Salmo 90
1Oración de Moisés varón de Dios. SEÑOR, tú nos has sido refugio En generación y en generación.2Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.3Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.4Porque mil años delante de tus ojos, Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche.5Háceslos pasar como avenida de aguas; son como sueño; Como la hierba que crece en la mañana:6En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca.7Porque con tu furor somos consumidos, Y con tu ira somos conturbados.8Pusiste nuestras maldades delante de ti, Nuestros yerros á la luz de tu rostro.9Porque todos nuestros días declinan á causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento.10Los días de nuestra edad son setenta años; Que si en los más robustos son ochenta años, Con todo su fortaleza es molestia y trabajo; Porque es cortado presto, y volamos.11¿Quién conoce la fortaleza de tu ira, Y tu indignación según que debes ser temido?12Enséñanos de tal modo á contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.13Vuélvete, oh Jehová: ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos.14Sácianos presto de tu misericordia: Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.15Alégranos conforme á los días que nos afligiste, Y los años que vimos mal.16Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos.17Y sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros: Y ordena en nosotros la obra de nuestras manos, La obra de nuestras manos confirma.

El comienzo de un año o de una nueva etapa en nuestra vida es el momento favorable para hacer «un balance» de nuestra situación. Al mirar atrás, el creyente puede exclamar con gratitud: “Señor, tú nos has sido refugio…” (v. 1). Tener a Dios mismo como “roca de refugio”, ¡qué dicha y qué seguridad para el fiel”! (Salmo 71:3). En cuanto al presente, él mide su corta existencia aquí abajo, antes de que para cada uno se haga oír la orden de volver al polvo y pide a Dios que le enseñe a contar sus días con miras a adquirir un corazón sabio (v. 12). Esta sabiduría, según Efesios 5:15-16, nos llevará a aprovechar bien el tiempo (o a redimir el tiempo, según la expresión de la carta a los Colosenses 4:5). Sí, estos años que se acaban “como un pensamiento”, empleémoslos para el Señor (v. 9).

Y a usted, lector inconverso, tal vez sea la última oportunidad de aceptar a Jesús como su Salvador: aprovéchela sin tardar.

Este salmo, “oración de Moisés, varón de Dios”, estará en la boca del arrepentido Israel en los últimos tiempos. Pero los redimidos del Señor que conocen su inmenso amor, pueden decir desde ahora: “De mañana” —es decir, desde nuestra juventud— “sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días” (v. 14).

Salmo 91
1EL que habita al abrigo del Altísimo, Morará bajo la sombra del Omnipotente.2Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en él confiaré.3Y él te librará del lazo del cazador: De la peste destruidora.4Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro: Escudo y adarga es su verdad.5No tendrás temor de espanto nocturno, Ni de saeta que vuele de día;6Ni de pestilencia que ande en oscuridad, Ni de mortandad que en medio del día destruya.7Caerán á tu lado mil, Y diez mil á tu diestra: Mas á ti no llegará.8Ciertamente con tus ojos mirarás, Y verás la recompensa de los impíos.9Porque tú has puesto á Jehová, que es mi esperanza. Al Altísimo por tu habitación,10No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada.11Pues que á sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos.12En las manos te llevarán, Porque tu pie no tropiece en piedra.13Sobre el león y el basilisco pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.14Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré: Pondrélo en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.15Me invocará, y yo le responderé: Con él estare yo en la angustia: Lo libraré, y le glorificaré.16Saciarélo de larga vida, Y mostraréle mi salud.

Si la gratitud es el sentimiento que nos conviene en cuanto al tiempo pasado (Salmo 90), el que debe dominar en nosotros para el porvernir es la confianza en Dios. Grandes son, en efecto, los peligros de orden moral que amenazan al creyente. ¿Quién es el cazador (v. 3), el león, el áspid, el dragón… (v. 13), sino el mismo Satanás? “La pestilencia que anda en oscuridad” (v. 3, 6), ¿no nos habla del pecado, cosa mucho más grave que una enfermedad? “La saeta que vuela de día” (v. 5) sugiere algún mal pensamiento que surge de improviso por medio de una imagen vista en la calle, de una lectura o de una conversación de dudosa rectitud. “Los terrores nocturnos” son las inquietudes que impiden, a menudo, que gocemos del sueño apacible que el Señor nos ha preparado (Salmo 4:8).

Cualquiera que sea la trampa o la amenaza, tenemos un refugio: el Altísimo y Omnipotente (v. 1, 2, 9). Imitemos a Aquel que en medio de los mismos peligros experimentó perfectamente esa confianza. En el desierto, Cristo supo confundir y atar al Tentador que se había atrevido a citar este salmo. Desde el versículo 9, las promesas de Dios vienen a contestar la oración del Hombre perfecto. También gozaremos de ellas en la medida en que pongamos, como Jesús, nuestra fe y nuestro afecto en Dios (v. 14).

Salmo 92, Salmo 93
1Salmo: Canción para el día del Sábado. BUENO es alabar á Jehová, Y cantar salmos á tu nombre, oh Altísimo;2Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu verdad en las noches,3En el decacordio y en el salterio, En tono suave con el arpa.4Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; En las obras de tus manos me gozo.5Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos.6El hombre necio no sabe, Y el insensato no entiende esto:7Que brotan los impíos como la hierba, Y florecen todos los que obran iniquidad, Para ser destruídos para siempre.8Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo.9Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, Porque he aquí, perecerán tus enemigos; Serán disipados todos los que obran maldad.10Empero tú ensalzarás mi cuerno como el de unicornio: Seré ungido con aceite fresco.11Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos: Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos.12El justo florecerá como la palma: Crecerá como cedro en el Líbano.13Plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán.14Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes;15Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto. Y que en él no hay injusticia.
1JEHOVA reina, vistióse de magnificencia, Vistióse Jehová, ciñose de fortaleza; Afirmó también el mundo, que no se moverá.2Firme es tu trono desde entonces: Tú eres eternalmente.3Alzaron los ríos, oh Jehová, Alzaron los ríos su sonido; Alzaron los ríos sus ondas.4Jehová en las alturas es más poderoso Que el estruendo de las muchas aguas, Más que las recias ondas de la mar.5Tus testimonios son muy firmes: La santidad conviene á tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre.

Las grandes obras de Dios y sus muy profundos pensamientos son los inagotables temas de la oración del rescatado (v. 5; comparar Salmo 40:5). Pero el hombre que no reconoce al Creador en Sus obras es necio e insensato (v. 6) a los ojos de Dios, aunque fuese el más genial científico. El impío y el justo, los dos florecen (v. 7 y 13). Pero únicamente el segundo dará fruto (v. 14). La hierba crece y florece en determinada estación, luego es cortada (v. 7). Tal es el destino de los impíos; ellos perecen (v. 9; comparar 2 Corintios 4:3-4). Mientras que el justo se parece a la palmera o al cedro del Líbano (v. 12, 13). ¡Cuánto tiempo hace falta para que esos hermosos árboles alcancen su pleno desarrollo! Pero los justos tienen su lugar en los atrios del templo de Dios y prosperan allí para Su gloria.

El Salmo 93 nos recuerda que el poder de Dios es más antiguo (“Tú eres eternamente” v. 2) y más grande que el poder del enemigo (v. 3, 4). Las ondas nos hablan de la agitación del mundo (Isaías 57:20; comparar Salmo 89:9). Podemos fiarnos en la Palabra de Dios: “Tus testimonios son muy firmes” (v. 5).

Finalmente, dice el salmista, “la santidad conviene a tu casa”. No soportamos en nuestra casa ni suciedad ni desorden. Comprendemos que, con mayor motivo, el Dios santo no pueda tolerar el pecado en su casa, la que es hoy día la Asamblea (léase 2Corintios 6:16…).

Salmo 94
1JEHOVA, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate.2Ensálzate, oh Juez de la tierra: Da el pago á los soberbios.3¿Hasta cuándo los impíos, Hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos?4¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, Y se vanagloriarán todos los que obran iniquidad?5A tu pueblo, oh Jehová, quebrantan, Y á tu heredad afligen.6A la viuda y al extranjero matan, Y á los huérfanos quitan la vida.7Y dijeron: No verá JAH, Ni entenderá el Dios de Jacob.8Entended, necios del pueblo; Y vosotros fatuos, ¿cuándo seréis sabios?9El que plantó el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?10El que castiga las gentes, ¿no reprenderá? ¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia?11Jehová conoce los pensamientos de los hombres, Que son vanidad.12Bienaventurado el hombre á quien tú, JAH, castigares, Y en tu ley lo instruyeres;13Para tranquilizarle en los días de aflicción, En tanto que para el impío se cava el hoyo.14Porque no dejará Jehová su pueblo, Ni desamparará su heredad;15Sino que el juicio será vuelto á justicia, Y en pos de ella irán todos los rectos de corazón.16¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿Quién estará por mí contra los que obran iniquidad?17Si no me ayudara Jehová, Presto morara mi alma en el silencio.18Cuando yo decía: Mi pie resbala: Tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba.19En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.20¿Juntaráse contigo el trono de iniquidades, Que forma agravio en el mandamiento?21Pónense en corros contra la vida del justo, Y condenan la sangre inocente.22Mas Jehová me ha sido por refugio; Y mi Dios por roca de mi confianza.23Y él hará tornar sobre ellos su iniquidad, Y los destruirá por su propia maldad; Los talará Jehová nuestro Dios.

A diferencia del israelita de los postreros tiempos, el cristiano debe guardarse de todo deseo de venganza (Romanos 12:17 y siguientes). No por eso deja de sufrir a causa del mal y de la injusticia que reinan en este mundo, en el que la soberbia (v. 2), la impiedad (v. 3), la arrogancia, la vanagloria (v. 4), la opresión y la violencia (v. 5, 6) tienen libre curso. El creyente no puede atravesar esta tierra y permanecer insensible a lo que ve todos los días. Cuanto más conciencia tenga de la santidad de Dios, tanto más aborrecerá el mal (Salmo 97:10). Por esa razón, Cristo, el hombre perfecto, sufrió más que nadie. Véale en Marcos 3:5 “entristecido por la dureza de sus corazones”. Y él mismo fue el objeto de la suprema injusticia (v. 21).

A menudo la comprobación de ese mal que nos rodea produce en nosotros una multitud de pensamientos penosos: ¿No ve Dios estas cosas? ¿Por qué no interviene?… En respuesta a esas preguntas, generalmente el Señor no nos da explicaciones, pero sí nos da siempre “consolaciones” (v. 19). Al abrirnos los ojos para que apreciemos la maldad del mundo, Dios nos ayuda a separarnos de éste. Es para unirnos más a él y para que nuestra esperanza se vuelva más ferviente. ¡Ojalá las consolaciones de lo alto puedan hacer siempre las delicias de nuestra alma!

Salmo 95
1VENID, celebremos alegremente á Jehová: Cantemos con júbilo á la roca de nuestra salud.2Lleguemos ante su acatamiento con alabanza; Aclamémosle con cánticos.3Porque Jehová es Dios grande; Y Rey grande sobre todos los dioses.4Porque en su mano están las profundidades de la tierra, Y las alturas de los montes son suyas.5Suya también la mar, pues él la hizo; Y sus manos formaron la seca.6Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor.7Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,8No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, Como el día de Masa en el desierto;9Donde me tentaron vuestros padres, Probáronme, y vieron mi obra.10Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos.11Por tanto juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo.

El poder de Dios despierta aclamaciones de alegría en aquellos que son objeto de su salvación. Otrora, a orillas del mar Rojo, un pueblo redimido había hecho subir hacia Dios el cántico de la liberación. Pero ¡ay!, la historia de Israel desde sus primeros pasos en el desierto nos enseña que se puede ser testigo de las obras de Dios (v. 9) y no conocer sus caminos (v. 10). Nos muestra también que no sólo el impío Faraón había endurecido su corazón (Éxodo 8:15, 32 y siguientes) sino que incluso Israel no había tardado en hacer lo mismo (v. 8). Los propios nombres de “Masah” (tentación o prueba; véase Éxodo 17:7) y “Meriba” (rencilla) son grabados para siempre en su historia (compárese Números 11:3, 34). Estos pasos en falso jalonaron sus tristes etapas a través del desierto y sirvieron para designarlas. Procuremos que estos nombres, queridos amigos, estén también en nuestro camino como postes indicadores que nos sirvan de solemne advertencia.

La epístola a los Hebreos cita y comenta este salmo para nuestro provecho: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (cap. 3:7). Al Señor se le debe oír con el corazón. Ojalá que el nuestro sea, hoy, sensible a “su voz” y Él podrá hacernos entrar, mañana, en su glorioso descanso.

Salmo 96
1CANTAD á Jehová canción nueva; Cantad á Jehová, toda la tierra.2Cantad á Jehová, bendecid su nombre: Anunciad de día en día su salud.3Contad entre las gentes su gloria, En todos los pueblos sus maravillas.4Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Terrible sobre todos los dioses.5Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos: Mas Jehová hizo los cielos.6Alabanza y magnificencia delante de él: Fortaleza y gloria en su santuario.7Dad á Jehová, oh familias de los pueblos, Dad á Jehová la gloria y la fortaleza.8Dad á Jehová la honra debida á su nombre: Tomad presentes, y venid á sus atrios.9Encorvaos á Jehová en la hermosura de su santuario: Temed delante de él, toda la tierra.10Decid en las gentes: Jehová reinó, También afirmó el mundo, no será conmovido: Juzgará á los pueblos en justicia.11Alégrense los cielos, y gócese la tierra: Brame la mar y su plenitud.12Regocíjese el campo, y todo lo que en él está: Entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento.13Delante de Jehová que vino: Porque vino á juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y á los pueblos con su verdad.

Después de exhortarse a sí mismos: “Cantemos…, adoremos…, postrémonos” en el Salmo 95, los fieles de Israel invitan ahora a toda la tierra, incluso a la naturaleza, a imitarlos: “cantad…, bendecid…, adorad” (v. 1, 2, 9). El día vendrá en que los pueblos paganos arrojen sus ídolos y las familias de las naciones den al Señor “la gloria y el poder” (v. 7). Para expresar este homenaje, los redimidos no aguardan el reino del Señor. “A él sea gloria e imperio…”, pueden exclamar desde ahora (Apocalipsis 1:6). Porque no es sólo la manifestación de las glorias de Cristo la que puede hacer surgir en ellos esa alabanza. La majestad, la magnificencia, el poder y la hermosura del Rey de toda la tierra son todavía invisibles, se hallan ocultas en el santuario celestial (v. 6). Pero el grande y continuo motivo de adoración del creyente es el amor de su Salvador: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre…” (Apocalipsis 1:5).

Este salmo fue compuesto y cantado en ocasión de la vuelta del arca —figura de Cristo— en medio del pueblo de Israel (1Crónicas 16:23-30). Mas el Señor volverá no ya para salvar sino para juzgar al mundo (v. 13; comparar Juan 3:17; 5:22). “Él juzgará a los pueblos en justicia…” (o rectitud; v. 10); “al mundo con justicia y a los pueblos con su verdad” (o fidelidad; v. 13; Salmo 45:3-4).

Salmo 97
1JEHOVA reinó: regocíjese la tierra: Alégrense las muchas islas.2Nube y oscuridad alrededor de él: Justicia y juicio son el asiento de su trono.3Fuego irá delante de él, Y abrasará en derredor sus enemigos.4Sus relámpagos alumbraron el mundo: La tierra vió, y estremecióse.5Los montes se derritieron como cera delante de Jehová, Delante del Señor de toda la tierra.6Los cielos denunciaron su justicia, Y todos los pueblos vieron su gloria.7Avergüéncense todos los que sirven á las imágenes de talla, Los que se alaban de los ídolos: Los dioses todos á él se encorven.8Oyó Sión, y alegróse; Y las hijas de Judá, Oh Jehová, se gozaron por tus juicios.9Porque tú, Jehová, eres alto sobre toda la tierra: Eres muy ensalzado sobre todos los dioses.10Los que á Jehová amáis, aborreced el mal: Guarda él las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra.11Luz está sembrada para el justo, Y alegría para los rectos de corazón.12Alegraos, justos, en Jehová: Y alabad la memoria de su santidad.

Este salmo describe el establecimiento del Reinado con poder; corresponde a Isaías 11:4-5 y Apocalipsis 19:6. Todo lo que se opone a la dominación del Señor será destruido (v. 3-5) mientras que los corazones de todos los fieles se llenarán de alegría (v. 8…). Entonces la gloria del Señor no sólo será proclamada como en el Salmo 96:3, sino que también será vista (v. 6), y los habitantes del mundo estarán en condiciones de notar la diferencia entre el gobierno ejercido por los hombres y la justicia establecida por Dios. Los ángeles, también llamados dioses en el versículo 7, tanto tiempo testigos de la iniquidad que ha cubierto a la tierra, asistirán finalmente al triunfo de la justicia. Verán al Primogénito, Cristo, introducido por Dios en el mundo habitado y, unidos en un mismo pensamiento con los santos que estén en la tierra, le tributarán su homenaje (Hebreos 1:6).

Los tres últimos versículos son para todos los tiempos, porque Dios tiene constantemente los ojos puestos en los que le aman, en los que son “rectos de corazón”. En Su gracia los llama “santos” y “justos”. ¡Espera de ellos que aborrezcan el mal y se alegren en Él! (v. 10, 12; compárese Romanos 12: 9; Filipenses 4:4 y siguientes). Él no dejará de guardar sus almas y alumbrar sus pasos (v. 10, 11).

Salmo 98, Salmo 99
1Salmo. CANTAD á Jehová canción nueva; Porque ha hecho maravillas: Su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.2Jehová ha hecho notoria su salud: En ojos de las gentes ha descubierto su justicia.3Hase acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel: Todos los términos de la tierra han visto la salud de nuestro Dios.4Cantad alegres á Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y salmead.5Salmead á Jehová con arpa; Con arpa y voz de cántico.6Aclamad con trompetas y sonidos De bocina delante del rey Jehová.7Brame la mar y su plenitud; El mundo y los que en él habitan;8Los ríos batan las manos; Los montes todos hagan regocijo,9Delante de Jehová; porque vino á juzgar la tierra: Juzgará al mundo con justicia, Y á los pueblos con rectitud.
1JEHOVA reinó, temblarán los pueblos: El está sentado sobre los querubines, conmoveráse la tierra.2Jehová en Sión es grande, Y ensalzado sobre todos los pueblos.3Alaben tu nombre grande y tremendo: El es santo.4Y la gloria del rey ama el juicio: Tú confirmas la rectitud; Tú has hecho en Jacob juicio y justicia.5Ensalzad á Jehová nuestro Dios, Y encorvaos al estrado de sus pies: El es santo.6Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Y Samuel entre los que invocaron su nombre; Invocaban á Jehová, y él les respondía.7En columna de nube hablaba con ellos: Guardaban sus testimonios, y el estatuto que les había dado.8Jehová Dios nuestro, tú les respondías: Tú les fuiste un Dios perdonador, Y vengador de sus obras.9Ensalzad á Jehová nuestro Dios, Y encorvaos al monte de su santidad; Porque Jehová nuestro Dios es santo.

Los salmos 98 y 99 empiezan respectivamente de la misma manera que los salmos 96 y 97. “Cantad al Señor cántico nuevo” (98:1). El cántico nuevo es el que considera a Cristo en las nuevas manifestaciones de su gloria. Al alba de su Reinado, cuando Dios haya dado a conocer su salvación y revelado su justicia (v. 2; Salmo 97), ese himno será entonado en el cielo y todas las criaturas le harán eco (leer Apocalipsis 5:9… 13…). El cielo y la tierra cantarán al unísono; una alegría universal responderá finalmente a la misericordia y fidelidad de Dios (v. 3).

“Jehová reina”, repite el salmo 99. Ejecutado ya su juicio, su gloria vuelve a tomar “entre los querubines” (Éxodo 25:22) el lugar que dejó otrora a causa de la iniquidad del pueblo (Ezequiel 10). Su santidad es proclamada tres veces: “Él es santo…; Él es santo…; el Señor nuestro Dios es santo” (v. 3, 5, 9; comparar Isaías 6:2-3). Pero ese Dios, de quien se dice por tres veces que es santo, es también el que perdona (v. 8) y sabemos que lo puede hacer sin negarse a sí mismo a causa de la obra de la cruz. Sólo entonces la intercesión de Moisés, Aarón y Samuel tendrá la plena respuesta en ese perdón, el que es ya nuestra porción por gracia (Éxodo 32:11, 32; Números 16:47; 1 Samuel 7:5; 12:23).

Salmo 100, Salmo 101
1Salmo de alabanza. CANTAD alegres á Dios, habitantes de toda la tierra.2Servid á Jehová con alegría: Venid ante su acatamiento con regocijo.3Reconoced que Jehová él es Dios: El nos hizo, y no nosotros á nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.4Entrad por sus puertas con reconocimiento, Por sus atrios con alabanza: Alabadle, bendecid su nombre.5Porque Jehová es bueno: para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones.
1Salmo de David. MISERICORDIA y juicio cantaré: A ti cantaré yo, oh Jehová.2Entenderé en el camino de la perfección Cuando vinieres á mí: En integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa.3No pondré delante de mis ojos cosa injusta: Aborrezco la obra de los que se desvían: Ninguno de ellos se allegará á mí.4Corazón perverso se apartará de mí; No conoceré al malvado.5Al que solapadamente infama á su prójimo, yo le cortaré; No sufriré al de ojos altaneros, y de corazón vanidoso.6Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo: El que anduviere en el camino de la perfección, éste me sevirá.7No habitará dentro de mi casa el que hace fraude: El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos.8Por las mañanas cortaré á todos los impíos de la tierra; Para extirpar de la ciudad de Jehová á todos los que obraren iniquidad.

El salmo 100 es un salmo de acción de gracias en el que se invita a “toda la tierra” a cantar a Dios y a servirle con alegría.

Con más razón tenemos esos privilegios, nosotros, quienes conocemos a Dios como a un buen Padre y a Jesús como a un tierno Pastor (comparar final v. 3). ¿Es para nosotros una alegría servir al Señor? O, por el contrario ¿nos comportamos como si fuese un Amo duro cuyo yugo es pesado? (Mateo 25:24…). Queridos amigos, gustemos la alegría actual que acompaña siempre a un siervo obediente (Juan 15:10, 11), para que podamos también oír más tarde estas tan dulces palabras: “Entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21, 23).

Una nueva serie empieza con el salmo 101. Éste es, por decirlo así, el texto de la declaración pública del Rey en ocasión de inaugurar su reinado. Expone sobre qué bases descansará el gobierno de su país: sabiduría, integridad, justicia, separación del mal. ¡Qué contraste entre estos simples y firmes principios y los códigos complicados y abarrotados de detalles de la justicia humana! Todos los súbditos del reino habrán sido prevenidos: no se tolerará la perversidad, la calumnia, el orgullo, el fraude y la mentira. Llamados a reinar con el Señor, nos conviene, a los creyentes, ilustrar actualmente los principios de su Reino mediante nuestro andar.

Salmo 102:1-15
1Oración del pobre, cuando estuviere angustiado, y delante de Jehová derramare su lamento. JEHOVA, oye mi oración, Y venga mi clamor á ti.2No escondas de mí tu rostro: en el día de mi angustia Inclina á mí tu oído; El día que te invocare, apresúrate á responderme.3Porque mis días se han consumido como humo; Y mis huesos cual tizón están quemados.4Mi corazón fué herido, y secóse como la hierba; Por lo cual me olvidé de comer mi pan.5Por la voz de mi gemido Mis huesos se han pegado á mi carne.6Soy semejante al pelícano del desierto; Soy como el buho de las soledades.7Velo, y soy Como el pájaro solitario sobre el tejado.8Cada día me afrentan mis enemigos; Los que se enfurecen contra mí, hanse contra mí conjurado.9Por lo que como la ceniza á manera de pan, Y mi bebida mezclo con lloro,10A causa de tu enojo y de tu ira; Pues me alzaste, y me has arrojado.11Mis días son como la sombra que se va; Y heme secado como la hierba.12Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre, Y tu memoria para generación y generación.13Tú levantándote, tendrás misericordia de Sión; Porque el tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo es llegado.14Porque tus siervos aman sus piedras, Y del polvo de ella tienen compasión.15Entonces temerán las gentes el nombre de Jehová, Y todos los reyes de la tierra tu gloria;

El título de este salmo dirige nuestras miradas hacia el supremo Angustiado: Jesús en sus sufrimientos. “Está angustiado y derrama su lamento”. Pero es un lamento sin impaciencia ni murmuraciones; todo en él es perfecta sumisión. ¡Un lamento que se derrama delante de Dios y no ante los hombres! Por lo demás, ¿quién hubiera podido comprender al Señor, incluso entre sus discípulos? Los versículos 6 y 7 traducen su completa soledad moral aquí abajo. Un hombre se siente mucho más solo cuando es distinto de los demás. Y Cristo fue aislado a causa de su perfección. No estuvo solo durante la hora de la cruz únicamente, sino que durante toda su vida experimentó esa soledad.

Las lágrimas fueron su bebida, su porción cotidiana (v. 9). No sólo fue ultrajado en aquellas circunstancias relatadas en los evangelios. “Cada día” fue el objeto del odio de sus enemigos (v. 8). Conoció el furor del hombre contra Él y, más terrible aun, la ira de Dios cuando fue hecho nuestro sustituto para soportarla (v. 10). Pero ese mismo momento llegó a ser para Dios “el tiempo de tener misericordia” (v. 13). De la Sion de Israel y también de todos los que creen en Él desde ahora.

Salmo 102:16-28
16Por cuanto Jehová habrá edificado á Sión, Y en su gloria será visto;17Habrá mirado á la oración de los solitarios, Y no habrá desechado el ruego de ellos.18Escribirse ha esto para la generación venidera: Y el pueblo que se criará, alabará á JAH.19Porque miró de lo alto de su santuario; Jehová miró de los cielos á la tierra,20Para oir el gemido de los presos, Para soltar á los sentenciados á muerte;21Porque cuenten en Sión el nombre de Jehová, Y su alabanza en Jerusalem,22Cuando los pueblos se congregaren en uno, Y los reinos, para servir á Jehová.23El afligió mi fuerza en el camino; Acortó mis días.24Dije: Dios mío, no me cortes en el medio de mis días: Por generación de generaciones son tus años.25Tú fundaste la tierra antiguamente, Y los cielos son obra de tus manos.26Ellos perecerán, y tú permanecerás; Y todos ellos como un vestido se envejecerán; Como una ropa de vestir los mudarás, y serán mudados:27Mas tú eres el mismo, Y tus años no se acabarán.28Los hijos de tus siervos habitarán, Y su simiente será afirmada delante de ti.

Desde el cielo Dios consideró a los presos de Satanás, destinados a la muerte eterna. Oyó sus gemidos (v. 19, 20). Quiso soltarlos para que pudieran alabarle (v. 21). Con este fin envió a su Hijo aquí abajo.

Verdadero hombre, Cristo suplicó “al que le podía librar de la muerte” (v. 24; Hebreos 5:7-10). Pero, en ese mismo versículo 24, una extraordinaria consolación responde a “la oración de los desvalidos” (v. 17). Como hombre oró Cristo, como Dios obtuvo la contestación. Nos es permitido escuchar el maravilloso diálogo entre Dios el Padre y Dios el Hijo. ¡Es el inescrutable misterio! ¿Quién es, pues, ese angustiado, ese hombre solitario abrumado de ultrajes y que medía su debilidad? ¡Aquel que desde el principio fundó la tierra y extendió los cielos! (Miqueas 5:2). ¿Habla de la mitad de sus días? ¡Pero sus años no se acabarán! La creación envejecerá y pasará; el Creador subsiste para siempre. Él es el Mismo eternamente. Y la epístola a los Hebreos, la cual cita estos versículos, agrega que el Hijo, en quien resplandece toda la gloria de Dios, es también aquel que efectuó “la purificación de nuestros pecados” (Hebreos 1:2, 3, 10-12). ¡Valor infinito es el de semejante obra hecha por semejante Persona!

Salmo 103
1Salmo de David. BENDICE, alma mía á Jehová; Y bendigan todas mis entrañas su santo nombre.2Bendice, alma mía, á Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios.3El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias;4El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias;5El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.6Jehová el que hace justicia Y derecho á todos los que padecen violencia.7Sus caminos notificó á Moisés, Y á los hijos de Israel sus obras.8Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia.9No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo.10No ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; Ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados.11Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.12Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.13Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen.14Porque él conoce nuestra condición; Acuérdase que somos polvo.15El hombre, como la hierba son sus días, Florece como la flor del campo.16Que pasó el viento por ella, y pereció: Y su lugar no la conoce más.17Mas la misericordia de Jehová desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos;18Sobre los que guardan su pacto, Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.19Jehová afirmó en los cielos su trono; Y su reino domina sobre todos.20Bendecid á Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo á la voz de su precepto.21Bendecid á Jehová, vosotros todos sus ejércitos, Ministros suyos, que hacéis su voluntad.22Bendecid á Jehová, vosotras todas sus obras, En todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía á Jehová.

Como David, invitemos a nuestra alma a bendecir a Dios y a discernir sus innumerables beneficios. Por desdicha, generalmente tenemos más ganas de acordarnos de lo que nos falta que de lo que hemos recibido. ¡Cuán ingratos e inconsecuentes somos! Por ejemplo: ¿no se nos ocurrió en el momento de la comida quejarnos de los alimentos… por los cuales acabamos de dar gracias al Señor?

Por encima de todos sus dones, nuestras almas tienen motivo para agradecer a Dios continuamente por el perdón de nuestros pecados (v. 3). Si nos hubiera pagado conforme a lo que éstos merecían, un castigo eterno habría sido nuestra parte (v. 10). Pero ahora él alejó esos pecados hasta el infinito (v. 12), los echó “tras sus espaldas” (Isaías 38:17), los emblanqueció “como la nieve” (Isaías 1:18), los deshizo “como una nube” (Isaías 44:22), los echó “en lo profundo del mar” (Miqueas 7:19) y “nunca más” se acordará de ellos (Isaías 43:25; Hebreos 10:17).

Para “los que le temen”, la misericordia de Dios no tiene límite (v. 11, 13, 17; comparar Isaías 55:7-9). Temerle no significa, pues, tener miedo de su ira. Es la disposición de espíritu de los que han aprendido a conocer su compasión y su misericordia (v. 8; leer Salmo 130:4) y hallan siempre nuevos motivos para bendecirle.

Salmo 104:1-18
1BENDICE, alma mía, á Jehová. Jehová, Dios mío, mucho te has engrandecido; Haste vestido de gloria y de magnificencia.2El que se cubre de luz como de vestidura, Que extiende los cielos como una cortina;3Que establece sus aposentos entre las aguas; El que pone las nubes por su carroza, El que anda sobre las alas del viento;4El que hace á sus ángeles espíritus, Sus ministros al fuego flameante.5El fundó la tierra sobre sus basas; No será jamás removida.6Con el abismo, como con vestido, la cubriste; Sobre los montes estaban las aguas.7A tu reprensión huyeron; Al sonido de tu trueno se apresuraron;8Subieron los montes, descendieron los valles, Al lugar que tú les fundaste.9Pusísteles término, el cual no traspasarán; Ni volverán á cubrir la tierra.10Tú eres el que envías las fuentes por los arroyos; Van entre los montes.11Abrevan á todas las bestias del campo: Quebrantan su sed los asnos montaraces.12Junto á aquellos habitarán las aves de los cielos; Entre las ramas dan voces.13El que riega los montes desde sus aposentos: Del fruto de sus obras se sacia la tierra.14El que hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre; Sacando el pan de la tierra.15Y el vino que alegra el corazón del hombre, Y el aceite que hace lucir el rostro, Y el pan que sustenta el corazón del hombre.16Llénanse de jugo los árboles de Jehová, Los cedros del Líbano que él plantó.17Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña.18Los montes altos para las cabras monteses; Las peñas, madrigueras para los conejos.

Los salmos 104 a 106 resumen los primeros libros de la Biblia. El salmo 104 celebra la creación, en tanto que los salmos 105 y 106 recuerdan la historia de los patriarcas y del pueblo de Israel.

La creación descrita por el Creador: ¡qué tema y qué escritor para tratarlo! Aquí volvemos a hallar la obra de los seis días del primer capítulo de Génesis. En el primer día: la luz (v. 2); en el segundo: la extensión de los cielos separada de las aguas (v. 2, 3); en el tercero: la fundación de la tierra con la aglomeración de las masas líquidas y la aparición del reino vegetal (v. 5-9, 14 y siguientes); en el cuarto: el establecimiento de las grandes lumbreras (v. 19, 22); en el quinto: la proliferación de animales en los mares y en el aire (v. 25, 26, 12, 17); en el sexto: finalmente, la creación de seres vivientes sobre la tierra (v. 11, 21…), coronada por la del hombre (v. 15, 23). Pero observe cómo, al lado del poder y de la sabiduría de Dios, se pone aun aquí el acento sobre su bondad. Todo fue concebido y ejecutado para el bien y el gozo de su criatura.

Al comparar el versículo 5 con el versículo 25 del salmo 102 podemos reconocer y adorar al Hijo en ese Dios maravillosamente grande (v. 1; Salmo 145:3), autor de todas las cosas. Era Él uno con el Padre en todos sus consejos y en todo su amor.

Salmo 104:19-35
19Hizo la luna para los tiempos: El sol conoce su ocaso.20Pone las tinieblas, y es la noche: En ella corretean todas las bestias de la selva.21Los leoncillos braman á la presa, Y para buscar de Dios su comida.22Sale el sol, recógense, Y échanse en sus cuevas.23Sale el hombre á su hacienda, Y á su labranza hasta la tarde.24Cuán muchas son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría: La tierra está llena de tus beneficios.25Asimismo esta gran mar y ancha de términos: En ella pescados sin número, Animales pequeños y grandes.26Allí andan navíos; Allí este leviathán que hiciste para que jugase en ella.27Todos ellos esperan en ti, Para que les des su comida á su tiempo.28Les das, recogen; Abres tu mano, hártanse de bien.29Escondes tu rostro, túrbanse: Les quitas el espíritu, dejan de ser, Y tórnanse en su polvo.30Envías tu espíritu, críanse: Y renuevas la haz de la tierra.31Sea la gloria de Jehová para siempre; Alégrese Jehová en sus obras;32El cual mira á la tierra, y ella tiembla; Toca los montes, y humean.33A Jehová cantaré en mi vida: A mi Dios salmearé mientras viviere.34Serme ha suave hablar de él: Yo me alegraré en Jehová.35Sean consumidos de la tierra los pecadores, Y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, á Jehová. Aleluya.

Somos propensos a dar mucha importancia a las obras y a las labores del hombre (v. 23). Pero, ¡cuán poca cosa es ésa al lado de las obras de Dios, testimonios innumerables de su sabiduría! (v. 24). De Él primeramente, y no del trabajo humano, depende toda criatura para su sustento (v. 27, 28; Mateo 7:11). No atribuyamos nuestra ganancia a nuestros esfuerzos, sino a su gracia. Sí, “la tierra está llena de sus beneficios”; sepamos notarlos y observarlos. Sin embargo, se puede admirar la creación y gozar de ella sin conocer a quien la hizo.

Cuántos artistas y filósofos han confundido la Verdad con la naturaleza, sobre la que, por otra parte, el pecado ha dejado su impura huella. Contemplar la naturaleza no instruye al pecador acerca de lo que Dios es en santidad, justicia y gracia. Del mismo modo que para conocer íntimamente la personalidad de un arquitecto no basta visitar los edificios que construyó (y que unos inquilinos sin vergüenza tal vez arruinaron); es necesario tratarle, estar informado acerca de su carácter, su familia, sus costumbres…

Así que no lo olvidemos: no somos nosotros quienes descubrimos a Dios, es él mismo quien se revela, no a nuestros sentidos, pues “Dios es Espíritu” (Juan 4:24), sino a nuestra alma. No sólo en la naturaleza sino en su Palabra (Salmo 19).

Salmo 105:1-22
1ALABAD á Jehová, invocad su nombre. Haced notorias sus obras en los pueblos.2Cantadle, cantadle salmos: Hablad de todas sus maravillas.3Gloriaos en su santo nombre: Alégrese el corazón de los que buscan á Jehová.4Buscad á Jehová, y su fortaleza: Buscad siempre su rostro.5Acordaos de sus maravillas que hizo, De sus prodigios y de los juicios de su boca,6Oh vosotros, simiente de Abraham su siervo, Hijos de Jacob, sus escogidos.7El es Jehová nuestro Dios; En toda la tierra son sus juicios.8Acordóse para siempre de su alianza; De la palabra que mandó para mil generaciones,9La cual concertó con Abraham; Y de su juramento á Isaac.10Y establecióla á Jacob por decreto, A Israel por pacto sempiterno,11Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán Por cordel de vuestra heredad.12Esto siendo ellos pocos hombres en número, Y extranjeros en ella.13Y anduvieron de gente en gente, De un reino á otro pueblo.14No consintió que hombre los agraviase; Y por causa de ellos castigó los reyes.15No toquéis, dijo, á mis ungidos, Ni hagáis mal á mis profetas.16Y llamó al hambre sobre la tierra, Y quebrantó todo mantenimiento de pan.17Envió un varón delante de ellos, A José, que fué vendido por siervo.18Afligieron sus pies con grillos; En hierro fué puesta su persona.19Hasta la hora que llegó su palabra, El dicho de Jehová le probó.20Envió el rey, y soltóle; El señor de los pueblos, y desatóle.21Púsolo por señor de su casa, Y por enseñoreador en toda su posesión;22Para que reprimiera á sus grandes como él quisiese, Y á sus ancianos enseñara sabiduría.

Los versículos 1 a 15 de este salmo forman parte (con el Salmo 96) del que se ha llamado el primero entregado por el rey David a Asaf después del regreso “del arca del pacto de Dios” (1 Crónicas 16:6-22). Hay sólo una diferencia muy notable. En la versión Moderna y otras el versículo 15 del capítulo 16 de 1 Crónicas habla de exhortación: “Acordaos para siempre de su pacto”. En cambio, nuestro versículo 8 declara: “Se acordó (Dios)…”. Si bien el pueblo falló y olvidó el pacto con su Dios, Él se acordó de sus promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob (2 Timoteo 2:13). Era todo lo que poseían esos hombres de fe. A los ojos de sus contemporáneos tenían poca importancia; “eran pocos en número, y forasteros” como lo somos hoy los cristianos. Pero Dios velaba sobre ellos como vela ahora sobre nosotros (v. 14, 15; por ejemplo: Génesis 31:24).

Luego “envió un varón”, el que, en figura, cumplió Sus propósitos: José, preciosa figura del Señor Jesús. Siervo primeramente, preso luego, fue liberado por “el Señor de los pueblos”, quien lo puso “por Señor de su casa, y por gobernador de todas sus posesiones” (v. 17-21). Cristo, quien murió y luego resucitó por el poder de Dios, será restablecido como Señor de toda la tierra y en él todas las promesas de Dios se realizarán (Hechos 2:36).

Salmo 105:23-45
23Después entró Israel en Egipto, Y Jacob fué extranjero en la tierra de Châm.24Y multiplicó su pueblo en gran manera, E hízolo fuerte más que sus enemigos.25Volvió el corazón de ellos para que aborreciesen á su pueblo, Para que contra sus siervos pensasen mal.26Envió á su siervo Moisés, Y á Aarón al cual escogió.27Pusieron en ellos las palabras de sus señales, Y sus prodigios en la tierra de Châm.28Echó tinieblas, é hizo oscuridad; Y no fueron rebeldes á su palabra.29Volvió sus aguas en sangre, Y mató sus pescados.30Produjo su tierra ranas, Aun en las cámaras de sus reyes.31Dijo, y vinieron enjambres de moscas, Y piojos en todo su término.32Volvió en su tierra sus lluvias en granizo, Y en fuego de llamaradas.33E hirió sus viñas y sus higueras, Y quebró los árboles de su término.34Dijo, y vinieron langostas, Y pulgón sin número;35Y comieron toda la hierba de su país, Y devoraron el fruto de su tierra.36Hirió además á todos los primogénitos en su tierra, El principio de toda su fuerza.37Y sacólos con plata y oro; Y no hubo en sus tribus enfermo.38Egipto se alegró de que salieran; Porque su terror había caído sobre ellos.39Extendió una nube por cubierta, Y fuego para alumbrar la noche.40Pidieron, é hizo venir codornices; Y saciólos de pan del cielo.41Abrió la peña, y fluyeron aguas; Corrieron por los secadales como un río.42Porque se acordó de su santa palabra, Dada á Abraham su siervo.43Y sacó á su pueblo con gozo; Con júbilo á sus escogidos.44Y dióles las tierras de las gentes; Y las labores de las naciones heredaron:45Para que guardasen sus estatutos, Y observasen sus leyes. Aleluya.

El poder de Jehová se despliega a todo lo largo del libro del Éxodo. Se hallan en él primeramente sus milagros en juicio contra los egipcios (v. 27-36), luego sus milagros en gracia a favor de Israel (v. 37-41). Sin embargo, las terribles plagas que azotaron a Egipto no sólo estaban destinadas a espantar y castigar a Faraón. Ante todo, Dios quería revelarse a su propio pueblo mediante señales y prodigios (v. 27; Éxodo 14:31).

“Habló”, nos dicen los versículos 31 y 34, y la cosa ocurrió. Como en el día de la creación, le bastó a Dios una palabra para suscitar los innumerables pequeños agentes de su ira: moscas venenosas, mosquitos, langostas (comparar Hebreos 11:3). Y qué humillación para el hombre constituye ser vencido… por viles insectos.

Israel sale de Egipto después de la Pascua, cambiando su miseria por grandes riquezas (v. 37). Gimió bajo la opresión; Dios lo hace salir con gozo y cántico de triunfo (v. 43). Israel, que trabajó tan duramente, va a poseer “las labores de los pueblos” (v. 44). Y toda esa obra redentora resulta del compromiso que Jehová había contraído con Abraham (v. 42; Génesis 15:13-14). Nada puede impedir al Dios fiel que cumpla con “su santa palabra” (v. 42; Lucas 1:72-73).

Salmo 106:1-23
1ALELUYA. Alabad á Jehová, porque es bueno; Porque para siempre es su misericordia.2¿Quién expresará las valentías de Jehová? ¿Quién contará sus alabanzas?3Dichosos los que guardan juicio, Los que hacen justicia en todo tiempo.4Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia para con tu pueblo: Visítame con tu salud;5Para que yo vea el bien de tus escogidos, Para que me goce en la alegría de tu gente, Y me gloríe con tu heredad.6Pecamos con nuestros padres, Hicimos iniquidad, hicimos impiedad.7Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; No se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias; Sino que se rebelaron junto á la mar, en el mar Bermejo.8Salvólos empero por amor de su nombre, Para hacer notoria su fortaleza.9Y reprendió al mar Bermejo, y secólo; E hízoles ir por el abismo, como por un desierto.10Y salvólos de mano del enemigo, Y rescatólos de mano del adversario.11Y cubrieron las aguas á sus enemigos: No quedó uno de ellos.12Entonces creyeron á sus palabras, Y cantaron su alabanza.13Apresuráronse, olvidáronse de sus obras; No esperaron en su consejo.14Y desearon con ansia en el desierto; Y tentaron á Dios en la soledad.15Y él les dió lo que pidieron; Mas envió flaqueza en sus almas.16Tomaron después celo contra Moisés en el campo, Y contra Aarón el santo de Jehová.17Abrióse la tierra, y tragó á Dathán, Y cubrió la compañía de Abiram.18Y encendióse el fuego en su junta; La llama quemó los impíos.19Hicieron becerro en Horeb, Y encorváronse á un vaciadizo.20Así trocaron su gloria Por la imagen de un buey que come hierba.21Olvidaron al Dios de su salud, Que había hecho grandezas en Egipto;22Maravillas en la tierra de Châm, Cosas formidables sobre el mar Bermejo.23Y trató de destruirlos, A no haberse puesto Moisés su escogido al portillo delante de él, A fin de apartar su ira, para que no los destruyese.

Sólo la obra de Dios está expuesta en el salmo 105; no era cuestión de los pecados de Israel. El salmo 106 vuelve a tomar el mismo relato a partir de la salida de Egipto, pero subrayando la responsabilidad del pueblo (compárese, por ejemplo, el episodio de las codornices en el salmo 105:40 con el salmo 106:14-15). Nuestra historia implica también un doble aspecto. Por un lado, la perfecta obra de la gracia que nos salva y que luego nos toma a su cargo para conducirnos seguramente a la meta, pese a los obstáculos y las dificultades (Filipenses 1:6); por otra parte, nuestra marcha, demasiado a menudo aminorada por rodeos o pasos en falso. Cuánto necesitamos al que, más que Moisés, permanece sin cesar en la brecha, intercediendo por los suyos (v. 23; Romanos 8:34).

“No olvides ninguno de sus beneficios” recomendaba el salmo 103. En efecto, el olvido es una puerta abierta a la codicia y ésta lleva a la rebelión (v. 7, 13, 14, 21). En un corazón ingrato, Satanás dispone de buenos elementos para sembrar deseos culpables. Para el que ha dejado de valorar los dones de Dios, él sabe volver atrayentes las cosas del mundo y, por medio de ellas, atraer poco a poco a su víctima al camino de la rebelión abierta contra Dios. Ojalá que el Señor nos conceda, pues, poder estar siempre atentos a “sus maravillas” (v.7).

Salmo 106:24-48
24Empero aborrecieron la tierra deseable: No creyeron á su palabra;25Antes murmuraron en sus tiendas, Y no oyeron la voz de Jehová.26Por lo que alzó su mano á ellos, En orden á postrarlos en el desierto,27Y humillar su simiente entre las gentes, Y esparcirlos por las tierras.28Allegáronse asimismo á Baalpeor, Y comieron los sacrificios de los muertos.29Y ensañaron á Dios con sus obras, Y desarrollóse la mortandad en ellos.30Entonces se levantó Phinees, é hizo juicio; Y se detuvo la plaga.31Y fuéle contado á justicia De generación en generación para siempre.32También le irritaron en las aguas de Meriba: E hizo mal á Moisés por causa de ellos;33Porque hicieron se rebelase su espíritu, Como lo expresó con sus labios.34No destruyeron los pueblos Que Jehová les dijo;35Antes se mezclaron con las gentes, Y aprendieron sus obras.36Y sirvieron á sus ídolos; Los cuales les fueron por ruina.37Y sacrificaron sus hijos y sus hijas á los demonios;38Y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, Que sacrificaron á los ídolos de Canaán: Y la tierra fué contaminada con sangre.39Contamináronse así con sus obras, Y fornicaron con sus hechos.40Encendióse por tanto el furor de Jehová sobre su pueblo, Y abominó su heredad:41Y entrególos en poder de las gentes, Y enseñoreáronse de ellos los que los aborrecían.42Y sus enemigos los oprimieron, Y fueron quebrantados debajo de su mano.43Muchas veces los libró; Mas ellos se rebelaron á su consejo, Y fueron humillados por su maldad.44El con todo, miraba cuando estaban en angustia, Y oía su clamor:45Y acordábase de su pacto con ellos, Y arrepentíase conforme á la muchedumbre de sus miseraciones.46Hizo asimismo tuviesen de ellos misericordia todos los que los tenían cautivos.47Sálvanos, Jehová Dios nuestro, Y júntanos de entre las gentes, Para que loemos tu santo nombre, Para que nos gloriemos en tus alabanzas.48Bendito Jehová Dios de Israel, Desde el siglo y hasta el siglo: Y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya.

En el Salmo 105, los verbos señalaban la intervención soberana de Dios: “Envió (v. 17, 26, 28), habló (v. 31, 34), dio (v. 32), hirió de muerte (v. 36), sacó (v. 37, 43)…”. Aquí, como lo hemos visto, son puestos en evidencia los pensamientos y los hechos del hombre (¡y qué hechos!): “No creyeron… murmuraron… no oyeron… se mezclaron con las naciones… sirvieron a sus ídolos… sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios… derramaron la sangre inocente… se contaminaron así con sus obras…” (v. 24-39). Desoladora historia de ese pueblo que se hundió más y más en el mal e hizo todo lo necesario para encender el furor de Jehová (v. 40). En conclusión, uno aguardaría su rechazo definitivo. Sin embargo, esa terrible requisitoria termina con la victoria de la gracia. De nuevo es Dios quien obra: “Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor… se acordaba… se arrepentía… Hizo asimismo que tuviesen de ellos misericordia…” (v. 44-46). A esa insondable misericordia responderá una eterna alabanza.

El pecado mencionado en el versículo 24 era particularmente apto para entristecer el corazón de Dios: “Aborrecieron la tierra deseable”. Queridos amigos creyentes: estamos en camino hacia una patria infinitamente más deseable aun que la Canaán terrenal: la Ciudad celestial, la Casa del Padre. ¿Es ella deseable… o despreciable a nuestros ojos? La respuesta se manifestará en nuestro andar.

Salmo 107:1-22
1ALABAD á Jehová, porque es bueno; Porque para siempre es su misericordia.2Digan lo los redimidos de Jehová, Los que ha redimido del poder del enemigo,3Y los ha congregado de las tierras, Del oriente y del occidente, Del aquilón y de la mar.4Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, No hallando ciudad de población.5Hambrientos y sedientos, Su alma desfallecía en ellos.6Habiendo empero clamado á Jehová en su angustia, Librólos de sus aflicciones:7Y dirigiólos por camino derecho, Para que viniesen á ciudad de población.8Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres.9Porque sació al alma menesterosa, Y llenó de bien al alma hambrienta.10Los que moraban en tinieblas y sombra de muerte, Aprisionados en aflicción y en hierros;11Por cuanto fueron rebeldes á las palabras de Jehová, Y aborrecieron el consejo del Altísimo.12Por lo que quebrantó él con trabajo sus corazones, Cayeron y no hubo quien los ayudase;13Luego que clamaron á Jehová en su angustia, Librólos de sus aflicciones.14Sacólos de las tinieblas y de la sombra de muerte, Y rompió sus prisiones.15Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres.16Porque quebrantó las puertas de bronce, Y desmenuzó los cerrojos de hierro.17Los insensatos, á causa del camino de su rebelión Y á causa de sus maldades, fueron afligidos.18Su alma abominó toda vianda, Y llegaron hasta las puertas de la muerte.19Mas clamaron á Jehová en su angustia, Y salvólos de sus aflicciones.20Envió su palabra, y curólos, Y librólos de su ruina.21Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres:22Y sacrifiquen sacrificios de alabanza, Y publiquen sus obras con júbilo.

El quinto Libro de los Salmos considera proféticamente a los redimidos de Israel (Judá y las diez tribus) congregados en su tierra (v. 3), “al alba” (Salmo 108:2) del día milenario. Recuerdan en el Salmo 107 las aflicciones encontradas en el camino de regreso, sus clamores de angustia, las liberaciones de Jehová y, finalmente, la alabanza que le corresponde.

De un modo general, estos cuatro cuadros —versículos 4 a 9; 10 a 16; 17 a 22; 23 a 32— ilustran las distintas sendas de Dios para la salvación de una alma (v. 9). Ésta, tal vez, haya errado mucho tiempo sin meta y sin descanso en el árido desierto de este mundo (v. 4-5; compárese Génesis 21:14 y siguientes). Con el sentimiento de su necesidad, ella clamó a Dios, quien entonces la sació, la satisfizo y la condujo al divino descanso (v. 9, 7).

El alma pudo haber gemido bajo la esclavitud de Satanás, el opresor, aprisionada en las tinieblas y en los grilletes del pecado… (v. 2, 10). Pero Dios oyó sus gritos de auxilio. La “sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones” (v. 14, 16). Pudo haber conocido la desesperación, y llegado, a causa de una enfermedad o de un accidente, a las puertas de la muerte, término de la senda del hombre (v. 17, 18). Hasta que Dios le hubo enviado Su palabra y conferido la salud (v. 20)

¿Puede cada lector decir dónde y cómo el Señor halló y salvó su alma?

Salmo 107:23-43
23Los que descienden á la mar en navíos, Y hacen negocio en las muchas aguas,24Ellos han visto las obras de Jehová, Y sus maravillas en el profundo.25El dijo, é hizo saltar el viento de la tempestad, Que levanta sus ondas.26Suben á los cielos, descienden á los abismos: Sus almas se derriten con el mal.27Tiemblan, y titubean como borrachos, Y toda su ciencia es perdida.28Claman empero á Jehová en su angustia, Y líbralos de sus aflicciones.29Hace parar la tempestad en sosiego, Y se apaciguan sus ondas.30Alégranse luego porque se reposaron; Y él los guía al puerto que deseaban.31Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres.32Y ensálcenlo en la congregación del pueblo; Y en consistorio de ancianos lo alaben.33El vuelve los ríos en desierto, Y los manantiales de las aguas en secadales;34La tierra fructífera en salados, Por la maldad de los que la habitan.35Vuelve el desierto en estanques de aguas, Y la tierra seca en manantiales.36Y allí aposenta á los hambrientos, Y disponen ciudad para habitación;37Y siembran campos, y plantan viñas, Y rinden crecido fruto.38Y los bendice, y se multiplican en gran manera; Y no disminuye sus bestias.39Y luego son menoscabados y abatidos A causa de tiranía, de males y congojas.40El derrama menosprecio sobre los príncipes, Y les hace andar errados, vagabundos, sin camino:41Y levanta al pobre de la miseria, Y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas.42Vean los rectos, y alégrense; Y toda maldad cierre su boca.43¿Quién es sabio y guardará estas cosas, Y entenderá las misericordias de Jehová?

Muchas personas sólo piensan en Dios en el momento en que encuentran dificultades. ¿Deben extrañarse, pues, si Él se las manda? Como esos marineros sorprendidos por la tempestad (v. 23-30), los hombres están colocados, a veces, en situaciones desesperadas (Lucas 8:23). De ese modo, Dios quiere hacerles entender su total impotencia y la nada de toda su sabiduría (v. 27; Salmo 108:12). ¿Por qué obra Dios así? Para llevarlos a clamar a Él. Aguarda sólo esto para intervenir. A su voz, las ondas se sosiegan, (v. 29). Y al mismo tiempo se calma el espíritu del hombre cuando consiente en confiar el timón al Señor para dejarse conducir al puerto deseado (v. 30).

Esas sendas de Dios para la salvación del alma tienen su equivalencia en la vida del creyente. Los manantiales terrenales en los que bebía pueden secarse (v. 33; compárese 1 Reyes 17:7). Pero, al mismo tiempo, el Señor le hará hallar agua viva en el lugar donde no la buscaba (v. 35; Éxodo 15:22-25). Lo que parecía árido y amargo, precisamente llegará a ser para el alma un manantial de gozo y fuerza. “¡Quien sea sabio, observe estas cosas…!” y entenderá las misericordias de Jehová (v. 43; V.M.). Sí, podemos estar seguros de ello: todas nuestras circunstancias, agradables o penosas, son dispuestas por Aquel cuya misericordia es para siempre (v. 1).

Salmo 108
1Canción: Salmo de David. MI corazón está dispuesto, oh Dios; Cantaré y salmearé todavía en mi gloria.2Despiértate, salterio y arpa: Despertaré al alba.3Te alabaré, oh Jehová, entre los pueblos; A ti cantaré salmos entre las naciones.4Porque grande más que los cielos es tu misericordia, Y hasta los cielos tu verdad.5Ensálzate, oh Dios, sobre los cielos; Y sobre toda la tierra tu gloria.6Para que sean librados tus amados, Salva con tu diestra y respóndeme.7Dios habló por su santuario: alegraréme, Repartiré á Sichêm, y mediré el valle de Succoth.8Mío es Galaad, mío es Manasés; Y Eprhaim es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador;9Moab, la vasija de mi lavatorio: Sobre Edom echaré mi calzado; Regocijaréme sobre Palestina.10¿Quién me guiará á la ciudad fortalecida? ¿Quién me guiará hasta Idumea?11Ciertamente tú, oh Dios, que nos habías desechado; Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos.12Danos socorro en la angustia: Porque mentirosa es la salud del hombre.13En Dios haremos proezas; Y él hollará nuestros enemigos.

“Despertaré al alba…” (v. 2). Como David, apreciemos el valor de esos primeros momentos de la mañana pasados en la comunión con el Señor (Salmo 63:1). La experiencia muestra que, si no sabemos aprovecharlos, por lo general la oportunidad no volverá a presentarse durante el resto de la jornada.

Los versículos 5 y 6 nos recuerdan dos verdades que no debemos perder de vista en nuestras oraciones: primeramente, que la liberación y la bendición del creyente son inseparables de la gloria de Dios. Demasiado a menudo nos olvidamos de ello en el momento de orar; sólo nos preocupamos egoístamente de lo que nos concierne. Mas busquemos “primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas nos serán añadidas” (Mateo 6:33). En segundo lugar, ya que conocemos el amor del Señor por los suyos, no dejemos de solicitarlo: “Para que sean librados tus amados”, dice el salmista (compárese con Juan 11:3).

A partir del versículo 6, el salmo reproduce los versículos 5 a 12 del salmo 60. Se sitúan en el momento en que Dios habrá vuelto a tomar posesión de los límites de Israel. Él ha hablado en su santidad (v. 7). Y sus primeras palabras fueron: “Yo me alegraré…”. El gozo del Señor es bendecir a los suyos y hacerlos partícipes de su herencia.

Salmo 109:1-20
1Al Músico principal: Salmo de David. OH Dios de mi alabanza, no calles;2Porque boca de impío y boca de engañador se han abierto sobre mí: Han hablado de mí con lengua mentirosa,3Y con palabras de odio me rodearon; Y pelearon contra mí sin causa.4En pago de mi amor me han sido adversarios: Mas yo oraba.5Y pusieron contra mí mal por bien, Y odio por amor.6Pon sobre él al impío: Y Satán esté á su diestra.7Cuando fuere juzgado, salga impío; Y su oración sea para pecado.8Sean sus días pocos: Tome otro su oficio.9Sean sus hijos huérfanos, Y su mujer viuda.10Y anden sus hijos vagabundos, y mendiguen; Y procuren su pan lejos de sus desolados hogares.11Enrede el acreedor todo lo que tiene, Y extraños saqueen su trabajo.12No tenga quien le haga misericordia; Ni haya quien tenga compasión de sus huérfanos.13Su posteridad sea talada; En segunda generación sea raído su nombre.14Venga en memoria cerca de Jehová la maldad de sus padres, Y el pecado de su madre no sea borrado.15Estén siempre delante de Jehová, Y él corte de la tierra su memoria.16Por cuanto no se acordo de hacer misericordia, Y persiguió al hombre afligido y menesteroso Y quebrantado de corazón, para matar lo.17Y amó la maldición, y vínole; Y no quiso la bendición, y ella se alejó de él.18Y vistióse de maldición como de su vestido, Y entró como agua en sus entrañas, Y como aceite en sus huesos.19Séale como vestido con que se cubra, Y en lugar de cinto con que se ciña siempre.20Este sea el pago de parte de Jehová de los que me calumnian, Y de los que hablan mal contra mi alma.

Este terrible salmo empieza invocando al “Dios de mi alabanza” (v. 1). Ninguna amenaza, ningún motivo de abatimiento impedía que Jesús levantara los ojos hacia su Padre y le alabara. Al contrario, esas circunstancias constituían más razones para hacerlo. ¿Cómo se defendía cuando estaba rodeado “con palabras de odio”? (v. 3). “Mas yo oraba”, dice él (v. 4). Tal debería ser, queridos amigos creyentes, nuestra única réplica cuando encontremos una injusta hostilidad. Si callamos —o más bien si hablamos sólo a Dios— Él no callará y se encargará de contestar por nosotros (v. 1; Romanos 12:19).

Sin embargo, sólo Cristo “sufrió tal contradicción…” (Hebreos 12:3). Sus adversarios (a quienes, en el original hebreo, se les designa con el mismo nombre que a su maestro Satanás) no sólo “pelearon contra Él sin causa”, sino que —exclama Jesús— “me devuelven mal por bien, y odio por amor” (v. 5). Y entre ellos se había colocado Judas, culpable de una ingratitud tanto más espantosa cuanto había sido el objeto de un más íntimo afecto. El libro de los Hechos de los apóstoles 1:20 le aplica el versículo 8 (y para el porvenir, este pasaje se refiere al Anticristo). Por cierto, había aquí motivos para quebrantar el corazón del Señor (v. 16).

Salmo 109:21-31; Salmo 110
21Y tú, Jehová Señor, haz conmigo por amor de tu nombre: Líbrame, porque tu misericordia es buena.22Porque yo estoy afligido y necesitado; Y mi corazón está herido dentro de mí.23Voime como la sombra cuando declina; Soy sacudido como langosta.24Mis rodillas están debilitadas á causa del ayuno, Y mi carne desfallecida por falta de gordura.25Yo he sido para ellos objeto de oprobio; Mirábanme, y meneaban su cabeza.26Ayúdame, Jehová Dios mío: Sálvame conforme á tu misericordia.27Y entiendan que ésta es tu mano; Que tú, Jehová, has hecho esto.28Maldigan ellos, y bendice tú: Levántense, mas sean avergonzados, y regocíjese tu siervo.29Sean vestidos de ignominia los que me calumnian; Y sean cubiertos de su confusión como con manto.30Yo alabaré á Jehová en gran manera con mi boca, Y le loaré en medio de muchos.31Porque él se pondrá á la diestra del pobre, Para librar su alma de los que le juzgan.
1Salmo de David. JEHOVA dijo á mi Señor: Siéntate á mi diestra, En tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.2La vara de tu fortaleza enviará Jehová desde Sión: Domina en medio de tus enemigos.3Tu pueblo serálo de buena voluntad en el día de tu poder, En la hermosura de la santidad: desde el seno de la aurora, Tienes tú el rocío de tu juventud.4Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melchîsedech.5El Señor á tu diestra Herirá á los reyes en el día de su furor:6Juzgará en las gentes, Llenará las de cadáveres: Herirá las cabezas en muchas tierras.7Del arroyo beberá en el camino: Por lo cual levantará cabeza.

“Favoréceme por amor de tu nombre”, pide el Afligido y Necesitado (es decir, Cristo; v. 21, 22; comparar Juan 12:28). “Y entiendan que ésta es tu mano; que tú, Jehová, has hecho esto” (v. 27). Para su propia gloria, Dios debía liberar al que le invocaba. Y, como consecuencia, viene a continuación el salmo 110. Cómo resalta después del cuadro de la humillación del “Varón de dolores”. Dios se había puesto a la diestra del “Pobre” para salvarle (Salmo 109:31); era el pasado. En la gloria, donde está actualmente, lo hizo sentar a su diestra (v. 1; Efesios 1:20). Y, para más adelante, promete el versículo 5: “El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira”. A sus adversarios del salmo 109 se los pondrá por estrado de sus pies: el sometimiento de ellos formará parte de Su gloria.

Este salmo 110 está citado ocho veces en el Nuevo Testamento. Prácticamente, sirve de hilo conductor a toda la epístola a los Hebreos (véase cap. 1:13; 7:17; 10:13…).

Finalmente, a esas promesas hechas al Mesías se les agrega una en relación con su andar en la tierra (v. 7). Cristo, como hombre, debía hallar aquí abajo algunos escasos instantes de aliento, apropiados para animarle y fortalecer su alma (por ejemplo: Lucas 7:9, 44; 9:20; 10:21, 39; 23:42…).

Salmo 111
1Aleluya. ALABARÉ á Jehová con todo el corazón, En la compañía y congregación de los rectos.2Grandes son las obras de Jehová; Buscadas de todos los que las quieren.3Gloria y hermosura es su obra; Y su justicia permanece para siempre.4Hizo memorables sus maravillas: Clemente y misericordioso es Jehová.5Dió mantenimiento á los que le temen; Para siempre se acordará de su pacto.6El poder de sus obras anunció á su pueblo, Dándole la heredad de las gentes.7Las obras de sus manos son verdad y juicio: Fieles son todos sus mandamientos;8Afirmados por siglo de siglo, Hechos en verdad y en rectitud.9Redención ha enviado á su pueblo; Para siempre ha ordenado su pacto: Santo y terrible es su nombre.10El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Buen entendimiento tienen cuantos ponen aquéllos por obra: Su loor permanece para siempre.

Grandes son “las obras” del Dios de la creación (v. 2). Mas ¿qué decir de “su obra” única (v. 3), la de la redención? (v. 9). ¡Cuán gloriosa y hermosa es! Adoramos al que la realizó y concluimos como el apóstol: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32). ¿No asegura él diariamente nuestro sustento? (v. 5). Sí, lo que Dios hace confirma lo que él es: “clemente y misericordioso” (v. 4). Considerar sus obras fortalece nuestra fe en su Palabra; nunca contradijeron sus mandamientos. Tanto las unas como las otras son verdad. “Fieles son todos sus mandamientos” (v. 7) y practicarlos constituye el medio para adquirir “buen entendimiento” (v. 10).

El primer paso de un hombre en el camino de la sabiduría es el temor de Dios. Según el versículo 5, es igualmente la única manera de resolver el doloroso problema del hambre en el mundo… pero también la única en la que los pueblos ni piensan.

El loor del Señor permanece para siempre (v. 10; lo mismo que su justicia: v. 3; y sus mandamientos: v. 8). Sepamos entonar ese loor desde ahora.

Salmo 112
1Aleluya. BIENAVENTURADO el hombre que teme á Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera.2Su simiente será poderosa en la tierra: La generación de los rectos será bendita.3Hacienda y riquezas hay en su casa; Y su justicia permanece para siempre.4Resplandeció en las tinieblas luz á los rectos: Es clemente, y misericordioso, y justo.5El hombre de bien tiene misericordia y presta; Gobierna sus cosas con juicio.6Por lo cual no resbalará para siempre: En memoria eterna será el justo.7De mala fama no tendrá temor: Su corazón está apercibido, confiado en Jehová.8Asentado está su corazón, no temerá, Hasta que vea en sus enemigos su deseo.9Esparce, da á los pobres: Su justicia permanece para siempre; Su cuerno será ensalzado en gloria.10Verálo el impío, y se despechará; Crujirá los dientes, y se repudrirá: Perecerá el deseo de los impíos.

Este salmo se relaciona con el precedente, como lo muestra una misma disposición alfabética de los versículos en el original hebreo. En el salmo 111 la justicia de Jehová permanece para siempre (v. 3). En el 112, es la justicia del que teme a Jehová la que permanece para siempre (v. 3, 9). Nuestro versículo 1 continúa y supera al versículo 10 del salmo 111. El temor de Dios, camino de la sabiduría, es también el de la bendición. No se trata sólo de practicar los mandamientos de Jehová sino de deleitarse en ellos “en gran manera”. Fue la porción de Jesús, quien podía decir: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado” (Salmo 40:8; Juan 4:34).

Ciertas personas siempre temen oír una mala noticia. ¡Pues bien!, el temor de Dios aleja ese miedo causado por los hombres (v. 8) o por enojosos acontecimientos (v. 7). El corazón del que confía en Dios no es turbado por lo que acontece (Proverbios 1:33); está firme (v. 7), porque el Señor lo sostiene (v. 8; Comparar Juan 14:1, 27 final).

Pero un corazón firme puede ser al mismo tiempo sensible y estar lleno de amor. “El hombre de bien tiene misericordia” (v. 5), reparte y da a los pobres (v. 9), es clemente y misericordioso como Dios mismo (compárese el versículo 4 con el salmo 111:4 final y Santiago 5:11 final).

Salmo 113, Salmo 114
1Aleluya. ALABAD, siervos de Jehová, Alabad el nombre de Jehová.2Sea el nombre de Jehová bendito, Desde ahora y para siempre.3Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, Sea alabado el nombre de Jehová.4Alto sobre todas las naciones es Jehová; Sobre los cielos su gloria.5¿Quién como Jehová nuestro Dios, Que ha enaltecido su habitación,6Que se humilla á mirar En el cielo y en la tierra?7El levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso alza del estiércol,8Para hacerlos sentar con los príncipes, Con los príncipes de su pueblo.9El hace habitar en familia á la estéril, Gozosa en ser madre de hijos. Aleluya.
1CUANDO salió Israel de Egipto, La casa de Jacob del pueblo bárbaro,2Judá fué su consagrada heredad, Israel su señorío.3La mar vió, y huyó; El Jordán se volvió atrás.4Los montes saltaron como carneros: Los collados como corderitos.5¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás?6Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, Y vosotros, collados, como corderitos?7A la presencia del Señor tiembla la tierra, A la presencia del Dios de Jacob;8El cual tornó la peña en estanque de aguas, Y en fuente de aguas la roca.

¡Cuántos motivos tienen los “siervos de Jehová” para alabar “el nombre de Jehová”! (v. 1). Otrora yacían en el polvo de la muerte, sí, en el muladar del pecado (v. 7). Pero Dios se rebajó a mirar en la tierra (v. 6). Jamás olvidemos que, por grande que Él sea, toma conocimiento de todo lo que concierne a cada una de sus criaturas. Él vio su estado de completa indigencia. Y, como el padre de familia de la parábola, se complació en invitar a los pobres y miserables para hacerlos sentar a la cena de su gracia (Mateo 22:10; comparar también 1 Samuel 2:8 y Lucas 1:52, 53).

Jehová había visto la aflicción de su pueblo, oído su clamor, conocido sus angustias. Y entonces descendió “para liberarlos” (Salmo 113:6; Éxodo 3:7). Lo hizo salir de Egipto con poder. A su orden, el mar Rojo se replegó para dejar atravesar al pueblo de Dios; “el Jordán se volvió atrás” para facilitarle el paso; la Roca hizo correr sus aguas para quitarle la sed. Dios sabe cómo y dónde hacer surgir el refrigerio y la vida para responder a las necesidades de los suyos. Pero hará todavía un milagro más grande a favor de su pueblo cuando cambie la dureza de su corazón en una fuente de aguas para bendición de toda la tierra.

Salmo 115
1NO á nosotros, oh Jehová, no á nosotros, Sino á tu nombre da gloria; Por tu misericordia, por tu verdad.2Por qué dirán las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios?3Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho.4Sus ídolos son plata y oro, Obra de manos de hombres.5Tienen boca, mas no hablarán; Tienen ojos, mas no verán;6Orejas tienen, mas no oirán; Tienen narices, mas no olerán;7Manos tienen, mas no palparán; Tienen pies, mas no andarán; No hablarán con su garganta.8Como ellos son los que los hacen; Cualquiera que en ellos confía.9Oh Israel, confía en Jehová: El es su ayuda y su escudo.10Casa de Aarón, confiad en Jehová: El es su ayuda y su escudo.11Los que teméis á Jehová, confiad en Jehová: El es su ayuda y su escudo.12Jehová se acordó de nosotros: nos bendecirá: Bendecirá á la casa de Israel; Bendecirá á la casa de Aarón.13Bendecirá á los que temen á Jehová; A chicos y á grandes.14Acrecentará Jehová bendición sobre vosotros; Sobre vosotros y sobre vuestros hijos.15Benditos vosotros de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.16Los cielos son los cielos de Jehová: Y ha dado la tierra á los hijos de los hombres.17No alabarán los muertos á JAH, Ni cuantos descienden al silencio;18Mas nosotros bendeciremos á JAH, Desde ahora para siempre. Aleluya.

Como Moisés y Josué otrora, el remanente de Israel pedirá más tarde a Dios que intervenga a causa de Su gloria, para que Su nombre sea conocido en todas las naciones (v. 12; Éxodo 32:12; Josué 7:9). Sí, Jehová aceptará el desafío que tanto ha entristecido a los suyos: “¿Dónde está ahora su Dios?” (v. 2; Salmo 42:3; Joel 2:17; Mateo 27:43).

“Nuestro Dios está en los cielos”, responden los fieles, y cerca de él está nuestro corazón. En cuanto a la gente del mundo, en general, no hace falta mucho tiempo para descubrir a qué tiene afecto. La mayoría no tiene vergüenza de sus ídolos: son la plata, el oro (v. 4), los productos del arte y de la técnica; son igualmente los cantantes, los artistas del espectáculo u otras personalidades del momento. Proclamemos nosotros también quién es nuestro Dios. Actuemos de modo que su Nombre sea conocido desde ahora a nuestro alrededor. Lo será en la medida en que busquemos Su gloria y no la nuestra (v. 1). En la medida en que cada cual pueda ver que sólo en Él ponemos nuestra confianza (v. 11).

En contraste con la alabanza y la bendición terrenales del reino mesiánico (v. 16, 17), como creyentes nos gozamos de haber muerto con Cristo y resucitado con Él para tener ya a su lado nuestro lugar en el cielo.

Salmo 116
1AMO á Jehová, pues ha oído Mi voz y mis súplicas.2Porque ha inclinado á mí su oído, Invocaré le por tanto en todos mis días.3Rodeáronme los dolores de la muerte, Me encontraron las angustias del sepulcro: Angustia y dolor había yo hallado.4Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Libra ahora, oh Jehová, mi alma.5Clemente es Jehová y justo; Sí, misericordioso es nuestro Dios.6Jehová guarda á los sinceros: Estaba yo postrado, y salvóme.7Vuelve, oh alma mía, á tu reposo; Porque Jehová te ha hecho bien.8Pues tú has librado mi alma de la muerte, Mis ojos de lágrimas, Y mis pies de desbarrar.9Andaré delante de Jehová En la tierra de los vivientes.10Creí; por tanto hablé, Estando afligido en gran manera.11Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso.12¿Qué pagaré á Jehová Por todos sus beneficios para conmigo?13Tomaré la copa de la salud, E invocaré el nombre de Jehová.14Ahora pagaré mis votos á Jehová Delante de todo su pueblo.15Estimada es en los ojos de Jehová La muerte de sus santos.16Oh Jehová, que yo soy tu siervo, Yo tu siervo, hijo de tu sierva: Rompiste mis prisiones.17Te ofreceré sacrificio de alabanza, E invocaré el nombre de Jehová.18A Jehová pagaré ahora mis votos Delante de todo su pueblo;19En los atrios de la casa de Jehová, En medio de ti, oh Jerusalem. Aleluya.

Este cántico del israelita traído de vuelta a su país, cuánto más puede cantarlo hoy el redimido del Señor: “Estaba yo postrado, y me salvó… tú has librado mi alma de la muerte…” (v. 6, 8). Pero el recuerdo de una salvación tan grande hace que el creyente tenga conciencia de los derechos que su Salvador tiene sobre él. El versículo 8 evoca una liberación triple: Dios salva a nuestras almas; sostiene nuestros corazones agobiados por la prueba; finalmente, nos preserva de las trampas y de las tentaciones en las que, débiles como somos, podríamos tropezar.

Por eso cada uno puede hacerse la pregunta del versículo 12: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?”. “Amo a Jehová…” contesta el salmista; éstas son las primeras palabras del salmo y el primer efecto del Evangelio, aquel que es la base de todos los demás. Entonces, de la abundancia del corazón, la boca puede confesar el nombre del Señor (v. 10; 2 Corintios 4:13). Pero se puede dar testimonio de más de una manera: “Tomaré la copa de salvación… Te ofreceré sacrificio de alabanza… delante de todo tu pueblo” (v. 13, 17, 14). Adorémosle, pues, de todo corazón, con sacrificios de alabanza, “frutos de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15).

Salmo 117; Salmo 118:1-14
1ALABAD á Jehová, naciones todas; Pueblos todos, alabadle.2Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia; Y la verdad de Jehová es para siempre. Aleluya.
1ALABAD á Jehová, porque es bueno; Porque para siempre es su misericordia.2Diga ahora Israel: Que para siempre es su misericordia.3Diga ahora la casa de Aarón: Que para siempre es su misericordia.4Digan ahora los que temen á Jehová: Que para siempre es su misericordia.5Desde la angustia invoqué á JAH; Y respondióme JAH, poniéndome en anchura.6Jehová está por mí: no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.7Jehová está por mí entre los que me ayudan: Por tanto yo veré mi deseo en los que me aborrecen.8Mejor es esperar en Jehová Que esperar en hombre.9Mejor es esperar en Jehová Que esperar en príncipes.10Todas las gentes me cercaron: En nombre de Jehová, que yo los romperé.11Cercáronme y asediáronme: En nombre de Jehová, que yo los romperé.12Cercáronme como abejas; fueron apagados como fuegos de espinos: En nombre de Jehová, que yo los romperé.13Empujásteme con violencia para que cayese: Empero ayudóme Jehová.14Mi fortaleza y mi canción es JAH; Y él me ha sido por salud.

Si gozamos personalmente del Señor (Salmo 116), invitaremos a otros a adorarle con nosotros. Así ocurrirá con Israel. Otrora tan celoso de sus privilegios, lleno de desprecio hacia las naciones, él mismo las invitará a la alabanza universal (v. 1; Romanos 10:19; 15:11).

La misericordia y la verdad de Dios de nuevo son nombradas juntas (v. 2; Salmo 108:4; 115:1). Son la doble manifestación de los esenciales caracteres de Dios para con los hombres: amor y luz. ¡Qué inagotable tema de adoración contiene, pues, ese precioso pequeño salmo (que viene a ser el capítulo central de la Biblia)!

En el salmo 118, la misericordia de Jehová es el tema de la alabanza. Rodeado y amenazado por el mundo entero, Israel hará la experiencia de que el socorro del hombre y de dignatarios es vano (v. 8, 9; Salmo 108:12). El nombre de Jehová será su única salvaguardia. En cuanto a nosotros, lo que nos amenaza, por desdicha, son esencialmente las concupiscencias de nuestros pobres corazones (Santiago 1:14). Muchas veces hemos estado a punto de caer, pero Dios nos ha ayudado; libró nuestros “pies de resbalar” (v. 13; Salmo 116:8). Y el hombre no podrá hacer nada contra nosotros (v. 6) ni por nosotros (v. 8), pues el Señor es nuestra fortaleza (v. 14).

Salmo 118:15-29
15Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos: La diestra de Jehová hace proezas.16La diestra de Jehová sublime: La diestra de Jehová hace valentías.17No moriré, sino que viviré, Y contaré las obras de JAH.18Castigóme gravemente JAH: Mas no me entregó á la muerte.19Abridme las puertas de la justicia: Entraré por ellas, alabaré á JAH.20Esta puerta de Jehová, Por ella entrarán los justos.21Te alabaré porque me has oído, Y me fuiste por salud.22La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido á ser cabeza del ángulo.23De parte de Jehová es esto: Es maravilla en nuestros ojos.24Este es el día que hizo Jehová Nos gozaremos y alegraremos en él.25Oh Jehová, salva ahora, te ruego: Oh Jehová, ruégote hagas prosperar ahora.26Bendito el que viene en nombre de Jehová: Desde la casa de Jehová os bendecimos.27Dios es Jehová que nos ha resplandecido: Atad víctimas con cuerdas á los cuernos del altar.28Mi Dios eres tú, y á ti alabaré: Dios mío, á ti ensalzaré.29Alabad á Jehová porque es bueno; Porque para siempre es su misericordia.

Este salmo ocupa un lugar importante en las profecías concernientes al Señor. El versículo 22, que es citado en los evangelios, como también en 1 Pedro 2:7, anuncia a la vez el rechazo de Jesús y el lugar que le corresponderá. Quiera Dios que sus designios, concretados en Cristo, sean siempre “cosa maravillosa a nuestros ojos” (v. 23). Los versículos 25 y 26 nos recuerdan la entrada del Mesías a Jerusalén y las aclamaciones de la muchedumbre: “¡Salva, te ruego! (Hosanna en hebreo) ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 21:9). A pesar suyo, el pueblo judío le invocó y adoró en aquel día como lo anunciaban las Escrituras. Y ellas deberían hoy abrir los ojos a este pueblo. No obstante, está cercano el momento en que ese pasaje tendrá su verdadero cumplimiento. El Mesías, triunfante entonces, será recibido y saludado por el remanente fiel.

Para los judíos, este salmo formaba parte del ritual de la Pascua. ¿Tal vez haya sido el himno cantado por el Señor con sus discípulos después de la cena? (Marcos 14:26). Si hubiese sido así ¡con qué sentimientos debe de haber pronunciado en tal momento los versículos 6, 21, 22 y el final del 27: “Atad víctimas… a los cuernos del altar”!

El salmo termina como había empezado: celebrando la inmutable misericordia de Jehová (v. 1, 29).

Salmo 119:1-16
1ALEPH. BIENAVENTURADOS los perfectos de camino; Los que andan en la ley de Jehová.2Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan:3Pues no hacen iniquidad Los que andan en sus caminos.4Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos.5Ojalá fuesen ordenados mis caminos A observar tus estatutos!6Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese á todos tus mandamientos.7Te alabaré con rectitud de corazón, Cuando aprendiere los juicios de tu justicia.8Tus estatutos guardaré: No me dejes enteramente.9BETH. ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.10Con todo mi corazón te he buscado: No me dejes divagar de tus mandamientos.11En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.12Bendito tú, oh Jehová: Enséñame tus estatutos.13Con mis labios he contado Todos los juicios de tu boca.14Heme gozado en el camino de tus testimonios, Como sobre toda riqueza.15En tus mandamientos meditaré, Consideraré tus caminos.16Recrearéme en tus estatutos: No me olvidaré de tus palabras.

“Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”, decía el Señor Jesús a las multitudes (Lucas 11:28). De esta dicha y de este privilegio va a hablarnos este magnífico salmo. Efectivamente, bienaventurados los perfectos en el camino (V.M.; los de limpio corazón de Mateo 5:8), que se complacen en los testimonios del Señor y se regocijan en sus estatutos (v. 16). Pero doblemente dichosos los que “guardan” esos estatutos (v. 2, 4, 5, 8) y andan en ellos (v. 1).

Una seria pregunta se hace en el versículo 9. Ella no tiene ningún sentido para los jóvenes del mundo que se burlan abiertamente de los «escrúpulos» del joven creyente. Pero, para este último, ella es capital: “¿Con qué limpiará el joven su camino?”. La respuesta sigue inmediatamente: “Con guardar tu palabra”. Mantengamos ese secreto de un andar puro a resguardo del pecado contra Dios (v. 11) y también contra nuestro “propio cuerpo” (1 Corintios 6:18). Si conservamos la Palabra de Dios en nuestro corazón, y grabamos en él pasajes esenciales como ese versículo 9, estaremos armados para “el día malo” (Efesios 6:13, 17) en que surgirá la tentación. Porque si guardamos cuidadosamente sus preceptos, el Dios fiel nos cuidará con el mismo esmero. ¡Ojalá “la palabra de Cristo more en abundancia en nosotros”! (Colosenses 3:16).

Salmo 119:17-40
17GIMEL. Haz bien á tu siervo; que viva Y guarde tu palabra.18Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.19Advenedizo soy yo en la tierra: No encubras de mí tus mandamientos.20Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo.21Destruiste á los soberbios malditos, Que se desvían de tus mandamientos.22Aparta de mí oprobio y menosprecio; Porque tus testimonios he guardado.23Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí: Mas tu siervo meditaba en tus estatutos.24Pues tus testimonios son mis deleites, Y mis consejeros.25DALETH. Pegóse al polvo mi alma: Vivifícame según tu palabra.26Mis caminos te conté, y me has respondido: Enséñame tus estatutos.27Hazme entender el camino de tus mandamientos, Y hablaré de tus maravillas.28Deshácese mi alma de ansiedad: Corrobórame según tu palabra.29Aparta de mí camino de mentira; Y hazme la gracia de tu ley.30Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí.31Allegádome he á tus testimonios; Oh Jehová, no me avergüences.32Por el camino de tus mandamientos correré, Cuando ensanchares mi corazón.33HE. Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, Y guardarélo hasta el fin.34Dame entendimiento, y guardaré tu ley; Y la observaré de todo corazón.35Guíame por la senda de tus mandamientos; Porque en ella tengo mi voluntad.36Inclina mi corazón á tus testimonios, Y no á la avaricia.37Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino.38Confirma tu palabra á tu siervo, Que te teme.39Quita de mí el oprobio que he temido: Porque buenos son tus juicios.40He aquí yo he codiciado tus mandamientos: Vivifícame en tu justicia.

Cuando abramos nuestra Biblia, empecemos siempre por pedir al Señor que abra nuestros ojos para discernir “las maravillas” que hay en ella (v. 18). Pero que, al mismo tiempo, aparte nuestras miradas de “la vanidad” (v. 37), y ¡cuántas cosas oculta este vocablo! Porque no nos es posible hallar a la vez nuestro deleite en la Palabra y en las cosas de este mundo, como por ejemplo: el amor a las riquezas (v. 36; leer Lucas 16:13). Otro obstáculo que, frecuentemente, nos cierra las Escrituras es una mala conciencia. ¿Cómo gozar de lo que nos reprende? Primeramente debemos confesar nuestra falta o nuestro estado. “Te he manifestado mis caminos” dice el salmista; entonces puede agregar: “Enséñame… (v. 26, 33; Salmo 32:5, 8); hazme entender… (v. 27); dame entendimiento… (v. 34), todas oraciones que agradan al Señor. Sus testimonios son “mis consejeros” (v. 24). ¡Pero hace falta que yo me deje aconsejar por ellos!

Notemos también la progresión entre los versículos 30, 32 y 36. El creyente escogió el camino de la fidelidad; se propone correr por él y pide a Dios, no que ensanche ese camino sino que le ensanche su corazón para que el objeto de sus afectos le atraiga con más poder (Filipenses 3:14). Finalmente, él cuenta con Dios para que le guíe por esa senda (v.35).

Salmo 119:41-64
41VAV. Y venga á mí tu misericordia, oh Jehová; Tu salud, conforme á tu dicho.42Y daré por respuesta á mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado.43Y no quites de mi boca en nigún tiempo la palabra de verdad; Porque á tu juicio espero.44Y guardaré tu ley siempre, Por siglo de siglo.45Y andaré en anchura, Porque busqué tus mandamientos.46Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, Y no me avergonzaré.47Y deleitaréme en tus mandamientos, Que he amado.48Alzaré asimismo mis manos á tus mandamientos que amé; Y meditaré en tus estatutos.49ZAYIN. Acuérdate de la palabra dada á tu siervo, En la cual me has hecho esperar.50Esta es mi consuelo en mi aflicción: Porque tu dicho me ha vivificado.51Los soberbios se burlaron mucho de mí: Mas no me he apartado de tu ley.52Acordéme, oh Jehová, de tus juicios antiguos, Y consoléme.53Horror se apoderó de mí, á causa De los impíos que dejan tu ley.54Cánticos me fueron tus estatutos En la mansión de mis peregrinaciones.55Acordéme en la noche de tu nombre, oh Jehová, Y guardé tu ley.56Esto tuve, Porque guardaba tus mandamientos.57JET. Mi porción, oh Jehová, Dije, será guardar tus palabras.58Tu presencia supliqué de todo corazón: Ten misericordia de mí según tu palabra.59Consideré mis caminos, Y torné mis pies á tus testimonios.60Apresuréme, y no me retardé En guardar tus mandamientos.61Compañía de impíos me han robado: Mas no me he olvidado de tu ley.62A media noche me levantaba á alabarte Sobre los juicios de tu justicia.63Compañero soy yo de todos los que te temieren Y guardaren tus mandamientos.64De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra: Enséñame tus estatutos.

La Palabra de Dios regula toda la vida del creyente. Le permite contestar, cuando se le ha perjudicado, no necesariamente con el lenguaje sino con la paciencia y la confianza que ella le enseña (v. 42). Porque es “la palabra de verdad” (v. 43), ella da al hombre de Dios verdadera seguridad y autoridad cuando habla y le confiere una santa libertad en su andar. ¿Por qué somos a menudo tan tímidos en nuestro pequeño testimonio personal? Justamente porque nos falta esa fuerza y esa convicción interior que comunica la Palabra de verdad cuando es creída, amada y meditada.

“Cánticos fueron para mí tus estatutos” (v. 54). ¡Qué Señor el nuestro! ¿De qué jefe de Estado, aunque fuese el mejor, podría decirse que sus órdenes son un motivo de gozo para el que debe someterse a ellas?

Los versículos 57 a 64 nos muestran el corazón del creyente preocupado por conformar su andar a la voluntad del Señor: “Consideré mis caminos” (v. 59), dice el fiel; y sólo luego: “Volví mis pies a tus testimonios”. ¡Cuántas veces, por desdicha, nuestra conducta es contraria! Retengamos también el versículo 63: “Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos” (véase v. 79 y 115) y preguntémonos a quién frecuentamos (Proverbios 13:20).

Salmo 119:65-88
65TETH. Bien has hecho con tu siervo, Oh Jehová, conforme á tu palabra.66Enséñame bondad de sentido y sabiduría; Porque tus mandamientos he creído.67Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.68Bueno eres tú, y bienhechor: Enséñame tus estatutos.69Contra mí forjaron mentira los soberbios: Mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.70Engrasóse el corazón de ellos como sebo; Mas yo en tu ley me he deleitado.71Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos.72Mejor me es la ley de tu boca, Que millares de oro y plata.73YOD. Tus manos me hicieron y me formaron: Hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.74Los que te temen, me verán, y se alegrarán; Porque en tu palabra he esperado.75Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, Y que conforme á tu fidelidad me afligiste.76Sea ahora tu misericordia para consolarme, Conforme á lo que has dicho á tu siervo.77Vengan á mí tus misericordias, y viva; Porque tu ley es mi deleite.78Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado: Yo empero, meditaré en tus mandamientos.79Tórnense á mí los que te temen Y conocen tus testimonios.80Sea mi corazón íntegro en tus estatutos; Porque no sea yo avergonzado.81KAF. Desfallece mi alma por tu salud, Esperando en tu palabra.82Desfallecieron mis ojos por tu palabra, Diciendo: ¿Cuándo me consolarás?83Porque estoy como el odre al humo; Mas no he olvidado tus estatutos.84¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra los que me persiguen?85Los soberbios me han cavado hoyos; Mas no obran según tu ley.86Todos tus mandamientos son verdad: Sin causa me persiguen; ayúdame.87Casi me han echado por tierra: Mas yo no he dejado tus mandamientos.88Vivifícame conforme á tu misericordia; Y guardaré los testimonios de tu boca.

El pedido del versículo 17 fue otorgado: “Bien has hecho con tu siervo” (v. 65). Pero de una manera que el salmista no esperaba: por medio de la aflicción. “Bueno es para mí haber sido afligido” reconoce él (v. 71; V.M.). ¿Por qué? Porque “antes de ser afligido yo me extraviaba” (v. 67; V.M.). El buen Pastor se vio obligado a usar ese penoso medio para volver al camino a su oveja descarriada. Pero el alma, de ese modo, hizo una experiencia más importante todavía: aprendió a conocer a su Dios y ya no tiene más necesidad de comprender para saber que Su amor no ha variado. “Conozco” —dice ella— “que conforme a tu fidelidad me afligiste” (v. 75).

Entre los nómadas, la confección de un odre de cuero exige una paciente preparación. Se lo expone al humo para hacer perder al cuero el gusto acre y el olor de origen que no dejarían de alterar la pureza del agua. Así ocurre con el creyente (v. 83). El fuego de la prueba debe pasar por él a fin de quitarle su acritud o su dureza natural y volverlo apto para el servicio. “Tus manos me hicieron y me formaron; hazme entender…” (v. 73). ¡Feliz oración del redimido¡ Sí, Señor, forma también mi espíritu por los medios que Tú escojas; hazme flexible y dócil a tu voluntad!

Salmo 119:89-112
89LAMED. Para siempre, oh Jehová, Permenece tu palabra en los cielos.90Por generación y generación es tu verdad: Tú afirmaste la tierra, y persevera.91Por tu ordenación perseveran hasta hoy las cosas criadas; Porque todas ellas te sirven.92Si tu ley no hubiese sido mis delicias, Ya en mi aflicción hubiera perecido.93Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos; Porque con ellos me has vivificado.94Tuyo soy yo, guárdame; Porque he buscado tus mandamientos.95Los impíos me han aguardado para destruirme: Mas yo entenderé en tus testimonios.96A toda perfección he visto fin: Ancho sobremanera es tu mandamiento.97MEM. ­Cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.98Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos; Porque me son eternos.99Más que todos mis enseñadores he entendido: Porque tus testimonios son mi meditación.100Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos.101De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra.102No me aparté de tus juicios; Porque tú me enseñaste.103Cuán dulces son á mi paladar tus palabras! Más que la miel á mi boca.104De tus mandamientos he adquirido inteligencia: Por tanto he aborrecido todo camino de mentira.105NUN. Lámpara es á mis pies tu palabra, Y lumbrera á mi camino.106Juré y ratifiqué El guardar los juicios de tu justicia.107Afligido estoy en gran manera: oh Jehová, Vivifícame conforme á tu palabra.108Ruégote, oh Jehová, te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca; Y enséñame tus juicios.109De continuo está mi alma en mi mano: Mas no me he olvidado de tu ley.110Pusiéronme lazo los impíos: Empero yo no me desvié de tus mandamientos.111Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; Porque son el gozo de mi corazón.112Mi corazón incliné á poner por obra tus estatutos De continuo, hasta el fin.

Por más firmemente que haya sido establecida la tierra (v. 90), la Palabra del Señor lo ha sido más aún. ¡Qué dicha —en un mundo en el que todo es incierto, en el cual la febril actividad del hombre caído se despliega en pensamientos que perecerán sin excepción— poder conocer los eternos pensamientos de Dios y confiarnos en sus inmutables promesas! El cielo y la tierra pasarán, pero sus “palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Por otra parte, la creación tiene un único propósito: “todas las cosas… te sirven” (v. 91). Tal es también nuestro privilegio, pero sirvamos al Señor con inteligencia y con todo nuestro corazón.

Sólo Cristo realizó verdaderamente los versículos 97 a 112. Entendió “más que los ancianos” porque él cumplía los divinos preceptos, en tanto que ellos se contentaban con enseñarlos (v. 100; V.M.). Era más sabio que todos sus enemigos que le armaron trampas (v. 110; Mateo 22:15 a 34).

¿Quién se arriesgaría a caminar de noche sin una lámpara sobre un terreno sembrado de obstáculos? En las tinieblas de este mundo, en medio de “lazos” puestos por los impíos emboscados (v. 110, 95), la Palabra es esa lámpara, esa luz indispensable en nuestro camino (v. 105). ¡No temamos hacer demasiado uso de ella para mirar dónde ponemos los pies! (v. 101).

Salmo 119:113-136
113SAMECH. Los pensamientos vanos aborrezco; Mas amo tu ley.114Mi escondedero y mi escudo eres tú: En tu palabra he esperado.115Apartaos de mí, malignos; Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.116Susténtame conforme á tu palabra, y viviré: Y no me avergüences de mi esperanza.117Sosténme, y seré salvo; Y deleitaréme siempre en tus estatutos.118Hollaste á todos los que se desvían de tus estatutos: Porque mentira es su engaño.119Como escorias hiciste consumir á todos los impíos de la tierra: Por tanto yo he amado tus testimonios.120Mi carne se ha extremecido por temor de ti; Y de tus juicios tengo miedo.121AIN. Juicio y justicia he hecho; No me dejes á mis opresores.122Responde por tu siervo para bien: No me hagan violencia los soberbios.123Mis ojos desfallecieron por tu salud, Y por el dicho de tu justicia.124Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos.125Tu siervo soy yo, dame entendimiento; Para que sepa tus testimonios.126Tiempo es de hacer, oh Jehová; Disipado han tu ley.127Por eso he amado tus mandamientos Más que el oro, y más que oro muy puro.128Por eso todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: Aborrecí todo camino de mentira.129PE. Maravillosos son tus testimonios: Por tanto los ha guardado mi alma.130El principio de tus palabras alumbra; Hace entender á los simples.131Mi boca abrí y suspiré; Porque deseaba tus mandamientos.132Mírame, y ten misericordia de mí, Como acostumbras con los que aman tu nombre.133Ordena mis pasos con tu palabra; Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.134Redímeme de la violencia de los hombres; Y guardaré tus mandamientos.135Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo; Y enséñame tus estatutos.136Ríos de agua descendieron de mis ojos, Porque no guardaban tu ley.

La Palabra, que es “lumbrera en mi camino”, me muestra también cuán espesas son las tinieblas a mi alrededor. Hace que me inspire horror la maldad y la falsedad. En efecto, sin esta medida divina, puedo equivocarme y llamar bueno a lo que es malo y verdad a lo que es mentira. Mientras que el Libro de los pensamientos de Dios me enseña a ver al mundo y lo que lo llena como Él mismo lo ve.

“Dame entendimiento” repite el fiel (v. 34, 125, 144, 169). La inteligencia es considerada, generalmente, como un don natural. ¡Pues bien! este ruego nos muestra que es posible adquirirla. Porque la Palabra es la que da la verdadera inteligencia (v. 130). “Tu siervo soy yo…” declara el salmista decidido a observar la voluntad de Dios (v. 125). Ésta se expresa bajo distintas formas en la Palabra: ley, mandamientos, estatutos, preceptos, testimonios, ordenanzas, juicios… vocablos que difieren un poco en su sentido. En cuanto al cristiano, la Palabra no se impone más a él bajo forma legal. Su obediencia emana del amor que él siente, no sólo por los maravillosos testimonios del Señor (v. 113, 127) sino por su nombre (v. 132).

Salmo 119:137-160
137TZADDI. Justo eres tú, oh Jehová, Y rectos tus juicios.138Tus testimonios, que has recomendado, Son rectos y muy fieles.139Mi celo me ha consumido; Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.140Sumamente acendrada es tu palabra; Y la ama tu siervo.141Pequeño soy yo y desechado; Mas no me he olvidado de tus mandamientos.142Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad.143Aflicción y angustia me hallaron: Mas tus mandamientos fueron mis deleites.144Justicia eterna son tus testimonios; Dame entendimiento, y viviré.145COPH. Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová, Y guardaré tus estatutos.146A ti clamé; sálvame, Y guardaré tus testimonios.147Anticipéme al alba, y clamé: Esperé en tu palabra.148Previnieron mis ojos las vigilias de la noche, Para meditar en tus dichos.149Oye mi voz conforme á tu misericordia; Oh Jehová, vivifícame conforme á tu juicio.150Acercáronse á la maldad los que me persiguen; Alejáronse de tu ley.151Cercano estás tú, oh Jehová; Y todos tus mandamientos son verdad.152Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos, Que para siempre los fundaste.153RESH. Mira mi aflicción, y líbrame; Porque de tu ley no me he olvidado.154Aboga mi causa, y redímeme: Vivifícame con tu dicho.155Lejos está de los impíos la salud; Porque no buscan tus estatutos.156Muchas son tus misericordias, oh Jehová: Vivifícame conforme á tus juicios.157Muchos son mis perseguidores y mis enemigos; Mas de tus testimonios no me he apartado.158Veía á los prevaricadores, y carcomíame; Porque no guardaban tus palabras.159Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos: Vivifícame conforme á tu misericordia.160El principio de tu palabra es verdad; Y eterno es todo juicio de tu justicia.

La justicia de Dios es la nota predominante de los versículos 137 a 144. Ella no es un motivo de espanto para quien teme a Jehová, anda a su luz y conoce también su misericordia (v. 149, 159). En medio de un mundo injusto, el fiel se complace en celebrar esta justicia de Dios, la que, como su misericordia, permanece para siempre (v. 142, 144).

“Sumamente pura es tu palabra” (v. 140). Más se la pone a prueba (como el oro en el crisol), más demuestra que es la pureza misma.

Los versículos 145 y siguientes traducen la extrema dependencia del fiel: “Vivifícame…” ruega él aquí cuatro veces (v. 149, 154, 156, 159; ver v. 25, 40, 88, 107). Es Dios quien da la vida; también es él quien la conserva y la sustenta. Pero esta oración concierne en primer lugar al alma del redimido. “Vivifícame con tu palabra”. Porque: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3).

Retengamos bien el versículo 160: “La suma de tu palabra es verdad”. La Biblia no se compone de un conjunto de verdades entre las que cada uno escoge la que le conviene. Ella forma un todo inseparable que se recibe o se rechaza; toda ella es la Verdad (Juan 17:17).

Salmo 119:161-176
161SIN. Príncipes me han perseguido sin causa; Mas mi corazón tuvo temor de tus palabras.162Gózome yo en tu palabra, Como el que halla muchos despojos.163La mentira aborrezco y abomino: Tu ley amo.164Siete veces al día te alabo Sobre los juicios de tu justicia.165Mucha paz tienen los que aman tu ley; Y no hay para ellos tropiezo.166Tu salud he esperado, oh Jehová; Y tus mandamientos he puesto por obra.167Mi alma ha guardado tus testimonios, Y helos amado en gran manera.168Guardado he tus mandamientos y tus testimonios; Porque todos mis caminos están delante de ti.169TAU. Acérquese mi clamor delante de ti, oh Jehová: Dame entendimiento conforme á tu palabra.170Venga mi oración delante de ti: Líbrame conforme á tu dicho.171Mis labios rebosarán alabanza, Cuando me enseñares tus estatutos.172Hablará mi lengua tus dichos; Porque todos tus mandamientos son justicia.173Sea tu mano en mi socorro; Porque tus mandamientos he escogido.174Deseado he tu salud, oh Jehová; Y tu ley es mi delicia.175Viva mi alma y alábete; Y tus juicios me ayuden.176Yo anduve errante como oveja extraviada; busca á tu siervo; Porque no me he olvidado de tus mandamientos.

El fiel, perseguido sin causa por príncipes, tiene temor, no de éstos, sino de la Palabra, pues teme desobedecerle (v. 161). No obstante, ¡ella es su gozo! (v. 162). ¡Ojalá la Palabra de nuestro Dios sea un tesoro para nuestros corazones! Inagotables riquezas se hallan ocultas en ella, pero sólo las descubre el que hace de esa Palabra su regla de vida. Empezar por recibir permite luego llevar: el versículo 171 nos recuerda que la alabanza es el fruto de un corazón enseñado por los estatutos divinos. Bien alimentados de éstos, sabremos hablar al Señor, adorarlo con inteligencia, pero también hablar alto, sin timidez, a nuestro alrededor, de todo el tema de nuestra meditación (v. 172; Efesios 5:11).

Los últimos versículos que resumen el salmo permiten ahora desentrañar el pensamiento directivo. Por medio de la tribulación, Israel será llevado a reconocer su extravío (v. 176). Aprenderá en la aflicción a amar la ley de Jehová (v. 163, 167, 174), a conformar su conducta a ella (v. 165-167), a aborrecer el mal (v. 163), a buscar su salvación sólo en Dios (v. 166). Antes que intervenga la liberación final (v. 174), la restauración interior ya se habrá producido. Lo que permitirá que Dios obre a favor de los suyos y los introduzca en la bendición del Reinado.

Salmo 120, Salmo 121
1Cántico gradual. A JEHOVA llamé estando en angustia, Y él me respondió.2Libra mi alma, oh Jehová, de labio mentiroso, De la lengua fraudulenta.3¿Qué te dará, ó qué te aprovechará, Oh lengua engañosa?4Agudas saetas de valiente, Con brasas de enebro.5Ay de mí, que peregrino en Mesech, Y habito entre las tiendas de Kedar!6Mucho se detiene mi alma Con los que aborrecen la paz.7Yo soy pacífico: Mas ellos, así que hablo, me hacen guerra.
1Cántico gradual. ALZARÉ mis ojos á los montes, De donde vendrá mi socorro.2Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.3No dará tu pie al resbaladero; Ni se dormirá el que te guarda.4He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda á Israel.5Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha.6El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.7Jehová te guardará de todo mal: El guardará tu alma.8Jehová guardará tu salida y tu entrada, Desde ahora y para siempre.

Los quince cánticos graduales (Salmos 120 a 134) exponen, de modo ascendente, la liberación y la restauración del remanente de Israel.

El salmo 120 halla a esos fieles en su cautiverio en medio de las naciones y nos hace oír sus suspiros. Sufren por tener que habitar en medio de los “que aborrecen la paz”. Creyentes: quiera Dios que podamos darnos mejor cuenta de cuán intensamente el mundo se opone a Dios y, por consiguiente, a Sus hijos. El mundo ignora la paz; por tanto, mucho menos puede darla. Pero ¿qué dice el Señor a los suyos?: “…mi paz os doy; no según da el mundo, yo os la doy” (Juan 14:27 – V.M.).

Al desviar sus miradas de la escena de su aflicción, el fiel en el Salmo 121 la alza hacia los montes (Sion, objeto de su esperanza: ver Salmo 87:1-2). Pero su socorro viene de más arriba, viene del Creador, quien estableció estos montes. Jehová responde a esta confianza mediante conmovedoras promesas personales (v. 3-8). Cada creyente puede oír al Señor dirigírselas. Está en el mundo, pero él será guardado (verbo repetido seis veces) en todas partes y siempre en respuesta a esa oración de su Salvador: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (comparar v. 7 con Juan 17:15).

Salmo 122, Salmo 123
1Cántico gradual: de David. YO me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos.2Nuestros pies estuvieron En tus puertas, oh Jerusalem;3Jerusalem, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí.4Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado á Israel, Para alabar el nombre de Jehová.5Porque allá están las sillas del juicio, Las sillas de la casa de David.6Pedid la paz de Jerusalem: Sean prosperados los que te aman.7Haya paz en tu antemuro, Y descanso en tus palacios.8Por amor de mis hermanos y mis compañeros Hablaré ahora paz de ti.9A causa de la casa de Jehová nuestro Dios, Buscaré bien para ti.
1Cántico gradual. A TI que habitas en los cielos, Alcé mis ojos.2He aquí como los ojos de los siervos miran á la mano de sus señores, Y como los ojos de la sierva á la mano de su señora; Así nuestros ojos miran á Jehová nuestro Dios, Hasta que haya misericordia de nosotros.3Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten misericordia de nosotros; Porque estamos muy hartos de menosprecio.4Muy harta está nuestra alma Del escarnio de los holgados, Y del menosprecio de los soberbios.

El amor que el israelita siente por Jerusalén es la imagen de los deseos y afectos del cristiano por la Asamblea, preciosa al corazón de Cristo. ¿Actualmente nos dirigimos con gozo (v. 1) al lugar en que Él prometió su presencia, para ir a celebrar su nombre? (comparar v. 4).

Retengamos la promesa del versículo 6: “Sean prosperados los que te aman”. El amor por la Asamblea es una fuente de prosperidad espiritual. ¿Cómo se manifiesta este amor? Orando por su paz, buscando su bien de todas maneras (v. 6-9).

El salmo 123 nos enseña la dependencia. El fiel alza sus ojos hacia su Dios con el sentimiento de que todos los recursos están en Él (compárese 2 Crónicas 20:12). No tiene ningún derecho; todo es gracia. Por parte de los hombres, ¿qué debe esperar el fiel? Puede estar sobremanera hastiado del menosprecio y del escarnio de los “que están en holgura” aquí abajo (v. 3, 4; 1 Corintios 4:13). Pero, si es capaz de soportar estas cosas, es porque dirige las miradas de su fe hacia su Salvador “en los cielos” (v. 1; Salmo 141:8). Pronto esta fe será cambiada en vista. Hoy está hastiado de menosprecio; mañana será saciado de Su imagen (Salmo 17:15).

Salmo 124, Salmo 125
1Cántico gradual: de David. A NO haber estado Jehová por nosotros, Diga ahora Israel;2A no haber estado Jehová por nosotros, Cuando se levantaron contra nosotros los hombres,3Vivos nos habrían entonces tragado, Cuando se encendió su furor en nosotros.4Entonces nos habrían inundado las aguas; Sobre nuestra alma hubiera pasado el torrente:5Hubieran entonces pasado sobre nuestra alma las aguas soberbias.6Bendito Jehová, Que no nos dió por presa á sus dientes.7Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores: Quebróse el lazo, y escapamos nosotros.8Nuestro socorro es en el nombre de Jehová, Que hizo el cielo y la tierra.
1Cántico gradual. LOS que confían en Jehová Son como el monte de Sión que no deslizará: estará para siempre.2Como Jerusalem tiene montes alrededor de ella, Así Jehová alrededor de su pueblo Desde ahora y para siempre.3Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la suerte de los justos; Porque no extiendan los justos sus manos á la iniquidad.4Haz bien, oh Jehová, á los buenos, Y á los que son rectos en sus corazones.5Mas á los que se apartan tras sus perversidades, Jehová los llevará con los que obran iniquidad: Y paz sea sobre Israel.

Los salmos 120 a 123 nos han descrito al pueblo bajo la opresión. Los salmos 124 y 125 nos hacen asistir a su liberación. Ésta se debe —el fiel se complace en repetirlo— sólo a la intervención de Jehová. Sin ella, hubiera sido tragado (Salmo 124:3), sumergido (v. 4, 5) y devorado (v. 6). Pero si Dios está “por nosotros”, ¿qué podrán hacer los que se han levantado “contra nosotros”? (v. 2; Romanos 8:31). El Señor sabe arrancar a los suyos del terrible lazo de los cazadores (v. 7). Estos últimos corresponden proféticamente al Anticristo y al asirio, agentes de Satanás contra el remanente de Israel. Para nosotros evocan a los enemigos de nuestras almas. Si ponemos nuestra confianza en Cristo, Él nos hará escapar del lazo, es decir, “del pecado que nos asedia” (Hebreos 12:1; Salmo 91:3).

La confianza es precisamente la primera nota del salmo 125; confianza en el que tiene poder de guardarnos “sin caída” (Judas 24). Al apoyarnos en el Señor, no vacilaremos (v. 1). Pero, para andar bien, no basta que nuestros pies estén firmes, es también necesario que nuestro camino sea recto. No imitemos “a los que se apartan tras sus perversidades” (v. 5). Y no olvidemos que, antes de manifestarse en el andar, la rectitud debe morar en el corazón (v. 4).

Salmo 126, Salmo 127
1Cántico gradual. CUANDO Jehová hiciere tornar la cautividad de Sión, Seremos como los que sueñan.2Entonces nuestra boca se henchirá de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las gentes: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.3Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres.4Haz volver nuestra cautividad oh Jehová, Como los arroyos en el austro.5Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.6Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; Mas volverá á venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
1Cántico gradual: para Salomón. SI Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican: Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guarda.2Por demás os es el madrugar á levantaros, el veniros tarde á reposar, El comer pan de dolores: Pues que á su amado dará Dios el sueño.3He aquí, heredad de Jehová son los hijos: Cosa de estima el fruto del vientre.4Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud.5Bienaventurado el hombre que hinchió su aljaba de ellos: No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.

Como alguien que se despierta de una horrible pesadilla, los fieles, en un primer momento, serán incapaces de comprender su súbita liberación. Pero pronto resonarán cánticos de alegría a los que las naciones harán eco, diciendo: “Grandes cosas ha hecho el Señor con éstos” (v. 2; Salmo 14:7). Por así decirlo, sus lágrimas habrán regado los surcos de una generosa cosecha (v. 5). Y tal fue el ministerio del Señor Jesús aquí abajo (v. 6). Con llanto siguió el camino de la cruz. “Pero si muere” —dice en Juan 12:24— “lleva mucho fruto”. Aparecerá triunfante, cargado con el fruto del trabajo de su alma: sus redimidos, cual preciosas gavillas, apretadas contra su corazón.

El salmo 127 nos recuerda que toda empresa está destinada a fracasar si no tiene desde el principio la aprobación del Señor. Cierto asunto puede parecer bueno, merecer que se le dedique mucho tiempo y mucho trabajo; pero no resultará si Él no trabajó en esa tarea (Juan 15:5). La actividad apacible y confiada del creyente, seguida por un sueño tranquilo, contrasta con la febril y ambiciosa agitación de los hombres de este mundo (Eclesiastés 2:23). Y vosotros, jóvenes que pensáis en «edificar vuestra casa», el matrimonio es una cosa demasiado seria para ocuparos de él solos. ¡Dejaos conducir por el Señor!

Salmo 128, Salmo 129
1Cántico gradual. BIENAVENTURADO todo aquel que teme á Jehová, Que anda en sus caminos.2Cuando comieres el trabajo de tus manos, Bienaventurado tú, y tendrás bien.3Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.4He aquí que así será bendito el hombre Que teme á Jehová.5Bendígate Jehová desde Sión, Y veas el bien de Jerusalem todos los días de tu vida.6Y veas los hijos de tus hijos, Y la paz sobre Israel.
1Cántico gradual. MUCHO me han angustiado desde mi juventud, Puede decir ahora Israel;2Mucho me han angustiado desde mi juventud; Mas no prevalecieron contra mí.3Sobre mis espaldas araron los aradores: Hicieron largos surcos.4Jehová es justo; Cortó las coyundas de los impíos.5Serán avergonzados y vueltos atrás Todos los que aborrecen á Sión.6Serán como la hierba de los tejados, Que se seca antes que crezca:7De la cual no hinchió segador su mano, Ni sus brazos el que hace gavillas.8Ni dijeron los que pasaban: Bendición de Jehová sea sobre vosotros; Os bendecimos en el nombre de Jehová.

“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová… bienaventurado serás, y te irá bien” (Salmo 128:1-2). El hombre quisiera invertir las cosas. Se imagina que consigue la felicidad al mejorar sus condiciones materiales. Pero su miseria es primeramente de orden moral. El hombre es desdichado porque es pecador. Debe empezar por volverse hacia Dios para temerle y andar en sus caminos (v. 1). Entonces verá la bendición extenderse sobre todo lo que le concierne: “La piedad para todo aprovecha” (1 Timoteo 4:8). «Esto no significa —escribió un creyente— que tendremos una prosperidad que consista en satisfacer nuestras codicias, sino el apacible gozo del favor divino aquí abajo» (ver Salmo 37:4).

Salmo 129. Desde “su juventud” en Egipto, Israel sufrió una dura opresión, pero nada igualará la que será su parte bajo el yugo del Anticristo. Al tomar forma de siervo, Cristo se identificó de antemano con los sufrimientos de su pueblo (comparar v. 3 y Mateo 27:26).

Pero Jehová es justo (v. 4). Los malos serán arrancados (v. 6); no formarán parte de las gavillas juntadas con regocijo por el gran Segador (v. 7; Salmo 126:5-6); no tendrán parte alguna en la bendición del Reinado (v. 8).

Salmo 130, Salmo 131
1Cántico gradual. DE los profundos, oh Jehová, á ti clamo.2Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos A la voz de mi súplica.3JAH, si mirares á los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?4Empero hay perdón cerca de ti, Para que seas temido.5Esperé yo á Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado.6Mi alma espera á Jehová Más que los centinelas á la mañana. Más que los vigilantes á la mañana.7Espere Israel á Jehová; Porque en Jehová hay misericordia. Y abundante redención con él.8Y él redimirá á Israel De todos sus pecados.
1Cántico gradual: de David. JEHOVA, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; Ni anduve en grandezas, Ni en cosas para mí demasiado sublimes.2En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, Como un niño destetado de su madre: Como un niño destetado está mi alma.3Espera, oh Israel, en Jehová Desde ahora y para siempre.

No fue la opresión del salmo 129 sino el sentimiento del pecado el que colocó al alma del justo en lo “profundo” (Salmo 130:1). Sin embargo, por más bajo que se sienta, siempre puede invocar a Dios. “Hay… abundante redención en él” (v. 7).

El versículo 4 nos extraña tal vez. Nos parecería que el perdón tiene más bien el efecto de disipar el temor. Pero ¡es a la inversa! «El conocimiento de la gracia —escribió alguien— da al trabajo de conciencia su verdadera profundidad. Porque nos damos cuenta del horror de nuestra situación solamente al medirla con el esfuerzo desplegado por nuestro Salvador para sacarnos de ella» (leer Romanos 6:14 y 1 Pedro 1:17-19).

Salmo 131. Las pruebas de un creyente contribuyen útilmente a humillarle y a quebrantar su voluntad propia (v. 1). Dios las permite, y él debe someterse. Cuando lo que él amaba le ha sido quitado, su alma se halla como “destetada” (v. 2). Se parece a un niño bruscamente privado de la leche materna, pero que permanece cerca de su madre. En el momento no puede comprender que esto condiciona su crecimiento. Así el Señor, a veces, juzga necesario quitarnos lo que nos parecía precioso e indispensable, para obligarnos a esperar sólo en Él (v. 3; volver a leer los v. 5-7 del salmo 130).

Salmo 132
1Cántico gradual. ACUÉRDATE, oh Jehová, de David, Y de toda su aflicción;2Que juró él á Jehová, Prometió al Fuerte de Jacob:3No entraré en la morada de mi casa, Ni subiré sobre el lecho de mi estrado;4No daré sueño á mis ojos, Ni á mis párpados adormecimiento.5Hasta que halle lugar para Jehová, Moradas para el Fuerte de Jacob.6He aquí, en Ephrata oímos de ella: Hallamósla en los campos del bosque.7Entraremos en sus tiendas; Encorvarnos hemos al estrado de sus pies.8Levántate, oh Jehová, á tu reposo; Tú y el arca de tu fortaleza.9Tus sacerdotes se vistan de justicia, Y regocíjense tus santos.10Por amor de David tu siervo No vuelvas de tu ungido el rostro.11En verdad juró Jehová á David, No se apartará de ellos: Del fruto de tu vientre pondré sobre tu trono.12Si tus hijos guardaren mi alianza, Y mi testimonio que yo les enseñaré, Sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre.13Porque Jehová ha elegido á Sión; Deseóla por habitación para sí.14Este es mi reposo para siempre: Aquí habitaré, porque la he deseado.15A su mantenimiento daré bendición: Sus pobres saciaré de pan.16Asimismo vestiré á sus sacerdotes de salud, Y sus santos darán voces de júbilo.17Allí haré reverdecer el cuerno de David: He prevenido lámpara á mi ungido.18A sus enemigos vestiré de confusión: Mas sobre él florecerá su corona.

Este hermoso cántico evoca el día en que el rey David hizo subir el arca a Jerusalén (2 Samuel 6:17). Más tarde, cuando tuvo lugar la dedicación del templo, Salomón terminó su oración con los versículos 8 a 10 (véase 2 Crónicas 6:41-42). Proféticamente, este salmo corresponde a la introducción del reinado milenario. Dios entrará en su reposo (v. 14); el mundo entero será bendecido y se regocijará (v. 15, 16); Cristo, el verdadero Hijo de David, recibirá la corona universal (v. 17, 18). Las incondicionales promesas de Dios se cumplirán en Él, por medio de Él y para Él.

Pero, notémoslo bien, ellas son la consecuencia de “toda su aflicción” (v. 1; comparar 1 Crónicas 22:14; David es una figura de Cristo, Rey rechazado, en tanto que Salomón representa al Mesías en su gloria). Cristo será así exaltado porque padeció, y la tierra gozará del reposo de Dios porque Cristo experimentó aquí abajo el doloroso trabajo de su alma.

Acerquemos respectivamente los versículos 2 y 11; 5 y 13; 8 y 14; 9 y 16; 10 y 17-18. Comprobaremos que ese fiel que se preocupó por la gloria de Dios obtiene, punto por punto, contestaciones que superan todas sus esperanzas. Tiene relación con “Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20).

Salmo 133, Salmo 134
1Cántico gradual: de David. ­MIRAD cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos igualmente en uno!2Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y que baja hasta el borde de sus vestiduras;3Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sión: Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.
1Cántico gradual. MIRAD, bendecid á Jehová, Vosotros todos los siervos de Jehová, Los que en la casa de Jehová estáis por las noches.2Alzad vuestras manos al santuario, Y bendecid á Jehová.3Bendígate Jehová desde Sión, El cual ha hecho los cielos y la tierra.

El primer versículo del salmo 133 siempre tendría que hallar su aplicación en la Asamblea y en nuestras familias. ¿Es así en nuestro caso? Cuando los hermanos habitan juntos en armonía, es una cosa buena y deliciosa para ellos mismos, pero ante todo para el corazón del Padre. Los miembros de la familia de Dios están unidos entre sí porque están ligados a una misma Persona: Cristo; forman como el borde de su vestido, a saber, lo que es visible de Él aquí abajo (compárese con Éxodo 28:33-34). Él está arriba, verdadero Aarón, Sumo Sacerdote; pero dio su Espíritu, el que, “como el buen óleo”, desciende sobre los hermanos reunidos allí donde Dios ordenó la bendición eterna (v. 3; Hechos 2:33; Efesios 4:2-4).

Con el salmo 134, último cántico gradual, los redimidos del pueblo terrenal han llegado a la más elevada de las quince gradas figuradas por otros tantos cánticos. Han alcanzado la meta ardientemente deseada; han franqueado las puertas de Jerusalén (Salmo 122:1, 2); se hallan en la casa de Jehová.

Pronto los rescatados del Señor alcanzarán su celestial meta: la casa del Padre. Pero “allí no habrá noche” (Apocalipsis 21:25) y ninguna exhortación a la alabanza será necesaria entonces. Ésta surgirá espontáneamente de todos nuestros corazones cuando veamos a Jesús cara a cara.

Salmo 135
1Aleluya. ALABAD el nombre de Jehová; Alabad le, siervos de Jehová;2Los que estáis en la casa de Jehová, En los atrios de la casa de nuestro Dios.3Alabad á JAH, porque es bueno Jehová: Cantad salmos á su nombre, porque es suave.4Porque JAH ha escogido á Jacob para sí, A Israel por posesión suya.5Porque yo se que Jehová es grande, Y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.6Todo lo que quiso Jehová, ha hecho En los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos.7El hace subir las nubes del cabo de la tierra; El hizo los relámpagos para la lluvia; El saca los vientos de sus tesoros.8El es el que hirió los primogénitos de Egipto, Desde el hombre hasta la bestia.9Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, Sobre Faraón, y sobre todos sus siervos.10El que hirió muchas gentes, Y mató reyes poderosos:11A Sehón rey Amorrheo, Y á Og rey de Basán, Y á todos los reinos de Canaán.12Y dió la tierra de ellos en heredad, En heredad á Israel su pueblo.13Oh Jehová, eterno es tu nombre; Tu memoria, oh Jehová para generación y generación.14Porque juzgará Jehová su pueblo, Y arrepentiráse sobre sus siervos.15Los ídolos de las gentes son plata y oro, Obra de manos de hombres.16Tienen boca, y no hablan; Tienen ojos, y no ven;17Tienen orejas, y no oyen; Tampoco hay espíritu en sus bocas.18Como ellos son los que los hacen; Todos los que en ellos confían.19Casa de Israel, bendecid á Jehová: Casa de Aarón, bendecid á Jehová:20Casa de Leví, bendecid á Jehová: Los que teméis á Jehová, bendecid á Jehová:21Bendito de Sión Jehová, Que mora en Jerusalem. Aleluya.

El salmo 134 nos mostraba a los siervos de Jehová que estaban en su Casa para alabarle. El salmo 135 nos enseña cuál es el tema de la alabanza: el gran nombre de Jehová.

En el salmo 133, lo bueno y delicioso era que los hermanos habitaran juntos en armonía. Aquí, en el versículo 3, es Jehová quien es hallado bueno y benigno. El adorador ha gustado “la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:3). Por más preciosa que sea la comunión fraterna, nada reemplaza para el alma el sabor del amor del Señor. ¿Nos reunimos en la congregación sólo para encontrar a otros creyentes, o porque gozamos allí de la bendita presencia del Señor?

Dios escogió a Israel —como asimismo a cada redimido— “por posesión suya” (v. 4; compárese con Mateo 13:44); apeló a los más poderosos medios para adquirirlo (v. 5-12). Al ser mencionados después de semejante Dios, ¡cuán vanos y ridículos parecen los ídolos del mundo! ¡Y cuán dignos de lástima son “todos los que en ellos confían”! (v. 18). Bendecir a Jehová, quien ha llegado a ser para nosotros “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 1:3), es el privilegio de todos los que le temen.

Salmo 136
1ALABAD á Jehová, porque es bueno; Porque para siempre es su misericordia.2Alabad al Dios de los dioses, Porque para siempre es su misericordia.3Alabad al Señor de los señores, Porque para siempre es su misericordia.4Al solo que hace grandes maravillas, Porque para siempre es su misericordia.5Al que hizo los cielos con entendimiento, Porque para siempre es su misericordia.6Al que tendió la tierra sobre las aguas, Porque para siempre es su misericordia;7Al que hizo las grandes luminarias, Porque para siempre es su misericordia;8El sol para que dominase en el día, Porque para siempre es su misericordia;9La luna y las estrellas para que dominasen en la noche, Porque para siempre es su misericordia.10Al que hirió á Egipto en sus primogénitos, Porque para siempre es su misericordia.11Al que sacó á Israel de en medio de ellos, Porque para siempre es su misericordia;12Con mano fuerte, y brazo extendido, Porque para siempre es su misericordia.13Al que dividió el mar Bermejo en partes, Porque para siempre es su misericordia;14E hizo pasar á Israel por medio de él, Porque para siempre es su misericordia;15Y arrojó á Faraón y á su ejército en el mar Bermejo, Porque para siempre es su misericordia.16Al que pastoreó á su pueblo por el desierto, Porque para siempre es su misericordia.17Al que hirió grandes reyes, Porque para siempre es su misericordia;18Y mató reyes poderosos, Porque para siempre es su misericordia;19A Sehón rey Amorrheo, Porque para siempre es su misericordia,20Y á Og rey de Basán, Porque para siempre es su misericordia;21Y dió la tierra de ellos en heredad, Porque para siempre es su misericordia;22En heredad á Israel su siervo, Porque para siempre es su misericordia.23El es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, Porque para siempre es su misericordia;24Y nos rescató de nuestros enemigos, Porque para siempre es su misericordia.25El da mantenimiento á toda carne, Porque para siempre es su misericordia.26Alabad al Dios de los cielos: Porque para siempre es su misericordia.

Todas las intenciones de Dios para con su criatura tienen un único y mismo motivo: su misericordia que permanece para siempre. Primeramente aparece en “las grandes maravillas” cumplidas a favor del hombre aun antes de su existencia, cuando Dios componía un medio ambiente favorable a la vida y la subsistencia de su criatura (v. 4-9). Así es cómo una madre prepara con ternura, antes del nacimiento de su niño, el ambiente en el cual el bebé será acogido juntamente con todos los objetos que le sean necesarios.

A partir del versículo 10 podemos ver brillar el amor de Dios en la obra de la redención. Ésta se halla ilustrada por medio de la salida de Egipto y la entrada de Israel en Canaán. “En nuestro abatimiento se acordó de nosotros”, pueden cantar todos los redimidos agradecidos (v. 23). La expresión “para siempre es su misericordia” puede sorprender al final de los versículos 10, 15 y 17-20. Pero no olvidemos que incluso el castigo de los malos tiene su fundamento en los propósitos del amor de Dios por los suyos, como asimismo para bendición del mundo futuro.

Así se explican también los terribles versículos 8 y 9 del salmo 137. Los hombres hablan del «buen Dios» con la mayor ligereza. ¡Es de desear que puedan reflexionar en el alcance de ese adjetivo, confirmado por tan evidentes testimonios… y corresponder luego a semejante amor!

Salmo 137, Salmo 138
1JUNTO á los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sión.2Sobre los sauces en medio de ella Colgamos nuestras arpas.3Y los que allí nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, Y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo:4Cantadnos algunos de los himnos de Sión. ¿Cómo cantaremos canción de Jehová En tierra de extraños?5Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, Mi diestra sea olvidada.6Mi lengua se pegue á mi paladar, Si de ti no me acordare; Si no ensalzare á Jerusalem Como preferente asunto de mi alegría.7Acuérdate, oh Jehová, de los hijos de Edom En el día de Jerusalem; Quienes decían: Arrasadla, arrasadla Hasta los cimientos.8Hija de Babilonia destruída, Bienaventurado el que te diere el pago De lo que tú nos hiciste.9Bienaventurado el que tomará y estrellará tus niños Contra las piedras.
1Salmo de David. ALABARTE he con todo mi corazón: Delante de los dioses te cantaré salmos.2Encorvaréme al templo de tu santuario, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu verdad: Porque has hecho magnífico tu nombre, y tu dicho sobre todas las cosas.3En el día que clamé, me respondiste; Esforzásteme con fortaleza en mi alma.4Confesarte han, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, Cuando habrán oído los dichos de tu boca.5Y cantarán de los caminos de Jehová: Que la gloria de Jehová es grande.6Porque el alto Jehová atiende al humilde; Mas al altivo mira de lejos.7Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás: Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, Y salvaráme tu diestra.8Jehová cumplirá por mí: Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No dejarás la obra de tus manos.

Aquí empieza la última serie de salmos, en su mayoría de David. Vuelven a relatar la restauración final de Israel desde su servidumbre en medio de las naciones (Salmo 137), a través de su tribulación, hasta la liberación y la alabanza general.

El comienzo del salmo 137 evoca el cautiverio de Babilonia. ¿Cómo los desdichados deportados habrían podido cantar a pedido del opresor y regocijarse bajo su yugo? No hay alegría para ellos lejos de Jerusalén. Los que les quitaron todo no pueden quitarles el recuerdo. Así, amigos creyentes, extranjeros en un mundo hostil, no hallamos nada en él para nuestros corazones, pero poseemos en Cristo un gozo que nadie nos quita (Juan 16:22). ¡Jamás olvidemos la ciudad celestial!

En el salmo 138, el fiel, pese a su “humilde condición” (v. 6), canta “con todo su corazón” y se prosterna hacia Jerusalén (v.1 y 2; compárese con 1Reyes 8:47…). “Me respondiste” puede decir luego, aunque nada haya cambiado todavía en sus circunstancias. Pero Dios ha aumentado el vigor de su alma (v. 3). Y es esta fuerza la que cuenta para el creyente (Efesios 3:16).

Dios “cumplirá su propósito” en lo que nos concierne (v. 8), no mediante la destrucción de la raza de los malos (final del salmo 137) sino con el retorno del Señor.

Salmo 139
1Al Músico principal: Salmo de David. OH Jehová, tú me has examinado y conocido.2Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, Has entendido desde lejos mis pensamientos.3Mi senda y mi acostarme has rodeado, Y estás impuesto en todos mis caminos.4Pues aun no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.5Detrás y delante me guarneciste, Y sobre mí pusiste tu mano.6Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; Alta es, no puedo comprenderla.7¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia?8Si subiere á los cielos, allí estás tú: Y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás.9Si tomare las alas del alba, Y habitare en el extremo de la mar,10Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra.11Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá tocante á mí.12Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día: Lo mismo te son las tinieblas que la luz.13Porque tú poseiste mis riñones; Cubrísteme en el vientre de mi madre.14Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: Estoy maravillado, Y mi alma lo conoce mucho.15No fué encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fuí formado, Y compaginado en lo más bajo de la tierra.16Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.17Así que ­cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ­Cuán multiplicadas son sus cuentas!18Si los cuento, multiplícanse más que la arena: Despierto, y aun estoy contigo.19De cierto, oh Dios, matarás al impío; Apartaos pues de mí, hombres sanguinarios.20Porque blasfemias dicen ellos contra ti: Tus enemigos toman en vano tu nombre21¿No tengo en odio, oh Jehová, á los que te aborrecen, Y me conmuevo contra tus enemigos?22Aborrézcolos con perfecto odio; Téngolos por enemigos.23Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos:24Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.

“Dios es luz” (1 Juan 1:5). “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia…” (leer Hebreos 4:13). ¡Qué cosa aterradora para un pecador es sentir esa santa mirada constantemente puesta en él, poniendo al desnudo sus más íntimos pensamientos y descubriendo sus más secretos motivos! Tiene una sola idea: huir de ese terrible haz de luz. Mas éste hurga en las tinieblas en las cuales el pecador busca esconderse (v. 11), le alcanza al extremo del mundo, remonta su lejano pasado… (Génesis 3:8; Juan 3:19).

Por lo tanto, es una locura pensar que se puede escapar de Dios. Y es otra más intentar sustraerse… a Aquel que quiere asegurar nuestra felicidad. Cuando usted está enfermo, no se le ocurre ocultarle al médico el menor de los síntomas de su mal. Usted sabe bien que, para curarse, es de su interés decirle todo lo que siente. ¿Por qué obrar de otro modo cuando Dios quiere salvar su alma o liberarle de su pecado? Confiésele todos los aspectos del mal que le socava. Deje que Su luz escudriñe su conciencia. Que su oración sea la de los versículos 23 y 24: ¡”Examíname, oh Dios” y examíname más todavía! Pon todo en orden en mi vida. No me dejes meterme en un “camino de perversidad”. Mas “guíame en el camino eterno”.

Salmo 140
1Al Músico principal: Salmo de David. LIBRAME, oh Jehová, de hombre malo: Guárdame de hombre violento;2Los cuales maquinan males en el corazón, Cada día urden contiendas.3Aguzaron su lengua como la serpiente; Veneno de áspid hay debajo de sus labios. (Selah.)4Guárdame, oh Jehová, de manos del impío, Presérvame del hombre injurioso; Que han pensado de trastornar mis pasos.5Hanme escondido lazo y cuerdas los soberbios; Han tendido red junto á la senda; Me han puesto lazos. (Selah.)6He dicho á Jehová: Dios mío eres tú; Escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos.7Jehová Señor, fortaleza de mi salud, Tú pusiste á cubierto mi cabeza el día de las armas.8No des, oh Jehová, al impío sus deseos; No saques adelante su pensamiento, que no se ensoberbezca. (Selah.)9En cuanto á los que por todas partes me rodean, La maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza.10Caerán sobre ellos brasas; Dios los hará caer en el fuego, En profundos hoyos de donde no salgan.11El hombre deslenguado no será firme en la tierra: El mal cazará al hombre injusto para derribarle.12Yo sé que hará Jehová el juicio del afligido, El juicio de los menesterosos.13Ciertamente los justos alabarán tu nombre; Los rectos morarán en tu presencia.

Este salmo nos hace entrever cuánto sufrirán los creyentes del remanente judío durante los terribles tiempos de la gran tribulación. La gracia de Dios nos ha preservado hasta ahora de persecuciones en nuestros países. Pero es bueno hacerse a veces esta pregunta: Si mañana se debiera de nuevo sufrir como cristiano, ¿querría yo aún llevar ese nombre?

Por otra parte, no olvidemos que tenemos que habérnosla continuamente con enemigos tanto más terribles cuanto nos son familiares. De ese hombre malo, violento (v. 1), que maquina el mal (v. 2), que “aguza su lengua como la serpiente” (v. 3) y que se esfuerza en hacer resbalar mis pasos (v. 4), la epístola a los Romanos me revela una cosa espantosa: él mora en mi propio corazón (Romanos 3:13; 7:17). Pero la misma epístola contiene, si así puede decirse, su esquela de fallecimiento (6:6). La muerte me liberó de ese “viejo hombre”; ya no tengo que combatirlo sino considerarlo crucificado con Cristo.

En cuanto al enemigo de fuera, también es Dios quien me protege de él. El Señor es “potente salvador mío” —dice el fiel— “tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de la batalla” (v. 7). El yelmo de la salvación es una pieza indispensable de la completa “armadura de Dios” (Efesios 6:17).

Salmo 141, Salmo 142
1Salmo de David. JEHOVA, á ti he clamado; apresúrate á mí; Escucha mi voz, cuando te invocare.2Sea enderezada mi oración delante de ti como un perfume, El don de mis manos como la ofrenda de la tarde.3Pon, oh Jehová, guarda á mi boca: Guarda la puerta de mis labios.4No dejes se incline mi corazón á cosa mala, A hacer obras impías Con los que obran iniquidad, Y no coma yo de sus deleites.5Que el justo me castigue, será un favor, Y que me reprenda será un excelente bálsamo. Que no me herirá la cabeza: Así que aun mi oración tendrán en sus calamidades.6Serán derribados en lugares peñascosos sus jueces, Y oirán mis palabras, que son suaves.7Como quien hiende y rompe la tierra, Son esparcidos nuestros huesos á la boca de la sepultura.8Por tanto á ti, oh Jehová Señor, miran mis ojos: En ti he confiado, no desampares mi alma.9Guárdame de los lazos que me han tendido, Y de los armadijos de los que obran iniquidad.10Caigan los impíos á una en sus redes, Mientras yo pasaré adelante.
1Masquil de David: Oración que hizo cuando estaba en la cueva. CON mi voz clamaré á Jehová, Con mi voz pediré á Jehová misericordia.2Delante de él derramaré mi querella; Delante de él denunciaré mi angustia.3Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.4Miraba á la mano derecha, y observaba; mas no había quien me conociese; No tuve refugio, no había quien volviese por mi vida.5Clamé á ti, oh Jehová, Dije: Tú eres mi esperanza, Y mi porción en la tierra de los vivientes.6Escucha mi clamor, que estoy muy afligido; Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.7Saca mi alma de la cárcel para que alabe tu nombre: Me rodearán los justos, Porque tú me serás propicio.

Nunca cansamos al Señor al dirigirnos a Él. Al contrario, la oración de un creyente es un perfume agradable para él (v. 2; compárese Apocalipsis 5:8 final). Por desdicha, nuestra boca es capaz de hacer brotar también palabras amargas. Sin el socorro de arriba, nadie es capaz de domar su lengua (Santiago 3:8, 9). Aquí el hombre de Dios le pide: “Pon guarda a mi boca”. Sin embargo, ésta no hace más que revelar lo que se agita en el corazón (Salmo 39:1-3). Este último también necesita una guardia vigilante para que no se incline a “cosa mala” (v. 4). En fin, sepamos considerar la reprensión no como una herida del amor propio sino como un favor, “un excelente bálsamo” reservado por el Señor para los suyos (v. 5; compárese con 2 Samuel 16:5, 10; Gálatas 6:1).

Salmo 142. Perseguido por Saúl, David se ha escondido en la cueva de Adulam (1 Samuel 22; Salmo 57). Anda errando con sus compañeros “por los desiertos, por los montes, por las cuevas y las cavernas de la tierra” (Hebreos 11:38). No hay refugio humano para él (v. 4). Pero su fe le permite exclamar a Jehová: “¡Tú eres mi refugio, mi porción en la tierra de los vivientes”! (v. 5; V.M.).

“Me rodearán los justos…” (v. 7). Cristo, el verdadero David, introducirá consigo en la gloria a los que Él haya vestido con su propia justicia.

Salmo 143
1Salmo de David. OH Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos: Respóndeme por tu verdad, por tu justicia.2Y no entres en juicio con tu siervo; Porque no se justificará delante de ti ningún viviente.3Porque ha perseguido el enemigo mi alma; Ha postrado en tierra mi vida; Hame hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.4Y mi espíritu se angustió dentro de mí; Pasmóse mi corazón.5Acordéme de los días antiguos; Meditaba en todas tus obras, Reflexionaba en las obras de tus manos.6Extendí mis manos á ti; Mi alma á ti como la tierra sedienta. (Selah.)7Respóndeme presto, oh Jehová que desmaya mi espíritu: No escondas de mí tu rostro, Y venga yo á ser semejante á los que descienden á la sepultura.8Hazme oir por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado: Hazme saber el camino por donde ande, Porque á ti he alzado mi alma9Líbrame de mis enemigos, oh Jehová: A ti me acojo.10Enséñame á hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: Tu buen espíritu me guíe á tierra de rectitud.11Por tu nombre, oh Jehová me vivificarás: Por tu justicia, sacarás mi alma de angustia.12Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, Y destruirás todos los adversarios de mi alma: Porque yo soy tu siervo.

“Oye mi oración…” —exclama el fiel desde el fondo de su angustia— “no escondas de mí tu rostro… respóndeme…”. ¡Qué contraste entre esa inquietud y la apacible seguridad que puede ser hoy la porción del creyente! Este último está seguro de tener siempre entrada a la presencia del Padre por medio de Jesús (Hebreos 4:16). Sin embargo, el mismo intenso deseo de comunión debería animarle. “Mi alma, como la tierra sedienta”, clama a ti (v. 6; compárese Salmo 63:1). Sí, cada día, de mañana, necesito oír no sólo la Palabra de Dios, sino su misericordia, al abrir mi corazón para escucharle (v. 8).

Ese sentimiento del amor del Señor fortalecerá la confianza que he puesto en Él y le pediré, primeramente, que me haga conocer su camino y luego que me conduzca en él. Llamarle “mi Dios” y nombrarme a mí mismo “su siervo” (v. 12), me lleva a hacer lo que le agrada. Pero, en primer lugar, es necesario que Él me enseñe y luego que “su buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud” para hacer su voluntad (v. 10). En realidad, esos ruegos están unidos los unos a los otros. Por una parte, el goce de la comunión del Señor es necesario para conocer su voluntad. Pero, por otra parte, sólo podemos gustarla en la obediencia a esa voluntad.

Salmo 144
1Salmo de David. BENDITO sea Jehová, mi roca, Que enseña mis manos á la batalla, Y mis dedos á la guerra:2Misericordia mía y mi castillo, Altura mía y mi libertador, Escudo mío, en quien he confiado; El que allana mi pueblo delante de mí.3Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que de él conozcas? ¿O el hijo del hombre, para que lo estimes?4El hombre es semejante á la vanidad: Sus días son como la sombra que pasa.5Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende: Toca los montes, y humeen.6Despide relámpagos, y disípalos, Envía tus saetas, y contúrbalos.7Envía tu mano desde lo alto; Redímeme, y sácame de las muchas aguas, De la mano de los hijos de extraños;8Cuya boca habla vanidad, Y su diestra es diestra de mentira.9Oh Dios, á ti cantaré canción nueva: Con salterio, con decacordio cantaré á ti.10Tú, el que da salud á los reyes, El que redime á David su siervo de maligna espada.11Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, Cuya boca habla vanidad, Y su diestra es diestra de mentira.12Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; Nuestras hijas como las esquinas labradas á manera de las de un palacio;13Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; Nuestros ganados, que paran á millares y diez millares en nuestras plazas:14Que nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; Que no tengamos asalto, ni que hacer salida, Ni grito de alarma en nuestras plazas.15Bienaventurado el pueblo que tiene esto: Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.

“Enséñame a hacer tu voluntad” era la oración del Salmo 143 (v. 10). “Adiestra mis manos para la batalla…” pide David aquí. El combate cristiano tiene también sus leyes (2 Timoteo 2:5) y cada creyente que quiere agradar a “Aquel que lo tomó por soldado” debe cumplir, por decirlo así, su servicio militar. No obstante, no cuenta con la experiencia adquirida ni con su valentía para ser victorioso. Declara aquí: Dios mismo “es mi castillo, fortaleza mía y mi libertador, escudo mío en quien he confiado” (v. 2).

La liberación de arriba, que responderá al clamor del remanente, abrirá por fin la puerta a las bendiciones milenarias (v. 12-15). Pero no olvidemos que, a diferencia de Israel, pueblo terrestre, las actuales bendiciones del creyente son espirituales “en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Por consiguiente están —como Cristo— fuera del alcance de las pruebas terrenales y les es posible gozar de ellas en medio de las peores dificultades. A la inversa, si todo nos parece estar lo mejor posible en lo que acontece a nuestra salud, a nuestros negocios y a nuestra vida familiar, no concluyamos de ello que nuestra alma también prospera, ni que tenemos la aprobación del Señor. Por desdicha, las cosas podrían ser muy distintas…

Salmo 145
1Salmo de alabanza: de David. ENSALZARTE he, mi Dios, mi Rey; Y bendeciré tu nombre por siglo y para siempre.2Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre por siglo y para siempre.3Grande es Jehová y digno de suprema alabanza: Y su grandeza es inescrutable.4Generación á generación narrará tus obras, Y anunciarán tus valentías.5La hermosura de la gloria de tu magnificencia, Y tus hechos maravillosos, hablaré.6Y la terribilidad de tus valentías dirán los hombres; Y yo recontaré tu grandeza.7Reproducirán la memoria de la muchedumbre de tu bondad, Y cantarán tu justicia.8Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia.9Bueno es Jehová para con todos; Y sus misericordia sobre todas sus obras.10Alábente, oh Jehová, todas tus obras; Y tus santos te bendigan.11La gloria de tu reino digan, Y hablen de tu fortaleza;12Para notificar á los hijos de los hombre sus valentías, Y la gloria de la magnificencia de su reino.13Tu reino es reino de todos los siglos, Y tu señorío en toda generación y generación.14Sostiene Jehová á todos los que caen, Y levanta á todos los oprimidos.15Los ojos de todos esperan en ti, Y tú les das su comida en su tiempo.16Abres tu mano, Y colmas de bendición á todo viviente.17Justo es Jehová en todos sus caminos, Y misericordioso en todas sus obras.18Cercano está Jehová á todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras.19Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.20Jehová guarda á todos los que le aman; Empero destruirá á todos los impíos.21La alabanza de Jehová hablará mi boca; Y bendiga toda carne su santo nombre por siglo y para siempre.

Cristo, de quien David es figura, entona aquí la alabanza (ver el título del salmo), la cual, en estos últimos salmos, se extenderá a toda la creación (compárese Salmo 22:25…). Y con él podemos cantar: “Te exaltaré, mi Dios… cada día te bendeciré… para siempre”. Grande es Jehová, de una grandeza inescrutable (v. 3). Sus hechos son poderosos (v. 4, 12), maravillosos (v. 5) y terribles (v. 6; V.M.). Grande (v. 7, 8) y universal (v, 9) es su bondad; se proclamará la memoria de ella. Se hablará de su poder y se cantará su justicia. Pero una de sus glorias que particularmente nos resulta preciosa es su gracia (v. 8).

La gracia nos trae la salvación. Los versículos 14 a 20 enumeran diversas manifestaciones. El Señor sostiene (Salmo 37:24)…, levanta (Salmo 146:8)…, da la comida y sacia (Salmo 107:9)…, está cercano a los que le invocan (Salmo 34:17, 18)…, cumple el deseo de los que le temen, oye su clamor, los guarda y salva a los que le aman. Sí, “de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). Y todos los verbos conjugados en primera persona del futuro: “Te exaltaré…, bendeciré…, alabaré…, meditaré…, publicaré…” son la justa respuesta del redimido ante la propagación de esta gloria.

Salmo 146
1Aleluya. ALABA, oh alma mía, á Jehová.2Alabaré á Jehová en mi vida: Cantaré salmos á mi Dios mientras viviere.3No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salud.4Saldrá su espíritu, tornaráse en su tierra: En aquel día perecerán sus pensamientos.5Bienaventurado aquel en cuya ayuda es el Dios de Jacob, Cuya esperanza es en Jehová su Dios:6El cual hizo los cielos y la tierra, La mar, y todo lo que en ellos hay; Que guarda verdad para siempre;7Que hace derecho á los agraviados; Que da pan á los hambrientos: Jehová suelta á los aprisionados;8Jehová abre los ojos á los ciegos; Jehová levanta á los caídos; Jehová ama á los justos.9Jehová guarda á los extranjeros; Al huérfano y á la viuda levanta; Y el camino de los impíos trastorna.10Reinará Jehová para siempre; Tu Dios, oh Sión, por generación y generación. Aleluya.

No aguardemos a estar en el cielo para celebrar a nuestro Dios Salvador. “Alabaré a Jehová en mi vida. Cantaré salmos a mi Dios mientras viva”, declara el salmista (v. 2; Salmo 34:1). Sólo Él merece nuestro homenaje, como así también nuestra confianza. Los versículos 3 y 4 nos advierten seriamente acerca de no poner nuestra confianza en el hombre, porque es un constante peligro que puede tomar muchas formas (por ejemplo: la búsqueda de la influencia). No esperemos ningún apoyo de los «dignatarios», aun cuando ocasionalmente Dios mismo se sirve de ellos para nuestro bien. Pese a lo alto que estén colocados, no hay salvación en ellos (v. 3); se asemejan a la vanidad (Salmo 144:4) y, si son incrédulos, perecerán un día con sus pensamientos (v. 4).

¿Qué pensaríamos de un hijo de padres acomodados que fuera a mendigar a la puerta de vecinos pobres? Tenemos como Padre a un Dios infinitamente poderoso, infinitamente sabio y que nos ama; ¿qué más necesitamos? Liberta a los cautivos de Satanás (v. 7); abre los ojos de la fe (Efesios 1:18); levanta a los que andan doblados bajo cargas demasiado pesadas. Ama a los justos (v. 8). El extranjero, el huérfano y la viuda gozan de cuidados apropiados a sus necesidades (Lucas 4:18). Dice un cántico: «Contemos los beneficios de Dios; adorándole, veremos cuán grande es el número de ellos».

Salmo 147
1ALABAD á JAH, Porque es bueno cantar salmos á nuestro Dios; Porque suave y hermosa es la alabanza.2Jehová edifica á Jerusalem; A los echados de Israel recogerá.3El sana á los quebrantados de corazón, Y liga sus heridas.4El cuenta el número de las estrellas; A todas ellas llama por sus nombres.5Grande es el Señor nuestro, y de mucha potencia; Y de su entendimiento no hay número.6Jehová ensalza á los humildes; Humilla los impíos hasta la tierra.7Cantad á Jehová con alabanza, Cantad con arpa á nuestro Dios.8El es el que cubre los cielos de nubes, El que prepara la lluvia para la tierra, El que hace á los montes producir hierba.9El da á la bestia su mantenimiento, Y á los hijos de los cuervos que claman.10No toma contentamiento en la fortaleza del caballo, Ni se complace en las piernas del hombre.11Complácese Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia.12Alaba á Jehová, Jerusalem; Alaba á tu Dios, Sión.13Porque fortificó los cerrojos de tus puertas; Bendijo á tus hijos dentro de ti.14El pone en tu término la paz; Te hará saciar de grosura de trigo.15El envía su palabra á la tierra; Muy presto corre su palabra.16El da la nieve como lana, Derrama la escarcha como ceniza.17El echa su hielo como pedazos: Delante de su frío ¿quién estará?18Enviará su palabra, y los derretirá: Soplará su viento, y fluirán las aguas.19El denuncia sus palabras á Jacob, Sus estatutos y sus juicios á Israel.20No ha hecho esto con toda gente; Y no conocieron sus juicios. Aleluya.

Cada uno de los salmos 146 a 150 tiene como encabezamiento y conclusión “Alabad a Jah”, dicho de otro modo: “Aleluya”. Ese grito de alegría llenará la tierra cuando Israel sea recogido y Jerusalén vuelva a ser edificada (v. 2).

¿En quién se complace Jehová? En los que le temen y esperan humildemente en su misericordia. En cambio, no se complace en la fuerza de la que el hombre se gloría (v. 10, 11; Apocalipsis 3:8). Aun en nuestro siglo, caracterizado por la velocidad, ni “la agilidad del hombre” (v. 10), ni sus últimos descubrimientos técnicos son necesarios para que la Palabra del Señor corra velozmente (v. 15; 2 Tesalonicenses 3:1). Si cada creyente rindiera fielmente su testimonio allí donde está colocado, el Evangelio se difundiría rápidamente por su propio poder (Salmo 68:11).

La insondable actividad de Dios abarca dominios tan diferentes como el de sanar a los quebrantados de corazón… (v. 3) y enumerar las estrellas (v. 4). Hace alternar las estaciones para el bien de su criatura. “Él prepara la lluvia para la tierra” (v. 8; Deuteronomio 28:12), “da la nieve” (v. 16) y sopla “su viento” (v. 18). ¿Pensamos en ello cuando nos quejamos del tiempo que hace? Sí, “grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito” (v. 5).

Salmo 148
1Aleluya. ALABAD á Jehová desde los cielos: Alabadle en las alturas.2Alabadle, vosotros todos sus ángeles: Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.3Alabadle, sol y luna: Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas.4Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos.5Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron criadas.6Y las hizo ser para siempre por los siglos; Púso les ley que no será quebrantada.7Alabad á Jehová, de la tierra Los dragones y todos los abismos;8El fuego y el granizo, la nieve y el vapor, El viento de tempestad que ejecuta su palabra;9Los montes y todos los collados; El árbol de fruto, y todos los cedros;10La bestia y todo animal; Reptiles y volátiles;11Los reyes de la tierra y todos los pueblos; Los príncipes y todos los jueces de la tierra;12Los mancebos y también las doncellas; Los viejos y los niños,13Alaben el nombre de Jehová, Porque sólo su nombre es elevado; Su gloria es sobre tierra y cielos.14El ensalzó el cuerno de su pueblo; Aláben le todos sus santos, los hijos de Israel, El pueblo á él cercano. Aleluya.

Este salmo da impulso a la alabanza universal. Resonará en los cielos (v. 1-6) y en la tierra (v. 7-13). ¡Prodigioso concierto será éste en el que cada criatura tendrá una nota que hacer oír! Pero ¿cómo entender que las cosas materiales sean invitadas a unirse a esa sinfonía? (v. 3, 7…). El capítulo 8 de la epístola a los Romanos nos enseña que, desde la caída, “la creación fue sujetada a vanidad”; el hombre se sirvió de ella sólo para glorificarse a sí mismo. Pero está cercano el momento en que, por fin, “libertada de la esclavitud de corrupción”, la creación glorificará únicamente a Dios (Romanos 8:20, 21; Isaías 55:12, 13). Sus “gemidos” darán lugar a un pleno esplendor. Sí, a su manera, ella relatará la gloria de Dios y su voz será oída (Salmo 19:1-3). Exaltará a la vez a su Creador y a su Libertador, el que la hizo y el que habrá permitido, mediante su cruz, “la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:21).

El versículo 12 nos recuerda la hermosa contestación de Moisés a Faraón: “Con nuestros jóvenes y con nuestros ancianos iremos; con nuestros hijos y con nuestras hijas… porque hemos de celebrar una fiesta solemne al Señor” (Éxodo 10:9; V.M.). Y el versículo 14 nos muestra el lugar que, en el mundo venidero, Dios dará a Israel, “el pueblo a él cercano”.

Salmo 149, Salmo 150
1Aleluya. CANTAD á Jehová canción nueva: Su alabanza sea en la congregación de los santos.2Alégrese Israel en su Hacedor: Los hijos de Sión se gocen en su Rey.3Alaben su nombre con corro: Con adufe y arpa á él canten.4Porque Jehová toma contentamiento con su pueblo: Hermoseará á los humildes con salud.5Gozarse han los píos con gloria: Cantarán sobre sus camas.6Ensalzamientos de Dios modularán en sus gargantas. Y espadas de dos filos habrá en sus manos;7Para hacer venganza de las gentes, Y castigo en los pueblos;8Para aprisionar sus reyes en grillos, Y sus nobles con cadenas de hierro;9Para ejecutar en ellos el juicio escrito: Gloria será esta para todos sus santos. Aleluya.
1Aleluya. ALABAD á Dios en su santuario: Alabadle en la extensión de su fortaleza.2Alabadle por sus proezas: Alabadle conforme á la muchedumbre de su grandeza.3Alabadle á son de bocina: Alabadle con salterio y arpa.4Alabadle con adufe y flauta: Alabadle con cuerdas y órgano.5Alabadle con címbalos resonantes: Alabadle con címbalos de júbilo.6Todo lo que respira alabe á JAH. Aleluya.

Hemos llegado a la conclusión de los salmos, ese «libro de la prueba» cuya última página será dada vuelta solamente al término de nuestra estancia terrenal. Y comprobamos que todos los sufrimientos que se hallan descritos en él han llegado a ese resultado final: la alabanza de Dios por medio de todo lo que respira. Ojalá pueda ser así con cada una de nuestras pruebas: que sea hallada “en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

El libro de los Salmos comenzó por la bendición que Dios da al hombre; termina por la bendición que el hombre da a Dios. Hemos oído el aleluya cantado sucesivamente por el remanente salvado (Salmo 146), por Jerusalén (salmo 147) y por la Creación (Salmo 148). El salmo 149 tiene por tema el cántico nuevo de Israel y los últimos juicios que precederán al Reino. Por último, el salmo 150 responde a todas las preguntas concernientes a la alabanza: quién debe ser adorado; dónde (v. 1), por qué (v. 2), cómo (v. 3-5), y por quién (v. 6) debe ser rendido el culto.

Todas las expresiones de esa alabanza universal se unen en una perfecta armonía. Porque el cántico es único: exalta los poderosos hechos y la infinita grandeza de Aquel que entonces habrá cumplido todos sus propósitos para su propia gloria y para la bendición universal.

Proverbios 16:1-15
1DEL hombre son las disposiciones del corazón: Mas de Jehová la respuesta de la lengua.2Todos los caminos del hombre son limpios en su opinión: Mas Jehová pesa los espíritus.3Encomienda á Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.4Todas las cosas ha hecho Jehová por sí mismo, Y aun al impío para el día malo.5Abominación es á Jehová todo altivo de corazón: Aunque esté mano sobre mano, no será reputado inocente.6Con misericordia y verdad se corrige el pecado: Y con el temor de Jehová se apartan del mal los hombres.7Cuando los caminos del hombre son agradables á Jehová, Aun á sus enemigos pacificará con él.8Mejor es lo poco con justicia, Que la muchedumbre de frutos sin derecho.9El corazón del hombre piensa su camino: Mas Jehová endereza sus pasos.10Adivinación está en los labios del rey: En juicio no prevaricará su boca.11Peso y balanzas justas son de Jehová: Obra suya son todas las pesas de la bolsa.12Abominación es á los reyes hacer impiedad: Porque con justicia será afirmado el trono.13Los labios justos son el contentamiento de los reyes; Y aman al que habla lo recto.14La ira del rey es mensajero de muerte: Mas el hombre sabio la evitará.15En la alegría del rostro del rey está la vida; Y su benevolencia es como nube de lluvia tardía.

Recordemos que la mayoría de los pensamientos y de las máximas contenidas en este libro de los Proverbios tienen entre sí vínculos que es importante establecer para extraer sus enseñanzas.

“Del hombre son las disposiciones del corazón” declara el versículo 1. “El corazón del hombre piensa su camino” prosigue el versículo 9. Y estos proyectos, estos designios pueden parecer limpios (v. 2) y rectos (v. 25) a todo aquel que no conoce su corazón ni juzga sus motivos. Por ejemplo una limosna, cosa buena en sí, puede ser hecha para ser vista de los demás (Mateo 6:1). Pero Dios, quien pesa los espíritus y los corazones (cap. 21:2) discierne en nuestras intenciones tal camino de perversidad o de muerte (v. 25; Salmo 139:24). Sigamos el consejo del versículo 3 y encomendémosle nuestros asuntos, pequeños o grandes (Job 5:8). Dejarle obrar, trazar nuestros caminos, dictar nuestras palabras, esto es dependencia, actitud que le agrada al Señor y garantiza nuestra seguridad.

Los versículos 10 a 15 nos enseñan lo que conviene a los reyes. A propósito de esto, recordemos la dignidad a la cual la gracia del Señor nos ha hecho acceder (Apocalipsis 5:10). Nobleza obliga, se dice a veces (comp. Isaías 32:8). La justicia y la rectitud deben caracterizar a los coherederos del reino.

Proverbios 16:16-33
16Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; Y adquirir inteligencia vale más que la plata.17El camino de los rectos es apartarse del mal: Su alma guarda el que guarda su camino.18Antes del quebrantamiento es la soberbia; Y antes de la caída la altivez de espíritu.19Mejor es humillar el espíritu con los humildes, Que partir despojos con los soberbios.20El entendido en la palabra, hallará el bien: Y el que confía en Jehová, él es bienaventurado.21El sabio de corazón es llamado entendido: Y la dulzura de labios aumentará la doctrina.22Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee: Mas la erudición de los necios es necedad.23El corazón del sabio hace prudente su boca; Y con sus labios aumenta la doctrina.24Panal de miel son los dichos suaves. Suavidad al alma y medicina á los huesos.25Hay camino que parece derecho al hombre, Mas su salida son caminos de muerte.26El alma del que trabaja, trabaja para sí; Porque su boca le constriñe.27El hombre perverso cava el mal; Y en sus labios hay como llama de fuego.28El hombre perverso levanta contienda; Y el chismoso aparta los mejores amigos.29El hombre malo lisonjea á su prójimo, Y le hace andar por el camino no bueno:30Cierra sus ojos para pensar perversidades; Mueve sus labios, efectúa el mal.31Corona de honra es la vejez, Que se hallará en el camino de justicia.32Mejor es el que tarde se aira que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.33La suerte se echa en el seno: Mas de Jehová es el juicio de ella.

Si se anuncia el descubrimiento de yacimientos de oro en algún punto del globo, en pocas semanas se verá construir allí ciudades enteras. Una publicidad que señale un fácil medio de ganar dinero recibirá innumerables respuestas. En cambio, adquirir la sabiduría no suscita competición alguna (comp. v. 16). Sólo el discípulo de Jesús que tiene cuidado de su Palabra conoce el valor de ella (v. 20; Salmo 119:127). Los despojos compartidos con los soberbios no tienen atracción para él. Se complace con los humildes y benévolos (v. 19).

El corazón del sabio hace prudente su boca (v. 23). El amor le dicta “los dichos suaves” que serán como un bálsamo para las almas enfermas.

En contraste con el hombre recto (v. 17) y “sabio de corazón” (v. 21), los versículos 27 a 30 nos ofrecen el retrato del “hombre de Belial” (v. 27 V. M.), “perverso”, “violento”. “Cava en busca del mal”, divulga lo que ha descubierto, siembra contiendas, divide y lleva a hacer el mal. Guardémonos de ese peligroso compañero y sigamos en este mundo el camino de los hombres rectos, el que nos obliga a tener mucha prudencia para evitar el mal (v. 17; 2 Timoteo 2:22). Finalmente, meditemos el versículo 32. La más hermosa victoria que un hombre pueda lograr consiste en dominar su propio espíritu (en contraste con cap. 25:28).

Proverbios 17:1-14
1MEJOR es un bocado seco, y en paz, Que la casa de contienda llena de víctimas.2El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra, Y entre los hermanos partirá la herencia.3El crisol para la plata, y la hornaza para el oro: Mas Jehová prueba los corazones.4El malo está atento al labio inicuo; Y el mentiroso escucha á la lengua detractora.5El que escarnece al pobre, afrenta á su Hacedor: Y el que se alegra en la calamidad, no quedará sin castigo.6Corona de los viejos son los hijos de los hijos; Y la honra de los hijos, sus padres.7No conviene al necio la altilocuencia: ­Cuánto menos al príncipe el labio mentiroso!8Piedra preciosa es el cohecho en ojos de sus dueños: A donde quiera que se vuelve, da prosperidad.9El que cubre la prevaricación, busca amistad: Mas el que reitera la palabra, aparta al amigo.10Aprovecha la reprensión en el entendido, Más que si cien veces hiriese en el necio.11El rebelde no busca sino mal; Y mensajero cruel será contra él enviado.12Mejor es se encuentre un hombre con una osa á la cual han robado sus cachorros, Que con un fatuo en su necedad.13El que da mal por bien, No se apartará el mal de su casa.14El que comienza la pendencia es como quien suelta las aguas: Deja pues la porfía, antes que se enmarañe.

La paz en una casa tiene más importancia que toda forma de riqueza y de prosperidad (v. 1). El versículo 14 nos enseña cómo empiezan las querellas. Se dejan escapar desdichadas palabras, “como quien suelta las aguas” (v. 14). ¡Trate, luego, de volver a agarrarlas! Pero, cuando la disputa empezó y amenaza enardecerse, la sabia actitud —recordémoslo— es la de irse. También ocurre que, sin formar parte de los reñidores, uno sea el causante de una desavenencia. Por ejemplo, al repetir una cosa en lugar de taparla (v. 9). “El amor cubrirá todas las faltas” (cap. 10:12; 1 Pedro 4:8). Callar las faltas de otro no es disculparlas, al contrario, es sufrir a causa de ellas al punto de tener vergüenza de repetirlas.

El entendido es aquel que, para hacer progresos, sabe sacar partido de toda enseñanza, inclusive de la reprensión.

La fe en el corazón del creyente es mucho más preciosa que el oro. No puede perecer. Pero es necesario que la prueba la purifique de toda aleación. Dios se dedica a ello como el afinador de Malaquías 3:3. Su trabajo limpia a los suyos de todo lo que no es compatible con su santidad y nuestro más grande interés consiste en dejarle obrar (Job 23:10).

Proverbios 17:15-28
15El que justifica al impío, y el que condena al justo, Ambos á dos son abominación á Jehová.16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría, No teniendo entendimiento?17En todo tiempo ama el amigo; Y el hermano para la angustia es nacido.18El hombre falto de entendimiento toca la mano, Fiando á otro delante de su amigo.19La prevaricación ama el que ama pleito; Y el que alza su portada, quebrantamiento busca.20El perverso de corazón nunca hallará bien: Y el que revuelve con su lengua, caerá en mal.21El que engendra al necio, para su tristeza lo engendra: Y el padre del fatuo no se alegrará.22El corazón alegre produce buena disposición: Mas el espíritu triste seca los huesos.23El impío toma dádiva del seno Para pervertir las sendas del derecho.24En el rostro del entendido aparece la sabiduría: Mas los ojos del necio vagan hasta el cabo de la tierra.25El hijo necio es enojo á su padre, Y amargura á la que lo engendró.26Ciertamente no es bueno condenar al justo, Ni herir á los príncipes que hacen lo recto.27Detiene sus dichos el que tiene sabiduría: De prudente espíritu es el hombre entendido.28Aun el necio cuando calla, es contado por sabio: El que cierra sus labios es entendido.

«Verdaderamente es una gran gracia de parte de Dios aplicar la sabiduría divina a todos los detalles de la vida del hombre en medio de la confusión que produjo el pecado» (J. N. Darby). ¡De ahí nuestra responsabilidad de poner en práctica esta sabiduría en nuestra vida cotidiana! Nos es dada para ser vivida y el hombre entendido la guarda “ante el rostro” (v. 24 V. M.; Eclesiastés 2:14). Al contrario, el insensato dispersa su imaginación en quimeras y vanas codicias hasta el extremo de la tierra. Pensamos en el hijo pródigo disipando locamente los bienes de su padre en una provincia apartada. ¡Y qué pena causa un hijo insensato a sus padres! (v. 21 y 25). Imitemos a Salomón, el autor de este libro, quien había sabido pedir para sí mismo “un corazón entendido” (1 Reyes 3:9).

El que sale fiador es un falso amigo. Confía inconsideradamente en su prójimo e incita a este último a contar con él (v. 18; Jeremías 17:5). En cambio, el versículo 17 nos da el medio de reconocer a un verdadero amigo. Él se revela en las dificultades y descubrimos lo que es un hermano. “En todo tiempo ama el amigo...”. ¿Quién mejor que el Señor Jesús merece este nombre? (Juan 15:13). «Él es nuestro supremo Amigo» —dice un cántico— «Su corazón nunca se cansa». ¡Qué inmenso amor!

Proverbios 18:1-24
1SEGUN su antojo busca el que se desvía, Y se entremete en todo negocio.2No toma placer el necio en la inteligencia, Sino en lo que su corazón se descubre.3Cuando viene el impío, viene también el menosprecio, Y con el deshonrador la afrenta.4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre; Y arroyo revertiente, la fuente de la sabiduría.5Tener respeto á la persona del impío, Para hacer caer al justo de su derecho, no es bueno.6Los labios del necio vienen con pleito; Y su boca á cuestiones llama.7La boca del necio es quebrantamiento para sí, Y sus labios son lazos para su alma.8Las palabras del chismoso parecen blandas, Y descienden hasta lo íntimo del vientre.9También el que es negligente en su obra Es hermano del hombre disipador.10Torre fuerte es el nombre de Jehová: A él correrá el justo, y será levantado.11Las riquezas del rico son la ciudad de su fortaleza, Y como un muro alto en su imaginación.12Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre, Y antes de la honra es el abatimiento.13El que responde palabra antes de oir, Le es fatuidad y oprobio.14El ánimo del hombre soportará su enfermedad: Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?15El corazón del entendido adquiere sabiduría; Y el oído de los sabios busca la ciencia.16El presente del hombre le ensancha el camino, Y le lleva delante de los grandes.17El primero en su propia causa parece justo; Y su adversario viene, y le sondea.18La suerte pone fin á los pleitos, Y desparte los fuertes.19El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte: Y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar.20Del fruto de la boca del hombre se hartará su vientre; Hartaráse del producto de sus labios.21La muerte y la vida están en poder de la lengua; Y el que la ama comerá de sus frutos.22El que halló esposa halló el bien, Y alcanzó la benevolencia de Jehová.23El pobre habla con ruegos; Mas el rico responde durezas.24El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse amigo: Y amigo hay más conjunto que el hermano.

Mantenerse aparte, vivir para sí mismo, es prueba de egoísmo y a menudo de soberbia. Romanos 15:1-3, al citar el ejemplo del Señor Jesús, nos exhorta a no buscar lo que nos agrada a nosotros mismos (comp. v. 1), sino lo que agrada a nuestro prójimo “en lo que es bueno, para edificación”. Y la lengua constituye el medio de comunicarnos con ese prójimo para su bien o para su mal. La boca puede ser “la fuente de la sabiduría” (v. 4). Pero también puede hacer surgir contiendas (v. 6), chismes (v. 8), jactancia (v. 12; Santiago 3:5), respuestas precipitadas (v. 13), cosas duras (v. 23)... Mas esos tristes frutos de la carne serán comidos por aquel mismo que los produjo (v.20-21 y fin de Lucas 6:38). Le valdrán azotes (v. 6), la ruina, lazo para su alma (v. 7), oprobio (v. 13), muerte... (v. 21). ¡Qué veneno, qué amargo regusto se esconde en esos “bocados suaves”! (v. 8).

Los versículos 11 y 12 nos muestran otro género de locura: la del hombre altanero que pone su confianza en la incertidumbre de las riquezas y se imagina que es protegido por ellas (léase Marcos 10:24). El justo no tiene otra fortaleza sino el nombre de Jehová, más poderoso que la más fuerte torre (v. 10; comp. Salmo 91:2).

Proverbios 19:1-14
1MEJOR es el pobre que camina en su sencillez, Que el de perversos labios y fatuo.2El alma sin ciencia no es buena; Y el presuroso de pies peca.3La insensatez del hombre tuerce su camino; Y contra Jehová se aira su corazón.4Las riquezas allegan muchos amigos: Mas el pobre, de su amigo es apartado.5El testigo falso no quedará sin castigo; Y el que habla mentiras no escapará.6Muchos rogarán al príncipe: Mas cada uno es amigo del hombre que da.7Todos los hermanos del pobre le aborrecen: ­Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra y no la hallará.8El que posee entendimiento, ama su alma: El que guarda la inteligencia, hallará el bien.9El testigo falso no quedará sin castigo; Y el que habla mentiras, perecerá.10No conviene al necio el deleite: ­Cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes!11La cordura del hombre detiene su furor; Y su honra es disimular la ofensa.12Como el bramido del cachorro de león es la ira del rey; Y su favor como el rocío sobre la hierba.13Dolor es para su padre el hijo necio; Y gotera continua las contiendas de la mujer.14La casa y las riquezas herencia son de los padres: Mas de Jehová la mujer prudente.

“El alma sin ciencia no es buena” (v. 2), porque, evidentemente, esa alma se halla expuesta a todos los peligros que ignora. Además, aquel a quien no le contienen las advertencias de la Palabra corre el riesgo de obrar o de hablar apresuradamente y tropezar (es decir, pecar; v. 2). Si amamos a nuestra alma —y no tenemos nada más precioso— hagamos de manera que sea instruida para adquirir entendimiento (v. 8).

Varios versículos nos hablan del pobre. La consideración de la cual gozan los hombres en el mundo a menudo es proporcional a su fortuna. Los pobres, aun cuando se les ayude, fácilmente son menospreciados (Santiago 2:6). Pero Dios se acuerda de que su Hijo fue “el Pobre” aquí abajo. Se hace cargo de aquellos pobres que caminan en integridad (v. 1; cap. 22:23) y les abrirá su cielo (Lucas 14:21... y 16:22). “Las riquezas traen muchos amigos” (v. 4; cap. 14:20). Extraños amigos —más bien enemigos— son esos compañeros aduladores que contribuyen a la ruina de su “víctima” (cap. 18:24). No obstante, el hombre despojado y abandonado entonces puede descubrir al Amigo que siempre le queda. Jesús es aquel “más unido que un hermano”.

Proverbios 19:15-29
15La pereza hace caer en sueño; Y el alma negligente hambreará.16El que guarda el mandamiento, guarda su alma: Mas el que menospreciare sus caminos, morirá.17A Jehová empresta el que da al pobre, Y él le dará su paga.18Castiga á tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se excite tu alma para destruirlo.19El de grande ira llevará la pena: Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.20Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez.21Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de Jehová permanecerá.22Contentamiento es á los hombres hacer misericordia: Pero mejor es el pobre que el mentiroso.23El temor de Jehová es para vida; Y con él vivirá el hombre, lleno de reposo; No será visitado de mal.24El perezoso esconde su mano en el seno: Aun á su boca no la llevará.25Hiere al escarnecedor, y el simple se hará avisado; Y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia.26El que roba á su padre y ahuyenta á su madre, Hijo es avergonzador y deshonrador.27Cesa, hijo mío, de oir la enseñanza Que induce á divagar de las razones de sabiduría.28El testigo perverso se burlará del juicio; Y la boca de los impíos encubrirá la iniquidad.29Aparejados están juicios para los escarnecedores, Y azotes para los cuerpos de los insensatos.

La pereza, especialmente la pereza para escuchar (Hebreos 5:11), para el “alma negligente” tiene todavía muchas consecuencias desastrosas (v. 15). “Hace caer en profundo sueño” a aquel que debería velar para esperar al Señor (comp. Mateo 25:5). Produce el hambre del alma y la penuria espiritual (cap. 20:13). Y, querido amigo, si su alma tiene hambre, no busque engañarla con “lo que no sacia” (Isaías 55:2). Sólo un alimento le conviene: la palabra de Dios. Ser nutrido de Cristo, verdadero pan del cielo, según el versículo 23, da la seguridad de no ser visitado por el mal. Al lado de las palabras del conocimiento existe una instrucción que hace divagar (v.27; 1 Timoteo 6:20-21), fruto de los numerosos pensamientos del corazón del hombre (v. 21). Escucharla es desviarse del camino de la desobediencia; es, pues, necesitar la corrección (v. 18 y 25). No demos a este vocablo solamente el sentido de castigo, sino pensemos en el piloto que corrige su ruta y rectifica el rumbo de su aparato según las indicaciones de la torre de control. Tal debe ser sobre nosotros el efecto de la corrección del Señor: volver a hacernos tomar la buena dirección. Es el privilegio del hijo (v.18; cap. 13:24), y el ententido sabe aprovecharla (v. 25; cap. 9:8).

Proverbios 20:1-14
1EL vino es escarnecedor, la cerveza alborotadora; Y cualquiera que por ello errare, no será sabio.2Como bramido de cachorro de león es el terror del rey: El que lo hace enfurecerse, peca contra su alma.3Honra es del hombre dejarse de contienda: Mas todo insensato se envolverá en ella.4El perezoso no ara á causa del invierno; Pedirá pues en la siega, y no hallará.5Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre: Mas el hombre entendido lo alcanzará.6Muchos hombres publican cada uno su liberalidad: Mas hombre de verdad, ¿quién lo hallará?7El justo que camina en su integridad, Bienaventurados serán sus hijos después de él.8El rey que se sienta en el trono de juicio, Con su mirar disipa todo mal.9¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, Limpio estoy de mi pecado?10Doble pesa y doble medida, Abominación son á Jehová ambas cosas.11Aun el muchacho es conocido por sus hechos, Si su obra fuere limpia y recta.12El oído que oye, y el ojo que ve, Ambas cosas ha igualmente hecho Jehová.13No ames el sueño, porque no te empobrezcas; Abre tus ojos, y te hartarás de pan.14El que compra dice: Malo es, malo es: Mas en apartándose, se alaba.

El vino, el que representa en la Palabra la comunión con las alegrías del mundo, conduce a la burla (v. 1; léase Isaías 28:7 y 14).

Muchas personas que no vacilan en proclamar su propia bondad (v. 6), su moralidad (v. 9; comp. 1 Juan 1:8 y 10), prueban que conocen muy mal su corazón natural. Sólo el nuevo hombre (el justo) puede agradar a Dios al caminar en la fidelidad y la integridad (v. 7). Comparemos nuestro versículo 10 con Deuteronomio 25:13-16: “No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica... Pesa exacta y justa tendrás...”. En la práctica esto quiere decir, por ejemplo, que no debemos juzgar nuestras propias faltas con indulgencia y las de los demás con severidad.

Esto nos lleva al versículo 11. Por más joven que sea un creyente, es exhortado a darse a conocer por lo que él es. Menos por sus palabras que por su conducta; ésta debe ser a la vez limpia y recta, proscribir toda actitud turbia y malsana y toda clase de trampa. Tal conducta se notará porque contrastará con el comportamiento equívoco o deshonesto de muchos de sus compañeros. ¡El Señor nos ayude a todos a darle un valiente testimonio, tomando como modelo la fidelidad que sólo Él realizó perfectamente! (fin del v. 6).

Proverbios 20:15-30
15Hay oro y multitud de piedras preciosas: Mas los labios sabios son vaso precioso.16Quítale su ropa al que salió por fiador del extraño; Y tómale prenda al que fía la extraña.17Sabroso es al hombre el pan de mentira; Mas después su boca será llena de cascajo.18Los pensamientos con el consejo se ordenan: Y con industria se hace la guerra.19El que descubre el secreto, en chismes anda: No te entrometas, pues, con el que lisonjea con sus labios.20El que maldice á su padre ó á su madre, Su lámpara será apagada en oscuridad tenebrosa.21La herencia adquirida de priesa al principio, Aun su postrimería no será bendita.22No digas, yo me vengaré; Espera á Jehová, y él te salvará.23Abominación son á Jehová las pesas dobles; Y el peso falso no es bueno.24De Jehová son los pasos del hombre: ¿Cómo pues entenderá el hombre su camino?25Lazo es al hombre el devorar lo santo, Y andar pesquisando después de los votos.26El rey sabio esparce los impíos. Y sobre ellos hace tornar la rueda.27Candela de Jehová es el alma del hombre, Que escudriña lo secreto del vientre.28Misericordia y verdad guardan al rey; Y con clemencia sustenta su trono.29La gloria de los jóvenes es su fortaleza, Y la hermosura de los viejos la vejez.30Las señales de las heridas son medicina para lo malo: Y las llagas llegan á lo más secreto del vientre.

Se comparó este libro de los Proverbios a un hilo conductor que, «en el laberinto de este mundo en que un paso en falso puede traer tan amargos resultados, nos muestra el camino de la prudencia y de la vida». En medio del aparente desorden de las sentencias, cada uno puede hallar las prácticas instrucciones que necesita para evitar muchos lazos (v. 25). Mentira, chismes, espíritu de venganza, fraude, compromisos no cumplidos...: para ser guardado de esos peligros, es prudente rehuir la compañía de ciertas personas. “No te entremetas, pues, con el suelto de lengua” recomienda el versículo 19. Al frecuentarlo, sólo cosecharemos maledicencias y calumnias, mas ninguna edificación. Y nuestras propias confidencias serán propaladas por todas partes. En contraste, los labios del conocimiento son como un hermoso florero que resalta la belleza del ramo de verdades presentadas (v. 15; Efesios 4:29). Busquemos, pues, la compañía de los que pueden comunicarnos las enseñanzas de la Sabiduría (comp. 8:11 y 19); ésta tiene más precio que el oro perecedero o que muchas piedras preciosas. “La gloria de los jóvenes es su fuerza” (v. 29): una fuerza que tiene su fuente en el Señor y que los hace capaces de vencer al maligno (Efesios 6:10; 1 Juan 2:14).

Proverbios 21:1-14
1COMO los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová: A todo lo que quiere lo inclina.2Todo camino del hombre es recto en su opinión: Mas Jehová pesa los corazones.3Hacer justicia y juicio es á Jehová Más agradable que sacrificio.4Altivez de ojos, y orgullo de corazón, Y el brillo de los impíos, son pecado.5Los pensamientos del solícito ciertamente van á abundancia; Mas todo presuroso, indefectiblemente á pobreza.6Allegar tesoros con lengua de mentira, Es vanidad desatentada de aquellos que buscan la muerte.7La rapiña de los impíos los destruirá; Por cuanto no quisieron hacer juicio.8El camino del hombre perverso es torcido y extraño: Mas la obra del limpio es recta.9Mejor es vivir en un rincón de zaquizamí. Que con la mujer rencillosa en espaciosa casa.10El alma del impío desea mal: Su prójimo no le parece bien.11Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; Y cuando se amonestare al sabio, aprenderá ciencia.12Considera el justo la casa del impío: Cómo los impíos son trastornados por el mal.13El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído.14El presente en secreto amansa el furor, Y el don en el seno, la fuerte ira.

Muchas personas piensan quedar libres para con Dios ofreciéndole de vez en cuando “el sacrificio” de algunas buenas obras. Pretenden redimirse de una vida de pecado observando ciertas formas religiosas. ¡Fatal ilusión! Una sola cosa es agradable a Jehová: la habitual costumbre de practicar lo que es justo y recto (v. 3), pero ello sólo está al alcance del justo, es decir, de aquel a quien Dios hizo tal al justificarle. Hasta su conversión todo hombre se caracteriza por su corazón malo. Sus íntimos deseos se vuelven hacia el mal; él es su propio centro y no tiene un real amor por el prójimo (v. 10) ni verdadera compasión por el desdichado (v. 13). A veces esos sentimientos pueden ser imitados por la amabilidad carnal, o confundidos con cierta sensibilidad natural (un incrédulo puede tener un «buen corazón» o destacarse por su rectitud: v. 2). De hecho, el verdadero bien sólo tiene su fuente en Dios y sólo su perfecto cumplimiento en Cristo. A Él nos trae de vuelta el versículo 12. Él fue el justo por excelencia (comp. Job 34:17) y por tal razón sólo Él tiene derecho a juzgar (Juan 5:27-30). Él considera atentamente la casa del impío y, si verdaderamente no ve ningún arrepentimiento, la derribará en la desdicha (v. 12; Salmo 37:35-36).

Proverbios 21:15-31
15Alegría es al justo hacer juicio; Mas quebrantamiento á los que hacen iniquidad.16El hombre que se extravía del camino de la sabiduría, Vendrá á parar en la compañía de los muertos.17Hombre necesitado será el que ama el deleite: Y el que ama el vino y ungüentos no enriquecerá.18El rescate del justo es el impío, Y por los rectos el prevaricador.19Mejor es morar en tierra del desierto, Que con la mujer rencillosa é iracunda.20Tesoro codiciable y pingüe hay en la casa del sabio; Mas el hombre insensato lo disipará.21El que sigue la justicia y la misericordia, Hallará la vida, la justicia, y la honra.22La ciudad de los fuertes tomó el sabio, Y derribó la fuerza en que ella confiaba.23El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias.24Soberbio y presuntuoso escarnecedor es el nombre Del que obra con orgullosa saña.25El deseo del perezoso le mata, Porque sus manos no quieren trabajar.26Hay quien todo el día codicia: Mas el justo da, y no desperdicia.27El sacrificio de los impíos es abominación: ­Cuánto más ofreciéndolo con maldad!28El testigo mentiroso perecerá: Mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho.29El hombre impío afirma rostro: Mas el recto ordena sus caminos.30No hay sabiduría, ni inteligencia, Ni consejo, contra Jehová.31El caballo se apareja para el día de la batalla: Mas de Jehová es el salvar.

Practicar lo que es justo y recto no sólo es cosa agradable a Jehová (v. 3); es también una alegría para el que la hace (v. 15). Mucha gente se imagina que ser creyente es una penosa obligación. ¡Muy al contrario! El creyente en buen estado espiritual halla su felicidad en la obediencia al Señor y, a la inversa, lo que el mundo llama alegría no tiene ninguna atracción para su corazón (v. 17). La casa del sabio contiene “un tesoro precioso” (la Palabra de Dios, a la que se honra) “y aceite” (el poder del Espíritu Santo: v. 20; comp. 1 Reyes 17:16). Para andar en su camino de justicia y de misericordia (v. 21), el sabio tiene necesidad de ese alimento. Saca de ello la fuerza espiritual necesaria para vencer y abatir la del Adversario (v. 22; Eclesiastés 7:19). Pero, al igual que su fuerza, su sabiduría no tiene nada en común con la del hombre, la cual no puede subsistir ante Dios (v. 30; 1 Corintios 1:19). Seamos de esos verdaderos sabios. ¡Es de desear que las provisiones de la Palabra y los gozos del Espíritu no falten en nuestras casas y que saquemos nuestra fuerza de allí! ¡Sí, nadie se parezca a las vírgenes insensatas de la parábola que no tenían aceite en sus lámparas! (Mateo 25).

Proverbios 22:1-16
1DE más estima es la buena fama que las muchas riquezas; Y la buena gracia más que la plata y el oro.2El rico y el pobre se encontraron: A todos ellos hizo Jehová.3El avisado ve el mal, y escóndese: Mas los simples pasan, y reciben el daño.4Riquezas, y honra, y vida, Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.5Espinas y lazos hay en el camino del perverso: El que guarda su alma se alejará de ellos.6Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.7El rico se enseñoreará de los pobres; Y el que toma prestado, siervo es del que empresta.8El que sembrare iniquidad, iniquidad segará: Y consumiráse la vara de su ira.9El ojo misericordioso será bendito, Porque dió de su pan al indigente.10Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la contienda, Y cesará el pleito y la afrenta.11El que ama la limpieza de corazón, Por la gracia de sus labios su amigo será el rey.12Los ojos de Jehová miran por la ciencia; Mas él trastorna las cosas de los prevaricadores.13Dice el perezoso: El león está fuera; En mitad de las calles seré muerto.14Sima profunda es la boca de las extrañas: Aquel contra el cual estuviere Jehová airado, caerá en ella.15La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la hará alejar de él.16El que oprime al pobre para aumentarse él, Y que da al rico, ciertamente será pobre.

Del mismo polvo Jehová hizo al rico y al pobre (cap. 29:13; Job 31:15). El alma de ellos tiene el mismo valor a sus ojos. La prosperidad —al igual que el poder que resulta de ella— es, pues, cosa efímera, sin común medida con las que tienen consecuencias eternas: “el buen nombre”, “la buena fama” (v. 1). La única riqueza que es de desear es la que Dios dará a los humildes y a los que le temen (v. 4; Mateo 5:5). Las diferencias de fortuna en la tierra sólo deberían ser ocasión para que los más favorecidos ejercitaran sus ojos, su corazón y sus manos (reléase v. 9). Empezar por ver las necesidades que nos rodean, sentirnos conmovidos por ellas y finalmente corresponder a ellas según nuestro poder es obrar como nuestro querido Salvador. “Jesús vio... tuvo compasión... partió los panes y dio...” (Marcos 6:34-41).

Ciertos filósofos incrédulos sostuvieron que el niño nace inocente y que su ambiente lo corrompe. El versículo 15 afirma lo contrario (comp. Génesis 8:21; Salmo 51:5). Pero el muchacho que haya sido educado según la regla de la Palabra (v. 6), después de su conversión dará durante toda su vida los frutos de esa educación.

Proverbios 22:17-29
17Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, Y pon tu corazón á mi sabiduría:18Porque es cosa deleitable, si las guardares en tus entrañas; Y que juntamente sean ordenadas en tus labios.19Para que tu confianza sea en Jehová, Te las he hecho saber hoy á ti también.20¿No te he escrito tres veces En consejos y ciencia,21Para hacerte saber la certidumbre de las razones verdaderas, Para que puedas responder razones de verdad á los que á ti enviaren?22No robes al pobre, porque es pobre, Ni quebrantes en la puerta al afligido:23Porque Jehová juzgará la causa de ellos, Y despojará el alma de aquellos que los despojaren.24No te entrometas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos;25Porque no aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma.26No estés entre los que tocan la mano, Entre los que fían por deudas.27Si no tuvieres para pagar, ¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?28No traspases el término antiguo Que pusieron tus padres.29¿Has visto hombre solícito en su obra? delante de los reyes estará; No estará delante de los de baja suerte.

En esta nueva división de los Proverbios, la Sabiduría deja de expresarse en máximas balanceadas y vuelve a tomar las exhortaciones directas como en los capítulos 1 a 9. Pero no vale la pena hablar a alguien que no esté atento. Antes de que se le imparta cualquier enseñanza, el joven discípulo es invitado, pues, a inclinar su oído y aplicar su corazón a las “cosas excelentes” (v. 20 V. M.; comp. Filipenses 1:10 V. M.), a tomarlas como temas de meditación y de conversación. ¿Y cuál es la meta de esa instrucción? En primer lugar, llevar al discípulo a colocar su confianza en un Dios conocido. Luego, poner a su disposición una “certidumbre” que le sirva para comparar y juzgar todo otro conocimiento. Finalmente, incitarle a que él mismo propague “las palabras de verdad” (v. 17-21).

Las advertencias que siguen tienen un carácter negativo. Detengámonos en el versículo 28: “No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” (comp. cap. 23:10). Muchos hallan demasiado estrechas las bases espirituales sobre las cuales los creyentes de generaciones anteriores vivieron felices y aprobados por Dios. «Cuidado, ¡peligro!» les grita este versículo. Además, invadir los diversos dominios de este mundo es descuidar fatalmente el que nos está reservado, y que es aquel donde se halla el Señor (comp. Salmo 16:6).

Proverbios 23:1-14
1CUANDO te sentares á comer con algún señor, Considera bien lo que estuviere delante de ti;2Y pon cuchillo á tu garganta, Si tienes gran apetito.3No codicies sus manjares delicados, Porque es pan engañoso4No trabajes por ser rico; Pon coto á tu prudencia.5¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque hacerse han alas, Como alas de águila, y volarán al cielo.6No comas pan de hombre de mal ojo, Ni codicies sus manjares:7Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo.8Vomitarás la parte que tú comiste, Y perderás tus suaves palabras.9No hables á oídos del necio; Porque menospreciará la prudencia de tus razones.10No traspases el término antiguo, Ni entres en la heredad de los huérfanos:11Porque el defensor de ellos es el Fuerte, El cual juzgará la causa de ellos contra ti.12Aplica tu corazón á la enseñanza, Y tus oídos á las palabras de sabiduría.13No rehuses la corrección del muchacho: Porque si lo hirieres con vara, no morirá.14Tú lo herirás con vara, Y librarás su alma del infierno.

Los versículos 1 a 6 ponen en guardia contra las codicias. Es tan peligroso desear los manjares delicados de los grandes de este mundo (v. 3) como las del hombre que tiene ojo maligno (v. 6 V. M.; Salmo 141: fin del v. 4). Luego, uno queda ligado a aquellos cuyo favor buscó. El pan de ellos es engañoso. El provecho que se saca en el momento resulta ser más tarde la fuente de muchas miserias. Las preocupaciones son inevitables cuando se persigue el logro de bienes terrenales. La prudencia, tal como los hombres la entienden, los impele a cansarse para adquirirlos. Así se imaginan que aseguran su porvenir y el de sus hijos. Pero, ¡es un cálculo equivocado! Esas riquezas son fugitivas; “...porque se harán alas” (v. 5; comp. Santiago 5:2); por eso la Sabiduría manda que se desista de la intención de hacerse rico (v. 4). La verdadera prudencia consiste no en adquirir riquezas sino en emplear para los demás las de nuestro Señor (Lucas 16:8).

El versículo 13 nos recuerda la negligencia de David en la educación de sus hijos (véase 1 Reyes 1:6). Una corrección corporal no acarrea la muerte. Al contrario, el hecho de no recurrir a ella puede tener un resultado fatal (2 Samuel 18:33). Liberar a nuestra alma del Seol: ¡a la verdad, lo que se juega es capital! Sí, apliquemos nuestro corazón a esa instrucción (v. 12; comp. cap. 22:15).

Proverbios 23:15-35
15Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, También á mí se me alegrará el corazón;16Mis entrañas también se alegrarán, Cuando tus labios hablaren cosas rectas.17No tenga tu corazón envidia de los pecadores, Antes persevera en el temor de Jehová todo tiempo:18Porque ciertamente hay fin, Y tu esperanza no será cortada.19Oye tú, hijo mío, y sé sabio, Y endereza tu corazón al camino.20No estés con los bebedores de vino, Ni con los comedores de carne:21Porque el bebedor y el comilón empobrecerán: Y el sueño hará vestir vestidos rotos.22Oye á tu padre, á aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.23Compra la verdad, y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza, y la inteligencia.24Mucho se alegrará el padre del justo: Y el que engendró sabio se gozará con él.25Alégrense tu padre y tu madre, Y gócese la que te engendró.26Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.27Porque sima profunda es la ramera, Y pozo angosto la extraña.28También ella, como robador, acecha, Y multiplica entre los hombres los prevaricadores.29¿Para quién será el ay? ¿para quién el ay? ¿para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?30Para los que se detienen mucho en el vino, Para los que van buscando la mistura.31No mires al vino cuando rojea, Cuando resplandece su color en el vaso: Entrase suavemente;32Mas al fin como serpiente morderá, Y como basilisco dará dolor:33Tus ojos mirarán las extrañas, Y tu corazón hablará perversidades.34Y serás como el que yace en medio de la mar, O como el que está en la punta de un mastelero.35Y dirás: Hiriéronme, mas no me dolió; Azotáronme, mas no lo sentí; Cuando despertare, aun lo tornaré á buscar.

Cuando se llega a adulto, ¿todavía debe tenerse en cuenta la opinión de los padres? Ciertamente, según el versículo 22. Eso forma parte del honor que se les debe y que no depende de la edad. Para padres creyentes, qué gozo resulta poder ver, cuando los hijos han crecido, los frutos de su educación (v. 15, 16 y 24; y qué relieve toma este versículo 24 si lo aplicamos al gozo que el Padre halló en el Hijo amado, el Justo y Sabio por excelencia, como lo vemos en Mateo 3:17). Pero sobre todo, y aun antes que nuestros padres, el Señor tiene derechos sobre nosotros. “Dame, hijo mío, tu corazón” nos dice Él a cada uno de nosotros (v. 26). No te pido primero tal parte de tus recursos o de tu tiempo, sino tus afectos. El resto vendrá luego. Al darme tu corazón por entero —dice Jesús— no haces sino devolverme lo que me pertenece, porque él es mi salario, tan caramente adquirido en las horas de la cruz. Los macedonios mencionados por Pablo en 2 Corintios 8 se habían dado ellos mismos al Señor.

El fin del capítulo describe la trágica inconsciencia de aquel a quien embrutece el alcohol. Está vencido por el vino (Isaías 28:1 fin), incapaz de resistir a las tentaciones carnales (v. 33) y se arruina completamente (v. 21).

Querido amigo, ¿qué vas a hacer de tu corazón?

Proverbios 24:1-22
1NO tengas envidia de los hombres malos, Ni desees estar con ellos:2Porque su corazón piensa en robar, E iniquidad hablan sus labios.3Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará;4Y con ciencia se henchirán las cámaras De todo bien preciado y agradable.5El hombre sabio es fuerte; Y de pujante vigor el hombre docto.6Porque con ingenio harás la guerra: Y la salud está en la multitud de consejeros.7Alta está para el insensato la sabiduría: En la puerta no abrirá él su boca.8Al que piensa mal hacer Le llamarán hombre de malos pensamientos.9El pensamiento del necio es pecado: Y abominación á los hombres el escarnecedor.10Si fueres flojo en el día de trabajo, Tu fuerza será reducida.11Si dejares de librar los que son tomados para la muerte, Y los que son llevados al degolladero;12Si dijeres: Ciertamente no lo supimos; ¿No lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, Y dará al hombre según sus obras.13Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, Y del panal dulce á tu paladar:14Tal será el conocimiento de la sabiduría á tu alma: Si la hallares tendrá recompensa, Y al fin tu esperanza no será cortada.15Oh impío, no aceches la tienda del justo, No saquees su cámara;16Porque siete veces cae el justo, y se torna á levantar; Mas los impíos caerán en el mal.17Cuando cayere tu enemigo, no te huelgues; Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón:18Porque Jehová no lo mire, y le desagrade, Y aparte de sobre él su enojo.19No te entrometas con los malignos, Ni tengas envidia de los impíos;20Porque para el malo no habrá buen fin, Y la candela de los impíos será apagada.21Teme á Jehová, hijo mío, y al rey; No te entrometas con los veleidosos:22Porque su quebrantamiento se levantará de repente; Y el quebrantamiento de ambos, ¿quién lo comprende?

Para nosotros, los cristianos, aquellos que hacen el mal pueden ser objeto de envidia (v. 1) o de enojo (v. 19 V. M.; Salmo 37:1). Tales sentimientos solamente prueban nuestro mal estado espiritual. ¡Ver a pobres pecadores debería más bien suscitar en nosotros la compasión y el celo evangélico para advertirlos y librarlos de la muerte! (Ezequiel 3:18; Hechos 20:26). No invoquemos la ignorancia para disculparnos por no hacer nada. “El que pesa los corazones” (v. 12; comp. cap. 21:2) conoce nuestros verdaderos motivos: falta de amor, temor al oprobio o debilidad de nuestras propias convicciones.

Pero, ¿por qué tan a menudo los malos tienen una vida fácil mientras que a veces los fieles son penosamente probados? La llave de ese enigma nos es dada por un vocablo: el porvenir. “No habrá porvenir para el hombre malo” (v. 20 V. M.), su fin es la perdición hacia la cual es llevado sin resistencia (comp. Salmo 73:17). Tropieza para caer en el mal (v. 16). En cambio, hay “un porvenir” (v. 14 V. M.) para aquel que halló la Sabiduría, esa divina Sabiduría, quien es Cristo mismo (cap. 8:22). Y la esperanza del creyente no será reducida a la nada, porque el objeto de esa esperanza es incluso la misma persona: el Señor Jesús que viene.

Proverbios 24:23-34
23También estas cosas pertenecen á los sabios. Tener respeto á personas en el juicio no es bueno.24El que dijere al malo, Justo eres, Los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones:25Mas los que lo reprenden, serán agradables, Y sobre ellos vendrá bendición de bien.26Besados serán los labios Del que responde palabras rectas.27Apresta tu obra de afuera, Y disponla en tu heredad; Y después edificarás tu casa.28No seas sin causa testigo contra tu prójimo; Y no lisonjees con tus labios.29No digas: Como me hizo, así le haré; Daré el pago al hombre según su obra.30Pasé junto á la heredad del hombre perezoso, Y junto á la viña del hombre falto de entendimiento;31Y he aquí que por toda ella habían ya crecido espinas, Ortigas habían ya cubierto su haz, Y su cerca de piedra estaba ya destruída.32Y yo miré, y púse lo en mi corazón: Vi lo, y tomé consejo.33Un poco de sueño, cabeceando otro poco, Poniendo mano sobre mano otro poco para dormir;34Así vendrá como caminante tu necesidad, Y tu pobreza como hombre de escudo.

Esta corta división termina lo que se llama “las palabras de los sabios” (cap. 22:17).

Cuando los hombres procuran agradar a sus semejantes, a menudo es en detrimento de la justicia y de la verdad. El hombre de Dios debe ser irreprochable desde ese punto de vista (v. 23-25).

El versículo 27 recuerda al joven creyente que, antes de pensar en fundar un hogar, debe tratar de asegurarse los recursos, de estar en condiciones para atender las necesidades de los suyos. “Después edificarás tu casa”. Pero un novato corre el riesgo de un desastre si se lanza solo a realizar una construcción. El versículo 3 de este capítulo nos designa en este caso un arquitecto en el cual podemos confiar enteramente: la Sabiduría, es decir, el Señor (comp. Salmo 127:1). La vida del creyente fiel está hecha de equilibrio. Dejar obrar al Señor no le impide ser activo y diligente, porque tuvo la oportunidad de observar a qué decadencia conduce la pereza en todos los aspectos (v. 30-34). Querido amigo, para evitar la escasez espiritual en su futuro hogar, el versículo 4 le invita a llenar de antemano, mediante el conocimiento, los compartimentos de su memoria. Y Dios hará llegar a su corazón todos los preciosos y agradables bienes que usted haya hallado en la Palabra (Mateo 13:52).

Proverbios 25:1-15
1TAMBIÉN estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezechîas, rey de Judá.2Gloria de Dios es encubrir la palabra; Mas honra del rey es escudriñar la palabra.3Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, Y para el corazón de los reyes, no hay investigación.4Quita las escorias de la plata, Y saldrá vaso al fundidor.5Aparta al impío de la presencia del rey, Y su trono se afirmará en justicia.6No te alabes delante del rey, Ni estés en el lugar de los grandes:7Porque mejor es que se te diga, Sube acá, Que no que seas humillado delante del príncipe Que miraron tus ojos.8No salgas á pleito presto, No sea que no sepas qué hacer al fin, Después que tu prójimo te haya dejado confuso.9Trata tu causa con tu compañero Y no descubras el secreto á otro.10No sea que te deshonre el que lo oyere, Y tu infamia no pueda repararse.11Manzana de oro con figuras de plata Es la palabra dicha como conviene.12Como zarcillo de oro y joyel de oro fino, Es el que reprende al sabio que tiene oído dócil.13Como frío de nieve en tiempo de la siega, Así es el mensajero fiel á los que lo envían: Pues al alma de su señor da refrigerio.14Como nubes y vientos sin lluvia, Así es el hombre que se jacta de vana liberalidad.15Con larga paciencia se aplaca el príncipe; Y la lengua blanda quebranta los huesos.

Aquí empieza la tercera parte del libro. Los servidores de Ezequías —ese rey que “ejecutó lo bueno, recto y verdadero... de acuerdo con la ley y los mandamientos... lo hizo de todo corazón” (2 Crónicas 31:20-21)— colocaron a la cabeza lo que concierne a los reyes: su gloria (v. 2, la cual no es la de 2 Crónicas 32:27), su corazón (v. 3), su trono (v. 5), lo que conviene a su presencia (v. 6). La mayoría de esos proverbios apelan a comparaciones poéticas que nos ayudan a comprenderlos y retenerlos. Los versículos 8 a 10 nos invitan a obrar con prudencia y discreción para con nuestro prójimo, por temor a que quedemos confundidos luego. Los versículos 11 a 15 tratan de las palabras. Una palabra “dicha como conviene” es un fruto de la justicia divina (el oro), pero siempre asociada a la gracia (la plata). Aun cuando se trate de una reprimenda, tendrá precio para el oído que sepa escucharla (v. 12).

El versículo 13 nos recuerda lo que debemos ser: mensajeros fieles. «Cumplir fielmente el mensaje que Dios nos confió no sólo es un refrigerio para los que lo reciben, sino una satisfacción para el corazón de Aquel que nos envía. ¿Pensamos lo bastante en ello?» (H. R.).

Proverbios 25:16-28
16¿Hallaste la miel? come lo que te basta; No sea que te hartes de ella, y la vomites.17Detén tu pie de la casa de tu vecino, Porque harto de ti no te aborrezca.18Martillo y cuchillo y saeta aguda, Es el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio.19Diente quebrado y pie resbalador, Es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia.20El que canta canciones al corazón afligido, Es como el que quita la ropa en tiempo de frío, ó el que sobre el jabón echa vinagre.21Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan; Y si tuviere sed, dale de beber agua:22Porque ascuas allegas sobre su cabeza, Y Jehová te lo pagará.23El viento del norte ahuyenta la lluvia, Y el rostro airado la lengua detractora.24Mejor es estar en un rincón de casa, Que con la mujer rencillosa en espaciosa casa.25Como el agua fría al alma sedienta, Así son las buenas nuevas de lejanas tierras.26Como fuente turbia y manantial corrompido, Es el justo que cae delante del impío.27Comer mucha miel no es bueno: Ni el buscar la propia gloria es gloria.28Como ciudad derribada y sin muro, Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.

La miel es buena, pero si quisiéramos hacerla nuestro único alimento, pronto nos sentiríamos hastiados de ella. Igualmente los afectos naturales: la amistad, las alegrías de la familia... son agradables y dulces, pero no deben tomar demasiado lugar, a riesgo de transformarse en egoísmo o de llevar a la saciedad (v. 16 y 27).

El Evangelio es la buena nueva por excelencia, agua viva para las almas sedientas (comp. v. 25). Y cada creyente es como un canal por el cual puede correr esa agua fresca de la gracia para dar de beber a otros (Juan 7:38). Pero ¡cuidado! un poco de barro en una fuente basta para que su agua sea imbebible. Una falta de firmeza ante el malo, un momento de flojedad y ahí está la fuente turbia y corrompida como cuando se revuelve con un palo el fondo de un arroyo límpido (v. 26).

No gobernar el espíritu es entregarlo sin defensa —cual ciudad sin muros— a todos los asaltos del enemigo (v. 28). Las impaciencias, los resentimientos, los celos, la soberbia, las dudas, las codicias... todos los batallones de malos pensamientos pronto se habrán dado cita en él. En este sentido 1 Pedro 1:13 nos invita a ceñir los lomos de nuestro entendimiento y a ser sobrios o, dicho de otro modo, a contener nuestra imaginación.

Proverbios 26:1-12
1COMO la nieve en el verano, y la lluvia en la siega, Así conviene al necio la honra.2Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, Así la maldición sin causa nunca vendrá.3El látigo para el caballo, y el cabestro para el asno, Y la vara para la espalda del necio.4Nunca respondas al necio en conformidad á su necedad, Para que no seas tú también como él.5Responde al necio según su necedad, Porque no se estime sabio en su opinión.6Como el que se corta los pies y bebe su daño, Así es el que envía algo por mano de un necio.7Alzar las piernas del cojo. Así es el proverbio en la boca del necio.8Como quien liga la piedra en la honda, Así hace el que al necio da honra.9Espinas hincadas en mano del embriagado, Tal es el proverbio en la boca de los necios.10El grande cría todas las cosas; y da la paga al insensato, Y la da á los transgresores.11Como perro que vuelve á su vómito, Así el necio que repite su necedad.12¿Has visto hombre sabio en su opinión? Más esperanza hay del necio que de él.

No es la honra sino la vara lo que conviene al necio para hacerle tomar el camino de la sabiduría (v. 1-8). De una manera general, la disciplina del Señor y la reprensión del justo nos hacen progresar más que los cumplidos y las honras. Pero no actuemos sin inteligencia, como esos animales domésticos a los que sólo el látigo y la rienda son capaces de hacer obedecer cuando “no se acercan a ti” (v. 3; Salmo 32:9). En efecto, ¡cuán preferible es adquirir sabiduría al dejarnos instruir por la Palabra antes que hacer penosas experiencias!

El ejemplo del profeta Micaías ante Acab nos muestra que los versículos 4 y 5 no se contradicen (1Reyes 22:13-28). Al contestar al rey insensato según su locura (v. 15), Micaías turbó su conciencia, haciéndole sentir a disgusto. Al contestarle luego según los divinos pensamientos y no según su locura, el varón de Dios mostró claramente que no tenía nada que ver con ésta (v. 17). También nosotros dejémonos conducir por el Espíritu de Dios para saber —según la oportunidad— cuál de las dos respuestas hemos de darle al necio.

Un andar cojo, trátese del justo (cap. 25:26) o del necio (cap. 26:7 y 9), quita toda la fuerza al testimonio verbal. Sí, cuidemos que nuestro andar prepare el Evangelio de la paz (Efesios 6:15).

Proverbios 26:13-28
13Dice el perezoso: El león está en el camino; El león está en las calles.14Las puertas se revuelven en sus quicios: Así el perezoso en su cama.15Esconde el perezoso su mano en el seno; Cánsase de tornarla á su boca.16A su ver es el perezoso más sabio Que siete que le den consejo.17El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno, Es como el que toma al perro por las orejas.18Como el que enloquece, y echa llamas Y saetas y muerte,19Tal es el hombre que daña á su amigo, Y dice: Ciertamente me chanceaba.20Sin leña se apaga el fuego: Y donde no hay chismoso, cesa la contienda.21El carbón para brasas, y la leña para el fuego: Y el hombre rencilloso para encender contienda.22Las palabras del chismoso parecen blandas; Mas ellas entran hasta lo secreto del vientre.23Como escoria de plata echada sobre el tiesto, Son los labios enardecidos y el corazón malo.24Otro parece en los labios al que aborrece; Mas en su interior pone engaño.25Cuando hablare amigablemente, no le creas; Porque siete abominaciones hay en su corazón.26Encúbrese el odio con disimulo; Mas su malicia será descubierta en la congregación.27El que cavare sima, caerá en ella: Y el que revuelva la piedra, á él volverá.28La falsa lengua atormenta al que aborrece: Y la boca lisonjera hace resbaladero.

Después del retrato del necio (v. 1-12), vemos aquí otros personajes igualmente detestables. El primero es el perezoso (v. 13-16), a quien ya encontramos a menudo. Toma como pretextos peligros o dificultades imaginarios para sustraerse a sus deberes (v. 13) y hasta descuida de alimentarse (v. 15). “La puerta gira sobre sus quicios” (v. 14); «efectúa un movimiento de vaivén, pero queda en el mismo lugar. ¡Preguntémonos si avanzamos más que ella, si hicimos algunos progresos en nuestra vida cristiana!» escribió un creyente. El perezoso se vuelve en su cama. Es posible moverse y agitarse sin llevar a cabo ninguna actividad útil.

También se describe al pendenciero (v. 17-21). El hábil para atizar el fuego de las disputas. Pero el versículo 17 tiene muchas aplicaciones. Tomar partido por conflictos sociales, sindicales, políticos... expone a un hijo de Dios a crueles «mordeduras». Vienen luego el chismoso —quien también contribuye a alimentar las querellas (v. 20-22)— y el falso, quien disfraza el odio de su corazón bajo amables palabras... (v. 23-25; ejemplo 2 Samuel 20:9-10; Jeremías 12:6). Jesús tuvo que ver con diferentes formas de maldad y de hipocresía denunciadas en estos versículos (Mateo 17:17; Salmo 38:12). ¡Cuánto sufrió a causa de ellas!

Proverbios 27:1-13
1NO te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día.2Alábete el extraño, y no tu boca; El ajeno, y no tus labios.3Pesada es la piedra, y la arena pesa; Mas la ira del necio es más pesada que ambas cosas.4Cruel es la ira, é impetuoso el furor; Mas ¿quién parará delante de la envidia?5Mejor es reprensión manifiesta Que amor oculto.6Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece.7El alma harta huella el panal de miel; Mas al alma hambrienta todo lo amargo es dulce.8Cual ave que se va de su nido, Tal es el hombre que se va de su lugar.9El ungüento y el perfume alegran el corazón: Y el amigo al hombre con el cordial consejo.10No dejes á tu amigo, ni al amigo de tu padre; Ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejano.11Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, Y tendré qué responder al que me deshonrare.12El avisado ve el mal, y escóndese, Mas los simples pasan, y llevan el daño.13Quítale su ropa al que fió al extraño; Y al que fió á la extraña, tómale prenda.

Jactarse del día de mañana (v. 1) es disponer de él como si nos perteneciera: hacer proyectos firmes, contraer compromisos a término o salir fiador de alguien (v. 13). Volvamos a leer lo que nos dice Santiago a ese respecto (cap. 4:13-16). Por otra parte, este versículo 1 se dirige muy especialmente a los que difieren para más tarde la cuestión de su salvación. 2 Corintios 6:2 les repite con insistencia: “He aquí el día de salvación”.

Es dulce poder contar con un amigo. Sus afectuosos consejos vienen de su corazón y alegran el nuestro (v. 9). Pero el verdadero amigo no es aquel que nos dice siempre palabras amables. Al contrario, sabrá dirigirnos una justa reprimenda, aun cuando nuestro orgullo se sintiera herido. Así es Jesús, el fiel Amigo. Nos ama demasiado para andarse con contemplaciones. A menudo los cirujanos están obligados a abrir profundas heridas para alcanzar los órganos internos y extirpar el mal. Ocurre lo mismo en el sentido espiritual. “Los azotes que hieren son medicina para el malo y el castigo purifica el corazón” (cap. 20:30). Sí, aceptemos sin murmurar esas necesarias heridas, reconociendo en ellas la dulce y segura mano de nuestro supremo Amigo.

Proverbios 27:14-27
14El que bendice á su amigo en alta voz, madrugando de mañana, Por maldición se le contará.15Gotera continua en tiempo de lluvia, Y la mujer rencillosa, son semejantes:16El que pretende contenerla, arresta el viento: O el aceite en su mano derecha.17Hierro con hierro se aguza; Y el hombre aguza el rostro de su amigo.18El que guarda la higuera, comerá su fruto; Y el que guarda á su señor, será honrado.19Como un agua se parece á otra, Así el corazón del hombre al otro.20El sepulcro y la perdición nunca se hartan: Así los ojos del hombre nunca están satisfechos.21El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro: Y al hombre la boca del que lo alaba.22Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo á pisón majados, No se quitará de él su necedad.23Considera atentamente el aspecto de tus ovejas; Pon tu corazón á tus rebaños:24Porque las riquezas no son para siempre; ¿Y será la corona para perpetuas generaciones?25Saldrá la grama, aparecerá la hierba, Y segaránse las hierbas de los montes.26Los corderos para tus vestidos, Y los cabritos para el precio del campo:27Y abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, y para mantenimiento de tu casa, Y para sustento de tus criadas.

Estos versículos tratan particularmente de la vida doméstica y de la amistad. Seamos cautelosos para escoger a un amigo. Tengamos la seguridad de que él comparte nuestra fe, que tendremos la libertad de arrodillarnos juntos y que él será capaz de aguzar (o animar) nuestro rostro (v. 17). Pero la amistad no tiene dirección única. Y cuando nos quejamos de la falta de amor de los demás, siempre es una prueba de que lo manifestamos poco nosotros mismos. Porque el amor responde al amor (v. 19).

El versículo 20 nos recuerda que el carácter de los ojos es el de insaciables (1 Juan 2:16) y el versículo 22 que la necedad está indisolublemente ligada a la naturaleza humana (véase también 22:15; Eclesiastés 9:3; Romanos 3:11). Ninguna presión puede alejarla de modo duradero. ¿Comprobación demasiado pesimista? ¡Por desgracia, no! El hombre se halla en permanente estado de rebeldía contra su Creador, rehúsa la gracia ofrecida, no deja de obrar en contra de sus eternos intereses... ¿y no llamaríamos a esto locura? Entonces, ¿cómo hacerse sabio? Al recibir por Cristo la vida divina.

Los versículos 23 a 27 nos hablan de previsión humana, de bienes terrenales y de una corona perecedera. Cristianos, seamos previsores, pero para asegurarnos bienes duraderos (cap. 8:18; Lucas 12:33) y una corona incorruptible (1 Corintios 9:25).

Proverbios 28:1-14
1HUYE el impío sin que nadie lo persiga: Mas el justo está confiado como un leoncillo.2Por la rebelión de la tierra sus príncipes son muchos: Mas por el hombre entendido y sabio permanecerá sin mutación.3El hombre pobre y robador de los pobres, Es lluvia de avenida y sin pan.4Los que dejan la ley, alaban á los impíos: Mas los que la guardan, contenderán con ellos.5Los hombres malos no entienden el juicio: Mas los que buscan á Jehová, entienden todas las cosas.6Mejor es el pobre que camina en su integridad, Que el de perversos caminos, y rico.7El que guarda la ley es hijo prudente: Mas el que es compañero de glotones, avergüenza á su padre.8El que aumenta sus riquezas con usura y crecido interés, Para que se dé á los pobres lo allega.9El que aparta su oído para no oir la ley, Su oración también es abominable.10El que hace errar á los rectos por el mal camino, Él caerá en su misma sima: Mas los perfectos heredarán el bien.11El hombre rico es sabio en su opinión: Mas el pobre entendido lo examinará.12Cuando los justos se alegran, grande es la gloria; Mas cuando los impíos son levantados, es buscado el hombre.13El que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.14Bienaventurado el hombre que siempre está temeroso: Mas el que endurece su corazón, caerá en mal.

El versículo 1 nos recuerda los espantos anunciados como castigo sobre el Israel culpable (Levítico 26:36-38). En general, el comportamiento de un hombre depende del estado de su conciencia (v. 1). Si es mala, él se sentirá siempre inquieto y verá señales de peligro por todas partes. Al contrario, si es buena, tendrá seguridad ante Dios y los hombres (1 Juan 3:21; Génesis 3:8). El versículo 13 es capital. Le traza al pecador el camino del arrepentimiento y del perdón. También explica por qué ciertos cristianos no hacen progresos. Para volver a hallar el camino de la comunión con Dios es indispensable confesar las faltas propias. Pero, luego, todavía es necesario abandonarlas con la ayuda del Señor. Si no, la confesión no se hace con rectitud; casi se puede decir que es mofarse de Dios.

En suma, muchas más cosas de las que pensamos resultan de nuestro estado moral. Por ejemplo, la verdadera inteligencia es la parte de los que buscan a Jehová. Entienden todas las cosas (v. 5), mientras que hay personas que no dejan de formular las mismas preguntas, en el fondo porque la persona de Cristo tiene poco valor para ellas. El versículo 9 nos muestra que la obediencia a Dios y la respuesta a las oraciones están igualmente ligadas (comp. Juan 15:7).

Proverbios 28:15-28
15León rugiente y oso hambriento, Es el príncipe impío sobre el pueblo pobre.16El príncipe falto de entendimiento multiplicará los agravios: Mas el que aborrece la avaricia, prolongará sus días.17El hombre que hace violencia con sangre de persona, Huirá hasta el sepulcro, y nadie le detendrá.18El que en integridad camina, será salvo; Mas el de perversos caminos caerá en alguno.19El que labra su tierra, se hartará de pan: Mas el que sigue los ociosos, se hartará de pobreza.20El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones: Mas el que se apresura á enriquecer, no será sin culpa.21Tener acepción de personas, no es bueno: Hasta por un bocado de pan prevaricará el hombre.22Apresúrase á ser rico el hombre de mal ojo; Y no conoce que le ha de venir pobreza.23El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia Que el que lisonjea con la lengua.24El que roba á su padre ó á su madre, y dice que no es maldad, Compañero es del hombre destruidor.25El altivo de ánimo suscita contiendas: Mas el que en Jehová confía, medrará.26El que confía en su corazón es necio; Mas el que camina en sabiduría, será salvo.27El que da al pobre, no tendrá pobreza: Mas el que aparta sus ojos, tendrá muchas maldiciones.28Cuando los impíos son levantados, esconderáse el hombre: Mas cuando perecen, los justos se multiplican.

Querer conciliar el camino ancho y fácil de nuestra propia voluntad y el camino estrecho de la obediencia al Señor es tener un andar tortuoso que terminará en una caída cierta (v. 18). La meta que un hombre persigue, sea la de enriquecerse (v. 20) o simplemente la de obtener un pedazo de pan (v. 21), es para él la ocasión (y la excusa) para cometer muchas transgresiones. Se oye decir: «El fin justifica los medios». ¡Qué contraste con el Hombre perfecto! En el desierto, Él rechazó la sugestión del Tentador de que se procurara pan de otro modo que no era recibiéndolo de su Padre.

Los versículos 22 a 27 muestran que la prudencia de los hombres acaban en cálculos equivocados en distintos campos: parece más hábil lisonjear al prójimo que reprenderle, si se quiere ganar su favor. Sin embargo, más tarde resultará lo inverso (v. 23). Antes de dar a los demás, el «buen sentido» manda asegurarse de que a uno mismo no le faltará nada. ¡Algunos llegarán hasta a hablar de «caridad bien entendida»! Pero la promesa del versículo 27 hace depender nuestro bienestar de nuestra generosidad. Dios se compromete a subvenir a las necesidades de los que así hayan dado una prueba a la vez de amor y de confianza en Él (Salmo 41:1-3).

Proverbios 29:1-14
1EL hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado; ni habrá para él medicina.2Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra: Mas cuando domina el impío, el pueblo gime.3El hombre que ama la sabiduría, alegra á su padre: Mas el que mantiene rameras, perderá la hacienda.4El rey con el juicio afirma la tierra: Mas el hombre de presentes la destruirá.5El hombre que lisonjea á su prójimo, Red tiende delante de sus pasos.6En la prevaricación del hombre malo hay lazo: Mas el justo cantará y se alegrará.7Conoce el justo la causa de los pobres: Mas el impío no entiende sabiduría.8Los hombres escarnecedores enlazan la ciudad: Mas los sabios apartan la ira.9Si el hombre sabio contendiere con el necio, Que se enoje ó que se ría, no tendrá reposo.10Los hombres sanguinarios aborrecen al perfecto: Mas los rectos buscan su contentamiento.11El necio da suelta á todo su espíritu; Mas el sabio al fin le sosiega.12Del señor que escucha la palabra mentirosa, Todos sus ministros son impíos.13El pobre y el usurero se encontraron: Jehová alumbra los ojos de ambos.14El rey que juzga con verdad á los pobres, Su trono será firme para siempre.

En este libro el sabio y el necio, el justo y el malo, el pobre y el rico, el rey y el servidor son considerados según sus relaciones recíprocas y sus responsabilidades ante Dios.

Los versículos 1 y 2 se conectan con el capítulo 28. “El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado...”. Si el orgullo de un hombre no es quebrantado, él mismo lo será repentinamente y sin remedio junto con el inicuo (cap. 6:15). Tal fue la suerte de Faraón, de Saúl, de Absalón... Pero siempre es grave, aun para un creyente, menospreciar la disciplina del Señor (Hebreos 12:5). “El hombre que ama la sabiduría alegra a su padre...” (v. 3). Este versículo, veraz en lo que toca a nuestras familias, con más razón es aplicable a la familia de Dios. Es un gozo para el Padre ver cómo sus hijos aman la Sabiduría, la que es Jesucristo mismo (2 Juan 4; 3 Juan 4).

Varios versículos nos hablan de la justicia. Se la exige especialmente del gobernante o del rey (v. 4, 12 y 14), pero todos los que son justos (v. 7; es decir, justificados por la obra de Cristo) deben tomar conocimiento de la causa del pobre con simpatía, con interés.

Todas esas enseñanzas se refieren especialmente a la vida en sociedad.

Proverbios 29:15-27
15La vara y la corrección dan sabiduría: Mas el muchacho consentido avergonzará á su madre.16Cuando los impíos son muchos, mucha es la prevaricación; Mas los justos verán la ruina de ellos.17Corrige á tu hijo, y te dará descanso, Y dará deleite á tu alma.18Sin profecía el pueblo será disipado: Mas el que guarda la ley, bienaventurado él.19El siervo no se corregirá con palabras: Porque entiende, mas no corresponde.20¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él.21El que regala á su siervo desde su niñez, A la postre será su hijo:22El hombre iracundo levanta contiendas; Y el furioso muchas veces peca.23La soberbia del hombre le abate; Pero al humilde de espíritu sustenta la honra.24El aparcero del ladrón aborrece su vida; Oirá maldiciones, y no lo denunciará.25El temor del hombre pondrá lazo: Mas el que confía en Jehová será levantado.26Muchos buscan el favor del príncipe: Mas de Jehová viene el juicio de cada uno.27Abominación es á los justos el hombre inicuo; Y abominación es al impío el de rectos caminos.

“La vara y la corrección dan sabiduría...”. La vara puede ser empleada en un sentido estricto para con los niños o bien tomar todas las formas de la disciplina del Señor para con los suyos. No hay peor castigo que el de ser abandonado a sí mismo (v. 15; Salmo 81:12).

La precipitación en las palabras (v. 20), la ira (v.22), la soberbia (v. 23) están en el origen de muchas transgresiones. Pero, en contraste con el primer Adán, este versículo 23 dirige nuestras miradas hacia Jesús. Su camino de humildad sin par tiene por contrapartida la suprema gloria (comp. Filipenses 2:5-11).

El temor del hombre arma otra trampa; no puede ir a la par con el temor de Dios (v. 25). Al querer agradar a los hombres (o no desagradarles) se deja de agradar al Señor. ¡Cuántos fueron arrastrados al mal por malos compañeros, a los cuales no se atrevieron a decirles no! Si hemos de tomar una valiente posición y tememos sus consecuencias, confiemos en Dios; Él nos pondrá en un “alto refugio”.

Finalmente, el versículo 27 nos recuerda que no hay comunión alguna entre la justicia y la iniquidad (2 Corintios 6:14-15). ¡Dios nos guarde en su comunión!

Proverbios 30:1-14
1PALABRAS de Agur, hijo de Jachê: La profecía que dijo el varón á Ithiel, á Ithiel y á Ucal.2Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, Ni tengo entendimiento de hombre.3Yo ni aprendí sabiduría, Ni conozco la ciencia del Santo.4¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?5Toda palabra de Dios es limpia: Es escudo á los que en él esperan.6No añadas á sus palabras, porque no te reprenda, Y seas hallado mentiroso.7Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera.8Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan que he menester;9No sea que me harte, y te niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? O no sea que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.10No acuses al siervo ante su señor, Porque no te maldiga, y peques.11Hay generación que maldice á su padre, Y á su madre no bendice.12Hay generación limpia en su opinión, Si bien no se ha limpiado su inmundicia.13Hay generación cuyos ojos son altivos, Y cuyos párpados son alzados.14Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, Para devorar á los pobres de la tierra, y de entre los hombres á los menesterosos.

Hasta aquí Dios habló por Salomón, el más sabio entre los sabios. Pero ahora, como para mostrar que su Libro no debe nada a la inteligencia humana, Él se sirve de Agur, un hombre que reconoce ser más rudo que ninguno.

Después de haberse presentado así (v. 2) y habiendo confesado su profunda ignorancia, Agur empieza por formular preguntas fundamentales: ¿Quién es el Creador? ¿Quién es su Hijo? ¿Cómo acceder al cielo? Para contestarlas, fue necesario que Dios se revelara, que bajara Él mismo de ese cielo al cual el hombre no podía subir y que comunicara sus gloriosos consejos en su limpia Palabra (v. 5; comp. las preguntas del v. 4 con Juan 3:13; Efesios 4:10; Marcos 4:41; Lucas 1:31-32).

Agur conoce su mente limitada, pero también sabe que su corazón es perverso y dirige a Dios una doble oración, pidiendo: 1) que la vanidad (la búsqueda de la propia estima, de la buena opinión de los hombres) y la palabra de mentira se alejen de él; 2) que permanezca dependiente porque mide los peligros tanto de la riqueza como de la pobreza. ¡Sabias peticiones en las cuales podemos inspirarnos!

Sin ilusión acerca de sí mismo, Agur también conoce los principios del mundo: rebeldía, propia justicia, altivez y opresión (v. 11-14). ¿Mejoró nuestra “generación” en relación con la suya?

Proverbios 30:15-33
15La sanguijuela tiene dos hijas que se llaman, Trae, trae. Tres cosas hay que nunca se hartan; Aun la cuarta nunca dice, Basta:16El sepulcro, y la matriz estéril, La tierra no harta de aguas, Y el fuego que jamás dice, Basta.17El ojo que escarnece á su padre, Y menosprecia la enseñanza de la madre, Los cuervos lo saquen de la arroyada, Y tráguenlo los hijos del águila.18Tres cosas me son ocultas; Aun tampoco sé la cuarta:19El rastro del águila en el aire; El rastro de la culebra sobre la peña; El rastro de la nave en medio de la mar; Y el rastro del hombre en la moza.20Tal es el rastro de la mujer adúltera: Come, y limpia su boca, Y dice: No he hecho maldad.21Por tres cosas se alborota la tierra, Y la cuarta no puede sufrir:22Por el siervo cuando reinare; Y por el necio cuando se hartare de pan;23Por la aborrecida cuando se casare; Y por la sierva cuando heredare á su señora.24Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, Y las mismas son más sabias que los sabios:25Las hormigas, pueblo no fuerte, Y en el verano preparan su comida;26Los conejos, pueblo nada esforzado, Y ponen su casa en la piedra;27Las langostas, no tienen rey, Y salen todas acuadrilladas;28La araña, ase con las manos, Y está en palacios de rey.29Tres cosas hay de hermoso andar, Y la cuarta pasea muy bien:30El león, fuerte entre todos los animales, Que no torna atrás por nadie;31El lebrel ceñido de lomos; asimismo el macho cabrío; Y un rey contra el cual ninguno se levanta.32Si caiste, fué porque te enalteciste; Y si mal pensaste, Pon el dedo sobre la boca.33Ciertamente el que exprime la leche, sacará manteca; Y el que recio se suena las narices, sacará sangre: Y el que provoca la ira, causará contienda.

Para nuestra instrucción Agur observó o reagrupó cosas peligrosas u odiosas y otras, al contrario, sabias o bellas. La codicia de los ojos y la de la carne reclaman ser satisfechas: “¡Dame! ¡dame!”. Tienen la misma madre insaciable: la sanguijuela, es decir, esa sed de goces que afecta a cada hombre hasta consumir su vida (v. 15-16). A esas codicias se agrega la soberbia (1 Juan 2:16). Se manifiesta de muchas maneras, pero el versículo 17 —al que los jóvenes deben considerar muy seriamente— pone especialmente el acento en el desprecio por la autoridad y el espíritu de independencia. Paralelamente con estos principios del mundo, los versículos 18 y 19 evocan los misteriosos caminos de Dios tanto en juicio como en amor. Los versículos 21 a 23 enumeran cuatro cosas detestables porque trastornan el orden establecido por Dios. Luego nos enteramos de que la sabiduría va a la par con el sentimiento de la propia debilidad, con la prudencia, la confianza, la comunión y la pequeñez (v. 24-28); mientras que la hermosura está ligada al andar (v. 29-31). ¡Cuántas lecciones podemos aprender en la compañía de un hombre que se declara rudo pero cuya humildad lo coloca precisamente en el rango de los sabios según Dios! (1 Corintios 1:26-29; 2:12-13; 8:2).

Proverbios 31:1-9
1PALABRAS del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.2¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿Y qué, hijo de mis deseos?3No des á las mujeres tu fuerza, Ni tus caminos á lo que es para destruir los reyes.4No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, Ni de los príncipes la cerveza.5No sea que bebiendo olviden la ley, Y perviertan el derecho de todos los hijos afligidos.6Dad la cerveza al desfallecido, Y el vino á los de amargo ánimo:7Beban, y olvídense de su necesidad, Y de su miseria no más se acuerden.8Abre tu boca por el mudo, En el juicio de todos los hijos de muerte.9Abre tu boca, juzga justicia, Y el derecho del pobre y del menesteroso.

¿Quién era el rey Lemuel? No se le nombra en ninguna otra parte; todo lo que hemos de conocer de ese joven príncipe son las recomendaciones de su madre, así como su nombre, el que significa dedicado a Dios. “¿Qué, hijo de mis deseos?” exclamó esa piadosa mujer. Así como lo hizo Ana con su hijito Samuel, ella consagró ese niño a Jehová, quien tiene todos los derechos sobre él. Por esta razón, ella se sintió luego responsable de criarlo como un verdadero nazareno. La historia de Israel mostraba a qué podía ser arrastrado un rey por las mujeres o por la bebida (1 Reyes 11; 16:8-9). Se le pone a Lemuel en guardia contra esas malas inclinaciones (Eclesiastés 10:17; Oseas 4:11). Luego recibe exhortaciones positivas: ¡Debe ser el sostén de todos los desheredados y el portavoz de los mudos! Se puede pensar que éste es un papel sin importancia para un rey. Pero estas instrucciones contienen la sustancia del servicio religioso según Santiago 1:27: guardarse sin mancha del mundo (de su aturdimiento, de sus manchas) y preocuparse por los afligidos.

El joven Lemuel se acordó palabra por palabra de “la profecía con que le enseñó su madre”. Si, como él, usted tuvo el privilegio de ser educado por una madre piadosa, cuídese de nunca olvidar la enseñanza de su niñez (cap. 1:8; 6:20-22).

Proverbios 31:10-31
10Mujer fuerte, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepuja largamente á la de piedras preciosas.11El corazón de su marido está en ella confiado, Y no tendrá necesidad de despojo.12Darále ella bien y no mal, Todos los días de su vida.13Buscó lana y lino, Y con voluntad labró de sus manos.14Fué como navío de mercader: Trae su pan de lejos.15Levantóse aun de noche, Y dió comida á su familia, Y ración á sus criadas.16Consideró la heredad, y compróla; Y plantó viña del fruto de sus manos.17Ciñó sus lomos de fortaleza, Y esforzó sus brazos.18Gustó que era buena su granjería: Su candela no se apagó de noche.19Aplicó sus manos al huso, Y sus manos tomaron la rueca.20Alargó su mano al pobre, Y extendió sus manos al menesteroso.21No tendrá temor de la nieve por su familia, Porque toda su familia está vestida de ropas dobles.22Ella se hizo tapices; De lino fino y púrpura es su vestido.23Conocido es su marido en las puertas, Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.24Hizo telas, y vendió; Y dió cintas al mercader.25Fortaleza y honor son su vestidura; Y en el día postrero reirá.26Abrió su boca con sabiduría: Y la ley de clemencia está en su lengua.27Considera los caminos de su casa, Y no come el pan de balde.28Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; Y su marido también la alabó.29Muchas mujeres hicieron el bien; Mas tú las sobrepujaste á todas.30Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: La mujer que teme á Jehová, ésa será alabada.31Dadle el fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos.

Este admirable retrato de la mujer virtuosa nos muestra cómo la Sabiduría (la vida misma de Cristo) puede y debe ser puesta en práctica en todos los detalles de la existencia cotidiana y familiar. Jóvenes cristianas, el Señor les dé el deseo de complacerle, pareciéndose a esa mujer “de acendrada virtud” (v.10 V. M.). ¿Qué es lo que la caracteriza? Ella es activa, alegre, enérgica, caritativa, sabia y afable. Su ámbito es la casa (léase Tito 2:4-5); su atavío, la fuerza y la dignidad (v. 17 y 25; comp. 1 Pedro 3:3...); su meta, honrar a su marido, objeto de su alegre abnegación (v. 23), y producir fruto para él (v. 16). Finalmente su secreto; sólo es revelado en el versículo 30: ella teme a Jehová. Sí, verdaderamente, “¿quién la hallará?”. “De Jehová es la mujer prudente” contesta el capítulo 19:14. Así que ustedes, muchachos, no se fíen de un juicio apresurado ni de las apariencias. “Engañosa es la gracia...” y engañó a muchos. El pasajero encanto de un rostro está lejos de ser siempre el reflejo de verdaderas cualidades cristianas. Y no olviden, al terminar este libro, la exhortación del capítulo 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón”. Porque pertenece primeramente al Señor.

Eclesiastés 1:1-18
1PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem.2Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad.3¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?4Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece.5Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve á su lugar donde torna á nacer.6El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de continuo, y á sus giros torna el viento de nuevo.7Los ríos todos van á la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo.8Todas las cosas andan en trabajo mas que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir.9¿Qué es lo que fué? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.10¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fué en los siglos que nos han precedido.11No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.12Yo el Predicador fuí rey sobre Israel en Jerusalem.13Y dí mi corazón á inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dió Dios á los hijos de los hombres, en que se ocupen.14Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.15Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse.16Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; y mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y ciencia.17Y dí mi corazón á conocer la sabiduría, y también á entender las locuras y los desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de espíritu.18Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

El libro del Eclesiastés puede ser resumido por estas palabras del Señor Jesús: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed” (Juan 4:13). El pozo de Sicar era la imagen de un mundo árido y decepcionante, en el cual no se halla duradera felicidad. La mayoría de los seres humanos se parecen a la pobre samaritana. Sólo están dispuestos a recibir “el agua viva” —don gratuito del Hijo de Dios— después de haber hecho varias veces la experiencia de que el agua de aquí abajo de ninguna manera puede quitar la sed del alma (comp. Jeremías 2:13). ¡Pues bien! esta experiencia ha sido hecha; se halla consignada en este libro de la Biblia a fin de que no la volvamos a hacer. Ha sido hecha por quien, debido a su grandeza y su sabiduría, era el más calificado para explorar “todo lo que se hace debajo del cielo” (v. 13). El Eclesiastés o Predicador no es otro que Salomón, rey en Jerusalén. Su testimonio tiene siempre el mismo valor pues, “nada hay nuevo debajo del sol”. Sin duda, muchas cosas han cambiado de apariencia, pero el corazón del hombre ha permanecido idéntico a sí mismo y las consecuencias del pecado están siempre presentes: “Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse” (v. 15).

Eclesiastés 2:1-11
1DIJE yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.2A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?3Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.4Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas;5Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos;6Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían.7Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem;8Alleguéme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes.9Y fuí engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem: á más de esto perseveró conmigo mi sabiduría.10No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena.11Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer las: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.

Primeramente, el Predicador aplicó su corazón a buscar la sabiduría. ¡Cuántas cosas apasionantes se pueden descubrir en todos los dominios: artes, ciencias, turismo, arqueología...! Mediante medios modernos están puestas hoy al alcance de la juventud. Pero, cuanto más adelanta el sabio en sus investigaciones, tanto más arduos llegan a ser los problemas y tanto más se siente desalentado. El espíritu humano está encarcelado entre los muros de sus propios razonamientos. Sólo la Palabra de Dios libera el pensamiento y comunica el verdadero conocimiento. Penoso trabajo, cansancio, aflicción y dolor: tal ha sido la triste conclusión del sabio (cap. 1:13, 18; 12:12).

«Vamos —se dijo él entonces—, sólo pensemos en los placeres de la vida» (v. 1-3). Pero allí también su experiencia rápidamente cambia de dirección; vanidad y locura son las palabras que la resumen esta vez. Toda alegría humana se echa a perder con el sentimiento de que no es duradera (Proverbios 14:13).

¿Será, tal vez, la abundancia de los bienes terrenales la que podrá satisfacerle? ¿Quién estaba en mejor situación que Salomón para acumular y administrar riquezas y cumplir grandes obras que la ambición humana no deja de proponerse? (2Crónicas 9:22). ¡Pues bien! escuchemos cómo él las aprecia al final: “vanidad y correr tras el viento” (v. 11, V. M.).

Eclesiastés 2:12-26
12Después torné yo á mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hombre hay que pueda seguir al rey en lo que ya hicieron?)13Y he visto que la sabiduría sobrepuja á la necedad, como la luz á las tinieblas.14El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: empero también entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro.15Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio me sucederá también á mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.16Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.17Aborrecí por tanto la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.18Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí.19¿Y quién sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.20Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.21Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda á hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.22Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol él se afanara?23Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias: aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.24No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios.25Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?26Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría y ciencia y gozo, mas al pecador da trabajo, el que allegue y amontone, para que dé al que agrada á Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

“¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo...?” fue la primera pregunta hecha por el Predicador (cap. 1:3). Todo es “sin provecho” contesta el versículo 11 del capítulo 2. Por de pronto, el hombre se afana, sus días son “dolores” y sus trabajos “molestias”; aun de noche no descansa (v. 22, 23). En cuanto al porvenir, se da cuenta de que nada es estable.

Ante ese cuadro desesperante (v. 20), ¿qué hará el hijo de Dios? No le está prohibido amar la vida y ver días buenos aquí abajo. Pero esto no ocurrirá si recorre el mundo en busca de una ilusoria felicidad. Le corresponde a él mismo crear las condiciones: “Refrene su lengua de mal... haga el bien; busque la paz” (1 Pedro 3:10-11; ¡acusamos tan fácilmente a los demás!). Y, por otra parte, el trabajo es necesario, pero debe ser apacible, cumplido para el Señor y no para servir la propia ambición (2 Tesalonicenses 3:12; Colosenses 3:23-25).

Queridos amigos, ojalá cada uno de ustedes se interrogue: ¿Cuál es la meta de mi trabajo? Porque las cosas no tienen para nada el mismo aspecto según se las considere a la luz del sol o a la de la eternidad. Sólo esta última nos revelará lo que es verdaderamente provechoso.

Eclesiastés 3:1-22
1PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:2Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;3Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;4Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;5Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;6Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar;7Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;8Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.9¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja?10Yo he visto el trabajo que Dios ha dado á los hijos de los hombres para que en él se ocupasen.11Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.12Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida:13Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.14He entendido que todo lo que Dios hace, ésto será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres.15Aquello que fué, ya es: y lo que ha de ser, fué ya; y Dios restaura lo que pasó.16Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad.17Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo á todo lo que se quiere y sobre todo lo que se hace.18Dije en mi corazón, en orden á la condición de los hijos de los hombres, que Dios los probaría, para que así echaran de ver ellos mismos que son semejantes á las bestias.19Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad.20Todo va á un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo.21¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?22Así que he visto que no hay cosa mejor que alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque esta es su parte: porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

Dios ordena “los tiempos” de todas sus criaturas. Así, ha determinado la fecha de nuestro nacimiento y la de todos los acontecimientos de nuestra vida. Como el salmista, el creyente puede decir con confianza: Señor “en tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15). A todo lo que Él hace “no se añadirá, ni de ello se disminuirá” (v. 14). “Todo lo hizo hermoso en su tiempo” (v. 11); la creación ha salido perfecta de las manos de Dios. Pero, a pesar de todas las maravillas que aún son visibles en la naturaleza, no podemos admirarla hoy en su esplendor y frescura primitivas. El hombre la ha contaminado y degradado con su iniquidad; la ha sujetado “a vanidad” (Romanos 8:20). “Espinos y cardos” (Génesis 3:18) le recuerdan su caída. Además, «en medio del naufragio producido por el pecado, el hombre sólo subsiste como un triste resto de sus bendiciones pasadas», ha escrito un creyente. Finalmente, el versículo 20 evoca la sentencia: “polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19).

A cada cual le toca “el tiempo de morir”, a menudo más cercano de lo que se piensa. Ah, amigo lector, si aún no es usted salvo, sepa que existe también un tiempo de convertirse y que éste es hoy.

Eclesiastés 4:1-16
1Y TORNÉME yo, y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.2Y alabé yo los finados que ya murieron, más que los vivientes que hasta ahora están vivos.3Y tuve por mejor que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.4Visto he asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.5El necio dobla sus manos y come su carne.6Mas vale el un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.7Yo me torné otra vez, y vi vanidad debajo del sol.8Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.9Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.10Porque si cayeren, el uno levantará á su compañero: mas ­ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.11También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo?12Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.13Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y fatuo que no sabe ser aconsejado.14Porque de la cárcel salió para reinar; mientras el nacido en su reino se hizo pobre.15Vi todos los vivientes debajo del sol caminando con el muchacho, sucesor, que estará en lugar de aquél.16No tiene fin todo el pueblo que fué antes de ellos: tampoco los que vendrán después estarán con él contentos. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.

¿Por qué la injusticia, las lágrimas, la opresión, los conflictos de los cuales el mundo está lleno? Se trata de resolver esos problemas por medio de doctrinas sociales y económicas y de remediarlos mediante conferencias internacionales. La única verdadera explicación nunca se da porque el hombre, en su orgullo, rehúsa reconocerla: su estado pecaminoso. El Señor, lejos de permanecer indiferente a todos esos padecimientos (Lamentaciones 3:34-36), les dice: “Venid a mí”, a todos los afligidos que no pueden hallar verdaderos consoladores entre sus semejantes. Pero se sirve de la angustia de los hombres para revelarse como el único verdadero consolador (2Corintios 1:3; Isaías 51:12).

A partir del versículo 4, el Predicador analiza las distintas formas de “malas obras que debajo del sol se hacen”. Concluye cada vez: “vanidad”, “aflicción de espíritu”, y “duro trabajo” (final de los v. 4, 6, 8, 16). Sus reflexiones tienen un alcance general; el mismo mundo a menudo reconoce su sabiduría. El versículo 6, por ejemplo, afirma que la tranquilidad de espíritu con una situación modesta valen más que “ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu” (ver 1 Timoteo 6:6). Una asociación puede ofrecer —humanamente hablando— muchas ventajas y aun atractivo para el trabajo, el andar o el combate (v. 9-12), pero la verdadera fuerza para el creyente reside siempre en su comunión personal con el Señor.

Eclesiastés 5:1-20
1CUANDO fueres á la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oir que para dar el sacrificio de los necios: porque no saben que hacen mal.2No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.3Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.4Cuando á Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se agrada de los insensatos. Paga lo que prometieres.5Mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues.6No sueltes tu boca para hacer pecar á tu carne; ni digas delante del ángel, que fué ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aire á causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?7Donde los sueños son en multitud, también lo son las vanidades y muchas las palabras; mas tú teme á Dios.8Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la porvincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre alto, y uno más alto está sobre ellos.9Además el provecho de la tierra es para todos: el rey mismo está sujeto á los campos.10El que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.11Cuando los bienes se aumentan, también se aumentan sus comedores. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino ver los con sus ojos?12Dulce es el sueño del trabajador, ora coma mucho ó poco; mas al rico no le deja dormir la hartura.13Hay una trabajosa enfermedad que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal;14Las cuales se pierden en malas ocupaciones, y á los hijos que engendraron nada les queda en la mano.15Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano.16Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento?17Demás de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho enojo y dolor y miseria.18He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.19Asimismo, á todo hombre á quien Dios dió riquezas y hacienda, y le dió también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo; esto es don de Dios.20Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.

Los versículos 1 y 2 recuerdan la prudencia que conviene observar en la presencia de Dios. Cuidemos que nuestra actitud y nuestros modales en las reuniones sean respetuosos y modestos. El temor de Dios debe caracterizar al fiel de todos los tiempos y no tenemos derecho al relajamiento de la templanza so pretexto de que estamos hoy gozando de la libertad que da la gracia.

A partir del versículo 10 se trata de nuevo de riquezas. “El que ama el dinero, no se saciará de dinero...”. Un avaro se parece a alguien que trata de apagar su sed con agua de mar. Cuanto más bebe, tanto más intensa es su sed. Tal es el engaño de las riquezas (Mateo 13:22). Uno tiene la ilusión de servirse del dinero, y en realidad es esclavo de él. Una de dos: o las riquezas serán conservadas en poder de sus amos para su detrimento espiritual (v. 13) o perecerán sin provecho para nadie (v. 14; Santiago 5:3). Finalmente, tarde o temprano habrá que separarse de ellas para morir (v. 15). «Una mortaja no tiene bolsillos» se suele decir. Los tesoros acumulados en ciertas tumbas antiguas no siguieron a sus propietarios al más allá. 1 Timoteo 6:17-19 resuelve perfectamente para el creyente este problema de la riqueza.

Eclesiastés 6:1-12
1HAY un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:2Hombre á quien Dios dió riquezas, y hacienda, y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; mas Dios no le dió facultad de comer de ello, sino que los extraños se lo comen. Esto vanidad es, y enfermedad trabajosa.3Si el hombre engendrare ciento, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se hartó del bien, y también careció de sepultura, yo digo que el abortivo es mejor que él.4Porque en vano vino, y á tinieblas va, y con tinieblas será cubierto su nombre.5Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.6Porque si viviere aquel mil años dos veces, si no ha gozado del bien, cierto todos van á un lugar.7Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su alma no se harta.8Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?9Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.10El que es, ya su nombre ha sido nombrado; y se sabe que es hombre, y que no podrá contender con el que es más fuerte que él.11Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?12Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?

“Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá”. La experiencia del predicador confirma estas certezas del Salmo 39 (v. 5-6). El hombre, su medio ambiente, su actividad, todo esto es pasajero. Sólo su alma existe para siempre, y es justamente por ella, en general, por la que menos se preocupa. “Todo el trabajo del hombre es para su boca”; su alma no es saciada de bienes (v. 7 y 3). El Señor cuenta la historia de ese rico que engañaba a su propia alma al ofrecerle los bienes de aquí abajo (Lucas 4:4 y 12:16-20). Uno se siente oprimido al pensar en la multitud de existencias derrochadas, en la suma de inteligencias y energías consagradas ¿a qué?... a perseguir aquí y allá metas tan inconsistentes y huidizas como el aire. Al atormentarse así, sin reposo (v. 5) y “sin gustar del bien” (v. 6), estas mismas vidas habrán pasado como sombra (v. 12) y, sin embargo, tendrán que dar cuenta de ello a Dios.

Creyentes, ¡que esto nos abra los ojos! No tendremos la oportunidad de volver a empezar nuestra vida. ¡Que sea empleada, pues, enteramente para el Señor!

Eclesiastés 7:1-15
1MEJOR es la buena fama que el buen ungüento; y el día de la muerte que el día del nacimiento.2Mejor es ir á la casa del luto que á la casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive parará mientes.3Mejor es el enojo que la risa: porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.4El corazón de los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa del placer.5Mejor es oir la reprensión del sabio, que la canción de los necios.6Porque la risa del necio es como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.7Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio: y el presente corrompe el corazón.8Mejor es el fin del negocio que su principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.9No te apresures en tu espíritu á enojarte: porque la ira en el seno de los necios reposa.10Nunca digas: ¿Qué es la causa que los tiempos pasados fueron mejores que éstos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.11Buena es la ciencia con herencia; y más á los que ven el sol.12Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero: mas la sabiduría excede en que da vida á sus poseedores.13Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?14En el día del bien goza del bien; y en el día del mal considera. Dios también hizo esto delante de lo otro, porque el hombre no halle nada tras de él.15Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.

El predicador exploró el mundo. ¿Qué es lo que vio en todas partes? Vanidad, sufrimiento, desorden y locura. El sabio se hace entonces una pregunta: ¿Cómo debe comportarse en medio de ese estado de cosas que él no puede cambiar? Bajo la forma de sentencias que recuerdan al libro de los Proverbios, el Eclesiastés nos da ahora consejos de sabiduría y de prudencia.

No evitemos la casa del luto (v. 2-4). Nos recordará nuestra fragilidad y nos dará más seriedad. Ver la tristeza de los demás volverá nuestro corazón más sensible y nos dictará quizá palabras de simpatía apropiadas para dirigir el pensamiento de los afligidos hacia el Señor. Siguen otras recomendaciones: “No te apresures en tu espíritu a enojarte”. La ira, a menudo, es hija de la precipitación y compañera de la necedad (v. 9).

“Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que éstos?” (v. 10; Jueces 6:13). Escribió un creyente: «No creamos que es más difícil seguir hoy en día al Señor de lo que lo fue en el tiempo de nuestros padres o abuelos... Los recursos que ellos hallaron en su Palabra y en su comunión están a nuestra disposición para conducirnos en un mundo que, moralmente, no ha cambiado».

Eclesiastés 7:16-29
16No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso: ¿por qué te destruirás?17No hagas mal mucho, ni seas insensato: ¿por qué morirás antes de tu tiempo?18Bueno es que tomes esto, y también de estotro no apartes tu mano; porque el que á Dios teme, saldrá con todo.19La sabiduría fortifica al sabio más que diez poderosos la ciudad en que fueron.20Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque.21Tampoco apliques tu corazón á todas las cosas que se hablaren, porque no oigas á tu siervo que dice mal de ti:22Porque tu corazón sabe, como tú también dijiste mal de otros muchas veces.23Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Hacerme he sabio: mas ella se alejó de mí.24Lejos está lo que fué; y lo muy profundo ¿quién lo hallará?25Yo he rodeado con mi corazón por saber, y examinar, é inquirir la sabiduría, y la razón; y por conocer la maldad de la insensatez, y el desvarío del error;26Y yo he hallado más amarga que la muerte la mujer, la cual es redes, y lazos su corazón; sus manos como ligaduras. El que agrada á Dios escapará de ella; mas el pecador será preso en ella.27He aquí, esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón;28Lo que aun busca mi alma, y no encuentro: un hombre entre mil he hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.29He aquí, solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas cuentas.

¿Qué significa la recomendación del versículo 16? ¿Corremos el riesgo de ser demasiado cuidadosos en nuestro andar? ¡Por cierto que no! Nunca tendremos una conciencia demasiado delicada. Pero existe un peligro en el cual caen a menudo los recién convertidos. Son excesivos en sus actitudes o palabras; rebasan la medida de su fe. Al mismo tiempo, juzgan y critican fácilmente a otros creyentes, simplemente porque aún no se conocen bien a sí mismos (Romanos 12:3).

El versículo 21 nos presenta el otro lado, el de las críticas de que nosotros mismos somos objeto. Si tenemos la aprobación del Señor, no debemos preocuparnos por ellas. “Aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo” (v. 18); es enseñado para hacer frente a las más peligrosas situaciones. Entre esas trampas, el versículo 26 cita “la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras”. El que agrada a Dios (es decir, el que le teme y le obedece) puede contar con que será guardado y escapará, “mas el pecador quedará en ella preso”. Dos historias opuestas ilustran esa advertencia: la de José (Génesis 39:7...) y la trágica de Sansón enlazado por Dalila (Jueces 16:4...). Jóvenes creyentes, meditemos bien acerca de esos dos ejemplos.

Eclesiastés 8:1-17
1¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre hará relucir su rostro, y mudaráse la tosquedad de su semblante.2Yo te aviso que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.3No te apresures á irte de delante de él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quisiere:4Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá, Qué haces?5El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el tiempo y el juicio conoce el corazón del sabio.6Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; mas el trabajo del hombre es grande sobre él;7Porque no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?8No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte: y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad librará al que la posee.9Todo esto he visto, y puesto he mi corazón en todo lo que debajo del sol se hace: hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.10Esto vi también: que los impíos sepultados vinieron aún en memoria; mas los que partieron del lugar santo, fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde con rectitud habían obrado. Esto también es vanidad.11Porque no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos lleno para hacer mal.12Bien que el pecador haga mal cien veces, y le sea dilatado el castigo, con todo yo también sé que los que á Dios temen tendrán bien, los que temieren ante su presencia;13Y que el impío no tendrá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.14Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos á quienes sucede como si hicieran obras de impíos; y hay impíos á quienes acaece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.15Por tanto alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba, y se alegre; y que esto se le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le dió debajo del sol.16Yo pues dí mi corazón á conocer sabiduría, y á ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en su ojos;)17Y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará: aunque diga el sabio que la sabe, no por eso podrá alcanzarla.

“Para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio” (v. 6). Cuando un candidato es sometido a examen, dos días resultan importantes: primero el de las pruebas, luego el de los resultados. El “tiempo” que Dios asigna a cada uno sobre la tierra corresponde al primero de esos días; pero el del juicio le seguirá inevitablemente. A causa de la paciencia de Dios, el pecador, en su inconsciencia, aprovecha para abundar en el mal “por cuanto no se ejecuta luego la sentencia sobre la mala obra” (v. 11). “El hombre no conoce su tiempo” (cap. 9:12; Jeremías 8:6, 7), ni “lo que ha de ser” (v. 7), en tanto que el sabio, enseñado por Dios, discierne todas las cosas (v. 1; 1 Corintios 2:15-16). Como a Pablo, el pensamiento del tribunal de Cristo le da temor. Al darse cuenta de lo serio del tiempo actual y de la solemnidad del juicio, (v. 5), se aplica con ardor a ser agradable al Señor (2 Corintios 5:9-11).

El Predicador no tiene, como nosotros, una revelación del porvenir. No obstante, conoce la importancia del temor a Dios y afirma que “les irá bien a los que a Dios temen” (v. 12). Quizás encontrarán la persecución, pero no hay quien tenga potestad para retener o aprisionar su espíritu (v. 8-9). Nada podrá separarlos “del amor de Cristo” (Romanos 8:35).

Eclesiastés 9:1-18
1CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de él.2Todo acontece de la misma manera á todos: un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno y al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica: como el bueno, así el que peca; el que jura, como el que teme el juramento.3Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y también que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de enloquecimiento en su corazón durante su vida: y después, á los muertos.4Aún hay esperanza para todo aquél que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.5Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.6También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.7Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón: porque tus obras ya son agradables á Dios.8En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.9Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.10Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.11Tornéme, y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece á todos.12Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se prenden en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.13También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:14Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y cércala, y edifica contra ella grandes baluartes:15Y hállase en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre.16Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fortaleza; aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.17Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del señor entre los necios.18Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; mas un pecador destruye mucho bien.

“Todo acontece de la misma manera a todos...” declara el versículo 2. En la vida de cada cual, Dios permite una sucesión de acontecimientos —que llamamos, según el caso, felices o desdichados— a fin de ver si uno de ellos hace que el corazón de su criatura se vuelva hacia Él. Por otra parte, el Señor nunca prometió que las pruebas le serían ahorradas al creyente después de su conversión. Pero las distintas circunstancias de la vida, sea que afecten nuestra salud, nuestro trabajo o nuestra familia, son ocasión para mostrar en qué medida la fe cristiana cambia nuestra manera de atravesarlas. Después de haber fracasado en un examen, por ejemplo, cuando un joven inconverso habla de mala suerte o de injusticia, el hijo de Dios reconocerá la mano segura y sabia de su Padre celestial. “Ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes” (v. 11; comp. Romanos 9:16). Es el hombre de Dios quien las gana. 2 Timoteo 4:7 nos presenta a un pobre anciano preso que había “acabado la carrera” y “peleado la buena batalla”.

La parábola del hombre pobre y sabio (v. 13-15) lleva nuestras miradas hacia Jesús. Él nos liberó de nuestro poderoso Enemigo, “el que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo” (Hebreos 2:14). No seamos ingratos ni olvidadizos como los habitantes de la “pequeña ciudad” (v. 14) y escuchemos Sus palabras: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1Corintios 11:24).

Eclesiastés 10:1-20
1LAS moscas muertas hacen heder y dar mal olor el perfume del perfumista: así una pequeña locura, al estimado por sabiduría y honra.2El corazón del sabio está á su mano derecha; mas el corazón del necio á su mano izquierda.3Y aun mientras va el necio por el camino, fálta le, su cordura, y dice á todos, que es necio.4Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la lenidad hará cesar grandes ofensas.5Hay un mal que debajo del sol he visto, á manera de error emanado del príncipe:6La necedad está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo.7Vi siervos en caballos, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra.8El que hiciere el hoyo caerá en él; y el que aportillare el vallado, morderále la serpiente.9El que mudare las piedras, trabajo tendrá en ellas: el que cortare la leña, en ella peligrará.10Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza: empero excede la bondad de la sabiduría.11Muerde la serpiente cuando no está encantada, y el lenguaraz no es mejor.12Las palabras de la boca del sabio son gracia; mas los labios del necio causan su propia ruina.13El principio de las palabras de su boca es necedad; y el fin de su charla nocivo desvarío.14El necio multiplica palabras: no sabe hombre lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber lo que después de él será?15El trabajo de los necios los fatiga; porque no saben por dónde ir á la ciudad.16Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes comen de mañana!17Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen á su hora, por refección, y no por el beber!18Por la pereza se cae la techumbre, y por flojedad de manos se llueve la casa.19Por el placer se hace el convite, y el vino alegra los vivos: y el dinero responde á todo.20Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en los secretos de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.

Prestemos buena atención a la advertencia de este aviso que es el versículo 8: “Al que aportillare vallado, le morderá la serpiente”. Dios ha puesto alrededor de cada uno de nosotros barreras de protección (por ejemplo la autoridad de nuestros padres o educadores). Él sabe lo que hay del otro lado del vallado. A veces nos figuramos que son ventajas y que Él nos priva de ellas. ¡Pero no! lo que Él quiere es evitarnos una peligrosa mordedura. La serpiente acecha y no le hace falta una ancha brecha para poder colarse. Un poco de pecado, “una pequeña locura” (v.1) basta para comprometer el testimonio del hijo de Dios (comp. 1 Corintios 5:6) y reemplazar el perfume de Cristo por el mal olor de la corrupción (Gálatas 6:8).

La falta de sensatez en los que gobiernan es especialmente detestable (v. 5). Los que les están sujetos soportan las consecuencias, sea como víctimas de ellos, sea porque siguen ese mal ejemplo (ej: 2 Reyes 21:9, 16). Pero esto no es una razón para hablar, ni aun pensar mal de las autoridades (v. 20). Al contrario, nuestro deber de creyentes es orar por ellas: “Exhorto ante todo a que se hagan rogativas... por los reyes y por todos los que están en eminencia” (1Timoteo 2:1-2).

El versículo 12 nos recuerda a Cristo, el Sabio por excelencia: “Todos... estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4:22).

Eclesiastés 11:1-10
1ECHA tu pan sobre las aguas; que después de muchos días lo hallarás.2Reparte á siete, y aun á ocho: porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.3Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán: y si el árbol cayere al mediodía, ó al norte, al lugar que el árbol cayere, allí quedará.4El que al viento mira, no sembrará; y el que mira á las nubes, no segará.5Como tú no sabes cuál es el camino del viento, ó como se crían los huesos en el vientre de la mujer preñada, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.6Por la mañana siembra tu simiente, y á la tarde no dejes reposar tu mano: porque tú no sabes cuál es lo mejor, si esto ó lo otro, ó si ambas á dos cosas son buenas.7Suave ciertamente es la luz, y agradable á los ojos ver el sol:8Mas si el hombre viviere muchos años, y en todos ellos hubiere gozado alegría; si después trajere á la memoria los días de las tinieblas, que serán muchos, todo lo que le habrá pasado, dirá haber sido vanidad.9Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos: mas sabe, que sobre todas estas cosas te traerá Dios á juicio.10Quita pues el enojo de tu corazón, y aparta el mal de tu carne: porque la mocedad y la juventud son vainidad.

Parecería que “sobre las aguas” fuese el lugar menos apropiado para echar pan. Pero este pan es la Palabra de vida y las aguas nos hablan del mundo en su estado de turbación y de agitación. Y es adonde el Señor nos envía a difundir el Evangelio, liberalmente (v. 2), sin mirar a las dificultades (v. 4), sin hacernos preguntas (v. 5; Juan 3:8) y sin relajar nuestro esfuerzo (v. 6). Si luego tenemos tendencia a atribuirnos algún mérito, recordemos que es Dios el que “hace todas las cosas” (v. 5, final). El versículo 3 (“Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán”) evoca la gracia, sustancia del Evangelio (Isaías 55:10-11). Pero el anuncio del juicio forma igualmente parte de él. “Alégrate, joven, en tu juventud... anda en los caminos de tu corazón...”. Es la manera de pensar de un joven despreocupado. Mas el fin de la frase tendrá que hacerle reflexionar: “pero sabe que sobre todas estas cosas te juzgará Dios” (v. 9).

Sí, Dios te pedirá cuenta de cada una de tus locuras. ¿Para quién y para qué has vivido? No se limita todo a la tierra. Hay un Dios y ese Dios es juez. Amigo lector aun inconverso, ojalá esta advertencia pueda llevarte al versículo 1 del capítulo 12: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”.

Eclesiastés 12:1-14
1Y ACUÉRDATE de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento;2Antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y las nubes se tornen tras la lluvia:3Cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas, porque han disminuído, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;4Y las puertas de afuera se cerrarán, por la bajeza de la voz de la muela; y levantaráse á la voz del ave, y todas las hijas de canción serán humilladas;5Cuando también temerán de lo alto, y los tropezones en el camino; y florecerá el almendro, y se agravará la langosta, y perderáse el apetito: porque el hombre va á la casa de su siglo, y los endechadores andarán en derredor por la plaza:6Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto á la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;7Y el polvo se torne á la tierra, como era, y el espíritu se vuelva á Dios que lo dió.8Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo vanidad.9Y cuanto más sabio fué el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; é hizo escuchar, é hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.10Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escritura recta, palabras de verdad.11Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados, las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.12Ahora, hijo mío, á más de esto, sé avisado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio aflicción es de la carne.13El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.14Porque Dios traerá toda obra á juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena ó mala.

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”. Es el momento favorable para volverse hacia el Señor y poner a su servicio las facultades en su plenitud. Porque con la edad, las fuerzas disminuyen y el corazón tiende a endurecerse. La vejez y la muerte son evocadas mediante alegorías en los versículos 2 a 7. Luego viene la conclusión del libro trágicamente idéntico a su principio: “Vanidad de vanidades... todo es vanidad” (comp. cap. 1:2). ¡Cuánto podemos agradecer al Señor que este libro del Eclesiastés sólo presente un lado de la verdad! A la revelación del Dios Juez (v. 14) se agrega hoy la del Dios Salvador. Por eso esta porción de la Escritura, con mayor razón que cualquier otra, no debe separarse del contexto de la Palabra divina. Las distintas palabras de la Biblia son dadas “por un Pastor”, todas son dictadas por el mismo Espíritu. “Como aguijones y como clavos hincados” (v. 11), dejemos que todas estas palabras penetren en nuestra conciencia para volverla sensible a la salvación. Contrariamente a los libros de los hombres, la Palabra de Dios nunca nos cansará si la estudiamos con oración. Nos enseñará lo que es “el todo del hombre”: temer a Dios y guardar sus mandamientos. Todo lo demás no es más que vanidad.

Cantares 1:1-17
1CANCION de canciones, la cual es de Salomón.2Oh si él me besara con ósculos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.3Por el olor de tus suaves unguüentos, (Ungüento derramado es tu nombre,) Por eso las doncellas te amaron.4Llévame en pos de ti, correremos. Metióme el rey en sus cámaras: Nos gozaremos y alegraremos en ti; Acordarémonos de tus amores más que del vino: Los rectos te aman.5Morena soy, oh hijas de Jerusalem, Mas codiciable; Como las cabañas de Cedar, Como las tiendas de Salomón.6No miréis en que soy morena, Porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí, Hiciéronme guarda de viñas; Y mi viña, que era mía, no guardé.7Hazme saber, ó tú á quien ama mi alma, Dónde repastas, dónde haces tener majada al medio día: Porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando Tras los rebaños de tus compañeros?8Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, Sal, yéndote por las huellas del rebaño, Y apacienta tus cabritas junto á las cabañas de los pastores.9A yegua de los carros de Faraón Te he comparado, amiga mía.10Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, Tu cuello entre los collares.11Zarcillos de oro te haremos, Con clavos de plata.12Mientras que el rey estaba en su reclinatorio, Mi nardo dió su olor.13Mi amado es para mí un manojito de mirra, Que reposa entre mis pechos.14Racimo de copher en las viñas de Engadi Es para mí mi amado.15He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí que eres bella: tus ojos de paloma.16He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y suave: Nuestro lecho también florido.17Las vigas de nuestra casa son de cedro, Y de ciprés los artesonados.

No abordemos este libro sin primeramente pedirle al Señor que nos guarde de todo pensamiento profano. El Eclesiastés nos enseñó que el mundo no podía colmar el vacío del corazón humano. El Cantar nos presenta el amor divino, el único que lo puede llenar. Precisemos que ante todo se trata, en figura, de las futuras relaciones del Rey, Cristo, con Israel, su Esposa terrenal. En el momento en que empiece su reino, se reanimarán los afectos de ese pueblo, los que, por fin, responderán a los del verdadero Salomón. Pero, sobre todo, en nuestra lectura subrayaremos lo que puede aplicarse prácticamente a las actuales necesidades del creyente. El amor es el vital vínculo que une a cada redimido con su Salvador. ¡El de Cristo hacia nosotros es infinito e inmutable; el de nosotros hacia Él, cuán débil e inconsecuente es! Pidámosle que nos atraiga para que podamos correr en pos de Él (v. 4).

Los versículos 5 y 6 son la confesión del culpable pasado. La que habla aquí lo sabe bien: si ella es agradable, no es a causa de sus propios méritos (léase Efesios 1:6 fin). Pero ahora busca la presencia del Pastor (v. 7-8) y del Rey (v. 12). Le ama; Él está continuamente sobre su corazón como una bolsita de mirra perfumada que impregna sus vestidos y la acompaña a todas partes (v. 13; 2 Corintios 2:14-16).

Cantares 2:1-17
1YO soy la rosa de Sarón, Y el lirio de los valles.2Como el lirio entre las espinas, Así es mi amiga entre las doncellas.3Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los mancebos: Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fué dulce en mi paladar.4Llevóme á la cámara del vino, Y su bandera sobre mí fué amor.5Sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas; Porque estoy enferma de amor.6Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace.7Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, Por las gamas y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor Hasta que quiera.8La voz de mi amado! He aquí él viene Saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.9Mi amado es semejante al gamo, ó al cabrito de los ciervos. Helo aquí, está tras nuestra pared, Mirando por las ventanas, Mostrándose por las rejas.10Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.11Porque he aquí ha pasado el invierno, Hase mudado, la lluvia se fué;12Hanse mostrado las flores en la tierra, El tiempo de la canción es venido, Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola;13La higuera ha echado sus higos, Y las vides en cierne Dieron olor: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.14Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, Muéstrame tu rostro, hazme oir tu voz; Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.15Cazadnos las zorra, las zorras pequeñas, que echan á perder las viñas; Pues que nuestras viñas están en cierne.16Mi amado es mío, y yo suya; El apacienta entre lirios.17Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, Tórnate, amado mío; sé semejante al gamo, ó al cabrito de los ciervos, Sobre los montes de Bether.

Un manzano se distingue de los árboles del bosque por sus frutos (v. 3). En medio de los hombres sólo Cristo produjo para Dios ese fruto, cuya dulzura pueden saborear ahora los redimidos (v. 5; Números 18:13). Como María a los pies de su Señor, somos llamados a alimentarnos escuchando su Palabra.

“Su bandera sobre mí fue amor” (v. 4). Soldados de Jesucristo, no seguimos a nuestro Jefe por obligación, sino por apego a su persona.

La Biblia acaba expresando su promesa: “He aquí, vengo pronto” (Apocalipsis 22:7, 12 y 20). ¡Qué eco tienen estas palabras en el corazón de los que le aman! “¡La voz de mi amado! He aquí él viene” (v. 8). “Hasta que apunte el día”, sepamos mantenernos como la temerosa paloma en los agujeros de la peña, a cubierto de las suciedades y de los peligros (v. 14 y 17). Y desconfiemos de las zorras pequeñas que echan a perder las viñas en cierne (v. 15). Al crecer, esas pequeñas zorras se harán cada vez más tiránicas (Romanos 6:14). Además, si se hace daño a la flor, desaparece toda promesa de fruto. Hoy no toleremos tal pequeño fraude, tal pecado de insignificante apariencia, el que más tarde podría dominar en nosotros y frustrar al Señor en cuanto al logro del fruto que le pertenece.

Cantares 3:1-11
1POR las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma: Busquélo, y no lo hallé.2Levantaréme ahora, y rodearé por la ciudad; Por las calles y por las plazas Buscaré al que ama mi alma: Busquélo, y no lo hallé.3Halláronme los guardas que rondan la ciudad, Y díjeles: ¿Habéis visto al que ama mi alma?4Pasando de ellos un poco, Hallé luego al que mi alma ama: Trabé de él, y no lo dejé, Hasta que lo metí en casa de mi madre, Y en la cámara de la que me engendró.5Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, Por las gamas y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.6¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo, Sahumada de mirra y de incienso, Y de todos polvos aromáticos?7He aquí es la litera de Salomón: Sesenta valientes la rodean, De los fuertes de Israel.8Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; Cada uno su espada sobre su muslo, Por los temores de la noche.9El rey Salomón se hizo una carroza De madera del Líbano.10Sus columnas hizo de plata, Su respaldo de oro, su cielo de grana, Su interior enlosado de amor, Por las doncellas de Jerusalem.11Salid, oh doncellas de Sión, y ved al rey Salomón Con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, Y el día del gozo de su corazón.

No nos extrañemos si tenemos dificultad para hallar la presencia del Señor en nuestra cama (v. 1; imagen de la pereza) o, al contrario, en la algarabía de la ciudad (v. 2). En cambio, de rodillas y en el recogimiento de nuestra habitación siempre podremos encontrar a aquel a quien ama nuestra alma (comp. v. 4). Pero que tampoco allí nada venga a distraernos y a turbar nuestra comunión (v. 5).

Desde el desierto, figura de un árido mundo, un perfume puede elevarse hasta Dios (v. 6). En otros tiempos, Jesús atravesó este mismo mundo y toda su vida sólo fue un grato olor para el Padre. La mirra habla de sus sufrimientos (del pesebre a la tumba; Mateo 2:11 fin; Juan 19:39), y el incienso de sus diversas perfecciones morales. Finalmente “todo polvo aromático” sugiere las experiencias cotidianas en las cuales Dios es glorificado. También somos llamados a hacer subir hacia Dios tal perfume, el de Jesús.

Para Israel, así como para la Iglesia, pronto llegará el fin del desierto (v. 6; comp. Números 21:19-20). El verdadero Salomón lo habrá preparado todo en vista del reposo milenario (v. 7-10). “Sobre Él florecerá su corona” y ese día será el del gozo de su corazón (v. 11; Salmo 132:18).

Cantares 4:1-16; Cantares 5:1
1HE aquí que tú eres hermosa, amiga mía, he aquí que tú eres hermosa; Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; Tus cabellos como manada de cabras, Que se muestran desde el monte de Galaad.2Tus dientes, como manadas de trasquiladas ovejas, Que suben del lavadero, Todas con crías mellizas, Y ninguna entre ellas estéril.3Tus labios, como un hilo de grana, Y tu habla hermosa; Tus sienes, como cachos de granada á la parte adentro de tus guedejas.4Tu cuello, como la torre de David, edificada para muestra; Mil escudos están colgados de ella, Todos escudos de valientes.5Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, Que son apacentados entre azucenas.6Hasta que apunte el día y huyan las sombras, Iréme al monte de la mirra, Y al collado del incienso.7Toda tú eres hermosa, amiga mía Y en ti no hay mancha.8Conmigo del Líbano, oh esposa, Conmigo ven del Líbano: Mira desde la cumbre de Amana, Desde la cumbre de Senir y de Hermón, Desde las guaridas de los leones, Desde los montes de los tigres.9Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; Has preso mi corazón con uno de tus ojos, Con una gargantilla de tu cuello.10Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ­Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!11Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; Miel y leche hay debajo de tu lengua; Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.12Huerto cerrado eres, mi hermana, esposa mía; Fuente cerrada, fuente sellada.13Tus renuevos paraíso de granados, con frutos suaves, De cámphoras y nardos,14Nardo y azafrán, Caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; Mirra y áloes, con todas las principales especias.15Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano.16Levántate, Aquilón, y ven, Austro: Sopla mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado á su huerto, Y coma de su dulce fruta.
1YO vine á mi huerto, oh hermana, esposa mía: Cogido he mi mirra y mis aromas; He comido mi panal y mi miel, Mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; Babed, amados, y embriagaos.

Mientras el Señor considera con encanto la belleza de su Esposa, ¿a dónde se dirigen las miradas de ella? ¡Demasiado a menudo nos dejamos deslumbrar por los brillantes y exaltantes atractivos del mundo! (el Líbano). Qué inconscientes somos; no discernimos en él “las guaridas de los leones” ni los solapados leopardos (v. 8). Pero el Señor ve los peligros a los cuales estamos expuestos en ese fascinante ambiente y con dulzura busca despegarnos de él. “Ven conmigo desde el Líbano…” (v. 8). Lo que debe alejarnos del mundo es el amor por el Señor antes que el temor al peligro. “Hermana, esposa mía”: estos nombres son el tierno recuerdo de los vínculos con Él. El Señor tiene derechos exclusivos sobre el alma a la cual ama. Ella es una fuente sellada de la cual sólo Él tiene el derecho de beber, un huerto cerrado en el cual nada extraño ha de introducirse y cuyas flores, frutos y perfumes le están reservados. Pero, para que se “desprendan” sus aromas, a veces es necesario que sople el viento de la prueba o las brisas del mediodía (v. 16). Así los afectos por Él serán reanimados, su presencia será deseada y Él mismo, respondiendo a esa invitación, se agradará en recoger, gustar y compartir lo que nuestro débil amor habrá sabido prepararle (cap. 5:1).

Cantares 5:2-16
2Yo dormía, pero mi corazón velaba: La voz de mi amado que llamaba: Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía; Porque mi cabeza está llena de rocío, Mis cabellos de las gotas de la noche.3Heme desnudado mi ropa; ¿cómo la tengo de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los tengo de ensuciar?4Mi amado metió su mano por el agujero, Y mis entrañas se conmovieron dentro de mí.5Yo me levanté para abrir á mi amado, Y mis manos gotearon mirra, Y mis dedos mirra que corría Sobre las aldabas del candado.6Abrí yo á mi amado; Mas mi amado se había ido, había ya pasado: Y tras su hablar salió mi alma: Busquélo, y no lo hallé; Llamélo, y no me respondió.7Halláronme los guardas que rondan la ciudad: Hiriéronme, llagáronme, Quitáronme mi manto de encima los guardas de los muros.8Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, si hallareis á mi amado, Que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma.9¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, Que así nos conjuras?10Mi amado es blanco y rubio, Señalado entre diez mil.11Su cabeza, como, oro finísimo; Sus cabellos crespos, negros como el cuervo.12Sus ojos, como palomas junto á los arroyos de las aguas, Que se lavan con leche, y a la perfección colocados.13Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores: Sus labios, como lirios que destilan mirra que trasciende.14Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos: Su vientre, como claro marfil cubierto de zafiros.15Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de fino oro: Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros.16Su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalem.

¡Cuántas veces podemos reconocernos en el egoísmo y la culpable indolencia de la amada! Jesús golpea a la puerta de nuestro corazón. Pero la tibieza espiritual, el apego a nuestras comodidades, la negligencia para juzgarnos nos hacen hallar muchas excusas para no escuchar la voz de su Espíritu. Con tristeza el Señor pasa más allá. Entonces, para volver a hallar su comunión, sepamos desplegar el ardor de la joven esposa. Para describir a su amado, no encuentra términos bastante ardientes ni comparaciones bastante elocuentes. Y nosotros, queridos amigos, ¿qué tendríamos que decir si alguien nos preguntara respecto del Señor Jesús? (comp. Mateo 16:15-16). ¿Qué es Él para nosotros más que esto o aquello? (v. 9). ¿Sabríamos hablar de su amor y de su poder, de su humillación y de su obediencia hasta la muerte de la cruz? ¿Tendríamos algo que decir de su gracia y de su sabiduría, de las perfecciones de su andar y de su servicio? “No hay parecer en Él... para que le deseemos” decía Israel por boca del profeta (Isaías 53:2). Pero la hermosura de las glorias morales del Mesías (ocultas al pueblo incrédulo) aquí llevan a la esposa a exclamar: “Todo Él (es) codiciable”. Esta persona ¿es verdaderamente el objeto de todos nuestros deseos?

Cantares 6:1-13
1¿DONDE se ha ido tu amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Adónde se apartó tu amado, Y le buscaremos contigo?2Mi amado descendió á su huerto, á las eras de los aromas Para apacentar en los huertos, y para coger los lirios.3Yo soy de mi amado, y mi amado es mío: El apacienta entre los lirios.4Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; De desear, como Jerusalem; Imponente como ejércitos en orden.5Aparta tus ojos de delante de mí, Porque ellos me vencieron. Tu cabello es como manada de cabras, Que se muestran en Galaad.6Tus dientes, como manada de ovejas Que suben del lavadero, Todas con crías mellizas, Y estéril no hay entre ellas.7Como cachos de granada son tus sienes Entre tus guedejas.8Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, Y las doncellas sin cuento:9Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; Unica es á su madre, Escogida á la que la engendró. Viéronla las doncellas, y llamáronla bienaventurada; Las reinas y las concubinas, y la alabaron.10¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden?11Al huerto de los nogales descendí A ver los frutos del valle, Y para ver si brotaban las vides, Si florecían los granados.12No lo supe: hame mi alma hecho Como los carros de Amminadab.13Tórnate, tórnate, oh Sulamita; Tórnate, tórnate, y te miraremos. ¿Qué veréis en la Sulamita? Como la reunión de dos campamentos.

La ardiente descripción que la sulamita hizo de su amado lleva a otros a buscarle. Tal debe ser el resultado de nuestro testimonio. Los que nos rodean no se confundirán a ese respecto. Sólo los acentos que surjan de la abundancia de nuestros corazones podrán conducirlos a Jesús. Las “doncellas de Jerusalén” sólo oyeron hablar del esplendor del Esposo, pero ya les es visible el de la Esposa. Ella es “la más hermosa de todas las mujeres” (v. 1, 13). La hermosura moral de la Iglesia (o Asamblea), reflejo de la de Jesús, preparará a los inconversos a recibir el Evangelio.

Pero, ante todo, esa hermosura es apreciada por el Señor (v. 4). También Él tiene los ojos puestos en aquella a quien amó hasta dar su vida por ella. ¿Y qué ve en su amada? Las perfecciones con las cuales Él mismo la vistió (comp. Ezequiel 16:7-14). Además puede llamarla “perfecta mía” (v. 9), ya que le perdonó su indiferencia y recuerda sólo una cosa: ella no tuvo vergüenza de Él; públicamente confesó su Nombre. A su turno Él la reconoce como aquella que es suya ante Dios (Mateo 10:32). Y pensamos en el próximo instante en que el divino Esposo se presentará a su Iglesia (o Asamblea) a sí mismo sin mancha ni arruga ni cosa semejante, santa e irreprochable para la eternidad (Efesios 5:27; 1:4).

Cantares 7:1-13
1CUAN hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, Obra de mano de excelente maestro.2Tu ombligo, como una taza redonda, Que no le falta bebida. Tu vientre, como montón de trigo, Cercado de lirios.3Tus dos pechos, como dos cabritos Mellizos de gama.4Tu cuello, como torre de marfil; Tus ojos, como las pesqueras de Hesbón junto á la puerta de Bat-rabbim; Tu nariz, como la torre del Líbano, Que mira hacia Damasco.5Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; Y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey Ligada en los corredores.6Qué hermosa eres, y cuán suave, Oh amor deleitoso!7Y tu estatura es semejante á la palma, Y tus pechos á los racimos!8Yo dije: Subiré á la palma, Asiré sus ramos: Y tus pechos serán ahora como racimos de vid, Y el olor de tu boca como de manzanas;9Y tu paladar como el buen vino, Que se entra á mi amado suavemente, Y hace hablar los labios de los viejos.10Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento.11Ven, oh amado mío, salgamos al campo, Moremos en las aldeas.12Levantémonos de mañana á las viñas; Veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, Si han florecido los granados; Allí te daré mis amores.13Las mandrágoras han dado olor, Y á nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas. Que para ti, oh amado mío, he guardado.

El salmo 45 declaraba a la Esposa terrenal: “Deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor”. De algún modo, el Cantar contiene la respuesta a esa invitación: “Yo soy de mi amado” dice la desposada del Rey (v. 10). Tiene conciencia de los vínculos que la unen a Él: Él es su Señor. Se gloría, no de su posición de reina, sino del amor del Esposo. Ya no es sólo su hermosura (descrita en los v. 1-9) lo que el rey desea. Ella declara con seguridad: “Conmigo tiene su contentamiento”. Se ha dicho que ahí está la nota más elevada del Cantar... y al mismo tiempo la más humilde. Estar seguro de que el Señor nos ama no es pretensión, ya que ese amor de ninguna manera está fundado en nuestros méritos. El alma está establecida en la gracia. Y esperamos que cada uno de nuestros lectores posea esa seguridad de ser amado personalmente por el Señor Jesús.

En la viña de Israel, que no ha sido guardada y lleva tanto tiempo de estéril, por fin se verán brotes y flores, promesa de una magnífica cosecha (v. 12). También ahora cada redimido es llamado a rendir culto a Dios por medio de Jesucristo, ofreciendo esos exquisitos frutos de la alabanza guardados para el Amado (v. 13; Hebreos 13:15; Deuteronomio 26).

Cantares 8:1-14
1OH quién te me diese como hermano Que mamó los pechos de mi madre; De modo que te halle yo fuera, y te bese, Y no me menosprecien!2Yo te llevaría, te metiera en casa de mi madre: Tú me enseñarías, Y yo te hiciera beber vino Adobado del mosto de mis granadas.3Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace.4Conjúroos, oh doncellas de Jerusalem, Que no despertéis, ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.5¿Quién es ésta que sube del desierto, Recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté: Allí tuvo tu madre dolores, Allí tuvo dolores la que te parió.6Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo: Porque fuerte es como la muerte el amor; Duro como el sepulcro el celo: Sus brasas, brasas de fuego, Fuerte llama.7Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, De cierto lo menospreciaran.8Tenemos una pequeña hermana, Que no tiene pechos: ¿Qué haremos á nuestra hermana Cuando de ella se hablare?9Si ella es muro, Edificaremos sobre él un palacio de plata: Y si fuere puerta, La guarneceremos con tablas de cedro.10Yo soy muro, y mis pechos como torres, Desde que fuí en sus ojos como la que halla paz.11Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, La cual entregó á guardas, Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto.12Mi viña, que es mía, está delante de mí: Las mil serán tuyas, oh Salomón, Y doscientas, de los que guardan su fruto.13Oh tú la que moras en los huertos, Los compañeros escuchan tu voz: Házmela oir.14Huye, amado mío; Y sé semejante al gamo, ó al cervatillo, Sobre las montañas de los aromas.

Después de todas las pruebas que habrán purificado los afectos de la Esposa judía, éstos no tendrán la feliz serenidad de los que siente hoy la Iglesia. Ésta goza de relaciones ya firmemente establecidas con Cristo. Bendito sea Dios, para nosotros ya no hay “si” ni verbo en modo potencial (v. 1 y 2). Nuestros nombres son grabados “como grabaduras de sello” sobre los hombros y el corazón de nuestro Sumo Sacerdote (v. 6; Éxodo 28:11-12 y 29). Participamos de ese perfecto amor que echa fuera el temor (1Juan 4:18). En la cruz aprendimos a conocerlo en su suprema expresión. Allí, el amor fue más grande que nuestro pecado y más fuerte que su castigo: la muerte. Aun las terribles aguas del juicio no pudieron apagarlo en el bendito corazón del Salvador (v. 7; Salmo 42:7).

En la “pequeña hermana” de Judá reconocemos a las diez tribus que sólo después de ella alcanzarán su pleno desarrollo espiritual (v. 8). Entonces reinará la paz (v. 10) y la viña entera de Israel llevará su fruto (v. 11-12). Para el verdadero Salomón habrá a la vez testimonio y alabanza (v. 13). Pero hoy el Señor desea oír nuestra voz, la de nuestros corazones. Con el Espíritu la Esposa dice: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (v. 14; Apocalipsis 22:17 y 20).

Daniel 1:1-8
1EN el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia á Jerusalem, y cercóla.2Y el Señor entregó en sus manos á Joacim rey de Judá, y parte de los vasos de la casa de Dios, y trájolos á tierra de Sinar, á la casa de su dios: y metió los vasos en la casa del tesoro de su dios.3Y dijo el rey á Aspenaz, príncipe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes,4Muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, y de buen parecer, y enseñados en toda sabiduría, y sabios en ciencia, y de buen entendimiento, é idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los Caldeos.5Y señalóles el rey ración para cada día de la ración de la comida del rey, y del vino de su beber: que los criase tres años, para que al fin de ellos estuviesen delante del rey.6Y fueron entre ellos, de los hijos de Judá, Daniel, Ananías, Misael y Azarías:7A los cuales el príncipe de los eunucos puso nombres: y puso á Daniel, Beltsasar; y á Ananías, Sadrach; y á Misael, Mesach; y á Azarías, Abed-nego.8Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse.

Daniel se distingue de los demás profetas. Su libro abarca el tiempo de las naciones (Lucas 21:24 final), es decir, el muy largo período que se extiende desde la transportación a Babilonia hasta el futuro restablecimiento de Israel bajo el reinado de Cristo. Pero ese varón de Dios también nos habla mediante su ejemplo. ¡Cuántas lecciones podemos aprender de él! La primera es esa firme decisión de corazón de no contaminarse… (v. 8). Como joven extranjero traído a la corte del monarca pagano, podría hallar muchas excusas para acomodarse al régimen real (contrario a los mandamientos de la ley). ¿Qué queda del culto judío ahora que una parte de los utensilios del templo destruido se halla en Babilonia? (v. 2). Él mismo ¿no es un cautivo, objeto de una particular benevolencia, la que él menospreciaría si rehusara la comida del rey? ¿No sería peligroso atraer la atención hacia él y sus amigos? Pero, para ese hombre de fe, ni sus dificultades personales, ni el ambiente hostil, ni la ruina del culto judaico quitan algo de la autoridad de la palabra de Dios. Queridos amigos, esta palabra ¿tiene el mismo valor para nosotros? Entonces, seamos también cuidadosos como esos jóvenes para quitar de nuestro «régimen» todo lo que pueda contaminar nuestro cuerpo y nuestro espíritu (2 Corintios 7:1).

Daniel 1:9-21
9(Y puso Dios á Daniel en gracia y en buena voluntad con el príncipe de los eunucos.)10Y dijo el príncipe de los eunucos á Daniel: Tengo temor de mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él habrá visto vuestros rostros más tristes que los de los muchachos que son semejantes á vosotros, condenaréis para con11Entonces dijo Daniel á Melsar, que estaba puesto por el príncipe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael, y Azarías:12Prueba, te ruego, tus siervos diez días, y dennos legumbres á comer, y agua á beber.13Parezcan luego delante de ti nuestros rostros, y los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey; y según que vieres, harás con tus siervos.14Consintió pues con ellos en esto, y probó con ellos diez días.15Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más nutrido de carne, que los otros muchachos que comían de la ración de comida del rey.16Así fué que Melsar tomaba la ración de la comida de ellos, y el vino de su beber, y dábales legumbres.17Y á estos cuatro muchachos dióles Dios conocimiento é inteligencia en todas letras y ciencia: mas Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.18Pasados pues los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el príncipe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.19Y el rey habló con ellos, y no fué hallado entre todos ellos otro como Daniel, Ananías, Misael, y Azarías: y así estuvieron delante del rey.20Y en todo negocio de sabiduría é inteligencia que el rey les demandó, hallólos diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.21Y fué Daniel hasta el año primero del rey Ciro.

Si tenemos el deseo de ser fieles al Señor, siempre podremos contar con su socorro. Él es dueño de nuestras circunstancias y, cuando valientemente nos ponemos de su lado, no permite, a causa de su gloria, que seamos confundidos ante el mundo. “Yo honraré a los que me honran”: ésa sigue siendo su promesa (1 Samuel 2:30).

Aquí Dios interviene de dos maneras acerca de Daniel y de sus compañeros. En primer lugar, dispone favorablemente el corazón de Aspenaz (comp. la historia de José, en Génesis 39:21). Luego permite que el aspecto físico de los cuatro jóvenes justifique el cambio de alimento. En el plano espiritual, ciertos jóvenes cristianos que estudian pueden hallarse en la misma situación que Daniel y sus tres amigos. A los ojos del hombre, el hecho de abstenerse de ciertas fuentes de instrucción y cultura, actualmente consideradas como indispensables, debería ponerlos en inferioridad de condiciones respecto de sus compañeros. Si renuncian a ellas con fe, se les asegura la bendición de lo alto.

Así ocurre con esos cuatro estudiantes, quienes pasan su examen brillantemente. Serán fieles testigos de Dios, mientras que no oiremos hablar más de los otros jóvenes (Salmo 119:98 y 100).

Daniel 2:1-16
1Y EN el segundo año del reinado de Nabucodonosor, soñó Nabucodonosor sueños, y perturbóse su espíritu, y su sueño se huyó de él.2Y mandó el rey llamar magos, astrólogos, y encantadores, y Caldeos, para que mostrasen al rey sus sueños. Vinieron pues, y se presentaron delante del rey.3Y el rey les dijo: He soñado un sueño, y mi espíritu se ha perturbado por saber del sueño.4Entonces hablaron los Caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre vive: di el sueño á tus siervos, y mostraremos la declaración.5Respondió el rey y dijo á los Caldeos: El negocio se me fué: si no me mostráis el sueño y su declaración, seréis hechos cuartos, y vuestras casas serán puestas por muladares.6Y si mostrareis el sueño y su declaración, recibiréis de mí dones y mercedes y grande honra: por tanto, mostradme el sueño y su declaración.7Respondieron la segunda vez, y dijeron: Diga el rey el sueño á sus siervos, y mostraremos su declaración.8El rey respondió, y dijo: Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis dilaciones, porque veis que el negocio se me ha ido.9Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia será de vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que se muda el tiempo: por tanto, decidme el sueño, para que yo entienda que me podéis mostrar su de10Los Caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el negocio del rey: demás de esto, ningún rey, príncipe, ni señor, preguntó cosa semejante á ningún mago, ni astrólogo, ni Caldeo.11Finalmente, el negocio que el rey demanda, es singular, ni hay quien lo pueda declarar delante del rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne.12Por esto el rey con ira y con grande enojo, mandó que matasen á todos los sabios de Babilonia.13Y publicóse el mandamiento, y los sabios eran llevados á la muerte; y buscaron á Daniel y á sus compañeros para matarlos.14Entonces Daniel habló avisada y prudentemente á Arioch, capitán de los de la guarda del rey, que había salido para matar los sabios de Babilonia.15Habló y dijo á Arioch capitán del rey: ¿Qué es la causa que este mandamiento se publica de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioch declaró el negocio á Daniel.16Y Daniel entró, y pidió al rey que le diese tiempo, y que él mostraría al rey la declaración.

¡Cuántas semejanzas hay entre el tiempo de Daniel y el de José! Dios habla a Nabucodonosor por medio de sueños como otrora al Faraón (Génesis 41). Y el intérprete que preparó para explicarlos también es un joven cautivo de la raza de Israel. Daniel fue escogido para revelar los secretos de Dios porque se había guardado de toda contaminación. De modo que el Señor se complacerá en instruirnos y en servirse de nosotros en la medida en que nos abstengamos de las impurezas del mundo.

Notemos cómo Daniel se mantiene apartado hasta que sea debidamente comprobada la incapacidad de los hombres para comprender los pensamientos de Dios. Los mismos caldeos afirman: “No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto… salvo los dioses…” (v. 10-11; cap. 5:11). Sólo pueden reconocer su ignorancia, como en otros tiempos los hechiceros de Egipto (Éxodo 8:19). ¡La conclusión de los caldeos debía haber humillado y confundido al orgulloso monarca! Al contrario, se pone muy furioso y manda matar a todos los sabios. En oposición con esta actitud, el versículo 14 subraya la prudencia y el buen sentido de Daniel. Quiere tomarse el tiempo necesario para colocar todo ese asunto ante Dios.

Daniel 2:17-30
17Fuése luego Daniel á su casa, y declaró el negocio á Ananías, Misael, y Azarías, sus compañeros,18Para demandar misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, y que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia.19Entonces el arcano fué revelado á Daniel en visión de noche; por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo.20Y Daniel habló, y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglo hasta siglo: porque suya es la sabiduría y la fortaleza:21Y él es el que muda los tiempos y las oportunidades: quita reyes, y pone reyes: da la sabiduría á los sabios, y la ciencia á los entendidos:22El revela lo profundo y lo escondido: conoce lo que está en tinieblas, y la luz mora con él.23A ti, oh Dios de mis padres, confieso y te alabo, que me diste sabiduría y fortaleza, y ahora me enseñaste lo que te pedimos; pues nos has enseñado el negocio del rey.24Después de esto Daniel entró á Arioch, al cual el rey había puesto para matar á los sabios de Babilonia; fué, y díjole así: No mates á los sabios de Babilonia: llévame delante del rey, que yo mostraré al rey la declaración.25Entonces Arioch llevó prestamente á Daniel delante del rey, y díjole así: Un varón de los trasportados de Judá he hallado, el cual declarará al rey la interpretación.26Respondió el rey, y dijo á Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme entender el sueño que vi, y su declaración?27Daniel respondió delante del rey, y dijo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos lo pueden enseñar al rey.28Mas hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer á cabo de días. Tu sueño, y las visiones de tu cabeza sobre tu cama, es esto:29Tú, oh rey, en tu cama subieron tus pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser.30Y á mí ha sido revelado este misterio, no por sabiduría que en mí haya, más que en todos los vivientes, sino para que yo notifique al rey la declaración, y que entiendieses los pensamientos de tu corazón.

Notemos el encadenamiento de los hechos: primero Daniel oró con sus amigos (v. 17-18). “Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo” (v. 19). Exponer nuestras peticiones a Dios es nuestro primer deber (Filipenses 4:6). Pero Daniel también pone al corriente a sus tres compañeros a fin de aunar sus súplicas. ¡Qué privilegio compartir una dificultad con amigos cristianos y presentarla juntos al Señor! ¡Y qué eficacia tiene este privilegio, porque nos permite beneficiarnos con la formal promesa del Señor! (Mateo 18:19).

Dios no puede quedar sordo a la súplica de esos hombres que le temen. Él revela el secreto a su siervo (Salmo 25:14). Quizás algún otro en seguida hubiese corrido a ver al rey. Pero para Daniel hay algo más urgente: agradecer a su Dios y alabarle (comp. Génesis 24:26). Sólo después se hace llevar a la presencia de Nabucodonosor. Y todavía vemos brillar uno de los más hermosos rasgos de ese hombre de Dios: su humildad. Como José (Génesis 41:16), Daniel desea que la gloria sea sólo de Dios (v. 30; cap. 1:17). Queridos creyentes, cuando el Señor se haya dignado tomarnos a su servicio, sepamos pasar inadvertidos para dejarle a él todo el mérito y todos los frutos.

Daniel 2:31-49
31Tú, oh rey, veías, y he aquí una grande imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible.32La cabeza de esta imagen era de fino oro; sus pechos y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de metal;33Sus piernas de hierro; sus pies, en parte de hierro, y en parte de barro cocido.34Estabas mirando, hasta que una piedra fué cortada, no con mano, la cual hirió á la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.35Entonces fué también desmenuzado el hierro, el barro cocido, el metal, la plata y el oro, y se tornaron como tamo de las eras del verano: y levantólos el viento, y nunca más se les halló lugar. Mas la piedra que hirió á la imagen, fué hecha un gran monte,36Este es el sueño: la declaración de él diremos también en presencia del rey.37Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, potencia, y fortaleza, y majestad.38Y todo lo que habitan hijos de hombres, bestias del campo, y aves del cielo, él ha entregado en tu mano, y te ha hecho enseñorear sobre todo: tú eres aquella cabeza de oro.39Y después de ti se levantará otro reino menor que tú; y otro tercer reino de metal, el cual se enseñoreará de toda la tierra.40Y el reino cuarto será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y doma todas las cosas, y como el hierro que quebranta todas estas cosas, desmenuzará y quebrantará.41Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero, y en parte de hierro, el reino será dividido; mas habrá en él algo de fortaleza de hierro, según que viste el hierro mezclado con el tiesto de barro.42Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro, y en parte de barro cocido, en parte será el reino fuerte, y en parte será frágil.43Cuanto á aquello que viste, el hierro mezclado con tiesto de barro, mezclaránse con simiente humana, mas no se pegarán el uno con el otro, como el hierro no se mistura con el tiesto.44Y en los días de estos reyes, levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá: y no será dejado á otro pueblo este reino; el cual desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre.45De la manera que viste que del monte fué cortada una piedra, no con manos, la cual desmenuzó al hierro, al metal, al tiesto, á la plata, y al oro; el gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir: y el sueño es verdadero, y fiel su d46Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, y humillóse á Daniel, y mandó que le sacrificasen presentes y perfumes.47El rey habló á Daniel, y dijo: Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de los misterios, pues pudiste revelar este arcano.48Entonces el rey engrandeció á Daniel, y le dió muchos y grandes dones, y púsolo por gobernador de toda la provincia de Babilonia, y por príncipe de los gobernadores sobre todos los sabios de Babilonia.49Y Daniel solicitó del rey, y él puso sobre los negocios de la provincia de Babilonia á Sadrach, Mesach, y Abed-nego: y Daniel estaba á la puerta del rey.

En un impactante resumen se le presenta al rey la historia de las naciones por medio de esa extraña estatua de un hombre, constituida de la cabeza a los pies por diferentes metales. La cabeza de oro representa el primer imperio universal, el de Babilonia, después que Dios hubo retirado su trono de en medio de Israel. Brillante, pero de corta duración, esa monarquía dio lugar al reino medo-persa (el pecho de plata), al cual le sucedió a su turno el imperio griego de Alejandro (el vientre y los muslos de bronce). Finalmente, las piernas y los pies del personaje evocan un cuarto reino fuerte como el hierro, brutal y destructor, en el cual no es difícil reconocer al imperio romano. Su historia, desde las invasiones bárbaras —cuando terminó su primer período—, está actualmente interrumpida por lo que se ha llamado el paréntesis de la Iglesia. Pero, según la profecía, el imperio romano pronto debe reconstituirse por un breve tiempo. Habrá en él un elemento de debilidad figurado por la mezcla de barro cocido y de hierro (los diez reyes, distintos de la bestia romana; Apocalipsis 17:12) que lo hará vulnerable (v. 41-42). Entonces la piedra cortada de la montaña, mas no con mano de hombre, es decir, la introducción del reino de Cristo, pondrá fin a la dominación del “hombre de la tierra” (Salmo 10:18) para la dicha de ésta.

Daniel 3:1-18
1EL rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, la altura de la cual era de sesenta codos, su anchura de seis codos: levantóla en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.2Y envió el rey Nabucodonosor á juntar los grandes, los asistentes y capitanes, oidores, receptores, los del consejo, presidentes, y á todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen á la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había 3Fueron pues reunidos los grandes, los asistentes y capitanes, los oidores, receptores, los del consejo, los presidentes, y todos los gobernadores de las provincias, á la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado: y estaban en pie d4Y el pregonero pregonaba en alta voz: Mándase á vosotros, oh pueblos, naciones, y lenguas,5En oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, os postraréis y adoraréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado:6Y cualquiera que no se postrare y adorare, en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.7Por lo cual, en oyendo todos los pueblos el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, todos los pueblos, naciones, y lenguas, se postraron, y adoraron la estatua de oro que el rey Nabu8Por esto en el mismo tiempo algunos varones Caldeos se llegaron, y denunciaron de los Judíos.9Hablando y diciendo al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.10Tú, oh rey, pusiste ley que todo hombre en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, se postrase y adorase la estatua de oro:11Y el que no se postrase y adorase, fuese echado dentro de un horno de fuego ardiendo.12Hay unos varones Judíos, los cuales pusiste tú sobre los negocios de la provincia de Babilonia; Sadrach, Mesach, y Abed-nego: estos varones, oh rey, no han hecho cuenta de ti; no adoran tus dioses, no adoran la estatua de oro que tú levantaste.13Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen á Sadrach, Mesach, y Abed-nego. Al punto fueron traídos estos varones delante del rey.14Habló Nabucodonosor, y díjoles: ¿Es verdad Sadrach, Mesach, y Abed-nego, que vosotros no honráis á mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?15Ahora pues, ¿estáis prestos para que en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, os postréis, y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora 16Sadrach, Mesach, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: no cuidamos de responderte sobre este negocio.17He aquí nuestro Dios á quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.18Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado.

Para dar un centro religioso común a los pueblos inconexos sobre los cuales reina Nabucodonosor, hace levantar una colosal estatua de oro en la llanura de Dura. Este acto de idolatría es simbólico. Evoca lo que gobierna el corazón de los hombres:

1) la estatua es de oro, ese metal que es objeto de universal veneración.

2) Tiene la forma de un hombre; en efecto, éste tiende a adorarse a sí mismo y a colocarse en lugar de Dios.

3) Finalmente, tiene un inquietante parecido con la imagen de la bestia de los tiempos apocalípticos, la cual cada uno estará obligado a adorar bajo pena de muerte. Entonces, el fiel remanente de Israel será terriblemente puesto a prueba de esa manera (Apocalipsis 13:15 y sig.) Sadrac, Mesac y Abed-nego representan a ese remanente. ¿Intervendrá Dios para librarlos? ¡Tal es el desafío del rey! “No es necesario que te respondamos sobre este asunto” declaran estos jóvenes (v. 16). La fe del creyente no tiene por qué justificarse ante los inconversos. Le basta la aprobación del Señor. Las amenazas de ahora, como anteriormente la atracción de las delicadas comidas del rey, no consiguen apartar a esos tres testigos del camino de la obediencia a Dios. Habían sido fiel “en lo muy poco” (cap. 1), ahora lo son “en lo más” (Lucas 16:10).

Daniel 3:19-30
19Entonces Nabucodonosor fué lleno de ira, y demudóse la figura de su rostro sobre Sadrach, Mesach, y Abed-nego: así habló, y ordenó que el horno se encendiese siete veces tanto de lo que cada vez solía.20Y mandó á hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen á Sadrach, Mesach, y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.21Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus turbantes, y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.22Y porque la palabra del rey daba priesa, y había procurado que se encendiese mucho, la llama del fuego mató á aquellos que habían alzado á Sadrach, Mesach, y Abed-nego.23Y estos tres varones, Sadrach, Mesach, y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.24Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantóse apriesa, y habló, y dijo á los de su consejo: ¿No echaron tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Es verdad, oh rey.25Respondió él y dijo: He aquí que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño hay en ellos: y el parecer del cuarto es semejante á hijo de los dioses.26Entonces Nabucodonosor se acercó á la puerta del horno de fuego ardiendo, y habló y dijo: Sadrach, Mesach, y Abed-nego, siervos del alto Dios, salid y venid. Entonces Sadrach, Mesach, y Abed-nego, salieron de en medio del fuego.27Y juntáronse los grandes, los gobernadores, los capitanes, y los del consejo del rey, para mirar estos varones, como el fuego no se enseñoreó de sus cuerpos, ni cabello de sus cabezas fué quemado, ni sus ropas se mudaron, ni olor de fuego había pasado por28Nabucodonosor habló y dijo: Bendito el Dios de ellos, de Sadrach, Mesach, y Abed-nego, que envió su ángel, y libró sus siervos que esperaron en él, y el mandamiento del rey mudaron, y entregaron sus cuerpos antes que sirviesen ni adorasen otro dios que su29Por mí pues se pone decreto, que todo pueblo, nación, ó lengua, que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrach, Mesach, y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa sea puesta por muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.30Entonces el rey engrandeció á Sadrach, Mesach, y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

Este capítulo nos muestra lo que el fiel debe hacer, lo que Satanás puede hacer, pero también lo que Dios hace. “No temas… estaré contigo… Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. Ésa fue la promesa hecha al remanente fiel en Isaías 43:1-2. Y Dios va a cumplirla. Echados en el horno de fuego ardiente, los tres hombres no sufren mal alguno; además, tienen en él un maravilloso encuentro. En su misterioso compañero de un momento, no tenemos dificultad para reconocer al Hijo de Dios. Sí, el crisol de la prueba es una privilegiada cita del Señor con los suyos.

En tanto que el fuego extermina a los hombres encargados de echar a los condenados en el horno ardiente, ni éstos, ni nada de lo que les pertenece es siquiera impregnado por el olor del fuego. Una única cosa es consumida en el horno de fuego ardiente: las ataduras con las cuales se los había inmovilizado (v. 25). ¿No es a menudo éste el resultado de la prueba para el cristiano? Lo libera de tal o cual atadura con la cual el mundo lo tenía sujeto y le permite andar libremente en compañía del Señor Jesús.

La ira del rey dio lugar a la consternación (v. 24). Al exponer su vida, esos jóvenes testigos supieron demostrarle la realidad de su fe en un Dios todopoderoso.

Daniel 4:1-18
1NABUCODONOSOR rey, á todos los pueblos, naciones, y lenguas, que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada:2Las señales y milagros que el alto Dios ha hecho conmigo, conviene que yo las publique.3Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío hasta generación y generación.4Yo Nabucodonosor estaba quieto en mi casa, y floreciente en mi palacio.5Vi un sueño que me espantó, y las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron en mi cama.6Por lo cual yo puse mandamiento para hacer venir delante de mí todos los sabios de Babilonia, que me mostrasen la declaración del sueño.7Y vinieron magos, astrólogos, Caldeos, y adivinos: y dije el sueño delante de ellos, mas nunca me mostraron su declaración;8Hasta tanto que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en el cual hay espíritu de los dioses santos, y dije el sueño delante de él, diciendo:9Beltsasar, príncipe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, exprésame las visiones de mi sueño que he visto, y su declaración.10Aquestas las visiones de mi cabeza en mi cama: Parecíame que veía un árbol en medio de la tierra, cuya altura era grande.11Crecía este árbol, y hacíase fuerte, y su altura llegaba hasta el cielo, y su vista hasta el cabo de toda la tierra.12Su copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y para todos había en él mantenimiento. Debajo de él se ponían á la sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y manteníase de él toda carne.13Veía en las visiones de mi cabeza en mi cama, y he aquí que un vigilante y santo descendía del cielo.14Y clamaba fuertemente y decía así: Cortad el árbol, y desmochad sus ramas, derribad su copa, y derramad su fruto: váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas.15Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de metal entre la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte con las bestias en la hierba de la tierra.16Su corazón sea mudado de corazón de hombre, y séale dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.17La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la demanda: para que conozcan los vivientes que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y que á quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.18Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú pues, Beltsasar, dirás la declaración de él, porque todos los sabios de mi reino nunca pudieron mostrarme su interpretación: mas tú puedes, porque hay en ti espíritu de los dioses santos.

Este capítulo reproduce sin comentario una proclama de Nabucodonosor. ¡A la verdad es un discurso muy diferente de los que pronuncian de costumbre los jefes de Estado! Se trata más bien de un testimonio dado ante todos los habitantes del mundo. En la medida que podamos, no temamos decir en voz muy alta lo que el Señor hizo por nosotros.

El rey empieza por recordar su antigua condición. Estaba tranquilo (v. 4), pero era una paz engañosa; era floreciente, mas la vida de un hombre no consiste en la abundancia de sus bienes (Lucas 12:15); todo lo que el Dios Altísimo había puesto en sus manos sólo había servido para nutrir su soberbia y el contentamiento consigo mismo. Para arrancarlo de su falsa seguridad se le envió un sueño que felizmente termina por espantarlo y turbarlo (v. 5). ¡Saludable espanto! A menudo la inquietud es la primera señal del trabajo de Dios en una conciencia. Pero, una vez más, solamente después de haber agotado todos los recursos humanos —magos, astrólogos, caldeos y adivinos— y cuando su impotencia es manifestada (2 Timoteo 3:9), Nabucodonosor está dispuesto a aceptar la interpretación de Daniel. Discierne en él “el espíritu de los dioses santos” (v. 8 y 18; comp. Génesis 41:38). Sólo el Espíritu de Dios puede explicar la palabra de Dios (1 Corintios 2:11).

Daniel 4:19-27
19Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, estuvo callando casi una hora, y sus pensamientos lo espantaban: El rey habló, y dijo: Beltsasar, el sueño ni su declaración no te espante. Respondió Beltsasar, y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos,20El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y que su altura llegaba hasta el cielo, y su vista por toda la tierra;21Y cuya copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él; debajo del cual moraban las bestias del campo, y en sus ramas habitaban las aves del cielo,22Tú mismo eres, oh rey, que creciste, y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu señorío hasta el cabo de la tierra.23Y cuanto á lo que vió el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo, y decía: Cortad el árbol y destruidlo: mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de metal en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del ci24Esta es la declaración, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre el rey mi señor:25Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como á los bueyes, y con rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que entiendas que el Altísimo se enseñore26Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino se te quedará firme, luego que entiendas que el señorío es en los cielos.27Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.

Se comprende la lucha interior que hay en el corazón de Daniel cuando descubre el significado del sueño. En semejantes circunstancias, decir la verdad lo expone a la muerte. Pero no flojea. El sentimiento de la misión que recibió de Dios le da la valentía necesaria para abrir ante los ojos del rey el libro de su porvenir, valentía que no excluye la sabiduría y la mansedumbre; sabe hablar con un espíritu de gracia sazonada con sal (Colosenses 4:6). ¡El Señor nos aliente por medio del ejemplo de ese fiel siervo! Nosotros que sabemos por la Palabra cuál será la suerte eterna de los pecadores sin arrepentimiento, no escondamos ese terrible lado de la Verdad por miedo a desagradar a los hombres.

El gran árbol, figura del rey, también representa al mundo en general (véase Ezequiel 31:3-9). Soberbio y floreciente (v. 4), está organizado para satisfacer todas las necesidades y codicias de la humanidad. Su sombra protectora y sus variadas ramas ofrecen a cada uno su lugar y su alimento (v. 21). El mundo sólo olvida una cosa: que “el Altísimo tiene dominio” (v. 25). Por eso el juicio va a caer sobre él, y Dios, mediante su Palabra, advierte a cada uno: “Tus pecados redime con justicia” (v. 27) y reconcíliate con Dios (comp. Isaías 58:6-7).

Daniel 4:28-37
28Todo aquesto vino sobre el rey Nabucodonosor.29A cabo de doce meses, andándose paseando sobre el palacio del reino de Babilonia,30Habló el rey, y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza?31Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo: A ti dicen, rey Nabucodonosor; el reino es traspasado de ti:32Y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo será tu morada, y como á los bueyes te apacentarán: y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hombres, y á quien él quisiere lo da.33En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fué echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se bañaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como de águila, y sus uñas como de aves.34Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fué vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades.35Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?36En el mismo tiempo mi sentido me fué vuelto, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron á mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fuí restituído á mi reino, y mayor grandeza me fué añadida.37Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede á los que andan con soberbia.

La paciencia de Dios otorgó doce meses al rey para romper con sus pecados (v. 27 y 29). Lamentablemente, su secreta raíz, la soberbia, no hace más que crecer desmedidamente (5:20). Llega el día en que Nabucodonosor mismo da la señal de su desastre: pronuncia la insensata frase por medio de la cual tiende a hacerse igual a Dios (v. 30). No ha terminado de hablar cuando la sentencia divina cae del cielo como el rayo y lo que ella anuncia se cumple “en la misma hora”. El más grande personaje de la tierra pierde la razón y es rebajado al rango de una estúpida bestia. De hecho, la sumisión a la voluntad de Dios es la única cosa que eleva al hombre.

El rey se restablece tan pronto como aprende a alzar los ojos al cielo. El que desde lo alto de su palacio había pregonado el poder de su fuerza y la gloria de su majestad, de ahí en adelante proclama ante toda la tierra: “Alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo…” ¡Qué cambio en el corazón de ese hombre: ayer un impío, hoy un adorador! Reconoce la legitimidad de la lección que aprendió. El Altísimo, quien eleva “al más bajo de los hombres” (v. 17 fin), es poderoso para “humillar a los que andan con soberbia” (v. 37; Lucas 18:14). A este relato puede servirle de conclusión el versículo 10 del Salmo 2: “¡Ahora, pues, oh reyes, obrad con cordura!” (V.M.)

Daniel 5:1-12
1EL rey Belsasar hizo un gran banquete á mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino.2Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalem; para que bebiesen con ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.3Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, y bebieron con ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.4Bebieron vino, y alabaron á los dioses de oro y de plata, de metal, de hierro, de madera, y de piedra.5En aquella misma hora salieron unos dedos de mano de hombre, y escribían delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la palma de la mano que escribía.6Entonces el rey se demudó de su color, y sus pensamientos lo turbaron, y desatáronse las ceñiduras de sus lomos, y sus rodillas se batían la una con la otra.7El rey clamó en alta voz que hiciesen venir magos, Caldeos, y adivinos. Habló el rey, y dijo á los sabios de Babilonia: Cualquiera que leyere esta escritura, y me mostrare su declaración, será vestido de púrpura, y tendrá collar de oro á su cuello; y en e8Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, y no pudieron leer la escritura, ni mostrar al rey su declaración.9Entonces el rey Belsasar fué muy turbado, y se le mudaron sus colores y alteráronse sus príncipes.10La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró á la sala del banquete. Y habló la reina, y dijo: Rey, para siempre vive, no te asombren tus pensamientos, ni tus colores se demuden:11En tu reino hay un varón, en el cual mora el espíritu de los dioses santos; y en los días de tu padre se halló en él luz é inteligencia y sabiduría, como ciencia de los dioses: al cual el rey Nabucodonosor, tu padre, el rey tu padre constituyó príncipe so12Por cuanto fué hallado en él mayor espíritu, y ciencia, y entendimiento, interpretando sueños, y declarando preguntas, y deshaciendo dudas, es á saber, en Daniel; al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llámese pues ahora á Daniel, y él mostrará la decl

El tiempo de Nabucodonosor se había caracterizado por la persecución de que fueron objeto los fieles (cap. 3). El de su sucesor Belsasar se destaca, al contrario, por la indiferencia religiosa, la fácil abundancia y la búsqueda de los placeres. En la historia del mundo tales períodos se suceden y nuestra época esclarecida y tolerante se parece mucho a la de Belsasar. En la mayoría de los países no se persigue más a los creyentes. Pero se ofende a Dios de otra manera; tenemos una imagen de ello en ese banquete. Para adornar se mesa, el sacrílego rey no teme hacer traer los santos utensilios del Templo. Y la orgía sigue a más y mejor… cuando ocurre algo espantoso. En la pared, “delante del candelero” (comp. Números 8:2), una mano se perfila, escribe algunas palabras y desaparece… El rey palidece, sus rodillas se entrechocan; también los grandes están perplejos. ¿Cuál será el sabio que leerá la trágica escritura? (1 Corintios 1:19). El príncipe ligero y mundano no conoce a Daniel (comp. Éxodo 1:8). Pero la reina madre sabrá escogerlo. Ella no asistía al banquete, como tampoco el profeta. Separación del mundo y discernimiento espiritual van a la par.

A los hombres de nuestra generación Dios ya no los advierte con misteriosos mensajes sino mediante su Palabra.

Daniel 5:13-31
13Entonces Daniel fué traído delante del rey. Y habló el rey, y dijo á Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea?14Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, y entendimiento y mayor sabiduría.15Y ahora fueron traídos delante de mí, sabios, astrólogos, que leyesen esta escritura, y me mostrasen su interpretación: pero no han podido mostrar la declaración del negocio.16Yo pues he oído de ti que puedes declarar las dudas, y desatar dificultades. Si ahora pudieres leer esta escritura, y mostrarme su interpretación, serás vestido de púrpura, y collar de oro tendrás en tu cuello, y en el reino serás el tercer señor.17Entonces Daniel respondió, y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y tus presentes dalos á otro. La escritura yo la leeré al rey, y le mostraré la declaración.18El altísimo Dios, oh rey, dió á Nabucodonosor tu padre el reino, y la grandeza, y la gloria, y la honra:19Y por la grandeza que le dió, todos los pueblos, naciones, y lenguas, temblaban y temían delante de él. Los que él quería mataba, y daba vida á los que quería: engrandecía á los que quería, y á los que quería humillaba.20Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fué depuesto del trono de su reino, y traspasaron de él la gloria:21Y fué echado de entre los hijos de los hombres; y su corazón fué puesto con las bestias, y con los asnos monteses fué su morada. Hierba le hicieron comer, como á buey, y su cuerpo fué bañado con el rocío del cielo, hasta que conoció que el altísimo Dios s22Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto:23Antes contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, é hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus príncipes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos: demás de esto, á dioses de plata y de oro, de metal, de hierro, de mader24Entonces de su presencia fué enviada la palma de la mano que esculpió esta escritura.25Y la escritura que esculpió es: MENE, MENE, TEKEL, UPHARSIN.26La declaración del negocio es: MENE: Contó Dios tu reino, y halo rematado.27TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.28PERES: Tu reino fué rompido, y es dado á Medos y Persas.29Entonces, mandándolo Belsasar, vistieron á Daniel de púrpura, y en su cuello fué puesto un collar de oro, y pregonaron de él que fuese el tercer señor en el reino.30La misma noche fué muerto Belsasar, rey de los Caldeos.31Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años.

Por tercera vez en un momento crítico, Daniel entra en escena para interpretar el pensamiento de Dios. Pero aquí estamos en el último cuarto de hora de la historia de Babilonia. Y el varón de Dios ya no procede con miramiento alguno para anunciar su derrumbe. Belsasar no tuvo en cuenta el testimonio de su padre (v. 22). Daniel sólo puede traducirle la irrevocable sentencia. Tres palabras le bastan a Dios para sellar la suerte de Babilonia y su príncipe. “Mene, Mene”: contado y recontado. ¡Admiremos esa repetición! Es como si el justo Dios verificara con cuidado su suma antes de la decisión final (comp. Génesis 18:21). ¡Pesado! ¡Ay! ese frívolo monarca y sus grandes colocados “en la balanza… serán menos que nada” (Salmo 62:9). ¡Finalmente dividido! El Altísimo que “gobierna el reino de los hombres” va a dar éste a otro. La Historia relata cómo Ciro el persa, después de haber desviado el curso del Eufrates (el que atraviesa Babilonia), se sirvió de su lecho desecado para introducirse en la ciudad con sus soldados, aprovechando la noche y la orgía del palacio. ¡Es de desear que ese solemne relato también nos instruya! Velemos y seamos sobrios para que no nos sorprenda la venida del Señor.

Daniel 6:1-16
1PARECIO bien á Darío constituir sobre el reino ciento veinte gobernadores, que estuviesen en todo el reino.2Y sobre ellos tres presidentes, de los cuales Daniel era el uno, á quienes estos gobernadores diesen cuenta, porque el rey no recibiese daño.3Pero el mismo Daniel era superior á estos gobernadores y presidentes, porque había en él más abundancia de espíritu: y el rey pensaba de ponerlo sobre todo el reino.4Entonces los presidentes y gobernadores buscaban ocasiones contra Daniel por parte del reino; mas no podían hallar alguna ocasión ó falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fué en él hallado.5Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna, si no la hallamos contra él en la ley de su Dios.6Entonces estos gobernadores y presidentes se juntaron delante del rey, y le dijeron así: Rey Darío, para siempre vive:7Todos los presidentes del reino, magistrados, gobernadores, grandes y capitanes, han acordado por consejo promulgar un real edicto, y confirmarlo, que cualquiera que demandare petición de cualquier dios ú hombre en el espacio de treinta días, sino de ti, 8Ahora, oh rey, confirma el edicto, y firma la escritura, para que no se pueda mudar, conforme á la ley de Media y de Persia, la cual no se revoca.9Firmó pues el rey Darío la escritura y el edicto.10Y Daniel, cuando supo que la escritura estaba firmada, entróse en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que estaban hacia Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios, como lo solía hacer antes.11Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron á Daniel orando y rogando delante de su Dios.12Llegáronse luego, y hablaron delante del rey acerca del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que pidiere á cualquier dios ú hombre en el espacio de treinta días, excepto á ti, oh rey, fuese echado en el foso de los leones? Respondió el re13Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel que es de los hijos de la cautividad de los Judíos, no ha hecho cuenta de ti, oh rey, ni del edicto que confirmaste; antes tres veces al día hace su petición.14El rey entonces, oyendo el negocio, pesóle en gran manera, y sobre Daniel puso cuidado para librarlo; y hasta puestas del sol trabajó para librarle.15Empero aquellos hombres se reunieron cerca del rey, y dijeron al rey: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia, que ningún decreto ú ordenanza que el rey confirmare pueda mudarse.16Entonces el rey mandó, y trajeron á Daniel, y echáronle en el foso de los leones. Y hablando el rey dijo á Daniel: El Dios tuyo, á quien tú continuamente sirves, él te libre.

El imperio de la «cabeza de oro» pasó en una sola noche. Daniel, presente en sus comienzos, también asistió a su caída 70 años más tarde. Y volvemos a hallar al profeta, anciano de casi 90 años, dominando los acontecimientos y las personas. No le impresiona más el esplendor humano que su derrumbe. Aunque extranjero (tanto en el sentido moral como en el propio) sirvió con la misma conciencia al vanidoso Nabucodonosor, al mundano Belsasar y ahora al débil Darío (comp. 1 Pedro 2:18). Esa fidelidad le vale la confianza del soberano y la envidia de sus colegas. Éstos conspiran contra él, y el rey, inducido en error por su hipócrita gestión, firma un irrevocable decreto. Pero Daniel, por más buen servidor que sea, no puede someterse a él. Fue necesaria esa inicua conspiración para que nos enteremos de que el hombre de Dios tenía una santa costumbre: tres veces al día se arrodillaba en su habitación para invocar a su Dios (léase 1 Reyes 8:48 y 50 y Salmo 55:17).

Queridos amigos, podemos ponernos de rodillas tanto como lo deseemos sin ser inquietados. Usemos de este privilegio para hallar en él, como Daniel, la oculta fuente de la fuerza y de la sabiduría.

Daniel 6:16-28
16Entonces el rey mandó, y trajeron á Daniel, y echáronle en el foso de los leones. Y hablando el rey dijo á Daniel: El Dios tuyo, á quien tú continuamente sirves, él te libre.17Y fué traída una piedra, y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo, y con el anillo de sus príncipes, porque el acuerdo acerca de Daniel no se mudase.18Fuése luego el rey á su palacio, y acostóse ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fué el sueño.19El rey, por tanto, se levantó muy de mañana, y fué apriesa al foso de los leones:20Y llegándose cerca del foso llamó á voces á Daniel con voz triste: y hablando el rey dijo á Daniel: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, á quien tú continuamente sirves ¿te ha podido librar de los leones?21Entonces habló Daniel con el rey: oh rey, para siempre vive.22El Dios mío envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen mal: porque delante de él se halló en mí justicia: y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho lo que no debiese.23Entonces se alegró el rey en gran manera á causa de él, y mandó sacar á Daniel del foso: y fué Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque creyó en su Dios.24Y mandándolo el rey fueron traídos aquellos hombres que habían acusado á Daniel, y fueron echados en el foso de los leones, ellos, sus hijos, y sus mujeres; y aun no habían llegado al suelo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos, y quebrantaro25Entonces el rey Darío escribió á todos los pueblos, naciones, y lenguas, que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada:26De parte mía es puesta ordenanza, que en todo el señorío de mi reino todos teman y tiemblen de la presencia del Dios de Daniel: porque él es el Dios viviente y permanente por todos los siglos, y su reino tal que no será desecho, y su señorío hasta el fin.27Que salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; el cual libró á Daniel del poder de los leones.28Y este Daniel fué prosperado durante el reinado de Darío, y durante el reinado de Ciro, Persa.

En el foso de los leones se renueva el milagro del horno ardiente del capítulo 3. El varón de Dios es guardado de los dientes de las fieras como en otros tiempos sus tres amigos lo fueron del ardor del fuego. Hebreos 11:33-34 nos revela su común secreto: “por fe… taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos”. Uno puede preguntarse por qué Dios liberó a esos siervos cuando tantos otros mártires dejaron su vida en las hogueras o las arenas (comp. Hebreos 11:37). Ante todo, Dios protegió a sus testigos para mostrar su poder: aquí Él estaba comprometido frente a Darío. Este episodio de la vida del profeta corresponde palabra por palabra a la experiencia relatada en el Salmo 57 (v. 4-5 y el solemne v. 6).

¡Cómo nos hace pensar Daniel en el Señor Jesús! Así fue Cristo, fiel del principio al fin: extranjero, separado del mundo, pero siempre dispuesto a hacer el bien y a revelar el pensamiento de Dios acerca del mundo.

Como Daniel, no dio motivo a las acusaciones y fue condenado sin razón, a causa de su misma fidelidad (comp. v. 4). Pero salió triunfante de la muerte (ese dominio del león rugiente: Salmo 22:13 y 21), la cual será la parte de los malvados. ¡Sí, gloria a nuestro Redentor!

Daniel 7:1-14
1EN el primer año de Belsasar rey de Babilonia, vió Daniel un sueño y visiones de su cabeza en su cama: luego escribió el sueño, y notó la suma de los negocios.2Habló Daniel y dijo: Veía yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en la gran mar.3Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían de la mar.4La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta tanto que sus alas fueron arrancadas, y fué quitada de la tierra; y púsose enhiesta sobre los pies á manera de hombre, y fuéle dado corazón de hombre.5Y he aquí otra segunda bestia, semejante á un oso, la cual se puso al un lado, y tenía en su boca tres costillas entre sus dientes; y fuéle dicho así: Levántate, traga carne mucha.6Después de esto yo miraba, y he aquí otra, semejante á un tigre, y tenía cuatro alas de ave en sus espaldas: tenía también esta bestia cuatro cabezas; y fuéle dada potestad.7Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible, y en grande manera fuerte; la cual tenía unos dientes grandes de hierro: devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies: y era muy diferent8Estando yo contemplando los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño subía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí, en este cuerno había ojos como ojos de hombre, y una boca que hablaba grandezas.9Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas: y un Anciano de grande edad se sentó, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla llama de fuego, sus ruedas fuego ardiente.10Un río de fuego procedía y salía de delante de él: millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él: el Juez se sentó, y los libros se abrieron.11Yo entonces miraba á causa de la voz de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta tanto que mataron la bestia, y su cuerpo fué deshecho, y entregado para ser quemado en el fuego.12Habían también quitado á las otras bestias su señorío, y les había sido dada prolongación de vida hasta cierto tiempo.13Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí en las nubes del cielo como un hijo de hombre que venía, y llegó hasta el Anciano de grande edad, é hiciéronle llegar delante de él.14Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá.

Recordemos el plan del libro de Daniel. En los primeros seis capítulos hemos visto vivir a ese varón de Dios. En los seis últimos oiremos sus profecías.

Ahora le toca a Daniel tener un sueño cuyo tema general es el mismo que el de Nabucodonosor en el capítulo 2. Pero esta vez, las cuatro sucesivas monarquías del tiempo de los gentiles se ven bajo la apariencia de bestias. El león con alas de águila representa a Babilonia (comp. Jeremías 4:7; 49:19, 22 y 30), el oso feroz a Persia; el rápido leopardo al imperio griego. En cuanto a la cuarta bestia que surge “espantosa y terrible y en gran manera fuerte”, no existe en la creación un animal lo bastante monstruoso como para prestarle su nombre (2:40). Se trata del imperio romano, especialmente bajo la forma que va a tomar: la de diez cuernos (o diez reyes) con el pequeño cuerno preponderante. Este último representa al jefe del imperio, agente de Satanás, hombre de una inteligencia sin par al servicio de una desmedida ambición, el que proferirá blasfemias. “Estuve mirando hasta que…” (comp. 2:34). El “Anciano de días”, es decir, Dios mismo, súbitamente destruirá esa encarnación del espíritu del mal, antes de dar al Hijo del hombre “dominio, gloria y reino” (v. 14).

Daniel 7:15-28
15Mi espíritu fué turbado, yo Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.16Lleguéme á uno de los que asistían, y preguntéle la verdad acerca de todo esto. Y hablóme, y declaróme la interpretación de las cosas.17Estas grandes bestias, las cuales son cuatro, cuatro reyes son, que se levantarán en la tierra.18Después tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, y hasta el siglo de los siglos.19Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que tan diferente era de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro, y sus uñas de metal, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies:20Asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que había subido, de delante del cual habían caído tres: y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandezas, y su parecer mayor que el de sus compañeros.21Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,22Hasta tanto que vino el Anciano de grande edad, y se dió el juicio á los santos del Altísimo; y vino el tiempo, y los santos poseyeron el reino.23Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será más grande que todos los otros reinos, y á toda la tierra devorará, y la hollará, y la despedazará.24Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será mayor que los primeros, y á tres reyes derribará.25Y hablará palabras contra el Altísimo, y á los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en mudar los tiempos y la ley: y entregados serán en su mano hasta tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo.26Empero se sentará el juez, y quitaránle su señorío, para que sea destruído y arruinado hasta el extremo;27Y que el reino, y el señorío, y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo; cuyo reino es reino eterno, y todos los señoríos le servirán y obedecerán.28Hasta aquí fué el fin de la plática. Yo Daniel, mucho me turbaron mis pensamientos, y mi rostro se me mudó: mas guardé en mi corazón el negocio.

Si estos temas proféticos nos parecen arduos, imitemos a Daniel, quien tiene el deseo de saber la verdad (v. 19) y pregunta por ella (v. 16). Esos acontecimientos, tan cercanos ahora, deben interesarnos por más de una razón. Primeramente, se trata de la forma que tomará el mundo, en el cual vivimos, después del arrebatamiento de la Iglesia. Y ya vemos claramente dibujarse las corrientes que convergen hacia ese espantoso cuadro final: la opresión y la violencia (v. 19); la negación de toda relación con Dios (las bestias: léase 2 Pedro 2:12), la insensata exaltación del hombre (ese cuerno que se eleva, hablando grandes cosas)…

No olvidemos que los testigos llamados “santos del Altísimo” atravesarán esa trágica época. Tendrán que sufrir, serán quebrantados (literalmente usados: v. 25), pero luego recibirán el reino y el juicio (v. 18 y 22; Apocalipsis 20:4). Y lo que en el versículo 14 fue atribuido al Hijo del hombre será igualmente dado al pueblo de los santos del Altísimo (v. 27). Habrán sido trillados (v. 23) por los “dominios” malvados (v. 27). A su turno recibirán ese dominio cuando el Señor, quien fue fiel hasta la muerte más que cualquiera, se asociará en gracia con los suyos a fin de reinar con ellos (Salmo 149:5-9).

Daniel 8:1-14
1EN el año tercero del reinado del rey Belsasar, me apareció una visión á mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes.2Vi en visión, (y aconteció cuando vi, que yo estaba en Susán, que es cabecera del reino en la provincia de Persia;) vi pues en visión, estando junto al río Ulai,3Y alcé mis ojos, y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, el cual tenía dos cuernos: y aunque eran altos, el uno era más alto que el otro; y el más alto subió á la postre.4Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte, y al mediodía, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su mano: y hacía conforme á su voluntad, y engrandecíase.5Y estando yo considerando, he aquí un macho de cabrío venía de la parte del poniente sobre la haz de toda la tierra, el cual no tocaba la tierra: y tenía aquel macho de cabrío un cuerno notable entre sus ojos:6Y vino hasta el carnero que tenía los dos cuernos, al cual había yo visto que estaba delante del río, y corrió contra él con la ira de su fortaleza.7Y vilo que llegó junto al carnero, y levantóse contra él, é hiriólo, y quebró sus dos cuernos, porque en el carnero no había fuerzas para parar delante de él: derribólo por tanto en tierra, y hollólo; ni hubo quien librase al carnero de su mano.8Y engrandecióse en gran manera el macho de cabrío; y estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fué quebrado, y en su lugar subieron otros cuatro maravillosos hacia los cuatro vientos del cielo.9Y del uno de ellos salió un cuerno pequeño, el cual creció mucho al mediodía, y al oriente, y hacia la tierra deseable.10Y engrandecióse hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las holló.11Aun contra el príncipe de la fortaleza se engrandeció, y por él fué quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fué echado por tierra.12Y el ejército fué le entregado á causa de la prevaricación sobre el continuo sacrificio: y echó por tierra la verdad, é hizo cuanto quiso, y sucedióle prósperamente.13Y oí un santo que hablaba; y otro de los santos dijo á aquél que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora que pone el santuario y el ejército para ser hollados?14Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado.

La nueva visión otorgada a Daniel antes del fin del primer imperio (v. 1) ya concierne, sin embargo, a las relaciones del segundo reino (Persia) con el tercero (Grecia o Javán) lo mismo que a la final evolución de este último. La dominación medo-persa (el carnero) debía ser quebrantada y reemplazada por el “macho cabrío”, es decir, el imperio griego. A su turno, éste iba a desmembrarse a la muerte de Alejandro para ser repartido entre sus cuatro generales (v. 8). Punto por punto la visión fue notablemente confirmada por la Historia. Después de lo cual, sin transición, pasando por encima de los tiempos actuales, la profecía nos transporta al “tiempo del fin” (v. 17). Mientras el occidente será gobernado por “la bestia” (cap. 7), otro personaje extremadamente poderoso se levantará en oriente en el lugar ocupado antiguamente por uno de los demás “cuernos”. Es el asirio, mencionado por otros profetas. Su única ambición será la de crecer y elevarse cada vez más. Se extenderá en dirección a “la tierra gloriosa” (Israel) y en su impía temeridad quitará el culto de Dios de Jerusalén. Nada igualará su orgullo y locura. ¡Y sin embargo!… pisotear los dones celestiales y el sacrificio de Cristo, echar por tierra la verdad, ya es la actitud de todos los que hoy en día niegan la fe (v. 9-12).

Daniel 8:15-27
15Y acaeció que estando yo Daniel considerando la visión, y buscando su inteligencia, he aquí, como una semejanza de hombre se puso delante de mí.16Y oí una voz de hombre entre las riberas de Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña la visión á éste.17Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y caí sobre mi rostro. Empero él me dijo: Entiende, hijo del hombre, porque al tiempo se cumplirá la visión.18Y estando él hablando conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro: y él me tocó, é hízome estar en pie.19Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo ha de venir en el fin de la ira: porque al tiempo se cumplirá:20Aquel carnero que viste, que tenía cuernos, son los reyes de Media y de Persia.21Y el macho cabrío es el rey de Javán: y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero.22Y que fué quebrado y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos sucederán de la nación, mas no en la fortaleza de él.23Y al cabo del imperio de éstos, cuando se cumplirán los prevaricadores, levantaráse un rey altivo de rostro, y entendido en dudas.24Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza suya, y destruirá maravillosamente, y prosperará; y hará arbitrariamente, y destruirá fuertes y al pueblo de los santos.25Y con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y con paz destruirá á muchos: y contra el príncipe de los príncipes se levantará; mas sin mano será quebrantado.26Y la visión de la tarde y la mañana que está dicha, es verdadera: y tú guarda la visión, porque es para muchos días.27Y yo Daniel fuí quebrantado, y estuve enfermo algunos días: y cuando convalecí, hice el negocio del rey; mas estaba espantado acerca de la visión, y no había quien la entendiese.

El ángel Gabriel está encargado de explicar a Daniel la visión que tanto lo asustó. En los últimos tiempos del reino venidero —el del norte, del imperio griego—, cuando la maldad de los hombres haya llegado al colmo (v. 23), se levantará un rey, llamado el asirio, diferente del pequeño cuerno del capítulo 7. Ese hombre utilizará su extraordinaria inteligencia para hacer el mal (v. 24-25). En último lugar se atreverá a atacar a Cristo. Entonces será quebrantado por la directa intervención de Dios (sin mano), en contraste con la historia de los imperios, en la que vemos a Dios utilizar al uno para derrumbar al otro (Job 34:20).

De esa manera, este capítulo nos mostró cómo los cuernos del carnero (el imperio de los medas y persas) fueron quebrantados y reemplazados por el cuerno del macho cabrío (el imperio griego) y finalmente por el mismo atrevido rey. Dios permite que ese hombre se eleve y elimine a sus rivales, pero su fin es ser quebrantado (Proverbios 6:15). La Historia ya nos ofrece más de un comparable ejemplo. Tal el de Alejandro, llamado el Grande, ese fogoso conquistador, quien murió a los 33 años de edad después de haber subyugado un inmenso imperio. Sin duda, él ilustra mucho mejor que otros estas palabras del Señor Jesús: “Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

Daniel 9:1-14
1EN el año primero de Darío hijo de Assuero, de la nación de los Medos, el cual fué puesto por rey sobre el reino de los Caldeos;2En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años, del cual habló Jehová al profeta Jeremías, que había de concluir la asolación de Jerusalem en setenta años.3Y volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, en ayuno, y cilicio, y ceniza.4Y oré á Jehová mi Dios, y confesé, y dije: Ahora Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;5Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios.6No hemos obedecido á tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron á nuestros reyes, y á nuestros príncipes, á nuestros padres, y á todo el pueblo de la tierra.7Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy á todo hombre de Judá, y á los moradores de Jerusalem, y á todo Israel, á los de cerca y á los de lejos, en todas las tierras á donde los has echado á causa de su rebelió8Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.9De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia, y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado;10Y no obedecimos á la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes, las cuales puso él delante de nosotros por mano de sus siervos los profetas.11Y todo Israel traspasó tu ley apartándose para no oir tu voz: por lo cual ha fluído sobre nosotros la maldición, y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos.12Y él ha verificado su palabra que habló sobre nosotros, y sobre nuestros jueces que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; que nunca fué hecho debajo del cielo como el que fué hecho en Jerusalem.13Según está escrito en la ley de Moisés, todo aqueste mal vino sobre nosotros: y no hemos rogado á la faz de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades, y entender tu verdad.14Veló por tanto Jehová sobre el mal, y trájolo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que hizo, porque no obedecimos á su voz.

Este hermoso capítulo nos muestra a Daniel haciendo uso de dos recursos, los que siempre están a nuestra disposición: la Palabra y la oración. Esta vez no es enseñado mediante una visión, sino al escudriñar las Escrituras. Por ellas se entera:

1) de que la liberación de Israel está cercana (v. 2; véase Jeremías 29:10 y sig.);

2) por qué motivos la mano de Jehová hirió y dispersó a su pueblo y en qué condiciones la restauración puede tener lugar (v. 11; léase Levítico 26:40 y sig.);

3) de la actitud conveniente para que Dios escuche y perdone (léase 1 Reyes 8:47 y sig.)

Vuelto su rostro hacia Jerusalén y hacia Dios el Señor, Daniel vuelve a tomar las expresiones dictadas por Salomón palabra por palabra: “Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente…” (v. 5 y 15; cap. 6:10). Daniel no sólo nos es presentado como irreprochable, sino que aun sufrió las consecuencias del pecado de otros durante toda una vida de exilio. No obstante, confiesa la iniquidad como siendo suya; experimenta el dolor y la humillación de ella ante Dios; carga con las transgresiones de su pueblo. Es lo que Cristo hizo perfectamente. Exento de todo pecado, cargó con los nuestros, los confesó como siendo sus pecados, soportando, solo, en nuestro lugar, el castigo que habíamos merecido (Salmo 40:12).

Daniel 9:15-27
15Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste nombre cual en este día; hemos pecado, impíamente hemos hecho.16Oh Señor, según todas tus justicias, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalem, tu santo monte: porque á causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalem y tu pueblo dados son en oprobio á todos en derredor nues17Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.18Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestros asolamientos, y la ciudad sobre la cual es llamado tu nombre: porque no derramamos nuestros ruegos ante tu acatamiento confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas miseraciones.19Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.20Aun estaba hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;21Aun estaba hablando en oración, y aquel varón Gabriel, al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como á la hora del sacrificio de la tarde.22hízome entender, y habló conmigo, y dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración.23Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión.24Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos25Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar á Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse á edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.26Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá á la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamiento27Y en otra semana confirmará el pacto á muchos, y á la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el

Aquí Daniel no obra como profeta (comp. v. 6), sino más bien como abogado de Israel. Sabe hallar los argumentos justos, exactos para tocar el corazón de Dios. Le pide que intervenga “por amor del Señor” (v. 17), “en tus muchas misericordias” (v. 18), “por amor de ti mismo… porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (v. 19; comp. Salmo 25:11; Levítico 22:32). Tal oración es agradable a Dios, quien se apresura a contestarla. Su mensajero de nuevo es Gabriel, el mismo que será escogido para anunciar el nacimiento del Salvador y el de su precursor (Lucas 1:19 y 26). Pero aquí el ángel no está encargado de transmitir un feliz mensaje, ¡ni mucho menos! Esclarece la inteligencia de Daniel acerca de:

1) el rechazo del Mesías después de 69 (7 + 62) semanas de años. Esos 483 años (69 x 7) deberán contarse a partir del comienzo de la reconstrucción de Jerusalén en el tiempo de Nehemías;

2) la destrucción de la ciudad y del templo por los romanos al mando de Tito (v. 26); por fin, en un tiempo aún venidero, la trágica equivocación de los judíos que, enceguecidos por Satanás, reciben en lugar de Cristo a “un desolador”, el Anticristo (v. 27). En el capítulo 24 de Mateo, versículos 15 y siguientes, el Señor Jesús con solemnidad confirma las profecías de Daniel.

Daniel 10:1-14
1EN el tercer año de Ciro rey de Persia, fué revelada palabra á Daniel, cuyo nombre era Beltsasar; y la palabra era verdadera, mas el tiempo fijado era largo: él empero comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión.2En aquellos días yo Daniel me contristé por espacio de tres semanas.3No comí pan delicado, ni entró carne ni vino en mi boca, ni me unté con ungüento, hasta que se cumplieron tres semanas de días.4Y á los veinte y cuatro días del mes primero estaba yo á la orilla del gran río Hiddekel;5Y alzando mis ojos miré, y he aquí un varón vestido de lienzos, y ceñidos sus lomos de oro de Uphaz:6Y su cuerpo era como piedra de Tarsis, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de metal resplandeciente, y la voz de sus palabras como la voz de ejército.7Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo; sino que cayó sobre ellos un gran temor, y huyeron, y escondiéronse.8Quedé pues yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó en mí esfuerzo; antes mi fuerza se me trocó en desmayo, sin retener vigor alguno.9Empero oí la voz de sus palabras: y oyendo la voz de sus palabras, estaba yo adormecido sobre mi rostro, y mi rostro en tierra.10Y, he aquí, una mano me tocó, é hizo que me moviese sobre mis rodillas, y sobre las palmas de mis manos.11Y díjome: Daniel, varón de deseos, está atento á las palabras que te hablaré, y levántate sobre tus pies; porque á ti he sido enviado ahora. Y estando hablando conmigo esto, yo estaba temblando.12Y díjome: Daniel, no temas: porque desde el primer día que diste tu corazón á entender, y á afligirte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y á causa de tus palabras yo soy venido.13Mas el príncipe del reino de Persia se puso contra mí veintiún días: y he aquí, Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y yo quedé allí con los reyes de Persia.14Soy pues venido para hacerte saber lo que ha de venir á tu pueblo en los postreros días; porque la visión es aún para días;

A veces Dios responde inmediatamente a las oraciones de los suyos. En el capítulo 9:21 su palabra llega a Daniel mientras está orando. Otras veces, al contrario, como en este capítulo, retarda su intervención para poner a prueba la realidad de nuestros deseos y la perseverancia de nuestra fe. Pero, si a veces debemos orar mucho tiempo antes de recibir respuesta, nunca concluyamos que Dios no escucha (1 Juan 5:15). Afirma a Daniel que su oración fue oída “desde el primer día”. Este versículo 12 nos revela el estado moral agradable a Dios, el cual, por decirlo así, es la llave de las comunicaciones con el cielo. Recordemos el secreto de Daniel: disponía su corazón para entender y para humillarse.

Al comparar la visión de los versículos 5 y 6 con la del apóstol Juan en Patmos (Apocalipsis 1:13-16), comprendemos que Aquel que aparece aquí con los atributos de la soberana justicia sólo puede ser el Mesías quitado (9:26), el que también será glorificado. En tal presencia, el más piadoso de los hombres es presa de un mortal pavor. Para ser el canal de las revelaciones divinas es necesario que primeramente la muerte haya operado en nosotros (2 Corintios 4:12). Pero la misma palabra de gracia viene a tranquilizar a Daniel y más tarde a Juan: “No temas”. “Muy amado no temas” (v. 12 y 19).

Daniel 10:15-21; Daniel 11:1-9
15Y estando hablando conmigo semejantes palabras, puse mis ojos en tierra, y enmudecí.16Mas he aquí, como una semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca, y hablé, y dije á aquel que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión se revolvieron mis dolores sobre mí, y no me quedó fuerza.17¿Cómo pues podrá el siervo de mi señor hablar con este mi señor? porque al instante me faltó la fuerza, y no me ha quedado aliento.18Y aquella como semejanza de hombre me tocó otra vez, y me confortó;19Y díjome: Varón de deseos, no temas: paz á ti; ten buen ánimo, y aliéntate. Y hablando él conmigo cobré yo vigor, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.20Y dijo: ¿Sabes por qué he venido á ti? Porque luego tengo de volver para pelear con el príncipe de los Persas; y en saliendo yo, luego viene el príncipe de Grecia.21Empero yo te declararé lo que está escrito en la escritura de verdad: y ninguno hay que se esfuerce conmigo en estas cosas, sino Miguel vuestro príncipe.
1Y EN el año primero de Darío el de Media, yo estuve para animarlo y fortalecerlo.2Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aun habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos; y fortificándose con sus riquezas, despertará á todos contra el reino de Javán.3Levantaráse luego un rey valiente, el cual se enseñoreará sobre gran dominio, y hará su voluntad.4Pero cuando estará enseñoreado, será quebrantado su reino, y repartido por los cuatro vientos del cielo; y no á sus descendientes, ni según el señorío con que él se enseñoreó: porque su reino será arrancado, y para otros fuera de aquellos.5Y haráse fuerte el rey del mediodía: mas uno de los príncipes de aquél le sobrepujará, y se hará poderoso; su señorío será grande señorío.6Y al cabo de años se concertarán, y la hija del rey del mediodía vendrá al rey del norte para hacer los conciertos. Empero ella no podrá retener la fuerza del brazo: ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella, y los que la habían traído, a7Mas del renuevo de sus raíces se levantará uno sobre su silla, y vendrá con ejército, y entrará en la fortaleza del rey del norte, y hará en ellos á su arbitrio, y predominará.8Y aun los dioses de ellos, con sus príncipes, con sus vasos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos á Egipto: y por años se mantendrá él contra el rey del norte.9Así entrará en el reino el rey del mediodía, y volverá á su tierra.

Antes de considerar el lado visible de la profecía, el capítulo 10 nos hace entrever su lado oculto: la contraparte celestial de los acontecimientos de aquí abajo. Sin dejar de creerse libres, los grandes de este mundo parecen títeres; son dirigidos desde lo alto por “principados y potestades” satánicos mediante esos hilos que son sus pasiones (Efesios 2:2). Pero también Dios tiene sus legiones de ángeles con sus jefes (Hebreos 1:14). Y, cosa maravillosa, mediante nuestras oraciones podemos poner en movimiento sus fuerzas invisibles, entablar los mismos combates y, como Elías y Daniel, hacer la experiencia de que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

En el capítulo 11 Dios abre a su profeta una amplia vista de los acontecimientos que se producirían. Tres monarcas persas iban a sucederse: Cambises II, Gaumata el Mago y Darío Hystape (respectivamente reconocidos en Esdras 4:6, 7 y 24). Después de ellos, el rico y poderoso Jerjes (el Asuero del libro de Ester) emprendería una formidable ofensiva contra Grecia (Javán). Luego vendría la ascensión relámpago de Alejandro el Grande (v. 3-4), la dispersión todavía más rápida de su reino “hacia los cuatro vientos” (impactante ilustración del libro de Eclesiastés), seguida de largos altercados entre sus dos principales herederos.

Daniel 11:10-28
10Mas los hijos de aquél se airarán y reunirán multitud de grandes ejércitos: y vendrá á gran priesa, é inundará, y pasará, y tornará, y llegará con ira hasta su fortaleza.11Por lo cual se enfurecerá el rey del mediodía, y saldrá, y peleará con el mismo rey del norte; y pondrá en campo gran multitud, y toda aquella multitud será entregada en su mano.12Y la multitud se ensoberbecerá, elevaráse su corazón, y derribará muchos millares; mas no prevalecerá.13Y el rey del norte volverá á poner en campo mayor multitud que primero, y á cabo del tiempo de años vendrá á gran priesa con grande ejército y con muchas riquezas.14Y en aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del mediodía; é hijos de disipadores de tu pueblo se levantarán para confirmar la profecía, y caerán.15Vendrá pues el rey del norte, y fundará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y los brazos del mediodía no podrán permanecer, ni su pueblo escogido, ni habrá fortaleza que pueda resistir.16Y el que vendrá contra él, hará á su voluntad, ni habrá quien se le pueda parar delante; y estará en la tierra deseable, la cual será consumida en su poder.17Pondrá luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquél cosas rectas, y darále una hija de mujeres para trastornarla: mas no estará ni será por él.18Volverá después su rostro á las islas, y tomará muchas; mas un príncipe le hará parar su afrenta, y aun tornará sobre él su oprobio.19Luego volverá su rostro á las fortalezas de su tierra: mas tropezará y caerá, y no parecerá más.20Entonces sucederá en su silla uno que hará pasar exactor por la gloria del reino; mas en pocos días será quebrantado, no en enojo, ni en batalla.21Y sucederá en su lugar un vil, al cual no darán la honra del reino: vendrá empero con paz, y tomará el reino con halagos.22Y con los brazos de inundación serán inundados delante de él, y serán quebrantados; y aun también el príncipe del pacto.23Y después de los conciertos con él, él hará engaño, y subirá, y saldrá vencedor con poca gente.24Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres; presa, y despojos, y riquezas repartirá á sus soldados; y contra las fortalezas formará sus designios: y esto por tiempo.25Y despertará sus fuerzas y su corazón contra el rey del mediodía con grande ejército: y el rey del mediodía se moverá á la guerra con grande y muy fuerte ejército; mas no prevalecerá, porque le harán traición.26Aun los que comerán su pan, le quebrantarán; y su ejército será destruído, y caerán muchos muertos.27Y el corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa tratarán mentira: mas no servirá de nada, porque el plazo aun no es llegado.28Y volveráse á su tierra con grande riqueza, y su corazón será contra el pacto santo: hará pues, y volveráse á su tierra.

Este capítulo anuncia y cuenta en detalle la rivalidad de las cuatro dinastías que iban a repartirse el imperio griego de Alejandro. En ese rey del norte se reconoce la estirpe de los seléucidas, la que gobernó las regiones situadas al norte de Palestina: Siria y Asia Menor; en tanto que los reyes del sur son los lágidas (o tolomeos) que poseían a Egipto. Entre esas dos potencias rivales debían alternarse guerras y tratados de alianza con los humanos halagos, chantajes, casamientos diplomáticos y asesinatos. Las relaciones entre las naciones no han cambiado desde entonces y los manuales de Historia sólo son el triste reflejo de lo que contiene el corazón humano: codicia (v. 8), violencia y crímenes (v. 14), malas costumbres (v. 17), fraude (v. 23), corrupción (v. 24), traición (v. 26) y mentiras (v. 27).

A dos mil años de distancia, ¡cuán vanos parecen esos conflictos en los que está en juego la tierra de Israel (v. 16) y que enfrentan a esos vanidosos monarcas durante cortos años!

La política internacional del tiempo de los reyes tolomeos y seléucidas está descrita de antemano de manera tan exacta que ciertos incrédulos, confundidos, hicieron todo lo posible por demostrar que este capítulo sólo podía haber sido escrito después de los acontecimientos que anuncia.

Daniel 11:29-45
29Al tiempo señalado tornará al mediodía; mas no será la postrera venida como la primera.30Porque vendrán contra él naves de Chîttim, y él se contristará, y se volverá, y enojaráse contra el pacto santo, y hará: volveráse pues, y pensará en los que habrán desamparado el santo pacto.31Y serán puestos brazos de su parte; y contaminarán el santuario de fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación espantosa.32Y con lisonjas hará pecar á los violadores del pacto: mas el pueblo que conoce á su Dios, se esforzará, y hará.33Y los sabios del pueblo darán sabiduría á muchos: y caerán á cuchillo y á fuego, en cautividad y despojo, por días.34Y en su caer serán ayudados de pequeño socorro: y muchos se juntarán á ellos con lisonjas.35Y algunos de los sabios caerán para ser purgados, y limpiados, y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado: porque aun para esto hay plazo.36Y el rey hará á su voluntad; y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios: y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y será prosperado, hasta que sea consumada la ira: porque hecha está determinación.37Y del Dios de sus padres no se cuidará, ni del amor de las mujeres: ni se cuidará de dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.38Mas honrará en su lugar al dios Mauzim, dios que sus padres no conocieron: honrarálo con oro, y plata, y piedras preciosas, y con cosas de gran precio.39Y con el dios ajeno que conocerá, hará á los baluartes de Mauzim crecer en gloria: y harálos enseñorear sobre muchos, y por interés repartirá la tierra.40Empero al cabo del tiempo el rey del mediodía se acorneará con él; y el rey del norte levantará contra él como tempestad, con carros y gente de á caballo, y muchos navíos; y entrará por las tierras, é inundará, y pasará.41Y vendrá á la tierra deseable, y muchas provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom, y Moab, y lo primero de los hijos de Ammón.42Asimismo extenderá su mano á las otras tierras, y no escapará el país de Egipto.43Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto, de Libia, y Etiopía por donde pasará.44Mas nuevas de oriente y del norte lo espantarán; y saldrá con grande ira para destruir y matar muchos.45Y plantará la tiendas de su palacio entre los mares, en el monte deseable del santuario; y vendrá hasta su fin, y no tendrá quien le ayude.

Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, es decir, no puede ser aislada del plan general de Dios (2 Pedro 1:20). A partir del versículo 36, como lo prueban las palabras del Señor mismo, es cuestión de acontecimientos aún venideros, a los cuales, de alguna manera, los del pasado sirvieron de bosquejo e introducción. Así, Antíoco Epifanio, rey de Siria, está designado sin equívoco en el versículo 31. Para vengarse de los judíos, sacrificó una cerda en el templo e hizo colocar en él una estatua de Júpiter, no es más que una figura del futuro rey del norte o asirio. A ese personaje profético se aplican los versículos 40 a 45, mientras que los versículos 36 a 39 conciernen al Anticristo, «el rey», quien en ese tiempo del fin se hará adorar en Jerusalén. Será el superhombre esperado, quien, bajo el dominio de Satanás, reunirá en su persona todas las perversas y orgullosas tendencias del corazón humano. Obrar según su antojo (en absoluto contraste con Cristo: Hebreos 10:7), proferir las peores blasfemias contra Dios, despreciar a Su Cristo, elevarse por encima de todo, apoyándose en el dinero, la violencia y la mentira, tal es por cierto el espíritu del Anticristo, el que no es difícil discernir en el mundo actual (1 Juan 2:18, 22-23).

Daniel 12:1-13
1Y EN aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fué después que hubo gente hasta entonces: mas en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallaren escritos 2Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.3Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan á justicia la multitud, como las estrellas á perpetua eternidad.4Tú empero Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin: pasarán muchos, y multiplicaráse la ciencia.5Y yo, Daniel, miré, y he aquí otros dos que estaban, el uno de esta parte á la orilla del río, y el otro de la otra parte á la orilla del río.6Y dijo uno al varón vestido de lienzos, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?7Y oía al varón vestido de lienzos, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el Viviente en los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad. Y cuando se acabare el esparcimiento del escuadrón del 8Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿qué será el cumplimiento de estas cosas?9Y dijo: Anda, Daniel, que estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del cumplimiento.10Muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados; mas los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero entenderán los entendidos.11Y desde el tiempo que fuere quitado el continuo sacrificio hasta la abominación espantosa, habrá mil doscientos y noventa días.12Bienaventurado el que esperare, y llegare hasta mil trescientos treinta y cinco días.13Y tú irás al fin, y reposarás, y te levantarás en tu suerte al fin de los días.

El cumplimiento de los primeros sucesos de la profecía son la garantía de que los que se anuncian para el tiempo del fin ciertamente se producirán. El actual período de gracia es como un largo paréntesis que interrumpe desde hace casi dos mil años el curso de la profecía. Da a cada uno la oportunidad de convertirse para ponerse a cubierto del próximo juicio.

Entre el pueblo de Daniel, “todos los que se hallen escritos en el libro” serán libertados. Los que son llamados “los entendidos” resucitarán para vida eterna; los demás, para el horror de una perdición eterna. Así se acabarán los tiempos determinados para el juicio; la suerte de cada hombre será definitivamente fijada y nada más en la tierra será obstáculo para el despliegue de los consejos de Dios. No lo olvidemos, la profecía siempre tiene a Israel por objeto. Aun la historia de los reinos gentiles se considera en relación con el pueblo elegido. Sin embargo, los pensamientos de Dios primeramente tienen como invariable centro la gloria de Cristo. Por eso son sellados y ocultos para los impíos, mientras que se invita a los entendidos a comprenderlos. También los comprenderemos en la medida en que tengamos verdadero aprecio por esta gloria del Señor Jesús.

Oseas 1:1-11
1PALABRA de Jehová que fué á Oseas hijo de Beeri, en días de Ozías, Joathán, Achâz, y Ezechîas, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joas, rey de Israel.2El principio de la palabra de Jehová con Oseas. Y dijo Jehová á Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, é hijos de fornicaciones: porque la tierra se dará á fornicar apartándose de Jehová.3Fué pues, y tomó á Gomer hija de Diblaim, la cual concibió y le parió un hijo.4Y díjole Jehová: Ponle por nombre Jezreel; porque de aquí á poco yo visitaré las sangres de Jezreel sobre la casa de Jehú, y haré cesar el reino de la casa de Israel.5Y acaecerá que en aquel día quebraré yo el arco de Israel en el valle de Jezreel.6Y concibió aún, y parió una hija. Y díjole Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama: porque no más tendré misericordia de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo.7Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y salvarélos en Jehová su Dios: y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni caballeros.8Y después de haber destetado á Lo-ruhama, concibió y parió un hijo.9Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi: porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios.10Con todo será el número de los hijos de Israel como la arena de la mar, que ni se puede medir ni contar. Y será, que donde se les ha dicho: Vosotros no sois mi pueblo, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.11Y los hijos de Judá y de Israel serán congregados en uno, y levantarán para sí una cabeza, y subirán de la tierra: porque el día de Jezreel será grande.

La profecía de Oseas, contemporáneo de Isaías, nos retrotrae a los tiempos del segundo libro de los Reyes, antes de las deportaciones. Se dirige principalmente a las diez tribus (a menudo llamadas con el nombre de Efraín, su caudillo), las cuales se hundieron en la idolatría más pronto que Judá. Israel, contaminado por sus ídolos, infiel al pacto con su Dios, es representado por la mujer impura, y el profeta es invitado a tomarla como esposa. El mismo nombre de sus hijos significa la condenación (comp. Isaías 8:1-4; precisemos que los verbos “prostituirse” o “cometer fornicación” en estos capítulos significan abandonar a Dios y apegarse a los ídolos). Israel mismo rompió las relaciones con Jehová. No obstante, el versículo 10, citado por Pablo en su epístola a los Romanos, nos enseña que la transgresión de Israel tuvo una inesperada y maravillosa consecuencia: los creyentes “no sólo de los judíos, sino también de los gentiles” se llaman, de ahí en adelante, “hijos del Dios viviente” (Romanos 9:24-26). Ese Dios viviente llega a ser un Padre. A la sentencia “Lo-ami”, pronunciada sobre el Israel culpable, le sigue el llamamiento de un pueblo celestial, una familia que goza con su Dios y Padre de una relación indisoluble que aun nuestros pecados no pueden menoscabar (1 Pedro 2:10).

Oseas 2:1-17
1DECID á vuestros hermanos, Ammi, y vuestras hermanas, Ruhama:2Pleitead con vuestra madre, pleitead; porque ella no es mi mujer, ni yo su marido; quite pues sus fornicaciones de su rostro, y sus adulterios de entre sus pechos;3No sea que yo la despoje desnuda, y la haga tornar como el día en que nació, y la ponga como un desierto, y la deje como tierra seca, y la mate de sed.4Ni tendré misericordia de sus hijos: porque son hijos de fornicaciones.5Porque su madre fornicó; la que los engendró fué avergonzada; porque dijo: Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida.6Por tanto, he aquí yo cerco tu camino con espinas, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos.7Y seguirá sus amantes, y no los alcanzará; buscarálos, y no los hallará. Entonces dira: Iré, y volvéreme á mi primer marido; porque mejor me iba entonces que ahora.8Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, y el vino, y el aceite, y que les multipliqué la plata y el oro con que hicieron á Baal.9Por tanto yo tornaré, y tomaré mi trigo á su tiempo, y mi vino á su sazón, y quitaré mi lana y mi lino que había dado para cubrir su desnudez.10Y ahora descubriré yo su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi mano.11Y haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus sábados, y todas sus festividades.12Y haré talar sus vides y sus higueras, de que ha dicho: Mi salario me son, que me han dado mis amantes. Y reducirélas á un matorral, y las comerán las bestias del campo.13Y visitaré sobre ella los tiempos de los Baales, á los cuales incensaba, y adornábase de sus zarcillos y de sus joyeles, é íbase tras sus amantes olvidada de mí, dice Jehová.14Empero he aquí, yo la induciré, y la llevaré al desierto, y hablaré á su corazón.15Y daréle sus viñas desde allí, y el valle de Achôr por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto.16Y será que en aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Marido mío, y nunca más me llamarás Baali.17Porque quitaré de su boca los nombres de los Baales, y nunca más serán mentados por sus nombres.

La causa de Israel es indefendible (v. 2; comp. Isaías 1:18). Después de una agobiadora requisitoria, Dios pronuncia la sanción sobre la infidelidad del pueblo: “Por tanto, he aquí yo rodearé de espinos su camino…” (v. 6). “Por tanto, yo volveré y tomaré mi trigo…” (v. 9). “He aquí que…” y uno podría aguardar un castigo más severo todavía. No obstante, ¿qué anuncia el versículo 14? “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón”. ¡Incomparable gracia de Dios! El pecado de los suyos viene a ser para él la ocasión apropiada para desplegar su infinita misericordia. En lugar de echar a “la esposa” ingrata y culpable, la toma de la mano y, a solas con ella, le habla de manera tal que conmueva su corazón. Pero, ¿por qué mencionar ese siniestro valle de Acor? ¿Acaso no evocaba el pecado de Acán y sus desastrosas consecuencias? (Josué 7:26). Sin embargo, Dios lo escoge para hacer de él, de ahí en adelante, una “puerta de esperanza” (comp. Isaías 65:10). Y moralmente es lo mismo para nosotros. El valle de la turbación, el lugar en que tendremos que responder ante Dios por nuestras pasadas faltas, viene a ser “una puerta de esperanza”. De esa manera, Dios nos muestra que el goce de la comunión con él tiene como necesario punto de partida la confesión de nuestros pecados.

Oseas 2:18-23; Oseas 3:1-5
18Y haré por ellos concierto en aquel tiempo con las bestias del campo, y con las aves del cielo, y con las serpientes de la tierra: y quebraré arco, y espada, y batalla de la tierra, y harélos dormir seguros.19Y te desposaré conmigo para siempre; desposarte he conmigo en justicia, y juicio, y misericordia, y miseraciones.20Y te desposaré conmigo en fe, y conocerás á Jehová.21Y será que en aquel tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé á los cielos, y ellos responderán á la tierra;22Y la tierra responderá al trigo, y al vino, y al aceite, y ellos responderán á Jezreel.23Y sembraréla para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama: y diré á Lo-ammi: Pueblo mío tú; y él dirá: Dios mío.
1Y DIJOME otra vez Jehová: Ve, ama una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel; los cuales miran á dioses ajenos, y aman frascos de vino.2Compréla entonces para mí por quince dineros de plata, y un homer y medio de cebada;3Y díjele: Tú estarás por mía muchos días: no fornicarás, ni tomáras otro varón; ni tampoco yo vendré á ti.4Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, y sin príncipe, y sin sacrificio, y sin estatua, y sin ephod, y sin teraphim.5Después volverán los hijos de Israel, y buscarán á Jehová su Dios, y á David su rey; y temerán á Jehová y á su bondad en el fin de los días.

En el estilo entrecortado que le es propio, el profeta hace alternar sin transición la descripción del trágico estado de Israel con las promesas de restauración (v. 18-23). La gracia de Dios establecerá nuevos vínculos con su pueblo. Éste no será más siervo, como la mujer comprada (cap. 3:2) y no dirá más “mi señor” sino “mi marido” (cap. 2:16). “Te desposaré conmigo” repite tres veces Jehová como para sellar su compromiso (v. 19-20). Como anillo en el dedo de una joven novia, esa promesa debería haber hablado al corazón del pobre pueblo e incitarle a guardar celosamente sus afectos para Jehová (comp. Jeremías 2:2). Por analogía pensamos en la Iglesia, la que debería ser toda para Cristo. “Os he desposado con un solo esposo” dice Pablo a los corintios (2 Corintios 11:2), revelando también en Efesios 5:25-27 lo que Jesús hizo, hace y hará por la Iglesia.

La corta profecía del capítulo 3 describe de manera impresionante el estado actual de los hijos de Israel: ya no tienen rey ni culto, ni el de los ídolos como tampoco el de Jehová (v. 4). La casa de Israel será vaciada, barrida y adornada, dispuesta para el cumplimiento de Mateo 12:45. Pero luego vendrá su arrepentimiento y su restablecimiento en la bendición divina por la bondad de Jehová (v. 5).

Oseas 4:1-19
1OID palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová pleitea con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra.2Perjurar, y mentir, y matar, y hurtar y adulterar prevalecieron, y sangres se tocaron con sangres.3Por lo cual, se enlutará la tierra, y extenuaráse todo morador de ella, con las bestias del campo, y las aves del cielo: y aun los peces de la mar fallecerán.4Ciertamente hombre no contienda ni reprenda á hombre, porque tu pueblo es como los que resisten al sacerdote.5Caerás por tanto en el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y á tu madre talaré.6Mi pueblo fué talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.7Conforme á su grandeza así pecaron contra mí: trocaré su honra en afrenta.8Comen del pecado de mi pueblo, y en su maldad levantan su alma.9Tal será el pueblo como el sacerdote: y visitaré sobre él sus caminos, y pagaréle conforme á sus obras.10Y comerán, mas no se hartarán; fornicarán, mas no se aumentarán: porque dejaron de atender á Jehová.11Fornicación, y vino, y mosto quitan el corazón.12Mi pueblo á su madero pregunta, y su palo le responde: porque espíritu de fornicaciones lo engañó, y fornicaron debajo de sus dioses.13Sobre las cabezas de los montes sacrificaron, é incensaron sobre los collados, debajo de encinas, y álamos, y olmos que tuviesen buena sombra: por tanto, vuestras hijas fornicarán, y adulterarán vuestras nueras.14No visitaré sobre vuestras hijas cuando fornicaren, y sobre vuestras nueras cuando adulteraren: porque ellos ofrecen con las rameras, y con las malas mujeres sacrifican: por tanto, el pueblo sin entendimiento caerá.15Si fornicarés tú, Israel, á lo menos no peque Judá: y no entréis en Gilgal, ni subáis á Beth-aven; ni juréis, Vive Jehová.16Porque como becerra cerrera se apartó Israel: ¿apacentarálos ahora Jehová como á carneros en anchura?17Ephraim es dado á ídolos; déjalo.18Su bebida se corrompió; fornicaron pertinazmente: sus príncipes amaron las dádivas, afrenta de ellos.19Atóla el viento en sus alas, y de sus sacrificios serán avergonzados.

Los versículos 1 y 2 nos recuerdan Romanos 3:9-19, pasaje que se refiere no sólo a los judíos, sino también a todos los hombres. Empero Israel, como poseedor de “la palabra de Dios”, tiene esta responsabilidad suplementaria: haber desechado voluntariamente el conocimiento y olvidado la ley (v. 6; Romanos 3:2). Se apegó a los ídolos al dejar “a su Dios” (fin del v. 12). Cristianos, ¿no nos dice nada esta última expresión? Existen mil maneras y oportunidades —cada uno tiene las suyas— de sustraernos a la autoridad que el Señor debe tener sobre nuestra vida.

Esta vez, ¿cuál será el castigo del miserable pueblo? El más terrible que se pueda imaginar: el abandono. Su estado es incurable, sin esperanza. Dios renuncia a retenerle y declara: “Me olvidaré de tus hijos” (v. 6). “No castigaré a vuestras hijas” (v. 14) y más adelante: “Efraín es dado a ídolos; déjalo” (v. 17). Sin embargo, ese horrible cuadro de la corrupción de las diez tribus por lo menos debe servir de advertencia a Judá. Gilgal con Bet-el (casa de Dios; luego Bet-avén), lugares de promesas y de bendiciones en la historia de Israel, llegaron a ser centros de iniquidad y capitales de la religión profana. Jehová solemnemente manda a Judá que no suba a ellas (v. 15).

Oseas 5:1-15
1SACERDOTES, oid esto, y estad atentos, casa de Israel; y casa del rey, escuchad: porque á vosotros es el juicio, pues habéis sido lazo en Mizpa, y red extendida sobre Tabor.2Y haciendo víctimas han bajado hasta el profundo: por tanto yo seré la corrección de todos ellos.3Yo conozco á Ephraim, é Israel no me es desconocido; porque ahora, oh Ephraim, has fornicado, y se ha contaminado Israel.4No pondrán sus pensamientos en volverse á su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen á Jehová.5Y la soberbia de Israel le desmentirá en su cara: é Israel y Ephraim tropezarán en su pecado: tropezará también Judá con ellos.6Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando á Jehová, y no le hallarán; apartóse de ellos.7Contra Jehová prevaricaron, porque hijos extraños han engendrado: ahora los devorará un mes con sus heredades.8Tocad bocina en Gabaa, trompreta en Ramá: sonad tambor en Beth-aven: tras ti, oh Benjamín.9Ephraim será asolado el día del castigo: en las tribus de Israel hice conocer verdad.10Los príncipes de Judá fueron como los que traspasan mojones: derramaré sobre ellos como agua mi ira.11Ephraim es vejado, quebrantado en juicio, porque quiso andar en pos de mandamientos.12Yo pues seré como polilla á Ephraim, y como carcoma á la casa de Judá.13Y verá Ephraim su enfermedad, y Judá su llaga: irá entonces Ephraim al Assur, y enviará al rey Jareb; mas él no os podrá sanar, ni os curará la llaga.14Porque yo seré como león á Ephraim, y como cachorro de león á la casa de Judá: yo, yo arrebataré, y andaré; tomaré, y no habrá quien liberte.15Andaré, y tornaré á mi lugar hasta que conozcan su pecado, y busquen mi rostro. En su angustia madrugarán á mi.

El profeta se dirige muy especialmente a los principales de Israel: los sacerdotes y la casa del rey. Éstos, quienes debían haber dado el ejemplo, fueron un lazo para el pueblo (v. 1). El resultado es catastrófico: “Se han abismado en el degüello estos apóstatas” (v. 2, V.M.)

En el capítulo 4:15 Jehová había instado a Judá a que no imitara a Efraín. ¡En vano! Tan pronto como hubo anunciado la caída de este último, el versículo 5 agrega: “Judá tropezará también con ellos”. ¡Qué inconsecuencia y qué soberbia la de esos desdichados israelitas! “Sus malas obras no les permiten volver a su Dios” (v. 4, V.M.) Sin embargo, como si tal cosa, se acercan a Jehová con sacrificios. Y no le hallan (v. 6), porque es ultrajar a Dios pretender cumplir un servicio religioso sin estar previamente en regla con él respecto de nuestros pecados. Efraín, pese a que descubre su enfermedad (v. 13), no se dirige al gran Médico, reconociéndose culpable (v. 15), sino que se vuelve hacia Asiria, al rey Jareb. De igual manera actúan muchas personas. Cuando su conciencia les molesta, antes que humillarse ante Dios, buscan ayuda y diversión en un mundo que no las puede curar.

Oseas 6:1-11
1VENID y volvámonos á Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.2Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él.3Y conoceremos, y proseguiremos en conocer á Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá á nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana á la tierra.4¿Qué haré á ti, Ephraim? ¿Qué hare á ti, oh Judá? La piedad vuestra es como la nube de la mañana, y como el rocío que de madrugada viene.5Por esta causa corté con los profetas, con las palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz que sale.6Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos.7Mas ellos, cual Adam, traspasaron el pacto: allí prevaricaron contra mí.8Galaad, ciudad de obradores de iniquidad, ensuciada de sangre.9Y como ladrones que esperan á algún hombre, así junta de sacerdotes mancomunadamente mata en el camino: porque ponen en efecto la abominación.10En la casa de Israel he visto suciedad: allí fornicó Ephraim, se contaminó Israel:11También Judá puso en ti una planta, habiendo yo vuelto la cautividad de mi pueblo.

Oseas acaba de enunciar lo que Dios espera para sanar a Israel: “que reconozcan su pecado” (cap. 5:15). ¿No es conmovedor ver cómo inmediatamente después el profeta toma al pueblo de la mano —por decirlo así— y le exhorta: “Venid y volvamos a Jehová”? El que hirió vendará nuestras llagas. Un pastor de ovejas explicó cómo le fue necesario quebrar una pata a una indócil oveja para hacerla dependiente de él y para que le tomara afecto por sus cuidados. El versículo 4 vuelve a hacer el retrato moral del pueblo… y por desdicha el de muchos cristianos. ¿A cuántos que tuvieron una conversión llena de promesas, ahora se les podría dirigir este reproche: “La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece”? (v. 4; Apocalipsis 2:4). ¡Oh, el Señor mantenga en nuestros corazones la frescura de nuestros afectos por él, pese a los contactos desgastantes con este mundo! Efraín y Judá en vano traían animales para los sacrificios (cap. 5:6). Jehová les dice: “Misericordia quiero, y no sacrificio” (v. 6 que el Señor cita dos veces a los fariseos: Mateo 9:13; 12:7). El amor por Cristo y el amor al prójimo, que dimana de aquél, es el único móvil que Dios reconoce para cualquier servicio (1 Corintios 13:1-3).

Oseas 7:1-16
1ESTANDO yo curando á Israel, descubrióse la iniquidad de Ephraim, y las maldades de Samaria; porque obraron engaño: y viene el ladrón, y el salteador despoja de fuera.2Y no dicen en su corazón que tengo en la memoria toda su maldad: ahora los rodearán sus obras; delante de mí están.3Con su maldad alegran al rey, y á los príncipes con sus mentiras.4Todos ellos adúlteros; son como horno encendido por el hornero, el cual cesará de avivar después que esté hecha la masa, hasta que esté leuda.5El día de nuestro rey los príncipes lo hicieron enfermar con vasos de vino: extendió su mano con los escarnecedores.6Porque aplicaron su corazón, semejante á un horno, á sus artificios: toda la noche duerme su hornero; á la mañana está encendido como llama de fuego.7Todos ellos arden como un horno, y devoraron á sus jueces: cayeron todos sus reyes: no hay entre ellos quien á mí clame.8Ephraim se envolvió con los pueblos; Ephraim fué torta no vuelta.9Comieron extraños su sustancia, y él no lo supo; y aun vejez se ha esparcido por él, y él no lo entendió.10Y la soberbia de Israel testificará contra él en su cara: y no se tornaron á Jehová su Dios, ni lo buscaron con todo esto.11Y fué Ephraim como paloma incauta, sin entendimiento: llamarán á Egipto, acudirán al Asirio.12Cuando fueren, extenderé sobre ellos mi red, hacerlos he caer como aves del cielo; castigarélos conforme á lo que se ha oído en sus congregaciones.13Ay de ellos! porque se apartaron de mí: destrucción sobre ellos, porque contra mí se rebelaron; yo los redimí, y ellos hablaron contra mí mentiras.14Y no clamaron a mí con su corazón cuando aullaron sobre sus camas, para el trigo y el mosto se congregaron, rebeláronse contra mí.15Y yo los ceñi, esforcé sus brazos, y contra mí pensaron mal.16Tornáronse, mas no al Altísimo: fueron como arco engañoso: cayeron sus príncipes á cuchillo por la soberbia de su lengua: éste será su escarnio en la tierra de Egipto.

“Yo quería sanar a Israel” (v. 1, V.M.) “Yo los iba a redimir” (v. 13, V.M.) Tal es también el pensamiento del Señor respecto a usted, amigo todavía inconverso. Pero es necesario que su deseo responda al Suyo (Juan 5:6). Más tarde Jesús también dirá a Jerusalén: “¡Quise juntar a tus hijos… y no quisiste!” (Lucas 13:34).

Ya consideramos el deplorable estado moral de Israel bajo los rasgos de una mujer adúltera (cap. 2) y de una novilla indómita (cap. 4:16). Aquí sucesivamente se lo compara con una masa de pan leudado (v. 4), una torta no volteada (v. 8), una paloma incauta (v. 11) y un arco engañoso (v. 16). Con tono irónico Jehová condena tanto su soberbia como su falta de inteligencia. Mezclarse con extraños tuvo por efecto consumir la fuerza de Efraín. Las “canas” son la señal de que está bajando la energía…“mas él no lo sabe” (v. 9, V.M.) En lo que nos concierne, sepamos que confraternizar con el mundo, bajo cualquier forma que sea, hace perder al creyente su comunión con el Señor y le priva, pues, de toda energía espiritual, sin que él tenga conciencia de ello. El ejemplo de Sansón lo confirma de la más solemne manera (Jueces 16; léase v. 19-20).

Oseas 8:1-14
1PON á tu boca trompeta. Vendrá como águila contra la casa de Jehová, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley.2A mí clamará Israel: Dios mío, te hemos conocido.3Israel desamparó el bien: enemigo lo perseguirá.4Ellos hicieron reyes, mas no por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe: de su plata y de su oro hicieron ídolos para sí, para ser talados.5Tu becerro, oh Samaria, te hizo alejar; encendióse mi enojo contra ellos, hasta que no pudieron alcanzar inocencia.6Porque de Israel es, y artífice lo hizo; que no es Dios: por lo que en pedazos será deshecho el becerro de Samaria.7Porque sembraron viento, y torbellino segarán: no tendrán mies, ni el fruto hará harina; si la hiciere, extraños la tragarán.8Será tragado Israel: presto serán entre las gentes como vaso en que no hay contentamiento.9Porque ellos subieron á Assur, asno montés para sí solo: Ephraim con salario alquiló amantes.10Aunque alquilen á las gentes, ahora las juntaré; y serán un poco afligidos por la carga del rey y de los príncipes.11Porque multiplicó Ephraim altares para pecar, tuvo altares para pecar.12Escribíle las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosas ajenas.13En los sacrificios de mis dones sacrificaron carne, y comieron: no los quiso Jehová: ahora se acordará de su iniquidad, y visitará su pecado; ellos se tornarán á Egipto.14Olvidó pues Israel á su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fuertes: mas yo meteré fuego en sus ciudades, el cual devorará sus palacios.

Los juicios anunciados por la trompeta caerán sobre el pueblo culpable (comp. Mateo 24:28 y 31; Apocalipsis 8:6). Por más que proteste: “Dios mío, te hemos conocido”, Israel merecerá esta implacable respuesta: “Os digo que no sé de dónde sois” (Lucas 13:27). Mateo 7:21 cita a esos falsos cristianos que exclaman: “Señor, Señor”, sin haberse preocupado nunca por la voluntad divina. Así, los versículos 2 a 4 subrayan la contradicción entre la expresión “mi Dios” y el espíritu de completa independencia manifestada por el pueblo. Mientras que en otros tiempos era Dios quien designaba a los reyes y ordenaba lo concerniente al culto, ahora Israel mismo había escogido a sus príncipes y había echado las bases de una religión idólatra (v. 4, 5 y 11; 1 Reyes 12:20, 28-33). Hoy, en la cristiandad, cada uno cree poder decidir de qué manera rendirá culto, y en las sectas y las iglesias existe lo que satisface todos los gustos.

Los hijos de Israel serán “como vasija que no se estima” (v. 8; Isaías 30:14). “No los quiso Jehová” (v. 13). ¡Ojalá podamos ser, cada uno de nosotros, un “instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra”! Pero no olvidemos las obligaciones de “todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2:19-22).

Oseas 9:1-17
1No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios: amaste salario por todas las eras de trigo.2La era y el lagar no los mantedrán; les fallará el mosto.3No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Ephraim á Egipto, y á Asiria, donde comerán vianda inmunda.4No derramarán vino á Jehová, ni él tomará contento en sus sacrificios; como pan de enlutados le serán á ellos: todos los que comieren de él, serán inmundos. Será pues el pan de ellos para si mismos; no entrará en la casa de Jehová.5¿Qué haréis el día de la solemnidad, y el día de la fiesta de Jehová?6Porque, he aquí se fueron ellos á causa de la destrucción: Egipto los recogerá, Memphis los enterrará: espino poseerá por heredad lo deseable de su plata, ortiga crecerá en sus moradas.7Vinieron los días de la visitación, vinieron los días de la paga; conocerálo Israel: necio el profeta. insensato el varón de espíritu, á causa de la multitud de tu maldad, y grande odio.8Atalaya es Ephraim para con mi Dios: el profeta es lazo de cazador en todos sus caminos, odio en la casa de su Dios.9Llegaron al profundo, corrompiéronse, como en los días de Gabaa: ahora se acordará de su iniquidad; visitará su pecado.10Como uvas en el desierto hallé á Israel: como la fruta temprana de la higuera en su principio vi á vuestros padres. Ellos entraron á Baal-peor, y se apartaron para vergüenza, é hiciéronse abominables como aquello que amaron.11Ephraim, cual ave volará su gloria desde el nacimiento, aun desde el vientre y desde la concepción.12Y si llegaren á grandes sus hijos, quitarélos de entre los hombre, porque ­ay de ellos también, cuando de ellos me apartare!13Ephraim, según veo, es semejante á Tiro, asentada en lugar delicioso: mas Ephraim sacará sus hijos al matador.14Dales, oh Jehová, lo que les has de dar: dales matriz expeliente, y enjutos pechos.15Toda la maldad de ellos fué en Gilgal; allí, pues, les tomé aversión: por la malicia de sus obras echarélos de mi casa; no los amaré más; todos sus príncipes son desleales.16Ephraim fué herido, secóse su cepa, no hará más fruto: aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre.17Mi Dios los desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las gentes.

Los acontecimientos históricos que corresponden a esas profecías son relatados en los capítulos 15:8 a 17:18 del segundo libro de los Reyes. Los últimos soberanos de Israel habían creído que sería buena política apoyarse alternativamente en Egipto y Asiria (v. 3; comp. cap. 7:11-12 y 2 Reyes 17:4). Esto fue precisamente su perdición. Por su lado, los que habían escapado de Jerusalén y de Judá buscaron refugio en Egipto (en Memfis), antes que quedarse “en la tierra de Jehová” como les instaba Jeremías (v. 6; Jeremías 42:10 y 19). ¡Ay!, ¿no nos parecemos a ellos? Cuántas veces en presencia de una dificultad buscamos la ayuda de los hombres antes que la del Señor (Salmo 60:11). Efraín debía ser privado de hijos, quedar estéril y sin fruto para Dios, como la higuera a la que el Señor maldijo (v. 16; Marcos 11:12-14). Esa profecía se cumplió con la actual dispersión de las diez tribus hasta su restablecimiento para el reino de mil años. En cuanto a los judíos propiamente dichos (Judá y Benjamín), su suerte, desde que rechazaron al Mesías, es la de ser “errantes entre las naciones” (v. 17; Deuteronomio 28:64-65). Al no haber conocido el tiempo de su “visitación” en gracia (Lucas 19:44 fin), debían ser visitados por el juicio (v. 7).

Oseas 10:1-15
1ES Israel una frondosa viña, haciendo fruto para sí: conforme á la multiplicación de su fruto multiplicó altares, conforme á la bondad de su tierra aumentaron sus estatuas.2Dividióse su corazón. Ahora serán hallados culpables: él quebrantará sus altares, asolará sus estatuas.3Porque dirán ahora: No tenemos rey, porque no temimos á Jehová: ¿y qué haría el rey por nosotros?4Han hablado palabras jurando en vano al hacer alianza: por tanto, el juicio florecerá como ajenjo en los surcos del campo.5Por las becerras de Beth-aven serán atemorizados los moradores de Samaria: porque su pueblo lamentará á causa del becerro, y sus sacerdotes que en él se regocijaban por su gloria, la cual será disipada.6Y aun será él llevado á Asiria en presente al rey Jareb: Ephraim será avergonzado, é Israel será confuso de su consejo.7De Samaria fué cortado su rey como la espuma sobre la superficie de las aguas.8Y los altares de Avén serán destruídos, el pecado de Israel; crecerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán á los montes: Cubridnos; y á los collados: Caed sobre nosotros.9Desde los días de Gabaa has pecado, oh Israel: allí estuvieron: no los tomó la batalla en Gabaa contra los inicuos.10Y los castigaré como deseo: y pueblos se juntarán sobre ellos cuando serán atados en sus dos surcos.11Ephraim es becerra domada, amadora del trillar; mas yo pasaré sobre su lozana cerviz: yo haré llevar yugo á Ephraim; arará Judá, quebrará sus terrones Jacob.12Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; arad para vosotros barbecho: porque es el tiempo de buscar á Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia.13Habéis arado impiedad, segasteis iniquidad: comeréis fruto de mentira: porque confiaste en tu camino, en la multitud de tus fuertes.14Por tanto, en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruídas, como destruyó Salmán á Beth-arbel el día de la batalla: la madre fué arrojada sobre los hijos.15Así hará á vosotros Beth-el por la maldad de vuestra maldad: en la mañana será del todo cortado el rey de Israel.

“Será, pues, el pan de ellos para sí mismos” declaraba el versículo 4 del capítulo 9. “Israel… da abundante fruto para sí mismo” continúa nuestro versículo 1. He aquí la oportunidad para preguntarnos qué uso hacemos de lo que el Señor nos ha confiado: fuerzas, inteligencia, memoria, ratos de ocio, bienes materiales. ¿Los utilizamos para su servicio o para la satisfacción de nuestras codicias?

Con sarcástico tono los versículos 5 a 8 comentan la desaparición del becerro de oro en Bet-el (Bet-avén), la emoción de los sacerdotes idólatras y la del pueblo, luego la destrucción de Samaria y el fin de su último rey, quien lleva también el nombre de Oseas. Pero además hallamos en ellos una alusión al infortunio de Israel cuando atraviese la tribulación final que no tendrá precedente. El Señor, yendo a la cruz, citó el final del versículo 8 a las hijas de Jerusalén (Lucas 23:30). “Vendrán días…” «¡Ah! —escribió alguien— ¿no era tiempo todavía para sembrar en justicia, segar según la piedad, roturar un campo nuevo, empezar una nueva vida, producto de un nuevo nacimiento?…» Este versículo 12 se dirige solemnemente a todos los que postergan para más tarde la cuestión de su salvación: “Es el tiempo de buscar a Jehová”. Quizás mañana usted no le halle más (léase Isaías 55:6-7).

Oseas 11:1-12
1CUANDO Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé á mi hijo.2Como los llamaban, así ellos se iban de su presencia; á los Baales sacrificaban, y á las esculturas ofrecían sahumerios.3Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba.4Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor: y fuí para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida.5No tornará á tierra de Egipto, antes el mismo Assur será su rey, porque no se quisieron convertir.6Y caerá espada sobre sus ciudades, y consumirá sus aldeas; consumirálas á causa de sus consejos.7Entre tanto, está mi pueblo adherido á la rebelión contra mí: aunque lo llaman al Altísimo, ninguno absolutamente quiere ensalzar le.8¿Cómo tengo de dejarte, oh Ehpraim? ¿he de entregarte yo, Israel? ¿cómo podré yo hacerte como Adma, ni ponerte como á Zeboim? Mi corazón se revuelve dentro de mí, inflámanse todas mis conmiseraciones.9No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir á Ephraim: porque Dios soy, y no hombre; el Santo en medio de ti: y no entraré en la ciudad.10En pos de Jehová caminarán: él bramará como león: cual león rugirá él de cierto, y los hijos se moverán azorados del occidente.11Como ave se moverán velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y pondrélos en sus casas, dice Jehová.12(H12-1) CERCOME Ephraim con mentira, y la casa de Israel con engaño: mas Judá aún domina con Dios, y es fiel con los santos.

El versículo 1 está citado en Mateo 2:15 con motivo del viaje de Jesús, cuando niño, a Egipto. Como Israel había fallado por completo, Dios le sustituye por su Hijo (comp. Isaías 49:3). Él volverá a empezar la historia del pueblo y esta vez enteramente para la gloria de Dios.

Después de haber designado misteriosamente a Aquel que cumplirá sus pensamientos de gracia y salvación, Dios puede dejar que su corazón hable libremente. El castigo que se vio obligado a ejecutar fue todavía más doloroso para él mismo que para el pueblo. Su compasión de Padre lo conmovieron para con su hijo rebelde. Recuerda cómo había enseñado a caminar a Efraín, tomándole de los brazos y dándole de comer (v. 3-4). Lo había liberado de su esclavitud y unido a sí mismo, pero con vínculos de amor. Cuán triste es ver a Efraín inconsciente de su ruina moral (cap. 7:9) y, a la vez, de los cuidados del amor divino: “no conoció que yo le cuidaba” (v. 3).

Amigo, si usted se ha alejado del Señor, sepa que durante todo ese tiempo él se preocupa por restaurarle. La misericordia del Señor responde a su desgracia. ¿No le conmueve? Déjese atraer, déjese traer de vuelta por las cuerdas de Su amor.

Oseas 12:1-14
1(H12-2) Ephraim se apacienta del viento, y sigue al solano: mentira y destrucción aumenta continuamente; porque hicieron alianza con los Asirios, y aceite se lleva á Egipto.2(H12-3) Pleito tiene Jehová con Judá para visitar á Jacob conforme á sus caminos: pagarále conforme á sus obras.3(H12-4) En el vientre tomó por el calcañar á su hermano, y con su fortaleza venció al ángel.4(H12-5) Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y rogóle: en Beth-el le halló, y allí habló con nosotros.5(H12-6) Mas Jehová es Dios de los ejércitos: Jehová es su memorial.6(H12-7) Tú pues, conviértete á tu Dios: guarda misericordia y juicio, y en tu Dios espera siempre.7(H12-8) Es mercader que tiene en su mano peso falso, amador de opresión.8(H12-9) Y dijo Ephraim: Ciertamente yo he enriquecido, hallado he riquezas para mí: nadie hallará en mí iniquidad, ni pecado en todos mis trabajos.9(H12-10) Empero yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto: aun te haré morar en tiendas, como en los días de la fiesta.10(H12-11) Y hablado he á los profetas, y yo aumenté la profecía, y por mano de los profetas puse semejanzas.11(H12-12) ¿Es Galaad iniquidad? Ciertamente vanidad han sido; en Gilgal sacrificaron bueyes: y aún son sus altares como montones en los surcos del campo.12(H12-13) Mas Jacob huyó á tierra de Aram, y sirvió Israel por mujer, y por mujer fué pastor.13(H12-14) Y por profeta hizo subir Jehová á Israel de Egipto, y por profeta fué guardado.14(H12-15) Enojado ha Ephraim á Dios con amarguras; por tanto, sus sangres se derramarán sobre él, y su Señor le pagará su oprobio.

Efraín tiene las mismas disposiciones que más tarde tendrá la iglesia de Laodicea. Pronuncia las mismas palabras de satisfacción: “Me he enriquecido” (v. 8; Apocalipsis 3:17). Pero Dios no mira la prosperidad exterior. Moralmente, este pueblo es desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo, como lo es ahora para Dios la cristiandad que lo es sólo de nombre. Por medio de su mentira, su fraude, su mundanería y su confianza en el hombre, Efraín lo hizo todo para provocar la ira de Jehová, quien le pagará su oprobio (v. 14; Deuteronomio 28:37). Sin embargo, para mostrar que el camino del arrepentimiento todavía está abierto, Dios se sirve de la historia de Jacob, quien fue un astuto calculador, el suplantador de su hermano. Pero un día el patriarca encontró a Dios en Peniel, luchó con él y triunfó, no “con su poder”, sino por medio de sus lágrimas y sus súplicas. Más tarde en Bet-el, después de haber purificado su casa, aprendió a conocerle por su nombre, el Dios omnipotente (Génesis 32:24-30; cap. 35). Clamar al Señor, humillarse, quitar los dioses extraños es lo que hizo Jacob pero no Efraín. Nosotros, no dejemos de hacerlo, valiéndonos del versículo 6: “Tú, pues vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre” (comp. Isaías 31:6).

Oseas 13:1-16
1CUANDO Ephraim hablaba, hubo temor; fué ensalzado en Israel; mas pecó en Baal, y murió.2Y ahora añadieron á su pecado, y de su plata se han hecho según su entendimiento, estatuas de fundición, ídolos, toda obra de artífices; acerca de los cuales dicen á los hombres que sacrifican, que besen los becerros.3Por tanto serán como la niebla de la mañana, y como el rocío de la madrugada que se pasa; como el tamo que la tempestad arroja de la era, y como el humo que de la chimenea sale.4Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto: no conocerás pues Dios fuera de mí, ni otro Salvador sino á mí.5Yo te conocí en el desierto, en tierra seca.6En sus pastos se hartaron, hartáronse, y ensoberbecióse su corazón: por esta causa se olvidaron de mí.7Por tanto, yo seré para ellos como león; como un leopardo en el camino los espiaré.8Como oso que ha perdido los hijos los encontraré, y romperé las telas de su corazón, y allí los devoraré como león: bestia del campo los despedazará.9Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda.10¿Dónde está tu rey, para que te guarde con todas tus ciudades? ¿y tus jueces, de los cuales dijiste: Dame rey y príncipes?11Díte rey en mi furor, y quitélo en mi ira.12Atada está la maldad de Ephraim; su pecado está guardado.13Dolores de mujer de parto le vendrán: es un hijo ignorante, que de otra manera no estuviera tanto tiempo en el rompimiento de los hijos.14De la mano del sepulcro los redimiré, librarélos de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh sepulcro; arrepentimiento será escondido de mis ojos.15Aunque él fructificará entre los hermanos, vendrá el solano, viento de Jehová, subiendo de la parte del desierto, y secarse ha su vena, y secaráse su manadero: él saqueará el tesoro de todas las preciosas alhajas.16Samaria será asolada, porque se rebeló contra su Dios: caerán á cuchillo: sus niños serán estrellados, y su preñadas serán abiertas.

«Nada hay más conmovedor en la boca de Dios que esa mezcla de reproches, ternura y llamados a volver a momentos más felices. Pero todo fue en vano; Dios tuvo que juzgar y recurrir a su soberana gracia, la que llevará a Israel al arrepentimiento y a él» (J.N.D.) “No conocerás a… otro salvador sino a mí” dice Jehová. Efraín deberá convencerse de ello después de haber esperado en vano que sus reyes y sus jueces lo librasen (v. 10). “En ningún otro hay salvación” confirma Hechos 4:12 al hablar del nombre del Señor Jesús.

Dios conoció a su pueblo en el desierto. Entonces Israel andaba en pos de él en tierra no sembrada (v. 5; Jeremías 2:2). Como lo dijo alguien, mientras no había más que Dios y la arena, le era muy necesario contar con Jehová a cada paso; más tarde, en cambio, la prosperidad con la saciedad contribuyeron a su culpable alejamiento (v. 6; Deuteronomio 32:15 y 18). Por desdicha, así ocurre a menudo en la vida del cristiano. Tan pronto como piensa que no ha de contar con el Señor para sus necesidades de cada día, corre el riesgo de enorgullecerse y olvidar al Dios de quien depende.

1 Corintios 15:55 se hace eco del grito de victoria del versículo 14. A partir de la promesa tocante a la liberación final de Israel, el Espíritu eleva nuestras miradas hacia la resurrección y hacia Aquel que venció la muerte.

Oseas 14:1-9
1CONVIÉRTETE, oh Israel, á Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído.2Tomad con vosotros palabras, y convertíos á Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y daremos becerros de nuestros labios.3No nos librará Assur; no subiremos sobre caballos, ni nunca más diremos á la obra de nuestras manos: Dioses nuestros: porque en ti el huérfano alcanzará misericordia.4Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos.5Yo seré á Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano.6Extenderse han sus ramos, y será su gloria como la de la oliva, y olerá como el Líbano.7Volverán, y se sentarán bajo de su sombra: serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid: su olor, como de vino del Líbano.8Ephraim dirá: ¿Qué más tendré ya con los ídolos? Yo lo oiré, y miraré; yo seré á él como la haya verde: de mí será hallado tu fruto.9¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que los sepa? Porque los caminos del Jehová son derechos, y los justos andarán por ellos: mas los rebeldes en ellos caerán.

Como conclusión del largo debate de Jehová con su pueblo se entabla un maravilloso diálogo. El Espíritu dicta a Israel palabras de arrepentimiento (v. 2 y 3). Dios, atento al primer movimiento de retorno (comp. Lucas 15:20), en seguida promete: “Yo sanaré su rebelión” (v. 4). En efecto, abandonar al Señor es la más grave de las enfermedades, pues alcanza al alma. “Los amaré de pura gracia” agrega Jehová. Entonces sus afectos podrán expresarse sin obstáculo por medio de las más ricas bendiciones (v. 5-7). ¿Y cómo responderá Efraín? Lo hará repudiando toda relación con los ídolos (v. 8). En lo sucesivo, el amor de su Dios le bastará.

En cuanto a nosotros, ¿nos es suficiente el amor de Jesús? Como dice un cántico: «Si él quiere que nuestro corazón le ame – enteramente y sin rodeos, – primero es porque él mismo – es inmutable en su amor». Y si permanecemos en su amor, se complacerá en producir fruto por medio de nosotros (v. 8 fin; Juan 15:8-10).

Así termina esta profecía de Oseas, cuyo nombre era una promesa, ya que significa liberación. Si más de una vez hemos podido reconocernos bajo los rasgos de Efraín, aceptemos las mismas serias advertencias que él recibe. “¿Quién es sabio?…” ¿No es aquel que, en todo tiempo, entiende los pensamientos de Dios y anda por sus caminos? (v. 9).

Joel 1:1-20
1PALABRA de Jehová que fué á Joel hijo de Pethuel.2Oid esto, viejos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, ó en los días de vuestros padres?3De esto contaréis á vuestros hijos, y vuestros hijos á sus hijos, y su hijos á la otra generación.4Lo que quedó de la oruga comió la langosta, y lo que quedó de la langosta comió el pulgón; y el revoltón comió lo que del pulgón había quedado.5Despertad, borrachos, y llorad; aullad todos los que bebéis vino, á causa del mosto, porque os es quitado de vuestra boca.6Porque gente subió á mi tierra, fuerte y sin número; sus dientes, dientes de león, y sus muelas, de león.7Asoló mi vid, y descortezó mi higuera: del todo la desnudó y derribó: sus ramas quedaron blancas.8Llora tú como moza vestida de saco por el marido de su juventud.9Pereció el presente y la libación de la casa de Jehová: los sacerdotes ministros de Jehová hicieron luto.10El campo fué destruído, enlutóse la tierra; porque el trigo fué destuído, se secó el mosto, perdióse el aceite.11Confundíos, labradores, aullad, viñeros, por el trigo y la cebada; porque se perdió la mies del campo.12Secóse la vid, y pereció la higuera, el granado también, la palma, y el manzano; secáronse todos los árboles del campo; por lo cual se secó el gozo de los hijos de los hombres.13Ceñíos y lamentad, sacerdotes; aullad, ministros del altar; venid, dormid en sacos, ministros de mi Dios: porque quitado es de la casa de vuestro Dios el presente y la libación.14Pregonad ayuno, llamad á congregación; congregad los ancianos y todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad á Jehová.15Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso.16¿No es quitado el mantenimiento de delante de nuestros ojos, la alegría y el placer de la casa de nuestro Dios?17El grano se pudrió debajo de sus terrones, los bastimentos fueron asolados, los alfolíes destruídos; porque se secó el trigo.18Cuánto gimieron las bestias! ­cuán turbados anduvieron los hatos de los bueyes, porque no tuvieron pastos! también fueron asolados los rebaños de las ovejas.19A ti, oh Jehová, clamaré: porque fuego consumió los pastos del desierto, y llama abrasó todos los árboles del campo.20Las bestias del campo bramarán también á ti; porque se secaron los arroyos de las aguas, y fuego consumió las praderías del desierto.

El día de Jehová (o del Señor) es el título que se le podría dar a la profecía de Joel. Evidentemente no se trata de un día de 24 horas, sino de un período todavía venidero, en el que la voluntad de Dios se cumplirá en la tierra como se cumple ya en los cielos (Mateo 6:10). Desde su caída, el hombre, llevado por sus pasiones, no ha cesado de hacer lo que le agrada. Se puede decir, pues, que vivimos en el día del hombre. Por eso, cuando el Señor intervenga para imponer su voluntad, será necesario que apele ante todo a golpes que finalmente hagan ceder al orgullo humano. Moralmente, en cada una de nuestras vidas el día del Señor comienza en el momento en que reconocemos su plena autoridad sobre nosotros.

A diferencia de Oseas, profeta de Israel, Joel se dirige a Judá. Aprovecha la ocurrencia de una serie de calamidades, a saber, los sucesivos estragos producidos en el país por diferentes clases de langostas. Pocos espectáculos son tan impresionantes como una invasión de saltamontes migratorios en Oriente. Imaginémonos ese prodigioso ejército de miles de millones de insectos que se abaten sobre una región fértil y súbitamente la reducen a desierto.

De ese desastre que ocurrió en su tiempo, Joel pasa a un azote todavía futuro: la invasión del asirio.

Joel 2:1-17
1TOCAD trompeta en Sión, y pregondad en mi santo monte: tiemblen todos los moradores de la tierra; porque viene el día de Jehová, porque está cercano.2Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra, que sobre los montes se derrama como el alba: un pueblo grande y fuerte: nunca desde el siglo fué semejante, ni después de él será jamás en años de generación en generación.3Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape.4Su parecer, como parecer de caballos; y como gente de á caballo correrán.5Como estruendo de carros saltarán sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como fuerte pueblo aparejado para la batalla.6Delante de él temerán los pueblos, pondránse mustios todos los semblantes.7Como valientes correrán, como hombres de guerra subirán la muralla; y cada cual irá en sus caminos, y no torcerán sus sendas.8Ninguno apretará á su compañero, cada uno irá por su carrera; y aun cayendo sobre la espada no se herirán.9Irán por la ciudad, correrán por el muro, subirán por las casas, entrarán por las ventanas á manera de ladrones.10Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos: el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor.11Y Jehová dará su voz delante de su ejército: porque muchos son sus reales y fuertes, que ponen en efecto su palabra: porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿y quién lo podrá sufrir?12Por eso pues ahora, dice Jehová, convertíos á mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto.13Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos á Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo.14¿Quién sabe si volverá, y se apiadará, y dejará bendición tras de él, presente y libación para Jehová Dios vuestro?15Tocad trompeta en Sión, pregonad ayuno, llamad á congregación.16Reunid el pueblo, santificad la reunión, juntad los viejos, congregad los niños y los que maman: salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia.17Entre la entrada y el altar, lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, á tu pueblo, y no pongas en oprobio tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?

Jehová llama “su ejército” a esa nube de fieros asaltantes (v. 11 y 25), aunque tenga a su cabeza al impío y soberbio asirio. De hecho, este último sólo es el ejecutor de su Palabra, “la vara” de su furor (Isaías 10:5). Cuando pasamos por la disciplina, nunca perdamos de vista la fiel Mano que nos la dispensa. Ese fracaso, ese contratiempo, ese accidente viene del Señor. No nos asemejemos al niño que, con ingenuidad, cree evitarse la corrección escondiendo la vara con la cual aguarda ser golpeado. Uno se representa ese gigantesco asalto como algo que “no lo hubo jamás”. Desborda como una irresistible marea por encima del muro y hasta en las casas. La misma invasión se llama en otro lugar “el turbión del azote” (Isaías 28:15). ¡Ah!, esa visión de pesadilla ¿no está colocada de antemano delante del pueblo como un llamado a su conciencia? “Pues, ahora” es el tiempo para él —es tiempo para todos— de volver a Dios de todo corazón “con lloro y lamento… porque misericordioso es y clemente” (v. 12-13; léase Santiago 5:11). “Tocad trompeta en Sion” repite el profeta (v. 1 y 15; véase Números 10:9); ¡es la imagen de la apremiante oración de la fe! Entonces, en la hora del peligro Jehová se acordará de los suyos.

Joel 2:18-32
18Y Jehová celará su tierra, y perdonará su pueblo.19Y responderá Jehová, y dirá á su pueblo: He aquí yo os envío pan, y mosto, y aceite, y seréis saciados de ellos: y nunca más os pondré en oprobio entre las gentes.20Y haré alejar de vosotros al del aquilón, y echarélo en la tierra seca y desierta: su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental, y exhalará su hedor; y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas.21Tierra, no temas; alégrate y gózate: porque Jehová ha de hacer grandes cosas.22Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos.23Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.24Y las eras se henchirán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite.25Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, y el revoltón; mi grande ejército que envié contra vosotros.26Y comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros: y nunca jamás será mi pueblo avergonzado.27Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro: y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.28Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones.29Y aun también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.30Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.31El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.32Y será que cualquiera que invocare el nombre de Jehová, será salvo: porque en el monte de Sión y en Jerusalem habrá salvación, como Jehová ha dicho, y en los que quedaren, á los cuales Jehová habrá llamado.

“Convertíos a Jehová” —invitaba el versículo 13. “¿Quién sabe si volverá… y dejará bendición tras de él?” ¿Quién sabe? Por nuestra parte, sabemos bien que Dios nunca permanece insensible a las lágrimas y a las súplicas de los suyos. Lleno de compasión, enseguida multiplica sus promesas: destrucción definitiva de los enemigos del pueblo; abundancia de bienes materiales que compensan, y con mucho, las pérdidas sufridas (v. 25). Y la más preciosa de esas bendiciones que él deja “tras de él” es: su Espíritu, generosamente derramado sobre los hijos de Israel como testimonio para el mundo entero (v. 28). Ese tiempo todavía está por venir, porque Israel de ningún modo está preparado para recibir ese don. Pero el día de Pentecostés, Pedro se apoya en este pasaje para explicar a los judíos lo que acaba de acontecer (Hechos 2:17).

“Todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” afirma el versículo 32 citado en Hechos 2:21 y Romanos 10:13. Invocar es llamar mediante la oración, y apelar a ese nombre, el de Jesús; es el único medio por el cual podemos ser salvos. En medio del peor infortunio Dios salvará —y salva ahora— a todo aquel que se vuelve a él. “Arrepentíos… y recibiréis el don del Espíritu Santo”. ¡Promesa valedera hoy, valedera para usted!

Joel 3:1-21
1PORQUE he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré tornar la cautividad de Judá y de Jerusalem,2Juntaré todas las gentes, y harélas descender al valle de Josaphat, y allí entraré en juicio con ellos á causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad, á los cuales esparcieron entre las naciones, y partieron mi tierra:3Y echaron suertes sobre mi pueblo, y á los niños dieron por una ramera, y vendieron las niñas por vino para beber.4Y también, ¿qué tengo yo con vosotras, Tiro y Sidón, y todos los términos de Palestina? ¿Queréis vengaros de mí? Y si de mí os vengáis, bien pronto haré yo recaer la paga sobre vuestra cabeza.5Porque habéis llevado mi plata y mi oro, y mis cosas preciosas y hermosas metisteis en vuestros templos:6Y vendisteis los hijos de Judá y los hijos de Jerusalem á los hijos de los Griegos, por alejarlos de sus términos.7He aquí los levantaré yo del lugar donde los vendisteis, y volveré vuestra paga sobre vuestra cabeza.8Y venderé vuestros hijos y vuestras hijas en la mano de los hijos de Judá, y ellos los venderán á los Sabeos, nación apartada; porque Jehová ha hablado.9Pregonad esto entre las gentes, proclamad guerra, despertad á los valientes, lléguense, vengan todos los hombres de guerra.10Haced espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el flaco: Fuerte soy.11Juntaos y venid, gentes todas de alrededor, y congregaos: haz venir allí, oh Jehová, tus fuertes.12Las gentes se despierten, y suban al valle de Josaphat: porque allí me sentaré para juzgar todas las gentes de alrededor.13Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended; porque el lagar está lleno, rebosan las lagaretas: porque mucha es la maldad de ellos.14Muchos pueblos en el valle de la decisión: porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión.15El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor.16Y Jehová bramará desde Sión, y dará su voz desde Jerusalem, y temblarán los cielos y la tierra: mas Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel.17Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sión, monte de mi santidad: y será Jerusalem santa, y extraños no pasarán más por ella.18Y será en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas: y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sittim.19Egipto será destruído, y Edom será vuelto en asolado desierto, por la injuria hecha á los hijos de Judá: porque derramaron en su tierra la sangre inocente.20Mas Judá para siempre será habitada, y Jerusalem en generación y generación.21Y limpiaré la sangre de los que no limpié; y Jehová morará en Sión.

El restablecimiento de Judá y Jerusalén estará acompañado por el juicio que caerá sobre las naciones. Entonces éstas harán un trágico descubrimiento: al dispersar a Israel y repartirse el país (v. 2 fin) habían atacado a Dios mismo. “¿Qué tengo yo con vosotras?” es la terrible pregunta que cae del cielo (v. 4). También Saulo de Tarso se enteró de que, al perseguir a los cristianos, perseguía a Jesús (Hechos 9:4-5).

Por una completa inversión de la situación, esas naciones conocerán la suerte que hicieron sufrir al pueblo de Dios. Su “paga” caerá sobre su propia cabeza, lo que es un inmutable principio del gobierno de Dios (véase Génesis 9:6; Jueces 1:7 etc.) Totalmente enceguecidas, esas naciones habrán forjado su propia ruina al mismo tiempo que sus armas. Por lo tanto el soberano Juez las convocará en el lugar mismo de su desastre (v. 9-12). “Muchos pueblos en el valle de la decisión” (v. 14). Esa siniestra «vendimia» constituirá el último acto introductorio del Día de Jehová (Apocalipsis 14:18-20). En lo sucesivo, la gracia podrá correr abundantemente para un pueblo limpiado (v. 21). Y porque será limpiado —supremo favor— Dios mismo morará en medio de ellos.

Amós 1:1-15
1LAS palabras de Amós, que fué entre los pastores de Tecoa, las cuales vió acerca de Israel en días de Uzzía rey de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joas rey de Israel, dos años antes del terremoto.2Y dijo: Jehová bramará desde Sión, y dará su voz desde Jerusalem; y las estancias de los pastores se enlutarán, y secaráse la cumbre del Carmelo.3Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque trillaron á Galaad con trillos de hierro.4Y meteré fuego en la casa de Hazael, y consumirá los palacios de Ben-hadad.5Y quebraré la barra de Damasco, y talaré los moradores de Bicath-aven, y los gobernadores de Beth-eden: y el pueblo de Aram será trasportado á Chîr, dice Jehová.6Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Gaza, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque llevó cautiva toda la cautividad, para entregarlos á Edom.7Y meteré fuego en el muro de Gaza, y quemará sus palacios.8Y talaré los moradores de Azoto, y los gobernadores de Ascalón: y tornaré mi mano sobre Ecrón, y las reliquias de los Palestinos perecerán, ha dicho el Señor Jehová.9Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Tiro, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque entregaron la cautividad entera á Edom, y no se acordaron del concierto de hermanos.10Y meteré fuego en el muro de Tiro, y consumirá sus palacios.11Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque persiguió á cuchillo á su hermano, y rompió sus conmiseraciones; y con su furor le ha robado siempre, y ha perpetuamente guardado el enojo.12Y meteré fuego en Temán, y consumirá los palacios de Bosra.13Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de los hijos de Ammón, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque abrieron las preñadas de Galaad, para ensanchar su término.14Y encenderé fuego en el muro de Rabba, y consumirá sus palacios con estruendo en día de batalla, con tempestad en día tempestuoso:15Y su rey irá en cautiverio, él y sus príncipes todos, dice Jehová.

Para negar la inspiración de la Biblia, los incrédulos hacen valer el número y la diversidad de los hombres que la escribieron. Pero ello es precisamente lo que la confirma. La perfecta concordancia de los testimonios de 40 escritores, los que se extienden por 1500 años, es un milagro indiscutible. Para preparar la ejecución de un edificio, un constructor se valdrá de varios ingenieros, dibujantes, técnicos… cada uno de los cuales contribuirá con sus aptitudes y cuidados. Esto no impedirá que la obra haya sido concebida por él, conducida según su plan y que lleve su nombre. Los siervos de quienes se sirvió Dios para redactar su Palabra son diferentes. Daniel era príncipe, Jeremías y Ezequiel sacerdotes, Amós un sencillo pastor (v. 1). Pero el divino llamado lo colocó entre “los santos hombres de Dios” que “hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (cap. 7:14-15; 2 Pedro 1:21). Su libro sólo puede, pues, confirmar la perfecta armonía entre todas las partes de las Escrituras. Amós empieza donde terminó la profecía de Joel (comp. v. 2 con Joel 3:16). Este último habló de las naciones en su conjunto. Amós nombra sucesivamente a Siria, Felistía, Tiro, Edom, Amón (y Moab en el cap. 2) para declarar que cada uno de esos pueblos colmó ampliamente la medida de sus pecados.

Amós 2:1-16
1ASI ha dicho Jehová: Por tres pecados de Moab, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque quemó los huesos del rey de Idumea hasta tornarlos en cal.2Y meteré fuego en Moab, y consumirá los palacios de Chêrioth: y morirá Moab en alboroto, en estrépito y sonido de trompeta.3Y quitaré el juez de en medio de él, y mataré con él á todos sus príncipes, dice Jehová.4Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Judá, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque menospreciaron la ley de Jehová, y no guardaron sus ordenanzas; é hiciéronlos errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres.5Meteré por tanto fuego en Judá, el cual consumirá los palacios de Jerusalem.6Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no desviaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos:7Que anhelan porque haya polvo de tierra sobre la cabeza de los pobres, y tuercen el camino de los humildes: y el hombre y su padre entraron á la misma moza, profanando mi santo nombre.8Y sobre las ropas empeñadas se acuestan junto á cualquier altar; y el vino de los penados beben en la casa de sus dioses.9Y yo destruí delante de ellos al Amorrheo, cuya altura era como la altura de los cedros, y fuerte como un alcornoque; y destruí su fruto arriba, sus raíces abajo.10Y yo os hice á vosotros subir de la tierra de Egipto, y os traje por el desierto cuarenta años, para que poseyeseis la tierra del Amorrheo.11Y levanté de vuestros hijos para profetas, y de vuestros mancebos para que fuesen Nazareos. ¿No es esto así, dice Jehová, hijos de Israel?12Mas vosotros disteis de beber vino á los Nazareos; y á los profetas mandasteis, diciendo: No profeticéis.13Pues he aquí, yo os apretaré en vuestro lugar, como se aprieta el carro lleno de haces;14Y la huída perecerá del ligero, y el fuerte no esforzará su fuerza, ni el valiente librará su vida;15Y el que toma el arco no resistirá, ni escapará el ligero de pies, ni el que cabalga en caballo salvará su vida.16El esforzado entre esforzados huirá desnudo aquel día, dice Jehová.

Con Moab, la lista de los transgresores no está cerrada todavía. ¡Judá e Israel tienen su lugar entre los pueblos culpables! Y el pecado de Israel supera al de todos sus vecinos. Estos últimos sólo habían practicado su maldad contra sus enemigos, en tanto que en Israel los fuertes habían aplastado a los débiles, manchado a los nazareos y cerrado la boca a los profetas (v. 12). “Vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos” (v. 6 y 8:6); pisotearon al pobre, oprimieron al justo e hicieron perder su causa a los pobres (cap. 5:11-12). Pensamos en el Señor Jesús, tan a menudo designado como “el Justo” (por ejemplo en Hechos 22:14), o como “el Pobre” (Salmo 40:17; 41:1). No dejó de ser oprimido, afligido, antes de ser traicionado, vendido, y finalmente se le dio muerte (Santiago 2:6 y 5:6). Como para subrayar más los crímenes de su pueblo, Jehová recuerda las maravillas que otrora había hecho a favor de él. Destruyó a sus formidables enemigos (v. 9); lo liberó de Egipto y lo condujo por el desierto (v. 10). ¡Hechos de poder y de amor que evocan su obra de salvación a favor de todos los hombres! Esta obra encuentra de parte de ellos una horrorosa ingratitud. ¿Qué respuesta le dio usted al amor del Salvador?

Amós 3:1-15
1OID esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así:2A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto visitaré contra vosotros todas vuestras maldades.3¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de concierto?4¿Bramará el león en el monte sin hacer presa? ¿dará el leoncillo su bramido desde su morada, si no prendiere?5¿Caerá el ave en el lazo en la tierra, sin haber armador? ¿alzaráse el lazo de la tierra, si no se ha prendido algo?6¿Tocaráse la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?7Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que revele su secreto á sus siervos los profetas.8Bramando el león, ¿quién no temerá? hablando el Señor Jehová, ¿quién no porfetizará?9Haced pregonar sobre los palacios de Azoto, y sobre los palacios de tierra de Egipto, y decid: Reuníos sobre los montes de Samaria, y ved muchas opresiones en medio de ella, y violencias en medio de ella.10Y no saben hacer lo recto, dice Jehová, atesorando rapiñas y despojos en sus palacios.11Por tanto, el Señor Jehová ha dicho así: Un enemigo habrá aún por todos lados de la tierra, y derribará de ti tu fortaleza, y tus palacios serán saqueados.12Así ha dicho Jehová: De la manera que el pastor libra de la boca del león dos piernas, ó la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel que moran en Samaria en el rincón de la cama, y al canto del lecho.13Oid y protestad en la casa de Jacob, ha dicho Jehová Dios de los ejércitos:14Que el día que visitaré las rebeliones de Israel sobre él, visitaré también sobre los altares de Beth-el; y serán cortados los cuernos del altar, y caerán á tierra.15Y heriré la casa del invierno con la casa del verano, y las casas de marfil perecerán; y muchas casas serán arruinadas, dice Jehová.

Israel era una familia que Dios había escogido para él de entre todas las familias de la tierra. “Por tanto…” prosigue Jehová, para mostrar que esa elección acarreaba las más estrictas obligaciones. Digámoslo una vez más: cuanto más estrecha es la relación, tanto mayor es la responsabilidad (léase Mateo 11:20-24). Una misma falta se apreciará de manera diferente si es cometida por un extraño, por un sirviente o por un hijo.

Dios se dispone a visitar a su pueblo mediante el juicio. Sin embargo, no se hará nada sin una advertencia. El rugido del león es la señal de alarma más eficaz para el rebaño. Amós, el pastor de Tecoa, lo sabe bien y procura arrancar al pueblo de su inconsciencia. “Proclamad… Oíd…” exclama él. Pero Dios va a emplear otra voz para sacudir el entorpecimiento y la dureza de Israel. Toda la profecía de Amós está llena de alusiones a un terremoto que iba a sobrevenir dos años más tarde (cap. 1:1; 2:13-16; 3:14-15; 6:11; 9:1, 11 etc.)

Nosotros, quienes por gracia formamos parte de la celestial familia de Dios, prestemos oído a todas las maneras en que nuestro Padre nos advierte.

Amós 4:1-13
1OID esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís los pobres, que quebrantáis los menesterosos, que decis á sus señores: Traed, y beberemos.2El Señor Jehová juró por su santidad: He aquí, vienen días sobre vosotros en que os llevará en anzuelos, y á vuestros descendientes en barquillos de pescador.3Y saldrán por los portillos la una en pos de la otra, y seréis echadas del palacio, dice Jehová.4Id á Beth-el, y prevaricad; en Gilgal aumentad la rebelión, y traed de mañana vuestros sacrificios, vuestros diezmos cada tres años;5Y ofreced sacrificio de alabanza con leudo, y pregonad, publicad voluntarias ofrendas; pues que así lo queréis, hijos de Israel, dice el Señor Jehová.6Yo también os dí limpieza de dientes en todas vuestras ciudades, y falta de pan en todos vuestros pueblos: mas no os tornasteis á mí, dice Jehová.7Y también yo os detuve la lluvia tres meses antes de la siega: é hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover: sobre una parte llovió; la parte sobre la cual no llovió, secóse.8Y venían dos ó tres ciudades á una ciudad para beber agua, y no se hartaban: con todo no os tornásteis á mí, dice Jehová.9Os herí con viento solano y oruga; vuestros muchos huertos y vuestras viñas, y vuestros higuerales y vuestros olivares comió la langosta: pero nunca os tornasteis á mí, dice Jehová.10Envié entre vosotros mortandad al modo que en Egipto: maté á cuchillo vuestros mancebos, con cautiverio de vuestros caballos; é hice subir el hedor de vuestros reales hasta vuestras narices: empero no os tornasteis á mí, dice Jehová.11Trastornéos, como cuando Dios trastornó á Sodoma y á Gomorra, y fuisteis como tizón escapado del fuego: mas no os tornasteis á mí, dice Jehová.12Por tanto, de esta manera haré á ti, oh Israel: y porque te he de hacer esto, aparéjate para venir al encuentro á tu Dios, oh Israel.13Porque he aquí, el que forma los montes, y cría el viento, y denuncia al hombre su pensamiento; el que hace á las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová, Dios de los ejércitos, es su nombre.

En otros tiempos, cuando Jehová enviaba sus plagas a Egipto, ponía a Israel a cubierto de ellas (Éxodo 8:22; 9:6-7 y 26; 10:23; 12:12-13). ¡Qué «cambio radical», también en el sentido moral! (v. 11). Aquí le vemos obligado a castigar a su propio pueblo tal como a Egipto (v. 10). Hambre, sequía, plagas, epidemias, terremoto: cinco calamidades se suceden con el fin de hablar a la conciencia de esta nación rebelde. ¡Ay! el triste refrán se repite cinco veces: “mas no os volvisteis a mí, dice Jehová” (v. 6, 8, 9, 10, 11). ¡No les arrojemos la piedra! Para con nosotros ¿no emplea el Señor la misma paciencia? Si a menudo recurre a medios que nos son penosos, siempre nos salva “como tizón escapado del fuego” (comp. Zacarías 3:2). ¿Nos hemos vuelto a él? Porque tarde o temprano será necesario encontrar a Dios. Si no es ahora en gracia, acudiendo al Señor con un corazón arrepentido, será él quien visitará al pecador en juicio (Lucas 12:58-59). “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios”.

Hoy en día, ¿cuál es para todo hombre la única manera de prepararse para ese solemne encuentro? Confesar sus pecados y aceptar el perdón que Jesús otorga gratuitamente. ¿Lo ha hecho cada uno de nosotros?

Amós 5:1-13
1OID esta palabra, porque yo levanto endecha sobre vosotros, casa de Israel.2Cayó la virgen de Israel, no más podrá levantarse; dejada fué sobre su tierra, no hay quien la levante.3Porque así ha dicho el Señor Jehová: La ciudad que sacaba mil, quedará con ciento; y la que sacaba ciento, quedará con diez, en la casa de Israel.4Empero así dice Jehová á la casa de Israel: Buscadme, y viviréis;5Y no busquéis á Beth-el ni entreis en Gilgal, ni paséis á Beer-seba: porque Gilgal será llevada en cautiverio, y Beth-el será deshecha.6Buscad á Jehová, y vivid; no sea que hienda, como fuego, á la casa de José, y la consuma, sin haber en Beth-el quien lo apague.7Los que convierten en ajenjo el juicio, y dejan en tierra la justicia,8Miren al que hace el Arcturo y el Orión, y las tinieblas vuelve en mañana, y hace oscurecer el día en noche; el que llama á las aguas de la mar, y las derrama sobre la haz de la tierra: Jehová es su nombre:9Que da esfuerzo al despojador sobre el fuerte, y que el despojador venga contra la fortaleza.10Ellos aborrecieron en la puerta al reprensor, y al que hablaba lo recto abominaron.11Por tanto, pues que vejáis al pobre y recibís de él carga de trigo; edificasteis casas de sillares, mas no las habitaréis; plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas.12Porque sabido he vuestras muchas rebeliones, y vuestros grandes pecados: que afligen al justo, y reciben cohecho, y á los pobres en la puerta hacen perder su causa.13Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo.

“Id a Bet-el, y prevaricad” —invitaba irónicamente el capítulo 4:4— “aumentad en Gilgal la rebelión…” Pero ahora Dios suplica: “No busquéis a Bet-el, ni entréis en Gilgal…” “Buscadme, y viviréis… Buscad a Jehová, y vivid” (v. 4-6).

Para vivir, al hombre nada le vale tener una religión; necesita un Salvador. Jesús es el camino, la verdad, la vida; nadie viene al Padre sino por él (Juan 14:6). Reconozcamos la grandeza de Aquel que hizo y sostiene los mundos (Hebreos 1:2-3). En una noche clara, cuando descubrimos las Pléyades y el Orión, estas constelaciones confunden nuestra inteligencia. En vano nos esforzamos por apreciar su fantástico alejamiento. Pero el Hijo de Dios cumplió una obra mucho más maravillosa aun. Él cambió en mañana la sombra amenazadora de la muerte eterna que ya nos envolvía, la que fue sorbida en victoria en su resurrección (v. 8; 1 Corintios 15:54). Por cierto, las tinieblas siempre reinan en este mundo. La opresión y la injusticia son cosas corrientes. Pero el cristiano no es agobiado por ellas: aun “en tiempo malo” sabe dónde hallar a su Salvador. “Buscadle”, tal debería ser nuestra consigna cada vez que abrimos nuestra Biblia (Salmo 27:8).

Amós 5:14-27
14Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos será con vosotros, como decís.15Aborreced el mal, y amad el bien, y poned juicio en la puerta: quizá Jehová, Dios de los ejércitos, tendrá piedad del remanente de José.16Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, el Señor: En todas las plazas habrá llanto, y en todas las calles dirán, ­Ay! ­ay! y al labrador llamarán á lloro, y á endecha á los que endechar supieren.17Y en todas las viñas habrá llanto; porque pasaré por medio de ti, dice Jehová.18Ay de los que desean el día de Jehová! ¿para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no luz:19Como el que huye de delante del león, y se topa con el oso; ó si entrare en casa y arrimare su mano á la pared, y le muerda la culebra.20¿No será el día de Jehová tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?21Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me darán buen olor vuestras asambleas.22Y si me ofreciereis holocaustos y vuestros presentes, no los recibiré; ni miraré á los pacíficos de vuestros engordados.23Quita de mí la multitud de tus cantares, que no escucharé las salmodias de tus instrumentos.24Antes corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.25¿Habéisme ofrecido sacrificios y presentes en el desierto en cuarenta años, casa de Israel?26Mas llevabais el tabernáculo de vuestro Moloch y Chiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis.27Hareos pues trasportar más allá de Damasco, ha dicho Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos.

El bien se identifica con Dios (Salmo 4:6). “Buscad lo bueno… para que viváis” (v. 14) corresponde a: “Buscad a Jehová, y vivid” (v. 6). Sin embargo, para buscar el bien es necesario amarlo, lo mismo que se huirá del mal en la medida en que se tenga horror de él (v. 15; Romanos 12:9). Pero, dirá alguien, no siempre es fácil distinguir el bien del mal. Sin duda, y la moral humana poco nos ayudará, ya que sólo puede comparar al hombre con el hombre. El único guía seguro es la Palabra de nuestro Dios.

Como esas multitudes cristianas que repiten: “Venga tu reino” y convocan así el día de su juicio, algunos deseaban el día de Jehová… sin darse cuenta de que significaría su desdicha. Multiplicaban las formas religiosas: fiestas, ofrendas, solemnes asambleas, ¡imaginándose que así ocultaban a Dios su verdadero estado! “Quita de delante de mí… el estruendo de tus cánticos” (v. 23, V.M.) responde el Señor severamente… ¡Ay! cuántos cánticos y oraciones sólo son para Dios un vano ruido. No olvidemos que él reclama “la verdad en lo íntimo” (Salmo 51:6).

Esteban citará los versículos 25 a 27 a los principales de los judíos para hacerles tomar conciencia de la antigüedad y gravedad de su pecado (Hechos 7:42-43).

Amós 6:1-14
1AY de los reposados en Sión, y de los confiados en el monte de Samaria, nombrados principales entre las mismas naciones, las cuales vendrán sobre ellos, oh casa de Israel!2Pasad á Calne, y mirad; y de allí id á la gran Hamath; descended luego á Gath de los Palestinos: ved si son aquellos reinos mejores que estos reinos, si su término es mayor que vuestro término.3Vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniquidad;4Duermen en camas de marfil, y se extienden sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los becerros de en medio del engordadero;5Gorjean al son de la flauta, é inventan instrumentos músicos, como David;6Beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José.7Por tanto, ahora pasarán en el principio de los que á cautividad pasaren, y se acercará el clamor de los extendidos.8El Señor Jehová juró por su alma, Jehová Dios de los ejércitos ha dicho: Tengo en abominación la grandeza de Jacob, y aborrezco sus palacios: y la ciudad y su plenitud entregaré al enemigo.9Y acontecerá que si diez hombres quedaren en una casa, morirán.10Y su tió tomará á cada uno, y quemarále para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla que no podemos hacer mención del nombre de Jehová.11Porque he aquí, Jehová mandará, y herirá con hendiduras la casa mayor, y la casa menor con aberturas.12¿Correrán los caballos por las peñas? ¿ararán en ellas con vacas? ¿por qué habéis vosotros tornado el juicio en veneno, y el fruto de justicia en ajeno?13Vosotros que os alegráis en nada, que decís: ¿No nos hemos adquirido potencia con nuestra fortaleza?14Pues he aquí, levantaré yo sobre vosotros, oh casa de Israel, dice Jehová Dios de los ejércitos, gente que os oprimirá desde la entrada de Hamath hasta el arroyo del desierto.

Ya anteriormente Jehová había puesto el dedo sobre la dureza de corazón, la altivez, el egoísmo y el apego a las comodidades de su pueblo extraviado (cap. 2:6; 4:1; 5:11; comp. 1 Corintios 10:24; 1 Juan 3:17). La inteligencia de éste estaba dedicada a su propio recreo (v. 5). ¡Estado de cosas que también habla a nuestra conciencia! ¿Es honesto emplear para nuestro uso lo que el Señor nos confió para su servicio? Sin contar con que el camino de nuestras codicias nos conduce, espiritualmente hablando, a someternos a la servidumbre del enemigo (comp. v. 7). En fin, he aquí lo que va a la par de la prosperidad material y los gustos refinados: “No se afligen por el quebrantamiento de José” (v. 6). Los contemporáneos de Amós ya no sufrían a causa de la división de Israel en dos reinos. Hoy la misma causa, a saber, la asidua persecución de nuestras comodidades y de nuestros intereses, produce el mismo efecto: una culpable indiferencia en cuanto al estado de ruina de la Iglesia y a la división de los cristianos.

El versículo 8 afirma que Dios aborrece la soberbia, raíz de todo pecado. Es de desear que el Señor nos enseñe a juzgarla en nosotros, así en sus más groseras manifestaciones como en las más sutiles. Recordemos que él resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes (Santiago 4:6).

Amós 7:1-17
1ASI me ha mostrado el Señor Jehová: y he aquí, él criaba langostas al principio que comenzaba á crecer el heno tardío; y he aquí, era el heno tardío después de las siegas del rey.2Y acaeció que como acabó de comer la hierba de la tierra, yo dije: Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará á Jacob? porque es pequeño.3Arrepintióse Jehová de esto: No será, dijo Jehová.4El Señor Jehová me mostró así: y he aquí, llamaba para juzgar por fuego el Señor Jehová; y consumió un gran abismo, y consumió una parte de la tierra.5Y dije: Señor Jehová, cesa ahora; ¿quién levantará á Jacob? porque es pequeño.6Arrepintióse Jehová de esto: No será esto tampoco, dijo el Señor Jehová.7Enseñóme así: he aquí, el Señor estaba sobre un muro hecho á plomo, y en su mano una plomada de albañil.8Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, Yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel: No le pasaré más:9Y los altares de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados; y levantaréme con espada sobre la casa de Jeroboam.10Entonces Amasías sacerdote de Beth-el envió á decir á Jeroboam, rey de Israel: Amós se ha conjurado contra ti en medio de la casa de Israel: la tierra no puede sufrir todas sus palabras.11Porque así ha dicho Amós: Jeroboam morirá á cuchillo, é Israel pasará de su tierra en cautiverio.12Y Amasías dijo á Amós: Vidente, vete, y huye á tierra de Judá, y come allá tu pan, y profetiza allí:13Y no profetices más en Beth-el, porque es santuario del rey, y cabecera del reino.14Entonces respondió Amós, y dijo á Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y cogedor de cabrahigos:15Y Jehová me tomó de tras el ganado, y díjome Jehová: Ve, y profetiza á mi pueblo Israel.16Ahora pues, oye palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac:17Por tanto, así ha dicho Jehová: Tu mujer fornicará en la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán á cuchillo, y tu tierra será partida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, é Israel será traspasado de su tierra.

En el capítulo 3:7 Jehová había prometido que no haría nada sin primeramente revelar su secreto a sus siervos los profetas. Informa, pues, a Amós de sus intenciones y, ante esa señal de confianza, el profeta responde, como Abraham en otros tiempos, con perseverante intercesión (Génesis 18:17 y 23). Habla con la libertad de aquel que conoce íntimamente a su Dios: ¿No es tu castigo demasiado severo? No te olvides de que Jacob es pequeño (Dios mismo lo llama gusano en Isaías 41:14). Es justamente lo contrario de la jactancia del pobre pueblo que pretendía: “¿No hemos adquirido poder con nuestra fuerza?” (cap. 6:13).

Precisamente después de haber abogado de manera tan conmovedora por su pueblo, Amós es tratado de conspirador por uno de los jefes religiosos. ¡Cómo se parece a Jesús, a quien los sacerdotes acusaban ante Pilato: “A éste hemos hallado que pervierte a la nación…”! (Lucas 23:2).

Amós, lejos de enojarse o reivindicar el honor debido a un profeta, de buena gana reconoce su humilde origen. Su autoridad no procede de su nacimiento ni de su educación sino exclusivamente de un llamado divino (comp. Gálatas 1:1). Luego, de parte de Jehová, declara al impío sacerdote lo que le aguarda.

Amós 8:1-14
1ASI me ha mostrado Jehová: y he aquí un canastillo de fruta de verano.2Y dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Un canastillo de fruta de verano. Y díjome Jehová: Venido ha el fin sobre mi pueblo Israel; no le pasaré más.3Y los cantores del templo aullarán en aquel día, dice el Señor Jehová; muchos serán los cuerpos muertos; en todo lugar echados serán en silencio.4Oid esto, los que tragáis á los menesterosos, y arruináis los pobres de la tierra,5Diciendo: ¿Cuándo pasará el mes, y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los alfolíes del pan, y achicaremos la medida, y engrandeceremos el precio, y falsearemos el peso engañoso;6Para comprar los pobres por dinero, y los necesitados por un par de zapatos, y venderemos las aechaduras del trigo?7Jehová juró por la gloria de Jacob: No me olvidaré para siempre de todas sus obras.8¿No se ha de estremecer la tierra sobre esto? ¿Y todo habitador de ella no llorará? y subirá toda como un río, y será arrojada, y hundiráse como el río de Egipto.9Y acaecerá en aquel día, dice el Señor Jehová, que haré se ponga el sol al mediodía, y la tierra cubriré de tinieblas en el día claro.10Y tornaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en endechas; y haré poner saco sobre todos lomos, y peladura sobre toda cabeza; y tornaréla como en llanto de unigénito, y su postrimería como día amargo.11He aquí vienen días, dice el Señor Jehová, en los cuales enviaré hambre á la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oir palabra de Jehová.12E irán errantes de mar á mar: desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.13En aquel tiempo las doncellas hermosas y los mancebos desmayarán de sed.14Los que juran por el pecado de Samaria, y dicen, Vive tu Dios de Dan: y, Vive el camino de Beer-seba: caerán, y nunca más se levantarán.

La visión del canastillo de fruta (v. 1) debe dar a entender a Amós que Israel está maduro para el juicio. A diferencia de la noche de Pascua, el destructor ya no protegerá el pueblo pasando por encima de él, sino que Israel “será como en llanto de unigénito” (v. 10). El vano ruido de los cánticos (cap. 5:23) se convertirá en gemidos y las canciones en lamentos (v. 3 y 10). ¡Silencio! concluye el versículo 3, como para poner un término a ese inútil alboroto. De ahí en adelante toda boca se cierra ante el Señor. Y el fin del capítulo nos habla del silencio de Dios, el cual es el peor de los castigos.

Pocos pasajes son tan pavorosos como los versículos 11 y 12. Una vez que haya dejado de oírse la divina Palabra, tanto tiempo menospreciada, los hombres comprenderán el valor de ella. Entonces “irán errantes de mar a mar”, correrán aquí y allá en una indecible desesperación. ¡Y no la hallarán! (comp. 1 Samuel 28:6 y 15).

Queridos amigos, midamos nuestro privilegio: hoy la Palabra de Dios está todavía a nuestro alcance, “cerca de ti” —dice el apóstol— “en tu boca y en tu corazón” (Romanos 10:8). La Biblia nunca ha sido tan ampliamente difundida como en este tiempo. Lo que falta es más bien el hambre y la sed del alma para apropiarse de sus promesa e instrucciones. ¡Dios los despierte en cada uno de nosotros!

Amós 9:1-15
1VI al Señor que estaba sobre el altar, y dijo: Hiere el umbral, y estremézcanse las puertas: y córtales en piezas la cabeza de todos; y el postrero de ellos mataré á cuchillo: no habrá de ellos quien se fugue, ni quien escape.2Aunque cavasen hasta el infierno, de allá los tomará mi mano; y si subieren hasta el cielo, de allá los haré descender.3Y si se escondieren en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los tomaré; y aunque se escondieren de delante de mis ojos en el profundo de la mar, allí mandaré á la culebra, y morderálos.4Y si fueren en cautiverio, delante de sus enemigos, allí mandaré al cuchillo, y los matará; y pondré sobre ellos mis ojos para mal, y no para bien.5El Señor Jehová de los ejércitos es el que toca la tierra, y se derretirá, y llorarán todos los que en ella moran: y subirá toda como un río, y hundiráse luego como el río de Egipto.6El edificó en el cielo sus gradas, y ha establecido su expansión sobre la tierra: él llama las aguas de la mar, y sobre la haz de la tierra las derrama: Jehová es su nombre.7Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros, dice Jehová, como hijos de Etiopes? ¿no hice yo subir á Israel de la tierra de Egipto, y á los Palestinos de Caphtor, y de Chîr á los Arameos?8He aquí los ojos del Señor Jehová están contra el reino pecador, y yo lo asolaré de la haz de la tierra: mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice Jehová.9Porque he aquí yo mandaré, y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las gentes, como se zarandea el grano en un harnero, y no cae un granito en la tierra.10A cuchillo morirán todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal.11En aquel día yo levantaré el tabernáculo de David, caído, y cerraré sus portillos, y levantaré sus ruinas, y edificarélo como en el tiempo pasado;12Para que aquellos sobre los cuales es llamado mi nombre, posean el resto de Idumea, y á todas las naciones, dice Jehová que hace esto.13He aquí vienen días, dice Jehová en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleva la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán.14Y tornaré el cautiverio de mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; y plantarán viñas, y beberán el vino de ellas; y harán huertos, y comerán el fruto de ellos.15Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les dí, ha dicho Jehová Dios tuyo.

“Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Los capítulos precedentes nos mostraron lo que Israel había sembrado, de manera que la siniestra cosecha no debe sorprendernos. La última visión de Amós es, con mucho, la más terrible. Ve al Señor de pie sobre el altar, ordenando la matanza final. Nadie escapará. La trastornada huida de los culpables nos recuerda el Salmo 139 (comp. v. 2 con Salmo 139:8). Pero ese salmo cuenta esencialmente la experiencia de un creyente que huye de la luz. Aquí, al contrario, se trata de pecadores perseguidos con miras al juicio. Sin embargo, este último no constituye la conclusión del libro. A partir del versículo 8 aparece la gracia. De la criba por la cual pasó el pueblo fue echada toda la cascarilla, pero ningún grano se perdió (v. 9). A su debido tiempo Dios mostrará que guardó a sus elegidos. Los versículos 11 a 15 describen el restablecimiento y la bendición final. Entonces, todas las cosas serán sujetadas a Cristo.

Nosotros, como redimidos del Señor, no le encontraremos como Justiciero de pie sobre el altar según la visión de Amós. Le veremos coronado de gloria y de honra a la diestra de Dios (Hebreos 2:8-9). Y por la fe ya le contemplamos así.

Abdías 1-11
1VISION de Abdías. El Señor Jehová ha dicho así cuanto á Edom: Oído hemos el pregón de Jehová, y mensajero es enviado á las gentes. Levantaos, y levantémonos contra ella en batalla.2He aquí, pequeño te he hecho entre las gentes; abatido eres tú en gran manera.3La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará á tierra?4Si te encaramares como águila, y si entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dice Jehová.5Si ladrones vinieran á ti, ó robadores de noche (H­cómo has sido destruído!ñor Jehová,lare the work of God, and understand His doing.o) ¿no hurtaran lo que les bastase? Pues si entraran á ti vendimiadores, aun dejaran algún rebusco.6Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú! sus cosas escondidas fueron buscadas.7Hasta el término te hicieron llegar todos tus aliados; te han engañado tus pacíficos, prevalecieron contra ti; los que comían tu pan, pusieron el lazo debajo de ti: no hay en él entendimiento.8¿No haré que perezcan en aquel día, dice Jehová, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú?9Y tus valientes, oh Temán, serán quebrantados; porque todo hombre será talado del monte de Esaú por el estrago.10Por la injuria de tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás talado para siempre.11El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalem, tú también eras como uno de ellos.

La corta profecía de Abdías está enteramente consagrada a Edom. Este pueblo era el más encarnizado adversario de Israel, pese a ser su más cercano pariente. ¿No descendía de Esaú, hermano mellizo de Jacob? Ese vínculo de parentesco debió haber hablado a la conciencia de Edom. Jehová se lo recuerda: él violentó a su hermano (v. 10).

En su rocosa guarida del monte Seir, Edom vivía del bandolerismo. Al creerse a cubierto de toda represalia, nada igualaba su arrogancia. “De ahí te derribaré, dice Jehová” (v. 4). Tarde o temprano la soberbia humana choca con un veto del Todopoderoso en un espectacular derrumbamiento (2 Corintios 10:4-5). Brutal despertar de ese viejo sueño acariciado por el hombre en todo tiempo: alcanzar hasta el cielo (Babel: Génesis 11:4) y de ese modo hacerse igual a Dios (Filipenses 2:6). Bajo su forma moderna éste consiste en los colosales esfuerzos para explorar el cosmos y poner su nido “entre las estrellas”. “De ahí te derribaré, dice Jehová”.

Queridos amigos, no nos dejemos encandilar por la grandeza humana ni por los éxitos de la ciencia o de la técnica. No olvidemos que este mundo está juzgado y que Dios le pedirá cuenta del lugar que le dio al Señor Jesús en la cruz.

Abdías 12-21
12Pues no debiste tú estar mirando en el día de tu hermano, el día en que fué extrañado: no te habías de haber alegrado de los hijos de Judá en el día que se perdieron, ni habías de ensanchar tu boca en el día de la angustia:13No habías de haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no habías tú de haber mirado su mal el día de su quebranto, ni haber echado mano á sus bienes el día de su calamidad.14Tampoco habías de haberte parado en las encrucijadas, para matar los que de ellos escapasen; ni habías tú de haber entregado los que quedaban en el día de angustia.15Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las gentes: como tú hiciste se hará contigo: tu galardón volverá sobre tu cabeza.16De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán, todas las gentes de continuo: beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido.17Mas en el monte de Sión habrá salvamento, y será santidad, y la casa de Jacob, poseerá sus posesiones.18Y la casa de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los quemarán, y los consumirán; ni aun reliquia quedará en la casa de Esaú, porque Jehová lo habló.19Y los del mediodía poseerán el monte de Esaú, y los llanos de los Palestinos; poseerán también los campos de Ephraim, y los campos de Samaria; y Benjamín á Galaad.20Y los cautivos de aqueste ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los Cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalem, que están en Sepharad, poseerán las ciudades del mediodía.21Y vendrán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová.

“No debiste… no debiste… no debiste…” Siete veces la voz del divino Juez formula acusaciones cada vez más graves. Primero se trata de culpables miradas, de una mala alegría colmada por el sufrimiento y el desastre de otro. Las mismas desvergonzadas y cínicas miradas se posaron sobre Jesús crucificado. “Ellos me miran y me observan” (Salmo 22:17). Pero la malicia de Edom (y la de los enemigos de Jesús) también se tradujo en palabras y hechos. “Estiran la boca, menean la cabeza” (Salmo 22:7; comp. fin del v. 12). ¿Hay peor cobardía que la de insultar a alguien que se halla en la desdicha? Impelido por instintos saqueadores, Edom igualmente había aprovechado la calamidad de Israel para apoderarse de sus riquezas; sin piedad había exterminado a los que se escapaban.. Todos esos crímenes no quedarán impunes. El día de Jehová traerá el definitivo y completo desquite del “monte de Sion” contra el “monte de Esaú”. Mientras un remanente de las demás naciones viva feliz bajo el cetro del Mesías, Edom será borrado del mapa del reino milenario. ¡Qué solemne desaparición la de esa raza de Esaú, quien en otros tiempos había menospreciado la bendición!

Jonás 1:1-17
1Y FUÉ palabra de Jehová á Jonás, hijo de Amittai, diciendo:2Levántate, y ve á Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí.3Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová á Tarsis, y descendió á Joppe; y halló un navío que partía para Tarsis; y pagando su pasaje entró en él, para irse con ellos á Tarsis de delante de Jehová.4Mas Jehová hizo levantar un gran viento en la mar, é hízose una tan gran tempestad en la mar, que pensóse se rompería la nave.5Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno llamaba á su dios: y echaron á la mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Jonás empero se había bajado á los lados del buque, y se había echado á dormir.6Y el maestre de la nave se llegó á él, y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clamá á tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.7Y dijeron cada uno á su compañero: Venid, y echemos suertes, para saber por quién nos ha venido este mal. Y echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás.8Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?9Y él les respondió: Hebreo soy, y temo á Jehová, Dios de los cielos, que hizo la mar y la tierra.10Y aquellos hombres temieron sobremanera, y dijéronle: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos entendieron que huía de delante de Jehová, porque se lo había declarado.11Y dijéronle: ¿Qué te haremos, para que la mar se nos quiete? porque la mar iba á más, y se embravecía.12El les respondió: Tomadme, y echadme á la mar, y la mar se os quietará: porque yo sé que por mí ha venido esta grande tempestad sobre vosotros.13Y aquellos hombres trabajaron por tornar la nave á tierra; mas no pudieron, porque la mar iba á más, y se embravecía sobre ellos.14Entonces clamaron á Jehová, y dijeron: Rogámoste ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de aqueste hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente: porque tú, Jehová, has hecho como has querido.15Y tomaron á Jonás, y echáronlo á la mar; y la mar se quietó de su furia.16Y temieron aquellos hombres á Jehová con gran temor; y ofrecieron sacrificio á Jehová, y prometieron votos.17(H2-1) MAS Jehová había prevenido un gran pez que tragase á Jonás: y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.

A diferencia de otros profetas, Jonás nos enseña menos por medio de sus palabras que por su pasmosa historia. En otros tiempos había anunciado la restauración de la frontera de Israel, lo que era una buena nueva para su pueblo (2 Reyes 14:25). Helo aquí, ahora, encargado de una misión que le desagrada: proclamar el castigo de Nínive, la gran metrópoli pagana, tan culpable ante Dios. Jonás la esquiva y huye “de la presencia del Señor”. ¡Camino de propia voluntad! A un siervo de Dios no le cabe escoger ni su mensaje, ni su lugar de trabajo. ¿Cómo escapar a Aquel que todo lo ve y que dispone de los elementos para detener al desobediente? (Lucas 8:25). Notemos que Jonás no cesa de descender (v. 3, 5; cap. 2:3 y 6), primeramente por un camino placentero (significado de Jope), pero que lleva a la destrucción (significado de Tarsis). Y ahora, después de haber bajado al fondo de la nave, duerme durante la furiosa tempestad. Es necesario que el patrón de la nave lo arranque de su inconsciencia. Ser llamado al orden por el mundo, ¿hay algo más humillante para un hijo de Dios?

Proféticamente, este relato nos muestra a Israel, infiel a su misión, objeto del castigo de Dios, echado al mar de los pueblos para salvación de las naciones (representadas por los marineros; véase Romanos 11:11-15).

Jonás 2:1-10
1(H2-2) Y oró Jonás desde el vientre del pez á Jehová su Dios.2(H2-3) Y dijo: Clamé de mi tribulación á Jehová, Y él me oyó; Del vientre del sepulcro clamé, Y mi voz oiste.3(H2-4) Echásteme en el profundo, en medio de los mares, Y rodeóme la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.4(H2-5) Y yo dije: Echado soy de delante de tus ojos: Mas aun veré tu santo templo.5(H2-6) Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; La ova se enredó á mi cabeza.6(H2-7) Descendí á las raíces de los montes; La tierra echó sus cerraduras sobre mí para siempre: Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío.7(H2-8) Cuando mi alma desfallecía en mí, acordéme de Jehová; Y mi oración entró hasta ti en tu santo templo.8(H2-9) Los que guardan las vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan.9(H2-10) Yo empero con voz de alabanza te sacrificaré; Pagaré lo que prometí. La salvación pertenece á Jehová.10(H2-11) Y mandó Jehová al pez, y vomitó á Jonás en tierra.

Todo lo que Dios dispone, manda o prepara, alcanza su propósito final (cap. 1:4; 2:1, 10; 4:6-8). Ello es así para Jonás y Nínive, pero también para el Señor Jesús mismo. En la oración dolorosa y ferviente que se eleva de ese lugar de muerte (el vientre del pez), reconocemos la voz del supremo Afligido. (Comp. v. 2 con el Salmo 130:1: “De lo profundo, oh Señor, a ti clamo”; el v. 3 con el Salmo 42:7: “Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”; y el v. 5 con el Salmo 69:1-2: “Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma”). Pero Jonás conoció la angustia como consecuencia de su desobediencia, en tanto que Cristo atravesó las sombrías aguas de la muerte a causa de nuestra desobediencia y para nuestra salvación. Su angustia ha sido nuestra liberación.

No vacilamos en decir que esos tres días han sido los mejores de la historia de Jonás. Nos enseñan que en toda circunstancia podemos invocar al Señor Jesús. Nuestra oración es oída y Él nos da la plena certeza de ello. “Él me oyó” (v. 2), anuncia el profeta cuando aún está en el vientre del pez.

El versículo 8 nos explica por qué, a menudo, gozamos tan poco de la gracia del Señor: volvemos nuestras miradas hacia las vanidades ilusorias de las cuales Satanás se sirve para distraer y extraviar a los hombres de este mundo. ¡Creyentes, no nos dejemos robar esa incomparable gracia de Dios! Es nuestra.

Jonás 3:1-10
1Y FUÉ palabra de Jehová segunda vez á Jonás, diciendo:2Levántate, y ve á Nínive, aquella gran ciudad, y publica en ella el pregón que yo te diré.3Y levantóse Jonás, y fué á Nínive, conforme á la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad sobremanera grande, de tres días de camino.4Y comenzó Jonás á entrar por la ciudad, camino de un día, y pregonaba diciendo: De aquí á cuarenta días Nínive será destruida.5Y los hombres de Nínive creyeron á Dios, y pregonaron ayuno, y vistiéronse de sacos desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos.6Y llegó el negocio hasta el rey de Nínive, y levantóse de su silla, y echó de sí su vestido, y cubrióse de saco, y se sentó sobre ceniza.7E hizo pregonar y anunciar en Nínive, por mandado del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna, no se les dé alimento, ni beban agua:8Y que se cubran de saco los hombres y los animales, y clamen á Dios fuertemente: y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que está en sus manos.9¿Quién sabe si se volverá y arrepentirá Dios, y se apartará del furor de su ira, y no pereceremos?10Y vió Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo.

El pregón de Jonás a través de Nínive es, por decirlo con propiedad, la única profecía que hallamos en su libro. Y ni siquiera se cumplió, porque, al oír la predicación, los habitantes de la malvada ciudad, con el rey a la cabeza, temen a Dios, creen su Palabra y se arrepienten. Estos sentimientos, a su vez, suben hasta el cielo (v. 10; cap. 1:2). Dios perdona (véase Jeremías 18:7-8). Y los hombres de Nínive serán citados como ejemplo por Jesús a los judíos de su tiempo, cuando tienen en medio de ellos infinitamente “más que Jonás”. De hecho, cuánto más responsables eran estos últimos que los ninivitas paganos. El Hijo de Dios mismo se hallaba allí y había venido no “a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” (Juan 12:47). Reconocerse pecador y aceptar a Jesús como Salvador es el único medio de escapar de la eterna condenación. El anuncio del juicio forma parte del Evangelio. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” advierte la Sagrada Escritura (Hebreos 9:27).

Esta expresión “una sola vez” puede darse dentro de un instante para usted, lector inconverso. ¿Sabe usted si dispondrá aún de una prórroga de cuarenta días? (véase Lucas 12:20). “Por tanto, también vosotros estad preparados”, dice todavía el Señor Jesús (Mateo 24:44). Sí, ahora es el día de salvación.

Jonás 4:1-11
1PERO Jonás se apesadumbró en extremo, y enojóse.2Y oró á Jehová, y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me precaví huyendo á Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo á enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del 3Ahora pues, oh Jehová, ruégote que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida.4Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?5Y salióse Jonás de la ciudad, y asentó hacia el oriente de la ciudad, é hízose allí una choza, y se sentó debajo de ella á la sombra, hasta ver qué sería de la ciudad.6Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le defendiese de su mal: y Jonás se alegró grandemente por la calabacera.7Mas Dios preparó un gusano al venir la mañana del día siguiente, el cual hirió á la calabacera, y secóse.8Y acaeció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano; y el sol hirió á Jonás en la cabeza, y desmayábase, y se deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que mi vida.9Entonces dijo Dios á Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte.10Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció:11¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento y veinte mil personas que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?

El perdón otorgado a Nínive parecía contradecir y desautorizar la proclamación de Jonás. ¡Ay! la suerte de la ciudad tiene menos valor a sus ojos que su propia reputación. Olvida que acaba de ser él mismo un objeto de la gracia y no halla ningún gozo en ella, sino sólo en su propio bienestar (v. 6).

Jonás nos recuerda a Elías desalentado bajo su enebro (comp. v. 3 y 8 con 1 Reyes 19:4). Y como él, somos capaces de enojarnos por muy pequeñas cosas. A la menor calabacera —precario abrigo— que Dios nos quita, se levanta una tempestad en nuestro espíritu, pese a estar en cuestión la vida eterna de una multitud de seres humanos a nuestro alrededor.

En lugar de permanecer allí murmurando en su puesto de observación, ¿qué nuevo servicio se presentaba ante el profeta? ¿No era el de volver a Nínive —que había sido perdonada—, esta vez con un mensaje muy diferente: proclamar en ella el nombre de ese Dios al que conocía como “clemente... piadoso... y de grande misericordia...” y que acababa de confirmárselo de un modo tan brillante? ¡Excepcional ocasión... perdida! No perdamos por egoísmo y dureza de corazón las que el Señor pueda colocar hoy delante de cada uno de nosotros: “No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y callamos... Vamos, pues, ahora...” (2 Reyes 7:9).

Miqueas 1:1-16
1PALABRA de Jehová que fué á Miqueas de Morasti en días de Jotham, Achâz, y Ezechîas, reyes de Judá: lo que vió sobre Samaria y Jerusalem.2Oid, pueblos todos: está atenta, tierra, y todo lo que en ella hay: y el Señor Jehová, el Señor desde su santo templo sea testigo contra vosotros.3Porque he aquí, Jehová sale de su lugar, y descenderá, y hollará sobre las alturas de la tierra.4Y debajo de él se derretirán los montes, y los valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio.5Todo esto por la rebelión de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebelión de Jacob? ¿no es Samaria? ¿Y cuáles son los excelsos de Judá? ¿no es Jerusalem?6Pondré pues á Samaria en majanos de heredad, en tierra de viñas; y derramaré sus piedras por el valle, y descubriré sus fundamentos.7Y todas sus estatuas serán despedazadas, y todos sus dones serán quemados en fuego, y asolaré todos sus ídolos; porque de dones de rameras los juntó, y á dones de rameras volverán.8Por tanto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y desnudo; haré gemido como de chacales, y lamento como de avestruces.9Porque su llaga es dolorosa, que llegó hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalem.10No lo digáis en Gath, ni lloréis mucho: revuélcate en el polvo de Beth-le-aphrah.11Pásate desnuda con vergüenza, oh moradora de Saphir: la moradora de Saanán no salió al llanto de Beth-esel: tomará de vosotros su tardanza.12Porque la moradora de Maroth tuvo dolor por el bien; por cuanto el mal descendió de Jehová hasta la puerta de Jerusalem.13Unce al carro dromedarios, oh moradora de Lachîs, que fuiste principio de pecado á la hija de Sión; porque en ti se inventaron las rebeliones de Israel.14Por tanto, tú darás dones á Moreseth-gath: las casas de Achzib serán en mentira á los reyes de Israel.15Aun te traeré heredero, oh moradora de Maresah: la gloria de Israel vendrá hasta Adullam.16Mésate y trasquílate por los hijos de tus delicias: ensancha tu calva como águila; porque fueron trasportados de ti.

Miqueas es contemporáneo de Isaías, Oseas y Amós. Como ellos, profetiza durante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías. La lamentable historia de Acaz, relatada en 2 Reyes 16, y la de los malos reyes de Israel justifican ampliamente las fuertes palabras que Jehová pronuncia aquí, tomando la tierra como testigo. Reivindica su santidad y proclama mediante sus juicios que no tiene nada en común con las iniquidades de Samaria y Jerusalén.

A partir del versículo 8 comprobamos cómo Miqueas toma a pechos el sufrimiento de su pueblo. “No lo digáis en Gat…” suplica él (v. 10; 2 Samuel 1:18-20). Esta cita del cántico del Arco (V.M.) recuerda que los enemigos del Señor —aquí los filisteos— siempre están dispuestos a regocijarse a causa de las faltas del pueblo de Dios, hallando en ellas una fácil excusa para sus propios pecados. Por eso, cuando nos enteramos de algo enojoso respecto de otro creyente, tampoco lo contemos ligeramente. De ello resultaría deshonra para la Asamblea y, por ende, para el nombre del Señor.

Hasta el versículo 16 asistimos a la marcha triunfal del asirio, pueblo que Jehová emplea para ejercer su justicia. En esa oportunidad, el nombre de cada una de las ciudades invadidas tiene un trágico significado.

Miqueas 2:1-13
1AY de los que piensan iniquidad, y de los que fabrican el mal en sus camas! Cuando viene la mañana lo ponen en obra, porque tienen en su mano el poder.2Y codiciaron las heredades, y robáronlas: y casas, y las tomaron: oprimieron al hombre y á su casa, al hombre y á su heredad.3Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí, yo pienso sobre esta familia un mal, del cual no sacaréis vuestros cuellos, ni andaréis erguidos; porque el tiempo será malo.4En aquel tiempo se levantará sobre vosotros refrán, y se endechará endecha de lametación, diciendo: Del todo fuimos destruídos; ha cambiado la parte de mi pueblo. ­Cómo nos quitó nuestros campos! dió, repartiólos á otros.5Por tanto, no tendrás quien eche cordel para suerte en la congregación de Jehová.6No profeticéis, dicen á los que profetizan; no les profeticen que los ha de comprender vergüenza.7La que te dices casa de Jacob, ¿hase acortado el espíritu de Jehová? ¿son éstas sus obras? ¿Mis palabras no hacen bien al que camina derechamente?8El que ayer era mi pueblo, se ha levantado como enemigo: tras las vestiduras quitasteis las capas atrevidamente á los que pasaban, como los que vuelven de la guerra.9A las mujeres de mi pueblo echasteis fuera de las casas de sus delicias: á sus niños quitasteis mi perpetua alabanza.10Levantaos, y andad, que no es ésta la holganza; porque está contaminada, corrompióse, y de grande corrupción.11Si hubiere alguno que ande con el viento, y finja mentiras diciendo: Yo te profetizaré de vino y de sidra; este tal será profeta á este pueblo.12De cierto te reuniré todo, oh Jacob: recogeré ciertamente el resto de Israel: pondrélo junto como ovejas de Bosra, como rebaño en mitad de su majada: harán estruendo por la multitud de los hombres.13Subirá rompedor delante de ellos; romperán y pasarán la puerta, y saldrán por ella: y su rey pasará delante de ellos, y á la cabeza de ellos Jehová.

El capítulo 21 del primer libro de Reyes nos cuenta cómo el impío Acab codició la heredad de Nabot, de la cual se apoderó con violencia y abuso de poder (véase Miqueas 6:16). Contra los que planean el mal (la iniquidad; v. 1), Jehová medita el mal (el castigo; v. 3). Pero, en contraste, subrayemos la pregunta del versículo 7: “¿No hacen mis palabras bien al que camina rectamente?” ¿Podemos contestar por experiencia: —Sí, Señor, tus palabras hacen bien; son el gozo de mi corazón? (Jeremías 15:16; Juan 6:68).

“No es éste el lugar de reposo” prosigue el profeta (v. 10). Y en efecto, el mundo es tan inquieto y febril que toda persona sincera debe convenir en que el verdadero reposo no existe en la tierra. Aquí Dios nos da la razón de ello: es a causa de la contaminación moral y espiritual. Así como Jesús no tuvo un lugar donde recostar la cabeza en un mundo arruinado por el pecado, tampoco sus redimidos pueden sentirse a gusto en medio de lo que deshonra a Dios.

En cuanto a usted, quien tal vez todavía no haya hecho la experiencia de que el mundo no puede dar la paz, sepa que existe un lugar de reposo para el alma cansada. ¿Dónde hallarlo? Junto a Jesús. “Venid a mí” —invita el Salvador— “y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Miqueas 3:1-12
1Y DIJE: Oid ahora, príncipes de Jacob, y cabezas de la casa de Israel: ¿No pertenecía á vosotros saber el derecho?2Que aborrecen lo bueno y aman lo malo, que les quitan su piel y su carne de sobre los huesos;3Que comen asimismo la carne de mi pueblo, y les desuellan su piel de sobre ellos, y les quebrantan sus huesos y los rompen, como para el caldero, y como carnes en olla.4Entonces clamarán á Jehová y no les responderá; antes esconderá de ellos su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicieron malvadas obras.5Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar á mi pueblo, que muerden con sus dientes, y claman, Paz, y al que no les diere que coman, aplazan contra él batalla:6Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá sobre ellos.7Y serán avergonzados los profetas, y confundiránse los adivinos; y ellos todos cubrirán su labio, porque no hay respuesta de Dios.8Yo empero estoy lleno de fuerza del espíritu de Jehová, y de juicio, y de fortaleza, para denunciar á Jacob su rebelión, y á Israel su pecado.9Oid ahora esto, cabezas de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho;10Que edificáis á Sión con sangre, y á Jerusalem con injusticia;11Sus cabezas juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y apóyanse en Jehová diciendo: ¿no está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.12Por tanto, á causa de vosotros será Sión arada como campo, y Jerusalem será majanos, y el monte de la casa como cumbres de breñal.

El capítulo 2 ya mencionaba a los malos profetas. ¿Cómo se los distinguía? Procuraban hacer callar a los verdaderos siervos de Dios tales como Miqueas e Isaías. Adaptaban sus discursos a las codicias del pueblo para ganar su favor (comp. Romanos 16:18). Halagaban las pasiones de sus oyentes (cap. 2:11) y adormecían las almas en una falsa confianza. Para colmo, además de la popularidad, sacaban dinero de ello (v. 11). Tenían una insaciable avidez y sus mentiras se vendían muy caro (v. 5; Isaías 56:11; Jeremías 6:13). Pero su tarea era tanto más fácil que el mundo, —de manera general y para cubrir sus malos hechos— sólo pide que se amontonen “maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Timoteo 4:3). Veamos al rey Acab, ya tristemente citado en el comentario anterior: 400 profetas le engañaban para consentir su deseo; los escuchaba… mientras echaba en la cárcel a otro Miqueas, el único en decirle la verdad (1 Reyes 22; 2 Crónicas 18).

El siervo de Dios está “lleno de poder del Espíritu de Jehová” (estado que debería caracterizarnos a todos: v. 8; Efesios 5:18 fin). Advierte a los responsables del pueblo: los jefes y capitanes. Jeremías 26:17-19, citado en nuestro versículo 12, nos refiere cuál fue el saludable efecto de esta profecía.

Miqueas 4:1-13
1Y ACONTECERA en los postreros tiempos, que el monte de la casa de Jehová será constituído por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán á él pueblos.2Y vendrán muchas gentes, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y á la casa del Dios de Jacob; y enseñarános en sus caminos, y andaremos por sus veredas: porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra de Jehová.3Y juzgará entre muchos pueblos, y corregirá fuertes gentes hasta muy lejos: y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces: no alzará espada gente contra gente, ni más se ensayarán para la guerra.4Y cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien amedrente: porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.5Bien que todos los pueblos anduvieren cada uno en el nombre de sus dioses, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios para siempre y eternalmente.6En aquel día, dice Jehová, juntaré la coja, y recogeré la amontada, y á la que afligí:7Y pondré á la coja para sucesión, y á la descarriada para nación robusta: y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sión desde ahora para siempre.8Y tú, oh torre del rebaño, la fortaleza de la hija de Sión vendrá hasta ti: y el señorío primero, el reino vendrá á la hija de Jerusalem.9Ahora ¿por qué gritas tanto? ¿No hay rey en ti? ¿Pereció tu consejero, que te ha tomado dolor como de mujer de parto?10Duélete y gime, hija de Sión como mujer de parto; porque ahora saldrás de la ciudad, y morarás en el campo, y llegarás hasta Babilonia: allí serás librada, allí te redimirá Jehová de la mano de tus enemigos.11Ahora empero se han juntado muchas gentes contra ti, y dicen: Sea profanada, y vean nuestros ojos su deseo sobre Sión.12Mas ellos no conocieron los pensamientos de Jehová, ni entendieron su consejo: por lo cual los juntó como gavillas en la era.13Levántate y trilla, hija de Sión, porque tu cuerno tornaré de hierro, y tus uñas de metal, y desmenuzarás muchos pueblos; y consagrarás á Jehová sus robos, y sus riquezas al Señor de toda la tierra.

Cuando se ha demostrado la incapacidad del hombre, para Dios ha llegado el momento de manifestarse. Cuando se ha establecido que “no es éste el lugar de reposo”, Jehová puede hablarnos de su propio reposo. Hoy en día se despliegan muchos esfuerzos a favor de la paz. En el mejor de los casos son el resultado de una ilusión tan ingenua como generosa; en el peor, de una culpable confianza en el hombre, y siempre de la ignorancia de la Palabra de Dios. Por eso tales esfuerzos están finalmente destinados al fracaso. El mundo gozará de la paz sólo cuando Dios se la haya dado. ¿Y cuándo lo hará? No antes que hayan sido reconocidos sus derechos. Pero entonces, ¡qué cambio! Todos los ídolos serán barridos. La admiración por las obras del hombre dejará lugar a la gloria tributada a Dios. A un mismo impulso todos los pueblos le rendirán homenaje y buscarán junto a él la sabiduría y el conocimiento. Creyentes, tenemos el privilegio de hacerlo desde ahora. “Subamos” a ese lugar en el cual el Señor prometió su presencia. Él “nos enseñará en sus caminos”, se agrega. ¡Qué pérdida resulta si descuidamos las reuniones en las que la Palabra es explicada y meditada! Pero no olvidemos lo que debe seguir a ello: “y andaremos por sus veredas” (v. 2; Santiago 1:22).

Miqueas 5:1-15
1REUNETE ahora en bandas, oh hija de bandas: nos han sitiado: con vara herirán sobre la quijada al juez de Israel.2Mas tú, Beth-lehem Ephrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo.3Empero los dejará hasta el tiempo que para la que ha de parir; y el resto de sus hermanos se tornará con los hijos de Israel.4Y estará, y apacentará con fortaleza de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios: y asentarán; porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.5Y éste será nuestra paz. Cuando Assur viniere á nuestra tierra, y cuando pisare nuestros palacios, entonces levantaremos contra él siete pastores, y ocho hombres principales;6Y comerán la tierra de Assur á cuchillo, y la tierra de Nimrod con sus espadas: y nos librará del Asirio, cuando viniere contra nuestra tierra y hollare nuestros términos.7Y será el residuo de Jacob en medio de muchos pueblos, como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan varón, ni aguardan á hijos de hombres.8Asimismo será el resto de Jacob entre las gentes, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la montaña, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape.9Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán talados.10Y acontecerá en aquel día, dice Jehová, que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros.11Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas.12Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros.13Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás á la obra de tus manos;14Y arrancaré tus bosques de en medio de ti, y destruiré tus ciudades.15Y con ira y con furor haré venganza en las gentes que no escucharon.

Dios acaba de hablar del restablecimiento de Israel y de los acontecimientos bélicos que lo acompañarán (cap. 4). Ahora nombra a Aquel que será a la vez el dominador y el instrumento de la liberación. En Cristo, Dios cumplirá todos sus propósitos. Aquel cuyos orígenes han sido “desde los días de la eternidad” debía nacer en Belén, pequeño pueblo de Judá (véase Mateo 2:3-6). Y él, el Juez de Israel, sería herido por su pueblo ciego y criminal (v. 1; Isaías 50:6). Entonces se comprende con qué sentimientos Dios puede anunciar su gloria al venir y declarar: “Ahora será engrandecido… éste será nuestra paz”. ¡Expresiones igualmente dulces para el corazón de cada redimido!

Al mismo tiempo que habla del Señor Jesús, este capítulo lo hace:

1) de Israel, pues la liberación y la bendición del remanente están unidas con la majestad del nombre de Jehová;

2) del asirio, el enemigo del fin. Para su perdición, éste encontrará al Pastor de Jacob, cuya responsabilidad no sólo es la de apacentar su rebaño (v. 4), sino también la de asumir su defensa. Finalmente, el mal bajo todas sus formas será extirpado del país (v. 10-15). La limpieza operada por el rey Josías nos da una imagen de ello (2 Crónicas 34:3-7).

Miqueas 6:1-16
1OID ahora lo que dice Jehová: Levántate, pleitea con los montes, y oigan los collados tu voz.2Oid, montes, y fuertes fundamentos de la tierra, el pleito de Jehová: porque tiene Jehová pleito con su pueblo, y altercará con Israel.3Pueblo mío, ¿qué te he hecho, ó en qué te he molestado? Responde contra mí.4Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti á Moisés, y á Aarón, y á María.5Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sittim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehová.6¿Con qué prevendré á Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año?7¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, ó de diez mil arroyos de aceite? ¿daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?8Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.9La voz de Jehová clama á la ciudad, y el sabio mirará á tu nombre. Oid la vara, y á quien la establece.10¿Hay aún en casa del impío tesoros de impiedad, y medida escasa que es detestable?11¿Seré limpio con peso falso, y con bolsa de engañosas pesas?12Con lo cual sus ricos se hinchieron de rapiña, y sus moradores hablaron mentira, y su lengua engañosa en su boca.13Por eso yo también te enflaqueceré hiriéndote, asolándote por tus pecados.14Tú comerás, y no te hartarás; y tu abatimiento será en medio de ti: tú cogerás, mas no salvarás; y lo que salvares, lo entregaré yo á la espada.15Tú sembrarás, mas no segarás: pisarás aceitunas, mas no te ungirás con el aceite; y mosto, mas no beberás el vino.16Porque los mandamientos de Omri se han guardado, y toda obra de la casa de Achâb; y en los consejos de ellos anduvisteis, para que yo te diese en asolamiento, y tus moradores para ser silbados. Llevaréis por tanto el oprobio de mi pueblo.

Un nuevo llamado (1:2; 3:1) abre la tercera división del libro. Escuchemos bien lo que dice y lo que reclama el soberano Dios, a quien se le debe la obediencia universal. ¿Está satisfecho con formas religiosas? ¡De ninguna manera! “Él te ha declarado lo que es bueno y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (v. 8). Este programa no varió desde los días de Moisés (léase Deuteronomio 10:12). ¡Es sencillo y no tiene nada enaltecedor a los ojos de los hombres! Sin embargo, consiste en nada menos que andar “como es digno de Dios”. Él es luz: practiquemos lo recto; él es amor: ejercitemos la misericordia.

“¿En qué te he molestado? Responde contra mí” pregunta Jehová en el versículo 3 (comp. Isaías 43:22). ¡Punzante pregunta! Desde Egipto todos los caminos de Dios para con los suyos obedecieron a la gracia. ¿Faltó algo de parte de él a favor de ellos o de nosotros? No; hay que reconocerlo: la causa de nuestro relajamiento siempre está en nosotros, nunca en él.

“Prestad atención al castigo” recomienda finalmente Dios en el versículo 9. Sí, este castigo habla; tiene una voz para nuestra conciencia. ¡Sepamos prestarle atención! El Señor sólo quiere nuestra felicidad (Apocalipsis 3:19).

Miqueas 7:1-20
1AY de mí! que he venido á ser como cuando han cogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, que no queda racimo para comer; mi alma deseó primeros frutos.2Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres: todos acechan á la sangre; cada cual arma red á su hermano.3Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman.4El mejor de ellos es como el cambrón; el más recto, como zarzal: el día de tus atalayas, tu visitación, viene; ahora será su confusión.5No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe: de la que duerme á tu lado, guarda, no abras tu boca.6Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra: y los enemigos del hombre son los de su casa.7Yo empero á Jehová esperaré, esperaré al Dios de mi salud: el Dios mío me oirá.8Tú, enemiga mía, no te huelgues de mí: porque aunque caí, he de levantarme; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.9La ira de Jehová soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi juicio él me sacará á luz; veré su justicia.10Y mi enemiga verá, y la cubrirá vergüenza: la que me decía: ¿Dónde está Jehová tu Dios? Mis ojos la verán; ahora será hollada como lodo de las calles.11El día en que se edificarán tus muros, aquel día será alejado el mandamiento.12En ese día vendrán hasta ti desde Asiria y las ciudades fuertes, y desde las ciudades fuertes hasta el Río, y de mar á mar, y de monte á monte.13Y la tierra con sus moradores será asolada por el fruto de sus obras.14Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en la montaña, en medio del Carmelo: pazcan en Basán y Galaad, como en el tiempo pasado.15Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto.16Las gentes verán, y se avergonzarán de todas sus valentías; pondrán la mano sobre su boca, ensordecerán sus oídos.17Lamerán el polvo como la culebra; como las serpientes de la tierra, temblarán en sus encierros: despavorirse han de Jehová nuestro Dios, y temerán de ti.18¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia.19El tornará, él tendrá misericordia de nosotros; él sujetará nuestras iniquidades, y echará en los profundos de la mar todos nuestros pecados.20Otorgarás á Jacob la verdad, y á Abraham la misericordia, que tú juraste á nuestros padres desde tiempos antiguos.

“¡Ay de mí!” exclama el profeta, quien reconoce a la vez su propia miseria y la del pueblo. Si generalizamos, podemos ver aquí la amarga experiencia que el hombre hace consigo mismo. Descubre que en sí no hay recurso ni fruto (v. 1), que tampoco puede apoyarse en las autoridades ni en los grandes de aquí abajo (“el mejor de ellos es como el espino”; v. 4; Salmo 118: 9); finalmente, que también sus allegados le decepcionarán si confía en ellos. ¡Penosa pero necesaria experiencia! ¿La hemos hecho? ¿Estamos convencidos de que sólo Cristo es digno de nuestra plena confianza? “Ninguno hay recto entre los hombres” (v. 2). Pero lo que no hallamos ni en nosotros ni en los demás, lo hallamos en él (v. 7).

El Señor Jesús cita el versículo 6 para describir las consecuencias de su venida (Mateo 10:34-36). Ella pone a cada uno a prueba y confirma que el que no está con él, contra él está (Lucas 11:23). ¿De qué lado estamos?

Este libro termina enunciando las certezas y las promesas de la gracia. “Él… echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (v. 19). ¡Qué felicidad saber que nuestros pecados están sumergidos para siempre! A la verdad, Señor, “¿qué Dios como tú?” (v. 18).

Nahúm 1:1-15
1CARGA de Nínive. Libro de la visión de Nahum de Elkosh.2Dios celoso y vengador es Jehová; vengador es Jehová, y Señor de ira; Jehová, que se venga de sus adversarios, y que guarda enojo para sus enemigos.3Jehová es tardo para la ira, y grande en poder, y no tendrá al culpado por inocente. Jehová marcha entre la tempestad y turbión, y las nubes son el polvo de sus pies.4El amenaza á la mar, y la hace secar, y agosta todos los ríos: Basán fué destruído, y el Carmelo, y la flor del Líbano fué destruída.5Los montes tiemblan de él, y los collados se deslíen; y la tierra se abrasa á su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.6¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pié en el furor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas.7Bueno es Jehová para fortaleza en el día de la angustia; y conoce á los que en él confían.8Mas con inundación impetuosa hará consumación de su lugar, y tinieblas perseguirán á sus enemigos.9¿Qué pensáis contra Jehová? El hará consumación: la tribulación no se levantará dos veces.10Porque como espinas entretegidas, mientras se embriagarán los borrachos, serán consumidos como las estopas llenas de sequedad.11De ti salió el que pensó mal contra Jehová, un consultor impío.12Así ha dicho Jehová: Aunque reposo tengan, y sean tantos, así serán talados, y él pasará. Bien que te he afligido, no más te afligiré.13Porque ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus coyundas.14Mas acerca de ti mandará Jehová, que nunca más sea sembrado alguno de tu nombre: de la casa de tu dios talaré escultura y estatua de fundición, haréla tu sepulcro; porque fuiste vil.15He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que pregona la paz. Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus votos: porque nunca más pasará por ti el malvado; pereció del todo.

Nahum parece ser, como Jonás, originario de Galilea1). Es prueba de que los judíos conocían mal sus propias Escrituras cuando afirmaban que “de Galilea nunca se ha levantado profeta” (Juan 7:52). Otro punto común con Jonás: esta profecía concierne a Nínive. “Aquella gran ciudad”, perdonada en otros tiempos a causa de su arrepentimiento, había vuelto a su maldad. La obra que Dios había hecho en el corazón de los padres no se había renovado en el corazón de los hijos. Y ahora, después de más de un siglo de paciencia (en lugar de 40 días), ese Dios “tardo para la ira” (v. 3; Jonás 4:2) confirma su irrevocable juicio. ¡Qué contraste entre la manera en que Dios se revela a sus adversarios y aquella en que lo hace a los “que en él confían”! (v. 7). Cada uno de estos últimos es conocido personalmente por Él. El lector ¿forma parte de ellos? (2 Timoteo 2:19).

Al citar el versículo 15: “He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz” (comp. Isaías 52:7), la epístola a los Romanos (10:15) lo aplica a la buena nueva por excelencia, el Evangelio de la gracia. Nosotros, que nos desplazamos hoy con tanta facilidad, ¿sentimos en el corazón el deseo de propagar la verdad, de anunciar la salvación y la paz? Consideremos a Jesús haciendo a pie un largo y cansador viaje para encontrar a la samaritana junto al pozo de Sicar (Juan 4).

Nahúm 2:1-13
1SUBIO destruidor contra ti: guarda la fortaleza, mira el camino, fortifica los lomos, fortalece mucho la fuerza.2Porque Jehová restituirá la gloria de Jacob como la gloria de Israel; porque vaciadores los vaciaron, y estropearon sus mugrones.3El escudo de sus valientes será bermejo, los varones de su ejército vestidos de grana: el carro como fuego de hachas; el día que se aparejará, temblarán las hayas.4Los carros se precipitarán á las plazas, discurrirán por las calles: su aspecto como hachas encendidas; correrán como relámpagos.5Acordaráse él de sus valientes; andando tropezarán; se apresurarán á su muro, y la cubierta se aparejará.6Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido.7Y la reina fué cautiva; mandarle han que suba, y sus criadas la llevarán gimiendo como palomas, batiendo sus pechos.8Y fué Nínive de tiempo antiguo como estanque de aguas; mas ellos huyen: Parad, parad; y ninguno mira.9Saquead plata, saquead oro: no hay fin de las riquezas y suntuosidad de todo ajuar de codicia.10Vacía, y agotada, y despedazada está, y el corazón derretido: batimiento de rodillas, y dolor en todos riñones, y los rostros de todos tomarán negrura.11¿Qué es de la morada de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león, y la leona, y los cachorros del león, y no había quien les pusiese miedo?12El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas, y henchía de presa sus cavernas, y de robo sus moradas.13Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos. Encenderé y reduciré á humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; y raeré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá voz de tus embajadores.

Nínive, capital del reino de Asiria, parece haber sido fundada —poco tiempo después del diluvio— por Nimrod el rebelde (Génesis 10:8-12). Animada por el mismo espíritu que el de ese “vigoroso cazador delante de Jehová”, ella se complacía en cazar a las naciones como a una presa (v. 11 a 13). El libro de Dios que ha consignado su orgulloso comienzo “desde su origen” (v. 8, V.M.), ahora nos hace asistir a su súbito fin. Irónicamente se intima a Nínive a defenderse contra el “destruidor” (v. 1). Pero “si el Señor no guardare la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmo 127:1). Se cuenta que en el transcurso del sitio, el río Tigris —cuyas aguas hasta entonces aislaban y protegían la ciudad— se hinchó debido a una repentina crecida y arrastró una parte de la muralla. Por esa brecha se introdujeron los implacables soldados enemigos que vemos invadir las calles y las casas con fines de asesinato y pillaje (v. 3, 4, 8-10).

“Nunca más se oirá la voz de tus mensajeros” concluye el versículo 13. Nos acordamos de ese Rabsaces, insolente portavoz que el rey de Asiria había mandado a Ezequías, rey de Judá (2 Reyes 18:19-36). Sus amenazas nunca se cumplieron. Del mismo modo, para siempre pasará el mundo con su gloria, su arrogancia, sus menosprecios y sus blasfemias.

Nahúm 3:1-19
1AY de la ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarse de ella el pillaje!2Sonido de látigo, y estruendo de movimiento de ruedas; y caballo atropellador, y carro saltador;3Caballero enhiesto, y resplandor de espada, y resplandor de lanza; y multitud de muertos, y multitud de cadáveres; y de sus cadáveres no habrá fin, y en sus cadáveres tropezarán:4A causa de la multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gala, maestra de brujerías, que vende las gentes con sus fornicaciones, y los pueblos con sus hechizos.5Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos, y descubriré tus faldas en tu cara, y mostraré á las gentes tu desnudez, y á los reinos tu vergüenza.6Y echaré sobre ti suciedades, y te afrentaré, y te pondré como estiércol.7Y será que todos los que te vieren, se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada: ¿quién se compadecerá de ella? ¿dónde te buscaré consoladores?8¿Eres tú mejor que No-amón, que estaba asentada entre ríos, cercada de aguas, cuyo baluarte era la mar, y del mar su muralla?9Etiopía era su fortaleza, y Egipto sin límite; Put y Libia fueron en tu ayuda.10También ella fué llevada en cautiverio: también sus chiquitos fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles; y sobre sus varones echaron suertes, y todos sus magnates fueron aprisionados con grillos.11Tú también serás embriagada, serás encerrada; tú también buscarás fortaleza á causa del enemigo.12Todas tus fortalezas cual higueras con brevas; que si las sacuden, caen en la boca del que las ha de comer.13He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de ti: las puertas de tu tierra se abrirán de par en par á tus enemigos: fuego consumirá tus barras.14Provéete de agua para el cerco, fortifica tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, fortifica el horno.15Allí te consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como pulgón: multiplícate como langosta, multiplícate como langosta.16Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo: el pulgón hizo presa, y voló.17Tus príncipes serán como langostas, y tus grandes como langostas de langostas que se sientan en vallados en día de frío: salido el sol se mudan, y no se conoce el lugar donde estuvieron.18Durmieron tus pastores, oh rey de Asiria, reposaron tus valientes: tu pueblo se derramó por los montes, y no hay quien lo junte.19No hay cura para tu quebradura; tu herida se encrudeció: todos los que oyeron tu fama, batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu malicia?

En tanto que la Historia de los hombres se complace en describir la grandeza asiria y permanece casi muda acerca de su derrumbe, la Palabra de Dios consagra un libro a ese día fatal. Lo repetimos, la Biblia no es un manual de Historia. Los acontecimientos relatados en ella lo son sólo en función de su relación con Israel y bajo su aspecto moral. Para los historiadores, Nínive, debilitada, cayó bajo los golpes de una coalición de sus vasallos. Para Dios, el infortunio la alcanzó porque era una ciudad sanguinaria, llena de mentira, de violencia y de rapiña (v. 1). Al cosechar lo que ha sembrado, va a conocer la suerte que ella misma había hecho soportar a Tebas (Egipto) medio siglo antes. “¿Quién se compadecerá de ella?” (v. 7). Así es el egoísmo del mundo. Los que no son golpeados directamente se acomodan con facilidad al desastre de los demás. “¿Dónde te buscaré consoladores?” agrega Nahum, cuyo nombre significa precisamente consolador. En cambio, el creyente fiel es consolado por medio de la profecía al enterarse de que, pese a las apariencias, Dios dirige los acontecimientos del mundo. Él hará que todas las cosas concurran a Su propia gloria y al bien de los que le aman (Romanos 8:28).

“Es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús” (2 Tesalonicenses 1:6-9).

Habacuc 1:1-17
1LA carga que vió Habacuc profeta.2¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces á ti á causa de la violencia, y no salvarás?3¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que mire molestia, y saco y violencia delante de mí, habiendo además quien levante pleito y contienda?4Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale verdadero: por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcido el juicio.5Mirad en las gentes, y ved, y maravillaos pasmosamente; porque obra será hecha en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis.6Porque he aquí, yo levanto los Caldeos, gente amarga y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las habitaciones ajenas.7Espantosa es y terrible: de ella misma saldrá su derecho y su grandeza.8Y serán sus caballos más ligeros que tigres, y más agudos que lobos de tarde; y sus jinetes se multiplicarán: vendrán de lejos sus caballeros, y volarán como águilas que se apresuran á la comida.9Toda ella vendrá á la presa: delante su sus caras viento solano; y juntará cautivos como arena.10Y escarnecerá de los reyes, y de los príncipes hará burla: reiráse de toda fortaleza, y amontonará polvo, y la tomará.11Luego mudará espíritu, y pasará adelante, y ofenderá atribuyendo esta su potencia á su dios.12¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar.13Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio: ¿por qué ves los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él.14Y haces que sean los hombres como los peces de la mar, como reptiles que no tienen señor?15Sacará á todos con anzuelo, cogerálos con su red, y juntarálos en su aljerife: por lo cual se holgará y hará alegrías.16Por esto hará sacrificios á su red, y ofrecerá sahumerios á su aljerife: porque con ellos engordó su porción, y engrasó su comida.17¿Vaciará por eso su red, ó tendrá piedad de matar gentes continuamente?

Este libro, que nos recuerda el de Jeremías, se presenta como un diálogo entre el profeta y su Dios. En presencia de la creciente marea del mal, Habacuc, angustiado, derrama su corazón ante Jehová. Jerusalén no está lejos de caer bajo los golpes del ejército caldeo. Una espantosa visión muestra de antemano al profeta esos rudos y crueles guerreros, instrumentos de Jehová para castigar a las naciones rebeldes. Entonces, ¡de qué estupefacción serán presa todos los pecadores incrédulos y despreocupados! (v. 5, citado en Hechos 13:41). ¡Pero el hombre de Dios también está consternado! ¿Cómo puede Jehová dar libre curso a tal despliegue de iniquidad? (Salmo 83; Apocalipsis 10:7 llama a esta pregunta el misterio de Dios). Incluso ¿cómo puede soportar verla? “Dios mío, Santo mío” exclama el profeta, consciente de sus relaciones con Aquel que es “muy limpio… de ojos par ver el mal”. Sí, ¡qué permanente ofensa es para él el espectáculo de esta tierra en la que la corrupción y la violencia se despliegan sin reservas! Las miradas de Dios en lo absoluto de su pureza sólo pudieron detenerse con satisfacción en un solo Hombre. Pero, por ese mimo motivo, se apartaron de él cuando fue hecho pecado por nosotros.

Habacuc 2:1-20
1SOBRE mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y atalayaré para ver qué hablará en mí, y qué tengo de responder á mi pregunta.2Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella.3Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará.4He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su fe vivirá.5Y también, por cuanto peca por el vino, es un hombre soberbio, y no permanecerá: que ensanchó como el infierno su alma, y es como la muerte, que no se hartará: antes reunió á sí todas las gentes, y amontonó á sí todos los pueblos.6¿No han de levantar todos estos sobre él parábola, y sarcasmos contra él? Y dirán: ­Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Y hasta cuándo había de amontonar sobre sí espeso lodo?7¿No se levantarán de repente los que te han de morder, y se despertarán los que te han de quitar de tu lugar, y serás á ellos por rapiña?8Porque tú has despojado muchas gentes, todos los otros pueblos te despojarán; á causa de las sangres humanas, y robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que moraban en ellas.9Ay del que codicia maligna codicia para su casa, por poner en alto su nido, por escaparse del poder del mal!10Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida.11Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá.12Ay del que edifica la ciudad con sangres, y del que funda la villa con iniquidad!13¿No es esto de Jehová de los ejércitos? Los pueblos pues trabajarán para el fuego, y las gentes se fatigarán en vano.14Porque la tierra será llena de conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren la mar.15Ay del que da de beber á sus compañeros, que les acercas tu hiel y embriagas, para mirar sus desnudeces!16Haste llenado de deshonra más que de honra: bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz de la mano derecha de Jehová volverá sobre ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria.17Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las fieras lo quebrantará; á causa de las sangres humanas, y del robo de la tierra, de las ciudades, y de todos los que en ellas moraban.18¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?19Ay del que dice al palo; Despiértate; y á la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí él está cubierto de oro y plata, y no hay dentro de él espíritu.20Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra.

En presencia de una prueba, cualquiera sea, hagamos como Habacuc: subamos sobre esa “fortaleza” (o torre; comp. Proverbios 18:10) que nos protege, nos mantiene apartados del tumulto y así nos permite considerar todo desde lo alto con la perspectiva de Dios mismo (Isaías 55:8-9).

El siervo de Dios recibe en ella la respuesta a su ansiedad: el justo —se le dice— “por su fe vivirá”. Ésta es la llave de la presente situación. Alrededor de él nada cambió: los enemigos siguen allí y todas las formas de iniquidad continúan desplegándose. Pero la fe del justo puede apoyarse en las certidumbres de la Palabra de su Dios. Cesan sus ansiosas preguntas. Él cree y sabe que esta misma tierra, hoy llena de la vanidad del hombre, pronto será “llena del conocimiento de la gloria de Jehová” (v. 14; Isaías 11:9). Se le enseña acerca de la suerte de los malvados, aunque su juicio todavía esté en suspenso (v. 6-20). Y fijémonos cómo los actos de los incrédulos contrastan con la justicia y la vida de la fe, esa fe necesaria tanto para ser salvo como para atravesar el mundo. Este versículo 4 está citado tres veces en las epístolas (Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38). En ellas toma una capital importancia al establecer que la fe es el único medio para obtener la justicia y la vida eterna.

Habacuc 3:1-19
1ORACION de Habacuc profeta, sobre Sigionoth.2Oh Jehová, oído he tu palabra, y temí: Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.3Dios vendrá de Temán, Y el Santo del monte de Parán, (Selah.) Su gloria cubrió los cielos, Y la tierra se llenó de su alabanza.4Y el resplandor fué como la luz; Rayos brillantes salían de su mano; Y allí estaba escondida su fortaleza.5Delante de su rostro iba mortandad, Y á sus pies salían carbones encendidos.6Paróse, y midió la tierra: Miró, é hizo temblar las gentes; Y los montes antiguos fueron desmenuzados, Los collados antiguos se humillaron á él. Sus caminos son eternos.7He visto las tiendas de Cushán en aflicción; Las tiendas de la tierra de Madián temblaron.8¿Airóse Jehová contra los ríos? ¿Contra los ríos fué tu enojo? ¿Tu ira contra la mar, Cuando subiste sobre tus caballos, Y sobre tus carros de salud?9Descubrióse enteramente tu arco, Los juramentos á las tribus, palabra segura. (Selah.) Hendiste la tierra con ríos.10Viéronte, y tuvieron temor los montes: Pasó la inundación de las aguas: El abismo dió su voz, La hondura alzó sus manos.11El sol y la luna se pararon en su estancia: A la luz de tus saetas anduvieron, Y al resplandor de tu fulgente lanza.12Con ira hollaste la tierra, Con furor trillaste las gentes.13Saliste para salvar tu pueblo, Para salvar con tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, Desnudando el cimiento hasta el cuello. (Selah.)14Horadaste con sus báculos las cabezas de sus villas, Que como tempestad acometieron para derramarme: Su orgullo era como para devorar al pobre encubiertamente.15Hiciste camino en la mar á tu caballos, Por montón de grandes aguas.16Oí, y tembló mi vientre; A la voz se batieron mis labios; Pudrición se entró en mis huesos, y en mi asiento me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia, Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.17Aunque la higuera no florecerá, Ni en las vides habrá frutos; Mentirá la obra de la oliva, Y los labrados no darán mantenimiento. Y las ovejas serán quitadas de la majada, Y no habrá vacas en los corrales;18Con todo yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salud.19Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual pondrá mis pies como de ciervas, Y me hará andar sobre mis alturas

Jehová impuso silencio a las voces de la tierra (cap. 2:20), pero el fiel puede hacer subir su oración ante él. Declara lo que vio (v. 3 y 7), y lo que oyó (v. 2 y 16). La visión de los enemigos caldeos se borró. En su lugar, el profeta contempla la majestad del Dios vengador. Acompañado de espantosas señales, ese Dios avanza para juzgar a las naciones y salvar a su pueblo (v. 12-13). Ante esa solemne aparición, ¿cuáles son los sentimientos del profeta? Primero el miedo; no lo oculta. Pero sabe que puede apelar a la misericordia de Jehová, aun en Su justa ira (v. 2; Salmo 78:38). Dios siempre oye los S.O.S. del alma. ¡Luego viene el gozo! Aunque falten las bendiciones materiales (v. 17), el hombre de Dios puede regocijarse, porque no halla ese gozo en las circunstancias sino en el Dios de su salvación (comp. Filipenses 4:4). “El Señor es mi fortaleza… y en mis alturas me hace andar” (v. 19; Salmo 18:32-33). ¡El Señor nos otorgue la energía espiritual para trepar por esas alturas de donde la fe domina al mundo! Cercano está el juicio de éste; ya que nuestro tiempo se parece al de Habacuc, ¡deseemos por nuestra parte asemejarnos a ese hombre de Dios!

Sofonías 1:1-18
1PALABRA de Jehová que fué á Sofonías hijo de Cushi, hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezechîas, en días de Josías hijo de Amón, rey de Judá.2Destruiré del todo todas las cosas de sobre la haz de la tierra, dice Jehová.3Destruiré los hombres y las bestias; destruiré las aves del cielo, y los peces de la mar, y las piedras de tropiezo con los impíos; y talaré los hombres de sobre la haz de la tierra, dice Jehová.4Y extenderé mi mano sobre Judá, y sobre todos los moradores de Jerusalem, y exterminaré de este lugar el remanente de Baal, y el nombre de los Chemarim con los sacerdotes;5Y á los que se inclinan sobre los terrados al ejército del cielo; y á los que se inclinan jurando por Jehová y jurando por su rey;6Y á los que tornan atrás de en pos de Jehová; y á los que no buscaron á Jehová, ni preguntaron por él.7Calla en la presencia del Señor Jehová, porque el día de Jehová está cercano; porque Jehová ha aparejado sacrificio, prevenido á sus convidados.8Y será que en el día del sacrificio de Jehová, haré visitación sobre los príncipes, y sobre los hijos del rey, y sobre todos los que visten vestido extranjero.9Asimismo haré visitación en aquel día sobre todos los que saltan la puerta, los que hinchen de robo y de engaño las casas de sus señores.10Y habrá en aquel día, dice Jehová, voz de clamor desde la puerta del pescado, y aullido desde la segunda, y grande quebrantamiento desde los collados.11Aullad, moradores de Mactes, porque todo el pueblo mercader es destruido; talado son todos los que traían dinero.12Y será en aquel tiempo, que yo escudriñaré á Jerusalem con candiles, y haré visitación sobre los hombres que están sentados sobre sus heces, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni mal.13Será por tanto saqueada su hacienda, y sus casas asoladas: y edificarán casas, mas no las habitarán; y plantarán viñas, mas no beberán el vino de ellas.14Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy presuroso; voz amarga del Día de Jehová; gritará allí el valiente.15Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento,16Día de trompeta y de algazara, sobre las ciudades fuertes, y sobre las altas torres.17Y atribularé los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová: y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol.18Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Jehová; pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo: porque ciertamente consumación apresurada hará con todos los moradores de la tierra.

Sofonías profetizó durante el reinado del fiel Josías. Entonces, ¿por qué su libro es tan severo? Porque sólo por obligación el pueblo había seguido el buen ejemplo de su rey (2 Crónicas 34:33). Una misma condenación amenaza:

1) a los idólatras;

2) a los que con doblez de corazón procuran servir a la vez a Jehová y a Milcom (Moloc);

3) a los que se apartan deliberadamente;

4) por fin, a la masa de indiferentes, los que no buscan a Jehová ni le consultan (v. 4-6). Esa misma clase de personas existen hoy en día y juntas corren al encuentro del mismo juicio. Porque si esas profecías tuvieron un cumplimiento parcial en el pasado, no olvidemos que el terrible “día grande de Jehová” está todavía por venir. Es evocado desde hace más de 2500 años por los profetas, confirmado por el Señor Jesús en los evangelios y finalmente por los apóstoles en las epístolas. Ya cercano en el tiempo de Sofonías, lo es todavía mucho más ahora (v. 14). Recordemos, pues, esas palabras “que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles”, y cuidémonos de olvidar “la promesa de su advenimiento” (2 Pedro 3:2-4).

Sofonías 2:1-15
1CONGREGAOS y meditad, gente no amable,2Antes que pára el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira de Jehová venga sobre vosotros.3Buscad á Jehová todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová.4Porque Gaza será desamparada, y Ascalón asolada: saquearán á Asdod en el medio día, y Ecrón será desarraigada.5Ay de los que moran á la parte de la mar, de la gente de Cheretim! La palabra de Jehová es contra vosotros, oh Canaán, tierra de Palestinos, que te haré destruir hasta no quedar morador.6Y será la parte de la mar por moradas de cabañas de pastores, y corrales de ovejas.7Y será aquella parte para el resto de la casa de Judá; allí apacentarán: en las casas de Ascalón dormirán á la noche; porque Jehová su Dios los visitará, y tornará sus cautivos.8Yo he oído las afrentas de Moab, y los denuestos de los hijos de Ammón con que deshonraron á mi pueblo, y se engrandecieron sobre su término.9Por tanto, vivo yo, dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que Moab será como Sodoma, y los hijos de Ammon como Gomorra; campo de ortigas, y mina de sal, y asolamiento perpetuo: el resto de mi pueblo los saqueará, y el resto de mi gente los heredar10Esto les vendrá por su soberbia, porque afrentaron, y se engrandecieron contra el pueblo de Jehová de los ejércitos.11Terrible será Jehová contra ellos, porque enervará á todos los dioses de la tierra; y cada uno desde su lugar se inclinará á él, todas las islas de las gentes.12Vosotros también los de Etiopía seréis muertos con mi espada.13Y extenderá su mano sobre el aquilón, y destruirá al Assur, y pondrá á Nínive en asolamiento, y en secadal como un desierto.14Y rebaños de ganado harán en ella majada, todas las bestias de las gentes; el onocrótalo también y el erizo dormirán en sus umbrales: su voz cantará en las ventanas; asolación será en las puertas, porque su enmaderamiento de cedro será descubierto.15Esta es la ciudad alegre que estaba confiada, la que decía en su corazón: Yo, y no más. ­Cómo fué en asolamiento, en cama de bestias! Cualquiera que pasare junto á ella silbará, meneará su mano.

Al tratar esas profecías del futuro juicio de los malos, aparentemente pueden tener un interés secundario para los hijos de Dios. Lo que ellos esperan no es la crisis final de la que se habla aquí sino el retorno del Señor para arrebatar a su Iglesia (1 Tesalonicenses 5:4-9). Sin embargo, el anuncio de esa justa retribución del mal debe abrir nuestros ojos acerca del carácter del mundo, de manera que ello nos impulse a separarnos nítidamente de él (2 Pedro 3:10-12). Al no ver actualmente a Dios castigar la maldad de los hombres como se lo merecen, podríamos olvidar cuánto horror siente Dios por ella; por lo tanto, tales mensajes contribuyen a recordárnoslo. En su arrogancia y su insensato egoísmo, la divisa de Nínive es: “Yo, y no más” (v. 15). También es la de Babilonia (Isaías 47:8). Pero escuchemos bien si, a veces, no es igualmente el murmullo de nuestro corazón. En contraste, el versículo 3 nos presenta a los mansos, a los que el Señor llama bienaventurados y que se le parecen (Mateo 5:5; 11:29). Proféticamente se trata del futuro remanente judío (fin del v. 9; cap. 3:13), invitado a buscar a Jehová para ser puesto a cubierto en el día de la ira. Además el nombre de Sofonías significa: «Al que Jehová oculta o protege».

Sofonías 3:1-20
1AY de la ciudad ensuciada y contaminada y opresora!2No escuchó la voz, ni recibió la disciplina: no se confió en Jehová, no se acercó á su Dios.3Sus príncipes en medio de ella son leones bramadores: sus jueces, lobos de tarde que no dejan hueso para la mañana:4Sus profetas, livianos, hombres prevaricadores: sus sacerdotes contaminaron el santuario, falsearon la ley.5Jehová justo en medio de ella, no hará iniquidad: de mañana sacará á luz su juicio, nunca falta: mas el perverso no tiene vergüenza.6Hice talar gentes; sus castillos están asolados; hice desiertas sus calles, hasta no quedar quien pase: sus ciudades están asoladas hasta no quedar hombre, hasta no quedar morador.7Dije: Ciertamente me temerás, recibirás corrección; y no será su habitación derruída por todo aquello sobre que los visité. Mas ellos se levantaron de mañana y corrompieron todas sus obras.8Por tanto, esperadme, dice Jehová, al día que me levantaré al despojo: porque mi determinación es reunir las gentes, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el furor de mi ira; porque del fuego de mi celo será consumida toda la tierra.9Por entonces volveré yo á los pueblos el labio limpio, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que de un consentimiento le sirvan.10De esa parte de los ríos de Etiopía, mis suplicantes, la hija de mis esparcidos, me traerán ofrenda.11En aquel día no serás avergonzada por ninguna de tus obras con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de ti los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás del monte de mi santidad.12Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, los cuales esperarán en el nombre de Jehová.13El resto de Israel no hará iniquidad, ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa: porque ellos serán apacentados y dormirán, y no habrá quien los espante.14Canta, oh hija de Sión: da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalem.15Jehová ha apartado tus juicios, ha echado fuera tus enemigos: Jehová es Rey de Israel en medio de ti; nunca más verás mal.16En aquel tiempo se dirá á Jerusalem: No temas: Sión, no se debiliten tus manos.17Jehová en medio de ti, poderoso, él salvará; gozaráse sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cantar.18Reuniré á los fastidiados por causa del largo tiempo; tuyos fueron; para quienes el oprobio de ella era una carga.19He aquí, en aquel tiempo yo apremiaré á todos tus opresores; y salvaré la coja, y recogeré la descarriada; y pondrélos por alabanza y por renombre en todo país de confusión.20En aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo; pues os daré por renombre y por alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando tornaré vuestros cautivos delante de vuestros ojos, dice Jehová.

Después de haber castigado a las naciones, la mano de Jehová se extenderá sobre Jerusalén, la ciudad rebelde, corrupta y opresora. ¡Ay! los cuatro reproches que siguen en el versículo 2 hasta podrían ser dirigidos a los hijos de Dios que descuidan la Palabra (“no escuchó la voz, ni recibe la corrección”) o la oración (“no confió en Jehová, no se acercó a su Dios”).

Entonces se cumplirán las palabras del Señor Jesús: “el uno será tomado, y el otro será dejado” (Mateo 24:40). Los rebeldes, los soberbios y los altaneros serán quitados (v. 11) y Jehová dejará subsistir aquí abajo un pueblo afligido, humillado, el cual sólo confiará en Él (v. 12). Habrá regocijo para ese remanente (v. 14) y gozo más grande aún para el Señor, cuyos afectos serán satisfechos. “Descansará en su amor” (v. 17, V.M.) Este versículo se aplica al reinado de Cristo, pero desde ahora ¿no despierta un eco en el corazón de cada redimido? Sí, pensemos en su felicidad. Querido amigo creyente, el que lloró en la tierra ya conoce un pleno y entero gozo respecto de usted (Salmo 126:6). Después del terrible “trabajo de su alma” (Isaías 53:11, V.M.) gozará eternamente —y los suyos con él— del perfecto reposo del amor (v. 17; Jeremías 32:41).

Hageo

Zacarías

Malaquías

Profetas que escribieron

después del exilio

Hageo 1:1-15
1EN el año segundo del rey Darío en el mes sexto, en el primer día del mes, fué palabra de Jehová, por mano del profeta Haggeo, á Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y á Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, diciendo:2Jehová de los ejércitos habla así, diciendo: Este pueblo dice: No es aún venido el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.3Fué pues palabra de Jehová por mano del profeta Haggeo, diciendo:4¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta?5Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pensad bien sobre vuestros caminos.6Sembráis mucho, y encerráis poco; coméis, y no os hartáis; bebéis, y no os saciáis; os vestís, y no os calentáis; y el que anda á jornal recibe su jornal en trapo horadado.7Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.8Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella, mi voluntad, y seré honrado, ha dicho Jehová.9Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y soplo en ello. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre á su propia casa.10Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos.11Y llamé la sequedad sobre esta tierra, y sobre los montes, y sobre el trigo, y sobre el vino, y sobre el aceite, y sobre todo lo que la tierra produce, y sobre los hombres sobre y las bestias, y sobre todo trabajo de manos.12Y oyó Zorobabel hijo de Sealtiel, y Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y todo el demás pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del porfeta Haggeo, como lo había enviado Jehová el Dios de ellos; y temió el pueblo delante de Jehová.13Entonces Haggeo, enviado de Jehová, habló por mandado de Jehová, al pueblo, diciendo: Yo soy con vosotros, dice Jehová.14Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron é hicieron obra en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios.15En el día veinte y cuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío.

El libro de Esdras nos relata cómo, al volver de Babilonia, Zorobabel y sus compañeros emprendieron la reconstrucción del templo, pero luego se dejaron detener por las maniobras de intimidación y las gestiones de sus adversarios.

Hace unos quince años que cesó el trabajo. Y esas amenazas no son más que un mal pretexto, de las cuales el profeta ni habla. Avergüenza al pueblo comparando la devastación de la casa de Jehová con el ardor desplegado por cada uno para embellecer su propia casa (Filipenses 2:21). ¡Triste egoísmo, pero también… mal cálculo! Todo su trabajo sólo había producido escasez (comp. Salmo 127:1-2). Queridos amigos cristianos, hoy es “el tiempo de edificar” la casa de Dios… la Iglesia del Dios viviente (1 Timoteo 3:15). ¿Cómo trabajar en ella? Preocupándonos por las almas, esas “piedras vivas” edificadas sobre el fundamento, el cual es Jesucristo; teniendo por la Iglesia esa solicitud que se agolpa cada día sobre el apóstol; no dejando de congregarnos… (1 Corintios 3:10-17; 2 Corintios 11:28; Hebreos 10:25). Por desgracia, cuántas veces una falta de celo y de amor por la Iglesia va a la par con la preocupación por nuestro bienestar… Sí, meditemos bien acerca de nuestros caminos (v. 5 y 7).

Hageo 2:1-14
1EN el mes séptimo, á los veinte y uno del mes, fué palabra de Jehová por mano del profeta Haggeo, diciendo:2Habla ahora á Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y á Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y al resto del pueblo, diciendo:3¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su primera gloria, y cual ahora la veis? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?4Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también Josué, hijo de Josadac, gran sacerdote; y cobra ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y obrad: porque yo soy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos.5Según el pacto que concerté con vosotros a vuestra salida de Egipto, así mi espíritu estará en medio de vosotros: no temáis.6Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí á poco aun haré yo temblar los cielos y la tierra, y la mar y la seca:7Y haré temblar á todas las gentes, y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa de gloria, ha dicho Jehová de los ejércitos.8Mía es la plata, y mío el oro, dice Jehová de los ejércitos.9La gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.10A veinticuatro del noveno mes, en el segundo año de Darío, fué palabra de Jehová por mano del profeta Haggeo, diciendo:11Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora á los sacerdotes acerca de la ley, diciendo:12Si llevare alguno las carnes sagradas en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare el pan, ó la vianda, ó el vino, ó el aceite, ú otra cualquier comida, ¿será santificado? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: No.13Y dijo Haggeo: Si un inmundo á causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de éstas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será.14Y respondió Haggeo y dijo: Así es este pueblo, y esta gente, delante de mí, dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo.

La primera revelación de Hageo había traído la reprensión. La segunda, hecha menos de un mes después que los jefes y el pueblo obedecieron, viene a hacerles exhortaciones y a darles aliento: “cobrad ánimo… y trabajad” —recomienda Jehová— pues se trata de mi gloria. Vuestro trabajo tiene a la vista una persona: “el Deseado de todas las naciones”, Cristo, quien va a aparecer glorioso (v. 7).

Pero, ¿dónde hallar esa fuerza? “Yo estoy con vosotros” es la preciosa respuesta, yo, el Dios todopoderoso, Jehová de los ejércitos. Y lo que os doy os bastará: “las palabras… mi Espíritu permanece en medio de vosotros; ¡no temáis!” (v. 5, V.M.) ¡Benditos recursos! también valen para nosotros, quienes vivimos como Hageo en un tiempo de ruina. En su tercer mensaje el profeta recuerda la santidad, sin la cual Dios no puede reconocer ningún trabajo. La doble pregunta formulada a los sacerdotes confirma este principio general: nuestros contactos con un mundo contaminado no purificarán a este último. Muy al contrario, a la larga seremos inevitablemente contaminados por un mal ambiente (1 Corintios 15:33).

“Yo estoy con vosotros todos los días” prometió el Señor Jesús (Mateo 28:20). Pero, por nuestra parte, permanezcamos siempre junto a él.

Hageo 2:15-23
15Ahora pues, poned vuestro corazón desde este día en adelante, antes que pusiesen piedra sobre piedra en el templo de Jehová,16Antes que fuesen estas cosas, venían al montón de veinte hanegas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros del lagar, y había veinte.17Os herí con viento solano, y con tizoncillo, y con granizo en toda obra de vuestras manos; mas no os convertisteis á mí, dice Jehová.18Pues poned ahora vuestro corazón desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento al templo de Jehová; poned vuestro corazón.19¿Aun no está la simiente en el granero? ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de la oliva ha todavía florecido: mas desde aqueste día daré bendición.20Y fué segunda vez palabra de Jehová á Haggeo, á los veinticuatro del mismo mes, diciendo:21Habla á Zorobabel, gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra;22Y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza del reino de las gentes; y trastornaré el carro, y los que en él suben; y vendrán abajo los caballos, y los que en ellos montan, cada cual por la espada de su hermano.23En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel, hijo de Sealtiel, siervo mío, dice Jehová, y ponerte he como anillo de sellar: porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos.

El pueblo hizo la molesta experiencia de que no hay ningún provecho en el tiempo sustraído a Dios. Ahora le va a ser posible hacer la contraprueba. “Mas desde este día os bendeciré” promete Jehová. Trátese de un comerciante creyente que cierra su tienda el domingo con posible detrimento para sus negocios, o del industrial que declara al fisco hasta el más pequeño monto de su beneficio, el hijo de Dios siempre podrá comprobar estas palabras del Señor Jesús: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas (necesarias para la vida presente) os serán añadidas” (Mateo 6:33).

El último mensaje de Hageo contiene conmovedoras palabras de gracia dirigidas personalmente a Zorobabel. Este nombre significa nacido en Babilonia (y Sesbasar, su nombre caldeo, significa según parece: alegre en la tribulación; Esdras 1:8). Jehová lo llama por su nombre como para decirle: Pobre librado del exilio, tengo promesas para ti. El mundo entero será violentamente sacudido, pero no temas, te reservé “un reino inconmovible” (v. 6 y 21-22 citados en Hebreos 12:26-28). Al mismo tiempo, podemos reconocer en ese heredero de David una figura de Cristo, el libertador escogido y establecido para reinar sobre Israel.

Zacarías 1:1-17
1EN el mes octavo, en el año segundo de Darío, fué palabra de Jehová á Zacarías profeta, hijo de Berechîas, hijo de Iddo, diciendo:2Enojóse Jehová con ira contra vuestros padres.3Les dirás pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos á mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré á vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.4No seáis como vuestros padres, á los cuales dieron voces los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos, y de vuestras malas obras: y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová.5Vuestros padres, ¿dónde están? y los profetas ¿han de vivir para siempre?6Empero mis palabras y mis ordenanzas que mandé á mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron á vuestros padres? Por eso se volvieron ellos y dijeron: Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme á nuestros caminos, y conforme á nuestras obras, así l7A los veinticuatro del mes undécimo, que es el mes de Sebath, en el año segundo de Darío, fué palabra de Jehová á Zacarías profeta, hijo de Berechîas, hijo de Iddo, diciendo:8Vi de noche, y he aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo bermejo, el cual estaba entre los mirtos que había en la hondura; y detrás de él había caballos bermejos, overos, y blancos.9Entonces dije: ¿Qué son éstos, señor mío? Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Yo te enseñaré qué son éstos.10Y aquel varón que estaba entre los mirtos respondió, y dijo: Estos son los que Jehová ha enviado á recorrer la tierra.11Y ellos hablaron á aquel ángel de Jehová que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la tierra está reposada y quieta.12Y respondió el ángel de Jehová, y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?13Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consolatorias á aquel ángel que hablaba conmigo.14Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé á Jerusalem y á Sión con gran celo:15Y con grande enojo estoy airado contra las gentes que están reposadas; porque yo estaba enojado un poco, y ellos ayudaron para el mal.16Por tanto, así ha dicho Jehová: Yo me he tornado á Jerusalem con miseraciones; en ella será edificada mi casa, dice Jehová de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalem.17Clama aún, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Aun serán ensanchadas mis ciudades por la abundancia del bien; y aun consolará Jehová á Sión, y escogerá todavía á Jerusalem.

Zacarías, junto con Hageo, son los portavoces ante los hijos de Judá que subieron del cautiverio (Esdras 5:1). ¿Cuáles son las primeras palabras que Jehová dirige a este pueblo por medio de su siervo? “Volveos a mí”. Primero es necesario arrepentirse (Mateo 3:2; 4:17; Hechos 2:38). La promesa sólo viene luego… “y yo me volveré a vosotros” (v. 3).

Los padres murieron, y con ellos los profetas que, como Jeremías, los habían advertido fielmente. Pero las palabras divinas no pasaron; se cumplen infaliblemente (Mateo 24:35). Los malos caminos y las malas obras de Judá habían recibido su castigo, a saber, el cautiverio en Babilonia (v. 12 final). ¡Ojalá las siguientes generaciones saquen provecho de esa cruel lección!

Desde el versículo 7 hasta el capítulo 6 el profeta relata una sucesión de extrañas visiones. Como tema general tienen al gobierno de Dios efectuado por medio de las naciones (el jinete y los caballos) y, como telón de fondo, el restablecimiento de Israel (los mirtos, alusión a la fiesta de los tabernáculos y figura de la restauración que sigue al arrepentimiento). Porque Dios siempre tiene, para los suyos que pasan por prueba y debilidad, “buenas palabras, palabras consoladoras” (v. 13). Son tan ciertas e inmutables como el anuncio de sus juicios.

Zacarías 1:18-21; Zacarías 2:1-13
18Después alcé mis ojos, y miré, y he aquí cuatro cuernos.19Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son éstos? Y respondióme: Estos son los cuernos que aventaron á Judá, á Israel, y á Jerusalem.20Mostróme luego Jehová cuatro carpinteros.21Y yo dije: ¿Qué vienen éstos á hacer? Y respondióme, diciendo: Estos son los cuernos que aventaron á Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas éstos han venido para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de las gentes, que alzaron el cuerno sobre l
1ALCÉ después mis ojos, y miré y he aquí un varón que tenía en su mano un cordel de medir.2Y díjele: ¿A dónde vas? Y él me respondió: A medir á Jerusalem, para ver cuánta es su anchura, y cuánta su longitud.3Y he aquí, salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro,4Y díjole: Corre, habla á este mozo, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalem á causa de la multitud de los hombres, y de las bestias en medio de ella.5Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y seré por gloria en medio de ella.6Eh, eh, huid de la tierra del aquilón, dice Jehová, pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice Jehová.7Oh Sión, la que moras con la hija de Babilonia, escápate.8Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Después de la gloria me enviará él á las gentes que os despojaron: porque el que os toca, toca á la niña de su ojo.9Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo á sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió.10Canta y alégrate, hija de Sión: porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová.11Y uniránse muchas gentes á Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado á ti.12Y Jehová poseerá á Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún á Jerusalem.13Calle toda carne delante de Jehová, porque él se ha despertado de su santa morada.

Esas visiones que, sin duda, nos parecen muy oscuras, no lo eran menos para el joven Zacarías. Pero, ¿qué hace éste cada vez que se enuncia un nuevo enigma? No teme interrogar a su celeste compañero. Sigamos su ejemplo. Nuestro interés por la Palabra siempre será agradable al Señor. Para comprender las maravillas de ella, pidámosle al Señor que abra nuestra inteligencia (Salmo 119:18; Lucas 24:45; 2 Timoteo 2:7).

Los cuernos de la segunda visión corresponden a los caballos de la primera, es decir, a los grandes imperios de las naciones, vistos aquí bajo su carácter de potencia (comp. Daniel 8). Obreros suscitados por Dios (tales como Ciro) pondrán fin a su poder.

La tercera visión tiene por tema la restauración de Jerusalén. Ahora desolada, con sus muros en ruina, sus puertas calcinadas (Nehemías 2:13), la ciudad será de nuevo habitada. El Señor será alrededor de ella un muro de fuego, y sus pobres dispersados se hallarán juntos en ella y bien abrigados. El amor de Dios por ellos es tan grande que el que los toca, toca “a la niña de su ojo” (véase Deuteronomio 32:10). Por encima de todo, tienen la promesa de la gloriosa presencia de Jehová en medio de ellos (v. 5, 10-11). Los mismos privilegios pertenecen hoy a los hijos de Dios.

Zacarías 3:1-10
1Y MOSTROME á Josué, el gran sacerdote, el cual estaba delante del ángel de Jehová; y Satán estaba á su mano derecha para serle adversario.2Y dijo Jehová á Satán: Jehová te reprenda, oh Satán; Jehová, que ha escogido á Jerusalem, te reprenda. ¿No es éste tizón arrebatado del incendio?3Y Josué estaba vestido de vestimentas viles, y estaba delante del ángel.4Y habló el ángel, é intimó á los que estaban delante de sí, diciendo: Quitadle esas vestimentas viles. Y á él dijo: Mira que he hecho pasar tu pecado de ti, y te he hecho vestir de ropas de gala.5Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y vistiéronle de ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.6Y el ángel de Jehová protestó al mismo Josué, diciendo:7Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también tú guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré plaza.8Escucha pues ahora, Josué gran sacerdote, tú, y tus amigos que se sientan delante de ti; porque son varones simbólicos: He aquí, yo traigo á mi siervo, el Pimpollo.9Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete ojos: he aquí, yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día.10En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno de vosotros llamará á su compañero debajo de la vid, y debajo de la higuera.

Una nueva escena se ofrece a Zacarías. El sacerdote Josué, que representa al pueblo, está delante del Ángel de Jehová. Pero también Satanás está ahí en su acostumbrado papel de acusador (Apocalipsis 12:10). Porque las viles vestiduras de Josué son una muy apropiada ocasión para sus ataques. Jehová había dado tan formales instrucciones para la purificación de los sacerdotes (p. ej. Levítico 8:6-7; Números 19:7 y sig.), que presentarse ante él con algo sucio significaba una segura condena. Pero —como lo leímos— aquel a quien el adversario se permite tocarle es como la niña del ojo de Dios (cap. 2:8), “un tizón arrebatado del incendio” (v. 2). El pobre acusado no tiene nada que decir en su defensa; el Juez mismo proveyó lo necesario. ¡Pero sin que por ello tolere la suciedad! “Mira” —declara él— “he quitado de ti tu pecado y te he hecho vestir” no sólo de vestiduras limpias, sino “de ropas de gala” (comp. Mateo 22:12). Josué, purificado y justificado, tiene de ahí en adelante una doble responsabilidad: andar en los caminos de Jehová y cumplir fielmente su cargo (v. 7).

Querido amigo, para experimentar la gracia del Señor, es necesario que haya tomado el mismo lugar que Josué.

Los versículos 8 a 10 introducen al Mesías (el Renuevo) reinando con justicia sobre un pueblo purificado.

Zacarías 4:1-14
1Y VOLVIO el ángel que hablaba conmigo, y despertóme como un hombre que es despertado de su sueño.2Y díjome: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelero todo de oro, con su vaso sobre su cabeza, y sus siete lámparas encima del candelero; y siete canales para las lámparas que están encima de él;3Y sobre él dos olivas, la una á la derecha del vaso, y la otra á su izquierda.4Proseguí, y hablé á aquel ángel que hablaba conmigo, diciendo: ¿Qué es esto, señor mío?5Y el ángel que hablaba conmigo respondió, y díjome: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío.6Entonces respondió y hablóme, diciendo: Esta es palabra de Jehová á Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.7¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido á llanura: él sacará la primera piedra con aclamaciones de Gracia, gracia á ella.8Y fué palabra de Jehová á mí, diciendo:9Las manos de Zorobabel echarán el fundamento á esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió á vosotros.10Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alergrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Aquellas siete son los ojos de Jehová que recorren por toda la tierra.11Hablé más, y díjele: ¿Qué significan estas dos olivas á la derecha del candelero, y á su izquieda?12Hablé aún de nuevo, y díjele: ¿Qué significan las dos ramas de olivas que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?13Y respondióme, diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.14Y él dijo: Estos dos hijos de aceite son los que están delante del Señor de toda la tierra.

Por sus preguntas, Zacarías se clasifica entre los profetas, quienes según 1 Pedro 1:10-11 diligentemente indagaron el alcance profético de sus propios escritos. Buscaban en ellos a Aquel que ahora nos fue revelado en sus sufrimientos y sus glorias (p. ej. cap. 13:5-7 y 6:13). ¡Cuántas figuras de Cristo tenemos en este capítulo! Él es el verdadero candelero de oro, la luz de este mundo (Juan 8:12). Igualmente es el divino Zorobabel, garante de la bendición de su pueblo. En el capítulo 3:9 era la piedra fundamental. Aquí le vemos como piedra de pináculo, clave de bóveda del edificio. Dicho de otro modo, él empieza y acaba según su gracia la obra de la Casa de Dios (Esdras 3:10; 5:15-16).

En cuanto a las siete lámparas del santo candelero, nos agrada ver en ellas a los creyentes (Apocalipsis 1:20 final). También ellos son llamados “la luz del mundo” (léase Mateo 5:14-16). Y esa luz está alimentada por el Espíritu Santo (el aceite), única fuente divina para la actividad del redimido. “No con ejército, no con fuerza, sino con mi Espíritu” dice Jehová (Salmo 44:3-8). Cuando nos damos cuenta de nuestra incapacidad, Dios se complace en obrar y en apartar todo “monte” de nuestro camino (v. 7; Mateo 17:20). No menospreciemos, pues, el actual “día de pequeñeces” (v. 10); puede ser el de una gran fe y de una gran abnegación.

Zacarías 5:1-11
1Y TORNÉME, y alcé mis ojos, y miré, y he aquí un rollo que volaba.2Y díjome: ¿Qué ves? Y respondí: Veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo, y diez codos de ancho.3Díjome entonces: Esta es la maldición que sale sobre la haz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta, (como está de la una parte del rollo) será destruído; y todo aquel que jura, (como está de la otra parte del rollo) será destruído.4Yo la saqué, dice Jehová de los ejércitos, y vendrá á la casa del ladrón, y á la casa del que jura falsamente en mi nombre; y permanecerá en medio de su casa, y consumirála, con sus enmaderamientos y sus piedras.5Y salió aquel ángel que hablaba conmigo, y díjome: Alza ahora tus ojos, y mira qué es esto que sale.6Y dije: ¿Qué es? Y él dijo: Este es un epha que sale. Además dijo: Este es el ojo de ellos en toda la tierra.7Y he aquí, traían un talento de plomo, y una mujer estaba asentada en medio de aquel epha.8Y él dijo: Esta es la Maldad; y echóla dentro del epha, y echó la masa de plomo en su boca.9Alcé luego mis ojos, y miré, y he aquí dos mujeres que salían, y traían viento en sus alas, y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el epha entre la tierra y los cielos.10Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿A dónde llevan el epha?11Y él me respondió: Para que le sea edificada casa en tierra de Shinar: y será asentado y puesto allá sobre su asiento.

Dos visiones ocupan este corto capítulo. La primera, bajo forma de ese rollo volante, nos muestra la Palabra de Dios obrando para poner el mal en evidencia. Hebreos 4:12 confirma que esta Palabra es viva, eficaz y penetrante, (aquí entra a la fuerza en las casas; v. 4). En su luz todas las cosas están desnudas y descubiertas; ella discierne hasta los pensamientos y las intenciones del corazón. Es necesario que nos dejemos sondear por esta Palabra.

En los versículos 5 a 11 vemos volar un objeto todavía más sorprendente. Es un efa, instrumento de capacidad (y a menudo de fraude: Miqueas 6:10; Deuteronomio 25:14) en medio del cual la Maldad sentada alcanzó su plena medida. Corresponde a ese “misterio de iniquidad” que opera ya hoy, sin haber sido manifestado todavía (la tapa de plomo aún está sobre el efa; 2 Tesalonicenses 2:7). Cuando ella vuelva a tomar su lugar en su sitio de origen (Sinar = Babilonia, es decir, el mundo), la iniquidad en la persona del Anticristo será oficialmente honrada como un dios. ¡Qué contraste entre la “casa” del versículo 11, verdadero templo del pecado, y la que Dios hace edificar para morar él mismo en medio de los suyos! (cap. 4:9 y 6:12).

Zacarías 6:1-15
1Y TORNÉME, y alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro carros que salían de entre dos montes; y aquellos montes eran de metal.2En el primer carro había caballos bermejos, y el segundo carro caballos negros,3Y en el tercer carro caballos blancos, y en el cuarto carro caballos overos ruciorodados.4Respondí entonces, y dije al ángel que conmigo hablaba: Señor mío, ¿qué es esto?5Y el ángel me respondió, y díjome: Estos son los cuatro vientos de los cielos, que salen de donde están delante del Señor de toda la tierra.6En el que estaban los caballos negros, salieron hacia la tierra del aquilón; y los blancos salieron tras ellos; y lo overos salieron hacia la tierra del mediodía.7Y los rucios salieron, y se afanaron por ir á recorrer la tierra. Y dijo: Id, recorred la tierra. Y recorrieron la tierra.8Luego me llamó, y hablóme deciendo: Mira, los que salieron hacia la tierra del aquilón hicieron reposar mi espíritu en la tierra del aquilón.9Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:10Toma de los del cautiverio, de Heldai, y de Tobías, y de Jedaía, los cuales volvieron de Babilonia; y vendrás tú en aquel día, y entrarás en casa de Josías hijo de Sefanías;11Tomarás pues plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del gran sacerdote Josué, hijo de Josadac;12Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es Pimpollo, el cual germinará de su lugar, y edificará el templo de Jehová:13El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y será sacerdote en su solio; y consejo de paz será entre ambos á dos.14Y Helem, y Tobías, y Jedaía, y Hen, hijo de Sefanías, tendrán coronas por memorial en el templo de Jehová.15Y los que están lejos vendrán y edificarán en el templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los ejércitos me ha enviado á vosotros. Y será esto, si oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios.

La octava y última visión nos recuerda la primera (cap. 1), pero con la diferencia de que aquí los caballos están uncidos a carros (los cuatro imperios) y se lanzan entre los montes de bronce (la estabilidad del gobierno de Dios). Bajo la imagen de vigorosos caballos, se puede identificar a Roma buscando extender su dominio sobre toda la tierra. Dios se sirvió de eso para que el Evangelio fuera predicado a toda la tierra habitada.

Los versículos 9 a 15 nos presentan a tres viajeros venidos de Babilonia para ayudar a sus hermanos con dones y aliento. Los nombres de esos hombres son significativos. Heldai (resistente, nombrado luego Helem: la fuerza), al igual que Tobías (Jehová es bueno) y Jedaías (Jehová sabe) son recibidos por Josías (Jehová soporta, quien en el versículo 14 es llamado Hen, es decir, la gracia). Pero el personaje central es Josué, dicho de otro modo Jesús, Dios Salvador, de quien aquél es figura, porque reúne en su persona el sacerdocio y la realeza. En el día de su gloria, el Señor atribuirá a los suyos lo que por pura gracia ellos hayan preparado para él (Lucas 19:24-26). Todas esas coronas que le pertenecen (v. 11), se las otorgará a los humildes fieles que le hayan honrado en el tiempo en que era menospreciado (v. 14). ¿Formaremos parte de ellos para poder ponerlas a sus pies? (Apocalipsis 4:10).

Zacarías 7:1-14
1Y ACONTECIO en el año cuarto del rey Darío, que fué palabra de Jehová á Zacarías á los cuatro del mes noveno, que es Chisleu;2Cuando fué enviado á la casa de Dios, Saraser, con Regem-melech y sus hombres, á implorar el favor de Jehová,3Y á hablar á los sacerdotes que estaban en la casa de Jehová de los ejércitos, y á los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el mes quinto? ¿haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años?4Fué pues á mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo:5Habla á todo el pueblo del país, y á los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí?6Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros?7¿No son estas las palabras que publicó Jehová por mano de los profetas primeros, cuando Jerusalem estaba habitada y quieta, y sus ciudades en sus alrededores, y el mediodía y la campiña se habitaban?8Y fué palabra de Jehová á Zacarías, diciendo:9Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad juicio verdadero, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano:10No agraviéis á la viuda, ni al huérfano, ni al extranjero, ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.11Empero no quisieron escuchar, antes dieron hombro rebelado, y agravaron sus oídos para no oir:12Y pusieron su corazón como diamante, para no oir la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su espíritu, por mano de los profetas primeros: fué, por tanto, hecho grande castigo por Jehová de los ejércitos.13Y aconteció que como él clamó, y no escucharon, así ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos;14Antes los esparcí con torbellino por todas las gentes que ellos no conocían, y la tierra fué desolada tras de ellos, sin quedar quien fuese ni viniese; pues tornaron en asolamiento el país deseable.

Después del libro de las visiones (cap. 1-6) empieza el de las profecías. Una diligencia de los habitantes de Bet-el, para saber si debían seguir con el ayuno y las lamentaciones, da lugar a la primera declaración del profeta. Antes de contestar, se dirige a la conciencia de ellos (comp. Lucas 13:23-24; 20:2-3 y 22-25). ¿No era ese ayuno más bien el lamento por sus desdichas antes que la señal de un verdadero arrepentimiento? Hasta llegará a ser para los judíos hipócritas un medio para hacerse honrar, lo que Jesús denunciará con vehemencia (Mateo 6:16). Pero, queridos amigos, la seria pregunta del versículo 5 parece ser como el dedo de Dios apuntado hacia nuestro corazón e interrogándonos acerca del verdadero motivo de cada uno de nuestros hechos: «¿Es realmente para mí… para mí?». Las formas de piedad no pueden engañar a Dios. En cambio, nada se le escapa de lo que se hace por amor a él. No se equivoca acerca del gesto de María: “Buena obra me ha hecho” (Marcos 14:6; 8:35).

Dios, quien es luz y amor, recuerda sus exigencias de siempre: verdad y misericordia (v. 9 y sig.) ¡Ay!, lo que él halló explica y justifica su severo castigo: volvieron la espalda, taparon sus oídos, “pusieron su corazón como diamante”.

Zacarías 8:1-23
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo:2Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo he celado á Sión con grande celo, y con grande ira la celé.3Así dice Jehová: Yo he restituído á Sión, y moraré en medio de Jerusalem: y Jerusalem se llamará Ciudad de Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.4Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aun han de morar viejos y viejas en las plazas de Jerusalem, y cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días.5Y las calles de la ciudad serán llenas de muchachos y muchachas, que jugarán en las calles.6Así dice Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá dificultoso á los ojos del resto de este pueblo en aquellos días, ¿también será dificultoso delante de mis ojos? dice Jehová de los ejércitos.7Asi ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí, yo salvo mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol;8Y traerélos, y habitarán en medio de Jerusalem; y me serán por pueblo, y yo seré á ellos por Dios con verdad y con justicia.9Asi ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, de vosotros los que oís en estos días estas palabras de la boca de los profetas, desde el día que se echó el cimiento á la casa de Jehová de los ejércitos, para edificar el templo.10Porque antes de estos días no ha habido paga de hombre, ni paga de bestia, ni hubo paz alguna para entrante ni para saliente, á causa del enemigo: y yo dejé todos los hombres, cada cual contra su compañero.11Mas ahora no lo haré con el resto de este pueblo como en aquellos días pasados, dice Jehová de los ejércitos.12Porque habrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré que el resto de este pueblo posea todo esto.13Y será que como fuisteis maldición entre las gentes, oh casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré, y seréis bendición. No temáis, mas esfuércense vuestras manos.14Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron á ira, dice Jehová de los ejércitos, y no me arrepentí;15Así tornando he pensado de hacer bien á Jerusalem y á la casa de Judá en estos días: no temáis.16Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad en vuestras puertas verdad y juicio de paz:17Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis juramento falso: porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová18Y fué á mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo:19Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, y el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se tornarán á la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad pues verdad y paz.20Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aun vendrán pueblos, y moradores de muchas ciudades;21Y vendrán los moradores de la una á la otra, y dirán: Vamos á implorar el favor de Jehová, y á buscar á Jehová de los ejércitos. Yo también iré.22Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones á buscar á Jehová de los ejércitos en Jerusalem, y á implorar el favor de Jehová.23Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de todas las lenguas de las gentes, trabarán de la falda de un Judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros.

“Así dice Jehová” precisa incansablemente el profeta (v. 1, 3, 4, 6, 7, 9, 19, 20, 23). Cuando leemos la Biblia o la citamos a otros, nunca perdamos de vista que es Dios quien habla.

Los pobres hijos de Judá oyen promesas que corresponden a su estado actual. Porque su Dios no los olvidará (además, Zacarías significa: aquel de quien Jehová se acuerda). Jerusalén, inhabitada y desolada de nuevo, será poblada y animada (Nehemías 11:1-2). Y el primero en volver será Jehová mismo (v. 3; véase cap. 1:16). Con él la bendición reaparecerá y el temor huirá. Espiritualmente, ¿no ocurre así en la Iglesia? La presencia del Señor en medio de los suyos les garantiza todo lo que necesitan.

Tomemos para nosotros la exhortación del versículo 16, repetida textualmente en Efesios 4:25: “Hablad verdad cada cual con su prójimo”. Y el final del versículo 19 insiste: “Amad, pues, la verdad”.

Ahora Jehová puede responder a la delegación de Bet-el respecto de los días de ayuno (cap. 7:2-3): se convertirán en tiempos de gozo y alegría y en festivas solemnidades (v. 19; cumplimiento del Salmo 122). ¿Podrían tener luto los que gozan de la presencia del Esposo en medio de ellos? (comp. Mateo 9:14-15).

Zacarías 9:1-17
1CARGA de la palabra de Jehová contra tierra de Hadrach, y de Damasco su reposo: porque á Jehová están vueltos los ojos de los hombres, y de todas las tribus de Israel.2Y también Hamath tendrá término en ella; Tiro y Sidón, aunque muy sabia sea.3Bien que Tiro se edificó fortaleza, y amontonó plata como polvo, y oro como lodo de las calles,4He aquí, el Señor la empobrecerá, y herirá en la mar su fortaleza, y ella será consumida de fuego.5Ascalón verá, y temerá; Gaza también, y se dolerá en gran manera: asimismo Ecrón, porque su esperanza será confundida; y de Gaza perecerá el rey, y Ascalón no será habitada.6Y habitará en Asdod un extranjero, y yo talaré la soberbia de los Palestinos:7Y quitaré sus sangres de su boca, y sus abominaciones de sus dientes, y quedarán ellos también para nuestro Dios, y serán como capitanes en Judá, y Ecrón como el Jebuseo.8Y seré real de ejército á mi casa, á causa del que va y del que viene: y no pasará más sobre ellos angustiador; porque ahora miré con mis ojos.9Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá á ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna.10Y de Ephraim destruiré los carros, y los caballo de Jerusalem; y los arcos de guerra serán quebrados: y hablará paz á las gentes; y su señorío será de mar á mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.11Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo he sacado tus presos del aljibe en que no hay agua.12Tornaos á la fortaleza, oh presos de esperanza: hoy también os anuncio que os daré doblado.13Porque entesado he para mí á Judá como arco, henchí á Ephraim; y despertaré tus hijos, oh Sión, contra tus hijos, oh Grecia, y te pondré como espada de valiente.14Y Jehová será visto sobre ellos, y su dardo saldrá como relámpago: y el Señor Jehová tocará trompeta, é irá como torbellinos del austro.15Jehová de los ejércitos los amparará, y ellos devorarán, y sujetarán á las piedras de la honda, y beberán y harán estrépido como tomados del vino; y se llenarán como cuenco, ó como los lados del altar.16Y los salvará en aquel día Jehová su Dios como á rebaño de su pueblo: porque serán engrandecidos en su tierra como piedras de corona.17Porque ­cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! El trigo alegrará á los mancebos, y el vino á las doncellas.

Esta profecía concierne a los pueblos vecinos de Israel. Su conducta había sido observada sin que lo supieran, “porque el ojo de Jehová está sobre los hombres” (v. 1, V.M. y fin del v. 8). Sí, cuántos se olvidan de esa santa mirada y se comportan como si el Señor no los viera.

Aquí Dios se dispone a destruir la sabiduría humana y la fuerza de Tiro, la falsa confianza de Ecrón, la soberbia y las abominaciones de los filisteos… Así el camino quedará abierto al Mesías que vendrá a anunciar la paz y dominar hasta los confines de la tierra. ¡En efecto, vino ese Rey “cabalgando sobre un asno…”! (v. 9; Juan 12:15). Pero su pueblo no recibió y, desde hace cerca de dos mil años, la profecía se detuvo, por decirlo así, entre los versículos 9 y 10. Pronto volverá a tomar su curso. Después de terribles juicios el Rey reaparecerá con toda su majestad. Su bondad y su hermosura serán admiradas juntas (v. 17). “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios…” proclama el cántico compuesto respecto del Rey (Salmo 45:2). Es infinitamente conmovedor pensar que entonces sus redimidos serán como las piedras preciosas de su corona (v. 16 fin): contribuirán a esa maravillosa hermosura del Rey (Isaías 62:3). Al mismo tiempo, el solo hecho de que estén presentes con él dará testimonio de Su inefable bondad (Salmo 31:19 y 21).

Zacarías 10:1-12
1PEDID á Jehová lluvia en la sazón tardía: Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba en el campo á cada uno.2Porque las imágenes han hablado vanidad, y los adivinos han visto mentira, y han hablado sueños vanos, en vano consuelan: por lo cual se fueron ellos como ovejas, fueron humillados porque no tuvieron pastor.3Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y castigaré los machos de cabrío: mas Jehová de los ejércitos visitará su rebaño, la casa de Judá, y tornarálos como su caballo de honor en la guerra.4De él saldrá el ángulo, de él la clavija, de él el arco de la guerra, de él también todo apremiador.5Y serán como valientes, que en la batalla pisan al enemigo en el lodo de las calles; y pelearán, porque Jehová será con ellos; y los que cabalgan en caballos serán avergonzados.6Porque yo fortificaré la casa de Judá, y guardaré la casa de José; y harélos volver, porque de ellos tendré piedad; y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy Jehová su Dios, que los oiré.7Y será Ephraim como valiente, y alegraráse su corazón como de vino: sus hijos también verán y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.8Yo les silbaré y los juntaré, porque los he redimido; y serán multiplicados como fueron multiplicados.9Bien que los sembraré entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y tornarán.10Porque yo los tornaré de la tierra de Egipto, y los recogeré de la Asiria; y traerélos á la tierra de Galaad y del Líbano, y no les bastará.11Y la tribulación pasará por la mar, y en la mar herirá las ondas, y se secarán todas las honduras del río: y la soberbia de Assur será derribada, y se perderá el cetro de Egipto.12Y yo los fortificaré en Jehová, y caminarán en su nombre, dice Jehová.

El pueblo judío, decepcionado por sus ídolos, engañado y oprimido por malos conductores, habrá sido mucho tiempo como un rebaño sin pastor (v. 2 fin; comp. Mateo 9:36). Pero Dios visitará esa “casa de Judá” de la cual salió Cristo, “la piedra angular” (v. 4). La fortalecerá para combatir junto con ella. Tampoco olvidará a la casa de José, a los de Efraín (es decir, las diez tribus todavía dispersas). Los salvará, los traerá de vuelta y los oirá (v. 6). Después de tantos vanos consuelos (v. 2) ¡qué gozo llenará el corazón de ellos! (v. 7).

Querido amigo cristiano, el Señor tuvo una misericordia más grande todavía para con usted y para conmigo. ¡Sea ella para nosotros un continuo motivo de gozo!

Como el hijo pródigo en el lejano país quien, volviendo en sí, menciona la casa paterna, los salvados de Israel se acordarán de su Dios en “lejanos países… y vivirán con sus hijos, y volverán” (v. 9; Lucas 15:17). “Los reuniré, porque los he redimido” promete Jehová (v. 8, 10; Juan 11:52). El amor del Señor Jesús sólo estará plenamente satisfecho con la presencia de los suyos junto a él. Antes de traer a su pueblo terrenal por completo a su país, habrá introducido a sus amados redimidos en la Casa del Padre, donde les preparó lugar (comp. Juan 14:2).

Zacarías 11:1-17
1OH Líbano, abre tus puertas, y queme fuego tus cedros.2Aulla, oh haya, porque el cedro cayó, porque los magníficos son talados. Aullad, alcornoques de Basán, porque el fuerte monte es derribado.3Voz de aullido de pastores, porque su magnificencia es asolada; estruendo de bramidos de cachorros de leones, porque la soberbia del Jordán es destruída.4Así ha dicho Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas de la matanza;5A las cuales mataban sus compradores, y no se tenían por culpables; y el que las vendía, decía: Bendito sea Jehová, que he enriquecido; ni sus pastores tenían piedad de ellas.6Por tanto, no más tendré piedad de los moradores de la tierra, dice Jehová: porque he aquí, yo entregaré los hombres, cada cual en mano de su compañero, y en mano de su rey; y quebrantarán la tierra, y yo no libraré de sus manos.7Apacenté pues las ovejas de la matanza, es á saber, los pobres del rebaño. Y me tomé dos cayados; al uno puse por nombre Suavidad, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas.8E hice matar tres pastores en un mes, y mi alma se angustió por ellos, y también el alma de ellos me aborreció á mí.9Y dije: No os apacentaré; la que muriere, muera; y la que se perdiere, se pierda; y las que quedaren, que cada una coma la carne de su compañera.10Tomé luego mi cayado Suavidad, y quebrélo, para deshacer mi pacto que concerté con todos los pueblos.11Y fué deshecho en ese día, y así conocieron los pobres del rebaño que miran á mí, que era palabra de Jehová.12Y díjeles: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron para mi salario treinta piezas de plata.13Y díjome Jehová: Echalo al tesorero, hermoso precio con que me han apreciado. Y tomé las treinta piezas de plata, y echélas en la casa de Jehová al tesorero.14Quebré luego el otro mi cayado Ataduras, para romper la hermandad entre Judá é Israel.15Y díjome Jehová: Toma aún el hato de un pastor insensato;16(H11-15) porque he aquí, yo levanto pastor en la tierra, que no visitará las perdidas, no buscará la pequeña, no curará la perniquebrada, ni llevará la cansada á cuestas; sino que se comerá la carne de la gruesa, y romperá sus uñas.17(H11-16) Mal haya el pastor de nada, que deja el ganado. Espada sobre su brazo, y sobre su ojo derecho: del todo se secará su brazo, y enteramente será su ojo derecho oscurecido.

El incendio mencionado en los versículos 1 a 3 anuncia la ira contra el país y contra el pueblo a causa del crimen del cual éste se hará culpable en la cruz.

Luego se invita al profeta a personificar sucesivamente al buen Pastor, Cristo (v. 4) y al pastor insensato, es decir, el Anticristo (v. 15-17). Hasta el versículo 14 somos transportados al tiempo de los evangelios. Esos compradores, vendedores y malos pastores son respectivamente los romanos y los jefes de los judíos, sean políticos o religiosos. Jesús los califica de ladrones, salteadores y asalariados, de lobos arrebatadores (Juan 10:8 y 12; Ezequiel 34). Él, el buen Pastor, venía para reemplazarlos y apacentar al pueblo, trayéndole la gloria y la unidad nacional (los dos cayados llamados Gracia y Ataduras). Pero, con excepción de algunos “pobres del rebano” (v. 11; Lucas 14:21), ese pueblo no entendió sus designios de amor. Los versículos 12 y 13, tan exactamente cumplidos, nos dicen a qué irrisorio precio fue estimado Jehová (Mateo 26:15). ¿A qué precio estimamos al Señor Jesús? Luego, sin transición, los versículos 15 a 17 introducen la dominación todavía futura del “pastor inútil” (Juan 5:43). Ese satánico personaje es suscitado como castigo sobre “las ovejas de la matanza”: el pueblo culpable de haber rechazado a su verdadero Conductor.

Zacarías 12:1-14
1CARGA de la palabra de Jehová acerca de Israel. Jehová, que extiende los cielos, y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho:2He aquí, yo pongo á Jerusalem por vaso de temblor á todos los pueblos de alrededor cuando estén en el sitio contra Judá y contra Jerusalem.3Y será en aquel día, que yo pondré á Jerusalem por piedra pesada á todos los pueblos: todos los que se la cargaren, serán despedazados, bien que todas las gentes de la tierra se juntarán contra ella.4En aquel día, dice Jehová, heriré con aturdimiento á todo caballo, y con locura al que en él sube; mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y á todo caballo de los pueblos heriré con ceguera.5Y los capitanes de Judá dirán en su corazón: Mi fuerza son los moradores de Jerusalem en Jehová de los ejércitos su Dios.6En aquel día pondré los capitanes de Judá como un brasero de fuego en leña, y como una hacha de fuego en gavillas; y consumirán á diestra y á siniestra todos los pueblos alrededor: y Jerusalem será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalem.7Y librará Jehová las tiendas de Judá primero, porque la gloria de la casa de David y del morador de Jerusalem no se engrandezca sobre Judá.8En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalem: y el que entre ellos fuere flaco, en aquel tiempo será como David; y la casa de David como ángeles, como el ángel de Jehová delante de ellos.9Y será que en aquel día yo procuraré quebrantar todas las gentes que vinieren contra Jerusalem.10Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalem, espíritu de gracia y de oración; y mirarán á mí, á quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénit11En aquel día habrá gran llanto en Jerusalem, como el llanto de Adadrimón en el valle de Megiddo.12Y la tierra lamentará, cada linaje de por sí; el linaje de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; el linaje de la casa de Nathán por sí, y sus mujeres por sí;13El linaje de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; el linaje de Simei por sí, y sus mujeres por sí;14Todos los otros linajes, los linajes por sí, y sus mujeres por sí.

¿Quién habla aquí? El que extendió los cielos, fundó la tierra y formó en el hombre esa inteligencia de la cual éste se siente tan orgulloso (y que a menudo emplea tan mal; comp. Isaías 42:5). ¿No tendría tal Dios soberana autoridad sobre los acontecimientos terrenales? Las conspiraciones tramadas por el espíritu que él mismo creó, le tomarían desprevenido? ¡Es imposible! Y cuando todas las naciones de la tierra, enceguecidas por el odio, se junten para sitiar a Jerusalén, ésta será para ellas como una copa envenenada, una piedra de tropiezo. Porque “en aquel día” Jehová fortalecerá victoriosamente a los jefes de Judá y a los habitantes de Jerusalén. Obrará por medio de ellos, pero también en ellos. Dios derramará sobre su pueblo humillado y arrepentido “espíritu de gracia y de oración”. En aquel que traspasaron, por fin reconocerán los judíos a su fiel Pastor, el Heredero del trono de David, el unigénito de Dios.

Amigos creyentes, si es cierto que el Señor se complace en trabajar por medio de nosotros, no perdamos de vista la obra que él desea cumplir en nosotros. Consiste en colocarnos siempre de nuevo ante la cruz y sus consecuencias. Y los versículos 11 a 14 subrayan que cada uno, personalmente, tiene que ponerse en regla con Dios respecto de sus pecados.

Zacarías 13:1-9; Zacarías 14:1-5
1EN aquel tiempo habrá manantial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalem, para el pecado y la inmundicia.2Y será en aquel día, dice Jehová de los ejércitos, que talaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más vendrán en memoria: y también haré talar de la tierra los profetas, y espíritu de inmundicia.3Y será que cuando alguno más profetizare, diránle su padre y su madre que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de Jehová: y su padre y su madre que lo engendraron, le alancearán cuando profetizare.4Y será en aquel tiempo, que todos los profetas se avergonzarán de su visión cuando profetizaren; ni nunca más se vestirán de manto velloso para mentir5Y dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra: porque esto aprendí del hombre desde mi juventud.6Y le preguntarán: ¿Qué heridas son éstas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fuí herido en casa de mis amigos.7Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas: mas tornaré mi mano sobre los chiquitos.8Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos partes serán taladas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella.9Y meteré en el fuego la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y probarélos como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío: y él dirá: Jehová es mi Dios.
1HE aquí, el día de Jehová viene, y tus despojos serán repartidos en medio de ti.2Porque yo reuniré todas las gentes en batalla contra Jerusalem; y la ciudad será tomada, y saqueadas serán las casas, y forzadas las mujeres: y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será talado de la ciudad.3Después saldrá Jehová, y peleará con aquellas gentes, como peleó el día de la batalla.4Y afirmaránse sus pies en aquel día sobre el monte de las Olivas, que está en frente de Jerusalem á la parte de oriente: y el monte de las Olivas, se partirá por medio de sí hacia el oriente y hacia el occidente haciendo un muy grande valle; y la mitad de5Y huiréis al valle de los montes; porque el valle de los montes llegará hasta Hasal; y huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzzías, rey de Judá: y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos.

Las miradas de Israel (y las nuestras) acaban de posarse en la cruz (cap. 12:10). La sangre de Cristo expía nuestros pecados; pero de su costado traspasado también brota una fuente de agua viva. Ella evoca esa purificación práctica que la Palabra efectúa en nuestra conciencia (Salmo 51:2 y 7). En aquel día los ídolos serán quitados (Ezequiel 36:25); las voces mentirosas callarán. Entonces el Amado contará su maravillosa historia: él vino aquí abajo como hombre, tomó forma de siervo para servir a su criatura (comp. cap. 11:12 y Éxodo 21:2-6). Fue herido en casa de sus propios amigos (comp. con Juan 20:27). Fue castigado por Jehová mismo.

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo…” prosigue Filipenses 2:9. Sí, pronto ese mismo Señor se presentará al mundo en el resplandor de su poder. ¿Dónde se efectuará esa aparición? En el lugar donde en otros tiempos él dejó la tierra, sobre ese monte de los Olivos, el que se partirá bajo sus pies (cap. 14:4; Hechos 1:11-12).

Pero no volverá solo. “Y con él todos los santos” agrega el fin del versículo 5. Cristo traerá consigo, como cortejo real, a aquellos a quienes primeramente haya arrebatado al cielo junto a él. El Nuevo Testamento confirma esta próxima y triunfal “venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:13; Judas 14).

Zacarías 14:6-21
6Y acontecerá que en ese día no habrá luz clara, ni oscura.7Y será un día, el cual es conocido de Jehová, que ni será día ni noche; mas acontecerá que al tiempo de la tarde habrá luz.8Acontecerá también en aquel día, que saldrán de Jerusalem aguas vivas; la mitad de ellas hacia la mar oriental, y la otra mitad hacia la mar occidental, en verano y en invierno.9Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.10Y toda la tierra se tornará como llanura desde Gabaa hasta Rimmón al mediodía de Jerusalem: y ésta será enaltecida, y habitarse ha en su lugar desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la puerta primera, hasta la puerta de los rincones; y desde la tor11Y morarán en ella, y nunca más será anatema: sino que será Jerusalem habitada confiadamente.12Y esta será la plaga con que herirá Jehová á todos los pueblos que pelearon contra Jerusalem: la carne de ellos se disolverá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán sus ojos en sus cuencas, y su lengua se les deshará en su boca.13Y acontecerá en aquel día que habrá en ellos gran quebrantamiento de Jehová; porque trabará cada uno de la mano de su compañero, y su mano echará contra la mano de su compañero.14Y Judá también peleará en Jerusalem. Y serán reunidas las riquezas de todas las gentes de alrededor: oro, y plata, y ropas de vestir, en grande abundancia.15Y tal como esto será la plaga de los caballos, de los mulos, de los camellos, de los asnos, y de todas las bestias que estuvieren en aquellos campamentos.16Y todos los que quedaren de las gentes que vinieron contra Jerusalem subirán de año en año á adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, y á celebrar la fiesta de las Cabañas.17Y acontecerá, que los de las familias de la tierra que no subieren á Jerusalem á adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia.18Y si la familia de Egipto no subiere, y no vinere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que Jehová herirá las gentes que no subieren á celebrar la fiesta de las Cabañas.19Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las gentes que no subieran á celebrar la fiesta de las Cabañas.20En aquel tiempo estará sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVA; y las ollas en la casa de Jehová serán como los tazones delante del altar.21Y será toda olla en Jerusalem y en Judá santidad á Jehová de los ejércitos: y todos los que sacrificaren, vendrán y tomarán de ellas, y cocerán en ellas: y no habrá más Cananeo alguno en la casa de Jehová de los ejércitos en aquel tiempo.

Es el fin del drama. Cuando se levante el telón del último acto, la situación habrá sido invertida por la súbita aparición del Señor de gloria. Hasta el decorado habrá cambiado. Un inaudito cataclismo trastornará la configuración del país. Los pueblos sorprendidos haciendo la guerra a Jerusalén… y a su divino Rey, de repente se verán heridos con una horrible plaga. De ahí en adelante, en lugar de subir para sitiar a Jerusalén, las naciones deberán hacer allí anuales peregrinajes para prosternarse ante el Rey, Jehová (v. 16). Los que no obedezcan serán privados de lluvias. Aun las campanillas de los caballos —esos caballos que ocupan tanto lugar en la profecía de Zacarías— llevarán grabada esta inscripción: “Santidad a Jehová”. Porque todo el poder del hombre simbolizado por el caballo será entonces santificado para Dios. ¡Quiera el Señor también grabar en nuestros corazones esa señal de puesta aparte y de consagración a él! Y nada penetre en ellos que no esté en armonía con esta divisa: “Santidad a Jehová”. De esa manera ya estaremos de acuerdo con “aquel día”, en el cual él será públicamente “glorificado en sus santos y… admirado en todos los que creyeron” (2 Tesalonicenses 1:10).

Malaquías 1:1-14
1CARGA de la palabra de Jehová contra Israel, por mano de Malaquías.2Yo os he amado, dice Jehová: y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob, dice Jehová, y amé á Jacob,3Y á Esaú aborrecí, y torné sus montes en asolamiento, y su posesión para los chacales del desierto?4Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, mas tornemos á edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré: y les llamarán Provincia de impiedad, y, Pueblo contra quien Jehová se airó para siempre.5Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido sobre la provincia de Israel.6El hijo honra al padre, y el siervo á su señor: si pues soy yo padre, ¿qué es de mi honra? y si soy señor, ¿qué es de mi temor?, dice Jehová de los ejércitos á vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu n7Que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos amancillado? En que decís: La mesa de Jehová es despreciable.8Y cuando ofrecéis el animal ciego para sacrificar, ¿no es malo? asimismo cuando ofrecéis el cojo ó el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo pues á tu príncipe: ¿acaso se agradará de ti, ó le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.9Ahora pues, orad á la faz de Dios que tenga piedad de nosotros: esto de vuestra mano vino: ¿le seréis agradables? dice Jehová de los ejércitos.10¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas ó alumbre mi altar de balde? Yo no recibo contentamiento en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano me será agradable el presente.11Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece á mi nombre perfume, y presente limpio: porque grande es mi nombre entre las gentes, dice Jehová de los ejércitos.12Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová; y cuando hablan que su alimento es despreciable.13Habéis además dicho: ­Oh qué trabajo! y lo desechasteis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, ó cojo, ó enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Seráme acepto eso de vuesta mano? dice Jehová.14Maldito el engañoso, que tiene macho en su rebaño, y promete, y sacrifica lo dañado á Jehová: porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es formidable entre las gentes.

El libro de Malaquías es particularmente serio. Constituye el último llamado divino a la conciencia y al corazón de ese pueblo judío, en medio del cual aparecerá Cristo cuatro siglos más tarde. El diálogo que se entabla entre Jehová y el pueblo, desde las primeras palabras pone en evidencia, del lado de Dios, el amor eterno, personal, fuente de toda bendición: “Yo os he amado”. ¿Y del lado de Israel?: la ingratitud, la inconsciencia, en una palabra la insolencia con la cual se permite pedir pruebas de esa divina bondad. ¿Qué padre, qué maestro soportaría ser tratado con tan escandalosa falta de consideración? (v. 6). Este pueblo no sólo pisoteaba la honra debida a Jehová, sino también sus más imperativos preceptos (v. 8; Levítico 22:17-25) y sus más tiernos sentimientos. ¡Ay, no hemos de buscar mucho tiempo una enseñanza para nuestras almas! Nosotros también temamos dudar del amor del Señor, murmurar o hasta sublevarnos contra su voluntad. No pasemos con indiferencia, ni aún con fastidio (v. 13) al lado de tantos testimonios de la gracia de Dios, empezando por la cruz en la cual dio a su Hijo por nosotros. ¿Qué caso hacemos de los derechos y del amor de Dios?

Malaquías 2:1-17
1AHORA pues, oh sacerdotes, á vosotros es este mandamiento.2Si no oyereis, y si no acordareis dar gloria á mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no lo ponéis en vuestro corazón.3He aquí, yo os daño la sementera, y esparciré el estiércol sobre vuestros rostros, el estiércol de vuestras solemnidades, y con él seréis removidos.4Y sabréis que yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos.5Mi pacto fué con él de vida y de paz, las cuales cosas yo le dí por el temor; porque me temió, y delante de mi nombre estuvo humillado.6La Ley de verdad estuvo en su boca, é iniquidad no fué hallada en sus labios: en paz y en justicia anduvo conmigo, y á muchos hizo apartar de la iniquidad.7Porque los labios de los sacerdotes han de guardar la sabiduría, y de su boca buscarán la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.8Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar á muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos.9Por tanto, yo también os torné viles y bajos á todo el pueblo, según que vosotros no habéis guardado mis caminos, y en la ley tenéis acepción de personas.10¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha criado un mismo Dios? ¿Por qué menospreciaremos cada uno á su hermano, quebrantando el pacto de nuestros padres?11Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalem ha sido cometida abominación; porque Judá ha profanado la santidad de Jehová que amó, y casádose con hija de dios extraño.12Jehová talará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela, y al que responde, y al que ofrece presente á Jehová de los ejércitos.13Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más á presente, para aceptarlo con gusto de vuestra mano.14Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu mocedad, contra la cual tú has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.15Pues qué ¿no hizo él uno solo aunque tenía la abundancia del espíritu? ¿Y por qué uno? Para que procurara una simiente de Dios. Guardaos pues en vuestros espíritus, y contra la mujer de vuestra mocedad no seáis desleales.16Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece que sea repudiada; y cubra la iniquidad con su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos pues en vuestros espíritus, y no seáis desleales.17Habéis hecho cansar á Jehová con vuestras palabras. Y diréis: ¿En qué le hemos cansado? Cuando decís: Cualquiera que mal hace agrada á Jehová, y en los tales toma contentamiento: de otra manera, ¿dónde está el Dios de juicio?

Jehová tiene una particular instrucción para los sacerdotes. De corazón deberían haber dado gloria a su nombre (v. 2). El servicio cristiano no tiene otra razón de ser. Demasiado a menudo se glorifica al siervo antes que a su Señor.

¿De quién si no de Cristo se podría decir que “iniquidad no fue hallada en sus labios”? (v. 6). Aun los alguaciles debían convenir en que “¡jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46). Esta perfección sólo hace resaltar mejor el triste retrato del clero en el tiempo del Señor: sacerdotes, escribas y fariseos. Él guardó el pacto (v. 5); ellos lo corrompieron. Él anduvo con Dios en paz y rectitud; ellos se apartaron del camino. Él “a muchos hizo apartar de la iniquidad”; ellos hacían tropezar a la gente (v. 8-9; Isaías 9:16). “La ley de verdad estuvo en su boca”; ellos cansaban al Señor con sus palabras (v. 17; Mateo 6:7).

“Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales” repiten los versículos 15 y 16. Nuestro espíritu tiene la sensibilidad de una banda magnética, y conserva un rastro de todo lo que se registra en él. Estemos prontos a ocuparlo sólo con cosas verdaderas… puras, amables, de buen nombre… (Filipenses 4:8).

Malaquías 3:1-12
1HE aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí: y luego vendrá á su templo el Señor á quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, á quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.2¿Y quién podrá sufrir el tiempo de su venida? ó ¿quién podrá estar cuando él se mostrará? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.3Y sentarse ha para afinar y limpiar la plata: porque limpiará los hijos de Leví, los afinará como á oro y como á plata; y ofrecerán á Jehová ofrenda con justicia.4Y será suave á Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalem, como en los días pasados, y como en los años antiguos.5Y llegarme he á vosotros á juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros; y contra los que juran mentira, y los que detienen el salario del jornalero, de la viuda, y del huérfano, y los que hacen agravio al extranjero, no teniendo temor 6Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.7Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Tornaos á mí, y yo me tornaré á vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de tornar?8¿Robará el hombre á Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias.9Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.10Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.11Increparé también por vosotros al devorador, y no os corromperá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en el campo abortará, dice Jehová de los ejércitos.12Y todas las gentes os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.

Malaquías significa mensajero de Jehová. Al citar el versículo 1 el Señor Jesús aplica este título a Juan el Bautista, encargado de preparar delante de Él el corazón de su pueblo (Mateo 11:10). El rechazo del Mesías después del de su precursor suspendió el curso de la profecía. El actual tiempo de la Iglesia es pasado por alto y en el versículo 2 vemos como Jehová vuelve a tomar sus propósitos acerca de los hijos de Leví mediante un trabajo de afinación y depuración (v. 2-3; Salmo 66:10; Job 28:1).

Hay quienes observaron al artesano fundidor ocupado en purificar el mineral de plata. Él se sienta junto al crisol mientras dura la fusión. La operación sólo se acaba cuando su propia imagen se refleja nítidamente en el brillante metal. ¡Notable ilustración de lo que el Señor cumple en cada uno de nosotros! Él sabe ordenar nuestras circunstancias; a veces atiza el fuego de la prueba a fin de quitarnos toda impura aleación. Proseguirá su paciente trabajo hasta que su radiante imagen moral se refleje en nosotros (comp. Zacarías 13:9; 2 Corintios 3:18). ¿Cuáles pueden ser los sentimientos del Señor, defraudado en los dones, el servicio y la confianza que se le debe? “Probadme” dice él a su pueblo. Sí, el Señor se regocija cuanto nuestra fe le permite bendecirnos.

Malaquías 3:13-18; Malaquías 4:1-6
13Vuestras palabras han prevalecido contra mí, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti?14Habéis dicho: Por demás es servir á Dios; ¿y qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos tristes delante de Jehová de los ejércitos?15Decimos pues ahora, que bienaventurados los soberbios, y también que los que hacen impiedad son los prosperados: bien que tentaron á Dios, escaparon.16Entonces los que temen á Jehová hablaron cada uno á su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fué escrito libro de memoria delante de él para los que temen á Jehová, y para los que piensan en su nombre.17Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer: y perdonarélos como el hombre que perdona á su hijo que le sirve.18Entonces os tornaréis, y echaréis de ver la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve á Dios y el que no le sirve.
1PORQUE he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama.2Mas á vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.3Y hollaréis á los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que yo hago, ha dicho Jehová de los ejércitos.4Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.5He aquí, yo os envío á Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible.6El convertirá el corazón de los padres á los hijos, y el corazón de los hijos á los padres: no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra.

Aquí nos presenta Dios a los pocos fieles, humildes y escondidos que iban a tener el honor de acoger a su Hijo en su venida a la tierra. Son su “especial tesoro”; sus nombres están consignados en su “libro de memoria” y el Evangelio nos da a conocer a algunos: José y María, Zacarías, Elisabet, Simeón, Ana… Hoy en día ¿formamos parte de los que temen al Señor, hablan de él y esperan su retorno?

Más tarde, durante la gran tribulación, habrá un remanente que temerá el nombre de Jehová (cap. 4:2; Apocalipsis 12:17). Para ellos nacerá el Sol de justicia. Se acabará la actividad de las tinieblas, los soberbios y los impíos serán consumidos (cap. 3:15; 4:1-2). Y con la palabra maldición termina el Antiguo Testamento, dicho de otro modo, la enteramente decepcionante historia del primer Adán. Su irremediable miseria, que acaba en la eterna desdicha, quedó definitivamente demostrada. ¿Estamos convencidos personalmente de ello en nuestra conciencia? Entonces, desde la primera página del Nuevo Testamento aprendamos a conocer el Nombre del segundo hombre, Jesús, en quien Dios halló su complacencia y en quien nosotros hallamos la salvación y la bendición.

Gálatas 1:1-10
1PABLO, apóstol, (no de los hombres ni por hombre, mas por Jesucristo y por Dios el Padre, que lo resucitó de los muertos),2Y todos los hermanos que están conmigo, á las iglesias de Galacia:3Gracia sea á vosotros, y paz de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo,4El cual se dió á sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme á la voluntad de Dios y Padre nuestro;5Al cual sea la gloria por siglos de siglos. Amén.6Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó á la gracia de Cristo, á otro evangelio:7No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo.8Mas aun si nosotros ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema.9Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema.10Porque, ¿persuado yo ahora á hombres ó á Dios? ¿ó busco de agradar á hombres? Cierto, que si todavía agradara á los hombres, no sería siervo de Cristo.

El apóstol Pablo dirigió a las iglesias de Galacia una epístola severa. No se trataba de un pecado moral como el de los corintios, sino un mal doctrinal de los más graves. Estos desdichados gálatas, engañados por falsos maestros, estaban abandonando la gracia, único medio de salvación, para volverse a una religión de obras. Pablo reafirma el carácter absoluto de la Verdad divina. Es una, es completa, es perfecta, porque la Verdad es Cristo mismo (Juan 14:6).

A veces se oyen espíritus fuertes que sostienen –en el fondo para justificar su incredulidad– que cada pueblo ha recibido su propia revelación, es decir, la religión que mejor se adapta a su carácter y civilización. ¡Nada más falso! Existe un único Evangelio, el que proclama que “nuestro Señor Jesucristo… se dio a sí mismo por nuestros pecados”. ¿Cuál es la consecuencia de ello? “Librarnos del presente siglo malo…”, prosigue el apóstol (v. 4).

El versículo 10 nos recuerda otra verdad capital: la preocupación por agradar a los hombres nos hace perder la calidad de siervos de Cristo. ¿Verdaderamente deseamos agradarle a él, y sólo a él? (1 Tesalonicenses 2:4).

Gálatas 1:11-24
11Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio que ha sido anunciado por mí, no es según hombre;12Pues ni yo lo recibí, ni lo aprendí de hombre, sino por revelación de Jesucristo.13Porque ya habéis oído acerca de mi conducta otro tiempo en el Judaismo, que perseguía sobremanera la iglesia de Dios, y la destruía;14Y aprovechaba en el Judaismo sobre muchos de mis iguales en mi nación, siendo muy más celador que todos de las tradiciones de mis padres.15Mas cuando plugo á Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia,16Revelar á su Hijo en mí, para que le predicase entre los Gentiles, luego no conferí con carne y sangre;17Ni fuí á Jerusalem á los que eran apóstoles antes que yo; sino que me fuí á la Arabia, y volví de nuevo á Damasco.18Depués, pasados tres años, fuí á Jerusalem á ver á Pedro, y estuve con él quince días.19Mas á ningún otro de los apóstoles vi, sino á Jacobo el hermano del Señor.20Y en esto que os escribo, he aquí delante de Dios, no miento.21Después fuí á las partes de Siria y de Cilicia;22Y no era conocido de vista á las iglesias de Judea, que eran en Cristo;23Solamente habían oído decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que en otro tiempo destruía.24Y glorificaban á Dios en mí.

¡Qué dicha para nosotros poder depositar toda nuestra confianza en la Palabra de Dios! Si el Evangelio anunciado por Pablo hubiera sido “según hombre”, entonces los gálatas habrían tenido motivo para aceptar complementos o modificaciones. Pero no había nada de eso. Y para atestiguar bien la fuente divina de su ministerio, el apóstol cuenta la extraordinaria manera en que le había sido confiado. Dios lo había apartado (v. 15), Dios había revelado a su Hijo en él, Dios incluso le había formado en Su escuela, sin maestros humanos, en el desierto de Arabia. Además, Cristo lo había llamado directamente desde el cielo (Hechos 9).

Por su conducta anterior a su viaje a Damasco, el apóstol Pablo nos enseña que se puede ser completamente enemigo de Dios pese a ser absolutamente sincero (Juan 16:2). Pero, ¡cuánto quería ahora esa Iglesia de Dios a la que, en otro tiempo, “perseguía sobremanera”! ¡Imitemos esa consagración al Señor y a los suyos, ese celo para predicar la fe! (v. 23). Pero notemos que antes de pedirnos que hablemos a otros de su Hijo, Dios se agrada en “revelarlo” en nosotros (v. 16), y quiere producir en nuestro corazón el incomparable conocimiento de Cristo para que nuestro testimonio emane de él (2 Corintios 4:6).

Gálatas 2:1-10
1DESPUÉS, pasados catorce años, fuí otra vez á Jerusalem juntamente con Bernabé, tomando también conmigo á Tito.2Empero fuí por revelación, y comuniquéles el evangelio que predico entre los Gentiles; mas particularmente á los que parecían ser algo, por no correr en vano, ó haber corrido.3Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo Griego, fué compelido á circuncidarse.4Y eso por causa de los falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para ponernos en servidumbre;5A los cuales ni aun por una hora cedimos sujetándonos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.6Empero de aquellos que parecían ser algo (cuáles hayan sido algún tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre), á mí ciertamente los que parecían ser algo, nada me dieron.7Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisión me era encargado, como á Pedro el de la circuncisión,8(Porque el que hizo por Pedro para el apostolado de la circuncisión, hizo también por mí para con los Gentiles;)9Y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecían ser las columnas, nos dieron las diestras de compañía á mí y á Bernabé, para que nosotros fuésemos á los Gentiles, y ellos á la circuncisión.10Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo mismo que fuí también solícito en hacer.

El relato que Pablo hace de las circunstancias de su apostolado completa lo que sabemos de él por medio del libro de los Hechos. El Señor había confiado a Pedro la predicación del Evangelio a los judíos, mas Pablo había sido elegido para predicar ese mismo Evangelio a las naciones (gentiles) (v. 8). Su encuentro con los demás apóstoles no podía, pues, anular un llamamiento recibido del Señor. Pero sí, tomó tan a pecho la recomendación que ellos le hicieron de que se acordara de los pobres que esto llegó a ser, indirectamente, el motivo de su encarcelamiento en Jerusalén (Hechos 24:17). ¿Qué nos enseñan esas relaciones de los apóstoles entre sí? Que debemos estimar el servicio de los demás y velar para no excedernos en el nuestro, sino cumplirlo sin desfallecer y sin hacer “acepción de personas” (v. 6).

El libro de los Hechos confirma hasta qué punto los primeros cristianos de origen judío habían tenido dificultad para desligarse de los mandamientos: circuncisión y observancia de la ley. En Jerusalén había tenido lugar una conferencia para tratar esas cuestiones (Hechos 15). Pero Satanás no renuncia gustoso a un arma de la cual ya se ha valido con éxito. A su vez los gálatas, aunque no eran judíos, habían caído en esa trampa, y Pablo se esfuerza en mostrarles el terrible peligro que eso conlleva.

Gálatas 2:11-21
11Empero viniendo Pedro á Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar.12Porque antes que viniesen unos de parte de Jacobo, comía con los Gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión.13Y á su disimulación consentían también los otros Judíos; de tal manera que aun Bernabé fué también llevado de ellos en su simulación.14Mas cuando vi que no andaban derechamente conforme á la verdad del evangelio, dije á Pedro delante de todos: Si tú, siendo Judío, vives como los Gentiles y no como Judío, ¿por qué constriñes á los Gentiles á judaizar?15Nosotros Judíos naturales, y no pecadores de los Gentiles,16Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la l17Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera.18Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo á edificar, transgresor me hago.19Porque yo por la ley soy muerto á la ley, para vivir á Dios.20Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí.21No desecho la gracia de Dios: porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

¿En qué consistía la gravedad de aquel retorno a la ley? ¿Por qué Pablo lo toma tan a pecho hasta el punto que va a reprochar públicamente a Pedro su actitud equívoca? (v. 11-14). Porque el hecho de alentar a los creyentes a judaizar y a hacer obras quería decir que la obra de Jesús no era suficiente. Es lo que parecen pensar aún innumerables cristianos. Reconocen, en principio, el valor expiatorio del sacrificio de Cristo, pero al mismo tiempo fundamentan su salvación en sus propias obras y la práctica de la religión. «Hacen lo que pueden», como dice la expresión, y cuentan con Dios para el resto. Les replicaremos con el versículo 16: “El hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo”. ¿Un medio tan simple? ¡Sí, pero proporcionado por una persona tan grande! Es “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (v. 20). ¿Qué parte me corresponde en esta obra? La que puede tener un muerto, es decir, ninguna. Como estoy crucificado con Cristo, estoy liberado de la ley; “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Amigo lector, a quien el Señor ama, ¿puede verdaderamente apropiarse de esas dichosas declaraciones?

Gálatas 3:1-14
1OH Gálatas insensatos! ¿quién os fascinó, para no obedecer á la verdad, ante cuyos ojos Jesucristo fué ya descrito como crucificado entre vosotros?2Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, ó por el oir de la fe?3¿Tan necios sois? ¿habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?4¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si empero en vano.5Aquel, pues, que os daba el Espíritu, y obraba maravillas entre vosotros ¿hacíalo por las obras de la ley, ó por el oir de la fe?6Como Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia.7Sabéis por tanto, que los que son de fe, los tales son hijos de Abraham.8Y viendo antes la Escritura que Dios por la fe había de justificar á los Gentiles, evangelizó antes á Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.9Luego los de la fe son benditos con el creyente Abraham.10Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo de maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas.11Mas por cuanto por la ley ninguno se justifica para con Dios, queda manifiesto: Que el justo por la fe vivirá.12La ley también no es de la fe; sino, El hombre que los hiciere, vivirá en ellos.13Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en madero:)14Para que la bendición de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.

El plan general de la epístola puede delinearse así: capítulos 1 y 2: testimonio personal del apóstol Pablo; capítulos 3 y 4: doctrina de la salvación por la fe; capítulos 5 y 6: vida práctica del redimido bajo la gracia.

El corazón del apóstol estaba consternado; su celo por la verdad era duplicado por su entrañable amor hacia los pobres gálatas. ¿Qué espíritu de extravío pudo haberlos seducido hasta el punto de olvidar la gracia de Dios? ¡Por desdicha, muchos creyentes hoy en día se les parecen! Cristo crucificado les fue presentado (v. 1). Creyeron en él y mediante el Espíritu Santo recibieron la seguridad de la salvación. Pero no le han confiado la conducción de su vida cristiana. “Habiendo comenzado por el Espíritu”, acaban por la carne (v. 3). Y ¿piensa usted que Dios, después de habernos justificado, pueda contar con nosotros para acabar su obra? No, y por eso la misma fe que nos salva es también la que necesitamos para vivir (v. 11). La justa ley de Dios, en cambio, sólo podía hacernos morir, maldecirnos, pues éramos incapaces de cumplirla. Fue necesario que Cristo nos sustituyera bajo esa maldición de la ley. Él pagó el terrible precio para rescatarnos; llevó esa maldición cuando tomó en la cruz el castigo que nosotros merecíamos. ¡Por siempre sea bendecido!

Gálatas 3:15-29
15Hermanos, hablo como hombre: Aunque un pacto sea de hombre, con todo, siendo confirmado, nadie lo cancela, ó le añade.16A Abraham fueron hechas las promesas, y á su simiente. No dice: Y á las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y á tu simiente, la cual es Cristo.17Esto pues digo: Que el contrato confirmado de Dios para con Cristo, la ley que fué hecha cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.18Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa: empero Dios por la promesa hizo la donación á Abraham.19¿Pues de qué sirve la ley? Fué puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la simiente á quien fué hecha la promesa, ordenada aquélla por los ángeles en la mano de un mediador.20Y el mediador no es de uno, pero Dios es uno.21¿Luego la ley es contra las promesas de Dios? En ninguna manera: porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.22Mas encerró la Escritura todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada á los creyentes por la fe de Jesucristo.23Empero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta.24De manera que la ley nuestro ayo fué para llevarnos á Cristo, para que fuésemos justificados por la fe.25Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo;26Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.27Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.28No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.29Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme á la promesa los herederos.

El apóstol Pablo explica por qué la ley no cambia en nada las promesas divinas. Éstas son anteriores a aquélla y Dios no se retracta. Y, sobre todo, han sido hechas a la simiente de Abraham, es decir, a Cristo (v. 16). Nada podría anular o contradecir lo que Dios garantiza a su Amado… y a los que le pertenecen. “Entonces, ¿para qué sirve la ley?” (v. 19). Se la ha comparado a un espejo: la ley me muestra mi suciedad moral, pero es tan incapaz de quitármela como un espejo lo es de lavarme. Ésta no es su función. La ley sólo me convence de pecado y por eso mismo me lleva a Cristo (v. 24). Después de haber conseguido esto, ha acabado su papel, al igual que ocurre con el instructor que ha preparado a su alumno para ascender al grado superior. ¡Qué penosa escuela la de la ley! Me enseña que soy pecador pero no me vuelve justo; me revela que estoy muerto pero no tiene el poder para hacerme vivir; me hace ver que carezco de fuerza pero no me provee ninguna. Sin embargo todo lo que me falta lo encuentro entonces en Jesús.

El bautismo es la señal pública de que el redimido ha sido puesto aparte para Cristo por medio de Su muerte. Usted que ha sido bautizado, ¿es realmente un hijo “de Dios por la fe en Cristo”? ¿Está verdaderamente revestido de Cristo? (v. 26-27). Llevar un uniforme al que no se tiene derecho es un fraude y un abuso de confianza.

Gálatas 4:1-18
1TAMBIÉN digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es señor de todo;2Mas está debajo de tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.3Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los rudimentos del mundo.4Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito á la ley,5Para que redimiese á los que estaban debajo de la ley, á fin de que recibiésemos la adopción de hijos.6Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.7Así que ya no eres más siervo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por Cristo.8Antes, en otro tiempo, no conociendo á Dios, servíais á los que por naturaleza no son dioses:9Mas ahora, habiendo conocido á Dios, ó más bien, siendo conocidos de Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo á los flacos y pobres rudimentos, en los cuales queréis volver á servir?10Guardáis los días, y los meses, y los tiempos, y los años.11Temo de vosotros, que no haya trabajado en vano en vosotros.12Hermanos, os ruego, sed como yo, porque yo soy como vosotros: ningún agravio me habéis hecho.13Que vosotros sabéis que por flaqueza de carne os anuncié el evangelio al principio:14Y no desechasteis ni menospreciasteis mi tentación que estaba en mi carne: antes me recibisteis como á un ángel de Dios, como á Cristo Jesús.15¿Dónde está pues vuestra bienaventuranza? porque yo os doy testimonio que si se pudiera hacer, os hubierais sacado vuestros ojos para dármelos.16¿Heme pues hecho vuestro enemigo, diciéndoos la verdad?17Tienen celos de vosotros, pero no bien: antes os quieren echar fuera para que vosotros los celéis á ellos.18Bueno es ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros.

Dios había dado otra cosa además de la ley: promesas incondicionales. Éstas emanaban de su amor y de su gozo en bendecir tanto a las naciones como a los judíos. Menospreciar semejante don es despreciar su amor. Pretender, por ejemplo, pagar el regalo que uno recibe, es ofender al donante. ¡Cuánto se aflige el corazón de Dios al ver, en particular, a tantos cristianos que olvidan la libertad del Espíritu para sustituirla por pobres y fastidiosas prácticas! ¿Qué prueba esto? Que esos hijos de Dios conocen muy poco a su Padre celestial. Es comprensible que un inconverso se contente con “débiles y pobres rudimentos” porque no conoce nada mejor. “Mas ahora” –dice el versículo 9– “conociendo a Dios” y siendo conocidos por él (1 Corintios 8:3), no nos dejemos sujetar por esas ataduras, ni toleremos nada que sea indigno de él. Confiemos plenamente en su amor.

En el versículo 12 el apóstol interrumpe su exposición para hablar al corazón de sus queridos gálatas. Les recuerda la benevolencia y abnegación de ellos hacia él. Desgraciadamente, los afectos que la ausencia entibia son débiles afectos. Las convicciones que menguan tan pronto como se va el siervo de Dios que fue utilizado para generarlos, son débiles convicciones. ¿Qué es de nuestro amor cristiano? ¿Qué es de nuestra fe?

Gálatas 4:19-31
19Hijitos míos, que vuelvo otra vez á estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros;20Querría cierto estar ahora con vosotros, y mudar mi voz; porque estoy perplejo en cuanto á vosotros.21Decidme, los que queréis estar debajo de la ley, ¿no habéis oído la ley?22Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro de la libre.23Mas el de la sierva nació según la carne; pero el de la libre nació por la promesa.24Las cuales cosas son dichas por alegoría: porque estas mujeres son los dos pactos; el uno ciertamente del monte Sinaí, el cual engendró para servidumbre, que es Agar.25Porque Agar ó Sinaí es un monte de Arabia, el cual es conjunto á la que ahora es Jerusalem, la cual sirve con sus hijos.26Mas la Jerusalem de arriba libre es; la cual es la madre de todos nosotros.27Porque está escrito: Alégrate, estéril, que no pares: Prorrumpe y clama, la que no estás de parto; Porque más son los hijos de la dejada, que de la que tiene marido.28Así que, hermanos, nosotros como Isaac somos hijos de la promesa.29Empero como entonces el que era engendrado según la carne, perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora.30Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera á la sierva y á su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.31De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, mas de la libre.

El apóstol Pablo estaba angustiado y perplejo. ¿Había sido vano su paciente trabajo? (v. 11). Se vio obligado a enseñar nuevamente a los gálatas los primeros rudimentos del Evangelio. Aprovechemos esta ocasión para volver a aprenderlos con ellos. Pablo se lamenta por no poder enseñar de viva voz a sus hijos espirituales (v. 20), pero comprendemos la razón de ello: Dios quería darnos esta epístola. Sin embargo, usted dirá que actualmente nosotros no corremos el riesgo de volver a colocarnos bajo la ley mosaica. ¡Decir esto es conocernos mal! Cada vez que nos complacemos en nuestra conducta, con la impresión de que Dios nos debe algo a cambio, no es ni más ni menos que legalismo. Cada vez que tomamos una resolución sin contar con el Señor, cada vez que nos comparamos con otros para nuestro provecho, manifestamos ese espíritu de propia justicia, enemigo declarado de la gracia (v. 29). Para ilustrar esta enemistad, Pablo evoca a los dos hijos de Abraham: Isaac, hijo de la promesa, es el único que puede heredar. Ismael, hijo según la carne, nacido de Agar la esclava, no tiene ningún derecho a las riquezas y bendiciones paternas. ¿Pertenecemos todos a la Jerusalén de arriba? Junto con Abraham, Isaac y Jacob, ¿somos “coherederos de la misma promesa”: la Ciudad celestial? (v. 26; Hebreos 11:9-10 y 16).

Gálatas 5:1-15
1ESTAD, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez á ser presos en el yugo de servidumbre.2He aquí yo Pablo os digo, que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada.3Y otra vez vuelvo á protestar á todo hombre que se circuncidare, que está obligado á hacer toda la ley.4Vacíos sois de Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.5Porque nosotros por el Espíritu esperamos la esperanza de la justicia por la fe.6Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad.7Vosotros corríais bien: ¿quién os embarazó para no obedecer á la verdad?8Esta persuasión no es de aquel que os llama.9Un poco de levadura leuda toda la masa.10Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa sentiréis: mas el que os inquieta, llevará el juicio, quienquiera que él sea.11Y yo, hermanos, si aun predico la circuncisión, ¿por qué padezco pesecución todavía? pues que quitado es el escándalo de la cruz.12Ojalá fuesen también cortados los que os inquietan.13Porque vosotros, hermanos, á libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión á la carne, sino servíos por amor los unos á los otros.14Porque toda la ley en aquesta sola palabra se cumple: Amarás á tu prójimo como á ti mismo.15Y si os mordéis y os coméis los unos á los otros, mirad que también no os consumáis los unos á los otros.

El hombre siempre ha considerado la libertad como el más valioso de los bienes. Pero, ¿dónde puede gozar de ella verdaderamente? Como un pobre esclavo de sus pasiones, nace y muere con cadenas remachadas a su corazón. Sólo Jesús puede liberarlo (v. 1; Juan 8:36). Entonces surge otra pregunta: ¿Qué uso hará de su libertad el redimido del Señor? ¿Volverá a ponerse deliberadamente bajo el riguroso yugo de la ley? Sería una actitud tan absurda como la de un presidiario que expresara el deseo de volver a la cárcel. Entonces, ¿usará su libertad “como ocasión para la carne”? (v. 13). Sería hacer el camino inverso al de los tesalonicenses, dejar de estar al servicio de Dios para volver a someterse a la tiranía de los ídolos de este mundo (véase 4:8-9; Lucas 11:24-26; 1 Tesalonicenses 1:9). No, esa libertad tan costosamente pagada por su Salvador en la cruz, el creyente debe usarla para servir a su prójimo. De ese modo, finalmente cumplirá la ley, ya que ésta se resume en una palabra (v. 14): amor. “El que ama al prójimo, ha cumplido la ley” (Romanos 13:8-9). Cumple así también con el mandamiento del Señor Jesús, cuyo último y más precioso anhelo fue que nos amáramos los unos a los otros como él nos amó (Juan 13:34; 15:12 y 17).

Gálatas 5:16-26
16Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.17Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisieres.18Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley.19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución,20Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,21Envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes á éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios.22Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe,23Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley.24Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.25Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu.26No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos á los otros, envidiándose los unos á los otros.

En el capítulo 7 del evangelio según Mateo, el Señor explica cómo reconocer si una obra es de la carne o si proviene del Espíritu: “No puede el buen árbol dar malos frutos” (v. 16-20; Juan 3:6). Los de los versículos 19 a 21 del presente capítulo sólo pueden proceder del árbol malo: la carne. Y ella está en cada uno de nosotros con las mismas temibles posibilidades. Pero, si somos “de Cristo” (v. 24), en nosotros mora otro poder activo: el Espíritu Santo. Éste nos hace vivir y andar (v. 16, 25); se opone a la carne y nos conduce (v. 17-18); hace madurar su propio fruto, el cual es imposible que sea confundido con otro; precioso racimo cuyos nueve exquisitos “granos” enumera el versículo 22: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Pero un árbol puede permanecer estéril si toda su fuerza se malgasta en inútiles retoños que brotan de su pie. ¿Qué hace entonces el hortelano? Corta esos retoños para que la savia circule de nuevo en abundancia por las ramas injertadas. Ése es el alcance del versículo 24. “Los que son de Cristo” han crucificado la carne en el momento de su conversión. Por la fe han sometido a sentencia de muerte toda su naturaleza (el árbol silvestre ha sido cortado para ser injertado). De ahí en adelante tienen que juzgar las manifestaciones de su vieja naturaleza: pasiones y codicias. “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (v. 25).

Gálatas 6:1-18
1HERMANOS, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado.2Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo.3Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, á sí mismo se engaña.4Así que cada uno examine su obra, y entonces tendrá gloria sólo respecto de sí mismo, y no en otro.5Porque cada cual llevará su carga.6Y el que es enseñado en la palabra, comunique en todos los bienes al que lo instruye.7No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.8Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.9No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado.10Así que, entre tanto que tenemos tiempo, hagamos bien á todos, y mayormente á los domésticos de la fe.11Mirad en cuán grandes letras os he escrito de mi mano.12Todos los que quieren agradar en al carne, éstos os constriñen á que os circuncidéis, solamente por no padecer persecución por la cruz de Cristo.13Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; sino que quieren que vosotros seáis circuncidados, para gloriarse en vuestra carne.14Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado á mí, y yo al mundo.15Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.16Y todos los que anduvieren conforme á esta regla, paz sobre ellos, y misericordia, y sobre el Israel de Dios.17De aquí adelante nadie me sea molesto; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.18Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.

Este capítulo nos enseña cómo obrar para con un hermano que ha caído, sin perder de vista nuestra propia responsabilidad (v. 1) ni olvidar nuestro deber para con los que son agobiados por sus cargas (v. 2), para con “los de la familia de la fe” y para con todos, haciéndoles bien (v. 10). Sembremos con miras a segar “a su tiempo”. Hay un principio muy evidente: el fruto tendrá inevitablemente la misma naturaleza que la semilla. Sólo un loco podría esperar recoger trigo allí donde sembró cardos. La carne siempre engendra corrupción, mientras que del Espíritu brota vida eterna (v. 8; 5:22; comparar con Oseas 8:7; 10:13). Así, pues, ahora es necesario elegir el modo de sembrar; más tarde todo pesar será vano.

El creyente fue declarado “muerto para la ley” (2:19) y muerto para la carne (5:24). Aquí se le considera muerto para el mundo y recíprocamente (v. 14). Desde entonces, el mundo no tiene más derechos sobre mí, así como yo tampoco los tengo para interesarme en él. Entre él y yo se levanta una infranqueable barrera: “la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, mi liberación y mi gloria. Por un lado hay “una nueva creación”, y por otro no hay “nada” que Dios pueda reconocer (v. 15). ¡Que podamos estar de acuerdo con él en los principios y en la práctica!

Efesios 1:1-14
1PABLO, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, á los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso:2Gracia sea á vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.3Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo:4Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor;5Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo á sí mismo, según el puro afecto de su voluntad,6Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado:7En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia,8Que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría é inteligencia;9Descubriéndonos el misterio de su voluntad, según su beneplácito, que se había propuesto en sí mismo,10De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra:11En él digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad,12Para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en Cristo.13En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,14Que es las arras de nuestra herencia, para la redención de la posesión adquirida para alabanza de su gloria.

La epístola a los Efesios considera al creyente en su posición celestial. El cielo no sólo es la futura mansión para el hijo de Dios, pues desde ahora posee allá su morada en Cristo. A un cabeza de familia que trabaja fuera de su domicilio no se le ocurriría confundir éste con la fábrica o la oficina. El estar ausente de su casa no le impide tener allí su hogar, en el que se hallan sus afectos, sus intereses, todo lo que posee. Tal es el cielo para el redimido: un hogar donde se encuentran su tesoro y su corazón (Lucas 12:34); porque allí está su Salvador. Cristo está en el cielo y nosotros estamos en Cristo. Este doble hecho nos asegura nuestro derecho a acceder a las altas y preciosas bendiciones que le pertenecen. Todo lo que concierne al Amado, igualmente concierne a los que son hechos aceptos en él (v. 6). Por eso el apóstol desarrolla el conjunto del propósito de Dios en Cristo –fuente de toda bendición– en esa larga frase (v. 3-14), que no admite ninguna supresión, pues todo está unido y ligado en el pensamiento de Dios. De igual modo, lo que Dios hace por nosotros es inseparable de lo que hace por Cristo, y debe contribuir finalmente a la “alabanza de su gloria” (v. 12) y a la “alabanza de la gloria de su gracia” (v. 6).

Efesios 1:15-23
15Por lo cual también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y amor para con todos los santos,16No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones;17Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento;18Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,19Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza,20La cual obró en Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole á su diestra en los cielos,21Sobre todo principado, y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, mas aun en el venidero:22Y sometió todas las cosas debajo de sus pies, y diólo por cabeza sobre todas las cosas á la iglesia,23La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos.

En su oración dirigida al “Dios de nuestro Señor Jesucristo” (v. 17), el apóstol intercede a favor de los santos para que sepan primeramente cuál es su posición (v. 18) y luego cuál es el poder que los introduce en ella (v. 19-20). «La plenitud de nuestra bendición surge del hecho de que somos bendecidos con Cristo. Asociados a la ruina con el primer Adán, ahora estamos asociados en gloria con el segundo hombre. Como tal, él nos hace participar de todo lo que posee, señal del perfecto amor cuya consecuencia es “la gloria” (Juan 17:22), “el gozo” (Juan 15:11), “la paz” (Juan 14:27) y el amor del Padre (Juan 17:26). No tomará posesión de la herencia sin los coherederos… Pablo no pide que los santos participen de estas cosas –pues ya les pertenecen– sino que gocen de ellas» (J.N. Darby). Y nótese que son los ojos de nuestro corazón los que deben captar esas gloriosas realidades. El amor es la verdadera llave de la inteligencia (Lucas 24:31). Al alumbrar nuestros afectos, el Espíritu nos hace contemplar a Cristo; resucitado y revestido de poder y majestad según el Salmo 8. Su cuerpo –la Iglesia– lo completa como hombre; él es “la cabeza” glorificada en el cielo; ella es “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

Efesios 2:1-10
1Y DE ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,2En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia:3Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.4Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó,5Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos;6Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús,7Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.8Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios:9No por obras, para que nadie se gloríe.10Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

Los versículos 1 a 3 describen en pocas palabras nuestra trágica condición de otrora. Como “hijos de ira”, andábamos según el mundo, conforme a su príncipe y de acuerdo con nuestros culpables deseos. Pero Dios intervino (v. 4). “Su gran amor” superó semejante miseria: dio vida a los muertos espirituales, los resucitó y, más aun, los hizo sentar en su propio cielo, el mismo lugar donde Cristo está sentado (v. 6; 1:20). No hay posición intermedia: estar muerto en sus pecados o estar sentado en los lugares celestiales. ¿Cuál es la del lector?

Los versículos 8 a 10 atestiguan, por un lado, la inutilidad de nuestras obras para la salvación y, por otro, el pleno valor de la obra de Dios: “Somos hechura suya”. Pero el hecho de estar sentados en los lugares celestiales, ¿nos exime de toda actividad en la tierra? ¡Al contrario! Siendo salvos por gracia, hemos sido creados de nuevo (4:24). Del mismo modo que una herramienta es hecha para un uso preciso, así fuimos creados para cumplir las buenas obras que ese Dios de bondad (v. 7) dispuso de antemano en nuestro camino (Salmos 100:3; 119:73). No es que él tenga necesidad de nuestro trabajo, sino que quiere nuestra consagración. Por tanto, no dejemos de pedirle cada mañana: “Señor, muéstrame lo que tú mismo has preparado hoy para mí y concédeme tu ayuda para cumplirlo” (Hebreos 13:21).

Efesios 2:11-22
11Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados incircuncisión por la que se llama circuncisión, hecha con mano en la carne;12Que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros á los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.13Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.14Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación;15Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden á ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz,16Y reconciliar por la cruz con Dios á ambos en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades.17Y vino, y anunció la paz á vosotros que estabais lejos, y á los que estaban cerca:18Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.19Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios;20Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo;21En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un templo santo en el Señor:22En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espíritu.

En comparación con el pueblo judío, el estado de las naciones era particularmente miserable. No tenían ningún derecho a las promesas hechas por Dios a Abraham y a sus descendientes (Romanos 9:4). Y nosotros formábamos parte de esos extraños. Sí, recordemos (v. 11) aquel triste tiempo en que estábamos sin Cristo y, por consiguiente, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Así, todo lo que poseemos ahora en él nos parecerá mucho más precioso. Tenemos más que un pacto con Dios: una paz gratuita (Romanos 5:1), garantizada por la presencia del Señor Jesús en el cielo. “Porque él es nuestra paz” (v. 14). Fue él quien la hizo (v. 15, al final) y pagó por ella todo el precio. Finalmente, fue él quien la anunció (v. 17). No quería que ningún otro la anunciara a sus queridos discípulos la tarde de su resurrección: “Paz a vosotros”, les dijo (Juan 20:21; Isaías 52:7); y luego agregó: “Como me envió el Padre, así también yo os envío”. Nosotros, que hemos oído y creído ese venturoso Evangelio, somos responsables a la vez de darlo a conocer a otros.

El final del capítulo nos muestra a la Iglesia de Dios como un edificio en construcción (v. 20-22 compárese con Hechos 2:47) fundado sobre Cristo, la principal piedra del ángulo. Así, la Iglesia, o Asamblea de Dios, es ya en este mundo “morada de Dios en el Espíritu”.

Efesios 3:1-12
1POR esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los Gentiles,2Si es que habéis oído la dispensación de la gracia de Dios que me ha sido dada para con vosotros,3A saber, que por revelación me fué declarado el misterio, como antes he escrito en breve;4Leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi inteligencia en el misterio de Cristo:5El cual misterio en los otros siglos no se dió á conocer á los hijos de los hombres como ahora es revelado á sus santos apóstoles y profetas en el Espíritu:6Que los Gentiles sean juntamente herederos, é incorporados, y consortes de su promesa en Cristo por el evangelio:7Del cual yo soy hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su potencia.8A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, es dada esta gracia de anunciar entre los Gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,9Y de aclarar á todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que crió todas las cosas.10Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la iglesia á los principados y potestades en los cielos,11Conforme á la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor:12En el cual tenemos seguridad y entrada con confianza por la fe de él.

Este capítulo constituye un paréntesis, como para resaltar el misterio –ahora revelado– que constituye su tema (v. 3, 9), el de Cristo y la Iglesia. La historia del hombre se divide en en períodos llamados “siglos” (1:21, 2:7), o a veces dispensaciones, economías (3:9), a lo largo de las cuales Dios se revela bajo cierto nombre a cierta clase de personas. Durante la dispensación de la gracia, la nuestra, caracterizada por la presencia del Espíritu Santo en la tierra, Dios se revela como Padre y llama a un pueblo celestial.

Si bien la sabiduría divina puede ser contemplada en la creación (Salmo 104:24; Proverbios 3:19), ¡cuánto más brilla en los inmutables consejos de Dios con miras a la gloria y al eterno gozo de su Hijo amado! Esa “multiforme sabiduría” se manifestó de un modo soberano y enteramente nuevo “por medio de la Iglesia”. Los ángeles la admiran; las naciones, hasta entonces sin esperanza, reciben esa buena nueva. A Pablo, mediante un llamado especial, le fue confiada esa revelación cuya magnitud lo disminuye a sus propios ojos (v. 8). Estaba encargado de dar a conocer a todos las riquezas de la gracia (1:7; 2:7) y de la gloria divinas (1:18; 3:16). La promesa del Salmo 84:11: “Gracia y gloria dará Jehová”, fue cumplida en la cruz. Esos dones, maravillosos y gratuitos, son desde ahora nuestra parte. No existe un tesoro más grande que esas “inescrutables riquezas de Cristo”.

Efesios 3:13-21
13Por tanto, pido que no desmayéis á causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.14Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo,15Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra,16Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu.17Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor,18Podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura,19Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.20Y á Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos ó entendemos, por la potencia que obra en nosotros,21A él sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas edades del siglo de los siglos. Amén.

Esta nueva oración del apóstol está dirigida al “Padre de nuestro Señor Jesucristo” (v. 14; comparar con 1:16, 17). Que “Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (v. 20) cumpla el deseo del apóstol respecto a cada uno de nosotros. Que nos otorgue comprender algo de su gloria, la cual es insondable y eterna. Pero, por maravillosas e infinitas que sean las perspectivas de esa gloria, no fijan ni retienen nuestros afectos. Por eso el apóstol agrega: “Y (de) conocer el amor de Cristo” (v. 19). Supongamos que de repente yo sea transportado a la corte de un soberano; sin duda quedaré deslumbrado y me sentiré desorientado. Pero si allí encuentro a mi mejor amigo y veo que él es el personaje principal de esa corte, pronto me sentiré feliz y a gusto. Lo mismo ocurre con la gloria: es la de Jesús, a quien amamos.

Al igual que el apóstol, pidamos que su Espíritu fortalezca nuestro “hombre interior”. Si Cristo habita en nosotros (v. 17), “toda la plenitud de Dios” nos llenará (v. 19; Colosenses 2:9-10), y con ella el poder, el amor, la fe y el entendimiento. Queridos amigos, el Padre nos ha preparado lugar en su casa (cap. 1 y 2). ¿Hemos dado lugar a Jesús en nuestro corazón?

Efesios 4:1-12
1YO pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados;2Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos á los otros en amor;3Solícitos á guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.4Un cuerpo, y un Espíritu; como sois también llamados á una misma esperanza de vuestra vocación:5Un Señor, una fe, un bautismo,6Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros.7Empero á cada uno de nosotros es dada la gracia conforme á la medida del don de Cristo.8Por lo cual dice: Subiendo á lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dió dones á los hombres.9(Y que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero á las partes más bajas de la tierra?10El que descendió, él mismo es el que también subió sobre todos los cielos para cumplir todas las cosas.)11Y él mismo dió unos, ciertamente apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y doctores;12Para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo;

“No he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto, mirad por vosotros…” (Hechos 20:27-28). Estas palabras de Pablo a los ancianos de la iglesia de Éfeso corresponden a las dos divisiones de la epístola a los Efesios. Del capítulo 1 al 3, el apóstol expone el maravilloso consejo divino. Luego prosigue: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego…”, mostrando en los capítulos 4 a 6 el andar que corresponde a una vocación tan elevada (1 Tesalonicenses 2:12). Lo que debe caracterizarla, en primer lugar, es lo contrario de un espíritu de superioridad: la humildad con mansedumbre y la tolerancia hacia los demás en amor, en el vínculo de la paz. Así como hay una misma esperanza de nuestra vocación, hay un Espíritu que une los miembros de un Cuerpo (en cambio, los hombres han fundado numerosas iglesias y cada una cuenta sus miembros). Bajo la autoridad de un Señor nos es enseñada una fe cristiana y un bautismo confiere el nombre y la responsabilidad inherentes al cristiano (¡pero los hombres hablarán del bautismo de su religión!). Finalmente, un Dios y Padre, de quien todo y todos proceden, tiene sus derechos divinos sobre nosotros.

El Señor, como hombre glorificado, subió por encima de todos los cielos después de haber descendido a la muerte. Ahora distribuye a los suyos los múltiples dones de su gracia. ¿Nos sometemos a él?

Efesios 4:13-24
13Hasta que todos lleguemos á la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, á un varón perfecto, á la medida de la edad de la plenitud de Cristo:14Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error:15Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo;16Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme á su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor.17Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido.18Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón:19Los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza.20Mas vosotros no habéis aprendido así á Cristo:21Si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús,22A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error;23Y á renovarnos en el espíritu de vuestra mente,24Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad.

La mayoría de los jóvenes sienten impaciencia por gozar de los privilegios de los adultos. En cambio, no les importa prolongar, a veces durante toda su vida, un estado espiritual infantil. Los versículos 13 a 16 describen el crecimiento armonioso de ese cuerpo de Cristo del que formamos parte. Ese crecimiento resulta del desarrollo individual de cada creyente. Sólo en Jesús el “varón perfecto” alcanza su completa estatura. Cristo en él es una “plenitud” (v. 13; 1 Juan 2:13). En cambio el niño, por falta de afianzamiento en la verdad, permanece receptivo a todos los errores. ¡Cuán peligroso es ese estado! Podemos comprobarlo al ver en qué tinieblas morales y espirituales está hundido el mundo por ignorar a Dios (v. 17-19). Nosotros, que hemos sido enseñados según la verdad que es en Jesús, mostremos, por medio de nuestra conducta, cómo hemos “aprendido... a Cristo” (v. 20). Nuestra doctrina, o mejor dicho, nuestra manera de vivir, es una Persona. Cristo se aprende. ¡Estudiémosle mucho y vivámosle!

Así como una persona se cambia una prenda de ropa por otra, nos hemos despojado del viejo hombre y vestido del nuevo (v. 22-24). La vestimenta de alguien no pasa inadvertida. ¿Cuál es la nuestra a los ojos de los demás: la ropa manchada del viejo hombre o cierta semejanza moral con el Señor Jesús? (Hechos 4:13).

Efesios 4:25-32; Efesios 5:1-2
25Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.26Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo;27Ni deis lugar al diablo.28El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad.29Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes.30Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención.31Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia:32Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.
1SED, pues, imitadores de Dios como hijos amados:2Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave.

Es verdaderamente triste que Dios deba hacer, a personas sentadas en lugares celestiales, tan elementales recomendaciones como: no mientan… no hurten… no se embriaguen (5:18). Pero él sabe de qué son capaces nuestros pobres corazones carnales, y el diablo, que también lo sabe, no perderá ninguna de las oportunidades que le ofrezcamos (v. 27).

Notemos que cada exhortación está acompañada de un motivo particularmente elevado y conmovedor, relacionado con las tres Personas divinas.

1° El Espíritu Santo está en nosotros; cuidémonos de contristarlo (v. 30).

2° Somos los amados hijos de Dios, y nuestro Padre, quien es el Dios de amor, desea ver su semejanza en nosotros (5:1). El versículo 32 dice: “… perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Esto va más lejos que la oración enseñada a los discípulos judíos: “Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben” (Lucas 11:4).

3° Jesús mismo es nuestro Modelo (5:2; Juan 13:14). Nos enseñó el amor amándonos hasta la muerte (1 Juan 3:16). No obstante, jamás olvidemos que él se ofreció primeramente a Dios en perfecto sacrificio; en olor infinitamente fragante.

Efesios 5:3-21
3Pero fornicación y toda inmundicia, ó avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene á santos;4Ni palabras torpes, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.5Porque sabéis esto, que ningún fornicario, ó inmundo, ó avaro, que es servidor de ídolos, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.6Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.7No seáis pues aparceros con ellos;8Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz,9(Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia, y verdad;)10Aprobando lo que es agradable al Señor.11Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien redargüidlas.12Porque torpe cosa es aun hablar de lo que ellos hacen en oculto.13Mas todas las cosas cuando son redargüidas, son manifestadas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es.14Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.15Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios;16Redimiendo el tiempo, porque los días son malos.17Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.18Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu;19Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;20Dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo:21Sujetados los unos á los otros en el temor de Dios.

¡Cuidado con las palabras vanas y necias que pronunciemos o escuchemos! (v. 3-6). Así como antes éramos tinieblas, ahora somos “luz en el Señor”. Entre las dos posiciones se halla nuestra conversión. A estos dos estados corresponden dos maneras de andar: la de antes (2:2; 4:17-19) y la que debe caracterizarnos ahora. Como hemos sido creados para buenas obras, andemos en ellas (2:10). Ya que hemos sido llamados para participar desde ahora en la gloria de Cristo, andemos de un modo digno de esa vocación (4:1). Puesto que somos hijos del Dios de amor, andemos en amor (5:1-2). Si hemos sido transformados en “luz en el Señor”, andemos como hijos de luz (v. 8; comparar con Juan 11:10). En estos días peligrosos y malos, miremos dónde pisamos; andemos con cuidado (v. 15). Todas estas encomendaciones, ¿son una penosa obligación? De ningún modo; y los versículos 19 y 20 muestran de qué manera el creyente traduce su felicidad y agradecimiento.

Meditemos frecuentemente en el versículo 16. Desgraciadamente, cada uno de nosotros conoce el pesar de haber desaprovechado repetidas oportunidades para servir al Señor o para dar testimonio de él. Por lo menos, sepamos aprovechar las que se presenten. Y no perdamos la única y maravillosa ocasión de vivir el resto de nuestra corta vida terrenal para el Señor Jesucristo. Sólo él es digno de ello.

Efesios 5:22-33
22Las casadas estén sujetas á sus propios maridos, como al Señor.23Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo.24Así que, como la iglesia está sujeta á Cristo, así también las casadas lo estén á sus maridos en todo.25Maridos, amad á vuestras mujeres, así como Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella,26Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra,27Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.28Así también los maridos deben amar á sus mujeres como á sus mismos cuerpos. El que ama á su mujer, á sí mismo se ama.29Porque ninguno aborreció jamás á su propia carne, antes la sustenta y regala, como también Cristo á la iglesia;30Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.31Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre, y se allegará á su mujer, y serán dos en una carne.32Este misterio grande es: mas yo digo esto con respecto á Cristo y á la iglesia.33Cada uno empero de vosotros de por sí, ame también á su mujer como á sí mismo; y la mujer reverencie á su marido.

Desde el versículo 22 hasta el versículo 9 del capítulo 6, el apóstol introduce el cristianismo en el círculo familiar. La sumisión de una esposa a su marido actualmente es considerada, en nuestros países, como un principio anticuado. Pero si el amor de Cristo constituye la atmósfera de un hogar, el marido no exigirá nada que sea arbitrario, y la mujer, por su lado, reconocerá que todo lo que se le pide corresponde a la voluntad del Señor. De hecho, el amor dictará al marido su actitud. Y de nuevo es evocado el Modelo perfecto: Cristo en sus divinos afectos por su Iglesia. En los capítulos 1 (v. 23) y 4 vemos a la Iglesia como su Cuerpo y a él como la Cabeza. En el capítulo 2 nos es presentada como un edificio del cual él es la piedra angular. Finalmente, en estos pasajes ella es su Esposa. Como tal, recibió, recibe y recibirá las más excelentes demostraciones de su amor. Ayer, Cristo se entregó a sí mismo por la Iglesia (v. 2). Hoy, la colma de sus cuidados, la purifica, la alimenta y con ternura la prepara para el glorioso encuentro (v. 26, 29; 4:11 y siguientes). Mañana se la presentará a sí mismo, para su gozo, sin mancha, ni arruga ni cosa semejante, sino gloriosa, santa e irreprochable, porque entonces estará revestida de las mismas perfecciones de Cristo (v. 27).

Efesios 6:1-12
1HIJOS, obedeced en el Señor á vuestros padres; porque esto es justo.2Honra á tu padre y á tu madre, que es el primer mandamiento con promesa,3Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.4Y vosotros, padres, no provoquéis á ira á vuestros hijos; sino fhhijos; sino fh amonestación del Señor.5Siervos, obedeced á vuestros amos según la carne con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como á Cristo;6No sirviendo al ojo, como los que agradan á los hombres; sino como siervos de Cristo, haciendo de ánimo la voluntad de Dios;7Sirviendo con buena voluntad, como al Señor, y no á los hombres;8Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibirá del Señor, sea siervo ó sea libre.9Y vosotros, amos, haced á ellos lo mismo, dejando las amenazas: sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que no hay acepción de personas con él.10Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza.11Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires.

No pensemos que esta epístola, que expone verdades tan elevadas y a veces abstractas, fue escrita sólo para los creyentes experimentados, los varones perfectos del capítulo 4:13. Aquí el apóstol se dirige directamente a los niños. Lo que les tiene que decir es muy sencillo: “Obedeced a vuestros padres”; considerad sus amonestaciones como si fuesen las del Señor. Esta disciplina, por penosa que pueda parecer a veces, corresponde a las instrucciones que los padres han recibido de Dios acerca de sus hijos (v. 4).

En cuanto a los esclavos y a los amos, lo que se les manda se aplica a todos los que tienen jefes (v. 5-8) o subordinados (v. 9). Nuestro trabajo nos dará todos los días la oportunidad de poner estos versículos en práctica, es decir, la de hacer “de corazón” la voluntad de Dios. Estamos continuamente ante sus ojos. Pero necesitamos fortaleza. ¿Dónde encontrarla? En el Señor (v. 10). Sólo él nos capacitará para enfrentar a los temibles enemigos invisibles: las potestades espirituales de satánica maldad que nos amenazan. Porque Cristo mismo está sentado “en lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío”, habiendo logrado sobre ellos la victoria de la cruz (1:20-22; Colosenses 2:15).

Efesios 6:13-24
13Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y estar firmes, habiendo acabado todo.14Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad, y vestidos de la cota de justicia.15Y calzados los pies con el apresto del evangelio de paz;16Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.17Y tomad el yelmo de salud, y la espada del Espíritu; que es la palabra de Dios;18Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos,19Y por mí, para que me sea dada palabra en el abrir de mi boca con confianza, para hacer notorio el misterio del evangelio,20Por el cual soy embajador en cadenas; que resueltamente hable de él, como debo hablar.21Mas para que también vosotros sepáis mis negocios, y cómo lo paso, todo os lo hará saber Tichîco, hermano amado y fiel ministro en el Señor:22Al cual os he enviado para esto mismo, para que entendáis lo tocante á nosotros, y que consuele vuestros corazones.23Paz sea á los hermanos y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo.24Gracia sea con todos los que aman á nuestro Señor Jesucristo en sinceridad. Amén.

Para mantenerse firme frente a esos terribles enemigos “espirituales”, las armas del hombre son totalmente ineficaces. Sería lo mismo que luchar con los puños contra tanques o misiles (véase Job 41:1 y siguientes). Pero Dios pone a nuestra disposición su armadura (comparar con Romanos 13:12). ¿Cuáles son las piezas que la componen? La verdad como cinto: la fuerza que da la sumisión a la Palabra. Por medio de ella, Jesús triunfó en el desierto. La justicia como coraza: una conducta irreprochable, sin falta ante los hombres. El evangelio de paz como calzado: un andar activo en la paz a fin de preparar a las almas para recibir la verdad. La fe como escudo: una confianza total en lo que Dios es. La salvación como yelmo: la misma confianza en lo que Dios ha hecho. Así vestidos y protegidos, podremos contraatacar victoriosamente con la espada del Espíritu y la oración.

Sería demasiado tarde tratar de ponernos esa armadura completa en el momento de tener que combatir. Llevémosla “en todo tiempo” (v. 18), así estaremos seguros de tenerla puesta “en el día malo” (v. 13). Entre las oraciones, no descuidemos las que tienen que ver con la obra del Señor. El apóstol las solicitaba. Estaba seguro de hallar, en los efesios, un profundo interés por el Evangelio y por la Iglesia. ¡Que el Señor pueda verlo también en cada uno de nosotros!

Filipenses 1:1-18
1PABLO y Timoteo, siervos de Jesucristo, á todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos2Gracia sea á vosotros, y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.3Doy gracias á mi Dios en toda memoria de vosotros,4Siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo,5Por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora:6Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;7Como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, sois todos vosotros compañeros de mi gracia.8Porque Dios me es testigo de cómo os amo á todos vosotros en las entrañas de Jesucristo.9Y esto ruego, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento,10Para que discernáis lo mejor; que seáis sinceros y sin ofensa para el día de Cristo;11Llenos de frutos de justicia, que son por Jesucristo, á gloria y loor de Dios.12Y quiero, hermanos, que sepáis que las cosas que me han sucedido, han redundado más en provecho del evangelio;13De manera que mis prisiones han sido célebres en Cristo en todo el pretorio, y á todos los demás;14Y muchos de los hermanos en el Señor, tomando ánimo con mis prisiones, se atreven mucho más á hablar la palabra sin temor.15Y algunos, á la verdad, predican á Cristo por envidia y porfía; mas algunos también por buena voluntad.16Los unos anuncian á Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción á mis prisiones;17Pero los otros por amor, sabiendo que soy puesto por la defensa del evangelio.18¿Qué pues? Que no obstante, en todas maneras, ó por pretexto ó por verdad, es anunciado Cristo; y en esto me huelgo, y aun me holgaré.

A esta epístola se la ha llamado el libro de la experiencia cristiana, la cual se resume en cuatro palabras: Cristo me es suficiente. Él es mi vida (cap. 1), mi modelo (cap. 2), mi meta (cap. 3), mi fuerza y mi gozo (cap. 4). Aquí Pablo no habla como apóstol ni como maestro, sino como un “siervo de Jesucristo”. ¿Cómo podría hacer valer un título más elevado que el que su Señor tomó? (2:7). Desde el fondo de la cárcel de Roma, Pablo escribe a sus amados filipenses, de los cuales conocemos a Lidia y al carcelero (Hechos 16). Su “entrañable amor” por ellos (v. 8) se traduce en oraciones. Nótese el eslabonamiento de las peticiones: amor, verdadero conocimiento, discernimiento espiritual, andar puro y recto y fruto que permanece (v. 9-11).

Luego los tranquiliza en cuanto a su encarcelamiento. Ese golpe que el enemigo pensaba asestar al Evangelio había contribuido a su progreso. La abierta oposición, calculada para desalentar a los testigos del Señor, generalmente tiene el efecto contrario: animarlos.

¿Cuál es la actitud del apóstol al enterarse de que, a veces, el Evangelio era anunciado en condiciones muy discutibles? No manifestó ninguna impaciencia ni crítica, como tampoco el deseo de asociarse a ello. Sólo expresó un sincero gozo al ver que la obra de Dios se efectuaba, cualesquiera fueran los instrumentos.

Filipenses 1:19-30
19Porque sé que esto se me tornará á salud, por vuestra oración, y por la suministración del Espíritu de Jesucristo;20Conforme á mi mira y esperanza, que en nada seré confundido; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será engrandecido Cristo en mi cuerpo, ó por vida, ó por muerte.21Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.22Mas si el vivir en la carne, esto me será para fruto de la obra, no sé entonces qué escoger;23Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de ser desatado, y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor:24Empero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.25Y confiado en esto, sé que quedaré, que aun permaneceré con todos vosotros, para provecho vuestro y gozo de la fe;26Para que crezca vuestra gloria de mí en Cristo Jesús por mi venida otra vez á vosotros.27Solamente que converséis como es digno del evangelio de Cristo; para que, ó sea que vaya á veros, ó que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, unánimes combatiendo juntamente por la fe del evangelio,28Y en nada intimidados de los que se oponen: que á ellos ciertamente es indicio de perdición, mas á vosotros de salud; y esto de Dios;29Porque á vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,30Teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís estar en mí.

El corazón del hombre fue creado de tal manera que no soporta permanecer vacío. Siente un hambre que el mundo, semejante a un vasto almacén, se esmera en satisfacer mediante una variedad de los más apetecibles productos. Pero por experiencia sabemos que por más atrayente que sea para nosotros un escaparate a la hora de comer, deja de tentarnos una vez saciados. Esta comparación un poco trivial nos ayuda a recordar algo: nada ejerce atracción alguna sobre un corazón lleno de Jesús. Esto ocurría con el apóstol: Cristo era su único objeto, su única razón de vivir. ¿Quién se atrevería a asumir este versículo 21? No obstante, el progreso del cristiano consiste en manifestar esto cada vez mejor. Cristo le bastaba a Pablo para vivir y para morir. Colocándose ante esa alternativa, no sabía qué escoger. Al morir, ganaba a Cristo, y al vivir servía a Cristo. El amor por los santos lo impulsaba más bien a quedarse.

La defensa del Evangelio, como todo combate, implica sufrimientos (1 Tesalonicenses 2:2, final). Pero éstos son un don de la gracia del Señor, al igual que la salvación, un privilegio que él concede a los creyentes (v. 29). En vez de compadecernos de los cristianos perseguidos, ¿no deberíamos más bien tener el mismo celo? Por lo menos oremos por ellos. Así tomaremos parte con ellos en el combate por la verdad.

Filipenses 2:1-11
1POR tanto, si hay alguna consolación en Cristo; si algún refrigerio de amor; si alguna comunión del Espíritu; si algunas entrañas y misericordias,2Cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.3Nada hagáis por contienda ó por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos á los otros:4No mirando cada uno á lo suyo propio, sino cada cual también á lo de los otros.5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús:6El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios:7Sin embargo, se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres;8Y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.9Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre;10Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra;11Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre.

Para hallar el camino hacia todos los corazones, para “ganar” a un hermano y apaciguar una disensión, existe sólo un secreto: el renunciamiento a sí mismo. Podremos aprenderlo al contemplar y adorar a nuestro incomparable Modelo. Según sus propias palabras, “cualquiera que se enaltece, será humillado (por Dios); y el que se humilla, será enaltecido (por Dios)” (Lucas 14:11; 18:14). Dos historias exactamente opuestas se pueden resumir en esta frase: la del primer Adán, desobediente hasta la muerte, seguido por su descendencia ambiciosa y rebelde; y la de Cristo Jesús, quien por amor se despojó de su gloria divina, se humilló lo máximo haciéndose hombre y luego murió por nosotros en la cruz.

La forma de un hombre, la condición de un siervo y la muerte ignominiosa de un malhechor son las tres etapas de ese maravilloso sendero. Sí, con toda justicia, Dios tenía consigo mismo el compromiso de exaltarle hasta lo sumo y de honrarle con un nombre soberano. Bajo ese nombre de Jesús, tan glorioso y dulce a la vez, el cual tomó para obedecer, servir, sufrir y morir, será reconocido como Señor y recibirá el homenaje universal.

Amigo lector, ¿qué valor tiene ese Nombre para su corazón?

Filipenses 2:12-30
12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor;13Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.14Haced todo sin murmuraciones y contiendas,15Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo;16Reteniendo la palabra de vida para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano.17Y aun si soy derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y congratulo por todos vosotros.18Y asimismo gozaos también vosotros, y regocijaos conmigo.19Mas espero en el Señor Jesús enviaros presto á Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, entendido vuestro estado.20Porque á ninguno tengo tan unánime, y que con sincera afición esté solícito por vosotros.21Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.22Pero la experiencia de él habéis conocido, que como hijo á padre ha servido conmigo en el evangelio.23Así que á éste espero enviaros, luego que yo viere cómo van mis negocios;24Y confío en el Señor que yo también iré presto á vosotros.25Mas tuve por cosa necesaria enviaros á Epafrodito, mi hermano, y colaborador y compañero de milicia, y vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades;26Porque tenía gran deseo de ver á todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado.27Pues en verdad estuvo enfermo á la muerte: mas Dios tuvo misericordia de él; y no solamente de él, sino aun de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.28Así que le envío más presto, para que viéndole os volváis á gozar, y yo esté con menos tristeza.29Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima á los tales:30Porque por la obra de Cristo estuvo cercano á la muerte, poniendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.

Como modelo de obediencia (v. 8), el Señor tiene el derecho de exigir la nuestra en todo “sin murmuraciones y contiendas” (v. 14). La ausencia del apóstol no eximía a los filipenses de la obediencia (v. 12). Al contrario, ya que él no estaba más con ellos, debían velar por sí mismos para no malograr su carrera cristiana. Del mismo modo un joven creyente, cuando abandona el techo paterno, no por esa razón deja de estar sujeto al Señor, sino que es responsable de su propio andar. Los luminares o estrellas son objetos celestes que brillan en la noche y permiten a los hombres orientarse. Tales son los cristianos en la noche de este mundo.

La palabra griega traducida por “ocupaos en” tiene el sentido preciso de cultivar. Implica, pues, una paciente sucesión de operaciones, tales como arrancar malas hierbas (pensamientos impuros, prácticas deshonestas, mentiras, etc.). Esta tarea no podemos efectuarla con nuestras propias fuerzas (v. 13). Incluso el querer, el deseo, es producido en nosotros por el Señor. ¡Qué hermoso testimonio resulta de ello! (v. 14-16).

Veamos en este capítulo los diferentes ejemplos de abnegación, comenzando por el más elevado, el de Cristo, luego el de Pablo asociado con los filipenses (v. 16-17), el de Timoteo (v. 20) y el de Epafrodito (v. 25-26, 30). En cambio, cuán triste resuena el versículo 21. ¿A quién deseamos parecernos?

Filipenses 3:1-11
1RESTA, hermanos, que os gocéis en el Señor. A mí, á la verdad, no es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.2Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos del cortamiento.3Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos en espíritu á Dios, y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.4Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más:5Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos; cuanto á la ley, Fariseo;6Cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; cuanto á la justicia que es en la ley, irreprensible.7Pero las cosas que para mí eran ganancias, helas reputado pérdidas por amor de Cristo.8Y ciertamente, aun reputo todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y téngolo por estiércol, para ganar á Cristo,9Y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;10A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad á su muerte,11Si en alguna manera llegase á la resurrección de los muertos.

Además de hombres de Dios como Timoteo y Epafrodito, quienes debían ser recibidos y tenidos en cuenta, también existían “malos obreros” de los que era necesario cuidarse. Predicaban esa religión de las obras que confía en la capacidad humana y se alimenta de la consideración de los hombres. Pero si alguien poseía títulos humanos que podía hacer valer, ése era precisamente Pablo, judío que pertenecía al círculo más elevado, sumamente respetuoso de la doctrina hebrea y celoso en cuanto a la ley… Él hizo una lista de todas esas ventajas como en un gran libro de contabilidad. Luego trazó debajo una línea y escribió: Pérdida. Así como basta que el sol se levante para hacer palidecer a todas las estrellas, un único nombre, el de Cristo glorificado, eclipsó desde entonces todas las pobres vanidades terrenales de su corazón; no sólo las estimó sin valor, sino ruinosas. ¡Y no resulta un gran sacrificio renunciar a lo que es basura! Que el Señor nos enseñe a despojarnos con gozo –como Bartimeo que arrojó su capa– de todo aquello con lo cual todavía pretendemos hacernos una reputación y una justicia. A ese precio podremos “conocerle” y seguirle en su camino de renunciamiento, de sufrimientos, de muerte, pero también de resurrección (Mateo 16:21, 24).

Filipenses 3:12-21
12No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fuí también alcanzado de Cristo Jesús.13Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante,14Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.15Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos: y si otra cosa sentís, esto también os revelará Dios.16Empero en aquello á que hemos llegado, vamos por la misma regla, sintamos una misma cosa.17Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo.18Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo:19Cuyo fin será perdición, cuyo dios es el vientre, y su gloria es en confusión; que sienten lo terreno.20Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;21El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede también sujetar á sí todas las cosas.

En general, los hombres que realizan algo importante en la tierra son aquellos en quienes palpita una única pasión. Ya se trate de conquistar los polos, de obtener un premio Nobel o de combatir a un invasor, siempre se hallan hombres de acción prontos a sacrificarlo todo por un gran designio. Así era Pablo desde que Cristo lo había cautivado (comparar con Jeremías 20:7). Sabía que estaba comprometido en la carrera cristiana y, como perfecto atleta, seguía esforzándose sin mirar atrás, pensando sólo en el premio final (leer 2 Timoteo 4:7). Además, se ofrece para servirnos de entrenador y nos invita a seguirle en sus mismos pasos (v. 17). Como él, olvidemos las cosas que quedan atrás: nuestros éxitos, motivo de vanagloria; nuestros fracasos, causa de desaliento. En cambio, esforcémonos para alcanzar la meta, porque esa carrera con obstáculos no es, por cierto, un paseo. Es cosa seria, y lo que está en juego es muy importante.

Tener sus pensamientos en cosas terrenales, ¡qué inconsecuencia para aquel que tiene su “ciudadanía” en los cielos! (v. 20). ¿De qué hablan dos compatriotas que se encuentran en el extranjero? ¡De su país! Siempre tendremos un mismo sentir (v. 15) si, entre creyentes, hablamos de los gozos de la ciudad celestial.

Filipenses 4:1-9
1ASI que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados.2A Euodias ruego, y á Syntychê exhorto, que sientan lo mismo en el Señor.3Asimismo te ruego también á ti, hermano compañero, ayuda á las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida.4Gozaos en el Señor siempre: otra vez digo: Que os gocéis.5Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.6Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.7Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad.9Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros.

“Regocijaos en el Señor”, insiste el apóstol. No obstante, no le faltaban motivos para derramar lágrimas (3:18). Una infeliz discordia oponía a dos hermanas: Evodia y Síntique, lo cual alteraba a la iglesia. Pablo exhortó –o más bien suplicó– a cada una de ellas personalmente ¡que aprendieran –y nosotros también– la gran lección del capítulo 2:2! (comparar con Proverbios 13:10). ¿Es nuestra gentileza conocida por nuestros hermanos, hermanas y compañeros? Cuántas querellas y preocupaciones cesarían si tuviéramos conciencia de que el retorno del Señor es inminente. Por medio de la oración, descarguemos nuestros corazones de todo lo que los atormenta. ¿Serán inmediatamente satisfechos? No necesariamente, pero Dios podrá verter en ellos su perfecta paz (v. 7). ¿Cómo evitar los malos pensamientos? Cultivando los buenos. Utilicemos el versículo 8 como una zaranda: lo que ocupa mi espíritu en este momento, ¿es verdadero, justo, puro, amable, edificante...? Pensamientos filtrados y depurados podrán traducirse sólo en hechos de la misma naturaleza (v. 9). ¿Y cuál será la consecuencia de ello? No sólo la paz de Dios, sino que “el Dios de paz”, en persona, morará con nosotros (Juan 14:23).

Filipenses 4:10-23
10Mas en gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de mí; de lo cual aun estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.11No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido á contentarme con lo que tengo.12Sé estar humillado, y sé tener abundancia: en todo y por todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.14Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente á mi tribulación.15Y sabéis también vosotros, oh Filipenses, que al principio del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia me comunicó en razón de dar y recibir, sino vosotros solos.16Porque aun á Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces.17No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.18Empero todo lo he recibido, y tengo abundancia: estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable á Dios.19Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme á sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.20Al Dios pues y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.21Saludad á todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.22Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de casa de César.23La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

Sin duda, Pablo recordaba su primera visita a Filipos, la cárcel y los cánticos que allí entonaba con Silas (Hechos 16:24-25). Aunque otra vez estaba prisionero, nada podía quitarle su gozo, porque nada podía quitarle a Cristo. Lo mismo ocurría con su fortaleza: “Todo lo puedo” –dice, pese a sus cadenas– “en Cristo que me fortalece” (comparar con 2 Corintios 6:10). Como él, aprendamos a estar contentos, cualesquiera sean las circunstancias: éxitos o dificultades, salud o enfermedad, buen o mal tiempo… estemos siempre contentos con el Señor.

Aunque muy pobres, los filipenses, por mano de Epafrodito, acababan de mandar una nueva ayuda al apóstol (leer 2 Corintios 8:1-5). Éste les afirma, según su propia experiencia: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta”, pero no dice suplirá todas vuestras codicias. Compromete la responsabilidad de su Dios, como si endosara un cheque en blanco, sabiendo que dispone, para él y sus amigos, de un crédito ilimitado: nada menos que “sus riquezas en gloria” (v. 19; Efesios 3:16). Que Dios nos dé la aptitud correcta para experimentar el secreto del bienaventurado apóstol: la plena suficiencia del Señor Jesucristo hasta que por fin se cumpla el anhelo expresado en el Salmo 17:15: “Veré tu rostro… estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”.

Colosenses 1:1-11
1PABLO, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,2A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz á vosotros de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.3Damos gracias al Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, siempre orando por vosotros:4Habiendo oído vuestra fe en Cristo Jesús, y el amor que tenéis á todos los santos,5A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual habéis oído ya por la palabra verdadera del evangelio:6El cual ha llegado hasta vosotros, como por todo el mundo; y fructifica y crece, como también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,7Como habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, el cual es un fiel ministro de Cristo á favor vuestro;8El cual también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.9Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia;10Para que andéis como es digno del Señor, agradándo le en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios:11Corroborados de toda fortaleza, conforme á la potencia de su gloria, para toda tolerancia y largura de ánimo con gozo;

Esta carta se dirige a una iglesia que Pablo nunca había visitado (2:1). Colosas parece haber recibido el Evangelio por medio de Epafras, siervo de Dios al que aquí (v. 7-8) y en el capítulo 4:12-13 se da un notable testimonio. Según su costumbre, el apóstol destaca primeramente todo lo bueno que se distingue en los creyentes a quienes escribe. Inspirémonos en su ejemplo. La fe, la esperanza y el amor eran el triple y completo fruto producido por el Evangelio en Colosas (v. 4-5). Pero lo que alimenta a la fe, sostiene a la esperanza y renueva el amor es el conocimiento de Dios (v. 10). Por eso en su oración el apóstol pidió que los colosenses fuesen llenos de ese conocimiento. Era menester que su andar –y el nuestro– obedeciera a un doble motivo: frente a los demás, mostrarnos dignos de Aquel a quien confesamos pertenecer; y sobre todo frente al Señor, si le amamos, buscar agradarle en todo. Veamos finalmente en el versículo 11 para qué se requiere toda la fortaleza del Señor. No para tal o cual combate espectacular, ni aun para anunciar el Evangelio, sino simplemente para tener la paciencia y la longanimidad… con gozo. Son victorias que tenemos la oportunidad de lograr todos los días.

Colosenses 1:12-23
12Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz:13Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo;14En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados:15El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura.16Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él.17Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten:18Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado.19Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,20Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos.21A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado22En el cuerpo de su carne por medio de muerte, para haceros santos, y sin mancha, é irreprensibles delante de él:23Si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído; el cual es predicado á toda criatura que está debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro.

El verdadero cristianismo no es una religión o un conjunto de verdades a las que se adhiere, sino el conocimiento experimental de Alguien. El cristianismo es Cristo conocido y vivido. Hemos sido puestos en relación con una persona incomparable: el amado Hijo del Padre. Dios el Padre nos hizo aptos para participar de la herencia en luz, nos dio un lugar en el reino, la redención o perdón de pecados, la paz que Cristo hizo mediante su propia sangre (v. 20). Pero lo que determina la grandeza de semejante obra es la grandeza de Aquel que la efectuó. Y el apóstol enumera las glorias más importantes de ese Amado: lo que es, lo que llegó a ser y lo que ha hecho de nosotros. Afirma su doble primacía: sobre el universo creado y sobre la Iglesia, e igualmente su doble título de Primogénito de toda la creación, es decir, de heredero universal, y de Primogénito de entre los muertos. Por medio de él, la vida salió de la nada como creación y de la tumba como redención. Él es el Creador de todas las cosas en los cielos y en la tierra (v. 16). Él es el Reconciliador de todas las cosas en la tierra y en los cielos (v. 20). Finalmente, él es el Dominador, quien debe tener la preeminencia en todas las cosas: en los cielos, en la tierra y en nuestro corazón (v. 18).

Colosenses 1:24-29; Colosenses 2:1-5
24Que ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia;25De la cual soy hecho ministro, según la dispensación de Dios que me fué dada en orden á vosotros, para que cumpla la palabra de Dios;26A saber, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, mas ahora ha sido manifestado á sus santos:27A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria:28El cual nosotros anunciamos, amonestando á todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para que presentemos á todo hombre perfecto en Cristo Jesús:29En lo cual aun trabajo, combatiendo según la operación de él, la cual obra en mí poderosamente.
1PORQUE quiero que sepáis cuán gran solicitud tengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca vieron mi rostro en carne;2Para que sean confortados sus corazones, unidos en amor, y en todas riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo;3En el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento.4Y esto digo, para que nadie os engañe con palabras persuasivas.5Porque aunque estoy ausente con el cuerpo, no obstante con el espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro concierto, y la firmeza de vuestra fe en Cristo.

Pablo, ministro del Evangelio (v. 23 final), lo era también de la Iglesia (v. 25). A costa de muchos sufrimientos, trabajaba y combatía por ella (v. 28-29). Anunciaba los divinos misterios, escondidos “de los sabios y de los entendidos” pero revelados incluso al más joven creyente (v. 26; 2:2 final; comparar con Efesios 3).

En esta ocasión, notemos las numerosas semejanzas entre la epístola remitida a los colosenses y la escrita a los efesios. Pero, mientras que esta última muestra al creyente sentado en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 2:6), la epístola a los Colosenses lo considera en la tierra, teniendo a Cristo en él: la esperanza de gloria (v. 27). ¡Maravilloso pensamiento! Él, en quien “agradó al Padre que habitase toda plenitud”, habita ahora en el corazón de los suyos. Comprendemos que antes de mencionar las “palabras persuasivas” (v. 4) y los ensueños del espíritu humano, el apóstol empiece por presentar las excelentes realidades cristianas como para hacer notar el contraste. Sí, en Cristo tenemos verdaderamente “todas las riquezas de pleno entendimiento” y “todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (v. 2-3). ¿Qué podríamos buscar fuera de él?

Colosenses 2:6-19
6Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él:7Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis aprendido, creciendo en ella con hacimiento de gracias.8Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sustilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme á los elementos del mundo, y no según Cristo:9Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente:10Y en él estáis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad:11En el cual también sois circuncidados de circuncisión no hecha con manos, con el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne, en la circuncisión de Cristo;12Sepultados juntamente con él en la bautismo, en el cual también resucitasteis con él, por la fe de la operación de Dios que le levantó de los muertos.13Y á vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,14Rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz;15Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo.16Por tanto, nadie os juzgue en comida, ó en bebida, ó en parte de día de fiesta, ó de nueva luna, ó de sábados:17Lo cual es la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo.18Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto á los ángeles, metiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado en el sentido de su propia carne,19Y no teniendo la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y conjunto por las ligaduras y conjunturas, crece en aumento de Dios.

Ocuparse en las glorias del Señor Jesús es el medio para ser “arraigados y sobreedificados en él” (v. 7). Las raíces de un árbol le aseguran alimento y estabilidad a la vez (Proverbios 12:3). Si el cristiano no está fundado y firme en la fe (1:23), corre el riesgo de ser removido o aun llevado “de todo viento de doctrina” (Efesios 4:14; comparar con Mateo 13:21). Precisamente, en Colosas soplaban vientos peligrosos: la filosofía, la tradición (v. 8), el culto a los ángeles (v. 18), los mandamientos religiosos (v. 21), en una palabra, todo lo que el versículo 8 llama huecas sutilezas. Con no menos imaginación, actualmente se inventan doctrinas y teorías. Temamos prestar oídos a toda enseñanza que se aparte de la Palabra de Dios. El enemigo de nuestras almas, mediante los agentes que emplea, quiere seducirnos (v. 4), engañarnos (o despojarnos), hacernos su presa (v. 8) y privarnos del premio del combate (v. 18). Mas la gran batalla ha sido librada y la victoria ha sido lograda por Otro. La cruz, donde por un momento Satanás creyó triunfar, señaló su derrota total y pública (v. 15). Él mismo fue despojado de su armadura y de sus bienes (leer Lucas 11:21-22). No toleremos que nos despojen o, más bien, que despojen al Señor Jesús de aquello que le pertenece.

Colosenses 2:20-23; Colosenses 3:1-7
20Pues si sois muertos con Cristo cuanto á los rudimentos del mundo, ¿por qué como si vivieseis al mundo, os sometéis á ordenanzas,21Tales como, No manejes, ni gustes, ni aun toques,22(Las cuales cosas son todas para destrucción en el uso mismo), en conformidad á mandamientos y doctrinas de hombres?23Tales cosas tienen á la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, y humildad, y en duro trato del cuerpo; no en alguna honra para el saciar de la carne.
1SI habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado á la diestra de Dios.2Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.3Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.4Cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.5Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatría:6Por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión.7En las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo viviendo en ellas.

Lo que debemos hacer o dejar de hacer procede de lo que somos. Nuestra doble posición acaba de ser señalada en los versículos 12 y 13.

1) Hemos muerto con Cristo (v. 20), así que hemos muerto en cuanto a los rudimentos del mundo. No podemos tomar más, como regla de vida, los principios que rigen a este mundo con sus pretensiones morales o religiosas, y su medida del bien y del mal, frecuentemente equivocada.

2) Hemos “resucitado con Cristo” (3:1). Como ciudadanos de los cielos, pensemos en las cosas de arriba y apliquemos los principios de lo alto a nuestras circunstancias más comunes.

Sí, “habéis muerto”, confirma el versículo 3, y la imperecedera vida –que es la nuestra ahora– “está escondida con Cristo en Dios”. “Por esto el mundo no nos conoce” –es decir, no puede comprendernos– “porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1). Pero cuando Cristo sea manifestado, entonces todos sabrán cuál era nuestro secreto.

Aunque nuestra vida está en el cielo, en la tierra nos quedan peligrosos “miembros” morales, dicho de otro modo: nuestras codicias. Apliquemos la muerte a todas esas culpables manifestaciones del viejo hombre. A causa de ellas, “la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia”. También a causa de ellas, esa ira cayó sobre nuestro perfecto Sustituto.

Colosenses 3:8-17
8Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.9No mintáis los unos á los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,10Y revestídoos del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme á la imagen del que lo crió;11Donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni Scytha, siervo ni libre; mas Cristo es el todo, y en todos.12Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;13Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Crito os perdonó, así también hacedlo vosotros.14Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección.15Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, á la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.16La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.17Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él.

Los tristes harapos del viejo hombre son señalados en los versículos 8 y 9: ira, malicia, blasfemia… Tengamos vergüenza de presentarnos así. En cambio, vistámonos el luminoso vestido del nuevo hombre, cuyo perfecto modelo es Cristo (v. 10). Estos son sus adornos: misericordia, humildad, mansedumbre, paciencia, perdón… Sobre todo recubrámonos de amor, que es la naturaleza misma de ese nuevo hombre. Ese amor nos dará a conocer como discípulos de Jesús (Juan 13:35).

Nuestro estado interior no es menos esencial. En nosotros deben morar: Cristo, quien lo es todo (v. 11, al final), su paz (v. 15) y su Palabra (v. 16). El solo hecho de tener la Biblia en casa o sobre la mesilla de noche no nos hará el menor bien. El alimento más completo no hace su efecto mientras permanezca en el plato. Es menester que la Palabra more en nosotros abundantemente (Romanos 10:8). Otro medio en el que pensamos poco para ser enseñados y edificados es el de los “cánticos espirituales” que cantamos a Dios en nuestros corazones (Salmo 119:54). No privemos de esta alabanza a Dios, ni nos privemos nosotros de esta edificación. Finalmente, una doble pregunta nos servirá para probar la calidad de cada una de nuestras palabras o acciones: ¿Puedo decir o hacer esto en el nombre del Señor Jesús? ¿Puedo dar gracias a Dios Padre por esto?

Colosenses 3:18-25; Colosenses 4:1-6
18Casadas, estad sujetas á vuestros maridos, como conviene en el Señor.19Maridos, amad á vuestras mujeres, y no seáis desapacibles con ellas.20Hijos, obedeced á vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor.21Padres, no irritéis á vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo.22Siervos, obedeced en todo á vuestros amos carnales, no sirviendo al ojo, como los que agradan á los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo á Dios:23Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres;24Sabiendo que del Señor recibiréis la compensación de la herencia: porque al Señor Cristo servís.25Mas el que hace injuria, recibirá la injuria que hiciere; que no hay acepción de personas.
1AMOS, haced lo que es justo y derecho con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis amo en los cielos.2Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias:3Orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso,4Para que lo manifieste como me conviene hablar.5Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo.6Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno.

Los versículos 10-11 del capítulo 3, así como el pasaje de Gálatas 3:27-28, anulan toda diferencia entre los seres humanos para mantener sólo la distinción fundamental entre el viejo y el nuevo hombre. Pero aquí el creyente, en quien coexisten estas dos naturalezas, es considerado en su relación con los demás y con el Señor. A diferencia del resto de la epístola, cuyo punto central es Cristo (nuestra vida), aquí él es llamado “el Señor”, para subrayar sus derechos y autoridad. Padres, hijos, mujeres, maridos, empleados o amos, cada uno en su lugar y desde su condición, sirve a “Cristo el Señor”. Y frente a “los de afuera”, ¿cuál debe ser nuestra actitud? Primero, un sabio andar que ilustre la verdad. Luego, un lenguaje lleno de gracia y de firmeza, adaptado a las oportunidades y al estado de cada cual. Por último, las oraciones (v. 3). Pablo las solicitaba incluso para sí mismo. Notemos que no era la puerta de la cárcel la que él quería que se abriese, sino la del Evangelio.

Los versículos mencionados arriba coinciden con la porción comprendida entre el capítulo 5:22 y el capítulo 6:9 de la epístola a los Efesios. En estos dos pasajes es muy hermoso ver de qué manera la divina doctrina entra en todos los detalles de la vida y esparce el perfume de su perfección sobre todos los deberes y todas las relaciones.

Colosenses 4:7-18
7Todos mis negocios os hará saber Tichîco, hermano amado y fiel ministro y consiervo en el Señor:8El cual os he enviado á esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones;9Con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que acá pasa, os harán saber.10Aristarchô, mi compañero en la prisión, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé (acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere á vosotros, recibidle),11Y Jesús, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncisión: éstos solos son los que me ayudan en el reino de Dios, y me han sido consuelo.12Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre solícito por vosotros en oraciones, para que estéis firmes, perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere.13Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que en Hierápolis.14Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas.15Saludad á los hermanos que están en Laodicea, y á Nimfas, y á la iglesia que está en su casa.16Y cuando esta carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la iglesia de los Laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros.17Y decid á Archîpo: Mira que cumplas el ministerio que has recibido del Señor.18La salutación de mi mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén. {enviada con Tichîco y Onésimo.}

Pablo, prisionero en Roma, se sirvió del mismo fiel mensajero, Tíquico, para llevar sendas cartas a los efesios y a los colosenses (Efesios 6:21-22). Otros hermanos y siervos de Dios participaban de sus trabajos y ejercicios de corazón: Epafras, quien después de haber hablado del Señor a los colosenses (1:7), hablaba de ellos al Señor (v. 12); Onésimo, Aristarco, Marcos, Lucas… y también Demas, en un principio íntimamente asociado a la obra, pero aquí solamente nombrado. Uno puede imaginarse la sorpresa de Arquipo al oír su nombre en la carta leída ante la iglesia. ¿Cuál era ese servicio particular que había recibido del Señor? Bastaba que él lo supiera. Y si el Espíritu de Dios no lo ha determinado, bien puede ser para que cada creyente coloque su nombre en lugar del de Arquipo.

Esta carta debía transmitirse luego a la iglesia de Laodicea. Sin embargo, el trágico estado de esa iglesia descrito en Apocalipsis 3:17, muestra que no sacó ningún provecho de esta carta (v. 16). Permaneció pobre por haber acumulado otras riquezas que no eran “las riquezas de la gloria” (1:27) y otros tesoros distintos de “los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (2:2-3). Permaneció desnuda por no haber sabido revestirse del nuevo hombre (3:10, 12, 14). ¡Tengamos en cuenta las advertencias de su Palabra y que ella habite en nosotros “en abundancia”! (3:16).

1 Tesalonicenses 1:1-10
1PABLO, y Silvano, y Timoteo, á la iglesia de los Tesalonicenses que es en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz á vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.2Damos siempre gracias á Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones;3Sin cesar acordándonos delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, y del trabajo de amor, y de la tolerancia de la esperanza del Señor nuestro Jesucristo:4Sabiendo, hermanos amados de Dios, vuestra elección:5Por cuanto nuestro evangelio no fué á vosotros en palabra solamente, mas también en potencia, y en Espíritu Santo, y en gran plenitud; como sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.6Y vosotros fuisteis hechos imitadores de nosotros, y del Señor, recibiendo la palabra con mucha tribulación, con gozo del Espíritu Santo:7En tal manera que habéis sido ejemplo á todos los que han creído en Macedonia y en Acaya.8Porque de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor no sólo en Macedonia y en Acaya, mas aun en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido; de modo que no tenemos necesidad de hablar nada.9Porque ellos cuentan de nosotros cuál entrada tuvimos á vosotros; y cómo os convertisteis de los ídolos á Dios, para servir al Dios vivo y verdadero.10Y esperar á su Hijo de los cielos, al cual resucitó de los muertos; á Jesús, el cual nos libró de la ira que ha de venir.

El capítulo 17 de los Hechos de los apóstoles nos relata la corta visita de Pablo y Silas (o Silvano) a Tesalónica. Allí habían anunciado y vivido el Evangelio (v. 5). Y los tesalonicenses, habiéndolo recibido (v. 6), lo vivían a su turno. Su obra era una prueba de su fe (compárese con Santiago 2:18); su trabajo confirmaba su amor; su paciencia proclamaba cuál era la gran esperanza que por sí sola podía sostenerlos (v. 3). Así todo el mundo sabía que en Tesalónica existían cristianos (v. 7). ¿Saben todos en mi barrio o en mi lugar de trabajo que soy un creyente? Una conversión es la señal pública del nuevo nacimiento, es el cambio de dirección visible que corresponde a la vida divina recibida en el alma. Cuando uno da media vuelta, ya no tiene los mismos objetivos (Gálatas 4:8-9). De ahí en adelante, los tesalonicenses daban la espalda a los ídolos, estériles y engañosos, para contemplar y servir a un Dios vivo, el Dios verdadero.

Los ídolos de madera o de piedra del mundo pagano cedieron el lugar a los ídolos más refinados del mundo cristianizado, pero sigue siendo cierto que “ningún siervo puede servir a dos señores” (Lucas 16:13). ¿A quién servimos nosotros? ¿A Dios o a nuestras codicias? ¿Y qué esperamos? ¿Al Hijo de Dios o la ira venidera?

1 Tesalonicenses 2:1-12
1PORQUE, hermanos, vosotros mismos sabéis que nuestra entrada á vosotros no fué vana:2Pues aun habiendo padecido antes, y sido afrentados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en Dios nuestro para anunciaros el evangelio de Dios con gran combate.3Porque nuestra exhortación no fué de error, ni de inmundicia, ni por engaño;4Sino según fuimos aprobados de Dios para que se nos encargase el evangelio, así hablamos; no como los que agradan á los hombres, sino á Dios, el cual prueba nuestros corazones.5Porque nunca fuimos lisonjeros en la palabra, como sabéis, ni tocados de avaricia; Dios es testigo;6Ni buscamos de los hombres gloria, ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.7Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala á sus hijos:8Tan amadores de vosotros, que quisiéramos entregaros no sólo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais carísimos.9Porque ya, hermanos, os acordáis de nuestro trabajo y fatiga: que trabajando de noche y de día por no ser gravosos á ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.10Vosotros sois testigos, y Dios, de cuán santa y justa é irreprensiblemente nos condujimos con vosotros que creísteis:11Así como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos á cada uno de vosotros, como el padre á sus hijos,12Y os protestábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó á su reino y gloria.

Los ultrajes y malos tratos padecidos por Pablo y Silas en Filipos (Hechos 16:12-40), lejos de desanimarlos, les impulsaron a anunciar el Evangelio con “denuedo”. La furiosa reacción del Adversario probaba precisamente que el trabajo de ellos no había resultado vano (v. 1). Sin embargo, no habían empleado ninguno de los métodos habituales de la propaganda humana: seducción, astucia, lisonjas o deseos de agradar sino que “con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Corintios 2:17). A menudo, hoy en día, el Evangelio es presentado bajo un aspecto atrayente y sentimental, o como un complemento de una obra social. El ministerio de Pablo tampoco estaba alentado por uno de los tres grandes motores de la actividad humana: la búsqueda de la gloria personal, la satisfacción de la carne y el provecho material. Al contrario, sus sufrimientos testimoniaban un completo desinterés (Hechos 20:35). Dos sentimientos le animaban: la continua preocupación de agradar a Dios (v. 4) y el amor por los que habían llegado a ser “sus propios hijos”. Como una madre, él los había alimentado y cuidado con ternura (v. 7); como un padre, los exhortaba y enseñaba a andar (v. 11-12). Pero ante todo quería que ellos tuvieran plena conciencia de su relación con Dios. ¡Qué posición la de ellos, y la nuestra! Dios nos llama a su propio reino y a su propia gloria.

1 Tesalonicenses 2:13-20
13Por lo cual, también nosotros damos gracias á Dios sin cesar, de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de nosotros, recibisteis no palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, el cual obra en vosotros los que creísteis.14Porque vosotros, hermanos, habéis sido imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido también vosotros las mismas cosas de los de vuestra propia nación, como también ellos de los Judíos;15Los cuales aun mataron al Señor Jesús y á sus propios profetas, y á nosotros nos han perseguido; y no agradan á Dios, y se oponen á todos los hombres;16Prohibiéndonos hablar á los Gentiles, á fin de que se salven, para henchir la medida de sus pecados siempre: pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.17Mas nosotros, hermanos, privados de vosotros por un poco de tiempo, de vista, no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro.18Por lo cual quisimos ir á vosotros, yo Pablo á la verdad, una vez y otra; mas Satanás nos embarazó.19Porque ¿cuál es nuestra esperanza, ó gozo, ó corona de que me gloríe? ¿No sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo en su venida?20Que vosotros sois nuestra gloria y gozo.

Los cristianos de Tesalónica habían aceptado la palabra del apóstol como verdadera Palabra de Dios (v. 13; Mateo 10:40). Muchos teólogos no reconocen la absoluta inspiración de todas las partes de las Sagradas Escrituras. A menudo los escritos de Pablo son presentados como las enseñanzas de un hombre, sin duda un notable hombre de Dios, pero falible, pretexto para no someterse a ellas y rechazar lo que parece demasiado estrecho… Pero, bendito sea Dios, cada palabra de la Biblia posee la misma autoridad divina.

Los celos de los judíos habían interrumpido la actividad del apóstol a favor de los tesalonicenses (v. 15-16; Hechos 17:5). Él no había terminado de instruirlos. Un maestro se siente frustrado cuando ninguno de sus alumnos obtiene el diploma para el cual los preparó. Pablo les habló al corazón y les recordó que era personalmente responsable de la fidelidad de ellos. Según el caso, él recibiría una corona de manos del Señor o sería avergonzado a causa de ellos “en Su venida” (v. 19; 1 Juan 2:28).

Queridos amigos: como el apóstol, tengamos este pensamiento presente en nuestro espíritu: pronto tendremos que rendir cuentas ante nuestro Señor de todo lo que hayamos hecho, como en la parábola de Mateo 25:19: “Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos” (Véase también Romanos 14:12).

1 Tesalonicenses 3:1-10
1POR lo cual, no pudiendo esperar más, acordamos quedarnos solos en Atenas,2Y enviamos á Timoteo, nuestro hermano, y ministro de Dios, y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, á confirmaros y exhortaros en vuestra fe,3Para que nadie se conmueva por estas tribulaciones; porque vosotros sabéis que nosotros somos puestos para esto.4Que aun estando con vosotros, os predecíamos que habíamos de pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis.5Por lo cual, también yo, no esperando más, he enviado á reconocer vuestra fe, no sea que os haya tentado el tentador, y que nuestro trabajo haya sido en vano.6Empero volviendo de vosotros á nosotros Timoteo, y haciéndonos saber vuestra fe y caridad, y que siempre tenéis buena memoria de nosotros, deseando vernos, como también nosotros á vosotros,7En ello, hermanos, recibimos consolación de vosotros en toda nuestra necesidad y aflicción por causa de vuestra fe:8Porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor.9Por lo cual, ¿qué hacimiento de gracias podremos dar á Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos á causa de vosotros delante de nuestro Dios,10Orando de noche y de día con grande instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta á vuestra fe?

Dos veces Satanás impidió que Pablo volviera a Tesalónica (2:18). Dios permitió esa situación para que tanto los afectos del apóstol como la fidelidad de los tesalonicenses fueran manifestados. Entonces “el tentador” (v. 5), utilizando otra arma, había suscitado grandes tribulaciones contra ellos. Pablo les había advertido que esas pruebas no sólo eran inevitables, sino que ellos estaban destinados a esto (v. 3; Juan 15:20; Juan 16:33). Por esa razón, ¿permanecía él indiferente? ¡De ninguna manera! Pero lo que más lo preocupaba no eran las tribulaciones de los tesalonicenses, sino que se mantuviesen firmes en la fe (v. 2, 5-7, 10). ¡Qué lección para nosotros que nos detenemos fácilmente ante circunstancias exteriores –como dificultades materiales, enfermedades, etc.– y perdemos de vista el estado interior del creyente! “No pudiendo soportarlo más” (v. 1 y 5), el apóstol había encomendado a Timoteo que los fortaleciese y animase. Y él mismo había sido consolado y hasta regocijado en medio de su propia tribulación como consecuencia de las noticias recibidas. Porque lejos de quebrantar la fe de esos creyentes, muy jóvenes en ella, la prueba había fortalecido esta fe. Los climas más rudos generalmente forjan las razas más resistentes. Una vez más, Satanás había hecho una obra engañosa para sí, según Proverbios 11:18: “El inicuo adquiere para sí una ganancia engañosa” (V.M.).

1 Tesalonicenses 3:11-13; 1 Tesalonicenses 4:1-8
11Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y el Señor nuestro Jesucristo, encamine nuestro viaje á vosotros.12Y á vosotros multiplique el Señor, y haga abundar el amor entre vosotros, y para con todos, como es también de nosotros para con vosotros;13Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
1RESTA pues, hermanos, que os roguemos y exhortemos en el Señor Jesús, que de la manera que fuisteis enseñados de nosotros de cómo os conviene andar, y agradar á Dios, así vayáis creciendo.2Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos por el Señor Jesús.3Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación;4Que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor;5No con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen á Dios:6Que ninguno oprima, ni engañe en nada á su hermano: porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y protestado.7Porque no nos ha llamado Dios á inmundicia, sino á santificación.8Así que, el que menosprecia, no menosprecia á hombre, sino á Dios, el cual también nos dió su Espíritu Santo.

¡No son nuestras pruebas las que deben movernos a esperar al Señor, sino nuestro amor hacia él! Su venida “con todos sus santos” (v. 13) es el gran pensamiento que debe regir todo nuestro comportamiento. Somos “santos” ante Dios por medio de la perfecta obra de Cristo (Hebreos 10:10). Pero al mismo tiempo somos exhortados a afirmar nuestros corazones en la santidad práctica (3:13); ella es la expresa voluntad de Dios para cada uno de los suyos (4:3). Un creyente deberá cuidarse particularmente para permanecer puro (v. 4). Al considerar su cuerpo como un instrumento de placer, peca primeramente contra sí mismo: a veces arruina su salud, su conciencia siempre se verá afectada (ésta pierde su sensibilidad frente al mal y se desarregla como un cuentakilómetros que ha sido violentado).

También puede perjudicar grandemente a otra persona (v. 6; Hebreos 13:4). ¡Cuántas vidas arruinadas, espíritus y cuerpos mancillados al igual que hogares destrozados han pagado el precio de la vanidad de una conquista y el placer de unos momentos! Finalmente, la impureza, bajo todas sus formas, es un pecado contra Dios (Salmo 51:4). Nuestro cuerpo ya no nos pertenece, pues ha llegado a ser el templo del Espíritu que Dios nos dio (v. 8; 1 Corintios 6:18-20). El Espíritu Santo reclama una morada santa. Conservar nuestro cuerpo sin mancha (5:23) es honrar a Aquel que lo habita.

1 Tesalonicenses 4:9-18
9Mas acerca de la caridad fraterna no habéis menester que os escriba: porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis los unos á los otros;10Y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Empero os rogamos, hermanos, que abundéis más;11Y que procuréis tener quietud, y hacer vuestros negocios, y obréis de vuestras manos de la manera que os hemos mandado;12A fin de que andéis honestamente para con los extraños, y no necesitéis de nada.13Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él á los que durmieron en Jesús.15Por lo cual, os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no seremos delanteros á los que durmieron.16Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero:17Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.18Por tanto, consolaos los unos á los otros en estas palabras.

No es necesario cumplir obras extraordinarias “para servir al Dios vivo y verdadero” (1:9). Ante todo, el cristiano debe vivir apaciblemente y cumplir fielmente su tarea cotidiana (4:11). ¡Pronto se acabará su trabajo terrenal! Al oír la conocida voz del Señor, cada cual dejará su herramienta para ir a Su encuentro y estar para siempre con él. El arrebatamiento de los creyentes es el primer acto de la venida del Señor Jesús (el segundo será su glorioso retorno con ellos: cap. 3:13). Él mismo vendrá a buscarlos; no dejará a nadie más esa labor y ese gozo. Este gozo debe ser la parte de cada redimido y su presente consuelo cuando ha fallecido un familiar o amigo creyente. Como la muerte ha sido vencida, aunque todavía no destruida, los muertos en Cristo simplemente “duermen” (v. 13-15; Juan 11:11-13). Despertarán como Lázaro –mas para siempre– a la voz de mando del Príncipe de la vida. Luego, en perfecto orden y así como él dejó la tierra, los que vivamos “seremos arrebatados juntamente con ellos” para ir a Su encuentro en el aire (v. 17; Filipenses 3:20). ¿Vivirá nuestra generación este maravilloso acontecimiento, esperado por tantas generaciones? Todo lo hace pensar. Tal vez ocurra hoy. Amigo lector: ¿Está usted preparado?

1 Tesalonicenses 5:1-11
1EMPERO acerca de los tiempos y de los momentos, no tenéis, hermanos, necesidad de que yo os escriba:2Porque vosotros sabéis bien, que el día del Señor vendrá así como ladrón de noche,3Que cuando dirán, Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente, como los dolores á la mujer preñada; y no escaparán.4Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón;5Porque todos vosotros sois hijos de luz, é hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas.6Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos sobrios.7Porque los que duermen, de noche duermen; y los que están borrachos, de noche están borrachos.8Mas nosotros, que somos del día, estemos sobrios, vestidos de cota de fe y de caridad, y la esperanza de salud por yelmo.9Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salud por nuestro Señor Jesucristo;10El cual murió por nosotros, para que ó que velemos, ó que durmamos, vivamos juntamente con él.11Por lo cual, consolaos los unos á los otros, y edificaos los unos á los otros, así como lo hacéis.

Si para los redimidos del Señor su venida significa la entrada en el gozo eterno, para los incrédulos es el comienzo de una “destrucción repentina” (v. 3; Lucas 17:26-30). ¡Bienaventurada esperanza para unos, total y terrible sorpresa para otros! Por desdicha, en la práctica la diferencia está lejos de ser tan nítida. Ciertos “hijos de luz” ocultan su lámpara “debajo del almud, o debajo de la cama” (Marcos 4:21). Duermen, y la somnolencia espiritual es un estado que se asemeja a la muerte. ¿A qué se debe? Generalmente a una falta de sobriedad. Embriagarse es hacer de los bienes de la tierra un uso que supera a lo que uno necesita (véase Lucas 12:45-46). Y cuando uno está adormecido en cuanto a los intereses celestiales y muy despierto en cuanto a los terrenales, ¿puede desear el retorno del Señor? Nosotros que somos del día, “no durmamos como los demás”, “como los otros que no tienen esperanza” (4:13), para que no seamos sorprendidos, nosotros también, por la llegada repentina de nuestro Señor. Volvamos a leer las serias palabras del Señor en 13:33 a 37. Y hagámonos a menudo esta pregunta: ¿Me gustaría que el Señor me encontrase haciendo lo que estoy haciendo, diciendo o pensando?

1 Tesalonicenses 5:12-28
12Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis á los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan:13Y que los tengáis en mucha estima por amor de su obra. Tened paz los unos con los otros.14También os rogamos, hermanos, que amonestéis á los que andan desordenadamente, que consoléis á los de poco ánimo, que soportéis á los flacos, que seáis sufridos para con todos.15Mirad que ninguno dé á otro mal por mal; antes seguid lo bueno siempre los unos para con los otros, y para con todos.16Estad siempre gozosos.17Orad sin cesar.18Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.19No apaguéis el Espíritu.20No menospreciéis las profecías.21Examinadlo todo; retened lo bueno.22Apartaos de toda especie de mal.23Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo.24Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará.25Hermanos, orad por nosotros.26Saludad á todos los hermanos en ósculo santo.27Conjúroos por el Señor, que esta carta sea leída á todos los santos hermanos.28La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Amén. {espístola á los Tesalonicenses fué escrita de Atenas.}

El final de la epístola nos enseña cuál debe ser nuestro comportamiento entre hermanos, con respecto a todos los hombres, en relación con Dios y en la Iglesia. En suma, toda nuestra vida está encuadrada en estas cortas exhortaciones. Si se trata de estar gozoso, debemos estalo siempre; si de orar, que sea sin cesar; si de dar gracias, que lo sea en todo. La fe nos permite agradecer al Señor aun por lo que puede parecernos enojoso. Orar sin cesar es permanecer en Su comunión, lo que será también nuestra protección contra el mal bajo todas sus formas (v. 22). El que nos rescató enteramente –espíritu, alma y cuerpo– también exige la santidad de todo nuestro ser (4:3). Las manchas del espíritu y del corazón, aunque invisibles, son tan temibles como las del cuerpo. Pidámosle al Señor, quien es fiel, que nos conserve sin reproche, conformes a él, para el instante de la gran cita. Ningún pensamiento es más apropiado para santificarnos que el del retorno del Señor Jesús (1 Juan 3:3). Esta inestimable promesa se halla mencionada al final de cada uno de los cinco capítulos de esta carta. No la perdamos de vista. Y hasta entonces, que “la gracia de nuestro Señor Jesucristo” sea con cada uno de nosotros.

2 Tesalonicenses 1:1-12
1PABLO, y Silvano, y Timoteo, á la iglesia de los Tesalonicenses que es en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo:2Gracia y paz á vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.3Debemos siempre dar gracias á Dios de vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y la caridad de cada uno de todos vosotros abunda entre vosotros;4Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, de vuestra paciencia y en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que sufrís:5Una demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.6Porque es justo para con Dios pagar con tribulación á los que os atribulan;7Y á vosotros, que sois atribulados, dar reposo con nosotros, cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su potencia,8En llama de fuego, para dar el pago á los que no conocieron á Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo;9Los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia,10Cuando viniere para ser glorificado en sus santos, y á hacerse admirable en aquel día en todos los que creyeron: (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros.)11Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros, que nuestro Dios os tenga por dignos de su vocación, e hincha de bondad todo buen intento, y toda obra de fe con potencia,12Para que el nombre, de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Las persecuciones de las que los tesalonicenses eran víctimas habían aumentado su fe, habían hecho abundar su amor y manifestar su paciencia. ¿Entonces qué les faltaba? ¿Por qué el apóstol juzgó necesario dirigirles esa segunda epístola? Esta vez, la esperanza y el gozo del Espíritu Santo no son nombrados (comp. 1 Tesalonicenses 1:3 y v. 6, final). Pablo coloca ante ellos las verdades apropiadas para reanimar estos sentimientos en sus corazones. El triunfo de sus perseguidores y sus propios sufrimientos no son más que temporales: El “Dios de retribuciones, dará la paga” (Jeremías 51:56). Esta retribución, tanto de los fieles como de los impíos, tendrá lugar en el día del Señor. Está ligada con su gloriosa manifestación. El mismo castigo –“la eterna perdición”– alcanzará a los paganos que voluntariamente permanecieron en la ignorancia de Dios y a los cristianos que lo son sólo de nombre y desobedecen al Evangelio (v. 8). En cambio, los santos –“todos los que creyeron”– serán vistos en la compañía del Señor y asociados a su admirable gloria (v. 10; Mateo 13:43). Pero la voluntad de Dios y la oración del apóstol es que, desde ahora, el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en cada uno de los que le pertenecen.

2 Tesalonicenses 2:1-17
1EMPERO os rogamos, hermanos, cuanto á la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestro recogimiento á él,2Que no os mováis fácilmente de vuestro sentimiento, ni os conturbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el día del Señor esté cerca.3No os engañe nadie en ninguna manera; porque no vendrá sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición,4Oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios, ó que se adora; tanto que se asiente en el templo de Dios como Dios, haciéndose parecer Dios.5¿No os acordáis que cuando estaba todavía con vosotros, os decía esto?6Y ahora vosotros sabéis lo que impide, para que á su tiempo se manifieste.7Porque ya está obrando el misterio de iniquidad: solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide;8Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;9A aquel inicuo, cuyo advenimiento es según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos,10Y con todo engaño de iniquidad en los que perecen; por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.11Por tanto, pues, les envía Dios operación de error, para que crean á la mentira;12Para que sean condenados todos los que no creyeron á la verdad, antes consintieron á la iniquidad.13Mas nosotros debemos dar siempre gracias á Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad:14A lo cual os llamó por nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.15Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, ó por carta nuestra.16Y el mismo Señor nuestro Jesucristo, y Dios y Padre nuestro, el cual nos amó, y nos dió consolación eterna, y buena esperanza por gracia,17Consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.

Un grave asunto turbaba a los tesalonicenses. ¿No era inminente el día del Señor? Sus tribulaciones podían hacerles creer tal cosa, y falsos maestros lo afirmaban. No, contesta el apóstol. Ese día debe ser precedido por tres acontecimientos:

1° El arrebatamiento de los creyentes para estar junto con el Señor. 2° La apostasía de la falsa iglesia y de los judíos mismos. 3° La aparición del Anticristo, llamado “el hombre de pecado, el hijo de perdición” (v. 3) y el “inicuo” (v. 8). Estos nombres subrayan, por contraste, los caracteres del Señor Jesús: justicia, salvación y entera obediencia a Dios.

En este terrible período un poder engañoso, enviado como castigo, oscurecerá la mente de los hombres. Como no creyeron la verdad, creerán la mentira. “El misterio de la iniquidad” (v. 7) ya está en acción, agrega el apóstol (compárese con 1 Juan 2:18). Sólo que “hay quien al presente lo detiene”, el Espíritu Santo; éste opone una barrera al despliegue del mal en el mundo. Cuando él haya dejado la tierra junto con la Iglesia, entonces la iniquidad no conocerá freno alguno. Pero, ¡qué contraste entre ese poder satánico (v. 1-12) y la obra de nuestro Dios y Padre! (v. 13-17). Él nos amó, nos escogió para salvación y nos llamó para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Ahora no dejemos de darle las gracias (v. 13; 1:3).

2 Tesalonicenses 3:1-18
1RESTA, hermanos, que oréis por nosotros, que la palabra del Señor corra y sea glorificada así como entre vosotros:2Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todos la fe.3Mas fiel es el Señor, que os confirmará y guardará del mal.4Y tenemos confianza de vosotros en el Señor, que hacéis y haréis lo que os hemos mandado.5Y el Señor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la paciencia de Cristo.6Empero os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme á la doctrina que recibieron de nosotros:7Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros,8Ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos á ninguno de vosotros;9No porque no tuviésemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado, para que nos imitaseis.10Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma.11Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear.12Y á los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan.13Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.14Y si alguno no obedeciere á nuestra palabra por carta, notad al tal, y no os juntéis con él, para que se avergüence.15Mas no lo tengáis como á enemigo, sino amonestadle como á hermano.16Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.17Salud de mi mano, Pablo, que es mi signo en toda carta mía: así escribo.18La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén. {Epístola á los Tesalonicenses fué escrita de Atenas.}

Pablo se encomienda a las oraciones de los santos: “Orad por nosotros” (v. 1 y 1 Tesalonicenses 5:25). Él mismo no cesaba de orar por ellos (1:11). Contaba con el fiel Señor para afirmarlos y guardarlos del mal. También contaba con la obediencia de ellos, y ésta abarcaba el muy simple cumplimiento de sus tareas cotidianas. Pero algunos en Tesalónica habían cesado de trabajar. Si el Señor viene –pensaban ellos– ¿para qué cultivar el campo y ocuparse en los negocios de la vida presente? Y, como triste consecuencia de ello, se entremetían en lo ajeno (véase 1 Timoteo 5:13). Pablo protestó con vehemencia. Nada en su enseñanza podía dar pretexto a semejante desorden (v. 6-7, 11). Al contrario, él había dado el ejemplo del trabajo manual “para no ser gravoso” a nadie. Y el ejemplo supremo es “la paciencia de Cristo” (v. 5) que permanece a la espera del momento en que ha de presentarse a su amada Iglesia.

Con las epístolas a los Tesalonicenses llegamos al final de las cartas que Pablo escribió a siete iglesias muy diferentes. En ellas trata los diversos aspectos de la vida y de la doctrina cristiana, desde la adquisición de la salvación en la epístola a los Romanos hasta la gloria próxima. Todas esas enseñanzas tienen un gran precio para nosotros. Que el Señor nos ayude a retenerlas con miras a permanecer “firmes” (2:15).

1 Timoteo 1:1-11
1PABLO, apóstol de Jesucristo por la ordenación de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo, nuestra esperanza;2A Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor.3Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando partí para Macedonia, para que requirieses á algunos que no enseñen diversa doctrina,4Ni presten atención á fábulas y genealogías sin término, que antes engendran cuestiones que la edificación de Dios que es por fe; así te encargo ahora.5Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida:6De lo cual distrayéndose algunos, se apartaron á vanas pláticas;7Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que afirman.8Sabemos empero que la ley es buena, si alguno usa de ella legítimamente;9Conociendo esto, que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los malos y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,10Para los fornicarios, para los sodomitas, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y ladrones de hombres, para los mentirosos y fjperjuros, y si hay alguna otra cosa contraria á la sana doctrina;11Según el evangelio de la gloria del Dios bendito, el cual á mí me ha sido encargado.

Conocimos a Timoteo en el capítulo 16 de los Hechos. Los vínculos de Pablo con su “verdadero hijo en la fe” eran preciosos. Sin embargo, le escribe en calidad de apóstol para subrayar la autoridad que le confiere. A ese joven discípulo se le confía una tarea difícil: mandar a cada uno cómo debe conducirse en la iglesia (1 Timoteo 3:15). El propósito de este mandamiento era el amor (v. 5). Así como los tribunales no son para la gente honesta, la ley no concierne más a los que son justificados. Lo que les conviene de ahí en adelante es el amor, cuya fuente está en Dios. Este amor ha sido derramado en nuestro corazón por el Espíritu Santo (Romanos 5:5). Pero para que no permanezca en nosotros como agua estancada, para que nos atraviese y sea provechoso para los demás, ningún conducto debe estar obstruido. El amor emana de un “corazón limpio”: libre de todo ídolo; proviene de una “buena conciencia”: la que no tiene nada que reprocharse (véase Hechos 24:16); de una “fe no fingida”: exenta de toda forma hipócrita (2 Timoteo 1:5). Si estas condiciones no se cumplen, nuestro cristianismo no será más que “vana palabrería” (1 Timoteo 1:6).

¡Cuán brillante es el contraste entre la ley que maldice al pecador y la gracia que lo transporta al goce de la gloria y de la felicidad de Dios!

1 Timoteo 1:12-20
12Y doy gracias al que me fortificó, á Cristo Jesús nuestro Señor, de que me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio:13Habiendo sido antes blasfemo y perseguidor é injuriador: mas fuí recibido á misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad.14Mas la gracia de nuestro Señor fué más abundante con la fe y amor que es en Cristo Jesús.15Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores, de los cuales yo soy el primero.16Mas por esto fuí recibido á misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna.17Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.18Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que, conforme á las profecías pasadas de ti, milites por ellas buena milicia;19Manteniendo la fe y buena conciencia, la cual echando de sí algunos, hicieron naufragio en la fe:20De los cuales son Himeneo y Alejandro, los cuales entregué á Satanás, para que aprendan á no blasfemar.

Si alguien podía comparar la servidumbre de la ley con el Evangelio de la gracia, ése era el fariseo Saulo de Tarso, quien llegó a ser el apóstol Pablo. Su fidelidad a los mandamientos no le había impedido ser el primero de los pecadores, pues había perseguido a Jesús al perseguir tan cruelmente a los Suyos. Sincera y humildemente, se declara el peor de todos aquellos pecadores enumerados en los versículos 9 y 10. Pero Jesucristo vino a salvar precisamente a los culpables y no a los justos (Mateo 9:13). Y puesto que el primero de ellos pudo ser salvo, nadie puede considerarse demasiado pecador para no beneficiarse de la gracia. “Fui recibido a misericordia”, exclama el apóstol dos veces (v. 13 y 16). Mide la grandeza de esa misericordia con la magnitud de su propia miseria, y espontáneamente la adoración se eleva de su corazón (v. 17).

Si a menudo gozamos tan poco de la gracia, tal vez sea porque nuestra convicción de pecado no ha sido suficientemente profunda. “Aquel a quien se le perdona poco” –o por lo menos, el que lo piensa así– “poco ama” (Lucas 7:47). Amigo aún indiferente, hasta ahora la paciencia del Señor se ha ejercido también hacia usted. No le haga esperar más tiempo. Tal vez mañana sea demasiado tarde.

1 Timoteo 2:1-15
1AMONESTO pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres;2Por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.3Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador;4El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad.5Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre;6El cual se dió á sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos:7De lo que yo soy puesto por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo, no miento) doctor de los Gentiles en fidelidad y verdad.8Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda.9Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, u oro, ó perlas, ó vestidos costosos.10Sino de buenas obras, como conviene á mujeres que profesan piedad.11La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción.12Porque no permito á la mujer enseñar, ni tomar autoridad sobre el hombre, sino estar en silencio.13Porque Adam fué formado el primero, después Eva;14Y Adam no fué engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino á ser envuelta en transgresión:15Empero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en la fe y caridad y santidad, con modestia.

El apóstol, antes de hablar a Timoteo de otras cosas (3:14; 4:6 y 11), menciona la oración bajo sus distintas formas. Un servicio cristiano empieza siempre por la oración. La voluntad de Dios para salvar, la obra de Cristo y nuestra oración abarcan a todos los hombres. Nuestro deber es orar por todos sin restricción, porque Dios quiere que todos los hombres sean salvos, pues Jesucristo se dio en rescate por todos. Si no todos son salvos, no se debe a Dios ni a Cristo, sino a la dureza del corazón humano. Tenemos el privilegio de orar por las multitudes que no saben hacerlo.

Que podamos llevar una vida apacible y quieta depende de “los que están en eminencia”. Pidámosle a Dios que nos la conceda por medio de ellos, no para derrocharla a merced de nuestras codicias, sino para estar más libres a fin de ocuparnos en la salvación de los pecadores (véase Esdras 6:10).

Los hermanos, incluso los más jóvenes, son llamados a orar “en todo lugar” y públicamente en la iglesia. En cambio, en ella las hermanas deben guardar silencio. Pero, por medio de su actitud y su modesto arreglo personal, pueden dar un testimonio más poderoso que con las palabras. Las consecuencias de la caída en Edén (véase Génesis 3:16) permanecen para la mujer; pero la fe, el amor, la santidad y la modestia son prendas de liberación y bendición, aun en la tierra.

1 Timoteo 3:1-16
1PALABRA fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea.2Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer, solícito, templado, compuesto, hospedador, apto para enseñar;3No amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias, sino moderado, no litigioso, ajeno de avaricia;4Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad;5(Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)6No un neófito, porque inflándose no caiga en juicio del diablo.7También conviene que tenga buen testimonio de los extraños, porque no caiga en afrenta y en lazo del diablo.8Los diáconos asimismo, deben ser honestos, no bilingües, no dados á mucho vino, no amadores de torpes ganancias;9Que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia.10Y éstos también sean antes probados; y así ministren, si fueren sin crimen.11Las mujeres asimismo, honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo.12Los diáconos sean maridos de una mujer, que gobiernen bien sus hijos y sus casas.13Porque los que bien ministraren, ganan para sí buen grado, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.14Esto te escribo con esperanza que iré presto á ti:15Y si no fuere tan presto, para que sepas cómo te conviene conversar en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad.16Y sin cotradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado á los Gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria.

Aspirar al obispado debe ser considerado como una prueba de amor por la iglesia. Para ejercer las funciones de obispo (o anciano) y las de diácono (o siervo), no es cuestión de estudios ni de examen, sino de condiciones morales. Éstas son de dos tipos: 1° un buen testimonio en la iglesia y fuera de ella; 2° una experiencia adquirida en la vida cristiana.

En toda casa existe una regla de conducta, una disciplina colectiva a la que cada uno se somete. Así ocurre en la casa del Dios viviente: la Iglesia (véase 1 Corintios 14:40). No somos libres, en absoluto, de comportarnos en ella a nuestro antojo. Ella es la columna sobre la cual el nombre de Cristo, la Verdad, está escrito para hacerlo conocer al mundo entero.

Grande es el misterio de la piedad, porque grande es la Persona sobre la cual está fundada nuestra relación con Dios. La venida de Jesús como hombre a la tierra, la perfecta justicia de todo su andar en el poder del Espíritu Santo y bajo la mirada de los ángeles, su Nombre predicado y creído aquí abajo y finalmente su elevación a la gloria, constituyen los elementos inseparables de ese misterio intangible confiado a la iglesia. Ésta es responsable ante el Señor de sostener y guardar toda la Verdad (v. 3:15).

1 Timoteo 4:1-16
1EMPERO el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos alguno apostatarán de la fe escuchando á espíritus de error y á doctrinas de demonios;2Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia.3Que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de las viandas que Dios crió para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los fieles, y los que han conocido la verdad.4Porque todo lo que Dios crió es bueno, y nada hay que desechar, tomándose con hacimiento de gracias:5Porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.6Si esto propusieres á los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, criado en las palabras de la fe y de la buena doctrina, la cual has alcanzado.7Mas las fábulas profanas y de viejas desecha, y ejercítate para la piedad.8Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.9Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos.10Que por esto aun trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.11Esto manda y enseña.12Ninguno tenga en poco tu juventud; pero sé ejemplo de los fieles en palabra, en conversación, en caridad, en espíritu, en fe, en limpieza.13Entre tanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar.14No descuides el don que está en ti, que te es dado por profecía con la imposición de las manos del presbiterio.15Medita estas cosas; ocúpate en ellas; para que tu aprovechamiento sea manifiesto á todos.16Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, á ti mismo salvarás y á los que te oyeren.

El gran misterio de la piedad ha sido menospreciado por muchos. Algunos han quitado lo que les molestaba. Otros han agregado prácticas legales o supersticiones. El “buen ministro” se nutre de “la buena doctrina” (v. 6; véase 1:10; 6:3). Entonces estará en condiciones de enseñar a los demás (v. 11 y 13). La piedad es una virtud para la que uno se ejercita (en griego “gymnazô”, de donde viene nuestro vocablo gimnasia). Uno se adiestra para la piedad. El ejercicio corporal, el deporte, es útil para la salud de nuestro cuerpo: poca cosa en comparación con los progresos del alma a los que lleva la práctica cotidiana de la piedad. Notemos que es necesario ejercitarse uno mismo, pues nadie puede vivir de la piedad de otro. Con esta condición, el joven Timoteo podría ser un “adiestrador” para otros (véase Tito 2:7): un modelo en palabras, confirmado por la conducta, cuya inspiración es el amor, el cual a su vez es esclarecido por la fe, la que finalmente es preservada por la pureza (v. 12). ¿Y cómo se ejercita uno para la piedad? Ocupándose en las cosas divinas y entregándose por completo a ellas. La debilidad de nuestro testimonio a menudo proviene del hecho de que nos dispersamos en demasiadas direcciones. Seamos los campeones de una única causa: la de Cristo (véase 2 Corintios 8:5). Así haremos progresos evidentes para todos.

1 Timoteo 5:1-16
1NO reprendas al anciano, sino exhórtale como á padre: á los más jóvenes, como á hermanos;2A las ancianas, como á madres; á las jovencitas, como á hermanas, con toda pureza.3Honra á las viudas que en verdad son viudas.4Pero si alguna viuda tuviere hijos, ó nietos, aprendan primero á gobernar su casa piadosamente, y á recompensar á sus padres: porque esto es lo honesto y agradable delante de Dios.5Ahora, la que en verdad es viuda y solitaria, espera en Dios, y es diligente en suplicaciones y oraciones noche y día.6Pero la que vive en delicias, viviendo está muerta.7Denuncia pues estas cosas, para que sean sin reprensión.8Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe negó, y es peor que un infiel.9La viuda sea puesta en clase especial, no menos que de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido.10Que tenga testimonio en buenas obras; si crió hijos; si ha ejercitado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido á los afligidos; si ha seguido toda buena obra.11Pero viudas más jóvenes no admitas: porque después de hacerse licenciosas contra Cristo, quieren casarse.12Condenadas ya, por haber falseado la primera fe.13Y aun también se acostrumbran á ser ociosas, á andar de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también parleras y curiosas, hablando lo que no conviene.14Quiero pues, que las que son jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen la casa; que ninguna ocasión den al adversario para maldecir.15Porque ya algunas han vuelto atrás en pos de Satanás.16Si algún fiel ó alguna fiel tiene viudas, manténgalas, y no sea gravada la iglesia; á fin de que haya lo suficiente para las que de verdad son viudas.

En las relaciones con los demás creyentes, los vínculos familiares (“padre… hermanos… madre… hermanas…”) deben servirnos de modelo (v. 1-2). Nunca perdamos de vista que formamos una única y misma familia: la familia de Dios.

Cada uno es invitado a mostrar su piedad, pero primeramente para con su propia casa (v. 4). Los fariseos predicaban lo contrario. Mientras ostentaban devoción, anulaban el mandamiento de Dios alejando a los hijos de sus más legítimos deberes para con sus padres (Marcos 7:12-13).

En un solo versículo, el 10, se resume una vida entera al servicio del Señor. Que cada cristiana halle inspiración y fortaleza a fin de no desear otra cosa.

Los versículos 3 a 16, dedicados a las viudas, nos recuerdan que Dios cuida de ellas de una manera muy particular (Salmo 68:5). El evangelio de Lucas menciona a cuatro de ellas: Ana, cuya actividad en oraciones constantes ilustra el versículo 5 (Lucas 2:36-38); la viuda de Naín, a la que Jesús devolvió el hijo (Lucas 7:11-17); la que pedía justicia al juez injusto de la parábola del capítulo 18; y, finalmente, la viuda pobre que, ante los ojos del Señor –y para Su gozo– dio al tesoro del templo todo lo que tenía para su sustento (Lucas 21:1-4). Una completa fe en Él agrada a Dios por encima de todo (Hebreos 11:6).

1 Timoteo 5:17-25; 1 Timoteo 6:1-10
17Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.18Porque la Escritura dice: No embozarás al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su jornal.19Contra el anciano no recibas acusación sino con dos ó tres testigos.20A los que pecaren, repréndelos delante de todos, para que los otros también teman.21Te requiero delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin perjuicio de nadie, que nada hagas inclinándote á la una parte.22No impongas de ligero las manos á ninguno, ni comuniques en pecados ajenos: consérvate en limpieza.23No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estómago, y de tus continuas enfermedades.24Los pecados de algunos hombres, antes que vengan ellos á juicio, son manifiestos; mas á otros les vienen después.25Asimismo las buenas obras antes son manifiestas; y las que son de otra manera, no pueden esconderse.
1TODOS los que están debajo del yugo de servidumbre, tengan á sus señores por dignos de toda honra, porque no sea blasfemado el nombre del Señor y la doctrina.2Y los que tienen amos fieles, no los tengan en menos, por ser hermanos; antes sírvanles mejor, por cuanto son fieles y amados, y partícipes del beneficio. Esto enseña y exhorta.3Si alguno enseña otra cosa, y no asiente á sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y á la doctrina que es conforme á la piedad;4Es hinchado, nada sabe, y enloquece acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, maledicencias, malas sospechas,5Porfías de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que tienen la piedad por granjería: apártate de los tales.6Empero grande granjería es la piedad con contentamiento.7Porque nada hemos traído á este mundo, y sin duda nada podremos sacar.8Así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto.9Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden á los hombres en perdición y muerte.10Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Pablo sigue exponiendo a Timoteo cómo debe conducirse “en la casa de Dios” (3:15). Asunto capital por el que Dios mismo se interesa –es Su casa– al igual que el Señor Jesucristo y los ángeles escogidos, llamados a considerar la sabiduría de Dios en la iglesia (5:21; Efesios 3:10). Esa “multiforme sabiduría” también debe manifestarse en los variados detalles de la vida de la iglesia: deberes de la grey para con sus ancianos, comportamiento del siervo de Dios para resolver los casos difíciles, instrucciones dadas a los esclavos… (6:1-2). Cuántos desórdenes se introducen tan pronto como uno no se sujeta más a las sanas palabras, que no son las de Pablo o Timoteo, sino las de nuestro Señor Jesucristo (v. 3; 1 Tesalonicenses 4:2 y 8).

La piedad acompañada de contentamiento es en sí misma una ganancia, una gran ganancia al alcance de todos (4:8). Nuestra civilización está basada en la creación y satisfacción de nuevas necesidades. Pese a todo, el ávido corazón del hombre permanece insaciable (compárese v. 9-10 con el Salmo 49:16-20). Agradezcamos al Señor que nos asegura lo necesario: “sustento y abrigo” y “estemos contentos con esto” (6:8). Siempre estaremos satisfechos con lo que él nos da, si él mismo, el Dador (quien es el Objeto de la piedad), llena plenamente nuestro corazón.

1 Timoteo 6:11-21
11Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.12Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, á la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos.13Te mando delante de Dios, que da vida á todas las cosas, y de Jesucristo, que testificó la buena profesión delante de Poncio Pilato,14Que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo:15La cual á su tiempo mostrará el Bienaventurado y solo Poderoso, Rey de reyes, y Señor de señores;16Quien sólo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; á quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver: al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.17A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia de que gocemos:18Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, que con facilidad comuniquen;19Atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano á la vida eterna.20Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas de vanas cosas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia:21La cual profesando algunos, fueron descaminados acerca de la fe. La gracia sea contigo. Amén. {espístola á Timoteo fué escrita de Laodicea, que es metrópoli de la Frigia Pacatiana.}

¡“Mas tú…”! El hombre de Dios –y cada hijo de Dios– debe andar sin cesar contra corriente aquí abajo. Huye de lo que el mundo ama y busca: el dinero y las cosas que se pueden adquirir con él (v. 10). Sigue lo que agrada al Señor: justicia, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre (v. 11). Aguarda Su aparición, ese tiempo en que todo será manifestado (v. 14).

El apóstol no confunde a los que son ricos (v. 17) con los que quieren enriquecerse (v. 9). Mas proyecta sobre los bienes de “este siglo” la luz de la eternidad. El objeto de nuestra confianza no está en los dones, sino en Aquel que los da; la verdadera ganancia es la piedad; las verdaderas riquezas son las buenas obras (v. 18); el verdadero tesoro es un buen fundamento para el porvenir (v. 19). Sí, sepamos discernir y echar mano “de la vida que lo es en verdad” (V.M.).

Huye, sigue, pelea, echa mano, son las exhortaciones que hemos hallado en nuestra lectura (v. 11-12). El versículo 20 contiene un último imperativo particularmente solemne: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado” (véase también el v. 14 y 2 Timoteo 1:14). Tal es la exhortación final, e invitamos a cada uno de nuestros lectores a reemplazar el nombre de Timoteo por el suyo propio.

2 Timoteo 1:1-18
1PABLO, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús,2A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia, y paz de Dios el Padre y de Jesucristo nuestro Señor.3Doy gracias á Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar tengo memoria de ti en mis oraciones noche y día;4Deseando verte, acordándome de tus lágrimas, para ser lleno de gozo;5Trayendo á la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también.6Por lo cual te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti por la imposición de mis manos.7Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.8Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo; antes sé participante de los trabajos del evangelio según la virtud de Dios,9Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme á nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,10Mas ahora es manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte, y sacó á la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio;11Del cual yo soy puesto predicador, y apóstol, y maestro de los Gentiles.12Por lo cual asimismo padezco esto: mas no me avergüenzo; porque yo sé á quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.13Retén la forma de las sanas palabras que de mi oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.14Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que habita en nosotros.15Ya sabes esto, que me han sido contrarios todos los que son en Asia, de los cuales son Figello y Hermógenes.16Dé el Señor misericordia á la casa de Onesíforo; que muchas veces me refrigeró, y no se avergonzó de mi cadena:17Antes, estando él en Roma, me buscó solícitamente, y me halló.18Déle el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.

Esta segunda epístola, muy diferente de la primera, enfoca un tiempo de ruina en que el apóstol, prisionero, al final de su carrera, asiste a la rápida decadencia del testimonio por el cual había trabajado tanto. Pero Dios se valió de esos progresos del mal, ya visibles en el tiempo de los apóstoles, para darnos esta carta que nos muestra el camino a seguir y los recursos de la fe en “tiempos peligrosos” como los nuestros (3:1). “¡Ánimo! –escribe Pablo a su “amado hijo”– ¡no te dejes asustar!”. Lo que poseemos se halla fuera del alcance del enemigo y está protegido por el poder de Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Éste permanece como espíritu de poder, de amor, de consejo, y “mora en nosotros” (v. 14; Juan 14:17 al final).

“Nuestro Salvador Jesucristo” no ha cambiado. Su victoria sobre la muerte ha sido lograda para la eternidad (v. 10). Cuando todos los puntos de apoyo exteriores se han derrumbado, la fe es llevada a descansar sólo en el Señor (v. 12; Salmo 62:1). La fidelidad de cada uno es puesta a prueba no cuando todo va bien, sino cuando todo va mal (Filipenses 2:22). En la adversidad, muchos abandonaron al apóstol (v. 15), en tanto que uno abnegado, Onesíforo, lo buscó y visitó en la cárcel. Éste formaba parte de aquellos misericordiosos a quienes les será hecha misericordia (v. 18; Mateo 5:7 y 25:36).

2 Timoteo 2:1-13
1PUES tú, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.2Y lo que has oído de mí entre muchos testigos, esto encarga á los hombres fieles que serán idóneos para enseñar también á otros.3Tú pues, sufre trabajos como fiel soldado de Jesucristo.4Ninguno que milita se embaraza en los negocios de la vida; á fin de agradar á aquel que lo tomó por soldado.5Y aun también el que lidia, no es coronado si no lidiare legítimamente.6El labrador, para recibir los frutos, es menester que trabaje primero.7Considera lo que digo; y el Señor te dé entendimiento en todo.8Acuérdate que Jesucristo, el cual fué de la simiente de David, resucitó de los muertos conforme á mi evangelio;9En el que sufro trabajo, hasta las prisiones á modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa.10Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos también consigan la salud que es en Cristo Jesús con gloria eterna.11Es palabra fiel: Que si somos muertos con él, también viviremos con él:12Si sufrimos, también reinaremos con él: si negáremos, él también nos negará:13Si fuéremos infieles, él permanece fiel: no se puede negar á sí mismo.

“Esfuérzate en la gracia”, recomienda el apóstol a su querido discípulo. Él mismo había aprendido este secreto de boca del Señor: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Tres ejemplos: el del soldado, el del atleta y el del labrador ilustran el renunciamiento, la obediencia y la paciencia del cristiano. ¿Qué caracteriza a un buen soldado? No se sobrecarga con inútil bagaje; es disciplinado a fin de agradar a sus superiores; sabe que el oficio de soldado implica inevitablemente sufrimientos, peligros, golpes y que éstos preceden a las menciones honoríficas y condecoraciones. Esto es cierto y toda la Escritura lo confirma: nuestro comportamiento actual tendrá su contrapartida eternal. Hoy, los sufrimientos y la muerte con Cristo; mañana, la vida con él, el reinado y la gloria eterna. Creyentes: Cristo nos ha reclutado bajo su bandera. Por desdicha, en un ejército se pueden hallar desertores que reniegan de su bandera y de su capitán (v. 12). Existen mil maneras, aun silenciosas, de traicionar a nuestro Jefe. Que el deseo de obtener su aprobación, secreta hoy, pública mañana, haga de nosotros buenos soldados, aptos para pelear “la buena batalla” (4:7-8 y 1 Timoteo 6:12).

Estad por Cristo firmes, soldados de la cruz,

Alzad hoy la bandera en nombre de Jesús;

A aquel que al fin venciere corona se dará,

Y con el Rey de gloria por siempre reinará.

2 Timoteo 2:14-26
14Recuérdales esto, protestando delante del Señor que no contiendan en palabras, lo cual para nada aprovecha, antes trastorna á los oyentes.15Procura con diligencia presentarte á Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad.16Mas evita profanas y vanas parlerías; porque muy adelante irán en la impiedad.17Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena: de los cuales es Himeneo y Fileto;18Que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurrección es ya hecha, y trastornan la fe de algunos.19Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor á los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.20Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro: y asimismo unos para honra, y otros para deshonra.21Así que, si alguno se limpiare de estas cosas, será vaso para honra, santificado, y útil para los usos del Señor, y aparejado para todo buena obra.22Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón.23Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha, sabiendo que engendran contiendas.24Que el siervo del Señor no debe ser litigioso, sino manso para con todos, apto para enseñar, sufrido;25Que con mansedumbre corrija á los que se oponen: si quizá Dios les dé que se arrepientan para conocer la verdad,26Y se zafen del lazo del diablo, en que están cuativos á voluntad de él.

Cuando todo va bien, cuando la obra es próspera, el obrero no tiene motivos para avergonzarse ante los hombres (1:8, 12 y 16 al final). En cambio, cuando el testimonio está en ruina, fácilmente sentimos vergüenza. Pero, ¡qué importa el menosprecio del mundo, si somos aprobados por Dios! (v. 15). Este capítulo traza una línea de conducta que nos permite estar seguros de esa aprobación en toda circunstancia: allí donde la incredulidad y la corrupción dominan, el cristiano fiel se aparta. En relación con los individuos, él se limpia; respecto a las codicias, las rehuye; en cuanto al bien, lo sigue; a los creyentes, los busca, se une a ellos y juntos rinden culto a Dios. En la práctica, los versículos 19 a 22 han llevado a apreciados hijos de Dios a apartarse de diversos sistemas religiosos de la cristiandad y a reunirse alrededor del Señor para alabarle.

Ya hemos oído un “huye” y un “sigue” en la primera epístola (6:11). Quiera el Señor grabar en el corazón de todos los creyentes este versículo 22: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz”. Sin embargo no olvidemos que, así como debemos ser firmes en cuanto a la verdad y a los principios, los que no sufren ningún término medio, también debemos soportar a las personas y manifestarles “mansedumbre” (v. 24-25; Efesios 4:2).

2 Timoteo 3:1-17
1ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos:2Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad,3Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno,4Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios;5Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y á éstos evita.6Porque de éstos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas las mujercillas cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias;7Que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de la verdad.8Y de la manera que Jannes y Jambres resistieron á Moisés, así también estos resisten á la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos acerca de la fe.9Mas no prevalecerán; porque su insensatez será manifiesta á todos, como también lo fué la de aquéllos.10Pero tú has comprendido mi doctrina, instrucción, intento, fe, largura de ánimo, caridad, paciencia,11Persecuciones, aflicciones, cuales me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra, cuales persecuciones he sufrido; y de todas me ha librado el Señor.12Y también todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.13Mas los malos hombres y los engañadores, irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.14Empero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido;15Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús.16Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia,17Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra.

El sombrío retrato moral de los versículos 2 a 5 se parece al del primer capítulo de la epístola a los Romanos, versículos 28 a 32, con la diferencia de que aquí no describe personas paganas, sino a gente que dice ser cristiana. Y, lo que es más grave, la forma de piedad –la hipocresía– cubre esos horrendos rasgos con un barniz engañoso. Con un “pero tú”, vuelve a interrumpirse el apóstol (v. 10 y 14; 4:5). Por un lado están esas personas inmorales que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (v. 7); y por otro, ese joven siervo de Dios, nutrido desde la niñez con “las Sagradas Escrituras” (v. 15) bajo la influencia de una madre y una abuela piadosas (1:5). ¡Dichosos los que, desde su niñez, han sido asiduos lectores de la Palabra de Dios! A ellos y a todos nosotros se dirige esta exhortación: “Persiste tú en lo que has aprendido” (v. 14).

El versículo 16 establece la plena inspiración de toda la Escritura y al mismo tiempo su autoridad “para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. La Palabra de Dios alimenta y forma al hombre de Dios. Timoteo lo era pese a su juventud. Este título de “hombre de Dios” (v. 17 y 1 Timoteo 6:11) es más noble aun que el de “soldado”, “obrero” o “siervo del Señor” (2:3, 15 y 24). Aquí Dios nos muestra cómo se llega a ser un “hombre de Dios”. ¡Que él nos dé también el deseo de serlo!

2 Timoteo 4:1-22
1REQUIERO yo pues delante de Dios, y del Señor Jesucristo, que ha de juzgar á los vivos y los muertos en su manifestación y en su reino.2Que prediques la palabra; que instes á tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende; exhorta con toda paciencia y doctrina.3Porque vendrá tiempo cuando ni sufrirán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oir, se amotonarán maestros conforme á sus concupiscencias,4Y apartarán de la verdad el oído y se volverán á las fábulas.5Pero tú vela en todo, soporta las aflicciones, haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio.6Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano.7He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.8Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo á mí, sino también á todos los que aman su venida.9Procura venir presto á mí:10Porque Demas me ha desamparado, amando este siglo, y se ha ido á Tesalónica; Crescente á Galacia, Tito á Dalmacia.11Lucas solo está conmigo. Toma á Marcos, y traéle contigo; porque me es útil para el ministerio.12A Tychîco envié á Efeso.13Trae, cuando vinieres, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo: y los libros, mayormente los pergaminos.14Alejandro el calderero me ha causado muchos males: el Señor le pague conforme á sus hechos.15Guárdate tú también de él; que en grande manera ha resistido á nuestras palabras.16En mi primera defensa ninguno me ayudó, antes me desampararon todos: no les sea imputado.17Mas el Señor me ayudó, y me esforzó para que por mí fuese cumplida la predicación, y todos los Gentiles oyesen; y fuí librado de la boca del león.18Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.19Saluda á Prisca y á Aquila, y á la casa de Onesíforo.20Erasto se quedó en Corinto; y á Trófimo dejé en Mileto enfermo.21Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, y Lino, y Claudia, y todos los hermanos.22El Señor Jesucristo sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros. Amén. {epístola á Timoteo, el cual fué el primer obispo ordenado en Efeso, fué escrita de Roma, cuando Pablo fué presentado la segunda vez á César Nerón.}

Aunque muchos apartan el oído de la verdad (v. 4), el obrero del Señor debe, no obstante, predicar, advertir, instar “a tiempo y fuera de tiempo”, convencer, reprender, exhortar… en resumen, cumplir plenamente su ministerio (v. 2 y 5). Pablo había dado el ejemplo. Su carrera se acababa. Los deportistas saben que una competición nunca está decidida antes de la línea de llegada. Abandonar o dejarse adelantar en los últimos metros es perder toda la carrera… juntamente con el premio. Y los últimos pasos a menudo son los más difíciles. El amado apóstol nos da una conmovedora idea de las condiciones finales de su combate y de su carrera: la cárcel, el frío y la desnudez (1 Corintios 4:11; 2 Corintios 11:27; aquí pide su capa: v. 13), la maldad y la oposición de los hombres (v. 14-15), su comparecencia ante César (Nerón) y la ausencia de todos sus amigos (v. 16). Éstos se habían dispersado y hasta Demas lo había abandonado. No se puede formar parte de los que aman “este mundo” (v. 10) y de los que aman la venida del Señor (v. 8). La epístola se termina mencionando el supremo recurso en un tiempo de ruina: la gracia. Era el saludo del apóstol (1:2); es también su despedida (v. 22). ¡Que esta gracia esté con cada uno de nosotros!

Tito 1:1-16
1PABLO, siervo de Dios, y apóstol de Jesucristo, según la fe de los escogidos de Dios, y el conocimiento de la verdad que es según la piedad,2Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos,3Y manifestó á sus tiempos su palabra por la predicación, que me es á mí encomendada por mandamiento de nuestro Salvador Dios;4A Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Señor Jesucristo Salvador nuestro.5Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo que falta, y pusieses ancianos por las villas, así como yo te mandé:6El que fuere sin crimen, marido de una mujer, que tenga hijos fieles que no estén acusados de disolución, ó contumaces.7Porque es menester que el obispo sea sin crimen, como dispensador de Dios; no soberbio, no iracundo, no amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias;8Sino hospedador, amador de lo bueno, templado, justo, santo, continente;9Retenedor de la fiel palabra que es conforme á la doctrina: para que también pueda exhortar con sana doctrina, y convencer á los que contradijeren.10Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades, y engañadores de las almas, mayormente los que son de la circuncisión,11A los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras; enseñando lo que no conviene, por torpe ganancia.12Dijo uno de ellos, propio profeta de ellos: Los Cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, vientres perezosos.13Este testimonio es verdadero: por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe,14No atendiendo á fábulas judaicas, y á mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.15Todas las cosas son limpias á los limpios; mas á los contaminados é infieles nada es limpio: antes su alma y conciencia están contaminadas.16Profésanse conocer á Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra.

En la epístola a Tito volvemos a hallar los temas que nos ocuparon en la primera a Timoteo: el buen orden en la iglesia, la sana enseñanza opuesta a la de los falsos maestros y sus frutos en la conducta de los creyentes. Pablo encargó a Tito que escogiera y estableciera ancianos en cada iglesia (Hechos 14:23). Esto es muy diferente al principio de tantas iglesias en las que un solo hombre acumula esas funciones, quien además recibe un sueldo para cumplirlas. Dignidad, sobriedad, hospitalidad y dominio propio son las condiciones morales indispensables para un anciano u obispo.

El retrato de los cretenses, trazado por su propio profeta y confirmado por el apóstol, no es nada halagador. Los rasgos más o menos destacados del hombre natural no se borran con la conversión. Uno permanece más inclinado a la mentira, otro a la pereza o al orgullo. Cada hijo de Dios debe aprender a conocer sus propias tendencias y luego velar, con la ayuda del Señor, para no permitir que se manifiesten. La insubordinación de los hijos hacia sus padres (v. 6) les hace correr el riesgo de rebelarse más tarde contra toda la enseñanza divina (v. 10). Dios no reconoce las obras del que no se somete a la autoridad de su Palabra (v. 16 al final).

Tito 2:1-15
1EMPERO tú, habla lo que conviene á la sana doctrina:2Que los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia.3Las viejas, asimismo, se distingan en un porte santo; no calumniadoras, no dadas á mucho vino, maestras de honestidad:4Que enseñen á las mujeres jóvenes á ser predentes, á que amen á sus maridos, á que amen á sus hijos,5A ser templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas á sus maridos: porque la palabra de Dios no sea blasfemada.6Exhorta asimismo á los mancebos á que sean comedidos;7Mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad,8Palabra sana, é irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo mal ninguno que decir de vosotros.9Exhorta á los siervos á que sean sujetos á sus señores, que agraden en todo, no respondones;10No defraudando, antes mostrando toda buena lealtad, para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios.11Porque la gracia de Dios que trae salvación á todos los hombres, se manifestó.12Enseñándonos que, renunciando á la impiedad y á los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente,13Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo.14Que se dió á sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.15Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.

Al lado de los que son ancianos en la iglesia (1:5-9), cada creyente, joven o viejo, hermano o hermana, debe dar un buen testimonio (2:2-10). Lo que está ordenado a los siervos se aplica a todos los redimidos del Señor. Son escasos los que no tienen un jefe por encima de ellos y, de todos modos, cada uno debería poder considerarse como Pablo: siervo de Dios. Seamos “adornos” que hagan resaltar la enseñanza de nuestro Maestro (v. 10; 1 Reyes 10:4-5).

Los versículos 11 y 12 nos muestran la gracia de Dios manifestándose de dos maneras: 1) Trae a todos los hombres una salvación que ellos no podían alcanzar por sí mismos. 2) Enseña al hijo de Dios a vivir sobriamente en su vida personal; justamente en sus relaciones con los demás y piadosamente en sus relaciones con el Señor. Toda la vida cristiana cabe en esos tres adverbios. Y lo que la sostiene es la esperanza (v. 13). Ésta es llamada bienaventurada porque llena el alma de una felicidad presente (v. 13; 1:2; 3:7).

“Dios nuestro Salvador… nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (v. 10 y 13): este título, contenido en el nombre de Jesús (que significa Dios Salvador), recuerda que le debemos todo. Acordémonos siempre que él “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (v. 14).

Tito 3:1-15
1AMONÉSTALES que se sujeten á los príncipes y potestades, que obedezcan, que estén prontos á toda buena obra.2Que á nadie infamen, que no sean pendencieros, sino modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.3Porque también éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados, sirviendo á concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos á los otros.4Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,5No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;6El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,7Para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.8Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes, para que los que creen á Dios procuren gobernarse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles á los hombres.9Mas las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y debates acerca de la ley, evita; porque son sin provecho y vanas.10Rehusa hombre hereje, después de una y otra amonestación;11Estando cierto que el tal es trastornado, y peca, siendo condenado de su propio juicio.12Cuando enviare á ti á Artemas, ó á Tichîco, procura venir á mí, á Nicópolis: porque allí he determinado invernar.13A Zenas doctor de la ley, y á Apolos, envía delante, procurando que nada les falte.14Y aprendan asimismo los nuestros á gobernarse en buenas obras para los usos necesarios, para que no sean sin fruto.15Todos los que están conmigo te saludan. Saluda á los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros. Amén.

Nuestra conducta respecto a las autoridades y para con todos los hombres debe ser necesariamente un contraste con lo que “también éramos” antes de nuestra conversión. Y este recuerdo de nuestro triste estado de otrora es apropiado para que mostremos “toda mansedumbre para con todos los hombres” (v. 2; Filipenses 4:5). Lejos de sentirnos superiores a ellos, podemos invitarlos, por nuestro propio ejemplo, a aprovechar la misma gracia que nos regeneró.

Esta epístola menciona seis veces las buenas obras (1:16; 2:7 y 14; 3:1, 8 y 14). So pretexto de que no tienen valor para obtener la salvación (v. 5), corremos el riesgo de subestimar su importancia y dejarnos aventajar por otros cristianos menos instruidos en otros puntos doctrinales. Por el contrario, hemos de poner “solicitud en practicar las buenas obras” (V.M.), con un doble fin: primeramente, con miras a ser útiles a los hombres (v. 8); luego, para no estar nosotros mismos “sin fruto” (v. 14). El Señor se complace en producir este fruto en la vida de los suyos, y en apreciar su naturaleza. Solamente es buena una obra hecha para él. María, si hubiera vendido su perfume en provecho de los pobres, habría hecho una buena obra a los ojos del mundo, pero al derramarlo sobre los pies del Señor, supo hacer una buena obra para con él (Mateo 26:10).

Filemón 1-12
1PABLO, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, á Filemón amado, y coadjutor nuestro;2Y á la amada Apphia, y á Archîpo, compañero de nuestra milicia, y á la iglesia que está en tu casa:3Gracia á vosotros y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.4Doy gracias á mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones.5Oyendo tu caridad, y la fe que tienes en el Señor Jesús, y para con todos los santos;6Para que la comunicación de tu fe sea eficaz, en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros, por Cristo Jesús.7Porque tenemos gran gozo y consolación de tu caridad, de que por ti, oh hermano, han sido recreadas las entrañas de los santos.8Por lo cual, aunque tengo mucha resolución en Cristo para mandarte lo que conviene,9Ruégo te más bien por amor, siendo tal cual soy, Pablo viejo, y aun ahora prisionero de Jesucristo:10Ruégote por mi hijo Onésimo, que he engendrado en mis prisiones,11El cual en otro tiempo te fué inútil, mas ahora á ti y á mí es útil;12El cual te vuelvo á enviar; tu pues, recíbele como á mis entrañas.

En los manuales escolares, en cada lección hay una parte teórica y otra práctica. La carta a Filemón nos hace pensar en ello. No contiene ninguna revelación particular, pero muestra cómo Pablo y sus compañeros ponían en práctica las exhortaciones contenidas en sus epístolas. “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad…”, escribía Pablo a los colosenses (3:12; comp. Filemón 5 con Efesios 1:15).

Era precisamente en Colosas donde vivía Filemón, un hombre piadoso, amigo del apóstol y rico, ya que tenía esclavos. Uno de ellos, Onésimo, después de haber huido de la casa de su amo, había encontrado a Pablo, prisionero en Roma, y se había convertido. El apóstol lo devolvió a su amo y le encargó ese conmovedor mensaje. Esto era obrar en contra de lo que la ley ordenaba: “No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo. Morará contigo…” (Deuteronomio 23:15-16). La ley, en efecto, tenía en cuenta la dureza del corazón del hombre (véase Marcos 10:5). En cambio, la gracia en el apóstol tenía en cuenta que esa misma gracia obraría en el corazón de Filemón. Pablo conocía bien el amor de éste por todos los santos (v. 5); tenía las pruebas de este amor: “Porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos” (v. 7).

Filemón 13-25
13Yo quisiera detenerle conmigo, para que en lugar de ti me sirviese en las prisiones del evangelio;14Mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de necesidad, sino voluntario.15Porque acaso por esto se ha apartado de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre;16No ya como siervo, antes más que siervo, como hermano amado, mayormente de mí, pero cuánto más de ti, en la carne y en el Señor.17Así que, si me tienes por compañero, recíbele como á mi.18Y si en algo te dañó, ó te debe, ponlo á mi cuenta.19Yo Pablo lo escribí de mi mano, yo lo pagaré: por no decirte que aun á ti mismo te me debes demás.20Sí, hermano, góceme yo de ti en el Señor; recrea mis entrañas en el Señor.21Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que aun harás más de lo que digo.22Y asimismo prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os tengo de ser concedido.23Te saludan Epafras, mi compañero en la prisión por Cristo Jesús,24Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis cooperadores.25La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.

Onésimo significa “útil”. Otrora esclavo inútil, desde entonces merecía su nombre (v. 11). Más aun, había llegado a ser un amado y fiel hermano (v. 16; Colosenses 4:9). Ningún nombre es más precioso que el de “hermano”; y conviene tanto al amo como al esclavo cristiano. Por su parte, Pablo no se vale de ningún otro título más que el de anciano y prisionero de Jesucristo (v. 9). Si hubiera pensado sólo en sí mismo, no se habría privado de los servicios de Onésimo. Pero quería que a éste le fuese dada la oportunidad de dar testimonio en la casa donde se había conducido mal en otros tiempos y a Filemón, de comprobar los frutos de esa conversión y de confirmar “el amor para con él” (2 Corintios 2:8).

Esta historia de Onésimo, en cierto sentido, es la nuestra. Éramos siervos rebeldes que seguíamos el camino de nuestra propia voluntad, pero fuimos devueltos a nuestro Señor; no para ser colocados bajo servidumbre, sino como aquellos a quienes llama sus hermanos amados (comp. v. 16 y Juan 15:15). Aquí Pablo es la imagen del Señor que paga nuestra deuda e intercede por nosotros.

Ojalá esta epístola nos enseñe a introducir en nuestra vida diaria el cristianismo práctico: el olvido de sí mismo, la delicadeza, la humildad, la gracia… en una palabra, todas las múltiples manifestaciones del amor.

Hebreos 1:1-14
1DIOS, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas,2En estos porstreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo:3El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas,4Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos.5Porque ¿á cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, Hoy yo te he engendrado? Y otra vez: Yo seré á él Padre, Y él me será á mí hijo?6Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en la tierra, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios.7Y ciertamente de los ángeles dice: El que hace á sus ángeles espíritus, Y á sus ministros llama de fuego.8Mas al hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Vara de equidad la vara de tu reino;9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad; Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que á tus compañeros.10Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra; Y los cielos son obras de tus manos:11Ellos perecerán, mas tú eres permanente; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura;12Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Empero tú eres el mismo, Y tus años no acabarán.13Pues, ¿á cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate á mi diestra, Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies?14¿No son todos espíritus administradores, enviados para servicio á favor de los que serán herederos de salud?

El autor de la epístola a los Hebreos probablemente es el apóstol Pablo. Pero él no se nombra para dejar todo el lugar al Señor Jesús, el gran “apóstol… de nuestra profesión” (3:1). Después de haber hablado por medio de tan diversos instrumentos (Jeremías 7:25), Dios acabó por dirigirse directamente a Israel y a los hombres por medio de su propio Hijo (Marcos 12:6).

Él es “la Palabra”, la plena y definitiva revelación de Dios. Y, para darnos una idea más elevada, nos enseña quién es este Hijo: el heredero de todo, el creador del mundo, el resplandor de su gloria, la imagen misma de su sustancia, el que sustenta todas las cosas (Juan 1:1 y 18). Pues bien, el que hizo el mundo, ¡también efectuó la purificación de nuestros pecados! Mas si para crear le bastó una palabra, para esa última obra tuvo que pagar el supremo precio: su propia vida.

Una sucesión de salmos llamados mesiánicos (2, 45, 102, 110…) establece la exaltación y la supremacía del Hijo de Dios. Los ángeles son criaturas, Jesús es el Creador; ellos son servidores y él es el Señor.

Los ángeles, de un modo invisible, ministran a nuestro favor; Jesús solo cumplió la purificación de los pecados: los míos y los suyos. Y lo que él es realza incomparablemente lo que él ha hecho.

Hebreos 2:1-9
1POR tanto, es menester que con más diligencia atendamos á las cosas que hemos oído, porque acaso no nos escurramos.2Porque si la palabra dicha por los ángeles fué firme, y toda rebeliíon y desobediencia recibió justa paga de retribución,3¿Cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande? La cual, habiendo comenzado á ser publicada por el Señor, ha sido confirmada hasta nosotros por los que oyeron;4Testificando juntamente con ellos Dios, con señales y milagros, y diversas maravillas, y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.5Porque no sujetó á los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos.6Testificó empero uno en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, que te acuerdas de él? ¿O el hijo del hombre, que le visitas?7Tú le hiciste un poco menor que los ángeles, Coronástele de gloria y de honra, Y pusístete sobre las obras de tus manos;8Todas las cosas sujetaste debajo de sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto á él; mas aun no vemos que todas las cosas le sean sujetas.9Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte, á aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos.

“Dios… nos ha hablado por el Hijo… Por tanto,” –prosigue el capítulo 2– “es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído”. Ya sobre el santo monte, una voz del cielo había mandado solemnemente a los tres discípulos que ya no escucharan a Moisés o a Elías, sino al Hijo amado. “Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo” (Mateo 17:5-8).

Nosotros también, por la fe, “vemos… a Jesús” (v. 9). El capítulo 1 nos lo presenta bajo sus títulos divinos de Creador y Primogénito. Aquí aparece como el Hombre glorificado y vencedor de la muerte. En el capítulo 1 todos los ángeles le rinden culto; en el capítulo 2 Jesús ha sido hecho un poco menor que ellos a causa de esa muerte cuyo sabor infinitamente amargo tuvo que conocer (v. 9). Pero el Salmo 8, citado aquí, nos revela en su conjunto el propósito de Dios respecto de “Jesucristo hombre”. Una corona de gloria y de honra ciñe su frente; el dominio universal le pertenece por derecho y pronto todo se doblegará bajo su ley. Pero el lugar ocupado por “el autor de nuestra salvación” proclama ya la excelencia de esa salvación. ¿Cómo escaparemos nosotros si la “descuidamos”? (10:29). Fijémonos bien que basta ser descuidado y postergar para más tarde… Sí, apresurémonos a asir “una salvación tan grande”.

Hebreos 2:10-18
10Porque convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar á la gloria á muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos.11Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,12Diciendo: Anunciaré á mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré.13Y otra vez: Yo confiaré en él. Y otra vez: He aquí, yo y los hijos que me dió Dios.14Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo,15Y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos á servidumbre.16Porque ciertamente no tomó á los ángeles, sino á la simiente de Abraham tomó.17Por lo cual, debía ser en todo semejante á los hermanos, para venir á ser misericordioso y fiel Pontífice en lo que es para con Dios, para expiar los pecados del pueblo.18Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer á los que son tentados.

A Dios le convenía perfeccionar “por aflicciones” al autor de nuestra salvación (v. 10). “Quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento”, dice también Isaías (53:10). ¿Y con qué objetivo? Para llevar a “muchos hijos a la gloria”. “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje”, agrega el profeta. Esos hijos que Dios ha dado a Cristo para que sean sus compañeros en la gloria son sus amados redimidos. “No se avergüenza de llamarlos hermanos” (v. 11). Pero, para poder tomar su causa, debía ser hecho semejante a ellos y llegar a ser verdaderamente hombre (v. 14). Este capítulo nos da varios motivos infinitamente preciosos de ese gran misterio:

–Jesús vino con nuestra naturaleza para glorificar a Dios como hombre y permitirle realizar sus propósitos respecto al hombre.

–Tomó un cuerpo para poder morir y así obtener la victoria sobre el que tenía el imperio de la muerte, y eso en su propia fortaleza.

–Finalmente, Jesús se vistió de nuestra humanidad para entrar perfectamente en nuestras aflicciones y comprenderlas con un corazón humano. Su propia experiencia del sufrimiento le permite simpatizar plenamente con nuestras pruebas como un sacerdote fiel y misericordioso. ¡Qué consuelo para todos los afligidos!

Hebreos 3:1-15
1POR tanto, hermanos santos, participantes de la vocación celestial, considerad al Apóstol y Pontífice de nuestra profesión, Cristo Jesús;2El cual es fiel al que le constituyó, como también lo fué Moisés sobre toda su casa.3Porque de tanto mayor gloria que Moisés éste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó.4Porque toda casa es edificada de alguno: mas el que crió todas las cosas es Dios.5Y Moisés á la verdad fué fiel sobre toda su casa, como siervo, para testificar lo que se había de decir;6Mas Cristo como hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retuviéremos firme la confianza y la gloria de la esperanza.7Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz,8No endurezcáis vuestros corazones Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,9Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años.10A causa de lo cual me enemisté con esta generación, Y dije: Siempre divagan ellos de corazón, Y no han conocido mis caminos.11Juré, pues, en mi ira: No entrarán en mi reposo.12Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo:13Antes exhortaos los unos á los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado:14Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza;15Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

La epístola a los Hebreos ha sido llamada “la epístola de los cielos abiertos”. ¿Y a quién contemplamos en los cielos? A Jesús, a la vez apóstol, es decir, portavoz de Dios ante los hombres y sumo sacerdote, el portavoz de los hombres ante Dios.

Al escribir a los cristianos hebreos, el autor muestra, apoyándose en la historia del pueblo, cómo Jesús reúne y supera en su persona las glorias que veneraban los judíos: la de Moisés (cap. 3), la de Josué (cap. 4), la de Aarón (cap. 5)… Pero no podemos aprender a conocer al Señor sin descubrir al mismo tiempo la perversidad del corazón natural. Dios lo llama un “corazón malo de incredulidad” y nos recuerda que en él está el origen de nuestras miserias. “Siempre andan vagando en su corazón”, declara el versículo 10 (comp. con Marcos 7:21).

Por esa razón, quienquiera que oiga la voz del Señor (¿y quién se atrevería a decir que nunca la ha oído?) está solemne y triplemente invitado a no endurecer su corazón: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (v. 7, 15; 4:7). Generalmente limitamos esta exhortación al Evangelio de la cruz. Pero nosotros, que somos creyentes, ¿no tenemos cada día la oportunidad de oír la voz del Señor en su Palabra? ¡Que seamos guardados de toda forma de endurecimiento, cualesquiera sean las exigencias de su Palabra para con nosotros hoy!

Hebreos 3:16-19; Hebreos 4:1-7
16Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos.17Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fué con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?18¿Y á quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino á aquellos que no obedecieron?19Y vemos que no pudieron entrar á causa de incredulidad.
1TEMAMOS, pues, que quedando aún la promesa de entrar en su reposo, parezca alguno de vosotros haberse apartado.2Porque también á nosotros se nos ha evangelizado como á ellos; mas no les aprovechó el oir la palabra á los que la oyeron sin mezclar fe.3Empero entramos en el reposo los que hemos creído, de la manera que dijo: Como juré en mi ira, No entrarán en mi reposo: aun acabadas las obras desde el principio del mundo.4Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.5Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo.6Así que, pues que resta que algunos han de entrar en él, y aquellos á quienes primero fué anunciado no entraron por causa de desobediencia,7Determina otra vez un cierto día, diciendo por David: Hoy, después de tanto tiempo; como está dicho: Si oyereis su voz hoy, No endurezcáis vuestros corazones.

El reposo de Dios en el séptimo día, después de la obra de la creación, pronto fue turbado por el pecado del hombre. Y desde entonces, “hasta ahora” (Juan 5:17), no ha cesado el trabajo que el Padre y el Hijo realizan conjuntamente para la redención. Mas aquí aprendemos esto:

1° Dios siempre tiene en vista Su reposo.

2° Éste está por venir y no se confunde con el establecimiento del pueblo en Canaán bajo la conducción de Josué. Israel gozará del reposo terrenal en el milenio, y la Iglesia en la gloria celestial.

3° Si bien Dios quiere compartir su reposo con su criatura, no todos entrarán en él.

Como otrora en el desierto, la “incredulidad” (3:19) y la “desobediencia” (4:6) cierran el acceso a la promesa. Juan 3:36 nos muestra, además, que el que desobedece está en la misma situación que el que no cree, porque hacer la obra de Dios es creer “en el que él ha enviado” (Juan 6:29). Por desdicha, esto ocurrió con Israel como con las multitudes de hoy: “No les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (v. 2; leer Romanos 10:17).

De modo que la obediencia al Señor es la que nos permite entrar ahora en el trabajo de su gracia y nos prepara para compartir mañana el reposo de su amor (véase Sofonías 3:17).

Hebreos 4:8-16
8Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día.9Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.10Porque el que ha entrado en su reposo, también él ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.11Procuremos pues de entrar en aquel reposo; que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.12Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.13Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta.14Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.15Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.16Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.

Hasta nuestra futura entrada en el divino reposo, para nosotros, hijos de Dios, perdurará el tiempo del cansancio inherente al andar, al servicio y al combate.

Pero no somos dejados sin recursos. De los tres que menciona este capítulo, el primero es la Palabra de Dios. Hoy oímos Su voz… Esta Palabra vigila sobre nuestro estado interior. Es viva: nos trae la vida; es eficaz: hace su trabajo en nosotros (Efesios 6:7 nos la presenta, al contrario, como un arma ofensiva). Es penetrante: dejemos que ella nos revele nuestro interior y examine nuestra vida.

Pero, al lado del pecado que la Palabra evidencia y condena, en nosotros hay flaqueza y debilidades. Para contrarrestarlas, Dios proveyó otros dos recursos. Nos ha dado un gran sumo sacerdote, lleno de comprensión y simpatía. Como hombre aquí abajo, Cristo conoció todas las formas del sufrimiento humano para poder desplegar, en el momento “oportuno”, todas las formas de su amor en favor de sus débiles redimidos.

En segundo lugar, nos abrió el acceso al trono de la gracia. Estamos invitados a acercarnos a ese trono por medio de la oración con la libertad y confianza que debe inspirarnos el saber que allí encontramos a nuestro amado Salvador. ¿Buscamos el socorro allí, y solamente allí? (Salmo 60:11).

Hebreos 5:1-14
1PORQUE todo pontífice, tomado de entre los hombres, es constituído á favor de los hombres en lo que á Dios toca, para que ofrezca presentes y sacrificios por los pecados:2Que se pueda compadecer de los ignorantes y extraviados, pues que él también está rodeado de flaqueza;3Y por causa de ella debe, como por sí mismo, así también por el pueblo, ofrecer por los pecados.4Ni nadie toma para sí la honra, sino el que es llamado de Dios, como Aarón.5Así también Cristo no se glorificó á sí mismo haciéndose Pontífice, mas el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy;6Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote eternamente, Según el orden de Melchîsedec.7El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo.8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;9Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen;10Nombrado de Dios pontífice según el orden de Melchîsedec.11Del cual tenemos mucho que decir, y dificultoso de declarar, por cuanto sois flacos para oir.12Porque debiendo ser ya maestros á causa del tiempo, tenéis necesidad de volver á ser enseñados cuáles sean los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado á ser tales que tengáis necesidad de leche, y no de manjar sólido.13Que cualquiera que participa de la leche, es inhábil para la palabra de la justicia, porque es niño;14Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

¡Qué contraste entre el santo Hijo de Dios y el sacerdote tomado de entre los hombres, obligado a ser indulgente a causa de su propia debilidad! El versículo 8 resalta otro contraste. En lo que nos concierne, necesitamos aprender la obediencia porque por naturaleza somos desobedientes. El Hijo de Dios tuvo que aprenderla por una razón muy distinta. Por ser soberano Creador no está sujeto a nadie. Obedecer era algo completamente nuevo para Él. Pero de este modo dio el ejemplo y, de ahí en adelante, se impuso como modelo a los que le obedecen (v. 9).

En una colectividad, ¿cuál es el jefe que tiene más autoridad? El que empezó por ejecutar personalmente, en las más difíciles condiciones, las tareas que luego encomienda a sus subordinados. Aprendamos la obediencia en la escuela del Señor Jesús. Pero, ¿qué clase de alumnos somos nosotros? ¿No merecemos a menudo el reproche del versículo 11: “tardos para oír”? Aquí la Palabra de Dios no es, como en el capítulo 4, la espada que desentraña las intenciones del corazón, sino el alimento sólido que fortalece al hijo de Dios y lo vuelve capaz de discernir por sí mismo el bien y el mal. Tal es el gran progreso del creyente: llegar a ser más y más sensible a lo que agrada y a lo que no le agrada al Señor…

Hebreos 6:1-20
1POR tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante á la perfección; no echando otra vez el fundamento; no arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios,2De la doctrina de bautismos, y de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno.3Y esto haremos á la verdad, si Dios lo permitiere.4Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo.5Y asimismo gustaron la buena palabra de Dios, y las virtudes del siglo venidero,6Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndole á vituperio.7Porque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella, y produce hierba provechosa á aquellos de los cuales es labrada, recibe bendición de Dios:8Mas la que produce espinas y abrojos, es reprobada, y cercana de maldición; cuyo fin será el ser abrasada.9Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas, y más cercanas á salud, aunque hablamos así.10Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado á su nombre, habiendo asistido y asistiendo aún á los santos.11Mas deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el cabo, para cumplimiento de la esperanza:12Que no os hagáis perezosos, mas imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.13Porque prometiendo Dios á Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,14Diciendo: De cierto te bendeciré bendiciendo, y multiplicando te multiplicaré.15Y así, esperando con largura de ánimo, alcanzó la promesa.16Porque los hombres ciertamente por el mayor que ellos juran: y el fin de todas sus controversias es el juramento para confirmación.17Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente á los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;18Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos á trabarnos de la esperanza propuesta:19La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;20Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melchîsedec.

Sí, avancemos espiritualmente hacia el estado de madurez. No nos contentemos, como aquellos cristianos salidos del judaísmo, con conocer algunas verdades elementales. Jesús quiere ser para nosotros más que un Salvador de obras muertas. Él quiere ser nuestro Señor, Modelo, supremo Amigo…

Los versículos 4, 5 y 6 a menudo han sido empleados por el diablo para turbar a los hijos de Dios. En realidad, no se trata de ellos, sino de los que llevan el nombre de cristianos sin serlo. En el estado moral así descrito, vanamente se buscaría la vida divina comunicada al alma de un verdadero creyente. ¡Pero es posible, por desdicha, vivir en medio de los privilegios del cristianismo sin haber sido realmente convertido! Así era para ciertos judíos, y así sea tal vez hoy para algunos hijos de padres creyentes. Los verdaderos cristianos no pueden perder su salvación, pero lo que sí puede ocurrir es que se alejen del Señor.

Al lado del “trabajo de amor” que Dios no olvida, la fe y la esperanza no deben ser descuidadas (v. 10- 12). Se nutren de las promesas divinas. El creyente conoce su puerto de amarre aún invisible; allí echó su ancla. Por más agitado que esté el mar de este mundo, la fe es el ancla que une firmemente al redimido con el lugar celestial e inmutable donde se halla el objeto de su esperanza: Jesús.

Hebreos 7:1-17
1PORQUE este Melchîsedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió á recibir á Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,2Al cual asimismo dió Abraham los diezmos de todo, primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz;3Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, mas hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.4Mirad pues cuán grande fué éste, al cual aun Abraham el patriarca dió diezmos de los despojos.5Y ciertamente los que de los hijos de Leví toman el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es á saber, de sus hermanos aunque también hayan salido de los lomos de Abraham.6Mas aquél cuya genealogía no es contada de ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.7Y sin contradicción alguna, lo que es menos es bendecido de lo que es más.8Y aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos: mas allí, aquel del cual está dado testimonio que vive.9Y, por decirlo así, en Abraham fué diezmado también Leví, que recibe los diezmos;10Porque aun estaba en los lomos de su padre cuando Melchîsedec le salió al encuentro.11Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico (porque debajo de él recibio el pueblo la ley) ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melchîsedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?12Pues mudado el sacerdocio, necesario es que se haga también mudanza de la ley.13Porque aquel del cual esto se dice, de otra tribu es, de la cual nadie asistió al altar.14Porque notorio es que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, sobre cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio.15Y aun más manifiesto es, si á semejanza de Melchîsedec se levanta otro sacerdote,16El cual no es hecho conforme á la ley del mandamiento carnal, sino según la virtud de vida indisoluble;17Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melchîsedec.

El autor de la epístola tenía “mucho que decir” acerca de Melquisedec (5:10-11); ese personaje misterioso que se cruza en la historia de Abraham (Génesis 14) obrando como mediador, bendiciendo a Abraham de parte del Dios Altísimo y luego bendiciendo a ese Dios Altísimo de parte de Abraham. En cambio, todo lo que concierne su persona y sus orígenes no nos ha sido revelado, y comprendemos el porqué. Lo que interesa al Espíritu de Dios aquí no es el hombre, sino el oficio. Rey y sacerdote, Melquisedec es una figura del Señor Jesús cuando reine en justicia y sea sacerdote sobre su trono. El sacerdocio según el orden de Melquisedec, desde todos los puntos de vista es superior al de Aarón:

1) Su titular es más excelente que Abraham, ya que ese patriarca dio el diezmo a Melquisedec y fue bendecido por él.

2) Siendo anterior a la historia de Israel, este sacerdocio no sólo se ejerce en beneficio de ese pueblo sino de todo creyente.

3) Finalmente, es intransmisible, ya que el que está a cargo de ese oficio permanece siempre vivo (véase Romanos 8:34).

En la cristiandad muchas personas creen que es necesario recurrir a intermediarios, sacerdotes o “santos”. Esta epístola les enseña que Dios nos ha dado un único sumo sacerdote, perfecto y suficiente para siempre (10:21-22).

Hebreos 7:18-28
18El mandamiento precedente, cierto se abroga por su flaqueza é inutilidad;19Porque nada perfeccionó la ley; mas hízolo la introducción de mejor esperanza, por la cual nos acercamos á Dios.20Y por cuanto no fué sin juramento,21(Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas éste, con juramento por el que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eternamente Según el orden de Melchîsedec:)22Tanto de mejor testamento es hecho fiador Jesús.23Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, en cuanto por la muerte no podían permanecer.24Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable:25Por lo cual puede también salvar eternamente á los que por él se allegan á Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.26Porque tal pontífice nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime de los cielos;27Que no tiene necesidad cada día, como los otros sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto lo hizo una sola vez, ofreciéndose á sí mismo.28Porque la ley constituye sacerdotes á hombres flacos; mas la palabra del juramento, después de la ley, constituye al Hijo, hecho perfecto para siempre.

Hasta que no hubiera sido hecho “más sublime que los cielos”, Jesús no podía ser nuestro sumo Sacerdote. Para poder representarnos ante Dios era necesario que primeramente se ofreciera a sí mismo por nosotros. Ante todo, necesitábamos un Redentor. Pero ahora, el Salvador de nuestras almas también es el que nos salva por completo, es decir, quien se encarga de nosotros hasta nuestra entrada en la gloria. Y, como vive para siempre, tenemos la seguridad de que en ningún momento nos faltará. A la verdad, tal sumo sacerdote nos convenía. Su perfección moral, expresada de muchas maneras, y su posición gloriosa ante Dios nos llevan a exclamar: “Mira, oh Dios… Y pon los ojos en el rostro de tu ungido” (Salmo 84:9).

Pronto no necesitaremos más su intercesión. Ésta terminará cuando todos los redimidos hayan acabado su peregrinaje. ¿Por qué, entonces, se repite: “Tú eres sacerdote para siempre”? (5:6; 6:20; 7:17 y 21). Porque el sacerdote también es el que conduce la alabanza, ese servicio eterno que nuestro amado Salvador no será más el único en cumplir. Lo realizará juntamente con los que haya salvado enteramente, quienes serán para siempre sus compañeros en la gloria (2:12).

Hebreos 8:1-13
1ASI que, la suma acerca de lo dicho es: Tenemos tal pontífice que se asentó á la diestra del trono de la Majestad en los cielos;2Ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre.3Porque todo pontífice es puesto para ofrecer presentes y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tuviese algo que ofrecer.4Así que, si estuviese sobre la tierra, ni aun sería sacerdote, habiendo aún los sacerdotes que ofrecen los presentes según la ley;5Los cuales sirven de bosquejo y sombre de las cosas celestiales, como fué respondido á Moisés cuando había de acabar el tabernáculo: Mira, dice, haz todas las cosas conforme al dechado que te ha sido mostrado en el monte.6Mas ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, el cual ha sido formado sobre mejores promesas.7Porque si aquel primero fuera sin falta, cierto no se hubiera procurado lugar de segundo.8Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, Y consumaré para con la casa de Israel y para con la casa de Judá un nuevo pacto;9No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto: Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo los menosprecié, dice el Señor.10Por lo cual, este es el pacto que ordenaré á la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos, Y sobre el corazón de ellos las escribiré; Y seré á ellos por Dios, Y ellos me serán á mí por pueblo:11Y ninguno eneseñará á su prójimo, Ni ninguno á su hermano, diciendo: Conoce al Señor: Porque todos me conocerán, Desde el menor de ellos hasta el mayor.12Porque seré propicio á sus injusticias, Y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordaré más.13Diciendo, Nuevo pacto, dió por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está de desvanecerse.

Por culpa de Israel, otrora se rompió el antiguo pacto del Sinaí. Un nuevo pacto (anunciado en Jeremías 31:31…) será concertado con ese pueblo. Como ha sido hecha la prueba de que el hombre es incapaz de cumplir sus compromisos para con Dios, ese nuevo pacto no le impondrá ningún requisito que satisfacer (Romanos 11:27). Su única base será la sangre de Cristo, llamada la “sangre del nuevo pacto” (Mateo 26:28). Cuatro puntos lo caracterizan:

1° Los mandamientos del Señor estarán escritos en sus corazones, es decir, harán un llamamiento al amor.

2° Israel volverá a gozar de su relación de pueblo del Señor (v. 10; Zacarías 8:8).

3° El conocimiento del Señor será común a todos (v. 11; Isaías 54:13).

4° Dios no se acordará más de “sus pecados y de sus iniquidades” (v. 12).

Los cristianos, en lo que les concierne, no están bajo un pacto (¿hace falta un pacto entre un padre y un hijo?). Pero ellos gozan ya, y más allá, de todas esas bendiciones prometidas a Israel. La divina Palabra está implantada en ellos (comp. con 2 Corintios 3:3). Ahora son hijos de Dios. Conocen al Señor por medio del Espíritu Santo que habita en ellos. Tienen la seguridad de que sus pecados han sido borrados para siempre.

¿El lector también posee esos privilegios?

Hebreos 9:1-15
1TENIA empero también el primer pacto reglamentos del culto, y santuario mundano.2Porque el tabernáculo fué hecho: el primero, en que estaban las lámparas, y la mesa, y los panes de la proposición; lo que llaman el Santuario.3Tras el segundo velo estaba el tabernáculo, que llaman el Lugar Santísimo;4El cual tenía un incensario de oro, y el arca del pacto cubierta de todas partes alrededor de oro; en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, y la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto;5Y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en particular.6Y estas cosas así ordenadas, en el primer tabernáculo siempre entraban los sacerdotes para hacer los oficios del culto;7Mas en el segundo, sólo el pontífice una vez en el año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo:8Dando en esto á entender el Espíritu Santo, que aun no estaba descubierto el camino para el santuario, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie.9Lo cual era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios que no podían hacer perfecto, cuanto á la conciencia, al que servía con ellos;10Consistiendo sólo en viandas y en bebidas, y en diversos lavamientos, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de la corrección.11Mas estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es á saber, no de esta creación;12Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, mas por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención.13Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de la becerra, rociada á los inmundos, santifica para la purificación de la carne,14¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció á sí mismo sin mancha á Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo?15Así que, por eso es mediador del nuevo testamento, para que interviniendo muerte para la remisión de las rebeliones que había bajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

Los capítulos 35 a 40 de Éxodo relatan cómo fue construido el tabernáculo. Levítico da instrucciones concernientes a los sacrificios (1:7) y a los sacerdotes (8:10). Pero todas esas ordenanzas de un culto terrenal habían demostrado su trágica impotencia. El tabernáculo estaba dividido en dos mediante un velo infranqueable. El sacerdote, como pecador, estaba obligado a “ofrecer por los pecados” de sí mismo (v. 7; 5:3). Finalmente, los sacrificios de machos cabríos y de becerros no podían “hacer perfecto, en cuanto a la conciencia”.

Entonces Dios nos habla de un santuario celestial “más amplio y más perfecto… no de esta creación” (v. 11; 8:2). ¿Pero de qué serviría si no hubiera un sacerdote capaz de asumir el oficio? ¿Y de qué nos serviría un sacerdote perfecto (5:8), si el sacrificio no fuese excelente? (9 y 10). Para nuestra entera seguridad, Jesús es a la vez lo uno y lo otro. Como sacrificio, nos da la paz de la conciencia. Como sacerdote, nos asegura la paz del corazón y nos mantiene en comunión con Dios. Bajo el antiguo pacto, todo era precario y condicional. Ahora todo es eterno, tanto la redención (v. 12 final; 5:9) como la herencia (v. 15 final). Nada podrá arrebatárnoslas ni cuestionarlas.

Hebreos 9:16-28
16Porque donde hay testamento, necesario es que intervenga muerte del testador.17Porque el testamento con la muerte es confirmado; de otra manera no es válido entre tanto que el testador vive.18De donde vino que ni aun el primero fué consagrado sin sangre.19Porque habiendo leído Moisés todos los mandamientos de la ley á todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, y lana de grana, é hisopo, roció al mismo libro, y también á todo el pueblo,20Diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios os ha mandado.21Y además de esto roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio.22Y casi todo es purificado según la ley con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.23Fué, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas con estas cosas; empero las mismas cosas celestiales con mejores sacrificios que éstos.24Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios.25Y no para ofrecerse muchas veces á sí mismo, como entra el pontífice en el santuario cada año con sangre ajena;26De otra manera fuera necesario que hubiera padecido muchas veces desde el principio del mundo: mas ahora una vez en la consumación de los siglos, para deshacimiento del pecado se presentó por el sacrificio de sí mismo.27Y de la manera que está establecido á los hombres que mueran una vez, y después el juicio;28Así también Cristo fué ofrecido una vez para agotar los pecados de muchos; y la segunda vez, sin pecado, será visto de los que le esperan para salud.

“Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (v. 22; leer también Levítico 17:11). Lo que cada sacrificio del antiguo pacto proclamaba, lo que Abel ya había comprendido por la fe (11:4), está confirmado aquí de la manera más categórica. Porque “la paga del pecado es muerte”, y la sangre derramada sobre la tierra es la prueba de que esa paga fue efectuada (Deuteronomio 12:23-24). La sangre de Cristo fue derramada por muchos “para remisión de los pecados” (Mateo 26:28). ¿Quiénes son esos muchos? ¡Todos los que creen! La preciosa sangre de Jesús, continuamente bajo la mirada de Dios, los pone al abrigo de Su ira, porque “está establecido para los hombres que mueran una sola vez…”. No les será otorgada una segunda existencia.

Sin embargo, no todo se acaba con la extinción de la vida corporal, y la muerte es poca cosa al lado de lo que sigue. ¿Qué hay después de la muerte? Una palabra temible basta para revelarlo: “…y después de esto el juicio” (2 Timoteo 4:1; Apocalipsis 20:12). El hombre sin Dios tiene esas dos realidades terribles ante sí: la muerte y el juicio. Pero el redimido posee dos bienaventuradas certezas: el perdón de todos sus pecados y el retorno del Señor para su liberación final (v. 28). Que cada uno de nuestros lectores pueda formar parte de “los que le esperan”.

Hebreos 10:1-18
1PORQUE la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos á los que se allegan.2De otra manera cesarían de ofrecerse; porque los que tributan este culto, limpios de una vez, no tendrían más conciencia de pecado.3Empero en estos sacrificios cada año se hace conmemoración de los pecados.4Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.5Por lo cual, entrando en el mundo, dice: sacrificio y presente no quisiste; Mas me apropiaste cuerpo:6Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.7Entonces dije: Heme aquí (En la cabecera del libro está escrito de mí) Para que haga, oh Dios, tu voluntad.8Diciendo arriba: Sacrificio y presente, y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron, (las cuales cosas se ofrecen según la ley,)9Entonces dijo: Heme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero.10En la cual voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez.11Así que, todo sacerdote se presenta cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados:12Pero éste, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, está sentado á la diestra de Dios,13Esperando lo que resta, hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.14Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados.15Y atestíguanos lo mismo el Espíritu Santo; que después que dijo:16Y este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en sus corazones, Y en sus almas las escribiré:17Añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados é iniquidades.18Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado.

La necesidad de ofrecer una y otra vez los sacrificios del antiguo pacto mostraba que eran ineficaces. A decir verdad, constituían únicamente un recordatorio del pecado (v. 3). La justicia de Dios no estaba satisfecha con ellos, y menos aun podían agradarle. Entonces se presentó alguien que se encargó de nuestra causa. Sólo Jesús era el objeto de la complacencia del Padre, sólo él podía ser la ofrenda agradable, la santa víctima ofrecida una vez para siempre. En tanto que los sacerdotes se mantenían en pie porque nunca habían terminado su servicio, Cristo “se ha sentado a la diestra de Dios” porque su obra está acabada. Y el que se sentó para siempre nos hizo perfectos para siempre. Sí, perfectos, es así cómo Dios nos ve, porque hemos sido lavados de nuestros pecados. Y no se trata del futuro; es un hecho cumplido y definitivo.

Mas no olvidemos que a la obra hecha para nosotros se le une la obra hecha actualmente en nosotros. El Señor quiere poner su amor y sus mandamientos en cada uno de nuestros corazones (v. 16; 8:10). Al entrar en el mundo Jesucristo dijo al Padre: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”. Ahora, Él desea que los suyos se le parezcan (v. 7, 9; Salmo 40:6-8).

Hebreos 10:19-31
19Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesucristo,20Por el camino que él nos consagró nuevo y vivo, por el velo, esto es, por su carne;21Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,22Lleguémonos con corazón verdadero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua limpia.23Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin fluctuar; que fiel es el que prometió:24Y considerémonos los unos á los otros para provocarnos al amor y á las buenas obras;25No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.26Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por el pecado,27Sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar á los adversarios.28El que menospreciare la ley de Moisés, por el testimonio de dos ó de tres testigos muere sin ninguna misericordia:29¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento, en la cual fué santificado, é hiciere afrenta al Espíritu de gracia?30Sabemos quién es el que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará su pueblo.31Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo.

La obra de la gracia se acabó. Aquel que la cumplió ha sido hecho más sublime que los cielos (7:26). Y nosotros somos invitados a acceder allí siguiendo sus pisadas, por el camino nuevo y vivo que desde entonces ha quedado abierto al adorador. La sangre de Jesús, el velo rasgado y la intervención de un gran sumo sacerdote a favor de nosotros dan a nuestra fe una completa seguridad. Acerquémonos, hermanos, con plena libertad. Que nada nos detenga para entrar en el Lugar Santísimo… ni para congregarnos con los hijos de Dios (v. 25). No nos hemos convertido para vivir solos, como egoístas. Alentémonos unos a otros a amar y a abnegarse.

Los versículos 26 a 31 son particularmente solemnes. Para los judíos que profesaban el cristianismo, pecaban voluntariamente al volver a la ley; de esa manera, pisoteaban al Hijo de Dios, envilecían su preciosa sangre y se burlaban de su gracia. Pecar voluntariamente también puede aplicarse a hijos de padres creyentes que rechacen la enseñanza recibida en la juventud y deliberadamente escojan el camino del mundo.

Amigos jóvenes que poseen privilegios tan grandes: el camino al cielo no siempre estará abierto para ustedes. ¡Acérquense ahora! (Juan 6:37).

Hebreos 10:32-39; Hebreos 11:1-7
32Empero traed á la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sufristeis gran combate de aflicciones:33Por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra parte hechos compañeros de los que estaban en tal estado.34Porque de mis prisiones también os resentisteis conmigo, y el robo de vuestros bienes padecisteis con gozo, conociendo que tenéis en vosotros una mejor sustancia en los cielos, y que permanece.35No perdáis pues vuestra confianza, que tiene grande remuneración de galardón:36Porque la paciencia os es necesaria; para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.37Porque aun un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará.38Ahora el justo vivirá por fe; Mas si se retirare, no agradará á mi alma.39Pero nosotros no somos tales que nos retiremos para perdición, sino fieles para ganancia del alma.
1ES pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.2Porque por ella alcanzaron testimonio los antiguos.3Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía.4Por la fe Abel ofreció á Dios mayor sacrificio que Caín, por la cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio á sus presentes; y difunto, aun habla por ella.5Por la fe Enoc fué traspuesto para no ver muerte, y no fué hallado, porque lo traspuso Dios. Y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado á Dios.6Empero sin fe es imposible agradar á Dios; porque es menester que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.7Por la fe Noé, habiendo recibido respuesta de cosas que aun no se veían, con temor aparejó el arca en que su casa se salvase: por la cual fe condenó al mundo, y fué hecho heredero de la justicia que es por la fe.

Los cristianos hebreos habían aceptado, y aceptado con gozo, el despojo de sus bienes terrenales (comp. Mateo 5:12). ¿Cuál era su secreto? La fe que se apropiaba de bienes mejores y fuera del alcance de los perseguidores. Pero la fe es necesaria no sólo para la conversión y en los días malos, sino que ella es el principio vital del justo. Hace presente el porvenir y visible lo invisible. El que carece de ella no puede perseverar; retrocede y Dios no se agrada de él (v. 38; 4:2; 1 Corintios 10:5). Sin fe –repite el versículo 6 del capítulo 11– es imposible agradarle. Ahora Dios nos presenta a algunos de aquellos en quienes tiene su complacencia (Salmo 16:3).

En el capítulo 11, los distintos aspectos de la vida de la fe son ilustrados por testigos del Antiguo Testamento. En Abel vemos esa fe apropiarse de la redención mediante la ofrenda de un sacrificio agradable a Dios. En Enoc ella camina hacia su meta celestial. En Noé condena al mundo y predica la justicia divina.

Así la fe caracteriza toda la vida cristiana. Y cuando se llega a los últimos pasos de ese andar por la fe, no es el momento de perder nuestra confianza, pues, aún un poquito y el que “ha de venir vendrá, y no tardará” (10:37). Esta designación es suficiente. Jesús es “El que ha de venir”; nosotros somos “los que le esperan” (9:28).

Hebreos 11:8-16
8Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber dónde iba.9Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa:10Porque esperaba ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios.11Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir simiente; y parió aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó ser fiel el que lo había prometido.12Por lo cual también, de uno, y ése ya amortecido, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena inmunerable que está á la orilla de la mar.13Conforme á la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra.14Porque los que esto dicen, claramente dan á entender que buscan una patria.15Que si se acordaran de aquella de donde salieron, cierto tenían tiempo para volverse:16Empero deseaban la mejor, es á saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos: porque les había aparejado ciudad.

Una vez más Abraham y los suyos son elegidos por Dios para enseñarnos lo que es la fe. “Abraham, siendo llamado, obedeció…”. Obedecer a alguien sin conocer sus intenciones muestra que se tiene plena confianza en él. Cuando Dios lo ordena, la fe sabe “salir” (v. 8), pero también sabe morar (v. 9).

Es verdad que una vez el patriarca decidió morar “en Harán” (Hechos 7:4) cuando debió haber ido a Canaán, y otra vez resolvió salir para Egipto cuando habría tenido que morar en el país (Génesis 12:10). Pero Dios se complace en disimular esos pasos dados en falso; asimismo hace caso omiso de la risa de Sara, del triste fin de la historia de Isaac y del desagradable principio de la de Jacob. De la vida de los suyos solamente recuerda lo que le glorifica y sólo la fe puede glorificarle.

En principio, no es posible poseer simultáneamente dos patrias. Por eso la promesa de una ciudad celestial había hecho de Abraham y los suyos unos extranjeros. No temieron confesarlo (v. 13; Génesis 23:4); pero también lo mostraron claramente al habitar en tiendas (2 Corintios 4:18; 5:1). No se avergonzaron de su Dios, y por eso él tampoco se avergüenza de ellos. Él reivindica ese nombre de “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.

Lector, ¿tiene usted el derecho de llamarle “Dios mío”?

Hebreos 11:17-31
17Por fe ofreció Abraham á Isaac cuando fué probado, y ofrecía al unigénito el que había recibido las promesas,18Habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente:19Pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió á recibir por figura.20Por fe bendijo Isaac á Jacob y á Esaú respecto á cosas que habían de ser.21Por fe Jacob, muriéndose, bendijo á cada uno de los hijos de José, y adoró estribando sobre la punta de su bordón.22Por fe José, muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel; y dió mandamiento acerca de sus huesos.23Por fe Moisés, nacido, fué escondido de sus padres por tres meses, porque le vieron hermoso niño; y no temieron el mandamiento del rey.24Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón;25Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado.26Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba á la remuneración.27Por fe dejó á Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.28Por fe celebró la pascua y el derramamiento de la sangre, para que el que mataba los primogénitos no los tocase.29Por fe pasaron el mar Bermejo como por tierra seca: lo cual probando los Egipcios, fueron sumergidos.30Por fe cayeron los muros de Jericó con rodearlos siete días.31Por fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los incrédulos, habiendo recibido á los espías con paz.

El sacrificio de Isaac es una prueba de que Abraham creía en la resurrección (véase Romanos 4:17) y que amaba a Dios más que a su único hijo. La larga historia de Jacob se vislumbra por su bordón, algunas veces instrumento de pastor de ovejas y otras de peregrino o de cojo y, finalmente sostén del adorador (v. 21). De Isaac se podría pensar que su discernimiento fue muy tardío y de José que hubiera habido otra cosa que recordar más que esa simple recomendación acerca de sus huesos.

Pero cada uno de esos patriarcas proclama a su manera su segura esperanza de las cosas venideras. Moisés rehúsa… escoge… estima… porque tiene puesta la mirada en la remuneración (ver 10:35). Deja… no teme… se mantiene firme porque ve al Invisible.

La fe es el único instrumento de medida que permite apreciar el verdadero valor y la relativa duración de todas las cosas. Pero al mismo tiempo, ella es la energía interior que da la capacidad de triunfar, tanto sobre los obstáculos –la ira del rey, el mar Rojo, Jericó– como sobre las codicias: los deleites del pecado o las riquezas de Egipto.

Sí, la fe es enérgica y audaz. Y si el ejemplo de Moisés nos parece demasiado elevado, seamos alentados por el de Rahab. Cualesquiera sean nuestras circunstancias, Dios aguarda un fruto visible de nuestra fe.

Hebreos 11:32-40; Hebreos 12:1-3
32¿Y qué más digo? porque el tiempo me faltará contando de Gedeón, de Barac, de Samsón, de Jephté, de David, de Samuel, y de los profetas:33Que por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones,34Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños.35Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección; unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección;36Otros experimentaron vituperios y azotes; y á más de esto prisiones y cárceles;37Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos á cuchillo; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;38De los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.39Y todos éstos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa;40Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen perfeccionados sin nosotros.
1POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta,2Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios.3Reducid pues á vuestro pensameinto á aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.

A partir del versículo 32 estamos en el país de Canaán. En él hallamos a los jueces, los reyes, los profetas y la “grande nube de testigos” que nos rodea, que nos ha precedido y nos aguarda para entrar en posesión de lo prometido (v. 39- 40). A través de los más sombríos tiempos, la antorcha de la fe ha pasado de mano en mano y nunca se ha apagado. Sólo Dios conoce la lista de esos mártires olvidados y la tiene al día. «Cada uno tiene que integrar su propia página en el volumen de la fidelidad» escribió un creyente.

El ejército de la fe cuenta con exploradores (cap. 11) y con un Jefe prestigioso (cap. 12); nosotros somos la retaguardia. Nos llegó el turno de ingresar en esa «carrera de relevos». ¿Qué hace falta para correr bien? No tener carga ni estorbo. Empecemos por despojarnos de todo peso y bagaje inútil. Rechacemos el pecado, esa red que nos hace tropezar tan fácilmente. Pero además es necesario que un objeto nos atraiga hacia adelante como un irresistible imán. Pongamos nuestras miradas en Jesús, Guía y Modelo de la vida de la fe, su Autor y Consumador. Él también tenía un objeto delante de sí, más poderoso que la cruz, el oprobio y todo su sufrimiento: la “plenitud de gozo” que debía ser el broche final de la vida del hombre de fe según el Salmo 16:11.

Hebreos 12:4-17
4Que aun no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado:5Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, Ni desmayes cuando eres de él reprendido.6Porque el Señor al que ama castiga, Y azota á cualquiera que recibe por hijo.7Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como á hijos; porque ¿qué hijo es aquel á quien el padre no castiga?8Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos.9Por otra parte, tuvimos por castigadores á los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos, ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?10Y aquéllos, á la verdad, por pocos días nos castigaban como á ellos les parecía, mas éste para lo que nos es provechoso, para que recibamos su santificación.11Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia á los que en él son ejercitados.12Por lo cual alzad las manos caídas y las rodillas paralizadas;13Y haced derechos pasos á vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado.14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor:15Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;16Que ninguno sea fornicario, ó profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura.17Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado (que no halló lugar de arrepentimiento), aunque la procuró con lágrimas.

En su familia, un niño está sujeto a la educación paterna. Ésta le hará derramar algunas lágrimas, pero cuando haya crecido, será para él un motivo de agradecimiento hacia sus padres. Si somos hijos e hijas de Dios, es imposible que no tengamos que habérnosla con su disciplina (v. 8), porque el Dios santo quiere formar sus hijos a su imagen (v. 10).

Sin embargo, esa disciplina podría llevarnos a dos reacciones opuestas: primero, a menospreciarla y a no hacerle caso. Pero hemos de ser “ejercitados” en ella, es decir, aprender a juzgarnos delante del Señor al indagar por qué motivo nos manda esa prueba (véase Job 5:17). El peligro contrario es que nos desalentemos (v. 5; Efesios 3:13). Entonces, acordémonos del nombre dado al creyente disciplinado: “al que (el Señor) ama” (v. 6). Sigamos “la paz con todos”, pero sin que sea a costa de la santidad (v. 14). No olvidemos que nosotros mismos somos objetos de la gracia y echemos de nuestro corazón las raíces de amargura (literalmente: gérmenes de veneno). Ocultas al principio, tarde o temprano se manifiestan si no son juzgadas enseguida (Deuteronomio 29:18).

Esaú, quien no pudo ser mencionado en el capítulo precedente con los miembros de su familia, lo es aquí para su eterna vergüenza. ¡Que ninguno de nosotros se le parezca!

Hebreos 12:18-29
18Porque no os habéis llegado al monte que se podía tocar, y al fuego encendido, y al turbión, y á la oscuridad, y á la tempestad,19Y al sonido de la trompeta, y á la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más;20Porque no podían tolerar lo que se mandaba: Si bestia tocare al monte, será apedreada, ó pasada con dardo.21Y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy asombrado y temblando.22Mas os habéis llegado al monte de Sión, y á la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y á la compañía de muchos millares de ángeles,23Y á la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos, y á Dios el Juez de todos, y á los espíritus de los justos hechos perfectos,24Y á Jesús el Mediador del nuevo testamento, y á la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel.25Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos.26La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo.27Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas que son firmes.28Así que, tomando el reino inmóvil, vamos á Dios agradándole con temor y reverencia;29Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Aquí todavía se establece un contraste entre lo que la ley ofrecía y lo que el creyente posee ahora en Cristo. Dios sustituirá el terrible Sinaí por la gracia en “Sion” en el próximo reinado del Mesías (Salmo 2:6).

Pero el hijo de Dios ya se dirige hacia un orden de bendiciones más elevado. Está invitado a subir las pendientes de ese monte de la gracia, a penetrar por la fe en “la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial”, y a saludar a sus habitantes. Encuentra a los millares de ángeles, luego a “la congregación de los primogénitos”, es decir, a la Iglesia. En la cumbre está Dios mismo, “el Juez de todos”, quien lo recibe como redimido en su Hijo. Al bajar hacia el pie del monte, hacia la base de todas esas glorias, halla “a los espíritus de los justos hechos perfectos” (cap. 11) y a Jesús, mediador de un nuevo pacto sellado por su propia sangre.

«Allí está mi morada», dice un cántico. Todas las cosas pasajeras son llamadas a desaparecer pronto; en cambio yo recibo un reino inconmovible; mi nombre está escrito “en los cielos” (Lucas 10:20). La misma gracia que me da acceso a ellos me permite ya servir a ese Dios santo, no de una manera que a mí me sea agradable, sino que le sea agradable a él. La reverencia y el temor de desagradarle me guardarán en el camino de su voluntad.

Hebreos 13:1-16
1PERMANEZCA el amor fraternal.2No olvidéis la hospitalidad, porque por ésta algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.3Acordaos de los presos, como presos juntamente con ellos; y de los afligidos, como que también vosotros mismos sois del cuerpo.4Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; ùmas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.5Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos de lo presente; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.6De tal manera que digamos confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me hará el hombre.7Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fe de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta.8Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.9No seáis llevados de acá para allá por doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón en la gracia, no en viandas, que nunca aprovecharon á los que anduvieron en ellas.10Tenemos un altar, del cual no tienen facultad de comer los que sirven al tabernáculo.11Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el santuario por el pontífice, son quemados fuera del real.12Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta.13Salgamos pues á él fuera del real, llevando su vituperio.14Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir.15Así que, ofrezcamos por medio de él á Dios siempre sacrificio de alabanza, es á saber, fruto de labios que confiesen á su nombre.16Y de hacer bien y de la comunicación no os olvidéis: porque de tales sacrificios se agrada Dios.

El amor fraternal puede ejercerse bajo muchas formas: la hospitalidad que se vuelve provechosa para el que la practica (v. 2), la simpatía que se identifica con los que sufren (v. 3; 10:34) y la beneficencia de la que Dios mismo se agrada (v. 16).

La avaricia, por desdicha, también tiene varias caras. Se puede amar al dinero que uno posee, pero también al que se desea tener. Sepamos contentarnos con lo que tenemos actualmente. Y para las necesidades o los peligros de mañana, apoyémonos “confiadamente” en la fidelidad del Señor (v. 6; Mateo 6:31-34). El que es nuestro ayudador no podría cambiar. “Tú eres el mismo”, proclamaba el versículo 12 del capítulo 1. El versículo 8 de nuestro capítulo completa esa afirmación con otra de un insondable alcance: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Si él nos basta, las “doctrinas diversas y extrañas” no hallarán asidero en nosotros (v. 9). Así estaremos listos para salir del campamento religioso formalista (véase Éxodo 33:7) a fin de ir sólo hacia Jesús, al lugar en el que su presencia está prometida. Él ofreció el supremo sacrificio. Nuestro privilegio es ofrecer a Dios, en cambio, no sólo el culto del domingo, sino un incesante sacrificio de alabanza, ese fruto de nuestros labios que madura primero en nuestro corazón (Salmo 45:1).

Hebreos 13:17-25
17Obedeced á vuestros pastores, y sujetaos á ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como aquellos que han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es útil.18Orad por nosotros: porque confiamos que tenemos buena conciencia, deseando conversar bien en todo.19Y más os ruego que lo hagáis así, para que yo os sea más presto restituído.20Y el Dios de paz que sacó de los muertos á nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del testamento eterno,21Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.22Empero os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación; porque os he escrito en breve.23Sabed que nuestro hermano Timoteo está suelto; con el cual, si viniere más presto, os iré á ver.24Saludad á todos vuestros pastores, y á todos los santos. Los de Italia os saludan.25La gracia sea con todos vosotros. Amén.

En tiempos pasados tuvimos fieles conductores o “pastores” . Veneremos su memoria, imitemos su fe… y leamos sus escritos (v. 7). Pero Dios nos los da hoy también (v. 17, 24). ¿Cuál es nuestro deber hacia ellos? Obedecerles, orar por ellos (v. 18), actuar de modo que puedan cumplir su servicio con gozo –ya que velan por nuestras almas– e igualmente soportar “la palabra de exhortación” cuando nos es dirigida por su medio (v. 22). No obstante, que la personalidad de ningún obrero del Señor nos haga perder de vista al “gran Pastor de las ovejas”. Sólo él dio su vida por ellas y ahora las lleva con él fuera del campamento de la religión humana (Éxodo 33:7).

De ahí en adelante, todos los creyentes constituyen un único rebaño, a la cabeza del cual se halla un único “Pastor” (Juan 10:4, 16). A lo largo de esta epístola, los elementos del judaísmo han sido quitados uno tras otro y reemplazados por las gloriosas verdades cristianas. Todas se hallan resumidas en Jesucristo. Finalmente, ésta es la obra que Dios cumple en nosotros (v. 21): nos libera de toda atadura, nos despoja de las formas para apegarnos a su Hijo resucitado y glorificado. Mientras aguardamos su próxima aparición, que esta epístola nos haya enseñado a poner los ojos en él, ya ahora por la fe (véase 12:2).

Santiago 1:1-12
1JACOBO, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, á las doce tribus que están esparcidas, salud.2Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones;3Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia.4Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa.5Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.6Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante á la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte á otra.7No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor.8El hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus caminos.9El hermano que es de baja suerte, gloríese en su alteza:10Mas el que es rico, en su bajeza; porque él se pasará como la flor de la hierba.11Porque salido el sol con ardor, la hierba se secó, y su flor se cayó, y pereció su hermosa apariencia: así también se marchitará el rico en todos sus caminos.12Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido á los que le aman.

Santiago se dirige a sus hermanos cristianos que han salido del judaísmo, cuyas ataduras todavía no han abandonado totalmente. Los invita a considerar la prueba con sumo gozo: dos estados que a primera vista parecen no concordar. Sin embargo, entre los cristianos hebreos algunos lo habían experimentado (Hebreos 10:34). Esta experiencia concuerda con la declaración de Pablo: “Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce (cultiva) paciencia” (Romanos 5:3; compárese Colosenses 1:11).

Otra aparente contradicción: en tanto que la paciencia implica aguardar lo que todavía no se posee, Santiago agrega: “Sin que os falte cosa alguna”. Lo que verdaderamente puede hacernos falta no son los bienes terrenales, sino la sabiduría. Entonces pidámosla al Señor, siguiendo el ejemplo del joven Salomón (véase 1 Reyes 3:9).

Aunque sea pobre, a un creyente no le falta nada, ya que tiene a Jesús. El que sea rico también puede gozar, con humildad, de la comunión con el que “se despojó a sí mismo” y se humilló haciéndose obediente hasta la muerte de cruz. ¿Envidiaríamos a los que pasan “como la flor de la hierba”? Tengamos a la vista “la corona de vida”. Ella recompensará a los que hayan soportado la prueba con paciencia; dicho de otro modo, a los que aman al Señor (v. 12).

Santiago 1:13-27
13Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno:14Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado.15Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.16Amados hermanos míos, no erréis.17Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.18El, de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.19Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse:20Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.21Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas.22Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos.23Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.24Porque él se consideró á sí mismo, y se fué, y luego se olvidó qué tal era.25Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho.26Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana.27La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo.

En los versículos 2 y 12 las palabras “prueba” y “tentación” significan la prueba que viene de afuera. Dios nos la da para nuestro bien y finalmente para nuestro gozo. En el versículo 13, ser tentado tiene un sentido diferente: supone el mal. Esta tentación viene de dentro, de nuestro interior y es debida a nuestras propias concupiscencias. ¿Cómo podría ser Dios la causa de esto? Nada tenebroso puede descender del “Padre de las luces”; “Dios es luz”, nos dice el apóstol Juan en su primera epístola (1:5). El que nos ha enviado a su propio Hijo nos da con él “todo don perfecto” (véase Romanos 8:32). La fuente del mal está en nosotros: los malos pensamientos, cuyas consecuencias son malas palabras y malos hechos. Pero no basta ser consciente de ello. Corremos el riesgo de parecernos a alguien que comprueba que está sucio al mirarse en un espejo, pero no se lava. La Palabra de Dios es este espejo. Ella muestra al hombre lo que es; le enseña a hacer el bien (4:17), pero no lo puede hacer en su lugar.

¿En qué consiste “la religión pura y sin mácula” reconocida por Dios el Padre? No en vanas ceremonias religiosas. Aquel servicio emana de la doble posición en la que el Señor dejó a los suyos: en el mundo, para manifestar la abnegación y el amor; pero no del mundo, para guardarse sin mancha de éste (v. 27; Juan 17:11, 14, 16).

Santiago 2:1-13
1HERMANOS míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo glorioso en acepción de personas.2Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, y de preciosa ropa, y también entra un pobre con vestidura vil,3Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Siéntate tú aquí en buen lugar: y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; ó siéntate aquí debajo de mi estrado:4¿No juzguáis en vosotros mismos, y venís á ser jueces de pensamientos malos?5Hermanos míos amados, oid: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido á los que le aman?6Mas vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran á los juzgados?7¿No blasfeman ellos el buen nombre que fué invocado sobre vosotros?8Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme á la Escritura: Amarás á tu prójimo como á ti mismo, bien hacéis:9Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores.10Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos.11Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley.12Así hablad, y así obrad, como los que habéis de ser juzgados por la ley de libertad.13Porque juicio sin misericordia será hecho con aquel que no hiciere misericordia: y la misericordia se gloría contra el juicio.

Estamos más influenciados de lo que pensamos por la falsa escala de valores que el mundo emplea, tal como la fortuna, el rango social… Aun el profeta Samuel necesitaba aprenderlo: “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

¿Sabe hasta dónde la “acepción de personas” llevó al mundo? Hasta menospreciar y desechar al Hijo de Dios porque había venido como un hombre pobre a la tierra (2 Corintios 8:9). Aún hoy, el hermoso nombre de Cristo, asociado a los cristianos, es objeto de burlas y blasfemias. Sin embargo, los que lo llevan, esos pobres a quienes el mundo desprecia, son designados por el Señor como los “herederos del reino” (v. 5; Mateo 5:3). A ellos se impone, pues, la ley real, es decir, la del rey (v. 8). Y faltar al mandamiento de amor es faltar a la ley entera, lo mismo que basta la ruptura de un único eslabón para romper una cadena. De modo que todos éramos culpables, convencidos de pecado. Pero Dios halló una gloria más grande en la misericordia que en el juicio. Esa misericordia nos coloca de ahí en adelante bajo una “ley” muy distinta: la de la libertad, libertad de una nueva naturaleza que encuentra su placer en la obediencia a Dios (1 Pedro 2:16).

Santiago 2:14-26
14Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?15Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,16Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará?17Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.18Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.19Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan.20¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?21¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre el altar?22¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las obras?23Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios.24Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.25Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fué justificada por obras, cuando recibió los mensajeros, y los echó fuera por otro camino?26Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta.

Algunas personas han creído ver una contradicción entre las enseñanzas de Santiago y las de Pablo (como las del capítulo 4 a los Romanos). En realidad, cada uno de ellos presenta un lado distinto de la verdad. Pablo demuestra que la fe basta para justificar a alguien ante Dios. Santiago explica que, para ser justificado ante los ojos de los hombres, las obras son necesarias (v. 24; 1 Juan 3:10). No es la raíz de un árbol lo que permite juzgar la calidad del mismo, sino su fruto (Mateo 7:16-20).

La fe interior sólo puede mostrarse a los hombres por las obras. No puedo ver la electricidad, pero el funcionamiento de una lámpara o de un motor me permite afirmar la presencia de la corriente en el cable conductor. La fe es un principio activo (v. 22), una energía interna que hace mover el engranaje del corazón. Pablo y Santiago ilustran su enseñanza con el mismo ejemplo: el de Abraham, al cual se agrega aquí el de Rahab. Según la moral humana, el primero es un padre criminal, la segunda una persona de mala reputación, traidora de su pueblo. Sus hechos manifiestan tanto más la consecuencia de su fe: ésta les llevó a hacer los más grandes sacrificios para Dios.

Amigo, tal vez usted haya dicho algún día que tiene fe, pero ¿lo ha demostrado también?

Santiago 3:1-18
1HERMANOS míos, no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.2Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, que también puede con freno gobernar todo el cuerpo.3He aquí nosotros ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo.4Mirad también las naves: aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde quisiere el que las gobierna.5Así también, la lengua es un miembro pequeño, y se gloría de grandes cosas. He aquí, un pequeño fuego ­cuán grande bosque enciende!6Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Así la lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, é inflama la rueda de la creación, y es inflamada del infierno.7Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres de la mar, se doma y es domada de la naturaleza humana:8Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado; llena de veneno mortal.9Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos á los hombres, los cuales son hechos á la semejanza de Dios.10De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas.11¿Echa alguna fuente por una misma abertura agua dulce y amarga?12Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce.13¿Quién es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversación sus obras en mansedumbre de sabiduría.14Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad:15Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica.16Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.17Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida.18Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz.

Así como la fe se manifiesta necesariamente por medio de obras, la impureza del corazón también se exterioriza tarde o temprano mediante palabras. Toda máquina de vapor posee una válvula por medio de la cual la excesiva presión se escapa irresistiblemente. Si en nosotros dejamos subir esa «presión» sin juzgarla, inevitablemente nos traicionará con palabras que no podremos contener. El Señor nos hace comprobar así la impureza de nuestros labios (Isaías 6:5) y nos muestra cuál es su fuente interior: “la abundancia del corazón” (Mateo 12:34; 15:19; Proverbios 10:20).

Pero Dios nos invita a juzgarnos y a separar “lo precioso de lo vil” (Jeremías 15:19), a fin de ser como su boca.

Hay sabiduría y sabiduría. La que es “de lo alto”, como todo don perfecto, desciende “del Padre de las luces” (1:17). Sus motivos nos la darán a conocer: siempre es “pura”, sin voluntad propia y activa para hacer el bien. Tendríamos que volver a leer estos versículos cada vez que estemos a punto de hacer un mal uso de nuestra lengua: contender, mentir (v. 14), murmurar, jactarse (4:11, 16), quejarse, jurar o proferir palabras ligeras (5:9,12; Efesios 4:29; 5:4)… ¡es decir, por desdicha, muchas veces al día!

Santiago 4:1-12
1¿DE dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y gerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.4Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.5¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: Es espíritu que mora en nosotros codicia para envidia?6Mas él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes.7Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.8Allegaos á Dios, y él se allegará á vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros de doblado ánimo, purificad los corazones.9Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.10Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará.11Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano, y juzga á su hermano, este tal murmura de la ley, y juzga á la ley; pero si tú juzgas á la ley, no eres guardador de la ley, sino juez.12Uno es el dador de la ley, que puede salvar y perder: ¿quién eres tú que juzgas á otro?

Cualquier disputa entre hijos de Dios revela, sin lugar a dudas, que la voluntad de cada uno no ha sido quebrantada. Además el Señor nos enseña que esto es un obstáculo para que nuestras oraciones sean oídas (Marcos 11:25). Pueden ser dos las razones por las que no recibimos una contestación. La primera es que no pedimos, pues, “todo aquel que pide, recibe” (Mateo 7:8). La segunda es que pedimos mal. Aquí no se refiere a la forma torpe de nuestros ruegos (de todos modos, “qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos” – Romanos 8:26), sino de la finalidad. ¿Oramos para la gloria del Señor o para satisfacer nuestra codicia? Estos dos principios no pueden conciliarse.

Amar al mundo es traicionar la causa de Dios, porque el mundo le declaró la guerra al crucificar a su Hijo; la neutralidad no es posible (Mateo 12:30).

La envidia y la codicia son los dos imanes con los que el mundo nos atrae. Pero Dios da infinitamente más de lo que el mundo puede ofrecer: una gracia más grande (v. 6; Mateo 13:12). De ella goza quien ha aprendido del Salvador a ser “manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Pero, para experimentar las virtudes de la gracia, es necesario primeramente haber sentido sus propias miserias (v. 8, 9; comp. Joel 2:12-13).

Santiago 4:13-17; Santiago 5:1-6
13Ea ahora, los que decís: Hoy y mañana iremos á tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos mercadería, y ganaremos:14Y no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.15En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quisiere, y si viviéremos, haremos esto ó aquello.16Mas ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.17El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace.
1EA ya ahora, oh ricos, llorad aullando por vuestras miserias que os vendrán.2Vuestras riquezas están podridas: vuestras ropas están comidas de polilla.3Vuestro oro y plata están corrompidos de orín; y su orín os será testimonio, y comerá del todo vuestras carnes como fuego. Os habéis allegado tesoro para en los postreros días.4He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.5Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis cebado vuestros corazones como en el día de sacrificios.6Habéis condenado y muerto al justo; y él no os resiste.

Los que hacen proyectos (v. 13 a 15; Isaías 56:12 final) y los que acumulan bienes terrenales (5:1-6) a menudo son las mismas personas (Lucas 12:18-19). Unas y otras son ajenas a la vida de la fe. Disponer del porvenir es sustituir la voluntad de Dios por la nuestra. Es incluso algo propio de la incredulidad, pues con esto se muestra que no se cree en la próxima venida del Señor.

En cuanto a las riquezas, es muy atractivo acumularlas “para los días postreros”. No obstante, los riesgos que amenazan las fortunas (quiebras, robos, devaluaciones…) se encargan de demostrar que son riquezas podridas, oro y plata enmohecidos (v. 2-3; Salmo 52:7). Por eso el Señor recomienda: “Haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (Lucas 12:33). La abundancia de bienes materiales contribuye a endurecer el corazón para con Dios, pues fácilmente se pierde el sentimiento de que se depende de él y de cuáles son las verdaderas necesidades del alma (Apocalipsis 3:17). También lo endurece para con el prójimo, porque es más difícil ponerse en el lugar de aquellos a quienes les falta lo necesario (Proverbios 18:23).

Santiago 5:7-20
7Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía.8Tened también vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca.9Hermanos, no os quejéis unos contra otros, porque no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.10Hermanos míos, tomad por ejemplo de aflicción y de paciencia, á los profetas que hablaron en nombre del Señor.11He aquí, tenemos por bienaventurados á los que sufren. Habéis oído la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y piadoso.12Mas sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por otro cualquier juramento; sino vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no; porque no caigáis en condenación.13¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oración. ¿Está alguno alegre? cante salmos.14¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame á los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.15Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados.16Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.17Elías era hombre sujeto á semejantes pasiones que nosotros, y rogó con oración que no lloviese, y no llovió sobre la tierra en tres años y seis meses.18Y otra vez oró, y el cielo dió lluvia, y la tierra produjo su fruto.19Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le convirtiere,20Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.

El otoño es la estación de la labranza. De ocho a diez meses transcurrirán hasta que, mediante frío y calor, lluvia y sol, madure la nueva cosecha. ¡Cuánta paciencia necesita el agricultor! Como él, tengamos paciencia, “porque la venida del Señor se acerca”. Aprovechemos también nuestros recursos: en los momentos de alegría, los cánticos; en la prueba (como en todo tiempo), la eficaz oración de fe. ¿Ha experimentado usted que esa oración “puede mucho”? (Juan 9:31 final). Los versículos 14 a 16, que sirven para justificar toda clase de prácticas en la cristiandad, guardan su pleno valor si se reúnen las condiciones mencionadas. Sin embargo, un creyente que depende de Dios raramente se sentirá libre de pedir la curación; más bien orará con los que le rodean para la apacible aceptación de la voluntad de Dios.

El fin de la epístola enfatiza sobre la ayuda fraternal con amor: la recíproca confesión de las faltas, la oración de uno por otro y los cuidados hacia los que se han extraviado. La doctrina no ocupa mucho espacio en esta epístola. En cambio, abundan los pasajes que tratan de la puesta en práctica de nuestro cristianismo. Que Dios nos permita ser, en efecto, no solamente oidores, sino también hacedores “de la obra” (1:25).

1 Pedro 1:1-12
1PEDRO, apóstol de Jesucristo, á los extranjeros esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia, y en Bithinia,2Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada.3Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,4Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos5Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrimero tiempo.6En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario,7Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuera manifestado:8Al cual, no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado;9Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salud de vuestras almas.10De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir á vosotros, han inquirido y diligentemente buscado,11Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir á Cristo, y las glorias después de ellas.12A los cuales fué revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas de los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; en las cuales desean mirar los ángeles.

El Señor había dicho a su discípulo Pedro aun antes de que le negase: “Tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32). Es el servicio que el apóstol cumple en esta epístola. Nos recuerda nuestros incomparables privilegios: la salvación del alma (v. 9) y una herencia celestial al abrigo de toda eventualidad (v. 4). Dios la guarda para los herederos y guarda a éstos para la herencia, por lo que ya tienen un sabor anticipado de ella: un “gozo inefable y glorioso”. Éste halla su fuente en la esperanza viva que se tiene en una persona viva: Jesús resucitado (v. 3); en la fe (v. 5, 7); en el amor por Aquel a quien los redimidos aún no han visto, pero a quien sus corazones conocen bien (v. 8). Y cuanto más amemos al Señor, más nos daremos cuenta de que no le amamos lo suficiente.

Precisamente a causa del valor que Dios reconoce a la fe, se ocupa en purificarla en el crisol de la prueba. Pero se nos da una seguridad: Él lo hace sólo “si es necesario” (v. 6).

Tales son, queridos amigos, las bienaventuradas realidades que nos conciernen, las que los profetas “inquirieron y diligentemente indagaron” (v. 10- 11), y “en las cuales anhelan mirar los ángeles” (v. 12). Nosotros, los beneficiarios, ¿quisiéramos ser los únicos en no interesarnos en ellas?

1 Pedro 1:13-25
13Por lo cual, teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos, con templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando Jesucristo os es manifestado:14Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;15Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación:16Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.17Y si invocáis por Padre á aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación:18Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro ó plata;19Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación:20Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros,21Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios.22Habiendo purificado vuestra almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos á otros entrañablemente de corazón puro:23Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.24Porque Toda carne es como la hierba, Y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba: Secóse la hierba, y la flor se cayó;25Mas la palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.

La verdad, tal como el apóstol la expuso en la primera parte de este capítulo, tiene derechos y efectos sobre nosotros. Ella es ese cinto que consolida nuestro entendimiento y frena nuestra imaginación (v. 13; Efesios 6:14). Es a la verdad a la que debemos obedecer (v. 22). Nosotros, que anduvimos en otro tiempo entre “los hijos de desobediencia” (Colosenses 3:6-7), hemos llegado a ser “hijos obedientes” (v. 14); no sólo se trata de la obediencia a sino también de Jesucristo (v. 2), es decir, conforme a la suya, motivada por el amor al Padre (Juan 8:29; 14:31).

Por otra parte, aquí todo está en contraste con el Antiguo Testamento. La plata, el oro, ni ninguna otra cosa nos puede rescatar (véase Éxodo 30:11-16; Números 31:50), sino la preciosa sangre de Cristo. No es, como para el israelita, el nacimiento natural lo que nos permite participar de los derechos y privilegios del pueblo de Dios. ¡Que nadie piense ser un hijo de Dios porque tiene padres cristianos! Somos regenerados por la incorruptible Palabra de Dios, la cual vive y permanece para siempre. La santidad requerida en toda nuestra conducta corresponde a nuestra nueva naturaleza; invocamos al Dios santo como Padre (v. 15-17). También es la consecuencia del valor con el cual Dios justiprecia el sacrificio del perfecto Cordero.

1 Pedro 2:1-12
1DEJANDO pues toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y todas las detracciones,2Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, sin engaño, para que por ella crezcáis en salud:3Si empero habéis gustado que el Señor es benigno;4Al cual allegándoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa,5Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espitirual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo.6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en ella, no será confundido.7Ella es pues honor á vosotros que creéis: mas para los desobedientes, La piedra que los edificadores reprobaron, Esta fué hecha la cabeza del ángulo;8Y Piedra de tropiezo, y roca de escándalo á aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron también ordenados.9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable.10Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habíais alcanzado misericordia.11Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,12Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen á Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras.

Un niño que llega al mundo, pronto debe ser alimentado. Por eso la Palabra de Dios, después de haber dado la vida (1:23), también provee lo necesario para mantenerla. Ella es el alimento completo del alma, “la leche espiritual” de la que Cristo es la sustancia. Si hemos gustado que el Señor es bueno, no podremos vivir sin ese divino alimento (Salmo 34:8).

Después de la simiente viva (y la esperanza viva del capítulo 1), aquí hallamos las piedras vivas. Son juntamente edificadas sobre Aquel que es “la principal piedra del ángulo” –preciosa tanto para Dios como para nosotros los que creemos (v. 7)– a fin de constituir una casa espiritual (Efesios 2:20-22). Tú también eres una de esas piedras, había dicho el Señor a Simón, hijo de Jonás (Mateo 16:18).

Pues bien, tales privilegios acarrean sus correspondientes responsabilidades. Si somos un sacerdocio santo, es para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios. Si somos un pueblo adquirido por Dios, es para anunciar sus virtudes (Isaías 43:21). Ya que hemos sido llamados “de las tinieblas a su luz admirable”, ¿podríamos albergar en nuestro espíritu los deseos carnales? Basta una mirada para atraerlos, y ellos “batallan contra el alma” (v. 11).

1 Pedro 2:13-25
13Sed pues sujetos á toda ordenación humana por respeto á Dios: ya sea al rey, como á superior,14Ya á los gobernadores, como de él enviados para venganza de los malhechores, y para loor de los que hacen bien.15Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo bien, hagáis callara la ignorancia de los hombres vanos:16Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios.17Honrad á todos. Amad la fraternidad. Temed á Dios. Honrad al rey.18Siervos, sed sujetos con todo temor á vuestros amos; no solamente á los buenos y humanos, sino también á los rigurosos.19Porque esto es agradable, si alguno á causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.20Porque ¿qué gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrís? mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrís, esto ciertamente es agradable delante de Dios.21Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas:22El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca:23Quien cuando le maldecían no retornaba maldición: cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente:24El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.25Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Padre y Obispo de vuestras almas.

El cristiano está invitado a respetar el orden establecido, no por “miedo al policía”, sino por el motivo más grande que pueda obrar en su corazón: el amor al Señor (v. 13; Juan 15:10). Somos únicamente esclavos de Dios (v. 16 final), es él quien nos dicta nuestra actitud para con todos. Es cierto que no todos los amos son “buenos y afables”; los hay “difíciles de soportar”. Nuestro testimonio tendrá más fuerza y relevancia ante los segundos que ante los primeros. La injusticia, el ultraje y todas las formas de aflicción dan al hijo de Dios ocasiones para glorificarle. En ese camino nos precedió El que fue el Varón de dolores.

Por supuesto que en la obra de la expiación Cristo no tuvo ni tendrá jamás compañeros o imitadores. “Él mismo” –y sólo él– “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (v. 24). En cambio, en su camino de justicia (por consiguiente de sufrimiento), es nuestro Modelo perfecto (1 Juan 2:6). La contradicción y la perversidad de los hombres no hacían más que poner de manifiesto Su paciencia, Su mansedumbre, Su humildad, Su sabiduría y Su entera confianza en Dios… huellas benditas en las que hemos de andar. Así cumpliremos el último mandato del Señor a Pedro: “Sígueme tú” (Juan 21:22).

1 Pedro 3:1-12
1ASIMISMO vosotras, mujeres, sed sujetas á vuestros maridos; para que también los que no creen á la palabra, sean ganados sin palabra por la conversación de sus mujeres,2Considerando vuestra casta conversación, que es en temor.3El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas;4Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios.5Porque así también se ataviaban en el tiempo antiguo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sujetas á sus maridos:6Como Sara obedecía á Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras sois hechas hijas, haciendo bien, y no sois espantadas de ningún pavor.7Vosotros maridos, semejantemente, habitad con ellas según ciencia, dando honor á la mujer como á vaso más frágil, y como á herederas juntamente de la gracia de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas.8Y finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;9No volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo; sabiendo que vosotros sois llamados para que poseáis bendición en herencia.10Porque El que quiere amar la vida, Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño;11Apártase del mal, y haga bien; Busque la paz, y sígala.12Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos á sus oraciones: Pero el rostro del Señor está sobre aquellos que hacen mal.

“Asimismo vosotras, mujeres” (v. 1), “vosotros, maridos (v. 7), “igualmente, jóvenes” (5:5). Siempre es el mismo motivo –el amor al Señor– (2:13) el que dicta a cada cual la conducta que debe seguir en su familia y en la Iglesia. Por su modo de ataviarse, una mujer cristiana revela dónde tiene sus afectos. ¿Ella se preocupa por la hermosura en lo íntimo del corazón, la que realmente cuenta para el Señor? ¿Busca lo que es “de grande estima delante de Dios”: “un espíritu afable y apacible”? (v. 4). Ese “adorno” forma parte de lo que es incorruptible, al igual que la Palabra (1:23) y la herencia celestial (1:4). La moda según Dios no ha cambiado, pues, desde Sara.

Nuestro título de herederos “de la gracia de la vida” (v. 7) y de la “bendición” (v. 9 final) constituye, juntamente con el ejemplo que nos dio Cristo, Aquel que hacía el bien (v. 13; 2:21-22), un imperioso motivo para no devolver maldición por maldición.

La larga cita del Salmo 34 nos recuerda lo que es el gobierno de Dios. Si el mal se halla en nuestros labios o en nuestro andar (v. 10-11), dolorosas consecuencias, permitidas por el Señor, podrán ser el resultado (v. 12). Al contrario, un andar por el camino del bien y de la paz es el medio seguro para ser bendecido. Además de ese legítimo deseo de todo hombre, gozaremos entonces de la comunión con el Señor.

1 Pedro 3:13-22
13¿Y quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros seguís el bien?14Mas también si alguna cosa padecéis por hacer bien, sois bienaventurados. Por tanto, no temáis por el temor de ellos, ni seáis turbados;15Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con masedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros:16Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversación en Cristo.17Porque mejor es que padezcáis haciendo bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo mal.18Porque también Cristo padeció una vez por los injustos, para llevarnos á Dios, siendo á la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;19En el cual también fué y predicó á los espíritus encarcelados;20Los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es á saber, ocho personas fueron salvas por agua.21A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo:22El cual está á la diestra de Dios, habiendo subido al cielo; estando á él sujetos los ángeles, y las potestades, y virtudes.

Cristo padeció en la cruz, el Justo, por nosotros los injustos (v. 18). Por nuestro lado se nos concede que suframos algo por él (Filipenses 1:29). Al hacer el bien padecemos con él así como él padeció (v. 14). Finalmente, en todos nuestros sufrimientos morales el Señor simpatiza con nosotros (v. 12).

Si padecéis por causa de la justicia, afirma el versículo 14, bienaventurados sois (Mateo 5:10). Pidamos a Dios que nos guarde de todo temor humano y nos dé su temor juntamente con mansedumbre para testimoniar en todo momento “de la esperanza que hay en nosotros”. Esta esperanza, ¿la tiene el lector?

Pero, cuando nuestra conducta no es buena delante de los hombres, hablarles del Señor es echar sobre Él el desprecio que merecemos. Que el Espíritu de Cristo se sirva de nosotros para advertir a nuestros semejantes como otrora se sirvió de Noé para predicar a los incrédulos de su tiempo mediante la construcción del arca (v. 19-20). El diluvio es la imagen del juicio presto a caer sobre el mundo. Nos habla de la muerte, paga del pecado. En figura, los creyentes la han atravesado en el bautismo y están puestos al abrigo en el arca, que es Cristo. Él padeció la muerte en lugar de ellos y ellos resucitarán con él para una nueva vida (v. 21-22).

1 Pedro 4:1-11
1PUES que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también estad armados del mismo pensamiento: que el que ha padecido en la carne, cesó de pecado;2Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no á las concupiscencias de los hombres, sino á la voluntad de Dios.3Porque nos debe bastar que el tiempo pasado de nuestra vida hayamos hecho la voluntad de los Gentiles, cuando conversábamos en lascivias, en concupiscencias, en embriagueces, abominables idolatrías.4En lo cual les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfrenamiento de disolución, ultrajándoos:5Los cuales darán cuenta al que está aparejado para juzgar los vivos y los muertos.6Porque por esto también ha sido predicado el evangelio á los muertos; para que sean juzgados en carne según los hombres, y vivan en espíritu según Dios.7Mas el fin de todas las cosas se acerca: sed pues templados, y velad en oración.8Y sobre todo, tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá multitud de pecados.9Hospedaos los unos á los otros sin murmuraciones.10Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo á los otros, como buenos dispensadores de las diferentes gracias de Dios.11Si alguno habla, hable conforme á las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme á la virtud que Dios suministra: para que en todas cosas sea Dios glorificado por Jesucristo, al cual es gloria é imperio para siempre jamás. Amén.

El pecado, del cual el Señor tuvo que encargarse, ¡cuánto debió de haberle cansado! Ahora ha acabado con él por medio de la muerte. Asimismo el creyente debe acabar con las concupiscencias propias de los hombres.

Queridos amigos: ¿No nos basta haber perdido un tiempo precioso –antes de nuestra conversión– en un andar insensato hacia la muerte? Vivamos el resto de nuestro tiempo “conforme a la voluntad de Dios”. Sin duda nuestro nuevo comportamiento contrastará con el del mundo que nos rodea. Y este último se extrañará de que nos abstengamos de sus corrompidos placeres. Se hará presión sobre nosotros, nos harán bromas y tal vez injurias. ¿Por qué? Porque el mundo se sentirá condenado por nuestra separación, mientras espera ser condenado por el gran Juez (v. 5).

Precisamente la inminencia de ese juicio nos dicta nuestra conducta: sobriedad, vigilancia, oración y ferviente amor (1:22 final). Éste se traduce de muchas maneras: buscando la restauración de nuestros hermanos (v. 8 final), practicando alegremente la hospitalidad y utilizando los dones de la multiforme gracia de Dios en provecho los unos de los otros. Así el Señor Jesús, quien está en el cielo, puede seguir glorificando a Dios en la tierra, mediante la vida de sus redimidos (v. 11; Juan 17:4, 11; 15:8).

1 Pedro 4:12-19
12Carísimos, no os maravilléis cuando sois examinados por fuego, lo cual se hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese;13Antes bien gozaos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo; para que también en la revelación de su gloria os gocéis en triunfo.14Si sois vituperados en el nombre de Cristo, sois bienaventurados; porque la gloria y el Espíritu de Dios reposan sobre vosotros. Cierto, según ellos, él es blasfemado, mas según vosotros es glorificado.15Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, ó ladrón, ó malhechor, ó por meterse en negocios ajenos.16Pero si alguno padece como Cristiano, no se avergüence; antes glorifique á Dios en esta parte.17Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?18Y si el justo con dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el infiel y el pecador?19Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como á fiel Criador, haciendo bien.

En el cielo meditaremos, sin cansarnos, en los sufrimientos del Señor Jesús; serán el inagotable tema de nuestros cánticos. Pero la oportunidad de compartirlos habrá pasado. Sufrir con Cristo es una experiencia más profunda e intensa que la de sufrir por él. Tener parte en sus dolores, conocer la ingratitud, el desprecio, la contradicción, el insulto (v. 14) y la abierta oposición que él encontró, es conocerle a él mismo en todos los sentimientos que fueron suyos entonces. Un ferviente deseo de Pablo era el de “conocerle… y la participación de sus padecimientos” (Filipenses 3:10).

Pero existe una clase de aflicciones que Cristo no podía experimentar: las que padecemos por haber obrado mal. No escapamos a «las consecuencias de nuestras inconsecuencias». Un cristiano deshonesto cosechará, ante los tribunales humanos, lo que haya sembrado, y aquel que se haya entremetido en los asuntos de otro tal vez reciba su castigo de mano de éste. Lo más triste, entonces, no son las miserias que atraemos sobre nosotros mismos, sino la deshonra echada sobre el nombre del Señor. Por el contrario, padecer como cristianos, es decir, como Cristo, equivale a glorificar a Dios en ese hermoso nombre (v. 16; Hechos 4:17, 21).

1 Pedro 5:1-14
1RUEGO á los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de las afliciciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada:2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto;3Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey.4Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.5Igualmente, mancebos, sed sujetos á los ancianos; y todos sumisos unos á otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes.6Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo;7Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.8Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando á quien devore:9Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo.10Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado á su gloria eterna por Jesucristo, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, él mismo os perfeccione, coforme, corrobore y establezca.11A él sea gloria é imperio para siempre. Amén.12Por Silvano, el hermano fiel, según yo pienso, os he escrito brevemente, amonestándo os, y testificando que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis.13La iglesia que está en Babilonia, juntamente elegida con vosotros, os saluda, y Marcos mi hijo.14Saludaos unos á otros con ósculo de caridad. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén.

“Apacienta mis corderos… pastorea mis ovejas”, había dicho el Señor a Pedro (Juan 21:15-17). Lejos de valerse de ello para colocarse por encima de los demás creyentes (posición que le fue atribuida en la cristiandad), el apóstol se designa simplemente como anciano juntamente con los otros ancianos y recomienda a estos últimos que no dominen sobre la grey del buen Pastor, sino que sean ejemplo para ella (v. 3). Las ovejas no les pertenecen, pero son responsables de ellas ante el soberano Pastor. No obstante, a los jóvenes les conviene estar sujetos a los ancianos, y a todos revestirse “de humildad”, lo que podría traducirse por «ponerse el delantal del servicio» (v. 5; comparar 3:8). “El Dios de toda gracia” da gracia a los humildes.

El apóstol agrega: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (v. 7). Esta confianza y entrega a Dios no nos eximen de vigilancia. Satanás, nuestro enemigo siempre amenazante, acecha el menor relajamiento. Resistirle aún es sufrir (v. 8-9). Así para el creyente –en su medida– como para su divino modelo, la Escritura una vez más vuelve a dar testimonio de los sufrimientos que, por “un poco de tiempo”, son su parte… y de las glorias que vendrán tras ellos (v. 10; 1:11 final).

2 Pedro 1:1-11
1SIMON Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, á los que habéis alcanzado fe igualmente preciosa con nosotros en la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo:2Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús.3Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud:4Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia.5Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia;6Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios;7Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad.8Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.9Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.10Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.11Porque de esta manera os será abundantemente administrada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Pedro empieza esta segunda epístola recordando a los creyentes lo que han alcanzado “una fe” muy preciosa (v. 1), “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (v. 3), “preciosas y grandísimas promesas” (v. 4). Nuestra fe, que se apodera de lo que Dios da, no debe permanecer inactiva. Es necesario que esté acompañada por la energía, llamada la virtud, a fin de llegar al conocimiento (vocablo característico de esta epístola). Al mismo tiempo, para guardar la plena disposición de nuestras fuerzas, es indispensable la templanza (o el dominio propio); luego la paciencia que sabe perseverar en el esfuerzo. En este “clima moral” se desarrollarán nuestras relaciones:

1° con el Señor: la piedad;

2° con nuestros hermanos: el afecto fraternal;

3° con todos: el amor.

Estos siete complementos de la fe forman un todo, como los eslabones de una cadena. Cuando faltan, eso acarrea consecuencias dramáticas en la vida de un creyente: ocio, esterilidad y miopía espiritual. No ve lejos; su fe no alcanza a distinguir en el horizonte la ciudad celestial, meta del peregrinaje cristiano (compárese con Hebreos 11:13-16). Ya las puertas eternas se han alzado para Cristo, “el Rey de gloria” (Salmo 24:7, 9). ¡Que él mismo nos conceda, al seguirle, una amplia y generosa entrada en su reino eterno!

2 Pedro 1:12-21
12Por esto, yo no dejaré de amonestaros siempre de estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente.13Porque tengo por justo, en tanto que estoy en este tabernáculo, de incitaros con amonestación:14Sabiendo que brevemente tengo de dejar mi tabernáculo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado.15También yo procuraré con diligencia, que después de mi fallecimiento, vosotros podáis siempre tener memoria de estas cosas.16Porque no os hemos dado á conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.17Porque él había recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz fué á él enviada de la magnífica gloria: Este es el amado Hijo mío, en el cual yo me he agradado.18Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos juntamente con él en el monte santo.19Tenemos también la palabra profética más permanente, á la cual hacéis bien de estar atentos como á una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones:20Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación;21Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.

Las verdades desarrolladas en la primera epístola recuerdan las revelaciones del capítulo 16 de Mateo, es decir, los padecimientos de Cristo, la edificación de la Iglesia, casa espiritual construida sobre la Roca.

Esta segunda carta se apoya en el capítulo 17 del mismo evangelio anunciando las glorias que siguen. Cuando la transfiguración tuvo lugar, Pedro, Juan y Jacobo contemplaron a Jesús en “la magnífica gloria”. Pero recibieron la orden de no hablar de ello a nadie antes de Su resurrección. Ahora el tiempo de esta revelación había llegado. Pedro, quien entonces estaba rendido de sueño (Lucas 9:32), despierta a los creyentes a quienes escribe mediante el recuerdo de esa escena (v. 13; 3:1). Él, quien inconsideradamente había propuesto hacer tres enramadas (o tiendas), ahora se dispone a abandonar el cuerpo (o tienda terrenal) para gozar, esta vez para siempre, de la presencia de Cristo (v. 14). El Señor le había mostrado cuándo y por medio de qué muerte había de glorificar a Dios (v. 14; Juan 21:18, 19). Pronto, nosotros también seremos testigos oculares de su majestad.

A lo largo de las Escrituras, la lámpara profética dirige su haz de luz sobre la gloria próxima. Pero el hijo de Dios posee una luz más brillante aún. El objeto de su esperanza vive en él: Cristo es el lucero de la mañana que ya sale en su corazón (v. 19; Colosenses 1:27 final).

2 Pedro 2:1-11
1PERO hubo también falsos profetas en el pueblo, como habrá entre vosotros falsos doctores, que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos perdición acelerada.2Y muchos seguirán sus disoluciones, por los cuales el camino de la verdad será blasfemado;3Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas, sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme.4Porque si Dios no perdonó á los ángeles que habían pecado, sino que habiéndolos despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entregó para ser reservados al juicio;5Y si no perdonó al mundo viejo, mas guardó á Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados;6Y si condenó por destrucción las ciudades de Sodoma y de Gomorra, tornándolas en ceniza, y poniéndolas por ejemplo á los que habían de vivir sin temor y reverencia de Dios,7Y libró al justo Lot, acosado por la nefanda conducta de los malvados;8(Porque este justo, con ver y oir, morando entre ellos, afligía cada día su alma justa con los hechos de aquellos injustos;)9Sabe el Señor librar de tentación á los píos, y reservar á los injustos para ser atormentados en el día del juicio;10Y principalmente á aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia é inmundicia, y desprecian la potestad; atrevidos, contumaces, que no temen decir mal de las potestades superiores:11Como quiera que los mismos ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.

Las herejías destructoras (o sectas de perdición) actualmente son florecientes. Su aparición es anunciada de antemano para que no nos extrañemos ni nos desalentemos (v. 1). Ellas comercian con las almas (v. 3; Apocalipsis 18:13 final).

En el primer capítulo, la perspectiva de la gloria próxima es afirmada por un triple testimonio: la visión anticipada sobre el monte santo, la profecía y el espléndido Lucero nacido en nuestros corazones. Asimismo, la certeza del juicio que caerá sobre este mundo es testificada por tres ejemplos: el destino de los ángeles que pecaron (Judas 6), el diluvio (Mateo 24:36…) y el castigo de Sodoma y Gomorra (Judas 7). Pero, en medio de una generación impía, el Señor distingue y libera al que le teme (v. 9). Pese a su mundanalidad, Lot era un justo. El paréntesis del versículo 8 muestra que Dios registra cada suspiro de los suyos. Sin embargo, Lot se habría ahorrado todos esos tormentos si hubiera sabido apreciar, como Abraham, el país de la promesa. Una posición falsa y equívoca ante los hombres siempre es una fuente de miseria para el hijo de Dios. Lot es la imagen de un creyente salvo, “aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:15). No le será otorgada “amplia y generosa entrada en el reino eterno” (1:11). ¡Que el Señor nos guarde de parecernos a él!

2 Pedro 2:12-22
12Mas éstos, diciendo mal de las cosas que no entienden, como bestias brutas, que naturalmente son hechas para presa y destrucción, perecerán en su perdición,13Recibiendo el galardón de su injusticia, ya que reputan por delicia poder gozar de deleites cada día. Estos son suciedades y manchas, los cuales comiendo con vosotros, juntamente se recrean en sus errores;14Teniendo los ojos llenos de adulterio, y no saben cesar de pecar; cebando las almas inconstantes; teniendo el corazón ejercitado en codicias, siendo hijos de maldición;15Que han dejado el camino derecho, y se han extraviado, siguiendo el camino de Balaam, hijo de Bosor, el cual amó el premio de la maldad.16Y fué reprendido por su iniquidad: una muda bestia de carga, hablando en voz de hombre, refrenó la locura del profeta.17Estos son fuentes sin agua, y nubes traídas de torbellino de viento: para los cuales está guardada la oscuridad de las tinieblas para siempre.18Porque hablando arrogantes palabras de vanidad, ceban con las concupiscencias de la carne en disoluciones á los que verdaderamente habían huído de los que conversan en error;19Prometiéndoles libertad, siendo ellos mismos siervos de corrupción. Porque el que es de alguno vencido, es sujeto á la servidumbre del que lo venció.20Ciertamente, si habiéndose ellos apartado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, y otra vez envolviéndose en ellas, son vencidos, sus postrimerías les son hechas peores que los principios.21Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, tornarse atrás del santo mandamiento que les fué dado.22Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro se volvió á su vómito, y la puerca lavada á revolcarse en el cieno.

Para derrumbar la verdad, tal como está establecida en el capítulo 1, Satanás emplea dos medios, y siempre los mismos: se ensaña para corromperla, como en el capítulo 2, o para negarla abiertamente, como lo veremos en el capítulo 3. Sus instrumentos para extraviar a las almas son presentados aquí bajo su verdadero aspecto. Cuán abominable y espantoso es el retrato de esos conductores religiosos en quienes el mal moral va a la par del mal doctrinal (v. 12-17; Mateo 7:15). Estos hombres prometen la libertad a los demás y ellos mismos son esclavos de sus pasiones (v. 19). Porque, palabras serias también para el creyente, “el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”. Amigo lector, ¿es usted libre, ha sido liberado por el Señor? (Juan 8:34-36; Isaías 49:24, 25). ¿O aún se encuentra atado por una inconfesable cadena? Este mundo es cautivador en el sentido literal de la palabra. Como el lodo de un pantano (v. 22 final), retiene cautivo el pie del imprudente que se aventura en él, al mismo tiempo que contamina el alma (el v. 20 menciona “las contaminaciones del mundo”).

El final del capítulo denuncia la ilusión de aquellos a quienes un cristianismo simplemente social o intelectual ha podido hacer salir momentáneamente del hábito del pecado. Una reforma moral no es una conversión.

2 Pedro 3:1-10
1CARISIMOS, yo os escribo ahora esta segunda carta, por las cuales ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento;2Para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y de nuestro mandamiento, que somos apóstoles del Señor y Salvador:3Sabiendo primero esto, que en los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,4Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.5Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de Dios;6Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua:7Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos.8Mas, oh amados, no ignoréis esta una cosa: que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.9El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.10Mas el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella están serán quemadas.

Pedro no teme las repeticiones. No se cansa de recordar las mismas verdades para que los hijos de Dios las memoricen (v. 1; 1:12-13; Filipenses 3:1; Judas 17). En lo que nos concierne, no nos cansemos de volver a leerlas y meditarlas. Por tercera vez el apóstol alude al diluvio. En contraste con los que “ignoran voluntariamente” toda advertencia (Efesios 4:18), los amados del Señor no deben ignorar Sus intenciones. “El fin del mundo” que muchos evocan, sea con espanto o con ligereza, tendrá lugar solamente en el momento escogido por él. El cielo y la tierra que existen ahora serán destruidos. Sólo la paciencia de Dios, que tiene en vista la salvación de los pecadores, ha detenido el juicio hasta ahora. Dios no quiere que ninguno perezca (Ezequiel 33:11). Y esa paciencia se ejerce aun a favor de los burladores que la discuten y la agravian. La humanidad está empeñada en una implacable «cuenta atrás». Llegará el momento –el último– en el que las promesas tan a menudo oídas se volverán realidad. Los acontecimientos terminarán por dar la razón a la esperanza de los hijos de Dios, para confusión de los burladores y de los impíos. Entonces será demasiado tarde para proceder “al arrepentimiento” (final del v. 9). Amigo lector, ¿ya lo hizo usted?

2 Pedro 3:11-18
11Pues como todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué tales conviene que vosotros seáis en santas y pías conversaciones,12Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos siendo encendidos serán deshechos, y los elementos siendo abrasados, se fundirán?13Bien que esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según sus promesas, en los cuales mora la justicia.14Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seáis hallados de él sin mácula, y sin reprensión, en paz.15Y tened por salud la paciencia de nuestro Señor; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también;16Casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos é inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos.17Así que vosotros, oh amados, pues estáis amonestados, guardaos que por el error de los abominables no seáis juntamente extraviados, y caigáis de vuestra firmeza.18Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Estas últimas exhortaciones no están fundadas, como las precedentes, sobre las “preciosas y grandísimas promesas” (1:4), sino sobre la inestabilidad de todo lo que llena la presente escena. Hagamos de vez en cuando el inventario de los bienes terrenales a los que estamos más apegados y escribamos debajo: “todas estas cosas han de ser deshechas…” Así seremos guardados de apegarnos a ellas. El hecho de saber estas cosas de antemano debería estimularnos a una santa conducta (o manera de vivir); otra expresión característica de Pedro (véase la primera epístola 1:15, 17, 18; 2:12; 3:1, 2, 16). Nada impulsa tanto a la separación del mal y del mundo como el pensamiento del inminente retorno del Señor. Lo mismo sucede en cuanto a la evangelización, porque su venida marcará el fin de su paciencia para salvación (v. 15). Esforcémonos para ser hallados tal como Cristo quiere encontrarnos a su retorno (v. 14): “irreprensibles para el día de Cristo” (Filipenses 1:10), habiendo hecho algún progreso en la gracia y en Su conocimiento (v. 18).

El apóstol había cumplido con su servicio y ahora está preparado para “abandonar el cuerpo”. Nos da cita en ese día de eternidad que nuestra fe saluda y anticipa al dar gloria desde ahora a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

1 Juan 1:1-10
1LO que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida;2(Porque la vida fué manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;)3Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.4Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.5Y este es el mensaje que oímos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.6Si nosotros dijéremos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad;7Mas si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.8Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos á nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.10Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

“Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Juan 15:27), había dicho el Señor a los doce. Eso es lo que el apóstol Juan hace aquí. Su tema es la vida eterna primeramente oída, vista y palpada en el Hijo, y ahora comunicada a los que por la fe han recibido potestad de ser hijos de Dios (Juan 1:12). Es necesario distinguir entre la relación propiamente dicha y el gozo de esa relación, llamada comunión. La primera es la parte de todos los hijos del Padre. La segunda sólo pertenece a los que andan en luz (v. 7). La porción comprendida entre el versículo 6 del capítulo 1 y el versículo 2 del capítulo 2 explica cómo se puede mantener o restablecer la comunión cuando ha sido interrumpida. Por parte de Dios, una inagotable provisión responde a todas nuestras iniquidades: la sangre de Jesucristo, su Hijo. No hay pecado demasiado grande que esa preciosa sangre no pueda borrar. Ella limpia de “todo pecado” (v. 7) y de “toda maldad” (v. 9). De nuestra parte, sólo se nos pide una cosa: la plena confesión de cada una de nuestras faltas para obtener pleno perdón (v. 9; Salmo 32:5). Mi pesada deuda ha sido pagada por Jesucristo y Dios no sería justo para con mi Sustituto si me la reclamara de nuevo.

1 Juan 2:1-11
1HIJITOS míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo;2Y él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.3Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos.4El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él;5Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él.6El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.7Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.8Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra.9El que dice que está en luz, y aborrece á su hermano, el tal aun está en tinieblas todavía.10El que ama á su hermano, está en luz, y no hay tropiezo en él.11Mas el que aborrece á su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe á donde va; porque las tinieblas le han cegado los ojos.

Respecto al pecado, estos versículos reúnen varias verdades de mucha importancia: 1) Durante toda nuestra vida tendremos el pecado en nosotros (1:8); es la carne o la vieja naturaleza; 2) Hasta nuestra conversión, produjo los únicos frutos que se puede aguardar de él: hemos pecado (1:10); 3) La sangre de Jesucristo nos limpia de todos esos actos pecaminosos (1:7); 4) Podemos dejar de pecar por medio del poder de la nueva vida que nos ha sido dada (2:1) y 5) Si a pesar de todo caemos en el pecado –y, por desdicha, nuestra cotidiana experiencia lo confirma– el Señor Jesús aún interviene, ya no como un Salvador cuya sangre fue derramada, sino como un Abogado para con el Padre, para restablecer la comunión.

La obediencia (v. 3-6) y el amor por los hermanos (v. 7-11) son las dos pruebas de que la vida está en nosotros. La segunda, además, es el resultado de la primera (Juan 13:34). Sin embargo, si amamos al Señor, sus mandamientos nunca nos serán “gravosos” (5:3). Pero en el versículo 6 Dios nos da aún una medida más alta. Andar como él anduvo es más que obedecer sus mandamientos. En el evangelio de Juan hallamos lo que es verdadero en Cristo, y en su epístola lo que es verdadero en nosotros (v. 8). Es la misma vida y debe mostrarse de la misma manera (4:17, al final).

1 Juan 2:12-19
12Os escribo á vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os son perdonados por su nombre.13Os escribo á vosotros, padres, porque habéis conocido á aquel que es desde el principio. Os escribo á vosotros, mancebos, porque habéis vencido al maligno. Os escribo á vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.14Os he escrito á vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito á vosotros, mancebos, porque sois fuertes, y la palabra de Dios mora en vosotros, y habéis vencido al maligno.15No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.16Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.17Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.18Hijitos, ya es el último tiempo: y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado á ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo.19Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que todos no son de nosotros.

Pablo considera a los cristianos como quienes forman la Iglesia de Dios. Para Pedro, constituyen Su pueblo celestial y Su rebaño. Para Juan, son miembros de Su familia, unidos por la misma vida recibida del Padre. En general, en una familia los hermanos y las hermanas tienen diferentes edades y desarrollo, aunque la relación filial y la parte de la herencia del menor sean las mismas que las del hijo mayor. Sucede lo mismo en la familia de Dios. Se entra en ella por medio del nuevo nacimiento (Juan 3:3), el cual normalmente es seguido por un crecimiento espiritual. El niño que sólo sabía reconocer a su Padre (Gálatas 4:6; Romanos 8:15-17) pasa luego a la condición de joven y al libramiento de los combates. En estas luchas lo que se juega es su corazón: ¿será a favor del Padre o a favor del mundo? “Los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” son las tres llaves de las cuales el “maligno” se sirve para hacer penetrar el mundo en todo corazón en el que encuentre lugar. Finalmente el joven llega, o tendría que llegar, a ser un padre que tiene una experiencia personal de Cristo.

Es a los “hijitos” a quienes el apóstol escribe más extensamente. A causa de su inexperiencia están más expuestos a “todo viento de doctrina” (Efesios 4:14). ¡Temamos permanecer como “hijitos” toda nuestra vida!

1 Juan 2:20-29
20Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.21No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como á los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad.22¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo.23Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiese al Hijo tiene también al Padre.24Pues lo que habéis oído desde el principio, sea permaneciente en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio fuere permaneciente en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.25Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, la vida eterna.26Os he escrito esto sobre los que os engañan.27Pero la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros, y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, perseveraréis en él.28Y ahora, hijitos, perseverad en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de él en su venida.29Si sabéis que él es justo, sabed también que cualquiera que hace justicia, es nacido de él.

“Ésta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna” (v. 25). Juan se refiere a estas palabras del buen Pastor: “Mis ovejas oyen mi voz… y yo les doy vida eterna” (Juan 10:27-28). Lector, ¿la recibió usted? ¿Es usted un hijo de Dios? Otra promesa del Señor era la del don del Espíritu Santo (Juan 16:13). Esa “unción del Santo” descansa hoy no sólo sobre los “padres” sino también sobre los “hijitos” en Cristo para conducirlos “a toda verdad”. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, dijo el Señor Jesús (Juan 14:6). Aquí el apóstol confirma que quien niega al Hijo tampoco tiene al Padre (v. 23; Juan 8:19). El Padre no puede ser conocido fuera de Jesús (Mateo 11:27). Por eso el enemigo despliega tantos esfuerzos contra la persona del santo Hijo de Dios, especialmente para hacer dudar a los hombres de su existencia eterna y de su divinidad.

Sepamos reconocer la voz del mentiroso (v. 22). Lo que es “desde el principio” es valedero hasta “el último tiempo” (v. 24, 18). En presencia de todas las «novedades», nuestra seguridad consiste en atenernos a la enseñanza del principio (Gálatas 1:8-9).

1 Juan 3:1-12
1MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce á él.2Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes á él, porque le veremos como él es.3Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él también es limpio.4Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley.5Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.6Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.7Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él también es justo.8El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.9Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.10En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios.11Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros.12No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.

En una familia normal, lo que constituye el vínculo entre sus miembros es el amor. Los hijos lo reciben y lo aprenden de sus padres, luego se lo devuelven y lo experimentan entre ellos. ¡Ésta es una débil imagen del amor que el Padre nos demostró al hacer de nosotros sus hijos! No somos llamados a comprender ese amor, sino a verlo (v. 1) y, comprobándolo, corresponder a él.

Algunos creyentes podrían deducir del versículo 9 que no tienen la vida de Dios, ya que les ocurre pecar (5:18). Comprendamos bien que el verdadero yo del creyente es el nuevo hombre y que éste no puede pecar.

La división de la humanidad entre “hijos de Dios” e “hijos del diablo” está establecida de la manera más absoluta en los versículos 7 a 12 (comp. con Juan 8:44). Hoy día, en muchos ambientes religiosos se desconoce esa diferencia. Se está de acuerdo en que hay cristianos más o menos practicantes, pero a aquellos que se declaran salvos, mientras que otros estarían perdidos, se los tilda de orgullosos y de estrechez de miras. Pues bien, la incomprensión del mundo, que puede ir hasta el odio, nos da la oportunidad de parecernos un poco a Jesús aquí abajo (v. 1, al final; Juan 16:1-3). Pronto en la gloria también “seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (v. 2).

1 Juan 3:13-24
13Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece.14Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte á vida, en que amamos á los hermanos. El que no ama á su hermano, está en muerte.15Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí.16En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.17Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él?18Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad.19Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él.20Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas.21Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;22Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.23Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos á otros como nos lo ha mandado.24Y el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

El odio del mundo hacia los hijos del Padre no tendría que sorprendernos (v. 13; comp. Juan 15:18…). Su amabilidad más bien podría parecernos sospechosa. En cuanto al amor, el mundo sólo puede concebir falsificaciones; sus motivos nunca son puros ni totalmente desinteresados. Sólo el amor de Dios es verdadero; éste halla su fuente en Sí mismo y no en el objeto de ese amor. Necesitábamos ser amados con semejante amor, ya que en nosotros no había nada que mereciese afecto (véase Tito 3:3). La cruz es el lugar en el que aprendemos a conocer lo infinito de ese amor divino (v. 16).

Los versículos 19 al 22 subrayan la necesidad de tener buena conciencia y un corazón que no nos condene. Si practicáramos sólo lo que es agradable al Señor, él podría satisfacer, sin excepción, todas nuestras oraciones. Los padres que aprueban la conducta de su hijo le concederán gustosos lo que él les pida (v. 22; comp. Juan 8:29; 11:42). Permanecer en él, es obedecer. Él en nosotros es la comunión que resulta de ello (v. 24; 2:4-6; 4:16; Juan 14:20; 15:5, 7). Si se sumerge en el mar un recipiente sin tapa, lo hallaremos lleno y empapado a la vez . ¡Que ocurra así con nuestros corazones y el amor de Cristo!

1 Juan 4:1-10
1AMADOS, no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.2En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios:3Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y éste es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.4Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.5Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.6Nosotros somos de Dios: el que conoce á Dios, nos oye: el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.7Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.8El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.9En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.10En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

La verdad siempre ha tenido sus “falsificadores”. Y, de la misma manera que cada ciudadano debe saber reconocer la moneda de su país, debemos ser capaces de discernir de dónde proceden las diversas enseñanzas que se nos presentan. Cada una de ellas debe ser probada (v. 1; 1 Tesalonicenses 5:21). La Palabra nos da el medio seguro para no confundir las “falsas monedas” con las buenas. Estas últimas llevan el sello de Jesucristo venido en carne (v. 3).

En cuanto a Su naturaleza, esta epístola nos enseña que Dios es luz (1:5) y amor (v. 8, 16). La única fuente de todo amor está en él. Si alguien ama, eso es señal de que ha nacido de Dios (v. 7). A la inversa, el que no ama no conoce a Dios. Es necesario poseer la naturaleza del que ama para saber lo que es el amor (1 Tesalonicenses 4:9). Dios tuvo la iniciativa de amarnos (v. 10, 19), y su amor respondió perfectamente al estado de su criatura. El hombre estaba muerto: “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (v. 9); el hombre era culpable: “Dios… envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (v. 10; 2:2); el hombre estaba perdido: “El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (v. 14; Juan 3:17).

1 Juan 4:11-21
11Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos á otros.12Ninguno vió jamás á Dios. Si nos amamos unos á otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros:13En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.14Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.15Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él, y él en Dios.16Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.17En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.18En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor.19Nosotros le amamos á él, porque él nos amó primero.20Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto?21Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama á Dios, ame también á su hermano.

Estos dos hechos de indecible alcance: Cristo que pone “su vida por nosotros” (3:16) y Dios que envía “a su Hijo” (4:10) han manifestado a los hombres el amor divino. Y ahora aún se nos da a conocer ese amor de una tercera manera: en que los redimidos del Señor se aman unos a otros. Así es cómo Dios debe –o debería– ser hecho visible (v. 12) desde que Jesús dejó la tierra (Juan 1:18). Es imposible amar a Dios y no amar a sus hijos. Cuando realmente amamos a alguien, automáticamente amamos también todo lo que está relacionado con él. Por ejemplo, un marido o una esposa que ama verdaderamente a su cónyuge, también ama a la familia de éste. Dios no se contenta con un amor “de palabra ni de lengua” (3:18). En esta epístola constantemente se repiten las expresiones “si decimos…” (1:6, 8, 10), “el que dice…” (2:4, 6, 9), “si alguno dice…” (4:20). “Nosotros le amamos…”, declara el apóstol (v. 19). ¡Pues bien, demostrémoslo!

En estos versículos hemos hallado: 1° El amor hacia nosotros (v. 9), que es la salvación ya cumplida; 2° El amor en nosotros (v. 12, 15, 16) derramado en nuestros corazones por el Espíritu; 3° Por último, el amor con nosotros (v. 17), el cual nos da aun la seguridad para comparecer pronto ante Dios. Tal es la perfecta actividad de ese amor divino hacia nosotros.

1 Juan 5:1-21
1TODO aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios: y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama también al que es nacido de él.2En esto conocemos que amamos á los hijos de Dios, cuando amamos á Dios, y guardamos sus mandamientos.3Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos.4Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.5¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?6Este es Jesucristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio: porque el Espírtiu es la verdad.7Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno.8Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.9Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.10El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo.11Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.12El que tiene al Hijo, tiene al vida: el que no tiene la Hijo de Dios, no tiene la vida.13Estas cosas he escrito á vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.14Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye.15Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.16Si alguno viere cometer á su hermano pecado no de muerte, demandará y se le dará vida; digo á los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que ruegue.17Toda maldad es pecado; mas hay pecado no de muerte.18Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda á sí mismo, y el maligno no le toca.19Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad.20Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.21Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.

La epístola de Juan, al igual que su evangelio, atestigua que poseemos la vida eterna simplemente por la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios (comp. el v. 13 con Juan 20:31). No creer, después de tantos testimonios, es hacer a Dios mentiroso (v. 10). Pero ahora el hijo de Dios se apoya en certezas: “Sabemos…” no cesa de repetir el apóstol (v. 2, 13, 15, 18, 19, 20). Nuestra fe no sólo se apodera de la salvación, sino que triunfa sobre el mundo por el hecho de que, al mirar más allá, se apega a lo que es imperecedero (v. 4). ¡Qué felicidad también la de saber que Dios nos escucha y nos otorga lo que pedimos según su voluntad! (v. 14). «El mismo creyente no desearía que le fuera concedido algo que resultara contrario a la voluntad de Dios», escribió un siervo del Señor. Pero, ¿cómo conocer esa voluntad? Mediante el entendimiento que el Hijo de Dios nos ha dado (v. 20; Lucas 24:45). “Y estamos en el Verdadero”, en contraste con el mundo que “está bajo el maligno”. Este último no tiene, en su arsenal, objeto alguno que pueda seducir al nuevo hombre. En cambio, nos ofrece muchos ídolos apropiados para tentar nuestros pobres corazones naturales. Hijos de Dios, guardemos nuestros afectos enteramente para el Señor (v. 21; 1 Corintios 10:14).

2 Juan 1-14
1EL anciano á la señora elegida y á sus hijos, á los cuales yo amo en verdad y no yo solo, sino también todos los que han conocido la verdad,2Por la verdad que está en nosotros, y será perpetuamente con nosotros:3Sea con vosotros gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor.4Mucho me he gozado, porque he hallado de tus hijos, que andan en verdad, como nosotros hemos recibido el mandamiento del Padre.5Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos á otros.6Y este es amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: Que andéis en él, como vosotros habéis oído desde el principio.7Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este tal el engañador es, y el anticristo.8Mirad por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que hemos obrado, sino que recibamos galardón cumplido.9Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene á Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo.10Si alguno viene á vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ­bienvenido!11Porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras.12Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido comunicarlas por medio de papel y tinta; mas espero ir á vosotros, y hablar boca á boca, para que nuestro gozo sea cumplido.13Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amén.

Después de haber expuesto los caracteres de la verdad en su primera epístola, el apóstol nos muestra, en dos breves cartas, esa verdad «en marcha». Aquí no escoge como ejemplo a un padre en la fe (1 Juan 2:13), sino a una madre cristiana con sus hijos, de los cuales algunos, para su gran gozo, andaban en la verdad. Creyentes jóvenes, sepan que nada regocija tanto a los que les aman como verlos aprender y andar según las enseñanzas de la Palabra (v. 4; 3 Juan 4). La conducta de los hijos constituye la prueba más evidente de que una casa cristiana es gobernada por la verdad. En una época en la que todo está corrompido, el hogar es la última célula donde el niño puede crecer protegido de la contaminación moral. Pero puede ocurrir que la verdad tenga que ser defendida contra los enemigos de fuera (v. 10; Hechos 20:30). El verdadero amor nos impone el deber de no recibir nada de tales personas. ¿Soportaríamos a un visitante que viniera a decirnos mentiras acerca de alguien a quien amamos? ¿Y a quién podríamos querer más que al Señor Jesús? La Palabra nos enseña que no debemos discutir con esos falsos maestros; no debemos recibirlos. La verdad constituye nuestro más gran tesoro. ¡No la tengamos en poco! (Proverbios 23:23).

3 Juan 1-14
1EL anciano al muy amado Gaio, al cual yo amo en verdad.2Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad.3Ciertamente me gocé mucho cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, así como tú andas en la verdad.4No tengo yo mayor gozo que éste, el oir que mis hijos andan en la verdad.5Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros,6Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: á los cuales si ayudares como conviene según Dios, harás bien.7Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles.8Nosotros, pues, debemos recibir á los tales, para que seamos cooperadores á la verdad.9Yo he escrito á la iglesia: mas Diótrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe.10Por esta causa, si yo viniere, recordaré las obras que hace parlando con palabras maliciosas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe á los hermanos, y prohibe á los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia.11Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien es de Dios: mas el que hace mal, no ha visto á Dios.12Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la misma verdad: y también nosotros damos testimonio; y vosotros habéis conocido que nuestro testimonio es verdadero.13Yo tenía muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte por tinta y pluma:14Porque espero verte en breve, y hablaremos boca á boca. sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú á los amigos por nombre.

La segunda epístola prohíbe recibir a los que no traen “la doctrina de Cristo”. La tercera exhorta a los creyentes a recibir y a ayudar a los que la enseñan (comp. Juan 13:20). Velar por el bien de los siervos del Señor es tomar parte en el Evangelio (v. 8).

En esta breve carta, nos son presentadas varias personas. Gayo, su destinatario, era un amado cuya alma prosperaba; andaba en la verdad, obraba fielmente y su amor era conocido públicamente. Demetrio, nombrado más adelante, también tenía un buen testimonio (1 Timoteo 3:7). En cambio, en la misma iglesia, a Diótrefes le gustaba tener el primer lugar (1 Pedro 5:3), decía malignas palabras contra el apóstol, no recibía a los hermanos y expulsaba a otros de la iglesia. Juan también menciona a ciertos hermanos evangelizadores que habían salido “por amor del nombre de Él” (v. 7; Hechos 5:41). El Nombre por excelencia es el de Jesús; les bastaba como mensaje y orden de misión (Hechos 8:35).

“No imites lo malo, sino lo bueno”, recomienda el apóstol (v. 11; 1 Tesalonicences 5:15). En esta epístola, así como alrededor de nosotros, hallamos buenos y malos ejemplos. ¿Cuáles imitamos? Ante todo, sigamos al Señor Jesús, el único en quien se ha hallado sólo el bien (Marcos 7:37).

Judas 1-13
1JUDAS, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, á los llamados, santificados en Dios Padre, y conservados en Jesucristo:2Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados.3Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros de la común salud, me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada á los santos.4Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes habían estado ordenados para esta condenación, hombres impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución, y negando á Dios que solo es el que tiene dominio, y á nuestro 5Os quiero pues amonestar, ya que alguna vez habéis sabido esto, que el Señor habiendo salvado al pueblo de Egipto, después destruyó á los que no creían:6Y á los ángeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitación, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día:7Como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas, las cuales de la misma manera que ellos habían fornicado, y habían seguido la carne extraña, fueron puestas por ejemplo: sufriendo el juicio del fuego eterno.8De la misma manera también estos soñadores amancillan la carne, y menosprecian la potestad, y vituperan las potestades superiores.9Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió á usar de juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.10Pero éstos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que naturalmente conocen, se corrompen en ellas, como bestias brutas.11Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron en el error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradicción de Coré.12Estos son manchas en vuestros convites, que banquetean juntamente, apacentándose á sí mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos: árboles marchitos como en otoño, sin fruto, dos veces muertos y desarra13Fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas erráticas, á las cuales es reservada eternalmente la oscuridad de las tinieblas.

Una trompeta puede sonar para el simple placer de los que la escuchan. Pero también puede resonar para llamar a la batalla. Judas hubiera querido hablar con sus hermanos de los temas más edificantes. Por desdicha, ante los progresos del mal que ya se insinuaba “entre los fieles”, su servicio, verdadera voz de alarma, se limita a mandarles que combatan por la verdad, cueste lo que cueste. Cuántos hijos de Dios hay, a quienes siempre es necesario volverles a recordar el abecé de la verdad cristiana, en tanto que el Espíritu quisiera ocuparles en más altas bendiciones (Hebreos 5:12). “Quiero recordaros, ya que una vez la habéis sabido…”. ¿Hemos hecho algunos progresos o, al contrario, hemos retrocedido desde nuestra conversión?

Como la segunda epístola de Pedro, la de Judas se vale de solemnes ejemplos del Antiguo Testamento para describirnos la apostasía moral de los últimos días. Dos rasgos la caracterizan: el abandono de la gracia, cambiada en disolución, y el desprecio de la autoridad bajo todas sus formas (2 Pedro 2:10-11). Esta última tendencia ya se confirma en las familias, en las escuelas, en la vida social y profesional. Pero un niño que no está sujeto a sus padres, ¿cómo aceptará más tarde la autoridad del Señor?

Judas 14-25
14De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares,15A hacer juicio contra todos, y á convencer á todos los impíos de entre ellos tocante á todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente, y á todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.16Estos son murmuradores, querellosos, andando según sus deseos; y su boca habla cosas soberbias, teniendo en admiración las personas por causa del provecho.17Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;18Como os decían: Que en el postrer tiempo habría burladores, que andarían según sus malvados deseos.19Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espíritu.20Mas vosotros, oh amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando por el Espíritu Santo.21Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, para vida eterna.22Y recibid á los unos en piedad, discerniendo:23Mas haced salvos á los otros por temor, arrebatándolos del fuego; aborreciendo aun la ropa que es contaminada de la carne.24A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría,25Al Dios solo sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amén.

En necesario llegar al penúltimo libro de la Biblia para aprender lo que Dios había revelado cuando tuvo lugar el diluvio. La profecía de Enoc contempla al Señor volviendo con sus santos para el juicio de los impíos. Entonces todos los pecadores darán cuenta de todas sus obras y de todas sus palabras de provocación, sin olvidar sus murmuraciones. Porque estas gentes “son murmuradores, quejumbrosos…” (v. 16; V.M.; véase 1 Corintios 10:10). Aquí tenemos una prueba de que la impiedad y la satisfacción de las codicias no hacen feliz a nadie. Velemos también nosotros para no ser ingratos ni estar descontentos con la parte que el Señor nos ha dado. “Pero vosotros, amados…”. En medio de los más grandes progresos del mal siempre existe une línea de conducta para el fiel: la mutua edificación, la oración, la espera del Señor y los cuidados fraternales. El Espíritu Santo, Dios el Padre y nuestro Señor Jesucristo están nombrados juntos como para asegurarnos de que, del lado divino, nada puede faltarnos (v. 20-21). Si caemos (v. 24), sólo debemos culparnos a nosotros mismos. Aunque “guardados en Jesucristo” (v. 1; Juan 6:39), tenemos que conservarnos en el amor de Dios (v. 21). Sí, gocemos de él desde ahora “con gran alegría” y rindamos a nuestro Dios Salvador homenaje y adoración.

Apocalipsis 1:1-11
1LA revelación de Jesucristo, que Dios le dió, para manifestar á sus siervos las cosas que deben suceder presto; y la declaró, enviándo la por su ángel á Juan su siervo,2El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.3Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca.4Juan á las siete iglesias que están en Asia: Gracia sea con vosotros, y paz del que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono;5Y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre,6Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; á él sea gloria é imperio para siempre jamás. Amén.7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén.8Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.9Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulación y en el reino, y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.10Yo fuí en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,11Que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envía lo á las siete iglesias que están en Asia; á Efeso, y á Smirna, y á Pérgamo, y á Tiatira, y á Sardis, y á Filadelfia, y á Laodicea.

El Apocalipsis es un libro difícil. Sin embargo, cuántos motivos hay para no descuidar su lectura: 1° Es “la revelación de Jesucristo”, nuestro querido Salvador; 2° Esta revelación fue hecha por él mismo a sus siervos, entre los que se halla Juan el evangelista, exiliado en la isla de Patmos. 3° No nos habla de un vago y lejano porvenir, sino de las cosas que deben suceder “pronto”. 4° Finalmente, no olvidemos que la seria lectura de una porción de la Escritura basta para traer bendición a nuestra alma (v. 3), porque es la Palabra de Dios. No se nos pide que la comprendamos toda, sino que la guardemos (Lucas 11:28).

Cuando se trata de las glorias de Jesús, la adoración surge espontáneamente: “A Aquel que nos ama, y que nos ha lavado de nuestros pecados…” (v. 5; V.M.). Notemos el tiempo de los verbos: Él nos ama; su amor está siempre presente e invariable. Él nos ha lavado: es una obra cumplida, acabada y perfecta. Y notemos bien el orden de estos verbos: porque él nos ama, nos ha lavado de nuestros pecados. En cambio, era necesario que fuésemos lavados de nuestros pecados para ser constituidos desde ahora “reyes y sacerdotes” para nuestro Dios y Padre (5:10; 20:6, al final). Como tales, desde ahora le expresamos la alabanza: “A él sea gloria e imperio”. Lo que ha hecho de nosotros excede lo que ha hecho por nosotros.

Apocalipsis 1:12-20
12Y me volví á ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, vi siete candeleros de oro;13Y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por los pechos con una cinta de oro.14Y su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; y sus ojos como llama de fuego;15Y sus pies semejantes al latón fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas.16Y tenía en su diestra siete estrellas: y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.17Y fpicuando yo le vi, caí como muerto á sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas: yo soy el primero y el último;18Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte.19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas:20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.

El Hijo del Hombre que aparece aquí con los atributos de la justicia santa e inflexible, ¿es el humilde Jesús de los evangelios, nuestro tierno y bondadoso Salvador? Otrora Juan se recostaba sobre su pecho con confianza (Juan 13:25). Aquí cae a sus pies como muerto. ¡Qué contraste!

No debemos olvidar este lado de la gloria de Cristo. “El Padre… todo el juicio dio al Hijo” (Juan 5:22); deberá ejercerlo más tarde contra los que no hayan creído (cap. 19 y 20). Pero desde ahora, mientras la Iglesia está en la tierra, se informa sobre el estado de cada una de sus asambleas (los siete candeleros de oro que deben brillar en su ausencia). Sí, el Señor puede perdonarlo todo. Él murió y resucitó para darnos el perdón y la vida (v. 18). Pero tampoco puede pasar nada por alto. Sus ojos son como “llama de fuego” (2:18; 19:12); nada se les escapa.

El versículo 19 suministra el plan general del libro. 1° “Las cosas que has visto”: esa solemne aparición del Señor de gloria (1:12); 2° “Las que son”: la historia actual de la Iglesia responsable (cap. 2 y 3) y 3° “Las que han de ser después de éstas”: los acontecimientos proféticos que pronto se cumplirán (cap. 4 al 22).

Apocalipsis 2:1-11
1ESCRIBE al ángel de la iglesia en EFESO: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice estas cosas:2Yo sé tus obras, y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;3Y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido.4Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor.5Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto á ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.6Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaítas; los cuales yo también aborrezco.7El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.8Y escribe al ángel de la iglesia en SMIRNA: El primero y postrero, que fué muerto, y vivió, dice estas cosas:9Yo sé tus obras, y tu tribulacion, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas son sinagoga de Satanás.10No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer. He aquí, el diablo ha de enviar algunos de vosotros á la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.11El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. El que venciere, no recibirá daño de la muerte segunda.

Estas cartas a las siete iglesias de Asia describen en otros tantos cuadros sucesivos la historia de la cristiandad responsable. El Señor se presenta a cada una de estas iglesias, hace un preciso inventario de lo que encuentra y de lo que no encuentra en ellas, exhorta y promete su recompensa al vencedor.

En Efeso aparentemente todo estaba lo mejor posible (v. 2-3). Pero el Señor mira el corazón (1 Samuel 16:7). Por desdicha, no ve más la respuesta a su propio amor; ¡éste ha dejado de ocupar el primer lugar en él! Si un río es cortado en su fuente, los ribereños cercanos a la desembocadura no lo notarán enseguida. Mientras corra el agua, las orillas permanecerán verdes; durante algún tiempo todavía mostrarán la misma apariencia… ¡Ah, queridos amigos, hagámonos la siguiente pregunta!: ¿Qué pasa, no con nuestro celo, sino con nuestro afecto por Cristo? Para detener esta decadencia, el fiel Señor usa un medio extraño: la prueba. Da rienda suelta al poder de Satanás. Después de Efeso (la amable) viene Esmirna, que significa «la amarga». Fue el tiempo de los mártires bajo el dominio de los crueles emperadores romanos (segundo siglo y comienzo del tercero). Entonces en los circos romanos, ante las fieras, los cristianos de Esmirna tuvieron la oportunidad de probar su amor por su Salvador al serle fieles hasta la muerte.

Apocalipsis 2:12-29
12Y escribe al ángel de la iglesia en PÉRGAMO: El que tiene la espada aguda de dos filos, dice estas cosas:13Yo sé tus obras, y dónde moras, donde está la silla de Satanás; y retienes mi nombre, y no has negado mi fe, aun en los días en que fué Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora.14Pero tengo unas pocas cosas contra ti: porque tú tienes ahí los que tienen la doctrina de ahí los que tienen la doctrina de Fcbalaam, el cual enseñaba á Balac á poner escándalo delante de los hijos de Israel, á comer de cosas sacrificadas á los ídolos, y 15Así también tú tienes á los que tienen la doctrina de los Nicolaítas, lo cual yo aborrezco.16Arrepiéntete, porque de otra manera vendré á ti presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.17El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. Al que venciere, daré á comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.18Y escribe al ángel de la iglesia en TIATIRA: El Hijo de Dios, que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus pies semejantes al latón fino, dice estas cosas:19Yo he conocido tus obras, y caridad, y servicio, y fe, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.20Mas tengo unas pocas cosas contra ti: porque permites aquella mujer Jezabel (que se dice profetisa) enseñar, y engañar á mis siervos, á fornicar, y á comer cosas ofrecidas á los ídolos.21Y le he dado tiempo para que se arrepienta de la fornicación; y no se ha arrepentido.22He aquí, yo la echo en cama, y á los que adulteran con ella, en muy grande tribulación, si no se arrepintieren de sus obras:23Y mataré á sus hijos con muerte; y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriño los riñones y los corazones: y daré á cada uno de vosotros según sus obras.24Pero yo digo á vosotros, y á los demás que estáis en Tiatira, cualesquiera que no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satanás, como dicen: Yo no enviaré sobre vosotros otra carga.25Empero la que tenéis, tenedla hasta que yo venga.26Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las gentes;27Y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantados como vaso de alfarero, como también yo he recibido de mi Padre:28Y le daré la estrella de la mañana.29El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.

Durante el período de Esmirna, diez grandes persecuciones consecutivas no pudieron contra la fe cristiana. Al contrario, como lo escribió alguien, «la sangre de los mártires ha llegado a ser la simiente de la Iglesia». Entonces Satanás empleó otra táctica, la que se ve en Pérgamo (v. 13). Lo que la violencia no pudo producir, la benevolencia de las autoridades lo hizo. Bajo el reinado del emperador Constantino, en el año 312, la adopción del cristianismo como religión del Estado –acontecimiento que muchos consideran como un gran éxito de la verdad– favoreció el relajamiento, el carácter mundano y la introducción de doctrinas extrañas (v. 14-15).

Pero en Tiatira, iglesia que subsiste hasta el final, el mal avanzó un paso más. Fueron las tinieblas de la Edad Media, comparadas aquí con el siniestro reinado de Acab, al cual su mujer Jezabel incitaba a hacer el mal (1 Reyes 21:25). La Iglesia se cansó de ser extranjera en este mundo y quiso reinar. Y ya conocemos el papel político que ella siempre deseó desempeñar. Pues bien, la dominación que esa iglesia de Tiatira buscó con tanta arrogancia está prometida a aquellos a quienes oprimió, torturó y quemó en las hogueras… pero que son los verdaderos vencedores. Ellos reinarán con Aquel que viene como la Estrella de la mañana.

Apocalipsis 3:1-13
1Y ESCRIBE al ángel de la iglesia en SARDIS: El que tiene los siete Espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras que tienes nombre que vives, y estás muerto.2Sé vigilante y confirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.3Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárda lo, y arrepiéntete. Y si no velares, vendré á ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré á ti.4Mas tienes unas pocas personas en Sardis que no han ensuciado sus vestiduras: y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos.5El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.6El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.7Y escribe al ángel de la iglesia en FILADELFIA: Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:8Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.9He aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten; he aquí, yo los constreñiré á que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado.10Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar á los que moran en la tierra.11He aquí, yo vengo presto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.12Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalem, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo.13El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.

Los siglos han pasado. En medio de Tiatira, Dios suscitó la Reforma, un poderoso movimiento animado por su Espíritu. Luego, la decadencia hizo nuevamente su obra. La muerte espiritual invade la iglesia en Sardis. A pesar de su pretensión, el Señor discierne su verdadero estado: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto” (v. 1). “Acuérdate… arrepiéntete”, se la ordena (v. 3, compárese con 2:5, 16; 3:19). ¿Quién es aquí el vencedor? El que no ha manchado sus vestiduras. ¿Conocemos esa clase de victoria; hemos permanecido puros? El vencedor en Sardis será vestido de “vestiduras blancas”, y su nombre nunca será borrado del libro de la vida.

Filadelfia (amor de los hermanos) es hija del «Despertar» del S. XIX. La caracteriza su ¡“poca fuerza”! Pero el Señor mantiene abierta para ella la puerta del Evangelio. ¡La fidelidad a su Palabra! Él será fiel a su promesa: “Yo vengo pronto”. ¡El apego a su nombre! El nuevo nombre del Señor será su parte. ¿Y el oprobio del mundo? El Señor le responderá con su pública aprobación: “Yo haré que… reconozcan que yo te he amado”.

Somos los herederos responsables del testimonio de Filadelfia. ¡Que el Señor nos conceda manifestar esos caracteres y no perder nuestra corona! Él experimentará más gozo al dar esa recompensa que el vencedor al recibirla.

Apocalipsis 3:14-22
14Y escribe al ángel de la iglesia en LAODICEA: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios:15Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ­Ojalá fueses frío, ó caliente!16Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.17Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo;18Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.19Yo reprendo y castigo á todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete.20He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.21Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.22El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.

Un último estado de cosas caracteriza a la cristiandad. Hoy reconocemos sus rasgos: satisfacción de sí misma, indiferente tibieza, pretensiones religiosas de poseerlo todo y saberlo todo (Deuteronomio 8:17; Oseas 12:8). “De ninguna cosa tengo necesidad”: es lo que parecen decir también los creyentes que descuidan la oración. A Laodicea le faltan tres cosas capitales: el oro, es decir, la verdadera justicia según Dios; las vestiduras blancas, a saber, el testimonio práctico que resulta de ella y un colirio, es decir, el discernimiento que da el Espíritu Santo. ¡Pero aún no es demasiado tarde para que el que tiene oídos, oiga! El Señor da sucesivamente: un consejo: que cada cual se apresure a adquirir de Él lo que le falta (Mateo 25:3); un aliento: a los que él ama, Cristo reprende y castiga; una exhortación a ser celoso y arrepentirse; una promesa que no tiene precio: la del versículo 20. A los que hayan recibido a Cristo en su corazón, Él, a su vez, los recibirá en el cielo, en su trono (v. 21). Queridos amigos, es el fin de la historia de la Iglesia en la tierra. Pero, por grande que sea la decadencia, la presencia del Señor aún puede ser comprobada. Ella hace arder el corazón con un indecible gozo, como lo experimentaron los dos discípulos cierta tarde, cuando Jesús entró para quedarse con ellos (Lucas 24:29).

Apocalipsis 4:1-11
1DESPUÉS de estas cosas miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo: y la primera voz que oí, era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de ser después de éstas.2Y luego yo fuí en Espíritu: y he aquí, un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado.3Y el que estaba sentado, era al parecer semejante á una piedra de jaspe y de sardio: y un arco celeste había alrededor del trono, semejante en el aspecto á la esmeralda.4Y alrededor del trono había veinticuatro sillas: y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenían sobre sus cabezas coronas de oro.5Y del trono salían relámpagos y truenos y voces: y siete lámparas de fuego estaban ardiendo delante del trono, las cuales son los siete Espíritus de Dios.6Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro animales llenos de ojos delante y detrás.7Y el primer animal era semejante á un león; y el segundo animal, semejante á un becerro; y el tercer animal tenía la cara como de hombre; y el cuarto animal, semejante á un águila volando.8Y los cuatro animales tenían cada uno por sí seis alas alrededor, y de dentro estaban llenos de ojos; y no tenían reposo día ni noche, diciendo: Santo, santo, santo el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha de venir.9Y cuando aquellos animales daban gloria y honra y alabanza al que estaba sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,10Los veinticuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás, y echaban sus coronas delante del trono, diciendo:11Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas.

Aquí empieza la tercera parte del libro, anunciada en el versículo 19 del primer capítulo. Desde luego, todos los detalles de la visión se deben comprender en un sentido simbólico. Es obvio que en el cielo no veremos un trono material; éste es simplemente el emblema del gobierno real. Pero, la interpretación de esos símbolos de ninguna manera es dejada a nuestra imaginación; nos es dada por la misma Biblia en otros pasajes. (Aconsejamos la ayuda del libro titulado «Auxilio para el estudio del Apocalipsis», de H. R.).

Para contemplar “las cosas que sucederán después de éstas” (después de que la Iglesia haya sido arrebatada), el apóstol es invitado a subir al cielo. El creyente, para ver en su justa perspectiva los acontecimientos terrenales, debe considerarlos desde un punto de vista celestial, teniendo a Cristo como centro.

Según la promesa hecha a Filadelfia, los redimidos por el Señor serán guardados “de la hora de la prueba que ha de venir sobre la tierra”. Cuando esta prueba vaya a empezar para el mundo (cap. 6), los redimidos ya estarán reunidos en la gloria. Se hallan representados por los veinticuatro ancianos que se prosternan y echan sus coronas delante del trono. Celebran al Dios Creador, pero en el capítulo 5 adoran al Dios Redentor.

Apocalipsis 5:1-14
1Y VI en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos.2Y vi un fuerte ángel predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos?3Y ninguno podía, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo.4Y yo lloraba mucho, porque no había sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.5Y uno de los ancianos me dice: No llores: he aquí el león de la tribu de Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos.6Y miré; y he aquí en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados en toda la tierra.7Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono.8Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:9Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;10Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.11Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones,12Que decían en alta voz: El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza.13Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder14Y los cuatro animales decían: Amén. Y los veinticuatro ancianos cayeron sobre sus rostros, y adoraron al que vive para siempre jamás.

Una pregunta mantiene al universo en suspense: “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?” Dicho de otro modo, ¿quién ejercerá el juicio? Uno sólo puede hacerlo: Aquel que está sin pecado (comp. con Juan 8:7) y ha vencido, por su misma perfección, a Satanás y al mundo. Cristo es este “León de la tribu de Judá”, ya mencionado en Génesis 49:9. Pero, inmediatamente después, es visto bajo la apariencia de un “Cordero como inmolado”. Para triunfar sobre el enemigo, para llenar el cielo de una multitud de criaturas felices y agradecidas, fue necesaria la cruz de Jesús. Su sacrificio es recordado al corazón de todos los santos de la manera más conmovedora. En ese cielo, donde todo habla de poder y majestad, el recuerdo permanente de la humillación de nuestro amado Salvador hará el más asombroso contraste. Su humildad, su mansedumbre, su dependencia, su paciencia… todas esas perfecciones morales que Jesús manifestó en este mundo nunca dejarán de ser visibles y nos darán la medida de su amor por la eternidad.

Entonces, al nuevo cántico entonado por los santos glorificados le responderá el universal eco de todas las esferas de la creación: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (v. 12).

Apocalipsis 6:1-17
1Y MIRÉ cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí á uno los cuatro animales diciendo como con una voz de trueno: Ven y ve.2Y miré, y he aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él, tenía un arco; y le fué dada una corona, y salió victorioso, para que también venciese.3Y cuando él abrió el segundo sello, oí al segundo animal, que decía: Ven y ve.4Y salió otro caballo bermejo: y al que estaba sentado sobre él, fué dado poder de quitar la paz de la tierra, y que se maten unos á otros: y fuéle dada una grande espada.5Y cuando él abrió el tercer sello, oí al tercer animal, que decía: Ven y ve. Y miré, y he aquí un caballo negro: y el que estaba sentado encima de él, tenía un peso en su mano.6Y oí una voz en medio de los cuatro animales, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario: y no hagas daño al vino ni al aceite.7Y cuando él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto animal, que decía: Ven y ve.8Y miré, y he aquí un caballo amarillo: y el que estaba sentado sobre él tenía por nombre Muerte; y el infierno le seguía: y le fué dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las bestias de la 9Y cuando él abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por la palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenían.10Y clamaban en alta voz diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?11Y les fueron dadas sendas ropas blancas, y fuéles dicho que reposasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.12Y miré cuando él abrió el sexto sello, y he aquí fué hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre;13Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.14Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto; y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares.15Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;16Y decían á los montes y á las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquél que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:17Porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?

Si a veces la severidad de los juicios de Dios nos asombra, es porque no sabemos subir (por la fe) al cielo. Al oír celebrar la perfecta santidad de Dios (4:8) y contemplar en el Cordero inmolado a la vez el amor divino y el desprecio de ese amor por parte del hombre rebelado, podríamos comprender cuán justo, merecido y necesario es el juicio. Además verificaríamos que nada se debe al azar. Dios tiene el control de todo lo que ocurre en la tierra. Sus designios judiciales no sólo están descritos de antemano en este libro simbólico (5:1), sino que cada uno se produce en el preciso momento para el cual él lo decretó, cuando el sello es abierto por el Cordero. La apertura de los cuatro primeros sellos hace surgir otros tantos jinetes. Representan respectivamente la conquista territorial, la guerra civil, el hambre y las calamidades mortales que se sucederán en la tierra (comp. v. 8 y Ezequiel 14:21). Cuando el quinto sello es desatado, una compañía de mártires aparece, implorando al Dios soberano que les haga justicia. El sexto sello es como la respuesta a su clamor. Sugiere una terrible revolución; todas las autoridades establecidas son derribadas. ¡Cuán extraño suenan estas palabras juntas en la frase: “La ira del Cordero”! (v. 16; Salmo 2:12).

Apocalipsis 7:1-17
1Y DESPUÉS de estas cosas vi cuatro ángeles que estaban sobre los cuatro ángulos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre ningún árbol.2Y vi otro ángel que subía del nacimiento del sol, teniendo el sello del Dios vivo: y clamó con gran voz á los cuatro ángeles, á los cuales era dado hacer daño á la tierra y á la mar,3Diciendo: No hagáis daño á la tierra, ni al mar, ni á los árboles, hasta que señalemos á los siervos de nuestro Dios en sus frentes.4Y oí el número de los señalados: ciento cuarenta y cuatro mil señalados de todas las tribus de los hijos de Israel.5De la tribu de Judá, doce mil señalados. De la tribu de Rubén, doce mil señalados. De la tribu de Gad, doce mil señalados.6De la tribu de Aser, doce mil señalados. De la tribu de Neftalí, doce mil señalados. De la tribu de Manasés, doce mil señalados.7De la tribu de Simeón, doce mil señalados. De la tribu de Leví, doce mil señalados. De la tribu de Issachâr, doce mil señalados.8De la tribu de Zabulón, doce mil señalados. De la tribu de José, doce mil señalados. De la tribu de Benjamín, doce mil señalados.9Después de estas cosas miré, y he aquí una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos;10Y clamaban en alta voz, diciendo: Salvación á nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero.11Y todos los ángeles estaban alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro animales; y postráronse sobre sus rostros delante del trono, y adoraron á Dios,12Diciendo: Amén: La bendición y la gloria y la sabiduría, y la acción de gracias y la honra y la potencia y la fortaleza, sean á nuestro Dios para siempre jamás. Amén.13Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?14Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero.15Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos.16No tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni otro ningún calor.17Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará á fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.

Este capítulo aparece como un paréntesis entre el sexto y el séptimo sello. Antes de adelantarse más en sus propósitos judiciales, Dios aparta y sella a los que le pertenecen. Un primer grupo (v. 4-8) está formado por judíos de las diferentes tribus. Constituye ese remanente fiel cuyos sentimientos nos revelan los salmos. La segunda clase de personas se compone de una multitud de entre las naciones que habrá creído el Evangelio del reino (v. 9…). Al presentarnos ya ahora a esos fieles, es como si Dios nos dijera: «Esos castigos no son para ellos; atravesarán la prueba bajo mi protección». Del mismo modo, durante la noche de Pascua, los israelitas fueron identificados y puestos al abrigo de los golpes del ángel destructor por la sangre del Cordero (Éxodo 12:13). En esa misma sangre esos creyentes salidos de “la gran tribulación” habrán lavado y blanqueado sus ropas (v. 14). Su salvación, así como la nuestra, está asegurada por la preciosa sangre de Cristo. Luego, el mismo Cordero que los habrá purificado los pastoreará, los protegerá y los guiará a fuentes de agua de vida (Isaías 49:10). Dios mismo enjugará sus lágrimas. ¡Qué promesas! ¡Éstas vienen a consolarlos de antemano con vistas a una angustia sin precedente!

Apocalipsis 8:1-13
1Y CUANDO él abrió el séptimo sello, fué hecho silencio en el cielo casi por media hora.2Y vi los siete ángeles que estaban delante de Dios; y les fueron dadas siete trompetas.3Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fué dado mucho incienso para que lo añadiese á las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono.4Y el humo del incienso subió de la mano del ángel delante de Dios, con las oraciones de los santos.5Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y echólo en la tierra; y fueron hechos truenos y voces y relámpagos y terremotos.6Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se aparejaron para tocar.7Y el primer ángel tocó la trompeta, y fué hecho granizo y fuego, mezclado con sangre, y fueron arrojados á la tierra; y la tercera parte de los árboles fué quemada, y quemóse toda la hierba verde.8Y el segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiendo con fuego fué lanzado en la mar; y la tercera parte de la mar se tornó en sangre.9Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las cuales tenían vida; y la tercera parte de los navíos pereció.10Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los rios, y en las fuentes de las aguas.11Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fué vuelta en ajenjo: y muchos murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas.12Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fué herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas; de tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del día, y lo mismo de13Y miré, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: ­Ay! ­ay! ­ay! de los que moran en la tierra, por razón de las otras voces de trompeta de los tres ángeles que han de tocar!

El séptimo sello se abre con una corta tregua. Mientras los ángeles se preparan para ejecutar los juicios, otro ángel (Cristo en persona) cumple las funciones de intercesor (v. 3). Como él mismo padeció, está en condiciones de identificarse con los creyentes que pasan por una prueba (Hebreos 2:18; 4:15). En aquellos tiempos apocalípticos Cristo intervendrá a favor de los fieles de la gran tribulación (los del cap. 7). Y, a su turno, los cristianos ya juntados en la gloria, después de haber conocido penas y fatigas en la tierra, se interesarán mucho más en las circunstancias de los creyentes que atravesarán ese terrible período. Serán sacerdotes con Cristo y presentarán a Dios esas copas de oro llenas de incienso que son las oraciones de los santos (5:8 final).

Precedidos por la intercesión, cada uno de los siete ángeles se dispone ahora a tocar su temible trompeta. La primera da la señal de un juicio repentino que alcanza a los poderosos de Occidente (los árboles) y a la prosperidad universal. La segunda corresponde a la irrupción de una gran potencia terrestre y anárquica en el imperio. La tercera y la cuarta provocan la caída y la apostasía de las autoridades responsables, hundiendo así a los hombres en las más profundas tinieblas morales.

Apocalipsis 9:1-21
1Y EL quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fué dada la llave del pozo del abismo.2Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y oscurecióse el sol y el aire por el humo del pozo.3Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y fueles dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.4Y les fué mandado que no hiciesen daño á la hierba de la tierra, ni á ninguna cosa verde, ni á ningún árbol, sino solamente á los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes.5Y le fué dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión, cuando hiere al hombre.6Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.7Y el parecer de las langostas era semejante á caballos aparejados para la guerra: y sobre sus cabezas tenían como coronas semejantes al oro; y sus caras como caras de hombres.8Y tenían cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como dientes de leones.9Y tenían corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren á la batalla.10Y tenían colas semejantes á las de los escorpiones, y tenían en sus colas aguijones; y su poder era de hacer daño á los hombres cinco meses.11Y tienen sobre sí por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebraico es Abaddon, y en griego, Apollyon.12El primer ­Ay! es pasado: he aquí, vienen aún dos ayes después de estas cosas.13Y el sexto ángel tocó la trompeta; y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios,14Diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran río Eufrates.15Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la hora y día y mes y año, para matar la tercera parte de los hombres.16Y el número del ejército de los de á caballo era doscientos millones. Y oí el número de ellos.17Y así vi los caballos en visión, y los que sobre ellos estaban sentados, los cuales tenían corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos salía fuego y humo y azufre.18De estas tres plagas fué muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre, que salían de la boca de ellos.19Porque su poder está en su boca y en sus colas: porque sus colas eran semejantes á serpientes, y tenían cabezas, y con ellas dañan.20Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen á los demonios, y á las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera; las cuales no pueden ver, ni oir21Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

Ciertos comentaristas han dado a estos capítulos las más fantasiosas interpretaciones, esforzándose particularmente en hacer corresponder las profecías con acontecimientos contemporáneos. Recordemos, pues, que toda esta tercera parte de la visión de Juan es futura. Concierne solamente al intervalo de algunos años que existirá entre la venida del Señor para buscar a su Iglesia y el comienzo de su reinado milenario.

La quinta trompeta, o el primer “ay”, libera del abismo a un enjambre de espantosas langostas, instrumentos directos de Satanás, las cuales infligen a los judíos impíos un tormento moral peor que la muerte. Con la sexta trompeta aparecen fantásticos caballos que escupen fuego, humo y azufre, y siembran la muerte a su paso. Sus jinetes llevan corazas (v. 9, 17), imagen de conciencias endurecidas (1 Timoteo 4:2). Al mismo tiempo, los aguijones y las colas semejantes a escorpiones (v. 10) o serpientes (v. 19) representan las doctrinas engañosas y envenenadas, pérfidas armas que Satanás empleará más que nunca (comp. Isaías 9:15).

El uso de la trompeta para anunciar esos juicios les da el carácter de advertencia para los hombres. Pero tan duros son los corazones que ni aun esos desastres sin precedente los conducirán a arrepentirse (v. 20-21).

Apocalipsis 10:1-11; Apocalipsis 11:1-3
1Y VI otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.2Y tenía en su mano un librito abierto: y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;3Y clamó con grande voz, como cuando un león ruge: y cuando hubo clamado, siete truenos hablaron sus voces.4Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, yo iba á escribir, y oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han hablado, y no las escribas.5Y el ángel que vi estar sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,6Y juró por el que vive para siempre jamás, que ha criado el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no será más.7Pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare á tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció á sus siervos los profetas.8Y la voz que oí del cielo hablaba otra vez conmigo, y decía: Ve, y toma el librito abierto de la mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra.9Y fuí al ángel, diciéndole que me diese el librito, y él me dijo: Toma, y trágalo; y él te hará amargar tu vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.10Y tomé el librito de la mano del ángel, y lo devoré; y era dulce en mi boca como la miel; y cuando lo hube devorado, fué amargo mi vientre.11Y él me dice: Necesario es que otra vez profetices á muchos pueblos y gentes y lenguas y reyes.
1Y ME fué dada una caña semejante á una vara, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y á los que adoran en él.2Y echa fuera el patio que está fuera del templo, y no lo midas, porque es dado á los Gentiles; y hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.3Y daré á mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos y sesenta días, vestidos de sacos.

Los capítulos 10 y 11 (v. 1-3) se intercalan entre la sexta y la séptima trompeta, así como el capítulo 7 forma un paréntesis entre el sexto y séptimo sello. Nuevamente Cristo aparece bajo el aspecto de “otro ángel”, aquí también acompañado con señales de gracia. La nube con la cual se envuelve y las columnas de fuego sobre las que se mantiene recuerdan los cuidados de Dios para con Israel en el desierto (Éxodo 13:21-22); el arco iris (comp. con 4:3) habla del pacto de Dios con la tierra (Génesis 9:13). Así sus promesas son indirectamente recordadas. Pero Cristo también posee los atributos de la autoridad: su rostro es semejante al sol; él reivindica sus derechos a poseer el mundo. Tiene en su mano un librito abierto que representa un corto período de la profecía ya revelada en el Antiguo Testamento. Se trata de la segunda mitad de la semana (de años) de la gran tribulación (Daniel 9:27), durante la cual Dios aún reconoce el templo, el altar y “a los que adoran en él”. Cosa notable, esos tres años y medio son evaluados en 42 meses para hablar de la opresión (11:2), pero también en 1260 días para medir el testimonio del remanente fiel. Dios ha contado esos días y sabe cuánta valentía haya que tener y cuántos sufrimientos se deba soportar en cada uno de ellos (Salmo 56:8).

Apocalipsis 11:4-19
4Estas son las dos olivas, y los dos candeleros que están delante del Dios de la tierra.5Y si alguno les quisiere dañar, sale fuego de la boca de ellos, y devora á sus enemigos: y si alguno les quisiere hacer daño, es necesario que él sea así muerto.6Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren.7Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará.8Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad, que espiritualmente es llamada Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fué crucificado.9Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de los Gentiles verán los cuerpos de ellos por tres días y medio, y no permitirán que sus cuerpos sean puestos en sepulcros.10Y los moradores de la tierra se gozarán sobre ellos, y se alegrarán, y se enviarán dones los unos á los otros; porque estos dos profetas han atormentado á los que moran sobre la tierra.11Y después de tres días y medio el espíritu de vida enviado de Dios, entró en ellos, y se alzaron sobre sus pies, y vino gran temor sobre los que los vieron.12Y oyeron una grande voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron.13Y en aquella hora fué hecho gran temblor de tierra, y la décima parte de la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra en número de siete mil hombres: y los demás fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo.14El segundo ­Ay! es pasado: he aquí, el tercer ­Ay! vendrá presto.15Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido á ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás.16Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron á Dios,17Diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has reinado.18Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardón á tus siervos los profetas, y á los santos, y á los que temen tu nombre, á los pequeñitos y á los grandes, y para que destruya19Y el templo de Dios fué abierto en el cielo, y el arca de su testamento fué vista en su templo. Y fueron hechos relámpagos y voces y truenos y terremotos y grande granizo.

Los dos testigos representan el testimonio suficiente dado por el piadoso remanente durante la tribulación final. Se presentan con los caracteres de Elías y Moisés, los cuales, en tiempos sombríos de la historia de Israel, asumieron también un testimonio según Dios. En respuesta a la oración del primero, el cielo permaneció cerrado durante tres años y medio (v. 6; Santiago 5:17; comp. el v. 5 y 2 Reyes 1:10, 12). El segundo recibió el poder de cambiar las aguas en sangre (la vida en muerte: Éxodo 7:19) y de herir la tierra con toda clase de plagas. Estos fieles serán ajusticiados en Jerusalén por la bestia del capítulo 13 versículo 1 y serán consolados al pensar que en ese mismo lugar, antes que ellos, su “Señor fue crucificado” (Lucas 13:33-34). Su martirio será seguido por una deslumbrante y pública resurrección para consternación de sus perseguidores.

Finalmente suena el último ¡ay! Con él llegarán dos cosas: el reinado del Señor (v. 15) y también su ira (v. 18; Salmo 110:5). En el capítulo 6:17, los hombres creían, espantados, que la ira del Cordero había llegado. Pero ésta ha sido contenida hasta el momento en el cual Cristo tome el gobierno del mundo. Entonces el cielo prorrumpirá en cánticos de triunfo; los santos se prosternarán y adorarán a Aquel que fue crucificado (v. 8), quien reinará de ahí en adelante por los siglos de los siglos (Lucas 1:33).

Apocalipsis 12:1-17
1Y UNA grande señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.2Y estando preñada, clamaba con dolores de parto, y sufría tormento por parir.3Y fué vista otra señal en el cielo: y he aquí un grande dragón bermejo, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas.4Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las echó en tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para parir, á fin de devorar á su hijo cuando hubiese parido.5Y ella parió un hijo varón, el cual había de regir todas las gentes con vara de hierro: y su hijo fué arrebatado para Dios y á su trono.6Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para que allí la mantengan mil doscientos y sesenta días.7Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles.8Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo.9Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fué arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.10Y oí una grande voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salvación, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el cual los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.11Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte.12Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ­Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido á vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo.13Y cuando vió el dragón que él había sido arrojado á la tierra, persiguió á la mujer que había parido al hijo varón.14Y fueron dadas á la mujer dos alas de grande águila, para que de la presencia de la serpiente volase al desierto, á su lugar, donde es mantenida por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.15Y la serpiente echó de su boca tras la mujer agua como un río, á fin de hacer que fuese arrebatada del río.16Y la tierra ayudó á la mujer, y la tierra abrió su boca, y sorbió el río que había echado el dragón de su boca.17Entonces el dragón fué airado contra la mujer; y se fué á hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo.

Esta nueva división es introducida por el versículo 19 del capítulo 11. El arca del pacto aparece allí en señal de gracia antes de los juicios sobre Israel. Este pueblo (simbolizado por la mujer encinta vestida del sol) es aquel del cual debía nacer el Mesías, y esto excita la furiosa oposición de Satanás, el gran dragón escarlata. Esa enemistad entre la descendencia de la mujer y “la serpiente antigua” (v. 9), anunciada desde la caída del hombre, ha proseguido a través de toda la Biblia (véase Génesis 3:15; Éxodo 1:22; 2 Reyes 11:1; Mateo 2:16). El diablo concentró en vano sus esfuerzos para impedir que, a través del nacimiento y la elevación del Señor Jesús, los designios de Dios se cumpliesen. Cristo y sus santos celestiales –el niño arrebatado hasta Dios– están ahora fuera de su alcance. Además, Satanás pronto será precipitado del cielo a la tierra (léase Lucas 10:18 y Romanos 16:20), donde su impotente rabia se desencadenará contra el remanente de Israel. Lo que caracterizará a este último será que él guardará “los mandamientos de Dios” (v. 17 final). ¿Cuál fue para Cristo y cuál es hoy para nosotros el secreto de la fuerza y de la victoria sobre el maligno? La Palabra de Dios que mora en el corazón (Salmo 17:4; Mateo 4:4; 1 Juan 2:14 al final).

Apocalipsis 13:1-18
1Y YO me paré sobre la arena del mar, y vi una bestia subir del mar, que tenía siete cabezas y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez diademas; y sobre las cabezas de ella nombre de blasfemia.2Y la bestia que vi, era semejante á un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dió su poder, y su trono, y grande potestad.3Y vi una de sus cabezas como herida de muerte, y la llaga de su muerte fué curada: y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia.4Y adoraron al dragón que había dado la potestad á la bestia, y adoraron á la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante á la bestia, y quién podrá lidiar con ella?5Y le fué dada boca que hablaba grandes cosas y blasfemias: y le fué dada potencia de obrar cuarenta y dos meses.6Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y á los que moran en el cielo.7Y le fué dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fué dada potencia sobre toda tribu y pueblo y lengua y gente.8Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fué muerto desde el principio del mundo.9Si alguno tiene oído, oiga.10El que lleva en cautividad, va en cautividad: el que á cuchillo matare, es necesario que á cuchillo sea muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.11Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes á los de un cordero, mas hablaba como un dragón.12Y ejerce todo el poder de la primera bestia en presencia de ella; y hace á la tierra y á los moradores de ella adorar la primera bestia, cuya llaga de muerte fué curada.13Y hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo á la tierra delante de los hombres.14Y engaña á los moradores de la tierra por las señales que le ha sido dado hacer en presencia de la bestia, mandando á los moradores de la tierra que hagan la imagen de la bestia que tiene la herida de cuchillo, y vivió.15Y le fué dado que diese espíritu á la imagen de la bestia, para que la imagen de la bestia hable; y hará que cualesquiera que no adoraren la imagen de la bestia sean muertos.16Y hacía que á todos, á los pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se pusiese una marca en su mano derecha, ó en sus frentes:17Y que ninguno pudiese comprar ó vender, sino el que tuviera la señal, ó el nombre de la bestia, ó el número de su nombre.18Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia; porque es el número de hombre: y el número de ella, seiscientos sesenta y seis.

Arrojado a la tierra, el diablo aprovechará su “poco tiempo”. Se valdrá de dos instrumentos, dos “bestias”, término que implica la ausencia de una relación con Dios. La primera (v. 1) corresponde al imperio romano reconstituido. Reunirá los caracteres de los tres imperios precedentes: la rapidez del leopardo (Grecia), la tenacidad del oso (Persia) y la voracidad del león (Babilonia); (véase Daniel 7:4-6). En el desierto, Jesús rehusó los reinos del mundo. Satanás los da al emperador romano y obtiene así el homenaje de toda la tierra (v. 4; Lucas 4:5-8).

En cuanto a la segunda bestia, es una imitación del Cordero, pero su lenguaje la traiciona. Es el Anticristo, el cual ejercerá el poder religioso, hará milagros y sostendrá a la primera bestia. Seducirá a multitudes de hombres que serán marcados como ganado con el sello de la bestia romana (13:1). Son llamados “los moradores de la tierra” (v. 8, 14; 3:10; 6:10; 8:13; 11:10) porque tienen sus intereses y todas sus aspiraciones en ella. ¡Cuán numerosa es esta clase de personas hoy día! En contraste, el versículo 6 menciona a “los que moran en el cielo” (Filipenses 3:19-20). Creyentes, mostremos claramente dónde está nuestra morada (Hebreos 11:13-14).

Apocalipsis 14:1-13
1Y MIRÉ, y he aquí, el Cordero estaba sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de su Padre escrito en sus frentes.2Y oí una voz del cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno: y oí una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas:3Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra.4Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. Estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.5Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios.6Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo á los que moran en la tierra, y á toda nación y tribu y lengua y pueblo,7Diciendo en alta voz: Temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad á aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.8Y otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, aquella grande ciudad, porque ella ha dado á beber á todas las naciones del vino del furor de su fornicación.9Y el tercer ángel los siguió, diciendo en alta voz: Si alguno adora á la bestia y á su imagen, y toma la señal en su frente, ó en su mano,10Este también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles, y delante del Cordero:11Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y los que adoran á la bestia y á su imagen, no tienen reposo día ni noche, ni cualquiera que tomare la señal de su nombre.12Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.13Y oí una voz del cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados los muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen.

Después de un paréntesis que nos ha presentado la trinidad del mal, a saber, el dragón (cap. 12), y las dos bestias (cap. 13), las siete visiones del capítulo 14 se enlazan con la séptima trompeta aún no cumplida (11:15). Pero antes de intervenir respecto al mal, Dios reconoce y pone aparte un nuevo remanente de su pueblo. Estos testigos han resistido a la corrupción general. En contraste con las masas que llevan sobre sus frentes la marca de la bestia (13:16), el nombre del Cordero está escrito sobre las suyas (v. 1). ¿Llevamos sin vergüenza el nombre de nuestro Salvador? ¿Cualquiera que se encuentre a nuestro alrededor puede ver a quién pertenecemos?

Estos creyentes son “los que siguen al Cordero por dondequiera que va” (v. 4; comp. con Juan 1:36-37). Habiéndolo seguido en el oprobio y el sufrimiento, también serán sus compañeros en el Reino. Algunos morirán por fidelidad al Señor (comp. con 12:11). Las palabras del versículo 13 los consuelan. Lejos de perder su parte en el reinado, son llamados “bienaventurados”. Y sus obras les siguen (notemos que ellas no los preceden; las obras nunca abren a nadie el acceso al cielo). Queridos amigos, nuestros privilegios cristianos son más elevados todavía. ¿Quisiéramos ser hallado menos fiel que esos testigos de los últimos días?

Apocalipsis 14:14-20; Apocalipsis 15:1-8
14Y miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.15Y otro ángel salió del templo, clamando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar te es venida, porque la mies de la tierra está madura.16Y el que estaba sentado sobre la nube echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fué segada.17Y salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda.18Y otro ángel salió del altar, el cual tenía poder sobre el fuego, y clamó con gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra; porque están maduras sus uvas.19Y el ángel echó su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la uva en el grande lagar de la ira de Dios.20Y el lagar fué hollado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios.
1Y VI otra señal en el cielo, grande y admirable, que era siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas es consumada la ira de Dios.2Y vi así como un mar de vidrio mezclado con fuego; y los que habían alcanzado la victoria de la bestia, y de su imagen, y de su señal, y del número de su nombre, estar sobre el mar de vidrio, teniendo las arpas de Dios.3Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.4¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? porque tú sólo eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán, y adorarán delante de ti, porque tus juicios son manifestados.5Y después de estas cosas miré, y he aquí el templo del tabernáculo del testimonio fué abierto en el cielo;6Y salieron del templo siete ángeles, que tenían siete plagas, vestidos de un lino limpio y blanco, y ceñidos alrededor de los pechos con bandas de oro.7Y uno de los cuatro animales dió á los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive para siempre jamás.8Y fué el templo lleno de humo por la majestad de Dios, y por su potencia; y ninguno podía entrar en el templo, hasta que fuesen consumadas las siete plagas de los siete ángeles.

El Señor había anunciado otrora a sus acusadores: “Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (1:7; Mateo 26:64 y 24:30). Aquí está ese Hijo del hombre sentado sobre una nube blanca. Otrora coronado de espinas, ahora lleva una corona de oro; en lugar de una caña, tiene una hoz aguda. Aquel a quien los hombres juzgaban se ha convertido en su Juez. Y por este motivo Él ordena la gran “mies de la tierra”, seguida por la terrible vendimia, ambas anunciadas desde hace tanto tiempo (por ejemplo: Joel 3:13; Mateo 13:30, 39).

Una última serie de juicios (las copas) empieza con el capítulo 15. Pero una vez más, los santos que deberán atravesarlos son vistos primeramente en un estado de seguridad (v. 2-4). Después de ello, los siete ángeles encargados de la ejecución de las plagas salen del templo y reciben siete copas llenas de la ira de Dios (comp. Jeremías 25:15). Queridos amigos creyentes, este mundo que va a ser herido es el mismo al que Dios amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito. Los ángeles destructores aún no han recibido su terrible misión. En tanto, la que nos incumbe a nosotros es muy distinta: proclamar la divina gracia (2 Corintios 5:20).

Apocalipsis 16:1-21
1Y OI una gran voz del templo, que decía á los siete ángeles: Id, y derramad las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra.2Y fué el primero, y derramó su copa sobre la tierra; y vino una plaga mala y dañosa sobre los hombres que tenían la señal de la bestia, y sobre los que adoraban su imagen.3Y el segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre como de un muerto; y toda alma viviente fué muerta en el mar.4Y el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.5Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas:6Porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado á beber sangre; pues lo merecen.7Y oí á otro del altar, que decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.8Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol; y le fué dado quemar á los hombres con fuego.9Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.10Y el quinto ángel derramó su copa sobre la silla de la bestia; y su reino se hizo tenebroso, y se mordían sus lenguas de dolor;11Y blasfemaron del Dios del cielo por sus dolores, y por sus plagas, y no se arrepintieron de sus obras.12Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de él se secó, para que fuese preparado el camino de los reyes del Oriente.13Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos á manera de ranas:14Porque son espíritus de demonios, que hacen señales, para ir á los reyes de la tierra y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.15He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.16Y los congregó en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.17Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es.18Entonces fueron hechos relámpagos y voces y truenos; y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fué jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.19Y la ciudad grande fué partida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su ira.20Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.21Y cayó del cielo sobre los hombres un grande granizo como del peso de un talento: y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fué muy grande.

Las siete copas derramadas sobre la tierra recuerdan las plagas de Egipto: úlceras, aguas convertidas en sangre, tinieblas, ranas, truenos, granizo y fuego (Éxodo 7:14 a 10:27). En lugar de arrepentimiento, estas calamidades suscitan blasfemias (v. 9, 11, 21). Sin embargo, un triple testimonio es dado al Dios justo por la compañía de los vencedores (15:3-4), por el ángel de las aguas (v. 5) y por el mismo altar (v. 7).

Las primeras cuatro plagas hieren respectivamente las mismas esferas que las cuatro primeras trompetas (8:7-12). La quinta alcanza el trono del jefe romano (13:1). La sexta prepara “la batalla de aquel gran día”. En fin, con la última copa retumba la gran voz que viene del trono: “Hecho está”. ¡Cuánto difiere del clamor: “Consumado es” (Juan 19:30), pronunciado por el Hijo de Dios en la cruz, después de tomar la copa que habíamos merecido! Aquella exclamación significó para nosotros el fin de la ira de Dios contra el pecado.

Estos terribles acontecimientos están más cerca de lo que pensamos. Ojalá siempre podamos considerar al mundo como una escena juzgada y tener conciencia de la espantosa ira de la que no puede escapar… Esto nos preservará de ser indiferentes, sea al mal que está en el mundo o al juicio divino que le espera.

Apocalipsis 17:1-18
1Y VINO uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo, diciéndome: Ven acá, y te mostraré la condenación de la grande ramera, la cual está sentada sobre muchas aguas:2Con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los que moran en la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.3Y me llevó en Espíritu al desierto; y vi una mujer sentada sobre una bestia bermeja llena de nombres de blasfemia y que tenía siete cabezas y diez cuernos.4Y la mujer estaba vestida de púrpura y de escarlata, y dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas, teniendo un cáliz de oro en su mano lleno de abominaciones y de la suciedad de su fornicación;5Y en su frente un nombre escrito: MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS FORNICACIONES Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.6Y vi la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús: y cuando la vi, quedé maravillado de grande admiración.7Y el ángel me dijo: ¿Por qué te maravillas? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene siete cabezas y diez cuernos.8La bestia que has visto, fué, y no es; y ha de subir del abismo, y ha de ir á perdición: y los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, se maravillarán viendo la bestia que era y no es, a9Y aquí hay mente que tiene sabiduría. Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se asienta la mujer.10Y son siete reyes. Los cinco son caídos; el uno es, el otro aun no es venido; y cuando viniere, es necesario que dure breve tiempo.11Y la bestia que era, y no es, es también el octavo, y es de los siete, y va á perdición.12Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido reino; mas tomarán potencia por una hora como reyes con la bestia.13Estos tienen un consejo, y darán su potencia y autoridad á la bestia.14Ellos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque es el Señor de los señores, y el Rey de los reyes: y los que están con él son llamados, y elegidos, y fieles.15Y él me dice: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas.16Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán á la ramera, y la harán desolada y desnuda: y comerán sus carnes, y la quemarán con fuego:17Porque Dios ha puesto en sus corazones ejecutar lo que le plugo, y el ponerse de acuerdo, y dar su reino á la bestia, hasta que sean cumplidas las palabras de Dios.18Y la mujer que has visto, es la grande ciudad que tiene reino sobre los reyes de la tierra.

La última copa implica el juicio de Babilonia (16:19), tema detallado en los capítulos 17 y 18. Se trata de la iglesia apóstata, la gran cristiandad profesante, de la cual todos los verdaderos hijos de Dios habrán sido retirados en el momento de la venida del Señor. Esa falsa iglesia, infiel a Cristo, se ha corrompido mediante alianzas impuras con el mundo y sus ídolos.

Se llama aquí “la gran ramera”. Esta mujer está “sentada sobre una bestia” y obtiene su fuerza del poder político (v. 3). Ella ha reivindicado la dominación terrestre, en tanto que Jesús declaraba: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36). Finalmente, y sobre todo, ella ha perseguido y matado a los verdaderos santos (v. 6). A la vista de ese espectáculo, un profundo asombro se apoderó del apóstol. ¿A esto llegaría verdaderamente la Iglesia responsable? Por desdicha, su historia en el curso de los siglos lo ha confirmado suficientemente, mientras aguarda su forma final, descrita aquí. Los versículos 16 y 17 nos enseñan cómo perecerá esa “madre de las abominaciones”. Correrá la misma suerte que la que ella hizo sufrir a “los mártires (o testigos) de Jesús”, expresión en la cual se discierne toda la ternura del corazón de Dios (v. 6; véase también 2:13).

Apocalipsis 18:1-13
1Y DESPUÉS de estas cosas vi otro ángel descender del cielo teniendo grande potencia; y la tierra fué alumbrada de su gloria.2Y clamó con fortaleza en alta voz, diciendo: Caída es, caída es la grande Babilonia, y es hecha habitación de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles.3Porque todas las gentes han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.4Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas;5Porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.6Tornadle á dar como ella os ha dado, y pagadle al doble según sus obras; en el cáliz que ella os dió á beber, dadle á beber doblado.7Cuanto ella se ha glorificado, y ha estado en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada reina, y no soy viuda, y no veré llanto.8Por lo cual en un día vendrán sus plagas, muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque el Señor Dios es fuerte, que la juzgará.9Y llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra, los cuales han fornicado con ella y han vivido en deleites, cuando ellos vieren el humo de su incendio,10Estando lejos por el temor de su tormento, diciendo: ­Ay, ay, de aquella gran ciudad de Babilonia, aquella fuerte ciudad; porque en una hora vino tu juicio!11Y los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías:12Mercadería de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de margaritas, y de lino fino, y de escarlata, y de seda, y de grana, y de toda madera olorosa, y de todo vaso de marfil, y de todo vaso de madera preciosa, y de cobre, y de hierro, y de mármol;13Y canela, y olores, y ungüentos, y de incienso, y de vino, y de aceite; y flor de harina y trigo, y de bestias, y de ovejas; y de caballos, y de carros, y de siervos, y de almas de hombres.

Estas visiones se pueden comparar con una serie de diapositivas que proyectan los mismos cuadros o acontecimientos bajo perspectivas distintas y luminosidad diferente. El derrumbe de Babilonia es considerado aquí como cumplido directamente por “Dios el Señor” (v. 8, 20). Pero antes ha resonado un mandamiento en el versículo 4: “Salid de ella, pueblo mío” (compárese con la profecía de Jeremías contra la Babilonia histórica: 51:7, 8, 37, 45…). Este llamado ya se hace oír hoy: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor” (2 Corintios 6:17). Cada hijo de Dios está invitado a separarse enteramente del mundo religioso que tiene principios mezclados, el cual nos es presentado aquí en su estado final (comp. Números 16:26). Algunos nos acusarán de falta de amor, de tener un espíritu estrecho y de estar imbuidos de superioridad. Pero lo esencial es obedecer al Señor.

Los versículos 12 y 13 ofrecen la larga lista de “todo lo que hay en el mundo” (1 Juan 2:16-17), estudiado para satisfacer las múltiples codicias de los hombres. A la cabeza está lo más estimado: el oro, y termina con lo que tiene menos precio a los ojos de esa falsa iglesia… pero que tiene tanto precio para Dios: las almas de los hombres.

Apocalipsis 18:14-24
14Y los frutos del deseo de tu alma se apartaron de ti; y todas las cosas gruesas y excelentes te han faltado, y nunca más las hallarás.15Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido, se pondrán lejos de ella por el temor de su tormento, llorando y lamentando,16Y diciendo: ­Ay, ay, aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, y de escarlata, y de grana, y estaba dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas!17Porque en una hora han sido desoladas tantas riquezas. Y todo patrón, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se estuvieron lejos;18Y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante á esta gran ciudad?19Y echaron polvo sobre sus cabezas; y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ­Ay, ay, de aquella gran ciudad, en la cual todos los que tenían navíos en la mar se habían enriquecido de sus riquezas; que en una hora ha sido desolada!20Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles, y profetas; porque Dios ha vengado vuestra causa en ella.21Y un ángel fuerte tomó una piedra como una grande piedra de molino, y la echó en la mar, diciendo: Con tanto ímpetu será derribada Babilonia, aquella grande ciudad, y nunca jamás será hallada.22Y voz de tañedores de arpas, y de músicos, y de tañedores de flautas y de trompetas, no será más oída en ti; y todo artífice de cualquier oficio, no será más hallado en ti; y el sonido de muela no será más en ti oído:23Y luz de antorcha no alumbrará más en ti; y voz de esposo ni de esposa no será más en ti oída; porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra; porque en tus hechicerías todas las gentes han errado.24Y en ella fué hallada la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.

Las lamentaciones de los mercaderes (v. 11, 15…) nos recuerdan las quejas de Demetrio y de los artesanos de Éfeso, quienes temían perder su gran “ganancia” y la “riqueza” que les procuraba el culto al ídolo (Hechos 19). En el fondo, ¿qué diferencia hay entre la “grande... Diana de los efesios” y “la gran Babilonia”, es decir, entre la idolatría pagana y la corrupción del cristianismo? Tiene mucho éxito la religión que da al hombre todos “los frutos codiciados por tu alma” (v. 14), que halaga los sentidos mientras adormece la conciencia (la música desempeña en ello un papel importante: v. 22; Daniel 3:7), que favorece el comercio y sirve de pretexto para toda clase de festejos. Basta ver en el período de fin de año de qué profana manera muchos celebran el nacimiento del Señor Jesús.

“Y en ella se halló la sangre de los... santos” (v. 24). Ya en la ciudad que Caín edificó, al comienzo de la Biblia, se hallaba más de una cosa agradable… en tanto que la sangre de Abel clamaba (comp. Génesis 4:10, 17). Hoy el mundo religioso se regocija mientras que el verdadero creyente sufre y se aflige (Juan 16:20). Mañana resonarán los ayes en el mundo, pero el gozo del cielo les responderá (v. 20). ¡Que Dios nos conceda ver ya, por la fe, todas las cosas como él las ve!

Apocalipsis 19:1-16
1DESPUÉS de estas cosas oí una gran voz de gran compañía en el cielo, que decía: Aleluya: Salvación y honra y gloria y potencia al Señor Dios nuestro2Porque sus juicios son verdaderos y justos; porque él ha juzgado á la grande ramera, que ha corrompido la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.3Y otra vez dijeron: Aleluya. Y su humo subió para siempre jamás.4Y los veinticuatro ancianos y los cuatro animales se postraron en tierra, y adoraron á Dios que estaba sentado sobre el trono, diciendo: Amén: Aleluya.5Y salió una voz del trono, que decía: Load á nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes.6Y oí como la voz de una grande compañía, y como el ruido de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso.7Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado.8Y le fué dado que se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino son las justificaciones de los santos.9Y él me dice: Escribe: Bienaventurados los que son llamados á la cena del Cordero. Y me dijo: Estas palabras de Dios son verdaderas.10Y yo me eché á sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira que no lo hagas: yo soy siervo contigo, y con tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús: adora á Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.11Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que estaba sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y pelea.12Y sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno entendía sino él mismo.13Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.14Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.15Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes: y él los regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso.16Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

La impostura de Babilonia, su pretensión de ser “la Iglesia”, ha sido públicamente confundida. Ahora el Señor presenta su verdadera Esposa a los convidados del banquete celestial. El cielo prorrumpe en alabanzas: “¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro… Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero” (v. 1, 9). A la felicidad del Esposo responderá la de la Esposa. Ella se ha preparado; su adorno consiste en las acciones justas de los santos, las que Dios les concedió cumplir mientras estaban en la tierra. Pero también los “convidados” estarán llenos de gozo. Porque “el que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo” (Juan 3:29).

No olvidemos, mientras aguardamos ese día, que hemos sido desposados “con un solo esposo” para ser presentados a Cristo “como una virgen pura” (2 Corintios 11:2). Guardemos para él toda la frescura de nuestros afectos. Pero si Cristo es el Amado de la Iglesia, para el mundo se convierte en el gran Justiciero. Bajo el nombre tomado otrora para manifestar la gracia y la verdad, el de “Verbo de Dios”, se adelanta para cumplir cosas terribles (Salmo 45; véase Isaías 59:18; 63:1-6).

Amigo, ¿cuándo y cómo quiere usted encontrar a Jesús? ¿Ahora como Salvador, o pronto como Juez?

Apocalipsis 19:17-21; Apocalipsis 20:1-6
17Y vi un ángel que estaba en el sol, y clamó con gran voz, diciendo á todas las aves que volaban por medio del cielo: Venid, y congregaos á la cena del gran Dios,18Para que comáis carnes de reyes, y de capitanes, y carnes de fuertes, y carnes de caballos, y de los que están sentados sobre ellos; y carnes de todos, libres y siervos, de pequeños y de grandes19Y vi la bestia, y los reyes de la tierra y sus ejércitos, congregados para hacer guerra contra el que estaba sentado sobre el caballo, y contra su ejército.20Y la bestia fué presa, y con ella el falso profeta que había hecho las señales delante de ella, con las cuales había engañado á los que tomaron la señal de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego a21Y los otros fueron muertos con la espada que salía de la boca del que estaba sentado sobre el caballo, y todas las aves fueron hartas de las carnes de ellos.
1Y VI un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano.2Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años;3Y arrojólo al abismo, y le encerró, y selló sobre él, porque no engañe más á las naciones, hasta que mil años sean cumplidos: y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo.4Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fué dado juicio; y vi las almas de los degollados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, y que no habían adorado la bestia, ni á su imagen, y que no recibieron la señal en sus frentes, ni en sus5Mas los otros muertos no tornaron á vivir hasta que sean cumplidos mil años. Esta es la primera resurrección.6Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad en éstos; antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

En contraste con “la cena de las bodas del Cordero”, he aquí lo que es llamado irónicamente “la gran cena de Dios” (v. 17 al final; Salmo 2:4, 5; Sofonías 1:7). El enfrentamiento final entre los ejércitos del Hijo de Dios y los del jefe romano terminará en el aniquilamiento general de estos últimos. Sin otro juicio, la bestia y el falso profeta serán lanzados vivos en el infierno (comp. Números 16:33; Salmo 55:15). Luego Dios se ocupa de Satanás, el amo de ellos. El capítulo 12 nos lo muestra siendo arrojado del cielo. Aquí una cadena y una llave simbólicas imposibilitan que el gran homicida pueda dañar. Finalmente, el versículo 10 nos lo muestra cuando, después de mil años, se reúna con sus dos cómplices en el lago de fuego “preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). Se comprende, pues, que no hay libro de la Biblia al que el diablo tema tanto como el del Apocalipsis. Para impedir su lectura, persuade de su oscuridad incluso a los creyentes.

Una vez que Satanás esté atado, nada se opondrá de ahí en adelante al reinado glorioso del Señor. Hemos podido comprobar que ese reinado, contrariamente a lo que muchos piensan, no llegará mediante una mejoría progresiva del mundo, sino por medio de juicios. Queridos hijos de Dios, Cristo quiere compartir con nosotros su autoridad (Daniel 7:18). No fraternicemos hoy con un mundo al que vamos a juzgar mañana (1 Corintios 6:2).

Apocalipsis 20:7-15
7Y cuando los mil años fueren cumplidos, Satanás será suelto de su prisión,8Y saldrá para engañar las naciones que están sobre los cuatro ángulos de la tierra, á Gog y á Magog, á fin de congregarlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.9Y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el campo de los santos, y la ciudad amada: y de Dios descendió fuego del cielo, y los devoró.10Y el diablo que los engañaba, fué lanzado en el lago de fuego y azufre, donde está la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.11Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él, de delante del cual huyó la tierra y el cielo; y no fué hallado el lugar de ellos.12Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.13Y el mar dió los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fué hecho juicio de cada uno según sus obras.14Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda.15Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego.

Mil años de bendición no habrán cambiado el corazón del hombre. Satanás, una vez suelto, conseguirá levantar una última y gigantesca rebelión de las naciones, a la que Dios responderá con un breve y fulminante juicio. Ahora suena la hora más solemne; se cumple Hebreos 9:27 (pero también Juan 5:24). Todos los muertos comparecerán ante el gran Juez. Durante su vida terrenal hubo mucha diferencia entre ellos. Unos fueron grandes, honrados por sus semejantes (Lucas 16:19), otros pequeños e incluso marginados por la sociedad (Lucas 23:39). Aquí están todos reunidos sin más distinción, “por cuanto todos pecaron…” (Romanos 3:23). Para probarlo, se abren libros en los cuales cada uno, con terror, halla todas sus obras inscritas una por una (Salmo 28:4). ¡Y quién puede soportar la lectura, aunque sea de una sola página del libro de sus obras! El libro de la vida también es abierto, pero sólo para comprobar que sus nombres no se hallan en él. “Echadle en las tinieblas de afuera” (Mateo 22:13) es la sentencia del supremo Juez. Allí se reunirán con Satanás convirtiéndose en sus compañeros de miseria en un tormento sin esperanza ni fin…

En cuanto al creyente, él no será juzgado según sus obras, sino según la perfecta obra del Señor Jesús.

Apocalipsis 21:1-8
1Y VI un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es.2Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.3Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos.4Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.5Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.6Y díjome: Hecho es. Yo soy Alpha y Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente.7El que venciere, poseerá todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo.8Mas á los temerosos é incrédulos, á los abominables y homicidas, á los fornicarios y hechiceros, y á los idólatras, y á todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Se ha pasado la página. La historia de la primera creación ha terminado. Empieza la eternidad de gloria en la que Dios será rodeado de benditas criaturas hechas capaces de conocerle y comprenderle… quienes gozarán de su propia felicidad, mientras el tiempo haya dejado de existir. Entonces el mar (símbolo de la confusión y de la separación de los pueblos) no existirá más. Todos los redimidos habrán llegado al puerto, es decir, al cielo. Pero Dios no nos revela mucho de lo que hallaremos allí. Más bien para nuestro consuelo, nos dice lo que no encontraremos más en el cielo: en este nuevo mundo la muerte será destruida (1 Corintios 15:26, 54); no habrá más noche ni maldición (v. 25; 22:3, 5); no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; todas las consecuencias del pecado habrán terminado, porque la morada de Dios estará para siempre con los hombres (v. 4). ¿Y los que hayan quedado fuera? Su parte será la segunda muerte, las tinieblas, las lágrimas del remordimiento en un eterno alejamiento de la presencia del Dios santo. Allí estarán los incrédulos, los que hayan expresamente rehusado la salvación, pero también los tímidos: los que nunca quisieron aceptar francamente a Cristo. E igualmente los mentirosos y los hipócritas, los que hayan aparentado ser cristianos. Amigo, permítanos, hacerle una vez más esta pregunta: ¿Dónde estará usted durante la eternidad?

Apocalipsis 21:9-27
9Y vino á mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete postreras plagas, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la esposa, mujer del Cordero.10Y llevóme en Espíritu á un grande y alto monte, y me mostró la grande ciudad santa de Jerusalem, que descendía del cielo de Dios,11Teniendo la claridad de Dios: y su luz era semejante á una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal.12Y tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres escritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.13Al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al mediodiá tres puertas; al poniente tres puertas.14Y el muro de la ciudad tenía doce fundamentos, y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.15Y el que hablaba conmigo, tenía una medida de una caña de oro para medir la ciudad, y sus puertas, y su muro.16Y la ciudad está situada y puesta en cuadro, y su largura es tanta como su anchura: y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios: la largura y la altura y la anchura de ella son iguales.17Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es del ángel.18Y el material de su muro era de jaspe: mas la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio.19Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa. El primer fundamento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda;20El quinto, sardónica; el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el nono, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista.21Y las doce puertas eran doce perlas, en cada una, una; cada puerta era de una perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro como vidrio trasparente.22Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.23Y la ciudad no tenía necesidad de sol, ni de luna, para que resplandezcan en ella: porque la claridad de Dios la iluminó, y el Cordero era su lumbrera.24Y las naciones que hubieren sido salvas andarán en la lumbre de ella: y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor á ella25Y sus puertas nunca serán cerradas de día, porque allí no habrá noche.26Y llevarán la gloria y la honra de las naciones á ella.27No entrará en ella ninguna cosa sucia, ó que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.

Después de haber entreabierto el velo sobre el estado eternal (v. 1-8), el Espíritu vuelve atrás, al período del reinado de Cristo. Nos presenta una ciudad que no es más Roma o Babilonia, sino la santa Jerusalén, “la desposada, la esposa del Cordero”. Toda esta descripción es simbólica. Nuestros actuales sentidos no pueden percibir, ni nuestros espíritus concebir, lo que pertenece a la nueva creación (1 Corintios 13:12). Por ejemplo: ¿Cómo explicar a un ciego de nacimiento lo que son los colores? Por esto, Dios toma lo más hermoso y escaso que hay en la tierra –el oro, las piedras preciosas– para darnos una noción de lo que nos reserva el cielo. Su fulgor y su muro de jaspe (v. 11, 18) nos hablan de la manifestación de las glorias de Cristo en la Iglesia y por medio de ella (4:3). Ésta es iluminada por la luz que brilla en la lumbrera: la gloria de Dios «concentrada» en el Cordero (v. 23). A su vez, la santa ciudad irradia esa divina luz para provecho de la tierra milenaria (v. 24). Es lo que sugiere Juan 17:22: “La gloria que me diste, yo les he dado… Yo en ellos y tú en mí… para que el mundo conozca…”.

¿Y cómo entraría alguna “cosa inmunda” en el lugar donde el Señor mora? (v. 27; léase 2 Corintios 7:1).

Apocalipsis 22:1-9
1DESPUÉS me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.2En el medio de la plaza de ella, y de la una y de la otra parte del río, estaba el árbol de la vida, que lleva doce frutos, dando cada mes su fruto: y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.3Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.4Y verán su cara; y su nombre estará en sus frentes.5Y allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol: porque el Señor Dios los alumbrará: y reinarán para siempre jamás.6Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de los santos profetas ha enviado su ángel, para mostrar á sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas presto.7Y he aquí, vengo presto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.8Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.9Y él me dijo: Mira que no lo hagas: porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora á Dios.

Los versículos 1 a 5 completan la visión de la santa ciudad durante el milenio, y notemos cuánto se parecen la primera y la última página de la Biblia. La Escritura empieza y termina con un paraíso, un río, un árbol de vida… Pero, como alguien escribió, el fin es más hermoso que el principio, la omega es más grandiosa que el alfa, el paraíso futuro no es el antiguo que se ha vuelto a encontrar, sino “el paraíso de Dios” (2:7) con la eterna presencia del Cordero que murió por nosotros. A él únicamente accederán pecadores salvos por gracia, hombres como el malhechor convertido (Lucas 23:43). ¿Y cuál será la ocupación de sus habitantes? Servirán a su Señor (v. 3; 7:15); reinarán con él (v. 5 al final; Daniel 7:27). Pero lo que para ellos tendrá más precio que todos los reinos es que “verán su rostro” (v. 4; Salmo 17:15).

Normalmente, un “siervo no sabe lo que hace su Señor” (Juan 15:15). Jesús no esconde nada de “las cosas que deben suceder pronto” a sus siervos que han llegado a ser sus amigos (v. 6). ¿No es extraño, entonces, que habitualmente profundicemos tan poco en esas maravillas que nos conciernen? (1 Corintios 2:9). ¿No es triste, ante todo, que no tengamos mayor interés por lo que Dios ha preparado para la gloria y el gozo de su Hijo? (véase Juan 14:28 al final).

Apocalipsis 22:10-21
10Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el tiempo está cerca.11El que es injusto, sea injusto todavía: y el que es sucio, ensúciese todavía: y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea santificado todavía.12Y he aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar á cada uno según fuere su obra.13Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero.14Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad.15Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, y los disolutos, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira.16Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente, y de la mañana.17Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.18Porque yo protesto á cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere á estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro.19Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro.20El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amén, sea así. Ven: Señor Jesús.21La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

Para Daniel y el pueblo judío, la profecía estaba sellada hasta su futuro cumplimiento (Daniel 12:9). Para el creyente ya no está oculta (v. 10). Toda la Biblia le ha sido dada para que la comprenda y la crea. Que el Señor nos ayude a sondearla con cada vez mayor profundidad (Juan 5:39), tomando directamente de la fuente a la cual esta pequeña obra no ha cesado de referirse: la Biblia. Que a su retorno nos halle entre los que guardan su Palabra y no niegan su Nombre (3:8). Este dulce e incomparable nombre de Jesús, este nombre de su humanidad, nos es recordado una vez más por él mismo: “Yo Jesús” soy “la estrella resplandeciente de la mañana”, Aquel que viene (v. 16). No aguardamos un acontecimiento, sino a una Persona conocida y amada.

“¡Ven!”. A este deseo, despertado por el Espíritu, responde su promesa: “Vengo pronto” (v. 7, 12, 20); luego se repite el eco de los afectos de la Esposa: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”.

Hemos sido convertidos para servirle (invitar tanto a los que tienen sed como a los que quieren tomar “del agua de la vida”) (v. 17) y esperarle. Pero el Señor sabe que tanto para lo uno como para lo otro, necesitamos toda su gracia (v. 21). Por eso el Espíritu de Dios cierra este libro del juicio, y toda la Palabra, con esta promesa de la gracia, que es el perfecto y suficiente recurso que nos guardará “hasta que él venga” (1 Corintios 11:26; Cantares 4:6).


This document may be found online at the following URL: http://www.stempublishing.com/authors/koechlin/dbd/es/localStorageYear5.html.

You are welcome to freely access and use this material for personal study or sending to other Bible students, compiling extracts for notes etc, but please do not republish without permission.

With the prayerful desire that the Lord Jesus Christ will use this God-given ministry in this form for His glory and the blessing of many in these last days before His coming. © Les Hodgett contact at stempublishing dot com.