estos llamados, estos vanos gritos y esta terrible respuesta: “No os conozco ni sé de dónde sois” (v. 25; V. M). Hay un error, exclamarán algunos, pues hemos tenido padres cristianos, hemos asistido a las reuniones, hemos leído la Biblia y cantado himnos. Pero el Señor sólo recibirá en su cielo a los que aquí en la tierra lo hayan recibido en su corazón.

Estas severas palabras Jesús las dirige especialmente al pueblo de Israel. Mientras Herodes, esa “zorra” cruel y astuta, se apoderaba de “los polluelos” de Israel, su verdadero Rey procuraba reunirlos (v. 34). Pero no quisieron nada de él ni de su gracia, y ahora el Señor de gloria, abandonando la casa, a “los suyos” que no lo habían recibido (v. 35; Juan 1:11), proseguía su camino hacia la cruz.

Lucas 14:1-14
1Y ACONTECIO que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado á comer pan, ellos le acechaban.2Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de él.3Y respondiendo Jesús, habló á los doctores de la ley y á los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?4Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y despidióle.5Y respondiendo á ellos dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en algún pozo, y no lo sacará luego en día de sábado?6Y no le podían replicar á estas cosas.7Y observando cómo escogían los primeros asientos á la mesa, propuso una parábola á los convidados, diciéndoles:8Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más honrado que tú esté por él convidado,9Y viniendo el que te llamó á ti y á él, te diga: Da lugar á éste: y entonces comiences con vergüenza á tener el lugar último.10Mas cuando fueres convidado, ve, y siéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.11Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.12Y dijo también al que le había convidado: Cuando haces comida ó cena, no llames á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha compensación.13Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;14Y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; mas te será recompensado en la resurrección de los justos.

Nuevamente encontramos al Señor en la casa de un fariseo. Y allí fue una vez más el objeto de una abierta malevolencia. Lo observaban disimuladamente (v. 1) para ver si lo sorprendían en alguna falta sobre la cuestión del sábado. Pero Jesús curó al hombre hidrópico y, como en el capítulo 13:15, cerró la boca a sus adversarios. Luego fue Él quien los observó (v. 7). Su mirada, a la cual nada puede escapar, percibió cómo se esforzaban por ocupar los primeros puestos en la mesa. Así sucede en el mundo. Se trata de ganar los más grandes honores o los mejores bocados. Pero nosotros los cristianos siempre estaremos más felices en el último lugar, porque es ahí donde encontraremos a Jesús. En efecto, no es necesario preguntarnos desde qué lugar el Señor hizo estas observaciones, pues el fariseo no parecía haber estado dispuesto a ofrecerle un lugar distinguido.

Si Jesús tuvo una lección para los convidados, también tuvo una para el dueño de casa. A los primeros les enseñó a escoger su lugar, al segundo le enseñó a escoger sus invitados. El señor siempre quiere hacernos examinar el motivo que nos hace obrar. ¿Es con vistas a obtener ventajas u honores o es el amor que se complace en la abnegación por él?

Lucas 14:15-35
15Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.16El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido á muchos.17Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya está todo aparejado.18Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado.19Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; ruégote que me des por excusado.20Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.21Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces enojado el padre de la familia, dijo á su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.22Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.23Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérza los á entrar, para que se llene mi casa.24Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena.25Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo:26Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo.27Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.28Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?29Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él,30Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.31¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil?32De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándo le embajada.33Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.34Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?35Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oídos para oir, oiga.

De todos los convidados a este banquete, ¿quién encontrará la peor excusa para no asistir? ¿Esperamos haber comprado un campo para verlo, o bueyes para probar su fuerza? El que acababa de casarse podría haber llevado a su esposa al festín. Despreciando la invitación, no solamente se perdían la fiesta sino que ofendían al dueño de casa. Al gran banquete de su gracia, Dios ha convidado primero al pueblo judío y, después de su rechazo, a todos los que no pueden esconder su pobreza, enfermedad y miseria. Tales son las personas que llenarán el cielo (comp. v. 21 con v. 13). Y aún hay lugar, el de usted quizás, si todavía no ha aceptado la invitación.

El versículo 26 nos enseña simplemente que si alguien pretendiera no poder seguir a Cristo, cualquiera fuera la causa, incluso la oposición de los parientes más cercanos, ésta sería una excusa aborrecible. Es necesario ir a él (v. 26) y seguir en pos de él (v. 27), pero el enemigo es peligroso. Quien se ponga en camino sin haber calculado el costo es un insensato. Y el costo es grande, pues se trata de renunciar a todo lo que uno posee (v. 33). Si se toma la cruz, no se pueden llevar otras cargas. Mas la ganancia es incomparable: Cristo mismo (Filipenses 3:8).

Lucas 15:1-10
1Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.3Y él les propuso esta parábola, diciendo:4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;6Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.7Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?9Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

Las tres parábolas de este capítulo forman un conjunto maravilloso. El estado de un pecador nos es presentado bajo tres aspectos: el de la oveja, el de la dracma y el del hijo, los cuales estaban perdidos. Así vemos el rescate del pecador cumplido al mismo tiempo por el amor del Hijo (el buen Pastor), del Espíritu Santo (la mujer diligente) y del Padre.

El buen Pastor no solamente busca su oveja “hasta encontrarla” (v. 4; comp. con el final del v. 8), sino que luego la carga sobre sus propios hombros para llevarla a casa.

Como la dracma (pieza de moneda con la efigie del soberano que la emitió), el hombre es hecho a la imagen del que lo ha creado. Pero perdido, ¿para qué podía servir? Se volvió inútil. Entonces el Espíritu Santo, encendiendo “la lámpara”, se puso manos a la obra diligentemente y nos encontró en medio de las tinieblas y del polvo.

Cada parábola menciona el gozo del legítimo dueño, un gozo que busca ser compartido. El de Dios encuentra eco en los ángeles. Los oímos cantar en el momento de la creación (Job 38:7) y al ser anunciado el nacimiento del Salvador (2:13). Pero también hay gozo en el cielo “por un pecador que se arrepiente”. ¡Cuán grande es el precio de un alma a los ojos del Dios de amor!

Lucas 15:11-32
11Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;12Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.13Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.15Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.16Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.17Y volviendo en sí, dijo: ­Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!18Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.20Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.22Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.23Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:24Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.25Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;26Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.29Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:30Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.31El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.32Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.

La parábola del hijo pródigo nos presenta en primer plano a un muchacho que consideraba a su padre como un obstáculo para su felicidad y por ello se fue lejos de su presencia malgastando locamente todo lo que había recibido de él. Luego lo vemos, en un país lejano, reducido a la peor desgracia, a la miseria más absoluta. ¿Hemos reconocido hasta aquí nuestra propia historia? ¡Ojalá acabe de la misma manera! Bajo el peso de su miseria, el pródigo volvió en sí, recordó los recursos de la casa paterna, se levantó, tomó el camino de regreso… ¡Y qué final feliz! El padre salió apresuradamente a su encuentro con los brazos abiertos, lo besó; luego hubo una confesión seguida del pleno perdón, los harapos fueron cambiados por el mejor vestido…

Amigo, si usted se convence de su miseria moral, este relato le enseñará cuáles son las disposiciones del corazón de Dios hacia usted. No tema ir a él. Será recibido como ese hijo.

Pero el padre no pudo compartir completamente su gozo. El hermano mayor, que no hubiera vacilado en hacer banquetes con sus amigos mientras su hermano se hallaba perdido, se negó a tomar parte en el festín. Es una figura del pueblo judío obstinado en su legalismo, pero también de todos los que confían en su propia justicia y cuyo corazón está cerrado a la gracia de Dios.

Lucas 16:1-13
1Y DIJO también á sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fué acusado delante de él como disipador de sus bienes.2Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.3Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.4Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.5Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?6Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta.7Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.8Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz.9Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.10El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.11Pues si en las malas riquezas no fuísteis fieles. ¿quién os confiará lo verdadero?12Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?13Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas.

Nos extraña la actitud de este amo que aprueba a su siervo infiel, igualmente nos sorprende la conclusión del Señor: “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas” (v. 9). Pero este adjetivo nos da la clave de la parábola. Nada aquí en la tierra pertenece al hombre. Las riquezas que pretende poseer son, en realidad, de Dios; son, pues, riquezas injustas. Puesto en la tierra con la misión de administrarlas, el hombre se ha comportado como un ladrón. Lo que Dios había puesto en sus manos para su propio servicio, él lo ha pervertido para sus intereses egoístas, para satisfacer sus codicias. Pero todavía puede arrepentirse y emplear en beneficio de los demás, con miras al porvenir, los bienes del divino Dueño, mientras los tenga en sus manos.

El mayordomo del capítulo 12:42 era fiel y prudente; éste es infiel, sin embargo, también obra prudentemente, y ésta es la cualidad que le reconoce su amo. Si la gente del mundo muestra tal previsión, ¿no deberíamos nosotros, que somos “hijos de la luz”, pensar más en las verdaderas riquezas? (v. 11; 12:33).

El versículo 13 nos recuerda que no podemos tener dos corazones: uno para Cristo y otro para Mamón (palabra de origen arameo con la cual Jesús personifica a las riquezas como un dios en Mateo 6:24 y Lucas 16:13) y las cosas de este mundo. ¿A quién queremos amar y servir? (1 Reyes 18:21).

Lucas 16:14-31
14Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él.15Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.16La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza á entrar en él.17Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley.18Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.19Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.20Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas,21Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.22Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.23Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.24Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.25Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.26Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.27Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre;28Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento.29Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos.30El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán.31Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.

A los avaros fariseos Jesús declara que Dios conoce su corazón y juzga de una manera diferente a cómo lo hacen los hombres. La terrible apreciación de Dios acerca de las obras más grandes, de los triunfos y ambiciones terrenales, está escrita en el versículo 15: “Es abominación”. Entonces, ¡qué completo cambio de situación se manifestará en el otro mundo! El Señor da un admirable ejemplo. Este rico era precisamente un mayordomo infiel, pues aun teniendo a su prójimo a la puerta empleaba para sí mismo, en su afán de lujo y por egoísmo, lo que Dios le había encargado que administrara sobre la tierra. Pero tanto el rico como el pobre tarde o temprano encontrarán la muerte. Y este relato, hecho por Aquel que no puede mentir, demuestra que nuestra historia no termina aquí en la tierra. Todavía abarca el capítulo definitivo en el cual el Señor, volteando un poco la página, nos permite entrever algo. ¿Qué descubrimos en este más allá, acerca del cual tantos hombres tiemblan al interrogarse sobre él? ¡Un lugar de gozo y un lugar de tormento! Entonces será imposible pasar de uno a otro, será demasiado tarde para creer, pero también demasiado tarde para anunciar el Evangelio. “He aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

Lucas 17:1-19
1Y A SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ­ay de aquél por quien vienen!2Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos.3Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.4Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.5Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.6Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.7¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?8¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?9¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.10Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.11Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea.12Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,13Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.14Y como él los vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.15Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz;16Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.17Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?18¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero?19Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Es normal que el mundo, donde reina el mal, esté lleno de escándalos y ocasiones de caída. Pero que un cristiano pueda ser tropiezo a los más débiles es infinitamente triste y grave para él.

Aquel que perdona (7:48) nos enseña cómo debemos perdonar (v. 3-4). Los apóstoles sentían que para obrar según estos principios de gracia necesitaban más fe, y se la pidieron al Señor. Éste les respondió que otra virtud era indispensable: la obediencia, porque conociendo y haciendo la voluntad de Dios podemos contar con él. Sí, la fe no se separa de la obediencia ni la obediencia se separa de la humildad. Siervos inútiles: es lo que debemos pensar de nosotros mismos, pues Dios puede trabajar sin nosotros; si nos emplea es por pura gracia. Mas el Señor no piensa así de nosotros, pues nos considera sus amigos (comp. v. 7-8 y 12:37; Juan 15:15).

Diez leprosos encontraron a Jesús, clamaron a él y fueron sanos. Uno solo, el samaritano, dio las gracias a su Salvador. Así, en la gran cristiandad, en medio de todos los que son salvos, solamente un pequeño número sabe “volver” para rendir culto al Señor. ¿Lo hacemos nosotros?

Lucas 17:20-37
20Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;21Ni dirán: Helo aquí, ó helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.22Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.23Y os dirán: Helo aquí, ó helo allí. No vayáis, ni sigáis.24Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.25Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación.26Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre.27Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos.28Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;29Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos:30Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará.31En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.32Acordaos de la mujer de Lot.33Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.34Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado.35Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada.36Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.37Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.

Fuera de toda lógica, los fariseos se preocupaban por saber cuándo vendría el reino de Dios… mientras se negaban a reconocer al Rey que se encontraba en medio de ellos (v. 21). El reino de Dios, a menudo mencionado en el evangelio de Lucas, es la esfera en donde los derechos de Dios son reconocidos. Comprende primero el cielo, y por esta razón también encontramos, especialmente en Mateo, la expresión “el reino de los cielos”.

Pero también debía extenderse a Israel y a toda la tierra. Entonces el Rey, con el fin de poner a prueba a sus súbditos, vino bajo una humilde apariencia, sin llamar la atención (v. 20); y como tal fue rechazado. ¿Cuál es el resultado? El hecho de que hasta ahora el reino exista sólo bajo su forma celestial. Mas llegado el momento, se establecerá sobre la tierra, pero a través de repentinos y terribles juicios. El diluvio y la súbita destrucción de Sodoma son ilustraciones muy solemnes. Los versículos 27-30 son igualmente una figura de nuestra época. Sin embargo, existe otro ámbito en donde los derechos morales del Señor son reconocidos desde ahora: los corazones de los que le pertenecen. Amigo, ¿es su corazón «una provincia» del reino de Dios?

Lucas 18:1-17
1Y PROPUSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,2Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre.3Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.4Pero él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,5Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela.6Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.7¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?8Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?9Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola:10Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.11El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;12Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.13Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador.14Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.15Y traían á él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían.16Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.17De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

La parábola de la viuda y el juez injusto nos anima a orar con perseverancia (Romanos 12:12; Colosenses 4:2). Efectivamente, si un hombre malo termina por doblegarse, con más razón el Dios de amor intervendrá para responder a “sus escogidos”. A veces tarda en hacerlo, porque el fruto que él espera todavía no está maduro; pero no olvidemos que él mismo se obliga a usar de paciencia, pues su amor lo llevaría a obrar rápidamente (final del v. 7). Vendrá un tiempo, el de la tribulación final, cuando este pasaje tomará toda su fuerza para los escogidos del pueblo judío.

El fariseo que confiado en sí mismo presentaba a Dios su propia justicia y el publicano que se humilló sintiendo una profunda convicción de pecado, son moralmente los respectivos descendientes de Caín y Abel, con la diferencia de que este último se sabía justificado. El único título que nos da derecho a acercarnos a Dios es el de pecador. Para el hombre es humillante tener que poner de lado sus propias obras (v. 11), sus razonamientos, su sabiduría, su experiencia. Pero las verdades divinas del reino no pueden ser aprehendidas sino por la simple fe, cuyo verdadero ejemplo es la confianza de un niño. Cuando el Señor venga, ¿encontrará en nosotros tal fe? (v. 8).

Lucas 18:18-34
18Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?19Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios.20Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre.21Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.22Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.23Entonces él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.24Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ­Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!25Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.26Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?27Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.28Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.29Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,30Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.31Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.32Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido.33Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará.34Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.

En presencia de este jefe del pueblo, aparentemente dotado de las más nobles cualidades, cualquiera habría dicho: He aquí alguien que me va a honrar, un discípulo de categoría que es necesario retener. Pero Dios mira el corazón (1 Samuel 16:7), y el Señor sondeó el de este hombre.

“¿Qué haré?”, fue su pregunta. Sobre este terreno Jesús sólo pudo recordarle la ley. Pero, ¿qué necesidad tendría de robar, si era rico; por qué matar o presentar un falso testimonio cuando tenía una reputación que cuidar; por qué no honrar a sus padres si le habían dejado una valiosa herencia? En realidad, infringía el primer mandamiento, pues su dios era la riqueza (Éxodo 20:3). La tristeza de este hombre, que humanamente tenía todo para ser feliz (buena posición, fortuna y juventud para disfrutarla), es una prueba, para los que envidian tales ventajas, de que nada de todo esto da la verdadera felicidad. Al contrario, si el corazón se apega a estas cosas, éstas son un obstáculo para seguir a Jesús y tener parte en la vida eterna. Él mismo cumplió la obra que nos abrió el acceso a la verdadera vida. Meditemos en cada expresión de los versículos 32-33, recordando que Jesús sufrió así por mí.

Lucas 18:35-43; Lucas 19:1-10
35Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;36El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.37Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno.38Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.39Y los que iban delante, le reñían que callase; mas él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.40Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le preguntó,41Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.42Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.43Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza.
1Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;2Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;3Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.4Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.5Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.6Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.7Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.9Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.10Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.

La visita del Señor a Jericó fue probablemente la única ocasión dada al ciego y a Zaqueo para encontrar al Señor Jesús. A pesar de los obstáculos, supieron aprovecharla (comp. 16:16).

Consideremos a este ciego: no podía ver al Salvador que pasaba y, además, la muchedumbre quería que se callase; pero él gritó con insistencia y obtuvo la respuesta a su fe.

En cuanto a Zaqueo, su pequeña estatura y la muchedumbre que se apretujaba alrededor de Jesús le impedían verlo. Entonces corrió para adelantarse al cortejo y se subió a un árbol, sin preocuparse por el qué dirán. También él superó las dificultades, ¡y qué recompensa obtuvo! Nos imaginamos su confusión y alegría cuando el Señor lo llamó por su nombre, invitándolo a bajar rápidamente para acoger al Señor en su propia casa.

Querido amigo, Jesús todavía pasa hoy cerca de usted trayéndole la salvación (v. 9). No se deje detener por su incapacidad natural, por las formas de una falsa religión que, como esta muchedumbre, impiden ver a Jesús “tal como él es” (1 Juan 3:2), ni tampoco por la opinión de los demás. El Maestro lo llama por su nombre y le dice: “Hoy es necesario que pose yo” en su corazón. ¿Lo dejará usted pasar?

Lucas 19:11-28
11Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.12Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.13Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.14Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.15Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.16Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.17Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.18Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.19Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.20Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:21Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.22Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;23¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?24Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.25Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.26Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.27Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.28Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.

Esta parábola nos presenta a la vez el rechazo al Señor Jesús como Rey (v. 14) y la responsabilidad de los suyos durante el tiempo de su ausencia. En la de los “talentos” (Mateo 25), cada siervo recibió una suma diferente según la soberanía del amo, pero la recompensa fue la misma. En ésta, a cada siervo le fue confiada una mina, pero la recompensa fue proporcional a su actividad. A cada creyente Dios le ofrece la misma salvación, la misma Palabra, el mismo Espíritu, sin hablar de los diversos dones dispensados a cada uno. Sin embargo, no todos tienen el mismo celo para hacer valer estos talentos para la gloria de su Señor ausente. El secreto del servicio es el amor experimentado por Aquel a quien se sirve. Cuanto más grande sea este amor, más grande es la devoción. El tercer siervo odiaba a su amo, le parecía severo e injusto, por eso no trabajó para él. Este hombre representa a todos aquellos a quienes Dios quitará lo que “piensan tener” pese a llamarse cristianos (8:18; v. 26).

Desgraciadamente puede ocurrir que verdaderos hijos de Dios acepten los dones y se resistan a prestar el servicio, frustrando así al Señor y, finalmente, privándose a sí mismos del fruto que habrían podido gozar con él.

Lucas 19:29-48
29Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,30Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.31Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.32Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.33Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?34Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.35Y trajéronlo á Jesús; y habiéndo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.36Y yendo él tendían sus capas por el camino.37Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,38Diciendo: ­Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!39Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.40Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.41Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella,42Diciendo: ­Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.43Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,44Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.45Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él.46Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.47Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.48Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

El camino del Señor llegaba a su término: la ciudad de Jerusalén, hacia la cual, desde el capítulo 9:51, había dirigido resueltamente su rostro sabiendo lo que le esperaba. Sin embargo, durante un momento, los discípulos pudieron pensar que su reinado iba a aparecer inmediatamente (v. 11). Jesús mostró su soberanía reclamando el asno, a fin de cumplir la profecía de Zacarías 9:9. ¿Y no hay en nuestra vida muchas cosas acerca de las cuales podríamos oír decir: “El Señor lo necesita”? (v. 34). Al son de las aclamaciones de la muchedumbre de sus discípulos, el Rey hizo su entrada majestuosa en la ciudad. Pero, en contraste con esta alegría, los fariseos mostraron su indiferencia hostil (v. 39). En verdad, las piedras serían más dóciles a la acción del poder divino que el corazón endurecido del desgraciado pueblo judío. Al ver la ciudad, Jesús lloró sobre ella. Sabía cuáles iban a ser las trágicas consecuencias de su ceguera. Veía ya a las legiones de Tito, cuarenta años más tarde, asediando la ciudad culpable (Isaías 29:3-6). ¡Escenas indescriptibles de masacres y destrucción seguramente pasaron ante sus ojos!

Después, entrando en la ciudad y en el templo, consideró con no menos pena el comercio que lo llenaba y, con una santa energía, lo hizo cesar (comp. Ezequiel 8:6).

Lucas 20:1-18
1Y ACONTECIO un día, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos;2Y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad?3Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una palabra; respondedme:4El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres?5Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?6Y si dijéremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta.7Y respondieron que no sabían de dónde.8Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.9Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo.10Y al tiempo, envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío.11Y volvió á enviar otro siervo; mas ellos á éste también, herido y afrentado, le enviaron vacío.12Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos también á éste echaron herido.13Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cuando á éste vieren, tendrán respeto.14Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra.15Y echáronle fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué pues, les hará el señor de la viña?16Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: ­Dios nos libre!17Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, Esta fué por cabeza de esquina?18Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará.

Si hubieran estado presentes en el bautismo de Juan, estos fariseos no habrían tenido necesidad de preguntar al Señor con qué autoridad hacía “estas cosas” (7:30). En aquella ocasión, Dios había designado solemnemente a su Hijo amado y le había revestido de poder para su ministerio (3:22). Además, todo lo que Jesús hacía o decía, ¿no mostraba claramente que era el Padre quien lo había enviado? (Juan 12:49-50).

El Señor dio una vez más a estos hombres de mala fe la oportunidad de reconocerse en la parábola de los labradores malvados. Rehusando a Dios el fruto de la obediencia, Israel había despreciado, maltratado y a veces matado a sus mensajeros y profetas (2 Crónicas 36:15). Y, cuando el amor de Dios les dio a su propio Hijo, no vacilaron en echarlo “fuera de la viña” para matarlo. El Señor mostró las consecuencias terribles de este último crimen: Dios destruirá a este pueblo inicuo y confiará a otros, tomados de entre las naciones, la responsabilidad de llevar fruto para él. Finalmente, si por un lado, del templo terrestre no debía quedar piedra sobre piedra (19:44; 21:5-6), por el otro, Cristo, “la piedra reprobada” (Hechos 4:11), llegaría a ser en resurrección, el precioso fundamento de una casa espiritual y celestial: la Iglesia (1 Pedro 2:4).

Lucas 20:19-40
19Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo.20Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.21Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad.22¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?23Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?24Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.25Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios.26Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.27Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,28Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano.29Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.30Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.31Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y muerieron sin dejar prole.32Y á la postre de todos murió también la mujer.33En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer.34Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:35Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:36Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección.37Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.38Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á él.39Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.40Y no osaron más preguntarle algo.

A la sutil pregunta que hicieron estos “espías”, Jesús respondió, como de costumbre, hablando a su conciencia. Es necesario dar a cada uno lo que le corresponde, y primeramente debemos darle a Dios la obediencia y el honor que le pertenecen (Romanos 13:7).

En cuanto a los saduceos, el Señor les probó la realidad de la resurrección por medio de este título que Dios se da: El “Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob” (v. 37; Éxodo 3:6). Cuando Jehová hablaba así a Moisés, ya hacía mucho tiempo que estos patriarcas habían dejado la tierra. Sin embargo, él seguía proclamándose su Dios. Para él ellos estaban vivos y sus cuerpos debían resucitar. Estos hombres de fe tenían la mira puesta en “lo prometido”, más allá de la vida presente, y demostraban que esperaban las promesas con certidumbre. “Por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos” (Hebreos 11:13-16).

Creyentes, apliquémonos a mostrar a nuestro alrededor que tenemos una esperanza viva.

Los fariseos y los saduceos corresponden a dos tendencias religiosas de todos los tiempos: de un lado el formalismo legal, el apego a las tradiciones, y del otro, al contrario, el racionalismo (o modernismo) que pone en duda la Palabra y sus verdades fundamentales.

Lucas 20:41-47; Lucas 21:1-9
41Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?42Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,43Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.44Así que David le llama Señor: ¿cómo pues es su hijo?45Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos:46Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;47Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración: éstos recibirán mayor condenación.
1Y MIRANDO, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.2Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas.3Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos:4Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.5Y á unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:6Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída.7Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?8El entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, el tiempo está cerca: por tanto, no vayáis en pos de ellos.9Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego será el fin.

Observando a los ricos y a los pobres, a los instruidos y a los ignorantes, a los aduladores y a los contradictores, Jesús, en su sabiduría maravillosa, discernía los motivos y los sentimientos de todos, y tomaba para con cada uno la actitud que convenía a su estado. Denunciaba la vanidad al mismo tiempo que la culpabilidad de los jefes del pueblo, y prevenía a los que pudiesen ser engañados por ellos. Se complacía en subrayar, en contraste, la devoción de una pobre viuda que era víctima de la codicia de los escribas. Echando en el tesoro sus últimos recursos, ella se abandonaba enteramente a Dios y mostraba que dependía sólo de él (1 Timoteo 5:5; 2 Corintios 8:1-5). El Señor ve tanto lo que le ofrecemos como lo que guardamos. Él no cuenta de la misma manera que nosotros (v. 3), y esto anima a todos los que no pueden dar mucho (2 Corintios 8:12). ¡Cuántas “blancas” serán fortunas en el tesoro celestial! (comp. 12:33 con 18:22).

Algunos estaban deslumbrados por la belleza de las piedras y de los adornos del templo; pero allí Jesús también juzgaba diferentemente. Conocía el interior de este templo y lo comparó con una cueva de ladrones (19:46). Después declaró cuál sería la suerte de estas cosas que el hombre admiraba (v. 6).

Lucas 21:10-24
10Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino;11Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo.12Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándoos á las sinagogas y á las cárceles, siendo llevados á los reyes y á los gobernadores por causa de mi nombre.13Y os será para testimonio.14Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder:15Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán.16Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán á algunos de vosotros.17Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.18Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.19En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.20Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.21Entonces los que estuvieren en Judea, huyan á los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.22Porque estos son días de venganza: para que se cumplan todas las cosas que están escritas.23Mas ­ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apuro grande sobre la tierra é ira en este pueblo.24Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos.

Desde el capítulo 17 vemos que Jesús prevenía a sus discípulos sobre los castigos que esperaban a Israel y al mundo a causa de su rechazo. Pero, en medio de un pueblo juzgado, el Señor siempre ha sabido distinguir a los que le pertenecen. Como en el capítulo 12, los advertía y los animaba a avanzar –igualmente a nosotros– en estos tiempos difíciles (comp. v. 14-15 con 12:11-12). “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas” (v. 19). Esta exhortación también nos concierne. “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor”, recomienda el apóstol Santiago (5:7-8). Dios es paciente (18:7) y desea que sus hijos manifiesten este mismo carácter.

Los versículos 20 y 21 se cumplieron al pie de la letra antes de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70. Habiendo ocupado por primera vez sus posiciones alrededor de las murallas, los ejércitos invasores levantaron el sitio sin ninguna razón aparente y marcharon en dirección al norte. Entonces los cristianos, acordándose de las palabras del Señor, aprovecharon este tiempo de tregua para abandonar la ciudad, antes de que las legiones romanas volvieran a atacarla. La expresión del versículo 24: “Los tiempos de los gentiles”, corresponde al período que siguió, el cual lleva aproximadamente dos mil años.

Lucas 21:25-38
25Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas:26Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas.27Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.28Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.29Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles:30Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca.31Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.32De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho.33El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.34Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.35Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.36Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.37Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas.38Y todo el pueblo venía á él por la mañana, para oirle en el templo.

A partir del versículo 25, las señales anunciadas se refieren aún al porvenir. Serán tiempos terribles. Las cosas más estables serán revolucionadas, y las almas de los hombres también. Ya el miedo empieza a manifestarse en el mundo. Los hombres piensan escapar cavando refugios (Apocalipsis 6:15). Pero para los fieles de ese tiempo la salvación (llamada vuestra redención en el v. 28) vendrá de arriba. Será la venida del Señor en gloria; y para nosotros, creyentes de hoy, lo que esperamos es su venida en las nubes. ¡Segura promesa! Sí, porque el cielo y la tierra pasarán, mas sus palabras no pasarán (v. 33).

La glotonería generalmente no se considera como un pecado grave. Sin embargo, está asociada con la borrachera, porque contribuye a recargar el corazón. Cultiva el egoísmo; hace olvidar las necesidades que nos rodean (comp. 16:19). El gozo de esperar al Señor no se manifestará más en un corazón sobrecargado (v. 34), pues las preocupaciones de la vida lo invaden. Por esta razón, frecuentemente las epístolas asocian las exhortaciones a ser sobrios y a velar (1 Tesalonicenses 5:6-7; 1 Pedro 1:13; 4:7; 5:8); y aquí el Señor nos recomienda: “Mirad también por vosotros mismos… Velad, pues, en todo tiempo orando” (v. 34-36).

Lucas 22:1-23
1Y ESTABA cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua.2Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo.3Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;4Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría.5Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.6Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla.7Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua.8Y envió á Pedro y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos.9Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?10Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare,11Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?12Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí.13Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.14Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles.15Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca;16Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.17Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros;18Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.19Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí.20Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.21Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.22Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ­ay de aquél hombre por el cual es entregado!23Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.

Los jefes del pueblo temían realizar sus deseos criminales porque sabían que la muchedumbre deseaba escuchar a Jesús (19:48). Pero Satanás vino a ayudarles. Tenía preparado su instrumento: Judas. Entró en él, valiéndose de la voluntad del miserable discípulo. Enseguida éste llevaría a cabo su terrible transacción.

A la hora de celebrar la pascua –hoy la cena del Señor–, nada fue dejado a la iniciativa de los discípulos. Jesús les pidió que la prepararan, pero esperó que le preguntaran dónde tendrían que hacerlo. ¡Cuántos cristianos, en lugar de hacer esta pregunta al Señor, han escogido ellos mismos su lugar de reunión! Sin embargo, ¡todo es tan sencillo! Basta dejarse conducir por ese “hombre que lleva un cántaro de agua”, figura del Espíritu Santo presentando la Palabra. La gran habitación preparada muestra que, allí donde el mismo Jesús se encuentra, hay lugar para todos los creyentes. “Cuánto he deseado…”, dijo a los suyos cuando llegó la hora. ¡Qué amor! El Señor no hablaba de un favor que él les hacía, sino de una necesidad de su propio corazón, como alguien que teniendo que dejar a su familia, desea tener con ella una reunión de despedida.

Lucas 22:24-38
24Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.25Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:26Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.27Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve.28Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones:29Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí,30Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel.31Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo;32Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.33Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte.34Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.35Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.36Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada.37Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene.38Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta.

Era la última reunión del Maestro con sus discípulos. Pero, ¿qué hacían ellos durante este santo momento? ¡Disputaban entre sí sobre quién sería el más grande! Mas, ¡con qué paciencia y dulzura los reprendió el Señor! Por última vez les recordó (y nos recuerda a nosotros) que la verdadera grandeza consiste en servir a los demás. Y él mismo no ha cesado de hacerlo (comp. v. 27 con 12:37). Además, no les hizo ningún reproche, sino que reconoció su devoción y fidelidad: “Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas”, les dijo. Sin embargo, a estos débiles discípulos aún les sobrevendrían tentaciones que pondrían en peligro su fe. Entonces Jesús les reveló de qué manera serviría en adelante a los suyos: su intercesión precederá a las pruebas y sostendrá su fe cuando deban atravesarlas (Juan 17:9,11,15). Mientras él estaba con ellos, no habían tenido necesidad de nada; él cuidaba de todo y los protegía. Pero cuando los dejara, tendrían que combatir por su propia cuenta. Mas no con armas carnales (v. 38; 2 Corintios 10:4) ni “contra sangre y carne” (Efesios 6:12). Satanás, enemigo mucho más temible, se aproximó en esa hora. “Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8).

Lucas 22:39-53
39Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.40Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.41Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,42Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.43Y le apareció un ángel del cielo confortándole.44Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.45Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza;46Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.47Estando él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesús para besarlo.48Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?49Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo?50Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha.51Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.52Y Jesús dijo á los que habían venido á él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos?53Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

Este solemne relato de la escena del Getsemaní contiene detalles que únicamente hallamos en el evangelio de Lucas. Vemos a Jesús de rodillas (v. 41); y un ángel se le apareció para fortalecerlo (v. 43). Se hallaba en la angustia del combate y sabemos con qué enemigo tenía que vérselas. ¡Era un combate tan intenso que en cierto momento su sudor se transformó en grandes gotas de sangre! Pero esta misma angustia demuestra su perfección. A menudo el mal causa poca impresión en nuestros corazones endurecidos, pero para el Hombre santo por excelencia, el pensamiento de llevar el pecado lo llenaba de horror y terror.

Después Jesús vino a sus discípulos y los halló durmiendo. Así como habían estado cargados de sueño en la montaña, en presencia de su gloria (9:32), lo estaban aquí ante su sufrimiento. Él les había enseñado a pedir: “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (11:4; Mateo 6:13). ¡Pero ellos no habían orado así en la hora en que el enemigo se aproximaba!

Entonces llegaron Judas y la tropa que lo acompañaba. Es maravilloso ver al Señor, que unos momentos antes atravesaba el más terrible de los combates, ahora mostrar ante los hombres una paciencia, una gracia (v. 51) y una calma perfectas.

Lucas 22:54-71
54Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos.55Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos.56Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y éste con él estaba.57Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.58Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.59Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es Galileo.60Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó.61Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.62Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.63Y los hombres que tenían á Jesús, se burlaban de él hiriéndole;64Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió.65Y decían otras muchas cosas injuriándole.66Y cuando fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio,67Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;68Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis:69Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios.70Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy.71Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.

¡Pobre Pedro! Mientras Jesús oraba, él dormía; mientras Jesús se dejaba prender y llevar como un cordero al matadero (Isaías 53:7; Jeremías 11:19), él blandía la espada (v. 50; comp. Juan 18:10). Por último, mientras el Señor confesaba la verdad ante los hombres, él mintió y lo negó tres veces consecutivas. Se sentó en compañía de los que acababan de apresar a su Maestro y hablaban contra él (Salmo 69:12; 1:1 final). ¿Cómo hubiera podido dar testimonio de él en tal posición?

Una simple mirada del Señor desgarró el corazón del pobre discípulo mucho más de lo que los reproches hubieran podido hacer. ¡Oh!, esa mirada atravesó su conciencia y comenzó una obra de restauración. Esa negación tan dolorosa para el Señor se unió a todos los escarnios recibidos (v. 63-65).

Los hombres malvados ante los cuales compareció se vieron obligados a reconocer que “el Hijo del Hombre” (v. 69) es al mismo tiempo “el Hijo de Dios” (v. 70). Por eso Jesús pudo responderles: “Vosotros decís que lo soy”. ¡Y por eso también son infinitamente más culpables al condenarlo después de tales palabras!

Lucas 23:1-12
1LEVANTANDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato.2Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo, el rey.3Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndo él, dijo: Tú lo dices.4Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre.5Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.6Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo.7Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días.8Y Herodes, viendo á Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal.9Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió:10Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía.11Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á Pilato.12Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí.

Fue fácil manifestar unanimidad contra Jesús. Los principales del pueblo se levantaron juntos para llevarlo a Pilato, el único que tenía poder de condenar a muerte. ¿De qué acusaban a su prisionero? De pervertir a la nación, es decir, de llevarla hacia el mal; él, que sólo había trabajado para llevar el corazón de este pueblo a Dios. También lo acusaban de prohibir que se diera tributo a César, cuando él les había dicho lo contrario: “Dad a César lo que es de César” (20:25). Pero estas mentiras no tuvieron sobre Pilato el efecto que los judíos esperaban. En su desconcierto, el gobernador buscaba un medio de eludir la responsabilidad de juzgarlo. Entonces envió a Jesús ante Herodes, quien sentía hacia él cierto temor mezclado con odio y curiosidad (v. 8; 9:7; 13:31). Pero al no ser satisfecho este último sentimiento, toda la bajeza de dicho dignatario se descubrió. ¡Se complació en humillar a un prisionero indefenso, de cuyos milagros de amor había oído hablar! Finalmente, decepcionado, volvió a enviarlo a Pilato.

Al contemplar a Jesús, a quien maltrataban y afrentaban así, nuestros corazones se regocijan pensando en el momento en que aparecerá en su gloria, cuando cada uno deberá reconocer que “Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Isaías 53:3; Filipenses 2:11).

Lucas 23:13-32
13Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo,14Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis.15Y ni aun Herodes; porque os remití á él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho.16Le soltaré, pues, castigado.17Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.18Mas toda la multitud dió voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á Barrabás:19(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.)20Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesús.21Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale.22Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré.23Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían.24Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían;25Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos.26Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.27Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban.28Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.29Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron.30Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos.31Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?32Y llevaban también con él otros dos, malhechores, á ser muertos.

Más confundido que nunca, Pilato reunió a los sacerdotes, a los gobernantes y al pueblo, y tres veces les afirmó que en Jesús no encontraba nada que fuese digno de muerte. Pero su deseo de liberarlo sólo hizo aumentar la insistencia del pueblo para pedir su crucifixión. Una muchedumbre manifiesta fácilmente su cobardía y crueldad porque, escondidos en el anonimato, los más bajos instintos se dan libre curso. Aquélla lo fue aún más, siendo instigada por sus propios conductores. Finalmente sus gritos prevalecieron y, a cambio de la libertad del homicida Barrabás, lograron que Jesús fuera entregado a su voluntad. Para Pilato, hombre sin escrúpulos, una vida humana tenía menos valor que el favor del pueblo.

Entre los que acompañaron al condenado inocente, muchos sintieron compasión y lloraron. Pero la emoción no es una prueba de la obra de Dios en un corazón. Si así fuese, estas mujeres hubieran llorado por ellas mismas y por la ciudad criminal, como Jesús lo hizo (19:41). Muchas personas son tocadas sentimentalmente por la vida admirable del Señor y se indignan a causa de la injusticia cometida contra él, pero no piensan que ellas mismas también tienen, por sus pecados, una responsabilidad personal en su muerte (Isaías 53:6).

Lucas 23:33-49
33Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.35Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios.36Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre,37Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo.38Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.39Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros.40Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación?41Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo.42Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino.43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.44Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.45Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio.46Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.47Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.48Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos.49Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

Jesús fue llevado a ese siniestro lugar de la Calavera donde lo crucificaron entre dos malhechores. “Padre, perdónalos…”, tal es su sublime respuesta a todo el mal que le hicieron los hombres (comp. 6:27). Si ellos se arrepintieran, su crimen –el más grande de la historia de la humanidad– sería expiado por medio de Su propia muerte.

En la cruz, donde todos estaban presentes, desde los gobernantes hasta el miserable ladrón (v. 35, 39), toda la maldad del corazón humano se descubrió sin ninguna vergüenza: miradas cínicas, risas, provocaciones, injurias… pero aquí comenzó una conversación maravillosa entre el Salvador crucificado y el otro malhechor convencido de pecado (v. 41). Iluminado por Dios, discernió en el hombre maltratado y coronado de espinas que iba a morir a su lado una víctima santa, un rey glorioso (v. 42). Y recibió una promesa inestimable (v. 43). Así, desde la misma cruz, el Señor gozó del primer fruto de la “aflicción de su alma” (Isaías 53:11).

Después de las tres últimas horas de tinieblas impenetrables, Jesús volvió a gozar de su relación con Dios, la cual había sido interrumpida durante el abandono que acababa de atravesar. Y en plena serenidad encomendó él mismo su espíritu en las manos de su Padre. La muerte del Justo fue para Dios la oportunidad de dar un último testimonio a través del centurión romano (v. 47).

Lucas 23:50-56; Lucas 24:1-12
50Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo,51(El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios;52Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.53Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto.54Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado.55Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo.56Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.
1Y EL primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas.2Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro.3Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.4Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;5Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?6No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea,7Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.8Entonces ellas se acordaron de sus palabras,9Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y á todos los demás.10Y eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas á los apóstoles.11Mas á ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creyeron.12Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro: y como miró dentro, vió solos los lienzos echados; y se fué maravillándose de lo que había sucedido.

La intervención de José de Arimatea nos muestra que la gracia había alcanzado a este hombre, uno de los ricos que se nos menciona con frecuencia en Lucas (18:24; Mateo 27:57) y principal del pueblo. Este discípulo había sido especialmente preparado para sepultar el cuerpo del Señor (según Isaías 53:9). Luego el Espíritu nos presenta a unas mujeres abnegadas y recalca que ellas habían acompañado a Jesús desde Galilea (v. 49, 55). Éstas estuvieron presentes en el Calvario. Después, con más amor que comprensión, prepararon perfumes para ungir su cuerpo. Finalmente, la mañana del primer día de la semana, las vemos dirigirse al sepulcro, donde tuvieron un maravilloso encuentro. Dos ángeles se presentaron allí para anunciarles que sus preparativos eran inútiles: Aquel a quien ellas buscaban ya no estaba en la tumba; había resucitado.

Desafortunadamente la experiencia cristiana de numerosos hijos de Dios no va más allá de la cruz. La extraña pregunta: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” podría serles dirigida. Queridos amigos, ¡alegrémonos!, Jesús no es solamente un Salvador muerto en la cruz por nuestros pecados. Él vive eternamente (Apocalipsis 1:18) y nosotros vivimos con él (Juan 14:19).

Lucas 24:13-35
13Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día á una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús.14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido.15Y aconteció que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, é iba con ellos juntamente.16Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen.17Y díjoles: ¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes?18Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tú sólo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días?19Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús Nazareno, el cual fué varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;20Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros príncipes á condenación de muerte, y le crucificaron.21Mas nosotros esperábamos que él era el que había de redimir á Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día que esto ha acontecido.22Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro:23Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive.24Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; más á él no le vieron.25Entonces él les dijo: ­Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!26¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?27Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían.28Y llegaron á la aldea á donde iban: y él hizo como que iba más lejos.29Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos.30Y aconteció, que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles.31Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos.32Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?33Y levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos.34Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simón.35Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo había sido conocido de ellos al partir el pan.

Dos discípulos caminaban tristemente por el camino de Emaús. Habiendo perdido sus esperanzas terrenales de un Mesías para Israel, se dirigían a sus campos y sus asuntos (Marcos 16:12). Pero el misterioso forastero que se unió a ellos cambió completamente el curso de sus pensamientos. Comenzó por interrogarlos y luego les hizo notar su insensatez e incredulidad; dos cosas que a menudo van juntas (v. 25). ¡Cuántas veces nuestra ignorancia proviene del hecho de que no creemos! (Hebreos 11:3). Después el Señor les abrió las Escrituras y les mostró “lo que de él decían”. Nunca lo olvidemos, la clave del Antiguo Testamento, y especialmente de las profecías, consiste en buscar a Jesús en ellas.

Observemos como el Señor se deja retener por los que lo necesitan: entró para quedarse con estos dos discípulos. Que nosotros también podamos hacer esta experiencia; en particular cuando estamos desanimados y nuestras circunstancias han tomado un giro distinto del que esperábamos. Aprendamos en su presencia a aceptarlas tal como son. “La consolación de las Escrituras” dirigirá entonces nuestros pensamientos hacia un Salvador vivo y hará arder nuestros corazones (Romanos 15:4). “Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.

Lucas 24:36-53
36Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz á vosotros.37Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu.38Mas él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones?39Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.40Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies.41Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: ¿Tenéis aquí algo de comer?42Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.43Y él tomó, y comió delante de ellos.44Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.45Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras;46Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;47Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem.48Y vosotros sois testigos de estas cosas.49Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto.50Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo.51Y aconteció que bendiciéndolos, se fué de ellos; y era llevado arriba al cielo.52Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo;53Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. Amén.

El Señor hubiera podido subir al cielo inmediatamente después de su resurrección, pero deseaba ver aún a sus queridos discípulos (Juan 16:22); quería darles la prueba de que no sólo estaba vivo, sino que continuaba siendo un hombre, el mismo Jesús que ellos habían conocido, seguido y servido. Queridos amigos creyentes, nosotros veremos en el cielo no solamente a “un espíritu”, ni tampoco a un extraño para nuestros corazones, sino al Jesús del Evangelio, al Hijo del Hombre presentado por Lucas, al tierno Salvador que habremos aprendido a conocer y amar en esta tierra.

En este capítulo se insiste cuatro veces sobre la necesidad de que todo el consejo eterno de Dios se cumpliese en los sufrimientos de Cristo, pero también en sus glorias (v. 7, 26, 44, 46).

Jesús llevó a los discípulos fuera, hasta Betania, lugar que él escogió para despedirse de los suyos. Los estableció así, en figura, “fuera” del sistema judío (v. 50), durante el tiempo que dure su ausencia, sobre un nuevo terreno, el de la vida nueva y el de la comunión (Juan 12:1). La última palabra del Señor es una promesa (v. 49), y su último gesto una bendición (v. 50). Él ascendió al cielo, pero el corazón de los suyos desbordaba de gozo y alabanza. Objetos del mismo amor, celebremos nosotros también a nuestro Dios, a nuestro Padre, y regocijémonos en un Salvador perfecto.

Juan

Juan 1:1-18
1EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.2Este era en el principio con Dios.3Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho.4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.5Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.6Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.7Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que todos creyesen por él.8No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.9Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo.10En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le conoció.11A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.12Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre:13Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios.14Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.15Juan dió testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que yo decía: El que viene tras mí, es antes de mí: porque es primero que yo.16Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.17Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fué hecha.18A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró.

“El unigénito Hijo” que da a conocer al Padre, tal es el tema de este evangelio (v. 18; véase 1 Juan 4:9). Desde el primer versículo, del cual cada término debe ser sopesado, nos lo presenta como el Verbo (la Palabra), una persona eterna, distinguible de Dios Padre y que sin embargo es Dios (Salmo 90:2). Tan lejos como pueda remontarse nuestro pensamiento en el tiempo, él ya era. Pero aquel Verbo, el Señor Jesús, creador de todas las cosas, única fuente de vida y de luz, no se dirigió a nosotros desde los majestuosos cielos, sino que vino al mundo (v. 9) sujetándose a nuestras limitaciones en el espacio y en el tiempo. Misterio insondable, ¡“el Verbo fue hecho carne”! (v. 14; 1 Timoteo 3:16). No vino como un mensajero apresurado que en seguida vuelve al que lo envió. Habitó entre nosotros sin dejar de estar, pese a ello, “en el seno del Padre”. Todo lo que Dios es en su propia naturaleza: amor y luz, gracia para el corazón y verdad para la conciencia del pecador, se acercó a nosotros y brilló en esta persona adorable. Pero las tinieblas morales del hombre no comprendieron la verdadera luz (v. 5); el mundo no conoció a su Creador y el pueblo de Israel no recibió a su Mesías (v. 11).

Y usted, ¿ha recibido a Jesucristo en su corazón? En caso afirmativo, usted es un hijo de Dios, según el versículo 12 y Gálatas 3:26.

Juan 1:19-34
19Y éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?20Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo.21Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.22Dijéronle: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta á los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?23Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta.24Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos.25Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?26Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros ha estado á quien vosotros no conocéis.27Este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí: del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.28Estas cosas acontecieron en Betábara, de la otra parte del Jordán, donde Juan bautizaba.29El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.30Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo.31Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua.32Y Juan dió testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él.33Y yo no le conocía; mas el que me envió á bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo.34Y yo le vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios.

No fue el peso de sus pecados lo que condujo a los delegados de los judíos a Juan el Bautista, sino más bien la curiosidad, el deseo de saber quién era, o tal vez alguna inquietud. Su encuesta dio a Juan la oportunidad de entregar su mensaje (comp. 1 Pedro 3:15 final). Mas él no tenía nada que decir acerca de sí mismo (v. 22), no era más que una simple voz. Fue “enviado de Dios” para dar testimonio de “la luz” (v. 6-8). En cierto sentido todos los redimidos son llamados a dar testimonio de la luz, sobre todo al andar “como hijos de luz” (Efesios 5:8). Por sí mismos no son nada, sólo son instrumentos por medio de los cuales Cristo, la luz moral del mundo, debe ser manifestado.

Dios indicó de antemano a su siervo cómo reconocer a su Hijo amado. “He aquí el Cordero de Dios”, exclamó Juan cuando Jesús apareció. Dios proveyó una víctima santa para quitar el pecado del mundo, víctima esperada desde la caída del hombre, anunciada por los profetas y por las figuras del antiguo pacto que Dios había hecho con el pueblo de Israel (véase Éxodo 12:3; Isaías 53). ¡Qué víctima! El Cordero de Dios es también el Hijo de Dios (v. 34).

Juan 1:35-51
35El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.36Y mirando á Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.37Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesús.38Y volviéndose Jesús, y viéndolos seguir le, díceles: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabbí (que declarado quiere decir Maestro) ¿dónde moras?39Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con él aquel día: porque era como la hora de las diez.40Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído de Juan, y le habían seguido.41Este halló primero á su hermano Simón, y díjole: Hemos hallado al Mesías (que declarado es, el Cristo).42Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cephas (que quiere decir, Piedra).43El siguiente día quiso Jesús ir á Galilea, y halla á Felipe, al cual dijo: Sígueme.44Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.45Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: á Jesús, el hijo de José, de Nazaret.46Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven y ve.47Jesús vió venir á sí á Natanael, y dijo de él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño.48Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi.49Respondió Natanael, y díjole: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.50Respondió Jesús y díjole: ¿Porque te dije, te vi debajo de la higuera, crees? cosas mayores que éstas verás.51Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.

El andar de Jesús (y no solamente la señal del Espíritu venido de arriba: v. 33) llenaba de gozo y convicción el corazón de Juan (v. 36). ¡Sentimientos que hablan siempre a los demás! Dos de sus discípulos lo oyeron y siguieron a Jesús, gozando de su presencia. Este privilegio también podemos disfrutarlo nosotros al congregarnos según Mateo 18:20: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Andrés nos da aún otro ejemplo: llevó a su hermano Simón a Jesús. Antes de pensar en cualquier actividad para el Señor, recordemos a los que nos rodean y que todavía no lo conocen. De Andrés no se habla mucho, pero su servicio de ese día tuvo grandes consecuencias: su hermano Simón llegó a ser el apóstol Pedro. Felipe oyó el llamado del Señor y habló a Natanael de ese nazareno que no era otro que el Mesías prometido. Pero ningún argumento tuvo el peso de esa simple invitación: ¡“Ven y ve”!

Cuántos nombres y títulos magníficos exaltan aquí las glorias eternas, actuales o venideras del Señor Jesucristo: Verbo, Vida, Luz, Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Cordero de Dios, Maestro, Mesías o Cristo, verdadero Nazareno, Hijo de Dios, Rey de Israel, Hijo del Hombre.

Juan 2:1-12
1Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.2Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.5Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.6Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.8Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron le.9Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo,10Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.12Después de esto descendió á Capernaun, él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

Jesús fue convidado a una boda. Pero, cosa notable, toda la escena mencionada tuvo lugar fuera de la sala del festín; nada se dice de los esposos. Todo lo que sabemos de ellos es que tuvieron la feliz idea de invitar a Jesús y a sus discípulos. Queridos amigos, ¿podemos asociar al Señor a cada una de nuestras circunstancias? ¿Se sentiría él a gusto tomando parte en nuestras fiestas familiares y en nuestras diversiones? Sólo él puede darnos el verdadero gozo, simbolizado por el vino en la Palabra de Dios. No obstante, el agua destinada a la purificación fue la que produjo este vino del gozo. Para poder gozar de la comunión con Dios es necesario ser purificado de todo pecado y tener limpia la conciencia. Éste será el caso para Israel en los tiempos de la restauración, como también lo es para nosotros: Disfrutamos el gozo espiritual sólo en la medida en que nos juzgamos a nosotros mismos.

Servir “primero el buen vino” es típicamente humano (v. 10). Desde su juventud el hombre se apresura a gozar de todo lo que puede ofrecerle la vida, porque con los años poco a poco vendrán las preocupaciones, las penas, el ocaso, la muerte. El mejor vino se sacó primero. Pero Jesús actúa de manera diferente. Él ha reservado a los suyos gozos eternos verdaderamente incomparables con las vanas alegrías de esta tierra. ¡No anhelemos otros! (Colosenses 3:2).

Juan 2:13-25
13Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalem.14Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados.15Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas;16Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.17Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.18Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?19Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.20Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?21Mas él hablaba del templo de su cuerpo.22Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho.23Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.24Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocía á todos,25Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.

Jesús subió de Capernaum a Jerusalén. “La pascua de los judíos” estaba cerca. Esta fiesta ya no tenía el carácter de las “fiestas solemnes de Jehová” ni de las “santas convocaciones” (Levítico 23:2), pues un vergonzoso comercio llenaba el templo. Los comerciantes vendían ahí los distintos animales para los sacrificios. Indignado, el Señor purificó la casa de su Padre.

Amigos creyentes, en la actualidad nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Si nos hemos dejado invadir y dominar por costumbres o pensamientos impuros, dejemos que el Señor ponga orden y nos santifique. Él quiere que todos nuestros afectos sean sólo para el Padre.

Las personas de las cuales se habla en los versículos 23-25 creían en Jesús con su inteligencia, pero su corazón no había sido verdaderamente tocado. Reconocían Su poder para obrar milagros, pero eso no era fe, y Jesús no se fiaba de ellos. La fe viene por el oír la Palabra de Dios (comp. v. 22 y Romanos 10:17). El perfecto conocimiento que Jesús tiene del corazón humano prueba su divinidad (v. 25; léase Jeremías 17:9-10), pero su amor no se ha enfriado por eso, pues él encuentra sus verdaderos motivos para amar en sí mismo y no en los hombres.

Juan 3:1-21
1Y HABIA un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos.2Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.3Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.4Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?5Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.8El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.9Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?10Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto?11De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.12Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?13Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado;15Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.17Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.18El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.19Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.20Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas.21Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios.

Temeroso, pero impulsado por las necesidades de su alma, Nicodemo acudió a Aquel que es la vida y la luz (1:4-5). Ese principal de entre los judíos, ese eminente maestro de Israel, aprendió del divino Maestro una verdad tan extraña como humillante para él: sus cualidades, conocimientos o aptitudes humanas no le daban derecho al reino de Dios. Porque así como entramos en el mundo de los hombres por medio del nacimiento natural, es necesario otro nacimiento para entrar en ese dominio espiritual, el de la familia de Dios.

En la respuesta del Señor encontramos dos veces la expresión “es necesario”. Una se aplica al hombre: “Os es necesario nacer de nuevo”. La otra, su terrible contrapartida, concierne a nuestro adorable Salvador: “Es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado”. El sacrificio de Jesucristo, puesto en la cruz a la mirada de mi fe, me salva de la perdición eterna (v. 14-15; comp. Números 21:8-9). Al contemplarlo, aprendo a conocer el amor de Dios para con el mundo –como para mí personalmente– y la suprema prueba que él ha dado de ese amor. El mundo no será juzgado sin haber sido previamente amado, como lo ha sido a través de la obra de Jesús. Todo el Evangelio está contenido en el maravilloso versículo 16, que ha sido el medio de salvación para innumerables pecadores, y ante el cual nuestras almas deberían quedar extasiadas.

Juan 3:22-36
22Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos á la tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.23Y bautizaba también Juan en Enón junto á Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.24Porque Juan, no había sido aún puesto en la carcel.25Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificación.26Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen á él.27Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo.28Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.29El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo es cumplido.30A él conviene crecer, mas á mí menguar.31El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.32Y lo que vió y oyó, esto testifica: y nadie recibe su testimonio.33El que recibe su testimonio, éste signó que Dios es verdadero.34Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espíritu por medida.35El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.36El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Los discípulos de Juan se sintieron un tanto celosos al ver que su maestro perdía importancia en provecho de otro (v. 26; 4:1). Excepto dos de ellos (uno de los cuales era Andrés), que habían dejado a Juan para seguir a Jesús (1:37), no habían entendido cuál era precisamente la misión del precursor. Él era el amigo del Esposo. Y lo que provocaba el descontento de sus discípulos, a Juan, por el contrario, lo llenaba de gozo (v. 29). Él era feliz quedándose en la sombra. Su hermosa respuesta debería quedar grabada como una divisa en nuestros corazones: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (v. 30). Estas palabras dieron a Juan la oportunidad de exaltar al Señor Jesús: Él está por encima de todos, no por la autoridad que la muchedumbre le reconoce, sino porque “viene del cielo” (v. 31). Y no vino de allí como un ángel sino como el objeto de todo el amor del Padre, como su Heredero (Hebreos 1:1-2).

Una visita tan importante puso a la humanidad a prueba y la dividió en dos grupos: el de los que creen en el Hijo y tienen, por ese hecho, la vida eterna, y el de los que a causa de su incredulidad permanecen bajo la ira de Dios.

¡Qué terrible pensamiento! ¿De qué lado se encuentra usted? (20:31).

Juan 4:1-18
1DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,2(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),3Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.4Y era menester que pasase por Samaria.5Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.6Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.7Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.8(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)9Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.10Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.11La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?12¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?13Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;14Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.15La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacar la.16Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.17Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;18Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Dios no ha dado a su Hijo Unigénito solamente para la gente respetable como Nicodemo. Ese maravilloso “don de Dios” (v. 10) ha sido dado también a los pecadores más miserables. ¡Qué cuadro tenemos aquí! En su inconcebible humillación, el Hijo de Dios se sentó junto a un pozo, como un hombre cansado y sediento. Sin embargo, sólo pensaba en la salvación de su criatura. Una mujer se acercó. Notemos cómo Jesús trató de ganar su confianza: le pidió un favor y se puso a su alcance hablándole de lo que ella conocía. Ávida de felicidad, esa mujer había bebido de las muchas aguas engañosas de este mundo. Había buscado la felicidad con cinco maridos, y cada vez había vuelto “a tener sed”. Pero el Salvador tenía para ella “el agua viva” cuya fuente es él mismo (v. 10, 13-14; comp. Jeremías 2:13, 18 y 17:13). Sin comprender de qué índole era esa agua, la samaritana confió en él para recibir ese don extraordinario. Sin embargo, fue necesario que el Señor pusiera primeramente el dedo sobre lo que no estaba en regla en la vida de esta mujer (v. 16-18). No se puede ser feliz mientras la luz divina no haya penetrado en la conciencia. La gracia en Jesús es inseparable de la verdad (1:17).

Juan 4:19-38
19Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.21Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que adoren.24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.25Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.26Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.27Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:29Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.31Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.32Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.33Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?34Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.35¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.36Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.37Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.38Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Nótese que la primera enseñanza de Jesús a esta pobre samaritana no concernía su conducta, sino la adoración; excelente deber y privilegio de todos los creyentes. ¿Dónde, cuándo y cómo debía ser presentada la alabanza? Había llegado la hora, (y hoy todavía es tiempo) en que la religión de formas y ritos debía ser puesta de lado para dar lugar a un culto en espíritu y verdad. ¿A quién y por quién debía ser rendido? Ya no más a Jehová, el Dios de Israel, sino al Padre, según la relación completamente nueva de hijos de Dios. Desde entonces a ellos les corresponde presentar la alabanza. Son llamados los verdaderos adoradores. Usted que ha sido buscado con este objetivo, ¿va a privar al Señor del fruto de su trabajo?

Cautivada por lo que acababa de oír, la mujer dejó el cántaro y se apresuró a dar a conocer en la ciudad a Aquel que había encontrado. En cuanto a los discípulos, mostraron su incapacidad de entrar en los pensamientos de su Maestro. Jesús hallaba su gozo y sus fuerzas en la comunión con su Padre (v. 34) y en las perspectivas que tenía ante sí. Ya discernía la siega futura: la multitud de sus redimidos (v. 35; véase Salmo 126:6).

Juan 4:39-54
39Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.40Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.41Y creyeron muchos más por la palabra de él.42Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.43Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.44Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.45Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.46Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.47Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.49El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.50Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.51Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.52Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.53El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.54Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á Galilea.

Jesús permaneció dos días con los samaritanos, menospreciados como él por los judíos (8:48). Y esa gente creyó en él no sólo a causa del testimonio de la mujer, sino como consecuencia del contacto personal que tuvieron con “el Salvador del mundo” (v. 42; 1 Juan 4:14). Amigo, no se contente con la experiencia de los demás para conocer al Señor Jesús. Tenga con él un encuentro personal y decisivo, para que el Salvador del mundo llegue a ser también su Salvador.

Luego Jesús fue a Galilea. Allí encontró a un oficial del rey quien, afligido por su hijo gravemente enfermo, insistió para que el Maestro fuera a curarlo. Este hombre estaba lejos de tener la gran fe del centurión romano de aquella misma ciudad de Capernaum, el cual no se estimaba digno de que el Señor entrara en su casa, y se contentaba con una sola palabra para sanar a su criado (Lucas 7:7). Jesús empezó por decir a ese padre angustiado que la fe consiste en creer a su simple palabra, sin necesidad de ver señales o milagros (v. 48; comp. 2:23). Para poner a prueba a ese hombre, el Señor no descendió con él a su casa, sino que le dijo: “Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue”. Así experimentó cómo el poder de la muerte fue detenido por el poder de la vida que había venido de arriba (1 Juan 5:12).

Juan 5:1-14
1DESPUÉS de estas cosas, era un día de fiesta de los Judíos, y subió Jesús á Jerusalem.2Y hay en Jerusalem á la puerta del ganado un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.3En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua.4Porque un ángel descendía á cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese.5Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que estaba enfermo.6Como Jesús vió á éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?7Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estánque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido.8Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda.9Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase. Y era sábado aquel día.10Entonces los Judíos decían á aquel que había sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho.11Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.12Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?13Y el que había sido sanado, no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.14Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.

Ese estanque de Betesda (que significa casa de la misericordia) era una figura del antiguo pacto de Dios con el pueblo de Israel. Para poder meterse en el agua bienhechora, estos enfermos necesitaban fuerza y, para tener esa fuerza, hubiera sido necesario estar curado. Del mismo modo, la ley hace vivir sólo al que la cumple enteramente, y nadie es capaz de hacerlo. A menos que uno haya precisamente recibido primero la vida divina.

Uno se preguntará por qué, entre esa multitud de enfermos, ciegos y cojos, Jesús parece haberse ocupado sólo de ese paralítico. Para beneficiarse de su gracia, dos condiciones son necesarias: experimentar el deseo y la necesidad, sentimientos que hace resaltar la pregunta del Señor: “¿Quieres ser sano?”, así como la respuesta del desdichado: “No tengo quien me meta en el estanque”. Alguien se le había adelantado siempre para meterse en el estanque, y toda su miserable vida había sufrido una decepción tras otra. Sin duda, en otros tiempos había contado con los suyos o con amigos caritativos, pero hacía mucho que éstos se habían desanimado. Después de treinta y ocho años él también había perdido sus últimas esperanzas. Ya no tenía a nadie, ¡entonces estaba dispuesto a aceptar a Jesús!

Amigo aún inconverso, no espere más tiempo para comprender que sólo Jesús puede salvarlo. Pero, ¿lo desea usted sinceramente?

Juan 5:15-30
15El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado.16Y por esta causa los Judíos perseguían á Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.17Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.18Entonces, por tanto, más procuraban los Judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también á su Padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios.19Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente.20Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis.21Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo á los que quiere da vida.22Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo;23Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.24De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida.25De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.26Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo:27Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.28No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;29Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación.30No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre.

El odio de los judíos dio a Jesús la oportunidad de manifestar aún algunas de sus glorias:

1. Su trabajo de amor para quitar el pecado del mundo (v. 17; 1:29). En presencia de la ruina de su creación, el Hijo no podía descansar, como tampoco el Padre.

2. El amor infinito del Padre hacia su Hijo, con quien comparte todos sus consejos (v. 20; 3:35).

3. El poder de vida que está en él (v. 21, 26), por medio del cual ahora da la vida eterna a los que creen en él (v. 24). Cuando llegue la hora, Jesús ejercitará ese poder para resucitar a los muertos (v. 28-29).

4. El juicio que le ha sido dado en su calidad de Hijo del Hombre (v. 22, 27).

5. En los versículos 19 y 30 vemos su perfecta obediencia. ¡Qué valor tiene esa obediencia realizada precisamente por Aquel que debe ser obedecido por toda criatura! (v. 23). Si el Señor habla de sus propias glorias es porque éstas están estrechamente ligadas a las de su Padre. El que no honra al Hijo ofende al que lo envió (v. 23; ver 1 Juan 2:23). Ante tantas perfecciones de nuestro Salvador, sólo podemos maravillarnos (v. 20) y adorarlo.

Juan 5:31-47
31Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.32Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero.33Vosotros enviasteis á Juan, y él dió testimonio á la verdad.34Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.35El era antorcha que ardía y alumbraba: y vosotros quisisteis recrearos por un poco á su luz.36Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan: porque las obras que el Padre me dió que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado.37Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.38Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que él envió, á éste vosotros no creéis.39Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.40Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida.41Gloria de los hombres no recibo.42Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquél recibiréis.44¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene?45No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.46Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeríais á mí; porque de mí escribió él.47Y si á sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis á mis palabras?

Jesús respondió a la incredulidad de los judíos invocando cuatro testimonios a su favor: el de Juan (v. 32-35), el de sus propias obras (v. 36), el del Padre, que en el Jordán lo había señalado como su Hijo amado (v. 37) y, finalmente, el de las Escrituras (v. 39). En los libros de Moisés a menudo se hace referencia al Mesías (v. 46; por ej. Génesis 49:10, 25; Números 24:17). Aunque los judíos pretendían venerar a Moisés, no creían en sus palabras, pues rechazaban a Aquel a quien él había anunciado (véase Deuteronomio 18:15). En cambio estarán dispuestos a recibir al anticristo, del cual el Señor habla en el versículo 43.

“Escudriñad las Escrituras”, recomienda el Señor Jesús. Por medio de ellas podremos conocer más a su infinita Persona.

Recibir la gloria de los hombres y buscar su aprobación es una forma de incredulidad, como lo hace notar el Señor (v. 44). Dios declara que no somos nada (Gálatas 6:3) y que no hay nada de lo cual podamos gloriarnos (2 Corintios 10:17). ¡Pero cuántas veces, en lugar de creerle, nos complacemos en el bien que los demás puedan pensar de nosotros! Jesús no buscaba ninguna gloria de parte de los hombres (v. 41; compárese con Pablo en 1 Tesalonicenses 2:6). Podremos imitarlo si tenemos en nosotros el amor de Dios y el deseo de agradarle (comp. v. 42).

Juan 6:1-21
1PASADAS estas cosas, fuése Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias.2Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos.3Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.4Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.5Y como alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?6Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.7Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco.8Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:9Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?10Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones.11Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto querían.12Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada.13Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habían comido.14Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.15Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo.16Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar;17Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos.18Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba.19Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios, ven á Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo.20Mas él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo.21Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban.

Las multitudes que habían seguido al Señor Jesús, como muchos en la cristiandad, fueron más atraídas por su poder que por su gracia y sus perfecciones morales. Pero lo uno no va sin lo otro; una vez más Jesús manifestó esas virtudes juntas en la escena de la multiplicación de los panes. El muchacho mencionado en el versículo 9 nos recuerda que, a cualquier edad, podemos hacer algo para el Señor y por el bien de los demás. Parece haber sido el único que pensó en su propio alimento. Aceptando poner a disposición del Señor lo poco que tenía, llegó a ser el medio para proveer a las necesidades de cinco mil hombres. Cuando el Señor quiera servirse de nosotros, jamás nos neguemos so pretexto de ser muy jóvenes o debido a la insuficiencia de nuestros recursos; él sabrá cómo utilizarlos (Jeremías 1:6-7).

Después de ese milagro, las multitudes querían apoderarse de Jesús para “hacerle rey”. Pero él no podía recibir el reino de manos de los hombres (5:41), ni tampoco de las de Satanás (cuando éste le ofreció todos los reinos del mundo: Mateo 4:8-10). Es Dios quien lo hace rey, como lo leemos en el Salmo 2:6: “Pero yo he puesto mi rey sobre Sion”.

Por último, en otra escena iluminada también por su poder y su gracia, vemos a Jesús venir al encuentro de sus discípulos sobre el mar agitado y disipar sus inquietudes.

Juan 6:22-36
22El día siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no había allí otra navecilla sino una, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habían ido solos;23Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber el Señor dado gracias;24Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesús.25Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá?26Respondióles Jesús, y dijo; De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.27Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el Padre, que es Dios.28Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?29Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.30Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer.32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.34Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan.35Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.36Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

El Señor no se deja engañar. Las multitudes que lo seguían lo hacían por interés, pues esperaban que siguiera dándoles pan. Por eso las exhortó a trabajar “no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece” (v. 27). Preguntémonos si nuestro trabajo tiene en vista primeramente las cosas de arriba, las cuales alimentan el alma y son eternas, o las cosas de la tierra, que están destinadas a perecer.

¿Esto significa que debemos cumplir obras para ser salvos? Son muchos los que desafortunadamente todavía piensan así en la cristiandad (comp. v. 28). Pero la Palabra de Dios afirma: “Por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Dios sólo reconoce una obra a través de la cual el hombre puede acercarse a Él. Ella consiste en creer en el Salvador a quien nos ha dado (v. 29). Todo viene de Dios: el “agua viva” (el Espíritu Santo; 4:10) y “el pan de vida” (Cristo mismo). ¿Por qué entonces nuestras almas no están continuamente satisfechas? ¿Faltaría el Señor a sus promesas? (v. 35; 4:14). ¡Por supuesto que no! Pero, por nuestro lado, no siempre satisfacemos los requisitos: “El que en mí cree, no tendrá sed jamás”, dice Jesús. Necesitamos la fe para ser salvos pero también la necesitamos cada día para beber de la fuente de toda su plenitud.

Juan 6:37-50
37Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera.38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió.39Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero.40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.41Murmuraban entonces de él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?43Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros.44Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí.46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre.47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.48Yo soy el pan de vida.49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera.

“Al que a mí viene, no le echo fuera”, promete nuestro Salvador (v. 37). Vaya a él, amigo lector, si todavía no lo ha hecho. Él no rechaza a nadie.

Pero para ir a Jesús es necesario que el Espíritu de Dios obre en el corazón. El hombre no puede dar un paso hacia Dios sin que Dios lo atraiga hacia sí mismo, como lo afirma el Señor Jesús en el versículo 44.

Alguien dirá tal vez: «No es mi culpa si no me he convertido». Al contrario, usted es plenamente responsable de dejar que ese trabajo divino se haga en usted. En este mismo instante Dios lo llama. No se resista más tiempo.

La gracia de Jesús para con el pecador es la expresión de su propio amor, pero ella también hace parte de la voluntad de Dios, cuya meta es dar vida a su criatura (v. 40). Jesús vino para cumplir esa voluntad, como el salmista lo había profetizado, y el apóstol también lo repite: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:9; Salmo 40:7-8).

El hombre tiene un cuerpo y un alma, por eso no puede vivir sólo del alimento que nutre su cuerpo. Su alma también necesita un alimento y el único que le conviene es la Palabra divina, el Pan del cielo, Cristo mismo (Lucas 4:4).

Juan 6:51-71
51Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.52Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer?53Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.58Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente.59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.60Y muchos de sus discípulos oyéndo lo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oir?61Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza?62¿Pues qué, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero?63El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu y son vida.64Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.65Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre.66Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.67Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también?68Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna.69Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.70Jesús le respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?71Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.

A pesar de la promesa que Dios les había hecho, al descubrir el maná en el desierto los hijos de Israel se preguntaron unos a otros: “¿Qué es esto?” (Éxodo 16:15). La misma incredulidad se manifestaba en sus descendientes. Discutían entre sí acerca de la extraña comida de la cual Jesús les hablaba: su carne y su sangre, es decir, su muerte. Un Cristo viviente aquí abajo no basta para hacer vivir nuestra alma. Es necesario apropiarnos por la fe de su muerte (en figura, comer su carne y beber su sangre) para tener la vida eterna. Luego tenemos que identificarnos con él cada día en su muerte. Estamos muertos con él en cuanto al mundo y al pecado. El hombre natural no puede entender esto. Está de acuerdo con tener un modelo, pero le es demasiado duro reconocer su propio estado de condenación, del cual le habla la muerte de Cristo.

En vez de interrogar al Señor, muchos que habían profesado ser sus discípulos se fueron ofendidos por sus palabras. Él no suavizó la verdad para retenerlos, mas escudriñó el corazón de los que quedaban: “¿Queréis acaso iros también vosotros?”. Y he aquí la hermosa respuesta de Pedro: “Señor, ¿a quién iremos?”. ¡Qué ésta también pueda ser nuestra respuesta! (v. 68-69; léase Hebreos 10:38-39).

Juan 7:1-24
1Y PASADAS estas cosas andaba Jesús en Galilea: que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban matarle.2Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los tabernáculos.3Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete á Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.4Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.5Porque ni aun sus hermanos creían en él.6Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo siempre está presto.7No puede el mundo aborreceros á vosotros; mas á mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas.8Vosotros subid á esta fiesta; yo no subo aún á esta fiesta, porque mi tiempo aun no es cumplido.9Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galilea.10Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió á la fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto.11Y buscábanle los Judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?12Y había grande murmullo de él entre la gente: porque unos decían: Bueno es; y otros decían: No, antes engaña á las gentes.13Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos.14Y al medio de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.15y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido?16Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquél que me envió.17El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, ó si yo hablo de mí mismo.18El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.19¿No os dió Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley? ¿Por qué me procuráis matar?20Respondió la gente, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar?21Jesús respondió, y díjoles: Una obra hice, y todos os maravilláis.22Cierto, Moisés os dió la circuncisión (no porque sea de Moisés, mas de los padres); y en sábado circuncidáis al hombre.23Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre?24No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio.

Los hermanos de Jesús formaban parte de los que no creían, porque buscaban la gloria que viene de los hombres (v. 4-5; comp. 5:44). Ellos esperaban que la popularidad de Jesús beneficiara a su familia, mientras que, si hubiesen creído que él era el Hijo de Dios, habrían entendido la distancia que los separaba de él (léase Lucas 8:21 y 2 Corintios 5:16). Más adelante los hermanos del Señor creyeron en él y se unieron a sus discípulos (Hechos 1:14).

El principio que los hizo actuar aquí es el mismo que el de todos los hombres: hacer valer Sus dones y capacidades para su propio provecho, con el fin de ser reconocidos y honrados (v. 4). El Señor, por el contrario, nunca dejó de buscar “la gloria del que le envió” (v. 18), y sólo subió a la fiesta a la hora elegida por Dios. ¡Cuán lejos estamos de nuestro perfecto Modelo! Muchas de nuestras dificultades provienen de nuestra precipitación por obrar o de la tardanza en obedecer las órdenes de Dios. El versículo 17 también nos recuerda que la sumisión a esa voluntad de Dios es el medio, para cada uno, de conocer la verdad.

En Jerusalén Jesús encontró a los judíos llenos de odio que buscaban matarlo desde que curó al paralítico de Betesda un día de reposo (v. 1; 5:16).

Juan 7:25-36
25Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan para matarlo?26Y he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada; ¿si habrán entendido verdaderamente los príncipes, que éste es el Cristo?27Mas éste, sabemos de dónde es: y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.28Entonces clamaba Jesús en el templo, enseñando y diciendo: Y á mí me conocéis, y sabéis de dónde soy: y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros no conocéis.29Yo le conozco, porque de él soy, y él me envió.30Entonces procuraban prenderle; mas ninguno puso en él mano, porque aun no había venido su hora.31Y muchos del pueblo creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando viniere, ¿hará más señales que las que éste hace?32Los Fariseos oyeron á la gente que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos enviaron servidores que le prendiesen.33Y Jesús dijo: Aun un poco de tiempo estaré con vosotros, é iré al que me envió.34Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir.35Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir éste que no le hallemos? ¿Se ha de ir á los esparcidos entre los Griegos, y á enseñar á los Griegos?36¿Qué dicho es éste que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir?

El versículo 25, comparado con el 20, prueba la hipocresía de aquellos judíos. Y, como algunos hoy, razonaban vanamente con respecto a Jesús. Cada uno daba su parecer; la opinión de los gobernantes estaba dividida. En realidad, si la presencia y las palabras del Señor suscitaban tal efervescencia, era porque esa gente estaba turbada interiormente por esa voz que, sin querer confesarlo, sentían que era la de Dios (comp. v. 28). Trataban de evadir la dificultad persuadiéndose de que ese galileo no podía ser el Cristo, porque conocían su familia y su lugar de origen. En efecto, ustedes me conocen, les respondió Jesús, y me conocen más de lo que se imaginan, pues su conciencia les dice quien soy yo, y ella los acusa.

Es muy solemne oír que el Señor alzó la voz (v. 28, 37; comp. Proverbios 8:1, 9). Igualmente hoy nadie podría decir que no lo ha oído.

“A donde yo estaré, vosotros no podréis venir”, declara el Señor a todos los incrédulos (v. 34). Pero los suyos, en cambio, poseen su promesa, que tiene un precio infinito: “Os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Lector, ¿cuál de estas dos sentencias puede dirigirle él? ¿Dónde estará usted durante la eternidad?

Juan 7:37-53
37Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba.38El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre.39(Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.)40Entonces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decían: Verdaderamente éste es el profeta.41Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?42¿No dice la Escritura, que de la simiente de David, y de la aldea de Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo?43Así que había disensión entre la gente acerca de él.44Y algunos de ellos querían prenderle; mas ninguno echó sobre él manos.45Y los ministriles vinieron á los principales sacerdotes y á los Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?46Los ministriles respondieron: Nunca ha hablado hombre así como este hombre.47Entonces los Fariseos les respondieron: ¿Estáis también vosotros engañados?48¿Ha creído en él alguno de los príncipes, ó de los Fariseos?49Mas estos comunales que no saben la ley, malditos son.50Díceles Nicodemo (el que vino á él de noche, el cual era uno de ellos):51¿Juzga nuestra ley á hombre, si primero no oyere de él, y entendiere lo que ha hecho?52Respondieron y dijéronle: ¿Eres tú también Galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se levantó profeta.53Y fuése cada uno á su casa.

Los capítulos 6 y 7 del evangelio de Juan hacen pensar en los capítulos 16 y 17 de Éxodo. En el capítulo 6 Jesús se presenta como el verdadero Pan venido del cielo, del cual el maná era una figura. En el pasaje de hoy, Jesús es como la peña del capítulo 17 de Éxodo, de la cual el agua viva brota en abundancia. En Isaías 55 el profeta invita a “todos los sedientos” a venir a las aguas de la gracia. Pero aquí es el Salvador mismo quien alza la voz: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (v. 37). Y el creyente, lleno del Espíritu Santo, llega a ser un canal para la bendición de los demás (v. 38).

Desgraciadamente, como única repuesta la gente entabló nuevas discusiones. Esto nos hace pensar en un grupo de personas sedientas que en presencia de una fuente de agua pura se pone a discutir sobre la composición química del agua o sobre su origen, en vez de disfrutar de ella.

El final del capítulo menciona dos testimonios más dados ante los fariseos en favor del Señor. Los alguaciles enviados para prender a Jesús se vieron obligados a reconocer que Sus palabras no eran humanas: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”. Luego Nicodemo, quien había tenido con él una conversación personal e inolvidable (3), abogó tímidamente a favor de Jesús.

Juan 8:1-20
1Y JESUS se fué al monte de las Olivas.2Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino á él: y sentado él, los enseñaba.3Entonces los escribas y los Fariseos le traen una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio,4Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando;5Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: tú pues, ¿qué dices?6Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Empero Jesús, inclinado hacia abajo, escribía en tierra con el dedo.7Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero.8Y volviéndose á inclinar hacia abajo, escribía en tierra.9Oyendo, pues, ellos, redargüidos de la conciencia, salíanse uno á uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros: y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.10Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?11Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más.12Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.13Entonces los Fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero.14Respondió Jesús, y díjoles: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y á dónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo, y á dónde voy.15Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo á nadie.16Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo y el que me envió, el Padre.17Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.18Yo soy el que doy testimonio de mí mismo: y da testimonio de mí el que me envió, el Padre.19Y decíanle: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni á mí me conocéis, ni á mi Padre; si á mí me conocieseis, á mi Padre también conocierais.20Estas palabras habló Jesús en el lugar de las limosnas, enseñando en el templo: y nadie le prendió; porque aun no había venido su hora.

En este pasaje los escribas y los fariseos pensaban hacer caer al Señor Jesús en una trampa particularmente sutil. Por medio de él (1:17) vinieron juntas la gracia y la verdad: si él condenaba a esta mujer adúltera, ¿dónde estaba la gracia que todos conocían? (comp. Lucas 4:22), y si la perdonaba, ¿no era en detrimento de la verdad y en contradicción con la ley? En su infalible sabiduría, Jesús les mostró que esa ley los responsabilizaba a todos. Se la ha comparado a una espada sin empuñadura que lastima primeramente al que se sirve de ella. Pero, ¡ay!, en lugar de confesar los pecados que acudían a su memoria, los acusadores se retiraron uno tras otro, llenos de confusión (Job 5:13). “La luz del mundo” estaba ante ellos (v. 12). Pero “los hombres amaron más las tinieblas que la luz”, como aquellos insectos que tratan de esconderse cuando la piedra que los cubre es levantada (3:19). Entonces, el único exento de pecado, Aquel que tenía el derecho de ejercer el castigo, declaró a la mujer: “Ni yo te condeno”, y añade: “Vete, y no peques más”. Muchas personas se esfuerzan en merecer el perdón de Dios por una buena conducta, mientras que el Señor empieza por perdonar y solamente después manda no pecar más (comp. 5:14; Salmo 130:4; 1 Juan 3:9).

Juan 8:21-36
21Y díjoles otra vez Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, mas en vuestro pecado moriréis: á donde yo voy, vosotros no podéis venir.22Decían entonces los Judíos: ¿Hase de matar á sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?23Y decíales: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.24Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados: porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.25Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho.26Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros: mas el que me envió, es verdadero: y yo, lo que he oído de él, esto hablo en el mundo.27Mas no entendieron que él les hablaba del Padre.28Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo.29Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que á él agrada, hago siempre.30Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.31Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;32Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.33Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos á nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres?34Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.35Y el siervo no queda en casa para siempre: el hijo queda para siempre.36Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Los judíos habían declarado al Señor que su testimonio no era verdadero (v. 13). Para qué, entonces, preguntarle: “¿Tú quién eres?” (v. 25). Jesús sólo pudo contestarles: “Lo que desde el principio os he dicho”. Sus palabras son la expresión perfecta de lo que él es. El salmista dijo proféticamente: “He resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmo 17:3). En contraste, basta pensar en la diferencia entre lo que decimos o mostramos a los demás y lo que somos en realidad. Todo lo que Jesús decía o hacía estaba en perfecta armonía con el pensamiento de su Padre. “Yo hago siempre lo que le agrada”, pudo afirmar. ¡Modelo inimitable que debemos considerar para ser transformados en su misma imagen! (2 Corintios 3:18).

A los que creen en él, Jesús anuncia plena liberación. Pero los judíos allí presentes protestaron: “Jamás hemos sido esclavos de nadie” (v. 33). Por una extraña falta de memoria, o más bien por orgullo, habían borrado de su historia a Egipto, Babilonia… y la dominación romana, bajo la cual vivían en aquel tiempo. Tal es el hombre: no admite ser esclavo del pecado y se imagina que es libre de hacer lo que quiere (2 Pedro 2:19).

Reconozcamos, queridos amigos, la terrible condición en la que fuimos hallados, pero recordemos también la verdadera libertad en la cual el Hijo de Dios nos ha colocado al hacernos hijos de Dios.

Juan 8:37-59
37Sé que sois simiente de Abraham, mas procuráis matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros.38Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.39Respondieron y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesús: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham harías.40Empero ahora procuráis matarme, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios: no hizo esto Abraham.41Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle entonces: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.42Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais: porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió.43¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oir mi palabra.44Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre d45Y porque yo digo verdad, no me creéis.46¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?47El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.48Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y tienes demonio?49Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro á mi Padre; y vosotros me habéis deshonrado.50Y no busco mi gloria: hay quien la busque, y juzgue.51De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre.52Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas, y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre.53¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron: ¿quién te haces á ti mismo?54Respondió Jesús: Si yo me glorifico á mí mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica; el que vosotros decís que es vuestro Dios;55Y no le conocéis: mas yo le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra.56Abraham vuestro padre se gozó por ver mi día; y lo vió, y se gozó.57Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años, ¿y has visto á Abraham?58Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.59Tomaron entonces piedras para tirarle: mas Jesús se encubrió, y salió del templo; y atravesando por medio de ellos, se fué.

En el capítulo 5:45 el Señor llama la atención de los judíos sobre su inconsecuencia: Apelaban a Moisés, cuyos escritos los acusaban. Aquí apelan a Abraham en calidad de hijos suyos. Pero sus obras eran las del diablo, que es mentiroso y homicida desde el principio. A veces se oye decir: a tal padre, tal hijo (comp. Ezequiel 16:44). El Señor confirma que la naturaleza de nuestras obras es la que hace conocer de quién somos hijos (1 Juan 3:7-10). En la tierra sólo hay dos grandes familias: la de Dios y la del diablo. ¿A cuál pertenece usted? El hecho de ser hijos de padres creyentes no confiere más derechos ante Dios que el título de descendientes de Abraham a esos judíos orgullosos. Por el contrario, es una responsabilidad adicional.

“Tienes demonio”, le repitieron nuevamente esos miserables (v. 48, 52; comp. 7:20 y 10:20). Podemos admirar la paciencia del Señor. Ante ese ultraje, dejó a su Padre el cuidado de reivindicar su gloria (1 Pedro 2:23). En esto es una vez más nuestro gran Modelo, y como lo menciona en el versículo 55, nos conviene conocer a Dios y guardar su Palabra.

“Yo soy”, dijo Jesús en el versículo 58. No sólo era “antes que Abraham”, sino “Yo soy” eternamente (según el nombre que Dios se da al hablar con Moisés en Éxodo 3:14).

Juan 9:1-16
1Y PASANDO Jesús, vió un hombre ciego desde su nacimiento.2Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego?3Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.4Conviéneme obrar las obrar del que me envió, entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar.5Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.6Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego,7Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo.8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿no es éste el que se sentaba y mendigaba?9Unos decían: Este es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.10Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?11Respondió él y dijo: El hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate: y fuí, y me lavé, y recibí la vista.12Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquél? El dijo: No sé.13Llevaron á los Fariseos al que antes había sido ciego.14Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.15Y volviéronle á preguntar también los Fariseos de qué manera había recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.16Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.

El evangelio de Juan es el de los encuentros personales con el Señor: Nicodemo, la samaritana, el paralítico de Betesda, el ciego de nacimiento, hombres y mujeres de todas las condiciones sociales estuvieron personalmente en relación con Jesús. Y usted, querido lector, ¿ya tuvo un encuentro personal con él?

Ese ciego de nacimiento ilustra nuestra condición natural. El pecado nos impide percibir la luz de Dios. Nuestra visión moral y espiritual está oscurecida desde nuestro nacimiento. Dios tiene que abrirnos los ojos en cuanto a nuestro estado moral, a las exigencias de su santidad, a lo que él piensa acerca del mundo…

No fue como consecuencia de un pecado particularmente grave que Dios permitió dicha prueba para ese hombre y sus padres; pero esa circunstancia dio a Jesús la oportunidad de hacer brillar su gracia. El lodo es aquí una figura de la humanidad del Señor presentada al hombre. Para poder ver, éste tiene que ser lavado: la Palabra (el agua) le revela a Cristo como el “Enviado” de Dios (Siloé). El ciego fue al estanque creyendo y regresó viendo. Luego tuvo que dar su testimonio. Sus vecinos, los que lo conocían, se extrañaban: “¿No es éste el que…?” Una conversión no puede pasar inadvertida. La nuestra, ¿produjo en nuestra vida un cambio visible a todos?

Juan 9:17-34
17Vuelven á decir al ciego: ¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.18Mas los Judíos no creían de él, que había sido ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron á los padres del que había recibido la vista;19Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?20Respondiéronles sus padres y dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego:21Mas cómo vea ahora, no sabemos; ó quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle á él; él hablará de sí.22Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos: porque ya los Judíos habían resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese fuera de la sinagoga.23Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle á él.24Así que, volvieron á llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria á Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.25Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.26Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?27Respondióles: Ya os lo he dicho, y no habéis atendido: ¿por qué lo queréis otra vez oir? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos?28Y le ultrajaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros discípulos de Moisés somos.29Nosotros sabemos que á Moisés habló Dios: mas éste no sabemos de dónde es.30Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es ésta, que vosotros no sabéis de dónde sea, y á mí me abrió los ojos.31Y sabemos que Dios no oye á los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, á éste oye.32Desde el siglo no fué oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.33Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.34Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera.

El ciego sanado fue, para los fariseos, un molesto testigo del poder de Jesús; por eso buscaron primeramente sacarle a él o a sus padres unas palabras que les permitieran poner en duda ese milagro. Pero cuando no pudieron negarlo, trataron de desprestigiar y deshonrar a Aquel que lo había hecho (8:49). “Nosotros sabemos que ese hombre es pecador” (v. 24), afirmaron, pese a que poco antes el Señor les había preguntado: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (8:46).

Hay una gran diferencia entre el ciego sanado y sus padres. A éstos les interesaba más su posición religiosa que la verdad. Confesar a Jesús como el Cristo y participar del rechazo del cual era objeto era más de lo que podían soportar. Temían el oprobio, y ¡cuántos se les parecen hoy en día! El beneficiado, por el contrario, dejaba de lado semejantes razonamientos. Los fariseos no consiguieron quitarle su humilde confianza en Aquel que lo había sanado. Había pasado de las tinieblas a la luz, y esto no era para él una teoría o una doctrina, sino un hecho evidente: “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (v. 25), les dijo simplemente. ¿Podemos decir como él?

Juan 9:35-41; Juan 10:1-6
35Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, díjole: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?36Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?37Y díjole Jesús: Y le has visto, y el que habla contigo, él es.38Y él dice: Creo, Señor; y adoróle.39Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido á este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.40Y ciertos de los Fariseos que estaban con él oyeron esto, y dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos?41Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado: mas ahora porque decís, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.
1DE cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador.2Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.3A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.4Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.5Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños.6Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Para su felicidad, el ciego sanado fue expulsado por los fariseos, pues encontró a Aquel que había sido rechazado antes que él y que también había salido del templo (8, fin). Entonces ese hombre podría dar un gran paso en la comprensión de la verdad y conocer no sólo el poder de Jesús, sino su Persona: El Hijo de Dios (v. 35-37), en quien él había discernido anteriormente un profeta (v. 17). A muchas personas les basta saber que son salvas y viven en la ignorancia en cuanto al Salvador. Tal vez porque todavía están ligadas a los sistemas religiosos y no han experimentado la presencia del Señor donde él la ha prometido (Mateo 18:20).

Aunque pretendían ver claro, los fariseos se dejaban enceguecer por el odio y el orgullo religioso. En el capítulo 8 vemos que rechazaron la Palabra del Señor; en el 9 no quieren saber nada de su obra. Por eso no tuvo nada más que ver con ellos. Llamó a sus propias ovejas por su nombre, las llevó fuera y caminó delante de ellas. Pero, ¿no podrían ellas equivocarse y seguir a un extraño? ¡Oh no!, tenían un medio infalible para reconocer a Aquel a quien pertenecían: su voz bien conocida. ¿A cada uno de nosotros también nos es familiar?

Juan 10:7-21
7Volvióles, pues, Jesús á decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.8Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no los oyeron las ovejas.9Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.10El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.11Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas.12Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas.13Así que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas.14Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.15Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.16También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla á tomar.18Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.19Y volvió á haber disensión entre los Judíos por estas palabras.20Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿para qué le oís?21Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?

En este evangelio no encontramos parábolas. El “Verbo” habla a los hombres en un lenguaje directo. En cambio, ¡cuán preciosas son las imágenes y las comparaciones que el Señor emplea para hacerse conocer! Veamos los pasajes en los cuales declara: “Yo soy el pan de vida… la luz del mundo… la puerta… el buen pastor… la resurrección y la vida… el camino, y la verdad… la vid” (6:35, 48, 51; 8:12; 10:7, 9, 11, 14; 11:25; 14:6; 15:1, 5).

“Yo soy la puerta de las ovejas”, dice en los versículos 7 y 9. Para ser salvo necesariamente hay que entrar por él (Efesios 2:18), pero también necesitamos ser conducidos. Abandonados a nuestro propio juicio, nos parecemos a la oveja, animal sin inteligencia que se descarría cuando no tiene pastor (Isaías 53:6).

En contraste con los asalariados, los ladrones y los salteadores diestros para robar a las almas, Jesús se presenta como el buen Pastor (v. 11, 14). Da dos pruebas de ello: la primera es la entrega voluntaria de su vida para adquirir a sus ovejas, supremo testimonio de su amor por ellas y, al mismo tiempo –no lo olvidemos– el motivo principal por el cual el Padre ama al Hijo (v. 17). La segunda es el conocimiento que él tiene de sus ovejas, y recíprocamente el que ellas tienen de su Pastor (v. 14). Un vínculo tan estrecho confirma sus derechos sobre su manada y sobre cada uno de nuestros corazones.

Juan 10:22-42
22Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalem; y era invierno;23Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón.24Y rodeáronle los Judíos y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínos lo abiertamente.25Respondióles Jesús: Os lo he dicho, y no creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;26Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;28Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.29Mi Padre que me las dió, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.30Yo y el Padre una cosa somos.31Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle.32Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de esas me apedreáis?33Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.34Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois?35Si dijo, dioses, á aquellos á los cuales fué hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada);36¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?37Si no hago obras de mi Padre, no me creáis.38Mas si las hago, aunque á mí no creáis, creed á las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.39Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos;40Y volvióse tras el Jordán, á aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan; y estúvose allí.41Y muchos venían á él, y decían: Juan, á la verdad, ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.42Y muchos creyeron allí en él.

Con mala fe, los judíos cuestionaron nuevamente al Señor: “Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente” (v. 24). Pero él no sólo lo había declarado (por ej. 8:58) sino que también lo había demostrado (v. 25, 32, 37-38). De ahí en adelante la actividad del Señor sería reservada sólo a su manada. Las ovejas le pertenecen por derecho; primero, porque el Padre se las ha dado expresamente (v. 29), luego, porque él las ha rescatado. Los preciosos versículos 27 y 28 nos dicen a la vez lo que él hace por sus ovejas: les da la vida eterna, las conduce y las pone al abrigo en su mano, y lo que las caracteriza: ellas escuchan su voz y lo siguen. Aquí está la respuesta correcta a su maravilloso amor.

Nuevamente los judíos querían lapidar a Jesús (8:59) acusándolo ahora de blasfemia. “Siendo hombre, te haces Dios”, afirmaron ellos. Ésta era efectivamente la ambición de Adán y de todos sus descendientes: ser igual a Dios. Pero Jesús siguió exactamente el camino contrario: “Siendo en forma de Dios” fue “hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo” (Filipenses 2:6-8).

Sin embargo, el versículo 42 concluye, como en el capítulo 8:30, recordando que “muchos creyeron en él allí” para pasar a ser sus felices ovejas.

Juan 11:1-27
1ESTABA entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana.2(Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos)3Enviaron, pues, sus hermanas á él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.4Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.5Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.6Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba.7Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos á Judea otra vez.8Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?9Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.10Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.11Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño.12Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.13Mas esto decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.14Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;15Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos á él.16Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.17Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro.18Y Bethania estaba cerca de Jerusalem, como quince estadios;19Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano.20Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas María se estuvo en casa.21Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto;22Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.23Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.24Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.25Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?27Dícele: Sí Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

En su angustia, las dos hermanas de Betania dirigieron a su divino Amigo una oración que puede servirnos de modelo: “Señor, he aquí el que amas está enfermo” (v. 3). Al llamarlo Señor, reconocían su autoridad y no se permitían decirle, por ejemplo: «Ven a sanar a nuestro hermano»; simplemente expusieron el caso que las preocupaba. Conocían también su amor y se refirieron a él. No obstante, a pesar de ese afecto, Jesús resolvió no ir enseguida a Judea, con determinación semejante a la que más tarde lo impulsó a ir allí para cumplir su obra cuando llegó el momento, pese a la amenaza de los judíos. Él no se dejaba llevar por los sentimientos ni detener por temor a los hombres, como a veces lo hacemos nosotros. Sólo la obediencia a su Padre dirigía sus pasos. Gracias a esa demora la gloria de Dios brilló mucho más, pues cuando Jesús llegó a Betania ya hacía cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. A veces nos hemos hallado en presencia de personas que han sido probadas por un duelo, y hemos podido comprobar la insuficiencia de la simpatía humana (como la de los judíos en el v. 19). Pero todo cambia cuando juntos volvemos la mirada hacia Aquel que es “la resurrección y la vida”. Entonces comprendemos realmente el valor de las cosas eternas.

Juan 11:28-44
28Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama.29Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á él.30(Que aun no había llegado Jesús á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.)31Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.32Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.33Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse,34Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dicenle: Señor, ven, y ve.35Y lloró Jesús.36Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.37Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera?38Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, la cual tenía una piedra encima.39Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.40Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?41Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.42Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado.43Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.44Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y dejadle ir.

Marta se dio cuenta de que su hermana era más capaz de entrar en los pensamientos del Señor que ella misma, y la llamó. Pero María sólo atinó a decir como Marta: “Señor, si hubieses estado aquí…” (v. 32; comp. v. 21). Lo único que fue capaz de hacer en ese momento fue mirar atrás, como muchas personas que pasan por un duelo. Jesús, conmovido en su corazón, lloró; luego se fue al sepulcro. ¿Por qué lloró? ¿No sabía lo que iba a hacer? Sí, por supuesto, pero en presencia de los estragos de la muerte y de su trágico poder sobre los hombres, el santo Hijo de Dios se estremeció de dolor. El Vencedor de la muerte estaba ahí. Pero para que la gloria de Dios se manifestara ante la muchedumbre que sería testigo de su poder, era necesario que el estado de corrupción de Lázaro fuera debidamente comprobado (v. 39) y que el Señor, anticipadamente atribuyera, por una oración de acción de gracias, su poder Al que lo envió (v. 41, 42). Sólo entonces su poderosa voz de mando hizo salir de la tumba al muerto atado con las vendas… ¡Qué asombro para los presentes! En cuanto a nosotros, retengamos la promesa que el Señor hizo a Marta: “Si crees, verás…” –tal vez no exactamente lo que esperamos, sino– “la gloria de Dios” (v. 4-40).

Juan 11:45-57
45Entonces muchos de los Judíos que habían venido á María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.46Mas algunos de ellos fueron á los Fariseos, y dijéronles lo que Jesús había hecho.47Entonces los pontífices y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales.48Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación.49Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;50Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda.51Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación:52Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados.53Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle.54Por tanto, Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas fuése de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama Ephraim: y estábase allí con sus discípulos55Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra á Jerusalem antes de la Pascua, para purificarse;56Y buscaban á Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo. ¿Qué os parece, que no vendrá á la fiesta?57Y los pontífices y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.

Dios contestó a su Hijo no sólo al resucitar a Lázaro sino también al conducir a varios testigos de esa maravillosa escena a creer en él (v. 42 fin, 45). Pero ese milagro, el más grande que narra este evangelio y el último antes de su propia resurrección, fue también el que determinó su muerte, ya que “desde aquel día” tuvieron lugar las tenebrosas consultas que terminarían con el crimen supremo (v. 53). Así respondieron los judíos la pregunta que el Señor les hizo en Juan 10:32: “¿Por cuál de ellas (mis obras) me apedreáis?”.

Los sacerdotes fingieron temer que, al seguir a Jesús, el pueblo atraería la atención de los romanos y, por ende, sus represalias. Pero el rechazo hacia el Señor fue, por el contrario, la causa de la destrucción de su lugar de culto (Jerusalén) y de su nación, llevada a cabo por los romanos cuarenta años más tarde (v. 48). Dios permitió que la profecía de Caifás superara infinitamente los pensamientos de ese hombre cínico y malvado. Jesús entregaría su vida por la nación (pues Israel sería restaurado más tarde) pero “también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (v. 52). Satanás arrebata y dispersa (comp. 10:12), mientras que por su obra Jesús reúne desde ya, aquí en la tierra, a los que forman parte de la familia de Dios.

Juan 12:1-19
1Y JESUS, seis días antes de la Pascua, vino á Bethania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos.2E hiciéronle allí una cena y Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él.3Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento.4Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar:5¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió á los pobres?6Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres: sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella.7Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto;8Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no siempre me tenéis.9Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver á Lázaro, al cual había resucitado de los muertos.10Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar también á Lázaro;11Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él.12El siguiente día, mucha gente que había venido á la fiesta, como oyeron que Jesús venía á Jerusalem,13Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle, y clamaban: ­Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!14Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito:15No temas, hija de Sión: he aquí tu Rey viene, sentado sobre un pollino de asna.16Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando Jesús fué glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas de él, y que le hicieron estas cosas.17Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos.18Por lo cual también había venido la gente á recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal;19Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo se va tras de él.

En el hermoso cuadro de los 3 primeros versículos están representados distintos aspectos del culto (la reunión de adoración): la presencia del Señor, la comunión, el testimonio, el santo servicio y la alabanza. No se trata de una fiesta en honor a Lázaro, pues Jesús era el centro de esa reunión: “Y le hicieron allí una cena”. El único título dado a Lázaro para estar a la mesa con él fue el de un muerto que había recibido una nueva vida (el caso de todos los redimidos). Ese hombre no hizo ni dijo nada que sea mencionado, sencillamente estaba allí vivo; su presencia bastaba para contar lo que el Señor había hecho por él. Marta servía; su actividad en aquel instante era perfectamente adecuada, en contraste con Lucas 10:40. María derramó el perfume de “mucho precio” –también para el corazón del Señor– que llenó toda la casa, figura de la adoración que expresan de común acuerdo los redimidos agradecidos. Los incrédulo menosprecia este culto porque, en el fondo, adora a otro dios: el dinero (v. 6).

El versículo 10 nos muestra a Lázaro asociado al Señor como objeto del odio de los hombres. Luego asistimos a la entrada solemne del rey de Israel en la ciudad real de Jerusalén, precedido por la reputación muy efímera que le valió su gran milagro.

Juan 12:20-36
20Y había ciertos Griegos de los que habían subido á adorar en la fiesta:21Estos pues, se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver á Jesús.22Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á Jesús.23Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado.24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.25El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.26Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.27Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora.28Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.29Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado.30Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros.31Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.32Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo.33Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir.34Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?35Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va.36Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos.

En las antiguas tumbas egipcias se ha encontrado trigo que todavía puede germinar, después de miles de años. Sin embargo, cualquiera que hubiese sido el tiempo transcurrido y por precioso que hubiera sido el recipiente en que se lo haya conservado, ese trigo no podía multiplicarse allí. Para que de él pudieran brotar espigas cargadas de otros granos semejantes a la simiente, era necesario que ésta fuese colocada en la tierra, es decir, que fuese sacrificada. Fue la figura que Jesús empleó para hablar de su muerte. El deseo de verlo, expresado por unos griegos, guió sus pensamientos a las maravillosas consecuencias de la cruz: la bendición de las naciones bajo el dominio universal del Hijo del Hombre, mucho fruto (v. 24 fin), el juicio de Satanás (v. 31) y atraer a todos a sí mismo (v. 32). Pero también pasó ante su santa alma la carga de sufrimientos que “esta hora” le traería. Luego miró hacia Dios quien le respondió desde el cielo con la promesa de la resurrección (v. 28).

Para el pueblo judío era el ocaso. La luz iba a desaparecer en el horizonte: Jesús iba a dejarlos (v. 35; Jeremías 13:16). El día actual de la gracia también se acabará. Pronto llegará el momento en el cual no será posible creer (comp. v. 40). Para Jesús hubo un solemne “ahora” (v. 27, 31). Para nosotros ahora es el tiempo de creer en él (2 Corintios 6:2).

Juan 12:37-50
37Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él.38Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído á nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, á quién es revelado?39Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías:40Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane.41Estas cosas dijo Isaías cuando vió su gloria, y habló de él.42Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga.43Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.44Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;45Y el que me ve, ve al que me envió.46Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.47Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo.48El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.49Porque yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.50Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.

Con el capítulo 12 se termina una gran división de este evangelio. Efectivamente, desde el capítulo 13 el Señor se dirige exclusivamente a sus discípulos. Aquí tenemos sus últimas palabras al pueblo de Israel como tal. De ahí en adelante éste fue endurecido como nación, conforme a la profecía de Isaías. Se ha cumplido Juan 1:11: “A lo suyo (Israel) vino, y los suyos no le recibieron”. Pero el versículo siguiente (v. 12) también ha sido confirmado. Muchos lo han recibido y han adquirido el derecho de ser “hijos de Dios”. Aun de entre los gobernantes varios creyeron en él, sin embargo no se atrevieron a dar testimonio de su fe. Y se nos da la razón: “Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”. Nosotros, a quienes nos falta tanto ánimo para confesar nuestra fe, preguntémonos si no es por el mismo motivo.

Una última vez Jesús afirmó pública y solemnemente el carácter divino de su ministerio. Él era el Enviado de Dios y al mismo tiempo la perfecta imagen del Padre (v. 44, 49; Hebreos 1:3). No hay ni una de sus palabras que no sea la expresión absoluta del pensamiento divino. Meditemos sobre ese maravilloso ejemplo y aprendamos del Señor qué debemos decir y cómo hemos de hablar (v. 49).

Juan 13:1-20
1ANTES de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había venido para que pasase de este mundo al Padre, como había amado á los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin.2Y la cena acabada, como el diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que le entregase,3Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y á Dios iba,4Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse.5Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó á lavar los pies de los discípulos, y á limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido.6Entonces vino á Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los pies?7Respondió Jesús, y díjole: Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después.8Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.9Dícele Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aun las manos y la cabeza.10Dícele Jesús: El que está lavado, no necesita sino que lave los pies, mas está todo limpio: y vosotros limpios estáis, aunque no todos.11Porque sabía quién le había de entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.12Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose á sentar á la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que os he hecho?13Vosotros me llamáis, Maestro, y, Señor: y decís bien; porque lo soy.14Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros.15Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.16De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió.17Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.18No hablo de todos vosotros: yo sé los que he elegido: mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.19Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis que yo soy.20De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.

Para el corazón del Señor la muerte significaba pasar “de este mundo al Padre” (v. 1; comp. 16:28). Pero dejaba a los que amaba en un mundo lleno de corrupción y violencia. Y, como tiene los pies cubiertos de polvo el caminante que va por los caminos, así los creyentes están expuestos, por su constante contacto con el mal, a mancillarse en sus pensamientos, palabras y hechos, aunque están “limpios”, lavados por la sangre de la cruz (v. 10; Apocalipsis 1:5 fin). Pero el Señor es fiel y ha provisto lo necesario, pues vela por la santidad práctica de los suyos. Como gran Sumo Sacerdote lava los pies de ellos; dicho de otra manera, los purifica al conducirlos a juzgarse continuamente a la luz de la Palabra (el agua) que él aplica a sus conciencias (Efesios 5:26; Hebreos 10:22).

Este servicio de amor también debemos ejercitarlo los unos para con los otros. Con humildad, poniéndonos a sus pies, debemos mostrar a nuestros hermanos, por la Palabra, en qué faltaron o a qué peligro se exponen, como nos exhorta el apóstol: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre” (Gálatas 6:1). Queridos amigos, el Señor no dice: Bienaventurados seréis si sabéis estas cosas, sino “bienaventurados seréis si las hiciereis” (v. 17).

Juan 13:21-38
21Como hubo dicho Jesús esto, fué conmovido en el espíritu, y protestó, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.22Entonces los discípulos mirábanse los unos á los otros, dudando de quién decía.23Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado en el seno de Jesús.24A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquél de quien decía.25El entonces recostándose sobre el pecho de Jesús, dícele: Señor, ¿quién es?26Respondió Jesús: Aquél es, á quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, diólo á Judas Iscariote, hijo de Simón.27Y tras el bocado Satanás entró en él. Entonces Jesús le dice: Lo que haces, haz lo más presto.28Mas ninguno de los que estaban á la mesa entendió á qué propósito le dijo esto.29Porque los unos pensaban, por que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta: ó, que diese algo á los pobres.30Como él pues hubo tomado el bocado, luego salió: y era ya noche.31Entonces como él salió, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.32Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y luego le glorificará.33Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije á los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo á vosotros ahora.34Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos á otros: como os he amado, que también os améis los unos á los otros.35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.36Dícele Simón Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesús: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después.37Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por ti.38Respondióle Jesús: ¿Tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.

El discípulo “al cual Jesús amaba”, éste es el nombre que Juan toma en su evangelio. Él conocía el amor del Señor por los suyos (v. 1), pero también sabía que era un objeto personal de ese amor y lo gozaba cerca del corazón de Jesús, lugar precioso para las más íntimas comunicaciones. Pero en aquel momento Jesús reveló un secreto terrible. Denunció a Judas, a quien conocía desde el principio (6:64). Satanás entró entonces en ese hombre que estaba dispuesto a recibirlo y que luego salió a consumar su tremendo crimen (comp. v. 27 con Lucas 22:3).

El Señor habló nuevamente de su cruz, en donde su gloria brillaría en medio de su humillación (v. 31) y de su resurrección, por la cual Dios glorificaría a Aquel que le glorificó perfectamente (v. 32). Pero ¿cómo podrían ser reconocidos sus discípulos de ahí en adelante, si él ya no estaría más en medio de ellos? Por medio de una señal segura: su amor los unos para con los otros (v. 35). ¿Es verdaderamente esto lo que nos caracteriza? ¡Pregunta muy apropiada para sondear nuestro corazón!

En contraste con Juan, quien estaba ocupado en el amor del Señor hacia él (v. 23), Pedro confiaba en su propia abnegación, pero ¡ay!, sin tener en cuenta la advertencia del Señor (v. 38).

Juan 14:1-14
1NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.2En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.3Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.4Y sabéis á dónde yo voy; y sabéis el camino.5Dícele Tomás: Señor, no sabemos á dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino?6Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.7Si me conocieseis, también á mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.8Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.9Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?10¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras.11Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras.12De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre.13Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.14Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

En el capítulo 13 vimos cómo el Señor preparaba a los suyos a fin de que tuviesen desde la tierra una parte con él (v. 8). Ahora vemos que se va a prepararles lugar en la casa del Padre. Por eso tiene que adelantarse a ellos, como un anfitrión que toma sus disposiciones para llegar a casa antes que sus invitados. La Biblia nos da pocos detalles acerca del cielo, mas lo que hace de él una morada de felicidad es la presencia del Señor. Él mismo reclama para su propio gozo la presencia de los suyos.

Jesús es el único camino para ir al Padre. Él es la verdad y la vida. No había cesado de revelarles al Padre por medio de sus palabras y hechos, por eso, ¡qué pena le causó la ignorancia de sus discípulos! Pero ¿no podría él decir a cada uno de nosotros también: Tanto tiempo hace, que oyes hablar de mí y lees mi Palabra, ¿y no me conoces mejor?

“Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré”, promete el Señor (v. 13). “En mi nombre” no es una simple fórmula; significa que él pueda estar de acuerdo con nuestra petición, es decir, que sea hecha conforme a su voluntad. Nuestra oración llega a ser entonces la de Jesús, y él contestará necesariamente. No sólo porque nos ama sino, en primer lugar, porque se trata de la gloria del Padre. ¿Puede haber motivo más excelente?

Juan 14:15-31
15Si me amáis, guardad mis mandamientos;16Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:17Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros.18No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.19Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis.20En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.21El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él.22Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar á nosotros, y no al mundo?23Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada.24El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió.25Estas cosas os he hablado estando con vosotros.26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.27La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.28Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo.29Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creáis.30Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí.31Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí,

Jesús estaba a punto de dejar a sus queridos discípulos. Sin embargo, no los dejaría huérfanos. Iba a mandarles una persona divina para consolarlos, sostenerlos y ayudarles (v. 16): el Espíritu Santo, quien no sólo estaría con los creyentes, sino en ellos para instruirlos (v. 26). El Señor lo llamó “otro Consolador”, porque Él mismo permanecería como el consolador celestial, el abogado para con el Padre (1 Juan 2:1).

Jesús hizo tres promesas más a los suyos: la nueva vida que emana de la Suya (v. 19); un lugar especial en el corazón del Hijo y del Padre para todo aquel que le da prueba de su amor guardando sus mandamientos (v. 21, 23); la paz, su propia paz (v. 27). ¡Cuán cierto es que el Señor no la da “como el mundo la da”! Este último ofrece poco y pide mucho; distrae y aturde la conciencia actuando como un remedio tranquilizante que engaña un momento las inquietudes y los tormentos del alma, pero no es más que una ilusión de paz. La que Jesús da satisface plenamente el corazón, y además es eterna.

Finalmente el Señor dio a entender a sus discípulos que el verdadero amor hacia él no tendría que buscar retenerle egoístamente acá abajo, sino que debería alegrarse con el gozo suyo (v. 28).

Juan 15:1-15
1YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto.3Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.4Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí.5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.6El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden.7Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho.8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.9Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor.10Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.11Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.12Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado.13Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.14Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.15Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias.

Israel era una viña estéril, a pesar de todos los cuidados del divino Labrador (véase Salmo 80:8-9, Isaías 5:2). En contraste, Jesús se presenta como la Vid verdadera llevando fruto por medio de sus discípulos. Pero, así como no todos los pámpanos de una vid llevan el mismo fruto, el Señor hace la diferencia entre los que dicen conocerlo y los clasifica según “los que no llevan “fruto”, “llevan fruto”, “llevan más fruto” (v. 2) y llevan “mucho fruto” (v. 5, 8). Para formar parte de estos últimos se necesitan dos condiciones: morar en él, como la rama está ligada al tronco que la alimenta, y que él more en nosotros, de la misma manera que la rama deja circular la savia, es decir, su vida.

Por otra parte, no olvidemos que si el Padre nos limpia de una manera a veces dolorosa, es para que llevemos más fruto (v. 2). Pero, además, ¡cuántas consecuencias preciosas emanan de semejante comunión! El conocimiento de la voluntad de Dios y, por ende, la respuesta a nuestras oraciones, ya que sólo queremos lo que él mismo desea (v. 7), el gozo (v. 11) y, en fin, la aprobación inestimable de Aquel que nos llama sus amigos (v. 14).

Juan 15:16-27
16No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, él os lo dé.17Esto os mando: Que os améis los unos á los otros.18Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á vosotros.19Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo.20Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor. Si á mí mé han perseguido, también á vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.21Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.22Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado.23El que me aborrece, también á mi Padre aborrece.24Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, y las han visto, y me aborrecen á mí y á mi Padre.25Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin causa me aborrecieron.26Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí.27Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

Si nuestras oraciones tienen por objeto llevar “fruto” para Dios, siempre serán escuchadas (v. 16). Y ¿en qué consiste el fruto? Esencialmente en el amor de los redimidos los unos por los otros, y en sus múltiples manifestaciones. “Esto os mando: Que os améis unos a otros” dice el Señor. Esto abarca todos los servicios que se desprenden del amor. Es la tercera vez que formula este “mandamiento nuevo” (v. 17; véase v. 12 y 13:34). Cuando el amor escasea entre los miembros de una familia, ¿no es algo triste y anormal? ¡Cuánto más si se trata de la familia de Dios! En cambio, el odio del mundo hacia los creyentes, quienes con su conducta lo juzgan, es absolutamente natural y sabemos que vendrá, salvo si el mundo encuentra algo de él mismo que pueda amar en nosotros, y entonces es una muy mala señal.

“El siervo no es mayor que su señor” (v. 20), repite el Señor. En el capítulo 13:16 lo dijo en relación con el servicio. Aquí se refiere a los sufrimientos que el Señor tendría que padecer por parte del mundo, y de los que los suyos tendrían que soportar por causa de su nombre. Así el nombre de Jesús “invocado sobre vosotros” (Santiago 2:7) da al mundo la ocasión de manifestar su odio, y al Padre le permite contestar nuestras oraciones (v. 16 fin).

Juan 16:1-18
1ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandalicéis.2Os echarán de los sinagogas; y aun viene la hora, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servició á Dios.3Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre ni á mí.4Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordeis que yo os lo había dicho. Esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.5Mas ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas?6Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazón.7Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré.8Y cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio:9De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí;10Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;11Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo es juzgado.12Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar.13Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir.14El me glorificará: porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.15Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.16Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito, y me veréis: porque yo voy al Padre.17Entonces dijeron algunos de sus discípulos unos á otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito, y me veréis: y, por que yo voy al Padre?18Decían pues: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? No entendemos lo que habla.

Si el mismo Señor no lo hubiera declarado, nos costaría entender que su partida fuera conveniente para sus discípulos. Ocurre lo mismo con tantas cosas que momentáneamente nos afligen y que, sin embargo, son para nuestro provecho (v. 6, 7). Enviado del cielo por Jesús, el Espíritu Santo conduciría a los creyentes a toda la verdad (v. 13). En estos capítulos (14-16) el Señor confirma la inspiración de todos los libros del Nuevo Testamento. Los evangelios: Él “os recordará todo lo que yo os he dicho” (14:26); los Hechos: “Él dará testimonio acerca de mí, y vosotros daréis testimonio también” (15:26-27); las epístolas: “Él os enseñará todas las cosas” (14:26); el Apocalipsis: Él “os hará saber las cosas que habrán de venir” (v. 13). Pero la presencia del Espíritu Santo aquí en la tierra también implica graves consecuencias para el mundo y demuestra su culpable rechazamiento de Cristo (v. 8-11).

Por sus preguntas (v. 17-18) los discípulos probaron cuán incapaces eran, en aquel momento, de soportar las enseñanzas de su Maestro (v. 12). Para nosotros, ahora, el Espíritu está presente y glorifica a Jesús al enseñarnos lo que es suyo. Glorifiquémoslo también recibiendo y guardando esta revelación.

Juan 16:19-33
19Y conoció Jesús que le querían preguntar, y díjoles: ¿Preguntáis entre vosotros de esto que dije: Un poquito, y no me veréis, y otra vez un poquito, y me veréis?20De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará: empero aunque vosotros estaréis tristes, vuestra tristeza se tornará en gozo.21La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas después que ha parido un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.22También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.23Y aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.24Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.25Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no os hablaré por proverbios, pero claramente os anunciaré del Padre.26Aquel día pediréis en mi nombre: y no os digo, que yo rogaré al Padre por vosotros;27Pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y habéis creído que yo salí de Dios.28Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.29Dícenle sus discípulos: He aquí, ahora hablas claramente, y ningún proverbio dices.30Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.31Respondióles Jesús: ¿Ahora creéis?32He aquí, la hora viene, y ha venido, que seréis esparcidos cada uno por su parte, y me dejaréis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.33Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.

Los discípulos iban a conocer la tristeza de la separación, pero Jesús los consoló de antemano hablándoles del gozo que les esperaba cuando volvieran a verlo después de su resurrección (20:20). ¡Cuántos motivos de gozo tiene el creyente!: La esperanza del regreso del Señor (comp. v. 22); la obediencia a sus mandamientos (15:10-11), ¿hemos experimentado cuánto gozo nos brinda?; la dependencia y la respuesta a nuestras oraciones (16:24); las revelaciones del Señor en su Palabra (17:13); la comunión con el Padre y con el Hijo (1 Juan 1:3, 4), todas ellas fuentes infinitas de un “gozo cumplido”. ¿Ha experimentado usted el gozo que esto produce?

¿Por qué Jesús prefiere no decir a los suyos que él rogará al Padre por ellos (v. 26), cuando éste es justamente el tema de todo el siguiente capítulo? Porque, lejos de reivindicar para sí mismo los afectos de los discípulos, su gran objetivo es ponerlos en relación directa con el Padre. El Señor no promete a los suyos una vida sin pruebas, con paz a su alrededor, sino una paz interior. Y concluye diciendo: “Confiad”. El mundo, nuestro común enemigo, es fuerte, pero yo lo “he vencido”. Y por la fe en su victoria nosotros también lo venceremos (1 Juan 5:4).

Juan 17:1-13
1ESTAS cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada; glorifica á tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique á ti;2Como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna á todos los que le diste.3Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado.4Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese.5Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.6He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra.7Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de ti;8Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.9Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son:10Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido glorificado en ellas.11Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo á ti vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros.12Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; á los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición; para que la Escritura se cumpliese.13Mas ahora vengo á ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

Después de haber hecho las últimas recomendaciones a sus queridos discípulos y haberse despedido de ellos, Jesús se volvió hacia su Padre. El que nunca reivindicó nada para sí mismo, ahora pidió la gloria. Al honrar al Hijo obediente, glorificándolo, se trataba nada menos que de la gloria de Dios, este “Padre justo” (v. 25).

Como un mensajero fiel, Jesús daba cuenta de su misión cumplida en este mundo (v. 4). Una parte de esa obra había sido hablar del Padre a los suyos (v. 6 y 26); ahora él hablaba de los suyos al Padre para confiárselos, ya que iba a dejarlos. Sus argumentos son conmovedores: “Han guardado tu Palabra… (dicho de otra manera, me aman, 14:23) han creído que tú me enviaste”, dijo él, aunque sabemos cuán débil se había manifestado la fe de los pobres discípulos (v. 6-8; comp. 14:9).

Además, “tuyos son” (v. 9), prosiguió el Señor (¿cómo podrías abandonarlos?), “y he sido glorificado en ellos”, añadió recurriendo así al interés que el Padre tiene por la gloria del Hijo.

Finalmente hizo énfasis en la difícil situación de los redimidos que permanecen en un mundo tan peligroso, mundo que él mismo conoce muy bien, y que pone a prueba la fe. Hoy como entonces, Jesús aboga en favor de los suyos como perfecto intercesor.

Juan 17:14-26
14Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.15No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.16No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.17Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.18Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo.19Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que también ellos sean santificados en verdad.20Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.21Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.22Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa.23Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me has amado.24Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitución del mundo.25Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste;26Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré lo aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Los creyentes no son quitados del mundo cuando se convierten (v. 15). Al contrario, son expresamente enviados al mundo (v. 18) para cumplir la obra que les ha sido encomendada (comp. v. 4). Sin embargo, no son del mundo, como Jesús tampoco lo era. Su posición es la de extranjeros llamados a servir a su soberano en un país enemigo. Pero este incomparable capítulo nos enseña que, lejos de ser olvidados, los creyentes tienen un gran sumo sacerdote que intercede por ellos ante el trono de la gracia (comp. Hebreos 4:14-16). “Que los guardes del mal”, pide al Padre por ellos, porque están expuestos a la contaminación en semejante mundo (v. 15). “Santifícalos en tu verdad”: es la puesta aparte de los que obedecen la Palabra. “Que también ellos sean uno…”, deseo de su corazón que nos humilla cuando pensamos en las divisiones de los cristianos. “Que donde yo estoy, también ellos estén conmigo…” (v. 24). Los que no son del mundo no permanecerán en el mundo. Su parte eterna es con Jesús para ver Su gloria. “Quiero”, dice el Señor Jesús, pues la presencia de los suyos en el cielo junto a él testifica de los plenos resultados de su obra y forma parte de su gloria y de la del Padre.

Juan 18:1-11
1COMO Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesús y sus discípulos.2Y también Judas, el que le entregaba, sabía aquel lugar; porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos.3Judas pues tomando una compañía, y ministros de los pontífices y de los Fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.4Empero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre él, salió delante, y díjoles: ¿A quién buscáis?5Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Díceles Jesús; Yo soy (Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.)6Y como les dijo, Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra.7Volvióles, pues, á preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno.8Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy: pues si á mi buscáis, dejad ir á éstos.9Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí.10Entonces Simón Pedro, que tenía espada, sacóla, é hirió al siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.11Jesús entonces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?

Después de “la gloria que me diste” (17:22) viene “la copa que el Padre me ha dado” (v. 11). En su entera dependencia, Jesús recibió de la mano de su Padre tanto la una como la otra. Pero, de acuerdo con el carácter de este evangelio, no vemos, como en Lucas 22:44, la agonía del Señor. Aquí, en la mente del Hijo obediente, la obra ya estaba acabada (17:4).

El miserable Judas supo adónde conducir la compañía armada que debía apoderarse de Jesús, pues era el lugar de muchos encuentros íntimos y preciosos, de los cuales él mismo había participado.

Al que llamaban con desprecio “Jesús nazareno” no era otro que el Hijo de Dios. Conociendo plenamente lo que iba a ocurrir, el Señor se adelantó ante esa tropa amenazante y por medio de su poder soberano dio una prueba que hubiera permitido reconocerlo según las Escrituras (Salmo 27:2). Sólo con decir “Yo soy” hizo caer en tierra a sus enemigos. Pero, ¿en quién pensaba él en ese momento tan terrible? Como siempre, pensaba en sus queridos discípulos: “Dejad ir a éstos”, ordenó a los que habían venido a prenderlo. Hasta el último instante, el buen Pastor veló por sus ovejas; mas había llegado el momento de dar su vida por ellas (10:11).

Juan 18:12-27
12Entonces la compañía y el tribuno, y los ministros de los Judíos, prendieron á Jesús y le ataron,13Y lleváronle primeramente á Anás; porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice de aquel año.14Y era Caifás el que había dado el consejo á los Judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo.15Y seguía á Jesús Simón Pedro, y otro discípulo. Y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesús al atrio del pontífice;16Mas Pedro estaba fuera á la puerta. Y salió aquel discípulo que era conocido del pontífice, y habló á la portera, y metió dentro á Pedro.17Entonces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy.18Y estaban en pie los siervos y los ministros que habían allegado las ascuas; porque hacía frío, y calentábanse: y estaba también con ellos Pedro en pie, calentándose.19Y el pontífice preguntó á Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.20Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judíos, y nada he hablado en oculto.21¿Qué me preguntas á mí? Pregunta á los que han oído, qué les haya yo hablado: he aquí, ésos saben lo que yo he dicho.22Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dió una bofetada á Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?23Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, ¿por qué me hieres?24Y Anás le había enviado atado á Caifás pontífice.25Estaba pues Pedro en pie calentándose. Y dijéronle: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy.26Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquél á quien Pedro había cortado la oreja, le dice: ¿No te vi yo en el huerto con él?27Y negó Pedro otra vez: y luego el gallo cantó.

Al estar ahí “en pie, calentándose” con los que habían prendido y atado a su Maestro, Pedro ya lo había prácticamente negado. Escoger voluntariamente nuestras amistades en un mundo que ha crucificado a Jesús, y compartir sus diversiones, nos expone de una manera u otra a deshonrar al Señor. No podemos contar con que seremos guardados (en respuesta a su oración del 17:15-17) si no ponemos en práctica la separación de la cual se habla en esos mismos versículos (17:16). Gracias a su infidelidad, Pedro escapó momentáneamente del oprobio y de la persecución, como si fuese “mayor que su Señor”, quien iba al encuentro del odio y menosprecio de los hombres (15:20). Al interrogatorio hipócrita del sumo sacerdote, Jesús no tuvo nada que responder; ya había dado públicamente su testimonio. A sus jueces, pues, les correspondía probar su culpabilidad… ¡si podían!

Este evangelio recalca más que los otros tres la dignidad y autoridad del Hijo de Dios. A pesar de las humillaciones a las cuales lo sometieron y de la manera en que dispusieron de él sus verdugos, el Señor dominó absolutamente esas escenas como Aquel que se entregó a sí mismo a Dios en perfecto holocausto (Efesios 5:2).

Juan 18:28-40
28Y llevaron á Jesús de Caifás al pretorio: y era por la mañana: y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la pascua.29Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?30Respondieron y dijéronle: Si éste no fuera malhechor, no te le habríamos entregado.31Díceles entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie:32Para que se cumpliese el dicho de Jesús, que había dicho, dando á entender de qué muerte había de morir.33Así que, Pilato volvió á entrar en el pretorio, y llamó á Jesús, y díjole: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?34Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, ó te lo han dicho otros de mí?35Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han entregado á mí: ¿qué has hecho?36Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado á los Judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí.37Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tu? Respondió Jesús: Tu dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad. Todo aquél que es de la verdad, oye mi voz.38Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió otra vez á los Judíos, y díceles: Yo no hallo en él ningún crimen.39Empero vosotros tenéis costumbre, que os suelte uno en la Pascua: ¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos?40Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á éste, sino á Barrabás. Y Barrabás era ladrón.

Al llevar a Jesús ante el gobernador romano, los judíos se cuidaron de no contaminarse… al mismo tiempo que cargaban su conciencia con el crimen más horrendo jamás cometido.

El apóstol Pablo daría como ejemplo a Timoteo la “buena profesión” de Jesucristo delante de Poncio Pilato (1 Timoteo 6:13). Costara lo que costara, el Señor afirmó su realeza, aunque hizo notar que su reino no era de este mundo. El versículo 36 debería iluminar a todos los que hoy luchan, o dicho de otro modo, despliegan todos sus esfuerzos para establecer el reino de Dios en la tierra. El progresivo mejoramiento moral del mundo para que el Señor pueda venir a reinar en él no es más que una ilusión. Si él no produjo ese mejoramiento ¿no es prueba de incredulidad pretender renovar esta experiencia y creer que lo haremos mejor que él?

“¿Qué es la verdad?”, preguntó Pilato, pero no esperó la respuesta. Se parece a tanta gente a la que esta pregunta no interesa porque, en el fondo, teme tener que ordenar su vida de acuerdo con lo que le sea declarado. La Verdad estaba delante de Pilato en la persona de Jesús (14:6). En vano el gobernador romano buscaba escapar de su responsabilidad proponiendo que el prisionero fuera liberado para la Pascua, según solía hacerse en esta fecha. Al unísono los judíos gritaron reclamando la liberación del ladrón Barrabás.

Juan 19:1-16
1ASI que, entonces tomó Pilato á Jesús, y le azotó.2Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron la sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana;3Y decían: ­Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas.4Entonces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: He aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crimen hallo en él.5Y salió Jesús fuera, llevando la corona de espinas y la ropa de grana. Y díceles Pilato: He aquí el hombre.6Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen.7Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.8Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo más miedo.9Y entró otra vez en el pretorio, y dijo á Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dió respuesta.10Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?11Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dado de arriba: por tanto, el que á ti me ha entregado, mayor pecado tiene.12Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si á éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, á César contradice.13Entonces Pilato, oyendo este dicho, llevó fuera á Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebreo Gabbatha.14Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo á los Judíos: He aquí vuestro Rey.15Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino á César.16Así que entonces lo entregó á ellos para que fuese crucificado. Y tomaron á Jesús, y le llevaron.

Para burlarse, los soldados vistieron a Jesús con un manto de púrpura y una corona de espinas. Pilato aceptó presentarlo al populacho con ese atuendo: “¡He aquí el hombre!”. Con ira, los jefes contestaron: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”. E invocaron un nuevo motivo: Ha blasfemado; “se hizo a sí mismo Hijo de Dios”. Pero esto hizo que el gobernador romano se sintiera más incómodo, pues podría ser que tuviese ante sí no sólo a un rey, sino a Dios (v. 7-8). Para darse seguridad, invocó su poder; pero Jesús lo puso en su verdadero sitio. Ese magistrado pagano aprendió seguramente por primera vez quién le había dado su autoridad: la tenía no de César, como lo pensaba, sino de “arriba” (v. 11; Romanos 13:1). Al darse cuenta de que no tenía ascendencia sobre ese acusado extraordinario y que dicho caso lo superaba, quiso soltarlo. Pero los judíos no quisieron saber nada de ello y utilizaron un último argumento: “Si a éste sueltas, no eres amigo de César”. Así, a pesar de la advertencia recibida (v. 11), el gobernador trató de complacer a los hombres y no a Dios. Al temer a la vez el resentimiento de los judíos y la reprobación de su soberano, sacrificó deliberadamente al inocente.

Juan 19:17-30
17Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en hebreo, Gólgotha;18Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno á cada lado, y Jesús en medio.19Y escribió también Pilato un título, que puso encima de la cruz. Y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDIOS.20Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesús era cerca de la ciudad: y estaba escrito en hebreo, en griego, y en latín.21Y decían á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los Judíos: sino, que él dijo: Rey soy de los Judíos.22Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.23Y como los soldados hubieron crucificado á Jesús, tomaron sus vestidos, é hicieron cuatro partes (para cada soldado una parte); y la túnica; mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba.24Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para sí mis vestidos, Y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto.25Y estaban junto á la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.26Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo.27Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.28Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.29Y estaba allí un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo, se la llegaron á la boca.30Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dió el espíritu.

Aquel que algunos días antes había entrado en Jerusalén con toda su majestuosidad real, salió de ella “cargando su cruz”. El mismo contraste se observa en el título que Pilato colocó sobre la cruz: El “Rey de los judíos” es “Jesús Nazareno”. Fue crucificado entre “otros dos”, y puesto así al nivel de un malhechor. Sin embargo, este evangelio no habla de los ultrajes que padeció por parte de los hombres (Mateo 27:39-44), ni de las terribles horas de abandono por parte de Dios cuando llevaba nuestros pecados. Todo aquí es paz, amor y obediencia a Dios.

El versículo 25 menciona la presencia y los nombres de algunas mujeres que miraban con el corazón quebrantado. Jesús confió su madre al discípulo que mejor conocía Su afecto.

Notemos cómo todo debe desarrollarse según “la Escritura”, hasta en los más mínimos detalles: la repartición de los vestidos (v. 24), el vinagre presentado al Salvador (v. 28; véase v. 36-37). Entonces Jesús mismo cumplió el último acto de obediencia voluntaria: “Entregó el espíritu” (v. 30, 10:18). Si alguien quisiera hacer algo para asegurarse la salvación, que escuche y crea las últimas palabras del Salvador al morir: “Consumado es”, o sea: “Cumplido está” (en griego esta expresión equivale a una sola palabra: tetelestaï, palabra que se escribía al final de una factura pagada). Nuestra inmensa deuda para con Dios ha sido pagada eternamente.

Juan 19:31-42
31Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el gran día del sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.32Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él.33Mas cuando vinieron á Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas:34Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua.35Y el que lo vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.36Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de él.37Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.38Después de estas cosas, José de Arimatea, el cual era discípulo de Jesús, mas secreto por miedo de los Judíos, rogó á Pilato que pudiera quitar el cuerpo de Jesús: y permitióselo Pilato. Entonces vino, y quitó el cuerpo de Jesús.39Y vino también Nicodemo, el que antes había venido á Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.40Tomaron pues el cuerpo de Jesús, y envolviéronlo en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar.41Y en aquel lugar donde había sido crucificado, había un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto ninguno.42Allí, pues, por causa de la víspera de la Pascua de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesús.

Cuando los soldados iban a rematar a los crucificados, quebrándoles las piernas, comprobaron que con Jesús esa medida era inútil, pues ya había muerto. Para el malhechor convertido, aquella brutalidad significaba el cumplimiento de la palabra del Señor: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Pero uno de los soldados no temió profanar con su lanza el cuerpo del Señor (comp. Zacarías 12:10). A este último ultraje respondió una maravillosa señal de gracia: la sangre de la expiación y el agua de la purificación emanaron de su costado traspasado.

Luego tuvo lugar la sepultura de nuestro amado Salvador. Dios había preparado a dos discípulos para que rindieran al cuerpo de su Hijo los honores anunciados en las Escrituras: “Con los ricos fue en su muerte” (Isaías 53:9). Hasta entonces José y Nicodemo no habían tenido el valor de tomar abiertamente posición a favor de él. Pero ahora, conmovidos por la magnitud del crimen de su nación, comprendieron que guardar silencio los haría culpables de solidaridad. Amigos creyentes, nunca olvidemos que el mundo en el que vivimos ha crucificado a nuestro Salvador. Callar o complacernos con los asesinos equivaldría a negarlo. Por el contrario, es la oportunidad de darnos a conocer valientemente como sus discípulos.

Juan 20:1-18
1Y EL primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aún obscuro, al sepulcro; y vió la piedra quitada del sepulcro.2Entonces corrió, y vino á Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto.3Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.4Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro.5Y bajándose á mirar, vió los lienzos echados; mas no entró.6Llegó luego Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos echados,7Y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.8Y entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vió, y creyó.9Porque aun no sabían la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.10Y volvieron los discípulos á los suyos.11Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, bajóse á mirar el sepulcro;12Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.13Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á mi Señor, y no sé dónde le han puesto.14Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.15Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.16Dícele Jesús: ­María! Volviéndose ella, dícele: ­Rabboni! que quiere decir, Maestro.17Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios.18Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

La primera persona que se apresuró hacia el sepulcro en esa gloriosa mañana de la resurrección fue María Magdalena, esa mujer de la cual el Señor había echado siete demonios (Marcos 16:9). Pero alguien se le había adelantado, pues la piedra del sepulcro ya estaba quitada. Entonces avisó a Pedro y Juan, quienes a su vez corrieron hacia la tumba y hallaron las pruebas evidentes de la resurrección… pero volvieron a su casa, sin embargo María no. Tan embargada estaba por el pensamiento de volver a encontrar a su amado Señor (v. 13) que no parecía sorprenderse de la presencia de los ángeles. Jesús no pudo dejar semejante afecto sin respuesta. Y ¡cómo fueron superados los pensamientos de María! Fue un Salvador vivo el que se acercó a ella, la llamó por su nombre y le confió un mensaje del más sublime valor. «El apegarse personalmente a Cristo es lo que permite a uno tener verdadera comprensión», dijo alguien. Jesús encargó a María la misión de anunciar a sus “hermanos” que la cruz, lejos de haberlo separado de ellos, era la base de vínculos completamente nuevos. Hechos inestimables: su Padre llegó a ser nuestro Padre, y su Dios, nuestro Dios. Jesús nos colocó para siempre en esas felices relaciones para el gozo de su propio corazón, para el del Padre y para el nuestro (Salmo 22:22; Hebreos 2:11-12).

Juan 20:19-31
19Y como fué tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros.20Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor.21Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz á vosotros: como me envió el Padre, así también yo os envío.22Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo:23A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos.24Empero Tomás, uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.25Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.26Y ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Vino Jesús, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz á vosotros.27Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel.28Entonces Tomás respondió, y díjole: ­Señor mío, y Dios mío!29Dícele Jesús: Porque me has visto, Tomás, creiste: bienaventurados los que no vieron y creyeron.30Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro.31Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Era la noche de un maravilloso primer día de la semana. Según su promesa, el Salvador resucitado se presentó en medio de sus discípulos reunidos (14:19). Les mostró en sus manos y su costado “las pruebas indubitables” de que la paz con Dios había sido hecha (Hechos 1:3). Sopló en ellos la nueva vida (comp. Génesis 2:7; 1 Corintios 15:45) y los envió a anunciar el perdón de los pecados a los que creyesen (v. 23).

Ese domingo Tomás estaba ausente. Y cuando los demás discípulos le dijeron: “Al Señor hemos visto”, no creyó. Cuántos hijos de Dios se privan con ligereza de la preciosa reunión alrededor del Señor Jesús… tal vez porque, en el fondo de sí mismos, no creen verdaderamente en su presencia. Tomás representa al remanente judío que, en un futuro, reconocerá a su Señor y Dios al verlo. “¿Qué heridas son éstas en tus manos?”, preguntarán (Zacarías 13:6). Pero la parte bienaventurada de los redimidos del período actual es la de creer aun sin haber visto (1 Pedro 1:8). Con ese fin “se han escrito” estas cosas, no para ser leídas solamente, sino para ser creídas. Es necesario que nuestra fe, fundada en las Escrituras, se aferre al que da la vida, al Hijo de Dios (v. 31).

Juan 21:1-14
1DESPUÉS se manifestó Jesús otra vez á sus discípulos en la mar de Tiberias; y manifestóse de esta manera.2Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, llamado al Dídimo, y Natanael, el que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.3Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada.4Y venida la mañana, Jesús se puso á la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesús.5Y díjoles: Mozos, ¿tenéis algo de comer? Respondiéronle: No.6Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del barco, y hallaréis. Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces.7Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo á Pedro: El Señor es. Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar.8Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.9Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.10Díceles Jesús; Traed de los peces que cogisteis ahora.11Subió Simón Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.12Díceles Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos osaba preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.13Viene pues Jesús, y toma el pan, y les da; y asimismo del pez.14Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos.

Sólo siete discípulos acudieron a la cita que Jesús les había dado en Galilea (Mateo 26:32; 28:7). Y aún parecían haber olvidado el objeto de su espera. Simón Pedro, de quien el Señor había hecho un “pescador de hombres”, había vuelto a su antiguo trabajo. ¿Quién puede extrañarse de que “aquella noche no pescaron nada”? ¿Cómo podría ser provechoso el trabajo que uno hace según sus propios pensamientos y fuera de la presencia del Señor? Él les había dicho que, separados de él, nada podrían hacer (15:5). Pero cuando él estuvo con ellos, todo cambió. El lado derecho de la barca tenía una única pero esencial ventaja sobre el izquierdo: fue el lado escogido por Jesús.

Luego vino el encuentro con el Maestro, quien de antemano había preparado todo para sus siervos cansados. No había necesitado sus peces (v. 9), sin embargo, tampoco menospreció el fruto de su labor (v. 10), y lo tenía exactamente contado (v. 11).

Queridos amigos, ¡cuántas veces, como estos discípulos, olvidamos nuestra próxima e importante cita con el Señor! ¡Cuántas veces también, en medio de nuestras circunstancias, fracasos o éxitos, deberíamos ser capaces de discernir más pronto a Aquel que nos habla y reconocer que “es el Señor”! (v. 7).

Juan 21:15-25
15Y cuando hubieron comido, Jesús dijo á Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele; Sí Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos.16Vuélvele á decir la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.17Dícele la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas.18De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará á donde no quieras.19Y esto dijo, dando á entender con qué muerte había de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme.20Volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo al cual amaba Jesús, que seguía, el que también se había recostado á su pecho en la cena, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?21Así que Pedro vió á éste, dice á Jesús: Señor, ¿y éste, qué?22Dícele Jesús: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué á tí? Sígueme tú.23Salió entonces este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no había de morir. Mas Jesús no le dijo, No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga ¿qué á ti?24Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.25Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.

Al Señor todavía le quedaba por cumplir aquí en la tierra un último servicio de amor para con su discípulo Pedro. Éste había negado tres veces a su Maestro y tres veces tuvo que ser escudriñado por la dolorosa pregunta “¿me amas?”, como dándole a entender: «Pretendiste amarme más que éstos, pero ellos no me han negado» (Marcos 14:29). «¿Dónde está ese ardiente amor del cual hablabas? No he tenido ninguna prueba de ello». “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”, fue todo lo que pudo decir finalmente el pobre discípulo. ¿Iba Jesús a dejarlo de lado? Al contrario, sólo cuando Pedro perdió la confianza en sí mismo, estuvo apto para el servicio del Maestro. “Apacienta mis corderos… mis ovejas”, le dijo Jesús (el original griego se expresa con un diminutivo muy tierno: mis ovejitas). Al cuidar a los que Jesús amaba, Pedro tendría nuevamente la oportunidad de demostrar su amor por él.

Aquí termina el evangelio, pero todo lo que hizo, expresó o experimentó la Persona infinita que lo llena, tiene una riqueza insondable, y Dios no lo ha olvidado (v. 25). Durante la eternidad podremos descubrir todas las perfecciones y las glorias del Señor.

Para el tiempo presente, que cada redimido recuerde con fervor esas últimas palabras del Señor a Pedro: “Sígueme tú”.

Hechos de los

apóstoles

Hechos 1:1-14
1EN el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesús comenzó á hacer y á enseñar,2Hasta el día en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo á los apóstoles que escogió, fué recibido arriba;3A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándo les del reino de Dios.4Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dijo, de mí.5Porque Juan á la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos.6Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restituirás el reino á Israel en este tiempo?7Y les dijo: No toca á vosotros saber los tiempos ó las sazones que el Padre puso en su sola potestad;8Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me sereís testigos en Jerusalem, en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.9Y habiendo dicho estas cosas, viéndo lo ellos, fué alzado; y una nube le recibió y le quitó de sus ojos.10Y estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos;11Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.12Entonces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalem camino de un sábado.13Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón Zelotes, y Judas hermano de Jacobo.14Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Lucas, el autor inspirado del libro de los Hechos, empieza su relato con la ascensión de Jesús al cielo, aunque ya había narrado ese acontecimiento al final de su evangelio. La razón de esto es que la venida del Espíritu Santo y toda la obra que debía resultar de ella “hasta lo último de la tierra” deriva de la presencia de Cristo en la gloria (Juan 7:39, 16:7). Además, esta introducción confirma que todo lo que los apóstoles hicieron corresponde a las órdenes que recibieron del Señor (v. 2, 8) y justifica el servicio de ellos. “Me seréis testigos”, les dijo Jesús, para dirigir sus pensamientos hacia él y apartarlos de las cosas de esta tierra (v. 6). Fueron los primeros depositarios de las verdades maravillosas que le concernían: Aquel que había padecido estaba ahora vivo (v. 3). Viéndolo ellos, fue alzado al cielo (v. 9), y volverá de la misma manera, según la promesa comunicada por los ángeles (v. 11). Ellos tendrían que anunciar estas cosas por el poder del Espíritu que iban a recibir pronto (v. 8).

La primera reunión después de la ascensión del Señor fue dedicada a la oración; todos los apóstoles estuvieron presentes. Hoy día estamos llegando al final de la historia de la Iglesia sobre la tierra; pronto tendrá lugar la última reunión antes de su retorno. Mientras esperamos la venida del Señor, ¡no dejemos de congregarnos! (léase Hebreos 10:25).

Hechos 1:15-26
15Y en aquellos días, Pedro, levantándose en medio de los hermanos, dijo (y era la compañía junta como de ciento y veinte en número):16Varones hermanos, convino que se cumpliese la Escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fué guía de los que prendieron á Jesús;17El cuál era contado con nosotros, y tenía suerte en este ministerio.18Este, pues, adquirió un campo del salario de su iniquidad, y colgándose, reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron.19Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem; de tal manera que aquel campo es llamado en su propia lengua, Acéldama, que es, Campo de sangre.20Porque está escrito en el libro de los salmos: Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella; y: Tome otro su obispado.21Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros,22Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fué recibido arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección.23Y señalaron á dos: á José, llamado Barsabas, que tenía por sobrenombre Justo, y á Matías.24Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál escoges de estos dos,25Para que tome el oficio de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por transgresión, para irse á su lugar.26Y les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado con los once apóstoles.

Pedro –un Pedro plenamente restaurado– tomó la palabra en medio de los primeros discípulos. Recordó el miserable fin de Judas, quien se había ahorcado (Mateo 27:5-8). ¡Horrible muerte, pero una suerte eterna más terrible aún! (v. 25). Luego, basándose en la autoridad de las Escrituras y a la luz de ellas, mostró la necesidad de reemplazar al discípulo caído. Doce apóstoles debían ser los testigos oficiales, por así decirlo, de este hecho fundamental del cristianismo: la resurrección del Señor (1 Corintios 15:3-5). José, llamado Barsabás, y Matías se hallaban entre los que habían tenido el privilegio de acompañar a Jesús durante su ministerio. Tal vez pertenecían al grupo de los setenta que habían sido enviados otrora de dos en dos (Lucas 10:1). Después de haber orado al Señor, quien conoce “los corazones de todos”, para que manifestase su voluntad, echaron suertes y Matías fue elegido.

Echar suertes para conocer la voluntad de Dios no nos corresponde más hoy día, porque el Espíritu Santo está presente para dar a los creyentes el discernimiento que necesitan. Con respecto a esto es interesante comparar esta escena con la de Hechos 13:2, en la cual el Espíritu ordena: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”.

Hechos 2:1-21
1Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos;2Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;3Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.5Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.6Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.7Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son "Galileos todos estos que hablan?8¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?9Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,10En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos,11Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.12Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?13Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.15Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;16Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:17Y será en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Y vuestros mancebos verán visiones, Y vuestros viejos soñarán sueños:18Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.19Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo:20El sol se volverá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;21Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Ya habían pasado algunos días desde la ascensión del Señor. Su promesa, como la del Padre, iba a cumplirse (1:4). En forma de “lenguas repartidas, como de fuego”, el Espíritu Santo, persona divina, descendió a la tierra y se posó sobre cada uno de los discípulos. Seguidamente su poder se manifestó en ellos: tuvieron la capacidad para expresarse en idiomas que no conocían. Así Dios remedió en gracia la maldición de Babel y confirmó a todos que la bendición divina iba a extenderse por toda la tierra (Génesis 11:1-9).

La fiesta judía de pentecostés atraía cada año a Jerusalén una considerable muchedumbre de israelitas esparcidos por todas las naciones. Esa concurrencia ofreció la oportunidad para tener la primera gran reunión de evangelización. ¡Cuántos motivos de admiración para esa multitud! Cada uno pudo oír hablar en su propia lengua “las maravillas de Dios”. Y los que las presentaban eran unos “galileos” sin mucha instrucción (comp. 4:13 y Juan 7:15). No es necesario pertenecer a una elite ni haber realizado ciertos estudios para ser siervo del Señor. Depender de él y someterse a la acción del Espíritu Santo son las principales condiciones requeridas. ¡Que cada uno de nosotros pueda cumplirlas!

Hechos 2:22-41
22Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis;23A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole;24Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de ella.25Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: Porque está á mi diestra, no seré conmovido.26Por lo cual mi corazón se alegró, y gozóse mi lengua; Y aun mi carne descansará en esperanza;27Que no dejarás mi alma en el infierno, Ni darás á tu Santo que vea corrupción.28Hicísteme notorios los caminos de la vida; Me henchirás de gozo con tu presencia.29Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy.30Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono;31Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fué dejada en el infierno, ni su carne vió corrupción.32A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.33Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.34Porque David no subió á los cielos; empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,35Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies.36Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que á éste Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo.37Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?38Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.39Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.40Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.41Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos aquel día como tres mil personas.

Partiendo de un texto del profeta Joel (Joel 2:28-32), Pedro demostró a los judíos que el poder que actuaba en ellos era de origen divino. Cuando oigamos una lectura o una meditación bíblica, nunca olvidemos que Dios nos habla. En su predicación, Pedro recordó la vida perfecta de Cristo, su muerte y su resurrección anunciadas en varios pasajes del Antiguo Testamento y atestiguadas por los apóstoles. Así, a “este Jesús” que el pueblo había crucificado, Dios lo hizo sentar a su diestra, designándolo como Señor y Cristo. ¡Qué terrible debió ser para esos asesinos convencerse de haber cometido semejante crimen! Tocados en su conciencia, los oyentes se compungieron de corazón, es decir, fueron presos de temor y confusión a la vez. ¿Cómo apaciguar a Dios después de tal ultraje? En primer lugar, por el arrepentimiento, respondió Pedro. Éste no consiste en un simple pesar por haber obrado mal, sino en un juicio que hacemos juntamente con Dios sobre nuestros malos actos, y en el abandono de la conducta anterior; esa ya es una primera manifestación de fe. Tres mil personas fueron convertidas y bautizadas después de esa primera predicación.

Hechos 2:42-47; Hechos 3:1-11
42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.43Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.44Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes;45Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester.46Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,47Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos.
1PEDRO y Juan subían juntos al templo á la hora de oración, la de nona.2Y un hombre que era cojo desde el vientre de su madre, era traído; al cual ponían cada día á la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.3Este, como vió á Pedro y á Juan que iban á entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna.4Y Pedro, con Juan, fijando los ojos en él, dijo: Mira á nosotros.5Entonces él estuvo atento á ellos, esperando recibir de ellos algo.6Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.7Y tomándole por la mano derecha le levantó: y luego fueron afirmados sus pies y tobillos;8Y saltando, se puso en pie, y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando á Dios.9Y todo el pueblo le vió andar y alabar á Dios.10Y conocían que él era el que se sentaba á la limosna á la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le había acontecido.11Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo concurrió á ellos al pórtico que se llama de Salomón, atónitos.

El capítulo 2 termina con un admirable cuadro de la Iglesia en sus comienzos. Como hoy en día, realizaba reuniones para la edificación, la adoración y la oración (v. 42). Sin embargo, ahora frecuentemente limitamos la vida de la asamblea a estas reuniones, cuando debería tener su prolongación en las casas de los que la componen (v. 46). “Y sobrevino temor a toda persona”, declara el versículo 43. La seriedad y la gravedad pueden coincidir perfectamente con la alegría señalada en el versículo 46.

En el capítulo 3 vemos el poder del Espíritu Santo manifestándose no sólo en las palabras de los apóstoles, sino también en sus obras.

Al pedir limosna a Pedro y a Juan, el cojo sentado a la puerta del templo, llamada la Hermosa, estaba lejos de esperar el don que iba a recibir: una milagrosa curación por la fe en el solo nombre de Jesús. “Lo que tengo te doy”, le dijo Pedro (v. 6). Cuando se trata de dar algo, generalmente pensamos primero en el dinero (v. 6). Pocas veces pensamos en dar a conocer nuestro inagotable tesoro celestial, a nuestro Salvador, lo cual es un gran privilegio.

¡Qué cambio para ese pobre cojo! Hasta entonces había estado “a la puerta”, es decir, fuera. Entonces entró en la presencia de Dios para alabarlo (v. 8). ¿Estará alguno de nuestros lectores aún “a la puerta”?

Hechos 3:12-26
12Y viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ó ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si con nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á éste?13El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado á su Hijo Jesús, al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando él que había de ser suelto.14Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un homicida;15Y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos; de lo que nosotros somos testigos.16Y en la fe de su nombre, á éste que vosotros veis y conocéis, ha confirmado su nombre: y la fe que por él es, ha dado á este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.17Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros príncipes.18Empero, Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.19Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor,20Y enviará á Jesucristo, que os fué antes anunciado:21Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo.22Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis en todas las cosas que os hablare.23Y será, que cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo.24Y todos los profetas desde Samuel y en adelante, todos los que han hablado, han anunciado estos días.25Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.26A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado á su Hijo, le envió para que os bendijese, á fin de que cada uno se convierta de su maldad.

Al enterarse de la curación del cojo, una muchedumbre de curiosos se aglomeró: todos estaban atónitos y maravillados (v. 10). Pero enseguida Pedro desvió la atención puesta en él y en Juan, para atribuir el milagro al poder del nombre de Jesús. Ese hecho demostraba de una manera deslumbrante la vida y el poder en la resurrección de Aquel a quien habían matado. “Negasteis al Santo y al Justo”, les declara el apóstol; no para condenarlos, sino como alguien que entiende por experiencia propia la vergüenza que implica este pecado (v. 14; Lucas 22:54-61). Luego agrega: “Sé que por ignorancia lo habéis hecho (v. 17), confirmando así la Palabra del Salvador en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

La oportunidad que aquí es dada a los judíos de oír el Evangelio y de arrepentirse responde a ese ruego del Señor. En medio de ellos tenían el testimonio del Espíritu Santo hablando a través de Pedro y manifestándose por la vida de la Iglesia (2:44-47). Si la nación hubiera confesado su pecado y se hubiese vuelto de todo corazón a Dios, el Señor habría regresado; pero como no quiso, desde entonces no podrá alegar su ignorancia.

Hechos 4:1-22
1Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saduceos,2Resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de los muertos.3Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente; porque era ya tarde.4Mas muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y fué el número de los varones como cinco mil.5Y aconteció al día siguiente, que se juntaron en Jerusalem los príncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas;6Y Anás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal;7Y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?8Entonce Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel:9Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho á un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado,10Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.11Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo.12Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos.13Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocían que habían estado con Jesús.14Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba con ellos, no podían decir nada en contra.15Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferían entre sí,16Diciendo: ¿Qué hemos de hacer á estos hombres? porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar.17Todavía, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémoslos, que no hablen de aquí adelante á hombre alguno en este nombre.18Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.19Entonces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes á vosotros que á Dios:20Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.21Ellos entonces los despacharon amenazándolos, no hallando ningún modo de castigarlos, por causa del pueblo; porque todos glorificaban á Dios de lo que había sido hecho.22Porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, era de más de cuarenta años.

Una obra tan poderosa no dejó de provocar la oposición de Satanás. Sus instrumentos nos son conocidos: Anás, Caifás, los sacerdotes, los ancianos y los escribas, en resumen: los principales responsables de la condenación del Señor. Si hubiesen sido condescendientes con los discípulos, tácitamente hubieran confesado su injusticia crucificando al Maestro; mas el orgullo se lo impedía. Por lo tanto perseveraron en su odio contra el nombre de Jesús. Y de ahí en adelante el mismo Señor sería la piedra de toque por excelencia, la que probaría a cada hombre. Para unos sería “la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa”, y para otros “piedra de tropiezo, y roca que hace caer” (comp. v. 11 y 1 Pedro 2:4-8).

El versículo 12 es fundamental; afirma el valor único y la necesidad de creer en ese precioso nombre para ser salvo.

Los discípulos eran conocidos por haber estado con Jesús (v. 13). Si tenemos la costumbre de vivir en la comunión del Señor, los demás lo notarán.

Toda la oposición de los jefes judíos no pudo detener la acción del Evangelio (v. 4) ni cerrar la boca de los apóstoles, pues ellos habían recibido su llamamiento y su misión de parte de Dios mismo (v. 19). La Palabra estaba en ellos “como un fuego ardiente” (véase Jeremías 20:9).

Hechos 4:23-37
23Y sueltos, vinieron á los suyos, y contaron todo lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho.24Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay;25Que por boca de David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, Y los pueblos han pensado cosas vanas?26Asistieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo.27Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los pueblos de Israel,28Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho.29Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra;30Que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesús.31Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.32Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes.33Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos.34Que ningún necesitado había entre ellos: porque todos los que poseían heredades ó casas, vendiéndolas, traían el precio de lo vendido,35Y lo ponían á los pies de los apóstoles; y era repartido á cada uno según que había menester.36Entonces José, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre, Bernabé, (que es interpretado, Hijo de consolación) Levita, natural de Cipro,37Como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y púsolo á los pies de los apóstoles.

Pedro y Juan volvieron a encontrarse con los demás discípulos, “los suyos”, como los llama el texto sagrado (v. 23), y les contaron lo que habían dicho los jefes del pueblo. Entonces, en vez de ponerse a deliberar sobre la conducta a seguir, emplearon su común recurso: la oración (véase 6:4; 12:5 y 12; 14:23). En ella mencionaron la rebeldía de los judíos y de las naciones contra Dios y contra su santo Hijo Jesús, reconociendo en esta rebeldía el cumplimiento de las Escrituras (aunque sólo parcialmente, razón por la cual los apóstoles omitieron, al citar el Salmo 2, la terrible respuesta divina a las provocaciones humanas).

El denuedo es característico de este capítulo (v. 13, 29, 31 y de todo el libro). No tiene nada en común con la energía carnal que otrora impelía a Pedro… y lo abandonaba un momento después. Aquí los discípulos recibieron esa virtud como respuesta a su oración. Imitémoslos cuando sintamos que nos falta el ánimo.

Los versículos 32 y 37 presentan una magnífica descripción de la Iglesia en el frescor de su primer amor. Sin pretender volver a ese feliz comienzo, esforcémonos en manifestar el espíritu de aquellos tiempos poniendo a un lado nuestro egoísmo y aprovechando todas las oportunidades para ayudar a nuestros hermanos.

Hechos 5:1-16
1MAS un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión,2Y defraudó del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, púsola á los pies de los apóstoles.3Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón á que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad?4Reteniéndola, ¿no se te quedaba á ti? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido á los hombres, sino á Dios.5Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.6Y levantándose los mancebos, le tomaron, y sacándolo, sepultáronlo.7Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.8Entonces Pedro le dijo: Dime: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.9Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? He aquí á la puerta los pies de los que han sepultado á tu marido, y te sacarán.10Y luego cayó á los pies de él, y espiró: y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto á su marido.11Y vino un gran temor en toda la iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas.12Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.13Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.14Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres;15Tanto que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, á lo menos su sombra tocase á alguno de ellos.16Y aun de las ciudades vecinas concurría multitud á Jerusalem, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; los cuales todos eran curados.

El principio del capítulo 4 muestra que la acción del enemigo contra la verdad se ejerce desde afuera. El capítulo 5 comienza con la palabra “pero”: ahora el mal obra desde el interior, para corromper la Iglesia. Desde entonces Satanás no ha dejado de estar activo de estas dos maneras. El espíritu de imitación y el deseo de aparentar piedad llevaron a Ananías y Safira a mentir. Pedro los reprendió con santa indignación y enseguida la mano de Dios los alcanzó. Aquí no se trata de la salvación de sus almas, de su suerte eterna, sino de la manifestación del gobierno de Dios hacia sus hijos. So pretexto de que somos objetos de la gracia de Dios, no pensemos que por ello Dios subestime el pecado en nosotros. Dios es santo y así deben serlo sus hijos (1 Pedro 1:15-17). Al ver lo ocurrido, un gran temor se apoderó de los presentes. Nosotros debemos cultivar ese mismo sentimiento frente a Aquel que lee nuestros más secretos pensamientos.

Los versículos 12-16 nos hablan de los milagros de amor hechos “por la mano de los apóstoles” y nos muestran también que no es suficiente admirar a los creyentes, sino acercarse uno mismo al Señor (v. 13, 14). En Apocalipsis 21:8, los cobardes son nombrados en primer lugar entre los que se pierden eternamente.

Hechos 5:17-32
17Entonces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la secta de los Saduceos, se llenaron de celo;18Y echaron mano á los apóstoles, y pusiéronlos en la cárcel pública.19Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo:20Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida.21Y oído que hubieron esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron á la cárcel para que fues22Mas como llegaron los ministros, y no los hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso,23Diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas; mas cuando abrimos, á nadie hallamos dentro.24Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría á parar aquello.25Pero viniendo uno, dióles esta noticia: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo.26Entonces fué el magistrado con los ministros, y trájolos sin violencia; porque temían del pueblo ser apedreados.27Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el príncipe de los sacerdotes les preguntó,28Diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? y he aquí, habéis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre.29Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer á Dios antes que á los hombres.30El Dios de nuestros padres levantó á Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole de un madero.31A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israel arrepentimiento y remisión de pecados.32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios á los que le obedecen.

El sumo sacerdote y sus compañeros estaban celosos de ver que hombres sin instrucción y no pertenecientes al clero obtuvieran tanto éxito entre la muchedumbre. Además, los saduceos que negaban la resurrección estaban especialmente en contra de los apóstoles, que anunciaban la resurrección del Señor Jesús (v. 17, 4:1-2). Incapaces de ejercer su autoridad de otra manera, echaron en la cárcel a los apóstoles, a quienes no pudieron silenciar. Pero el Señor envió un ángel para librar a sus siervos. Seguidamente éstos volvieron a enseñar en el templo. Al saberlo, los jefes del pueblo los hicieron comparecer ante el concilio y les reprocharon querer echar sobre ellos la sangre de “ese hombre”, mientras que, ante Pilato, ellos mismos juntamente con el pueblo habían dicho: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mateo 27:25). Cuando pretendían hacer callar a los apóstoles, Pedro y sus compañeros respondieron: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (v. 29; 4:19). Una vez más dieron un brillante testimonio de la gloriosa resurrección de Jesús, “Príncipe y Salvador”, así como del perdón de los pecados por medio de él.

Hechos 5:33-42
33Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos.34Entonces levantándose en el concilio un Fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los apóstoles.35Y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer.36Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres como cuatrocientos: el cual fué matado; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos á nada.37Después de éste, se levantó Judas el Galileo en los días del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también aquél; y todos los que consintieron con él, fueron derramados.38Y ahora os digo: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo ó esta obra es de los hombres, se desvanecerá:39Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo á Dios.40Y convinieron con él: y llamando á los apóstoles, después de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y soltáronlos.41Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre.42Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar á Jesucristo.

Después de haber empleado un ángel para liberar a los suyos, Dios se sirvió de Gamaliel, un eminente fariseo (secta opuesta a la de los saduceos). Era un “doctor de la ley” conocido y respetado por los judíos. Con moderación y valiéndose de ejemplos que todos conocían, exhortó a sus colegas a tener paciencia, pues según el desenlace de ese asunto se vería si la obra era de los hombres o de Dios. Normalmente no es difícil discernir de qué lado están los que dicen ser alguien, como en el caso de Teudas (v. 36). Pero, ¡cuán distinta era la conducta de los apóstoles! Reconocían que ellos no eran nada por sí mismos y daban toda la gloria al nombre de Jesús, a quien perseveraban en anunciar (3:12; 4:10).

De antemano el Señor había advertido a sus discípulos que echarían mano de ellos, que serían perseguidos y entregados a las sinagogas y a las cárceles (Lucas 21:12). Efectivamente, todas estas pruebas no tardaron en sobrevenirles (v. 17-32), y desde entonces no han cesado de ser la porción de los creyentes en un lugar u otro. A menudo agradecemos al Señor por evitarnos las persecuciones que causan tantos estragos. Pero no olvidemos que sufrir por Su nombre es un honor. Los apóstoles se gozaron “de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (v. 41, comp. 1 Pedro 4:19; Mateo 5:11, 12).

Hechos 6:1-15
1EN aquellos días, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuración de los Griegos contra los Hebreos, de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cotidiano.2Así que, los doce convocaron la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos á las mesas.3Buscad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra.4Y nosotros persistiremos en la oración, y en el ministerio de la palabra.5Y plugo el parecer á toda la multitud; y eligieron á Esteban, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Prócoro, y á Nicanor, y á Timón, y á Parmenas, y á Nicolás, prosélito de Antioquía:6A estos presentaron delante de los apóstoles, los cuales orando les pusieron las manos encima.7Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalem: también una gran multitud de los sacerdotes obedecía á la fe.8Empero Esteban, lleno de gracia y de potencia, hacía prodigios y milagros grandes en el pueblo.9Levantáronse entonces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos, y Cireneos, y Alejandrinos, y de los de Cilicia, y de Asia, disputando con Esteban.10Mas no podían resistir á la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.11Entonces sobornaron á unos que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios.12Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos, y á los escribas; y arremetiendo le arrebataron, y le trajeron al concilio.13Y pusieron testigos falsos, que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y la ley:14Porque le hemos oído decir, que Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y mudará las ordenanzas que nos dió Moisés.15Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

Aquí el armonioso cuadro de los capítulos 2:42 y 4:32 se ha ensombrecido. En medio de los discípulos hubo murmuración, es decir, reclamaciones que no se atrevieron a formular en voz alta. Pongamos especial cuidado en acallar en nosotros tales murmuraciones de descontento y celos, pues por medio de ellas “el destructor” se esfuerza en turbar la comunión de los hijos de Dios (léase 1 Corintios 10:10).

Para remediar ese estado de cosas se eligieron siete varones de buen testimonio. Nunca hubiéramos pensado que hasta para servir a las mesas fuese necesario estar “llenos del Espíritu Santo” (v. 3). ¡Pues bien! Es el estado normal del cristiano y así podría ser el nuestro si lo deseamos en verdad. Y no pidiendo una nueva venida del Espíritu, como algunos creen, pues éste ya está en el creyente, sino dejándole todo el lugar en el templo de nuestro corazón.

En Esteban, particularmente, el Espíritu brilló bajo sus tres caracteres: “De poder, de amor y de dominio propio” (o de sabiduría, v. 8 y 10; 2 Timoteo 1:7). Los hechos (v. 8) y las palabras (v. 10) de ese siervo de Dios cerraron la boca a todos sus adversarios, quienes sobornaron contra él falsos testigos (comp. Mateo 26:59). Pero su rostro ya resplandecía con una hermosura celestial (v. 15).

Hechos 7:1-19
1EL príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así?2Y él dijo: Varones hermanos y padres, oid: El Dios de la gloria apareció á nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Chârán,3Y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven á la tierra que te mostraré.4Entonces salió de la tierra de los Caldeos, y habitó en Chârán: y de allí, muerto su padre, le traspasó á esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora;5Y no le dió herencia en ella, ni aun para asentar un pie: mas le prometió que se la daría en posesión, y á su simiente después de él, no teniendo hijo.6Y hablóle Dios así: Que su simiente sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían á servidumbre y maltratarían, por cuatrocientos años.7Mas yo juzgaré, dijo Dios, la nación á la cual serán siervos: y después de esto saldrán y me servirán en este lugar.8Y dióle el pacto de la circuncisión: y así Abraham engendró á Isaac, y le circuncidó al octavo día; é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas.9Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á José para Egipto; mas Dios era con él,10Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la presencia de Faraón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa.11Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos.12Y como oyese Jacob que había trigo en Egipto, envió á nuestros padres la primera vez.13Y en la segunda, José fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de Faraón el linaje de José.14Y enviando José, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en número de setenta y cinco personas.15Así descendió Jacob á Egipto, donde murió él y nuestros padres;16Los cuales fueron trasladados á Sichêm, y puestos en el sepulcro que compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemor de Sichêm.17Mas como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado á Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto,18Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocía á José.19Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres, á fin de que pusiesen á peligro de muerte sus niños, para que cesase la generación.

Cuando el sumo sacerdote cedió la palabra a Esteban, éste no aprovechó para refutar las falsas acusaciones de las cuales le inculpaban. El Espíritu Santo, del cual estaba lleno, le dictó “en la misma hora” lo que debía contestar (Lucas 12:11-12). Se sirvió de la historia de Israel para exponer los caminos de Dios y su fidelidad, al mismo tiempo que la infidelidad del pueblo. En efecto, ese relato que ocupa un relevante lugar en la Palabra de Dios contiene, bajo forma de “figuras”, enseñanzas destinadas a servir de advertencia (1 Corintios 10:11).

Abraham fue llamado por el Dios de gloria y obedeció (Hebreos 11:8). Por la fe confió en las promesas que Dios le había hecho desde antes del nacimiento de Isaac. Sus descendientes debían residir algún tiempo en Egipto y padecer allí bajo el yugo de la esclavitud, para luego salir de ese país e ir a servir al Señor en la tierra prometida. “Me servirán” (v. 7), palabras apropiadas para alcanzar la conciencia de ese pueblo indócil y rebelde.

La historia de José, rechazado por sus hermanos y luego exaltado por el Faraón, ilustra notablemente el odio de los judíos hacia Cristo y la posición gloriosa que Dios le dio después de haberlo librado “de todas sus tribulaciones” (v. 10).

Hechos 7:20-43
20En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado tres meses en casa de su padre.21Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faraón le tomó, y le crió como á hijo suyo.22Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos.23Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de visitar á sus hermanos los hijos de Israel.24Y como vió á uno que era injuriado, defendióle, é hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado.25Pero él pensaba que sus hermanos entendían que Dios les había de dar salud por su mano; mas ellos no lo habían entendido.26Y al día siguiente, riñendo ellos, se les mostró, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por que os injuriáis los unos á los otros?27Entonces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros?28¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio?29A esta palabra Moisés huyó, y se hizo extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.30Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sina, en fuego de llama de una zarza.31Entonces Moisés mirando, se maravilló de la visión: y llegándose para considerar, fué hecha á él voz del Señor:32Yo soy el Dios de tus padres, y el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar.33Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.34He visto, he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues, ven, te enviaré á Egipto.35A este Moisés, al cual habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á éste envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza.36Este los sacó, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años.37Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis.38Este es aquél que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibió las palabras de vida para darnos:39Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes le desecharon, y se apartaron de corazón á Egipto,40Diciendo á Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque á este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido.41Y entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron.42Y Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios En el desierto por cuarenta años, casa de Israel?43Antes, trajisteis el tabernáculo de Moloch, Y la estrella de vuestro dios Remphan: Figuras que os hicisteis para adorarlas: Os transportaré pues, más allá de Babilonia.

Esteban había sido acusado de proferir palabras blasfemas contra Moisés (6:11). Pero, por el contrario, ¡con qué veneración habló de aquel patriarca! La hermosura que Dios discernió en el recién nacido (v. 20), más tarde su poder en palabras y obras (v. 22), el amor que lo movió a visitar a sus hermanos (v. 23) y la incomprensión con la cual tropezó cuando quiso librarlos (v. 25, 35) son otros tantos rasgos que debían incitar al pueblo a fijar sus ojos en el Salvador a quien había rechazado. Además, el mismo Moisés había anunciado la venida de Cristo exhortando a escucharlo (v. 37). El apóstol Pedro, antes que Esteban, en su discurso del capítulo 3 (v. 22) había citado ese versículo 15 de Deuteronomio 18. ¡Doble testimonio del cumplimiento de esta Escritura! Pero ese pueblo se mostró rebelde e idólatra desde el principio de su historia; y pese a los más grandes testimonios de amor y paciencia de parte de Dios, su carácter natural no ha cambiado. Así son nuestros pobres corazones. Tan lejos como podamos remontarnos en nuestros recuerdos, aun en la más tierna infancia, hallamos la desobediencia y la codicia. Sólo el poder de Dios ha podido darnos otra naturaleza.

Hechos 7:44-60
44Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios, hablando á Moisés que lo hiciese según la forma que había visto.45El cual recibido, metieron también nuestros padres con Josué en la posesión de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David;46El cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el Dios de Jacob.47Mas Salomón le edificó casa.48Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano; como el profeta dice:49El cielo es mi trono, Y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?50¿No hizo mi mano todas estas cosas?51Duros de cerviz, é incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros.52¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron á los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores;53Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.54Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él.55Más él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesús que estaba á la diestra de Dios,56Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios.57Entonces dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él;58Y echándolo fuera de la ciudad, le apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos á los pies de un mancebo que se llamaba Saulo.59Y apedrearon á Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu.60Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

Esteban siguió su relato. Pese a comparecer como acusado ante el concilio, es él, por el contrario, quien enjuiciaba de parte de Dios a ese pueblo de “dura cerviz”, como ya se lo llama en Éxodo 32:9 y 33:3. “Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo” (v. 51), les dijo, estando él lleno del Espíritu. ¿Nosotros también le resistimos cuando se trata de hacer la voluntad del Señor, o de no hacer la nuestra?

¡Qué contraste entre la paz del discípulo, absorto en la visión gloriosa de Jesús a la diestra de Dios, y el furor de sus adversarios! Esta rabia los incitó, aun sin un simulacro de juicio, a cometer el crimen que durante muchos siglos acarrearía el rechazo de los judíos como nación y su dispersión por toda la tierra. Comparando las últimas palabras de este hombre de Dios (v. 56, 60) con las del Señor en la cruz (Lucas 23:34, 46), notamos una vez más cómo el discípulo se parece al Maestro sobre el cual ha puesto sus ojos. Ese homicidio es la trágica conclusión de la historia del pueblo rebelde, narrada por Esteban. Él la firmó con su propia sangre, llegando a ser así el primer mártir de la Iglesia después de la larga lista de los profetas perseguidos (v. 52; 1 Tesalonicenses 2:15-16). Esta escena introdujo el período de la Iglesia, caracterizada por la presencia del Espíritu Santo en la tierra (Esteban estaba lleno de él) y la de Cristo glorificado a la diestra de Dios, tal como lo describe el fiel testigo.

Hechos 8:1-25
1Y SAULO consentía en su muerte. Y en aquel día se hizo una grande persecución en la iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.2Y llevaron á enterrar á Esteban varones piadosos, é hicieron gran llanto sobre él.3Entonces Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel.4Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra.5Entonces Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á Cristo.6Y las gentes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.7Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados:8Así que había gran gozo en aquella ciudad.9Y había un hombre llamado Simón, el cual había sido antes mágico en aquella ciudad, y había engañado la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande:10Al cual oían todos atentamente desde al más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es la gran virtud de Dios.11Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había embelesado mucho tiempo.12Mas cuando creyeron á Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.13El mismo Simón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó á Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito.14Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan:15Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo;16(Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.)17Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.18Y como vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,19Diciendo: Dadme también á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo.20Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero.21No tienes tú parte ni suerte en este negocio; porque tu corazón no es recto delante de Dios.22Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazón.23Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.24Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas que habéis dicho, venga sobre mí.25Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron á Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaron el evangelio.

El Señor había mandado a sus discípulos: “Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (1:8). Hasta entonces sólo habían cumplido con la primera parte de esa orden. Para hacerlos pasar a la siguiente etapa, el Señor en su sabiduría recurrió a un medio penoso: la persecución, de la que la muerte de Esteban dio la primera señal. Ésta tuvo como resultado la dispersión de los creyentes, y en consecuencia la difusión del Evangelio a otros lugares. Un viento desagradable a menudo tiene el feliz efecto de sembrar a lo lejos semillas útiles.

Felipe, el evangelista nombrado en el capítulo 6:5, descendió a Samaria para predicar a “Cristo”: No una doctrina, sino una Persona (v. 5 y compárese con v. 35). ¡Qué poder tendría nuestro testimonio si en lugar de presentar solamente verdades, también habláramos de Aquel de quien nuestro corazón está (o debería estar) lleno!

Así, esos samaritanos odiados y despreciados por los judíos también participarían de ahí en adelante del bautismo y del don del Espíritu Santo. Ni el nacimiento, ni los méritos, ni el dinero –como se lo imaginaba Simón el mago– dan acceso a tal privilegio. Todo proviene de la pura gracia de Dios.

Hechos 8:26-40
26Empero el ángel de Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem á Gaza, el cual es desierto.27Entonces él se levantó, y fué: y he aquí un Etiope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido á adorar á Jerusalem,28Se volvía sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías.29Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro.30Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?31Y dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.32Y el lugar de la Escritura que leía, era éste: Como oveja á la muerte fué llevado; Y como cordero mudo delante del que le trasquila, Así no abrió su boca:33En su humillación su juicio fué quitado: Mas su generación, ¿quién la contará? Porque es quitada de la tierra su vida.34Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno?35Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.36Y yendo por el camino, llegaron á cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?37Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.38Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle.39Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe; y no le vió más el eunuco, y se fué por su camino gozoso.40Felipe empero se halló en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó á Cesarea.

Felipe acababa de ser el instrumento de una gran obra en Samaria. ¡Cuál habrá sido su sorpresa al recibir la orden de abandonar su campo de trabajo para dirigirse a un camino desierto! ¡Extraño lugar para anunciar el Evangelio! Sin embargo, obedeció sin discutir. Y he aquí pasó el carro de un alto funcionario etíope, quien había hecho un largo viaje para venir a adorar en Jerusalén. Pero, ¿cómo podría encontrar a Dios en la ciudad donde Su Hijo había sido rechazado? Sin embargo, al regresar, este hombre traía un tesoro infinitamente más grande que los de su soberana (v. 27): una porción de las Sagradas Escrituras. Dios lo había conducido en su lectura hasta el corazón del libro del profeta Isaías: el capítulo 53. Así todo estaba preparado para el siervo del Señor. Por medio de Felipe, el etíope aprendió a conocer a Jesús. Pudo ser bautizado y seguir su camino “gozoso” para llegar a ser, muy probablemente, un mensajero de la gracia en su lejano país.

No sólo son predicadores del Evangelio los que se dirigen a las multitudes. Empecemos por ser obedientes, en particular en nuestros desplazamientos. Entonces el Señor permitirá que nos hallemos justo en el momento preciso en el camino de alguien a quien podamos anunciar a Jesús.

Hechos 9:1-22
1Y SAULO, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes,2Y demandó de él letras para Damasco á las sinagogas, para que si hallase algunos hombres ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem.3Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo;4Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?5Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús á quien tú persigues: dura cosa te es dar coses contra el aguijón.6El, temblando y temeroso, dijo: ¿Señor, qué quieres que haga? Y el Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer.7Y los hombres que iban con Saul, se pararon atónitos, oyendo á la verdad la voz, mas no viendo á nadie.8Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía á nadie: así que, llevándole por la mano, metiéronle en Damasco;9Donde estuvo tres días sin ver, y no comió, ni bebió.10Había entonces un discípulo en Damasco llamado Ananías, al cual el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.11Y el Señor le dijo: Levántate, y ve á la calle que se llama la Derecha, y busca en casa de Judas á uno llamado Saulo, de Tarso: porque he aquí, él ora;12Y ha visto en visión un varón llamado Ananías, que entra y le pone la mano encima, para que reciba la vista.13Entonces Ananías respondió: Señor, he oído á muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho á tus santos en Jerusalem:14Y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender á todos los que invocan tu nombre.15Y le dijo el Señor: Ve: porque instrumento escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel:16Porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre.17Ananías entonces fué, y entró en la casa, y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo hermano, el Señor Jesús, que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno de Espíritu Santo.18Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fué bautizado.19Y como comió, fué confortado. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.20Y luego en las sinagogas predicaba á Cristo, diciendo que éste era el Hijo de Dios.21Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalem á los que invocaban este nombre, y á eso vino acá, para llevarlos presos á los príncipes de los sacerdotes?22Empero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía á los Judíos que moraban en Damasco, afirmando que éste es el Cristo.

El capítulo 8:3 menciona a un joven llamado Saulo; éste era un adversario particularmente encarnizado contra los cristianos. Según sus propias palabras, era “blasfemo, perseguidor e injuriador”; en fin, el primero de los pecadores (1 Timoteo 1:13-15). Pero Dios con su poder iba a arrancar a Satanás uno de sus mejores instrumentos y alistarlo para su servicio. A Saulo no le bastaba con atormentar a los cristianos de Jerusalén; en su furor y fanatismo iba a perseguirlos hasta las ciudades extranjeras donde el Evangelio se había difundido (comp. 26:11). Se dirigió a Damasco con el corazón lleno de un odio implacable hacia los discípulos del Señor y provisto de una autorización del sumo sacerdote. Pero en el camino, en pleno mediodía, repentinamente fue enceguecido por una luz resplandeciente. Al caer en tierra supo –podemos imaginarnos con qué sorpresa– que quien lo interpelaba desde lo alto era el mismo Jesús a quien combatía en la persona de sus discípulos. Porque el Señor se identifica con sus amados rescatados; ellos forman parte de él.

Saulo fue conducido a Damasco mientras su alma era objeto de un profundo trabajo. El Señor envió a Ananías a visitar al nuevo convertido para abrirle los ojos y bautizarlo.

Hechos 9:23-43
23Y como pasaron muchos días, los Judíos hicieron entre sí consejo de matarle;24Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle.25Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro en una espuerta.26Y como vino á Jerusalem, tentaba de juntarse con los discípulos; mas todos tenían miedo de él, no creyendo que era discípulo.27Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo á los apóstoles, y contóles cómo había visto al Señor en el camino, y que le había hablado, y cómo en Damasco había hablado confiadamente en el nombre de Jesús.28Y entraba y salía con ellos en Jerusalem;29Y hablaba confiadamente en el nombre del Señor: y disputaba con los Griegos; mas ellos procuraban matarle.30Lo cual, como los hermanos entendieron, le acompañaron hasta Cesarea, y le enviaron á Tarso.31Las iglesias entonces tenían paz por toda Judea y Galilea y Samaria, y eran edificadas, andando en el temor del Señor; y con consuelo del Espíritu Santo eran multiplicadas.32Y aconteció que Pedro, andándolos á todos, vino también á los santos que habitaban en Lydda.33Y halló allí á uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, que era paralítico.34Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y hazte tu cama. Y luego se levantó.35Y viéronle todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor.36Entonces en Joppe había una discípula llamada Tabita, que si lo declaras, quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras y de limosnas que hacía.37Y aconteció en aquellos días que enfermando, murió; á la cual, después de lavada, pusieron en una sala.38Y como Lydda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, rogándole: No te detengas en venir hasta nosotros.39Pedro entonces levantándose, fué con ellos: y llegado que hubo, le llevaron á la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.40Entonces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró; y vuelto al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y viendo á Pedro, incorporóse.41Y él le dió la mano, y levantóla: entonces llamando á los santos y las viudas, la presentó viva.42Esto fué notorio por toda Joppe; y creyeron muchos en el Señor.43Y aconteció que se quedó muchos días en Joppe en casa de un cierto Simón, curtidor.

Tan pronto como se convirtió, Saulo empezó a predicar el nombre que tanto había combatido (v. 20). Sin embargo, fueron necesarios muchos años de preparación para el ministerio al cual el Señor lo destinaba (v. 15). Jóvenes creyentes, no esperen hasta tener un gran conocimiento para hablar del Señor a otros. Pero tampoco piensen que para emprender cualquier servicio para el Señor sea suficiente ser salvo. Pablo necesitó un período de retiro en Arabia (Gálatas 1:17) y otro en Tarso (v. 30; 11:25) antes de ser llamado a predicar el Evangelio a las naciones en compañía de Bernabé. Sólo catorce años después de su conversión los demás apóstoles le dieron “la diestra en señal de compañerismo”, reconociendo su obra entre las naciones (véase Gálatas 2:9).

Cuatro hermosos rasgos caracterizaban a las iglesias en esos primeros tiempos: la paz, la edificación, un temor reverente y el crecimiento debido a la acción del divino “Consolador”, el Espíritu Santo (v. 31) que aún permanece con nosotros para que podamos realizar esos caracteres.

El capítulo termina con la curación de Eneas y la resurrección de Dorcas: dos milagros, hechos a través de Pedro, que permitieron llevar almas al Señor y que los discípulos gozaran de la consolación del Espíritu Santo.

Hechos 10:1-24
1Y HABIA un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana,2Pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba á Dios siempre.3Este vió en visión manifiestamente, como á la hora nona del día, que un ángel de Dios entraba á él, y le decía: Cornelio.4Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria á la presencia de Dios.5Envía pues ahora hombres á Joppe, y haz venir á un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro.6Este posa en casa de un Simón, curtidor, que tiene su casa junto á la mar: él te dirá lo que te conviene hacer.7E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un devoto soldado de los que le asistían;8A los cuales, después de habérselo contado todo, los envió á Joppe.9Y al día siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió á la azotea á orar, cerca de la hora de sexta;10Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer; pero mientras disponían, sobrevínole un éxtasis;11Y vió el cielo abierto, y que descendía un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado á la tierra;12En el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y reptiles, y aves del cielo.13Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.14Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común é inmunda he comido jamás.15Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.16Y esto fué hecho por tres veces; y el vaso volvió á ser recogido en el cielo.17Y estando Pedro dudando dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí, los hombres que habían sido enviados por Cornelio, que, preguntando por la casa de Simón, llegaron á la puerta.18Y llamando, preguntaron si un Simón que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí.19Y estando Pedro pensando en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.20Levántate, pues, y desciende, y no dudes ir con ellos; porque yo los he enviado.21Entonces Pedro, descendiendo á los hombres que eran enviados por Cornelio, dijo: He aquí, yo soy el que buscáis: ¿cuál es la causa por la que habéis venido?22Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nación de los Judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir á su casa, y oir de ti palabras.23Entonces metiéndolos dentro, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fué con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe.24Y al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado á sus parientes y los amigos más familiares.

Este capítulo tiene una gran importancia para nosotros, cristianos pertenecientes a las naciones. En efecto, aquí vemos a Pedro abrir las puertas del reino de los cielos a las naciones (Mateo 16:19). Notemos con qué cuidado y gracia Dios había preparado, por un lado, a su siervo Pedro y, por otro, a Cornelio, con miras al encuentro que tendría consecuencias tan maravillosas para este último como para nosotros. La revelación de Dios halló tanto al uno como al otro en la misma excelente ocupación: la oración. Por la vacilación de Pedro cuando se le ordenó comer del contenido del gran lienzo bajado del cielo, podemos comprender cuán arraigados estaban los prejuicios judíos, aun en los discípulos, y cuál era el espíritu de superioridad de un israelita frente a un pagano. A través de esa visión, Dios quiso enseñar a su siervo a no hacer más diferencias entre un pueblo “puro” y las naciones impuras. Todos, judíos y gentiles, somos pecadores, mancillados y desobedientes, pero todos somos igualmente objetos de una misma misericordia (Romanos 10:12; 11:30-32). ¡Que Dios nos guarde de hacer “acepción de personas” (o de parcialidad, v. 34) al considerar a algunos como menos dignos de recibir el Evangelio! No nos incumbe escoger, sino obedecer.

Hechos 10:25-48
25Y como Pedro entró, salió Cornelio á recibirle; y derribándose á sus pies, adoró.26Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre.27Y hablando con él, entró, y halló á muchos que se habían juntado.28Y les dijo: Vosotros sabéis que es abominable á un varón Judío juntarse ó llegarse á extranjero; mas me ha mostrado Dios que á ningún hombre llame común ó inmundo;29Por lo cual, llamado, he venido sin dudar. Así que pregunto: ¿por qué causa me habéis hecho venir?30Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que á esta hora yo estaba ayuno; y á la hora de nona estando orando en mi casa, he aquí un varón se puso delante de mí en vestido resplandeciente.31Y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios.32Envía pues á Joppe, y haz venir á un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro; éste posa en casa de Simón, curtidor, junto á la mar; el cual venido, te hablará.33Así que, luego envié á ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado.34Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas;35Sino que de cualquiera nación que le teme y obra justicia, se agrada.36Envió palabra Dios á los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesucristo; éste es el Señor de todos.37Vosotros sabéis lo que fué divulgado por toda Judea; comenzando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó,38Cuanto á Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando á todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él.39Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judea, y en Jerusalem; al cual mataron colgándole en un madero.40A éste levantó Dios al tercer día, é hizo que apareciese manifiesto,41No á todo el pueblo, sino á los testigos que Dios antes había ordenado, es á saber, á nosotros que comimos y bebimos con él, después que resucitó de los muertos.42Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.43A éste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.44Estando aún hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón.45Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.46Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban á Dios.47Entonces respondió Pedro: ¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?48Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.

Dios emplea distintos medios para que las almas aprendan a conocerlo. La conversión del etíope (8), la de Saulo (9) y la de Cornelio (10) no se parecen. En estos tres hombres distinguimos a los descendientes de los tres hijos de Noé (Génesis 10). Cam: las razas africanas y asiáticas; Sem: Israel y ciertos pueblos orientales; Jafet: las naciones del norte y del occidente. “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”. Tal es, en adelante, el mensaje universal dirigido a todo linaje, lengua, pueblo y nación (v. 43; Apocalipsis 5:9). En la persona de Cornelio, los que estaban “lejos” oyeron a su vez “el evangelio de la paz por medio de Jesucristo” (v. 36; 2:39; Efesios 2:17).

¡Gloriosas visitas para esta casa otrora pagana! Primero un ángel (v. 3), luego Pedro y los hermanos que lo acompañaban, portadores del mensaje del Evangelio; por último, y por encima de todo, el Espíritu Santo, quien vino a sellar a esos nuevos convertidos, dando testimonio de su fe y de su calidad de hijos de Dios. ¿Cómo no reconocer en este signo público la voluntad de la gracia de Dios? Pedro sólo pudo confirmarlo por el signo del bautismo cristiano (v. 48).

Hechos 11:1-18
1Y OYERON los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los Gentiles habían recibido la palabra de Dios.2Y como Pedro subió á Jerusalem, contendían contra él los que eran de la circuncisión,3Diciendo: ¿Por qué has entrado á hombres incircuncisos, y has comido con ellos?4Entonces comenzando Pedro, les declaró por orden lo pasado, diciendo:5Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y vi en rapto de entendimiento una visión: un vaso, como un gran lienzo, que descendía, que por los cuatro cabos era abajado del cielo, y venía hasta mí.6En el cual como puse los ojos, consideré y vi animales terrestres de cuatro pies, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.7Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.8Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común ó inmunda entró jamás en mi boca.9Entonces la voz me respondió del cielo segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.10Y esto fué hecho por tres veces: y volvió todo á ser tomado arriba en el cielo.11Y he aquí, luego sobrevinieron tres hombres á la casa donde yo estaba, enviados á mí de Cesarea.12Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón,13El cual nos contó cómo había visto un ángel en su casa, que se paró, y le dijo: Envía á Joppe, y haz venir á un Simón que tiene por sobrenombre Pedro;14El cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tu, y toda tu casa.15Y como comencé á hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.16Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo.17Así que, si Dios les dió el mismo don también como á nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar á Dios?18Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron á Dios, diciendo: De manera que también á los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida.

Nunca juzguemos ni por las apariencias ni por las circunstancias que sólo conocemos a medias. Un cristiano, cuyo comportamiento nos ha sorprendido, pudo haber obrado por obediencia al Señor. Así ocurrió con Pedro cuando entró en la casa de Cornelio y comió con él. Estos detalles parecían ser lo único importante para “los que eran de la circuncisión” (v. 2), en tanto que en aquella casa habían acontecido cosas maravillosas que Pedro les contaría en aquel momento.

La salvación de las naciones estaba anunciada en el Antiguo Testamento (por ejemplo Isaías 49:6; 65:1). El mismo Pedro había aludido a ello en su primer discurso (2:21, 39). Sin embargo, para que las prevenciones de los hermanos de Jerusalén pudieran desaparecer, hacía falta pruebas terminantes. Éstas fueron proporcionadas por el relato de Pedro y confirmadas por los seis testigos que lo habían acompañado. Al oír cómo el apóstol había sido esclarecido y conducido a la casa de Cornelio, y sobre todo cómo el Espíritu Santo había descendido a esos gentiles, todos reconocieron la voluntad de Dios y lo glorificaron. Alegrémonos por esa gracia que se ha extendido hasta nosotros, y si todavía no lo hemos hecho, apresurémonos a recibir también el “arrepentimiento para vida” (v. 18).

Hechos 11:19-30; Hechos 12:1-6
19Y los que habían sido esparcidos por causa de la tribulación que sobrevino en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y Antioquía, no hablando á nadie la palabra, sino sólo á los Judíos.20Y de ellos había unos varones Ciprios y Cirenences, los cuales como entraron en Antioquía, hablaron á los Griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.21Y la mano del Señor era con ellos: y creyendo, gran número se convirtió al Señor.22Y llegó la fama de estas cosas á oídos de la iglesia que estaba en Jerusalem: y enviaron á Bernabé que fuese hasta Antioquía.23El cual, como llegó, y vió la gracia de Dios, regocijóse; y exhortó á todos á que permaneciesen en el propósito del corazón en el Señor.24Porque era varón bueno, y lleno de Espíritu Santo y de fe: y mucha compañía fué agregada al Señor.25Después partió Bernabé á Tarso á buscar á Saulo; y hallado, le trajo á Antioquía.26Y conversaron todo un año allí con la iglesia, y enseñaron á mucha gente; y los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquía.27Y en aquellos días descendieron de Jerusalem profetas á Antioquía.28Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba á entender por Espíritu, que había de haber una grande hambre en toda la tierra habitada: la cual hubo en tiempo de Claudio.29Entonces los discípulos, cada uno conforme á lo que tenía, determinaron enviar subsidio á los hermanos que habitaban en Judea:30Lo cual asimismo hicieron, enviándolo á los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
1Y EN el mismo tiempo el rey Herodes echó mano á maltratar algunos de la iglesia.2Y mató á cuchillo á Jacobo, hermano de Juan.3Y viendo que había agradado á los Judíos, pasó adelante para prender también á Pedro. Eran entonces los días de los ázimos.4Y habiéndole preso, púsole en la cárcel, entregándole á cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pueblo después de la Pascua.5Así que, Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacía sin cesar oración á Dios por él.6Y cuando Herodes le había de sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta, que guardaban la cárcel.

La puerta de la gracia, cerrada a los judíos como pueblo de Dios a causa de la muerte de Esteban, se abrió a las naciones. Muchos griegos se convirtieron al Señor (v. 20, 21). Jesús había visto de antemano ese fruto de su obra cuando precisamente unos griegos desearon verlo (Juan 12:20-26).

En Antioquía se constituyó entonces una iglesia próspera, en la cual Bernabé y Saulo ejercieron su ministerio durante un año. Allí, viendo el testimonio de esos creyentes, se les dio el nombre de su Señor, llamándolos por primera vez “cristianos”. Es un honor y también una responsabilidad llevar el nombre mismo de Cristo. Pero hoy en día, de la multitud de personas bautizadas que se hacen llamar por el hermoso título de cristianos, ¿cuántas lo son verdaderamente?

El amor fraternal de esos creyentes de Antioquía se manifestó enviando donaciones a los hermanos de Judea, quienes iban a tener que sufrir aún, pues Herodes Agripa I (12:1) era digno sucesor de su tío Herodes Antipas (Lucas 13:31-32; 23:11…), y de su abuelo Herodes el Grande (Mateo 2). Su crueldad y el deseo de agradar a los judíos le incitaron a matar a Jacobo, el hermano de Juan, y a echar a Pedro en la cárcel (comp. 12:3 y Marcos 6:26).

Hechos 12:7-25
7Y he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel; é hiriendo á Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos.8Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme.9Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, mas pensaba que veía visión.10Y como pasaron la primera y la segunda guardia, vinieron á la puerta de hierro que va á la ciudad, la cual se les abrió de suyo: y salidos, pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de él.11Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los Judíos que me esperaba.12Y habiendo considerado esto, llegó á casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.13Y tocando Pedro á la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar, llamada Rhode:14La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo adentro, dió nueva de que Pedro estaba al postigo.15Y ellos le dijeron: Estás loca. Mas ella afirmaba que así era. Entonces ellos decían: Su ángel es.16Mas Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, viéronle, y se espantaron.17Mas él haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto á Jacobo y á los hermanos. Y salió, y partió á otro lugar.18Luego que fué de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué se había hecho de Pedro.19Mas Herodes, como le buscó y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar. Después descendiendo de Judea á Cesarea, se quedó allí.20Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y los de Sidón: mas ellos vinieron concordes á él, y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey.21Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y arengóles.22Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre.23Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dió la gloria á Dios; y espiró comido de gusanos.24Mas la palabra del Señor crecía y era multiplicada.25Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalem cumplido su servicio, tomando también consigo á Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.

Ni las cadenas, ni los dieciséis soldados, ni las intenciones criminales de Herodes impidieron que Pedro durmiera apaciblemente en la cárcel. Tampoco ningún obstáculo pudo impedir que el Señor liberara a su amado siervo (Salmo 121:4). Un ángel lo despertó y lo sacó con poder y prontitud (v. 7, 8, 10). ¡Cuán fácil es todo cuando Dios es quien obra! Él conocía la criminal espera del “pueblo de los judíos” (v. 11), pero también había escuchado las fervientes oraciones de la iglesia a favor de Pedro, y estas últimas prevalecieron. Es triste que cuando la respuesta llegó con el apóstol en persona, faltó la fe para reconocerlo. ¡Cuán a menudo oramos superficialmente, sin esperar realmente el objeto de nuestra petición! ¡Cuántas veces dudamos… mientras la respuesta ya está a la puerta!

Sordo a todas las advertencias divinas, Herodes prestó oído complacido a las adulaciones de los de Tiro y Sidón, quienes por razones políticas buscaban la amistad de aquel homicida. No dio la gloria a Dios, por lo cual repentinamente fue herido y murió de una manera terrible delante de todos. En cambio la Palabra del Señor, a quien Herodes había atacado en su locura, se extendió más que nunca (v. 24).

Hechos 13:1-12
1HABIA entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y doctores: Bernabé, y Simón el que se llamaba Niger, y Lucio Cireneo, y Manahén, que había sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.2Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme á Bernabé y á Saulo para la obra para la cual los he llamado.3Entonces habiendo ayunado y orado, y puesto las manos encima de ellos, despidiéronlos.4Y ellos, enviados así por el Espíritu Santo, descendieron á Seleucia: y de allí navegaron á Cipro.5Y llegados á Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judíos: y tenían también á Juan en el ministerio.6Y habiendo atravesado toda la isla hasta Papho, hallaron un hombre mago, falso profeta, Judío, llamado Bar jesús;7El cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando á Bernabé y á Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.8Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.9Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos,10Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?11Ahora pues, he aquí la mano del Señor es contra ti, y serás ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayeron en él obscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quién le condujese por la mano.12Entonces el procónsul, viendo lo que había sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.

Aquí empieza una nueva división del libro de los Hechos. La iglesia de Antioquía viene a ser el punto de partida de la obra que se cumplirá entre las naciones. Bernabé y Saulo se fueron, llamados y apartados por el Espíritu Santo y acompañados por las oraciones de la iglesia. Su primera estación fue la isla de Chipre, de la cual Bernabé era oriundo (4:36). Al llegar a Pafos, los apóstoles fueron convocados por el procónsul Sergio Paulo, el más alto funcionario romano de la isla. Este “varón prudente” conocía al Dios de los judíos y deseaba oír su Palabra. Pero estaba aconsejado por un inquietante personaje: Elimas, mago judío, quien ejerciendo una actividad abominable a los ojos de Dios (véase Deuteronomio 18:9-10), aprovechaba las necesidades espirituales de Sergio Paulo para influir nefastamente sobre él. La oposición de ese hombre produjo precisamente lo que buscaba impedir y permitió que Pablo –llamado así por primera vez– diera al procónsul una prueba del poder del Señor castigando al falso profeta.

Elimas es una figura del pueblo judío, el cual a causa de su resistencia al Espíritu de Dios ha sido enceguecido “por algún tiempo”, para beneficio de las naciones.

Hechos 13:13-31
13Y partidos de Papho, Pablo y sus compañeros arribaron á Perge de Pamphylia: entonces Juan, apartándose de ellos, se volvió á Jerusalem.14Y ellos pasando de Perge, llegaron á Antioquía de Pisidia, y entrando en la sinagoga un día de sábado, sentáronse.15Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron á ellos, diciendo: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.16Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dice: Varones Israelitas, y los que teméis á Dios, oid:17El Dios del pueblo de Israel escogió á nuestros padres, y ensalzó al pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella.18Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto;19Y destruyendo siete naciones en la tierra de Canaán, les repartió por suerte la tierra de ellas.20Y después, como por cuatrocientos y cincuenta años, dió les jueces hasta el profeta Samuel.21Y entonces demandaron rey; y les dió Dios á Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años.22Y quitado aquél, levantóles por rey á David, el que dió también testimonio, diciendo: He hallado á David, hijo de Jessé, varón conforme á mi corazón, el cual hará todo lo que yo quiero.23De la simiente de éste, Dios, conforme á la promesa, levantó á Jesús por Salvador á Israel;24Predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de arrepentimiento á todo el pueblo de Israel.25Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí, viene tras mí uno, cuyo calzado de los pies no soy digno de desatar.26Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen á Dios, á vosotros es enviada la palabra de esta salud.27Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo á éste, y las voces de los profetas que se leen todos los sábados, condenándo les, las cumplieron.28Y sin hallar en él causa de muerte, pidieron á Pilato que le matasen.29Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro.30Mas Dios le levantó de los muertos.31Y él fué visto por muchos días de los que habían subido juntamente con él de Galilea á Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo.

Los apóstoles, prosiguiendo su viaje, llegaron a Panfilia. Pero allí Juan, llamado también Marcos (12:12), los abandonó y volvió a Jerusalén. Su fe no estaba a la altura del servicio para el cual se comprometió ni de las dificultades que entreveía. No basta con acompañar o imitar a un siervo de Dios. Incluso en una obra en común, cada uno tiene su propia responsabilidad ante el Señor y sólo puede andar con su fe personal.

Al dirigirse a los judíos en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, Pablo, como Esteban, recordó la historia de Israel y mostró cómo Dios había cumplido en Jesús las promesas hechas a David (Salmo 132:11). David era precisamente una figura preciosa del Salvador que debía descender de él (v. 23). Porque en contraste con Saúl, rey según la carne, Dios había escogido en la persona de David a un hombre según su corazón, quien haría todo lo que él quería (v. 22).

Todo concordaba para reconocer y designar a Jesús como el Mesías: el testimonio de Juan después del de todos los profetas, el cumplimiento de las Escrituras por su muerte, pese a que ningún crimen fue hallado en él (v. 28; Isaías 53:9), y por encima de todo su resurrección (v. 30).

Hechos 13:32-52
32Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa que fué hecha á los padres,33La cual Dios ha cumplido á los hijos de ellos, á nosotros, resucitando á Jesús: como también en el salmo segundo está escrito: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.34Y que le levantó de los muertos para nunca más volver á corrupción, así lo dijo: Os daré las misericordias fieles de David.35Por eso dice también en otro lugar: No permitirás que tu Santo vea corrupción.36Porque á la verdad David, habiendo servido en su edad á la voluntad de Dios, durmió, y fué juntado con sus padres, y vió corrupción.37Mas aquel que Dios levantó, no vió corrupción.38Séaos pues notorio, varones hermanos, que por éste os es anunciada remisión de pecados,39Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en éste es justificado todo aquel que creyere.40Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas;41Mirad, oh menospreciadores, y entonteceos, y desvaneceos; Porque yo obro una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare.42Y saliendo ellos de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras.43Y despedida la congregación, muchos de los Judíos y de los religiosos prosélitos siguieron á Pablo y á Bernabé; los cuales hablándoles, les persuadían que permaneciesen en la gracia de Dios.44Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad á oir la palabra de Dios.45Mas los Judíos, visto el gentío, llenáronse de celo, y se oponían á lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando.46Entonces Pablo y Bernabé, usando de libertad, dijeron: A vosotros á la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos á los Gentiles.47Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los Gentiles, Para que seas salud hasta lo postrero de la tierra.48Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor: y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.49Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia.50Mas los Judíos concitaron mujeres pías y honestas, y á los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de sus términos.51Ellos entonces sacudiendo en ellos el polvo de sus pies, vinieron á Iconio.52Y los discípulos estaban llenos de gozo, y del Espíritu Santo.

“Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación”, escribiría el apóstol Pablo a los Corintios (1 Corintios 15:14). No nos extrañemos, pues, al verlo insistir tanto en la resurrección del Señor Jesús. A los judíos ella les demostraba que él era el Mesías prometido, Aquel de quien habla el Salmo 16 y otras Escrituras (v. 34-35). A los paganos les confirmaba el poder de Dios y la inminencia de su juicio (17:31). A nosotros, los creyentes, la presencia de nuestro Redentor vivo en la gloria nos garantiza que su obra ha sido aceptada por Dios para nuestra justificación (Romanos 4:25), que nuestra porción es celestial (Colosenses 3:1-2) y que nuestra esperanza es segura y firme (Hebreos 6:18-20).

Por desgracia “el Evangelio” sólo encontró contradicción y blasfemia por parte de los desdichados judíos (v. 45). Entonces, obedeciendo la orden del Señor, los apóstoles se volvieron solemnemente a las naciones, confirmando que la remisión de pecados es para “todo aquel que cree” (v. 38, 39).

Aquellos judíos se juzgaban indignos de la vida eterna (v. 46). Y esto por incredulidad, mas no por humildad. El Señor los había designado bajo la figura del hijo mayor en la parábola del hijo pródigo (Lucas 15:25). Éste en su egoísmo y su propia justicia se privaba voluntariamente de la alegría de la casa paterna.

Hechos 14:1-28
1Y ACONTECIO en Iconio, que entrados juntamente en la sinagoga de los Judíos, hablaron de tal manera, que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos.2Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron y corrompieron los ánimos de los Gentiles contra los hermanos.3Con todo eso se detuvieron allí mucho tiempo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio á la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos.4Mas el vulgo de la ciudad estaba dividido; y unos eran con los Judíos, y otros con los apóstoles.5Y haciendo ímpetu los Judíos y los Gentiles juntamente con sus príncipes, para afrentarlos y apedrearlos,6Habiéndolo entendido, huyeron á Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra alrededor.7Y allí predicaban el evangelio.8Y un hombre de Listra, impotente de los pies, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jamás había andado.9Este oyó hablar á Pablo; el cual, como puso los ojos en él, y vió que tenía fe para ser sano,10Dijo á gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y saltó, y anduvo.11Entonces las gentes, visto lo que Pablo había hecho, alzaron la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses semejantes á hombres han descendido á nosotros.12Y á Bernabé llamaban Júpiter, y á Pablo, Mercurio, porque era el que llevaba la palabra.13Y el sacerdote de Júpiter, que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, quería con el pueblo sacrificar.14Y como lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rotas sus ropas, se lanzaron al gentío, dando voces,15Y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes á vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, y la mar, y todo lo que está en ellos:16El cual en las edades pasadas ha dejado á todas las gentes andar en sus caminos;17Si bien no se dejó á sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, hinchiendo de mantenimiento y de alegría nuestros corazones.18Y diciendo estas cosas, apenas apaciguaron el pueblo, para que no les ofreciesen sacrificio.19Entonces sobrevinieron unos Judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron á la multitud, y habiendo apedreado á Pablo, le sacaron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.20Mas rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad y un día después, partió con Bernabé á Derbe.21Y como hubieron anunciado el evangelio á aquella ciudad, y enseñado á muchos, volvieron á Listra, y á Iconio, y á Antioquía,22Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles á que permaneciesen en la fe, y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.23Y habiéndoles constituído ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en el cual habían creído.24Y pasando por Pisidia vinieron á Pamphylia.25Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron á Atalia;26Y de allí navegaron á Antioquía, donde habían sido encomendados á la gracia de Dios para la obra que habían acabado.27Y habiendo llegado, y reunido la iglesia, relataron cuán grandes cosas había Dios hecho con ellos, y cómo había abierto á los Gentiles la puerta de la fe.28Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.

En Iconio la Palabra produjo el mismo doble efecto que anteriormente: fe en un gran número de personas y oposición en otros. En cuanto a los apóstoles, hablaban con denuedo. ¿Cuál era el secreto de su ánimo? Estaban “confiados en el Señor”, quien cooperaba con ellos confirmando la Palabra con milagros y prodigios (comp. v. 3 y Marcos 16:20). La curación del hombre cojo en Listra, después de que los apóstoles habían sido echados de Iconio, produjo una fuerte impresión en los paganos de aquella ciudad. Éstos se dispusieron a adorar como dioses a los hombres, a quienes otros habían intentado apedrear en Iconio. A los ojos de los apóstoles, su nueva situación era aun peor que la anterior. Horrorizados, exhortaron a esos idólatras a volverse al Dios vivo (comp. 12:22, 23). ¡Pero los sentimientos de la multitud son tan contradictorios! Pronto los judíos llegados de Iconio les hicieron cambiar de opinión y apedrearon a Pablo con el consentimiento de todos. Salvaguardado por el Señor, el fiel siervo no se asustó ni se desanimó. Tranquilamente prosiguió su ministerio, volviendo por las ciudades en las cuales el Evangelio ya había sido anunciado. Así terminó el primer viaje misionero. Los apóstoles contaron a la iglesia todas las cosas gloriosas que Dios había hecho con ellos.

Hechos 15:1-21
1ENTONCES algunos que venían de Judea enseñaban á los hermanos: Que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.2Así que, suscitada una disensión y contienda no pequeña á Pablo y á Bernabé contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé á Jerusalem, y algunos otros de ellos, á los apóstoles y á los ancianos, sobre esta cuestión.3Ellos, pues, habiendo sido acompañados de la iglesia, pasaron por la Fenicia y Samaria, contando la conversión de los Gentiles; y daban gran gozo á todos los hermanos.4Y llegados á Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia y de los apóstoles y de los ancianos: y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.5Mas algunos de la secta de los Fariseos, que habían creído, se levantaron, diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.6Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio.7Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los Gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen.8Y Dios, que conoce los corazones, les dió testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como á nosotros;9Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones.10Ahora pues, ¿por qué tentáis á Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?11Antes por la gracia del Señor Jesús creemos que seremos salvos, como también ellos.12Entonces toda la multitud calló, y oyeron á Bernabé y á Pablo, que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los Gentiles.13Y después que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones hermanos, oidme:14Simón ha contado cómo Dios primero visitó á los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre;15Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:16Después de esto volveré Y restauraré la habitación de David, que estaba caída; Y repararé sus ruinas, Y la volveré á levantar;17Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los Gentiles, sobre los cuales es llamado mi nombre, Dice el Señor, que hace todas estas cosas.18Conocidas son á Dios desde el siglo todas sus obras.19Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten á Dios, no han de ser inquietados;20Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicación, y de ahogado, y de sangre.21Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado.

Los creyentes de origen judío que componían las asambleas de Jerusalén y Judea experimentaron un gran gozo al oír sobre la conversión de las naciones (o gentiles). Pero algunos pensaban que para llegar a ser cristiano era necesario hacerse judío, es decir, circuncidarse y guardar la ley. Inmediatamente Pablo y Bernabé comprendieron el peligro que implicaba ese razonamiento, el mismo que más tarde obligaría al apóstol a escribir una carta severa a los gálatas. Volver a la esclavitud de la ley, les diría él, no es otra cosa que caer de la gracia (Gálatas 5:1-6). Las asambleas de Jerusalén y Antioquía corrían el peligro de dividirse por tal cuestión, mas Dios condujo los acontecimientos para que este asunto fuera debatido en Jerusalén y se salvaguardara la unidad de la Asamblea. Pedro y Jacobo tomaron la palabra y confirmaron que gentiles y judíos son salvados de una misma y única manera: “Por la gracia del Señor Jesús” (v. 11). Además no se debía inquietar a los nuevos convertidos con “débiles y pobres rudimentos” (v. 19; Gálatas 4:9). Sin embargo, Dios mantiene ciertos mandamientos que son anteriores al pueblo de Israel. Éstos son valederos para todos los tiempos y para todas las criaturas. Así, el abstenerse de sangre se remonta al diluvio (Génesis 9:4), y el respeto por el matrimonio a la misma creación (Mateo 19:4-8).

Hechos 15:22-41
22Entonces pareció bien á los apóstoles y á los ancianos, con toda la iglesia, elegir varones de ellos, y enviarlos á Antioquía con Pablo y Bernabé: á Judas que tenía por sobrenombre Barsabas, y á Silas, varones principales entre los hermanos;23Y escribir por mano de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, á los hermanos de los Gentiles que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, salud:24Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, á los cuales no mandamos;25Nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarlos á vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo,26Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.27Así que, enviamos á Judas y á Silas, los cuales también por palabra os harán saber lo mismo.28Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:29Que os abstengáis de cosas sacrificadas á ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.30Ellos entonces enviados, descendieron á Antioquía; y juntando la multitud, dieron la carta.31La cual, como leyeron, fueron gozosos de la consolación.32Judas también y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron á los hermanos con abundancia de palabra.33Y pasando allí algún tiempo, fueron enviados de los hermanos á los apóstoles en paz.34Mas á Silas pareció bien el quedarse allí.35Y Pablo y Bernabé se estaban en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos.36Y después de algunos días, Pablo dijo á Bernabé: Volvamos á visitar á los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están.37Y Bernabé quería que tomasen consigo á Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos;38Mas á Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Pamphylia, y no había ido con ellos á la obra.39Y hubo tal contención entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y Bernabé tomando á Marcos, navegó á Cipro.40Y Pablo escogiendo á Silas, partió encomendado de los hermanos á la gracia del Señor.41Y anduvo la Siria y la Cilicia, confirmando á las iglesias.

Los apóstoles y los ancianos reunidos en Jerusalén se ocuparon diligentemente del asunto que se les planteaba. Toda la iglesia estuvo de acuerdo con las conclusiones de Jacobo (v. 22, 25). La carta que enviaron por intermedio de Judas y Silas tranquilizó y consoló a los hermanos de Antioquía que habían sido perturbados (v. 24). Al mismo tiempo la visita de los dos siervos de Dios contribuyó mucho a la edificación de la iglesia (v. 32). Los esfuerzos del enemigo para turbar y provocar divisiones produjeron finalmente efectos opuestos. La fe de los discípulos fue fortalecida y los vínculos de comunión entre las iglesias se estrecharon. Una vez más el enemigo cayó en su propia trampa (Proverbios 11:18).

Después de haber solucionado toda dificultad, la obra del Señor pudo continuar. La solicitud de Pablo por las asambleas constituidas durante su primer viaje se manifestó al emprender otro viaje para ver cómo estaban espiritualmente los hermanos (comp. 2 Corintios 11:28): “Lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. Pero esta vez, Bernabé no fue con Pablo, por causa del desacuerdo surgido entre ellos acerca de Marcos, su sobrino. Más tarde Marcos volvería a merecer la confianza del apóstol y le sería “útil para el ministerio” (Colosenses 4:10; 2 Timoteo 4:11).

Hechos 16:1-15
1DESPUÉS llegó á Derbe, y á Listra: y he aquí, estaba allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer Judía fiel, mas de padre Griego.2De éste daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.3Este quiso Pablo que fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los Judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era Griego.4Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalem.5Así que, las iglesias eran confirmadas en fe, y eran aumentadas en número cada día.6Y pasando á Phrygia y la provincia de Galacia, les fué prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.7Y como vinieron á Misia, tentaron de ir á Bithynia; mas el Espíritu no les dejó.8Y pasando á Misia, descendieron á Troas.9Y fué mostrada á Pablo de noche una visión: Un varón Macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa á Macedonia, y ayúdanos.10Y como vió la visión, luego procuramos partir á Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.11Partidos pues de Troas, vinimos camino derecho á Samotracia, y el día siguiente á Neápolis;12Y de allí á Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días.13Y un día de sábado salimos de la puerta junto al río, donde solía ser la oración; y sentándonos, hablamos á las mujeres que se habían juntado.14Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura en la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta á lo que Pablo decía.15Y cuando fué bautizada, y su familia, nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y constriñónos.

Pablo llegó a Derbe y Listra donde se habían constituido iglesias durante su primer viaje. Allí vemos al joven Timoteo, cuyo nombre significa «honrado por Dios». Éste había sido instruido en el conocimiento de las Sagradas Escrituras por una madre y una abuela piadosas (2 Timoteo 1:5; 3:15). ¡Feliz preparación para el servicio que en adelante debería cumplir con el apóstol, como un hijo que sirve a su padre! (Filipenses 2:22).

El “nos”, empleado desde el versículo 10 muestra que Lucas, el autor del libro, a partir de ese momento se unió a ellos en la obra del Señor. Observando el mapa podemos darnos cuenta de que después de haber tratado de ir primero a la izquierda, a la provincia de Asia (la región de Efeso), y luego a la derecha, a Bitinia, el apóstol y sus compañeros fueron llamados por el Espíritu a ir al frente de ellos, hacia Macedonia, al otro lado del mar Egeo. Cuando Dios cierra las puertas, el siervo obediente no debe insistir, sino esperar las directrices de arriba.

Filipos fue la primera ciudad de Europa que oyó el Evangelio; y la primera conversión mencionada es la de Lidia. El Señor abrió el corazón de esta mujer para que estuviese atenta… Pidámosle que abra también el nuestro y que nos guarde de toda distracción cada vez que la Palabra nos sea presentada.

Hechos 16:16-40
16Y aconteció, que yendo nosotros á la oración, una muchacha que tenía espíritu pitónico, nos salió al encuentro, la cual daba grande ganancia á sus amos adivinando.17Esta, siguiendo á Pablo y á nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud.18Y esto hacía por muchos días; mas desagradando á Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora.19Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron á Pablo y á Silas, y los trajeron al foro, al magistrado;20Y presentándolos á los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo Judíos, alborotan nuestra ciudad,21Y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos Romanos.22Y agolpóse el pueblo contra ellos: y los magistrados rompiéndoles sus ropas, les mandaron azotar con varas.23Y después que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia:24El cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro; y les apretó los pies en el cepo.25Mas á media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos á Dios: y los que estaban presos los oían.26Entonces fué hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos soltaron.27Y despertado el carcelero, como vió abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se quería matar, pensando que los presos se habían huído.28Mas Pablo clamó á gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal; que todos estamos aquí.29El entonces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse á los pies de Pablo y de Silas;30Y sacándolos fuera, le dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo?31Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa.32Y le hablaron la palabra del Señor, y á todos los que estan en su casa.33Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes; y se bautizó luego él, y todos los suyos.34Y llevándolos á su casa, les puso la mesa: y se gozó de que con toda su casa había creído á Dios.35Y como fué, día, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Deja ir á aquellos hombres.36Y el carcelero hizo saber estas palabras á Pablo: Los magistrados han enviado á decir que seás sueltos: así que ahora salid, é id en paz.37Entonces Pablo les dijo: Azotados públicamente sin ser condenados, siendo hombres Romanos, nos echaron en la cárcel; y ¿ahora nos echan encubiertamente? No, de cierto, sino vengan ellos y sáquennos.38Y los alguaciles volvieron á decir á los magistrados estas palabras: y tuvieron miedo, oído que eran Romanos.39Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que se saliesen de la ciudad.40Entonces salidos de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto á los hermanos, los consolaron, y se salieron.

La liberación de la muchacha que tenía espíritu de adivinación acarreó torturas y prisiones a los dos siervos de Dios. Con razón podían pensar que en Macedonia, adonde se les había llamado para ayudar, se les tributaba una extraña acogida (v. 9). Pero en esa oportunidad Pablo puso en práctica lo que recomendaría más tarde a los cristianos de aquella ciudad. “Regocijaos en el Señor siempre” (Filipenses 4:4). Llenos de heridas, Pablo y Silas pudieron cantar en la prisión. Por supuesto que jamás en esos siniestros muros habían resonado semejantes ecos. ¡Qué testimonio daban esos cánticos a los oyentes! Cuanto más difíciles sean nuestras circunstancias, cuanto más nuestra paz y gozo hablarán a los que nos conocen. Por esa razón, a menudo, el Señor nos envía tribulaciones.

A este fiel testimonio, Dios agregó el suyo liberando a los prisioneros. Temblando, el carcelero exclamó: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”. La respuesta, maravillosamente simple, se dirige a toda alma angustiada: “Cree en el Señor Jesucristo…” (v. 30, 31). Y, en consecuencia, el gozo llenó aquella casa.

Después de esa memorable noche, los apóstoles fueron liberados oficialmente y abandonaron la ciudad, después de haber exhortado una vez más “a los hermanos”.

Hechos 17:1-15
1Y PASANDO por Amphípolis y Apolonia, llegaron á Tesalónica, donde estaba la sinagoga de los Judíos.2Y Pablo, como acostumbraba, entró á ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras,3Declarando y proponiendo, que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, el cual yo os anuncio, decía él, éste era el Cristo.4Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los Griegos religiosos grande multitud, y mujeres nobles no pocas.5Entonces los Judíos que eran incrédulos, teniendo celos, tomaron consigo á algunos ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y acometiendo á la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.6Mas no hallándolos, trajeron á Jasón y á algunos hermanos á los gobernadores de la ciudad, dando voces: Estos que alborotan el mundo, también han venido acá;7A los cuales Jasón ha recibido; y todos estos hacen contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.8Y alborotaron al pueblo y á los gobernadores de la ciudad, oyendo estas cosas.9Mas recibida satisfacción de Jasón y de los demás, los soltaron.10Entonces los hermanos, luego de noche, enviaron á Pablo y á Silas á Berea; los cuales habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los Judíos.11Y fueron estós más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.12Así que creyeron muchos de ellos; y mujeres Griegas de distinción, y no pocos hombres.13Mas como entendieron los Judíos de Tesalónica que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron, y también allí tumultuaron al pueblo.14Empero luego los hermanos enviaron á Pablo que fuese como á la mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí.15Y los que habían tomado á cargo á Pablo, le llevaron hasta Atenas; y tomando encargo para Silas y Timoteo, que viniesen á él lo más presto que pudiesen, partieron.

De Filipos, Pablo y sus compañeros fueron a Tesalónica, otra ciudad de Macedonia. Algunos judíos y muchos griegos, entre los cuales se hallaban mujeres nobles, recibieron la Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 1:5). Pero la mayoría de los judíos, incitados por Satanás, instigaron al pueblo en contra de los predicadores del Evangelio. Para ese fin no vacilaron en servirse de gente desalmada, a la que, sin embargo, despreciaban, ni en retomar ante los magistrados el argumento utilizado años atrás frente a Pilato: “No tenemos más rey que César” (v. 7; Juan 19:15).

La temporada que Pablo pasó en Tesalónica fue breve, aproximadamente unas tres semanas. Pero Dios lo permitió así para nuestro provecho, pues por esa razón más tarde el apóstol se vio obligado a completar su enseñanza por medio de dos epístolas muy ricas en instrucciones para todos nosotros.

En Berea los judíos fueron más nobles y rectos. En lugar de dejarse enceguecer por los celos (v. 5), trataron de afianzar su fe estudiando cada día la Palabra, cuya autoridad soberana reconocieron (v. 11; Juan 5:39).

Recomendamos expresamente a cada uno de nuestros lectores a seguir ese ejemplo, que es la meta de estas pequeñas meditaciones diarias.

Hechos 17:16-34
16Y esperándolos Pablo en Atenas, su espíritu se deshacía en él viendo la ciudad dada á idolatría.17Así que, disputaba en la sinagoga con los Judíos y religiosos; y en la plaza cada día con los que le ocurrían.18Y algunos filósofos de los Epicúreos y de los Estóicos, disputaban con él; y unos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses: porque les predicaba á Jesús y la resurrección.19Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué sea esta nueva doctrina que dices?20Porque pones en nuestros oídos unas nuevas cosas: queremos pues saber qué quiere ser esto.21(Entonces todos los Atenienses y los huéspedes extranjeros, en ningun otra cosa entendían, sino ó en decir ó en oir alguna cosa nueva.)22Estando pues Pablo en medio del Areópago, dijo: Varones Atenienses, en todo os veo como más superticiosos;23Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Aquél pues, que vosotros honráis sin conocerle, á éste os anuncio yo.24El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, éste, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos,25Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues él da á todos vida, y respiración, y todas las cosas;26Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de los habitación de ellos;27Para que buscasen á Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros:28Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de éste somos también.29Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser semejante á oro, ó á plata, ó á piedra, escultura de artificio ó de imaginación de hombres.30Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia á todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan:31Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle levantado de los muertos.32Y así como oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez.33Y así Pablo se salió de en medio de ellos.34Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales también fué Dionisio el del Areópago, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.

Al quedar solo en Atenas, Pablo no se dejó distraer por sus monumentos y esculturas. Su corazón se enardeció al descubrir que esa ciudad, célebre por su cultura, estaba entregada a la más pavorosa idolatría. En el ágora (plaza pública de las ciudades griegas), Pablo encontró a los filósofos de distintas escuelas universalmente conocidas por su sabiduría. La inteligencia ha sido dada al hombre para discernir el eterno poder y la deidad de su Creador (Romanos 1:20). Pero la ignorancia de aquellos espíritus eminentes confirma que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Corintios 1:21). En medio de ellos había un altar al “Dios no conocido”. Empezando por el principio, Pablo les habló del “Señor del cielo y de la tierra” (v. 24) que se ha revelado no sólo en la creación, sino también en la redención. Ese Dios soberano “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (v. 30). Así que absolutamente nadie puede pretender que esa orden divina no le concierne.

La curiosidad intelectual no tiene nada en común con la verdadera necesidad del alma. Algunos oyentes de Pablo se burlaron abiertamente de él; otros dejaron para más tarde el examinar estas cosas. Pero algunos creyeron. Este aún es hoy el triple efecto producido por la predicación del Evangelio.

Hechos 18:1-11
1PASADAS estas cosas, Pablo partió de Atenas, y vino á Corinto.2Y hallando á un Judío llamado Aquila, natural del Ponto, que hacía poco que había venido de Italia, y á Priscila su mujer, (porque Claudio había mandado que todos los Judíos saliesen de Roma) se vino á ellos;3Y porque era de su oficio, posó con ellos, y trabajaba; porque el oficio de ellos era hacer tiendas.4Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadía á Judíos y á Griegos.5Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba constreñido por la palabra, testificando á los Judíos que Jesús era el Cristo.6Mas contradiciendo y blasfemando ellos, les dijo: sacudiendo sus vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré á los Gentiles.7Y partiendo de allí, entró en casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la casa del cual estaba junto á la sinagoga.8Y Crispo, él prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa: y muchos de los Corintios oyendo creían, y eran bautizados.9Entonces él Señor dijo de noche en visión á Pablo: No temas, sino habla, y no calles:10Porque yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal; porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.11Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.

En Corinto Pablo tuvo el feliz encuentro con Aquila y Priscila, una pareja de judíos. Convertidos a Cristo, llegaron a ser particularmente preciosos para el apóstol; hasta expusieron sus vidas por él en circunstancias que no nos han sido relatadas (Romanos 16:4). Corinto era una ciudad famosa por la corrupción moral y por su lujo. El apóstol y sus amigos no quisieron depender de esa riqueza y dieron ejemplo trabajando con sus propias manos (v. 3, comp. 1 Corintios 9:15, 18; 2 Corintios 11:8-9).

Ante la oposición de los judíos, Pablo se desligó de su responsabilidad para con ellos y les declaró que se iría a las naciones (v. 6). Pero en Romanos 9:2-5 vemos cuánto sufría el apóstol por tener que hablarles así. Entonces el Señor dio ánimo a su amado siervo y le reveló que si su pueblo terrenal no respondía a su llamado, él tenía en esa ciudad “mucho pueblo” para el cielo (v. 10). Precisamente en esa ciudad disoluta el Señor se complació en juntar un gran número de creyentes, como lo confirman las dos epístolas que les serían dirigidas. Esto prueba que en esa ciudad donde había tanta abundancia, ni las riquezas ni los placeres podían satisfacer las verdaderas necesidades del corazón de los hombres.

Hechos 18:12-28
12Y siendo Galión procónsul de Acaya, los Judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal,13Diciendo: Que éste persuade á los hombres á honrar á Dios contra la ley.14Y comenzando Pablo á abrir la boca, Galión dijo á los Judíos: Si fuera algún agravio ó algún crimen enorme, oh Judíos, conforme á derecho yo os tolerara:15Mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas.16Y los echó del tribunal.17Entonces todos los Griegos tomando á Sóstenes, prepósito de la sinagoga, le herían delante del tribunal: y á Galión nada se le daba de ello.18Mas Pablo habiéndose detenido aún allí muchos días, después se despidió de los hermanos, y navegó á Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose trasquilado la cabeza en Cencreas, porque tenía voto.19Y llegó á Efeso, y los dejó allí: y él entrando en la sinagoga, disputó con los Judíos,20Los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió.21Sino que se despidió de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso tenga la fiesta que viene, en Jerusalem; mas otra vez volveré á vosotros, queriendo Dios. Y partió de Efeso.22Y habiendo arribado á Cesarea subió á Jerusalem; y después de saludar á la iglesia, descendió á Antioquía.23Y habiendo estado allí algún tiempo, partió, andando por orden la provincia de Galacia, y la Phrygia, confirmando á todos los discípulos.24Llegó entonces á Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.25Este era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan.26Y comenzó á hablar confiadamente en la sinagoga: al cual como oyeron Priscila y Aquila, le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios.27Y queriendo él pasar á Acaya, los hermanos exhortados, escribieron á los discípulos que le recibiesen; y venido él, aprovechó mucho por la gracia á los que habían creído:28Porque con gran vehemencia convencía públicamente á los Judíos, mostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

Las maquinaciones de los judíos y sus acusaciones ante Galión no impidieron que Pablo prosiguiera su obra en Corinto. El Señor lo protegió según su promesa (v. 10).

Después volvió a ponerse en camino; pasó por Efeso, donde dejó a Priscila y Aquila; luego zarpó para Cesarea; de allí subió a Jerusalén y luego descendió a Antioquía, terminando así su segundo viaje misionero.

A partir del versículo 23 empieza el tercer viaje del incansable apóstol. Atravesó de nuevo Frigia y Galacia, donde se habían constituido iglesias que le ocasionaban muchas preocupaciones (Gálatas 1:2; 4:11). “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros”.

Para entonces había llegado a Efeso otro siervo de Dios: Apolos, predicador notable por su elocuencia y poder para presentar la Palabra de Dios. Éstos eran el resultado de su fervor (v. 25), porque sólo se habla bien de lo que llena el corazón. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34-35). Además, “enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor”. Pero sus dones no fueron obstáculo para que aceptara humildemente las explicaciones de Priscila y Aquila en cuanto a las verdades que ignoraba. Estuvo dispuesto a escuchar; y su servicio en Acaya, adonde se dirigió después, fue muy útil y de gran provecho.

Hechos 19:1-22
1Y ACONTECIO que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino á Efeso, y hallando ciertos discípulos,2Díjoles: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo.3Entonces dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.4Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es á saber, en Jesús el Cristo.5Oído que hubieron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.6Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.7Y eran en todos como unos doce hombres.8Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios.9Mas endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, apartándose Pablo de ellos separó á los discípulos, disputando cada día en la escuela de un cierto Tyranno.10Y esto fué por espacio de dos años; de manera que todos los que habitaban en Asia, Judíos y Griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.11Y hacía Dios singulares maravillas por manos de Pablo:12De tal manera que aun se llevaban sobre los enfermos los sudarios y los pañuelos de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espíritus salían de ellos.13Y algunos de los Judíos, exorcistas vagabundos, tentaron á invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que Pablo predica.14Y había siete hijos de un tal Sceva, Judío, príncipe de los sacerdotes, que hacían esto.15Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco y sé quién es Pablo: mas vosotros ¿quiénes sois?16Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando en ellos, y enseñoreándose de ellos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.17Y esto fué notorio á todos, así Judíos como Griegos, los que habitaban en Efeso: y cayó temor sobre todos ellos, y era ensalzado el nombre del Señor Jesús.18Y muchos de los que habían creído, venían, confesando y dando cuenta de sus hechos.19Asimismo muchos de los que habían practicado vanas artes, trajeron los libros, y los quemaron delante de todos; y echada la cuenta del precio de ellos, hallaron ser cincuenta mil denarios.20Así crecía poderosamente la palabra del Señor, y prevalecía.21Y acabadas estas cosas, se propuso Pablo en espíritu partir á Jerusalem, después de andada Macedonia y Acaya, diciendo: Después que hubiere estado allá me será menester ver también á Roma.22Y enviando á Macedonia á dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se estuvo por algún tiempo en Asia.

Fiel a su promesa (18:21), el apóstol Pablo llegó a Efeso, capital de la provincia de Asia. Allí permaneció tres años (20:31), sucediendo a Apolos, mientras este último regaba en Corinto, donde Pablo había plantado (18:27-28, 1 Corintios 3:6). Entre esos siervos de Dios no vemos celos ni reivindicaciones en cuanto a un campo de labor particular.

El bautismo de Juan, el único que conocían los efesios, preparaba a los judíos arrepentidos para recibir a un Mesías que reinaría sobre la tierra. El cristiano, al contrario, tiene una posición celestial; por el Espíritu Santo está puesto en relación con un Cristo muerto y resucitado; verdad subrayada muy especialmente en la epístola a los efesios.

La Palabra del Señor “crecía y prevalecía poderosamente”, no sólo a causa de los milagros cumplidos por el apóstol, sino por su autoridad sobre los corazones. Conducía a esos creyentes a confesar lo que habían hecho y a renunciar públicamente a la práctica de la magia. Llenos del “primer amor” (Apocalipsis 2:4), esos efesios renunciaron a participar más “en las obras infructuosas de las tinieblas” (Efesios 5:11).

Queridos amigos, ¿la Palabra de Dios muestra su poder al mundo mediante frutos visibles en nuestras vidas?

Hechos 19:23-41
23Entonces hubo un alboroto no pequeño acerca del Camino.24Porque un platero llamado Demetrio, el cual hacía de plata templecillos de Diana, daba á los artífices no poca ganancia;25A los cuales, reunidos con los oficiales de semejante oficio, dijo: Varones, sabéis que de este oficio tenemos ganancia;26Y veis y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, sino á muchas gentes de casi toda el Asia, ha apartado con persuasión, diciendo, que no son dioses los que se hacen con las manos.27Y no solamente hay peligro de que este negocio se nos vuelva en reproche, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience á ser destruída su majestad, la cual honra toda el Asia y el mundo.28Oídas estas cosas, llenáronse de ira, y dieron alarido diciendo: ­Grande es Diana de los Efesios!29Y la ciudad se llenó de confusión; y unánimes se arrojaron al teatro, arrebatando á Gayo y á Aristarco, Macedonios, compañeros de Pablo.30Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron.31También algunos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron á él rogando que no se presentase en el teatro.32Y otros gritaban otra cosa; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían juntado.33Y sacaron de entre la multitud á Alejandro, empujándole los Judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quería dar razón al pueblo.34Mas como conocieron que era Judío, fué hecha un voz de todos, que gritaron casi por dos horas: ­Grande es Diana de los Efesios!35Entonces el escribano, apaciguado que hubo la gente, dijo: Varones Efesios ¿y quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los Efesios es honradora de la gran diosa Diana, y de la imagen venida de Júpiter?36Así que, pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüéis, y que nada hagáis temerariamente;37Pues habéis traído á estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa.38Que si Demetrio y los oficiales que están con él tienen negocio con alguno, audiencias se hacen, y procónsules hay; acúsense los unos á los otros.39Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se pueda decidir.40Porque peligro hay de que seamos argüidos de sedición por hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso.41(G19-40) Y habiendo dicho esto, despidió la concurrencia.

En Efeso existía un espléndido templo consagrado a la diosa Diana, el cual figuraba entre las siete maravillas del mundo antiguo. Las visitas de los turistas y las miniaturas de plata vendidas como recuerdo generaban grandes ganancias a los artesanos de la ciudad. Evidentemente, la predicación del Evangelio perjudicaba este comercio, por eso los vemos asociarse para defender sus intereses dando hipócritamente a su acción un pretexto religioso (comp. con Apocalipsis 18:11). Es muy triste constatar que aun hoy en día muchas personas, en vez de buscar la verdad, se detienen en consideraciones materiales concernientes a su bienestar, pensando cómo obtener su “riqueza” (v. 25), o por la opinión de otros.

Ruidosos clamores se elevaron a favor de la diosa… demostrando solamente que ésta era incapaz de asumir su propia defensa, a pesar de su presumida grandeza (comp. 1 Reyes 18:26-29).

Aunque hoy el mundo se cree más evolucionado y esclarecido que antes, únicamente ha cambiado sus dioses, mas no sus corazones. Abundan los ídolos inanimados de los templos, los ídolos del deporte, del espectáculo, de la canción, etc. Las multitudes de hoy en día adoran y siguen a los que les son presentados por el jefe de este mundo, diestro en el arte de extraviar a las almas.

Hechos 20:1-16
1Y DESPUÉS que cesó el alboroto, llamando Pablo á los discípulos habiéndoles exhortado y abrazado, se despidió, y partió para ir á Macedonia.2Y andado que hubo aquellas partes, y exhortádoles con abundancia de palabra, vino á Grecia.3Y después de haber estado allí tres meses, y habiendo de navegar á Siria, le fueron puestas asechanzas por los Judíos; y así tomó consejo de volverse por Macedonia.4Y le acompañaron hasta Asia Sopater Bereense, y los Tesalonicenses, Aristarco y Segundo; y Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tychîco y Trófimo.5Estos yendo delante, nos esperaron en Troas.6Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos y vinimos á ellos á Troas en cinco días, donde estuvimos siete días.7Y el día primero de la semana, juntos los discípulos á partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente: y alargó el discurso hasta la media noche.8Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban juntos.9Y un mancebo llamado Eutichô que estaba sentado en la ventana, tomado de un sueño profundo, como Pablo disputaba largamente, postrado del sueño cayó del tercer piso abajo, y fué alzado muerto.10Entonces descendió Pablo, y derribóse sobre él, y abrazándole, dijo: No os alborotéis, que su alma está en él.11Después subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta el alba, y así partió.12Y llevaron al mozo vivo, y fueron consolados no poco.13Y nosotros subiendo en el navío, navegamos á Assón, para recibir de allí á Pablo; pues así había determinado que debía él ir por tierra.14Y como se juntó con nosotros en Assón, tomándole vinimos á Mitilene.15Y navegamos de allí, al día siguiente llegamos delante de Chîo, y al otro día tomamos puerto en Samo: y habiendo reposado en Trogilio, al día siguiente llegamos á Mileto.16Porque Pablo se había propuesto pasar adelante de Efeso, por no deternerse en Asia: porque se apresuraba por hacer el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalem.

La manifestación hostil en Efeso llevó a Pablo a abandonar esa ciudad (comp. Mateo 10:23). Después de haber ido a Grecia, pasando por Macedonia, volvió por el mismo camino y abordó en Troas. El relato que se halla en los versículos 7-12 confirma que la cena se celebraba el primer día de la semana, como hoy en día. El sueño de Eutico durante la predicación de Pablo puede parecernos inconcebible. Pero, ¿no es también el apóstol quien nos habla cuando leemos sus epístolas? ¿Qué atención le prestamos? Ese terrible accidente nos muestra, respecto del orden moral, hasta dónde puede conducirnos la indiferencia hacia la Palabra: una caída y un estado de muerte. Pero aquí la gracia de Dios concedió un milagro consolador.

Por analogía, esta escena también puede hacernos pensar en la historia de la Iglesia responsable. Su sueño, su ruina y su aparente muerte han sido el resultado de la indiferencia hacia la enseñanza de los apóstoles, contenida en el Nuevo Testamento. Sin embargo, el Señor permitió un despertar seguido de alimento y consuelo para los suyos mientras esperan el alba de la gran partida (el arrebatamiento).

Pablo dejó Troas, queriendo ir solo por tierra. ¡Subrayemos el beneficio de andar a solas con el Señor! Luego se reunió con sus compañeros en Asón, de donde zarpó en dirección a Jerusalén.

Hechos 20:17-38
17Y enviando desde Mileto á Efeso, hizo llamar á los ancianos de la iglesia.18Y cuando vinieron á él, les dijo: Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo,19Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos:20Cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,21Testificando á los Judíos y á los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo.22Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy á Jerusalem, sin saber lo que allá me ha de acontecer:23Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan.24Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.25Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.26Por tanto, yo os protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos:27Porque no he rehuído de anunciaros todo el consejo de Dios.28Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre.29Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al ganado;30Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí.31Por tanto, velad, acordándoos que por tres años de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas á cada uno.32Y ahora, hermanos, os encomiendo á Dios, y á la palabra de su gracia: el cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los santificados.33La plata, ó el oro, ó el vestido de nadie he codiciado.34Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y á los que están conmigo, estas manos me han servido.35En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar á los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir.36Y como hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos.37Entonces hubo un gran lloro de todos: y echándose en el cuello de Pablo, le besaban,38Doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro. Y le acompañaron al navío.

En Mileto, Pablo mandó llamar a los ancianos de Efeso para hacerles unas recomendaciones y despedirse. Les recordó lo que había sido su ministerio en medio de ellos y el ejemplo que se esforzó en darles. También les advirtió sobre los peligros que de afuera y de adentro amenazarían a la Iglesia (v. 29-30). ¿Cómo enfrentarlos? Los exhortó a estar vigilantes, pero sobre todo los encomendó a la gracia de Dios.

En lo que le concernía, el apóstol tenía un solo pensamiento: acabar fielmente su carrera (ésta era un asunto personal para él; comp. 2 Timoteo 4:7) y el “ministerio” (éste era el del Señor, comp. 1 Timoteo 1:12). Su vida no tenía otro sentido y estaba dispuesto a sacrificarla por la Iglesia que “muchas lágrimas” le había costado (v. 19 y 31, Colosenses 1:24). Pero, ¿qué era esto en comparación con el infinito valor que la Iglesia tiene para Dios? A él le costó nada menos que la sangre de su propio Hijo (v. 28, 1 Pedro 1:19). En este inmenso precio el apóstol hallaba el motivo de su abnegación y lo recordó a los ancianos de Efeso para recalcarles su propia responsabilidad.

Para terminar, Pablo citó un precioso dicho del Señor Jesús: “Más bienaventurado es dar que recibir” (v. 35). ¡Que podamos experimentarlo al imitar a Aquel que nos ha dado todo!

Hechos 21:1-14
1Y HABIENDO partido de ellos, navegamos y vinimos camino derecho á Coos, y al día siguiente á Rhodas, y de allí á Pátara.2Y hallando un barco que pasaba á Fenicia, nos embarcamos, y partimos.3Y como avistamos á Cipro, dejándola á mano izquierda, navegamos á Siria, y vinimos á Tiro: porque el barco había de descargar allí su carga.4Y nos quedamos allí siete días, hallados los discípulos, los cuales decían á Pablo por Espíritu, que no subiese á Jerusalem.5Y cumplidos aquellos días, salimos acompañándonos todos, con sus mujeres é hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, oramos.6Y abrazándonos los unos á los otros, subimos al barco, y ellos se volvieron á sus casas.7Y nosotros, cumplida la navegación, vinimos de Tiro á Tolemaida; y habiendo saludado á los hermanos, nos quedamos con ellos un día.8Y otro día, partidos Pablo y los que con él estábamos, vinimos á Cesarea: y entrando en casa de Felipe el evangelista, él cual era uno de los siete, posamos con él.9Y éste tenía cuatro hijas, doncellas, que profetizaban.10Y parando nosotros allí por muchos días, descendió de Judea un profeta, llamado Agabo;11Y venido á nosotros, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los Judíos en Jerusalem al varón cuyo es este cinto, y le entregarán en manos de los Gentiles.12Lo cual como oímos, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese á Jerusalem.13Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y afligiéndome el corazón? porque yo no sólo estoy presto á ser atado, mas aun á morir en Jerusalem por el nombre del Señor Jesús.14Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.

El amor fraternal se manifestó a lo largo del viaje del apóstol (v. 1, 6, 12…). En Tiro como en Mileto, Pablo se separó de los hermanos de cada una de estas ciudades, después de haber orado arrodillados en la playa (v. 5; 20:36-37). El Espíritu subraya la presencia de los niños, algo tan deseable en las reuniones.

En Cesarea Pablo se hospedó en casa de Felipe, quien se había establecido allí después de haber predicado en todas las ciudades desde Azoto, incluidas sin duda Lida y Jope (Hechos 8:40; 9:32, 36). Sus hijas también tenían un hermoso servicio para el Señor, pero no lo desempeñaban en la Iglesia (v. 9, comp. con 1 Corintios 14:3 y 34).

El afecto hacia los de su pueblo fue lo que guió al apóstol durante ese viaje. Pablo era portador de las ofrendas reunidas en las asambleas de Macedonia y Acaya, y deseaba llevarlas él mismo a Jerusalén (Romanos 15:25-26). Por esa razón no tuvo en cuenta las advertencias del Espíritu, las del profeta Agabo ni las súplicas de los hermanos (v. 4, 11-12; ver Hechos 11:28). No tenemos derecho a juzgarlo. Pero este relato nos es dado para enseñarnos que al escuchar sólo los propios sentimientos, por muy buenos que sean, el creyente puede apartarse del camino de dependencia del Señor. ¡Cuán seria es esta lección para cada uno de nosotros!

Hechos 21:15-32
15Y después de estos días, apercibidos, subimos á Jerusalem.16Y vinieron también con nosotros de Cesarea algunos de los discípulos, trayendo consigo á un Mnasón, Cyprio, discípulo antiguo, con el cual posásemos.17Y cuando llegamos á Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena voluntad.18Y al día siguiente Pablo entró con nosotros á Jacobo, y todos los ancianos se juntaron;19A los cuales, como los hubo saludado, contó por menudo lo que Dios había hecho entre los Gentiles por su ministerio.20Y ellos como lo oyeron, glorificaron á Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de Judíos hay que han creído; y todos son celadores de la ley:21Mas fueron informados acerca de ti, que enseñas á apartarse de Moisés á todos los Judíos que están entre los Gentiles, diciéndoles que no han de circuncidar á los hijos, ni andar según la costumbre.22¿Qué hay pues? La multitud se reunirá de cierto: porque oirán que has venido.23Haz pues esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen voto sobre sí:24Tomando á éstos contigo, purifícate con ellos, y gasta con ellos, para que rasuren sus cabezas, y todos entiendan que no hay nada de lo que fueron informados acerca de ti; sino que tú también andas guardando la ley.25Empero cuanto á los que de los Gentiles han creído, nosotros hemos escrito haberse acordado que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo que fue sacrificado á los ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación.26Entonces Pablo tomó consigo aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, hasta ser ofrecida ofrenda por cada uno de ellos.27Y cuando estaban para acabarse los siete días, unos Judíos de Asia, como le vieron en el templo, alborotaron todo el pueblo y le echaron mano,28Dando voces: Varones Israelitas, ayudad: Este es el hombre que por todas partes enseña á todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y además de esto ha metido Gentiles en el templo, y ha contaminado este lugar Santo.29Porque antes habían visto con él en la ciudad á Trófimo, Efesio, al cual pensaban que Pablo había metido en el templo.30Así que, toda la ciudad se alborotó, y agolpóse el pueblo; y tomando á Pablo, hiciéronle salir fuera del templo, y luego las puertas fueron cerradas.31Y procurando ellos matarle, fué dado aviso al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada;32El cual tomando luego soldados y centuriones, corrió á ellos. Y ellos como vieron al tribuno y á los soldados, cesaron de herir á Pablo.

Para ir de Grecia a Roma, el apóstol se había propuesto pasar por Jerusalén (Hechos 19:21). Pese a ese inoportuno rodeo, la voluntad del Señor se cumpliría (v. 14). El camino que elegimos nosotros mismos nunca es sencillo; podemos estar seguros de que en él encontraremos toda clase de complicaciones. Los ancianos de Jerusalén invitaron a Pablo a “judaizar” para tranquilizar a los creyentes judíos; así el apóstol se halló impulsado a contradecir su propia enseñanza. ¡Penoso dilema para él! Una vez más vemos hasta qué punto los cristianos de Jerusalén estaban apegados a su religión judía. Trataban de poner vino nuevo en odres viejos (Mateo 9:17). A esos israelitas “celosos por la ley”, el apóstol Santiago (Jacobo), mencionado en el versículo 18, les escribió sobre “la ley de la libertad” y de “la religión pura y sin mácula” (Santiago 1:27 y 2:12). Ésta no consiste en una purificación corporal (v. 24), sino en “guardarse sin mancha del mundo” y visitar a los afligidos.

Pablo se halló como atrapado en un engranaje. Fue al templo y se sometió a los ritos judaicos para agradar a sus hermanos de raza. Mas todo fue en vano, pues en esta actitud los judíos vieron una provocación e intentaron matarlo, alborotando la ciudad (v. 30).

Hechos 21:33-40; Hechos 22:1-11
33Entonces llegando el tribuno, le prendió, y le mandó atar con dos cadenas; y preguntó quién era, y qué había hecho.34Y entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra: y como no podía entender nada de cierto á causa del alboroto, le mandó llevar á la fortaleza.35Y como llegó á las gradas, aconteció que fué llevado de los soldados á causa de la violencia del pueblo;36Porque multitud de pueblo venía detrás, gritando: Mátale.37Y como comenzaron á meter á Pablo en la fortaleza, dice al tribuno: ¿Me será lícito hablarte algo? Y él dijo: ¿Sabes griego?38¿No eres tú aquel Egipcio que levantaste una sedición antes de estos días, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?39Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre Judío, ciudadano de Tarso, ciudad no obscura de Cilicia: empero ruégote que me permitas que hable al pueblo.40Y como él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho grande silencio, habló en lengua hebrea, diciendo:
1VARONES hermanos y padres, oid la razón que ahora os doy.2(Y como oyeron que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio.) Y dijo:3Yo de cierto soy Judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta ciudad á los pies de Gamaliel, enseñado conforme á la verdad de la ley de la patria, celoso de Dios, como todos vosotros sois hoy.4Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles hombres y mujeres:5Como también el príncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los ancianos; de los cuales también tomando letras á los hermanos, iba á Damasco para traer presos á Jerusalem aun á los que estuviesen allí, para que fuesen castigados.6Mas aconteció que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como á medio día, de repente me rodeó mucha luz del cielo:7Y caí en el suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?8Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, á quién tú persigues.9Y los que estaban conmigo vieron á la verdad la luz, y se espantaron; mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo.10Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve á Damasco, y allí te será dicho todo lo que te está señalado hacer.11Y como yo no viese por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, vine á Damasco.

Pablo fue arrebatado de la violencia de la multitud gracias a la intervención del tribuno, es decir, del comandante de la guarnición romana. Este último, que primero confundió al apóstol con un famoso bandido egipcio, se tranquilizó al oírlo hablar en griego y lo autorizó para dirigirse a la muchedumbre. Ante ella, y en medio de un solemne silencio, Pablo recordó su muy culpable pasado, pero en un sentido completamente opuesto al que los judíos entendían. Dotado de cualidades y ventajas poco comunes: “Hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo” (Filipenses 3:5), su reputación era la de un hombre piadoso e irreprochable. Pues bien, su celo religioso semejante al que animaba a los dirigentes de esa multitud lo había conducido, pese a las advertencias de su maestro Gamaliel, a luchar contra Dios (v. 3, Hechos 5:38-39). Entonces, desde el cielo le vino la terrible réplica: “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues”. Al herir a esos débiles cristianos, al perseguirlos hasta la muerte, él combatía al Hijo de Dios. Pero en lugar de castigarlo por su impía osadía, al mismo tiempo que le devolvió la vista, el Señor abrió los ojos de su corazón, haciendo de este hombre, apartado desde su nacimiento, un fiel instrumento para Dios. Le dio espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, alumbrando los ojos de su entendimiento (véase Efesios 1:17-18).

Hechos 22:12-30
12Entonces un Ananías, varón pío conforme á la ley, que tenía buen testimonio de todos los Judíos que allí moraban,13Viniendo á mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella hora le miré.14Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad, y vieses á aquel Justo, y oyeses la voz de su boca.15Porque has de ser testigo suyo á todos los hombres, de lo que has visto y oído.16Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.17Y me aconteció, vuelto á Jerusalem, que orando en el templo, fuí arrebatado fuera de mí.18Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prestamente fuera de Jerusalem; porque no recibirán tu testimonio de mí.19Y yo dije: Señor, ellos saben que yo encerraba en cárcel, y hería por las sinagogas á los que creían en ti;20Y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba presente, y consentía á su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.21Y me dijo: Ve, porque yo te tengo que enviar lejos á los Gentiles.22Y le oyeron hasta esta palabra: entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra á un tal hombre, porque no conviene que viva.23Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas y echando polvo al aire,24Mandó el tribuno que le llevasen á la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.25Y como le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar á un hombre Romano sin ser condenado?26Y como el centurión oyó esto, fué y dió aviso al tribuno, diciendo ¿Qué vas á hacer? porque este hombre es Romano.27Y viniendo el tribuno, le dijo: Dime, ¿eres tú Romano? Y él dijo: Sí.28Y respondió el tribuno: Yo con grande suma alcancé esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento.29Así que, luego se apartaron de él los que le habían de atormentar: y aun el tribuno también tuvo temor, entendido que era Romano, por haberle atado.30Y al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por qué era acusado de los Judíos, le soltó de las prisiones, y mandó venir á los príncipes de los sacerdotes, y á todo su concilio: y sacando á Pablo, le presentó delante de ellos.

El nuevo convertido hizo dos preguntas complementarias: “¿Quién eres, Señor?” (v. 8), y “¿qué haré, Señor?”. La primera se la respondió el mismo Señor, la segunda le fue dada por Ananías, quien agregó: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes?” (v. 16). Amigo, si el Señor también lo ha llamado del camino extraviado, ¿por qué se detiene y no toma francamente posición entre sus discípulos?

Tres años más tarde, en Jerusalén, Pablo tuvo el privilegio de ver “al Justo” y recibir órdenes de su boca (v. 17 a 21). El apóstol consideraba que su testimonio tendría más fuerza entre los judíos, por cuanto se le había conocido como un encarnizado adversario de la verdad. Pero él había sido apartado para el ministerio entre los gentiles (v. 21; Gálatas 1:15-16). ¡Dejemos que sea el Señor quien nos señale nuestro campo de trabajo! El “date prisa” del versículo 18 aún sigue vigente. Los judíos persistían en rechazar el testimonio del apóstol. El tribuno se vio obligado nuevamente a librarlo de su furia. En el momento en que iba a ser torturado, Pablo hizo valer su ciudadanía romana. Más tarde, habiendo considerado todas estas cosas como “pérdida”, haría valer otro derecho: su ciudadanía celestial (Filipenses 3:7-8, 20). En cuanto a ésta, nadie la obtiene por nacimiento y tampoco se puede adquirir con dinero (v. 28). La poseen únicamente los que han pasado por el nuevo nacimiento (Juan 3:3).

Hechos 23:1-15
1ENTONCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy.2El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entonces á los que estaban delante de él, que le hiriesen en la boca.3Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿y estás tú sentado para juzgarme conforme á la ley, y contra la ley me mandas herir?4Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?5Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.6Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo soy Fariseo, hijo de Fariseo: de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado.7Y como hubo dicho esto, fué hecha disensión entre los Fariseos y los Saduceos; y la multitud fué dividida.8Porque los Saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los Fariseos confiesan ambas cosas.9Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los Fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, ó ángel, no resistamos á Dios.10Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado de ellos, mandó venir soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle á la fortaleza.11Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques también en Roma.12Y venido el día, algunos de los Judíos se juntaron, é hicieron voto bajo de maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto á Pablo.13Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración;14Los cuales se fueron á los príncipes de los sacerdotes y á los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto á Pablo.15Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le saque mañana á vosotros como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estaremos aparejados para matarle.

El tribuno seguía sin entender la furia de los judíos contra un hombre en quien él no veía nada digno de reprochar. Para informarse mejor sobre el asunto, hizo comparecer a su prisionero ante el concilio. Una hábil palabra de Pablo (¿pero guiada por el Espíritu?) puso de su parte a la secta de los fariseos. La resurrección de Jesucristo era el fundamento de su doctrina e indirectamente el motivo de la oposición de los judíos. Pero Pablo ni siquiera tuvo la oportunidad de pronunciar el nombre de su Salvador. Echó esa manzana de la discordia entre los adversarios tradicionales: fariseos y saduceos. Seguidamente se produjo un gran tumulto en el concilio. Una vez más el tribuno tuvo que proteger a Pablo.

Después de todos estos acontecimientos, el apóstol solo y tal vez desanimado necesitó ser fortalecido; y el Señor mismo se presentó para consolar a su amado siervo. No le hizo ningún reproche; al contrario, reconoció el testimonio que Pablo acababa de dar en Jerusalén, lo consoló y le recordó su verdadera misión: anunciar la salvación no a los judíos, sino a las naciones. Con este fin iría a Roma.

¡Que podamos experimentar constantemente que “el Señor está cerca” y no estar afanados por nada! (Filipenses 4:5-6; 2 Timoteo 4:17).

Hechos 23:16-35
16Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fué, y entró en la fortaleza, y dió aviso á Pablo.17Y Pablo, llamando á uno de los centuriones, dice: Lleva á este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.18El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo, llamándome, me rogó que trajese á ti este mancebo, que tiene algo que hablarte.19Y el tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme?20Y él dijo: Los Judíos han concertado rogarte que mañana saques á Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta.21Mas tú no los creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales han hecho voto debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa.22Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que á nadie dijese que le había dado aviso de esto.23Y llamados dos centuriones, mandó que apercibiesen para la hora tercia de la noche doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de á caballo, y doscientos lanceros;24Y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo á Pablo, le llevasen en salvo á Félix el Presidente.25Y escribió una carta en estos términos:26Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud.27A este hombre, aprehendido de los Judíos, y que iban ellos á matar, libré yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era Romano.28Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos:29Y hallé que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte ó de prisión.30Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los Judíos, luego al punto le he enviado á ti, intimando también á los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Pásalo bien.31Y los soldados, tomando á Pablo como les era mandado, lleváronle de noche á Antipatris.32Y al día siguiente, dejando á los de á caballo que fuesen con él, se volvieron á la fortaleza.33y como llegaron á Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también á Pablo delante de él.34Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que de Cilicia,35Te oiré, dijo, cuando vinieren tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el pretorio de Herodes.

No vemos que el Señor interviniese de un modo milagroso, como en Filipos (16:26) o en el caso de Pedro (12:7), para liberar a su siervo. Simplemente dirigió los acontecimientos. Aquí se sirvió del joven sobrino de Pablo, de la calidad de ciudadano romano de este último, del menosprecio del tribuno romano hacia los judíos, a los cuales sin duda se alegraba de poder hacerles una mala pasada. El Señor le había prometido a su siervo que testificaría en Roma (v. 11). Todas las maquinaciones de sus enemigos no podrían, pues, impedírselo. Antes bien, contribuirían con la causa: esas amenazas indujeron al tribuno Lisias a mandar a Pablo bien escoltado a Cesarea (puerto donde el apóstol había desembarcado poco tiempo antes) para librarlo del complot de los fanáticos judíos. Al mismo tiempo, Lisias dirigió una carta al gobernador Félix respecto a su prisionero. Notemos cómo el tribuno arregló los acontecimientos para ocultar el error que estuvo a punto de cometer (v. 27; 22:25). Sin embargo, aquí las faltas de los paganos casi se borran ante la terrible culpabilidad de los judíos. Evidentemente, los cuarenta asesinos conjurados no pudieron cumplir su juramento, atrayendo de ese modo la maldición sobre sus propias cabezas.

Hechos 24:1-21
1Y CINCO días después descendió el sumo sacerdote Ananías, con algunos de los ancianos, y un cierto Tértulo, orador; y parecieron delante del gobernador contra Pablo.2Y citado que fué, Tértulo comenzó á acusar, diciendo: Como por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia,3Siempre y en todo lugar lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelentísimo Félix.4Empero por no molestarte más largamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme á tu equidad.5Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de sediciones entre todos los Judíos por todo el mundo, y príncipe de la secta de los Nazarenos:6El cual también tentó á violar el templo; y prendiéndole, le quisimos juzgar conforme á nuestra ley:7Mas interviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quitó de nuestras manos,8Mandando á sus acusadores que viniesen á ti; del cual tú mismo juzgando, podrás entender todas estas cosas de que le acusamos.9Y contendían también los Judíos, diciendo ser así estas cosas.10Entonces Pablo, haciéndole el gobernador señal que hablase, respondió: Porque sé que muchos años ha eres gobernador de esta nación, con buen ánimo satisfaré por mí.11Porque tú puedes entender que no hace más de doce días que subí á adorar á Jerusalem;12Y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad;13Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.14Esto empero te confieso, que conforme á aquel Camino que llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas;15Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos, la cual también ellos esperan.16Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres.17Mas pasados muchos años, vine á hacer limosnas á mi nación, y ofrendas,18Cuando me hallaron purificado en el templo (no con multitud ni con alboroto) unos Judíos de Asia;19Los cuales debieron comparecer delante de ti, y acusarme, si contra mí tenían algo.20O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando yo estuve en el concilio,21Si no sea que, estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy hoy juzgado de vosotros.

Pablo compareció ante Félix en presencia de sus acusadores. Éstos necesitaron un orador más elocuente para hacer las acusaciones, por cuanto su causa era muy mala. Pero, ¡qué contraste entre las lisonjas, las groseras calumnias de Tértulo (v. 3, 5; comp. Lucas 23:2) y la dignidad de Pablo en su profesión de fe acompañada de una sincera exposición de los hechos!

Una secta (v. 5, 14) es una agrupación religiosa que apela a un jefe o a una doctrina particular. El cristiano sólo puede apelar a Cristo. Pero el mundo religioso (la cristiandad nominal) a veces también llama secta a la congregación de los hijos de Dios que se han separado de él por obediencia a la Palabra. ¡Mas qué importa! Esta expresión, como muchas otras, forma parte del vituperio de Cristo. Al igual que Pablo, el creyente fiel tiene el privilegio de estar asociado, en el menosprecio del mundo, a Aquel que fue el Nazareno. Por el contrario, lo que procuraba el apóstol –y que debería preocuparnos a nosotros también– era el tener siempre “una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”. Pensaba en el día de la resurrección, cuando tuviera que dar cuenta al Señor de su andar y de su obra. Una verdad conocida siempre debe tener un efecto moral. Y con más razón la perspectiva del tribunal de Cristo (2 Corintios 5:9-10). ¡Que nosotros tampoco lo olvidemos!

Hechos 24:22-27; Hechos 25:1-12
22Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de esta secta, les puso dilación, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias acabaré de conocer de vuestro negocio.23Y mandó al centurión que Pablo fuese guardado, y aliviado de las prisiones; y que no vedase á ninguno de sus familiares servirle, ó venir á él.24Y algunos días después, viniendo Félix con Drusila, su mujer, la cual era Judía, llamó á Pablo, y oyó de él la fe que es en Jesucristo.25Y disertando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Félix, respondió: Ahora vete, mas en teniendo oportunidad te llmaré:26Esperando también con esto, que de parte de Pablo le serían dados dineros, porque le soltase; por lo cual, haciéndole venir muchas veces, hablaba con él.27Mas al cabo de dos años recibió Félix por sucesor á Porcio Festo: y queriendo Félix ganar la gracia de los Judíos, dejó preso á Pablo.
1FESTO pues, entrado en la provincia, tres días después subió de Cesarea á Jerusalem.2Y vinieron á él los príncipes de los sacerdotes y los principales de los Judíos contra Pablo; y le rogaron,3Pidiendo gracia contra él, que le hiciese traer á Jerusalem, poniendo ellos asechanzas para matarle en el camino.4Mas Festo respondió, que Pablo estaba guardado en Cesarea, y que él mismo partiría presto.5Los que de vosotros pueden, dijo desciendan juntamente; y si hay algún crimen en este varón, acúsenle.6Y deteniéndose entre ellos no más de ocho ó diez días, venido á Cesarea, el siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traído.7El cual venido, le rodearon los Judíos que habían venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar;8Alegando él por su parte: Ni contra la ley de los Judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada.9Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo á Pablo, dijo: ¿Quieres subir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí?10Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado. A los Judíos no he hecho injuria alguna, como tú sabes muy bien.11Porque si alguna injuria, ó cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehuso morir; mas si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede darme á ellos. A César apelo.12Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? á César irás.

A pesar de la evidente inocencia de Pablo y la mala fe de sus acusadores, por consideración a estos últimos, Félix aplazó cobardemente su decisión. Pero también postergó una decisión mucho más grave aún: la concerniente a su alma. Convocado para hablarle “acerca de la fe en Jesucristo”, Pablo presentó un aspecto de la verdad que Félix no esperaba (v. 25). La Palabra espantó su conciencia endurecida por el amor al dinero, pero no le hizo mella. “Ahora vete… cuando tenga oportunidad te llamaré”, contestó el gobernador, dejando escapar, tal vez para siempre, la oportunidad que Dios le brindaba. Pese a su nombre, que significa feliz, Félix pasó al lado de la verdadera felicidad. No olvidemos que ¡el “tiempo aceptable” es AHORA! (2 Corintios 6:2).

Dos años pasaron y el apóstol aún permanecía preso. Sin embargo, el odio de los judíos no decrecía. Apenas Festo reemplazó a Félix, se tramó un nuevo complot, del cual el Señor liberó a su testigo. Como en Félix (24:27) y anteriormente en Pilato (Marcos 15:15), la principal preocupación de Festo era “congraciarse con los judíos” (v. 9). Por eso Pablo se sintió obligado a valerse nuevamente de sus derechos de ciudadano romano apelando a César.

Hechos 25:13-27
13Y pasados algunos días, el rey Agripa y Bernice vinieron á Cesarea á saludar á Festo.14Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix,15Sobre el cual, cuando fuí á Jerusalem, vinieron á mí los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judíos, pidiendo condenación contra él:16A los cuales respondí: no ser costumbre de los Romanos dar alguno á la muerte antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusación.17Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre;18Y estando presentes los acusadores, ningún cargo produjeron de los que yo sospechaba:19Solamente tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su superstición, y de un cierto Jesús, difunto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo.20Y yo, dudando en cuestión semejante, dije, si quería ir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas.21Mas apelando Pablo á ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que le guardasen hasta que le enviara á César.22Entonces Agripa dijo á Festo: Yo también quisiera oir á ese hombre. Y él dijo: Mañana le oirás.23Y al otro día, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo, fué traído Pablo.24Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros: veis á éste, por el cual toda la multitud de los Judíos me ha demandado en Jerusalem y aquí, dando voces que no conviene que viva más;25Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo apelando á Augusto, he determinado enviarle:26Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor; por lo que le he sacado á vosotros, y mayormente á tí, oh rey Agripa, para que hecha información, tenga yo qué escribir.27Porque fuera de razón me parece enviar un preso, y no informar de las causas.

Agripa y Berenice (así como Drusila, mujer de Félix) eran hijos de Herodes Agripa I y constituían la cuarta generación de esa dinastía criminal. La visita de cortesía que hicieron al nuevo gobernador dio a este último la oportunidad de informarse acerca de su extraño prisionero. La forma en que Festo resumió el asunto muestra el poco interés que para él presentaban esas cuestiones religiosas. Se trata “de un cierto Jesús, ya muerto…” (v. 19). Para muchas personas hoy Cristo no tiene importancia. Sin embargo, Pablo afirmaba que Cristo estaba vivo; y eso hacía toda la diferencia.

El apóstol fue introducido en medio de esa corte reunida “con mucha pompa”. Según la palabra del Señor a Ananías, Pablo era “un instrumento escogido” para llevar el nombre de Jesús en presencia de reyes (9:15). Pero era el embajador de un Rey mucho más grande que aquellos ante quienes debía comparecer, un “embajador en cadenas”, como él mismo se denomina en Efesios 6:20. Sin embargo, hablaba con denuedo de su Señor, pues “la palabra de Dios no está presa” (2 Timoteo 2:9).

Hechos 26:1-18
1ENTONCES Agripa dijo á Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó á responder por sí, diciendo:2Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los Judíos, oh rey Agripa, me tengo por dichoso de que haya hoy de defenderme delante de ti;3Mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los Judíos: por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.4Mi vida pues desde la mocedad, la cual desde el principio fué en mi nación, en Jerusalem, todos los Judíos la saben:5Los cuales tienen ya conocido que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme á la más rigurosa secta de nuestra religión he vivido Fariseo.6Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres, soy llamado en juicio;7A la cual promesa nuestras doce tribus, sirviendo constantemente de día y de noche, esperan que han de llegar. Por la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado de los Judíos.8Qué! ¿Júzgase cosa increíble entre vosotros que Dios resucite los muertos?9Yo ciertamente había pensando deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret:10Lo cual también hice en Jerusalem, y yo encerré en cárcel es á muchos de los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes; y cuando eran matados, yo dí mi voto.11Y muchas veces, castigándolos por todas las sinagogas, los forcé á blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extrañas.12En lo cual ocupado, yendo á Damasco con potestad y comisión de los príncipes de los sacerdotes,13En mitad del día, oh rey, vi en el camino una luz del cielo, que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó y á los que iban conmigo.14Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebraica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra los aguijones.15Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, á quien tú persigues.16Mas levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que apareceré á ti:17Librándote del pueblo y de los Gentiles, á los cuales ahora te envío,18Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas á la luz, y de la potestad de Satanás á Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, remisión de pecados y suerte entre los santificados.

Invitado a testificar ante el rey Agripa, Pablo extendió solemnemente su brazo cargado de cadenas. Como en el capítulo 22, hizo el relato de su encuentro con el Señor y de las condiciones en que su servicio le fue confiado. Habiéndole sido abiertos sus propios ojos, recibió la tarea de abrir los de los gentiles para que por la fe tuvieran acceso a la luz, la libertad, el perdón de pecados y la herencia entre los santos (v. 18; Colosenses 1:12-13).

Las circunstancias de las conversiones no se parecen. Pedro estaba en su barco cuando reconoció su estado pecaminoso. Leví estaba recaudando los tributos públicos y Zaqueo se hallaba sobre un árbol cuando el Señor los llamó (Lucas 5:8, 27-28; 19:5). El etíope fue convertido en su carro y el carcelero de Filipos en la prisión a medianoche (Hechos 8:27, 16:29…). En cambio Pablo lo fue a mediodía, cuando iba por el camino a Damasco (v. 13). Lo importante es que cada uno pueda decir dónde y cómo conoció a Jesús; y no temamos contar nuestra conversión cuando se presente la oportunidad. No se trata de vanagloriarnos, puesto que al mismo tiempo debemos hablar del triste estado en que fuimos hallados. Al contrario, al testificar de nuestro encuentro con Jesucristo, exaltamos la soberana gracia que nos sacó de allí.

Hechos 26:19-32
19Por lo cual, oh rey Agripa, no fuí rebelde á la visión celestial:20Antes anuncié primeramente á los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judea, y á los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen á Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.21Por causa de esto los Judíos, tomándome en el templo, tentaron matarme.22Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio á pequeños y á grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir:23Que Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y á los Gentiles.24Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo á gran voz dijo: Estás loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco.25Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza.26Pues el rey sabe estas cosas, delante del cual también hablo confiadamente. Pues no pienso que ignora nada de esto; pues no ha sido esto hecho en algún rincón.27¿Crees, rey Agripa, á los profetas? Yo sé que crees.28Entonces Agripa dijo á Pablo: Por poco me persuades á ser Cristiano.29Y Pablo dijo: ­Pluguiese á Dios que por poco ó por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas prisiones!30Y como hubo dicho estas cosas, se levantó el rey, y el presidente, y Bernice, y los que se habían sentado con ellos;31Y como se retiraron aparte, hablaban los unos á los otros, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prisión, hace este hombre.32Y Agripa dijo á Festo: Podía este hombre ser suelto, si no hubiera apelado á César.

Llamado por Jesucristo para un ministerio extraordinario entre las naciones, Pablo no fue desobediente (v. 19). ¡Que nosotros tampoco seamos rebeldes para cumplir con los modestos servicios que el Señor nos ha confiado!

Para Festo, hombre sin necesidades espirituales, los conceptos de Pablo eran pura divagación (v. 24). En efecto, “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura” (1 Corintios 2:14). Entonces el apóstol se dirigió directamente al rey Agripa; lo hizo con respeto, pero también con la autoridad que le daba la Palabra de Dios (Salmo 119:4). El rey escondió su turbación desviando la pregunta (v. 28). No obstante, estar casi convencido o “por poco” llegar a ser cristiano, es estar todavía completamente perdido.

¿Quién tenía la suerte más envidiable, el rey o el cautivo? Consciente de su alta posición ante Dios, Pablo, el prisionero de Jesucristo, no pensaba en la posición del hombre que estaba en su presencia, sino en su alma. No nos dejemos detener por la apariencia de los hombres, pensemos más bien en su destino eterno.

El apóstol fue llevado sucesivamente ante el concilio judío, Félix, Festo y Agripa. Pero también era necesario que compareciera ante César, quien en aquel tiempo era el cruel Nerón.

Hechos 27:1-17
1MAS como fué determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron á Pablo y algunos otros presos á un centurión, llamado Julio, de la compañía Augusta.2Así que, embarcándonos en una nave Adrumentina, partimos, estando con nosotros Aristarco, Macedonio de Tesalónica, para navegar junto á los lugares de Asia.3Y otro día llegamos á Sidón; y Julio, tratando á Pablo con humanidad, permitióle que fuese á los amigos, para ser de ellos asistido.4Y haciéndonos á la vela desde allí, navegamos bajo de Cipro, porque los vientos eran contrarios.5Y habiendo pasado la mar de Cilicia y Pamphylia, arribamos á Mira, ciudad de Licia.6Y hallando allí el centurión una nave Alejandrina que navegaba á Italia, nos puso en ella.7Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta, junto á Salmón.8Y costeándola difícilmente, llegamos á un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.9Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba,10Diciéndoles: Varones, veo que con trabajo y mucho daño, no sólo de la cargazón y de la nave, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la navegación.11Mas el centurión creía más al piloto y al patrón de la nave, que á lo que Pablo decía.12Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron pasar aún de allí, por si pudiesen arribar á Fenice é invernar allí, que es un puerto de Creta que mira al Nordeste y Sudeste.13Y soplando el austro, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando velas, iban cerca de la costa de Creta.14Mas no mucho después dió en ella un viento repentino, que se llama Euroclidón.15Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, la dejamos, y erámos llevados.16Y habiendo corrido á sotavento de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife:17El cual tomado, usaban de remedios, ciñendo la nave; y teniendo temor de que diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran así llevados.

Para impedir la propagación del Evangelio, el enemigo incitó a los hombres a estar en contra de Pablo. Aquí se sirve de obstáculos naturales para cerrarle el paso.

Muchos cristianos se parecen a un barco de vela: su andar depende del viento que sopla. Si es una brisa “del sur” que los empuja suavemente, todo va bien; levan el ancla llenos de ánimo (v. 13). Pero si el viento cambia y les es contrario, navegan a duras penas, “con dificultad”; no son capaces de avanzar (v. 7 y 8) y buscan en un lado u otro amparo humano para sus dificultades. Al fin, cuando sobreviene el viento huracanado de una gran prueba, no resisten más y quedan a la deriva (v. 15).

El barco de vapor, en cambio, prosigue su ruta haga el tiempo que haga. Quiera Dios que movidos por una fe activa y firme podamos avanzar siempre hacia la meta, pese a todos los temporales.

A pesar de haber sido benévolo con su prisionero, el centurión dio más crédito al patrón de la nave que a lo que Pablo decía (v. 11). ¿No sucede a menudo que confiamos más en el consejo y en la opinión de los hombres que en las directivas de la Palabra y del Espíritu Santo? ¡Y esto para nuestro perjuicio! (v. 10).

Hechos 27:18-44
18Mas siendo atormentados de una vehemente tempestad, al siguiente día alijaron;19Y al tercer día nosotros con nuestras manos arrojamos los aparejos de la nave.20Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud.21Entonces Pablo, habiendo ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no partir de Creta, y evitar este inconveniente y daño.22Mas ahora os amonesto que tengáis buen ánimo; porque ninguna pérdida habrá de persona de vosotros, sino solamente de la nave.23Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios del cual yo soy, y al cual sirvo,24Diciendo: Pablo, no temas; es menester que seas presentado delante de César; y he aquí, Dios te ha dado todos los que navegan contigo.25Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha dicho;26Si bien es menester que demos en una isla.27Y venida la décimacuarta noche, y siendo llevados por el mar Adriático, los marineros á la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra;28Y echando la sonda, hallaron veinte brazas, y pasando un poco más adelante, volviendo á echar la sonda, hallaron quince brazas.29Y habiendo temor de dar en lugares escabrosos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de día.30Entonces procurando los marineros huir de la nave, echado que hubieron el esquife á la mar, aparentando como que querían largar las anclas de proa,31Pablo dijo al centurión y á los soldados: Si éstos no quedan en la nave, vosotros no podéis salvaros.32Entonces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejáronlo perder.33Y como comenzó á ser de día, Pablo exhortaba á todos que comiesen, diciendo: Este es el décimocuarto día que esperáis y permanecéis ayunos, no comiendo nada.34Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.35Y habiendo dicho esto, tomando el pan, hizo gracias á Dios en presencia de todos, y partiendo, comenzó á comer.36Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también.37Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis.38Y satisfechos de comida, aliviaban la nave, echando el grano á la mar.39Y como se hizo de día, no conocían la tierra; mas veían un golfo que tenía orilla, al cual acordaron echar, si pudiesen, la nave.40Cortando pues las anclas, las dejaron en la mar, largando también las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse á la orilla.41Mas dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, estaba sin moverse, y la popa se abría con la fuerza de la mar.42Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque ninguno se fugase nadando.43Mas el centurión, queriendo salvar á Pablo, estorbó este acuerdo, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen á tierra;44Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo á tierra.

Pablo permaneció tan tranquilo en medio de la tempestad como en presencia de los gobernadores y reyes. El huracán no le impedía oír la voz de Dios, a quien pertenecía y servía (v. 23). Mientras que en la prueba los hombres a menudo manifiestan el peor egoísmo, el apóstol pensaba en la salvación de sus compañeros de viaje. Los fortaleció por medio de la palabra de su Dios y luego los exhortó a comer; él también lo hizo después de haber dado gracias a Dios en presencia de todos (véase 1 Timoteo 4:4-5).

Después de muchas peripecias y de la pérdida de la nave, todos llegaron sanos y salvos al puerto deseado (leer Salmo 107:25-30).

En esa nave, juguete de la tempestad, se puede ver una figura de la Iglesia aquí abajo. Después de haber salido con tiempo favorable, no tardó en encontrarse con el viento de las pruebas y de las persecuciones que Satanás levantó contra ella. La falta de alimento, un período de profundas tinieblas morales, el haber apelado a toda clase de reglas humanas, todo esto aconteció porque la voz de los apóstoles –en la Palabra– no fue escuchada. El día se acerca, y con él el naufragio final de la cristiandad de nombre (la nave). Pero el Señor conoce a los que son suyos en esa Iglesia que invoca su nombre, y ninguno de los que el Padre le dio se perderá (2 Timoteo 2:19; Juan 17:12).

Hechos 28:1-16
1Y CUANDO escapamos, entonces supimos que la isla se llamaba Melita.2Y los bárbaros nos mostraron no poca humanidad; porque, encendido un fuego, nos recibieron á todos, á causa de la lluvia que venía, y del frío.3Entonces habiendo Pablo recogido algunos sarmientos, y puéstolos en el fuego, una víbora, huyendo del calor, le acometió á la mano.4Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decían los unos á los otros: Ciertamente este hombre es homicida, á quien, escapado de la mar, la justicia no deja vivir.5Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún mal padeció.6Empero ellos estaban esperando cuándo se había de hinchar, ó caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudados, decían que era un dios.7En aquellos lugares había heredades del principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió y hospedó tres días humanamente.8Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó:9Y esto hecho, también otros que en la isla tenían enfermedades, llegaban, y eran sanados:10Los cuales también nos honraron con muchos obsequios; y cuando partimos, nos cargaron de las cosas necesarias.11Así que, pasados tres meses, navegamos en una nave Alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña á Cástor y Pólux.12Y llegados á Siracusa, estuvimos allí tres días.13De allí, costeando alrededor, vinimos á Regio; y otro día después, soplando el austro, vinimos al segundo día á Puteolos:14Donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos siete días; y luego vinimos á Roma;15De donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron á recibir hasta la plaza de Appio, y Las Tres Tabernas: á los cuales como Pablo vió, dió gracias á Dios, y tomó aliento.16Y como llegamos á Roma, el centurión entregó los presos al prefecto de los ejércitos, mas á Pablo fué permitido estar por sí, con un soldado que le guardase.

Dios puso sentimientos humanitarios en el corazón de los paganos de la isla de Malta (v. 2; como anteriormente en el de Julio, el centurión, 27:3). Acogieron y reconfortaron a los náufragos. En medio de ellos, el Señor se complació en distinguir a su siervo por medio de un milagro. El apóstol, quien no se consideró demasiado digno para recoger leña a fin de alimentar el fuego, fue atacado por una víbora y no sufrió ningún daño. Esta era una de las señales que debían acompañar a los discípulos del Señor. Otra era la imposición de las manos sobre los enfermos para que fueran sanados (véase Marcos 16:17-18). La benevolencia de los “naturales” de Malta obtuvo rápidamente su recompensa. Todos los enfermos de la isla, empezando por el padre de Publio, fueron sanados por el poder de Dios. Esperamos que muchas de estas personas hayan encontrado también la salvación de sus almas. De ese modo, la oposición del enemigo sólo habrá servido para echar la semilla del Evangelio sobre una nueva tierra.

El viaje de Pablo se terminó. Antes de traer cualquier cosa a los hermanos de Roma, él mismo “cobró aliento” gracias a la comunión fraternal (v. 15, comp. con Romanos 1:12). Aun el creyente más joven puede ser un motivo de gozo y estímulo para un siervo de Dios.

Hechos 28:17-31
17Y aconteció que tres días después, Pablo convocó á los principales de los Judíos; á los cuales, luego que estuvieron juntos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra los ritos de la patria, he sido entregado preso18Los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar; por no haber en mí ninguna causa de muerte.19Mas contradiciendo los Judíos, fuí forzado á apelar á César; no que tenga de qué acusar á mi nación.20Así que, por esta causa, os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena.21Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas tocante á tí de Judea, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado ó hablado algún mal de ti.22Mas querríamos oir de ti lo que sientes; porque de esta secta notorio nos es que en todos lugares es contradicha.23Y habiéndole señalado un día, vinieron á él muchos á la posada, á los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndoles lo concerniente á Jesús, por la ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde.24Y algunos asentían á lo que se decía, mas algunos no creían.25Y como fueron entre sí discordes, se fueron, diciendo Pablo esta palabra: Bien ha hablado el Espíritu Santo por el profeta Isaías á nuestros padres,26Diciendo: Ve á este pueblo, y di les: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis:27Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y de los oídos oyeron pesadamente, Y sus ojos taparon; Porque no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane.28Séaos pues notorio que á los Gentiles es enviada esta salud de Dios: y ellos oirán.29Y habiendo dicho esto, los Judíos salieron, teniendo entre sí gran contienda.30Pablo empero, quedó dos años enteros en su casa de alquiler, y recibía á todos los que á él venían,31Predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento.

Apenas llegó a Roma, Pablo convocó a los principales de los judíos y les explicó las razones de su encarcelamiento. Mas, lejos de guardar rencor a los de su pueblo por todo el mal que le habían causado, les dio como siempre el primer lugar en la predicación del Evangelio. Incansablemente, desde la mañana hasta la noche, les expuso la verdad hasta el momento en que se retiraron (v. 25, 29; léase Hebreos 10:38-39).

Pablo permaneció dos años prisionero en Roma. Allí pudo comprobar que las cosas que le habían sucedido redundaban “más bien para el progreso del evangelio” (Filipenses 1:12-14). Durante ese cautiverio escribió varias epístolas, entre las cuales se hallan la epístola a los Efesios, Filipenses y Colosenses. No las tendríamos si hubiese tenido libertad para visitar a esas asambleas.

Además, las epístolas nos permiten seguir de alguna manera la historia del gran apóstol. Aquí el relato se interrumpe y el libro de los Hechos no tiene una conclusión. ¡Como para mostrarnos que la obra del Espíritu Santo aquí abajo todavía no se ha terminado! Ella prosigue, mientras la Iglesia esté en la tierra, en la vida de cada creyente.

La cronología del libro de los Hechos es relativamente incierta. La que nosotros hemos adoptado, a pesar de ciertas dudas, puede dar una idea para situar los diferentes acontecimientos en la línea del tiempo.

Romanos 1:1-17
1PABLO, siervo de Jesucristo, llamado á ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,2Que él había antes prometido por sus profetas en las santas Escrituras,3Acerca de su Hijo, (que fué hecho de la simiente de David según la carne;4El cual fué declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos), de Jesucristo Señor nuestro,5Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe en todas las naciones en su nombre,6Entre las cuales sois también vosotros, llamados de Jesucristo:7A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos: Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.8Primeramente, doy gracias á mi Dios por Jesucristo acerca de todos vosotros, de que vuestra fe es predicada en todo el mundo.9Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,10Rogando, si al fin algún tiempo haya de tener, por la voluntad de Dios, próspero viaje para ir á vosotros.11Porque os deseo ver, para repartir con vosotros algún don espiritual, para confirmaros;12Es á saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la común fe vuestra y juntamente mía.13Mas no quiero, hermanos, que ingnoréis que muchas veces me he propuesto ir á vosotros (empero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás Gentiles.14A Griegos y á bárbaros, á sabios y á no sabios soy deudor.15Así que, cuanto á mí, presto estoy á anunciar el evangelio también á vosotros que estáis en Roma.16Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud á todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego.17Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe.

Las epístolas son cartas dirigidas por los apóstoles a iglesias locales o a creyentes en particular. En ellas hallamos expuestas las verdades cristianas. Aunque fue escrita después de otras, la epístola a los Romanos ha sido colocada en primer lugar con mucha razón, pues su tema es el Evangelio. Antes de recibir una enseñanza cristiana, hay que empezar por llegar a ser cristiano. Amigo lector, si no lo ha hecho aún, hoy se le presenta esta oportunidad.

Cierto predicador del Evangelio, que tenía a su cargo una serie de reuniones en una ciudad, se limitó a leer, cada noche, los seis primeros capítulos de esta epístola, sin agregarle una sola palabra. Y cada noche hubo varias conversiones. Tal es el poder de la Palabra de Dios y la autoridad del Evangelio, “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (v. 16).

Esta carta fue escrita mucho antes del dramático viaje relatado al final del libro de los Hechos. Por lo tanto, Pablo todavía no había visto a los romanos. Pero –he aquí la condición de un ministerio útil– estaba lleno de amor hacia ellos y ante todo hacia Aquel a quien iba a anunciarles: Jesucristo. Su nombre llena los primeros versículos. Sí, Cristo es la sustancia del Evangelio, el fundamento de toda relación entre Dios y el hombre. Además, la buena nueva del Evangelio no se limita al perdón de los pecados, sino que contiene toda la verdad de Cristo.

Romanos 1:18-32
18Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad é injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia:19Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó.20Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables:21Porque habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fué entenebrecido.22Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos,23Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes.24Por lo cual también Dios los entregó á inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre sí mismos:25Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo á las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amén.26Por esto Dios los entregó á afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza:27Y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino á su extravío.28Y como á ellos no les pareció tener á Dios en su noticia, Dios los entregó á una mente depravada, para hacer lo que no conviene,29Estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades;30Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes á los padres,31Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia:32Que habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, más aún consienten á los que las hacen.

Antes de explicar cómo Dios justifica al pecador es necesario convencer a cada uno de que es pecador. Dios va, por así decirlo, a poner toda la humanidad en el banquillo. Quizás se pensará que los paganos son excusables porque no poseen la Palabra escrita. Pero tienen a la vista otro libro siempre abierto: el de la Creación (Salmo 19:1). Sin embargo, no reconocieron ni honraron a su Autor y omitieron darle gracias (lo que es un deber universal). Todo ser humano recibió una inteligencia que le permite discernir hechos evidentes y sacar la conclusión de que hay un Dios. Pero los hombres emplearon esta facultad para imaginar ídolos y desde entonces, esclavos de los poderes del mal, se entregaron a las peores codicias.

Por cierto, no es hermoso el retrato que Dios hace aquí del hombre natural. Y… ¡ese retrato es el suyo y el mío! Pero –dirá usted, indignado– no he cometido los horribles pecados mencionados en estos versículos. ¡Veamos! Vuelva a leer los versículos 29 a 31 y examínese. Además, Dios no sólo declara culpables a los que se entregan a tales vicios, sino también a los que se complacen con los que los practican. Leer una novela que cuenta cosas inmorales, complacerse en descripciones turbias y malsanas es colocarse bajo el mismo “justo juicio de Dios” (v. 32; 2:5; Salmo 50:18).

Romanos 2:1-16
1POR lo cual eres inexcusable, oh hombre, cuaquiera que juzgas: porque en lo que juzgas á otro, te condenas á ti mismo; porque lo mismo haces, tú que juzgas.2Mas sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que hacen tales cosas.3¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas á los que hacen tales cosas, y haces las mismas, que tú escaparás del juicio de Dios.?4¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y fhfifhfi ignorando que su benignidad te guía á arrepentimiento?5Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios;6El cual pagará á cada uno conforme á sus obras:7A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, la vida eterna.8Mas á los que son contenciosos, y no obedecen á la verdad, antes obedecen á la injusticia, enojo é ira;9Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo, el Judío primeramente, y también el Griego.10Mas gloria y honra y paz á cualquiera que obra el bien, al Judío primeramente, y también al Griego.11Porque no hay acepción de personas para con Dios.12Porque todos lo que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados:13Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados.14Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos:15Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros;16En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme á mi evangelio, por Jesucristo.

No importa lo bajo que haya caído un hombre; siempre hallará a uno más miserable que él, con quien podrá compararse ventajosamente. El adicto al juego menospreciará al bebedor y éste mirará a un malhechor con condescendencia. En realidad, todos los vicios están latentes en nuestro propio corazón. Cuando juzgamos a otros (v. 1), damos prueba de que sabemos reconocer muy bien el mal; comprobamos así que tenemos una conciencia. Y esto nos condena a nosotros mismos cuando, a su vez, practicamos semejantes cosas. Todos los hombres tienen una conciencia. “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:22). En su bondad, Dios se sirve de ella para guiarnos al arrepentimiento (v. 4), pero no nos autoriza en absoluto a emplearla para juzgar a nuestro prójimo. Sólo uno tiene el derecho de juzgar: Jesucristo (v. 16; Juan 5:22; Hechos 10:42). Un día manifestará a la luz todos “los secretos de los hombres”, todos sus hechos e intenciones inconfesables, ocultados con tanto cuidado (véase Mateo 10:26). Confiésele sin tardanza sus secretos, por más vergonzosos que sean. La conciencia no es una voz hostil, sino una amiga que le dice: «Habla de esto al Señor Jesús; Él se encargará de ello».

Romanos 2:17-29
17He aquí, tú tienes el sobrenombre de Judío, y estás reposado en la ley, y te glorías en Dios,18Y sabes su voluntad, y apruebas lo mejor, instruído por la ley;19Y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,20Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley:21Tú pues, que enseñas á otro, ¿no te enseñas á ti mismo? ¿Tú, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas?22¿Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿Tú, que abominas los ídolos, cometes sacrilegio?23¿Tú, que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras á Dios?24Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los Gentiles, como está esctrito.25Porque la circuncisión en verdad aprovecha, si guardares la ley; mas si eres rebelde á la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión.26De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión por circuncisión?27Y lo que de su natural es incircunciso, guardando perfectamente la ley, te juzgará á ti, que con la letra y con la circuncisión eres rebelde á la ley.28Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne:29Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.

Estos primeros capítulos nos hacen pensar en la sesión de un tribunal. Uno tras otro, los distintos acusados comparecen ante el Juez supremo.

Luego de la condenación del no griego –o sea el pagano (cap. 1)– y de la del hombre moral y civilizado (comienzo del cap. 2), el judío está llamado a oír los cargos que se le formulan. Se presenta con la cabeza erguida. Su nombre de judío, la ley en que se apoya, el verdadero Dios a quien dicen conocer y servir (v. 17…), todo parece indicar que su superioridad se establecerá sobre los otros procesados y logrará absolverlo... Pero ¿qué le responde el supremo Magistrado? «Yo no te juzgaré por tus títulos (v. 17), ni por tus conocimientos (v. 18), ni por tus palabras (v. 21), sino por tus actos. “Tú, pues, que enseñas a otro… tú que predicas… tú que dices…” Lo que me interesa es lo que tú haces… y también lo que no haces (Mateo 23:3). Lejos de excusarte, tus privilegios agravan tu culpabilidad».

El pecado de los paganos es llamado impiedad o iniquidad (1:18): una marcha sin ley y sin freno según los caprichos de la voluntad propia (1 Juan 3:4). El pecado de los judíos se llama transgresión o infracción (v. 23), es decir, la desobediencia a los mandamientos divinos conocidos. Y hoy, ¡cuánto más responsables son los cristianos! ¡Ellos poseen toda la Palabra de Dios!

Romanos 3:1-18
1¿QUÉ, pues, tiene más el Judío? ¿ó qué aprovecha la circuncisión?,2Mucho en todas maneras. Lo primero ciertamente, que la palabra de Dios les ha sido confiada.3¿Pues qué si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿la incredulidad de ellos habrá hecho vana la verdad de Dios?4En ninguna manera; antes bien sea Dios verdadero, mas todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus dichos, Y venzas cuando de ti se juzgare.5Y si nuestra iniquidad encarece la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (hablo como hombre.)6En ninguna manera: de otra suerte ¿cómo juzgaría Dios el mundo?7Empero si la verdad de Dios por mi mentira creció á gloria suya, ¿por qué aun así yo soy juzgado como pecador?8¿Y por qué no decir (como somos blasfemados, y como algunos dicen que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? la condenación de los cuales es justa.9¿Qué pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera: porque ya hemos acusado á Judíos y á Gentiles, que todos están debajo de pecado.10Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;11No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios;12Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno:13Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas tratan engañosamente; Veneno de áspides está debajo de sus labios;14Cuya boca está llena de maledicencia y de amargura;15Sus pies son ligeros á derramar sangre;16Quebrantamiento y desventura hay en sus caminos;17Y camino de paz no conocieron:18No hay temor de Dios delante de sus ojos.

¿Quién tiene razón? ¿Dios –que condena– o el acusado que se defiende? “Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso”, exclama el apóstol (v. 4). La Palabra de Dios no está anulada por el hecho de que ella no haya sido creída por los judíos, sus depositarios (v. 3; Hebreos 4:2). Con la más grande inconsecuencia, estos últimos se vanagloriaban de poseer la ley (2:17) pese a que ella atestiguaba en su contra. Es como si un criminal que, deseando proclamar su inocencia, entregara él mismo a la policía la prueba del delito, estableciendo así su culpabilidad. Por eso el Espíritu de Dios, como el procurador en un tribunal, hace leer delante del acusado judío toda una serie de versículos irrefutables sacados de sus propias Escrituras (v. 10-18). Pero el acusado podía sostener otro argumento: «Yo no niego mi injusticia, pero de hecho ella resalta la justicia de Dios; así que en el fondo aquélla le es útil». ¡Horrible mala fe! Si fuera así, Dios tendría que renunciar al enjuiciamiento del mundo (v. 6) y estarle agradecido porque la maldad de éste resaltaría la fidelidad divina.

Pero entonces Dios dejaría de ser justo y se negaría a sí mismo (2 Timoteo 2:13). Antes del veredicto final, Dios aparta los últimos razonamientos tras los cuales su criatura siempre busca escudarse.

Romanos 3:19-31
19Empero sabemos que todo lo que la ley dice, á los que están en la ley lo dice, para que toda boca se tape, y que todo el mundo se sujete á Dios:20Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado.21Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas:22La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él: porque no hay diferencia;23Por cuanto todos pecaron, y están distituídos de la gloria de Dios;24Siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús;25Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento á haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,26Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.27¿Dondé pues está la jactancia? Es excluída. ¿Por cuál ley? ¿de las obras? No; mas por la ley de la fe.28Así que, concluímos ser el hombre justificado por fe sin las obras de la ley.29¿Es Dios solamente Dios de los Judíos? ¿No es también Dios de los Gentiles? Cierto, también de los Gentiles.30Porque uno es Dios, el cual justificará por la fe la circuncisión, y por medio de la fe la incircuncisión.31¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley.

Delante del tribunal de Dios, ahora toda boca permanece cerrada. Los acusados, sin excepción, han sido hallados culpables (v. 19). “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (v. 23). Y la sentencia terrible: “Ciertamente morirás”, anunciada por Dios desde antes de la caída del hombre (Génesis 2:17), va a ser confirmada: “La paga del pecado es muerte” (6:23). Para el incrédulo, sea pagano (gentil) o judío, ese juicio es definitivo; y el tribunal delante del cual comparecerá un día es una pavorosa realidad (Apocalipsis 20:11- 15). Pero he aquí el abogado que interviene a favor de los que, tanto judíos como paganos (gentiles), lo han elegido por la fe. Él no trata de minimizar las faltas cometidas, como lo hacen los abogados ante los tribunales humanos. Al contrario, asume la defensa diciendo: «La sentencia es justa, pero ya ha sido ejecutada; la deuda está pagada; una muerte –la mía– ha pagado la espantosa pena por sus pecados».

Sí, la justicia de Dios está satisfecha, pues un crimen expiado no puede ser tenido en cuenta por segunda vez. Y si Dios es justo condenando el pecado, es igualmente justo eximiendo de culpa al pecador “que es de la fe de Jesús” (v. 26).

Romanos 4:1-12
1¿QUÉ, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne?2Que si Abraham fué justificado por la obras, tiene de qué gloriarse; mas no para con Dios.3Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham á Dios, y le fué atribuído á justicia.4Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda.5Mas al que no obra, pero cree en aquél que justifica al impío, la fe le es contada por justicia.6Como también David dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios atribuye justicia sin obras,7Diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.8Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputó pecado.9¿Es pues esta bienaventuranza solamente en la circuncisión ó también en la incircuncisión? porque decimos que á Abraham fué contada la fe por justicia.10¿Cómo pues le fué contada? ¿en la circuncisión, ó en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.11Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también á ellos les sea contado por justicia;12Y padre de la circuncisión, no solamente á los que son de la circuncisión, más también á los que siguen las pisadas de la fe que fué en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

Si una escalera es demasiado corta para llegar hasta un objeto ubicado muy alto, un hombre subido sobre el peldaño más elevado de la escalera no tiene más facilidad para alcanzar dicho objeto que los que se encuentran por debajo de él. En el capítulo anterior leímos: “no hay diferencia” (3:22); el judío no alcanza la gloria de Dios más que el griego. Nadie tiene acceso por la escalera de su propia justicia, pues ella siempre será insuficiente. Una prueba de ello nos lo da el hecho de que aun Abraham (v. 3) y David (v. 6), quienes hubiesen tenido el derecho a estar en lo más alto de esta escalera de obras, no se sirvieron de ellas para ser justificados ante Dios. Y si ellos no lo hicieron, ¿quién podría pretender hacerlo? Para demostrar mejor que la salvación por gracia no tiene ninguna relación con las pretensiones carnales y “la jactancia” del pueblo judío (3:27), los versículos 9 y 10 recuerdan que el patriarca Abraham recibió la justicia por la fe antes de la señal de la circuncisión (véase Génesis 15:6; 17:24). En el momento en que Dios lo justificó, él se parecía a los paganos.

Para ser salvo hay que comenzar por reconocerse culpable, es decir, declarar estar de acuerdo con la sentencia divina señalada en el capítulo precedente. Dios justifica “al impío”, y solamente a él (v. 5; compárese con Mateo 9:12).

Romanos 4:13-25
13Porque no por la ley fué dada la promesa á Abraham ó á su simiente, que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.14Porque si los que son de la ley son los herederos, vana es la fe, y anulada es la promesa.15Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco hay transgresión.16Por tanto es por la fe, para que sea por gracia; para que la promesa sea firme á toda simiente, no solamente al que es de la ley, mas también al que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.17(Como está escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto) delante de Dios, al cual creyó; el cual da vida á los muertos, y llama las cosas que no son, como las que son.18El creyó en esperanza contra esperanza, para venir á ser padre de muchas gentes, conforme á lo que le había sido dicho: Así será tu simiente.19Y no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien años,) ni la matriz muerta de Sara;20Tampoco en la promesa de Dios dudó con desconfianza: antes fué esforzado en fe, dando gloria á Dios,21Plenamente convencido de que todo lo que había prometido, era también poderoso para hacerlo.22Por lo cual también le fué atribuído á justicia.23Y no solamente por él fué escrito que le haya sido imputado;24Sino también por nosotros, á quienes será imputado, esto es, á los que creemos en el que levantó de los muertos á Jesús Señor nuestro,25El cual fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación

Si Dios es poderoso para cumplir lo que prometió (v. 21), el hombre, por su parte, es totalmente impotente para cumplir con sus propias obligaciones. Por ello las promesas hechas a Abraham (y al cristiano) no implican ninguna condición. Basta creer. En apariencia, todo contradecía lo que Dios había asegurado a Abraham. Pero éste “tampoco dudó… plenamente convencido…” (v. 20-21). ¿De dónde sacaba esta fe inconmovible? Del hecho de que conocía al que le había formulado la promesa y sabía que podía depositar toda su confianza en Él. La firma (como garantía de una promesa) de alguien a quien respetamos tiene más valor para nosotros que la de un desconocido. La fe cree en las promesas porque cree en Dios que las ha hecho (v. 17 y 3; compárese con 2 Timoteo 1:12). Ella se aferra a las grandes verdades afirmadas por Su Palabra: la muerte del Señor Jesús para expiar nuestras faltas y su resurrección para justificarnos ante Dios (v. 25).

Querido amigo: habiendo llegado a este punto de su lectura, ¿puede decir con todos los creyentes: Poseo esta fe que da la salvación? ¿Puede usted afirmar: Jesús se entregó por mis pecados? ¿Y también: Dios lo resucitó para mi justificación?

Romanos 5:1-11
1JUSTIFICADOS pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo:2Por el cual también tenemos entrada por la fe á esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.3Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;4Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;5Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.6Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos.7Ciertamente apenas muere algun por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno.8Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.9Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.11Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación.

Una vez redimido y justificado, el cristiano resplandece de alegría (v. 1). De ahí en adelante, la paz con Dios es su parte inestimable. Está reconciliado con el Juez soberano por el mismo acto que hubiera debido atraer sobre él la cólera divina para siempre: ¡la muerte de Su Hijo! (v. 10). En realidad, el amor de Dios no se parece a ningún otro amor. Se trata de su propio amor y todos sus motivos están en él mismo. Dios amó a pobres seres –que no eran dignos de amor– antes de que ellos dieran el menor paso hacia él, cuando todavía estaban sin fuerza y eran impíos (v. 6), pecadores (v. 8) y enemigos (v. 10; 1 Juan 4:10 y 19). Este amor ahora ha sido vertido en nuestro corazón por el Espíritu Santo (v. 5).

Frente al mundo que se gloría de beneficios presentes y pasajeros, el creyente, lejos de sentirse avergonzado (v. 5), puede prevalerse de su inefable porvenir: la gloria de Dios (v. 2). Y más aun, cosa paradójica, puede encontrar gozo en sus tribulaciones presentes, porque ellas producen frutos preciosos (v. 3-4) que vuelven su esperanza más viva y ferviente. “Y no sólo esto…” (v. 11): tenemos el derecho de gloriarnos en los dones, pero más aun en aquel que nos los dispensa: Dios mismo, quien llegó a ser nuestro Dios por el Señor Jesucristo.

Romanos 5:12-21
12De consiguiente, vino la reconciliación por uno, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó á todos los hombres, pues que todos pecaron.13Porque hasta la ley, el pecado estaba en el mundo; pero no se imputa pecado no habiendo ley.14No obstante, reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun en los que no pecaron á la manera de la rebelión de Adam; el cual es figura del que había de venir.15Mas no como el delito, tal fué el don: porque si por el delito de aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios á los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo.16Ni tampoco de la manera que por un pecado, así también el don: porque el juicio á la verdad vino de un pecado para condenación, mas la gracia vino de muchos delitos para justificación.17Porque, si por un delito reinó la muerte por uno, mucho más reinarán en vida por un Jesucristo los que reciben la abundancia de gracia, y del don de la justicia.18Así que, de la manera que por un delito vino la culpa á todos los hombres para condenación, así por una justicia vino la gracia á todos los hombres para justificación de vida.19Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituídos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituídos justos.20La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia;21Para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro.

Para una persona que se haya convertido estando en su lecho de muerte, la epístola hubiese podido terminar con el versículo 11. La cuestión de sus pecados ha sido resuelta; por ello es apta para la gloria de Dios. Pero al que sigue viviendo sobre la tierra, en adelante se le plantea un problema doloroso: lleva en él su vieja naturaleza, “el pecado”, la cual sólo es capaz de producir, como antes, frutos corrompidos. ¿Corre el peligro de perder, pues, su salvación? Lo que sigue, del capítulo 5:12 al capítulo 8, nos enseña cómo Dios proveyó: Él condenó no sólo mis actos, sino aun la voluntad perversa que los hizo nacer, es decir, el “viejo hombre” (6:6), estrictamente conforme a Adán, su antepasado. Imaginemos que un impresor poco cuidadoso, al componer el cliché de un libro, haya dejado pasar errores graves que falseen completamente el pensamiento del autor. Estas faltas se reproducirán en todo el tiraje tantas veces como ejemplares se impriman. La encuadernación más bella no cambiará nada. Para tener un texto fiel, el escritor tendrá que mandar imprimir una nueva edición a partir de otro cliché. El primer Adán es como ese mal cliché, de manera que existen tantos pecadores como hombres. Pero Dios no ha buscado mejorar la raza adámica. Él ha suscitado un nuevo hombre, Cristo, y nos ha dado su vida.

Romanos 6:1-14
1¿PUES qué diremos? Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca?2En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?3¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?4Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.5Porque si fuimos plantados juntamente en él á la semejanza de su muerte, así también lo seremos á la de su resurrección:6Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado.7Porque el que es muerto, justificado es del pecado.8Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;9Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él.10Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir, á Dios vive.11Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias;13Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia.14Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

¡Es muy fácil!, dicen algunos. Si la gracia sobreabunda y nuestras injusticias sirven para hacerla brillar aun más, aprovechemos para dejarnos llevar por todos los caprichos de nuestra voluntad carnal (v. 1 y 15). Pero ¿puede uno imaginarse al hijo pródigo (Lucas 15:11-32), luego de haber visto la acogida que el padre le dio, deseando volver al país lejano y diciéndose: «Ahora sé que siempre seré recibido en mi casa cada vez que tenga ganas de volver»? No, tal razonamiento no es el de un verdadero hijo de Dios. Primero, porque él sabe lo que la gracia costó a su Salvador y teme entristecerle y, luego, porque el pecado debe haber perdido todo su atractivo para él. En efecto, un cadáver ya no puede ser seducido por los placeres y las tentaciones. Mi muerte con Cristo (v. 6) quita al pecado toda fuerza y autoridad sobre mí. ¡Qué maravillosa redención!

Los versículos 13 a 18 del capítulo 3 muestran que todos los miembros del hombre (lengua, pies, ojos…) son “instrumentos de iniquidad” al servicio del pecado (v. 13). Sin embargo, en el momento de mi conversión, esos mismos miembros cambian de propietario y se convierten en “instrumentos de justicia” a disposición de Aquel que tiene todos los derechos sobre mí.

Romanos 6:15-23
15¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera.16¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia?17Empero gracias á Dios, que aunque fuistes siervos del pecado, habéis obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados;18Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.19Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia y á la iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros á servir á la justicia.20Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia.21¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte.22Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna.23Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Por encima de todo, el hombre se preocupa por su libertad. Sin embargo, ésta es una completa ilusión. Alguien escribió: «La libre voluntad no es más que la esclavitud del diablo». Sin embargo, el hombre no lo advierte sino después de su conversión. Sólo al tratar de retomar el vuelo, el pájaro cautivo siente que le han cortado las alas. “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado…”, enseña el Señor Jesús. Pero agrega: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:34, 36). ¡Libres… no de hacer nuestra propia voluntad, pues eso sería colocarnos bajo la misma esclavitud! Que nos baste el haber cumplido en “el tiempo pasado” (v. 21; 1 Pedro 4:3) la voluntad del hombre pecador y saber que la consecuencia de ese trabajo hecho para Satanás, el impostor, requirió un trágico salario: la muerte que Cristo padeció en nuestro lugar (v. 23). Si somos libres, es para servir a Dios y obedecerle de corazón (v. 17; 2 Corintios 10:5). Tal fue el ejemplo de un joven africano, esclavo de un amo cruel, a quien un viajero compasivo rescató y le dio la libertad. En vez de ir a vivir su vida, pidió que se le permitiera permanecer junto a su benefactor. Su deseo máximo era servirle en adelante.

Romanos 7:1-11
1¿IGNORAIS, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley) que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive?2Porque la mujer que está sujeta á marido, mientras el marido vive está obligada á la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido.3Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no será adúltera si fuere de otro marido.4Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos á la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, á saber, del que resucitó de los muertos, á fin de que fructifiquemos á Dios.5Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte.6Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto á aquella en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra.7¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás.8Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado está muerto.9Así que, yo sin la ley vivía por algún tiempo: mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí.10Y hallé que el mandamiento, á intimado para vida, para mí era mortal:11Porque el pecado, tomando ocasión, me engañó por el mandamiento, y por él me mató.

La ley no solamente reprime los pecados que he cometido, sino que juzga mi naturaleza pecadora, por ejemplo, mi incapacidad para amar a Dios y a mi prójimo como ella lo prescribe. El pecado me coloca, pues, inexorablemente bajo la condenación de la ley de Dios… Pero de ella estoy liberado de la misma forma en que he sido liberado del pecado: por la muerte (es decir, mi muerte con Cristo, v. 4). Cuando un culpable muere, la justicia humana no puede hacer nada más contra él.

Entonces, ¿la ley es algo malo, ya que Dios ha debido protegerme contra su rigor? “En ninguna manera”, exclama nuevamente el apóstol (v. 7). Si en un museo tomo en mi mano un objeto expuesto, seguramente no tengo conciencia de cometer una infracción, pues no hay ninguna indicación que me lo prohíba. En cambio, soy plenamente culpable si existe un cartel que prohíba tocar ese objeto. Pero al mismo tiempo esta inscripción despertará en muchos visitantes el deseo de tocar los objetos expuestos. La naturaleza orgullosa del hombre lo lleva a infringir todo reglamento para afirmar su independencia. Así, por la ley, Dios me sorprende en flagrante delito de desobediencia y pone en evidencia la codicia que está en mí, para darme una mayor conciencia de mi pecado.

Romanos 7:12-25
12De manera que la ley á la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno.13¿Luego lo que es bueno, á mí me es hecho muerte? No; sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte, haciéndose pecado sobremanera pecante por el mandamiento.14Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido á sujeción del pecado.15Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago.16Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.17De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí.18Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo.19Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago.20Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí.21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí.22Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios:23Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.24Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?25Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado.

Estos versículos se han comparado con los vanos esfuerzos de un hombre atrapado en arenas movedizas. Cada movimiento que hace para liberarse lo hunde aún más. Al verse perdido, grita pidiendo socorro. Moralmente, este drama ilustra la historia de muchos hijos de Dios durante un período que sigue a su conversión. El apóstol se pone en el lugar de tal creyente y nos describe su desesperación (si no fuera salvo, por un lado no tendría estas luchas, y por otro no encontraría su felicidad en la ley de Dios; v. 22). «¡Ay!, exclama este hombre. En lugar de ir de progreso en progreso, me siento cada día más malo. He descubierto sucesivamente que estaba “bajo pecado” (3:9), que éste reinaba sobre mí (5:21), que me dominaba (6:14), que me tenía cautivo (7:23) y que “mora en mí” (7:17, 20), tal como una enfermedad insidiosa que hubiera tomado posesión de mis centros vitales. Cuerpo de muerte, ¿quién me liberará de él? Yo me reconozco incapaz, sin fuerzas; entonces estoy dispuesto a recurrir a Otro. Y Jesús me toma de la mano».

¡Dolorosa pero necesaria experiencia! Desde el momento en que no espero más nada de mí, puedo esperarlo todo de Cristo.

Romanos 8:1-11
1AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu.2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.3Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del pecado, condenó al pecado en la carne;4Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme á la carne, mas conforme al espíritu.5Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu.6Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz:7Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede.8Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios.9Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él.10Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo á la verdad está muerto á causa del pecado; mas el espíritu vive á causa de la justicia.11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros, el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Una paz maravillosa sigue a los tormentos del capítulo 7. Como culpable, he aprendido que no hay más condena para mí, pues estoy en Cristo Jesús, lugar de perfecta seguridad. Como hombre miserable (7:24), sin fuerzas para hacer el bien, he descubierto un poder llamado “la ley del Espíritu de vida”, el que al fin me libera de “la ley del pecado”, es decir, de su dominio. Tales son las dos grandes verdades que comprendo por la fe.

El más hábil escultor, aunque disponga de la mejor herramienta, no podrá cincelar nada en madera apolillada. Dios es ese hábil obrero, y la ley es esa buena herramienta (7:12). Pero, por buena que sea la ley (7:12), ha sido hecha “débil” e ineficaz por una “carne” rebelde, corrompida y roída por el gusano del pecado (v. 3, 7). Nosotros estábamos en “la carne” (v. 9), obligados a actuar según su voluntad. En lo sucesivo estamos en Cristo Jesús, andando “conforme al Espíritu” (v. 4). Es cierto que, aunque ya no estamos más “en la carne”, la carne está todavía en nosotros. Pero al creer, el mismo Espíritu de Dios vino a habitar en nosotros como el verdadero amo. La carne, “el viejo hombre”, antiguo propietario, no es más que un inquilino indeseable, encerrado en un cuarto. Ya no tiene ningún derecho… pero es necesario que yo vele para no abrirle la puerta.

Romanos 8:12-21
12Así que, hermanos, deudores somos, no á la carne, para que vivamos conforme á la carne:13Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis.14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.15Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre.16Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios.17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.18Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.19Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios.20Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza,21Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Así que ya no somos deudores de la carne, acreedor insaciable y cruel (v. 12), pues nos convertimos en hijos de Dios, y nuestro Padre no admite que seamos esclavos. Él mismo pagó todo lo que debíamos, a fin de que fuéramos libres y sólo dependiésemos de él.

Antiguamente, el esclavo romano podía ser liberado y aun excepcionalmente adoptado por su amo con todos los derechos hereditarios; débil imagen de lo que Dios ha hecho con pobres seres caídos, manchados y sublevados contra Él. No solamente les ha otorgado perdón, justicia y plena liberación, sino que los ha hecho miembros de su propia familia. Y ellos están sellados con su Espíritu, merced al cual también los hijos conocen su relación con el Padre. “Papá” (Abba, en hebreo) es a menudo la primera palabra inteligible que articula un niño (v. 15-16; véase también 1 Juan 2:13 fin).

Además de esta convicción que él nos da, el Espíritu nos enseña a hacer morir las obras de la carne, es decir, a no dejar que se manifiesten (v. 13). Y al dejarnos conducir por Él, la gente verá en nosotros que somos hijos de Dios (v. 14; véase Mateo 5:44-45) mientras esperamos ser manifestados como tales a toda la creación (v. 19).

Romanos 8:22-30
22Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora.23Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la redención de nuestro cuerpo.24Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo?25Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.26Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.27Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme á la voluntad de Dios, demanda por los santos.28Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados.29Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos;30Y á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó.

En esta tierra, manchada por el pecado, reinan la injusticia, el sufrimiento y el temor. El hombre ha sojuzgado toda la creación, inclusive el cosmos, poniéndola al servicio de su vanidad, de su corrupción... (v. 20-21). Los suspiros de todos los oprimidos suben hacia el gran Juez (Lamentaciones 3:34-36). Nosotros mismos también suspiramos en “el cuerpo de la humillación nuestra” (Filipenses 3:21). Sentimos la fatiga del pecado que nos rodea y al que, además, nos es necesario juzgar continuamente en nosotros mismos. Nuestra flaqueza es grande: no sabemos cómo orar ni qué pedir. Por eso una función del Espíritu es interceder a nuestro favor en un lenguaje que Dios comprende (v. 27). No sabemos lo que es bueno para nosotros, pero el versículo 28 nos revela que todo lo que nos sucede ha sido preparado por Dios, y finalmente se inscribe en “su propósito” o plan, cuyo centro es Cristo. Porque para dar a su Hijo compañeros en la gloria, Dios conoció de antemano, predestinó, llamó, justificó y glorificó a estos seres, anteriormente miserables y perdidos, a quienes actualmente prepara para su destino celestial (v. 29). Sublime cadena de los consejos divinos, la cual liga la eternidad pasada a la eternidad futura y da su sentido al momento presente.

Romanos 8:31-39
31¿Pues qué diremos á esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?32El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?33¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está á la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.35¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo?36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero.37Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó.38Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,39Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Tal despliegue de los propósitos eternos de Dios deja al redimido sin palabras. ¡Toda pregunta que pudiera formularse ha encontrado su perfecta respuesta! Dios está con él; luego, ¿qué enemigo se arriesgaría siquiera a tocarlo? Dios lo justifica; entonces, ¿quién osaría acusarlo en lo sucesivo? El único que podría condenarlo –Cristo– ha llegado a ser su soberano intercesor. Y ¿qué podría rehusar un Dios que en la persona de su Hijo nos ha hecho el más grande de todos los dones? Dará también “con él todas las cosas” (v. 32). Sí, aun las pruebas dolorosas que él considere necesarias (v. 28). Parece que éstas tendieran más bien a separarnos del amor de Cristo al producir en nosotros el desagrado o el desaliento. ¡Al contrario! “Todas estas cosas” nos permiten probar la excelencia de este amor como no hubiésemos podido conocerlo de otra manera. Cualquiera sea la forma de la prueba: tribulación, angustia, persecución, en cada una la gracia variada del Señor se manifiesta de una manera particular: apoyo, consuelo, ternura, perfecta simpatía… A cada sufrimiento le responde una forma personal de su amor. Y cuando la tierra y los sufrimientos acaben para siempre, permaneceremos por la eternidad como objetos del amor de Dios.

Romanos 9:1-18
1VERDAD digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo,2Que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.3Porque deseara yo mismo ser apartado de Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;4Que son israelitas, de los cuales es la adopción, y la gloria, y el pacto, y la data de la ley, y el culto, y las promesas;5Cuyos son los padres, y de los cuales es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.6No empero que la palabra de Dios haya faltado: porque no todos los que son de Israel son Israelitas;7Ni por ser simiente de Abraham, son todos hijos; mas: En Isaac te será llamada simiente.8Quiere decir: No los que son hijos de la carne, éstos son los hijos de Dios; mas los que son hijos de la promesa, son contados en la generación.9Porque la palabra de la promesa es esta: Como en este tiempo vendré, y tendrá Sara un hijo.10Y no sólo esto; mas también Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre,11(Porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme á la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese;)12Le fué dicho que el mayor serviría al menor.13Como está escrito: A Jacob amé, mas á Esaú aborrecí.14¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.15Mas á Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré.16Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.17Porque la Escritura dice de Faraón: Que para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.18De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece.

Los capítulos 1 a 8 nos recuerdan la historia del hijo pródigo: su pecado había abundado, pero la gracia sobreabundó. Luego de ser revestido con el manto de justicia, no permaneció como un asalariado en la casa de su padre, sino que en adelante gozó con él de una plena y libre relación (véase Lucas 15:11-32).

Del capítulo 9 al 11 se trata del hijo mayor, es decir, del pueblo judío, de sus privilegios naturales y también de su envidia. Como el padre de la parábola, el apóstol deseaba que Israel comprendiera qué es la gracia soberana. Ella no está ligada a ventajas hereditarias. No todos los descendientes de Abraham eran hijos de la promesa. Esaú, por ejemplo, ese profano que a pesar de ser hermano gemelo de Jacob, no pudo heredar su parte en la bendición, y respecto de quien Dios expresó este terrible sentimiento: “A Esaú aborrecí” (v. 13). Sin duda alguna, antes de esto Su amor había agotado todos sus recursos. Basta pensar en las lágrimas del Señor Jesús sobre Jerusalén culpable (Lucas 19:41), dolor del cual el apóstol hace un eco punzante en los versículos 2 y 3. Repitámoslo: los derechos de nacimiento no aseguran a nadie los beneficios de la salvación por gracia. Hijos de padres cristianos: esto se dirige a ustedes de la manera más solemne.

Romanos 9:19-33
19Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá á su voluntad?20Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal?21¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza?22¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte,23Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrólas para con los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria;24Los cuales también ha llamado, es á saber, á nosotros, no sólo de los Judíos, mas también de los Gentiles?25Como también en Oseas dice: Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío; Y á la no amada, amada.26Y será, que en el lugar donde les fué dicho: Vosotros no sois pueblo mío: Allí serán llamados hijos del Dios viviente.27También Isaías clama tocante á Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena de la mar, las reliquias serán salvas:28Porque palabra consumadora y abreviadora en justicia, porque palabra abreviada, hará el Señor sobre la tierra.29Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado simiente, Como Sodoma habríamos venido á ser, y á Gomorra fuéramos semejantes.30¿Pues qué diremos? Que los Gentiles que no seguían justicia, han alcanzado la justicia, es á saber, la justicia que es por la fe;31Mas Israel que seguía la ley de justicia, no ha llegado á la ley de justicia.32¿Por qué? Porque la seguían no por fe, mas como por las obras de la ley: por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo,33Como está escrito: He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo, y piedra de caída; Y aquel que creyere en ella, no será avergonzado.

En su audaz incredulidad los hombres se permiten juzgar a Dios según su propia medida. «Ya que en definitiva, dicen algunos, él hará sólo lo que haya querido; ¿de qué puede hacernos responsables? (v. 19). A pesar de lo que un individuo haga –agregan– si está predestinado, tarde o temprano será salvo. Pero si no es elegido, todos sus esfuerzos para cambiar su suerte final serán vanos». De ese falso punto de partida derivan otras preguntas como éstas: ¿No es Dios injusto por haber elegido a unos y no a otros? Conociendo de antemano el destino de los perdidos, ¿por qué haberlos creado? ¿Cómo un Dios bueno puede condenar a su criatura al infortunio?… Este capítulo nos enseña que Dios no preparó ningún vaso para deshonra (o de ira). Al contrario, los soportó –y los soporta aún– “con mucha paciencia” (v. 22). Son los propios pecadores quienes se preparan continuamente para la perdición eterna. A todos los razonadores podemos responder que una cosa es segura: Dios los ha llamado a ustedes que tienen su Palabra en las manos. Él ha querido también hacer de ustedes vasos de misericordia. Solamente su rechazo puede impedirle realizar su plan de amor (léase 1 Timoteo 2:3-4).

Romanos 10:1-13
1HERMANOS, ciertamente la voluntad de mi corazón y mi oración á Dios sobre Israel, es para salud.2Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no conforme á ciencia.3Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado á la justicia de Dios.4Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia á todo aquel que cree.5Porque Moisés describe la justicia que es por la ley: Que el hombre que hiciere estas cosas, vivirá por ellas.6Mas la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo á Cristo:)7O, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver á traer á Cristo de los muertos.)8Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos:9Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.10Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud.11Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.12Porque no hay diferencia de Judío y de Griego: porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan:13Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

El afecto del apóstol por su pueblo se manifestaba en gran manera por las oraciones (v. 1). Este es igualmente nuestro primer deber para con los inconversos que se hallan entre nuestros allegados. Por experiencia propia, Pablo sabía que se puede ser “celoso de Dios” y, sin embargo, andar por un camino equivocado. ¡Cuántas obras, a menudo generosas y sinceras, están destinadas a fracasar porque no son “conforme a ciencia” (es decir, no concuerdan con el divino pensamiento; v. 2). Y esto, máximo cuando se trata de los vanos esfuerzos desplegados por muchas personas que quieren ganarse el cielo, mientras que sólo basta asirse de la palabra que está “cerca de ti” (v. 8). Hacen pensar en un hombre que ha caído a un precipicio y persiste en intentar subir por sus propios medios en lugar de confiar en la cuerda de salvamento que le ha sido arrojada.

Los versículos 9 y 10 nos recuerdan que la fe del corazón y la confesión de la boca son inseparables. Se puede dudar de la realidad de la conversión de quien no tiene el ánimo de confesarla.

En el versículo 22 del capítulo 3 “no hay diferencia” frente al pecado. Aquí, en el versículo 12, “no hay diferencia” en cuanto a la salvación. Todos pueden obtenerla. El Señor es suficientemente rico para satisfacer las necesidades de todos los que le invocan.

Romanos 10:14-21
14¿Cómo, pues invocarán á aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán á aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique?15¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ­Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian el evangelio de los bienes!16Mas no todos obedecen al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído á nuestro anuncio?17Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.18Mas digo: ¿No han oído? Antes bien, Por toda la tierra ha salido la fama de ellos, Y hasta los cabos de la redondez de la tierra las palabras de ellos.19Mas digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré á celos con gente que no es mía; Con gente insensata os provocaré á ira.20E Isaías determinadamente dice: Fuí hallado de los que no me buscaban; Manifestéme á los que no preguntaban por mí.21Mas acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos á un pueblo rebelde y contradictor.

“La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (v. 17). Es, pues, indispensable que esta palabra eficaz sea proclamada a través del mundo. “Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación”, escribía el profeta Isaías (52:7). Entonces se trataba de Cristo solamente. En adelante es cuestión de “los que anuncian la paz”, pues los redimidos a su vez se vuelven predicadores. En efecto, si cada uno de ellos quisiera ser, allí donde el Señor lo envía, un mensajero lleno de fervor, los llamados del Evangelio resonarían hasta los extremos de la tierra (v. 18). El versículo 15 nos muestra de qué manera deben predicar los creyentes: no solamente con sus palabras, sino también por la hermosura moral de su andar, sus pies calzados con “el apresto del evangelio de la paz” (Efesios 6:15). La entristecida pregunta: “¿Quién ha creído?” (Isaías 53:1), subraya que muchos corazones permanecerán cerrados. Era el caso de Israel, a pesar de las advertencias de todo el Antiguo Testamento: Moisés (Romanos 10:19), David (v. 18), Isaías (v. 15-16, 20-21), es decir, la Ley, los Salmos y los Profetas. Pero tengamos cuidado de no ser nosotros también desobedientes y contradictores (v. 21).

Romanos 11:1-15
1DIGO pues: ¿Ha desechado Dios á su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín.2No ha desechado Dios á su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura? cómo hablando con Dios contra Israel dice:3Señor, á tus profetas han muerto, y tus altares han derruído; y yo he quedado solo, y procuran matarme.4Mas ¿qué le dice la divina respuesta? He dejado para mí siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.5Así también, aun en este tiempo han quedado reliquias por la elección de gracia.6Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.7¿Qué pues? Lo que buscaba Israel aquello no ha alcanzado; mas la elección lo ha alcanzado: y los demás fueron endurecidos;8Como está escrito: Dióles Dios espíritu de remordimiento, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.9Y David dice: Séales vuelta su mesa en lazo, y en red, Y en tropezadero, y en paga:10Sus ojos sean obscurecidos para que no vean, Y agóbiales siempre el espinazo.11Digo pues: ¿Han tropezado para que cayesen? En ninguna manera; mas por el tropiezo de ellos vino la salud á los Gentiles, para que fuesen provocados á celos.12Y si la falta de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más el henchimiento de ellos?13Porque á vosotros hablo, Gentiles. Por cuanto pues, yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio honro.14Por si en alguna manera provocase á celos á mi carne, e hiciese salvos á algunos de ellos.15Porque si el extrañamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos?

A pesar de su incredulidad, Israel no había sido definitivamente rechazado. El apóstol mismo era un testigo de lo que la gracia aún podía realizar en favor del judío rebelde (v. 1). Ya en su época, Elías creía erróneamente que todo el pueblo había abandonado a Dios. Presa del desánimo, incluso había llegado a invocar “a Dios contra Israel” (v. 2). ¡Pero qué gracia hubo en la respuesta divina!: “Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal” (v. 4). En todos los tiempos el Señor se ha reservado un remanente fiel que se niega a inclinarse ante los ídolos del mundo. Nosotros, ¿formamos parte de él actualmente (v. 5)? El versículo 9 nos da un ejemplo de lo que puede ser un ídolo: los placeres de la mesa (o del buen comer) se convierten en una trampa para los incrédulos, y el Salmo 69:22 agrega: “… lo que es para bien…” (o sea, su prosperidad) les es una trampa.

Luego de múltiples llamados, Israel finalmente fue enceguecido en provecho de las naciones. Pero el ardiente deseo del apóstol seguía siendo éste: que los celos del pueblo judío hacia los nuevos beneficiarios de la salvación (envidia de la cual él mismo había sufrido tanto: Hechos 13:45; 17:5; 22:21-22), lo incitara a buscar la gracia que había despreciado hasta ese momento (Romanos 11:14; 10:19).

¡Que al ver nuestras bendiciones cristianas, los que nos rodean deseen poseerlas también!

Romanos 11:16-36
16Y si el primer fruto es santo, también lo es el todo, y si la raíz es santa, también lo son las ramas.17Que si algunas de las ramas fueron quebradas, y tú, siendo acebuche, has sido ingerido en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la grosura de la oliva;18No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú á la raíz, sino la raíz á ti.19Pues las ramas, dirás, fueron quebradas para que yo fuese ingerido.20Bien: por su incredulidad fueron quebradas, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme.21Que si Dios no perdonó á las ramas naturales, á ti tampoco no perdone.22Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.23Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán ingeridos; que poderoso es Dios para volverlos á ingerir.24Porque si tú eres cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste ingerido en la buena oliva, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán ingeridos en su oliva?25Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles;26Y luego todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, Que quitará de Jacob la impiedad;27Y este es mi pacto con ellos, Cuando quitare su pecados.28Así que, cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros: mas cuanto á la elección, son muy amados por causa de los padres.29Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios.30Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis á Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos;31Así también éstos ahora no ha creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia.32Porque Dios encerró á todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.33Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ­Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!34Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿ó quién fué su consejero?35¿O quién le dió á él primero, para que le sea pagado?36Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén.

Para ilustrar la posición de Israel y la de las naciones respectivamente, el apóstol toma como ejemplo un buen olivo que representa al pueblo judío. “Por su incredulidad” (v. 20), una parte de sus ramas ha sido arrancada y en su lugar han sido injertadas ramas provenientes del olivo silvestre de las naciones. Ahora bien, todos sabemos que un jardinero siempre hace lo contrario: injerta en el árbol silvestre el retoño de la especie que espera cosechar. Esta introducción “contra naturaleza” (v. 24) de los gentiles en el tronco de Israel subraya, pues, la inmensa gracia que nos ha hecho, a nosotros que no somos judíos, los beneficiarios de las promesas hechas a Abraham. ¡Enorgullecerse de ello sería la más grande de las inconsecuencias! (v. 20).

Llegará el momento, luego del arrebatamiento de los creyentes, en que la cristiandad infiel será juzgada a su vez. Después, todo el remanente de Israel será salvado por su gran Libertador (v. 26).

Las naciones no tenían ningún derecho de origen, e Israel había perdido los suyos. Todos estaban, pues, en el mismo estado irremediable, sin otro recurso que la misericordia divina. El apóstol se detiene con adoración frente a esos consejos insondables, esas profundidades “de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios” (v. 33).

Romanos 12:1-8
1ASI que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto.2Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.3Digo pues por la gracia que me es dada, á cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme á la medida de la fe que Dios repartió á cada uno.4Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen la misma operación;5Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros.6De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme á la medida de la fe;7si ministerio, en servir; ó el que enseña, en doctrina;8El que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágalo en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Hasta aquí hemos visto lo que Dios hizo por nosotros. Los capítulos 12 a 15 nos enseñan lo que él ahora espera de nosotros. El Señor ha adquirido todos los derechos sobre nuestras vidas. Presentémosle lo que le pertenece: nuestros cuerpos, como sacrificio vivo (en contraste con las víctimas muertas del culto judaico) a fin de que él actúe a través de ellos. Pero, antes de servir, es necesario que nuestra inteligencia renovada discierna la voluntad del Señor (Colosenses 1:9-10). Cualesquiera sean las apariencias, tal voluntad siempre es buena, agradable y perfecta (pesemos estas palabras) por el solo hecho de que es Su voluntad (Romanos 12:2; Juan 4:34). También es importante controlar nuestros pensamientos y juzgarlos, de manera que sean pensamientos de humildad y no de satisfacción propia, sino puros y no manchados.

Los versículos 6 a 8 enumeran algunos dones de gracia: el de profecía, el de servicio, el de enseñanza, el de exhortación, el de administración, el de guía del rebaño… «Ninguna de estas actividades me conciernen, dirá un joven, pues son para cristianos de edad y experiencia». De todos modos, la última de ellas, la misericordia, mencionada en el versículo 8 es para usted –quienquiera que sea e independientemente de su edad– e igualmente lo es la generosidad, porque “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

Romanos 12:9-21
9El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno;10Amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos á los otros;11En el cuidado no perezosos; ardientes en espíritu; sirviendo al Señor;12Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;13Comunicando á las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad.14Bendecid á los que os persiguen: bendecid y no maldigáis.15Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.16Unánimes entre vosotros: no altivos, mas acomodándoos á los humildes. No seáis sabios en vuestra opinión.17No paguéis á nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.18Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.19No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.20Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.21No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.

En los versículos 1 a 8 se trata de nuestro servicio delante de Dios; los versículos 9 a 16 enumeran principalmente nuestros deberes hacia nuestros hermanos, en tanto que desde el versículo 17 a 21 se trata de nuestra responsabilidad con respecto a todos los hombres. Cada una de estas exhortaciones, que debe ser meditada, encuentra su aplicación en nuestra vida diaria, pues la autoridad de la Palabra se extiende tanto a nuestra vida familiar como a nuestro trabajo, tanto a los días de semana como al domingo, tanto a los días de alegría como a los de tristeza (v. 15)… No hay ninguna circunstancia en la que no podamos o no debamos comportarnos como cristianos.

El versículo 11 nos alienta a la actividad. Sin embargo, los diversos servicios puestos ante nosotros: beneficencia, hospitalidad (v. 13)… deben reunirse en la expresión “sirviendo al Señor” (y no a nuestra reputación).

Gozarse en lo que es humilde y con los humildes (v. 16), soportar con paciencia injusticias o ultrajes (v. 17-20) son cosas contrarias a nuestra vieja naturaleza, pero así se manifestará la vida de Cristo en nosotros, tal como se manifestó en él (1 Pedro 2:21-23). Hacer el bien es la única réplica al mal que nos es permitida y es también la única manera de superarlo.

Romanos 13:1-14
1TODA alma se someta á las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas.2Asi que, el que se opone á la potestad, á la ordenación de Dios resiste: y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí.3Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. ¿Quieres pues no temer la potestad? haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;4Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque no en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo.5Por lo cual es necesario que le estéis sujetos, no solamente por la ira, mas aun por la conciencia.6Porque por esto pagáis también los tributos; porque son ministros de Dios que sirven á esto mismo.7Pagad á todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra.8No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley.9Porque: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no codiciarás: y si hay algún otro mandamiento, en esta sentencia se comprende sumariamente: Amarás á tu prójimo como á ti mismo.10La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimento de la ley es la caridad.11Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos está más cerca nuestra salud que cuando creímos.12La noche ha pasado, y ha llegado el día: echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz,13Andemos como de día, honestamente: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pedencias y envidia:14Mas vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne en sus deseos.

Estar sometido a las autoridades es estarlo a Dios mismo quien las ha establecido, salvo que lo que se nos exija esté en contradicción evidente con la voluntad del Señor (Hechos 4:19; 5:29). El cristiano, que aprovecha la seguridad y los servicios públicos prestados por el Estado, debe comportarse como buen ciudadano, pagar escrupulosamente sus impuestos (v. 7), respetar las leyes y los reglamentos: policía, aduana, etc. “No debáis a nadie nada” (v. 8) es una exhortación que siempre debemos recordar en nuestra época, en la que es habitual comprar mediante préstamo. Las deudas pueden volverse una trampa bajo tres aspectos diferentes: 1° Empeñando un futuro que no nos pertenece. 2° Ligándonos a los hombres en vez de a Dios (Jeremías 17:7). 3° Traduciendo un espíritu de impaciencia y de propia voluntad. Sólo una deuda debe ligarnos: el amor que resume todas las instrucciones de este capítulo: amor para con el Señor (1 Pedro 2:13), amor para con nuestros hermanos, amor para con todos los hombres.

Un motivo esencial para permanecer fieles es que “la mañana viene” (Isaías 21:12). Mientras dure la noche moral de este mundo, los creyentes somos invitados a vestirnos con “las armas de la luz” (v. 12; Efesios 6:13). Sí, revestirnos del propio Señor Jesucristo: hacerlo visible en nosotros como se luce una vestimenta sin mancha. Despertémonos, amigos, no es el momento de flaquear. ¡El Señor viene!

Romanos 14:1-18
1RECIBID al flaco en la fe, pero no para contiendas de disputas.2Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro que es débil, come legumbres.3El que come, no menosprecie al que no come: y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha levantado.4¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su señor está en pie, ó cae: mas se afirmará; que poderoso es el Señor para afirmarle.5Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté asegurado en su ánimo.6El que hace caso del día, háce lo para el Señor: y el que no hace caso del día, no lo hace para el Señor. El que come, come para el Señor, porque da gracias á Dios; y el que no come, no come para el Señor, y da gracias á Dios.7Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.8Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ó que vivamos, ó que muramos, del Señor somos.9Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.10Mas tú ¿por qué juzgas á tu hermano? ó tú también, ¿por qué menosprecias á tu hermano? porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo.11Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará á Dios.12De manera que, cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí.13Así que, no juzguemos más los unos de los otros: antes bien juzgad de no poner tropiezo ó escándalo al hermano.14Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que de suyo nada hay inmundo: mas á aquel que piensa alguna cosa ser inmunda, para él es inmunda.15Empero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme á la caridad. No arruines con tu comida á aquél por el cual Cristo murió.16No sea pues blasfemado vuestro bien:17Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo.18Porque el que en esto sirve á Cristo, agrada á Dios, y es acepto á los hombres.

El libro de los Hechos muestra cómo los cristianos salidos del judaísmo tenían dificultad para desprenderse de las formas de su religión. Aún son numerosos en la cristiandad actual los creyentes que atribuyen suma importancia a las prácticas exteriores: La abstención de ciertos alimentos, la observancia de las fiestas… ¡Cuidémonos de criticarlos! No tengo derecho a dudar de que un cristiano no actúe “para el Señor” (v. 6) del cual es un servidor responsable. De manera general, el estar dispuesto a juzgar a los otros siempre es la prueba de que conozco mal mi propio corazón. Porque si estoy verdadera y simultáneamente embargado por el horror de mí mismo y por el sentimiento de la gracia de Dios que me sostiene, todo espíritu de superioridad desaparece de mi pensamiento. Además, ¿podría erigirme en juez cuando yo mismo voy a comparecer pronto para responder por mis actos ante el tribunal de Cristo (v. 10), aunque desde ya esté justificado? No solamente debo abstenerme de juzgar los motivos del comportamiento de mi hermano, sino que debo velar para no escandalizarlo con el mío. Soy exhortado a abstenerme de lo que podría destruir (lo contrario de edificar) a otro creyente. Para esto el versículo 15 me da el argumento decisivo, a saber: ese hermano es aquel “por quien Cristo murió”.

Romanos 14:19-23; Romanos 15:1-13
19Así que, sigamos lo que hace á la paz, y á la edificación de los unos á los otros.20No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas á la verdad son limpias: mas malo es al hombre que come con escándalo.21Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, ó se ofenda ó sea debilitado.22¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena á sí mismo con lo que aprueba.23Mas el que hace diferencia, si comiere, es condenado, porque no comió por fe: y todo lo que no es de fe, es pecado.
1ASI que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos á nosotros mismos.2Cada uno de nosotros agrade á su prójimo en bien, á edificación.3Porque Cristo no se agradó á sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperan, cayeron sobre mí.4Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.5Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os dé que entre vosotros seáis unánimes según Cristo Jesús;6Para que concordes, á una boca glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.7Por tanto, sobrellevaos los unos á los otros, como también Cristo nos sobrellevó, para gloria de Dios.8Digo, pues, que Cristo Jesús fué hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas á los padres,9Y para que los Gentiles glorifiquen á Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, Y cantaré á tu nombre.10Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo.11Y otra vez: Alabad al Señor todos los Gentiles, Y magnificadle, todos los pueblos.12Y otra vez, dice Isaías: Estará la raíz de Jessé, Y el que se levantará á regir los Gentiles: Los Gentiles esperarán en él.13Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo.

Estos versículos continúan el tema de nuestras relaciones con otros creyentes. Además de la advertencia a no escandalizarlos, encontramos otras recomendaciones claras: 1) Procurar las cosas que tienden a la paz y… a la mutua edificación (v. 19). Las críticas conducen al resultado inverso. 2) Llevar, principalmente en oración, las imperfecciones de los débiles (lo que no significa de ninguna manera ser indulgente en cuanto a los pecados), recordando que nosotros también tenemos la más grande necesidad de ser sostenidos por nuestros hermanos a causa de nuestras propias flaquezas. 3) No buscar lo que nos es agradable, sino lo que beneficie a nuestro prójimo. Así seguiremos las huellas del perfecto Modelo (Romanos 15:2-3). Muchos lectores de los evangelios han quedado impresionados por esta comprobación: Jesús nunca hizo nada para sí mismo. 4) Dedicarse a tener un mismo sentir para que la comunión en el culto no sea alterada, y “recibir” a los otros con la misma gracia con que él nos ha recibido (v. 7).

Señalemos los nombres dados aquí al “Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”: “Dios de la paciencia y de la consolación” (v. 5). Él nos dispensa estas dádivas por su Palabra (v. 4). También es “el Dios de esperanza” (v. 13) y quiere que abundemos en ella. Finalmente es “el Dios de paz”, quien desea estar con todos nosotros (v. 33).

Romanos 15:14-33
14Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bodad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos á los otros.15Mas os he escrito, hermanos, en parte resueltamente, como amonestádoos por la gracia que de Dios me es dada,16Para ser ministro de Jesucristo á los Gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo.17Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que mira á Dios.18Porque no osaría hablar alguna cosa que Cristo no haya hecho por mí para la obediencia de los Gentiles, con la palabra y con las obras,19Con potencia de milagros y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios: de manera que desde Jerusalem, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del evangelio de Cristo.20Y de esta manera me esforcé á predicar el evangelio, no donde antes Cristo fuese nombrado, por no edificar sobre ajeno fundamento:21Sino, como esta escrito: A los que no fué anunciado de él, verán: Y los que no oyeron, entenderán.22Por lo cual aun he sido impedido muchas veces de venir á vosotros.23Mas ahora no teniendo más lugar en estas regiones, y deseando ir á vosotros muchos años há,24Cuando partiere para España, iré á vosotros; porque espero que pasando os veré, y que seré llevado de vosotros allá, si empero antes hubiere gozado de vosotros.25Mas ahora parto para Jerusalem á ministrar á los santos.26Porque Macedonia y Acaya tuvieron por bien hacer una colecta para los pobres de los santos que están en Jerusalem.27Porque les pareció bueno, y son deudores á ellos: porque si los Gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos servirles en los carnales.28Así que, cuando hubiere concluído esto, y les hubiere consignado este fruto, pasaré por vosotros á España.29Y sé que cuando llegue á vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo.30Ruégoos empero, hermanos, por el Señor nuestro Jesucristo, y por la caridad del Espíritu, que me ayudéis con oraciones por mí á Dios,31Que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio á los santos en Jerusalem sea acepta;32Para que con gozo llegue á vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.33Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

El apóstol tenía la mejor opinión de los cristianos de Roma (v. 14). Suponer el bien en nuestros hermanos es tener confianza en Cristo que está en ellos. También es estimularlos a mantenerse en ese nivel. Con conmovedora humildad Pablo anuncia su visita a los romanos, no como si sus exhortaciones les fueran necesarias, sino reconociéndoles la capacidad de exhortarse mutuamente. Tampoco se expresa como si ellos fueran a tener el honor de su presencia, sino como quien desea disfrutar de la presencia de ellos (v. 24). Finalmente, el gran apóstol dice a sus hermanos de Roma que tiene necesidad de sus oraciones (v. 30).

Impulsado por su celo por el Evangelio, Pablo había tratado a menudo de dirigirse a Roma. Pero Dios en su sabiduría se lo impidió. En los versículos 20 a 22 da la razón de su tardanza en visitar a los creyentes de esa ciudad. De hecho, esta capital del Mundo Antiguo no debía volverse el centro de su obra, para que la iglesia de Roma no pudiese alegar que había sido fundada por un apóstol y así hacerse superior a las demás asambleas… Un hermano dijo: «La Iglesia (entera) es la verdadera capital celestial y eterna de la gloria y de los caminos de Dios». El deseo del apóstol: “que sea recreado juntamente con vosotros”, fue cumplido: “Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento” (Hechos 28:15).

Romanos 16:1-16
1ENCOMIÉNDOOS empero á Febe nuestra hermana, la cual es diaconisa de la iglesia que está en Cencreas:2Que la recibáis en el Señor, como es digno á los santos, y que la ayudéis en cualquiera cosa en que os hubiere menester: porque ella ha ayudado á muchos, y á mí mismo.3Saludad á Priscila y Aquila, mis coadjutores en Cristo Jesús;4(Que pusieron sus cuellos por mi vida: á los cuales no doy gracias yo sólo, mas aun todas las iglesias de los Gentiles;)5Asimismo á la iglesia de su casa. Saludad á Epeneto, amado mío, que es las primicias de Acaya en Cristo.6Saludad á María, la cual ha trabajado mucho con vosotros.7Saludad á Andrónico y á Junia, mis parientes, y mis compañeros en la cautividad, los que son insignes entre los apóstoles; los cuales también fueron antes de mí en Cristo.8Saludad á Amplias, amado mío en el Señor.9Saludad á Urbano, nuestro ayudador en Cristo Jesús, y á Stachîs, amado mío.10Saludad á Apeles, probado en Cristo. Saludad á los que son de Aristóbulo.11Saludad á Herodión, mi pariente. Saludad á los que son de la casa de Narciso, los que están en el Señor.12Saludad á Trifena y á Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad á Pérsida amada, la cual ha trabajado mucho en el Señor.13Saludad á Rufo, escogido en el Señor, y á su madre y mía.14Saludad á Asíncrito, y á Flegonte, á Hermas, á Patrobas, á Hermes, y á los hermanos que están con ellos.15Saludad á Filólogo y á Julia, á Nereo y á su hermana, y á Olimpas, y á todos los santos que están con ellos.16Saludaos los unos á los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.

El capítulo 12 enseña lo que debe ser la consagración y el servicio cristianos. El capítulo 16, a su vez, nos muestra la práctica por parte de los creyentes de Roma a los cuales el apóstol dirige sus saludos. Aquí tenemos, escribió alguien, «una página típica del libro de la eternidad… No hay un solo acto de servicio que prestemos a nuestro Señor, que no sea sentado por escrito en su libro, y no solamente la sustancia del acto, sino también la manera en que es hecho…». Por eso, en el versículo 12, Trifena, Trifosa y Pérsida, la amada, no son nombradas juntamente, pues si bien las dos primeras trabajaban en el Señor, la tercera había “trabajado mucho”, y sus servicios no son confundidos. Aquel que no se equivoca lo considera y lo anota todo.

Pablo, por su parte, no olvidaba lo que había sido hecho para él (v. 2 y 4). Aquí encontramos a sus “compañeros de obra”, Priscila y Aquila (Hechos 18). La iglesia simplemente se reunía en su casa. ¡Qué contraste con las ricas basílicas construidas desde entonces! Los saludos en Cristo contribuyen a estrechar los lazos de comunión fraternal. Nosotros no deberíamos olvidar de transmitir aquellos que nos han sido confiados.

Romanos 16:17-27
17Y os ruego hermanos, que miréis los que causan disensiones y escándalos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; y apartaos de ellos.18Porque los tales no sirven al Señor nuestro Jesucristo, sino á sus vientres; y con suaves palabras y bendiciones engañan los corazones de los simples.19Porque vuestra obediencia ha venido á ser notoria á todos; así que me gozo de vosotros; mas quiero que seáis sabios en el bien, y simples en el mal.20Y el Dios de paz quebrantará presto á Satanás debajo de vuestros pies. la gracia del Señor nuestro Jesucristo sea con vosotros.21Os saludan Timoteo, mi coadjutor, y Lucio y Jasón y Sosipater, mis parientes.22Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor.23Salúdaos Gayo, mi huésped, y de toda la iglesia. Salúdaos Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.24La gracia del Señor nuestro Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.25Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, segun la revelación del misterio encubierto desde tiempos eternos,26Mas manifestado ahora, y por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, declarado á todas las gentes para que obedezcan á la fe;27Al sólo Dios sabio, sea gloria por Jesucristo para siempre. Amén. {enviada por medio de Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas.}

Los motivos de alegría que Pablo encontraba en los creyentes de Roma (v. 19) no le hacían perder de vista los peligros a los que estaban expuestos. Antes de cerrar su epístola los previene contra los falsos maestros, reconocibles por el hecho de que buscan complacerse a sí mismos, sirviendo a sus propias ambiciones y codicias (“sus propios vientres”, v. 18; véase Filipenses 3:19). El remedio no consiste en discutir con esa clase de gente, ni en estudiar sus errores, sino en alejarse de ellos, siendo sencillos en cuanto al mal (Proverbios 19:27). Sin embargo, esas manifestaciones del mal no nos dejan insensibles. Por ello, para alentarnos, el Espíritu nos afirma que pronto el Dios de paz aplastará a Satanás bajo nuestros pies (v. 20). Numerosos parientes de Pablo se encontraban entre los primeros cristianos, fruto, sin duda, de sus oraciones (9:3 y 10:1). ¡Cuánto estimula esto nuestra intercesión por los nuestros que aún no se han convertido!

Lo que Dios espera de nuestra fe es la obediencia (v. 19 y 26 fin), y lo que nuestra fe puede esperar de él, mediante “nuestro Señor Jesucristo”, es el poder (v. 25), la sabiduría (v. 27) y la gracia (v. 20 y 24). Sumémonos al apóstol para darle gloria, expresándole nuestro agradecimiento y, sobre todo, viviendo para agradarle.

1 Corintios 1:1-16
1PABLO, llamado á ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes el hermano,2A la iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús, llamados santos, y á todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar, Señor de ellos y nuestro:3Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.4Gracias doy á mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en Cristo Jesús;5Que en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda lengua y en toda ciencia;6Así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros:7De tal manera que nada os falte en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo:8El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo.9Fiel es Dios, por el cual sois llamados á la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor.10Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.11Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas;12Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.13¿Está dividido Cristo? ¿Fué crucificado Pablo por vosotros? ¿ó habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?14Doy gracias á Dios, que á ninguno de vosotros he bautizado, sino á Crispo y á Gayo;15Para que ninguno diga que habéis sido bautizados en mi nombre.16Y también bauticé la familia de Estéfanas: mas no sé si he bautizado algún otro.

En Corinto había sido formada una numerosa iglesia por medio del ministerio del apóstol Pablo (véase Hechos 18:10). Este fiel pastor, como celoso evangelista, seguía velando sobre ella con solicitud (2 Corintios 11:28). Desde Éfeso escribió esta primera carta que se dirige también a “todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (v. 2). Igualmente fue escrita para usted, querido lector, si forma parte de aquellos “todos”.

Pablo había recibido noticias desagradables de Corinto. Varios desórdenes se habían producido en esta iglesia. Pero, antes de abordar esos penosos temas, recuerda a esos creyentes cuáles son sus riquezas espirituales y las atribuye a la gracia de Dios (v. 4-5). Para medir nuestra responsabilidad y tomar más en serio nuestra vida cristiana, tratemos, de vez en cuando, de hacer la cuenta de nuestros inestimables privilegios y demos gracias al Señor, como el apóstol lo hace aquí.

El primer reproche dirigido a la iglesia de Corinto concierne a sus disensiones. Allí seguían al hombre, a Pablo, a Apolos, a Cefas y a Cristo como a un maestro más excelente que los demás, (Juan 3:2) en vez de estar unidos en la comunión con “Jesucristo nuestro Señor”, el Hijo de Dios (v. 9). ¡Que sea siempre nuestra parte gozar de esta comunión! (1 Juan 1:3).

1 Corintios 1:17-31
17Porque no me envió Cristo á bautizar, sino á predicar el evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.18Porque la palabra de la cruz es locura á los que se pierden; mas á los que se salvan, es á saber, á nosotros, es potencia de Dios.19Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé la inteligencia de los entendidos.20¿Qué es del sabio? ¿qué del escriba? ¿qué del escudriñador de este siglo? ¿no ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?21Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios á Dios por sabiduría, agradó á Dios salvar á los creyentes por la locura de la predicación.22Porque los Judíos piden señales, y los Griegos buscan sabiduría:23Mas nosotros predicamos á Cristo crucificado, á los Judíos ciertamente tropezadero, y á los Gentiles locura;24Empero á los llamados, así Judíos como Griegos, Cristo potencia de Dios, y sabiduría de Dios.25Porque lo loco de Dios es más sabio que los hombres; y lo flaco de Dios es más fuerte que los hombres.26Porque mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles;27Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar á los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte;28Y lo vil del mundo y lo menos preciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es:29Para que ninguna carne se jacte en su presencia.30Mas de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención:31Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Para “los que se salvan”, la palabra de la cruz es poder de Dios. Pero, para los que no tienen la vida divina, no es más que locura. Todo lo que significa la cruz (la muerte de un justo exigida por la justicia de Dios, el perdón gratuito para los pecadores, el hombre natural puesto a un lado) son verdades que se oponen a la razón humana. Pero si, por el contrario, se presentan milagros y obras espectaculares, un noble ideal que requiere esfuerzos… ¡enhorabuena!, ésta es la clase de religión que no choca a nadie. Pues bien, a todos los sabios, escribas, disputadores, en una palabra, a los espíritus fuertes de este siglo (y de todos los siglos) el versículo 18 los coloca bajo una común y espantosa designación: “los que se pierden”.

Es un hecho notorio que entre los redimidos del Señor hay pocos sabios, poderosos o nobles… (v. 26), pues a éstos les es más difícil que a los demás volverse como niños (Mateo 18:3; 11:25). Para glorificarse, Dios escoge lo que es débil, vil y menospreciado, y tales son los creyentes según la opinión del mundo. Pero qué importa su propio valor, ya que están en Cristo y él es, para ellos, poder, sabiduría, justificación, santificación y redención (v. 24 y 30).

1 Corintios 2:1-16
1ASI que, hermanos, cuando fuí á vosotros, no fuí con altivez de palabra, ó de sabiduría, á anunciaros el testimonio de Cristo.2Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino á Jesucristo, y á éste crucificado.3Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor;4Y ni mi palabra ni mi predicación fué con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con demostración del Espíritu y de poder;5Para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios.6Empero hablamos sabiduría de Dios entre perfectos; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen:7Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria:8La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria:9Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.10Empero Dios nos lo reveló á nosotros por el Espíritu: porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.11Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.12Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado;13Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual á lo espiritual.14Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.15Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie.16Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Sabemos que en el mundo un don de orador, un cierto brío y “palabras persuasivas de humana sabiduría” pueden ser suficientes para hacer triunfar cualquier causa. Pero para comunicar la fe, Dios no necesita esas capacidades humanas ni el arte de la propaganda (v. 4-5). Pese a su instrucción, Pablo no se destaca por su sabiduría, cultura o elocuencia en Corinto. Esto habría contradecido su enseñanza, pues la cruz de Cristo que él anunciaba significa justamente el fin de todo aquello de lo que el hombre se enorgullece. Pero lejos de perder por ello algo, el creyente ha recibido a la vez las cosas invisibles “que Dios nos ha concedido” y el medio para discernirlas y gozar de ellas: el Espíritu Santo, único agente que Dios emplea para transmitir su pensamiento (v. 12). ¿De qué serviría una pieza de música sin instrumentos para interpretarla o un disco sin el aparato que permite escucharlo? Pero también, ¿cuál sería el efecto del más hermoso concierto en un auditorio compuesto de personas sordas? Del mismo modo, el lenguaje del Espíritu no puede ser entendido por “el hombre natural”. En cambio, el que es “espiritual” puede percibir las cosas espirituales por medios espirituales, pues el Espíritu enseña “acomodando lo espiritual a lo espiritual” (v. 13-15).

1 Corintios 3:1-15
1DE manera que yo, hermanos, no pude hablaros como á espirituales, sino como á carnales, como á niños en Cristo.2Os dí á beber leche, y no vianda: porque aun no podíais, ni aun podéis ahora;3Porque todavía sois carnales: pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?4Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apolos; ¿no sois carnales?5¿Qué pues es Pablo? ¿y qué es Apolos? Ministros por los cuales habéis creído; y eso según que á cada uno ha concedido el Señor.6Yo planté, Apolos regó: mas Dios ha dado el crecimiento.7Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento.8Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme á su labor.9Porque nosotros, coadjutores somos de Dios; y vosotros labranza de Dios sois, edificio de Dios sois.10Conforme á la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima: empero cada uno vea cómo sobreedifica.11Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.12Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca;13La obra de cada uno será manifestada: porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba.14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.15Si la obra de alguno fuere quemada, será perdida: él empero será salvo, mas así como por fuego.

Absortos por sus divisiones, los corintios no habían hecho ningún progreso. Se parecían a algunos malos estudiantes que se disputan tontamente acerca de quién tiene el profesor más instruido o el aula más hermosa. El apóstol Pablo les declara que ocuparse del siervo en vez de su enseñanza es cosa de niños; es ser aún carnal (v. 3). ¡Cuántas veces confundimos la verdad con aquel que la presenta! Si, por ejemplo, escuchamos a un siervo de Dios con la idea preconcebida de que él no tiene nada que ofrecernos, recibiremos exactamente lo que esperamos.

Luego el apóstol evoca la responsabilidad del que edifica. En la obra de Dios, vista como una labranza o como un edificio, cada obrero tiene su propia actividad. Puede traer materiales –es decir, distintos aspectos de la verdad– y edificar a las almas presentándoles la justicia de Dios (el oro), la redención (la plata) y las glorias de Cristo (las piedras preciosas). Pero con la apariencia de mucho volumen también puede edificar con madera, heno y hojarasca; materiales que no resistirán el fuego. Sí, que “cada uno mire cómo –no cuánto– sobreedifica” sobre el único e imperecedero fundamento: Jesucristo.

1 Corintios 3:16-23; 1 Corintios 4:1-5
16¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?17Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal: porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.18Nadie se engañe á sí mismo: si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo, hágase simple, para ser sabio.19Porque la sabiduría de esta mundo es necedad para con Dios; pues escrito está: El que prende á los sabios en la astucia de ellos.20Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.21Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro,22Sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea los por venir; todo es vuestro;23Y vosotros de Cristo; y Cristo de Dios.
1TÉNGANNOS los hombres por ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios.2Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel.3Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros, ó de juicio humano; y ni aun yo me juzgo.4Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; mas el que me juzga, el Señor es.5Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos de los corazones: y entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza.

Al lado de auténticos obreros que pueden hacer un deficiente trabajo (v. 15), existen falsos siervos que corrompen el templo de Dios, este templo que es santo al igual que El que mora en él (v. 17). Que nadie se engañe acerca de lo que es ni acerca de lo que hace (v. 18).

Desconfiemos de los criterios y razonamientos humanos, engañosos instrumentos de medida. La sabiduría del mundo es locura para Dios y la sabiduría de Dios es locura para el mundo (v. 19). Una y otra se aprecian en función del fin perseguido. “El hombre natural” (o animal) mira con lástima al cristiano que sacrifica las ventajas y los placeres del momento actual por un porvenir vago e incierto. ¡Ojalá que todos pudiésemos ser atacados por ese tipo de locura! Por otra parte, ¿qué son las miserables vanidades de las que podríamos hacer alarde, en comparación con lo que poseemos? Todas las cosas son nuestras, afirma el apóstol Pablo, y son nuestras porque nosotros somos de Cristo, a quien todo pertenece. Bajo su dependencia podemos disponer de todo para su servicio. Pero lo que importa primeramente es ser “hallado fiel” (4:2), pues cada uno es un administrador, pequeño o grande, y cada uno como tal recibirá la alabanza no por parte de su hermano, sino por parte de Aquel que lee en los corazones (v. 5; léase también 2 Timoteo 2:15).

1 Corintios 4:6-21
6Esto empero, hermanos, he pasado por ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros; para que en nosotros aprendáis á no saber más de lo que está escrito, hinchándoos por causa de otro el uno contra el otro.7Porque ¿quién te distingue? ¿ó qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no hubieras recibido?8Ya estáis hartos, ya estáis ricos, sin nosotros reináis; y ojalá reinéis, para que nosotros reinemos también juntamente con vosotros.9Porque á lo que pienso, Dios nos ha mostrado á nosotros los apóstoles por los postreros, como á sentenciados á muerte: porque somos hechos espectáculo al mundo, y á los ángeles, y á los hombres.10Nosotros necios por amor de Cristo, y vosotros prudentes en Cristo; nosotros flacos, y vosotros fuertes; vosotros nobles, y nosotros viles.11Hasta esta hora hambreamos, y tenemos sed, y estamos desnudos, y somos heridos de golpes, y andamos vagabundos;12Y trabajamos, obrando con nuestras manos: nos maldicen, y bendecimos: padecemos persecución, y sufrimos:13Somos blasfemados, y rogamos: hemos venido á ser como la hez del mundo, el desecho de todos hasta ahora.14No escribo esto para avergonzaros: mas amonéstoos como á mis hijos amados.15Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; que en Cristo Jesús yo os engendré por el evangelio.16Por tanto, os ruego que me imitéis.17Por lo cual os he enviado á Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os amonestará de mis caminos cuáles sean en Cristo, de la manera que enseño en todas partes en todas las iglesias.18Mas algunos están envanecidos, como si nunca hubiese yo de ir á vosotros.19Empero iré presto á vosotros, si el Señor quisiere; y entenderé, no las palabras de los que andan hinchados, sino la virtud.20Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en virtud.21¿Qué queréis? ¿iré á vosotros con vara, ó con caridad y espíritu de mansedumbre?

¿Cuál era la raíz de las disensiones en Corinto? El orgullo (Proverbios 13:10). Cada uno se valía de sus dones espirituales y sus conocimientos (1 Corintios 1:5), pero olvidando que todo esto lo habían recibido por pura gracia. Para permanecer humildes, acordémonos siempre de la pregunta del versículo 7: “¿Qué tienes que no hayas recibido?”

Además, inflarse así con el viento de su propia importancia era desear otra cosa que “Jesucristo crucificado” (2:2), era reinar desde aquel momento (v. 8), mientras está escrito: “Si sufrimos (es el presente), también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:12). Por su parte, el apóstol Pablo no había invertido las cosas. Aceptaba gustoso tomar su lugar con “la escoria del mundo, el desecho de todos”, porción con la que muy pocos cristianos saben contentarse. Pero, sabiendo que se trataba de la verdadera dicha de sus queridos corintios, les suplicaba que le siguieran en esa senda. Él era su padre espiritual (v. 15) y quería que ellos se le parecieran como hijos se parecen a su padre. Si no escuchaban sus advertencias, estaba dispuesto, cuando fuera a verlos, a usar “la vara” (v. 21), es decir, a castigarlos severamente, cumpliendo con ese deber paternal para provecho de sus amados hijos (v. 14).

1 Corintios 5:1-13
1DE cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los Gentiles; tanto que alguno tenga la mujer de su padre.2Y vosotros estáis hinchados, y no más bien tuvisteis duelo, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que hizo tal obra.3Y ciertamente, como ausente con el cuerpo, mas presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que esto así ha cometido:4En el nombre del Señor nuestro Jesucristo, juntados vosotros y mi espíritu, con la facultad de nuestro Señor Jesucristo,5El tal sea entregado á Satanás para muerte de la carne, porque el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.6No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?7Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa, como sois sin levadura: porque nuestra pascua, que es Cristo, fué sacrificada por nosotros.8Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en ázimos de sinceridad y de verdad.9Os he escrito por carta, que no os envolváis con los fornicarios:10No absolutamente con los fornicarios de este mundo, ó con los avaros, ó con los ladrones, ó con los idólatras; pues en tal caso os sería menester salir del mundo.11Mas ahora os he escrito, que no os envolváis, es á saber, que si alguno llamándose hermano fuere fornicario, ó avaro, ó idólatra, ó maldiciente, ó borracho, ó ladrón, con el tal ni aun comáis.12Porque ¿qué me va á mí en juzgar á los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros á los que están dentro?13Porque á los que están fuera, Dios juzgará: quitad pues á ese malo de entre vosotros.

Ahora el apóstol aborda un tema muy penoso. Además de las lamentables divisiones, en la iglesia de Corinto había un grave pecado moral, el cual, aunque había sido cometido por un solo individuo, mancillaba a la iglesia entera (compárese con Josué 7:13). Esa “levadura” de maldad, que habría tenido que sumergir a los corintios en el dolor y la humillación, no impedía su “jactancia”. Es como si un hombre afectado por la lepra fingiese ignorar su enfermedad y ocultase sus llagas debajo de suntuosas vestimentas. El apóstol reclama de parte del Señor la sinceridad y la verdad (v. 8). No vacila en poner al descubierto ese mal, sin miramientos. Previamente a cualquier servicio y profesión cristiana, es menester que la conciencia esté en orden. Y la santidad exige que los creyentes se abstengan del mal, no sólo en su propio andar, sino también que se mantengan separados de personas que viven en el pecado, aunque luzcan el título de hijos de Dios (v. 11). ¿Cuál es el gran motivo por el que, tanto individual como colectivamente, debemos guardarnos de toda comunión y liviandad con respecto al mal? No es nuestra superioridad sobre los demás, sino el infinito valor del sacrificio de Aquel que expió nuestros pecados (v. 7).

1 Corintios 6:1-20
1¿OSA alguno de vosotros, teniendo algo con otro, ir á juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?2¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?3¿O no sabéis que hemos de juzgar á los angeles? ¿cuánto más las cosas de este siglo?4Por tanto, si hubiereis de tener juicios de cosas de este siglo, poned para juzgar á los que son de menor estima en la iglesia.5Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno que pueda juzgar entre sus hermanos;6Sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los infieles?7Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís antes la injuria? ¿por qué no sufrís antes ser defraudados?8Empero vosotros hacéis la injuria, y defraudáis, y esto á los hermanos.9¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,10Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios.11Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.12Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada.13Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; empero y á él y á ellas deshará Dios. Mas el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo:14Y Dios que levantó al Señor, también á nosotros nos levantará con su poder.15¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré pues los miembros de Cristo, y los haré miembros de una ramera? Lejos sea.16¿O no sabéis que el que se junta con una ramera, es hecho con ella un cuerpo? porque serán, dice, los dos en una carne.17Empero el que se junta con el Señor, un espíritu es.18Huid la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.19¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?20Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

En Corinto existía otro desorden. Algunos hermanos habían llegado a llevar sus litigios ante los tribunales de este mundo. ¡Qué triste testimonio! El apóstol Pablo reprende tanto al que no soportó la injusticia como al que la cometió. Luego examina los principales vicios corrientes entre los paganos y declara solemnemente que no es posible ser salvo y seguir viviendo en la iniquidad.

“Y esto erais algunos”, concluye. Pero, he aquí lo que Dios ha hecho: “Habéis sido lavados… santificados… justificados” (v. 11). Y esto, ¿para que os mancilléis de nuevo?

Excepto el pecado, nada me está prohibido… pero si me descuido, todo puede dominarme (v. 12). «El mal no está en las cosas en sí mismas, sino en el amor del corazón por las cosas» escribió alguien.

Los versículos 13 a 20 tienen que ver con la pureza. Que sean grabados especialmente en el corazón del joven creyente, quien sin duda está más expuesto a las tentaciones carnales. Su propio cuerpo no le pertenece más. Dios lo ha rescatado –¡y a qué precio, no lo olvidemos!– a fin de hacer de él, para Cristo, un miembro de Su cuerpo (v. 15) y, para el Santo Espíritu, un templo que debe ser santo como lo es su divino Huésped (v. 19).

1 Corintios 7:1-31
1CUANTO á las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer.2Mas á causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido.3El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido.4La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: é igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer.5No os defraudéis el uno al otro, á no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oración: y volved á juntaros en uno, porque no os tiente Satanás á causa de vuestra incontinencia.6Mas esto digo por permisión, no por mandamiento.7Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo: empero cada uno tiene su propio don de Dios; uno á la verdad así, y otro así.8Digo pues á los solteros y á las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo.9Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse.10Mas á los que están juntos en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se aparte del marido;11Y si se apartare, que se quede sin casar, ó reconcíliese con su marido; y que el marido no despida á su mujer.12Y á los demás yo digo, no el Señor: si algún hermano tiene mujer infiel, y ella consiente en habitar con él, no la despida.13Y la mujer que tiene marido infiel, y él consiente en habitar con ella, no lo deje.14Porque el marido infiel es santificado en la mujer, y la mujer infiel en el marido: pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos; empero ahora son santos.15Pero si el infiel se aparta, apártese: que no es el hermano ó la hermana sujeto á servidumbre en semejante caso; antes á paz nos llamó Dios.16Porque ¿de dónde sabes, oh mujer, si quizá harás salva á tu marido? ¿ó de dónde sabes, oh marido, si quizá harás salvo á tu mujer?17Empero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó á cada uno, así ande: y así enseño en todas las iglesias.18¿Es llamado alguno circuncidado? quédese circunciso. ¿Es llamado alguno incircuncidado? que no se circuncide.19La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es; sino la observancia de las mandamientos de Dios.20Cada uno en la vocación en que fué llamado, en ella se quede.21¿Eres llamado siendo siervo? no se te dé cuidado; mas también si puedes hacerte libre, procúralo más.22Porque el que en el Señor es llamado siendo siervo, liberto es del Señor: asimismo también el que es llamado siendo libre, siervo es de Cristo.23Por precio sois comprados; no os hagáis siervos de los hombres.24Cada uno, hermanos, en lo que es llamado, en esto se quede para con Dios.25Empero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.26Tengo, pues, esto por bueno á causa de la necesidad que apremia, que bueno es al hombre estarse así.27¿Estás ligado á mujer? no procures soltarte. ¿Estáis suelto de mujer? no procures mujer.28Mas también si tomares mujer, no pecaste; y si la doncella se casare, no pecó: pero aflicción de carne tendrán los tales; mas yo os dejo.29Esto empero digo, hermanos, que el tiempo es corto: lo que resta es, que los que tienen mujeres sean como los que no las tienen,30Y los que lloran, como los que no lloran; y los que se huelgan, como los que no se huelgan; y los que compran, como los que no poseen;31Y los que usan de este mundo, como los que no usan: porque la apariencia de este mundo se pasa.

Después de haber puesto al creyente en guardia contra la impureza (6:13-20), el apóstol habla, en el capítulo 7, del camino que puede emprender con la aprobación del Señor: el del matrimonio. El joven creyente que ha cuidado su andar según la Palabra (Salmo 119:9) tendrá que seguir, más que nunca, contando con el Señor para esa decisión capital.

Luego leemos algunas instrucciones, ya sean dadas mediante la inspiración divina o por el apóstol como fruto de su experiencia, para ayudar a aquellos cuya situación matrimonial sea difícil, especialmente a un hermano o hermana que tenga su cónyuge incrédulo. Nótese bien que la exhortación del versículo 16 se dirige a un creyente ya casado en el momento de su conversión, y no a alguien que desobedecería a 2 Corintios 6:14. “Por precio fuisteis comprados”, repite el versículo 23 (6:20). Los sufrimientos que le hemos costado al Señor Jesús para rescatarnos del poder de Satanás y del mundo es el gran motivo para no volvernos a colocar bajo su dominio. Para servirle, el Señor quiere a hombres y mujeres libres, pero es Él quien escoge las condiciones en las que quiere que cada uno le sirva, es decir, país, medio ambiente, relaciones laborales, etc. Antes de decidir cualquier cambio, ¡estemos seguros de que es según Su voluntad!

1 Corintios 7:32-40; 8:1-13
32Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas que son del Señor, cómo ha de agradar al Señor:33Empero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar á su mujer.34Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella: la doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu: mas la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, cómo ha de agradar á su marido.35Esto empero digo para vuestro provecho; no para echaros lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os lleguéis al Señor.36Mas, si á alguno parece cosa fea en su hija virgen, que pase ya de edad, y que así conviene que se haga, haga lo que quisiere, no peca; cásese.37Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que tiene libertad de su voluntad, y determinó en su corazón esto, el guardar su hija virgen, bien hace.38Así que, el que la da en casamiento, bien hace; y el que no la da en casamiento, hace mejor.39La mujer casada está atada á la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es: cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor.40Empero más venturosa será si se quedare así, según mi consejo; y pienso que también yo tengo Espíritu de Dios.1Y POR lo que hace á lo sacrificado á los ídolos, sabemos que todos tenemos ciencia. La ciencia hincha, mas la caridad edifica.2Y si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe saber.3Mas si alguno ama á Dios, el tal es conocido de él.4Acerca, pues, de las viandas que son saacrificadas á los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay más de un Dios.5Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),6Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él.7Mas no en todos hay esta ciencia: porque algunos con conciencia del ídolo hasta aquí, comen como sacrificado á ídolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada.8Si bien la vianda no nos hace más aceptos á Dios: porque ni que comamos, seremos más ricos; ni que no comamos, seremos más pobres.9Mas mirad que esta vuestra libertad no sea tropezadero á los que son flacos.10Porque si te ve alguno, á ti que tienes ciencia, que estás sentado á la mesa en el lugar de los ídolos, ¿la conciencia de aquel que es flaco, no será adelantada á comer de lo sacrificado á los ídolos?11Y por tu ciencia se perderá el hermano flaco por el cual Cristo murió.12De esta manera, pues, pecando contra los hermanos, é hiriendo su flaca conciencia, contra Cristo pecáis.13Por lo cual, si la comida es á mi hermano ocasión de caer, jamás comeré carne por no escandalizar á mi hermano.

Estar sin congoja o sin inquietud en cuanto a las cosas de la tierra, tener el corazón exclusivamente ocupado en los intereses del Señor buscando cómo agradarle, dedicarse a su servicio sin distracción, sí, ahí está la ventaja del siervo de Dios que no está casado en comparación con el que lo está. Pero, al igual que Pablo, hay que haber recibido eso como una gracia.

En el capítulo 8 el apóstol Pablo se ocupa de las viandas (carne) que a menudo eran ofrecidas sobre los altares paganos antes de ser vendidas en el mercado. Esto era un problema de conciencia para varias personas (compárese con Romanos 14). En nuestros países, esta cuestión ha dejado de tener vigencia, pero las correspondientes exhortaciones tienen su aplicación en todos los casos en que corremos el riesgo de “ser tropezadero” (v. 9) para otro creyente: un hermano para quien Cristo murió.

¡Cuántas cosas conocían los corintios! “¿No sabéis…?”, les repite continuamente el apóstol (6:2, 3, 9, 15, 19…). Pero, ¿de qué les servían estos conocimientos? Sólo para envanecerse. Nosotros corremos el mismo peligro, pues a menudo conocemos las verdades más con la inteligencia que con el corazón. Para que uno sepa “cómo debe saberlo”, es menester que ame a Dios (v. 3). Y amarle es poner en práctica lo que tenemos el privilegio de conocer tocante a él (Juan 14:21-23).

El ejemplo del labrador se repite frecuentemente en la Palabra de Dios. Primero subraya el cansancio ligado al trabajo de la tierra (Génesis 3:17); luego, la esperanza y la fe que debe alentar al agricultor (v. 10; 2 Timoteo 2:6); por último, la paciencia con la cual debe aguardar “el precioso fruto de la tierra” (Santiago 5:7). Los corintios eran la “labranza de Dios” (3:9), y el fiel obrero del Señor proseguía en ella su labor al precio del renunciamiento a muchas cosas legítimas para no poner ninguna traba al Evangelio de Cristo. ¡Cuántas cosas menos legítimas obstaculizan a menudo nuestro servicio! En aquel entonces Pablo efectuaba un penoso trabajo, extirpando, por así decirlo, todas las malas hierbas que habían crecido en el campo de Corinto.

1 Corintios 9:1-27
1¿NO soy apóstol? ¿no soy libre? ¿no he visto á Jesús el Señor nuestro? ¿no sois vosotros mi obra en el Señor?2Si á los otros no soy apóstol, á vosotros ciertamente lo soy: porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.3Esta es mi respuesta á los que me preguntan.4Qué, ¿no tenemos potestad de comer y de beber?5¿No tenemos potestad de traer con nosotros una hermana mujer también como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?6¿O sólo yo y Bernabé no tenemos potestad de no trabajar?7¿Quién jamás peleó á sus expensas? ¿quién planta viña, y no come de su fruto? ¿ó quién apacienta el ganado, y no come de la leche del ganado?8¿Digo esto según los hombres? ¿no dice esto también la ley?9Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes?10¿O dícelo enteramente por nosotros? Pues por nosotros está escrito: porque con esperanza ha de arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto.11Si nosotros os sembramos lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos lo vuestro carnal?12Si otros tienen en vosotros esta potestad, ¿no más bien nosotros? Mas no hemos usado de esta potestad: antes lo sufrimos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.13¿No sabéis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario; y que los que sirven al altar, del altar participan?14Así también ordenó el Señor á los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.15Mas yo de nada de esto me aproveché: ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque tengo por mejor morir, antes que nadie haga vana esta mi gloria.16Pues bien que anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme porque me es impuesta necesidad; y ­ay de mí si no anunciare el evangelio!17Por lo cual, si lo hago de voluntad, premio tendré; mas si por fuerza, la dispensación me ha sido encargada.18¿Cuál, pues, es mi merced? Que predicando el evangelio, ponga el evangelio de Cristo de balde, para no usar mal de mi potestad en el evangelio.19Por lo cual, siendo libre para con todos, me he hecho siervo de todos por ganar á más.20Heme hecho á los Judíos como Judío, por ganar á los Judíos; á los que están sujetos á la ley (aunque yo no sea sujeto á la ley) como sujeto á la ley, por ganar á los que están sujetos á la ley;21A los que son sin ley, como si yo fuera sin ley, (no estando yo sin ley de Dios, mas en la ley de Cristo) por ganar á los que estaban sin ley.22Me he hecho á los flacos flaco, por ganar á los flacos: á todos me he hecho todo, para que de todo punto salve á algunos.23Y esto hago por causa del evangelio, por hacerme juntamente participante de él.24¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos á la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.25Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos, á la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible.26Así que, yo de esta manera corro, no como á cosa incierta; de esta manera peleo, no como quien hiere el aire:27Antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que, habiendo predicado á otros, yo mismo venga á ser reprobado.

Henchidos por sus dones y conocimientos, ciertos hombres se habían atribuido un lugar preponderante en la iglesia de Corinto. Así como el que se enaltece a sí mismo siempre es llevado a rebajar a los demás, ellos habían llegado a poner en duda la autoridad del apóstol, es decir, la de Dios. Por este hecho, Pablo se vio obligado a justificar su ministerio y su conducta. Su deber era evangelizar; esto le había sido encomendado por el Señor. “No fui rebelde a la visión celestial”, afirma Pablo en su defensa ante el rey Agripa (Hechos 26:17-19).

El apóstol Pablo se hacía el siervo de todos a fin de ganar el mayor número de almas para Cristo. ¿Debe entenderse, pues, que estaba dispuesto a aceptar todos los términos medios? ¡En absoluto! Si algunos consideraban a Pablo como engañador, a los ojos de Dios era veraz (2 Corintios 6:8). Pero, como Jesús mismo lo hizo con la samaritana junto al pozo de Sicar, Pablo sabía encontrar a cada alma sobre su propio terreno y hablarle el lenguaje que ésta podía entender. A los judíos les presentaba al Dios de Israel, la remisión de pecados y la responsabilidad que tenían por haber rechazado al Salvador, Hijo de David (Hechos 13:14-43). A los gentiles idólatras les anunciaba al Dios único, paciente para con su criatura y que manda a todos los hombres que se arrepientan (véase Hechos 17:22-31). El apóstol siempre tenía ante los ojos el premio de sus esfuerzos: todas las almas salvadas por su ministerio (véase 1 Tesalonicenses 2:19 y Filipenses 4:1). Esforzándose para alcanzar la meta, corría como el atleta en el estadio, disciplinando su cuerpo estrictamente y pensando sólo en la victoria. El campeón deportivo tiene ante sí una victoria efímera, laureles que se marchitan (v. 25), mientras que nuestra carrera cristiana tiene como premio una corona mucho más gloriosa, inmarchitable. Corramos de manera que la obtengamos (v. 24).

1 Corintios 10:1-13
1PORQUE no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar;2Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar;3Y todos comieron la misma vianda espiritual;4Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo.5Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto.6Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.7Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: Sentóse el pueblo á comer y á beber, y se levantaron á jugar.8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil.9Ni tentemos á Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.10Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.11Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado.12Así que, el que piensa estar firme, mire no caiga.13No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podeís llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.

Por medio del ejemplo de Israel, el apóstol Pablo nos hace medir la abrumadora responsabilidad de los cristianos profesantes. Exteriormente han participado de las más excelentes bendiciones espirituales: Cristo, su obra, su Espíritu, su Palabra… (v. 3-4). Pero Dios no puede agradarse de la mayor parte de ellos, pues les falta la fe (v. 5; Hebreos 10:38). Por la historia de este pueblo en el desierto, el Espíritu de Dios nos da un triste ejemplo de lo que nuestros corazones son capaces de producir, aun bajo el manto del cristianismo: codicias, idolatría, murmuraciones… Nos advierte solemnemente sobre lo que merecen esos frutos de la carne, aunque la gracia pueda obrar a favor del creyente. Con el fin de hacernos caer, el tentador procura hacer aparecer este mal que está en nosotros en toda su potencia, y esto precisamente cuando podríamos creer estar firmes por nuestras propias fuerzas (v. 12). Pero “fiel es Dios” (v. 13). ¡Qué aliento nos da pensar en ello! Si conocemos nuestra flaqueza, él no permitirá a Satanás tentarnos más de lo que cada uno pueda soportar (véase Job 1:12 y 2:6). De antemano Dios ha preparado una salida victoriosa (v. 13). Apoyémonos en esas promesas cada vez que el enemigo se presente. Sí, “fiel es Dios”.

1 Corintios 10:14-33; 1 Corintios 11:1
14Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.15Como á sabios hablo; juzgad vosotros lo que digo.16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?17Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan.18Mirad á Israel según la carne: los que comen de los sacrificios ¿no son partícipes con el altar?19¿Qué pues digo? ¿Que el ídolo es algo? ¿ó que sea algo lo que es sacrificado á los ídolos?20Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, á los demonios lo sacrifican, y no á Dios: y no querría que vosotros fueseis partícipes con los demonios.21No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.22¿O provocaremos á celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él?23Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica.24Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.25De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia;26Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche.27Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia.28Mas si alguien os dijere: Esto fué sacrificado á los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche.29La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?30Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser blasfemado por lo que doy gracias?31Si pues coméis, ó bebéis, ó hacéis otra cosa, haced lo todo á gloria de Dios.32Sed sin ofensa á Judíos, y á Gentiles, y á la iglesia de Dios;33Como también yo en todas las cosas complazco á todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.
1SED imitadores de mí, así como yo de Cristo.

La comunión con Dios, bendita porción del creyente, rechaza toda participación en la idolatría, incluso en sus formas más refinadas. Esa comunión se expresa de modo especial en la Mesa del Señor. Todos los que participan de la copa y del pan son, en principio, redimidos del Señor; pero de lejos no son todos los redimidos del Señor. Sin embargo, por la fe los vemos a todos representados en un pan (un solo pan), señal visible de que existe un solo cuerpo. Simboliza esa unidad de la Iglesia que el mundo religioso pretende querer realizar… ¡mientras que ya existe!

Si no busco mi propio interés, ¡cuántos momentos tendré disponibles para los intereses de los demás, es decir, para los de Jesucristo! (v. 33; compárese con Filipenses 2:21: “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”). Buscar el interés de mi hermano no es sólo cuidar de su bienestar, sino también pensar en su conciencia; es hacer ciertas cosas por él y abstenerse de hacer otras. Así seré llevado a hacerme siempre las mismas preguntas: «En esta ocasión, ¿tengo la libertad de dar gracias? Lo que hago en este momento, incluso simplemente comer y beber, ¿es o no para la gloria de Dios?» (compárese el v. 31 en contraste con el 7).

1 Corintios 11:2-16
2Y os alabo, hermanos, que en todo os acordáis de mi, y retenéis las instrucciones mías, de la manera que os enseñé.3Mas quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo.4Todo varón que ora ó profetiza cubierta la cabeza, afrenta su cabeza.5Mas toda mujer que ora ó profetiza no cubierta su cabeza, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se rayese.6Porque si la mujer no se cubre, trasquílese también: y si es deshonesto á la mujer trasquilarse ó raerse, cúbrase.7Porque el varón no ha de cubrir la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios: mas la mujer es gloria del varón.8Porque el varón no es de la mujer, sino la mujer del varón.9Porque tampoco el varón fué criado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.10Por lo cual, la mujer debe tener señal de potestad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.11Mas ni el varón sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor.12Porque como la mujer es del varón, así también el varón es por la mujer: empero todo de Dios.13Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer á Dios no cubierta?14La misma naturaleza ¿no os enseña que al hombre sea deshonesto criar cabello?15Por el contrario, á la mujer criar el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.16Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

Pocas porciones de la Biblia han sido objeto de tantas discusiones como las enseñanzas de estos versículos (v. 16). ¿Por qué se ocupa el apóstol –o más bien el Espíritu Santo– en cuestiones aparentemente tan mínimas como el hecho de que la mujer lleve el cabello largo o que se cubra la cabeza en ciertas ocasiones? Primeramente, recordemos que nuestro cristianismo no consiste en algunos actos destacables cumplidos de vez en cuando, sino que está compuesto por un conjunto de detalles que entretejen nuestra vida cotidiana (Lucas 16:10). Por otra parte, Dios es soberano y no está obligado a darnos razones de todo lo que nos pide en su Palabra. Obedecer sin discutir es la única verdadera obediencia. Así estas instrucciones son una clase de test para cada mujer o joven cristiana; es como si el Señor le preguntara: «¿Harás esto por mí? ¿Mostrarás tu dependencia y sumisión mediante esa señal exterior, o pondrás en primer lugar las exigencias de la moda o de la comodidad?».

Finalmente, no olvidemos este solemne hecho: los ángeles observan de qué manera los creyentes responden al pensamiento de Dios. El versículo 10 nos dice: “La mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”. ¿Qué espectáculo les ofrecemos?

1 Corintios 11:17-34
17Esto empero os denuncio, que no alabo, que no por mejor sino por peor os juntáis.18Porque lo primero, cuando os juntáis en la iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones; y en parte lo creo.19Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros.20Cuando pues os juntáis en uno, esto no es comer la cena del Señor.21Porque cada uno toma antes para comer su propia cena; y el uno tiene hambre, y el otro está embriagado.22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿ó menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis á los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿os alabaré? En esto no os alabo.23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fué entregado, tomó pan;24Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí.25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí.26Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga.27De manera que, cualquiera que comiere este pan ó bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.28Por tanto, pruébese cada uno á sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa.29Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor.30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen.31Que si nos examinásemos á nosotros mismos, cierto no seríamos juzgados.32Mas siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos condenados con el mundo.33Así, que, hermanos míos, cuando os juntáis á comer, esperaos unos á otros.34Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, porque no os juntéis para juicio. Las demás cosas ordenaré cuando llegare.

En Corinto se habían formado diferentes bandos y las reuniones se resentían por ello. Los ricos avergonzaban a los pobres y provocaban sus celos. Y lo que era más grave, la cena era tomada indignamente por muchos y confundida con el ágape (comida tomada en común).

El apóstol aprovechó esa oportunidad para señalar lo que el Señor le había revelado especialmente: la cena es el santo recuerdo de un Cristo que se entregó por nosotros. Este recuerdo por un lado habla al corazón de cada uno de los participantes, por otro lado, proclama universalmente el hecho trascendental de que el Señor tuvo que morir. Y, hasta su regreso, nos invita a anunciar su muerte mediante el lenguaje, tan grande y simple a la vez, que el mismo Señor nos ha enseñado.

Por último, ese memorial habla a la conciencia del creyente, pues la muerte de Cristo significa la condenación del pecado. Tomar la cena sin habernos juzgado a nosotros mismos, nos expone, pues, durante nuestra vida terrenal, a los efectos de esa condenación. Esto explicaba la debilidad de muchos en Corinto (y tal vez entre nosotros), la enfermedad e incluso la muerte que había alcanzado a muchos (v. 30). Sin embargo, el temor no debe mantenernos apartados (v. 28). Ese temor puede y debe concordar con una ferviente respuesta a Aquel que dijo: “Haced esto en memoria de mí” (v. 24-25).

1 Corintios 12:1-13
1Y ACERCA de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que ignoréis.2Sabéis que cuando erais Gentiles, ibais, como erais llevados, a los ídolos mudos.3Por tanto os hago saber, que nadie que hable por Espíritu de Dios, llama anatema á Jesús; y nadie puede llamar á Jesús Señor, sino por Espíritu Santo.4Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es.5Y hay repartimiento de ministerios; mas el mismo Señor es.6Y hay repartimiento de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos.7Empero á cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho.8Porque á la verdad, á éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; á otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;9A otro, fe por el mismo Espíritu, y á otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu;10A otro, operaciones de milagros, y á otro, profecía; y á otro, discreción de espíritus; y á otro, géneros de lenguas; y á otro, interpretación de lenguas.11Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente á cada uno como quiere.12Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, así también Cristo.13Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos ó Griegos, ora siervos ó libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

Al hablar de reunirse “como iglesia” en el capítulo precedente, el apóstol Pablo dio el primer lugar a la celebración de la cena (11:20-34). Sólo después habla de los dones y servicios con miras a la edificación. No olvidemos que la celebración de la cena es la más importante de todas las reuniones.

Pablo les recuerda a esos antiguos idólatras que otrora ellos habían sido extraviados por espíritus satánicos (v. 2). ¡Qué cambio! Ahora es el Espíritu de Dios quien los dirige, obrando en ellos “como él quiere” mediante los dones que les otorga (v. 11). El apóstol enumera esos dones precisando que son dados “para provecho” (v. 7). Y, para ilustrar a la vez la unidad de la Iglesia y la diversidad de los servicios, toma el ejemplo del cuerpo humano, el cual si bien está compuesto por muchos miembros y órganos –ninguno de los cuales puede funcionar sin los demás– constituye un único organismo conducido por una única voluntad: la que la cabeza comunica a cada miembro. Tal es el cuerpo de Cristo. Aunque está integrado por muchos miembros (tantos como creyentes), es animado por un solo Espíritu para acatar una sola voluntad: la del Señor, que es el Jefe, es decir, la cabeza (Efesios 4:15-16). No tenemos, pues, que escoger nuestra actividad (v. 11) ni el lugar en donde la debemos ejercer, ya que “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso” (v. 18).

1 Corintios 12:14-31
14Pues ni tampoco el cuerpo es un miembro, sino muchos.15Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo?16Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo?17Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?18Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso.19Que si todos fueran un miembro, ¿dónde estuviera el cuerpo?20Mas ahora muchos miembros son á la verdad, empero un cuerpo.21Ni el ojo puede decir á la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza á los pies: No tengo necesidad de vosotros.22Antes, mucho más los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son necesarios;23Y á aquellos del cuerpo que estimamos ser más viles, á éstos vestimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen más compostura.24Porque los que en nosotros son más honestos, no tienen necesidad: mas Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba;25Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros.26Por manera que si un miembro padece, todos los miembros á una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros á una se gozan.27Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte.28Y á unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, géneros de lenguas.29¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos doctores? ¿todos facultades?30¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?31Empero procurad los mejores dones; mas aun yo os muestro un camino más excelente.

Sin ir más lejos, ¡qué objeto de admiración constituye el cuerpo en el que moramos! “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras”, exclama David en el Salmo 139:14, al hablar de la formación del cuerpo. Sí, ¡qué diversidad y, sin embargo, qué armonía hay en ese complejo conjunto de miembros y órganos de los cuales aun el más pequeño tiene su razón de ser y su propia función! El ojo y el meñique, por ejemplo, no pueden reemplazarse el uno al otro. Pero el segundo permite quitar el granito de polvo que irrita al primero. Basta que un solo órgano funcione deficientemente para que pronto todo el cuerpo esté enfermo.

Todo esto tiene su equivalente en la Iglesia, cuerpo de Cristo, el cual no es una organización, sino un organismo vivo. “Los miembros… que parecen más débiles, son los más necesarios” (v. 22), y cada uno debe cuidarse de no menospreciar su propia función (v. 15-16), ni la de los demás (v. 21). Una creyente de edad avanzada o minusválida podrá sostener, a través de sus oraciones, por una palabra oportuna o simplemente por un servicio práctico, el celo de un predicador o de un anciano. Así, pues, que cada uno, como un buen administrador “de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10), emplee para los demás lo que ha recibido.

1 Corintios 13:1-13
1SI yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe.2Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy.3Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve.4La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha;5No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;6No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad;7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.8La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada;9Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;10Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado.11Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, mas cuando ya fuí hombre hecho, dejé lo que era de niño.12Ahora vemos por espejo, en obscuridad; mas entonces veremos cara á cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido.13Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad.

Después de los diferentes miembros del cuerpo de Cristo: pie, mano, oreja, ojo, mencionados en el capítulo 12, es como si halláramos al corazón en el capítulo 13. Su papel es animar y dar la energía necesaria a los demás órganos. Notemos que el amor no es un don, como los del capítulo 12, sino el móvil necesario para el ejercicio de aquellos dones. Es “un camino” abierto a todos y que conduce hacia todos (12:31). Así como un camino está hecho para que se ande por él, el amor sólo se conoce verdaderamente por la experiencia. Por esta razón, este maravilloso capítulo no nos da ninguna definición del amor. Hace una lista no completa, pero sí suficiente como para humillarnos profundamente, de lo que el amor hace y sobre todo de lo que no hace. Ese camino fue el de Cristo en este mundo; y notemos que su nombre puede sustituir la palabra amor en este capítulo sin cambiarle el sentido (véase 1 Juan 4:7-8).

Nuestro conocimiento de las cosas aún invisibles es parcial, indefinido y precario. Pero pronto veremos “cara a cara”. Entonces, nuestro Salvador –que nos conoce a la perfección– nos hará entrar en el completo conocimiento de sí mismo (v. 12; Salmo 139:1); así el imperecedero amor será perfecta y eternamente satisfecho en nuestro corazón y en el Suyo.

1 Corintios 14:1-19
1SEGUID la caridad; y procurad los dones espirituales, mas sobre todo que profeticéis.2Porque el que habla en lenguas, no habla á los hombres, sino á Dios; porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios.3Mas el que profetiza, habla á los hombres para edificación, y exhortación, y consolación.4El que habla lengua extraña, á sí mismo se edifica; mas el que porfetiza, edifica á la iglesia.5Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas, empero más que profetizaseis: porque mayor es el que profetiza que el que habla lenguas, si también no interpretare, para que la iglesia tome edificación.6Ahora pues, hermanos, si yo fuere á vosotros hablando lenguas, ¿qué os aprovecharé, si no os hablare, ó con revelación, ó con ciencia, ó con profecía, ó con doctrina?7Ciertamente las cosas inanimadas que hacen sonidos, como la flauta ó la vihuela, si no dieren distinción de voces, ¿comó se sabrá lo que se tañe con la flauta, ó con la vihuela?8Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá á la batalla?9Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien significante, ¿cómo se entenderá lo que se dice? porque hablaréis al aire.10Tantos géneros de voces, por ejemplo, hay en el mundo, y nada hay mudo;11Mas si yo ignorare el valor de la voz, seré bárbaro al que habla, y el que habla será bárbaro para mí.12Así también vosotros; pues que anheláis espirituales dones, procurad ser excelentes para la edificación de la iglesia.13Por lo cual, el que habla lengua extraña, pida que la interprete.14Porque si yo orare en lengua desconocida, mi espíritu ora; mas mi entendimiento es sin fruto.15¿Qué pues? Oraré con el espíritu, mas oraré también con entendimiento; cantaré con el espíritu, mas cantaré también con entendimiento.16Porque si bendijeres con el espíritu, el que ocupa lugar de un mero particular, ¿cómo dirá amén á tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho.17Porque tú, á la verdad, bien haces gracias; mas el otro no es edificado.18Doy gracias á Dios que hablo lenguas más que todos vosotros:19Pero en la iglesia más quiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también á los otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

Muchos se quejan de la debilidad actual debida a la ausencia de dones en las iglesias. Pero, ¿los anhelan como el versículo 1 los invita a hacerlo? El Señor tal vez se ha propuesto confiarle cierto don, y espera notar en usted ese anhelo para recibirlo. Pídaselo… junto con la humildad que le impida vanagloriarse de ese don que no es para uso propio, sino “para edificación de la iglesia” (v. 12). Los corintios empleaban sus dones para su propia gloria y ello originó un grandísimo desorden. El apóstol los induce a tener una justa apreciación de las cosas y les muestra que el don del cual más se vanagloriaban –el don de lenguas– era precisamente uno de los menos importantes (v. 5). En cambio, el don de la profecía era y sigue siendo particularmente deseable. No implica, como otrora, la revelación del porvenir, sino que “el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (v. 3).

El versículo 15 nos recuerda que tanto para orar como para cantar es necesaria la participación de nuestra inteligencia. A menudo nos distraemos en la presencia del Señor, cuando es necesario que pensemos en lo que expresamos ante Dios. Apliquémonos a meditar en profundidad, encomendando nuestro espíritu a la guía del Espíritu Santo.

1 Corintios 14:20-40
20Hermanos, no seáis niños en el sentido, sino sed niños en la malicia: empero perfectos en el sentido.21En la ley está escrito: En otras lenguas y en otros labios hablaré á este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.22Así que, las lenguas por señal son, no á los fieles, sino á los infieles: mas la profecía, no á los infieles, sino á los fieles.23De manera que, si toda la iglesia se juntare en uno, y todos hablan lenguas, y entran indoctos ó infieles, ¿no dirán que estáis locos?24Mas si todos profetizan, y entra algún infiel ó indocto, de todos es convencido, de todos es juzgado;25Lo oculto de su corazón se hace manifiesto: y así, postrándose sobre el rostro, adorará á Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros.26¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os juntáis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación: hagáse todo para edificación.27Si hablare alguno en lengua extraña, sea esto por dos, ó á lo más tres, y por turno; mas uno interprete.28Y si no hubiere intérprete, calle en la iglesia, y hable á sí mismo y á Dios.29Asimismo, los profetas hablen dos ó tres, y los demás juzguen.30Y si á otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero.31Porque podéis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.32Y los espíritus de los que profetizaren, sujétense á los profetas;33Porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz; como en todas las iglesias de los santos.34Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley dice.35Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa á sus maridos; porque deshonesta cosa es hablar una mujer en la congregación.36Qué, ¿ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿ó á vosotros solos ha llegado?37Si alguno á su parecer, es profeta, ó espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor.38Mas el que ignora, ignore.39Así que, hermanos, procurad profetizar; y no impidáis el hablar lenguas.40Empero hagáse todo decentemente y con orden.

El don de lenguas no fue otorgado para edificar a la Iglesia, ni para evangelizar, sino para convencer a los judíos incrédulos de que Dios ofrecía la gracia a las naciones (v. 21-22), hecho que hoy en día ya no es necesario demostrar. La palabra clave de este capítulo es la edificación; es la prueba a la cual debe someterse toda acción. Lo que me propongo decir o hacer, ¿es realmente para el bien de mis hermanos? (Efesios 4:29). Además, si tengo en cuenta su provecho, siempre hallaré una bendición para mí mismo. Por el contrario, si pienso en mi interés o mi gloria, finalmente resultará una pérdida para los demás y para mí (véase 1 Corintios 3:15).

Dos condiciones más rigen la vida de la Iglesia: la decencia y el orden (v. 40). Son los dos diques entre los cuales debe ser encauzada la corriente del Espíritu. Imponen reglas prácticas relativas al sentido común (v. 26-33) o al orden divino (v. 34-35). El apóstol no quería que los corintios fuesen ignorantes (12:1). Sin embargo, si alguien descuida su instrucción en lo tocante a la Iglesia, ¡que permanezca ignorante (v. 38)! Dios es un Dios de paz (v. 33) y quiere que la Iglesia, respondiendo a sus propios caracteres, sea el lugar al que pueda traer a los inconversos, quienes reconocerán allí Su presencia (v. 24-25).

1 Corintios 15:1-19
1ADEMAS os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;2Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.3Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras;4Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras;5Y que apareció á Cefas, y después á los doce.6Después apareció á más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos.7Después apareció á Jacobo; después á todos los apóstoles.8Y el postrero de todos, como á un abortivo, me apareció á mí.9Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios.10Empero por la gracia de Dios soy lo que soy: y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fué conmigo.11Porque, ó sea yo ó sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.12Y si Cristo es predicado que resucitó de los muertos ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?13Porque si no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó:14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.15Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él haya levantado á Cristo; al cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan.16Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.17Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados.18Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos.19Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres.

Una grave cuestión quedaba por resolver: algunas personas en Corinto negaban la resurrección. Pablo demuestra que esta doctrina no se puede tocar sin derrumbar todo el edificio de la fe cristiana. Si la resurrección no existe, Cristo mismo no ha resucitado; su obra no ha recibido la aprobación de Dios; la muerte queda invicta y nosotros estamos aún en nuestros pecados. En consecuencia, el Evangelio no tiene sentido y nuestra fe pierde todo su sustento. La vida de renunciamiento y de separación del creyente se vuelve entonces absurda y, de todos los hombres, el cristiano es el más digno de conmiseración.

¡Bendito sea Dios! No es así, sino que: “Ha resucitado el Señor verdaderamente” (Lucas 24:34). Pero, ante la importancia de esa verdad, comprendemos por qué Dios tuvo tanto cuidado para establecerla. Primeramente a través de las Escrituras (v. 3-4); luego por los testigos irrecusables en razón de su calidad: Cefas (Simón Pedro), Jacobo y Pablo mismo (aunque se declara indigno de ello); o por su número: unos quinientos hermanos a quienes se podía preguntar al respecto. Seguramente muchos de nuestros lectores, sin haber visto con sus propios ojos al Señor Jesús, habrán experimentado por sí mismos que su Salvador vive (Job 19:25).

1 Corintios 15:20-34
20Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.21Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.22Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.23Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.24Luego el fin; cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad.25Porque es menester que él reine, hasta poner á todos sus enemigos debajo de sus pies.26Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte.27Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas á él, claro está exceptuado aquel que sujetó á él todas las cosas.28Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos.29De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?30¿Y por qué nosotros peligramos á toda hora?31Sí, por la gloria que en orden á vosotros tengo en Cristo Jesús Señor nuestro, cada día muero.32Si como hombre batallé en Efeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.33No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.34Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen á Dios: para vergüenza vuestra hablo.

Cristo resucitado no hizo más que preceder a los creyentes que “durmieron” y que resucitarán cuando él venga. En cuanto a los demás muertos, sólo más tarde se les restituirá la vida, cuando tengan que comparecer ante el trono del juicio (véase Apocalipsis 20:12). Sólo entonces “todas las cosas” serán definitivamente sujetas a Cristo. Después de esto, el pensamiento se pierde en las profundidades de la bienaventurada eternidad en que Dios será finalmente todo en todos (v. 28).

Una vez cerrado el glorioso paréntesis de los versículos 20 a 28, el apóstol muestra cómo el hecho de creer o no creer en la existencia de la vida futura determina el comportamiento de todos los hombres, empezando por el suyo (v. 30-32). ¡Cuántos desdichados hay cuya religión se resume en estas palabras: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos”! (v. 32). Se persuaden a sí mismos de que no existe nada más allá de la tumba, para así animarse a gozar sin trabas de su breve existencia “como animales irracionales” (2 Pedro 2:12). En cuanto al creyente, su fe tendría que mantenerle despierto (v. 34), preservarle de asociarse a peligrosas compañías, impedirle comer y beber con los borrachos de este mundo (v. 33; Mateo 24:49). ¡Que la compañía del Señor y de los suyos nos basten hasta que él venga!

1 Corintios 15:35-50
35Mas dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?36Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes.37Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, ó de otro grano:38Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y á cada simiente su propio cuerpo.39Toda carne no es la misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves.40Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres:41Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas: porque una estrella es diferente de otra en gloria.42Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción se levantará en incorrupción;43Se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia;44Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.45Así también está escrito: Fué hecho el primer hombre Adam en ánima viviente; el postrer Adam en espíritu vivificante.46Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.47El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre que es el Señor, es del cielo.48Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales.49Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial.50Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción.

¿Cómo será el nuevo cuerpo del creyente en la gloria? (v. 35). La Biblia jamás satisface nuestra curiosidad. “Necio…”, contesta ella a los esfuerzos de nuestra imaginación. Si presento al lector una semilla desconocida, no me podrá decir qué clase de planta saldrá de ella. Igualmente sucede con una oruga repugnante y apagada: nada deja prever la radiante mariposa que se desarrollará bajo todos los efectos de la luz.

Pero, para poder asistir a los pequeños milagros de la germinación o de la metamorfosis, es necesaria la muerte de la semilla (Juan 12:24) y el sueño de la crisálida. Del mismo modo, el redimido que se “durmió” aparecerá vestido de un cuerpo de resurrección. ¡Qué porvenir más prodigioso está reservado a ese cuerpo hecho con el polvo de la tierra, simple envoltura del alma! Resucitará “en incorrupción”: la muerte no tendrá más poder sobre él; “en gloria” y “en poder”: sin debilidad ni flaqueza; “cuerpo espiritual”: definitivamente librado del viejo hombre y sus deseos, instrumento perfecto del Espíritu Santo. Finalmente será semejante al de Cristo resucitado. Con esto ya tenemos bastantes y preciosas informaciones acerca de nuestro futuro estado… y motivos para glorificar a Dios desde ahora en nuestro cuerpo. “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu” (1 Corintios 6:20).

1 Corintios 15:51-58; 1 Corintios 16:1-9
51He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados.52En un momento, en un abrir de ojo, á la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados.53Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.54Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria.55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?56Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley.57Mas á Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo.58Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
1CUANTO á la colecta para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.2Cada primer día de la semana cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pudiere; para que cuando yo llegare, no se hagan entonces colectas.3Y cuando habré llegado, los que aprobareis por cartas, á éstos enviaré que lleven vuestro beneficio á Jerusalem.4Y si fuere digno el negocio de que yo también vaya, irán conmigo.5Y á vosotros iré, cuando hubiere pasado por Macedonia, porque por Macedonia tengo de pasar.6Y podrá ser que me quede con vosotros, ó invernaré también, para que vosotros me llevéis á donde hubiere de ir.7Porque no os quiero ahora ver de paso; porque espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permitiere.8Empero estaré en Efeso hasta Pentecostés;9Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios.

Esta magistral exposición de la doctrina de la resurrección no estaría completa sin una última revelación: no todos los creyentes pasarán por el sueño de la muerte. Los vivos no serán olvidados cuando Jesús venga. “En un abrir y cerrar de ojos” tendrá lugar la extraordinaria transformación que hará apto a cada uno para la presencia de Dios. Así como los invitados a la boda real de la parábola debían cambiar sus harapos por el glorioso vestido (Mateo 22:1-14), muertos y vivos vestirán un cuerpo incorruptible e inmortal. Entonces la victoria de Cristo sobre la muerte, de la que dio una prueba con su propia resurrección, tendrá su grandioso cumplimiento en los suyos.

Como toda verdad bíblica, este “misterio” debe tener una consecuencia práctica en la vida de cada redimido. Tenemos una esperanza “firme” (Hebreos 6:19); seamos firmes nosotros también, “constantes, creciendo en la obra del Señor siempre”. Nuestro trabajo nunca será en vano si lo hacemos “en el Señor” (v. 58). Aunque en la tierra ningún fruto haya sido visible, habrá una valoración en la resurrección.

El capítulo 16 ofrece un ejemplo de servicio cristiano: las ofrendas recogidas el primer día de la semana. Este servicio tiene mucha importancia para el corazón del apóstol y para el del Señor.

1 Corintios 16:10-24
10Y si llegare Timoteo, mirad que esté con vosotros seguramente; porque la obra del Señor hace también como yo.11Por tanto, nadie le tenga en poco; antes, llevadlo en paz, para que venga á mí: porque lo espero con los hermanos.12Acerca del hermano Apolos, mucho le he rogado que fuese á vosotros con los hermanos; mas en ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tuviere oportunidad.13Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.14Todas vuestras cosas sean hechas con caridad.15Y os ruego, hermanos, (ya sabéis que la casa de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que se han dedicado al ministerio de los santos,)16Que vosotros os sujetéis á los tales, y á todos los que ayudan y trabajan.17Huélgome de la venida de Estéfanas y de Fortunato y de Achâico: porque éstos suplieron lo que á vosotros faltaba.18Porque recrearon mi espíritu y el vuestro: reconoced pues á los tales.19Las iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa.20Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos á los otros con ósculo santo.21La salutación de mí, Pablo, de mi mano.22El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. Maranatha.23La gracia del Señor Jesucristo sea con vosotros.24Mi amor en Cristo Jesús sea con todos vosotros. Amén.

Estos versículos contienen las últimas recomendaciones del apóstol Pablo, algunas noticias y finalmente los saludos que dirigió a sus queridos corintios. De entre ellos se complace en distinguir a hermanos abnegados y dignos de respeto: Estéfanas, Fortunato, Acaico, y los cita como ejemplo, pues “los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (1 Timoteo 3:13).

A los creyentes de Corinto que sólo se ocupaban en los efectos exteriores y espectaculares del cristianismo, Pablo subraya cuáles eran los motivos que debían hacerlos obrar: “Hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). “Hágase todo para edificación” (14:26). “Hágase todo decentemente y con orden” (14:40), y finalmente: “Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (16:14). Y con esta palabra amor, Pablo termina, sin embargo, una epístola muy severa (compárese con 2 Corintios 7:8). Sin tener en cuenta los partidos que existían en Corinto, él afirma: “Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros”. No obstante, dada esta condición (“en Cristo Jesús”), si algunos no amaban al Señor se excluían por sí mismos de esta salutación, y para ellos Su venida tomaba un solemne aspecto. ¡Maranata! (“el Señor viene”). ¡Que podamos esperarle con gozo!

2 Corintios 1:1-11
1PABLO, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo el hermano, á la iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los santos que están por toda la Acaya:2Gracia y paz á vosotros de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.3Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación,4El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.5Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.6Mas si somos atribulados, es por vuestra consolación y salud; la cual es obrada en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos: ó si somos consolados, es por vuestra consolación y salud;7Y nuestra esperanza de vosotros es firme; estando ciertos que como sois compañeros de las aflicciones, así también lo sois de la consolación.8Porque hermanos, no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fué hecha en Asia; que sobremanera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuviésemos en duda de la vida.9Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos:10El cual nos libró y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librará;11Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por la merced hecha á nos por respeto de muchos, por muchos sean hechas gracias por nosotros.

El apóstol Pablo no escribió su primera carta a los corintios como un censor o juez severo. Él mismo había sido humillado y turbado por las noticias recibidas de esa iglesia, tanto más cuanto que le habían llegado en un momento en que pasaba por una aflicción extrema en aquella ciudad de Éfeso, en donde tenía muchos adversarios (v. 8; 1 Corintios 16:9).

Pero aun semejante cúmulo de sufrimientos puede ser un motivo de gratitud, pues trae una doble y preciosa consecuencia. Primeramente, hace perder al creyente toda confianza en sí mismo (v. 9). En segundo lugar, le hace profundizar en las simpatías del Señor para con los suyos. La abundancia de los sufrimientos reveló al apóstol la abundancia de la consolación (v. 5). Una consolación siempre es personal, pero, al que la experimenta le permite entrar a su vez en las penas de los demás y expresarles una verdadera simpatía. El hecho de haber pasado por las pruebas con el sostén del Señor capacita a un creyente para dirigirse a los afligidos y orientar sus miradas hacia “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (v. 3).

2 Corintios 1:12-24
12Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con simplicidad y sinceridad de Dios, no con sabiduría carnal, mas con la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y muy más con vosotros.13Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, ó también conocéis: y espero que aun hasta el fin las conoceréis:14Como también en parte habéis conocido que somos vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra, para el día del Señor Jesús.15Y con esta confianza quise primero ir á vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia;16Y por vosotros pasar á Macedonia, y de Macedonia venir otra vez á vosotros, y ser vuelto de vosotros á Judea.17Así que, pretendiendo esto, ¿usé quizá de liviandad? ó lo que pienso hacer, ¿piénsolo según la carne, para que haya en mí Sí y No?18Antes, Dios fiel sabe que nuestra palabra para con vosotros no es Sí y No.19Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado, por mí y Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él.20Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por nosotros á gloria de Dios.21Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios;22El cual también nos ha sellado, y dado la prenda del Espíritu en nuestros corazones.23Mas yo llamo á Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía á Corinto.24No que nos enseñoreemos de vuestra fe, mas somos ayudadores de vuestro gozo: porque por la fe estáis firmes.

El apóstol Pablo no acostumbraba decir sí y pensar no (v. 17). Los corintios podían confiar en él; no hacía reservas mentales y daba prueba de la misma sinceridad en sus actos y decisiones de la vida diaria que cuando les había anunciado un Evangelio no falsificado (2:17 y 4:2, final). ¡Cuán importante es esto! Si un hijo de Dios falta a la verdad, induce a quienes le observan a poner igualmente en duda la Palabra de Dios, de la que él es un testigo tan poco fiable. Él, Pablo, manifestaba una perfecta rectitud, trátese de sus relaciones con el mundo o con los demás creyentes (v. 12). Él era mensajero de Aquel que es el “Amén, el testigo fiel y verdadero”, el Garante del cumplimiento de todas las promesas de Dios (v. 20; Apocalipsis 3:14).

Los versículos 21 y 22 nos recuerdan tres aspectos del don del Espíritu Santo: por él, Dios nos “ungió”, es decir, nos consagró para él y nos hizo aptos para captar sus pensamientos. Nos “ha sellado” o, dicho de otro modo, nos ha marcado como pertenencia suya. Finalmente nos “ha dado las arras”, prenda de nuestros bienes celestiales otorgándonos a la vez una primera prueba de su realidad y el medio de gozar de ellos “en nuestros corazones”. El apóstol también escribe a los efesios: “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:13-14).

2 Corintios 2:1-17
1ESTO pues determiné para conmigo, no venir otra vez á vosotros con tristeza.2Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegrará, sino aquel á quien yo contristare?3Y esto mismo os escribí, porque cuando llegare no tenga tristeza sobre tristeza de los que me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros.4Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, mas para que supieseis cuánto más amor tengo para con vosotros.5Que si alguno me contristó, no me contristó á mí, sino en parte, por no cargaros, á todos vosotros.6Bástale al tal esta reprensión hecha de muchos;7Así que, al contrario, vosotros más bien lo perdonéis y consoléis, porque no sea el tal consumido de demasiada tristeza.8Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.9Porque también por este fin os escribí, para tener experiencia de vosotros si sois obedientes en todo.10Y al que vosotros perdonareis, yo también: porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en persona de Cristo;11Porque no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones.12Cuando vine á Troas para el evangelio de Cristo, aunque me fué abierta puerta en el Señor,13No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado á Tito mi hermano: así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.14Mas á Dios gracias, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo Jesús, y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar.15Porque para Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden:16A éstos ciertamente olor de muerte para muerte; y á aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente?17Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios: antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo.

El apóstol Pablo había atrasado su viaje a Corinto para que su primera carta tuviera tiempo de surtir efecto. Gracias a Dios, el trabajo de conciencia se había producido tanto en la iglesia como en el hombre que había sido excluido. Pero ahora los corintios corrían otro peligro, a saber: olvidarse de la gracia para con el pecador arrepentido. Habían pasado de una reprobable indulgencia a una severidad sin amor. Satanás siempre está dispuesto a hacernos caer de un extremo al otro. Sus medios varían, pero sus designios no cambian: busca aniquilar el testimonio dado a Cristo y retener a los hombres bajo su dominio. Hasta se sirve de las bromas referentes a él –tan corrientes en el mundo– para hacer olvidar sus temibles designios. Cuidémonos, pues, de toda ligereza respecto al diablo y su poder.

En medio de su inquietud por los corintios, el apóstol había dejado un hermoso campo de trabajo para ir al encuentro de Tito, quien le traía noticias de ellos. Pero Pablo fue consolado al pensar que, por donde iba, él difundía “el grato olor de Cristo” (v. 15). ¿Es perceptible este mismo perfume para todos los que nos conocen? Y ante todo, ¿lo es para Dios?

2 Corintios 3:1-18
1¿COMENZAMOS otra vez á alabarnos á nosotros mismos? ¿ó tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, ó de recomendación de vosotros?2Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres;3Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.4Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios:5No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios;6El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.7Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fué con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moisés á causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,8¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?9Porque si el ministerio de condenación fué con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia.10Porque aun lo que fué glorioso, no es glorioso en esta parte, en comparación de la excelente gloria.11Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más será en gloria lo que permanece.12Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza;13Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que había de ser abolido.14Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lección del antiguo testamento, el cual por Cristo es quitado.15Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.16Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará.17Porque el Señor es el Espíritu; y donde hay el Espíritu del Señor, allí hay libertad.18Por tanto, nosotros todos, mirando á cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.

Los hombres juzgaban la doctrina predicada por Pablo según el andar de los corintios. Eran su viviente carta “de recomendación” o, más bien, la de Cristo, cuyo nombre había sido escrito en sus corazones. Todos los creyentes son cartas de Cristo dirigidas por Dios a los que no leen la Biblia para que tengan a la vista un Evangelio vivido. ¡Ay!, pero esas cartas a menudo están manchadas o son indescifrables, en lugar de ser conocidas y leídas por todos (v. 2). Cuidémonos, pues, para que no haya sobre nuestros rostros un velo que impida nuestro resplandor cristiano: el velo de las preocupaciones, del egoísmo o del carácter mundano… Pero, ante todo, que no haya sobre nuestros corazones ningún velo (por ejemplo, una mala conciencia: v. 15) que intercepte los rayos que debemos recibir de Cristo, quien es amor y luz. Si un arbolito es colocado bajo un toldo, se marchitará. En cambio, si se lo expone a menudo al sol y a la lluvia, crecerá para llevar los frutos que se esperan de él. Lo mismo ocurre con nuestras almas. Si las mantenemos en la presencia de Cristo, por ese mismo hecho se opera en ellas una transformación gradual (pero inconsciente), de progreso en progreso, a semejanza de las perfecciones morales de Aquel que contemplamos en su Palabra (v. 18).

2 Corintios 4:1-15
1POR lo cual teniendo nosotros esta administración según la misericordia que hemos alcanzado, no desmayamos;2Antes quitamos los escondrijos de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por manifestación de la verdad encomendándonos á nosotros mismos á toda conciencia humana delante de Dios.3Que si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto:4En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.5Porque no nos predicamos á nosotros mismos, sino á Jesucristo, el Señor; y nosotros vuestros siervos por Jesús.6Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.7Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros:8Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos;9Perseguidos, mas no desamparados; abatidos, mas no perecemos;10Llevando siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestros cuerpos.11Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados á muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal.12De manera que la muerte obra en nosotros, y en vosotros la vida.13Empero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme á lo que está escrito: Creí, por lo cual también hablé: nosotros también creemos, por lo cual también hablamos;14Estando ciertos que el que levantó al Señor Jesús, á nosotros también nos levantará por Jesús, y nos pondrá con vosotros.15Porque todas estas cosas padecemos por vosotros, para que abundando la gracia por muchos, en el hacimiento de gracias sobreabunde á gloria de Dios.

Cada uno de nosotros ¿ha renunciado, como el apóstol, “a lo oculto y vergonzoso”? (v. 2). El corazón de Pablo era como un espejo; reflejaba fielmente a su alrededor cada rayo que recibía. Y, ¿cuál era el objeto que resplandecía en él y que manifestaba a los demás? “La gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (v. 6). Ese conocimiento de Cristo en la gloria, ¡qué tesoro era para Pablo! Él sólo era un vaso que contenía ese conocimiento; un pobre vaso de barro, frágil y sin valor propio. Si el instrumento de Dios se hubiese destacado por brillantes cualidades humanas, habría llamado la atención sobre sí mismo en detrimento del tesoro que debía presentar. Los joyeros saben muy bien que un estuche demasiado lujoso tiende a eclipsar la joya exhibida; por eso exponen sus más hermosas alhajas sobre un simple terciopelo negro. Del mismo modo, el vaso de barro –Pablo– estaba atribulado, en apuros, perseguido, derribado… para que el tesoro –la vida de Jesús en él– fuese plenamente manifestado (v. 10). Las pruebas de un creyente contribuyen a despojarle de todo brillo personal para que resplandezca aquel del cual el creyente es, en cierto modo, sólo el pie de la lámpara.

2 Corintios 4:16-18; 2 Corintios 5:1-10
16Por tanto, no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día.17Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria;18No mirando nosotros á las cosas que se ven, sino á las que no se ven: porque las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas.
1PORQUE sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos.2Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial;3Puesto que en verdad habremos sido hallados vestidos, y no desnudos.4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo, gemimos agravados; porque no quisiéramos ser desnudados; sino sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.5Mas el que nos hizo para esto mismo, es Dios; el cual nos ha dado la prenda del Espíritu.6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo, que entre tanto que estamos en el cuerpo, peregrinamos ausentes del Señor;7(Porque por fe andamos, no por vista;)8Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor.9Por tanto procuramos también, ó ausentes, ó presentes, serle agradables:10Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno ó malo.

¡Cómo nos cuidamos para conservar y hacer prosperar “nuestro hombre exterior”! (v. 16). ¡Ojalá nuestro hombre “interior” pudiera ser tan bien tratado! Lo que renovaba el corazón del apóstol era ese eterno peso de gloria, incomparable con la tribulación que atravesaba. Andando “por fe” y “no por vista” (5:7), con las miradas de su alma fijas en las cosas que no se ven pero que son eternas, él gozaba ya de las arras del Espíritu (v. 5); por eso no desmayaba (4:1 y 16).

¡Qué temor y ardor debería producir constantemente en nosotros el pensamiento del tribunal de Cristo! Nuestra salvación está asegurada; no compareceremos ante él para condenación sino que, como en una película, toda nuestra vida se desarrollará allí, revelando todo lo que hayamos hecho, “sea bueno o sea malo”, y recibiremos ganancias o soportaremos pérdidas. Pero, al mismo tiempo, el Señor mostrará cómo su gracia supo sacar su brillo aun de nuestros pecados. Un artista que termina de restaurar un retrato deteriorado le da valor poniendo al lado la fotografía del cuadro inicial. Así como a menudo mostramos poca sensibilidad frente al pecado, también valoramos poco la gracia que nos perdona y nos soporta. El tribunal de Cristo nos hará experimentar toda la inmensidad de ella.

2 Corintios 5:11-21
11Estando pues poseídos del temor del Señor, persuadimos á los hombres, mas á Dios somos manifiestos; y espero que también en vuestras conciencias somos manifiestos.12No nos encomendamos pues otra vez á vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis qué responder contra los que se glorían en las apariencias, y no en el corazón.13Porque si loqueamos, es para Dios; y si estamos en seso, es para vosotros.14Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos;15Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos.16De manera que nosotros de aquí adelante á nadie conocemos según la carne: y aun si á Cristo conocimos según la carne, empero ahora ya no le conocemos.17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.18Y todo esto es de Dios, el cual nos reconcilió á sí por Cristo; y nos dió el ministerio de la reconciliación.19Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo á sí, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación.20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.21Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

El apóstol Pablo deseaba fervientemente la gloria celestial (v. 2) pero, mientras tanto, con el mismo fervor procuraba ser agradable al Señor (v. 9). Al no tener nada que ocultar a Dios ni a los hombres, no vivía más para sí mismo; en cuerpo y alma era el esclavo de Cristo, quien había muerto y resucitado por él (v. 15). Ahora bien, el Señor lo había llamado –como a cada redimido– a una muy alta función: la de embajador del soberano Dios para ofrecer, de parte de Él, la reconciliación al mundo. A fin de cumplir con esta misión y persuadir a los hombres, dos grandes motivos apremiaban al apóstol: la solemnidad del juicio, pues conocía el temor que se debe al Señor (v. 11), y el amor de Cristo por las almas, amor sin el cual el más elocuente predicador sólo es metal que resuena (v. 14; 1 Corintios 13:1).

¿En qué consiste el mensaje de la reconciliación? Cristo, el único hombre sin pecado, fue identificado, sobre la cruz, con el pecado mismo a fin de expiarlo. Así Dios anuló, por gracia, el pecado que nos separaba de él (v. 21). “Las cosas viejas pasaron”. Dios no las remienda. Se complace en hacer todas las cosas nuevas; sí, en hacer de usted también una nueva creación (v. 17). Pero primeramente, ¿está usted reconciliado con él? “Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (v. 20).

2 Corintios 6:1-18; 2 Corintios 7:1
1Y ASI nosotros, como ayudadores juntamente con él, os exhortamos también á que no recibáis en vano la gracia de Dios,2En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salud te he socorrido: he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud:)3No dando á nadie ningún escándalo, porque el ministerio nuestro no sea vituperado:4Antes habiéndonos en todas cosas como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias;5En azotes, en cárceles, en alborotos, en trabajos, en vigilias, en ayunos;6En castidad, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en Espíritu Santo, en amor no fingido;7En palabra de verdad, en potencia de Dios, en armas de justicia á diestro y á siniestro;8Por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama; como engañadores, mas hombres de verdad;9Como ignorados, mas conocidos; como muriendo, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos;10Como doloridos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo á muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.11Nuestra boca está abierta á vosotros, oh Corintios: nuestro corazón es ensanchado.12No estáis estrechos en nosotros, mas estáis estrechos en vuestras propias entrañas.13Pues, para corresponder al propio modo (como á hijos hablo), ensanchaos también vosotros.14No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tienes la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas?15¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿ó qué parte el fiel con el infiel?16¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo.17Por lo cual Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré,18Y seré á vosotros Padre, Y vosotros me seréis á mí hijos é hijas, dice el Señor Todopoderoso.
1ASI que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios.

“Nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia…” (v. 4; 12:12). Aquí está lo que recomienda a todo siervo de Dios. Mejor que cualquier discurso, la manera en que Pablo soportaba las pruebas demostraba el valor de su Evangelio.

¡Qué hombre extraño es el creyente! En cierto modo, tiene dos caras: A los ojos del mundo parece estar en el oprobio, ser engañador, desconocido, entristecido, pobre... Pero, ¿qué es ante Dios? Veraz, bien conocido, siempre gozoso, en una palabra, poseyéndolo todo (v. 8-10). Ésta es su verdadera cara.

Las exhortaciones que siguen pueden parecer de mente estrecha y severa, pero proceden del corazón “ensanchado” del apóstol (v. 11). La palabra separación nos repulsa y, sin embargo, la santidad significa apartarse para Dios (véase Levítico 20:26). “Perfeccionando la santidad” (7:1) equivale necesariamente a apartarse. La separación del mundo no se aplica sólo a tal proyecto de matrimonio desigual (v. 14 y 15). La separación del mundo religioso (v. 16-18) ofrece incomparables compensaciones: la presencia del Señor Jesús “en medio” de los suyos y el gozo de relaciones bendecidas con nuestro Dios y Padre. Por último tenemos la separación del mal bajo cualquier forma (7:1).

2 Corintios 7:2-12
2Admitidnos: á nadie hemos injuriado, á nadie hemos corrompido, á nadie hemos engañado.3No para condenar os lo digo; que ya he dicho antes que estáis en nuestros corazones, para morir y para vivir juntamente.4Mucha confianza tengo de vosotros, tengo de vosotros mucha gloria; lleno estoy de consolación, sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.5Porque aun cuando vinimos á Macedonia, ningún reposo tuvo nuestra carne; antes, en todo fuimos atribulados: de fuera, cuestiones; de dentro, temores.6Mas Dios, que consuela á los humildes, nos consoló con la venida de Tito:7Y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él fué consolado acerca de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro celo por mí, para que así me gozase más.8Porque aunque os contristé por la carta, no me arrepiento, bien que me arrepentí; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo os contristó,9Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.10Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte.11Porque he aquí, esto mismo que según Dios fuisteis contristados, cuánta solicitud ha obrado en vosotros, y aun defensa, y aun enojo, y aun temor, y aun gran deseo, y aun celo, y aun vindicación. En todo os habéis mostrado limpios en el negocio.12Así que, aunque os escribí, no fué por causa del que hizo la injuria, ni por causa del que la padeció, mas para que os fuese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.

El amor de Cristo apremiaba a Pablo con respecto a los corintios (5:14). Cuando les escribió su primera y severa carta, ese amor era igual de verdadero y grande. Pero ahora su corazón está a sus anchas; puede dejar que sus afectos hablen libremente. Recordamos a nuestros jóvenes lectores que quienes les reprenden y advierten con más severidad, generalmente son los que más los aman. “Yo reprendo y castigo a todos los que amo”, dice el Señor (Apocalipsis 3:19).

La iglesia había juzgado el mal que se hallaba en ella; había demostrado que era recta y limpia (v. 11); si había tolerado un horrible pecado, lo había hecho por ignorancia y negligencia. No obstante, los corintios habían tenido que humillarse por su estado, pues éste había permitido que semejante mal apareciera en medio de ellos y habían sido contristados según Dios.

El versículo 10 nos muestra que el simple pesar, la vergüenza y el remordimiento no son el arrepentimiento. Éste consiste en emitir el mismo juicio que Dios emite sobre nuestros pecados; en reconocer el mal y abandonarlo, trátese de actos cometidos antes o después de la conversión (Proverbios 28:13). El arrepentimiento es el primer fruto de la fe. Ser contristados según Dios es, pues, en sí un hecho regocijador (v. 9). ¿Ha experimentado el verdadero arrepentimiento?

2 Corintios 7:13-16; 2 Corintios 8:1-8
13Por tanto, tomamos consolación de vuestra consolación: empero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido recreado su espíritu de todos vosotros.14Pues si algo me he gloriado para con él de vosotros, no he sido avergonzado; antes, como todo lo que habíamos dicho de vosotros era con verdad, así también nuestra gloria delante de Tito fué hallada verdadera.15Y sus entrañas son más abundantes para con vosotros, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor.16Me gozo de que en todo estoy confiado de vosotros.
1ASIMISMO, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que ha sido dada á las iglesias de Macedonia:2Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su bondad.3Pues de su grado han dado conforme á sus fuerzas, yo testifico, y aun sobre sus fuerzas;4Pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia y la comunicación del servicio para los santos.5Y no como lo esperábamos, mas aun á sí mismos se dieron primeramente al Señor, y á nosotros por la voluntad de Dios.6De manera que exhortamos á Tito, que como comenzó antes, así también acabe esta gracia entre vosotros también.7Por tanto, como en todo abundáis, en fe, y en palabra, y en ciencia, y en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, que también abundéis en esta gracia.8No hablo como quien manda, sino para poner á prueba, por la eficacia de otros, la sinceridad también de la caridad vuestra.

La obediencia de los corintios había motivado el gozo y el afecto de Tito y, en consecuencia, había regocijado y confortado doblemente al apóstol Pablo (7:13 y 15). Pero aún estaban lejos de tener el celo de los creyentes de Macedonia (8:1-5). Estos últimos no habían dado sencillamente tal o cual parte de sus recursos y de su tiempo, sino que se habían dado a sí mismos por completo. No habían aguardado, como algunos, el final de la vida para ofrecer a Dios sólo un pobre resto de sus fuerzas; se habían dado “primeramente”… Tampoco habían empezado con “el servicio para los santos” (v. 4). No; se dieron primeramente al Señor. Y ese primer don había acarreado todos los demás. También pertenecían a los apóstoles, por ser ellos siervos del Señor. ¿Era esto algo penoso para los macedonios? ¡Todo al contrario! “La abundancia de su gozo” podía soportar una gran “prueba de tribulación”, y “su profunda pobreza” cambiarse “en riquezas de su generosidad” (v. 2). Lo que llamaríamos fácilmente una carga, ellos lo llamaban un “privilegio” (v. 4).

¡Que Dios nos otorgue esa misma dichosa consagración a nuestro Señor, a quien tenemos el privilegio de poder servir, sirviendo a los suyos!

2 Corintios 8:9-24
9Porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.10Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene á vosotros, que comenzasteis antes, no sólo á hacerlo, mas aun á quererlo desde el año pasado.11Ahora pues, llevad también á cabo el hecho, para que como estuvisteis prontos á querer, así también lo estéis en cumplir conforme á lo que tenéis.12Porque si primero hay la voluntad pronta, será acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene.13Porque no digo esto para que haya para otros desahogo, y para vosotros apretura;14Sino para que en este tiempo, con igualdad, vuestra abundancia supla la falta de ellos, para que también la abundancia de ellos supla vuestra falta, porque haya igualdad;15Como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos.16Empero gracias á Dios que dió la misma solicitud por vosotros en el corazón de Tito.17Pues á la verdad recibió la exhortación; mas estando también muy solícito, de su voluntad partió para vosotros.18Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio es por todas las iglesias;19Y no sólo esto, mas también fué ordenado por las iglesias el compañero de nuestra peregrinación para llevar esta gracia, que es administrada de nosotros para gloria del mismo Señor, y para demostrar vuestro pronto ánimo:20Evitando que nadie nos vitupere en esta abundancia que ministramos;21Procurando las cosas honestas, no sólo delante del Señor, mas aun delante de los hombres.22Enviamos también con ellos á nuestro hermano, al cual muchas veces hemos experimentado diligente, mas ahora mucho más con la mucha confianza que tiene en vosotros.23Ora en orden á Tito, es mi compañero y coadjutor para con vosotros; ó acerca de nuestros hermanos, los mensajeros son de las iglesias, y la gloria de Cristo.24Mostrad pues, para con ellos á la faz de las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestra gloria acerca de vosotros.

¿Qué era el amor de los macedonios en comparación con el supremo ejemplo de “nuestro Señor Jesucristo”? Ellos no habían escogido por sí mismos “su profunda pobreza” (v. 2). Pero él, el “heredero de todo” (Hebreos 1:2) se humilló haciéndose pobre, dejando sus glorias celestiales para nacer en un establo y ser aquí abajo “el pobre”, Aquel que no tenía dónde recostar su cabeza (véase Salmo 40:17 y 41:1; Lucas 9:58). ¿Para qué? Para enriquecernos con esas mismas glorias y hacer de nosotros sus coherederos. ¡Adorable misterio de la gracia!

Los corintios no habían llevado completamente a cabo su feliz deseo de ayudar a las iglesias. El apóstol les escribe que está bien el querer, pero que el hacer vale aun más. ¡Ay!, nuestras buenas intenciones a menudo no van más allá de simples intenciones: esa Biblia o ese calendario bíblico que se pensaba regalar, esa visita que se quería hacer a un enfermo, ese pequeño favor que se podía hacer… Que Dios nos dé la misma prontitud tanto para el querer como para el hacer (v. 11-12). Es él quien produce lo uno y lo otro en nosotros “por su buena voluntad” (Filipenses 2:13), pero el retraso entre el movimiento del corazón y el de la mano proviene de nuestra negligencia.

La preocupación del apóstol Pablo era ser guardado no sólo de toda deshonestidad, sino también de toda apariencia de mal ante los hombres (v. 21).

2 Corintios 9:1-15
1PORQUE cuanto á la suministración para los santos, por demás me es escribiros;2Pues conozco vuestro pronto ánimo, del cual me glorío yo entre los de Macedonia, que Acaya está apercibida desde el año pasado; y vuestro ejemplo ha estimulado á muchos.3Mas he enviado los hermanos, porque nuestra gloria de vosotros no sea vana en esta parte; para que, como lo he dicho, estéis apercibidos;4No sea que, si vinieren conmigo Macedonios, y os hallaren desapercibidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de este firme gloriarnos.5Por tanto, tuve por cosa necesaria exhortar á los hermanos que fuesen primero á vosotros, y apresten primero vuestra bendición antes prometida para que esté aparejada como de bendición, y no como de mezquindad.6Esto empero digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará.7Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ó por necesidad; porque Dios ama el dador alegre.8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia; á fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis para toda buena obra:9Como está escrito: Derramó, dió á los pobres; Su justicia permanece para siempre.10Y el que da simiente al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra justicia;11Para que estéis enriquecidos en todo para toda bondad, la cual obra por nosotros hacimiento de gracias á Dios.12Porque la suministración de este servicio, no solamente suple lo que á los santos falta, sino también abunda en muchos hacimientos de gracias á Dios:13Que por la experiencia de esta suministración glorifican á Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la bondad de contribuir para ellos y para todos;14Asimismo por la oración de ellos á favor vuestro, los cuales os quieren á causa de la eminente gracia de Dios en vosotros.15Gracias á Dios por su don inefable.

Para no tener vanos pesares en el día de la cosecha, sembremos –es decir, demos– a manos llenas durante la actual estación de la siembra (v. 6; Lucas 6:38; Deuteronomio 15:10). Lo que Dios ponga en nuestro corazón, hagámoslo, y hagámoslo alegremente. Lo que guardamos para nosotros no nos enriquecerá, y lo que damos no nos empobrecerá jamás (Proverbios 28:27). La gracia de Dios nos asegurará la provisión “siempre en todas las cosas”, no de todo lo que nos gustaría, sino de “todo lo suficiente” (v. 8). Los versículos 11 y 14 nos recuerdan que la generosidad desinteresada produce, en los que son ayudados, acciones de gracias hacia Dios y oraciones a favor de los dadores. Aunque el apóstol parte de un asunto que podríamos considerar secundario como es la beneficencia, sabe dirigir nuestros pensamientos hacia los más gloriosos temas, como la humillación del Señor (8:9), y el don inefable de Dios (v. 15). Apliquémonos a pasar así de los pequeños hechos que constituyen nuestra vida cotidiana a las dichosas verdades de nuestra fe. Una sencilla comida, un encuentro familiar, un regalo hecho o recibido con cariño, son oportunidades para dar gracias a Dios y pensar en el Don por excelencia: el que el Dios de amor hizo al mundo al enviarle su Hijo (véase Juan 3:16).

2 Corintios 10:1-18
1EMPERO yo Pablo, os ruego por la mansedumbre y modestia de Cristo, yo que presente ciertamente soy bajo entre vosotros, mas ausente soy confiado entre vosotros:2Ruego pues, que cuando estuviere presente, no tenga que ser atrevido con la confianza con que estoy en ánimo de ser resuelto para con algunos, que nos tienen como si anduviésemos según la carne.3Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne.4(Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas;)5Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento á la obediencia, de Cristo;6Y estando prestos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida.7Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está confiado en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.8Porque aunque me glorié aun un poco de nuestra potestad (la cual el Señor nos dió para edificación y no para vuestra destrucción), no me avergonzaré;9Porque no parezca como que os quiero espantar por cartas.10Porque á la verdad, dicen, las cartas son graves y fuertes; mas la presencia corporal flaca, y la palabra menospreciable.11Esto piense el tal, que cuales somos en la palabra por cartas estando ausentes, tales seremos también en hechos, estando presentes.12Porque no osamos entremeternos ó compararnos con algunos que se alaban á sí mismos: mas ellos, midiéndose á sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos no son juiciosos.13Nosotros empero, no nos gloriaremos fuera de nuestra medida, sino conforme á la medida de la regla, de la medida que Dios nos repartió, para llegar aun hasta vosotros.14Porque no nos extendemos sobre nuestra medida, como si no llegásemos hasta vosotros: porque también hasta vosotros hemos llegado en el evangelio de Cristo:15No gloriándonos fuera de nuestra medida en trabajos ajenos; mas teniendo esperanza del crecimiento de vuestra fe, que seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme á nuestra regla.16Y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la medida de otro para gloriarnos en lo que ya estaba aparejado.17Mas el que se gloría, gloríese en el Señor.18Porque no el que se alaba á sí mismo, el tal es aprobado; mas aquel á quien Dios alaba.

El apóstol Pablo no había ido a los corintios “con vara” (1 Corintios 4:21) para reprimir el mal personalmente. Había preferido escribirles y aguardar el efecto que su carta produjera. Pero algunos habían aprovechado la paciencia del apóstol y su ausencia para menospreciar su ministerio. La humildad, la mansedumbre y la ternura cristianas que Pablo manifestaba (v. 1) eran pretextos para despreciarle. El hombre natural sólo admira lo que tiene brillo; juzga “según la apariencia” (v. 7). Pero las armas de un soldado de Jesucristo no son carnales (v. 4). El capítulo 6 de la carta a los Efesios las enumera. Recordemos cómo Gedeón, Sansón, Jonatán, David, Ezequías –por citar algunos– obtuvieron sus más grandes victorias. Y no nos dejemos seducir por cualidades humanas tales como la elocuencia o el encanto personal. Sigamos la Palabra de Dios y no al que la presenta, por más don que tenga y aun cuando hayamos sido bendecidos por medio de él.

Los hombres se comparan consigo mismos y se enorgullecen; actitud nada juiciosa (v. 12). Nosotros, creyentes, tenemos un modelo perfecto para el andar y el servicio: ¡Jesús! El contemplarlo nos guardará siempre en la humildad.

2 Corintios 11:1-15
1OJALA toleraseis un poco mi locura; empero toleradme.2Pues que os celo con celo de Dios; porque os he desposado á un marido, para presentaros como una virgen pura á Cristo.3Mas temo que como la serpiente engaño á Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo.4Porque si el que viene, predicare otro Jesús que el que hemos predicado, ó recibiereis otro espíritu del que habéis recibido, ú otro evangelio del que habéis aceptado, lo sufrierais bien.5Cierto pienso que en nada he sido inferior á aquellos grandes apóstoles.6Porque aunque soy basto en la palabra, empero no en la ciencia: mas en todo somos ya del todo manifiestos á vosotros.7¿Pequé yo humillándome á mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, porque os he predicado el evangelio de Dios de balde?8He despojado las otras iglesias, recibiendo salario para ministraros á vosotros.9Y estando con vosotros y teniendo necesidad, á ninguno fuí carga; porque lo que me faltaba, suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia: y en todo me guardé de seros gravoso, y me guardaré.10Es la verdad de Cristo en mí, que esta gloria no me será cerrada en las partes de Acaya.11¿Por qué? ¿porque no os amo? Dios lo sabe.12Mas lo que hago, haré aún, para cortar la ocasión de aquellos que la desean, á fin de que en aquello que se glorían, sean hallados semejantes á nosotros.13Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, trasfigurándose en apóstoles de Cristo.14Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz.15Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras.

Falsos apóstoles buscaban reemplazar a Pablo en el corazón de los corintios. Por tal razón, éste se vio obligado a hablar de sí mismo, y es lo que llama su “locura”; pero no es con el objetivo de ganarse el afecto de los creyentes en provecho propio (véase 12:15). Era celoso por Cristo y reivindicaba con vehemencia el amor de ellos para el único Esposo de la Iglesia.

Los corintios corrían el riesgo de prestar oídos a un evangelio diferente (v. 4). Eran menos espirituales que los efesios, quienes habían probado “a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son” (Apocalipsis 2:2), y los hallaron mentirosos. Muchos cristianos corren el mismo peligro porque les parece que en el fondo, el verdadero cristianismo es demasiado exigente. En cambio, soportarán mejor un evangelio que exalte al hombre y otorgue lugar a la naturaleza humana.

Detrás de esos obreros engañadores, el apóstol desenmascara a Satanás, el amo de ellos. Otrora resplandeciente querubín (Ezequiel 28:12-14), todavía sabe tomar esa apariencia para tentar a los hombres con su astucia, tal como lo hizo con Eva (v. 3 y 14). Además, es más peligroso cuando se presenta como sutil serpiente que cuando nos ataca de frente como el “león rugiente” (1 Pedro 5:8). ¡Desbaratemos sus ardides permaneciendo apegados a la Palabra del Señor!

2 Corintios 11:16-33
16Otra vez digo: Que nadie me estime ser loco; de otra manera, recibidme como á loco, para que aun me gloríe yo un poquito.17Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza de gloria.18Pues que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré.19Porque de buena gana toleráis los necios, siendo vosotros sabios:20Porque toleráis si alguno os pone en servidumbre, si alguno os devora, si alguno toma, si alguno se ensalza, si alguno os hiere en la cara.21Dígolo cuanto á la afrenta, como si nosotros hubiésemos sido flacos. Empero en lo que otro tuviere osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía.22¿Son Hebreos? yo también. ¿Son Israelitas? yo también. ¿Son simiente de Abraham? también yo.23¿Son ministros de Cristo? (como poco sabio hablo) yo más: en trabajos más abundante; en azotes sin medida; en cárceles más; en muertes, muchas veces.24De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno.25Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado en lo profundo de la mar;26En caminos muchas veces, peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los Gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en la mar, peligros entre falsos hermanos;27En trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;28Sin otras cosas además, lo que sobre mí se agolpa cada día, la solicitud de todas las iglesias.29¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me quemo?30Si es menester gloriarse, me gloriaré yo de lo que es de mi flaqueza.31El Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, que es bendito por siglos, sabe que no miento.32En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los Damascenos para prenderme;33Y fuí descolgado del muro en un serón por una ventana, y escapé de sus manos.

Estas arremetidas contra el ministerio de Pablo brindan al Espíritu Santo la oportunidad de darnos una idea más clara de sus trabajos y fatigas. Sí, él era ministro de Cristo y podía enumerar las pruebas de ello: una larga lista de sufrimientos soportados a causa del Evangelio. Los versículos 23 a 28, y 31, 32 nos muestran en qué consistía lo que el apóstol llama su “leve tribulación momentánea” en el capítulo 4:17.

Pero, ¿cuál era el divino recurso que le sostenía para soportar esas cosas excepcionales? “Un eterno peso de gloria” estaba constantemente en su pensamiento: Cristo glorificado, su eterna remuneración.

Queridos amigos, retengamos este secreto: Cuanto más dediquemos nuestros pensamientos al Señor, tanto menos tiempo nos quedará para pensar en nuestras pequeñas dificultades (¿y qué son ellas al lado de las tribulaciones del gran apóstol?). Cuanto más pese el eterno amor divino en la balanza de nuestros corazones, tanto menos importancia tendrán las circunstancias momentáneas y menos nos agobiarán. Sin embargo, existe una cosa que nunca nos apremiará demasiado: “la preocupación por las iglesias” (v. 28). Ésta se manifiesta, en primer lugar, mediante las oraciones. ¡Que el Señor nos dé amor por su amada Iglesia y por cada uno de sus miembros!

2 Corintios 12:1-10
1CIERTO no me es conveniente gloriarme; mas vendré á las visiones y á las revelaciones del Señor.2Conozco á un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe) fué arrebatado hasta el tercer cielo.3Y conozco tal hombre, (si en el cuerpo, ó fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe,)4Que fué arrebatado al paraíso, donde oyó palabras secretas que el hombre no puede decir.5De este tal me gloriaré, mas de mí mismo nada me gloriaré, sino en mis flaquezas.6Por lo cual si quisiere gloriarme, no seré insensato: porque diré verdad: empero lo dejo, porque nadie piense de mí más de lo que en mí ve, ú oye de mí.7Y porque la grandeza de las revelaciones no me levante descomedidamente, me es dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.8Por lo cual tres veces he rogado al Señor, que se quite de mí.9Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo.10Por lo cual me gozo en las flaquezas, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias por Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso.

“Un hombre en Cristo” es alguien que ya no anda “conforme a la carne” (Romanos 8:1), es decir, sobre quien la carne perdió sus derechos. “Nueva criatura es” (5:17). Su posición ante Dios es la de Cristo mismo y, por la fe, ya ocupa esa posición en el cielo. Pero Pablo fue arrebatado realmente hasta el cielo durante un momento inolvidable. Y ¿qué le ocurrió en el paraíso? Oyó el lenguaje del cielo, que no puede ser traducido a los idiomas de los hombres (v. 4). ¡Qué favor extraordinario! Pero esa experiencia única constituía un certero peligro para el apóstol. Para evitar que se enorgulleciera, le fue dado “un aguijón” en su “carne”: tal vez una penosa dolencia que tendía a volverle menos apreciable en su predicación oral (véase 10:1, 10 y Gálatas 4:14). El apóstol ruega: Señor, quítamelo, si no mi servicio sufrirá por ello… “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”, fue la contestación del Señor. Contrariamente a las apariencias, ese aguijón era un resultado de esa gracia. Servía a Pablo para subyugar la naturaleza pecaminosa que estaba en él. Sí, para el que vive por la fe, las dolencias y las pruebas son valiosas, pues contribuyen a volver débil al hombre carnal para dejar que el poder de Dios se manifieste (v. 9-10; 4:7).

2 Corintios 12:12-21
12Con todo esto, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, en señales, y en prodigios, y en maravillas.13Porque ¿qué hay en que habéis sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? Perdonadme esta injuria.14He aquí estoy aparejado para ir á vosotros la tercera vez, y no os seré gravoso; porque no busco vuestras cosas, sino á vosotros: porque no han de atesorar los hijos para los padres sino los padres para los hijos.15Empero yo de muy buena gana despenderé y seré despendido por vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.16Mas sea así, yo no os he agravado: sino que, como soy astuto, os he tomado por engaño.17¿Acaso os he engañado por alguno de los que he enviado á vosotros?18Rogué á Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó quizá Tito? ¿no hemos procedido con el mismo espíritu y por las mismas pisadas?19¿Pensáis aún que nos excusamos con vosotros? Delante de Dios en Cristo hablamos: mas todo, muy amados, por vuestra edificación.20Porque temo que cuando llegare, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, disensiones, detracciones, murmuaciones, elaciones, bandos:21Que cuando volviere, me humille Dios entre vosotros, y haya de llorar por muchos de los que antes habrán pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y deshonestidad que han cometido.

¡Qué sentía el apóstol Pablo al oír las suposiciones que se hacían a su respecto, los motivos interesados y las astucias que se le atribuían! (v. 14 y 16; 7:2-3; compárese con Hechos 20:33). Todo al contrario: por una conducta irreprochable, juntamente con sus compañeros de obra, no había dejado de andar “en las mismas pisadas” de Cristo (v. 18). Si responde largamente a esas calumnias, no es para justificarse, sino porque tiene en vista “la edificación” de sus amados corintios (v. 19; 1 Corintios 14:26, final). Efectivamente, no reconocer el ministerio del apóstol venía a ser lo mismo que rechazar también la autoridad de la divina Palabra que él anunciaba. Hoy en día ¡cuántos supuestos cristianos rechazan tal o cual parte de la Palabra, particularmente las epístolas de Pablo! Los versículos 20 y 21 muestran a qué pecados conduce esa negligencia y ese menosprecio.

Así, en este capítulo hallamos el más glorioso estado al cual puede ser elevado un cristiano… y la más miserable condición en la que puede caer… ¡Qué contraste entre esa elevación al tercer cielo y esa vil degradación carnal! ¡Y el cristiano es capaz de ambas cosas! ¡Qué lección y advertencia para cada creyente!

2 Corintios 13:1-14
1ESTA tercera vez voy á vosotros. En la boca de dos ó de tres testigos consistirá todo negocio.2He dicho antes, y ahora digo otra vez como presente, y ahora ausente lo escribo á los que antes pecaron, y á todos los demás, que si voy otra vez, no perdonaré;3Pues buscáis una prueba de Cristo que habla en mí, el cual no es flaco para con vosotros, antes es poderoso en vosotros.4Porque aunque fué crucificado por flaqueza, empero vive por potencia de Dios. Pues también nosotros somos flacos con él, mas viviremos con él por la potencia de Dios para con vosotros.5Examinaos á vosotros mismos si estáis en fe; probaos á vosotros mismos. ¿No os conocéis á vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados.6Mas espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados.7Y oramos á Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros seamos hallados aprobados, mas para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.8Porque ninguna cosas podemos contra la verdad, sino por la verdad.9Por lo cual nos gozamos que seamos nosotros flacos, y que vosotros estéis fuertes; y aun deseamos vuestra perfección.10Por tanto os escribo esto ausente, por no tratar presente con dureza, conforme á la potestad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción.11Resta, hermanos, que tengáis gozo, seáis perfectos, tengáis consolación, sintáis una misma cosa, tengáis paz; y el Dios de paz y de caridad será con vosotros.12Saludaos los unos á los otros con ósculo santo.13(G13-12) Todos los santos os saludan.14(G13-13) La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la participación del Espíritu Santo sea con vosotros todos. Amén. {Epístola á los Corintios fué enviada de Filipos de Macedonia con Tito y Lucas.}

El tema de la primera epístola a los Corintios es la Iglesia (o Asamblea). La segunda nos habla del ministerio o servicio cristiano. En ella encontramos los sentimientos, las súplicas, las fatigas, las penas morales y físicas del siervo del Señor. Pablo no era más que un débil instrumento; pero no deseaba una mejor porción que la de su Señor en la tierra. Cristo había vivido aquí abajo en la humillación, había sido “crucificado en debilidad”; pero ahora vive resucitado por el poder de Dios (v. 4).

Al terminar su epístola, Pablo dirige una última oración a Dios a favor de sus amados corintios. Ésta se resume en una palabra: su “perfección”. Pero al mismo tiempo los exhorta: “perfeccionaos” (v. 11). Porque pedir la ayuda del Señor no dispensa de aplicarse con celo a hacer progresos en el andar y el servicio cristianos.

“Tened gozo”, les dice aun, “consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz” (v. 11). Que cada uno de nuestros lectores se apropie de estas exhortaciones y goce de la promesa que está ligada a ellas. Sí, que “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén” (v. 14).


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